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Las cartas.

El 20 de junio fue el aniversario de la muerte del General Manuel Belgrano y tenía ganas de escribir
sobre la Batalla de Salta, una de las batallas que Belgrano ganó para la causa de la libertad. Pero fin
de semana, una mudanza, frío, la casa llena de chicos, el día del padre… Convergieron todas estas
variables y decidí cambiar de tema porque terminé exhausta.Aún con mi cansancio a cuesta, quería
prestarle un pequeño homenaje a este valiente hombre que, como siempre digo, donó su vida para
que su patria alcanzara la libertad. (Si, utilicé el verbo “donar” porque eso hizo).Y, uno de los
episodios que más me gusta y me emociona, de su vida, es el encuentro con el Coronel José de San
Martín (en ese momento era Coronel aún), ocurrido en enero de 1814.
Debido al fracaso de la Campaña del Alto Perú, Belgrano solicitó al Triunvirato el relevo (por carta
fechada el 17 de diciembre de 1813). Le encomendaron la tarea a San Martín, quien la rechazó, pero
al enterarse que el propio Belgrano había pedido por él, aceptó la misión. Así, el 18 de enero de
1814 San Martín fue nombrado General en Jefe en lugar de Belgrano.
San Martín y Belgrano se reunieron el 29 de enero de 1814 en Algarrobos, cerca de Yatasto, Salta.
Pero antes de conocerse personalmente, estos enormes hombres intercambiaron cartas.
Personalmente me fascinan las cartas (amo nuestra era digital pero extraño las cartas de papel y
tinta…). Por eso me gustó la idea de contarles la correspondencia entre estos próceres ante el
inminente encuentro y después .Primero San Martín escribió a Belgrano felicitándolo por la victoria
en las batallas de Salta y Tucumán. Estas cartas no se conocieron con posterioridad pero si la
respuesta de Belgrano le escribe esta líneas:

“¡Ay! Amigo mio. ¿Y qué concepto se ha formado usted de mi? Por casualidad, o mejor diré,
porque Dios ha querido me hallo de general sin saber en qué esfera estoy: no ha sido esta mi
carrera y ahora tengo que estudiar para medio desempeñarme y cada día veo más y más las
dificultades de cumplir con esta terrible obligación (…) Crea usted que jamás me quitará el
tiempo y me complaceré con su correspondencia, si gusta honrarme con ella y darme algunos de
sus conocimientos para que pueda ser útil a la patria, que es todo mi conato, retribuyéndole la
paz y la tranquilidad que tanto necesitamos”

En diciembre de 1813 Manuel Belgrano vuelve a escribirle a San Martín:

“Vuele usted, si es posible; la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares y no dudo que
usted los ejecute según mis deseos, para que yo pueda respirar con alguna confianza y salir de
los graves cuidados que me agitan incesantemente. Crea usted que no tendré satisfacción mayor
que estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y honradez de los buenos
patriotas como usted.”
El 2 de enero de 1814, el General Belgrano envía otra misiva:

“Deseo mucho hablar con usted, de silla a silla, para que tomemos las medidas más acertadas y
formando nuestros planes, los sigamos sean cuales fuesen los obstáculos que se nos presenten,
pues sin tratar con usted a nada me decido.”

Así, como mencioné anteriormente, San Martín y Belgrano se encontraron “silla a silla” el 29 de
enero de 1814.Belgrano, con la elegante humildad que lo caracterizaba, se puso a las ordenes de
San Martín. Manuel Belgrano debía partir a Buenos Aires para enfrentar una causa por las derrotas
de Vilcapugio y Ayohuma. En esa ocasión y, en su enorme admiración y estima a su par, San Martín
le escribió al gobierno:

“He creído de mi deber informar a vuestra excelencia que de ninguna manera es conveniente la
separación de dicho brigadier de este ejército, en primer lugar porque no encuentro un oficial de
bastante suficiencia y actividad que lo subrogue accidentalmente en el mando de su regimiento
(…) ni quien me ayude a desempeñar las diferentes atenciones que me rodean con el orden que
deseo, e instruir a la oficialidad (…) Después de esto yo me hallo en unos países cuyas gentes,
costumbres y relaciones me son absolutamente desconocidas, y cuya situación topográfica
ignoro; y siendo estos conocimiento de absoluta necesidad par hacer la guerra, sólo este
individuo puede suplir su falta, instruyéndome y dándome las noticias necesarias de que carezco,
como lo ha hecho hasta que, para arreglar mis disposiciones, pues de todos los demás oficiales
de graduación que hay en el ejército no encuentro otro de quien hacer confianza, ya por carecer
de aquel juicio y detención que son necesarios en tales casos, ya que porque no han tenido los
motivos que él para tomar unos conocimientos tan extensos e individuales como los que posee”.

(Finalmente, Belgrano fue absuelto en esta causa por las derrotas).


Tiempo antes que el Libertador plantease al gobierno la idea de libertar el centro del poder español
liberando Chile y de allí por mar a Perú, Belgrano, el 25 de febrero de 1814, escribió la siguiente
proclama a los pueblos del Alto Perú. (Claramente, San Martín le había confiado en secreto su
idea):
“He depositado en sus manos (refiriéndose a San Martín) la bandera del Ejército que en medio
de tantos peligros he conservado, y no dudéis que la tremolará sobre las más altas cumbres de los
Andes, sacáandoos de entre las garras de la tiranía y dando días de gloria y de paz a la amada
Patria.”
Partió así Belgrano hacia su “juicio”, con una salud muy endeble, sufriendo de terciabas (fiebre
intermitente de altas temperaturas que se repetía cada dos o tres días). Al llegar a Santiago del
Estero volvió a escribirle a José de San Martín:
“La guerra, allí, no sólo la ha de hacer usted con las armas, sino con la opinión, afianzándose
siempre en las virtudes naturales, cristianas y religiosas; pues los enemigos nos la han hecho
llamándonos herejes, y sólo por este medio han atraído a las gentes bárbaras a las armas,
manifestándoles que atacábamos a la religión. Acaso se reirá alguno de mi pensamiento; pero
usted no debe dejarse llevar de opiniones exóticas, ni de hombres que no conocen el país que
pisan: además por ese medio conseguirá usted tener al ejército bien subordinado, pues él, al fin,
se compone de hombres educados en la religión católica que profesamos y sus máximas no
pueden ser más a propósito para el orden.”
Y continuó la carta:
“Conserve usted la bandera que le dejé; que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no
deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala, y no
olvide los escapularios a la tropa. Deje usted que se rían; los efectos lo resarcirán a usted de la
risa de los mentecatos, que ven las cosas por encima. Acuérdese usted de que es un general
cristiano, apostólico romano; cele usted de que en nada, ni aún en las conversaciones más
triviales, se falte el respeto de cuanto diga a nuestra santa religión.”

Ámbos héroes tomaron caminos separados siempre unidos en la misma misión: lograr la libertad
absoluta e independencia de las Provincia Unidas. Teniendo en cuenta que el panorama en Europa
estaba cambiando, Manuel Belgrano fue enviado, junto a Bernardino Rivadavia, en una misión
diplomática rumbo al viejo continente. José de San Martín, por su parte, en agosto de 1814 partió a
Mendoza, nombrado gobernador intendente de Cuyo, a preparar el ejército para poner en marcha su
plan de cruzar los Andes hacia Chile.

Los dejo con una de mis frases preferidas del enorme Manuel Belgrano: “El miedo sólo sirve para
perderlo todo”