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EL PRINCIPIO DE LEGALIDAD Y LA ADMINISTRACIÓN

1.- Consideraciones Generales

Los actos administrativos no pueden ser realizados sino por organismos o personas
que tengan investidura legal para ello y que los actos se apoyen en la ley.

El principio de la legalidad de la administración es el fundamento,, la base, del Derecho


Administrativo y, consecuencialmente, de la Administración pública.

2.- Noción de Legalidad

La legalidad es la cualidad de lo que es conforme a la Ley. Entendiendo Ley en su


sentido más amplio, es decir, el de Derecho.

La legalidad expresa así la conformidad al Derecho, por lo que es sinónimo de


regularidad jurídica.

En ese sentido, el principio de legalidad aplicado a la Administración expresa la regía


según la cual la Administración debe actuar conforme al Derecho.

3.- Las Reglas Cuyo Respeto se Impone a la Administración

La mayoría de las reglas cuyo respeto se impone a la Administración en virtud del


principio de la legalidad, tienen su origen básicamente en la Constitución o en la Ley.

En nuestro país, como en otros países, es la Constitución el cuerpo de regla que se


impone evidentemente a la Administración.

Cualquier acto administrativo contrario a la Constitución es nulo de pleno derecho,


según se desprende del espíritu y naturaleza del Art. 46, de nuestra Carta Sustantiva.

4.- Las Inflexiones al Principio de la Legalidad


El principio de la legalidad sufre ciertas inflexiones o temperamentos en el caso en que
intervengan circunstancias excepcionales para modificar el alcance o el contenido del
mismo.

Es bien sabido que en el Derecho Administrativo existe una teoría clásica que afirma
que el principio de la legalidad no es susceptible de aplicación en materia de "actos de
gobierno".

Las inflexiones al principio de la legalidad, se ha admitido que la legalidad no puede


operar en las circunstancias excepcionales del mismo modo que opera en las
circunstancias normales.

El legislador dominicano admite la teoría de las circunstancias excepcionales, pero bajo


los nombres de "estado de emergencia", "estado de sitio", etc. En otros países les
llaman "estado de crisis", "estado de excepción".

La jurisprudencia del Consejo de Estado Francés consagró durante la Guerra de 1914-


1918 la idea de que el respeto del principio de la legalidad no tiene el mismo contenido
en período de crisis y en períodos normales.

Siguiendo con George Vedel, las circunstancias excepcionales pueden ser definidas: 1)
Suponen una situación anormal y exorbitante; 2) sólo tienen efecto jurídico cuando
existe la imposibilidad para la Administración de actuar legalmente y 3) sólo dispensan
del respeto a la legalidad normal en la medida en que un interés público actual lo exija.

Las circunstancias excepcionales producen una serie de efectos entre los cuales
podemos citar: a) Legitiman todas las medidas necesarias; b) cuando la Administración
tiene la posibilidad de actuar legalmente, debe hacerlo c) los poderes excepcionales
cesan cuando las circunstancias excepcionales desaparecen; y d) las ilegalidades que
cometa la Administración no pueden degenerar en vía de hecho.

5.- Los Caracteres Específicos de la Legalidad Administrativa

La legalidad no comprende únicamente las reglas impuestas a la Administración desde


el exterior, sino las que la propia Administración formula, especialmente en el ejercicio
de su poder reglamentario. El Juez administrativo no es solamente el guardián de la
legalidad, sino también fuente de la legalidad.

6.- Régimen Jurídico de la Administración

La organización administrativa del Estado obedece a un proceso institucional


acomodado a las necesidades de la Nación.

En nuestro país existe una dispersión, en no pocas disposiciones legales, en cuanto a


las competencias y facultades de los órganos superiores de la Administración del
Estado.

Entendemos que una Ley del Régimen Jurídico debe venir a colmar esta laguna de
nuestro ordenamiento jurídico, y así evitar que un sólo hombre concentre tantos
poderes y los use arbitrariamente o de manera anti-democrática.

Debemos recordar que el 5 de Diciembre de 1511 fue creado en nuestra Isla un


Tribunal Supremo que, bajo la denominación de REAL AUDIENCIA, tenía por objeto
sujetar a su dirección, censura y vigilancia el cumplimiento de las leyes, y sobre todo,
como cuerpo administrativo resolvía en apelación sobre cualquier decisión del
Gobernador, así como también todos los asuntos contenciosos que pudieran
presentarse en la Colonia.

Esta institución fue creada con el fin de controlar los actos dictados por el Segundo
Almirante, Don Diego Colón, pero en apenas 4 años, es decir, en 1515, perdió su razón
de ser, habida cuenta de que la Ley Reformatoria de la Audiencia y Cancillería Real
determinaba que esta debía estar dirigida por un Presidente que fuera a la vez
Gobernador y Capitán General.

De donde se sigue que los tribunales ordinarios de nuestro país tenían competencia
para decidir las controversias penales, civiles y, además, las controversias
administrativas.

Este sistema, llamado de la "Plenitud Judicial", se practicó en nuestro país hasta el año
de 1947, cuando se aprobó la Ley No. 1494, de fecha 2 de Agosto del mismo año, y
que instituyó la Jurisdicción Contenciosa Administrativa.
7.- Los Actos de Gobierno y el Principio de la Legalidad de la Administración

El Art. 7, letras b), c) y d), de la Ley 1494, puntualiza que "los actos que dicten o
realicen los poderes del Estado en uso de atribuciones constitucionales, los actos de
las autoridades militares relacionados con los miembros de los cuerpos
correspondientes y los actos relativos a la conservación de la seguridad y el orden
público, no corresponde conocerlos al Tribunal Superior Administrativo", es decir, que
no tiene competencia para estatuir sobre los recursos contra dichos actos.

Los actos de Gobierno constituyen actos administrativos que encubren fines


específicos y particulares, no pueden ser intocables sobre todo, cuando tienen móviles
político-ideológicos, que pueden crear cuantiosos daños a la población y sería una
injusticia y un grave atentado a la equidad no repararlos. A este respecto se podría
invocar el Art. 1382 del Código Civil, que es de orden público, según la doctrina y la
jurisprudencia.