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Los jóvenes en la Argentina

Los jóvenes
en la Argentina
Desde una epistemología de la esperanza

Florencia Saintout

Universidad Nacional de Quilmes

Rector
Mario E. Lozano

Vicerrector
Alejandro Villar Bernal, 2013
Florencia Saintout
Los jóvenes en la Argentina : desde una epistemología de la esperanza .
Índice
- 1a ed. - Bernal : Universidad Nacional de Quilmes, 2013.
120 p. ; 15x23 cm.

ISBN 978-987-558-258-3

1. Medios de Comunicación. 2. Jóvenes. I. Título.

CDD 302.23

Presentación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11

Primera parte. Lo que queda de la destrucción


Capítulo I. Lo que se rompió. Lo que falta . . . . . . . . . 21
Capítulo II. Ni siquiera pibas chorras. . . . . . . . . . . 35

Segunda parte. Medios de comunicación hegemónicos


y juventudes: la necesidad de dar la batalla cultural
Capítulo III. Los medios hablan de los jóvenes.
Sus respuestas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49
Capítulo IV. La relación política/jóvenes:
© Florencia Saintout. 2013 cuando la derecha la niega . . . . . . . . . . . . . . . . 63
© Universidad Nacional de Quilmes. 2013
Tercera parte. Jóvenes y reconstrucción
Universidad Nacional de Quilmes
Capítulo V. El pensamiento experto y su mirada
Roque Sáenz Peña 352
(B1876BXD) Bernal sobre los jóvenes en los noventa. . . . . . . . . . . . . 71
Provincia de Buenos Aires Capítulo VI. Jóvenes militantes: la reconstrucción. . . . . 81
República Argentina Capítulo VII. La Cámpora. . . . . . . . . . . . . . . 101
http://www.unq.edu.ar
editorial@unq.edu.ar A modo de cierre . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117

ISBN 978-987-558-258-3
Bibliografía. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723
Como siempre, para Tomás y Catalina, por la belleza de la vida.

Y a los vientos del sur, por lo que volvió; por los sueños de futuro.
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Presentación

La invención de la juventud ha estado ligada en Occidente a la inven-


ción del futuro. Los jóvenes son considerados los sujetos que a través
de su paso por determinadas instituciones se harían cargo de transmi-
tir una herencia y tomar en sus manos los desafíos de un tiempo nuevo.
Decir que “los jóvenes son el futuro” fue un lugar común durante años,
y esto implicaba pensar que pasado y futuro se anudaban en ellos. Que
eran los jóvenes los que garantizaban la pervivencia de un proyecto co-
mún que habían construido las generaciones pasadas. En estos imagi-
narios, por supuesto, se normalizaban unas ciertas ideas de juventud y
se patologizaban otras. Había unas juventudes doradas y otras peligro-
sas, amenazantes o simplemente incapacitadas. Pero, en líneas genera-
les, la idea de juventud se sostenía en un imaginario de futuro al que se
le entregaba el mundo ya hecho para que los jóvenes tomaran la posta.
Es justamente cuando la idea de futuro se hace imposible de sos-
tener en forma colectiva que ese lugar hegemónico (que por supuesto
ya había entrado en crisis muchas veces, pero sin desaparecer) se des-
morona. Durante la larga década neoliberal en la Argentina, cuando la
escuela, el trabajo, la política y la familia propia se transforman en vías
rotas e incluso a veces en vías muertas para acceder al mundo adulto,
para hacerse cargo de la posta, los jóvenes son considerados más que
nunca incapaces, fallados, ausentes, y en ocasiones hasta monstruosos.
Se los culpabiliza de que no pueden hacerse cargo del futuro, de que
están desinteresados en él. Y en este acto de culpabilización se ocul-
tan las estructuras profundas que están haciendo del mundo un lugar
inviable, no solo para y desde los jóvenes, sino para las grandes mayo-
rías de la sociedad.
Pero, además, se soslayan las condiciones a las que se los está con-
vocando, la sociedad que se les está entregando. Jóvenes que han sido
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traídos a un mundo marcado por la precarización, por la vulnerabili- Cambiar el mundo no era ni posible ni deseable. Fue un tiempo
dad, por el desconcierto y el riesgo global, pero a los que se les exige donde los proyectos se reemplazaban por causas más o menos efíme-
compromiso e interés. Y a quienes, ante la falta de la respuesta espera- ras y los sujetos dejaban de ser colectivos para ser individuos, consu-
da, se los responsabiliza de la ausencia de futuro. Como cita Miriam midores en el mercado.
Kriger (2010; Lewkowicz, 2002), en lugar de estar entregándoles la En todo caso, lo que se rescataba de los jóvenes era su capacidad
posta se les entrega “el huevo podrido”, un mundo al cual nadie quiere de resistir el desconcierto a través de tácticas en la vida cotidiana. Los
y del cual nadie se hace responsable. pequeños rituales de la cultura, los modos creativos de apropiarse de
Hacia fines de la década de 1990 trabajé en una investigación en lo que el mercado les ofrecía, unos ciertos estilos que hacían de los es-
ciencias sociales que publiqué en los inicios de la década siguiente con tigmas emblemas de identidad, iban mostrando jóvenes que ya no po-
el título Jóvenes, el futuro llegó hace rato, donde daba cuenta de cómo dían imaginar lo imposible, pero que no por ello estaban quietos. Que
las instituciones, que en la consolidación del Estado-nación moderno resistían desde la cultura. También se comprobaba que los jóvenes de
habían cohesionado el sentido social, en ese momento estaban en una sectores medios, o lo que se llama jóvenes integrados, encontraban un
profunda crisis. Partiendo de la perspectiva de los actores, fui mostran- camino para ser ciudadanos eludiendo la política, e incluso veían en
do cómo el mundo del trabajo, la política, la escuela e incluso la fami- su condena un elemento profundamente político ligado a la impugna-
lia no solo habían dejado de ser lugares de integración social, sino que ción de un orden. Lo cierto es que, en todos los casos, la política no
para muchos, especialmente para los jóvenes de sectores populares, era una opción para transformar el mundo, ni para ellos ni para la so-
eran lugares de expulsión de la vida común. ciedad en su conjunto.
Pero, además, mi propia investigación se inscribía en un campo de Las investigaciones académicas entraban además en diálogo per-
estudios que evidenciaba la incertidumbre y la ampliación casi incon- manente con un contexto de opinión pública fuertemente influenciado
mensurable del riesgo a escala regional y global. En un contexto de por los medios de comunicación. Allí se presentaba de manera lineal
profunda crisis de modernidad o futuro en todo Occidente, la Argen- y ahistórica a los jóvenes de sectores medios como apáticos y desinte-
tina contaba con el plus de ser un país que, luego de la dictadura y del resados, y a los de los sectores populares como peligrosos en el marco
menemismo, estaba absolutamente polarizado y fragmentado, preca- de los discursos de seguridad ciudadana. Medios y academia coope-
rizado, con altos índices de exclusión social, con un Estado de bien- raban paradójicamente en la idea del imposible encuentro entre polí-
estar vaciado, donde pocos habían ganado y grandes mayorías habían tica y juventud.
quedado fuera de la vida vivible. En este contexto, la imaginación de Eran tiempos de deterioro y devastación, de desafiliación y desar-
un futuro posible hacia adelante era impensable. Lo que quedaba era un ticulación, y entonces era muy difícil ver a los jóvenes como sujetos de
absoluto presente, que además estaba cargado de vulnerabilidad para agencia colectiva.
amplias mayorías de jóvenes. Las consecuencias de un modelo neoliberal que se había forzado
Las investigaciones en ciencias sociales de la larga década neoliberal con el terror primero, y con la hambruna de las mayorías luego, habían
dieron cuenta de ello. Desde las perspectivas que asumían la desintegra- construido una cultura de la inviabilidad de los proyectos comunes de
ción y el desmantelamiento de los estados de bienestar, abundaron los transformación para toda la sociedad, y especialmente para los jóve-
trabajos que describían una generación de jóvenes desinteresados con lo nes. El Estado, la nación, la política, los derechos, eran de otros. Este
que sus padres habían creído, esencialmente la política. En un contexto orden de imposibilidad era una cultura común para todos, y aunque se
en el que se levantaba a modo de único discurso la idea de que la historia les demandara a los jóvenes hacerse cargo, ellos no estaban por fuera
se había acabado, las indagaciones mostraban a unos jóvenes que veían de la creencia de que el único orden era el existente. Y eran las únicas
en los políticos corrupción y lejanía, y en la posibilidad de la revolución, perspectivas de análisis, la epistemología de la desesperanza.
una quimera de viejos, de nostálgicos, o simplemente algo tan distante
de sus vidas que ni siquiera podían ni querían balbucear. ***
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Este libro es producto de trayectorias de investigación sobre juventu- dos los tipos de capitales en pocas manos. Y por la ubicación, a través
des compartidas en la Universidad Nacional de La Plata en los últimos del discurso de la seguridad ciudadana, de los jóvenes pobres como
diez años con Andrea Varela, Ayelén Sidún, Natalia Ferrante, Dai- causantes del mal.
na Bruzone, Federico Rodrigo, Leila Vicentini, Agustín Martinuzi y
Anahí Angelini. A ellos, mi enorme agradecimiento. Y como siempre,
a Rossana Reguillo, por su generosidad e inteligencia. La cultura del neoliberalismo

Hablar de cultura implica muchas cosas. Ninguna de ellas la aleja de la


2001: luego del 20 de diciembre sociedad. Sin embargo, esto no indica anular todo tipo de autonomía,
incluso para reafirmar la sociedad: los poderes también necesitan de
Esta gran victoria del capital sobre la política se sostuvo en el horror: la cultura para ser efectivos. Eso lo sabía muy bien Antonio Gramsci,
los miles de desaparecidos, perseguidos, exiliados; los millones de ex- como tantos otros, y lo sabemos muy bien los argentinos que vimos
cluidos de la vida vivible. Un horror que parió un modo hegemónico de cómo un proyecto como el que denunció Rodolfo Walsh en su “Car-
nombrarlo: aquí ya no hay más luchas, aquí se ha terminado la historia. ta Abierta a la Junta Militar” necesitó para implementarse primero de
No fue solo la cultura (es decir, unos ciertos modos de nombrar el la fuerza y la gestión del terror y luego menos (no nada) de la fuerza,
mundo que se hacen sentido común y por lo tanto adquieren el peso pero también de las creencias, de las ideas, de las normas, es decir, de
de la verdad) la que sostuvo la larga década neoliberal. No fue solo en la cultura. Reiterativamente: no es posible pensar el neoliberalismo sin
la cultura donde se reafirmaron, pero también fue en ella. Por eso, hoy sus muertos, pero tampoco sin sus ideas.
asume tanta relevancia la idea de batalla cultural, de contrahegemonía, Una de las grandes ideas de los noventa fue el fin de la política: se
de construcción de unas nuevas verdades. dijo que había desaparecido, que solo los nostálgicos o los burócratas
El orden que se sostuvo sobre los cuerpos atormentados de los ar- podían creer en ella. La otra, ligada claramente a la primera, es que ha-
gentinos (contra el trabajo, la educación, la salud, contra todos los de- bían desaparecido los grandes colectivos.
rechos inalienables de los pueblos, claro está), y que estalló el 20 de di- Este discurso del fin de las estructuras se tejió con las decisiones de
ciembre de 2001, también se sostuvo en la derrota de las expectativas. muchos de los gobiernos democráticos de la región que implementa-
El 20 de diciembre fue un tajo en ese orden neoliberal que escondía ron reformas que implicaban ajustes fiscales, privatizaciones masivas y
las esclavitudes, el malestar, pero también las luchas que de maneras desregulación de los mercados en contextos de corrupción. Pero, ade-
más o menos subterráneas decían que no. más, estos fueron años de una formidable concentración capitalista de
Un orden cultural que parecía no tener fisuras. Que parecía domes- los bienes comunes, tanto materiales como simbólicos. Todos cambios
ticar lo salvaje. Que podía hacer aceptable lo inaceptable y encadenar estructurales que fueron narrados como un nuevo orden.
las posibles pulsiones de emancipación. Enumero de manera sintética algunas de las demás ideas de este
Pero el 20 de diciembre fue, entre muchas cosas, un tajo profundo: nuevo orden.
un momento donde algo se abrió, donde brotó la sangre (la sintomá- La noción de que las fronteras habían desaparecido o eran porosas
tica sangre de jóvenes en ese día, también), donde nunca más, se haga (se describe: están hechas de alambres caídos, posibles de ser entendi-
la sutura que se haga, se volverá al mismo lugar. das como modo de encuentro, como zonas de contacto). Esta fue una
¿Cuál es ese orden cultural, entonces, que opera en la larga déca- fórmula claramente sensible a un momento donde el conflicto tenía
da neoliberal como artificio de la ausencia de contradicciones, de con- mala prensa: “Nada nos separa, todos juntos en el mercado”, pareciera
flicto, de política y, por lo tanto, como un modo de narrar el mundo ser la consigna. Conceptos como globalización y sociedad de la infor-
funcional a la derecha y a la conservación de lo existente? Un existente mación se transforman en los nuevos fetiches del momento, siempre
definido por la exclusión de las mayorías, por la concentración de to- dispuestos a explicarlo todo (y negarlo todo también; por ejemplo,
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negar las fronteras que se levantaban con hierros blindados para los el espacio público para denunciar los efectos perversos del liberalismo
espalda mojada del mundo, las fronteras que fueron dando forma a los (en la Argentina, pero no solo aquí, sino, antes o después, en varias na-
barrios privados de los que ganaron sobre la hambruna de los otros; ciones del Cono Sur); un No profundamente político a los políticos,
no todos pierden en el capitalismo salvaje). que impugnaba la política como empleada de las corporaciones; el de-
Pero, además, esta idea de las fronteras caídas sostuvo la afirmación sarrollo de unas nuevas izquierdas en toda la región (que van a reivin-
de que las naciones habían terminado, que eran una más de las figuras dicar viejas banderas, pero que también se van a hacer eco de novedo-
en extinción de los nostálgicos que se habían quedado atrás. sos planteos); la crisis global desatada o visibilizada por los atentados
El no poder. El enflaquecimiento de la problematización del poder, del 11 de septiembre (que vuelven a escena súbitamente una perversa
anclado en la afirmación de que el poder había dejado de ser demonía- totalización –Occidente/Oriente, o ellos o nosotros– incompatible con
co y material para ser fluido, ambulante y subjetivo, alimentando el el reino de los fragmentos); la carnalidad de la tortura y sus imágenes
abandono de la dimensión de clase y de la desigualdad para el análisis. que recorren el mundo desafiando el consenso de que todo es imagen;
Finalmente, ¿para qué señalar el poder si al ubicarlo en todos lados no finalmente, la crisis económica mundial que muestra como nunca an-
era posible ubicarlo en ninguno? La denuncia del poder, su sola enun- tes que la globalización es pagada en sus consecuencias negativas por
ciación, se volvió una vez más asunto del pasado. todos, pero que su gestión y provecho es de muy pocos.
El agotamiento de la totalidad o el imperio de los fragmentos. Esta La lista podría ser más profunda y compleja, pero lo que me inte-
fue una época que enunció la desaparición de la totalidad. Babel deja- resa señalar, al menos muy brevemente, es que el discurso sobre un
rá de ser un castigo para ser celebrada (nos recuerda Renato Ortiz en orden de la absoluta fragmentación, desmaterialización, desaparición
La supremacía del inglés que en el relato bíblico de Babel la pérdida de la de fronteras y licuamiento de la historia en manos del mercado ya no
lengua universal, de una lengua única, sobreviene como castigo; pero puede ser enunciado como plataforma desde la cual pensar lo social.
ahora Babel se celebra, porque los universales “han sido autoritarios, Este es el tajo: el que rompe el orden y muestra lo que hay en la
falsos”, afirma). profundidad.
De esta manera se festeja el fin de las totalidades, de la gran His- Y en la profundidad hay luchas, hay historia, hay política. En la pro-
toria, y su reemplazo por las historias mínimas. Las teorías de la mul- fundidad es posible denunciar el movimiento atroz y falaz que sostiene
ticulturalidad, de los fragmentos al infinito, se resaltan una y otra vez la enunciación de que la política ha muerto, y reencontrar la memoria
para describir los nuevos estatutos del mundo contemporáneo que se de los que lucharon y los que luchan por la justicia. Hay jóvenes.
relamen en lo que Eduardo Grüner (1998) llamó la “fetichización de Es justamente eso que está en la profundidad lo que sostiene des-
los particularismos”: fragmentos que se juegan en sí mismos, sin nin- pués, en muy poco tiempo, a un extraordinario presidente que en el
guna referencia a estructuras más amplias. acto monumental de hacer bajar los cuadros de los genocidas vuelve a
Por último, el acuerdo de muchos en anunciar la desaparición de lo crear la historia para los argentinos. Porque es la política la que vuelve
real. Vía giro lingüístico, pero más vía triunfo de las derechas, se con- a ser posible para los argentinos en un contexto latinoamericano de
solidó la increíble y fantástica idea de que la realidad también había profunda transformación.
muerto y se estaba en el cielo de los simulacros.

Este libro
El tajo
Si los jóvenes han sido pensados desde el contexto de derrota y devas-
Sin embargo, el 2001 se erigió como emblema de una historia real tación, me planteo en este libro el desafío de pensarlos hoy en un con-
que no había muerto. Que balbuceaba unos caminos de signos nada texto de recuperación y de reinvención del futuro.
transparentes ni lineales: los movimientos sociales que irrumpieron en Estamos en un momento en el que no solo en la Argentina, sino en
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América Latina, se afianzan procesos políticos que, más allá de todas


sus diferencias, se posicionan ante el neoliberalismo como horizonte
negativo. Desde allí sostienen la necesidad de transformación a través
de la política, poniéndose como objetivos la reafirmación de la verdad,
la memoria y la justicia, el combate a la pobreza, el enfrentamiento de
los poderes concentrados, la unidad regional, el reconocimiento de las
identidades subalternizadas, la soberanía nacional.
Por supuesto que estos movimientos no son lineales, no se dan a la
manera de manual, sino que están llenos de contradicciones, idas y vuel-
tas, pero a un ritmo que no se detiene. Se podrá pensar que el kirchne-
rismo es la opción de la derecha para encauzar el argentinazo de 2001
o, por el contrario, creer, como yo, que es una opción por izquierda Primera parte
para la reconstrucción de un proyecto nacional y estatal con inclusión.
Pero lo que no se puede poner en duda es que ha habido un cambio
con respecto a las décadas anteriores. En este sentido, cobra relevan- Lo que queda de la destrucción
cia la comprensión de unos jóvenes que han comenzado a socializarse
bajo los efectos del 2001, que lo tienen como referencia, y que hoy se
encuentran en un país que se ha movido de lugar. Escuchar sus voces
seguramente nos permitirá comprender de manera más compleja cuál
es ese lugar.
Este libro intenta hablar de lo que permanece y de lo que cambia.
De lo que entra en contradicción, de lo que se mueve y se resiste a ser
ubicado. De las penosas maneras de ser joven en la Argentina que se
han ido construyendo a lo largo de décadas, y de las maravillosas for-
mas de ir transformando y reconstruyendo una salida. Del desencan-
to, pero también de las nuevas posibilidades del encanto para aquellos
que han venido a un mundo sin elegirlo pero del que inevitablemen-
te se harán cargo. En una región, como dice el rap, “sin piernas pero
que camina”.
Por lo que camina.
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Capítulo I
Lo que se rompió. Lo que falta

Son tiempos, los actuales, de plena reconstrucción. Ante la idea de una


década perdida, se opone la de una década recuperada: recuperada para
los pueblos. Sin embargo, aún queda mucho por hacer y los desafíos
son inmensos. Los procesos de destrucción y daño han sido de tal en-
vergadura, que todavía seguimos padeciendo parte de ellos.
En el caso específico de las juventudes, uno de los principales da-
ños producidos por la derecha, por su dictadura (y su continuidad neo-
liberal), ha sido el de asociar la juventud a la muerte como un estado
natural. Esta asociación se presenta como absoluta cuando se refiere a
los jóvenes de los sectores populares.
Desarrollaré entonces esta hipótesis, centrándome en las opera-
ciones que hicieron posible el estatuto juventud/muerte como política
siniestra de la derecha, pero también señalando su permanencia en la
actualidad con el afán de, una vez más, reflexionar sobre continuidades
y rupturas para intervenir por la emancipación.

Juventud y muerte

Hubo muchos tiempos en los que la juventud estuvo ligada a la muerte.


Como lo señalan Levi y Schmitt (1995), la del Medioevo, por ejem-
plo, fue una “juventud para la muerte”. Eran los jóvenes quienes iban
al frente de la batalla para proteger a los señores. La muerte como cul-
minación de una vida joven no era algo difícil de aceptar, incluso de
anhelar. Fueron siempre jóvenes los que más murieron, los que más
mueren en las guerras.
En la década de 1970, en nuestro país, los treinta mil desapareci-
dos fueron mayoritariamente jóvenes.
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En la Argentina de la larga década neoliberal, la vida de ciertos jó- nerabilidad. Y esto no es porque sí, no es porque simplemente sucedió,
venes aparece nuevamente ligada a la muerte. Y no a cualquier muer- como parecen decir ciertos opinólogos y periodistas.
te, sino a la muerte violenta, aquella que no tiene nada que ver con la La segunda hipótesis, que completa la anterior, tiene que ver con
calma de la vejez, con los procesos naturales de culminación de la vida la ligazón entre esta conciencia de la vulnerabilidad de la vida (y, por
(Elias, 1987), con la moratoria vital. Esta ligazón fue construida por lo tanto, unas prácticas del riesgo que dan como resultado un núme-
los discursos hegemónicos como un dato sin historia, que hablaba de ro altísimo de muertes violentas) y lo que llamaré el daño: las heridas
la irracionalidad de las prácticas y del deterioro de la juventud. Como producidas por la dictadura y por treinta años de política neolibe-
si los jóvenes, ciertos jóvenes, estuvieran por naturaleza destinados a ral. Incluso en un contexto de clara salida de esas políticas como es
la muerte. el actual.
En esos años, pero con continuidad en la actualidad, asistimos a la
presencia de un discurso mediático hegemónico que, de manera des-
contextualizada y simplificadora, asoció a los jóvenes pobres con la El daño
muerte (y desde hace tiempo sabemos que aquello que se dice en los
medios no es solo cuestión de medios). Varios relatos los construye- En Chile, en el desarrollo de un congreso, escuché por primera vez
ron como delincuentes, como peligrosos que necesitan ser castigados la idea de daño. Del daño, de la herida, de aquellas consecuencias no
o excluidos del espacio común por no valorar la vida, ni la propia ni la siempre accesibles a primera vista de los hechos traumáticos, como fue
ajena. Como sujetos perdidos que entonces son capaces de salir a ma- allí la dictadura, como es un modelo de nación que algunos definen
tar y morir. Como enfermos que consumen todo tipo de drogas, aun como exitoso pero que es básicamente excluyente de las mayorías. El
las más pesadas, sin medir riesgos. Como integrantes de bandas con daño como aquello que habla de una dimensión social, histórica, co-
rituales que no se entienden, pero donde la vida vale muy poco o nada. lectiva, pero también profundamente subjetiva, emocional, que se car-
Como adolescentes carentes de todo que se involucran en las conduc- ga en el cuerpo. Un daño, finalmente, que se transmite de diferentes
tas más riesgosas sin límite alguno. formas de generación en generación.
Se habló de ellos como sujetos ahistóricos que un día sorprendie- La idea de daño servía para describir la angustia e impotencia enor-
ron a la sociedad inocente con un juego que se ve sin sentido y sin po- me que sienten aquellos jóvenes, no todos, de distintos sectores so-
sibilidad de ser explicado por nadie. Casi como si existiera en estos ciales, cuando las vías tradicionales de acceso a la adultez se les han
jóvenes un mal particular que se cerrara y terminara en ellos mismos. cerrado, y en las nuevas propuestas, básicamente ligadas al consumo,
Me interesa entonces en estas páginas poner en discusión dos ejes no encuentran un lugar propio. Pensé, mientras escuchaba, en lo su-
del trabajo de investigación que hemos iniciado hace ya un tiempo. El gerente de la noción de daño: estructura y sujeto, sujeto y estructura.
primero gira en torno a la idea de que muchas de las prácticas juveniles Hablar de daño implica hablar del dolor (carnal, visceral, físico, emo-
donde la vida está y se pone en riesgo, lejos de ser irracionales o caren- cional, sentimental) que se vive en un cuerpo y en un individuo. Y,
tes de sentido (como afirman los discursos periodísticos), pueden ser cuando hablamos de daño social, incorporamos la historia a ese cuer-
comprendidas en el marco de unos jóvenes socializados en un tiem- po que se hace también cuerpo colectivo.
po de incertidumbre mundial y de vulnerabilidad regional. Un sector Pensé entonces en los jóvenes nuestros (nuestros: de nuestra re-
de jóvenes tiene una clara conciencia de la vulnerabilidad de su propia gión; en nuestros estudiantes, en los hijos, en los que habitan las es-
vida. De una vida donde no hay derechos ni garantías, donde no hay quinas, en las ciudades inmensas nuestras), en el daño que era heridas
instituciones que protejan. Me gustaría decirlo lo más claro posible: físicas y también emocionales, que era de sujetos y también de histo-
los límites entre la vida y la muerte son vistos por los jóvenes, y espe- ria. Pensé: ¿en qué consiste el daño de los jóvenes con daño?, ¿cómo se
cialmente por ciertos jóvenes, como límites precarios, porque viven en hizo y quiénes lo hicieron?, ¿cómo es vivir dañado?, ¿qué relación exis-
un mundo donde impera el riesgo, con tremendos indicadores de vul- te entre el daño y las formas aparentemente irracionales en las cuales
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ciertos jóvenes se encuentran de manera cotidiana con la muerte?, ¿qué cesaria la aclaración que remarca una idea: han sucedido muchas cosas,
hacer con el daño, si es que finalmente se puede hacer algo con ello? pero también ha sucedido el horror).
Estas son preguntas que indican largos caminos, y que seguramen- Voy a detenerme entonces en este capítulo en los que hoy son jóve-
te me seguirán acompañando por muchos años más, a mí y a otros que nes en la Argentina, en un tiempo de emancipaciones y reconstruccio-
desde diversos lugares las están transitando. Tal vez en este texto pue- nes, pero también de deudas y reparaciones por hacer. Nietos algunos
da retomar viejos trazos en los que, sin hablar directamente del daño, de la generación que enfrentó a la dictadura; hijos de los que fueron a
he tratado de explorar las heridas que hoy padecen algunos jóvenes, Malvinas; hijos, otros, de aquellos a los que se llamó los jóvenes de la de-
simplemente para aportar a pensar e hilvanar esta relación entre ju- mocracia (los que surgieron a la vida pública con el Juicio a las Juntas, y
ventud y muerte que, con certeza, no es un vínculo que se pueda en- que rápidamente se encontraron con el Punto Final, para terminar con
tender desde el sinsentido o desde la culpabilización que los medios el indulto). Voy a detenerme en aquellos que comenzaron a socializar-
hacen de los jóvenes. se con el fin del menemismo, o con la crisis de 2001, o sobre todo con
lo que quedó después del estallido. Los que hoy están al frente de lo
nuevo, en el frente (de batalla, del enfrentamiento, donde primero se
Puntos de partida sufren los avatares) y al frente (de la invención) del mundo por venir.
Voy a detenerme en los que están ahora en las escuelas y que, se-
En primer lugar, creo que es claro que parto de admitir la herida pro- gún los maestros, se resisten a ser educados; en los que están lim-
ducida por lo que, para simplificar, vamos a llamar la dictadura o el plan piando vidrios en las calles y se convencieron de que hay una justicia
neoliberal. Una herida que tuvo su punto de inflexión en la llamada cri- para unos y otra para ellos; en las chicas que disfrutan el sexo porque
sis de 2001, cuando el modelo político, económico y social estalló en ya sus abuelas pelearon por el derecho al goce; en los que levantan la
mil pedazos. bandera de la política luego de tanto tiempo; en los que trabajan en
No voy a decir mucho más sobre esto. Cientos de análisis han to- negro y no saben que alguna vez existieron derechos laborales; en los
mado el tema por cientos de entradas. Lo que me interesa es remarcar que comenzaron a trabajar; en las chicas que creen que la maternidad
que aquí se originan las heridas de las que habla el daño en nuestros no es un destino y en las que abandonaron la escuela y se embaraza-
jóvenes hoy: ellos no logran salir indemnes. No están afuera. Y no es- ron sintiendo que la maternidad es el único camino; en los que creen
toy focalizando ahora solo en los jóvenes ubicados como los de la ge- que no cuidarse del sida es enfrentar un poder que los niega. Voy a
neración de los setenta (acallados, perseguidos, exiliados, torturados, detenerme en todos los que hoy son jóvenes, pero lo son con la his-
desaparecidos), ni solo tampoco en los de los ochenta, los llamados jó- toria de los padres, de los abuelos, de los bisabuelos, en un país que
venes de la transición (como si luego del horror fuera posible transitar durante mucho tiempo negó la verdad y que hoy está en el camino de
por la historia hacia algún lugar), sino que estoy hablando también, y la justicia y la memoria.
particularmente, de los que hoy son jóvenes. Pareciera ser que en mu- No es posible pensar que aquello que los historiadores de la me-
chos de los trabajos anclados en las perspectivas de la memoria, cuan- moria llaman el pasado traumático reciente los esquivó, no los lastimó,
do se habla de jóvenes, ha habido un detenimiento evidente en los años que se salvaron de esa experiencia: la dictadura los dañó. Los dañó el
setenta. En el plano de las militancias políticas, esto es aún más claro, neoliberalismo. Los dañó la exclusión. Los daña todos los días. Y en
rescatándose el valor de una juventud transformadora, revolucionaria. estas heridas tal vez sea posible rastrear algunas de las claves de sus
Pero son pocas las miradas que, desde la necesidad de una memoria cercanías con la muerte, muchas veces como un juego, como un riesgo
activa, se detienen en los jóvenes de hoy, cuya existencia está profun- más, como una forma de anclar los sentidos de la vida.
damente marcada por la de las generaciones anteriores, por la relación Pero también, y eso lo veremos en los últimos capítulos, con esa
tan fuerte con la muerte: han venido a un mundo donde el horror ha historia los jóvenes han hecho algo, en una región donde, como dice la
sucedido, lo sepan o no de manera consciente (tal vez también sea ne- letra de “Latinoamérica” de Calle 13, se “respira lucha”.
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Las heridas mular. Amplias mayorías de jóvenes se sentían a la deriva, sin ninguna
dimensión institucional que los protegiera: tenían un concreto saber
Empecé durante la década de 1990 a indagar los modos en que jóve- de la vulnerabilidad y la precariedad.
nes ubicados en diferentes lugares del espacio social construían sus Hoy esto ha cambiado profundamente. Sin embargo, todavía es po-
entradas al mundo adulto. Me interesaba ver cómo lo que para las ge- sible ver en los sectores más vulnerables cómo la desciudadanización se
neraciones de sus abuelos había sido un pasaje prefijable, claro, estaba hace clara en el saber sobre la existencia de la condición de desigualdad de
cambiando en un contexto de crisis de las instituciones modernas, en cada uno de ellos. Ciertos jóvenes saben, perciben, e incluso casi se podría
el marco del neoliberalismo. decir que aceptan (si a este verbo no se le otorga siempre características
La hipótesis que me guió en el trabajo de investigación estuvo li- de reflexividad consciente o voluntaria) que no todos son iguales, que no
gada a la idea de que las prácticas y las representaciones de los jóvenes poseen los mismos derechos, lo cual se enmarca en la gran dificultad que
para acceder al mundo adulto y darle sentido no estaban reproducien- tiene la mayoría para reconocer que puede ser de otra manera. Hay en ellos
do las estructuras y las instituciones que organizaron la vida durante la un saber de las restricciones o los límites estructurales que impide asumir
modernidad, no “volvían a ellas sin discusión”, sino que, en todo caso, que sus existencias tengan que ver con la opción de imaginar lo imposible.
estaban recreando nuevos principios estructurales. La pregunta central Ligado a lo anterior, es relevante subrayar la percepción por parte
tenía que ver entonces con los modos en que distintos jóvenes percibían de los jóvenes de que no hay marcos regulatorios comunes que indi-
las instituciones que tradicionalmente cohesionaron la vida social y que quen caminos a seguir. No hay en ellos la creencia en una verdad al fi-
estaban en crisis. Preguntarse por ello era preguntarse, a la vez, por las nal, una autoridad común que pueda guiar a nadie, sino que, en todo
formas de imaginar el futuro y, por lo tanto, el presente de estos jóvenes. caso, deben construir las claves de este nuevo mundo en soledad.
Indagar cómo es que, en el marco de la incertidumbre, de la precariedad, Entonces, con una vida que se juega entre la vulnerabilidad y la au-
los jóvenes estaban construyendo futuros en relación con sus presentes. sencia de marcos regulatorios de integración, en un contexto de enor-
Trabajé con diversidad de jóvenes, partiendo del supuesto de que mes riesgos donde nada es calmo y predecible: ¿por qué la muerte ten-
no existe un único modo de ser joven, que no existe la juventud como dría que estar domesticada?, ¿por qué podría ser regulada?, ¿por qué
un todo homogéneo, sino que es posible hablar de diferentes jóvenes de tendría que haber una sola muerte, una muerte que integre? Si la vida
acuerdo con la marca sociocultural de la categoría etaria. Pero, aun así, es tan veloz, tan precaria, tan hecha de fragmentos y de soledades, ¿qué
todos ellos se exponen a una misma época, por lo tanto, constituyen hay de extraño en que así sea la muerte?
una generación. En esta ausencia de muerte domesticada, las posiciones conservado-
Cuando cerré la investigación, hacia el año 2002 (como se cierran ras han visto no una consecuencia de una historia de exclusión y precarie-
las investigaciones en ciencias sociales: de manera provisoria, abrien- dad producida de manera interesada, sino unas prácticas bárbaras y sal-
do otras indagaciones, buscando otras piezas para un rompecabezas vajes, “naturales”, que abren el camino a la demonización de los jóvenes.
construido colectivamente al infinito), una constatación me impactó
con fuerza: los evidentes procesos de desciudadanización que atrave-
saban el estatuto de lo juvenil. En el análisis de mis conversaciones y Postales de la muerte
entrevistas con jóvenes, en la lectura de una amplia y rica bibliografía
producida en los últimos años por investigadores de diversas discipli- La secta del gatillo alegre: la maldita policía,
nas en toda la región, se hacía visible un proceso: grandes sectores de el gatillo fácil, la violencia institucional
la población juvenil desconocían sus derechos y garantías. Y, más aún,
desconocían la posibilidad de pelear por ellos: ante quién hacerlo, con En 1991, durante un recital de los Redonditos de Ricota, se produjo
quién, qué pelear, se transformaban en interrogantes que no solo no una razia policial en la provincia de Buenos Aires, donde fue apresado
eran capaces de resolver, sino que en ocasiones ni siquiera podían for- y golpeado hasta la muerte el joven Walter Bulacio.
28 | lo que se rompió. lo que falta los jóvenes en la argentina | 29

En 1993, en la ciudad de La Plata, la policía bonaerense tam- Lo que se comienza a nombrar en los noventa es una violencia que
bién secuestró y torturó hasta la muerte, desapareciéndolo luego, a tiene como principales víctimas no a militantes políticos sino a jóvenes
Miguel Bru. pobres. Nuevamente, aparece la idea de la continuidad del daño produ-
Estos hechos en los tempranos años noventa permitieron dar un cido por el proyecto político, social y económico de la dictadura, con
debate público sobre la impunidad policial, promovido por la capaci- su cara represiva, como presente en los noventa, como hilo vivo con el
dad de movilización de instituciones de la sociedad civil que incluso pasado traumático: la dictadura en tiempos neoliberales. Y esto tam-
mostraron claramente que no se estaba ante casos aislados. bién nos lleva a pensar qué es lo que queda de ese horror en la actuali-
Luego de la dictadura, ya durante la democracia, se comenzó a ha- dad, porque hoy siguen existiendo las prácticas represivas ilegales de
blar de la maldita policía (primero con respecto a la policía de la provin- varias policías provinciales contra los jóvenes de sectores populares.
cia de Buenos Aires, la más grande, y luego en relación con la policía Pienso en el caso de Luciano Arruga, un joven de 16 años desapa-
en general). El adjetivo “maldita” estuvo y aún está ligado a una estruc- recido en enero de 2009 en la localidad de Lomas del Mirador: la po-
tura institucional delictiva y corrupta que comente crímenes contra la licía bonaerense lo había detenido porque se negaba a robar para ella
población, la mayoría de las veces gozando de la más plena impunidad. en “zonas liberadas”. Arruga fue torturado y, a partir de ese momen-
La condición de maldita no puede ser desligada de la permanencia en la to, comenzó a ser hostigado hasta que finalmente fue desaparecido.
institución de una cultura y unas prácticas de la dictadura que se refor- Durante cuatro años la causa estuvo caratulada como “averiguación
zaron en la década neoliberal y que, a pesar de todos los límites políti- de paradero”, y recién en 2013 se recaratuló como “desaparición for-
cos y sociales que hoy van encontrando, se continúan en la actualidad. zada de persona” y se pidió prisión preventiva para el policía acusado
Conceptos como los de maldita policía, gatillo fácil (que se relacio- de golpearlo.
na de modo tan directo con aquel “gatillo alegre” del cual hablara Ro- Por supuesto, el de Luciano Arruga no es un caso aislado, sino
dolfo Walsh) o violencia institucional (acuñado tempranamente por que visibiliza el complejo de complicidades y responsabilidades entre
el cels) permitieron en los noventa denunciar, en el espacio público, el sistema judicial, policial y (como trabajaré más adelante) mediático.
la saña de los aparatos represivos del Estado contra los jóvenes, en es- Porque sin la tarea de los medios, sostenida desde la década del seten-
pecial contra los de sectores populares. Pero, sobre todo, permitieron ta hasta la actualidad, criminalizando a la juventud, estos hechos no
pensar la continuidad de lo que parecía haberse terminado al terminar- serían aceptables para una parte muy grande de la sociedad.
se la dictadura: la persistencia de una estructura y una cultura represi- Por otro lado, debido a transformaciones del todo positivas, como
vas, clasistas y corruptas en la policía durante la democracia. la recuperación de la política para amplios sectores de la sociedad (que
Recuerdo en particular las dificultades iniciales de la Asociación también desarrollaré más adelante), la saña policial ya no solo va di-
de Amigos Miguel Bru, ligada informalmente a hijos La Plata, para rigida hacia jóvenes pobres, sino también hacia jóvenes militantes de
dotar de un lenguaje político a la lucha por la verdad y la justicia ante la sectores populares. Escribo esto pensando, particularmente, en los he-
desaparición del estudiante. Esas dificultades radicaban, a mí entender, chos ocurridos en Rosario durante los veranos de 2011-2012 y 2012-
en la “novedad” del hecho con respecto a las desapariciones de los años 2013, donde una de las policías más corruptas y violentas del país
setenta. Para algunos de los militantes partidarios, como para algunos asesinó primero a militantes del Frente Darío Santillán y luego atacó
–los menos– organismos de derechos humanos que se habían consti- salvajemente a jóvenes militantes del Movimiento Evita. La policía de
tuido como tales luchando contra la dictadura, era complejo pensar en Santa Fe está denunciada ante la justicia por estar comprometida con
Miguel como un desaparecido. Y, en cierto sentido, por supuesto que las redes del narcotráfico.
no lo era: no había formado parte de esa generación que enfrentó la He tratado de mostrar en este brevísimo recorrido cómo existe un
dictadura. Pero en otro sentido, claramente lo era: su desaparición era hilo conductor concreto entre el plan siniestro de la derecha y su dic-
imposible de entender sin la vigencia de los aparatos represivos cons- tadura en la década de 1970 y ciertas permanencias de sus prácticas e
tituidos en la dictadura. ideologías en la actualidad, más allá de las impresionantes oposiciones
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a las que ese plan se ha enfrentado y de las cuales no ha salido siem- seguridad. No había puertas de salida o estaban cerradas. Nada cum-
pre victorioso. plía con las reglamentaciones urbanas. El incendio comenzó cuando
En este hilo conductor, es posible ver cómo se fue asentando la se prendió una bengala (práctica extendida en estos recitales en esos
construcción de la peligrosidad de la juventud y una idea de que hay tiempos) que impactó sobre un techo de poliuretano, material fuerte-
que tomar con ella medidas predelictuales (la juventud puede cometer mente inflamable (nadie pudo ver una relación, la de las bengalas y el
delito..., es decir, se la reprime y se abusa de ella por una suerte de pre- poliuretano, evidente y predecible).
vención). En Cromagnon, las víctimas fueron principalmente jóvenes. El ho-
De todos modos, y tal vez esto sea lo más importante para afirmar, rror mostraba otra vez heridas no curadas: la dimensión absolutamente
también hay un hilo conductor en las prácticas de resistencia a esa po- trágica del daño. ¿Qué fue lo que pasó, lo que dio lugar a la masacre?
sibilidad del daño. Porque en la lucha contra los hechos de violencia Hay dos elementos sobre los cuales nadie tiene duda: la juventud y la
policial no solamente hubo logros puntuales (por ejemplo, el cambio vulnerabilidad. Es poco lo que podremos entender de lo que sucedió
de la legislación que permitía la detención de jóvenes en comisarías, si no asumimos que las condiciones de precariedad (de instituciones,
el juicio y castigo a los asesinos de Miguel Bru, por citar algunos), de normas, de controles) que fueron construidas a lo largo de décadas
sino que también se fue configurando un territorio político/público, en la Argentina, de la mano de estados dictatoriales y estados privati-
un sujeto –incluso colectivo– que enfrentó esas prácticas y que en la zadores, esa noche sostuvieron el horror sobre aquellos que tienen uno
actualidad permite que en las plataformas militantes de agrupaciones de los lugares más expuestos: los jóvenes.
políticas juveniles el tema esté presente.

Picadas
Cromagnon
En muchas de las ciudades del país, el relato es común: por las noches,
A finales de 2004 (¡hace tan poco!) nos enteramos a través de los me- en calles más transitadas, menos transitadas, más o menos lejanas de
dios de uno de los hechos más horrorosos de los últimos tiempos: cien- los centros, jóvenes de distintos sectores se juntan para hacer picadas,
to noventa y siete jóvenes muertos en un incendio durante un recital para apostar cuán veloz se puede ser, para correr. Para jugar el juego
de rock barrial en unas instalaciones absolutamente precarias, fuera de “del gallina”, de la “ruleta rusa”.
todas las regulaciones públicas de seguridad. Los muertos provenían El 16 de febrero de 2008, las noticias hablaron de tres jóvenes que,
mayoritariamente de sectores populares y medios, medios bajos. Ha- junto a otros que los acompañaban, cerraron los ojos, se subieron a
bían ido a escuchar a una de las bandas del llamado rock chabón, un rock las motos recién compradas, se “plancharon” y, en una ruta de noche,
en gran parte inventado por una escucha popular de los cordones del corrieron hasta encontrar la muerte: Alejandro Valbuzzi, de 22 años,
Gran Buenos Aires y que toma como paisaje el de la “pobreza, la des- César Tolosa, de 19 y Renzo Blanco, de 18.
ocupación, la delincuencia, el tráfico de drogas, en fin, las novedades El intendente de la ciudad declaró: “Se van a aumentar las multas en
de la década del noventa” (Semán, 2006, p. 206). Un rock ciertamente lo que hace al tránsito, lo que va a venir bien para corregir la situación”.
condenado por los rockeros de las décadas anteriores (grupo integra- Los amigos hicieron un santuario con cruces y “elementos tuercas”,
do, sobre todo, por sectores medios urbanos) por considerarlo apolí- porque los chicos habían muerto “haciendo lo que les gustaba”. Los
tico: si estos habían hecho música contra el sistema, el nuevo rock ba- medios nacionales subrayaron al infinito la irracionalidad del juego.
rrial pedía la entrada al sistema con nostalgia de un mundo en el que En una entrevista realizada por nuestro equipo de investigación,
existía la idea del trabajador. se le preguntó a uno de los amigos por la velocidad: “El miedo –dijo–
Había en Cromagnon mucha más gente de la que podía reglamen- en ese momento se te mezcla con lo que va a venir: vos lo tenés que
tariamente estar: a nadie le importó hacer cumplir las normativas de enfrentar”. Hacerse adulto es enfrentar los miedos. “Y cuando mane-
32 | lo que se rompió. lo que falta los jóvenes en la argentina | 33

jás, tenés el control.” Es imposible no relacionar estas prácticas con la Cuenta Alarcón cómo las matanzas entre los mismos jóvenes son
ausencia de trayectorias claras, prefijables y, sobre todo, colectivas de moneda corriente, pero que no se da de manera ostentosa, con pesa-
entrada al mundo adulto. En un momento de ruptura, los jóvenes tie- dos rituales, como se podría imaginar el enfrentamiento entre bandas,
nen que construir sus propios modos de “hacerse grandes”, sin guías, sino de manera cotidiana, con fines borrosos. La muerte puede estar en
sin marcos de referencia comunes con los adultos. ¿Los padres sabían?, cualquier esquina, se puede salir a buscar cualquier tarde. Los hijos de
les preguntamos: “A veces sí, a veces no. A veces no quieren saber. Pero los transas, cuenta Alarcón que dicen en el barrio, no necesitan robar:
de última no importa, porque si lo querés hacer lo hacés”. salen a hacerlo por la vergüenza de ser lo que son, para pelear contra el
En la larga década neoliberal, no hubo ni guías ni referencias que estigma. No hay muchos órdenes sagrados en la vida, ¿por qué habría
valieran (porque fracasaron, o porque fueron derrotadas, o porque es- de haberlos en la muerte?
taban equivocadas, o todo a la vez), y entonces los jóvenes lo tuvieron
que hacer solos. A lo que se sumó, además, que en sociedades adul-
tocráticas como esa no hay demasiado lugar para los jóvenes, más allá La responsabilidad ante el daño
del de consumidores, y entonces tener el control de alguna situación,
aunque sea la de la propia muerte, no es poca cosa. Sabemos que la muerte, además de ser un dato biológico ineludible,
es un acontecimiento históricamente construido y culturalmente com-
partido. La muerte no se nos presenta a todos por igual de acuerdo a
Los otros hijos la época (Ariès, 2007; Lomnitz, 2006; Barley, 2000) y de acuerdo
también al lugar que se ocupe en el espacio social.
Son varias las investigaciones que, tanto desde las ciencias sociales Norbert Elias, en La soledad de los moribundos (1987), trabaja la
como desde organizaciones de la sociedad civil, han dado cuenta de la idea de que en las sociedades modernas, de la mano de la extensión
criminalización de la juventud, en especial de aquella que está estruc- de la vida por los procesos de desarrollo científico y las prácticas de
turalmente ligada a la pobreza; de cómo el Estado posdictatorial ha la higiene y del cuidado, la muerte puede ser aquello que se sabe
ido alternando políticas democráticas con políticas fuertemente re- pero que es susceptible al mismo tiempo de ser olvidado, puesto
presivas hacia los jóvenes, que han sido acompañadas por la llamada entre paréntesis. Pero además, dirá Elias, de acuerdo con los pro-
opinión pública. cesos de pacificación social, la muerte podrá ser construida como
Los asesinatos de jóvenes pobres, la mayoría juvenil en las pobla- un acontecimiento natural, de la vejez, en una cama. Para muchos
ciones carcelarias, se sostienen sobre una opinión pública que reclama jóvenes, la muerte definitivamente no es eso que se espera al final,
mayor represión sobre ellos, hijos de más de una generación de no ciu- cuando duelan los huesos de viejo y haya cansancio de la vida. Es,
dadanos. A esto se suma la autopercepción de muchos jóvenes como en cambio, lo que ya no es sagrado, que puede estar a la vuelta de
portadores, ellos mismos, de una identidad deteriorada. cualquier esquina.
En una serie de crónicas periodísticas que son la base del libro Si me Los jóvenes no quieren morirse. Ningún joven dice que quiere mo-
querés, quereme transa (2010), Cristian Alarcón habla de los jóvenes en rirse (o lo dice sólo ante las cámaras que esperan que lo diga). Pero,
el Bajo Flores. De jóvenes vulnerables para los cuales la muerte forma aunque nadie quiere morir, la muerte está, y ciertos jóvenes, los que aún
parte de la vida cotidiana: sin sacramentos, de manera banal y rutinaria. están condenados, están nuevamente en el frente. Y no porque sí, como
Habla especialmente de lo que llama los “hijos” de los transas, los hijos dicen los medios, sino porque algunas de las heridas que se abrieron
de aquellos que, empezados los noventa, se hicieron cargo del último en la historia todavía no se han cerrado. Porque sí hay consecuencias
eslabón del narcotráfico: la venta de droga a los jóvenes adentro de los de lo ocurrido y estas no desparecen de un día para el otro. Y por eso
barrios y las villas. No puedo dejar de pensar la línea de continuidad son cruciales las políticas de verdad, memoria y justicia que el Estado
de los hijos/de desaparecidos con estos otros hijos/de los transas. está llevando adelante. Todas políticas de soberanía.
34 | lo que se rompió. lo que falta | 35

Héctor Schmucler, uno de los intelectuales más poderosamente


inteligentes de la Argentina, exiliado en la década de 1970, padre de
Capítulo II
un hijo asesinado en ese período, se pregunta en un texto desgarra-
dor (y desgarrado): Ni siquiera pibas chorras1
¿Quiénes son –o somos– los sobrevivientes? ¿Aquellos que estaban
en condiciones inmediatas de morir, como los pocos (es pequeñísimo
el número si se lo compara con los que murieron) que salieron con
vida de los centros clandestinos de detención? ¿Los que eludimos el
riesgo de la muerte exiliándonos, es decir, abandonando el campo de
una batalla en la que decidimos dejar de participar porque ya no nos
interesaba, porque se nos impuso el miedo o porque se nos hizo evi- Este capítulo es producto de un trabajo de investigación desarrollado
dente un error que solo viviendo podríamos redimir? ¿Los que per- en uno de los centros de reclusión para jóvenes mujeres menores de 21
maneciendo en la Argentina pudieron sortear el riesgo a que los ex- años de la provincia de Buenos Aires, la totalidad de ellas encerradas
ponía el haber participado, directa o indirectamente, en las acciones por robo u homicidio (en una proporción de uno a diez con respecto
que la dictadura buscaba suprimir? ¿O sobrevivientes somos todos porque a los varones en la misma situación).
estuvimos en peligro, los nacidos y los no nacidos [...] todos los que sin sa- Con la finalidad de indagar en torno a los modos de construir sen-
berlo plenamente llevamos la marca de una época de oprobio de la que tido sobre la vida de aquellos que, se dice, no le dan ningún sentido,
yo no puedo despegarme porque las cicatrices me marcan y no quiero durante un año participé junto a un grupo de investigadoras muy jó-
disimularlas aunque se hundan en mi propia responsabilidad por lo venes en una serie de reuniones donde pudimos reconstruir las histo-
ocurrido? Estar vivo [...] obliga a hacernos responsables hasta por los rias de vida de cada una de estas chicas en conflicto con la ley, y sus
muertos (Schmucler, 2007, el subrayado es mío). relaciones no solo con la institución sino con el espacio social en el
que se encuentran.
Yo agregaría: estar vivos nos obliga a hacernos responsables por los Desarrollaré entonces algunas de las cuestiones que suscitó el tra-
vivos también. Es tarea de todas/os tratar de comprender lo que pasa bajo, pero focalizando la mirada en una perspectiva de género que
desmontando discursos simplificadores y estigmatizantes. Es tarea asume como principio, a esta altura elemental, la idea de que la mujer
de todas/os imaginar otro mundo. Para los que están, para los que se hace históricamente, y que esta hechura ha sido y se sigue haciendo
vendrán. aún en condiciones de subalternidad con respecto al predominio de
Por todo lo que falta es que estamos donde estamos. una sociedad patriarcal y androcéntrica.

Jessica

Jessica es una más de las chicas menores de 21 años internadas en esta


institución cerrada, como llaman ahora a los viejos institutos de me-

1 Una versión de este texto se publicó como capítulo en el libro de Silvia Elizal-

de, Jóvenes en cuestión. Configuraciones de género y sexualidad en la cultura, Buenos Aires,


Biblos, 2010.
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nores. Todas las chicas que están aquí vienen de familias muy pobres, Se fue a la casa de una amiga, porque no tiene familia: la mamá no está
hijas de padres que han atravesado la experiencia carcelaria, desapare- desde que era tan chica que ni se acuerda. El papá estuvo preso casi des-
cidos o muertos (la presencia de la muerte asociada al sida, y el sida a de que nació, y cuando salió –ella tenía seis años– se murió con el vih
la experiencia carcelaria), con profundas historias de desamparo, tanto que se contagió en la cárcel. El papá del papá se hizo cargo un tiempo,
familiar como estatal: sin escuela, sin política social que las haya conte- pero después empezó a transitar por institutos de la provincia con sus
nido o que las contenga más allá de las del Estado represivo. Algunas hermanos. Ella tiene dos hermanos. Uno varón, más grande, que se
de ellas, madres de hijos que van creciendo en estos años de encierro y ahogó en el río un 24 de diciembre que hacía mucho calor: estaba tan
que nadie tiene en claro si deben o pueden estar allí o si hay que entre- empastillado que ni siquiera se dio cuenta de que se estaba ahogando.
garlos a unos familiares que la mayoría de las veces no están. Al vacío. Jessica lo vio, pero no pudo hacer nada. La hermana menor “está per-
Nadie lo tiene muy claro porque nadie pensó que los llamados menores dida”, cuenta.
tenían sexualidad, ni deseos, ni hijos. Por esta razón, tampoco gozan Cuando eran chicos se veían, se cruzaban en los institutos con el her-
del derecho a las visitas íntimas. mano varón (con la mujer era más fácil, porque podían estar en el mis-
Jessica comparte sus días con Matías (que es también Anabel, pero mo lugar). Cuenta que se iba siempre de los institutos, que empezaba
tiene cuerpo y cara de Matías. Las chicas nos lo presentan como Ana- a preguntar dónde está Solano, dónde es, cómo se llega. Y así llegaba.
bel que es Matías). También está Julieta. A lo largo de las semanas nos A los doce robó por primera vez. Y conoció al chico del que quedó
contará que ella mató por amor al padre de su hijo, que tiene un año y embarazada. Al principio no quería estar embarazada. Pero después
se lo cuida una amiga. Que es el padre el que tendría que haberse he- sí, cuando ya estaba encerrada y sentía que algo se movía. Cuando se
cho cargo de todo para que ella se quedara cuidando el bebé, pero que escapó se fue a lo de una piba de esas que conocía cuando estaba afue-
no lo hizo. Que eso no se lo perdona. ra, del barrio, iba de casa en casa, se drogaba y salía a robar. A traba-
Con ellas están además Dalma y Soledad, que nos dicen de entra- jar, dice. Ella dice que robaba en supermercados, cosas grandes, no un
da que allí se han enamorado. Dalma afirma que va a escribir un cuento quiosco, no a los vecinos, que no hacía eso (todas dicen que no hacían
sobre amores prohibidos, y a lo largo de las semanas el cuento es sobre eso). Pero un día arregló un trabajo con otros dos, unos pibes. Le ha-
su amor por Soledad, que no sabe cómo será afuera, si se lo va a bancar. bían robado a un transa una tiza de cocaína y un arma. Y cuenta que
Dalma y Soledad son las que afirman también que ellas “se la bancan a ella no sabe cómo pasó, que ya habían encontrado lo que fueron a bus-
cuero”, que no necesitan droga para robar ni para nada. Pero ese aguante car, y que no sabe si ella la mató o fue otro. Que cree que fue el otro,
no es certeza para este amor. porque ella no tenía sangre y él estaba todo manchado.
En las primeras semanas estaba Claudia, que fue reemplazada rá- Jessica dice que quiere un juicio. Que quiere que alguien le diga
pidamente por otra chica, y por otra, y así... Claudia es la que, para ese cuánto tiempo. Que sería justo un juicio. Que la tranquilizarían re-
entonces, el año en que fuimos a Merlo, decía creer con firmeza que si glas claras, porque si la jueza dice que no porque no, o porque su hu-
estudiaba algo podría salvarse. Volvía recurrentemente sobre la idea: mor... si es así no es justo. Que también sería justo que Brian estuviera
lo había conversado con la maestra que le enseñaba la primaria, con la con ella. Que una madre debe cuidar a su hijo. Que eso lo peleó y lo
psicóloga, con nosotras. tuvo un tiempo, pero que se lo sacaron. Dice también que le gustaría
Todas las chicas de Merlo (incluso Matías, para el Estado) son mu- tener una familia. Una como la que no tuvo: con mamá, papá, con los
jeres. Las investigadoras son mujeres. Nos dijeron especialmente que hijos que van a la escuela y comen todos juntos. Le hubiera gustado ir
no podía haber varones en el equipo. Pero el director es varón. Tam- de compras al Carrefour y llenar el changuito con cosas para la casa.
bién el director del Ministerio de Desarrollo Social es varón. También Vuelve con una idea: si la hubieran adoptado todo hubiera sido dis-
lo es el ministro. También el gobernador. tinto. Pero no, y entonces pasó lo que pasó. Mientras, hace suvenires
Jessica tiene ahora 20 años y ya hace cuatro que está encerrada. para el cumpleaños de Brian (que no sabe si lo verá o no para ese día,
Se escapó para tener a Brian, su bebé, a los cinco meses de embarazo. si le darán el permiso o no) y transita por la experiencia de hacer la es-
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cuela ahí dentro, que de algo le va a servir, piensa. También hace dieta Marcadas desde la normatividad hegemónica como lo otro de lo
y se cuida las cejas, se las depila. No quiere engordar ese cuerpo fuerte, otro: ni jóvenes ni niñas (menores, pobres, hijas de presos, chicas que
tatuado, dibujado. Se produce para cada visita nuestra. han matado), ni varones (mujeres), ni mujeres (a excepción de Matías,
El cuerpo de Jessica es, ha sido, territorio del amor de un hijo que que ahí sí es mujer más allá de su resistencia a un cuerpo que la sujeta a
no se imaginaba que iba a querer así. Al que quiere cuidar. También de una feminidad que la oprime; porque dos son madres, pero en el marco
su historia para enfrentar la adversidad: fuerte, que se la banca, tatua- de una legislación que no pensó que podrían serlo). No ciudadanas.
do. Otra vez, tantas veces, el cuerpo de los jóvenes. Desde hace tanto Pero con todo el poder hegemónico sobre sus espaldas: saturadas
tiempo, y sobre todo cuando hablamos de estos jóvenes que casi sin de un poder que dice lo que no son. En este sentido, jóvenes satura-
escritura (tal vez haya que explicar más esto: sin la cultura escritural das del poder de un Estado que no las protege pero que las somete sin
hegemónica) tienen el cuerpo para todo: contra el frío, contra la bru- lugar a dudas a la presencia de su fuerza.
talidad policial, para el trabajo, sea este cual sea, para el amor. El cuer-
po como único capital. Si el Estado es lo que vincula también es lo que puede desvincular. Y
El cuerpo de Jessica, como el de Juli, son cuerpos para todo, pero si el Estado vincula en nombre de la nación, entonces también desvin-
en una aparente paradoja anhelan ser cuerpos en consonancia con un cula, suelta, expulsa, destierra. Y esto no siempre ocurre por medios
modelo de belleza femenino hegemónico: las uñas, las cejas, el delinea- emancipatorios, es decir, dejando ir o liberando, el Estado expulsa
do de una cierta feminidad de mercado. Hacer una rutina de gimnasia precisamente a través de un ejercicio del poder que depende de barre-
para estar bien, para estar en forma, dice. Fuerte pero flaca. Femenina, ras y prisiones, y de este modo, supone cierta forma de reclusión. No
afirma. Pienso: un cuerpo fuerte para resistir que toma la forma de su estamos fuera de la política cuando estamos en el estado de despose-
dominio. Que ensaya rebelarse en el dibujo del tatuaje, pero que añora sión (Butler y Spivak, 2009, p. 47).
un orden al que no llega, al que sueña llegar.
Jessica no puede dejar de soñar que una madre debe ser, que una be- La desposesión como un poder que dice lo que no son y sobre lo cual se
lleza femenina debe ser. Eso que, entre muchas otras cosas, la sujeta a un construyen nuevos bordes y nuevas prácticas. Pero un poder del cual es
orden que la condena y que a la vez no puede dejar de desear. tan difícil liberarse. Un poder que día a día, en esos largos días de una
Por otro lado, Jessica tiene conciencia de una justicia que no se vida desesperadamente rápida,2 no puede dejar de reproducirse.
cumple pero que debería estar. De una ciudadanía por la que hay que Añorar la familia heterosexual. Añorar una feminidad de mercado.
pelear: por el derecho al hijo, por el derecho al juicio. También me im- Añorar una clasificación: o se es Anabel o se es Matías. Desear ser un
pacta en su relato la ausencia de otra ley, la del no matarás. O la pre- consumidor. Añorar aquello que oprime.
sencia de una ley: ellos o nosotros. Están las dos: una ley común que Esto no es nuevo, claro que no. Diferentes estructuralismos han ha-
falta y una ley de grupo que no se cuestiona. blado de ello. La idea misma de la dominación y la hegemonía en la tradi-
ción marxista ha aportado complejos e innumerables análisis de la cues-
tión. Sabemos ya que es en la naturalización muda de la asimetría (y en
Poder el punto en que focalizamos, aunque por supuesto no restringimos, en la
naturalización de la desigualdad de género) donde se sostiene un orden
Vuelvo sobre el título de este apartado: poder en singular. Hemos pen-
sado tanto en las últimas décadas sobre la microcapilaridad, sobre las
2 Me he pasado los últimos años hablando del presente para las culturas contem-
tácticas, sobre la deconstrucción y la multiplicidad. Hemos pensado
poráneas, exacerbado en los jóvenes, y veo cómo el tiempo en Merlo no existe “por
y ya lo sabemos, no somos inocentes, y entonces es necesario tal vez
fuera” del espacio social, que es el mismo, pero con la absoluta referencia al mañana
volver a señalar el poder. Volver a señalar que no hay vacío social, que de toda la institución, con la espera forzada de las chicas, es decir, con un mañana por
siguen existiendo estructuras. decreto que opera como horizonte de cada una de las prácticas.
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hegemónico. Que es en cada una de las verdades asumidas; en la con- incluso transformando el estigma en emblema de identidad. A modo
ciencia de lo posible y lo imposible, de lo deseable; en los modos del cuer- de ejemplo, podríamos decir cómo es que la maternidad a tempraní-
po donde se inscribe la dominación, mucho más que en un conjunto de sima edad y en condiciones de precariedad y vulnerabilidad, que ge-
ideas sistemáticamente ordenadas en torno a la dependencia. neralmente es construida de manera estigmatizadora por los relatos
Me interesa detenerme sobre esta reproducción de las condiciones hegemónicos, es resignificada por ellas como una identidad que les
de dominación, especialmente en este capítulo, en lo que hace a los po- confiere fuerza, poder sobre el resto. Una fuerza y un poder que son
deres de una sociedad patriarcal. Sobre todo porque venimos de unos un plus de la feminidad: como en el viejo cristianismo del siglo ix, ser
años en los que, desde la microsociología de la vida cotidiana, al que- madre significa una ganancia respecto del ser mujer. Estos valores fun-
darnos atrapados en la idea de que la historia se había terminado, he- cionan especialmente intragrupo, reasegurando un lugar de superio-
mos hablado de las tácticas o las resistencias al orden social solo con ridad de las que son madres en relación con las que no lo son. Es así
el gesto que niega. Como estilo. Como si con ese gesto alcanzara para como la maternidad se transforma en un recurso de prestigio que se
transformar las condiciones de la vida. O, peor, también para domes- utiliza en lo cotidiano.
ticar la posibilidad de imaginar lo nuevo que tienen las sociedades hu- Sin embargo, más allá de estas tácticas o resignificaciones que pa-
manas aun en los momentos de mayor obturación. recieran hacer un uso en clave de resistencia de un orden patriarcal, lo
Es muy conocida la crítica (Grignon y Passeron, 1991; García que aparece con insoslayable presencia es más bien el sueño de perte-
Canclini, 1990; Martín-Barbero, 1987) que se hace a Pierre Bour- necer a ese orden desde los lugares que más clásicamente se han de-
dieu (1979) por reproductivista (crítica que, si bien se había realiza- nunciado como opresivos por los feminismos varios. Uno de ellos es
do antes, adquiere tonalidad de moda académica en los noventa en el de la familia heterosexual con roles ligados a la producción/acción
nuestra región), señalándole la “monstruosidad” de ver en el gusto de de los varones y a la reproducción/pasividad de las mujeres. Para ellas,
los sectores populares solo la degradación del gusto de los dominan- los hombres deben proteger, deben marcar rumbos, deben ser fuertes.
tes. Estas críticas, hechas desde una nueva lectura gramsciana, desde Deben “hacerse cargo”. Modelos sociales anclados en las familias he-
los llamados estudios culturales y poscoloniales, más allá de la moda, terosexuales y que solidifican relaciones de género claramente desigua-
fueron inmensamente productivas para un tipo de investigación que les, que más allá de todas las transformaciones siguen operando a la
permitió ver cómo es que los sectores populares reinventaban su vida manera de anhelos y horizontes, como puntos desde los cuales valorar
cotidiana resistiendo la opresión. Sin embargo, como decía en párra- sus propios lugares y posicionarse en ellos.
fos anteriores, tuvo como gran dificultad una tendencia al olvido de la
problematización del poder como dominación.
Luego del trabajo de investigación con estas jóvenes, lo primero a Lo subalterno de lo subalterno: las pibas chorras
señalar es que, más allá de la construcción de lo que algunos podrían
llamar subcultura o contracultura, más allá de la creación por parte de Una tarde pregunté a las chicas por qué cuando salen a robar lo ha-
estas chicas de unos modos de ver el mundo, de unas leyes y verdades cen en compañía de otros varones, por qué es que nunca salen gru-
que funcionan entre/para ellas y en contraposición a las verdades he- pos de chicas, y entonces me dijeron que no existen las pibas chorras,
gemónicas, estas no solo existen en condiciones de clara subalterni- que es un invento de los medios. Que las chicas no salen a robar. Sin
dad, sino que además, por esta razón, conviven con los anhelos propios embargo, todas allí habían robado, lo cual no quiere decir de ningu-
de una vida sostenida en los valores hegemónicos que las niegan. Las na manera que cuando afirman la no existencia de pibas chorras es-
construcciones de unos sentidos o leyes propios no les impiden anhe- tén mintiendo.
lar aquello que el resto de la sociedad considera valioso. En los estudios sobre juventud en la región, en consonancia con los
Por un lado, estas chicas han construido una serie de valores, de clásicos estudios de juventud, se ha trabajado la construcción de una
sentidos, que funcionan como recursos para enfrentar la adversidad, subcultura juvenil del delito con sistemas de clasificaciones, visiones y
42 | ni siquiera pibas chorras los jóvenes en la argentina | 43

divisiones del mundo, protagonizada fundamentalmente por varones. chicas tratan de parecer varones”, decía uno de los alumnos. Podría de-
Una cultura que es paralela e incluso muchas veces alternativa al orden cir: actúan de varones, ponen en acto (acto no como mentira, no como
social dominante. Desde ella, se dice, los jóvenes construyen reglas copia o falsedad, como imitación o simulación con respecto a un ori-
de legitimidad en las que reproducen elementos de las culturas domi- ginal, sino como puesta en acción). No quiero decir que son en esencia
nantes, pero en las que también encuentran espacios de negociación y mujeres que se disfrazan de varones. Simplemente describo cómo es
recreación de estas para sus propios beneficios, y que no siempre son que para ser parte de esa fiesta con otros tienen que “jugar” en torno
funcionales a los poderes hegemónicos. Se ha visto cómo desde estas a una referencialidad protagonizada por los varones. En torno a una
llamadas subculturas los jóvenes construyen unas identidades que les normatividad hegemónica a la que aspiran pertenecer como varones,
permiten sobrevivir a la adversidad e incluso no solo impugnar la cul- es decir, en condiciones de igualdad con ellos.
tura oficial, sino también crear nuevos sentidos. Es decir, cómo ciertos Daniel Míguez, en su trabajo Delito y cultura: los códigos de la ile-
jóvenes subalternos, sometidos a condiciones de desempleo estructu- galidad en la juventud marginal urbana (2008), describe cómo en las
ral y precariedad, que recorren un circuito más o menos fijo entre el subculturas delictivas actuales se crea una serie de clasificaciones
barrio, la calle, la villa y los centros de reclusión, van recreando e in- que jerarquizan prácticas y sujetos dentro de ella, otorgando presti-
ventando unas otras legalidades que, si bien no pueden ser entendidas gio a unos y desprestigio o subordinación a otros en un sistema es-
solo como una opción de resistencia al orden que los oprime (porque calonado de poder que los posiciona en diferentes lugares para la ac-
en ocasiones terminan siendo aún más opresivas o más “duras”), tam- ción social. En uno de los capítulos, el autor se detiene a analizar el
bién pueden ser vistas de esta manera. género musical de la llamada cumbia villera para ver allí homologías
Cuando las chicas dicen que no hay pibas chorras, que las muje- con la vida de estos sectores. Analizando las letras de la cumbia vi-
res no son chorras, creo que están diciendo, entre muchas otras cosas, llera producida por mujeres (que es una producción minoritaria con
que “ni siquiera pueden ser chorras”. Que esa historia de siglos de respecto a la de los varones, ya que este es un género protagonizado
discursos que subordinan a las mujeres (Anderson y Zinsser, 2007) por ellos), escribe:
está presente, tan arraigada como ideología que no se ve porque es el
lugar desde el cual se ve. No es que ellas valoran positivamente que no Lo que reclama es la pertenencia identitaria a la delincuencia juve-
haya pibas chorras: no puede haber porque la mujeres son inferiores, nil... Si ya sabemos que existen gatos, mulos, chorros, etc., lo que se
no llegan, no alcanzan a ser pibas chorras. Es decir que la calle, el espa- pone en juego en estas letras es la posibilidad de que existan pibas
cio público en donde se han sedimentado durante siglos las reglas de chorras. Una alternativa que si bien de acuerdo a las entrevistas que
la masculinidad y del cual lo no masculino fue expulsado o subalter- realizamos no está totalmente definida, parece estar marcando una
nizado, sigue cerrándoles la entrada. Por lo tanto, ni siquiera pueden última variación en la estructura estamental de la subcultura delicti-
ser partícipes de esa subcultura de la que hablábamos antes, ya que, de va (Míguez, 2008).
hacerlo, tienen que hacerlo como apéndice, como mala copia de los va-
rones, como no mujeres. Tienen que ser varones. Entonces, si la subcultura delictiva es una cultura que puede permitir
Durante el mismo año en el que hicimos el trabajo en Merlo, tam- resistir a la autoridad, pero básicamente es una cultura de la subordi-
bién mis alumnos del Seminario de Estudios Culturales que dicto en nación, es todavía patrimonio de los varones. Las jóvenes mujeres, cu-
la Universidad Nacional de Quilmes realizaron un trabajo de campo yas vidas transitan entre la villa y los centros de reclusión, atravesadas
en bailantas y fiestas de jóvenes de sectores populares en la zona. Una por los conflictos con la ley, ven en la incorporación a esta cultura una
cuestión que les llamó la atención es cómo las chicas que van a esos lu- posibilidad de jerarquización de sus lugares dentro del espacio social.
gares a bailar se visten, se “producen” como varones y específicamente Hay un anhelo de pertenecer, aunque este lugar sea el de la subordina-
como “pibes chorros”: la visera, el pantalón deportivo, las medias sobre ción luego de la subordinación.
el pantalón. Modelan el cuerpo y sus prácticas para ser varones. “Las Si para los llamados feminismos de la igualdad esta era una con-
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dición ligada a la ciudadanía, a una perspectiva de derechos ante una juventud hemos trabajado en particular,3 es necesario poner en rela-
terceridad común, para estas chicas lo más parecido a una cierta igua- ción para el análisis la invención junto con el trabajo silencioso del
lación tiene que ver con las posibilidades de incluirse en una cultura poder para su reproducción justamente para encontrar allí articula-
que, lejos de ser niveladora, es absolutamente jerarquizada, y donde ciones, pero también las contradicciones desde donde se produce lo
ocuparán, en el mejor de los casos, el último escalón de una cadena de que está en continuo movimiento.
sucesivas subordinaciones.
Por otro lado, la maternidad también significa para ellas, dentro de
la red de relaciones sociales e institucionales en las que están insertas,
otra posibilidad de prestigio y “de obtención de recursos extras” ante
las demás, representaciones de las que, cabe decir, no siempre son ab-
solutamente homologables a lo que en efecto sucede en la dinámica
social extramuros.
Para finalizar, quiero señalar cómo es que en los últimos años, con
clóset y sin clóset (Kosofsky Sedgwick, 1998), se ha hablado (y no so-
lamente hablado) de las posibilidades de liberación de género e incluso
se ha ido más allá del género. Planteos como los de Judith Butler, pero
no solamente ella, han problematizado las múltiples dimensiones de
las luchas por la impugnación del control y la clasificación patriarcal
del deseo en pos de la creación de nuevas relaciones sociales.
Pero hay momentos en que, ante la riquísima y enorme produc-
ción de pensamiento y de movimiento, tanto desde la academia como
desde los diferentes colectivos militantes que van más allá del género
(y que incluyen en la problemática no solamente otras identidades
que no se reducen a la feminidad/masculinidad, sino que incluso re-
problematizan críticamente la idea misma de identidad), pareciera
ser que hablar de ciudadanía y mujer es un tema viejo del cual solo
deberían ocuparse las “atrasadas políticas públicas” ante casos de
violencia física de varones contra mujeres. Como si ya no fuera ne-
cesario seguir situando en la agenda la problemática de la opresión
patriarcal sobre las mujeres.
Volver con lo aprendido sobre esta agenda parece seguir siendo
fundamental. No solamente por los datos concretos de coerción físi-
ca sobre las mujeres, sino también por la densidad de violencias a las
que son sometidas cotidianamente, que la mayoría de las veces se nos
3 Y que en este capítulo podría retomar para indagar, por ejemplo, la clara concien-
hace imperceptible ya que se vive como cultura, como sentido común,
como verdad muda reproducida al infinito. cia de estas chicas con respecto a la necesidad de una justicia común. O el lugar de la
maternidad con respecto a su derecho de ejercicio aun en condiciones de reclusión:
Y si bien es cierto que las prácticas no son meras ejecuciones de estar con los hijos, algo por lo que hay que pelear. También pareciera haber prácticas
un orden, que actualizan y transforman las estructuras objetivas que novedosas en Matías, en su conciencia del derecho (remarco esta idea de la conciencia
les han dado lugar, cuestión que desde el campo de los estudios de del derecho) de llamarse Matías aun a pesar de una institución que lo llama Anabel.
Segunda parte
Medios de comunicación
hegemónicos y juventudes:
la necesidad de dar la batalla cultural
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Capítulo III
Los medios hablan de los jóvenes. Sus respuestas

Ni los medios de comunicación construyen la realidad, ni la realidad


se deja construir pasivamente. Más allá de lo que hayan enunciado
con vehemencia los giros posmodernos, lo que llamamos realidad no
se deja narrar con cualquier relato ni es producto solo del lenguaje.
Afirmar esto, por otro lado, no nos lleva de ninguna manera a pen-
sar que los relatos nos traduzcan algo así como la verdad sin fisuras,
que exista una realidad empírica por fuera absolutamente del lengua-
je que pueda ser mostrada objetivamente.
Los medios entonces ni crean la realidad ni la representan: con-
tribuyen a su existencia, modelando sentidos preexistentes a sus re-
presentaciones con mayor o menor influencia. Nada de lo que se dice
en los medios está por fuera del espacio social, de sus relaciones de
fuerza, aunque afirmar esto no implica pensar que los medios se li-
mitan a una traducción lineal de lo que ocurre en un espacio social
imaginado por fuera de ellos. Estos forman parte de ese entramado,
contribuyen a crearlo. Son actores que junto a otros se disputan la
capacidad legítima de nombrar verdaderamente el mundo. Pero lo hacen
desde una posición privilegiada, especialmente en el último siglo, y
con mucha presencia en las últimas décadas, cuando se habla de so-
ciedades mediatizadas, lo que implica pensar en sociedades donde
cada una de las prácticas de manera directa o indirecta, con mayor o
menor fuerza, están atravesadas por alguna dimensión de los medios.
Este poder ha radicado y radica en tres cuestiones, al menos, que
están inextricablemente enlazadas.
En primer lugar, en el alcance masivo que se sostiene en el gran pú-
blico, pero también en un sistema comunicacional que permite el infi-
nito juego de espejos, de reproducción de las imágenes y relatos mol-
deados por los medios aun en la fragmentación de propuestas (porque
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hay que recordar que la fragmentación no necesariamente se contrapo- Entonces, y con el objeto de avanzar en los modos que tienen los
ne a la homogeneización). medios de hablar de los jóvenes, sintetizaré qué entiendo por medios
En segundo lugar, porque los medios son actores empresariales que en este capítulo.
en las últimas décadas han acumulado capital tanto material como sim- • Los medios masivos como sistema de medios dominante (lo que
bólico de una manera escandalosamente desigual con respecto a otros no quiere decir que no existan medios alternativos, pero me inte-
actores. Lo han concentrado creando monopolios, oligopolios, atentan- resa ver justamente el sistema de medios que tiene capacidad para
do contra derechos incluso liberales, como es el derecho a la informa- construir discursos hegemónicos, verdaderos, legítimos).
ción, y derechos nada liberales, como es el derecho a la comunicación • Los medios como actores históricamente situados que junto a otros
de los pueblos.1 Esta acumulación totalmente desmedida con respecto actores disputan la capacidad de nombrar el mundo, es decir, de na-
a otros actores solo es explicable en el contexto de las políticas neolibe- turalizar una verdad como la verdad (que, incorporada como sen-
rales implementadas para toda la región y sostenidas sobre la idea del tido común, cada uno de los miembros de la sociedad vivirá como
achicamiento del Estado de bienestar y de todo marco regulatorio sobre verdad propia).
el orden de las comunicaciones que no fuera el del mercado mismo. Las • Es así como, entonces, los medios no son solo medios, instrumen-
empresas de comunicaciones concentraron capitales como nunca antes tos que reflejan la realidad, sino que contribuyen a crearla desde la
en la historia y obtuvieron un posicionamiento injusto y desigual con disputa por determinado lugar en el espacio social junto/contra
respecto a los demás a la hora de su capacidad para nombrar la verdad. otros actores o agentes.
En tercer lugar, los medios ocupan un espacio privilegiado en la • Los medios modelan aquello que ya está presente en la cultura y
construcción del sentido social, porque no son cualquier empresa, la sociedad, de acuerdo con sus intereses (que son históricos, es
sino aquella cuya materia específica es la materia significante: pro- decir, situados, y en la actualidad básicamente ligados a la repro-
ducen sentido. No producen automóviles, no producen zapatos, no ducción del capital). Aquello que se dice en los medios no es pu-
trabajan con petróleo, sino que producen sentido. A través de meca- ramente originario de los medios.
nismos de focalización, deshistorización y rehistorización, de des- • Los medios tienen una posición privilegiada a la hora de construir
contextualización o recontextualización, los medios construyen lo un relato social por sobre otros actores.
que se llama la información sobre la realidad. Clasifican la realidad • Por lo tanto, analizar el discurso de los medios no es hablar solo
de un modo que oprime, menos por lo que no permite decir de ella de los medios, sino de los movimientos de construcción de las
que por lo que obliga a decir de ella. Sin que necesariamente mien- hegemonías y las contrahegemonías en un determinado momen-
tan (aunque muchas veces lo hagan), la información se presenta con to histórico.
la forma de los intereses que sostienen, siendo funcional a ellos. Y
si la información como noticia producida industrialmente ha teni-
do que ver con la historia moderna de la expansión del mercado, en ¿Cómo es que se nombra a los
momentos históricos de primacía del capital por sobre otras esferas jóvenes? ¿Qué dicen de ellos?
de la vida, la información tiene valor de mercancía. Así, la dupla in-
formación-ciudadanía muta a la de vendedor-comprador, que ha sido He trabajado hace unos años sobre tres tipologías que son actuales y
la dominante en tiempos liberales de mercado. que retomaré de manera breve y sintetizada para agregarles ahora una
nueva elaboración sobre la relación juventud-política. Las tres convi-
1 Y han acumulado ese capital con las manos manchadas, es decir, de las maneras
ven complementándose y reafirmándose mutuamente. No hay plurali-
dad de discursos, hay polisemia, que no siempre es lo mismo.
más siniestras, además de los casos donde han quebrado la ley. Vale decir que en la
mayoría de nuestros países lo han hecho de manera ominosa, comprometidos en oca- Las tipologías son: los jóvenes exitosos, los jóvenes desinteresados
siones, inclusive, con crímenes de lesa humanidad. y, finalmente, los jóvenes peligrosos.
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Los exitosos: casi ángeles teresados aparece en las noticias y en los llamados informes especiales.
Particularmente desde la televisión, nos bombardean con informes
Esta es una construcción ligada a la idea del joven consumidor. Son donde los jóvenes se drogan, se emborrachan, vomitan en las veredas,
los jóvenes de la publicidad, de los programas de la tarde, los casi ánge- están sin rumbo, asumiendo que las generaciones anteriores tuvieron
les, que aparecen hablando en primera persona, esos que responden sin objetivos y que a estas les faltan. Los jóvenes son presentados como
lugar a dudas a los modelos hegemónicos de belleza mundializados, apáticos, individualistas, distanciados de las problemáticas sociales,
cuyos problemas principales (o aquellos que son presentados como sus perdidos en un ocio eterno, y finalmente, entonces, como propensos
problemas principales) son conflictos puramente subjetivizados, sin y disponibles al descontrol. Es allí donde radican el temor y la nece-
referencia a los entornos sociales o políticos. El yo puesto en primera sidad del rescate. Porque la idea de que estos jóvenes están perdidos
persona y a partir de allí las relaciones con sus pares, con sus adultos. genera malestar, pero a la vez todavía –se piensa– pueden ser resca-
Este tipo de joven es visto como exitoso, como aceptable. Es un jo- tados, encaminados, vueltos al rumbo. Y cuando se piensa en esto,
ven posible e incluso deseable para nuestras sociedades. Este modo de se piensa en la necesidad de más padres, de más escuela e incluso, en
nombrar la condición juvenil constituye claramente aquel que el mode- ocasiones, de más policía.
lo político-económico neoliberal necesita para su reproducción, y que El conjuro ante el desinterés es la propuesta de mayor control so-
desde los dispositivos infocomunicacionales se refuerza y multiplica bre ellos.
en infinito juego de espejos a través de diferentes relatos.
Una figura que completa a estos casi ángeles de las telenovelas de la
tarde o de la publicidad es la del joven modelo. Generalmente en las Los peligrosos: los desangelados
revistas dominicales o en el último segmento del noticiero, como nota
de color, de vez en cuando aparece la noticia de un chico que, por ejem- Finalmente, el joven que aparece con mayor presencia en los medios
plo, “devolvió una valija de dinero que encontró”, o que “cuida a sus es el que se construye como el peligroso. Desde el discurso de la segu-
abuelitos”, o que es “el mejor alumno a pesar de vivir en la más extre- ridad ciudadana, que se mantiene a modo de sentido común y en las
ma pobreza en una región olvidada por la humanidad”. Es decir que, instituciones policiales más allá de las críticas a las políticas de Tole-
aunque no se espera que lo sea, es modelo de comportamiento para los rancia cero, se van construyendo relatos e imágenes en torno a la cen-
otros jóvenes que no lo son: así funciona la idea de modelo. Casos indi- tralidad de unos jóvenes que, se dice, no tienen nada que perder y por
viduales, casos extraños que por eso necesitan ser mencionados, en un lo tanto son incontrolablemente peligrosos para el resto de la sociedad.
doble movimiento en el que se reafirma entonces que la gran mayoría Que son capaces de romper una vidriera, y también utilizar esa misma
de los jóvenes, aunque deberían, no pueden cuidar abuelitos, no pue- capacidad para robar y matar.
den ser buenos alumnos si son pobres. En fin, no pueden. Los medios tienen un particular ensañamiento con los jóvenes po-
bres, fundamentalmente varones. De ellos ni siquiera se habla como
si fueran jóvenes: son menores, son chorros, son delincuentes, no jó-
Los desinteresados: los perdidos venes. Sin embargo, la juventud es una marca sociocultural (no todos
los jóvenes son iguales), pero también etaria (todos los que biológica-
Cotidianamente se presenta a los jóvenes como desinteresados, como mente tienen una moratoria vital más amplia son jóvenes). Entonces,
perdidos. Se dice que nada les interesa, y este nada claramente tiene que los medios se olvidan de que son jóvenes. Se los ve como lo podrido,
ver con la idea de que no les interesa nada de lo que les interesó a las ge- lo causante del deterioro de la sociedad. De estos jóvenes nada se es-
neraciones anteriores: la política, transformar el mundo, la solidaridad. pera. Aterrorizan, ya no solo incomodan, y no es posible rescatarlos
Si el anterior modo de nombrar a los jóvenes como exitosos tenía como a los desinteresados. El conjuro aquí es la extirpación del espa-
que ver con géneros ficcionales y publicitarios, la idea de los desin- cio común.
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Los primeros jóvenes eran casi ángeles. Estos son los desangela- Un poder que es simbólico, que se juega en la cultura como verdad
dos. Los proscriptos. (se reconoce), pero que es a la vez histórico, que se ha construido a
Según el informe “Los jóvenes en los medios, cartografías de las lo largo de la historia, que no es nada natural (aunque este carácter
narrativas mediáticas”, elaborado por el Observatorio de Juventud y se desconozca, se oculte).
Medios de la unlp en 2010: Los jóvenes de sectores populares, sus modos de vestir, de hacer
música, de escucharla, los territorios, sus prácticas, en fin, sus estilos,
Ya sea como víctimas o victimarios, los y las jóvenes aparecen en los son puestos en escenarios de violencia, narrados bajo el relato de la vio-
medios ligados mayoritariamente a casos de violencia. Un claro corre- lencia. A veces un caso sirve de testigo, de muestra para hacer de ello una
lato de esto es que la sección donde mayor cantidad de noticias sobre ley general. A veces ni siquiera hay caso: hay la certeza de una masa
jóvenes aparecen, en términos generales, es la policial. En este con- sin nombre agazapada y dispuesta a atacar en un mundo que se divide
texto cabe preguntarse quiénes son las voces que aparecen en las na- entre ciudadanos víctimas y fieras no ciudadanas, sin derecho a nada.
rrativas mediáticas cuando se habla de jóvenes. De manera coherente Y todo eso en un orden televisivo que pasa del entretenimiento a la
con el panorama planteado, la abrumadora mayoría de voces provie- noticia, de la noticia al entretenimiento, en un entramado donde los
ne del ámbito judicial, ya sean jueces, fiscales, defensores o voceros. límites entre uno y otra se van borrando a la manera de un mareo tan
Aún más, luego del ámbito judicial las voces más escuchadas por los sostenido e imperceptible que acomoda hasta la náusea.
medios son las policiales y las de funcionarios públicos de diferentes Los medios, y especialmente la televisión, ejercen en nuestras
instancias del Estado, ya sea nacional, provincial o local. Muy relega- sociedades contemporáneas una especial capacidad de desarrollar lo
das aparecen las voces de los y las jóvenes, protagonistas centrales de que Eugenio Zaffaroni ha denominado “la criminalización mediáti-
las noticias abordadas, y cuando aparecen, aparecen incluso después ca”: los jóvenes pobres son culpables por ser jóvenes pobres. En su
de las voces de sus propios familiares. libro La palabra de los muertos (2011), el jurista desarrolla los meca-
nismos a través de los cuales la televisión va construyendo la otredad
Así, estos jóvenes hijos de más de una generación de ciudadanías pre- peligrosa para condenarla:
carias o inexistentes se van narrando desde mecanismos de deshisto-
rización y descontextualización: están simplemente allí. Es decir, pa- Si bien la enorme mayoría de ellos no ha cometido ningún crimen,
reciera que siempre hubo excluidos y siempre los habrá, entonces esa se los proyecta a todos como potenciales delincuentes, alegando que
es una condición natural que no es necesario problematizar, en la que nunca sabremos cuándo pasarán de la acechanza a la acción, pero ase-
quedan como responsables, causantes de los miedos más tremendos gurando que lo harán; por eso ellos son malos y temibles y nadie debe
de la sociedad. Son los sujetos del pánico moral. asumir su defensa ni discutir lo que muestra la imagen, que es la única
Para eso, el trabajo de las imágenes, más que el de las cifras o los realidad mediática (Zaffaroni, 2011).
argumentos, es absolutamente funcional. Las imágenes, que apelan a
la emoción más que a la razón, conmocionan y son claramente efecti- Este es un mapa que por supuesto no es patrimonio de la Argentina,
vas a la hora de la presentación de una otredad amenazante. En ellas sino que forma parte de la victoria cultural de la doctrina de Seguridad
se actualizan todos los dispositivos racistas y clasistas para crear es- Ciudadana y hoy se actualiza bajo distintas formas, todas siniestras
tereotipos donde se sedimentan las justificaciones históricas de la (como ejemplos, de manera más evidente en el Tea Party norteameri-
segregación, reconociéndolas y desconociéndolas al mismo tiempo. cano; en la mano dura del nuevo presidente de Guatemala Otto Pérez;
El poder simbólico, ese poder que radica en la capacidad de hacer en México, bajo el gobierno derechista de casi doce años del pan [Par-
cosas con palabras (y con imágenes) de unos sobre otros, se utili- tido Acción Nacional] y ahora en sus continuidades priistas; en varias
za para nombrar a unos jóvenes como la mierda social sin utilizar la policías provinciales de la Argentina; e incluso de formas nada espera-
palabra “mierda”. Lo execrable, el desecho, lo mugriento, lo oloroso. bles, como el caso del gobierno izquierdista de El Salvador).
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Esto sucede porque, más allá de las decisiones de algunos gobier- Los jóvenes decodificando a los medios
nos de ir en una dirección distinta, e incluso contraria, como es el caso
de la Argentina, sigue existiendo un sentido común, una cultura que Desde hace ya varios años, tanto desde las ciencias sociales como desde
los medios y especialmente la televisión reafirman cotidianamente, en los estudios del arte y la crítica literaria, se ha incorporado la idea de la
donde la idea de la mano dura y la peligrosidad de los sectores popula- decodificación creativa o crítica, de la lectura activa. Se ha hablado de
res, especialmente de los jóvenes, sigue vigente. Es decir, sigue siendo receptores, consumidores, lectores con capacidad para resemantizar
aceptada por grandes sectores de la sociedad, lo que hace, por ejemplo, los discursos que circulan en las industrias culturales, es decir, darles
que existan muertes que sean olvidables. nuevos o inesperados sentidos a los textos.
Si en las noticias televisivas todos los días aparecen hechos de vio- Propongo revisar entonces cuáles son estas apropiaciones que ha-
lencia (asaltos, secuestros, asesinatos) en los cuales los jóvenes son cen los jóvenes de aquellos discursos que circulan como hegemónicos
protagonistas, y su condición de victimarios se recalca y se fija en in- en los medios sobre el ser joven. Es decir, propongo detenernos en los
finito juego de espejos a través de los distintos programas del día y de modos en que los jóvenes leen, interpretan, replican o reproducen, ha-
la semana, el hecho de que en esos mismos acontecimientos mueran cen uso de lo que se dice de ellos.
también jóvenes delincuentes en manos de la policía no es un dato a
prestar demasiada atención. Pareciera ser natural, esperable, casi un
castigo divino. La muerte de jóvenes delincuentes no es construida como Lecturas dominantes o preferenciales
noticiable, salvo casos excepcionales. Rossana Reguillo, con respecto
a esta situación que rebasa los límites de la Argentina y se hace exten- La llamada lectura preferencial o dominante es aquella que reproduce
sible al resto de América Latina, señala: el sentido del discurso tal cual se presenta. Allí no hay réplica. En va-
rias ocasiones los jóvenes asumen que aquello que se enuncia en los
De ahí que el saldo de los acontecimientos arroje como balance una medios sobre ellos “es así”, es “verdadero”. Esto podemos verlo tanto
esquizofrénica dicotomía entre muertos buenos y muertos malos, o en jóvenes de sectores medios y altos (los llamados jóvenes integrados,
peor aún muertos olvidables. Las noticias de hechos de violencia en aunque esta idea es muy problemática; en este caso decimos: integra-
contra de jóvenes se convierten en algo natural, normal, pasan a se- dos a la ciudadanía política, social, cultural; o que están en condiciones
gundo plano, se olvidan. Y con esta amnesia se contribuye a la impu- de gozar de derechos civiles, sociales, derecho a la identidad cultural),
nidad, a la tolerancia infinita que no es capaz de ponerle un freno a la como en jóvenes de sectores subalternos (y agregaríamos, entonces,
violencia venga de donde venga (Reguillo, 2000). jóvenes que no poseen ciudadanía social, cultural e incluso en ocasio-
nes ni siquiera política).
Vidas que se lloran y vidas que no, porque no son siquiera considera- En los jóvenes que llamamos integrados, la lectura que reproduce
das vidas (Butler, 2006). No hay en ello solo una dimensión simbóli- el discurso dominante aparece básicamente de dos modos.
ca. Las muertes son reales. En primer lugar, cuando asumen que lo que se dice de los “otros” jó-
Según el informe de la Correpi (Coordinadora contra la represión venes, los subalternos, es tal cual lo dicen los medios, y entonces clara-
policial e institucional) de 2011, desde diciembre de 1983 a la fecha mente los jóvenes de sectores populares se les aparecen como enemigos,
ha habido 3.393 víctimas de la represión policial, de las cuales el 50% como sujetos de los cuales tienen que cuidarse. Y sienten que, si es posi-
son jóvenes de entre 15 y 25 años. La clasificación indica que el 45% ble, hay que evitarlos: no pasar por lugares donde puedan encontrarlos,
de estas muertes se produjo en cárceles y comisarías, y el resto en epi- no ir a sus colegios, no cruzárselos en la noche. Los jóvenes pobres, fun-
sodios de gatillo fácil. El organismo no cuenta los casos de enfrenta- damentalmente varones, se les aparecen como otros amenazantes, como
miento, sino solo los de represión, cuando la víctima está indefensa y otredades radicales. Los ven como peligrosos, contribuyendo así a pro-
no presenta peligro para terceros. fundizar los procesos de fragmentación y segregación social.
58 | Los medios hablan de los jóvenes. sus respuestas los jóvenes en la argentina | 59

El segundo lugar desde el cual estos jóvenes integrados leen los homogéneos, cerrados, cargados de signos de segregación no solo in-
discursos dominantes y los reproducen es cuando asumen que los casi terclase, sino también intraclase, lo que significa que se configuren
ángeles de la tele son como ellos, que tienen sus problemas, que hablan subgrupos con valores compartidos solo por ellos mismos y que pue-
su mismo lenguaje. Esta idea de hablar “un mismo lenguaje” es la que den ser hostiles a otros grupos dentro de un mismo sector. En este
utiliza la publicidad para interpelarlos, y los jóvenes muchas veces res- sentido, menciono a manera de ejemplo la condición de ciertos grupos
ponden acríticamente. La publicidad habla desde un aparente de igual subalternos juveniles de transformar en capital la capacidad de hosti-
a igual. Resalto la idea de apariencia: detrás de muchas publicidades y gamiento de los que aparecen como más débiles (Míguez, 2008). La
programas con onda hay megaempresas que establecen con los jóve- capacidad de victimizar al otro a través de la fuerza es un capital en
nes, sus consumidores, una relación profundamente asimétrica. Pero, situaciones de adversidad como las que se presentan en instituciones
a la vez, no nos olvidemos de que este discurso con onda, de pares, se de reclusión. Y en momentos en donde la existencia de una ley como
apropia de un lenguaje, el de los jóvenes, que las instituciones tradi- terceridad en la que se dirimen los conflictos se desdibuja, esta capa-
cionales se han olvidado de tomar o no logran reconocer que existe, cidad podría perpetuarse como capital extramuros, haciendo que jó-
tan poco proclives al diálogo, a la escucha. Contra el discurso vertical venes de un mismo barrio y sector social, cercanos, se transformen en
de jueces y maestros, se crea la ilusión de que es el mercado el que es- hostigadores de otros jóvenes.
cucha, y muchos jóvenes afirman que realmente esto es así. La vivencia de que no hay ley (persona, autoridad, institución) que
Por otro lado, también los jóvenes subalternos reproducen lo que pueda mediar en los conflictos entre pares sostiene en muchas ocasio-
hemos visto como discursos dominantes. Una de las peores formas nes la posibilidad de que estos se diriman como se pueda. Y si lo que se
es cuando ellos mismos asumen que son lo que se dice de ellos: el de- puede es el ejercicio de un poder de fuerza de unos sobre otros, así será.
terioro, el mal, la amenaza. Que ellos, o que sus jóvenes vecinos, son Jóvenes que se transforman en verdugos de otros jóvenes cercanos. Es
realmente los causantes de la inseguridad y del deterioro, ya que se entonces cuando el discurso hegemónico de la culpabilización y crimi-
han entregado al delito, o a las drogas, o a lo que sea que se les ofreció nalización individual adquiere por otras vías sentido de verdad.
para llevar adelante tan lamentable papel. Se ven a sí mismos o a sus
vecinos y amigos, incluso a aquellos que conocen desde que nacieron,
como los causantes del malestar social. La lectura negociada
En ocasiones, esta asociación entre violencia y jóvenes que hacen
los mismos jóvenes se sostiene sobre una autojustificación anclada en Stuart Hall, en “La codificación y decodificación del discurso televi-
la victimización de la condición juvenil ligada a la denuncia de la pre- sivo”, un texto muy viejo y muy criticado (Morley, 1996), nos dice
sencia del paco, de las “malas juntas”, de la falta de trabajo, del aban- que hay una lectura dominante, una lectura negociada y finalmen-
dono, situaciones de las cuales finalmente ellos se asumen culpables te una lectura que resiste, que se opone, que impugna. Pero lo que
porque no pueden torcer lo que aparece como un destino. No pueden hace Hall es presentarnos un modelo de análisis, una herramienta,
pensar en los condicionamientos históricos, en los procesos sociales no como una receta, sino como una guía de interpretación. Las teo-
que sostienen ciertas prácticas. No pueden creer en la posibilidad de que rías son herramientas y como tales deben ser utilizadas para crear.
algo sea distinto, sino que se piensan bajo las reglas con que los pien- No para describir lo real (que es una forma de adecuarse), sino para
san los medios: sin salida, culpables de todo. Me detengo un segundo recrearlo, hacerlo inteligible, interpretarlo: darle nuevos sentidos que
en esto: no es que son otros los que los ven así, ellos mismos se perciben no son evidentes. Entonces, sigo utilizando el modelo de Hall, pero
de esta manera. para decir que ciertos jóvenes realizan lecturas negociadas con el fin
Por otro lado, la aceptación de los jóvenes de sectores populares de impugnar el orden hegemónico. Que la impugnación está hecha de
que otros jóvenes pobres como ellos son los responsables de la inse- negociaciones, de “bricolaje”, diría Hebdige (2004), de tácticas, di-
guridad puede explicarse en una socialidad fragmentada y en espacios ría De Certeau (1997).
60 | Los medios hablan de los jóvenes. sus respuestas los jóvenes en la argentina | 61

Podría buscar varios ejemplos, pero me voy a detener en el que pa- medios: no es explicitado). Muchos jóvenes saben (no como un saber
rece más rico: aquel en el que unos jóvenes de sectores subalternos experto, sino más bien práctico) que lo que enuncian los medios no es
transforman el estigma ser peligroso, estar perdido, en emblema de iden- solo producción mediática, sino que responde a una opinión pública
tidad (Goffman, 1998). En los últimos años se ha conocido a través creada en relaciones de fuerza y sentido que les son adversas. Es decir,
de las industrias culturales, especialmente de la música (la cumbia vi- reconocen que hay intereses detrás de la producción de la noticia, aun-
llera, pero también el llamado rock plebeyo, por ejemplo), un discurso que no sean especialistas o estudiantes de comunicación. Y más aún:
juvenil que en un uso táctico asume la identidad de juventud peligrosa sospechan de esos intereses.
resignificando su lugar de carencia y situándola como capital. Aguante Un ejemplo claro de esto es la conciencia que los chicos recluidos
pibes chorros, Aguante los pibes, Ciento por ciento negro. El orgullo de ser lo en instituciones por conflictos con la ley tienen de que aquellos que, en
estigmatizado hecho música, pero también hecho cuerpo: una forma sus palabras, “los dejaron afuera de la sociedad”, los que “no les dan
de vestirse, de caminar, de tatuarse, que expresa claramente que no se oportunidades”, son los que están detrás de un tratamiento noticioso
trata de esconder el estigma, sino de embanderarse con él. interesado. Ellos saben que hay intereses más allá de lo periodístico,
Introduciendo elementos de muy diversa índole, donde conviven que no logran definir con claridad, pero que experimentan como cier-
esquemas de una cultura autoritaria y machista con prácticas de sub- tos y que operan en la construcción de la noticia. Y, a la vez, como un
versión del orden dominante, muchos de estos jóvenes toman la infor- círculo pesado, dicen que los medios refuerzan esos mismos intereses.
mación que sobre ellos circula moldeándolos a partir de la condición de Manifiestan sentirlo, quizás más que en ninguna otra ocasión, cuando
la identidad deteriorada y la transforman en plataforma desde la cual los permisos de salida, las condenas, o incluso las reclusiones, según su
enfrentar un mundo que se les hace cada día más adverso. propia mirada, se agravan o se adelgazan de acuerdo al clima noticioso.
Desde lo que se ha denominado estilo, con la utilización de los ob- Los medios, para ellos, no gozan de inocencia.
jetos que les ofrece el mercado, con la producción de toda una simbolo-
gía interesada en trazar una huella propia, estos desangelados gestualizan
la posibilidad de otro destino que les permita sobrevivir.
En este sentido, se han trabajado las llamadas subculturas del deli-
to como tácticas de sobrevivencia de ciertos jóvenes socializados en las
consecuencias de desintegración de las políticas neoliberales. Unas sub-
culturas que pueden ser pensadas como prácticas de resistencia de esos
jóvenes a un orden que no les da lugar, que los desecha, pero con el cual
tienen una relación conflictiva y ambigua, ya que a la vez que lo impug-
nan anhelan pertenecer a él. Unas subculturas que parecieran permitir
la sobrevivencia, pero sin eludir el gesto represivo que las condena tam-
bién como destino.

Una lectura que resiste

Finalmente, voy a señalar la que podríamos denominar lectura crítica:


aquella que los jóvenes realizan reponiendo en el discurso mediático
su espesor político. Es decir, dándole un contexto histórico/social al
tratamiento noticioso (contexto que, como vimos, está ausente en los
| 63

Capítulo IV
La relación política/jóvenes: cuando
la derecha la niega

Hay en el sentido común una especie de lugar original donde se piensa


la relación entre juventud y política: los años sesenta y setenta. Luego,
desde allí, se parte para hablar de los jóvenes hoy.
Cuando se habla de esa generación, hay además un relato: el de los
ideales y el compromiso. Se describe a los jóvenes de ayer como idea-
listas, llenos de convicciones, capaces incluso de dar la vida por ellas.
La política es ahí un territorio de grandes colectivos, de estructuras y
proyectos a futuro en los que ellos se involucran con entrega.
Pero este relato sobre los jóvenes de las generaciones pasadas es
claramente despolitizador.
Durante las décadas de 1980 y 1990, cuando se promulgaron las
leyes de Obediencia Debida y Punto Final, se fue moldeando una vi-
sión de jóvenes en el pasado idealistas y llenos de creencias, pero que
de alguna manera estaban por fuera de la política; se fueron despoli-
tizando sus luchas. Incluso quedaron en escena dos tipo de jóvenes:
los idealistas como jóvenes casi ingenuos, para quienes la política era
solo convicciones utópicas, y los jóvenes oscuros de la política, aque-
llos que, narrados desde el espíritu de la teoría de los dos demonios,
se transformaban en monstruos incluso a los ojos progresistas de la
sociedad. En los primeros, la política era tan pura y tan blanca que
no les permitía incidir en un mundo que necesitaba de acciones más
concretas; en los segundos, la política era algo tan siniestro y negro
que se condenaba sin duda. En ambos, la política se borraba como
posibilidad para pensar la juventud más allá de toda enunciación.
Pero se rescataba esta ubicación de los jóvenes ligándolos a los idea-
les, aunque no se profundizara mucho más en los alcances que estos
tenían. Y, además, a través de una operación folklórica, esos ideales
se ubicaban en el pasado.
64 | política y jóvenes: cuando la derecha lo niega los jóvenes en la argentina | 65

Por otro lado, estas miradas convivieron con otra, elaborada desde la espacio público, como sucedió en los colegios secundarios de la ciu-
derecha triunfante, que de maneras más o menos explícitas se sostenía dad de Buenos Aires y otras ciudades de la provincia de Buenos Aires,
en la ubicación de los jóvenes como potenciales guerrilleros peligrosos, parte importante del análisis de los medios los ubicó como aprendi-
como subversivos, como el mal que las sociedades tenían que combatir. ces, como incapaces de plantear una política de verdad. Esta manera
A lo largo de los años, y pese a las sucesivas derrotas de los movimientos de analizar, o más bien de clasificar a los jóvenes, por supuesto, no es
de liberación, los discursos sobre la juventud de los setenta como peligro- patrimonio de los medios. Como dije, estos no se limitan a inventar,
sa se fueron adelgazando, aunque hay que decir que no desaparecieron sino que reproducen y entonces refuerzan un sentido común que exis-
por completo, sino que adquirieron otras formas, especialmente la de la te en la sociedad más allá de ellos. La idea de los jóvenes incapacita-
seguridad ciudadana, y permanecen hoy como un sedimento dispuesto dos, carentes, es una idea que circula por muy distintos campos. Par-
a ser actualizado bajo diferentes figuras. Pero las narraciones sobre una ticularmente con los conflictos estudiantiles, he escuchado infinidad
juventud setentista cargada de ideales y utopías por fuera de la historia de veces al mundo adulto, a profesores, maestros, autoridades educa-
(allí radica su despolitización) fueron las que primaron como posibles tivas, la afirmación de que “están tan mal preparados” que no pueden
de ser enunciadas en el sentido común. Con un elemento que además les “ni enunciar una demanda”, que no pueden “ni hablar”, manifestando
daba una fuerza contundente: la afirmación de que esa juventud estaba así mucho más acerca de su propia despolitización que sobre la de los
en el pasado. No quedaban en la actualidad ni vestigios de ella. estudiantes. Precisamente porque el discurso de la carencia en relación
Cuando, a partir del proceso iniciado en 2003 de reafirmación des- con una supuesta completitud de los jóvenes en las generaciones ante-
de el Estado de una política de Verdad, Memoria y Justicia que tiene riores está muy presente en el espacio social, es que los medios pueden
como principales aliados a los movimientos de derechos humanos, se tomarlo y reforzarlo sin que sobre ellos se ejerza la más mínima crítica.
impugna el indulto y se reactivan los juicios a los asesinos de los jóve- Al contrario, se lo naturaliza.
nes de los setenta, se comienza a reescribir la historia de esos jóvenes
apoyándose en el relato de los idealistas, pero repolitizando sus luchas
para ligarlas al presente. Los interesados. El cálculo
Los medios hegemónicos, entonces, ya no pueden negar la existen-
cia de la relación entre juventud y política, pero la narran desde dis- El otro modo de desacreditar la participación política de los jóvenes
cursividades preexistentes sostenidas en plataformas y estructuras de hoy es presentarlos como interesados, calculadores, suponiendo que
menosprecio y discriminación adultocráticas y antipopulares. el interés no tiene que ver con la política, sino que esta es el terreno de
Los medios de comunicación hegemónicos hoy, en definitiva, van unos ideales o un conjunto de valores por fuera de la historia, desco-
en una dirección opuesta a la del campo político para pensar la rela- nociendo así que la política no puede existir por fuera de los intereses.
ción juventud-política. Entonces, se presenta a los jóvenes como “rosqueros”, “ideologizados”,
que esconden intereses que no hacen explícitos y que, de hacerlos, los
tornarían ilegítimos.
Los que no pueden En ocasiones, estos intereses son presentados como de otros (adul-
tos, partidos, dirigentes) que usan a los jóvenes como instrumentos de
En primer lugar, el relato que es dominante en los medios para pensar objetivos no declarados. Los jóvenes son vistos desde estas miradas
la juventud y la política sigue siendo el de los jóvenes del pasado como paternalistas como niños que necesitan de tutela y que no pueden to-
idealistas y de los actuales como carentes. Es decir: cuando se habla de mar sus propias decisiones. La idea de que son usados los victimiza y
los jóvenes de hoy se dice que son poco comprometidos, comparándolos a la vez los inhabilita como sujetos para la toma de decisiones.
con la generación de los setenta, previa operación de despolitización En otras ocasiones, los intereses oscuros se les atribuyen a los
de ella. Así, cuando los jóvenes se organizaron para un reclamo en el mismos jóvenes. Se dice de ellos que solo persiguen el poder, cues-
66 | política y jóvenes: cuando la derecha lo niega los jóvenes en la argentina | 67

tión que se asume como ilegítima. El caso de la postura que han to- La Nación del asesinato de los tres jóvenes militantes del Frente Darío
mado los medios con respecto a la agrupación kirchnerista La Cám- Santillán en la ciudad de Rosario a principios de enero de 2012. Sos-
pora (que presentaré más adelante) es especialmente ilustrativa de layando que Santa Fe es la provincia argentina con más casos de gati-
estas posiciones peyorativas con respecto a los jóvenes. Los miem- llo fácil y represión policial contra jóvenes en proporción poblacional
bros de esta agrupación son presentados como sujetos “manejados del país (Informe de Correpi, 2011), estos diarios no se detuvieron en
desde arriba”, como un instrumento sin agencia que solo opera como la relación de esas muertes con ello, ni en el proyecto político del cual
fuerza de un poder que no tiene. Se dice que “es la agrupación de esos jóvenes formaban parte, sino que hablaron de ellos simplemen-
la presidenta, del hijo de la presidenta”, soslayando el hecho de que te como buenas personas, como “tres amigos que vivían para ayudar a
son cientos de jóvenes los que se han involucrado con un proyecto sus vecinos”. Daba lo mismo si eran militantes de una agrupación po-
político asumiendo la identidad de pertenecer a esta agrupación. La lítica o eran miembros de alguna organización solidaria o caritativa.
idea de una agrupación de la presidenta asume que es ella la única que Estos jóvenes militantes, despojados del proyecto político en el cual
tiene agencia, que los jóvenes son incapaces de actuar por sí mismos militaban o solo reduciendo ello a un dato de color, eran presentados
como sujetos políticos. con las mismas claves de lectura de los jóvenes modelo que desarrollé
Pero, además, otro eje discursivo con el que se habla de esta agru- en el capítulo anterior.
pación es el de una aparente ilegitimidad para disputar poder. Casi Algo similar sucedió con la muerte del militante Mariano Ferreyra,
podría pensarse que disputar poder es algo sucio, negativo, que des- con la diferencia de que en este caso los medios se detuvieron en el
merece a la agrupación. Se dice que estos jóvenes “solo piensan cómo análisis del entramado político coyuntural y sus consecuencias, pero
ocupar cargos”, espacios en el Estado, asumiendo que esto está mal o no desarrollaron ni complejizaron el lugar político de la militancia del
no debería suceder. En los últimos años se han multiplicado las noti- joven, presentándolo solo como una víctima, que por supuesto lo era,
cias u opiniones en los medios gráficos especialmente dedicadas a La aunque no era solo eso.
Cámpora y, salvo contadísimas excepciones, la ideología que sostie-
nen estos tratamientos noticiosos es negadora de la legitimidad de la
política para los jóvenes. Los irracionales
Finalmente, hay un lugar que no quiero dejar de señalar y es el de la
Los inocentes construcción de una mirada sobre los jóvenes que integran los movi-
mientos políticos antisistema, la mayoría de las veces provenientes de
Si los jóvenes construidos como interesados son vistos negativamente, sectores excluidos o marginalizados, que son clasificados como peli-
hay unos otros jóvenes que se involucran con la política y que los me- grosos. Su peligrosidad, se dice, radica en su irracionalidad. Se habla
dios presentan de manera positiva, aunque despolitizándolos. Iróni- de ellos negando lisa y llanamente sus modos de intervención como
camente, podríamos decir que los muestran como inocentes: inocentados políticos.
de la culpa de la política. Hay unos que son culpables y otros inocentes, sin Actualizando los discursos más represivos de la seguridad ciu-
intereses, que militan por una especie de bienestar común por fuera dadana y de las políticas de Tolerancia cero, se muestra a estos jó-
de la historia. Y son, la mayoría de las veces, víctimas. venes en hechos que se describe como vandálicos (escraches, rotu-
Este modo de nombrar a ciertos jóvenes es el que utilizan los me- ras de vidrios), revitalizando la idea de que si pueden romper un
dios hegemónicos cuando se habla de jóvenes militantes víctimas de lo vidrio pueden ir contra todo tipo de propiedad privada, contra la
que se sospecha la participación más o menos directa de los aparatos vida y el orden.
represivos estatales y sus convivencias con redes delictivas. Un ejemplo La capucha, utilizada según estos mismos jóvenes como un modo
claro es el tratamiento que hicieron medios como los diarios Clarín y de protegerse ante el reconocimiento de las fuerzas represivas con afán
68 | política y jóvenes: cuando la derecha lo niega

revanchista, es presentada en los medios como una prueba de la peli-


grosidad, desconociendo sus explicaciones y argumentos. Es que no
solo se los niega como sujetos políticos, sino que directamente se los
niega como sujetos con una palabra propia.
Este relato, estas imágenes, abonan una cultura represiva contra los
jóvenes pobres organizados políticamente.

Tercera parte
Jóvenes y reconstrucción
| 71

Capítulo V
El pensamiento experto y su mirada sobre
los jóvenes en los noventa

Las décadas de 1960 y 1970 fueron tiempos donde la política tuvo


cara de juventud, en la Argentina y en el mundo. Los jóvenes irrum-
pieron en un espacio público conservadoramente adulto trastocando
las relaciones de poder.
Pero en la noche más oscura de nuestra historia, con la dictadura,
la relación entre juventud y política se transformó en brújula del ex-
terminio y dio lugar al horror. El Estado en manos de los poderes más
siniestros hizo de los jóvenes las nuevas inpersonas, como escribiera
Robert Cox en The Herald: los desapareció.
Con el llamado retorno de las democracias, y bajo el eje de la tran-
sición, se convocó nuevamente a los jóvenes (a unos otros jóvenes que
no eran los de los setenta: ni montoneros, ni peronistas, ni movimien-
tos armados; que parecían no tener historia, haber nacido allí desde la
nada). Se los convocó a transitar (¿transitar hacia qué?, ¿con quiénes?,
¿a dónde llegar?). Transitar a la democracia, se dijo. Empezar de nue-
vo. Se los convocó a la ilusión.
Luego, la desilusión inmensa de lo que para simplificar se llamará el
menemismo, ese proyecto que hundió sus raíces en el modelo político,
económico y social impulsado por sectores civiles, militares y eclesiás-
ticos –y que Rodolfo Walsh denunció a un año del golpe de Estado de
1976, con la “esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perse-
guido, pero fiel al compromiso de dar testimonio en tiempos difíciles”.
El cruce de siglos vino con el que se vayan todos, la más profunda
negación a la política que nuestra historia ha imaginado y que arro-
jó a los jóvenes a la intemperie poniéndolos al frente (en el frente de
batalla) de todas las transformaciones que habían provocado los po-
deres neoliberales: fragmentación, polarización social, precarización,
vulnerabilidad.
72 | el pensamiento experto y su mirada sobre los jóvenes... los jóvenes en la argentina | 73

Sin embargo, de ellos no se esperó nada. Se dijo: no les interesa Luego, la presidenta de la nación de un Estado en vías de ser re-
nada. Se los condenó por apolíticos e individualistas. Mientras unos cuperado vio a estos jóvenes que se movían ante “los ojos ciegos nada
celebraban lo que creían era el final de la historia (de la dialéctica, de abiertos”. Y continuó el llamado. Esta parte del libro hablará justa-
las luchas) y otros lo lamentaban aceptando que el mundo no podría mente de ello.
ser nunca más transformado, se asumió que los jóvenes ya nada tenían
que ver con la política. Que la devastación, la desafiliación, la desarti-
culación (todas las “d” del deterioro), los habían dejado por fuera del Juventud y política en la mirada experta
compromiso con lo público.
Mientras, los jóvenes balbuceaban primero un no profundamente La larga década del noventa, signada por el neoliberalismo, comienza a
político que no tenía que ver con el desinterés, sino más bien con otro clausurarse en la Argentina con la crisis de 2001, y puntualmente con
interés. Y con la bronca, con el malestar, con un modo de la denuncia. la masacre de Puente Pueyrredón, en junio de 2002, donde las fuerzas
También, mientras, muchos jóvenes formaban parte central de los mo- represivas del Estado asesinan a los jóvenes militantes Maximiliano Kos-
vimientos sociales ligados al mundo del trabajo roto, aunque ni siquie- teki y Darío Santillán, que se constituirán en emblemas del compromiso
ra se los pudiera considerar como jóvenes. y de la lucha contra las políticas de ajustes. Es el asesinato de los jóvenes
Y veían la desolación de sus adultos ocupando las calles en 2001. militantes de los movimientos sociales por el trabajo lo que aparece ce-
Y aprendían de las luchas. rrando un tiempo en donde se había anunciado el fin de la política para
Y se juntaban a hacer un lenguaje que no era el del rock hijo de una historia que, se decía, había terminado. Es la intolerancia colectiva
las clases medias en los teatros, sino el del barrio y la cancha de fút- a este asesinato, la condena pública, la que pone en escena una relación
bol, el de las letras que hablaban de que “todo preso es político” que se había dado por muerta: la de los jóvenes con la política.
tejiendo una embarrada continuidad entre los ideales libertarios Sin embargo, tendrá que suceder un nuevo acontecimiento en la Ar-
contra la propiedad privada y los nuevos paisajes cotidianos de la vida gentina para que la llamada opinión pública (siempre me remitiré a ese
en la cárcel. maravilloso texto de Bourdieu, “La opinión pública no existe”) descu-
Mientras se decía que a los jóvenes nada les interesaba, eran mu- bra la pervivencia bajo nuevos ropajes de aquello que no había muerto
chos de ellos los que protagonizaban las experiencias de las fábricas nada, o que al menos no había muerto para siempre: la relación entre ju-
recuperadas, los que cortaban puentes, los que resistían en las univer- ventud y política. Ese acontecimiento será la muerte de Néstor Kirchner.
sidades, los que murgueaban o escribían letras de cumbia villera don- Allá sucederá el encuentro.
de transformaban el estigma de ser chorro en un emblema de identidad En las jornadas que transcurren entre el 28 y el 29 de octubre de
que se levantaba sobre los escombros y sedimentos de una dignidad de 2010, cientos y cientos de jóvenes se movilizan en organizaciones y
los de abajo vapuleada. de maneras espontáneas para despedir los restos del ex presidente.
Mientras se decía que nada les interesaba, en 2002 pusieron el Mientras hacen fila para darle el saludo final en la Casa Rosada, o se
cuerpo y la vida por la solidaridad y la justicia. congregan en Plaza de Mayo, cantan consignas ligadas a la historia del
El 27 de octubre de 2010 volvieron a aparecer los jóvenes en la po- peronismo, la nación (esa que la bibliografía post había dado por ani-
lítica para todos aquellos que no los habían visto: para unos intereses quilada), el antiimperialismo. Se los ve profundamente consternados,
conservadores que festejaron demasiado rápido todos los finales, pero manifestando toda su emoción y tristeza por la muerte; le gritan a la
también para una ciencia social de espistemología de superficie, nada presidenta: “¡Fuerza Cristina!”.
dedicada a ver el hormigueo siempre intenso de las profundidades. Durante las semanas que siguen, los medios de comunicación no
Un presidente que bajó los cuadros (y no solo el del dictador, sino dejarán de marcar con el tono de la sorpresa la presencia de jóvenes
los de muchos otros poderes opresivos que supo enfrentar) los con- militantes en el campo político. Se va armando un interrogante: ¿de
vocó al habla. dónde salieron?, ¿dónde estaban?
74 | el pensamiento experto y su mirada sobre los jóvenes... los jóvenes en la argentina | 75

Esta misma pregunta empieza a circular entre los especialistas, los aca- a los jóvenes no les interesaba la política porque nada les interesaba;
démicos, que durante las últimas décadas venían investigando a los jó- por otro, se desarrolló una reflexión que se desplazó del campo políti-
venes. (Paréntesis: nunca como en las últimas décadas hubo tanta can- co hacia la cultura y la ciudadanía, caracterizando a los jóvenes como
tidad de investigaciones sobre juventudes, así, en plural. Los jóvenes sujetos de nuevas prácticas dotadas de politicidad en la vida cotidiana.
como objeto de estudio estaban en las agendas sociológicas desde la Veamos sintéticamente cómo es que operó cada uno de estos modos.
década de 1950, pero es en los últimos años cuando esa agenda se infla
y se expande como nunca. Tal vez una paradoja: cuando los jóvenes se
retiran del espacio político es cuando más preguntas sobre la relación El desinterés
juventud y política se produce en el espacio académico.)
En este capítulo voy a trabajar entonces sobre estos interrogantes. La primera mirada parte de una constatación: que los jóvenes conde-
En primer lugar, me detendré en la mirada sobre la relación juventud/ nan a los políticos y las instituciones de la política; el descreimiento, el
política que se fue construyendo en la década de 1990 desde puntos malestar, la puesta en cuestión de todo lo que tiene que ver con ellos.
de vista expertos, tanto desde el espacio académico como desde las prác- Se afirma que los jóvenes no ven en la política una alternativa a la re-
ticas periodísticas. Veremos qué de todo ello puede ser tomado para solución de los conflictos.
explicar quiénes son hoy estos jóvenes que ingresan a la política, y qué A mediados de los noventa, la sociología daba cuenta de cómo los
podría ser descartado ante un nuevo contexto. jóvenes condenaban a los políticos pero salvaguardaban, diferencián-
En segundo lugar, vamos a transitar unas primeras aproximaciones dolas, las instituciones (Tenti Fanfani y Sidicaro, 1998). Sin embar-
a la relación juventud/política desde el análisis e interpretación de los go, a medida que fue avanzando la década, esa diferenciación dejó de
relatos de jóvenes militantes en la actualidad. hacerse y todo lo que estuviera ligado a la práctica política era impug-
nado. La idea de que los jóvenes se habían alejado de la política fue a
su vez un dato que se enunció no de manera simplemente descriptiva,
La política diluida... ¿por la mirada? sino que la mayoría de las veces se comunicó desde una postura conde-
natoria. En ocasiones, no solamente se olvidó que habían sido expul-
En las últimas décadas, el vínculo de los jóvenes con la política apareció sados de la política, sino que incluso se pensó este alejamiento como
como una relación perdida. O al menos escamoteada, resquebrajada, en un dato más que hablaba de lo que se entendía como el deterioro de
serios problemas. Luego de unos años, como los sesenta y los setenta, en la propia juventud. Una juventud que se condenaba como culpable de
los que la juventud había sido la figura emblemática del espacio político, no interesarse ni comprometerse con nada.
esta parecía no existir más como tal. Por supuesto que no había “ocurri- No hay que olvidarse de que esto se dio en el contexto de una so-
do simplemente”, sino que estaba ligado de manera directa a las profun- ciedad que a nivel local construyó como gran consigna aglutinadora el
das derrotas de los movimientos de liberación encabezados por jóvenes “que se vayan todos”, y que a nivel global afirmó que la historia había
en toda la región que habían tenido en la Argentina, entre muchas otras concluido en el momento preciso en que el mercado se transformaba
consecuencias, el saldo de treinta mil desaparecidos, la mayoría de ellos en la única vía para acceder a lo posible, que era a su vez lo único.
jóvenes. Una generación de jóvenes desaparecida. Emerge entonces la pregunta de por qué, si la política aparecía ne-
Pero en los noventa, incluso más allá del análisis de las causas, tanto gada en los discursos dominantes y por amplias mayorías, fue a los jó-
para las ciencias sociales como para el sentido común, la dificultad de venes a los que se les demandó ese interés, e incluso se los condenó por
la inscripción de los jóvenes en el campo de la política se había consti- su ausencia. Seguramente hay aquí más de una respuesta, entre las que
tuido en un dato imposible de eludir. se encuentran la presencia de unas sociedades adultocráticas que siem-
Son dos los modos en que la mirada experta (tanto de las ciencias pre estigmatizaron a las generaciones que entraron a la vida pública en
sociales como del periodismo) habló de ello: por un lado, se afirmó que último lugar. Sin embargo, creo que esta demanda de que les interese
76 | el pensamiento experto y su mirada sobre los jóvenes... los jóvenes en la argentina | 77

la política (con su contracara, la condena por el desinterés) se explica hipótesis de la resistencia y la reubicación de una nueva politicidad en
en la presencia dominante en el imaginario social de la juventud como el espacio de la cultura y la ciudadanía. Tal vez están aquí los mejores
aquella de la generación de los años sesenta y setenta. Un imaginario trabajos de investigación que se hayan llevado a cabo durante el perío-
que ve esa juventud como dorada o monstruosa, pero que la sigue te- do, aunque no por eso están exentos de crítica.
niendo como único modelo. La presencia de una cierta añoranza, que La línea argumental para la investigación, de manera muy sintética,
hace pensar en la juventud de los noventa y del cruce de siglos com- podría resumirse así: a) la política tal cual la conoció la modernidad ha
parándola y midiéndola con esas generaciones pasadas. Ejercitando la declinado, por lo tanto, el mundo no puede ser transformado a través
idea de que todo tiempo pasado ha sido mejor, en los años de euforia de ella; b) los jóvenes se han separado del campo político; c) sin embar-
de neoliberalismo, cuando se festejó la idea de entrar al Primer Mun- go, llevan adelante prácticas de impugnación y resistencia al orden exis-
do y a la globalización de mercado, se pidió a los jóvenes ¡que creyeran tente en el plano de la cultura; d) finalmente, esas prácticas pueden ser
en la política! Cuando nadie creía en la política, se los condenaba por comprendidas como emergencia de una nueva politicidad de lo social.
traicionar un ideal de juventud derrotado pero que pervivía de manera La distinción entre lo político y la política adquirió fuerza y sen-
subterránea a modo de sentido común. tido para pensar la juventud y el espacio público. Lo político, como
Pero, además, el periodismo y los medios de comunicación son en el momento donde se instituye la sociedad desde las diferencias y el
esta época los encargados de producir y reproducir la idea de unos jó- conflicto (Lefort, 1990). El momento donde la contingencia se hace
venes desinteresados en el contexto de unas políticas de seguridad ciu- presente a través de la visibilidad de las opciones posibles que pueden
dadana que ven en la juventud la causante del deterioro social. dar forma al orden. La política, en cambio, como el sistema donde tie-
Y aunque las ciencias sociales y los estudios de juventud no se si- nen lugar los intercambios institucionalizados del conflicto. Es decir,
tuaron en una postura condenatoria, sino que por el contrario hicieron las formas institucionalizadas, legalizadas o legitimadas, de aparición
grandes esfuerzos por rescatar a los jóvenes de ello, hablaron de ese de lo político. Desde esta distinción
desinterés en un tono de lamento por lo perdido, comparándolo con el
que apareció como el interés verdadero, el de las generaciones anteriores. se destacarán dos formas de pensar a la política. El primer enfoque la
Así se fue consolidando un relato en ocasiones muy lineal sobre cómo circunscribe a una región independiente de la vida social, un sistema
en los sesenta/setenta se concebía la política desde unas dimensiones diferenciado y autónomo que procesa demandas y realiza decisiones
que aparecían perdidas y se las añoraba. Este es un pensamiento que, que afectan y vinculan al conjunto de la sociedad. La segunda perspec-
cuando dijo que a los jóvenes no les interesaba la política, estaba afir- tiva no desconoce que existe una esfera donde se institucionalizan y
mando que no les interesaba en los términos en que le interesaba a la tratan los conflictos, pero señala que es necesario prestar mayor atención a
generación de sus padres. Y lo hizo además desde un punto de vista los mecanismos generales por los cuales fue posible esta separación. Para
anclado en el diagnóstico de unas sociedades que, producto de las po- esta perspectiva lo político es entendido como el momento de nega-
líticas neoliberales, habían sido devastadas. Es la verificación de la ex- ción y re institución del orden social, donde la unidad de la sociedad
clusión, la desintegración y el deterioro, la desafiliación, lo que va a dar es posible a pesar de las diferencias (Muñoz, 2007, p. 30).
consistencia al análisis sobre la ruptura de una relación entre los jóve-
nes y la política que debería ser de una forma pero que ya no lo es más. Los jóvenes van a ser pensados entonces como estos sujetos que se
han alejado del sistema instituido de lo que se llamará la “vieja políti-
ca”, o la “política tradicional”, del orden existente pero que “ahora está
Lo político en crisis”, y justamente serán los que visibilizan el conflicto con ese
orden impugnándolo, resistiéndolo, e incluso proponiendo otras op-
Ante este diagnóstico se erigirán unos estudios de juventud con una ciones. Se desplazan, en esta óptica, desde la política hacia lo político.
fuerte influencia de los cultural studies británicos, que partirán de las Y esas nuevas prácticas se desarrollan en la esfera de la vida cotidiana.
78 | el pensamiento experto y su mirada sobre los jóvenes... los jóvenes en la argentina | 79

En el marco de una nueva lectura de los escritos de Antonio Gramsci gestos, ritos construidos desde un uso subversivo de objetos triviales
a través de los estudios culturales británicos, se piensa la cultura como que ofrece el mercado, y que permite a los jóvenes nombrarse a sí mis-
un territorio de disputa. El plano de lo simbólico cobra cada vez más mos en clara reacción a las clasificaciones estigmatizadoras que les da
relevancia, sobre todo cuando se cree que otro tipo de camino (la trans- la cultura dominante. Y que a la vez les permite disputar el sentido pú-
formación a través de la política, incluso la lucha armada) ya no existe blico de la cultura. Así lo expresa Hebdige:
como posibilidad para estas sociedades.
Una propuesta heurística que comprometerá a gran parte de los es- Como sea, el proceso desemboca en la construcción de un estilo, en
tudios de juventud, como dije, tendrá que ver con la indagación del no un gesto de desafío o repulsa, una sonrisa o un rictus de desdén. Indi-
de los jóvenes a la política, entendido como un momento de impugna- ca un Rechazo. Quiero creer que ese Rechazo tiene razón de ser, que
ción y refundación posible de otro orden (Beck, 1999; Feixa, 1999; esos gestos poseen un significado, que sonrisas y muecas revisten un
Reguillo, 2011; Saintout, 2006; Chaves, 2006). Esa impugnación, a valor subversivo (Hebdige, 2004, p. 16).
su vez, será restringida al espacio simbólico, y tendrá el carácter de re-
sistencia con minúscula, de táctica al modo en que lo plantea De Cer- Los problemas y los objetos para estos años entonces estarán construi-
teau (1997), como táctica del débil, aprovechando la coyuntura, como dos desde estas perspectivas. Así, los nuevos modos de agrupamientos
un arte clandestino de hacer trampa ante un poder que se erige con la juveniles, las nuevas identidades y las vías para comunicarlas en el es-
fuerza de la inamovible estructura. pacio público serán ejes clave para la comprensión de lo que será nom-
Serán muy productivos para las investigaciones locales los concep- brado como las nuevas culturas juveniles. La temática de lo que algunos
tos de subcultura y estilo propuestos por los cultural studies británicos. llamarán tribus urbanas, siguiendo a Maffesoli (1990) o haciendo un
Estos estudios parten de ver a los jóvenes en la posguerra como metá- uso despolitizador de las perspectivas anteriores, y que otros crítica-
fora del cambio social y, así, como sujetos clave para pensar nuevamente mente denominarán estilo, formará parte de las agendas académicas,
la relación entre cultura y sociedad. Así analizan cómo los modos de aunque rápidamente será tomada de manera estigmatizadora y banal
ver la vida de los sectores subalternos, en particular de los jóvenes, si por los medios de comunicación. ¿Qué dicen los jóvenes sobre la vida
bien están marcados por una posición de subordinación, se transfor- social a través de estos modos de pintarse el cuerpo, de resemantizar
man en estrategias de sobrevivencia que les permiten negociar sus exis- lo que el mercado ofrece, de consumir ciertas industrias culturales?
tencias colectivas para obtener un saldo más favorable. Escribe Hall ¿Qué dicen cuando ya no dicen a través de la cultura escritural, del ar-
en el prólogo a la reedición de Resistencia a través de rituales, uno de los gumento, de aquella cultura en la que se ha jugado la política moderna
trabajos emblemáticos de esta perspectiva: que ahora aparece, a los ojos de muchos, como extinguida? Identida-
des fragmentadas, móviles, más comprometidas con los consumos que
Las impresionantes culturas jóvenes plantearon varias preguntas so- con las ideologías, serán los tópicos desde los que se hable de la fuga de
bre el carácter necesariamente controvertido y contradictorio del cam- las grandes identidades comunes, los grandes relatos, las grandes cau-
bio cultural y la diversidad de formas de expresión que encontró “la sas que habían caracterizado un espacio político ligado a la existencia
resistencia” (Hall y Jefferson, 2010, p. 16). de estructuras más que de sujetos, de proyectos más que de causas, de
grandes colectivos más que de tribus.
Y agrega que, cuando a lo político se le otorga una definición más am- Es en estos tópicos donde se producen investigaciones sobre trans-
plia mediante la cultura, se puede encontrar el valor político de la re- formaciones en el campo de la cultura, la juventud y la sociedad. Y esto
sistencia a través de los rituales culturales. es justamente porque a los estudios de juventud no los va a mover tanto
Estos estudios pondrán especial énfasis en los modos de resisten- un afán por la juventología, por los jóvenes en sí mismos, sino por ver
cia de los jóvenes a un orden que los estigmatiza y los excluye. Y, para a través de ellos la dinámica social, lo que en ella se está transforman-
ello, el estilo será un concepto clave. El estilo como ese conjunto de do. Siguiendo la idea de que los jóvenes naturalizan lo nuevo (Passerini,
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1996; Mead, 2002), y que por lo tanto son los que mejor pueden ha-
blar de ello, los investigadores darán cuenta de una serie de rupturas,
Capítulo VI
desplazamientos y prácticas emergentes que, entre otras cosas, recon-
firmarán que la política tal cual la habían entendido las generaciones Jóvenes militantes: la reconstrucción
anteriores había llegado a su fin y que se iba reconfigurando una nue-
va politicidad.
Pero no hay que dejar de lado que esta vocación de encontrar lo
político se da en un contexto de fuerte exclusión y desciudadaniza-
ción, donde ciertos jóvenes, los de los sectores populares, van viendo
como vías muertas (Braslavsky, 1987; Auyero 1993) todas aquellas
instituciones, como la escuela y el trabajo, que habían sido ejes de la
integración social. Entre esas vías muertas, entre esas instituciones Por supuesto, no es posible decir que todos los jóvenes hoy son mili-
que los excluyen, está la política que se aparece sin vida para ellos. Y tantes, o que se han volcado a la política. Tal vez, incluso, solo se auto-
la idea de una nueva politicidad es tan improbable, o tan pobre, o tan definan como tales los de sectores medios y no los de otros sectores,
restringida a la única posibilidad de hacer de los estigmas emblemas aunque tengan una clara participación en espacios políticos más o me-
de identidad, que solo una romántica exageración podrá transformar nos ortodoxos. Es que han sido tan profundas las políticas de exclusión
esos gestos en resistencia. de los treinta años de neoliberalismo, y puntualmente de exclusión de
Unas décadas después, en un contexto de crisis del neoliberalis- la política, que para los jóvenes que aún permanecen fuera de la ciuda-
mo, que encuentra como respuesta en varios lugares de América La- danía social la recuperación de esta es un proceso que todavía no se ha
tina unos estados que se desafían a incluir lo excluido, a rearticular lo dado absolutamente, o se está dando en términos distintos.
desarticulado y a reconstruir lo devastado, comienza a pensarse que la Presentaré en este apartado los avances de una investigación que
historia no ha desaparecido, que no se murió, y eso se va a ver en una explora los sentidos que la política tiene hoy para los jóvenes mili-
nueva relación de los jóvenes con el campo político. tantes. En esta investigación, cabe aclarar, nos hemos concentrado
hasta el momento en jóvenes de La Plata, una ciudad con una im-
portante población juvenil debido a la presencia de la universidad.
Pero, además, para la década de 1970, La Plata fue una de las ciuda-
des que más ferozmente vivieron la represión de las dictaduras mili-
tares, que vieron en el movimiento estudiantil uno de los enemigos
internos más peligrosos. La “Noche de los Lápices” es un punto em-
blemático de las luchas estudiantiles secundarias en la ciudad y, ya
lo veremos, un espacio clave de disputa y recuperación de la política
en la actualidad.1

1 Mientras desarrollamos la investigación, comenzó en La Plata el juicio por el


llamado Circuito Camps. El juicio involucró seis centros clandestinos de detención y
causas como la de la Noche de los Lápices y los tormentos a Julio López, desapareci-
do por segunda vez en 2006. El juicio se hizo por 281 víctimas, la mayoría jóvenes.
Se juzgaron responsabilidades civiles y militares que habían quedado impunes en la
larga década neoliberal.
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Los jóvenes de los que hablaré ahora se autodefinen como militan- Es este movimiento el que me lleva a la indagación: ¿qué pasó aquí?,
tes o comprometidos con diversas fuerzas políticas (partidos, agru- ¿cómo es que se dio este desplazamiento que para una mirada tal vez
paciones, frentes) y están transitando además por alguna experiencia desprevenida es demasiado profundo, incluso vertiginoso?
educativa formal, tanto en el colegio secundario como en la universi- Seguramente no hay una sola línea explicativa para ello, sino más
dad. Hemos realizado entrevistas y grupos de discusión. Lo que sigue bien una constelación de líneas a trabajar, investigar y recrear. Pero creo
es una primera aproximación al análisis de los materiales que desde allí que una de ellas tiene que ver con la posibilidad de reconocer que, ade-
produjimos con el equipo de investigación. Aunque hemos trabajado más del deterioro, del declive, e incluso de la profunda derrota de la po-
con jóvenes de diversas fuerzas políticas, nos focalizaremos en esta pre- lítica en las décadas anteriores, esta no había desaparecido ni se había
sentación en aquellos que pertenecen a agrupaciones políticas ligadas transformado solo en gesto cultural o estético, sino que, en todo caso,
más o menos directamente al peronismo. tal vez se estuviera desinstituyendo para reinstituirse de otros modos.
Y que en ello, junto a las prácticas de disolución e impugnación del
orden tradicional, se iban comprometiendo nuevos modos de recrear
El desplazamiento la política en la que los sectores juveniles habían cobrado protagonis-
mo. Un protagonismo que, desde los lugares a partir de los cuales se
Estos jóvenes han ingresado a la política desde múltiples lugares, pero miraba el hecho social (la epistemología de la desesperanza que men-
fundamentalmente desde la convocatoria de un tiempo histórico que los cioné en las páginas anteriores, la celebración de la posmodernidad
llama, como dicen ellos, “a comprometerse, a militar”. Citaré solo una de o el relato estigmatizador de los jóvenes), no había podido ser visto.
las ocasiones en que la presidenta de la nación los interpela. Y citaré esta Me refiero a las experiencias ligadas al mundo del trabajo roto y a su
porque justamente es un acto que conmemora los 38 años del triunfo de reconstrucción (fábricas recuperadas, pero especialmente movimien-
Héctor Cámpora, un triunfo contundentemente ligado a la historia de tos de desempleados), movimientos por los derechos humanos, de co-
los movimientos juveniles masivos de los setenta y a la idea del trasva- municación alternativa, y movimientos estudiantiles que habían sido
samiento generacional, como modo de provocar la incorporación de los protagonizados por jóvenes a los cuales los estudios de juventud no
jóvenes a espacios de poder. En este acto, Cristina Fernández de Kirch- habían podido ver. Tal vez porque, tan absortos como estaban con sus
ner los llama “jóvenes del Bicentenario”, y los convoca a que “hagan su puntos de vista y objetos, no podían ni siquiera considerarlos jóvenes
historia, que mientras la hacen, hacen la de los argentinos”. Les dice: “No (ya que estos eran solo “tribus culturales”).
cometan los mismos errores” y “Construyan con amor”. Afirma que “no Y podría ser que, luego de la impugnación, la crisis, el conflicto que
hay mejores batallas que las que se ganan con el corazón... esas son las aparece como desgarrador, la visibilización de opciones ante lo que ya
que perduran en la memoria de los pueblos”. no es más un destino, lo que se mueve se reinstitucionaliza instalando
Retomaré más adelante el lugar del corazón y el amor en esta relación un nuevo orden que llama, entre otros, a los jóvenes, que aparecen en
de los jóvenes con la política. Como también la idea de “no cometer los el campo político visibilizados nuevamente.
mismos errores”. Pero ahora me interesa remarcar cómo es que desde la Entonces volveré sobre las preguntas: ¿quiénes son ahora estos jó-
política instituida, desde un liderazgo en el gobierno del Estado, se con- venes?, ¿qué imaginarios/ideas/percepciones tienen de la política?
voca a unos jóvenes hermanos de estos otros, que solo una década atrás
decían no creer en nada, en ningún tipo de representación política, ni en
los políticos, ni en la política. Me interesa puntear cómo desde la políti- Convocados y abrigados
ca institucionalizada como tal se está convocando a los hijos de aquellos
que pasionalmente habían dicho “que se vayan todos”. Y cómo es que es- La convocatoria de la presidenta a hacer la historia (no a hacerla ma-
tos jóvenes (hermanos menores e hijos de los que rechazaron la política) ñana, como si los jóvenes solo fueran el futuro, sino a hacerla ahora; y
responden asumiendo que tienen un lugar en la historia. tampoco a hacer una historia generacional, sino a “hacer la historia de
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los argentinos, de la nación”) encuentra a unos jóvenes dispuestos a desolación: del impulso disruptivo y creativo de un momento que les
ubicarse como la continuidad de sus padres. va a dar lugar en la historia. Es decir: los padres son la resistencia de-
La mayoría de las veces, estos jóvenes que militan empezaron a ha- solada y que va perdiendo fuerza en los noventa, son también el 2001,
cerlo en relación con la experiencia quebrada de sus padres que, dicen, pero los hijos son los que toman la fuerza creativa posterior a 2001. La
habían comenzando a militar en los ochenta, padres que han visto de- toman para hacer la historia.
solados en 2001. Hay una referencia a la presencia de ideales en los Los jóvenes reconocen a su vez a la generación de los setenta como
padres, a una militancia que en algún momento se frustra pero que re- una referencia de lucha. Algunas de las agrupaciones políticas juveniles
conocen, incluso admiran. Hay en sus relatos un modo de conectar sus lo demuestran en sus nombres: La Cámpora, Los Herederos del Pro-
propias ideas y compromisos con los de ellos. Lejos están de la ruptu- yecto Nacional y Popular, 30.000 Razones, por ejemplo, o en uno de
ra generacional radical que se efectuó en los años sesenta y setenta, como los símbolos más destacados, el Eternauta, ahora con la cara de Néstor
ruptura política y cultural profunda donde los padres eran vistos como un Kirchner. Y, por supuesto, la figura del Che.
horizonte negativo que había que quebrar y transformar. Los jóvenes Sin embargo, para ellos la lucha armada no es en absoluto una
entrevistados se reconocen como la continuidad de sus adultos, como posibilidad. Ni siquiera a veces pueden plantear ni problematizar la
la continuidad de una generación que en cierta forma abriga la suya. idea misma de la lucha armada como una opción tomada por la ge-
La idea del abrigo es sugerente: no están a la intemperie, no están solos neración que ellos admiran y nombran, a veces más folklóricamente,
aunque ellos no sean sus padres que, de alguna manera, han quedado a veces más políticamente. Tal vez esto esté ligado a unas ciertas po-
en el camino. Los padres acompañan, ven con buenos ojos sus mili- líticas de la memoria escolar con la cual ellos crecieron y donde las
tancias, a pesar de que en ocasiones discutan y pongan en tensión los luchas políticas han sido “enseñadas” más en términos anecdóticos
tiempos de la militancia y los del estudio (esto, sobre todo, en aquellos y románticos que históricos, donde la historia ha sido enseñada más
que están transitando la experiencia de la escuela secundaria). Pero en lineal que dialécticamente. Aunque, por supuesto, sus dificultades
la mayoría de los casos están orgullosos, dicen los jóvenes, de lo que son también las dificultades que existen en la sociedad argentina en
sus hijos están haciendo. su conjunto de problematizar el tema. Lo cierto es que, para los jó-
Tampoco los padres son los que señalan el miedo a comprometer- venes militantes, hoy la lucha armada no es una opción posible ni
se, a “meterse en política”, como sucedía con los jóvenes militantes de pensable, y esto me parece, entre otras cuestiones, muy importante
los ochenta. Estos padres no tienen ese miedo. a la hora de desafiar los discursos estigmatizadores de la juventud
Todos narran el 2001 como un momento de génesis, de punto que la ubican como violenta y agresiva.
de referencia al cual es necesario remitirse para explicar el propio pre-
sente. Tanto desde las agrupaciones de izquierda (algunas de ellas to-
man como referencia fundamental la masacre de puente Pueyrredón) Conflictos: contra la muerte de la dialéctica
como especialmente desde los grupos ligados al peronismo, el 2001
es el momento de referencia colectivo para la posibilidad de la acción La acción política de las agrupaciones de jóvenes ligadas al peronismo,
política. Tienen un recuerdo construido de esa crisis, aun a pesar de o más ampliamente al llamado campo nacional y popular, se juega ante
que algunos eran muy chiquitos, y de que es improbable el nivel de un principal antagonista que es el neoliberalismo de los noventa. Este
conciencia y reflexión que afirman haber tenido en ese entonces. Sin antagonista se ve representado en diversas figuras, de las cuales las más
embargo, lo que me parece relevante es la construcción social efectua- nombradas son los medios hegemónicos (el Grupo Clarín, especialmen-
da e incorporada de reconocer ahí (donde ubican a unos padres “que te) y “el campo” (la Sociedad Rural Argentina). Muchos jóvenes recuer-
se dan cuenta”, que “dicen que no”, que estaban a punto de “quebrarse dan, como una primera discusión política en la que participaron, la Re-
para siempre”) el comienzo de unas otras posibilidades. Esto me hace solución 125 –una propuesta del Ejecutivo nacional, que implicaba un
pensar en ellos como una generación hija de lo que viene luego de la nuevo esquema de retenciones a las exportaciones de soja y girasol– o la
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Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Hablan de la izquier- do sobre los límites de la oficialización y estatización de la memoria, y
da y de la derecha. Se ubican en la izquierda y en la derecha, que están particularmente de un acontecimiento como el de la Noche de los Lápi-
representadas en cada una de esas figuras. ces. Pero sí creo que es interesante señalar cómo esa construcción que
Por otro lado, entre los adversarios principales para los grupos li- parecía ir dándose por terminada, por cerrada, obturando las posibili-
gados al peronismo, y sobre todo a nivel estudiantil, tanto en el secun- dades de problematización, en los últimos años vuelve a abrirse en la
dario como en la universidad, están los militantes de las diversas agru- disputa de estos jóvenes en torno a su significado para la contempora-
paciones de izquierda a los que despectivamente estos grupos llaman neidad y su relación con el pasado. Es más: la situación de las marchas
“los troskos”, más allá de que no todos sean militantes trotskistas. Re- por el 16 de septiembre permite rearticular sentidos en el presente,
producen la acusación de una izquierda funcional a la derecha. Uno de habilitando organización, alianzas, conflictos, planes de lucha, puesta
los lugares centrales de disputa entre estas agrupaciones a nivel de estu- en público de viejas y nuevas demandas. Las marchas permiten hacer
diantes secundarios en la ciudad de La Plata es la marcha de la Noche política. Son posibles porque se hace política.
de los Lápices, que recuerda el 16 de septiembre de 1976, cuando la Esto también ocurre a nivel nacional, en la disputa por el sentido
dictadura secuestró a diez militantes, la mayoría de ellos pertenecien- del 24 de marzo en la actualidad, con dos convocatorias (una apoyan-
tes a la ues (Unión de Estudiantes Secundarios, ligada al peronismo), do al gobierno nacional y otra opositora), protagonizadas ambas por
de los cuales seis continúan desparecidos. Agrupados y organizados jóvenes. Es profundamente conmovedor para los que a lo largo de dé-
a través de la ues y, en los últimos dos años, de la cues (Coordina- cadas nos movilizamos el 24 de marzo, y que llegamos a ser muy po-
dora Unificada de Estudiantes Secundarios, integrada por centros de cos en algunos momentos, cómo no solamente cada año estas marchas
estudiantes conducidos por agrupaciones de izquierda varias que tie- son más numerosas, sino especialmente cómo se han ido incorporando
nen como antagonistas objetivados al kirchnerismo y al gobierno de la como mayoría los jóvenes.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que se constituye a partir de las Para ellos, la afirmación de los que enuncian la pospolítica y asumen
tomas de los colegios secundarios, primero en Buenos Aires y luego que la izquierda y la derecha no existen es una falacia. Hablan de iz-
en La Plata), los secundarios disputan el sentido que tiene esa marcha, quierda y derecha, de nosotros/ellos, y estas son coordenadas estructu-
llegando a realizar incluso dos marchas distintas, una que reconoce las rales de sus discursos. Especialmente, la idea de derecha está nombrada
políticas de derechos humanos del gobierno y otra que las impugna. sin eufemismos y es allí donde los jóvenes ubican un conflicto central.
La Noche de los Lápices ha sido un tópico relevante en la recons- La posibilidad de situarse en el conflicto no los lleva a negar la po-
trucción de la memoria de la dictadura en la escuela.2 Cuando la pers- lítica, sino, por lo contrario, a reafirmarla. Escribe Chantal Mouffe
pectiva de los derechos humanos se incorpora a la enseñanza oficial contra la perspectiva consensual que aplana la dialéctica:
de la historia en la escuela a través de la reconstrucción del pasado re-
ciente, la Noche de los Lápices se va constituyendo en un territorio de Otra tesis se refiere a la naturaleza de las identidades colectivas que
identificación claro para los jóvenes. implican siempre una discriminación nosotros/ellos. Ellas juegan un
Esto sucede, seguramente entre muchas otras cuestiones, porque rol central en la política, y la tarea de la política democrática no con-
los secuestrados son, como ellos, estudiantes secundarios. No voy a siste en superarlas mediante el consenso sino en construirlas de modo
entrar aquí en el debate profundo y rico que se ha dado y se sigue dan- tal que activen la transformación democrática (Mouffe, 2007, p. 13).

Los jóvenes debaten con fervor. Con pasión. Lo hemos visto en los
2 Se recomienda el documental Los irrecuperables, historias de militancia y represión, grupos de discusión. Sin embrago, en ocasiones también conviven en
realizado por la Comisión Provincial por la Memoria. El documental articula tres
ellos, por un lado, la necesidad y la legitimidad de la confrontación, y,
historias de militantes secuestrados en la llamada Noche de los Lápices, y recupera la
mirada de las nuevas generaciones sobre aquella época (si bien la construcción de esta por el otro, un cierto temor o cuidado en no caer en algo que podría ser
mirada data de la primera mitad de la década pasada). mirado como una “falta de respeto a la opinión de los demás”. Como si
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todas las opiniones tuvieran que valer lo mismo siguiendo la ley de las preciables” y hay políticos corruptos. Finalmente, hay “buenos políti-
equivalencias. Una especie de malentendido, residuo invisible de lo que cos”, “políticos jugados”, “necesarios”, dicen. Cuando explican por qué
se ha llamado la pospolítica, donde el respeto de las diferencias se con- es que apoyan a algún político, una de las clasificaciones recurrentes es
funde con la indiferencia y la imposibilidad, entonces, del encuentro. que “se la banca”, “se la juega”. Mucho se ha escrito sobre la cultura del
La puesta en conflicto de las opiniones y las posiciones es encuen- aguante en los sectores de clases populares, así que no me detendré en
tro y posibilidad de la democracia. Los jóvenes lo saben, pero lo con- ello más que citándolo (y citando todo el trabajo de Pablo Alabarces
jugan a veces, sin saberlo, con la pervivencia de una cultura antipolí- como aquel que abrió en la Argentina este campo). Solo mencionaré
tica posmoderna. que estos jóvenes de sectores medios, seguramente a través del rock, del
Es que luego de años de una fuerte celebración de los fragmentos fútbol y de las industrias mediáticas en general, se han reapropiado de
cerrados sobre sí, de las diferencias sin ningún tipo de articulación, des- unas referencias ligadas a las prácticas culturales de resistencia de los
estructuradas, esta cultura antipolítica también está presente, aunque subalternos, que hoy resemantizan para ubicar a los que para ellos son
fuertemente golpeada. Entonces, hay en sus discusiones una tensión: los mejores políticos, sus referentes: los que tienen aguante.
habilitan el debate y el encuentro conflictivo, pero ponen cuidados y Los jóvenes no niegan los mecanismos tradicionales de ejercicio de
resquemores, van y vienen sobre la legitimidad de la confrontación, al la política. Dicen que, si “es necesario”, si “se da porque el momento lo
punto en que en ocasiones escuchamos cómo, cuando relatan que han solicite”, participarían de las disputas para ser parte de los candidatos
perdido la conducción de un centro ante otro grupo que levanta como y de las contiendas electorales. De hecho, en la Argentina contempo-
consignas algo que ellos desprecian (por ejemplo, en vez de pelear por ránea, agrupaciones que se autodesignan como juveniles han partici-
los derechos humanos hacen una campaña ofreciendo descuentos en pado muy activamente de la disputa para formar parte de las listas de
los negocios de ropa de moda), dicen que hay que respetarlos porque si candidatos que confluyen en las elecciones nacionales, provinciales y
sus compañeros prefieren eso “bueno, prefieren eso”, anulando en ese municipales en todo el país.
gesto de aceptación la posibilidad de intervenir, evitando el conflicto Valoran esa participación como posibilidad de acceso al Estado
en pos de un supuesto consenso donde cada uno puede quedarse en la para la transformación. La capacidad de hacer de Néstor Kirchner una
suya tal cual está. El respeto de la otredad es entendido como aceptación figura asociada a las pasiones, a un relato casi romántico de encuentro
de un orden otro sobre el cual no es posible actuar para transformarlo. con la política, los aleja de la mirada absolutamente profesionalizan-
Es posible pensar cómo la llamada reposición de lo político o de te y burocrática de los políticos de otras generaciones, especialmente
la historia en la actualidad convive en ocasiones de manera mezcla- de la de los noventa. Ellos marcan la diferencia. Los profesionales son
da y conflictiva con el residuo de un orden neoliberal que habla de su otros y se distinguen de esos. Hay unos políticos que valoran y son
muerte. Y hay aquí combates y debates en los que los jóvenes militan- los militantes.
tes están al frente. Ven en la figura del ex presidente una convocatoria a las pasiones y
a la vez a la política llamada tradicional, o ligada a la disputa desde par-
tidos políticos, que les permiten entrar al campo de la política desde la
Ni que se vayan todos ni que vuelvan: subjetividad, desde la emoción, pero también desde el cálculo. He tra-
que se hagan nuevos bajado en otros momentos sobre el lugar central que para las genera-
ciones anteriores tuvieron la emoción y el yo, la subjetivad, que dejaba
La idea de que los políticos son corruptos y nada se puede esperar de de lado las dimensiones estructurales: la patria, el partido, la izquier-
ellos también es una idea que estos jóvenes militantes no solo han pues- da o la derecha. Nuevamente, pareciera haber aquí una conjunción en-
to en crisis, sino que en muchas ocasiones han descartado como tales. tre dos culturas mezcladas que posiblemente esté constituyendo una
Hay políticos “que son de derecha” (y con esto quedan anulados como nueva cultura política, donde es posible integrar la sensibilidad a las
opción para ellos), hay “malos políticos”, hay también “políticos des- luchas duras, estructurales.
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Una concepción política del amor. La experiencia amorosa como Para muchos, la política tiene como horizonte y límite el territorio
ese acto de verdad que encuentra la propia identidad cuando está la de la escuela. Pareciera que todo sucede allí, y que sus militancias se jue-
diferencia, o que marca la existencia de la identidad en el reconoci- gan en la posibilidad de intervenir en el espacio escolar. Para otros, los
miento de lo otro. de capitales culturales más complejos, hijos de universitarios, la política
Es muy probable que lo que esté sucediendo no sea que los jó- adquiere sentido en un marco de cuestiones que van desde la globaliza-
venes se estén volcando a la política como si esta fuera una entidad ción y el capitalismo, pasando por la necesidad de la revolución agraria
intocable en sí misma, sino que lo que hacen es volcar, disputar el y la Ley de Medios, hasta la escuela. Militan en la escuela para inter-
sentido dominante que han tenido la política y los políticos durante venir sobre la nación, ubicándola en el mundo. La política se inscribe
el triunfo neoliberal. Y este vuelco puede ser entendido en un con- en un marco de horizontes en relación. La idea de patria y de nación,
texto de cambios históricos, en el marco y con la dirección que están son ejes articuladores de ese horizonte. Y esto es impactante porque
teniendo en América Latina. hace muy pocos años la nación para los jóvenes era esa especie de “ar-
gentinidad al palo”, hecha de fragmentos inconexos, o, a lo sumo, una
mención escolar donde los relatos de ciudadanía eran imposibles de
Escenarios conjugar con la política.

En los relatos de los jóvenes que están transitando aún por la experien-
cia del secundario, la escuela aparece como una referencia fundamental Poder, nuevamente
para la política. La discusión con los compañeros, la necesidad de su-
mar su voluntad y las dificultades o no para hacerlo, son convocadas Cuando estos jóvenes hablan de poder, este tiene un carácter instru-
cada vez que hablan de sus relaciones con la política. mental: poder para hacer, poder para intervenir. Dicen: “es necesario
La figura del profesor es central. Los profesores se distinguen entre el poder, el poder no es solamente negativo”. Están, por un lado, los
los que habilitan el debate y los que lo obturan, que son vistos como poderes de otros, con mayúscula, los “poderosos” (“poderosos inte-
obstáculos para hacer política. Casi no encontramos la referencia a reses”), y está el poder que debe ser construido como alternativa. No
aquellos que poseen una ideología o pensamiento antagónico, sino tienen temor a hablar de poder.
que lo antagónico está ubicado sobre los que no “abren la clase” a la Una de las cuestiones que aportaron los estudios de juventud en
reflexión problemática de los diferentes posicionamientos. Los estu- las décadas anteriores fue la posibilidad de dar cuenta de cómo los jó-
diantes que están en escuelas privadas son los que más claramente se- venes, en su crítica radical a la política, denostaban el poder como ejer-
ñalan este comportamiento, e incluso los que más convocan la figura cicio de la verticalidad. La idea de unos poderes horizontales, donde
del profesor. las decisiones no estuvieran “arriba” sino que se tomaran de manera
Ellos tienen, además, muy presentes a sus compañeros que no mi- asamblearia, fue además uno de los tópicos importantes de la crisis de
litan. Se saben en minoría con respecto a ellos, y asumen el desafío de 2001, que se tradujo en múltiples formas de organización social y que
sumarlos, de convencerlos. Con ese objetivo diseñan estrategias don- los jóvenes hicieron propio en un contexto de desdibujamiento de las
de intervienen el tiempo, las actividades, los modos de la organiza- verdades existentes y sus marcos de autoridad. La crítica a la verticali-
ción. Muchos tienen elaborados una reflexión y un cálculo sobre los dad se sostenía con la crítica a un poder que se veía autoritario, que se
tiempos para la posibilidad del compromiso, que implica que tal vez al demonizaba, que nada tenía de creador, sino que básicamente era visto
principio se sumen a causas más puntuales, que se sumen incluso para como opresivo. Contra el poder que oprime se erigió una cultura del
encontrar amigos o un lugar de contención, y que luego posiblemente no poder, o del poder horizontal y asambleario.
se vayan comprometiendo más con un proyecto. No ven ilegítimo el No debemos olvidar que en la larga década de 1990 circularon en
cálculo sobre estas opciones y posibilidades. las academias y en cierto sentido común, más o menos especializado,
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los conceptos de la microcapilaridad del poder, de los múltiples po- Hoy, cuando hablamos de jóvenes y política, es ineludible hacer una
deres, de la desaparición de un poder centralizado en pos de la red, la mención a ello. Sin embargo, me gustaría no caer en un posible lugar
idea de la desterritorialización del poder (interesante paradoja: ¡mien- común que creo falso, o al menos necesario de ser revisado, que ubica
tras más se hablaba de los micropoderes en plural, más se concentra- esta relación en la pérdida de lo real, en la pura virtualidad, e incluso
ban en pocas manos los grandes capitales materiales y simbólicos que en la pérdida del espacio público.
circulaban en las sociedades!). Los estudios de juventud y comunicación han dado cuenta de que,
Hoy, estos jóvenes, que, como dije, tienen otra valoración de la para pensar la relación de los jóvenes con las tic, es necesario saber
política, sí creen que las decisiones se tienen que dar en un marco de que las usan de manera diversa y desigual, pero, a la vez, como compar-
discusiones horizontales. Valoran positivamente el espacio de partici- ten una época (constituyen una generación), estos usos están también
pación de sus pares a la hora de llegar a una decisión y condenan con atravesados por unas dimensiones comunes que pasaré a comentar.
contundencia los espacios cerrados, que excluyen la opinión y partici- Las primeras enunciaciones en torno a la relación de las socieda-
pación de los demás. Así, relatan cómo pasan horas y horas de deba- des modernas con las tic pusieron el foco en su instrumentalidad y
te si es necesario, pero también cómo, si no llegan a un acuerdo con sus efectos. De un modo simplista, podríamos decir que el debate giró
sus compañeros, “no se mandan solos”, cambian de estrategia o sim- alrededor de, por un lado, miradas que veían en el poder de la técnica
plemente esperan una nueva oportunidad. Tienen mucho cuidado en efectos democratizadores o alienantes y, por el otro, de aquellas que,
que la palabra última sea la palabra del colectivo, y los temas pueden sin negar la dimensión instrumental, plantearon claramente que la téc-
ser tan diversos como desde quién va a ir a hablar con los directivos nica es social antes que técnica, es decir que no está en ella su poder
del colegio por el estado de una pared, hasta la decisión con respecto sino en la sociedad y la historia que la posibilitan. Estas discusiones
a si tomar el colegio o no, a cuál movilización asistir, con qué bandera, estructuraron tradiciones de investigación y enseñanza de la comuni-
pasando de qué modo por las aulas. cación y sostuvieron modos de comprensión de la relación medios de
La preocupación por la horizontalidad está mucho más presente comunicación-sociedad. En este debate se construyeron, entre muchas
en los estudiantes secundarios que en los universitarios, que ya res- otras cuestiones, perspectivas de análisis que centraron su mirada en
ponden a identidades políticas más estructuradas o tienen más tiem- dos figuras que resultaron clave para la comprensión de la dimensión
po de militancia, y entonces asumen que “si todo se discute” a veces comunicacional: por un lado, la de los productores (emisores, condicio-
no es posible ir hacia ningún lugar. O que en algunas coyunturas eso nes de producción, rutina de producción) y, por otro, la de los recep-
es muy engorroso. tores (consumidores, usuarios, lectores, públicos). De acuerdo con la
De todos modos, aun en agrupaciones como son las peronistas, opción en que se situara la mirada (si en los instrumentos y sus efectos,
que han hecho de la idea de la verticalidad una doctrina, la verdad se o en la cultura, la sociedad y la historia dándoles vida a los instrumen-
juega en una idea de horizontalidad. Nuevamente vemos que, si es que tos), la figura de los productores o de los públicos era la que prevalecía.
en la actualidad están surgiendo nuevas culturas políticas, estas exis- Hoy, luego de un largo camino recorrido en la ciencia social, pero
ten revueltas, mezcladas, incluso hibridadas con culturas anteriores: la también ante una transformación histórica de magnitudes no imagina-
de los años setenta y la de los noventa, aun como horizonte negativo. das hace décadas en el desarrollo tecnológico, seguir pensando en los
términos maniqueos de este debate resulta estéril. O al menos preca-
rio, pobre. Ya no es posible imaginar unos públicos que sufren la alie-
Jóvenes, tic y política nación mecánicamente o se gratifican sin crítica con los efectos de los
medios de comunicación, tradicionales o no. Pero tampoco es posible
En los últimos años, uno de los tópicos privilegiados para hablar de pensar que solo en la actividad de los receptores, en los usos creativos
los jóvenes ha sido su relación con las llamadas tecnologías de la in- que ellos pueden hacer de lo que reciben, se dirime la relación social
formación y la comunicación (tic), y desde allí con las redes sociales. con las tic. Los públicos usan, más o menos creativamente, las tic,
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pero estas adquieren sentido en las relaciones sociales históricas que cuyo interlocutor es cada día más un individuo. Las tecnologías cada
les dan vida. No hay solo estructuras, no hay solo agencias. Y, del mis- vez más personalizadas nos hablan de otras propuestas que nuevamen-
mo modo: no hay tecnología en el vacío, no hay uso en el vacío, sino te se conectan con fuerza con los jóvenes, porque la época que ellos
que esta es una relación social histórica con sujetos y con agencias. conocen como única es una donde conviven esfuerzos por reconstruir
Puntearé en principio cuatro constataciones de la investigación so- lo colectivo y a la vez un relato de mercado que los interpela como in-
cial en los últimos años que nos hablan de la inscripción de los jóve- dividuos y subjetividades, donde el yo ocupa el primer lugar. No es
nes en un nuevo marco histórico, para ver luego cuánto de novedoso nada casual que sean los jóvenes los que han utilizado mayormente
existe en el uso actual para las prácticas políticas de las tic y cuánto, las nuevas tecnologías para dar testimonio de que están en el mundo.
en cambio, permanece. Los fotolog y el Facebook son tecnologías cargadas de subjetividad:
La generación multimedia. Los jóvenes contemporáneos han sido el grupo se hace a partir del propio yo, sostenido en el yo, no en ideas o
socializados desde temprana edad en la relación simultánea con di- estructuras que vayan más allá de él. Y no estoy haciendo aquí un jui-
ferentes medios y tecnologías de comunicación. La condición de ge- cio de valores: no digo que haya más egoísmo, ya sabemos que egoís-
neración multimedia no se restringe a la existencia de múltiples me- mo no necesariamente es individuación. Digo hay más yo, más sujetos
dios en simultáneo, sino que fundamentalmente nos remite a la idea sobre sí mismos que, por ejemplo, en el primer cine, ese que era para
de usos en simultáneo, donde los límites entre unos usos y otros, las masas, que se veía en un salón lleno, donde se transpiraba juntos,
entre diferentes gramáticas, están desdibujados. Para ellos no hay que podía contar una historia de amor pero, por ejemplo, en el marco
medios tradicionales y nuevos, sino que todos aparecen mezclados, de la Revolución Mexicana. En el fotolog se habla de uno, de yo, de los
desafiando las fronteras entre unos y otros, naturalizados en el pai- conocidos del yo. Se da testimonio de eso. Y se puede entrar solo, en
saje cotidiano. No es posible para los jóvenes pensar en un mundo la casa, en la computadora de la habitación.
sin estas tecnologías. Además, el yo se narra fundamentalmente desde la imagen, que, a
Temporalidad. Este es un tiempo que pone énfasis en el presente. Un diferencia de la cultura escritural basada en el argumento y la distan-
tiempo que podríamos definir como desordenado con respecto al orden cia, implica cercanía y emoción. La imagen interpela desde la subjeti-
moderno, que era lineal y progresivo (precisamente como el tiempo de vidad (nuevamente, una distancia con la escuela: en esta, lo público y
dos de las instituciones centrales de la modernidad, la escuela y la polí- argumental prima sobre lo íntimo, emocional y subjetivo; otra vez la
tica). Hoy aparecen en tensión e hibridación un tiempo de las discon- fractura: los jóvenes se han socializado en un tiempo de individuación
tinuidades y un tiempo de posibilidad de futuro, pero un futuro que que está muy presente en las tic y muy ausente en la escuela).
da cuenta de esas transformaciones de la temporalidad. Y, además, es La desigualdad: la brecha cultural en los usos se corresponde con la brecha
un tiempo de la velocidad, del ya. social. En una sociedad desigual, la polarización social, la brecha que
Es aquí, entonces, donde encontraremos una de las claves más im- separa a los que tienen más capitales y estructuras de capitales más va-
portantes para pensar la fuerte relación que se establece entre las nue- liosas de los que menos tienen, es una brecha no solo material, sino
vas propuestas de comunicación y los jóvenes. Las tic interpelan a los simbólica. Y en el terreno de los usos de las tecnologías, esto implica
jóvenes desde una temporalidad que es la única que conocen, por lo que estamos no solo ante el acceso desigual, sino, y fundamentalmen-
tanto, que es la natural para ellos. te en este momento, ante la desigualdad de competencias para el uso.
La individuación. Un elemento más que está en juego tiene que ver Cada día es más complejo pensar en un no acceso a la tecnología, pero
con la relación entre la individuación de la sociedad y los medios o las este acceso (más democrático en algunas tecnologías, como es la del
tic. Si la prensa escrita apelaba al ciudadano (todos sabemos que los celular, pero no tanto si se piensa en equipamientos más sofisticados)
ciudadanos no eran todos, pero podemos decir que se construía des- es asimétrico, tanto en términos de complejidad y cantidad de equipa-
de un ideal del todos), y el cine y la televisión abierta apelaban al gran mientos de acuerdo con el sector social como, fundamentalmente, en
público, hoy estamos ante la presencia de propuestas de comunicación competencias de desciframiento, diálogo y uso.
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Esta desigualdad estructural en los últimos años está siendo efi- me detendré aquí en los usos de la tecnología de los jóvenes para la ac-
cazmente atacada por la política pública Conectar Igualdad, basada ción política. Tomaré, pues, los sitios de las agrupaciones políticas ju-
justamente en el reconocimiento de la necesidad de “alfabetizar” en veniles con las que trabajamos. Merece otro espacio la mención al lla-
igualdad a los diferentes jóvenes para el uso creativo de las tic. Por su- mado movimiento bloguero de los últimos años en la Argentina, que
puesto que queda muchísimo por hacer al respecto, pero el avance a se define como bloguero más que como militante.3
través de la escuela pública (esa institución que en la década neolibe- En primer lugar, es necesario señalar que las agrupaciones políticas
ral se aparecía, a los ojos expertos, en vías de extinción) es formidable. juveniles tienen sus sitios, sus páginas web. Ellas están estructuradas a
Esto seguramente marcará una nueva manera de intervenir sobre lo partir de un eje informativo que podríamos llamar clásico, o ligado a la
social de los jóvenes, ya que no es lo mismo incorporase a estas trans- cultura escritural del argumento (una cultura que, dicho sea de paso, los
formaciones técnicas por la vía individual y privada que a través de un jóvenes escolarizados de sectores medios han adquirido, pero que aún
proyecto nacional inclusivo. no tienen todos los jóvenes, y ahí radica mucho del llamado acceso des-
igual, que no es acceso básicamente desigual a la tecnología, sino a los
capitales de uso de esta, como ya dije). En estos sitios enuncian quiénes
La militancia y las tic son, remontándose siempre a un origen y ubicándose en un presente, a
través de una toma de posición ideológica. Luego, hay un apartado de
En este marco de generaciones multimedias, de individuación y desor- noticias coyunturales: eventos, próximas movilizaciones, movilizaciones
den temporal, de desigualdad en los usos y de proyectos que la comba- a las cuales se apoya. Es interesante pensar cómo claramente se apela a
ten, es donde puede comenzar a comprenderse el uso de las tic de los este medio para convocar a reunirse en el espacio público no virtual. Las
jóvenes militantes. Porque lo que antes solo se concebía como multi- tic para encontrarse en la plaza, en la calle. Esto podemos verlo en rela-
temporalidad, imagen e individuación, ahora se combina con la emer- ción con lo trabajado en otras investigaciones (Morduchowicz, 2008;
gencia de proyectos que los convocan a partir de la interpelación hacia Urresti, 2008) que dan cuenta de cómo los jóvenes siguen valorando
el futuro, hacia lo colectivo, hacia el argumento. más que nada el encuentro no virtual con sus pares, como primera op-
Hay aquí unas muy sugerentes tensiones, porque, mientras las ción, y que el uso de las tecnologías se orienta hacia ese encuentro.
ciencias sociales caracterizan una época de desorden con respecto al Las páginas o los sitios también tienen un lugar destacado para las
tiempo de la linealidad histórica, de revoltura temporal, como dije en imágenes: fotos de las movilizaciones de las que han participado, de los
párrafos anteriores, y una época de individuación y subjetividad (la actos, de las tomas. Fotos del colectivo que conforman.
época de las emociones, tan relegadas bajo el imperio de la razón mo- El Facebook, este territorio de encuentro contundente entre lo co-
derna), la política necesita de los proyectos, es decir, de los futuros lectivo y el nombre propio, merece ser destacado como el dispositivo
adelante, de los pasados como referencia. Y, a la vez, es imposible de de mayor uso de los jóvenes. Allí se desarrollan discusiones, puestas
pensar sin la construcción de colectivos no siempre muy atentos a las en común de ideas y toma de posiciones. También desde allí se con-
dimensiones de la subjetividad yoica. voca a la acción.
¿Qué han hecho los jóvenes, entonces, con estas tecnologías pre- En las redes sociales, las fotos aparecen mezcladas, revueltas, sin
paradas para encerrarlos en sus habitaciones y desde allí ver el mundo, respetar una separación entre aquello que se podría ubicar en la esfe-
más que para la acción en el mundo? Yo lo diría de una manera muy ra política y otro tipo de esferas ligadas a la vida cotidiana familiar o
simple: las han cargado de nuevos sentidos. Las han modelado para escolar, o a los consumos culturales. El uso que les dan los jóvenes
que también puedan ser políticas. militantes a las redes sociales, en especial a Facebook, no está ligado
Las tecnologías tienen para ellos diferentes usos (como herramien-
tas para resolver las tareas escolares, para encontrarse, para construir 3 Véase el blog Movimiento Peronista Bloguero, m.p.b., <http://mpb1945.blogs-
un espacio de autonomía con respecto al mundo adulto, etcétera), pero pot.com/>.
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únicamente a una actividad, o a un espacio donde cuentan/muestran inhabilita de ninguna manera el encuentro no virtual. Creo que es muy
solo algo de su vida, sino que aparece como un lugar donde se cuentan importante preguntarnos qué significado tiene esto, sobre todo en un
múltiples experiencias, es decir, donde confluyen distintas actividades momento histórico como el actual, donde desde la gestión del miedo,
que desarrollan. Estas experiencias en principio están representadas a desde el discurso de la seguridad ciudadana, se intenta obturar el uso
través del posteo de imágenes, de vinculaciones con amigos, familiares, del espacio público, el espacio del encuentro. Un momento en el que
compañeros, y por la adhesión a determinados espacios o comunida- se invoca el miedo a juntarse. Estoy diciendo que estos jóvenes valoran
des ligados con el arte, la política, la educación, encuentros los fines de mucho el encuentro y la posibilidad de ocupar el espacio público, im-
semana, salidas, gustos estéticos. Es decir que dan cuenta de posicio- prescindible para la política.
namientos y discusiones políticas (a través de foros, muros, etcétera),
al tiempo que los mezclan con otras dimensiones de sus vidas. De al-
guna manera, la exposición fotográfica también muestra que la red so-
cial no es un espacio donde se expresan solamente sus ideas políticas.
El contenido de las fotos es variado: fotos familiares, con amigos (en
la escuela, en la plaza, en algún boliche, en viajes, tocando la guitarra,
en una obra de teatro), de personajes reconocidos socialmente como
líderes políticos, del deporte o de la cultura, con compañeros de mili-
tancia, en marchas, en la calle o participando en una actividad cultural.
También los vínculos son mezclados: se ligan a otras agrupaciones
o con organizaciones sociales, se vinculan con espacios ligados a gru-
pos seguidores de una banda de rock, de un personaje, de una marca
particular de ropa, o inclusive a distintos enlaces donde se vende ropa
o entradas para alguna fiesta o evento.
Estas redes van hablando de cómo la cultura del nombre propio,
de la valoración y puesta en atención de la subjetividad, aparece com-
binándose con una dimensión estructural o macro, de cómo ambas
no se niegan entre sí sino que, por el contrario, parecieran potenciar-
se. Están el proyecto y el conjunto de ideas que acompañan el proyecto
(aquello que les permite ubicarse incluso como militantes), pero esto
no niega la posibilidad de hablar en primera persona inscribiéndose
en un colectivo. Tal vez esté aquí una de las cuestiones más novedosas
con respecto a la relación entre juventud y política, de la cual habla la
posibilidad de unas tecnologías cuyo espesor es dado por una época.
Voy a remarcar esto para pensar: la gran mayoría de los jóvenes pasa
mucho tiempo frente a las tecnologías, pero prefiere la sociabilidad cara
a cara, “cuerpo a cuerpo”. El uso de la tecnología cada vez más priva-
do, individual, tiene para muchos un valor menor que el encuentro no
virtual (no digo no real, digo no virtual). Incluso utilizan ciertas po-
sibilidades tecnológicas para propiciar el encuentro que los lleve a in-
tervenir sobre lo social. Es decir, la virtualidad tiene un valor, pero no
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Capítulo VII
La Cámpora

La Cámpora es la agrupación política que más jóvenes convoca en la


actualidad argentina, contundentemente comprometida con la identi-
dad kirchnerista. Está integrada por militantes de distintos sectores
sociales, mujeres y varones que a lo largo y ancho del país intervienen
en territorios variados: universidades, colegios secundarios, barrios,
políticas públicas, ámbitos legislativos. Es una agrupación que levan-
ta banderas clásicas del peronismo (justicia social, independencia eco-
nómica, soberanía), pero además políticas de memoria, verdad y jus-
ticia, como así también demandas de ampliación de nuevos derechos
subjetivos y civiles.
No es la única agrupación de jóvenes comprometida con el kirch-
nerismo, pero sin lugar a dudas es la más estigmatizada por la derecha
en la Argentina.
Es difícil reconocer una fecha única de fundación, porque es una
agrupación que aglutina a otras preexistentes pero desarticuladas en-
tre sí, y desde allí suma militantes nuevos que de a miles se han incor-
porado a la política en los últimos años.
El 14 de septiembre de 2010 se hizo un acto en el Luna Park in-
terpelado como “Néstor le habla a la juventud, la juventud le habla a
Néstor”, donde claramente distintas agrupaciones juveniles, entre ellas
La Cámpora, se consagraron como una nueva gran fuerza política del
kirchnerismo. Un mes después, con la muerte del ex presidente, la re-
lación de estos jóvenes con el sujeto kirchnerismo se terminó de sellar
con una marca de acero.
Pero cuando se llega a esta fecha hay un largo recorrido de convocato-
rias y también de respuestas muy contundentes con la toma de posición
frente a políticas clave de estos años: derechos humanos, nacionalización
de las afjp, Ley de Medios, matrimonio igualitario, nacionalización de
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Aerolíneas Argentinas, y toda una serie coherente de decisiones que Néstor Kirchner los atributos presidenciales del ex presidente). Tal vez
incluirán más adelante la recuperación de ypf y un llamado a la puesta en su heterogénea composición esté una de las claves de su capacidad
en agenda de Malvinas como hito de una posición a favor de la sobe- para la creatividad militante y la posibilidad de diálogo y articulación
ranía nacional. con otras agrupaciones peronistas kirchneristas con armados juveni-
La Cámpora está constituida por distintos agrupamientos de jó- les, como el Movimiento Evita, Kolina o la Tupac Amaru, e incluso,
venes, varios incluso preexistentes y que no siempre venían ligados al aunque más problemáticamente, con la Juventud Sindical.
peronismo. Algunos de sus militantes ya formaban parte de la Agru- La Cámpora es una agrupación que yo definiría como de anudamiento
pación hijos, de agrupaciones más nuevas (Compromiso K, Juventud de trayectorias militantes. Ahí radica parte importante de su fuerte identi-
Presente, Movimiento Unidad Popular, Generación para la Emancipa- dad: anuda lo que venía recientemente, anuda lo nuevo, anuda lo que Nés-
ción Popular) o de agrupaciones universitarias (Tontos pero no Tanto, tor Kirchner anuda cuando dice: “Somos hijos de las Madres”. La Cám-
la Walsh, nbi), como también de agrupaciones con trabajo territorial. pora es lo que crece como efecto de ese monumental afán de encuentro.
Esencialmente, forman parte de La Cámpora jóvenes que a partir del En esta construcción de una generación existe el olvido de otros
quiebre de 2001 comienzan a ser interpelados por el mundo público jóvenes, esencialmente de los jóvenes de los ochenta. Primero, creo,
resistiendo al modelo neoliberal, que militaban en esos años casi “don- porque lo que se está enlazando tiene que ver con la reconstrucción
de podían”, en agrupaciones desarticuladas entre sí, y jóvenes sin nin- de una vía peronista, no solamente juvenil. No da lo mismo cualquier
guna experiencia militante previa, muy niños en 2001, pero que van a joven: son jóvenes que se inscriben en el reconocimiento de una his-
ser convocados para la creación de lo que llamarán el Proyecto Nacio- toria del peronismo, previa operación de negación del menemismo
nal conducido por la figura de Néstor Kirchner. como emblema de traición. En segundo lugar, el olvido tiene que ver
Este llamado será una convocatoria a salir del infierno y a imaginar con el impresionante signo de la desilusión que encarna la juventud
más allá de los posible (“Vino a proponernos un sueño”, dice –junto a de la década de 1980, la Coordinadora, la juventud alfonsinista. La
la figura de Néstor Kirchner– el afiche que convoca a un acto en el es- Cámpora, por el contrario, toma la derrota de los setenta para hacerla
tadio de Vélez, el 26 de abril de 2012, organizado por La Cámpora y una victoria en el presente, un lugar donde mirar y mirarse, y recupe-
por el Movimiento Evita). rar sus banderas para guiar el futuro.
Las sucesivas interpelaciones del kirchnerismo, primero la del ex La Cámpora está llena de ilusiones de futuro que la compromete
presidente Néstor Kirchner y luego la de la presidenta Cristina Fernán- en el presente. Esa es una clave de acumulación.
dez de Kirchner, van a ir aglutinándolos en una identidad comprome- Tomar esa historia, por otro lado, no consiste en recuperarla lineal-
tida con la política de gobierno, y con una estructura compleja que da mente. Es absoluta la diferencia entre una juventud que opta por la lu-
lugar en su seno a múltiples expresiones de trayectorias y armado con cha armada y otra que se inscribe claramente en la institucionalidad de
un acento en lo juvenil como potencia de transformación. una democracia para ir corriendo sus límites.
Pero esta, por supuesto, no es la única diferencia, como lo desarro-
llé en el capítulo anterior.
Encuentros Los militantes de La Cámpora están entre los grupos que más ra-
dicalmente señalan, en sus palabras, una ruptura: la “vieja política (la
Es sugerente pensar cómo es que esta agrupación recoge en su núcleo de la subordinación al capital) con la nueva política (la del compromi-
no solo recorridos militantes previos, sumado a nuevos militantes (a so con los intereses del pueblo)”. Esto a veces se simplifica con la alu-
jóvenes sin ninguna experiencia previa, como decía), y a la vez anuda sión al conflicto con estructuras tradicionales, especialmente las viejas
su identidad nombrándose en el reconocimiento de una juventud muy estructuras del Partido Justicialista, o lo que llaman el sistema político
anterior, la de los setenta, en la figura de Héctor Cámpora (cabe recor- tradicional. Y, por supuesto, con todas las figuras de la derecha. Pero,
dar que el 28 de diciembre de 2006 la familia de Cámpora le entrega a más allá de los nombres de los adversarios, lo que está claro es que estos
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jóvenes están dando una disputa por el sentido de la política. La política En un país que tiene en su historia reciente la desaparición de una
no es una realidad inamovible, un ente que esté suspendido en tiempo generación de jóvenes militantes, la emergencia de una generación
y espacio, una verdad dogmática, sino que existe al calor de la historia. nueva como sujeto político de la escena pública vislumbra, entre mu-
Por lo tanto, su sentido puede ser transformado, imaginado y amasado chas otras cuestiones, la posibilidad de continuidad hacia el futuro del
de otra forma. El sentido de la política puede ser apropiado, reinven- proyecto político que se comienza a partir de 2003 en la Argentina.
tado. Y eso es lo que están haciendo estos jóvenes: toman la idea de la Las generaciones nunca están compuestas por un grupo homo-
política como un asunto de pocos al servicio de los grandes negocios géneo, sino por jóvenes en plural, es decir, diversos, que comparten
para hacerla una asunto de muchos al servicio de (en sus palabras y en una época y están atravesados por ella. Hoy no todos los jóvenes son
las palabras de la historia) la “felicidad del pueblo”. Esa es la verdadera militantes, ni todos los jóvenes militantes lo son en La Cámpora, por
disputa: quién define la política. supuesto. Sin embargo, todos ellos están atravesados por un momen-
to histórico en el que se han revalorizado la política y la militancia, y
entonces no solo están interpelados por este rasgo de época, sino que
La generación construyen respuestas más o menos novedosas.

Claramente, los jóvenes de La Cámpora se reconocen como una gene-


ración: forman parte de la llamada generación del Bicentenario, la que La militancia
surge en la región como reacción a la hegemonía neoliberal.
“Este cargo no honra a mi persona, honra una generación”, dijo Ju- La Cámpora es una de las agrupaciones que han dado sentido a la idea
lián Álvarez, integrante de la agrupación, cuando asumió como vice- de la militancia luego de décadas en que había sido vapuleada o guar-
ministro de Justicia. Este joven viceministro dijo: “Nuestra generación dada en todo caso en el cajón de los recuerdos. “Somos militantes” es
tiene una misión: pensar y hacer un país para los próximos cien años”.1 una de las autodefiniciones primeras ante cualquier indagación sobre
En la misma línea, José Otavis, uno de los dirigentes de La Cámpora, la identidad. El somos militantes antes que estudiantes, que profesiona-
con un fuerte perfil territorial de militancia en el provincia de Buenos les, que trabajadores... y un enunciado claramente en plural.
Aires, adhiere a la idea de que “cada generación debe desempeñar su Me llama la atención, siempre que entrevisto a uno de estos jóve-
misión, cumplirla o traicionarla”. Y afirma: “la justicia social será la nes, su primera definición identidaria, donde se liga el nombre propio
obra concluida de la generación del Bicentenario”.2 (soy Carlos) inmediatamente al militante (soy militante en tal lugar).
La conclusión de la obra se remite a una iniciada por la generación Un antecedente reciente de la recuperación del valor de la mili-
del setenta, interrumpida por el golpe de Estado y la dictadura, como tancia, y especialmente ligado a lo juvenil, sin duda es la referencia
también por la democracia neoliberal, y que retomó como propia Nés- a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, asesinados por la policía
tor Kirchner, aquel que dijo en su discurso de asunción que venía de el 26 de junio de 2002 en el marco de una feroz represión contra la
una generación diezmada, castigada por los dolores de ausencia. Esta protesta social. En ese momento, las figuras de Maxi y Darío son re-
generación del Bicentenario tomará el recorrido roto para tejerlo nue- cuperadas como las de dos militantes sociales, no políticos, ya que
vamente, mucho más luego de la muerte del ex presidente. la política luego de las brutales derrotas del campo popular aparecía
como inviable. Kosteki y Santillán formaban parte del Movimiento de
Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Luego de sus asesinatos,
1 Acto de lanzamiento de campaña para elecciones en el Colegio de Abogados el relato más intenso que se va construyendo es el de sus militancias,
de la Provincia de Buenos Aires, Rectorado de la Universidad Nacional de La Plata,
8 de abril de 2012.
que poco a poco van dejando de ser sociales para ser profundamente
2 Otavis, José, “La generación del Bicentenario”, Tiempo Argentino, 7 de octubre políticas. Sus nombres van a ser recuperados por otros agrupamientos
de 2011. políticos, esencialmente el Frente Darío Santillán, con un alto prota-
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gonismo juvenil en su armando. Pero, al margen de ello, me interesa servicio de cualquier tipo de poder o proyecto, que fue la que estruc-
señalar cómo estas referencias van también abonando un territorio turó el mundo intelectual y académico durante los noventa: carreras
donde el concepto de la militancia política deja de ser negativo para académicas liberales, contundentemente individualistas, cuya finali-
ser reapropiado por los sujetos colectivos interesados en la transfor- dad se agotaba en la escalada de posiciones hacia el interior del sistema
mación social. científico. Los militantes de La Cámpora con formación universitaria
Para La Cámpora, la referencia más importante del militante es la se sitúan en las antípodas de este modelo, cuando además está severa-
figura de Néstor Kirchner, el Nestornauta, ese que se narra a partir de mente cuestionado en el actual momento histórico y ha perdido su he-
su compromiso con los intereses colectivos contra los corporativos, gemonía. Para ellos, la formación académica es al servicio del Proyecto
poniendo en juego todo de sí, incluso su propio cuerpo. Suscriben a Nacional que defienden y construyen.
una historia de la muerte de Kirchner asociada al sufrimiento y la bron- La militancia es el modo legítimo de disputar el Estado. Eso, di-
ca que le produjo el asesinato del joven militante Mariano Ferreyra. cen, los diferencia del modo en que los neoliberales se apropiaron de él.
Se dice que hasta su último momento Néstor “no paró”, no se quedó Pero, además, los diferencia de una otra militancia de ciertas izquierdas
quieto contra los adversarios más allá de las recomendaciones médicas en donde el Estado es caracterizado como aparato de dominación y,
de preservación y cuidado de su vida. Su vida ya estaba entregada a la por lo tanto, van contra él, no a su conquista, quedándose siempre en
causa del Proyecto Nacional. la denuncia de lo que consideran un poder antipopular.
La militancia, para los jóvenes de La Cámpora, tiene que ver con la Para los militantes de La Cámpora, el Estado es el único lugar des-
organización, pero también con el amor, con la entrega, con la puesta de el que se pueden diseñar políticas democráticas e inclusivas para la
del cuerpo. La idea del amor es una bandera de lucha. Una de las imá- totalidad del pueblo argentino. Por eso, dicen, se lo disputan a aque-
genes preferidas para los militantes es la de Néstor y Cristina abraza- llos que lo consideran una herramienta para hacer negocios privados.
dos amorosamente en un acto público. Estos jóvenes están convocados a hacer la historia y convencidos
Ante la hegemonía histórica de la cultura patriarcal en la política, de que la están haciendo. Y, de hecho, la están haciendo. Sus involu-
donde el amor es una cuestión de mujeres, de débiles, de maricones, cramientos en puestos centrales del Estado recuperado es una mues-
pero no de aquellos que pueden decidir dentro del espacio público, tra de ello.
donde más bien imperan las reglas de la dureza y la razón, que estos Se podrá decir, tal vez, que mi mirada sobre los jóvenes hoy peca
jóvenes tomen efectivamente el amor como consigna es algo que me- de romanticismo y que, por lo tanto, es desacertada, o al menos par-
rece ser mencionado. cial. Tal vez eso suceda y esta epistemología, que más que romántica
Otro lugar importante es el de la alegría. La frase de Jauretche, re- yo llamaría de la esperanza, para ver los nuevos sujetos políticos juve-
petida infinitas veces en los festejos del Bicentenario, se ha transfor- niles, tenga que ser puesta en relación con otras miradas. Igualmen-
mado en una cita de referencia: “nada se hace con la tristeza, por eso te, creo que es indiscutible que hoy estamos muy lejos de los relatos
venimos a combatir por el país alegremente”. La frase exacta es así: “El del desencanto que tanto miramos en la larga década neoliberal. Lo
arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. que no quiere decir, por supuesto, que todas las plataformas de la
Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por desilusión hayan desaparecido en la Argentina, pero sí quiere decir
el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”. Ellos que el único modo de la historia han dejado de ser la desesperación
están convencidos de estar haciendo algo grande. y el desaliento. La capacidad de recuperación del concepto de mili-
También es una militancia que tiene una fuerte convicción en la for- tancia, por ejemplo, es una señal en ese sentido, mucho más cuando
mación “técnica”, para nada entendida como una formación indepen- los que la protagonizan son los jóvenes con el entusiasmo y las ban-
diente. Para disputar el Estado “es necesario también ser los mejores deras de la democracia, de la ampliación al infinito de los derechos
economistas, los mejores abogados, los mejores periodistas”, afirman. para la emancipación, con la afirmación de unas subjetividades vivas
Es esta una concepción muy distinta a la del técnico como experto al dentro de proyectos colectivos.
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Posiciones solo circulaban como referencias de nostálgicos o perdidas en algunas


bibliotecas de los bordes. Las referencias a Scalabrini Ortiz, a Jauret-
Los primeros pronunciamientos públicos de La Cámpora adquirieron che, a John William Cooke, incluso en ocasiones vueltos a editar por
gran notoriedad en el conflicto por las retenciones móviles a la expor- la misma agrupación, son una constante. Estas referencias, que en el
tación agropecuaria y también, particularmente, con respecto a la dis- cruce de siglos han sido mediadas por unos pocos grupos del llama-
cusión por una nueva ley de servicios audiovisuales (ambas situacio- do rock barrial, hoy son puestas en un nuevo contexto para recrearlas
nes, como ya desarrollé, son consideradas por muchos jóvenes como y fijar posiciones en actos públicos y a través de las redes sociales que
momentos de iniciación en la militancia). Pero La Cámpora también tan bien maneja la mayoría de ellos.
ha impulsado y defendido políticas como la Asignación Universal por
Hijo, la nacionalización de los fondos de las afjp y, por supuesto, las
políticas de memoria, verdad y justicia. En los últimos tiempos, ha sido El ensañamiento de los medios de derecha contra
uno de los sujetos políticos que con mayor eficacia han hecho de la na- la agrupación política juvenil La Cámpora
cionalización de ypf una gran bandera de soberanía.
Existe también La Cámpora Diversia, surgida a partir de las luchas Merece un pequeño apartado la construcción que desde los medios se
por el matrimonio igualitario y el derecho a la identidad de género, que hace de la agrupación, porque, como ya he dicho, los medios nunca son
reconoce como antecedentes a todos los movimientos por los derechos solo medios. Cuando hablan, hablan en ellos y por ellos los intereses
sexuales de décadas anteriores. Estos jóvenes han sabido recrear la an- que los sostienen, en este caso, los intereses de la derecha argentina.4
tigua bandera peronista del amor y la igualdad, defendiendo derechos Existe sobre La Cámpora un discurso que permanentemente la
que podrían ser pensados como liberales en el marco de una platafor- demoniza como a ninguna otra agrupación política.
ma comunitaria. Lo cual es sin dudas muy claro en las condiciones de Recordando que la comunicación nunca está por fuera de las re-
surgimiento en la Argentina de lo que en algunos países es la lucha por laciones sociales, y que en momentos de transformación los relatos
una ley que permita el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero pierden su naturalidad (entendida como legitimidad producto de su
que aquí se dio en el marco de una construcción discursiva/política que condición de dominantes) para ponerse en evidencia como construi-
habló fundamentalmente de la igualdad para reconocer la diversidad. dos y en disputa, cobra politicidad la lectura a contrapelo de esos dis-
Varias veces he escuchado la afirmación de que los camporistas cursos y sus violencias.
no “quieren hablar”, que son un misterio o, como dice el libro más Es significativo, para trabajar los modos estigmatizadores que tie-
vendido en el año 2012 sobre La Cámpora, que imponen un “cepo nen los medios hegemónicos al hablar de estos jóvenes, que uno de los
comunicativo”.3 Sin embargo, no solo no es complicado hablar con primeros pronunciamientos públicos de La Cámpora haya sido el de
ellos, sino que sus posiciones son públicas en cada acto político en el denunciar con pequeños carteles en actos políticos del kirchnerismo
que participan, como también a través de páginas web, sitios e incluso que “tn miente”. tn, Todo Noticias, es el canal de cable de una de las
publicaciones específicas.
Por otro lado, estos militantes toman posiciones desde un lugar cla- 4 En este apartado trabajamos el análisis de los diarios Clarín, La Nación y Per-
ro: reconocen una historia ligada a las luchas del peronismo. Por eso fil, tomando un período para las citas arbitrario, desde febrero a mayo de 2012. Sin
han recuperado como parte de la formación militante las lecturas de embargo, es necesario decir que el seguimiento de medios se realizó en el Observa-
la historia del pensamiento nacional, esas que durante muchos años torio de Juventud y Comunicación de la Facultad de Periodismo y Comunicación
Social de la unlp, que tomó 2010 y 2011, y desde donde es posible afirmar que las
construcciones de sentido con respecto a La Cámpora en un período mayor no han
3 Dicho sea de paso, un libro vendido a través de una de las editoriales “pulpo” cambiado. Es decir que lo que estos medios construyen sobre La Cámpora es un
de Iberoamérica y con las peores estrategias de mercado, denunciando falsas censu- discurso que vienen modelando desde un período mucho mayor que el que toma-
ras y persecuciones. mos para las citas.
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empresas de comunicación de mayor concentración de capitales me- las estructuras políticas preexistentes, y por lo tanto ilegítima, ya
diáticos y que se transformó en la Argentina de los últimos años en el que la autenticidad sería aquello que surgiría de modo espontáneo,
emblema del poder corporativo de los medios. Pero cuando los jóve- sin organización. Esta es una idea que ha circulado con mucho afán,
nes de La Cámpora comenzaron a mostrar la relación entre medios, pero que tiene un importante sentido despolitizador o negador de
negocios e intereses políticos, era impensable ese desenmascaramiento la política, ya que la posibilidad de institucionalizar el movimien-
para la opinión pública generalizada. Hoy, por el contrario, y luego de to que en un primer momento puede ser espontáneo (lo que, por
sancionada la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, pero otro lado, nunca surge de la nada, tal cual lo piensan ciertas mira-
especialmente luego de todo el proceso profundo de discusión que se das superfluas) es vista negativamente a pesar de que, sin ella, la
dio al respecto, los medios aparecen para gran parte de los argentinos política se hace inviable.
(des)inocentados como medios, es decir, ya casi nadie cree que solo El relato construido desde los medios es fácilmente desmontable
sean instrumentos de reflejo de lo real sin más. Gran parte de ello se en el análisis de las entrevistas realizadas a los integrantes de la agru-
lo debemos a La Cámpora. pación, donde incluso las creencias y convicciones no se revelan solo
Los medios, y especialmente los ligados a la derecha, se han ensa- desde el discurso argumental (por ejemplo, cuando defienden con ar-
ñado con la agrupación. Retomando discursos preexistentes sobre los gumentos encadenados lógicamente, racionalmente, cada una de las
jóvenes, hablan de ellos con desconfianza y enorme malestar. Todo lo medidas de lo que constituye para ellos un proyecto nacional), sino
que ven es negativo, y agitan permanentemente los fantasmas de una que además hablan de lo que los “emociona”, los “compromete” con
juventud entre violenta e irracional (salvaje y épica) que pone en peli- vehemencia y poniendo el cuerpo en ello.
gro el orden institucional. He visto cómo jóvenes secundarios y universitarios se organizan
La demonización de los jóvenes no es nada nuevo en una cultu- y ponen mucho esfuerzo para llevar adelante tareas que les llevan ho-
ra adultocrática, pero es menos llamativa en la Argentina reciente. La ras y días, como ir a pintar escuelas, y también los he visto organizarse
derrota de los movimientos de liberación protagonizados por jóvenes para “aguantar” en actos públicos y “bancar” medidas tomadas por el
de los años sesenta y setenta en toda nuestra región fue la plataforma gobierno que les llevan esfuerzo y alegría. Es muy difícil, cuando se ve
donde se esculpió un relato de las nuevas generaciones cargado de pre- el compromiso de estos jóvenes con la militancia, que levantan y de-
juicios negativos y temores varios que se actualizan permanentemente. fienden luego de años de destrucción y vapuleo, creer que solo lo hacen
porque hay una estructura vertical que los maneja o los utiliza. Más
bien, esta idea de la utilización de los jóvenes es la actualización bajo
No son ellos nuevas formas de una posición elitista que a lo largo de los años ha ha-
blado también de la utilización de los sectores populares, de clientelis-
Uno de los relatos más importantes con respecto a La Cámpora es que mo, de la utilización de las mujeres o los homosexuales, de los olvida-
“no son ellos”. Es decir, no hay un agrupamiento genuino, no hay unas dos, de los subalternos, cada vez que estos sectores se han organizado
creencias o convicciones que los convoquen, sino que son una especie para pelear por lo que creen justo.
de formación superestructural armada para el choque. Es “la agrupa-
ción de Máximo”, el hijo de los Kirchner, a quien muestran además
como un monje oscuro que “arma” desde unas sombras que, como ta- No tienen ideas... o tienen las del demonio
les, siempre son sospechosas.
De los militantes de dice que los usan, que no tienen conviccio- De La Cámpora se afirma además que no se sabe contra quién se
nes propias.5 Se los describe como una identidad inventada desde enfrenta, es decir, que no tiene posiciones ni políticas ni ideológi-
cas: “Gritan desde el poder a favor de ese poder. Son contestata-
5 Pepe, Osvaldo, “Los imberbes de Aerolíneas”, Clarín, 12 de marzo de 2012. rios no se sabe de qué”, escribió el secretario de redacción del dia-
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rio Clarín, emblema de los poderes mediáticos concentrados en la choque. Dicen con respecto a Aerolíneas Argentinas que “se erigió en
Argentina.6 bastión de la fuerza fundada por Máximo Kirchner”,8 naturalizando
O todo lo contrario: se sostiene que son los sectores más ideologi- la metáfora de guerra. O: “Estos chicos huelen sangre y se entusias-
zados de la política, y sus ideas son vistas por la derecha como las del man con los cargos”, atribuyendo la expresión a una fuente de la cual
demonio. Sobre Axel Kicillof, militante de La Cámpora, un colum- no dan cuenta.9
nista del diario La Nación, tribuna de la oligarquía argentina durante Se habla de ese poder como un exceso, algo que no debería estar
más de un siglo, el mismo día en que se publicó la nota recién citada, sucediendo, inscribiendo ese discurso en una trama muy antigua de
escribió: “es un académico marxista... En los últimos tiempos se con- temores y temblores ante la presencia de la juventud a la hora de tomar
centró en leer a Marx. Está aprendiendo alemán para leerlo en su ver- decisiones públicas. En principio, en una cultura hegemónica adulto-
sión original”.7 crática de todos los siglos, pero en particular en la operación de rela-
Entonces, la agrupación es presentada como completamente desideo- cionar a estos jóvenes con un rasgo con el cual la derecha ha descrito
logizada (“no saben a qué se enfrentan”), pero también desde una pos- hegemónicamente a los jóvenes de Montoneros: la soberbia. La dere-
tura elementalmente macartista se la acusa (porque claramente el tono cha argentina ha clasificado a los jóvenes organizados en la década de
de la nota es acusatorio, no descriptivo) de marxista o montonera, lle- 1970 (no solo a Montoneros, pero especialmente a ellos) como sober-
gándose a plantear incluso barbaridades tales como que tiene en sus bios, irracionales, feroces.
“genes” las ideologías montoneras. Al respecto, sugiero atender el Expone el jefe de redacción de Clarín en la nota ya citada: “No es en
discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner del 12 de el coraje que aun en el error mostraron aquellos cuadros armados que
marzo de 2012 contestando estas acusaciones como una pieza genial desafiaron al propio Perón, sino en la soberbia en lo que se parecen”.
de desestructuración de una posición profundamente estigmatizado- Es llamativo cómo, al comparar La Campora con Montoneros, no
ra de la derecha mediática, como un acto de contrainformación. Allí, se detienen en mencionar positivamente que la lucha armada, que fue
la presidenta desmonta unas afirmaciones periodísticas cargadas de una opción para los jóvenes setentistas, para estos jóvenes de hoy es un
profunda violencia simbólica sobre La Cámpora, sostenidas en una camino impensado, sosteniendo incluso una mirada crítica con respec-
historia residual de discursos persecutorios sobre la juventud de los to a aquella generación en este aspecto. Pero, para los medios, este es
setenta, y las ubica en una mirada que ella misma va a clasificar de un dato inexistente o sin valor, y lo único que les preocupa en la com-
neonazi, “iguales a las que el dictador Videla había tenido sobre la paración es lo que llaman soberbia.
juventud en las décadas pasadas”, concluye. “Soberbia” es un término para clasificar de manera negativa que,
generalmente, se aplica a los jóvenes o a las mujeres cuando ejercen
poder. Es que el poder es algo naturalizado para los varones adul-
Demasiado poder tos blancos (es decir, legítimo, en un sentido de lo legítimo como
dominante) e impostado, no natural (e ilegítimo, como subalterno),
Otro de los temas que obsesionan a los medios es lo que consideran para los jóvenes o los no varones o no blancos (recordemos cómo
un “demasiado poder” para estos jóvenes. Es demasiado porque es un una de las características más resaltadas para criticar a la presidenta
poder que describen como salvaje, soberbio. Cristina Fernández de Kirchner fue especialmente la de nombrarla
Afirman que “son la guardia pretoriana de la Presidenta” y que como “soberbia”).
“van por todo”. Se habla de ellos como un poder de intervención, de
8 Biassi, Jesica, “Cambios en la cúpula de Aerolíneas Argentinas”, La Na-
6 Ibid. ción, Buenos Aires, 25 de febrero de 2012.
7 Pagni,
Carlos, “Axel Kicillof, el marxista que desplazó a Boudou”, La Nación, 9 Olivera, Francisco, “El soldado que tiene que dar batallas está herido”,

12 de marzo de 2012. La Nación, Buenos Aires, 28 de febrero de 2012.


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El poder de los jóvenes es resaltado recurrentemente: “quieren sino especialmente en el de Carlos Menem. Por lo tanto, relacionar la
todo”, “La Cámpora busca adueñarse del despacho de Kirchner en el militancia juvenil con un concepto militar que sirvió de coartada para
Congreso y de otras oficinas del edificio”.10 la impunidad no solo es inadecuado, sino absolutamente mal inten-
Me pregunto qué significa esta afirmación escuchada en tantos cionado. Y todo esto en el contexto en el cual se habla de “Régimen”
lugares, no solo en los medios, de que “quieren todo”, “van por todo”. para aludir a un gobierno elegido democráticamente.
Por un lado, hacer política sin una aspiración de construcción de un Finalmente, además de la obediencia, estos medios se detienen en
poder propio lo suficientemente fuerte, que permita intervenir sobre otro punto común de las sociedades adultocráticas y discriminadoras
la realidad para transformarla en función de objetivos, no solo no es de la juventud: la falta de experiencia. Ese lugar común, tantas veces
ilegítimo, sino que es esperable y deseable para todo aquel que se plan- escuchado, que argumenta, para impedir que los jóvenes accedan en
tee una opción de militancia. Pero acá se dice “van por todo”, como si igualdad de condiciones con otras generaciones a gobernar, que ellos
estuviéramos ante un grupo totalitario o bárbaro que no reconoce lí- no tienen experiencia y entonces no pueden tener poder porque no
mites para su accionar. saben, no han aprendido nada. Un argumento, dicho sea de paso, que
Cabe recordar que cada uno de los lugares (que por cierto no son desconoce los infinitos errores que a lo largo de la historia han come-
mayoritarios, más bien lo contrario) que los miembros de La Cámpo- tido las generaciones mayores a la hora de tomar decisiones. Así, otro
ra han ido ocupando en el Estado han sido otorgados a través de me- editorial de La Nación dice: “La obediencia ciega y la falta de experien-
canismos de absoluta transparencia y democracia, sostenidos sobre el cia caracterizan a los militantes de la élite kirchnerista que ha copado
voto popular. el Estado”.12 Por supuesto, esta no es la única cita posible al respecto,
Pero, además, la derecha utiliza otro argumento para deslegiti- pero condensa toda una posición que se esgrime como verdad que es
mar el poder construido por los militantes de La Cámpora, sea este necesario desmontar.
más o menos significativo (siempre desde su mirada, lo recuerdo, es
mayor del que debería tener, de acuerdo con una vara de medida que
solo la derecha conoce y que no está objetivada en ningún lugar). La Qué es lo que no ven
derecha dice que este poder es servil. En un editorial del diario La
Nación, hablando de la agrupación, afirman: “Casi nueve años han Hay algo que hoy nadie puede dejar de ver: que la relación entre juven-
puesto al Estado al servicio del Régimen, que lo va copando a fuerza tud y política está viva. Se podrá decir que no todos los jóvenes militan,
de servilismo y obediencia debida”.11 La referencia a la obediencia que la militancia no significa lo mismo para todos. En fin, se puede dar
debida para hablar de militantes no debería dejarse pasar por alto. El la vuelta sobre esta afirmación de mil maneras y seguramente la gran
concepto de obediencia debida se remite al campo militar, según el mayoría de ellas tiene algo interesante para pensar complejamente el
cual los subordinados se limitan a obedecer órdenes de sus superio- tema. Pero lo que no se puede negar es la existencia de esa relación,
res, sin poner jamás en crisis ninguna de ellas. En la Argentina, en el que ha transformado a los jóvenes pero que también ha transformado
año 1987, la Ley de Obediencia Debida se sancionó con respecto a la política. Hoy la política está viva en la Argentina, y muchos, muchos
los delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura jóvenes hijos o hermanos de una generación que llegó a decir “que se
militar, haciendo no punible la gran mayoría de ellos. Esta ley es con- vayan todos” se vuelcan hacia ella.
siderada hoy una de las grandes claudicaciones de la democracia, a la Los jóvenes hoy tienen una gran capacidad de movilización y de
que siguieron en la larga década neoliberal muchas otras en materia acción en el espacio público. Le dan valor a la idea de la militancia. Le
de derechos humanos, ya no solo en el gobierno de Ricardo Alfonsín, dan valor y alegría, la recrean, se comprometen. Y pueden imaginar que
otro mundo es posible.
10 Pizi, Nicolás, Clarín, 28 de febrero de 2012.
11 “El avance de La Cámpora”, Editorial, La Nación, abril de 2012. 12 Editorial, La Nación, mayo de 2012.
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Frente a aquellos que intentan situar la afirmación “somos solda-


dos de Cristina” para desacreditarlos, desde el trabajo de campo es po-
A modo de cierre
sible poner en evidencia esa acusación como interesada y miope. Los
jóvenes hablan de ser soldados como afirmación de lealtad y de estar
jugados con este proyecto nacional, lo que no les impide ser críticos,
evaluar permanentemente por dónde van, cuáles son sus aliados, quié-
nes son sus adversarios, cuáles son las cuestiones coyunturales y cuál
es el proyecto que los convoca cotidianamente a estar o a decir que no.
En este proyecto, la solidaridad se inscribe en la política y se hace
un valor fundamental.
Y, por supuesto, nada de lo que sucede a los jóvenes puede ser pen-
sado fuera de la historia: los profundos cambios estructurales y sim- El 24 de marzo de 1977, Rodolfo Walsh escribe su “Carta Abierta a la
bólicos ocurridos en la Argentina y en la región impactan en las posi- Junta Militar”. A un año del golpe de Estado, de su infausto gobierno,
bilidades concretas de estos pasajes hacia la política. Walsh denuncia un crimen contra la humanidad, las atrocidades que
Desde una ciencia social implosionada que discute nuevamente los han cometido. Los enfrenta:
alcances de la autonomía, que se embarra y no teme a las impurezas,
pero sobre todo desde una ciencia social anclada en una epistemolo- Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son
gía de la esperanza, es imprescindible poder ver esto para comenzar sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argen-
a ver más allá. tino ni las peores violaciones a los derechos humanos en que ustedes
incurren. En la política económica de este gobierno deben buscarse
no solo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que
castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.

Su guerra es vana, aunque maten al último la lucha seguirá resurgiendo bajo


nuevas formas.Estos jóvenes de la generación del Bicentenario, como
sus hermanos mayores, como seguramente muchos de sus padres, lle-
garon a un mundo donde se había consumado un crimen contra la
humanidad. Recibieron un mundo con un crimen y con la impunidad
de ese crimen. Y han visto en estos diez años cómo la impunidad se
terminaba y cómo la justicia aparecía como horizonte posible. Esta ju-
ventud, sin lugar a dudas, está preparada para hacer otro mundo. Con
justicia social, con soberanía, con memoria y verdad.
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Germán Conde
Diseño: Hernán Morfese, Mariana Nemitz
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Esta edición de 1.000 ejemplares se terminó


de imprimir en marzo de 2013, en los talleres
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