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¿DE CAMPESINOS A EMPRESARIOS DE

TURISMO RURAL?
CULTURA Y DESARROLLO EN PROYECTOS
DE TURISMO COMUNITARIO EN PERÚ
Beatriz Pérez Galán
Departamento de Antropología Social y Cultural. UNED

Nadie desea sentirse culpable durante sus vacaciones, especialmente en una


época de máxima indulgencia como la actual
[Francis, J. y Goodwin, H.,
Journal of Vacation Marketing 9 (3), 2003: 271]

A fines de la década de los noventa se produce una transformación en las


estrategias utilizadas por los organismos internacionales de desarrollo para
lograr la reducción de la pobreza en América Latina. Este giro consiste en
la utilización de ciertos tipos de turismo «responsable», «alternativo» y/o
«sostenible», entre los que se incluyen el ecoturismo, el turismo comunitario
y el agroturismo, como recursos para la inclusión social y el crecimiento eco-
nómico1. Frente a la visión negativa prevaleciente hasta los años noventa en
los estudios económicos, sociológicos y antropológicos sobre el turismo con-
vencional y sus efectos en la población [Jurado, 1992; Harrison, 1995] estas
nuevas formas –a menudo definidas de forma imprecisa– son ensalzadas en

1
En la Declaración de Ciudad del Cabo sobre «Turismo responsable en los
lugares de destino» [Sudáfrica, 2002], se recogen los principios y los objetivos de
este nuevo tipo de viajes. Su idea central es el compromiso de respetar los lugares
que visitan los turistas y la importancia de poner en primer lugar los intereses de sus
comunidades, así como su entorno natural y cultural. El turismo responsable implica
responsabilizarse individual y colectivamente de una triple sostenibilidad: económi-
ca, social y medioambiental [http://www.icrtourism.org/Capetown.shtml]

143
la literatura por el papel central otorgado a la población local en la gestión
y definición del producto, la valorización de su patrimonio cultural y la pre-
servación del medioambiente [WWF, 2001; Promperú, 2001; Maldonado,
2006; OMT, 2004 y 2006].
Desde que en 1999 a petición del Departamento para el Desarrollo Inter-
nacional de Reino Unido (DFID), se incluyese en la reunión de la Comisión so-
bre Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas2, el turismo y su importancia
en la agenda de desarrollo ha sido incorporado como herramienta de coope-
ración de agencias nacionales e internacionales, Banco Mundial, Bancos de
Desarrollo Regional, las Naciones Unidas3, así como de ONGs y asociaciones
de la sociedad civil de todo el mundo4. Entre las múltiples ventajas que sobre el
papel comportan estos tipos de turismo se mencionan las siguientes:

• La articulación de estrategias que otorgan valor económico a los re-


cursos físicos, naturales, sociales y culturales que poseen los territo-
rios rurales en América Latina, a menudo ubicados en reservas de la
biosfera, parques naturales o zonas con una naturaleza privilegiada
[Fonte y Ranaboldo, 2007; OMT, 2004].

2
Una multitud de iniciativas que suceden en los años siguientes en el ámbito
internacional contribuyen a la rápida institucionalización del turismo como herra-
mienta de desarrollo. Destacamos la proclamación del 2002 como año internacional
del ecoturismo y la celebración, ese mismo año, de la Cumbre Mundial sobre el
Desarrollo Sostenible en Johannesburgo (Sudáfrica).
3
Dentro del sistema de las Naciones Unidas, son varias las instituciones que
desarrollan en la actualidad programas y proyectos basados en turismo sostenible.
Entre ellas destacamos: la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Organización Internacional del Trabajo (OIT),
el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial del
Turismo (OMT), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el
Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
4
Destaca el Movimiento del Comercio Justo del que surge, a fines de los años no-
venta, el concepto «comercio justo del turismo» aunando los principios del turismo
sostenible, del consumo ético y el enfoque de la Responsabilidad Social Corporativa.
Entre las redes creadas bajo este enfoque a nivel internacional, resultan de especial
interés: «Fair Trade in Tourism Network; Indigenous Tourism Rights» y «Acción por
un Turismo Responsable».

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• Su asociación con los segmentos más pobres y discriminados de la po-
blación rural (campesinos, indígenas, mujeres), quienes adquieren un
protagonismo sustancial en estos proyectos [Fonte y Ranaboldo, 2007].
• La diversificación de las actividades económicas de las familias en las
comunidades rurales así como el reconocimiento público de sus capa-
cidades y saberes, elevando la autoestima y el sentido de ciudadanía
de esta población [Berdegué, 2007].
• La creación de una fuente de ingresos adicional en las áreas rurales,
sin necesidad de que la población abandone sus lugares de residencia
y opte por la migración [Berdegué, 2007].
• La oportunidad de crear espacios para fomentar las relaciones inter-
culturales entre turistas y anfitriones [Pérez, 2008, Gascón y Cañada,
2005]
• La emergencia de actores y redes en las propias sociedades rurales con
un profundo conocimiento de su medio, dedicados a explorar estra-
tegias de desarrollo basadas en la valorización de la cultura [Fonte y
Ranaboldo, 2007].
• La marca «turismo responsable» amplia las posibilidades de las em-
presas para mantener los márgenes de beneficios en época de crisis
[OMT, 2004; Ashley y Goodwin, 2007].

Ante el crecimiento exponencial de estas iniciativas –a menudo de forma


desordenada– y las enormes expectativas generadas en las poblaciones po-
bres en todo el mundo, expertos en turismo están llamando la atención sobre
la urgente necesidad de realizar evaluaciones que documenten los procesos
de cambio debidos al turismo sostenible de modo que permitan conocer me-
jor esta herramienta y sus alcances reales [Ashely y Goodwin, 2007; Mitchell
y Muckosy, 2008; Goodwin y Santilli, 2009].
Uno de los enfoques mas utilizados en programas y proyectos de turismo
sostenible es el llamado «Turismo a favor de los Pobres» (Pro-Poor-Tourism,
en sus siglas en inglés)5 adoptado desde 2003 por la Organización Mundial

5
El PPT es un proyecto elaborado y desarrollado por la Overseas Development
Institute (ODI) en colaboración con la Internacional Institute for Environment and

145
del Turismo. Harold Goodwin, mentor de este enfoque señala «más que un
producto, el PPT es una forma de entender el desarrollo y la gestión del turis-
mo aplicable tanto a los gobiernos como al sector privado. Da la posibilidad a
los pobres de participar en la industria turística a través del empleo o la venta
de bienes y servicios a las empresas turísticas, o directamente a los turistas»
[Goodwin y Santillí, 2009: 2].
Tras varios años de implementación de este enfoque contamos con al-
gunos balances críticos que reflejan la tensión no resuelta en el mundo de la
cooperación entre, por un lado, el desarrollo entendido como crecimiento
económico mediante una creciente vinculación de los pobres con el mercado
–en este caso turístico– y, por otro, el desarrollo como un medio para lograr
la inclusión social que comporta una mejor distribución de los ingresos. A ni-
vel discursivo en ambos casos la retórica de la sostenibilidad y de la inclusión
social como metas a lograr es idéntica.
En el primer grupo, un conjunto de técnicos de la cooperación, economis-
tas y empresarios del sector ponen el acento en la falta de viabilidad económica
y financiera como una de las principales causas de los fracasos de los proyectos
de turismo con participación comunitaria [Ashely y Goodwin 2007; Mitchell
y Muckosy, 2008; Goodwin y Santilli, 2009]. La filantropía y la solidaridad
señalan, son herramientas necesarias pero no son suficientes para garantizar
el «éxito» de los proyectos –medido a partir del incremento económico–. Asi-
mismo, defienden la necesidad de contar con un marco integral que incluya
un conjunto de políticas públicas adecuadas para favorecer la inversión, por
ejemplo, a través de ciertos tipos de ventajas fiscales para la población rural
participante6. Situadas en este punto, las nuevas tendencias de la cooperación
al desarrollo abogan por el paulatino abandono de programas basados en la
experimentación de nuevos tipos de turismo y en su lugar proponen buscar
opciones tendentes a convertir al turismo tradicional en sostenible7.

Development (IIED), el Centre por responsable Tourism, Universidad de Greenwich


(CTR), junto con el área de la UK Department for internacional Development
(DFID)
6
Comunicación personal de Lieve Coppin, experta y consultora en turismo sos-
tenible en América Latina. Lima, Perú. 28-01.2010.
7
Por ejemplo a través de la generación y consolidación de cadenas de abasteci-

146
Por su parte, otros autores críticos con el desarrollo y el modelo económi-
co en el que se inspira denuncian la creciente privatización experimentada
por las políticas de desarrollo rural tras el Consenso de Washington, visible
en enfoques como el PPT [Ruiz, 2002; McLaren, 2003; Gascón y Cañada,
2005; Pérez, 2008]. Desde esta perspectiva se critica la idea falaz según la
cual el éxito en el desarrollo –casi exclusivamente dependiente del crecimien-
to económico al que se subordinan otras cuestiones consideradas «meno-
res»– se consigue a través de un mayor protagonismo del sector privado en la
cooperación y una creciente vinculación de los pobres al mercado en tanto
que potenciales microempresarios8. En su lugar, proponen la necesidad de
indagar sobre las estrategias utilizadas para lograr la participación local en
estos proyectos, cómo se produce la distribución de los beneficios que genera
la actividad turística en las comunidades, el papel local en la gestión, el uso y
reinterpretación del patrimonio cultural y sus efectos, la sostenibilidad eco-
nómica, cultural y medioambiental y el tipo de empleos o las condiciones de
trabajo que se producen [Gascón y Cañada, 2005].
Uno de los tipos de turismo que más expectativas ha generado en el ám-
bito de la cooperación al desarrollo es el Turismo Rural Comunitario (TRC).
El TRC es definido como «una forma de organización empresarial susten-
tada en la propiedad y autogestión de los recursos patrimoniales de la co-
munidad, con arreglo a prácticas democráticas y solidarias en el trabajo y
en la distribución de los beneficios para el bienestar de sus miembros. Como
tal, busca la planificación, la sostenibilidad y la inclusión de la población»
[Gascón y Cañada, 2005: 108; WWF, 2001; Maldonado, 2006:3]. De esta
definición se deriva que bajo el paraguas del TRC deben excluirse aquellas
actividades recreativas o de aventura que, aunque se realicen en el ámbito
de una comunidad campesina o nativa, los comuneros no cuenten con una

miento de los productores locales hacia los hoteles para mejorar las condiciones de
vida de las comunidades. En Perú, este enfoque está siendo aplicada por la agencia
de cooperación alemana (GTZ) y el Programa Agrorural entre otros.
8
En Perú uno de los exponentes más reconocidos de este enfoque neoliberal es
el economista Hernando de Soto. Dos de sus obras El otro sendero (1984) y El misterio
del capital: por qué el capitalismo triunfa en occidente y fracasa en el resto del mundo (2000) han
sido traducidas a mas de 20 idiomas.

147
participación en la gestión del producto. O, que dándose esa participación,
una parte de los beneficios del producto no se redistribuyan a la comunidad.
Desde una perspectiva antropológica, el análisis de los proyectos TRC
es relevante al menos por dos motivos. En primer lugar, por el activo papel
que este sector desempeña en el replanteamiento del imaginario acerca de
los indígenas y las comunidades campesinas en América Latina. Lejos del
tradicional papel de convidados de piedra o población explotada asignado en
la literatura antropológica, en estos proyectos la población local está llama-
da a desempeñarse como empresarios-anfitriones, que rescatan y reinventan
determinados aspectos de su vida cotidiana y de su patrimonio cultural y
natural para compartir con los turistas. En este sentido, el turismo sirve como
un potente activo productor de etnicidad y cultura de las sociedades rurales,
al tiempo que genera ingresos económicos para una parte de la población.
En segundo lugar, porque a pesar del tiempo transcurrido y de la rápida
extensión de programas y proyectos de índole diversa puestos en marcha en
los últimos años en América Latina en general, y en el Perú en particular, son
muy escasos los estudios formulados desde una perspectiva sociocultural que
permitan entender en toda su amplitud los efectos de este tipo de turismo,
el contexto de profundas transformaciones económicas de la sociedad rural
en el que surge, las circunstancias en las cuales la población local define su
participación y el tipo de agencia que desempeñan en relación a su género,
generación, etnia y clase social.
Partiendo de estas premisas en las siguientes páginas indagamos en el
estado de esta cuestión en el caso peruano para presentar de forma sintética
los resultados de una investigación etnográfica realizada en cinco comunida-
des campesinas del sur andino y la propia ciudad del Cusco. Replicando lo
sucedido con otros grupos indígenas y campesinos de América Latina que
han consolidado experiencias de turismo basadas en la participación local
bajo el auspicio de programas nacionales e internacionales de lucha contra la
pobreza, en estas comunidades se ha conformado la primera red de Turismo
Rural Comunitario en Perú9.

9
El trabajo de campo para esta investigación se desarrolló en dos momentos:
una primera fase consistente en un estudio piloto durante cinco semanas en el De-

148
I. El Turismo Sostenible como herramienta de lucha contra la pobreza
en Perú

En el Perú, los servicios de alojamiento, alimentación y transporte vin-


culados al turismo receptivo representan el 3,3 del PIB y ocupan en la ac-
tualidad el tercer lugar en la generación de ingresos por divisas, superando
a las exportaciones de textiles y a las pesqueras [Pentur, 2008]. Asimismo, el
incremento en la llegada de turistas receptivos en los últimos años ha sido
exponencial: un 82% entre 2002 y 2007 [Sotomayor, Valer y Palma, 2009].
Aunque la mayoría del turismo que recibe Perú es cultural –visitantes de
Cusco-Machu-Picchu, iconos nacionales– son cada vez más abundantes los
viajeros nacionales e internacionales que optan por alguna de las variantes
de turismo sostenible. En el Perú, como sucede en otros países de América
Latina, existe una coincidencia entre zonas de pobreza y pobreza extrema
indígenas con las de mayor afluencia turística esto es, la sierra rural y la selva
amazónica [Sotomayor, Valer y Palma, 2009] razón por la cual, la promo-
ción de iniciativas basadas en turismo sostenible como factor de desarrollo
resulta especialmente relevante.
El origen de las experiencias de turismo rural con participación comuni-
taria indígena se remonta en el Perú a los años setenta. El antecedente más
conocido es el de la comunidad rural indígena de la isla de Taquile en el lago
Titicaca, una de las áreas más turísticas de todo el país. Tras su aparición en
la guía turística South American Handbook los taquileños, población indígena
quechua que había vivido prácticamente aislada hasta principios del siglo xx,
entran de golpe en la escena internacional como tejedores de finos textiles10

partamento de Cusco en Abril de 2007, financiado con una ayuda del Plan Propio de
investigación de la Universidad de Granada. La segunda fase de trabajo etnográfico
tuvo lugar entre noviembre de 2009 y febrero de 2010 y fue realizada en la ciudad de
Cusco y cuatro comunidades campesinas de ese Dpto., y una ubicada en Puno. Esta
fase se realizó en coordinación con el Instituto de Estudios Peruanos y fue financiada
gracias a una ayuda de movilidad para profesorado del Programa José Castillejo
otorgada por el Ministerio de Educación.
10
En 2005 los textiles de Taquile fueron proclamados por UNESCO «Obra
Maestra del Patrimonio oral e inmaterial de la Humanidad».

149
[Zorn, 2004]. Entre los factores considerados de importancia para entender
las oportunidades que el turismo ha proporcionado a Taquile, Zorn y Healy
apuntan dos: la independencia económica y el control prácticamente total que
los taquileños mantuvieron sobre la propiedad de la tierra y de los medios de
transporte (lanchas a motor para las embarcaciones), sin interferencias de otros
agentes foráneos [Zorn, Farthing y Healy, 2007].
Entre 1982 y 1994 el turismo en todo el Perú se vio profundamente afec-
tado por la situación de violencia política generalizada provocada por Sen-
dero Luminoso y las fuerzas paramilitares. Tras más de una década perdida
a fines de los años noventa resurge con fuerza este recurso multiplicándose
desde entonces las iniciativas de turismo sostenible con participación comu-
nitaria.
El antecedente inmediato de estas iniciativas, tras la dura década de vio-
lencia política vivida, es el «Programa Integrado de Apoyo al Desarrollo del
Sector Turismo en Perú, cofinanciado en 1996 por la Unión Europea y la
Comisión de Promoción del Perú (UE-Promperú). Este programa, coordi-
nado por Lieve Coppin, perseguía fomentar desde dentro los atractivos cul-
turales tangibles e intangibles del país» [Promperú, 2001]. Para ello Coppin
identificó seis zonas de intervención repartidas entre la región sur (Barrio de
San Blas, Urubamba y Ollantaytambo) y el norte (Olleros-Chavín,Túcume
y Cajamarca). El desarrollo de estas experiencias, que incorporaron por pri-
mera vez en el Perú criterios como el fortalecimiento de la identidad cultural,
el respeto al medio ambiente y la intervención activa de las comunidades
locales, constituyen hasta la fecha el mejor intento articulado por parte de las
instituciones públicas peruanas de promoción del turismo rural sostenible en
el país. Al término del programa en 1999 y agotados los recursos disponibles,
la continuidad de estos proyectos quedó en manos del sector privado. De
hecho, los proyectos de turismo rural con participación comunitaria surgidos
en los últimos años corresponden, casi en su totalidad, a iniciativas privadas
ó con una fuerte participación de empresas, agencias de turismo, tour opera-
dores y ONGs, sin apenas articulación entre ellas con criterios dispares y en
ocasiones contrapuestos [Mincetur, 2007, Sotomayor et al., 2009].
La dependencia del sector privado, la escasa planificación y el grado de
desarrollo incipiente que caracterizan a este sector en el Perú no ha sido

150
obstáculo para la proliferación de un elevado número de normas legales pro-
mulgadas en los últimos cinco años, así como diagnósticos, guías y la puesta
en marcha del Plan Nacional de Turismo Rural Comunitario (2007) que dan
cuenta de las enormes expectativas generadas por este nuevo producto11. La
promulgación de la Nueva Ley General de Turismo en 2009 supone la culmi-
nación de esta efervescencia normativa elevando el turismo inclusivo a la ca-
tegoría de «actividad de interés nacional» que debe operar «bajo principios
de sostenibilidad, no discriminación, descentralización y comercio justo».
Al incremento de la demanda internacional por este tipo de viajes se
suman una serie de factores en el plano económico y político a nivel nacional
que contribuyen a explicar el auge de la actividad turística en el Perú en los
últimos años. Se trata de procesos gestados en décadas anteriores que adquie-
ren relieve a comienzos del nuevo milenio.
Desde el año 2006, el Perú ha experimentado una tasa anual de creci-
miento de su PIB superior al 6%, cifra notablemente superior a los países de
su entorno, y la minería parece ser la causa principal (Oxfam, 2009). La con-
solidación de un modelo de crecimiento basado en la extracción de recursos
naturales (gas, madera, petróleo, cobre) por parte de empresas extractivas
transnacionales [Gil, 2009] fue acompañada, tras la caída del gobierno de
Fujimori, por un impulso definitivo del proceso de descentralización econó-
mica y política y de participación ciudadana. Como resultado de este proceso
y bajo la promulgación de un conjunto de leyes, los recursos disponibles de
los municipios y de las regiones se han visto incrementados notablemente12.

11
Entre las medidas legales más importantes adoptadas en los últimos años se
encuentra el Plan Estratégico Nacional de Turismo, I fase [Pentur 2005-15] y II [Pen-
tur 2008-18] en el que se definen por primera vez las políticas del sector. El turismo
responsable es definido como «una estrategia prioritaria de lucha contra la pobreza
mediante la cual se trata de promover el uso responsable de los recursos culturales y
naturales a través de los productos y formas de gestión del turismo que promuevan la
incorporación económica, social, política y cultural de los grupos excluidos y vulne-
rables» [Pentur, 2008: 11-12]. Sin embargo y pese al esfuerzo normativo realizado en
los últimos años, existe una falta de correspondencia entre el Plan de Turismo y las
políticas de desarrollo del país reflejadas a su vez en el Plan Nacional de Superación
de la Pobreza (2004), en cuya agenda no se contempla el turismo.
12
Los intentos de descentralización y participación política a nivel municipal se

151
Este excedente procede de la distribución de una parte de las ganancias –en
concepto de canon– que pagan las empresas extractivas a las arcas del Estado.
En el sur andino peruano, sin duda la región más turística del Perú, muchos
gobiernos municipales utilizaran una parte de estos recursos –antes inexis-
tentes– para apoyar el desarrollo productivo de sus pueblos y comunidades.
Las iniciativas basadas en turismo rural con participación comunitaria cons-
tituyen una de las partidas más relevantes.
En segundo lugar, el abandono definitivo del Estado como garante de
políticas agrarias, luego de los duros ajustes de los años noventa, suponen
para las comunidades campesinas la reconversión del modelo productivo
rural-sectorial (agricultura-ganadería) hacia otro territorial más terciariza-
do. El mejoramiento de las vías de comunicación y de la disponibilidad de
transportes tiene como consecuencia la apertura de las comunidades rurales
a nuevas fuentes de ingresos. Estos recursos proceden del turismo, la minería,
la pesca, la artesanía y otras actividades que ligan cada vez más a las comu-
nidades con las ciudades intermedias13. De tal modo, en los últimos años el
espacio rural peruano deja de ser exclusivo productor de materias primas
agrícolas y alimentos para incluir actividades de servicios y transformación,
volviéndose incluso un espacio de consumo –a través del turismo rural– y su
población sujeto de pluri-actividad y de dedicación parcial a la agricultura
[Trivelli et al., 2009].
En la actualidad existen en torno a ciento veinte experiencias de TRC
acreditadas formalmente por todo el país, aunque sólo 1/3 de ellas (42) están
registradas en el Programa Nacional de TRC (2009-10)14. El mayor número
de iniciativas se concentra en cuatro departamentos que registran los mayo-

remontan en el Perú a la década de los ochenta. El segundo impulso sobreviene a


comienzos del 2000 y cristaliza a través de la promulgación de varias leyes. Entre las
más relevantes, destacamos: Ley de Bases de la Descentralización (2002), Nueva Ley
orgánica de Municipalidades (2003), Ley de Presupuestos Participativos (2003) y Ley
Orgánica de Gobiernos Regionales (2002).
13
En 1997 el porcentaje de ingresos no agrícolas de las comunidades rurales del
Perú ascendía al 50% [Reardon, Berdegué y Escobar, 2001].
14
Comunicación Personal de Fernando Vera. Director del Programa Nacional
de Turismo Rural Comunitario del Perú (Octubre de 2009).

152
res flujos turísticos del país: Puno (Lago Titicaca), Cusco (Machu Picchu y
Parque Nacional del Manu) Ancash (Cordillera Blanca) y Amazonas (Ama-
zonas).
El origen de estas experiencias, las formas de gestión, las alianzas que los
comuneros es establecen con instituciones supracomunales públicas y pri-
vadas (ONGs, empresas, asociaciones y agencias de viaje nacionales e in-
ternacionales) para facilitar la gestión y comercialización del producto, así
como el tipo de actividades que ofertan arroja un panorama profundamente
heterogéneo15. En gran medida, éste es resultado de tres factores interrela-
cionados: por un lado, el desarrollo inicial de las iniciativas (las más antiguas
apenas tienen diez años), por otro, las enormes expectativas generadas en
la población local por agencias de desarrollo internacionales que financian
proyectos de desarrollo rural basados en este nuevo segmento del turismo, y
en tercer lugar, el protagonismo del sector privado (agencias de viaje, tour
operadores y ONGs) cuyos intereses pueden o no coincidir con los de soste-
nibilidad cultural y medioambiental previsto en las leyes. De igual modo es
importante señalar que entre los proyectos actuales reconocidos como «exito-
sos» por las instituciones de cooperación al desarrollo en este Departamento,
encontramos modelos de gestión basados en la alianza estratégica empresa-
comunidad sin la concurrencia del Estado, o viceversa.
Si bien este tipo de turismo atrae a un porcentaje relativamente bajo de
turistas que contratan este servicio en origen (cálculos informales lo sitúan
por debajo del 3% del total que recibe la región), a diferencia de hace unos
pocos años ahora es frecuente que un turista que llega a la ciudad de Cusco ó
Puno encuentre múltiples posibilidades de realizar un viaje guiado más o me-
nos breve a una comunidad indígena para compartir experiencias culturales:
trabajar en las chacras, participar en las ofrendas rituales a la pachamama, hacer

15
Entre los diferentes modelos de gestión que coexisten en las iniciativas TRC
en Perú, Cesar Sotomayor et. al. mencionan los siguientes: cooperativas; asociaciones
donde los propietarios son los socios de la organización; consorcios entre asociacio-
nes y ONG; consorcios formados por las comunidades y empresas privadas con dis-
tribución de beneficios entre ambas partes; alianzas entre comunidad y cooperación
internacional y modelos comunitarios donde la iniciativa es asumida por toda la
comunidad [2009:11].

153
excursiones a pie o a caballo por el lugar, visitar sus exposiciones de cerámica
y tejidos elaborados a mano con tintes naturales y alojarse y compartir la
alimentación en las casas de los indígenas.
Un primer recuento informal de estas experiencias en el Departamento
de Cusco realizado en 2010 y contrastado con las sistematizaciones dispo-
nibles eleva a casi cuarenta el número de comunidades andinas y selváticas
que cuentan con grupos de emprendedores de TRC16. Por áreas geográficas
destacamos las siguientes:

• Comunidades nativas de la selva: comunidad Ese’eja de Infierno en


consorcio con la Empresa de servicios turísticos Rainforest Expedi-
tions; Empresa Multicomunal Casa Matsiguenka SRL, propiedad
de las comunidades de Tayakome y Yomibato (Paque Nacional del
Manu)
• Varias comunidades de la provincia de Calca, en asociación con la
ONG «Casa Campesina», Centro Bartolomé de las Casas.
• Comunidades quechuas del Valle Sagrado de los Incas: «Parque de
la Papa» constituido por varias comunidades del distrito de Pisaq en
asociación con la ONG Asociación quechua-aymara Andes; varias
comunidades de los distritos de Chinchero, Maras y Ollantaytambo
conforman la Red Rural de Turismo Alternativo «Inkaq Kusi Kausa-
ynin» en asociación con la ONG Cenfopar-Arariwa;
• Varias comunidades de los distritos de Ancahuasi y Zurite (Anta), bajo
el impulso del Gobierno Regional.
• Varias comunidades del Valle Sur en asociación con la ONG Guamán
Poma de Ayala.
• Cinco comunidades que constituyen la 1ª red de Turismo Vivencial
del Perú denominada «Pacha Paqareq», cuyas características básicas
exploramos en este texto.

16
En la actualidad contamos con cinco sistematizaciones de las experiencias de
TRC en Perú elaboradas por: Promperú, 2001; Mincetur, 2007; Sotomayor et. al,
2009; Mincetur, 2009 y Redturs, 2009. Los recuentos de las iniciativas de TRC varía
en cada uno de estos documentos, siendo en cualquier caso muy inferior al número
que opera en realidad.

154
II. La Red de Turismo Rural Comunitario Pacha Paqareq

Con el objetivo de generar y fortalecer mercados rurales de servicios, en


especial de asistencia técnica en función de la demanda, el Proyecto Corre-
dor viene apoyando desde 2001 en varias comunidades campesinas la puesta
en marcha de planes de negocios basados en el turismo rural comunitario
generalmente acompañados de «productos locales con identidad», como se
denomina en la literatura reciente a las artesanías y a los textiles [Sechjtman
y Ranaboldo, 2009].
Lejos de restringirse a la receta empresarial para constituir microempre-
sas, el enfoque que manejan éste y otros proyectos co-financiados con fondos
FIDA en Perú [Zutter, 2004] hace hincapié en la capacitación de los grupos
participantes en una serie de servicios entre los que se incluyen: formali-
zación de documentos e inscripción en los registros públicos por parte de
las directivas comunales de las comunidades donde se ofertaran los servicios
turísticos; apertura de cuentas bancarias que permitan establecer alianzas y
contratos con ONGs y organismos públicos del Estado para el desarrollo de
obras de acondicionamiento de las viviendas; asesoramiento y talleres de
capacitación técnica en cerámica, textil, formación de guías locales, cocina
ó ingles. Adicionalmente el proyecto Corredor incluye la difusión del patri-
monio inmaterial de las comunidades mediante el rescate y la recopilación
(por ej. de iconografía textil, tradición oral), la inscripción en los registros
que garantizan su propiedad intelectual (INDECOPI) y posteriormente la
difusión a través de edición de libros, material audiovisual y participación en
ferias regionales y eventos internacionales.

Los comienzos y el proceso de selección de los participantes

A fines del año 2005 Corredor decide implementar una red de TRC con
el triple objetivo de fortalecer frente al mercado algunas iniciativas de grupos
de campesinos apoyadas en años anteriores, aumentar su poder de negocia-
ción con las instituciones y disminuir los costos de transacción. Un consultor
contratado por el proyecto selecciona cinco grupos de emprendedores de

155
otras tantas comunidades de los departamentos de Cusco y Puno para con-
formar la red de TRC Pacha Paqareq17. El común denominador de todas
ellas es contar con grupos selectos y reducidos de pobladores con experiencia
previa en el mercado turístico bien como proveedores de servicios –aloja-
miento y manutención– y/o de productos –tejidos, cerámica–, previamente
apoyados por el proyecto.
Con el objetivo prioritario de formar y fortalecer planes de negocios pro-
puestos por estos grupos de campesinos, las acciones desarrolladas por el
proyecto Corredor en materia de turismo han consistido en el apoyo econó-
mico (mediante créditos no reembolsables) para la contratación de asistencia
técnica de profesionales del sector que capacitasen a los pobladores en los
servicios de cocina, guiado, atención al público y mejoramiento de las vivien-
das. Además del apoyo conseguido a través de las capacitaciones para poner
en marcha los negocios turísticos ha sido necesario realizar una inversión
familiar media que oscila entre 200 y 5.000 euros (2010)17.

Los actores

Para una investigadora ciertamente familiarizada con el devenir de los


proyectos de desarrollo en las comunidades andinas, constituye una sorpresa
el salto cuantitativo y cualitativo producido en el mundo institucional de la

17
Las cinco asociaciones, constituidas entre el 2000 y el 2003, son las siguien-
tes: Asociación de Jóvenes de Cachicata; Asociación de Servicios Múltiples de Pata-
bamba; Asociación de Porteadores del Valle de Ausangate; Asociación de Turismo
vivencial de Raqchi (2002) y Empresa Uros Khantati. Con el objetivo de preservar
la confidencialidad de los testimonios obtenidos en las entrevistas, en las siguientes
páginas los resultados se presentan de forma genérica, sin aludir al nombre concreto
en cada caso.
18
Esta cantidad invertida en el transcurso de varios años excluye el precio de
la mano de obra y los materiales (palos, arena) conseguidos de forma gratuita en
las comunidades. La mayor partida se emplea en el acondicionamiento de servicios
higiénicos en las casas campesinas, enlosado, compra de muebles (camas, mesas) y
útiles (cubiertos, platos, sábanas) que, en general, son ajenos a la vida cotidiana de
las familias campesinas.

156
cooperación en menos de una década. La creciente empresarialización de
los servicios tanto públicos como privados de desarrollo ha multiplicado la
cantidad de actores sociales que intervienen en los proyectos ahora basados
en turismo. Un staff reducido de técnicos rota entre las oficinas municipales
de desarrollo económico, las de ONGs y las del Gobierno regional. La «ges-
tión» de los proyectos es sin duda el tema de moda. De tal modo, frente a
los episodios de «mercantilización de la cultura para el turismo», fenómeno
que cuenta con una larga data en el Perú [Chaumeil, 2009; Pérez, 2006] en
el que los indígenas «actuaban» coaccionados por los gobiernos locales, en
la actualidad el panorama se ha vuelto más complejo y con él la cantidad
de actores participantes en estas representaciones para el turismo. Tomando
como ejemplo las cinco comunidades de la muestra, hemos dividido a los ac-
tores del TRC en tres grupos cada uno de ellos profundamente heterogéneo:

a. Un primer grupo formado por los trabajadores, microempresarios ó empren-


dedores rurales de los negocios turísticos. Se trata de campesinos/as que han
optado por la diversificación de sus actividades y con el apoyo de alguna
institución externa (ONG, Estado peruano, fundación o empresa privada)
probar suerte en los negocios turísticos. Según el perfil socioeconómico, a su
vez, podemos distinguir dos subgrupos: los «emprendedores», propiamente
dichos, esto es: jefes de porteadores, cocineros, jefes de arrieros, adminis-
tradores de camping, prestadores de servicios de hospedaje y alimentación.
Se trata generalmente de personas jóvenes y parejas de mediana edad con
hijos con estudios de nivel medio-superior, a menudo capacitados por los
proyectos de Desarrollo Rural Integral (DRI) en los años ochenta y noventa
que cuentan con una mayor disponibilidad de capital social y económico
para emprender un negocio. Y un segundo grupo, mucho más numeroso,
constituido por jornaleros y mano de obra no cualificada. Por lo general se
trata de jóvenes y personas adultas con nivel básico de estudios, al servicio de
empresarios del sector textil y de viajes. Las empresas de turismo hacen uso
de esta mano de obra a menudo en condiciones de explotación19.

19
Es el caso del Centro de Textiles Tradicionales del Cusco, (CTTC), fundado
en 1996. Este centro agrupa en torno a seiscientas tejedores indígenas de tres ge-

157
Tanto unos como otros han constituido en asociaciones en sus comunida-
des. Teniendo en cuenta, la inversión que se precisa sobre todo en el caso de la
prestación de servicios de alojamiento y manutención, en cuatro de las cinco
comunidades de la muestra, la participación es menor al 10% del total de la
comunidad y sólo en dos las asociaciones han previsto un mecanismo de redis-
tribución de una parte de los beneficios obtenidos al resto de la comunidad20.
Si bien es la unidad familiar al completo la que participa en el servicio
turístico, los trabajos menos cualificados como porteadores, arrieros son des-
empeñados por varones jóvenes y sus hijos, mientras que la prestación de
servicios de alojamiento y comida y la elaboración de tejidos y artesanías
suele recaer en las mujeres, niñas, jóvenes y mayores. Cabe destacar que esta
división de trabajos por géneros está relacionada no solo con el ámbito do-
méstico/público en el que se desempeñan las actividades, sino también con
las propias instituciones que determinan a quienes van dirigidas las capacita-
ciones. De hecho, en varias de estas comunidades, los varones son excelentes
tejedores pero, a menudo, las capacitaciones van dirigidas a sus esposas21.

neraciones, en su mayoría mujeres, distribuidas en nueve comunidades campesinas


del Cusco. Las mujeres y niñas escogidas de las comunidades trabajan a destajo para
cumplir con los pedidos del Centro, tarea a la que deben sumar varias semanas al
año en las que deben acudir para hacer demostraciones en vivo a una de las tiendas
de «Comercio Justo» que el Centro tiene. A cambio de cada pieza de tejido (chalinas,
lliqllas, guantes, mantas) reciben un pago que es entre cinco y diez veces menor que
el precio de comercialización. Las reglas que impone el CTTC para sus socias son
estrictas: las mujeres no pueden pertenecer a ninguna otra asociación en la comu-
nidad, no deben dejarse fotografiar por los turistas en sus comunidades o conceder
entrevistas. Si no cumplen con la entrega pactada de piezas al final del mes son
expulsadas de la asociación y el resto de las socias penalizadas. A menudo, el ingreso
monetario que aportan estas mujeres es el único en toda la familia.
20
Uno de los debates más importantes en el ámbito del TRC es la cantidad de
beneficiarios que participan de facto en estos proyectos. Si tenemos en cuenta la
definición de TRC, lo que define la actividad no es tanto un alta participación de
los pobladores como la existencia de mecanismos inclusivos de redistribución de los
beneficios que genera.
21
En gran medida, esta posición se alimenta además de los estereotipos cons-
truidos sobre las mujeres en el ámbito del desarrollo. Ellas son consideradas más

158
b. Un segundo grupo de actores en los proyectos TRC está formado por
gestores privados. Bajo esta denominación agrupamos a:

• ONG’s promotoras y facilitadoras de los proyectos y asesoras en la


formación de redes y mancomunidades de TRC. En los últimos años,
la formación de redes se ha convertido en un activo para la captación
de fondos de la cooperación internacional de modo que entre 2006 y
2010 solo en las comunidades andinas del Cusco se formaron cuatro
redes de TRC y una mancomunidad de municipios para brindar esos
servicios22.
• Empresas de turismo (Tour Operadores y agencias), que contratan los
servicios de los indígenas en sus rutas y/o trabajan en asociación con
los grupos organizados en cada una de las comunidades.
• Consultores y capacitadores de turismo. Se trata del staff reducido de
profesionales del sector turístico que, en su doble papel de gerentes de
empresas turísticas y de técnicos asesoran a las comunidades en la pres-
tación de servicios al turista y también a los municipios a través de sus
gerencias de desarrollo local. En las comunidades de la muestra, los
consultores fueron contratados por los grupos de emprendedores indí-
genas gracias a la ayuda económica ofrecida por el proyecto Corredor.

c. El tercer grupo de actores es el de las instituciones públicas que planifican,


gestionan o apoyan técnica o financieramente en los proyectos TRC. Cusco
cuenta con mas de media docena de instituciones que corresponden a los
distintos niveles de administración del Estado dedicadas a la promover o frus-

ahorradoras que sus esposos, más trabajadoras y mejores empresarias. Sin embargo,
el costo que supone a menudo esta sobrecarga de trabajo desemboca en estres, pro-
blemas de alcoholismo y abandono del hogar.
22
En 2010 las cinco redes detectadas son: 1.- Red de Turismo Rural Comunitario
de Lamay (promovida y financiada por la ONG local «Riqchari Ayllu» y «World Vi-
sion»;2.- Red de Turismo Responsable de Lares (apoyada por la ONG Casa Campesi-
na; 3.- Red Rural de Turismo Alternativo Inkaq Kusi kausaynin, Chinchero-Ollanta-
ytambo (Cenfopar-Arariwa); 4.- Mancomunidad Causan Willcamayo, Quispicanchis
(ONG local «San José Obrero Caijjo», 5.- Red Pacha Paqareq, (Proyecto Corredor).

159
trar el desarrollo de proyectos de TRC. A menudo sin ninguna coordinación
entre ellas23.
Lejos de lo que pudiera parecer no se trata de grupos estancos. En Cus-
co resulta relativamente frecuente encontrar funcionarios de una institución
pública que complementan sus ingresos a través de una agencia de viajes con
«responsabilidad social», sin duda uno de los negocios más rentables en la
actualidad. Del mismo modo, los prestadores rurales de servicios del primer
grupo han tratado en varias ocasiones de constituir su propia agencia de
viajes con resultados adversos. En otras ocasiones, según el contexto, estos ac-
tores trazan sus propias estrategias de cooperación y conflicto que les unen/
enfrentan con el resto de la comunidad o con otros grupos de prestarios a
favor de una agencia o viceversa.

Comercialización del producto y modelos de gestión

A pesar del enfoque empresarial orientado a conseguir un incremento


en los ingresos de las familias de emprendedores, en los casi cinco años de
constitución de la red no ha existido una planificación integral como destinos
turísticos de las comunidades ni tampoco estudios previos de viabilidad.
Derivado de la propia metodología y del enfoque PPT que utiliza el pro-
yecto mediante el que se procura facilitar fondos a pequeños grupos de em-
prendedores para lograr su inserción al mercado, estas iniciativas TRC no
se integran en un plan de desarrollo más amplio que beneficie al resto de la
comunidad. Asuntos de vital importancia para la vida diaria de los comu-
neros y del turismo eventual como la conectividad (en tres comunidades es
muy deficiente), los servicios de saneamiento y agua potable (inexistentes en

23
Programa de Turismo Rural Comunitario (Ministerio de Comercio Exterior
y Turismo); Comisión de Promoción del Perú-PROMPERU-; Dirección Exterior de
Comercio y Turismo (DIRCETUR-Cusco); Oficina de Gestión de Destinos Turísticos-
Cusco (OGD); Gobierno Regional, Cusco; Plan COPESCO; Gerencias de Desarrollo
Municipales; Mancomunidades; Proyecto Corredor / Agrorural; Instituto Nacional
de Cultura (INC).

160
tres casos) y las labores de promoción y comercialización de los productos en
el mercado, no han recibido ninguna atención. De algún modo, pareciera
como si estos grupos de emprendedores rurales no tuvieran otra historia ni
otro futuro que el de la intervención puntual del proyecto. Teniendo en cuen-
ta esta situación la viabilidad financiera de estas comunidades como destinos
turísticos se ha convertido en cuello de botella en cuatro de los cinco casos
dependiendo fuertemente de las agencias para la llegada de clientes.
De hecho, una vez retirado el proyecto Corredor (2009) en todos los casos
la experiencia previa en el mercado en asociación con empresas de turismo
y los acuerdos comerciales contraídos para la comercialización, continúan
lastrando los intentos de estos grupos campesinos por salir adelante en un
mercado que les resulta adverso. El repaso a los modelos de gestión y el tipo
de alianzas muestra el panorama de profunda desigualdad en relación a las
empresas privadas.

• En tres comunidades el origen de las iniciativas se remonta a empresas


de turismo que comienzan con la explotación de una ruta por las tie-
rras de la comunidad. En poco tiempo, algunas familias campesinas se
asocian y firman acuerdos comerciales para participar en el negocio
turístico. Los acuerdos son diversos pero existe un patrón recurrente:
la cesión en usufructo o propiedad de recursos comunitarios (varios
cientos de hectáreas de tierra en emplazamientos privilegiados) a fa-
vor de las agencias de turismo «con responsabilidad social» por una
cantidad de años (20 a 99), así como la exclusividad en la venta del
producto. En esos lugares, las agencias han construidos alojamientos
de lujo para los turistas (lodges) o instalado campings. A cambio, los
campesinos han recibido la promesa de trabajo no cualificado como
porteadores de los equipajes de los turistas, arrieros de caballos o lla-
mas y la realización de pequeños proyectos en la comunidad vincula-
dos al desarrollo del producto: restaurante para turistas, biblioteca y
reforestación de un área.
• En las dos restantes, el origen de la actividad turística estuvo vinculado
al Estado peruano a través del proyecto Corredor. En estos casos, los
grupos de emprendedores han constituido asociaciones mediante las

161
cuales establecen acuerdos comerciales puntuales y negocian los pre-
cios con distintos agencias.

En estas condiciones no resulta sorprendente que tan solo una de las cin-
co iniciativas de la red se haya formalizado como empresa de turismo. No se
trata de la clásica «aversión al riesgo» de los campesinos a la que se refiriera
Foster en 196324, sino situaciones objetivas de desprotección y desigualdad
frente al mercado ahora promovidas por los proyectos de desarrollo.

El producto

El tipo de paquete ofertado en los cinco casos es muy similar, en parte


como resultado de haber recibido los mismos cursos de capacitación por par-
te de los mismos técnicos y haber realizado visitas previas a las mismas co-
munidades concebidas como iconos del TRC en Perú, especialmente la isla
Taquile en el lago Titicaca. El producto consiste en un combinado de uno o
dos días que incluye servicios de alojamiento, rutas a caballo, en bote o a pie,
demostraciones culturales a modo de performances (danzas, pagos a la Pachama-
ma) y manutención en las casas de los campesinos habilitadas para ello, alber-
gues de alta montaña ó campamentos. Sin embargo, la afluencia de turistas y
las ganancias en los cinco casos es muy heterogénea. La variedad en el costo
de los servicios es sintomático de ello. Debido al aumento de la competencia
en el mismo nicho de negocio y la posición en el mercado turístico, el precio
del mismo paquete por día oscila en las comunidades de la muestra entre los
5 a 55 $ USA. La afluencia de turistas y los beneficios son también variables.
En dos casos, la ocupación anual de turistas ha sido francamente escasa, en
otros dos han cubierto la inversión realizada en tres años, y, el último de ellos,
tras cuatro años de duro trabajo, recién participará en los beneficios de la
empresa de turismo que comercializa el producto en exclusiva.
Frente al uso indiscriminado de categorías como sostenibilidad, partici-
pación, empoderamiento o cultura en los proyectos de TRC, el caso peruano

24
George Foster, Las sociedades tradiciones y los cambios técnicos, México: FCE, 1963

162
de la red Pacha Paqareq muestra la necesidad de abordar estos nuevos tipos
de turismo como una arena en la cual estudiar el uso de la cultura en el dis-
curso del desarrollo y el fomento de las fronteras étnicas y de género como
modo de obtener recursos. Como señala Chaumeil, el reconocimiento po-
tencial de los derechos de los pueblos y comunidades indígenas de América
Latina descansa cada vez más en la exhibición de su cultura y en su puesta
en escena, ahora frente al turismo (2009).

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