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DERECHOS HUMANOS, IGUALDAD Y LUCHA CONTRA LA DISCRIMINACIÓN I NTRODUCCIÓN A L OS D ERECHOS

DERECHOS HUMANOS, IGUALDAD Y LUCHA CONTRA LA DISCRIMINACIÓN

INTRODUCCIÓN A LOS DERECHOS HUMANOS Y LOS PRINCIPIOS DE IGUALDAD Y NO DISCRIMINACIÓN

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El 10 de diciembre de 1948, en estrecha vinculación con el desarrollo de procesos políticos y sociales que acarrearon actos aberrantes y violatorios de la dignidad humana, los Estados reunidos en el marco de las Naciones Unidas encontraron una formulación jurídica consensuada para el documento que conocemos como Declaración Universal de los Derechos Humanos. En su artículo 1°, la Declaración establece que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Tres años más tarde, en 1951, se publica Los orígenes del totalitarismo, uno de los libros de mayor importancia de la filósofa Hannah Arendt. En este texto la autora sostiene que “no nacemos iguales; llegamos a ser iguales como miembros de un grupo por la fuerza de nuestra decisión de concedernos mutuamente derechos iguales” 1 .

Aunque a primera vista estas formulaciones puedan parecer contradictorias, uno de los objetivos de este curso será poder comprender que el diálogo que establecen nos permite ahondar en aquello que entendemos por derechos humanos, igualdad y lucha contra la discriminación. En esta línea de trabajo, nuestro punto de partida es considerar que el paradigma de los derechos humanos nos brinda un horizonte de referencia desde el cual abordar, analizar y modificar prácticas sociales estructuradas sobre creencias que establecen valencias diferenciales para las personas. Este tipo de prácticas basadas en conjuntos cambiantes de atributos, socio-históricamente delimitadostienen como presupuesto la consideración de que todos los seres humanos no son

1 ARENDT, H. 2002. Los orígenes del totalitarismo. Alianza. Madrid. Pág. 436.

igualmente dignos. Desde nuestra perspectiva, entendemos a los derechos humanos como un repertorio de libertades

igualmente dignos. Desde nuestra perspectiva, entendemos a los derechos humanos como un repertorio de libertades y derechos inherentes a cada uno de los seres humanos sobre la base de su igualdad y dignidad personal y social. Este conjunto de libertades y derechos apunta a garantizar y satisfacer condiciones indispensables para el desarrollo de una vida digna, “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición” 2 .

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PRINCIPIOS GENERALES: COMUNIDAD, IGUALDAD Y BIEN COMÚN

Como sabemos, los Estados modernos han articulado sus sistemas normativos y organizado su funcionamiento interno sobre la base de dos nociones: libertad e igualdad. A lo largo de la historia, estas nociones han adquirido diversos y variables contenidos; esto es, que los sentidos atribuidos a estas nociones no han sido fijos ni inmutables. En nuestro país, la fórmula adoptada respecto de la igualdad quedó plasmada en el artículo 16 de la Constitución: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley (…)”. Sin embargo, ante la evidencia de profunda desigualdad social, resulta pertinente repensar los alcances y contenidos de la noción de “igualdad ante la ley”. En este sentido, debemos tener presente que la tradición jurídica inspirada en el ideario liberal nos ha llevado a enfatizar el valor asignado a la dimensión individual, con el consecuente opacamiento de otras reflexiones.

Con el objeto de recuperar otras perspectivas nos parece interesante comenzar reflexionando sobre la noción de comunidad. Esta noción servirá de punto de anclaje para el despliegue de los contenidos propios del paradigma de los derechos humanos.

Una primera aproximación a la noción de comunidad podría remitirnos al vínculo que establecemos con

Una primera aproximación a la noción de comunidad podría remitirnos al vínculo que establecemos con otros/as. Sin embargo, es importante considerar que la noción de comunidad no involucra simplemente instancias de intersubjetividad (es decir, los intercambios discursivos, simbólicos, económicos concretos y situados) sino que su análisis requiere reponer aquella trama más densa que hace posible la inscripción social de dichas situaciones de intersubjetividad. En el mismo sentido, debemos estar atentos a las limitaciones propias de pensar la comunidad meramente como conjunto de personas que pueden ser caracterizas a partir de determinados rasgos dados en común (entre otros, como señala Nancy, sangre, sustancia, filiación, esencia, origen, naturaleza, consagración, elección, identidad orgánica o mística): en estos casos, nos encontramos ante la puesta en escena de los presupuestos de teorías que plantean una homogeneidad intrínseca para cada comunidad 3 . En todo caso, resulta de importancia tener presente que al reflexionar sobre la comunidad no hacemos referencia a ella como un ‘valor’ sino como la condición y el carácter propio de la existencia humana.

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Desde el paradigma de los derechos humanos, pensar la comunidad implica reflexionar sobre el lazo social que hace posible la vida-en-común de todas y todos; esto es, el desarrollo sobre bases equitativas de las expectativas de vida buena y plena, libre de condicionamientos y desigualdades. Es en este sentido que podemos dar cuerpo a la afirmación de Lechner de que “proclamar los derechos humanos significa fundamentalmente crear aquel ‘horizonte de sentido’ mediante el cual los individuos aislados pueden concebirse y afirmarse a sí mismos como una comunidad de hombres libres e iguales” 4 .

Sobre esta base, al abordar la cuestión de los derechos humanos debemos tener presente las dificultades propias de la preponderancia de visiones centradas en

3 NANCY, J. L. 1999: “Conloquium”. En ESPOSITO, R. 2003. Communitas: origen y destino de la comunidad. Amorrortu. Buenos Aires. 4 LECHNER, N. 1983. “Los derechos humanos como categoría política”, conferencia pronunciada en el Foro Los Derechos Humanos y las Ciencias Sociales en América Latina, en ocasión de la XII Asamblea General del CLACSO, Noviembre, Buenos Aires, Pág. 6.

el individuo. Siguiendo el planteo de Negri podemos decir que cuando la persona es definida

el individuo. Siguiendo el planteo de Negri podemos decir que cuando la persona es definida como individuo, nos encontramos ante una representación de ella en soledad. Sin embargo, agrega, no hay posibilidad real para esa soledad 5 . Toda proyección futura, examen presente o recuperación del pasado implica necesariamente a personas inscriptas en relaciones con otras/os, en el marco de comunidades en las que cada persona se hace presente con todas sus dimensiones y determinaciones vitales y existenciales. Tematizar la comunidad requiere, también, hacer presente el hecho de que en nuestras sociedades encontramos una pluralidad de comunidades morales y de grupos de interés que, más allá de que sus aspiraciones, intereses y expectativas tiendan a superponerse y/o contraponerse, se vinculan sobre la base de un lazo que hace posible la expectativa de desarrollo de una vida buena, socialmente entendida.

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La idea de bien común o de vida buena, que es lo que desde el paradigma de los derechos humanos sustenta la idea de comunidad, no puede desconocer las desigualdades sociales y mucho menos desatender el hecho de que esas desigualdades tienen consecuencias diferenciales para distintas personas y grupos de personas. Como veremos más adelante, tanto las situaciones socioeconómicas de pobreza y exclusión social como el género operan como variables amplificadoras de las desigualdades. Dentro de este marco, las violaciones y vulneraciones de derechos se intensifican para aquellas personas que, en determinado momento, presentan determinaciones existenciales marcadas por estas variables: este sería el caso de mujeres pobres que resultan más afectadas por diversas formas de violencia, en contraposición a mujeres que no se hallan en situación socioeconómica desventajosa.

5 NEGRI, A. 2002. “Towards an ontological definition of the Multitude”. En Multitudes N° 9, ParÍs, Mayo - Junio 2002.

Es así que podemos decir que “no es lo mismo ser mujer que mujer -pobre,

Es así que podemos decir que “no es lo mismo ser mujer que mujer-pobre, migrante que migrante-pobre, indígena que indígena-pobre, negro que negro- pobre” 6 .

Las prácticas sociales discriminatorias, lejos de ser un problema de ‘minorías’ (noción que desde el paradigma de los derechos humanos resulta problemática en tanto hace pensar en la variable numérica como criterio para el acceso y garantía a derechos), aparecen ligadas inseparablemente a las condiciones sociales de existencia. En el contexto latinoamericano, estas condiciones están claramente marcadas por fuertes desigualdades e inequidades sociales.

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Sobre la base de estas consideraciones, vemos que resulta necesario profundizar el análisis y reconceptualizar la noción de igualdad en tanto neutralidad estatal ante las diferencias sociales. Resulta de interés, entonces, introducir la idea de equidad, entendida como perspectiva que se orienta a lograr un tratamiento justo y equitativo para todas las personas según sus necesidades respectivas, libre de sesgos, actitudes y prácticas discriminatorias. La equidad no promueve un trato igual lo que implicaría una solución simplista para problemas complejossino un trato igualitario, es decir, atento a las diferentes necesidades. La idea central es considerar a todas las personas equivalentes en términos de libertades, derechos, garantías, obligaciones y oportunidades. En este sentido, abordar la diversidad como un ‘elemento extraño’ (explorándola, categorizándola, administrándola) parte de y sostiene un presupuesto de negación de una pluralidad siempre presente en toda comunidad. Tematizar la diversidad en esta clave es, incluso, una forma de negación de la diaria experiencia de la pluralidad constitutiva de lo humano en tanto que tal. En esta línea, podemos decir que la noción de igualdad configurada desde el liberalismo se ha instalado como sentido común pero también como estructura de autopercepción sesgada y como narrativa limitante de nuestras interacciones diarias.

6 VVAA. 2005: Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación. INADI. Buenos Aires. Pág. 67.

A diferencia de esta perspectiva, el principio de igualdad anclado en el paradigma de los

A diferencia de esta perspectiva, el principio de igualdad anclado en el

paradigma de los derechos humanos no se orienta a suprimir y/o desconocer las diferencias que existen entre las personas sino a sentar las bases para que ellas se trate de diferencias de sexos, culturas, colores de piel, de lenguas, orientaciones sexuales, religiosas, entre otrasdejen de ser el presupuesto

sobre las que se fundan y legitiman formas de dominación, jerarquías sociales, prácticas sociales discriminatorias y otras formas de desigualdad social.

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En este contexto, resulta de suma importancia comenzar a abordar toda cuestión social y política desde un horizonte nuevo que permita dar cuenta del trasfondo de las prácticas sociales discriminatorias. Es así prioritario enfatizar una concepción de comunidad no homogénea, donde las diferencias no sean presentadas como ‘elementos extraños’ que requieren ser ‘segregados’, ‘expulsados’, ‘valorados’ y/o ‘preservados’ sino como la estructura constitutiva de lo comunitario. Podría, entonces, resultar de importancia incorporar una perspectiva de igualdad compleja, según la cual en tanto las personas no son iguales deben ser tratadas equitativamente.

CONSTRUCCIÓN Y DESARROLLO DEL PARADIGMA DE LOS DERECHOS HUMANOS

La historia de los derechos humanos coincide con la historia de las luchas por la

emancipación, la igualdad y la autonomía. A su vez, esta historia es también la de las luchas contra las diversas formas de opresión, desigualdad y jerarquías. Muchas de estas luchas se desarrollaron contra el avance de las autoridades y sus abusos de poder sobre quienes se hallaban bajo su dominación, mientras que otras se desplegaron con el objetivo de lograr avances y conquistas en la calidad y condición de vida de las personas, desde el acceso a alimentos hasta la posibilidad de profesar el propio credo libremente.

La narración de estas historias suele destacar entre sus puntos más salientes los

momentos en que las aspiraciones que orientan estas prácticas emancipatorias

quedan plasmadas en documentos escritos, generalmente bajo la forma de declaraciones y normas jurídicas. En

quedan plasmadas en documentos escritos, generalmente bajo la forma de declaraciones y normas jurídicas. En este sentido, y a costa de dejar por fuera numerosísimos capítulos que se inscriben en estas líneas, resulta de importancia mencionar las formulaciones que encontramos en la ‘Declaración de Derechos de Virginia’ (1776) y en la ‘Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano’ (1789). Ambos documentos fueron producto de cambios revolucionarios en las estructuras sociales de las naciones en que se desarrollaron, a la vez que sirvieron de base para la reconfiguración de las articulaciones sociales y políticas en estas sociedades.

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Resulta importante tener presente que la plasmación jurídica de estas aspiraciones es siempre una de entre muchas respuestas posibles ante determinados contextos. Esto significa que la escritura misma de estos documentos responde a consensos históricamente situados, a opciones discursivas que dan cuenta de las condiciones de producción de esos discursos. Aun así, estos documentos no se agotan en constituirse en respuestas puntuales a problemas y aspiraciones puntuales sino que, a su vez, resignifican esos contextos. En este sentido, podemos decir que tanto las declaraciones de derechos de los siglos XVIII y XIX como la Declaración de 1948 constituyen productos culturales que no están al margen del sistema de relaciones sociales imperantes al momento de su redacción. Una lectura de este tipo de estos documentos nos permite tomar conciencia tanto de sus limitaciones como de sus potencialidades. Como veremos más adelante, uno de los caracteres que atribuimos a los derechos humanos es su progresividad: esta noción hace referencia al hecho de que el paradigma de los derechos humanos no constituye un sistema cerrado sino que, al decir de Rita Segato, se trata de un “eficaz sistema de nombres en permanente expansión” 7 .

7 SEGATO, R. 2003. “La argamasa jerárquica: violencia moral, reproducción del mundo y la eficacia simbólica del derecho”. En: Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Prometeo-UNQ. Buenos Aires.

La experiencia del horror y la posibilidad misma de la puesta en práctica de “actos

La experiencia del horror y la posibilidad misma de la puesta en práctica de “actos de barbarie ultrajantes a la conciencia de la humanidad” –esto es, la experiencia del horror a escala mundialmarca un hito fundamental en la historia en la medida en que hace necesaria la primera declaración de derechos humanos que se postula con carácter universal. La singularidad de la Declaración de 1948 radica en que, por primera vez y más allá de las particularidades nacionales, un conjunto amplio de Estados reconoce la necesidad de consensuar un “una concepción común de estos derechos y libertades” a fin de asegurar a todas las personas el respeto y garantía para el ejercicio de un repertorio de derechos y libertades, independientemente de sus determinaciones existenciales.

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Como señala Herrera Flores, “desde 1948 hasta la actualidad, nos hemos ido acostumbrando a denominar como derechos humanos a los diferentes procesos sociales, políticos y culturales que han tendido a positivar institucionalmente las exigencias de protección ciudadana contra la hegemonía del Estado sobre nuestras vidas cotidianas” 8 . Sin embargo, como hemos visto, los derechos humanos no se agotan en el conjunto de normas nacionales e internacionales instituidas para la protección de las personas. En este sentido, es importante notar que el derecho no es una propiedad (en sentido de un objeto material que tenemos en nuestro poder) sino que es algo que podemos reivindicar y que es el acto de su reivindicación el que le otorga a los derechos su significación moral específica. Retomando el texto de Segato podemos decir que el derecho tiene una doble dimensión: la función instrumental y la función simbólica. La función instrumental nos remite a la operatividad de los derechos reconocidos; es decir, a los aspectos prácticos de la puesta en marcha de un determinado derecho. Por su parte, la función simbólica hace referencia a la capacidad de las normas de “recrear” la forma en que interpretamos el mundo.

8 HERRERA FLORES, J. 2005. Los derechos humanos como productos culturales: crítica del humanismo abstracto. Catarata. Madrid. Pág. 188.

Es en este sentido que decimos que el paradigma de los derechos humanos se inscribe

Es en este sentido que decimos que el paradigma de los derechos humanos se inscribe en la historia de las luchas por la emancipación: de una parte, recoge reivindicaciones anteriores (tanto de aquellas que llegaron a ser codificadas como de otras tantas que no siguieron ese curso) mientras que, por otra, hace suyas estas aspiraciones y pasa a ser el motor de estos reclamos. El paradigma de los derechos humanos puede ser pensado, entonces, como el horizonte de

inscripción de estas luchas, aspiraciones y reflexiones desde mediados del siglo

XX.

CARACTERÍSTICAS DE LOS DERECHOS HUMANOS

siglo XX. C ARACTERÍSTICAS D E L OS D ERECHOS H UMANOS A SPECTOS GENERALES ,

ASPECTOS GENERALES, INSCRIPCIÓN NORMATIVA Y DERECHOS PROTEGIDOS

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Hasta aquí hemos dado cuenta de los caracteres más generales del paradigma

de los derechos humanos. Es por ello que resulta de interés avanzar en ciertos aspectos que precisan nuestras reflexiones y que servirán de marco en

adelante.

De acuerdo a lo establecido en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, desarrollada en Viena en 1993, “todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí. La comunidad internacional debe tratar los derechos humanos en forma global y de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso. Debe tenerse en cuenta la importancia de las particularidades nacionales y regionales, así como de los diversos patrimonios históricos, culturales y religiosos, pero los Estados tienen el deber, sean cuales fueren sus sistemas políticos, económicos y culturales, de promover y proteger todos los derechos humanos y las libertades fundamentales” 9 .

9 Conferencia Mundial de Derechos Humanos. 1993. Declaración y Programa de Acción de Viena. Punto

Este fragmento nos permite caracterizar a los derechos humanos de acuerdo a los siguientes aspectos:

Este fragmento nos permite caracterizar a los derechos humanos de acuerdo a los siguientes aspectos:

- Inherentes a los seres humanos: cada persona es titular de estos

derechos, sin depender de ningún tipo de reconocimiento por parte de Estados, gobiernos, autoridades o personas en general.

- Universales: en la medida en que corresponden a todo el género

humano en todo tiempo y lugar, no pueden invocarse diferencias culturales, sociales o políticas como excusa para su desconocimiento, violación o aplicación parcial. - Intransferibles, irrenunciables e inalienables: nadie puede renunciar a estos derechos ni transferirlos o negociarlos. En el mismo sentido, tampoco los Estados pueden disponer de los derechos de las personas, aunque en situaciones excepcionales el disfrute de ciertos

derechos puede ser limitado temporalmente (aunque nunca negado, revocado o anulado).

- Incondicionales y obligatorios: los derechos humanos no requieren

de ninguna condición para su goce y, tanto las personas como los Estados, tienen la obligación concreta de respetarlos. - Inviolables: ninguna persona o autoridad puede legítimamente atentar, lesionar o destruir los derechos humanos. Las personas y los

Estados deben regirse por el respeto a los mismos.

- Imprescriptibles, acumulativos y progresivos: no prescriben, no

caducan y no se pueden perder. Por el contrario, como señala Rita Segato, "los derechos humanos son un sistema de nombres en expansión" y es probable que en el futuro se extienda la categoría de derecho humano a otros aspectos de la vida que en el pasado no se reconocían como tales.

- Integrales, interdependientes, indivisibles, y complementarios: la

vigencia de unos es condición para la plena realización de los otros,

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de forma tal que la violación o desconocimiento de alguno de ellos implica poner en

de forma tal que la violación o desconocimiento de alguno de ellos implica poner en riesgo el ejercicio de otros derechos.

Como veremos en el módulo siguiente, desde 1948 podemos observar avances en la codificación de instrumentos de derechos humanos, su incorporación en diverso grado al derecho interno de distintos países y el reconocimiento de un número creciente de derechos que hasta el momento no se hallaban comprendidos en el plexo normativo que conocemos como Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Un aspecto de importancia a destacar, como señala Cançado Trindade, es que “la emergencia de ‘nuevos derechos’ no puede haber tenido el propósito de comprometer o minar los avances y conquistas del pasado, sino el de consolidarlos, enriquecerlos y desarrollarlos” 10 . En la actualidad, el Derecho Internacional de los Derechos Humanos incluye los siguientes grupos de derechos:

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- Derechos Civiles y Políticos. Este grupo de derechos corresponden a las libertades que se consagran a las personas frente al Estado y/o autoridades públicas. Incluyen los derechos a la vida, libertad, igualdad, seguridad jurídica, propiedad, entre otros. - Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Son derechos de contenido predominantemente social tendiente a procurar mejores

condiciones para el desarrollo de una vida plena. Incluyen, entre otros, el derecho al salario justo, la libertad de asociación, a tomar parte en la vida cultural, el derecho a la seguridad social, al bienestar, la educación y la salud.

- Derechos de Solidaridad. Estos derechos tienen a un mismo tiempo

una dimensión individual y colectiva; conciernen tanto a la persona humana así como a colectividades humanas, ya que su resolución afecta a conjuntos específicos de la sociedad (o en algunos casos, a la

10 CANÇADO TRINDADE, A. 1994. “Derechos de solidaridad”. En: Estudios Básicos sobre Derechos Humanos, IIDH. San José de Costa Rica.

humanidad en su conjunto), por lo cual llevan intrínsecamente el valor de la co-responsabilidad. En

humanidad en su conjunto), por lo cual llevan intrínsecamente el valor de la co-responsabilidad. En este grupo incluimos el derecho al medio ambiente sano, a la independencia económica y política, a la paz, al desarrollo. - Derechos de Grupos Específicos. Este grupo de derechos se orientan a garantizar la igualdad para personas que, por su pertenencia a determinados colectivos sociales, están más expuestas a formas de discriminación específicas o abusos de parte de sectores dominantes. En este grupo se incluyen, entre otros, los derechos de niños, niñas y adolescentes; los derechos humanos de las mujeres; los derechos de las personas con discapacidad; los derechos de los/as trabajadores/as migrantes y los derechos de los pueblos y comunidades indígenas.

y los derechos de los pueblos y comunidades indígenas. N O TODOS LOS DELITOS CONSTITUYEN VIOLACIONES

NO TODOS LOS DELITOS CONSTITUYEN VIOLACIONES A LOS DERECHOS HUMANOS

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Uno de los aspectos centrales a tener en consideración respecto de los derechos humanos se refiere a la tipificación de determinadas conductas como violaciones a los derechos humanos. Como sabemos, los Estados modernos desarrollan sus funciones a través de un amplio conjunto de instituciones conformadas por personas 11 . Estas personas, los/as agentes, funcionarios/as y autoridades públicos/as, son quienes tienen la responsabilidad concreta de respetar, garantizar, proteger y velar por el real cumplimiento de los derechos y libertades fundamentales que estamos analizando. El trabajo que estas personas desarrollan, cada una de sus acciones u omisiones, es considerado

11 En este punto vale la pena recordar que, siguiendo la definición propuesta por Max Weber, la característica distintiva del Estado moderno es monopolizar la violencia física legítima; esto es, que toda forma de violencia legítima se concentra en sus instituciones. Sin embargo debemos resaltar que esto no significa que la única forma de acción posible sea el uso de la fuerza sino que mayormente la función del aparato represivo se ejerce de esta forma. Véase WEBER, M. 1967. El político y el científico. Alianza. Madrid.

como una acción del Estado y ello significa que estas acciones acarrean responsabilidad para el

como una acción del Estado y ello significa que estas acciones acarrean responsabilidad para el Estado.

Ante la ocurrencia de situaciones que vulneren derechos consagrados en un instrumento internacional de derechos humanos, la cuestión central es determinar si la situación de vulneración implica también una responsabilidad por parte del Estado. Es únicamente el Estado quien está obligado a respetar y garantizar la vigencia de los derechos humanos y, en tal sentido, es el único que puede violarlos. Es por ello que cuando un/a funcionario/as público/a incumple sus obligaciones o abusa del poder que le fue conferido negando derechos o dejando de hacer lo necesario para garantizarlosnos encontramos frente a una violación de derechos humanos.

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Cuando una persona resulta víctima de cualquier tipo de agresión, abuso o violencia puede recurrir a las autoridades, quienes determinarán si se trata de un delito y cuál es el castigo que corresponde a ese tipo de acción. Para estos casos (delitos cometidos por particulares), los Estados han desarrollado diversas medidas para prevenirlos y sancionarlos: cada país dispone de legislación donde se especifican las acciones consideradas delictivas y, a su vez, cuenta con normativa relativa a la investigación, juzgamiento y sanción de dichos actos. Mientras que los delitos cometidos por particulares reciben este tipo de tipificación, las acciones u omisiones de los/as funcionarios/as públicos/as que vulneran un derecho consagrado en un instrumento internacional de derechos humanos reciben el tratamiento de “violación de derechos humanos”. Esto significa que, en los casos en que el agresor es la propia autoridad estatal, hablamos de violación a los derechos humanos. Sin embargo, debemos tener presente que existen casos en los que un particular también puede cometer una violación a los derechos humanos: esto ocurre cuando esta persona o grupo de personas actúan en complicidad, en conexión o bajo órdenes de agentes estatales.

Un punto importante a considerar es que la noción de "violación de derechos humanos" no

Un punto importante a considerar es que la noción de "violación de derechos humanos" no se aplica a una determinada clase de actos (como la tortura, la desaparición forzada o el asesinato, entre otros) sino a la comisión de estos actos por el Estado o sus agentes. El hecho de que esta acción u omisión comprometa la responsabilidad del Estado a nivel internacional es lo que habilita el funcionamiento de los mecanismos internacionales de protección de derechos humanos, constituyendo un control externo de la conducta y actuación de los/as funcionarios/as estatales. El motivo por el cual existen estas instancias de control supranacional es que los Estados han considerado necesario que exista una garantía para que, en caso de verse afectados derechos fundamentales, el/la damnificado/a pueda contar con una instancia de protección supranacional con capacidad de verificar el respeto a estos derechos. Retomemos, en este sentido, algunos aspectos señalados por Nikken:

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Los derechos humanos implican obligaciones a cargo del gobierno. El es el responsable de respetarlos, garantizarlos o satisfacerlos y, por otro lado, en sentido estricto, solo él puede violarlos. Las ofensas a la dignidad de la persona pueden tener diversas fuentes, pero no todas configuran, técnicamente, violaciones a los derechos humanos. Este es un punto conceptualmente capital para comprender a cabalidad el tema de los derechos humanos. (…) La nota característica de las violaciones a los derechos humanos es que ellas se cometen desde el poder público o gracias a los medios que este pone a disposición de quienes lo ejercen. No todo abuso contra una persona ni toda forma de violencia social son técnicamente atentados contra los derechos humanos. Pueden ser crímenes, incluso gravísimos, pero si es la mera obra de particulares no será una violación de los derechos humanos.

(…) La responsabilidad por la efectiva vigencia de los derechos humanos incumbe exclusivamente al Estado, entre cuyas funciones primordiales está la prevención y la punición de toda clase de delitos. El Estado no está en condiciones de igualdad con personas o grupos que se encuentren fuera de la ley, cualquiera sea su propósito al así obrar. El Estado existe para el bien

común y su autoridad debe ejercerse con apego a la dignidad humana, de conformidad con

común y su autoridad debe ejercerse con apego a la dignidad humana, de conformidad con la ley12 .

Vale la pena destacar que esta calificación (“violación a los derechos humanos”) se utiliza en todos los países que han incorporado a su legislación interna el Derecho Internacional de los Derechos Humanos. El Derecho Internacional de los Derechos Humanos comprende a los distintos instrumentos internacionales (tratados, convenios y declaraciones) establecidos para proteger los derechos humanos. Cuando hablamos de tratados internacionales hacemos referencia a pactos entre gobiernos. Es en este sentido que destacamos que los sujetos obligados por los pactos internacionales de derechos humanos son los Estados, no las personas ni organizaciones privadas. Si bien abordaremos este aspecto en el siguiente módulo, resulta pertinente avanzar en este punto respecto de los aspectos centrales de los marcos e instrumentos jurídicos internacionales. El Derecho Internacional de los Derechos Humanos establece obligaciones y deberes que los Estados deben respetar. Al firmar y ratificar los distintos instrumentos internacionales, los Estados asumen las obligaciones y los deberes, en virtud del derecho internacional, de respetar (abstenerse de interferir o limitar el disfrute de los derechos humanos, sea por acción u omisión), proteger (impedir todo tipo de abusos y violaciones de los derechos humanos) y garantizar (adoptar medidas de todo tipo tendientes a promover y asegurar el disfrute de los derechos humanos) los derechos humanos.

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En este contexto, cuando por conductas imputables al Estado es decir relativas a la acción u omisión de sus agentes, realizadas al amparo de su carácter oficial, aún si actúan fuera de los límites de su competenciase violan derechos fundamentales y no se garantizan las medidas adecuadas de protección (por ineficacia, imposibilidad o retardo), las personas pueden interponer acciones ante órganos internacionales. Este tipo de recurso, que analizaremos más adelante, supone que, en el caso de que el sistema jurídico nacional no brinde

12 NIKKEN, P. 1994. “El concepto de Derechos Humanos”. En: VVAA Estudios Básicos de Derechos Humanos. T.I. San José. C. R. IIDH. Pp. 27-28.

recursos judiciales efectivos a las víctimas, puedan ponerse en funcionamiento los mecanismos de protección

recursos judiciales efectivos a las víctimas, puedan ponerse en funcionamiento los mecanismos de protección internacional.

funcionamiento los mecanismos de protección internacional. E L PRINCIPIO DE DISCRIMINACIÓN IGUALDAD Y LAS LUCHAS

EL

PRINCIPIO

DE

DISCRIMINACIÓN

IGUALDAD

Y

LAS

LUCHAS

CONTRA

TODAS

LAS

FORMAS

DE

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Cuando hablamos de discriminación hacemos referencia a un amplio conjunto de prácticas sociales, acciones y procedimientos que, sobre la base de la asignación de atributos estereotipados, tienen como resultado menoscabar, restringir o anular la capacidad de las personas para poner en práctica y gozar plenamente de sus derechos. Estas prácticas incluyen desde la difusión de estereotipos hasta el hostigamiento y maltrato de personas, incluyendo el establecimiento de distinciones jurídicas.

Entre los presupuestos sobre los que se asientan las prácticas sociales discriminatorias podemos dar cuenta de la vigencia de nociones que postulan la valencia diferencial de las personas (basadas en conjuntos cambiantes de atributos, socio-históricamente delimitados) y que tienen como presupuesto la consideración de que todos los seres humanos no son igualmente dignos. Asimismo, encontramos creencias que presuponen la existencia de una correspondencia entre una determinada sociedad humana y un conjunto poblacional definido por un cierto conjunto de características, sean estas simbólicas, aspectuales o de otro tipo. Desde esta perspectiva, la encarnación, portación y/o exhibición de estas características resultaría un criterio básico para delimitar la pertenencia a esa determinada sociedad, estableciendo un 'nosotros' en contraposición a unos 'otros' que resultan caracterizados de acuerdo a otros aspectos, generalmente negativos. Esta idea de comunidad se construye sobre un presupuesto y una pretensión de homogeneidad (biológica y/o social) que no responde (ni podría responder) a la realidad y diversidad del género humano. En la mayoría de los casos, lo que encontramos son sociedades

que, sobre la base de esta pretendida homogeneidad, segmentan a su población distribuyendo prerrogativas a

que, sobre la base de esta pretendida homogeneidad, segmentan a su población distribuyendo prerrogativas a quienes ostentan caracteres considerados positivos y negando derechos a quienes no lo hacen.

En este sentido, como hemos visto, el paradigma de los derechos humanos nos habilita la reflexión respecto del carácter constitutivamente no homogéneo de cualquier sociedad y comunidad humana. Desde una perspectiva de este tipo las diferencias entre las personas no son vistas como rasgos salientes de una pretendida homogeneidad de base sino como elementos constitutivos de lo humano. Por tanto, sobre la base del abandono de las representaciones binarias en relación a la pertenencia comunitaria (‘nosotros - los otros’), el paradigma de los derechos humanos sienta las bases para desarmar matrices discriminatorias basadas en estereotipos identitarios esencialistas.

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Debemos tener presente que una perspectiva de este tipo no implica minimizar

la vigencia de las prácticas sociales discriminatorias: por el contrario, se orienta

a poner en relieve el impacto diferenciado que para diversos grupos de

personas tienen (y han tenido a lo largo de los siglos) las distintas segmentaciones al interior de las sociedades. Como vimos, el principio de igualdad no se orienta a suprimir las diferencias sino a sentar las bases para que ellas se trate de diferencias de sexos, culturas, colores de piel, de lenguas, orientaciones sexuales, religiosas, entre otrasdejen de ser la base sobre las

que se fundan y legitiman formas de dominación, jerarquías sociales, prácticas sociales discriminatorias y otras formas de desigualdad social.

Al analizar las prácticas sociales discriminatorias resulta central poder dar cuenta de la existencia de matrices que, para cada momento socio-histórico, regulan los intercambios e interacciones entre las personas. Estas matrices operan sobre la base de la reproducción de estereotipos, a la vez que habilitan construcciones de sentido respecto de los roles socialmente asignados y las expectativas vitales de las personas.

Los estereotipos son imágenes, ideas o referencias de contenido reduccionista que resultan comúnmente aceptadas en

Los estereotipos son imágenes, ideas o referencias de contenido reduccionista que resultan comúnmente aceptadas en el seno de las sociedades sobre la base de la naturalización de los contenidos transmitidos. Estas referencias proponen pautas de identificación y caracterización para distintos grupos de personas (generalmente sobre la base de caracteres atribuidos y asociados a valoraciones negativas), reduciendo la complejidad social a un aspecto saliente vinculado a prejuicios y “lugares comunes”.

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Los estereotipos son el resultado de una selección de predicados posibles que, por fuerza de la costumbre y de las representaciones dominantes de la cultura, termina instalándose como la forma natural de pensar.

En este contexto debemos tener presente que tanto las costumbres (hábitos, tradiciones, rituales, etc.) como las instituciones sociales (familias, organizaciones sociales, órganos estatales) vehiculizan y reproducen estos patrones de interacción social. Asimismo, sobre estas bases se sustenta la reproducción de las relaciones de dominación vigentes para una sociedad. En este sentido, podemos decir que estas instituciones pueden contribuir a afirmar o a contrarrestar los procesos discriminatorios que se dan en cada sociedad. Desde el siglo XVIII, con la conformación de los Estados-nacionales, podemos dar cuenta de un despliegue de la idea de homogeneidad que ha sido en gran medida responsable de la configuración de las matrices discriminatorias actualmente vigentes.

En este contexto, hablamos de construcciones ideológicas para hacer referencia a estas formas sutiles de construcción de relatos y representaciones que hacen que las personas interpreten su propia realidad de manera fragmentaria 13 . Esta construcción (elaboración o reelaboración) de representaciones fragmentarias

13 Al hablar de discursos socialmente dominantes (o hegemónicos) hacemos referencia a un amplio conjunto de significados que circulan a nivel de la sociedad, sin desconocer que existen otros discursos posibles y efectivamente circulantes. Una prevención que debemos tener en nuestro análisis es que, en la mayoría de los casos, no se trata de discursos construidos con la direccionalidad y finalidad explícitas de perpetuar prácticas sociales discriminatorias. Esto es lo que Rita Segato llama “racismo automático”. Véase SEGATO, R. Óp. Cit.

se vincula de forma directa con las prácticas discriminatorias. Estas construcciones tienen una larga vigencia

se vincula de forma directa con las prácticas discriminatorias. Estas construcciones tienen una larga vigencia y es a través de ciertas instituciones que estas representaciones puestas en funcionamiento a través de un conjunto de discursos y tópicos discursivos dominantespermean, se naturalizan y se perpetúan en el seno de una sociedad. La internalización progresiva de conductas, significados y representaciones respecto de los roles socialmente asignados tiene como resultado la reproducción de diferencias de trato entre las personas, ya sea entre varones y mujeres, entre ciudadanos y no- ciudadanos o entre las muchas dicotomías discriminatorias posibles. Estas prácticas se asientan en pautas sutiles, micro-prácticas, que analizadas desde una perspectiva macro pueden adquirir sentidos que los propios actores y actoras desconocen o no alcanzan a valorar en su justa medida.

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Desde el paradigma de los derechos humanos, una de las premisas para pensar la vigencia actual del principio de igualdad y la lucha contra todas las formas de discriminación se asienta en poner en cuestión el reduccionismo implicado en discursos de este tipo: pensar los derechos humanos implica tener presente que toda identidad se estructura sobre la base de una multiplicidad de variables. Las pautas discursivas y los patrones de interacción social permeados por las diversas formas de racismos y discriminaciones restringen la posibilidad de pensar en términos de identidades múltiples, donde la conformación identitaria de las personas se vincula a diversos campos de experiencia, sean políticas, culturales, sociales u otras.

Volviendo sobre las citas con las que comenzamos el módulo, vemos que pensar la igualdad requiere siempre pensarla en el marco de la comunidad, ya que es la comunidad la que nos permite dar sentido, contenido y alcance a aquello que entendemos por igualdad. El desafío es, entonces, pensar y desarrollar el principio de igualdad ante las condiciones actuales de cada comunidad. Asimismo, resulta de importancia notar que es sobre esta base que el “derecho a tener derechos” – planteado por Arendt y retomado por Lechner, entre otros

deviene tanto una máxima para orientar la intersubjetividad (esto es, que toda instancia de interacción

deviene tanto una máxima para orientar la intersubjetividad (esto es, que toda instancia de interacción plena requiere del reconocimiento de nuestro/a interlocutor/a como par) como un requisito de configuración de lo social, en la medida en que la pertenencia comunitaria es la que hace posible la protección de todas las personas o grupo de personas frente a la posibilidad de ser colocado/as en condición de inferioridad y/o discriminación.

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