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RAFAEL NUÑEZ

1825-1904

Después de tomar parte en la convención de Ríonegro sale del país. Vive dos años en Nueva York, representa a
Colombia en Le Havre y finalmente es Cónsul en Liverpool. Los ensayos de crítica social, obra de las más
importantes de Núñez es publicada durante su permanencia en Europa, en 1874, en la ciudad de Rouen.

A su regreso a Colombia en 1876 se encuentra en el centro de la lucha política. Ya en el 75 fue propuesto como
candidato a la presidencia, pero no logró ser elegido. Cinco años más tarde ocupó por primera vez la
presidencia (1880-1882). Luego, en 1884, es elegido de nuevo, con el apoyo del partido conservador.

La reforma Constitucional de 1886, llevada a cabo con la colaboración de Miguel Antonio Caro, es posiblemente
la más destacada actuación política de Núñez. La nueva constitución que es la que rige actualmente con
algunas modificaciones, reemplaza a la del 63.

Desde 1878 hasta 1888 escribió Núñez en los periódicos La Luz y La Nación de Bogotá y en El Porvenir y El
Impulso de Cartagena, centenares de artículos relacionados con la reforma constitucional, y que fueron luego
con el nombre de La Reforma Política era Colombia, en 1885 y 1888. En esta obra está comprendida toda la
labor de publicista en los campos de la crítica literaria y social, la economía y la política.

Reelegido en 1886, para la Presidencia de la República se retiró definitivamente de la lucha política en 1888 y
se radicó en Cartagena, donde murió en 1904.

Como poeta, Rafael Núñez fue un romántico tardío y escéptico. Su producción poética está contenida en los
volúmenes Versos (1885) y Poesías (1889). Se le ha criticado que su producción literaria resulta en exceso
discursiva, mucho más cercana a la prosa que a la poesía. En sus poemas se reconoce una actitud melancólica
y escéptica frente a los problemas del existir. En su poema Que sais-je? habla del corazón humano, órgano al
que define como un "laberinto sin límites ni fin". Las más conocidas y citadas de sus composiciones, además de
la anterior, son Dulce ignorancia, Sursum, Sócrates, Canto a Moisés y Todavía. Paralelo en pesimismo a Que
sais-je? es otro poema titulado El mar Muerto.

Más interés que el prosista de Ensayos de crítica social (1874) y La crisis económica (1886), tiene el de su libro
La reforma política en Colombia (1885). No se puede desdeñar en conjunto su producción periodística: fundó y
dirigió en Cartagena La Democracia; colaboró en la prensa de otros países, al principio, con el seudónimo David
Olmedo, y defendió siempre con gran habilidad la evolución de su ideología.
Masacre de las Bananeras
Líderes de la huelga de los trabajadores en las plantaciones bananeras. De izquierda a derecha: Pedro M. del
Río, Bernardino Guerrero, Raúl Eduardo Mahecha, Nicanor Serrano y Erasmo Coronel. Guerrero y Coronel
fueron asesinados por el ejército colombiano.

La Masacre de las Bananeras fue un episodio que ocurrió en la población colombiana de Ciénaga el 6 de
diciembre de 1928 cuando un regimiento de las fuerzas armadas de Colombia abrieron fuego contra un número
indeterminado de manifestantes que protestaban por las pésimas condiciones de trabajo en la United Fruit
Company. 1

Contexto Nacional

El temor anticomunista del gobierno de Miguel Abadía Méndez que veía cerca la amenaza de una revolución
obrera al estilo de la bolchevique terminó demostrándose con la expedición de la ley 69 del 30 de octubre de
1928 que limitaba los derechos de los sindicatos y criminalizaba las exigencias de los trabajadores sobre los
propietarios de empresas.2

En ese entonces el sindicato de obreros y la United Fruit company llevaban un periodo de discusión con
respecto a las condiciones de trabajo. Ellos le exigían a la empresa mejores salarios, construcción de vivienda
digna para los trabajadores e indemnización por accidentes, entre otras. Cuando se promulgó la ley, los
dirigentes de la empresa bananera se acogieron a ella y rechazaron las peticiones tildándolas de ilegales. Esto
condujo a la huelga general de obreros que se inició el 12 de noviembre de 1928.

La Huelga y la Masacre

Versiones afirman que la huelga que comenzó de forma pacífica, y que poco a poco fue influenciada por
agitadores comunistas y terminó convirtiéndose en una turba que buscaba degollar a los dirigentes de la
compañía. Los altos funcionarios de la bananera movieron sus influencias en el gobierno logrando que se
trasladara un contingente de soldados que protegería a los directivos y las propiedades de la empresa
estadounidense.

La amenaza contra la vida de los directivos, según fuentes, iba a ser materializada el 5 de diciembre. Éstos
rumores llevaron al ejército a tomar una decisión precipitada y se dio la orden de dispersar la multitud
valiéndose de todos los medios.

El número de muertos nunca se determinó y sigue siendo motivo de debate. Según la versión oficial del
gobierno colombiano del momento sólo fueron nueve. Otra versión es aquella contenida en los telegramas
enviados el 7 de diciembre, un día después de la masacre, por el consulado de Estados Unidos en Santa Marta
a la Secretaría de Estado de Estados Unidos, donde inicialmente se informaba que fueron cerca de 50 los
muertos. Más tarde en su comunicado del 29 de diciembre indicó que fueron entre 500 y 600, además de la
muerte de uno de los militares. Por último en su comunicado del 16 de enero de 1929 indicó que el número
excedía los 1.000. Según el consulado, la fuente de dichas cifras fue el representante de la United Fruit
Company en Bogotá.3

El General Cortés Vargas, comandante de las fuerzas del Magdalena y quien dió la orden de disparar,
argumentó posteriormente que lo había hecho, entre otros motivos, porque tenía información de que barcos
estadounidenses estaban cerca a las costas colombianas listos a desembarcar tropas para defender al personal
estadounidense y los intereses de la United Fruit Company, y que de no haber dado la orden Estados Unidos
habría invadido tierras colombianas. Esta posición fue fuertemente criticada en el Senado, en especial por Jorge
Eliécer Gaitán quién aseguraba que esas mismas balas debían haber sido utilizadas para detener al invasor
extranjero.

Fin de la Huelga y Consecuencias

Ante esta respuesta violenta, se produce la desbandada de los trabajadores y una rápida negociación, y como
resultado de la misma aceptan recortar por mitad los salarios. La difusión de la masacre fue amplia en los
medios de comunicación de la época, y provocó innumerables debates éticos y políticos. El más llamativo fue el
organizado por el partido Liberal que envió a Jorge Eliécer Gaitán al lugar de los hechos para realizar una
investigación detallada de lo sucedido. De regreso presentó su informe al Congreso, donde se generó un
intenso debate en relación a la decisión de disparar a una manifestación desarmada donde se encontraban
mujeres y niños. Otro de los temas discutidos fue la influencia de las multinacionales en las altas esferas del
gobierno, en especial de la United Fruit Company a quién se le logró demostrar relaciones directas con el
general Cortés Vargas.1