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EL CULTO CRISTIANO

por Dr. Nilson do Amaral Fanini


Presidente de la Alianza Bautista Mundial
Pastor de la Primera Iglesia Bautista de Niterói

INTRODUCCIÓN

La primera misión de las iglesias es el culto. Todos los otros aspectos dominantes son
motivados por el culto y sin el culto la iglesia se muere.

El propósito de este Congreso de Adoración es teológico y práctico. Se proyectó para


interpretar el significado del culto y proveer orientación para planear y dirigir el culto.

El culto es un fin en sí mismo. Karl Barth declaró que “el culto de la iglesia es el OPUS DEI,
el trabajo de Dios que es cumplido para su propio fin”. Cuando usamos el culto con otros
propósitos deja de ser un culto. Adoramos a Dios exactamente con el fin de adorar a Dios.

Dar culto es:

• Reavivar la conciencia de la santidad de Dios.


• Alimentar la mente con la verdad de Dios.
• Abrir el corazón para alabar a Dios.
• Someterse a la verdad y al propósito de Dios.

El culto no es una invención humana, mas es una ofrenda divina. Dios se ofrece en una
relación personal si nosotros respondemos. La ofrenda divina de amor provoca nuestra
respuesta a través de la adoración.

La palabra en latín para culto es latreo.

En inglés es worship, formada por dos palabras: worth y ship, llevando el significado de
“digno de reverencia y honra”. Cuando celebramos culto declaramos que “Dios es digno”. Los
ángeles celebraron culto diciendo: “Digno es el Cordero”. Apocalipsis 5:12-14 dice: “Y decían
a gran voz: ‘Digno es el Cordero, que fue inmolado, de recibir el poder, las riquezas, la
sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza’. Y oí toda criatura que está en el
cielo y sobre la tierra y debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos,
diciendo: ‘Al que está sentado en el trono y al Cordero sean la bendición y la honra y la
gloria y el poder por los siglos de los siglos’. Los cuatro seres vivientes decían: ‘Amén’. Y los
veinticuatro ancianos se postraron y adoraron”.

La palabra “gloria” se atribuye a Dios cuando nosotros celebramos culto, y significa “honra
y digno”. Cuando Isaías vio al Señor en el templo, él dijo: “¡Toda la tierra está llena de su
gloria!” El término doxa en el Nuevo Testamento significa que Dios es digno de alabanza y
honra. En ocasión del nacimiento de Jesús, los ángeles cantaron: “¡Gloria a Dios en las
alturas, y en la tierra paz, entre los hombres de buena voluntad!” (Luc. 2:14).

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El término principal usado para el culto en el Antiguo Testamento es shachah, en hebreo, y
significa “postrarse, inclinarse“. “El pueblo creyó; al oír que Jehovah había visitado a los
hijos de Israel y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron” (Exo. 4:31).

En el griego del Nuevo Testamento el término más usado para significar culto es proskuneo,
que es literalmente “besar la mano” o “postrarse” ante otra persona en reverencia. Jesús
usó esta palabra cuando le dijo a la samaritana: “Dios es espíritu; y es necesario que los que
le adoran, le adoren en espíritu y en verdad” (Juan 4:24).

El término “liturgia” se deriva del griego leiturgia, que significa “ministerio” o “servicio”.

En el Nuevo Testamento “liturgia” se usa para el trabajo del sacerdocio en el antiguo pacto.
Lucas 1:23: “...cuando se cumplieron los días de este ministerio, él se fue a su casa”.

Hebreos 9:21: “Y roció también con la sangre el tabernáculo y todos los utensilios del
servicio”. También el enfoque del culto: Hebreos 8:6: “Pero ahora Jesús ha alcanzado un
ministerio sacerdotal tanto más excelente por cuanto él es mediador de un pacto superior,
que ha sido establecido sobre mejores promesas”. También es el culto de la iglesia: Hechos
13:2: “Y mientras ellos ministraban y ayunaban el Espíritu Santo dijo: ‘Apartadme a
Bernabé y a Saulo para la obra a la que yo los he llamado”.

Leitourgia literalmente significa “acción del pueblo”, más particularmente el servicio que los
creyentes dan a Dios en fe y obediencia. Para Pablo, leitourgia a Dios significa la vida de fe
que se demuestra en el fruto del Espíritu. Gálatas 5:22: “Pero el fruto del Espíritu es amor,
gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio”.

El culto se expresa en el pensamiento de Pablo. Romanos 12:1: “ Así que, hermanos, os ruego
por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y
agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. Últimamente, la liturgia significa el orden
del culto en las iglesias.

La palabra liturgia cambió de significado así como también “culto”, que indica también
“secta”.

DESCRIPCIÓN DEL CULTO

El culto cristiano no se puede definir tanto como experimentar. Para el creyente la teología
es un esfuerzo de describir la gracia de Dios aplicada a la experiencia de la humanidad.
Pero la experiencia del culto no puede ser relatada en fórmulas, credos y liturgias.
Los adoradores pueden identificarse con Pablo cuando declaró: “Y sé respecto a este
hombre –si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe– fue arrebatado
hasta el tercer cielo. Y sé respecto de este hombre –si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no
lo sé; Dios lo sabe– que fue arrebatado al paraíso, donde escuchó cosas inefables, que al
hombre no le es permitido expresar”. Una experiencia en el culto es tan íntima que el
adorador no puede compartirla.

En el culto hay algunas cosas que debemos considerar:

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MISTERIO. El culto es al mismo tiempo revelación y misterio. El adorador experimenta la
presencia de Dios en la revelación y participa en el ministerio de Dios. Aunque
experimentemos la revelación de Dios en nuestras vidas nunca podremos entender la
inmensidad divina. En el culto nosotros experimentamos tanto el misterio de Dios
(trascendencia de Dios) como la revelación (inmanencia/esencia de Dios).
CELEBRACIÓN. El culto es esencialmente una celebración de los hechos de Dios en la
historia: la creación, la providencia, la intercesión de Dios, la cruz, la resurrección, la
manifestación del poder con la venida del Espíritu Santo.
VIDA. La adoración no es se limita a la devoción, los ritos, las ceremonias, los credos o los
sacramentos. El culto es sinónimo de vida. Hay culto cuando practicamos la presencia de
Dios en nuestras vidas.
DIALOGO. El culto es revelación y respuesta. Dios toma la iniciativa en la revelación y la
humanidad contesta en adoración y culto. Dios se revela al adorador a través de la Biblia, a
través de los hermanos en la comunión de la iglesia, a través de la música, a través de los
símbolos, a través del Espíritu. La humanidad le contesta a Dios a través de palabras,
acciones humanas, música, actos de celebración y dedicación.
OFRENDAS. El propósito del culto no es principalmente recibir bendiciones de Dios, sino
ofrendar. Los pueblos antiguos presentaban ofrendas como expresión del culto. En el
Antiguo Testamento el pueblo hebreo presentaba varias ofrendas en la forma de
sacrificios. El salmista exhorta: “Dad a Jehovah la gloria debida a su nombre; traed
ofrendas y venid a sus atrios” (Sal. 98:6). En las ofrendas del Nuevo Testamento, dar es
algo central en la adoración. Los adoradores deben dar fe sincera y una obediencia total,
como en los días de Abel y Caín. Hebreos 11:4: “Por la fe Abel ofreció a Dios un sacrificio
superior al de Caín. Por ella recibió testimonio de ser justo, pues Dios dio testimonio de
aceptar sus ofrendas. Y por medio de la fe, aunque murió, habla todavía”. El propósito del
sacerdocio santo (la congregación): “También vosotros sed edificados como piedras vivas en
casa espiritual para ser un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales,
agradables a Dios por medio de Jesucristo”. El culto es la ofrenda de todo nuestro ser a
Dios, nuestro intelecto, nuestras emociones, nuestras actitudes y nuestros bienes
materiales. Nuestras ofrendas externas son el resultado de nuestra dedicación interna.
Pablo consideró las ofrendas de dinero de la iglesia de Filipos como “olor fragante, un
sacrificio aceptable y agradable a Dios” (Fil. 4:18). La expresión más grande de DAR es
DAR todo el ser. Romanos 12:1: la presentación de sus “cuerpos como sacrificio vivo, santo
y agradable a Dios”. Coffin declaró: “Nos presentamos a él en nuestros pensamientos,
penitencias, gratitud, aspiraciones para nuestra vida, familia, país y mundo. Somos la
ofrenda que Dios busca”.
ESCATOLÓGICO. El culto es una función escatológica de la iglesia. Es el trabajo continuo
que empieza en nuestra conversión, en la victoria que se perpetuará en la adoración eterna.
La adoración no tiene fin. Empieza en la tierra y continúa en el cielo por la eternidad.
FUNDAMENTOS BÍBLICOS. La humanidad es religiosa por naturaleza y tiende a tener un
objeto de culto. El culto, pues, es universal y varía desde la superstición, el miedo y el
fetichismo en el paganismo hasta el grado de adoración más elevado en el cristianismo.
La historia primitiva informa que todos los pueblos adoraban algún objeto.
Las prácticas primitivas toman la forma de la adoración de la naturaleza. Esta era una
forma politeísta, que veía a Dios en todos los objetos. El panteísta afirma que en toda la
naturaleza hay divinidad. Por ejemplo, la adoración de los egipcios al dios Sol y a Osiris, el
río Nilo.
El culto primitivo tomó la forma de sacrificios y supersticiones. Las personas crearon
dioses como objeto de culto para satisfacer esas necesidades. Baal era el dios de las
cosechas, el dios del materialismo que se encuentra en el Antiguo Testamento.

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Jueces 2:11-14: “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehovah y sirvieron a
los Baales. Abandonaron a Jehovah, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra
de Egipto, y se fueron tras otros dioses, entre los dioses de los pueblos que estaban en sus
alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehovah. Abandonaron a Jehovah, y
sirvieron a Baal y a las Astartes. El furor de Jehovah se encendió contra Israel, y los
entregó en manos de saqueadores que los saqueaban. Los abandonó en mano de sus
enemigos de alrededor, y ellos no pudieron resistir más ante sus enemigos”.
1 Samuel 7:3, 4: “Entonces Samuel habló a toda la casa de Israel, diciendo: ‘Si de todo
vuestro corazón os volvéis a Jehovah, quitad de en medio de vosotros los dioses extraños y
las Astartes, y preparad vuestro corazón para Jehovah. Servidle sólo a él, y él os librará de
mano de los filisteos”.
1 Reyes 18:17-19: “...y sucedió que cuando Acab vio a Elías, le dijo: ‘¿Eres tú, el que está
trastornando a Israel?’ Y él respondió: ‘Yo no he trastornado a Israel, sino tú y tu casa
paterna, al haber abandonado los mandamientos de Jehovah y al haber seguido a los Baales.
Ahora, pues, manda que se reúnan conmigo en el monte Carmelo todo Israel, los 450
profetas de Baal y los 400 profetas de Asera que comen de la mesa de Jezabel”.
Los arqueólogos y los antropólogos han ido descubriendo evidencias de varios objetos en la
práctica de los cultos paganos.

UNA TEOLOGÍA DEL CULTO

Lo que creemos determina la naturaleza del culto que celebramos.


Si creemos que Dios es apenas un principio, nuestro culto es apenas un principio.
Si creemos que Dios es apenas una idea lo adoramos solo con el intelecto.
Si Dios es una persona lo adoramos a través de una experiencia.
Si creemos que Dios es Espíritu lo adoramos “en espíritu y en verdad”.
El culto sin filosofía es sentimental y débil; la teología sin culto es fría y muerta; el culto y
la teología juntos muestran una fe unida y produce una vida cristiana fuerte y fructífera.
El culto debe ser regulado y determinado por la teología.
El culto cristiano es, en primer lugar, una experiencia y no una expresión artística. Está
basado en un hecho histórico. Dios se reveló en la historia a través de su Hijo Jesucristo.
El culto cristiano está basado en hechos históricos: la creación, Jesucristo, los milagros y
las enseñanzas, su vida, su muerte y su resurrección. El culto que no está basado en la fe en
Dios y en su amor, no es un verdadero culto. La teología que no inspira la creencia en Cristo
es falsa y perniciosa. Una teología correcta sirve para corregir un culto falso.
El culto es una expresión consciente de comunión con Dios; la teología es el esfuerzo por
describir tal experiencia.

DIOS, DIGNO DE CULTO


El hombre no puede vivir sin Dios. El culto es una dulce respuesta de la criatura a su
Creador.
En el culto, entonces, Dios es el centro. Dios tomó la iniciativa en cuanto al culto al crear a
la humanidad para tener comunión con él. Dios llega hasta nosotros como digno de
adoración; cuando respondemos a Dios en el culto él nos brinda nuevas experiencias y
revelaciones.

DIOS PERSONAL
Dios no es un ideal, o una filosofía de la vida o un principio metafísico. Es un ser personal y
espiritual, y busca relacionarse con las personas individuales. La revelación no es una
declaración que dice: “Dios existe”, sino la afirmación: “Tú eres mi Dios”. Dios es personal y

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presente. No llega a nosotros como una fuerza, sino como un Dios vivo que busca la
compañía de los seres humanos.

DIOS TRASCENDENTE
Cuando celebramos culto no lo hacemos a uno igual que nosotros, sino al Dios creador e
infinito. El Dios absoluto está sobre nosotros: “Porque mis pensamientos no son vuestros
pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehovah” (Isa. 55:8).
El carácter santo de Dios es un desafío constante a la condición pecaminosa de la
humanidad.
En el culto expresamos nuestra dependencia del Dios eterno. Cuando experimentamos la
majestad de Dios, respondemos como Isaías: “El uno proclamaba al otro diciendo: ‘¡Santo,
santo, santo es Jehovah de los Ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria! (Isa. 6:3).
La persona que dice: “Tú eres mi Dios” también dirá: “Tú eres digno, oh Señor, de recibir
gloria, honra y poder”.

EL DIOS INMANENTE
Dios está presente en nuestras vidas. Siendo el dador de la vida él es también el
sustentador de la misma. Dios se nos ha dado a conocer. La revelación de Dios más íntima y
personal para que le conozcamos es su amor en acción. Dios ofrece constantemente amor y
perdón abundantes; por lo tanto, no tenemos que especular en cuanto a dónde está Dios.

UN DIOS CONFIABLE
El Dios que es digno de culto es también digno de nuestra fe. Nunca somos defraudados
porque Dios nos eligió para ser salvos. “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los
que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué,
pues, diremos frente a estas cosas? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
(Rom. 8:30, 31).
Las personas que creen descubren a un Dios fiel cuando se encuentran con él en el culto.
Nada puede separarnos de Dios. “Más bien, en todas estas cosas somos más que vencedores
por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida,
ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni poderes, ni lo alto, ni lo profundo,
ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús,
Señor nuestro” (Rom. 8:37-39).
Él está presente y golpea en la puerta de nuestro corazón.
Apocalipsis 3:20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la
puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo”.
Lo que es central no es que nosotros seguimos a Dios sino que él nos sigue y nos sostiene, no
que nosotros lo escogimos a él sino que él nos eligió a nosotros.

JESUCRISTO, EL OBJETO DE LA FE
El culto cristiano es un culto cristocéntrico, basado en Jesús. Celebrar culto a Dios es
posible por medio de Jesucristo.
El culto, entonces, es una expresión de gracia ofrecida en Cristo. Jesucristo es el objeto
de nuestra fe y de nuestro culto. La diferencia entre el culto cristiano y el de otras
religiones es la persona de Jesús. Porque es solo por medio de Jesús que llegamos al Padre.
Cristo es el templo en el cual se encuentran Dios y los hombres.
La presencia divina que Israel adoraba en el templo y en el tabernáculo la encontramos
nosotros en Cristo.
Juan 1:14: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria,
como la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”.

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MANIFESTACIÓN
Juan 1:18: “A Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, él le
ha dado a conocer”.
Toda la vida de Jesús, sus enseñanzas, su cruz, su resurrección, su ascensión y su
exaltación es una acción de Dios en Jesús. En la expresión del culto Jesús llega hasta
nosotros con “una palabra del mismo Dios”. Nuestra visión de Dios viene a través de Jesús.
Juan 14:9: “Jesús le dijo: ‘Tanto tiempo he estado con vosotros, Felipe, ¿y no me has
conocido? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices tú: Muéstranos al
Padre?’”
IDENTIFICACIÓN
En su humillación, Jesús se identifica con nosotros en todas las áreas de nuestra vida.
Jesús tomó la forma de un siervo: “...sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de
siervo, haciéndose semejante a los hombres... (Fil. 2:7).
Podemos adorar a un Dios santo porque él se ha revelado de la manera más humilde, como
un siervo. Dios nos vino a redimir en la historia. En el culto se realiza una redención: nos
identificamos con Jesucristo y nos encontramos con Dios por medio de Cristo.
PODER REDENTOR
Dios se reconcilió con los seres humanos en la cruz (2 Cor. 5:17).
La cruz nos lleva a la adoración con un mensaje, himnos de adoración, loor, gratitud por los
dones maravillosos que Dios nos dio por medio de su Hijo, la vida eterna. En la cruz
encontramos el poder suficiente para salvarnos y para celebrar culto. SEÑORÍO DE
CRISTO
Jesús no solamente se dio por la iglesia en la cruz mas continúa entregándose a la iglesia en
el culto (Fil. 2:9-11).
La resurrección es una respuesta eterna de victoria en relación con el pecado y la muerte.
En el culto, el Cristo vivo está disponible para todas las personas. Los creyentes primitivos
proclamaban su fe con las palabras “Cristo es Señor”.

ESPÍRITU SANTO, UN CULTO DINÁMICO


En el culto, muchas veces se pasa por alto la presencia y el poder del Espíritu Santo. Una
aspiración humana, cualquiera que sea, es su logro sin el trabajo del Espíritu Santo.

LA PRESENCIA PERSONAL DE DIOS


Dios se une con el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es personal. En el culto Dios se
presenta por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo está presente como MANIFESTACIÓN
del Padre y del Hijo. Pablo lo afirma en Romanos 8:9: “Sin embargo, vosotros no vivís según
la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Si alguno no
tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”.

PODER TRANSFORMADOR
La salvación es posible por el poder del Espíritu Santo. Él es el que nos convence de
nuestros pecados: “Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”
(Juan 16:8). Es su poder el que esclarece la mente humana en relación con la verdad: “El me
glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío.
Por esta razón dije que recibirá de lo mío y os lo hará saber” (Juan 16:14, 15). El Espíritu
Santo es un agente de transformación. Jesús dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo
que a menos que uno nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo
que es nacido de la carne, carne es; y lo que ha nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3:5,
6). “El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he
hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63).

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Por medio del Espíritu Santo es posible vivir la vida en Cristo: “Con Cristo he sido
juntamente crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la
carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí”
(Gál. 2:20).

LA VIDA EN LA IGLESIA
Es una función del Espíritu Santo el inspirar y guiar a la iglesia en su culto y su trabajo. El
Espíritu Santo creó a la iglesia y le continúa dándole vida. Sin su poder, la iglesia no podría
existir. El Espíritu Santo era el personaje central en la iglesia primitiva. Jesús mandó que
sus apóstoles esperaran hasta que fuesen llenos del Espíritu Santo: “Y estando juntos, les
mando que no se fuesen de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, ‘de la cual
me oísteis hablar; porque Juan, a la verdad, bautizó en agua, pero vosotros seréis
bautizados en el Espíritu Santo después de no muchos días’” (Hech. 1:4, 5). Los discípulos
no estaban preparados hasta que recibieron el poder del Espíritu Santo. La voluntad de
Cristo solo se podría cumplir cuando el Espíritu Santo viniese a la iglesia, a la vida de los
creyentes en el culto. Solo por medio de él los creyentes pueden llevar fruto (Gál. 5:22-
25).
Puede haber varias formas de culto, pero la iglesia será siempre dependiente del Espíritu
Santo. Él es la motivación para los ministerios: para predicar, enseñar, curar, orar (1 Cor.
14:36; Rom. 8:26, 27; Hech. 4:31; Ef. 5:18-20).

LA BIBLIA, LA PALABRA ETERNA


La Biblia es la historia de Dios en la propia historia. La Biblia siempre confirma que Dios
siempre procesa la creación. La Biblia es la historia de los hechos de Dios en el universo. En
el culto, la Palabra escrita se vuelve Palabra viva de Dios para nosotros.

UN TESTIMONIO DE JESUCRISTO
A través de la Biblia, Cristo puede ser conocido en la historia. Ella es un testimonio de vida
y gobierna la unión con Cristo. La Biblia no habla en el vacío, sino de la vida de Cristo. El
modelo de autoridad del culto cristiano está en el Cristo vivo.

CENTRALIDAD DE LA PREDICACIÓN
Los templos bautistas no tienen imágenes pero tienen un púlpito, un bautisterio y una mesa
para la cena del Señor. El púlpito siempre debe estar en el frente.
Es por medio de la predicación que llega la conversión y por eso el bautisterio está detrás
del púlpito; después del bautismo el nuevo creyente comienza a participar de la Cena.
La Palabra de Dios a través del predicador es el motivo central del culto, es la parte más
importante. La alabanza o cualquier otra actividad, como las dramatizaciones, no sustituyen
ni pueden tomar más tiempo que el reservado a la predicación de la Palabra de Dios. Hoy
asistimos a cultos de dos horas de alabanza y quince minutos de la Palabra. Yo defiendo un
culto “emparedado”: comencemos con treinta minutos de alabanza, luego la Palabra de Dios
y luego continuemos con la alabanza hasta la hora que sea.
Se llama a la Biblia el “libro del Espíritu”. Es una herramienta del Espíritu Santo.

LA IGLESIA, EL PUEBLO DE DIOS


La doctrina de la Biblia determina el tipo de culto que ofrecemos. Una iglesia jerárquica
tiende a seguir una liturgia escrita; una iglesia congregacional insiste en la libertad del
Espíritu. La iglesia nace con el culto y su vitalidad es mantenida por el culto. Una iglesia
local es parte de todo el cuerpo de Cristo. La iglesia es una comunidad viva de creyentes.

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REDENCIÓN
La iglesia es diferente a cualquier otra institución de la sociedad. Es una comunidad de
redimidos (koinonía), creados por el Espíritu Santo y unidos por el SEÑORÍO de Cristo. La
iglesia, como una reunión de personas redimidas, necesita celebrar culto. Durante el culto
recibimos la visión y el poder para evangelizar, cumpliendo la finalidad redentora de la
iglesia.

ORGANISMO VIVO
Una iglesia es un organismo vivo. Es como si Cristo se reencarnase en cada reunión. La
iglesia es el cuerpo de Cristo. Cuando por la fe Jesús entra en la vida de los creyentes en
su encarnación, la iglesia comienza a hacer las mismas cosas que Jesús hacía en su cuerpo
aquí en la tierra (Mat. 9). Una iglesia, como comunidad de resurrección, es el cuerpo vital,
vibrante y victorioso del rey, Cristo Jesús. “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir
dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gál. 4:19).

UNA ORGANIZACIÓN DE ADORACIÓN


La iglesia necesita reconocer que es divina y humana a la vez. Existe para adorar y celebrar
culto. Las doctrinas de una iglesia determinan su forma de culto. Permanece viva si
continuamente ofrece culto al Dios verdadero (1 Ped. 4:17).
Un sinónimo para la iglesia es el culto.

UN CUERPO DE SACERDOTES
El culto es un gran imán para los que están fuera de la iglesia. El Nuevo Testamento señala
que la iglesia es un sacerdocio (1 Ped. 2:5; Apoc. 1:6).
Cada creyente es un sacerdote que está listo para ofrecer un sacrificio a Dios. Esta
doctrina requiere la participación de toda la congregación. Tenemos obligación de ofrecer
sacrificios por nosotros mismos y por otros.
La gracia de Dios puede ser reconocida de varias maneras. Eso depende de la situación del
creyente y del estado de su alma.
Desde el punto de vista humano, la comunión con Dios es la recepción de la gracia de Dios
por medio de nuestra fe. Pablo afirma en Efesios 2:8: “Porque por gracia sois salvos por
medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.
Dios actúa a través de la gracia y la fe es nuestra respuesta a esa acción. Fe es una
entrega de nuestro ser a Dios. Al celebrar culto lo debemos hacer con fe para
comunicarnos con Dios, y con amor para estar unidos a los hermanos, y a través de ello al
Señor. Sin fe es imposible agradar a Dios.
A Dios sea toda honra y toda gloria.
Amén. Amén. Amén.

PRIMER CONGRESO LATINOAMERICANO BAUTISTA DE ADORACIÓN

http://www.casabautista.org/dialog/dialog/congres1.htm

Ponencias Para reaccionar o expresar sus sugerencias, por favor, escríbanos a jpoe@casabautista.org

Primer Congreso Latinoamericano Bautista de Adoración


Primera Iglesia Bautista de Niterói, RJ, Brasil
15 al 18 de marzo de 2000