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POSITIVISMO Y ANTIPOSITIVISMO EN LA CIENCIA GEOGRÁFICA. EL EJEMPLO DE LA GEOMORFOLOGÍA. Horacio Capel. Geo crítica UNIVERSIDAD DE BARCELONA

Año VIII.

Número: 43 Febrero de 1983 Disponible en http://www.ub.edu/geocrit/geo43.htm

El objeto de esta ponencia es presentar y desarrollar parcialmente un esquema interpretativo de la evolución del pensamiento geográfico durante los siglos XI X Y XX en términos de una contraposición entre actitudes "positivistas" e "historicistas". La exposición constará de cuatro partes. La primera planteará el problema de la delimitación de la ciencia geográfica a partir de las definiciones que de ella se han propuesto y de las tradiciones que, a partir de ahí, pueden reconocerse. La segunda presentará los rasgos generales del esquema interpretativo. La tercera intentará mostrar la validez de este esquema aludiendo a la evolución de las ideas científicas en el campo de la geomorfología. La última parte estará dedicada a suscitar y discutir algunos problemas que surgen de la aplicación del esquema propuesto.

l. UNA DISCIPLINA EN BUSCA DE SU OBJETO

Definir la geografía a un público no especializado en la materia resulta, con frecuencia, una tarea difícil. Ello es así por dos tipos de razones. En primer lugar, porque el contenido semántico de la expresión "geografía" puede haberse modificado en los más de dos milenios y medio en que se utiliza. En segundo lugar, por las divergencias que existen entre los mismos geógrafos en la definición de su ciencia. Aludiré sucesivamente a cada uno de estos aspectos.

La pérdida de contenido de la geografía

La comparación de algunas obras recientes de geografía con otras anteriores al siglo XIX puede suscitar inmediatamente serias dudas sobre la continuidad que existe entre lo que hoy se estudia en esta ciencia y lo que antes se entendía por geografía. Tanto en los temas tratados, como en los enfoques, se observan diferencias importantes. En las obras modernas de geografía ha desaparecido la parte astronómica relacionada con el antiguo tratado de la esfera, y se centra la atención en la superficie terrestre; aparecen temas nuevos, como el de la relación hombre-medio, que no eran habitualmente tratados antes por los geógrafos y si, en cambio, por parte de médicos 1 y naturalistas; la construcción de mapas que era antaño una tarea esencial del geógrafo constituye hoy el objetivo de una ciencia aparte.

El siglo XVIII parece ser un momento decisivo en la evolución de la ciencia geográfica 2 . A lo largo del mismo la antigua ciencia descriptiva de la tierra, la geografía, se fue identificando de forma creciente con la descripción enciclopédica de países, un simple saber vulgarizador que muchos no consideraban ya científico. Al mismo tiempo la geografía fue perdiendo contenido por la aparición de diferentes ciencias especializadas, cuyo objeto era precisamente el estudio de aspectos que antes se consideraban propios de aquélla.

La realización de estudios especializados sobre la figura y magnitud de la Tierra, y los problemas que plantean la construcción científica de los nuevos mapas que la navegación y las obras públicas exigen, dan lugar desde el siglo XVII a un amplio desarrollo de la geodesia y de la geomorfología, íntimamente asociadas a la geometría, y desde el siglo XIX acompañadas también por la cartografía. A partir del

1 Véase URTEAGA, 1980.

2 CAPEL, 1982

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siglo XVI, los estudios sobre el geomagnetismo permiten la aparición de una nueva rama científica,

que no tardará en conocerse como la geofísica o física de la Tierra. El estudio científico de la estructura

y composición de las rocas da paso a la geognosia, que encuentra en Freiberg y en la escuela de

Abraham Werner su nicho ecológico fundamental. Paralelamente, la geología se configura como la ciencia de la estructura interna y externa de la Tierra, así como de los cambios que ésta ha

experimentado a lo largo del tiempo.

Otras ramas más especializadas surgen para estudiar aspectos mucho más concretos. (…) en el siglo

XIX (…) da lugar luego a la pujante edafología. El estudio de los organismos vivos es realizado por

la

botánica, la zoología y la biología, mientras que el impacto del evolucionismo provoca desde 1870

la

aparición de la ecología para el estudio del medio ambiente natural sobre el que se desarrollan los

organismos vivos en íntima relación con él.

A esto debe unirse que la descripción de la superficie física de la tierra empezó a ser conocida

como fisiografía, ciencia que estuvo a punto de consolidarse como rama científica independiente en el

siglo

XIX 3 ; que una vieja rama de la geografía como era la topografía, se independizó claramente de

ella;

que los pueblos primitivos, tan ampliamente tratados en las obras de geografía, son descritos ahora

por la etnografía, y estudiados por la etnología; y que, por fin, se desarrollan numerosas ciencias especializadas del hombre y de la sociedad. Comprenderemos así que a principios del siglo XIX muchos científicos consideraran que la vieja geografía habla quedado sin objeto, por ser una de esas ciencias del pasado -que no daba respuesta a las nuevas necesidades. Los testimonios que pueden reunirse sobre la precaria situación de la geografía en las instituciones científicas de rango superior en

la primera mitad del siglo XIX, Y la escasa atención que se prestó a esta ciencia en muchas de las

clasificaciones científicas que se realizaron durante el siglo XIX, puede servir de prueba de lo que decimos 4 .

La institucionalización de la geografía y la redefinición de esta ciencia

A pesar de esta evolución, la geografía no desapareció. Su asociación con las tareas colonizadoras y,

sobre todo, su presencia en la enseñanza primaria y secundaria, le permitieron ser reconocida en los

centros universitarios, aún con la oposición, en ocasiones enconada, de otros científicos 5 . Desde 1870

se crearon en las universidades europeas gran número de cátedras de geografía, que permitieron el

desarrollo institucionalizado de esta disciplina y la aparición de una comunidad científica de geógrafos 6 . Después del reconocimiento institucional, una de las tareas esenciales que abordaron los miembros

de esta comunidad fue el de la definición y delimitación de la disciplina 7 . Hay que reconocer que el

resultado de esta tarea no ha permitido, sin embargo, obtener una definición que sea unánimemente aceptada y compartida.

3 STTODDART,1975.

4 Véase sobre ello CAPEL, 1977 y 1981

5 Véase como ejemplo de estas oposiciones STTODDART, 1981.

6 Véase sobre ello CAPEL, 1977 y 1981 7 Todavía en 1925 el geógrafo norteamericano C.O. Sauer reconocía que las opiniones sobre la definición de esta ciencia eran diversas y que "la etiqueta geografía no es una indicación segura de la materia contenida en ella". Y añadía: "En tanto que los geógrafos estén en desacuerdo sobre su materia, será necesario buscar, mediante una repetida definición, unos fundamentos comunes sobre los cuales se pueda establecer una posición general" (SAUER, 1925; ed. 1965, pág.

315).

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Las dificultades encontradas explican que desde hace ya bastante tiempo se hayan propuesto, medio en broma medio en serio, definiciones que podemos denominar "sociológicas" de la materia: "la geografía es lo que hacen los geógrafos" 8 .

Personalmente tiendo a dar bastante significado a este tipo de definición, porque estoy convencido de que los aspectos sociológicos e institucionales, los intereses socio-profesionales y las estrategias que en relación con ellos despliegan los científicos, desempeñan un papel esencial en la delimitación de las disciplinas intelectuales 9 .

Otra definición muy extendida en la geografía destaca las peculiaridades "metodológicas" de esta ciencia. La geografía se caracterizaría por su "punto de vista", por la forma particular de considerar los fenómenos, distinta a la de las ciencias "afines". Normalmente esta definición va unida a unas afirmaciones correlativas sobre la amplitud y la complejidad de la tarea del geógrafo. Un buen reflejo de esta actitud pueden ser las palabras de Jean Dresch, presidente en los años 1970 de la Unión Geográfica Internacional: "El dominio geográfico aparece también gigantesco porque la geografía no puede, en definitiva, definirse ni por su objeto ni por sus métodos, sino más bien por su punto de vista".

Las dificultades surgen cuando se trata de precisar el contenido y el carácter de este punto de vista, ya que para unos consiste en la preocupación por establecer sistemáticamente "relaciones" y "conexiones" entre fenómenos que se dan en la superficie terrestre, mientras que para otros consiste, más bien, en plantear los problemas en términos de su distribución espacial 10 .

La vía más frecuentemente seguida por los geógrafos para definir su ciencia ha consistido en destacar el objeto particular de estudio. Pero tampoco aquí los resultados han sido homogéneos. La figura 1 recoge en forma resumida y ordenada, las principales definiciones que se han propuesto de la geografía desde el siglo XIX. 11

8 Sea quien sea el primero que lanzó esta frase, lo cierto es que por los años 1950 era ya ampliamente conocida, como demuestran las alusiones críticas que se hacían a esta definición. Véase, por ejemplo, BOESCH y CAROL, 1956.

9 Véase CAPEL, 1977 y 1981.

10 No es raro, por otra parte, que se incluyan los dos aspectos antes citados en el "punto de vista geográfico". Así para Max

un estado del espíritu, una cierta disposición para considerar las cosas desde el

punto de vista de su repartición y de su concesión en el espacio". Para L. Pivetau (1967) la geografía "es" y "tiene": Es un punto de vista, una manera de considerar todo fenómeno del espacio terrestre bajo el ángulo de la distribución: tiene un

dominio propio, que es precisamente este espacio terrestre. Para Paul Claval, esta definición doble tiene un gran mérito, ya que por un lado describe lo que es, y delimita un dominio adquirido, un cuerpo de conocimiento constituido; por otro, indica la tensión, el proyecto, la aspiración del investigador. (CLAVAL, 1967, pág. 39). Alain REYNAUD (1970) ha reunido un cierto número de definiciones de este tipo. 11 Las definiciones han sido sistematizadas a partir de las siguientes fuentes: HARTSHORNE, 1939 y 1959; PATTISON, 1964; DICKINSON, 1964; MINSHULL, 1970; REYNAUD, 1970 y 1974; VILA VALENTI, 1971; BEAUJEU - GARNIER, 1971; JAMES, 1972; y CAPEL, 1981.

Sorre, la geografía "es esencialmente (

)

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Figura 1 Definiciones y tradiciones de la geografía

4 Figura 1 Definiciones y tradiciones de la geografía A pesar de la diversidad de muchas

A pesar de la diversidad de muchas de estas definiciones, pueden realizarse fácilmente ciertas

agrupaciones que permiten detectar lo que, usando un término acuñado por William Pattison (1964)

bien podrían denominarse "tradiciones en geografía", es decir, las concepciones o líneas de desarrollo

de la ciencia geográfica, aceptadas y cultivadas por grupos de geógrafos.

Los agrupamientos pueden ser diversos, por lo que las tradiciones identificadas son distintas según los autores. Para Carl O. Sauer y R. Hartshorne se trataría de tres grandes líneas de desarrollo: la geografía como ciencia de la diferenciación espacial, la geografía como ciencia de los procesos físicos que se dan en la superficie terrestre, y la geografía como ciencia de la integración de fenómenos heterogéneos y en particular de la vida orgánica y el medio físico 12 . Para Pattison, en cambio, (1964) existen cuatro tradiciones fundamentales añadiendo a las citadas por los anteriores autores (ciencia de la tierra, estudios de áreas, relación hombre-tierra) una tradición espacial, por influencia, seguramente, de la revolución cuantitativa. Preston James (1972) eleva la cifra a seis: la geografía como ciencia de áreas, como ciencia de la tierra, como ciencia de relaciones, como ciencia del espacio, como ciencia de los lugares y como ciencia de los sistemas espaciales. Por mi parte, considero como más aceptable, en lo fundamental, la enumeración de Pattison, aunque pienso también que por el énfasis que algunas definiciones ponen en aspectos concretos y por la importancia del desarrollo institucional que han tenido, podría hacerse alguna subdivisión y añadirse a las cuatro que él enumera la tradición paisajística y, quizás también, la social o, mejor, socio-espacial. Son estas seis las que yo retendré como esenciales para los fines de esta ponencia.

12 SAUER, 1925, ed. 1965, pág. 316; HASTSHORNE, 1959, págs.12-35.

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Conviene advertir que un buen número de estas definiciones y, naturalmente, también las tradiciones, aparecen con frecuencia fuertemente asociadas entre sí. Por ejemplo, puede aceptarse que la diferenciación de áreas en la superficie terrestre se refleja en la aparición de paisajes diferenciados, lo cual, a su vez, es un resultado de carácter diverso que adquiere la combinación entre los fenómenos físicos y de los ajustes que el hombre realiza ante ellos. En este caso se daría una asociación clara entre las tradiciones ecológica, corológica y paisajística. También puede sostenerse que las localizaciones y distribuciones espaciales de los fenómenos permiten observar la covariación de algunos de ellos y, por consiguiente, se convierte en un elemento de la diferenciación espacial; se trataría, en este caso, de una asociación entre las tradiciones corológica y espacial. La figura 2 expresa algunas de las más frecuentes asociaciones que se dan entre las diferentes definiciones de la geografía.

Figura 2 Asociaciones más frecuentes en la definición de la geografía

más frecuentes en la definición de la geografía En un intento de máxima simplificación podría afirmarse

En un intento de máxima simplificación podría afirmarse que dos o tres de estas tradiciones se han convertido desde finales del siglo XI X en auténticamente centrales constituyendo la base fundamental para la delimitación intelectual de la disciplina: la corológica o, quizás, corológico-espacial, y la ecológica. Son ellas las que constituyen los problemas-clave de la disciplina, las que aseguran desde el siglo XIX la continuidad intelectual de la misma, a pesar de la renovación constante de los métodos y de la aparición de sucesivas "nuevas geografías" 13 .

El primero de estos problemas clave es el de la diferenciación del espacio en la superficie terrestre. Puede sostenerse que este problema constituye un elemento de continuidad a través de toda la historia de la geografía, desde la época griega hasta hoy. No es difícil, en efecto, mostrar la relación del mismo con la venerable tradición corográfica de la geografía. A su vez, no es imposible encontrar elementos

13 Véase sobre ello CAPEL, 1981, págs. 257 ss.

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de, contacto entre un problema clave así definido y el que viene expresado por la tradición "espacial"

de la corografía. Cuando el punto de vista propiamente corológico sea rechazado de la geografía -como

ocurre, por ejemplo, con ocasión de la revolución cuantitativa de los años 1950- será sustituido por un marcado énfasis en las distribuciones y relaciones en el espacio terrestre, por la organización espacial, por el análisis espacial que trata de encontrar el orden subyacente en los fenómenos que se distribuyen

en la superficie terrestre. La evolución del pensamiento de Ritter, que he realizado en otro lugar 14 , muestra claramente cómo es posible deslizarse de una a otra problemática sin grandes dificultades y

de una manera natural.

El segundo problema clave de la geografía es el de la relación entre el hombre y el medio, y

particularmente el de los ajustes del hombre a las condiciones cambiantes del medio natural, así como

la repercusión de las acciones humanas sobre este medio. Se convierte en un problema clave para la

geografía a partir del siglo XI X y es afirmado con fuerza como tal por los geógrafos universitarios desde los años 1870, coincidiendo con el impacto de la biología darwinista y de la naciente ecología en la ciencia geográfica. Desde el primer momento la componente espacial está igualmente explícita,

ya

que se considera, al mismo tiempo, que lo propio de la geografía es la distribución de los fenómenos

en

la superficie terrestre. Desde principios del siglo XX se acepta también que la morfología, el paisaje

terrestre, refleja las diferentes interacciones y ajustes ecológicos, a la vez que expresa igualmente el

carácter y la personalidad peculiar de cada región.

II. LA CONTINUIDAD Y EL CAMBIO EN EL PENSAMIENTO GEOGRAFICO

¿Paradigmas en geografía?

A partir de los años 1965, han sido numerosos los intentos que se han realizado en geografía para

aplicar el esquema kuhniano y discutir su validez. En un primer momento las ideas de Kuhn se esgrimieron para apoyar con ellas la necesidad de un cambio revolucionario en la ciencia geográfica, y justificar así la nueva geografía cuantitativa. Así lo hicieron netamente R. J. Chorley y P. Hagget cuando, en el primer capítulo de la obra Models in Geography (1967), defendieron explícitamente la

urgencia de un cambio hacia un nuevo paradigma geográfico basado en modelos. A pesar de que, en

la concepción de Kuhn, el esquema era esencialmente descriptivo, en un primer momento fue utilizado

por los geógrafos con un énfasis normativo. Se usaba para establecer las prescripciones de lo que había

de ser la ciencia normal tras el derrocamiento del paradigma tradicional obsoleto.

Más adelante los esfuerzos tendieron a identificar las diferentes revoluciones y paradigmas que se podrían haber sucedido en la ciencia geográfica. Los resultados fueron diversos, tal como se podía esperar por la misma ambigüedad del término "paradigma". Unas veces se aplicaba esta expresión a la obra ejemplar de un geógrafo influyente (como Ratzel, Vidal de la Blache, Hettner o Davis, por ejemplo). Otras, a teorías como la de los lugares centrales de Christaller. Más frecuentemente, a concepciones geográficas generales tales como el "ambientalismo", el "posibilismo", la tendencia "regional", el "análisis espacial", etc., o a marcos filosóficos dentro de los cuales podía haberse realizado el trabajo de los geógrafos, como el "paradigma marxista", por ejemplo 15 .

El intento de identificar los paradigmas iba unido al de localizar los cambios revolucionarios correspondientes. No estaba claro cuántos podían haber existido en el pasado, ni la cronología precisa de los mismos. Sólo en un punto se consiguió rápidamente un acuerdo bastante general: el de que durante los años 1950-1965 la geografía había conocido uno de estos cambios revolucionarios. Pero

14 CAPEL, 1981, cap. 11.

15 Véase referencias bibliográficas en CAPEL, .1981, págs. 253-257.

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incluso respecto a ello podían existir diferencias notables entre los geógrafos jóvenes y los de mayor edad.

Los primeros aceptaron más fácilmente la nueva geografía cuantitativa, que percibían como la auténtica "geografía científica". Tendieron también a acentuar y destacar los aspectos más novedosos, tales como la utilización de técnicas estadísticas refinadas, el énfasis en la formulación de leyes frente a la simple descripción idiográfica, la nueva metodología deductiva, teorética, fuertemente formalizada y con un marcado sesgo fisicista. También crearon una nueva ideología, la del "científico espacial" frente al "geógrafo sintetizador" y se lanzaron a reescribir la historia de la disciplina, para dar cabida en ella a los "precedentes" ahora valorados y a las nuevas figuras científicas 16 .

Las razones de este énfasis en el cambio son seguramente diversas, pero entre ellas hay que contar razones puramente biológicas -el cambio generacional- y, sin duda también, razones estratégicas, relacionadas con la lucha por el poder en el seno de la comunidad, Ello explica que, en ocasiones, la oposición entre "cuantitativos" y "cualitativos", que era también el enfrentamiento entre jóvenes y viejos, adquiriera una gran virulencia, y que los primeros no dudaran en utilizar -consciente o inconscientemente- tácticas terroristas para debilitar la oposición de los mayores 17 .

En cualquier caso, por todos ellos el decenio de 1950 fue percibido como auténticamente revolucionario. Desde 1963, en que Jan Burton publicó un famoso artículo en el que sostenía que la revolución ya había triunfado, todos los jóvenes aceptaron plenamente esta idea. Burton no había usado para nada en su artículo las ideas de Kuhn -o al menos no alude a ellas- pero cuando éstas se popularizaron no fue difícil identificar el cambio revolucionario que había experimentado la disciplina geográfica con la revolución científica que inauguraba un nuevo paradigma.

Entre los geógrafos partidarios de las ideas tradicionales las opiniones estuvieron divididas. La mayor parte sintieron, sin duda, que los cambios que se estaban produciendo ponían en peligro la unidad y la continuidad de la geografía. Roger Minshull expresó claramente un sentimiento bastante generalizado cuando, con referencia a los cambios producidos desde 1950, consideró que algunos de ellos "son tan extremos y tan diversos en enfoque y objetivo, que podría sugerirse que es ya llegado el tiempo de que se separen de la geografía nuevas disciplinas, antes de que el trabajo realizado por los "geógrafos" bajo el nombre de "geografía" llegue a ser tan diverso que desafíe toda definición" 18 .

Los cambios hacia la nueva geografía amenazaban también el prestigio intelectual y el poder de los mayores en el seno de la comunidad. El dilema con el que se enfrentaban ha sido considerado como un caso de esquizofrenia: rechazar las viejas ideas y adoptar las nuevas les ponía en inferioridad de condiciones respecto a los jóvenes, más preparados en matemáticas; no aceptar el naciente paradigma, que era presentado como un paso progresivo en el desarrollo de la disciplina les hacía aparecer como retrógrados. En esta situación la estrategia que espontáneamente adoptaron alguno de ellos consistió en tratar de expulsar a los innovadores afirmando el carácter no geográfico de los nuevos desarrollos 19 . Paralelamente, o ante el fracaso de estos intentos, procuraron destacar los elementos de continuidad frente a las pretensiones de cambio revolucionario. Se rechazó así la oposición fundamental entre idiográfico -vieja geografía / nomotético-nueva geografía.

16 Sobre todo, ello véase TAYLOR, 1977.

17 En este sentido de terrorismo intelectual puede interpretarse el uso de conceptos matemáticos que a veces no aportaban grandes mejoras a las posiciones tradicionales, lo que TAYLOR (1976) ha llamado el "uso de las matemáticas como camuflaje para impresionar". 18 MINSHULL, 1972, pág. 136.

19 TAYLOR,1977.

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Frente al ataque de Schaefer (1953), R. Hartshorne había defendido 20 que tanto Hettner como él mismo hablan reconocido en la geografía una parte idiográfica (la geografía regional) y otra nomotética (la sistemática). Retomando esta idea, Preston James defendió que los ataques contra Hettner y Hartshorne habían oscurecido "la continuidad subyacente del pensamiento geográfico" 21 . Se afirmó asimismo que las nuevas técnicas cuantitativas o los métodos hipotético - deductivos habían sido usados también en el pasado, y significaban simplemente un enriquecimiento de la disciplina, ya que era posible tratar los viejos temas con los nuevos enfoques.

Las posibilidades de acuerdo entre lo que todavía se consideraba como el viejo y el nuevo paradigma se hicieron mayores en los años 1970. Por un lado, el entusiasmo innovador había llevado a una proliferación de "revoluciones". Un autor fue capaz de identificar la existencia de siete pretendidas revoluciones, lo que, seguramente, convertía a la geografía en "la América Latina de la comunidad científica" 22 . Pero, más importante aún, los mismos geógrafos que hablan participado en la revolución cuantitativa se distanciaban ahora de ella, y un geógrafo tan significativo como David Harvey, autor de Explanation in Geography (1969), una de las dos grandes obras teóricas de la "nueva geografía", proclamaba sólo tres años más tarde de la aparición de este libro que el paradigma cuantitativo estaba ya agotado y listo para ser derrocado y sustituido por otro 23 .

Al mismo tiempo, llegaban también a la geografía los ecos de la crítica que se hacía al esquema kuhniano desde diversas perspectivas, y la idea de un paradigma dominante y aceptado por toda la comunidad científica se consideró críticamente como "muy cercana a la idea de un dogma que debe ser seguido para que se le considere a uno ortodoxo" 24 . Se rechazó también firmemente la identificación entre periodos de ciencia y monopolio de un paradigma, y se empezó a insistir, en cambio, en la coexistencia de paradigmas. En 1978, James Bird se atrevía a exclamar: "El paradigma uno y único ha muerto: ¡viva el espectro metodológico!" 25 .

Desde los años 1975 se tiende a destacar más la continuidad que el cambio. En 1977 R.J. Johnston se declaraba insatisfecho con el enfoque kuhniano tal y como habla sido aplicado en geografía por Chorley, Haggett y D. Harvey (1972) y, apoyándose en Mulkay (1975), consideraba más probable que "los nuevos enfoques que ocasionalmente pueden desarrollarse no conducen al derrocamiento del paradigma existente. Más bien aparece una nueva rama de la disciplina la cual se concentra, bien en nuevos enfoques a los temas tradicionales, o bien en nuevos temas en el contexto de las filosofías adoptadas". Consideraba asimismo que "con el tiempo el fervor radical de tales ramas se agota, y sus rasgos destacados se incorporan al cuerpo principal del tema" 26 . Algunos de estos desarrollos podían convertirse en marcos paradigmáticos, que en ningún caso hay que entender como excluyentes, sino más bien como coexistentes 27 .

20 HARTSHORNE, 1955.

21 JAMES 1972, pág. 228.

22 TAYLOR, 1976. Se trata de las revoluciones cuantitativa, metodológica, conceptual. estadística y de modelos, conductista y radical, ed. 1977, nota 4, pág. 15. El autor exagera evidentemente, ya que algunas de estas expresiones se utilizan como sinónimos para la revolución cuantitativa.

23 HARVEY, 1972, ed. 1976. 24 BIRD, 1977, pág. 105. 25 BIRD, 1978, pág. 134.

24 BIRD, 1977, pág. 105

25 Ídem

26 JOHNSTON, 1978, pág. 118.

27 JOHNSTON, por ejemplo, creyó poder identificar en el artículo citado de 1978 tres ramas principales en la geografía urbana: 1) el enfoque cuantitativo y nomotético, con ribetes explicativos basados en la economía neoclásica: 2) el enfoque behaviorista que desde 1965, destaca las actividades individuales realizadas dentro un mundo percibido: 3) el enfoque "radical o estructuralista" (sic), que insiste en las coacciones de la sociedad como un todo, y en particular ,de ciertos grupos dentro de ella, sobre el comportamiento de los individuos. Consideraba que los dos: primeros desarrollos "tenían ya la

9

Frente a la idea de revolución que separa períodos de ciencia normal monoparadigmáticos, se insiste ahora en que la geografía no ha conocido revoluciones completas, sino más bien "paradigmas ampliados" 28 que extienden la perspectiva, "continuidad con evolución" 29 ; "coexistencia en paralelo" de paradigmas que van absorbiendo lentamente los temas y los enfoques de las viejas tendencias 30 . Los cambios de la disciplina existen, sin duda, pero no afectan al conjunto de la comunidad científica, ya que "las viejas ideas permanecen durante mucho tiempo y los nuevos descubrimientos pueden tener a veces el carácter de mutaciones" 31 .

La geografía, al igual que otras ciencias sociales, cambiaría así "por extensión y reorientación, más que por mutación" 32 . En algún esquema del desarrollo histórico de la geografía se reinterpreta éste como el paso paulatino desde una situación inicial monoparadigmática o dual-paradigmática (por ejemplo, "posibilismo" -"determinismo", "Sauer"- "Hartshorne") hacia una ciencia de carácter multiparadigrnático a partir de los años 1960. Según eso, los paradigmas anteriores no habrían desaparecido, al tiempo que habrían emergido nuevas ortodoxias basadas en objetivos y filosofías diferentes; dicha tesis permite concluir a sus autores que en los años 1980 "estas filosóficas divisiones constituirán los temas principales del pensamiento geográfico" 33 .

Por este camino se llega, naturalmente, a una desvalorización total del esquema kuhniano, aunque en ocasiones persista su terminología. R. J. Johnston considera que el concepto de paradigma de Kuhn no

presta atención a la naturaleza de los conf1ictos en las ciencias sociales: "Hay poca evidencia -escribe-

como de

revoluciones que hayan sido enteramente consumadas". Lo normal sería la supervivencia de viejas concepciones. La imposibilidad de adoptar el modelo de Kuhn para explicar la evolución reciente de la geografía humana "lleva a la conclusión de que el modelo es poco significativo para esta ciencia social y, quizás, para la ciencia en general" 34 . En la búsqueda de esquemas menos rígidos y constructivos, algunos se declaran por las tesis popperianas 35 ; otros prefieren volver al viejo término de "escuelas de pensamiento" 36 ; y otros, en fin, adoptan la tesis de Lakatos de los programas de investigación científica, y proponen reinterpretar a partir de ellos toda la evolución de la disciplina 37 .

tanto de un consenso disciplinario a gran escala en un amplio período de tiempo (

)

Así frente a lo que se ha considerado la "actitud mesiánica" 38 con que se presentaban los paradigmas enfrentados en los años 1970, se admite hoy la coexistencia de puntos de vista divergentes y no excluyentes y la diversidad de "filosofías geográficas". Se pone énfasis también en que precisamente esta pluralidad de posiciones, o de "paradigmas", es enriquecedora y permite un más rápido desarrollo científico, al destacar problemas diferentes y dirigir la atención hacia direcciones distintas 39 .

Existe, de todas formas, un peligro imprevisto: el de la desintegración de la disciplina. La visión monoparadigmática permitía asegurar la unidad de la geografía, aunque fuera a costa de una feroz

característica de lo que Kuhn llamaba ciencia normal, por haber sido aceptados por la comunidad, mientras que el tercero estaba todavía poco aceptado por ésta (pág. 119).

28 GOULD, 1979, pág. 145.

29 CHISHOLM,1975.

30 HARVEY y HOLLY, 1981, pág. 74.

31 HOLT y JENSEN, 1980.

32 HARVEY y HOLLY, 1981, pág. 33.

33 HARVEY y HOLLY, 1981, págs. 31, 32, 33 Y 37.

34 JOHNSTON, 1978, págs. 199-201.

35 BIRD, 1977.

36 HOLT y JENSEN, 1980, págs. 52 y 74.

37 WHEELER,1982.

38 La expresión es de HARVEY y HOLLY, 1981, pág. 37.

39 HARVEY-HOLLY,.1981, pág. 14, apoyándose para ello en RITZER,.1975, y en MERTON, 1976.

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guerra civil en el seno de la comunidad. La situación actual permite desde luego la coexistencia pacífica, pero al acentuar y valorar el pluralismo amenaza con provocar la disgregación de una disciplina cuya definición plantea, como hemos visto, algunos problemas y divergencias 40 .

La contraposición positivismo-historicismo

Las interpretaciones actuales sobre la evolución del pensamiento geográfico tienden a destacar los marcos filosóficos subyacentes dentro de los cuales se han planteado los problemas y de los que proceden enfoques y métodos de aproximación a la realidad. En particular, dos grandes tradiciones 41 del pensamiento occidental han atraído la atención: el "positivismo" y el "historicismo" 42 que se perciben como dos concepciones enfrentadas e irreconciliables.

Tal como ha sido caracterizado por Wright el positivismo se significaría por tres rasgos esenciales: el monismo metodológico; la consideración de que las ciencias naturales exactas establecen el canon ideal o metodológico de todas las ciencias, inclusive las humanas o sociales; y la explicación causal, que consiste en "la subsunción de casos individuales bajo leyes generales hipotéticas de la naturaleza". Frente a él el antipositivismo, o historicismo, supondría un rechazo de monismo; una afirmación del contraste entre las ciencias que aspiran a generalizaciones sobre fenómenos reproducibles y predecibles y las que buscan comprender las peculiaridades individuales y únicas de sus objetos; y la distinción entre explicación y comprensión 43 . Puede darse, sin duda, mayor complejidad a esta contraposición y presentarse -con todos los riesgos que supone- de forma esquemática como una oposición dicotómica entre pares de características enfrentadas, tal como se hace en el cuadro l.

En la ciencia geográfica la contraposición entre "positivismo" e "historicismo" fue, de hecho, apuntada ya, desde una posición positivista directamente ligada al círculo de Viena, por Fred K. Schaefer 44 . Más recientemente está adquiriendo una gran difusión en la disciplina. Yo mismo he realizado un intento de interpretación de la evolución del pensamiento geográfico desde el siglo XIX utilizando como idea directriz la contraposición entre estas dos tradiciones 45 . Pero al mismo tiempo otros autores han realizado igualmente propuestas semejantes 46 .

40 No cabe duda de que los intereses corporativos pueden afectar profundamente a la discusión científica que se realiza. Así cuando Bartels después de proclamar la necesidad de impulsar "formas democráticas de coexistencia pluralista en la ciencia, aceptando sencillamente estas situaciones de conflicto entre diferentes expresiones de la verdad", alude al peligro de subdivisión de la geografía y destaca la necesidad de lograr que ese pluralismo no impida dar una imagen pública coherente de la disciplina. BARTELS, 1973, Ed. 1975, págs. 42-43.

41 La denominación de estas dos tradiciones es, desde luego, discutible. Se han usado otras como galileana-aristotélica (Wright, 1971); naturalismo-historicismo (López y Grau, 1981). Cualquiera de ellas -y por supuesto la que aquí usamos- plantea problemas por el significado histórico preciso que estas denominaciones poseen.

42 Aunque, desde otra perspectiva, puedan considerarse también como complementarios. Véase, más adelante, nota 143.

43 WRIGHT, 1971, Ed.1979, págs. 20-25.

44 SHAEFER, 1953. Shaefer. nacido en Berlín en 1904, se habla formado en aquella Universidad y tuvo una militancia socialista. Con la llegada de los nazis al poder tuvo que exiliarse a Inglaterra y Estados Unidos. Fue profesor de geografía en la Universidad de lowa donde coincidió con Gustav Bergmann, con el que le unió una gran amistad, y, con el que discutió los problemas teóricos que planteó en su célebre trabajo Excepcionalism in Geography (1953)

45 En el libro Filosofía y ciencia en la Geografía contemporánea CAPEL, 1981. Véase también, CAPEL, 1981, en "El Basilisco", N.º 11.

46 HOLT-JENSEN, 1980, GRAU y LOPEZ, 1981 (en publicación); HARVEY-HOLLY, 1981, Y de manera menos explícita y extensa también en otros trabajos recientes.

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Cuadro I RASGOS ESENCIALES DE LA OPOSICION ENTRE "POSITIVISMO" E "HISTORICISMO"

Positivismo

Historicismo

Monismo metodológico (Unidad de la ciencia y el método científico)

Contraposición entre Naturaleza e Historia

Reduccionismo científico o naturalismo

Afirmación de la especificidad de las ciencias humanas

Nomotético

Idiográfico

Explicación

Comprensión

Conocimiento científico utiliza sólo la razón

Se valora el conocimiento empatético y el uso de facultades como la sensibilidad y la intuición

Predicción

Imposibilidad de realizar predicciones en las ciencias humanas

Ahistórico

Énfasis en el desarrollo histórico

Indiferencia axiológica

Valoración

Importancia de la teoría (tanto en los métodos inductivos, dominantes en el Positivismo del siglo XIX, como en los deductivos de mediados del siglo

Métodos inductivos sin teorías previas

XX)

Empirismo

Idealismo (?)

Desde principios del siglo XIX la historia de la geografía podría interpretarse, en lo que se refiere a la evolución del pensamiento geográfico, como un movimiento pendular entre posiciones "positivistas" e "historicistas". Las primeras tendrían su origen en el período central de la Ilustración, en lo que César Ulises Moulines ha denominado fase protopositivista 47 , y dominaría a mediados del siglo XIX y, otra vez, un siglo más tarde con el triunfo de la revolución cuantitativa. Las segundas impregnarían el romanticismo de principios del siglo XIX, la reacción antipositivista del Historicismo finisecular y del primer tercio del siglo XX, y aparecen nuevamente hoy en la reacción frente al neopositivismo de las geografías "críticas" y "radicales".

Tradiciones geográficas y movimiento pendular

Tal como creo haber mostrado en mi libro Filosofía y ciencia en la geografía contemporánea, este esquema interpretativo que destaca la oposición entre las actitudes positivistas e historicistas permite entender ciertos rasgos de la historia del pensamiento geográfico, que no resultan inteligibles desde otras perspectivas. En aquella obra apliqué el esquema a toda la evolución de la geografía durante los siglos XIX y XX, sin realizar ninguna distinción entre las diferentes tradiciones que pueden reconocerse en la definición de la disciplina. Trataré ahora de mostrar la validez del mismo para interpretar también la evolución de las ideas en cada una de las grandes tradiciones que anteriormente hemos identificado.

La figura 3 representa un intento de presentar de forma resumida los hitos fundamentales en el desarrollo de cada una de las tradiciones antes indicadas (física, corológica, paisajística, ecológica, espacial, y social o socio-espacial). Se han señalado en ella algunas influencias importantes (con línea discontinua) así como algunos movimientos de reacción frente a las ideas de ciertos geógrafos (línea

47 MOULINES, 1979.

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continua). También se ha situado cronológicamente, de forma aproximada, la línea de separación entre las fases de predominio de las concepciones positivistas e historicistas.

Sin duda en la difusión de una y otra posición pueden haberse experimentado desfases cronológicos entre las distintas tradiciones geográficas. En la figura se ha intentado destacar este hecho resaltando la pervivencia de la posición positivista en la tradición física -y concretamente en la geomorfología- donde, gracias al prestigio de la figura de William Morris Davis, los planteamientos de este carácter se mantuvieron todavía con cierta fuerza cuando ya dominaban en la geografía humana actitudes decididamente historicistas. Seguramente en un análisis más matizado habría que introducir otras ondulaciones semejantes en las líneas de separación, pero para nuestro intento puede bastar ahora con el esquema gráfico que presentamos.

En general, creo que puede aceptarse que en cada una de las tradiciones geográficas antes identificadas ha existido un movimiento pendular que conduce al predominio alternativo de las actitudes positivistas e historicistas. Haré unos comentarios a título ilustrativo.

Dentro de la tradición corológica la obra de Ritter es bien representativa de la filosofía del romanticismo, mientras que la Geographie universelle, de Reclus (1876-1905) quizás haya que interpretarla -a pesar de las influencias ritterianas que, sin duda, posee- 48 dentro del ambiente positivista y evolucionista de mediados del siglo XIX. Desde fines de dicho siglo Hettner y Vidal de La Blache impulsan el estudio de la geografía regional desde una perspectiva neokantiana, espiritualista e historicista, que insiste en la singularidad de la región y en el carácter idiográfico del estudio. Durante la revolución cuantitativa la línea corológica sufrió una fuerte desvalorización y se subsume, en parte, en la línea espacial. Pero, en cambio, conoce un fuerte desarrollo desde presupuestos positivistas en el campo de la ciencia regional, El nuevo interés que existe hoy por la obra de Vidal y por la concepción regional en general -y que se traduce en la aparición de libros como el A. Buttimer (1971)- refleja el cambio de énfasis que nuevamente se ha producido, y va a dar lugar, sin duda, a una nueva valorización de los estudios regionales.

La tradición paisajística tiene precedentes en las preocupaciones humboldtianas por el paisaje 49 y por la fisonomía de la naturaleza. Pero se desarrolló, sobre todo, a principios del siglo XX en Alemania con la obra de O. Schluter y de S. Passarge, claramente historicistas; y en Francia con la de autores

48 Véase, más adelante, nota 159.

49 Tal como se refleja por ejemplo en los Cuadros de la naturaleza, 1808.

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Figura 3 Positivismo e historicismo en las tradiciones geográficas

3 Positivismo e historicismo en las tradiciones geográficas (Línea discontinua: influencias importantes de unos autores

(Línea discontinua: influencias importantes de unos autores sobre otros; línea continua: oposición al pensamiento de un autor)

que estaban ligados a la concepción regional vidaliana. En Estados Unidos Carl O. Sauer y la escuela de Berkeley constituyen un buen ejemplo de esta tendencia. Fuertemente influido por Schluter y Passarge, Sauer puso énfasis en el estudio de los paisajes culturales y destacó la dimensión temporal, lo que él llamaba la "cuarta dimensión de la geografía"; el estudio del desarrollo histórico de los

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paisajes pasa en él a un primer término 50 . En su valoración de la historia llegó a criticar fuertemente

a Hartshorne, por considerar que éste no insistía suficientemente en esta dimensión 51 . Durante los

años 1950 y 60 los geógrafos cuantitativos abandonaron el estudio del paisaje. De hecho, sólo siguió recibiendo atención por parte de algunos geógrafos físicos que, a partir de una formación regional- historicista, intentaron modernizar el análisis planteándolo en términos pretendidamente "sistémicos"

52 . Más recientemente los trabajos de Lowenthal y los estudios de topofilia han hecho pasar a primer término los aspectos subjetivos que influyen en la "composición" y valoración de los paisajes 53 .

La tradición ecológica se configura en geografía de manera clara como resultado del impacto del evolucionismo darwiniano -y, en buena parte también, del transformismo lamarckiano-. Ratzel, que tenía buena formación de naturalista y que había estudiado con Haeckel, dio a su obra una dimensión decididamente ecológica apoyada en su teoría biogeográfica. La escuela de ecología humana de Chicago desarrolló en los años 1920 esta misma línea de investigación, con un marcado énfasis evolucionista y positivista. Las obras de Barrows, de Max Sorre o de Carl Troll están ligadas, en

cambio, a la concepción regional-paisajística, y presenta rasgos decididamente historicistas. Durante

la revolución cuantitativa esta tradición fue defendida abiertamente por E. Ackerman 54 , que propuso,

sin embargo, que se replanteara a partir de la teoría general de los sistemas.

La tradición espacial conoció, sobre todo, un fuerte desarrollo durante la revolución cuantitativa. El estudio de las distribuciones y de la organización espacial se prestaba a los análisis geométricos y deductivos. Tal como consta en declaraciones explícitas, en los años 1950 y 1960 estos geógrafos pretendieron estudiar la geometría espacial y las formas resultantes en la superficie de la tierra por la acción de procesos que poseen una dimensión espacial, independientemente de su carácter físico o humano 55 . Dentro de la geografía humana los aspectos sociales y culturales se destacaron antes y después del período de dominio de la revolución cuantitativa, durante el dominio de posiciones historicistas. La conversión desde la geografía cuantitativa hacia la "crítica" o "radical" ha ido unido normalmente -como en el caso de Bunge y Harvey- a la acentuación de los rasgos más propiamente sociales de la dimensión socio-espacial. Lo social domina ahora sobre lo propiamente espacial que, sin embargo, nunca está ausente de la geografía. Ese es el sentido de separación en la figura 3 de una tradición "social", a pesar de las dudas que puedan existir para hacerlo.

Queda por último la tradición física. Pero a ella dedicaremos el capítulo siguiente.

(…)

Nota:

Este trabajo constituye la ponencia del autor al I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias, celebrado en Oviedo entre el 12 y el 16 de abril de 1982. Las Actas de dicho Congreso han sido publicadas por la Sociedad Asturiana de Filosofía (Apartado 952, OVIEDO) y la Fundación Príncipe de Asturias. En dicha publicación puede encontrarse la transcripción de las discusiones que se realizaron tras la lectura de esta ponencia.

50 Véase SAUER, 1925 Y 1944. Ed. 1965. Para él el paisaje designa "la asociación geográfica peculiar de los fenómenos" y añade que "términos equivalentes en cierto sentido".

51 SAUER, 1941; Ed.1965, pág. 352.

52 Véase sobre las raíces historicistas del estudio del paisaje LUIS, 1980.

53 Para una visión reciente véase PENNING-ROWSELL, 1981.

54 ACKERMANN,1962.

55 BUNGE,1962.