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Lectura cristiana de un terremoto - Respuestas ante lo

incomprensible – Milton Acosta


http://pidolapalabra1.blogspot.com/2010_01_01_archive.html

¿Qué puede uno decir como cristiano a una semana del terremoto ocurrido en
Haití? Es probable que no haya mucho que decir, sino más bien mucho que
hacer. Sin embargo, me permito ofrecer unas breves reflexiones desde una
perspectiva bíblica, teológica y cristiana. Lo hago con plena consciencia de mis
limitaciones en esos tres campos; por eso es “una perspectiva”. Como es un
tema que levanta preguntas, lo he planteado en términos de respuestas.

La primera y más bíblica de todas las respuestas ante una tragedia como la
ocurrida en Haití es “no entiendo.” La devastación de una nación ya devastada
es un hecho incomprensible por donde se mire.

La segunda e igualmente bíblica de todas las respuestas es: “¿qué puedo hacer
para ayudar?” y hacerlo. Ojala no pase mucho tiempo entre la primera
respuesta y la segunda. Al dar hay que cuidarse de no convertir la ayuda al
necesitado en un show o en una “inversión”. También es necesario reconocer
nuestras limitaciones y que en realidad en la mayoría de los casos tampoco
hacemos todo lo que pudiéramos hacer.

Hay quienes explotan estas tragedias política y sociológicamente. Despliegan


números donde se muestra quién da más: “somos mejores que los demás”.
Dista mucho esto de “no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha.” Así,
lo que se presenta como bondad, desde la perspectiva bíblica es marca de la
hipocresía y la vanagloria, de falsa espiritualidad y falsa bondad. Habrá que ver
cuántos y quiénes quedan en Haití cuando las cámaras se hayan ido. Sin
embargo, a veces ocurren cosas de tal magnitud que mueven a la humanidad
como si Dios la moviera, sin reuniones ni lujosos salones ni grandes anuncios.
En cualquier caso, dé de corazón, de prisa y según sus posibilidades.

La tercera respuesta cristiana es la oración: “Dales Señor a los sobrevivientes


el consuelo que ninguna ayuda humana puede dar.” Esta respuesta va de la
mano de la segunda. Si orar implica cerrar la billetera, ¡ay de ti! La oración le
da continuidad a la ayuda, no la reemplaza. ¿Qué escucharemos de esta
tragedia en un año, en cinco, en cincuenta? ¿Qué pasará cuando termine el
show de los noticieros? La oración y la acción cristianas no pueden ir al ritmo
de la “Noticia de última hora.”

Pensemos ahora en lo último que se esperaría de un cristiano en una tragedia


así. La antepenúltima y menos bíblica de todas las respuestas es la
indiferencia: “pobres tenemos aquí también.” Este tipo de respuesta
generalmente no se duele ni de los de Haití ni de los de acá. Si nos dolemos,
que sea de ambos.

La penúltima y menos cristiana de todas las respuestas ante una tragedia de


estas proporciones es interpretar lo ocurrido. Debemos pensar en las
implicaciones de esta incomprensibilidad porque si digo “no se lo merecen”,
simultáneamente estoy afirmando que otros sí se lo merecen. ¿Incluido mi
país? ¿Cuáles hechos califican?

Y la última y menos bíblica de todas las respuestas que cualquier cristiano


sensato pueda dar es interpretar tales acontecimientos como castigo divino,
especialmente cuando piensa que él es Abraham, Lot, Noé o Jeremías y que
pecados son solamente los relacionados con el culto. Pablo no interpretó la
pobreza extrema de los judíos cristianos de Jerusalén como castigo divino. Más
bien, la vio como una oportunidad para que los cristianos del resto del mundo
se solidarizaran con los pobres de Jerusalén. Lo peor que uno puede hacerle a
alguien que sufre es darle explicaciones teológicas, y mucho menos
condenatorias. Las explicaciones, si acaso las tenemos, habrán de darse con
humildad y en el momento apropiado. El cristiano está llamado a consolar, no a
dar latigazos con retazos de Biblia.

Un terremoto tiene una interpretación histórica y sociológica, pero también una


interpretación teológica. En cada una se requiere una distancia de tiempo para
saber qué decir. Los eventos no se pueden interpretar cuando están
ocurriendo. Con respecto al terremoto de Haití, todavía no sabemos qué
ocurrió. Probablemente la interpretación esté en la respuesta de la humanidad
a corto y a largo plazo. ¿Sabe qué pasó con las víctimas del tsunami de 2004
en el Océano Índico? ¿Sabe cómo se levantaron los europeos después de dos
guerras devastadoras en el siglo xx? Curiosamente, mientras los unos
empiezan a interpretar los otros empiezan a olvidar las interpretaciones.

©2010Milton Acosta