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El silencio de las drogas

&\LIBRERIA

~PAIDOS

LAS HERAS 3741

El silencio

de las drogas

Luis Daría Salamone

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lílílíll~~~m~

© Grama ediciones, 2014.

Av. Maipú 3511,

Tel.: 5293-2275 • grama@gramaediciones.com.ar http://www.gramaediciones.com.ar

1º A ( 1636) Olivos. Pcia. de Buenos Aires.

© Luis Darío Salamone, 201 4.

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Salamone, Luis Darío

El silencio de las drogas / Luis Darío Salamone. - 1a ed . 2a reimp. - Olivos : Grama Ediciones, 2015.

256 p. ; 23 x 1 45 cm.

ISBN 978-987-1982-22-6

1. Psicoanálisis. l. Título.

CDD 150.195

Diseño de tapa: Andrea Di Clone - Un día perfecto

Ilustraciones de tapa, contratapa, solapa y viñeta final: Jorge Cuello Tapa: "Ahora sabemos de qué te reías"

Contratapa: "Las drogas no hacen mal, me lo dijo la mariposa gigante"

Hecho el depósito que determina la ley 11.723 Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por medios gráficos, fotostáticos: electrónico o cualquier otro sin per- miso del editor.

Impreso en Argentina

Indice

Prólogo

L'etourdit de la droga

por Eric Laurent

Presentación

Romper el silencio

l I silencio de las drogas

Una defensa frente a lo real

Una clínica de los desarreglos del goce

El cuerpo intoxicado

La droga: 6síntoma o estrago?

Del amor y otras adicciones

Los rituales del consumo

L.os muchachos de antes no usaban éxtasis

Escribir intoxicado

Theóphile Gautier en El club del hachís

Thomas de Ouincey: comedor de opio

13

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en colaboración con Bernarda Antoniassi

Charles Baudelaire: el dandy al que le gustaban los monstruos

l· I borracho que no podía olvidar

1 os diarios de desintoxicación

117

123

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6 1 Luis Darío Salamone

Las drogas en el cine

La heroína en el cine Réquiem para un pájaro herido Un lobo en la modernidad tardía

Jazz, tango y rock and rol/

Simplemente Miles Davis El gordo golpeado por la bohemia del arrabal Escándalos, drogas y rock and ro/1 El principi o de Nirvana. Y el

Casuística

Y mañana serán hombres

Confundid a

La muerte como entrada y como salida

El tiempo en susp enso

Un golpe de lo real

El esp ía que surgió del frío

Bibliografía pe rmanente

f'Jrocc dencia de los te xtos

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"El silencio no es tiempo perdido".

Gustavo Cerati

Un ag radecimiento enorme a:

Judith Miller, por estar cuanpo la necesito, 1 1ic Lau rent, entre tantas otras cosas, por su lectura y prólogo, .l. 1c ques-Alain Miller, por su orientación, 1 111csto Sinatra, Mauricio Tarrab, Fabián Naparstek, Mabel Levato, l)arío Galante y a cada uno de los integrantes del TyA, por lo que

construimos entre todos, Jorge Cuello, por su genial obra y las noches de caravana, [3crnarda Antoniassi, por las tardes que compartimos con

De

Ouincey, 131anca Sánchez, como siempre leyó los trabajos, los mejoró y es-

tableció algunos de los textos, /\ndrea Di Cione, por el diseño de tapa que saldría aún mejor sin

111is opiniones, Alejandra Glaze, que siempre aguanta mis ocurrencias y le da cur-

',O,

Y n mi familia, que me alienta y acompaña siempre.

Para Chicha, Adolfo e Inés que llegaron de la mano. Y para Pocho, primer morador de la cúpula.

l

'ctourdit 1 de la droga

por Eric Laurent

S e habla de la droga. Se habla en todas partes. Se habla de

ella indistintamente. Estamos en el fin de una época, la de la

"guerra contra las drogas" lanzada por el presidente Reagan

1:\ 14 de octubre de 1982 cuando, entre los diversos ingredientes

cit' la revolución conservadora, decretaba que las drogas ilícitas ,,,an una amenaza para la seguridad de los Estados Unidos. Sin

1•inb argo, la expresión misma de "guerra •, id o lanzada por Richard Nixon en 1971.

contra las drogas" había

r n el artículo "El objeto droga" 2 yo remarcaba el momento

de

li ( 1½c ula en el que nos encontraríamos con un nuevo modo de in- ,_ll 1sión del objeto de la droga en la civilización. Estamos ahora en l o1 ; 1pli c ación de las primeras decisiones efectivas de legalización

, \, ·1uso del

1J111dos, en 2012 y 2013, los electores de Colorado y del estado el" Was hington decidieron ser los primeros en legalizar la venta y l,1 posesión de pequeñas cantidades de marihuana para uso re- < 1<'a livo y regular su distribución en base al modelo del alcohol.

cannabis en todo el continente americano. En Estados

1 "I I alolondradicho o Las vueltas dichas de la droga". [N. de la T.] Tradujimos como "1 i! 11l n 11d r a di c h o " el neologismo l ' étourdit , que Eric Laurent utiliza evocando el título il1•I l nx to de Lacan "L'etourdif' (traducido como "El atolondradicho") , en donde al 1u 1l' (j , 11 un a t final, el término equivoca "el aturdido" (/'étourd,) con "las vueltas di-

' 11 , 1•," (les t o u rs dits). 1 , 1111 1) 11l. E, "El objeto droga en la civilización" , Pharmakon 12, Grama ediciones,

14 1 Luis Darío Salamone

El presidente de Estados Unidos se expresó públicamente sobre

marihuana, colocándolos

en un mismo grado de peligrosidad. En estos dos estados, Colo- rado y Wash ingto n, hacía más de un año que la compra para uso

recreativo era legal, pero para comprarla era necesario tener una prescripción médica. Ya no es el caso para Colorado desde enero

"Por primera vez en Estados Unidos e incluso en el

mund o -en los Países Bajos tan solo con la despenalización-, la marihuana es de venta lib re y accesible a cualquier persona mayor de 21 año s, sin nec esidad de prescripción médica". 4

la

cuestión compa ra ndo el alcohol y la

de 2014.

3

En un país de América latina, el 22 de diciembre de 201 3 se promulgó una ley de legalización, y el gobierno, dentro de los 120

días, va a reda ctar los decretos de aplicación que regirán el culti-

venta del cannabis con fines recreativos o

Esta experiencia de producción y de

venta de cannabis bajo la autoridad directa del Estado no tiene precedentes en el mundo. La fundación George Soros apoya esta iniciativa. Comienzan entonces los verdaderos problemas. Legali- zar es solo un aspe cto de las cosas. La adicción permanece. Existe una dialéctica entre lo que es posible decir sobre y con la droga, y lo que permanece imposible. La droga desinhibe, em- puja a decir y a escribir, pero la experiencia de la droga guarda en su corazón un silencio. El libro de Luis Daría Salamone explora esta dialéctica de múltiples formas. Explora los silencios en su variedad. Distingue la ruptura con la cadena significante y la rup- tura con la dimensión de los sentidos, de aquella con la palabra que comienza a contornear el vacío. Bajo su influencia, el sujeto intoxicado puede hablar horas y, sin embargo, no decir nada. Se produce una "confusión", como lo dice uno de los sujetos en la parte de la casuística que comprende el libro. O bien se libera una escritura sin fin, pero en la que nada se escribe. Pero también, la mejor literatura pudo escribirse bajo la influencia directa de diver- sas sustancias. Luis Daría Salamone da ejemplos de los aspectos

vo, la distribuc ión y la

médico s, como en Colorado.

3 Healy, S., "Buyers rush to Colorado as marijuana sales begin", lnternational New York Times, 2 de enero de 201 4.

4 Lesnes, C., reportaje "Le Colorado ouvre la voie a la légalisation du cannabis", Le

monde, viernes 3 de enero de 201 4.

El si len cio de las drogas l 15

¡i1()ch1ctivos de la experiencia del vértigo subjetivo en el que el •.11¡i ·lo libera su escritura perdiendo el sentido de los límites de la 111 ,, neostasis. 1a experiencia de la adicción es también una experiencia de la

< il1 a, de una contabilidad que

lo mismo, una percepción de la eternidad, un círculo del infierno, 1111 infinito, una muerte subjetiva, el ojo del ciclón. Salamone cita a Miles Davis: "El silencio es el más fuerte de los ruidos". Me gusta Charles Parker cuando dice que la droga opera una consolidación ele• todos los problemas que pueden tenerse en la vida así como li.1y una consolidación financiera de deudas múltiples. No hay más <¡lJC' un solo problema en la vida: la droga. Toda singularidad se il1•,uclve o se dispersa. El testimonio de Keith Richards, y de otros 11111•,icos, lo confirman: se trata de producir la muerte subjetiva, la ,lll';cncia de sí.

Esta experiencia de una soledad fundamental en el silencio JC•úne y convoca por su especificidad todo un discurso para dar cuenta de ella. Leemos en este libro el trabajo de toda la comuni- dad del TyA, que es una comunidad que sostiene las elecciones terminológicas, una comunidad de trabajo conducida por Mauricio larrab, Ernesto Sinatra, Luis Daría Salamone, Fabián Napastek, y otros psicoanalistas, quienes consienten en llevar la bandera del c•sfuerzo para ser partenaires de los sujetos que eligieron "la rea- li1ación de su objeto". Sin embargo, la droga no es un objeto a, ya que es un goce que se impone al sujeto. Es presencia absoluta. Podrá leerse en los diferentes casos publicados cómo el ana- l1'>ta se desliza en lo que es imposible de tratar, soportando este lugar de lo imposible. Oué lugar para la transferencia en el caso c•n el que la mujer declara ser dependiente de la droga para no tener que ser dependiente de su pareja, aunque esté pegada a él con todo su ser y lo llame cada cinco minutos para asegurarse que c~stá bien, repitiendo: "Estoy pegada a la droga para no depender e.le Diego". [s por eso que la buena política de la transferencia en esos ca- ',<>', es de no preocuparse demasiado por la cuestión. Saber estar , 1111 para el sujeto, opera de manera suficiente para que se termine, para que se tranquilice, en la medida de lo posible, de una relación infernal y pasional.

se ha vuelto loca. Una repetición de

16 \ Luis Darío Salamone

Este libro es testimonio del esfuerzo del analista para seguir

siendo el partenaire de un sujeto que conoció la muerte subjetiva en esa relación con ese superyó extraño que es la droga. Freud evocaba el Hirsch Hyacinthe de Heine, abatido, tirado en los andenes de las sucesivas estaciones donde el guarda del tren lo tiraba, ya que no tenía pasaje. Este pobre Hirsch se obsti- naba en ir a Karlsbad y, al cruzarse con un amigo le declara: "Voy

a tomar baños

la posición del analista en algunos de estos casos que presenta

Salamone. El los ve de todos los colores y, como su salud se lo permite, puede acompañar a los sujetos hacia una pacificación de

la cual seguimos los efectos terapéuticos.

El tema del diagnóstico, en el que se debaten aquellos que se confían a él, no interesa mucho a Salamone. Una hipótesis his- térica bastante extensiva le alcanza para los sujetos femeninos,

y para los hombres le conviene una concepción bastante amplia

de la neurosis obsesiva, salvo para un delirante atractivo, "el espía que venía del frío". Una neurosis fundamental forma la trama de fondo de sus reflexiones, combinada con una concepción bastan-

te extraordinaria de la psicosis. Salamone se dirige más bien a los hermanos humanos a quie- nes les hace acceder a otra forma de vida. Nos hace compartir su fraternidad con estos exiliados de la vida que atraviesan su libro. Allí adjunta una selección de escritores que nos recuerdan que la escritura es una droga con la cual es tan difícil vivir como con el amor: Edgar Allan Poe, Théophile Gautier, Thomas De Ouincey, Charles Baudelaire, Bukowsky. Interroga sin nostalgia, sin roman- ticismo, lo que queda hoy de la fascinación que hubo por el saludo

a la droga en otras épocas. lOué es, pues, lo que forma la trama

del cinismo de hoy en torno a las drogas? Lejos de la objetivación del "drogado", subjetiva su relación al caso. Está en otro lugar. Está en la fraternidad con el unheimlich de las formas de vida que evoca. De los filósofos que le gustan, recuerda la formulación: "De la existencia asumida como il perpe- tuo, interrogarse por el sentido ausente". Agrega este modo de interrogación a las experiencias de desaparición subjetiva que ex- plora. Todas remiten a un imposible de soportar, a un real. En ese sentido, la droga es una "defensa contra lo real" ya perturbada. Ella

si mi salud me lo permite". Hay algo de esto en

El silencio de las drogas \ 17

1, ·¡,!11 • ul punto de trauma hasta la eventual muerte corporal de la , il 111 ·dosis. Salamone sabe reflejar esta posición del sujeto "entre ,¡,_,., rnuertes". Nos hace entenderlo en su estudio sobre el cuento

dt 1 1dgar Allan Poe sobre "el silencio".

real, suficientemente

1 lace

aparecer

la defensa contra

lo

<lt ",<'Spe rada para "darse muerte", más que para soportar la muer-

lt' •,ubjetiva. Toma la posición del cuerpo loco que no se encuentra

y: 1 li gado al Otro. 1ncluye el sexo

•, 1qutos que no lo encuentran más que en la dimensión del exceso, <> t•n la de la abstinencia total. Describe las drogas químicas que lt'll1f)lazan ahora a las antiguas drogas, el éxtasis, por ejemplo, así 1 <11110 los usos "off /abe!" de los psicoestimulantes como el Ritalin.

Ut ",< ribe la experiencia contemporánea de la droga después de l1iilH 1 r pasado por los grandes escritores que la probaron. Consi- 11, ·1: t que los "diarios de desintoxicación" son ·un género literario:

l r,lllGOise Sagan, Jean Cocteau, Yann Andrea, Vicente Verdú, en l, 1 busqueda de la escritura que suturaría la falta.

como una droga para aquellos

Mu es tra su sensibilidad a las formas de

vida de sujetos que tie-

rw11 una relación con el exceso y el infinito, que no se sostienen fá-

< ilincnte en los bornes del fantasma. Nos perdemos allí con ellos, lo•, aco mpañamos en su lucha por la supervivencia, emergemos < 0 11 Luis Daría Salamone, un poco étourdits.

1 )resentación

E ste es el segundo libro que reúne algunos de los trabajos

escritos a partir de lo que se produce en lo que es hoy el De-

partamento de Toxicomanías y Alcoholismo del Instituto del

Clínico de Buenos Aires (TyA) que se conformó en Buenos Aires c)n 1992, paralelamente a la Escuela de la Orientación Lacaniana. Mauricio Tarrab, Ernesto Sinatra y Daniel Silliti fueron sus prime- 1os directores. Jacques-Alain Miller, Eric Laurent y Judith Miller 110s aco mpañaron a lo largo de estos años con su asesoramiento. Muchos analistas trabajamos en esta comunidad desde en- tonces; con ellos hemos compartido las clases de los seminarios, ¡ornadas, congresos, conversaciones y otros tipos de actividades donde dábamos cuenta de nuestro trabajo. A lo largo del tiempo liemos ido elaborando una casuística muy rica que muestra la in- < idencia del psicoanálisis en sujetos que tenían su vida bastante com plicada. Esto es un pequeño testimonio del trabajo realizado l'n una colaboración constante. Hoy el TyA es una red internacio- 1ial que hace su contribución brindando una perspectiva diferente ele có mo se puede incidir en la vida de alguien apostando, en lugar etc a domesticar su goce, a que el sujeto elucide cómo se encuen- lIn enredado por el mismo de una forma mortífera. En la primera parte se trabajan interrogantes desde teoría psi rna nalítica. En la última algo de esa casuística a la que m e h<' wr e' 1ido. En el medio, entre otras cuestiones , se toman semblan1;1•, cl 11 ciertos personajes ilustres a la luz de su relación con sus t,111< 1; 1•,

20 1 Luis Darío Salamone

tóxicas y cómo se ha visto la problemática a partir del cine. Lejos de un psicoanálisis aplicado, tratamos de ver qué pueden ense- ñarnos sobre el uso que un sujeto hace de sustancias tóxicas. Mi agradecimiento a todos los que alguna vez pasaron por el TyA y a quienes puedan sentirse interesados por el material que se encuentra en este libro, y deseen acercarse para conformar una comunidad de trabajo comprometida con uno de los temas clave de nuestra época. Cuando mi trabajo en el tema estaba por comenzar Mauricio Tarrab me hizo entender que se trataba de una decisión; en las páginas que siguen encontrarán algunas de la consecuencias de dicha apuesta.

Luis Darío Salamone

Romper el silencio

1silencio de las drogas

"El silencio es el ruido más fuerte". Miles Davis

E l tema del silencio resulta apropiado para nombrar ciertas

cuestiones que se juegan en relación a la problemática con

las drogas. La etimología del término adicción da la pauta

ele que la dificultad que el sujeto puede tener con la dimensión ele la palabra es una cuestión que está establecida más allá del

p•,icoanálisis.

1. El silencio de la represión y la supresión tóxica

La problemática con las drogas es un tema de suma actuali- dad. Sin embargo, por más que sea un asunto del cual se habla y mucho-, que se trate de algo que aparece todo el tiempo en lo s medios de comunicación, hay que decir que cierto manto de •, il encio recubre la cuestión del consumo de sustancias tóxicas. 'je pueden pensar en muchas razones para este fenómeno: en , •I dinero que mueve el narcotráfico, en cuestiones de poder, en .i·,untos que se piensan, o tendrían que pensarse más bien a nivel ele la política. La literatura "narco" que ha florecido, por ejemplo en

México, no es mera ficción. Hay algo que resulta estructural y que hay que interrogar: se Ir ata de la relación que el sujeto puede mantener con una sustan- cia tóxica. Hay algo del silencio que se juega a ese nivel y resulta , ",l ructural porque el sujeto puede, a partir de una droga, acallar < icrla problemática de una manera tan contundente, tan radical,

24 / Luis Darío Salamone

que hace que, por mucho tiempo, incluso en el psicoanálisis mis- mo, no se haya hablado demasiado de estas cuestiones. Para que el sujeto no hable no necesita de drogas. Por un lado, está eso que acalla la represión, el mecanismo que está en la base de cualquier neurosis. En el caso Schreber, si bien se trata de un caso de psicosis, Freud plantea que el proceso de la represión se cumple mudo y lleva a cierto mutismo. Theodor Reik, en uno de los mejores textos que se han escrito sobre el tema, titulado "En el principio es el silencio" (1926), sitúa que el paciente entra en la situación analítica rompiendo el silencio; hasta entonces ha calla- do sobre sus experiencias, emociones, por más que haya hablado much o de sí mismo, no ha mostrado ese costado que aflora en un análisis. Como dice Nietzsche, hablar mucho de sí mismo también puede ser una manera de esconderse.

Reik se refiere a un paraje llamado "zona de silencio" que se encuentra cercano a la isla de Vancouver, en el Océano Pacífico. En esa zona, muchos navíos se estrellaron sobre .las rocas y re- posan en el fondo del mar; es una zona callada, ninguna sirena es capaz de advertir a los capitanes del peligro. El sonido del exte- rior no llega al navío. Reik compara esto con el material reprimido. Cuando el sujeto llega a un análisis y comienza a hablar, esos primeros rumores, apenas perceptibles, tienen su eco en esa zona de silencio. Al principio, el sujeto puede hablar con dificultad, se enfrenta a una situación extraña, comienzan a aflorar cuestiones que no quiere o le resultan difíciles de decir, es un momento de in- comodidad que no tardará en mostrar su costado de imposibilidad. Con el consumo de drogas se busca también dejar de lado alg unas cosas, pero no solo se apela a la represión para llevar adelante esta situación, pues hay sustancias tóxicas que son muy eficaces para borrar aquello que resulta intolerable, al menos en un principio; podría decirse que los recursos tóxicos sirven de auxilio. Como lo plantea Freud en "El chiste y su relación con lo inconsciente", dichas sustancias sirven para aligerar la instancia crítica que imp id e el placer del disparate. El alcohol, por ejemplo, permite una alteración en el talante, y por eso no todos pueden prescindir de ese veneno. Ese talante alegre que es generado por vía endógena o tóxica, rebaja la inhibición, la crítica, y permite el resurgimiento de un placer sofocado.

El s ilen cio de las drogas 1 25

l<esulta interesante que alguien pueda embriagarse para , Ir '.i nhibirse, para aligerar el superyó; sin embargo, éste no tarda DI I lomar el comando de este recurso y es el que empuja al sujeto

<1<)/ar.

la represión no

11·11nina de desalojar, encuentran en las drogas un poderoso auxi- 11 , 11 para hacerlo. Esta es una forma de silencio que puede resultar

11111•, eficaz que la obtenida por la represión sin el tóxico como

1 os contenidos molestos, esas cuestiones que

111xiliar.

J)e ro todo eso no es sin consecuencias: no hay represión sin 1, •!orno de lo reprimido, no hay cancelación, por más tóxica que ,1•a, sin que eso vuelva de alguna manera. En oportunidades, ese 11•lorno puede ser silencioso, en otras no tanto. Hay que decir que

l. 1•, pu Is iones de muerte también son silenciosas en su accionar, 11, 1sta que su murmullo pueda tornarse estridente. Aun cuando el sujeto logre una supresión tóxica, aquello re- < li aza do retorna y, como suele ocurrir, no se sabe de qué manera. Este planteo se sostiene en la suposición de que una sustancia lnxica aparece como un auxiliar en un sujeto con una estructura 11<'uró tica, poniéndose al servicio de ese mutismo que es caracte- 11 •., lico del proceso de represión.

2. El silencio de las pulsiones y el del yo

Lacan se va a detener en la diferencia que existe entre dos tér- 111inos: taceo y si/eo. Taceo remite a ese silencio que es una canse- < t1e ncia directa de la palabra no dicha, un silencio tácito que tiene q11e ver con el hecho de quedarse callado, guardar silencio; si/eo, 1•11 ca mbio, se vincula a ese silencio que resulta estructural de l.1~, pulsiones. Hay una diferencia entre lo silenciado, aquello que < ll'liberadamente queda en las sombras, y lo silencioso, eso mudo, 1111posible de poner en palabras y que Lacan identifica con lo real. De este modo, existe la posibilidad de pensar un silencio que l", de otra naturaleza. En Freud hay muchas referencias que re- 111rlen a esta otra forma de silencio ligado a la pulsión de muerte. 1>or ejemplo, en el texto "El motivo de la elección del cofre" (1913) < uando encuentra un parentesco entre la mudez del sueño y una

El si len cio de las drogas \ 27

26 1 Luis Darío Salamone

figuración de la muerte; o cuando plantea en la "Presentación au- tobiográfica" (1924) que la pulsión de muerte, o de destrucción, trabaja sin rui do. Se va abriendo otro campo en el que la represión apunta al silencio, pero también hay un goce callado que no pasa al campo de la palabra, que guarda relación con la pulsión de muerte; en muchas ocasiones, un sujeto se adentra en este terreno gracias

a las drogas. Tal como ha sido ubicado en un principio, el término que se ha- b ía popularizado hace unos años era precisamente el de adicción,

sin dicción, que, desde esta perspectiva, resulta bastante apro- piado . Si se ha optado por el término toxicomanías fue porque el significante adicciones estaba muy desgastado, los tratamientos de las adicciones partían de identificar al adicto con ese término

identificación para lograr un control

yoico. Este tipo de tratamiento se implementó primero con los al-

cohólicos para luego ge neralizarse en todos los casos de adic-

ciones, y luego en otros tipos de problemáticas. La eficacia que este tipo de trat amiento puede llegar a tener no se puede poner en duda, pero se trata de pensar de qué orden es dicha eficacia.

El psicoanálisis de orien tación lacaniana propone otra cosa pues

sabe que la ap uesta por el yo, a la corta o a la larga, resulta nociva.

A pesar de la idea freudiana del yo, según la cual puede parecer

por momentos una instancia muy fuerte, es sabido que el yo es

sumamente endeble. No puede tornarse en un aliado del analista

ni ser la única fuente de conocimiento. Con respecto al goce, este

no se deja manipular, ni tan fácilmente ni por mucho tiempo. Alim entar el yo puede resultar problemático. Para Lacan "el yo

está estructurado exactamente como un síntoma"; 1 afirma que es

el síntoma privilegiado en el interior del sujeto, el síntoma humano

y procuraban refo rzar dicha

por excelencia, su enfermedad mental. Por supuesto, no resulta extraño que una persona realice una apuesta de ese orden, lo llamativo es que se haya olvidado dentro del psicoanálisis -por no haber leído correctamente "El yo y el ello", donde Freud ubica

1 Lacan, J., El Seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Paidós, Barcelona, 1986, p. 31.

q111- , .\

yo se forma a partir de identificaciones-, que en su base

lt, 1.1111, 'je juega es algo del orden de la alienación. Además, Freud ¡:1, •,1 •11la la difícil relación del yo con el superyó. Plantea que "es el 1111111111nento recordatorio de la endeblez y la dependencia en que ti yn •,e enco ntró en el pasado, y mantiene su imperio aun sobre , 1 yo rnaduro". 2 El yo está sometido al imperativo categórico del

IIIH'IYÓ, 1 11 muchos abordajes que se hacen de adictos se busca re- 11111ducir estas coordenadas deliberadamente; para muchos psi- ' , ilouos las toxicomanías muestran el paradigma de lo que sería 1111 yo débil, un yo que no resiste la tentación de volver a consumir r q1 H' sería necesario reforzar. Procuran que el sujeto tenga un yo 1111 •lle, y para esto se le pide al sujeto que pase una temporada 11 i\, •1nado con un superyó exterior que lo machaca con lo que tie- 1 u• que hacer o dejar de hacer, hasta que el yo se vea fortalecido , ll111damentalmente, aprenda. Se llega a postular a la terapia de 11•I11erzo yoico como una suerte de prótesis psíquica. 1>ara decirlo de una manera clara, la mejor representación que ,, • puede tener acerca de cómo pensaban algunos analistas pos- l 11 •11dianos al superyó, es el personaje de Pinocho llamando Pepe

la concien-

ele Pinocho, el responsable de guiarlo por el buen camino, de

l ,1 dio, en la versión cinematográfica de Disney, que era

' ~1, 1

11.1< c~r que vaya a la escuela para aprender. Algunos analistas se 11il11 quedado con la impresión de que el superyó le dice al sujeto

1, 1 que tiene que hacer y de esa forma encuentra la ley. Pero esa

11 ,y I icne su contracara. 1 acan ha planteado muy pertinentemente que el superyó es 111 \1 ·y y su destrucción. Para Freud el superyó tiene una afinidad i: 1111 el ello, y por lo tanto, con la pulsión de muerte; en palabras de \ 1,•11d: es el "cultivo puro de la pulsión de muerte". Por eso resulta 1, 11 peo que sea cruel con el yo, y por esto mismo, los tratamientos , 1111• se basan en estas premisas pueden resultar crueles. Freud l 1, 1< P un listado de cuestiones asociadas al superyó, como la reac- ' 11111 lerapéutica negativa, el sentimiento de culpa, la necesidad ti,• castigo (asociada al mismo), que encuentra su mayor grado de

1 /111t/., p. 31

28 1 Lui s Darío Salam one

manifestación en la melancolía, pudiendo llegar hasta el suicidio. Se puede agregar a esta lista el consumo de drogas, lo que el tra- bajo analítico ha demostrado. El yo es presentado por Freud como una pobre cosa sometida a tres servidumbres: el mundo exterior, e l ello y el superyó. El yo es adulador, oportunista y mentiroso, pero está sometido a los vasallajes del superyó y no tarda en convertir- se en un almácigo de angustia, de esa angustia de muerte que se juega entre el superyó y el yo.

Resul ta increíble cómo los psicoanalistas desconocieron estos

postulados freudianos; en el texto de Freud pueden encontrar aun más cuestiones a partir de las cuales se puede demostrar por qué pretender reorganizar esta relación entre el yo y el superyó es una tare a inútil, incluso arriesgada. Lacan advierte cómo sin quererlo,

o incluso queriendo hacer el bien, se puede conducir a alguien hacia lo peor. Tamb ién indicaba que el superyó empuja al goce, y

el goce es el ca mino que conduce a la pulsión de muerte, hacia un

silencio definitivo.

Pero antes de llegar a él, hay una forma de silencio que tiene que ver con el yo que "se hace el distraído" frente al accionar del superyó. No resulta extraño ya que, como Lacan se encargó de

dejar en claro en el principio de su enseñanza, resulta evidente que

el

yo tiene una función de desconocimiento y, cuando se apunta a

él,

aunque pretenda que lo hemos vencido, no tardará en reabsor-

ber esa enseñanza para seguir mintiéndonos, porque el descono-

cimiento es su función fundamental. Una demostración clásica es

la que se observa en sujetos que son alcohólicos, jugadores, o que

tienen cua lqu ier adicción de forma evidente y notable, tanto para ellos como para el resto de las personas; pero cuando son confron-

tados a que padecen esta problemática, simplemente la niegan, no

se dan por enterados y se dirigen alegremente al casino o a servir-

se una copa de vino; se puede plantear que son mentirosos, pero sucede que, como se puede observar, la función por excelencia del yo es el desconocimiento, es decir que es un embustero. Tal como la fábul a del sapo y el escorpión, que es una historia africana, aunque se atribuye a Esopo. Ella cuenta que un sapo estaba en la or ill a de un lago descansando en una roca mirando el cielo; un escorpi ón lo observaba atrás de uno s arbu stos , se acercó al sapo y le dijo: "¿Me ayudas a cruz ar al ot ro lado de l lag o? Yo me

El silencio de las drogas l 29

uho ar riba tuyo y me llevas". El sapo se negó pues podía picarlo y iil' es e modo moriría. El escorpión intentó convencer al sapo:

"',n no sé nadar, si te pico en el lago te hundirás, y moriré junto i: 1>11ligo". Al sapo le pareció razonable el argumento y accedió. El 1",corpión subió en el lomo del sapo, y cuando ya iba por la mitad i1,,1lag o sintió un picotazo en su cabeza, inmediatamente se detu-

o y le preguntó al escorpión: "¿Por qué me picaste?, moriremos

le>', do s". "Disculpame 'dijo el escorpión ', no quise hacerlo, pero no

pude evitarlo

esa es mi naturaleza".

Eso es lo que ocurre cuando un analista se dirige al yo; tiene

•,cntido común, puede ser razonable, puede incluso tener buenas intenciones y realizar el mejor esfuerzo, pero es muy probable que ,, 1tratamiento se hunda a mitad de camino pues no puede con •, u naturaleza, su función de desconocimiento es algo a lo que no puede renunciar por mucho tiempo; el yo no puede aceptar la fal- l a, puede soportarla a duras penas por un momento, pero volverá a es e rechazo, tóxico o no, antes de llegar al terreno del deseo. Y esa parte diferenciada del yo llamada superyó muchas veces

venenosa y mortal que el escorpión. Para Lacan el

res ulta más

superyó tiene relación con la ley, pero se trata de una ley insen- sata, a tal punto que implica su desconocimiento. Era insensato para el escorpión mismo picar al sapo, pero era su naturaleza, y

as í actúa el superyó en el neurótico. Es la ley y su destrucción, un

imperativo que llega a ser lo más devastador; Lacan nos dice que

es una figura feroz. Es importante insistir en este punto para captar la inutilidad en

la dirección de la cura de que el analista se convierta en una espe-

cie de superyó exterior auxiliar a partir del cual le dice al analizante qué es lo que le conviene hacer. Convendría recordar cuál es el

sil encio que puede convenirle al sujeto: el silencio del analista; es

sobre ese fondo que se reencontrará con su decir, es allí donde po- drá encontrar los ecos de ese real que lo determina, y es en ese si- lencio donde se juega esa función de objeto que el analista cumple pa ra que el sujeto pueda relacionarse de otra manera con lo real. El psicoanalista no está para prohibir que el sujeto se drogue; sabe que realizar un pacto con la supuesta parte sana del yo resul-

ta inútil, simplemente porque no hay parte sana del yo.

30 / Luis Darío Salamone

3. El silencio en la cura

Cuando un analizante comienza su análisis puede suponer que el silencio que el psicoanalista pone en juego le es ajeno. No tar- dará en percatarse de qué es lo que tiene de propio: se trata de aquello con lo cual podrá ponerse a trabajar para relacionarse de otra forma con la más íntimo. Se encontrará con el silencio del analista para poder relacionarse de otra manera con el silencio estructural de las pulsiones. El semblante del analista está para que el analizante se enfrente con lo que le resulta problemático para poder tratarlo.

El neurótico irá saliendo así de ese silencio propiciado por la represión, redoblado por el consumo de sustancias, volverá a en- contrarse con el lenguaje para poder enfrentarse finalmente al silencio de las pulsiones, sin sepultarlo como antes lo había hecho. El sujeto pondrá en juego en el tratamiento un silencio que es una forma de resistencia; el analista tendrá que maniobrar para no alimentarla, pero su aparición resulta algo lógico. En principio, el adicto no reconoce su adicción, no quiere concurrir a un trata- miento. Más tarde puede verse llevado a él, entonces quizás se produzca esa resistencia que no cae directamente sobre el silen- cio estructural sino sobre lo conflictivo, para poder hablar a partir de lo que se le presenta de sintomático más allá de su relación con el consumo. Resulta común que cuando un sujeto decide de- jar de consumir aparezcan los síntomas; a partir de allí no es que el psicoanálisis se allane, pero se sigue el camino particular que puede tener cada análisis. En verdad, esto se jugó así desde el principio aunque el sujeto apareciera aplastado. Eso que perma- necía acallado que hablará en el síntoma para ser interpretado, pone al sujeto nuevamente en relación a ese Otro de la alienación que habrá que desmantelar, pero de otra manera. El cinismo al que llevan los tóxicos no es el saldo cínico que resulta de un final de análisis.

Si hace un tratamiento analítico, el sujeto irá de la posición cíni- ca que tenía cuando rechazaba al Otro y al inconsciente ayudado por los tóxicos, a un saldo cínico que podrá encontrar al final del tratamiento al comprobar que ese Otro, con el que en su neurosis se relacionaba, no existe.

El silencio de las drogas / 31

Antes, cuando eligió el silencio de las drogas, siguió el camino ¡_1,,1 l('Chazo de lo simbólico, del rechazo del Otro que se le tornaba p1, 1i>lemático, del rechazo del inconsciente; luego del trabajo ana- lil II o, se sabe de los límites de lo simbólico, de que ese Otro es 11r1~1 construcción neurótica y que frente a las pulsiones se pueden ln111.11 decisiones, que se es responsable de cómo se elige gozar y, 1•11 definitiva, vivir. 1 11frentarse a ese otro silencio implica que el sujeto se relacio- n1-, con aquello que con las drogas pretendía obturar, con una falta 1p 11 ', al taponarla, lo sumía en un goce mudo y mortífero. Otro excelente texto que se ha escrito sobre el tema se llama [ I ,1/cncio primordial, y habla del silencio en la cura, pero ha sido ,e I ilo por el filósofo argentino Santiago Kovadloff. Nos dice que 11 , 1•,llcncio terapéuticamente eficaz arrebata al paciente la ilusión 111, que sabe lo que dice y lo acerca a la intuición de que dice lo ti''" debiera saber". 3 El psicoanalista calla y le entrega al sujeto "c·I 111descriptible paisaje de su alteridad", entonces "lo medular , 111•11ciado irrumpe y se deja oír". Kovadloff plantea que curarse 1t11pl1ca hacerse responsable "Del preguntar como lo huérfano de 11",puesta. De la existencia asumida como el perpetuo interrogar ¡1111 el se ntido ausente". No se pregunta para responder, sino por- ' ¡111• no es posible hacerlo. Es decir que se llega a un extremo ,l,111dc ya no se busca, el silencio recorta un vacío frente al cual, I" 11 t1n lado, se puede estar tranquilo, pero a la vez impulsado por 1111 ,leseo que ya no encuentra los obstáculos propios y que procu- , 1l1.1cer algo con los ajenos. Estar intoxicado, entonces, ya no le li·¡,,11a al sujeto ninguna ventaja, pues en el intento de mantener 1111•·,lcsiado el sufrimiento, el sujeto metió, en la misma bolsa, su ¡,1, ,¡)io deseo. Puede encontrar satisfacción en un recorrido que u !11 ", no aparecía en su horizonte. l licodor Reik va a concluir su trabajo clásico sobre el tema con 1111,1 1derencia a Mahler que en una oportunidad dijo: "En música, I, ·, 111.'1s importante no se encuentra en la partitura"; lo mismo suce- 1on el psicoanálisis. Reik ha sido uno de los psicoanalistas que 11i, l 1nn reducido el silencio a una defensa. Abraham pensaba al

l ( 11v,1clloff, S., El silencio primordial, Emecé, Bs.As., 1992 , p. 53

32 1 Luis Darío Salamone

silencio como una defensa frente al erotismo anal; Fenichel, como una defensa frente a un deseo de felación; Reich recomendaba responder a ese silencio de defensa con otro por parte del ana- lista, pero no era tan rígido, ya que pensaba que muchas veces el discurso escondía y el silencio revelaba, pero para encontrarnos con eso hay que lograr salir del silencio provocado por las drogas. Se llega, entonces, a otro puerto; Heidegger afirmó que "sólo el discurso verdadero hace posible el silencio auténtico". El analista es , como dice Miller, ese silencio en nombre del cual el sujeto habla, hasta ese punto en el que ya no hay nada para decir, hasta obtener ese silencio que no es el de la defensa, el de una intoxicación que busca tapar la falta llevando a un goce autista, solitario y silencioso. Un silencio que no se opone al acto, podríamos decir, un silencio, en nombre del cual , el sujeto actúa.

4. Desolación y silencio

Hay un texto de Freud que se llama "De guerra y muerte" (1915); allí plantea que "hemos manifestado la inequívoca ten- dencia a hacer a un lado la muerte, a eliminarla de la vida. Hemos intentado matarla con el silencio". Hay sujetos que intentan hacer a un lado la muerte intoxicándose. Es muy frecuente escuchar en la clínica que sujetos que, de alguna manera se estaban matando con el consumo, procuran escaparle a la muerte. En muchos de estos casos, la muerte es una puerta de entrada y de salida. El temor, el intento de negar la muerte, lleva al sujeto a entrar en el consumo. Percatarse de que se están matando, cuando por ejem- plo tienen una sobredosis, puede llevarlos a querer salir. Edgar Allan Poe, que tuvo problemas con el alcohol , también fumaba opio; algunos de sus cuentos fueron escritos bajo sus efect o s. Hay uno entre ellos que fue catalogado como metafísico e n las ediciones que ha traducido Julio Cortázar, que lleva por nombre precisamente "Silencio". En este cuento, que es presen- tado co mo una fábula, el demonio habla de una lúgubre región donde no hay calma ni silencio. Todo funciona de una manera muy extraña, las aguas de un río azafranado no corren hacia el mar sino que palpitan tumultuosamente bajo el so l, un des ierto de grandes

El silen cio de la s drogas 1 33

11,

11t il ares que suspiran son su

marco. Más allá, en una floresta

L! 111, tl eza se agita y los árboles hacen ruido, sin que haya viento. 1 11 111cd i o de ese raro clima, en una roca se lee la palabra "deso- 1 11 1rn1"; también se ve un hombre cansado, triste, disgustado con I l nnnanidad y con ganas de estar solo. Pero el hombre temblará

, 11 1•sa s oledad, una y otra vez. El demonio maldijo, y ese lugar 11111•stro fue víctima de una espantosa tempestad, lluvia, rayos y

11 ·1110 , y el hombre seguía sentado allí. Entonces el demonio se

, 111 i 10, l a nzó la maldición del silencio, todo se acalló, cesaron los

1111 111n ullos,

11111nbre se puso pálido, no escuchaba nada, se estremeció y huyó 1 Inda c arrera. El demonio le cuenta esta fábula a quien escribe el · 1_11_•11to y cuando concluyó se rió, pero el hombre no pudo hacerlo. 1>or tratarse de una fábula resulta más bien extraña. Pero eso lJI 11 • no puede callarse, que hace un ruido atronador, puede ser

l

todo se apagó y en la roca se podía leer "silencio". El

1111,1bue na metáfora de la pulsión de muerte. Ese hombre que se 11, '!él de los humanos como un representante de la escuela cínica ~que vive en su desolación, es maldecido por ese demonio, como 111 li nce con cualquiera de nosotros nuestro propio superyó. El su- 1' •In, sin mucho éxito, desea acallar lo pulsional hasta que llega a 1111 •, il e ncio que ya no se soporta, hasta que ese real hace su eco

111, 1•, pe rturbador y procura huir. l)e la desolación, en medio del murmullo permanente, a ese

viraje que empuje

1 111 1 s ujeto que consume drogas a un intento de rearmarse con li!l estilo de vida. Cuando llegue a ese límite, a ese silencio al cual

1111lió acompañado por las drogas, donde la cuestión se le torne 111•,nportable, y entonces decida buscar otro camino.

il 1•11c io intolerable. Ese puede ser el punto de

lllbllografía

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11,• 11 d,

S. , " Pr e sentaci ó n autobiográfica" (19'24), Obras completas, t. XX,

1,¡i. cit.

34 1 Luis Daría Salamone

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lJna defensa frente a lo real

"Bajo el efecto de las drogas no te importa nada, solo quieres aislarte del mundo y conseguir una paz interior que no se consigue en el estado normal". Kurt Cobain

1>efenderse de la pulsión

E l término defensa tiene una larga historia en el psicoanálisis,

Freud lo utiliza incluso antes que el de represión. La defensa

apunta a suprimir todo aquello que pone en peligro la integri-

il :HI del yo, se levanta en contra de las excitaciones internas, como In pulsión, pero también frente a representaciones que resultan p1:.: 1lurbadoras, como pueden ser las fantasías o los recuerdos. De , .1,, co ncepto surgieron los famosos mecanismos de defensa del

11 que contribuyeron a empestar al psicoanálisis. 1 1yo siempre procura defenderse de lo que lo perturba y la ver-

, 1,-11 l t\S que el yo es una instancia que está profundamente pertur-

el síntoma por excelencia. Siempre tiene parecen haber entendido los seguidores

ti, 1 1cud. Al actuar sobre la pulsión, la defensa suele adquirir un 11, 1c ler compulsivo, lo que se ve claramente en la obsesión, si 11lt . 11 1 reud comenzó a usar este término en relación a la histeria.

1, 11 l. 1; Lacan lo decía: es 111, il>ll)mas, cosa que no

V 1 ,1 •,itua r el origen de la defensa primaria en una experiencia de 1, ilc >1 que ha padecido el sujeto. Menciona la existencia de una de-

1normal y una patológica. La patológica sucede cuando una

nxc il. 1ción interna se desencadena, provoca displacer y la defensa

l, 11·

, 11J

1•

lnqia resolver el problema.

1 1, •11 le a esta dificultad, los posfreudianos procuraron enseñar- ti ·,ujcto a defenderse, pero para Freud esto no podía ser tan

36 1 Lui s Darío Sal amon e

sencillo ya que el origen de la problemática se encontraba en la sexualidad. En síntesis , el yo se defiende de la pulsión. Esta sería la lectura freudiana del término. Jacques-Alain Miller,

en La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica y en otros

momentos de su enseñanza, realiza una lectura lacaniana de este tema, lo que puede considerarse un gran aporte para la clínica de las to xicomanías y el alcoholismo. Plantea que situar el incons- ciente con respecto al Otro resulta completamente distinto que colo carlo con respecto a lo real. Situarlo con respecto al Otro sería pensar en el síntoma como metáfora, y en las restantes formacio- nes del incon sciente. Pero situarlo con respecto a lo real hace que se tome en cuenta otra perspectiva. Implica, por ejemplo, pensar que el inconsciente es un soliloquio , cuestión que se remite a la última enseñanza de Lacan. En este sentido, el sujeto se defiende de lo re al. Po r un camino, el psicoanálisis se maneja en el plano del significan te, la posibilidad de una interpretación, el inconsciente divertido del chiste o los fallidos; por el otro, nos topamos con el psicoanálisis como imposible. Será este atolladero lo que siempre se argumenta al plantear las dificultad es en la clínica de las toxicomanías. Si tomamos la vertiente de l síntoma como metáfora, no aparece como un sín- toma interpretable; Miller lo ubicaba en términos de un Otro que no existe, característico de esta época, lo que se pone muy en evidencia en esta clínica donde no se encuentra fácilmente la rela- ción del sujeto con su inconsciente; lo que sí se encuentra en esta clínica es la relación del sujeto con lo real. Ese es el otro camino que se abre a los psicoanalistas, y de lo que se trata entonces es de procurar perturbar la defensa que el sujeto tiene frent e a lo real. Miller hace de esto una definición de lo que implica ser analizante: "ser analizante es aceptar recibir de un psicoanali sta lo que perturba su defensa". 1 Y el acto analítico, la tarea del analista, podría calificarse como perturbar la defensa.

que res catamos el viejo

lemos de é !, pe ro tomándolo desde

Es decir

concepto freudiano y nos va- la orientación lacaniana, para

1 M iller, J. -A. , La exp eriencia de lo real en la cura psicoanalítica, Pa id ós, B s. As.,

El sil e ncio de las drogas 1 37

¡,1, 111lear una dirección de la cura posible para estos casos. Por 11puesto que no se trata de plantear que esta sea una orientación .11l¡1mente para este tipo de casos, lo es para cada tratamiento, I" "o en estos hace posible una dirección de la cura, y es lo que cl1•111uestra que los sujetos por más que consuman sustancias tóxi- ' ,1', so n analizables para los analistas que sigan esta orientación. 1 n El lugar y el lazo, Miller ubica que el lugar central que tenía

perdiendo terreno para

, ¡i 1t \dar sustituido por la defensa. 1 n algunos casos las toxicomanías podrían plantearse como

1111,1 defensa frente a lo real, tal como lo situó muy tempranamen-

en uno de los primeros trabajos que escribió

la hipótesis de que la droga era un

1.-, !<]pre sión en la enseñanza de Lacan fue

¡,, Mau ricio Tarrab,

,, ,hre e l tema, donde esgrimió

1,•111edio contra el goce. 2 Allí presentaba a la droga en un sentido l11•11diano, como un remedio, una muleta frente a lo imposible. Hay 1111,1 fu nción de la droga que no está vinculada al e xceso, sino que

1, • per mite al sujeto tolerar lo imposible de soportar. Es decir, ubica J líl dro ga como una especie de muralla, de dique contra el goce, 111< luso una defensa. Tarrab cita a Lacan para ubicar otras posibles il, •l cns as, cuando Lacan dice que "el deseo es una defensa contra

su límite"; cosa

, ·I ooce" , o que "el placer es lo que otorga al goce

, 111iosa, también considera que el saber hace que uno pueda fre-

11,11 en cierto límite. 1 .ste te xto de Tarrab presenta el antecedente de un concepto ,¡111 1 se ha ido forjando desde hace más de veinte años y es el de l.i func ión del tóxico. Leer este concepto a la luz de la última en- 1•11anza de Lacan, y la interpretación que Miller hace de ella, nos

I" '' rnite concebir esa función como una defensa contra

lo real,

il 1• es e modo, dejar de buscar el inconsciente donde el

signifi-

' ,11ilc produce efectos todo el tiempo, donde las formaciones del

operar agujereando otra parte, está con-

d, •11ada al fracaso y, cuando no lo está , puede acabar con la vida

:tl g ui e n. Se trata de una clínica de la inexistencia del Otro, pero

no se presenta, estamos

111< onsciente reinan , y encontrar la forma de •., 1def ensa frente a lo real. Esa defensa, por

,¡,

il 1111smo tiempo , si la relación a un Otro

38

/ Lui s

Daría Salamone

frente a un goce autista; hay lo real, hay un goce, y también la de- fen sa contra este. Es decir que lo que llamamos función del tóxico, en este sentido al menos, puede leerse como una defensa frente a lo real.

Hay algo que puede resultar paradójico y es situar que la dro- ga sea un a defensa contra lo real, cuando en verdad introduce al sujeto en una experiencia de lo real. Sin embargo, hay diferentes tratamientos posibles.

Ade más de la experiencia que la clínica nos regala, se puede aprende r lo que enseñan algunos escritores, aquellos que consu- mían sustanc ias. Siempre la escritura es un vínculo privilegiado para procurar plasmar una experiencia de goce. También pode- mos tomar los testimonios de los rockeros, tal como será aborda- do en otro s capítulos.

Ent re los mú sicos, Tarrab recuerda un momento de la película Imagine e n el cual un fanático se le acerca a John Len non y le dice que pensó que con solo conocerlo a él sabría que todo encajaba; Lennon le responde que todo encaja solo cuando estás drogado. Lo real es lo que hace que la cosa no encaje.

Kurt Cobain ubi ca a la droga para bloquear el vacío emocional que sentía. En su diario, Keith Richard dice que las drogas le per-

hacer el personaje de rockero que requería el precio de la

fama. mitían

3

Del lado de la literatura, lo real aparece como lo que desestabi- liza; Cocteau decía que la droga le proporcionaba un fijador. Podríamos volver sob re tres autores sobre los que trabajé an- teriormente. 4 Ma rguerite Duras podía soportar el vacío con el alco-

hol, o suplir a Dio s, lo que conducía al sujeto hacia donde el sufri- miento no puede hacer sufrir, como una anestesia de lo real pese

a la cua l, lo real retorna. Bukowski, un alcohólico singular y cínico, también habla de una particular anestesia; el dolor era terrible, pero borracho se sentía al margen. Mientras que a Poe el alcohol, contrariamente a lo que suponían sus amigos, lo sacaba de una

locura en

cual se se ntía amenazado de caer por su trágica vida.

3 Este t ema

4 Cf. Salam one, L.D., Alcohol, tabaco y otros vicios, Grnma ediciones,

se rá ampliado en el capítul o "Escá ndalos, drogas y rock and rolf'.

Bs.As., 20 12.

El s ilen c io d e la s droga s / 39

De todos modos, la operación analítica de perturbar la defensa ,•,e aplica en todos los análisis, razón por la cual podemos afir- 111ar que trabajar con este tipo de casos no difiere mucho de la

<línic a en general. De lo que se trata es de una clínica que pone

•,ob re el tapete lo real, como •,c)mblante". 5

Es importante aclarar que perturbar la defensa no implica inter- preta r. Se suele escuchar la queja de que en las to x icomanías no •,1' trata de un síntoma interpretable; en ese sentido, se puede ubi- c , 1r a quí cierta solución, pues no definimos la operación analítica a p,uti r de la interpretación. La represión recae sobre significantes, l,1 de fensa no. La defensa, para Freud, implica una relación con la /H il sió n para la cual la interpretación no es válida. Miller sostiene que para perturbar la defensa se trata de hacerlo d,• la buena manera, lo cual implica un manejo de la transferencia 1rnno cualquier operación analítica. Un cálculo que no es solo el de• la lógica del significante como sucede con la interpretación. Se lrnlará de una intervención que generará un efecto de sorpresa. 1:iara demostrar la importancia que tiene perturbar la defensa r·11 la cl ínica de la toxicomanía, me serviré de una viñeta clínica. Se li:tln de una mujer que fumaba marihuana y tenía su vida armada ilu tal forma que realizaba todas sus actividades por la tarde, por- que• cua ndo se despertaba, a la mañana, no tenía voz. Se levantaba ''." af ónica e iba recuperando el tono hasta que, por la tarde, 1, 1111 aba hablar perfectamente. Esto le impidió iniciar la carrera que 1111/Jicra querido hacer. Sin embargo, trabajaba de algo que le gus- , 111,1 y le iba bastante bien, pero todas sus actividades las realizaba

¡1111 l:1 ta rde. La forma que elegí

de perturbar su defensa fue decir-

¡, i¡1H' l a esperaba la sesión siguiente, pero por la mañana. 1l<:gó, efectivamente, con un hilo de voz y le costaba una enor- 1111l.1d hab lar; dijo que ella sabía cuál era la razón de su síntoma.

11 ,Jc: c• u n par de años la que era su mejor amiga le había pedido ¡ur e ·1 día de su cumpleaños vaya a desayunar con ella porque 1,,111 1 .i lgo importante que decirle. Cuando llegó a la casa de su 1i11q.1 se encontró con que ésta se había suicidado. Afirmaba que

dice Mil/er, "privilegia lo real sobre el

Mill,~1, , /.</\., La expe riencia de lo real en la cu ra psicoa nlítica, op . ci t. , p. 36.

El sil encio de las drogas\ 41

40 1 Luis Darío Salamone

a partir de entonces evitaba relacionarse afectivamente con al- guien por miedo a la pérdida. Comentó que se estaba encariñando conmigo y entonces afirmó: "Tengo miedo a quedarme sin vos". Como nuestro castellano no presenta diferencia entre la "z" y la "s", pronuncié el significante "voz" fingiendo cierta afonía: "Sin voz" . Y corté la sesión. Esta última intervención pareció sorprenderla y desarmó el síntoma. Nunca volvió a tener problemas con la voz y cinco años después llegará a preguntarse cuál era la razón por la que había comenzado su análisis. Técnicamente la última intervención es una interpretación; como dice Lacan, está entre la cita y el enigma. La sujeto se mos- tró muy sorprendida de algo que resultaba obvio; en los análisis anteriores le habían interpretado el hecho de que ella estaba iden- tificada con la amiga que no había podido hablarle, pero no ha- bían encontrado la forma de, con lo simbólico, sacudir lo real de l síntoma. Esta interpretación tuvo su eficacia gracias a ese primer momento donde le señalé que venga por la mañana; eso perturbó su defensa de forma tal que dio lugar a que una interpretación fuera pos ibl e. La interpretación perturba la defensa, pero también se la pued e perturbar con actos y dichos que no merecen, al me- nos técnicamente, denominarse interpretaciones. Lacan lo llamó en algún momento "vacilación calculada del deseo del analista"; anteriormente lo pensaba como un saber hacer con lo imaginario, un imaginario que estaba desteñido por la necesidad de Lacan de sacar al psicoanálisis de la dimensión yoica y que vuelve a ocupar el lugar que le corresponde hacia el final de su enseñanza. "Per- turbar la defensa" es un término más pertinente para delimitar más precisamente los efectos que se consiguen, lo cual, es verdad, no deja de ser una apuesta, tanto como lo es una interpretación. Es decir, es un cálculo en el que se tiene en cuenta la estructura y la coyuntura. El psico anál isis de orientación lacaniana, que apunta a lo real, encuentra en el perturbar la defensa una llave muy distinta de lo que fue en la historia del psicoanálisis la interpretación de la re- sistencia que practicaban los posfreudianos, que los dejaba en el laberinto de espejos sin salida tan propio de lo yoico. Es una maniobra que merece entrar en la gal e ría de los actos analíticos,

1-i111 • los que están presentes la interpretación, incluyendo al si-

l, 111 1(), e l corte de sesión o la sesión corta. Actos que apuntan a

11•, tl p a ra lo cual sacuden la defensa y que abrirán el camino,

\1

, , ,1 11<> l o plantea Miller en Sutilezas analíticas, a mutaciones del

11 1\ d is minuyendo el displacer que éste causa aumentando las

¡;

¡ 111 ,11>1lid ades de placer. 6

lllhllografía

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1· M1ll,:1, J. /\., Sutil ezas ana lí ticas, Paid ós, B s. A s., 2011 , p. 179.

Jna clínica de los desarreglos

dG'I goce

"El mundo empezó a fragmentarse sobre él.

Empezó a hacerse trizas, a desmembrarse en sus "

se hallaba atrapado Tom Wolfe

componentes, y él

1, Los desarreglos del superyó

" sorpresas y desarreglos en la cura psicoanalítica" se titula un escrito de Eric Laurent donde nos plantea que ya no estamos en la época de las sorpresas del inconsciente,

1 •,ujetos no nos traen sus síntomas que son una metáfora de 1¡¡,, 1Pprimido, no llegan como en otra época con la intensión de ,111l,11nos sus sueños y fallidos en búsqueda de un intérprete de 11 lit< o nsciente; sino que estamos en una época donde el goce 11. 111•ce en primer plano, silencioso, descarnado, lacerante. Es la IJl°H ;1 de los desarreglos del goce. El goce fálico, propio del sín-

pautaba en alguna medida la relación del sujeto con

u qoce. Los casos de toxicomanías, anorexia, bulimia, etc., nos

1111,

problemáticas del sujeto con el goce donde no se en-

t11,1111 an fácilmente los carriles para ponerlo a trabajar mediante

!11111,1clás ico,

•,lran

111

1111bólico.

1 •, l a ex presión que toma Eric Laurent, "desarreglos del goce",

11 v e, para pensar

11111<.

,qoln•; que están tomados por una relación con una o varias sus-

lo que nos convoca: trabajar entre todos una

.1 que, si bien seguirá siendo del caso por caso, se juega con

ld111 i.1•, tó xicas.

\ 11 ¡unas veces se trata de casos donde la relación que el sujeto

l1n1c: con el goce es bastante complicada, a punto tal de desarre

¡1111 lucia su vida.

44 1 Luis Darío Salamone

El silencio de las drogas 1 45

Sin embargo esta expresión "desarreglos del goce", no nos debe llevar a la idea de que existe la posibilidad de un arreglo yoi- co con el goce; como lo he dicho en otras oportunidades, el goce no es un animal doméstico. Es la ingenuidad en la que muchos terapeutas, incluso psicoanalistas, suelen caer. Quizás podemos pensar que el síntoma implica cierto arreglo del sujeto con el goce y la cuestión es considerar estos casos donde se juega la cuestión de otra manera, donde no funcione el operador fálico sin tratarse necesariamente de un caso de psicosis. Voy a tomar como eje un concepto al cual hemos vuelto cons- tantemente, y sin embargo sigue mereciendo nuestra atención, porque siempre está presente en nuestra clínica y particularmente en la clínica de las toxicomanías. Siempre nos hace escuchar su voz áfona, contundente, que no le deja escapatoria al sujeto. Me refiero al superyó. Hemos hablado mucho del superyó, pero aún queda tela por cortar. Desde que Freud lo introdujo en "El yo y el ello" en 1923, ha sido motivo de discordias, de tergiversaciones. Si bien el concepto es tardío, aparece desde mucho antes bajo el nombre de censura, donde ya nos muestra las consecuencias del sentimiento inconsciente de culpa, comenzando a presentar esa topología que es propia del aparato psíquico. Freud en 1914 plantea la necesidad de formalizar una instan- cia psíquica que vela por la satisfacción narcisista que viene del ideal del yo, y observe al yo actual midiéndolo con el ideal. Lo denomina "conciencia moral"; sus consecuencias se perciben cru- damente en el delirio de observación de los paranoicos. Observa y critica nuestras intenciones. Freud dice que el ideal se va formando por la influencia crítica de los padres, pero también de los educadores, de los maestros y de otras personas del medio, que entre todos tejen una especie de enjambre.

El superyó forma parte del yo, pero sin embargo puede estar separado de él, y tiene la facultad de contraponerse al yo y do- minarlo. Freud lo ubica como el monumento recordatorio a lo en- deble y dependiente que el yo era en el pasado; antes el sujeto estaba sometido al Otro, ahora lo está a su superyó. Ademas tiene afinidad con el ello, es decir que guarda relación con las pulsiones.

1reud nos muestra cómo se presenta en la clínica, en la reac- ' 1cm terapéutica negativa, en el sentimiento de culpa que se sa- 11·, lace en el estar mal, y que hace que el sujeto no se muestre , 11lpable sino directamente enfermo. Se muestra sumamente se- 1•1o y, lo digo tal cual lo plantea Freud porque lo hace en forma 11H1lundente y en algún sentido bello, con esa extraña belleza que 1111t'de estar presente en algunas películas de terror: "se abate ,, ,hre el yo con una furia cruel". 1 1superyó le puede provocar inhibiciones al sujeto, pero tam- l 111•n llevarlo al acto delictivo buscando un castigo. 1reud es contundente: el superyó es el cultivo puro de la pul- 11H1 de muerte. Lo repite en dos oportunidades como para que ,,, queden dudas: el cultivo puro de la pulsión de muerte. Resulta 11 añ o como esto ha sido ignorado por tantos psicoanalistas. ln- 1 h1•,o nos dice que en muchas oportunidades logra empujar al yo dll<'Ctamente a la muerte. Y agrega algo que puede resultar curio- 11 , dice que esto sucede cuando el yo no logra defenderse de su 1111'1 tirano recurriendo a la manía. Se entiende esta pensando en

, , ,1110 la

IJero quizás el uso de drogas en muchos casos sea en este .1•1llido una defensa, algo que le permite al sujeto alivianar su re- 1 11 1ón con el superyó. Y lo que genera es precisamente manía, 1, 1hlamos de hecho de toxicomanías. Sin embargo esa solución ' 1111bién puede ser tomada por el superyó. Y conducir a la muerte. 1>or momentos resulta difícil diferenciar el ideal del yo en Freud, I '11que está íntimamente ligado a la elaboración que va realizando d, 1•,upe ryó. En "El yo y el ello" los utiliza como sinónimos. Pero se

I '' 11 •de considerar al ideal del yo amasado fundamentalmente con

padres y sustitutos, pasando

melancolía puede empujar al suicidio.

l 11, 11 c isismo y la identificación a los

11 1, 1rnpo de lo social, que conforma un modelo que el yo procura ( q111r. En "Psicología de las masas y análisis del yo" la función del

1il11, tl permite explicar la fascinación amorosa o la dependencia 1, 1111 s ujeto frente a un hipnotizador o bien un líder. Es decir que d,¡111cn puede ser ubicado en el lugar del ideal del yo. J.1cques Lacan, en un texto muy temprano como La familia, 1il-i11 .i de forma diferenciada estas dos instancias que son una ,11',<'cuencia de la culminación de la crisis edípica, la instancia ¡i ,, 1<'prime es el superyó y la que sublima el ideal del yo.

46 1 Luis Darío Salamone

Lacan de entrada ubica al superyó en el plano simbólico. Tiene una estrecha relación con la ley, pero se trata de una ley ciega, insensata, una tiranía, es a la vez la ley y su destrucción. "Kant con Sacie" nos muestra la verdad de este imperativo categórico, un im- perativo que ordena al sujeto gozar. El resultado de una voluntad de goce, esa figura insensata y feroz, está relacionada con la voz y por lo tanto con el sadismo. Como lo ha planteado Eric Laurent en un viejo texto presente en el segundo libro editado por el TyA, la droga nos lleva a la posi- bilidad de una ruptura con el goce fálico. Esto podemos escribirlo como Fi sub cero. Esta es una fórmula que Lacan introduce en el campo de la psicosis para plantear lo que es la ruptura de la identificación paterna para Freud o de la función del Nombre del Padre para Lacan; la significación fálica no se produce, no aparece el sínto- ma como una formación de compromiso. Tenemos entonces una formación de ruptura, pero una ruptura con el goce fálico sin que por ello haya una conclusión del Nombre de Padre. Si podemos hablar de ruptura es porque dicha operación ha estado en los casos de neurosis, pero con el recurso al tóxico ha logrado que- brantarse la relación con el falo, tal como lo plantea la fórmula la- caniana de la droga rompiendo el matrimonio con el mismo. Esta es la fórmula que Jacques-Alain Miller elige para dar cuenta de lo que es el g oce superyoico. Se trata de un goce que no logra ser fren ado, tamizado por el falo, y por lo tanto no se localiza como fálico.

Voy a tomar dos capítulos de la historia de la música para que podamos ilustrar cómo se pasa de ese encuentro con la sustancia tóxica a partir del ideal, al empuje superyoico que pone en juego esa dimensión mortífera del goce.

2. Para poder tocar como Bird

En la Autobiografía de Miles Davis, músico que estuve trabajan- do para una serie de programas radiales a los cuales me invitaron para que plantee la relación entre el jazz y las drogas, podemos encontrar narrado de manera magistral un capítulo fundamental

El s ilencio de las drogas

l 47

In l.1 historia de la música, pero también la relación que Miles Da- vir; y otros grandes músicos han tenido con las drogas. ( harlie Parker ocupa un lugar destacado en esta historia. Con- i il1 •1 ,ido uno de los más grandes saxofonistas, se trata de otro de 1: ,, 111<1sicos que estropearon su organismo con sustancias tóxicas

111111<•ndo joven, a los 34 años. M,ts allá de la admiración que Davis siente por Bird, este no

'I ' ele leer en él un impulso destructivo: "una de las cosas que

por qué se entregaba a tanta acti-

Era

tr d11u'nte sensible. Pero llevaba dentro de aquel impulso des-

11 l t• l1vo que se apartaba de lo normal". 1 l '1ocuró dejar la heroína y si bien tomaba mucho antes de ha- 1111 1 parecía que no era nada al lado de la relación que comenzó

11t1111"i1 co mprendí de Bird era

1(1 111 destructiva. Macho, Bird estaba por encima de aquello

durante la

11ilnxicación, luego agregó el consumo de píldoras, particular-

1:1'1111, benzedrina. 2 ll.1vis nos dice que "Circulaba la idea de que tomar heroína 11 il1 , 1 llevarte a tocar tan bien como Bird. Muchos músicos la to- ,1~1111 111 con ese propósito. Supongo que yo estaba esperando que 11 tl1•11lo me iluminase, no sé. Pero meterme en esa mierda fue

, 111•1 es pecialmente

con el whisky. El o porto le sirvió

,11 f 11111 muy grave". 3 \, ,111os que Bird era ubicado en el lugar de ideal por otros mú- ' ,, q11c eran capaces de introducirse en las drogas para imitar- 111,tlmn su música y quedaban atrapados por esa vinculación ¡111_ 1•, 110 tan sonora, salvo cuando irrumpía drogado realizando

11,Ldos.

'e 11 111 ruta, con LSD

Jl111 <, 1pílulo de la historia de la música y las drogas podemos n11, 11 lll narrado maravillosamente en Ponche de ácido lisérgi-

tv1, /1n11¡11', Ouincy. Miles, la autobiografía, Primer Plano, Barcelona, 1991,

r q-;,

11 ill

48 1 Lu is Darío Salamone

co (1968). Tom Wolfe es considerado como el padre del llamado nuevo period ismo que definió como el género literario más vivo de la época; un estilo de prensa que tuvo su origen en los años sesen- ta en Estados Unidos, cuando se publicó A sangre fría de Truman

Capote. Wolfe escribió con este estilo Ponche de ácido lísérgíco, describe de forma realista un viaje mítico realizado con métodos del periodismo tradicional , como entrevistas , investigaciones, toques de sensacionalismo; pero también con recursos literarios como monó- logos, diversos puntos de vistas, extensos diálogos y otras cosas. Florecía el hippismo en ebullición, y en el campo de la literatura surgieron escritores que se conocen bajo el nombre de Genera- ción Beat. Escribieron sobre las ex periencias que tenían al abrir las "puert as de la percepción ". Jack Kerouak y Allen Ginsberg fueron los más populares. Pero también estaba Ken Kesey, un es- critor que mucha gente conoce aunque sea por una obra, o más

bi en por su versión fílmica: A/guíen voló sobre el nido del cuco,

película diri gida por Milos Forman y traducida como Atrapado sin salida, que trata sobre la locura y el tratamiento que la sociedad le prodiga a la misma.

Ken Kesey, decidió ir más allá de la escritura y realizó un viaje lisérgico qu e grabó en kilométricas cintas de 16 mm. En 1964 Ke- sey emprendi ó el viaje a través de los Estados Unidos junto a un

grupo de amigos que se llamaban los "alegres bromistas", un viaje

a bordo de un autobús pintado con colores fluorescentes llamado

"Más allá", con ducido por Neal

de la nove la En el camino, de Jack Kerouack. Van por la carretera animados por el sexo, las drogas, fundamentalmente LSD y el rock and rol!. De cerca, lo persigue el FBI. Allí desfilan los Ángeles del Infierno, los Be atles, Allen Ginsberg y otros. En ese viaje alocado

se desp arramaron los elementos retóricos, visuales y una

que se amasa co n los ideales de paz y amor a partir de alucinó- genos, drogas psicodélicas, carretera, amor libre, resistencia a la represión y a las guerras, que daría lugar al movimiento hippie. Es decir que los ideales están a flor de piel , pero destrás de ellos acecha el goce supe ryoico.

Cassady, que es el Moríarty, héroe

filosofía

Tom Wolfe esc ribe en su crónica del viaje: "Las pruebas del

pru ebas del ácido Tomar LSD en un

ácido han terminado. Kesey es un maníaco y las son demenciales y todo se es tá yend o al traste.

El s ilen c io de las drogas l 49

1pupo tan enorme desencadena demasiadas fuerzas, demasiada 1•11ergía vandálica, y hacen que sobrevengan cosas muy destruc-

l1vas y extrañas

".

4

4. Del ideal al superyó

Vemos que se trata de situaciones en las que la vinculación d1' los sujetos con las sustancias está en relación a los ideales, p1'ro e n el camino no tarda en irrumpir un empuje al goce y sus

1lt\sarreglos.

Una cosa es cuando un sujeto se droga a partir de un ideal , p1•ro esto no tarda en ser tomado superyoicamente. Pensemos por ejemplo cuántos jóvenes empiezan a fumar cigarrillo para sen- 111 se g randes o fumar marihuana por identificación al grupo. La articulación entre el superyó y el ideal, como lo ha obser- ,1do Blanca Sánchez, es que el superyó empuja al sujeto a gozar

l 1, 1jo e l modo que impone el ideal. Hay otra consecuencia que se desprende de esta cuestión. Se habló mucho de la caída del padre en nuestra época, se

11.ihló, diría yo, de más. Porque es verdad que cambió el estilo del ¡,,icJre, 6pero esto implica que no opere la función paterna? En los e .-1•,os que opera, lo hace. Sin dudas ha cambiado el estilo de la p,dern idad, ya no se trata del padre de antes, no tenemos la pre- ,1 •11cia de un padre autoritario, cambian ciertas configuraciones.

en la configuración del superyó. Al

1 sto repercutió por ejemplo

1111 ope rar el Nombre del Padre de esa manera en que puede ope- 1 11 a pa rtir de un amo que no recibe cuestionamiento alguno, el 1qicryó tiende a jugarse en el afuera. A eso me refería con la pre- 1•11lació n de una nueva topología. Aunque en verdad no es nuevo; 1,lo que antes estaba más reservado para las mujeres, que, con 11 <'nde blés supeyoica, porque la castración no las golpeaba tan- 111, podían ubicar el superyó en el exterior, en la figura de la madre , , t11,1pa rtenaíre, y quedar presas de un estrago. Con esta nueva

111uclalidad entonces el estrago es generalizado.

~

1 w.-,llc\ T., Ponche de ácido lisérgico, Anag rama, Barce l ona, '2009, p. '26 0.

50 / Luis Darío Salamone

También los analistas se ubican en el lugar del superyó. Hay teorizaciones al respecto como la realizada por James Strachey. Hemos trabajado en otro lado cómo el discurso capitalista fun- ciona superyoicamente.

Esto determina que el objeto a como lo ha destacado Miller, está en el cenit de la civilización. Hay un empuje al goce que se juega en este superyó que no está tan regulado por la ley del pa-

se presenta en el discurso hipermoderno,

donde quizás la droga tome el relevo de ese superyó tiránico

dre co mo antes y que

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l~I cuerpo intoxicado

si la sombra se apaga, si ya no hay sol, el cuerpo está siempre ahí. Se lo puede palpar en las tinieblas y recomenzar la experiencia con otro pie". Jacques Lacan

"

1

1. Una soledad buscada

U n sujeto puede recurrir a una sustancia tóxica para paliar un sufrimiento o bien para procurarse un goce; ambos implican el tratamiento de un goce cuya morada es el cuerpo, y que

traduce en términos de un sufrimiento o un goce faltante que

;1 •

; 1• anora.

Freud 2 se refirió a aquellos métodos cuyo principal interés radi- 1 .1 e n evitar el displacer. Frente a las dificultades que puede depa- 1,ll la relación con la sociedad, existe la posibilidad de mantener- ,,. alejado, a través de una soledad buscada. Esto puede deparar i.,1Prta tranquilidad ya que la estrategia consiste en protegerse del

111undo exterior extrañándose de él. Sin embargo, hay otros caminos posibles para evitar el sufri 1111cnto: se trata de la posibilidad de influir sobre el propio cuerpo, v,1 que el sufrimiento existe mientras lo sentimos. Freud ubica un ¡11ocedimiento tan tosco como eficaz para evitarlo: la intoxicación, q11c puede sumir al sujeto en otra forma de soledad, la de un goce 111tista, es decir que le otorga la posibilidad de acceder a un goce

.111 Otro.

1 1.ican, J ., " El objeto del psicoanálisis", clase del 20 de abril de 1966. Inédito l 1<\Ud, S., "El malestar en la cultura" (1930), Obras completas, t. XXI, Amorrortu,

·, /\s., 1988.

52 / Luis Darío Salamone

Por medio de una droga uno puede alterar ciertas sensaciones corporales, anestesiarlas, trocarlas por otras. Se trata de un pro- cedimiento tosco porque busca obtener un resultado de forma di- recta interviniendo en el organismo. Es eficaz porque la sustancia, que es extraña al cuerpo, incide en él a través de dos vertientes:

por un lado, anestesia el sufrimiento, torna al sujeto insensible al mismo y, a la vez, puede deparar una sensación de placer. Antonio Escohotado 3 ordena la psicoactividad de las drogas considerando tres esferas. La primera implica el alivio del dolor, del sufrimiento y del desasosiego; la segunda, abarca a los suje- tos que padecen pereza, impotencia o aburrimiento; la tercera, se vincula a la curiosidad intelectual, a la búsqueda de horizontes en

el intento de escapar/e a la vida rutinaria. Si bien para Escohotado, esta tercera esfera implica un corazón aventurero, no podemos dejar de pensarla en una relación directa con el segundo punto. La "vid a rutin aria" es un nombre que el neurótico acostumbra a

darl e a rutinario.

la impotencia: cuando el deseo se apaga, todo se vuelve

Un hippie que fabricaba artesanalmente carteras para vender- las en un puesto que tenía en una plaza de Buenos Aires decía:

"Mi vida es muy rutinaria, trabajo toda la semana diez horas diarias y los fines de semanas tengo que estar de vendedor en la plaza". Sin embargo, sus amigos imaginaban que se daba la gran vida sin trabajar; en realidad disfrutaba de su trabajo, lo que hacía que el mismo valiera la pena para él: no se trataba de escapar/e a la rutina, sino de encontrar satisfacción en su trabajo.

Es decir que la cuestión se reduce a escapar del sufrimiento, como planteaba Freud, o bien a procurar huir de la impotencia, ya sea que se juegue en el aburrimiento o en la vida rutinaria, re- cuperando de alguna forma una capacidad de gozar que ha sido atrofiada por la neurosis.

3 Escohotado, A.,

Aprendiendo de las drogas, Ann¡¡1,11nn, 13rncc lona, 1995.

El silencio de las drogas / 53

. Cuando el remedio es el veneno

En algunos casos recurrir a una sustancia que altere las sensa- ' iones corporales puede coincidir con esa soledad buscada. Re- li 1giado en un goce autoerótico, alguien puede procurar evitar lo , l1sp lacentero que pueda provenir, tanto de lo exterior como de lo 11ilerior, manteniéndose narcotizado, aunque esa operación difícil- 111onte pueda mantenerse como una solución permanente. Suele ocurrir que el remedio sea peor que la enfermedad; qui- ,is lo más correcto sea remitir a una palabra griega: Pharmakon. 4 (,on este único término se puede designar a una sustancia que es .i la vez remedio y veneno, en una topología que hace difícil preci- ',.lr lo que se pone en juego. Paracelso afirmó que "solamente la dosis hace que algo sea un vene no". Es un hecho que hasta la aspirina puede resultar mortal 1•n altas dosis, la quinina con dosis inferiores, y aun en menores dosis, el cianuro. Lo que envenena se juega a partir de cierta dosis, de acuerdo a una medida como puede ser el peso de alguien. A pesar del peligro que entraña un exceso de estas sustancias, una dosis regulada puede utilizarse como remedio. Se llama "margen de seguridad de la droga" a la proporción que hay entre la cantidad riecesaria para que una droga realice un efecto benéfico en el or- qanismo, lo que se denomina "dosis activa media", y "la dosis letal 111edia", la dosis necesaria para quitarle la vida a un sujeto. Sin embargo, estas dos caras, no se juegan únicamente a partir ele un criterio de cantidad. Un sujeto llega a afirmar que en el mo- 1t1ento en que enciende un cigarrillo, sabe que de alguna manera ·,e está matando, aun cuando seguramente ese solo acto, el de lumar un solo cigarrillo, no alcance para tal propósito. Sucede que 1•1 goce direccionado de determinada manera siempre implica un vector que apunta hacia la muerte. En el baile en que danzan las pulsiones de vida y de muerte, puede uno llegar a notar cuál lleva 1•1 compás. Thanatos marca el paso del último tango. El sujeto no

--

~ [I término Pharmakon ha sido utilizado para dar nombre a una revista que reúne l1abajos de todos los grupos y departamentos que en el Campo freudiano trabajan, d1\Sde el psicoanálisis de orientación lacaniana, cuestiones relativas a las toxicoma- 111as y el alcoholismo.

54

1 Lui s Darío Salamone

El silencio de las drogas 1 55

se percata de ello hasta que se relaciona con su inconsciente, solo que ocurre que el consumo de un tóxico implica precisamente un rechazo del mismo. Es la consecuencia lógica de evitar el sufri- miento a partir del cortocircuito significante que se logra con el tóxico.

La incidencia del inconsciente sobre el cuerpo fue precisamen- te uno de lo s primeros aportes freudianos, al plantear la influencia de al go que no es del orden del significante, ese más allá del prin- cipio del placer.

La droga con sigu e borrar la incidencia del significante, facilita, en cambio , el ingre so en el más allá del principio del placer. Abre el camino a un goce donde el significante no opera. Fue precisamen- te el lenguaje el que separó el cuerpo del goce, 5 hizo que el goce quede al menos acorralado en ciertas zonas, esas zonas erógenas que son como un oasis en el desierto de goce del cuerpo. Por me- dio del tóxi co se procura reencontrase con ese goce perdido, pero siguiendo la metáfora del desierto, solo se fabrican espejismos, o quizás pantanos donde el sujeto puede hundirse. El analista ofrece en estos casos una rama de la cual agarrase, una rama que ha to- mad o de ese inconsciente que el sujeto inútilmente ha rechazado, proc urando reinstalar algo de la relación al Otro por medio de la transferencia. En ese sentido se trata de un retorno a la dimensión del significante, que fue constitutiva para el sujeto y que él mismo ha procurado borrar recurriendo al tóxico. Así como el lenguaje eva- cuó el goce del cuerpo, confinándolo a esas "reservas" que son las zonas erógenas, también ha azotado al cuerpo del sujeto con signi- ficantes amos que le deparan un sufrimiento. Las drogas, al aneste- siar el cuerpo , logran que los azotes de los significantes amos dejen de producir dolor al sujeto. Sin embargo, pueden sumergirlo en un goce mucho menos soportable aún. Se trata de ir a la búsqueda de esos significantes amos para darles otro tratamiento. A partir de entonces, en lugar de anestesiar el cuerpo, el dis- curso analíti co logra hacer que los significantes amos caigan y, al desprenders e, dejen de ser un flagelo. Desde ese momento, ya no

5 Miller, J.-A., "Algunas refle xiones sobre el fenómeno psicosomático", Matemas //, Manantial, B s. As., 1988.

1•,IC'n tantas razones para buscar un anestésico. Además , en el 11, il1 c, is el sujeto experimenta aquello que una relación al incons- 1, 111c puede implicar en su vida. Es verdad que con este movimien- lu ',!' vislumbra un horizonte de angustia, pero también que a partir le ,dravesar esos territorios, se encontrará en el campo del deseo. Con respecto a su cuerpo, en lugar de estar narcotizado evi-

, 111clo e l dolor, o buscando un goce con contraindicaciones (como .111, lc ocurrir con las drogas), al lograr salir de la impotencia, volve- 1.j ,1 se r la morada de un goce capaz de vivificarlo. 1 xisten otras técnicas que también procuran operar sobre el 11,,,po, incluso a partir del significante; solo que apuestan a la 111¡estión en lugar de a la resolución del conflicto, buscan cierta 11 1 1¡u laci ón del goce poniendo a punto la capacidad del yo para 11 1>1ra larlo. Se trata de un goce truncado, el mismo que la neuro- , , co mún le ofrece a muchos sujetos, algunos de los que buscan 1 1, 1 droga como una solución para escapar de tanta pobreza de

t11sfacción.

1, Michaux y su exploración de los abismos

l lenri Michaux fue un gran poeta y pintor de origen belga, na- ' 11111alizado francés, que escribió sobre viajes imaginarios y relatos 11l>re sus viajes con sustancias. Varios de sus textos fueron es- 11ilos bajo los efectos de drogas, particularmente la mezcalina. De L1 , e l aci ón con ella surgieron textos como: Paz en /os quebrantes ( 1!Jó9), El infinito turbulento (1957), Conocimiento en el abismo ( l 1)61), Las grandes pruebas del espíritu ( 1966). 1 1 libro Momentos 6 recoge varios poemas escritos bajo los 1 1, •( los de los alucinógenos. Dice que la mezcalina le da una vida

en que el yo se transforma en

1111,1 línea, mientras que en la vida normal uno es una esfera, que p111 efecto de la droga se transforma en una línea que se quiebra

que el látigo de un carretero enfure-

111H, orosa, pero el horror consiste

i'll mi l aberraciones. Y afirma

1ido le hubiera dado un poco de reposo.

1, M11 llaux, H ., Momentos, Alción, Cór doba, 2001.

El silencio de las drogas 1 57

56 1 Luis Darío Salamone

Para Michaux, la droga es "la metafísica aferrada por la mecáni- ca"; busca la forma posible de traducir la crueldad del pensamien- to, busca una operación a nivel del lenguaje que le permita unir las palabras a las cosas. Se pregunta "60ué hay en una palabra que no pueda transformarse en cuchillo?". La mezcalina lo sume en su desvarío, su poesía es una suerte de exorcismo artificial. Buscará en las drogas, entre otras cosas, una anestesia; encontrará que,

la vez, el tiempo se frena. Escribirá: "El opiáceo que detiene el dolor de entrañas, detiene también el Tiempo", procura escapar de "las prisiones recibidas por herencia", pero quedará a merced de "millones de olas de perplejidad". El poema "Hacia la completud", más allá de dar cuenta de los efectos del tóxico en el cuerpo, muestra una operación que va a contramano de la castración. Se trata de un viaje hacia

a

lo

ilimitado, hacia una plenitud que lo absorbe. Siente resonancias

y

presencias por todas partes, "palabras que profetizan en voz

alta". Se produce también el fenómeno del doble. Luego, vienen derrumbamientos interminables y un infinito que ya no intimida, sino que afirma la posibilidad de un acceso al Todo. Con múltiples imágenes da cuenta de un goce frente al cual la función fálica desfallece. El goce se traduce también en sensaciones corpora- les: las palabras lo atraviesan, las manos se desprenden, el oído se colma con una carillón de antaño, siente escalofríos, temblo- res, a tal punto que el corazón quisiera fugarse, el pecho se des-

prende en una progresión de abandonos, de lo sólido se va a lo impalpable, estar ligado y desligado son intentos de traducir algo sin nombre. Parado en lo indecible, con un empuje al Uno, a la amalgama, a millares de velos, cientos de recursos se conjugan para dar cuenta de un intento de borramiento de la falta, del ac- ceso a una unidad sin fisuras, a una felicidad definida como ele- mental, pero también como eliminadora. Es una realidad común

a muchas intoxicaciones: ese extraño privilegio de vivir fuera del

tiempo. Michaux realiza con su escritura una descripción de las con- secuencias de su desasimiento del Otro, de un "armisticio de las pasiones", dando cuenta de cómo un goce que escapa a la regu- lación fálica, hace estallar ese anclaje que el falo produce, y nos introduce en una nueva topología del cuerpo.

Con su escritura también demuestra una tesis de Mauricio Ta-

11, ,h, que sostiene que la operación toxicómana no requiere del

, 11t ·rpo del Otro como metáfora del goce perdido, lo cual es

111•lativo de un rechazo mortal del inconsciente. 7 El rechazo del

i1ll.onsci ente se da por la vía de un goce que está en ruptura con , 1Otro, un goce asexual, sin fracturas, uno, como esa unidad sin

co-

11 , was de la cual

testimonia Michaux. El rechazo del inconsciente

, 11 •mpre remite a una dimensión mortal, porque al entorpecerse el l1111cionamiento del mismo, se estanca e impide que el deseo se

¡,1111ga en juego.

intoxicado implica un repliegue de la libido sobre sí

nw,rno, que conlleva un goce que tiene dos caras: el dolor recha- 1110 retorna, y a la vez busca ser anestesiado por la droga. Al igual

1 1cuerpo

, 1111, en los casos de hipocondría y afecciones orgánicas mencio- 11, Hlas por Freud, esta nueva economía de goce logra neutralizar 11111 un momento los síntomas neuróticos, pero con un mecanismo 1111ilar al de la psicosis: aquello que es rechazado en lo simbóli- (, 1es capaz de retornar en lo real. Así, con la intoxicación, en un 1111, •nto por escapar del sufrimiento neurótico, el cuerpo funciona 1111cadamente. Pero esa locura corporal no es tanto el precio que ,, paga por recurrir al tóxico, el goce autoerótico resultado de la 11 qi\ura con el Otro no encuentra la forma de metabolizarse, resul- ' 111clo algo primariamente tóxico. La droga viene en segundo lu- 111, alimentando el circuito, es el combustible arrojado al fuego de 1,,, pulsiones. La problemática central es la sexualidad y el sujeto

,110 puede hacerle frente narcotizado.

replantear la relación del sujeto con el Otro y

, 111 su goce resulta decisivo para darle la posibilidad de vivir sin

, ,LH anestesiado, de permanecer despierto para resolver las con- '11ll ¡encias que la vida le depara, de elegir habitar un cuerpo que

1 n ese sentido,

1111 t,5té intoxicado

1 111,1b, M., "La substancia, el cuerpo y el goce toxicómano", Más allá de /as drogas,

l 'h11,il, 1a Paz, 2000.

58 / Luis Darío Salamone

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La droga: 6síntoma o estrago?

"Nadie que te conoce adivina si estás hecha de sombras y olvido o de puñaladas y espinas". Darío Montecristo

L os conceptos de síntoma y estrago constituyen dos pautas im-

portantes para trabajar el uso de las drogas en hombres y mu-

jeres, cuestión que de desprende de una ocurrencia de Mau-

11t io Tarrab, 1 quien afirma que la droga puede ser algo peor que un .,nto ma, que es lo que Lacan dice precisamente del estrago. A partir de: allí, entonces, es posible realizar una lectura desde estos dos 11 ~rmi nos a partir de las conceptualizaciones de Lacan en la última

1wte de su enseñanza. Sin duda, el término estrago nos puede resultar convincente pma denominar los efectos y el accionar que algunos tóxicos pue- 1lr'n tener en ciertos sujetos, sobre todo a partir del problema que ¡Hesenta el concepto de síntoma en un sentido freudiano, pues

ll' Sulta un

tanto inútil para abordar la mayoría de los casos.

Del lado del estrago

Lacan utiliza el término estrago 2 con dos connotaciones: por un l,1do, como algo que puede producirse en la relación madre-hija,

1arrab, M., "Algo peor que un síntoma", clase del Seminario del TyA del 18 de

11 lt1bre de '2001. Inédito. i Nota: el término en francés es ravage que implica estrago, devastación, ruina, im- 1" 11 L111le daño, daño violento. Proviene del latín rapere, arrastrar, seducir, arrebatar, l11111,1r precipitadamente, robar, cercano a raviner, abarrancar.

60 / Luis Darío Salamone

o bien en lo que puede jugarse en la relación de la mujer con el hombre. Es decir, la estragada es la mujer.

Con respecto al primer caso, en el seminario El reverso del psi- coanálisis Lacan plantea que "el deseo de la madre no es algo

que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indiferente. Siempre produce estragos". 3 Lo relaciona con estar dentro de la boca de un cocodrilo y lo problemático que puede resultar que alguna mosca pueda llegar a picarlo provocando que esa boca se cierre. Lo estragante es el deseo de la madre. Sin embargo, hay algo tranquilizador: un palo de piedra que la traba, el falo, que está allí por si la boca se cierra. Este estrago implica un punto de fra- caso en la salida fálica freudiana y cierta traba en la funcionalidad del deseo. Estaría en la base de los síntomas en los cuales el falo

no es un buen

o queda suspendida.

operador. Podemos decir que la función fálica falla

4

Hay antecedentes en Freud de esta cuestión; por 1931 proponía un término qu e se acerca al de estrago con respecto a la acción ma- terna a propósito de las pulsiones de la hija: nos habla de catástrofe. En su conferencia 33ª, "La feminidad" (1932), afirma que para com-

prende r a la mujer hay que tener en cuenta la ligazón preedípica con ia madre. Así como la amenaza de castración empuja al niño en los derroteros de Edipo y lo lleva al sepultamiento del complejo, en la mu- jer habría un estancamiento, la ligazón niña-madre sería en la peque-

ña más prolon gad a e intensa de lo una relaci ón de exclusividad con la

recomendable. 5 En esta fase hay madre, es decir, la figura paterna

qued a al margen, excluida. Lo mismo se plantea en el texto "Sobre la sexualidad femenina" ( 1931) al hablar del carácter exclusivo de la ligazón de la niña con la madre, con una prescindencia total del objeto

padre.

6

Es o que escapa a ley paterna es lo que resultaría estragante.

Lacan, por su parte, ubica que en el Edipo la mujer está como pez

algo parecido a lo que decía Freud: ella se refugia en la

7

en el agua,

p. 3 Lacan, 118. J., El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Bs.As., 1992,

4 AA W. , Un estrago. La

relación madre-hija, Anáfora, Bs. As., 1993.

5 Freud, S., "La feminidad" (1932),

6 Freud, S. "Sobre la sexualidad femenina" (1931 ), Obras co mpleta s,

7 Lacan, J., "El atolondradiciho", Otros escritos, Paidós, Bs.As., 20 12, p. 488.

Obras completas, t. XXII, Amorrortu, Bs. As ., 1985.

t. XXI, op. cit.

El silencio de las drogas 1 61

i/11.1( ión edípica como en un puerto. Está en el puerto, o como pez

ag ua, porque la castración está de partida, no sufre la amenaza e que no se preocupe tanto por salir de la situación. Sin em-

ll!íl [Jo, Lacan plantea que esto contrasta dolorosamente con lo es-

lmr¡;1nte que es en la mayoría de los casos la relación con la madre.

al estrago jugado en la relación de la mujer con

1 l1ombre, en el seminario El sinthome, en la clase del 17 de fe-

1, ,1,•10 de 1976, 8 Lacan afirma que el síntoma es el sexo al cual no , pmtenece, es decir, una mujer. Si una mujer es un síntoma para 1 l1ombre, es necesario encontrar otro nombre para lo que es el 1 1 111111bre para la mujer. Ya que el sinthome implica la no equivalencia, 1111 l1ombre puede ser una aflicción peor que un síntoma, dice Lacan, ,, lu so un estrago. El hombre toma el relevo de la madre; en lugar de l ,Jl11 11arla, hacerla deseable, puede llevarla a esa seducción primera, 11 o·, lrago, una relación no mediatizada por el significante. 1 11 varias oportunidades, Freud "y esto es una evidencia clínica"

¡ i 11ilea que las mujeres, aunque creen elegir a un hombre según

l 111odelo paterno, acostumbran a repetir la relación con la madre.

1111 lt1so esgrime un optimismo envidiable cuando dice que, en este

, ,11l1do, segundos matrimonios son mejores, pregonando el triun-

1, 1de• la esperanza por sobre la experiencia. l lay algo que nos permite comprender la satisfacción pulsional ¡i 11 • t1na mujer puede encontrar en estas posiciones estragantes y

, ·.t i relación al superyó. 1 1eu d plantea que en las mujeres "el superyó nunca deviene ! 111 11nplacable, tan impersonal, tan independiente de sus oríge- 11, ,, i1fectivos como exigimos en el caso del varón". 9 Lo de no tan

independiente de sus orígenes afectivos aparecerá

1111¡,1•1so nal ni

,1otros momentos de la obra freudiana, donde se destaca que 11 /;15 mujeres, más que en el caso de los varones, la cuestión 11, ¡i,•nde de la intimidación exterior. Es decir, estará más expuesta ¡ l.1 1t'lación con un Otro estragante. Por otra parte, la amenaza en ¡i 11 •t ¡o para la niña tiene que ver con la pérdida del amor. Sobre el ¡, 11 Ji<\ y quienes entren en la serie, recaerá una demanda fálica.

11 1•I

l 1, 1e

( 'o n respecto

1 11 , 111, J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Bs. As., 2006, p. 99. 11,•11rl, S., "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica" 111· ">), Obras completas, t. XIX, op. cit.

62

1 Lui s Daría Salamone

El silen cio de las drogas 1 63

La pé rdida del amor, o la desestimación de esta demanda, implica sumergirse en la angustia. Esto puede crear cierta dependencia que la lleve a aceptar cualquier tipo de exigencia por parte de ese Otro. Así, el partenaire haría las veces de ese superyó, déb il como instancia interna, pero tan estragante como siempre, y me- nos impersonal. Ya en 1927 Hans Sachs hablaba de mujeres qu e tendrían un superyó postizo a partir de la relación con los hombres, de quienes se tornarían en dependientes y sumisas. 10 El hecho de perder el amor resultaría equivalente a la angustia de castració n. En este punto, se encuentra una de las respuestas, además de l goce que puede ocasionar, de por qué se sostienen estos amores. Si bien es ment ira que el amor todo lo puede, al menos logra anu- lar, tempo rari amente, la angustia de castración. Si cons ideramos al superyó como heredero del Edipo, en ese estancamiento en la ligazón con la madre que incita el goce y lo prohíbe, se j uega algo del orden de la arbitrariedad; esto se pre- sent a en las discusiones en torno al superyó femenino. Freud va

a plant ear el amor a la madre con relación a la conciencia moral; debido a la arbitrariedad la conciencia moral cobra un carácter implacable y crue l. Características del superyó.

El deseo materno, esa boca de cocodrilo capaz de devorar -vale la pena aclarar que el cocodrilo hembra lleva a sus crías en

la boca-, tiene su correlato en el superyó. Un superyó materno,

más ex igente que el paterno, oprimente, devastador. Miller propone una clínica del superyó, podríamos decir de la pulsión de mu e rt e, pero manifestada bajo su aspecto de superyó, que lejos de ser Pepe Grillo, como planteamos en otro momento, 11 para Fre ud es el cultivo puro de la pulsión de muerte. Capricho sin ley que empuja al goce. Miller sostiene que el goce se refiere al deseo de la madre como función sin freno simbólico y propone el materna <l>/ 2 Se trata de un goce no frenado por el falo, un goce que no se localiza como goce fálico, no tiene esa medida y al no estar cautiva do por el falo deviene estragante. Por otra parte,

1O Tendl arz, S. , Las mujeres y su s goces,

11 C f. Salamon e, L.D. , "El si le nc io de las

12 Miller, J.-A., "Clíni ca del sup ery ó", Con ferencias porte11as, 1, Paidós, Bs. A s., 2 009 ,

Co lecc ión Di va, Bs.A s., 20 0 2.

drogas", en este mismo li bro.

p. 141

pl11nlc•,1 las razones por las cuales el superyó femenino trajo tantos p111lM•111as al psicoanálisis; no se lo encontraba porque, como la

111 l.1 1oba d a , estaba ante los ojos. Dice: "Habría que escribirlo así:

1 11pcryó, femenino". 13 1'l)( lría afirmarse que lo estragante siempre está en relación n11 1•I accionar de ese superyó femenino, desarrollo que permite 111p1cnder el problema de plantear a las drogas como un estra- 1. 1.,I sto valdría sólo para las mujeres? Es verdad, como se plan- ,•, ,1 11 ler iormente, que Lacan hace jugar la cuestión del estrago

11,I l,1do de las mujeres. 1 1 ,11 adójicamente, Daniel Sillitti sostenía que no hay mujeres 1i l 11 1ima nas; por más que a algunos les resulte extraño, tenía ra- 1111", para pensarlo. En principio, la mujer no existe, no hay nada ,11 lo que pueda hacerse una generalización de la mujer; por otra 1·1111 ·, e l goce de las toxicomanías no se puede equiparar al goce 1· 1111 1 nino, ningún vector en el lado mujer de las fórmulas de la 1mció n pueden dar cuenta del goce toxicómano. Si se plantea

l 11t.1tema % no se puede hacer uso de las fórmulas de la sexua-

1.'111 co mo operador.

1 íl pregunta que surge es si el problema de las mujeres taxi- ¡ 111 11íl n as no es parecido al viejo problema del superyó femenino:

,,, , ·,e las ve, porque como la carta robada, están a la vista. Es

oln una hipótesis, pero quizás no sea tan desatinado pensar a

lit, lox ico manías, al menos ciertos casos en los cuales el sujeto

en coalescencia con el

p,_11 l' Íecto de la droga se esfuma y entra

11-,11 • l o a, del lado mujer en las fórmulas. Esto valdría para el estra-

1' 1, para la niña estragada por la madre que, al no poder erigirse

1, 11110 res olución a su demanda fálica, ocupa el lugar de objeto 11t I lantasma. Esa es la razón por la cual durante mucho tiempo < onfundió a la adicción con la perversión, y también por eso

111qen problemas de diagnóstico diferencial con el campo de la

p ,11 os is. 1)e to das formas, tampoco se puede hacer uso del vector que

',11 l,1s fó rmulas de la se x uación va del sujeto tachado al objeto a ,

estar en una posi -

lul >ido a que si bien los to xicómanos pueden

1 i M11\cr, J. A, "Teoría de los goces", Confe rencias po rteñas, 1, op. cit., p. 149.

64

/ Lu is Darío Sal amone

ción de objeto, el estrago no le viene de otro sujeto, como en el caso de la niña con su madre o de la mujer con un hombre.

2. Del lado del síntoma

Ya ha sido planteado en varias oportunidades por qué la drog a

no es un síntoma en el sentido metafórico, no es un significante que aparece con relación a otro reprimido. Sin embargo, el con-

Lacan. cepto

de síntoma va cambiando a lo largo de la enseñanza de

En El síntoma char!atán 14 Miller ya no distingue síntoma de fan -

última definició n

tasma sino que los emparenta; esto ocurre con la

del síntoma lacaniano. Entre

ción : la sig nificación

el sujeto y el goce hay una media-

del Otro.

La droga implica un modo de gozar que responde al autismo contemporáneo, guarda relación con todas esas invenciones para permanecer alejados del Otro. Entonces Miller propone una fórmu- la para la dro ga borrando el significado del Otro, no necesitan de las significaciones del Otro. Entre el sujeto y el objeto a aparece el losange quebrantado. Esta fórmula nos permite pensar a la droga

ganando terren o en un momento de vacilación del

tipo de síntoma, que prescinde de una relación al Otro, es estra-

gante de bido a que no

el motivo po r el cual a mi juicio, el psicoanálisis puede tener una

eficaci a

es decir a la cont abili dad. El cortocicuito que la droga opera al nive l

fantasma. Este

permite una contabilidad del goce. Ese es

en estos casos, porque hace pasar el goce al inconsciente,

del significante im pedía dicha operación. La función fálica hace existir el Nom bre del Padre y el Nombre del Padre concilia el goce con la contabilidad , por eso se presenta como un caso particular de la función del sín tom a. 15 Otra vez, esa dificultad de diagnóstico que se presenta con la psicosis , cuando el goce deja de ser contable.

14 Miller, J.-A., El síntoma charlatán, Paidós, Bilrce /onn, 1999.

15 Mill er, J.-A. , "Teo ría de los goces", op. ci t., p. 1b (l .

Un goce estancado

El silencio de las drogas 1 65

1Jna viñeta clínica podrá ilustrarnos acerca del modo por el cual

,lrago puede presentarse. Mariam llega a la consulta porque, teniendo más de treinta 11111•,, no ha logrado hacer nada en su vida. Vive encerrada en una li til1ilació n ubicada en el fondo de la casa de su madre, a partir de 111, • deci dió dejar de dormir en el mismo cuarto que ella, tomando 1, 1) /i o l. Lo único que la saca al jardín que separa su pieza del res- ' d<' la cas a es un estanque de agua que había colocado su padre _11,_1 cr iar peces, abandonando la casa al poco tiempo, cuando Mc11iam tenía doce años. Los peces murieron al año pese a que

la madre los alimentaba todo el tiempo. Poco un período durante el cual se niega a comer,

¡ 11 l 1ru l a rmente ante la presión de la madre , presión que siempre 11 il 11a es tado, y que había hecho de ella una "gordita", rasgo que la 11uil1c misma se encargará de criticar. Ante una pérdida de peso ¡;1,_; llcupa nte, es llevada a una institución que se dedica a tratar 11: 1clros de anore x ia.

Al te rminar el tratamiento, conoce a Carlos, definido como un 1tdH'mio , que además de escribir toma alcohol todo el tiempo. Se , 111 ¡, inc ha en su locura. Carlos le dice qué tiene y qué no tiene que 11 11 t! J . Se transforma en la medida de su realidad. 1'oco antes de cumplir los quince años, su madre la lleva a Al-

. 1il1nli cos Anónimos , aunque según el decir de la madre, "era pre- 1, 11ii l c q ue chupe a que no coma".

queja de qu e lo

!11111 o de lo que se ocupa desde hace años es de limpi ar ese lug ar 11 , ,¡ que los peces murieron, por la ausencia del padre y por l os 1_1",Os de la madre, que hicieron que ella no pueda estar com o IH 11. r•n e l agua en su Edipo, sino que estuviera como esos peces,

1 ,111111'1g id a en un goce estanco, sin poder salir del deseo estragan- d, •I Ot ro .

,,,

1,1 re lación con Carlos toma el relevo de esa relación con su 111 1d1c•. Ell a sitúa un punto en común ligado a la demanda del Otro,

¡ u<.> ta mbi én una diferencia: mientras la madre le decía "comé", t:o tlos le dec ía "tomá". Pero el deseo del Otro marca el camino en íü "p refi ero qu e chupes a que no comas" . Un deseo arbitrario que

¡

,

11 debi do a que-

1, ', pués, entra en

1 1 sig nificante "estancada" surge frente a la

El silencio de las drogas \ 67

66 1 Luis Darío Salamone

no queda conforme con la imagen resultante del accionar y que la

critica severamente por devenir gorda, que la alimentaba para que se críe "sana" como lo hacía con los peces que terminaron murien- do, o "reventando" según su propio decir, significante asociado a Carlos, qui en para la madre era un "reventado". Espejo, o lago, para seguir con una metáfora acuática, en el cual ella se va a reflejar, para mirarse.

al hombre; de ambos procuró separarse

Ten emos a la madre y

inútilmente por mucho tiempo, pero también al alcohol como es- tragante. Mariam va de un estrago al otro. Llamativamente, o quizás no tanto, emprende un tratamiento con el psicólogo que atendía a la madre. Tres años de tratamiento en los cua les el profesional, al igual que la madre, le decía qué tenía o qué no tenía que hacer. Por supuesto, indicaba que tenía que dejar a Carlos, también a la bebida, y cuando le manifestó su preocupación por sus kilos de más, le sugirió que haga un ré- gimen. Abandonó el tratamiento cansada de que el psicólogo la critique todo el tiempo. Lo que encuentra en esta oportunidad es un análisis que le va a permitir cuestionar esas relaciones mortíferas sin decirle qué es lo que debe hacer. Se produce un punto de inflexión a partir de que se da cuenta de que la madre no solo alimentaba en exceso a los peces, sino que además nunca les cambió el agua, cuestión de la

que se ocupaba el padre, dándoles oxígeno para respirar. Se plan- tea la necesidad de volver a ver al padre. El reencuentro con él la lleva a un replanteo del lugar que ocupa para ella. Se dará cuenta que lo que ella tenía era la versión del padre que le proporcionaba la madre. Llega a entender por qué el padre dejó a la madre, pero no le perdona que la haya abandonado a ella. Ese falo demasiado flaco para vivir, demasiado gordo para agradar y no reventar, que marca la inoperancia de la función pa- terna al abandonarla en esa relación, estancada, con el deseo del Otro, comienza a circular haciendo que ese deseo del Otro le apa- rezca como enigmático. Se va a preguntar "¿Qué carajo es lo que quiere mi madre para mí? Ella nunca va a estar conforme, pero lo que importa es que me pregunte qué es lo que yo quiero". Con Carlos tendrá algunas idas y vueltas. De vez en cuando sa- len a comer algo. La sexualidad que se juega muy violentamente

1 ,·,1,,it,nza a ser rechazada por ella. Un sueño lo ubica nuevamente

11 , ,< , , ie con el deseo materno; Carlos la obligaba a comer, y si

"

, 11,11,do quiere decir que Carlos le había pegado en

111i\, 1d dice "pegada". El significante es subrayado antes de cortar

, lo hacía le pegaba.- En las asociaciones comete

un fallido, y una oportu-

1,, •,, !Sión. Decide cortar con Carlos, la

1, ,1110 un encierro.

relación con él es definida

1)ccide

buscar un trabajo de pocas horas que le permita em-

¡111•11der una carrera universitaria. Luego de muchas vacilaciones l decide por Relaciones Públicas, planteando que es algo anti- 1i[l\ rnal para ella ya que, después de todo, siempre su problema (111• el de establecer relaciones con el Otro. En la Universidad el ¡1111\i\ema ya no serán las relaciones, sino los exámenes, el sentir ,I' 11, no puede hablar justo de lo que los profesores le piden. Sin

1 111\iargo, logra pasarlos "siempre raspando". \iene sueños reiterados en los cuales busca todo el tiempo l ,_1•,as que no logra encontrar. No puede recordar de qué cosas 1• \rata, solo recuerda que en los sueños estaba desesperada y

11•11fa la sensación de que, si encontrara lo buscado, eso la llenaría

, \t • horror. Afirma que rara

11111npo la sesión cuando dice que a veces hay cosas que es mejor

111 •1 der\as que encontrarlas. 1 n la Universidad conoce a un hombre que le agrada, pero ¡11111e distancia, no está muy segura de que esa relación pueda ser ,111<,rente a las otras. Al tiempo, se sorprende porque la relación es i\,•inasiado tranquila, pero afirma que algo le falta. Ese toque agre- 1vo que tenía la relación con Carlos le gustaba. El nuevo hombre 1¡11<' conoce, que también se llama Carlos, no está pendiente de

vez pierde algo estando despierta. \nte-

1·\\. 1, no la lleva o la trae de la casa cuando salen, no llama por te- \, •lona todo el tiempo. Incluso, le parece demasiado "sanito" para

1 11. 1. La relación continúa y se va

, 111<' lo que había sido su relación anterior, no había sido amor, 11,thía pasado por más momentos de odio que de amor. Una tenue 111:,atisfacción recorre su actual relación, aunque ya no se le pre-

afianzando poco a poco. Piensa

,onla como mortífera.

El silencio de las drogas 1 69

68 1 Luis Darío Salamone

4. Algo más que un daño

En la siguiente viñeta clínica se intentará verificar si se puede hablar de estrago en un hombre. Esteban consume todo tipo de pastillas, lo hace para soportar la angustia, la culpa y los temores. Considera que la razón de su sufrimiento tiene que ver con su madre. Más precisamente, con su madre que hacía el amor con otros hombres que no eran su padre, sobre todo con un almace- nero, pero delante de él, cuando tenía alrededor de tres o cuatro años ; lo llevaba a sus encuentros amorosos en los que solo un mostrador o una pared lo separaban de su madre y su amante. Define a su vida como un dolor. Las respuestas eran o no sentir o escapar, y las pastillas le servían para ello. Caracteriza a los efec- tos del des eo del Otro como una catástrofe en su ser; si bien no menci ona el término estrago, lo que afirma se aproxima bastante a esta cuestión. Asocia que sus miedos tienen relación con la de- vastación que provocó la madre en su persona; él estaba allí, sabía que había algo mal, pero no comprendía, como le pasa ahora. El padre estaba dibujado, y allí empezó a sentir culpa. Se pregunta si su madre, además de gozar con el almacenero, no sentía cierto placer en verlo sufrir; en ese punto él toma el relevo, goza en el sufrimiento , dice: "No sé si llamar a esto que me hizo mi vieja daño, es una palabra que queda chica, es algo más que un daño, es una masacre mental".

5. Un estrag o generalizado

Como lo plantea Ernesto Sinatra, la noción de estrago en la rela- ción madre-hija se extiende y hoy podemos hablar de un estrago ge- neralizado. 16 Esto es consecuencia de la modalidad discursiva impe- rante. El discurso capitalista opera de una manera tal que empuja al sujeto a un goce que es capaz de generar toda una sintomatología con las características de las actuales, entre las que se encuentran el consumo de sustancias que conducen al sujeto a un goce capaz

16 Sinatra, E., Más allá de las drogas, Plural, La Pa,, '200'2.

di 1 011sumir lo. Miller señala un parecido estructural entre este movi-

1n11_•1llo del discurso capitalista y el movimiento sin barrera planteado jlPI 1 1eud en "El malestar en la cultura" con respecto a la orden

1q11 •1yoica y la renuncia a la satisfacción pulsional. 17 1 1 psicoanálisis apunta a reintroducir la dimensión de la falta p1 , 111iliendo una salida de ese discurso capitalista que abona el 1 1ill1vo de la pulsión de muerte, poniéndole un freno a ese estrago

·· ¡i ·1ll'ralizado.

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banquete de los analistas, Paidós, Bs.As. , p. 304.

'

1)el amor y otras adicciones

"Tomo, para no enamorarme,

".

me enamoro para no tomar Versuit Bergarabat

el amor y otras adicciones es una película de Edward Zwick 'del 2011 cuyo título original es Lave and Other Drugs, co-

media que vira hacia el drama cuando la protagonista pre- ' rild. manifestaciones del mal de Parkinson. Está basada en el li- lJ111 ele Jamie Reidy, Hard Sel/: The Evolution of a Viagra Sa/esman. ,Jamie (Jake Gyllenhaal), es un visitador médico ambicioso y ,111q1•riego. Tiene habilidad para vender y conquistar mujeres. Ma-

. 1, p1 · (Anne Hathaway), es

una bella joven con un diagnóstico de

p II kinso n precoz. Ambos tenían dificultades para comprometerse 11111 el sexo opuesto y eran buscadores de relaciones ocasionales.

11,111do se conocen caen bajo la influencia de esa droga llamada 11111>1. Pasan del encuentro sexual contingente a enamorarse. Lo · 1111oso es que detrás de esta historia de amor se cuenta cómo 111qió y se comercializo el Viagra, cómo se juega la guerra de los

l.1111>1 atorio s para imponerse en el mercado, y cómo la chica lucha

es un film recomendable, su título

1, ,• .rilta interesante.

! , 111 ',U enfermedad. Si bien no

1. La droga del amor

Con este título se pueden discutir algunas teorías modernas qu,,, desde la biología, no solo pretenden explicar la cuestión del ,ilil<>r, sino que directamente lo comparan con una droga.

72 1 Lu is Darío Salamo ne

Podemos leer el ameno libro de Diego Golembek, Sexo, drogas y biología, que parte de preguntarse irónicamente "¿qué es el amor sino una serie de reacciones fisiológicas?" Algunos científicos predican desde sus laboratorios que se trata de estimulaciones químicas, neurotransmisores y olores. O bien del aumento de la frecuencia cardíaca, enrojecimiento en la mejilla, sudoración y la actividad de ciertos centros cerebrales. Desde esta perspectiva, los científicos pueden responder a la pregunta acerca de por qué nos enamoramos o de quién lo ha- cemos. También por qué un hombre puede llegar a preferir una mujer más joven; sucede que los machos de cualquier especie prefieren hembras que muestren signos de fertilidad, explicación que suena muy científica pero, por cierto, es llamativa ya que los hombres muy difícilmente -aunque pueda verse un poco más en nuestros días- desean tener hijos. En ocasiones, los buscan para complacer a sus mujeres , o bien para que no los molesten tanto. Cuando ven a una mujer, los hombres heterosexuales piensan en t ene r relaciones sexuales, no en la reproducción de la especie. Ellas los prefieren maduros y altos, pues aseguran que se trata de elegir a quie nes tienen recursos que les permitan criar al niño. Sin embargo, se advierte que no todo es instinto y que las muchachas, además de seguir las reglas de la especie, actúan por imitación, es decir, se le otorga algún lugar a la identificación histérica. Cuando nos enamoramos aparecen señales químicas, por ejemplo el aumento de los niveles de la dopamina y la disminución de la serotonina. Aclara el autor que se trata de algo similar a lo que sucede con las adicciones.

fundamental para la fidelidad es la acción de

ho rmona s endógenas; la oxitosina, que está presente también

el vínculo materno-filial, será la responsable de la monogamia. Por esta vía se po dría también explicar un hecho que resulta tan azaro-

Alg o que resulta

en

so como la ele cción de pareja, donde el olor tendrá mucho que ver.

tex to mencionado anteriormente, el amor es presentado

como una droga dura, o una enfermedad incurable, y algunas ma- nifestaciones amorosas se parecerán peligrosamente al trastorno obsesivo, apareciendo ideas fijas, mensajes a repetición, etc. El amor y la lujuria podrían considerarse adicciones de un sistema que busca placer, algo que impide qu e un adicto deje las drogas .

En el

El silenci o de las drogas l 73

l 1r~10, nc lara el autor siguiendo a Tanguito, "el amor es más fuerte".

1 in •,í, es c iego, porque al estar enamorados se inhiben zonas 1·11•h1ales que resultan fundamentales para la discriminación y el

irnie nto crítico. Para peor de males, luego de hacer el amor ,

In 111 H ·1ació n de oxitocina produce que unos quieran quedarse con

La oxitocina es una hormona que el sistema límbico, que es

111 pw te del cerebro encargada del placer emocional, libera des- pu1}, de l orgasmo, hormona que hace que una pareja se sienta

n,·,,-. vinc ulada emocionalmente. Si la oxitocina

l1n9e nos, una hormona femenina, la mujer se vuelve cariñosa 11i11versadora. Pero si se combina con la hormona masculina, la I'. 11>•,lerona, al hombre le provoca una necesidad incontenible de

l¡,1111 1r . Aún no se ha descubierto la combinación hormonal que lo

pr 11·

111_1~

se combina con los

111'

, • a

la necesidad incontenible de ver un partido de fútbol.

1'ue de haber sexo sin amor, pero si se tienen una cantidad su- lle 11•1ite de relaciones con la misma persona, el estallido hormo-

11111 co mo les pasó a los jóvenes de la película de la que hemos

1 ,1,1,1do el título- puede hacer que los integrantes de una pareja ¡1111 1 1an permanecer juntos, convirtiendo el amor en una adicción.

1 dec ir que si una pareja se mantiene unida por años sería por 1ilp,1 de una hormona. 1 n definitiva, según estos autores, se trata de una cascada

lo 1c\acc iones químicas. Elegimos el olor de quienes tienen un

porque evita que nos

11o1111oremos de nuestros familiares. Está la denominada teoría de 1_, , 01res pondencia, según la cual se elige de acuerdo a un mapa 1111 •11 lal, a unque también influye el tipo sanguíneo, ya que se atraen

¡-,11 •ma inmunológico diferente al nuestro,

11¡i

11 • ll os del mismo tipo.

( 1areth

Leng, que trabaja en el cerebro de la Universidad de

1 í l i1nbu rg o, afirma que la oxitocina ayuda a que se armen lazo s 1 li 11, ,cleros entre las personas, ya sea en las parejas o en el caso

oxitocina se produce tanto en el or -

¡-,•,mo como en el parto. En síntesis, las hormonas endógenas, lla- 11, 1d,1s "drogas de la felicidad", que producimos nosotros mismos, 11111111an llegar a ser nuestras plantaciones internas, en lugar de 111,1polas o marihuana, que producen los siguientes elementos:

1. Oxitocina, cuando existe un amor pasional, relacionado con

l,1 Vl<la sexual.

11 l., ·~ madres con los hijos. La

El silencio de las drogas \ 75

74 1 Lui s Darío Salamone

2. Dopamina, la droga del amor y la ternura.

3. Finilananina, que genera entusiasmo y amor por la vida.

4. Endorfina, que funciona como transmisor de energía y equi-

libra las emociones. 5. Epinefrina, un estimulante para el desafío de la realización de metas. Si estas hormonas endógenas abundan, la persona se siente ubicada, sabe quién es, a dónde va, controla sus emociones, cono- ce sus habilidades y sus talentos y se siente dueña de sí misma. Lo que se denomina inteligencia emocional. Resulta interesante que los científicos se pregunten cuánto du ra la pasión. No se trata de una teoría optimista que logra hacer existir la relación sexual. Aseguran que la relación no puede pro- longarse por demasiado tiempo porque, entre otras dificultades, moriríamos por extenuación; entonces se calcula que tras dos o tres años sus efectos desaparecen, sin apenas dejar rastro. lPero por qué? Como suele suceder con el tiempo el organismo se hace resistente a estas sustancias y la pasión se apaga como si nos quedáramos sin combustible, y comienza así una segunda fase con un amor más tranquilo. Aunque sin dejar de estar asociada

a otra ducha química, un baño de endócrinas, compuestos natu- rales qu e poseen una estructura similar a la morfina y otros opiá- ceos que otorgan una sensación de seguridad. Si sufrimos cuando muere un ser querido, dice este informe, es porque dejamos de recibir nuestra dosis diaria de narcóticos.

Enamorarse puede producir el efecto de una dosis de droga y

si el enamoramiento se prolonga más de seis meses, puede llegar

a ser patológico y llevar a padecer algunos desórdenes mentales. Son diversos los investigadores de las Universidades de Ca- lifo rnia y de Nueva York que establecen un paralelismo con el consumo de drogas. Hagop Akiskal comparó los niveles de sero- tonina de los enamorados con personas que padecen trastornos obsesivos compulsivos, y destacará que si los síntomas de enamo- ramiento duran más de seis meses se trata de algo patológico, ya que se su fre demasiado. Arthu r Aron, de la Universidad de Nueva York, ha comprobado que el enamoramiento puede producir "el mismo efecto que el recibir una dosis de cocaína, drog a qu e es un poderoso estimu-

1111 ilo I lt •I siste ma nervioso y además suprime el hambre en quien

1, 1 ,111·, llrn e". 1 111 110 e r a de esperar de la conjunción del discurso de la cien-

111 , _1.1 11 e l discurso capitalista , se vende esencia de oxitocina en u,1y, 1•s decir que todos, gracias al mercado, pueden hacer uso In l. 1hor mona del amor. Este spray permite que se genere con-

para las relacio-

1111r 1,1<,uales, pero también para aquellas donde, por la falta de la

b1 ·1:, , y atracción en el otro y por ello resulta útil

1il111111J11a, se ha producido cierto aplastamiento de la relación. 1·,le sería el momento ideal para que el vendedor, luego de

111·1 li11•ve discurso anunciando sus virtudes, al estilo de los vie- 1º' .1 •11dedores de tónicos mágicos, pócimas y elixires de la vida

abriera su mesa plegable y se disponga a vender los fa-

\! 111.1

li1 d1Y,os sprays. Sin embargo, en la actualidad podemos adquirir 1p1oducto por internet. Un anuncio de este medio pregona: "Uti-

después de la ducha dia-

1

111, l.1 ox itocina en spray cada mañana

1l.1, ,,p licándola si se desea con cualquier otro perfume, ya que 1 , 110 a ltera los olores. Si desea mejorar las relaciones laborales, p, d,1 , , ice la oxitocina como si fuese un ambientador o mézclelo ,11 uno y aplíquelo por todos las zonas de la empresa. La oxitoci- 1ilt 1· 11 sp ray es de fácil utilización, ya que por su diseño lo podemos 11 111•,po rtar en cualquier lugar, ya sea en nuestro bolso, un maletín,

li ,•lera".

Nuestra perspectiva sobre el amor

hay teorías que aun pareciendo

i1•11l 1ficas, no dejan por ello de ser bastante delirantes. Los psi-

1 1 odemos ver, entonces, que

' , ,. 11 1a li s t a s deben ocuparse de otras cosas, del campo de la falta , ,11•I dese o y del goce, entre muchas otras, lo que permitirá elucu-

111.11 so bre temas como el amor de otra manera, la nuestra. Lacan

i\11rn a que lo único que hacemos en psicoanálisis es hablar de 11 11nr. S in embargo, no deja de ser interesante detenerse a ob- 1• 1var a quellos detalles que nos permiten apreciar la tensión que

11111•dc existir en esa soga que ata el amor a las adicciones.

El silencio de las drogas 1 77

76 1 Luis Darío Salamone

a) La erotomanía femenina. En principio, hay un término que es el de de toxicomanía. La cuestión maníaca puede estar presente en el amor, por ejemplo, en lo que la psiquiatría ha denominado erotomanía, una forma de relación al otro imaginario que puede ser propia de determinados estados pasionales en las psicosis, pero que también está muy presente en la forma de amar que puede tener una mujer neuróti- ca. Jacques-Alain Miller ubica del lado hombre un estilo fetichista y del lado mujer un estilo erotómano. En un excelente trabajo de Nieves Soria titulado "La erotoma- nía del amor femenino" 1 sobre la sensibilidad de las mujeres al lla- mado del amor, ubica que se trata de que el seductor logre hacer vibrar esa cuerda íntima que, en algunas oportunidades, puede ser la del fantasma. Lacan decía que bastaba con que el hombre to- cara el fa ntasma de una mujer para que ésta no se le resistiera. El fantasma tiene, como un instrumento musical, diferentes cuerdas; puede ser tocada la cuerda del amor sacrificial, esa necesidad que una mujer tiene de ser amada que la puede llevar al sacrificio, a un apego a un otro que puede resultar adictivo ya que, lo decía Freud, la pérdida de amor en la mujer sería el equivalente de la castración en el hombre. De acuerdo a cómo esté situada, la mujer encontra- rá en el amor del Otro una forma de burlar la castración. El apego al Otro no resultará algo sencillo, tendrá los ribetes de la compul- sión, será un amor loco. Lacan señala en la mujer una duplicidad entre la pura aus encia y la pura sensibilidad; pura sensibilidad que está ligad a al goce del órgano del partenaire, y pura ausencia ju- gada en el plano del amor. Nieves Soria articula la locura femenina al goce femenino, sin caer en el tema de lo ilimitado como factor en común. Ubica la escalada sin límites de la locura amorosa fe- menina com o un intento loco de reducir el goce femenino al goce fálico, po niendo en funcionamiento el dispositivo superyoico. En ese rechazo de la castración, en ese intento de hacer de dos uno, en esa un ión adictiva que procura, en ese intento de sos- tener un íncu bo ideal -demonio que visita a las mujeres por las

1 Soria , N., "La erotomanía del amor femenino", El Caldero de la Escuela 63, Bs.As., octubre de 1998.

111 H 11cs, cuando están dormidas-, la castración, que pretende ser , · pu lsada por la puerta, se mete por la ventana. El análisis, al rein- 1111ducir la castración por donde corresponde, como lo que divide il •, ujeto, permite un amor que no resulte tan adictivo.

h) El amor imposible De l lado hombre, el amor se torna adictivo

cuando la mujer se

, 111.Jve imposible. No precisamente imposible de soportar, lo cual

1•1 ¡ún

algunos científicos suele suceder después de los seis me-

1••, cuando se acaban los efectos de la oxitocina, sino imposible d1) tener, de abrazar. Es un hecho observable que muchos hom- lil 1·s en análisis no hablan de su mujer, hasta que ésta decide , 11 •¡arios, entonces, no dejan de hablar de ellas por años. Están li 1·, casos de aquellas que no les contestan un simple mensaje de l,• <lo, razón por la cual ellos les mandan cincuenta. Se tornan un ¡ 11 H o persecutorios y no tardan en comparar a esa mujer con una

i\1nga, y a esa dificultad para acceder a ellas con una penosa abs-

incluso , realizar una cura por sustitución de ese

l1111•nci a. Pueden,

2

11nor narcótico", al que le canta Chichi Peralta, a la "bersiutera":

11 Hno, para no enamorarme, me enamoro para no tomar". \Jo r supuesto, los hombres sazonan esta cuestión, si son ob- ,ivos y suelen serlo, con una práctica compulsiva que puede

.1

111111arse insoportable para la pareja. 1 1amor es una pasión; como lo señala Eric Laurent, el término

¡1.1•,ión permite contemplar en forma conjunta dos cuestiones que

y el pensamiento.

1 11,mdo una dama se adueña del pensamiento de un obsesivo su

1 11 •ud nos presentaba por separado: el afecto

11. 1• ,ió n se torna en

una especia de droga.

l. La adicción nuestra de cada día

\ lay algo que resulta adictivo siempre, y que va más allá de la ·,11•, lancia: se trata del goce. El goce siempre resulta adictivo; si 11110 goza, quiere gozar más, y se torna en algo compulsivo.

:,í \ l,1uondo referencia a la banda de música Versuit Bergarabat, autora de la frase

q111 • '>t' cita.

78

1 Lu is Darío Salamone

El problema es que en las parejas se pone en juego algo del orden de cierta dimensión de la desproporción sexual y puede pa-

no quiera tener relaciones todo el

tiempo, que introduzca una dificultad, y entonces el hombre querrá hacerlo aún más.

Están las otras parejas donde el hombre perdió el sabor del goce y está en permanente abstinencia, como los alcohólicos anó- nimos, manteniendo una represión que lo inhabilita de gozar. Así se da lugar a lo que Jacques Lacan denominó la comedia de los se xos.

sar, por ejemplo , que una mujer

Si puede haber un parentesco entre el amor y la adicción, es prec iso señalar las diferencias. Podemos para esto tomar el semi- nario de M il ler El partenaire-síntoma, en donde se puede encon- trar de sarrollada la definición que da Freud en "Inhibición, síntoma

y angustia" del síntoma en un sentido amplio, del síntoma como un modo de satisfacción. No hay una satisfacción directa de la pulsión sino que ésta se encuentra degradada.

tox icomanía presenta un goce autoerótico que se cierra so-

bre sí mismo, sin una mediación del Otro, y en muchas oportunida- des, sin apel ar al fantasma o promover el goce fálico.

La

una mediación que permite transformar el desierto

del goc e en el campo del deseo; no es sin el Otro y, generalmente, participa el fantasma abriendo la puerta al goce fálico. El amor

también guard a una

es difícil sin am or, lo que lo diferencia de una adicción a una sus-

tancia tóxica. Podrá haber amores adictivos, incluso tóxicos, que generen un goce nocivo para el sujeto, pero no habrá sustancia tóxica que po nga al sujeto de cara al vacío y abierto a la apuesta del deseo, para que sea capaz de dar lo que no tiene y transmitir

la imposibilidad de completar al otro.

estrecha relación con el goce femenino , que

El amo r es

Bibliografía

Golembek, D. , S exo, drog as y bio logía , Sigl o XXI , Bs.A s., 2006 . Soria, N., "La erotomanía del amor femenin o", El Calder o d e la Esc uela 63, Bs . As., octu bre de 1998. Miller, J.-A., El partenaire- síntoma, Paid ós, Bs.A s., 2008 . Laurent, E ., El g oce s in r os t ro, Tr as H aches, B s. A s ., 2 0 1 O.

t os rituales del consumo

"

pagando

las cuentas

de gente sin alma

que pierde la calma

con la cocaína Joaquín Sabina

".

-

L as drogas, como lo sabemos, suelen contribuir a resquebrajar el vínculo del sujeto con el Otro. Muchas veces el consumo de sustancias lleva a que el sujeto , librado de vergüenza o

actos antisociales, contribuyendo

c- r1lim i e ntos de culpa, cometa

111<'squebrajamiento de los ya frágiles vínculos humanos. J)ero también hay un consumo que se da en el marco de lo ·1111pal, que incluso entra en cierto orden simbólico. Orden contra 1, ual muchas veces los sujetos que consumen arremeten. 1a descripción que realiza Wolgang Schivelbusch de lo que im- 11111 a entrar en una taberna, muestra un cambio de coordenadas 11.iles que a muchos sujetos puede resultarle estimulante. Descri- 1_11• algo muy parecido a lo que viví la última vez que viajé a Santa J, , y f uimos al patio cervecero. Y por supuesto brindamos. El brin-

di ·, es un acto muy antiguo. En el Diccionario de las supersticio-

11•.<-; alemanas leemos que "Los usos y costumbres supersticiosos ,, •l,tcio nados con la bebida deben entenderse como reliquias de ,, los y manifestaciones de fe de un culto mágico". 1 se viejo acto de brindar se mantuvo vivo a lo largo de años, ¡11•10 es e ritual, que gira en torno a una bebida alcohólica, no está 111,,sente de esa forma en relación a la comida, por ejemplo. La li1 •il ida era asimilada a la vida o incluso el alma de alguna cosa. 1' 1 11ede simbolizar por ejemplo la sangre. He trabajado cómo se Jlll'9ª esto en el cristianismo , pero incluso ese simbolismo no sue-

80 1 Luis Darío Salamone

El silencio de las drogas 1 81

le ser muy compartido hoy por los sacerdotes. Suelen invitar a que se ingiera el cuerpo, pero no la sangre de Cristo. Para los hombres antiguos beber era algo que resultaba in- quietante. Para algunas culturas se incorporaba el alma pero se podía perder la propia. El sujeto que había bebido vino de más per- día su alma y era poseído por el dios del vino. El peligro de beber podía estar en relación a un fantasma muy común: la posibilidad de ser envenenado.

Lo que se pone en juego y que resulta perturbador es la emer- gencia misma del goce en un sujeto. La bebida libera las inhibicio- nes, levanta la represión y además el alcohol tiene un efecto en el cuerpo. Los rituales en consumo de sustancias tóxicas tienen como finalidad darle un marco simbólico, cierto orden, que permita neutralizar los peligros derivados de los fantasmas desencadena- dos y el goce que se puede llegar a poner en juego, ya sea recupe- rado por esos fantasmas o el goce sin mediación que se produce al intoxicarse.

Los bebedores brindan, se saludan, celebran la amistad. Y deli- mitan un goce que puede levantar las barreras que se juegan fren- te a la sexualidad y la agresión. Lo que representaba una amenaza deviene en un símbolo.

Es muy interesante cómo se ha jugado el ritual del tabaco. Fumar en pipa era una cosa, el cigarro implicó una economía de gestos, pero había que conservar la humedad del habano, sacar- le el celofán, cortar la punta, sacar la vitola, fumar sin sacudir la ceniza. El cigarrillo casi carece de rituales. Se pone en la boca y a gozar. Simboliza la vida moderna, es el paradigma del consumo capitalista. A mano, rápido, fugaz, se puede consumir uno tras otro, invadido por la ansiedad. Con otras sustancias se hacían encuentros rituales. He traba- jado el Club de los fumadores de hachís donde se juntaban gran- des personalidades de la cultura de aquel entonces como Charles Baudelaire, Théophile Gautier, Gérard de Nerval, Alejandro Du- mas, Víctor Hugo, Rimbaud, Eugéne Delacroix e incluso Balzac, pero estaban asesorados por el psiquiatra Moreau de Tours. Es- taba la dosis regulada y luego procurar volcar a la letra ese goce. Sigue habiendo prácticas rituales, diferentes, atravesadas por el discurso capitalista. Perduran incluso prácticas mágicas anti-

1uri•, como temazcales donde se utilizan hongos alucinógenos o, 111j•, propio de nuestros días, las fiestas electrónicas donde reina

l 1_,, lé!SiS.

8 111 embargo hoy no solo presenciamos, como ya hemos dicho,

¡11 'tcl 1cas que no están reguladas por lo simbólico, habiendo un 1,iloc ircuito en la dimensión significante, sino que muchas veces lil ,1111bólico se pone al servicio de la pulsión de muerte. 1 ,11esto Sinatra ha trabajado esa costumbre que surgió que

o

I onoce como El Botellón. Jóvenes que se reúnen en las calles

I¡_;

1 •,paña, muchas veces convocándose por internet, para

tomar

¡t,J1Hles cantidades de alcohol. La cosa puede terminar mal, con il lo~, de vandalismo y poniendo en peligro la vida de algunos su-

jnlo•,.

1 11 Argentina, donde siempre mejoramos estas cosas, tenemos

donde se mezclan todo tipo de bebidas alcohólicas

,111 pastillas; puede haber Viagra, anticonceptivos y antidepresi-

111 "1, 11 ra loca"

;•,

Y no hablemos de lo que se pone en juego en muchas prácticas 1~ 1ons umo en determinados sujetos atrapados por las drogas, Como ya hemos visto, hay un concepto que nos permite estu- !11 11 lo que se pone en juego en estas prácticas: el superyó, esa 111 ,l.111cia que aísla Freud como independiente del yo, que la ubica t ,11110 el cultivo puro de la pulsión de muerte y lo puede someter al , 1,, una crueldad que puede llegar al sacrificio. Laurent nos habla ¡¡¡, 1";e superyó que es la droga. 1o que no se regula por lo simbólico lo moviliza el superyó que , 1onsiderada por Freud como una instancia simbólica que em

1,, q. 1 a l goce, pero incide en lo real; esta es una de las cuestiones

, 11,

caracterizan nuestra época, hay un empuje al goce en nues

1111', días. 1o simbólico puesto al servicio de la pulsión de muerte se pone 11 JI 1cgo en todo lo que se juega en el mercado de las drogas. Esta , 111ana un analizante me contaba cómo desmantelaba libros, lo , , 11 rnaba con cocaína, para mandarlo por correo. Era un trabajo ir 1, 11 ,ana l, había que improvisar en aquella época, me decía. Ahora ,l.1 lodo finamente calculado, desde las rutas de tránsito hasta Ir,:; contactos de seguridad o políticos corrompidos. Es el hecho lo lo que se conoce como crimen organizado.

82

1 Luis Darío Salamone

He viajado en algunas oportunidades a México, Colombia, Bo- livia, Venezuela y otros países, donde la cuestión del negocio del narcotráfico funciona fuertemente. Cada vez que voy a México me traigo varios libros de lo que se conoce como narco literatura.

Y no dejo de preguntarme si no nos espera algo de eso.

Hace algunos años podía resultar impensable. Esta semana cada no che que llegué a mi casa y prendí un rato la TV para ver qué noti cias había en el país se hablaba de narcotráfico, se ha- blaba de crímenes y sicarios, de rutas de tráfico, de carteles, de depósitos de drogas y túneles para el escape. Y se hablaba de todo esto en la provincia de Santa Fe.

Le pregunté a alguien que trabaja en el tema si era posible vislum brar un futuro como el que se ve en Centroamérica. Me con- testó con cientos de hojas de un proceso judicial donde se habla precisamente de carteles, de crímenes, de corrupción. Con cosas de accedo público, y les puedo pasar el link si les interesa. Es una investigación llevada adelante por el juzgado de Zafaronni.

El presidente de la Asociación Antidrogas, Claudio lzaguirre,

dijo que hay seis carteles funcionando en Argentina. Esto avanza.

Y los psicoanalistas nos preocupamos por estar a la altura de nuestra época.

Tocio parecería jugarse en el terreno de la política. Sin embargo les dejaría una pregunta: ¿cuál es la intervención que un analista puede tener en esta cuestión, más allá de su trabajo clínico? Eric Laurent nos ha pedido que no nos quedemos al margen de las discusiones sobre las cuestiones políticas que se juegan en torno a la cuestión de las drogas. Es el momento de plantear nues- tra posición como una alternativa diferente a la clásica. Después de todo, ¿quiénes se ocupan como nosotros de la relación de un sujeto con su goce?

1os muchachos de antes 110 usaban éxtasis

"

que me mate la tristeza, que me duerma, que me aturda". Cátulo Castillo 1

"Para olvidarla me vuelo la cabeza con una pastilla y me aturdo con música". Juan Carlos 2

s mi intención trazar cierto paralelismo entre las costum- bres de los jóvenes de otras épocas que concurrían a las milongas para pasar el tiempo, encontrando en el alcohol un il1,1do para poder disfrutar de la noche, y los de ahora, que tam- 111•11 buscan lo mismo, aunque con otra música y otras sustancias, , 11< on trando en las fiestas electrónicas el lugar propicio para el

,

11 l'iu mo de éxtasis.

1.stableceré algunas diferencias, pero también los puntos de ,111vergencia que permitirán dar cuenta de cómo, en distintos mo- 1111•11tos, se procuran resolver ciertas encrucijadas estructurales de

w 1,crdo a los elementos con que se cuenta.

Vivir intoxicado

1 n lugar de vivir su presente, muchas veces el

neurótico prefie -

1, habitar en el futuro con la esperanza de que vendrán tiempos 111,•1ores; o en el pasado, donde seguramente los hubo, siempre y , 11,11,do la represión haya sido lo suficientemente eficaz para bo- 11 , 11 l o que resulta perturbador. Eficaz hasta cierto punto, ya que lo

1 '' l_ht canc ión". Tang o de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo. 1 r. lil es l a so lu ció n que encuentra un joven analizante para olvidarse de una mujer.

84 1 Lui s Daría Salamone

reprimido retorna sintomáticamente precisamente en el presente, incluso sin que el sujeto se dé cuenta. Al no encontrar placer en el momento actual, la vida se torna aburrida. Muchas veces las drogas vienen a este lugar: a procurar devolverle algo de goce al momento actual , borrando los pensa- mientos y fantasmas , y conectando al sujeto con una satisfacción que no es capaz de procurarse por otros medios, intentando salir de la impotencia o la insatisfacción, que son formas de nombrar esa imposibilidad de gozar. Esto lleva al sujeto a vivir intoxicado. Una de las razones sociales esgrimidas para pensar que la época en la que vivimos no es tan buena como la de antes, es pre- cisamente la droga. Sin embargo, siempre ha habido sustancias tóxicas. En cada época y cada lugar se promueven determinadas drogas cuya emergencia no es ajena a las cuestiones de mercado. Es verdad que seguramente el discurso capitalista y determina- das sustancias le dan, en nuestro tiempo, un envión aún mayor a muchas personas para que busquen una salida de su malestar recurriendo a drogas. Desde tiempos remotos se desarrollaron rituales en los que la bebida, el tabaco o diferentes sustancias tóxicas, jugaban un papel fundamental. Muchas veces tenían por función neutralizar cuestio nes que a los hombres se les tornaban amenazantes. Estos rituales comunitarios les permitían sentirse más seguros frente a los demás y controlarse entre ellos. 3 Los rituales de otras épocas estaban jugados en un universo donde lo simbólico ofrecía cierta regulación pero, si bien hay diferencias, no implica que en esta época no las haya; las leyes pretenden controlar los excesos de goce aunque tendamos a pensar que, en nuestros días, lo simbó- lico ha sido aplastado por lo imaginario en muchas ocasiones, y que parti cular mente el uso de tó xicos, en algunas oportunidades, sume al sujeto en un mundo donde las palabras carecen de im- portancia.

3 Sc hi velbu sc h, W ., Historia de los es timulante s, A nagrama, Barce lona, 1995.

. Tiempos viejos

El sil encio d e las d ro g as 1 85

r I título de este capítulo está inspirado en un tango de 1926, , 11ya letra es de Manuel Romero, y la música de Francisco Canaro,

ll ,1111ado "Tiempos viejos".

lTe acordás, hermano? iOué tiempos aquellos! Lran otros hombres más hombres los nuestros. No se conocía cocó ni morfina,

/ os muchachos de antes no usaban gomina. 4

l I ta ngo es una evocación nostálgica de la juventud perdida, d,• los muchachos de entonces , de la barra, de "las minas fieles ti, • gran corazón", de los bailes donde se peleaba por el amor, de l 1 1uventud perdida, de esos veinticinco abriles que no volverán lPo r qué dice que eran más hombres aquellos de antes? lPor , 111ó no usaban cocó ni morfina? Si bien no estaban de moda la , ,icaína o la morfina, menos aún el éxtasis, que no existía, segura- 1111•nte en aquellas noches, en lo de Hansen, circulaban otras sus- ¡, 111cias embriagantes como el alcohol. Y seguro que también les ,•1vía a los hombres para sentirse más guapos, más compadritos, !'nito e n las peleas entre ellos como con las mujeres. Si bien es · ,•,dad que los hombres se presentaban con otros semblantes, el d1 oho l tenía su importancia en los comportamientos de aquellos

l11,rnbres de antaño.

1, Los alcohólicos románticos y los cínicos

Des de hace muchos años , con Fabián N apar st e k, co me nza- 1,11y , a pensar qué diferencia había entre los alcohólicos de antes

\ Ji,., de ahora. /\ los de antes , los llamamos los

alcohólicos románticos; en es-

lu ·, casos, la función del alcohol está más en relación al olvido, es-

al olvido de una mujer amada y perdida. Hay muchos

pcc ,alme nte

11, ,1npos viejos". Tango de Manu el Romero y Francisco Canaro .

86 1 Luis Darío Salamone

tangos que testimonian de esto, aunque también hay muchas can - ciones de rock o de cualquier otro género musical. Tomemos los tangos, donde es habitual que se relaten las razones que pueden llevar a alguien a embriagarse: predominan los abandonos o los engaños, y resulta habitual que el alcohol cumpla la función de permitir no recordar, dejar de pensar, ahogando o ahuyentando las penas en el alcohol.

Muchas letras tratan sobre la eficacia que tiene el alcohol en la función del olvido, como "La última curda", donde ese recurso se presenta de una forma generalizada:

6no ves que vengo de un país

que está de olvido, siempre gris,

tras el alcohol?

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También en algunos tangos se muestran los límites que pue-

de tener es ta solución, como sucede con cualquier otra sustancia tóxica que presenta su falla. Lo podemos ver en el tango "Frente

a una copa" :

me emborrachó de ilusión,

una mujer que fue mi vida.

Y hoy que la siento perdida, se agranda esta herida que nunca la olvida

ni con alcohol

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La misma problemática se presenta en "Nostalgias", donde no hay trago que logre apagar un loco amor, que más bien es un

sufrir; navegando entre la nostalgia y la angustia el protagonista dice:

Quiero por los dos mi copa alzar para olvida r mi obstinación y más la vuelvo a recordar.

5 "La última curda". Tango de Cátulo Castillo y Aníbal Troilo. 6 "Frente a una copa". Tango de Elías Wainer y Francisco Amor.

El silencio de las drogas