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TELL

P. O.

Box

Con

2348

permiso

de

GRAND

House

RAPIDS,

Mich.

Prefacio

El libro "Así

fue Calvino'' ha sido escrito con el

propósito de dar a conocer

Trata de presentar a Juan Calvino de una forma real, resumiendo lo más posible interesantes detalles de su fascinante e inspiradora personalidad. No pr-e- tende discutir su teología, pues para esto existen otros trabajos de autores mucho más autorizatlos.

Es sorprendente ver lo mucho que podernos sabe1 sobre Calvino y su vida estudiando sus cartas y escri- tos; los relatos y reportajes de sus días y rriuchos li- bros que se han escrito sobre él. Todos rne han sido de gran utilidad, y de una forina especia1 me ha ayu- dado la temporada que pasé en Estrasburgo y Gine- bra, durante el verano de 1958. La empresa de escri- bir este libro i'ue acometida con gran entusiasmo en nuestro hogar. Mi marido ha colaborado con la apor- tación de materiales, ideas e inspiración para el texto. También se ha encargado del índice. Por todo esto y mucho más, deseo desde aquí expresarle nli gratitud.

la historia de su vida.

Estoy

también

muy

agradecida

al Dr. Juan

Kromminga presidente y profesor de Historia de la Iglesia en el Seminario de Calvino de Grand Rapids, por su amabilidad en revisar el texto. Al morir Calvino, su amigo Guillermo Farel ex- clamó: "Cuán fielmente ha corrido la noble carrera. Corramos como el, de acuerdo con la gracia que nos ha sido dada". Mi esperanza es que este hurnilde rela - to sobre la kistoria de Calvino sea de inspiración en la carrera que cada uno de nosotros debe correr.

Frand Rapids. Michigan 3 de Abril de 1959

T. V. H.

A mis Padres

CLARENCE

Y TESSIE

BOUS\/1,4

que me iniciaron en el estudio de

la personalidad de Calvino.

Prólogo

A

LA PRIMERA EDICION ESPANOLA

Una biografia en relieve puede ser ll(~?r2u~doel libro de la señora Tl~eaVun Halsen~a, "AS1 FUE JUAN

CAL VINO".

En efecto, otras 7~iografiusdel celebre rejor-rrtndor

suelen ser- z~naclesc?-ipción general o coinenlada (le vida y de su obra; pero la autora Iiu subi(1,o c:;coycr-

ser- z~na clesc?-ipción general o coinenlada (le vida y de su obra; pero la autora Iiu

su

de

los clocun~entosde la época, sobre lodo (le Las cartu,s del gran reíorn~aclory de su personuL observución en la ciudades europeas que fuer-on escenario de La IZe- fornza, cíeta.lles n~inuciosos,que no suelen e~ztrorcl~-arse en otros libros; los cuales, conzbinuclos COTZ acln~%~-ut~le i~abilidady acierto por la escritora, transl~o~-la?tLite- rulmente al lecto.1-a los tiempos de Calui?~.oy Le /i?cen vivir las escenas que describe. El libro resullu de cse ?nodo una .1za7-raciónlanto mcis apasiona,?zle que L?LCIZ- quier nouelu, con La indudable ventrr.ja, I/ est irnzl Lo puru

el lector- a?-r~antedel suber, de que cada rasgo 9 detulle es pura historia, basudu en docunze~tios.

Ni unu línea de la nolable obra que tier~esen Lus ??Lanos, apreciado leclor, es ?~teraíicción; por- consi- yuienie, cada ?ni7tuto en~pleadoen s z¿ lectura sigai fi- caru unta sóliclcL adqu,isici6n de co?zoci??¿ierttosÚLilcs, sobre uno de los pei-sonajes más gl-andes I/ 71zd.s dis- cz~tidosde la Historia. Otra gran cualiclwcl de este libro es su vi.sió?z cle conjunto de la Refornza. No se t?-ata de ,z~rtasi.rr~]~le biogru.fia de Culvino, pues no se li.r?i?itaa refer-irnos

Zu vida de este personaje de

la Rejo?-nza, sino que

ubarca todo el nzovi.17~ientoreligioso del siglo XVI, situando cronológica~~~,ente cada suceso I~istór%co ei-z relación colz. la biogafia clel gran rcfor?nuclor- y iizebl-i-

ASÍFUE

CALVINO

no. De esle i12odo el lector vive la epoca de la Rejor- ina, no sólo en Ginebra, sino en todo Eur.opa, .y pue- de obseruur los irrás i7r~portantesacon¿eci?nieritos del sr~loen i~izftitarelación. Gracias al condensado ZJ ame- rzo estilo de la escritora, con la simple lecPura de una biogr.u/zu. no muy extensa puede aprencler, sin cun- soncio ni aow-rimiento, casi lo nzisino que ~nedlante el estudio de zma voluminosa I~istoriade la Retor?no. En eslos dias en que el Movimiento Ec?~ménicoes- 1d dando una visión T~L~Samplia y comprensiva a mi- llones de perbonas acerca de los erro?-esdel pasado, piol~iosr/ ajenos, el libro de la Sra. Vun Halseina es

-

- -- -

czlruorcli?za.r.iurp~ente oportuno y

útil, por- SZL ind ~SCZL-

1zble g muynif ica objetividud. Aquí qztedan clescritus c'on inuno ir~aestra,g sin ~isimularlosen lo rnás mi- nilno, los errores g clebil idades de los pro-l~ombresde 2u Relor~~~aal iyuc~lqite sirs virtudes. Sus fracasos y

desulienlos,

sus actos de lvulor. Los pecados propios

o de sus mcis intirrtos ullegcrdos o farniliu7.e~salen u. la luz con el mismo relieve que La malicia o pecaCos de strs enemigos. 8s hisloriu, pz~rahistoria, tal como cjuie- r-e conoce/-la el lector inteligente de la segunda mitad

del siglo XX, católico o protestante.

Esla oójelividud l~acela presente obra extraordina-

ua.n~enleútil, no

tan

solantente para

el público de

alueru sino también pura los pastores, diáconos g ?~~~UL~TGSresponsabies de las iglesias evangélicas. "Corno una gota de agua se parece a otra, así el coi-a- z6n de u72 hofmbre se parece a otro" -dijo Salomón; g por 101 ruxón resulta bien cierto qzte "la historia se repite", aún en cil-cunstancius y tiempos diferentes.

E1 Culvino unrudo y uborrecido, alternativame~zte, por el j~iteblo de aquella ciudad a la cual corzsayrfi sz~

ziáa, es un ejemplo aleccionador para

titrno (!e n:tes[ros dias, asi como paulu g cons~~elopa-

--

-

el pueblo cris-

ASÍ FUE CALVINO

ru ~nuchosservidores de Dios qite todavia se ven, ?j se cerán, víctimas de las veleidades del corazón humano. jEs tan fácil para las masas dejarse llevar por cuul- quier viento contrario al principio de az~loridad,por ccuánime que sea, o utentatorio a lu buena repi~tación de un líder fiel! jEs tan común la ingratitud 3 la injus- ticia en un mundo de pecadores! Lo hermoso en la ?~istor-iade Calvino iis que terrni- na bien. Los ediles y el pueblo de Ginebra sz~pieron ~econocery rectificar a tiempo su error, ello sal116a lu propia ciudad del caos; e hizo mucho (más eficaz la gran labor del notable servidor de Dios para ir~fluen- ciar u1 munrlo entero. Dios bendijo '4 Ginebra dur-ante siglos porque la ciudad del Lago supo hacer justicia, al fin,al afligiclo servidor del Señor. Aparentemente, quien trató a Calvino con muyor dz~rezujue Dios mismo. Pero Calvino hab ja Aecl~obri- llar el olvidado principio de la soberanía de Dius. N-o una cirbitruriedad irracional, como han pretendido al- gunos exayerados seguidores suyos de siglos posterio-

.,-es, a

ta,~,según parece, en los capítulos 11 y VI de SIL larno- obra: "lnstil.i~cionesde la Religión Cristiana"; juéa- se Apéndice) pero si, el n.otable principio de que Dios nzfnca se equiroca, y que el nzal es bien cuando su mano soberana lo permite. Que ha de crilrn,plirseal lin Romanos 8; 28 y 2.- Corintios 4; 16-18. Con esta le con- fortó Calvino en su propio tiemj~oy en años posterio- res a millares de mártires. ¿Tenia que salir él indemne? En su caso, como en el de injinidacl de fieles hijos de Dios, las cadenas y las llamas j,zteron si~.stitz~idospor tnjernzedades, disgustos, contrariedades y penalidades d,iversas; pero eran y son parte de la mismu prueba, la cual es dada según la medida de la fe de cadu uno, ya que en su ficlelidad, Dios no deja a ningztno cle szts i~i-

S,

los cuales el propio Calvino se adelanta a reju-

ASÍ FUE CALVINO

jos ser probado ntás allá de lo que pueda soportar. La fe de Calvino era mug juerte; por consiguiente quiso el Seiior I~acerle un ejemplo a millares que tendrían que honrar a Dios sufriendopruebas, y ser espec2áculo wleccionador a Los hombres y a los ángeles, de ~ZLente- ra confianza. amor y sumisión al Padre ceLestia2. Por ese motivo ize7nos tenido nzuclza sat islacci0n. g co~zsidera?nosun verdade~oprivilegio, el poder po- ner este libro en manos de los lectores de habla espa- cola erz nueslra propia patria y en las republicas de Arnki-ica y Filipinas. La tarea no IL~sido IáciL; pues podríamos necir que la autora no narra, sino que pinta Las escenas que decribe, y a la fluidez de su estilo une un léxico abun- danle y escogido. Si algún leclor desea ampliar sus conocimientos de la lengua de Shaltespeare le invitu- rnos u leer el libro en su versión original y pro7zío que- rixí, en jusia revanchu {como dijimos jovialmente a la aulora, que estudió español en su jz~ventud),poner en sz~s manos, algún buen ejemplar de las obras cer- zlantinas. Confiadantente esperamos que este Libro, único en

su género, Iza de ser para

luntente un ameno elemento de cultura histórica, sino

tambiCn un medio cle elevación espiritual, por el

magizifico ejemplo IJ estímulo

ta,

nzuchos lectores, no tan so-

que

nos ofrece la rec-

temz e inquebrantable conducta de tales persona-

jes, y particularn~ente la figura gigantesca de Cal- wno, dentro de las luces g posibiliilades de su siglo.

jQu6 aumirable si algún joven lector se ptopusiera firmemente imitarla dentro de las mayores luces, y ventajus del nuestro! /Quiera Dios que así sea!

Samuel VILA

Tarr asa. España, Febrero de 1965

INDICE

I

Parte

DIOS ME CONDUJO AS1

CAP.

Prefacio Prólogo a la primera edición española

1

El priiner hogar de Calvino

II

Un abogado astuto

111

Roma, Wittemberg, París

IV

Vida estudiantil

v

Cambios políticos

VI

Estudiante de Jurisprudencia

VI1

Escritor arruinado

VI11

La fuga

IX

Entre nobles y eruditos

X

Errante y perseguido

XI

Un Libro y un rey

XII

Viajero por Italia y Francia

11 Parte

HOMBRE DE DOS CIUDADES

1

Un misionero valiente y atrevido

11

La ciudad del Lago

111

Lucha por la Libertad

IV

El reto

V

Victoria en Lausanile

VI

Un agudo problema

VI1

Reforma a toda costa

75

79

87

91

97

99

103

AS^ FUE CALVINO

VITI

MLLs dificultades

IX

El exilio

X

Pastor en Estrasburgo

XI

Roda difícil pero ideal

XII

En las Dietas de Worms

XIII

Un llamamiento de lo Alto

111 Parte

DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ

CAP.

El nuevo hogar de Ginebra 11 Las Ordenanzas

1

111

La peste

IV

Partida de Idelette

V

Los Amigos de Calvino

VI

I-Iumilde en la grandeza

VI1

Nuevas luchas

VI11 Nuevos apiiros

IX

Miguel de Servet

X

¿Quién queinó a Servet?

XI

Derrota de los Libertinos

XII

Ginebra, ciudad de Dios

XIII Ginebra. sede cultural y evangelística

XIV Si la casa terrestre se deshiciere Apéndice

Parte 1

La casa de hoy6n, donde nacid

Calvjno

El primer hogar de Calvino

Una mujer y un niíío

salían de

la sombría cate-

dral a la luz del día que respia.ndecía en la plaza del

mercado. De costumbre, la plaza estaba atestada de gente y de animales. Molineros que habían vendido ya sus sacos de harina preparaban los asnos para regrtsar al campo. Hombres montados a caballo paseaban por encima de los guijarros. Vestidos de negro y marrón, curas y monjas proseguían su camino.

La mujer echó una corta mirada y se interno en 13 multitud. En sus ojos místicos se reflejaba todavía la einoción, del confesionario. Parecía que sus labios no habían cesado todavía en sus oraciones a los santos. La gente la llamaba una mujer piadosa. Era tan pia- dosa como hermosa, y esto significa que era en gran iilanera piadosa. El muchacho, medio escondido en los amplios pliegues del vestido de su madre, escudri- fió la escena con sus pequeños pero penetrantes ojos y se fij6 en cada uno de los detalles. Siguiendo su camino por la ciudad, ambos Ilega- ron por fin a su hogar. Ehtraron silenciosamente en la casa, que además de hogar era también oficina. Detrás de las grandes vidrieras de cristal verdoso, el cabeza de familia trabajaba sentado en su mesa, arre- glando asuntos de la Iglesia. Gerardo Calvino, era abogado de sacerdotes y canónigos, a más de secreta- rio del Obispo. Los hombres que trabajaban para la Iglesia le visitaban contínuamente. Reñían y se dis-

él planeaban y

maquinaban ara ensalzarse a sí mismos. Si se en-

putaban en su presencia. Delante de

contraban con problemas o apiir-os acudían a él en busca de ayuda. Gerardo Calvlno trabajaba incansa- blemente desde su importante puesto en favor de la iglesia y los clérigos. Era un hombre perspicaz, apre ciado y respetado por todos. Y era también astuto en velar por sus propios intereses.

El abogado de la Iglesia seguía adelante dentro de su pequeño mundo. Había luchado desde el día en qiie abandonó el pueblo y el trabaje de sus padres. ¿Para qué ser un tonelero, fabricando ciihas y barriles, cuando podía tener una pluma en la niano en vez di3 iina sierra y un cepillo? A media hora de camino del hogar de SUS padres, en la arn~ral!~daciudad france- sa de Noyon, se e~tablecióel hijo del tonelero. L,a gen- te Ilarnó afortunado a Gerardo Calvino cuando se cacó con Juanita Lefranc, hermosa hija de un posadero retirado. Su primer hijo fue Carlos. Los dos siguientes murieron y luego vino Jiian, el muchachito de los ojos penetrantes que vino a ser el favorito de si15 nadres. Nació a la 1'26 de la tarde, el 10 de Junjo de 1509. Des- pués de Juan nació otro hijo que se llamó Antonio. Fue probablemente la pcste que reató a la hermosa .Juana Lefranc de Calvino cuando su hijo Juan con- taba sólo 3 años. Una madrastra entró en el hogar de 10 tres miirhashos. y añadió a la familia dos niñas. Año7 de~ii6s.tiiinclilc raramente mencionó los años de su prirr~era iriventiicl, ,T~lan escribió sobre lana p~queñapere~rinacibncriie hahía Pecho con su pronia madrc. Ambo<:carninarori jiiritos por más de dos ho- ra? Dor el VP~~Phaita la crmit~de Santa Ana, la abue- 12 terrenal de1 Seña' Gl~iarinpor sil piadosa madre,

vrecioqa r~li~luiadel cráneo

de carita Ana criie

rodeado de cii ios y flores y de los ro~trosadorante5

pctaha en iln receptáculo de oro.

de ctros peregrinos.

c1 pc:uiieño

,Tilan

bpró

EL PRIMER HOGAR DE CALVINO

Se decía que estos huesos eran una reliquia rniiy preciosa. Por ello la ermita estaba siempre atestada. En Noyon se encontraban muchas otras reliquias, to- das estimadas con fe corno reales. En aquellos dias la gente era capaz de creerlo todo. Se suponía que ha8ía cabellos de Juan el Bautista, un diente del Seiior, un poco del Maná del Antiguo Testamento, y algunas mi- gas del pan milagroso que Jesús multiplicó para afi- mentar a cinco mil personas, según se nos relata en el Nuevo Testamento. En la catedral había un fragmento de la corona de espinas. Había también reliquias de menor impor- tancia como los restos de un tal San Eloy. Las monjas de la Abadía y los curas de la Catedral estal~arlcon- tínuamente en disputa acerca de donde se hallaban estos huesos, si en Ia Abadía o en la Catedral. Los fu- ribundos argumentos no encontraban nunca final. Ni siquiera el Parlamento francés tuvo éxito en resolver la cuestión. Por catorce años el pequeño Juan vivió en Noyon, en la provincia francesa de Picardia. Dentro de las viejas murallas liabitabari diez mil personas. Ya en aquel tiempo la ciudad era consideraba como muy an- tigua. Quinientos años después de Cristo, Noyon se convirtió en Sede episcopal. Aquí el gran Carlo Mag-

ario

768. Por el 1200 se había levantado piedra a piedra la inmensa mole de la oscura catedral que sobresalía so- bre todo lo demás en la ciudad.

Noyon estaba llena de curas, monjas, canónigos, carjellanes y cualquier otra clase de empleados de la Iglesia. Todos rniraban por sus propios derechos y vsn- tajas. Sobre todos regía el poderoso Obispo, un noble ae la familia de Hangest. La Catedral era el centro de

no había sido coronado rey de los francos en el

la vida ciudadana; eri sus alrededores sc levantaban

en gran abundancia.

Todas tenía11 sus campanas, y todas las campanas to- caban muy a rrienudo. Se decía que en Noyon no se podía hablar tres palabras sin ser interrumpido por una carnparia. El taíiir de las campanas retumbaba por todo el valle, es~~ecialmenteen los días de fiesta. El repique llegaba a los oídos de los barqueros que con sus barcazas planas se deslizaban río Oise aPajo en dirección al mar. Las campanas hacían eco en las purpureas cumbres de los montes durante la puesta del sol.

En este pequeño y amurallado mundo de ermitas y reliquias, procesiones y fiestas, cirios, campanas e imagenes, creció el segundo hijo del abogado de la Iglesia. Tomó parte en todas las devociones, recor- dando los ojos mísíicos de su madre; pero desde su

banqueta,

voces que partian del pupitre de su padre. Eran qui- honibres siempre avidos de usurpar cosas; siempre mirando como enriquccerse y coino ser admirados.

Juan se arropaba sus ideas de rnu-

acurrucado

cliacho

El Seíior -cuya imagen, tan detallada, casi vi- viente, había visto coigada de una cruz en la catedral sangrando, vestido solaincnte con unos trapos y una corona de espinas- no fue rico cuanao vivía sobre la

tierra

que trabajan para EL en SU Iglesia? ¿,Se sentiría complacido de verles usurpando y eligafiando, vistien-

do ropas esplendor-osas y ensalzándose a si mismo?

¿.Qué pensaría desde allá

monasterios, iglesias y capillas

en un rincón

de su casa, oyó también las

En la carna, durante la noche,

"

y

luchaba

quizá

con

¿y estaría

coritento de ver a estos hombres

arriba

?

II

Un Abogado Astuto

Gerardo Calvino se

preocupaba en gran niaricra

del futuro de sus hijos. Necesitaba dinero para su edu- cación. Por este motivo planeó colocarlos en puestos

de la Iglesia.

múrz en aquellos días, procuró que sus hijos rccibie- ran una paga eclesiástica. En aquellos tlernpos, un muchacho de cualquier edad podía ser inscrito para cualquier cargo eclesiástico, recoger las gariancias, pagar una parte a un sacerdote anciano que hiciera el trabajo y eirlbolsarsc el resto de los beneficios. Sin embargo, estos j)lanes debían estar muy bien estu- diados y realizados por una persona que supiera nia- nejarlos. Eran en coritra de la Ley, pero la costiiii.ihre se había impuesto a la Ley bajo un régimen de vista gorda. Por esta razbii liubo un 12apa, D<~iieilicl«IX, que fue papa a la edad de 12 aíios. Un nrzol)ispo de Reims que tenía sólo 5 arios cuando recibió el cargo, y un obispo dc Mctz que acababa de cuniplir los cua- tro. El niismo Carlos de Hangcst, obispo de Noyon a la eclad de 15 afios, recibió del Papa toda clase de bp- neficios y retribucioncs. La gente no se sorprendía dc!

'Aprovechándose de una costumijre co-

nada en lo referente a cargos de la Iglesia.

Cerar.ctu Calvirio coriocia eri Noyon a los hariibres clave. Y estuvo alerta ttuscarido oporturiidades para sus hijos. Se las corripuso para que Carlos, su hijo iriayor, fuera hecho capellari de una peqiieria iglesia ciiarido solo tenia edad para cantar eri el coro de la catedr6al. Tres arios mas tarde, eri Mayo de 1521, el Ijeyileno J~iarii.ecibio su primer beneficio. Se le eli- gio 1)ara uria de las capillas de la Gessine, por lo cual r-ecibia cada año tres medidas de grano de una ciudad y la harina de veinte grandes campos por parte de otra. El padre pago a un cura para que hiciera el Ira- bajo de las capillas y guardo el resto de los beneficios para sus hijos. Era un negocio limpio.

A la edad de 12 años Juan firmo solemneriiente los votos de la capellarua. Luego recibio la tonsura, una forma especial de cortarse el cabello que dejaba la cororiilla pelada. El nuevo y pequeno capellan, con sus campos de grano y su cabeza afeitada, se había convertido en un futuro zacerdote. Tenia dinero su- ficiente para estudiar. i

\

Podía cambiar sil capilla por otra que estuviera

nicjor retribuída si había oporlunidad. Por esta razón

a los 18 años, y mientras estudiaba en París, cambió su primera capellanía por otra, pasando la primera

a su hermano menor Antonio. De la misma forma,

dos años rnás tarde Iiizo otro cambio, convirtiéndose de? nombre y salario en capellan de Pont Lebec, donde

i esidía su abuelo.

I,os IIangest, sobrinos del Obispo, eran buenos arnigos de Juan, el hijo del abogado de la Iglesia les cayó simpático, a pesar de que no pertenecía a su cla- se aristocrática. Juan acostumbraba jugar con ellos en sli mansión. L,e enseñaron a rriontar a caballo. Es-

UN

ABOGADO ASTUTO

tudló junto con ellos bajo los auq~iciosde ur? tutor privado. Más tarde fue a estudiar al colegio de los Capetos, una pequeña escuela en Noyorl a la que lla- maban así debido a las capas con capucha que vesClan sus alumnos.

Cuando la escuela de las capuchas ya no tuvo ria- da que enseñarles, los Hangest se prepararon para ir

a estudiar a París. La peste había vuelto a Jiacer es-

tragos en el pueblo de Noyon, y esta era otra buena razón para abandonar la ciudad. ¿Te gustaria venir con nosotros? -le preguntaron a Juan-. Este se en- tusiasinó. Su padre agarró la oportunidad. Los cano- nigos de la catedral se juntaron eri sesión y decidie-

ron, aunque un poco de mala gana, que las entradas que a Juan producía su capellanía podían continuar,

a pesar de que este abandcnara Noyon.

Fue en el verano de 152.3, cuando los Eangest y el hijo del abogada de la iglesia, con sus corresporidien- tes escoltas, salieron a caballo de la infectada ciudad

donde habían nacido. Cabalgaron ávidamente hacia la gran ciudad de París, sesenta millas al sur-oeste. Juan Calvino, de 14 años de edad, cabalgaba hacia un nuevo mundo de personas, lugares e ideas. N~mcavol- vería a Noyon para residir allí.

, Fue la llegada de este monje Tetzel, lo que ii7r.ltoa tro rnonje Doctor en Teología, profesor de la LTniver- idad de Wittcmberg, Martín Lutero, quicri recitiió sil áteclra en aqiiella universidad un aíio antes (le cliie :alvino naciera. En 1517 cuando el rnuchacho de No- ion cumplía los 8, el profesor de Wittemberg clavd

us 95 tesis en la puerta

de la

iglesia del Castillo. E1

jerdon de los pecados no puede coiriprarse con el di- iero de las indulgencias, proclamó Lutero. Es un don ]e Dios, no del Papa o de la Iglesia. El soniclo de la (ampana de los monjes de Wittemherg señalo cl priri- iipio de la Reforma qiie gran parte del p~ieblocsl;tha !sperando.

' En las montañas de Suiza Ulrjco Zuinglic repetía '1 caso de Wittemberg. El rnonjp Sanson de A41lan es- aba vendiendo indiilpencias al piichlo suizo, pero 5uinglio predicó tan conliniclcriteiri~nteen sil co~ilra [ue Sanson no pudo obtener permiso para entrar vi a ci~dadde Zurich. En su lugar aqiiella ciiidad irivití; L Zuinqlio a convertirse en párroco de la iglesia dc ;rossmurister. Y aquí empezó su obra con una serie jc sermones basados en las Sagradas Escritllras, ouc el piieblo había oído mencionar durante siglos.

Fuera del pequeño mundo de Noyon sucedían niu- chas cosas.

Leon X, vistiendo la triple corona, fue elevado al Trono Papal. Este, miembro de la casa de los h4cdecis fue el mas espléndido de todos los papas y se le atribii- ye esta frase: "La fábula de Cristo me ha reportado grandes beneficios". Tanto si la pronunció corno si no, el caso es que se aprovechó cn gran manera de su al- ta posición. Sus riquezas fueron increíbles, y sus te- soros de arte realmerite sorprendentes.

León X estaba miiy interesado en la rápida cons-

R.oxna.

trucción de la gran basílica cle San Pedro en

Pero el dinero no llegaba tan deprisa como é! hlibicse De la misma forma el pueblo holandes, que no ha- querido; por tanto pensó en un nuevo sistema dc cQq- bía podido oir nunca la Palabra dc Dios, se regocijó ~e_guirdinero. Cualquiera que pagara una cantidad en gran manera cuando apareció en 1516, en Uaqilea para el edificio de San Pedro en Itoma recibiría una una traducción del Nuevo Testamento directa del

indulgencia o sea un documento certificando que sus griego, publicada por el eran erudito Erasmo de I-tot-

pecados estaban perdonados. Del dicho al hecho, así 10 puso en vigor el espléndido León X. Tales ind'Jlgen- cias se sunonían tarnbién válidas para 10s pecndos de los familiares y amigos retenidos en el Purgatorio. En

terdam. Un libro perdido hallacio de nuevo, fue lu tr a- ducción de la Palabra de Djos para eslc y olrcis

' ~ueblos.

Y

"S

bien sucediendo grandes 'cosas.

1513, cuando

Juan

Calvino

acababa

de

ciiinplir

4 En Francia, con sus quince millones de habjtnritcs

largas costas abiertas al comercio, estabaii ialii-

años, el monje Tetzel empezó sil gira por

vendiendo indulgencias.

Alemania

La R,efornia eni~~ezó

allf por un anciano y distinguido profesor en la m; grande Universidad de Europa, Jaime Lefevre. EI este profesor de la Sorbona de París, nativo de la pn vincia de Picardia, hombre muy culto, viajero incai sable por Africa y Asia, que había vuelto de sus la gos viajes para ser profesor y escritor en la capital G A la edad de 70 años este gran hombre, de cubrih las grandes verdades de la Biblia. En el año 1512, cuando Lutero estaba buscando b davía paz para su alma; cuando Calvino cumplía Ii tres años y se paseaba con su madre en peregrinacii hacia las ermitas, Leievre publicó su versión latina i

un comentario a

las

epístolas de Pablo. -Es

Dii

quién salva "y sólo de graciaJ'- escribía el anciao profesor. Entre los discfpulos de Lefkvre habia un muchach rechondo y de mejillas sonrosadas procedente de u pueblo de montaña. Era estudiante enérgico, sin mi( do a nada, rápido y convincente en la discusión. Esi buscaba también algo sin poder hallar satisfaccion la ansiedad de su alma. "Hijo mío!' le dijo un día E anciano profesor: "es todo de ~raiia".Casi repenti namente Guillermo Farel descubrió, con los ojos d la fe, lo que su ilustre profesor le estaba diciendo. I partir de aquel momento se llenó de celo en la predi cación, por todas partes, de las verdades que habia des cubierto en la Palabra de Dios. "Dios renovará 1; Cristiandadm -decía el anciano Lefevre a su jovei discípulo Farel- "y tu viviras para verlo".

camino del anciano profesor

volviendo a la Biblia. En la ciudad de Meaux cerci de París, un obispo llamado Briqonet, abrió el grai

LIBRO y encontró la respuesta a lo que venía bus

todas las congregacione:

cando. Empezó a reformar

que re hallaban Pajo N jurisdicción

Otros

siguieron el

Y predico, raj

cándolo DEL GRAN LIBRO, algo que nunca se ha- bía oído en las iglesias del Papa. Briqonet era un hom- bre influyente, muy estimado en los círculos palacie- gos, donde también tuvo gran oportunidad de predi- car. La hermana del rey, Margarita, se convirtió y Bri'qonet puso la Biblia en sus manos. La excitación progresó rápidamente. Yefevre estaba traduciendo el Nuevo Testamento al francés, para que el pueblo común pudiera leerlo por si mismo. Tra- bajó en Meaux en colaboración con Briqonet, ayudán- dolo y fortaleciéndolo. Farel acudió también y se puso a trabajar activamente entre la gente del puzblo. Los cardadores de lana y los tejedores de Meaux, los via- jeros, los labradores y los viñateros de los distritos de alrededor, todos lelan y hablaban de la Biblia: sus iglesias se transformaron, sus vidas cambiaron. En aquellos días se decía de las personas que se habían convertido a la fe de las Escrituras: "Se ha emborra- chado en el pozo de Meaux". Al esparcirse la nueva fe en Francia, sus enemigos se levantaron para acabar con ella, y los jefes fueron dos hombres de elevada posición: Uno el astuto Noel Beda, rector de la Universidad de la Sorbona; el otro, el codicioso Antonio Duprat, canciller de Francia. Al principio estos hombres y sus ayudantes usaron sólc amenazas y argumentos. Cuando estos fracasaron em- plearon el fuego y la horca. En medio de esta enconada lucha se encontr6 el rey de Francia, el voluble Francisco 1. Algunas veces

a su hermana Margarita, quien abrazo de-

escuchaba

votamente la nueva fe y estaba intercediendo constan-

Lamente por sus seguidores. Muchaa otras se veía pre- sionado por el dúo, Beda y Duprat, que le acusaban

y de conseiitir

de traición a la Santa madre Iglesia

terribles herejias en su reino. Francisco 1 tenia m$s

ASf

FUE CALVINO

poder que la rnayoría de reyes de sus días, más some- tidos a los deseos del Papa. Francia no lo estaba tan- to. Si1 reyes lucharon a menudo con el Papa, e inclu- so algunas veces lo obligaron a aceptar su voluntad.

Pero la presión aumentaba. Lefevre fue expulsado de la Sorbona. En 1525 sus escritos fueron condenados su Nuevo Testamento quemado públicamente. Sin embargo continuó trabajando en Meaux. Los escritos de Lutero empezaron a hacer su aparición en Fran- cia. Entraron de contrabando, traducidos al idioma del pueblo. Es que habían sido puestos en la lista ne- gra de libros prohibidos de la Sorbona, juntamente con un pequeño volumen escrito por la misma prince- sa Margarita, hermana del rey. Todos estos escritos habían sido condenados por contener lo que la Sorbo- na denominó herejia. Cualqiiiera a quien se encontra- ra en posesión de tales libros podía esperar que pa- qaría caro su atrevimiento. Pero el pueblo los quería de todas maneras. Los impresores los imprimían en se- creto, La capital de Francia se hallaba enteramente convulsionada por el conflicto.

y

A este París llegó Juan Calvino y sus compafleros de Noyon en el verano de 1523. Juan Calvino siguió su camino a través de calles estrechas hasta la casa de su tío, Ricardo Calvino, que era herrero. Esto fue en Agosto, el mes-en que el humo de sacrificios humanos empezó a elevarse en la plaza de

la Grcve. Un monje agustino convertido fue atado allí

a la estaca y quemado

Fue el primero que murió de esta forma en París. El

primero de muchos.

por sus "herejías luteranas1'.

IV

Vida Esfudiaí~fil

En el Colegio Superior del Mcrcado de París, liahja

ciar clases a los

principiantes,

enseñanza le había sido asignada. "Prcliero dar a los novcttos tina buena base en latín y francés", dijo Ma- thurin Cordier, un ex-sacerdote, conocido en toda Francia por su excelente enseñanza.

estudiantes avarizados, ciiya

un conocido profesor quien prefirió

que a

los

<Juan Calvino fue uno de los afortunados a los qiie Cordier inició en el mundo de Ja buena grarnaticn. 5,nscfió a sus alumnos latín, cvitantlo que pareciera ciiia lengua riiuerta. Les ensefió fraiicés, re~catBriilolo del lenguaje vulgar, que era entonces de una expresión rniiy simple. Cuando Calvino, más tarde escribió en iln latín y francés fluentes y vivos, pudo dar las gracias

que le dio en estas

lenguas. Veinte años más tarde Calvino agradeció a su

maestro este favor deriicándole su comentario a la primera epístola a los esalo lo ni cense s. "Es justo qrlo V. R. tenga una parte en mis labores" -dice Calvino en su dedicatoria- ya que cuando mi padre me envió a París, siendo todavía muchacho, la Providencia dis- puso que por un corto tiempo tuviera el privilegio de

enseÍiarme

a

Cordier

por

la buena

base

tenerlo como profesor, para que pudiera la verdadera forma de aprender".

AS^ PUB

CALVINO

También el chico de 14 años caiisb una grari im- presión a su profesor de 46. Cordier se vio tan atl-aído hacia su discípulo que rnuclios aiios nias tarde, ya an- ciano acudió a Ginebra para ensefiar eii la escuela fundada por Calvino. En la ribera derecha del río Sena, entre los miichos colegios de París, había uno que era conocido como el más antiguo, el mas lóbrego, y el más sucio. Era el colegio de Montaigu, dedicado al estudio de la Teoio- gla. A él fue trasladado Calvino después de papar lres años agradables estudiando artes en el colegio de la

March6.

Montaigu era famoso, pero no por

muy buenas razones. Lo era por sus piojos, su mala comida, por los dolorosos azotes con que castigaban al mal estudiante. Ningún alumno podía hablar una palabra de francés bajo ningún concepto; por los os- curos corredores sólo se ola latín. Calvino se alojnha en la acogedora casa de sil tío Ricardo, pero los po- bres estiiriiantes internos, tenían que levantarse a las 4 de la mañana para empezar las lecciones\íJuan te- nia que madrugar mucho mas, e ir cal~algandohacia el tenebroso lugar, pero había descansado unas pocas horas en unal bianda cama, sin pasar frío.

Cuántos huevos podridos he comido en aquel

E1 colegio

de

1u-

estudiante Erasmo, refiriéndose al año

que pasó en el colegio de Montaigí-. E1 gran escrito2 francés Rabelais, compuso una cliistosa frase para calificar a los piojos que abundaban en las paredes y camas; y a los alumnos vestidos de negro, les llamo 'Zos halcones de Montaigú ".

bar! -dijo

el

El director de este colegio era un hombre Ilaniado Temliete. Los estudiantes le motearon en latín con el

fEn~fiilief&?(La terrible tempestad).

~pododdde Le terr&le

.

-

dos

primos conversaban

Antes que 151, estuvo el no menos terrible Noel Beda, cazador de herejes y cabeza de la Sorbona. Beda acu-

di3 todavja a. ensefiar el arte

en latin. ¿~uées lo que -6onduce un cerdo al mercado, ya cuerda que está atada a su cuello o el granjero que tira de la cuerda? Sobre este y aún más pueriles tó~i-

de la rápida discusión

,-os aprendian 10s alumnos a discutir durante cuatro

horas. Calvino prefería entre todos sus estudios el latín

los escritos de los padres de la

clásico,

la

lógica, y

Iglesia, especialmente San Agustín Y Tomas de A@- no. Tenia 18 aiios cuando termino el curso y recibió su licenciatura. Su estomago le molestaba muy a nie- nudo. Su cabeza le dolía de mi~eria,pero su mente jo- ven triunfó por encima de todo; era aguda Y disclpli- riada; lista para trabajar.

ASÍ FUE

CtILVINO

Afortunadamente, durante estos penosos alios Cal- vino tuvo buenos amigos. AlgUrias veces veía a sus an- tiguos camaradas de Noyon, los Ilangest, sobrinos del obispo. Su primo Roberto, también de Noyon, estaba igualmente en París. Roberto fue convertido a la nue- va fe, y rnás tarde se hizo famoso en el mundo con el nombre de Olivetan, traductor de la Biblia en fran- cés, y misionero en los Alpes franceses. Nadie conoce

lo mucho que los primos hablaron y discutieron sobre

la Iglesia de Rorna y las verdades de la Biblia, tal co-

mo ,Lef,kvre, Lutero y otros las habían descubier~o.

Calvino hizo también nuevas amistades en París. Parece imposible que el muchacho que no llegaba a los veinte, solo, en una gran ciudad, pudiera ser tan conocido par la gente de importancia. El rey tenía un meciico suizo llamado Cop, hombre de gran talento. Calvino era amigo íntimo de sus cuatro hijos, espe- cjalrnente de Nicolás. Muchas veces fue de visita a casa de los Cop, escuchando conversaciones fascinan- tes acerca de nuevas ideas. También fue a inenutlo a casa de Guillermo Budé, el rnás brillante pensador de Francia. E1 hijo de Budé era amigo de Calvino. Tenía también varios otros arnigos, todos gente de alta ca- tegoría, y aparentemente ellos consideraban también

a Calvino coino un muchacho nada vulgar.

Cambios Políticos

París atravesó varios moinentos difíciles durante el período que Calvino permaneció eri la escuela. Eri

1525 el débil Francisco 1, perdió una gran batalla con-

tra el Emperador Carlos V , jefe

inano, y fue llevado prisionero a Madrid. Estuvo allí humillado durante un año, hasta que pudo conseguir la liberthd dejando a sus dos hijos como rehenes en la capital de Espalia.

Fue una terrible derrota para Francia. Luíra de

Caboya, rnadre del

Rey, goberlió el país durante el

del Santo Trnporiu BU-

tiempo que este estuvo

tenía ninguna consideración con las herejías. La Sor- bona podía contar con ella.

ausente. La reina Luísa, 110

Lefkvre, partió hacia la ciudad alernana de Estras-

burgo, en la orilla del Rhin. Farel, a pesar de que ha-

París, escapó a Basilea.

bía

Pero Briconet, el obispo de Meaux, vaciló. Había con- ducido a su pueblo a la verdad, pero carecía de fuer- zas para afrontar la prisión, el fuego, o la horca. Se sometió a Beda y a la Sorbona, reconoció su "error" y ordenó a los predicadores protestantes de su vbis- yado que callaran. De esta forrna, pudo niantener la mitra episcopal que le colocaba entre los 13 honora- bles obispos de Francia.

estado muy ocupado en

AS^ FUE CALVINO

Pero la gente común de Meaux se avergonzaron de SU obispo. El pueblo no temía tanto al fuego y la hor- ca. Hubo un hombre, Denis que denost6 al obispo an- tes de ser atado a la pira. Y el joven Pavane, Iiablo tan patéticamente a la multitud entre los haces de leña en que iba a ser quemado, que hizo exclamar a un dmtor de la Sorboiia: "Hubiese deseado que Pava- ne callara. aunque le hubiese costado a la iglesia un mill~nen oro". Hubo el llamado ermitaño de Lixry, por cuya creniacion las campanas de Notre Darne La- neron. llamando al pueblo a presenciar el importante

espectáculo. Al cardador de lana

Lrct+re, que en un

arrebato de entusiasmo reformador rompió a peda- zos una imagen de la Virgen María, le fue arrancada la carne poco a poco con unas tenazas puestas al rojo, antes de que las llamas consumieran el resto de su cuerpo (1). LESposible que el joven Calvino hubiese permanecido en París durante este período y no fuese arrastrado con las multitudes a presenciar algunas de

tales ejecuciones?

Entretanto en Roma, el Papa

Clemente

tenía también sus

VI1 que sucedió al espléndido

problemas.

León, fue hecho prisionero y encerrado en una de las torres, de su propia Ciudad Santa de las Siete Coli- nas. Perdió una batalla con el emperador Carlos V. En 1527 las tropas del emperador saquearon la ciu- dad. ,Los soldados se divirtieron cabalgando por las calles vestidos con las ropas y sombreros de los car-

denales.

Los documentos de la Iglesia se utilizaron

para las cuadras de los caballos. Tesoros de arte fue- ron acuchillados. Algunos mercenarios mas osados descendieron hasta la tumba del Papa Julio 11 y le ro-

baron

el

anillo de la mario.

(1).

Cuenta la historia. que cuando el verdugo aplic6 por primera ver

el hierro ardiente, niarcdndole la frente, una voz yrit6 e~itrela rtiuehe- dumbrc: ((Viva Jesucristo y sur capitanes)). Era la voz de sli madre que le alentaba al sufrimiento. (Jean Crespin. tomo 1 pBp 211)

Poco después una delegación de Inglaterra llegó a la ciudad sitiada. Su monarca Enrique VIII, ei rey de las muchas esposas, quería librarse de la primera. ¿Le concedería el Papa el divorcio de la reina Calali- na? Clemente VI1 estaba en un verdadero dilema. No deseaba irritar mas al Emperador Carlos V conce-

diendo a Enrique VI11 el divorcio de la sobrina de aquél, antes necesitaba aplacar a su vencedor. Así que dijo que no podía concedérselo. Enrique VI11 en- contró otra solución. Fundó un arzobispado de Can- terbury, católico, pero independiente del Papa, el cual declaró inválido el casamiento del rey por razón de

Al año siguiente Enrique VI11 se hizo a

la Iglesia de Inglaterra. Habia

parentesco.

si mismo cabeza de

terminado para siempre con el Papa.

Inglaterra iba en camino de ser un pals protestan-

te. Dios había

cambiar la religión de un Imperio.

usado una mujer y un divorcio para

No sólo los reyes y los papas se veían en proble-

Gerardo Calvino tenía tarn~iénlos

mas.

En

Noyon

suyos. Por alguna razón se negó a acreditar ciertos documentos y cuentas. Los hombres de la Iglesia se disgustaron con el abogado, y Gerardo Calvino se dis- gusto también con ellos por su avaricia y engreimien- to. Bajo la impresión de este contratiempo perisó en la carrera de su hijo e hizo una nueva decisióii. Qui- so que Juan fuese abogado en vez de clkrigo. "Cuando era todavía muy pequeño" -escribe Calvino- "mi padre me destinó al estudio de la Teología"; pero des- pués pensó que la Jurisprudencia produce más bene- ficios, y esta perspectiva le indujo a cambiar de pro- pósito. Fui arrancado del estudio de la Filosofía y puesto a estudiar Leyes. Martín Lutero. cuando se vio presionado por su padre a estudiar para abogado bus- có el ingreso en un monasterio; pero Juan Calvino

AS^ FUE CALVINO

nunca discutió la decisión de su padre de cambiar su

carrera. Obedeció

y partió

para Orleans, cuya Uni-

versidad

era

famosa

por

su Facultad de Jurispru-

dencia.

En 1528, por la misma época en que Calvino aban- donó París, un español astrosamente vestido traspasó sus puertas. Ignacio de Loyola de 36 afios de edad, ha- bía ido a París a estudiar. Trajo consigo un asno car- gado de libros, una bolsa con unas cuantas piezas de oro y las reglas escritas para la formación de la Corn- pafiía de Jesús. La rnisrna virgen María -dijo Loyo-

la- le dicto su famoso libro de Ejercicios Espiritua-

les, en una cueva de una ciudad

na (1). El español que entraba en París sería un día honorado en la Iglesia de Roma como fundador de la Orden Rc!ligiosa más estricta y más poderosa, la Com- pañía de Jesús, que comenzó con la pequefia Sociedad Jesuitica iniciada por Ignacio de Loyola. El otro joven que abandonaba París, sería tam- bién muy conocido, como brillante campeón eri el c'cinipo [)rolc~taiitc, ticfcn>oiStlv Iii verdad ~-cdc:.cii- bierta en la Palabra de Di-os.

cercana a Barcelo-

 

(1).

El

padre

del

t.radiic.t,or de

este libro, así corno del editor, direc-

tor

de

Tell.

tuvo

el

privilegio

de

fundar,

después

de

cuatro siglos, la

primera

igl~siade

la

Rrforrna

en

la

ciiria

del

Jesiiitisnio,

la ciudnd de

Manresa, ari el níio 1934. La autora tuvo la oport~iiriiclad de

1950 t,atlt,o la

visitar en

crecient,e iglesia protestante

eii

fRrnosa cueva como la nueva y

Catolicismo

en

aquel

prir.cipal

reducto

del

Espafia.

Estudiante de Jurisprudencia

Orleans era un lugar maravilloso, sesenta millas al sur de París, en las orillas del río Loire. Los estu- diantes de la universidad eran libres y alegres. Prac- ticaban el tenis. Navegaban por el río en unos peque- Ilos botes. Organizaban banquetes y excursiones de final dc! ciirso. T,a fama del profesor de Leyes Dr.

colegas Iiabia atraído estudiantes rle

I'l<loilc

y

Flns

muchos países.

Pero el estudiante de Noyon

no tomaba parte en

las fiestas y reveillones. Más que en París, si ello ei-a posible, se ensarzó en el estudio. Elara cenar, c,oniía muy poco o nada, para que su mente estuviera des- pejada para estudiar diirante la noche. Se permitía sólo unas pocas horas dc suefio y se hacia despertar una hora antes por la mailana, a fin de refrescar lo estudiado el día anterior. AsI desarrollo su memoria llenándola dc conociniientos. En un afio Calvino ])a- recia más un maestro en leyes qiie un estudiante. Al- gunas veces daba clases en substitución de los profe- sores ausentes.

Calvirio estudio algo iiias que leyes. kiabía e11 01.- leals u11 ho~nbreilairiado Wolniar, aieniaii, de ideas lulriaiias, excelente profesor de griego, a el acudió Iiara recibir lwciories. De boca de LVolriiar apraiidio ci iaioriia del Nuevo TeslariieriLo de tal lorina que pu- do escud1-1nar todos SUS libros eri la leiigua oisigirial. Uevoro tai~~blenotros escritos griegos. Es posible que holinai', al tiempo que le enseiiaba griego le apuiito el sigriiricado de los pasajes del Nuevo Testainento rrias familiares a Lutero y los reformadores. A su ~rofesorde griego, dedicó Calvino riias tarde wia iiieiiciori eri su comeiitario a la segunda epistola a los Coriritios. "Bajo vuesrra direccion" -escribio Calvino con gratitud- ''pude aiiadir al estudio de la ley, el de la literatura griega, en la cual erais ilu-tre pro1esor ".

Orleans, Calvino se fue a

áourges, ciodad destruida por César. reedifieada por Carioinagrrio, y que entoiices estaba bajo la autoridad de la iierinaiia del rey. Margarita de Navaira. Esta habla iiivitado al renombrado profesor de leyes ita- liano, Aliciati, a enseiiar en su universidad. Wolmar. ei profesor de griego, fue invitado también y pensó que sena mucho iiias seguro ser luterano bajo la pro- teceiori de la reina Margarita. Muchos estudiantes querían escuchar a Aliciati. Calvino se unió al grupo que partía Iiacia Bourges. En la casa de Wolmar eri- eontro a un iiiiicliactio ahijado de este. Calvirio tenia 20 aiios. Foco soñaba que aqiielmuchacho de 12 años, Teodoro de Beza, estaría un día con él y sería su su- cesor en una ciudad que ninguno de los dos habían visto todavía.

Después de un aiio

en

1531 Calvino volvió a París por un corto tiem-

po. Alli llegaron noticias de que su padre se encontra-

ba seriamente enferino. Por esta razón, el hijo del

En

bogado de la Iglesia, volvió a su casa en la plaza del mercado. Se notaba una quietud rara tras las grandes

ventanas de cristal verdoso. Los

raban a preguntar por el estado de salud del abogado. La riña no habia terininado. Por si fuera poco su her- mano Carlos, que se habia hecho sacerdote en aquel distrito, se encontraba también en problemas con cl

eclesiásticos no se pa-

clero. En medio de estas nubes de dificultad, Gerarclo Calvino murió, en Mayo de 1531. Sus hijos tuvieron que pleitear con los clérigos de la catedral para corise guir que el cuerpo de su padre fuera enterrado en el

campo santo y no en una tumba

campo sin cultivo. A los 22 años de edad, permaneció por un ines en Noyon, después de la muerte de su padre. El y su her- mano Carlos volvieron a poner en marcha el bufete de abogado y facilitaron los documentos que su padre habíR rehusado hacer para los clérigos. Juan durante el tiempo que estuvo en su casa tuvo a su cargo un

abandonada en un

servicio religioso en la pequeña capilla de L'Eveque.

de la cual era capellán

capellán escuchó las quejas de su hermano contra la Iglesia y sus capellanes. Quizá ambos hermanos hicieron chistes sobre el Obispo de Noyon y su barba. El obispo se había riega2 do a cortarse la barba, a pesar de que existia sobre esto la regla en algunos libros de leyes eclesiásticas. Habla llegado un domingo a la catedral, vestido coñ su ropaje de grandes festividades, vistiendo la mitra y llevando la cruz de oro; pero.10~candnigos le cerra- ron la puerta en sus narices, y leídijeron-que se-eor7

sblo de nlimbre y sueldo. El

,.

tara allí .mismo la barba . o se.volviera al su ,casa, yr aqf

lo hizo.

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Estos .días dieron*>tarnbi6nc0portunida&~.aolos~~hei1~

manos a -penSa'r'y?a ihablar de

las

ideas3rcielrflrfa~a~a

AS^ FUE CALVINO

profesor Lefevre y de los folletos de Lutero, del mali- cioso Beda y de sus compaíieros en la Sorboria, del volubl~3Francisco 1 y su piadosa hermana; del humo de las hogueras humanas en París y en Meaux Este mes les dio tiempo para pensar. El abogado de la Iglesia en Noyon había muerto. Ahora Juan, el hijo mediano que siempre habfa acatado sin objetar las decisiones de su padre estaba libre para obrar se- gún le pareciese. Pensó que no le convenía la Iglesia, con su ambición y sus rígidas formas de pensar; tam-

se volvió hacia la espe-

cialidad de las letras. La vida de estudiante le encan- taba. Profundizar más en el griego y latín; leer la li- ter2tura que en estas lenguas existía, investigar en los clásicos, escribir sobre ellos, encerrarse en un despa-

más podía desear, excepto

.

poco le convenían las

leyes;

cho lleno de libros, ¿qué

conseguir un poco de venta para

permitiera

una escasa comida y la suficiente tinta

trazar sus propias ideas, ¿,Ydónde mejor que en Pa- rís para llevar esta vida? Recientemente e1 rey Fran- cisco habfa convertido París en un lugar atractivo pa- ra los eruditos. Bajo la presión de Biidé, había orga- nizado un nuevo Colegio de "pensadores reales1' con- tra la voluntad de la Sorbona. Esto fue producto del interés de Francisco 1 por la nueva ideología ccnoci- da como Humanismo, que estaba alboreando en Europa. Por doquier la gente comenzaba a pensar por si misma, en lugar de dejar a la Iglesia que les mastica- ra todas las ideas. Los que eran capaces de ello, lefan la ciencia de los primeros siglos en latín y griego, for- mando asi m propio pensamiento. Este nuevo huma- pismo no era cristiano, pero tenía un gran valor. Ani- m6 al pueblo a buscar su propia forma de pensar en

sus escritos que le

aIquiIar una

habitación quieta, comprar

y papel para

vez de aceptar ciegamente todo lo que la Iglesia les enseñaba. Las personas que empezaron a estudior las Escrituras por si rnismas descubrieron muchas cosas que la Iglesia tenia escondidas e ignoradas. Dios liso esta nueva ideología del siglo para enseñar a muclios a pensar y ayudarles a volver a Su verdad.

Habiendo decidido ser erudito, Calvirio partió an-

dando las 60 millas entre Noyon y París. Cuando llegó, iin amigo le ofreció hospedaje; pero el prefirió alqui-

lar

gir Fortet. Estaba mas cerca de los colegios donde teririr ia clases. El cuarto estaba sjtuado al final de una

una pequefia habitación en el dormitorio del Cole -

tortuosa escalera, en 'un corredor de habitaciones,

AS^ FUE

CALVINO

donde alumnos y profesores vivían y estudiaban en común. Calvino se sumergió muy pronto en el estudio del latin y el griego. A1 mismo tiempo estudiaba he- breo. Durante el día asistía a las clases, de noche la luz de una bujía brillaba es su celda. Estudiaba, leía,

Calvino se relacionó de nueva con su cír-

culo de amistades poco comunes. Los eruditos le apre-

ciaban. De nuevo entró en contacto con la familia de Cop, el médico real. Tomaba parte activa en las char- las en casa de Budé. Esta era la clase de vida que él soñaba.

Mientras Calvino se inclinaba sobre los libros en París, Ulrico Zuinglio, el reformador de Zurich, mu- rió en el campo de batalla. Había salido como capelIan con las tropas protestantes de su ciudad para repeler un ataque de las tropas suizas fieles a la IgIesia de Roma. Al pararse Zuinglio y arrodillarse para con- fortar a un caído, fue alcanzado por los enemigos y muerto por una estocada de lanza. Vengativamente su cuerpo fue descuartizado y quemado. Esto ocurría el 11 de Octubre de 1531.

Si el estudiante de París, oyó noticias de la batalla, no les prestó mucha atención. Estaba enfrascado en los libros antiguos y escribiendo otros. No podía imagi- narse que un día en la tierra de Zuinglio que habrfa adoptado, serfa conocido como reformador mucho mayor que el notable hombre de 48 años que había sido asesinado bajo un peral cerca de la carretera.

aprendía;

VII

Escritor Arruinado

El libro estaba por fin terminado. Le había costado siete u ocho meses de rudo trabajo, a más de las ho- ras empleadas en el estudio y las clases. Con el orgu- llo propio de un joven erudito, Calvino tomó el ma- nuscrito y se dirigió al taller del impresor. Había ven- dido algunos de sus escasos enseres para pagar parte del costo de la impresión. El resto del dinero lo había pedido prestado. El libro estaba dedicado a su amigo de la infancia Claudio de Hangest, sobrino del obispo de Noyon. Claudio era entonces abad del Monasterio de San Eloy, en Noyon. "Acepta este mi primer fruto -es- cribió Calvino- de derecho te pertenece, y a tu her- mano, pues a ambos os debo lo que soy y tengo, por las atenciones que recibí en mi niñez en vuestra casa".

El libro de Calvino salió de la imprenta, en Abril de 1532. Se trataba de un ensayo sobre el filósofo ro- mano Séneca, que vivió en los tiempos del a~~óstol Pablo. Era cosa muy popular entre los estudiantes leer libros antiguos famosos y escribir sobre ellos. Por ser el primer libro de un autor de 22 años de edad el "Comentario" de Calvino sobre Séneca era un traba- jo sorprendente. Estaba escrito en un latín excelente. Calvino había consultado 56 libros latinos, 22 griegos, y siete Padres de la Iglesia, a más de los escritores de sus días. Sólo había tres insignificantes referencias a pasajes de la Biblia.

el libro no tuvo venta. Pasó inadvertido. Cal-

vino presionó a sus amigos a comprarlo, a recorwn- darlo a otros; pidió a los profesores que lo adoptaran. Envió una copia al erudito Erasmo de Basilea. Pero

Pero

-

-.

el libro no se vendía en forma alguna. Si malo era ser ignorado como escritor novel era peor todavía la deu- da que había contraído con el impresor.

¿Estaba seguro de que esta vida de estudiar y es- cribir era la que más le convenía? ¿No hubiera sido rnejor terminar la carrera de leyes que había inte- 1.rilmpido al ocurrir la muerte de su padre? Empaque- sus enseres y sus libros y los envió a Orléans. El si- guió el mismo camino andando.

Respetuosamente los estudiantes de la provincia de Picardia, le eligieron secretario de su club, con sueldo. Quedaron empero decepcionados y resentidos interiormente cuando en vez de obsequiarles con una fiesta para celebrar su elección dio el dinero que ha- bía de gastar en ella, a la biblioteca de Universiaad para la adquisición de nuevos libros. Pero todos res- petaron su decisión.

Calvino permaneció de nuevo en Orléans cerca de un año. En el verano siguiente se vio obligado a ir a Noyon, llamado por su hermano Carlos, cuyos proble- mas con la Iglesia habían ido en aumento. La carre- ra de Juan estaba ya terminada, pero no iba a recibir su diploma de doctor; sucesos inesperados lo impidie- ron. De regreso a casa, en la plaza del mercado, pre- senció las manifestaciones contra los herejes llamados luteranos. Estuvo en una sesión con los clérigos del tribunal a los cuales oficialmente pertenecfa. Como se las arregló para ayudar a su hermano Carlos, acusado de herejía en aquella sesión, no se sabe.

En Septiembre de 1533 Calvino volvió a Parfs y se alojó con un vendedor de ropas, Etienne de la Forge, que vivía en casa de Pelicano. Tres meses después huía para salvar su vida.

La Fuga

La gente estaba excitada en París, Nicolas Cop, el joven rector de la Universidad de París había teriido su plática anual correspondiente al Día de todos los Santos en la Universidad. En vez de hablar sobre los santos de la Iglesia nuestro hombre habló sobre el te:{- Lo: "Bienaventurados los pobres en Espíritu" y siguió predicandc el evangelio de Dios y la salvación por gracia. I-fabló en contra de la persecución que se hal~írt desencadenado contra los que habían vuelto a la Bi- blia. Citó a Erasmo, ciiyas obras estaban prohiliidas por la Sorbona. Cop dijo, tniiclias otras co,qas pai-cci- das a las ideas de L,utero, aiinque sin citar la pro- cedencia.

Los profesores de la Sorbona estaban fiiriocos. 130s monjes irrumpieron en el Parlamento y demanrlaron

que el rector fuera arrestado. No piidieron prc~ionnr

al rey porque el débil

haciendo arreglos para casar a su segundo hijo con una sobrina de1 Papa que había acudido por barco pa- ra entrevistarse con el rey.

Ocurría también otra sosa relacionada con el dis- curso del rector. Se murmuraba que lo había prepara- do con la ayuda de un joven estudiante llarnado .Tliar-i Calvino. Ciertamente, Nicolás Cop había sido amigo cie Calvino por mas de 10 años. A menudo se encon- traban y trabajaban juntos. ¿Qué les ocurriría ahora, cor! todo el poder de la Sorbona en contra?

Francisco estaba en Marsella

ASÍ FUE

CALVINO

A finales de Noviembre de 1533, casi un mes des- piiés de su discurso, Nicolás Cop salió en procesión académica hacia el palacio; vestido con su indumen- taria de rector. Con los ujiers que le precedían lle- vando las mazas doradas de su oficio, iba al Parlamen- to para contestar a un sumario en 3u contra. De re- pente, un mensajero fue a su encuentro trayénUole aviso de iin diputado amigo: -"Escapa por tu vidav- le dijo el mensajero. La Sorbona ha persuadido al Par- lamento para que no te absuelvan. E1 rey esta fuera de París y nada puede salvarte. Nicolas Cop se esciirrió por una callejuela; arrojó su capa y vestiduras oficiales y desapareció entre una multitud de estudiantes dispuestos a ayudarle. Al ca- bc de una hora cruzaba disfrazado la puerta de San Martín de la muralla de París. Huyó tan deprisa que se llevó el sello de la Universidad consigo. Irritado por esta huída el jefe de policía, envió a siis aguaciles con orden de que detuvieran a Juan Calvino a toda costa. Pero los estudiantes eran más listos que las autoridades. Mientras varios entretenían a los aguaciles al pie de la escalera, otros ayudaron a Calvino a huir por la ventana posterior, haciendo una cuerda con la ropa de las cama.\. En casa de un

amigo propietario de una viña,

viñatero. Abandonó la ciudad con un hazador sobre

Calvino se vistió de

su espalda, caminando al Norte, hacia Noyon. Los aguaciles cogieron sus libros y sus papeles pero no pudieron prenderle a él,

Calvino para convertirse

en una pieza de caza? Hasta entonces se habfa dado a eonocer como excelente estudiante, joven escritor, y futuro sacerdote. Las ideas que esparció junto con Ni- colás Cop, que tan furiosos pusieron a los hombres de la Sorbona, ¿dónde las había aprendido? ¿Cuándo ha- bían entrado en su corazón?

¿,Qué le habla ociirrida a

Calvino,. venía conociéndolas durante muchos años por los escritos de Lefevre y más tarde de Lutero y Zuinglio. Las habla escuchado también de boca de su primo Olivetan, que - había) .discutido muchas horas él cuando ambos eran estudíantes; y también de su profesor de griego, Wolmar, . del cual conservaba hondos recuerdos. Finalmente las habia escuchado con amargura de corazón de su hermano Carlos, ex- comulgado de la Iglesia por sus herejías. Pero sobre todo Calvino habia encoritrado personalmente el fun-

damento de estaas ideas, cuando estudió hebreo y grie- go y pudo leer la Biblia en sus lenguas vernaculas. fte- cientemente había visto las ideas en acción con el fue- go de los martirios, y en casa del píadoso posadero de la Forge, cuyo hogar era refugio secreto para todos los creyentes de cualquiera procedencia. Durante mucho tiempo el corazón de Calvino no había estado maduro para asimilar la verdad. "$1 climax de mis aspiraciones" -dijo refiriéndose a aque- llos días- era ser un literato, ganando con mis escri- tos lo suficiente para llevar una vida libre y honora- ble". "Pero a pesar de que tuve períodos de quietud, estaba lejos de la verdadera paz de conciencia, y cuan- to más me examinaba a mi mismo, más se me clava- ban espinas en la conciencia, de forma que mi único

con

solaz era sumergirme en el

cansancio y el olvido,

"Cuando yo estaba siguiendo el curso de vida que ha- bía elegido, se levantó aquella doctrina diferente, que no nos separaba de la fe cristiana, sino que nos traía de nuevo a su verdadera fuente al limpiarla de impu- rezas, restaurándola a su pureza original. Escandalizado, cerré mis oídos, y confieso que al principio resistí apasionadamente. Mi mayor dificul- tad era confesar que toda mi vida había estada en un error. Pero mi mente estaba lista para prestar seria stención y a la larga percibí como si la luz brillara

ASf

FUE

CALVINO

sobre mi, dentro de la oscura prisión de error en que me hallaba sumergido. Con gran temor y temblor an- te la miseria espiritual en que había caído y temiendo la muerte eterna, no pude hacer otra cosa que seguir "el Cwnzino", condenando toda mi vida pasada, no si11 geri~idosy lagrimas".

Esto es lo que Calvino escribió a un cardenal, seis uiios despues de que Cop pronunciara su discurso. Calvino pone estas palabras en boca de un personaje iniaginario convertido al Protestantismo, pero son fra- ses de su propia experiencia. Pinta en su escrito la figura de un hombre que estaba en la Iglesia buscan- do la paz de su alma febrilrnente, por todos los carni- nos, estudiando, escribiendo, llegando a ser un erudi- to humanista. Finalnierite, con gran dolor y estupor, Dios misrno lo sitúa en el verdadero camino.

con una conversión

corazón

repentina -dice Calvino de si rnisrno en su comenta- rio a los Salmos-. Inmediatamente me sentí inflama- do por uri deseo intenso dc progresar en ~iiinueva le,

y a pesar de que no pude

abandonar los otros estu-

dios me dedique

Parece que esta repentina "transformación1' debió tener lugar algún tiempo después de escrita su obrá sobre Séneca, en la cual escasamente menciona la Biblia. Fue rnás bien durante los últimos meses de sus estudios en Orléans. Quizá la luz irrumpió en Calvino cuando vivía en la casa del Pelicano con el devoto Forge. Fuese cuando fuese que ocurriera, una cosa es cier- ta. Juan Calvino, el futuro sacerdote, abogado y eru- dito secular, había muerto; en su lugar se levantaba el "Juan Calvino, siervo de Jesucristo".

"Dios subyugó mi

a ellos con menos ardori).

Enfre Nobles y Er udifos

Desde el rnes de Noviembre en que abandonó Pa- rís con SU disfraz de viiíatero, Calvino llevó una vida nómada. Se dirigió en primer lugar a Noyon, donde estuvo unos días. Pero Margarjta, la hermana del Rey, se había enterado de que iba a ser' capturado. Persuadió al Rey, quien había regresado ya a París, a que tuviera compasión de Calvino, y la "pieza de caza1' regresó a Paris donde se entrevistó con Margarita. Probablemente se detuvo para visital- a "de la Forgel' y abandonó de nuevo la ciudad.

Entonces se dirigió a Angoulcmc, a casa de un ami- go y antiguo compañero de clase, Luis du TilleL, canó- nigo de la catedral, quien simpatizaba con las ideas de 1,efivre. Vivía en una casa grancic y si~iltiiosay había

Iic>l*cdaclo tic su

liadrt! cle :; ii

4

riii l

II~IJ-os,iriiiir*ii:i:ii~i-

blioteca en aquellos dias, teniendo en cuenta que el ar-

te de la imprenta se hallaba en niaritillas.

Calvino fue bienvenido en casa de Tillct y perrria-

durante varios meses bajo un nonibre su-

puesto. Usó nueve noinbr'es distintos en distiritos luga- res. En casa de Du Tillet, sc hacía llaniar Carlos dc

Espcdille. La biblioteca de Dii Tlllet ci'a ilri lugar idcal para el joven estudiarite. Calvjno se ensarzó con ardor Pri cl estudio durante dí? y noche examiliarido y forta1ccicr1- dose en la nueva fe a la cual había abierto los ojos. Fe- liz con lo que iba descubriendo, czcribió a su amigo Da- niel, en Orleans:

neció allí

ASÍ FUE CALVINO

"Ile aprendido de la propia experiencia que no PO-

dernos predecir el futuro.

me promctia a iiií niismo una vida facil y placentera,

y lo tenia todo a mano para conseguirlo. De pronto, me

Cuando empecé a estudiar

di cuenta de que mi situación pudiera no concordar

con inis deseos, y que se iiie estaba preparando una inoi-ada quleta iriás allá de todo lo que yo podía espe- rar, y esto son los designios del Señor, quien tendra

buen cuidado de nosotros, si a El nos sometemos hu- rnildemente".

quedó

solo en su placido nido. Eruditos y letrados que visita- ban a Du Tillet, le buscaron para conversar con el, y Dios le saco de su estudio para conducirlo al c~mpode trabajo entre gentes sencillas. El joven delgado, vestido con una bata negra, iba y venía por todas partes. Man- tuvo reuniones secretas en casas particulares. Junto a SUS ávidos oyentes en una pequeña gruta junto al río,

y la gente acudía, juganciose Ia propia vida, para oir

las palabras de este hombre al que se intentaba cazar.

En Abril de 1534 Calvino fue a visitar al anciano profesor Lefevre, a quien no habia visto nunca. Lefe- vre estaba de regreso en su tierra natal, Nerac, una ciudad bajo la protección de Margarita, reina de Na- varra. Lefevre contaba casi cien años de edad. La pri- mera edición de la Biblia en francés acababa de salir de la imprenta. A él se presentó este joven, que no lle- gaba a los 25 y era conocido ya como un lider entre los que volvían a la verdad de las Escrituras. Tanto el an- ciano como el joven amaban a su querida Francia. Arn- bos habían nacido en la provincia de Picardia, famosa

Pero e1 hornbre con nombre supuesto, no so

La gente

común discutía sobre La Biblia

por la valentía de sus habitantes para mantener una fe mas de acuerdo con las Escrituras. El anciano habia sido el primer lider de la Reforma francesa. Ha- bía intentado realizarla de una forma pacífica, pei'ma- neciendo en la Iglesia de Roma y pro~noviendola fe evangélica desde el interior. Algunos dicen que en sus últimos años el anciano profesor lamwitaba esto, y que el experimentado catedrático, viejo y ciego, declaro al joven lider la imposibilidad de oponerse a la Sorbona, la Iglesia y la Corte. Cuán inútil era tratar de levantar de su decadencia y superstición a la Iglesia de Roma como tal, y volverla a la Palabra de Dios. Pero dijo a Calvino: "Tú serás el instrumento para establecer el reino de Dios en Francia". ¿Presintió que su manto de caudillo caería sobre el joven que habia ido a vi- sitarle?

49

ASÍ FUE

CALVINO

Nadie sabe lo que comentaron, el anciano líder, a las puertas de la rnuerte, y el ardiente devoto de la nue- va fe recien hallada. Con la entrevista fresca eri su niente Calvino partió para Noyon: había hecho la de- cisión. El cariñc; del viejo profesor que liabía en vano esperado cambiar la Iglesia desde dentro, no era para él. Para una nueva Fe se necesitaba una nueva Iglesia (aunque ni la fe ni la iglesia eran nuevas; la Fe era an- tigua, tan antigua como la cruz del Señor) pero la Igle- sia había perdido esa fe antigua que algunos habían re-descubierto en la Palabra de Dios. Por esto la Igle- sia debía nacer de nuevo, como la primitiva Iglesia de Pentecostés: una iglesia de Cristo conforme a su Palabra. Dos meses después de cumplir los 25, Juan Calvino se puso de pie ante todos los clérigos de Noyon, en la. catedral bajo cuya sombra había crecido. Contó a es- tos hombres de la Iglesia, quienes en su mayoría no le habían visto desde su niííez, que no estaba dispuesto a continuar siendo un sacerdote de la curia romana y que abandonaba sus beneficios con todo su salario de trigo en grano.

El 21 de Mayo de 1554, el más famoso hijo dp Noyon traspasó sus puertas por última vez, siguiendo la mis- ma ruta que había tomado cuando de muchacho se di- rigió a París. Ya no pisaría mas aquel camino, ni en- taría de nuevo en la casa hogareña junto al mercado.

Prosiguió su propio camino, sin hogar y sin iglesia.

Errante y Perseguido

Fue un aiio de vagabundear huyendo de la perse- cución. Iban tras la pista de Calvino como de un hereje ap- to para ser quemado. Pero también era objeto de otra caza muy diferente, por gente hambrienta de la verdad a quienes él enseñaba y predicaba. "Dios me trajo por

diferentes revueltas y continuos cambios, de modo que

riunca me permitió reposar en ningún lugar

bió Calvino recordando aquellos meses. Fue primero a París, después que dejó Noyon por la últirna vez. No podía estar lejos de los creyentes que se hallaban en la capital. Conocía sus contraserias y sus lugares secretos de reunión. Eritró de riuevo en la casa De la F'orge, quien se sintió asustado por la osadía de Calvino. Secretamente fue llevado de uno a Ctro entre los hogares de los fieles, enseflando, aniniándoles y confortándoles. Calvino habló en muchas reuniones secretas, a ve- ces interrumpidas por los gendarrnes. El sabía como escurrirse por un pasillo, saltar por una ventana, con- fundirse con otras personas en la oscuridad y escapar de los tiros de mosquetón. En aquellos días Calvino so- lía decir al final de sus mensajes, levantando sus ma- nos al cielo. "Si Dios es por nosotros ¿quién será contra nosotros". Los que no pudieron escapar a la gendarme- ría, cuyos lugares estaba11 vacíos en las reuniones se- cretas porque se encontraban en la cárcel esperando turno para ser quemados, hicieron honor a la verdad de estas

Escri-

"

De la Forje presiorio de nuevo a Calvino para que abandoriara Par~s.Vuestra vida no esta segura aquí.

o iaca os necesita.

Los protestantes no tiene11

otro lidei y todo1 depende de vos. Idos, antes de que sea demasiado tarde. Calvino todavía espero. La gente de París le nece- sitaba también. Tenía tairibien una cita que había cori- certado coi1 iin joven español llaniado Servet. Este, dos ai~osmas joven que Calvino, nego la tririida d de Dio4 proclaniando que el solo poseía la verdad. Había veni- do a París después de tratar de encontiaar seguidores de sus ideas en los estados germanos. Ahora esperaba eorivencer al francés con quieri tenia que entrevistarse.

Caivino mantuvo la cita. Disirazado acudió a la ca-

sa que se liabía concertado.

Inlpacientemeiitc esl>eró

al espai1ol. Pero Servet no acudió. Dieciriueve años despii6s apareció Scrvet eri una ciudad helvetica y se encaro con el lioiiibre a quien Iiabía proinetido eiicoii- trar eri París. Desde París, Calvino fue a otras ciudades, en pri- iiier lugar a las llanuras, cerca de Poitiers, donde teriía arnjgos. Alli hablo y enseiio, prirnero en uii bosque, y después en una cueva secieta, a la luz de antorchas. Alh Fe dice que Calvino celebro la Cena del Señor poi. ~rimeravez, usando una roca llana coino mesa. Lo hizo de una iorma simple, citarido las palabras de Cristo, sin el aparato pagiino de la Iglesia Ca tolica. Desde Poi- tiers Calviiio envio sus prinreros misioneros a predicar y enseñar a todos los lugares donde la gente estuviera

dispuesta a escuchar. Pero Iti gciidarrneria estaba estrecharido el cerco, informados sobre uii honibre vestido de negro que se liospedaba eii la ciudad. Calvino se escapó a Angoúle- ine, a casa de su coiilpañero Du TilIet. De nuevo la gente fue a su encueritro y le pidieron que les enseiiara. "Mi escoridite eran las escuelas publicas", dijo el hom-

ERRANTE Y PERSEGUIDO

bre que se llamaba a si mismo miedoso y modesto.

Luego fue a Orleans donde

había estudiado leyes.

Alli terminó la primera publicación de sus escritos des- pués de su conversión. Se trataba de un pequeño libro en latín con el título imponente de "Psychopannychia7). En él, Calvino escribió contra los que creían que el al- ma duerme después de la muerte Iiasta el día del juicio. El alma se conserva viva y despierta después de ha- ber abandonado e1 cuerpo -clamó Calvino-. En Or- leans escribió también dos prefacios a la versión frun- cesa de la Biblia ya completada por su primo Olivetan. Este intenso escribir sobre tenlas cristianos fue la obra del nuevo Calvino. i Cuan diferente de sus antiguos es- critos, como erudito, sobre Séneca! En aquellos días llegaron secretamente a París y a

otras ciudades francesas gran cantidad de carteles, es- critos en francés, que protestaban contra la misa ca-

tólica. En la mañana del 18 de Octubre de 1534, los car- teles aparecieron misteriosamente en muchos luqares públicos. Se encontró uno incluso en el dormitorio del rey, en el arca donde guardaba su ropa. Corrjó el ru- mor de que el rubio y rechondo reformador Farel los había escrito en Suiza, donde se encontraba trabajan- do. La redacción era fuerte y atrevida. EL rey Francisco, a quien se mencionaba en los mis- mos carteles juró venganza. La Iglesia de Roma, llena de furia le empujaba. La "affair des placards", como lo llamaban, llenó todas las prisiones. El humo de los sa- crificios humanos se levantó con más intensidad que nunca. Se inventó un nuevo sistema de tortura. Una especie de palanca arreglada de modo que se pudiera

víctima del fuego a fin de qiie se

tostase lentamente, prolongando lo más posible el ho-

y quitarle la vi-

da de una vez. En ningún lugar de Francia había iiri

meter y sacar a la

rrible martirio, en lugar de quemarle

-- --.

solo protestante a salvo.

53

ERRANTE Y PERSEGUIDO

Calvino, tratando de encontrar un lugar seguro pa-

ra estudiar y escribir, cabalgo liacia la frontera germa-

na del Rhin. Jinete a su

sirvientes, iba Luis du Tillet quien había decidido abandonar su trabajo y su valiosa biblioteca para se- guir a su amigo. Los dos cabalgaron hacia el Este en dirección a Metz, distante doscientas millas de París. Era invierno;

el frío les atería y el viento les azotaba silbando con-

tra su rostro. En cada parada donde tuvieron que pa- sar la nache los viajeros temían que alguien pudiera descubrirles y denunciarles como herejes. Calvino via- constantemente con dolor de cabeza y el esfórnago trastornado. Por si esto fuera poco los dos amigos se levantaron cierta mañana para descubrir con sorpresa que uno de los sirvientes había huído con la bolsa1del dinero. El ladrón se había escapado con su caballo, dejando

lado, y acompañado de dos

a sus dueños sin un solo céntimo. No podían pedir 8-

nero sin darse a conocer. El otro criado, un poco mas considerado, les prestó la suma suficiente para poder llegar a Estrasburgo donde Calvino tenia amigos en- tre los pastores protestantes. El pastor Martín Bucero se encontraba allí ayudando a los refugiados franceses que huían de la ola de persecución que se había desen- cadenado en su país. Calvino le había escrito con aiite- rioridad recomendándole a uno de los refugiados. Quizás por no encontrar la ciudad de Estrasburgo suficientemente tranquila, Calvino y Du Tillet prosi- guieron más hacia el sur. Existe una leyenda que ase- gura que Calvino se detuvo durante el camino para vi- sitar al erudito holandés Erasmo de Rotterdam. Eras- mo fue el hombre que devolvió al mundo e1 Nuevo Tes- tamento con una nueva traducción, directa del idioma griego; pero este gran erudito "que facilitó el camino para la Reforma" descubrió que de su huevo había sa-

AS^ FUE CALVINO

lido un pájaro totalmente diferente de lo que ~iiponía, en el gran movimiento religioso de Liitero y Zuinglio. Cuando se dio cuenta dc lo lejos que iba la Reforma y la oposición que levantaba, Erasmo sc retractó de las verdades que li~bíadesciibierto cn el Nuevo Testameri- to e hizo las paces con el Papa, quien le ofreció el bi- rrete cardenalicio en premio a sil cambio de aclitud. Serfa conocido por la hi~toriacomo un erudito hiirna- nista adherido a la Iqlesia de R,oma. Ciianclo Calvino se detuvo para visitarle, Erasmo era ya viejo. 40 aitlos

más viejo que

muerte. ¿Recibió friamente al lider francés qiie se de-

tuvo para verle?

A principios del año 1535 los dos amiyos lle~arnna caballo a la ciudad de Rasilea, el ccntro suizo de la li- teratura y las artes gráficas. Alli, por niás dc un aiio, cesaron sus deventuras. Calvino había encontrado poi- fin un poco de descanso.

Calvino y a sólo unos pocos anos de sii

En una casa de los siiburbios alquiló una habitación

a la señora Catalina Klein; cerró sil puerta v FP ??ilsv

a trabajar. Adoptó el nombre de Martinus LIIC~~~I~S, muy parecido al propio nombre de Lutero; no hahia más que un cambio de letra en la forrna latina de am- ambos.

S610 un reducido número de nersonas cabía qilii! era en realidad Lucaniiis. Uno de los qiie conocían Sir verdadero nombre era Nicolás Cop, el anti~uorector de la Universidad, quien se encontraba en Basilea. Nrt había visto a Calvino desde el día en que tiivo que e?- caparse, cuando iba en procesiór! honorífica hacia na- lacio, y Calvino se deslizó con una cuerda hecha de S,?- banas, escapando por la ventana de su habitación. 1,~- jos de París compartieron las noticias que ambos tcnian sobre la fiera persecución en su propia tierra.

AS^ FUE

CALVINO

Tales noticias no eran buenas. Algíin prisionero tí- niido, para salvar su vida del fuego, había revelado las casas de los que asislían a las reuniones secretas. El fu- ror real cayó sobre ellos, a pesar de que estas personas no habían colocado los carteles provocativos. De la Forje, aquel hoinbre pío y generoso, cuya casa era el refugio (le los creyentes, había muerto en la hoguera. Sil mujer estaba en la prisión. Calvino no podía pensar en La Casa del Pelicano sin estos queridos amigos. El zapatero paralítico, Milon, fue también arrojado al ca- rromato que le condujo a la muerte por fuego lento.

mercader que había asistido a las

reuniones, fue muerto también, y a Apolille, albañil, le cosieron la lengua al paladar con una pinza de hie- rro porque al ser atado a la estaca no quiso cesar de hablar de su Salvador. Había muclios lugares vacíos en

las reuniones secretas de París. E1 rey Francisco no vacilaba yla más respecto a su actitud con 10s grotes- tantes. Las súplicas de Margarita, no le movían a coin- ~asión.pero fue 10 suciente clemente para librar de la Prisión a tres de SUS propios ministros y enviarlos a un monasterio. Allí, dos de ellos se arrepintieron de sus

Du Bourg, un rico

Ce[ebj-ando la

comunibn

en

cuevas

de Francia

prisidn erari sólo una casta perversa de rebeldes Y re- volucionarios, un grupo de Anaba~tistasque qucrian separar la Iglesia del Estado. ¿Eran rebeldes y revolucionarios, el generoso De la

cal-

y

Se-

la verdad sobre la fe de los mártires. pero un francei

en el exilio, podía hablar. ~1 francés hospedado en casa de Madanle Kleiny ni Basilea, se sentó en la mesa Y mojo SU pluma en e] tin- tero. Trabajó febrilmente Era para a fines terminar del verano pronto cuan- la obra que había

página dedicatoria añadida a 10s seis

do

go pítulos Thomas ya terminados. platter, el impresor Calvino fue cuya a visitar tienda a ostentaba su ami- el signo del 0~0-i''egro.

57

la

convicciones

Forpe, el paralítico Milon, Y como tantos a otros hermanos a quienes en

Vino fiar? Nadie en Francia podía hablar sobre los que eran

Calvino y tuvo ocasión de explicarle 10 que estaba su- arrojadoc al fuego. Nadie, dentro del país podía decir cedierido en París.

de esto, escapó Y Se refugió en Basilea. ~llíencontró a

Roma. El tercero, Corault. era casi ciego, pero a

Protestantes y volvieron a la Iglesia de

pesar

Al Rey Francisco, le pareció necesario esparcir una

de sus persecuciones. Era ver que otros paises, espe-

cialmente 10s Estados Protestantes de Alcrnania, no es- '¿irían de acuerdo con SUS crueldades. Necesitaba a es-

de

E;5pafia7 que le habían

tos países como aliados contra el emperador Carlos

gran de mentira acerca 10 suficiente inteligente para

derrotado en ~avia.por esta

explicándo-

y a

la

escribió a 10s príncipes de Alemania

les que 10s horribres que mandaba a la hoguera

56

INSTITVTIO CHRI-

ftian~religionis, in libros qua-

taor nane primhtn digeitn, certifqite diftinctn capitibus, a& aptirrimam metliodum: aricta etiam tum magn acccfiione 1% propemodum opus nounm haben pofit.

IOHANNE

CALVINO AVTIIORE.

Oliua Roberti Stephani.

Un Libro y un Rey

El hombre a quien Calvino dedicó su libro, nunca leyó la página veintiuno, dirigida "A su más Cristiana Majestad, Francisco, Rey de los Franceses, de su súb- dito Juan Calvino, deseándole la paz y la salvación que es en Cristo". Este hombre estaba deinasiado ocupado con sus bailes de cortesanas y sus proyectos de alian- zas contra sus enemjgos. Aunque hubiese leído el libro con su dedicatoria antes de entregarlo al fuego, lo que sin duda haría, nadie podía haberle dicho que cuatro- cientos años después el pequeño volumen sería corita- do entre los libros que han cambiado la fortna de peri- sar del mundo.

El rey Francisco no podía syponer que la dedicato- ria a 61 dirigida sería apreciada por siglos como urla obra maestra de vehemente elocuencia, leída por rrii- llones de personas en rnuchos idiomas.

La INSTITUCION DE LA RELIGTON CRTSTIA- NA, por Juan Calvino de Noyori, no vio la luz tan sólo como una súplica al rey de Francia, sino como tina ayuda espiritual a los nuevos Protestantes que necesi- taban se les mostrasen las verdades de la Biblia. Nadie de parte de la Reforma había definido dichas verdn- des de una forma ordenada. La mas grande contribu- ción de Lutero fue la traducción de la Biblia al alemán, y sus escritos eran sobre temas diversos. La Iglesia de Roma tenía una gran .organización, para definir la

Verdad. Los seguidores de la Reforma poseían La Pa- labra, pero ¿quien debía coriducirles de una forma cui- dadosa a tina coinprension completa de las verdades escriturales? ¿Quién les iba a mostrar lo que la Biblia dice sobre el Señor Jesucristo; el Espíritu Santo; los Sacramentos y la Iglesia; la Fe y la Oración; la Ley de Dios, la libertad, y las obligaciones de la vida cristiana?

--- .

Sobre todos estos importantes temas estaba el fran- cés escribierido en Uasilea cuando le llegaron las iioti- cias de la violenta muerte de sus amigos. Luego tuvo noticias sobre los embustes del Rey Francisco. Conio si un rayo hubiese iluminado so mente, Calvino vis- 1uiiibi.ó la forma en que podía defender la verdadera fe y a los calumniados en su Patria. Quizas pensó tam- bién en la posibilidad de mover el propio corazón del débil rey. El libro se convirtió en algo más que una guía para el estudio, vino a ser una obra maestra co- mo Confesión de Fe, la fe que era sellada con la carne abrasada de tantos mártires en Fraiicia.

Calvino a sil

"nada estaba mas lejos de mi mente que el pen-

sar en presentar mi Iiurnilde obra a vuestra serenisima Majestad. Mi intención era tan sólo establecer algunos principios fundamentales por los cuales los indagado- res pudieran ser instruidos en la naturaleza de la verdadera piedad. Y dicha labor la inicié mayormente para inis compatriotas, los franceses, entre los cuales sé que hay multitudes hambrientas y sedientas de Cris- Lo, pero muy pocos poseen un conocimiento real de EI Pero cuando vi que la furia de hombres malvados en vuestro Reino habia llegado a tal extremo que ya no

A iniciar mi trabajo, seiioi*" -dice

rey-,

doniinios para la sana doctri-

habia lugar en vuestros

ha, pensé que mi obra estaría mejor empleada si al tiempo de dar instrucción a ellos, presentaba mi con- fesión a Vos, para que pudiérais conocer la nhituraleza

de la Doctrina que es objeto de tanto furor por parte de estos locos que están perturbando vuestro país oori el fuego y la espada "Por dicha razón, suplico a Vos, señor (y la humil- de petición me parece del todo razonable) que toinkis personalmente conocimiento de la causa, que Iiasla ahora ha sido solventada de uria forma confusa y poco cuidadosa, sin ninguna clase de ley y con nias pasión y criieldad que gravedad ji:dicial. No creáis que estoy

"

arguyendo en mi propia defensa para procurarine un regreso seguro a mi tierra nativa, pues, a pesar de que siento todo el afecto que cualquier hombre sentiría por ella, todavía, bajo las circunstancias especiales en que se encuentra no deploro el haber partido. Suplico en favor de la religión divina, y consecueiitemente en

En vuestra mario esta, se-

. Es-

es digno

nombre del propio Cristo

ñor, el no hacer oídos sordos a tan justa defensa

te asunto que bien merece vuestra

de vuestro trono

."

"¿Qué más puedo decir? Analizad, señor, todas las razones de nuestra causa, y consideradnos los más in- fames de los hombres si no descubrís clarameiite que tanto nuestra labor como nuestros sufrimientos y vilu- perios tienen su único fundamento en el Dios Viviente.

tan solo porque creemos que "es

vida. - eterna conocer al solo Dios verdadero y a Jesucris-

Somos perseguidos

-.-

to, al cual ha enviado".

"Por esta sola esperanza, algunos de nosotros somos atados con cadenas, lacerados con azotes, paseados co- mo objetos de burla, crueliriente torturados, y otros so- obligados a escapar huyendo Con la mente sagaz de un abogado, procede a enu- merar y arguir sobre cada uno de los cargos de que se

mos

."

a los Protestantes. Cita abundantemente la

Escritura. Apela a los padres de la iglesia. En algunas

acusaba

ASÍ FUE CALVINO

ocasiones su lenguaje se hace duro e incisivo. Está su- plicando al Rey, pero al mismo tiempo luchando por la verdad, y no rehuye usar un lenguaje fuerte. "Somos pacifistas y honestos" -dice de si mismo y de los que en Francia son acusados de revolucionarios. "Aún ahora, en nuestro exilio, no cesamos de orar por vuestra .prosperidad y la de vuestro Reino. Hernos aprendido por la gracia divina, a ser pacientes, humil- des y modestos. Si alguno de nosotros usara el Evan- gelio como pretexto para la agitación, leyes tiene Vues- tra Majestad por las cuales castigarnos. Pero no sea culpado el Evangelio de Dios".

"SeÍior

no desconfiamos de obtener vuestro favor

si tan sólo leyerais una sola vez con

serenidad . esta

nuestra confesión, que intentamos sea nuestra defensa ante vuestra Majestad. Pero, si por el contrario, vues- tros oídos están tan imbuidos por las murmuraciones de los impíos como para no dar ocasión a los acusados de defenderse a sí mismos, y si la pasión cruel continúa persiguiéndonos con vuestra aquiescencia, con prisio- nes, azotes, torturas, confiscaciones y llamas, seremos de cierto, como ovejas de matadero, reducidos a las mayores estrecheces. Entonces con paciencia poseere- rnos nuestiXasalmas, y esperaremos la poderosa mano del Seiior, que sin duda aparecerá y se mostrara pode- rosa para librar a los pobres de su aflicción y castigar a los que le desprecian, aunque ahora se regocijen en sil absoluta seguridad. Que el Seiior, Rey de reyes, se digne establecer vuestro trono con justicia y vuestro reino con equidad".

Estas son algunas de las elocuentes frases que Fran- cisco 1 nunca llegó a leer. En los años que siguieron, el libro llamado "Instituciones de la Religión Cristiana", creció como el árbol que brota de una semilla. En cua-

UN LIBRO Y UN REY

tro ediciones sucesivas Calvino lo aniplió desde seis capítulos a ochenta, completando cuatro grandes to- mos. Sin embargo, no había nada en los ochenta capí- tulos que nolhubiera sido tratado en los priineros seis. El anciano enfermo que 50 años más tarde se esforzaba para completar la edición final, interpretaba la Biblia de una forma totalmente idéntica al joveti de 25 afios refugiado en Basilea.

En la última edición, del aiio 1559, "La Institución" fue redactada siguiendo el orden del Credo Apostólico, al tratar de las verdades de la religión cristiana.

Tres de las cuatro ediciones se publicaron en un la- tín académico. La cuarta lo fue en un vívido y ameno francés. Hoy en día "Instituciones de la Religión Cris- tiana" es un libro que puede leerse por lo menos en diez idiomas.

De esta forma aparecieron los poderosos escritos que juntados en una sola obra, siempre basand~seen la Palabra de Dios, forman un Sistema completo de Doctrina.

Las "Instituciones1' empiezan hablando de Dios y terminan tratando sobre Dios; el Dios Trjno y tres ve- ces santo. Calvino escribió de una forma clara, con la lógica de un abogado. En un estilo elocuente, como au- tor que maneja sus palabras y sus ideas cos destreza. Su mente extraordinaria abarcaba y comprendía las verdades de Dios en la forma más completa que al hombre le es dado hacer. Escribió apasionadamente, con un corazón entregado por entero a su Señor. Es- cribió humildemente, porque cornprendia que su alma había sido librada del lodo del pecado únicamente pcr la gracia de Dios.

63

AS^ FUE

CALVINO

Nadie habia escrito antes de una forma así. Nadie había discurrido con la magnificencia con que Calvino lo hizo sobre las "Verdades de la Religión Cristiana".

Pero Juan Calvino de Noyon ignoraba su éxito. 13re-

días de la

fjrio, en los

oculto tras una puerta cerrada y bajo un ncmbre

supuesto.

prirriera edición, perriiaiiecer

"Que ini objetivo no era el ganar fama se demos- tró en el hecho de que inmediatamente después de sa- lir a luz la obra abandone Basilea y nadie en la ciudad conocía que yo era el autor" -dice posteriorinente, cuando ya su obra empezaba a ser famosa.

El huésped de Mme. Klein, Martin Lucanius había pasado muchas horas en la tienda que ostentaba la insignia del Oso Negro, leyendo las pruebas finales del libro cuya portada decía en latín "Juan Calvino de No- yon". Era en Febrero de 1536 cuando termirió la co- rrección de pruebas y poco después de entrar en el mes de Marzo el libro fue repartido para su venta en las librerías públicas, cuando Lucanius y su compaiíero Du Tillet habían abandonado ya la ciudad. Unos kiló- metros al sur de Basilea Lucanius cambio su nombre por el de Carlos Espeville, que significa "Ciudad de Esperanza". Du Tillet se hizo llamar Louis du Elaut- mont o sea "Monte Alto".

¿Por que lo hicieron? E1 señor "Ciudad de Esperanw" y el seiior "Monle Alto", proseguían su camino Iiacia Italia, tierra del Papa; sede de la Iglesia de Ronia, y su vida corría el inayor peligro si eran reconocidos.

XII

Viajero por Italia y Francia

En un castillo, del norte de Italia, vivía una joven

mujer que

hubiera sido reina de Francia si la ley no

dispusiera que el trono debía ser Únicamente para los varones. Rija del rey Luis XII, la princesa René habia estado prometida con el emperador Carlos V de Espa- Tía, y posteriormente coi1 Enrique VI11 de Inglaterra. En ambos casos por razones políticas. Y por las mis- mas razones de Estado casó al fin con un italiano, el duque Hércules de Ferrara, quien, se hallaba intirna- iiienie vinculado con la Iglesia de Roma, por ser nieto de un Papa.

El duque trajo a su duquesa francesa a Italia con una pomposa procesión de pajes vestidos de escarlata y clarines de oro. A pesar de que su enorme castillo en Ferrara estaba enmohecido y amenazaba ruina, la vida en su corte era alegre y extravagante, y sus bailes, ban- quetes y diversiones no conocían fin. Los enanos, los monos y los loros acababan de dar colorido a las fiestas,

Pero la duquesa René trajo consigo de Frarcia una fe que no agradó al duque. Fe que había aprendido del anciano profesor Lefkvre, de su prima Margarita y otros nobles evangélicos. Al principio el duque lo tole- ró, y no se opuso a la presencia de protestantes fran- ceses en ni corte. Pero la Iglesia de Roma muy pronto le asigno su deber. Estos frenceses eran enemigos del Papa, servidores de la herejía, su lugar no estaba en el castillo de Hércules, nieto de un Papa.

Fue cuando el duque de Hércules empezaba a apre- tar los tornillos a los amigos de su mujer, cuanclo los viajeros de Basilea se acercaron a los muros de Ferra- ra. Llegaron disfrazados de monjes, y se dice que la du- quesa René les recibió solícitamente. Quizá su secreta- ria Clerrientina Marot la habla informado sobre el jo- ven lider de los protestantes franceses. Clementina ha- bía sido la núrnero seis en la lista de sospechosos du- rante la "Affair de los pasquineswen París y había es- capado a Basilea.

Al llegar

Calvino, la duquesa tenía que protegerle

contra la inquisición que ya había empezado a interro- gar a varios de sus amigos. La historia dice, que Cal- vino se encontró por primera vez con la duquesa y sus dainas de compañia, secretarnente en' una pequeña ca- pilla, cerca de la habi~acionque se le había asignado. Quizás Calvino había llevado consigu algunas hojas de sus "Instituciones", y con prudencia y sigilo probable- mente pudo hablar con otros personajes de la Corte.

Cuando Calvino llegó a Ferrara la duquesa canta- ba tan sólo 24 arios de edad. Grandes calamidades la aguardaban. Sería presionada a volver a la "verdade- ra" iglesia de Elorna. Al rehusar hacerlo llegó a ser en- carcelada y separada de sus hijos para que estos pu- dieran ser educados en la fe Católica. Mas tarde apa- rentaría ser obediente a la Iglesia,para poder volver a su iamilia. Pero después de morir el duque de Hércules regresó a su castillo en Francia para convertirlo en iin llospital-oasis para los cristianos perseguidos en aquel país. En las guerras religiosas francesas, su propio yer- no conduciría tropas contra los protestantes, pero ella se mantendría firme en su fe.

Calvino

en Italia

a

los veintisiete

a"0S

En medio de todas sus futuras penalidades, el mas riel consejero de la duquesa sería el joven vestidc de negro que ahora se encontraba en la corte de Fcrrara. animándola a seguir adelante. La duquesa nunca vol- vería a ver a Juan Calvino, pero sería su princillal ayii-

da para rriariterierse firme en su fe. Por iiiedio de car- tas eiitradas de conirabarido al castillo, y hasta en su pi'ision, la duquesa podría oir a so consejero espiritual. 28 aiios nias tarde, en sil leclio de inuerte, Calvino dic- taba su iiltiiria carta a la (luqiiesa llené, que en aquel eritorices vi~~~aen su castillo de Montargi, en Fraiicla. Teiriía que los protestaiites se avei-goiizaran de ella por ser la suegra de un hombre que luchaba eri su con- 11.a. "No, Madam", -dictaba con toda seguridad- a pesar de que su voz casi no alcanzaba a ser oída por el

amanuense- "ellos OS aman y aprecian y saben que

este parentesco no os priva de iiianteiier una pura con- fesión y profesión de la fe cristiana, y que lo probais,

. pues yo

misnio admiro en gran inanera vuestras virtudes' Pero todo esto estaba aun cubierto con el velo del futuro en aquel año 15:1G, cuando Calvino hablaba per- sonaliiieiite con la duquesa. Deseaba porler testilicar del puro Evangelio a otibaspersonas de la alta sociedad italiana, pero era lo suficiente prudente para darse cuenta de los peligrosos sacerdotes y cardenales que lc rodeaban y trató de no traspasarse. Sil plan había sido el de ir a Ferrara para confortar y fortalecer a la du- quesa, que era francesa y protestante. Esl~erabaque ella ~odríausar su iní'luencia entre los que la rodea- ban. Había esperado poder hablar y predicar. Pero eii vano. Eri el castillo. gobernado por el duque Hércules, la cuña de la oposición se había introducido va. Durante las seis u ocho semanas que pcrriianecio en Felarara, Calvino envió varias cartas. Una de ellas lue a Gerai-do Rousell, ex predicador de la princcsa Maiagai*jia, al cual Calvino habia conocido y respetado. Ei :ay Fi.ancisco le había sacado de la prisión y puesto en un Monasterio, junto con otros dos predicadores de

SLI hermana Margarita. Corault, que era casi c'

no solo de palabra, sino con heclios notables

es-

capó a Basilea, pero Rousell abjurd de su "herejía" y regresó a la Iglesia de Roma. Por t.ste hecho el Papa le ofreció la mitra episcopal y Rousell la aceptó. Calvi- no no pudo contenerse en escribirle:

"De Juan Calvino a un ex-amigo, actualinerits un prelado" decía la carta al nuevo obispo. "¿Que le ocu- rre a1 que como tu se convierte en desertor de su capi- tan, se pasa al enemigo y ayuda a destruir la tierra pa- ra cuya defensa estaba dispuesto antes a dar la vida Es duro -como por propia experiencia- el abarido- nar la casa propia y convertirse en un peregrino pero el Señor transforma este destino, que a los ojos de los "

hombres parece tan agrio, en un gozo inefable

Los peregrinos de Ferrara partieron repenlinarnen- te. El duque de Hércules estaba arrojando a los herejes de sil corte, y la sospecha había caído sobre Carlos de Espeville y Louis de Hautmount. Ambos escaparon por las puertas de la ciudad. Algunos dicen que el del- gado joven vestido de negro predicaba en las villas que encontraba a su paso en el norte de los Alpes, y que era bienvenido en unas y arrojado de otras Louis de Hautmount. Nada se sabe de cierto sobre lo que ciu- rrio en este viaje. Probablemente los viajeros pas- ron por el gran San Bernardo. Las cumbres de las

nieve que se derretía,

?

montañas,

rebosantes

de

la

saltaban retumbando sobre sus lechos de roca. ;Y aué sucedió entonces? Llegaron noticias de que el rey Francisco, esperan- do convertir algunos herejes protestantes, habia ofre- cido seis meses de tregua en su persecución, para que los protestantes en el exilio pudieran regresar a sus ho- gaics y a la Iglesia de Roma. Calvino aprovechó la oportunidad. Cruz6 Francia y entró en París. Recor- dando, seguramente, a los amigos que ya no podría sa-

L, -

-L

ASÍ FUE CALVINO

ludar, entr6 tristemente en la ciudad. Tomó la habita- ción en un hotel, pues la casa de Pelicano pertenecía a otros. En Paris, el 2 de Junio de 1536, dos notarios escri-

Calvino, licencia-

do en Derecho, ante nuestra presencia y en sus plenas facultades, declara nombrar a su hermano Antonio, re- sidente en París, su representante y administrador, con- cediéndole plenos poderes", ¡Juan Calvino, licenciado

en Leyes! (,Dequé otra forma podría presentarse ante los notarios? ¿Cómo un errabundo, predicador hereje y escritor protestante? De ningún modo. Juan Calvino, "licenciado en Derechoi', hacía a su hermano represen- tante suyo para actuar en su nombre sobre todas las propiedades de la familia en Noyon.

Calvino trató también el asunto con su Iiermanastra María. Su otra hermanastra, fiel a la Iglesia de Roma, se había casado y establecido en Noyon. Carlos había muerto excomulgado por la iglesia, y había sido ente- rrado durante la noche en una tumba desconocida, en un cruce de caminos lejos de la ciudad. La familia de Gerardo Calvino quedaba reducida a la nada, decían los habitantes de Noyon. ¡Una fami- lia tan respetada! ¡Tan fiel a la Santa Madre Iglesia! La piadosa hija del posadero había muerto demasiado joven para poder conducir a sus hijos por la senda rcc- ta de la Iglesia -insinuaban los católicos fanáticos-. El abogado hacía chocado con la ciiria y sus negocios. Y asf habia muerto, sin hacer las paces con la Iglesia, afirmaban otros. Su hijo Carlos, sacerdote, era-decían-de un ca- rácter ingobernable. Una vez, discutiendo con su padre cuando jovencito, le habia arrojado una maza, y por si esto fuera poco más tarde había abandonado

bieron la: siguientes frases: "

Juan

VIAJPRO POR ITALIA Y FRANCIA

el sacerdocio y vueltose a la herejía luterana. En su le- cho de muerte, se había negado a tomar los sacramen- tos. Enterrado lejos del campo santo, su alma no Iue bendecida por la Iglesia. El otro hijo, Juan, hiieno en sus estudios, y que iba a ser consagrado cuTa, estaba volviéndose el peor de todos. Escribía y ensefiaba, y la gente le escuchaba atenta y compkdcida. Enseñaba eiri- pero la herejía. Trataba de comenzar otra iglesia cti contra de la antigua Madre Iglesia y en contra del Pa- pa. Algún día sería quemado por sus maldades, si no en las hogueras de Francia en los fuegos del infierno. Lo que trataba de hacer era algo horrible.

Juan el hereje, estaba ahora tratando de cambiar ia mente de su hermano Antonio, el dependiente que vivía en París y de su hermanastra María. <Iban estos a cometer la locura de seguir a Juan dónde este qui- siera llevarles? Esto decía la otra hermanastra, la hija fiel, de Roma, ila única que no se había vucllo a la maldad

!

Las mujeres piadosas de Noyon se persignaban cuan-

do pasaban en frente de la casa de

plaza del

familia! ! Juan, "el peor de todos1' viajaba de nuevo por Fran- cia. Los seis meses de tregua del rey terminarían pron- to. Si no apostataba de su fe, y de esto no tenía deseo alguno, pronto no habría ningan lugar en su tierra na- tiva donde pudiera enconderse de una forma segura, ni siquiera bajo puerta cerrada y con nombre supues- to, como pudo hacer en Basjlea. Y El necesitaba un lu- gar así para volver a estudiar y a escribir. Esta .cría su mayor aportación a la nueva fe protestnte, escritos y libros con los cuales los hombres pudieran alimentar sus almas. Quizás Estrasburgo fuera un buen lugar, o

Calvino, jiiiito a la

mercado. iA qué bajeza había Ilegado la

AS^ FUE

CALVINO,

puede que estuviera mejor en Basilea. Estrasburgo caía mas hacia el este, pero para ir en esta direccion tenia que atravesar por un territorio en guerra. El rey Francisco sostenía su tercera gran guerra con el empe- rador Carlos. Estaban luchando en toda el área del ca- mino hacia Estrasburgo. Los cañones, carros y todo el equipo militar llenaban los caminos. Por la tanto Cal- vino, dio un rodeo, pasó por Lyon, conocido por su centenar de impresores y se acercó a Estrasburgc por el Sur. Esperaba llegar hasta Lausanne; pero por ser demasiado tarde, decidió pasar la noche en Ginebra, al oeste del lago Leman.

Cansado y polvoriento llegb a la vieja puerta de Cornavin, guardada por un centinela con armadura. Caivino dio al centinela su nombre, recibió un papel de recomendación para los propietarios de las posadas de Ginebra, y cruzó el puente levadizo de la ciudad. Estaba dolorido, mal vestido, y cansado. Pero pensó que después de un poco de comida y un largo sueño podría continuar su viaje hacia el norte al romper el alba. Encontró una posada y pidió alojamiento por

una noche.

HOMBRE

DE DOS CIUDADES

Las

forres de

1.

catedral

de San Pedro en

Ginebra

Un Misionero

Valiente y

Atrevido

La gente más bravía de Europa moraba en los va- lles y las montañas de Suiza. Durante el tiempo de la Refornia no se llamaba Suiza. Era un grupo de 13 es- tados llamados cantones, que habían conquislado sir libertad de duques, reyes y emperadores que regían eri otros lugares de Europa. Cada cantón estaba goberna- do por un Consejo de ciudadanos. En ningún otro lu- gar de Europa se regía el pueblo de una forma tan de- mocrática como estos poco educados, pero bravos ciu- dadanos, que no querían ser siervos de ningún seiíor.

Poco después del aÍio 1500 los cantones de Siiiza se encontrarori con un gran dilema. ¿Cuál sería su acti- tud ante la Reforma? El movimiento estaba invadiendo los estados alemanes, y había empezado ya en sus pro- pios cantones. Hacia al norte, UlrSicoZiiinglio estaba predicando poderosclmente en la Iglesia de Grossmuns- ter, en Ziirich. Había lanzado su primer serrnon refor- rriador el día de año nuevo de 1519, catorce meses des- pués de que Lutero clavara sus tesis. Desde aquel mo- mento la Reforina en Suiza se esparció por todas las ciudades y pueblos. En el norte y en el este los cantones de habla alemana, estaban debatiendo si permanecer con Roma o hacerse protestantes. Algunos se declara- ron fieles a Romq. Otros se volvieron a la fe predicada

~sfFUE CALVINO

UN MISIONERO VALIENTE: Y ATREVIDO

nes llegaba a un grado febril de excltaci6n. atacando, reprendiendo, exhortando Y gimiendo. Con un lengua-

10s je fuerte, lanzaba sus flechas a 10s corazones del Pue-

Por Zuinglio Y LuteI-O.A causa de que en aquellos días

la Iglesia estaba completamente ligada al Estado

cantones Se llacian u oficialmente protestantes o cató-

lico rananos. En el norte, el cantón protestante más poderoso era Berna. Berna tenía como escudo un oso Y todos 10s demás cantones sabían que cuando el oso de Berna gruñía, 10 más sabio era obedecer.

Los protestantes de Berna empezaron a iniciar el

Esto

traoafo misionero en las ciudades bajo su control.

blo poco instruído que le estaba escuchando Era tan

poco

a la perfección su len~ale.Hablaba en contra de Roma, reclamaba el retorno a las verdades d2 la Biblia con tan elocuente sinceridad que la gente teda que decidirse entre creer de Una vez, o a atacar

refinado como

sus oyentes, Y Por est0 podian

furlosamente al misionero de Berna-

no era fácil, Pues la Iglesia de Roma estaba dispuesta para una lucha a muerte en los territorios donde to- davfa dominaba. Los habitantes de Berna eran de ha- bla germana. Necesitaban alguien que les hiciera de misi~r~eroen 10s territorios de habla francesa del sur-

este. Por 10 tanto envieron a un francés, rechoncho y decidido llamado Guillermo Farel. Farel se había con- vertido Por medio del anciano profesor Lefevre y había escapado de Francia después de actuar poderosamen- te en Meaux, cerca de Parfs. Gujllermo Farel era de lo más osado corno misio- nero, pues introducia la Palabra en todos los lugares. No se detenía por nada. "Nunca he visto un' hombre tan intrépidov dijo Erasmo del rechoncho francés; el cual en respuesta llamd a Erasmo un Balaam.

Cierta vez, cuando se estaba celebrando una prote- sidn religiosa, Farel arrebató algunas reliauias de las manos de un sacerdote y las echd al rfo. otras veces entraba en una iglesia romana, escalaba el púlpito y arrojaba de allí al sacerdote que estaba celebrando la misa, denunciando al pueblo que tal ceremonia era un acto de idolatría. Doquiera que fuese daba la impresión de una tormenta. En una ciudad después de otra, eri el mercado, en las casas y en los teatros, anunciaba e1 mensaje de la salvación de Dios. Durante sus reunio-

La

gente

tenfa que

dccidtrse

entre

creer o

atacarla

77

AS^ FUE CALVINO

Azotado y arrojado de algunas ciudades, Farel fue

amenazado con pistolas, espadas y otras armas. Una

fieramente que un ciudadano de

Berna que presenció el castigo refirió que la cara y el

cuerpo del misionero quedaron como si un centenar de gatos salvajes le hubieran clavado sus uiías. Pero Fa- re1 no se detuvo nunca. Ni tampoco se preocupaba mu- cho de permanecer en el territorio de Berna. Si un campo aparecía listo para el Evangelio, el se dirigía allí, tanto si Berna podía protegerle como si no.

Farel juntó para ayudarle a un puiíado de hombres intrépidos que no temían la horca, el frío, ni la muer- te. Si no se les arrojaba permanecían suficiente tiempo en una ciudad para convertir a algunas personas a la Reforma. Entonces enviaban un comunicado a Berria cuyo Consejo escribía al de la ciudad vecina pidiendo un debate público entre los protestantes y los católico- romanos. Berna enviaba a aigunos ministros para ha- cerse cargo del debate, y al concluir el pueblo votaba libremente entre el Protestantismo o Roma. Muchas ciudades y pueblos se declaraban por la Reforma. A tales lugares, Berna enviaba instrucciones sobre los sacramentos y el sistema de culto. La misa era aboilda L,as estatuas y los altares eran quitados de las Iglesias; si no habían sido derribados ya por el pueblo entu- siasta.

Fue en un día de Otoño de 1532, exactamente un año después de la muerte de Zuinglio, que Farel y uno de sus acompañantes cruzaron el puente levadizo de Ginebra por primera vez.

Juan Calvino se encontraba entonces en Orlcans, Francia, terminando su curso de leyes, después de la pobre venta de su libro sobre Séneca.

vez fue azotado tan

La

Ciudad del Lago

Pocas ciudades teriíari un emplazarrlicnto tan bonito como Ginebra. Edificada sobre una roca a la orilla de un lago azul, estaba rodeada de un círculo de monta- Íias; una alfombra de verde hierba a sus pies, y a lo lejos altos picos nevados acariciados por las nubes. El lago azul recoge las aguas que afluyen de las montañas y las junta en un poderoso río, el Ródano que cruza Francia bullicioso para precipitar~een el Mediterru. neo. Ginebra era critonces, y es todavía, un cruce de caminos de toda Europa. Rutas importantes atravesa- ban sus puertas. LF ciudad estaba en lo mas sur-este de los cantones suizos, dominando todos los territorios Que la rodeaban.

famosas marchas por Europa

Julio César en

sus

había descubierto Ginebra, 50 anos antes de CriLto, y habfa edifidado allí unas murallas de defensa. Urios 40C años después Ginebra dejó de ser una aldea fortificada para convertirse en ciudad. Más tarde el Cristianismo entró en ella y en los sitios donde se alzaban ternplos paganos se edificaron iglesias. A principios del siglo X se edificó, toda de piedra, la iinpresionante catedral de San Pedro, cuyo campanario es el punto más alto de la ciudad. Fue construída en forma de cruz y la esbcl- tez de ,sus torres se destaca sobre el fondo negro de las montañas.

AS^ FUE CALVINO

Ginebra estaba aún luchando por su libertad cuan- do F'arel realizó su primera, visita. No pertenecia a nin- gun cantón y estaba luchando desesperadamente para qiiedar como ciudad independiente. Por 150 anos sus ciudadanos iuerori obteniendo mas poder, defendiéndo- se de las garras de un duque y un obispo que procura- ban regirla. Pero fue una lucha sangrienta.

El duque era Carlos 111 de Saboya, que gobernaba las tierras alrededor de Ginebra. Los castillos en toda el area, eran sus fortalezas. Iricluso llegó a capLurar un castillo que habia en una isla del rio, entre las dos partes de la ciudad. El obispo regia a los ciudadsnos corno cabeza de la Iglesia a la cual todos perteneciari. Fue un poderoso enemigo de las libertades del pueblo dentro de la ciudad, hasta que decidió trasladarse a un palacio más corlfortable en las montañas. El obispo por su influencia religiosa era el enemigo de dentro, el duque el de fuera.

Los patriotas de Ginebra lucharon fieramente en contra del duque. Finalmente, en 1825, el duque Car- los asaltó la ciudad con un gran ejército. Los patriotas liuyeron a la desbandada, y los que permanecieron en la ciudad tuvieron que jurar obediencia al duque. ~Qiié otra cosa podían hacer si los soldados del duque tenían sus hachas sobre sus cabezas'? Pero los patriotas vol- vieron sigilosamente. Se juntaron en consejo y sacudie- ron el yugo del duque. Sorprendido por la repentina oposición huyó inesperadamente de Ginebra y nunca más pudo poner los pies en la ciudad. Entonces Ginebra hizo alianza con los poderosos cantones de Berna y Friburgo. Para mantenerse libre del poder del duque la alianza del año 1526 fue un fac- tor decisivo. Pero Berna era Protestante, mientras que E'riburgo seguia a Roma.

LA CIUDAD DEL LAGO