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La corrupción de moda

La corrupción está de moda

Emilio Garcia Gutiérrez

Catedrático ESAP, Villavicencio, Meta

Todos los colombianos, con algún nivel de información, habla de lo que está de moda, en este caso la corrupción. Para los habitantes del Ariari y del departamento del Meta, la corrupción, ha sido el pan de cada día.

El de Obredecht, que se suma a los ya polémicos Reficar, DIAN, Saludcoop y Caprecom, son una muestra de que en el país la corrupción, o más bien, los corruptos, siguen haciendo mella con el erario mientras millones de ciudadanos claman por más recursos en sus municipios y departamentos que les permitan resolver los incontables problemas sociales y ambientales que históricamente vienen afrontando. (Francisco Rey Cáceres, febrero 10, 2017).

El economista Luis Jorge Garay se refiere a este fenómeno en los siguientes términos en su obra "La Captura y Reconfiguración Cooptada del Estado en Colombia, Grupo Método, Transparencia por Colombia y Fundación Avina, septiembre 2008 : "Aquello que, hasta hace algunos años, se conocía como corrupción -el soborno, la adjudicación indebida de contratos, el clientelismo y el desvío de recursos públicos- ha cambiado al punto de que actualmente sólo puede analizarse y entenderse en un contexto más amplio que el tradicional, ante el papel determinante que han ejercido procesos y actores de corte mafioso.

La Andi acaba de presentar los resultados de la encuesta sobre cómo perciben sus afiliados la corrupción. Al preguntarles cuáles son los sectores más afectados a nivel nacional, dijeron que la salud (74,7 por ciento), aduanas (70,1 por ciento), impuestos (58,6 por ciento), transporte (51,7 por ciento), minería (39,1 por ciento), ambiental (37,9 por ciento) y educación (28,7 por ciento). Según ellos los trámites que presentan mayor incidencia de insinuaciones, favorecimientos o entrega de dinero son: aduanas (62 por ciento), Alcaldías municipales (40,3 por ciento), Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) y Dian (37,3 por ciento), la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) (29,9 por ciento) y las Secretarías de Tránsito Distritales o Municipales (28,4 por ciento).

Lo más preocupante son los datos sobre cómo perciben los empresarios la corrupción en las regiones. De acuerdo con la encuesta, los departamentos en donde más se presenta corrupción son: La Guajira (50 por ciento), Chocó (45 por ciento), Atlántico (42,5 por ciento). (La corrupción hizo metástasis En:

Revista Semana, 29 de enero de 2017)

La corrupción de moda

Lo que ha quedado en evidencia es que la corrupción es ahora el principal cáncer de la política y que puede dar al traste con el proyecto más altruista, con el más progresista, con el más comprometido con la sociedad y con el cambio. Que el principal reto de las organizaciones partidarias y de los organismos de control del Estado es, en este momento, imaginar nuevas formas de disuasión de la corrupción y nuevos medios de vigilancia. Pero, quizás, lo más importante sea recuperar la ética como presupuesto esencial de la política.

Por ahora, deseamos que la ciudadanía de Granada y del resto del Ariari, se concientice de la incapacidad de los gobiernos departamental y municipales para responder a sus demandas. La conciencia ha crecido suficientemente para comprender que es el modelo económico el que cierra las puertas a una distribución equitativa de la riqueza y favorece los abusos. Es, al mismo tiempo, la concepción social de la focalización la que estigmatiza a los más pobres, debilita a las capas medias, y promueve el lucro en actividades del área social. Es también la institucionalidad política, consagrada en la Constitución de 1991, y su Estado subsidiario, los que restringen la participación ciudadana y bloquea los cambios.

Así las cosas, los partidos políticos, concejales, diputados, representantes, senadoras y centros de estudios ligados a partidos políticos han aceptado el financiamiento, legal e ilegal, de empresarios. Pero, lo más grave ha sido la intervención empresarial en la política contingente, con el pago de campañas parlamentarias y para dictar leyes favorables a sus intereses. Los políticos han sido capturados y ya no representan a sus electores. Ello ha quedado de manifiesto en los últimos años. No es sorprendente entonces el elevado desprestigio y la judicialización en que ha terminado la actividad política.

Se podrá comprender entonces que con la actual clase política resulta muy difícil cambiar el modelo productivo rentista y menos modificar la Constitución, ya que ambos son el fundamento de reproducción de la clase dominante. En consecuencia, para terminar con el malestar de la ciudadanía y realizar los cambios que el país y la Región del Ariari necesitan, se requiere un nuevo liderazgo, con voluntad transformadora, valentía e independencia del poder económico dominante.

Bibliografía

Roberto Pizarro, economista y exministro de Planificación de Chile. En: El

sistema se hace insostenible”. GES (Grupo Editorial El Satélite). febrero 11 de

2017.