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GABINO PONCE HERRERO (ED.)

LA CONQUISTA CRISTIANA DEL VALLE DEL VINALOPÓ

TERRITORIO Y FORTALEZAS

AYUNTAMIENTOS DE SALINAS, SAX Y VILLENA PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE

SAX, SALINAS, VILLENA Y CAUDETE EN EL SISTEMA DE FORTIFICACIÓN DE LA FRONTERA MEDIEVAL

1.LA FRONTERA

J.L. Simón García Universidad de Alicante

El concepto y los espacios de frontera han sido un tema recurrente en la historiografía medieval peninsular, tal y como ya señalo el profesor Bazzana (1997), y el Valle del Vinalopó y más concretamente su cuenca alta, posee todas las características para que se den estos procesos, tanto internos, como límite entre estructuras de una determinada organización política y territorial, como externos, entre dos entes políticos. En el Alto Vinalopó confluyen al menos tres espacios geográficos con características definidas, el borde Suroriental de la Meseta, en el Corredor de Almansa, el borde meridional de la zona montañosa de la Alcoia-Comtat y el relieve del Altiplano de Yecla, entre los que se abren pasos como el de la Font de la Figuera en La Costera, hacia los llanos litorales creados por el curso bajo del Júcar, los pasos que conducen a los Llanos de Albacete o las tierras de Jumilla y el propio valle del Vinalopó, hacia el litoral alicantino y el Camp d'Elx. Por todo ello fue un espacio propicio para el desarrollo de vías de comunicación desde la Antigüedad, discurriendo por el mismo un tramo del Camino de Aníbal, posteriormente Vía Augusta y el ramal que por el eje del Río Vinalopó llevaba al Sinus Illicitanus. Los caminos han sido siempre impulsores del comercio y por tanto del asentamiento en sus márgenes de comunidades humanas, que además de aprovechar los reclusos agropecuarios del terreno se benefician del tránsito de personas y mercancías. Por el contrario es frecuente el paso de ejércitos en periodos de conflictos, convirtiendo la

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zona en un espacio de disputa secular entre las diferentes organizaciones político-militares que se fueron sucediendo a lo largo de la Edad Media. Todos estos factores quedaron plasmados de una forma evidente en la primera mitad del siglo XIII, en el proceso de retroceso del reino taifa de Murcia y el avance de los reinos de Castilla y Aragón, donde se configura un espacio fronterizo, difuso y permeable, más próximo al targ islámico que al limes cristiano, solo que en ese momento el territorio estaba relativamente poblado, pero con una escasa o nula presencia del poder de cada bando, lo que lleva a las comunidades que habitan en la zona a desarrollar sus propias estrategias de defensa, con el objetivo, una vez asumida la imposibilidad o renuncia a la emigración, de procurar la mejor integración posible en la nueva organización territorial que sé vaticina.

2. FORTIFICACIONES DEL ALTO VINALOPÓ ENTRE EL FINAL DEL MUNDO ISLAMICO Y LA CONQUISTA CRISTIANA

El estudio de la génesis y evolución de las fortalezas en el Vinalopó ha sido objeto de análisis por un amplio elenco que investigadores, entre los que destacamos por ser pionero y haber vuelto sobre el tema en repetidas ocasiones los trabajos del profesor Azuar, (1981, 1983, 1994, 1998, 2005, 2013), el cual ha abordado el tema desde diferentes aspectos y periodos, a otros investigadores que han ido completando la visión particular y general, sumándose a lo largo del tiempo sobre el tema (Navarro 1998; Segura y Simón, 2001, Menéndez 2015) o han ido aportando datos concretos conforme se han desarrollado tareas de prospección, excavación o restauración en los diferentes castillos, lo que ha permitido disponer de un mayor grado de detalle de los procesos edificios e históricos en ellos acontecidos. En el presente trabajo nos limitaremos a la primera mitad del siglo XIII, en un intento de aunar las fuentes escritas con las evidencias arqueológicas hasta ahora obtenidas (Fig. 1). De las circunstancias históricas que desde el siglo VIII al XIII dan origen a cada una de las fortificaciones del Alto Vinalopó, se desprende de forma inmediata que no estamos ante un proceso planificado y organizado desde las más altas instancias del poder, sino a una combinación de actuaciones de diferente iniciativa, donde mayoritariamente priman los intereses de las comunidades locales, que se van adaptando a las circunstancias históricas y políticas de cada momento. Solo en algún caso muy puntual el poder estatal suma algún elemento defensivo con una función múltiple, desde la simbólica hasta el control de rutas y la conexión para el flujo de información, pasando por control de la población circundante y la fiscalidad que de ella se obtiene.

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Fig. 1.- Mapa de distribución de las fortalezas mencionadas en el texto y las del entorno inmediato. Fuente: J.L. Simón.

El caso de la torre de tapial de hormigón del Castillo de La Atalaya de Villena es el único y el más significativo ejemplo de la planificación estatal, atribuida a la iniciativa del tercer califa almohade Al-Mansur, con una cronología entre el 1172 y el 1199, según propuso el profesor Azuar (2005). La génesis de las primeras fortificaciones parece encontrarse en los asentamientos en altura que pudieron contar con algún tipo de defensa, siendo los casos más evidentes los de Sax y Salvatierra, cuyo registro cerámico los sitúa entre finales del siglo X e inicios del siglo XI, es decir, entre el final de califato y la consolidación de las primeras taifas. Su reducido tamaño parece indicar que se trata de grupos reducidos, un tanto marginales, que optan por otro camino para huir de la presión fiscal estatal, que lleva a un buen número de campesinos a abandonar los husun de los siglos IX y X en dirección a los núcleos urbanos. Por el contrario no parece que las fortificaciones del área aquí tratada puedan adscribirse a la eclosión de las fortificaciones taifas del siglo XI, que como señala Azuar (2013) surgen en los límites cástrales de estos nuevos poderes regionales, fenómeno que no parece que llegó hasta el Alto Vinalopó, quizás por la debilidad el reino de Murcia y la preponderancia de la taifa de Valencia. La tardía eclosión fortificadora de época almohade debe de relacionarse con la resistencia mardanisí y el avance en la conquista cristiana de la segunda mitad del siglo XII; y será en los inicios del siglo XIII cuando las alquerías

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sitas en el llano empiecen a dotarse de torres y cercas defensivas contra las cabalgadas de las mesnadas de nobles cristianos, fruto de la aceleración del avance cristiano tras la toma de Valencia (1238). El panorama en el momento de la conquista es el de un territorio cuya única fortaleza de relevancia se yergue en el Castillo de La Atalaya, cabeza

del ‘amál Balyiána, en cuyo distrito existían una serie de hisn menores, como Caudete y Sax y unas alquerías que en solo dos casos contaban con una torre

o burg y una cerca defensiva, Bogarra y Salinas.

3.SAX

En el momento de la conquista de Sax por las tropas cristianas de la Orden de Calatrava, la única fortaleza en su actual término era la existente en la cumbre de la cresta rocosa que se levanta sobre la vertical del Río Vinalopó. Será en momentos posteriores cuando se levanten una serie de pequeñas atalayas, como la Torre del Emperador y la Torreta de Elda (Segura y Simón, 2001) por motivos relacionados con la frontera castellano-aragonesa y el control de los caminos de la zona. Emplazada sobre un espolón rocoso que se yergue sobre las tierras llanas del Río Vinalopó, en el tramo final de su cuenca alta, y a una altura de unos 500 m. s.n.m., la peña posee una orientación Este a Oeste, además de una pronunciadísima pendiente en sus laderas norte y sur que apenas le deja un espacio llano o practicable en su cumbre. Esta configuración del relieve ha condicionado en todo momento la tipología y las posibilidades de la edificación militar, hasta el punto de constituirse en la causa principal de su génesis y sumarse al concepto defensivo del edificio, no sólo como un elemento más, sino, quizás, como el primordial de la edificación. Estas características, óptimas para el establecimiento de un hábitat defendido y con amplio domino del territorio circundante, ya fueron explotadas por un grupo humano a finales del II milenio a.C., llevados, quizás, por circunstancias muy parecidas. El espolón más elevado de la peña se vuelve a ocupar -según los datos aportados por la arqueología-, desde mediados o finales del siglo X d. C., por un grupo humano islámico que parece buscar, por un lado, el marcado carácter defensivo del lugar y, por otro, su proximidad a las tierras de cultivo que se generan en ambas orillas del río, todo ello con una amplia visibilidad del valle. Este era, y sigue siendo, una de las vías de comunicación más importantes de conexión entre

la Meseta y el Levante peninsular.

Estas circunstancias facilitan el desarrollo, por parte de la comunidad allí asentada, de una agricultura de regadío a las orillas del río, del secano en

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las laderas más pronunciadas y, finalmente, un aprovechamiento ganadero y cinegético de los márgenes montañosos del valle. Hay que añadir, asimismo, los posibles beneficios obtenidos del intercambio comercial resultante del trasiego de la vía caminera y a las aportaciones de las poblaciones de mayor tamaño colindantes, ya sea Villena (Billana), Elda-Petrer (Iyya-Bitrir) o la algo más alejada medina de Elche (11hs). Las excavaciones en el interior del castillo (Navarro 2010; Segura y Simón 1998 y 1999), en la zona de acceso en el espacio considerado como un reducido albacar, mostraron la existencia de accespo y una ocupación mediante reducidas estancias cuadrangulares. Las cerámicas documentadas lo fechan entre mediados o finales del siglo X y principios del siglo XI. En este periodo se dan, en el valle y en las comarcas colindantes, otros poblados de similar ubicación y características, como el poblado y Castillo de Salvatierra de Villena, o El Castellar de Alcoi en la comarca de l’Alcoiá. Se trata de poblaciones pequeñas o medianas, ubicadas en lo alto de promontorios montañosos, con una fácil defensa natural, a la cual quizás se sumen algunos elementos defensivos, como paños o cortinas de muralla que cierran y acotan los espacios más accesibles. En su interior, se desarrollan

aljibes, muchas veces excavados total o parcialmente en la roca, y, en otras ocasiones, en las laderas de la montaña, con el objeto de posibilitar la vida cotidiana en la cumbre, donde las unidades habitacionales son simples

y adaptadas a la ladera, se constituye una cabaña de una sola estancia, de

planta rectangular, escaso tamaño para adaptarse a la ladera y se constituye como una pendiente y con un solo vano orientado en contra de los vientos dominantes. Sin embargo, hasta la fecha no se ha podido correlacionar esta ocupación con las estructuras defensivas actualmente visibles en recinto castral. Todo parece apuntar que en el momento de la conquista cristianas las defensas de la cresta rocosa se limitan a la torre de planta rectangular de tapial, de la

cual existe una discusión sobre su altura, si tal y como la conocemos hoy,

o alcanzaría una mayor elevación, la cual estaría complementada con una

posible muralla que cerraría un espacio indeterminado que por el momento que sería, grosso modo, el que posteriormente ocuparía el castillo cristiano en

los siglos XIV y XV. De este muro perimetral pudiera ser el paño de muralla existente entre el torreón de la puerta y la peña, en el flanco noroccidental de

la fortaleza, el cual pese a las múltiples refracciones, tanto de época medieval,

como el añadido del alambor en su cara exterior, fruto de la restauración de los años sesenta del siglo pasado, posee un núcleo de mampostería encofrada y tapial de honnigón en su coronación. Este núcleo bien pudiera ser coetáneo de las construcciones habitacionales más primigenias de la fortaleza, cuya

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finalidad sería sustituir, englobar o reforzar un muro anterior. En definitiva, venía a cerrar un espacio casi inexpugnable, vestigio, posiblemente de otro más antiguo, de la primigenia fortaleza sajeña que pudo ser, en su origen, un sencillo recinto en donde establecer un hábitat seguro y viable desde el punto de vista económico. La torre de tapial se inscribe en el conjunto que Azuar (1997) fecha

entre el siglo XI-XII y cuya principal características es su fábrica de tapial de hormigón. Las medidas de su planta, muestra, a todas luces, que no se diseñó ni se ejecutó pensado exclusivamente en una de las múltiples torres de control del territorio que se han documentado en otras áreas, de escasa planta y elevada altura, adscritas a alquerías ubicadas en los llanos aluviales. Posee una planta de 8’ 15 m de lado, que se apoya en una zapata en su ángulo suroriental que le permite mejorar la estabilidad de la edificación. Mediante 11 sucesivas cajas de tapial, de unos 0 ’90 m de altura, por 1’45 de largo y 1’63 de ancho, crea una base maciza sobre la cual se desarrolla una estancia de 4'95 m de lado, 2’45 m de altura, cuyo vano se ubica en la cara occidental,

y de este modo se conecta con el resto de la fortificación. La torre posee

un alzado exterior de 12’30 m, y en la actualidad cuenta con una cubierta plana, un antepecho y un almenado completamente restaurado, cuyo alzado es de 1’99 m. Posee, como todas las torres militares, una cierta reducción conforme se eleva en altura y el espesor de sus paredes a la altura de la planta interior es de 2 ’ 10 m. En la vertiente sur de la peña, a escasos metros de la cortina meridional, se puede observar una poza de origen natural, posiblemente fruto de la disolución de la roca por los agentes climáticos como la lluvia, ampliada antrópicamente mediante un muro de tapial de hormigón que seguramente debió de ser tratado con un revestimiento hidráulico. Se llega mediante una serie de escalones tallados en la roca que permiten descender hasta la villa vieja de la población, en donde se desarrolló un hábitat menos defensivo pero más protegido de los avatares climáticos y más próximos a los campos de cultivo.

En el momento de la primera cabalgada cristiana a Sax, en 1239, el

grueso de la aljama hacía tiempo que había abandonado la parte alta del cerro y se había instalado en la ladera meridional, desde el pie de las peñas hacia el fondo del valle, entre lo que hoy sería el espacio que va entre la Ermita de San Blas, que pudiera mantener como espacio sagrado el oratorio

o mezquita de la comunidad musulmana, hasta la Calle Montero o la de los

Frutos. Quizás en el interior del recinto militar pudiera vivir algunas familias, pero lo más probable es que estuviera deshabitado salvo cuando las alertas de cabalgada pusieran en peligro a los habitantes del caserío. Prueba de ello

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sería el episodio bélico que lleva a la muerte al caballero Artal d'Alagó, el cual forma parte de la cabalgada de más de cincuenta hombres que dirige Ramón Folch, Vizconde de Cardona. Tras sitiar la aljama una piedra alcanza a Artal d'Alagó en la cabeza cubierta por el yelmo, causándole la muerte. El citado hecho parece que acontece en una de las calles del caserío, de una cubierta desde donde un moro le lanza una piedra y no desde el castillo o fortín existente, lo que nos muestra la escasa utilidad de la fortificación para este tipo de escaramuzas, por lo que todo parece indicar que el ataque tomó desprevenidos a los moradores de Sax El tipo de conquista, de la zona, mediante sucesivas cabalgadas en un corto espacio de tiempo que tienen por objetivo el botín y la destrucción de los campos y cultivos, lleva a las comunidades musulmanas a firmar tratados de rendición y vasallaje, en donde las defensas levantadas en momentos anteriores sirven de muy poco, especialmente ante la falta de respuesta de las autoridades musulmanas que obliguen a retirarse a las tropas cristianas, como eran las mesnadas de la Orden de Calatrava o las partidas de almogávares, cuyo único objetivo es el botín de guerra.

4.SALINAS

Los datos recabados en los últimos años sobre el Lugar Viejo de Salinas (Simón y Segura, 2002) apuntan a la presencia de un alquería islámica, que al menos por los materiales cerámicos documentados en superficie se adscribiría a la segunda mitad del siglo XII, llegando hasta la conquista cristiana, para luego perdurar hasta mediados del siglo XVIII. Este sería el lugar que citan las fuentes como Salinas, reclamado por el comendador de Alcañiz de la Orden de Calatrava en 1247 al Papa Inocencio IV, “con sus propios medios arrancaron del dominio de los sarracenos Villena, Sax, Bogarra y Salinas y algunas otras villas. ”, (A.R.A. H. Colección Salazar y Castro, 1-40, fol. 37). Tras la conquista todo parece indicar que se mantiene, seguramente no sin altibajos en el número de sus pobladores, hasta la 1751, que la destruyo una riada y crecida súbita de las aguas de la laguna y motivó el cambio de emplazamiento del caserío antiguo al lugar donde se ubica en la actualidad. Los restos visibles se encuentran en el que fuera el álveo de la laguna, en su extremo noroccidental, al sureste de la actual población de Salinas, en la partida de La Huerta. Ocupa una superficie estimada en 1 Ha., siendo imposible delimitar con precisión su extensión y perímetro exacto, dada la transformación sufrida como consecuencia de la construcción, en la década de los años setenta del siglo pasado, de tres naves industriales y

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otras dependencias anexas usadas como explotación ganadera. Los restos conservados permiten deducir la existencia de un conjunto inmueble de

planta poligonal, integrado por diversos elementos constructivos que quedan delimitados por una muralla, que en origen debía perimetrar todo el yacimiento, y que en la actualidad, solo es visible en su lado septentrional. En

el interior de este recinto se aprecian restos edilicios que permiten asegurar la

existencia, en el ángulo NO, de una construcción de planta rectangular con

zócalo alamborado.

Del mismo modo, y al exterior del recinto amurallado, se tiene constancia por referencias orales de la aparición de otros restos constructivos en algunas de las parcelas colindantes, así como de la existencia de inhumaciones. De los elementos arquitectónicos existentes en Lugar Viejo, dos sobresalen por sus dimensiones y por sus características singulares; el primero es la muralla que debió acotar originalmente toda la superficie del poblado, si bien en la actualidad, solo emergen trozos de lienzo en sus flancos septentrional

y oriental, habiendo sido arrasada en el resto por las construcciones del

siglo XX y por el camino que circunvala parte del yacimiento; debiendo conservarse a nivel de cimentación por debajo del nivel de suelo. Se trata de una cortina de muralla de tramos rectilíneos, de trazado poligonal, que conserva en algunos puntos de su trazado una altura de 3’10 m y en la que se distinguen dos tipos de fábrica. Una predominante, de mampostería regular recibida con mortero de cal, realizada mediante arena, cal y árido grosero, en la que el mampuesto está constituido por

cantos rodados de mediano y gran tamaño colocados en hiladas horizontales

y dispuestos en tongadas de 0’70 m de altura, presentando un grosor que

oscila entre los 0’75 m en unos tramos y los 1’10 m en otros tramos. La segunda fábrica que se puede observar en la muralla, visible únicamente en el ángulo noroccidental viene definida por la existencia de tapial de hormigón, constituido por mortero de cal, con mampuestos aislados de mediano tamaño en su masa. La conservación de un buen tramo permite observarle un ancho de 0’90 m y una altura del encofrado de unos 0’84 m. Esta segunda fábrica,

claramente más antigua que la anterior, podría relacionarse con la alquería islámica o al menos con el asentamiento de época de conquista En el ángulo Noroeste del Lugar Viejo, se conserva los restos de un edificio de planta rectangular (165 m2), con unas dimensiones de 18 m de longitud por 9’ 16 m de anchura, y un grosor de paredes de 1’50 m. Los restos presentan una fábrica de tapial o encofrado de mampostería con mortero de cal. El edificio se encuentra arrasado a nivel de zócalo, apreciándose el

ataludamiento exterior del zócalo y la existencia de pilares interiores adosados

a las paredes perimetrales del edificio. Por su planta, sus dimensiones y

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Fig. 2.- 1. Planta de los restos islámicos y emplazamiento de la torre exterior del Castillo de La Atalaya (Villena). 2. Vista de la torre exterior. Fuente: J.L. Simón

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Fig. 3.- 1. Castillo de La Atalaya (Villena). Torre del Homenaje. Plantas, secciones y bóvedas interiores (Almagro, Soler y Soler 2014). 2. Lienzo de muralla en el exterior. Fuente: J.L. Simón

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características arquitectónicas cabe identificarle como la antigua iglesia del lugar de Salinas. Edificio que conservó más altura de la conservada hoy en día, hasta mediados del siglo XX, conociendo por testimonios orales la existencia de lo denominado como torre o campanario del Lugar Viejo. Dado que el edificio se emplaza en un ángulo del recinto cabe la posibilidad de que absolviese o reutilizase fábricas de la antigua alquería, quizás una torre como las documentadas en la zona, como Bogarra en Caudete, Xinorlet en Monóvar, o las del Negret y Beneixama, estas últimas con un incierto origen islámico. Las dinámicas feudales posteriores a la conquista pueden estar en el origen del Castillo de Salinas (Segura y Simón, 2001), emplazado a 1’5 km. del núcleo actual de Salinas, en la cumbre y ladera meridional de un pequeño cerro adelantado de la Sierra de Salinas, en el paraje conocido como los Castillejos, inexistente en el momento de la conquista, por lo que cabe plantearse a que torre se hace referencia en la conquista aragonesa del reino de Murcia (1296-1305), cuando el rey Jaime II ordena, el 25 de junio de 1296, a Joan Goterris., almugatén o jefe del grupo de almogávares que se había apoderado de la torre de Salinas, que de posesión de la misma al caballero Ferrán Garcés de Roda (Ferrer i Mallol, 1989). Tras la sentencia arbitral de Torrellas (1304) y el posterior pacto de Elche (1305), que ponía fin al conflicto castellano-aragonés sobre el reino murciano, Salinas quedó integrada en el reino de Valencia, adscrita junto a la villa de Elda al dominio real como dote para el mantenimiento de la casa de la reina Blanca, esposa de Jaime II. Cambio de órbita política al que no se resignó don Juan Manuel, señor de Villena y Sax, quien protagoniza, en 1307, un intento de incluir Salinas en el término de Sax, bajo su jurisdicción señorial, para así poder cobrar diezmos e impuestos. Maniobra a la que se opuso Jaime II al afirmar la pertenencia de Salinas al término de Elda, dando instrucciones a Gombau d’Entença, procurador general del Reino de Valencia, y a Berenguer de Puigmoltó, lugarteniente dellá Xixona, para aclarar la situación (Ferrer i Mallol, 1990). A la vista de lo expuesto, y como ya intuíamos en un trabajo anterior (Simón y Segura, 2002), los datos y evidencias documentales medievales de que disponemos no deben ser puestos en directa relación con el Castillo de Salinas, sino con el denominado Lugar Viejo. Dicotomía arqueológica no recogida hasta el momento en las fuentes documentales y que viene a ponerse, claramente, de manifiesto en la no correspondencia entre la modesta magnitud de la llamada torre de Salinas, transmitida por el mencionado inventario notarial de 1492, y la realidad arqueológica del Castillo de Salinas. Estamos, pues, ante dos asentamientos fortificados distintos que han

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quedado escondidos bajo un mismo topónimo.

5.VILLENA

Cuando la avanzada de las tropas de En Ramón Folç de Cardona llega al iqlim de Medinat Bilyana en 1239, se encuentran que el lugar posee dos fortificaciones, una como núcleo central de la aljama, el conocido actualmente como Castillo de la Atalaya, y un recinto menor a modo de torre atalaya con una cerca en su entorno en lo alto de la sierra, el Castillo de Salvatierra. Quizás la envergadura del primero y la alerta surgida del segundo hizo imposible la razzia de los caballeros cristianos a Villena, lo cual les llevo hasta Sax, donde moriría el caballero Artal d' Alagó, hijo de Blasc d'Aragó, Mayordomo del Reino de Aragón entre otros muchos títulos. Sería necesario esperar a la cabalgada del año siguiente para que el Comendador de Alcañiz, Lope Martín conquistase Villena y Sax, quedando ambas fortalezas y sus respectivas aljamas bajo el dominio de la Orden de Calatrava. El Castillo de Salvatierra se emplaza sobre uno de los escarpes rocosos del frente oriental de la Sierra de San Cristóbal, dominando el valle Biar y la totalidad del valle que va desde Yecla a Caudete, La Encina y Sax, en cuyo borde occidental se emplaza la población de Villena, contactando visualmente con el Castillo-fortín de Sax, con la cual comparte las fechas de su origen, entre finales del siglo X e inicios del siglo XI, para continuar su ocupación durante época almohade, siendo conquistado al mismo tiempo que Villena. Todo parece indicar que mantiene un guarnición, o al menos su utilización esporádica en función de los conflictos castellano-aragoneses, hasta el siglo XIV, momento en el que desaparece de la documentación, al igual que el registro cerámico. Los trabajos de topografía (Tendero, 2001) de las excavaciones de J.Ma Soler y la realización de posteriores intervenciones arqueológicas, muestran un edificio con un recinto superior configurado por tres torres, dos de ellas de planta circular, la Norte y Este, con refuerzos posteriores y una de planta cuadrangular al Sur, conectadas por cortinas de murallas que cierran un recinto de tendencia rectangular donde en el interior se documentan aljibes y alguna estructura habitacional. Posee un recinto inferior, siguiendo la cresta de la cumbre, a modo de albacar y al igual que toda la fortificación la técnica constructiva es la de la mampostería trabada con mortero de cal. La toma de dicha fortaleza debió de producirse al mismo tiempo que la rendición del Castillo de La Atalaya, dado que ambas guarniciones estarían bajo el mismo arráez, por lo que las tropas calatravas estarían centradas en el sitio del castillo de la medina de Villena.

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Sobre el Castillo de La Atalaya una de las cuestiones que ni la documentación ni la arqueología han podido desvelar hasta la fecha es el origen, las causas, la fisonomía y las características del castillo islámico, debido a las radicales transformaciones que se producen bajo la tenencia de don Juan Pacheco (1471-1474), Marqués de Villena (1445-1468) (Franco Silva, 2011), en la segunda mitad del siglo XV, quien desarrolla un intenso y vasto programa de transformación y adaptación de las principales fortalezas del Marquesado a las nuevas necesidades bélicas, resultantes de

la generalización del uso de la artillería de sitio (Simón 2002 , Hernández y

Simón 2015). Tal y como ocurre en castillos de nueva planta, como Belmonte,

y especialmente en los que reforma y transforma, como Alarcón, Chinchilla,

Almansa y Jumilla, la fortaleza islámica de Villena será modificada, cuando no oculta o destruida, para levantar sobre gran parte de su solar la nueva edificación. En los casos señalados es habitual que las fábricas islámicas queden embutidas en las murallas de la nueva fortaleza, la cual se dota de uno o dos recintos exteriores, con barbacanas y fosos en todo su perímetro

o frente a los accesos, todo ello dentro de las dinámicas de la época, que

posteriormente se ven modificadas por los conflictos de los siglos XVIII y XIX. De la fábrica islámica tan solo aprovecha o integra en el nuevo recinto castral las dos plantas inferiores de la torre del homenaje, de época almohade como lo atestiguan los estudios de Azuar (2005) y Almagro et alii (2014) (Fig. 3.1) y varios paños de muralla que quedarán forrados por la cara exterior, como en la cara Este o embutidos entre dos paños, en la fachada sur. Las dos plantas inferiores de la torre del homenaje son las que Azuar (2005) relaciona con la política fortificadora del tercer califa almohade Al-Mansur (1184-1199), que tras el botín obtenido en la batalla de Alarcos (1199) despliega una serie de obras militares cuyas principales características son su tamaño, la fabricación en tapial y una decoración exterior a base de simular falsos despieces de sillería. Las salas inferiores se cubren con bóvedas de nervios entrecruzados construidos con ladrillo, mediante bóvedas de nervaduras que poseen una clara tradición andalusí en sus características de trazado y geometría (Almagro, Soler y Soler, 2014). Cuestiones que se plantean y que deberían ser objeto de estudio en un futuro serían los precedentes a la edificación de la torre, es decir, que edificio militar existía con anterioridad. En segundo lugar si la torre se edifica de forma exenta, como la de Novelda, o si se derriba una parte del primigenio edificio para situarla en un ángulo del recinto primigenio, o si las reformas y construcciones posteriores, tanto islámicas como cristianas previas a don Juan Pacheco, es decir bajo la posesión de los Manuel, terminan por dejar la torre como elemento principal de un recinto menor y acotado, abandonando otros

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anteriores. Las reformas en tapial de los siglos XIII al XIV no han sido objeto de estudios pormenorizados, lo cual puede suponer su atribución cronológica a momentos islámicos, algo que está por confirmar. El forrado por ambas caras con muros de mampostería de épocas posteriores, tanto bajomedievales, como modernas y contemporáneas, fruto de las restauraciones, impiden conocer por el momento que partes del actual recinto interior son de época islámica y cuales anteriores, coetáneas y posteriores a la torre de Al-Mansur. Otros elementos constructivos de la fortaleza islámica sería un tramo de muralla y la base de una torre existentes a media ladera del flanco meridional

de la actual fortaleza, por debajo del actual tercer recinto, realizado en las restauraciones de los años sesenta del siglo pasado para facilitar el tránsito de turistas por el entorno de castillo (Fig. 2). Ambos elementos están realizados mediante la técnica de tapial de hormigón de grava, donde se conservan las agujas rectangulares, con una distancia de entre 35 y 40 cm (Fig. 3.2). Los restos de la torre apuntan hacia una planta cuadrada, si bien pudiera ser de tipo poligonal o hexagonal, pero el grado de deterioro y el estar casi cubierta de escombros impide efectuar mayores precisiones (Fig. 2.2). Por su proximidad a la actual fortaleza y más concretamente a la torre del homenaje almohade, se trataría de parte del recinto islámico, cuyo trazado y planta es diferente a la fortaleza bajomedieval, tal y como ocurre en otras fortificaciones de la zona, siendo el ejemplo más significativo la fortaleza de Jumilla (Hernández y Simón, 2015), donde el amplio recinto islámico

y postconquista, queda drásticamente reducido para su adaptación a la

artillería de sitio, de menor costo de mantenimiento, pertrechos y hombres.

Finalmente el caserío islámico desarrollado en su ladera meridional pudo

de disponer de alguna cerca o tapia, a modo de muralla, del tipo casa-tapia, si

bien está por demostrar su existencia, como elemento defensivo singularizado.

6.CAUDETE

La fertilidad de las tierras que se extienden al pie de la Sierra de Santa Bárbara o de la Oliva, que delimitan por su flanco septentrional el Alto Vinalopo, junto con los numerosos manantiales que abastecen al río y muy especialmente a la Laguna del Rey y el paso del Camino de Aníbal, posterior Vía Augusta, como eje vertebrador de las comunidades de la zona, hizo de los

Capdetz e Bugarra un lugar de secular ocupación humana. En el momento de la conquista contaban estas tierras con dos núcleos de población, un hisn sobre un cerro de la vertiente nororiental de Las Peñicas y una alquería,

la de Bogarra, emplazada a unos 3 km al Este, en un llano que permite la

explotación de las tierras de la margen izquierda de la rambla de la cual

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Fig. 4.- Planta y sección de la Torre de Bogarra (Caudete). Fuente: J.L. Simón

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toma nombre, si bien el cauce permanente de agua la convierte en un arroyo subsidiario del Vinalopó, junto a otras ramblas de similares características. Es por ello que en las fuentes aparezcan ambos lugares, con sus respectivas denominaciones, claramente singularizados, si bien por su proximidad siempre unidas entre sí y formando parte del iqlim de Medinat Bilyana. El hisn de los Capdets al parecer estaba formado por varios núcleos de población separados entre sí, un núcleo principal en torno a la fortaleza, posiblemente cercado y dos arrabales, en el Moto y Santa Ana, en los cerros colindantes y separados tan solo por unas barranqueras. Llama la atención que en las fuentes documentales, es especial en el Tratado de Almizra de 1244, se citen a Caudete y Bogarra por igual, junto a Villena y Sax, sin mayor distinción de rango y que estos lugares delimitaban tradicionalmente los reinos islámicos de Murcia y Valencia:

“l ’anarem a parlar amb l ’infant don Alfonso i negociaren l'afer d ’aquesta manera: que ell deixás de demanar Xátiva i que repartíssem les terres entre nos y ell segons la divisió que hi havia entre el regne de Múrcia y el regne de Valencia, i que nós li lliuàssem Villena, Sax, Capdet i Bogarra, i que el lens lliuraria Enguera i Moixent”.

Sobre una pequeña colina se levantó en un momento que por ahora no es posible de determinar, pero que las intervenciones arqueológicas que se efectuaron entre el año 2000 y 2006 situarían en el siglo XI, o finales del siglo XII, una fortaleza reducida. La zona ya había sido ocupada en etapas anteriores, donde se atestiguo un asentamiento de época romana. Se reocupa teniendo con epicentro la cumbre del cerro que tenía como cualidades el estar defendido de forma natural por una rambla en su sector norte, actuales calles de La Rambla y Maestro Serrano, y una ladera pronunciada en el sector oriental. Entre la rambla y el paramento septentrional del castillo se extendía una zona llana, origen de la actual Plaza Mayor, punto de encuentro de los caminos de Madrid, Valencia, Murcia y Alicante por Montealegre, Fuente la Higuera, Yecla y Villena respectivamente. El caserío islámico pudo disponer de una “muralla” o cerca, constituida muy posiblemente por la trasera de las casas y corrales a las cuales se añadiría algún muro de mayor envergadura. Los accesos al recinto se efectuarían por puertas o portales como la de la Villa, orientada hacia Villena, núcleo de referencia tanto del castillo como de la aljama, en cuyo trayecto se encontraba la Torre de Bogarra, como punto de paso. Quizás por la importancia de dicho acceso, el castillo muy posiblemente tuviera su entrada por dicho sector, hoy el más arruinado por el desplome de las estructuras de la puerta. Las excavaciones arqueológicas mostraron que el edificio militar

Sax, Salinas, Villenay Caudete en el sistema

de fortificación de la

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Fig. 5.- Cerámicas de la Torre de Bogarra (Caudete). 1-2 ataifor, 3 cazuela, 4 candil de pellizco, 5 candil de pie alto. Fuente: J.L. Simón

islámico se asienta sobre la parta alta del cerro, creando un recinto de planta poligonal de tendencia cuadrangular con cuatro torres en cada una de las esquinas, unidas entre sí por cortinas de muralla que discurren por el punto de inflexión de la parte alta y las laderas, las cuales funcionan a modo de alambor natural. Toda la edificación está realizada en tapial de hormigón, con cajas que de forma más o menos regular poseen 1'45 m de largo, 0'90 m de alto y un ancho que oscila entre 0'70 a 0'90 m. Posiblemente dispuso de un espacio amurallado en una cota inferior a modo de barbacana de acceso, que las transformaciones de la edificación en época cristiana casi la hacen desaparecer en su totalidad. Esta fue la fortificación que llega a los tiempos

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3

4

Fig. 6.- Cerámicas de la Torre de Bogarra (Caudete). 1-2 olla, 3 anafe, 4 jarrita con decoración esgrafiada. Fuente: J.L. Simón

de la conquista y en la que curiosamente apenas se detallan acontecimientos bélicos, seguramente al seguir los cristianos la táctica de razzia, tala y quema del entorno productivo, lo que lleva a los dirigentes de la comunidad a pactar su entrega, en este caso al comendador de la Orden de Calatrava. La conquista cristiana supone no solo la adecuación de la fortaleza a nuevas costumbres de edificación y defensa, sino a un concepto feudal que conlleva la realización de dependencias concretas, para usos señoriales. La posición fronteriza y en constante litigio entre las coronas de Castilla y Aragón, pudo conllevar la realización o adecuación de ciertos elementos en el castillo, como el refuerzo de accesos, quizás la ampliación del perímetro amurallado o la dotación de nuevos elementos, como alguna torre. El trasiego de posesión entre Castilla y Aragón quedara definitivamente resuelto, hasta

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el siglo XIX, en la sentencia de Torrellas (1304), la cual dejara a la villa y Castillo de Caudete dentro del reino catalano-aragones. La Guerra de los dos Pedros, a mediados del siglo XIV, debió de suponer sin lugar a dudas uno de los momentos de mayor transformación del edificio, no sólo por ser la zona campo frecuente de enfrentamientos, sino por el hecho constatado documentalmente del asedio de la fortaleza por los castellanos, circunstancia que debió de provocar el refuerzo de las defensas con anterioridad al ataque y una importante remodelación y reparación posterior,

a la cual se le sumaría las nuevas necesidades defensivas y ofensivas del

empleo de armamento accionado mediante la pólvora. A este momento pueden deberse las obras de chapado de los muros, especialmente visibles en el lado meridional, los refuerzos de la base de los mismos mediante la creación de escarpias y el realmenado del edificio, el cual genera merlones terminados en un prisma rectangular y una saetera en la parte central que permite el disparo sin la exposición del defensor. La Torre de Bogarra se emplaza en las tierras de cultivo de la margen izquierda de la rambla de la cual toma nombre, que a su vez forma parte de los pagos situados entre Caudete, Villena y la Laguna del Rey, en el borde de las tierras de regadío y las tierras de secano. Las primeras están abastecidas desde el manantial que surge al pie de la Sierra de Santa Bárbara por un

qnat en origen, un sistema de acequias y una gran alberca en su parte final, emplazada a escasos metros de la alquería y su torre. El sistema hidráulico se ha conservado hasta nuestros días con las transformaciones propias de su uso. Mientras que la aljama de Caudete ha explotado de forma secular las tierras de la Huerta de Arriba, el espacio entre la Sierra de la Oliva y el Camino de Aníbal, donde encontramos topónimos como LaAlcoraya, las Suertes, Bogarra

lo ha hecho de la Huerta de Abajo, un espacio muy fértil agropecuariamente,

como lo muestran los restos de época ibérica (siglos V - I a.C) y de época romana (siglos I a.C - II d.C), continuando su explotación hasta nuestros días. En el año 2008 realizamos una intervención en el interior y el exterior de

la Torre de Bogarra1, la cual permitió recabar una serie de datos relativos a la

cronología sobre el origen, uso y amortización de la torre y el estudio de la evolución edilicia de los restos que en la actualidad se aprecia en superficie,

que es la base de la torre de la alquería2.

1. El por encargo del M.I. Ayuntamiento de Caudete había adquirido la propiedad de la parcela para garantizar la oportuna conservación de la misma. La intervención contó con la dirección de D. José Luis Simón García y D. Gabriel Segura Herrero y el equipo técnico compuesto por D. Francisco Tordera. D. Femando Tendero y D. Francisco Aguado. 2. Queremos expresar aquí nuestro agradecimiento a D. Aniceto López por los datos facilitados,

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Aparece citada por primera vez en el Llibre dels Feyts (343):

“e haguem dels moros los Capdetz e Bugarra. E quan linfant uench que uolia emparar Billena, e Saix, e los Capdetz, e Bugarra, e no li uolgren acuylir perque nos ho teniem tot, enuians pregar que li exissem a uista", para posteriormente ser entregada a Castilla por Jaime, tal y como nuevamente aparece en el Llibre dels Feyts (348) “e que nos li retessem Billena, e Saix, e los Capdets, e Bugarra: e ell que rendria a nos Enguera e Muxen. ”.

La excavación del interior de la torre y un sondeo en el exterior, unido al estudio arquitectónico del mismo, facilitó una primera aproximación acerca de su proceso constructivo. La perspectiva que se tenía de la edificación ha cambiado profundamente tras la intervención arqueológica pues ante una visión de la torre como resultado de una concepción integral y homogénea en un momento histórico concreto, se nos mostraba como un compendio de estructuras diferentes procedentes de procesos constructivos independientes realizados en distintas fases o periodos histórico, sin que ello se deba extrapolar a nivel cronológico a la asunción de otras tantas fases o periodos históricos, sin considerar como tal la reutilización de la torre en época contemporánea, por haber perdido la funcionalidad primigenia. El edificio posee una planta hexagonal, irregular y asimétrica, deformada en su cuadrante suroeste. El eje longitudinal de 11,48 m está orientado Norte- Sur con una ligera desviación hacia el Noroeste, en tomo a los 7°, mientras que su eje latitudinal de 14,84 m esta virado unos 18° hacia el Suroeste. Las dimensiones de sus lados se encuentran entre los 3,87 m de su lado suroeste hasta los 9,64 m de lado Noroeste, muy próximo a los 9,18 m de extremo sur, por el contrario las dimensiones de los otros tres lados son más uniformes pues pertenecen a la parte del hexágono más regular; las situadas al Norte y Noreste son muy similares 6,61 m y 6,58 m, respectivamente, mientras que la posicionada al Sureste es ligeramente superior -6,80 m- probablemente condicionada por la deformación del lado suroeste (Fig. 4). La primera de estas fases está definida por la presencia de tres elementos, que a este nivel de conocimiento no podemos considerar que sean resultado de una misma fase constructiva, pues sería preciso desarrollar una intervención arqueológicaen un puntodeterminadode las fábricas donde coincidan las tres.A pesar, de este desconocimiento se ha optado por incluirlos dentro de una misma fase por pertenecer las tres a un momento ante quem, respecto al encintado trapezoidal y el zócalo macizado, pudiendo ser como máximo coetáneos a

sus consejos y orientaciones y los debates sobre la torre y sus avatares históricos.

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la torre de tapial, excepto la cimentación que es sin duda alguna anterior.

Poco sabemos de la primera fase documentada, tan sólo tres segmentos de tapial en el ángulo suroeste, que sirven de apoyo al encintado exterior, como excepción el muro situado más al Sur varía su orientación hacia el centro de la torre, hacia el Noreste, en lugar de proyectarse adosado al muro exterior hacia el Este. Ello viene a indicar que probablemente este segmento buscaría el centro para cerrar el espacio con otros restos hoy desaparecidos. No mucho más se conoce de la segunda fase relacionada con la construcción de una torre en el lugar donde ya existía una construcción anterior de menores dimensiones. Ignorando lo que pudo acontecer es de suponer que esta primigenia estructura fue derribada accidental o voluntariamente, a excepción de esos testigos mudos que hemos citado

en la fase anterior. No obstante, cuál fue el motivo del mantenimiento de estos alzados, ¿Por qué no fueron derribados? ¿Cuál fue el motivo que condicionó su mantenimiento? ¿Acaso existía ya el pozo? Es indudable que hubo de existir en el mantenimiento de estos restos de lienzos alguna razón que en el estado actual del conocimiento se nos escapa, pues, no cabe duda alguna que su presencia condicionó la construcción de la nueva torre. Nada más hay que observar la planta de la torre para ver como ésta pierde su simetría por el ángulo suroeste donde se hallan estos restos (Fig. 4). Fuera cual fuera la causa, llegado el momento se procedió a nivelar el espacio que ocupa la torre, vaciar el vaso que acogería la cimentación y seguidamente proceder a la ejecución de la cimentación mediante la extensión de tongadas de piedras separadas por capas de mortero de cal, sobre ésta y

retranqueado al menos unos 0,40 m se elevó una torre en tapial no macizada. Llegados a este punto, ignoramos de nuevo si esta torre llegó a construirse en

su totalidad y con posterioridad fue derribada o se desplomó per se, o si bien, nunca llego a finalizarse cambiando sobre la marcha el modo de ejecución. De cualquier modo, los restos de tapiales probablemente fueron los

testigos que se aprovecharon para delimitar y servir de apoyo por el interior

a las tapialeras del encintado de sección trapezoidal exterior y sería en

este momento cuando se construye el encintado de la cimentación y la solera de la cimentación que se ajustaría de igual modo, por el interior por los límites marcados por los restos de tapiales. Una vez realizada la ampliación de la cimentación y el encintado trapezoidal se procede al macizado interior cubriendo los restos que quedaban de los tapiales de la torre interior. Sobre ella se procedería a levantar las plantas superiores. Respecto al pozo, desconocemos el momento en el que se produjo su construcción, por tipología y relación estratigráfica muraria intuida, deberíamos pensar que es coetáneo a la torre no maciza de tapial, sin embargo,

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J.L. Simón García

y como mencionábamos con anterioridad, sin la ejecución de un sondeo

arqueológico no es posible fundamentar hipótesis alguna con garantías de veracidad. Debido al mal estado de conservación de la torre es difícil determinar la altura que tendría este nuevo relleno sobre el que se asentarán las diferentes

estancias de la torre, no obstante y atendiendo a los restos conservados y paralelos con otras torres similares podría tener una altura aproximada en tomo

a

los 2m. Dando paso de inmediato a la primera planta en la cual se instalaría

la

entrada a la torre a unos 2,50m. de altura, el acceso se debió de realizar

a

través de un elemento mueble o perecedero, como puede ser una escalera

de madera. No obstante, cabe la hipótesis que los restos inmuebles anexos

a la torre tengan relación con un posible acceso a través de su cara Noreste. En definitiva, la evolución constructiva de los restos del edificio, se ha podido determinar con cierto grado exactitud gracias a las características técnicas constructivas, que ha permitido ofrecer un primer acercamiento

al proceso constructivo de la torre, aunque muy taimado, pues el análisis

pormenorizado de la misma ha ofrecido una mayor riqueza constructiva que la que apriori se intuía, de tal modo que esa mayor riqueza nace de la presencia de diferentes fases y por ende del nacimiento de nuevas incógnitas para cada una de ellas y la asignación de los elementos que la componen a cada una de ellas. Así como, aquellas otras que nacen de la causalidad de los hechos. Del conjunto cerámico documentado destaca el elevado volumen de materiales de época almohade, sobre todo ataifores de pie alto y borde engrosado con vidriados en verde, azul y alcafoll (Fig. 5.1-2), cazuelas (Fig. 5.3), ollas (Fig. 6.1-2) y candiles (Fig. 5.4-5), junto a tanures y anafes (Fig. 6.3) y cazuelas (Fig. 5.3) y sobre todo tinajas. Se han recuperado materiales de época islámica anterior, concretamente del siglo XII, en concreto ataifores mucho más abiertos y de menor atura en su base y jarritas decoradas con cuerda seca parcial y esgrafiadas (Fig. 6.4) que a falta de una intervención en extensión en la zona que lo confirme, son claro indicio de la existencia de población previa a la construcción de la torre, pues los rellenos de la trinchera se realizan con los restos y materiales que hay próximos a la zona de construcción. De la misma manera el estudio del material arqueológico permitió determinar el momento de abandono de la torre, no habiéndose documentado ningún elemento característico de épocas posteriores, con una ausencia completa de cerámica vidriada verde-manganeso, pintadas de Paterna, azul-cobalto, o cualquier otro tipo de producción postconquista. Todo parece apuntar que la torre se construye a finales del s. XII o principios del s. XIII y que en ningún caso alcanza la centuria siguiente. No obstante, el problema reside en determinar cuál es el momento del s.

Sax, Salinas. Villenay Caudete en el sistema de fortificación de la

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XIII en el que se abandona la torre; podría ser coincidente con el momento

de conquista a mediados de siglo, o bien podría alcanzar finales de siglo si

consideramos la subsistencia de una sociedad, ahora bajo dominio cristiano,

con las mismas maneras, técnicas y gustos cerámicos que en la etapa

políticamente precedente que no permite, hoy en día, dirimir cual es la cerámica almohade propiamente dicha y cual la perteneciente a la población mudéjar. La población debió de huir en dirección hacia el corazón del reino de Murcia, o quizás más lejos aún. El resto se les traslado a la pueblas de Caudete

o Villena, bajo el control cristiano de los caballeros calatravos, quedando

sus propiedades junto con la torre adscritas a uno de estos dos lugares. La cuestión que se plantea es a cuál de ellas, y para ello la documentación es un tanto imprecisa si bien Ferrer y Mallol (2005) y López Serrano (2005) apuntan a que Bogarra aparece de manera independiente o vinculada a Villena en los documentos del Archivo de la Corona de Aragón, y separada de Caudete, que había sido donada, junto a la Torre de Pexín, por el Infante Alfonso al caballero santiaguista Sancho Sánchez Mazuelo (Simón, 2011). No volvemos a tener constancia de presencia de actividad humana en la torre más allá de la explotación agropecuaria y su uso para el resguardo de personas, animales y aperos de labranza, hasta épocas muy posteriores, al parecer en la primera mitad del siglo XX, en que la torre sufre importantes transformaciones debido al reaprovechamiento de sus piedras para la construcción de muros de bancales o construcción de

casas, siendo sometida a expolio, como demuestra el agujero encontrado en el interior de la torre y en cuyo relleno se han detectado elementos muebles de época contemporánea, siendo los más significativos los restos de plásticos documentados en las cotas más inferiores del mismo. Posteriormente seria don José María Soler, director del Museo Arqueológico Municipal de Villena, el primero que recupero la memoria del lugar y lo estudio con motivo de sus trabajos relativos al Pleito de los Alhorines (Soler, 1971 y 1974) recuperándolo como yacimiento arqueológico.

7.CONCLUSIONES

Las tierras del Ato Vinalopó tienen las condiciones geográficas necesarias para convertirse en un espacio de frontera, dadas sus características

orográficas, hidrológicas y medioambientales, favoreciendo su uso como secular espacio de paso, tanto de Oeste a Este como de Norte a Sur, circunstancias que llevaron a lo largo del tiempo a diversos grupos humanos

a instalarse de forma permanente en las cubetas donde las tierras podían ser objeto de regadío. No es por ello extraño que estos lugares de ocupación

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hayan permanecido inalterables desde la Antigüedad, con especial relevancia a partir de la Edad Media. Los cambios políticos y territoriales llevaran a sus moradores a buscar los asentamientos más adecuados a cada momento, en alto entre finales del siglo X e inicios del siglo XI y al pie de los mismos a partir del siglo XI-XII. Las torres o castillos-fortín serán las primeras defensas levantadas, seguidas por unos modestos husun que surgen entre el mundo almorávide

y almohade, momento en que se levanta el edificio más significativo de la

comarca, la torre del homenaje del Castillo de La Atalaya, que bien pudo reforzar un recinto defensivo anterior o ser el origen de una fortaleza ex novo, que se acomodaba mejor a las necesidades del momento, sustituyendo al fortín de Salvatierra, ahora con un papel complementario. El resto de fortalezas surgirán y evolucionarán en paralelo al avance cristiano, llegando

hasta las principales alquerías de la zona, Bogarra y Salinas, lo que termina de configurar un paisaje fortificado sin planificación, sistema u organización más allá de la prevista por cada comunidad para sí misma, algo que facilitará su conquista, primero por la Orden de Calatrava y luego por las coronas de Castilla y Aragón, en cumplimiento de los pactos previamente alcanzados. El abandono de algunas de ellas y la pérdida de población debió de llevarlas

a un periodo de languidecimiento que solo cambió con el desarrollo de los

sistemas feudales, los conflictos bélicos entre las coronas cristianas, que habían pactado su frontera por este espacio singular y los peligros propios del tránsito de los caminos en la Edad Media.

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