Sei sulla pagina 1di 26

Traductores

Nerea266

Xisco Lozdob

Organizado y montado por scnyc

Sacado de :

http://www.bbc.co.uk/programmes/p011gpsb/features/doctor-who-

adventure-calendar-2012 donde puedes leerlo gratuitamente

© Joseph Lidster

© BBC

Todos los derechos reservados

AUDIOWHO Y NINGUNO DE SUS COLABORADORES NO BUSCA INFRINGIR COPYRIGHTS SINO HACER LLEGAR A FANS ESPANOLES EL UNIVERSO EXPANDIDO DE DOCTOR WHO Y ESPERAMOS CON ILUSIÓN QUE ALGUN DIA SE EDITEN ESTAS OBRAS EN ESPANOL. DESDE AQUI ANIMAMOS A COMPRAR NOVELAS, CO- MICS Y DEMAS DEL GRAN UNIVERSO EXPANDIDO DE DOCTOR WHO. PROHIBIDO LA VENTA O LA COPIA DE ESTA TRADUCCION. HECHO POR FANS Y PARA FANS. ESTAS Y OTRAS NOVELAS Y COMICS LAS PODRAS ENCONTRAR http://audiowho.gonebe.com/

- 1 -

- 1 -

Parte uno

¡Eh! ¡Tú! ¡Sí, tú! Presta atención, y observa hacia arriba. ¡Sí, arriba! ¡Bien arriba! Al cielo. Eso es Eso es. ¿Ves esa cosa malva flotando en el espacio que hay sobre la Tierra? Se parece un poco a un huevo. Pues no es un huevo. No hay ningún huevo malva flotando sobre tu pequeño y encantador planeta. Eso sería absurdo. En realidad es una nave espacial con forma de huevo malva. ¿O es índigo? ¿Violeta tal vez? Bueno, es algún tipo de malva-índigo-violeta. Oh, mejor, digamos que es morada. Es una nave espacial morada. En fin, en esa nave espacial, hay una caja de cristal. Por supuesto, no es una

caja de cristal normal. Es una caja de cristal alienígena hecha con la arena alienígena

de un planeta alienígena. Y en la caja

Explorador, viajero del tiempo y portador de sombreros bonitos. ¡Qué tal! Ahora, puede que te estés preguntando cómo he acabado atrapado dentro de una caja. Pues bueno, te diré quién me metió aquí, pero no me creerás. No. Fijo que no. Ahí estoy, pensando en mis cosas. Hombre, estoy salvando la Tierra pero eso es lo que son mis cosas. ¡Es el año 1920 y la ciudad de Nueva York está bajo ataque! Esos alienígenas, esos son los que tienen esta nave espacial, los que han venido a tu maravilloso y pequeño planeta y, ¿sabes lo que están haciendo? ¿Sí? Sólo están trasfiriendo Oh. Espera. Esto no es bueno. ¿Has visto eso? ¡No es justo! ¡Me han encerrado dentro de una caja de cristal dentro de su nave espacial morada y aquí estoy yo pensando que no puede ocurrir nada peor! ¡Y ahora ellos se han ido y han empezado a echar algún tipo de líquido dentro de la caja! ¿Tengo pinta yo de pez? ¡No tengo branquias! ¡No voy a poder respirar! ¡Estúpido Doctor! ¿Cuándo aprenderé a no pensar que no puede ocurrir nada

bueno, ahí es dónde estoy yo. El Doctor.

- 2 -

peor? ¡Siempre ocurren cosas peores! ¡Me voy a ahogar! ¡Me voy a ahogar y no hay nadie para ayudarme! Porque estoy solo, como puedes observar. Ahora viajo solo. La mayoría del tiempo. Por eso estoy hablando solo. Por eso intento que estés aquí conmigo. Un amigo. Un compañero. Lo hace más llevadero. Porque explicarte cosas ayuda a que todo cobre sentido dentro de mi extraño y pequeño cerebro. Así que, estás aquí conmigo. Lo siento por eso. Te vas a ahogar junto a mí y no sé ni siquiera tu nombre. ¿Es Bob? Diminutivo de Roberto o Roberta. ¿Eres un chico o una chica? Sí, me gusta eso. Me gusta Bob. Bob, bob, bob. Bueno, venga, Bob, ¿alguna idea? ¿Cómo vamos a salir de esta cosa? ¿Qué pasa? ¿Por qué no puedo simplemente trepar hasta llegar arriba? Buena pregunta, Bob. Como puedes ver, hay un sistema increíblemente complicado de cerraduras manteniendo cerrada la tapa. ¿Qué pasa, Bob? ¿No puedo usar mi destornillador sónico? No. No, Bob, no puedo. Es que la tapa de la caja también tiene un sello de interbloqueo. Y no hay prácticamente nadie en este inmenso cosmo que pueda escapar de un sello de interbloqueo sin la llave correcta. Así que, en resumen, estamos atrapados dentro de una caja que se está llenando de algún tipo de líquido pegajoso y asqueroso sin escapatoria, en una nave espacial alienígena a kilómetros de altura sobre la ciudad de Nueva York. ¡Y no hay nade ahí afuera que pueda ayudarnos!

****

—¡Damas y Caballeros, permitidme presentaros al Sr. Harry Houdini! Una hora antes, el público del Teatro Golden Horse de Nueva York comenzó a aplaudir cuando un hombre bajito con ojos brillantes y azules caminó por el escenario. Les sonrió y alzó las manos hacia arriba. Entonces, sin decir ni una palabra, se volvió para mirar el objeto que tenía detrás suya. Era una gran caja fuerte de metal. Era uno de sus trucos más viejos pero siempre le había funcionado bien. Una señorita envuelta en un diminuto vestido con lentejuelas lo siguió al escenario y andó hasta la caja fuerte como un pato. Abrió la puerta y, con un dramático movimiento, le reveló al público que estaba vacía. Harry le hizo un ademán y entonces entró en la caja. Era un espacio menudito y tenía que acurrucarse con la cabeza encajada entre sus rodillas. Entonces, con un fuerte sonido metálico, la puerta de la caja se cerró. Harry estaba atrapado dentro. En la oscuridad. Fuera, la señorita de las lentejuelas se volvió para sonreír vagamente al público. Este se inclinó para ver más de cerca. Algunos estaban mirando a la

- 3 -

señorita de las lentejuelas pero la mayoría del público estaba mirando a la caja fuerte. Eso era porque estaban esperando a que el mundialmente famoso Harry

Houdini, una vez más, hiciera lo imposible. Escapar de lo inescapable. Estaban excitados, incluso a pesar de que sabían lo que iba a ocurrir. En breves momentos, se liberaría de la caja y todos aplaudirían y lo vitorearían. Luego se irían a casa y les contarían a sus amigos y a su familia que habían visto al mismísimo Harry Houdini escapando de una mismísima caja fuerte. Pero dentro de la caja, Harry Houdini, amo de lo imposible, estaba mirando a algo que él ni siquiera podía creer. Porque, una vez que la puerta se había cerrado, la oscura pared de metal de atrás de la caja había explotado con un fogonazo. Y más allá de ese fogonazo, había un mundo entero de metal y círculos

¡una cabeza! Una cabeza de hombre se le había aparecido dentro

y máquinas y

de la caja y antes de que Harry pudiera decir alguna palabra, la cabeza de hombre había hablado. No sólo hablado, había murmurado. Y debajo de la cabeza, había una pajarita tambaleándose. —¡Hola, Harry! ¡Soy el Doctor y un gran fan tuyo!

—¡Hola, Harry! ¡Soy el Doctor y un gran fan tuyo! Cada frase que este Doctor decía

Cada frase que este Doctor decía parecía terminar con un signo de

exclamación. —¡Perdón por la interrupción, pero necesito tu ayuda! ¡Estoy a punto de salvar al mundo de los alienígenas! Harry simplemente se le quedó mirando.

suena a locura. ¡Bunkum! La cosa es que a ti te va eso de

—Lo sé, lo sé

- 4 -

investigar y exponer. Pues ven conmigo y te lo demostraré. ¡Una invasión alienígena – posesión de la gente – de verdad en toda la ciudad de Nueva York! Pero necesito tu ayuda, Harry, porque el problema con estos alienígenas es que son buenísimos con las cerraduras. Excelentes con los encarcelamientos. Imposibles de detener. Pero ellos han cometido un terrible error: ¡no contaban con que el escapista más grande del mundo estuviera en la ciudad! Harry se le quedó mirando al hombre y al espacio imposible que había detrás de él. Pensó en su vida. Pensó en lo aburrido que había estado últimamente, rondando por los sets cinematográficos durante la larga y agonizante espera entre cada toma. Se había convertido en un largo espectáculo para escapar de cajas y barreras y cadenas encandadas noche tras noche. No sabía lo que había detrás del Doctor pero sabía que era algo nuevo. Algo diferente. Y él quería averiguarlo. Así que cuando la cabeza del hombre se echó hacia atrás, se adentró silenciosamente en el negro de la caja y entró en —¡La TARDIS! ¡Es una nave del tiempo! Te prometo que no está hecha de espejos. Harry finalmente habló. —¿Vamos a viajar en el tiempo? —Se volvió para mirar hacia el agujero de la pared de detrás. Era un círculo perfecto que chisporroteaba, y a través de él podía ver el interior de la caja fuerte. Y de alguna forma, más allá de eso, estaba el escenario del Teatro Golden Horse y el mundo que había dejado atrás. El Doctor hizo un bailecito extraño y corrió hacia un par de puertas. Las abrió, llamando a Harry para que lo siguiera. Harry, mirando la increíble estructura que lo rodeaba, siguió lentamente al Doctor a través de las puertas y se encontró en

El vestíbulo del Teatro Golden Horse. Dirigió su mirada al Doctor, que

estaba cerrando las puertas de una extraña caja de madera azul. Señaló al par de puertas que daban al mismo teatro. —¿Y todo el mundo cree que sigo allí? ¿En el escenario? ¿En una caja fuerte? El Doctor sonrió y asintió. Harry le devolvió la sonrisa. Había escapado de muchísimas cajas en el pasado, pero ninguna de esta forma. ¿Cómo lo había hecho el Doctor? —¿No podías haber esperado hasta que terminara y estuviera fuera de aquí en vez de hacer lo que quiera que estuvieras haciendo? —Utilizé un sistema complicado de tecnología para agujeros de gusano y de computación de bloqueos de transmisión para crear un enlace desde la

TARDIS hasta la parte de atrás de tu caja, así que estamos conectados y

rostro del Doctor se cayó—. Oh. Nunca pensé en esperar aquí afuera por tí. Eso probablemente habría tenido más sentido. Y habría tenido tiempo de comer palomitas.

—El

- 5 -

A Harry le gustaba este hombre. Era diferente. Y él quería algo diferente. Por una vez, Harry no era el exhibicionista más grande de la sala. Había estado haciendo la misma actuación noche tras noche y ahora, era el que estaba sorprendido e impresionado. Se volvieron para asomarse a la entrada del teatro. Las puertas gigantes de cristal revelaron las calles vespertinas y ocupadas de la ciudad de Nueva York. El Doctor señaló a la gran multitud de periodistas. —¿No te parece a ti demasiada atención? Ni siquiera está anocheciendo — preguntó, cuando los periodistas comenzaron a sacar fotos desde el cristal. Harry se encogió de hombros. Los periodistas lo habían seguido durante toda su carrera. Estaba más interesado en agujeros de gusano y en alienígenas y en personas poseídas por alienígenas. Pero entonces las puertas de cristal se abrieron y él y el Doctor fueron agolpados cuando los periodistas se precipitaron dentro del teatro. Harry puso su mejor sonrisa, esperando que se alejaran con tal de posar para un par de fotógrafos antes de salir corriendo para resolver el dilema del Doctor. De repente, sintió un pinchazo del codo puntiagudo suyo en las costillas. —¿A quién le estás sonriendo? —Le susurró el Doctor, preocupado. —¡A las cámaras! ¡Déjalos que me cojan el lado bueno y nos podremos ir a detener a esos alienígenas tuyos! —Respondió Harry, con su sonrisa aún plasmada en su rostro. Casi se echó a reír cuando dijo la palabra “alienígenas” pero había visto la TARDIS, así que parecía cobrar algo de sentido. —Harry —continuó susurrando el Doctor—. ¡Los alienígenas están invadiendo la Tierra poseyendo a la gente! Entonces se percató de que los periodistas que los rodeaban, los estaban agarrando. Y entonces vio sus ojos. Cada uno de los periodistas les estaban mirando con ojos morados.

los estaban agarrando. Y entonces vio sus ojos. Cada uno de los periodistas les estaban mirando

- 6 -

—¡Están poseídos! —le gritó al Doctor.

—Sí

¡por esos alienígenas que mencioné!

Harry miró al Doctor, ahora alarmado. —Pues hay más de ellos que de nosotros. ¿Alguna idea? El Doctor sacudió la cabeza cuando los periodistas poseídos comenzaron a sacarlos a empujones por las puertas de cristal y hacia las calles de la ciudad que estaban más allá de ellas. —¡¿A dónde nos llevan?! —preguntó Harry. Miró al rostro del periodista más cercano y se estremeció cuando los ojos morados fijos en él le devolvieron la mirada. Los periodistas comenzaron a empujarlos hacia un callejón oscuro y apartado—. ¡Doctor! —No lo sé —respondió el Doctor—, ¡pero pienso que habrías estado más seguro si te hubiera dejado en esa caja fuerte! —Entonces, cuando los periodistas poseídos los tiraron al suelo, el Doctor gritó —. ¡Harry!

Próximamente: Parte dos.

****

- 7 -

-1-

-1-

Parte dos

La última cosa que Harry Houdini escuchó cuando los periodistas con los

ojos morados los tiraron al suelo fue cuando el Doctor gritó su nombre. De repente, recordó su entrenamiento, sus trucos, la forma de la que podía escapar de cualquier parte. Claro que habían acabado rodeados por lo que parecían ser cientos de hombres poseídos y enfadados, pero todo lo que necesitaba hacer era tomarse todo esto como uno de sus espectáculos. El hombre que lo agarraba de las muñecas era como un par de esposas. Los demás, que lo rodeaban y lo agarraban, eran como unas cadenas o una camisa de fuerza. Paró de luchar y centró su mente. Todo lo que necesitaba hacer era girar suavemente así, torcerse lentamente

¡estaría libre! Se abrió

paso entre los periodistas, agarró al Doctor del brazo y lo sacó de allí. —¿Corre? —preguntó. —¡Corre! —respondió el Doctor. Y ellos corrieron. Las calles de Nueva York estaban vivas con esos coches motorizados. Los altos edificios se elevaban sobre ellos.

—¿Pero qué querían? —Le preguntó Harry al Doctor. El Doctor estaba chismando un extraño dispositivo de metal que brilló por un extremo cuando él corrió. —A mí, supongo. —¿Por qué? —le preguntó Harry cuando se metieron en un parque, en el que los gorriones se dispersaban a su alrededor—. ¿Nos iban a matar? —Me lo imagino —respondió el Doctor, señalando con el dispositivo hacia el cielo. —Bien. Mira, lo siento pero, ¿qué es eso? —preguntó Harry, señalando la

cosa de

¡el

de esta forma, mover ese brazo sobre ese otro lado y

metal del Doctor.

—Fuiste mago una vez

¿no

usaste

varita?

Esta

es

la

mía

-2-

destornillador sónico! El dispositivo emitía un alto y penetrante chirrido. —Bien, la nave espacial está definitivamente en órbita sobre Nueva York pero ellos tienen que tener una base de operaciones aquí abajo. ¿Dónde está? Harry sacudió la cabeza. —¿Quiénes son ellos? ¿Esos alienígenas? ¿Por qué quieren poseer a la gente? El Doctor se enderezó la pajarita cuando se puso a hablar. —Los llaman los cuculus. —Eso es cuco en latín —dijo Harry. —¡Exacto! ¡Son cucos espaciales! Harry simplemente se le quedó mirando. Entonces parpadeó. —¿Cucos espaciales?

—¿Sabías que los cucos colocan sus huevos en los nidos de otros pájaros? Pues los cuculus hacen lo mismo. Vuelan de planeta en planeta, para meter cada conciencia suya en las mentes de los habitantes de cada uno de esos planetas.

—Así que son como

¿marcianos invasores?

El Doctor sacudió la cabeza. —Marcianos no, cuculus. ¡Los marcianos son reptilianos! No, los cuculus son pájaros gigantes, obviamente. —Obviamente. —Y no quieren invadir. Sólo quieren vivir. —Así que, ¿no hay rayos de calor? ¿No están matando a la gente? Eso no es tan malo entonces —¡Intenta decírselo a esos periodistas que estaban poseídos! ¡Tienen mujeres y niños e impuestos! ¡Pero ahora ya no, porque están poseídos! Sus mentes han sido tomadas por —¿Cucos espaciales alienígenas gigantes? —preguntó Harry. —Exacto, Harry —respondió el Doctor—. ¡Sabía que lo pillarías! De repente se alejó y Harry hechó a correr detrás suya. —¿Y qué vamos a hacer? —Detenerlos —dijo el Doctor—. Tienen un cristal psíquico gigante que usan para transferir sus mentes a los cuerpos de la gente que quieren dominar. ¡Por eso vamos a cargárnoslo! —El rostro del Doctor se rasgó con una inmensa sonrisa—. ¡Las grandes y viejas cargaciones, no puedo esperar! ¡Ooh, hola! —El Doctor, balbuceando, se había topado con un policía sorprendentemente alto. Los ojos del Doctor sólo le llegaban al pecho del policía. El policía, sin embargo, tenía los ojos cerrados. Harry ya sabía lo que iba a ver cuando los abriera. —Hola, oficial —dijo el Doctor—. Me da que no eres nada bueno con las direcciones.

-3-

—¿Qué tipo de direcciones? —respondió el policía. —Oh, ¿la base de operaciones de los cuculus en esta ciudad? Porque te estoy dando una oportunidad. Llévame pacíficamente hacia allí y encontraré una forma de salvar a tu raza. Cualquier otra cosa y te detendré como pueda. El policía abrió los ojos. Por supuesto, brillaban con un color morado. —¡Doctor! —susurró, mirando hacia el hombre más pequeño—. ¡Te ha llegado la hora de morir!

hombre más pequeño—. ¡Te ha llegado la hora de morir! —Estuve ahí, hice eso. Compré la

—Estuve ahí, hice eso. Compré la camiseta —. El Doctor se desabrochó los botones de la camisa para revelar que de hecho estaba llevando una camiseta con He muerto en el Lago Silencio y todo lo que mi esposa me hizo fue esta camiseta

cutre escrito en ella. El policía la miró, por un momento confuso, antes de elevar

el arma. —¿Harry? —dijo el Doctor. —¿Corre? —respondió Harry. El Doctor asintió antes de echar a correr otra vez. ¡Harry lo siguió después de saltar cuando el policía los disparó con su pistola! El sonido de las balas

espantaron mendigos, trabajadores y gorriones. Salieron del parque y se cayeron

a un lado de la calle. —¿No tienes armas? —preguntó Harry, volviéndose hacia el Doctor cuando se detuvieron para tomarse un respiro. —¡No, no tengo! —El Doctor sonó furioso con esa pregunta. ¡De repente, un caballo y un carro se precipitaron hacia ellos!

-4-

—Detente —gritó Harry, interponiéndose en su camino y haciendo un gesto con las manos hacia el carro.

su camino y haciendo un gesto con las manos hacia el carro. Pero el carro no

Pero el carro no aminoró su velocidad y fue en ese momento cuando Harry se percató de que no tenía conductor. Miró al caballo galopante. Directamente a sus morados ojos. —Es uno de ellos —exclamó, agarrando al Doctor y llevándolo a rastras hacia el otro estremo del callejón—. ¡El caballo está poseído!

Próximamente: Parte tres.

****

-5-

-1-

-1-

Parte tres

Cuando el caballo endemoniado y su carruaje se precipitaron hacia ellos, Harry se echó contra la puerta más cercana, estrellándose y acabando en el interior del edificio vacío con el Doctor justo cuando los mortíferos cascos y las ruedas pasaron de largo. Dentro, vieron que parecía un almacén abandonado. Era siniestro y estaba lleno de polvo pero, por suerte, también estaba libre de ojos morados. Fuera, podían oír al caballo relinchar furiosamente. El Doctor parecía sorprendido. —¡Ese lenguaje! Harry levantó una ceja. —Me da que necesitamos cambiar de planes, Harry. —¿Teníamos planes? —Sí, bueno, algo así. Tenemos que dejar de preocuparnos sobre qué hay aquí abajo e ir directos al grano. Harry se lo pensó y se percató de lo que quería decir el Doctor. —¿Estás diciendo que subamos a la nave espacial? El Doctor asintió. —¿Eso no querrá decir que tendremos que volver al teatro y usar tu TARDIS? El Doctor sacudió la cabeza, sacó su destornillador sónico y señaló hacia el tejado del almacén. Sonó otro ruido chirriante. El Doctor gritó con el ruido:

—¡Nos quieren a nosotros! ¡Dejémoslos que vengan y nos atrapen! Harry estaba a punto de señalar exactamente lo que los cuculus habían estado intentando hacer todo este tiempo pero antes de eso, hubo una explosión de brillante luz blanca y todo se desvaneció en el negro.

****

-2-

Harry se despertó. Estaba dentro de un pequeño espacio de metal. Solo en la oscuridad. Se preguntó si volvía a estar en la caja fuerte. ¿Se había despertado tras una pesadilla? ¿Aún seguía el público esperándolo para salir? Lentamente comenzó a sentarse cuando se percató de que había una luz que provenía de alguna parte. Y entonces se percató de que en realidad estaba de pie. Y entonces se percató de que no estaba en la caja del escenario del Teatro Golden Horse. Y sabía esto porque, cuando se levantó completamente, vio una ventana. Y por esa ventana, podía ver el planeta Tierra. Harry Houdini estaba en el espacio. No quería admitir que estaba asustado pero razonó que no tenía porqué estar en pánico. Necesitaba salir de la celda y encontrar al Doctor. El Doctor sabría que hacer. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, Harry se percató de que todo parecía estar hecho de un extraño metal morado. Y todo estaba en silencio excepto el zumbido de la distancia maquinaria. Fue hacia la puerta de la celda y examinó la extraña cerradura alienígena. No era como las que había visto antes. Treinta y seis segundos más tarde, Harry atravesó la puerta. Le había llevado menos tiempo averiguar el codigo de seguridad curiosamente formado que escapar del suspendido truco de la chaqueta de fuerza o de la tina de mental de su Escape del Bote de Leche. Cuando llegó al final del pasillo, Harry se percató de una distante voz que venía de delante. El familiar murmullo se estaba acercando cada vez más y más. Harry empezó a correr.

****

Bueno Bob, no planeaba morirme dentro de una nave espacial en 1920. Pero puede que te hayas dado cuenta de un par de cosas. ¡Número uno! Antes he dicho que viajo solo. La mayoría del tiempo. Porque, sí, en este preciso momento, la mayoría del tiempo viajo solo. Pero en esta ocasión, aquí arriba, arriba en esta nave espacial, he traído a un amigo conmigo. Y, sí, es el que está entrando en la sala y trepando por la caja, jugueteando con las cerraduras ahora mismo. ¿Y número dos? Dije que no había prácticamente nadie en el cosmos que pudiera desactivar un sello de interbloqueo. Pero hay un hombre, mi amigo de ahí arriba, ¡que puede desbloquear cualquier cosa! ¡Se ha liberado esposas y cadenas y del vientre de una ballena! ¡Come sellos de interbloqueo para desayunar!

-3-

Así que, sí, mis emplumados captores, por eso es por lo que he estado hablando

Así que, sí, mis emplumados captores, por eso es por lo que he estado hablando con este Bob imaginario. Porque sabía que estaríais escuchando, y sabía que os distrairía el tiempo suficiente como para que mi amigo llegara hasta aquí arriba y me liberara de esta caja “en realidad se está llenando bastante rápido así que si te dieras prisa y me sacaras de aquí” vuestra.

Y con un toque final, el sello de interbloqueo se abrió y la caja de cristal se abrió. El Doctor saltó, salpicando el mejunge en todas direcciones. —¡Bien hecho, Harry! Puede que no sea lo suficiente la próxima vez. ¡Estos pantalones dan asco! Harry sacudió la mano del Doctor, encantado de verlo sano y salvo. No se lo esperaba hablando solo en lo que parecía una trampa mortal de cristal, pero ahora estaban seguros y reunidos. Sólo después de un instante se dio cuenta de que ya no estaban solos en la habitación. —¡Permitidme presentaros! ¡Captores, este es mi amigo, el Sr Harry Houdini! ¡Harry Houdini, estos son mis captores, los cucos espaciales! Sí, lo sé. Son pájaros gigantes. No los mires. Harry intentó no mirar a los alienígenas pero eran tan raros. Eran de la misma altura que el Doctor pero eran pájaros. Pájaros grandes. Alas, garras, picos, al completo. Pero eran pájaros con ojos morados brillantes. El Doctor explicó que habían estado intentando drenar su conocimiento sobre la Tierra y el universo.

-4-

—Quiero decir, podríais haberme preguntado —le dijo a los cucos—. ¡Pero

no, teníais que ir y cubrirme de un mejunge drenacerebros! ¡Habría sido mejor

lavarme!

Los cucos comenzaron a avanzar hacia ellos. A rodearlos. A Harry le recordó

a los periodistas del teatro. Excepto que estos tenían alas. Y garras. ¡Y picos que golpeaban y desgarraban! El Doctor seguía ocupado sacudiéndose los pantalones

y murmurando que tenía que encontrar otros nuevos, así que Harry lo agarró de la mano y comenzó a correr, llevando a rastras al Doctor.

Descendieron pasillos y pasillos, mientras escuchaban los graznidos de los pájaros gigantes que los seguían con sus enormes alas. No se sabe cómo, cuando corrieron, el Doctor se encargó de llevar la delantera y, pronto, acabó arrastrando

a Harry. —Por aquí —gritó el Doctor cuando metió a Harry dentro de una enorme cámara. Se detuvieron y Harry echó un vistazo a la sala, atemorizado. Era enorme. Más grande que enorme. Era mastodóntica. Las paredes, como con el resto de la nave, eran moradas. Estaban parpadeando, como el latido de un corazón. Y, de

pie contra las paredes, silenciosos y carentes de emoción, había cientos de cucos. —¿Están muertos? —preguntó Harry.

dormidos. Es perfectamente

—No, no —respondió el Doctor—. Están seguro.

Harry no creía que el Doctor entendiera el significado de la palabra “seguro”.

—¿Esta nave espacial está

viva?

El Doctor asintió. —No sólo es una nave espacial. Es el mundo de los cucos. —¿Entonces es más un huevo que una nave espacial? El Doctor sonrió. —¡Se parece un poco a un huevo, sí, Harry! ¡Y no es de goma! —Se detuvo

—. ¿Goma? ¿Broma? ¿Nada? —El Doctor se encogió de hombros y se acercó a una estructura que estaba en medio de la habitación. Harry lo siguió. Al principio, se parecía a un cristal gigante y violeta pero, cuando se acercaron, Harry se percató de que en realidad estaba hecho de miles de pequeños cristales, la mayoría de ellos brillando. Era hermoso. —Así es cómo controlan a la gente —explicó el Doctor—. Cada uno de estos cristales contiene la conciencia de un cuco. —Y esos que están brillando, ¿siguen teniendo la mente de algún cuco

dentro?

—¡Qué bien lo pillas, Harry! Y los cucos que duermen en esta sala, son los cristales vacíos porque sus conciencias han sido proyectadas en la Tierra. Poseyendo a gente. Y a caballos.

-5-

Harry observó los cristales vacíos. Tanta gente. Tragó saliva cuando observó a los cucos durmientes. —¿Qué hacemos entonces? El Doctor ya estaba andando con su destornillador sónico. La luz verde iluminó los cristales violetas. —Podría explicarlo hasta el mínimo detalle pero básicamente estoy revirtiendo el flujo psíquico para que cada conciencia de cuco vuelva a su cristal. Y, cuando Harry miró, más y más cristales comenzaron a parpadear y a

brillar vigorosamente. Cada nuevo cristal que brillaba significaba que otra persona de la Tierra se había liberado. Pero con cada nuevo cristal que brillaba, un cuco de la sala comenzaba a revolverse. Sus ojos parpadearon lentamente cuando se levantaron. Harry también podía oír a los otros cucos – los despiertos – acercarse. Estaban chillando con rabia mientras se acercaban a la cámara. Era como estar dentro de un cuadro monstruoso. —¡Doctor! —¡Lo sé! Deberíamos salir de aquí —respondió el Doctor—. Ya he hecho

—¡Pero antes de que pudiera decir nada más, los cucos gigantes

esto antes

entraron volando dentro de la cámara y los rodearon! Rápidamente, el Doctor hizo que los cristales cayeran al suelo. Se hicieron añicos como el cristal y los cucos que quedaban se despertaron. ¡Todos los cucos comenzaron a avanzar, graznándoles estrepitosamente y batiendo sus alas! Harry y el Doctor se pusieron de espaldas el uno contra el otro, sin ningún lugar al que huir.

y batiendo sus alas! Harry y el Doctor se pusieron de espaldas el uno contra el

-6-

—¡Espera, antes de que hagáis algo estúpido y doloroso —dijo el Doctor—, deberíais comprobar vuestras bases de datos! Mientras estaba en vuestra caja de cristal, os dejé algo de conocimiento de mi mente. Sólo un poco. ¡Un par de pistas para que vuestra raza pueda sobrevivir! ¡Algunos consejos prácticos sobre cómo construir robots! ¡La localización de una raza de criaturas simbiónticas que estarían encantadas con vuestros grandes cerebros de pájaro! ¡Sólo un par de soluciones para que no tengáis que ir por el universo implantando vuestras mentes en gente inocente! ¡Y caballos! Uno de los cucos se acelantó y ladeó la cabeza. Parecía extrañamente cómico, ya que a Harry le recordaban a los gorriones que volaban y andaban por Nueva York. El cuco pió. Otros dos cucos le devolvieron el gorjeo. Entonces todos se volvieron para mirar al Doctor y a Harry otra vez. Abrieron sus picos y de repente En un estallido de luz blanca, Harry y el Doctor acabaron una vez más en la entrada del Teatro Golden Horse. Harry se quedó allí por un momento y respiró profundamente. El sabor a Nueva York le llenó los pulmones. Volvía a estar en casa.

—¿Ya está? —le preguntó al Doctor. El Doctor asintió y se paró para mirar el reloj. —¡Tenemos que volver a meterte en esa caja fuerte! Y antes de que Harry pudiera rechistar o siquiera intentar comprender qué había pasado, se vio arrastrado a la caja azul del Doctor y en medio de la imposible sala de control. Antes de que pudiera decir nada, el Doctor lo empujó al círculo brillante de la pared y entró en la caja. ¡Lucho para volverse y mirarlo a la cara pero el Doctor sacudió la cabeza! —¡Rápido! ¡Tienes que salir de la caja! He programado la TARDIS para dos minutos después de que la puerta de la caja se cierre, así que el público no habrá estado esperando nada. ¡Ahora ve! —Se alejó de Harry y se quedó de espaldas a él.

—¿Qué estás haciendo? El Doctor se llevó los dedos a las orejas y gritó:

—¡No quiero saber cómo lo haces! ¡No quiero destripar la magia! Y, unos segundos más tarde, Harry alcanzó al Doctor y le dio una gentil patada. El Doctor se volvió para mirarlo y vio, con una gran sonrisa atravesando su cara, como Harry abría la caja. El público, al otro lado de la caja fuerte, comenzó a aplaudir cuando Harry se liberó. Recorrió el escenario. La señorita del vestido de lentejuelas se acercó a él y levantó los brazos y la audiencia comenzó a aclamar. Harry volvió para mirar hacia la caja y vio el rostro del Doctor dentro. Estaba sonriendo. El público estaba sonriendo. La señorita del vestido de lentejuelas estaba sonriendo. Y Harry Houdini estaba sonriendo. ¡Había salvado al

-7-

mundo! Pero De repente, la señorita que tenía al lado comenzó a toser. Y varias personas

del público comenzaron a toser. Y luego unos pocos más. Harry los miró, confuso. Se volvió para mirar al Doctor. ¡El Doctor salió de la TARDIS y de la caja, y se metió al escenario! —¿Qué está pasando? —preguntó Harry, aterrorizado. —¡Están muriendo! —El Doctor tomó un profundo hálito que arrugó su

disgustada cara—. ¡Un virus! Los cucos

¡sabían que habían perdido así que

liberaron un virus! —Sacó rápidamente su destornillador sónico y escaneó a Harry —. ¡Somos nosotros! ¡Los hemos infectado!

¡Próximamente: La cuarta y última parte!

****

-8-

-1-

-1-

Parte cuatro

Harry Houdini miró en derredor, en el teatro, como la audiencia se retorcía y tosía, atrapados en las garras de un virus alienígena. —Tiene que haber una forma de pararlo —gritó. No podía creer lo que estaba pasando—. ¡Usa tu varita sónica! El Doctor sacudió su cabeza. —No funcionaría —empezó a ir y venir por el escenario, desesperado.

Harry se dio la vuelta y cogió a la mujer con el vestido de lentejuelas, que se desplomó sobre él. Estaba muriendo en sus brazos. Lo que había parecido una aventura loca y divertida, era ahora algo mucho peor. —¡Haz algo, Doctor! El Doctor corrió hacia él. —¡Los cucos crearon el virus, pero como todo lo que es suyo, creció, es natural, es parte de su ecosistema! —¿Como los cristales? —¡Exacto! —Oh. —¿Oh, Harry? —Así que si hubiera un cristal y lo encontraras, ¿podrías parar esto? ¿Podrías revertirlo como hiciste en la nave? El Doctor de repente le gritó a Harry, lleno de ira:

—¡Sí, Harry, bien hecho, podría hacerlo, pero ya no hay tiempo! Tendría que coger la TARDIS y escanear la nave entera, para tratar de encontrarlo y El Doctor se interrumpió cuando Harry le tendió la mano. En su palma había un solitario cristal.

—¿Cómo lo has conseguido? Nunca

—el Doctor se rió—. No. ¡No me lo

digas! ¡Saber cómo se hace algo es peor que un spoiler! Harry se encogió de hombros. Había querido quedarse con uno de esos

-2-

cristales como un recuerdo, y había sido fácil desgastar el zapato con ellos en la cámara. Había escogido uno de su suela cuando estaba seguro de vuelta en la caja fuerte. El Doctor apuntó su destornillador sónico al cristal y la luz verde brilló más. El cristal empezó a resplanceder más y más. El público empezó a recuperarse conforme la extraña luz morada iluminaba todo el escenario, y en poco tiempo, todo el teatro. Harry se la quedó mirando hasta que la luz se hizo demasiado brillante como para mirarla. Entonces, de repente, ¡el cristal empezó a arder! Harry lo tiró al suelo y saltó tras la caja, arrastrando al Doctor. ¡La luz morada brilló tan intensamente, que inundó el teatro al explotar el cristal en blanca ceniza! La ceniza se elevó hasta el techo y cayó lentamente, cubriendo al público, a la caja fuerte, a la señorita de las lentejuelas, a Harry y al Doctor. El público parpadeó, confusa. La señorita de las lentejuelas se estaba poniendo en pie. Todo el mundo estaba tosiendo, aclarando sus gargantas, sin saber muy bien qué acababa de pasar y confusos por lo que parecía ser una capa de nieve que los cubría. Harry asomó su cabeza desde detrás de la caja y el confuso público empezó a aplaudir. Harry sonrió. Todo iba a ir bien. Entonces volvió tras la caja y arrastró al Doctor fuera. Los dos hombres se pusieron uno al lado del otro, riendo y saludando al público, que aplaudía. La señorita del vestido de lentejuelas le dio al Doctor un beso en la mejilla y él se sonrojó. Harry le dio unas palmaditas en la espalda, riendo.

Harry le dio unas palmaditas en la espalda, riendo. —Has hecho nevar, Doctor —dijo con una

—Has hecho nevar, Doctor —dijo con una sonrisa—, ¡en verano! ¡Eso es más

-3-

de lo que yo nunca he hecho!

El Doctor se rió y le dio la mano antes de darse la vuelta para dejar el escenario. —¿Te vas ya? —Harry seguía sonriendo, ya que el público continuaba aplaudiendo. El Doctor asintió. —Tengo otros planetas que salvar. Nueva gente que conocer. Todavía hay mucha diversión. Pero te volveré a ver. —¿Ah, sí? —Oh sí. Mentí un poco. Me sé todos tus trucos. —¿Cómo? —Harry paró de sonreír. —No dentro de mucho tiempo, me los enseñarás. No recordaré esta

aventura, porque seré más joven

mayor. Harry sólo se rió. Como todo con el Doctor, tan sólo asumió que tenía sentido. Le dio la mano al Doctor y le dio las gracias. Entonces, él también aplaudió, mientras el Doctor volvía a entrar en la caja. Cerró la puerta de esta, y tras unos segundos, la volvió a abrir. El Doctor y su TARDIS se habían ido. Y el público seguía aplaudiendo. Harry se rió. Sabía que estaban aplaudiendo porque no sólo lo habían visto a él hacer su truco de siempre. Habían visto algo nuevo. Algo incluso más brillante. Porque habían visto al Doctor. Y él también.

pero pareceré mayor. Y tú simplemente serás

FIN

****

-4-