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Apocalipsis Capítulo 2

A los Ángeles de las Iglesias en


Éfeso, Esmirna, Pérgamo y Tiatira Escribe
Versículo 1. “Escribe al ángel de la iglesia de Éfeso. "El que tiene las siete estrellas en
su mano derecha, y anda entre los siete candelabros de oro, dice:”

RH, 31 de Mayo de 1887. En su temprana edad la iglesia en Éfeso había sido hecha
depositaria de verdades sagradas. Había sido dotada de privilegios y dones raros.
"Conozco tus obras, tu trabajo, tu paciencia, y que no puedes tolerar a los malos. Probas-
te a los que dicen ser apóstoles y no lo son, y los hallaste mentirosos. "Has perseverado
y soportado pruebas por mi Nombre, y no has desfallecido”.

ST, 9 de Diciembre de 1886. Nuestro Padre celestial presenta ante sus finitas criaturas
ninguna imposibilidad; él no requiere de ellos aquello que no son capaces de realizar.
No ha puesto ante su iglesia una norma a la cual no pueden subir; sin embargo él desea
que trabajen con sinceridad para alcanzar la alta norma que en ese texto les ha sido pre-
sentada. Desea que ellos oren para ser “llenados de los frutos de justicia,” y luego
esperar esta bendición y recibirla, y crecer en todo en Cristo su Cabeza viviente.
Este fue el gran deseo del apóstol, no tan sólo respecto a la iglesia de Éfeso, sino pa-
ra todas las iglesias que él había sido instrumental en establecer.

RH, 10 de Mayo de 1906. Este es el mensaje que se me ha pedido presentar: Ha-


bréis de tomar las palabras dadas a Pablo para las iglesias en Éfeso como si perso-
nalmente fueran dirigidas a vosotros. Mediante la separación, la desunión, y la diver-
sidad de opinión, Satanás ha detenido la obra delineada en las palabras del apóstol. Si
los creyentes hubieran puesto al yo de lado, si hubieran rehusado llevar a cabo los planes
elaborados por Satanás para detener la obra de Dios, ¡cuánto más avanzada estaría la
obra! Por años se han enviado mensajes indicando la obra a realizar. Pero esta obra no se
ha realizado. Los creyentes se han puesto directamente en el camino de su cumplimien-
to, deteniendo el avance mediante la envidia, la suspicacia, y buscando errores. Han pro-
curado los puestos más altos. El negocio comercial ha absorbido la atención y consumi-
do los recursos que debieran haber sido usados para la proclamación del mensaje de sal-
vación. Gracias a Dios, algo sí se ha logrado. El enemigo ha introducido una variedad de
cosas para ocupar las mentes de los creyentes. El tiempo pronto está pasando, la obra
aun queda sin cumplir, y el mundo se está empeorando más y más. Y sin embargo en
misericordia el Espíritu de Dios aun está luchando con las almas. Hermanos y herma-
nas, pido que os vistáis de toda la armadura de Dios. Aquellos que nunca han escuchado
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las razones de nuestra fe ahora han de ser alcanzados. Muchos están esperando por un
mensaje de la Palabra de Dios. Id a ellos, y decidles dónde nos encontramos en la histo-
ria de este mundo.

OE:13-14. Los ministros de Dios están simbolizados por las siete estrellas, las cuales
se hallan bajo el cuidado y protección especiales de Aquel que es el primero y el
postrero. Las suaves influencias que han de abundar en la iglesia están ligadas con estos
ministros de Dios, que han de representar el amor de Cristo. Las estrellas del cielo están
bajo el gobierno de Dios. Él las llena de luz. El guía y dirige sus movimientos. Si no lo
hiciese, pasarían a ser estrellas caídas. Así sucede con sus ministros. No son sino ins-
trumentos en sus manos, y todo el bien que pueden hacer se realiza por su poder.
Es para honor suyo para lo que Cristo hace a sus ministros una bendición mayor para la
iglesia de lo que son las estrellas para el mundo, por medio de la obra del Espíritu Santo.
El Salvador ha de ser su eficiencia. Si quieren mirar a él como él miraba a su Padre, ha-
rán sus obras. A medida que ellos dependan más y más de Dios, él les dará su resplan-
dor para que lo reflejen sobre el mundo.

HAp:468-469. Cristo fue presentado como sosteniendo las siete estrellas en su mano
derecha. Esto nos asegura que ninguna iglesia que sea fiel a su cometido necesita
temer la destrucción; porque ninguna estrella que tiene la protección del Omnipo-
tente puede ser arrancada de la mano de Cristo.
"El que tiene las siete estrellas en su diestra. . . dice estas cosas." (Apoc. 2:1). Estas pa-
labras son dirigidas a los maestros de la iglesia, a aquellos a quienes Dios confió pesadas
responsabilidades. Las dulces influencias que han de abundar en la iglesia están vincula-
das estrechamente con los ministros de Dios, quienes deben revelar el amor de Cristo.
Las estrellas del cielo están bajo su dirección. Las llena de luz; guía y dirige sus movi-
mientos. Si no lo hiciera, llegarían a ser estrellas caídas. Así es con sus ministros. Son
instrumentos en sus manos, y todo lo bueno que pueden hacer es realizado por medio del
poder divino. Por medio de ellos se difunde la luz del Salvador, quien ha de ser su efi-
ciencia. Si tan sólo miraran a él como él miraba al Padre, serían capacitados para hacer
su obra. Cuando dependan de Dios, él les dará su esplendor para reflejarlo al mundo.

6T:413-414. Tengan los ministros y evangelistas más ocasiones para la sincera oración
con aquellos que están convencidos de la verdad. Recordad que Cristo siempre está con
vosotros. El Señor tiene listas las más preciosas exhibiciones de su gracia para fortalecer
y animar al obrero sincero y humilde. Entonces reflejad a otros la luz que Dios ha hecho
brillar sobre ustedes. Aquellos que hacen esto traen al Señor la ofrenda más preciosa.
Los corazones de aquellos que llevan las buenas nuevas de salvación están llenos del es-
píritu de alabanza.
“Estas cosas dice Aquel que sostiene las siete estrellas en su mano derecha”. Apoc. 2:1.
Las dulces influencias que han de abundar en la iglesia, están conectadas con los
ministros de Dios, quienes han de representar el precioso amor de Cristo. Las es-
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trellas del cielo están bajo el control de Cristo. Él las llena de luz. Él dirige sus mo-
vimientos. Si él no hiciera esto, llegarán a ser estrellas caídas. Igual es con sus mi-
nistros. Son sino instrumentos en sus manos, y todo el bien que ellos hacen es hecho
mediante Su poder. Mediante ellos Su luz ha de ser fulgurante. Es para la honra de
Cristo que él hace de sus ministros como grandes bendiciones para su iglesia mediante la
obra del Espíritu Santo, bendiciones más grandes que lo que son las estrellas para el
mundo. El Salvador ha de ser su suficiencia. Si ellos miran a Él como él vio a su Padre,
harán sus obras. Al hacer de Dios su dependencia, les prodigará su brillantez para que la
reflejen al mundo.
Recuerden, los que son como estrellas en la mano de Cristo, que siempre han de
preservar una dignidad sagrada y santa. Son los representantes de Cristo. La sen-
cillez en él, se encuentra envuelta en la pura y sagrada dignidad de la verdad.
Los siervos de Dios han de predicar Su palabra al pueblo. Bajo la obra del Espíritu Santo
entrarán en orden como las estrellas en la mano de Cristo, para brillar con Su brillantez.
Levántense y resplandezcan los que pretenden ser ministros de Cristo; pues su luz ha
llegado y la gloria del Señor se ha manifestado sobre ellos. Entiendan ellos que Cristo
espera que hagan la misma obra que él ha hecho. Salgan ellos de aquellas iglesias que ya
conocen la verdad, y establezcan nuevas congregaciones, presentando la Palabra de ver-
dad a los que están en ignorancia del mensaje divino de alarma.

6CBA::1118. Cristo "amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella". La compró con
su sangre. Al Hijo de Dios se lo ve caminando en medio de los siete candeleros de
oro. Jesús mismo da el aceite a esas lámparas que arden. Él es quien enciende la
llama. "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres".
Ningún candelero brilla por sí mismo; tampoco ninguna iglesia. De Cristo emana toda la
luz. La iglesia en el cielo hoy día es sólo el complemento de la iglesia en la tierra; pero
es más excelsa, más grandiosa, perfecta. El mismo esplendor divino ha de continuar a
través de los siglos eternos. El Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son la luz allí.
Ninguna iglesia puede tener luz si falla en difundir la gloria que recibe del trono de Dios
(MS 1a, 1890).

7CBA::967. [Se cita Apoc. 2:1-5]. Las palabras proceden de los labios de Aquel que no
puede mentir. El cuadro revela eterna vigilancia. Cristo está en medio de los siete can-
deleros de oro, caminando de iglesia en iglesia, de congregación en congregación,
de corazón en corazón. "No se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel". Si
los candeleros fueran dejados al cuidado de seres humanos, con cuánta frecuencia
vacilaría la luz y se apagaría; pero Dios no ha entregado su iglesia en manos de hom-
bres. Cristo, Aquel que dio su vida por el mundo "para que todo aquel que en él cree no
se pierda mas tenga vida eterna", es el guardián de la casa. Él es el guardián fiel y leal de
los atrios del templo del Señor...
Cristo camina en medio de sus iglesias a lo ancho y a lo largo de la tierra. Observa
con intenso interés para ver si los suyos están en una condición espiritual tal que
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puedan hacer avanzar su reino. Está presente en cada asamblea de la iglesia. Conoce
a aquellos cuyo corazón puede llenar con el óleo santo para que lo impartan a otros. Los
que fielmente hacen avanzar la obra de Cristo, representando en palabra y en hechos el
carácter de Dios, cumplen el propósito del Señor para ellos, y Cristo se complace en
ellos (RH, 26-05-1903).

6T:418-419. Los que sirven a Dios deben manifestar animación y firmeza en la obra de
salvar almas. Recordemos que hay quienes perecerán a menos que nosotros, como ins-
trumentos de Dios, obremos con resolución inquebrantable. Debemos depender de con-
tinuo del trono de la gracia.
Es inexcusable que la fe de nuestras iglesias sea tan débil. "Tornaos a la fortaleza, o pre-
sos de esperanza." (Zac. 9:12). En Cristo hay fuerza para nosotros. Él es nuestro
Abogado delante del Padre. Envía sus mensajeros a todas partes de su dominio pa-
ra comunicar su voluntad a su pueblo. Anda en medio de sus iglesias. Desea santi-
ficar, elevar y ennoblecer a sus discípulos. La influencia de los que creen verdadera-
mente en él será un sabor de vida en el mundo. Él tiene las estrellas en su diestra y es su
propósito dejar que por intermedio de ellas su luz brille para el mundo. Desea preparar
así a su pueblo para un servicio más sublime en la iglesia celestial. Nos ha confiado una
gran obra. Hagámosla con exactitud y resolución. Demostremos por nuestra vida lo que
la verdad ha hecho para nosotros.
"El cual anda en medio de los siete candeleros de oro." (Apoc. 2:1). Este pasaje
demuestra la relación que sostiene Cristo con las iglesias. Anda en medio de las
iglesias por toda la longitud y la anchura de la tierra. Las observa con intenso inte-
rés para ver si están en una condición espiritual que les permita hacer progresar su
reino. Cristo está presente en toda asamblea de la iglesia. Conoce a todos los que están
relacionados con su servicio y a aquellos cuyo corazón puede llenar de aceite santo para
que lo impartan a otros. Son muy preciosos para Cristo los que realizan fielmente su
obra en nuestro mundo y, representando en palabra y obra el carácter de Dios, cumplen
el propósito del Señor para con ellos. Cristo se deleita en ellos como un hombre se delei-
ta en un jardín bien cuidado y en la fragancia de las flores que ha plantado.

8T:23. Cristo envía a sus mensajeros a toda parte de su dominio para comunicar su
voluntad a sus siervos. Él anda en medio de sus iglesias. Desea santificar, elevar y
ennoblecer a quienes le siguen. La influencia de los que creen en él, será en el mundo
un sabor de vida para vida. Cristo tiene las estrellas en su diestra, y es su propósito dejar
brillar por intermedio de ellas su luz para el mundo. Así desea preparar a su pueblo para
un servicio más elevado en la iglesia celestial. Nos ha confiado una gran obra. Hagámos-
la fielmente. Demostremos en nuestra vida lo que la gracia divina puede hacer por la
humanidad.

HAp:468. Se habla de Cristo como caminando en medio de los candeleros de oro.


Así se simboliza su relación con las iglesias. Está en constante comunicación con su
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pueblo. Conoce su real condición. Observa su orden, su piedad, su devoción.
Aunque es el sumo sacerdote y mediador en el santuario celestial, se le representa como
caminando de aquí para allá en medio de sus iglesias en la tierra. Con incansable desve-
lo y constante vigilancia, observa para ver si la luz de alguno de sus centinelas arde dé-
bilmente o si se apaga. Si el candelero fuera dejado al mero cuidado humano, la vacilan-
te llama languidecería y moriría; pero él es el verdadero centinela en la casa del Señor,
el fiel guardián de los atrios del templo. Su cuidado constante y su gracia sostenedora
son la fuente de la vida y la luz.

7CBA::967. En el mensaje a la iglesia de Éfeso se presenta a Cristo como sostenien-


do las siete estrellas en su mano y caminando en medio de los siete candeleros de
oro. Se presenta como "caminando" entre ellos para ilustrar así su constante vigi-
lancia en favor de su iglesia. "No se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel".
Tampoco se vuelve indiferente. Estas figuras deben ser cuidadosamente estudiadas por
los sub pastores y fielmente aplicadas a su propio caso, para que no pierdan de vista su
gran privilegio de obtener luz de la Fuente de toda luz, impartiéndola a su vez a aquellos
para quienes trabajan (Carta 4, 1908).

Versículo 2. "Conozco tus obras, tu trabajo, tu paciencia, y que no puedes tolerar a los
malos. Probaste a los que dicen ser apóstoles y no lo son, y los hallaste mentirosos.”

5T:435. Se descubrirá en el día del ajuste final que Dios conocía a cada uno por nombre.
Cada acción de la vida tiene un testigo invisible. "Yo conozco tus obras," dice Aquel que
está "en medio de los siete candeleros." (Apoc. 3:15; 1:13). Él sabe qué oportunidades
han sido despreciadas, cuán incansables han sido los esfuerzos del buen Pastor para bus-
car a aquellos que estaban desviados en sendas tortuosas, y para traerlos a la senda de la
seguridad y la paz. Repetidas veces, Dios ha llamado a los que amaban los placeres, y ha
hecho fulgurar la luz de su Palabra a través de su senda, para que pudiesen ver su peligro
y escapar. Pero siguen adelante, bromeando mientras van por el camino ancho, hasta que
al fin termina su tiempo de gracia. Los caminos de Dios son justos y ecuánimes; y cuan-
do la sentencia sea pronunciada contra aquellos que sean hallados faltos, toda boca que-
dará cerrada. . .
Cuán diferente hubiera sido para ambos si hubierais considerado en su verdadera luz la
alabanza y el honor que viene de los hombres. Ustedes tienen más sed de la alabanza del
mundo que de las aguas de vida. La idea de considerarnos importantes entre los hombres
del mundo os ha intoxicado; sus palabras de estima os han engañado. Cuando ponéis una
correcta estima en las cosas eternas, la amistad y la estima de los ricos y educados no
tendrá influencia sobre vosotros. Orgullo, en cualquiera forma que se manifieste, ni vivi-
rá más en vuestro corazón. Pero tanto habéis bebido de las aguas turbias de lo mundanal,
que no veis una mejor forma de vivir.

6CBA::1111. La fe genuina siempre obra por el amor. Cuando miráis el Calvario


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no es para tranquilizar vuestra alma en el incumplimiento del deber, no es para
disponernos a dormir, sino para crear fe en Jesús, fe que obrará purificando el al-
ma del cieno del egoísmo. Cuando nos aferramos a Cristo por la fe, nuestra obra sólo ha
comenzado. Todo hombre tiene hábitos corruptos y pecaminosos que deben ser venci-
dos mediante una lucha intensa. A toda alma se le pide que libre la lucha de la fe. Si uno
es seguidor de Cristo no puede ser áspero en su trato, no puede ser duro de corazón, des-
provisto de simpatía; no puede ser vulgar en su lenguaje, no puede estar lleno de pompo-
sidad y estima propia; no puede ser despótico, ni puede usar palabras ásperas, censurar y
condenar.
La obra del amor emana de la obra de la fe. La religión de la Biblia significa trabajo
constante. "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos". "Ocupaos en vuestra
salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer
como el hacer por su buena voluntad". Debemos ser celosos de buenas obras, ser cuida-
dosos de hacer buenas obras. Y el Testigo verdadero dice: "Conozco tus obras".
Si bien es cierto que nuestras diligentes actividades en sí mismas no asegurarán la salva-
ción, también es cierto que la fe que nos une a Cristo impulsará el alma a la actividad
(MS 16, 1890).

NB::353-354. "Los que están empleados en cualquier departamento de la obra gracias al


cual el mundo puede ser transformado, no deben entrar en alianza con los que no cono-
cen la verdad. El mundo no conoce al Padre o al Hijo, y no tiene discernimiento espiri-
tual con respecto al carácter de nuestra obra, respecto de lo que debemos hacer o no ha-
cer. Debemos obedecer las órdenes que vienen de arriba. No debemos escuchar el con-
sejo o seguir los planes sugeridos por los no creyentes. Las sugestiones hechas por los
que no conocen la obra que Dios está haciendo en este tiempo, tendrán el efecto de debi-
litar el poder de los instrumentos de Dios. Aceptando sus sugerencias, el consejo de
Cristo es anulado...
"El ojo del Señor está sobre la obra, sobre todos sus planes, y sobre las imaginaciones de
toda mente; él ve debajo de la superficie de las cosas, discerniendo los pensamientos e
intenciones del corazón. No existe un solo hecho propio de las tinieblas, ni un solo
plan, ni una sola imaginación del corazón, ni un solo pensamiento de la mente, que
él no lea como si fuera en un libro abierto. Todo acto, toda palabra, todo motivo, es
fielmente anotado en los registros del gran Dios que investiga el corazón, y que di-
jo: 'Yo conozco tus obras'.

2MS::21-22. La fe genuina siempre obra impulsada por el amor. Cuando miráis el


Calvario, no lo hacéis para tranquilizar vuestra alma en el incumplimiento de vues-
tro deber, ni para disponeros a dormir, sino para generar fe en Jesús, una fe que
obrará purificando el alma del fango del egoísmo. Cuando nos aferramos a Cristo por
la fe, nuestra obra acaba de comenzar. Cada hombre tiene hábitos corrompidos y peca-
minosos que deben ser vencidos mediante una lucha vigorosa. Cada alma tiene que pe-
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lear la batalla de la fe. El que es seguidor de Cristo no puede actuar con falta de honra-
dez en los negocios; no puede ser insensible ni carecer de simpatía. No puede hablar con
aspereza. No puede estar lleno de ostentación y amor propio. No puede ser dominante ni
emplear palabras ásperas, y censurar y condenar.
La obra de amor surge de la acción de la fe. La religión de la Biblia significa traba-
jo constante. "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos"(Mat. 5:16). Obrad
vuestra propia salvación con temor y temblor, porque es Dios el que obra en vosotros
tanto el querer como el hacer su buena voluntad. Debemos buscar celosamente las
buenas obras, y debemos mantenerlas cuidadosamente. Y el Testigo fiel dice: "Yo
conozco tus obras"(Apoc. 2:2).
Si bien es verdad que nuestras múltiples actividades no nos asegurarán la salvación por
sí mismas, también es cierto que la fe que nos une con Cristo estimulará el alma a la ac-
tividad.
Los que carecen de tiempo para prestar atención a sus propias almas, para examinarse a
sí mismos diariamente a fin de ver si están en el amor de Dios, y para colocarse en los
conductos por donde fluye la luz, tendrán tiempo para ponerlo a disposición de las su-
gestiones de Satanás y dedicarlo a la realización de sus planes.

RH, 31 de Mayo de 1887. El Testigo Fiel habla dando encomio sobre la diligencia de
la iglesia en Éfeso, declarando: “Yo conozco tus obras;” y todas sus felicitaciones y
reprensiones han de ser tomadas muy en serio, pues el que habla es Uno que todo lo
sabe. Piedad ardiente y activa manifestada en un trabajo juicioso dará evidencia de
una fuerza moral en la iglesia. Falta de buenas obras conlleva a la falta de piedad, y
falta de piedad produce la inactividad. Piedad diligente y sincera es lo que se espera
de los creyentes, de otra forma sólo habrá una degeneración a sólo un servicio rutinario
y un seco formalismo, mientras que habrá menos y menos santo fervor; fervor que con-
siste de una manifestación de luz desde el candelero.

RH, 26 de Mayo de 1903. “Y que no puedes soportar a los malos, y has probado a
los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos.” Mientras
no debiéramos buscar faltas en otros y acusarlos, nunca hemos de prestar nuestra
influencia para mal. Existen algunos cuyo hablar es vanidad. Su influencia conlleva al
mal. A menos que se arrepientan, serán pesados en balanzas, y hallados faltos. La fiel
reprensión pudiera salvarlos.

5T:538. Dios ha llamado a un pueblo en estos últimos días, a quienes ha hecho los depo-
sitarios de su ley, y este pueblo siempre tendrá tareas desagradables que realizar. "Co-
nozco tus obras, tu trabajo, tu paciencia, y que no puedes tolerar a los malos. Probaste a
los que dicen ser apóstoles y no lo son, y los hallaste mentirosos. Has perseverado y so-
portado pruebas por mi Nombre, y no has desfallecido.” Se requerirá mucha diligencia
y una continua lucha para mantener el mal fuera de nuestras iglesias. Debe ejerci-
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tarse una disciplina rígida e imparcial; pues algunos que tienen la apariencia de re-
ligión procurarán minar la fe de otros y obrarán sutilmente para exaltarse a sí
mismos.

RH, 31 de Mayo de 1887. “Probaste a los que dicen ser apóstoles y no lo son, y los
hallaste mentirosos”. Habrá hombres que pretenden tener una obra que hacer en
la predicación de la verdad a otros, y pudiera ser que sería mejor probarlos. Pero
la más solemne obligación está puesta sobre aquellos que están dispuestos a realizar
esto, es decir, observar la entrada y salida de los pretenciosos, seguir sus pisadas e
investigar atentamente la manera en que ellos realizan su obra; si de hecho están
dejando una influencia de vida para vida, o una influencia que niega sus pretensio-
nes de ser apóstoles de Cristo Jesús. Verdadero celo, celo cristiano, ha de ser manifes-
tado en cada caso, de modo que los engañadores no obtengan entrada, y mediante el en-
gaño se introduzcan en la confianza de las iglesias cuando no son dignos de la confianza
de cristianos, porque sus obras son malas, sus corazones inicuos, sus acciones corrupto-
ras.

RH, 7 de Junio de 1887. “"Conozco tus obras, tu trabajo, tu paciencia, y que no puedes
tolerar a los malos. Probaste a los que dicen ser apóstoles y no lo son, y los hallaste men-
tirosos”. Esta obra de purificar la iglesia es una labor dolorosa, pero una que no
debe pasarse de alto, si es que la iglesia tuviera la aprobación de Dios.

Versículo 3. "Has perseverado Y soportado pruebas por mi Nombre, y no has desfalleci-


do”.

5T:538. Dios ha elegido en estos postreros días un pueblo al que ha hecho depositario de
su ley, y este pueblo tendrá siempre tareas desagradables que cumplir. "Yo sé tus obras,
y tu trabajo y paciencia; y que tú no puedes sufrir los malos, y has probado a los que se
dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido
paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido." (Apoc. 2:2-3). Se re-
querirá mucha diligencia y una lucha continua para mantener el mal apartado de
nuestras iglesias. Debe ejercerse una disciplina rígida e imparcial; porque algunos
que tienen una apariencia de religión, tratarán de minar la fe de los demás y traba-
jarán privadamente para ensalzarse a sí mismos.
En el monte de las Olivas, el Señor Jesús declaró categóricamente que "por haberse mul-
tiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará." (Mat. 24:12). Habla de una clase
de personas que ha caído de un alto estado de espiritualidad. Penetren en los corazones
estas declaraciones con poder solemne y escrutador. ¿Dónde están el fervor y la devo-
ción a Dios que corresponden a la grandeza de la verdad que aseveramos creer? El amor
al mundo y a algún pecado favorito desarraigó del corazón el amor a la oración y a la
meditación en las cosas sagradas. Se sigue cumpliendo una serie de servicios religiosos
formales; pero, ¿dónde está el amor de Jesús? La espiritualidad está muriendo. ¿Ha de
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perpetuarse este sopor, este lamentable deterioro? ¿Ha de vacilar y apagarse en las tinie-
blas la lámpara de la verdad porque no se la abastece con el aceite de la gracia?

MB::162-163. Nuestras hermanas no tienen excusa si no toman una parte en la obra de


Dios. Todo el que ha gustado de los poderes del mundo venidero, tiene una obra fervien-
te que hacer en algún sentido en la viña del Señor. Quizá nuestras hermanas se las arre-
glen para estar ocupadas con sus dedos continuamente empleados en la preparación de
objetos delicados para embellecer su hogar o para regalarlos a sus amigas. Quizá se
traigan grandes cantidades de este material para ser colocadas sobre el fundamen-
to de la roca, pero ¿considerará Jesús toda esta diversidad de trabajos delicados
como un sacrificio vivo para él? ¿Pronunciará sobre las obreras la alabanza: "Yo
sé tus obras, y tu trabajo y paciencia", y cómo tú "has sufrido, y has tenido pacien-
cia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido"?
Pregúntense nuestras hermanas, ¿cómo me encontraré en el juicio con esas almas con las
cuales me he relacionado o debiera haberme relacionado? ¿He estudiado detenidamente
sus casos individuales? ¿Me he familiarizado tanto con mi Biblia como para poder abrir-
les las Escrituras? . .
¿Es la obra que Dios os ha señalado, como a sus siervas que reciben recompensa, el es-
tudiar los intrincados y delicados modelos de los bordados y los muchos puntos oscuros
de esta clase de trabajo con el propósito de dominar lo que alguna otra persona ha hecho
o mostrar lo que podéis hacer? ¿Es ésta la clase de trabajo que Dios os alabará por
haber hecho, que tanto absorbe vuestro interés, vuestro tiempo y talentos dados
por Dios, que no tenéis gusto ni preparación, ni aptitudes para la obra misionera?
Toda esta clase de trabajo es heno, madera y hojarasca, que consumirá el fuego del
último día. Pero, ¿dónde están vuestras ofrendas para Dios? ¿Dónde está vuestro
paciente trabajo, vuestro celo ferviente que os pone en relación con Cristo, llevando
su yugo, levantando sus cargas? ¿Dónde están el oro, la plata y las piedras preciosas
que habéis puesto sobre la roca de fundamento, que el fuego del último día no puede
consumir porque son imperecederos? (RH, 31-05-1887).

Versículo 4. "Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor”.

HAp:469. La iglesia tenía defectos, y necesitaba severa reprensión y corrección; y


Juan fue inspirado a escribir mensajes de amonestación, reprensión y ruego a los
que, habiendo perdido de vista los principios fundamentales del Evangelio, ponían
en peligro la esperanza de su salvación. Pero las palabras de reproche que Dios halla
necesario enviar se pronuncian siempre con tierno amor, y con la promesa de paz a cada
creyente arrepentido. "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo -dice el Señor;- si alguno
oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". (Apoc.
3:20).

1MS::445. Sed muy cuidadosos, mis hermanos, en cuanto a la forma de presentar el te-
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ma de la fe y las obras ante los oyentes, no sea que las mentes se confundan. La gente
necesita que se la inste a ser diligente en buenas obras. Debiera mostrársele cómo tener
éxito, cómo ser purificada, y sus ofrendas serán fragantes delante de Dios. Esto es por
virtud de la sangre de Cristo. Deben presentarse a la gente mensajes de un carácter
decidido. Los hombres deben ir reprobando y reprochando toda forma de mal.
Si se da al ángel de cualquier iglesia una comisión como la que fue dada al ángel de
la Iglesia de Éfeso, óigase el mensaje mediante instrumentos humanos que repro-
chen el descuido, la apostasía y el pecado a fin de que la gente sea inducida al arre-
pentimiento y a la confesión del pecado. Nunca tratéis de ocultar el pecado, pues en
el mensaje de reproche Cristo ha de ser proclamado como el primero y el último,
como Aquel que es todo y en todo para el alma.
El poder de Cristo está a la disposición de los que quieren vencer. El que reprocha ha de
animar a sus oyentes de modo que se esfuercen en procura de la victoria. Ha de animar-
los para que luchen en procura de la liberación de cada práctica pecaminosa, que queden
liberados de cada hábito corrupto, aun cuando su negación del yo les sea como arrancar-
se el ojo derecho o cortarse del cuerpo el brazo derecho. No se debe hacer ninguna con-
cesión a los malos hábitos o prácticas pecaminosas ni se debe transigir con ellos (Ma-
nuscrito 26a, 1892).

6T:421-423. El testigo fiel se dirige a la iglesia de Éfeso diciendo: "Pero tengo contra ti
que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y
haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar,
si no te hubieres arrepentido". (Apoc. 2:4-5).
Al principio, lo que distinguía a la iglesia de Éfeso era la sencillez y el fervor de un niño.
Manifestaba hacia Cristo un amor sentido, vivo y ferviente. Los creyentes se regocija-
ban en el amor de Dios, porque Cristo estaba continuamente presente en su corazón.
Alababan a Dios y su actitud agradecida concordaba con el agradecimiento de la familia
celestial.
El mundo conocía que habían estado con Jesús. Los hombres pecaminosos, arrepentidos,
perdonados, limpiados y santificados, eran asociados con Dios por medio de su Hijo.
Los creyentes trataban fervientemente de recibir y obedecer toda palabra de Dios. Lle-
nos de amor por su Redentor, procuraban como su más alto objeto ganar almas para
Cristo. No querían guardar para sí el precioso tesoro de la gracia de Cristo. Sentían la
importancia de su vocación y, abrumados por el mensaje: Paz en la tierra, buena volun-
tad para con los hombres, ardían en deseos de proclamar las buenas nuevas hasta los
confines más remotos de la tierra.
Los miembros de la iglesia estaban unidos en sus sentimientos y acciones. El amor por
Cristo era la cadena de oro que los vinculaba entre sí. Continuaban conociendo al Señor
siempre más perfectamente, y revelaban alegría, consuelo y paz en su vida. Visitaban a
los huérfanos y las viudas en sus aflicciones y se conservaban sin mancha del mundo.
Consideraban que dejar de hacerlo habría sido contradecir su profesión y negar a su Re-
dentor.
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En toda ciudad, se llevaba adelante la obra. Se convertían almas, que a su vez sentían
que debían comunicar el inestimable tesoro. No podían descansar hasta que los rayos de
luz que habían iluminado su mente resplandeciesen sobre otros. Multitudes de incrédu-
los llegaban a conocer la razón de la esperanza del cristiano. Se hacían cálidos e inspira-
dos llamamientos personales a los pecaminosos y errantes, a los desechados y a aquellos
que, aun profesando conocer la verdad, eran amadores de los placeres más que de Dios.
Pero después de un tiempo, el celo de los creyentes, su amor a Dios y entre sí, em-
pezó a disminuir. Penetró la frialdad en la iglesia. Surgieron divergencias y los ojos
de muchos dejaron de contemplar a Jesús como Autor y Consumador de su fe. Las
masas que podrían haber sido convencidas y convertidas por la práctica fiel de la
verdad fueron dejadas sin amonestación. Entonces fue cuando el Testigo fiel diri-
gió su mensaje a la iglesia de Éfeso. Su falta de interés por la salvación de las almas
demostraba que había perdido su primer amor; porque nadie puede amar a Dios con todo
el corazón, la mente, el alma y las fuerzas, sin amar a aquellos por quienes Cristo murió.
Dios los llamó a arrepentirse y hacer las primeras obras, o quitaría su candelero de su
lugar.
¿No se repite el caso de Éfeso en la iglesia de esta generación? ¿Cómo está empleando
su conocimiento la iglesia que hoy ha recibido el conocimiento de la verdad de Dios?
Cuando sus miembros vieron por primera vez la indecible misericordia de Dios por la
especie caída, no podían permanecer en silencio. Los dominaba el anhelo de cooperar
con Dios para dar a otros las bendiciones que habían recibido. Mientras impartían a
otros, estaban continuamente recibiendo. Crecían en la gracia y en el conocimiento del
Señor Jesucristo. ¿Qué sucede hoy?

6T:76-77. El mandato de Cristo a su pueblo es: “"El señor dijo al siervo: 'Id por los ca-
minos y vallados, y aprémialos a entrar, hasta que se llene mi casa’”. Luc. 14:23.
El llamado al banquete del evangelio primero ha de ser llevado por los caminos. Debe
ser dado a aquellos que pretenden a estar en los caminos de la experiencia cristiana—a
los miembros de las diferentes iglesias. "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a
las iglesias. Al que venza, le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de
Dios". Apocalipsis 2:7. En estas iglesias existen verdaderos adoradores. Debe hacerse
una obra por aquellos que han caído de su primer amor, quienes han perdido su
primer celo e interés en cosas espirituales. Debemos llevar la advertencia ante los
profesos cristianos que son transgresores de la ley de Dios. A ellos el mensaje debe
ser dado.

2T:293-294. O mi hermano, si usted hubiera hecho un trabajo cabal hace un año, el pre-
cioso año ya pasado no hubiera sido para usted tan en vano. Usted conocía la voluntad
de su Señor, pero no la hizo. Usted se encuentra en condición peligrosa. Sus sensibilida-
des han quedado indispuestas a las cosas espirituales; usted tiene una conciencia violada.
Su influencia no es la de recoger sino la de desparramar. Usted no tiene interés especial
en ejercicios religiosos. Usted no es un hombre feliz. Su esposa uniría su interés con el
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pueblo de Dios si usted se pusiera de lado. Ella necesita su ayuda. ¿Estarán unidos para
echar mano de esta obra?
El pasado Junio vi que su única esperanza de romper la cadena de su esclavitud era apar-
tarse de sus antiguas amistades. Usted había cedido a las tentaciones de Satanás hasta
que llegó a ser un hombre débil. Usted era un amante del placer más que de Dios, y ca-
minaba apresuradamente por la vereda descendiente. He quedado chasqueada al ver que
usted ha continuado en el mismo estado de indiferencia por años. Usted ha conocido y
experimentado el amor de Dios; y ha sido su deleite hacer la voluntad de Dios. Us-
ted era puntual a los servicios de oración. Su testimonio ha salido de un corazón
que sintió las influencias despertadoras del amor de Cristo. Pero usted ha perdido
su primer amor.
Dios ahora le llama al arrepentimiento, que sea celoso en la obra. Su felicidad eterna se-
rá determinada por el curso que usted siga ahora. ¿Puede usted rechazar las invitaciones
de misericordia ahora ofrecidas? ¿Puede usted escoger su propio camino? ¿Acariciará
usted el orgullo y la vanidad, y perderá así finalmente su alma? La palabra de Dios cla-
ramente nos dice que pocos se salvarán, y que la gran mayoría de aquellos, aún, que son
llamados probarán ser indignos de la vida eterna. Ellos no tendrán parte en el cielo, sino
que tendrán su porción con Satanás, y experimentarán la segunda muerte.

5T:385-386. Muchos suponen que el espíritu misionero y las cualidades para el trabajo
misionero constituyen un don especial que se otorga a los ministros y a unos pocos
miembros de la iglesia, y que todos los demás han de ser meros espectadores. Nunca ha
habido mayor error. Todo verdadero cristiano ha de poseer un espíritu misionero, por-
que el ser cristiano es ser como Cristo. Nadie vive para sí, "y si alguno no tiene el Espí-
ritu de Cristo, el tal no es de él." (Rom. 8:9.) Todo aquel que haya gustado las potestades
del mundo venidero, sea joven o anciano, sabio o ignorante, será movido por el espíritu
que animaba a Cristo. El primer impulso del corazón renovado consiste en traer a
otros también al Salvador. Aquellos que no poseen ese deseo dan muestras de que
han perdido su primer amor; deben examinar detenidamente su propio corazón a
la luz de la palabra de Dios, y buscar fervientemente un nuevo bautismo del Espíri-
tu; deben orar por una comprensión más profunda de aquel admirable amor que
Jesús manifestó por nosotros al dejar el reino de gloria, y al venir a un mundo caí-
do para salvar a los que perecían.
En la viña del Señor hay trabajo para cada uno de nosotros. No debemos buscar la posi-
ción que nos dé los mayores goces o la mayor ganancia. La verdadera religión está
exenta de egoísmo. El espíritu misionero es un espíritu de sacrificio personal. Hemos de
trabajar dondequiera y en todas partes al máximo de nuestra capacidad, para la causa de
nuestro Maestro.

8T:26-27. Cristo ascendió al cielo y envió su Espíritu Santo para fortalecer la obra de los
discípulos. Miles fueron convertidos en un día. En una sola generación el evangelio
fue llevado a toda nación bajo el cielo. Pero poco a poco llegó un cambio. La iglesia
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perdió su primer amor. Se tornó en egoísta y amante del placer. El espíritu del mun-
do fue acariciado. El enemigo echó su maldición sobre aquellos a quienes Dios había
dado luz para un mundo en tinieblas, luz que debió haberse manifestado en buenas
obras. El mundo fue robado de las bendiciones que Dios quiso que recibieran los hom-
bres.
¿No se repite la misma cosa en esta generación? Muchos en estos días están reteniendo
para uso egoísta aquello que el Señor les ha encomendado para la salvación de un mun-
do no advertido, no salvado. En la palabra de Dios un ángel es representado como vo-
lando en medio del cielo, “Entonces vi a otro ángel que volaba por el cielo, con el evan-
gelio eterno para predicarlo a los que habitan en la tierra, a toda nación y tribu, lengua y
pueblo. Decía a gran voz: "¡Reverenciad a Dios y dadle honra, porque ha llegado la hora
de su juicio! Y adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas".
Apoc. 14:6-7.

TM:167. La atmósfera de la iglesia es tan frígida, su espíritu es de tal naturaleza, que los
hombres y mujeres no pueden sostener o soportar el ejemplo de la piedad primitiva na-
cida del cielo. El calor de su primer amor está congelado, y a menos que sean rega-
lados por el bautismo del Espíritu Santo, su candelabro será quitado de su lugar, si
no se arrepienten y hacen las primeras obras. Las primeras obras de la iglesia se
veían cuando los creyentes se buscaban amigos, parientes y conocidos, y con corazones
desbordantes de amor les contaban la historia de lo que Jesús era para ellos y lo que
ellos eran para Jesús. ¡O, que el Señor despierte a los que ocupan puestos de responsabi-
lidad para que no emprendan la obra confiando en su propia habilidad! La obra que salé
de sus manos carecerá del molde y de la inscripción de Cristo.
El egoísmo echa a perder todo lo que hacen los obreros no consagrados. Necesitan orar
siempre, pero no lo hacen. Necesitan velar en oración. Necesitan sentir el carácter sa-
grado de la obra, pero no lo sienten. Manejan cosas sagradas como lo hacen con cosas
comunes. Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente, y hasta que puedan
beber del agua de la vida, y Cristo sea en ellos una fuente de agua que salte para
vida eterna, no refrescarán a nadie, no serán una bendición para nadie; y a menos
que se arrepientan, su candelero será quitado de su lugar. Hay necesidad de perse-
verante paciencia, de invencible caridad, de omnipotente fe en la obra de salvar almas.
El yo no debe ser prominente. Debe ejercerse la sabiduría de Cristo al tratar con las
mentes humanas.
Todo obrero que trata con éxito con las almas debe entrar en el trabajo desprovisto del
yo. No puede haber rezongos o irritación, ni ejercerse autoridad arbitraria; no puede se-
ñalarse con el dedo y hablar vanidades; mas emprended la obra con corazones calenta-
dos por el amor hacia Jesús y hacia las preciosas almas por las cuales murió. Los que
tienen suficiencia propia no pueden esconder su debilidad . Afrontarán la prueba con
arrogante confianza en sí mismos, y harán manifiesto el hecho de que Jesús no está con
ellos. Estas almas con suficiencia propia no son pocas, y tienen lecciones que aprender
por la dura experiencia del desconcierto y la derrota. Pocos tienen la gracia de dar la
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bienvenida a una experiencia tal, y muchos se descarrían bajo la prueba. Echan la culpa
de su derrota a las circunstancias, y piensan que su talento no es apreciado por otros. Si
se humillaran a sí mismos bajo la mano de Dios, él les enseñaría.

TM:189-190. Cuando los hombres manifiesten confianza en sus semejantes se acerca-


rán mucho más a la posesión de la mente de Cristo. El Señor ha revelado la estima que
él coloca sobre el hombre. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".
Pero algunas mentes están siempre tratando de remodelar el carácter de otros de acuerdo
con sus propias ideas y medidas. Dios no les ha dado esta obra para hacer.
El yo siempre albergará una alta estima de sí mismo. Cuando los hombres pierden
su primer amor, no guardan los mandamientos de Dios, y entonces comienzan a
criticarse mutuamente. Este espíritu estará pugnando siempre por imponerse hasta el
fin del tiempo. Satanás trata de promoverlo a fin de que los hermanos, en su ignorancia,
traten de devorarse el uno al otro. Dios no es glorificado, sino grandemente deshonrado;
el Espíritu de Dios es agraviado. Satanás se alegra, porque sabe que si él puede hacer
que el hermano vigile al hermano en la iglesia, alguno se sentirá tan descorazonado y
desanimado que abandonará su puesto de deber. Esta no es la obra del Espíritu Santo;
un poder de abajo está obrando en las cámaras de la mente y en el templo del alma para
colocar sus atributos donde debieran estar los atributos de Cristo.

MB:83. Visitad a vuestros vecinos en una manera amigable y trabad relaciones con
ellos.... Aquellos que no quieren hacer este trabajo, aquellos que actúan con la indiferen-
cia que algunos ya han manifestado, pronto perderán su primer amor y comenzarán a
censurar, criticar y condenar a sus propios hermanos (Id., 13-5-1902)

8T:97-98. En la Conferencia General, realizada en Battle Creek en 1901, el Señor dio a


su pueblo evidencia que él estaba pidiendo una reforma. Mentes fueron impresionadas, y
corazones fueron tocados; pero no se hizo una obra cabal. Si corazones empecinados
hubieran sido quebrantados en penitencia ante Dios, su hubiera visto una de las más
grandes manifestaciones del poder de Dios que jamás se haya visto. Pero Dios no fue
honrado. Los testimonios de su espíritu no fueron acatados. Los hombres no se separa-
ron de las prácticas que estuvieron en decidida oposición a los principios de la verdad y
la justicia, principios que siempre han de ser mantenidos en la obra del Señor.
Los mensajes a la iglesia de Éfeso y de Sardis a menudo me han sido repetidos por
Aquel que me da instrucción para su pueblo. [Apoc. 2:1-5]

7CBA::967-968. [Se cita Apoc. 2:1-5]. En este pasaje se resumen las condiciones pa-
ra ser aceptados por Dios. La primera experiencia de la iglesia de Éfeso la indujo a
buenas obras. Dios se deleitaba en el hecho de que su iglesia reflejaba la luz del cie-
lo al revelar el espíritu de Cristo en ternura y compasión. El amor que moraba en el
corazón de Cristo, el amor que lo movió a entregarse como sacrificio por la humanidad y
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a sufrir con paciencia el reproche de los hombres hasta el punto de ser llamado diablo, el
amor que lo impulsó a hacer prodigiosas obras de curación durante su ministerio: éste
era el amor que debía ser revelado en las vidas de sus discípulos.
Pero ellos descuidaron cultivar la compasión y la ternura de Cristo. El yo, como se
manifestaba en los rasgos hereditarios del carácter, echó a perder los principios de
las magníficas y buenas obras que caracterizaron como cristianos a los miembros
de la iglesia de Éfeso. El Señor Jesús necesitaba mostrarles que habían perdido lo que
era todo para ellos. El amor que impulsó al Salvador a morir por nosotros no fue
revelado en su plenitud en la vida de ellos, y por lo tanto no podían honrar el nom-
bre del Redentor. Y al perder su primer amor se aumentó su conocimiento de teorías
"científicas" originadas en el padre de la mentira (MS 11, 1906).

7CBA::968. "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor". La tuya es una
decadencia, una declinación en el celo santo; el propósito de él no ha sido abando-
nado, pero se ha perdido el fervor. El primer amor del que se convierte a Cristo es
profundo, pleno y ardiente. Ese amor no tiene que disminuir porque aumenta el
conocimiento, porque brilla sobre él una luz mayor y creciente. Ese amor debe ha-
cerse más ferviente a medida que conoce mejor a su Señor...
Dios no aceptará nada que sea menos que la entrega total del corazón. Bienaventurados
aquellos que desde el comienzo de su vida religiosa han sido fieles a su primer amor y
han crecido en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. El resultado se-
guro de su relación y compañerismo con su amado Señor será el aumento de su piedad,
su pureza y su fervor. Están recibiendo una educación divina, y esto se ilustra con una
vida de fervor, de diligencia y de celo...
Debemos procurar conocer nuestras faltas y pecados característicos, que causan tinieblas
y debilidad espiritual y apagaron nuestro primer amor (RH, 07-06-1887).

MM:37-38. El Redentor espera que nuestros médicos hagan de la salvación de las almas
su labor primordial. Si caminan y trabajan con Dios, en su amor y temor, recibirán hojas
del árbol de la vida para dar a los que sufren. Su paz irá con ellos, haciéndolos mensaje-
ros de paz.
No basta con tan sólo leer las Escrituras. Hemos de suplicar al Señor que llene nuestros
errantes corazones con Su Espíritu, para que podamos entender el significado de sus pa-
labras. Para poder recibir beneficio de la lectura de las palabras de Cristo, debemos ha-
cer una correcta aplicación de las mismas a nuestro caso personal.
Se nos ha dado un mensaje que excede en importancia a cualquier otro mensaje enco-
mendado a los mortales. Este mensaje Cristo vino en persona a las isla de Patmos para
presentar a Juan. Le dijo a él que escribiera lo que vio y oyó durante la visión, para que
las iglesias pudieran saber lo que habría de venir sobre la tierra. ¿Reconocen nuestros
obreros médicos la importancia del mensaje de Apocalipsis?...
La palabra: “Sin embargo tengo algo contra ti, pues has dejado tu primer amor,”
se aplica a muchos viviendo en este tiempo. Dios pide un inmediato arrepentimien-
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to y reforma. Es la hora de que se realice un gran cambio entre el pueblo que está
esperando la segunda aparición de su Señor. Pronto se realizarán cosas extrañas. Dios
nos tendrá por responsables por la forma en que tratamos la verdad. La pureza de nuestra
fe y acción decidirá nuestro futuro.
Dios está tratando con nosotros en serio. A cada hombre él ha dado una obra. Todo
mundo ha de hacer su parte. Un testimonio claro y decidido ha de ser presentado, pues
ha de prepararse un pueblo que afronte un tiempo de angustia como nunca se ha visto
desde que hubo nación. MS. 136, 1902.

HHD:261. ¡El fin está cerca! ¡No tenemos ni un momento que perder! Del pueblo de
Dios ha de emanar luz que emita rayos claros, distintos, que presenten a Jesús ante las
iglesias y ante el mundo... Los instrumentos que han de usarse son aquellas almas que
alegremente reciben la luz de la verdad que Dios les comunica. Estas llegan a ser ins-
trumentos divinos para comunicar el conocimiento de la verdad al mundo. Si mediante
la gracia de Cristo su pueblo se transforma en recipientes nuevos, él los llenará con vino
nuevo. Dios concederá luz adicional y se recuperarán verdades antiguas, que serán re-
puestas en el armazón de la verdad, y dondequiera vayan los obreros, triunfarán. Como
embajadores de Cristo, han de escudriñar las Escrituras para investigar las verdades que
se hallan ocultas bajo los escombros del error. Y han de comunicar a otros cada rayo de
luz que reciban. Habrá un sólo interés prevaleciente, un sólo propósito que absorberá
todos los demás: Cristo, justicia nuestra. RH, 23-12-1890.
“Yo soy el Señor que ejercito bondad, juicio, y justicia en la tierra: pues en estas
cosas me deleito, dice el Señor.” Esto es lo que necesita ser introducido a......todas
nuestras iglesias. Dios quiere que toda alma retorne a su primer amor. Él desea que
todos tengan el oro de la fe y amor, para poder así sacar del tesoro e impartir a
otros quienes lo necesitan.

1MS:451-452. Contemplad la cruz del Calvario. Es una garantía permanente del ilimita-
do amor, la inconmensurable misericordia del Padre celestial. Ojala todos se arrepin-
tieran e hicieran sus primeras obras. Cuando hagan esto las iglesias, amarán a Dios
por sobre todas las cosas y a sus prójimos como a sí mismos. Efraín no envidiará a
Judá, y Judá no vejará a Efraín. Entonces serán curadas las divisiones, no se oirán más
los sonidos ásperos de la contienda en los confines de Israel. Mediante la gracia que les
es dada gratuitamente por Dios, todos procurarán contestar la oración de Cristo: que sus
discípulos sean uno, así como él y el Padre son uno. La paz, el amor, la misericordia, y
la benevolencia serán los principios permanentes en el alma. El amor de Cristo será el
tema de cada lengua, y no dirá más el Testigo fiel: "Tengo contra ti, que has dejado
tu primer amor" (Apoc. 2:4). El pueblo de Dios habitará en Cristo, será revelado
el amor de Jesús, y un Espíritu animará todos los corazones regenerando y reno-
vando a todos a la imagen de Cristo modelando de igual manera todos los corazo-
nes. Como ramas vivientes de la Vid verdadera, todos se unirán con Cristo: la cabeza
viviente. Cristo morará en cada corazón guiando, consolando, santificando y presentan-
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do al mundo la unidad de los seguidores de Jesús, lo que así dará testimonio de que las
credenciales celestiales son proporcionadas a la iglesia remanente. La unidad de la igle-
sia de Cristo demostrará que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo.

HAp:462. En los días de los apóstoles, los creyentes cristianos estaban llenos de celo y
entusiasmo. Tan incansablemente trabajaban por su Maestro que, en un tiempo relativa-
mente corto, a pesar de la terrible oposición, el Evangelio del reino se divulgó en todas
las partes habitadas de la tierra. El celo manifestado en ese tiempo por los seguidores de
Jesús fue registrado por la pluma inspirada como estímulo para los creyentes de todas
las épocas. De la iglesia de Éfeso, que el Señor Jesús usó como símbolo de toda la igle-
sia cristiana de los días apostólicos, el Testigo fiel y verdadero declara:
"Yo sé tus obras y tu trabajo y paciencia; y que tú no puedes sufrir los malos, y has pro-
bado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has su-
frido, y has tenido paciencia, y has trabajado por mi nombre, y no has desfallecido."
(Apoc. 2:2-3).
Al principio, la iglesia de Éfeso se distinguía por su sencillez y fervor. Los creyen-
tes trataban seriamente de obedecer cada palabra de Dios, y sus vidas revelaban un
firme y sincero amor a Cristo. Se regocijaban en hacer la voluntad de Dios porque el
Salvador moraba constantemente en sus corazones. Llenos de amor para con su Reden-
tor, su más alto propósito era ganar almas para él. No pensaron en atesorar para sí el
precioso tesoro de la gracia de Cristo. Sentían la importancia de su vocación y, cargados
con el mensaje: "Sobre la tierra paz; entre los hombres buena voluntad," ardían en de-
seos de llevar las buenas nuevas de la salvación a los rincones más remotos de la tierra.
Y el mundo conoció que ellos habían estado con Jesús. Pecadores arrepentidos, perdo-
nados, limpiados y santificados se allegaron a Dios por medio de su Hijo.
Los miembros de la iglesia estaban unidos en sentimiento y acción. El amor a Cristo era
la cadena de oro que los unía. Progresaban en un conocimiento del Señor cada vez más
perfecto, y en sus vidas se revelaba el gozo y la paz de Cristo. Visitaban a los huérfanos
y a las viudas en su aflicción, y se guardaban sin mancha del mundo, pues comprendían
que de no hacerlo, estarían contradiciendo su profesión y negando a su Redentor.
La obra se llevaba adelante en cada ciudad. Se convertían almas y a su vez éstas sentían
que era su deber hablar a otros acerca del inestimable tesoro que habían recibido. No
podían descansar hasta que la luz que había iluminado sus mentes brillara sobre otros.
Multitudes de incrédulos se enteraron de las razones de la esperanza cristiana. Se hacían
fervientes e inspiradas súplicas personales a los errantes, a los perdidos y a los que, aun-
que profesaban conocer la verdad, eran más amadores de los placeres que de Dios
Pero después de un tiempo el celo de los creyentes comenzó a disminuir, y su amor
hacia Dios y su amor mutuo decreció. La frialdad penetró en la iglesia. Algunos se
olvidaron de la manera maravillosa en que habían recibido la verdad. Uno tras
otro, los viejos portaestandartes cayeron en su puesto. Algunos de los obreros más
jóvenes, que podrían haber sobrellevado las cargas de los soldados de vanguardia,
y así haberse preparado para dirigir sabiamente la obra, se habían cansado de las
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verdades tan a menudo repetidas. En su deseo de algo novedoso y sorprendente, in-
tentaron introducir nuevas fases de doctrina, más placenteras para muchas mentes, pero
en desarmonía con los principios fundamentales del Evangelio. A causa de su confianza
en sí mismos y su ceguera espiritual no pudieron discernir que esos sofismas serían cau-
sa de que muchos pusieran en duda las experiencias anteriores, y así producirían confu-
sión e incredulidad.
Al insistirse en esas doctrinas falsas y aparecer diferencias, la vista de muchos fue des-
viada de Jesús, como el autor y consumador de su fe. La discusión de asuntos de doctri-
na sin importancia, y la contemplación de agradables fábulas de invención humana, ocu-
paron el tiempo que debiera haberse dedicado a predicar el Evangelio. Las multitudes
que podrían haberse convencido y convertido por la fiel presentación de la verdad, que-
daban desprevenidas. La piedad menguaba rápidamente y Satanás parecía estar a punto
de dominar a los que decían seguir a Cristo.

HAp:468-469. En el comienzo de la historia de la iglesia, el misterio de iniquidad, pre-


dicho por el apóstol Pablo, comenzó a hacer su obra impía; y al insistir en sus herejías
los falsos maestros, acerca de los cuales Pablo amonestó a los creyentes, muchos fueron
engañados por falsas doctrinas. Algunos vacilaron bajo las pruebas, y fueron tentados a
abandonar la fe. En el tiempo cuando Juan recibía esta revelación, muchos habían
perdido su primer amor a la verdad del Evangelio. Pero en su misericordia Dios no
dejó que su iglesia permaneciese en la apostasía. En un mensaje de infinita ternura reve-
ló su amor hacia ella, y su deseo de que hiciera una obra segura para la eternidad. "Re-
cuerda -rogó- de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras." (Apoc. 2:5).

7CBA:968. Este mensaje es un ejemplo de la forma en que los ministros de Dios deben
presentar sus reproches hoy día. Después de la alabanza por la labor ferviente, viene el
reproche por la pérdida del talento del amor, el cual es el depósito más sagrado. El amor
de Dios fue lo que salvó a la raza caída de la muerte eterna (MS 136, 1902).

1MS:433-435. Hablé a los hermanos de Otsego acerca de los versículos 4 y 5 del segun-
do capítulo de Apocalipsis: "Tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda,
por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré
pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido" (Apoc. 2:4,
5). Aquellos a quienes se dirigieron estas palabras tenían muchas excelentes cuali-
dades que son reconocidas por el Testigo fiel. "Pero dice él tengo contra ti, que has
dejado tu primer amor". Aquí hay una necesidad que tendrá que ser suplida. To-
das las otras virtudes no compensan esta deficiencia. Cristo aconseja a la iglesia:
"Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues
si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepenti-
do... El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré
a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios" (Apoc. 2:4-7).
En estas palabras hay amonestaciones, reproches, amenazas, promesas del Testigo fiel,
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del que tiene las siete estrellas en su diestra. "Las siete estrellas son los ángeles de las
siete iglesias, y los siete candeleros que has visto son las siete iglesias" (Apoc. 1:20).
Cuando esta iglesia es pesada en la balanza del santuario, se la encuentra falta por-
que ha dejado su primer amor. El Testigo fiel declara: "Yo conozco tus obras, y tu ar-
duo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos y has probado a los que se
dicen ser apóstoles, y no lo son y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido
paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado"
(Apoc. 2:2-3). A pesar de todo esto, la iglesia se encontraba falta.
¿Cuál es la fatal deficiencia? "Has dejado tu primer amor". ¿No es éste nuestro ca-
so? Nuestras doctrinas pueden ser correctas; podemos aborrecer las falsas doctri-
nas y no recibir a los que no son leales a los principios; podemos trabajar con ener-
gía incansable; pero aun esto no es suficiente. ¿Cuál es nuestro motivo? ¿Por qué se
nos llama al arrepentimiento? "Has dejado tu primer amor".
Estudie cada miembro de iglesia esta importante amonestación y reproche. Vea ca-
da uno si al contender por la verdad, si al debatir acerca de la teoría, no ha perdido
el tierno amor de Cristo. ¿No ha sido dejado Cristo fuera de los sermones y del co-
razón? ¿No hay peligro de que muchos avancen en una profesión de la verdad, ha-
ciendo obra misionera, al paso que el amor de Cristo no ha sido entretejido en el
trabajo? Esta solemne amonestación del Testigo fiel significa mucho. Demanda que re-
cordéis de dónde habéis caído y os arrepintáis y hagáis las primeras obras, "pues si no -
dice el Testigo fiel vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubie-
ras arrepentido" (Apoc. 2:5). ¡Ojala la iglesia comprendiera la necesidad que tiene de re-
cuperar su primer amor ferviente! Cuando éste falta, son insuficientes todas las otras vir-
tudes. La exhortación al arrepentimiento es tal que no puede ser desoída sin peligro. No
es suficiente una creencia en la teoría de la verdad. El presentar esa teoría a los incrédu-
los no os constituye en testigos para Cristo. La luz que alegró vuestro corazón cuando
comprendisteis por primera vez el mensaje para este tiempo es un elemento esen-
cial en vuestra experiencia y trabajos, y esto se ha perdido de vuestro corazón y de
vuestra vida. Cristo contempla vuestra falta de celo, y declara que habéis caído y
estáis en una posición peligrosa.

1MS:454-455. La iglesia remanente está llamada a atravesar una experiencia similar a


aquélla de los judíos; y el Testigo fiel, que anda en medio de los siete candeleros de oro,
tiene un solemne mensaje que mostrar a su pueblo. El dice: "Pero tengo contra ti, que
has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz
las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si
no te hubieres arrepentido" (Apoc. 2:4-5). El amor de Dios se ha estado desvanecien-
do en la iglesia y, como resultado, el amor del yo ha surgido con renovado vigor.
Con la pérdida del amor de Dios, ha venido la pérdida del amor por los hermanos.
La iglesia puede corresponder con toda la descripción que se da de la Iglesia de Éfeso, y
sin embargo faltarle la piedad vital. De ella dice Jesús: "Yo conozco tus obras, y tu ar-
duo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se
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dicen ser apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido y has tenido
paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pe-
ro tengo contra ti que has dejado tu primer amor" (Apoc. 2:2-4).
Se ha pensado que una religión legalista era la religión adecuada para este tiempo. Pero
es un error. El reproche de Cristo para los fariseos es aplicable a los que han perdi-
do su primer amor en su corazón. Una religión fría y legalista nunca puede condu-
cir las almas a Cristo, pues es una religión sin amor y sin Cristo. Cuando el ayuno y
la oración se practican con un espíritu de justicia propia, esto resulta algo abominable
para Dios. La reunión solemne para el culto, la rutina de las ceremonias religiosas, la
humillación externa, el sacrificio impuesto, todos proclaman al mundo el testimonio de
que quien realiza esas cosas se considera justo. Esas cosas llaman la atención al que ob-
serva esos rigurosos deberes y dice: Este hombre tiene derecho al cielo. Pero todo es un
engaño. Las obras no nos comprarán la entrada en el cielo. La única gran ofrenda que ha
sido hecha es amplia para todos los que crean. El amor de Cristo animará al creyente con
nueva vida. El que bebe del agua de la fuente de la vida, estará lleno con el vino nuevo
del reino. La fe en Cristo será el medio por el cual el espíritu y los motivos correctos
moverán al creyente, y toda bondad e inclinación celestial procederán de aquel que con-
templa a Jesús, el autor y consumador de su fe. Confiad en Dios, no en los hombres.
Dios es vuestro Padre celestial que está dispuesto a sobrellevar pacientemente vuestras
debilidades, y a perdonarlas y curarlas. "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el
único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (Juan 17: 3). Contemplando a
Cristo, seréis transformados hasta el punto de que aborreceréis vuestro orgullo anterior,
vuestra vanidad y vuestro amor propio anteriores, vuestra justicia propia e incredulidad.
Os desprenderéis de esos pecados como de una carga inútil y caminaréis humilde, mansa
y confiadamente delante de Dios. Os ejercitaréis en el amor la paciencia, la delicadeza,
la bondad, la misericordia y en toda gracia que mora en el hijo de Dios y que al fin en-
contrará un lugar entre los santificados y puros.

18ML:188-189. "Por tanto, recuerda de dónde has caído. ¡Arrepiéntete!, y vuelve a


las primeras obras. Si no te arrepientes, vendré a ti, y quitaré tu candelabro de su
lugar.” Aquellos a quienes son dirigidas estas palabras habían perdido su primer
amor---el amor del cual Cristo había declarado: “En esto conocerán que sois mis
discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.” Ellos habían hecho aquello por lo
cual Dios los había encomiado altamente. "Conozco tus obras, tu trabajo, tu paciencia, y
que no puedes tolerar a los malos. Probaste a los que dicen ser apóstoles y no lo son, y
los hallaste mentirosos. Has perseverado y soportado pruebas por mi Nombre, y no has
desfallecido.” Pero a pesar de estas buenas obras, el abandono del primer amor había
tornado sus esfuerzos en una no-aceptación delante de Dios.
Dios dice a su pueblo hoy: “"Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Por
tanto, recuerda de dónde has caído. ¡Arrepiéntete!, y vuelve a las primeras obras. Si no
te arrepientes, vendré a ti, y quitaré tu candelabro de su lugar.”¿Aceptarán la reprensión?
¿Se atreverán a tomar livianamente a tan directa y decidida declaración, y mantendrán
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los talentos encomendados como llenos de lama porque permiten que Satanás se intro-
duzca entre ellos? “Has dejado tu primer amor,” y por tanto no existe firmeza de
propósito. Sin este amor, todo conocimiento, toda capacidad, todo celo y servicio
exterior, son sin valor. No se recibe gracia de Cristo para impartir a otros. Y mien-
tras no reveláis el amor que Cristo os ha encomendado revelar, vuestra luz no está
brillando sobre el mundo.
¿Cómo se compara vuestro amor por los pecadores con el amor que Cristo ha manifesta-
do? Él murió vergonzosa muerte para salvar a seres humanos de perecer. Su amor se ex-
presa en la oración que él ofreció justo antes de su crucifixión, y en esta oración también
es manifestado el poder del amor de Cristo como se revela entre los seres humanos.

18ML:192. Dejando el primer amor significa una caída espiritual. Muchos han caí-
do así. En cada iglesia de nuestra tierra, existe necesidad de confesión, arrepenti-
miento, y reconversión. El chasco de Cristo no tiene descripción. A menos que los
que han caído se arrepientan presto, los engaños de los últimos días los sobrecoge-
rán. Algunos, aunque no lo reconozcan, se están preparando para ser sobrecogidos. La
tentación llega repentinamente, y la luz queda apagada. De allí en adelante la luz es para
ellos como oscuridad, y la oscuridad como luz. Dios pide un arrepentimiento sin demo-
ra. Tanto tiempo han jugado muchos con la salvación, que su vista espiritual está opaca,
y no pueden discernir entre la luz y las tinieblas. Cristo queda humillado en la actitud
que manifiesta su pueblo. El primer amor se ha ido; la fe es débil, existe necesidad e
una cabal transformación.
Mis hermanos, buscad al Señor; humillad vuestros corazones ante Él. Tengo un intenso
deseo de veros caminando en la luz así como Cristo está en la luz. Oro muy ferviente-
mente por vosotros. Pero no puedo dejar de ver que la luz que Dios me dado no es favo-
rable para con nuestros ministros o nuestras iglesias. Habéis dejado el primer amor. La
justicia propia no es el vestido de boda. El dejar de seguir la clara luz de la verdad es
nuestro temible peligro. El mensaje a la iglesia de Laodicea revela nuestra condición
como pueblo.

Versículo 5. "Por tanto, recuerda de dónde has caído. ¡Arrepiéntete!, y vuelve a las pri-
meras obras. Si no te arrepientes, vendré a ti, y quitaré tu candelabro de su lugar.”

7CBA:968. En vista de las muchas virtudes enumeradas, cuán sorprendente es la acusa-


ción presentada contra la iglesia de Éfeso: "Pero tengo contra ti, que has dejado tu pri-
mer amor". Esta iglesia había sido grandemente favorecida. Fue establecida por el após-
tol Pablo. En la misma ciudad estaba el templo de Diana que, en cuanto a su grandeza,
era una de las maravillas del mundo [antiguo]. La iglesia de Éfeso hizo frente a una
gran oposición y algunos de los primeros cristianos sufrieron persecución y sin embargo,
precisamente algunos de ellos se apartaron de las verdades que los habían unido con los
seguidores de Cristo y en cambio, aceptaron los seductores errores inventados por Sata-
nás.
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Este cambio está presentado como una caída espiritual. "Recuerda, por tanto, de
dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras", como se las presenta en
los versículos precedentes. Los creyentes no se dieron cuenta de su caída espiritual.
No advertían el cambio que había ocurrido en sus corazones y que tendrían que
arrepentirse por haber dejado de hacer las primeras obras; pero Dios en su miseri-
cordia hizo un llamado al arrepentimiento, al regreso a su primer amor y a las
obras que siempre son resultado del verdadero amor cristiano (MS 11, 1906).
La pérdida del primer amor se especifica como una caída moral. La pérdida de es-
te amor se presenta como algo que afecta toda la vida religiosa. Dios dice de los
que han perdido este amor, que a menos que se arrepientan vendrá a ellos y quita-
rá su candelero de su lugar (MS 1, 1906).

2CBA:1026. ¿Conocía Salomón a Dios mientras se comportaba a la manera de los idóla-


tras? No. Había olvidado la rica experiencia de su juventud y las oraciones que había
elevado en el templo. [Se cita Apoc. 2:4-5].
El candelero fue quitado de su lugar cuando Salomón se olvidó de Dios. Perdió la
luz de Dios; perdió la sabiduría de Dios; confundió idolatría con religión (RH, 29-03-
1892).

7CBA:972. El mensaje para la iglesia de Laodicea es aplicable a nuestra condición.


Cuán claramente se describe la condición de los que piensan que tienen toda la verdad,
que se enorgullecen de su conocimiento de la Palabra de Dios, pero cuyo poder santifi-
cador no ha sido sentido en sus vidas. Falta en sus corazones el fervor del amor de Dios;
pero este fervor del amor es precisamente lo que hace del pueblo de Dios la luz del
mundo (RH, 23-07-1889).

DTG:246-247. Una religión legal no puede nunca conducir las almas a Cristo, porque es
una religión sin amor y sin Cristo. El ayuno o la oración motivada por un espíritu de jus-
tificación propia, es abominación a Dios. La solemne asamblea para adorar, la repetición
de ceremonias religiosas, la humillación externa, el sacrificio imponente, proclama que
el que hace esas cosas se considera justo, con derecho al cielo, pero es todo un engaño.
Nuestras propias obras no pueden nunca comprar la salvación.
Como fue en los días de Cristo, así es hoy; los fariseos no conocen su indigencia espiri-
tual. A ellos llega el mensaje: "Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no
tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y po-
bre y ciego y desnudo; yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para
que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la
vergüenza de tu desnudez." La fe y el amor son el oro probado en el fuego. Pero en el
caso de muchos, el oro se ha empañado, y se ha perdido el rico tesoro. La justicia de
Cristo es para ellos como un manto sin estrenar, una fuente sellada. A ellos se dice:
"Tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has
caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti, y qui-
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taré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido."
"Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no
despreciarás tú, o Dios." El hombre debe despojarse de sí mismo antes que pueda ser, en
el sentido más pleno, creyente en Jesús. Entonces el Señor puede hacer del hombre una
nueva criatura. Los nuevos odres pueden contener el nuevo vino. El amor de Cristo ani-
mará al creyente con nueva vida. En aquel que mira al Autor y Consumador de nuestra
fe, se manifestará el carácter de Cristo.

NB:351-352. "Mientras estaba en ferviente oración, perdí toda conciencia de lo que me


rodeaba; la pieza se llenó de luz, y empecé a presentar un mensaje a una asamblea que
parecía ser de la Asociación General. Yo era dirigida por el Espíritu de Dios para hacer
un ferviente llamado; porque yo estaba impresionada de que había delante de nosotros
un gran peligro en el propio corazón de la obra. Había estado yo, y todavía lo estoy,
agobiada de perplejidad mental y física, abrumada con el pensamiento de que debía pre-
sentar un mensaje a nuestros hermanos de Battle Creek, para advertirles en contra de una
línea de conducta que separaría a Dios de la casa publicadora.
"Los ojos del Señor estaban fijos sobre el pueblo con dolor mezclado con desagra-
do, y se pronunciaron las siguientes palabras: 'Tengo contra ti, que has dejado tu
primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las
primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si
no te hubiereis arrepentido' (Apoc. 2:4-5).
"El que lloró sobre el Israel impenitente al ver cómo ese pueblo desconocía a Dios y a
Cristo su Redentor, observaba el corazón de la obra en Battle Creek. Un gran peligro se
cernía sobre el pueblo, pero algunos no lo sabían. La incredulidad y la impenitencia ha-
bían cegado sus ojos, y confiaban en la sabiduría humana para conducir los intereses
más importantes de la causa de Dios con respecto a la obra de publicaciones. Con la de-
bilidad del juicio humano, algunos hombres estaban juntando en sus manos finitas las
riendas de control, mientras que la voluntad de Dios, el método y el consejo de Dios, no
eran considerados y buscados como cosa indispensable. Hombres de una voluntad em-
pecinada y férrea, tanto pertenecientes a la casa publicadora como fuera de ella, se esta-
ban confederando, y estaban determinados a que se tomaran ciertas medidas de acuerdo
con su propio juicio.

PP:160-162. El Redentor del mundo declara que hay pecados mayores que aquellos por
los cuales fueron destruidas Sodoma y Gomorra. Los que oyen la invitación del Evan-
gelio que llama a los pecadores al arrepentimiento, y no hacen caso de ella, son más cul-
pables ante Dios que los habitantes del valle de Sidim. Mayor aun es el pecado de los
que aseveran conocer a Dios y guardar sus mandamientos, y sin embargo, niegan a Cris-
to en su carácter y en su vida diaria. De acuerdo con lo indicado por el Salvador, la
suerte de Sodoma es una solemne advertencia, no meramente para los que son culpables
de pecados manifiestos, sino para todos aquellos que están jugando con la luz y los pri-
vilegios que vienen del cielo.
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El Testigo fiel dijo a la iglesia de Éfeso: "Tengo contra ti que has dejado tu primer amor.
Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si
no, vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido."
(Apoc. 2:4-5).
Con una compasión más tierna que la que conmueve el corazón de un padre terrenal que
perdona a su hijo pródigo y doliente, el Salvador anhela que respondamos a su amor y al
perdón que nos ofrece. Dice a los extraviados: "Tornaos a mí, y yo me tornaré a voso-
tros." (Mal. 3:7). Pero si el pecador se niega obstinadamente a responder a la voz que le
llama con compasivo y tierno amor, será abandonado al fin en las tinieblas. El corazón
que ha menospreciado por mucho tiempo la misericordia de Dios se endurece en el pe-
cado, y ya no es susceptible a la influencia de la gracia divina. Terrible será la suerte de
aquel de quien por último el Salvador declare: "Es dado a ídolos." (Oseas 4:17). En el
día del juicio, la suerte de las ciudades de la llanura será más tolerable que la de
aquellos que reconocieron el amor de Cristo y, sin embargo, se apartaron para se-
guir los placeres de un mundo pecador.
Vosotros que despreciáis los ofrecimientos de la misericordia, pensad en la larga serie de
asientos que se acumulan contra vosotros en los libros del cielo; pues allá se registra la
impiedad de las naciones, las familias y los individuos. Dios puede soportar mucho
mientras se lleva la cuenta, y puede enviar llamados al arrepentimiento y ofrecer perdón;
sin embargo, llegará el momento cuando habrá completado la cuenta; cuando el alma
habrá hecho su elección; cuando por su propia decisión el hombre habrá fijado su des-
tino. Entonces se dará la señal para ejecutar el juicio.

2MS:430. Suponed que procuremos diariamente tener nuestros corazones unidos


por los vínculos del amor cristiano."Pero tengo contra ti dice el Testigo Fiel, que
has dejado tu primer amor" (Apoc. 2:4). Y luego añade: "Arrepiéntete... pues si no,
vendré pronto a ti y quitaré tu candelero de su lugar" (Apoc. 2:5). ¿Por qué? Por-
que en nuestra separación mutua estamos separados de Cristo. Nos falta unirnos.
Cuántas veces, cuando me ha parecido estar en la presencia de Dios y los santos ángeles,
he oído la voz del ángel que decía: "Uníos, uníos, uníos, uníos. No dejéis que Satanás
arroje su sombra infernal entre los hermanos. Uníos; en la unidad está la fuerza".
Os repito este mensaje. Al ir a vuestros hogares, hacedlo decididos a uniros; buscad a
Dios de todo corazón, y lo encontraréis, y el amor de Cristo que sobrepasa todo enten-
dimiento, inundará vuestros corazones y vuestras vidas (General Conference Daily Bu-
lletin [Boletín Diario de la Asociación General], 13 de Abril de 1891).

6T:368. ¿Por qué no elevar la voz de nuestros cánticos espirituales en nuestras pe-
regrinaciones? ¿Por qué no volver a nuestra sencillez y fervor? La razón por la
cual no estamos más gozosos consiste en que hemos perdido nuestro primer amor.
Seamos, pues, celosos y arrepintámonos, no sea que nuestro candelero sea quitado
de su lugar.
El templo de Dios está abierto en el cielo, e inunda su umbral la gloria de Dios destinada
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a toda iglesia que ame a Dios y guarde sus mandamientos. Necesitamos estudiar, medi-
tar y orar. Tendremos entonces visión espiritual para discernir los atrios interiores del
templo celestial. Percibiremos los temas de los himnos y agradecimientos del coro ce-
lestial que está alrededor del trono. Cuando Sión se levante y resplandezca, su luz será
muy penetrante y se oirán preciosos himnos de alabanza y agradecimiento en las asam-
bleas de los santos. Cesarán las murmuraciones y quejas por pequeñas desilusiones y di-
ficultades. Mientras apliquemos el colirio áureo, veremos las glorias venideras. La fe
penetrará las densas sombras de Satanás y veremos a nuestro Abogado ofreciendo el in-
cienso de sus propios méritos en nuestro favor. Cuando veamos esto tal cual es, como el
Señor desea que lo veamos, nos embargará un sentido de la inmensidad y diversidad del
amor de Dios.
Dios enseña que debemos congregarnos en su casa para cultivar los atributos del amor
perfecto. Esto preparará a los moradores de la tierra para las mansiones que Cristo ha
ido a preparar para todos los que le aman. Allí se congregarán en el santuario de sábado
en sábado, de luna nueva en luna nueva, para unir sus voces en los más sublimes acentos
de alabanza y agradecimiento a Aquel que está sentado en el trono y al Cordero para
siempre jamás.

8T:298-299. Ha entrado en el corazón de no pocas personas que por mucho tiempo han
estado en la verdad un espíritu de crítica inexorable. Son mordaces y buscan faltas en
todo. Subieron al sitial de la justicia y condenan a los que no se amoldan a sus ideas.
Dios pide que se humillen y se le acerquen por medio del arrepentimiento y de la confe-
sión de sus pecados. Les dice: "Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Re-
cuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no,
vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido."
(Apoc. 2:4-5). Procuran obtener el primer lugar y causan daño a muchos corazones por
sus palabras y sus hechos.
Elevo mi testimonio contra ese espíritu y también contra la religión sentimental que es
igualmente peligrosa. Escuchad, hermanos y hermanas: ¿Quién es vuestro jefe? ¿Cristo
o el ángel caído del cielo? Examinaos a vosotros mismos para saber si estáis firmes en
la fe.

TM:278-279. Id a los que suponéis que están en error, hablad con ellos, no actuando con
duplicidad e hipocresía, y reuniéndoos con ellos día tras día con aparente camaradería, y
al mismo tiempo tramando contra ellos en perfecta unidad con los agentes satánicos que
están en operación para desarraigar, para derribar, para quitar de la institución a aquellos
a quienes quieren exonerar los elementos no creyentes, mientras no se hablan una sola
palabra con los hermanos o hermanas en la fe para redimirlos, para sanarlos, si están en
error; y si no están en error para defender lo justo, y poner el reproche donde correspon-
de: sobre los que traman una obra mala, porque Satanás está detrás de la escena. El Se-
ñor Jesús reprendió a los fariseos, asemejándolos a sepulcros que no parecen tales, ocul-
tos de la vista, paro llenos de corrupción. El Señor odia todo engaño, clandestinidad y
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duplicidad. Esta es la obra de Satanás; la obra de Dios es abierta y franca. Nadie actuará
contra un hijo de Dios apoyándose en el testimonio del enemigo del señor, y obrando a
la manera satánica: ocultándose, y sin embargo sugiriendo, instigando, planeando en
perfecta unidad con los enemigos del Señor.
¿Cómo puede el universo del cielo considerar tal obra disimulada y cobarde contra los
que aman a Dios y guardan sus mandamientos? Los miembros de la iglesia pueden co-
meter errores, y a menudo hacen equivocaciones; pero debe tratarse con ellos con bon-
dad, con ternura, como Cristo trató con nosotros. Pero la represión de Dios está sobre
todos los que hacen la obra de Dios engañosamente, profesando ser amigos de Cristo, y
sin embargo actuando a la manera de una corriente submarina, en las tinieblas, contra los
que aman a Dios. "Hermanos, si alguno fuere tomado en falta, vosotros que sois espiri-
tuales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, por-
que tú no seas también tentado".
Aquí está nuestra obra, hermanos; ¿la asumiremos? Tan poco de esto se hace que
se dirigen a la iglesia las siguientes palabras del Testigo Verdadero: "Pero tengo
contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de dónde has caído, y
arrepiéntete, y has las primeras obras; pues sino, vendré presto a ti, y quitaré tu
candelero de su lugar, sino te hubieres arrepentido".

TM:357-358. Nuestro Salvador dijo: "Cualquiera que escandalizare a alguno de estos


pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de mo-
lino de asno, y que se le anegase en lo profundo de la mar. ¡Ay del mundo por los es-
cándalos! porque necesario es que vengan escándalos; mas ¡ay de aquel hombre por el
cual viene el escándalo! .... Mirad, no tengáis en poco a algunos de estos pequeños; por-
que os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los
cielos. Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué
os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iría
por los montes, dejadas las noventa y nueve, a buscar la que se había descarriado? Y si
aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquélla, que de las noventa y
nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los
cielos, que se pierda uno de estos pequeños".
"No he venido - dijo Cristo - a llamar a los justos [a vosotros que no sentís necesidad de
arrepentimiento], sino a los pecadores". Los que son obreros juntamente con Dios traba-
jarán en las líneas de Cristo. Hay más de un alma pobre que es mal entendida, inapre-
ciada, llena de angustia y agonía: una oveja perdida y errante. Su mente está entenebre-
cido, no puede encontrar a Dios, y, casi desesperada, la incredulidad toma posesión de
ella. Sin embargo tiene un deseo intenso y anhelante por el perdón y la paz.
Al ser abierto este cuadro, puede hacerse la pregunta: ¿No hay algún cristiano al
cual puede ir una persona tal para encontrar alivio? Esta pregunta Dios la contes-
ta: "Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de
dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto
a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido". Un fari-
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seísmo frío, de corazón duro, ha tomado posesión de muchos de los profesos segui-
dores de Cristo, y el amor de Jesús está muerto.

TM:469-470. Los ojos del Señor estaban fijos en su Pueblo y reflejaban dolor mez-
clado con desagrado. Se Pronunciaron las siguientes palabras; "Pero tengo contra
ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto dónde has caído, y arrepién-
tete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré presto a ti, y quitar tu candelero
de su lugar, si no te hubieres arrepentido".
El que lloró sobre el impenitente Israel, notando su ignorancia respecto de Dios y de
Cristo como su redentor, observaba el corazón de la obra en Battle Creek. Un gran peli-
gro amenazaba al pueblo, pero algunos no lo sabían. La incredulidad y la impenitencia
cargaron sus ojos, y le confiaron a la sabiduría humana la conducción de los más impor-
tantes intereses de la causa de Dios con relación a la caza editora. En la debilidad del
juicio humano, los hombres reunían en sus manos finitas las líneas de control, mientras
que la voluntad de Dios, el camino y el consejo de Dios, no se buscaban como algo in-
dispensable . Hombres de una voluntad obstinada y férrea, tanto dentro como fuera de la
oficina, se confederaban, determinados a, tomar ciertas medidas de acuerdo con su pro-
pio juicio.

2MS:93-96. Hermano mío, Ud. se ha engañado y ha engañado a otros. No ha investiga-


do las Escrituras en la forma debida. Debe escudriñarlas para conocer los pensamientos
de Dios, y no para probar su teoría. Ud. lee la Palabra de Dios a la luz de sus propios
conceptos. Levanta una estructura falsa, y luego la llena con pasajes bíblicos que su-
puestamente prueban que es verdadera. Ud. dice: "La Biblia es el fundamento de mi fe".
¿Pero lo es en realidad? Contesto: La Biblia no respalda su posición. Nuevamente Ud.
dice: "Demuéstreme mediante la Biblia que estoy equivocado, y abandonaré mis ideas".
¿Pero cómo puede Ud. ser convencido por la Biblia, mientras desfigure y aplique equí-
vocamente sus declaraciones? En esta forma Ud. interrumpe la única fuente mediante la
cual Dios podría llegar hasta Ud. y convencerlo.
La única forma válida de investigar las Escrituras consiste en deponer todo prejuicio, to-
da opinión preconcebida, al comienzo mismo de la investigación, y luego iniciar el tra-
bajo buscando la gloria de Dios, teniendo el entendimiento accesible a la convicción y el
corazón enternecido para creer lo que el Señor le dice.
Las opiniones de los hombres concernientes a la interpretación de las Escrituras son mu-
chas y diversas; pero las Escrituras no cambian para acomodarse a las ideas de los hom-
bres. El Libro bendito constituye el sí y el amén; permanece firme y eterno. Los comen-
tarios de los hombres no concuerdan entre sí, pero los hechos grandiosos y benditos
permanecen inalterables. La Palabra de Dios es inmutable; "escrito está".
Ud. también ha sacado de su contexto porciones de los testimonios que el Señor ha dado
para beneficio de su pueblo, y los ha aplicado mal para apoyar sus teorías erróneas; se ha
apropiado de la luz del cielo, o la ha robado, para enseñar aquello que no armoniza con
los testimonios, lo que éstos siempre han condenado. De este modo Ud. coloca el texto
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bíblico y el testimonio en el marco del error. Todos los que están en el error hacen como
Ud. ha hecho... Ud. no tiene fe verdadera en los testimonios. Si la tuviera, habría acepta-
do a aquellos que señalan su engaño. Ud. ha estado bebiendo en fuentes contaminadas...
Ud. ha estado preparado para aceptar las sugerencias de Satanás de dar al mundo algo
nuevo, insólito y sorprendente, algo opuesto a la posición que nuestro pueblo ha sosteni-
do durante tanto tiempo como la verdad. Las falsas manifestaciones de su hija lo han ex-
citado a Ud. a tal punto que se ha sentido llamado a realizar una gran obra. Se ha sentido
halagado y se ha convertido en un instrumento del enemigo para producir resultados que
Ud. es incapaz de estimar. Ha publicado herejías y teorías cuyo único efecto consiste en
estimular la animosidad. El resultado es lamentable para su familia y para todos los que
simpatizan con las falsas teorías que Ud. ha propuesto. Hno. Garmire, hay una obra que
Ud. debe realizar para sí mismo, y que nadie puede hacer en su lugar, y consiste en hu-
millar su corazón delante de Dios, en confesar sus pecados y en ser convertido.
El Señor tiene un pueblo, y lo está guiando. Aunque en la iglesia hay cosas que no son
correctas, Jesús no lo ha puesto a Ud. en el timón para guiar a la iglesia. A menos que
cambie su actitud, Ud. no podrá salvarse. "Arrepiéntete, y haz las primeras obras"
(Apocalipsis 2: 5), es la única condición bajo la cual Dios puede restaurarlo a su fa-
vor. Dios primero hace penitente a quien perdona. Es necesario que se realice en su
caso la obra genuina que el Espíritu Santo de Dios efectúa en el corazón, si es que
Ud. ha de ser rescatado de la trampa del enemigo. Tengo muy poca esperanza en su
caso, porque sus principios están corrompidos. Ud. es un hombre de carácter enga-
ñoso, y sin embargo se atribuye grandes cosas.
Satanás ha logrado hacerle creer que Ud. ha sido elegido por Dios para desempeñar una
parte especial como una persona destacada en relación con el mensaje del tercer ángel,
al ser proclamado con poder. Pero Ud. no está en armonía con Dios, y Dios no puede
contribuir a propagar el error. Ud. saca el mejor partido posible de los errores que ad-
vierte en los hombres responsables de la iglesia, y se aprovecha de los reproches dados a
ellos, debido a que esas personas no armonizan con Ud. ni consideran correcta la expe-
riencia religiosa que Ud. piensa que es superior a la luz que Dios ha hecho brillar sobre
la iglesia. ¿Quién lo ha colocado a Ud. en el sitial del juez, para condenar a otros? No ha
sido Dios, sino Ud. mismo...
Las expresiones de condenación que Ud. ha pronunciado contra sus hermanos, no han
sido pocas. Parecería que su comida y su bebida consisten en condenar. Su experiencia
espiritual se compone de aquello que Ud. ofrece como alimento. Ud. también se com-
place en presentar sus ideas falsas a su familia y a todas las personas que quieran escu-
charlo. Puede sorprenderle que la levadura profana haya surtido efecto? Ud. puede lla-
mar a esto blasfemia, si quiere hacerlo, pero es lo que el Señor me ha mostrado. Las vi-
siones de Ana sirven para confirmarlo en sus conceptos equivocados. Ud. está engañan-
do y siendo engañado. Satanás ha dispuesto de tal forma las cosas, que Ud. ha cercado
su alma con una barrera de falsedades (Carta 12, 1890).

2MS:454. Durante más de medio siglo Dios ha estado dando luz a su pueblo mediante
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los testimonios de su Espíritu. Después de todo este tiempo, ¿se deja que unos pocos
hombres y sus esposas engañen a toda la congregación de los creyentes, declarando que
la Sra. White es un fraude y una engañadora? "Por sus frutos los conoceréis" (Mat.
7:20).
Aquellos que pueden pasar por alto todas las evidencias que Dios les ha dado y
cambiar esa bendición en una maldición, deberían temblar por la seguridad de sus
propias almas. Su candelero será quitado de su lugar a menos que se arrepientan.
El Señor ha sido insultado. El estandarte de la verdad, del primero, del segundo y
del tercer ángel ha sido arrastrado en el polvo. Si los atalayas dejan que el pueblo sea
desviado en esta forma, Dios considerará responsables a algunas personas por la falta de
discernimiento agudo para descubrir qué clase de alimento se ha estado dando al rebaño.
Han ocurrido apostasías y el Señor ha permitido que asuntos de esa naturaleza se desa-
rrollasen en el pasado a fin de mostrar con cuánta facilidad sus hijos serán descarriados
cuando dependan de las palabras de los hombres en vez de investigar por sí mismos las
Escrituras, como hicieron los nobles bereanos, para ver si esas cosas eran así. Y el Señor
ha permitido que acontezcan cosas de esta índole para que se den advertencias de que ta-
les cosas ocurrirán.

2T:295-296. Le ruego, hermano mío, que escudriñe su corazón con diligencia y pregun-
te: "¿En qué camino viajo? ¿Adónde me llevará?" Puede regocijarse porque su existen-
cia no fue cortada mientras no tenía esperanza segura de vida eterna. Dios no permita
que descuide por más tiempo esta obra y perezca en sus pecados. No halague su alma
con falsas esperanzas. Ud. no ve otro camino que seguir sino uno demasiado humilde
para aceptarlo. Cristo le presenta, aun a Ud., mi hermano errante, un mensaje de miseri-
cordia: "Venid, que ya está todo aparejado." (Luc. 14:17,) Dios está dispuesto a aceptar-
le, y a perdonarle todas sus transgresiones, si tan sólo quiere venir. Ud. ha sido pródigo,
se separó de Dios y se mantuvo mucho tiempo alejado de él; a pesar de eso, él le recibirá
ahora. Si; la Majestad del cielo le invita a acudir a él, para que reciba vida. Cristo está
dispuesto a limpiarle del pecado cuando Ud. le acepte. ¿Qué ganancia ha encontrado en
el servicio del pecado? ¿Qué le ha aprovechado seguir la carne y el diablo? ¿No es mise-
rable el salario que recibió? ¡O, vuelva, vuelva! ¿Por qué habría de morir?
Ud. ha sentido muchas convicciones y remordimientos de conciencia. Ha manifestado
muchos propósitos y formulado incontables promesas; y sin embargo, se demora, y no
quiere venir a Cristo a fin de recibir vida. ¡Ojala que en su corazón se grabe la compren-
sión del tiempo en que vivimos para que vuelva y viva! ¿No puede Ud. oír la voz del fiel
Pastor en este mensaje? ¿Cómo puede Ud. desobedecer? No juegue con Dios, no sea
que lo abandone a sus tortuosos caminos. Para Ud. es asunto de vida o muerte. ¿Cuál
escogerá? Es cosa terrible contender con Dios y resistir a sus súplicas. Puede sentir ar-
der el amor de Dios en el altar de su corazón, como lo sintió una vez. Puede comulgar
con Dios como en tiempos pasados. Si limpia su camino, puede volver a disfrutar las ri-
quezas de su gracia, y su rostro expresará nuevamente su amor.
No se requiere de Ud. que se confiese ante aquellos que no conocen su pecado y sus
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errores. No es su deber publicar una confesión que haga triunfar a los incrédulos;
debe confesarse ante quienes corresponde, ante los que no se aprovecharán de sus
yerros. Confiésese de acuerdo con la Palabra de Dios, y permita que sus prójimos
oren por Ud. y Dios aceptará su obra y le sanará. Por amor de su alma, escuche las
súplicas que le instan a hacer una obra cabal para la eternidad. Ponga a un lado su
orgullo, su vanidad y haga lo recto. Vuelva al redil. El Pastor le aguarda y le reci-
birá. Arrepiéntase, haga sus primeras obras, y vuelva a gozar del favor de Dios.

4T:286. Una persona bien pudiera esperar una cosecha donde nunca ha sembrado, o co-
nocimiento donde nunca lo ha buscado, con la misma seguridad que pudiera esperar ser
salvado en la indolencia. Un haragán y un vagabundo nunca tendrán éxito en romper el
prejuicio y vencer el poder de la tentación a las complacencias pecaminosas que le apar-
tan de su Salvador. La luz de la verdad, que santifica la vida, descubrirá al receptor las
pasiones pecaminosas en su corazón, que están contendiendo por el dominio, haciendo
necesario que el hombre ponga en estrechez cada nervio y ejerza todas sus facultades
para resistir a Satanás, y así venza mediante los méritos de Cristo. Cuando rodeado de
influencias calculadas para apartarlo de Dios, sus peticiones no deben disminuir cuando
pide ayuda y fuerza de Jesús para poder vencer las artimañas de Satanás.
Algunos en estas iglesias están en constante peligro porque los afanes de esta vida y
los pensamientos mundanos ocupan tanto la mente que no piensan en Dios o el cie-
lo, y las necesidades de sus propias almas. Despiertan de su estupor de vez en cuan-
do, pero vuelven a caer en sueño más profundo. A menos que despierten plenamen-
te, Dios quitará su luz y bendiciones que les ha dado. Quitará en su ira el candelero
de su lugar. Él ha hecho de estas iglesias las depositarias de su ley. Si rechazan el peca-
do, y mediante la piedad activa y sincera demuestran estabilidad y sumisión a los
preceptos de la palabra de Dios, siendo fieles en realizar su deber religioso, ayudarán a
que se establezca el candelero en su lugar y tendrán la evidencia de que el Señor de los
ejércitos está con ellos y que el Dios de Jacob es su refugio.

4T:403-404. Se me han mostrado las iglesias que en diferentes estados profesan guardar
los mandamientos de Dios y esperar la segunda venida de Cristo. Se advierte en ellas
una indiferencia alarmante, como también el orgullo, el amor al mundo y una fría forma-
lidad. Constituyen el pueblo que se está volviendo rápidamente como el antiguo Israel
en lo concerniente a la falta de espiritualidad. Muchos hacen alta profesión de piedad, y
sin embargo carecen de dominio propio. En ellos rigen los apetitos y pasiones, y el yo
predomina. Muchos son arbitrarios, intransigentes, intolerantes, orgullosos, jactan-
ciosos y sin consagración. Sin embargo, algunas de estas personas son ministros
que manejan verdades sagradas. A menos que se arrepientan, su candelero será
quitado de su lugar. La maldición que el Salvador pronunció sobre la higuera esté-
ril es un sermón dirigido a todos los formalistas e hipócritas jactanciosos que se
presentan ante el mundo cubiertos de hojas orgullosas pero que no dan fruto. ¡Qué
reprensión para los que tienen la forma de la piedad, mientras que en su vida sin cristia-
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nismo niegan la eficacia de ella! El que trató con ternura al principal de los pecadores, el
que nunca despreció la verdadera mansedumbre y penitencia, por grande que fuese la
culpa, hizo caer severas denuncias sobre los que hacían gran profesión de piedad, pero
que negaban su fe con sus obras.

5T:190-191. La reprensión del Señor está sobre su pueblo a causa de su orgullo e incre-
dulidad. Él no restaurará el gozo de su salvación mientras se estén apartando de las ins-
trucciones de su Palabra y su Espíritu. Dará gracia a los que le temen y caminan en la
verdad, y apartará su bendición de todo aquel que se asemeje al mundo. Misericordia y
verdad son prometidas a los humildes y penitentes, y juicios son denunciados contra los
rebeldes.
La iglesia en Battle Creek pudiera haber estado libre de idolatría, y su fidelidad hubiera
sido un ejemplo para las otras iglesias. Pero ella está más dispuesta a separarse de los
mandamientos de Dios en lugar de renunciar la amistad del mundo. Ella está unida a sus
ídolos que ha escogido; y porque la prosperidad temporal y el favor del mundo impío
son de ella, se cree estar rica para con Dios. Esto probará ser para muchos un engaño fa-
tal. Su divino carácter y fuerza espiritual se han apartado de ella.

5T:611-613. Dios no ha hecho caso omiso de las buenas obras y los actos de abnegación
de la iglesia en el pasado. Todo está registrado en los cielos. Pero esto no es suficiente.
Esto no salvará a la iglesia cuando ella deje de cumplir su misión. A menos que la cruel
negligencia e indiferencia manifestadas en el pasado se terminen, la iglesia, en lugar de
ir de fortaleza en fortaleza, continuará degenerando en debilidad y formalismo. ¿Permiti-
remos que esto sea así? ¿Ha de perpetuarse la torpeza y el lamentable deterioro en amor
y celo espiritual? ¿Es esta la condición en la cual Cristo ha de encontrar la iglesia?
Hermanos, vuestras propias lámparas ciertamente se harán tenues y débiles hasta
apagarse en oscuridad a menos que hagáis esfuerzos decididos hacia la reforma.
“Recuerda pues de dónde has caído, y arrepiéntete, y has las primeras obras.” La
oportunidad ahora presentada pudiera ser corta. Si este tiempo de gracia y arre-
pentimiento pasa sin una mejoría, la advertencia es dada: “Vendré presto a ti, y
quitaré el candelero de su lugar.” Estas palabras son dichas por los labios de Aquel
que es longánime, que todo lo sufre. Son una solemne advertencia a las iglesias e indivi-
duos de que el Vigilante que nunca adormece está midiendo su curso de acción. Es sólo
a causa de su maravillosa paciencia que ellos no son cortados como los que todo lo ma-
logran. Pero su Espíritu no siempre contenderá. Su paciencia esperará sólo un poco más.
Vuestra fe debe ser algo más de lo que ha sido, o seréis pesados en balanzas y seréis ha-
llados faltos. En el último día, la decisión final del Juez de toda la tierra se volcará
sobre nuestro interés en, y labor práctica a favor de, los necesitados, los oprimidos,
los tentados. No siempre podéis pasar a estos de alto y vosotros mismos entonces en-
contrar entrada en la ciudad de Dios. “En cuanto,” dice Cristo, “no lo hicisteis a uno de
estos pequeñitos, no lo hicisteis a mí.”
Aun no es demasiado tarde para redimir las negligencias del pasado. Hágase un
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reavivamiento del primer amor, el primer fuego. Buscad a aquellos que habéis ahu-
yentado, sanad, mediante la confesión, las heridas que habéis hecho. Aceraos al gran
Corazón de amor misericordioso, y permitid que la corriente de esa compasión divina
fluya a vuestro corazón y del mismo hacia el corazón de otros. Sea la ternura y miseri-
cordia que Jesús ha revelado en su propia preciosa vida, un ejemplo de la manera en que
debemos tratar a nuestros semejantes, especialmente aquellos que son nuestros her-
manos en Cristo. Muchos han desmayado y se han desanimado en la gran lucha de la
vida, a los cuales con una palabra de amable alegría y ánimo se les habría fortalecido pa-
ra vencer. Nunca, nunca os descorazonéis, ni seáis fríos, apáticos, y criticones. Nunca
perdáis una oportunidad de decir una palabra para animar e inspirar esperanza. No po-
demos saber cuán influyentes puedan ser nuestras tiernas palabras de bondad, nuestros
esfuerzos cristianos para aligerar alguna carga. Los errantes pueden ser restaurados en
ninguna otra manera que en el espíritu de mansedumbre, gentileza, y tierno amor.

8T:79-80. El Señor tiene una obra especial para su pueblo en este tiempo. Él dice: “For-
taleced las manos débiles, y corroborad a las perniquebradas.” Esta es la misma obra que
el apóstol Pablo pide de la iglesia. “Por eso, fortaleced las manos cansadas y las rodillas
debilitadas.
Enderezad el camino para vuestros pies, para que el lisiado no se desvíe, antes sea sana-
do. La paz y la santidad. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al
Señor. Mirad bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que no brote ninguna raíz
de amargura que os impida, y por ella muchos sean contaminados.” Hebreos 12:12-15.
Oro que ahora como nunca antes tanto los ministros como los miembros de iglesia suban
a la ayuda del Señor, a la ayuda del Señor contra las grandes potestades de las tinieblas.
Estudiad con oración el capítulo diecisiete de Juan. Este capítulo no sólo ha de ser leído
vez tras vez; sus verdades han de ser comidas y asimiladas. “"Por ellos yo me santifico a
mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. No ruego sólo por
ellos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos
sean uno, como tú, o Padre, en mí, y yo en ti. Que también ellos sean uno en nosotros,
para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les di la gloria que me diste, para que
sean uno, así como nosotros somos uno.
Yo en ellos, y tú en mí. Que lleguen a ser perfectamente unidos, para que el mundo co-
nozca que tú me enviaste, y que los amaste a ellos, así como me amaste a mí.”
¿Estas palabras, de tan gran maravillosa importancia para nosotros, habrán siem-
pre de ser omitidas de la memoria? Dios pide a los que profesan ser sus hijos que
estudien estas palabras, las coman, y la vivan. Les pide que procuren la unidad y el
amor, no sea que el candelero fuese quitado de su lugar.

8T:248-249. Las solemnes advertencias que nos han sido dadas por la destrucción
de instituciones valiosas y útiles,* nos dicen: "Recuerda por tanto de dónde has
caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras." (Apoc. 2:5.) ¿Por qué no se perci-
be mejor el estado espiritual de la iglesia? ¿No están cegados los centinelas que velan
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sobre los muros de Sión? ¿No se sienten muchos siervos del Señor despreocupados y sa-
tisfechos como si la nube durante el día y la columna de fuego por la noche descansasen
sobre el santuario? Los que ocupan posiciones de responsabilidad y que aseveran cono-
cer a Dios, ¿no lo están negando en sus vidas y caracteres? Los que se cuentan entre el
pueblo elegido de Dios, ¿no están ellos satisfechos de una vida que transcurre sin dar la
evidencia de que Dios está verdaderamente en su medio, para salvarlos de las trampas y
los ataques de Satanás?
¿No tendríamos más luz si, en lo pasado, hubiésemos recibido las advertencias del Se-
ñor, si hubiésemos conocido su presencia, y si nos hubiésemos apartado de todo lo que
es contrario a su voluntad? Si hubiésemos procedido de este modo, la luz del cielo ha-
bría brillado en el templo de nuestras almas; nos habría hecho capaces de comprender la
verdad y de amar a Dios por encima de todo, y a nuestro prójimo como a nosotros mis-
mos. ¡Cuán gravemente es deshonrado Cristo por aquellos que, aseverando ser cristia-
nos, deshonran el nombre que llevan, al no conformar su vida a su profesión de fe y al
omitir en su trato mutuo el amor y respeto que Dios desea ver revelados por medio de
palabras amables y actos corteses!
Las potencias infernales están conmovidas por una profunda intensidad. El resultado es
guerra y derramamiento de sangre. La atmósfera moral está envenenada por actos de
una crueldad espantosa. El espíritu de lucha se extiende; abunda en todas partes. Mu-
chas almas caen bajo el poder de un espíritu de fraude y engaño. Muchos se alejarán de
la fe para seguir a espíritus seductores y a doctrinas de demonios. No disciernen el espí-
ritu que se ha apoderado de ellos.

TM:362. Cuando el hombre finito y capaz de errar da evidencia de que se considera


como de mayor importancia que Dios mismo, cuando se cree justo, y sin embargo
no manifiesta la ternura de espíritu que caracterizó la vida de nuestro Señor Jesús,
podemos saber que a menos que se arrepienta, el candelero será quitado de su lu-
gar. Todo el cielo está sorprendido por la terrible indiferencia de los agentes humanos.
Hombres que son ellos mismos tentados y que caen en el pecado, y necesitan perdón, es-
tán sin embargo llenos de suficiencia propia, y son insensibles hacia un hermano que es
entrampado por el enemigo, y cuya necesidad y peligro debiera despertar nuestra cristia-
na simpatía y esfuerzo para establecer sus pies sobre la roca sólida.

TM:457-459. Dios pide que su pueblo eleve la norma. La iglesia debe manifestar su celo
por Dios al tratar con aquellos que, mientras profesan gran fe, han estado poniendo a
Cristo en abierta vergüenza. Han puesto en peligro la verdad. Han sido centinelas infie-
les Han acarreado reproche y deshonor sobre la causa de Dios. Ha llegado el tiempo de
realizar esfuerzos fervientes y poderosos para desembarazar a la iglesia del limo y de la
suciedad que está empañando su pureza. La iglesia de Cristo está llamada a ser santa,
poderosa, un nombre y una alabanza en toda la tierra. Ha sido abierta una fuente para
Judá y para Jerusalén, para lavar toda la inmundicia y el pecado. El pueblo de Dios, a
quien le ha sido encomendada la sagrada verdad, está dominado por una pasmosa apos-
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tasía. Su fe, su servicio, sus obras, deben ser comparados con lo que podrían haber sido
si su forma de actuar se hubiera dirigido constantemente hacia adelante y hacia arriba,
de acuerdo con la gracia y la santa verdad que recibió.
Los miembros individuales de la iglesia cristiana serán pesados en esta balanza del san-
tuario; y si su carácter moral y su estado espiritual no corresponden a los beneficios y las
bendiciones conferidos a ellos serán hallados faltos. Si no aparece el fruto, Dios no es
glorificado.
"Recuerda por tanto de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras;
pues si no, vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres
arrepentido".
Parece que al que se ha apartado de Dios le estuviera oculto el conocimiento de su
estado. ¿Ha sido quitado de su lugar el candelero? Exhorto a todos los que descansan
despreocupadamente en su actual estado de muerte espiritual, a despertarse y levantarse
de los muertos, y Cristo les dará luz, Muchos descansan tan contentos como si la nube
de día y la columna de fuego de noche los protegiera y los guiara. Muchos profesan co-
nocer a Dios, y sin embargo lo niegan en sus obras. Consideran que pertenecen al pue-
blo peculiar y escogido de Dios, que tiene un mensaje especial y solemne que ha sido
confiado a su cuidado para santificar sus vidas y para ser dado al mundo, y sin embargo
el poder de la verdad escasamente se siente o se manifiesta en nuestro medio en un tra-
bajo celoso para Dios. ¡Cuántas son nuestras tinieblas, y no lo sabemos! La luz no ha
disminuido, pero nosotros no andamos en sus rayos.

RH, 7 de Junio de 1887. ‘Sino arrepiéntete, porque has perdido tu primer amor.’
Aquí está claramente presentada la obra nuestra que nos corresponde como miem-
bros de la iglesia de Cristo. Si somos infieles, perderemos la corona de la vida y otro
la tomará; pues en el éxodo de los infieles, los lugares son suplidos por los fieles. Si
rehusamos permitir que nuestra luz brille por el Maestro, si no hacemos las obras
de Dios, otros harán esa misma obra que pudiéramos haber hecho pero no quisi-
mos hacer. Cuando dejamos de cumplir nuestra misión, cuando el candelero se nie-
ga a reflejar la luz, y las grandes verdades encomendadas a nosotros individual-
mente para ser compartidas con el mundo, no son dadas a ellos, entonces el cande-
lero será quitado de su lugar. “Vendré presto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar.”
Otro será puesto en su lugar y resplandecerá. Ascienda la oración ahora y sin demora a
Aquel que camina en medio de los candeleros de oro. No quitéis tu Espíritu Santo de no-
sotros. “Purifícame con hisopo, y seré emblanquecido, lávame y seré más blanco que la
nieve....Crea en mí un corazón limpio, o Dios; y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de tu presencia; y no quites tu Espíritu Santo de mí. Restaura en mí el gozo
de tu salvación; y sostenme con tu Espíritu. Entonces enseñaré a los transgresores tus
caminos; y los pecadores serán convertidos a ti”. Basel, Suiza

DMJ:75. A nada conducirá el hacer penitencia ni el pensar que por nuestras propias
obras mereceremos o compraremos una heredad con los santos. Cuando se le preguntó a
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Cristo: "¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?", él respondió:
"Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado". Arrepentirse es alejarse
del yo y dirigirse a Cristo; y cuando recibamos a Cristo, para que por la fe él pueda
vivir en nosotros, las obras buenas se manifestarán.

DTG:267. A menudo nos apenamos porque nuestras malas acciones nos producen con-
secuencias desagradables. Pero esto no es arrepentimiento. El verdadero pesar por el
pecado es resultado de la obra del Espíritu Santo. El Espíritu revela la ingratitud
del corazón que ha despreciado y agraviado al Salvador, y nos trae contritos al pie
de la cruz. Cada pecado vuelve a herir a Jesús; y al mirar a Aquel a quien hemos traspa-
sado, lloramos por los pecados que le produjeron angustia. Una tristeza tal nos inducirá a
renunciar al pecado.

6CBA:1068. La obra del Espíritu Santo al hacer que los hombres se arrepientan, no es
revelar nuevas verdades, sino presentar ante la mente las preciosas lecciones que Cristo
ha dado en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, y grabar en la conciencia esas mismas
lecciones (MS 32, 1900).

Versículo 6. "Pero tienes esto a tu favor, que aborreces las prácticas de los nicolaítas,
que yo también aborrezco”.

7CBA:968. ¿Es [nuestro] el pecado de los nicolaítas, convertir la gracia de Dios en liber-
tinaje? (RH, 07-06-1887).
Se enseña mucho ahora la doctrina que el Evangelio de Cristo ha anulado la ley de Dios,
que "creyendo" quedamos liberados de la necesidad de ser hacedores de la Palabra; pero
ésta es la doctrina de los nicolaítas que Cristo condenó tan implacablemente (ST, 21-
1912).

B Echo, 8 de Febrero de 1897. Aquellos que ahora están enseñando esta doctrina tie-
nen mucho que decir tocante a la fe y la justicia de Cristo; pero pervierten la ver-
dad, y la hacen servir la causa del error. Ellos declaran que sólo tenemos que creer
en Cristo Jesús, y que la fe es lo todo-suficiente: que la justicia de Cristo ha de ser
la credencial del cristiano; que esta justicia imputada cumple la ley por nosotros, y
que no estamos bajo obligación alguna de obedecer la ley de Dios. Esta clásica pre-
tensión de que Cristo vino a salvar los pecadores, y que él los ha salvado. “Yo soy sal-
vo,” ellos repiten y repiten. ¿Pero son salvos mientras violan la ley de Jehová? –No;
pues las vestimentas de la justicia de Cristo no son una excusa para la iniquidad. Tal in-
terpretación es un terrible engaño, y Cristo llega a ser para estas personas un tropiezo
como lo fue para los judíos, --para los judíos, porque no lo recibieron como Salvador
personal, para estos profesos creyentes en Cristo, porque separan a Cristo de la ley, y
consideran la fe como substituto de la obediencia. Ellos separan al Padre y al Hijo, el
Salvador del mundo. Virtualmente ellos enseñan, tanto por precepto como por ejemplo,
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que Cristo, mediante su muerte, salva a los hombres en sus transgresiones.

Versículo 7. "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venza,
le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios".

PUR, 12 de Diciembre de 1904. El hombre ha de oír la Palabra de Dios lleno de un


intenso deseo de escuchar en fe y lograr mejoría mediante lo dicho. “Tened cuida-
do de cómo oís, pues a todo el que tiene, a ese le será dado; y el que no tiene, a ese le
será quitado, aun eso que aparentemente tiene.” Hemos de prestar atención sincera
y ferviente a la enseñanza de Cristo, reconociendo la importancia de escuchar aten-
tamente, de modo que Dios nos utilice al enseñar a otros. “Con la misma medida con
que medís, os será medido.” La medida de sinceridad con la cual escucháis mi palabra,
para que ayudéis a otros, será la medida con la cual un conocimiento de esta palabra os
es dado. A aquel que escucha con atención le será dado; pues Dios ve que él usará
su conocimiento para bien. A todo aquel que no ha mejorado sus oportunidades, que
no ha practicado la verdad, para compartir con otros la bendición de su conocimiento, le
será quitado aun aquello que tiene. Su oportunidad para ser todo lo que Dios se propuso
que fuera, recibiendo e impartiendo la luz del cielo, le será quitada.

RH, 30 de Septiembre de 1890. ¿Acaso no vale la pena que os arrepintáis de vuestros


pecados, y creáis que al confesarlos, Jesús sí perdona, y luego os gocéis y seáis agrade-
cidos por el amor que os ha sido manifestado, en la seguridad de que Jesús os limpiará
de todo pecado.? Es el oído de la fe el que escuchará la voz del verdadero Pastor. Je-
sús dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen.” “Y no segui-
rán al extraño, sino que huirán de él; pues ellas no conocen la voz de extraños”.

ST, 5 de Junio de 1891. Las palabras: “Aquel que tiene oído, oiga lo que el Espíritu
dice a las iglesias,” son repetidas después de estas promesas, cargadas de importan-
cia para los hijos de Dios. Es para nuestro interés eterno conocer y entender lo que
el Espíritu dice a las iglesias, y debemos escudriñar cuidadosamente por luz y cono-
cimiento para no estar en ignorancia de los que Dios ha mandado y prometido en
su preciosa palabra. Tenemos nuestras almas para salvar o perder, y con la más pro-
funda sinceridad debemos inquirir: “¿Qué debo hacer para obtener la vida eterna? En su
mejor parte, la vida es sino corta, y es necesario que vivamos esta corta vida en armonía
con la ley de Dios, la cual es la ley del universo. Debemos tener oídos para oír, y co-
razones para entender lo que el Espíritu dice a las iglesias.

5T:74. Os traigo el testimonio del Señor. Todos los que desean recibir corrección es-
cucharán su voz; pero los que han sido engañados por el enemigo no están dispues-
tos ahora a venir a la luz, no sea que sus obras sean reprobadas. Muchos de voso-
tros no podéis discernir la obra y presencia de Dios. No sabéis que es Él. El Señor aun es
misericordioso, dispuesto a perdonar a todo aquel que se vuelve a él con penitencia y fe.
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Dijo el Señor: Muchos no saben sobre qué tropiezan. Ellos no acatan la voz de Dios,
sino siguen sólo lo que está delante de sus ojos y el impulso de sus propios corazo-
nes. La incredulidad y el escepticismo han tomado el lugar de la fe. ‘Ellos me han aban-
donado’.

EL QUE TENGA OÍDO PARA OIR, OIGA.

7CBA:968-969. [Se cita Apoc. 2:7]. ¿Debemos esperar hasta que seamos trasladados
antes de que comamos de las hojas del árbol de la vida? El que recibe en su cora-
zón las palabras de Cristo sabe lo que significa comer las hojas del árbol de la vida.
[Se cita Juan 6:33-63.]
Cuando el creyente en comunión con el Espíritu Santo puede poner su mano sobre la
verdad y se apropia de ella, come el pan que desciende del cielo; penetra en la vida de
Cristo, y aprecia el gran sacrificio hecho en favor de la raza pecadora.
El conocimiento que proviene de Dios es el pan de vida. Ese pan son las hojas del árbol
de la vida que son para la sanidad de las naciones. La corriente de la vida espiritual
conmueve el alma cuando se creen y practican las palabras de Cristo. De esa manera
somos hechos uno con Cristo. La vida cristiana que era débil y endeble, se fortalece.
Para nosotros es vida eterna si retenemos firme hasta el fin el principio de nuestra con-
fianza.
Toda verdad debe ser recibida como la vida de Jesús. La verdad nos purifica de toda
impureza y prepara el alma para la presencia de Cristo. Cristo, la esperanza de gloria, es
formado en lo íntimo (MS 103, 1902).

7CBA:999-1000. El fruto del árbol de la vida en el jardín del Edén poseía virtudes
sobrenaturales. Comer de él equivalía a vivir para siempre. Su fruto era el antídoto
de la muerte. Sus hojas servían para mantener la vida y la inmortalidad. Pero debi-
do a la desobediencia del hombre, la muerte entró en el mundo. Adán comió del árbol
del conocimiento del bien y del mal, cuyo fruto aun le había sido prohibido que tocara.
Su transgresión abrió las compuertas de la maldición sobre la raza humana.
El Agricultor celestial trasplantó el árbol de la vida al paraíso del cielo después de
la entrada del pecado; pero sus ramas cuelgan sobre la muralla hacia el mundo que
está más abajo. Por medio de la redención comprada por la sangre de Cristo, aún
podemos comer de su vivificante fruto.
De Cristo está escrito: "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres". Él es la
fuente de vida. Obedecerle es el poder vivificante que alegra el alma.
Cristo declara: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que
en mí cree, no tendrá sed jamás" [se cita Juan 6:57, 63; Apoc. 2:7 ú. p.] (ST, 31-03-
1909)
(Salmo 19:10; Juan 6:54-57.) El árbol de la vida plantado para nosotros.-
Los hijos de los hombres han tenido un conocimiento práctico del mal; pero Cristo
vino al mundo para mostrarles que ha plantado para ellos el árbol de la vida, cuyas
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hojas eran para la sanidad de las naciones (MS 67, 1898).
Las hojas del árbol de la vida os son ofrecidas. Son más dulces que la miel y que la que
destila del panal. Tomadlas, comedias, digeridas, y vuestro miedo se desvanecerá (MS
71, 1898).
Cristo... era el árbol de la vida para todos los que quisieran tomarlo y comerlo (MS 95,
1898).
La Biblia es el árbol de la vida para nosotros.-
Recuerden todos que el árbol de la vida lleva doce clases de frutos. Esto representa
la obra espiritual de nuestras misiones en la tierra. La Palabra de Dios es para no-
sotros el árbol de la vida; cada porción de la Escritura tiene su uso; en cada parte de la
Palabra hay alguna lección que aprender. Aprended pues cómo estudiar vuestras Biblias.
Este Libro no es un montón de retazos; es un educador. Debéis ejercitar vuestros propios
pensamientos antes de poder sacar verdadero beneficio del estudio de la Biblia. Los ner-
vios y los músculos espirituales deben ser ejercitados con la Palabra. El Espíritu Santo
hará recordar las palabras de Cristo; iluminará la mente y conducirá en la búsqueda
(Carta 3, 1898).
Cristo es la fuente de nuestra vida, la fuente de la inmortalidad. Él es el árbol de la vi-
da, y a todos los que van a él les imparte vida espiritual (RH, 26-01-1897)

ML:355. El fruto del árbol de la vida en el Jardín del Edén poseía virtud sobrena-
tural. El comer de él significaba vivir para siempre. Su fruto era el antídoto de la
muerte. Sus hojas eran para el sustento de la vida y la inmortalidad....Después de la
entrada del pecado, el Esposo celestial trasplantó el árbol de la vida al Paraíso de
arriba.
Los santos redimidos, quienes han amado a Dios y guardado sus mandamientos aquí en
la tierra, entrarán por las perlinas puertas de la ciudad, y tendrán derecho al árbol de la
vida. Ellos comerán de él sin restricciones, así como nuestros primeros padres hicieron
antes de la caída. Las hojas de ese gran árbol inmortal serán para la sanidad de las na-
ciones. Todos sus dolores habrán desaparecido. Enfermedad, tristeza, y la muerte nunca
más vuelven a sentir, pues las hojas del árbol de la vida los han sanado. Jesús entonces
verá del fruto de la aflicción de su ser y quedará satisfecho cuando los redimidos, que
han estado sujetos a penurias, trabajos, y aflicciones, quienes han sufrido bajo la maldi-
ción, sean reunidos alrededor del árbol de la vida para comer de su inmortal fruto, al
cual nuestros primeros padres perdieron todo derecho de participar cuando violaron los
mandatos divinos. No habrá peligro de perder el derecho al árbol de la vida nuevamente,
pues el que tentó a nuestros primeros padres a pecar será destruido por la segunda muer-
te.
Del árbol de la vida colgaba el fruto más hermoso, del cual los santos podían comer
libremente... El lenguaje más exaltado no puede describir la gloria del cielo o las in-
conmensurables profundidades del amor del Salvador.

PP:46-47. Cuando vieron en la caída de las flores y las hojas los primeros signos de la
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decadencia, Adán y su compañera se apenaron más profundamente de lo que hoy se
apenan los hombres que lloran a sus muertos. La muerte de las delicadas y frágiles flo-
res fue en realidad un motivo de tristeza; pero cuando los bellos árboles dejaron caer sus
hojas, la escena les recordó vivamente la fría realidad de que la muerte es el destino de
todo lo que tiene vida.
El huerto del Edén permaneció en la tierra mucho tiempo después que el hombre fuera
expulsado de sus agradables senderos. (Véase Gén. 4:16). Durante mucho tiempo des-
pués, se le permitió a la raza caída contemplar de lejos el hogar de la inocencia, cuya en-
trada estaba vedada por los vigilantes ángeles. En la puerta del paraíso, custodiada por
querubines, se revelaba la gloria divina. Allí iban Adán y sus hijos a adorar a Dios. Allí
renovaban sus votos de obediencia a aquella ley cuya transgresión los había arrojado del
Edén. Cuando la ola de iniquidad cubrió al mundo, y la maldad de los hombres trajo su
destrucción por medio del diluvio, la mano que había plantado el Edén lo quitó de la tie-
rra. Pero en la final restitución, cuando haya "un cielo nuevo, y una tierra nueva" (Apoc.
21:1), ha de ser restaurado más gloriosamente embellecido que al principio.
Entonces los que hayan guardado los mandamientos de Dios respirarán llenos de
inmortal vigor bajo el árbol de la vida; y a través de las edades sin fin los habitan-
tes de los mundos sin pecado contemplarán en aquel huerto de delicias un modelo
de la perfecta obra de la creación de Dios, incólume de la maldición del pecado, una
muestra de lo que toda la tierra hubiera llegado a ser si el hombre hubiera cumpli-
do el glorioso plan de Dios.

5T:655. En una segunda visión, que no tardó en seguir a la primera, me fueron mostra-
das las pruebas por las cuales debía pasar y que era mi deber ir y relatar a otros lo que
Dios me había revelado. Me fue mostrado que mis labores encontrarían gran oposición,
y que mi corazón sería desgarrado por la angustia, pero que la gracia de Dios bastaría
para sostenerme a través de todo. La enseñanza de esta visión me afligió grandemente;
porque me indicaba el deber de ir entre la gente y presentar la verdad.
Un gran temor que me oprimía consistía en que si obedecía el llamamiento del deber, y
salía declarándome favorecida del Altísimo con visiones y revelaciones para la gente,
podría ceder a una exaltación pecaminosa y elevarme por encima de la posición que me
correspondía ocupar, atrayendo sobre mí el desagrado de Dios y perdiendo mi propia
alma. Tenía ante mí varios casos como los que he descrito, y mi corazón rehuía esta pe-
nosa prueba.
Rogué entonces que si debía ir y relatar lo que el Señor me había mostrado, fuese
preservada del ensalzamiento indebido. Dijo el ángel: "Tus oraciones han sido oí-
das, y serán contestadas. Si ese mal que temes te amenaza, la mano de Dios se ex-
tenderá para salvarte; por la aflicción te atraerá a sí, y conservará tu humildad.
Comunica el mensaje fielmente. Persevera hasta el fin y comerás del fruto del árbol
de la vida y beberás del agua de la vida."

8T:125. Tengo el más sincero deseo de verle entrar a la ciudad de Dios, no como uno
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que apenas pudo llegar, sino como un vencedor. Mi hermano, ¿pensará usted en esto? Si
usted es leal y humilde y fiel en esta vida, le será concedida abundante entrada.
Entonces el árbol de la vida será suyo, pues usted habrá sido en la tierra un vence-
dor sobre el pecado; la ciudad cuyo artífice y constructor es Dios, será su ciudad.
Aférrese su imaginación de aquello que es invisible. Sean sus pensamientos transporta-
dos a las evidencias del gran amor de Dios hacia usted. Contemplando el objeto hacia el
cual usted se dirige, perderá el sentido del dolor causado por las leves aflicciones que
son sino por un momento.

CS:564. Satanás asaltó a Cristo con sus tentaciones más violentas y sutiles; pero siempre
fue rechazado. Esas batallas fueron libradas en nuestro favor; esas victorias nos dan la
posibilidad de vencer. Cristo dará fuerza a todos los que se la pidan. Nadie, sin su
propio consentimiento, puede ser vencido por Satanás. El tentador no tiene el po-
der de gobernar la voluntad o de obligar al alma a pecar. Puede angustiar, pero no
contaminar. Puede causar agonía pero no, corrupción. El hecho de que Cristo venció
debería inspirar valor a sus discípulos para sostener denodadamente la lucha contra el
pecado y Satanás.

PE:218. Satanás comenzó su engaño en el Edén. Dijo a Eva. "No moriréis." Tal fue la
primera lección de Satanás acerca de la inmortalidad del alma, y ha continuado con este
engaño desde entonces hasta hoy, y seguirá con él hasta que haya cesado el cautiverio de
los hijos de Dios. Me fueron mostrados Adán y Eva en el Edén. Comieron del ár-
bol prohibido, y entonces la espada de fuego fue puesta en derredor del árbol de vi-
da, y ellos fueron expulsados del huerto, no fuera que comiesen del árbol de vida, y
fuesen pecadores inmortales. El fruto de este árbol había de perpetuar la inmortalidad.
Oí a un ángel preguntar: "¿Quién de la familia de Adán cruzó aquella flamígera espada,
y ha comido del árbol de la vida?" Oí a otro ángel contestar: "Ni uno de la familia de
Adán cruzó esa espada de fuego, ni comió de aquel árbol; por lo tanto no hay un solo
pecador inmortal." El alma que pecare, ésta morirá de una muerte eterna, una muerte de
la cual no hay esperanza de resucitar; y entonces la ira de Dios será apaciguada.

B Echo, 17 de Junio de 1895. Adán perdió el Edén, y le fue vedado acceso al árbol de la
vida debido a su desobediencia. Todo ser inteligente puede entender esto si desea. Para
que el pecado, la transgresión de la ley de Dios, no fuera inmortalizado, el hombre fue
separado del árbol de la vida a causa de la supuesta pequeña transgresión de Adán, y las
compuertas del dolor fueron abiertas sobre nuestro mundo. Leed estas palabras de Cris-
to; pues claramente muestran a toda la familia humana lo que deben hacer para volver a
obtener acceso al árbol-que-da-vida: “Bienaventurados aquellos que guardan sus man-
damientos, para que tengan derecho al árbol de la vida, y puedan entrar por las puertas
de la ciudad.”

GCDB, 6 de Marzo de 1899. El jardín del Edén no sólo era la morada de Adán, sino
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su aula de clase. Así como en esa escuela, así hoy en la escuela de la tierra, dos ár-
boles son plantados, --el árbol de la vida, el cual lleva el fruto de la verdadera edu-
cación; y el árbol del conocimiento del A todo el que mantiene una conexión con
Cristo se le concede acceso al árbol de la vida, una fuente de conocimiento del cual
el mundo es ignorante. Después que el pecado entró al mundo, el Esposo celestial
trasplantó el árbol de la vida al paraíso en el cielo; pero sus ramas se doblan por
encima de las murallas llegando hasta abajo, a nuestro mundo. Mediante la reden-
ción comprada por la sangre del Hijo de Dios, el hombre ahora puede participar de su
fruto que imparte vida eterna. El árbol de la ciencia del bien y del mal tiene sus raíces en
la tierra—es de la tierra, terrenal. Todos los que han probado del fruto celestial, del Pan
de Vida, han de ser colaboradores con Dios, apartando a otros del árbol de la ciencia del
bien y del mal, y dirigiéndolos hacia el árbol de la vida, para que también puedan parti-
cipar de sus frutos.

MM:233-234. El árbol de la vida era simbólico de la exclusiva y gran Fuente de la


inmortalidad. De Cristo está escrito: “En él estaba la vida; y la vida era la luz de los
hombres.” Él es la fuente de vida. Obediencia a él es el poder vivificante, e imparte ali-
ciente al corazón. Mediante el pecado al hombre fue vedado el acceso al árbol de la vida.
Ahora, vida e inmortalidad son sacadas a la luz mediante Cristo Jesús.....

PP:27-28. "Y había Jehová Dios plantado un huerto en Edén al oriente, y puso allí al
hombre que había formado." (Génesis 2: 8.) Todo lo que hizo Dios tenía la perfección de
la belleza, y nada que contribuyese a la felicidad de la santa pareja parecía faltar; sin
embargo, el Creador les dio todavía otra prueba de su amor, preparándoles especialmen-
te un huerto para que fuese su morada. En este huerto había árboles de toda variedad,
muchos de ellos cargados de fragantes y deliciosas frutas. Había hermosas plantas tre-
padoras, como vides, que presentaban un aspecto agradable y hermoso, con sus ramas
inclinadas bajo el peso de tentadora fruta de los más ricos y variados matices. El trabajo
de Adán y Eva debía consistir en formar cenadores o albergues con las ramas de las vi-
des, haciendo así su propia morada con árboles vivos cubiertos de follaje y frutos. Ha-
bía en profusión y prodigalidad fragantes flores de todo matiz. En medio del huerto es-
taba el árbol de la vida que aventajaba en gloria y esplendor a todos los demás árboles.
Sus frutos parecían manzanas de oro y plata, y tenían el poder de perpetuar la vida.

[PH086] 31-32. Adán y Eva y su posteridad perdieron su derecho al árbol de la vida


debido a su desobediencia. “Y el Señor Dios dijo: He aquí el hombre ha venido a
ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal: y ahora, no sea que estreche
su mano y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.” Adán y
Eva desobedecieron la ley de Dios. Esto hizo necesario que fueran sacados del Edén
y que fueran separados del árbol de la vida, del cual si hubieran comido después de
su transgresión, se hubiera perpetuado el pecado y sus consecuencias. “Y el Eterno
lo sacó del huerto de Edén, para que labrase la tierra de donde fue tomado. Dios echó,
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pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines y una espada en-
cendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino al árbol de la vida.” El
hombre dependía del árbol de la vida para perpetuar la inmortalidad, y el Señor tomó es-
tas precauciones no sea que el hombre comiera de ese árbol y “viva para siempre.” ----
llegara a ser un pecador inmortal.

RH, 13 de Enero de 1910. “Estamos procurando esa vida que se mide con la vida de
Dios; por tanto nuestras naturalezas deben ser conformadas a la voluntad de Dios. De-
bemos conducir de tal manera nuestra obra que podamos ir a Dios en confianza y abrirle
nuestros corazones, diciéndole nuestras necesidades, y creyendo que él escucha, y que
nos dará gracia y fortaleza para llevar a cabo los principios de la Palabra de Dios. Lo
que nosotros deseamos es el cielo, la corona del victorioso, una entrada por los por-
tales de la ciudad de Dios, el derecho a comer del árbol de la vida que se encuentra
en medio del paraíso de Dios. Queremos ver al Rey en su hermosura. Entonces dia-
riamente mantengamos nuestra vista fija en Cristo, la perfección del carácter hu-
mano, y aferrándonos de su naturaleza divina, tendremos la fortaleza de la divini-
dad para vencer toda tendencia y deseo hacia el mal.

RH, 28 de Marzo de 1893. A toda alma que está inquiriendo: “¿Qué debo hacer para te-
ner vida eterna?, la respuesta viene del divino Hijo de Dios: “Si entraríais a la vida,
guarda los mandamientos.” ¿Nos pide Cristo que hagamos eso que no es posible ha-
cer?—No, nunca. El sendero de la obediencia es posible, y nos dirige hacia el árbol
de vida. Este es el camino que nos lleva hacia el paraíso de Dios. El requerimiento
de Dios de obedecer y vivir fue dado a Adán. El único camino a la vida se encuen-
tra mediante la obediencia a los mandamientos.

1SP:69. Pero si hubo algún pecado más que cualquier otro que causó la destrucción de la
raza mediante el diluvio, fue el bajo crimen de la amalgamación de hombre y bestia que
borró la imagen de Dios, y causó confusión por doquier. Dios se propuso destruir me-
diante el diluvio a esa raza poderosa y longeva que había corrompido sus caminos delan-
te de él. Él no permitiría que vivieran todos los días de su vida natural, lo cual sería cen-
tenares de años. Hacía sólo unas pocas generaciones atrás cuando Adán tuvo acceso
a ese árbol que habría de prolongar la vida. Después de su desobediencia no se le
permitió comer del árbol de vida y perpetuar una vida de pecado. Para que el
hombre pudiera poseer una vida sin fin, debía continuar alimentándose del fruto
del árbol de vida. Privado de ese árbol, su vida gradualmente se desgastaría.

CM:327. ¿No tendrá el pueblo de Dios, con más frecuencia, santas convocaciones para
dar gracias a Dios por sus ricas bendiciones? ¿No hallaremos tiempo para alabar a Cristo
por su descanso, paz y gozo, y manifestar por nuestro agradecimiento diario que apre-
ciamos el gran sacrificio que hizo en nuestro favor a fin de que pudiésemos participar de
la naturaleza divina? ¿No hablaremos del reposo que nos espera en el paraíso de
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Dios, y de la honra y gloria que aguardan a los siervos de Jehová? "Y mi pueblo
habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo" (Isa.
32:18). Vamos hacia el hogar, en procura de una patria mejor, a saber, la celestial.

PP:70-71. Las ventajas que gozaron los hombres de aquellos tiempos para obtener un
conocimiento de Dios por el estudio de su obra, no han sido igualadas desde entonces.
Lejos de ser una era de tinieblas religiosas, fue una edad de grandes luces. Todo el
mundo tuvo la oportunidad de recibir instrucción de Adán y los que temían al Señor tu-
vieron también a Cristo y a los ángeles por maestros. Y tuvieron un silencioso testimo-
nió de la verdad en el huerto de Dios, que durante siglos permaneció entre los hombres.
A la puerta del paraíso, guardada por querubines, se manifestaba la gloria de Dios,
y allí iban los primeros adoradores a levantar sus altares y a presentar sus ofren-
das. Allí era donde Caín y Abel habían llevado sus sacrificios y Dios había condes-
cendido a comunicarse con ellos.

21ML:387. Si usted, hermano Waggoner, como anciano de iglesia, hubiera visto hacia
arriba, se hubiera visto a sí mismo como espectáculo ante Dios y los ángeles puros que
velan sus rostros y se apartan de su contaminación de alma y cuerpo. Mis palabras pare-
cen tenues al escribirlas pensando en las maravillosas verdades que profesamos y la gran
luz que brilla sobre nosotros emanando de la Palabra de Dios. El Juez de toda la tierra se
encuentra delante de la puerta, y todo caso debe pasar la solemne revisión que él hace.
Yo pregunto ¿cómo puede alguien, con esta luz brillando sobre él, atreverse a negar en
pensamiento o en palabra al Señor Dios que lo ha comprado? Apresúrese, mi hermano, a
limpiar sus manos. Jesús aun está suplicando como su Intercesor. Empiece la obra de
abandonar sus pecados sin demora. No descanse hasta que encuentre perdón, pues nin-
guna alma puede entrar en el paraíso de Dios si tiene una sola mancha o teñido en su ca-
rácter. Haga una obra cabal para la eternidad. Carta 51, 1886.

PVGM:224-225. Si cultivas fielmente la varia de tu alma, Dios te está haciendo obrero


juntamente con él. Y tendrás una obra que hacer no sólo por ti mismo, sino por otros. Al
representar a la iglesia por una viña, Cristo no enseña que hemos de limitar nuestras
simpatías y trabajos a los nuestros. La viña del Señor ha de ser agrandada. Él desea
que sea extendida a todas partes de la tierra. Cuando recibimos la instrucción y la
gracia de Dios, debemos impartir a otros un conocimiento referente a la forma de
cuidar de las preciosas plantas. Así podemos extender la viña del Señor. Dios está
aguardando evidencias de nuestra fe, amor y paciencia. Él mira para ver si esta-
mos usando cada ventaja espiritual con el objeto de llegar a ser obreros hábiles en
su viña sobre la tierra, para que podamos entrar en el paraíso de Dios, aquel hogar
edénico del cual fueron excluidos Adán y Eva por la transgresión.

5CBA:1106. La muerte de Cristo en la cruz aseguró la destrucción del que tenía el impe-
rio de la muerte, del que era el originador del pecado. Cuando Satanás sea destruido, no
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quedará nadie más que tiente para hacer el mal; no se necesitará repetir más la expia-
ción, y no habrá más peligro de que haya otra rebelión en el universo de Dios. Aquel
que es el único que con eficacia puede reprimir el pecado en este mundo de oscuridad,
evitará el pecado en el cielo. Los santos y los ángeles verán el significado de la muer-
te de Cristo. Los hombres caídos no podrían tener un hogar en el paraíso de Dios
sin el Cordero que fue muerto desde la fundación del mundo. ¿No ensalzaremos,
pues, la cruz de Cristo? Los ángeles atribuyen honor y gloria a Cristo, pues aun
ellos no están seguros a menos que contemplen los sufrimientos del Hijo de Dios.
Los ángeles del cielo están protegidos contra la apostasía por medio de la eficacia
de la cruz. Sin la cruz no estarían más seguros contra el mal de lo que estuvieron
los ángeles antes de la caída de Satanás. La perfección angelical fracasó en el cielo.
La perfección humana fracasó en el Edén, el paraíso de la bienaventuranza. Todos
los que deseen seguridad en la tierra o en el cielo deben acudir al Cordero de Dios.

5ML:20-21. Dios se propone que las escenas de la naturaleza tengan influencia sobre los
hijos de Dios para que se deleiten en la pura, sencilla y apacible belleza con la cual nues-
tro Padre adorna nuestro globo terrestre. Jesús nos dice que el más poderoso rey que ha-
ya tenido el cetro no pudiera compararse en su hermosa vestidura con las sencillas flores
que Dios ha vestido con belleza. Deseamos aprender la lección de Dios de Su libro. Los
cielos arriba son puros y hermosos, y colores tenues son presentados a nosotros
aquí en la tierra; y podemos poner la imaginación a su máximo esfuerzo para cap-
tar las glorias que estos representan en el paraíso de Dios. Sin embargo el ojo no ha
visto y el oído no ha escuchado, ni han entrado en el corazón del hombre las cosas
que Dios ha preparado para aquellos que le aman...

2SAT:35. Ahora, en lugar de hablar sobre lo que están diciendo y explayándose en eso,
diríjase la mente al paraíso de Dios y las riquezas y gloria que han de ser dadas a los
santos del Altísimo. Si este ha de ser nuestro hogar, ¿por qué no debiéramos hablar de
él? Si habréis de uniros al coro celestial y cantar las alabanzas de Dios en el cielo, ¿por
qué no aprender a cantarlas aquí en la tierra? Nunca podréis aprender a cantarlas allí a
menos que las aprendáis aquí. ¿Cuánta alabanza rendís a Dios?

RH, 24 de Febrero de 1874. El pecado sacó al hombre del paraíso. Y el pecado fue la
causa de que el paraíso fuera quitado de la tierra. En consecuencia de la transgre-
sión de la ley de Dios, Adán perdió el paraíso. En obediencia a la ley del Padre y me-
diante la fe en la sangre expiatoria de su Hijo, el paraíso puede ser alcanzado nuevamen-
te. “Arrepentimiento para con Dios,” porque su ley ha sido transgredida, y fe hacia
Nuestro Señor Jesucristo como el único Redentor del hombre, será aceptable delante de
Dios. Los méritos del querido Hijo de Dios a favor del hombre prevalecerán delante del
Padre, a pesar del estado de degradación en que se encuentra el hombre.

ST, 8 de Diciembre de 1898. Los testarudos sacerdotes y dirigentes pueden burlarse de


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él y ridiculizar sus pretensiones de ser hijo de Dios. Pueden burlarse en su agónica muer-
te y para siempre cerrarse las puertas del paraíso a pesar de su pretensión a la piedad y el
conocimiento, pero el ladrón que le ha recibido, que ha creído en él en Su humillación,
tendrá vida con Cristo en el paraíso de Dios.

SW, 5 de Septiembre de 1899. Satanás ha descendido con gran poder, obrando con todo
engaño de injusticia en aquellos que perecen; pero no es necesario que ninguno sea en-
gañado; y no lo seremos si hemos plenamente tomado nuestra posición con Cristo para
seguirle a través del trato bueno como del malo. La cabeza de la serpiente pronto será
golpeada y aplastada. El glorioso memorial del maravilloso poder de Dios pronto
será restaurado a su debido lugar. Entonces el paraíso perdido será el paraíso res-
taurado. El plan de Dios para la redención del hombre estará completo. El Hijo del
Hombre concederá a los justos la corona de la vida eterna, y le “servirán día y noche en
su templo; y el que se sienta en el trono morará con ellos. No tendrán más hambre, ni
tendrán más sed; ni el sol brillará más sobre ellos, tampoco el calor. Pues el Cordero que
está en medio del trono los alimentará y los llevará a fuentes de agua viva, y Dios lim-
piará toda lágrima de sus ojos”.

Versículo 8. “Escribe al ángel de la iglesia de Esmirna: "El Primero y el Ultimo, el que


estuvo muerto y revivió, dice:”

DTG:164-165. La estada de Jesús en Samaria estaba destinada a ser una bendición para
sus discípulos, que estaban todavía bajo la influencia del fanatismo judío. Creían que la
lealtad a su propia nación requería de ellos que albergasen enemistad hacia los samarita-
nos. Les admiraba la conducta de Jesús. No podían negarse a seguir su ejemplo, y duran-
te los dos días que pasaron en Samaria, la fidelidad a él dominó sus prejuicios; pero en
su corazón no se conformaban. Tardaron mucho en aprender que su desprecio y odio
debían ser reemplazados por la piedad y la simpatía. Pero después de la ascensión del
Señor, recordaron sus lecciones con nuevo significado. Después del derramamiento
del Espíritu Santo, recordaron la mirada del Salvador, sus palabras, el respeto y la
ternura de su conducta hacia estos extraños despreciados. Cuando Pedro fue a
predicar en Samaria, manifestó el mismo espíritu en su obra. Cuando Juan 165 fue
llamado a Éfeso y Esmirna, recordó el incidente de Siquem, y se llenó de gratitud
hacia el divino Maestro, quien, previendo las dificultades que deberían arrostrar,
les había ayudado por su propio ejemplo.

RH, 11 de Enero de 1887. Hermanos, no hay tiempo ahora para lamentarse y estar
desesperados, ningún tiempo para ceder a la duda y la incredulidad. Cristo no es
para nosotros un Salvador en la nueva tumba de José, cerrada con una gran roca, y
sellada con el sello romano. Nosotros tenemos un Salvador resucitado. Él es el Rey,
el Señor de los ejércitos; él se sienta entre los querubines, y en medio de la lucha y tu-
multo de las naciones él cuida a su pueblo aun. El que rige los cielos es nuestro Salva-
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dor. Él mide cada prueba. Él vela el fuego del horno que debe probar a cada alma.
Cuando las fortalezas de reyes sean derrotadas, cuando las flechas de la ira de Dios atra-
viesen los corazones de sus enemigos, su pueblo tiene la seguridad que está a salvo en
sus manos. En paciencia han de poseer sus almas.

RH, 22 de Julio de 1884. Jesús es el fundamento y el autor y consumador de nuestra fe.


¿Por qué estamos tan débiles? Jesús vive; y porque él vive, nosotros también vivi-
remos. Él es para nosotros no un Salvador en la nueva tumba de José, cerrada con
una gran roca, y sellada con el sello romano. No os lamentéis como los que están sin
esperanza y desamparados; nunca, bajo ninguna circunstancia, os rindáis a la desespera-
ción; sino de corazones agradecidos, de labios tocados con fuego santo, salga el feliz
canto: “Jesús ha resucitado; él vive para interceder por nosotros.” Aferraos a esta espe-
ranza, y sostendrá el alma como un ancla segura y probada. Creed, y vosotros “veréis la
gloria de Dios.”

Versículo 9. "Conozco tu tribulación y tu pobreza. ¡Sin embargo, eres rico! Conozco la


blasfemia de los que dicen ser judíos, y son sólo una sinagoga de Satanás.”

YO CONOZCO TUS OBRAS. Véase EGW sobre 2:2.

2T:650. Un ministro de Cristo, maestro de la verdad, un verdadero pastor, es en un sen-


tido siervo de todos, anticipándose a las necesidades de los que no tienen ayuda, y sa-
biendo cómo ser útil aquí y allí en la gran obra de ganar almas. Un hombre que profesa
enseñar la verdad, y va dónde le place, trabaja cuándo y cómo le parece, y a la vez eva-
de responsabilidades, no está llevando la cruz de Cristo ni está cumpliendo la comisión
del ministro evangélico. Pocos conocen por experiencia lo que significa sufrir por la
causa de Cristo. Desean ser como Cristo pero quieren evitar la pobreza y la crucifi-
xión. Gozosamente estarían con él en la gloria, pero no les gusta identificarse con él
mediante mucha abnegación y tribulación.

RC:350. Alabado sea el Señor, pues tenemos un compasivo y tierno Sumo Sacerdote
que es conmovido por el sentir de nuestras debilidades. No esperamos descanso aquí.
No, no. El camino al cielo es un camino que entraña cargar una cruz; el camino es recto
y angosto, pero iremos adelante con gozo sabiendo que el Rey de gloria una vez transitó
por este sendero.
No nos quejaremos de lo escabroso del camino, mas bien seremos humildes segui-
dores de Jesús, imitando en sus pisadas. Él fue varón de dolores y acostumbrado al
quebranto. Él por nosotros se hizo pobre para que nosotros mediante su pobreza
fuésemos enriquecidos. Nos gozaremos en la tribulación y fijaremos en el pensa-
miento la recompensa del galardón, el “más excelente y eterno peso de gloria.”

OHC:288. La Palabra de Dios no ha hecho más amplio el camino angosto, y si la multi-


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tud ha encontrado un sendero donde puede llevar una forma de piedad y no llevar la cruz
o sufrir tribulación, han encontrado un camino en el cual nuestro Salvador no anduvo y
seguirán otro ejemplo que Cristo no ha puesto. ¿No es suficiente que Jesús abandonó
la felicidad y gloria del cielo, soportó una vida de pobreza y profunda aflicción, y
padeció una muerte cruel e ignominiosa para proveernos el gozo de la santidad y el
cielo? ¿Y será que nosotros, los indignos objetos de tan grande condescendencia y
amor, procuremos una mejor suerte en esta vida que la que fue dada a nuestro Re-
dentor?

3T:151. La pobreza, en muchos casos, es una bendición; pues previene que los jóvenes y
niños sean arruinados por al inacción.

DTG:52. Cristo fue el único ser que vivió sin pecar en esta tierra. Sin embargo, durante
casi treinta años moró entre los perversos habitantes de Nazaret. Este hecho es una re-
prensión para los que creen que dependen del lugar, la fortuna o la prosperidad para vi-
vir una vida sin mácula. La tentación, la pobreza, la adversidad son la disciplina que
se necesita para desarrollar pureza y firmeza.

2T:682. Los más humildes y pobres de los verdaderos discípulos de Cristo, que son ricos
en buenas obras, son más bendecidos y de más valor a la vista de Dios que los hombres
que se jactan de sus grandes riquezas. Son más honorables en las cortes del cielo que los
más exaltados reyes y nobles que no son ricos para con Dios.

PVGM:212. Cristo no reconoció ninguna virtud en el linaje. Él enseñó que la rela-


ción espiritual sobrepuja toda relación natural. Los judíos pretendían haber des-
cendido de Abrahán; mas al dejar de hacer las obras de Abrahán demostraron no
ser verdaderos hijos. Tan sólo aquellos que demuestran estar espiritualmente en armo-
nía con Abrahán, al obedecer la voz de Dios, son considerados como sus verdaderos
descendientes. Aunque el mendigo perteneciera a la clase que los hombres consideraban
inferior, Cristo lo reconoció como a uno con quien Abrahán hubiera tenido la más íntima
amistad.

PE:227. Vi una numerosa compañía que profesaba el nombre de Cristo, pero Dios
no la reconocía como suya. No se complacía en ella. Satanás asumía carácter reli-
gioso y estaba dispuesto a que la gente se creyese cristiana; y hasta estaba también
ansioso de que creyeran en Jesús, en su crucifixión y resurrección. Satanás y sus
ángeles creen todo esto ellos mismos y tiemblan. Pero si la fe del cristiano no le
mueve a buenas obras ni induce a quienes la profesan a imitar la abnegación de
Cristo, Satanás no se conturba, porque como entonces los cristianos lo son sólo de
nombre y sus corazones continúan siendo carnales, él puede emplearlos en su servi-
cio mucho mejor que si no profesaran ser cristianos. Ocultando su deformidad bajo
el nombre de cristianos, pasan por la vida con sus profanos temperamentos y sus indó-
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mitas pasiones. Esto da motivo a que los incrédulos achaquen a Cristo las imperfeccio-
nes de los llamados cristianos, y desacrediten a los de pura e inmaculada religión.

7CBA:969. Cristo dice que la iglesia sobre la cual Satanás preside es la sinagoga de
Satanás. Sus miembros son los hijos de desobediencia. Son los que prefieren pecar,
que trabajan para anular la santa ley de Dios. La obra de Satanás es mezclar el mal
con el bien y eliminar la distinción entre uno y otro. Cristo desea tener una iglesia que
trabaja para separar el mal del bien, cuyos miembros no toleran voluntariamente la mal-
dad, sino que la eliminan del corazón y de la vida (RH, 04-12-1900).

1888M:1554-1555. Cristo habla a la iglesia sobre la cual preside Satanás, como


siendo la sinagoga de Satanás. Sus miembros son los hijos de desobediencia. Son
aquellos que se gozan en el pecado, siempre obrando para anular la ley de Dios, la
cual es santa, justa, y buena. Es obra de Satanás mezclar el mal con el bien y confundir
la distinción entre el bien y el mal. Cristo desea tener una iglesia que trabaja para separar
el mal del bien, cuyos miembros no tolerarán a conciencia el mal proceder, mas bien lo
expulsarán de sus propios corazones y vidas. Cuán cuidadosos debiéramos ser al juzgar
la obra de otros, cuán cuidadosos no sea que seamos culpables de atribuir a malas agen-
cias la manifestación del Espíritu Santo.

Ev:437-438. El espiritismo está por cautivar el mundo. Hay muchos que piensan que el
espiritismo se mantiene gracias a trucos e imposturas, pero esto dista mucho de la ver-
dad. Un poder sobrehumano está trabajando en una diversidad de formas, y pocos tienen
siquiera idea de lo que serán las manifestaciones del espiritismo en el futuro. El funda-
mento para el éxito del espiritismo ha sido puesto en las aserciones hechas desde los
púlpitos de nuestro país. Los ministros han proclamado como doctrinas bíblicas false-
dades que se habían originado con el archiengañador.
La doctrina de la perduración de la vida consciente después de la muerte, de los es-
píritus de los muertos en comunicación con los vivos, no tiene fundamento en las
Escrituras, y sin embargo esas teorías son afirmadas como verdad. Mediante esta
doctrina falsa se ha abierto el camino para que los espíritus de demonios engañen a
la gente al presentarse a sí mismos como los muertos. Los instrumentos satánicos
personifican a los muertos y en esa forma llevan cautivas a las almas. Satanás tiene
una religión, tiene una sinagoga y adoradores devotos. Para llenar las filas de sus
devotos, utiliza toda clase de engaños (Manuscrito sin fecha, Nº 66).

NB:72. Pronto oímos la voz de Dios, semejante al ruido de muchas aguas, que nos anun-
ció el día y la hora de la venida de Jesús. Los 144000 santos vivientes reconocieron y
entendieron la voz; pero los malvados se figuraron que era estruendo de truenos y de un
terremoto. Cuando Dios señaló el tiempo, derramó sobre nosotros el Espíritu Santo, y
nuestros semblantes se iluminaron refulgentemente con la gloria de Dios, como le suce-
dió a Moisés al bajar del Sinaí.
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Los 144.000 estaban todos sellados y perfectamente unidos. En su frente llevaban escri-
tas estas palabras: "Dios, Nueva Jerusalén", y además una gloriosa estrella con el nuevo
nombre de Jesús. Los malvados se enfurecieron al vernos en aquel estado santo y feliz, y
querían apoderarse de nosotros para encarcelarnos, cuando extendimos la mano en el
nombre del Señor y cayeron rendidos en el suelo. Entonces conoció la sinagoga de Sa-
tanás que Dios nos había amado, a nosotros que podíamos lavarnos los pies unos a
otros y saludarnos fraternalmente con ósculo santo, y ellos adoraron a nuestras
plantas.

6T:475. Hágase un muy sincero esfuerzo por nuestro pueblo en Inglaterra para inspirar a
los hermanos en Escandinavia con fe y ánimo. Hermanos, debemos subir a la ayuda del
Señor, a la ayuda del Señor contra los poderosos.
Recuerden que cuánto más nos acercamos a la venida de Cristo, cuánto más since-
ra y firmemente habremos de trabajar; pues somos perseguidos por toda la sinago-
ga de Satanás. No necesitamos afiebrada excitación, sino ese ánimo que es nacido de
fue genuina.

TM:12. Satanás tiene una gran confederación, su iglesia. Cristo la llama la sinago-
ga de Satanás, porque sus miembros son los hijos del pecado. Los miembros de la
iglesia de Satanás han estado constantemente trabajando para desechar la ley divina,
y confundir la distinción entre el bien y el mal. Satanás está trabajando con gran poder
en los hijos de desobediencia y por medio de ellos para exaltar la traición y la apostasía
como verdad y lealtad. Y en este tiempo el poder de su inspiración satánica se mueve en
instrumentos vivientes para llevar a efecto la gran rebelión que comenzó en el cielo con-
tra Dios.

GCB, 1 de Abril de 1897. Satanás tiene una iglesia en la tierra más numerosa que la
iglesia de Cristo. Cristo la llama la “Sinagoga de Satanás,” porque sus miembros
son hijos del pecado y la transgresión. Han dejado de honrar a Dios, han echado
tras sí Su divina ley, han confundido la distinción entre el bien y el mal. Pero el Re-
dentor del mundo tendrá una iglesia en la cual estas esenciales diferencias serán sacadas
a luz, donde el carácter de Dios será representado. En marcado contraste con el carácter
de Satanás, la belleza de la santidad será ejemplificada, y lo atractivo de la verdad res-
plandecerá en la vida diaria. Sus miembros honrarán, amarán y glorificarán a Dios a
quien el mundo ha despreciado. Tales son los frutos por los cuales el mundo los conoce;
estos tendrán el sello del cielo mediante el cual todo hombre puede saber que ellos son
discípulos de Cristo.

Versículo 10. "No tengas ningún temor de lo que vas a padecer. El diablo ha de enviar a
algunos de vosotros a la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación de diez
días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.”
1SG:103-105. Fui llevada al tiempo cuando los idólatras paganos persiguieron cruel-
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mente a los cristianos y los mataron. La sangre fluía en torrentes. Los nobles, los doc-
tos, y el pueblo común por igual, fueron muertos por no renunciar su religión. A pesar
de la persecución y el sufrimiento esos cristianos perseveraron, ellos no bajarían la
norma. Mantuvieron pura su religión. Vi que Satanás se [exaltó] y triunfó causan-
do los sufrimientos del pueblo de Dios. Pero Dios vio con gran aprobación a sus fie-
les mártires, y los cristianos que vivieron en esa temible época eran muy amados
por Él; pues estuvieron dispuestos a sufrir por su causa. Cada sufrimiento soporta-
do por ellos aumentó su recompensa en el cielo. Y aunque Satanás se regocijó por el
sufrimiento de los santos, sin embargo no estaba satisfecho. Deseaba el control de la
mente al igual que del cuerpo. Los sufrimientos que esos cristianos soportaron los acercó
más al Señor y los llevó a amarse los unos a los otros; e hizo que aborrecieran más que
nunca el ofender a Dios. Satanás quiso llevarlos a desagradar a Dios; entonces perderían
su fortaleza, firmeza y energía. Aunque miles fueron muertos, sin embargo otros es-
taban llegando para tomar su lugar. Satanás vio que estaba perdiendo sus súbditos, y
aunque ellos (los fieles) sufrieron persecución y muerte, estuvieron asegurados para con
Cristo Jesús, para ser los súbditos de su reino.

9T:228. El amor de Dios por su iglesia es infinito. Su cuidado sobre su heredad es


incesante. Él no permite que sobrevenga aflicción sobre su iglesia sino la que sea
esencial para su purificación, su presente y eterno bien. Purificará a su iglesia así
como purificó el templo en el inicio y fin de su ministerio en la tierra. Todo lo que él
trae sobre la iglesia en prueba y aflicción viene para que su pueblo alcance una más pro-
funda piedad y más fortaleza para llevar los triunfos de la cruz a todas partes del mundo.
Él tiene para todos una obra asignada. Debe haber constante ampliación y progreso. La
obra debe extenderse de nación a nación, moviéndose continuamente hacia delante y ha-
cia arriba, establecida, fortalecida, y afincada.

4SP:181-183. Cien años después, Juan Trask reconoció la obligación del verdadero sá-
bado, y empleó voz y lapicero en su defensa. Pronto fue llamado para dar razón delante
del poder perseguidor de la Iglesia de Inglaterra. Él declaró la suficiencia de las Escritu-
ras como guía para la fe religiosa, y sostuvo que las autoridades civiles no deberían con-
trolar las conciencias en asuntos que conciernen la salvación. Fue llevado a juicio ante
el infame tribunal Star Chamber, donde se sostuvo una larga discusión rechazando la
vigencia del sábado. Trask no se apartaría de los consejos y los mandamientos de Dios
para obedecer los mandamientos de los hombres. Por tanto fue condenado, para ser
puesto en cárcel, y de allí para ser azotado públicamente, permaneciendo allí como pri-
sionero. Esta cruel sentencia fue ejecutada, y después de un tiempo su espíritu quedó
quebrantado. Soportó sus sufrimientos en la prisión por un año, y luego se retractó. ¡O
que hubiera soportado el sufrimiento y obtenido la corona de mártir.
La esposa de Trask también guardaba el sábado. Fue declarada, aun por sus enemigos,
como mujer dotada de muchas virtudes dignas de imitación por todo cristiano. Era maes-
tra escolar de reconocida excelencia, y se destacaba por su genuino cristianismo al tratar
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con los pobres. “Esto,” dijeron sus enemigos, “ella profesaba hacer de pura conciencia,
como quien creía que algún día sería juzgada por toda obra que haya hecho en su vida.
Por tanto resolvió dirigirse por la regla más segura, y no por intereses egoístas.” No obs-
tante fue declarado que ella poseía un espíritu extraño y de sin igual obstinación en su
apego a sus propias opiniones, lo cual arruinaba su carácter. En verdad, ella escogió
obedecer la palabra de Dios en lugar de las tradiciones de los hombres. Finalmente esta
noble mujer fue arrestada y llevada a prisión. El cargo presentado contra ella fue que en-
señaba sólo cinco días de la semana, y descansaba el sábado, sabiéndose que lo hacía en
obediencia al cuarto mandamiento. No fue acusada de crimen alguno; el motivo de su
acción fue la sola base de una queja.
A menudo era visitada por sus perseguidores, quienes empleaban sus más sutiles argu-
mentos para inducirla a renunciar su fe. En respuesta, les suplicaba que le mostraran de
las Escrituras en qué estaba ella errando, y urgía que si el domingo era realmente un día
santo, el hecho debe estar declarado en la palabra de Dios. Pero en vano pedía testimo-
nio bíblico. Se le exhortó que aplastara sus convicciones y que creyera lo que la iglesia
declaraba como correcto.
Rehusó comparar la libertad si renunciara la verdad. Las promesas de Dios sostuvieron
su fe: “No temáis de lo que vas a sufrir. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros
en prisión para que seáis probados.” Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de vida.”
Por casi dieciséis años esta débil mujer permaneció prisionera, en privación y gran su-
frimiento. Sólo el libro de Dios puede testificar lo que ella soportó durante esos pesaro-
sos años. Fielmente testificó por la verdad; su paciencia y fortaleza no fracasaron hasta
que recibió libertad mediante la muerte.
Su nombre fue denigrado como malévolo en la tierra, pero fue honrado en los libros del
cielo. Fue registrada entre el número que ha sido buscado, denigrado, pisoteado, aprisio-
nado y martirizado; “del cual el mundo no era digno.” “Y ellos serán míos, dice el Señor
de los ejércitos, en ese día cuando junte yo mis joyas.”

CV:362. Por decreto del emperador, [Juan] fue desterrado a la isla de Patmos, condena-
do "por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo" (Apoc. 1:9).Sus enemigos pen-
saron que allí no se haría sentir más su influencia, y que finalmente moriría de penurias
y angustias.

HAp:469-470. Por medio de uno que declaró ser "hermano, y participante en la tribula-
ción" (Apoc. 1:9), Cristo reveló a su iglesia las cosas que ella debía sufrir por su causa.
Al penetrar con su vista a través de largos siglos de tinieblas y superstición, el an-
ciano desterrado vio a multitudes sufrir el martirio por causa de su amor hacia la
verdad. Pero también vio que Aquel que sostuvo a sus primeros testigos, no olvida-
ría a sus fieles seguidores durante los siglos de persecución que debían venir antes
del fin del tiempo. "No tengas ningún temor de las cosas que has de padecer -
declara el Señor,- He aquí, el diablo ha de enviar algunos de vosotros a la cárcel,
para que seáis probados, y tendréis tribulación. . . . Sé fiel hasta la muerte, y yo te
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daré la corona de la vida." (Apoc. 2:10).

7CBA:928. "Echa mano de la vida eterna". Venid a Jesús con fe. Pedid y recibiréis. Se
promete el perdón de los pecados al que se arrepiente, la justificación al que cree, y la
corona de la vida al que es fiel hasta la muerte (Carta 33, 1895).

Ev:259. Si un miembro de la familia de Cristo cae en tentación, los demás deben velar
por él con bondadoso interés, para detener los pies que empiezan a descarriarse por sen-
deros falsos y para ganarlo a una vida pura y santa. Dios requiere que cada miembro de
su iglesia realice este servicio. . . Los miembros de la familia de Dios deben obrar con
sabiduría y velar; deben hacer todo lo posible para salvar a sus hermanos más débiles de
las redes ocultas de Satanás.
Esto también es obra misionera, y ayuda tanto a los que la realizan como a las personas
por quienes se hace. El bondadoso interés que manifestamos en el círculo del hogar,
las palabras de simpatía que hablamos a nuestros hermanos y hermanas nos pre-
paran para trabajar por los miembros de la casa del Señor, con quienes, si perma-
necemos leales a Cristo, viviremos durante la eternidad. Cristo dice: "Sé fiel hasta
la muerte, y yo te daré la corona de la vida" (Apoc. 2:10). Puesto que esto es así, ¡con
cuánto cuidado deberían los miembros de la familia del Señor velar por sus; hermanos y
hermanas! Haceos amigos de ellos. Si son pobres y necesitan alimento y vestido, aten-
ded sus necesidades temporales tal como lo hacéis con sus necesidades espirituales. En
esta forma seréis una doble bendición para ellos (Manuscrito 63, 1898).

CS:44-45. En las persecuciones más encarnizadas, estos testigos de 45 Jesús conserva-


ron su fe sin mancha. A pesar de verse privados de toda comodidad y aun de la luz del
sol mientras moraban en el oscuro pero benigno seno de la tierra, no profirieron quejas.
Con palabras de fe, paciencia y esperanza, se animaban unos a otros para soportar la pri-
vación y la desgracia. La pérdida de todas las bendiciones temporales no pudo obligarlos
a renunciar a su fe en Cristo. Las pruebas y la persecución no eran sino peldaños que los
acercaban más al descanso y a la recompensa.
Como los siervos de Dios en los tiempos antiguos, muchos "fueron muertos a palos,
no admitiendo la libertad, para alcanzar otra resurrección mejor". (Verso 35,
V.M.) Recordaban que su Maestro había dicho que cuando fuesen perseguidos por
causa de Cristo debían regocijarse mucho, pues grande sería su galardón en los cie-
los; porque así fueron perseguidos los profetas antes que ellos. Se alegraban de que
se los hallara dignos de sufrir por la verdad, y entonaban cánticos de triunfo en
medio de las crepitantes hogueras. Mirando hacia arriba por la fe, veían a Cristo y
a los ángeles que desde las almenas del cielo los observaban con el mayor interés y
apreciaban y aprobaban su entereza. Descendía del trono de Dios hasta ellos una
voz que decía: "Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida". (Apoc.
2:10).
PR:61-62. Hasta que el conflicto termine, habrá quienes se aparten de Dios. Satanás or-
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denará de tal manera las circunstancias que, a menos que seamos guardados por el poder
divino, ellas debilitarán casi imperceptiblemente las fortificaciones del alma. Necesita-
mos preguntar a cada paso: "¿Es éste el camino del Señor?" Mientras dure la vida, habrá
necesidad de guardar los afectos y las pasiones con propósito firme. Ni un solo momento
podemos estar seguros, a no ser que confiemos en Dios y tengamos nuestra vida escon-
dida en Cristo. La vigilancia y la oración son la salvaguardia de la pureza.
Todos los que entren en la ciudad de Dios lo harán por la puerta estrecha, con esfuerzo y
agonía; porque "no entrará en ella ninguna cosa sucia, o que hace abominación." (Apoc.
21:27). Pero nadie que haya caído necesita desesperar. Hombres de edad, que fueron
una vez honrados por Dios, pueden haber manchado sus almas y sacrificado la vir-
tud sobre el altar de la concupiscencia; pero si se arrepienten, abandonan el pecado
y se vuelven a su Dios, sigue habiendo esperanza para ellos. El que declara: "Sé fiel
hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida" (Apocalipsis 2: 10), formula
también esta invitación: "Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensa-
mientos; y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el
cual será amplio en perdonar." (Isa. 55: 7.) Dios aborrece el pecado, pero ama al pe-
cador. Declara: "Yo medicinaré su rebelión, amarélos de voluntad." (Oseas 14:4).

2MS:293. No lo olvidamos; lo recordamos en nuestras oraciones en el culto de la fami-


lia. Permanezco despierta por las noches orando al Señor por Ud.
O, me siento tan triste por Ud. Continuaré orando para que reciba la bendición de Dios.
El no lo dejará sin consuelo. Este mundo importa poco, pero mis queridos hermano y
hermana, Jesús dice: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá"
(Mat. 7:7). Ruego para que esta promesa se cumpla para vosotros. . .
Hermano mío, una noche me pareció estar inclinada sobre Ud., diciéndole: "Tan solo un
poquito más, tan sólo un poco más de dolor, unas pocas horas más de sufrimiento, y lue-
go el descanso, el bendito descanso. Ud., particularmente, encontrará paz. Toda la hu-
manidad debe ser probada. Todos debemos beber la copa, y recibir el bautismo de
aflicción. Pero Cristo probó la muerte más cruel en beneficio de cada ser humano.
Él sabe cómo compadecerse y simpatizar. Tan sólo descanse en sus brazos; él lo
ama y lo ha redimido con su amor eterno. Sea fiel hasta la muerte, y recibirá la co-
rona de la vida.
"Todos los que vivan en nuestro mundo de aquí en adelante conocerán el significado de
las pruebas. Sé que Dios le proporcionará gracia y que no lo olvidará. Recuerde la
promesa de Dios: "Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mue-
ren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con
ellos siguen" (Apoc. 14:13). Tenga buen ánimo. Estaría ahora con Ud. si pudiera, pero
nos encontraremos en la mañana de la resurrección". . .
También hablaba palabras de consuelo a la Hna. C. La estaba animando, y la habitación
parecía estar llena de ángeles de Dios. Que Uds. dos tengan buen ánimo. El Señor no los
olvidará ni los dejará (Carta 312, 1906).
4T:300. Hicimos un llamado a los que desearan el bautismo, y los que estaban guardan-
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do el sábado por primera vez, para pasar adelante. Veinticinco respondieron. Estos pre-
sentaron excelentes testimonios, y antes del cierre del campestre veintidós fueron bauti-
zados.
Nos dio gusto encontrar aquí a viejos amigos de la causa cuya amistad teníamos desde
hacía treinta años. Nuestro muy apreciado hermano Hastings está tan profundamente in-
teresado en la verdad ahora como lo estaba entonces. Nos dio gusto encontrar a la her-
mana Temple, y la hermana Collins de Dartmouth, Massachussets, y al hermano y la
hermana Wilkinson, en cuya casa recibimos hospedaje hace treinta años. El peregrinaje
de algunos de estos queridos hermanos podrá terminar dentro de poco; pero si son
fieles hasta el fin, recibirán la corona de la vida.

5T:70-71. Que nadie se engañe a sí mismo que es un hombre íntegro a menos que pre-
serve la integridad de su conciencia, entregándose plenamente a la verdad y a Dios. De-
bemos movernos cautelosamente hacia delante, nunca perdiendo el ánimo o la esperanza
en la buena causa, sean cuales sean las pruebas que atraviesen nuestro sendero, sean cua-
les sean las tinieblas morales que quisieran sobrecogernos. Paciencia, fe, y amor para
con el deber son las lecciones que debemos aprender. Subyugando al yo y viendo hacia
Jesús es una obra cotidiana. El Señor nunca abandonará el alma que confía en él y pro-
cura su auxilio. La corona de vida es puesta sobre la frente del vencedor. Existe, pa-
ra cada uno, obra sincera y solemne a realizar para con Dios mientras dure la vida.
Al aumentar el poder de Satanás y multiplicarse sus artimañas, la destreza, aptitud, y afi-
lado liderazgo deben ejercerse de parte de aquellos a cargo de la grey de Dios. No sólo
tenemos cada uno una obra que hacer por nuestras propias almas, sino también te-
nemos el deber de concienciar a otros tocante a la vida eterna.

HAp:251. Pablo presenta el contraste entre la perecedera guirnalda de laurel recibida por
el vencedor de las carreras pedestres, y la corona de gloria inmortal que recibirá el que
corra triunfalmente la carrera cristiana. "Ellos, a la verdad declara, para recibir una coro-
na corruptible; mas nosotros, incorruptible." Para obtener una recompensa perecedera,
los corredores griegos no escatimaban esfuerzo ni disciplina. Nosotros estamos luchan-
do por una recompensa infinitamente más valiosa, la corona de la vida eterna. ¡Cuánto
más cuidadoso debería ser nuestro esfuerzo, cuánto más voluntario nuestro sacrificio y
abnegación!

2T:358-359. Los hombres se sujetarían a la abnegación y la disciplina para poder


competir y obtener una corona corruptible, una que perecería en un día, y la cual
sólo era un símbolo de honor de los mortales aquí. Pero nosotros hemos de correr
la carrera, al fin de la cual se encuentra una corona de inmortalidad y de vida eter-
na. Sí, un mucho más grande y eterno peso de gloria será concedido a nosotros co-
mo premio cuando hayamos terminado la carrera. “Nosotros,” dice el apóstol, “una
incorruptible.” Y si aquellos que entraron en esta carrera aquí en la tierra por una corona
temporal pueden ser temperantes en todas las cosas, ¿acaso no podemos nosotros, que
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tenemos en vista una corona incorruptible, un eterno peso de gloria, y una vida que se
mide con la vida de Dios? Al tener esta gran atracción ante nosotros, ¿acaso no podemos
“correr con paciencia la carrera que está puesta ante nosotros, viendo a Jesús el Autor y
Consumador de nuestra fe?” Él nos ha indicado cuál es el camino, y lo ha marcado por
toda su longitud con sus propias pisadas. Es el camino que él transitó, y nosotros pode-
mos, a su lado, experimentar la abnegación y el sufrimiento, y caminar en este sendero
impreso con su propia sangre.

1SAT:190. Que Dios nos ayude a mirar y vivir. Que fortalezca nuestros corazones para
confiar en él. Dentro de poco, hermanos, él vendrá. Aquí hay tristezas y problemas.
Aquí se encuentra un hermano que ha estado sufriendo con reumatismo y dolor por no-
ches enteras. Hay descanso, hermano; hay descanso dentro de poco. Le veremos tal co-
mo él es, y seremos hechos semejantes a él. Descanso, descanso en el reino de Dios. Se-
guid un poco más; sufrid unos pocos días más, y luego habrá una eternidad de felicidad
y gloria; eso es lo que usted desea. La corona de justicia es para el vencedor. Es para
cada uno de vosotros, pensad en esto. En la mañana pensad en eso, y dígase: ‘aho-
ra debo contemplar esa corona. Debo vivir hoy para poderla alcanzar. Y esa coro-
na es mía si soy vencedor. Pero si no soy vencedor, y soy vencido por Satanás, pier-
do esa corona; otro la obtiene.’ ¿No procuraremos ganar la corona de la vida eter-
na? Si perdemos el cielo, lo perdemos todo. Si alcanzamos el cielo, lo ganamos todo.

PC:45. Nosotros conocemos y entendemos la gran pobreza de muchos que están luchan-
do por la corona de vida. No ignoramos la sutil obra de Satanás, la cual nuestros herma-
nos tendrán que afrontar. Hermanos, debéis tener en mente que Satanás está obrando con
todo engaño de injusticia en aquellos que perecen. Él se mueve sobre hombres para
que hagan difícil y dura la lucha de los que están esforzándose para obtener la co-
rona de vida. Él ha descendido con gran poder, haciendo su voluntad, llevando a
cabo sus planes para poder mantener las almas bajo su control.

MJ:426. Os ruego a vosotros, estudiantes de nuestros colegios, que creáis en Jesús


como vuestro Salvador. Creed que él está dispuesto a ayudaros por su gracia
cuando acudís sinceramente a él. Debéis pelear la buena batalla de la fe. Debéis
luchar por la corona de la vida. Esforzaos, porque la garra de Satanás está sobre voso-
tros y si no os libráis de él, seréis paralizados y arruinados. El enemigo está a derecha e
izquierda, delante y detrás de vosotros, y debéis pisotearlo. Esforzaos, porque hay una
corona por conquistar. Esforzaos, porque si no ganáis la corona, perdéis todo en esta
vida y en la futura. Esforzaos, pero con la fuerza de vuestro Salvador resucitado
(RH, 21 de Agosto de 1888)

7CBA:969. En ese día del castigo final y de la recompensa final, los santos y los pecado-
res reconocerán en Aquel que fue crucificado al juez de todos los vivientes. Cada coro-
na que sea dada a los santos del Altísimo será concedida por las manos de Cristo: aque-
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llas manos que crueles sacerdotes y gobernantes condenaron a ser clavadas en la cruz.
Sólo él puede dar a los hombres el consuelo de la vida eterna (RH, 22-11-1898).

Versículo 11. "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venza,
no recibirá daño de la segunda muerte".

RH, 6 de Junio de 1887. Despierten las iglesias. “El que tiene oído, oiga lo que el Espíri-
tu dice a las iglesias.” Este mensaje concierne a todas nuestras iglesias. Nunca podéis
emplear vuestra facultad de oír mejor que cuando os acercáis para escuchar lo que la voz
de Dios os dice en su palabra.

EL QUE TIENE OÍDO, OIGA. Véase también EGW sobre 2:7, 17, 29.

CS:731-732. Los impíos reciben su recompensa en la tierra. (Prov. 11:31). "Serán esto-
pa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos." (Mal. 4:1).
Algunos son destruidos como en un momento, mientras otros sufren muchos días. Todos
son castigados "conforme a sus hechos." Habiendo sido cargados sobre Satanás los pe-
cados de los justos, tiene éste que sufrir no sólo por su propia rebelión, sino también por
todos los pecados que hizo cometer al pueblo de Dios. Su castigo debe ser mucho mayor
que el de aquellos a quienes engañó. Después de haber perecido todos los que cayeron
por sus seducciones, el diablo tiene que seguir viviendo y sufriendo. En las llamas puri-
ficadoras, quedan por fin destruidos los impíos, raíz y rama, -Satanás la raíz, sus secua-
ces las ramas. La penalidad completa de la ley ha sido aplicada; las exigencias de la jus-
ticia han sido satisfechas; y el cielo y la tierra al contemplarlo, proclaman la justicia de
Jehová.
La obra de destrucción de Satanás ha terminado para siempre. Durante seis mil años
obró a su gusto, llenando la tierra de dolor y causando penas por todo el universo. Toda
la creación gimió y sufrió en angustia. Ahora las criaturas de Dios han sido libradas para
siempre de su presencia y de sus tentaciones. "¡Ya descansa y está en quietud toda la
tierra; prorrumpen los hombres [justos] en cánticos!" (Isaías 14: 7, V.M.) Y un grito de
adoración y triunfo sube de entre todo el universo leal. Se oye "como si fuese el estruen-
do de una gran multitud, y como si fuese el estruendo de muchas aguas, y como si fuese
el estruendo de poderosos truenos, que decían: ¡Aleluya; porque reina el Señor Dios, el
Todopoderoso!" (Apoc. 19:6, V.M.)
Mientras la tierra estaba envuelta en el fuego de la destrucción, los justos vivían se-
guros en la ciudad santa. La segunda muerte no tiene poder sobre los que tuvieron
parte en la primera resurrección. Mientras Dios es para los impíos un fuego devo-
rador, es para su pueblo un sol y un escudo. (Apoc. 20:6; Salmo 84:11).

HHD:369. "Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna
en Cristo Jesús Señor nuestro". Mientras la vida es la heredad de los justos, la muerte es
la porción de los impíos. Moisés declaró a Israel: "Mira, yo he puesto delante de ti hoy
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la vida y el bien, la muerte y el mal". La muerte de la cual se habla en este pasaje no
es aquella a la que fue condenado Adán, pues toda la humanidad sufre la penalidad
de su transgresión. Es "la muerte segunda", puesta en contraste con la vida eterna.

PE:295. Dijo el ángel: "Satanás es la raíz, y sus hijos son las ramas. Ya están con-
sumidos raíz y ramas. Han muerto de una muerte eterna. Nunca resucitarán y
Dios tendrá un universo limpio." Entonces miré y vi que el mismo fuego que había
consumido a los malos quemaba los escombros y purificaba la tierra. Volví a mi-
rar, y vi la tierra purificada. No quedaba la más leve señal de maldición. La que-
brada y desigual superficie de la tierra era ya una dilatada planicie. Todo el uni-
verso de Dios estaba limpio y había terminado para siempre la gran controversia.
Por doquiera posáramos la vista, todo era santo y hermoso. Toda la hueste de redimidos,
viejos y jóvenes, grandes y pequeños, arrojaron sus brillantes coronas a los pies del Re-
dentor y, postrándose reverentemente ante él, adoraron al que vive por siempre. La
hermosa tierra nueva, con toda su gloria, iba a ser la heredad eterna de los santos. El
reino, el señorío y la grandeza del reino bajo todo el cielo fue dado entonces a los santos
del Altísimo, que iban a poseerlo por siempre jamás.

Versículos 12-13. Escribe al ángel de la iglesia de Pérgamo: "El que tiene la espada
aguda de dos filos, dice: Conozco que habitas donde está la silla de Satanás. Con todo,
permaneces fiel a mi Nombre. No has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas,
mi testigo fiel, fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.”

NB:353-354. "Los que están empleados en cualquier departamento de la obra gracias al


cual el mundo puede ser transformado, no deben entrar en alianza con los que no cono-
cen la verdad. El mundo no conoce al Padre o al Hijo, y no tiene discernimiento espiri-
tual con respecto al carácter de nuestra obra, respecto de lo que debemos hacer o no ha-
cer. Debemos obedecer las órdenes que vienen de arriba. No debemos escuchar el con-
sejo o seguir los planes sugeridos por los no creyentes. Las sugestiones hechas por los
que no conocen la obra que Dios está haciendo en este tiempo, tendrán el efecto de debi-
litar el poder de los instrumentos de Dios. Aceptando sus sugerencias, el consejo de
Cristo es anulado...
"El ojo del Señor está sobre la obra, sobre todos sus planes, y sobre las imaginaciones de
toda mente; el ve debajo de la superficie de las cosas, discerniendo los pensamientos e
intenciones del corazón. No existe un solo hecho propio de las tinieblas, ni un solo plan,
ni una sola imaginación del corazón, ni un solo pensamiento de la mente, que él no lea
como si fuera en un libro abierto. Todo acto, toda palabra, todo motivo, es fielmente
anotado en los registros del gran Dios que investiga el corazón, y que dijo: 'Yo co-
nozco tus obras'.

8ML:11. Cójanse los divinos rayos de luz divina, y no necesitáis esforzaos para brillar;
pues reflejaréis Su imagen, la cual es formada desde adentro. No podéis sino brillar.
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Otros verán el lado cristiano del carácter revelado. Hay una gran cantidad de trabajo ru-
do a realizar, pero la gracia de Cristo será revelada en espíritu, en el hablar, y en la expe-
riencia. La salvación de las almas es el gran objeto a mantener delante de nuestra
vista, y se verá mejoría mental y espiritual en todos nuestros caminos, hábitos, y
prácticas. Tendrán la fragancia de la atmósfera que rodea a Cristo Jesús. Todos
tenemos ahora, y siempre hemos tenido, las simpatías de las inteligencias divinas.
Seres celestiales cooperan con nosotros en la batalla al avanzar contra los ángeles
caídos y hombres caídos para llevar la lucha a nuevos territorios, aun donde se en-
cuentra la silla de Satanás.

3T:110. Los trabajos de los hermanos R y S en _________ fueron prematuros. Estos


hermanos tuvieron sus experiencias del pasado ante sí, lo cual debía haber sido suficien-
te para guardarlos de entrar en una obra para la cual no estaban calificados. Había sufi-
ciente para hacer. Era un duro lugar en el cual levantar una iglesia. Influencias oposito-
ras los rodearon. Todo movimiento hecho debía haber sido con la debida cautela y ora-
ción.
Estos dos hermanos han sido advertidos y amonestados repetidas veces por moverse in-
discretamente, y no debían haber tomado sobre sí las responsabilidades que tomaron. ¡O
cuánto mejor hubiera sido para la causa de Dios en _________ si hubieran estado traba-
jando en nuevos campos! La silla de Satanás se encuentra en ________, al igual que
en otras impías ciudades, y él es un artero enemigo con el cual hay que contender.
Había elementos indisciplinados entre los guardadores del sábado en ______, los cuales
eran un estorbo a la causa. Pero hay un tiempo apropiado para hablar y actuar, una áurea
oportunidad que mostrará los mejores resultados del trabajo hecho.
Si las cosas se hubieran dejado para más plenamente crecer antes que fueran tocadas, se
hubiera visto una separación de los rebeldes y no consagrados, y no se hubiera visto un
partido de oposición. Esto debe siempre evitarse en lo posible. La iglesia mejor podría
padecer más desajuste, y ejercitar más paciencia, y no apresurarse, imponer las cosas, y
provocar así un espíritu de combatividad. Aquellos que realmente amaban la verdad por
su propio valor debían haber seguido su curso con la gloria de Dios a la vista, y dejado
que la luz de la verdad brillara ante todos.

B Echo, 8 de Marzo de 1897. Antes del primer advenimiento de Cristo, el mundo pa-
recía que de cierto se tornaría en la finalización de toda piedad. Era la silla de Sa-
tanás; el ser humano estaba en manos del gran apóstata, desamparadamente reci-
biendo sus mentiras respecto a Dios y Cristo como si fueran verdad. Los ángeles ce-
lestiales veían la tierra contaminada por el pecado de sus habitantes, y pensaron cuán fá-
cil y mejor sería exterminarla que reformarla. Pero el mismo Hijo de Dios vino para
obrar una reforma.

[PH159] 138. Estos dos hermanos habían sido advertidos y amonestados por moverse
indiscretamente, y no debían haber asumido las responsabilidades que asumieron. ¡O
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cuánto mejor hubiera sido para la causa de Dios en Boston si hubieran estado trabajando
en nuevos campos. La silla de Satanás está en Boston, al igual que en otras impías
ciudades; y él es un artero enemigo con el cual hay que contender. Había elementos
desordenados entre los guardadores del sábado en Boston que eran estorbo a la
causa. Pero hay un tiempo apropiado para hablar y actuar, una oportunidad áurea
que mostrará los mejores resultados del trabajo hecho.

11ML:5. Entonces hubo varios que atendieron nuestras reuniones regularmente, los cua-
les son administradores de empresa. Ellos creen la verdad, pero están vacilando, no ha-
biendo decidido obedecer. Si pudiéramos tener una casa de adoración pensamos que
ciertamente podría ser establecida aquí una iglesia. Pero sin que haya algo que dé carác-
ter a la obra aquí, no podemos ver cómo la gente será advertida. Los ministros están ac-
tivos, y la silla de Satanás parece estar en este lugar. Pero es un lugar muy impor-
tante como para cederlo sin algún esfuerzo, y no podemos irnos de aquí sin dejar
alguna evidencia de nuestra labor. La verdad será vindicada y sostenida en We-
llington.

ST, 8 de Mayo de 1893. Satanás ha sido el objeto central de la adoración del mundo;
pero donde se encuentra la silla de Satanás, el trono de Dios debiera haber sido
plantado. Cristo se propuso que su cruz debía ser el centro de atracción, a donde él
atraería los corazones de los hombres a sí mismo. Tomando sobre sí la naturaleza
humana, él llegó a ser uno con la raza caída, y por virtud de la naturaleza divina se afe-
rró al trono del Infinito y enlistó la cooperación de todo instrumento celestial para llevar
a cabo su plan de redimir a la raza caída. Él envía sobre los corazones de los hombres
los brillantes rayos de su justicia para poder despejar la sombra que Satanás ha echado
sobre el mundo. Para contrarrestar su obra, Satanás y sus huestes combinaron sus fuer-
zas con hombres malignos y procuraron deshacer la obra de Cristo; pero agencias celes-
tiales unidas en su gran Cabeza, avanzaron para hacer frente a la confederación del mal,
y el mal y el error estuvieron en conflicto con la bondad y la verdad.

CS:81-82. Los misioneros valdenses invadían el reino de Satanás y los poderes de las ti-
nieblas se sintieron incitados a mayor vigilancia. Cada esfuerzo que se hacía para que la
verdad avanzara era observado por el príncipe del mal, y éste atizaba los temores de sus
agentes. Los caudillos papales veían peligrar su causa debido a los trabajos de estos hu-
mildes viandantes. Si permitían que la luz de la verdad brillara sin impedimento, disipa-
ría las densas nieblas del error que envolvían a la gente; guiaría los espíritus de los hom-
bres hacia Dios solo y destruiría al fin la supremacía de Roma.

Versículo 14. "Pero tengo unas pocas cosas contra ti: Que tienes a algunos que sostienen
la doctrina de Balaam, que enseñó a Balac a incitar a los israelitas a comer cosas sacrifi-
cadas a los ídolos y a cometer fornicación.”
1SP:320. Balaám había sido un profeta de Dios y un hombre bueno;
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Pero apostató, y se entregó a la codicia de modo que amó la recompensa de la injusticia.
En el tiempo que Balac envió mensajeros por él, estaba con mente desquiciada, siguien-
do un curso para ganar y retener el favor y honor de los enemigos del Señor, y así obte-
ner las recompensas que de ellos recibió.

1SP:326-327. Después que Balaam regresó a su lugar, y la influencia controladora del


Espíritu de Dios lo había abandonado, su codicia, que no había logrado vencer sino me-
ramente sostener a la distancia, prevaleció contra él. No podía pensar de otra cosa sino
en la recompensa y la promoción al honor que pudiera haber recibido de Balac, hasta
que estuvo dispuesto a recurrir a cualquier medio para obtener aquello que deseaba. Ba-
laam conocía que la prosperidad de Israel dependía de la observancia de la ley de
Dios; y no había manera alguna de traer maldición sobre ellos sino seduciéndolos a
la transgresión. Decidió asegurar para sí la recompensa de Balac y la promoción
que él deseaba, aconsejando a los moabitas el curso a proseguir para traer la mal-
dición sobre Israel. Aconsejó a Balac a que proclamara una fiesta idólatra en honor
a sus dioses ídolos, y él persuadiría a los Israelitas a ir allí para que fueran deleita-
dos con la música; y entonces las mujeres madianitas más bellas seducirían a los is-
raelitas a transgredir a ley y así corromperse, y también los influenciarían a ofrecer
sacrificio a los ídolos. Este consejo satánico tuvo demasiado éxito. Muchos de los is-
raelitas fueron persuadidos por Balaam, porque lo consideraban como profeta de Dios, a
unirse a él y de esa forma mezclarse con ese pueblo idólatra uniéndose a él en la idola-
tría y la fornicación.

HAp:155-156. En Jerusalén, los delegados de Antioquía se encontraron con los herma-


nos de las diversas iglesias, que se habían reunido para asistir a un concilio general; y les
relataron el éxito que había tenido su ministerio entre los gentiles. Expusieron entonces
la confusión provocada por el hecho de que ciertos conversos fariseos habían ido a An-
tioquía y declarado que para salvarse, los conversos gentiles debían circuncidarse y
guardar la ley de Moisés.
Esta cuestión se discutió calurosamente en la asamblea. Íntimamente relacionados con el
asunto de la circuncisión, había varios otros que demandaban cuidadoso estudio. Uno
era el problema de la actitud que debía adoptarse hacia el uso de alimentos ofreci-
dos a los ídolos. Muchos de los conversos gentiles vivían entre gentes ignorantes y
supersticiosas, que hacían frecuentes sacrificios y ofrendas a los ídolos. Los sacer-
dotes de este culto pagano realizaban un extenso comercio con las ofrendas que se les
llevaban; y los judíos temían que los conversos gentiles deshonraran el cristianismo
comprando lo que había sido ofrecido a los ídolos, y sancionaran así, en cierta medida,
las costumbres idólatras.
Además, los gentiles estaban acostumbrados a comer la carne de animales estran-
gulados, mientras que a los judíos se les había enseñado divinamente que cuando se
mataban bestias para el consumo, se debía ejercer un cuidado particular de que se
desangrara bien el cuerpo; de otra manera, la carne no se consideraría saludable.
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Dios había ordenado esto a los judíos para la conservación de su salud. Los judíos con-
sideraban pecaminoso usar sangre como alimento. Sostenían que la sangre era la vida, y
que el derramamiento de la sangre era consecuencia del pecado.

CS:583-584. Ni los impíos ni los demonios pueden oponerse a la obra de Dios o privar
de su presencia a su pueblo, siempre que éste quiera con corazón sumiso y contrito con-
fesar y abandonar sus pecados y aferrarse con fe a las promesas divinas. Toda tentación,
toda influencia contraria manifiesta o secreta, ya puede ser resistida victoriosamente:
¡No por esfuerzo, ni con poder, sino por mi Espíritu! dice Jehová de los Ejércitos." (Zac.
4:6, V.M.)
"Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones.... ¿Y
quién es aquel que os podrá dañar, si vosotros seguís el bien?" (1 Pedro 3:12-13).
Cuando Balaam, tentado por la promesa de ricos regalos, recurrió a encantamien-
tos contra Israel, y quiso por medio de sacrificios ofrecidos al Señor, invocar una
maldición sobre su pueblo, el Espíritu de Dios se opuso a la maldición que el profe-
ta apóstata trataba de pronunciar y éste se vio obligado a exclamar: "¿Cómo mal-
deciré a quien no ha maldecido Dios? ¿Y cómo derramaré imprecaciones donde no las
ha derramado Jehová?" "¡Muera yo de la muerte de los justos, y sea mi postrimería co-
mo la suya!" Después de haber ofrecido otro sacrificio, el profeta impío dijo: "He aquí
que yo he recibido comisión para bendecir; si, él ha bendecido, y no podré yo revocarlo.
El no ha reparado la iniquidad en Jacob, y no ha mirado la perversidad en Israel. Jehová
su Dios está con él; y en medio de él suenan vítores de rey." "Que no hay hechizo contra
Jacob, ni hay adivinación contra Israel. A su tiempo será dicho de Jacob y de Israel: ¡
Mirad lo que ha hecho Dios!" No obstante se levantaron altares por tercera vez, y Ba-
laam volvió a hacer un nuevo esfuerzo para maldecir a Israel. Pero, por los labios rebel-
des del profeta, el Espíritu de Dios anunció la prosperidad de su pueblo escogido y cen-
suró la locura y maldad de sus enemigos: "¡Sean benditos los que te bendicen, y maldi-
tos los que te maldicen!" (Núm. 23:8, 10, 20, 21, 23; 24:9, V.M.)
En aquel tiempo el pueblo de Israel era fiel a Dios; y mientras siguiera obedeciendo a su
ley, ningún poder de la tierra o del infierno había de prevalecer contra él. Pero la mal-
dición que no se le permitió a Balaam pronunciar contra el pueblo de Dios, él al fin
consiguió atraerla sobre dicho pueblo arrastrándolo al pecado. Al quebrantar Is-
rael los mandamientos de Dios, se separó de él y fue abandonado al poder del des-
tructor.

CS:53-54. Poco a poco, primero solapadamente y a hurtadillas, y después con más


desembozo, conforme iba cobrando fuerza y dominio sobre los espíritus de los hombres,
"el misterio de iniquidad" hizo progresar su obra engañosa y blasfema. De un modo casi
imperceptible las costumbres del paganismo penetraron en la iglesia cristiana. El
espíritu de avenencia y de transacción fue coartado por algún tiempo por las terri-
bles persecuciones que sufriera la iglesia bajo el régimen del paganismo. Mas ha-
biendo cesado la persecución y habiendo penetrado el cristianismo en las cortes y
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palacios, la iglesia dejó a un lado la humilde sencillez de Cristo y de sus apóstoles
por la pompa y el orgullo de los sacerdotes y gobernantes paganos, y substituyó los
requerimientos de Dios por las teorías y tradiciones de los hombres. La conversión
nominal de Constantino, a principios del siglo cuarto, causó gran regocijo; y el
mundo, disfrazado con capa de rectitud, se introdujo en la iglesia. Desde entonces la
obra de corrupción progresó rápidamente. El paganismo que parecía haber sido vencido,
vino a ser el vencedor. Su espíritu dominó a la iglesia. Sus doctrinas, ceremonias y su-
persticiones se incorporaron a la fe y al culto de los que profesaban ser discípulos de
Cristo.

PP:479. Balaam profetizó que el rey de Israel sería más grande y más poderoso que
Agag. Tal era el nombre que se daba a los reyes de los amalecitas, entonces nación po-
derosa; pero Israel, si era fiel a Dios, subyugarla a todos sus enemigos. El Rey de Israel
era el Hijo de Dios; su trono se había de establecer un día en la tierra, y su poder se exal-
taría sobre todos los reinos terrenales.
Al escuchar las palabras del profeta, Balac quedó abrumado por la frustración de su es-
peranza, por el temor y la ira. Le indignaba el hecho de que Balaam se hubiera atrevido
a darle la menor promesa de una respuesta favorable, cuando todo estaba resuelto contra
él. Miraba con desprecio la conducta transigente y engañosa del profeta. El rey excla-
mó airado: "Húyete, por tanto, ahora a tu lugar: yo dije que te honraría, mas he aquí que
Jehová te ha privado de honra." La contestación que recibió el rey fue que se le había
prevenido que Balaam sólo podría pronunciar el mensaje dado por Dios.
Antes de volver a su pueblo, Balaam emitió una hermosísima y sublime profecía con
respecto al Redentor del mundo y a la destrucción final de los enemigos de Dios:
"Verélo, mas no ahora: lo miraré, mas no de cerca:

Saldrá ESTRELLA de Jacob, y levantaráse cetro de Israel,


Y herirá los cantones de Moab, y destruirá todos los hijos de Set".
Y concluyó prediciendo el exterminio total de Moab y de Edom, de Amalec y de los ci-
neos, con lo que privó al rey de los moabitas de todo rayo de esperanza.
Frustrado en sus esperanzas de riquezas y de elevación, en desgracia con el rey, y
sabiendo que había incurrido en el desagrado de Dios, Balaam volvió de la misión
que se había impuesto a sí mismo. Después que llegara a su casa, le abandonó el
poder del Espíritu de Dios que lo había dominado, y prevaleció su codicia, que has-
ta entonces había sido tan sólo refrenada. Estaba dispuesto a recurrir a cualquier
ardid para obtener la recompensa prometida por Balac. Balaam sabia que la prospe-
ridad de Israel dependía de que éste obedeciera a Dios y que no había manera alguna de
ocasionar su ruina sino induciéndole a pecar. Decidió entonces conseguir el favor de
Balac aconsejándoles a los moabitas el procedimiento que se había de seguir para traer
una maldición sobre Israel.
Regresó inmediatamente a la tierra de Moab y expuso sus planes al rey. Los moabitas
mismos estaban convencidos de que mientras Israel permaneciera fiel a Dios, él sería su
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escudo. El proyecto propuesto por Balaam consistía en separarlos de Dios, induciéndo-
les a la idolatría. Si fuese posible hacerlos participar en el culto licencioso de Baal y As-
tarté, ello los enemistaría con su omnipotente Protector, y pronto serían presa de las na-
ciones feroces y belicosas que vivían en derredor suyo. De buena gana aceptó el rey es-
te proyecto, y Balaam mismo se quedó allí para ayudar a realizarlo.
Balaam presenció el éxito de su plan diabólico. Vio cómo caía la maldición de Dios
sobre su pueblo y cómo millares eran víctimas de sus juicios; pero la justicia divina
que castigó el pecado en Israel no dejó escapar a los tentadores. En la guerra de Is-
rael contra los madianitas, Balaam fue muerto. Había presentido que su propio fin esta-
ba cerca cuando exclamó: "Muera mi persona de la muerte de los rectos, y mi postrime-
ría sea como la suya." Pero no había escogido la vida de los rectos, y tuvo el destino de
los enemigos de Dios.
Trataron de reunir el servicio de Dios y el de La suerte de Balaam se asemejó a la de
Judas, y los caracteres de ambos son muy parecidos. Mammón, y fracasaron comple-
tamente. Balaam reconocía al verdadero Dios y profesaba servirle; judas creía en Cristo
como el Mesías y se unió a sus discípulos. Pero Balaam esperaba usar el servicio de
Jehová como escalera para alcanzar riquezas y honores mundanos; al fracasar en esto,
tropezó, cayó y se perdió. Judas esperaba que su unión con Cristo le asegurase riquezas
y elevación en aquel reino terrestre que, según creía, el Mesías estaba por establecer. El
fracaso de sus esperanzas le empujó a la apostasía y a la perdición. Tanto Balaam co-
mo Judas recibieron mucha iluminación espiritual y ambos gozaron de grandes
prerrogativas; pero un solo pecado que ellos abrigaban en su corazón, envenenó
todo su carácter y causó su destrucción.
Es cosa peligrosa albergar en el corazón un rasgo anticristiano. Un solo pecado que se
conserve irá depravando el carácter, y sujetará al mal deseo todas sus facultades más no-
bles. La eliminación de una sola salvaguardia de la conciencia, la gratificación de un so-
lo hábito pernicioso, una sola negligencia con respecto a los altos requerimientos del de-
ber, quebrantan las defensas del alma y abren el camino a Satanás para que entre y nos
extravíe. El único procedimiento seguro consiste en elevar diariamente con corazón sin-
cero la oración que ofrecía David: "Sustenta mis pasos en tus caminos, porque mis pies
no resbalen." (Salmo 17:5)

PP:484-485. Al principio hubo muy pocas relaciones entre los israelitas y sus vecinos
paganos; pero después de algún tiempo, las mujeres madianitas comenzaron a introdu-
cirse en el campo. La aparición de ellas no causó alarma, y tan cautelosamente llevaron
a cabo sus planes que nadie llamó la atención de Moisés al asunto. Estas mujeres tenían
por objeto, en sus relaciones con los hebreos, seducirlos para hacerles violar la ley de
Dios, llamar la atención a costumbres y ritos paganos, e inducirles a la idolatría. Oculta-
ron diligentemente estos motivos bajo la máscara de la amistad, de modo que ni siquiera
los guardianes del pueblo los sospecharon.
Por consejo de Balaam, el rey de Moab decidió celebrar una gran fiesta en honor
de sus dioses, y secretamente se concertó que Balaam indujera a los israelitas a
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asistir. Ellos le consideraban profeta de Dios, y no le fue difícil alcanzar su fin.
Gran parte del pueblo se reunió con él para asistir a las festividades. Se aventuraron a
pisar terreno prohibido y se enredaron en los lazos de Satanás. Hechizados por la músi-
ca y el baile y seducidos por la hermosura de las vestales paganas, desecharon su lealtad
a Jehová. Mientras participaban en la alegría y en los festines, el consumo de vino ofus-
có sus sentidos y quebrantó las vallas del dominio propio. Predominó la pasión en abso-
luto; y habiendo contaminado su conciencia por la lascivia, se dejaron persuadir a pos-
trarse ante los ídolos. Ofrecieron sacrificios en los altares paganos y participaron en los
ritos más degradantes.
No tardó el veneno en difundirse por todo el campamento de Israel, como una infección
mortal. Los que habían vencido a sus enemigos en batalla fueron vencidos por los ardi-
des de mujeres paganas. La gente parecía atontada. Los jefes y hombres principales
fueron los primeros en violar la ley, y fueron tantos los culpables que la apostasía se hi-
zo nacional. "Allegóse el pueblo a Baal-peor." (Véase Números 25.) Cuando Moisés se
dio cuenta del mal, la conspiración de sus enemigos había tenido tanto éxito que no sólo
estaban los israelitas participando del culto licencioso en el monte Peor, sino que co-
menzaban a practicarse los ritos paganos en el mismo campamento de Israel. El viejo
adalid se llenó de indignación y la ira de Dios se encendió.
Las prácticas inicuas hicieron para Israel lo que todos los encantamientos de Ba-
laam no habían podido hacer: lo separaron de Dios. Debido a los castigos que les al-
canzaron rápidamente, muchos reconocieron la enormidad de su pecado. Estalló en el
campamento una terrible pestilencia de la cual decenas de millares cayeron prestamente
víctimas. Dios ordenó que quienes encabezaron esa apostasía fuesen ejecutados por los
magistrados. La orden se cumplió inmediatamente. Los ofensores fueron muertos, y
luego se colgaron sus cuerpos a la vista del pueblo, para que la congregación, al percibir
la severidad con que eran tratados sus cabecillas, adquiriese un sentido profundo de
cuánto aborrecía Dios su pecado y de cuán terrible era su ira contra ellos.

4SG-A:49-52. El Señor le ordenó a Moisés que persiguiera a los madianitas y los des-
truyera, porque habían perturbado a Israel con sus tretas, mediante las cuales lo habían
inducido a transgredir los mandamientos de Dios.
El Señor le ordenó a Moisés que vengase a los hijos de Israel de los madianitas, después
de lo cual sería recogido a su pueblo. Moisés ordenó a sus guerreros que se preparasen
para luchar contra los madianitas. Y lucharon contra ellos tal como el Señor había man-
dado, y mataron a los varones pero llevaron cautivas a las mujeres y los niños. Balaam
fue muerto junto con los madianitas. "Y salieron Moisés y el sacerdote Eleazar, y todos
los príncipes de la congregación, a recibirlos fuera del campamento. Y se enojó Moisés
contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de
la guerra, y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres? He
aquí, por consejo de Balaam ellas fueron causa de que los hijos de Israel prevaricasen
contra Jehová en lo tocante a Baal-peor, por lo cual hubo mortandad en la congregación
de Jehová" (Núm. 31:13-16).
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Moisés ordenó a los guerreros que destruyesen a las mujeres y los varoncitos. Balaam
había vendido a los israelitas por una recompensa, de modo que pereció con el
pueblo cuyo favor había conseguido por el precio del sacrificio de 24 mil israelitas.

5T:598-600. La Biblia presenta muchas sorprendentes ilustraciones de la fuerte in-


fluencia que ejercieron mujeres mal intencionadas. Cuando Balaam fue llamado a
maldecir a Israel, no le fue permitido hacerlo porque el Señor "no ha notado
iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel." (Núm. 23:21). Pero Balaam,
que ya había cedido a la tentación, se transformó completamente en agente de Sa-
tanás; y resolvió lograr indirectamente lo que Dios no le había permitido hacer en
forma directa. En seguida tendió un lazo por el cual Israel quedaría seducido por las
hermosas mujeres moabitas, quienes los inducirían a transgredir la ley de Dios. Así se
hallaría iniquidad en el pueblo y la bendición de Dios no descansaría sobre los israelitas.
Sus fuerzas quedarían grandemente debilitadas y sus enemigos ya no temerían su poder,
porque la presencia del Señor del los ejércitos no estaría con ellos.
Esto está destinado a servir de advertencia para el pueblo de Dios que vive en los últi-
mos días. Si busca la justicia y la verdadera santidad, si guarda todos los mandamientos
de Dios no se permitirá a Satanás ni a sus agentes que lo venzan. Toda la oposición de
sus más acérrimos enemigos resultará impotente para destruir o desarraigar la vid plan-
tada por Dios.
Satanás entiende lo que Balaam aprendió por triste experiencia, a saber, que no
hay encantamiento contra Jacob ni adivinación contra Israel mientras que la
iniquidad no es albergada en su medio; por lo tanto, emplea siempre su poder e in-
fluencia para manchar su unidad y contaminar la pureza de su carácter. Tiende
sus lazos de mil maneras para debilitar su poder en favor del bien.
Vuelvo a instaros acerca de la necesidad de cultivar la pureza en todo pensamiento, pa-
labra y acción. Tenemos una responsabilidad individual delante de Dios, una obra indi-
vidual que nadie puede hacer por nosotros; consiste en hacer mejor el mundo por los
preceptos, el esfuerzo personal y el ejemplo. Aunque debemos cultivar la sociabilidad,
no debe ser meramente para divertirnos, sino con un propósito. Hay almas que salvar.
Acercaos a ellas por el esfuerzo personal. Abrid vuestras puertas a los jóvenes que están
expuestos a la tentación. El mal los invita por todas partes. Tratad de interesarles. Si
ellos están llenos de defectos, tratad de corregir estos errores. No os mantengáis separa-
dos de ellos, sino antes acercaos a ellos. Traedlos a vuestros hogares; invitadlos a vues-
tro culto familiar. Hay una obra que miles necesitan que sea hecha por ellos. De todo
árbol del huerto de Satanás cuelgan frutas tentadoras y venenosas, y se pronuncia una
maldición sobre todos los que las desprendan y coman. Recordemos los requerimientos
de Dios para con nosotros en cuanto a hacer clara, brillante y atrayente la senda del cie-
lo, a fin de que arrebatemos almas de los destructivos ensalmos de Satanás.

LP:170. Los corintios estaban separándose lejos de la sencillez de la fe y armonía de la


iglesia. Continuaban reuniéndose para adorar pero con corazones que estaban desunidos.
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Habían pervertido el verdadero significado de la cena del Señor siguiendo muy de cerca
el patrón de fiestas idólatras. Se reunían para celebrar los sufrimientos y la muerte de
Cristo, pero transformaban la ocasión en un período de festejo y egoísta algarabía.

HAp:191-192. Este asunto fue bien discutido en la asamblea. Íntimamente conectado


con la cuestión de la circuncisión había varios otros que demandaban un estudio cuida-
doso. Uno era el problema en cuanto a qué actitud debía tomarse hacia el uso de carnes
ofrecidas a los ídolos. Muchos de los conversos gentiles estaban viviendo entre gente ig-
norante y supersticiosa quienes hacían frecuentes sacrificios y ofrendas a ídolos. Los sa-
cerdotes de esta adoración pagana llevaban a cabo una extensiva mercadería con las
ofrendas llevadas, y los judíos temían que los conversos gentiles traerían al cristianismo
en mala reputación al comprar aquello que había sido ofrecido a los ídolos, sancionando
así, en cierta medida, las costumbres idólatras.
Nuevamente, los gentiles estaban acostumbrados a comer la carne de animales que ha-
bían sido estrangulados, mientras que los judíos habían sido divinamente instruidos que
cuando bestias eran matadas para comer, cuidado particular debía tomarse para que la
sangre fluyera del cuerpo; de otra forma la carne no sería considerada como sana. Dios
había dado estas leyes a los judíos con el propósito de que preservaran su salud. Los ju-
díos consideraban como pecado el usar sangre como artículo alimenticio. Ellos sostenían
que la sangre era la vida, y que el derramamiento de sangre era en consecuencia del pe-
cado.
Los gentiles, el contrario, practicaban el usar la sangre que fluía de la víctima de sacrifi-
cio y usarla en la preparación de las comidas. Los judíos no podían creer que debían
cambiar las costumbres que habían adoptado bajo dirección especial de Dos. Por tanto,
como se veían las cosas, si judío y gentil trataran de comer a la misma mesa, el primero
estaría alarmado y muy disgustado por el postrero.

HAp:156. Los gentiles, y especialmente los griegos, eran extremadamente licencio-


sos, y había peligro de que algunos, de corazón inconverso, profesaran la fe sin re-
nunciar a sus malas prácticas. Los cristianos judíos no podían tolerar la inmorali-
dad que no era considerada criminal por los paganos. Los judíos, por lo tanto, consi-
deraban muy conveniente que se impusiesen a los conversos gentiles la circuncisión y la
observancia de la ley ceremonial, como prueba de su sinceridad y devoción. Creían que
esto impediría que se añadieran a la iglesia personas que, adoptando la fe sin la verdade-
ra conversión del corazón, pudieran después deshonrar la causa por la inmoralidad y los
excesos.

CS:431-432. La infidelidad a Cristo de que la iglesia se hizo culpable al dejar enfriarse


la confianza y el amor que a él le unieran, y al permitir que el apego a las cosas munda-
nas llenase su alma, es comparada a la violación del voto matrimonial. El pecado que Is-
rael cometió al apartarse del Señor está representado bajo esta figura;
Versículos 15-16. “También tienes a los que sostienen la doctrina de los nicolaítas. Por
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tanto, ¡arrepiéntete! Si no, vendré pronto a ti, y pelearé contra ellos con la espada de mi
boca”.

B Echo, 1 de Febrero de 1897. El Redentor del mundo advirtió a sus discípulos con-
tra la falsa enseñanza que era, y continuaría siendo, el más grande obstáculo para
el progreso de la verdad. “Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas,” di-
jo él, “y mostrarán grandes señales y maravillas; en tanto que, si fuera posible, en-
gañarán a los mismos escogidos. He aquí os lo he dicho antes.” Y Pedro escribe: “Hu-
bo también falsos profetas entre la gente, así como habrá falsos maestros entre vosotros,
que sigilosamente introducirán herejías condenables, hasta negar al Señor que los com-
pró, y traerán sobre sí destrucción repentina, y muchos seguirán sus perniciosos cami-
nos, por los cuales el camino de verdad será tenido en mala reputación.” La levadura de
la falsa doctrina será aceptada en lugar de la verdad. “Cuidaos,” dice Pablo, “no
sea que hombre alguno os engañe mediante filosofía y engaño sutil, tras la tradición
de hombres, tras los rudimentos del mundo, y no tras Cristo.”

LA DOCTRINA DE LOS NICOLAITAS. Véase EGW sobre 2:6.

Versículo 17. "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que ven-
za, le daré del maná escondido. Le daré una piedra blanca, Y en ella escrito un nombre
nuevo, que ninguno conoce sino el que lo recibe"

7CBA:969. "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias". Si vosotros
oís "lo que el Espíritu dice a las iglesias" y meditáis en la instrucción que se les da, vues-
tros oídos estarán cerrados para las insensateces y necedades que os rodean. No oiréis ni
repetiréis esas cosas, ni nunca las desearéis. Si Cristo satisface el hambre de vuestra al-
ma, esas trivialidades son insípidas y desagradables para vosotros. No halláis deleite en
ellas, sino que, en cambio, elegiréis el pan del cielo (MS 92, 190l).

EL QUE TIENE OIDO PARA OIR, OIGA. Véase también EGW sobre 2:7, 29.

DTG:349-350. Los judíos honraban a Moisés como dador del maná, tributando alabanza
al instrumento, y perdiendo de vista a Aquel por quien la obra había sido realizada. Sus
padres habían murmurado contra Moisés, y habían dudado de su misión divina y la ha-
bían negado. Ahora, animados del mismo espíritu, los hijos rechazaban a Aquel que les
daba el mensaje de Dios. "Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moi-
sés pan del cielo; mas mi Padre os dio el verdadero pan del cielo." El que había dado el
maná estaba entre ellos. Era Cristo mismo quien había conducido a los hebreos a
través del desierto, y los había alimentado diariamente con el pan del cielo. Este
alimento era una figura del verdadero pan del cielo. El Espíritu que fluye de la in-
finita plenitud de Dios y da vida es el verdadero maná. Jesús dijo: "El pan de Dios
es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo."
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Pensando todavía que Jesús se refería al alimento temporal, algunos de sus oyentes ex-
clamaron: "Señor, danos siempre este pan." Jesús habló entonces claramente: "Yo soy el
pan de vida."
La figura que Cristo empleó era familiar para los judíos. Moisés, por inspiración del Es-
píritu Santo, había dicho: "El hombre no vivirá de solo pan, mas de todo lo que sale de
la boca de Jehová." Y el profeta Jeremías había escrito: "Halláronse tus palabras, y yo
las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón."* Los rabinos mis-
mos solían decir que el comer pan, en su significado espiritual, era estudiar la ley y prac-
ticar las buenas obras; se decía a menudo que cuando viniese el Mesías, todo Israel sería
alimentado. La enseñanza de los profetas aclaraba la profunda lección espiritual del mi-
lagro de los panes. Cristo trató de presentar esta lección a sus oyentes en la sinagoga. Si
ellos hubiesen comprendido las Escrituras, habrían entendido sus palabras cuando dijo:
"Yo soy el pan de vida." Tan sólo el día antes, la gran multitud, hambrienta y cansada,
había sido alimentada por el pan que él había dado. Así como de ese pan habían reci-
bido fuerza física y refrigerio, podían recibir de Cristo fuerza espiritual para obte-
ner la vida eterna. "El que a mí viene --dijo-- nunca tendrá hambre; y el que en mí cree,
no tendrá sed jamás." Pero añadió: "Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no
creéis".

PE:19. Pronto oímos su amable voz que decía: "Venid, pueblo mío; habéis salido de una
gran tribulación y hecho mi voluntad. Sufristeis por mi. Venid a la cena, que yo me ce-
ñiré para serviros." Nosotros exclamamos: "¡Aleluya! ¡Gloria!" y entramos en la ciudad.
Vi una mesa de plata pura, de muchos kilómetros de longitud y sin embargo nues-
tra vista la abarcaba toda. Vi el fruto del árbol de la vida, el maná, almendras, hi-
gos, granadas, uvas y muchas otras especies de frutas. Le rogué a Jesús que me per-
mitiese comer del fruto y respondió: "Todavía no. Quienes comen del fruto de este lu-
gar ya no vuelven a tierra.

6T:132. Reglas bíblicas han de guiar la vida diaria. La cruz de Cristo ha de ser el tema,
revelando las lecciones que debemos aprender y practicar. Cristo debe ser introducido en
todos los estudios, de modo que los alumnos pueden beber del conocimiento de Dios y
representarlo en carácter. Su excelencia ha de ser nuestro estudio en esta tierra al igual
que en la eternidad. La palabra de Dios, hablada por Cristo en el Antiguo y el Nue-
vo Testamento, es el pan del cielo; pero mucho que es llamado ciencia es como pla-
tillos de invención humana, alimento adulterado; no es el verdadero maná.

PP:303. "Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que entraron en la
tierra habitada: maná comieron hasta que llegaron al término de la tierra de Canaán."
Durante cuarenta años se les recordó diariamente mediante esta milagrosa provisión, el
infaltable cuidado y el tierno amor de Dios. Conforme a las palabras del salmista, Dios
les dio "trigo del cielo; pan de ángeles comió el hombre" (Salmo 78:24-25, V.M.); es
decir, alimentos provistos para ellos por los ángeles. Sostenidos por el "trigo del cielo,"
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recibían diariamente la lección de que, teniendo la promesa de Dios, estaban tan seguros
contra la necesidad como si estuviesen rodeados de los undosos trigales de las fértiles
llanuras de Canaán.
El maná que caía del cielo para el sustento de Israel era un símbolo de Aquel que
vino de Dios a dar vida al mundo. Dijo Jesús: "Yo soy el pan de vida. Vuestros pa-
dres comieron el maná en el desierto, y son muertos. Este es el pan que desciende del
cielo... Si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi
carne, la cual yo daré por la vida del mundo." (Juan 6:48-51) Y entre las bendiciones
prometidas al pueblo de Dios para la vida futura, se escribió: "Al que venciere, daré a
comer del maná escondido." (Apoc. 2:17).

6T:149-150. Procuremos seguir el consejo de Dios en todas las cosas, pues él es infinito
en sabiduría. Aunque en el pasado hemos fallado en hacer lo que pudiéramos haber he-
cho por nuestros niños y jóvenes, arrepintámonos ahora y redimamos el tiempo. El Se-
ñor dice: “Escribe al ángel de la iglesia de Tiatira: "El Hijo de Dios, que tiene ojos como
llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice: Conozco tus obras: tu amor,
tu fidelidad, tu servicio, y tu paciencia, y tus obras últimas, más numerosas que las pri-
meras. Pero tengo contra ti que toleras a esa mujer Jezabel, que dice ser profetisa, y se-
duce a mis siervos y les enseña a fornicar y a comer cosas ofrecidas a los ídolos.” El
mensaje: “Id hacia delante,” aun ha de ser oído y repetido. Las variantes circunstancias
llevándose a cabo en nuestro mundo demandan trabajo que haga frente a estos peculiares
desarrollos. El Señor necesita hombres que tengan agudeza espiritual y mente clara,
hombres que ciertamente están recibiendo maná fresco del cielo. El Espíritu Santo
obra en los corazones de los hombres, y la palabra de Dios alumbra la mente revelándo-
les como nunca antes la verdadera sabiduría.

10ML:176. Ved a Jesús, vuestro substituto y seguridad y justicia. Él se hizo pecado por
nosotros, Aquel que no conoció pecado, se hizo pecado para que fuésemos hechos justi-
cia de Dios en Él. Él da la corona de vida a aquellos que son fieles hasta la muerte. Él es
quien da de comer del maná escondido.

RH, 17 de Diciembre de 1889. ¿Sobre qué base podemos reclamar las plenas y ricas
promesas de Dios? Podemos reclamarlas sólo cuando hayamos cumplido las condiciones
prescritas en su palabra. El Señor está constantemente dando. Él derrama la lluvia y
la luz del sol. Él promete dar a su pueblo el privilegio de comer del árbol de la vida
y del maná escondido. Sostiene la corona de la vida, la piedra blanca con el nuevo
nombre escrito allí.

CS:703-704. Antes de entrar en la ciudad de Dios, el Salvador confiere a sus discípulos


los emblemas de la victoria, y los cubre con las insignias de su dignidad real. Las hues-
tes resplandecientes son dispuestas en forma de un cuadrado hueco en derredor de su
Rey, cuya majestuosa estatura sobrepasa en mucho a la de los santos y de los ángeles, y
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cuyo rostro irradia amor benigno sobre ellos. De un cabo a otro de la innumerable hueste
de los redimidos, toda mirada está fija en él, todo ojo contempla la gloria de Aquel cuyo
aspecto fue desfigurado "más que el de cualquier hombre, y su forma más que la de los
hijos de Adán".
Sobre la cabeza de los vencedores, Jesús coloca con su propia diestra la corona de glo-
ria. Cada cual recibe una corona que lleva su propio "nombre nuevo" (Apoc. 2:17),
y la inscripción: "Santidad a Jehová." A todos se les pone en la mano la palma de la
victoria y el arpa brillante. Luego que los ángeles que mandan dan la nota, todas las ma-
nos tocan con maestría las cuerdas de las arpas, produciendo dulce música en ricos y
melodiosos acordes. Dicha indecible estremece todos los corazones, y cada voz se eleva
en alabanzas de agradecimiento. "Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados
con su sangre, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a él sea gloria e
imperio para siempre jamás." (Apoc. 1:5-6).
Delante de la multitud de los redimidos se encuentra la ciudad santa. Jesús abre amplia-
mente las puertas de perla, y entran por ellas las naciones que guardaron la verdad. Allí
contemplan el paraíso de Dios, el hogar de Adán en su inocencia. Luego se oye aquella
voz, más armoniosa que cualquier música que haya acariciado jamás el oído de los
hombres, y que dice: "Vuestro conflicto ha terminado." "Venid, benditos de mi Padre,
heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo."

ML:156. Desearía poder describir la belleza de la vida cristiana. Empezando en la


mañana de la vida, gobernado por las leyes de la naturaleza y de Dios, el cristiano
avanza progresivamente hacia adelante y hacia arriba, acercándose cada día más a
su hogar celestial, donde lo espera una corona de vida, y un nombre nuevo, "el cual
ninguno conoce sino aquel que lo recibe". Crece constantemente en felicidad, en san-
tidad, en utilidad. El progresó de cada año excede al del año anterior.
Dios ha dado a los jóvenes una escalera que han de ascender; una escalera que llega de
la tierra al cielo. Dios está por encima de esa escalera, y los rayos de su gloria iluminan
cada peldaño. Observa a los que van subiendo, listo para enviar ayuda cuando la mano
afloja y el paso vacila. Sí, decidlo con palabras llenas de ánimo, que ninguno de los que
suben perseverantemente por esa escalera dejará de obtener entrada en la ciudad celes-
tial.

5T:579. Un gran nombre entre los hombres es como letras en la arena, pero un carácter
sin mancha perdurará por la eternidad.

YI, 29 de Octubre de 1907. En la antigüedad el nombre del niño representaba su carác-


ter, y los nombres dados a estos niños caracterizaban lo que se esperaba que llegaran a
ser. Eran jóvenes de edad, y este cambio de nombre se creía que haría una impresión so-
bre sus mentes.

Versículo 18. “Escribe al ángel de la iglesia de Tiatira: "El Hijo de Dios, que tiene ojos
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como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice:”

CS:58-59. En el siglo sexto el papado concluyó por afirmarse. El asiento de su poder


quedó definitivamente fijado en la ciudad imperial, cuyo obispo fue proclamado cabeza
de toda la iglesia. El paganismo había dejado el lugar al papado. El dragón dio a la bes-
tia "su poder y su trono, y grande autoridad." (Apoc. 13:2, V.M.; véase el Apéndice.)
Entonces empezaron a correr los 1260 años de la opresión papal predicha en las
profecías de Daniel y en el Apocalipsis. (Dan. 7:25; Apoc. 13:5-7). Los cristianos se
vieron obligados a optar entre sacrificar su integridad y aceptar el culto y las cere-
monias papales, o pasar la vida encerrados en los calabozos o morir en el tormento,
en la hoguera o bajo el hacha del verdugo. Entonces se cumplieron las palabras de Je-
sús: "Seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y ma-
tarán a algunos de vosotros. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre".
(Luc. 21:16-17). La persecución se desencadenó sobre los fieles con furia jamás conoci-
da hasta entonces, y el mundo vino a ser un vasto campo de batalla. Por centenares de
años la iglesia de Cristo no halló más refugio que en la reclusión y en la oscuridad. Así
lo dice el profeta: "Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar aparejado de Dios, pa-
ra que allí la mantengan mil doscientos y sesenta días." (Apoc. 12:6).

2SG:32-33. Pronto nuestra vista se dirigió hacia el oriente, pues una pequeña nubecilla
negra había aparecido como del tamaño de la mitad de la mano de un hombre, lo cual
todos sabíamos que era la señal del Hijo del hombre. Todos en solemne silencio con-
templamos la nube al venirse acercando y hacerse más brillante, gloriosa, y aun más glo-
riosa, hasta que se tornó en una gran nube blanca. La base de la nube parecía como de
fuego; un arco iris apareció sobre la misma, y alrededor de la nube había diez mil ánge-
les entonando un muy lindo canto. Y sobre la nube estaba sentado el Hijo del hom-
bre, sobre su cabeza había coronas, su cabello era blanco y rizado y caía sobre sus
hombros. Sus pies tenían la apariencia de fuego, en su mano derecha había una hoz
afilada, en su izquierda una trompeta de plata. Sus ojos eran como llama de fuego,
los cuales escudriñaban a sus hijos de arriba abajo. Entonces todos los rostros se tor-
naron pálidos, y aquellos que Dios había rechazado se hicieron negros. Todos excla-
mamos: ‘¿Quién podrá estar de pie?, ¿Está mi vestidura sin mancha?’ Entonces los án-
geles dejaron de cantar, y hubo un tiempo de terrible silencio, al hablar Jesús, ‘Aquellos
que tienen manos limpias y corazón puro podrán estar de pie; mi gracia os es suficiente.’
A esto, nuestros rostros se iluminaron, y gozo llenó nuestros corazones.

DTG:662. Los ángeles de Dios registraron fielmente toda mirada, palabra y acto insul-
tantes de los cuales fue objeto su amado General. Un día, los hombres viles que escar-
necieron y escupieron el rostro sereno y pálido de Cristo, mirarán aquel rostro en su glo-
ria, más resplandeciente que el sol.

LDE:277. Aun un poco, y Aquel que ha de venir vendrá y no tardará. Sus ojos co-
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mo llama de fuego penetran a las cerradas mazmorras y buscan a los allí escondi-
dos, pues sus nombres están escritos en al libro de vida del Cordero. Los ojos del
Salvador están arriba de nosotros y a nuestro alrededor, notando cada dificultad, dis-
cerniendo cada peligro; y no existe lugar alguno donde su vista no pueda penetrar, nin-
guna tristeza o sufrimiento de su pueblo donde la simpatía de Cristo no alcance...

[PH028] 2. Aquel cuyos ojos son “como llama de fuego” está visitando cada iglesia
en el mundo. Su mirada está atravesando cada corazón. Él está midiendo el templo
y los adoradores allí, pesando todas sus acciones en las áureas balanzas del cielo y
escribiendo el resultado en los libros de registro. Todo está abierto a la vista de Aquel
con quien estamos tratando. Él es “discernidor de los pensamientos, intenciones y pro-
pósitos del corazón.” Ninguna obra de las tinieblas queda escondida de su vista. El pe-
cado, no detectado por el hombre, no sospechado por la mente humana, queda anotado y
registrado por Aquel que escudriña los corazones.

ST, 28 de Febrero de 1878. El Salvador fue revelado a Juan, no en su humillación, sino


en su majestad, tal como es ahora, y como será revelado cuando venga en su gloria. Juan
no vio un Salvador en la cruz, no a un varón de dolores, sino al glorificado Hijo de Dios,
arropado en vestidura de luz, y ceñido con cinto de oro. Sus ojos eran como llama de
fuego, sus pies como bronce cuando brilla en el horno. El sonido de su voz era como so-
nido de muchas aguas; y su rostro brillaba como el sol en su resplandor de mediodía.

ST, 16 de Mayo de 1895. Pero, según la certera palabra de Dios, todo hombre será juz-
gado y recompensado conforme sus obras hayan sido, y se nos amonesta a hablar y obrar
como “aquellos que serán juzgados por la ley de la libertad.” Cuando nos hayamos arre-
pentido del pecado, lo hayamos confesado y abandonado, entonces perdón queda escri-
to al lado del nombre del pecador; pero sus pecados no son borrados hasta después del
juicio investigador. Ningún ser finito puede saber cómo se encuentra su caso a la vis-
ta de Aquel cuyos ojos son como llama de fuego, quien dice: “Yo conozco tus
obras... Por lo tanto, te aconsejo que compres de mí: oro afinado en fuego, para que
seas rico; vestidos blancos, para cubrir la vergüenza de tu desnudez; y colirio para
que unjas tus ojos y puedas ver.
Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso, y arrepiéntete.”

YI, 25 de Agosto de 1886. ¿Tienen ustedes, queridos jóvenes, sus lámparas despabiladas
y brillando? La obra se está llevando a cabo en la corte celestial. En visión sobre la isla
de Patmos Juan dijo: “Me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me di-
jo: "Levántate, mide el Santuario de Dios, el altar y a los que adoran en él.” Esta solem-
ne obra ha de hacerse sobre la tierra. Mirad y ved cómo se encuentra la medida de
vuestro carácter comparado con la norma divina de justicia, su santa ley. Los ado-
radores han de pasar por la cinta medidora de Dios. ¿Quiénes pasarán la prueba? Cristo
dice: “Yo conozco tus obras.” Nada queda escondido a la vista de aquel de quien
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Juan dice: “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve.
Sus ojos eran como llama de fuego.” ¿Cuántos están purificando sus almas al obe-
decer la verdad? ¿Cuántos están en esta hora totalmente del lado del Señor? ¿Cuántos
están procurando ser una bendición a los que los rodean? Muchos necesitan ayuda, pala-
bras bondadosas, cuidadosa atención; y si vosotros oráis con los tales, podéis ser una
bendición para ellos.

Versículo 19. "Conozco tus obras: tu amor, tu fidelidad, tu servicio, y tu paciencia, y tus
obras últimas, más numerosas que las primeras.”

YO CONOZCO TUS OBRAS. Véase EGW sobre 2:2, 13.

1MS:464-465. La fe genuina se manifestará en buenas obras, pues las buenas obras


son frutos de la fe. Cuando Dios actúa en el corazón y el hombre entrega su volun-
tad a Dios y coopera con Dios, efectúa en la vida lo que Dios realiza mediante el Es-
píritu Santo y hay armonía entre el propósito del corazón y la práctica de la vida.
Debe renunciarse a cada pecado como a lo aborrecible que crucificó al Señor de la vida
y de la gloria, y el creyente debe tener una experiencia progresiva al hacer continuamen-
te las obras de Cristo. La bendición de la justificación se retiene mediante la entrega
continua de la voluntad y la obediencia continua.

3MS:227. Nuestra aceptación por parte de Dios es segura solamente por medio de
su amado Hijo, y las buenas obras son únicamente el resultado de la obra de su
amor perdonador. Las obras no son ningún crédito para nosotros, y no se nos con-
cede nada debido a nuestras buenas obras por lo cual podamos reclamar una parte
en la salvación de nuestras almas. La salvación es un don gratuito de Dios al creyente,
que le es concedido solamente por Cristo. El alma atribulada puede encontrar paz por
medio de su fe en Cristo, y su paz estará en proporción a su fe y confianza. No puede
presentar sus buenas obras como un mérito para la salvación de su alma.

SpTAO1b:36-37. La obra de amor emana de la obra de fe. La religión de la Biblia signi-


fica labor constante. “Así brille vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras
buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” “Obrad vuestra pro-
pia salvación con temor y temblor, pues es Dios el que obra en vosotros, tanto el querer
como el hacer de su beneplácito.” Hemos de ser “celosos de buenas obras;” “ser cuida-
dosos de mantener buenas obras.” Y el Testigo Fiel dice: “Yo conozco tus obras.” Aun-
que es verdad que nuestras atareadas actividades no asegurarán en sí la salvación,
también es cierto que la fe que nos une a Cristo agitará al alma a la actividad.

RH, 29 de Enero de 1895. La única esperanza del pecador estriba en depender totalmen-
te de Cristo Jesús. “Lo que no es de fe es pecado.” Nuestra aceptación con Dios está
segura sólo mediante su amado Hijo, y buenas obras son sino el resultado de la
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obra de su amor perdonador. Ellas no son de ningún crédito para nosotros, y nada
se nos añade por nuestras buenas obras, nada mediante lo cual podamos reclamar
parte alguna respecto a la salvación de nuestras almas. La salvación es el gratuito
don de Dios para el creyente, concedido únicamente por la gracia de Cristo. El alma
afligida puede encontrar paz mediante la fe en Cristo, y su paz será en proporción a su fe
y confianza. No puede presentar sus buenas obras como plegaria para la salvación
de su alma.

B Echo, 15 de Enero de 1889. Permítaseme enfatizar la importancia de hacer de Cristo


nuestra esperanza y refugio cada día de nuestras vidas. Es una placentera fábula que en
esta época nos es presentada, que si tan sólo creemos en Cristo, eso es todo lo que es re-
querido de nosotros; las obras nada tienen que ver con nuestra aceptación delante de
Dios. Muchos pisotean la ley de Dios bajo sus pies, acariciando en sus corazones el en-
gañoso pensamiento que no tiene vigencia sobre ellos. Esto no es verdad. En la resu-
rrección todos saldrán, los que hayan hecho el bien y los que hayan hecho el mal, y
el caso de cada uno será decidido según sus obras hayan sido. Toda buena obra
emana de la fe genuina, y los frutos en las obras muestran el carácter de la fe. Por
tanto es mediante nuestras obras como seremos juzgados.

BTS, 1 de Junio de 1915. “El reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arreba-
tan.” Necesitamos experimentar una resurrección del tema de la fe. Sin fe (una fe que
dependa sobre una clara declaración de la Palabra) no es posible agradar a Dios. Una fe
que no está basada en obras es inútil. Dice el apóstol: “Pero alguno dirá: ‘Tú tienes
fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis
obras’. Esa fe, si se guarda en el corazón, por consecuencia traerá tras sí las buenas
obras que justifican y apoyan la fe del creyente. Buenas obras son indispensables
como fruto de la fe, y son la segura evidencia que hemos pasado de muerte a vida,
porque amamos a nuestros hermanos creyentes. Esto no significaría que nuestros
hermanos han de seguir exactamente en nuestras pisadas. Verdadera fe en Dios nos lle-
vará a entender que cada uno es un obrero. Dios obra sobre mentes humanas, y todo el
que ama a Dios amará a sus hermanos en la fe. Serán celosos de buenas obras.

ST, 21 de Febrero de 1878. Cristo en su Sermón del Monte representó las vidas de los
cristianos como la sal de la tierra. Sin la preservadora y santificadora influencia de las
palabras y acciones del cristiano, el mundo estaría totalmente corrupto, y preparado para
la inmediata sentencia de justicia que fue pronunciada sobre la higuera estéril. La verda-
dera fe tendrá conectada un poder que obra. Los fariseos se excluyeron del mundo, exal-
taron su propia piedad por encima de todo otro pueblo y el mundo no fue mejorado a
causa de esa actitud. Pero, si la sal ha perdido su sabor, ¿con qué será salada? Cristo re-
prendió este exclusivismo declarando la verdadera posición del cristiano en el mundo:
“Vosotros sois la luz del mundo, una ciudad que está puesta sobre un monte no puede
esconderse, tampoco los hombres encienden un candelero y lo esconden debajo de un
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almud sino sobre el candelabro, y alumbra a todos que están en la casa. Así alumbre
vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifi-
quen a vuestro Padre que está en los cielos.” Son las buenas obras del cristiano las
que contienen la preciosa influencia que preserva al mundo. Son las buenas obras
que están en tan marcado contraste con la contaminadora y degenerada influencia
del mundo, que revelan la verdadera enormidad del pecado. El poder moral de las
buenas obras está siempre dirigiendo al pecador hacia arriba con Dios y el cielo. No
son las palabras y la fe que uno profesa lo que el mundo necesita conocer como lo
fuera el sabor de buenas obras. Los cristianos deben poseer poder para reprimir las ti-
nieblas espirituales que amenazan inundar al mundo como invasión de muerte. Esto
pueden hacer si están conectados con Dios. En la fortaleza del Señor podemos hacer
mucho para llegar a ser canales de luz. Jesús viene a cada uno de nosotros esperando en-
contrar fruto. ¿Lo dejaremos chasqueado en su sincera búsqueda y encontrará en nues-
tras vidas sólo hojas? Suplico sinceramente a todos los que profesan piedad a que apren-
dan una lección de la parábola de la higuera estéril. Aparezca el fruto en vuestras vidas
en hechos de misericordia para con vuestro prójimo, y en humilde y sincera devo-
ción a Dios, mostrando la marca de distinción entre vosotros y el mundo mediante el
fruto que mostráis en obras de justicia. Dijo Cristo: “Es el beneplácito de mi Padre que
llevéis mucho fruto”.

DTG:101-102. Pero la fe no va en ningún sentido unida a la presunción. Sólo el que


tenga verdadera fe se halla seguro contra la presunción. Porque la presunción es la
falsificación satánica de la fe. La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce la
obediencia. La presunción también se aferra a las promesas, pero las usa como Satanás,
para disculpar la transgresión. La fe habría inducido a nuestros primeros padres a confiar
en el amor de Dios, y a obedecer sus mandamientos. La presunción los indujo a trans-
gredir su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado.
No es fe lo que reclama el favor del Cielo sin cumplir las condiciones bajo las cuales se
concede una merced. La fe verdadera tiene su fundamento en las promesas y provisiones
de las Escrituras.

CV:85. Mucha de la fe que vemos es meramente nominal; escasea la fe verdadera,


confiada y perseverante. Moisés realizó en su propia experiencia la promesa de que
Dios será galardonador de aquellos que le buscan diligentemente. Tenía respeto por la
recompensa del galardón. En esto hay otro punto de la fe que deseamos estudiar:
Dios recompensará al hombre de fe y obediencia. Si esta fe penetra en la experien-
cia de la vida, habilitará a cada uno de los que temen y aman a Dios para soportar
pruebas. Moisés estaba lleno de confianza en Dios, porque tenía una fe que se apropia-
ba sus promesas. Necesitaba ayuda, oraba por ella, se aferraba a ella por la fe, y entrete-
jía en su experiencia la creencia de que Dios le cuidaba. Creía que Dios regía su vida en
particular. Veía y reconocía a Dios en todo detalle de su vida, y sentía que estaba bajo el
ojo del que lo ve todo, que pesa los motivos y prueba el corazón.
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Miraba a Dios, y confiaba en que él le daría fuerza para vencer toda tentación. . . La pre-
sencia de Dios bastaba para hacerle atravesar las situaciones más penosas en las cuales
un hombre pudiera ser colocado.

FO:48-49. Se promete el perdón de los pecados al que se arrepiente y cree; la corona de


vida será el galardón del que es fiel hasta el fin. Podemos crecer en la gracia desarro-
llándonos por medio de la gracia que ya tenemos. Debemos mantenernos sin mancha
del mundo si hemos de ser hallados sin culpa en el día de Dios. La fe y las obras van
de la mano; actúan armoniosamente en la empresa de alcanzar la victoria. Las
obras sin fe son muertas, y la fe sin obras es muerta. Las obras jamás van a sal-
varnos; son los méritos de Cristo los que contarán en nuestro favor. Mediante la fe
en El, Cristo hará que todos nuestros imperfectos esfuerzos sean aceptables para
Dios. La fe que se requiere que tengamos no es una fe de no hacer nada; fe salva-
dora es la que obra por amor y purifica el alma. El que eleve a Dios manos santas
sin ira ni duda, caminará inteligentemente en la senda de los mandamientos de Dios.

FO:79-80. Ahora, hermanos, ustedes se han adiestrado de tal manera en dudas e interro-
gantes que tienen que educar sus almas en la línea de la fe. Tienen que hablar de la fe,
vivir la fe, actuar por fe, para que puedan crecer en la fe. Ejercitando esa fe vivien-
te, crecerán hasta ser hombres y mujeres fuertes en Cristo Jesús. Dios conceda que
esta reunión que estamos celebrando pueda ser una reunión donde el Sol de justicia se
levante sobre ustedes y brille en 80 sus corazones con sus rayos más diáfanos, haciendo
de todos ustedes luces en el mundo.

FPCV:92. "La fe consiste en confiar en Dios, en creer que nos ama y sabe lo que es
mejor para nuestro bien. Así, en vez de nuestro camino, nos induce a preferir el
suyo. En vez de nuestra ignorancia, acepta su sabiduría; en vez d nuestra debili-
dad, su fuerza; en vez de nuestro pecado, su justicia. Nuestra vida, nosotros mismos,
somos ya suyos; la fe reconoce su derecho de posesión, y acepta su bendición. Se indi-
can la verdad, la integridad y la pureza como secretos del éxito de la vida. La fe es la
que no pone en posesión de estas virtudes. Todo buen impulso o aspiración provienen
de Dios; la fe recibe de Dios la vida que es lo único que puede producir crecimiento y
eficiencia verdaderos."

ML:96. La fe es el primer escalón en la escalera del progreso. Sin fe es imposible


agradar a Dios. Pero muchos se detienen en este escalón y nunca ascienden más al-
to. Les parece que profesando a Cristo, cuando sus nombres están escritos en los
libros de la iglesia, su obra se cumplió. La fe es esencial; pero la Palabra inspirada
dice: “añadid a vuestra fe, virtud.” Los están buscando la vida eterna y un hogar
en el reino de Dios deben establecer para la edificación de su carácter el fundamen-
to de la virtud. Jesús debe ser la piedra angular. Las cosas que corrompen el alma
deben ser desterradas de la mente y la vida. Cuando se presentan tentaciones, deben ser
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resistidas en la fortaleza de Cristo. La virtud del inmaculado Cordero de Dios deben ser
entretejido al carácter hasta que el alma pueda solidificarse en su integridad...José es un
ejemplo de cómo los jóvenes pueden estar sin mancha, entre los males del mundo, y
añadir a su fe, virtud....

PR:129-130. Hermano cristiano, Satanás conoce tu debilidad; por lo tanto aférrate a Je-
sús. Permaneciendo en el amor de Dios, puedes soportar toda prueba. Sólo la justicia de
Cristo puede darte poder para resistir a la marea del mal que arrasa al mundo. Introduce
fe en tu experiencia. La fe alivia toda carga y todo cansancio. Si confías de conti-
nuo en Dios, podrás comprender las providencias que te resultan ahora misterio-
sas. Recorre por la fe la senda que él te traza. Tendrás pruebas; pero sigue avan-
zando. Esto fortalecerá tu fe, y te preparará para servir. Los anales de la historia
sagrada fueron escritos, no simplemente para que los leamos y nos maravillemos, sino
para que obre en nosotros la misma fe que obró en los antiguos siervos de Dios. El Se-
ñor obrará ahora de una manera que no será menos notable doquiera haya corazones lle-
nos de fe para ser instrumentos de su poder.

5T:297. Entre más aprendemos tocante a los tempranos días de la iglesia cristiana, y
vemos qué sutileza usó Satanás para debilitar y destruir, estaremos mejor preparados pa-
ra resistir sus artimañas y afrontar los peligros que se avecinan. Estamos en el tiempo
cuando tribulaciones tales como las que el mundo aun no ha visto, prevalecerán.
“¡Ay de los habitantes del mundo y del mar!, pues el diablo ha descendido sobre
vosotros, teniendo grande ira, porque sabe que le queda poco tiempo.” Pero Dios
ha puesto barreras que Satanás no puede pasar. Nuestra muy sagrada fe es esa ba-
rrera; y si nos edificamos en la fe, estaremos a salvo guardando la ley del Poderoso.

PE:72. He observado frecuentemente que los hijos del Señor descuidan la oración, y so-
bre todo la oración secreta; la descuidan demasiado. Muchos no ejercitan la fe que es su
privilegio y deber ejercitar, y a menudo aguardan aquel sentimiento íntimo que sólo la fe
puede dar. El sentimiento de por sí no es fe. Son dos cosas distintas. A nosotros nos
toca ejercitar la fe; pero el sentimiento gozoso y sus beneficios han de sernos dados
por Dios. La gracia de Dios llega al alma por el canal de la fe viva, que está en
nuestro poder ejercitar.

PE:72-73. La fe verdadera demanda la bendición prometida y se aferra a ella antes


de saberla realizada y de sentirla. Debemos elevar nuestras peticiones al lugar san-
tísimo con una fe que dé por recibidos los prometidos beneficios y los considere ya
suyos. Hemos de creer, pues, que recibiremos la bendición, porque nuestra fe ya se
apropió de ella, y, según la Palabra, es nuestra. "Por tanto, os digo que todo lo que
pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá." (Mar. 11:24) Esto es fe sin-
cera y pura: creer que recibiremos la bendición aun antes de recibirla en realidad.
Cuando la bendición prometida se siente y se disfruta, la fe queda anonadada. Pero
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muchos suponen que tienen gran fe cuando participan del Espíritu Santo en forma desta-
cada, y que no pueden tener fe a menos que sientan el poder del Espíritu. Los tales con-
funden la fe con la bendición que nos llega por medio de ella. Precisamente el tiempo
más apropiado para ejercer fe es cuando nos sentimos privados del Espíritu. Cuando pa-
recen asentarse densas nubes sobre la mente, es cuando se debe dejar que la fe viva atra-
viese las tinieblas y disipe las nubes. La fe verdadera se apoya en las promesas conteni-
das en la Palabra de Dios, y únicamente quienes obedezcan a esta Palabra pueden pre-
tender que se cumplan sus gloriosas promesas. "Si permanecéis en mí, y mis palabras
permanecen en vosotros, Pedid todo lo que queréis, y os será hecho." (Juan 15:7.) "Y
cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamien-
tos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él." (1 Juan 3:22.)

LC:107. La fe es el medio de conexión entre la debilidad humana y el poder divino. .


. Debemos tratar de que se fortalezca nuestra fe. La iniquidad que abunda no debería
ni por un momento hacer disminuir nuestra fe y amor por Dios, o debilitar nuestra con-
fianza en sus seguras promesas, para que ninguna fuerte tormenta de tentación no nos
desarraigue del verdadero cimiento. Tenemos una gran obra que hacer y necesitamos
mayor fe... Mediante la comunión con Dios nuestra fe será fortalecida y las pruebas de
nuestra fe serán una señal de nuestro destacado triunfo (Carta 24, 1888).

Versículo 20. "Pero tengo contra ti que toleras a esa mujer Jezabel, que dice ser profeti-
sa, y seduce a mis siervos y les enseña a fornicar y a comer cosas ofrecidas a los ídolos.”

PR:84. No sólo introdujo Acab el culto de Baal en la capital, sino que bajo la direc-
ción de Jezabel erigió altares paganos en muchos "altos," donde, a la sombra de los
bosquecillos circundantes, los sacerdotes y otros personajes relacionados con esta
forma seductora de la idolatría ejercían su influencia funesta, hasta que casi todo
Israel seguía en pos de Baal. "A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendiese a
hacer lo malo a los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. El fue en gran-
de manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron
los amorreos, a los cuales lanzó Jehová delante de los hijos de Israel." (1 Reyes 21:25-
26).

2CBA:1032. Jezabel, con sus artificios seductores, consiguió que Josafat fuera su amigo.
Ella arregló el casamiento de su hija Atalía con Joram, el hijo de Josafat. Ella sabía que
su hija, criada bajo su dirección y tan inescrupulosa como ella misma, podía llevar a ca-
bo sur propósitos. Pero, ¿fue así? No; los hijos de los profetas, que se habían educado
en las escuelas que estableció Samuel, fueron inmutables en favor de la verdad y de la
justicia (MS 116, 1899).

6ML:251. El hermano Hewit estuvo allí. Él vino con un mensaje diciendo que la des-
trucción de los impíos y el sueño de los muertos era una abominación dentro de una
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puerta cerrada que una mujer Jezabel, una profetiza, había introducido, y él creía que yo
era esa mujer Jezabel. Le mencionamos algunos de sus errores del pasado, que los 1335
días habían terminado y otros numerosos errores. Esto tuvo sino poco efecto. Sus tinie-
blas se hicieron sentir en la reunión y se hizo tediosa.

10ML:384. Jezabel luchó determinadamente contra Dios en la persona de su pueblo fiel.


La persecución de los profetas era tan grande que Elías supuso que él era el único que
había escapado su poder. “Yo, sólo yo, he quedado,” dijo él, “y ellos buscan mi vida, pa-
ra quitármela” (1 Reyes 19:14).—Ms. 116, 1899, página 1. (“The Sin of Jezebel,” [“El
Pecado de Jezebel”] 15 de Agosto de 1899). White Estate, Washington, D.C. 27 de Abril
de 1981.

CS:431. En el capítulo 17 del Apocalipsis, Babilonia está simbolizada por una mujer, -
figura que se emplea en la Biblia para representar una iglesia, siendo una mujer virtuosa
símbolo de una iglesia pura, y una mujer vil, de una iglesia apóstata.

CS:433. Se dice que Babilonia es "madre de las rameras". Sus hijas deben simbolizar las
iglesias que se atienen a sus doctrinas y tradiciones, y siguen su ejemplo sacrificando la
verdad y la aprobación de Dios, para formar alianza ilícita con el mundo.

CS:496. Cuando la iglesia primitiva se corrompió al apartarse de la sencillez del


Evangelio y al aceptar costumbres y ritos paganos, perdió el Espíritu y el poder de
Dios; y para dominar las conciencias buscó el apoyo del poder civil. El resultado
fue el papado, es decir, una iglesia que dominaba el poder del estado y se servía de
él para promover sus propios fines y especialmente para extirpar la "herejía." Para
que los Estados Unidos formen una imagen de la bestia, el poder religioso debe dominar
de tal manera al gobierno civil que la autoridad del estado sea empleada también por la
iglesia para cumplir sus fines.

CV:204. Acab carecía de fuerza moral. Su casamiento con una mujer idólatra, de
un carácter decidido y temperamento positivo, fue desastroso para él y para la na-
ción. Como no tenía principios ni elevada norma de conducta, su carácter fue mo-
delado con facilidad por el espíritu resuelto de Jezabel. . .
Bajo la influencia agostadora del gobierno de Acab, Israel se alejó mucho del Dios vivo,
y corrompió sus caminos delante de él. . . La oscura sombra de la apostasía cubría todo
el país. Por todas partes podían verse imágenes de Baal y Astarté. Se multiplicaban los
templos y los bosquecillos consagrados a los ídolos, y en ellos se adoraban las obras de
manos humanas. El aire estaba contaminado por el humo de los sacrificios ofrecidos a
los dioses falsos. Las colinas y los valles repercutían con los clamores de embriaguez
emitidos por un sacerdocio pagano que ofrecía sacrificios al sol, la luna y las estrellas.
Mediante la influencia de Jezabel y sus sacerdotes impíos, se enseñaba al pueblo que los
ídolos que se habían levantado eran divinidades que gobernaban por su poder místico los
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elementos de la tierra, el fuego y el agua. Todas las bendiciones del cielo: los arroyos y
corrientes de aguas vivas, el suave rocío, las lluvias que refrescaban la tierra y hacían
fructificar abundantemente los campos, se atribuían al favor de Baal y Astarté, en vez
del Dador de todo don perfecto. El pueblo olvidaba que las colinas y los valles, los ríos
y los manantiales, estaban en las manos del Dios vivo; y que éste regía el sol, las nubes
del cielo y todos los poderes de la naturaleza. . .
En su ciega locura, prefirió rechazar a Dios y su culto (Profetas y Reyes, págs. 84, 85).
Cuán pocos comprenden el poder de una mujer no consagrada. . . Si Acab se hubiera
llevado del consejo del Cielo, Dios hubiera estado con él. Pero Acab no lo hizo. Se ca-
só con una mujer entregada a la idolatría. Jezabel tuvo más poder que Dios sobre el rey.
Lo condujo a la idolatría, y con él al pueblo (2CBA:1033).

CS:56. Para dar a los convertidos del paganismo algo que equivaliera al culto de los
ídolos y para animarles a que aceptaran nominalmente el cristianismo, se introdujo
gradualmente en el culto cristiano la adoración de imágenes y de reliquias. Este sis-
tema de idolatría fue definitivamente sancionado por decreto de un concilio general.
(Véase el Apéndice.) Para remate de su obra sacrílega, Roma se atrevió a borrar de la ley
de Dios el segundo mandamiento, que prohíbe la adoración de las imágenes y a dividir
en dos el último mandamiento para conservar el número de éstos.

PR::153. La mala influencia que Jezabel había ejercido desde el principio sobre Acab
continuó durante los años ulteriores de su vida, y dio frutos en actos vergonzosos y vio-
lentos que pocas veces fueron igualados en la historia sagrada. "A la verdad ninguno
fue como Acab, que se vendiese a hacer lo malo a los ojos de Jehová; porque Jezabel su
mujer lo incitaba."

RH, 16 de Septiembre de 1873. Acab era débil en poder moral. Él no poseía un alto
sentido de las cosas sagradas. Era egoísta e indisciplinado. Su unión mediante el
matrimonio con una mujer de carácter decidido, y un temperamento aferrado a la
idolatría, hizo a ambos, agentes especiales de Satanás para llevar al pueblo de Dios
a la idolatría y una terrible apostasía. El determinado espíritu de Jezabel moldeó el
carácter de Acab. Su naturaleza egoísta era incapaz de apreciar las misericordias
de Dios hacia su pueblo, y su obligación para con Dios como guardián y dirigente
de Israel. El temor de Dios diariamente estaba declinando en Israel. Los símbolos
blasfemos de su ciega idolatría abundaban entre el Israel de Dios. Nadie hubo que
se atreviera a levantarse en oposición a la prevaleciente idolatría blasfema. Los al-
tares de Baal y los sacerdotes de Baal, quienes ofrecían sacrificios al sol, la luna y las es-
trellas se veían por doquier. Habían consagrado templos y huertas, donde se ponían las
obras de hombres para adorar. Los beneficios que Dios daba a su pueblo no desper-
taban en ellos gratitud al Dador. Por todas las bondades del cielo, los arroyos y ria-
chuelos de aguas vivientes, la suave neblina, y el derramamiento de lluvias que refrescan
la tierra y hacen que los campos produzcan abundantemente, ellos atribuían al favor de
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sus dioses.

Versículo 21. "Le di tiempo para que se arrepienta de la fornicación, y no quiere arre-
pentirse”.

PR:117. Al llegar a la puerta de Jezreel, Elías y Acab se separaron. El profeta, prefi-


riendo permanecer fuera de la muralla, se envolvió en su manto y se acostó a dormir en
el suelo. El rey, pasando adelante, llegó pronto al abrigo de su palacio, y allí relató a su
esposa los maravillosos sucesos acontecidos ese día, así como la admirable revelación
del poder divino que había probado a Israel que Jehová era el Dios verdadero, y Elías su
mensajero escogido. Cuando Acab contó a la reina cómo habían muerto los profetas
idólatras, Jezabel, endurecida e impenitente, se enfureció. Se negó a reconocer en
los acontecimientos del Carmelo la predominante providencia de Dios y, empeñada
en su desafío, declaró audazmente que Elías debía morir.

PR:212. Se dieron a los transgresores muchas oportunidades de arrepentirse. En la hora


de su más profunda apostasía y mayor necesidad, Dios les dirigió un mensaje de perdón
y esperanza. Declaró: "Te perdiste, oh Israel, mas en mí está tu ayuda. ¿Dónde está tu
rey, para que te guarde?" (Oseas 13:9-10). El profeta suplicó: "Venid y volvámonos a
Jehová: que él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. Nos dará vida después de dos
días: al tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos, y prosegui-
remos en conocer a Jehová: como el alba está aparejada su salida, y vendrá a nosotros
como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra". (Oseas 6:1-3).

3T:276. Toda esta evidencia de la justicia y juicio de Dios no movió a Israel al arrepen-
timiento. Jezabel está llena de desquiciada locura. No se inclina hacia, ni cede su volun-
tad al Dios del cielo. Los profetas de Baal, Acab, Jezabel, y casi todo Israel, lanzan acu-
saciones contra Elías. Acab ha enviado mensajeros a cada reino y nación en busca del
extraño profeta, y los ha hecho hacer voto si es que nada han sabido respecto a él. Elías
había cerrado el cielo con su palabra y se había llevado la llave, y nadie lo podía
encontrar.

ST, 17 de Febrero de 1898. Elías vino para sostener en alto la honra de Dios, pero
fue rechazado por el pueblo. Debido a los pecados de la nación, Dios envió una se-
quía sobre la tierra. El sufrimiento de hombres y animales era terrible; pero esto
no llevó a Acab, el dirigente del pueblo, hacia el arrepentimiento. Mas bien lo pro-
vocó a un acérrimo desafío. La ira de él y de Jezabel se encendió contra Elías y los
profetas del Señor; y mataron a todos los que pudieron encontrar. Jezabel servía a
Satanás con toda la idólatra devoción de su corazón. Ella fue el agente mediante el cual
él obró para eclipsar cada rayo de luz que Dios quiso conceder a la nación. Se había pro-
puesto desarraigar la religión que le era tan odiosa, y la cual, como pensaba ella, era la
causa de la sequía.
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Versículo 22. "Así, a ella la arrojaré en el lecho del dolor. Y a los que adulteran con ella,
los arrojaré en gran tribulación, si no se arrepienten de sus obras”.

PR:306-307. La negligencia en cuanto a arrepentirse y rendir obediencia voluntaria aca-


rreará hoy a hombres y mujeres consecuencias tan graves como las que sufrió el antiguo
Israel. Hay un límite más allá del cual los juicios de Jehová no pueden ya demorarse.

Versículo 23. "Y a sus hijos heriré de muerte. Así todas las iglesias sabrán que Yo Soy
el que sondeo la mente y el corazón. Y daré a cada uno según sus obras”.

1CBA:1124. Es Cristo quien escudriña el corazón y prueba las entrañas de los hijos
de los hombres. Todas las cosas están desnudas y abiertas ante los ojos de Aquel
con quien tenemos que ver, y no hay criatura alguna que sea desconocida ante su
vista. En los días del antiguo Israel, los sacrificios traídos al sumo sacerdote eran abier-
tos hasta la espina dorsal para ver si estaban realmente sanos. Así también los sacrifi-
cios que traemos hoy día están abiertos delante del ojo penetrante de nuestro gran Sumo
Sacerdote. El abre e inspecciona cada sacrificio traído por los seres humanos, para com-
probar si es digno de ser presentado al Padre (MS 42, 1901).

3T:191-192. El Señor desearía que todos los que están conectados con la oficina fueran
sean como custodios y desempeñaran sus debidas responsabilidades. Si son buscadores
del placer, si no practican la abnegación, no están capacitados para un lugar en la ofici-
na. Los obreros allí debieran sentir que cuando entran en ella entran a un lugar sagrado,
un lugar donde la obra de Dios se está realizando para la publicación de la verdad que
decidirá el destino de las almas. Esto no se siente ni se reconoce como debiera ser. Exis-
te conversación en el departamento del teclado que distrae la mente de la obra. La ofici-
na no es lugar para visitación, para un espíritu de noviazgo, o para la distracción o el
egoísmo. Todos debieran sentir que están haciendo trabajo para Dios. Aquel que sondea
todos los motivos y lee todo corazón, está probando y zarandeando a su pueblo, es-
pecialmente los que tienen luz y conocimiento y están involucrados en Su sagrada
obra. Dios es un escudriñador de corazones y uno que prueba las riendas, y acep-
tará nada menos que una entera devoción a la obra y una completa consagración.
Todos en la oficina deben asumir sus diarias tareas como si en la presencia de Dios. No
debieran quedar satisfechos con hacer sólo lo suficiente para el día y recibir su sueldo;
sino que todos debieran trabajar en cualquier lugar donde puedan ser de utilidad. En la
presencia del hermano White hay unos pocos fieles; existen otros que sirven al ojo. Si
todos en la oficina que profesan ser seguidores de Cristo hubieran sido fieles en la reali-
zación del deber, se hubiera visto un gran cambio hacia la mejoría. Jóvenes y señoritas
han estado demasiado envueltos en la sociedad mutua, hablando, bromeando y diciendo
chistes, y los ángeles de Dios se han retirado de la oficina.
4T:511-512. Muchos que han venido a Battle Creek no han llegado con el propósito de
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cumplir responsabilidades. No han venido porque sientan alguna especial ansiedad por
la prosperidad de la causa aquí, sino por su propio interés, porque desean mejorar sólo a
sí mismos. Esperan asegurar los beneficios a ser logrados de las instituciones ubicadas
aquí, sin llevar responsabilidad alguna.
Algunos que se han ubicado en Battle Creek para poder tener una oportunidad más favo-
rable, son culpables de egoísmo y aun de fraude en el trato con nuestros hermanos que
han venido de lejos y del extranjero. Si existen algunas ventajas a ser alcanzadas, nues-
tras instituciones deben recibirlas, y no esos individuos que nada han hecho para edifi-
carlas, y que sólo tienen un interés egoísta. Muchos que vienen a Battle Creek no son de
ayuda, religiosamente, para la causa. De corazón son como Coré, Datán y Abiram; y si
una oportunidad favorable se presentara, seguirían el ejemplo de estos impíos hombres.
Ciertamente, sus fraudulentas transacciones pueden ser escondidas de la vista de
los hermanos; pero Dios marca su curso y finalmente los recompensará según sus
obras.

5CBA:1096. Pero, ¿no tienen verdadero valor las buenas obras? El pecador que diaria-
mente comete pecados con impunidad, ¿es considerado por Dios con el mismo favor
como aquel que por la fe en Cristo trata de obrar con integridad? Las Escrituras contes-
tan: "Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios
preparó de antemano para que anduviésemos en ellas". El Señor en su providencia di-
vina y mediante su favor inmerecido, ha ordenado que las buenas obras sean re-
compensadas. Somos aceptados únicamente mediante los méritos de Cristo; y los
hechos de misericordia, las obras de caridad que hacemos, son los frutos de la fe y
se convierten en una bendición para nosotros, pues los hombres serán recompensa-
dos de acuerdo con sus obras. La fragancia de los méritos de Cristo es lo que hace
que nuestras buenas obras sean aceptables delante de Dios, y la gracia es la que nos
capacita para hacer las obras por las cuales él nos recompensa. Nuestras obras en sí
mismas y por sí mismas no tienen mérito. Cuando hayamos hecho todo lo que podamos
hacer, debemos considerarnos como siervos inútiles. No merecemos el agradecimiento
de Dios, pues sólo hemos hecho lo que era nuestro deber hacer, y nuestras obras no po-
drían haber sido hechas con la fortaleza de nuestra propia naturaleza pecaminosa.

MG:244. En su disposición divina, mediante su favor inmerecido, el Señor ha orde-


nado que las buenas obras sean recompensadas. Somos aceptados únicamente a
través del mérito de Cristo; y los actos de misericordia, las obras de caridad que
realizamos, son el fruto de la fe, y se convierten en una bendición para nosotros,
porque los hombres deben ser recompensados según sus obras. Es la fragancia del
mérito de Cristo la que hace que nuestras buenas obras sean aceptas ante Dios y es la
gracia la que nos capacita para hacer la obra que él recompensará. Nuestras obras care-
cen de todo mérito por sí mismas... No merecemos gracia de parte de Dios. Hemos he-
cho únicamente lo que era nuestro deber hacer, y nuestras obras no podrían haber sido
realizadas con las fuerzas de nuestras propias naturalezas pecaminosas.
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ST, 24 de Septiembre de 1894. La fe no anula la ley, y aunque existen personas insis-


tiendo que mediante la fe en Cristo quedan libres de la obligación de guardar la ley,
las enseñanzas de profetas y apóstoles contradicen su posición. “Fe sin obras, [obe-
diencia] es muerte”. Los caracteres son medidos según sus obras. Santiago dice:
“Muéstrame tu fe sin tus obras [si fuera posible], y yo te mostraré mi fe por mis obras.”
Fe en el gran plan de redención sin hacer obras correspondientes, no es considerado co-
mo fe.

Versículo 24. "Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a todo el que no tiene
esa doctrina, y no ha conocido lo que ellos llaman los profundos secretos de Satanás, os
digo: No os impondré otra carga.”

DTG:308. El encuentro con los endemoniados de Gádara encerraba una lección pa-
ra los discípulos. Demostró las profundidades de la degradación a las cuales Sata-
nás está tratando de arrastrar a toda la especie humana y la misión que traía Cris-
to de librar a los hombres de su poder. Aquellos míseros seres que moraban en los
sepulcros, poseídos de demonios, esclavos de pasiones indomables y repugnantes
concupiscencias, representan lo que la humanidad llegaría a ser si fuese entregada
a la jurisdicción satánica. La influencia de Satanás se ejerce constantemente sobre los
hombres para enajenar los sentidos, dominar la mente para el mal e incitar a la violencia
y al crimen. El debilita el cuerpo, obscurece el intelecto y degrada el alma. Siempre que
los hombres rechacen la invitación del Salvador, se entregan a Satanás. En toda ramifi-
cación de la vida, en el hogar, en los negocios y aun en la iglesia, son multitudes los que
están haciendo esto hoy. Y a causa de esto la violencia y el crimen se han difundido por
toda la tierra; las tinieblas morales, como una mortaja, envuelven las habitaciones de los
hombres. Mediante sus especiosas tentaciones, Satanás induce a los hombres a cometer
males siempre peores, hasta provocar completa degradación y ruina. La única salva-
guardia contra su poder se halla en la presencia de Jesús.

AUCR, 15 de Junio de 1902. Fortaleced vuestras almas en el Señor. Suplico a Dios que
os revele su maravilloso poder. Estoy seguro que él estará con vosotros, dirigiendo y
aconsejándoos paso a paso. Ciertamente estamos viviendo en tiempos peligrosos y nece-
sitamos mantener nuestras mentes en Dios cada momento. Aquel que conoce el poder
que el enemigo ejerce sobre aquellos que no confían plenamente en el Señor Jesús,
dice: “Venid a mí. Yo soy vuestro refugio, vuestro escondedero. Y te guardaré de
peligro, te rodearé con cantos de liberación.” Él conoce las profundidades de las ti-
nieblas a las cuales Satanás lanzaría al hombre.

5CBA:1110. Las fuerzas de los poderes de las tinieblas se unirán con los instrumentos
humanos que se han entregado al dominio de Satanás, y se repetirán las mismas escenas
que transcurrieron durante el juicio, el rechazo y la crucifixión de Cristo. Al rendirse a
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las influencias satánicas, los hombres se identificarán con los demonios, y los que
fueron creados a la imagen de Dios, que fueron formados para honrar v glorificar a
su Creador, se convertirán era la habitación de chacales; y Satanás verá en una ra-
za apóstata su obra maestra de mal: hombres que reflejan su propia imagen (MS
39, 1894)

BTS, 1 de Julio de 1916. Satanás en el cielo había odiado a Cristo por su posición en las
cortes de Dios. Lo odió más cuando Cristo lo destronó. Él odió a Aquel que se com-
prometió a redimir la raza de pecadores. Desde el pesebre hasta la cruz lo siguió, esfor-
zándose constantemente para obtener el dominio sobre él. Llenó los corazones de sacer-
dotes y dirigentes con odio hacia Él hasta que por fin el Salvador se encontró en la corte
del juzgado de Pilato, en manos de la indomable turba cuyos corazones estaban llenos de
violencia que sólo Satanás puede inspirar. Sus agentes, escondidos tras las vestiduras de
sacerdotes y dirigentes, unieron sus fuerzas con los más bajos y degradados en un es-
fuerzo para tomar la vida del Hijo de Dios. ¿Cómo es que los seres que él había crea-
do, los seres que él amaba tanto como para dejar su hogar celestial y venir a esta
tierra para favorecerlos, se hundieron a tales profundidades de iniquidad que per-
sonificarían a Satanás al luchar contra Cristo?

21ML:322. No hemos tenido del todo la más placentera labor desde que venimos a Cali-
fornia. Ha sido la clase de labor que probó al corazón y que por naturaleza trae consigo
el desánimo. Ha sido muy aflictiva para mi alma. Mi corazón ha estado entristecido en
mí al tener trabajo pesaroso a cada lado contra este libertinaje, hombres casados familia-
rizándose con mujeres y señoritas. ¡O!, ha causado intenso dolor. He procurado trabajar
para corregir estos males, y he visto cuán profundo trabaja Satanás pero procuro ser fiel.
Recibo sólo poco ánimo.

YI, 29 de Diciembre de 1898. Si todos los que pretenden ser creyentes en Cristo hu-
bieran seguido su ejemplo, ¡cuán diferente aspecto presentaría hoy nuestro mundo!
Esta obra ha sido olvidada por nuestra iglesia; ella ha sido remisa en seguir a Cris-
to en abnegación y sacrificio propio. No ha llegado hasta las profundidades de la
miseria donde Satanás ha llevado a los que han escuchado sus tentaciones; pero
damos gracias a Dios que existe una oportunidad para redimir el tiempo, de llevar
el mensaje de misericordia a los caminos y los vallados. El Redentor del mundo aun
es su Restaurador. Hoy Cristo está sintiendo los dolores de cada sufriente. Cuando el es-
píritu malo rasga la sufriente estructura humana, el Salvador siente su maldición. Cuan-
do la fiebre está desgastando la corriente vital, él siente la agonía como si fuera propia.
Y él es fuerte para librar. La fortaleza descansa sobre Aquel que es poderoso. Él rodea al
hombre con su largo brazo humano, mientras que con su divino brazo se apoya de la
Omnipotencia. Aquel que creó al hombre sabe justo cómo apartar de la maquinaria hu-
mana los estorbos que han debilitado la acción de nervio, cerebro, hueso, y músculo, y
que han envenenado la corriente vital del cuerpo.
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PE:42-43. Vi que la prueba actual acerca del sábado no podía producirse antes que
terminase la mediación de Cristo en el lugar santo y él hubiese pasado al interior
del segundo velo. Por lo tanto, los cristianos que durmieron antes que se abriese la
puerta de acceso al santísimo cuando terminó el clamor de medianoche, el séptimo
mes, en 1844, sin haber guardado el verdadero día de reposo, descansan ahora en
esperanza; porque no tuvieron la luz ni la prueba acerca del sábado que tenemos
ahora desde que la puerta se abrió. Vi que Satanás estaba tentando acerca de este pun-
to a algunos de los hijos de Dios. Debido a que tantos buenos cristianos se durmieron en
los triunfos de la fe sin haber guardado el verdadero día de reposo, dudaban de que éste
fuese una prueba para nosotros ahora.

2T:693. Verdades especiales han sido adaptadas a las condiciones de las generaciones
como han existido. La verdad presente, que es una prueba para la generación actual, no
era una prueba para la gente de generaciones de antaño. Si la luz que ahora brilla sobre
nosotros respecto al sábado del cuarto mandamiento hubiera sido dada a las generacio-
nes del pasado, Dios los hubiera tenido responsables por esa luz.

Versículo 25. "Pero la que tenéis, retenedla hasta que yo venga.”

HHD:353. "Acuérdate pues de lo que has recibido y has oído, y guárdalo, y arre-
piéntete". Los que han nacido de nuevo recuerden con cuánta alegría y felicidad
recibieron la luz del cielo, y cuán ansiosos estaban de compartir con otros su felici-
dad . . .
"Aférrate". Esto no significa decir, "aférrate a tus pecados"; sino, aférrate del
bienestar, de la fe, de la esperanza que Dios te ha dado por su Palabra. Nunca te
desanimes. Un hombre desanimado no puede hacer nada. Satanás está tratando
de desanimarte, diciéndote que no vale la pena servir a Dios, y que da lo mismo dis-
frutar de los placeres y goces de este mundo. Pero, "¿de qué aprovecha al hombre, si
granjeara todo el mundo, y perdiere su alma?" Tú puedes gozar de los placeres munda-
nos a expensas del mundo futuro; pero, ¿estás dispuesto a pagar tal precio? Debemos
"aferrarnos" y vivir a la altura de toda la luz que hemos recibido del cielo. ¿Por qué?
Porque Dios desea que nos aferremos fuertemente de la verdad eterna, y actuemos como
su mano ayudadora, para comunicar la luz a aquellos que no se han dado cuenta del
amor que siente hacia ellos. Cuando os entregáis a Cristo, hacéis una promesa ante la
presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, las tres grandes Personalidades, dig-
natarios del cielo. "Aferraos" a esa promesa. MS 92, 1901.

CS:82. La misma existencia de estos creyentes que guardaban la fe de la primitiva


iglesia era un testimonio constante contra la apostasía de Roma, y por lo tanto des-
pertaba el odio y la persecución más implacables. Era además una ofensa que Ro-
ma no podía tolerar el que se negasen a entregar las Sagradas Escrituras. Determi-
Pág. 87
nó raerlos de la superficie de la tierra. Entonces empezaron las más terribles cruzadas
contra el pueblo de Dios en sus hogares de las montañas. Lanzáronse inquisidores sobre
sus huellas, y la escena del inocente Abel cayendo ante el asesino Caín repitióse con fre-
cuencia.

LC:349. Los que han aceptado la verdad del mensaje del tercer ángel se han de
mantener firmes por la fe; y ésta los retendrá para que no sean llevados a las su-
persticiones y las teorías que los separarían entre sí y de Dios. Nuestra recepción de
la verdad que tenemos como adventistas del séptimo día no fue una experiencia casual.
Se la alcanzó mediante oración ferviente y estudio diligente de la Palabra inspirada. El
Señor quiere que andemos y trabajemos en perfecta unidad (RH, 19 de Agosto de 1909).

[MR760] 21. Satanás usará sus mejores planes para llevar las almas a introducir algunas
nuevas teorías, algunas ideas extrañas e imaginarias. Estas personas procurarán substan-
ciar doctrinas falsas, y tomarán textos de la Escritura y los tergiversarán para poder ha-
cer que sus doctrinas aparezcan como verdad. Las teorías que el Pastor Ballenger
promovía, que anulan la verdad del santuario, son justo como las que el enemigo
introduciría como asuntos de suma importancia para apartarnos de nuestro fun-
damento doctrinal. Pero debemos acatar la palabra: “Recuerda pues cómo has re-
cibido y oído, y retén lo que tienes.” Cuando se hacen esfuerzos para desequilibrar
la fe en nuestra experiencia del pasado y enviarnos de esa manera hacia el naufra-
gio, retengamos firmemente la verdad que hemos recibido.

LHU:316. Me dirijo al pueblo de Dios que ahora está sosteniendo con firmeza su
confianza, quienes no se apartarán de la fe una vez dada a los santos, quienes se en-
cuentran entre las tinieblas morales de estos días de corrupción. La palabra del Se-
ñor a vosotros es: “Me regocijaré en Jerusalén, y me gozaré en mi pueblo.” ¿Acaso
no podemos ver aquí al amor paternal de Dios expresado a aquellos que mantienen
con firmeza la fe en obras de justicia? La relación más cercana existe entre Dios y su
pueblo. No sólo somos objetos de su longánime misericordia, su amor perdonador; so-
mos más que esto. El Señor se regocija sobre su pueblo. Se deleita en ellos. Él es su se-
guridad. Él hermoseará a todos los que le sirven de todo corazón y con el espíritu de san-
tidad. Los viste de justicia. Él ama a los que hacen su voluntad, a quienes expresan su
carácter.

MG:36. Dios tendrá un pueblo celoso para las buenas obras, firme en medio de las
contaminaciones de esta época de degeneración. Habrá un pueblo cuyos miembros
se aferrarán de tal manera a la fuerza divina que podrán resistir a toda tentación.
Los malos anuncios que se ven en llamativos carteles pueden tratar de hablar a sus sen-
tidos y corromper su mente, pero estarán de tal manera unidos con Dios y los ángeles
que serán como quienes no ven ni oyen. Tienen que hacer una obra que nadie puede ha-
cer por ellos, la cual consiste en pelear la buena batalla de la fe y echar mano de la vida
Pág. 88
eterna.

2MS:132. Continuamente se esgrimirán teorías para apartar la mente y desarraigar la fe.


Los que participaron en el desarrollo de las profecías, han llegado a ser lo que son ac-
tualmente, adventistas del séptimo día, mediante esas profecías. Deben permanecer fir-
mes, con sus lomos ceñidos con la verdad, y revestidos con toda la armadura. Los que
no han tenido esta experiencia, tienen el privilegio de retener con la misma confianza el
mensaje de la verdad. La verdad que Dios se ha complacido en dar a su pueblo no
debilitará su confianza en la senda por la que él los ha conducido en el pasado, sino
que los fortalecerá para permanecer firmes en la fe. Debemos mantener firme has-
ta el fin aquello que constituyó el comienzo de nuestra confianza.

8ML:345. Habrá espíritus seductores y doctrinas de demonios en medio de la iglesia, y


estas influencias malignas aumentarán; pero retened el inicio de vuestra confianza firme
hasta el fin. Ms 61, 1906, página 2. (“Hold Fast the Beginning of Your Confidence,”
29 de Junio de 1906).

9ML:291. Todo el pueblo de Dios ahora ha de pararse sobre la plataforma de la verdad


tal como ha sido dada en el mensaje del tercer ángel.
...La única esperanza para cualquiera estriba en sostener las evidencias que han
confirmado la verdad en justicia. Proclámense vez tras vez hasta la terminación de la
historia de este mundo. MS 61, 1906, página 3. (“Hold Fast the Beginning of Your
Confidence,” 3 de Junio de 1906).

RP, 30 de Octubre de 1913. Soy instruida a mandar que los padres tengan cuidado en
guardar a sus hijos del peligro. Tengan todos cautela de cómo oyen. Muchas cosas son
reportadas respecto a la hermana White. Algunos dicen uno cosa y otros dicen otra. Pa-
ra todos los que conocen los mensajes del Señor, yo diría: ‘Retened; pues pronto
todo se cumplirá. Sostened la fe de la Biblia.’ “Escudriñad las Escrituras,” dijo
Cristo: “pues en ellas pensáis que tenéis la vida eterna: y ellas son las que testifican
de mí.”

RH, 2 de Julio de 1895. Tomad vuestras Biblias y presentad las promesas de Dios ante el
trono de la gracia. Él dice: “Pedid, y os será dado...Pues todo el que pide recibe. ...¿Si un
hijo pidiera pan de alguno de vosotros que es padre, le dará una piedra? ¿O si le pidiera
un pescado, le dará en lugar de un pescado una serpiente? ¿O si le pidiere un huevo, le
ofrecerá un escorpión? Si vosotros entonces, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a
vuestros hijos; ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará buenas dádivas a los que le pi-
den?” Creed que el Señor hace justo como él dice que hará. Salid a trabajar en fe.
Retened firmemente todo punto de ventaja obtenido. Por más fuerte que sea la
oposición, no debe haber debilitación. Retened mediante la fe. Trabajad y orad, es-
perad y velad, esperad y confiad, dejad todo a Dios. Él puede azotar montañas con
Pág. 89
una lombriz.

Versículo 26. "Al que venza. Y guarde mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las
naciones”.

1MS:447. No diga nadie que sus obras no tienen nada que ver con su jerarquía y posi-
ción delante de Dios. En el juicio, se pronunciará la sentencia de acuerdo con lo que ha
sido hecho o lo que ha sido dejado sin hacer (Mat. 25:34- 40).
Se requieren esfuerzos y labor de parte del que recibe la gracia de Dios, pues el fruto es
el que manifiesta cuál es el carácter del árbol. Aunque las buenas obras del hombre,
sin fe en Jesús, no tienen más valor que la ofrenda de Caín, sin embargo, cubiertas
con los méritos de Cristo, testifican de la idoneidad del que las hace para heredar la
vida eterna. Lo que es considerado como moral en el mundo no alcanza la norma divina
y no tiene más mérito delante del cielo que el que tuvo la ofrenda de Caín (Manuscrito
26a, 1892)

PE:290-291. Después vi tronos en los cuales estaban sentados Jesús y los redimidos.
Los santos reinaban como reyes y sacerdotes de Dios. En unión con los suyos juz-
gaba Cristo a los impíos muertos, comparando sus acciones con el libro del estatu-
to, la Palabra de Dios, y fallando cada caso según lo hecho con el cuerpo. Después
sentenciaban a los impíos a la pena que debían sufrir de acuerdo con sus obras, y
quedaba escrita frente a sus nombres en el libro de la muerte. También Satanás y
sus ángeles fueron juzgados por Jesús y los santos. El castigo de Satanás había de ser
mucho más terrible que el de aquellos a quienes engañó. Su sufrimiento había de ser in-
comparablemente mayor. Después de perecer todos los que fueron engañados por él,
Satanás iba a continuar viviendo para sufrir mucho más tiempo.

5ML:339. Aquel que coopera con Dios, esforzándose seriamente para separarse del
mundo y sus influencias corruptoras, se hace participante de la naturaleza divina, “ha-
biendo escapado la corrupción que hay en el mundo mediante la lascivia.” ¿Pueden
aquellos que reconocen que son miembros de la familia real, hijos de Rey celestial,
herederos de Dios y coherederos con Cristo, degradar una naturaleza que, median-
te los méritos de Cristo, está relacionada con los ángeles, con Cristo, sí, y con Dios
mismo? ¿Pueden aquellos que reconocen las posibilidades delante de sí, quienes sa-
ben que son llamados a recibir una herencia inmortal, que reinarán como reyes y
sacerdotes en la tierra, fracasar en dejar de usar cada poder de su ser en un es-
fuerzo de llegar a ser uno con Cristo?

10ML:152. Mientras eran esclavos de otras naciones, los judíos se habían jactado de
que aunque ellos estaban bajo opresión, su Mesías vendría como un poderoso Rey
para librarlos. A las naciones paganas que los rodeaban declararon que Cristo
vendría en gloria, rompería su yugo de esclavitud, cumpliría sus promesas a ellos y
Pág. 90
los pondría sobre tronos para reinar con Él como reyes y sacerdotes sobre todo el
mundo. Tales eran los alardes que ellos hacían. Su error estuvo en aplicar a su primera
aparición las profecías que se refieren a su segunda venida a la tierra, tal como será
cuando sea renovada y ocupada por los redimidos.

HC:214. Ninguna otra tarea se puede igualar a ésta. . . . Los padres debieran dirigir la
instrucción y la educación de sus hijos mientras son niños, con el propósito de que
sean piadosos. Son puestos bajo nuestro cuidado para que los eduquemos, no como
herederos del trono de un imperio terrenal, sino como reyes para Dios, que han de
reinar al través de las edades sempiternas.

ST, 14 de Noviembre de 1900. Cristo se ha comprometido a ayudar a todo el que se une


a su ejército, que coopera con él en luchar contra el enemigo visible e invisible. Ha pro-
metido que ellos serán coherederos con él de una inmortal herencia, que reinarán como
reyes y sacerdotes delante de Dios. Aquellos que están dispuestos a compartir en esta
vida la humillación del Salvador, compartirán con él su gloria. Aquellos que esco-
gen sufrir aflicción con el pueblo de Dios en lugar de gozar de los momentáneos
placeres del pecado, recibirán un lugar con Cristo en su trono.

SW, 14 de Marzo de 1905. Durante los mil años entre la primera y segunda resu-
rrección, el juicio de los impíos se llevará a cabo. Daniel declara que cuando el An-
ciano de días vino, “juicio fue hecho a favor de los santos del Altísimo.” En este
tiempo los justos reinan como reyes y sacerdotes para Dios. Juan en Revelación di-
ce: “Yo vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y juicio les fue entregado.” Ellos serán
sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.” Es en este tiempo que, como
fue predicho por Pablo, “los santos juzgarán al mundo.” En unión con Cristo ellos juz-
gan a los impíos, comparando sus acciones con el libro de estatutos, la Biblia, y deci-
diendo cada caso según las obras hechas en el cuerpo. Satanás también y los malos ánge-
les son juzgados por Cristo y su pueblo.

Versículo 27-28. "Las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de arcilla,
así como yo recibí autoridad de mi Padre. Y le daré también la Estrella de la mañana.”

RH, 6 de Octubre de 1896. Cristo es la “estrella matutina.” Él es la luz del cristiano.


“Los que me siguen,” dice él, “no caminarán en tinieblas.” Ellos han de recibir su luz de
la estrella matutina; y al captar sus luciente rayos, han de activamente, y con interés,
transmitir a otros la luz recibida.

Ev:52-53. Hay que amonestar al mundo. Velad, esperad, orad, trabajad, y no permitáis
que nada se haga con rivalidad y vanagloria. Que no se haga nada para aumentar el pre-
juicio, y en cambio hágase todo lo posible por disminuirlo, dejando entrar la luz, los bri-
llantes rayos de Sol de justicia, para que iluminen las tinieblas morales. Hay que llevar
Pág. 91
a cabo una gran obra aún, y hay que realizar todo esfuerzo posible para revelar a
Cristo como el Salvador que perdona los pecados, a Cristo como el portador del
pecado, a Cristo como la brillante estrella matutina, y el Señor nos dará su apoyo
frente al mundo hasta que hayamos hecho nuestra obra (Carta 35, 1895).

CDD:327. Cada verdadero creyente capta los rayos de la Estrella matutina, y


transmite su luz a los que se hallan en tinieblas. No sólo resplandecen en medio de
las tinieblas de su propio vecindario, sino que como iglesia, envían la luz a las re-
giones distantes. El Señor espera que cada cual cumpla su deber. Todo el que se une
con la iglesia debe unirse a Cristo también para difundir los rayos de la Estrella matuti-
na, y debe convertirse en la luz del mundo. Cristo y su pueblo serán copartícipes en la
gran tarea de salvar a la humanidad (Manuscrito 51, del 14 de Noviembre de 1894).

ST, 23 de Diciembre de 1897. La verdad del mensaje del tercer ángel ha sido pro-
clamada por algunos como una seca teoría. Pero todos debemos introducir en ese
mensaje a Cristo como el primero y el último, el Yo Soy, la Estrella Luciente de la
mañana. El mensaje debe ser proclamado: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo.” La segunda venida de Cristo está cerca, aun a la puerta. ¿Quiénes
están preparados para contemplar la Estrella Luciente de la mañana? ¿Quiénes están lis-
tos para glorificar a Dios? ¿Quiénes introducirán en sus propios corazones la luciente
Estrella Matutina de esperanza, misericordia, de perdón y de paz, y proclamarán el últi-
mo mensaje de misericordia al mundo?

CS:85-86. En el siglo XIV salió en Inglaterra "el lucero de la Reforma," Juan Wi-
clef, que fue el heraldo de la Reforma no sólo para Inglaterra sino para toda la cris-
tiandad. La gran protesta que contra Roma le fue dado lanzar, no iba a ser nunca aca-
llada, porque inició la lucha que iba a dar por resultado la emancipación de los indivi-
duos, las iglesias y las naciones.

Versículo 29. “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

7CBA:969. "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias". Si voso-
tros oís "lo que el Espíritu dice a las iglesias" y meditáis en la instrucción que se les
da, vuestros oídos estarán cerrados para las insensateces y necedades que os ro-
dean. No oiréis ni repetiréis esas cosas, ni nunca las desearéis. Si Cristo satisface el
hambre de vuestra alma, esas trivialidades son insípidas y desagradables para vosotros.
No halláis deleite en ellas, sino que, en cambio, elegiréis el pan del cielo (MS 92, 190l).

LHU:253. El Señor Jesús ha llamado al mundo a juicio. “El que tiene oídos para
oír, oiga.” Oigan todos con atención sumisa y reverente. Él repite las palabras que
le fueron dadas por Uno que dijo: “Este es mi Hijo amado... a él oíd.” ¿Quién está
escuchando las palabras que son luz y vida a todo el que las reciba? ¿Tomarán los
Pág. 92
hombres y mujeres la forma como Dios considera a las criaturas que él ha creado? Él
formó la mente del hombre. No pensamos un pensamiento noble que no se origina en
él. Él conoce todas las obras misteriosas de la mente humana, pues acaso no fue él quien
la hizo? Dios ve que el pecado ha degradado y rebajado al hombre, pero él lo ve con
piedad y compasión; pues ve que Satanás lo tiene en su poder...

21ML:452. Vez tras vez el Testigo fiel dice: “El que tiene oído oiga lo que el Espíri-
tu dice a las iglesias.” Pero resulta que algunos que tienen oídos no oyen, no reci-
ben, y no son sabios respecto a la sagrada verdad. El Señor Jesús, el Alfa y Omega,
dio el mensaje a Juan tocante a la iglesia. Él entendió el peligro en pasar de alto la obra
encomendada por Dios. “El Espíritu y la esposa dicen Ven. Y el que oye diga Ven. Y el
que tiene sed venga, y el que quiera, tome del agua de vida sin precio.” Cuando el pue-
blo de Dios oye con propósito las cosas que son reveladas a las iglesias, cuando re-
ciben la encomienda del mensaje, y dicen a otros: “Ven”, entonces son colaborado-
res con Dios.

B Echo, 14 de Agosto de 1899. Dios desea que prestemos atención a las palabras de
verdad. Hemos de oírlas y practicarlas. La a menudo repetida encomienda del Se-
ñor es: “El que tiene oídos para oír, oiga.” De los israelitas el apóstol dice: “La pa-
labra predicada no les aprovechó, no estando mezclada con fe en los que la oye-
ron.” Esto abre ante nosotros la razón por la cual tan poco se logra por los muchos dis-
cursos dados. Las palabras pueden ser movidas por el Espíritu Santo, pero si los que
oyen no oyen con el deseo de ser beneficiados, las palabras dichas no los ayudan.

EL QUE TIENE OÍDO, OIGA. Véase también EGW sobre 2:7, 17.

Comentario Bíblico Adventista:

1.
Ángel.
Ver com. cap. 1: 20.
Éfeso.
Algunos definen el nombre Éfeso con el significado de "deseable". Éfeso era en los días
de Juan la ciudad principal de la provincia de Asia, y más tarde fue su capital (ver p. 93;
mapa p. 640; com. cap. 1:4; 2:12). Estaba situada en el extremo occidental de una gran
carretera que atravesaba el Asia Menor desde Siria; esto y su ubicación como un puerto
marítimo importante sobre el mar Egeo, hacían de ella un centro comercial importante.
Parece que el cristianismo fue predicado allí por primera vez por Pablo alrededor del año
52 d.C., cuando se detuvo por un corto tiempo en esa ciudad de camino a Jerusalén y
Antioquía en su segundo viaje misionero. Sus amigos Aquila y Priscila se radicaron allí
en esa ocasión y, junto con un judío alejandrino llamado Apolos -cuyo concepto del cris-
tianismo parece haber sido formado antes de Pentecostés- fomentaron la obra de evange-
Pág. 93
lización hasta el regreso de Pablo, quizá uno o dos años más tarde (Hechos 18:19 a
19:7). Esta vez el apóstol permaneció en Éfeso unos tres años (ver t. VI, p. 31), más que
en cualquier otro lugar en sus otros viajes misioneros. Esto parece indicar que su obra
allí fue muy fructífera. Lucas, su biógrafo, declara que "todos los que habitaban en
Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús" (Hechos 19:10). Por lo tanto,
es probable que durante este tiempo fueron establecidas por lo menos algunas de las
otras iglesias de Asia (ver Col. 4:13, 15-16). Después de su primer encarcelamiento en
Roma, Pablo parece haber visitado nuevamente a Éfeso, quizá alrededor del año 64 d.
C., y dejó como encargado a Timoteo (1 Tim. 1:3).
No se conoce con exactitud nada más de la historia de la iglesia de Éfeso, hasta que su
nombre aparece probablemente unos treinta años más tarde en el Apocalipsis; sin em-
bargo, la tradición indica que Juan, el discípulo amado de Jesús, llegó a ser el dirigente
de esta iglesia, quizá después de la disolución de la sede cristiana de Jerusalén, alrededor
del 68 d.C., durante la guerra judío- romana. Por lo tanto, cuando se escribió el Apoca-
lipsis Éfeso debe haber sido uno de los centros principales del cristianismo. Era, pues,
muy adecuado que el primer mensaje de Cristo por medio de Juan hubiera sido dirigido
a esta iglesia. Su posición central en relación con el mundo cristiano general, hace más
comprensible el hecho de que su condición espiritual pudiese muy bien ser característica
de toda la iglesia durante el período apostólico período de la historia cristiana que se ex-
tiende aproximadamente hasta fines del siglo I (c. 31-100 d.C.; ver Nota Adicional al fi-
nal del capítulo). Este período bien puede llamarse el de la pureza apostólica, atributo
sumamente deseable a la vista de Dios.
Tiene.
Gr. kratéo, "sostener firmemente" una expresión más vigorosa que la que se usa en cap.
1: 16.
Siete estrellas.
Ver com. cap. 1:16, 20. Los dirigentes de la iglesia deben estar de manera especial bajo
la protección y dirección de Cristo. En la tarea que se les ha asignado son siempre sos-
tenidos por el poder y la gracia de Dios. Debe notarse que la manera característica como
Cristo se presenta a cada una de las siete iglesias, proviene de la visión más amplia que
Juan contempló en el cap. 1:11-18.
Anda.
Una descripción más completa de la relación de Cristo con su iglesia que la que se da en
el cap. 1:13, donde Juan simplemente dice que Cristo está "en medio de los siete cande-
leros". Las iglesias del tiempo apostólico disfrutaron del cuidado, la atención y el minis-
terio de Cristo, y esta ha sido también la privilegiada situación de la iglesia cristiana en
conjunto a través de los períodos sucesivos de su historia. Así se cumple la promesa que
el Señor hizo a sus discípulos de estar con ellos "todos los días, hasta el fin del mundo"
(Mat. 28:20).
Candeleros.
Ver com. cap. 1:12.
2.
Pág. 94
Yo conozco.
A cada una de las siete iglesias Cristo declara: "Yo conozco tus obras". Su amonesta-
ción es la de Aquel que conoce a fondo los problemas de cada iglesia, y que por lo mis-
mo es capaz de indicar una solución apropiada y eficaz.
Tus.
Posesivo que corresponde a la segunda persona del singular, porque Cristo se dirige al
"ángel" (verso 1) que representa a cada miembro individualmente o a la iglesia como
una sola unidad. Cristo trata con los seres humanos tanto en su condición de grupos -
como una iglesia- como también en una relación personal directa con él.
Obras.
Gr. érgon, "hecho", "acción", "actividad", más particularmente obras que demuestren ca-
rácter moral. La vida y conducta de la iglesia son conocidas totalmente por Jesucristo.
Trabajo.
Gr. kópos, la fatiga o cansancio que resulta de un intenso esfuerzo. Cristo afirma tener
conocimiento de las obras realzadas por la iglesia. También reconoce la fatiga que han
causado y la paciencia que fue necesaria.
Paciencia.
Gr. hupomon' , "perseverancia", "paciencia", "resistencia". Ver cap. 1: 9,com. "pacien-
cia".
No puedes soportar.
Ahora, como en tiempos pasados, la iglesia se siente muy a menudo inclinada a "sopor-
tar" o tolerar en su seno enseñanzas y prácticas malas supuestamente en nombre de la
paz. Posiblemente sea más cómodo para los ministros de Cristo permanecer callados en
cuanto a los pecados favoritos de sus congregaciones que tomar una posición firme a fa-
vor de la verdad (cf. Isa. 30:10; 2 Tim. 4:3). La iglesia de Éfeso debía ser alabada por
hacer una clara distinción entre la verdad y el error -ya fuera en doctrina o en práctica- y
por definirse con firmeza contra el error.
Los malos.
Es decir, los falsos apóstoles que se considerarán un poco más adelante con mayor deta-
lle. Los crasos errores doctrinales se reflejan tarde o temprano en mala conducta. Lo
que una persona hace es el inevitable resultado de lo que piensa y cree (ver Prov. 4:23;
Mat. 12:34; 1 Juan 3:3).
Probado.
Gr. peirázo, "probar", "poner a prueba". La iglesia de Éfeso había investigado diligen-
temente las pretensiones y enseñanzas de esos falsos apóstoles. Ignacio, que escribió a
principios del siglo II, habla de la diligencia de los cristianos efesios al rechazar las here-
jías (A los efesios ix 1).
Juan previno a los creyentes en una de sus epístolas en cuanto a la venida del "anticris-
to", y les aconsejó que probasen "los espíritus si son de Dios" (1 Juan 4:1-3). Se había
cumplido la amonestación dada por Pablo a los dirigentes de Éfeso muchos años antes,
de que en medio de ellos entrarían los "lobos rapaces" que "hablarían cosas perversas"
(Hechos 20:29-30). Había aconsejado a los tesalonicenses: "examinadlo todo; retened lo
Pág. 95
bueno" (1 Tes. 5:2l). Pedro había escrito detalladamente respecto a los "falsos profetas"
y "falsos maestros" (2 Pedro 2). Cf. 1 Tim. 1:20; 2 Tim. 4:14-18. Aunque al principio tal
vez no era fácil reconocer los errores sutiles de sus enseñanzas, los maestros podían ser
reconocidos "por sus frutos" (Mat. 7:15-20).
Lo mismo sucede hoy, porque el verdadero "fruto del Espíritu" (Gál. 5:22-23) no crece
en las vidas de los que enseñan y practican el error. Al cristiano sincero, sensible a las
761 cosas espirituales, se le promete que si así lo desea podrá discernir el espíritu y los
móviles no cristianos que impulsan a todo maestro del error (ver com. 1 Juan 4:1; Apoc.
3:18).
Apóstoles.
Entre las herejías más serias que amenazaron a la iglesia a fines del siglo I, estaban el
docetismo y una forma antigua del gnosticismo. Estas y otras herejías que azotaron a la
iglesia de los días apostólicos, se tratan en el t. V, PP:890-891 y t. VI, PP:53-60. Una an-
tigua tradición indica en forma más específica que un gnóstico llamado Cerinto visitó a
Éfeso y le creó dificultades a Juan y a su congregación (ver Ireneo, Contra herejías iii. 3.
4). Lo que sucedió en Éfeso durante este período, en relación con las luchas con los fal-
sos profetas, parece haber acontecido en la iglesia general.
3.
Has sufrido.
La iglesia de los efesios se había negado a "soportar a los malos" (ver com. verso 2), y
sufrió pacientemente la inevitable aflicción causada por los falsos maestros y la persecu-
ción que padeció a manos de judíos y gentiles fanáticos.
Paciencia.
Ver com. verso 2.
Has trabajado.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de estas palabras. El texto estable-
cido del verso 3 dice: "Y tienes paciencia y sufriste por mi nombre y no has desfalleci-
do".
Por amor de mi nombre.
Ver com. Hechos 3:16. Los seguidores de Cristo eran conocidos por el nombre de él:
eran llamados cristianos. Su fidelidad a este nombre, su lealtad a Aquel a quien recono-
cían como a su Señor, fue lo que los sometió a la persecución de las autoridades roma-
nas (ver p. 738), y los indujo a sufrir a manos de los que estaban empeñados en destruir
su fe.
Desmayado.
Gr. kopiáo, "cansarse", "fatigarse". Compárese con el uso de kopiáo en Isa. 40:31
(LXX); Juan 4:6.
4.
Tu primer amor.
Este "amor" probablemente incluía un amor de todo corazón a Dios y a la verdad, y
amor mutuo fraternal para sus semejantes en general (ver com. Mat. 5:43-44; 22:34-40).
Las controversias doctrinales suscitadas por los falsos profetas quizá habían dado lugar a
Pág. 96
un espíritu de división. Además, a pesar de los diligentes esfuerzos de muchos para con-
tener la marea de falsas enseñanzas, una cantidad de personas que permanecieron en las
iglesias sin duda estaban afectadas en mayor o menor grado por ellas. La actividad del
Espíritu Santo como mensajero de la verdad (Juan 16: 13), con la tarea de convertir los
principios de la verdad en fuerza viva para lograr la transformación del carácter (ver
Juan 16:8-1 l; Gál. 5:22-23; Efe. 4:30, etc.), fue estorbada en la medida que el error halló
cabida en la iglesia. Además, a medida que morían los que se habían relacionado perso-
nalmente con Jesús y su testimonio dejaba de oírse, y al comenzar a borrarse la visión de
la inminencia del regreso de Cristo (ver com. Apoc. 1:1), la llama de la fe y la consagra-
ción ardía cada vez más débilmente. Para un comentario sobre otros aspectos del aban-
dono de esta primera pureza de fe y práctica, ver t. IV, PP:861-862.
5.
Quitaré tu candelero.
Ver com. cap.1: 12. La iglesia perdería su posición como legítima representante de Cris-
to. La iglesia había "caído", pero la misericordia divina le dio una oportunidad de arre-
pentimiento (cf. 2 Pedro 3:9).
Si no te hubieras arrepentido.
En el Prólogo de su Epístola a los Efesios, Ignacio nos informa que la iglesia prestó
atención a la invitación que le decía "recuerda", "arrepiéntete", y "haz las primeras
obras" (ver también Ignacio, A los efesios i. 1; xi. 2).
6.
Nicolaítas.
Una de las sectas heréticas que atormentó a las iglesias de Éfeso y Pérgamo (verso 15) y
tal vez a otras. Ireneo identifica a los nicolaítas como una secta gnóstica: "Juan el discí-
pulo del Señor, predica esta fe [la deidad de Cristo], y mediante la proclamación del
Evangelio procura quitar aquel error que había sido diseminado entre los hombres por
Cerinto, y mucho tiempo antes por los llamados nicolaítas, que son una rama de aquella
falsamente llamada 'ciencia', a fin de poder confundirlos y persuadirlos de que sólo hay
un Dios que hizo todas las cosas por su Palabra" (Contra herejías iii. 11.1). Hay también
evidencia histórica de que más o menos un siglo después hubo una secta gnóstica llama-
da de los nicolaítas. Algunos padres de la iglesia que nos informan respecto a esta secta
(Ireneo, Contra herejías i. 26, 3; Hipólito, Refutación de todas las herejías vii. 24), iden-
tifican a su fundador con Nicolás de Antioquía, uno de los siete diáconos (Hechos 6:5).
No sabemos si esta tradición relativa a Nicolás el diácono es correcta, pero la secta pue-
de ser la misma mencionada por Juan. Los seguidores de esta secta parecen haber ense-
ñado, por lo menos en el siglo II, que las obras de la carne no afectan la pureza del alma,
y por consiguiente no tienen que ver con la salvación.
7.
El que tiene oído.
Es decir, preste atención a los consejos que se han dado (ver com. cap.1:3; cf. com. Isa.
6:9-10; Mat. 11:15). Esta misma declaración acompaña la promesa para cada una de las
siete iglesias.
Pág. 97
Oiga.
El verbo griego usado aquí significa oír con comprensión (cf. com. Hechos 9:4). El oír
la Palabra de Dios no tiene sentido si la vida no es modelada a semejanza de lo que se ha
oído (ver com. Mat. 19:21-27).
Las iglesias.
La promesa dirigida particularmente a la iglesia de Éfeso es, en un sentido especial, para
todas "las iglesias" de los tiempos apostólicos representadas por esta iglesia; pero aun-
que era particularmente apropiada para ella, se aplica también a los creyentes de todas
las edades (ver com. cap. 1:11).
Venciere.
La flexión del verbo en griego implica que la persona "continúa venciendo". La victoria
es un tema que se repite en el Apocalipsis. Las promesas del Apocalipsis han sido espe-
cialmente preciosas para los perseguidos hijos de Dios de todos los siglos. Sin embargo
el contexto (versos 2-6) sugiere que esta victoria es en un sentido especial el triunfo so-
bre los falsos apóstoles y maestros que habían estado tentando a los creyentes a comer
del árbol del conocimiento humano. ¡Cuán apropiado es que la recompensa por la victo-
ria sea el acceso al árbol de la vida!
Árbol de la vida.
Ver com. Gén. 2:9; Apoc. 22:2.
En medio.
Como en el jardín del Edén (Gén. 2:9). La ubicación destaca la importancia del árbol en
el plan de Dios para un mundo perfecto.
Paraíso.
Ver com. Luc. 23:43. El huerto del Edén era el "paraíso" en la tierra. Cuando el Edén
sea restituido a este mundo (ver PP:46-47; CS:704, 706), la tierra llegará nuevamente a
ser un "paraíso".
En cuanto a la aplicación del mensaje a la iglesia de Éfeso en determinado período en la
historia, ver Nota Adicional al final de este capítulo; y en cuanto a la aplicación del
mensaje a la iglesia literal, ver com. Apoc. 1: 11.
8.
Ángel.
Ver com. cap. 1:20.
Esmirna.
Durante mucho tiempo se creyó que este nombre derivaba de múron, el nombre de una
goma aromática que se extraía del árbol arábigo Balsamodendron myrrha. Esta goma se
usaba para embalsamar a los muertos, como medicina era un ungüento o bálsamo, y
también se quemaba como incienso. Ver com. Mat. 2:11. Los eruditos se inclinan ahora
a opinar que este nombre deriva de Samorna, una diosa de Anatolia que era adorada en
Esmirna (ver p. 98). Acerca de la antigua ciudad de Esmirna, ver p. 96; mapa p. 640. No
hay registro de cuándo ni durante el ministerio de quién se estableció la iglesia de Es-
mirna. Esta iglesia no es mencionada en ningún otro lugar de las Escrituras.
El período histórico correspondiente a la iglesia de Esmirna puede considerarse que co-
Pág. 98
mienza a fines del siglo I (c. 100 d.C.) y continúa aproximadamente hasta el año 313 d.
C., cuando el emperador Constantino favoreció la causa de la iglesia (ver Nota Adicio-
nal al final del capítulo; com. verso 10); pero algunos sugieren el año 323 d.C., la fecha
de la supuesta conversión de este emperador al cristianismo. Debe notarse que las pro-
fecías de los cap. 2 y 3 no son, en sentido estricto, profecías que indiquen tiempo exacto;
las fechas se sugieren sencillamente para facilitar la correlación aproximada de la profe-
cía con la historia.
El primero y el postrero.
Ver com. cap. 1:8, 17.
Estuvo muerto.
Ver com. cap. 1:18; 2:1. Para una iglesia que enfrentaba la persecución y la muerte por
su fe, el énfasis sobre la vida en Cristo cobraba un significado especial.
9.
Tus.
Ver com. verso 2.
Obras.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta palabra. Ver com. verso 2.
Tribulación.
O "aflicción", "dificultad". Persecuciones intermitentes lanzadas por diferentes empera-
dores romanos, caracterizaron la situación de la iglesia durante este período. En el tiem-
po de los emperadores Trajano (98-117), Adriano (117-138) y Marco Aurelio (161-180),
la persecución fue esporádica y local. La primera persecución general y sistemática con-
tra los cristianos fue obra de Decio (249-251) y Valeriano (253-259). La opresión políti-
ca llegó a su manifestación más sangrienta con el emperador Diocleciano (284-305) y
sus sucesores inmediatos (305-313). El período representado por la iglesia de Esmirna
bien puede llamarse históricamente el tiempo de los mártires. Los siglos que han trans-
currido desde entonces han sido perfumados (ver com. verso 8) con el amor y la consa-
gración de los millares de anónimos que en este período fueron fieles "hasta la muerte".
Pobreza.
Gr. pto jéia, "pobreza extrema" (cf. Mar. 12:42). La iglesia de Esmirna sin duda no era
tan grande ni tan próspera como la congregación vecina de Éfeso. Los cristianos de Éfe-
so habían dejado "su primer amor ", sin embargo no se le hace esta tensión a los de Es-
mirna. En cambio Cristo les recuerda que son espiritualmente "rios" (ver com. Sant.
2:5).
Blasfemia.
Gr. blasfemía, "maledicencia", "difamación", ya sea acerca de Dios o del hombre. En
este contexto podría ser preferible traducción "calumnia".
Judíos.
Probablemente "judíos" en sentido figurado y no literal (los cristianos ahora son un sím-
bolo de Israel: Rom. 2:28-29; 9:6-7; Gál. 3:28-29; 1 Pedro 2:9). El término, tal como se
usa aquí, sin duda se refiere a los pretendían servir a Dios, pero en verdad servían a Sa-
tanás.
Pág. 99
La figura tiene una base histórica. El libro de los Hechos revela que muchas de las difi-
cultades de la iglesia primitiva surgieron de calumnias y acusaciones lanzadas por los
dios contra los cristianos (Hechos 13:45; 4:2, 19; 17:5, 13; 18:5-6, 12; 21:27). Esa situa-
ción evidentemente existía en Esmirna. Se dice que en el siglo II los judíos causaron
martirio de Policarpo, obispo de Esmirna. durante ese tiempo Tertuliano habla de las si-
nagogas como "fuentes de persecución" (Scorpiace 10).
No lo son.
Eran hipócritas.
Sinagoga de Satanás.
Compárese con el vergonzoso calificativo "generación de víboras" (Mat. 3:7). La sina-
goga, como centro de vida comunal judía (ver t. V, PP:57-59), sin duda el lugar donde se
tramaron muchas intrigas contra los cristianos. El nombre e Satanás significa "acusador"
o "adversa" (ver com. Zac. 3:1; Apoc. 12:10). Estos centros judíos llegaron a ser, lite-
ralmente, "sinagogas del acusador".
10.
No temas nada.
Ver com. Sant. 1:2; cf. Juan 16:33.
Vas a padecer.
O "estás por padecer". La iglesia de Esmirna había sido indudablemente importante
blanco de las calumnias de los judíos, pero los miembros no habían sentido aún toda la
violencia de la persecución. Sin embargo, esos cristianos sin duda conocían la persecu-
ción que ya había azotado otros lugares y tuvieron que haber pensado en que les sobre-
vendrían dificultades futuras. Eso está implícito en la forma del verbo "temer": indica
que ya estaban temerosos. Cristo los consuela con la seguridad de que a pesar de las
sombrías perspectivas de persecución no tenían por qué tener temor. Ver Mat. 5:10-12.
Probados.
O "sometidos a prueba". Satanás los sometería a persecución para obligarlos a renunciar
a su fe. Dios permitiría la persecución como un medio de fortalecer y probar la sinceri-
dad de su fe. Aunque Satanás ruja contra la iglesia, la mano de Dios cumple su propósi-
to. Ver Sant. 1:2; Apoc. 2:9.
El emperador Trajano (98-117 d.C.) decretó la primera política oficial romana contra el
cristianismo. En la famosa carta 97, dirigida a Plinio el joven, su gobernador en Bitinia
y Ponto en Asia Menor, Trajano trazó un procedimiento para tratar a los cristianos, que
eran en ese tiempo una sociedad religiosa ilegal. Ordenó que los funcionarios romanos
no habían de buscar a los cristianos, pero que si los que eran traídos ante ellos por otros
delitos resultaban ser cristianos, debían ser ejecutados a menos que renegasen de su fe.
Este edicto, aunque estuvo lejos de ser puesto en vigor uniformemente, permaneció co-
mo ley hasta que Constantino promulgó su edicto de tolerancia en 313 d.C.
Los cristianos estuvieron pues constantemente sujetos durante dos siglos a la posibilidad
de ser súbitamente arrestados y ejecutados a causa de su fe. Su bienestar dependía en
gran medida del favor de sus vecinos paganos y judíos, quienes podían dejarlos en paz o
acusarlos ante las autoridades. Esto podría denominarse persecución permitida. El em-
Pág. 100
perador no tomaba la iniciativa de perseguir a los cristianos, pero permitía que sus repre-
sentantes y las autoridades locales tomasen dichas medidas contra los cristianos si lo
creían conveniente. Esta política dejaba a los cristianos a merced de los diversos fun-
cionarios locales bajo los cuales vivían. Los cristianos fueron atacados especialmente en
tiempos de hambrunas, terremotos, tormentas y otras catástrofes, pues sus vecinos paga-
nos creían que habían atraído la ira divina sobre todo el país porque se negaban a adorar
a sus dioses.
Sin embargo, a veces el gobierno romano llevó a cabo persecuciones agresivas contra la
iglesia (ver com. verso 9). Los romanos observadores veían que el cristianismo crecía
sin cesar en extensión y en influencia por todo el imperio, y que era fundamentalmente
incompatible con el modo de vida romano. Se dieron cuenta de que con el tiempo des-
truiría el modo de vida romano. Por lo tanto, los emperadores más capaces fueron los
que a menudo persiguieron a la iglesia, mientras que los que descuidaban sus responsa-
bilidades generalmente estuvieron dispuestos a no molestarles.
La primera persecución general y sistemática contra la iglesia fue emprendida por el
emperador Decio, cuyo edicto imperial del año 250 tenía el propósito de suprimir total-
mente el cristianismo mediante torturas, muerte y confiscación de propiedades. La oca-
sión de este decreto fue la celebración de los mil años de la fundación de Roma que se
habían cumplido unos tres años antes, época en que se vio más claramente la decadencia
del imperio en comparación con las glorias del pasado. El cristianismo llegó a ser la víc-
tima o chivo expiatorio, y se decidió raer la iglesia presumiblemente para salvar el impe-
rio. Esta política decayó con la muerte de Decio en el año 251 d.C., pero resurgió con
Valeriano poco tiempo después. Con la muerte de éste decayó nuevamente, y no fue has-
ta el reinado de Diocleciano cuando la iglesia se vio frente a otra crisis mayor (ver el
comentario inmediato siguiente).
Diez días.
Esta expresión ha sido interpretada de dos maneras. Aplicando el principio de día por
año para computar los lapsos proféticos (ver com. Dan. 7:25), como un período de diez
años literales, el cual se ha aplicado al período de la implacable persecución imperial de
303-313 d.C. Diocleciano y su cogobernante y sucesor, Galerio, dirigieron en esa década
la más encarnizada campaña de aniquilamiento que el cristianismo jamás sufriera a ma-
nos de la Roma pagana. Creían, como sus predecesores Decio y Valeriano, que el cris-
tianismo había crecido tanto en Poder y popularidad dentro del imperio, que a menos
que fuese rápidamente exterminado, dejaría de existir el modo tradicional de vida ro-
mano y el imperio se desintegraría. Por eso iniciaron una política destinada a exterminar
a la iglesia. El primer decreto de Diocleciano contra los cristianos fue promulgado en el
año 303; éste prohibía la práctica del cristianismo en todo el imperio.
La persecución comenzó dentro del ejército y se extendió por todo el imperio. Las auto-
ridades romanas concentraron su crueldad en los clérigos cristianos, pues creían que si
se destruía a los pastores, la grey sería dispersada. Los horrores de esta persecución son
descritos vívidamente por el historiador eclesiástico Teodoreto (Historia eclesiástica i.
6), quien describe la reunión de los obispos de la iglesia en el Concilio de Nicea varios
Pág. 101
años después del fin de la persecución (325 d.C.). Algunos asistieron sin ojos, otros sin
brazos porque les habían sido arrancados, otros con el cuerpo terriblemente mutilado en
diferentes formas. Por supuesto, muchos no sobrevivieron a este sombrío tiempo de
aflicción. En el año 313, unos diez años después del comienzo de estas persecuciones,
Constantino promulgó un decreto que concedía a los cristianos plena libertad para prac-
ticar su religión.
Pero otros piensan que no es del todo seguro que los "diez días" representen un tiempo
profético, y lo explican así: "lo que va a padecer", "el diablo", "la cárcel" y "la muerte"
sin duda son literales, por lo tanto, es natural esperar que los "diez días" también fueran
literales. En este caso el número "diez" podría considerarse como un número global,
como sucede muy a menudo en las Escrituras (Ecle. 7:19; Isa. 5:10; Dan. 1:20; Amós
6:9; Hag. 2:16; Zac. 8:23; Mat. 25:1, 28; Luc. 15:8; etc.; cf. Mishnah Aboth 5. 1-9).
"Diez días" representarían, como número redondo, un breve período de persecución co-
mo la que sin duda sufrió la iglesia de Esmirna en los tiempos apostólicos. Estaría com-
pletamente de acuerdo con sólidos principios de interpretación profético (ver com.
Deut. 18: 15) que los "diez días" tuviesen una interpretación literal respecto a la situa-
ción histórica inmediata de Esmirna y una aplicación figurada al período representado
por esta iglesia (ver com. Apoc. 1: ; 2:1, 8 -y p. 742; Nota Adicional al final del capítu-
lo).
Sé fiel.
La flexión del verbo se traduce mejor "continúa siendo fiel". Esmirna demostró que era
una iglesia fiel.
Hasta la muerte.
O "incluso en la muerte".
Corona.
Gr. stéfanos, "diadema" o "guirnalda de victoria", no una diadema de autoridad. Esta
palabra describía las guirnaldas que se daban a los vencedores de los juegos griegos. Es
un símbolo de la recompensa que se dará al vencedor en la lucha con Satanás.
De la vida.
La frase "corona de la vida" probablemente se traduciría mejor con el sentido "la corona
que es vida". Esta corona es la evidencia de la victoria sobre el diablo y la "tribulación"
que él ha causado. Cf. 2 Tim. 4: 8.
11.
El que tiene oído.
Ver com. verso 7.
El que venciere.
Ver com. verso 7. Quizá deba destacarse que se vence a pesar de la "tribulación" ya
mencionada (verso 10).
Segunda muerte.
En contraste con la primera muerte, que transitoriamente pone fin a la vida ahora, pero
de la cual habrá una resurrección tanto de "justos como... injustos" (Hechos 24:15). La
segunda muerte será la extinción final del pecado y los pecadores, y de ella no habrá re-
Pág. 102
surrección (ver com. Apoc. 20:14; cf. cap. 21:8).
12.
Ángel.
Ver com. cap. 1:20.
Pérgamo.
Esta ciudad fue la capital de la provincia romana de Asia durante dos siglos, después de
que Atalo III, su último rey, la legó junto con el reino de Pérgamo a Roma en el año 133
a. C. (ver PP:99-100). La ciudad de Pérgamo había sido desde principios del siglo III a.
C. uno de los centros principales de la vida cultural e intelectual del mundo helenístico.
Aunque en el tiempo de Juan, Éfeso comenzaba a superarla como ciudad principal de
Asia, Pérgamo continuó reteniendo en buena medida su importancia anterior. Las dos
ciudades habían competido mucho tiempo por este honor. Hay más información en
cuanto a la antigua ciudad de Pérgamo en la p. 98; ver mapa p. 640.
El significado del nombre Pérgamo es incierto, pero parece provenir de "ciudadela" o
"acrópolis". El estado característico de la iglesia durante el período de Pérgamo fue de
ensalzamiento. Después de ser considerada como una secta proscrita y perseguida, sur-
gió a la popularidad y al poder (ver com. verso 13).
Espada aguda de dos filos.
Esta descripción, como las que introducen los mensajes para las iglesias de Éfeso y Es-
mirna, proviene de la que se da del Cristo glorificado en el cap. 1:16 (ver el comentario
respectivo y com. cap. 2:1).
13.
Tus obras.
La evidencia textual establece la omisión de las palabras "tus obras". Cf. com. verso 2.
El trono de Satanás.
Pérgamo se distinguió en el año 29 a.C. por ser la sede del primer culto rendido en vida
a un emperador. Se edificó un templo y fue dedicado a la adoración conjunta de la diosa
Roma (personificación del espíritu del imperio) y al emperador Augusto. En los días en
que Juan escribió estas palabras los cristianos sufrían intensas persecuciones por negarse
a adorar al emperador Domiciano (81-96 d.C.), quien insistía en ser adorado como "se-
ñor y dios". Pérgamo era también la capital religiosa de Asia Menor, el centro de las re-
ligiones de misterio, y tenía muchos templos paganos. Su designación como el lugar
"donde está el trono de Satanás" resultaba pues muy apropiada (ver p. 100).
El período de la historia de la iglesia correspondiente a Pérgamo puede considerarse que
comienza alrededor del tiempo en que el emperador Constantino favoreció la causa de la
iglesia, en el año 313 d.C. o en el de su aparente conversión en 323, y termina en 538
(ver Nota Adicional al final de este capítulo). Durante este período fue cuando el papado
consolidó su posición como cabeza religiosa y política de la Europa occidental (ver Nota
Adicional de Dan. 7) y Satanás estableció su "trono" dentro de la iglesia cristiana. El pa-
pado era y es una combinación maestra de paganismo con cristianismo. Este período
bien puede llamarse la era de la popularidad.
Nombre.
Pág. 103
Ver com. verso 3.
Mi fe.
Es decir, fe en mí. Compárese con los casos de los héroes de la fe cuyos nombres están
registrados en Heb. 11.
Antipas.
Un nombre griego familiar, compuesto de las palabras: anti, "en lugar de", y pas, forma
abreviada de patér, "padre" (cf. com. Luc. 3:1; 24:18; ver Josefo, Antigüedades xiv. 1.
3). Este nombre reflejaba la esperanza de un padre de que el hijo así llamado finalmente
lo sustituiría en el mundo. Algunos comentarios sostienen que un cristiano llamado An-
tipas había sido martirizado por su fe poco antes en Pérgamo, quizá por negarse a adorar
al emperador. Si así sucedió, el caso y ejemplo de ese fiel mártir pueden considerarse
como típicos de los incontables millares que sufrieron por su fe en siglos posteriores.
Aunque es posible que el nombre tenga una aplicación figurada al período de la historia
eclesiástica correspondiente con Pérgamo, la Inspiración no proporciona ninguna clave
evidente en cuanto a esta aplicación.
Testigo.
Gr. mártus, "testigo". Un "mártir" es aquel cuya muerte testifica de su fe. 766
14.
Ti.
Acerca del énfasis del singular, ver com. verso 2.
Balaam.
Ver Núm. 22-24. La analogía con Balaam sugiere que en Pérgamo había personas cuyo
propósito era dividir y arruinar a la iglesia fomentando prácticas que eran prohibidas pa-
ra los cristianos (ver el comentario sobre "cosas santificadas"; cf. com. Hechos 15:29).
Balaam fomentó sus intereses personales, no los del pueblo de Dios.
Tropiezo.
Gr. skándalon, el dispositivo que hace saltar una trampa; por lo tanto, "poner tropiezo"
delante de una persona es hacerla caer. Ver com. Mat. 5:29.
Cosas sacrificadas.
El comer estas cosas y la fornicación fueron prácticas prohibidas expresamente por el
concilio de Jerusalén (ver com. Hechos 15:29; Rom. 14:1; 1 Cor. 8:1). Balaam influyó
en Israel para que fornicara "con las hijas de Moab", sacrificara a los dioses moabitas y
comiera, quizá, de la carne sacrificada a esos dioses (Núm. 25:1-2; 31:16).
Estos dos pecados condujeron a una mezcla de paganismo con la verdadera religión. Es-
ta descripción, aplicada a la historia cristiana, corresponde con la situación de la iglesia
en el período que siguió a la legalización del cristianismo hecha por Constantino en 313
y su conversión nominal diez años más tarde. Este emperador practicó la política de
combinar el paganismo y el cristianismo en todo lo posible, en un intento deliberado por
unir los diversos elementos del imperio para fortalecerlo. La posición favorable, y aun
dominante, que se le otorgó a la iglesia la hizo caer víctima de las tentaciones que siem-
pre acompañan a la prosperidad y la popularidad. En los días de Constantino y sus suce-
sores casi todos continuaron su política favorable a la iglesia, la cual rápidamente llegó a
Pág. 104
ser una institución político-eclesiástica y perdió gran parte de su anterior espiritualidad.
15.
Nicolaítas.
Ver com. verso 6.
16.
Arrepiéntete.
Esta penetrante amonestación refleja el grave peligro espiritual en que estaba la iglesia
de Pérgamo.
La espada de mi boca.
Ver com. cap. l:16; cf. cap. 2:12. La espada simboliza el castigo que resultaría si no se
arrepentía.
17.
Tiene oído.
Ver com. verso 7.
Al que venciere.
Ver com. verso 7.
Maná escondido.
Ver Éxo. 16:14-36. Algunos creen que esta alusión puede ser al maná que Aarón colocó
en una vasija y guardó en el arca (Éxo. 16:33; Heb. 9:4). Una antigua enseñanza judía
declara que cuando venga el Mesías, "el tesoro del maná descenderá nuevamente de lo
alto, y comerán de él en aquellos años" (2 Baruc 29:8). Según lo que dice el apóstol en
Juan 6:31-34, aquí "maná" parecería simbolizar la vida espiritual en Cristo ahora y la vi-
da eterna en el más allá (ver com. Juan 6:32-33).
Piedrecita blanca.
Se han sugerido varias costumbres antiguas como base para esta alusión al obsequio de
una piedra blanca, pero ninguna de ellas es completamente satisfactoria. Una de las cos-
tumbres antiguas comunes era que los miembros de un jurado usaban una piedra blanca
y otra negra para absolver o para condenar. Todo lo que puede decirse con razonable
certeza es que Juan sin duda se refiere a alguna ceremonia que implicaba el conferir un
presente o rendir un honor especial.
Nombre nuevo.
En la Biblia el nombre de una persona a menudo representa su carácter, y un nombre
nuevo indicarla un nuevo carácter. El nombre nuevo no sigue el modelo del antiguo,
sino que lo reemplaza, es diferente. Se le promete al cristiano un "nombre nuevo", es
decir, un carácter nuevo y diferente, modelado según el de Dios (cf. Isa. 62:2; 65:15;
Apoc. 3:12).
Ninguno conoce.
El renacimiento espiritual y la transformación del carácter sólo pueden ser entendidos
por la persona que los ha experimentado. Todo esfuerzo por explicar dicha experiencia
a alguien que no ha renacido, nunca puede presentar un cuadro verdadero o completo de
ella (cf. Juan 3:5-8).
18.
Pág. 105
Ángel.
Ver com. cap. 1:20.
Tiatira.
El origen y significado de este nombre son inciertos. Algunos han sugerido que Tiatira
significa "dulce sabor de trabajo", tal vez teniendo en cuenta las "obras" de la iglesia ex-
puestas en el verso 19. Aunque menos notable que las otras seis ciudades mencionadas,
sin embargo la antigua Tiatira se distinguía por el número y la variedad de las artes y los
oficios que allí florecían. Entre ellos evidentemente se destacaba el teñido de telas (cf.
Hechos 16:14). Los cristianos de Tiatira sin duda se ocupaban principalmente en los ofi-
cios de su ciudad. Hay más informaciones acerca de la antigua ciudad de Tiatira en la p.
101; ver mapa p. 640.
El mensaje a Tiatira, aplicado a la historia cristiana, corresponde particularmente con lo
que experimentó la iglesia durante la oscura Edad Media (ver Nota Adicional al final de
este capítulo). Esa edad oscura resultó ser un tiempo de máxima dificultad para los que
verdaderamente amaban y servían a Dios, y el período de la historia de la iglesia que co-
rresponde a Tiatira bien puede llamarse la edad de la adversidad. Debido a la persecu-
ción, la llama de la verdad vaciló y casi se apagó.
Algunas tendencias que comenzaron en períodos anteriores llegaron a predominar du-
rante esa edad oscura. Como las Escrituras no estaban al alcance de todos los cristianos,
en su lugar se ensalzó la tradición. Se llegó a considerar las obras como un medio para
alcanzar la salvación. Un falso sacerdocio humano oscureció el verdadero sacerdocio di-
vino de Jesucristo. Ver Nota Adicional de Daniel 7. La Reforma consistió esencialmente
en un reavivamiento y una restauración de las grandes verdades del Evangelio. La Re-
forma proclamaba que los hombres sólo se salvan por la fe en Cristo, que su única nor-
ma de fe y práctica es la Escritura, y que toda persona puede presentarse por sí misma
delante del gran Sumo Sacerdote, Jesucristo, sin un intercesor humano.
Hijo de Dios.
Ver com. Luc. 1:35; Juan 1:14. Este título, como los que introducen los mensajes a las
otras iglesias, deriva de la descripción del Cristo glorificado de Apoc. 1:13 (ver com.
cap. 2:1). Aquí se usa el artículo definido para identificar específicamente al Autor del
mensaje con la segunda persona de la Deidad (cf. com. cap. 1:13).
Ojos... pies.
Ver com. cap. l: 14-15.
19.
En cuanto a la fuerza que tiene el singular, ver com. verso 2.
Obras.
Ver com. verso 2.
Amor.
Gr. agápe, "amor" (ver com. Mat. 5:43-44). La evidencia textual establece (cf. p. 10) la
secuencia: "amor, y fe, y servicio, y tu paciencia". Es una enumeración de las "obras" de
la iglesia de Tiatira, entre las cuales el amor y la fe son la base interna de la manifesta-
ción externa de servicio y paciencia.
Pág. 106
Fe.
Gr. pístis (ver com. Rom. 3:3).
Servicio.
Gr. diakonía, "servicio" o "ministerio" (ver com. Rom. 12:7),
Paciencia.
Gr. hupomoné (ver com. cap. 1:9).
Postreras.
El mensaje para Tiatira es el único de los siete que reconoce que ha habido un mejora-
miento. A pesar de las dificultades en Tiatira, esa iglesia creció espiritualmente. Esta-
blézcase un contraste con el caso opuesto de Éfeso (versos 4-5)
20.
Unas pocas cosas.
Aunque algunos MSS dicen "tengo mucho contra ti" y otros dicen "tengo poco contra
ti", la evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto "tengo contra ti que toleras" (cf. ver-
so 4).
Toleras.
Gr. afi'mi, "permitir", "dejar operar". La iglesia estaba mal no sólo porque muchos
abiertamente apostataban, sino también porque no se hacía un esfuerzo diligente para
reprimir el avance del mal.
Jezabel.
Ver en 1 Reyes 16:31; 18:13; 19:1-2; 21:5-16, 23-25; 2 Reyes 9:30-37 el relato acerca
de la conducta de Jezabel. Parece que así como Jezabel fomentó el culto a Baal en Israel
(1 Reyes 21:25), también en los días de Juan alguna falsa profetisa procuraba desviar a
la iglesia de Tiatira. El mensaje indica que en Tiatira se extendía más que en Pérgamo
(Apoc. 2:14) la apostasía. Cuando se aplica el período de la historia cristiana que corres-
ponde a Tiatira, la figura de Jezabel representa al poder que produjo la gran apostasía de
la Edad Media (ver Nota Adicional de Daniel 7; com. Apoc. 2:18; cf. Apocalipsis 17).
A fornicar... comer cosas sacrificadas.
Ver com. Apoc. 2:14; cf. 2 Reyes 9:22. Esta conducta sin duda tuvo primero una aplica-
ción local en la iglesia de Tiatira. Aplicado al período histórico de la iglesia representa-
do por Tiatira, representaría una mezcla de paganismo con cristianismo (ver com. Eze.
16:15; Apoc. 17:1). Este proceso se aceleró al máximo en los días de Constantino y sus
sucesores. Hablando en términos generales, el cristianismo medieval fue más pagano
que cristiano en su forma y espíritu.
21.
Tiempo.
El ofrecimiento de perdón le fue extendido a la impenitente profetisa durante un tiempo
considerable.
No quiere arrepentirse.
No se trataba de un caso de simple ignorancia, ni aun de ignorancia voluntaria, sino de
rebelión insistente y desafiante.
22.
Pág. 107
La arrojo en cama.
La forma del castigo que le sería aplicado a la falsa profetisa correspondería con su cri-
men. Esta expresión parece ser de origen semítico, y se usa para describir al que cae en-
fermo (Éxo. 21:18; Judit 8:3, LXX; Mat. 9:2, literalmente "un paralítico arrojado sobre
una cama"). Ver com. Apoc. 17:16-17; 18.
Los que con ella adulteran.
No se identifica a esas personas. Cf. com. cap. 17:1-2.
Si no se arrepienten.
La puerta de la misericordia aún no se había cerrado del todo. Dios nunca se separa de
los pecadores; son éstos los que se separan de él.
Las obras de ella.
Desde el punto de vista de Dios que habla a su iglesia, los pecados de Jezabel y sus
amantes son esencialmente los pecados de ella porque es ella quien, como profetisa, as-
pira a dirigir la iglesia.
23.
Hijos.
La fornicación de esta Jezabel era habitual y de larga duración porque tenía hijos. En
sentido figurado quizá esto daría a entender que había ganado discípulos fieles. Los cas-
tigos caerían no sólo sobre la madre sino también sobre los hijos porque estaban conta-
minados por su impío carácter. Compárese con la destrucción de los hijos de Acab (2
Reyes 10:7).
Muerte.
Juan puede haber tenido en mente Eze. 33:27 (LXX), donde dice muy significativamen-
te: "y a los que están en las cuevas mataré con muerte". En vez de "muerte" el hebreo
dice "pestilencia" o "plaga". Posiblemente éste es el significado de "muerte" en este pa-
saje de Apocalipsis.
Mente.
Literalmente "los riñones" (BJ, BC). Antiguamente se creía que en los riñones estaba la
sede de la voluntad y los afectos (cf. com. Salmo 7:9).
Corazón.
Es decir la mente, con el significado de intelecto. Cristo se posesiona tanto de los pen-
samientos como de las emociones. El juicio de Cristo es justo porque ve y toma en con-
sideración los secretos del corazón. Ver Salmo 7:9; Jer. 11:20; coro. 1 Sam. 16:7.
24.
Los demás.
Es decir, los creyentes leales de Tiatira. Históricamente se refiere a pequeños grupos
que a través de la Edad Media procuraron permanecer fieles al cristianismo apostólico.
Tales movimientos estuvieron dentro y fuera de la estructura de la Iglesia Católica. Par-
ticularmente importantes fueron los grupos de los valdenses en la Europa continental y
los seguidores de Wyclef en Inglaterra. Ninguno de esos grupos alcanzó la medida de la
verdad evangélica que fue proclamada más tarde por la Reforma Protestante, pero el
mensaje "a los demás que están en Tiatira" era apropiado para ellos. Dios no les impuso
Pág. 108
otra carga sino la de ser fieles a la luz que tenían.
Esa doctrina.
Es decir, las enseñanzas de Jezabel (ver com. verso 20).
Profundidades.
"Cosas profundas". Cristo toma las palabras que los apóstatas orgullosamente aplican a
sus propias enseñanzas "lo que ellos llaman" y las aniquila llamándolas profundidades
de Satanás". Los gnósticos pretendían ser los únicos que conocían "las cosas profundas"
(ver t. VI, PP:56-59).
No os impondré otra carga.
Bastaba que fueran fieles a la luz que tenían.
25.
Hasta que yo venga.
La "esperanza bienaventurada" (Tito 2: 13) de la pronta venida de Cristo siempre ha sido
el sostén de los cristianos en la aflicción. Cristo no dice necesariamente que vendría du-
rante la vida de los miembros de la iglesia literal de Tiatira, ni tampoco durante el perío-
do de la historia de la iglesia correspondiente a Tiatira. Ver com. cap. 1: 1.
26.
Al que venciere.
Ver com. verso 7.
Mis obras.
Es decir, obras que reflejan el carácter de Cristo. Estas obras se hallan en agudo contras-
te con las "obras" de los que se alían con Jezabel (ver com. verso 22).
Autoridad sobre las naciones.
Cf. cap. 20:4.
27.
Regirá.
Gr. poimáino, literalmente "pastorear", y por lo tanto "gobernar" (ver com. Mat. 2:6). El
pasaje se cita de Salmo 2:9. En cuanto al tiempo, las circunstancias y la naturaleza de la
forma en que Cristo quebrantará a las naciones con "vara de hierro" ver com. Apoc.
19:15. Que los judíos consideraban el pasaje de Sal. 2:9 como una predicción mesiánica,
es evidente por los Salmos de Salomón 17:23-24, obra seudoepigráfica, que contiene
una plegaria para que Dios suscite al hijo de David "para echar a los pecadores de la he-
redad, destruir la arrogancia del pecador como vaso de alfarero" y "hacer pedazos toda
su sustancia con una vara de hierro". Como los redimidos vivirán y reinarán con Cristo,
se los representa aquí compartiendo la obra de Cristo (ver com. Apoc. 12:5; 20:4).
Vara.
La palabra que aquí se usa representa al shébet hebreo de Salmo 2:9, que puede corres-
ponder con una vara o cayado de un pastor (Salmo 23:4), un cetro (Salmo 45:6), o una
vara de castigo (Salmo 125:3). El contexto de Apoc. 2:27 sugiere que la "vara" aquí es
símbolo de gobierno e instrumento de castigo.
Quebradas.
Este dominio o reinado causará la destrucción de los impíos. En cuanto a la naturaleza
Pág. 109
de ese reino, ver com. cap. 20:4.
Vaso de alfarero.
Cf. Jer. 19. 1, 10-11.
Como yo también la he recibido.
Ver Mat. 11.27; 28:18; Juan 3:35; 5:22, 27; Hechos 17:31; t. V, p. 896.
28.
La estrella de la mañana.
Es decir, Cristo mismo (Apoc. 22:16; cf. 2 Pedro 1:19).
29. Tiene oído. Ver com. verso 7.

NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 2


La aplicación de los diversos mensajes para las siete iglesias a siete períodos consecuti-
vos de la historia de la iglesia (ver com. cap. 2:1) sugiere, naturalmente, la conveniencia
de utilizar una serie de fechas de transición para facilitar la coordinación de los distintos
mensajes con sus respectivos períodos históricos; sin embargo, al procurar fijar tales fe-
chas, es bueno recordar que: (1) la profecía de las siete iglesias no implica un tiempo
exacto en el sentido común de la palabra, porque no la acompañan datos cronológicos
específicos. Tiene que ver principalmente con las sucesivas vicisitudes de la iglesia, y
difiere en mucho de profecías como las que se refieren a los 1260 días de Dan. 7:25, los
2300 días del cap. 8:14 y las 70 semanas del cap. 9:25. (2) Es difícil delimitar con fechas
exactas los grandes períodos de la historia. Usadas con este fin las fechas son, en el me-
jor de los casos, hitos útiles de un carácter más bien general sin determinar límites exac-
tos. La verdadera transición de un período a otro es un proceso gradual; sin embargo,
conviene escoger fechas aproximadas para ayudar a correlacionar los mensajes con los
acontecimientos correspondientes de la historia. Algunos pueden sugerir fechas diferen-
tes de las que se dan a continuación y usarían expresiones diferentes para describir los
diversos períodos; pero estas diferencias de fechas y nombres no afectan esencialmente
el mensaje general de las cartas a las siete iglesias.
1. Éfeso. Por consenso general, el período que aquí se representa abarca la era apostóli-
ca, y por lo tanto puede extenderse aproximadamente desde el año 31 d.C., año de la as-
censión de nuestro Señor (ver t. V, PP:249-253), hasta el año 100 d.C.
2. Esmirna. Para la fijación del año 100 d.C. como comienzo de este período, ver el pá-
rrafo anterior sobre "Éfeso". Los mensajes a la segunda y a la tercera iglesia identifican
la transición de Esmirna a Pérgamo como el paso de la persecución a la popularidad. El
reinado de Constantino el Grande (306-337), el primer emperador de Roma llamado
cristiano, marca esta transición. Antes de su famoso edicto de Milán de 313, el cristia-
nismo era una religión ilegal y sufrió repetidos períodos de terrible persecución por parte
del Estado (ver t. VI, PP:48-49, 62-63; t. VII, PP:20-21). En ese edicto se decretaron
iguales derechos para todas las religiones en todo el imperio y se restituyó a los cristia-
nos las propiedades que les habían sido confiscadas. En el mismo año Constantino exi-
mió a los clérigos cristianos del servicio civil y militar, y liberó de impuestos sus pro-
piedades. La fecha de su supuesta conversión al cristianismo generalmente se fija en el
Pág. 110
año 323. Podría tomarse 313 ó 323 como un año apropiado para señalar la transición del
período de Esmirna al de Pérgamo.
3. Pérgamo. Para la transición al período de Pérgamo, ver el párrafo anterior sobre "Es-
mirna". La inspiración ha caracterizado el período de Pérgamo como un tiempo de com-
ponendas, apostasía y popularidad, tiempo durante el cual la Iglesia de Roma consolidó
su poder y autoridad. Por lo tanto, el fin del período de Pérgamo hallaría desplazada a la
Roma imperial y al papado plenamente establecido y listo para emprender su carrera
como gobernante de la cristiandad occidental (ver Nota Adicional de Daniel 7).
Cualquiera de los diversos acontecimientos podría servir como un hito aceptable para la
terminación de este período. El destronamiento del último emperador romano en 476
podría ser una fecha tal. Otra fecha podría ser la conversión, en 496, de Clodoveo, rey de
los francos, el primer gobernante germano que abrazó el cristianismo romano y se unió
con la iglesia en la conquista de otros pueblos germanos. En el año 538 entró en vigor el
decreto de Justiniano que le daba al papa plenos poderes políticos en el Occidente.
Los historiadores estiman generalmente que el pontificado de Gregorio el Grande (590-
604) fue el momento de transición entre la antigüedad y la Edad Media, y su reinado
como papa podría considerarse como otro punto de partida. Gregorio es considerado
como el primero de los prelados de la Edad Media. Osadamente asumió el papel de em-
perador de Occidente, y su administración puso el fundamento para las pretensiones pos-
teriores del absolutismo papal.
El año 756 señala la consolidación del poder político papal y el surgimiento de Francia
para asumir el papel que le valió el nombre de "hija mayor del papado" (ver t. IV, p.
863). En ese año Pipino de Francia sometió a los lombardos del norte de Italia, que ha-
bían estado amenazando al papa, y cedió a éste el territorio de los lombardos. Esa con-
cesión, generalmente llamada la Donación de Pipino, marca el principio de los Estados
Pontificios, que el papa gobernó como monarca durante más de 1.000 años.
Sin embargo, la importancia de 538 como el punto de partida de los 1.260 años (ver
com. Dan. 7:25), sugiere ese año como la fecha final más apropiada que cualquiera de
las otras para el período de Pérgamo. Ver PP:20-22.
4. Tiatira. Para ubicar el año 538 como fecha del comienzo del período de Tiatira, ver lo
dicho en cuanto a "Pérgamo". El período de Tiatira se caracteriza como la era de la su-
premacía papal. La importancia del período de los 1260 años en la profecía bíblica (ver
com. Dan. 7:25; Apoc. 12:6) sugiere que 1798 bien podría escogerse como fecha final
para Tiatira; pero en vista de la importancia de la Reforma en el quebrantamiento de la
supremacía papal, 1517 sería también una fecha final apropiada (ver t. IV, p. 864; t. VII,
p. 53). Algunos podrían sostener que la pérdida de los Estados Pontificios en 1870 y el
consiguiente enclaustramiento que se autoimpuso el papa como "prisionero del Vati-
cano", también harían que dicha fecha fuese digna de consideración. Sin embargo, el
año 1870 parece ser un poco tardío para encajar ya sea con los 1260 años de la profecía
o con los siguientes períodos de la historia de la iglesia que se esbozan en Apoc. 2 y 3.
5. Sardis. Esta es la iglesia característica de los tiempos de la Reforma, y como tal puede
considerarse que se inicia en 1517 o tal vez en 1798 (ver lo que antecede acerca de "Tia-
Pág. 111
tira"). Los que proponen la fecha 1798 como la terminación del período de la iglesia de
Tiatira y el comienzo del período de Sardis, sugieren que 1833 es un año apropiado para
señalar el final de esta última. Por razones que se expondrán al tratar de "Filadelfia",
otros sugieren a 1755 como la fecha apropiada para terminar.
6. Filadelfia. La inspiración ha presentado a ésta como la iglesia del gran despertar del
segundo advenimiento. Se han sugerido varias fechas apropiadas para el comienzo de
este período. Algunos proponen el año 1833, año que fue testigo de la última gran señal
de cerca en cuanto al tiempo con la proclamación inicial del mensaje adventista hecha
por Guillermo Miller. Otros sugieren a 1798, el comienzo del "tiempo del fin" de Dan.
11:35 (ver el comentario respectivo), lo que también podría aceptarse. Hay otros que
prefieren a 1755, que generalmente se acepta como que indica la primera de las señales
específicas del fin predichas en Apoc. 6:12 (ver el comentario respectivo), teniendo en
cuenta que esta elección concuerda bien con el carácter de la iglesia de Filadelfia como
la iglesia del despertar del advenimiento. Los expositores adventistas concuerdan uná-
nimemente en que el año 1844 debe considerarse como el fin del período de Filadelfia y
comienzo del período de Laodicea (ver com. Dan. 8:14).
7. Laodicea. Para fijar el año 1844 como la fecha del comienzo de este período, ver lo
que antecede en cuanto a "Filadelfia". Por ser ésta la última de las siete iglesias, el pe-
ríodo de Laodicea continúa hasta el fin del tiempo.

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE


1 HAp:468; 2JT:140; 3JT:51, 213; 6T:413
1-2 2JT:140
1-5 6T:422; 8T:98
2-3 HAp:462; 2JT :210; MB:162
4 MB:83; MM:37; 2T:293; 8T:26
4-5 DTG:246; HAp:469; 3JT :33, 276; NB:351; PP:161; 6T:421; TM:167-168, 275,
352, 461
5 1JT :252, 536; 2JT :255; 3JT :59, 252; 4T:286; 5T:191; 8T:80; TM:450
7 ED:292; HAp:470; MC :355; NB:99; PE:21, 77 PP:47; 6T:76; 8T:289-771
9 EC:461; Ev:438; TM:16
10 CS:45; Ev:259; HAp:470; PE:288; PR:62; 4T:300; 5T:71
17 CS:704; MC:412; MeM:161; MJ:93; PP:303 26, 28 MC:412

https://sites.google.com/site/eme1888 ; eme1888@gmail.com