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APROXIMACIÓN A LA POESÍA BOLIVIANA DESDE EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XX HASTA NUESTROS DÍAS

La poesía boliviana, a diferencia de otros géneros como la novela, el cuento o el drama ha estado en contacto con los movimientos literarios contemporáneos en Latinoamérica y el mundo. Alguno poetas nacionales no solo son un gran referente en esta región, sino también en otras latitudes; ignorarlos o desconocerlos puede llegar a ser un acto de injusticia tanto con los escritores como con la tradición literaria de nuestro país. Hacer, entonces, un acercamiento a la poesía boliviana puede ayudarnos a tener una idea sobre la producción poética y al mismo tiempo ampliar el conocimiento.

VERTIENTES DE LA POESÍA BOLIVIANA CONTEMPORÁNEA

Muchos críticos denominan la producción poética surgida a partir de los años 50 como posvanguardismo, englobando así múltiples formas que propone la literatura contemporánea. Para hablar entonces de una poesía boliviana contemporánea hay que hacer un breve panorama respecto a sus vertientes y sus respectivas búsquedas. Una de las primeras vertientes, explicitada por Franz Tamayo (1879-1956) y Ricardo Jaimes Freyre (1868-1933), es el modernismo y junto a ello las vanguardias en Latinoamérica (Cesar Vallejo, Vicente Huidobro y Pablo Neruda); Ambos movimientos con mucha influencia hasta nuestros días. No es de extrañar que mucha de nuestra poesía actual esté escrita en verso libre y con un manejo del lenguaje que desprende muchos sentidos. Otra de las vertientes de nuestra poesía contemporánea es el surrealismo. Prueba de ello es la preocupación sobre el hecho de escribir, por un lado en la poesía comprometida y social, y por otro lado con la experimentación en las formas: la poesía concreta por ejemplo. A propósito de estas dos primeras vertientes, se puede deducir lo siguiente: los poetas bolivianos contemporáneos son lectores de otros poetas y otras poesías. Quizá por eso la literatura contemporánea forma un cuerpo con múltiples caras y facetas.

DOS HITOS EN NUESTRA POESÍA CONTEMPORÁNEA: ÓSCAR CERRUTO Y JAIME SAENZ

Oscar Cerruto (La Paz, 1912-1981) empieza su faceta de escritor con la novela Aluvión de fuego (1935), posteriormente escribe Cerco de penumbras (1952) libro de cuentos considerado uno de los títulos que marcan un cambio en la narrativa boliviana. Sus libros de poesía son: Cifra de las rosas y siete cantares (1957), Patria de sal cautiva (1958), Estrella segregada (1973) Reverso de la transparencia (1974) y Cántico traspasado (1975). En los poemas de Cerruto hay una constante recurrencia a un lenguaje rebuscado, culto, literario, que se articula con la experiencia modernista y en relación con las esferas de un poder institucional, jurídico, judaico y cristiano. Blanca Wiethuchter dice que la poética de Cerruto “sitúa al hombre dentro de un marco judeocristiano vivido negativamente en relación a la posibilidad de salvación: el hombre es culpable y la historia no ha enseñado nada”. El siguiente poema, “Persona subrepticia”, da cuenta de lo mencionado:

“Por las calles anda el viento/ entre tinieblas/ como Isaías/ entre banderas/ el viento de las moscas/ rojas de la lujuria/ las moscas rojas/ de la sangre/ o las blancas del crimen/ el viento/ de la miseria/ agujereando harapos/ untando/ de olor a pólvora la capa/ del rey de las dimisorias.

A propósito del poema y la poesía, Oscar Cerruto dice lo siguiente: “Un poema, ya se halle escrito en verso libre o en moldes clásicos, es un conjunto que incluye lenguaje, forma y contenido como un todo indiscernible”. La poesía es un acto de fe…la poesía es la transcripción del mundo, todo eso que el hombre edifica sobre esa realidad, y aún contra esta realidad. Por eso la poesía es un acto de fe y no se acaba, porque esa realidad no se acaba…”

Jaime Saenz (La Paz, 1921-1986) ha escrito una cantidad considerable de poesía. Los libros publicados son los siguientes:

El escalpelo (1955), Cuatro poemas para mi madre (1957), Muerte por el tacto (1957), Aniversario de una visión (1960),

Visitante profundo (1964), El frío (1967), Recorrer esta distancia (1973), Brukner: Las tinieblas (1978), Al pasar un cometa (1982) y La noche (1984).

Acerca de la escritura de Jaime Saenz, Wiethüchter señala que este utiliza “un lenguaje más bien cotidiano, directo, que en ocasiones toca las fronteras con lo oral, dialógico”. También se puede decir que en sus poemas hay mucha coexistencia de palabras opuestas (oxímorones), un rigor y la preocupación por el manejo del lenguaje que hacen de su poesía un mundo aparte. La vida y la muerte, la ciudad y el tiempo son algunos de los temas y preocupaciones desarrollados en su obra; esto de aprecia en los versos de “El guardián” del libro La noche, que es un solo poema extenso:

“¿Cómo aprender a morir?/ -ha de ser una cosa en extremo difícil./ Seguramente requiere de mucha humildad y mucho gobierno./ Toda una vida de trabajo y de meditación./ Y si uno se pregunta para qué aprender a morir,/ la respuesta surge de por sí:/ aprender a morir es aprender a vivir./ Y aprender a vivir es, en definitiva, aprender a conocer;/ pues no deberá olvidarse que, para conocer, primero/ habrá que aprender a conocer.”

Acerca de la manera de escribir poemas, Jaime Saenz afirma: “No se puede decir que los poemas están ya estructurados y escritos, pero están dados, plasmados, solo queda escribirlos. El proceso de elaboración, para mí, es largo. Es un proceso sumamente escrupuloso, soy exigente en cuanto a la forma, sin por ello ser un estilista o un perfeccionista.”

OTROS POETAS CONTEMPORÁNEOS SOBRESALIENTES

En el intervalo de tiempo analizado sobresalen también otros poetas cuyos nombres y apreciaciones sobre su obra están referidos en los libros Ordenar la danza: Antología de la poesía boliviana del siglo XX (2004) de la poeta y crítica literaria Mónica Velásquez Guzmán y Poetas del oriente boliviano. Antología (2011) del poeta Pedro Shimose.

Podemos comenzar por el propio Shimose (Beni, 1940), considerado por la crítica el poeta “social” de los años 67-71. A través de su poesía, Shimose alzó su voz contra las injusticias y abusos que padeció el país en ese momento de su historia. En él se ve el signo de la literatura comprometida. Su escritura FIRM Velásquez- “transita desde una poesía comprometida con la realidad histórica latinoamericana de la década del 70 hasta la ruptura e inclusión de cierto dialoguismo en poesía” (Diálogo con otros poemas y autores).

“Mi pie/ se escapa con su herida abierta/ y se va loqueando por ahicito./ hace el indio/ entre sombras que desfilan y aplauden/ no se sabe qué muerte o qué victoria./ (El hambre/ me tira del estómago/ como diciéndome: ¡eh, cuidado!,/ para que yo tiemble/ tan sólo de pensar lo que no sé).”

(Me busco, vivo o muerto)

Matilde Casazola (Sucre, 1943): “Su obra está íntimamente ligada a la música y su temática transita por el cuerpo, la relación con la divinidad, el desamor y la muerte”. En sus poemas se puede percibir un lenguaje llano, pero al mismo tiempo metafórico.

“¿De dónde habré sacado tu nombre?/ Yo vivía feliz sin conocerte./ Yo no te precisaba./ Me levantaba en las mañanas,/ trajinaba,/ pintaba de colores mis balcones,/ compartía pedazos de sonrisas/ erigía mi altar serenamente.”

(¿De dónde habré sacado tu nombre?)

Blanca Wiethüchter (La Paz, 1947 Cochabamba, 2014). En su obra trata temas como la ciudad, la cultura, la cotidianidad, la identidad y la propia poesía, y en ella se observa una postura femenina. Tanto esta autora como Pedro Shimose son muy valiosos por el enorme carácter renovador en nuestra literatura ya que proponen un rigor implacable

con el lenguaje y la ética de un mundo cultural particular. Además de lo anterior, juega con la posición de las palabras sobre la hoja en blanco, maneja la “concepción de libro como una unidad, como un poema extenso formado por instantes, por fragmentos”. Es el caso de su libro Ítaca (2002), en el que se conmemora, por medio de la relectura de la historia de Ulises, a una nueva Penélope que habla y reflexiona, aguarda, necesita del otro, de Ulises.

“Hoy, Penélope me estoy en tu nombre./ Anoche, más anhelante que dichosa, soñé con Ulises/ regresando a la isla./ Y, tú

lo sabes,/ no hay sueño que no tenga destinos y deseos/ desatados./ Amanece./ El tiempo deslizándose/ como siempre/ sigiloso./ Cómplice la luz separa./ Aparecen los contornos:/ mi cuerpo solo/ las manos asidas al aire/ los pies asidos al agua/ mi pelo a la arena./ Mi cuerpo yacente y solo/ como en el dolor/ como en la muerte./ Mi cuerpo a la intemperie/

mi cuerpo desnudo cubre mi alma desnuda.

Guillermo Bedregal (La Paz 1954 1974). Poeta que murió muy joven, pero que dejó una obra importante sobre todo por la cercanía a la de Jaime Saenz, de quien hereda la pasión y el misterio por la ciudad y la muerte. El lenguaje de este poeta está “pleno de giros y de síntesis metafórica” y una marcada extensión en el verso. En el prólogo al libro de Bedregal La Palidez, Saenz asegura que “Guillermo Bedregal, como hombre, supo estar siempre a la altura de Guillermo Bedregal, como poeta. Entender las cosas en su significación plena; enfrentarse con lo desconocido y mirar con totalidad la tiniebla; aprender a conocer los grandes terrores de la existencia; acercarse a las relaciones profundas que la vida real nos ofrece. Tal el arduo trabajo del poeta…”

“Voy a visitar al fin el cuerpo que dejaste;/ quiero saber del ruido de las entrañas/ del polvo que en cada poro ha dejado

el invierno./ Quiero conocer la vertiente del brillo y la oscuridad,/ para prologar los días de tus ojos/ y habitar por

grandes instantes/ en las exhalaciones que la noche ha dejado para la ausencia.”

(Me voy a entender en tu memoria)

Rubén Vargas (La Paz, 1959). Su libro Señal del cuerpo (1986) está bajo la concepción de unidad en la que varios fragmentos forman un solo poema. El manejo del lenguaje es preciso y los versos cortos. También “muestra un claro y raro erotismo poético que, siguiendo las líneas del cuerpo, llega a la palabra sugerente”.

“Sólo/ una línea/ nos separa del mundo/ tu piel.”

Jorge Campero (Tarija, 1954). Ganador del Premio Nacional de Poesía “Yolanda Bedregal” en dos oportunidades: 2006 y 2007. Experimenta con las formas y transita varias temáticas, sobre todo aquellas relacionadas con la problemática social. En la contratapa de su libro Árbol eventual (1983) hace de sí mismo la siguiente descripción: “Jorge Campero nació a la orilla del agua/ nombre tenía olor a pez…/ nació en el sur siempre al sur/ Tarija estás triste en mí…/ a grande de la edad/ se dirigió a la Universidad Mayor de San Andrés/ para estudiar la profesión que nunca acabara…/ dos o tres poemas son salvables lo demás es paja/ para cíclopes…/ despilfarró su juventud/ dos hijos tendría a los que llamaba desde su auxilio/ gustaba de la música Karnática/ el vino/ el ají de fideos/ el arroz con azafrán…”.Del mismo libro el siguiente poema:

“Sacó su lustrosa cabeza/ por el vidrio roto/ quería ver si llovía en la esquina/ saber la hora/ La muchedumbre se la tragó.” (Doña hambre)

Juan Carlos Ramiro Quiroga (La Paz, 1962). De este autor afirma Velásquez en su libro que es un “solitario poeta cuya palabra ha transitado los más lejanos lugares y los más extravagantes estilos, como la manía de escribir de abajo hacia arriba y de derecha izquierda…Su poesía es una hermosa búsqueda de lo vital y lo esencial en la más profunda de las soledades”. Algunos temas tratados en su poesía son el destino, lo efímero, lo vano, habitar otro tiempo, otro espacio.

“90. mayo. 11./ vida la/ :amamos más que aquello matando/ (ríos los de allá más/ mares los de lejos/ peces los morir dejan se otoño en como)/ arte con/ palpitaciones ni alientos des sin/ noche a noche/ poco a poco morir/:once número mandamiento.

Alfredo Rodríguez (Santa Cruz, 1972). A propósito del libro Lecciones de vuelo (2003) del poeta cruceño, Pedro Shimose dice que “con un lenguaje coloquial invoca la libertad para emprender un vuelo –la existencia- en el que existen el mal, la cobardía, la violencia, el miedo y la miseria. El poeta recorre la ciudad como un ángel custodio que vela y defiende a los niños de las asechanzas y peligros del mundo.” En el siguiente poema se aprecia parte de poética:

“Dejad que los niños vengan a mí/ porque de ellos es el reino de los cielo./ había sentenciado el maestro,/ pero el bueno de Jesús deberá esperar/ porque los niños están muy ocupados/ limpiando parabrisas en toda la ciudad.”

(Por qué los niños no pueden volar)