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Una cabeza sin sombrero Mohammad Reza Yuseffi abía una vez un titiritero. Era calvo, alto

Una cabeza sin sombrero

Mohammad Reza Yuseffi

abía una vez un titiritero. Era calvo, alto como un ciprés y tenía una caja llena de

títeres, que, abría en las fiestas de boda, en los banquetes y en las calles. El titiritero

jugaba con sus muñecos y divertía a la gente. Un buen día, un fabricante de fieltro se apiadó del titiritero calvo. Le regaló una pieza de fieltro y le dijo:

—Señor titiritero, con esta pieza de fieltro puede hacerse un sombrero para que el sol no queme su calva. El titiritero agradeció el regalo y fue a la tienda del sombrerero:

—Señor sombrerero, que hace sombreros y los hace tan buenos, ¿puede hacer para mí un sombrero? —¿Sólo uno? ¡Haría diez para usted, él mejor titiritero! A cambio le pido que prepare un buen espectáculo de títeres para la boda de mi querida hija, mi mayor tesoro. No olvide su tambor, y traiga a su caballero, su criado y todos sus muñecos. —Así lo haré. Estoy a su disposición. A cambio de ese sombrero, seré su bufón. Y diciendo esto, el titiritero se despidió del sombrerero. Mientras iba por la calle, los muñecos le preguntaron:

—Maestro calvo, tío bufón, el sombrerero dijo que podría hacer diez sombreros para ti. ¿Por qué le pides sólo uno? El titiritero regresó de inmediato a la tienda. —Señor sombrerero, qué hace sombreros, y los hace tan buenos, ¿puede hacer para mí dos sombreros? Uno para el titiritero, y otro para Akbar, el caballero. ¡Lo único que el pobre caballero tiene en este mundo es una cabeza calva!

H

—De acuerdo —dijo el sombrerero—. Haré dos bellos sombreros. Vuelva a buscarlos, no mañana, ni el lunes, sino el martes. A cambio de unos dulces se llevará los dos sombreros.

El titiritero salió de la tienda satisfecho. Pero antes de llegarla la esquina, los muñecos

volvieron a preguntarle:

—Maestro calvo, tío bufón, el sombrerero dijo que podría hacer diez sombreros para

ti. ¿Por qué le pides sólo dos?

El titiritero regresó nuevamente a la tienda.

—Señor sombrerero, que hace sombreros y los hace tan buenos, ¿puede hacer para mí tres sombreros? Uno más para el derviche Alí. ¡Lo único que el pobre derviche tiene en este mundo es una jofaina y una cabeza calva! —De acuerdo —dijo el sombrerero—. Haré tres bellos sombreros. Vuelva a buscarlos, no el martes, ni el viernes, sino la semana próxima. A cambio de unos dulces se llevará los tres sombreros.

Alegre y sonriente, el titiritero llegó a su casa. Estaba tan dichoso que no pudo dormir en toda la noche. Cuando se levantó, muy temprano, sus muñecos lo saludaron y le preguntaron:

—Maestro calvo, tío bufón, el sombrerero dijo que podría hacer diez sombreros para ti. ¿Por qué le pides sólo tres?

El titiritero fue corriendo a la tienda y dijo:

—Señor sombrerero, que hace sombreros, y los hace tan buenos, ¿puede hacer para mí cuatro sombreros? Necesito uno más para Alí Asghar, ¡el novio calvo! —De acuerdo —dijo el sombrerero—. Haré cuatro bellos sombreros. Vuelva a buscarlos, no esta semana, ni la próxima, sino el domingo siguiente. A cambio de unos dulces

se llevará los cuatro sombreros. El titiritero se fue cantando. Trabajó con entusiasmo de la mañana a la noche. Hizo que sus muñecos brincaran y bailaran. ¡Cuánto se divirtieron los niños! Vieron y oyeron

las historias del caballero, el sirviente y el novio, y rieron sin parar. Al anochecer, cuando el titiritero regresaba a su casa, sus muñecos dijeron:

—Maestro calvo, tío bufón, el sombrerero dijo que podría hacer diez sombreros para ti, ¿Por qué le pides sólo cuatro?

diez sombreros para ti, ¿Por qué le pides sólo cuatro? A la mañana, siguiente, ni bien

A la mañana, siguiente, ni bien salió el sol, el

titiritero fue a la tienda del sombrerero y dijo:

—Señor sombrerero, que hace sombreros, y los hace tan buenos, ¿puede hacer para mí cinco sombreros? El quinto sombrero es para Mobarak, el sirviente negro. Lo has visto, ¡no

tiene un solo pelo! —De acuerdo —dijo el sombrerero—. Haré cinco bellos sombreros. Vuelva a buscarlos, no la próxima semana, sino la siguiente, el viernes. Venga a mi casa. Será la boda de mi hija

y allí estarán sus cinco sombreros, relucientes como coronas de oro. ¡Traiga a sus muñecos

y anime la fiesta! El titiritero se fue a su casa. A partir de ese momento, contó los días, uno tras otro, hasta que llegó el esperado viernes. El titiritero y sus muñecos entraron en el salón donde se celebraba la boda. Se oía el sonido de los tambores. —¡Festejos como éste no se ven todos los días! —exclamó el titiritero. El sombrerero fue a recibirlo llevando un paquete en las manos:

—¡Buenas noches, titiritero! Aquí están sus sombreros, ¡los más bellos que jamás haya

visto!

El titiritero abrió complacido el paquete. Pero, ¡qué grande fue su desilusión! Con los ojos muy abiertos, miraba fijamente los sombreros. —¿Qué es esto? —preguntó. Allí había cinco pequeños sombreros, más pequeños que un durazno. —Señor sombrerero, le encargué sombreros para el caballero Akbar, para Alí Asghar, para Mobarak, para el derviche Alí, ¡y para mi propia calva! —dijo el titiritero. —¿Pueden acaso cubrirse tantas cabezas calvas con una pieza de fieltro tan pequeña? —preguntó extrañado el sombrerero—. Creí que los sombreros eran para sus muñecos. —¡Esperé tanto por los sombreros, sólo para esto! —se lamentó el titiritero. Todavía asombrado y confundido, llamó a sus muñecos, al caballero, Mobarak, el derviche y el

novio:

sus muñecos, al caballero, Mobarak, el derviche y el novio: —¡Venid a ver los sombreros! El

—¡Venid a ver los sombreros! El titiritero puso a cada muñeco su sombrero

y luego dijo:

—¡Que día tan triste! Ellos tienen sombreros nuevos, y yo no. Pero de pronto pareció animarse:

—¡Señor caballero, señor derviche, señor Mobarak, a tocar los tambores, a cantar! ¡Es hora

de homenajear, a los novios! Los muñecos bailaron en honor de la novia. El sombrerero y sus invitados disfrutaron del espectáculo y aplaudieron alegres. —¿Todavía crees que tú nos haces bailar? —preguntaron burlones los muñecos—. Piensa: ¿quién es quién?, ¿quién es el que canta?, ¿quién es el que baila?, ¿quién maneja los hilos? En un instante, el titiritero comprendió. Se puso de pie, les cedió el tamboril y dijo:

—Desde hoy, vosotros tocaréis y yo bailaré. Y así fue. Oigo el sonido de los tambores, las voces de los que cantan, los pasos de los que bailan. ¿Qué hacemos, tú, yo, todos nosotros? ¿Quién es el músico y quién el que baila?

Historias mágicas de Oriente – cuentos de Irán

Valencia, Brosquils edicions, 2005