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TIEMPO

PASADO·

Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión

por Beatriz Sarlo

Siglo velntlun� editores Argentina
Siglo
velntlun�
editores
Argentina

59

159

ÍNDICE

l.

Tiempo

pasado

2.

Crítica

del testimonio: sujeto

 

9

y experiencia

27

6.

3. La

retórica testimonial

4. Experiencia y argumentación

5. Posmemoria, reconstrucciones

Más

allá de la

experiencia

Agradecimiento

95

125

167

l. Tiempo pasado

El pasado es siempre conflictivo. A él se refieren, en compe­

tencia, la memoria y la historia, porque la historia no siem­

pre puede creerle a la memoria, y la memoria desconfía de

una reconstrucción que no ponga en su centro los derechos

del recuerdo (derechos de vida, de justicia, de subjetividad).

Pensar que podría darse un entendimiento fácil entre estas

perspectivas sobre el pasado es un deseo o un lugar común.

Más allá de toda decisión pública o privada, más allá de

la justicia y de la responsabilidad, hay algo intratable en el

pasado. Pueden reprimirlo sólo la patología psicológica, in­

telectual o moral; pero sigue allí, lejano y próximo, ace­

chando el presente como el recuerdo que irrumpe en el

momento menos pensado, o como la nube insidiosa que

rodea el hecho que no se quiere o no se puede recordar.

Del pasado no se prescinde por el ejercicio de la decisión

ni de la inteligencia; tampoco se lo convoca simplemente

por un acto de la voluntad. El regreso del pasado no es

siempre un momento liberador del recuerdo, sino un adve­

nimiento, una captura del presente.

un olor,

un adve­ nimiento, una captura del presente. un olor, Proponerse no recordar es como proponerse no

Proponerse no recordar es como proponerse no p ercibir

incluso

porque el recuerdo, como el o l or, asakt,

cuando no es convocado. Lleg ado de no se sabe dónde, el

lO

llEATRJZ SARLO

recuerdo no permite que se lo desplace; por el contrario, obliga a una persecución, ya que nunca está completo. El re­ cuerdo insiste porque, en un punto, es soberano e incontro­ lable (en todos los sentidos de esa palabra). El pasado, para decirlo de algún modo, se hace presente. Y el recuerdo necesita del presente porque, como lo señaló Deleuze a propósito de Ber g son, el tiempo propio del recuerdo es el presente: es de­ cir, el único tiempo apropiado para recordar y, también, el tiempo del cual el recuerdo se apodera, haciéndolo propio.

del cua l el recuerdo se apodera, h aci é ndolo propio. Del pasado puede no

Del pasado puede no hablarse. Una familia, un estado, un

sólo de modo

aproximativo o figurado se lo elimina, excepto que se elimi­ nen todos los sujetos que van llevándolo (ese fue el enloque­ cido final que ni siquiera logró la matanza nazi de losjudíos). En condiciones subjetivas y políticas "normales", el pasado

siempre llega al presente. Esta obstinada invasión de un tiem­

lega a l presente. E sta obstinada invasión de un tiem­ -·· ' g ob!erno pueden

-·· 'gob!erno pueden sostener la prohibición; pero

po (entonces) sobre otro (ahora) irritó a Nietzsche, que lo de­

nunció en su batalla contra el historicismo y contra una "his­

toria monumental" represora de los impulsos del presente.

Una "historia crítica", por el contrario, que 'juzga y con­

dena", es la que correspondería a "aquel a quien una nece­

sidad presente oprime el pecho y que, a toda costa, quiere liberarse de esa carga".l La denuncia de Nietzsche (que es­ cuchó Walter Benjamín) se dirigía contra posiciones de la

1 Friedrich Nieuschc, Sobre la utilidad y los pe1juicios de la historia para

TIEMPO PASADO

11

historia traducidas en •poder simbólico y en una dirección

sobre el pensamiento. La historia monumental ahogaba el

impulso "ahistórico" de producción de la vida, la fuerza por

la cual el presente arma una relación con el futuro y no con

el pasado. La diatriba nietzscheana contra el historicismo,

articulada en el contexto de sus enemigos contemporáneos,

también hoy puede hacer valer su alerta.

Las últimas décadas dieron la impresión de que el im­

perio del pasado se debilitaba frente al "instante" (los luga­

res comunes sobre la posmodernidad con sus operaciones

de "borramiento" repican el duelo o celebran la disolución

del pasado); sin embargo, también fueron las décadas de

la museificación, del heritage, del pasado-espectáculo, las al­

deas potemkin y los theme-parks históricos; lo que Ralph Sa­

muel designó como "manía preservacionista";2 el sorpren­

dente renacer de la novela histórica, los best-sellers y los

films que visitan desde el siglo XIX hasta Troya, las histo­

rias de la vida privada, a veces indiscernibles del costum­

brismo, el reciclado de estilos, todo eso que Nietzsche lla­

mó,

con

irritación,

la

historia

de

los

anticuarios.

"Las

sociedades occipentales están viviendo una era de auto-ar­

queologización¡', escribió Charles Maier.3

1

Ralph Samuel,

Theatres uf Memury, Londres, Verso,

1996 ( 1994),

p. 139. Samud escribió un libro pionero e u el cambio de foco de la histo­

un libro pionero e u el cambio de foco de la histo­ IÜ de circulación p

de circulación p ública, es decit; la que excede el recinto acadé111ico.

3 Tite Un,w;terab/e Past; flistmy, Hulow.ust, aud Gennan Natiuual!dmtity,

Cambt·idge (Mass.) y Londres, Hat·vanl University Press,

1988, p. 12:).

)

12

12 Bf.ATRlZ SAIU.O Este neo hi stor i c i smo d e j a disconformes

Bf.ATRlZ SAIU.O

Este neohistoricismo deja disconformes a los historiado­

res y a los ideólogos, como la historia natural victoriana de­

jaba disconformes a los evolucionistas darwinianos. Indica,

sin embargo, que las operaciones con la historia entraron

en el mercado simbólico del capitalismo tardío con tanta

eficacia como cuando fueron objeto privilegiado de las ins­

tituciones escolares desde fines del siglo XIX. Cambiaron

los objetos de la historia, de la académica y de la de circula­

ción masiva, aunque no siempre en sentidos idénticos. De

un lado, la historia social y cultural desplazó su estudio ha­

cia los márgenes de las sociedades modernas, modificando

ci a los márgenes de las sociedades modernas, modificando la noción de sujeto y la jerarquía

la noción de sujeto y la jerarquía de los hechos, destacan­

do los pormenores cotidianos articulados en una poética

del detalle y de lo concreto. Del otro, una línea de la histo­

ria para el mercado ya no se limita solamente a la narración

para el mercado ya no se limita solamente a la narración de una gesta que los

de una gesta que los historiadores habrían ocultado o pasa­

do por alto, sino que tamién adopta un foco próximo a

los actores y cree descubrir una verdad en la reconstruc­

ción de sus vidas.

Estos cambios de perspectiva no podrían haber sucedi­

do sin uria variación en las fuentes: el lugar espectacular de

la historia oral es reconocido por la dis ciplina académica

que, des.de hace varias décadas, considera completamente

legítimas las fuentes testimoniales orales (y, por momentos,

da la impresión de que las juzga más "reveladoras"). Por su

parte, historias del pasado más reciente, sostenidas casi ex­

clusivamente en

operaciones de-la memoria,

alcanzan una

TIEl'vii'O PASADO 1 3 circulación extradisciplinaria que se extiende a la esfera pú­ blica comunicacional,

TIEl'vii'O PASADO

TIEl'vii'O PASADO 1 3 circulación extradisciplinaria que se extiende a la esfera pú­ blica comunicacional, la

13

circulación extradisciplinaria que se extiende a la esfera pú­

blica comunicacional, la política y, a veces, reciben el im­

pulso del estado.

Vistas de pasado

Las "vistas de pasado" (según la fórmula de Benveniste) son

construcciones. Precisamente porque el tiempo del pasado

es ineliminable, un perseguidor que esclaviza o libera, su

irrupción en el presente es comprensible en la medida en

que se lo organice mediante los procedimientos de la na­

rración y, por ellos, de una ideología que ponga de mani­

fiesto un continuum significativo e interpretable de tiempo.

Del pasado se habla sin suspender el presente y, muchas ve­

ces, implicando también el futuro . Se recuerda, se narra o

se remite al pasado a través de un tipo de relato, de per­

.

sonajes, de relación entre sus acciones voluntarias e invo­

luntarias, abiertas y secretas, definidas por objetivos o in­

conscientes; los personajes articulan grupos que pueden

presentarse como más o menos favorables a la independen­

cia respecto de factores externos a su dominio. Estas moda­

lidades dd discurso implican una concepción de lo social, y

eventualmente también de la naturak/ZL Introducen una

tonalidad dominante en las "vistas de pasado".

En las narraciones históricas de circulacu masiva,

un

cerrado círculo hennenéurico une la reconstrucción de los

14

BEATRIZ SARLO

.

hechos con la interpretación de sus sentidos y garantiza vi­

. ��;;;-g:¡;¡;�}e;,·, �iqüeIIas-que-;·err·J.a--mnbü.:íó

es

-

-

historiadores del siglo XIX, ·ueron las síntesis que hoy se

consideran a veces imposibles, a veces indeseables y, por lo

general, conceptualmente erróneas. Si, como dijo hace ya

cuarenta aüos Hans-Robert Jauss, nadie se propondría es­

cribir la historia general de una literatura, como fue el pro­

yecto de los filólogos e historiadores del XIX, las historias

no académicas, dirigidas a un público formado por no es­

pecialistas, presuponen siempre una síntesis.

.

,.,

Las reglas del método de la disciplina histórica (inclui-

das sus luchas de poder académico) supervisan los modos

de reconstrucción del pasado, o, por lo menos, conside­

ran que ése es un ideal epistemológico que asegura una

aceptable artesanía de sus productos. La discusión de las

modalidades reconstructivas es explícita, lo cual no quie­

re decir que a partir de ella se alcance una historia de

gran interés público. Eso más bien.depende de la escritu­

ra y de temas que no sólo llamen la atención de los espe­

cialistas; depende también de que el historiador académico

no se empecine en probar de modo obtuso su aquie s cen­

cia

a las regl as del método, sino que dem u estre que ellas

son

importantes precisamente porque penniten hacer una

historia mejor.

La historia de circulación masiva, en calllbio, es sensible

a las estrategias con que el presente vuelve funcional d asal­

to del pasado y considera que es completamente legítimo

TIEMPO PASADO

15

ponerlo en evidencia. Si no encuentra respuesta en la este-

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nente

de

interés. La modalidad no académica (aunque sea un histo-

riador de formación académica quien la practique) escu­

cha los sentidos comunes del presente, atiende las creen­

cias de su público y se orienta en función de ellas. Eso no la

vuelve lisa y llanamente falsa, sino conectada con el imagi­

nario social contemporáneo, cuyas presiones recibe y acep­

ta más como ventaja que como límite.

Esa historia masiva de impacto público recurre a una

misma fórmula explicativa, un principio teleológico que

asegura origen y causalidad, aplicable a todos los fragmen­

tos de pasado, independientemente de la pertinencia que

demuestre para cada uno de los fragmentos en concreto.

Un principio organizador. simple ejerce su soberanía sobre

acontecimientos que la historia académica considera-influi­

dos por principios múltiples. Esta reducción del campo de

las hipótesis sostiene el interés público y produce una niti­

dez argumentativa y narrativa de la que carece la historia

académica. No sólo recurre al relato sino que no puede

presciudir de él (a diferencia del

liberado del relato en la historia

a b andono frecuente y de­

académica); por lo tan to ,

impone unidad sobre las discontinuidades, ofreciL:ndo una

"línea de tiempo" consolidada en sus nucks y desenlaces.

Sus grandes esquemas explicativos son relativamente in­

dept:ndientt·s de

Lt materia del pas;tdo sobre la que impo­

nen una línea supe rior de significados. l.a potencú organi-

1

1

1

16

1 6 BEATRIZ SARLO zadora de estos esquema s se alimenta del "sentido común" con el

BEATRIZ SARLO

zadora de estos esquemas se alimenta del "sentido común"

con el que coincide. A este modelo también respondieron

las "historias nacionales" de difusión escolar: un panteón de

héroes, un grupo de excluidos y réprobos, una línea de de­

sarrollo unitario que conducía hasta el presente. La quiebra

de la legitimidad de las instituciones escolares en algunos

países, y la incorporación de nuevas perspectivas y nuevos

sujetos, en otros, afectaron también las "historias naciona­

les" de estilo tradicional.

Las modalidades no académicas de escritura encaran el

asalto del pasado de modo menos regulado por el oficio y

el método, en función de necesidades presentes, intelec­

tuales, afectivas, morales o políticas. Mucho de lo escrito so­

bre las décadas de 1960 y 1970 en la Argentina (y también

en otros países de América Latina), en especial.las recons­

trucciones basadas en fuentes testimoniales, pertenece a

ese estilo. Son versiones que se sostienen en la esfera públi­

ca porque parecen responder plenamente las preguntas s

bre el pasado. Aseguran un sentido, y por eso pueden ofre­

cer consuelo o sostener la acción. Sus principios simples

reduplican modos de percepción de lo social y no plantean

contradicciones con el sentido común de sus lectores, sillo

que lo sostienen y se sostienen en él. A diferencia de la hue­

y se sostienen en él. A d ife r en c ia de la hue­ na

na historia académica, no ofrecen un sistema de hipótesis

:sino cenezas.

mica, no ofrecen un sistema de hipót e si s :sino cenezas. .E:stos m o d

.E:stos modos de la historia esponden a la inseguridad

perturbadora que causa el pasado en ausencia de un princi-

TlFMI'O PASADO

17

pio explicativo fuerte y con capacidad incluyente. Es cierto

que las modalidades comerciales (porque esa es su circula­

ción en las sociedades mediatizadas)

despiertan la descon­

fianza, la crítica y también la envidia rencorosa de aquellos

profesionales que fundan su práctica solamente en la ruti­

na del método. Como la dimensión simbólica de las socie­

dades en que vivimos está organizada por el mercado; los

criterios son el éxito y la puesta en línea con el sentido co­

mún de los consumidores. En esa competencia, la historia

académica pierde por razones de método, pero también

por sus propias restricciones formales e institucionales, que

la vuelven más preocupada por reglas internas que por la

búsqueda de legitimaciones exteriores que, sin son alcanza­

das por un historiador académico, pueden incluso originar

la desconfianza de sus pares.

Las historias de circulación

masiva, en cambio, reconocen en la repercusión pública de

es trat egi as de
es trat egi as de

mercado su legitimidad.

El giro subjetivo

Hace y�t décadas, la mirada de muchos historitdo rcs y cien­

tíficos sociales inspirados po r lo etnográfico se desplazó ha­

cia la brujería, la locura, la tiesta, la literatLmt popular, el

lo cotidiano,

buscando el

cam p esinado, las

de talle excepcional, el ras tro de aquello que se opone a la

nonn�tlizacióu, y las subjetividades que se distinguen por

l!:l

l !:l BEATRIZ SARLO una anomalía (el loco, el criminal, la ilusa, la posesa, la bru­

BEATRIZ SARLO

una anomalía (el loco, el criminal, la ilusa, la posesa, la bru­

ja), porque presentan una refutación a las imposiciones del

poder material o simbólico. Pero también se acentuó el in-

material o simbólico. Pero también se acentuó el in- terés por los sujetos ''normales", cuando se

terés por los sujetos ''normales", cuando se reconoció que

no sólo seguían itinerarios sociales trazados sino que prota­

gonizaban negociaciones, transgresiones y variantes. En un

artículo pionero de imaginativa etnografía social,4 Michel

de Ceneau presentó las estrategias inventadas por los obre­

ros en la fábrica para actuar en provecho propio, tomando

v . n <0a de mínimas oportunidades de innovación ni políti­

ca ni ideológica sino cultural: usar en casa las herramientas

del patrón o llevarse oculta una pequeíia parte del produc­

to. Estos actos de rebelión cotidiana, las "tretas del débil"

escribe de Certeau, habían sido invisibles para los letrados

que fijaron la vista en los grandes movimientos colectivos,

cuando no sólo en sus dirigentes, sin descubrir, en los plie­

gues culturales de toda práctica, el principio de afirmación

de la identidad, invisible desde la óptica que definía una

nt idad, invisible d e sde la óptica qu e d e finía una "vi sta

"vista del pasado" que privaba de interés a la inventiva su­

balterna; y, por tanto, en un círculo vicioso de método, no

poa observada.

Las hipótesis de Michel de Ceneau se han fundido de

tal modu con b ideolo g ía de las historias de "nuevos suje-

l'JSO. ll.a iu­
l'JSO.
ll.a iu­

1

F,titc l:t petTut ¡ uc", en ;\rls dejaiH', !'arí,, Callilllard,

vt>nciúu df fu cotidiww l. ArlfS de lwrn; México, Universidad Iberoamerica­

na, J�0íi.]

TIEMPO PASADO

19

tos" que se lo menciona poco como uno de sus innovadores

teóricos

(hoy se pescan más citas en el torrente de Homi

Bhabha que en la historia francesa o el materialismo britá­

nico). Los nuevos sujetos del nuevo pasado son esos "cazado­

res furtivos", que pueden hacer de la necesidad virtud, que

modifican sin espectacularidad y con astucia sus condicio­

nes de vida, cuyas prácticas son m:1s independientes que lo

que creyeron las teorías de la ideología, de la hegemonía y

de las condiciones materiales, inspiradas en los diferentes

marxismos. En el campo de esos s�jetos hay principios de

rebeldía y principios de conservación de la identidad, dos

rasgos que las "políticas de L:\ identidad" valoran como au­

toconstituyentes.

Las "historias de la vida cotidiana" producidas, en gene­

r;J.l, de modo colectivo y monográfico en el espacio acadé­

mico, a veces extienden su público más allá de ese .ámbito

precisamente por el interés "novelístico" de sus objetos. El

por el interés "novelístico" de sus objetos. El pasado vudve como cuadro de costumbres donde se

pasado vudve como cuadro de costumbres donde se valo­

ran los detalles, las originalidades, la excepción a la norma,

las curiosicLtdcs que ya no se encuentran en el presente.

Como se trata de vida cotidiana, bs m t�eres ( especialistas

de vida cotidiana, bs m t�eres ( e specia l i s t as ocupan una

ocupan una

en esa dimensión de lu p rivado y lo públi co )

porción rd t:\ 'an te dd cuadro. Estus st�jetos marginales, qut�

habrían sido n:btivameute ignorados en 1Jlros modos ele b

s i d o n:btivameute ignorados en 1Jlros modos ele b nanaciótl del pas�t d o

nanaciótl del pas�tdo , plantean nuevas exigencias ck IllL'tu­

do e inclin�tn a b escucha sistenütica de los ''discursos de

meinoria": diarios, canas, consejos, oraciones.

!

1

1

j

20

20 BEATRIZ SARLO Este reordenamiento ideológico y conceptual d e l pasa­ do y sus person<�es

BEATRIZ SARLO

Este reordenamiento ideológico y

conceptual

del pasa­

do

y

sus person<�es

coincide

con

la renovación

temática y

metodológica que

la sociología de la

cultura

y

los estudios

culturales

realizaron

racy,

el

libro

pionero

sobre

el presente.

En

de Richard

Hoggart,

The

Uses

of Lite­

la

vida domésti­

ca,

la organización

de la

casa obrera

y

popular,

nes, la administración

del gasto

en condiciones

las vacacio­

de

relativa

escasez, las

diversiones familiares esbozan

un programa de

investigaciones futuras que

tocan no sólo a los estudios cul-

,. �urales sino también a
,. �urales
sino también a

Hoggart

cumple

ese p¡:og¡ :

ma "

las reconstrccíones

del pasado.

eri"l957; ·antes de que se lo

presente como

gran gesto

de innovación

teórica.

En

un

movimiento que,

en los

años cincuenta

del siglo XX, po­

día

ser considerado sospechoso

para

las ciencias

sociales,

Hoggan trabaja

con

sus

recuerdos

y

sus

experiencias

de

in­

fancia

y adolescncia, sin

considerarse obligado

a fundar

teóricamente la

introducción

de

esa dimensión

su

bjeti

va

.

En el

plogo

de

la edición francesa,Jean-Claude

Passeron

alerta

a Jos

lectores que se

encontraban hente

a una forma

a Jos lectores que se encontraban hente a una forma nueva do de d e abordar

nueva

do de

de abordar

establecer

un objeto que

su

legitimidad.

todavía

no

había termina­

En

1970,

Passeron

todavía

se

siente obligado

a escribir:

"Es verdad que

una experien­

cia

autobiugr:dica no constitu

y

e por

sí sola

un

protocolo

de observación mt.:tódica

Pero

la

obra

de Hoggan

tiene

pn�cisamcnte

la característica,

aunque

la

vivacidad

de la

dc�cripción

di�imuk

de

ordenarse

se

g

ún

a vece�

un plan

su organización subyacente,

de

observación

que

tiene

la

TIEMPO PASADO

21

rúbrica y los conceptos operativos del inventario etnográfi­

co".5 En una palabra: Passeron reconduce a Hoggart a los

marcos disciplinarios, precisamente porque el recurso a la

primera persona y a la experiencia propia podían enton­

ces, en aquel lejanísimo 1970, dar la impresión de que los

debilitaba.

La idea de entender el pasado desde su lógica (una uto­

pía que ha movido a la historia)

se enreda con la certeza

de que ello, en primer lugar, es completamente posible, lo

cual aplana la complejidad de lo que se quiere reconstruir;

y, en segundo lugar, de que se lo alcanza colocándose en

la perspectiva de un sujeto y reconociendo a la subjetivi­

dad un lugar, presentado con recursos que en muchos ca­

sos provienen de lo que, desde mediados del siglo XIX, la

literatura experimentó como primera persona del relato y

discurso indirecto libre: modos de subje tivación de lo na­

rrado. Tomadas esta� innovaciones en conjunLo, la actual

tendencia académica y del mercado de bienes simbólicos

que se propone reconstruir la textura de la vida y la ver­

dad albergadas en la rememoración de la

experiencia , la

revaloracióu de la primera persona como punLo de vista,

la reivindicación de una dimensión subjetiva, que hoy se

expande subre los estudios del pasado y los t:studios cultu-

l'rcs<.:Ill�t<iÚll tk .J '•
l'rcs<.:Ill�t<iÚll tk .J
'•

Passerun a: lZichard llugg�ut, La mL­

tk .J '• Passerun a: lZichard llugg�ut, La mL­ ture du ¡muo u:, l',trís, Minuit, cul.

ture du ¡muo u:, l',trís, Minuit, cul. Le sens COllllllllll, J '170. Cuuw se sabe,

ture du ¡muo u:, l',trís, Minuit, cul. Le sens COllllllllll, J '170. Cuuw se sabe,

la cokcciún eLt dirigida por Pinrc Bounlieu, lo cu�d 110 dej�t de ser llll

dato imponante.

22

Bf.ATRlZ SARLO

rales del presente, no resultan sorprendentes. Son pasos de un programa que se hace explícito, porque hay condi­

ciones ideológicas que lo sostienen. Contemponeo a lo

que se llamó en los años setenta y ochenta el "giro lingüí

los años setenta y ochenta el "g i ro li ng üí s­ tico " ,

tico", o acompaúándolo muchas veces como su sombra, se

ha impuesto el giro subjetivo.

Este reordenamiento ideológico y conceptual de la socie­

dad del pasado y sus personajes, que se concentra sobre

los derechos y la verdad de la subjetividad, sostiene gran

parte de la empresa reconstructiva de las décadas del se­

senta y setenta. Coincide con una renovacn análoga en

la socioloa de la cultura y los estudios culturales, donde

la identidad de los sujetos ha vuelto a tomar el lugar que,

en los aúos sesenta, fue ocupado por las estructuras.ti Se

ha restaurado la razón del sujeto, que fue, hace décadas, me­

ra "ideología" o "falsa conciencia", es decir, discurso que

encubría ese depósito oscuro de impulsos o mandatos que el

sujeto necesariamente ignoraba. En consecuencia, la hi

toria oral y el testimonio han devuelto la confianza a esa

primera persona que narra su vida (privada, pública, afec­

tiva, política), para conservar el recuerdo o para reparar

una iden tidad lastimada.

ti

P�tL.l una ex p osición detallada de esta problemática en el cunpo de

los estudios culturales y de la semiolo g ía (�tdernás de una completa bi­

btiogralía), \'éasc: l.eonor Arfuch, 1�'1 espacio /;iogHijiw; dilemas de la subjeti­

vidad wnlemjJUrlÍIIW, Buenos Aires, FCE, 2002.

TIEMPO PASADO

Recordar y entend�r

23

Este libro se ocupa del pasado y la memoria de las últimas

décadas. Reacciona no frente a los usos jurídicos y morales

del testimonio, sino frente a sus otros usos públicos. Anali­

za la transformación del testimonio en un ícono de la Ver­

dad o en el recurso más importante para la reconstrucción

del pasado; discute la primera persona como forma privile­

giada frente a discursos de los que la primera persona está

ausente o desplazada. La confianza en la inmediatez de la

voz y del cuerpo favorece al testimonio. Lo que me propon­

Durante la dictadura militar algunas cuestiones no po­

go es examinar las razones de esa confianza.

dían ser pensadas a fondo, se las revisaba con cautela o se

las soslayaba a la espera de que cambiaran las condicio­

nes políticas. El mundo se dividía claramente en amigo y

[ enemigo y, bajo una dictadura, es preciso mantener la

, convicción de que la separación es tajante. La crítica de

i la lucha armad, por ejemplo, parecía trágicamente para­

De todos

dójica cuando 1 1 los militantes eran asesinados.

modos, durant f los años de la dictadura, en la Argentina

y

en el exilio , s� reflexionó precisamente sobre ese tema,

pero la discusiqn abierta, sin chant;,�es morales, sólo em­

. pezó, y con unchas dificultades, con la transiciCm demo-

cr:nica. Han pa�ado veinte años y es, por lo tanto, absurdo

'

ne g arse a pensar sobre cualquier cosa, con las consecuen­

cias que pueda tener su exam e n . El espac io de libertad

24

BEATRIZ SAlti_O

intelectual se defiende incluso frente a las mejores in­

tenciones.

La memoria ha sido el deber de la Argentina posterior a

la dictadura militar y lo es en la mayoría de los países de

América Latina. El testimonio hizo posible la condena del

terrorismo de estado; la idea del "nunca más" se sostiene

en que sabemos a qué nos referimos cuando deseamos que

eso no se repita. Como instrumento jurídico y como modo

de reconstrucción del pasado, allí donde otras fuentes fue­

ron destruidas por los responsables, los actos de memoria

fueron una pieza central de la transición democrátic;;t, sos­

tenidos a veces por el estado y de forma permanente por

organizaci nes de la sociedad.

Ninguna condena hubiera

sido posible si esos actos de memoria, manifestados en los

relatos de testigos y víctimas, no hubieran existido.

Como es evidente, el campo de la memoria es un campo

de conflictos que tienen lugar entre quienes mantienen el

de conflictos que tienen lugar entre quienes mantienen el recuerdo de los crímenes de estado y

recuerdo de los crímenes de estado y quienes proponen pa­

sar a otra etapa, cerrando el caso más monstruoso de nues­

tra historia. Pero también es up campo de conflictos entre

los que sostenemos que el terrorismo de estado es un ca­

pítulo que debe quedar jurídicamente abierto, y que lo

pítulo que debe quedar jurídicamente abierto, y que lo sucedido d u r a n t

sucedido durante la dictadura militar debe ser enser1ado,

difundido, discutido, comenzando por la escuela.

Es un

campo de conflictos también para quienes sostenemos que

el "nunca más" no es un cierre que deja atrús el pasado si­

uo una decisión de evitar las repeticiones,

recordándolo.

TIEMPO PASADO

25

Desearía que esto quedara claro para que los argumentos

que siguen puedan ser leídos en lo que realmente tratan

de plantear.

Vivimos una época de fuerte subjetividad y, en ese senti­

do, las prerrogativas del testimonio se apoyan en la visibili­

dad que "lo .personal" ha adquirido como lugar no simple­

mente de intimidad sino de manifestación pública.

Esto

sucede no sólo entre quienes fueron víctimas, sino también

y fundamentalmente en ese territorio de hegemonía sim­

bólica que son los medios audiovisuales. Si hace tres o cua­

tro décadas el yo despertaba sospechas, hoy se le reconocen

privilegios que sería interesante examinar. De eso se trata, y

no de cuestionar el testimonio en primera persona como

instrumento jurídico, como modalidad de escritura o co­

mo fuente de la historia, a la que en muchos casos resulta

indispensable, aunque le plantee el problema de cómo ejer­

, aunque le plantee el problema de cómo ejer­ c er la crítica que normalmente ejerce

cer la crítica que normalmente ejerce sobre otras fuentes.

Mi argumento aborda la primera persona del testimonio

y las formas del pasado que resultan cuando el testimonio es

la única fueme (porque no existen otras o porque se lo con­

sidera más confiable que otras). No se trata sim¡.Jiemente

de una cuestión de la forma del discurso, sino de su pr

dticción y ele las condiciones culturales y polítiGts que lo

vuelven creíble. Se ha dicho muchas vecn: vivimos en la

creíble . Se ha dicho muchas vecn: vivimos en la era de la mnnoria y el

era de la mnnoria y el temor o la ameuaza de una ··pérdida

de memoria" responde, m:ts que al bonamit�uto efectivo de

algo que debería ser recordado, a un "terna cultural" que,

26

BEAl'RIZ SAIU.O

en países donde hubo violencia, guerra o dictaduras milita­

países donde hubo violencia, guerra o dictaduras milita­ res, se entrelaza con la política. La cuestión

res, se entrelaza con la política.

La cuestión del pasado puede ser pensada de muchas

maneras y la simple contraposición de memoria completa y

olvido no es la única posible. Me parece necesario avanzar

críticamente más allá de ella, desoyendo la amenaza de que,

si se examinan los actuales procesos de memoria, se estaría

fortaleciendo la posibilidad de un olvido indeseable. Esto

no es cierto.

Susan Sontag escribió:

"Quizá se le asigna demasiado

valor a la memoria y un valor insuficiente al pensamiento".

La frase pide precaución frente a una historia en la que el

exceso de memoria (cita a los serbios, a los irlandeses) pue­

de conducir, nuevamente, a la guerra. Este libro no explora

en la dirección de esas memorias nacionales guerreras, si­

no en otra, la de la intangibilidad de ciertos discursos sobre

el pasado. Está movido por la convicción de Sontag: es más

importante entender que recordar, ·aunque para entender

sea preciso, también, recordar.

de Sontag: es más i mportante entender que recordar , ·aunque para entender se a preciso

2. Crítica del testimonio:

sujeto y experiencia

A los combates por la historia también se los llama ahora

combates por la identidad. En esta permutación del voca­

bulario se ret1eja la primacía de lo subjetivo y el rol que se

le atribuye en la esfera pública. Sujeto y experiencia han

vuelto y, por consiguiente, deben examinarse sus atributos

y sus pretensiones una vez más. En la inscripción de la ex­

periencia se reconoce una verdad

(¿originada en el suje­

to?) y una fidelidad a lo sucedido (¿sostenida por un nuevo

to?) y una fidelidad a lo sucedido (¿sostenida por un nuevo realismo?). Al respecto, algunas preguntas.

realismo?). Al respecto, algunas preguntas.

¿Qué relato de la experiencia está en condiciones de eva­

dir la contradicción entre la fijeza de la puesta en discurso y

la moviLidad ele lo vivido? ¿Guarda la narración de la expe­

riencia algo de la intensidad de lo vivido, ele la �'rlebnis? ¿O

sim ple m en te las innumerables ve ces que ha sido puesta en

discurso ha gast:lclo toda posiLilid ad de significación? ¿La

experiencia se disuelve u se cow;erva en el relato? ¿Es posi­

ble recordar una experiencia o lo c¡ue se recuerda es súlo el

recuerdo p revia m en te puesto en discuiso, y así sólo hay una

sucesión de relatos ue no t ie n en la posibilitLtd de recu p

rar nada de lo que pretenden como objeto? ¿El rebLO, eu

ble

el testimonio

ha convertido en

un relato

se

de

gran impacro fuera

de la

escena judicial.

Allí

donde ope­

ra cultural e

ideológicamente,

moverán

las tentativas de

se

las pregllnt<.�s

respuesta a

del

comienzo.

l as pregl l nt <.�s respuesta a d e l com i enzo. 28 BI0\TRIZ

28

BI0\TRIZ SARLO

lugar de re-vivir la experiencia, es una forma de aniquilarla

forzándola a res p onder a una convención? ¿Tiene algún

sentido re-vivir la experiencia o el único sentido está en

comprenderla, lejos de una re-vivencia, incluso contra ella?

¿Cuánto garantiza la primera persona para captar un senti­

do de la experiencia? ¿Debe prevalecer la historia sobre el

discurso y renunciarse a aquello que de individual tuvo la

experiencia? Entre un horizonte utópico de narración de

i enc i a ? E ntre un horizonte utópico de narración de la experiencia y

la experiencia y un horizonte utópico de memoria: ¿qué lu­

gar queda para _ un saber del pasado?

La actualidad de estas preguntas viene de lo político. En

1973 en Chile y en Uruguay, y en 1976 en la Argentina se

producen golpes de estado de nuevo tipo. Los regímenes

que se establecen realizan actos (asesinatos, torturas, cam­

se establecen realizan actos (asesinatos, torturas, cam­ pos de concentración, desaparición, secuestro) que consi-

pos de concentración, desaparición, secuestro) que consi-

'

deramos inéditos, novedosos, en la historia política de estos

países. Desde ames de las transiciones democráticas, pero

acentuadamente a-partir de ellas, la reconstrucción de esos

actos de violencia estatal por víctimas-testigos es una dimen­

sión jurídica indispensable a la democracia. Pero, además

de

que fue de estado en Chile),
que fue
de estado
en
Chile),

la base

probatoria de juicios y condenas

en la

Argentina

(y lo

al terro­

rismo

están haciendo posi­

CRÍTICA DEL TESTIMONIO: SUJETO Y EXI'ERIENCL\

29

Narración de la ex p eriencia

La narración de la experiencia está unida al cuerpo y a la

voz, a una presencia real del sujeto en la escena del pasa­

do. No hay testimonio sin experiencia, pero tampoco hay

experiencia sin narración: el lenguaje libera lo mudo de

la experiencia, la redime de su inmediatez o de su olvido

y la convierte en lo comunicable, es decir, lo común. La na­

rración inscribe la experiencia en una temporalidad que

no es la de su acontecer (amenazado desde su mismo co­

mienzo por el paso del tiempo y lo irrepetible), sino la de

su recuerdo. La narración también funda una lemporali­

dacl, que en cada repetición y en cada variante volvería a

actualizarse.

El auge del testimonio es, en sí mismo, una refutación de ·

lo que, en las primeras décadas del siglo XX, algunos consi­

deraron su cierre definitivo. Walter Benjamín, frente a las

consecuencias de la primera guerra mundial, expuso el ago­

tamiento del relato a causa del agotamiento de la experien­

cia que le daba origen. De las trincheras y los fi·entes de bata­

lla de la guerra, afir mó , los hombres volvieron ennmdecidos.

Como es i n n e gable, Benjamín se equivocaba en lo relativo

i n n e g able , Benjamín se equivocaba en lo relativo a la escasez
i n n e g able , Benjamín se equivocaba en lo relativo a la escasez

a la escasez de testimonios, precisamente p orque "la guerra

ele l�Jl4-EJlB marca el comienzo del testimonio de masas".l

1 Annl'LLt.: \Yieviurka, L'he du témoin, París, Plon, 19�18, p. 12.

30

BEATRIZ SARLO

Sin embargo, es iiltet·esante analizar el núcleo teórico del

argumento be1�jaminiano.

El shock habría liquidado la experiencia transmi sible y,

eri consecuencia, h1 experiencia en sí misma: lo que se vivió

como shock era demasiado fuerte para "el minúsculo y frágil

cuerpo humano".2 Los hombres muelos no habrían encon­

trado una forma para el relato de lo que habían vivido, y el

paisaje de la guerra sólo conservaba del pasado las nubes.

Benjamín seúala con precisión:

"las nubes", porque sobre

todo el resto había volado el huracán de un cambio, impre­

visible cuando las primeras columnas de soldados se enca­

minaron hacia los campos de las primeras batallas. El fin de

La mouta·ña mágica y de La marcha de Radetzky son variacio­

nes sobre la llegada de algo que no se esperaba, una espe­

cie de maligna potencia de redención _ inversa, que terminó

con lo anterior, destruyéndolo radicalmente, sin posibili­

dad ele que sus resros se incorporaran a ningún porvenir.

Entonces, los hombres que fueron llevados al teatro donde

esa fuerza desplegó su novedad perdieron la posibilidad de

reconocer su experiencia, porque ella les fue completamen­

te aj ena ; su carúcter inesperado

(para esos oficiales que

avanzaron en uuifm me de gala hacia el barro de las trin­

cheras, para esa caballería que iba a enü-eutarsc cou los tan-

W.dter lknj.llnin,

"El narr�tdur. Cunsidt-raciollc., sobre la obra de

Nikubi Leskuv", t>ll Sobre d Jnvgmma de lajiluiUjia jillum )' ulrus UIIIIIJUI, Ct­

ClCt;,, 1\·!unt<: A.vib,

1970, p.

190.

CRÍTICA DEL TESTJMONJO: SUJETO Y EXPERIENCIA

31

ques después de los desfiles de despedida donde la victoria

parecía asegurada para todo el mundo, para todos los con­

tendientes enemigos) provocó que lo nuevo no pudiera ser

vivido sino físicamente, en los mmilados, los enf�rmos, los

.

hambrientos y los millones de muertos. "Lo que, diez aíi.os

después, se vertió en el caudal de los libros de guerra, era

una cosa muy distinta de la experiencia que pasa boca a bo­

ca", escribió Benjamín.

En su clásico ensayo sobre el narrador, Benjamín expre­

só no sólo una perspectiva pesimista, sino melancólica, por­

que lo que se ha ausentado no es simplemente el relato de

lo vivido, sino la experiencia misma como suceso compren­

sible: lo que sucedió en la gran guerra probaría la relación

inseparable de experiencia y relato, por una parte; y tam­

bién que llamarnos experiencia a lo que puede ser puesto

en relato, algo vivido que no sólo se padece sino que se

transmite. Existe experiencia cuando la víctima se convier­

te en testigo. Hija y producto de la modernidad técnica, la

primera guerra hizo que los cuerpos ya no pudieran com­

prender, ni orien tarse en el mundo donde se movían. La

guerra anuló la experiencia.

donde se movían. La guerra a nu l ó la experiencia. El tono nwbncúlico del a

El tono nwbncúlico del argume u tn benjaminiano se ex­

Liewk hacia atrás. Aunque la guerra le da un car:tner defi­

nitivo al cie rre del

periencia ,

v�trios

ciclo de narraciones sostenidas por la ex­

siglo:,

antes,

eu

la

elllergencia

de

la

modernidad europea, el narradur del gesto y b voz, cumu

Odisco o lus t'\';tn g distas, COHH'llí.Ó a p erder dumittio sobre

del gesto y b voz, cumu Od i sco o lus t'\';tn g distas, COHH'llí.Ó a

32

32 su historia. El BEATRIZ SARLO Quijote es, desde el romanticismo hasta los fo rmalistas rusos,

su historia. El

BEATRIZ SARLO

Quijote es, desde el romanticismo hasta los

formalistas rusos, un texto-insignia, porque la novela mo­

derna nace bajo el signo irónico del desencanto. Aunque

no es mencionado, Lukács da la clave interpretativa de la

novela en términos de desgarramiento de un mundo don­

de la desinteligencia entre lo vivido y la comprensión ele lo

vivido escinde el acto de su narración. Debilitadas las razo­

nes trascendentes que estaban detrás de la experiencia y el

relato, toda experiencia se vuelve . problemática (es decir,

no encuentra su significado)

y todo relato está perseguido

por un momento autorreferencial, metanarrativo, es decir,

no inmediato. La experiencia se ha desconcertado y tam­

bién su puesta en discurso: "Ah, ¿a quién pedir ayuda? No

al ángel, ni a los hombres, y los astutos animales ya se han

dado cuenta de que no confiamos ni nos sentimos en casa

en el mundo dt; los significados".3 Benjamín se refiere a un

"enmudecimiento", a partir de que el relato de una exp

riencia significativa se eclipsó, mucho antes del shock de la

guerra y del shock técnico de la modernidad, con el surgi­

miento de la novela, que tomó el lugar de las ''formas arte­

sanales" de transmisn, es decir, aquellas arraigadas en la

inmediatez de la voz, en un mundo donde el peligro rodea-

:J "Ach, w.:n verméígen / wir denn zu bt·auchen? Engel 11icht, tvlens­

chen nicht, /

und die findigcn Tit:Te llltTken es schon, / dass wir nidtl

'chr verl:[,s!ich Lll Haus sind / in dcr gedeut<:tell \Velt" (l·biner !'viaria

Rilke,

"Uie erste E!egie"; en adelante, s�dvo indicación en coutr:1riu, tll­

da, las traduccionc"s SOl! tnías).

CRÍTICA

DU. TESTIMONIO: SUJETO Y EXPERIENCIA

33

ba a la experiencia (la hacía posible), en lugar de habitar

en su centro. En el momento en que el riesgo de la expe­

riencia se interioriza en la subjetividad moderna, el relato

de la experiencia se vuelve tan problemático corno la posi­

bilidad misma de construir su sentido. Y eso, siglos antes de

Flaubert y La educación sentimental.

Cuando la narración se separa del cuerpo, la experien­

cia se separa de su sentido. Hay una huella utópica retros­

se separa de su sentido . H ay una huella utópica retros­ pectiva en estas ideas

pectiva en estas ideas benjarninianas, porque dependen de

la creencia en una época de plenitud de sentido, cuando el

narrador sabe exactamente lo que dice, y quienes lo escu­

chan lo entienden con asombro pero sin distancia, fascina­

dos pero nunca desconfiados o irónicos. En ese momento

utópico lo que se vive es lo que se relata, y lo que se relata

es lo que se vive. Naturalmente, no corresponde a ese mo­

mento legendario la nostalgia, sino la melancolía que reco­

noce su absoluta imposibilidad.

Si se sigue a Benjamín, resulta contradictorio en térmi­

nos teóricos y equivocado en términos críticos afirmar la

posibilidad del relato de la experiencia en la modernidad y,

especialmente, en las épocas posteriores al shock de b gran

guerra. ¿Si ésta desgarró la trama de experiencia y discurso ,

qué desgarramientos no prodtúo el Holocausw y, después ,

los crímenes masivos del siglo XX, el Gula g , las gLterras de

limpieza rac ial , el terrorismo de esLado?

Trab<üando más bien al costado de las hipótesis sobre

experienci;t y relato, Benjamín abri,·J otra línea de reflexión.

34

BEATRIZ SAlU.O

Su filosofía de la historia es una reivindicación de la memo­

ria como instancia reconstructiva del pasado. Los llamados

"hechos" de la historia son un "mito epistemológico", que

reitica y anula su posible verdad, encadenándolos en un rela­

to dirigido por alguna teleología. En la estela de Nietzsche,

Benjamín denuncia el causalismo; en la estela de Bergson,

reivindica la cualidad psíquica y temporal de los hechos de

ivindica la cualidad psíquica y temporal de los hechos de m emoria. El historiador, seguida esta

memoria. El historiador, seguida esta afirmación en todas

sus consecuencias, no reconstruye los hechos del pasado

(esto equivaldría a someterse a una filosofía de la historia

reificante y positivista) ,,sino .que Jos "recuerda", dándoles

así su carácter de pasado presente, respecto del cual hay

siempre una deuda impaga.

Benjamín, entonces, hace dos Ínovimientos que se emre­

lazan en una contradicción desgarrada. Por un lado, señala

la disolución de la experiencia y del relato que ha perdido

la verdad presencial antes anclada en el cuerpo y la voz. Por

ot,ro lado, critica el positivismo histórico que reificaría aque­

llo que en el pasado fue experiencia y, al convertirlo en "he­

cho", anularía su relación con

la subjetividad. Sin embargo ,

si se acepta la disolución de la experiencia ante el shodc, ese

"hecho" reiiicado no podría ser sino lo que es: un resto obje­

tivo de tem p oralidad y subjetividad inertes. Benjamín se re­

p oralidad y subjetividad inertes. Benjamín se re­ bela freutc a esto, a través del movimiento

bela freutc a esto, a través del movimiento romántico-mesiá­

nico

de

la

redención

del

pasado

por

la

memoria,

que

uevu\vcrü �ü pasado la subjetividad: la historia como memo­

ria de la historia, es decir, como dimensión temporal snbje-

CIÚTICA DEL TESTIMONIO: SUJETO

Y EXPERIENCIA

35

tiva. Como sea, si la m<:omoria de la historia posibilitaría un�

restauración moral de la experiencia pasada, subsiste el pro­

blema de construir experiencia en una época, la moderni­

dad, que ha erosionado su posibilidad y que, al hacerlo, tam­

bién ha vuelto frágiles las fuerzas del relato.

Esta aporía no se resuelve, porque las condiciones de re­

dención de la experiencia pasada están en ruinas. El pensa­

miento de Benjamín se mueve entre un extremo y su opues­

to, reconociendo, por un lado, las imposibilidades y, por el

otro, el mandato de un acto mesiánico de redención. Po­

dría decirse que las aporías de la relación entre historia y

memoria se esbozan ya casi completamente en estos textos.

Hasta aquí Benjamín.

Muerte y resurrección del sujeto

"Lo que hacía hmiliar al mundo ha desaparecido. El pasa­

do y la experiencia de los viejos ya no sirven corno refe­

rencia para orientarse en el mundo moderno e iluminar

el futuro de las jóvenes generaciones.

Se ha roto b conti­

nuidad de la experiencia. "4 Jean-Pierre Le Goff localiza

esta ru p tura en los

aíios ses e n ta del siglo XX y la explica

con argumentos de inuovación tecnoló��ica, cullltral y mu-

de inuovación tecnoló��ica, cullltral y mu- ·1 .Jt:an-Pint t: L, Culf, i\lai 60, l 'hilitage

·1 .Jt:an-Pint t: L, Culf, i\lai 60, l 'hilitage ilnjJ<H.1ilde, !\tri,;, La lkcuuvn­

' tt:, 2002 ll !J�JB]. p. :i-1).

36

ral.

3 6 ral. llEATRlZ SAlUD Lo que describe como destrucción de la continuidad entre generaciones no

llEATRlZ SAlUD

Lo que describe como destrucción de la continuidad

entre generaciones no proviene de la "naturaleza" de la

experiencia, sino de la aceleración del tiempo; no provie­

ne del shock que dejó enmudecidos a los soldados de la

primera guerra, sino de experien�ias que ya no se entien­

den y son mutuamente inconmensurables: los jóvenes per­

tenecen a una dimensión del presente donde los saberes y

tenecen a una dimensión del presente donde los saberes y las creencias de sus padres se

las creencias de sus padres se revelan inútiles. Allí donde

Benjamín seúaló la imposibilidad del relato,

Le Goff

(y

antes Margaret Mead) seilaló su carácter intransferible en­

tre generaciones diferentes.

carácter intransferible en­ tre generaciones diferentes. Benjamín captó algo propio de la modernidad capitalis­ ta

Benjamín captó algo propio de la modernidad capitalis­

ta en su sentido más específico. Ella habría afectado las sub­

jetividades hasta enmudecerlas; en ella, sólo el movimiento

de redención mesiánica podría abrir el horizonte utópico

de una restauración del tiempo histórico por la memoria

que quebraría la corteza reificada de los hechos.

Quienes

sostienen, por su parte, la hipótesis de un cambio en la con­

tinuidad de las generaciones, seilalan un tipo de incomuni­

cabilidad de la experiencia de carácter diferente. Se trata