Sei sulla pagina 1di 11
26/11/2015 La nueva regulación de la suspensión de la pena tras la reforma del Código

26/11/2015

La nueva regulación de la suspensión de la pena tras la reforma del Código Penal: necesidad de la creación de la figura del juez de ejecución de penas

Roberto ALONSO BUZO

Juez de adscripción territorial de Extremadura

Diario La Ley, Nº 8654, Sección Tribuna, 26 de Noviembre de 2015, Ref. D-446, Editorial LA LEY

LA LEY 6886/2015

El trabajo aborda aspectos destacables introducidos por la Ley Orgánica 1/2015 en el Código Penal en materia de suspensión de la pena, si bien huelga decir que muchas de las deficiencias que sufre la regulación del Código Penal en esta materia no se han visto resueltas por la reciente reforma. Se realiza, además, una reflexión sobre la necesaria intervención del juez en la fase de ejecución penal. Principio de intervención que se encuentra en peligro debido a la sobrecarga de trabajo que sufren los órganos jurisdiccionales y, más concretamente, los del orden penal. Para salvaguardar esta exigencia se cree necesaria la creación de una figura ya existente en otros países de nuestro entorno: el juez de ejecución penal.

En los últimos tiempos, son frecuentes las propuestas de reformas para incrementar los delitos en el Código Penal o para endurecer las penas, que en muchas ocasiones responden a meras decisiones de oportunidad política basadas en un populismo punitivo y no atienden a los fundamentos del Derecho Penal vigente, lo cual supone, en determinados supuestos, poner en peligro el principio de intervención mínima del derecho penal, su consideración como última ratio.

En este entorno cada vez irá teniendo mayor importancia la institución de la suspensión de la pena de prisión, como la alternativa al cumplimiento de la pena mediante el ingreso en un centro penitenciario, aunque sea en palabras de Muñoz Conde y García Arán por «el crudo

Diario LA LEY

26/11/2015 pragmatismo de la necesidad de congestionar las prisiones ante la superpoblación carcelaria», razón que,

26/11/2015

pragmatismo de la necesidad de congestionar las prisiones ante la superpoblación carcelaria», razón que, claro está, no atiende al verdadero fundamento de esta institución.

La Ley Orgánica 1/2015 por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995 del Código Penal introduce una importante reforma en materia de suspensión de la pena. Tal ley modifica la regulación de la suspensión y sustitución de las penas privativas de libertad e introduce un nuevo sistema, con único régimen de suspensión que ofrece diversas alternativas, pretendiendo mayor flexibilidad, eficacia y facilitar una tramitación más rápida de esta fase inicial de la ejecución de las penas de prisión, así como introducir mejoras técnicas en la regulación (1) .

Sin entrar en este momento en las especialidades propias de cada figura, la reforma unifica las cuatro figuras tradicionales (suspensión ordinaria del art. 80 y 81, suspensión extraordinaria del art. 87, sustitución del art. 88 y suspensión humanitaria del art. 80.4) en el nuevo art. 80 que regula la suspensión, desapareciendo la sustitución del 88, que pasa a ser una modalidad de suspensión con ciertas especialidades.

Dos son las finalidades a las que atiende la reforma operada por la Ley Orgánica 1/2015.

Por un lado, concentrar las decisiones de la ejecución de las penas cortas de prisión hasta dos años en una única resolución a fin de agilizar el procedimiento. En efecto, esta es una de las medidas más positivas al acercarse a un sistema de ejecución concentrada y se caracteriza por la existencia de un único régimen de suspensión que ofrece diversas alternativas.

Con la reforma se pretende poner fin a la situación actual en la que la existencia de una triple regulación de la suspensión (suspensión ordinaria, suspensión para el caso de delincuentes adictos al consumo de drogas, y sustitución de la pena) da lugar, en muchas ocasiones, a tres decisiones sucesivas que son objeto de reiterados recursos de

Diario LA LEY

reforma y apelación (2) . 26/11/2015 Una de los importantes déficits que presenta la ejecución

reforma y apelación (2) .

26/11/2015

Una de los importantes déficits que presenta la ejecución penal en España es la ausencia de un procedimiento que regule los mecanismos de petición de las partes, contradicción y audiencia, a fin de resolver en una única resolución judicial si la pena debe ser ejecutada mediante ingreso en centro penitenciario o en cualquiera de las modalidades previstas en el texto del Código Penal vigente hasta la fecha (suspensión o sustitución). La ausencia de un procedimiento específico comporta que las defensas soliciten en fechas sucesivas sus peticiones. Por otra parte, hay Jueces/zas que interpretan que la ausencia de petición impide resolver en un solo acto si la pena puede ser suspendida

o sustituida. La finalidad del nuevo sistema es terminar con esta

situación y agilizar el procedimiento.

A partir de la entrada en vigor de la reforma el Juzgador/a deberá, en la

ejecución de penas cortas de prisión, decidir en una sola vez, si procede

al ingreso en prisión o a la suspensión de la pena y dentro de ella

deberá optar por las distintas modalidades que después se estudiarán:

a) la que conocemos como ordinaria del art. 80.1 CP para penas no

superiores a dos años de prisión; b) la del art. 87 del actual CP que en

la reforma pasa a ser el art. 80.5 en casos de drogadicción para penas

hasta cinco años de prisión; c) o por la modalidad de suspensión sustitutiva (multa o trabajos en beneficio de la comunidad) para los supuestos de no primariedad delictiva, siempre que no «sean reos habituales» del art. 88 del actual CP y que en la reforma pasa a ser el art. 80. 5 para penas hasta dos años de prisión.

Por otro lado, la reforma trata de introducir un régimen distinto al vigente de forma que permita una mayor flexibilidad y discrecionalidad

a los jueces y tribunales a fin de valorar si los antecedentes penales del condenado tienen, por su naturaleza y circunstancias, relevancia para valorar su posible peligrosidad (3) , de forma que la existencia de un antecedente penal no cancelable no impida en todos los casos la concesión de la suspensión.

Diario LA LEY

26/11/2015 Ello explica un cambio importante en la regulación de los requisitos de la suspensión

26/11/2015

Ello explica un cambio importante en la regulación de los requisitos de la suspensión cuando se menciona en el art. 80.1 que no se tendrán en cuenta las anteriores condenas por delitos imprudentes o por delitos leves (los que sustituyen algunas de las faltas penales del sistema actual), ni los antecedentes penales que hayan sido cancelados, o debieran serlo con arreglo a lo dispuesto en el art. 136 (regulación como la actual) y como gran novedad «Tampoco se tendrán en cuenta los antecedentes penales correspondientes a delitos que, por su naturaleza o circunstancias, carezcan de relevancia para valorar la probabilidad de comisión de delitos futuros». Se otorga además una mayor flexibilidad al juez/a para adecuar la suspensión a las circunstancias personales del autor del hecho delictivo, admitiendo el Código la posibilidad de establecer una serie de medidas adicionales (medidas previstas antes de la reforma, pero que se ven completadas en la nueva regulación) y su modificación durante la suspensión de la pena, durante la cual «a la vista de la posible modificación de las circunstancias» podrá modificar su decisión. Y el mismo criterio es aplicado en la regulación de la revocación de la suspensión.

Por último, en cuanto a las mejoras técnicas, se precisa el inicio de los plazos de suspensión de modo que se computará desde la fecha de la resolución que la acuerda y, si la suspensión hubiera sido acordada en sentencia, desde la fecha en que hubiera devenido firme. El órgano judicial resolverá en sentencia sobre la suspensión de la ejecución siempre que sea posible, y en caso de no poder, deberá pronunciarse a la mayor urgencia una vez sea firme la sentencia, previo trámite de audiencia a las partes, trámite de audiencia también previsto para los supuestos de modificación de las condiciones o revocación, con la posibilidad de revocación inmediata en los supuestos de riesgo de fuga, peligro para la víctima o reiteración delictiva.

La reforma operada es satisfactoria porque viene a aportar soluciones a muchos de los problemas que en materia de suspensión se venían suscitando en los órganos jurisdiccionales.

Diario LA LEY

26/11/2015 Son varios los aspectos destacables de la nueva regulación, pero sin duda el primero

26/11/2015

Son varios los aspectos destacables de la nueva regulación, pero sin duda el primero que debemos reseñar es la mayor protección de la víctima que se consigue con la reforma operada por la LO 1/2015. En esta línea, la de reconocer la existencia de unos intereses particulares, los de la víctima, se viene desarrollando una serie de actuaciones en aras a la protección de sus derechos que han culminado en la reciente Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la víctima del delito.

A partir de la LO 1/2015 la suspensión de la pena queda condicionado al pago de la responsabilidad civil o bien a un compromiso de pago por parte del penado, que a su vez, puede dar lugar a la revocación de la suspensión en aquellos supuestos en que el penado no satisfaga la cuantía indemnizatoria, no cumpla con el compromiso asumido o incluso oculte o no facilite información sobre bienes susceptibles de embargo.

Esta previsión va a ayudar a que, en muchas ocasiones, la víctima sea resarcida, puesto que lo contrario obligará al penado a cumplir con la pena de prisión impuesta. De esta forma, tras la reforma, se recoge expresamente la suspensión de la pena condicionada al pago de la responsabilidad civil, lo cual no venía previsto en la anterior regulación, sin perjuicio de que los órganos jurisdiccionales vinieran aplicándolo extra legem. Así, en palabras de Giménez García la posibilidad de acceder al beneficio sin haber satisfecho las responsabilidades civiles era «una excepción que sólo se dará cuando concurra una imposibilidad total o parcial de cumplimiento del condenado, situación que será apreciada por el Tribunal tras el indispensable trámite de audiencia a las víctimas y el Ministerio Fiscal».

No obstante, era una práctica muy habitual de acuerdo con la regulación anterior, que en caso de que el penado no satisficiera voluntariamente la responsabilidad civil, el órgano judicial acudiera a los mecanismos para realizar una averiguación de bienes del penado, concluyendo en aquellos casos en que tal información revelaba una ausencia de los mismos en una declaración de insolvencia.

Con esta declaración de insolvencia, si la pena era inferior a dos años

Diario LA LEY

26/11/2015 de prisión y el penado no tenía antecedentes penales, de acuerdo con una praxis

26/11/2015

de prisión y el penado no tenía antecedentes penales, de acuerdo con una praxis judicial basada en el automatismo, se concedía la suspensión de la pena, puesto que a priori reunía los requisitos para ello. En otras palabras, bastaba una insolvencia formal del penado, para que al menos a priori reuniera los requisitos necesarios para acceder a la suspensión de la pena impuesta, con lo cual se producía una auténtica sensación de impunidad o utilizando un término coloquial «la primera salía gratis». Existía, dicho de otro modo, una verdadera conversión de la excepción (concesión de la suspensión sin satisfacer la responsabilidad civil) en la regla general.

La reforma introducida va a intentar corregir esta situación, tratando de garantizar una mayor protección de la víctima para que sea resarcida de los daños y perjuicios ocasionados por el hecho delictivo. De forma que la concesión del beneficio va a estar en todo momento condicionada al pago de la responsabilidad civil o a la asunción de un compromiso de pago, y a su vez, la ausencia de pago o el incumplimiento del compromiso asumido pueden provocar la revocación del beneficio otorgado.

Pero llegados a este punto y puesto de manifiesto esta satisfactoria modificación introducida por la LO 1/2015 se plantea un interrogante:

¿qué ocurre con aquellas personas cuya capacidad económica es nula y se encuentran prácticamente en la indigencia?

En estos supuestos el compromiso de pago que asuma el penado será ficticio, pues estas personas que se encuentran en una verdadera situación de insolvencia material no podrán asumir ni siquiera un pago fraccionado.

Se plantean dos posibilidades, según el estadio en el que se quiera aportar una solución a este problema, la primera, en el momento de la concesión del beneficio sería la de aceptar un compromiso de pago igual a cero, lo cual supondría que la víctima no lograría el resarcimiento, salvo que el penado viniese a mejor fortuna.

Diario LA LEY

26/11/2015 La segunda sería que el penado asumiera un compromiso de pago fraccionado a sabiendas

26/11/2015

La segunda sería que el penado asumiera un compromiso de pago fraccionado a sabiendas que no podrá cumplirlo en el momento de otorgar la suspensión y, posteriormente, ante la imposibilidad de cumplir por insuficiencia de recursos económicos no sea revocado el beneficio de la suspensión (cuestión que viene prevista en la reforma). En este caso tampoco se resarce a la víctima.

En ambos supuestos nos encontramos ante una problemática que no podemos obviar: personas que se encuentran en una verdadera situación de pobreza. Con las soluciones expuestas se evitaría denegar la suspensión a personas que no pagan la responsabilidad civil, no porque se nieguen a ello, sino porque no pueden hacer frente a la misma por una verdadera escasez de recursos. En palabras de Giménez García «aunque la pretensión sea la de salvaguardar los intereses de la víctima, esto no debe intentar conseguirse a todo trance, porque si existiese una imposibilidad de reparación y por ello se impidiese el beneficio, no cabe duda que podría resentirse el principio de igualdad en perjuicio de los más desfavorecidos económicamente evocándose una trasnochada variante de la antigua prisión por deudas».

No obstante, el problema sigue estando en cómo determinar qué personas se encuentran en una verdadera situación de pobreza o que podríamos denominar insolvencia material, pues como dice el Auto de 9 de enero de 2007 de la sección 17.ª de la Audiencia Provincial de Madrid «sabido es que no en todos los casos una declaración formal de insolvencia implica una imposibilidad real de pago, que es a lo que habrá de estarse, porque, debiendo regirse el Derecho Penal por criterios de realidad material, éstos no deben ceder ante cuestiones formales, que obstaculizan esa realidad».

Lo cierto es que el órgano judicial que debe conocer de la ejecutoria no cuenta con más recursos que acudir a la averiguación de bienes del penado y la consiguiente declaración de insolvencia, en el supuesto de que no existan bienes susceptibles de embargo.

Diario LA LEY

26/11/2015 Por lo que, para llegar a tan difícil distinción entre una verdadera insolvencia formal

26/11/2015

Por lo que, para llegar a tan difícil distinción entre una verdadera insolvencia formal y material, habría que atender a signos externos de la capacidad económica del penado y a otros mecanismos de investigación patrimonial, bien dotando al propio órgano judicial de otros recursos de investigación patrimonial, o bien a través del auxilio de un cuerpo de peritos de hacienda que aporten al órgano judicial una información detallada de la capacidad económica del penado, medidas que podrían articularse a través de la creación de la nueva Oficina de Gestión y Recuperación de activos prevista en la nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Otro de los aspectos a destacar de la nueva reforma 1/2015 es la regulación de las condiciones accesorias que el órgano judicial puede imponer en los supuestos de concesión del beneficio de la suspensión. Por un lado, como ya se dijo, se amplía el catálogo de medidas que pueden imponerse, incluyendo medidas que no aparecían recogidas en la anterior legislación, de modo que el Juez/a a la hora de adoptar la suspensión de la ejecución de la pena puede modular la misma a las circunstancias concretas del caso. Y, por otro lado, se regula el órgano encargado de su control y seguimiento.

En definitiva, lo que se desprende de la nueva regulación es la clara intención del legislador de que la concesión de la suspensión de la pena vaya unida a una serie de condiciones que, por un lado, van a suponer un mayor control para el condenado al que se le ha suspendido la ejecución de la pena disminuyendo el riesgo de comisión de nuevos delitos, y por otro lado, van a ayudar a mitigar esa sensación de impunidad que puede darse en los supuestos de suspensión de la ejecución para las víctimas e incluso para el propio delincuente.

Respecto de esta última reflexión, a título demostrativo, piénsese en la nueva condición prevista en el art. 83.1.5.ª del Código impuesta a un penado al que se le ha concedido el beneficio de la suspensión por la cual se le obliga con determinada periodicidad a acudir a dependencias policiales para informar de sus actividades y justificarlas.

Diario LA LEY

26/11/2015 Pues bien, esta simple medida, que sin duda afecta a la libertad del individuo

26/11/2015

Pues bien, esta simple medida, que sin duda afecta a la libertad del individuo que ha cometido un hecho delictivo de cierta entidad, valoradas las circunstancias concretas, podría a ayudar a que el propio penado adquiera conciencia del delito cometido, evitando la sensación de impunidad que la concesión de la suspensión sin ninguna otra condición que la de no delinquir le podría provocar.

Por tanto, es plausible la diversidad de opciones normativas en materia de suspensión de la ejecución de la pena de prisión introducida por la LO 1/2015 en esta materia, que debe ir acompañada de la voluntad de los jueces en ser proclives a su aplicación, evitando el automatismo en la concesión de la suspensión y, con ello, la ausencia de verdadero contenido en la ejecución de la pena.

Por último, otro de los aspectos destacados de la nueva reforma es el tratamiento de la suspensión para drogodependientes.

Por una parte, se suprime la rígida exigencia de informe médico forense previsto en la regulación anterior. Modificación pensada para evitar este trámite innecesario en supuestos en los que existen informes de organismos públicos que contienen claramente que el penado se haya deshabituado.

Y, por otro lado, también es satisfactoria la referencia expresa a que la recaída del toxicómano en su tratamiento de deshabituación no deba ser causa de revocación de la suspensión de la pena. Así lo venía reclamando la doctrina, en palabras de Alcácer «la realidad terapéutica de la drogodependencia demuestra que la interrupción del tratamiento es a menudo inevitable en cualquier periodo de desintoxicación, no significando el fracaso del tratamiento mismo».

Sin embargo, la reforma no ha sabido dar respuesta a otra realidad que viene siendo puesta de manifiesto por la doctrina y que tiene relación con la escasez de recursos existentes en el ámbito público destinados a la rehabilitación de drogodependientes.

Diario LA LEY

26/11/2015 Ello supone que en determinados supuestos el penado tenga dificultad para acceder a un

26/11/2015

Ello supone que en determinados supuestos el penado tenga dificultad para acceder a un tratamiento de deshabituación debido a la escasez de recursos, de manera que puede darse el caso de sujetos que no se hallen deshabituados ni sometidos a tratamiento para tal fin por una simple imposibilidad de hacerlo. Para estos casos concretos hubiera sido aconsejable la introducción de una prórroga para decidir sobre la suspensión hasta el momento en que el sujeto pueda someterse a dicho tratamiento. Todo ello, claro está, sin perjuicio de reclamar una mayor implicación de la administración pública en dotar a los diferentes territorios de centros públicos destinados a la rehabilitación de drogodependientes.

Para concluir, como ha podido comprobarse la ejecución de la pena y, más concretamente, la suspensión de la pena privativa de libertad requiere de una extraordinaria e importantísima intervención judicial. Principio de intervención judicial en la ejecución de las penas que hoy en día, debido a la carga de trabajo que soportan los órganos judiciales en general y los juzgados de lo penal en particular, corre el riesgo de ser quebrantado.

Por ello, se hace necesaria, entre otras medidas ya anunciadas, la creación en el sistema judicial español de la figura del Juez de ejecución penal.

(1)

ROMA

VALDÉS,

ANTONIO

(dir),

en

«Código

Penal

Comentado»,

VV.AAAA. Ed. Bosh, Barcelona 2015, págs. 177-178.

Ver Texto

Diario LA LEY

26/11/2015 (2) La Exposición de Motivos de la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo,

26/11/2015

(2)

La Exposición de Motivos de la Ley Orgánica 1/2015, de 30 de marzo, por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal explica esta modificación diciendo que «De este modo se asegura que jueces y tribunales resuelvan sobre si la pena de prisión debe ser ejecutada o no una sola vez, lo que debe redundar en una mayor celeridad y eficacia en la ejecución de las penas».

Véase también el Informe al Anteproyecto de Ley Orgánica por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal.

Ver Texto

(3)

Por peligrosidad criminal puede entenderse, a la luz del art. 95.1.2.ª CP, el pronóstico de comportamiento que revela la probabilidad de comisión de nuevos delitos, lo que exigirá valorar aquellos factores a través de los cuales pueda deducirse que en el sujeto no existe una resistencia a la integración social, y entre ellos, su personalidad, su actividad laboral, su situación familiar y social, su estado físico y mental.

Ver Texto

Diario LA LEY