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Pamplona

Universidad de

Centro de Educación Virtual y a Distancia

Programas de Educación a Distancia

Estado, Tradición y
Modernidad en Colombia
Oscar Fabián Cristancho Fuentes

Formando Colombianos de Bien

Álvaro González Joves


Rector

María Eugenia Velasco Espitia


Decana Facultad de Estudios Avanzados, Virtuales, a Distancia y Semiescolarizados

Luis Armando Portilla Granados


Director Centro de Educación Virtual y a Distancia
Tabla de Contenido
Presentación
Introducción
Horizontes

UNIDAD 1: Historia Política Contemporánea


Descripción Temática
Horizontes
Núcleos Temáticos y Problemáticos
Proceso de Información
1.1 SÍNTESIS DE LA HISTORIA POLÍTICA CONTEMPORÁNEA. MARIO
ARRUBLA YÉPEZ
1.1.1 I Etapa
1.1.2 II Etapa
1.1.3 III Etapa
1.1.4 IV Etapa
1.1.5 V Etapa
1.1.6 VI Etapa
1.1.7 VII Etapa
1.1.8 VIII Etapa
1.1.9 IX Etapa
1.1.10 X Etapa
1.1.11 XI Etapa
1.1.12 XII Etapa
1.1.13 XIII Etapa
1.1.14 XIV Etapa
1.1.15 XV Etapa
1.1.16 XVI Etapa
1.1.17 XVII Etapa
1.1.18 XVIII Etapa
1.1.19 XIX Etapa
1.1.20 XX Etapa
Proceso de Comprensión y Análisis
Solución de Problemas
Síntesis Creativa y Argumentativa
Repaso Significativo
Bibliografía Sugerida
UNIDAD 2: Teorías para la Comprensión del Estado Moderno
Descripción Temática
Horizontes
Núcleos Temáticos y Problemáticos
Proceso de Información
2.1 PRESUPUSTOS MORALES DEL ESTADO SOCIAL DE DERECHO. ADELA
CORTINA
2.1.1 Críticas a la Solidaridad Institucionalizada del Estado del
Bienestar
2.1.2 Las Humildes Cuestiones de Palabras son Solemnes Cuestiones
de Cosas: ¿Qué Significa “Estado de Derecho”?
2.2 EL ESTADO SOCIAL. UNA EXIGENCIA ÉTICA
2.3 INSTITUCIONALIZACIÓN DE LOS MÍNIMOS DE JUSTICIA, NO DE LA
SOLIDARIDAD
2.3.1 Del Estado-Nación al “Mega-Estado”
2.4 ESTADO SOCIAL DE DERECHO: UN ESTADO DE JUSTICIA, NO DE
BIENESTAR
2.5 EL SIGLO XX Y LA TRANSICIÓN DEL ESTADO COLOMBIANO. OSCAR
FABIÁN CRISTANCHO F
Proceso de Comprensión y Análisis
Solución de Problemas
Síntesis Creativa y Argumentativa
Bibliografía Sugerida

UNIDAD 3: Tradición, Modernidad y Modernización


Descripción Temática
Horizontes
Núcleos Temáticos y Problemáticos
Proceso de Información
3.1 EL RENACIMIENTO: ORIGEN DE LA MODERNIDAD. OSCAR FABIÁN
CRISTANCHO FUENTES
3.1.1 Filosofía Renacentista
3.1.2 La Ciencia Renacentista
3.1.3 Consecuencias
3.2 TRADICIÓN Y MODERNIDAD EN LA POLÍTICA COLOMBIANA. FERNÁN
E. GONZÁLEZ
3.2.1 Introducción
3.2.2 Frente a la Crisis de Legitimidad
3.2.3 La Crisis del Bipartidismo
3.2.4 ¿Una Crisis Estructural?
3.2.5 La Responsabilidad de los Partidos
3.2.6 Diversidad de Lógicas en la Clase Política
3.3 EL BIPARTIDISMO Y LA VIOLENCIA
3.3.1 La Violencia y los Desarrollos Políticos del Siglo XX.
3.3.2 La Modernización durante el Frente Nacional.

3.4 LA NUEVA VIOLENCIA Y LA FRAGMENTACIÓN DEL PODER


3.4.1 Conclusión
3.5 ALGUNAS CONSIDERACIONES GLOBALES SOBRE MODERNIDAD Y
MODERNIZACIÓN EN EL CASO COLOMBIANO. JORGE ORLANDO
MELO
3.5.1 La Modernidad a la Fuerza
3.5.2 Los Tres Componentes de la Modernización
3.5.3 Modernización y Posmodernismo
Proceso de Comprensión y Análisis
Solución de Problemas
Síntesis Creativa y Argumentativa
Bibliografía Sugerida

BIBLIOGRAFÍA GENERAL
Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 1

Presentación

La educación superior se ha convertido hoy día en prioridad para el gobierno


Nacional y para las universidades públicas, brindando oportunidades de superación
y desarrollo personal y social, sin que la población tenga que abandonar su región
para merecer de este servicio educativo; prueba de ello es el espíritu de las
actuales políticas educativas que se refleja en el proyecto de decreto Estándares
de Calidad en Programas Académicos de Educación Superior a Distancia de la
Presidencia de la República, el cual define: “Que la Educación Superior a Distancia
es aquella que se caracteriza por diseñar ambientes de aprendizaje en los cuales
se hace uso de mediaciones pedagógicas que permiten crear una ruptura espacio
temporal en las relaciones inmediatas entre la institución de Educación Superior y
el estudiante, el profesor y el estudiante, y los estudiantes entre sí”.

La Educación Superior a Distancia ofrece esta cobertura y oportunidad educativa


ya que su modelo está pensado para satisfacer las necesidades de toda nuestra
población, en especial de los sectores menos favorecidos y para quienes las
oportunidades se ven disminuidas por su situación económica y social, con
actividades flexibles acordes a las posibilidades de los estudiantes.

La Universidad de Pamplona gestora de la educación y promotora de llevar


servicios con calidad a las diferentes regiones, y el Centro de Educación Virtual y a
Distancia de la Universidad de Pamplona, presentan los siguientes materiales de
apoyo con los contenidos esperados para cada programa y les saluda como parte
integral de nuestra comunidad universitaria e invita a su participación activa para
trabajar en equipo en pro del aseguramiento de la calidad de la educación superior
y el fortalecimiento permanente de nuestra Universidad, para contribuir
colectivamente a la construcción del país que queremos; apuntando siempre hacia
el cumplimiento de nuestra visión y misión como reza en el nuevo Estatuto
Orgánico:

Misión: Formar profesionales integrales que sean agentes generadores de


cambios, promotores de la paz, la dignidad humana y el desarrollo nacional.

Visión: La Universidad de Pamplona al finalizar la primera década del siglo XXI,


deberá ser el primer centro de Educación Superior del Oriente Colombiano.

Luis Armando Portilla Granados. Director CEVDUP

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 2

Introducción
Dentro del nuevo contexto de la Educación Colombiana, es de vital importancia el
constante reconocimiento de los cambios socio-políticos, económicos y culturales,
que se gestan alrededor de nuestra sociedad. El análisis y las herramientas que lo
permiten, deben ser uno de los propósitos de la educación y en especial el de los
estudiosos de la Ciencias Sociales.

La sociedad Colombiana durante el último siglo, experimento una serie cambios


en cada una de sus estructuras: debido a influencias internas, producto de la
lucha entre las capas sociales; y externas debido a los fenómenos del sistema
mundial. Estas influencias, en especial las ocasionadas por los cambios económicos
y políticos del viejo mundo y la intervención norteamericana, determinaron el
grado de acción de las ya denominadas influencias internas.

Para el desarrollo de este modulo planteare metódicamente los puntos específicos


de la discusión, es decir el Concepto de Estado, la influencia de la Tradición y el
desarrollo del fenómeno de la Modernidad en Colombia.

La primera unidad contiene un estudio sintético de la historia política


contemporánea de Colombia; planteado por el reconocido autor “Mario Arrubla
Yepes”, quien participó en la valiosa obra “Colombia Hoy”. Este estudio fue
coordinado por Jorge Orlando Melo. Decidí incluir este capitulo ya que esta obra
ha sido motivo de estudio en casi todas las facultades de estudios políticos,
jurídicos y de historia de las más acreditadas universidades del país.

En la segunda Unidad, se contextualizan los elementos teóricos básicos para la


comprensión de todo el material, dado que en ella se presenta un material que
define claramente los conceptos de Estado Social de Derecho y el Estado de
Bienestar; además de una serie de criticas planteadas por la reconocida autora y
sus aportes desde la ética, los valores de la democracia y la ciencia política. Desde
luego, tomando como referencia el ultimo siglo, ya que en esta asignatura se da
por comprendido la primera fase de la historia política de Colombia.

Finalmente, en la tercera unidad se aborda el fenómeno social de la Modernidad, el


análisis y el origen de las tradiciones políticas, así como el debate entre
modernidad y modernización. Los textos aquí planteados fueron seleccionados de

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 3

acuerdo al tema de discusión y son artículos que corresponden al desarrollo de la


asignatura, por supuesto existen más autores de reconocida trayectoria
investigativa que podrían hacer diferentes y variados aportes a la discusión, por lo
tanto se recomienda que sean consultados, recomiendo a los interesados ingresar
a la pagina de Internet de la biblioteca virtual Luis ángel Arango, donde podrán
accesar a diversas y actualizadas publicaciones en todas las ramas de la ciencia y
la educación.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 4

Horizontes
• Desarrollar el nivel apropiado de lectura, comprensión y análisis de los
acontecimientos históricos más importantes del siglo XX de nuestro país.

• Generar situaciones en las que el estudiante compare los argumentos de los


autores y adquiera la capacidad de proponer ideas renovadoras con alto grado
reflexión y autocrítica constructiva.

• Inducir al estudiante para que construya discursos apropiados en torno a los


temas vistos y los que le generen curiosidad, convirtiéndose éste en un agente
participe investigativo, que contribuya al desarrollo y la evolución de esta
disciplina.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 5

UNIDAD 1
Historia Política Contemporánea
Descripción Temática

La historia política de nuestro país, no ha sido ajena al proceso de evolución de los


conceptos y las teorías de la política, la economía, la cultura y por supuesto de la
educación. Pero todo lo anterior ha permanecido y dependido de la voluntad
política de los gobernantes de turno, y de la forma en que se plantean, e intentan
llevar a cabo los denominados planes de gobierno. En el siguiente texto se
encontraran descritos algunos de los acontecimientos más importantes y
pertinentes para nuestro propósito. También la relación o causa de muchos de las
dificultades que hoy día conocemos y enfrentamos.

Horizontes
• Comprender el curso histórico de los acontecimientos según su Naturaleza y el
impacto que éste generó en la sociedad colombiana.
• Interpretar el origen y las causas que permitieron la evolución de los partidos
políticos en Colombia.
• Desarrollar el argumento apropiado y dotado de las herramientas teóricas para
explicar el contexto histórico de nuestro país, durante el último siglo.

Núcleo Temático y Problemático


• Síntesis de la Historia Política Contemporánea

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Proceso de Información
1.1 SINTESIS DE HISTORIA POLITICA CONTEMPORÁNEA. MARIO
ARRUBLA YEPES

1.1.1 I Etapa

En las primeras décadas del siglo XX, Colombia conoce por primera vez desde la
Independencia cierto grado de estabilidad política y social. Es La republica
conservadora. En el occidente del Pals se ha completado el Proceso de
colonización antioquena, que a través de la producci6n cafetera Vincula a esta
régimen a la economía monetaria. y donde el trabajo y la propiedad crecen en
buena medida a la par.

En las regiones centrales, escenario de la conquista española sobre e] país de los


chibchas, la fuerza de trabajo de un campesinado mestizo es tributaria de un
reducido grupo social que esgrime sus diferencias de raza y que funda su jerarquía
económica en el control jurídico- político de la tierra, asegurado en el presente y
para el porvenir por títulos que, como los de Nozdrev, trascienden lodo límite
visible, cobijando las tierras abiertas y las por abrir. Este campesinado, reclutado
por los latifundios en calidad de aparceros y agregados, reparte su tiempo de
trabajo entre una producción de subsistencia y otra mercantil, principalmente de
exportación, que conforma el grueso de la renta de los terratenientes, los cuales
son así los únicos que se vinculan al mercado y a la economía monetaria.

En relación con este ordenamiento socio-económico, levantado sobre el hecho


jurídico de la propiedad, la institución estatal funciona como una herramienta
fundamental. Los terratenientes perciben rentas y controlan las palancas del
Estado, del que depende la validez de sus títulos y la fuerza para imponer su
respeto a los campesinos- El carácter sagrado de la propiedad es la regla de oro de
la republica conservadora. La propiedad ha de parecer tanto mas sagrada cuanto
más dudosos en justicia resultan sus títulos, y los propietarios tanto mas
respetables cuando mas obscuros sus orígenes.

El campesinado, intimidado por el dominio secular de sus señores, es


cuidadosamente adoctrinado en la virtud religiosa de la obediencia, con lo que la
Iglesia Cat61ica prolonga en pleno siglo XX su viejo carácter de brazo espiritual de
la Conquista.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 7

1.1.2 II Etapa

El equilibrio de esta formación social se rompió en la década de1920, cuando el


capitalismo norteamericano en expansión vino a irrigar los estrechos canales de
nuestra vida económica con importantes masas de inversión. Las concesiones
petroleras se vieron acompañadas por el pago de la indemnización por Panamá,
diferida durante muchos lustros y ahora otorgada con la mira puesta en aquellas
concesiones. Prestamistas norteamericanos abrieron créditos que parecían
ilimitados a particulares pero sobre todo a los diversos niveles del gobierno:
municipal, departamental y nacional.

Nuevas actividades económicas, muy especialmente la de obras públicas, se


sumaron a las Tradicionales de la agricultura y el comercio. Para operar en las
obras públicas y en las actividades urbanas estimuladas por la afluencia de capital
extranjero, la fuerza de trabajo fue extraída de donde se encontraba. de la
agricultura, con el atractivo de una remuneración monetaria que competía
valiosamente con la sujeción personal y la producción de subsistencia a que estaba
reducido buena parte del campesinado.

Este desplazamiento de fuerza laboral, que los terratenientes trataron de frenar


con la colaboración de las autoridades locales y en lugar del cual propusieron la
alternativa de la inmigración, planteó un problema novedoso a la producción
agraria colombiana: el de abastecer de alimentos a una población creciente por
fuera de la agricultura, y ello con una fuerza de trabajo agraria relativamente
disminuida. Era pues necesario elevar la oferta de alimentos elevando la
productividad agraria. Pero la aristocracia territorial, que con solo sus títulos
jurídicos y sin ningún esfuerzo propiamente económico concentraba y enajenaba
los excedentes de una agricultura dejada en manos de campesinos, no mostró el
afán en mejorar los métodos y las técnicas de producción en respuesta a la
demanda expandida.

Los terratenientes continuaron sacando al mercado interno los mismos o menores


volúmenes de producción y copando con alzas de precios ka incrementos de la
demanda. Para combatir la inflación persistente que convertía en ingreso y
consumo de terratenientes unos recursos originalmente destinados al desarrollo,
los dirigentes econ6niicos y políticos que ya entonces se identificaban con la
modernización del país echaron mano de la Ley de Emergencia, por la cual se
permitía la importación de productos agrarios competitivos.

A los ojos de muchos resulto claro que el régimen territorial prevaleciente en


regiones estratégicas del país comprometía gravemente las perspectivas de un
desarrollo capitalista que no tuviera COIBO único radio de operación el comercio

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 8

de exportación. Ojos mas avizores, como los de nuestro máximo conductor político
Alfonso López Puma rejo, comprobaban que la experiencia histórica que acababa
de hacerse era el prólogo al derrumbe inminente de la republica conservadora.

1.1.3 III Etapa

Los conservadores, divididos, perdieron el poder en 1930, y desde entonces iban a


perder también de manera definitiva sus mayorías electorales: el predominio de
sus principios doctrinarios dependían en medida considerable del control
estrechamente personal ejercido por los terratenientes sobre los campesinos, y
este control se fundaba a su turno en un régimen agrario que no debía
prolongarse si se aspiraba a desarrollar nuevas actividades económicas que
operaran como otras tantas Fuentes de acumulación de capital. Cuando después
de la gran crisis del capitalismo, los dirigentes del país pusieron los resortes del
Estado al servicio de la causa de la industrialización, se hizo todavía más evidente
la necesidad de modificar en un sentido liberalizador as condiciones económicas y
sociales de los trabajadores.

Era necesario interesar a estos en aumentar la producción comercializable, era


necesario favorecer su inserción en la economía monetaria. así como garantizar su
movilidad ocupacional. Vistas en la perspectiva de los terratenientes, las
modificaciones requeridas aparecían corno otros tantos recortes a sus
prerrogativas: ya no podrían pretenderse dueños de todas las tierras, cultas e
incultas, lo que les había permitido extender sus demandas de tributación a las
arras colonizables; ya no podrían disponer tan libremente de la suerte de sus
agregados y aparceros y fijarles sus condiciones bajo la amenaza de expulsarlos
sin pago alguno, ya no podrían atarlos a la tierra con el apoyo incondicional de las
autoridades.

Para que la fuerza de trabajo campesina produjera más, para que se inscribiera en
la economía monetaria y demandara artículos industriales y para que ingresara en
un mercado de trabajo en el que pudiera ser controlada por quien mejor la
remunerara, o sea por quien en principio pudiera hacerla rendir más, para lograr
todo esto era preciso que el Estado interviniera como un protector de los
trabajadores frente al dominio de tipo señorial ejercido por los grandes
propietarios.

Correspondió a los liberales impulsar en sus primeros lustros el proceso de


industrialización. Bajo el nombre de Revolución en Marcha adelantaron un
movimiento político que tomó cuerpo en una legislación que limitaba y
condicionaba los derechos de los latifundistas sobre la tierra y la población.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 9

A fin de romper las viejas formas de jerarquización social, los liberales alentaron la
organización y la iniciativa política de las masas. Bajo l republica liberal, la oficina
de Trabajo se convirtió en un instituto para el fomento de la sindicalización. Las
reivindicaciones de los campesinos organizados en ligas que se reducían
generalmente a dos: La afirmación de la propiedad de las parcelas o del derecho
de sembrar en ellas productos comercializables, fueron miradas con simpatía por lo
poderes públicos, que abandonaron su presteza tradicional en acudir con las armas
al llamado de los terratenientes.

El pacto tácito que llego a vincular al Estado liberal con las masas trabajadoras no
duró. El temor ante la insurgencia popular y la alarma ante la tolerancia del
Estado invadieron rápidamente sectores cada vez más amplios de las jerarquías
sociales, que llegaron a considerar al propio presidente López como un aventurero
irresponsable. Este había cometido un grave error; sobreestimar la capacidad de
su propio partido para soportar a la vez la rebeldía de las masas y el pánico
naciente en los altos estratos sociales. Fue así como el partido liberal, en el nivel
de sus cuadros dirigentes. se contagió de la angustia conservadora ante los
movimientos de masas incitados por la Revolución en Marcha, con lo que uno y
otro partido acabaron por convertirse en voceros pasivos de los sobresaltos de las
capas superiores.

El liberalismo renegó de la empresa histórica en que lo embarcara su máximo


conductor, y éste, conciente de que sin el apoyo entusiasta de sus copartidarios le
era imposible perseverar en su camino y garantizar ese control final sobre las
masas que tanto preocupaban a todos los sectores dominantes, no tuvo otra salida
que la de claudicar, renunciando a la presidencia antes de cumplir su segundo
mandato.

1.1.4 IV Etapa

Jorge Eliécer Gaitán fue el heredero del movimiento popular a cuya direcci6n
habían renunciado los ideólogos burgueses del liberalismo- Era un orador que
manejaba con virtuosismo los efectos capaces de conmover a las gentes del
pueblo, un político de origen pequeño burgués cuyo enorme deseo de prestigio y
de poder casaba muy naturalmente con las confusas pasiones reinvidicatorias de
un proletario y un subproletario urbanos en formación. Su prédica contra las
oligarquías y por los intereses del pueblo, vagamente definidos, sus promesas de
colocar decididamente el Estado del lado de los posibles y en oposición a los ricos,
tuvieron la mas tumultuosa acogida en un momento histórico en que las cosas
eran dejadas en la estacada por los estadistas que diez anos atrás las habían
convocado. Los mismos dirigentes liberales que ayer no mas llenaban las plazas

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 10

debieron abandonar estas al caudillo y a sus seguidores y hasta el transito por las
calles de la capital les fue vedado por la agresividad de las hordas gaitanistas.

El pueblo confiaba en un milagro: que la presencia del caudillo al frente del tim6n
del Estado realizaría de manera in cuestionada todas las aspiraciones que por
siglos habían dominado y que solo recientemente habían comenzado a formularse.
El único obstáculo que parecía atravesarse en esta vía, eran las oligarquías tanto
conservadoras como liberales que el puño levantado del caudillo y su consigna: ¡a
la carga! prometían derrocar.

Eran tantas las expectativas suscitadas por el caudillo y tan ardorosas las pasiones
encendidas por su oratoria que, de haber ganado las elecciones de 1946 y de
haber pretendido todavía satisfacerlas, la hora de la violencia habría cambiado
apenas en algunos meses pero su marco político habría sido distinto. La biografía
política de Gaitán, marcada por el radicalismo populista cuando apenas buscaba
audiencia, e inclinada inequívocamente a la conciliación tan pronto ganaran cierta
autoridad en el liberalismo, pedirle sin embargo suponer que su conducta en la
Presidencia habría ido en el sentido de la ultima inclinación, reforzada además por
la dificultad practica de dar cumplimiento a unas promesas que, si
conceptualmente parecían confusas, emocionalmente resultaban excesivas. El
hecho fue que los dirigentes del país, los burgueses y los terratenientes, los
ideólogos del conservatismo y del liberalismo se mostraron dispuestos a permitir el
libre curso de esta aventura.

En lo inmediato, el liberalismo se dividió para las elecciones presidenciales de


1946, entre los seguidores del caudillo y los de un aparato oficial que acababa de
renegar del reformismo lopista y que de momento no tenía nada positivo que
ofrecer. Y así, la pausa que este partido había querido antes marcar con el
gobierno de Eduardo Santos (1938-42), pasó en derecho a ser presidida por los
conservadores, en cuyas manos se hizo escabrosa.

1.1.5 V Etapa

Los conservadores ganaron las elecciones de 1946 con el nombre de Mariano


Ospina Pérez, un hombre de negocios que estaba destinado a servir de puente al
ideólogo Laureano Gómez. como en 1930 Olaya había hecho de puente para el
arribo al poder de Alfonso López. Los dirigentes liberales más conscientes y
temerosos de los riesgos de la aventura caudillista del gitanismo se marginaron de
la lucha. Gaitán asumí entonces la dirección del partido con poderes absolutos. Su
asesinato, que el gobierno atribuyo con lodo descaro al comunismo, produjo en las
principales ciudades del país un estallido colosal de cólera anárquica que provocó

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 11

el terror de las clases dominantes, a la vez que mostró la impotencia política de las
masas.

Para conjurar la crisis a través de un arreglo con el régimen conservador, el


liberalismo no tuvo de nuevo otros personeros que los dirigentes que habían sido
desplazados por Gaitán. La colaboración liberal que entonces se intentó, no podía
durar mucho como quiera que ella estuviera lejos de favorecer los planes de
Laureano Gómez, Jefe indiscutido del conservatismo. Al calor de las batallas
libradas contra el reformismo Lopista y luego, ante el peligro del sesgo
antidemocrático que Gaitán había dado al liberalismo, el Monstruo, como lo
llamaban adversarios y amigos, se había radicalizado por la derecha, lo que tenia
que resultar temible dados su apasionamiento y su capacidad de maniobra política,
no igualados por nadie.

Desde esta posición y con alguna razón histórica, Laureano Gómez se negaba a
diferenciar entre liberales ortodoxos y liberales populistas, entre lo que había sido
el partido de Alfonso López y lo que el mismo partido había llegado a ser bajo la
dirección de Gaitán, sosteniendo que en el reformismo agitacional del primero, se
gestaba la corriente que sin puntos de solución conducía al revolucionarismo
irresponsable del segundo. Llevando más lejos aun su reducción temperamental,
Gómez identificaba asimismo. bajo la imagen de un basilisco, que se hizo famosa,
al liberalismo en bloque con el comunismo ateo y la anarquía.

El partido del populacho era uno solo, y ese partido era el responsable de todos
los hechos que en los últimos tiempos habían representado una perturbación del
orden, incluidos el estallido nueveabrilero, los incendios generalizados y los
saqueos, los ataques al clero, y ese fenómeno alarmante como ningún otro, de
que en el momento más álgido de la subversión, las fuerzas de policía reclutadas
por el Estado liberal hubieran puesto las armas en manos de los amotinados. Era
preciso pues, desterrar al partido liberal del escenario político colombiano e
impedirle a cualquier costo el acceso a los cargos del Estado, posición desde la
cual había alentado e insolentado a las masas. De inmediato, y para cerrarle el
camino a las urnas, los dirigentes conservadores impartieron en todo el país la
orden de privar de sus cédulas de ciudadanía a los seguidores del liberalismo. Los
procedimientos violentos que acompañaron necesariamente esta operación. se
convirtieron en pocos meses en una campaña sistemática de extermino de
liberales, promovida desde los más altos niveles oficiales y adelantada por una
policía que pronto comenzó a reclutarse por méritos criminales. Iniciada de esta
manera la violencia. el gran burgués que era Ospina Pérez pudo ceder en 1950 el
paso a Laureano Gómez, el ideólogo fascistizado. Ya a la cabeza del Estado,
Gómez emprendió la tarea ambiciosa de modificar de arriba a abajo la estructura
institucional del país, empezando por el orden político constitucional.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 12

Los lineamientos de la república democrática debían ser por completo


abandonados, ya que este régimen, fundado en los perniciosos conceptos de la
soberanía popular y de la mitad mas uno de las voluntades, consagraba el poder
del oscuro e inepto vulgo, como lo demostraban por demás los recientes
desplazamientos electorales a favor del liberalísimo, que parecían irreversibles. Los
mejores debían gobernar, y ellos no eran otros que los que al detentar las
posiciones del mando en la vida económica e institucional, integraban la cúspide
de la pirámide social.

En lugar del sufragio universal, el Estado debía encontrar en buena parte su base
en los representantes de los gremios económicos, de corporaciones como la Iglesia
y de instituciones como las ligas profesionales y las universidades, La
representación propiamente política, si había alguna, quedaba limitada a los
gestores de esté ordenamiento, o sea el caudillo y a las personas designadas por
él. Entre tanto, el Estado conservador seguía enfriando con las amias policiales y
pronto también con las del Ejército a las masas para él demasiado recalentadas
por el Estado liberal.

Los jefes liberales, angustiados e impotentes. vacilaban entre estimular la


resistencia inevitable de un pueblo acosado, que fácilmente empezaba a
desarrollar apelativos sangrientos, o marginarse de una lucha cuyos términos
conducían rápidamente a los combatientes liberales a posiciones políticas clasistas
y anticapitalistas.

Esta vacilación fue considerada por los gobernantes como un compromiso con la
subversión y castigada con atentados e incendios de residencias en cabeza de los
Jefes liberales, quienes así, prácticamente, fueron llevados a tomar el segundo
camino: el del marginamiento de la lucha y el exilio. No se respeté ni a los ex-
presidentes liberales ni a los órganos de la gran prensa. E la drástica y descomunal
tarea que Laureano Gómez se había impuesto fue perfilando sin embargo un
proceso: a medida que se evidenciaba el carácter y el costo de sus ambiciones
aumentaba su aislamiento.

1.1.6 VI Etapa

En 1953 fue Laureano G6mez quien debió tomar el camino del exilio. Su esquema
constitucional, sus ataques contra el sistema democrático con idénticos
argumentos que los enarbolados por los fascistas europeos, su pretensión de
fundir en un solo cuerpo el mando socioeconómico la conducción política
ideológica, en fin, perpetuación de su poder personal como constructor del nuevo
andamiaje, repugnaban a sectores de su propio partido que confiaban aun en la

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 13

funcionalidad de los principios democráticos y republicanos, no importa que para


ellos esto no representara otra cosa que la fe en la capacidad de las jerarquías
sociales ara infundir sus principios a las masas por otros métodos que los de
sangre y fuego.

Los demócratas conservadores llegaron a ver la aventura derechista de Gómez con


alarma parecida a la que pocos años atrás experimentaron los jefes liberales, ante
los deslizamientos izquierdistas de su partido. Fue así, como en el propio seno del
conservatismo, y bajo el comando del expresidente Mariano Ospina Pérez empezó
a gestarse un movimiento de oposición, que tenia sobre cualquier otro, la enorme
ventaja de no poder ser aniquilado a nombre de la religión y el anti-comunismo.

Para ser eficaz, y dadas las especiales condiciones políticas del país, esta corriente
oposicionista se abstendría de toda argumentación ideológica y programática,
reduciendo su desafió al caudillo a la enunciación del nombre de Ospina Pérez
como candidato para las elecciones que deberían realizarse en 1954. Y ello bastó
para producir el choque. Laureano Gómez se levantó de su lecho de enfermo y
pronunció un encendido discurso en el que, con toda evidencia, denunciaba los
fermentos liberalizantes y anarquizantes que el movimiento Ospina pretendía
inyectar en el seno de la pura doctrina conservadora. Entretanto, rumores sordos
corrían en los cuarteles. El recrudecimiento de la violencia en campos y ciudades,
la amenazante propagación de las guerrillas, hicieron que el sostenimiento del
régimen recayera sobre las fuerzas militares de una manera tanto más exclusiva
cuanto que los gobernantes, fieles a sus convicciones antidemocráticas, habían
renunciado a todo tipo de seducciones en relación con lo que se llama la opinión
pública.

Puesto que el caudillo había prescindido de toda legalidad política fundada en el


juego de las corrientes de opinión y promovido de otro lado condiciones de guerra
civil generalizada que convertían al Ejército en el pilar prácticamente exclusivo de!
Estado, tendría que haberse dado una compactación ideológica más nítida e
invasora para que no se produjera lo inevitable: que los militares acabaran por
arrogarse todos los privilegios del poder y no sólo sus costos de sostenimiento.

1.1.7 VII Etapa

Fue así como ascendió al poder Gustavo Rojas Pinilla, satisfaciendo no sólo las
demandas de sus compañeros de filas, sino también las expectativas de todos los
dirigentes políticos extraños al grupo de Gómez. Mientras los conservadores
ospinistas entraban a formar parte del gobierno del General, los jefes liberales
proclamaron a éste salvador de la patria y émulo del Libertador.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 14

Se contaba generalmente con que el gobierno de los militares habría de servir de


puente para el rápido restablecimiento de la democracia y el retomo de los civiles a
la dirección del estado. Pero el General, un hombre absolutamente corriente que
había llegado al poder empujado desde todos lados para ser allí objeto de las más
extravagantes lisonjas, se embriagó inevitablemente de gloria y muy pronto
comenzó a dar pasos encaminados a convertir su mandato golpista en un puente,
no para los ideólogos civiles, sino para su propia elección y reelección presidencial.
Primero trabajó sobre la línea de dejar de lado a ambas colectividades políticas
fundando para su propio uso un tercer partido con base en el binomio pueblo-
fuerzas armadas, lo que alarmó por supuesto a todos los políticos, excepción
hecha de los descastados, y lo que determinó su primer choque importante con la
Iglesia.

Organizó asimismo su propia constituyente sobre el resto de la que había montado


Gómez con miras a la reforma corporativista, y encomendó a ella la función de
legalizar su continuación en el poder. La clase dirigente colombiana, la que tenia el
poder económico, la cultura, los medios de información, empezó a hablar entonces
de libertades y derechos civiles, percibiendo como una vergüenza y una real
derrota que el país que ella manejaba en todos los demás órdenes, pasara
indefinidamente al control de los "hombres de armas en el punto central del poder
del Estado. Fue así como, al paso que los decretos leyes recaían como órdenes
castrenses sobre los diversos terrenos de la vida social, en particular sobre el
económico, aquella clase comenzó a mirar de nuevo hacia los políticos liberales y
conservadores, salidos generalmente de su propia entraña y que eran, de
conformidad con las tradiciones civilistas del país, sus personeros autorizados para
el manejo de los asuntos públicos.

Para que su retorno al poder se identificara con un anhelo nacional, a unos y otros
políticos se exigió ante todo el logro de un acuerdo que, moderando los ímpetus
partidistas, les permitiera proponer al país la tarea de poner fin a la violencia.

1.1.8 VIII Etapa

El 10 de mayo de 1957, fecha de la caída de Rojas, tuvo su coronación la empresa


política más idílica que ha conocido la nación colombiana de los tiempos
modernos. Para derribar el régimen de los militares se congregaron en un solo
frente los empresarios de la banca, de la industria y del comercio: los liberales de
los más diversos matices; los conservadores del oro puro y de la escoria, es decir,
los expulsados de los liberales, de los militares se congregaron en un solo los
empresarios de la banca, de la industria y del comercio: poder por Rojas y los que
habían entrado con él; la Iglesia, por supuesto; en fin, los comunistas y los
estudiantes. Durante meses, los hijos y las mujeres de la burguesía habían

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 15

practicado métodos conspirativos, mientras que los marxistas agitaban la consigna


de las libertades democráticas.

A la hora cero, con el estandarte de un candidato conservador, simpático a fuerza


de folclórico, los empresarios pararon la economía y los estudiantes invadieron las
calles. Substituido Rojas por una junta de cinco militares que debían, ellos sí, servir
de puente para el retorno de los civiles al poder, se dio comienzo a un complicado
tejemaneje político al cabo del cual resultó evidente, que los conservadores no
estaban en condiciones de aspirar al próximo turno presidencial, sobre todo, por el
resentimiento de Laureano Gómez con el sector de su partido comprometido en el
golpe de Rojas. En un acto de odio político suicida, el caudillo, que había
regresado del exilio gracias a la gestión de Alberto Lleras, lanzó la candidatura de
éste en lugar de la del conservador Valencia.

Los efectos de esta maniobra espectacular, recibida por lo demás con alivio en
amplios sectores ciudadanos, iban en adelante a gravitar pesadamente sobre la
suerte de la corriente laureanista, y ello a despecho de que el gobierno a elegir
iniciaba tan sólo una serie pactada de administraciones conjuntas a la cabeza de
las cuales se alternarían liberales y conservadores. Para la militancia conservadora,
lo que quedaba claro en todo esto, era que los liberales recuperaban la
presidencia, gracias al patrocinio del jefe que todavía cuatro años atrás les
enseñaba a asimilarlos al comunisrno ateo, llamando a su exterminio en nombre
de la salud de la república.

1.1.9 IX Etapa

El Frente Nacional, cuya tarea más inmediata consistía en expulsar a los militares
del poder y restituir en él a los políticos civiles, lo que por otra parte se anunciaba
con demasiada crudeza en su primer nombre de Frente Civil, tuvo su principal
constructor en Alberto Lleras Camargo. Fue este el contra hombre de Gaitán en las
filas del liberalismo, al menos si se consideran las cosas en una perspectiva un
poco amplia. Abandonado por el liberalismo el reformismo de López y salido éste
de la presidencia sin concluir el período, había recaído en el joven Lleras Camargo
la designación para gobernar en el año restante. Mientras las masas urbanas
desengañadas engrosaban con rabia la corriente gaitanista, Lleras probaba al país
que existían en el liberalismo otras vertientes capaces de separar el Estado de todo
contacto demasiado estrecho con las masas y de poner incluso a éstas en su sitio
cada vez que pareciera necesario para el mantenimiento del orden.

En contraste con la benevolencia lopista frente al movimiento obrero, correspondió


a Lleras quebrar desde el Estado una de sus organizaciones de vanguardia, la de
los trabajadores del río Magdalena. Con su comportamiento en el gobierno, era

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 16

como si dijera al país que también en el liberalismo predominaba la convicción de


que debía volverse por los fueros autoritarios del Estado, lo que en ese momento
histórico apenas podía tener el sentido de acreditar la propaganda de los
conservadores y favorecer el retorno de estos al poder. La conducta del presidente
Lleras frente al decisivo debate electoral de 1946 había sido de una pulcritud como
só1o se ve en Colombia cuando los mandatarios de turno carecen de toda simpatía
con sus copartidarios que aspiran a reemplazarlos. Una alambrada de garantías
hostiles, tal era para el candidato oficial del liberalismo, Gabriel Turbay, la
imparcialidad del presidente Lleras.

Estos antecedentes conservatizantes se vieron enseguida reforzados por el


desempeño, todavía menos heroico, de la Secretaría de la reaccionaria OEA en los
mismos años en que los liberales eran masacrados en Colombia en nombre del
anticomunismo. Por estos títulos, pero también por su innegable habilidad política,
Alberto Lleras Camargo apareció en 1957 como el hombre indicado para organizar
y dirigir el asalto combinado contra el régimen de los militares, así como para
poner en marcha e! difícil montaje institucional que debía hacer posible el gobierno
de los dos partidos.

1.1.10 X Etapa

El contenido del pacto frente nacionalista se deduce en su especificidad de la


evolución política a la que en cierta forma vino a dar conclusión. Hasta este
momento, era opinión corriente considerar al liberalismo como el partido del
pueblo y al conservatismo como el del orden, definiciones que no pueden ser
tomadas a la letra pero que tampoco deben ser desestimadas. Es el hecho que a
través de nuestra historia estos dos partidos representaron funciones contrarias
pero también complementarias, alternándose de manera dramática y espontánea
en la conducción del Estado.

Este curso ciego fue el que el Frente Nacional oficializó: la complementariedad se


convirtió en coalición paritaria y la sucesión de los contrarios a través de largos
períodos históricos, se volvió norma de alternación presidencial. En sus dos etapas
de predominio, treinta años en el siglo XIX a partir de 1850 y quince en el siglo XX
a partir de 1930, el liberalismo colombiano había realizado unas rupturas y
promovido unos cambios que secreta o inconscientemente eran anhelados por el
conjunto de la clase dominante y que en última instancia, y no sin chocar por tanto
con estrechos intereses adquiridos, estaban destinados a contribuir a la expansión
de esa clase.

Como quiera que todo verdadero cambio, exige una movilización de las energías
generales de la sociedad, un llamado a las instancias privatizadas para que afirmen

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 17

y trasmuten políticamente sus intereses, instintos y deseos, el liberalismo había


debido, tanto en el siglo pasado como en el presente, estimular el
revolucionarismo de sectores medios o populares para enfrentar con él, ora a los
esclavistas y a la Iglesia terrateniente, ora a los latifundistas semifeudales. Por
haber buscado dar libre circulación mercantil a la tierra y a la fuerza de trabajo,
que eran los dos recursos fundamentales del país, el liberalismo se llamaba el
partido de la libertad, y por haber procurado con esto mismo el uso de ambos
recursos por quien mejor los retribuyera y explotara se llamaba el partido del
progreso.

Los cortes históricos que marcó en 1850 y 1930 y los cambios que en estas fechas
inició, representaban hasta tal punto una necesidad general que en ambos
momentos el partido conservador le cedió por su propio impulso, o falta de
impulso, el paso, por el hecho enteramente lógico de que este último partido, de
pretender por su propia cuenta realizarlos, habría perdido su identidad ideológica y
con ello desaparecido de la escena.

El conservatismo, de su lado, acreditaba sus títulos de partido del orden y de la


autoridad, porque a él le había correspondido en derecho administrar las largas
pausas en el revolucionarismo, pausas cuya oportunidad se hacia manifiesta
cuando su doble histórico había llevado las reformas hasta el punto que resultaban
posibles y era llegada la hora de la desmovilización y de la explotación rutinaria de
la etapa alcanzada.

Entonces se acentuaba la defensa de la autoridad constituida, tanto en el orden


del poder político, centralizado en el Estado, como en el del poder socio-
económico, que representaba un control descentralizado, pero por ello mismo más
estrecho sobre la vida de las masas populares. La división electoral fue el
procedimiento sistemático por el cual el partido en el gobierno facilitaba su propio
relevo, al comprender que otra tarea se había hecho necesaria y que por índole,
debía ser desempeñada según los principios del contrario. Esto no había impedido
nunca la feroz resistencia de sectores del partido relevado, poco dados a aceptar la
necesidad de una evolución histórica que señalaba la parcialidad de su doctrina,
resistencia que indefectiblemente se equilibraba con el surgimiento en el mismo
partido de corrientes modernas que aprendían a resignarse con el usufructo de las
ganancias generales y que extraían así del interés material, una suerte de
ecuanimidad filosófica.

Los conservadores compraron los bienes expropiados a la Iglesia, los liberales


prosperaron en los negocios bajo la Regeneración y en las décadas que siguieron,
los conservadores se hicieron industriales o arrendaron sus fincas a capitalistas
luego de las reformas lopistas. Cuando mayor era la moderación política de los

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 18

copartidarios resignados, más desesperada y agresiva se hacia la oposición de los


doctrinarios, por cuenta de los cuales corría el trabajo arduo de la negatividad y la
diferenciación y con ello la salvaguardia de la identidad partidaria.

A lo largo de la historia, nuestras dos colectividades políticas se construyeron como


partidos y anclaron en el alma popular, gracias sobre todo, a esta pasión dualista y
diferenciativa que polarizaba sus distintas actuaciones en gobiernos cerradamente
homogéneos y oposiciones ardorosas, y que imponía sus opuestas afiliaciones a los
colombianos con bautismos de sangre. La furia de esta diferencia alcanzó su
clímax en la década de la violencia iniciada en la parte media del gobierno de
Ospina Pérez. Esta vez, en contraste con las anteriores, la apelación a las armas se
originó en el gobierno. EI brazo del Estado se extendió por los campos en una
función de verdugo que desató el pánico y el sadismo entre el pueblo, y ello con
tales dimensiones de caos y atrocidad, que no son para ser descritas brevemente.

Es cierto, que el pacto frentenacionalista se propuso entre otras cosas atajar esta
suerte de psicosis colectiva, y que en buena parte lo logró. Pero es también cierto,
que la violencia llegó a ser esta vez mucho más que una lucha entre los dos
partidos tradicionales, que en su curso el estado acabó por perder todo peso moral
mientras que grandes sectores populares levantados en armas, se beneficiaban de
la más profunda legalidad, a la vez que se daban sus propios jefes.

1.1.11 XI Etapa

Hacia 1957, cuando fue pactado el Frente Nacional, el viejo López pensaba que no
había ya ningún problema nacional decisivo que separara a los dos partidos
tradicionales. Por el mismo tiempo, Laureano Gómez, que acababa de regresar de!
exilio, comunicaba que lo más importante que había aprendido en estos años
dramáticos era que la libertad de expresión, específicamente la de prensa, debía
ser defendida a toda costa. Después del cataclismo, López daba muestras de un
realismo, que por el hecho de ser tal, no dejaba de resultar conservador, mientras
que Gómez expresaba convicciones liberalizantes.

En el fondo de estas paradójicas evoluciones se perfilaban claramente los nuevos


contornos de un país, en que el señorío de la tierra había sido substituido por la
propiedad del capital como fuente principal de poder, y en que pocas trabas
quedaban que se opusieran a este relevo en el orden de las instituciones o
simplemente de los usos sociales. Al hacer suyo este terreno, los liberales y los
conservadores tenían que comprender que la más sangrienta de todas sus
batallas, había venido para presidir el descubrimiento de una realidad nacional,
frente a la cual se destacaban sus puntos de contacto mientras sus diferencias
parecían mínimas.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 19

El propósito de enmienda y las demás virtudes a que se consagraron a partir de


entonces los políticos de ambos partidos, se manifestaron en esfuerzos diversos,
según la modalidad de los excesos en que habían caído o que habían podido
atribuírseles- Los liberales. Como quien accede a la madurez, iban a dar muestras
de especial responsabilidad en sus actuaciones, buscando corregir la mala imagen
que de ellos hubieran podido formarse las fuerzas más preocupadas por el orden.
Los conservadores, por su parte, adoptando aires de cordura, iban a proclamar con
insistencia su adhesión a la democracia, su respeto por los derechos civiles y su
voluntad de compartir el territorio patrio con todos los seguidores del partido
rival. Dentro del esquema ideológico frentenacionalista, cada partido iba a servir
de garante de los buenos propósitos del contrario.

Con su gobierno paritario, su política coaligada y sus campañas electorales


conjuntas, los conservadores iban a decir a las clases altas que los liberales ya no
eran unos alborotadores, mientras que los liberales iban a tratar de convencer a
las masas de que los conservadores no amenazaban sus vidas. La tarea de
devolver el crédito al rival, era en verdad mucho más difícil para el liberalismo para
hacer votar a los seguidores de su partido mayoritario por el candidato
conservador en el turno de la presidencia.

Esto explica que bajo el Frente Nacional, mientras los liberales pudieron llevar a la
presidencia a sus más destacados conductores, en los dos turnos que
correspondieron a los conservadores, la selección del candidato fue hecha por el
otro partido con el criterio principal de encontrar la persona que le inspirara menos
miedo. Así, los más caracterizados Jefes del conservatismo, Ospina Pérez y
Gómez Hurtado, debieron deponer sus aspiraciones y someterse al hecho de que
su partido fuera representado en la presidencia por figuras ideológicamente
desdibujadas.

El costo evidente que este arreglo iba a representar para los conservadores,
encontraba en el lado del liberalismo una correspondencia de otro orden: los
conductores de esta última colectividad, en especial Lleras Restrepo, al gobernar a
nombre de los partidos y prohibirse toda definición política partidaria, así como
todo intento reformista que contrariara a sus temibles socios, iban a defraudar
necesariamente todas las esperanzas que sus copartidarios hubieran podido fincar
en el retomo del liberalismo a la primera posición del Estado. Sobre esta
frustración, así como sobre estas esperanzas a las que el Frente Nacional imponía
un aplazamiento de dieciséis años, e! joven Alfonso López Michelsen, con un
cálculo sagaz y una tenacidad alimentada por la seguridad en su objetivo, inicio su
campaña para las elecciones presidenciales de 1974.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 20

1.1.12 XII Etapa

La reforma constitucional que consagró el sistema del Frente Nacional fue votada
plebiscitariamente por doce años, que el gobierno bipartidista aumentó pronto a
dieciséis. Por cuatro períodos de cuatro años, los partidos liberal y conservador
iban a turnarse en la presidencia, a repartirse por mitades los cargos de gobierno,
así como los asientos del Congreso. Para votar cualquier ley importante, se adoptó
la norma de las dos terceras partes, con lo que se buscaba garantizar la unidad del
bloque político en el poder, excluyendo la aprobación de cualquier medida positiva
que no contara con la virtual unanimidad de los socios.

El trabajo que tuvo que cumplir Alberto Lleras como presidente iniciador del
sistema, fue ciertamente arduo y abarcó los más variados frentes. Lo primero fue
convencer a los liberales y los conservadores de que podían trabajar en común, lo
que implicaba ante todo persuadirlos de que había una tarea que podían realizar
conjuntamente. Esa tarea, que el actual presidente de Colombia López Michelsen
ha llamado la administración del capitalismo, condensaría desde entonces todo lo
que tiene a la vez de esforzada y de miserable la política frentenacionalista.

Lo segundo fue lograr ciertas metas políticas decisivas para el afianzamiento del
poder civil, cuales eran poner a los militares en su sitio, el que dadas las relaciones
de fuerza tenían que ser cómodas sin embargo, y correlativamente garantizar la
paz pública por un camino que no fuera el azaroso y fracasado de la sola campaña
militar. Lleras Camargo se entregó así a una verdadera empresa de
adoctrinamiento dirigida a los uniformados, recordándoles el lugar que les
asignaba la Constitución y ponderando su vocación republicana, que los desvíos de
Rojas no alcanzaban a desmentir. Para darles satisfacciones más visibles, les
conservó una cuota importante de poder discrecional en el frente del Orden
público, que a lo largo del Frente Nacional y del régimen casi permanente del
estado de sitio, no hizo más que crecer, invadiendo buena parle del terreno de la
justicia. Para el restablecimiento de la paz, y con miras a reducir la presencia del
Ejército en el Estado, Lleras comprendió que no eran suficientes el hermanamiento
y los llamamientos conjuntos de los dos partidos. sino que era preciso poner
remedio a ciertos efectos sociales y económicos que producían tensiones en los
campos y engrosaban peligrosamente el subproletariado urbano.

El instrumento fundamental para la persecución de esta finalidad, fue la Reforma


Agraria, concebida principalmente por Carlos Lleras Restrepo, quien iría a presidir
años después el tercer gobierno bipartidista y quien se distinguía como el más
capaz de los administradores del capitalismo en los marcos del Frente Nacional. En
el seguimiento de aquella política se invertirían importantes recursos del Estado
con un propósito contra el que conspiraban las tendencias espontáneas de la

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 21

sociedad: fortalecer la economía campesina y frenar las corrientes migratorias del


campo a las ciudades, que daban a éstas un crecimiento vertiginoso en ningún
momento determinado por las oportunidades ocupacionales que ofrecía. Esta
política reformista, necesariamente blanda con los terratenientes en las
condiciones de pacto frentenacionalista, y contraria además a las evoluciones
dictadas por el orden general de nuestro capitalismo, conocería la suerte de
arrastrar una existencia marginal en el concierto de la economía agraria sin ser
nunca por otra parte abandonada, y esto por una mezcla muy corriente de inercia
y demagogia.

1.1.13 XIII Etapa

Los gobiernos que se sucedieron en cumplimiento de la norma de alternación, el


del conservador Valencia, los de Carlos Lleras y Misael Pastrana, perseguirían
todos, con mayores o menores sobresaltos, una misma finalidad estratégica, que
era la de mantener un orden institucional general en el que se combinaran el
esquema político democrático y el esquema económico capitalista. De estos dos
esquemas, el más directamente amenazado era el primero, y ello en razón de los
desastrosos efectos sociales del segundo.

El capitalismo colombiano completó bajo el Frente Nacional una etapa substitutiva,


o sea aquella en que su expansión tuvo como centro un proceso industrial, que en
buena parle se limitaba a ir copando las demandas directas o subsidiariamente
provocadas por la agricultura tradicional de exportación, dependiendo también de
las divisas generadas por esta agricultura para pagar las importaciones de equipos
y materias primas. Ya en esta etapa resultó evidente la desproporción entre los
efectos económicos generalizados del nuevo régimen, que en cierta forma
penetraba la vida entera de la sociedad, y de otro lado, su capacidad restringida
para inscribir de manera directa a la población en el radio de sus operaciones. Por
una paradoja, no muy fácil de comprender ciertamente, la población parecía elevar
sus tasas de crecimiento al mismo ritmo en que el capitalismo destruía sus
condiciones tradicionales de vida y de trabajo sin ofrecerle siempre otras a cambio
o sea al mismo ritmo que el régimen económico la declaraba excedentaria.

Este fenómeno, preocupante como pocos, acabó por concentrar la atención de


nuestros hombres de estado, y fue así como Alberto Lleras llegó a convertirse en el
promotor de una intensa campaña pro control demográfico, que partía del
supuesto teórico, de que no era el orden institucional económico el que se
mostraba rígido e inflexible para cubrir el cuerpo natural de la población, sino que
era ésta la que sobraba. Los desarrollos subsiguientes del sector industrial, a
niveles casi siempre muy altos de tecnología, y casi siempre con un grado
importante de participación extranjera, no prometía mayores cosas en el orden de

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 22

remediar en algo el desempleo y subempleo de la mitad de la población urbana.


Tampoco prometían mucho las estrategias de desarrollo económico que
empezaron a insinuarse en los años tardíos del Frente Nacional.

Como quiera que se enfocara la diversificación y el desarrollo de la agricultura de


exportación, ya fuera como soporte de nuevos desarrollos de la industria o como
elementos autónomos de expansión capitalista, dados los niveles de tecnificación
requeridos, no podían preveerse a corto plazo, aumentos significativos de la
ocupación, ni siquiera en el caso de que se vincularan con aquel fin a la
producción, tierras hasta entonces ociosas.

Obligados tanto de hecho como de palabra a gobernar sobre la base del respeto a
las instituciones económicas capitalistas, y ello en un marco político global que
reconocía formalmente al Estado la autoridad para modelar los diversos terrenos
de la vida social, conforme a los intereses más generales, los gobiernos del Frente
Nacional quedaron directamente expuestos a la impopularidad del régimen
económico, estadísticamente asegurada por las tasas de desempleo, por la
profusión de toda clase de subactividades y por los niveles de ingreso de las
masas.

1.1.14 XIV Etapa

En el momento en que se preparaba para iniciar el último tramo de la alternación,


el Frente Nacional tuvo su mayor vergüenza política; su candidato para el período
1970-74, Misael Pastrana Borrero, fue incapaz de vencer claramente en elecciones
montadas y controladas por la coalición bipartidista al General Gustavo Rojas
Pinilla, que renació así en sus cenizas para demostrar que todo aquello en nombre
de lo cual había sido derrocado, carecía de la legalidad de que se reclamaba: la del
arraigo en la opinión popular. Contra la maquinaria de uno y otro partido, contra
todos los medios de información y propaganda, contra las oportunidades oficiales
de fraude difícilmente desaprovechadas, el General, que trece años antes había
salido al exilio, que once años antes había sido tachado de indignidad en un juicio
político espectacular, en el que apenas se le concretaron los cargos de un
contrabando de ganado y de unos créditos bancarios en su favor, en fin, que a
todo lo largo de los gobiernos frentenacionalistas, había sido señalado como el
representante de la dictadura tiránica en contraste con la cual brillaban y se
justificaban históricamente los nuevos sesgos democráticos, el General, decimos,
igualó la votación de Misael Pastrana explotando de manera bien simple los índices
del empobrecimiento de las masas.

Es cierto, que los políticos frentenacionalistas habían sobreestimado su propia


capacidad de manipulación del electorado, al oponer al General en ascenso, una

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 23

figura de la opacidad política e ideológica de Pastrana. Pero su pecado mayor fue


el de subestimar el resentimiento popular contra el establecimiento político-
económico, resentimiento que venía muy naturalmente a identificarse con la
amargura del General expulsado. Lo que fue la gran batalla del populismo se
convirtió, sin embargo, en una derrota que selló de momento su suerte. Los
proletarios de las ciudades colombianas votaron por Rojas, no sólo porque como
ellos era un resentido, no sólo porque su indignidad solemnemente proclamada
servía bien de símbolo unificador a la indignidad forzosa de los marginados, sino
muy especialmente, porque existía la creencia generalizada, de que las huestes del
General extendían su influencia a las filas del Ejército y tendría la temeridad
suficiente para defender por la fuerza cualquier triunfo que pudiera alcanzar en las
urnas. Y esta creencia resultó infundada. Los días siguientes a las elecciones, el
presidente Carlos Lleras, que acababa su mandato, impartió a las masas urbanas
enardecidas la orden de recogerse temprano en sus viviendas, sin que el aparato
estatal presentara las fisuras previstas.

El desenlace de la prueba de fuerza a que condujo así el debate electoral, clausuró


la versión rojista del populismo que en los próximos años iba a conocer un
retroceso electoral acelerado hasta llegar a convertirse, a mediados de los años
setenta, en una corriente minoritaria que reparte desordenadamente sus simpatías
entre el conservatismo y los principales grupos marxistas.

1.1.15 XV Etapa

Desde el día en que se puso en marcha el sistema de Frente Nacional, pactado


como se dijo para poner terminó al régimen del General Gustavo Rojas Pinilla y
consagrado bajo el gobierno de una Junta quíntuple donde no faltaron los amagos
golpistas, la perspectiva de una restauración militar ha constituido el principal
motivo de preocupación para los gobernantes colombianos. En forma sistemática,
estos adoptaron la conducta de minimizar los riesgos de un golpe, como sin en
esta forma se evitara que los militares fueran tentados por la idea. En las
situaciones más álgidas, como la que se presentó bajo el gobierno de Guillermo
León Valencia, cuando pareció que un paro obrero era parte de una vasta
conspiración en la que estaba envuelto el jefe del Ejército, General Ruiz Novoa, los
dirigentes políticos apenas dan públicamente indicaciones de los peligros vividos a
través de declaraciones renovadas sobre la fe y adhesión inquebrantables que
ellos atribuyen a los uniformados en relación con las instituciones democráticas.

La amenaza es de tal índole, que la denuncia parece aproximarla, y el temor es


demasiado grande para ser abiertamente formulado. Todo lo que viene a poner en
juego el orden público, como las incursiones guerrilleras, los motines estudiantiles,
las protestas obreras, evoca para los dirigentes políticos colombianos, no

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 24

propiamente el fantasma de una dictadura del proletariado, en que nadie cree,


sino el mas palpable de la dictadura militar. De hecho, la amenaza que gravita así
sobre la vida política del país, y que el ejemplo de los países del sur hace parecer
más inminente, actúa como un factor disuasivo en relación con cualquier cambio
progresista como quiera que los políticos liberales y conservadores temen más
enajenarse la simpatía de las clases poseedoras, con sus órganos poderosos de
presión y su incidencia directa en la política, que perpetuar el malestar de un
pueblo masificado, muy difícil de movilizar en función de objetivos unitarios.

En su afán de sostenerse en el poder y conjurar la amenaza del militarismo, los


gobernantes mejor intencionados abandonan pronto la ilusión de realizar cualquier
reforma capaz de incidir seriamente en el orden socio-económico para constreñirse
a la tarea, ardua pero poco heroica, de administrar el establecimiento. De esta
manera, el golpe militar tan temido está bien presente en la vida colombiana,
sobre todo, por la compactación que impone entre los dirigentes políticos y los
usufructuarios del régimen económico.

La eventualidad de un golpe, vista a la luz de la historia reciente del país y de la


experiencia vivida en otras latitudes, no depende de la iniciativa de los militares,
cualesquiera que sean sus ambiciones y la fuerza material con que las respaldan.
Para ello es preciso que se de una quiebra de cumplida de la democracia, que este
régimen deje de garantizar el control político sobre la población. Fue lo que estuvo
a punto de evidenciarse en Colombia el 19 de abril de 1970 y los días que
siguieron, cuando pareció que el Frente Nacional había sido derrotado
electoralmente por un candidato que explotaba el resentimiento popular. Y es lo
que se pondría cabalmente de manifiesto, el día que las izquierdas clasistas
cobraran gran fuerza electoral o adquirieran una autoridad decisiva entre los
trabajadores. Entonces, los políticos liberales y conservadores correrían el riesgo
cierto de ser licenciados por quienes tienen el poder suficiente para ello, por los
capitalistas, y de ver a los militares ocupar su lugar.

Porque, no hay que dudarlo, los militares de Colombia, como los de otros paises,
han asimilado sus lecciones y, si no carecen de ambiciones políticas, han depurado
en cambio éstas de aventurerismo. Lo que significa que saben esperar, y que su
ambici6n es la de ser llamados.

1.1.16 XVI Etapa

La confluencia de las corrientes liberal y conservadora en el gran aparato


frentenacionalista, y la compenetración de este último con el régimen económico
prevaleciente, determinaron la conformación de un establecimiento que convirtió
sus rigideces interiores en índices de fuerza y que terminó por ver como una

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 25

perturbación inquietante cualquier proyecto susceptible de introducir la


contradicción en su seno. En la medida en que este esquema general se oficializó,
la oposición a él o a alguno de sus elementos constitutivos adquirió visos de
subversión. La inconformidad y las demandas de reforma, imposibilitadas para
encontrar algún lugar en el establecimiento, formaron una franja de marginalidad
ideológica que en los últimos tiempos no ha hecho más que radicalizarse, y ello en
los términos que parecen más amplios para expresar una ruptura insalvable.

La protesta anticapitalista, que es el punto de reunión de los inconformes, ha


encontrado su principal inspiración ideológica en el marxismo, el cual es abrazado
a la vez en los planos teórico y práctico, o sea tanto en su correcta iluminación del
clasismo que domina la vida espontánea de la sociedad y de los grupos, como en
su dudosa promoción de la lucha igualmente clasista por un ordenamiento
diferente.

El escenario de la lucha, de otra parte, ha tendido a ubicarse en zonas de cierto


modo periféricas, como el monte y la universidad. Así, desde el comienzo de los
años sesenta el radicalismo estudiantil, inspirado en la gesta castrista, tomó el
camino de la guerrilla, con la idea de que a las masas se las lleva mejor al combate
por el ejemplo de la intrepidez de los destacamentos políticos más conscientes. Por
desgracia, la voluntad de sacrificio de que daba muestras la juventud radical, cobró
primero realidad en los choques con el Ejército para muy pronto empezar a
plasmarse en luchas intestinas que desembocaban de manera sistemática en la
aplicación de la más drástica justicia revolucionaria. La muerte del cura guerrillero
Camilo Torres, señaló el tránsito a esta última fase, cuando la impotencia y la
evidencia de un extrañamiento que resultaba no só1o geográfico, llevaron a los
grupos guerrilleros a dirimir abundantemente con vidas la ventilación de todo tipo
de diferencias. Agotadas las expectativas de este camino, fue la universidad la que
vino a erigirse en el principal reducto de la protesta anticapitalista.

Con la excepción del partido comunista, que ha logrado echar raíces en algunos
sectores obreros y campesinos, la generalidad de las organizaciones inspiradas en
el marxismo y promotoras de un cambio en el sentido del socialismo, pueden ser
consideradas como grupos estudiantiles, tanto por el origen inmediato de sus
cuadros de dirección, como por la composición de su militancia. Universidad e
inconformismo político han llegado a identificarse. Ante la consagración de los
políticos liberales y conservadores a la causa de un capitalismo que vegete en
medio del malestar social más generalizado, causa muy poco apta para atraer las
energías de una juventud en contacto con las ideas y la cultura, los partidos
tradicionales, en particular el liberal que todavía en 1957 tenía autoridad suficiente
para llamar a los jóvenes a la lucha, se vieron desterrados en los últimos lustros de
la universidad y ni siquiera sus dirigentes más progresistas pudieron volver a tomar

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 26

la palabra en los auditorios. Se produjo así bajo el Frente Nacional una escisión
bien neta: los profesionales ansiosos de promoverse socialmente, se dedicaron a la
administración de los negocios públicos y privados, sin preocuparse mayormente
por la cultura, mientras a los cargos universitarios se constriñeron los ideólogos
inconformes y los fracasados camuflados de tales, únicos aceptables para los
estudiantes.

Más en general, entre los grupos medios con cierto grado de instrucción, cuya
importancia política es considerable, las posturas frente al sistema imperante
tienden a repartirse hoy según un corte generacional: se pronuncian contra él, por
lo regular en términos marxistas, los que son jóvenes o quieren perpetuar la
juventud, y están con él, por convicción o por realismo escéptico, los que sumen
con la madurez las posiciones un poco siniestras del individualismo. A través de un
mecanismo de substitución muy corriente entre los marxistas, los estudiantes
revolucionarios se toman sin más por el proletariado mismo, confundiendo
consiguientemente sus pedreas con la lucha de clases y sirviendo en forma
periódica de ocasión para el entrenamiento de las fuerzas armadas en la lucha
contra el motín urbano.

La inanidad de este movimiento, que ha llegado a componerse de más de un


centenar de grupos que fundan formalmente su separación en las divisiones
existentes entre los países socialistas o las tesis diversas de cierto número de
autores, pero a la cabeza de uno de los cuales se encuentra de hecho un pequeño
caudillo, no depende tanto de la participación predominante de ideólogos de clase
media en el nivel de sus cuadros directivos, Todas las revoluciones son en verdad
dirigidas por ideólogos, principalmente las más novedosas y creativas. Su mal
resulta más perceptible en la terca y paradójica insistencia con que proclaman, sin
que para ello logren hacerse acompañar por las voces de los obreros, que es la
clase compuesta por estos la llamada a dirigir un cambio, que es el proletariado el
que tiene asignado el papel de sujeto de la acción histórica. Esta obstinación en
definir socialmente a los actotes políticos, tiene su más curiosa manifestación en la
existencia de grupos conformados por intelectuales, funcionarios y universitarios
que se dicen partidos obreros.

1.1.17 XVII Etapa

Cuando, para las elecciones presidenciales de 1974, los dos grandes partidos
colombianos, enfrentándose por primera vez en muchos años, lanzaron los
nombres de Alfonso López Michelsen y Alvaro Gómez Hurtado, la imaginación
popular fue inevitablemente retrotraída a los años que dan comienzo a nuestra
crónica. Esos años habían estado dominados por la presencia de dos conductores
de nuevo cuño, dos hombres de la clase urbana que tomaba impulso en las nuevas

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 27

oleadas del capitalismo y las finanzas: Alfonso López y Laureano Gómez. La


amistad que los ligó en la juventud y la pugna tenaz que los opuso en la madurez,
vendrían a representar bien, en el plano de las relaciones interindividuales, el curso
de hechos históricos decisivos para toda una nación. Por ello, cuando el hijo de
uno y otro se enfrentaron en 1974 por la presidencia, era como si las
colectividades que los promovían quisieran volver a comenzar por el punto que
antecedió a sus extravíos y dejar en cierta forma de lado los dos grandes tramos
que acababan de recorrerse: el de la violencia y el del Frente Nacional.

El golpe que puso término al gobierno de Laureano en 1953 fue ahora, por
voluntad de los volantes y en cabeza de Álvaro, un verdadero golpe de opinión: la
simpatía, por lo demás bien merecida, que el viejo López había inspirado en su
momento a los colombianos, y el temor, todavía más justificado, que los mismos
habían llegado a experimentar ante el solo nombre de Gómez, se conjugaron para
dar a López Michelsen un volumen de votos sin precedentes en Colombia.

El gobierno que López entraba a presidir estaba, en realidad, llamado servir de


transición entre el Frente Nacional y el pleno ejercicio de la democracia
republicana. Se habían dejado ya de lado la alternación presidencial y la
representación paritaria en el parlamento, y se había restablecido la norma de la
mayoría absoluta para la legislación corriente.

Pero quedaba todavía lo que del Frente Nacional podía considerarse como esencial,
dada la estructura de nuestro Estado: la repartición por mitades de los cargos
nacionales y regionales de gobierno. Fue el primer desengaño de la opinión: ver al
jefe liberal, que había iniciado dieciséis años atrás una carrera política
pronunciándose contra el nuevo sistema político en nombre de los derechos de su
colectividad mayoritaria, colocado a la cabeza de un gobierno paritario en el que el
conservatismo aparecía representado además por figuras de tenebroso renombre.
Pero lo que produjo la frustración mayor fue la nueva oleada inflacionaria ocurrida
a poco de iniciado el nuevo gobierno. A través de los cuatro períodos del Frente
Nacional, la inflación había seguido una curva solidaria con la norma de
alternación: baja durante los gobiernos de los dos Lleras y alta durante los de
Valencia y, muy principalmente, de Pastrana. Los presidentes liberales habían sido
estabilizadores y los conservadores inflacionistas, o al menos, esto podía pensarse
a juzgar por las cifras estadísticas.

Algo de verdad había en ello: los primeros eran más sensibles a la preocupación de
apuntalar la democracia manteniendo una opinión popular favorable en lo posible,
mientras que los segundos, más atentos a las relaciones sociales de fuerza, se
desentendían fácilmente de este aspecto y buscaban halagar las demandas
espontáneas de los capitalistas. Misael Pastrana, con una ligereza que convirtió en

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 28

descaro cuando después se dedicó a criticar a López con el argumento de la


inflación, había bajo su gobierno utilizado el gasto público, el crédito y los
subsidios de diverso orden como instrumentos de una política de acumulaciones
capitalistas aceleradas, incrementando con artificios monetarios la capacidad de
inversión y de gasto de los empresarios y asignándoles un poder de compra sobre
el mercado sistemáticamente mayor al determinado por sus operaciones regulares.

Pastrana cebó así como ningún otro mandatario anterior a los capitalistas con el
crédito y los estímulos generosos. Y los capitalistas no irían a recibir precisamente
con simpatía los propósitos estabilizadores de López. Con una desvergüenza
demagógica parecida a la de Pastrana, importantes voceros empresariales dieron
expresión a su disgusto contra López con argumentos invertidos, que no eran otro
que el recrudecimiento inflacionario y el fracaso de los esfuerzos lopistas. Porque si
entre 1970 y 1974 se había dado libre curso a la inflación y los capitalistas no
pedían otra cosa, López había aspirado en verdad a poner freno a este proceso. Y
si en el curso medio de su gobierno la inflación alcanzó índices nunca vistos en
Colombia, hasta el punto de lanzar a un paro general de protesta a centrales
sindicales encuadradas en el establecimiento, no fue principalmente por una
política oficial premeditada, sino por un juego de efectos económicos que antes
que a López, simple administrador del capitalismo de la constelación de fuerzas
exílenles, señalaban los graves vicios de conformación de la economía colombiana.

1.1.18 XVIII Etapa

La bonanza cafetera y el crecimiento vertiginoso de los ingresos del sector


exportador, estarían principalmente en la base de la ola inflacionaria que vino a
erosionar el capital político del presidente López. Durante todo el período de
industrialización substitutiva, la escasez de divisas había constituido el motivo
central de preocupación para gobernantes y empresarios. Allí se señalaba la
ubicación de uno de los más importantes limitantes del desarrollo, como quiera
que la escasez de divisas significaba de manera inmediata, escasez de
abastecimientos de equipo y materias primas imprescindibles para la expansión
industrial. Uno de los principales males que padecía nuestra economía, parecía
depender pues de la baja disponibilidad de divisas.

Bajo el gobierno de López, las gentes corrientes del país, hasta las cuales había
llegado vagamente la conciencia de esta limitación, no pudieron sino recibir con
mayúscula sorpresa el fenómeno contrario: el desastre de la inflación, que golpea
con especial fuerza a las masas urbanas, hoy mayoritarias en el país, y que en
orden político aproxima como ningún otro factor la amenaza militar, encontraba
ahora su raíz, como lo afirmaba el mismo gobierno, en el incremento de los
ingresos de divisas por el auge del comercio de exportación. Si la escasez era ayer

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 29

un mal, la abundancia se convertía hoy en algo peor. Índices de aumentos de


precios de más del cuarenta por ciento en un año, mostraban que productores y
comerciantes hacían su agosto abasteciendo las demandas internas súbitamente
multiplicadas sin preocuparse por aumentar el volumen material de sus ofertas. Se
producía un fenómeno parecido al que tuvo lugar cuando la danza de los millones
de los años veinte.

Si entonces los terratenientes habían utilizado su monopolio sobre la tierra y sobre


la oferta de alimentos para captar pasivamente, sin mejorar intensificar la
producción, el torrente monetario de los empréstitos, indemnizaciones e
inversiones norteamericanas, ahora los capitalistas, con su monopolio sobre el
aparato productivo y comercial y sobre los recursos crediticios y financieros, se
limitaban a copar las demandas incrementadas con una masa de productos que
ninguna fuerza operante en la economía los obligaba a acrecentar. Fallaba, por
ejemplo, el acicate de una competencia entre los empresarios para la conquista de
los nuevos mercados.

El capitalismo industrial importado, había convertido en un corto período histórico


a la clase empresarial en una suerte de casta, netamente desprendida del resto de
la sociedad y fácilmente actuante como un solo cuerpo, incluso en el terreno de los
hechos económicos más inmediatos. Y era esto lo que la experiencia de 1975-77
venia a mostrar con el lenguaje peculiar de los índices de precios, que todos
pueden entender a su manera.

1.1.19 XIX Etapa

La impotencia ante los mecanismos económicos inflacionarios, apenas natural en


un gobierno de tal modo constituido que mal puede plantearse ninguna acción
política digna de este nombre, es decir, ninguna acción que se desprenda de las
determinaciones económicas y remodele el cuerpo estratificado de la sociedad de
conformidad con metas ideales, acentuó en el presidente López ciertos vicios de
carácter, y ello por una lógica comprensible pero no por ello disculpable.
Imposibilitado para comportarse como un estadista, López se dedicó a hacer
política, en el sentido más estrecho del término. En una gran maniobra
diversionista, promovió una constituyente que ha mantenido agitados a los
partidos y que tiene apenas el pobre objeto de reformar para después de su
gobierno las administraciones locales y la organización de la justicia. Pero sus
mayores energías se centraron en otro esfuerzo, menos encomiable aún, y es el
estímulo permanente dado desde su gobierno a las peores tendencias de la política
partidista. Desde el comienzo de este gobierno, hubo un candidato oficial para las
elecciones de 1978, Julio Cesar Turbay Ayala, de poco gloriosa trayectoria en las
filas del liberalismo. Este político representa como ningún otro, lo que en el

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 30

lenguaje corriente se denomina la politiquería, por la cual las posiciones públicas


se persiguen, no para realizar desde ellas un proyecto social cuyo valor moviliza las
propias energías sino, simplemente, para ocupar esas posiciones con fines de
prestigio y, lo que es más regresivo aún, como medio de acceso a las jerarquías
económicas.

Esta suerte de prostitución de las ideas y aparatos políticos, resulta prácticamente


inevitable cuando el poder estatal, como decíamos, se revela impotente y depone
toda misión histórica ante la fuerza inerte de las estructuras económicas. En tales
condiciones, nada más lógico que vengan a ocupar la escena y que cobren un
impulso arrollador, no ya los que se esfuerzan sin más para alcanzar las posiciones
de prestigio, sino incluso los que se apuntan a |a instancia más sólida, aquellos
que con vulgar ligereza - solidaria de un pobre nivel intelectual - reconocen lo
efímero de las glorias políticas al lado de la perpetuidad de los derechos de
propiedad. Sirve de soporte a esta última tendencia, la evolución relativamente
reciente, que refuerza en el terreno de la economía la presencia de un Estado
privado de verdadera iniciativa histórica, presencia que se materializa en un amplio
dispositivo de medidas de política económica, generosas en sus estímulos y tibias
en sus correctivos para con el capitalismo, así como en la proliferación de las
empresas con que el esfuerzo público busca complementar el privado.

Con el eventual ascenso de la tropa encabezada por Turbay a las posiciones de


mando, este Estado productor de capitalistas y dispensador de empleos
acentuaría, si cabe más, su pasividad histórica, y el año de 1978 daría comienzo en
Colombia, al gobierno de un equipo humano que a buen seguro no perseguiría
otro objetivo que el de sostenerse en sus posiciones y que no tendría por
consiguiente otra política que la de atender, en el orden en que se fueran
presentando, las presiones de los grupos más fuertes.

1.1.20 XX Etapa

La sociedad colombiana es una sociedad vieja de siglos, por más que sus mañas y
estratificaciones sean a menudo presentadas por los sectores dominantes como
defectos transitorios de un proceso de maduración inacabado. Las relaciones de
producción capitalistas, adoptadas a través de enormes sobresaltos, han venido a
prestar un nuevo marco a su antigua conformación oligárquica. La gran mayoría
de la población, en parte vinculada de manera directa al sistema económico, y en
parte, harto notable, sometida a él por los canales de la circulación mercantil,
constituye la materia de una acumulación de capital que el Estado, representante
del interés general, acelera por métodos monetarios, todo para la gloria de una
clase de capitalistas, que buscan elevarse sin dilaciones a la categoría de

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 31

ciudadanos del mundo apoyándose para ello sobre los hombros de un pueblo
deprimido.

El esfuerzo capitalista que otros países pueden vivir como una empresa nacional,
carece aquí de todo piso moral, lo que significa que cualquier persona corriente ve
apenas en él el nuevo negocio de las viejas capas dominantes, en el que los costos
populares no hacen más que crecer.

La falta de piso moral del capitalismo es un hecho central en este cuadro. Surge
entonces la perplejidad: si el Estado es formalmente la primera autoridad de la
nación, y si el ordenamiento capitalista de las relaciones sociales es para él un
valor intocable, objeto por demás de sus desvelos, cómo puede mantenerse el
sistema de la democracia política? Cómo puede dejarse que el estado sea
constituido por el juego de las libres opiniones y como expresión de la voluntad
mayoritaria del pueblo a través del sufragio universal?.

La democracia política colombiana, con todo y sus recortes, tiene que ser vista a
esta luz como un hecho sorprendente. La perplejidad es aún mayor, si se piensa
que la democracia colombiana, por lo menos en el terreno de la lucha política e
ideológica, puede incluso permitirse ciertos excesos capaces de enardecer a la
Iglesia, al Ejército y otras fuerzas centradas en el problema de la captación social y
del orden.

La enseñanza de las ciencias sociales en la universidad pública, ha sido en buena


parte abandonada a los marxistas, cuyos esfuerzos de adoctrinamiento vienen a
ser así pagados, mal que bien, por el Estado.

El partido comunista funciona legal y públicamente, con sus órganos de


propaganda debidamente registrados, mientras de otro lado tiene una organización
guerrillera que hace incursiones en poblados y que se encuentra en estado de
guerra con las fuerzas armadas del país.

Los guerrilleros que por fortuna no son muertos en el acto de su captura y que, en
las esporádicas pausas del estado de sitio, pasan a la Justicia ordinaria, obtienen
en más de un caso pronta libertad.

Existe una libertad de prensa que, si bien sólo puede ser ejercida por aquellos que
estén en capacidad de financiarla, alcanza verdaderos extremos: el presidente de
la República es presentado como un hampón y los delitos de los militares y los
burgueses son ventilados sensacionalmente en más de un órgano periodístico. Y a
todo esto el sistema parece impertérrito, firme como los mecanismos sin dueño.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 32

Es que acaso el uso que se hace de las libertades en e! terreno de las opiniones y
las ideas política, contribuye a la producción de un caos mental en medio de cual
nadie cree que se pueda realizar nada, fuera de denunciar, denostar y escandalizar
a la manera de Eumolpo? Es cierto, que de una manera general la libertad formal
de las ideas constituye la mayor conquista de la civilización de Occidente, y que
cualquier política que se proponga dar contenidos substanciales a la libertad, vale
menos que las órdenes que substituye si su costo es la reglamentación de las
conciencias. Pero es también cierto que el libre juego de las ideas políticas tiene
que plantear gravísimos interrogantes cuando se revela en gran medida inocuo
frente a los males de la existencia social.

Hoy, el mal fundamental de la sociedad colombiana. Escriba en los efectos


segregacionistas del capitalismo. Este régimen ha acabado por repartir en dos
grandes campos a la población. El primero, el legal, está compuesto por las gentes
integradas económicamente al establecimiento, que gozan de ingresos regulares y
se benefician, aunque sea precariamente, de los servicios sociales más primarios,
como los de vivienda, higiene y educación. El segundo se define por sus carencias
de todo orden, principalmente de una ocupación y un ingreso regulares, y
convierte a cerca de la mitad de la población en excedentaria en relación con la
legalidad económica prevaleciente. El vasto conglomerado de los parias, que
apenas podría identificarse por el sentimiento común del odio y del resentimiento,
carece de figuras propias en el plano de las empresas políticas y de la agitación
ideológica. Las luchas de los obreros por el salario y la estabilidad ocupacional
acentúan más bien el aislamiento de este sector de población, y otro tanto hacen
los movimientos marxistas que pretenden articular directamente su política con los
intereses de los trabajadores.

Los marginados no tienen ideas políticas propias y tampoco son representados por
nadie. Con relación a ellos, todos los demás grupos sociales están unificados por el
miedo. En el terreno más inmediato, los capitalistas y los trabajadores se ven
asediados por las oleadas de criminalidad que ascienden de los estratos
marginales.

La figuración de estos estratos en el escenario de las luchas políticas y sociales,


depende de la utilización que se puede hacer de ellos para fines que les son
ajenos: como escalón para demagogos y golpistas, como elemento explosivo que
aumenta la capacidad de chantaje de los obreros al hacer más temibles sus
protestas, en fin, y muy principalmente, como argumento del conservadurismo
burgués y pequeño burgués que clama por un gobierno fuerte y disciplinador. Sin
ideas y sin fines políticos propios, los marginados, que apenas dan por sí mismos
para el motín y para el saqueo, tampoco parecen movilizables para un proyecto

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 33

político que pretenda modificar el cuadro general de la sociedad y que de esta


manera se proponga elevar su existencia.

Convocarlos a la escena política, como una vez el liberalismo convocó a los


trabajadores del campo y de las ciudades, sería un proyecto tan temerario que al
lado de él la historia del aprendiz de brujo, aparecería como un juego inocente.
Este gran punto muerto de la sociedad política colombiana, esta suerte de
concentrado de la descomposición y la impotencia, contamina la vida entera del
país y priva de verdadero sentido histórico y humano, y casi de realidad, a todo lo
que se mueve en los marcos de la sociedad legal, incluidos los juegos ideológicos
de la democracia, la cultura considerada en general así como los más
revolucionarios pensamientos. Por más que sea doloroso, hay que decirlo: las
ideas pueden circular hoy en Colombia no tanto por un respeto inspirado en los
mejores valores de la civilización, sino porque son inofensivas, porque incapaces
de articularse con la realidad social tienen bloqueado el acceso a la seriedad.

Proceso de Comprensión y Análisis


• Establecer las causas por las cuales el fenómeno del Bipartidismo, siempre ha
permanecido inmerso en la estructura del Estado y en sociedad colombiana.

• Plantear por lo menos tres hipótesis que conduzcan a explicar las


consecuencias inmediatas de la implantación del Frente Nacional.

Solución de Problemas
• Elaborar un cuadro comparativo, donde se planteen los aciertos y desaciertos
de los gobiernos, en cuanto a:
- El manejo de la economía durante la bonanza cafetera.
- La implantación de la economía de sustitución de importaciones y la
explotación del petróleo.
- En esta actividad pueden recurrir a la estrategia del seminario alemán: Que
consiste en que un grupo se prepara para defender un punto específico de la
discusión, y otro para intentar refutarlo.

• Elaborar un glosario de términos de los cuales se dude de su concepto o


contenido científico; y encontrar la explicación de su influencia en la lectura.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 34

Síntesis Creativa y Argumentativa


Elaborar un cuadro ordenado cronológicamente con los acontecimientos (temas y
subtemas), más importantes del capitulo.

Repaso Significativo
Ahora bien, luego de este importante resumen de la historia política de Colombia,
deseo ofrecer una serie de conclusiones que muy seguramente contribuirán a la
total comprensión del texto.1

• La república conservadora, como bien la ha denomina MARIO YEPES, se


originó luego de la consigna utilizada por Rafael Núñez “Regeneración o
Catástrofe” durante su primer gobierno y la promulgación de la constitución
de 1886. Desde ése entonces los gobiernos fueron planteados desde la visión
de la doctrina profesada por el partido conservador; el mismo que se instalo
en el poder hasta la llegada de la “Revolución en Marcha” propuesta y además
inconclusa por “Alfonso López puma rejo” entre el periodo 1930-1938.

• Un aspecto importante de este periodo (Los años veinte), es el momento, en el


que el Estado Norteamericano decide, oficialmente y a través de las empresas
trasnacionales particulares, irrumpir en la incipiente estructura económica de
nuestro país. Este proceso el cual se describe vehementemente en la lectura
anterior, se realiza inicialmente con la complacencia de los gobernantes de la
época, y consistía en hacer grandes prestamos al Estado y particulares
colombianos, e instalar empresas norteamericanas en territorio colombiano con
el fin de explotar algunos de los recursos naturales y aprovechar la flexibilidad
de la legislación colombiana, respecto al manejo e inversión de capitales
extranjeros y la remuneración apropiada de los trabajadores2.
• Es de vital importancia, además, mencionar que el dinero conocido como “la
danza de los millones”, fue invertido en la fundación del Banco de la República,
la apertura y mejoras, de muchas de las vías de comunicación hoy existentes3.
Esto claro, no es motivo de orgullo dado que si tomamos una balanza y en
uno de los extremos colocamos lo que el canal de Panamá le produjo al estado
norteamericano durante su administración (aprox.- cien años), y en el otro

1
Las conclusiones no hacen parte del texto original, constituyen parte del trabajo de compilación y
análisis del autor de este Modulo.
2
Para un mayor ejemplo de lo aquí planteado verse “la masacre en las bananeras. 1928” Edición
los comuneros.
3
Este tema es tratado ampliamente en el libro “Economía y Nación” escrito por el Doctor Salomón
Kalmanovits, entonces codirector de Banco de la Republica.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 35

lado lo que ellos nos reembolsaron, resultaría irrisoria la simple operación, pero
si, claro esta, el descalabro político-económico que le debemos atribuir a la
clase política de principios del siglo XX.

• Para inicios de los años cuarenta, el panorama era otro, un fenómeno político
cambiaria en cierto sentido la historia de este país, generando uno de los más
dolorosos capítulos de nuestra historia. La propuesta de Jorge Eliécer Gaitan,
de colocar el Estado al lado de los menos favorecidos, conmocionó a las capas
más bajas y hasta sedujo a la clase media, donde algunos intelectuales de la
época influenciados por las doctrinas del comunismo, participaron activamente
en el proceso que fatalmente culmino con el asesinato de este gran personaje.
De igual forma, esta es otra de las incógnitas que el pueblo colombiano
acumula en su historia debido a la falta de claridad en los hechos y la escasez
de pruebas que generalmente conllevan a la especulación de los verdaderos
acontecimientos de la historia de este país.

• La catástrofe conocida como el Bogotazo, dio origen al marginamiento del


partido liberal y desato de la violencia campesina en los campos, al igual que
la persecución del estado en manos de los conservadores contra los liberales.
Este proceso genero un clímax de inestabilidad política, que más tarde se
constituiría en la causa por la cual el poder del Estado terminaría en manos de
los Militares4.

• Solo cuatro años duro en el poder el general, luego de abandonar su cargo en


manos de la junta militar. Evidentemente, el bipartidismo una vez más, no
permitiría la inserción de un nuevo partido en la estructura del Estado. La
solución fue la reforma constitucional de 1957. en la cual se planteo el
traspaso de gobierno cada periodo entre los partidos tradicionales. Una nueva
época se avecinaba!

• Dieciséis años trascurrieron luego del mayor atentado a la democracia


moderna. El proyecto de modernización que el frente nacional le prometió a la
nación quedo inconcluso, como casi todo en este país. Para la historia
económica de Colombia, esta época se caracterizo por el constante
incremento de las exportaciones de productos agrícolas como el café, banano,
flores, tabaco, algunos minerales, piedras preciosas y más adelante la
explotación del petróleo y el gas natural. Lamentablemente en los años
posteriores al frente nacional las divisas generadas por las exportaciones se
emplearon en el mantenimiento de un fenómeno social y político que todavía
hoy permanece “EL CLIENTELISMO”.

4
El Golpe de Estado protagonizado por el General ROJAS PINILLA en 1953, al entonces presidente
de la República: LAUREANO OMEZ.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 36

• A partir de 1974 las elecciones populares, de nuevo se convertirían en la


contienda política de intercambio de ideas y no como en el pasado, donde se
pretendía la eliminación física del contrario, usando, por supuesto las armas
del Estado en contra de sus propios ciudadanos.

• En las ultimas dos décadas (ochentas y noventas), las reformas políticas, en


especial, la promulgación de la constitución (1991), generaron cambios
sustanciales en todas las estructuras de las Instituciones del Estado y por ende
en la sociedad colombiana.

Bibliografía Sugerida
• MELO, Jorge Orlando. “Colombia Hoy: Perspectivas Hacia el Siglo XXI”. 15ª.
Edición, TM Editores. Bogota Colombia 1997.

• KALMANOVITS, Salomón. “Economía y Nación: Una Breve Historia de Colombia”


4ª. Edición, TM Editores. Bogota, Colombia. 1995.

• www.bibliotecaluisangelarango.edu.co

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 37

UNIDAD 2
Teorías para la Comprensión del Estado
Moderno
Descripción Temática

La crítica es uno de los componentes básicos de toda democracia moderna, pero


esta herramienta debe ser usada con responsabilidad y objetivismo. Durante
muchos años ésta posibilidad no se pudo ejercer plenamente por muchas
generaciones, en especial en la época en la que los dirigentes políticos usaban la
legislación y las armas del Estado para reprimir inmediatamente cualquier brote de
esta naturaleza. Hoy el panorama es distinto y la crítica racionalizada, es ejercida a
diario y desde muchos medios.

Los planteamientos acerca de cómo se deben manejar los asuntos de Estado, son
tema de constante debate en el congreso de la república y en otros ámbitos de la
vida pública de la nación. De igual forma sucede en la manera como se concibe el
estado dentro y desde la oposición, pero al enfrentarse a la realidad y asumir las
riendas de la nación y comprender todo lo que de ello depende, surgen las
incompatibilidades entre la intención del partido y la realidad del contexto nacional
y en muchas ocasiones del panorama internacional.

Nuestra democracia es conocida como la más antigua y sólida de Latinoamérica,


nacimos como la gran Colombia, experimentamos el federalismo, luego durante
más de cien años acogimos una constitución dogmática y autoritaria donde las
libertades eran restringidas y los derechos inaccesibles a la población. A partir de
1991 se planteó un nuevo modelo de Estado que en la intención de los
constituyentes, le devolviera la soberanía al pueblo y lo cubriera de garantías y
derechos de todas las generaciones propias para el desarrollo del individuo y el
colectivo al que perteneciera.

En esta fase del modulo y teniendo como antecedente la unidad anterior, el


estudiante deberá conectarse entonces con las teorías del Estado y los
componentes que lo conforman y lo hacen posible. La metodología consistirá en

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 38

analizar y contrastar las posibilidades expuestas en la teoría del Estado de


Bienestar y las del Estado Social de Derecho.

Horizontes
• Determinar los componentes básicos para la conformación de un Estado de
Bienestar, desde la política, la economía y la cultura.

• Establecer las diferencias o incompatibilidades existentes entre el Estado de


Bienestar y el Estado Social de Derecho.

Núcleos Temáticos y Problemáticos


• Presupuestos Morales del Estado Social de Derecho. Adela Cortina
• El Estado Social. Una Exigencia Ética
• Institucionalización de los Mínimos de Justicia, no de la Solidaridad
• Estado Social de Derecho: Un Estado de Justicia, no de Bienestar
• El Siglo XX y la Transición del Estado Colombiano. Oscar Fabián Cristancho

Proceso de Información
2.1 PRESUPUSTOS MORALES DEL ESTADO SOCIAL DE DERECHO. ADELA
CORTINA

2.1.1 Críticas a la Solidaridad Institucionalizada del Estado del


Bienestar

En los últimos tiempos se ha convertido en un tema de la vida política, económica


y también de la filosofía práctica afirmar que el Estado de bienestar se encuentra
en crisis y que es preciso sustituirlo por otra forma de estado más adecuada a las
necesidades de los tiempos “poscapitalistas” que corren. Los estudiosos aducen
razones diversas para explicar la etiología de la enfermedad que ha consumido las
fuerzas del Estado benefactor y en ocasiones aportan sugerencias más o menos
prometedoras para superar la crisis. En lo que respecta a la dimensión moral del
problema, tales sugerencias suelen generar la sensación entre los lectores y los
ciudadanos de que el valor que ha fracasado estrepitosamente es la solidaridad;
valor de algún modo institucionalizado en el Estado-providencia. Se escucha

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 39

incluso un clamor por recuperar aquel “sano egoísmo” que dio lugar al nacimiento
y auge del capitalismo. “Beverigde ha muerto, ¡viva Adam Smith!” sería la
consigna.

Consideran los críticos de esta forma estatal que la solidaridad es una virtud loable
cuando la practican los individuos en las relaciones interpersonales, pero cuando
los estado intentan asumirla y encarnarla en las instituciones, se producen
inexorablemente tanto un paternalismo como un intervencionismo malsanos que
acaban por socavar, por razones bien diversas, los fundamentos mismos del
estado democrático. Establecen que ello se produce, porque si bien las
democracias modernas nacieron como un medio para defender a los ciudadanos
frente a la rapacidad de los gobernantes –poniendo en sus manos el mecanismo
del voto que les permite hacer frente a los gobiernos- el Estado benefactor
desvirtúa este recurso al usar los mecanismos económicos de que dispone para
comprar votos, de suerte que la ciudadanía no sólo queda de nuevo a merced de
los gobiernos sino que lo hace a costa de su propio pecunio.

En efecto, las reflexiones de autores como Jeremy Bentham o John S. Mill sugieren
la denominación de “democracia como protección” al modelo democrático que
proponen precisamente porque la entienden como un recurso político que permite
a los hombres defenderse de la rapacidad de los gobernantes5. Sin embargo, el
estado-providencia elimina los frenos de la democracia originaria e irrumpe en
aquel ámbito que los individuos habían reservado como sagrado.

El estado-nación – afirmará Peter F. Drucker – que nació para ser el guardián de


la sociedad civil. Se ha convertido en los últimos cien años en un “mega-estado”
que se adueña de la sociedad civil hasta el punto de que, como apuntaba
Schumpeter en Der Steuerstaat de 1928, llega a creer que los ciudadanos tienen
sólo lo que el Estado, expresa o tácitamente, les permite conservar. La expresión
“exención fiscal” es suficientemente expresiva al respecto, ya que da a entender
que en principio todo pertenece al Estado, a menos que haya sido designado
específicamente para ser retenido por el contribuyente. El “mega-estado” degenera
en forma necesaria en “estado electorero”, porque dispone de los instrumentos
indispensables para comprar los votos6.

Con frecuencia, la conclusión a que llega este tipo de análisis es la urgencia por
recuperar de algún modo la forma liberal del Estado de derecho –lo que parece ser
la alternativa más clara al Estado benefactor- y sustituir, en lo que a valores
morales se refiere, la institucionalización de la solidaridad por la promoción de la
eficiencia y la competitividad en el marco del respeto a la libertad individual y la

5
C.B. Macpherson, La democracia liberal y su época, Madrid, Alianza, 1982, Cáp. II.
6
P. F. Drucker, La sociedad postcapitalista, Barcelona, Apóstrofe, 1993, Cáp. VI.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 40

libre iniciativa7. El Estado de bienestar habría ahogado a los individuos en un


colectivismo perverso cuando el individualismo –según estos críticos- como
paradigma moral es insuperable. El individuo es para ello la clave de cualquier
organización social, política o económica y por eso urge la restauración de una
suerte de estado liberal bien provisto de individuos inteligentes, competitivos,
excelentes, alérgicos a esa mediocridad gris generada por la solidaridad puesta en
instituciones: necesitamos –afirman- ciudadanos creativos más que solidarios;
empresarios más que ideólogos; brillantes en sus empresas más que dotados de
buena voluntad8.

Con toda la buena razón que peden tener quienes así se expresan, a mi juicio
existe en estos argumentos un gran número de confusiones que conviene aclarar;
nos jugamos demasiado en ello como para dejarlo en proclamas más o menos
provocativas. De hecho, cualquier político que en la vida cotidiana pretendiera
arrasar con el vituperado “mega-estado” y sustituirlo, sin conservar nada de él, por
un estado liberal construido exclusivamente sobre los pilares de la iniciativa y la
competencia, no sólo resultaría regresivo en relación con conquistas sociales ya
irrenunciables, sino que, más temprano que tarde, perdería las elecciones porque
hay una dimensión del Estado de bienestar que nadie está dispuesto a tirar por la
borda.

Me refiero, por poner un ejemplo práctico, a uno de los temas del debate que
Televisión Española presentó entre Felipe González, líder del Partido Socialista
Obrero Español, y José María Aznar, líder del Partido Popular, antes de las últimas
elecciones nacionales. Frente a las insinuaciones de González acerca de que el
Partido Popular, en caso de acceder al gobierno, recortaría las jubilaciones, Aznar
preguntaba insistentemente, como si la insinuación, por increíble, no pudiera ser
sino un arma electoral: “¿Quiere usted decir en serio, señor González, que si yo
gano las elecciones, voy a quitar las jubilaciones a las personas de la tercera edad?
¿Pretende usted decirlo en serio?”.

Para terminar con la anécdota diré que González no respondió la pregunta y Aznar
tampoco aseguró expresamente que si ganaba las elecciones no recortaría las
jubilaciones. Lo que quedó bien claro es que ambos sabían de sobra que en este
aspecto podían jugarse las elecciones. Y no sólo por la nutrida población de la
tercera edad, sino porque en aquellos países en que la jubilación es un derecho
reconocido, los ciudadanos consideran esa conquista irrenunciable, como también

7
Véase, por ejemplo, B.B. Levine, ed., El desafío neoliberal. El fin del tercermundismo en América
Latina, Santafé de Bogotá, Norma, 1992. Una posición contraria, sin embargo, es la del también
colectivo Varios autores, Neoliberales y pobres. El debate continental por la justicia, Santafé de
Bogotá, Correa, 1993.
8
Pilles Lipovetsky, Le crépuscule du devoir, París, Gallimard, 1992.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 41

lo es la universalización de la enseñanza, la asistencia sanitaria con cargo a fondo


públicos, e incluso, el sistema de pensiones no contributivas para los
incapacitados; es decir, lo que llamamos derechos humanos económicos, sociales y
culturales, o derechos de la segunda generación. Los ciudadanos critican, con
razón, cómo se gestionan estos avances, pero antes que desear perderlos aspiran
a que se gestionen correctamente.

Por eso, a mi modo de ver, una crítica al Estado de bienestar capaz de conservar
lo que tiene de ineliminable –no obstante transformándolo porque la historia no
pasa en vano- debería considerar los siguientes puntos:
• El Estado de derecho puede revestir formas diversas, entre ellas el Estado
liberal de derecho, el Estado social de derecho, o el Estado de bienestar. Es
necesario distinguir con claridad las dos últimas, aunque en la práctica se hayan
dado juntas. En efecto, si el Estado bienestar ha degenerado en un “mega-
Estado” y, por ello, ha entrado en un proceso de descomposición, los mínimos
de justicia que pretende defender el Estado social de derecho constituyen una
exigencia ética que, en modo alguno, podemos dejar insatisfecha.

El Estado social de derecho tiene por presupuesto ético la necesidad de defender


los derechos humanos, al menos los de las dos primeras generaciones, con lo cual
la exigencia que presenta es una exigencia ética de justicia que debe ser satisfecha
por cualquier estado que hoy quiera ser legítimo.

La justicia, fundamento de un Estado social de derecho, no es lo mismo que el


bienestar. La primera debe ser procurada por un Estado que se pretenda legítimo;
el segundo deben buscarlo los ciudadanos por su cuenta y riesgo, cada uno según
sus deseos y posibilidades. De ahí que sea necesario aclarar a qué ha de referirse
el término “bienestar” que aparece –de forma bien poco afortunada por las
consecuencias indeseables que ha tenido su uso y abuso- en el artículo 25 de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

• La protección de los derechos humanos no demanda la institucionalización de la


solidaridad porque la solidaridad no puede institucionalizarse. Precisamente una
de las funestas secuelas de su presunta institucionalización en el Estado de
bienestar ha sido generar un fuerte rechazo ya que se le imputan
erróneamente la mediocridad, la pasividad y la improductividad de los
ciudadanos de los “mega-Estados”.

• El antídoto contra el colectivismo de los países comunistas o de las democracias


de “mayor bienestar para el mayor número” no es el individualismo ni el retorno
a un liberalismo salvaje, porque el individualismo puro y duro carece de

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 42

sensibilidad para compadecerse con el Estado social9. Ahora bien, puesto que la
solidaridad no puede institucionalizarse, será preciso recordar que sólo una
sociedad civil democrática hace posible un Estado democrático, sólo una
sociedad civil motu propio solidaria hace realmente posible un estado social de
derecho.

Todo ello exige revisar de nuevo los conceptos de “Estado” y “sociedad civil” y ver
de qué modo han de cooperar en la tarea de crear una sociedad libre y justa10.

• Aunque el Estado-nación siga siendo el núcleo de la vida política actual, es


imprescindible situar su acción en el contexto transnacional en el que realmente
juega. Así bien a menudo lo haga con las cartas marcadas.

Ahora bien, puesto que de los untos 3 y 4 me he ocupado extensamente en Ética


aplicada y democracia radical11, me ceñiré en el presente trabajo a los dos
primeros.

2.1.2 Las Humildes Cuestiones de Palabras son Solemnes Cuestiones de


Cosas: ¿Qué Significa “Estado de Derecho”?

El concepto de Estado moderno indica y describe una forma de ordenamiento


político que se dio en Europa a partir del siglo XIII, que se extendió hasta finales
del XVIII e inicios del XIX y que se extendió a todo el mundo civilizado liberándose
así de los condicionamientos concretos de su nacimiento12.

En lo que se refiere al término “Estado”, éste fue utilizado por primera vez por
Maquiavelo: stato, participio de stare, que significa la organización estable, el
aparato establecido, los cargos o burocracia y su gobernante: el Príncipe. Por su
parte fue Bodino quien, concepto de “soberanía”, dotó de autonomía, neutralidad
religiosa y poder total al Estado absolutista de su siglo y el siguiente.

En efecto, aunque los conceptos de naturaleza y artificio no sean fácilmente


delimitantes, el Estado, a diferencia de la nación, desde sus inicios es vivido como
una construcción artificial. Esta última se refiere más a la comunidad a la que se
pertenece en modo natural que al artificio supuesto por el Estado. Serán Rousseau

9
De un análisis del individualismo, en lo que de aprovechable y desechable tiene, me he ocupado
en Ética aplicada y democracia radical, Madrid, Tecnos, 1993. En este libro propongo una
“superación” del individualismo mediante la idea de persona como interlocutor válido, idea que
intento aplicar a los distintos ámbitos sociales. En una línea semejante, aunque en perspectiva más
antropológica, véase J. Conill, El enigma del animal fantástico, Madrid, Tecnos, 1991.
10
Adela Cortina, Ética aplicada y democracia radical, op. Cit., Cáp. 9.
11
Ibid.
12
Norberto Bobbio, N. Mateucci, Diccionario de política, Madrid, Siglo XXI, 1982, p. 626.

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Estado, radición y Modernidad en Colombia 43

y la Revolución Francesa quienes practicarán la síntesis entre ambos produciendo


ese núcleo de la vida política moderna que es el Estado-nación13.

El elemento nuclear del Estado-nación moderno es la centralización del poder por


una instancia, cada vez más amplia, que termina por abarcar todo el ámbito de las
relaciones políticas. Según la célebre caracterización de Weber, el Estado ejerce el
monopolio de la fuerza legítima tendiendo con ello a superar el policentrismo del
poder en beneficio de su concentración en una instancia unitaria y exclusiva. El
Estado se constituye así como Estado territorial-institucional, con soberanía
territorial, unidad en el mando y ejercicio de la soberanía a través de técnicos.

Saber cuáles son los fines del Estado es, como diría Albert, una cuestión de
tecnología social que históricamente puede responderse desde distintas doctrinas.
En los orígenes de la concepción del Estado, éste se presenta como necesario al
menos desde cuatro perspectivas:
• Como garantía de la paz; interés común a los individuos sumidos en un estado
de guerra. (Hobbes).
• Como agencia protectora que evita que cada individuo tome la justicia por su
mano (Locke-Nozich).
• Como expresión de la voluntad general que exige el abandonote la libertad
natural, pero concede la libertad civil (Rousseau).
• Como garante de la libertad externa sin la cual es imposible la realización de la
libertad trascendental (Kant).

Estas exigencias alumbran el nacimiento del llamado “Estado de derecho” de la


tradición liberal que garantiza el logro de estas metas por medio del imperio de la
ley.

Estado de derecho y orden político democrático no se identifican a pesar de que en


nuestra conciencia social moral los hayamos unido como inseparables.

Nos parece imposible llevar a delante una democracia sin la seguridad que
proporciona el marco de un Estado de derecho porque, en condiciones de
inseguridad, mal pueden ejercer todos los ciudadanos su libertad positiva. De igual
forma, nos parece imposible llegar a satisfacer las exigencias de libertad que el
Estadote derecho plantea si no es a través de la participación universal de los

13
José Luis Aranguren, “Estado y sociedad civil”, en varios autores, Sociedad civil y Estado:
¿Reflujo o retorno de la sociedad civil?, Madrid, Instituto Fe y Secularizad, Fundación Friedrich
Ebert, 1988, pp. 13-17.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 44

ciudadanos en un orden democrático14. En sus orígenes, sin embargo, Estado de


derecho y orden político aparecen como tradiciones distintas15.

La democracia ateniense o las ciudades-estado italianas gozaban de un marco


legal que defendiera los derechos naturales o humanos de los ciudadanos; sin
embargo, es en esos lugares donde nace la democracia desde un punto de vista
práctico16. Mientras que el Estado de derecho surge de tradiciones liberales desde
los silos XVI y XVII, sólo alcanzará su esplendor en el siglo XIX, momento en el
que el sistema electoral aún se basa en el sufragio restringido.

Las bases del Estado de derecho serían, en principio, las que Kant sugería como
propias de una constitución republicana:
• La libertad de cada miembro de la sociedad, en cuanto hombre.
• La igualdad de éste con cualquier otro, en cuanto súbdito.
• La independencia de cada miembro de una comunidad, en cuanto ciudadano17.

Estado de derecho significa, ante todo, imperio de la ley, es decir, que la


salvaguarda de los derechos de todos los ciudadanos hace necesario un marco
jurídico que ha de aplicarse desde la imparcialidad, porque todos son iguales ante
la ley.

Por eso es clave en este tipo de Estado que se establezcan claramente los
procedimientos de protección de los derechos y que tales procedimientos sean
asépticos ideológicamente, de lo que resulta prima facie porque conviene no
olvidar que el procedimentalismo neutral del que hablamos cobra todo su sentido
al servir a metas como las anotadas: la ausencia de guerra, la defensa de los
derechos sin necesidad de que cada quien se tome la justicia por su mano, la
expresión de la voluntad general, el ejercicio de la libertad trascendental. Con ello,
la presunta “neutralidad” queda fuertemente coloreada en un sentido muy
determinado ya que nada de particular tiene que la defensa de la libertad negativa
acabe exigiendo el ejercicio de la positiva, lo cual conduce, obviamente, a reclamar
un orden político democrático de carácter participativo.

14
Adela Cortina, Ética sin moral, Madrid, Tecnos, 1990, en especial Cáp. 9.
15
R. Cotarelo, En torno a la teoría de la democracia, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales,
1990, pp. 13-24.
16
Robert Dahl, La democracia y sus críticos, Barcelona, Paidós, 1992, pp. 21-48.
17
Emmanuel Kant, Über der Geneinspruch: Das mag in der Theorie richtig sein, tauct aber nicho
fur die Praxis, VIII, p. 290 castellana, Madrid, Tecnos, 1986. Pasajes paralelos en Zum swing
Frieden, VIII, pp. 349 y 350. Versión castellana, Madrid, Tecnos, 1985 y Metaphysik der Sitten, VI,
p. 3.424. Versión castellana, Madrid, Tecnos, 1989.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 45

Estas afirmaciones están ya presentes en el texto de la célebre conferencia de


Constant, De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos, en la
que se muestra cómo el concepto de libertad ateniense –libertad como
participación directa- ha de ser complementado con el concepto moderno de
libertad, libertad como independencia. Y digo complementado porque, aunque
Constant elogia las virtualidades del concepto moderno frente al antiguo, recuerda
al final de su conferencia que sólo a través de la participación podrán los
ciudadanos defender su independencia.

Que más quisieran los gobernantes –dice Constant- que los ciudadanos pusieran
en sus manos todas las decisiones y, dedicándose a su vida privada, renunciaran a
controlar al gobierno. Y, por otra parte, qué raquíticos serían unos ciudadanos
desentendidos de la cosa pública y aplicados exclusivamente a sus afilones
privadas: tanto la defensa de la “libertad de los modernos” (la independencia)
como la plena realización de los ciudadanos, exige la participación18.

Podemos decir entonces que la democracia moderna es un momento posterior al


nacimiento del Estado de derecho y exigido por él19. Sin embargo, no nos interesa
todavía dar el paso a la democracia moderna ya que primero es preciso
preguntarnos cuáles fueron los límites del Estado de derecho que surgieron el paso
a un Estado social de derecho. Tales límites podrían sintetizarse en dos20.

• El problema del “realismo político”; es decir, las dificultades para poner en obra
un estado como el enunciado. Estas dificultades se deben a que en este
esquema, quien se auto-obliga es quien ostenta el poder; a saber, el Estado.
Ello sin embargo, resulta difícil ya que éste puede eludir esa autolimitación
cuando le plazca21;

• El problema de la justicia social sin la que resultan imposibles la defensa y el


respeto de los derechos de todos aquellos iguales en tanto que ciudadanos. En
efecto, el propio liberalismo transita desde la pura libertad ante la ley a la
exigencia de una igualdad de oportunidades que empieza a tener claros matices
materiales, porque hacer posible realmente esta igualdad exige una intervención
por parte de la sociedad o del Estado en el orden social y económico; una
intervención que paulatinamente va dejando de ser subsidiaria para pasar a

18
Benjamín Constant, “De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos”, en
Escritos políticos, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1989.
19
Adela Cortina, Ética aplicada y democracia radical, op. Cit., segunda parte.
20
R. Cotarelo, op. Cit., pp. 16-18.
21
G. Jellinek, Teoría general del estado, Buenos Aires, Albatros, 1978, p. 278, y R. Octarelo, op.
Cit., p. 17.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 46

convertirse en tarea esencial del Estado y fuente de su legitimidad. Y es en este


punto cuando entra en escena el Estado social de derecho22.

2.2 EL ESTADO SOCIAL. UNA EXIGENCIA ÉTICA

Si el Estado Liberal se propone garantizar la libertad negativa de los ciudadanos y,


con ella, el libre juego de los intereses económicos; si también se pretende un
instrumento neutral, si se identifica con la legalidad y renuncia a cualquier
implicación “material”; si se desea establecer claramente los límites con una
sociedad civil construida sobre el individualismo de los intereses, la clave auténtica
del Estado social consistirá en incluir en el sistema de derechos fundamentales no
sólo las libertades clásicas, sino también los derechos económicos, sociales y
culturales.

En efecto, la satisfacción de ciertas necesidades básicas y el acceso a ciertos


bienes fundamentales para todos los miembros de la comunidad se presentan
como exigencias éticas inevitables para el Estado23. Y es desde esta exigencia
ética básica desde donde cobra sentido el desdibujamiento de los límites precisos
entre sociedad civil y Estado. De otra parte, de esta exigencia surge el hecho de
que el Estado vea como tarea legitimadora la protección de los derechos de la
segunda generación – los derechos económicos, sociales y culturales- lo cual lo
obliga a convertirse en interventor.

En este punto quisiera mantener – como lo hacen otros autores – la distinción


entre el Estado social del derecho, el cual responde a exigencias ético-políticas y el
Estado de bienestar (de corte keynesiano) empeñado en fomentar el consumo
para mantener la acumulación capitalista.

Francisco Laporta, entre otros, considera que en el surgimiento del Estado social
concurren dos tipos de justificación: una de tipo ético, que consiste en percatarse
de que la satisfacción de ciertas necesidades fundamentales y el acceso a ciertos
bienes básicos exige la presencia del Estado bajo formas diversas; y otra que
surge de criterios de eficiencia económica. La acumulación capitalista que
necesitaba la gran sociedad anónima exige la producción en masa y, por tanto, la
expansión indefinida de la demanda interna que parece imposible sin una
distribución relativa de los recursos en forma de salarios, y sin la presencia del

22
Elías Díaz, Estado de derecho y sociedad democrática, Madrid, Taurus, 1981, sobre todo parte
III, y A. E. Pérez Luño, Derechos humanos, Estado de derecho y constitución, Madrid, Tecnos,
1984, especialmente Cáp. 5.
23
Véase, sin embargo, Gregorio Peces-Barba, Curso de derechos fundamentales, Madrid, Eudema,
1991.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 47

Estado en la economía como regulador de la distribución, como productor e incluso


como consumidor. La justificación ética da lugar al Estado social que se gestaba
por distintos caminos desde mediados del siglo XIX y la justificación económica da
lugar al Estado de bienestar24.

A mi juicio, si bien ambos han estado unidos en la práctica, las exigencias éticas
del primero siguen siendo irrenunciables se cual fuere el mecanismo apto para
satisfacerlas, mientras que el segundo, afortunadamente, ha fracasado. Ello nos
obligará, más adelante, a distinguir entre “justicia” y “bienestar”.

Ahora bien, lo que considero no sería aceptable por parte de quienes detectan el
poder político es la utilización de las exigencias éticas de intervención con fines
electoreros. Es decir, usar electoralmente su anuncio de que el Estado del
bienestar ha muerto, su reconocimiento de que el Estado social sigue siendo una
exigencia ética y su decisión de que el Estado necesita intervenir para satisfacer
los derechos de la segunda generación.

Ciertamente resulta muy difícil determinar qué es una exigencia de justicia o hasta
dónde llega el “mínimo decente” que una sociedad debe cubrir. Sin embargo, si
existe la voluntad política de descubrirlo y de dejar en un segundo plano
motivaciones electorales ello resultará bastante más sencillo, pero sobre todo,
permitirá que el Estado funcione en forma legítima. Tergiversar ambas cosas, dar
gato – Estado de bienestar electorero- por liebre – Estado social de derecho- no
puede tener a la larga sino dos resultados: perder legitimidad por no cumplir la
función propia del Estado social y perder credibilidad por parte de los votantes
que, tarde o temprano, se dan cuenta del engaño.

Creer que los ciudadanos son siempre tontos no es una política legítima y tampoco
inteligente. Por eso es necesario denunciar las patologías del Estado de bienestar y
sugerir para el futuro posibles recetas que no sean nocivas para las exigencias
éticas del Estado social.

24
Francisco Laporta, “Sobre la precariedad del individuo en la sociedad civil y los deberes del
estado democrático”, en Varios autores, Sociedad civil y Estado: ¿Reflujo o retorno de la sociedad
civil?, op. Cit., pp. 19-30.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 48

2.3 INSTITUCIONALIZACIÓN DE LOS MÍNIMOS DE JUSTICIA, NO DE LA


SOLIDARIDAD

2.3.1 Del Estado-Nación al “Mega-Estado”

Si el Estado-nación ha sido el elemento nuclear de la política en los últimos


cuatrocientos años, el paso del Estado-nación al “mega-Estado” se inicia en las
décadas finales del XIX25.

El primer paso es la creación del Estado de bienestar en la década de 1880 de la


mano de Bismarck, quien con ello manifestaba su deseo de contrarrestar el
socialismo. Medidas como el seguro de enfermedad, el seguro contra accidentes
laborales o las pensiones para la vejez, asumidas por un Estado que hasta
entonces sólo había tenido funciones políticas, debilitan las reivindicaciones de los
menos favorecidos por el sistema. Con lo cual es preciso reconocer que el Estado
providencia surge más de una estrategia política que de una exigencia ética.

El segundo paso hacia el”mega-Estado” es el Informe Beveridge en plena segunda


guerra mundial, que trata de afrontar las circunstancias de la guerra y suavizar las
desigualdades sociales con medidas como la nacionalización de distintas industrias
y servicios, la creación de empresa públicas y la ampliación de la legislación social.

El tercer paso es el pensamiento keynesiano que, como plataforma teórica, influye


de modo decisivo en la creación del Estado de bienestar. Frente al principio clásico
que analiza las variaciones de los precios en términos de variaciones de dinero,
Keynes las explica en términos de la demanda que a su vez se encuentra en
función de la tasa de empleo: la insuficiencia de demanda efectiva será paliada por
una política de pleno empleo y de redistribución de riqueza., lo cual exige la
intervención del Estado en el campo económico y social frente a la doctrina liberal
del laissez faire. Ahora bien, conviene recordar que el reformismo keynesiano
tiene una meta bien clara: mantener el sistema capitalista que podía quedar
desmantelado si seguían vigentes los principios de la teoría económica clásica.

Lo cierto es que a partir de la segunda guerra mundial en las democracias el


gobierno pasa a ser un gestor en vez de ser un proveedor, y a partir de los años
sesenta, se les considera como “el hacedor adecuado de todas las tareas y todos
los problemas sociales”26. De ahí va surgiendo la idea del Estado fiscal; es decir, la
idea de que “no hay límites económicos a lo que un gobierno puede gravar o

25
P.F. Drucker, op. Cit., pp. 125 y ss.
26
Ibid., p. 127.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 49

tomar prestado y, por tanto, no hay límites económicos a lo que un gobierno


puede gastar”27.

De hecho, como dijimos al comienzo de este ensayo, hoy es un lugar común


criticar al Estado fiscal por su fracaso económico y social. Desde el punto de vista
económico no parece ser el intervencionismo estatal la medida más adecuada
para reactivar la riqueza, y desde la perspectiva social sigue vigente la ley de
Paletó, según la cual la distribución de la renta entre las clases sociales está
determinada por la cultura de la sociedad y por el nivel de productividad en la
economía: cuanto más productiva sea una economía y cuanto más cultos sean los
diferentes grupos sociales, más igualadas estarán las rentas28.

De cuanto llevamos dicho se deduce que el Estado de bienestar, degenerado en


“mega-Estado”, en Estado fiscal y, por último, en “Estado electorero”, ha sido
incapaz de encarnar en la realidad social al menos dos de los valores éticos que
han sido el estandarte de la modernidad: la igualdad y la libertad. La igualdad,
porque la intervención estatal a distintos niveles ha sido un freno para la
productividad, de ahí que hoy, pensadores y políticos de distinto signo, vean el
aumento de la productividad como el único camino incluso para lograr una
sociedad más igualitaria. Y en lo referente a la libertad, porque el “mega-Estado”
no sólo ha traspasado la barrera de la libertad negativa (de la independencia
individual), sino que también ha arrebatado a los ciudadanos su libertad positiva,
es decir, su autonomía, a través de una presunta institucionalización de la
solidaridad.

En efecto, el “mega-Estado” con la excusa de lograr el mayor bienestar del mayor


número –y alegando para ello motivos de solidaridad-, ha asumido con respecto a
los ciudadanos una actitud paternalista que produce nefastas consecuencias. El
paternalismo consiste en imponer determinadas medidas en contra de la voluntad
del destinatario para evitarle un daño o para procurarle un bien. Se justifica
cuando puede declararse que el destinatario de las medidas paternalistas es un
“incompetente básico” en la materia de que se trata y, por tanto, incapaz de
tomar decisiones racionales29. Esta es definitiva la justificación de cualquier
despotismo ilustrado en el que gobernante cree conocer de sobra en qué consiste
el bien del pueblo, mientras que éste es a sus ojos un incompetente30.

27
Ibid., p. 129.
28
Ibid., p. 134.
29
Ernesto Garzón, “¿Es éticamente justificable el paternalismo jurídico?”, en Doxa, 5, 1988, pp.
155-176.
30
El auge de la ética aplicada es, a mi juicio, suficiente expresión de que los ciudadanos van
dejando de considerarse como “incompetentes básicos” en los distintos ámbitos y, frente a las
actitudes paternalistas, exigen ser tratados como “interlocutores válidos” Ésta es mi tesis central en
Adela Cortina, Ética aplicada y democracia radical, op. Cit.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 50

Concluir de estas premisas que al paternalismo de los gobernantes corresponde la


convicción de que los ciudadanos no son autónomos sino heterónomos no parece
un despropósito sino, por el contrario, algo perfectamente coherente. De ahí que
pueda decirse que no sólo el despotismo ilustrado, sino también el Estado
benefactor, generan ciudadanos heterónomos y dependientes con las secuelas
psicológicas que ello comporta.

Porque el sujeto tratado como si fuera metafísicamente heterónomo31, acaba


psicológicamente persuadido de su heteronomía y asume en la vida política,
económica y social, la actitud de dependencia pasiva propia de un incompetente
básico. Reivindica, se queja y reclama como puede hacerlo un subnormal, pero ha
quedado incapacitado para percatarse de que es él quien a de encontrar
soluciones porque piensa, contada razón, que si el Estado fiscal es el dueño de
todos los bienes, es de él de quien ha de esperar el remedio para sus males o la
satisfacción de sus deseos. Puede decirse entonces que el Estado paternalista ha
generado un ciudadano dependiente, “criticón” –y no crítico- pasivo, apático y
mediocre.

Lejos de él queda todo pensamiento de libre iniciativa, responsabilidad o empresa


creadora. Como se ha dicho, es un ciudadano que prefiere ser funcionario a ser
empresario, prefiere la seguridad al riesgo. Sin embargo, resulta injusto
responsabilizar a las aspiraciones modernas de igualdad y solidaridad de las
nefastas herencias del “mega-Estado”. Ello supondría la realización de estos
valores en el Estado benefactor –cosa que no ocurrió- y su incompatibilidad con la
búsqueda de libertad, creatividad, riesgo e iniciativa.

Por otra parte, como hemos dicho, lo que el keynesianismo buscaba era asegurar
el capitalismo y no lograr la igualdad respondiendo a motivaciones éticas; igualdad
que, por demás no ha conseguido el Estado fiscal. En lo que respecta a la
solidaridad, ocurre lo mismo que con la libertad: no puede ser impuesta.

Iniciaba Sancho Panza su gobierno en la ínsula Barataria y le fue llevado un mozo


que había pretendido huir de la justicia. A las preguntas de Sancho contestó el
mozo con tan socarrón donaire, que a Sancho le entraron ganas de hacerle dormir
en prisión.

¡Por Dios! –dijo el mozo- así me haga vuestra merced dormir en la


cárcel como hacerme rey… Presuponga vuestra merced que me
manda llevar a la cárcel y que en ella me echan grillos y cadenas y
que me meten en un calabozo, y se le ponen al alcalde graves

31
Entiendo aquí “metafísica” en el sentido que le J. Conill en El Crepúsculo de la metafísica,
Barcelona, Anthropos, 1988.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 51

penas si me deja salir, y que él lo cumple como se le manda; con


todo esto, si yo no quiero dormir, y estarme despierto toda la
noche sin pegar pestaña, ¿será vuestra merced bastante con todo
su poder para hacerme dormir, si yo no quiero?32.

¿Será lo bastante poderoso el “mega-Estado” –podemos preguntarnos, tomando


prestada la parábola- para hacer solidario a quien no quiere serlo? ¿No tendrá que
replicar como Sancho al mozo, si quiere ser tan discreto como el sabio gobernador:
“Pues andad con Dios; idos a dormir a vuestra casa, y Dios os dé buen sueño, que
yo no quiero quitárosle”33?

Tendrá que hacerlo, pues si se empecina en la imposición, no sólo no logrará una


ciudadanía solidaria, sino que despertará una alergia a la solidaridad. No hace falta
ser tan ocurrente como el mozo cervantino para llegar a la conclusión a la que
tantos ciudadanos han llegado: si el Estado fiscal es el que recauda los impuestos
por ser el dueño de los dineros, a él le corresponde resolver los problemas
sociales, obligación de presunta “solidaridad”. Bastante hace el ciudadano –sigue
pensando el hombre de la calle- con desembolsar la parte alícuota cuando le llega
el plazo, para que le anden reclamando más solidaridad. Que pague el que cobra –
concluye el contribuyente- y no el que ya ha pagado antes.

La solidaridad, como la libertad, es cosa de los hombres, no de los estados. Éstos


pueden diseñar un marco jurídico en el que ejercite su libertad quien lo desee, en
el que sea solidario quien así lo quiera. Pero es un deber intransferible de cualquier
Estado de derecho que hoy quiera pretenderse legítimo asegurar universalmente
unos mínimos de justicia y no intentar arrebatar a los ciudadanos su opción por la
solidaridad; satisfacer los derechos básicos de la segunda generación, y no
empeñarse en garantizar el bienestar, sea él máximo o mínimo34.

Decía Feuerbach que la felicidad es cosa del hombre, no del ciudadano35, y yo


quisiera puntualizar por mi cuenta y riesgo que los mínimos de justicia son cosa
de los estados mientras que el bienestar se lo debe procurar cada cual. La cuestión
estriba entonces en delimitar qué necesidades y bienes básicos han de
considerarse como mínimos de justicia, mínimos que un Estado social de derecho
no puede dejar insatisfechos sin perder su legitimidad.

32
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Barcelona, Juventud, 1966, p. 892.
33
Ibid.
34
De la distinción entre éticas de máximos y éticas de mínimos me he ocupado en Adela Cortina,
Ética mínima, Madrid, Tecnos, 1992 y en La moral del camaleón, Madrid, Espasa-Calpe, 1991, sobre
todo en los capítulos 10 y 13, y a lo largo de Ética aplicada y democracia radical, op. Cit.
35
P. J. A. Feuerbach, Anti-Hobbes oder über die Grenen der Hochsten Gewalt und das Zwang recht
der Burger gegen den Oberherrn, Giessen, 1797, reproducción del original en Darmstadt,
Wissenschaftliche Büchgesellschaft, 1967, p. 75.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 52

2.4 ESTADO SOCIAL DE DERECHO: UN ESTADO DE JUSTICIA, NO DE


BIENESTAR

El texto kantiano que anteriormente he citado pertenece al famoso escrito En


torno al tópico “tal vez eso sea correcto en teoría, pero no sirve para la práctica”,
concretamente, a la segunda parte escrita explícitamente contra Hobbes. En ella
Kant intenta mostrar, entre otras cosas, que la felicidad no puede ser un fin de la
razón práctica, aplicada esta vez al derecho político, porque es misión del Estado
asegurar un marco jurídico basado en los principios de libertad, igualdad e
independencia y no procurar a los súbditos una felicidad que ellos son muy dueños
de procurarse a su modo.

Precisamente la libertad, como principio legal, tiene una doble faz, ya que consiste
en “no obedecer a ninguna otra ley más que aquella a la que he dado mi
consentimiento”36 y también en que “nadie me puede obligar a ser feliz a su modo
(tal como él se imagina el bienestar de otros hombres), sino que es lícito a cada
uno buscar su felicidad por el camino que mejor le parezca, siempre y cuando no
perjudique la libertad de los demás para pretender un fin semejante”37. El primer
concepto de libertad reclama, a mi juicio, la participación de los ciudadanos en la
cosa pública, según el principio del contrato social38; el segundo, condena el
paternalismo político en virtud del cual los gobernantes deciden en qué consiste el
bien del pueblo.

El término “felicidad” es un término polisémico. Ya Aristóteles anunciaba que no


todos lo entienden de igual modo39, pero parece bastante claro que Kant lo
identificaba con el bienestar, es decir, con el conjunto de todos los bienes
sensibles a los que puede aspirar un hombre. Si cifrar en el bienestar la meta del
derecho político le parecía corromper los fundamentos mismos del Estado de
derecho, era porque consideraba que el bienestar sensible es un ideal de
imaginación, y no de la razón. En efecto, si como ha ocurrido en el Estado
benefactor, el fundamento del orden político y económico y su fuente de
legitimidad es el individuo con sus deseos psicológicos40 - es decir, el bienestar- y
no la persona con sus necesidades básicas – es decir, la justicia- no hay Estado
capaz de satisfacer tales deseos.

36
Emmanuel Kant, Metaphysik der Sitten, op. Cit., VI, p. 314, Zum ewigen Frieden, op. Cit. A este
tipo de libertad es a la que se ha llamado “libertad positiva”. Véase para ello mi estudio preliminar a
la versión castellana de la Metafísica de las costumbres, op. Cit., pp. XV-XCI.
37
Emmanuel Kant, Gemeinspruch, VII, p. 290. Este tipo de libertad se ha dado en llamar
“Libertad negativa”. Par ello véase mi estudio preliminar en la Metafísica de las costumbres, op. Cit.
38
Adela Cortina, Ética sin moral, op. Cit., Cáp. 9 y Ética aplicada y democracia radical, op. Cit.,
Parte II.
39
Aristóteles, Ética Nicomáquea y Ética Eufemia, Madrid, Gredos, 1985.
40
Daniel Bell, Las contradicciones culturales del capitalismo, Madrid, Alianza, 1977.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 53

Ellos son infinitos; ninguno podrá ser, por tanto, legítimo y todos correrán el riesgo
de ser injustos. En la indefinida maraña de deseos individuales que componen el
bienestar, tenderán a atender aquellos que proporcionan votos y no los que son
exigencias básicas de justicia.

Es por eso que, a mi juicio, la expresión del Artículo 25 de la Declaración Universal


de los Derechos Humanos de 1948 es sumamente infortunada – “toda persona
tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la
salud y el bienestar” - aunque después se aclare qué se incluye en tal derecho
(alimentación, vestido, vivienda, asistencia médica y los servicios sociales
necesarios, seguro s en caso de empleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u
otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia, educación, al menos en lo
concerniente a la instrucción elemental, etc.).

Lo anterior, unido a la declaración del Artículo 22 acerca de que la satisfacción de


los derechos económicos, sociales y culturales es obligatoria “habida cuenta de la
organización y los recursos de cada Estado”, ha hecho de la tabla de derechos de
la segunda generación alo así como un conjunto de buenas intenciones con el que
cada Estado puede hacer lo que bien le parezca. Tomando de un lado los deseos
que puedan componer el bienestar de los ciudadanos y considerando aquéllos cuya
satisfacción puede proporcionar más votos, queda legitimada cualquier opción
electorera.

Por eso es urgente que cada Estado intente determinar qué necesidades considera
un “mínimo decente” o un “mínimo absoluto” por debajo del cual no puede
encontrarse si pretende legitimidad. Ese mínimo no es, ni pretende ser, el
bienestar de los ciudadanos; es una exigencia de justicia.

El llamado “Estado de bienestar” ha confundido, a mi juicio, la protección de


derechos básicos con la satisfacción de deseos infinitos medidos en términos del
“mayor bienestar del mayor número”. Pero confundir la justicia, que es un ideal
de la razón, con el bienestar, que lo es de la imaginación, es un error con el cual
podemos acabar pagando un alto precio: olvidar que el bienestar ha de costeárselo
cada quien a sus expensas, mientras que la satisfacción de los derechos básicos es
una responsabilidad social de justicia que no puede quedar exclusivamente en
manos privadas, sino que hace indispensable un nuevo Estado social de derecho –
un Estado de justicia, no de bienestar- alérgico al ”mega-Estado”, alérgico al
“electorerismo”, y consciente de que debe establecer unas nuevas relaciones con
la sociedad civil.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 54

2.5 EL SIGLO XX Y LA TRANSICIÓN DEL ESTADO COLOMBIANO. OSCAR


FABIÁN CRISTANCHO F

“No existe un oficio más noble en el cual se desempeñe un


hombre, que en el de educar a sus semejantes.
Simón Bolívar.”

Para inicios de los años veinte, ya se asentaba y emergía una transición del
modelo de Estado imperante y que había fundado “REYES” con su “Regeneración
O Catastrofe”. Este nuevo modelo recogía elementos modernos, capitalistas y
hasta de descentralización administrativa. El desmesurado régimen centralista
implantado por REYES, estaba cambiando, aunque la Republica conservadora no
hubiera aun culminado su largo ciclo. Los departamentos adquirieron nuevamente
autonomía y el régimen monetario se amplio debido a la fundación del Banco de la
Republica y la denominada monetarizacion de la economía41, producto de los
grandes ingresos de capital extranjero a nuestro país.

Los liberales de la época, molestos por la hegemonía conservadora se habían


dedicado a la producción agrícola como el café y actividades comerciales como la
exportación e importación de algunos elementos escasos en el mercado interno.
Pero fueron los liberales conducidos por Uribe Uribe, los que buscaron el apoyo de
las masas para trabajar la posibilidad de obtener una hegemonía liberal.42 El
proyecto era ambicioso ya que se requería de dicha hegemonía para hacer las
reformas necesarias de tipo económico y social, que complementaran sus
intereses. Por tanto Uribe propuso un modelo de Estado basado en el
librecambismo y en el dejar hacer a los capitalistas, ubicando al estado en posición
de acceder a los intereses y aspiraciones de las masas trabajadoras por la libertad
y participación política, derechos gremiales, avances económicos y propiedad sobre
la tierra.

La situación económica de nuestro país, residía básicamente en un problema de


tipo estructural, con una base precaria, reflejo de la ausencia de la unidad política
de las regiones y entidades territoriales fuertes capaces de interactuar entre ellas y
el mundo; Además el bloque de terratenientes feudales que no permitían el cambio
de modelo, ya que concebían a la nación pero no a un Estado moderno. La
“debilidad” del Estado reside entonces en la gran desigualdad entre dominantes y
dominados, desigualdad, que como se ha visto, se expresa también en el nivel
formal de las leyes y ordenanzas, y que priva al Estado de una base susceptible de
ser movilizada en contra de los atropellos Imperialistas. Aquí la vida civil es

41
Buitrago, Francisco. “Crisis de Modernización o Modernización incompleta” Colombia Hoy. Pagina,
399.
42
Economía y Nación. Kalmanovits, Salomón. Pagina: 266.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 55

gobernada por el dogma y la jerarquía vertical, no por la razón, la ciencia, la


igualdad y la participación.

El campesino, el obrero, el desempleado, el artesano, van ganando en dignidad


dentro de las nuevas relaciones sociales, pero se hayan muy lejos de la
equivalencia con las clases dominantes. Esto es mas cierto con relación al régimen
político, que recurre mas frecuentemente a la violencia que a la negociación y al
consenso cuando los dominados expresan sus demandas y reivindicaciones. La
autoridad como señala HEGEL, emana más de la conciencia, la interioridad y del
reconocimiento del sometido, que de la relación de fuerza, la exterioridad y el
sojuzgamiento violento43.

Como lo vimos en la unidad anterior la revolución en marcha desplaza la republica


conservadora, con la elección de Alfonso López y posteriormente con su
reelección. Este es el periodo donde las doctrinas del liberalismo clásico se aplican
en nuestro territorio, convirtiéndose, el Estado en un agente permisivo y
contradictorio que se esforzaba por captar la atención de los capitales golondrina.
En lo que a mí respecta en ese proceso también llegamos tarde, debido a que ese
modelo “Liberalismo clásico” reventó con la crisis de 1929 en la bolsa de Nueva
York. Sin embargo “El irresponsable aventurero” como lo llamaron sus
copartidarios y retractores, por fortuna y para el futuro del país, ya le había
otorgado muchos beneficios a las masas campesinas y obreras:
• La reforma agraria permitió la naciente clase social campesina de
minifundistas, que de paso encareció la mano de obra en el campo para los
terratenientes.
• Los derechos laborales adquiridos por los trabajadores de los centros urbanos,
transformaron la vida social en las ciudades, debido a que el poder adquisitivo
de los trabajadores aumento generando un grado mayor de consumo en el
mercado interno.
• Los sindicatos y agremiaciones se constituyeron como un eje de participación
política fundamental, a tener en cuenta para los partidos políticos que
aspiraran a la presidencia.
• Los productos agropecuarios se diversificaron y el café se constituyo como el
más importante para la nación.
• Importantes obras públicas se llevaron acabo, vías de comunicación
(carreteras y vías férreas), servicios públicos etc.

Fue así como las doctrinas del liberalismo se incrustaron en nuestro país; continuas
reformas tributarias, laborales y de tierras dieron paso a un modelo aun no
43
Economía y Nación. Kalmanovits, Salomón. Pagina: 267.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 56

definido, ya que se el Estado todavía intervenía en la economía con políticas de


sustitución de importaciones y regulación de salarios entre otras cosas. Una nueva
época con nuevos dirigentes e ideólogos que argumentaban que estado gendarme
y caduco a lo Marco Fidel Suárez se oponía a la nueva racionalidad burguesa. La
explotación de los recursos naturales, el petróleo y el banano, el empleo de los
créditos norteamericanos, la construcción de ferrocarriles y carreteras, de plantas
de electricidad, de teléfonos y telégrafos, no podían ser emprendidos por una
burocracia reclutada con base en el servilismo si no en la capacidad administrativa
y técnica.

Con un Estado asentado sobre el Gamonalismo regional no era posible liderar un


proceso de modernización capitalista que requiriera ordenación del gasto,
eficiencia administrativa, organización técnica de las obras públicas y los servicios
de energía, acueducto, alcantarillado, teléfonos y telégrafo. La plataforma liberal
cada día mas fuerte exigía, y con el poyo de las masas campesinas y obreras
reivindicaciones sociales y mas derechos políticos para la población:
• Reforma electoral que permitiera la elección de los diputados y senadores de
forma directa con el voto universal.
• Levantar un censo poblacional que permitiera establecer el numero total de
electores.
• La garantía de la propiedad de la cédula por parte del Estado y no de los
partidos políticos.
• El rechazo del fuero especial de los sacerdotes y el voto de los militares.
• Además, se exigía ya en la época la elección popular de alcaldes y
gobernadores.

Si a nivel municipal y regional no existía claridad en los asuntos públicos, mucho


menos podría esclarecerse el manejo del presupuesto nacional. El existo y triunfo
de los liberales y el origen de las células socialistas y comunistas de los años
treinta, consistió en el empleo de la estrategia del liberalismo para ganar adeptos y
movilizar las masas campesinas y obreras en contra del establecimiento que
entonces era presidido por los conservadores herederos de la doctrina de Núñez.
Las promesas se enmarcaban desde la asistencia social, campañas sanitarias,
habitaciones adecuadas, seguro médico y de vivienda, instrucción técnica, seguros
de riesgos profesionales, jornales adecuados, reglamentación de trabajos de
mujeres y niños, hasta la inviolabilidad del hogar por parte de los organismos de
seguridad del Estado.

Esto a grandes rasgos nos deja ver un claro panorama de la sociedad colombiana
tanto en las urbes como en los campos, de lo que fue el Estado en manos de los

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 57

conservadores y como de manera indirecta el liberalismo rompe con ese esquema


en un intento desesperado por volver al poder. Claro esta que muchas de esas
reformas eran necesarias para la dinamizacion de la economía y así gradualmente,
década tras década con reformas de fondo y estructura, insertarnos en lo que hoy
conocemos como el neoliberalismo.

Es preciso aclarar que desde un inicio estas reformas han sido asesoradas por
personal extranjero y en ocasiones por misiones con metas especificas como la
que asesoro la creación del Banco de la República durante el gobierno de Pedro
Nel Ospina.

En cuanto al librecambio la misión Kemmerer era bastante explicita en rechazar la


protección a las “industrias exóticas”.

“Cualquier cosa que afecte la libertad de comercio será una traba para la
prosperidad económica del país. Un sistema aduanero que restrinja el poder de
compra de artículos de primera necesidad o de materiales de industria que deban
tener bajo precio, y que obligan a comprar productos domésticos a precios altos,
es un golpe directo que se afecta a las industrias de cuya exigencia depende la
prosperidad nacional; acarrean, además, los altos salarios y recargan el costo de
los materiales que requieren la industrias… La riqueza y la prosperidad solamente
provienen de aquellas industrias para las cuales el país ha sido favorecido por
naturaleza, y que no necesitan, por tanto, de protección, y no de aquellas exóticas
que solo viven al amparo de derechos arancelarios protectores”.44

Así pues, de esta manera se puede argumentar que estas misiones y sus
recomendaciones fueron y lo son, hoy día una clara intervención diplomática de
cómo debemos plantear nuestra estructura y legislación económica frente al
modelo que ellos manipulan.

Reformas Constitucionales. ¿Una manera de cambiar el modelo de Estado?

La Constitución Política de 1886, se constituyo como la más prolongada de la era


republicana de nuestro país, pero al mismo tiempo fue la que más reformas
enfrentó. Después de todas las reformas que le propino la revolución en marcha,
vinieron la de los gobiernos posteriores al Bogotazo, conservadores que desde el
Estado le declararon la guerra al partido liberal, generando un clima de
inestabilidad e ingobernabilidad que le daría paso al golpe de Estado del General
Rojas Pinilla, hecho que significaría como ya lo hemos visto en apartes anteriores,

44
Leyes presentadas al gobierno por la misión de expertos financieros y exposición de motivos de
estas. Bogota 1923.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 58

un cambio en el manejo de la política y de los recursos del Estado en favor de las


clases menos favorecidas y sin la participación de los partidos tradicionales.

Las reformas de este periodo no trascendieron dado al pacto político de 1957


donde se estableció el Frente Nacional y se elaboraron otras reformas que en su
momento se pretendía, permitieran la deseada modernización de la economía y del
Estado que habían recuperado los civiles de manos de los militares. Este es, tal vez
el momento histórico en que los partidos se afianzan mas en las esferas de la
política y en la estructura del Estado. Este proceso es acompañado por la
revolución demográfica y la creciente participación del Estado en la generación de
empleo directo, a través de la creación de múltiples empresas nacionales y en
especial de la constante contratación de docentes para el sector educativo,
inmerso en una política de cobertura nacional. Precisamente para 1957, el Estado
contaba aproximadamente con 130.000 empleados públicos y por efectos de la
nueva organización se invirtieron las tendencias de crecimiento burocrático. Se
inicio un aumento sostenido del nivel central que supero, entrada la década de los
años setenta, a los dos restantes. Fuera de ello, la expansión del conjunto se
acelero significativamente. Ya en 1972, el número de funcionarios se acercaba al
medio millón y quince años más tarde al millón45.

Pero el crecimiento burocrático no fue solamente cuantitativo. También se


presento diversificación. Paralelamente a la organización tradicional que se amplio
con una serie de departamentos administrativos a parte de las áreas electoral,
fiscalizadora, y de control, emergió un sector denominado paraestatal o de
organismos descentralizados. Estos se establecieron más que todo a nivel nacional,
pero también aparecieron en los otros dos niveles. En pocos años entraron a
competir en volumen de presupuesto y de personal con el esquema tradicional.
Las decenas de establecimientos públicos, las empresas industriales y comercios
del Estado y las Sociedades de economía mixta completaron el panorama de un
complejo aparato burocrático con visos de gran modernidad, pero enredado en su
organigrama y en sus funciones. Tal complejidad iría a trascender más adelante, al
ser usada de manera clientelista en beneficio de la reproducción bipartidista y la
corrupción, y en detrimento de la eficiencia administrativa para la que la
modernización supuestamente se había establecido.

Este análisis obedece a la necesidad de comprender que este proceso no se


hubiera podido llevar acabo sin la complacencia del parlamento, que recordemos,
durante dieciséis años legislo a favor de la coalición del pacto político
frentenacionalista, estableciendo un régimen presidencial con demasiadas
facultades jurídicas y poca oposición.

45
Fernando Uricoechea, Estado y Burocracia en Colombia, Bogota, Universidad Nacional de
Colombia, 1986, paginas 74 y 126.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 59

Ese “momento histórico”, como lo he llamado propicio mas problemas para el


futuro de la nación, que de los que en su momento pudo haber solucionado. Para
los críticos del “Estado de Bienestar o Gendarme” como lo llamaron algunos
teóricos de la economía y la política, este fue el inicio del Mega Estado, que hoy en
día se intenta reducir al máximo con las políticas del modelo neoliberal. Modelo
que ha sido impuesto por influencias externas y a través de compromisos de los
gobiernos como el Cesar Gaviria y sus sucesores, con los organismos
internacionales que financiaron sus programas de gobierno (Banco Mundial, Fondo
Monetario Internacional y El Banco Interamericano de Desarrollo), además del
Departamento de Estado de los Estados Unidos y sus asesores para los paises
andinos.

Fueron muchos los argumentos que se plantearon para permitir el


redireccionamiento del Estado hacia un modelo que se legalizo definitivamente en
la Carta Política de 1991. A continuación mencionare algunos de ellos y en especial
los que considero los más importantes:

• Distorsión de los fines del sector Público: En aras de grandes empresas


industriales o comerciales del Estado, se descuida la atención de los niveles
básicos de salud o gobierno.

• Tramitología Administrativa: La excesiva regulación genera una maraña de


normas que, por ejemplo, exige toda una dependencia administrativa dentro de
una empresa particular que atienda el adecuado tramite y la previa evaluación
que implican tales regulaciones en sus aspectos permisivos, prohibitivos o
perceptivos.

• Desigualdades en el Desarrollo Regional: La concentración administrativa genera


la concentración político económica. Para todos resulta mejor estar cerca de los
centros de poder ubicados en la capital, aun en detrimento de la periferia.

• Ausencia de Participación: Dentro del nivel nacional de la administración, la


ciudadanía es el sector menos participativo por el mismo origen centralista de
sus autoridades, sean ministros, directores de entidades descentralizadas o
miembros de sus juntas.

• Dificultades de control administrativo: Las entidades tienden a


sobredimensionarse sin fines ni orientaciones, convirtiéndose en una carga para
la nación.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 60

• Corrupción Administrativa: Se presentan constantes dificultades en la definición


técnica de asignación de recursos y la contratación indebida entre los
particulares y las instituciones del Estado.

• Perdida de Legitimidad del Estado: Una administración Publica ineficiente tiene


como consecuencia la perdida de legitimidad del Estado0, por el no
cumplimiento o desviación de los fines esenciales del mismo. A este diagnostico
que muestra la necesidad de reforma del Estado, deben añadirse otras
circunstancias
- La crisis fiscal y económica, que hace replantear la función del Estado como
proveedor de bienes y servicios.
- La crisis política con la perdida de representatividad y legitimidad de las
instituciones publicas.
- El desarrollo de movimientos sociales orientados a reivindicar sus intereses, al
margen de las estructuras orientales y de los partidos políticos.
- Las consecuencias de la aplicación de políticas de ajuste fiscal, socialmente
costosas.

Con la Constitución de 1991 se ha buscado respuesta a algunos aspectos de esta


crisis de legitimidad del Estado.

El propósito explicito de esta reforma es el de pasar de la “democracia


representativa ” a la “democracia participativa”. Un modelo que en teoría suena
bien, pero que en la realidad solo es posible aplicar en países donde exista un
determinado grado de cultura ciudadana que le permita al elector primario
involucrarse en la administración publica, es decir en la elaboración, planeación y
ejecución de proyectos que beneficien su entorno. Lo que en realidad se busca es
participación ciudadana y no participación electoral. Esto explica tres grandes
características del sistema político a la fecha de la constituyente de 1991.

Primera: que el “país político” sea en la practica el país puramente electoral. Es


decir, monopolio de quienes son profesionales en elecciones y sinónimo de cuerpos
colegiados.

Segunda: que la relación entre el elegido y elector este cargada de consideraciones


personales y de carácter clientelista46

Tercera: que la clase política resulte separada de la sociedad civil. En contraste, la


consolidación de la democracia supone:

46
Leal B., Francisco. “El Sistema Político del Clientelismo”. Análisis Político .Bogota. 1989.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 61

• El reconocimiento de las dimensiones no electorales de la política para lo cual


debe darse representación organizada a intereses sociales, difusos y colectivos.
• El establecimiento de relaciones suprapersonales, no clientlistas entre políticos y
ciudadanos, y
• La recuperación del “país político” por el “país nacional”47.

Conforme a lo anterior, para que el Estado actué eficazmente en su conjunto, lo


que se plantea es modificar la forma de legitimidad, que ha sido la regla en el
funcionamiento de los poderes públicos. La sociedad esta en capacidad de
emprender una tarea de tal magnitud, pero deberá enfrentar la resistencia de los
aparatos partidistas. La solución a favor de la sociedad civil, es la única posibilidad
de construir un Estado moderno y eficiente, tarea incipiente y por iniciar.

Proceso de Comprensión y Análisis


• Conformar un equipo de trabajo de 3 a 5 personas y desarrollar el siguiente
punto:
- Tomar como referencia los postulados planteados por Adela Cortina,
- Estructurar un cuadro comparativo de las características más importantes de
los conceptos: Estado Social de Derecho y Estado de Bienestar.

Solución de Problemas
• En que momento, según Adela Cortina el Estado de Bienestar deja de serlo
para convertirse en el Estado Social de Derecho.

• Porque se plantea la necesidad de separar la Solidaridad de la estructura del


Estado Social de Derecho.

• Qué papel desempeña el valor de la Etica según la Autora en la conformación


de la teoría del Estado moderno.

47
Consigna del desaparecido dirigente político “JORGE ELIÉCER GAINTAN”

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 62

Síntesis Creativa y Argumentativa


Cada uno de los subtemas presentados en la unidad poseen un resumen o
conclusiones que le deben permiten asimilar las ideas principales de cada lectura.
Elegir la lectura que mayor herramientas le brindó y elaborar a manera de ensayo
un texto significativo como ejercicio de aproximación teórica de la historia.

Normas para el Ensayo


• Tres paginas.
• Letra numero doce (Tahoma).
• Márgenes de 3x3.
• Bibliografía.
• Notas de pie de pagina según la cita.

Estructura del Ensayo


• Encabezamiento (Datos del estudiante)
• Introducción
• Aborde del Tema.
• Proposición y conclusiones

Bibliografía Sugerida
• MELO, Jorge Orlando. “Colombia Hoy: Perspectivas Hacia el Siglo XXI”. 15ª.
Edición, TM Editores. Bogota Colombia 1997.

• KALMANOVITS, Salomón. “Economía y Nación: Una Breve Historia de Colombia”


4ª. Edición, TM Editores. Bogota, Colombia. 1995.

• www.bibliotecaluisangelarango.edu.co

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 63

UNIDAD 3
Tradición, Modernidad y Modernización
Descripción Temática

Para la comprensión de esta unidad, es necesario abstraer los diversos conceptos


de tradición, modernidad y modernización. A través de las lecturas aquí
presentadas se deberá establecer la continua evolución de estos fenómenos en
nuestra sociedad y de cómo, o de que manera han sido percibidos por las
generaciones que nos precedieron. Se considera de vital importancia que el lector
de este texto al terminar la unidad, este en capacidad de argumentar desde la
posición de cualquiera de estos fenómenos, los cambios que estos generaron y su
influencia en el curso histórico de nuestro país.

Horizontes
• Adquirir los elementos teóricos básicos que permitan distinguir y clasificar los
conceptos según sus contenidos.

• Argumentar las posibles causas y consecuencias de los más relevantes hechos


y en especial conservando el orden de las ideas que le dan sentido al curso de
la historia.

• Someter a un continuo análisis, las ideas y propuestas de los autores con el fin
de abstraer su verdadero contenido.

Núcleos Temáticos y Problemáticos


• El Renacimiento: Origen de la Modernidad. Oscar Fabián Cristancho Fuentes
• Tradición y Modernidad en la Política Colombiana. Fernán e. González
• El Bipartidismo y la Violencia
• La Nueva Violencia y la Fragmentación del Poder

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 64

• Algunas Consideraciones Globales sobre Modernidad y Modernización en el


Caso Colombiano. Jorge Orlando Melo.

Proceso de Información
3.1 RENACIMIENTO: ORIGEN DE LA MODERNIDAD. OSCAR FABIÁN
CRISTANCHO FUENTES

La modernidad y el pensamiento moderno se instituyen y desarrollan en abierto


enfrentamiento con la cultura y los ideales del medioevo.

El renacimiento abarca en Italia los siglos XV y XVI, y en el resto de Europa el XVI.

El contexto sociohistórico del Renacimiento se caracteriza por:


• Importantes cambios políticos, económicos y sociales. Como la formación de
varios estados nacionales (Francia, España, Inglaterra, Rusia, Suecia ...), el
surgimiento de la burguesía como clase social, consolidándose el mercantilismo
como proceso economice, lo que da origen al capitalismo. El auge de la
burguesía se hace a costa de la nobleza, la cual entra en decadencia como
consecuencia de los acuerdos entre burgueses y monarquías para consolidar los
nuevos estados.

• Se producen importantes descubrimientos técnicos: la brújula, la cartografía, la


pólvora o la imprenta, son algunos de los más destacados. Sus repercusiones
son grandes. Desde las guerras, a los descubrimientos de nuevas mundos, o la
expansión de la cultura.

• El descubrimiento de nuevos mundos es algo decisivo de este período. Tiene un


gran significado porque se amplía el horizonte mental y social de los habitantes
de Europa, además de tenor importantes repercusiones en la configuración del
panorama geográfico europeo y mundial.

• El arte (pintura, escultura, arquitectura) y la literatura son exponentes del


cambio producido respecto a la E. Media. La estética renacentista expresa la
nueva vitalidad del renacimiento en todas sus formas. Dante, Petrarca,
Bocaccio, en literatura, y Botticelli, Miguel Ángel, Rafael y Leonardo da Vine¡ en
las artes, son nombres a destacar. Más una ciudad, Florencia, cuna
renacentista, con un ejemplo de mecenazgo, de apoyo a las artes y la cultura,
como son los Médicis.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 65

• El Renacimiento es un período de importantes conflictos religiosos que culminan


con la Reforma y la Contrarreforma. La Reforma liderada por Alemania y la
Contrarreforma por España. Con Lutero, Calvino y otros se produce una ruptura
en la Iglesia que culmina con la separación entre el norte y el sur de Europa en
lo religioso. Se producen grandes conflictos que salpican a los estados y sus
gobernantes. La mayoría de los del centro y norte de Europa acoge la nueva fe
luterana o calvinista.

En estas lides, España, primero con Carlos V y luego con Felipe 11 se convertirá
en el más firme defensor del catolicismo romano. Esto conducirá a grandes
enfrentamientos. Primero de Carlos V con Francisco 1 de Francia y con Enrique
VIII de Inglaterra, más cultos y renacentistas, para acabar finalmente
quebrándose su imperio en la lucha con los estados protestantes de Alemania.
En 1556 abdica. El reinado de Felipe II (1556-1598) no le va a la zaga en su
afán por defender el catolicismo. Guerras contra Francia, los Países Bajos,
Inglaterra, Lepanto, y otra vez Francia. El celo puesto en lucha contra el
protestantismo contribuyó decisivamente al descontento de sus súbditos,
iniciándose, de este modo, el declive definitivo del imperio español, confirmado
a lo largo del siglo XVII.

3.1.1 Filosofía Renacentista

Filosóficamente se produce un retorno a la cultura clásica grecorromana,


reinterpretada por los autores renacentistas. Fruto de esta actividad es el
humanismo renacentista, con una visión antropocéntrica y naturalista del hombre,
frente al teocentrismo medieval. Existen dos grandes corrientes filosóficas:

• La propiamente humanista, con diversos grupos y tendencias. El platonismo,


con M. Ficino y Pico della Mirandolla en la Florencia de los Médicis y Botticelli; el
aristotelismo de influencia averroísta, que florece más en Padua, y tiene en
Pomponazzi su figura más representativa; y diversos grupos de estoicos,
epicúreos y escépticos, como Lipsio, Valla o Montaigne. Todas estas escuelas o
grupos tienen como denominador común la mirada reinterpretadora hacia el
pasado clásico, centrándose en el hombre como eje de pensamiento:
Antropocentrismo. Un concepto de Hombre que es completamente diferente del
medieval, sometido a la visión escolástica y cristiana (teocentrismo), ya que
resalta sus valores naturales y terrenales, dejando en un segundo plano lo
sobrenatural o divino. El enfrentamiento entre Razón y Fe, Filosofía y Teología,
tendrá, al contrario que en la E. Media, un saldo favorable a la Razón. "El
hombre rige y dirige su propia conducta y su propio destino" (Pico della
Mirándola)

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 66

• Corriente naturalista. Los humanistas, como hombres puramente de letras que


eran, se despreocuparon bastante de los desarrollos científicos de su época; sin
embargo hubo otro grupo que estaba muy atento a la ciencia de su tiempo, aun
cuando también situaban al hombre en el centro de sus reflexiones. Los más
importantes fueron Nicolás de Cusa y Giordano Bruno. Éste sostiene varias ideas
interesantes y polémicas. En primer lugar, una integración del humanismo y el
naturalismo científico. En segundo lugar, afirma 1 a infinitud del universo, apoya
la teoría heliocéntrica de Copérnico y, en consecuencia, considera que la tierra
es un planeta más y no el centro del mundo; rompiendo, de este modo, con la
división entre tierra y cielo, pues ambos están regidos por las mismas leyes. En
tercer lugar, propugna un modelo organicista del universo, entendiéndolo como
algo vivo, como un organismo. Afirma, además, que es una especie de
manifestación o despliegue de Dios: es lo que se ha dado en llamará panteísmo,
que significa que Dios no es trascendente a la naturaleza, sino inmanente a ella.
Sostener estas ideas le conducirá a la hoguera en Roma en el año 1600.

Al margen de estas dos corrientes había otro grupo de pensadores preocupados


por cuestiones sociales y políticas. Hay que reseñar el nombre de Maquiavelo
(1469-1527), quien con su obra El príncipe, en la que se hace un profundo análisis
del poder, es considerado el precursor de la moderna Filosofía Política.

3.1.2 La Ciencia Renacentista

La ciencia renacentista, con la Astronomía como motor de ella, es otro pilar


importante en los inicios de la modernidad. Ella contribuye decisivamente a acabar
con los sistemas filosóficos medievales, aportando una nueva imagen del universo,
heliocéntrica y mecanicista. También leen con atención a los antiguos griegos,
especialmente a los científicos: Aristóteles, Arquímedes, Aristarco, los pitagóricos.
Copérnico, formuló la teoría heliocéntrica en 1543 (prohibida y atacada por la
Iglesia católica). Kepler la consolida con sus cálculos matemáticos al tiempo que
descubre que las órbitas de los planetas son elípticas (Copérnico estimaba que
eran circulares).Y Galileo es el más importante.

Mientras que Copérnico y Kepler son astrónomos, Galileo, además de astrónomo,


es físico. De hecho a partir de él se puede decir que la Física se constituirá como
ciencia específica (confirmada posteriormente por Newton). Además de sus
contribuciones a la Física (movimiento rectilíneo y circular, caída de los graves,
leyes de la inercia, etc.), son decisivas sus aportaciones al campo de la
astronomía, con interesantes descubrimientos. Tras construir un telescopio observa
la vía Láctea, los satélites de Júpiter, las fases de Venus, las montarías de la luna y
las manchas solares, entre otras.

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Estado, radición y Modernidad en Colombia 67

Con ello da una demostración empírica del sistema copernicano, lo que le llevará a
grandes problemas con la Iglesia, que le obligará a abjurar (renegar, aborrecer) de
ellas públicamente. Por último, Galileo pone a punto el método experimental como
propio de la ciencia. Él lo llamó método resolutivo-compositivo, y se basa en la
observación de ciertas propiedades (1ª fase) sobre las que se formularán diversas
hipótesis (2ª fase) que serán sometidas contratación empírica (3ª fase). Además,
las matemáticas se convertirán en fundamentales para la ciencia. Galileo llega a
afirmar que "el libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático". A partir
de él las ciencias de la naturaleza y las ciencias humanas se van alejando. Aunque
los futuros filósofos todavía llegarán a dominar, hasta el siglo XIX, todo el saber de
su tiempo. Pero las matemáticas se convertirán en el saber modelo para los
racionalistas (Descartes, Spinoza y Leibniz) del siglo XVII.

3.1.3 Consecuencias

Con este panorama se llega al Barroco. La autonomía de la razón logra abrirse


paso pese a las dificultades reseñadas. Tras un largo y espinoso camino la razón
logrará desembarazarse de las tutelas de la autoridad, la religión y la tradición
(Aristóteles, la Biblia y Sto.Tomas aparecían como algo intocable para las
autoridades de la Iglesia). Pero la autonomía de la razón no es peculiar al
Racionalismo como sistema filosófico, sino que es propio de todo el pensamiento
moderno (Empirismo e Ilustración), aunque halla altibajos. Como tal, el Barroco es
un periodo que comprende el siglo XVII, y que está llena de contrastes. Pues al
tiempo que se produce un gran desarrollo cultural, científico y literario (nombres
como Descartes, Leibniz, Newton, Hobbes, Locke, Cervantes, Shakcspeare,
Moliere, Calderón, Velázquez, Rembrandt) se dan grandes luchas (la guerra de los
30 años, por ejemplo) y conflictos sociales (gran aumento de la pobreza y el
hambre, y las consiguientes rebeliones populares).

Este es el ambiente en que vive Descartes. Su obra Discurso del método (1637)
muestra las vicisitudes del momento. De hecho, se afirma que quería publicarla
antes, pero desistió al enterarse de la condena a Galileo. No obstante, tanto
Descartes como el resto de racionalistas (Spinoza, Leibniz) y empiristas (corriente
inglesa de la segunda mitad del siglo, con Locke y Hume como destacados)
recogerán los frutos del conocimiento renacentista. Todos ellos son heliocentristas
y defensores de la razón y su capacidad de conocimiento. Aunque, entre ambas
corrientes del siglo XVII, Racionalismo y Empirismo, las diferencias en la
fundamentación del saber, son por igual herederas de los logros renacentista.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 68

3.2 TRADICIÓN Y MODERNIDAD EN LA POLÍTICA COLOMBIANA.


FERNÁN E. GONZÁLEZ

3.2.1 Introducción

El desarrollo de la Constituyente y de la Constitución de 1991 resultan impensables


sin una conciencia, cada vez más generalizada, sobre la crisis de legitimidad de las
formas de acción política en Colombia. En ese sentido, la crisis de legitimidad del
Estado y la del régimen bipartidista, qué actualmente tienden a confundirse o
asociarse, han sido frecuentemente presentadas como unas de las causas que
explican la explosión de violencias que se entrecruzan en la reciente coyuntura del
país.

Pero los desarrollos ulteriores de la vida política colombiana, como las elecciones
del nuevo Congreso de 1991 y las recientes elecciones de 1992, evidenciaron que
la crisis era mucho más profunda de lo que se pensaba. Por ejemplo, en esos
comicios los partidos tradicionales parecieron recuperar parte de su fuerza, pero
mostraban tal fragmentación de listas y candidatos, que indicaban claramente que
carecían de las plataformas comunes y de la mínima disciplina interna, necesarias
para funcionar como partidos políticos modernos. Por su parte, los grupos y
movimientos que se habían presentado como fuerzas renovadoras en la
Constituyente y en el debate posterior, manifestaron un comportamiento político
muy similar al de los partidos tradicionales. La fragmentación del poder político era
la nota común a todos.

Sin embargo, aparentemente se produjeron algunos avances en la modernización


de las costumbres políticas del país: el tarjetón siguió mostrándose como un
mecanismo electoral más transparente que el antiguo sistema de listas. El tarjetón
causó probablemente el descenso del influjo de muchos de los gamonales del tipo
más tradicional y el ascenso de jefes locales y regionales de comportamiento un
tanto más modernizante. Pero el funcionamiento posterior del nuevo Congreso y
sus evidentes fallas administrativas mostraron a las claras que muchas de las
costumbres políticas seguían inmodificadas. Las difíciles relaciones del Ejecutivo
con el actual Congreso tienen mucho que ver con esta supervivencia de viejos
estilos de acción política, síntoma de Lina inadecuación creciente del sistema
político frente a los recientes cambios de la sociedad colombiana.

Esta crisis generalizada se relaciona con la manera concreta como se ha legitimado


la actividad política en Colombia, desde los orígenes de la república en el siglo XIX
hasta nuestros días. También, tiene que ver con el estilo concreto como se ha
relacionado el Estado con la sociedad civil a través de las acciones políticas
específicas. Por estas razones, este artículo hace particular énfasis en la crisis del

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 69

sistema bipartidista, cuya relación simbiótica con el Estado es una de las


principales características de la vida política colombiana.

Esta crisis es analizada en una perspectiva histórica, que permite enmarcar la


situación actual en relación con los momentos de constitución de nuestro sistema
político y los desarrollos ulteriores de éste durante los siglos XIX y XX,
confrontados siempre con los cambios sociales, económicos y culturales que los
preceden o acompañan.

3.2.2 Frente a la Crisis de Legitimidad

Los gobiernos de Belisario Betancourt y Virgilio Barco intentaron, de diversas


maneras, la relegitimación del régimen y la repolitización del país. La misma
estrategia de paz de Betancourt, con su insistencia en una salida negociada a los
conflictos y su reconocimiento de los factores objetivos de la violencia, junto con
su rechazo a una solución meramente represiva, se inscribía en esa perspectiva. Lo
mismo que el esquema gobierno/oposición de Barco, que pretendía repolitizar al
país mediante la revitalización del sistema bipartidista, que se lograría
confrontando al partido de gobierno con el partido de la oposición. En éste y otros
sentidos, la elección popular de alcaldes y gobernadores significa un paso hacia
esta repolitización del país.

En esa misma línea se inscribe la apelación al Constituyente Primario, intentada


por Barco en su proyecto de plebiscito o referéndum concretada finalmente en la
asamblea constituyente ya durante la presidencia de Gaviria. Esta apelación se
presentó como un intento de modernización y de relegitimación del régimen, como
una manera de responder al desfase existente entre la institucionalidad formal del
Estado y los procesos de modernización social, cultural y económica que se
estaban produciendo en la sociedad colombiana. La Constituyente, pues, se
presentó como un intento de pasar por encima de las formas tradicionales de
actividad política por medio de la apelación directa al Pueblo Soberano, al
Constituyente Primario, para suplir y corregir las deficiencias de la llamada clase
política, evidenciadas en la incapacidad del Congreso para autorreformarse. En
otras palabras, se pretendía remediar las fallas de nuestra democracia
representativa, apelando a formas de democracia directa.

Sin embargo, la precaria participación electoral en las elecciones de los miembros


de la Constituyente demostró que la situación era mucho más compleja. Sobre
todo, si se comparaban estos resultados electorales con los obtenidos por los
parlamentarios en las elecciones de marzo de 1990. Esto motivó el debate que
algunos congresistas pretendieron montar en torno a la legitimidad de la
Constituyente y a sus alcances reformistas. Pero el posterior desarrollo de las

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 70

labores de la Constituyente y el apoyo de la mayoría de la opinión pública,


superaron el problema al otorgar gran legitimidad a la nueva Constitución.

Por otra parte, el hecho de que las fuerzas renovadoras no hubieran logrado una
hegemonía en la Constituyente y de que ningún grupo político pudiera reclamar
una clara victoria en ella, obligó a un proceso de negociación entre las partes
representadas: esto mostraba ya cierto equilibrio entre fuerzas modernizantes y
tradicionales.

Además, el consenso generalizado en torno a la séptima papeleta, que dio origen


al nuevo proceso constitucional, solo mostraba un acuerdo difuso de la mayoría de
la población para condenar los vicios más notorios del Congreso y de la clase
política tradicional, tales como el manejo electoral de los auxilios parlamentarios, el
turismo parlamentario, el ausentismo, etc. Pero este vago consenso estaba muy
lejos de significar un acuerdo sobre la naturaleza de la crisis del bipartidismo y del
Estado, ni sobre su alcance y perspectivas, ni mucho menos sobre sus posibles
soluciones. Este disenso se reflejó lógicamente en el desarrollo de las discusiones
de la asamblea y en el resultante texto constitucional, que evidencia obviamente
una serie de compromisos entre posiciones diversas.

Sin embargo, el texto producido refleja un acuerdo fundamental sobre la mayoría


de los puntos básicos, que lleva implícito una suerte de diagnóstico sobre la
naturaleza de la crisis política que afrontamos. Este diagnóstico se manifiesta en
que la nueva Carta constitucional muestra la voluntad manifiesta de "taponar" los
vicios mus protuberantes y chocantes de nuestra vida política, como los auxilios y
el turismo parlamentarios, el nepotismo en las listas electorales, los abusos de las
suplencias, la acumulación de los cargos electivos en las mismas personas, etc.

Además, el nuevo texto constitucional busca un profundo replanteamiento tanto de


las relaciones de las ramas del poder público entre sí como las de la clase política
con el Ejecutivo: se introducen la moción de censura del Congreso a los ministros,
la elección popular de gobernadores y la financiación parcial de los partidos; se
instaura un severo régimen de incompatibilidades y se insiste en procurar la mayor
independencia de la administración pública frente al bipartidismo. Por último, se
crean algunas normas para fortalecer una democracia más directa, como el
referendo. el plebiscito, la consulta popular, etc. Todo ello apuntaría a mejorar o
restablecer las relaciones entre la vida política y la vida de la sociedad, cuya
distancia se había venido acrecentando durante las últimas décadas.

Pero estas reformas institucionales dejan planteada una pregunta fundamental:


¿hasta qué punto son capaces de modificar inveteradas costumbres políticas, que
son la expresión de una cultura política decantada durante casi dos siglos de

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 71

existencia? En buena parte, las dificultades recientes entre el Congreso y el


Ejecutivo muestran ese desfase entre la nueva normatividad más modernizante y
el funcionamiento concreto de las instituciones, que se mueven en un mundo mas
tradicional.

Al parecer, estas posiciones contrastadas evidencian la complejidad de la vida


política colombiana en su dimensión concreta, que mezcla aspectos de política
tradicional con aspectos de política moderna, e implica la combinación de diversos
estilos y lógicas de comportamiento político. En cierto sentido, los resultados
electorales posteriores a la nueva Constitución mostrarían una situación de "tablas"
entre la lógica tradicional y la lógica moderna en el comportamiento político de la
mayoría de los colombianos.

Esta situación de modernización a medias, donde coexisten estilos diferentes de


hacer política, aparece claramente evidenciada en la discusión del mundo
intelectual sobre la crisis del sistema bipartidista. En este sentido. fue
particularmente importante el seminario sobre la crisis colombiana, organizado
conjuntamente por el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales
de la Universidad Nacional de Bogotá y el Centro de Estudios Ibéricos y
Latinoamericanos, CILAS, de la Universidad de California en San Diego, a pesar de
haberse realizado un poco antes, a finales de 1 989.

3.2.3 La Crisis del Bipartidismo

Parece existir un gran consenso en el mundo académico sobre el hecho de que la


crisis del sistema bipartidista es uno de los factores más importantes del marco
estructural donde se desencadenan los hechos violentos que vienen aquejando la
vida reciente del país. Sin embargo, se presentan grandes diferencias en las
concepciones acerca de la naturaleza, origen y alcance de esas crisis. Además,
tampoco se define de manera clara qué queremos decir cuando hablamos de
crisis: no salvemos si se trata de una crisis coyuntural o estructural, ni si es una
crisis de acomodo, transición o transformación, o si es una crisis de dominación o
hegemonía.

El hecho innegable es que muchos aducen que el cierre de la libre competencia


partidista, institucionalizada por el Frente Nacional, fue una de las causas para que
los grupos de izquierda optaran por la vía armada. Pero otros, como Daniel Pécaut
piensan que el Frente Nacional. A pesar de constituir una aberración del sistema
democrático, no fue tan cerrado como sé dice, pues varios grupos de izquierda
pudieron participar electoralmente a través de la ANAPO el MRL. En este caso la
violencia se explicaría más por los vacíos que deja el Listado en la sociedad que
por su control monopolice sobre la vida política. Pecaut piensa, entonces, que el

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 72

esfuerzo por presentar al régimen como totalmente cerrado habría que leerlo
dentro de la perspectiva de la controversia ideológica que buscaba dar sentido y
justificación a la opción armada de algunos grupos de izquierda.

En esta línea de interpretación, que insiste en los espacios vacíos de control


estatal, tendría que hacerse la pregunta por el tipo de sociedad que se resiste a
organizarse a través del Estado: obviamente, la precariedad de la presencia de Lis
instituciones del Estado tiene que ver con la escasez de sus recursos económicos.
Pero tiene también que ver con una sociedad que no se quiere expresar por medio
de un espacio público, sino que prefiere el libre juego de intereses y
contradicciones entre grupos y personas. Esto se manifiesta en la negociación
permanente dentro de los grupos en el poder, que caracteriza la vida política del
país

Hay quienes, como Francisco Leal Buitrago, sostienen que el poder político del
bipartidismo, que hasta hoy había servido como salvaguardia de los privilegios de
una democracia oligárquica, está ya totalmente acorralado. No se vislumbra
entonces ninguna solución al problema político distinta a la sustitución del
bipartidismo y la única pregunta que nos queda es adivinar las condiciones en que
se va a operar dicha sustitución.

3.2.4 ¿Una Crisis Estructural?

Para Leal Buitrago. se trata así de una crisis estructural, que consiste en la
permanencia del carácter oligárquico de la democracia colombiana, propio de una
sociedad precapitalista, que ha impedido al Estado una respuesta eficaz a las
necesidades organizativas de una sociedad que ya se ha desarrollado al estilo
capitalista. El sistema político del bipartidismo, por basarse en la mediación
clientelista entre Estado y sociedad, impide la modernización que el Estado
necesita para adecuarse a la sociedad capitalista. Esto se debe a que solo puede
expresar las demandas sociales susceptibles de convertirse en votos y no puede
cobijar otras expresiones de poder que surgen hoy de la diversificación y
expansión del capital.

Además de los límites del clientelismo en lo social y en lo regional se hacen


evidentes con el cambio masivo de conciencia que ha venido produciendo la
acelerada ampliación de la cobertura educativa y del alcance de los medios
masivos de comunicación. El resultado de todo esto es que los partidos pierden así
su función de canalizadores de las expresiones de la sociedad civil y se enajenan
del país, con lo que partes importantes de la sociedad asumen funciones del
Estado. Esto significa que el Estado pierde el monopolio de la fuerza legítima y
queda cada día más separado de la sociedad civil.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 73

Según Leal, esta crisis de la relación entre Estado, el régimen bipartidista y la


sociedad, se inicia con el Frente Nacional, pero su momento culminante coincide
con el gobierno de López Michelsen (1974-1978). Las tensiones del paso de la
sociedad pre-capitalista habían tenido su momento más dinámico en la violencia de
los años cincuenta (1946-1965). Leal acepta que el Estado colombiano ha sido
tradicionalmente débil y precario, pero señala que esta debilidad era antes
compensada y disimulada por la omnipresente cobertura de los partidos
tradicionales, que respondían así a una sociedad atrasada y precapitalista.

El problema se presenta cuando la sociedad se transforma rápida y


dramáticamente, volviéndose infinitamente más compleja: crecimiento abrupto de
las clases medias cuyas expectativas de ascenso se frustran; cambio el papel de la
mujer en la sociedad por su presencia en el mundo académico, profesional y
laboral: urbanización acelerada, profunda pero desigual secularización, mayor
integración de mercados internos, mayor apertura intelectual al mundo exterior.

En cambio, el Estado no se ha modificado en la misma proporción porque el


bipartidismo le resta capacidad de adecuación, ya que sigue controlando de
manera cuasimonopólica los beneficios del Estado cuando su ascendiente sobre el
conjunto de la sociedad se ha menguado significativamente. El resultado de este
control del bipartidismo es que el Estado termina obedeciendo a una doble
racionalidad ya que todo el peso de la necesaria modernización va a recaer así
sobre el poder ejecutivo, a espaldas (si no en contra) del Congreso y en contravía
de su propia burocracia, que sigue obedeciendo a su inercia y moviéndose dentro
de una racionalidad tradicional, de acuerdo con la lógica del bipartidismo.

Bajo López Michelsen, sigue diciendo Leal, aparecía ya duramente una profunda
escisión de la sociedad civil entre un bloque fuertemente institucionalizado de
prácticas en torno a un gobierno bipartidista, usufructuado por una reducida clase
política que deriva su poder del uso clientelista de los recursos del Estado que le
permite conservar su capital electoral, y otro bloque heterogéneo de fuerzas no
arrastradas ni representadas por el Estado ni por los partidos tradicionales
culturales de la sociedad. Estas fuerzas carecen de expresión política propia y los
movimientos guerrilleros tampoco logran ganarse su representación legítima.

Las fuerzas militares detectan esa escisión de la sociedad pero la sitúan al exterior
de la democracia, al considerarla como efecto de la subversión del comunismo
internacional (carta de los militares al presidente López, en diciembre de 1977),
evidenciada -según ellos- en el paro cívico de septiembre del mismo año. En este
paro se produce una excepcional (y poco duradera) fusión o coincidencia de
diversas fuerzas sociales y económicas en contra del gobierno. Agregando Leal
que, como resultado, trae la gradual pérdida de confianza en el gobierno por parte

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 74

de los gremios y otras organizaciones económicas y sociales, que empiezan a


tratar de sustituir al Estado, abierta o subrepticiamente, lo cual produce la
progresiva soledad de los gobiernos y la mayor limitación del papel político de los
partidos tradicionales.

La debilidad del Estado es ahora suplida parcialmente por fuerzas diversas y


desarticuladas entre sí, que carecen todas ellas de suficiente poder decisorio y se
suelen expresar en acciones miopes y de corto plazo. Esta desarticulación produce
un ambiente propicio a la violencia privada, cuando la expansión de practicas
delincuenciales de la guerrilla aumente la desconfianza en la capacidad represiva
del Estado. Esta desconfianza alcanzará su punto culminante con la política de paz
de Belisario Betancourt. La "guerra sucia" y las formas de justicia privada de los
sectores de derecha, potenciados por el narcotráfico, se mueven dentro de la crisis
general de legitimidad, a la que terminan acentuando profundamente.

3.2.5 La Responsabilidad de los Partidos

En una línea un tanto diferente. Gary Hoskins intenta demostrar que los partidos
políticos tradicionales no son los únicos "malos del paseo" ni tampoco los únicos
actores significativos de la crisis actual. Es más, sostiene que los partidos habían
venido respondiendo adecuadamente a la crisis con reformas que podrían facilitar
el surgimiento de un sistema político más amplio y participativo, cuyos resultados
futuros podrían ser exitosos si se lograran disminuir los niveles actuales de
violencia y se pudiera regresar a los niveles de crecimiento económico de los años
previos a la década de los ochenta.

Para Hoskin, es obvio que la historia política de Colombia equivale virtualmente a


la historia del bipartidismo y que ambas constituyen una extensión política de la
estructura oligárquica de poder que prevalece en la sociedad. No parece, pues,
realista esperar que la conducta de los partidos se aparte de modo significativo de
las tendencias dominantes en la sociedad. Más aún, lo normal es que las
estructuras políticas tiendan a "congelarse" en el momento histórico en que se
conformaron, de acuerdo con la situación social entonces imperante, lo que hace
que solo de manera muy lenta y gradual consigan adaptarse a las subsiguientes
transformaciones de la sociedad. Sin embargo. Hoskin cree que el bipartidismo ha
logrado sortear de manera bastante aceptable los desafíos y las crisis, movilizando
adecuadamente sus recursos en los momentos cruciales, realizando coaliciones en
los casos claves, cooptando las élites disidentes y manteniendo siempre el status
políticamente marginal de la mayoría de la Población.

En su defensa del bipartidismo, Hoskin señala las características estructurales mas


prominentes de los partidos tradicionales de Colombia: son partidos de cuadros,

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 75

sin muchas diferenciaciones ideológicas, programáticas o clasistas, con una


adscripción básicamente hereditaria; con unas fuertes tendencias personalistas y
faccionalistas, con mucha base clientelista y de patronazgo, que sirven a los
congresistas para construir una maquinaria electoral personal, de carácter
primordialmente local.

Todo esto hace que la estructura de los partidos sea altamente descentralizada,
aunque cada político regional y local tiende a alinearse de manera bastante laxa
con un líder de talla nacional. Así, los jefes regionales se mueven entre la arena
nacional del Congreso y la unidad electoral propia (departamento o comarca). El
liderazgo del puñado de políticos profesionales suele ser bastante cerrado y su
movilidad interna sumamente limitada. (Se podría añadir a esta descripción de
Hoskin la anotación de que esta estructura descentralizada tiende necesariamente
a la fragmentación del poder casi ad infinitum, por la tendencia de cada "teniente"
o jefe secundario a crear su propio grupo o facción cuando tiene la posibilidad de
acceder a los recursos propios del Estado).

Esta estructura descentralizada tiene como contraparte la débil fuerza


organizacional de los partidos, que carecen de estructura permanente y de
recursos propios, siendo casi asociaciones esporádicas, con ocasión de las
elecciones. No hay jerarquía interna, ni casi referencia alguna al conjunto de
partido, fuera de la adhesión formal -no muy permanente sino bastante autónoma
- a un jefe de orden nacional. Lógicamente, este jefe nacional esta muy lejos de
poder controlar la agenda de sus supuestos seguidores sino que su poder real
depende cada vez más de su habilidad negociadora para construir coaliciones -casi
siempre ocasionales entre congresistas bastante independientes. La carencia de
un cuadro doctrinal y de una plataforma legislativa homogénea, junto con la
escasa disciplina interna, se reflejan en los frecuentes divorcios y desavenencias
entre el gobierno y el supuesto partido de gobierno.

A este respecto, se podría comentar a la descripción de Hoskin que estos divorcios


podrían reflejar muchas veces una diferencia de mentalidades y de lógicas
políticas: por ejemplo, el choque entre una mentalidad tecnocrática, reformista y
modernizante de presidentes al estilo de Barco o Lleras Restrepo y una mentalidad
tradicional al estilo de Julio César Turbay.

Hoskin insiste en el hecho de que la hegemonía electoral de los partidos se


mantiene inalterada en términos generales, a pesar del obvio debilitamiento de la
identificación de la población con el bipartidismo (sobre todo en el mundo urbano)
y la mas marcada diferenciación del impacto del clientelismo, cuya importancia es
mucho mayor en el campo que en la ciudad y cuyo peso es mayor en las
elecciones de congresistas que en las presidenciales. Esta diferenciación se debe a

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 76

que el comportamiento clientelista se ve cada día más minado por el avance del
proceso de modernización y la creciente rebeldía de las clases medias. Pero acepta
que la profunda crisis política del país tiene sus raíces en la dificultad para pasar de
una democracia liberal, basada en una participación política limitada y en una muy
marcada desigualdad en la distribución de riqueza e ingresos, a una democracia
más abierta, participativa y justa.

Esta dificultad ha roto las reglas de "contestación" asociadas con el sistema político
tradicional y ha hecho mover competencia política hacia canales extralegales. Con
esto, la rivalidad entre los dos partidos tradicionales se ha reducido hoy a ser solo
una dimensión, aunque sea todavía muy importante, de la vida política
colombiana. Por eso, habría que en crear nuevas reglas para el juego democrático,
más allá de la sola competencia bipartidista. Pero Hoskin detecta dos formidables
obstáculos para este proceso de concertación: la carencia de organicidad de la
sociedad civil y la profunda división de la clase dirigente. Sin embargo, su análisis
se centra principalmente en los obstáculos mas directamente relacionados con el
funcionamiento interno de los partidos tradicionales.

El único interés de los dirigentes de los partidos es ganar elecciones (sobre todo,
en el nivel regional), tener acceso a los puestos burocráticos, distribuir auxilios
regionales y obtener trato preferencial para amigos, parientes y seguidores. Estas
tendencias fueron reforzadas por el Frente Nacional,' que terminó produciendo una
mayor proliferación de facciones políticas y una más grande autonomía de los jefes
regionales y locales. Esta estructura clientelista-electoral impide que los partidos
puedan identificarse abiertamente con un número limitado de grupos de interés.

Por otra parte, tampoco resulta muy productivo para los grupos de interés ligar sus
ambiciones con un partido político específico, ya que su membresía es
heterogénea en términos partidarios y los partidos no están muy
institucionalizados, Además, los partidos representan a una multiplicidad de
intereses sociales y solo de manera marginal contribuyen a la toma de decisiones.
Por todo ello, los grupos organizados prefieren ejercer influencia política a través
de los canales gubernamentales en vez de hacerlo por medio de los partidos.
Hoskin señala que los partidos no han encontrado incentivo para cortejar a estos
grupos por tres razones:
• Tienen asegurada de antemano la hegemonía electoral.
• Los líderes claves de los partidos tienen miedo a desencadenar un proceso de
reformas que podría eventualmente escapar a su control.
• La debilidad organizacional interna de los partidos les dificulta adaptarse a una
participación política más amplia.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 77

Por su parte, el gobierno se mueve dentro de su propia esfera, sin mucho apoyo
real del país político. Este desequilibrio estructural perjudica la capacidad de los
partidos para representar a la sociedad en los procesos de tomas de decisiones e
imposibilita al presidente para formular y llevar a cabo un programa partidista de
gobierno, por la falta de disciplina interna de los congresistas de su propio partido.

Este problema se agrava, muestra Hoskin, cuando se presenta la falta de liderazgo


del presidente dentro de los congresistas de su propio partido porque la estructura
descentralizada y des-institucionalizada hace depender al gobierno de la capacidad
de negociación política para construir coaliciones de congresistas en apoyo de sus
programas.

3.2.6 Diversidad de Lógicas en la Clase Política

Frente a las posibilidades de Leal y Hoskin sobre las crisis del régimen y del
bipartidismo, tal vez la comparación entre la imagen casi milenaria de los inicios
del gobierno de Gaviria (visto casi como un nuevo comienzo absoluto de todas las
cosas, que contrasta con la imagen actual, que tiende a culparlo de todas las
calamidades) con el final del gobierno de Barco (leído de manera igualmente
mítica, casi como la condensación de la total ilegitimidad del régimen), podría
sernos útil para colocar en sus reales dimensiones el significado y alcance de la
crisis del sistema bipartidista.

Los comienzos del gobierno del presidente Gaviria evidenciaban a las claras que
concebía al Estado y a los partidos políticos. de manera pragmática, como una
mezcla bastante contrastada de lógicas opuestas. La combinación de una lógica
moderna con una tradicional busca responder a un país cuya modernización social
y económica está lejos de ser completa.6 En ese sentido, inicialmente el gobierno
de Gaviria era tecnocrático y reformista en el gabinete ministerial y en su equipo
de consejerías, cuyos súper ministros significan un enorme robustecimiento del
poder presidencial, mientras en las gobernaciones se presentaba como el
tradicional negociador de repartos burocráticos y mediador entre políticos
tradicionales, algunos de ellos de carácter casi arcaico.

Las dificultades de Julio César Sánchez como ministro de Gobierno, que


conducirían finalmente a su renuncia, ilustraron claramente lo difícil de la tarea de
responder a los intereses contradictorios de los diferentes grupos y facciones de la
política tradicional en sus dimensiones local, regional y nacional. Este problema
empeoraría la elección popular de gobernadores, consagrada en la reforma
constitucional: significa una reducción considerable del botín burocrático que el
gobierno central solía repartir entre los políticos regionales. Esta reducción implica
una disminución fundamental de la capacidad negociadora del ejecutivo central

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 78

con la clase política tradición.; del orden nacional y local, que influye bastante en
las actual, s dificultades del Ejecutivo con el Congreso.

Por otra parte, la diferencia de los comportamientos en las elecciones para cuerpos
colegiados y alcaldes, para la consulta popular dentro del liberalismo y para
presidente y, finalmente para escoger delegatarios para la Constituyente, parece
demostrar que la lógica de los electores tampoco es tan homogénea. Los votos
"amarrados"' son menos amarrados de lo que se cree y parece existir mayor
libertad electoral de lo que se supone. (El uso del tarjetón es obviamente un
instrumento que favorece todavía más la independencia del elector).

Así, los electores parecieron moverse con lógicas diversas en cada nivel electoral:
votaron por el jefe político tradicional para los cuerpos colegiados pero en contra
del candidato presidencial con el cual estaba comprometido ese jefe: para las
elecciones de alcalde, se movieron por problemas de tipo local. En las elecciones
más recientes, aparecen muchos votos en blanco para alcalde y concejales, sin
saberse si reflejan un inadecuado uso del tarjetón o un voto de protesta por
carencia de alternativas. (Es claro que parte sustancial de esa votación parece
responder a ese descontento).

En las elecciones para la Constituyente, se expresó mayoritariamente la llamada


"franja" de votos menos amarrados, más susceptibles de un manejo electoral de
carácter más racional, más proveniente del mundo urbano que del rural y más
independientes de las motivaciones clientelistas. El avance del M-19 parecía
reflejar la irrupción creciente de un electorado de clase media urbana, que cada
vez se siente menos representado en el bipartidismo tradicional. Pero las
ambigüedades de este movimiento produjeron posteriormente cierto alejamiento
de esta capa, que en las siguientes elecciones prefirió sufragar por las listas de los
indígenas o votar en blanco.

Por otra parte, es claro que la elección popular de alcaldes y gobernadores obliga a
la modernización, así sea parcial, de los políticos tradicionales y a una mejor
selección de los candidatos. Además, hay que tener en cuenta que el bipartidismo
no se agota del todo en la política denominada tradicional, sino que hay amplios
sectores de dirigentes y seguidores de los partidos tradicionales que se mueven
dentro de una concepción absolutamente moderna de la política.

Esta ha sido así a lo largo de nuestra historia, aunque probablemente los sectores
modernos ocupan cada vez más lugar en el conjunto. La llamada clase política
tradicional se concentra básica-mete en los cuerpos colegiados, aunque existan
casos de parlamentarios que son gamonales tradicionales en sus feudos electorales
y hábiles tecnócratas en el manejo del gasto público en la arena del Congreso,

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 79

combinando la lógica tradicional con la moderna. Casi que podrían distinguirse


políticos tradicionales y modernos, diferenciándolos región por región.

El rechazo, por desprestigio, a la clase política tradicional y al Congreso, pareció


reflejarse en el aparente consenso manifestado en las elecciones de mayo en torno
a la convocatoria a la Constituyente, que por la misma razón era bastante
equívoco. El supuesto consenso cubría motivaciones y posiciones políticas muy
diversas, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, que obviamente
tienen ideas muy contradictorias sobre el sentido en que debería reformarse la
Constitución. Por eso, es apenas natural que hayan aparecido disensiones una vez
se hizo público el acuerdo entre el gobierno y los partidos que habían participado
en las elecciones presidenciales.

Esas disensiones se hicieron aún más notorias en el debate electoral previo a las
elecciones de diciembre pasado. Se evidenció también que la mayoría de los
grupos y candidatos carecía de propuestas concretas sobre el sentido de las
reformas que se pretendían llevar a cabo. Pero, tal vez la causa más profunda del
malestar de la opinión, manifestado en el apoyo a la Constituyente, es el carácter
de "realidad aparte" de mucha de la actividad política con respecto a las fuerzas
económicas y sociales,7 su carácter autoperpetuante gracias al uso de los recursos
estatales para constituir una maquinaria electoral.

Todo esto parece apuntar a la falta de representatividad de buena parte de esta


clase política en la Colombia de hoy. Por eso, solo alcanzan a tener formas muy
primarias legitimización del poder, en zonas social y políticamente atrasadas,
donde se dan prácticas como la compra abierta de votos y los votos amarrados a
cuotas burocráticas o al gasto público de que disponen estos parlamentarios.

Por otra parte, conviene también anotar que ni siquiera la clase política más
tradicional se agota del todo en las prácticas clientelistas como forma de actividad
política sino que responden a formas tradicionales de sociabilidad y de cultura
política: muchas de sus adhesiones responden a formas adscriptivas de tipo
primario e interpersonal, como parentesco extenso, vecindario, compadrazgo.
Además, tampoco el clientelismo se reduce a un mero intercambio mercantil de
votos por favores, sino que es también un sistema deformado y primitivo de
seguridad social en una sociedad muy desigual, donde el acceso a los servicios
estatales es muy restringido. También tiene que ver con el sentido de lealtad al
patrón, que sirve como mecanismo de identificación de personas y grupos con las
"Comunidades Imaginadas" del Estado y de los partidos.9 El carácter
esencialmente limitado de la mediación cliente-lista y la escasez normal de
recursos del erario público, junto con los cambios de conciencia de amplios
sectores de la población con respecto a lo que pueden demandar del Estado, se

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 80

evidencian en la multiplicación de protestas y movimientos de carácter cívico, que


buscan también acceso directo a entidades gubernamentales. Estos son
generalmente movimientos sociales con bajo grado de estructuración organizativa,
que persiguen respuestas a demandas muy concretas y restringidas, con poca
incidencia política directa de carácter nacional, pues tienden a expresarse y
canalizarse al margen del sistema de partidos.

Pero este tipo de movimientos puede no significar necesariamente una ruptura


esencial con la mediación del bipartidismo sino que puede incluso representar un
instrumento de modernización o revitalización del sistema clientelista, al eliminar a
los gamonales que ya no son mediadores eficaces. De hecho, en el liderazgo de
algunos de estos movimientos figuran a veces gamonales tradicionales, que se
suman a la protesta cívica en una clásica "combinación de las formas de lucha". A
veces, estos jefes locales terminan por cooptar a los líderes de la protestaron
mayor frecuencia, estos movimientos aparecen liderados por gamonales en
ascenso, que todavía no dominan su región pero que buscan reemplazar a los
gamonales de la vieja escuela.

Todo esto evidencia que diagnósticos que muestren una sociedad claramente
escindida en dos bloques políticos, uno de ellos perfectamente integrado al
bipartidismo por mediaciones clientelistas, y el otro totalmente marginado de ese
sistema y de estas prácticas, constituyen una sobre simplificación de la realidad.
Entre estos dos bloques, que oscilarían entre el clientelismo más hirsuto y una
conducta política plenamente racional y moderna, existe una amplia gama de
posiciones intermedias, que cubren a la mayoría de la población. De la evolución
futura de ella dependerá el futuro del bipartidismo.

3.3 BIPARTIDISMO Y VIOLENCIA

El recorrido por la historia política del siglo XIX muestra al bipartidismo como el
elemento articulador y canalizador de todas las solidaridades y rupturas que se
presentan en la sociedad de ese entonces, lo que le permite servir de puente entre
las solidaridades primordiales y primarias, de orden prepolítico y privado, y las
solidaridades más propiamente políticas, de tipo secundario y moderno, implicadas
en la pertenencia a la "comunidad imaginada" de orden nacional. Se pertenece a la
nación a través de la pertenencia a los partidos, a los cuales se pertenece por
medio de la identificación con los grupos primarios. Así se configuran los partidos
como federaciones contrapuestas de diferentes instancias de poder, que mezclan
en proporción variable estilos y lógicas diferentes del quehacer político.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 81

Tal tipo de combinación de solidaridades premodernas y modernas, vinculado por


el bipartidismo, explica el hecho de que nunca se hayan logrado implantar
plenamente instituciones impersonales propias de un Estado moderno y que
tampoco se haya constituido plenamente un espacio público donde se dirimieran
los conflictos. Esta carencia de un espacio de lo público estatal es la contraparte de
la tendencia o proclividad a la resolución de los conflictos por la vía privada, que
implica el no monopolio pleno de la fuerza legítima por parte del Estado. Lo que
plantea nuevamente la pregunta sobre por qué nuestra sociedad se muestra tan
renuente a verse expresada en y por el Estado.

Como contraparte de esto hay que señalar que este estilo de vida política
constituyó la manera de hacer presente de alguna manera al Estado en la sociedad
durante el siglo XIX y primera mitad del XX. Igualmente, fue el modo, así fuera
limitado y parcial, de canalizar y controlar los conflictos, y de mantener las
múltiples violencias en un nivel bajo. La violencia queda fuera de control cuando,
por diversas razones, se presenta una desarticulación de los niveles del poder, de
los actores colectivos y de sus respectivas lógicas, con lo que cada uno de esos
ámbitos de poder recupera su autonomía y vuelve a su propia dinámica y a su
lógica. Esta situación conduce a la solución privada de los conflictos, con lo que se
regresa a funcionar casi exclusivamente dentro de las solidaridades de tipo
primario (lazos de sangre, vecindario, etnia) diluyéndose el nivel de lo público y
debilitándose el monopolio estatal de la fuerza legítima.

Los casos más típicos de esta situación aparecen en la segunda etapa de la Guerra
de los Mil Días (cuando se pasa de las batallas formales a las guerras de
escaramuzas y guerrillas) y en la subsiguiente posguerra, lo mismo que en la
violencia de los años cincuenta y en la etapa más reciente de los ochenta y
noventa. Sobre todo, a partir de la toma del Palacio de Justicia hasta las
postrimerías del gobierno de Barco.

3.3.1 La Violencia y los Desarrollos Políticos del Siglo XX

Las características del sistema bipartidista como mezcla de lógicas, como puente
entre solidaridades tradicionales y modernas, como articulación de conflictos de los
mismos órdenes, como federación de instancias de poder, con movilización popular
pero siempre controlada bajo ciertos límites hacen que sea a la vez moderno y
tradicional. Lo que se va a modificar con el tiempo es la dosis con que se mezclan
los componentes.

Estos cambios empiezan a aparecer desde los años veinte, cuando comienzan a
presentarse movilizaciones y solidaridades es un tanto al margen del bipartidismo,
tales como la agitación de los braceros del río Magdalena, conflictos obreros en los

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 82

campos petrolíferos, agitación en varias regiones y la masacre de la zona


bananera, tal vez el caso más celebre de ellos. Pero las crisis más profundas se
producen en los momentos claves de este siglo: La violencia de los años cincuenta
y la actualidad, precedidas ambas por dos importantes intentos de modernización
social y política, que parecieron desajustar la articulación "normal" de niveles y
lógicas. Ellas fueron la Resolución en marcha de Alfonso López Pumarejo (1934-
1938) y el Frente Nacional, sobre todo durante la presidencia de Carlos Lleras
Restrepo (1966-1 970).

La modernización de López intentó cierto grado de movilización popular mediante


el apoyo al sindicalismo ligado al gobierno y la apelación al "pueblo" en general,
buscarlo recuperar la relación de los movimientos sociales de protesta con el
partido liberal, pero sin tratar de romper la división bipartidista de los sectores
populares. Pero este intento de modernización parcial despertó la resistencia de los
sectores más tradicionales del mismo partido liberal y la férrea oposición de los
gremios y de los sectores fundamentalistas del partido conservador (encabezados
por Laureano Gómez), que buscaban definir lo político con base en la ortodoxia
religiosa y moral, moviéndose dentro de una concepción tradicional de la sociedad.
Lo memo ocurría con amplios sectores de la jerarquía y del clero católico. Además,
las ambigüedades y frustraciones del proyecto lopista produjeron, por contraste, la
movilización populista del movimiento de Jorge Eliécer Gaitán.

La polarización y movilización tan intensas de este período desembocaron en una


serie de fenómenos violentos de tan diversa índole que han sido cubiertos con el
nombre genérico de la violencia. El asesinato de Gaitán marcó un momento
culminante en este proceso de violencia: la protesta de las masas gaitanistas en
muchas regiones y localidades produjo como respuesta la intensificación de la
represión oficial Junto con ciertas formas de "guerra sucia", en las que la policía
"chulavita" se articulaba con poderes locales para la eliminación física de los
liberales "nueve abrileños", reales o supuestos.47 En otras zonas, como la del
norte del Valle, esto era llevado a cabo por bandas paramilitares al servicio de
políticos locales y regionales (las-bandas de los llamados "pájaros"48), siempre con
la complicidad o anuencia tácita de las autoridades de los mismos órdenes. La
respuesta obvia fue la organización de guerrillas campesinas de autodefensa.

Estas diferentes confrontaciones evidenciaban una profunda desarticulación de


niveles y lógicas del quehacer político, lo cual hacía que la violencia se resolviera
primordialmente en el nivel regional, local y hasta veredal, donde se regresaba a la
lógica primaria y privada de las solidaridades y enfrentamientos de orden
prepolítico (lazos de parentesco y vecindario). En este sentido, María Victoria
Uribe49 ha señalado muy acertadamente la importancia de fenómenos como la
"venganza de sangre" para explicar las masacres del Tolima durante este período.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 83

La desarticulación de niveles de poder y el regreso a las lógicas privadas se


expresan en el carácter bastante descentralizado y descoordinado de los
fenómenos violentos: apenas se inicia la violencia, la mayoría de los dirigentes
"oficiales" de los partidos en el nivel local se escapan, rompiendo la conexión
"normal" de los dirigentes nacionales y regionales con las masas campesinas. Por
otra parte, en el caso liberal la posición de las directivas nacionales con respecto a
las guerrillas liberales locales es bastante ambigua: las usan como mecanismo de
presión sobre el gobierno conservador pero sin respaldarlas del todo, por el miedo
tradicional de las élites frente a una movilización popular de carácter autónomo y
espontáneo.

Por todo esto, la fragmentación existente del poder hace que la violencia escape al
control del Estado y de la clase política de nivel nacional, terminando por dislocar
la imagen de unidad nacional y toda referencia al Estado, porque los poderes
locales y regionales terminan por sustituirlo. Esta situación fue caracterizada por
Paúl Oquist como un "colapso parcial del Estado", probablemente sobreestimando
el papel anterior del Estado en la sociedad. Por su parte, Mery Roldan señala cómo
se articulan las crisis políticas del nivel local y regional con la crisis de orden
nacional: en su análisis de Urrao, muestra cómo los grupos locales conservadores
sin acceso al poder y a las riquezas en la localidad aprovechan la crisis nacional
para sus propios ajustes de cuentas en ese ámbito.52 En esa misma línea, la lucha
guerrillera liberal se desarrolla básicamente en el mismo nivel local y rural, con
poca coordinación con el mundo urbano y bastante desacuerdo con la dirigencia
nacional, aunque subsista siempre la alusión al partido liberal como "la sola
referencia constitutiva de la identidad colectiva",53 Además, los conflictos
ulteriores entre guerrillas liberales y guerrillas comunistas contribuyen a aumentar
la fragmentación de la resistencia campesina, aunque la violencia haya sido, en
algunas zonas, una prolongación de las luchas agrarias de 1920-1935. Por eso,
según Pécaut, uno de los resultados más notorios de la violencia fue "un proceso
sin precedentes de desorganización del campesinado". Otro resultado fue una
intensificación del sentido de pertenencia a los partidos tradicionales porque la
referencia al enfrentamiento bipartidista terminó por convertirse en la única
posibilidad de dar sentido a la experiencia de violencia vivida, en niveles
diferentes, por toda una generación de colombianos.

3.3.2 La Modernización durante el Frente Nacional

Esta experiencia sentida explica el acuerdo del Frente Nacional, que se pensó
como la solución de los conflictos que habían caracterizado la vida política de
Colombia durante todo el siglo XIX y la primera mitad del XX. Este acuerdo
significó el sometimiento del Estado como espacio público a la lógica de los
partidos en tres sentidos antes descritos (federaciones laxas de poderes regionales

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 84

y locales, puentes entre lo privado y lo público, combinación de estilos moderno y


tradicional del quehacer político). Además. La Violencia y el Frente Nacional
reforzaron al bipartidismo al confirmar la función que tenían los partidos de
encuadrar la población nacional, lo mismo que su papel de marco de referencia
para las identidades colectivas de la mayoría de la nación.

Como rasgo negativo del Frente Nacional se ha señalado el haberse concentrado


en los aspectos meramente políticos de la Violencia: el reparto del botín
burocrático y la alternación presidencial entre los dos partidos tradicionales
estaban pesando como si los hechos violentos pudieran explicarse exclusivamente
como un enfrentamiento político entre dos colectividades modernas que competían
por la burocracia del Estado. Se olvidaba que el enfrentamiento bipartidista
encubría y manifestaba conflictos individuales y sociales de muy diversa índole: la
lucha entre los partidos era una especie de '"'paraguas" que encubría luchas entre
comunidades basadas en solidaridades tradicionales. Por esto, respondían muchas
veces a motivaciones tales como la venganza de sangre, desquites locales, luchas
sociales, etc. De ahí las dificultades de los planes de rehabilitación, cuyo alcance
social y económico era muy limitado, como lo muestra Gonzalo Sánchez."
produciéndose entonces un recrudecimiento de los hechos violentos durante el
primer gobierno del Frente Nacional. Sánchez cree que lo que el Frente Nacional
quiso hacer. e hizo hasta cierto punto, fue "''disociar el conflicto partidista del
conflicto social y crear una artificial atmósfera de paz en un contexto de profundas
contradicciones sociales surgidas u la sombra, bajo el estímulo, o al margen del
enfrentamiento bipartidista".

En esa misma línea de análisis. Francisco Leal Buitrago afirma que lo que hizo el
Frente Nacional fue "desmilitarizar" el conflicto entre los dos partidos tradicionales.
Esto produjo formado del "bandolerismo social", por la desconexión explícita que
efectuó el bipartidismo con respecto a la Violencia. Se pasó así a una nueva etapa
de hechos violentos (1958-1965), que finalizó en 1965 con el exterminio militar de
los cabecillas. Pero, por ello mismo, la Violencia deja de ser mediada por el
bipartidismo, lo que significa también que se eliminan ciertas formas para su
control y canalización. Esta Violencia, liberada de la mediación política y agravada
por los problemas sociales y políticos del momento, genera una nueva crisis, "con
la particularidad de que escapaba del control tradicional del régimen".

Por otra parte. Leal señala que el Frente Nacional produjo otro elemento
generador de crisis para el régimen bipartidista, al alterar el sectarismo, que era el
pilar del régimen y casi la razón de ser del sistema político. El resultado de esto fue
el debilitamiento del sentimiento de pertenencia a los partidos, lo que terminó
afectando el sistema de "jefaturas naturales", que se basaba en el sentimiento

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 85

sectario. Con el eclipse de las jefaturas nacionales, el nivel nacional de la política


perdió su preeminencia sobre los poderes regionales y locales.

La consiguiente falta de disciplina interna y de aglutinación de estas diversas


instancias de poder se manifestó en un gran aumento del faccionalismo dentro de
los partidos, que evidenciaba la fragmentación existente del poder. Pero esa
fragmentación ahora carecía del contrapeso que introducía normalmente el
bipartidismo al articular las redes locales y regionales de poder con los jefes del
orden nacional. Según Leal, el sectarismo de la adhesión bipartidista
proporcionaba la única dinámica de cohesión nacional dentro de una sociedad con
un Estado exiguo.58 Además, el carácter del Frente Nacional como coalición
heteróclita de intereses parciales yuxtapuestos planteaba límites a los intentos de
modernización del Estado pensados por los ideólogos más brillantes del
bipartidismo, como Carlos Lleras Restrepo. Los intentos modernizantes de Lleras
Restrepo fueron bloqueados por los sectores más tradicionales de ambos partidos.
Esto evidenciaba una dislocación creciente entre los políticos que se movían
predominantemente dentro del ámbito nacional del poder y los que se movían
principalmente en los niveles regional y local.

Este divorcio se ha mantenido hasta hoy, con algunas variaciones, aunque podría
tal vez decirse que el gobierno de Turbay representaba, en algún sentido, un
regreso a la lógica tradicional. Todo esto explica el interés de Lleras Restrepo por
la modernización de su partido. Ya retirado de la Presidencia, Lleras se empeña en
una campaña para purificar al liberalismo de las prácticas clientelistas y darle una
base más moderna de adscripción mediante la carnetización de sus miembros.

Lleras concebía el clientelismo como una corruptela de nuestro sistema


democrático, como un rezago de tradicionales prácticas corruptas en nuestro
quehacer político, sin percibir que también es, en buena parte, la respuesta de una
realidad social basada en la desigualdad de oportunidades frente a una estructura
institucional formalmente democrática. Se pasaba por alto que era también un
mecanismo de identificación colectiva de la mayoría de la población con la vida
nacional a través de la relación de lealtad con el jefe político tradicional y se
querían abolir de un plumazo las solidaridades tradicionales encubiertas por la
estructura partidista formal.

Por otra parte, la política reformista de Lleras evidenciaba también la reticencia


tradicional de los dos partidos frente a una movilización popular autónoma, cuando
se intentó buscar cierto apoyo popular bajo el control del gobierno con las
organizaciones de la Acción Comunal y la Asociación Nacional de Usuarios
Campesinos, ANUC. Esta última termina por radicalizarse, en parte por los límites
de la reforma agraria oficial y en parte por el influjo de los numerosos grupos de

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 86

izquierda que por ese entonces empezaban a aparecer en el escenario político y


social del país. Se produce, en términos de Daniel Pecaüt, una especie de
modernidad por vía negativa: hay uní colapso de las instituciones de control social,
empezando por la Iglesia Católica. Esto produce cierta degradación de las
relaciones sociales, pero no aparecen los aspectos positivos de la, modernización,
como serían nuevos modos de integración social, ni de interacción de los grupos
sociales.

Los elementos que parecen modernos (individualismo, tendencia a la trasacción y


al cálculo racional) no surgen ligados a la creación de un nuevo imaginario político,
democrático y pluralista, sino en sus aspectos negativos. Así, el individualismo
surge como resultado de la desagregación social; la transacción, como una manera
de convivir con la descomposición de los modos habituales de regulación social; y
el cálculo racional, como modo de adoptar el utilitarismo como estrategia de
supervivencia.

En palabras de Jorge Orlando Meló, los cambios sociales, culturales y económicos


de estos años contribuyeron a romper las redes de solidaridad tradicional y los
mecanismos correspondientes de sujeción individual, sin construir nuevos
mecanismos de convivencia, ni tampoco nuevas formas de legitimidad social.

En este contexto de profundos cambios sociales y culturales, el impacto de las


revoluciones del Tercer Mundo, sobre todo la de Cuba, es muy fuerte dentro de las
nuevas capas medias y de la juventud estudiantil, cuyas perspectivas de ingresar
rápidamente al aparato productivo y al sistema político no son muy claras. Pero los
grupos de izquierda de carácter democrático tampoco se muestran capaces de
conformar una alternativa política capaz de articular a los descontentos del
bipartidismo que empiezan a proliferar entre intelectuales, sectores medio y grupos
populares. A esto se añade la res- -puesta represiva de los organismos del Estado,
que tienden a considerar subversivas o criminales muchas formas de protesta.
Todo esto hace percibir el sistema político como cerrado y como agotadas las vías
democráticas para cambiar o reformar el sistema.

3.4 LA NUEVA VIOLENCIA Y LA FRAGMENTACIÓN DEL PODER

Además de esta percepción persistían amplias zonas del país donde la presencia de
las instituciones había sido siempre precaria y donde existía una larga tradición de
lucha guerrillera, con varios grupos y jefes guerrilleros que no habían podido ser
plenamente asimilados por el bipartidismo. Esto era particularmente visible en las
zonas de colonización, a donde seguían llegando campesinos expulsados por las
tensiones sociales de sus regiones y por la anterior ola de violencia. Esas zonas

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 87

van a ser un caldo de cultivo donde se insertarán guerrillas de diversa orientación


ideológica, que suplen en algunos aspectos la ausencia del Estado. También se
presentarán allí los cultivos del narcotráfico.

La respuesta inicial del régimen es básicamente represiva y militar, lo que se


acentúa a partir de 1977 y, sobre todo, durante la presidencia de Turbay (1978-
1982). Con Betancourt (1982-1986) se percibe que hay una crisis de legitimidad
del régimen que hay que afrontar creativamente y se reconoce que las causas de
la Violencia no se reducen a la subversión interna, apoyada por el comunismo
internacional, sino que hay factores objetivos que deben ser solucionados si se
quiere alcanzar la paz.

Pero la política de paz de Betancourt profundizó el divorcio entre las diferentes


instancias del poder y entre las diversas lógicas de acción política, porque no logró
un consenso verdadera mente nacional sobre la necesidad de buscar una salida
política a los conflictos. Buena parte de la clase política tradicional, sobre todo en
sus niveles regionales y locales, la mayoría de los gremios y de los mandos
militares se opusieron a la política de paz del presidente, primero soterrada y
sordamente, y luego en forma explícita. Por otra parte, la respuesta de los diversos
grupos guerrilleros fue también ambigua y polivalente, pues seguían "combinando
las formas de lucha" y parecían pretender su fortalecimiento militar a la vez que la
ampliación de su espacio político. Por otra parte, la política del presidente tampoco
logró nunca concretarse de manera eficaz, presentándose un divorcio entre su
retórica y su práctica concreta.

Todo esto, junto con la tradicional dificultad del Estado colombiano para controlar
sus propios funcionarios, sobre todo en el orden local y regional y su normal
tendencia, a delegar —de modo siempre informal— el manejo de los asuntos
regionales y locales en manos de los poderes políticos de ese respectivo orden,
constituye el escenario de la violencia reciente. Además, a este escenario habría
que añadir el ambiente de marcada intolerancia y el casi visceral anticomunismo
de amplios sectores de los militares y de la misma sociedad civil.

La situación resultante de esta combinación de factores fue muy proclive a la


aparición de fenómenos de "guerra sucia", desencadenada por grupos
paramilitares, con la complicidad abierta o el abierto patrocinio de algunos sectores
del gobierno y la tacita anuencia de otros. Sobre todo, de algunos mandos
militares y de instancias locales y regionales de poder.

Este análisis evidencia al máximo la fragmentación y privatización del poder


existente en múltiples polos, al desaparecer la articulación entre la lógica privada y
la lógica pública, lo mismo que entre el nivel nacional del poder y los niveles

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 88

locales y regionales. El recurso a la violencia privada como mecanismo de


resolución de conflictos y la consiguiente desaparición del monopolio estatal de la
fuerza legítima, se hacen pronto evidentes en la multitud de hechos violentos de
diversa índole que se entrecruzan y refuerzan mutuamente hasta casi borrar las
fronteras entre la violencia política y la no política. La inserción del narcotráfico en
esta situación potencia al máximo los enfrentamientos, haciendo aparecer la
fragmentación del poder en sus niveles más dramáticos.

Como resultado de esta fase, la Violencia adquiere autonomía y la guerra pierde la


racionalidad de medio político al convertirse en una mezcla inextricable de
protagonistas declarados y ejecutantes oficiosos, que combinan objetivos políticos
y militares con fines económicos y sociales, lo mismo que iniciativas individuales
con acciones colectivas. El sicario simboliza esa indiferenciación de fronteras entre
lo político y lo no político.

Por otra parte, la disminución de la capacidad integradora de los conflictos sociales


por parte de los partidos de derecha o izquierda se manifiesta en la
desinstitucionalización creciente de las luchas sociales, que se expresa en la
proliferación de movimientos cívicos, marchas de protesta campesina e indígena,
paros cívicos, al margen de toda expresión política normal. Esta situación es
caracterizada por Daniel Pécaut como la informatización" del conjunto de las
relaciones sociales, que expresa la distancia creciente entre la esfera política y la
social. Esta distancia supone una creciente despolitización de la vida cotidiana y
una acentuación de la tendencia de la vida política a constituirse como una
realidad aparte. Lo que equivale a una mayor crisis de legitimidad de la acción
política.

En los dos últimos años de la administración Barco se presenta un viraje


fundamental, marcado por un intento de recuperar el monopolio estatal de la
fuerza como respuesta al enfrentamiento directo de grupos paramilitares contra
funcionarios del Estado en la masacre de La Rochela. Aunque desde antes existían
sectores de los aparatos estatales bastante opuestos a la convivencia con estos
grupos privados, no se había visualizado claramente la tendencia de tales grupos a
un manejo autónomo de la Violencia, que significaba ya .el total predominio de la
esfera privada sobre la pública. La matanza de La Rochela marcó así el comienzo
de cierto deslinde entre el Estado y los grupos para miliares, que se reforzaría más
con la cruzada contra el narcoterrorismo desatada por el gobierno de Barco a raíz
del asesinato de Galán.

Otro cambio del gobierno de Barco fue la reanudación de los diálogos de paz con
algunos grupos guerrilleros en un marco más definido o institucionalizado, que
preparó el camino a la desmovilización del M-19 y a nuevas negociaciones con el

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 89

EPL, el PRT y el Quintín Lame, ya en las postrimerías del período de Barco. A esto
contribuyó bastante la evolución interna del M-19, que renuncia claramente a toda
forma de lucha armada y deja las ambigüedades del doble juego que había tenido
en el proceso de Betancourt.

Además, importantes sectores de la sociedad civil apoyaron significativamente esta


evolución del proceso, cuyo éxito se evidenció en el respaldo electoral a la
candidatura de Navarro Wolff. Con este proceso de paz se busca una
relegitimación del régimen político y una recuperación del Estado como espacio
público para la resolución de los conflictos. Estas tendencias se profundizan bajo el
gobierno del presidente Gaviria, cuya actitud más pragmática de ligar la
extradición al orden público (junto con una actitud también más pragmática de los
carteles de la droga, que proclaman una tregua unilateral) produce inicialmente un
marcado descenso de los niveles de la violencia procedente del narcotráfico. Por
otro lado, el proceso de paz con el EPL y el PRT concluye exitosamente, después
de muchas vicisitudes y dificultades.

La asamblea constituyente se inscribe claramente en esa tendencia a restablecer


las relaciones entre el país político y la sociedad nacional, pero las intenciones
reformistas de la Carta, parecen chocar con la realidad de la clase política
realmente existente y con la tradicional estructura de los partidos políticos, que no
acaban de convencerse de la necesidad de modernizarse. Por otra parte, las
ambigüedades de las conversaciones de paz en Caracas y en Tlaxcala mientras
ninguno de los bandos suspende hostilidades no hacen sino reforzar las posiciones
intransigentes de ambas partes, con el peligro de terminar justificando las
soluciones privadas o grupales de fuerza. Además, las consecuencias de las
políticas antiinflacionarias combinadas con las de la apertura económica influyen
en el mayor distanciamiento entre los movimientos sociales, los gremios
económicos y el gobierno. La crisis interna de los movimientos sociales se junta
con la de los partidos políticos para producir una desarticulación creciente de la
precaria sociedad civil colombiana. Así, el Estado colombiano se encuentra sin los
adecuados canales de relación con la sociedad nacional existente de hecho. De la
creación de esas intermediaciones con la sociedad dependerá la solución de la
actual crisis de legitimidad del régimen político en Colombia.

Por otra parte, el balance de los resultados electorales de estos últimos años
demuestra que, por la razón que sea, buena parte de la población colombiana
sigue respondiendo a motivaciones políticas de carácter tradicional. Esto apuntaría
a señalar que, aunque es cierto que la clase política colombiana está atravesando
por uno de los momentos más dramáticos de su historia, estamos lejos de estar
asistiendo a la crisis definitiva de los dos partidos tradicionales, aunque su
debilitamiento es innegable. Porque los profundos y rápidos cambios de la

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 90

sociedad han hecho inadecuado el estilo tradicional de hacer política en Colombia.


Además, no toda la clase política se mueve exclusivamente dentro de esos
parámetros tradicionales, sino que buena parte de ella se mueve con esquemas
bastante más modernos. Incluso, hay sectores tradicionales de la clase política que
se han modernizado bastante, creando una especie de neoclientelismo
("clientelismo computarizado"), que responde mejor a los sectores urbanos, sobre
todo en los barrios marginados.

Por supuesto, los políticos más exitosos se mueven dentro de las dos lógicas, la
moderna y la tradicional, de acuerdo con las circunstancias. Todo esto evidencia el
hecho de que el comportamiento de la clase política es bastante menos
homogéneo de lo que se cree: por esto, el diagnóstico sobre la crisis del
bipartidismo debería matizarse por medio de diferenciaciones de lógicas y
comportamientos políticos según instancias de poder, regiones, grupos y hasta
personas. Por todo esto, habría que señalar la necesidad de un análisis, lo más
desideologizado y lo menos maniqueo posible, del funcionamiento concreto y
específico del sistema bipartidista. Solo así lograríamos un acercamiento
desapasionado a la realidad de su crisis, sin proyectar sobre ella nuestras ilusiones
y frustraciones, ni nuestros esquemas apocalípticos y milenaristas.

3.4.1 Conclusiones

Como conclusión de este análisis se podría afirmar que la política colombiana se


debate todavía entre la modernidad y la tradición, aunque haya cambios profundos
en la proporción en que se mezclan las dos tendencias. No basta una modificación
de la Carta constitucional para modernizar la vida política del país, aunque las
reformas institucionales constituyen un paso adelante.
Hace falta un profundo proceso de educación política, que no puede pasar por alto
el hecho de que muchos comportamientos políticos son el fiel reflejo de la sociedad
donde se producen.

Por eso, los cambios sociales deben acompañar a los políticos: no puede haber
una modernización del Estado y de los partidos políticos si la sociedad sigue siendo
tradicional y profundamente desigual. La vida política no puede prescindir de la
sociedad que representa, así en las actuales circunstancias se constituya casi como
una realidad aparte con respecto a la sociedad colombiana. El desafío del
momento presente es la restauración de la relación de la sociedad civil con el
Estado, lo que exige cambios fundamentales en los dos polos de la relación.

El Estado debe modernizarse y volverse eficaz, lo que está ligado a su


independencia frente a los partidos políticos, gremios y grupos de interés de todos
los estilos.

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Solo así podrá el Estado reclamarse legítimamente como portador y símbolo de un


espacio verdaderamente público para la resolución pacífica de los conflictos. Lo
que se expresa en el monopolio de la fuerza legítima, en una justicia eficaz, en una
administración pública que merezca este adjetivo, en una regulación de la
actividad económica y de la convivencia ciudadana.

Por parte de la sociedad civil, debe recuperarse su organicidad interna y su


legítima autonomía, sin negar por ello la necesidad de una regulación de lo público
por parte del Estado. Pero los diversos grupos y estamentos de la sociedad civil
deben también contribuir a la construcción de un espacio de lo público en general.
al cual deben supeditarse sus intereses privados y grupa-les. Estos grupos deben
ser conscientes de que construyen y representan cierto espacio de lo público en
sus respectivos niveles. Por eso. la construcción de la sociedad civil se expresa en
la formación y el fortalecimiento de las organizaciones y movimientos sociales de
toda índole, que expresen las solidaridades voluntarias propias de una cohesión
social de tipo moderno. Solo así se lograra la modernización de la sociedad y del
Estado que reclamamos para el momento presente.

Pero esta construcción de una sociedad civil orgánica, basada en solidaridades


modernas, debe tener necesariamente una expresión política de carácter
igualmente moderno. De ahí la necesidad de crear partidos y movimientos
políticos, con plataformas y organizaciones modernas, con un tipo de financiación
por encima de las corruptelas que han caracterizado nuestras costumbres políticas.
Solo así se restablecerá la necesaria relación del país político con el Estado y el
Ejecutivo central, que permitirá tanto una modernización más integral de todo el
país político como un contrapeso y control a las tendencias a veces excesivamente
tecnocratizantes del Ejecutivo.

Pero hay un problema más urgente para el país político, de derecha e izquierda:
recuperar su calidad de vocero de la nación, especialmente de los sectores
marginados del campo y de la ciudad. Para ello, es indispensable una relación más
orgánica con los movimientos sociales que expresan esos sectores. Por ello, una
condición indispensable de cualquier intento de modernización es una mayor
democratización de la vida política, una ampliación real de la ciudadanía, en
términos sociales, económicos y políticos. Lo que implica la superación del
tradicional "miedo al pueblo", que ha caracterizado nuestra historia pasada.

Este fortalecimiento del espacio público por parte de la sociedad y del Estado no
puede desconocer el pasado, tanto en lo positivo como en lo negativo. La
perspectiva histórica que hemos intentado bosquejar aquí permite analizar tanto
los logros realizados como los obstáculos y tensiones que nos quedan por resolver.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 92

Pero las lecciones de la historia nos deben lanzar al futuro, a la búsqueda de


soluciones, para la construcción de la nueva Colombia que deseamos.

3.5 ALGUNAS CONSIDERACIONES GLOBALES SOBRE "MODERNIDAD"


Y "MODERNIZACION" EN EL CASO COLOMBIANO. JORGE ORLANDO
MELO

3.5.1 La Modernidad a la Fuerza

El último proyecto de modernización relativamente coherente y explícito fue


impulsado por el liberalismo durante las décadas del 30 y el 40 (pues la pausa no
afectó otros desarrollos modernizadores diferentes a la más visible movilización
política). Bajo el régimen conservador, por otra parte, se dio una contradicción
interna entre los objetivos de desarrollo capitalista y un creciente autoritarismo
social, cultural y político.

Del mismo modo, es indispensable reconocer que dada la persistencia del modelo
de desarrollo capitalista en Colombia y su adopción prácticamente unánime por los
grupos dirigentes, e incluso su aceptación también dominante por parte de los
sectores populares, el autoritarismo social y cultural ha coexistido con el avance de
diferentes aspectos e instituciones modernizadores. Muchos de ellos han estado
vinculados en forma relativamente estrecha con las mismas necesidades del
desarrollo productivo. Otras han tenido que ver con aspectos del equilibrio político,
y otras han resultado de procesos sociales difícilmente controlables.

La afirmación central de este artículo es que para 1930 se habían creado las
condiciones fundamentales para el desarrollo de un proceso modernizador, y que
el periodo de 1930 a 1958 consolidó este proceso, aunque en un contexto
particularmente contradictorio. A partir de 1958 el dominio de las instituciones
modernas se impone en forma acelerada, pero sin dejar de coexistir con aspectos
tradicionales incorporados y promovidos en muchas ocasiones por las instituciones
modernas.

El periodo del Frente Nacional resulta caracterizado por la dificultad para hacer
compatibles los efectos de la modernización social, económica y cultural con una
distribución del poder dentro de la sociedad que conduce permanentemente al
recurso a la violencia privada. Durante una primera fase de este periodo, quizás
hasta 1980, pudo pensarse que el problema central estaba en el conflicto entre un
sistema político altamente restringido y las reivindicaciones de grupos nuevos
relativamente radicales que no encontraban canales de expresión dentro del
bipartidismo tradicional. En la medida en que la economía seguía creciendo a un

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 93

ritmo bastante elevado, parecía razonable, a primera vista, pensar que las fuertes
desigualdades de ingreso y los paquetes de atraso que servían de base para la
acción de grupos radicales podían desaparecer por efecto espontáneo del
crecimiento de la producción.

Los gobiernos del Frente Nacional, llenos de un optimismo sin límites, se negaron a
cualquier política relativamente seria de distribución de la propiedad o del ingreso,
aunque impulsaron, por otros motivos, una acelerada expansión de la educación
que a la larga sí tuvo efectos redistribuidos[15].

De este modo, el clima de cambio económico y social contribuía a romper las redes
de solidaridad tradicionales y los mecanismos de sujeción individual, sin construir
nuevos mecanismos de convivencia ni conferir nuevas formas de legitimidad del
orden social. Los grupos radicales recurrieron entonces a la violencia más que para
imponer un orden social radicalmente diferente, como se sostenía en sus discursos
expresos, para imponer al Estado políticas suavemente reformistas o una mínima
neutralidad en los conflictos sociales. La lucha armada, que resultaba
completamente ilegítima a la luz de la aceptación casi unánime del modelo
capitalista por la población colombiana, encontraba su alimento y su parcial
legitimidad en un sistema político inflexible y en una política económica y social
cuya injusticia y corrupción hacían parte de los lugares comunes más arraigados
en la mentalidad de la mayoría de la población.

La reducida capacidad de intervención del Estado en los conflictos sociales, la


limitada legitimidad de sus instituciones y el escaso desarrollo o la evolución
deforme de sus instituciones de arbitraje y control social, como la justicia y las
fuerzas armadas, encontró al Estado desarmado cuando, a comienzos de la década
de 1980, se añadió a los conflictos tradicionales un nuevo ingrediente, con el
surtimiento del inmenso poder económico y la inmensa capacidad de violencia
generados por el tráfico de drogas.

La modernización parcial y en buena parte represiva dejaba como herencia un


Estado débil, impuesto por una burguesía segura de sí misma y opuesta a todo lo
que restringiera su libertad de acción; una estructura política arcaica y bloqueada,
con discutible legitimidad y participación popular limitada, e incapaz de integrar y
resolver las demandas de sectores minoritarios muy importantes; un mundo rural
en conflicto, en particular por una historia de injusticias y violencias, ante todo en
las zonas de colonización, donde el Estado era inexistente o se encontraba
subordinado a los grandes propietarios, una situación urbana en la que un sector
substancial de la población se mantenía en condiciones de desempleo o subempleo
que lo colocaban en disponibilidad para todo tipo de violencia privada.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 94

Mientras tanto, la aceleración de los procesos de cambio social y cultural, así como
el surgimiento de grandes oportunidades de movilidad económica, destruían las
formas tradicionales de sometimiento y control social. Todos estos factores, unidos
a la tradición de violencia del país, a la inercia de una lucha guerrillera que, sin
perspectivas políticas, recurrió al delito y la extorsión, a la corrupción y la violencia
de las fuerzas armadas, y a la generalización de una actitud ética que abría las
compuertas para cualquier clase de conducta (todo está moralmente permitido),
prepararon el campo para que los dineros de la droga penetraran por todos los
poros de la sociedad y llevaran a la universalización de las diversas formas de
violencia.

3.5.2 Los Tres Componentes de la Modernización

Después de este recuento cronológico, puede retomarse la idea de las tres


revoluciones, como guía para ordenar los aspectos centrales de las rápidas
transformaciones que ha vivido el país en los años recientes:

• En el terreno político, la movilización social de las décadas de 1930 y 1940,


junto con los resultados de procesos sociales como la creciente urbanización, la
aparición de los medios de comunicación de masas y la generalización del
sistema educativo, hicieron imposible el retorno a un autoritarismo de orden
tradicional.

La política durante el Frente Nacional ha partido de la aceptación, como lugar


común, del fundamento democrático del régimen (no es posible discutir hoy,
como pudo hacerlo Laureano Gómez, acerca del absurdo de dar a todos un voto
igual, aunque surjan ecos de su visión corporatista en las frecuentes propuestas
de dar representación especial en órganos legislativos o constituyentes a
empresarios, sindicalistas, universitarios y otros grupos sociales), y de los
derechos liberales esenciales de una sociedad moderna. Sin embargo, a pesar
de que el ordenamiento jurídico es ya, con pocas excepciones, esencialmente
moderno, el funcionamiento concreto del Estado ha incorporado las prácticas
clientelistas tradicionales, en un nuevo equilibrio orientado a tratar de frenar la
movilización popular, a conservar un bipartidismo que tiene mucho de
tradicional y a hacer viable el sistema a pesar de las restricciones impuestas
extra-estatalmente a la participación política.

La debilidad tradicional del Estado se manifiesta en su incapacidad para frenar


los procesos de violencia estimulados en buena parte por organizaciones o
miembros de la sociedad civil (narcotraficantes, guerrilleros, propietarios
rurales) y en su frecuente alianza con grupos privados delictivos. La
modernización del Estado, manifiesta con evidencia en su capacidad para

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 95

expandir algunos servicios como la educación y para promover desarrollos


básicos de infraestructura, en su manejo relativamente eficiente de las variables
macroeconómicas, etc., tropieza con su incapacidad en el terreno esencial del
orden público y de la justicia.

Por otra parte, existe un espacio político nacional, o dicho de otra manera, la
nación se constituye como el espacio político dominante para todos los sectores
sociales, y no sólo para las elites políticas o económicas. Esto-tiene que ver en
buena parte con procesos de modernización cultural y social que se mencionan
más adelante.

• Analizar la modernización cultural requeriría estudios hasta ahora no realizados.


Sin embargo, vale la pena subrayar los siguientes procesos:
- El desarrollo de un sistema escolar masivo, sobre todo a partir de 1960.
Dentro de las peculiares condiciones colombianas (modernización
tradicionalista) buena parte de la expansión del sistema educativo se ha
dejado a los particulares, pero esto no quita valor al hecho global. La
educación constituye hoy el sistema esencial de socialización y de
preparación para el trabajo, frente a los sistemas artesanales y campesinos
tradicionales de formación en el lugar y frente al papel de la Iglesia y la
familia.
- La aparición de un mercado cultural nacional. La prensa alcanza circulación
significativa a partir de 1958, y desde esos años empieza a surgir un
mercado nacional para los principales periódicos. Igualmente se
homogeneiza la información mediante la creación de las agencias de
noticias, el avance en las tecnologías de transmisión de información (tele,
transmisión de imagen), etc. La radio se vuelve nacional a comienzos de la
década de 1950, con la generalización de las cadenas y la aparición de
tecnologías de enlace. Su impacto sobre la cultura política del país no ha
sido estudiado, pero probablemente fue tan importante como el que tuvo
para convertir en parte de la cultura popular colombiana el tango o la
ranchera. Un intento monopolístico (ACPO) lleva la radio a amplios sectores
rurales, que pronto amplían su audición a las emisoras comerciales.
La televisión (establecida en 1954) alcanza un cubrimiento significativo y es
factor central en la conformación de la mentalidad de la sociedad en la
década de 1970, en parte como agente en un proceso de incorporación de
elementos transnacionales en nuestra cultura. El mercado del libro,
tradicionalmente elitista, da señales de convertirse en una típica industria
moderna únicamente durante la última década.
- La creación de una práctica científica continua y la filtración masiva del
conocimiento científico. Sólo con la consolidación de las universidades

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 96

públicas basadas en el profesorado de tiempo completo la práctica científica,


hasta entonces esporádica y quijotesca, adquiere continuidad, al menos en
algunos campos[16]. Aunque la contribución de la ciencia colombiana a la
ciencia universal sea marginal, el peso cultural de los científicos ha
alcanzado un umbral mínimo y el proceso de difusión de la mentalidad
científica, elemento esencial de la modernidad, está influido en gran medida
por los científicos colombianos. Fuera de la consolidación de algunas áreas
de ciencias básicas y naturales, aparecen, después de 1960, la sociología, la
economía y la historia como disciplinas académicas modernas, decisivas en
la generación del discurso que configura la identidad nacional.
Por otra parte, los medios de comunicación, la televisión, los sistemas
escolares, han hecho penetrar los aspectos centrales del pensamiento
científico entre sectores ya probablemente mayoritarios de la población.
Incluso las viejas prácticas mágicas se revisten de nuevos contenidos
"científicos", y refuerzan la práctica de "profesores" y "psicólogos" que
sirven de consejeros a quienes antes confiaban más bien en el sacerdote o
en el brujo.
- El dominio de una cultura laica, a pesar de los esfuerzos eclesiásticos por
mantener el control de la mentalidad del país (todavía en 1960 los obispos
consideraban legítimo tratar de cambiar los rectores de las universidades), o
quizás como reacción a esos esfuerzos. En efecto, uno de los más claros
indicadores de la separación de la ética individual y las orientaciones
religiosas, aspecto central de esta laicización, lo da el éxito de los
programas de control de la natalidad, a pesar del carácter vergonzante y
clandestino del apoyo oficial que se les dio. Los cambios en la moral sexual
son otra indicación en este sentido. Incluso es significativo que en aquellos
sitios donde existió una identidad más fuerte entre los valores religiosos y el
ordenamiento social, como en Antioquia, haya sido más brusco el proceso
de laicización. A diferencia de otros países latinoamericanos, donde la
Iglesia tuvo una alianza menos estrecha con los grupos dominantes, en
Colombia la crisis de la sociedad tradicional dejó a la Iglesia sin la
flexibilidad que ha mostrado por ejemplo en el Brasil para adecuarse a las
condiciones de los grupos populares, lo que ha hecho que en amplios
sectores del país la práctica religiosa esté escindida de las prácticas éticas
de los creyentes, mientras que el alejamiento de otros grupos a la
orientación religiosa sea mayor en Colombia que en otras partes.
Por otro lado, el acelerado debilitamiento de una moral basada en la
religión, en un país en el que eran muy débiles las tradiciones de ética laica,
ha contribuido sin duda alguna a lo que, a falta de un término mejor, podría
describirse como una crisis total de los valores éticos, en todos los niveles

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 97

de la sociedad, y que es un evidente resultado del proceso de


modernización reciente.

• En el terreno económico, es evidente la consolidación del capitalismo y la


eliminación acelerada de las formas de producción precapitalista. Aunque
todavía subsiste un sector campesino relativamente amplio, está en su gran
mayoría integrado al capitalismo y produce para mercados nacionales e
internacionales. Además, los valores centrales de la economía capitalista, la
valorización de la iniciativa individual, la capacidad empresarial, la aceptación de
las reglas de la competencia económica, el afán de lucro, etc., son compartidos
por la mayoría de la población, e incluso los grupos intelectuales que apoyaron
una perspectiva socialista en los últimos veinticinco años parecen, en general,
haberla abandonado.

Esto no excluye la crítica al modelo capitalista actual del país, pero en general
esta crítica se orienta a destacar su incapacidad para distribuir más
aceleradamente los "beneficios" del desarrollo y para eliminar a plazo no muy
largo las situaciones de miseria y "pobreza absoluta", así como a subrayar y
condenar la supervivencia de elementos muy visibles de "capitalismo salvaje": el
proyecto económico dominante, también entre los grupos más críticos, parece
ser sobre todo un capitalismo "moderno", de corte socialdemócrata y en algunos
sectores, con niveles muy amplios de descentralismo y participación popular y
comunitaria. Incluso el consenso capitalista ha llevado a que desaparezca casi
por completo del debate intelectual cualquier defensa del modelo socialista o de
proyectos culturales o ideológicos substancialmente diferentes a los que
dominan hoy en Colombia. Los escritores que defienden en forma más integral
el capitalismo han logrado arrinconar ideológicamente a los críticos del sistema,
que empiezan a rechazar toda identificación con la "izquierda" y no encuentran
justificaciones adecuadas ni siquiera para la defensa, de corte socialdemócrata,
de las regulaciones estatales de la economía o los conflictos sociales.

3.5.3 Modernización y Posmodernismo

El debate sobre la posmodernidad ha tenido poco impacto en Colombia. Sin entrar


en sus implicaciones más complejas, creo que vale la pena sugerir que una razón
para esto se encuentra en las condiciones propias del desarrollo colombiano. Hace
apenas treinta o cuarenta años el proceso histórico del país dejaba todavía en
duda el ingreso a la modernidad, incluso en su forma más restringida de desarrollo
económico (muchos analistas de los sesenta, como Arrubla, mostraron que aun
esto sería imposible)[17], para no hablar de la firmeza de sus formas de
autoritarismo cultural y político. Hoy, tras un proceso de una velocidad que no tuvo
pares en los países clásicos, Colombia está claramente en el mundo moderno, así

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 98

sus sectores modernos se apoyen en las instituciones tradicionales, convivan con


ellas y las reconstruyan permanentemente.

En estas condiciones, el problema no parece ser el del fracaso de la modernidad, el


abandono de sus promesas (como pudieron vivirlo los intelectuales de sociedades
tempranamente modernas como Argentina o Uruguay, enfrentados a procesos de
empantanamiento social sin aparente salida), sino todavía su logro: los científicos
políticos colombianos proponen modelos estatales que sólo se diferenciarían del
actual por la eliminación del clientelismo, el aumento de la participación social y el
establecimiento del monopolio de la fuerza por el Estado; los científicos sociales y
los economistas defienden proyectos de desarrollo que refuercen el acceso a la
educación, consoliden la mentalidad científica popular y generen una participación
más igualitaria en el producto nacional.

La cuestión es, para casi todos ellos, completar, en un sentido aún muy
restringido, las promesas de la modernidad: la ciudadanía abstracta, la regulación
y el trámite de los conflictos por el Estado, el dominio de la ciencia, el progreso
económico y la distribución más amplia de sus "beneficios". Sólo la continuidad de
la violencia, con su porfiada existencia, ofrecería motivos serios de desesperanza,
permitiría descalificar la función histórica de los grupos dirigentes e impediría la
aparición de un nuevo consenso en Colombia, al revelar las limitaciones del
proyecto modernizador.

El texto anterior constituye ante todo un registro de un proceso que se ha


impuesto con una fuerza que, retrospectivamente, tiene cierto aire engañoso y
ominoso de ineluctabilidad. Quizás en sus inflexiones irónicas haya alcanzado a
sugerir que la modernidad no es un beneficio inequívoco y que los costos de su
triunfo han sido tal vez excesivos. Así como para los indígenas del siglo XVI carecía
de interés una evangelización y una civilización que se impuso mediante la muerte
del 90% de quienes debían beneficiarse de ellas, debe preguntares cuál es la
significación del proceso de modernización para las comunidades indígenas cuya
cultura se ha destruido, para las víctimas de 40 años de violencia, o para las
personas que han vivido en la miseria desde que ésta fue generada por el
progreso económico. Y la misma trama de la exposición debería permitir
preguntarse si no es prematuro el abandono de todas las alternativas al
capitalismo que conocemos y si será posible reconstruir el delgado tejido de
nuestra civilización sin proponer nuevas utopías de convivencia social y de
ordenamiento económico en un país que se resigna cada vez más al caos y a la
violencia, con la casi única condición de que continúe el desarrollo económico.

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Estado, Tradición y Modernidad en Colombia 99

Proceso de Comprensión y Análisis


• Definir en un párrafo, la concepción que se tenia a cerca de la confrontación
política de mediados de siglo.

• Mencionar al menos cinco consecuencias dadas por el fenómeno del clientelismo


y su participación en el Mega-estado.

• Según el Autor, cuales son las principales dificultades que enfrentan los partidos
políticos en el entorno local, regional y nacional.

• De que manera la violencia genera la fragmentación del poder, o la perdida de


legitimidad del Estado y sus instituciones.

Solución de Problemas
• Establecer cinco cambios estructurales y fundamentales que se dieron a partir
de la constituyente de 1991. Estos cambios deben clasificarse así:
- Control y participación política.
- Inhabilidades e incompatibilidades de los representantes y funcionarios
públicos.
- Manejo y distribución de los recursos de la nación, a las entidades territoriales.
- Creación y nuevas funciones de las instituciones publicas según su rama o
poder.

Síntesis Creativa y Argumentativa


• Elaborar un esquema o mapa conceptual donde exprese claramente un
postulado o hipótesis relacionada con la discusión.

Bibliografía Sugerida
• MELO, Jorge Orlando. “Colombia Hoy: Perspectivas Hacia el Siglo XXI”. 15ª.
Edición, TM Editores. Bogota Colombia 1997.

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• KALMANOVITS, Salomón. “Economía y Nación: Una Breve Historia de Colombia”


4ª. Edición, TM Editores. Bogota, Colombia. 1995.

• www.bibliotecaluisangelarango.edu.co

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