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Francisco Rodríguez Adrados realiza un lúcido análisis sobre una cuestión compleja y a menudo controvertida. El mosaico lingüístico del continen­ te europeo, concebido en términos de unidad geo­ gráfica y política, pero sobre todo cultural, se nos presenta como una realidad histórica en cuya con­ formación han intervenido numerosos factores de índole diversa Para llegar a su comprensión cabal, el autor traza de manera clara y accesible una pa­ norámica que abarca desde los orígenes del grueso de estas lenguas y características y fases de la len­ gua común reconstruida, hasta el entramado lin­ güístico del momento actual, marcado por una tendencia a la unidad debida a aproximaciones de base cultural entre las distintas lenguas y, al mismo tiempo, por un resurgir de idiomas minoritarios.

La tipología de los diferentes grupos lingüísticos indoeuropeos (románico, céltico, griego, germá­ nico, báltico, eslavo) y las de las lenguas de ori­ gen no indoeuropeo (vasco, grupo finougrio), sus avatares históricos y sus manifestaciones litera­ rias, la confluencia a la que se han visto abocadas a través de los préstamos de origen griego y lati­ no o los trasvases entre ellas, la expansión y el desarrollo que han experimentado, o las políticas lingüísticas son algunos de los aspectos tratados en las páginas de ¿ste libro revelador.

Diseño de la cubierta: Luz de la Mora Imagen de la cubierta: © Getty Images; Pieter Brueghel el

Viejo, La torre de Babel (fragmento), 1563

(Salaman­ ca, 1922) es profesor emérito de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, miem­ bro de las Reales Academias de la Lengua y de la Historia, director de revistas y proyectos científi­ cos. Ha trabajado y sigue trabajando en lingüísti­ ca indoeuropea y general, en filología y lingüística griega e india, en historia del teatro, de la fábula, del léxico culto y de la prosa castellana, trazando

siempre grandes perspectivas generales en torno a planteamientos nuevos. Ha publicado diversos li­ bros, entre los que destacan Evolución y estructu­ ra del verbo indoeuropeo, Lingüística indoeuro­ pea, Orígenes de la lírica griega, Fiesta, comedia y tragedia, Modelos griegos de la prosa castellana y europea o El reloj de la historia.

FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS

Historia de las lenguas de Europa

h

EDITORIAL GREDOS, S. A.

M AD R ID

Esta obra ha sido publicada con una subvención de la D irección G eneral del Libro, Archivos y Bibliotecas del M inisterio de C ultu ra, para su préstamo público en Bibliotecas Públicas, de acuerdo con lo previsto

en el

artículo 37.2 de la L ey de Propiedad Intelectual.

© Franci seo Rod rígu ez A drados, 2008.

© EDITORIAL CREDOS, S. A., 2008.

L ó p ez de H oyos, 141 - 28002 M adrid. www.rbalibros.com

VÍCTOR IGUAL ·

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TOP PRINTER PLUS ·

IMPRESIÓN

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e p ó s i t o

l e g a l : m . 2.099-2008

i s b n : 978-84-249-2871-1

Impreso en España. Printed in Spain. Reservados todos los derechos. Prohibido cualquier tipo de copia.

A MI HIJA HELENA, HELENISTA COMO YO, CON CARIÑO

Cierto ario que vivía en el Pamir cultivando con primor un abedul, decidió que mejor sería vivir más al Sur, y se hizo la maleta y el baúl. Emigró y emigró con temas puros que se iban flexionando lentamente

y

al llegar de Micenas a los muros

el

sistema ya era competente

para todo lo que fuera locativo

en los más diversos grados de alternancia, que es asunto que tiene más sustancia que seguirle la pista al abedul que dejó aquel ario preflexivo

y cambió por el mar Egeo azul.

LUIS ALBERTO DE C U EN CA

CONTENIDO

Prólogo,

13

PRIM ERA PARTE

 

LAS RAÍCES

LIN G Ü ÍSTICAS D E

EUROPA

 

1.

LENGUAS INDOEUROPEAS Y

NO INDOEUROPEAS EN EUROPA,

2 5

2 .

EL INDOEUROPEO CLASICO Y SUS VARIANTES (iE

III

A

Y

b),

5 5

3 .

MIRANDO HACIA ATRAS:

EL INDOEUROPEO M O N O TEM ATICO

(iE

II),

6 J

4 .

MÁS ATRÁS TODAVÍA!

EL

INDOEUROPEO NO FLEX IO N AL (lE

i),

7 7

5 .

MIRADA TIPOLÓGICA AL IE

Y SUS RAMAS,

85

6.

EL INDOEUROPEO IV: EVOLUCION

HASTA EL PRESENTE,

89

7 .

CONCLUSIÓN,

93

 

SEGUNDA PARTE

 
 

LAS LE N G U AS EUROPEAS, SU CRECIM IEN TO Y SUS RELACIONES

 

1.

INTRODUCCIÓN,

9 7

2 .

HISTORIA DE LAS LENGUAS Y LOS DIALECTOS INDOEUROPEOS EN EUROPA,

I 11

3.

LAS LENGUAS NO INDOEUROPEAS DE EUROPA,

I 4 I

I I

12

Contenido

TERCERA PARTE

LA C O N FLU E N CIA Y EXPAN SIÓN DE LAS LE N G U A S DE EUROPA

1. EL ALFABETO, LOS TEXTOS GRIEGOS Y LATINOS Y SU LLEGADA A EUROPA,

2 .

LÉXICO GRIEGO, LATIN O Y CRISTIANO EN LA HISTORIA DE LAS LENGUAS

1 5 3

 

DE EUROPA

Y DE SU APROXIM ACIÓN,

185

3.

SINTAXIS Y LITERATURA EN LA HISTORIA DE LAS LENGUAS DE EUROPA,

2 4 5

 

CUARTA

PARTE

 

H ISTORIA DE

LAS G RAN D ES LE N G U AS COM UNES DE EUROPA

 

1.

LAS GRANDES LENGUAS

COM UNES

DE EUROPA,

2 6 7

2 .

LA EXPANSIÓN FUERA DE EUROPA DE LAS LENGUAS EUROPEAS,

3 O I

Notas, Indice de lenguas y dialectos, 3 4 9

3 1 9

P R Ó L O G O

El tema de Europa me ha apasii inado siein pre. ¿ Qué es Europa ? ¿ Qué es Es­ paña? fue el título de mi discurso de ingreso en la Real Academia de la His­ toria.1 En realidad, conservo la invitación a una conferencia que di sobre este tema en 1962, conferencia abreviada en un artículo de periódico.2Lue­ go desarrollé el tema en diversos periódicos y publicaciones,3en innumera­ bles conferencias, sobre todo en mi libro E l reloj de la historia: Homo sa­

piens, Grecia antigua y mundo moderno*

El hecho es como sigue. Europa fue, en el comienzo, un puro concepto geográfico: una península occidental de Asia, prolongada a su vez por va­ rias penínsulas y rodeada de islas. Fue un concepto mítico, también: la nin­ fa Europa nació de la ninfa Te Ilusa de Delfos y el rey fenicio Agenor. La raptó y la llevó a Creta el toro-Zeus. En tanto, su hermano Cadmo la bus­ caba. Inútilmente: el oráculo de Delfos le mandó abandonar la búsqueda y fundar una ciudad, Tebas. Europa, «la de vasta mirada», se paseaba entre tanto por la futura Europa. El nombre de Europa se dio primero a la Grecia central, luego a la Gre­ cia toda, después a las ciudades en torno a la ribera norte del Mediterráneo:

se oponía a Libia y Asia, desde Heródoto. Esta geografía se amplió en la Edad Media hasta Irlanda y el Cabo Norte, luego hasta el Don, y final­ mente, en el siglo xvm , hasta los Urales. Y surgieron las nuevas Europas, llevadas por los europeos, en buena parte del planeta. Se amplió así el Imperio romano, eje de Europa y ampliación, a su vez, de la primigenia Europa, Grecia. También se recortó: el norte de Africa, Asia

Menor, Siria y Palestina cayeron ante el musulmán. Y hubo pérdidas y luego reconquistas, en la Edad Media: España y Sicilia. También se perdió Bizancio ante los turcos, en 1453; no volvió a la civilización europea más que parcial­

13

14

Prólogo

mente, en la zona entre el Adriático, el Egeo y el mar Negro, donde en el

siglo xix surgieron naciones eslavas independientes y la moderna Grecia. Pero Europa no es solo geografía, es también y sobre todo cultura: ha recibido la herencia de los griegos, continuada, entre cambios, por los ro­

manos y los cristianos. El conjunto de sus tierras se llamó, un día, cristian­ dad. Así, la geografía se dobló con la herencia cultural de griegos, romanos

y cristianos, y con la nueva cultura que de todos ellos nació y luego se desa­ rrolló. Pero cuando muchos cristianos vivían ya fuera de Europa y muchos

europeos y descendientes suyos dejaron de ser cristianos, el término Euro­

pa, testimoniado de nuevo desde el siglo vm , volvió a tener vigencia, m u­ cho más desde el siglo x v i i i .5

Cada vez más. Así, desde esa fecha, Europa era al tiempo geografía

— sus descendientes en otros continentes quedaban fuera de ella— y, sobre

todo, cultura. Una cultura que venía de los griegos y romanos, había absor­

bido a otros pueblos, se había defendido de otras culturas y se extendía por

el mundo. Y que ahora estaba sometida a embates directos, desde dentro y

desde fuera/ Y se extendía hacia fuera, con la conquista de otras tierras y la expansión cultural y económica.

Políticamente, Europa, desde que cayó el Imperio romano, que fue su germen, tras los griegos, no fue nunca una unidad. Era una unidad cultu­ ral y religiosa, como digo, imitaba una y otra vez a la cultura grecorroma­

na, crecía y era la sede principal del cristianismo — y aun de la crítica hecha

al cristianismo— . Pero, políticamente, no era ya, insisto, una unidad, como

lo había sido el Imperio romano. Lingüísticamente tampoco. Este es el tema de este libro.

Cierto que Bizancio era la continuación de Roma y se consideraba a sí misma como el núcleo cultural del mundo. Cierto que se constituyó, desde Carlomagno, el Imperio romano-germánico, que duró hasta el siglo x v i i

— pero no pasó de ser un recorte, un fragmento de Europa, combatido por

muchos— . Cierto también que el papa era el rector espiritual de Europa hasta el Cisma de Bizancio en el siglo i x y la llegada de los protestantes en

el xvi. Pero la unidad política de Europa, que intentaron establecer por la

fuerza Napoleón y Hitler, fracasó.

Ahora se reintenta por vías pacíficas, con la Unión Europea. No la veo con excesivo optimismo.7Esto es muy personal. Ya Alejandro fracasó unien­

Prólogo

15

do a los griegos; su creación apenas duró políticamente, sí culturalmente.

Hubo luego, eso sí, el Imperio romano, pero seguido de los fracasos a los que he aludido. Y hay la problemática política actual. En todo caso, Euro­

pa es, ante todo, un concepto cultural, dentro del cual está la fórmula polí­

tica que hoy domina o intenta dominar en todas partes: la democracia. N o voy a insistir en ello demasiado en este libro, excepto en la medida

en que tiene un reflejo lingüístico. Este reflejo, que viene casi siempre del

influjo del léxico culto griego y latino (y de otros elementos lingüísticos y literarios más, griegos y latinos también) a través de vías diversas, así como

de las relaciones de todo tipo entre las naciones europeas, ha hecho y conti­

núa haciendo una enorme contribución a la unidad cultural de Europa. Es lo que unifica, en cierta medida, las lenguas de Europa. Lo que, como su cultura toda, se ha trasplantado a gran parte del planeta. De esto he es­ crito,8y he dado sobre ello múltiples cursos y conferencias. Tam bién sobre el influjo de la cultura grecolatina en la creación de las nuevas literaturas

europeas y de todo el pensamiento europeo: en El reloj de la historia, ya ci­

tado, y en otros lugares.9De todo ello se hallará aquí el eco, desde una nue­

va perspectiva. Todo esto tiene, naturalmente,

relación con el tema de las lenguas

europeas y el de en qué medida hay una lengua europea, que es precisa­

mente el de este libro: no tengo más remedio que aludir a ello para dar el

marco en que se desarrollaron las lenguas de Europa. Lo notable es lo que sigue. Europa ha tenido, como he apuntado, una

geografía variable (y, en cierto sentido, se extiende hoy fuera de Europa) y

ha tenido una historia política compleja y variable, que solo ahora desem­ boca en una cierta unidad y que, ella también, ha repercutido y repercute sobre el mundo; ha tenido y tiene una cultura, más unificada cada vez, pero siempre varia y conflictiva y desbordada sobre el mundo. Pues bien, lo mismo o algo parecido ha sucedido en su historia lingüística. Este es el

tema central de este libro. Lo he dicho antes: las lenguas europeas tienden a una cierta unidad en

el terreno del léxico y la formación de palabras (lo que afecta también a las lenguas europeas habladas fuera de Europa y, en realidad, ya, a todas las len­

guas del mundo), también en otros terrenos. Es una historia notable, que

merece ser contada.

ι6

Prólogo

Pero comencemos por el principio: la llegada a Europa (y a diversos lu­ gares de Asia) de las lenguas indoeuropeas se sitúa hacia el año 5000 a. C.; y por la misma fecha llegaron avanzadas de las lenguas finougrias. El más

antiguo hombre europeo hablaba, pues, otras lenguas, de las que, si acaso, han quedado huellas en la toponimia. El vasco puede ser una de ellas, pero

es más probable que llegara de fuera por la misma fecha indicada. Esta es,

al menos, mi opinión tentativa.

En realidad, por la techa indicada, el quinto milenio antes de Cristo y los siguientes, las lenguas indoeuropeas que llegaron son para nosotros re-

motas, conjeturales, detectables en los topónimos y nombres de ríos. N o

pertenecían a las familias posteriores, ramificadas luego variamente y bien co­ nocidas, origen de nuestras lenguas indoeuropeas actuales. Estas vienen del indoeuropeo que, desde más allá del Volga, penetró a partir de Ucrania

y los Balcanes y la llanura oriental europea en varias oleadas a partir del

tercer milenio antes de Cristo. Se extendió desde el 2000 a. C. por Grecia,

y desde el 1000 a. C., más o menos, por Italia, el centro y oeste de Europa y

España (lenguas itálicas, célticas, germánicas). Se añadieron las lenguas llegadas más tarde, desde fines del primer milenio antes de Cristo: las bál­ ticas y las eslavas, por no mencionar las lenguas menores, como el ilirio. Pero eran lenguas varias y diversas, que pertenecían a ramas diferentes del indoeuropeo, algunas extendidas también por Asia: no hubo nunca una lengua europea base de todas las posteriores. A estas lenguas indoeu­ ropeas se les añadieron miembros de familias lingüísticas no indoeuropeas ya mencionadas.

Las llanuras del centro de Asia, vieja matriz, lanzaron a numerosos

pueblos nómadas, tribus de culturas neolíticas y del bronce, apenas agra­ rias, sobre Europa. Una serie de datos sitúan a uno de estos pueblos, los in­ doeuropeos, por un tiempo, en la llanura que va del Volga al Dniester, en

lo que es hoy Ucrania y Rusia meridional. Algo he de decir sobre la cultura

de estos pueblos, reconstruida ya a partir del léxico, ya de datos arqueoló­

gicos e históricos, y sobre la de algunos pueblos no indoeuropeos que tam­ bién llegaron a Europa.

Pero para que, a partir de las lenguas indoeuropeas de Europa, cuya historia en alguna medida podemos reconstruir, y de las demás, podamos configurar, aunque sea en breve esbozo, una historia lingüística de Euro­

Prólogo

pa, habremos de considerar varios puntos que en este prólogo no hago sino mencionar:

1. El indoeuropeo tiene ciertas características estructurales, variables,

por lo demás, según épocas y lugares, cierta tipología que en alguna medi­

da se conserva en las lenguas indoeuropeas actuales. Trataré de ella.

2. Pero hay dos temas que no deben olvidarse. Primero, que las caracte­

rísticas centrales de todas las lenguas del mundo coinciden: hay unos uni­ versales lingüísticos (un derivado, sin duda, del fenómeno de la creación del lenguaje dentro de la historia del Homo sapiens, quizá en parte antes). Segundo, que, vecinas del indoeuropeo, hubo, en estrecho contacto, otras

familias lingüísticas: algo hemos de decir sobre las relaciones y diferencias. Hay una copiosa bibliografía y algo he escrito ya sobre ello.1'1

3. El indoeuropeo, como ya he dicho y es bien sabido, no es exclusivo

de Europa: continuó y continúa viviendo en Asia. En este libro, como en publicaciones mías anteriores que citaré en el lugar oportuno, lo consi­ deraré como un sistema en evolución, con diversas etapas cronológicas y locales. No es esta la imagen común: más generalmente se describe un in­ doeuropeo único, plano, por una inercia que se arrastra desde la recons­ trucción de Bopp hasta las de Brugmann, Meillet y otros, reconstruccio­ nes de una fecha en que todavía no eran conocidos el hetita y las lenguas anatolias. Aunque en lingüistas como Meillet, Hirt, Specht y Benveniste, entre otros, había ya notables anticipos de un estudio en profundidad del indoeuropeo.

He defendido esta idea en numerosas publicaciones a las que aludiré, también la abrazan otros lingüistas." Pero es terrible el poder de la inercia y la resistencia a las nuevas ideas, aunque el descubrimiento del hetita y el anatolio en general, así como el del tocario, en techa muy posterior a las primeras reconstrucciones del indoeuropeo a las que he aludido, haga im­ prescindible revisar todo el tema. N o existe, pues, una equivalencia del tipo indoeuropeo = lenguas de Europa. Las etapas del indoeuropeo son las mismas en Europa y fuera de Europa; hay entre ellas un paralelismo, dependiente, sin duda, de factores

internos de tipo estructural: desde el IE I, el preflexional, de tipo monosilá­ bico con mínima morfología, hasta el IE II o monotemático (el del anato­ lio, quedan huellas fuera de él) y el III o politemático (el de las lenguas de

ι8

Prólogo

Europa en general y otras fuera de ella). Este último es el que habitual­ mente es considerado, hoy todavía, como indoeuropeo a secas, el de la re­ construcción tradicional. Añado todavía el que he llamado IE IV, a saber, un IE III evolucionado cuyos rasgos comunes son independientes de la geografía: lo hallamos hoy día desde en la India e Irán hasta en toda Europa.12En todas las lenguas in­ doeuropeas de hoy: en todas las de Europa, pero no solo en ellas. Es tema muy complicado, que aquí intentaré exponer en forma simple.

4. En cambio, hay algo que sí tiene que ver, en el indoeuropeo, con la

historia de Europa: la creación de grandes lenguas nacionales y aun supra- nacionales, que han recubierto pequeños dialectos a veces conservados, a veces no. Nótese: «dialecto» es un concepto lingüístico, «lengua» es un concepto sociopolítico. Cuando se dieron las circunstancias adecuadas, los que eran pequeños dialectos — así el castellano de una mínima región, el francés de la Ile-de-Franee o el florentino, por ejemplo— se convirtieron

en grandes lenguas nacionales y culturales. He de estudiar este fenómeno. Igual había sucedido antes con el ático, dialecto inicialmente de una pe­ queña región; y el latín, dialecto meramente del Lacio. Se convirtieron en lenguas ampliamente habladas, en lenguas de política y cultura que, ade­ más, penetraron el futuro. Por supuesto, las grandes lenguas europeas han recibido la huella de las diferentes y sucesivas etapas culturales de sus naciones y ámbitos. Se han relacionado ampliamente, también, con las lenguas no indoeuropeas. Y han pasado a hablarse, algunas, en lejanas e importantes geografías.

5. Porque no todo es indoeuropeo en Europa, ya he dicho. Tenemos,

para dejar ahora las lenguas del substrato anterior a los indoeuropeos, dos lenguas de la familia lingüística finougria: una, el húngaro, que llegó a Europa a fines del siglo ix d. C.; otra, el finés, muy anterior. En cuanto al vasco, seguramente de origen asiático también, se piensa en el Cáucaso y se supone por lo general de fecha preindoeuropea; pero no puede precisarse. Su llegada al País Vasco español es posiblemente poste­ rior a su llegada a Aquitania, es de época rora;ma.'J Otras lenguas no in- doeuropeas que llegaron de Asia, como las de los hunos, ávaros, mongoles y turcos, o se perdieron o no echaron aquí raíces. Caen fuera, pues, de este libro.

Prólogo

En todo caso, el indoeuropeo no es solamente europeo y en Europa no hubo un solo indoeuropeo, sino variantes temporales y locales. En nuestros genes, por otra parte, pesa amplísimamente un substrato no indoeuropeo. Son similares los de la población de toda Europa, así como lo son los de la población del País Vasco y de las provincias limítrofes. Volveré sobre ello más adelante. N o hay, pues, en las tases más antiguas, una historia lingüística ni una tipología común a Europa. Europa es una aproximada unidad cultural y lingüística que se han creado paso a paso, no otra cosa. Y en una gradual aproximación de las lenguas europeas entre sí, en un momento en que ha­ bía escasa comunicación con Asia, el influjo de la lengua griega, directa­ mente o a través del latín, ha sido decisivo. En suma, el concepto de «indoeuropeo» no coincide con el de «Europa». Hay, eso sí, diversas ramas lingüísticas indoeuropeas en Europa, y hay va­ riantes tipológicas. Ha habido una evolución histórica, ha habido présta­

mos de las antiguas lenguas de cultura, que son el latín y el griego, ha habi­ do influjo del conjunto de las dos sobre las lenguas no indoeuropeas. Y algunos otros influjos exteriores.

6. Cuando existe una fragmentación dialectal o lingüística, pero tam­

bién una estrecha relación social y política, lo habitual es que se adopte una de las lenguas del conjunto como lengua común o general. Esto ha propi­ ciado la difusión, dentro de ciertos límites, de lenguas como el castellano, el francés, el italiano, el alemán, etc. El ático, en su forma de kpiné, fue len­

gua común entre los distintos dialectos griegos y también fuera (en Asia Menor, Siria, Palestina y Egipto, entre los búlgaros, en Nubia, etc., tam­ bién entre las clases cultas romanas). Influyó en todas partes enormemen­ te.14 Y el latín fue lengua común no solo en Roma, también en la Europa medieval entre los hombres cultos.

Luego, en fechas diferentes, el español y el italiano se hablaron fuera de las propias fronteras. Después el francés, como idioma diplomático e inter­ nacional, sobre todo desde el siglo xvm. Ya por esa fechase había perdido el latín como lengua común. Hoy la lengua común europea (e internacional) es, como se sabe, el inglés. Influye, por otra parte, en todas nuestras lenguas. Hay, pues, escalones de lenguas comunes y, bajo ellas, lenguas de difusión regional o dialectal. Los límites, de todas maneras, no son siempre claros.

20

Prólogo

η. Pero sí hay cierta unidad entre las distintas lenguas europeas, tam ­

bién entre las regionales y dialectales, en un sector im portante de las m is­ mas: el del léxico cultural, en un sentido m uy am plio. Su crecim iento es parte de la historia cultural de Europa, este léxico procede del griego por vías m uy distintas, luego del latín, y después se ha desarrollado en lugares m uy varios, y se ha transm itido también horizontalm ente, de unas lenguas

europeas a otras. T om an en préstamo palabras de diversos orígenes y de diversas transmisiones: la m ayor parte griegas y latinas, pero tam bién del m undo extraeuropeo, directamente o a través de calcos y traducciones. Este es el principal factor de unificación lingüística, aunque no pueden

silenciarse algunos elementos m orfológicos, sintácticos y literarios (estilís­

ticos, de

literario es un hecho lingüístico. C laro que los m odelos literarios y científi­ cos europeos se han extendido ya a todo el orbe: son parte de la cultura

europea y de su influjo. Efectivam ente, la antigua tradición grecolatina fue am pliada luego con desarrollos propios de varias lenguas que, a su vez, influyeron en otras len­ guas europeas. Son, sobre todo, el francés, el castellano, el italiano, el ale­ mán y el inglés. El influjo de la lengua y el de la literatura, a través de m o­

mentos diversos, no pueden separarse. Pero hay, todavía, otras tendencias unificadoras más sutiles. Las que se reflejan, por ejem plo, en sistemas de signos no alfabéticos, del m ismo m odo que hay otros sistemas de com unicación no lingüísticos que tam ­

bién tienden a unificarse. Este es el com plejo tema de este libro: cóm o en nuestras lenguas pervi­ ven viejas tradiciones previas a Europa y, a su lado, resultados de evolucio­ nes más o menos paralelas que también rebasan Europa. Y , dentro de esta, huellas dejadas por su propia historia. Tam bién elementos crecientes de unidad, en principio, de origen grecolatino (que a veces tiene raíces más le­ janas), pero unidos a evoluciones culturales que incluyen influjos horizon­ tales entre las diversas lenguas europeas en varios momentos de su historia. En nuestros días, las tendencias a la unificación del léxico europeo son más

fuertes que nunca. Porque, evidentem ente, no hay m otivo para establecer niveles o rangos entre las lenguas, en principio: bien ha insistido en ello M oreno C ab rera.11

géneros literarios, etc.). L a literatura es también lengua, un texto

Prólogo

21

N o es menos cierto que las lenguas pueden constituirse en instrum entos al

servicio de varias culturas, en este caso la europea y las europeas. El paso de las lenguas de la edad neolítica y del bronce a las que expresan hoy nuestra cultura e influyen en todas las del m undo es algo que merece estudiarse. Es

lo que intento en este libro. Pienso que este es un planteam iento original, al menos en parte, que es­

taba esperando a que alguien lo recogiera. H e intentado desarrollarlo en

form a accesible a las personas cultas, sim plificando las cosas excesivam en­

te técnicas, y apoyándom e, con frecuencia, en exposiciones anteriores.

M uchas de ellas son mías y se refieren a puntos m uy diversos. A algunas he hecho mención ya, a otras la haré luego. Eran tratamientos aislados, in­ dependientes, surgidos a partir de tal o cual interés m onográfico. Ahora los recojo, a veces abreviados, otras expandidos, tras haber llegado a la con­ clusión de que, en realidad, todos esos puntos tenían coherencia, se refe­ rían en definitiva al tema general de este libro.

C laro que esos tratamientos míos partían de estudios anteriores y a ve­ ces coincidían, a veces discrepaban, con los de otros estudiosos. Procuro hacerlo ver aquí, aunque voy a reducir en lo posible la erudición y la bi­

bliografía. Otras partes del libro proceden de ideas de diversos estudiosos que intento hacer encajar aquí, dentro de la red de temas que analizo.

O tras veces aún, finalm ente, lo que hago es más bien indicar ideas que de­

berán ser am pliadas acudiendo a otros lugares y autores, o que ofrecen su­ gerencias de temas de estudio que deberían ser explorados. D ivido, así, el libro en tres partes. L a prim era estudia los orígenes lin­

güísticos de Europa y su prehistoria dentro de un contexto indoeuropeo más amplio, pero inserto aquí en una determ inada geografía y una deter­

m inada fase de evolución lingüística. L a segunda atiende a las lenguas pro­

piam ente europeas y a su evolución a lo largo de su historia. La tercera, al contexto cultural de las lenguas de Europa y a las tendencias unificadoras que operan dentro de ellas. El libro une, pues, temas diferentes, siempre al servicio de una idea cen­ tral: la creación de una Europa lingüística y cultural a partir de unos oríge­ nes complejos, no solo europeos. Y ello mediante la guía de la línea de las

lenguas griega y latina, que atraviesa los siglos y proporciona el modelo para otras lenguas y culturas nacionales.

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Prólogo

7. Pero sí hay cierta unidad entre

las

distintas lenguas europeas, tam ­

bién entre las regionales y dialectales, en un sector im portante de las m is­

mas: el del léxico cultural, en un sentido m uy amplio. Su crecim iento es parte de la historia cultural de Europa, este léxico procede del griego por

vías m uy distintas, luego del latín, y después se ha desarrollado en lugares m uy varios, y se ha transm itido también hori/.ontalmente, de unas lenguas europeas a otras. T om an en préstam o palabras tic diversos orígenes y de

diversas transmisiones: la m ayor parte griegas y latinas, pero también del m undo extraeuropeo, directam ente o a través de calcos y traducciones.

Este es el principal factor de unificación lingüística, aunque no pueden silenciarse algunos elem entos m orfológicos, sintácticos y literarios (estilís­

ticos, de géneros literarios, etc.). L a literatura es también lengua, un texto literario es un hecho lingüístico. C laro que los m odelos literarios y científi­ cos europeos se han extendido ya a todo el orbe: son parte de la cultura

europea y de su influjo. Efectivam ente, la antigua tradición grecolatina fue am pliada luego con desarrollos propios de varias lenguas que, a su vez, influyeron en otras len­ guas europeas. Son, sobre todo, el francés, el castellano, el italiano, el ale­ mán y el inglés. El influjo de la lengua y el de la literatura, a través de m o­ mentos diversos, no pueden separarse. Pero hay, todavía, otras tendencias unificadoras más sutiles. Las qu e se

reflejan, por ejem plo, en

sistemas de signos no alfabéticos, del m ismo

m odo que hay otros sistemas de com unicación

bién tienden a unificarse. Este es el com plejo tem a de este libro: cóm o en nuestras lenguas pervi­ ven viejas tradiciones previas a Europa y, a su lado, resultados de evolucio­ nes más o menos paralelas que también rebasan Europa. Y , dentro de esta, huellas dejadas por su propia historia. T am bién elementos crecientes de unidad, en principio, de origen grecolatino (que a veces tiene raíces más le­

janas), pero unidos a evoluciones culturales que incluyen influjos horizon­ tales entre las diversas lenguas europeas en varios momentos de su historia. En nuestros días, las tendencias a la unificación del léxico europeo son más

fuertes que nunca. Porque, evidentemente, no hay m otivo para establecer niveles o rangos

entre las lenguas, en principio: bien ha insistido en ello M oreno C abrera.'5

no lingüísticos que tam ­

Prólogo

N o es menos cierto que las lenguas pueden constituirse en instrum entos al

servicio de varias culturas, en este caso la europea y las europeas. E l paso de las lenguas de la edad neolítica y del bronce a las que expresan hoy nuestra

cultura e influyen en todas las del m undo es algo que merece estudiarse. Es

lo que intento en este libro.

Pienso que este es un planteam iento original, al menos en parte, que es­ taba esperando a que alguien lo recogiera. H e intentado desarrollarlo en

form a accesible

a las personas cultas, sim plificando las cosas excesivam en­

te técnicas, y apoyándom e, con frecuencia, en exposiciones anteriores.

M uchas de ellas son mías y se refieren a puntos m uy diversos. A algunas

he hecho m ención ya, a otras la haré luego. Eran tratam ientos aislados, in­ dependientes, surgidos a partir de tal o cual interés m onográfico. Ahora los recojo, a veces abreviados, otras expandidos, tras haber llegado a la con­ clusión de que, en realidad, todos esos puntos tenían coherencia, se refe­ rían en definitiva al tema general de este libro. C laro que esos tratamientos míos partían de estudios anteriores y a ve­ ces coincidían, a veces discrepaban, con los de otros estudiosos. Procuro

hacerlo ver aquí, aunque voy a reducir en lo posible la erudición y la bi­

bliografía. Otras partes del libro proceden de ideas de diversos estudiosos

qu e intento hacer encajar aquí, dentro de la red de temas que analizo.

O tras veces aún, finalm ente, lo que hago es más bien indicar ideas que de­ berán ser ampliadas acudiendo a otros lugares y autores, o que ofrecen su­ gerencias de temas de estudio que deberían ser explorados.

D ivido, así, el libro en tres partes. La primera estudia los orígenes lin­

güísticos de Europa y su prehistoria dentro de un contexto indoeuropeo más amplio, pero inserto aquí en una determ inada geografía y una deter­

m inada fase de evolución lingüística. La segunda atiende a las lenguas pro­

piam ente europeas y a su evolución a lo largo de su historia. La tercera, al contexto cultural de las lenguas de Europa y a las tendencias unificadoras que operan dentro de ellas.

El libro une, pues, temas diferentes, siempre al servicio de una idea cen­

tral: la creación de una Europa lingüística y cultural a partir de unos oríge­

nes com plejos, no solo europeos. Y ello mediante la guía de la línea de las lenguas griega y latina, que atraviesa los siglos y proporciona el modelo para otras lenguas y culturas nacionales.

11

Prólogo

Rehuye el libro una erudición excesiva y ofrece

materiales m ultiform es,

unos más conocidos que otros, que unidos cobran sentido. A veces expone cosas que son nuevas sin duda para m uchos (así lo relativo a los orígenes indoeuropeos, que sigue fundam entalm ente ideas mías), otras veces he­ chos varios bien conocidos sobre lenguas y culturas de Europa, antiguas y

modernas. Pero lo novedoso del libro, más qu e sus materiales, es que intenta trazar una línea que una unos y otros hechos y muestre cóm o fue creándose, a partir de ellos, esc conjunto lingüístico y cultural que llamarnos Europa. Pues la lengua es inseparable del resto de la cultura, y el resto de la cultura se com prende mal sin las lenguas en que se expresa — y que la m oldean ofreciendo su modelo.

PRIMERA

PARTE

LAS RAÍCES LINGÜÍSTICAS DE EUROPA

E L

Y

Γ

L E N G U A S

N O

IN D O E U R O P E A S

E N

IN D O E U R O P E A S

E U R O P A

V IS IÓ N

G E N E R A L

NÚ CLEO DE NUESTRAS LENGUAS INDOEUROPEAS

El núcleo de las lenguas indoeuropeas de Europa (y de las demás) está en un sector de las lenguas indoeuropeas que penetró en ella, ya he dicho, des­

de el este, desde la llanura que va del V olga al D niester, pero que venía, en definitiva, del Asia central y también pasó al A sia que va de Anatolia a la India, bien por el Cáucaso, bien desde la península Balcánica.

U n m om ento de

su avance, o de uno de sus avances, estuvo represen­

tado por la llam ada cultura de los kurganes o túm ulos funerarios, locali­ zada en U crania a partir del quinto m ilenio antes de Cristo, pero también más hacia el este y, luego, hacia el oeste, hasta B ulgaria, H u ngría, M ace­ donia y G recia, y más allá (véase más adelante). L o s constructores de los kurganes pertenecían a un pueblo fundam entalm ente ganadero, seminó- m ada, guerrero, que se m ovía a lom os del caballo, com o tantos pueblos sucesores suyos. H abían dom esticado al perro, la oveja, el cerdo, etc., cu­ yos restos se encuentran en los kurganes. El estudio del polen revela la

existencia del haya, el abedul, el roble. Enterraban a sus m uertos, boca arriba y teñidos de ocre, con sus caba­ llos. A partir de aquí esta cultura se difundió, por un lado, en dirección a Europa y, por otro, a A natolia, Irán y la India, com o acabo de decir, entre

otros lugares. Había varios estratos de pueblos indoeuropeos, que tam poco se excluye qu e procedieran del Asia septentrional y la región que llega hasta el Pacífi­ co; y, desde luego, lanzaron hordas invasores en varias direcciones. A de­

2(ί

Las raíces lingüísticas de Europa

lanto lo que, en definitiva, pienso sobre el tema, para luego profundizar más en detalle y presentar diversas teorías. Prim ero, vino la argum entación lingüística; luego, la arqueológica e histórica. La com paración lingüística, que com enzó ya en el siglo xix con la obra

tras el descubrim iento, a fines del siglo x vm , de la

europeas, dem ostró que hubo

un fondo lingüístico com ún, más o menos unitario, del que proceden los grupos de lenguas mencionados. Son las lenguas indoeuropeas, que, a par­ tir de aquí, se crearon y continuaron luego fragm entándose. T ras la especulación que situaba la India en el origen de todo, relacio­ nada sin duda con el libro de Schlegel Ueber die Sprache und Weisheit der Inder, de 1807, vino la ola de los estudiosos alem anes, que em plazaban a los indoeuropeos originales en la llanura alem ana, com o m ucho hasta Polo­ nia. Filo desde A dalbert K u hn (han seguido luego Kosinna, Bosch-Gim - pcra, H ausler y m uchos otros): eran altos y rubios, algo así com o los anti­ guos germ anos. Luego vinieron los estudiosos que, desde A . Pictet, los situaron en Asia. Pero de esto hablaremos más adelante.

caso, la com paración lingüística reconstruía el esquem a de una

lengua indoeuropea com ún. Esta lengua de la reconstrucción tradicional de los indoeuropeístas, que debe fecharse a partir del 2500 a. C ., es aquella de

la que surgieron las grandes familias lingüísticas conocidas. Este es el estrato que llam o IE III, porque los datos arqueológicos — las

culturas de los kurganes m ás antiguas, desde el quinto m ilenio, com o he

de F ra n z Bopp, de 1816, semejanza del sánscrito

y diversas lenguas

En todo

dicho— y datos lingüísticos que verem os, hacen pensar en la existencia de uno o varios indoeuropeos anteriores, Pero volvam os a la expansión del indoeuropeo a partir, com o digo, del 2500 a. C , más o menos: del que muchos califican, simplemente, com o «el in­ doeuropeo» y en este libro se define com o una de sus fases, la última antes de su dispersión. Solo por la difusión de los pueblos y lenguas indoeuropeos a partir de un punto geográfico interm edio entre todos ellos puede com prenderse el parentesco de las lenguas que van del indio y el tocario en el este, en A sia, hasta el celta en el occidente de Europa. Ese punto interm edio entre los

que partieron hacia el este y los que lo hicieron hacia el oeste (unos y otros luego, a veces, bajaron hacia el sur: hacia el M editerráneo o la India

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

iZ

m

eridional) está, exactam ente, en la cultura de los kurganes, al norte del

m

ar N egro, y por el este hasta el V o lga, incluso el lago A ral y el R aza-

kistán .1 Es, hoy, la más generalm ente aceptada patria del pueblo indo­

europeo. A unq ue ha podido ser, insisto, tan solo una escala de paso en sus m igra­ ciones; y ha producido distintas oleadas de pueblos antes de la más recien­

te, de la que ahora m e ocupo. D e algunas hay huella en el llam ado «anti­

guo europeo*, del que hablaré. Las lenguas indoeuropeas cuyos descendientes han llegado a nosotros (y

a varias partes de Asia) son varias, pero podríamos dividirlas en dos grupos:*

EL CINTURÓN INDOEUROPEO M ERIDIONAL

Existió un cinturón m eridional de lenguas indoeuropeas, el que en la A n ­

tigüedad com enzaba en E uropa con el tracio y el griego, y continuaba en

A sia M enor con el frigio, el armenio y, más allá, el indoiranio (también pre­

sente en A sia central y en varios pueblos al norte del m ar N egro y en los Balcanes: escitas, etc.). Son lenguas m uy estrecham ente em parentadas en­

tre sí, es el grupo que llam arem os IE III A . Este cinturón quedó fragm entado en dos grupos, que se m ovieron en

direcciones contrarias. U n prim er grup o se desplazó desde la llanura de

U

crania hacia O ccidente, bordeando el mar

N e g ro y girando luego hacia

el

sur. C reó el tracio y el griego (y otras lenguas, hoy perdidas, sin duda). Y

a

partir de un m om ento, atravesando el Bosforo y los Dardanelos, dejando

atrás el tracio y el griego, siguió hacia A natolia, donde creó el frigio y el ar­

m enio, ya en Asia M enor. Se im puso allí a un indoeuropeo de fecha ante­

rior, el anatolio, del que tengo que hablar. Pero, volviendo al IE III A , un segundo grupo, el del indoiranio, con­ trariam ente a lo que hicieron los pueblos y lenguas que acabo de citar, se dirigió desde Ucrania (donde dejó, ya digo, huellas) hacia el este, por el

Cáucaso y bordeando el mar Caspio. A través de la llanura de G organ pe­ netró en Irán, donde perm aneció el iranio: lo encontram os en la Babilonia

del siglo x v i i i (casitas) y hay huella de él en el pueblo de M itanni, en el si­ glo XIV, Otra lengua de este grupo, el indio, pasó hacia el este a través del In-

28

Las raíces lingüisticas de Europa

dukush, y se asentó en la cuenca del Indo; luego siguió más hacia el este hasta el golfo de Bengala, luego hacia el sur.

D ad o que la llegada del griego y el indio a las que habían de ser sus pa­ trias se fecha hacia el 2000 a .C ., estos dos m ovim ientos de pueblos en dos sentidos contrarios deben situarse a finales del tercer milenio antes de Cristo.

N o describo aquí sino las lenguas generales, no la rica variedad de dialec­

tos geográficos y temporales, ni las lenguas que, a partir de ellos, han llega­ do hasta hoy m ism o com o descendientes del iranio y el indio: del kurdo, el farsi y el pastum al hindi, el bengalí y otras varias en la India. H an llegado también hasta hoy el griego m oderno, descendiente de la kpiné o griego he­

lenístico, y el arm enio; no el tracio ni el frigio ni otras lenguas

Este indoeuropeo al que me refiero con el nom bre de IE III A (el del cin­ turón meridional) y que describiré en el m om ento adecuado poseía, como he

dicho, los rasgos que habitualmente se atribuyen al indoeuropeo a secas. Pues

la reconstrucción tradicional se hacía sobre el griego y, sobre todo, el sánscrito.

Es el que a las características generales del IE III (pérdida de los fone­ mas laringales, creación de flexiones nom inales y verbales en las que se oponen varios temas derivados de una m isma raíz y con un valor gram ati­ cal propio cada uno) añadía innovaciones m últiples. Innovaciones muy ca­ racterísticas, como nuevos desarrollos del politematism o (flexiones nom i­

nales y verbales que oponen varios temas, no solo desinencias), así como tiempos y aspectos, com o el futuro y el perfecto y modos verbales. Se suele postular que si hay rasgos de este IE I I I A que faltan en el IE III B,

el del cinturón septentrional que va del tocarlo y el báltico al celta, se debe a

que este los ha perdido. En realidad, el IE III B no aceptó simplemente algu­

nas de las innovaciones del IE III A , que es más arcaico. A un que a veces con­ serva arcaísmos que el IE III A perdió, como veremos. Y presenta innovacio­ nes propias, sobre rodo, la conjugación verbal sobre solo dos temas diferentes. Expondré todo esto. Y también las fases del 1E anteriores a la III: entre ellas, la del IE II, más antiguo, preservado en alguna medida en el anatolio, que pasó hacia el sur, se supone, a través del Cáucaso; y la del IE I o prefle-

xional, más antiguo aún, deducido de consideraciones teóricas. L a solución del problema indoeuropeo y del origen y m ovim ientos de los distintos pue­ blos y lenguas indoeuropeos no era, com o se ve, tan simple.

más.

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

*9

F.L C IN TU R Ó N INDOEUROPEO SEPTEN TRIO N AL

Pero, antes de hablar de las fases arcaicas del IE , debo mencionar las gran­ des unidades lingüísticas del cinturón indoeuropeo septentrional, el de las lenguas bálticas, las eslavas, las célticas, las itálicas y las germ ánicas en Euro­ pa, más algunas menores (y el tocario en Asia). Form an un grupo de lenguas con varios rasgos comunes, son las madres de todas las actuales lenguas indoeuropeas de Europa salvo el griego. Y pro­ ceden de un cinturón de lenguas indoeuropeas que, desde la zona de los

kurganes, se desplazaron, por

peo, en dirección a la llanura

el norte del cinturón m eridional indoeuro­ europea. A u n q u e hubo tam bién un m ovi­

m

iento hacia el este, el del tocario. U n grupo, el form ado por las lenguas m encionadas, se desp lazó hacia

el

oeste por el norte de los C árpatos después del año 1000 a. C ., y se esta­

bleció en Europa; un segundo grupo m ucho m enor, el del tocario, se des­ p lazó hacia el este y perdió el contacto con el anterior, aun conservando

rasgos lingüísticos com unes. C reó, com o digo, el tocario (conocido en te­ cha tardía, siglos v-vm d. C .) con sus dos ramas A y B. Se estableció en el

S in kian g, al este de los m ontes T ie n Shan, en los oasis de T u rfá n y K u ­

cha. Ignoram os la fecha de este desplazam iento: el caso es qu e el tocario «se extravió» hacia el este, por así decirlo, rom piendo el contacto con las

lenguas occidentales,

con estas otras lenguas, conservó tam bién arcaísmos y desarrolló innova­

ciones. T od o este grupo de lenguas tiene características comunes: es el que lla­

m o IE III B, aquellas de cuyas lenguas que penetraron en F.uropa, a partir

de un cierto momento, creo que ya dentro de ella, establecieron secunda­ riamente un contacto con las del IE III A , el indoeuropeo m eridional, lo que quedó reflejado en una serie de préstamos. Verem os el detalle. Son lenguas las del IE 111 B (las de Europa y el tocario en Asia) que, por un lado, frente al IE III A , presentan arcaísmos (a veces les faltan los m o­ dos, el futuro o el perfecto) e innovaciones. Tales, en el verbo, la reducción del sistema politemático (presente / aoristo / perfecto / futuro, con inclu­ sión en él de los modos) a uno bitem ático, com o ya he dicho: solo tienen un pretérito, que es un antiguo im perfecto, aoristo o perfecto. H ay otras inno­

com o he dicho. Q uedaron en el rasgos comunes

3Ü

Las raías lingüísticas de Europa

vaciones com unes a todas o parte de estas lenguas. El tocario es, dentro de

ellas, desde luego, un caso especial. L as huellas históricas de estas lenguas derivadas del IE III B son m ás

recientes que las del gru p o del griego, el indoiranio y las dem ás lenguas

del IE III A . Es m uy fácil que los orígenes de los grupos lingüísticos d e ­

rivados del IE III B no sean anteriores al año 1000 a .C ., y varios, poste­

riores. Todos estos son elementales argum entos lingüísticos e históricos que

apenas han sido tenidos en cuenta. H ay que completarlos con otros basa­

dos en lo que sabemos, a través del léxico, del pueblo indoeuropeo y su cul­

tura: es la llam ada paleontología lingüística. T o d o ello en conexión con los datos arqueológicos y con las diferentes hipótesis sobre fases del indoeuro­

peo anteriores a la aquí reseñada (las fases II y I, ya aludidas) o bien sobre

localizaciones diferentes que se han propuesto.

CONCLUSIONES SOBRE LOS INDOEUROPEOS

DE LA TERCERA OLEADA (lE 111) EN EUROPA

N uestra concepción es simple. H u b o un desplazam iento desde el este de

dos grupos de pueblos, u no situado al norte (el III B) y otro al sur (el III A )

de los Cárpatos, en dirección al oeste (salvo el caso del tocario); todo ello a

partir de un centro com ún. Pero un subgrupo del III A bajó a Irán, com o

ya he dicho. Y hubo luego una bajada secundaria de algunos de estos pue­

blos hacia el sur, a saber: los de Europa hacia el M editerráneo, luego hacia

A n ato lia ;el otro sector, desde Irán hacia la India.

T odos estos son en buena m edida hechos ya históricos que no son sino

la continuación del proceso de la expansión del indoeuropeo.

Tam bién son históricos, por ejem plo, los m ovim iento de baltos, esla­

vos, celtas y germ anos cada vez más hacia el oeste; se da por así decirlo

ante nuestros ojos. E igual el descenso, fenóm eno secundario, de los grie­

gos, itálicos y celtas hacia el sur, al que ya he aludido. Puede techarse el de los

primeros desde el año 2000 a. C ., el de los otros hacia el 1000 a. C . E histórica

es la entrada de los indios en la India, com o he dicho, y su expansión cada

vez más al este y al sur, tras el período védico. Los tocarios, a su vez, son

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

i i

claram ente unos intrusos en el Sin kian g, sus parientes lingüísticos están en Europa.

Y la hipótesis de los dos «cinturones» indoeuropeos, uno al sur y otro al

norte, nacidos ambos de la cultura de los kurganes, no es sino la consecuen­

cia de que, efectivam ente, los pueblos derivados del prim ero y

g u n d o estaban en época histórica y en la anterior en esas mismas posiciones

relativas: sur y norte. Hechos tan simples apenas son tenidos en cuenta, se prefieren en general hipótesis arqueológicas y paleolingüísticas por lo menos dudosas. Verem os algunas. Y, sin embargo, está bien claro que la penetración de los indoeuro­ peos hacia el sur en Europa es secundaria: persistieron por un tiempo lenguas no indoeuropeas en Creta y en la misma Grecia (la toponim ia y los préstamos lexicales de lenguas no indoeuropeas lo atestiguan), en Sicilia, en Iberia. E igual en el centro y sur de la India, donde sigue hablándose el dravídico. Solo el em puje sucesivo de pueblos diversos en fases sucesivas y a partir de un centro com ún, em puje hacia el este y oeste, luego hacia el sur, expli­ ca las cosas. T o d o esto lo confirm an, com o he dicho, los m ovim ientos de pueblos posteriores en Europa: los de los guerreros nóm adas, indoeuropeos y no,

que invadieron repetidam ente Europa desde la llanura euroasiática (sár matas, escitas, hunos, finougrios, m ongoles, turcos, etc.); algunos, com o los hunos y los m ongoles, invadieron también el A sia oriental, otros, corno los sacas y kusanes, la India, los partos Irán.

los del se­

E incluso conocemos en detalle cómo fueron, en edad plenamente his­

tórica, los m ovim ientos de celtas y germ anos: sucesivas invasiones de tri­ bus varias en direcciones varias, superposiciones tam bién varias. N o hay más que pensar en las correrías y guerras de cim brios y teutones,3de godos también; en los diversos dialectos germ ánicos que están en la base del in­ glés (los de anglos, juros, sajones, frisones), sobre un substrato céltico; y en las sucesivas llegadas de los pueblos itálicos a Italia. Es el indoeuropeo evolucionado, el III, el que, partiendo tras el año 2500 de ese centro del que he hablado, la estepa europea de U crania y el sur de Rusia, se difundió por el m undo.

Y ello tras otras fases más arcaicas que yo sitúo en dos fechas diferentes,

más antiguas. Porque habría que hablar, ya he dicho, del m ás antiguo in-

31

Las raíces lingüísticas de Europa

doeuropeo, que se extendió por E uropa, seguram ente, desde el quinto m i­

lenio antes de Cristo. Es difícil decidir si pertenecía al IE III o a uno más arcaico. Está claro, en cambio, que otro indoeuropeo arcaico, el que he llam ado II,

representado para nosotros por

sin duda a través del Cáucaso. Y

silábico, que solo se puede detectar por m étodos lingüísticos a partir de huellas que ha dejado en varias lenguas. D e todo ello y de la cultura del pueblo indoeuropeo y las diversas hipó­ tesis sobre su origen, la que he expuesto aquí y otras más, hablaré más ade­ lante. Pero antes de ocuparm e de todo esto y de exponer las relaciones del indoeuropeo con otras ramas lingüísticas y p rofun dizar en la historia de sus estratos sucesivos, debo decir algunas cosas sobre la Europa lingüística antes de los indoeuropeos. Porque las lenguas indoeuropeas, que han ocupado casi toda Europa (y, desde ella, buena parte del mundo), son, por su origen, insisto, ajenas a Europa. Y llegaron a ella en una fase relativamente tardía. A unque, a partir de pueblos indoeuropeos que fuera de Europa conservaron estados lingüís­ ticos arcaicos (el anatolio y el tocario, sobre todo) y de la propia reconstruc­ ción interna, podemos deducir algunas cosas sobre los estadios indoeuropeos más antiguos, m uy diferentes de los que conservamos, cuya evolución den­

tro de Europa se puede seguir más fácilm ente y estudiaremos también.

el anatolio, bajó directam ente a Anatolia, que antes existió el I, no flexional y m ono­

E U R O P A

A N T E S

DE LOS

LA EUROPA PREHISTÓRICA

IN D O E U R O PE O S

Por supuesto, los indoeuropeos no llegaron a un continente (península continental, más bien) vacío, ni siquiera los de la prim era oleada, de en tor­ no al 5000 a. C ., m enos los de la últim a oleada, de la que salieron los grupos lingüísticos conocidos, tras el 2500 a. C . Estaba poblada por cazadores y re­ colectores. Es conocido el llam ado Homo antecessor, de la Gran Dolina de A tapuerca, en torno al 800000 a. C . L u ego siguieron el ergaster y el erectus y desde el 130000 (otros dan fechas más bajas) estaban aquí los neandertales,

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

i i

sucesores de los heidelbergenses (últimamente se ha propuesto el 500000 a. C. para un cráneo heidelhergense, no sé con qué exactitud) y de características

físicas no distantes ya de las del

hom bre moderno.

Y hacia el 40000 a. C . llegó el Homo sapiens, llam ado aquí de C rom a-

ñón. Salido de A frica hacia el 100000 a. C . o antes, se expandió igual que las oleadas anteriores. Acabó, por exterm inio o fusión, con los ncandertales,4 desaparecidos hacia el año 30000 a. C . V ino, seguram ente, a través de Pa­

lestina y la Europa oriental.

aproxim adam ente, aparecieron el arte

paleolítico (en España y Francia) y el arte m obiliar en general (desde el

norte de España hasta cerca del Volga). Este hom bre tenía una capacidad craneana semejante a la nuestra, una m em oria que se traducía en m itos y ritos (incluidos los funerarios), una serie tic técnicas y comportamientos. N o estaba dem asiado alejado del otro Homo sapiens, venido de las estepas

N egro hasta el V o lga y más allá, a saber, los indoeuropeos. Homo sapiens, sin duda, el lenguaje, que según algunos ya

poseían, en el grado que fuera, el ergaster, el erectus y, sobre todo, el nean- dertal. En todo caso, y prescindiendo de precedentes, las características ge­

nerales de la hum anidad y del

fundidas por todo el m undo, proceden de la propia difusión m undial del Homo sapiens. Las he recogido en otro libro ya citado.’ N o es de extrañar

qu e los habitantes de Europa

lar, aprender, su lengua o sus lenguas. Estas lenguas del Homo sapiens se im­

poco quedó de las antiguas, y ello en los bordes de las lenguas

indoeuropeas, allí donde estas tardaron más en llegar (véase más adelante). Porque hay una cosa que añadir a lo hasta aquí dicho. Las oleadas del Homo sapiens indoeuropeo que penetraron en Europa (y en parte de Asia, com o he dicho) a partir del 5000 a. C ., deben ser concebidas como pequeñas bandas que se sucedían, combatían, superponían. En la época que contem ­ plamos, las características antropológicas de la región que nos interesa han

cam biado m uy poco, a juzgar por los rasgos craneanos, los genes y el A D N V

Y es m uy difícil encontrar variaciones culturales y movim ientos de

pueblos en la Europa neolítica — argum ento que utilizaban los viejos in-

pusieron: m uy

qu e van del m ar Dom inaba el

N ótese que desde el 35000 a. C .,

lenguaje hum ano actuales, características di­

que el Homo sapiens encontró pudieran asimi­

doeuropeístas (y algunos hoy todavía) para situar en la llanura alem ana (a veces extendida a la polaca) el origen del pueblo indoeuropeo— . D e él

34

Las raíces lingüísticas de Europa

form arían parte los pueblos de la cerám ica de cordones (Schnurkeramifyer), de la cerám ica de bandas (Bandberamiker), del hacha de guerra (Streitaxt). Se consideran em parentados o descendientes del pueblo o los pueblos de

los kurganes.

¿CON QUIÉNES SE ENCONTRARON

EN EUROPA LOS INDOEUROPEOS?

Pero, dejando de lado, de m om ento, el resto de las culturas europeas, ¿con quiénes se encontraron prim ero en E uropa los indoeuropeos de la prim era oleada, en el quinto m ilenio? Sin duda, con la llam ada por G im butas y otros cultura de la V ieja Europa (OldEurope).7 Son las culturas neolíticas (al final usaron tam bién el cobre) de G ucute-

 

y T ripolje, entre otras; en realidad esta cultura se prolongaba por Grecia

y

el sur de Italia, a ella pertenecía en definitiva, sin duda, la cultura del

E

geo,s la

m inoica

de C reta y la de Satal H iiy íik y

su zona en A sia M enor.

Culturas agrarias cuyos cultos estaban centrados en el de la diosa, protecto­

ra de los anim ales y de la fecundidad. D ejó una huella im portante en la

G recia posterior.

Estos preindoeuropeos tenían pequeñas casas y capillas, signos de escri­ tura, también animales domésticos (ovejas, cabras, cerdos) y salvajes (lobo, oso), pescaban y cazaban. N o se encuentran huellas de estratificación social

ni de fortificaciones. Son estas culturas, que alguien ha calificado de agrarias y fem eninas,

las que cayeron en manos de los indoeuropeos, hacia la m itad del quinto

m ilenio e igual más tarde las del M editerráneo. T raían una cultura «mas­

culina» y guerrera de la que luego hablarem os, viajaban con sus caballos y

sus carros tirados por

dios y tirado por caballos es posterior a la prim era oleada.’ Construían fuertes en las alturas, los rodeaban de m uros de barro, tenían una rigurosa

organización tribal y m ilitar, com o verem os más adelante. Y penetraron cada vez más hacia el oeste, adonde llevaron sus túm ulos o kurganes; se en­

cuentran en Bohem ia y A lem ania, así com o en la cultura micénica de G re ­ cia, incluso en el norte de la península Ibérica y de Italia, hasta en los Países

Bajos."* T am bién, com o ya he dicho, hacia el este.

bóvidos. E l carro de com bate con dos ruedas con ra­

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

Esta cultura neolítica y calcolítica de la V ieja Europa es la que m ejor

conocem os en la Europa preindoeuropea, tras las culturas paleolíticas a las que he aludido.

m ilenios cuarto

y tercero antes de Cristo, que ha dejado sus m enhires y sus dólm enes en

España y Portugal, en Bretaña, en Inglaterra y D inam arca; tam bién sus conjuntos cultuales de m enhires en España y en las costas atlánticas de Francia, Inglaterra y Dinam arca (alineamientos de Carnac, círculos de Sto­ nehenge, sobre todo). Y sus enterram ientos y sus templos en M alta, del 3800 al 2500, es decir, cuando los indoeuropeos habían ya destruido la cul­ tura de la A n tigu a Europa, antes de la tercera oleada y del bronce. T e m ­ plos en que se daba culto a la diosa. Es la culminación de todo esto, junto con el arte parietal de las cuevas del levante español, la cerámica de varios tipos, los tejidos. Algunos consideran los megalitos de origen oriental, parece que se desarrollaron a partir de Espa­ ña." Posiblemente, todo el N eolítico recibió influjos orientales. Pero los indo­ europeos, procedentes de las grandes llanuras euroasiáticas, representaban, com o otros nómadas, un tipo diferente de cultura, de raigambre en último térm ino paleolítica: cazadores, recolectores, guerreros. Fn cuanto a las culturas neolíticas de Alem ania y Europa central a las que he aludido, se piensa que eran ya indoeuropeas,11 aunque hay quien lo

duda;'3en todo caso, no se halla una ruptura cultural notable. Y existían cul­ turas indoeuropeas procedentes de las oleadas más antiguas, de las que queda huella en la toponimia y, sobre todo, en la hidronimia: hablaré de ellas.

Pero hay que añadir la cultura de los m egalitos, de los

LAS LENGUAS PREINDOEUROPEAS. EL VASCO

P ero en lo relativo a la lengua, el substrato preindoeuropeo de Europa es

m al conocido. K .H . Schm id lo

A lg o se puede investigar en la toponimia: se pueden buscar raíces no in­

doeuropeas en la toponim ia de Europa, se han propuesto algunas como car{r)a, «piedra».15O tras veces es dudoso si ciertos topónim os son preindo-

europeos o pertenecen a capas indoeuropeas antiguas (de eso hablaré más adelante). En España hay, desde luego, topónimos ibéricos y vascos.

postula para el celta insular (y el tocario).'4

Las raíces lingüísticas de Europa

Por otra parte, sabemos de lenguas preindoeuropeas en Europa. T a m ­ bién en Asia, por supuesto, com o la lengua de la civilización del Indo (no

descifrada), el hatti, el hurrita, el sum erio, el m itanni, el elam ita y el draví- dico. D ejo este tema fuera de este libro.

Pero en Europa, ya que no han perdurado lenguas preindoeuropeas

dentro de su espacio, salvo el vasco, han existido y a veces siguen existiendo

en su entorno lenguas no indoeuropeas varias. N o incluyo entre ellas el

etrusco: creo que es indoeuropeo anatolio venido de Asia, com o dice H ero­ doto; hablaré de ello más adelante,16 Están, por el norte, el esquimal; por el este, el uraloaltaico, sobre todo, dentro de él, el finés y algunas lenguas minoritarias (estonio, carelio, vepsio, lapón, votiaco, dría no, rnari o cheremisio, mordovo), mientras que el húnga­ ro ya sallemos que penetró en fecha medieval en I lungría;1 por el sudoeste

las lenguas caucásicas septentrionales y meridionales. D e algunas de las len­

guas altaicas (de las subfamilias túrquicas y m ongolas, iniciadas por los hu­ nos) no ha quedado sino un pequeño enclave de las primeras en la T urq uía

europea (salvo pequeños grupos en la

taicos ocuparon en tiempos parte del espacio posterior del báltico y eslavo. T o d a la Europa mediterránea estaba bordeada de lenguas no indoeuro­ peas, Para em pezar, G recia: el léxico griego contiene un gran núm ero de palabras no indoeuropeas. Y los escritores griegos nos hablan de léleges, ti-

rrenos, pelasgos y carios en G recia, si bien eran indoeuropeos los carios y, a

mi parecer los tirrenos o etruscos (y su principal docum ento fuera de Italia, la

estela de Lem nos). Y ello se ha postulado m uchas veces para el pelásgico.1*

antigua Unión Soviética). U ralos y al­

Y no indoeuropea era la lengua de la escritura Lineal A

de Creta, s

duda la del disco de Festo, también la de los eteocretenses de la que habla

H

om ero (üd. X IX 176). Y el ciprom inoico hablado en C hipre del siglo xvi

al

iv a .C . H abría que continuar con Sicilia y hablar de los sicanos y los élimos de

la

A ntigüedad. Sin duda ocuparían más espacio antes de la llegada de los

indoeuropeos; a saber, los pueblos itálicos y los latinos, venidos del norte en varias oleadas. E n la península Ibérica hay que contar, naturalm ente, con el ibérico y el tartesio, extintos desde la Antigüedad: nada sabemos sobre sus orígenes.'51 Pero está, sobre todo, el vasco, hablado hoy todavía. El hecho es que tuvo, en

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

un m om ento

tual, a juzgar por los topónimos; pero en la A ntigüedad estaba m ucho más

im plantado en Aquitania que en el actual País Vasco español, donde la to­

ponim ia es casi toda indoeuropea y céltica: vasca solo a partir del siglo i a. C. Lenguas no indoeuropeas ya citadas son el húngaro, llegado a H ungría

recientem ente, en el año 896, donde se m antuvo (su extensión

rebasa con m ucho la m oderna H ungría). Pertenece al grupo finougrio, qu e vivía en la zona de bosques y lagos tie la Europa nordoriental y Siberia

noroccidental. Lenguas ya citadas de este grupo, com o el finés y el estonio,

se situaron desde el año 2000 a. C ., en próxim o contacto con el báltico, en

zonas septentrionales en torno al propio m ar Báltico. Fuera de estos casos, han sido las lenguas indoeuropeas de la tercera

oleada, las del IE III, las que se han impuesto en Europa (y en Asia) y pro­ ducido descendientes: los hasta aquí m encionados y otros menores, como

el ilirio, el venéfico y el inesapio.

E n Fin, con las excepciones qu e he citado de invasiones secundarias, los indoeuropeos trajeron a Europa su cultura patriarcal y guerrera, se fun­ dieron con el N eolítico europeo e hicieron avanzar una cultura com ún ya en la edad de los metales. Y vaciaron a Europa de sus antiguas lenguas, crean­ do otras nuevas y unos nuevos pueblos. A l final, ya en la Edad M edia, fun­ daron m onarquías sedentarias que siguieron, aunque a larga distancia, los antiguos modelos grecolatinos.

m ucho más

m edieval dentro de España, una extensión m ayor que la ac­

Europa ha estado en riesgo, varias veces, de perder la supremacía in­ doeuropea: ante los hunos y los uraloaltaicos en general (incluidos los turcos), ante los árabes semitas. Pero se ha convertido en un continente indoeuropeo con pequeños enclaves ajenos, qu e quedaron inmersos, en definitiva, en la cultura indoeuropea."

¿Q U IÉ N E S

ERAN

LO S

lN D O E U R O P E O S ?C U L T U R A

LA C U LTU R A DE LOS INDOEUROPEOS

Y

O R IG E N E S

D esde F ran z Bopp, el indoeuropeo, reconstruido a partir del estudio de las

lenguas indoeuropeas conocidas en aquel m om ento (no, todavía, las len­

38

Las raíces lingüísticas de Europa

guas anatolias y el tocario), fue considerado com o una lengua unitaria. Se le atribuía lo que era com ún al m ayor núm ero posible de lenguas. Se re­ construía así un sistema fonético indoeuropeo y otro m orfológico, a partir,

sobre todo, del sánscrito y el griego. Si algun o de sus rasgos faltaba en cier­ tas lenguas (caso de la flexión nom inal, el perfecto, los modos, por ejem ­

plo), se consideraba qu e era porque

Apenas si poco a poco, ya en el siglo x x , se intentó establecer fases y dialectos dentro del indoeuropeo por obra de M eillet, H irt, Spccht, Ben- veniste, K u ry lo w icz y otros. N o se llegó m u y lejos. Para el autor de este libro el indoeuropeo reconstruido por Bopp, Schleicher y B rugm ann, entre otros, no es sino «un» indoeuropeo, el IE III A , el qu e está en la base del griego, el indoiranio y su grupo. El IE III B, com o ya he dicho,

a veces coincide, a veces carece de ciertas innovaciones o añade otras, a ve­ ces es más arcaico.

lo habían perdido.

Y ahora se pueden investigar más detenidam ente las fases más arcaica

procedentes, sin duda, de anteriores oleadas. D el indoeuropeo, en todo caso, se reconstruía una serie de palabras que se utilizaban com o testigos de la cultura y la sede del prim itivo pueblo in ­ doeuropeo. Esto es lo que se llama paleontología lingüística, iniciada por

A . K uhn, continuada por A. Pictet, V. Pisani, G . D evoto y otros más”

(véase la Encyclopedia o f Indo-European Culture, f. P. M allory y D . Q.

A dam s (eds.), Londres, F itzroy, 1997).

L a existencia en indoeuropeo de ciertas palabras indica, se proponía, la existencia de una cultura determ inada. Por ejem plo, ciertos nombres in­

doeuropeos atestiguaban, se pensaba con acierto, que los indoeuropeos eran un pueblo ganadero: tenían palabras para el pastor, la oveja, el cerdo,

el perro

y para, sim plem ente, el ganado

, (*peku)y o bien para los animales salvajes que am enazaban el ganado (el

lobo, el oso, la serpiente). Y otras relativas a la guerra y los transportes (el ca­ ballo, el carro, componentes de este); otras, a la organización familiar; otras,

a la social y política (la tribu, las armas, el rey) o a las actividades artesanas

(carpintería, tejido, vivienda), o a las plantas y alimentos, y otras a cosas pro­ pias de la patria original (volveré sobre esto). D e todo esto ha quedado com o lo más firm e lo relativo a la cultura m a­

terial y espiritual de los indoeuropeos; m ucho más discutible es lo relativo

tam bién para la leche, la lana,

Lenguas indoeuropeas v no indoeuropeas en Europa

39

a la patria original. Está bien claro que los indoeuropeos eran un pueblo se-

m inóm ada, de organización tribal de tipo patriarcal: se han conservado los nom bres de parentesco (pero no los había para designar el parentesco del

hom bre con

y sus carros (primero tirados por bóvidos, luego fueron inventados carros

de gu erra de dos ruedas). Se dedicaba a la ganadería, también a la pesca y la caza, en m edida más lim itada a la agricultura: conocía la cebada, no el tri­ go. T am bién el cobre, que se usaba, junto con la piedra, para varios instru­ mentos y armas; luego el bronce, todavía no el hierro. Podían los indoeuropeos hacer tapiales de barro, fortificar las alturas, había para ello una palabra que ha dado en griego polis, en sánscrito púr.

Rendían culto a los dioses, pero solo para el del C ielo, en la India Dyaus, en

G recia Zeus, en Rom a Juppiter, se ha conservado un nom bre com ún. Había

la fam ilia de la m ujer). Se m ovía por la estepa con sus caballos

una poesía oral, épica y lírica, cuyos temas fundam entales, fórm ulas y m é­ trica conocem os por sus derivaciones. T o d o ello se conoce por el estudio del léxico, ¡κ-m también por la conti­

nuidad en varias culturas indoeuropeas posteriores. La arqueología sum i­ nistra escasos datos, aunque sí algunos sobre armas, cerám ica, carros, altu­ ras fortificadas, túm ulos funerarios.

Q uedan, de todas form as, dudas en cuanto a la cronología, que puede oscilar, según los casos, entre el año 5000 y el 2000 a. C ., incluso después, se­ gú n las distintas oleadas. Por ejem plo, se duda cuándo los indoeuropeos adoptaron el carro de dos ruedas con radios y si fue invento indoeuropeo o préstam o de las culturas del O riente M ed io ," cuándo conocieron ciertas

plantas y el hierro o ciertos instrum entos com o el hacha y el yunque, de

piedra en

O si el arado era com ún y desde cuándo (la palabra correspondiente al latín aratrum no existe en indoiranio), lo que va unido por supuesto a la

entrada de la agricultura, q u izá posterior a la separación del indoiranio.

M ucho debieron de tom ar los indoeuropeos ya del antiguo O riente, ya de

la A n tigu a Europa agraria: acabo de aludir a la agricultura (difundida desde O riente M edio a partir del séptim o m ilenio), antes me he referido al carro de guerra.

el origen, según la etim ología.

Y habría que decidir si algunos térm inos léxicos son préstam o de otras

culturas, al igual que algunos ritos, cultos y modos de vida. H abía entre los

40

Las raíces lingüísticas de Europa

indoeuropeos ritos y dioses comparables a los de varias culturas neolíticas,

la A n tigu a Europa y O riente. Incluían cultos de la fecundidad que se aña­

dirían al del rey del C ielo, la lluvia y la guerra. Y serían préstamos sin duda los nom bres de anim ales salvajes, com o el león, unido al prestigio real des­

de Sum eria y los asirios.

Está claro que los indoeuropeos tenían superioridad m ilitar sobre los

agricultores neolíticos y calcolíticos de Europa. Siendo, com o creemos,

m uy inferiores en núm ero, se establecieron junto con ellos en toda Europa,

cada vez m ás al oeste, más al sur. Se creó una unidad cultural. D e qué sec­ tor surgieron las culturas del centro y el sur de Europa de las que he hablado perm anece dudoso. En todo caso, fueron los indoeuropeos los que im pu­ sieron su lengua o lenguas — luego se escindieron más— , los que im pulsa­ ron a todos los pueblos de Europa a desplazarse hacia el oeste y hacia el sur, y en Asia, hacia el este y hacia el sur. Pequeñas m inorías son la punta de lanza de la historia. Y esto no solo en el caso de la oleada del IE III, desde el año 2500, luego el 1000 a. C ., de la

que he hablado; tam bién en el de las anteriores. Los indoeuropeos invaso­ res de la últim a oleada pisaban sobre las anteriores oleadas.

 

Y

casi nada quedó de las lenguas

preindoeuropeas. Q u e la lengua

la

gente

de los m egalitos fuera sem ítica,

com o

propone V en n em a n n /’ es

pura especulación sin base. Incluso respecto a las lenguas que se m antu­ vieron o llegaron después, el vasco y el húngaro, penetram os en un ám bi­

to cultural fundam entalm ente indoeuropeo: ya antiguo, ya m edieval, ya moderno.

Este ám bito cultural de la A n tigü ed ad

y la Edad M edia fue una conti­

nuación del indoeuropeo que he descrito: se trata siem pre de culturas tri­ bales v patriarcales, fundam entalm ente pastoriles y guerreras, luego agra­ rias, continuadoras en m il aspectos de las indoeuropeas, con cultos y literaturas tam bién descendientes de las orales de los indoeuropeos, aun­ que creciera cada vez más la agricultura (enriquecida por árboles y plantas del M editerráneo), entrara el hierro, luego la escritura (préstamo del O rien­

te no indoeuropeo), hubiera, en suma, un desarrollo cultural.

Este desarrollo cultural floreció en C recía antes y más vivo que en

parte alguna y luego, por distintas vías, penetró en todas las culturas de Europa, en todas sus lenguas. S iguió en Rom a, que se constituyó en el gran

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

42

m odelo, com o he dicho antes. El estudio de este fenóm eno será parte im ­ portante de este libro.

LOS ORÍGENES DE LOS INDOEUROPEOS

V u elvo atrás para insistir en que el estudio de la antigua cultura indo-

cu n i púa a partir del léxico indoeuropeo que se reconstruía, es decir, la Pa­

leontología lingüistica, ha sido durante m ucho tiempo la base de la re­ construcción de la «patria» original de los indoeuropeos. U na búsqueda

obsesiva, acom pañada del problem a

solo una etapa en el cam ino. Es atacada por

los escépticos que, de cuando en cuando, siguen diciendo que ese estudio

es una ilusión, el pueblo indoeuropeo no tiene patria. «La cultura de los

indoeuropeos en una Urheimat — escribe un arqueólogo— una ficción».14

Cosa que, desde luego, no creo. Este puede ser un ejem plo más del de­ senfado con que ciertos arqueólogos desdeñan o ignoran el estudio lingüís­ tico. Pero no puede negarse que los prim eros intentos de localizar la «pa­

tria» de los indoeuropeos con ayuda del léxico fueron un fracaso, hoy

generalm ente reconocido. N o voy a repetir aquí la larga historia de cómo,

no es m ás que

de si la «patria» que se proponía era

la verdaderam ente original o

a

partir de palabras como *mari, «el mar», y las del «haya», el «salmón» y

el

«abedul», lingüistas alem anes, com o K uhn, Penka, K osinna y T hiem e

(y no alem anes, com o Bosch G im p cra y D evoto), situaron en Europa la pa­

tria de los indoeuropeos. M ás bien en A lem ania, si acaso tam bién, com o ya

he dicho, en la llanura polaca, incluso hasta el m ar N egro. Este m étodo de estudio ha sido refutado por lingüistas varios.35 * Man

puede ser no solo «el m ar», tam bién cualquier superficie de agua; y no está nada claro que las otras tres palabras representen las especies europeas que

se dice y que estas nunca hayan cam biado de em plazam iento o área bioló­

gica.

En realidad, lo que sobre todo pesaba a favor de la tesis europea era la

falta de cambios culturales en el N eolítico del norte de Europa; aunque

la difusión de los kurganes y otros hechos culturales en dirección a Occidente,

en fecha posterior (la de varios m odelos cerámicos, la de los celtas y sus cu l­

42

Las raíces lingüísticas de Europa

turas de H allstatt y La T én e, la de los germ anos) podrían haber servido de guía y paralelo. Y q u izá pesaba tam bién un cierto nacionalism o alem án,

herencia de la época en que se hablaba de «indogerm anos», a los que se atribuían las características físicas de los «arios» (altos y rubios), y en la que

la lingüística indoeuropea era una ciencia fundam entalm ente alem ana. N aturalm ente, para esta teoría «el indoeuropeo» era una lengua unita­ ria, y argum entos lingüísticos com o los qu e han encabezado este libro no se conocían. Eran débiles, en definitiva, tanto los argumentos lingüísticos com o

los arqueológicos. Sin embargo, no sería justo que dejáram os de recordar que fueron tam ­

bién indoeuropeístas alemanes (entre otros) los que, insatisfechos con d i­

cha propuesta, lanzaron la tesis

sia y aun más allá. Ciertam ente, algunos de quienes la proponían estaban equivocados en un punto: el consistente en adm itir la supuesta m ayor anti­ güedad del sánscrito. A sí en el caso de A . Píctct (la patria original estaría en Bactria). Luego O. Schrader pensó que el ambiente cultural europeo no casaba con los indoeuropeos y propuso las estepas del sur de Rusia. Igual S.

Feist. Sería el lugar propio de un pueblo nóm ada, que hacía incursiones en carros o a caballo. Igual el arqueólogo australiano G . C hild . Si se descarta­

ba Europa, el sustituto lógico era este, Pero faltaba apoyo arqueológico. Este lo sum inistró, principalm ente, la

arqueóloga lituana M arija G im butas, de la que he hablado. En los kurga- nes se encontraron restos de una cultura material análoga a la que la paleon­ tología lingüística mostraba: en esto, esta ciencia no había fallado. Y como había huellas de la entrada de esta cultura en la Antigua Europa de los B al­ canes, a la que destruyó, parece que quedaba obviada cualquier duda. La oposición entre la cultura nóm ada y guerrera, patriarcal, de los indoeuro­ peos, y la «femenina», agraria, basada en el culto de la diosa, de la A ntigua Europa, creo que era esgrimida con acierto. H oy día esto está aceptado por la m ayor parte de los estudiosos, que si­

túan a los indoeuropeos entre el V olga y el D nieper (o el Dniester): si no com o patria, sí com o lugar de paso, base secundaria (así R enfrew , com o

luego diré). Entre otros, F. V illar, R. S. P. B eekes, A . M artinet, ], V . D ay/" Esta es la tesis que yo asum í, antes de estos autores, en mi trabajo de >979, «Arqueología y diferenciación del indoeuropeo»/'

contraria/' la de las estepas del sur de R u ­

lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

ü

E n este trabajo añadí a los argum entos arqueológicos otros lingüísticos, sobre la base de que, así com o hubo diferentes oleadas, había tam bién dife­ rentes estratos del indoeuropeo. La oleada III de G im butas, a finales del

tercer m ilenio, correspondería a m i IE III: la base de las lenguas indoeuro­ peas conocidas en que se fundam enta la reconstrucción tradicional. En di­ versas publicaciones he insistido sobre esto y aportado más detalles, com o

de la difusión del IE III y de

las distintas lenguas de él nacidas. En páginas anteriores he añadido nuevos argum entos desde el punto de vísta lingüístico. Solo desde el punto geográfico interm edio represen­

tado por la cultura de los kurganes puede com prenderse la difusión del indoeuropeo hacia el este y oeste: luego, en ambos casos, hacia el sur. Ese desplazam iento tuvo lugar a través de dos «cinturones», uno meridional

B). Y tam bién he

anticipado cóm o luego, en algunas ocasiones, estos dos cinturones se pu­ sieron, de una m anera secundaria, en contacto, de m odo que unas lenguas

influían a otras. Es la oleada m eridional, la del griego y el indio, entre otras lenguas, la que ha servido de base para la reconstrucción tradicional del indoeuropeo, según he dicho. Pero queda un tem a todavía. N o solo en la zona citada, tam bién más

y u no septentrional, de

haré tam bién aquí. R eproduzco mi esquem a

los qu e he hablado (IE III A y

al este, en

torno al lago

A ra l, en el U zbekistán y el K azak stán , hasta el

Y

en isey y

m ás allá, se encuentran huellas de la cultura de los kurganes.

L

a llanura euroasiática hasta el V olga y los U rales no fue sino un punto

de establecimiento provisional de los nómadas, que se escindieron luego, d i­ rigiéndose ya a Europa, ya a la India (también a A n atolia, desde el este del Caspio). Y o he visto, tanto en B ulgaria com o en M acedonia, en la G recia m icéni­ ca, en Etruria (en Caere, por ejem plo) los campos de kurganes, colinas fu­ nerarias. Son más o menos los m ism os de Corea (K jón gju y lugares próxi­

C hin a (tumba de Q in Shihuang, del siglo m a. C ., en X ian,3°

m os)21' y

tum bas de los X uan y los Q in cerca de Pekín).3' Pienso que este es un tipo

de enterram iento

creado por los nóm adas, indoeuropeos o no, para imitar

m ontañas que no tenían, a lo largo de toda Eurasia, del Pacífico al V olga. Por esta zona se expandían los pueblos uraloaltaicos y los indoeuropeos; estos no hacían otra cosa que im itar un m odelo general (verem os, más

i i

Las raíces lingüísticas de Europa

adelante, cosas sobre los contactos entre los dos pueblos). Su m odo de vida (y de muerte) era el mismo. Los túm ulos funerarios se extendieron por todas partes, al igual que el

caballo y, después, el cobre. Los im itaron las pirám ides de Egipto, la de Pa­ lenque v otras más.

Podem os, entonces, considerar la zona del A ral y la de la estepa más

allá del Volga com o partes de

bién a A natolia, y las grandes tum bas de M aykop, junto al Cáucaso, son lina v ez más lo mism o. Los frigios, llegados a través de Europa, construye­

ron igualm ente el gran túm ulo de G ordion . Y en la India, los grandes stu­

m onum entos funerarios, m ás tarde, de

los mongoles. O sea: los indoeuropeos circulaban, desde el Pacífico, por toda Siberia

pas tienen el m ism o origen. Y los

lo mismo. Los indoeuropeos

bajaron tam ­

hasta atravesar los Urales y el Volga. A llí se detuvieron largo tiempo. N i más

ni m enos que otras tribus nóm adas

euroasiática, de allí a Europa oriental, a la occidental más tarde; bajaron

luego hacia el sur, al índico y al M editerráneo. Después se agotaron: ape­ nas hay huella de los kurganes en Europa central y del sur; los megalitos, los campos de urnas, etc. sustituyeron a los kurganes. Los descendientes de

los indoeuropeos se hicieron sedentarios, crearon nuevas naciones.

de varias lenguas. Llegaron a la estepa

TEORÍAS QUE CONSIDERO ERRÓNEAS

las que considero teorías

erróneas. A parte de las ya aludidas, son dos: la de G am krelid ze, que sitúa

N o puedo term inar este capítulo sin m encionar

a los indoeuropeos en el norte de M esopotam ia, próxim os al Cáucaso, de

donde habrían pasado a la zona de los kurganes;3* y la de C . R en frew ,33

que sitúa a los indoeuropeos en la A natolia del séptim o m ilenio antes de

C

risto, de donde habrían pasado a G recia y a toda Europa, se supone que

a

la India tam bién. Son dos teorías que nadie acepta, pero que todos citan.

E

llo es obra del prestigio de la ciencia y la bibliografía anglosajonas (en

inglés y en prestigiosas editoriales se difundieron am bos libros): lo que aparece fuera de ese círculo apenas se m enciona. N i se lee. E norm e des­ gracia para la ciencia.

lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

45

G am krelid ze, un georgiano inteligente que logró introducirse en el

m undo anglosajón, operó a base de relacionar el georgiano y el indoeuro­

peo. C reó la teoría de la existencia, en esta lengua, de las glotales del kart- vélico, al que pertenece el georgiano; teoría sin duda errónea.'4En cuanto a

la lengua en general, acepto la separación del anatolio y el griego a com ien­

zos del tercer m ilenio antes de C risto, pero lo dem ás no es, para m í y pare­

ce que para nadie, aceptable. El anatolio es conocido por referencias de m ercaderes sirios desde el siglo x ix a. C., se escribía desde el x v ii; del indoiranio hay referencias desde

en tom o al 1700 a .C . o antes (cultura de Síntashta-Petrovka), del griego desde aproximadamente el 1600 a. C. Pero apenas dice nada G am krelidze de

la m orfología, no sabe de la diferencia radical del anatolio y otras lenguas.

Se refugia en unas pocas palabras que el indoeuropeo habría tom ado del caucásico: la del león, la del elefante y alguna otra. Es más que dudoso que

sean préstamos de las lenguas caucásicas.4’ C o n tres o cuatro palabras no se dem uestra nada. ; Y el griego habría

lenguas también? ¿ Y qué

dice del indoiranio? T o d o ello va contra lo que sabemos de las m igraciones indoeuropeas, que van hacia este y oeste y luego el sur, no al revés. Y los ar­ gum entos lingüísticos, basados fundam entalm ente en la m orfología, ni si­

quiera se tocan. ¿Y qué decir de los agricultores minorasiáticos que, según Renfrew , habrían extendido la agricultura por Europa (y la India, se supone) desde

el séptimo m ilenio

difun d ido en fecha antigua desde allí, ya he hablado de la Europa prein- doeuropea, incluso de la m ínim a agricultura indoeuropea, el paso de unos agricultores indoeuropeos de A sia a Europa (y a la India, se supone), en el séptim o m ilenio antes de C risto, es contrario a toda la evidencia. ¿Nada sabe este autor, parece, de los distintos sistemas lingüísticos indoeuropeos y de la expansión del indoeuropeo y la m ism a cultura indoeuropea en los

técnicas agrarias se hayan

pasado de A natolia a G recia y todas las demás

antes de Cristo? A u n q u e las

sentidos que conocernos? Bien dice H o z, en su reseña, que Renfrew nada sabe de lingüística. El grupo anatolio 110 ha participado en una larga serie de innovaciones de los demás grupos lingüísticos indoeuropeos. Es un grupo aparte, con un reco­

rrido aparte, de él no han podido salir los otros grupos, que innovaron des­

Las raíces lingüísticas de Europa

de antes del 2000 a. C . Estos pueblos y estas lenguas son m uy posteriores

al

se lea y se im provise tanto. Repito el lam ento de líneas anteriores.

Si estas elucubraciones arqueológicas sin apoyo lingüístico (ni arqueo-

lógico, véanse las críticas de P. K allio desde este punto de vista)J‘ se hubie­ ran escrito en español, nadie las habría m encionado. Pero, según están las cosas, no me queda otro remedio que refutarlas, para que nadie suponga

desconocim iento. N osotros sí que

7000 a. C . Es una pena que hoy, cuando tanta bibliografía se cita, apenas

leemos la bibliografía.

IN D O E U R O P E O

Y

OTRAS

R A M A S

L IN G Ü ÍS T IC A S

Q

u iero hablar aquí tanto de las relaciones lingüísticas entre el indoeuropeo

y

las demás ramas del lenguaje hum ano que conocem os— derivadas todas

ellas de las lenguas del Hom o sapiens— com o de sus lenguas vecinas. P or­ que ello acabará de confirm ar lo que antes se ha dicho sobre la patria de los indoeuropeos, o la patria de los indoeuropeos antes de su dispersión.

Sobre las relaciones lingüísticas entre el indoeuropeo y otras ramas, re­

m ito, para em pezar, al resumen del estado de la cuestión que ofreció F . V i­

lla r/ ' H abla de la relación con el semita propuesta por 11. M uller, A . C un y

y H . Pedersen. C u n y acuñó el nom bre de «nostrático» para las lenguas

«nuestras», a las que con el tiempo se han añadido otras, tales com o el ura- loaltaico (la fam ilia del finés, el lapón, el hún garo y el samoyedo; tam bién

del turco, el japonés y el coreano), el kartvélico (caucásico m eridional, so­ bre todo el georgiano), el dravídico y el cam ito-semítico.

m u y decisiva de la relación entre indoeuropeo y

semítico: la com paración, si es que es acertada, se refiere a una época ante­

rior a la m orfología indoeuropea. N o existe, pues, criterio claro para ella.

V illa r hace una crítica

A

ñadiré una cosa, que ya especifiqué en la reseña que hice a G reenberg/8

Y

o apuntaba que la com paración se hacía con un indoeuropeo plano, pre-

tnorfólogico: sirviéndose, sobre todo, de sem ejanzas lexicales más o menos claras. Los parecidos más claros del indoeuropeo se dan con el finougrio y

el altaico (la fam ilia uraloaltaica, en

Este térm ino de nostrático continúa siendo usado por lingüistas como J. H . G reenberg4'* y una larga serie de lingüistas rusos, com o Ulic-Svityc,

definitiva)/9

Lenguas indoeuropeas y

no indoeuropeas en Europa

4Z

Dolgopolsky y otros.4' Un resumen más bien maxim alista de las atribuciones

de diversas lenguas al nostrático puede encontrarse en el gran libro de J. C.

M oreno Cabrera.42 D istingue un filo af roasiático y otro drávida-euroasiáti-

co, que comprende las familias drávida, sumeria y euroasiática; dentro de esta última, el filo indoeuropeo estaría al lado del urálico, altaico, chucoto-es-

quim al y niveji. Sigo pensando que la gran dificultad para establecer pa­ rientes firmes del indoeuropeo es que la m orfología indoeuropea, com o he

dicho, es reciente.

Pero, en definitiva, este tem a no es el de este libro. D e lo que se trata en

estas páginas, situar

ropea, tiene que ver con la localización de las lenguas vecinas, em paren­ tadas o no, que dejan, entre ellas, un espacio para el indoeuropeo. U n es­ pacio que coincide, en realidad, con el que ya he señalado, el de la estepa

euroasiática.

es, sin

local y cronológicam ente la antigua fam ilia indoeu­

E n realidad, la fam ilia localm ente más próxim a al indoeuropeo

lu

gar a dudas, la finougria y, dentro de ella, el espacio próxim o al que, ju n ­

to

con los baltos, ocuparon a partir de un m om ento dado el finés, el estonio

y

el lapón, junto con lenguas menores.

E

l finougrio com prende un grupo de lenguas que, desde la curva del

V

olga, se desplazó hacia el oeste, en varias oleadas, desde el año 5000 a. C ,

más o

época de la cerámica de cordones. Y recibieron influjos léxicos m uy claros

del IE, sobre todo de los más antiguos báltico y eslavo e, incluso, del ger­

m ánico prim itivo. Los recibió a veces todo el finougrio, a veces el finés (los lapones son, quizá, un pueblo solo secundariam ente uralizado).41 Estos desplazam ientos se hacían por conjuntos de pueblos, que se in­ fluían o se superponían. T ra s la «cola» de los indoeuropeos que se despla­

zaban hacia Occidente y los que, moviéndose hacia el este, conocemos

hasta el 3200 aproxim adam ente, en la

menos. N o llegaron al Báltico

com o tocarios. O junto con ellos. En definitiva: el finougrio es una lengua más que, en fecha anterior o contem poránea de la indoeuropea, se desplazó hacia el oeste: en este caso,

hasta el m ar Báltico. D entro del indoeuropeo, los baltos quedaron retrasa­ dos respecto a los eslavos, que avanzaron más. Unos y otros pisaron sobre

un substrato uralio, que otras veces se com portó com o adstrato. U n nuevo pueblo uralio, el húngaro, avan zó hacia el oeste en fecha posterior. Son

48

Las raíces lingüísticas de Europa

oleadas sucesivas, com o siempre. C om o q u izá el huno, el turco, etc.

vasco, com o más tarde

el

Pero

no es solo esto. El indoeuropeo lindaba

en un m om ento dado,

al

sur, a través del Cáucaso, con lenguas caucásicas varias: las del norte y las del sur, del grupo kartvélico, el georgiano sobre todo, com o ya he dicho. A su lado estaba la cultura de M aikop, con sus túm ulos, sin duda indoeuro­ pea. N o se excluyen los préstamos léxicos, aunque el parentesco lingüísti­ co, que se ha propuesto com o hemos visto, no es seguro.44

T am bién lindó el indoeuropeo, a partir de un m om ento, con las len­

guas altaicas, del tipo del turco, venidas de la Siberia m eridional, en la re­

gión del A ltai.

Llegaron ai sur de la actual A natolia a partir del 3000 a. C .4’

Y

lindó también, sin duda,

con el grupo cam ito-sem ítico, en el norte

Siria

de hace unos 5.000 años.

y de M esopotam ia.** Podem os seguir la historia de estas lenguas des­

Estas son las lenguas que ocupaban la periferia de los indoeuropeos:

hay que añadir las que ocupaban A natolia antes de la llegada de los he ti tas,

qu izá desde el 3000 a. C . (luego penetraron los frigios y armenios, desde el 1200 a. C.). Y a hemos citados el hatti, el hurrita, el mitanni y el urartu. Y las lenguas que ocupaban Irán y la India (ya he hablado de algunas de ellas).

Y , por supuesto, las que se hablahan en las penínsulas meridionales de Euro­ pa y sus islas (algunos datos he dado antes).

Algunas de estas lenguas — m uchas veces venidas de O riente, traídas

por pueblos nóm adas com o los indoeuropeos— nos ayudan a delim itar los

lugares más antiguos que estos

canes y, luego, la llanura europea. H abía en Europa, en cierto m odo, casi un vacío, que ocupaban con escasa densidad pueblos neolíticos que fueron arrasados por los recién llegados. N o dejaron grandes huellas lingüísticas.

Pero hay que añadir que los indoeuropeos no llegaron de golpe. Sus

grandes invasiones de en torno al 2500, seguidas de otros m ovim ientos de pueblos que crearon más tarde las grandes lenguas indoeuropeas de E u ro­

pa y A sia, no fueron sino la continuación de anteriores oleadas desde el 5000 a. C ., com o he dicho. En realidad, las culturas de la A n tigu a Europa,

en los Balcanes, y de la llanura europea habían sido destruidas o asim ila­ das, había ya una fusión de pueblos neolíticos y agrarios y, seguramente, una cierta unificación lingüística, dentro de variantes múltiples.

ocuparon en la estepa euroasíática, los B al­

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

49

Apenas quedaron en Europa huellas de pueblos no indoeuropeos. Otros

fueron, en líneas generales, contenidos, quedaron detrás de las fronteras indoeuropeas. Seguirían luego, claro, las invasiones periódicas de uraloal- taicos y semitas, en definitiva al final derrotadas, salvo las excepciones m en­

cionadas. El futuro era para los indoeuropeos y los pueblos de ellos deriva­ dos desde el 2000 y el 1000 a. C ., com o ya he dicho. Pero no deja de ser notable el hecho de que, en todo caso, Europa ha sido ocupada lingüísticam ente por los indoeuropeos y los finougrios (y sin

duda por los vascos) en una fecha relativam ente m uy reciente, desde el 5000 a. C . D e las lenguas anteriores solo quedan m ínim os restos, de los que he hablado. Para poner las cosas en perspectiva, los neandertales, desde el 130000 a. C „

se supone, y los primeros representantes del Homo sapiens en Europa, los cro-

mañones, desde en torno al 35000, ya hablaban; seguramente, también, el H om o antecessor de A tap uerca, desde alrededor d el 800000. H ablaban lenguas no indoeuropeas. Las indoeuropeas, como las finougrias, eran de pe­

queños grupos que penetraron, como ya he dicho, desde el 5000 a. C . Luego,

el IE III o

el indoeuropeo evolucionó enormemente. E l que más conocemos,

indoeuropeo clásico, es de finales del tercer milenio; el IE II, poco anterior.

O sea: el Homo sapiens es, en Europa, de anteayer, com o quien dice, y

m ás reciente todavía es la fase lingüística, indoeuropea y finougria con la

excepción del vasco, que se encuentra en la base de nuestras lenguas actua­ les, A ntes de entrar el indoeuropeo en Europa, esta era parte del gran océa­

no del nostrátíco, todo él hablado en A sia sobre todo por el Homo sapiens y del que el indoeuropeo era una parte.

W . P. Lehm ann,47 ha propuesto que, si

U n lingüista m uy distinguido,

bien la reconstrucción gram atical difícilm ente puede ir más allá del año 5000 a. C ., la de las raíces y el léxico, a base de reconstrucción interna, po­ dría llegar hacia el 8000 a. C .; y qu e para en torno al 20000 a. C . podrían re­

construirse unos cientos de raíces verbales. A ñade que las lenguas entre el 20000 y el 50000 pertenecerían al tipo de las lenguas de clases, com o el ban- tú. Es la fecha, o un poco anterior, en la que llegaría a Europa el Homo sa­ piens. Más atrás, misterio. Pero, por otra parte, todas las lenguas del m undo tienen rasgos abso­ lutam ente sem ejantes (de esto me he ocupado en detalle en otro libro,'*'1

2L

Las raíces lingüísticas de Europa

donde tam bién he insistido en los universales

guas). Son, m uchos de ellos, más antiguos qu e el Homo sapiens, y está cla­

ro qu e las lenguas que ya los com portaban, tam bién. Si bien para las que

han llegado a nosotros en todo el m undo puede plantearse la hipótesis de

qu e deriven de la lengua del H om o sapiens o, q u izá algunas veces, de las

anteriores a él. Los europeos debem os ser conscientes de que las lenguas que aquí pros­

peraron entraron en Europa en una fecha m uy reciente, en términos relati­ vos. Y estaban emparentadas, genealógica y tipológicam ente, con diversas

todo el m undo, al igual que la

ramas lingüísticas qu e se han conservado en

cultura de sus portadores. Más todavía: en fecha m uy anterior había le n ­ guas m uy diferentes de las indoeuropeas tanto en Europa com o fuera de

ella, no podemos alcanzarlas. Para ser modestos, los europeos debem os recordar que hablamos len­

guas de un determ inado nivel del indoeuropeo que produjo no solo las lenguas europeas, ni m ucho menos, sino tam bién varias asiáticas. 1' nos in ­

vadió en fecha no tan lejana. D e él salieron varias ramas lingüísticas, de

ellas a su ve?, salió una serie de lenguas europeas que, eso sí, posteriorm en­

com unes a todas las len­

te

recibieron influjos lingüístico-culturales de un sector interno de ese m is­

m

o «indoeuropeo de Europa». D el griego, el latín y, luego, de las diversas

lenguas europeas, unas sobre otras. T odas las lenguas europeas, incluso las que no son indoeuropeas, llega­

ron con el tiem po a alcanzar una especie de unidad, debido a hechos políti­ cos y culturales. Y , en cam bio, para antes de esas migraciones de indoeuro­

peos y no indoeuropeos que he fechado hacia el 5000 a .C ., poco podemos

decir sobre las lenguas que se hablaban en Europa. L o qu e queda, a lo que

ya he aludido,

son m ínim os restos, tam poco fechables.

EL

M A S

V IE J O

ESTR ATO

IN D O E U R O P E O

DE EU R O PA

N o sería com pleto este panorama de la más antigua Europa lingüística si

no añadiéram os la existencia de una am plia capa de topónimos indoeuro­ peos que se encuentran en las más varias regiones de Europa. N o es fácil su

atribución lingüística ni, a veces, su separación del celta y otras lenguas; ni.

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

5'

tampoco, su inserción precisa en el tema de los grandes estratos del indo­ europeo (IE I, II y III), del que m e ocuparé más adelante. Se trata de topónim os cuyo contenido lexical es indoeuropeo. Pero no tenem os otra cosa que datos lexicales. Efectivam ente, existe en E uropa (y fuera de Europa) una toponim ia de origen indoeuropeo: lo son sus raíces y sufijos. A parece sobre todo en hi- drónim os. Pertenecen a aquello que H ans K rah e 1' llam ó el «antiguo euro­ peo». Es decir, a un substrato anterior a las lenguas indoeuropeas históri­

cas. F. V illar ha propuesto q u e se refiere a lenguas varias, no a una lengua

concreta que

y dentro de ella la hidronim ia (aunque los hidrónim os

se convierten con frecuencia en nom bres de lugar), queda con frecuencia

arraigada, pese a los cam bios de lengua de los sucesivos pobladores. C laro q u e a veces procede de una capa lingüística bien determ inada: -briga

o Seg- son celtas, Guad- es

se unen en

árabe Guad-,

Pero los nombres de la hidronim ia indoeuropea que aquí m enciono no

se refieren a una lengua indoeuropea concreta, no son, por ejem plo, celtas

o germ ánicos, ni latinos, por supuesto, com o he dicho. Las hipótesis que los

referían al ilirio o al ligur (o, sim plem ente, al precelta) han sido desecha­

árabe; en un nom bre de río com o Guadiana indígena (adoptado por los romanos) Ana y el

nosotros podam os identificar.5'1

La toponim ia,

antiguo nom bre

das. H oy pensamos en lenguas indoeuropeas varias, no identificables, qui­ zá em parentadas con indoeuropeos prehelénicos, com o se ha propuesto en

el caso del pelásgico.

Sobre el valor probatorio que tienen los topónimos respecto a la lengua de antiguas poblaciones, véanse trabajos de Villar y uno m ío., ' Se trata de hidrónim os y topónim os en general que a) poseen una raíz claram ente indoeuropea, b) pueden añadir a ella sufijos y derivativos tam­ bién indoeuropeos, c) algunas de estas raíces se han conservado igualm ente

en elem entas léxicos existentes en varias lenguas indoeuropeas.

H e aquí algunas de estas raíces, tomadas de V illa r y de H oz, entre otros, quienes las acom pañan de listas de topónimos derivados, en H is­

pania

al ‘fluir’, alb, arg ‘blanco’, is ‘fuerte’, mar agua quieta, mar, lago',/*?/ ‘estan­ que, pantano’, sal ‘río’, ser ‘fluir’, tar ‘fuerte, penetrante’, wer, war, ur ‘agua.

y en E uropa en general,

así com o tam bién de m apas de su difusión:

52

Las raíces lingüísticas de Europa

río’. Y hay derivados en -n, -o, -nt, -ko, -tifo, -yo, etc. Tenem os, por ejemplo, d earg (cf. lat .argentum), el A rga, Arganza, Arganda, Argéntona, etc.; decís,

is (cf, ai. isirá ‘fuerte’, gr. ιερός ‘sagrado’}, el Esta, el ¡suela, el físaro; desai (cf. lat. sal), el Salo (¡alón). Salía, Salmantica, Salor, Salas, Salsum·, de tar (cf. ai. tañí-, gr. τορός ‘penetrante, agudo’), Tarancón, Tarrientos, Tiermes, Tonnes.

Habría que hacer algunas acotaciones. Por ejemplo:

a) N o hay coincidencia con el lím ite histórico de las lenguas indoeuro­

peas que

encuentran en la H ispania m eridional, no indoeuropea, y tam bién en A sia

M enor y hasta en la India. A sí por ejem plo, uro-, uní-?1tur, tar.*3

b) H ay grupos tie topónim os que ocupan cierta área indoeuropea, no

toda.''4En el «antiguo europeo» del que hablam os (y que no debe contun­ dirse con la «A ntigua Europa» preindoeuropea de Gim butas) responde a

conocem os, llegadas posteriorm ente. A lgun as de estas raíces se

lenguas indoeuropeas que se difundieron en diversas direcciones. V illar publica mapas relativos a las diversas raíces.

c) Por supuesto, raíces pertenecientes a dos estratos lingüísticos pueden

combinarse, com o en el caso del río G uadiana. H e propuesto esto para Tu- rodanom, hoy Turégano·, un nom bre de «río» del antiguo europeo, ya no entendido, recibió la adición de un nom bre de «río» más reciente (relacio­

nado con el celta Danuuius, ai. daña ‘líquido’, av. danu ‘río’). O tra m ezcla

de este tipo es Turóbriga (con adición de una palabra celta). O tras veces han

que

tur viene de lat. turris (Torreadrada, antiguam ente *Turaderata, hay una

traducción latina del siglo x iifontem aderatam). Evidentem ente, se trata de derivados del indoeuropeo que entró en

Europa antes del que crearon las grandes familias lingüísticas: procede, como he dicho, de las prim eras oleadas indoeuropeas, a partir del año 5000 a. C .

y antes de la que, a finales del tercer m ilen io y posteriorm ente, creó las

grandes lenguas que conocemos. El hecho es que, cuando llegaron los in­ doeuropeos de la últim a oleada, a mediados del tercer milenio, com o digo, aquella que dio origen a las primeras grandes lenguas indoeuropeas de Euro­ pa (y Asia), el terreno estaba ya ocupado por los indoeuropeos procedentes de las anteriores invasiones. Toponim ia preindoeuropea quedaba poca. Los problemas que presenta ei «antiguo europeo» del que estoy hablan­

do son dobles. Prim ero, com o be venido diciendo, no podem os establecer

surgido secundariam ente malas interpretaciones; así, se ha entendido

Lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas en Europa

31

las lenguas a las que pertenecía ni la fecha de su fijación. Segundo, nada podemos decir de su m orfología. C om o verem os más adelante, el más antiguo indoeuropeo que pode­

m os reconstruir (el IF. I) consistía en una serie de raíces que adquirían fun­ ciones y valores semánticos y gram aticales m ediante el orden de palabras,

el acento, elementos aglutinados, derivación, composición, etc. Solo en fe­

cha posterior se crearon desinencias con valor gram atical (en el IE íí); y en una posterior todavía, temas con valor gram atical. Esto sucedió cuando se

creó el IE III y, dentro de él, cada uno de sus dos sectores, A y B. C óm o funcionaba la gram ática en la fecha del antiguo europeo no po­

dem os saberlo. N i en qué m edida deberíamos atribuirlo al IE I (radical) o

al IF. II (monotemático); no, desde luego, al IF. III, que existía ya, sin duda,

hacia el año 2500 a .C ., en que debieron de separarse el IE III A — el del

cinturón m eridional del que hemos hablado— y

tentrional— . Pero en algo sí hay coincidencia con el IE III: en la existencia tanto en el «antiguo europeo» com o en el IF. III de m asculinos en -o y fe­

m eninos en -a. E n los milenios quinto, cuarto y com ienzos del tercero antes

de Cristo,

el indoeuropeo debió de desbordarse, en múltiples oleadas y variantes,

conflictivas entre sí y con diversos inicios de m orfologización, por Europa y por Asia. Sin duda, a partir de la m ism a llanura euroasiática de la que he­ mos hablado, a la que llegaban las sucesivas oleadas indoeuropeas— u ni­ das a las de pueblos uraloaltaicos— desde el interior del A sia septen-

trional.,'

el IE

III

B —

el del sep­

Y

E L

SU S

I N D O E U R O P E O

V A R I A N T E S

C L Á S IC O

(IE

III A

Y

B)

G E N E R A LID A D E S

C o m o es sabido y ya ha sido apuntado, desde Bopp, y luego Schleicher,

de igual significado

y semejante fonética en diversas lenguas, tipo lat. donum / ai. dúnam ‘rega­

lo’, ai. mddhu /gr. μέ&υ ‘m iel’ (corno prim er sentido), llevó a la hipótesis de una lengua original, el indoeuropeo, de la que habrían nacido sucesiva­

mente las distintas fam ilias indoeuropeas. L a cito sumariamente, ejem plificando con las lenguas antiguas que cono­

cemos: las indoiranias (védico, sánscrito, antiguo persa, avéstico), el griego, el armenio, el frigio y el tracio, las lenguas eslavas (antiguo eslavo, búlgaro, ruso, etc.), las germánicas (a partir del gótico), las itálicas (oseo y um bro, latín), otras com o el venético y el mesapio, las célticas (galo y celtibérico antiguos,

diversas lenguas posteriores a partir del irlandés), el ilirio (de donde deriva el albanés) y algunas más. Las correspondencias son lexicales, morfológicas

y también fonéticas: a tal fonem a indoeuropeo corresponde tal o

ma en cada lengua (pueden variar según el contexto fónico). Entiéndase que, com o he dicho, para mí la lengua original de la que ha­ blo es un estrato indoeuropeo de a partir del año 2500 a. C .; pero en general se entiende com o «el indoeuropeo», com o he señalado. Más exactamente: se toma, en general, como indoeuropeo el prototipo del IE III A , el que se reconstruye a partir del griego y el indoiranio, sobre todo.

El IE 111 B coincide en gran m edida con él pero ya hemos visto que presenta pérdidas, innovaciones y arcaísmos. D oy a continuación una descripción de

conjunto del IF, III A , en buena m edida también (pero no siempre) del B. C om en zando por el sistema fonológico, a este indoeuropeo se le atribu­

Rrugm ann y los demás, la com paración entre palabras

cual fone­

Las raíces lingüísticas de Europa

ye uno bastante simple, aunque hay algunas variantes. L o único nuevo,

posterior a la reconstrucción tradicional, es que al sistema general se le

tres fonem as, las tres laringales Η ,, Η ., H ,: fricativas que

pueden vocalizarse y que «tiñen» las vocales en contacto, dándoles los tres

tim brese ,a ,o . H an desaparecido en todo el IE III, pero se conservan tita (que procede, com o he dicho, del IE II).

añaden ahora

en he-

Es la única adición generalm ente adm itida al sistema fonológico del IE

que venía de Brugm ann: evidente desequilibrio, el cuadro que se propone

com o general del indoeuropeo contiene un elem ento más antiguo, el de las laringales. Sigue sin reconocerse que son propias de un sistema fonológico más antiguo que el que está en la base del indoiranio y dem ás, un sistema

conservado en anatolio y existente en un m om ento dado, el todo el indoeuropeo.

Prescindiendo ahora de las laringales, que teñían, com o he dicho, con su

tim bre las vocales en contacto (y si iban a continuación de ellas las alarga­ ban, además, mientras que entre consonantes vocalizaban dando vocales, ya t/, ya 7, según las lenguas), los distintos m anuales de lingüística indoeuropea trazan un sistema fonológico que es en principio el m ism o de la vieja re­ construcción (excepto, repito, en el caso de las laringales). A sí, por ejem plo, los de M eillet, Szem érenyi, Beekes, Schm itt-Brandt y M eier-B rügger (el m ío y de Bernabe-M endoza atribuyen ese cuadro solo al IE III).1 La nueva obra de M . M ayrhofer2sigue igualm ente la línea tradicional. T razan también, igualm ente, estos manuales un sistema m orfológico

único, aunque luego daré excepciones y detalles y otros más en dos trabajos

posteriores/ Porque

del IE II, en

en m orfología sucede algo

semejante: la vieja m orfo­

logía unitaria del indoeuropeo, la de B rugm ann y dem ás, se asum e que era también la del hetita y anatolio en general. La m ayoría, sin ni siquiera de­ cirlo. Ya he anticipado que disiento.

LA

FO N O LO G ÍA

El sistema fonológico que los manuales dan, en general, com o com ún al in­ doeuropeo (y que para m í es el de su estrato III) es un sistema m uy sim ple, que incluye:

E l indoeuropeo clásico

ysus variantes HE III A y B)

51

a) Vocales f , a, o breves y las largas correspondientes.

La a era m uy rara.

dientes se utilizaba para crear oposiciones varias en el sistema nom i­

L a oposición de e v o y de las largas correspon­

nal y el verbal.

b) Sonantes, que podían desem peñar, según su posición en la sílaba, papeles ya de consonante (y, w , n, m, r, l), ya de vocal (/', u, », tn, r ,l,

que podían también ser largas).

c) Consonantes, con cuatro puntos de articulación y, en cada uno, fo­ nemas sordos, sordos aspirados (raros), sonoros y sonoros aspirados. O sea: labiales,p ,p h ,b ,h h , dentales, t,th,d,dh\ guturales,l^,/(/t,g,gh;

labiovelares, Ι(“\ Ιφ" ,g “ , gh“ ■H ay que añadir que algunos autores

distinguen, dentro de las que aquí llam am os

y otra palatal, que distinguen con ayuda de signos diacríticos tales

velares, una serie velar

como g ' o g.

Estos fonem as y, en el caso de las semivocales, sus variantes en la sílaba, da­

ban en las distintas lenguas soluciones propias y generales o bien depen­

dientes de los fonemas en contacto. N aturalm ente, a partir de aquí vienen las evoluciones fonéticas de las

diversas lenguas o grupos

aspiración de las sonoras o las alteraron de diversos modos (cf. ai. bhámmi, arm . berem, gr. φέρ«>, lat. feroj; el germ ánico alteró el sistema de oclusivas

lenguas llamadas.f«-

de lenguas. Por ejem plo, m uchas perdieron la

(p. e j„ de *dek>n, el inglés hizo ten, el alem án zehn)\ las

tem, com o el indoiranio y el eslavo, cam biaron las oclusivas en silbantes o sibilantes (p. ej., al centum latino corresponde el ai. satám, aesl. süto). Esta

últim a, es fácil verlo, es una evolución reciente que afecta a una parte del

IE III

A

y del IE

III B.

Por supuesto, a las evoluciones de las distintas ramas del antiguo in­

doeuropeo hay que añadir las de sus derivados posteriores. Y hay que insistir en que todo esto fue propuesto antes del descubrim iento del hetita y las de­ más lenguas anatolias. En ellas, adem ás de la presencia más o m enos regu­

lar de las laringales, ya m encionadas, hay diversas particularidades, como, por ejem plo, la ausencia, en general, de las vocales largas, la presencia de a

en lugar de ayo, etc.4 Sin em bargo, el problem a de las vocales largas en hetita es grave, por­

5 «

Las raíces lingüísticas de Europa

que se complica con problemas de grafía. La escritura plena o doble de al­ gunas vocales, com o ΰ -a, a veces se interpreta com o prueba de la existencia de largas, pero pueden ser largas secundarias, derivadas en anatolio a par­ tir de breves,5 o analógicas. Resulta imposible entrar aquí en el detalle, aunque ya digo que el uso sistemático de las largas, sobre todo en m orfolo­ gía, parece una innovación postanatolia. Los manuales, en general, no mencionan apenas el hetita, dan sin más

el cuadro anterior. A veces añaden la discusión sobre la supuesta existencia

de glotales com o las

¡Tanto revuelo para una teoría que, al final, nadie acepta!6 Pero no hay

m anual que no cite las glotales, aunque sea para rechazarlas.

del caucásico, propuesta por G am krelid ze e Ivanov.

E L

L É X IC O ,

L A

M O R F O L O G IA ,

LA

SIN T A X IS

Tam poco para este am plio dom inio son m encionados apenas el anatolio ni

el hetita. Sobre ellos, o se calla, o se piensa que las categorías que en estas

lenguas faltan (m asculino/fem enino, aoristo, perfecto, modos, etc.) las han perdido. Sobre esto he escrito en varios lugares, últimamente en dos artículos ya aludidos.7 Esas raíces o conjuntos de raíz + sufijo constituyen a veces, en el nom ­

bre, adjetivo, pronom bre o verbo, una form a no

preposición o interjección. O tras, constituyen lo que se llama un tema, o sea, una raíz o un conjunto de raíz + alargam iento (-£, etc.) o sufijo (-//, -s/(, -neu, etc.) que se declina o conjuga con ayuda de desinencias y, a veces,

se opone a otro tem a de igual raíz (y aun de otra).

Por ejem plo, en ai. (que continúa un m odelo indoeuropeo), hay un n. sg. vrkas ‘lobo’, frente a un g. sg. vrkasya, un n. pl. vrkas, etc. A la raíz vr\ se

añade bien

todo ello al servicio de la m orfología. Pero, en fin, esto es dentro de una dicotom ía entre las raíces: las hay no- minal-verbales (que crean nombres y / o verbos) y pronominal-adverbiales

(que crean pronombres y / o adverbios). Por ejem plo, las raíces nom inal -

verbales presentan ya form as nom inales (p. ej., en gr. σύ-ζυξ, o sea, ‘el cón­

yu ge’ o ‘el que vive con', en lat. iudex ‘el que dice la ley’, ‘el juez'), ya form as

flexionada: un adverbio,

una vocal tem ática, bien,

a veces, alargam ientos o desinencias,

E l indoeuropeo clásico y sus variantes (IE III A y B)

59

verbales (p. ej., gr. δείκνυμι ‘m ostrar', lat. dico ‘decir’, gót. gateihan ‘mos­

trar’).

U nas y otras pueden llevar la «vocal temática» <e/ o y las largas corres­

pondientes) entre raíz y desinencia: lat. yugum ‘yu g o’ < yugom), lat. diets

‘dices’ < * deicesi). Y , naturalm ente, sufijos, com o en gr. δείκνυμι, que bo de citar.

aca­

D e las raíces pronom inal-adverbiales derivan, com o digo,

ya pronom ­

bres, ya adverbios. P. ej., * so, *sa, *tod, ‘este, ese, aquel’, pero también ad­ verbios com o gr. όντως ‘así’.

A partir de una raíz de uno u otro tipo se crean temas que pueden ser ya

una simple raíz + φ, ya un conjunto de raíz + alargamiento(s) (en algunos casos) + sufijo(s), Estos tem as se convierten en palabras cuando, para m ar­ car las variantes m orfológicas (casos y núm eros en el nom bre, personas, etc., en el verbo), llevan en su parte final ya φ, ya desinencias. P. ej., de *ei ‘ir’ el

lat. tiene un v. ei o /, de πατήρ ‘padre’ el gr. un v. πάτερ; y, de uno y otro

terna, una 2.a pers. lat. is, un g. gr. πατρός.

H ay, pues, ya raíz, ya raíz + sufijo; y en ambos casos hay, en la flexión, o

bien raíz + φ, o bien raíz + sufijo. Y la raíz puede tener alargam iento.

L os casos, según la versión tradicional del indoeuropeo, eran (para el

nom bre, adjetivo y pronom bre) siete: nom inativo, vocativo, acusativo, ge­ nitivo, dativo, locativo y ablativo, conservados sobre todo en sánscrito, re­

ducidos a cinco o menos en otras lenguas. Los géneros eran tres: masculi­

no, fem enino y neutro, al igual que los números: singular, plural y dual. En múltiples estudios, com o mis libros ya citados y diversos artículos, he sostenido que esta es una versión maximalista del indoeuropeo, cierta tan solo para algunas lenguas, sobre todo el indoiranio. Q ue el sistema de los siete casos es secundario, el antiguo es el de n., v., ac., g. y dat., los casos

gram aticales. Determ inan al nom bre (en

(el ac. y dat.). Efectivam ente,

cando el sujeto (el n.) y los dos com plem entos

el indoeuropeo (todo él, por lo que sabemos) tiene una flexión que opone

sujeto en

n. / com plem ento directo en ac. / indirecto en dat., no una flexión

ergativa, com o erróneam ente han propuesto algunos.8 Y solo secunda­ riam ente añadió casos adverbiales. Pero quizá venga de un tipo lingüís­

tico anterior, el de las lenguas de clases. Esta es al m enos la opinión de

Lehm ann.

principio, el g.); y al verbo,

m ar­

6ο

Las raíces lingüísticas de Europa

Y , tam bién según esa versión tradicional, fundada una vez más en el griego y el sánscrito, el verbo tenía cuatro temas (creados de la raíz + ψ o de la raíz + sufijo): de presente, aoristo, perfecto y futuro (llamados tem pora­ les, pero sobre su valor hablaremos más adelante); y cada uno tenía dos vo­

ces, activa y media (la pasiva fue creándose lengua a lengua). Λ su vez, cada uno de los cuatro temas tenía variantes m odales (de indicativo, im perativo, subjuntivo y optativo).

Así, un verbo era un conjunto de temas: temporales (aspectuales, mejor

dicho: temporal es solo el futuro), dentro de los cuales, a su vez, había temas modales y variantes personales (también de número). Los temas estaban marcados con ayuda de variantes apofónicas y acentuales de la raíz y de sufi­ jos (incluido el φ). Los temas se flexionahan con ayuda de las desinencias,

que podían ser también φ. Pero a veces había amalgam a: la -ü) del gr. λύω ‘yo desato' indica presente, indicativo, voz activa, singular, primera persona. Prefijos temporales, esto es, el llam ado aum ento (<■'- en general), los hay solo en indicativo (y en realidad en unas pocas lenguas, griego, indoiranio y armenio). A sí, en las dos series lexicales de las que he hablado (la nom inal-verbal y la pronom inal-adverbial) hay form as en que la raíz, a veces pura, a veces sufijada, da ya un nom bre o adjetivo (flexionados luego), ya un pronombre

(flexion ad o tam bién), ya un adverbio (o preposición o interjección) sin flexionar. L o habitual es que un tema se oponga a otro u otros temas: son deriva­

dos, con ayuda de sufijos, de la m ism a raíz. O bien dos raíces se oponen dentro de un sistema, concretam ente de la conjugación. A sí se crearon flexiones politemáticas. Por ejemplo, en el nombre, la declinación que lleva un mase, en -o frente a un fem . en -á: lat. m ase.dom inus/ fem .domina (cada

form a con su declinación). Y junto con esta oposición de géneros, sobre dos

de un tema nom inal y uno adjetival (derivado). O bien, en el

temas, hay la

verbo, se oponen los temas de los que ya he hablado: de presente, aoristo o perfecto (también futuro) y los de los distintos modos. Por otra parte, de

raíces y temas el indoeuropeo creaba form as derivadas y compuestas. Este es el indoeuropeo politem ático del que vengo hablando: en la tra­

dición m ás gen eral, es

«el indoeuropeo» a secas; en la que sigo, el in do­

HI indoeuropeo clásico y sus variantes (IE III .4 y B)

U n verbo indoeuropeo de este estadio tenía, pues, la siguiente conjuga­ ción:

1.

Oposición de voces activa / m edia (marcada por las de-si-nencias).

2.

D entro de

cada voz había:

a) C uatro temas, m arcados por -φ o sufijos. Indicaban aspecto: pre­ sente, aoristo, perfecto, futuro.

Solo en indicativo m arcaban los temas el tiempo: así lo hacían el presente y el aoristo. El pasado lo marcaban estos dos temas con ayuda de una serie especial de desinencias y del aum ento ya mencionado: creaban ya un imperfecto, ya un indicativo de aoris­

to. Pero el perfecto era realm ente un

presente estativo, mientras

que el pluscuam perfecto, su pasado, parece no general, sino re­ ciente. El futuro m arca este tiempo con desinencias de presente. Los tres temas no futurales marcan, aparte del tiem po en indica­ tivo, también aspecto: duración el presente, puntualidad o com- plexividad el aoristo, acción term inada y estado derivado de ella, el perfecto.

b) Dentro de cada tema, había variantes modales de indicativo, sub­

juntivo y optativo, marcadas por oposiciones corno, entre indica­

tivo y subjuntivo, la de raíz / raíz + vocal temática (ai. ásti / ásati, de ‘ser’) o raíz con vocal temática breve / larga o variantes con su­ fijos com o -s- en tocario. El optativo llevaba un sufijo propio, -i? /

-7. Pero los modos estaban desarrollados solo parcialmente en IE III, que, como veremos, conservaba huellas del estadio premodal.

3.

Había, además, oposiciones de núm ero y persona, marcadas igual­

mente por las desinencias (o -<f>, en ocasiones). U na desinencia indicaba a la vez núm ero y persona; esto es lo que se llama sincretismo. El indoeuropeo no tenía, en general, aglutinación (desinencias claras y de sentido independien­ te, que se sumaran, com o en turco), sino sincretismo y am algam a, ya citados.

4. H abía, finalm ente, form as nom inales del verbo, obtenidas de cada

tema por sufijación y con valor ya de voz activa, ya de media. O bien había

una form a por verbo, participaban o no de los valores de los temas. Son tam bién recientes.

62

Las raíces lingüísticas de Europa

H abría que añadir que los sufijos, la vocal temática, las desinencias (y el aum ento y los prefijos iniciales) no son los únicos recursos de la com pleja

m orfología, nominal, verbal y pronominal del indoeuropeo. H ay que aña­

dir otros recursos que a veces se sum aban a estos, a veces funcionaban so­ los. Los he aludido de pasada. Son:

a)

L

a apofonía

o alternancias vocálicas. En el

nom bre, por ejem plo, la

apofonía e l o distinguía el n. y el v. sg. (lat. dominus / domine ‘am o’);

la

vocal de grado largo / -φ, por ejem plo, n. y g. (gr. η. πατήρ / g.

παχρός de ‘padre’, hay casos

paralelos

en otras

lenguas). L a apofo­

nía funciona tam bién entre el nom bre y el verbo (lat. tego ‘cubrir’ /

toga ‘toga’, ‘m anto’) o el nom bre y adjetivo

(gr. μένος / ευμενής ‘áni­

m

o’ I ‘de buen ánim o’, ‘benévolo’).

b)

E

l cambio de lugar del acento. Por poner unos ejemplos, hay oposi­

ciones n. / v. (ai.pitá / pitar, gr. πατήρ / πάτερ ‘padre’, ‘pequeño ruso’

sestrá / séstro ‘herm ana’, gr. δεσπότης / δέσποτα ‘am o’); n. / g. (gr.

μήτηρ / μητρός, lit. moté / moters ‘m adre’, gr.

jer’); mase. / fem. (gr. ήδδύς / ήδεΐα, ai. svadús / svadvi ‘dulce’); nom ­ bre / adj. (ya he citado gr. μένος / ευμενής); diversas formas del verbo

γυνή / γυναιχός ‘m u­

(ai. émi / imds ‘voy’ / ‘vam os’, veda / vidmá ‘sé’ / ‘sabemos’).

T am bién se utiliza la oposición de form as átonas y tónicas, por ejem ­ plo, para distinguir pronom bres interrogativos e indefinidos y, en los per­

sonales, variantes expresivas y enclíticas. Este sería, aproximadamente, el esquema de las clases de palabras y de las flexiones nominal y adjetival, pronominal (con algunas diferencias) y verbal indoeuropeas, más las clases de palabras no flexivas, y los numerales, así

como de los recursos form ales utilizados: raíces, alargam ientos, sufijos, voca­ les temáticas, alternancias vocálicas, desplazamientos del acento (musical).

H

abría que añadir el uso de distintos tipos de acento (agudo y circunflejo) y

el

orden de palabras que, en principio, sería libre, puesto que las form as

flexionadas eran suficientes para marcar las relaciones dentro de la oración,

mientras que las pausas y los acentos

las form as expresivas (interjecciones, llamadas) e impresivas (imperativo, vo­ cativo). Había, de todos modos, algunas restricciones en el orden de palabras.

marcarían las oraciones unim em bres y

E l indoeuropeo clásico y sus variantes (IE III A y B)

^3

describo sum ariam ente y que en

otros lugares ya citados he descrito con mayor detalle era una lengua muy com pleja, muy m orfologizada, con grandes recursos para la derivación, com ­

posición y renovación lexical. La vocal temática, por ejem plo, podía usarse,

con el tim bre e, para m arcar

persona singular del verbo; añadida a ciertas desinencias, para m arcar la v oz (-to, -so medias); y en otros usos más. N o era, pues, el indoeuropeo que aquí he descrito una lengua monosi­ lábica ni del tipo que utiliza, fundam entalm ente, la aglutinación, el orden de palabras y las variaciones acentuales y tonales. Era una lengua que, con ayuda de elementos formales m últiples combinados variamente, analizaba

el vocativo; con ó alargada, para la primera

C om o se ve, el indoeuropeo que aquí

m uy sutilm ente la realidad.1' N o obstante, creo, insisto, que el indoeuropeo brugm anniano que aquí

he descrito, deducido sobre todo del estudio del griego y del sánscrito, es un derivado secundario del más antiguo indoeuropeo, el II. Y que nació en

el tercer milenio antes de Cristo y entró en la India y Grecia hacia el año 2000.

Es el que he llam ado IE III A . Y que el indoeuropeo más antiguo al que podem os en cierta m edida acceder, m ás antiguo que el IE II, a saber, el IE I o protoindoeuropeo, era precisamente un indoeuropeo del tipo a que

acabo de aludir, monosilábico. Entre medias existió el ya m encionado IE II o m onotem ático, testimo­ niado, com o he señalado, por su derivado el anatolio y, dentro de él, por el hetita. En él no se oponían tem as de género o com paración o tiem po o

modo: la flexión era de tema + φ o tema + desinencias, no de varios temas salidos de una m ism a raíz y opuestos entre sí (o de varias raíces opuestas se­ cundariam ente entre sí, com o a veces sucede en las diferentes lenguas).

O B SE R V A CIO N E S

H

e repetido hasta la saciedad que el tipo de indoeuropeo aquí sum aria­

m

ente descrito era:

a) el resultado de la com paración entre las lenguas conocidas antes del descubrim iento del hetita (y el anatolio en general) y del tocario, y

64

Las raíces lingüísticas de Europa

b)

dentro de estas lenguas, el resultado, más bien, de la com paración del indoiranio (sobre todo el védico y sánscrito) y el griego.

N o era una lengua realm ente unitaria, sino más bien «a kind o f storehou­

se», una especie de alm acén, com o decía Lehm ann.'" D ejem os aparte las

desgracias del hetita y el tocario, no

tom ados en cuenta para la reconstrucción tradicional. O bien son olvida­

dos com o no existentes, o se dice que los elem entos de la reconstrucción

tradicional de que carecen

perdieron». Extraña historia.

Pero es que, aparte de esto, en algunas de las lenguas indoeuropeas cono­ cidas de antiguo y a las que atribuim os un tipo III B, faltan muchos elem en­

tos de esa reconstrucción, que se habrían «perdido». Los modos en eslavo,

por ejem plo. Y hay otros elementos, com o las desinencias verbales en -r, que sin duda el griego perdió.

En definitiva: la descripción qu e precede se refiere a lo sum o, com o ha

quedado anunciado, al «cinturón m eridional» y presenta innovaciones

(por creación o pérdida) que no siem pre com parten el «cinturón septen­ trional» o algunas de sus lenguas.

fem enino, el aoristo, el subjuntivo, etc.), «los

descubiertos a tiem po para que fueran

(el

El indoeuropeo no era tan simple, tenía variantes múltiples, en el tiem ­

po y en la geografía. Llevo m uchos años, en realidad desde 1962," predi­

cándolo, contra viento y marea, enfrentado a un excesivo tradicionalismo

que nada quiere saber de ideas nuevas. Véanse los artículos que acabo de

escribir sobre la historia de este debate.1’

en cuán relativa es la reconstrucción tradicional,

unitaria y plana, del «indoeuropeo», la que suele exponerse. Se refiere

sim plem ente a

una fase del indoeuropeo y ni siquiera a toda ella. D e la fase

anterior, la del IE II, representado para nosotros sobre todo por el anatolio,

pero de la que tam bién quedan restos en el IE III y es, sin em bargo, la m a­

yor parte de las veces olvidada o negada, m e ocuparé a continuación.

V oy, pues, a insistir

E l indoeuropeo clásico y sus variantes (IE

SOBRE

E L

III A y B)

IE

III

B

Y a se ve: el IE 111 A arraigó en E uropa y dio derivados, pero tenía sus pa­

rientes más próxim os en A sia (el tracio lo conocem os mal). Y aunque el griego ejerció un cierto influjo en el IE III B, pues hay algunas coinciden­

cias, hemos de reconocer que es este

el que m ayoritariam ente ha sido con­

tinuado por las lenguas europeas. A u n q u e también tico ya mencionado: el tocario.'3

tiene un pariente asiá­

Esta es la com pleja

situación. L u ego hubo cierta

evolución que afectó a

todo el indoeuropeo, tanto al europeo com o al asiático, creando el que lla­

m aré IE IV . Y , por supuesto, ya desde Rom a y en todas las fases sucesivas,

las lenguas europeas han sido enorm em ente léxico culto del griego.

En estas circunstancias se im pone añadir algunas cosas sobre este que he llam ado IE III B, el que llegó a Europa por el norte de los Cárpatos y luego se derram ó por las penínsulas m editerráneas, Italia y España. Creó, se sabe, el báltico y eslavo, el germ ánico, el latín, las lenguas itálicas y las célticas, entre otras de menor relevancia.

influidas y unificadas por el

En definitiva, el IE 111 B tiene innúmeras coincidencias con el IE III A.

H u bo innovaciones comunes: una fonética con pérdida de las laringales y

aceptación de sus resultados, el politematismo y las categorías gramaticales ex­

presadas por este, sobre todo. Esto, entre otras cosas, es lo que añaden al IE II

o monotemático ambas ramas del IE III. Pero, frente al IE III A , el IF. I ll B

experim entó muchas pérdidas. Por ejem plo, la enorm e disminución de los deverbativos (intensivos, causales, desiderativos, etc.); y un menor sentido de la raíz y de las alternancias vocálicas, una menor difusión de las form as no­ minales asociadas a los temas verbales. Faltan también en él algunas innova­ ciones del indogriego, tales com o el aum ento y el pluscuamperfecto, y en ciertas lenguas el perfecto, los modos, etc., como ya he dicho. T am bién preserva arcaísmos, así com o coincidencias solo con alguna

parte del indogriego, tales la desinencia -r y el sem item atism o chos también en hetita).

(ambos he­

H ay, sobre todo, en el IF. I ll B una innovación fundam ental: la crea­

ción, en el verbo, de un

perfecto se funden com o un segundo tem a frente al presente.

sistema bitem ático, en el que im perfecto, aoristo y

66

Las raíces lingüísticas de Europa

Por lo demás, dentro del IE III B hay escisiones, no todas las lenguas van al unísono. Por ejem plo, hay diferencias importantes entre báltico y es­ lavo, y entre esas lenguas y el germ ánico, otras dentro del eslavo, todo él un territorio relegado y arcaizante, por lo demás.

flexión semitemática, no tiene

oposición activa/m edia, ni subjuntivo ni optativo, ni perfecto, presenta una vacilación de las desinencias entre 2.“ y 3.a sg., no ofrece clara diferen­

cia entre desinencias prim arias y secundarias. En parte igual que el báltico,

en parte con diferencias. Eslavo y báltico son un estrato arcaico del IE III B,

búlgaro, el m acedonio y el serbocroata conservaron

su retaguardia. Solo el

aoristo c im perfecto al lado de un nuevo perfecto.'4 I la b ría que añadir luego las concom itancias c influencias entre los cin­ turones III A y III B, incluida la satem ización de algunas lenguas, sobre lo cual ya he hablado.'5 Este es un rasgo secundario y relativam ente reciente,

no la base de la división del indoeuropeo en dialectos, com o se creía.

Efectivam ente, el eslavo conserva una

Y hay las relaciones, dentro del IE III B, entre las distintas lenguas itáli­

cas, entre celta e itálico y entre las diferentes lenguas célticas.1'’ H abría que hablar, también, del tocario, que pertenece al tipo del IE III B, bitemático, pero ofrece notables diferencias, a veces arcaizantes, por ejem ­ plo, en la flexión nom inal o en el verbo, el subjuntivo sobre todo.1"

M IR A N D O

F.I. I N D O E U R O P E O

3

H A C I A

A T R Á S :

M

O N O T E M Á T I C O

(IE II)

E L

D E SC R IPC IÓ N

IN D O E U R O P E O

M O N O T E M Á T IC O :

Y

E N C U ADR A M IE N T O

H IST O R IC O

E n 1917 fue descifrado por H ro zn y el hetita de las tablillas de B oghazkoy, qu e también contenían otras lenguas anatolias, com o el luvita. Y cualquie­ ra que lea las gram áticas de estas lenguas, tales com o la del hetita de Frie­

drich y las gram áticas o estudios posteriores del palaíta, el luvita, el licio y

respecto

al indoeuropeo estándar, plano y unitario, de Brugm ann y dem ás, y res­

ese m om ento, tanto en la

fonética como en la m orfología, por no hablar de léxico y sintaxis. A veces en hetita hay cosas sin duda arcaicas que en ese indoeuropeo

tradicional no existían, com o, en fonética, las laringales; y un nuevo voca­

lism o, con a en v ez

larga, parece, en las vocales.

En el nom bre hay arcaísm os diversos, com o la falta de dual (también en el verbo), la indistinción de nom inativo y gen itivo en la flexión tem áti­ ca; la indistinción, también ocasional, de singular y plural fuera del nom i­ nativo y el acusativo; huellas de que el neutro es pregenérico y se convierte,

a veces, en anim ado, escaso desarrollo de la oposición anim ado/ inanim a­

de e l o , problem as en las oclusivas, falta de cantidad

el lidio,' se da cuenta inm ediatam ente de sus enorm es diferencias

pecto a las lenguas indoeuropeas conocidas hasta

do y nula de la de m asculin o/fem en in o; falta de la oposición de tipo πατρ/ πατρός y del uso m orfológico, a veces, de la vocal larga; frecuencia

de la flexión heteroclítica; falta de correspondencia con cl IE III en los ca­

en el d.-l. sg.); presencia en los mismos

sos m arginales del nom bre (salvo

paradigmas de temas en -á, -ai e -i (que en el IE III se clasificaron en flexio­ nes diferentes); defectividad y poca difusión de los temas en -e / -o; etc.2

6 8

Las raíces lingüísticas de Europa

E l adjetivo está a m edio diferenciar del g. del nom bre y faltan en él los

del pronom bre personal es diferente

grados de com paración. F.l sistema

del

desarrollado luego.

En el verbo, entre m il cosas, falta la oposición de temas y de m odos (sal­

vo

el

im perativo); hay dos conjugaciones, en -mi y en -i. La m edia en -a

está em parentada de uno u otro m odo con el perfecto indoeuropeo, pero

no

desinencial, abreviando muchísim o.3

H ay, sin duda, en el IF. II innovaciones, pero también arcaísmos, tales

com o la conservación de las laringales y de la flexión m onotem ática. Pare­ ce evidente que esto im plica una fase II del indoeuropeo, com o he pro­ puesto. D e ella vendría el anatolio, del que derivarían el hetita y otras len­ guas; y vendría, igualm ente, el IE III, del q u e ,a su vez, derivan el III A y el

III

es un tema aparte. Y hay, en general, arcaísmos diversos en el sistema

B y, en cada uno, las lenguas de que venim os hablando. C) sea:

IE II

anatolio

/

hetita, luvita, etc.

indoeuropeo

IE

\

III A , III

B

N aturalm ente, el anatolio y sus diversas lenguas ofrecen innovaciones

también diversas, pero en términos generales conservan elementos arcai­

cos que a m enudo

más adelante, conservó algunos; otras, una y otra rama evolucionaron en sentidos diferentes).

fueron m odificados por el IE III (a veces, com o verem os

H ay precedentes de estas ideas que aquí expongo una vez más. A rg u ­

m entando sobre la base de la pérdida de las laringales fuera del anatolio vino la teoría de Sturtevant:4habría habido un indohetita, del cual vendrían dos ramas, el hetita y el indoeuropeo; ésta es una teoría poco atendida, quizá porque se basaba en un rasgo único: presencia o ausencia de las laringales.

H etita e indoeuropeo serían «two sister languages», no otra cosa.

Sin

em bargo, en 1946 K erns y

S ch w artz publicaron un desarrollo m or­

fológico de esta teoría:’’ de una m anera esquem ática y más bien confusa.

Mirando hacia atrás: el indoeuropeo rnonotemático íIF. II)

69

proponían para el antiguo indoeuropeo un estadio rnonotemático (conser­ vado en hetita) y otro posterior, politemático. Y ello solo para el verbo. Y o, que había trabajado antes sobre las laringales' y varios temas in­ doeuropeos en conexión con el griego, desarrollé am pliam ente esta teoría en mi trabajo ya citado «H ettitisch und Indogerm anisch», de 1962 (leído en 1961, en Innsbruck, ante la Indogerm anischeG csellschaft), referente a toda la gram ática, no solo al verbo. Este es el núcleo de la teoría que he desarro­ llado luego m uy am pliam ente y a la qu e aquí tne refiero. D aré detalles. N o extrañará que en un libro dedicado a las lenguas de Europa, que salvo mínimas excepciones vienen del IE III, hable también del IE II, ante­ rior y continuado por lenguas anatolias (y por el etnisco, como veremos más adelante). Porque está claro que el IE III deriva del IE II y que ambos estu­ vieron implantados en Europa. Q uedan del IE II huellas seguras en lenguas europeas. El IE III y sus ramas no son sino derivaciones de ese IE II, sin duda hablado ya en Europa, com o digo, antes del despliegue del IE III a par­ tir del tercer milenio antes de Cristo. El IE II entró en Europa, sin duda, des­ de el quinto milenio. Esto se ve no solo por la lógica de las fechas y de las derivaciones, sino tam bién porque en las lenguas del IE III, las europeas entre ellas, se con­ servan a veces, aquí y allá, huellas de arcaísmos del IE II, com o acabo de

decir. Por ejem plo, el vocalism o del IE III supone la antigua existencia en él d e laringales, hoy es un hecho aceptado por todos.7 A veces hay, por lo dem ás, todavía, fuera del anatolio, algun a huella de la aspiración de las laringales.' En el nom bre y el adjetivo hay huellas de que en los nombres temáticos el n. pi. del IE III no es sino una form alización de un *-os de n. sg. y pl., n. y g. sg.: se crearon n. plurales en -oi y -os, g. sg. en -os-yo e C om o se en­ frentaron con -os y -om un g. sg. y pl., en hetita son intercambiables;9abun­ dan en varios casos de la declinación los temas puros, tipo gr. πόλει (y va­

g., d .-l.'“ y n.-ac., con -7, -á, -ai)." Y en el nom bre y

rios usos casuales, de n

el adjetivo, se conservan form as que no distinguen m asculino y fem enino ni grados sufijados de com paración (se crean perifrásticam ente).12 En el verbo del IF. Ill son frecuentes, todavía, las raíces y los temas des­

provistos de desinencias. P. ej., tenem os en lat. do, había sin duda ama

To

Las raíces lingüísticas de Europa

(luego

bált. y toe., en pretérito, form as en que una vocal radical -a, -ü, -ó alterna con una variante con -u (ai. jajñaú / -¿tha).'¡ Se pueden com parar form as del het. en -ahhi (dui, tamai), en que se añade un indicador de presente -i.

T am b ién , en hetita, tem as com o es ‘sé’, com parables a lat. ei, -i ‘vé’. Y en todo el IE III hay presentes temáticos con -o alargada, tipo gr. λύω , clasifi­

cados com o i * sg. pres. ind. (¡y subj.!)

A veces, en tal o cual lengua se ha creado un segundo tema tom ado de otra raíz (verbos polirrizos del tipo lat. eo / ucm . com o en esp. soy /fu i). En otras ocasiones, temas «generales» han opuesto, en diferente grado vocáli­ co, un presente y un aoristo, por ejem plo: m ientras que en ai. tanto tudáti

‘golpear’ com o bhárati ‘llevar’ son sim plem ente presentes, el gr. ha

do el

ϊλ υ ιο ν ‘dejé’). En aesl. puede conservarse la raíz pura en pretérito, frente a un presente derivado (aesl. pres. spéjp ‘avanzar’ / pret. spé). T am bién quedan en lenguas indoeuropeas verbos con solo un tema,

com o

do en sistema varias raíces o temas, tipo que he citado. Por otra parte, ya he apuntado que los varios temas de las flexiones del

verbo del IE III no siem pre han alcanzado a todas las lenguas de este. A sí com o el im perativo es universal, el subjuntivo y optativo faltan en báltico y eslavo. E incluso allí donde hay subjuntivo, es un derivado secundario,

quedan muchas lenguas en que una m isma form a actúa

vo, ya com o subjuntivo. A sí ai. dati ‘da’ / ‘dé’, gr. cret. νύναται ‘puede’ /

‘pueda’, gót. ind.-subj.^atóo ‘ungir’, etc.'4 Por supuesto, la adscripción de los temas de indicativo y subjuntivo, com o derivados, a los tem as generales del verbo es secundaria. L a inde­

pendencia se ve en tocario, lat. arcaico y celta, sobre todo. Cosas sem ejan­ tes suceden con el optativo, que en ocasiones se funde con el subjuntivo o el im perativo. El IE III distaba m ucho, ya se ve, de haberse independizado del todo del IE II y de ser absolutamente uniforme. El IE estaba siempre en desarrollo,

avanzando, diversificándose, contagiándose sus ramas. ¡Q ué error más

rrible e ingenuo, infantil, considerarlo com o una lengua única, hecha en todos sus detalles de una vez para siempre!

vocalismo φ al aoristo

amo), hay fut. arc. lat. dice ‘d iré’. E n otras

lenguas tenemos en ai.,

reduci­

tema con e al pres. (λείπω

‘dejar’) y el con

el verbo ‘ser’ *es. A veces se han convertido en polirrizos, organizan ­

ya com o indicati­

te­

Mirando

hacia atrás: el indoeuropeo monotemático (IE II)

11

el perfecto,'5 una form a verbal general, con

desinencias especiales de voz m edia, convertida en IE III, pero no en todo él, en tema independiente conjugado com o opuesto a los otros temas del verbo. N i había una form a única de perfecto. N i aparece el perfecto en bál­

tico y eslavo. Y , cuando aparece, tiene distintos destinos: a veces se asimila

a otros temas com o simple pretérito (es lo general en IE III B, pero secun­

dariam ente también en griego y lenguas del A), otras se le crea una form a

media y una secundaria, etc. T o d o esto es posterior, ya dentro del IE III. C o m o la creación del futu­ ro en varias lenguas. Y m ucho de lo referente a las form as nom inales del verbo, que solo en líneas generales coinciden con las del hetita.

Pero querría añadir algo sobre una variante del IE II apenas atendida:

Esto sucede también con

el etrusco, em igrado a Italia desde A sia sin duda en la época de los pueblos

del m ar'1' y cuya fonética y flexión nom inal conocemos bien, peor la verbal.

N o voy a defenderlo aquí. H e de exponer esta hipótesis en detalle com o he

hecho en otros lugares.'7 H e dado datos sobre la relación del etrusco con el indoeuropeo arcaico, representado para nosotros por el anatolio, aunque no tiene por qué co­ rresponder al etrusco en todos sus detalles. Pero el etrusco es una justifica­

ción más para la teoría. I le presentado cuadros que perm iten ver el carácter indoeuropeo de la flexión del etrusco, sobre todo en los casos centrales, con desinencias que

nos son fam iliares (-s de n. y g., *-tn de ac.); los tem as puros y las indefini­ ciones en la flexión, semejantes a las qu e hemos visto en hetita (y anatolio en general); derivación, también fam iliar, del adjetivo; el pronom bre con su n. pl. en -ai y con raíces bien conocidas; verbos idénticos a nom bres, te-

m atism o y atem atism o, im perativo (con igual sufijo -thi), form as de per­

fecto en -l(e, participio de perfecto, otros participios; léxico. N ada de oposi­

ciones de temas ni en el sistema nom ínal-adjetival ni en el verbal.

O sea que a la tesis hasta aquí sostenida, la de que las lenguas europeas

son IE III venido de las estepas de U crania y A sia central, que sin duda sucedió a un IE II, hay que añadir una excepción: que también llegaron a Italia y qu izá a otros lugares pueblos venidos de A natolia que hablaban el

IE II en una versión distinta de la posterior del hetita. Form a que incluía, naturalm ente, innovaciones propias, en las que no entro aquí.

7^

I m s raíces lingüísticas de Europa

E L

IN D O E U R O P E O

M O N O T E M Á T IC O :

J U S T IF IC A C IÓ N

F R E N T E

A LA S C R ÍT IC A S

Jamás he com prendido la resistencia a adm itir un antiguo indoeuropeo rnonotemático (posterior a uno no flexional). C ualquier gram ática del he-

tita o de otras lenguas anatolias muestra, en el verbo, un solo tem a, con su

presente, su im perativo, a veces form as nom inales, así com o

perfecto marcadas por las desinencias. Y , en el nom bre, un solo tem a, sin form a de fem enino de otro tem a, al lado; en el adjetivo, un solo tema tam ­

bién, sin form as de fem enino ni comparativo. Es obvio que este sistema, del cual quedaron huellas en el IE III, es la

base del politem atism o de este, que organizó varios temas (a veces de raíces diferentes) en un soto paradigm a del nom bre, el adjetivo o el verbo. Solo que las lenguas anatolias tuvieron la mala suerte de ser descifradas

hetita era, escribí,1* «el m iem bro de una familia de esta en el m om ento inoportuno y era por ello

mal recibido». Los tradicionalistas im pusieron que se siguiera aceptando el sistema de Brugm ann y los demás, basado en lenguas conocidas ante­

riorm ente

pudieron ser tom adas en cuenta para la reconstrucción. Pienso también que el etrusco, com o he señalado.

Según ellos, si ciertas categorías faltan en estas lenguas descubiertas tar­ díam ente, es porque las habían perdido. O tras veces se buscaban en hetita y demás supuestas huellas de aquellas form as «perdidas». Y'arios trabajos aludidos y, concretam ente, el m ío de 1962"' y m i libro

de 1963,“' entre otros, fueron así desatendidos. Y eso que, insisto, de ese sistema rnonotemático quedaron huellas en el IE III. Y'inieron, entonces, en prim er lu gar, los lingüistas que decían que si las

recién descubiertas lenguas indoeuropeas carecían de ciertos rasgos del IE de la reconstrucción tradicional (por ejem plo, no tenían fem enino, com pa­ rativo, aoristo, perfecto, subjuntivo u optativo), era porque los habían per­ dido. Puro apriorism o que violentaba los datos. A sí, por ejem plo, J. K u ry lo w icz, H . Eichner, E. Risch, F. Som m er,

K . H offm ann, A . Kam inenhuber, H . Rix, B. Schlerath, N . Oettinger, B. Barschel. D ejo los autores más recientes, véase más adelante. Y véanse mis

a estas otras de Anatolia y al tocario y que, evidentem ente, no

después de Brugm ann. El que llegaba a una reunión

form as de im ­

Mirando hacia atrás: el indoeuropeo monotemático (IE II)

73

diversos artículos sobre el carácter reciente, posterior al IE 11, al anatolio por tanto, de una serie de innovaciones del IE III ya aludidas/'

desde el descifram iento m ism o del

Pero ya desde antes de K u ry lo w icz,

hetita, una serie de lingüistas habían propuesto que el hetita era una len­ gua indoeuropea más (y, por tanto, habría perdido una larga serie de ras­

gos): así, por ejem plo, desde los años veinte, Pedersen, Pisani

El m ism o M eillet decía en 1937, en la introducción a la nueva edición de su conocido manual, que «El hetita descifrado por M. H rozny no obliga a cam biar nada esencial de las doctrinas expuestas aquí». Se hace difícil, a veces, descartar las viejas ideas. Son cóm odas y son más

fuertes que los nuevos datos que las contradicen.

y Bonfante.22

Es absurdo el argumento, que a veces se propone, de que el onus probandi

de que hay innovaciones postanatolias debe estar a cargo de aquellos que las

proponen;25 o de que no se han presentado ejemplos claros de innovaciones

del no-anatolio.24 Sin embargo, antes de estos trabajos, en 1963, en

mi Verbo indoeuropeo, yo había presentado toda clase de ejemplos de esas in­

novaciones del indoeuropeo ausentes, todavía, del hetita. Y luego en mi Lin­ güística indoeuropea de 1975, a la que se ha añadido posteriormente el Manual de Lingüística Indoeuropea (en colaboración) de 1995 y otros trabajos más. Pero parece que lo que se escribe en español no lo leen los lingüistas, ni

siquiera cuando se traduce al inglés o el alemán. Luego, tras un intervalo en el que parecía que la teoría de la existencia de varios estratos del indoeuro­

peo iba im poniéndose, se está volviendo increíblem ente a lo mismo.

Por ejem plo, R. S. P. Beekes25 se declara no convencido de la hipótesis indohetita (la m ía no la conoce: la sim plicidad de la conjugación hetita puede, según él, deberse a pérdidas). Igual J.H. Jasanoff, que inventa un «preanatolio» con aoristos temáticos y sigmáticos, subjuntivos, etc. Es de­ cir, antes del anatolio habría habido un indoeuropeo brugm anniano que

habría perdido en él esas form as. Y eso que este autor habla una y otra vez

de form as hetitas previas al «postanatolio».:,‘ Pura fantasía.

N i más ni menos hace H . Rix, que atribuye todas las formas del indoeuro­ peo brugm anniano al indoeuropeo en general. En su Lexicón der indo- germanischcn Yerben17 toda raíz verbal indoeuropea, en cualquier lengua, form a los temas que ya sabemos: presente, perfecto, subjuntivo, etc. N o intenta en absoluto dem ostrarlo, lo da por seguro.

comunes

74

Las raíces lingüísticas de Europa

Pues bien, ni estos autores ni otros en ningún m om ento citan los argu ­ mentos a favor de la existencia de un indoeuropeo m onotem ático (el IE II del anatolio y, en restos, en el IE III), argum entos que he dado m últiples veces y que en ocasiones han com partido otros lingüistas. N iegan que los haya o callan, sin más.

Y , sin

el

em bargo, hubo un m om ento, que hoy parece en que se adm itía la existencia de un indoeuropeo

general olvida­ m onotem ático,

do, en

previo al politemático. Por una parte, creció la idea de que el perfecto in ­ doeuropeo en -a, -tha, -e y la voz media hetita en -a, -tu, -a son dos innova­ ciones paralelas: en todo caso, el politem atism o sería post-hetita.*8Por otra parte, desde 1975, W . Meid sostuvo la teoría de que el indoeuropeo polite­ m ático es post-hetita.*' Igual opinaba E. N eu desde 1967.*" N o sé si N eu llegó a estas conclusiones independientem ente de m is argum entos o no; lo que es cierto, y lo he dem ostrado, es que Meid partió de mis estudios, con­

cretam ente, de

había criticado desfavorablem ente en IF 70,1965, págs. 346-350. Lu ego, en 1 9 7 5 , se convirtió, adoptando mis ideas, aunque sin citarme. Sin em bargo, dado que los trabajos de M eid y N eu son anteriores a la traducción alem ana de mi trabajo de 1979,*' se h izo habitual en A lem ania citar esta hipótesis del arcaísm o del hetita com o la «hipótesis M eid-N eu», sin m encionar para nada mi Verbo indoeuropeo de 1963 ni mi anterior pu­ blicación de 1962. ¡Y o había seguido a M eid y N eu , escribieron! La justicia

mi Evolución y estructura del verbo indoeuropeo de 1963, que

no es de este m undo.13 En mi «The new image» cito también obras de Rosenkranz, Kurylow itz, VV. P. Schm id, W . R. Schm alstieg, O . C arruba, C . W atkin s y E. C . Polo- mé, entre otras, que más o menos coinciden conm igo sobre el arcaísmo del hetita: no sabría decir en qué medida se inspiraron en mí y en qué medida

sim plem ente coincidieron. Cualquiera que tenga los

ojos abiertos puede

coincidir, porque los hechos son muy claros. En todo caso, en los años ochenta del siglo pasado se estaba en el buen camino; el de reconocer el arcaísm o del anatolio y el hetita y las innovacio­ nes com unes del posterior IE III. Y o tenía también mis precedentes, los he

citado, pero creo que contribuí decisivam ente a dem ostrar que la principal innovación del IE III fue, aparte de la pérdida de las laringales, la creación de flexiones politemáticas en el nom bre y el verbo.

Mirando hacia atrás: el indoeuropeo rnonotemático (IE II)

7 5

Sin em bargo, con alguna excepción com o la W . P. Lehm ann, cuyas ideas por lo demás difieren bastante de las inías,i4la verdad es que en los años no­

venta com enzó una inexplicable reacción, sin argum entos y solo con afir­ m aciones, que volvió a postular un indoeuropeo unitario. Es el de los m a­ nuales ya citados y, más concretam ente, el de los libros también citados de Beekes, (asanoff y Rix. Sin argum entos, insisto, se propone de nuevo la existencia de un indo­

europeo único y plano, sin variantes temporales ni locales. ¿Q ué lengua de am plia extensión y carente de literatura ni unidad política es así? N i siquie­ ra aunque se den dichas condiciones. Se trata de una idea precientífica, fan­ tasiosa. En realidad, depende de la antigua tendencia de los indoeuropeístas alem anes (pero más de Brugm ann que de Bopp) a proyectar al indoeuropeo reconstruido el m áxim o de elem entos de las lenguas posteriores, creando así una lengua más perfecta, frente a la cual la evolución sería más bien co­

rrupción. Por otra parte, aunque no he ocultado los precedentes de mi teoría, he de añadir que existen otros m uchos defensores de la idea del carácter re­

ciente de muchos rasgos del indoeuropeo clásico. L a hipótesis de que por debajo del indoeuropeo brugm anniano habían existido otros indoeuropeos

que carecían de ciertos rasgos de este, rasgos innovados, estaba bastante d i­ fundida desde el propio Bopp. Y sobre todo a partir de Λ . M eillet, quien insistió en el carácter reciente de la vocal temática, del aoristo en -s, de la oposición masculino/femenino. A su vez, F. Specht3’ volvió a dar argu­

mentos sobre el carácter reciente de la vocal temática, y E. Benveniste,1' so­ bre el desarrollo de la raíz indoeuropea a partir de antiguas raíces m onosi­ lábicas trilíteras, con ayuda de alargam ientos y fenómenos de apofonía. D el carácter reciente del fem enino, tras M eillet, se han ocupado autores com o Brosmann y C arruba, del desarrollo de la flexión nom inal y verbal, Fairbanks, Lehm ann, Polotné, W atkins, Schmalstieg, Shields y Beekes, entre otros.4' Y o m ism o m e he ocupado de todo esto: de la creación de las

flexiones en la fase m onotem ática y luego

en la politem ática.4

Por tanto, la idea de una evolución del indoeuropeo desde una fase pre­

flexional (sobre ella he de volver) a una flexional monotem ática y, luego, a otra en que se oponían varios temas es antigua. La fase monotemática fue

confirm ada

un día por el descubrim iento del hetita: com o cuantío las larin­

Las raíces lingüísticas de Europa

gales de Saussure, descubiertas por comparación entre lenguas, fueron con­ firm adas por el hetita (o los planetas, cuya existencia se deducía de cálculos m atemáticos, fue confirm ada por la observación a través del telescopio).

Por otra parte, en el IE II había ya precedentes de lo que sería el IE III:

la alianza de dos temas en la flexión nom inal heteroclítica;39y en el verbo, la

existencia del coupling, dos tem as verbales que funcionan com o asociados o derivado el uno del otro.

N o obstante, tras una fase de negación y otra de tímida aceptación, se ha vuelto al estado prim ario de la época en que el hetita no era conocido. U n tradicionalism o extraño se ha apoderado de esta ciencia, que cuenta con excelentes especialistas de tal o cual ram a, m ientras que el estudio com ­ parativo y teórico ha retrocedido hasta volver a los m omentos iniciales,

acom pañado de raros vetos y de falta de lectura. M uchísimos autores, com o C o w gill, Szcm crcnyi, Schm itt-Brandt (m uy consciente sin em bargo

de la evolución) y M ayrhofer ni siquiera citan el tem a de los estratos y del arcaísm o del grupo anatolio. L o incluyen entre las dem ás lenguas, sin más. A ntes cité a Rix.

Sobre este tem a, que es esencial para conocer toda nuestra historia lin ­ güística, y sobre el retroceso actual que se observa en este cam po de estu­ dios, tengo en prensa dos artículos, ya citados, que lo estudian detenida­ mente. Rem ito a ellos.4"

E L

4

M Á S

I N D O E U R O P E O

A T R Á S

T O D A V Í A :

N O

F L E X I O N A L

(IE I)

U na larga serie de lingüistas a partir del mismo Bopp, entre ellos autores

que ya he citado y a los cuales pueden añadirse en el presente otros com o

Bader,

tas etapas del indoeuropeo han llegado a la conclusión de la existencia an­ tigua de raíces, alargadas o no, que funcionaban com o palabras, Y ello ya

m ediante el sim ple añadido de raíces o elem entos varios (aglutinación),

ya m ediante la adaptación semántica y gram atical de raíces alargadas de

diversos modos (adaptación). En realidad, todas las hipótesis1sobre el carácter reciente del fem enino,

la vocal temática, la sufijal, etc., del IE vienen a proponer, en definitiva,

sean o no conscientes de ello sus autores, la antigua existencia no solo de

sistemas monotemáticos,

Y ello no solo en las raíces nom inal-verbales (y, dentro de ellas, las que eran

solo nom inales o solo verbales), sino igualm ente en las pronom inal-adver-

biales (donde continuó siendo frecuente la falta de flexión). Pienso que en fecha antigua existieron esos sistemas no flexivos, ya que en el indoeuropeo posterior pervivieron raíces puras que, aisladas o bien englobadas dentro de un paradigm a, tomaron secundariamente valores gram aticales a partir de anteriores valores semánticos, de clases de pala­

bras o de puros alargam ientos/ En todo caso, hay diferencias de opinión: por ejem plo, para unos las

desinencias del nom bre, tales com o -s o -m, son aglutinaciones de pronom ­

m í son adaptaciones, dentro del sistema del nom bre, de formas

alargadas con -s o -m, que tom aron diversos valores de caso a partir de la función en la oración de ciertas subclases de palabras com o sujetos o com ­

Lehm ann, Schm alstieg o Shields,

en su investigación de las distin­

sino, p reviam en te:) ellos, de sistemas no flexivos.

bres; para

plem entos directos.

77

7 «

Las raíces lingüísticas de Europa

En todo caso, esas desinencias se añadieron a temas puros, a veces una simple raíz, a veces raíz + sufijo o vocal temática. Y hay huellas precisas de que ello era así, el alargam iento es secundario. Es decir: había en el indoeu­

ropeo más antiguo, antes del politem ático y también del rnonotemático, form as de raíz o tema puro, no flexionadas.

C óm o se creó, en ellas, una flexión, interpretándose, dentro de ella, las form as de tema puro que sobrevivieron com o u n n .o v .o im perativo o una

determ inada form a personal del verbo, por ejem plo, es la cuestión sobre la que unos y otros hemos debatido. Pero el hecho de la supervivencia, tam ­ bién, de tem as puros independientes de cualquier flexión (adverbios, etc.) es indudable. Los había, pues el oponerse a variantes flexionales fue una segunda fase.

Y al igual que dentro del IE III se m antuvieron, en calidad de arcaísmos,

restos de una flexión m onotem ática, den tro de las flexiones del IF. II y

de IE III se mantuvieron, a veces con nuevos valores gramaticales, formas no flexionadas. A sí, los temas puros mencionados, sobre los que he de volver y que, por lo demás, pudieron sobrevivir en tal lengua sí, en tal otra no. El ac.

sg. del pronom bre personal de prim era persona es, por ejem plo, en griego με, un tema puro; pero en antiguo indio es mam, una form a con desinencia.

Sin embargo, también ha quedado una amplia serie de raíces sin flexionar,

com o los adverbios, preposiciones, conjunciones y partículas, pues el indo­

general

uniform e, pero con variantes temporales y locales. A h o ra bien, la m orfolo­

gización nunca fue

cales no flexionadas (que a veces se aglutinaron, luego, con las diversas raí­

ces o nom inal-verbales o pronom inal -adverbiales). Sobre las partículas, de entre estas formas, ha escrito un importante libro mi antiguo discípulo J. A . Berenguer.*

Sin descartar la existencia de la aglutinación de partículas, así en los ca­ sos oblicuos de la flexión nom inal (*-bhos, etc.), incluso en el n. pl. en -oí (que pasó del pronom bre al nom bre en ciertas lenguas), yo he sostenido la idea de que, preferentemente, nos hallamos ante form as alargadas con

oclusiva, -s, -m o vocal tem ática. T am b ién con grupos de vocal + laringal (de donde -í, etc.) que, en ciertos contextos, pasaron a tom ar valores gra­ maticales dentro de un nuevo sistema.

europeo, todo él, sufrió un largo proceso de m orfologización, en

completa, quedó una larguísim a serie de form as radi­

Más atrás todavía: el indoeuropeo no flexional HE I)

79

H abía, por ejem plo, en esc antiguo indoeuropeo raíces solo verbales,

com o es ‘ser’, do ‘dar’, solo nom inales, corno ped ‘pie’, aunque secundaria­

otras pudieron dar derivados de la clase contraria (nom inal o

verbal, respectivamente). E l IE I era una lengua no flexional en la qu e el nom bre podía no necesitar una determ inación, pero a veces sí (de donde surgirían los posteriores genitivo y adjetivo). Y el verbo podía llevar una o

ninguna,

to directo, podemos añadir el indirecto). Está claro que consideraciones se­

mánticas, es decir, las que creaban clases del nom bre o del verbo, eran las

que permitían

das por ciertas leyes de orden de palabras o de acento o atonía.

com o *egnis ‘fuego’ o *al{wü

‘agua’, podían funcionar com o sujetos de un verbo, de donde surgiría lue­

go el

vos). N o podían ser sujetos, en cam bio, *pür ‘fuego’ o *uodór ‘agua’, que podían ser, evidentem ente, acusativos. A q u í está la raíz de los nombres anim ados e inanim ados, al final posibles en todos los casos y m arcados fo r­

m alm ente ya desde el hetita. Podían coexistir, pues, en el IE I (o PIE , protoindoeuropeo) form as de

raíz o tema puro al lado de otras en que, en determ inadas clases o subclases

de palabras y en determ inados contextos, la raí/, o tem a podía recibir un

alargam iento

A lg o que, sin duda, esos recursos a los que acabo de aludir acababan de

form alizar, m arcando no solo el caso, sino tam bién el género (no aún el fe­

m enino) y el núm ero. En fases relativam ente antiguas del IE, com o las del anatolio y el etrusco, conviven todavía, en el nom bre, en n. y ac. sg., form as de tema puro con otras de tem a alargado: het. n. kurur o ¡(tiraras, A c. kurur o \ u n i­

rán ‘am istad’; el licio tiene un n. o ac. en -i o -a, pero tam bién un ac. nasa-

lizado; en etr. hay n. sg. tin o tins (form a esta de la que derivan otros casos)

‘Z eu s'; un n.-ac. es clan ‘h ijo’; etc. H abía, pues, posibilidad de añadir al

n. una -s y al ac. una *-m (etr, -n o -ni «enfática»), Y había indiferencia entre n. y g., por ejem plo, en los nom bres temáticos com o antuhsas hom ­

bre’, m ientras que otras veces -s, -as se convertían en hetita en m arcas de g. (sg. y p l„ tam bién del inanim ado). T en ían indefinición sg ./p l. Pero

mente unas y

pero también dos y aun

tres (los posteriores sujeto y com plem en­

o no esas determ inaciones, que adem ás podían estar m arca­

P o r ejem plo, ciertos nom bres «activos»,

nom inativo; también, sin duda, com o com plem entos (luego acusati­

que m arcara, a partir de

un mom ento, un uso gram atical.

8ο

Im í raíces lingüísticas de Europa

tam bién había un g. en -m, prim ero en sg. y pl., luego las form as se espe­ cializaron num éricam ente.4

M e estudiado varias clases o subclases de palabras cuyos finales se pue­ den convertir en marcas de caso o marca de adjetivo. Hay secundariamen­ te elección, ciertas form as pueden convertirse en m arcas de v. (la -e frente a n. -osy\a-a frente a n. -a,