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Los cabildosafrocubanos*

V aarias veces he tratado ya incidentalmente, en mis obras, de los cabildos africanos, que en el Día de Reyes lograban su más solemne exteriorización. La voz cabildo es de uso todavía frecuente en nuestra habla común, y aunque extinguidas ya esas instituciones negras, por las supervivencias de algunos de sus rasgos siguen recordándose a menudo. Trataré ahora concretamente de tales cabildos. Los negros procedentes de una misma tribu constituyeron en cada ciudad una asociación así llamada, quizá por analogía con la corporación municipal, que entonces recibía ese nombre. Pichardo en su Diccionario dice así, explicando lo que era un cabildo: "Reunión de negros y negras bozales en casas destinadas al efecto los días festivos, en que tocan sus atabales o tambores y demás instrumentos nacionales, cantan y bailan en confusión y desorden con un ritmo infernal y eterno, sin intermisión. Reúnen fondos y forman una especie de sociedad de pura diversión y socorro, con su caja, "

Capataz, Mayordomo, Rey, Reinas

Fuera de La Habana se llamaban

también sociedades reinados, según Pichardo "para aquellas fiestas en que hace de reina una negra, que sentada en su alto trono y acompañada de sus oficiales, presencia y preside el baile continuo y tocatas de sus subditos".

Cada cabildo, repito, lo formaban los compatriotas africanos de una misma nación. El cabildo era algo así como el capítulo, consejo o cámara que ostentaba la representación de todos los negros de un mismo origen. Un

* Tomado del folíelo del mismo título, Imprenta y Papelería "La Universal", La Habana,

1921. Este folleto es, a su vez, un extracto de Revista Bimestre Cubana, vol XVI, no. 1,

enero-febrero de 1921.

magnate esclavizado, cuando no el mismojefe de la tribu, pero generalmente el más anciano, eia el rcv de! cabildo, quien allá en su país recibía otro nombre y a quien eu castellano se le daba el de capataz o capitán', nombre e! primero tomado del jefe del trabajo a que estaban sometido los negros, y el segundo, prestado por la jerarquía militar a que tan aficionados eran aque- llos; y en uno y otro caso derivados, como también cabildo, de caput, "cabeza". El rey disfrutaba de considerable poder dentro del corto radio de acción que le dejaba libre el poder social de los blancos. Durante el año era el que custodiaba los fondos de la sociedad y el que imponía multas a sus subditos. La reina ocupaba el rango inmediato. Algunos otros cargos exis- tían, no todos bien definidos, de carácter ceremonial, de los cuales era muy codiciado el de abanderado, cargo creado cuando íue admilida la bandera como simbólica del cabildo. Al segundo jefe solía llamársele nwvor de plaza, título tomado del ejército. Dice Ramón Meza:" "Sacerdote del culto idólatra que profesaban las tribus era el rey o capataz''; no obstante, creo más verosímil ¡a división de los poderes sacerdotal y rea! en las autoridades de los cabildos, como es común en los pueblos de donde procedían los asociados. Confirma, a mi juicio, esta hipótesis el hecho de que los reyes de los cabildos se engalanasen con prendas de vestir y atavíos de los blancos: galoneadas casacas, almido- nadas camisas, enormes corbatas, flamantes sombreros de dos picos, anchas y chillonasbandas cruzadas sobre el pecho, condecoraciones, espada al cini o y gran bastón con puño de plata, símbolo de su autoridad. Aún nos recuerdan su figura dibujos de Landaluze. Todos estos adornos, lomados principal- mente de! ejército español, sin que ostentasen ni un solo atavío del carácter religioso (amuleto,collar, etc.). No quiero decir, sin embargo, que el fcíichc- ro africano no tomara parte en esas saturnalesnegras: al contrario, su papel era el más importante, el que más impresionaba al espectador por sus vestidos gcnuinamente africanos, sus danzas, cabriolas, etc. Me refiero a los llamados por el vulgo diablilos. En otro lugar más oportuno insistiré con detalles acerca de esta hipótesis; excuso, por tanto, extenderme aquí en una digresión. El Día de Reyes, el rey congo vestía casaca y pantalones, sombrero de dos puntas, bastón borlado, etc. Todos esos atribuios de origen europeo y, además, un manto real y un cetro, eran propios del rey congo africano, recibidos en obsequio del rey de Portugal, en 1888.' Desde los tiempos de la colonización alricana los reyes congos gastaban de vestir la indumentaria de los grandes magnates blancos, como signo de su poderío: coronas, sombreros militares y marinos, y hasta de copa (!), uniformes de todas clases, escopetas, sables, paraguas, etcétera.

Bien se explica, pues, la estima y respeto que el rey o capataz merecía

de

sus subditos; era el vínculo político que ios unía legahnente a la sociedad

de

los blancos. Extraños aún a nuestra civilización, el rey era acreditado ante el

Capitán General como embajador de su colonia, mejor dicho, de la respec- tiva nación africana. Su muerte era un acontecimiento social, y hasta se guardaba cierta cronología en la denominación de esos monarcas electivos. Bacardf nos habla de la muerteen 1848 del rey congo José Trinidad XXXV, en Santiago de Cuba; se le hi/.o un solemne entierro. Y a menudo, aun hoy,

con relativa frecuencia la prensa da cuenta en provincias de la muerte de algún reyezuelo." Un viejo congo me da los siguientes datos acerca de la elección del rey del cabildo. La elección se hacía el Día de Reyes y recaía en un congo que tuviera talento (entú). La elección del rey (salí) se hacía por cuatro años en una junta celebrada después de tres días de vela y ceremonias a San Antonio,' al cual le daban comida. Escribían un signo correspondiente a cada candidato en sendos papeles, los metían en un güiro hueco, y a la suerte salía el favorecido, cuya designación se recibía con aplausos, ruido de cencerros y gritos repe-

tidos de muí

Además, designaban un rey suplente que se llamaba isiint, o sea, "chiqui- to". Según este congo, los negros lucumís no tenían rey. El capataz o rey era responsable ante las autoridades por las faltas que cometían sus subordinados. Sabemos, por ejemplo, que en 1813 se impusie- ron multas a tres capataces de cabildo por haber éstos hecho candeladas en la calle.8 Las mujeres formaban parte de los cabildos, como se ha visto, y aun en las sociedades que hoy día sobreviven siguen ocupando cargos directivos. Y así sucedió en otras colonias'de América. José M. Ots de Capdequí,9 en su muy erudito trabajo sobre los "Derechos de la mujer en la legislación de Indias", dice: "Cuando en el sigloxvill se concedió el derecho de asociación a los esclavos,'°jugaron en las cofradías que aquellos formaron un papel muy interesante las mujeres. A efecto,-considcramos oportuno reproducir lo que dice el Sr. Palma en una de sus Tradiciones peruanas: 'En el siglo xvm se permitió a los esclavos que se asociasen según sus nacionalidades en cofra- días. Estas cofradías, formadas por tribus, llegaron muchas de ellas a tener situación holgada. Y tenían por reina a una negra libre y rica. En el día de la procesión de su patrona, que era muy solemne, salía la reina con traje de raso blanco, cubierto de finísimas blondas valencianas, banda bordada de piedras preciosas, cinturóny cetro de oro, arracadas y gargantilla de perlas. Cada reina lleva a su corte, de esclavas jóvenes, mimadas por sus aristocrá- ticas señoras y a las que alhajaban lujosamente. Luego seguía el populacho

i

UUU

Í.

El rey no era reelcgible.

de ia tribu con cirio en mano las mujeres y los hombres tocando instrumentos

africanos'."11

Veamos cuál pudo ser el origen de tales cabildos afrocubanos. Con segun- dad no surgieron espontáneamente en Cuba. Bien puede hoy asegurarse que los cabildos de africanos se remontan al siglo XIV, más de cien años antes del descubrimiento de América. De los cabildos afrocubanos, así como de sus capataces, pueden encon- trarse indubitados y muy antiguos antecedentes históricos en Sevilla, según vemos en las crónicas de Ortiz de Zúñiga, el cual se refiere a los bailes y fiestas de los esclavos africanos en la capital andaluzadurante el reinado de Don Enrique III (o sea 1390), y a la instituciónde un mayoral entre ellos para jefe y juez de todos, con el que s.; entendían las autoridades,1' al igual que con el capataz de los cabildos habaneros. Allá en Sevilla tuvieron y tienen aún cofradía hasta los gitanos, ra2:a ésta que, aun cuando en Andalucía está más soldada a la blanca que en otros países, y en más íntima y permanente relación con la dominante, todavía se puede estudiar en sus rasgos y costumbres para descubrir algo de io que debió ser en los siglos XV a XVlil la posición social de los negros sevillanos, con los que compartieron, si no todas sus persecuciones, sí muchos de los menosprecios de que lueron víctimas. Gitanos y negros tuvieron en Sevilla cosas comunes por la análoga inferioridad social que hallaron, por su exótico lenguaje y costumbres, su color,13 sus supersticiones contagiosas, sus agru- paciones tribales, etcétera. No se extrañe, pues, que los blancos los organi- zaran también en cofradías y cabildos14}' que a los jefes délas tribusgitanas, como a los de núcleos de nación, les llamaran rey o capitán'5 y que ambos eligiesen rey y reina.16 La organización social del cabildo afrocubano, así como sus reyes y capitanes, fue la que España dio y reconoció en su propio suelo a los inmigrados extranjeros, especialmente a los de naciones incultas y someti- das. No fue, pues, invención caprichosa de nuestras autoridades coloniales el capataz de los africanos, sino importaciónsevillana, muy acertada institución española, a manera de cónsul de los extranjeros, que servía de lazo político con los importados africanos. Él cabildo, vocablo usado ya en la traducción al romance del Fuero Juzgo, tanto quiere decir como: "ayuntamiento de hombres que viven en un orde- namiento"; y de tales voces cabildo y ayuntamiento, aunque arcaicas, la segunda aún la conservamos elegantemente en la nomenclatura de nuestras instituciones municipales, como se mantiene la primera más propiamente en

las instituciones eclesiásticas; y aun solemos usar por tradición la expresión cabiido municipal, como sinónimo de ayuntamiento, que es la cámara legis- lativa o deliberante de nuestro actual principio. La voz cabildo se usaba en España, en la época de la colonización, aplicada a las reuniones o juntas de las cofradías religiosas.16 Y allí en Sevilla hubo cabildos de negros, porque hubo cofradías de negros, muy notables19 y desde antiguo. Y la hubo también de los mulatos en la calle de Mulatos, donde había una capilla de la cofradía/0 que dio nombre a la calle. Es muy probable que, puesto que fueron bastante anteriores al descubrimiento de las Indias, los negros en Sevilla, sus cofradías o cabildos les fuesen impuestas por las autoridades, como les era obligatorio organizarse en cofradías a todos los gremios sevillanos, desde los tiempos del rey don Alfonso el Sabio, quien "queriendo dar orden a las cosas civiles y eclesiásticas de Sevilla, dividió a sus moradores en gremios y clases, y quiso que entre sí fundasen hermanda- des y cofradías, tomando cada gremio algún Santo por especial patrono, cuya capilla sirviere a sus juntas o cabildos"." Esta organización gremial hispa- lense subsistió algún tiempo después de pasada la Edad Media; y segura- mente los negros, esclavos o no, tuvieron en Sevilla, donde tantos hubo,22 que amoldarse a esa disposición soberana y formar su cofradía religiosa y en ella tener sus cabildos; aparte del natural deseo de ellos de aprovecharse de las ventajas de los cabildos o cofradías, no exclusivamente de carácter religio-

so.23

Y de Sevilla vinieron los cabildos y cofradías negras a las Indias, repro- duciéndose la organización metropolitanadonde hubo gran núcleo de afri- • canos." Muy común fue además en ambas Castillas y ¡as tierras a ellas sometidas la existencia de cofradías, cabildos o hermandades, contra cuyo abuso hubo de luchar repetidas veces la autoridad real Don Enrique IV en 1462, como don Carlos I en 1534, restringieronla libre asociación en hermandades.25 Las cofradías gremiales sevillanas debieron de desaparecer, o transfor- marse cuando menos, por Real Pragmática de 1552 del Emperador, que formó la ley XIII del título XIII, libro XII de la Novísima Recopilación, la cual dice así:

"Mandamos, que las cofradías, que hay en estos Reynos, de oficiales se deshagan, y no las haya de aqui adelante, aunque estén por Nos confirma- das26 y que á título de los tales oficios no se puedan ayuntar, ni hacer cabildo ni ayuntamiento,so pena de cada diez mil maravedíes y destierro de un año del Reyno."

A partir de esa fecha quedaron suprimidaslas cofradías que no fuesen de finalidad religiosa y benéfica, y en tal carácter debieron de mantenerse las de la gente de color, allí, como en Cuba. En Cuba, el Ayuntamientoo Cabildo de La Habana dispuso en 10de abril de 1573 que a la procesión del Corpus Christi asistieran todos !os negros horros "que se presten a ayudar la dicha fiesta", lo mismo que asistieron a la famosa de Sevilla.!? Claramente se deduce de estos antecedentes positivos, que los cabildos africanos de Cuba tienen un sabio origen español: son una

supervivencia ultramarinade una organización medieval sevillana.Sevilla, la metrópoli indiana, nos marcó en esto, como en tantas otras cosas que nos son características, el sello de su maternidad. La finalidad de los cabildos africanos en Cuba fue esencialmente la misma que la de los cabildos o cofradías sevillanos: la organización de clase social sobre la base de mutualidadbenéfica y religiosa." Aparentemente, los cabildos tuvieron como finalidad el baile, porque nos fijamos en su carácter más nudoso, más conocido extensamente por los blancos; pero no creemos así si se examina la vida interna del cabildo. Sin que esto quiera decir que el baile no fuera, especialmente en los últimos tiempos, uno de^us alicientesmás sugestivos para el negro, una de las causas más poderosas de su superviviencia, aun hoy día. El socorro mutuo como carácter del cabildo afrocubano lo reconocen Pichardo y Arboleya, y R. Meza se refiere a él cuando nos dice que el jefe del cabildo socorría a sus subordinados si estaban enfermos, pagaba gastos de entierro, y parte de los ahorros del cabildo se dedicaban a libertar a los ancianos y valetudinarios. Es probable que este carácter benéfico lo adquiriera lasociedad negra desde su creación derivada de Sevilla; si bien debió desarrollarse del todo, tiempo después de su aparición; no porque tal finalidad revele un altruismo que no compagine por lo general con ios rasgos psicológicos de los negros apenas

también pueden hallarse

organizaciones análogas; sino porque ello supone una economía o riqueza social de relativa importancia, que no pudieron tener los infelices esclavos que primitivamentefundaron los cabildos y que hasta fecha avanzada esta- ban en mayoría; aparte de que coa dificultad podría recaudarse yadminis- trarse provechosamente, dada la escasa cultura de tales reyes africanos y su extrañeza en el nuevo ambientesocial. Por más que a esto puede objetarse que la dirección de los antiguos cabildos debían de tenerla no los bozales, sino los ladinos, y acaso en sus inicios los negros sevillanos traídos a Cuba. Pichardo dice que a una corporación o reunión de hombres ineptos o

arrancados

del suelo africano,puesto que en África

desordenados se la llamaba cabildo de congos. El concepto general y claro de los cabildos cubanos, tal como el pueblo los conocía, lo expresaba el siguiente párrafo: "Por cabildos de negros se

entiende la reunión de los de cada nación en los días festivos para bailar a usanza de su país. Provienen estos cabildos, según noticias, del permiso que para tales desahogos se concedía a los negros que compraba el rey con destino a los cortes de madera, que se hacían en esta Isla para la construcción de bajeles para la armada y dotación de los potreros de ganado aplicado a los trabajos de la extracción de las minas. Concurren libres y esclavos y se les permite, desde tiempo inmemorial, tener sus banderas como insignias del Cabildo, y aquí por lo menos, a la nación Congo Real, portar una muy parecida al mismo pabellón nacional. Estas instituciones son útiles porque ejercen actos humanitariosy piadosos, propendiendo a la manumisión de aquellos asociados que por su moralidadybuen comportamiento consideran digno de conseguirla a costa de los fondos de la reunión, que se nutren de pequeñas limosnas que exhiben cuando concurren al baile, y suelen también hacerse cargo de curar a sus paisanos enfermos."29 En la época del apogeo de la población africana en Cuba, los cabildos tuvieron fondos cuantiosos, y podían además de atender a sus fines humani- tarios, adquirir casas para su domicilio yhasta para beneficiarse de su renta, de ías cuales, como se verá, aún conservamos algunos restos. Los ingresos de los cabildos consistían en cuotas me'nsuales que pagaban los cofrades, subditos o agremiados. En Sos bailes se recogía un real por cada curioso que quería presenciarlos. Además, se hacían frecuentes colectas entre afiliados. En el siglo xviil casi todos los cabildos tenían casa propia, muchas de las cuales aún pueden identificarse,3 además de estar incorporados como cofradías a diversas iglesias parroquiales. Primeramente, los cabildos tuvieron sus domicilios en el casco de La Habana antigua. Esos cabildos tenían sus domicilios fijos, donde se reunían. M, Pérez Beato31 recuerda algunos de éstos, a saber: el domicilio del cabildo arará estaba en la calle de Compostela frente a la de Conde; el apapá, en la calle de Bernaza, frente a la casa de los Silveras; el apapá chiquito, en la calle de

Egido, frente a la entonces puerta nueva del Arsenal; el congo real,en la

de la Florida, ya en tiempos relativamente modernos; el mandinga, en la calle Habana casi esquina a Merced; el oro en la llamada esquina de la Pólvora en 1819, o sea, en la esquina de Progreso y Monserrate, donde en la actualidad hay una bodega. Por el Bando de Buen Gobierno y Policía de 1792 en su artículo 39, los cabildos fueron echados a las orillas de la ciudad junto a las murallas. Decía así el bando:

"Atendiendo que algunos Cabildos se hallan en calles habitadas de vecinos honrados que justamentereclaman la incomodidad que causan con

calle

el bronco y desgradable sonido de sus instrumentos, y a que los solares

ocupados con ellos merecen ser fabricados de modo que adornen, o com- pleten la población, mando que dentro de un año contando desde día, todos los citados Cabildos se paseri a las orillas de la Ciudad desde la puerta antigua de la Tenaza, hasta la de la Punta, excepto el frente de la de Tierra". El bando de 1842 reiteró en cierto modo esta disposición por su artículo 87, que prohibía que los cabildos se situaran dentro de la ciudad, debiendo estar "en las casas que den frente a la muralla" y debiendo celebrarse solamente los domingos yfiestas de guardar.

Algunos cabildos se alejaron de la ciudad a medida que, abiertas las murallas, fue la población creciendo extramuros.

Algunos o quizá todos los cabildos tenían también carácter religioso, como

lo afirma Arboleya " y lo prueba el hecho de llevarfetiches en sus comparsas.

Estas manifestaciones religiosas se prohibieron muy pronto, al menos en la vía pública, por creerlas perjudiciales a la religión católica. Entonces los negros resolvieron el problema simplemente, adoptando como patrono algún ídolo del santoral católico que fuese afín al africano, trasmitiéndole todo el poder de su íeliche, o mejor dicho, confundiéndolo con aquél. Tan es así, que el fetiche llevado procesionalmente fue sustituido por el santo pintado en una bandera; símbolo este último que sin duda fue tomado del ejército español, que deslumhraba el ánimo infantil de aquellos negros. Desde el punió de vista religioso, los cabildos debieron participar del carácter de cofradías si bien en el concepto más ampliode esta palabra, pues éstas, como se ve en mi libro Los negros brujos, eran la reunión de los creyentes y adoradores de un determinado santo o ídolo, y dicho se está que ninguna tribu africana fue monoteísta, ni tuvo un patrono divino nacional,

por más que la lógica sencilla de los africanos -repito- suplió esa diferencia psicológica, africanizando algún personaje del santoral católico34 o catoli- zando algunas de sus divinidades selváticas y fetichistas. Así, fácilmente se adaptaron, allá en Ultramar, a la organización político-religiosahispalense,

y después siguieron el camino ya trazado, sin dificultad. En 1858 ya se

constituyó en La Habana la cofradía de NuestraSeñora de los Remedios por los negros libres de nación zape (?) en la iglesia de Santo Domingo. Después,

uno a uno, como se verá, los cabildos fueron a la vez cofradías incorporadas

a las parroquias. Otro aspecto del carácter religioso de los cabildos se observa en el hecho

de contribuir aquél al pago de las pompas funerarias, como nos dice R. Meza; relacionándose así, por analogía, con esas sociedades fundadas expresamen-

te

para la celebración de suntuososentierros, en el Brasil, en algunas Antillas

y,

especialmente, en Bahamas, según escribe A. B. Ellis.35

En fin, que los cabildos tuvieron carácter religioso lo demuestran además dos preceptos del Bando de Buen Gobierno y Policía de 1792, que dice así:

"Artículo 8VO Menos se permitiráa los Negros de Guinea que en las Casas de sus Cabildos, levanten Altares de nuestros Santos para ios bailes que forman a el uso de su tierra; cuya prohibición intimarán los Comisarios sin pérdida de tiempo a los capataces de cada Nación; y si no obstante conti- nuaren en el mismo abuso, incurrirán en la multa de ocho ducados con la misma aplicación, y mandarán retirar los demás Negros y sus respectivas Casas, deshaciendo ante todas cosas al Altar, cuya Imagen, piezas, y mue- bles, se entregarán al Cura, o Teniente de la Parroquia del Barrio, para que les dé el destino que tenga por conveniente." "Artículo 9"°' Los Comisarios intimarán también a los capataces de estos Cabildos, que en lo adelante con ningún motivo ni pretexto, conduzcan, o

permitan conducir a ellos los Cadáveres de Negros, para hacer bailes, o llantos al uso de su tierra; y si despreciando este aviso reincidieran en tal desorden pasarán los Comisarios al viudo, albacca, o interesado del difunto,

y les ordenarán que inmediatamente se encarguen del Cadáver para pasarlo

a la Casa mortuoria." No puede, pues, sorprender que se diga que en los cabildos halló amparo y sostén la religión africana, que hoy se conoce vulgarmente en Cuba con el título impropio de brujería.

Pero si no el alma de los cabildos, su corazón era el baile. Los domingosse reunían los cabildos y tenían sus horas de diversiones, permitidas por las autoridades," ante las que era responsable el rey o capataz del cabildo por los desórdenes que ocurrieran. El artículo 36 del bando de 1792 disponía lo siguiente:

"En los cabildos negros, solo se permitirán los bailes en los días festivos,

desde las diez del día, concluidos ¡os Oficios Divinos,hasta las doce, y desde las tres de la tarde, hasta ¡as ocho de la noche, a cuya hora deberán de cesar

y cada uno retirarse para su casa, sin que se continúen con ningún motivo,

ni pretexto, baxo de la multa de seis ducados que se exigirán a los capataces por la primera vez, aplicados a la Cámara y obras públicas, y de diez por la segunda con otros tantos días de arresto a más de quedar privados de la superioridad que entre ellos les hayan conferido los de la nación."

Y el artículo 37, en evitación de los excesos de tales fiestas prevenía:

en los Cabildos se vendan comistrajos y bebidas a

los Negros concurrentes, y hasta que las tengan a pretexto de haber contri- buido todos para este gasto, y las que se hallaren se aplicarán igualmentea los pobres de la Cárcel, vendiéndose los licores."

"Prohibo también que

En el Bando de B. G. y P. de 1835 dictado por el brigadier Jáuregui para Matanzas, hallamos la siguiente disposición (art. 71) que demuestra cómo la reglamentación habanera se extendió a otras ciudades. "Los cabildos y bailes de los negros no podrán celebrarse sino en dichos días festivos y a las orillas de la ciudad, de diez a doce de la mañana y desde ias tres de la tarde hasta las oraciones, bajo la multa de cuatro ducados a los capataces por la primera contravención, doble por la segunda, y en tercera quince días de cárcel y privados de la superioridad aue entre ellos íes hayan conferido los de su nación." El bando de 1843 en su artículo 87, ya citado, reitera esas disposiciones tocante a la celebración de los cabildos. En los siglos primeros de la colonia, los cabildos salían a la calle en procesión, con imágenes, atabales y demás intrumentos a celebrar sus feste- jos; pero ya el bando de 1792 lo prohibió severamente por su artículo 38. "En ningún caso saldrán los Negros por las calles en grupo de Nación con Bandera u otra insignia, ni para ir a buscar a sus casas a los capataces, ni menos para divertirse tocando sus instrumentos, ni con otro algún motivo, o pretexto, y si lo hiciesen no obstante esta prevención, serán presos y desti- nados por ocho días al trabajo de obras públicas." Sin embargo, esta prohibición debió de caer en desuso, o por lo menos fueron dándose por las autoridadespermisos especiales a los cabildos para sus fiestas callejeras. Así vemos que esta costumbre se reconoce todavía en el bando de 1842, que dice en su artículo. 88:

"En ningún caso saldrán los negros a la calle en cuerpo de nación con bandera u otra insignia sin permiso del gobierno, pena de diez pesos de multa, que pagará el capataz del cabildo. Sin embargo, ie será permitido celebrar el día de los Santos Reyes la diversión conocida con el nombre de diablitos en la misma forma que lo han hecho hasta el día y no de otro modo." Dice Bachiller y Morales (Tipos y costumbres de la Isla de Cuba, p. 31) que se formaban reglas que guardaba el escribano de cabildo. Tales reglas paréceme que no han sido conservadas hasta nuestros días. ¿Dónde han ido a parar tales escritos? ¿Se encontrarán en bibliotecas particulares o en algún archivo público? ¿Se habrán perdido irremisible y lastimosamente? Los cabildos en su propio carácter fueron regulados por el referido bando de 1792, no solamente en cuanto a su aspecto religioso, sino en otros varios ya citados o que citaré más adelante. Después de 1792, otros disponían -mermar la vida legal de los mismos, especialmente en cuanto a su aspecto de mayor relieve público: sus bailes y fiestas, hasta el punto que fueaplicán- dose la voz cabildo a las fiestas de las asociaciones también así llamadas.

De la abolición de la esclavitud arranca la decadencia de los cabildos. El Gobierno General dispuso en 2 de enero de 1877 que las reuniones- los cabildos para elegir capataces y administrar fondos, fueran presididas

por el celador más antiguo del distrito, probablemente en vista de abusos y desórdenes ocurridos, y como medio de lograr una más constante interven-

ción gubernativa en la .vida de

las asociaciones negras.

En 1883, por Real Orden de 24 de abril y disposición del Gobernador General de 7 de junio, se exigió que los cabildos renovaran anualmente la licencia del gobierno, y se dispuso que no procedía prohibir la mezcla de africanos y criollos en los cabildos "debiéndose, sin causar molestias a los negros, ni violentar sus costumbres, y con habilidad y prudencia procurar que aquellas asociaciones vayan perdiendo su actual carácter y se constitu- yan en análoga forma que las sociedades de recreo,con arreglo a lalegislación común". Como se ve, el gobierno español seguía creyendo, como el vulgo, que la finalidad de los cabildos era el baile, el recreo. Por Bando del Gobierno Civil Provincial de 19 de diciembre de 1884, se

prohibió la reunión de los cabildos de negros de África y su circulación por las calles en Nochebuena y el día de los Santos Reyes. La saturnal africana pasaba a la historia. La de 1884 fue la última: el 6 de enero de 1885 fue la primera Epifanía silenciosa que tuvo Cuba. Esa disposición no fue bien interpretada porque algunos creyeron que se prohibía toda reunión de cabildos y una disposición del Gobierno Civil de 7 de enero de 1885 estableció que "los efectos de dicho bando solo debían circunscribirse ylimitarsea las reuniones ysalidas de los expresados cabildos por la vía pública en los días que se determinan, que es cuando dicha costumbre ha venido teniendo lugar; pero en cuanto a las reuniones que dichos cabildos suelen verificar en sus respectivos domicilios, debe conti- nuarse la práctica vigente en la actualidad". Pero los cabildos iban decayendo. En 2 de enero de 1887 se estableció por el Gobierno General que para que fuese legal la situación y domicilio de

los cabildos, era de necesidad que estuviesen empadronados,

sometidos a la

ley de asociaciones; y por disposición de 4 de abril de 1888 del Gobierno Civil se prohibió que en lo sucesivo se autorizara ningún cabildo con el carácter antiguo, sino que debía exigirse su organización de acuerdo con la legislación común. Cuando el gobernador Rodríguez Batista reprimió las sociedades secre-

tas de los ñañigos, quiso regularizar las de los cabildos, que le parecían anormales, y los obligó a adoptar una denominación católica, la de un-santo de la iglesia, y fijar un precepto para que a la disolución del cabildo o sociedad losbienes pasaran a propiedad de una iglesia donde tuviereel santo y constare la cofradía.

,

Revivía así a través de los mares y de los siglos el criterio medieval de las cofradías sevillanas. Y así podemos hoy ver varias sociedades africanas, supervivencias de los antiguos cabildos, sosteniéndose en fiera lucha por su vida contra la creciente hostilidad y apatía del ambiente social que les es adverso, cobijadas bajo una advocación católica pero sostenidas por el factor social más misoneísta, por la fe y el rito religioso, -por el credo fetichista africano, que confiesan y practican, mal encubierto por una catolización superficial de los ídolos lucumís. La transformación de los cabildos bajo la presión oficial en los moldes de la legislación de asociaciones.es muy curiosa, y los minuciosos datos fidedig- nos que he podido recopilar arrojan viva luz con las supervivenciasque aún existen, y con las deformacionesque muestran, sobre la vida y significado importantísimo de los cabildos en la época de su apogeo. En 1909 todavía constaban inscritas en el correspondiente registro de asociaciones del Gobierno Provincialde la Habana las siguientes derivacio- nes, francas o encubiertas, de los cabildos antiguos. Sociedad de Socorros Mutuos, Instrucción y Recreo, del Centro de Cocineros y Reposteros "Nuestra Señora de las Mercedes". Sociedad de Socorros Mutuos "Nuestra Señora de la Caridad del Cobre", en Bejucal. Sociedad de Socorros Mutuos de personas de color "Nuestra Señora de Regla", en Bauta. Sociedad de Socorros Mutuos "Nuestra Señora de las Mercedes", en Ceiba del Agua. Sociedad de Socorros Mutuos "San Diego de Alcalá", o sea el antiguo Cabildo Carabalí Acocuá. "Unión de los Hijos de la Nación Arará Cuévano". Sociedad de Beneficencia y Socorros Mutuos. "San Cayetano". Sociedad de Socorros Mutuos de personas de color. "Congos Mambona", bajo la dirección de Nuestra Señora de Regla, Cabildo Africano. Socorros Mutuos. "Congos Masinga". Sociedad de Socorros Mutuos,bajo la advocación de Nuestra Señora deMonserrate. "Arará Magino". Sociedad de Socorros Mutuos, bajo la advocación del Espíritu Santo. Cabildo de "Congos Reales". Sociedad de Socorros Mutuos, bajo la advocación del Santo Cristo del Buen Viaje. Cabildo "Congo Mumbala". Sociedad de Socorros Mutuos. Cabildo "Africano Lucumí". Sociedad de Socorros Mutuos, bajo la ad- vocación de Santa Bárbara. "Pobres de San Lázaro". Sociedad de Socorros Mutuos.

.

"La Evolución", Sociedad de Socorros Mutuos de la nación Arará Sabalú, africana, bajo la advocación del Espíritu Santo. "La Caridad". Sociedad de Socorros Mutuos de la Nación Congo Mo- bangué, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. "Asociación Africana". Antiguo Cabildo de "Congos Reales", bajo la advocación de Nuestra Señora de la Soledad. Sociedad de Socorros Mutuos del antiguo Cabildo de la Nación Carabalí. San Cayetano Minas Popó Costa de Oro. Sociedad de Instrucción, Re- creo y Socorros Mutuos. El estudio de los reglamentos de estas asociaciones es interesante por cuanto éstos describen, bajo sus formas últimas, las desnudeces pasadas de los cabildos afrocubanos.

La sociedad Hijos de la Nación Arará Cuévano se fundó para "la protec- ción a sus asociados en todas las formas". No tiene bienes propios. El presidente, el director y el tesorero, dice, "serán los capataces de la asocia- ción". Tiene una junta de señoras, además de la de caballeros, compuesta por una matrona, de dos a seis camareras, una mayordomo y seis vocales. Su patrono católico es el Espíritu Santo y es obligatoria la asistencia a su fiesta el segundo día de Pascua de Pentecostés. Esta sociedad no tuvo sino muy efímera vida. Otra hubo, llamada Unión de los Arará Cuévanos, cuyo objeto declarado fue el socorro mutuo en caso de enfermedad o fallecimiento. Poseía fincas propias, dedicaba una fiesta católica al Espíritu Santo y tenía su domicilio en la calle de Antón Recio número 70. Su gobierno dependía de uh rey, un secretario y cuatro vocales, además de una directiva de honor, de mujeres. En 1895 fue disuelta solemnnemente por no quedar individuosmiembros de la misma. La Sociedad de Socorros Mutuos del Cabildo Carabalí Isuamo Isiegue de Oro tuvo una junta con tres presidentes o matronas y un administrador. Tuvo como finca propia la casa sita en la calle de Monserrate número57. No exigía cuota de pago a sus asociados. Sus fiestas religiosas eran el Día de Difuntos

y la Purísima Concepción. Tenía alquilada una posesión

que pasasen las enfermedades los socios". El cabildo se llamó antes nada menos que Cabildo de Oro, Carabalí, Isuama Isueque de la Pura y Limpia Concepción, Nuestra Señora del Rosario, San Benedicto y San Cristóbal.

La Sociedad de Socorros Mutuos del Cabildo Carabalí Ungrí tuvo casas propias, como la de Monserrate número 57, y organización análoga al anterior, con seis presidentas o matronas. Su patrona fue la Virgen del Rosario.

o finca rústica, "para

La Sociedad de Socorros Mutuosde la Nación Mina Popó de la Costa de Oro se fundó bajo el patronato celestial de San Cayetano, refundiéndose, así dice el acta, el antiguo cabildo. Tuvo varios inmuebles, pero perdida su

posesión, celebraba su fiesta anual en la iglesia del Santo Cristo. La dirigían un administrador, dos presidentes hombres y tres mujeres. Fue disuelta. La Asociación Cabildo Rey Mago San Melchor la formaron los congos reales. Le pertenecía la casa, su domicilio, calle de Florida número 46, que hubo por escritura pública de 6 de junio de 1792 y 13 de abril de 1796; y además otras casas que estaban en litigio. Su sello dice "Sociedad de Socorros Mutuos descendientes (!) del Santo Rey Melchor". El Cabildo Arará Magino se fundo o legalizó en 25 de febrero de 1890. Para ser miembro de él hay que ser honrado y no haber pertenecido jamás a la extinguida asociación de ñañigos. "El cabildo dará fiestas todos los días festivos a uso de su nación, o sea el baile africano, prohibiéndose la ingeren- cia de toques que no sean los de su nación." Los cargos directivos (un presidente, dos vices, tres matronas,tesorero y secretario) son vitalicios.Sus propiedades (casa de San Nicolás número 276 y parte de Compostela número 171, que hubo por escritura de 23 de noviembre de 1691) no pueden venderse sin acuerdo unánime de los asociados. Se reorganizó en 1892, En

1909 presentó nuevo reglamento con el nombre de Arará Magino y sus

descendientes. Debe celebrar el día 1° de enero de cada año una fiesta de tradición al estilo de su país de origen con güiros y panderetas.37 Sus fines son "perpetuar lo que fue nación arará en la Habana"; las mujeres ocupan ahora doce cargos de vocal en su directiva. El Cabildo Africano Lucumí se reorganizó en 16 de enero de 1891 por Joaquín Cádiz, siendo su objeto el socorro mutuo en casos de enfermedad *;, muerte. Todos los días festivos se darían bailes africanos "conocidos por el nombre de tambor", prohibiéndose otro toque que el lucumí. El 4 de diciembre se celebraba la fiesta de su patrona, Santa Bárbara. Todos los cargos (un presidente, dos vices, tres matronas, un secretario, un tesorero, dos vices y tres vocales) eran vitalicios. Su domicilio era en Jesús Peregrino número 49. En 1839 se reorganizó) adaptó una bandera de los colores punzó y blanco." El 4 de diciembre celebraba en una iglesia misa solemne con sermón; el día 5 misa para los socios difuntos y luegoprocesión. Se paga como cuotala de un peso mensual, y otra de dos, de entrada. "Si algún socio se entregare al vicio gravemente será expulsado". En 1905, nueva reorganización; entonces la sociedad paga un médico para que asista a los socios. En 1909 y 1912, nuevos reglamentos. El estudio de éstos, así como los de la historia y significación religiosa de este muy interesante cabildo actual, así como el de otros análogos, se hará en próxima edición de mi libro Los negros brujos, al analizar las cofradías

fetichistas de los afrocubanos. Tiene su domicilio en la calle de San Nicolás número 302. En 1910 recaudaba unos 700 pesos.

La Sociedad Arará Dajomé se legalizó, se modernizó en 16 de marzo de 1889 por el moreno Ramón-Rodríguez en la calle de Esperanza número 37. Esta casa, así como la de Florida número 40 y la 3a parte de Compostela número 171, le pertenecían. Podía celebrar fiestas religiosas de acuerdo con la iglesia católica, así como bailes y rifas. En caso de disolución sus bienes serían de la parroquia del Espíritu Santo.Por acta se nombró administradora

a la morena María de Jesús Puig. Tiempo después, Ernesto Noriega, vecino de Florida número 42, en su calidad de presidente de la Sociedad de Socorros Mutuos"África", presentó denuncia al juzgado del Este, en la cual refiere que María de Jesús Puig, titulándose administradora de la disuelta Asociación de Socorros Mutuos Arará Dajomé, no sólo ocupaba indebidamente la casa, Esperanza número 37, legada al cabildo, sino que, además, ha callado la disolución de la sociedad, dejándose despojar de otra casa, situada en Florida número 40, que también fue donada al cabildo por María Joaquina Mesa.

En 1892 se formaron dos sociedades: Cabildo Zabalino y Sociedad Ají- caro o Ajícario, la procedencia de cuyos títulos los desconozco. Lo mismo puedo decir de otra asociación inscrita con el nombre de Cabildo Cuatro Ojos. La vida de éstas debió de ser muy breve. La permanencia legal de casi todas las asociaciones africanas se debe de modo predominante a la práctica de cultos fetichistas, y en segundo lugar, a ia necesidad de sostener entidades tales para el manejo y disfrute de los pocos y pobres inmueblesque a éstas pertenecen desde antiguo, heredados de los extinguidos grandes cabildos del siglo pasado; bienes de que, aun siendo de escaso valor, han interesado más de una vez la atención de los tribunales cubanos. Un caso curioso de éstos es el de la casa Maloja número 149, legada por el negro Simón Carro en 1871 a favor de la Nación y Cabildo Carabalí Brícamo San José. Este cabildo no se sometió nunca a la ley de asociaciones; tuvo vida (si la tuvo) extralegal.35* En 1892 se inició una muy curiosa asociación llamada Unión Africana y sus Descendientes. Su reglamentorevela criterios modernos y cierta cultura. El objeto de la misma era la unión en Cuba de los africanos, establecimiento de escuelas, pago de médico, etcétera. En 1893 solicitó hacer uso de la bandera africana, de ¡subandera!, de acuerdo con el tratado entre España y la Asociación Internacional del Congo (sic) de 7 de enero de 1885, bandera azul con estrella dorada en el centro. El gobernador español les negó el permiso, afirmando que "no eran extranjeros!os africanos en Cuba, sino que

se les venía considerando como españoles". El reglamento de tan pintoresca

sociedad dispone que "en caso de lutolas señoras asistirán vestidasde blanco con cabos negros". En 1894 nombra la sociedad a míster Williams George Emanuel "único

representante de la raza africana ante el Gobierno", y en 1895 setransforma aquélla con el título Aurora de la Esperanza, extendiendo su radio legal a toda la Isla y adoptando la advocación del Santo Rey Mago Melchor. Entre los objetos mutualistasde la sociedad se incluye el de sostener el "tráfico de vapores entre África y Cuba"(¡). Míster Emanuel, fundador y, según me dicen, pastor protestante, propo- níase refundir los diversoscabildos en una poderosa sociedad de finalidades fantásticas, que con el pago de cuotas y adjudicación de las diferentes casas de los cabildos, pudiera acometer la mutualidad en gran escala, amén de monopolizar la representación de los centenares de miles de afrocubanos, etcétera. Tal propósitono pasó de infeliz tentativa. En 1896 se celebrójunta,

a la que asistieron representantes de los cabildos Dahomé, Gabalú, Mina,

Carabalí, Mandinga, Mundukuka, Masinga, Mumbanque, Mundamba Lua- mú Numbara y Santa Efigenia de Guanabacoa; y después de vivas protestas resultó expulsado de la Aurora de la Esperanza el moreno míster Emanuel. No cesó la Aurora ahí, pues en 18 de abril de 1897, reunidos Juan Sifré, presidente de los gangas; Eduardo Bailó, presidente de los mandingas; Eusebio Zayas, presidente de los carabalis; yFederico Rencurell, presidente de los minas, acordaron un nuevo reglamento con escasas variantes. Des-

pués, la actuación de esa extraña asociación no deja rastro; pero todavía en

1910 míster Emanueí da señales de no abandonar su ideal, presentándose al

gobierno como representa'hte de los africanos oriundos para su civilización en el país, ante el gobierno, etc., y como apoderado y liquidador de los cabildos africanos, pidiendo certificados de las disoluciones de algunos cabildos. El autor de este libro ha conocido años después a míster Emanuel y ha sabido por él que no abandona su plan de representar a todos los negros africanos ante las autoridades cubanas yde reivindicar todas las propiedades que fueron de los cabildos yque él dice, yes posible que así sea,malbaratadas por la ignorancia de sus dueños y la malicia de los blancos y de algunos de los jefes de cabildo. Estos datos demuestran la imposible, adaptación de los cabildos a la legislación moderna; la inconstancia e incapacidad de sus directores para las formalidades escritas y de una administración seria, propia de una civilizaciónjurídica adelantanda; lavida artificial de algunos de esos cabildos sin existencia real y positiva, y la única razón de persistencia de unos pocos:

el culto fetichista traído de África y todavía vigoroso y extendido en toda Cuba.

Los organismos gubernamentales hicieron, contra sus propósitos anun- ciados, guerra a los cabildos; se creía que esos restos de la esclavitud debían de aparecer como propios de una época de atraso; había cierta prisa en enjalbegar la sociedad de nuevo, y en ocultar tras sendos revoques de legislación moderna aquellas que se tomaban por pinturas anticuadas. Pero, además, las autoridades de entonces creyeron que los cabildos y las socie- dades secretas de ñañigos tenían entre sí relaciones peligrosas y hasta que eran organizaciones idénticas en propósitos, si no en su forma, y a todas las fueron midiendo por el mismo rasero. Por otra parte, a los propios negros les pareció que los cabildos eran un estigma social de su raza ya libre, y tuvieron marcado empeño en ir borrando, externamente al menos, los perfiles más agudos de su vida pública para imitar la de los blancos. Y, sobre todo, el cese de la inmigración africana y la abundancia cada día más predominante de los negros criollos hicieron menos sentida la necesidad de cabildos; no se experimentaban con tanto apremio las conveniencias de la cohesión entre los compatriotas, los de una misma nación. El propósito gubernamental, acertadamente anunciado, de transformar los cabildos en sociedades modernas, fracasó totalmente. El gobierno em- peñóse en atacar las formas externas y anticuadasy no cuidóse de observar la persistencia de la esencia interna. Desapareció el cabildo, con lo que de bueno tenía: el socorro mutuo, el seguro contra las enfermedades, las bases, en fin, de una tradicional y rigurosa mutualidad; desapareció en parte la forma ruidosa del baile de tambores, inofensivo y tan grato al africano; permaneció en cambio, semioculto, el fetichismo animista selvático bajo la advocación católica y un reglamento adaptado al formulismo legal. Y la autoridad quedó satisfecha. ¡Cuan mejor hubiera sido un resultado contrario! ¡Cuan mejor sería que hoy tuviéramos cabildos mutualistas y bailes públicos de tambor, y no de templos brujos, tolerados oclandestinos! Haber despreciado y extinguidola secular tradición del socorro mutuo africano, sin haberlo sabido sustituir por otra forma moderna de mutualidad o de previsión oficial, ha sido una grave pérdida para nuestraconstitución económica y para el bienestar de nuestras más humildes capas sociales. Cuando el progreso nos apremie, y exija la fundación de determinadas instituciones de previsión social, nos daremos cuenta de que tenemos que

reconstruir,

esencia, ¡os extinguidos cabildos. Si hubiéramos sabido estudiar éstos a tiempo y reforzar, civilizándola, su arraigada tradición benéfica, habríamos

adelantado muchos lustros en la historia de la cooperación social cubana. No faltó alguna vozcubana que defendiera los cabildos en ese sentido;w pero

naturalmente, con otras

bases y formas, pero con la propia

no supieron darse cuenta de la importancia trascendental de!problema. Hoy qt'e admiramos en Cuba !as poderosas asociaciones mutualistas y regiona-

inmigrantes españoles,4' comprendemos cuan grande es

su labor y cuántas energías oficiales son ahorradas y sustituidascon ventajas por esas inicia!ivas colectivas privadas. Pensemos lo que al Estado costaría satisfacer esas necesidades que tales asociaciones dejan ampliamente satis- fechas. Y pensemos que nuestras pobres e ínfimas clases sociales no tienen nada análogo, y que entre la gente de color los cabildos habrían satisfecho

b.ü'/. COTJO attiaííe, iguales necesidades, si en vez de destruirlos con burocrá- tica ignorancia, hubiéramos ayudado a su evolución y mejoramiento. Hoy, en esfera modesta, serían como esas sociedades hispanas, que unen &la

una oriundez común, la de una cooperación mutua muy

amplia, <",O::¡5 son acaso esas sociedades, sino gigantescos y civilizados cabildos de brices? Es curioso observar cómo el espíritu de asociación del africano lo llevó a fundar kíeníicas organizaciones a los cabildos, aun en países más hostiles cü-i el nuestro a sus ubres manifestaciones sociaícs. Así, podemos ver en Píiiíüp:,'1'" cómo todavía en 1860 se fundaba en Nueva Orleáns la Union Band Society con caracteres análogos a los de nuestro cabildo. Sus directores eran un presidente, un vice. un secretario, un tesorero, un marisca!, una madre y seis varones camareros y doce hembrascamareras. Las obligaciones eran !a paz y unión entre los miembros y pagar $ 0.50 al mes. Los beneficios materiales -de la sociedad eran para los asociados: el cuidado durante las enfermedades mediante la asistencia de uno de los camareros, varón o hembra según el sexo del enfermo: el lavado de su ropa, y el pago dci médico; y. en fin, el funeral. El cabildo afrolqisiano extendía su protección a ios no asociados, y se hacía cargo de sus funerales mediante el cobro de $ 50. SP caso de que el socio estuviera atrasado en el pago de sus cuotas por tres mensualidades, era expulsado, salvo que, por su pobreza, se pagaran sus atrasos por suscripción voluntaria entre los demás socios. En las sociedades negras de Luisiana cabían libres y esclavos, por más que eran preferidos Lo, últimos. En ellas se adviert e un carácter que no hallamos en ¡os cabildos aírocubanos, el de ser secretas y, como dice Phillips, el de estar fuertemente influenciadas por Sasprácticas masónicas y de otras sociedades secretas de los blancos. Nuestros cabildos no fueron secretos, ni pueden ser llamados logias negras, como hace el erudito historiador americano,refirién- dose a los ue SaLuisiana. Ello debióse acaso a que, en Cuba, cuando el sentimiento de asociación en e! negro era tan firme y cuando era orientado hacia una más intensa actuación social, caía entonces en e! ñañiguismo, que fue en Cuba la asociación secreta del afrocubano; y debióse acaso también a que allá, en ¡os estados meridionales de la vecina república, los mismos

cohesión propia de

iis'.as fundadaspor

factores que habían de producir en Cuba el florecimicnío del ñaniguismo actuaron también, aunque en forma algo distinta y acaso todavía no bien estudiada por los sociólogos americanos. La superficialidad de las conside- raciones que les merecen las asociaciones secretas de esclavos, nos hace pensar así. Pero del ñaniguismo en los Estados Unidos trataremos en un futuro libro sobre el ñaniguismo afrocubano. Bastan estos párrafos para observar cuan vigorosos y estimables fue, en todas partes donde pudo manifestarse, el sentimiento de asociación de los negros importados por la trata esclavista.

Interesante desde el punto de vista de este estudio, es otra actual supervi- vencia africana, franca derivación última de los antiguos carnavales afrocu- banos, de diablitos y cabildos. Me refiere a las contemporáneas comparsas. El lector que viva o haya vivido en Cuba habrá visto en ¡as noches de carnaval, o en ocasión de festejos públicos, pasear por las calles abigarradas comparsas formadas por las capas inferiores de la sociedad. A la cabeza de la comitiva poliétnica marcha un sujeto, negro generalmente, que sostiene una pintarrajeada linterna de papeles multicolores, no siempre desprovista de efecto artístico. Tras él otros individuoscon disfraces chillones y con otras muchas linternas, y rodeándolos a todos una muchedumbre en la que predominan los negros, gritando con voces destempladas y con frecuencia aguardentosas una cantilena repetida hasia la saciedad con monotonía desesperante, y cuyo texto suele ser de lo más disparatado. " Jesús Castella- nos las describió como sigue:

"Es innegable que hay cierta poesía de sabor violento y exótico en esas olas abigarradas que pasan enardecidas por las calles de los barrios bajos. Tienen algo de ceremonias religiosas y de guerreros delirios, y sobre ellas flota, colocándose en el seguro asilo de la civilización, el espíritu de los primates, que todavía vive fuerte en los países de fiebre y fanatismo. "Son columnas de gentes enardecidas que caminan roncas, graves,inyec- tado en sangre lo blanco de los ojos. Un farol de papel volteando en lo alto los hipnotiza, y el tambor hace infatigables sus pies, que batiendo al mismo compás, tragan calles y plazas insensibles e hinchados. Los cuellos al aire, brillando bajo el esmalte del sudor las venas gordas como cuerdas de violín, sale el tango de las gargantas amplias, en ronquidos monótonos, ardiente, bélico. El traje no hace al caso: indios emplumados, guerreros fantásticos, chinos de cromo; todo va revuelto en una impropiedad que da más calor al río de carne humana. Han salido tal vez en orden con carros y faroles adhoc, ordenados según una idea general. Pero la fiebre se propaga y contagia a las máscaras perdidas por las esquinas y a poco el río arrastra un caudal confuso, donde sólo el canto bárbaro y vibrante rueda en armonía justa como sentida

por todos los pechos. No se ríe: se trata de algo magno de que todos van poseídos y los semblantes tienen más bien aspecto patibulario. "No se me negará que hay algo artístico, demasiado picante tal vez, pero siempre artístico en estas escenas de paganismo negro. Lástima que los nombres no correspondan al tono rabioso de las extrañas caravanas: El Gavilán, Los Congos Libres, El Alacrán Chiquito, La Culebra '"'''' Ésta es otra supervivencia africana importada probablemente por los negros yolof. De una fiesta análoga, que es precedente de la afrocubana, nos informa Berenguer-Feraud.'15 Dice así: "En Gorea y San Luis, principalmen- te en la primera de ambas poblaciones, se celebra una fiesta a la que no falta originalidad: la fiesta de las linternas durante la Nochebuena. Todo negro se pasea aquella noche antes y después de la misa de las doce con una linterna en la mano; esta linterna tiene las más originales formas, y el que ha conseguido llevar el modelo más original y vistoso es seguramente el más feliz. La gente joven se reúne con cerca de un mes de anticipación para construir una linterna monumental, que es llevada por ocho hombres o arrastrada sobre una carretilla; el efecto de estas linternas es bastante bello algunas veces. Todos los desocupados, hombres, mujeres y niños, siguen la linterna monumental para admirarla sin cesar un instante; los promotores de la fiesta se detienen en cada tienda para pedir sángara; inmediatamente se cantan estribillosdiversos y monótonos en demasía." Los nombres de tales comparsas csíán en perfecta consonancia con la psiquis primitiva y casi siempre africana de sus componentes. No se descubre un nombre civilizado, ni uno de los títulos tan en boga entre otras comparsas cultas, como "La Armonía", "La Estudiantina", "La Obrera", etcétera. Sus nombres son salvajes, aunque parezcan traducidos;así vemos "La Culebra", "El Alacrán Chiquito", "El Pájaro Lindo", que son remembranzas atávicas _dcl tótem, nombre tomado de la fauna, que se daba con carácter sagrado a la tribu, a la familia y al individuo. La intensidad del totemismo africano no es preciso demostrarla en este lugar para deducir que el empleo de esos nombres de animales, como títulos de las comparsas,no es sino una de sus reminiscencias a través de los años y de los mares. Una de estas comparsas se llamade "Los Hijos de Quirina" por supervivencia de un curiosomomento folklórico de la historia de nuestra masa afrocubana, cuando la denomina- ción de "Hijos de Quirina" significó algo así como la tradicional ortodoxia contra la heterodoxia fetichista."" Otras comparsas ¡lámanse "Mandinga Moro Rojo," "Mandinga Moro Azul", títulos que nos recuerdan con exactitud el mahometanismo tan extendido entre los negros mandingas; y por otra parte, al especificar un color, tratan de revivir por un momento el simbolismo de los colores en África, como distintivos propios de tal o cual tribu. Sin duda, al saber una

de la otra, las comparsas mandingas moras buscaron algo que las diferencia- ra y escogieron el color, exactamente como lo hubieran hecho sus antepasa- dos en África. Y así estos títulos mandingas como los de "Congos de Chávez", "Chinos de Venecia", "Turcos de Regla" (!) etc., nos revelan una supervivencia del exagerado espíritu localista de la raza negra, localismo que no se limita en este caso a la raza o tribu (congos, chinos, etc.) sino que llega hasta el barrio habanero en que residen, como por ejemplo: Chávez, Regla. De este localismo ofrece muchas y claras pruebas el estudio de la población de color afrocubana, pero no es de este lugar insistir en él. Nótese que aun en los casos en que se relaja algo, por así decirlo, la originalidad africana en la organización, título, etc., de las comparsas, siempre permanecen éstas en el más bajo nivel psíquico de nuestro pueblo, en esa capa gris de que ya he hablado. Una comparsa de estos últimos años se llamaba "Los Húngaros Amalianos" (!); otras, "Los Hijos de Quirina", "Los Hijos de Martín unidos

a los Nietos de Pires", etcétera. Cuando la comparsa no refleja totalmente

una supervivencia africana, se caracteriza con los salvajes adornos de los cubanos precolombinos, o se viste con los atavíos de los chinos, de la raza que compartió con la negra las penalidades de los forzados trabajos de las plantaciones, o llega, cuando más, a querer retratar los tipos de nuestros campesinos. Aun en este caso, junto a las guitarras y bandurrias y a la obligada y pueril representación de un bohío, que dan, sin embargo, un carácter más civilizado a la mascarada, cada uno de los individuosde ésta se

complace en representar a un guajiro algo matonesco, machete al cinto y desenvainado a menudo, y luciendo al Cuello y a la cintura vistosos pañuelos de seda; adornos éstos de origen rigurosamente africano, como demostraría en estas páginas si no creyera que este tema merece un lugar más apropiado en otro estudio del hampa negra en Cuba, continuación del presente. ' De antiguo se observan en La Habana esas farolas características de las comparsas. Antiguamente "por la gente de color se daba el nombre de barrio 'del Cangrejo' al barrio del Ángel, a causa de que la comparsa popular que

la

víspera de San Rafael recorría aquel vecindario llevaba una gran farola en

la

que se veía pintado un cangrejo". (Aprovechando la extraordinaria con-

currencia a esas fiestas, algunas familias pobres del barrio pusieron a venta

unas tortillas especiales que ya en lo sucesivo, y hasta nuestros días, se conocen por tortillas de San Rafael}

Modernamente, las comparsas han sufrido las injustasindecisiones de las autoridades blancas tocante a su licitud. Algunos años, conociendo el encan-

to de nuestra gente afrocubana por estas procesiones carnavalescas, ruidosas

y orgiásticas, las autoridades municipaleshan querido halagarlas para cose- char sufragios políticos, no solamente permitiéndolas sino organizando certámenes carnavalescos de comparsas. Otros años, so capa de tendencias

culturales y de aversión a las supervivencias africanas las han prohibido o, cuando menos, limitado a ciertos barrios. Y hasta 1914 se ha pretendido someter las organizaciones transitorias de las comparsas a la ley de asocia- ciones. Una muestra de ese vacilante e injusto criterio que domina en las esferas gubernamentales puede verse en el siguiente bando de policía. "Habana , febrer o 1"' de 1913. "Esta jefatura, de acuerdo con lo dispuesto por la autoridad competente, hace saber a ios capitanes y tenientes al mando de las estaciones, para su más estricto cumplimiento, lo que sigue:

"Las comparsas no podrán salir a la calle haciendo uso de instrumento, bien sea bombo o tambor, que produzca, remede el sonido seco del tambor africano. "Asimismo les está prohibido el usar güiros, marimbas y bailar o hacer movimientos con el cuerpo al son de la música. "Tan pronto salga una comparsa, el vigilante de la posta correspondiente, lo avisará a la estación, a fin de que a la misma se una un oficial, o sargento en ¡unciones de oficia!, el que cuidará de la referida comparsa hasta que salga de su zona. "Se dispone también, que en todo el trayecto que recorran las susodichas comparsas vayan acompañadas por los vigilantes de las postas, por donde crucen, hasta donde éstas terminen. "Durante, las horas de! paseo, no se les permitiráde ningún modo, circular por las calles de Paseo de Martí y Malecón." En csie bando se observa, ante todo, la reiteración de ¡a prohibición del tambor africano. Ésta es una de las constantes obsesiones policiacas de nuestras autoridades. El tambor les molesta menos cuando se traía de halagar políticamente al pueblo bajo. Entonces se permiten ios más vergon- zosos desenfrenos orgiásticos al SOR de tambores africanos en las calles y plaxas públicas. Y lo cieno es que, fuera de su ruido molesto y desesperante para ios no iniciados en la música alricana (en cuyo aspecto ha de merecer la raíüna represión que no merece, por ejemplo, el estridente, ofensivo e insultante cornetín de nuestras orquestas vulgares), e i. tambor africano no

1 puede ser un peligro ni para el orden público, ni para la moral, ni para la

impúdicos, refrénense las rumbas orgiásti-

ca:-., •.»,¿¡•vénganse ¡as da:;/.a.s fetichistas y políticas e impídase e! loque de u-;nr\;;xs Hiera de ciertos días y horas; pero no se prive a los negros de ciertas

¡o menor,, no más perniciosas e insoportables

que oua> análogas permitidas a los blancos. Persígase el tambor, si se cree

conveniente, pero no se dé licencia al cornetín, que ambos por groseros

civsíi/jción. Vigflense

ios bailes

expansiones inofensivas o. por

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¡•'¡gura J . Cabildo .ilVoculninu en e! Día de Reyes, 1837. De A. Galindo.

alentadores a la tranquilidad de los nervios acústicos y por herejes de la ortodoxia estética musical, acaso mere/.can hasta el auto de fe. No se persiga cí tambor por africano, que también los negros, y acaso más

que los blancos, necesitan dar salida franca a las impulsiones naturales e inocentes de su espíritu. La Constitución ampara por igual ai cornetín que

al

tambor. Y, sobre todo, unifórmeseel criterio gubernativo. Que la policía acerca de las músicas y carnavales afrocubanos no quede

al

arbitrio más o menos civilizado o cohechablc de un alcalde o de un policía,

o, lo que sí es verdaderamente triste, a las exigencias electorales de una campaña política. Ello no es solamente una exigencia de justicia, sino una cuestión sociológica de conveniencia nacional. Y, además, también en esas comparsas de evidente primitividad, encon- tramos su algo de arte, como dijo el excjuisito Jesús Castellanos. Y, ¿por que

hemos de perderlo cuando podemos transformarlo, mejorarlo, e incorpo- rarlo, purificándolo, a nuestro folklore nacional? ¿Acaso no conservamos otras costumbres tan salvajes, impuras e impurificables, de trascendentalis-

mo corruptor y antisocial, como la lotería y los gallos? Aun después de haber demostrado una civilización activa capaz de borrar de nuestra vida social estas costumbres legalizadas,aún creeríamos que otros hábitos inveterados

y poco cultos habrían de desaparecer de Cuba para poder justificar una

campaña de represión de esas supervivencias del infantil arte africano, libre de prejuiciosy de condenaciones apriorísticas y p/esuntuosas.

La fiesta afrocubana del Día de Reyes*

Huista la ley de abolición de la esclavitud, o sea hasta 1880, los "negros afrocubanos, libres o esclavos, celebraban una fiesta, el 6 de enero de cada año, que la iglesia católica consagra a la,Epifanía o a la Adoración de los Reyes Magos, comúnmente,llamada Día de Reyes. El Día de Reyes era de libre expansión para los africanos en Cuba, y a sus clamorosas manifestaciones sumábanse los negros criollos con igual entu- siasmo. Fue, sin duda, una de las más pintorescas escenas de la vida colonial, que de antaño interesó el pincel de los artistas y la pluma de los escritores. Por eso no es difícil darnos aún cuentade sus caracteres externos, acudiendo, para conservar el sabor de la época, a su descripción por los contemporá- neos. Aquel día el África negra y ultratlántica con sus hijos, sus vestidos, sus músicas, sus lenguajes y cantos, sus bailes y ceremonias, sus religiones e instituciones políticas, se trasladaba a Cuba, principalmente a La Habana. La esclavitud que fríamente separaba hijos y padres, maridos y mujeres,

hermanos y compatriotas, atenuaba aquel día su tiránico poderío y cada negro se reunía en la calle, con los suyos, con los de su tribu,con sus carabelas, ufanamente trajeado con los atavíos ceremoniales e indumentarias de su país, dando al aire sus monótonos y excitantes canturreos africanos, atur-

campanas, tambores y demás instrumen-

diendo con el ruido de sus atabales,

* Tomado del folleto del mismo título, publicado por la Dirección de Publicaciones del

Departamento de AsuntosCulturales del Ministerio de RelacionesExterioresde la República

de Cuba, La Habana, 1960. Ediciones anteriores bajo el título de La fiesta afrocubana del Día

Social, t. XVII, no. 4, 1920.

El Siglo XX, 1925.

de Reyes: Revista Bimestre Cubana, vol, XV, 1920. La Reforma

Archivos del Folklore Cubano, vol. I, no. 2, 192-1; nos. 3 y 4, 1925. Imprenta

tos primitivos y, sobre todo, gozando de la ilusión de la libertad, en una orgía de ritos, baríes, música, cantos y aguardiente. Los artistas de la época nos han dejado de la fiesta curiosos dibujos. (Véase Figura 2.)1 El pintor andaluz Landáluze, costumbrista, trató de pintar varias veces ese mismo tema cubano. Véase la Figura 3, reproducción de uno de sus cuadros, hoy en poder del arquitecto señor Evelio Govaníes (Habana). Véanse algunos otros dibujos en la obra de F. Ortiz Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba (La Habana, 1952)." El literato cubano Ramón Meza nos ha dejado csia cabal descripción del Día de Reyes.' "Desde los primeros albores del día, oíase por todas partes el monótono ritmo de aquellos grandes tambores, hechos de un tronco ahuecado y cubiertos por un extremo con'un parche de cuero de buey que se templaba al fuego. Los criados abandonaban !as casas muy de mañana, y de las fincas cercanas a la población acudían las dotaciones: unas, atestandolos vagones traseros del ferrocarril; otras, hacinadas en las carretas que conducían ios enormes barriles de azúcar; y no pocos a pie. Todos corrían a incorporarse a sus cabildos respectivos, que tenían por jefe, generalmente, al más anciano de la tribu o nación a que pertenecían. "Por dondequiera se formaba un gran corro. Los enormes tambores se colocaban a un lado a guisa de batería. A horcajadas sobre ellos batían incansables ios locadores con sus callosas manos, a ¡as cuales se ataban esferas de metal o madera huecas llenas de granallas y rematadas por plumas, el terso cuero de buey, agitando los hombros, crujiendo losdientes, a medio cerrar los ojos, como embargados por fruición inefable. En el centro del corro bailaban dos oires parejas, haciendo las más extravagantes con torsiones, dando saltos, volteos y pasos, a compás del agitado riíino cíe ios tambores. La agitación y ia alegría rayaban en frenesí. El cavilan, aqucí conjunto de piel, huesos y nervios, aquella pobre arpa desvencijada, segura- mente que recordaba ios días de su juventud, pues no tan sólo vociferaba hasta enronquecer, sino que, entusiasmado,entraba a menudo a formar parte del grupo de bailadores.El de ¡abanderóla la hacía llamear paseándola sobre el grupo. Las abundantesplumas de pavo real que llevaban atadas a la cabeza los bailadores, estremecidas por sus agües movimientos, brillaban con tornasoles rncíálkos a h Suz que, sobre aquel abigarrado conjunto, dejaba caer a ok n-.o ;1 arciiem ; sol. Les espejillos de los sombreros, ias lentejuelas y los tisús de los trajes, las grandes argollas de pulido oro que colgaban de las orejas de ébano, las alcancías que pasaban de rnano en mano para-recibir de los espectadores el aguinaldo,los sableciHos. iodo destellaba como para deslumhrar ia vista mientras el ¡"uido aturdía los oídos. Las miradas chispeaban en aquellos rostros de pura raza etíope, ias bocas rojas

y de dientes blancos y agudos se abrían para dejar escapar salvajes gritos y

carcajadas. Los cencerros, cascabeles, tambores, fotutos, rayos, triángulos, enormes marugas, acompañaban el vocerío que todo lo asordaba. "A las doce del día la diversión llegaba a su apogeo. En las calles de Mercaderes, Obispo y O'Reilly era una procesión no interrumpida de diablitos. Todos se encaminaban a la Plaza de Armas. A poco lamuchedum- bre colmaba aquel lugar y a duras penas podía transitarse per ios costados

Los espectadores invadían los balcones, las aceras,

y se trepaban en las bases de las columnas, en las ventanas y en los balcones

de piedra que rodeaban la plaza. Las hileras de laureles con sus copas

enormes y de obscuro verde, los arbustos de !a plaza de hojas pintorreadas

y de flores varias, las esbeltas palmas que recortaban la silueta de sus

elegantes penachos sobre un cielo del mas puro y bello azul, los marineros de todas las naciones que bajaban en grupo para presenciar medio azorados

aquella exótica fiesta, los soldados que custodiabanlos edificios cercanos a

la plaza, las múltiples banderas que flameaban con el viento y los mil colores

con que adornaban sus trajes los negros, ofrecían, a la verdad, el más pintoresco espectáculo. Los cabildos iban entrando por turno al patio del Palacio, en cuyas bóvedas repercutía durante muchas horas el atronador redoble de los tambores, los salvajes cantos y ¡os entusiastas vivas de los africanos. Y mientras abajo extremaban sus habilidades los bailadores, el capitán de cada cabildo, sombrero de picos bajo el brazo y banda terciada sobre el pecho; el abanderado, pendón al hombro, y el cajero cargado con su alcancía de hojalata, subían las escaleras de! Palacio en medio del mayor orden, y haciendo las más vivas demostraciones de adhesión, recibían, por lo menos, media onza de oro de aguinaldo. Ese día se mostraba el Palacio muy generoso. Por las ventanas que daban al patio llovían tabacos, medios, reales y hasta escudos, sobre los cuales se precipitaban a disputárselos ávidamente centenares de manos. Las negras viejas, más expresivas, o más nerviosas, eran las que con más fuerza agitaban en io alto sus huecasmamgas, metidas dentro de una red de cáñamo, y casi delirantes pedían a Dios que guardase y conservase muchos años la salud, del eselcntísimo señó genera. "Luego salían del Palacio para dejar espacio a otros e iban desfilando, en perfecto orden, los congos yluciimíes con sus grandes sombreros de plumas, camisetas de rayas azulesy pantalón de percal rojo; los araráscon sus mejillas llenas de cicatrices de cortaduras y de hierro candente, repletos de caracoles, colmillos de perro y de caimán, cuentas de hueso y de vidrio ensartadas y sus bailadores metidos hasta la cintura en un gran rollete formado con un aro cubierto de fibras vegetales; los mandingas, muy lujosos con sus anchos pantalones, chaquetillas cortas y turbantes de género de seda azul o rosa, y bordeados de marabú; y tantos otros, en fin, de nombre enrevesado y

del Palacio de Gobierno.

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caprichosos trajes que no estaban hechos enteramente a estilo de los de

África, sino reformados o modificados por la industria civilizada. "Pero no todos los negros ingresaban en los cabildos, que los criollos, y algunos de nación, lo tenían a menos. Y en vez de colgarse aquellos salvajes

adefesios, que constituían los trajes de

nes de París. La elegancia consistía en la exageración de la moda; por eso el sexo débil tenía preferencia por las cintas, moños, flecos, grandes aretes, vistosas mantas, profusión de sortijas, pulseras y contraste de colorines. En

e! sexo fuerte se traducía esta preferencia por el marcado propósito de

agrandar los cuellos, lucir rizada la pechera de la camisa, abultar la corbata

y escoger e¡ género de los pantalones y el chaleco con las pintas nías

señaladas. Otros vestíanse de marineros y a cuestas con un barco pequeño, en vaivén continuo sobre un pedazo de arrugada lona pintada de verde y blanco, que figuraba las olas espumosas del mar, iban repitiendo en ocasio- nes más o menos aceptables, que les dieran el aguinaldo. Otros, inde- pendientes, se vestían de minstrels y arrancaban la propina a fuerza de payasadas. No pocos cargaban con una imagen de la Virgen de Regla o del Cobre, la metían entre vidrieras, la encintaban, le colgaban unos cuantos milagros e iban explotando en provecho propio la candida devoción de los demás. "En Sos barrios extremos y calles menos concurridas, campaban por sus respetos los ñañigos cubiertos de un capuchón de burdo género, algo pare- cido al de los sayones del Santo Oficio, pero tan grande y abultado que a su lado las piernas y brazos sólo parecían simples apéndices. En el ñañigos se extremó toda la grosera y bárbara imaginación de las tribus africanas. Institución, signos, trajes, todo era en alto grado repugnante.Era de ver con qué feroz entusiasmo seguían las masas de la clase más ínfima del pueblo, sin distinción de edades, sexos ni razas, aquel ridículo madero emplumado, símbolo que enarbolaba cada una de aquellas salvajes agrupaciones ahitas de aguardiente y sangre de gallo, y que, según delataba la voz pública, tenía por juramento una herida mortal en el pecho de cualquier humano. Las demás tribus llamaban la atención por lo pintoresco y exótico de sus cantos, trajes y bailes: en los ñañigos toda era feroz, sombrío, nauseabundo. La horda repleta de navajas y puñales, marchaba a paso lento, no agrupada, sino apiñada, tras los bailadores, que no cesaban, en sus convulsiones chocantes, de agitar el rimero de cencerros que llevaban de éstas, enemigas por lo común, pues siempre se tenían declarada mutuaguerra, se trababa una lucha en la que se herían y asesinaban feroz y cruelmente.

"A las dos de la tarde ya tenía que hacer la policía, representada por los legendarios calador y salvaguardia, para arrojar fuera del antiguo recinto de

sus paisanos, vestíanse por los figuri-

la ciudad, más allá de las murallas, la numerosa turba."

Otras varias firmas han tratado en Cuba del Día de Reyes, pero siempre en sentido descriptivo. De ellas entresacaré unos párrafos, los más expresi-

"El Día de Reyes todos los individuos de color, nombre que aplicamos a los que no son blancos, están facultados para pedir su aguinaldo, bien en particular, en tandas de cuatro o seis personas, o en cuadrillas más numero- sas, que llaman tangos, con tamboriles, fotutos y cantos diabólicos, que sin duda han dado lugar a que se califique de diablitos a los que los emplean para conseguir su objeto.

"Le? Dardos y mórcaos ^curve.-., y a'.giv;:-cy i'bv-js. c.:: :.n;js •^•• ü-o-ocpeya, capataces de muelle, de cuadrilla o jornaleros por su cuenta, se presentan de casaca y sombrero de pelo, alias bomba, alfiler de pecho, gemelos de oro, reloj y hasta caña de india y guantes de algodón,décima en mano, que les ha costado una o dos pesetas, felicitando a cuantos caballeros encuentran al paso, conózcanlo o no, y a las señoras, que por lo general se encierran para librarse de impertinencias, y suelen dejarse ver en las ventanas o balcones, para divertirse con los mamarrachos, sus saltos, bailes y carreras. "Con las tales décimas suelen ganar algunos reales, que les dan tanto los que los conocen o los que se han valido de sus servicios, como las personas de buen humor o a quienes hace gracia el porte obligado, ias escenas dramáticas que a veces representan a su insistencia. "En tandas o cortas partidas recorren la ciudad las mulatas o negras más elegantes, en númerode cuatro o seis a lo sumo, con /ñañigas o sonajas: güiros o cascabeles, o cantando a secas, sin ton ni son y con una monotonía exasperante unas tonadas chillonas que penetran hasta lo más retirado de las habitaciones. No deja de ser curioso examinar sus vestidos: casi todas lo llevan de raso, tul o muselina, con cintas, medias y zapatos de seda (este año probablemente ostentarán sus mulacoes, adornos de cabeza, quillas, dobles faldas y quién sabe cuánto más), buenas prendas, abanico, pañuelo, bandas, flores y coronas, y algunas se precavende los molestos rayos de) sol con sus sombrillas; a mediodía e! calor y el cansancio suelen descomponer su esme- rada toilette, y algunas no pueden resistir el calzado, que procuran aligerar. "Estas tandas con sus modisturas, sus cantos y sus bailes especiales, en los cuales no se introduce el otro sexo, tienen mejor acogida y más positivo resultado, permitiéndose en muchas casas que entren a bailar en el comedor

o en el patio por espacio de diez minutos en cambio de un real o peseta que

después dividen o gastan en alguna confitería o puesto de dulce ambulante,

a que dan preferencia porque les venden mayor cantidad. "Los tangos o cuadrillas son las más temibles, por su ruido tronador, por los saltos y asaltos de los diablitos que las capitanean y por que ocupan la calle de una a otra acera, obstruyendo el paso, y privando a los transeúntes

hasta el derecho a la acera, que ocupan por lo regular con su comitiva, tamboriles y acompañantes. Estos tangos generalmente los forma el sexo fuerte sin cuidarse mucho de la elegancia del vestido, pues por lo común son saltimbanquis y gimnásticos que se entretienen en evoluciones, carreras, contorsiones, movimientos grotescos, suertes enzancos,bailar rueda de gran diámetro y otras faenas por este estilo. Así es que unos se visten de indios con plumas, cascabeles, collares de maní o de hormillas de botones; otros se pintorretean la cara, los brazos, el pecho y las piernas, yendo descalzos para tener mayor agilidad; otros se adornan con cintas, flores, gorras de raso, capitas cortas a lo trovador, pantalón galoneado de oro, zapatos de charol o de seda, de corte bajo. "El acompañamiento, además de los fotutos, tamboriles, güiros, botijas

otros instrumentos rústicos, lleva banderas, estandartes, bandas los capata- ces, que son los recaudadores tesoreros, sobre la casaca y el pantalón, distintivo de su cargo. "Fácil es comprender por la simple vista cómo quedarán los cuerpos de esos individuosal cabo de doce horas de continuo ejercicio, tan violento que muchos no pueden continuarlo por la tarde. Pero al fin, ellos sacan su utilidad y se divierten a su modo aunque sea un solo día en el año." Otro escritor, P. Riesgo, dice lo que sigue:5 "Grupos numerososde negros ynegras cruzanpor la gran ciudad en todas direcciones, al son de sus tamboras, vestidos ridiculamente, adornados con profusión de cintas, cuentas de vidrio, espejos, plumas viejas y pedazos de telas de todos colores. En medio de cada uno de estos grupos lleva uno de sus amigos, de colosal estatura, cubierta la cara con un pañuelo, o bien pintada de blanco y encarnado, lo que le da un aspecto risible y en extremo ridículo. Este hombre lleva pendiente de la cintura un arco cubierto de estopa y adornado con cintas, formando una especie de sayuelas que le cubren hasta la rodilla, la que mueve violentamente cada vez que baila delante de las ventanas o balcones de sus amos o de los amos de sus amigos y acompañantes. Cuando concluyen sus bailes, un negro viejo solicita la acostumbrada ofrenda, ylasniñas o niños que han gustado la danza africana, y que se han reído con los saltos y visajes de sus esclavos, dejan caer sobre el sombrero del negro la dádiva solicitada. "Y en medio de esta especie de algazara, de este desencadenamiento, no se altera ni un segundo la pública tranquilidad, no sucede una sola desgracia, no se olvida cada cual de su respectivo deber. Las sombras de la noche empiezan a cubrir la tierra y los grandes grupos de negros se disuelven tranquilamente, retirándose a las casas de sus amos para descansar de tanta agitación, para contar a los compañeros que no han salido, las ocurrencias del día, los sucesos acaecidos en la celebración de su gran fiesta."

y

De Pérez Zamora son estos párrafos:

"Innumerables grupos de comparsas de negros africanos recorren todas

El ruido

que forman los tambores, los cuernos y los pitos aturde por doquiera los oídos del transeúnte: aquí se ve un falso rey lucumí en medio de su negra falanje: allí un ganga; allá otro de nación carabalí, etcétera, etc., y todos ellos soberanos de un día, cantan con monótonoy desagradable sonido en lengua-

je africano, las memorias de sus pueblos: y centenares de voces, chillonas unas, roncas las otras, y todas salvajes, responden en coro al rey etíope, formando un diabólico concierto difícil de describir. ¿Veis más allá, en los grupos que acabamos de mencionar, otros no menos alborotadores, cuyos individuos danzan como fantasmas de la noche o como sombras del averno, chillando, gesticulando,moviéndose acompasadamente al ruido de los tam- bores y de los pitos en torno de una negra a quien han proclamado soberana? Pues bien, todos son hijos de la abrasada Etiopía, que celebran con frenesí el 6 de enero en la capital de Cuba; todos conmemoran las tradiciones de su

¡pero por

un solo día! "Los reyes negros tienen por vestidura una piel de carnero con cola; el rostro lo llevan matizado de colores vivos que les dan un aspecto aterrador; algunos empuñan en sus manos un gran báculo; otros se levantan sobre zancos como gigantes, paseando así las calles de la ciudad con sus cohortes, y unos y otros lanzan al aire espantosos gritos, semejantes a los ladridos de grandes mastines, o bien al rugido de los leones en los bosques. "Y todos medio desnudos, reyes y subditos, forman en diferentes grupos el cuadro más repugnante que se puede presentar a la vista del hombre civilizado. Y unos tocan los desacordes instrumentos de que ya hemos hecho mención arriba, para herir nuestros oídos, y otros danzan estrepitosamente como condenados, haciendo con sus cuerpos diferentes contorsiones que ofenden nuestras miradas. "Los negros de Cuba no tienen en todo el año otras horas de más alegría que las del día de los Santos Reyes; se derraman en todas direcciones, como una negra nube por la ciudad: desde por la mañana desaparece el sirviente esclavo como por encanto de la casa de su señor; el que ha logrado rescatar su libertad, toma también parte en el entusiasmo, en el frenesí general; y todos, en fin, roban al duro yugo de su suerte aquellos momentos de locura. Porque el hombre en todos los países, en todas las condiciones de la vida, en todos los estados, en todas las edades, necesita de cierto lenitivo para fortalecer el espíritu a fin de sobrellevar las amarguras de la existencia; y vano es pretender ahogar para siempre los placeres y los goces que el alma

las calles de la capital: la turba es inmensa: su aspecto horroriza

patria; y, ai conmemorarlas cada año, todo esclavo es allí libre

pide, porque eso sería querer encerrar en vida en un ataúd al pobre corazón humano. "El a de Reyes en La Habana es necesario tener continuamente abierto

el bolsillo, caros lectores. ¿Y sabéis para qué? -Para regalar

café, si os sentáis a descansar en el canapé de algún pasco público, sientráis en alguna casa amiga, o bien de persona que no conocéis, por todas partes os veréis acosados por negros y negritos de ambos sexos que os salen al encuentro, pidiendo con importuna insistencia el popular aguinaldo. -'¡El aguinaldo!, iel aguinaldo!' He ahí la voz que sonará incesantemente en vuestros oídos; he ahí la sacrosanta palabra que se ha de oír perennemente, tanto en el retiro de los gabinetes como en ias plazas y en las calles.

"Y la algazara de una muchedumbre üena de expansión de libertad de

vida, va llenando los espacios como una nube

desbordan como torrentes alentadas con el vino, con el aguardiente y los licores; y mientras los esclavos en la ciudad están gozando al aire libre de sus placeres, los grandes señores huyen a los campos como golondrinas para pasar encerrados en sus fincas con sus familias, o bien en compañía de sus

amigos, un día de tranquilidad de quietud, de completa calma. "Los negros tienen en La Habana sus cabildos o congregaciones, y todos los individuos que pertenecen a una misma tribu proclaman entre los negros de su misma nación una superiora a quien dan el nombre de maestra. La maestra representa entre ellos un papel importante, y todos los miembros de cada una de las respectivas congregaciones le dan mensualmenie para fondo de aquella especie de sociedad, un medio sencillo, moneda que equivale a un real de vellón. "Las maestras son las reinas que salen en triunfo el 6 de enero rodeadas de un séquito compuesto de gente de sus respectivas tribus. El aspecto salvaje de todos aquellos rostros, las pieles que usan muchos por vestimenta, el variado color de las sombrillas y de los vestidos de las negras ya medio civilizadas, he ahí los tonos que resultan más en el cuadro, y que llama por un momento la atención del viajero y de todo aquel que pasa por primera vez un Día de Reyes en La Habana. "Entre los negros es el baile un verdadero delirio; así los hombres y las mujeres de esa raza desgraciada no cesan de danzar en el citado día, a usanza de su tierra natal." El periodista A. de García escribía en El Faro Industrial de la Habana (6 de enero de 1842) lo siguiente:

y la alegría y la locura se

Si vais a un

este día no sólo tenemos que admirar ese conjuntoestraordinario,

sino que tenemos que ver y vemos con estos ojos que ha de comerse la tief ra, los tangos de diablitos que recorren la población durante el día á caza de

en "

aguinaldos, tipos originalísimos que arriba ofrecemos á nuestros lectores. por creer débil e! lenguaje para espresar la estravagancia que de sí arrojan. "Vosotros, lectores de mí ánima, que veis los originales de esta copia, no me dejaréis mentir: vosotros que contempláis esos rostros marisalados con mi!colores, esos ademanes hiperbólicos, esos trages, más estravagantes que la más exagerada idea de la mayor estravagancia y esos instrumentos sin iguales: que los oís, y á esa vocería ahulladora é inarmónica, á cuyo eco ejecutan sus singulares danzas,.y que admiráis a! mismo tiempo la risible gravedad con que los cabildos practican sus ceremonias, llevando ai frente

sus estandartes benditos; el viso de religiosa solemnidad que dan á esos actos profanos, y el lujo de las negras de nación asociado a la vestimenta estram- bótica de sus camaradas y diablitos." Un año después publicábanse en el mismo periódico habanero estos párrafos firmados por Escolástico Gallardo, refiriéndose a un grabado:

qué me dicen ustedes de! negrito bobo, Canga Cajú, que ocupa el

primer lugar de la derecha? ¿No se os antoja que estáis mirándole bailar el ó, ñaña-ó con aquellas contorsiones scmi lúbricas y semi frenéticas, que vuelven la cabeza á una inmensa muchedumbre de negritos haraposos que se agitan á par suyoimitándole los movimientos, yacompañando con inferna] y discordante coro eí canto monótono y salvage con que él compasa sus meneos? Y dónde dejamos al Brichi descomunal que disfrazado con los arreos grotescos de Diabliío, se ofrece á vuestras miradas, plantado en medio del cuadro y en primer término, e! pie derecho en alto, entreambas manos en la cintura, y en ademán imponente, mirando de hito en hito á una negra ñaca, de cara tan inclasificable." Esta fiesta de la Epifanía afrocubana, como era natural, llamó la atención de los viajeros que la presenciaron, y algunos la recogieron en sus notas,

¿y "

-como Wurdiman, Beauvaliet, Marmicr y otros.

Beauvallet describe el rey de un cabildo, observando e! Día de Reyes de

1856 en La Habana: "Llevaba una muy apropiada vestimenta real de la Edad

Media, un túnico rojo de terciopelo con una magnífica corona de papel dorado. Este negro, que era enormemente alto y de buena presencia, daba su mano con toda gravedad a una negra, que representaba una reina. Caminaba con paso deliberadamente majestuoso, nunca reía y parecía reflexionar profundamente acerca de la grandiosidad de su misión en este mundo." "Hay negros -dice Marmier en su obra Letíres surl'Amérique, citada en un valioso estudio de Luciano de Acevedo- que llevan sobre la cabeza un castillo de plumas, un bosque de ramos de flores artificiales. Los hay cuya cara y el cuello están cubiertos de una careta espesa, distinguiéndose detrás de ella el movimiento de los brillantes ojos; hay otros que se han esforzado

por dar a su cara la apariencia de un ave de presa o de una fiera; gran número de ellos están desnudos hasta la cintura, tatuados o pintados en las mejillas, en los hombros o en el pecho; éstos con rayas amarillas, aquéllos con rayas blancas. Algunos que no se consideran bastante negros, se han llenado el cuerpo de rayas hechas con betún. Las mujeres van cubiertas con trajes de colores brillantes, una flor en la cabeza, un tabaco en la boca., una capa de pintura roja, verde o blanca en la cara." Léase, por fin, esta descripción en verso:8

Si a este pueblo un extranjero Fuese hoy el día primero Que lo pudiera estudiar,

En eljuicio quefonnase, De lo que en él obsédase, Se habría de equivocar.

Pues hoy la gente

africana

Corre por toda La

Habana

Dando gritos de placer,

Y entona cantos salvajes,

Grita, ríe, hace visajes,

Sin cesar en su correr.

De liañna el rostro embarrado, Risiblemente adornado Con cinta, estopa y papel;

Un negro alto, corpulento, Baila mirando contento

A los que hay en tomo de él.

Negras, negros que se ríen, Se pavonean, se engríen, Dando vueltas en redor.

Vestidos de relumbrones, Haciendo mil contorsiones

A los golpes del tambor.

Y cuando la danza acaba, Prosigue la gente esclava Su paseo y su gritar;

Y si las calles transitan, Donde sus amos habitan, Vuelven de nuevo a bailar.

Y vuelve la gritería, Los cantos, la algarabía, Con un estruendo infernal,

Se mueven furiosamente,

El sudor baña su frente,

Parecen genios del mal.

Se ve en los zancos elevado El diablito engalanado Cual un feo mascarón

Para él la calle es poco, Se agita, se vuelve loco Bramando como un león.

Mordíanse luegoy repiten Sus bailes, si los permiten, De una u otra reja al pie,

Y de tan loca alegría

A cualquier hora del día

»

•• •

El mismo cuadro se ve.

Tales descripciones dan una idea general de lo que debió de ser el Día de Reyes habanero. Pero, convengamos en que todas ellas carecen de observaciones analíticas, minuciosas y metódicas; no distinguen, por ejem- plo, vestimentas, bailes y cantos de una nación y otra; y presentan un cuadro abigarrado de conjunto, con muchos rasgos borrosos. Hoy día, naturalmen- te, la distancia hace aún más confusos los perfiles. El Día de Reyes se celebraba en todas las grandes poblaciones de Cuba, aunque, naturalmente, no con la concurrencia que en la capital. Un autor anglosajón se refería así, en 1844, al Día de Reyes en Güines (provincia de

La Habana): "Ese día se concede casi ilimitada libertad a los negros. Cada tribu, después de elegir a su rey y a su reina, recorre las calles con una bandera que ostenta pintados el nombre de la tribu y las palabras ¿Viva

Isabel!,'1 con el escudo de España. Sus majestades van vestidas con todas las exigencias de >u moda y muy ceremoniosamente escoltadas por las damas y caballeros negros de su corte. Una de las damas lleva un quitasol que cubre

la cabeza de la reina."'" Tres naciones concurrían en Güines a laparada, que

parecía presidida por un negro atlético en traje fantástico, quien ejecutaba una danza salvaje y todo género de contorsiones, es decir, el diabüto. En Matanzas ocurría lo mismo, como puede ver eí lector en las recién publicadas "Memorias de Lola María".1 Y así en'otras ciudades. No solamente el Día de Reyes fue ocasión de fiestas callejeras de los cabildos, si bien en los años últimos de esos festejos sí se limitaron a tal día,

Anteriormente, durante e! sigio xvín y comienzos del XIX, el día 8 de septiembre acudían los cabildos a la ermita, hoy parroquia, de, Monserrate. Rosaínz, en su artículo (1881) sobre dicha iglesia, escribía:

"También protegió este ermita la clase de color. Con sus cabildos de araráes, lucuniíes, congos, cíe., y banderas desplegadas concurrían a ella eí día de Nuestra Señora de Regla, vistiendo los más de los negros en trajes de etiqueta, con anchas bandas de raso los capataces o reyes de cabildo, y

bastones, algunos de éstos de costo, de gruesa madera de India: los más con puño de plata. Las damas etiópicas vestían con lujo y elegancia, luciendo grandes quitasoles y costosas sombrillas." (Véase Figura 4.) Los amos prestaban esas vestimentas, En la descripción que del carnaval haitiano hace Texier12 puede verse todavía una notable semejanza con la antigua saturnal afrocubana. Como se ve, con sus asociaciones o cabildos trataban los negros de hacer revivir en Cuba la vida de su patria en lo que ofrecía más relieve, y cuyo olvido para la psiquis infantil del negro era imposible, íntima relación con el Día de Reyes tuvieron los cabildos afrocubanos. y tienen todavía las comparsas carnavalescas que aún recorren las calles de los barrios pobres de La Habana; pero su estudio queda para otro lugar.13 Aún hoy, cuando han transcurrido muchos años sin que eí Día de Reyes sea consagrado a las bacanales negras, he visto animarse infantilmente el rostro de alguna vieja africana al hablarle del Día de Reyes, y hastaintentar, con esa aguda emotividad que les es característica, algunos pasos del tango

o baile cié su nación, sugestionada por mi evocación, que la hacía retroceder

a unos días felices de los pocos que en su vida habían dejado recuerdo de alegría, y cantando con voz gangosa:

¡Reina del cabildo.' ¡Ueleléa!"

¿Cuál fue el origen de la fiesta del Día de Reyes? Dicho sea en sentido general, el Día de Reyes es uno de los días del año más folklóricos, de más tradiciones y más extendida observancia. Entre los cristianos está consagrado a los tres magos que, según la leyenda, adoraron en Belén al recién nacido Mesías, quienes por suponerse de regio linaje suelen ser llamados los Reyes Magos y figurados con sendas coronas y mantos reales de terciopelo y armiño. En algunos pueblos se le llama el Doceno Día, porque en el concluyen los antiguos doce días festivos que se iniciaban con la Navidad del Señor o, más bien, con el solsticio de invierno, el 25 de diciembre.14 En Cuba no podía pasar inobservada tal solemnidad universal; pero los folkloristas e historiadores cubanos no han podido todavía relacionarlacon las tradiciones de todos los pueblos al explicar su origen y significado. En un articulejo publicado en El Museo (7 de enero de 1883) se dice que la fiesta de Reyes obedecía a que los cabildos tenían un rey y una reina electivos. Tal opinión me parece infantil. Verbalmente se me ha dicho que los negros festejaban al rey mago Melchor, santo que por ser al parecer de su raza, habían adoptado como su patrono celestial. Algún fundamento pudiera tener esta opinión, teniendo en cuenta que aún hoy existen en Cuba varias asociaciones de negros bajo la advocación de dicho santo, como la que lleva por título "Congos Reales del Santo Rey Melchor". Sin embargo, no pasa de ser una suposición sin base sólida. Esto aparte, no hay constancia alguna del número ni de los nombres de esos mitológicos tres Reyes Magos. Ei Evangelio de San Mateo, único que se refiere a tales magos, nada expresa. En los países de la llamada cristiandad hay una confusión en eso. En unos el rey negro es Melchor, en otros es Baltasar o Gaspar. Además, el rey negro es pura innovación folkló- rica, sin fundamento histórico. El rey negro sólo comienza a aparecer en la historia en las imágenes del siglo XV, cuando los negros africanos fueron de nuevo reintroducidos en gran número como esclavos en los pueblos- cristia- nos, como consecuencia de los descubrimientosy tropelías de los cristianos de Europa contra los negros de África, a quienes sometieron a servidumbre en gran número. Con las tres "razas" de los Reyes Magos se quiso simbolizar las de todo el mundo, blanca, amarilla yafricana. Con la "raza" de los Reyes Magos pasó como con sus edades: uno viejo y de blanca barba, otro en su plena hombría y barbinegro, y otro joven y lampino. Como ocurrió en el cubano folklore de "los tres Juanes" de la

¡•'igíira 4. Rey del cabildo en el Día de Reyes. De A. Gaiindo (detalle).

legendaria canoa de los marineros a quienes se apareció la Virgen del Cobre:

uno blanco y anciano, otro indio yjoven, y un tercero, negrito y mozalbete. Bachiller y Morales confiesa15 que no pudo averiguar el origen de la fiesta de referencia, suponiendo que los negros al ver pedir el aguinaldo a la tropa el Día de Reyes con pitos, tambores y cornetas, la imitaron. Pero ¿por qué fue tal imitación? ¿Poi qué las autoridades la toleraron hasta llegar a ser en La Habana una fiesta anual arraigadísima? Parece posible deducirlo de lo que escribe el propio Bachiller y Morales. "A los días de los Santos Reyes desde tiempo inmemorial, ofrecían en las colonias de España en Indias la ocasión de que se tributarana los virreyesy jefes españoles los respetos y consideraciones atribuidasa la majestad que representaban en Indias."16 Dice asimismo que la tropa ese día pedía el aguinaldo, como es costumbre darlo a los niños diciéndolcs que los Reyes les han traído los regalos. El mismo autor en un artículo ya citado1 dice: ''Los esclavos del rcy,w que eran muchos en toda la América, acudían a pedir el aguinaldo al representante de su amo." Este último párrafoes suficiente para explicar el origen de la fiesta. Con el tiempo acudirían a ella los demás esclavos, solicitados quizá por los mismos gobernadores que encontraban así un modo de sostener una fiesta popular y captarse las simpatías de los esclavos en general, de cuya adhesión no se estuvo nunca muy seguro, según ya se ha dicho. Prueba el origen expuesto de la fiesta de referencia la prohibición posterior de que formasen cabildos y asistieran a Palacio en busca del aguinaldo los negros que no eran de nación, es decir, de África. Pero también iban a Palacio los negros libres, si eran negros de nación, y asistían con sus cabildos porque éstos fueron su representación social orga- nizada., como sus reyes o capataces, o dicho en otros términos, desde ese punto de vista, como sus cónsules. Al leer el estudio dedicado a los cabildos se comprenderá mejor esta idea. Por otra parte, también los esclavos de otros países americanos celebra- ban su fiesta el día del reparto de aguinaldos por sus amos. Así, según Bachiller y Morales, la bacanal negra sucedía en las colonias inglesas al día de Natividad19 y el de Año Nuevo. Véase, además, lo que escribe referente

a dicha fiesta en Santiago de Chile. Tiene, sin duda, relación con lo anterior lo que dice Torquemada: "En 1609 hubo en México un alboroto y rumorde alzamientode negros, diciendo que la noche de Reyes se habían juntado muchos de ellos y elegido Rey (

averiguada la verdad se halló ser todo cosa de negros (

hubo nada, no quiero referir las muchas beberías que dicen pasaron entre ellos aquella noche.""0 En la Antillainglesa de St. Kitts, los negros desde Nochebuena hasta Año Nuevo bailan todos los días en la calle, ataviados con máscaras y trajes

)

)

y pues en ello no

grotescos. Otros negros llevan cuernos, oíros semejan indios, etcétera. Allí se ven hombres vestidos de mujer, y otros que andan en zancos, como se acostumbró en Cuba, según puede verse en el grabado reproducido. (Figura 2.) "Toda la población negra parece picada por la tarántula", dice un autor.21 Esos bailes públicos se llaman moka jumbia y, según el mismo escritor, "deben de proceder de África". En las Berrnudas celébrase por los negros la fiesta que llaman Gombay," propia de Nochebuena. Esa noche desde las 11:00 hasta la madrugada van los negros con máscaras de animales cornudos, o imitando casa y bueyes (sic), con iluminaciónen el interio. Cantan y bailan bulliciosamente y piden

aguinaldo.23

También celebraban

procesiones los negros de Jamaica dirigidos por sus

reyes y reinas. "En Sas ciudades -dice un historiador-"1 iba a! frente de los

negros un personaje muy alto de formas atlélicas, con repugnante máscara

adornada coa cuernos de buey y colmillos de verraco, y llevaba un de madera y danzaba en forma extravagante."

espadón

Peytraud encuentra esas mojigangasnegras en la Martinicaya al mediar

el siglo XVIII,25 con vestimentas lujosas,

procesión católica del Corpus Christi. Refiriéndose a la fiesta afroantillana de St. Kitts, escribió W. W. Newell26 que "por Año Nuevo, espectáculo de un carácter más o menos saturnal, eran no hace mucho comunes en muchas ciudades americanas "La costumbre de esas mascaradas -dice- ha sido extendida en algunos lugares de Estados Unidos hasta a festividades típicamente americanas, como e! TJianksgiving Day." También en Estados Unidos, los negros elegían rey en sus festividades, adornándolo con las insignias de su alio cargo." En algunos estados, en vez de rey, lo llamaban gobernador, como en Massachusetts, Rhode Island y New Hampschire.28 La víspera del Día de Reyes en Bahía, escribió Mello Morales, daba ocasión a los bacumbis de los negros "vestidos de plumas, cantando tonadas africanas y haciendo bárbaro ruido con sus instrumentos también bárbaros". Nina Rodrigues descubre en los reisados o ranchos de Reís, de la Epifanía brasileña, especialmente en las figuras simbólicas de animales,ciertas super- vivencias totemistas de África. "Los ciicumbis bahianos de Reyes -dice- son verdaderas fiestas africanas."" En el Perú se celebraban en las solemnidades públicas danzas de africa- nos ya en el siglo XVI, y hasta a las corridas de,toros, junto con las cuadrillas de parlampanes y papahuevos, iban cofradías de negros de África.

reyes y cortesanos, acompañando la

Sin embargo, de lo expuesto, seguramente otras concausas de diverso origen y carácter codctcrminaron esta ruidosa festividad cubana del Día de Reyes. Aimes, el sociólogo norteamericano que con tanto éxito estudió la escla- vitud afrocubana. estima que las procesjones, paradas y mascaradas negras, entre las que incluye las del Día de Reyes habanero, proceder, directamente de África, y que de allí trajeron los africanos esa fiesta, pues ellos tenían en su tierra nativa reyes electivos.32 Dígase, ante todo, que análogas solemnidades populares encuéntranse en África. Binger"" trata-de las comparsas de dm, negros enmascarados, vestidos de manera semejante a los diablitos habaneros, los cuales circulan por las aldeas y los campos vapuleando a los tímidos, embriagándose con la bebida que

Por la noche y al amanecer los hombres

gratuitamente les ofrece el público

siguen a los dus, cantando a voz en grito. Tales paseos de los dus tienen lugar

raramente y Binger cree poder afirmar que se efectúan principalmente a la entrada del invierno, con el objeto de espantar a'los espíritus malignos y de hacer llover. Dice además el mismo viajero que ha encontrado costumbres semejantes entre los bambarás y los maiinkés del Alto Senegal y los kasonkés, pero que el oficio de estos enmascarados era solamente el de divertir, por más que esta opinión puede deberse a ignorancia del fin originario de la mascarada. Análogo a estos últimos enmascarados debe de ser el mokho missi ¡tu, especie de payaso negro citado por el mismo escritor.34 Los negros enmascarados, simulando a Egugun, se presentan también anualmente en las aldeas/" Todavía de tarde en tarde se baila el Egugun en Cuba, por los yorubas. Así también en el Congo, se .baila con mascarones con objeto de pedir ofrendas para el culto.3* La descripción de ciertas fiestas religiosas de los bambarás nos hace imaginar un Día de Reyes en África. En el viejo Museo del Trocadero, de París, se veían algunos diablitos bambarás, muy parecidos al diablo ñañigo, vestidos de saco y plumas, y sobre la cabeza un largo adorno puntiagudo y cónico, también de saco y plumas. De Nigeria" nos cuentan sus fiestas frecuentes, especialmente las de sabor religioso, como ¡a anual devii-driving o "expulsión del diablo". En 1844 hablan de dicha fiesta suponiendo al pueblo en un completo estado de embriaguez y frenesí. El hechicero marcha al frente, rociando de agua a la multitud, en la cual unos disparan armas de fuego, otros baten tambores, otros suenan fotutos, algunos aparecen cubiertos con pieles de bestias, otros con so-nbreros de las más fantásticas formas, y todos resultan ansiosos de

hacer el mayor ruido posible. Fiesta análoga es la del comienzo del año; bailes, máscaras, músicas, griterías, embriaguez "En Benin, esta ceremonia ritual es allí titulada 'de los grandes diablo'." Al tratar Fawckner de los "grandes diablos" de los negros de Benin, dice:

"Ocho hombres vestidos de la manera más curiosa, con una vestimenta hecha

de bambú que cubre sus cuerpos, y una especie de gorra en su cabeza, de

varios colorines y adornada con plumasrojas arrancadas de la cola del loro.41 Alrededor de sus piernas llevan multitud de caracoles, que producen un extraño ruido al caminar los diablos. La cara y manos de éstos van cubiertas por una red." "Estos diablos van de casa en casa expulsandoa los demonios,

y alrededor de las moradas de los jefes, divirtiendo al pueblo con cabriolas

y atletismo, por los que reciben algunoscauris o dineros. En los pueblos primitivos la expulsión de los diablos es una ceremonia muy común, no sólo ocasional, sino periódica. Frazer, el célebre antropólogo inglés, ha tratado extensamente de estos ritos, que ofrecen caracteres muy marcados en el oeste africano. "Los negros de Guinea expulsan al diablode sus ciudades, con mucha ceremonia, anualmente en determinados días dedicados a ese fin. En Axim, Costa de Oro, esta expulsión anual viene precedida de una fiesta que dura ocho días, en los cuales todo es alegría, bullicio, canto y baile, y es permitido un

verdadero libertinaje, y el escándalo se lleva a tal grado que pueden come- terse libremente todas las faltas, villanías y delitos, así de los superiores como

de los inferiores, sin castigo alguno, ni siquiera con la menor corrrección,"

En el octavo día esos negros expulsan al diablo con una gran gritería, palos

y pedradas. Así puede observarse en más de cien poblaciones al mismo

tiempo. Otro escritor,45 refiriéndose a Costa de Oro, añade tiempo después que

" en ocasiones el pueblo en masa se echa a la calle, generalmente de noche,

con palos y antorchas para expulsar ¡os malos espíritus de sus poblaciones.

A una señal dada -dice- toda la comunidad comienza un gran vocerío,

golpea

frenéticos lan/.an golpes al aire y gritan a todo pulmón, hasta que se avisa que los diablos han huido por una de las puertas de la ciudad; y entonces sé les persigue hasta los bosques y se les amenaza para que no regresen." En el viejo Calabar, que tantas cargazones de esclavos envió a Cuba, hállase igual fiesta. Allí los "malos expíritus están personificados en muñe- cos, que son arrojados al río después de estruendosas manifestaciones para atemorizarlos.

por todos los rincones de sus viviendas y en la calle; como locos

También parece observarse el rito en el Dahomey, todos los años antes

de las lluvias.4'

La "expulsión de los malos espíritus" no sólo se celebra simbólicamente,

con griterías amenazadoras, golpes al aire, candeladas y fuegos detonantes.

A menudo el diablo toma forma corporal. En el Níger solía estar repre-

sentado por una víctima humana, que era sacrificada a beneficio de la comunidad como portadora de todos los pecados de los lucumís.48 Un sacerdote ashanti le decía hace poco a un antropólogo inglés"19 cómo aún hoy se conserva en su pueblo la solemnidad anual consistente en un día de libertad y licencia para todos, hombres y mujeres, libres y esclavos; cuando todos pueden decir lo que les viene a la lengua por espontaneidad del regocijo o por premeditada venganza y airada injuria. El filósofo africano explicaba el fundamento psicológico de esta costumbre, y su necesidad para

la salud espiritual de los seres humanos, como un derivativo de

dos odios, un sitstitutivo penal, como diría Ferri, el genial criminólogo

italiano. Rattray piensa que análogas creencias colaboraron en las saturnales del Mediterráneo. Otras fiestas muy análogas se observan en diferentes países de África

occidental.50

Y en todas ellasjuegan los enmascarados muy predominantepapel Basta

reconcentra-

abrir una obra cualquiera referente, con alguna generalidad, a laetnografía del África para hallarnos con las máscaras rituales y con descripciones, grabados y fotografías de diablitos de religiososimbolismo. No hay necesidad de acudir a la monumentalobra de Frobenius,M dedi- cada exclusivamente a este tema, y de la cual trataremos en próxima ocasión. Bien puede decirse que no hay pueblo africano que no tenga esas fiestas ruidosas en los plenilunios, o al terminar la cosecha, o en los solsticios, o en año nuevo, etcétera. La enumeraciónsería larga y ociosa. Todas esas satur- nales se fueron refundiendo en Cuba, en la única que les fue lícita, en el Día

de Reyes.

En estos festivales, en estos danzantes y pantomimos, y especialmente en esos enmascarados, que sin ser sacerdotes tienen algo del carácter sacerdo-

y que tan parecidos son a los diablitos, y celebran su fiesta a la entrada

del invierno, ¿no debe de encontrarse la más directa concausa de la fiesta negra del a de Reyes en Cuba? La fijación de la fiesta en Cuba el 6 de enero podría explicarse por la razón del reparto de los aguinaldos en ese día a la tropa y a los esclavos del rey, amén de otras sugestiones folklóricas europeas, de que se hablará en breve. También, apenas entrado el invierno, durante la Nochebuena, tiene lugar en Gorea y San Luis (Senegambia) otra fiesta carnavalesca que sobrevive en Cuba. De todos modos, los expuestos precedentes africanos y otros muchos análogos, reseñados por los viajeros de África occidental, influyeron en la celebración de la fiesta de Reyes en Cuba, y concurrieron a determinar su

tal

forma. En sus inicios cada cabildo debió de revivirlas fiestas más importantes de su patria; más tarde todas debieron de irse confundiendo paulatinamente hasta llegar a la confusión y desorden de los últimos tiempos. ¿Cuándo tuvo origen histórico en Cuba esta fiesta del Día de Reyes? No se sabe, y acaso no pueda llegarse a saber, por no haberlas iniciado ninguna ordenanza superior, sino la espontánea emotividad colectiva de los africa- nos, avivada por la costumbre de los aguinaldos anuales, propia de los blancos, en Cuba como en los países de su procedencia étnica. Máxime cuando los negros participaron siempre de las ceremonias públicas y festejos populares, conjuntamente con los blancos. El Ayuntamiento habanero, o el Cabildo, como entonces se decía, ordenó ya en 1573 que todos los negros horros se prestasen a ayudar a la procesión del Corpus Christicon " invenciones yjuegos", como los sastres, carpinteros, zapateros, herreros y calafates.5' Pero es cierto que no se tienen datos seguros acerca de los primeros Días de P^eyes que se celebraron en Cuba.

¿Por qué a esta fiesta se le llamó de diablitos? Seguramente porque al tener que darle nombre los blancos, encontraron en los disfraces abigarrados de los africanos, en sus sal tos y cabriolas, en sus cuernos y caretas cierta analogía con los diablitos,o máscaras que simulan diablos, y que antiguamente solían acompañar las procesiones católicas del Corpus Christi en Cuba, como en España y otros países. Diablitos o diablillos aparecían en las procesiones del Corpus Christi allá en la metrópoli. En la Mojiganga del alma53 se describe esa fiesta religiosa (fines del siglo xvm).

E! principio de la fiesta es la procesión, y luego van corriendo los diablillos para ocupar el puesto, sacudiendo de estasuerte

medio.

En esos versos se explica hasta el objeto de los diablííos: abrir paso con sus golpes y diabluras a la procesión. En Puerto Rico a ciertos diabíitos se les llamó vejigantes, que solían ir a las procesiones religiosas, y eran "máscaras disfrazadas de diablo". Un literato de Puerto Rico decía de ellos en verso:

a los que están de por

Allá van los vejigantes que eran antes diablos sueltos.56

Uno de estos diablos vejigantes figura como personaje en el episodio de la carreta de Jas Cortes de la Muerte de El Quijote: Y aún continúan acompañando las procesiones religiosas en España para contento de la chiquillería. Rodríguez Marín nos da testimonio de ello en esta nota de su edición de El Quijote:

"E'.n el tiempo de Cervantes estos moharraches o mamarrachos solían ir en la procesión del Corpus, de Sevilla, abriendo paso entre la muchedumbre, al parque haciéndola reír. 'Primeramente, para recocijar y disponer la gente popular -dice una relación publicada en lasMemorias de la Real Academia Española, tomo XI, páginas 404-, va la tarasca, que es una figura de madera de la forma de una sierpe muygrande, que la tiran con cuatro ruedas muchos

) acompañada de algunas figuras de salvajes

vestidos de unosjustillos de lienzo pintados de colores,y unas vexigas de vaca

llenas de viento para apartar la gente

nuestras costumbres populares. En Baza y en Guadix (Granada) le llaman el cascamorras, de cascar,golpear, y morra, cabeza, por los golpes que da en las de ios muchachos. Véase cómo lo pintó mi malogrado amigo don José Domínguez, canónigo magistral de aquella iglesia, en su linda novelita intitulada Nieve y cieno, premiada por el Ateneo de Sevilla e impresa en Barcelona (1902): 'El cascamorras es un truhán gesticulador y chocarrero, que aparece por los tojales de enfrente (en la tarde de Santa Rosa de Lima, 30 de agosto), entre estampidos de voladores y redobles de tambor. Trae ropillas y gregüescos, mitad amarillos, mitad rojos, con varios golpes de verde lagarto, haciendo dibujos aquí y allí, sin ton ni son, y lleva un látigo con una pelota de paño y cuero en el cabo de la cuerda, para ahuyentar a los chicos y mozalbetes, que le acosan, zumban y persiguen'."

Esta botarga o zaharrón perdura en

hombres que van junto a ella (

'

Ya en el siglo xvn bailaban ¡os negros en Andalucía, durante las proce- siones;. Así lo recuerda la copla del Entremés delplatillo de Simón de Aguado (año 1602).

Muía ticos deI patio danzando van, en el día de Dios y en el de San Juan.

SQ

La Mojiganga de la gitanada y la Mojiganga del alma, con bailes negros, se hicieron para el Corpus."0 Véase, pues, cómo no todos los diablitos cubanos nos vinieron de Guinea,

y cómo los negros tuvieron aquí diablitos blancos a quienes imitar o tomar en buen disculpa de sus no menos disculpablesextravagancias.

A la vitalidad de estos diablitos debieron de contribuir grandemente los

negros ñañigos y los brujos. (Véanse Figuras 3, 5 y ó). Indudablemente que

Figura ó. Diabliío en el Día de Reyes (detalle).

los negros ñañigos afrocubanos sumaron sus exotismos a la fiesta del Día de Reyes, no sólo por la participación que en ella tomaron sus cabildos, juegos o potencias, acompañados de sus diabiitos, sino porque ya entre las costum- bres netamente africanas que fueron raíz del ñañiguismo cubano, encontra-

mos alguna ceremonia anual equivalente. "Desde el año 1836, en que, al decir de un autor, se formó en La Habana la primera corporación de ñañigos, éstos asistían también el Día de Reyes a pedir aguinaldo, dividido, según afirma Enrique Fernández Carrillo, en tierras (más tarde enjuegas) con sus jefes, el Illamba y el Isué, a la cabeza y el Macombo. o jefe supremo, con la bandera, vestido con el pintoresco traje llamado amirifimo. "A consecuencia de las frecuentes y sangrientas riñas que sostenían entre sí los juegos ñañigos, pues esperaban también esa fecha para realizar sus

venganzas, las autoridades fueron restringiéndolos poeo

hibirles por completo la salida el Día de Reyes."61 Al ñañiguismo, que aún vive en Cuba, debemos la supervivencia del diablito, y todavía suele verse por la vía pública en ocasiones de comparsas

y entierros, yaun puede asegurarse que en el propio presidio de la República

a veces se ha "bailado ñañigo" con diablito y todo, como dicen los penados. Las supervivencias religiosas de ios negros afrocubanos, comúnmente conocidas por brujerías, aportaron también sus elementospintorescos al Día de Reyes. Los lucumís o yorubas, que mantienen en Cuba su religión ultramarina, conocían el culto a Egugun, o espíritu de los muertos, a los que hacían reaparecer en la tierra personificados por diabiitos enmascarados y cubier- tos de pies a cabeza. Este culto origina ceremonias anuales, cuando aparecen todos los egugus bailando extravagantemente, primero ante el reyezuelo y después de toda la población, recibiendo presentes y siendo centro de la muchedumbre. Pero, además, como hubimos de escribir hace años:62 "Observando las figuras características de la antigua fiesta del Día de Reyes, se puede tener un concepto de lo que eran y son en parte todavía, los adornos del brujo y el gusto salvaje de sus atavíos. Aunque no haya compro- bación de ello, es aventurado suponer que la mayor parte de esos pintorescos vestidos africanos, que tiempo atrás aparecían anualmente, el día 6 de enero, eran los propios de los fetichcros de los cabildos, aparte de algunos que pudieran tener un carácter guerrero o jerárquico. La hipótesis es fundada, pues si se tiene presente el carácter parcialmente religioso de los cabildos, que en un principio se demostraba abiertamente, hasta el punto de que se llevaban los ídolos del cabildo en las bacanales, es lógico pensar que entonces el fetichero no dejaría perder la ocasión de revestirse de los sagrados

a poco hasta pro-

atributos de su elevada condición, para lucirlo ante sus compatriotas y celebrar las ceremonias cié su culto. En efecto, entre los tipos que llamaban la atención de los habaneros el Día de Reyes, se destacaban los llamados diablitos. Eran éstos -según Pichardo- aquellos 'negros vestidos ridicula- mente a modo de mamarracho o arlequín, que el Día de Reyes andaban por las calles con su cabildo, dando brincos y haciendo piruetas, algunas veces con un muñeco de la misma figura y nombre'." Otro diabiito del culto lucumí es el de la personificación del dios Olog- boijcun, disfrazado con máscaras y amenazando con una espada. También tienen los diablitos que personifican a los árboles, o igis, generalmente con figuras cornígeras. La culona era el nombre grotesco que daban los habaneros al diabiito que bailaba con un ancho aro a la cintura del que pendía un vestido hecho de fibras vegetales. Antaño6'' supimos que de esta vestidura derivábase el nombre que en La Habana se le dio a tal diabiito, aunque nos extrañaba la forma femenina de este término, que no concordaba con el sustantivo masculino diabiito, que era el aplicado a esos mamarrachos. (Véanse Figuras

7 y 8.)

Hoy suponemos que culona no era sino, literalmente, el adjetivo malinké y mandinga kulona o Lonna, que significa "sabio" e "instruido,64 y que allí se aplicó a los brujos o sacerdotes fetichistas. Los criollos, al oír la palabreja africana, debieron de pensar que, por su terminación y sentido, era sólo acepción de la parónim'a castellana, y le antepusieron el artículo femenino.65 Los cuernos o adornos corniformes, muy frecuentes en los diablitos afrocubanos, proceden de la kijinga o corona cornígera de los reyezuelos, o soba, de Angola y otras regiones del antiguo Congo.'* En cuanto al vestido de fibras vegetales, encuéntrense antecedentes en varios lugares de África; pero es muy marcada la semejanza con los usados en el Congo por los iniciados en los ritos de kindembo? vocablo éste que aún perdura en el folklore de Cuba.68 Diablitos se les llamaba también en Cuba a esas máscaras místicas, como puede verse en Pérez Luna,69 y diablitos, por ende, llamarían quizás á los mamarrachos africanos de nación en sus atávicas procesiones. En elinterior del Brasil todavía los africanos ysus descendientes celebran estas festividades cívico-religiosas en las iglesias católicas, con grotescos reyes de cabildos, y iodo el congado, como allá dicen, vestido de mamarra- chos, cantando al son de panderos y tambores viejos ritmos de su raza.70 Algunos de esos diablitoseran los hechiceros o sacerdotes africanos, con sus raras y salvajes vestimentas. Eran los babalaos, como hoy diríamos, o negros brujos. Los nangas, como aún se dice en alguna Aníilia y en la Luisiana; los nganga, del Congo; o, mejor dicho, los mohinganga, que con el

Figura 7. l^aKitlona. Óleo de V. P. Landaluze (detalle).

Figura 8. Diablito en el Día de Reyes (detalle).

nombre de mojiganga impresionaron a ios descubridores y adelantados de las costas de Guinea, llegando a dar su nombre a personajes del teatro ibero de los siglos xvi y XVII.71 De ninguna otra fiesta pública pudo decirse con más razón que era una verdadera mojiganga, que de la africana del Día de Reyes en Cuba.

No es ocioso extendernos todavía algún tanto en desentrañar el significado sociológico de este festival de los afrocubanos. Hemos dicho que era el carnaval de los negros y debe tomarse esa palabra en su propio significado. No es que-los negros copiaran o imitaran el carnaval de los blancos. No. Es que blancos y negros, como todos los pueblos, tienen su carnaval, esa fiesta ruidosa yorgiástica que se mantiene firmemente arraigada en las conciencias populares, corno resisten la acción de! tiempo los rancios ritualismos religio- sos. Y precisamente el carnaval es también una supervivencia de profundo significado religioso. La teoría sociológica del carnaval después de los intensos estudios de Frazer en Inglaterra y de Manhardt en Alemania, cuenta con una muy firme orientación, aun cuando acaso no sea la definitiva. No vamos a hacer sino un resumen muy breve de ¡a misma, remitiendo al lector a las obras de dichos autores." En todos los pueblos primitivos los fenómenos de las estaciones sucesivas del año han dado origen a ritos diversos. Ritos que llevan hasta el homicidio ritual, real o simbólico, de los dioses, reyes, sacerdotes, etc., de los cuales se supone que dependen los fenómenos naturales, especialmente los de la vegetación. Si no fueran matados esos personajes, la vida animal y vegetal, ligada a sus existencias^or relaciones de magia simpática, trastor- naría su curso normal. En África, en América, en Europa, se encuentran aún hoy día estos ritos , vivos e'n tod o su vigor y significado primitiv o o en supervivencias borrosas y derivadas. El entierro de la sardina, la muerte del carnaval, el domingo de la vieja, el colgamiento de los maniquíes llamados

por ejemplo, son costumbres primaverales europeas, que derivan

de tales ritos milenarios. El rito cuaresmal de la pasión y de la muerte de Jesuscriío responde asimismo, en parte, a esas concepciones religiosas universales de toda época y lugar. El sentido de estos ritos es a veces muy claro: se mata y entierra el espíritu de la vegetación muerta en invierno.

A veces se celebran, posteriormente a los ritos susodichos, los correlativos de la resurrección de la vegetación nueva, de la naturaleza despertando de su muerte invernal, y se propicia por simbolismos de significación y fuerza mágicas el arribo de la primavera, !a germinacióny la abundancia de frutos.73 Estas fiestas se celebran al comienzo del año, bien en lo que nosotros llamamos Nochebuena, Año Nuevo, Día de Reyes, etc., cuando el pueblo

Judas, etc

fija el inicio del año en el solsticio de invierno; o bien en marzo, o en la época de la siembra, en el equinoccio de primavera, cuando ciertos pueblos hacían comenzar su año; por eso, aunque veamos esos carnavales en los diferentes pueblos en esas dos épocas del año, en rigor ellas traducen únicamente la solemnidad religiosa del Año Nuevo. Son de estos ritualismos las periódicas "expulsiones de los diablos" (en Cuba diríamos de la "cosa mala") y de los pecados o males de la agrupación social; y se caracterizan, según Frazer,7''

por ser intencionalmente "limpiezas morales", por coincidir, con un cambio

de estación, generalmente al comienzo del invierno, por estar comúnmente precedidas por un período de extraordinaria licencia, y por el empleo de un

ser numano divinizado o de un animal, como "porta-culpas" o "redentor de todos los pecados". Tales supervivencias semirreligiosas son interpretadas por Manhardt

como metamorfosis de los antiguos ritos para expulsar a los malos demonios de la vegetación, o sean, Sosde la esterilidad, y estimular la germinación de

las siembras, desaparición de las lluvias, etcétera.

No otro objeto que idéntica expulsión anual de los malos espíritus tiene la costumbre de los chinos y coreanos, que disparan atronantes cohetes el

día último del año para espantar y aterrorizara los diablos. Esta costumbre

subsiste en Cuba. En La Habana, como en cualquier capital china, el estrépito de los cohetes chinos, saltapericos ysiquitraques, y demás productos

asordantes de la pirotecnia popular, es símbolo de la llegada a un nuevo año. Este rito peculiar de la expulsión anual de los malos espíritus es casi universal y adopta diversas formas según los países, llegando a muy curiosas supervivencias. En el Tirol se celebra en mayo la "expulsión de los brujos"

con gran clamor y ruidosas cencerradas. Análogamente, aún perduraba no

ha mucho en Baviera y entre los alemanes de Bohemia, en el lago de Lucerna

y otras regiones suizas, en el sur de Francia. Y desde las islas Shetland, al norte de Europa, hasta Italia, al sur, precisamente la época más propicia para estas ceremonias misteriosas es el período de doce días entre Navidad

y

Epifanía, los días más folklóricos del año en todos los países.

, , Ya los antiguos romanos tuvieron unas fiestas instituidas por Tarquinio

Prisco, llamadas compitalia, en el mes de enero, celebradas bulliciosamente

por

los esclavos y sirvientes cuando terminaba la labranza o labor de arado.

De

estas fiestas paganas creen algunos folkloristas que han derivado no

pocas costumbres

arado" en Inglaterra, cuyos antiguos campesinos llamaban así al día después

europeas. Entre éstas el ploughmonday, o "lunes del

del

Doceno Día, o sea el 7 de enero. En algunas regiones todavía en el siglo

XIX

celebrábanse mascaradas y procesiones de danzarines que pedían dine-

ro para divertirse.76

Bonilla y Sa» Martín, que tan luminosamente ha estudiado los orígenes del teatro hispano,' nos recuerda algunas antiguas costumbres españolas, que bien pudieran tenerse por equivalentes del Día de Reyes habanero, y formas de esos ritos agrarios de carácter universal. Cita cómo el espeleólogo Alcalde del Río78 relaciona dos dibujos paleolíticos de personas con cabezas de aves, probables máscaras, descubiertos en la caverna prehistórica de Altamira, en la provincia de Santander, con esta costumbre santanderina:

"En los últimos días del año se celebra en determinadas aldeas una fiesta llamada de la cijañero o ciejañera, que consiste en ciertas danzas que pudiéramos llamar salvajes. Al rayar el día, los individuos que toman parte activa en el festival, que suelen ser los dedicados al pastoreo principalmente, se lanzan a la calle cubiertos de pies a cabezaconpieles de animales,y llevando

colgados en la cintura innumerables campanas de bronce. Enmascarados con tal original y salvaje disfraz, corren, saltan, y se agitan como poseídos de "

furiosa locura, produciendo a su paso un ruido atronador e insoportable Al final suelen entrarse a goílpes con los mozos de la aldea vecina. Igual costumbre -añade Bonilla- existe hoy en Becerrea, Galicia,80 pero aquí el año viejo está representado por un muñeco o pelele. El polígrafo español recuerda también la antigua costumbre catalana de disfrazarse con máscaras de ciervos y otros animales en las calendas de enero.81 La Epifanía es la especialmente preferida en Europa para expulsar a los pobres malignos. A ella se refiere la befana, costumbre de Roma, Toscana, Abruzos, Sicilia, etc., que aún subsiste,82 y que según Grimm y Frazer es una reliquia de la "expulsión del mal", ahí personificado por una vieja.83 Los blancos en Cuba, que arrastran su antigua tradición carnavalesca de las religiones europeas, celebran su fiesta mística alrededor del equinoccio primaveral: los negros, que reflejaban en esta tierra sus ritos carnavalescos del solsticio invernal,escogieron Nochebuena y Epifanía para su festividad. Las saturnales romanas se celebraron, según las épocas de Roma, en diciem- bre o en marzo, según que el año solar comenzara en uno u otro momento astronómico. Esto no quiere decir que la Epifanía, tan solemnizada por los afrocubanos, no tenga también una importante significación folklórica desde bien remotos tiempos. Así como la Natividad del solsticio de invierno es el día inicial del período de los Doce Días -como dice Fra¿;er-, que desde antiguo, aun desde los arios, se ha venido considerando como un período augural del año futuro y sus doce meses; así la Epifanía es el día último de ese año simbólico de doce días. Y uno y otro día han sido señalados por costumbres, supersticiones y ritos agrarios en muchos pueblos, algunos de los cuales aún sobreviven: aguinaldo, Santa Claus, Reyes Magos, las caba- ñuelas, etc.; amén de otras prácticas que aún se hallan en pueblos europeos, como "aserrar la vieja", "echar la muerte", "enterrar el carnaval", "la

mi-caréme", etc., algunas de ellas propias del mismo día 6 de enero, y las más de ellas refundidas en el carnaval y Cuaresma y demás readaptaciones cristianas de milenarios ritos solares y agrarios. Estas tradiciones son uni- versales, por haber nacido espontáneamente de las interpretaciones que íos hombres primitivos tuvieron que dar para satisfacer su curiosidad mental e intentar la propiciación de las fuerzas ignotas, ante los fenómenos de las estaciones del año y su íntima conexión con la vegetación. Por eso esas supersticiones rituales alrededor de las ceremonias mágicas de carácter agrario, tan genialmente estudiadas por Frazer, sonfundamen- talmente las mismas en todos los pueblos de la humanidad, bien las celebra- das precisamente en el solsticio invernal (Navidad, nacimiento del Sol, del año astronómico, del Mesías), o las consagradas en Año Nuevo, en la Epifanía (al finalizar los Doce Días), en las Carnestolendas, la Cuaresma, la Pascua de Resurrección (el equinoccio primaveral), el árbol de mayo, y el solsticio de verano o día de la Natividad de San Juan.

Y así se reproducen en igual o parecidas fechas, de tradicionalsignifica-

ción por su ritualismo agrario, semejantes prácticas, ceremonias, personajes

o creencias, a través de los tiempos, desde el arcaico Egipto hasta el día, y

a través de los continentes y razas, en Asia como en Europa, en África como

en América. Por cierto que en nuestro ya fenecido a de Reyes encontramos detalles preciosos que nos revelan ese ancestral origen y la supervivencia en Cuba de rito;; análogos a los citados de ciertos hábitos seculares de los viejos conti- nentes. Así, en el Día de Reyes de La Habana, como en las saturnales de la antigua Roma, duranteesas fiestas los esclavos gozaban de libertad comple.f-- sin más autoridad que la de sus propios reyes burlescos, por ellos mismo

elegidos, según puede leerse en los clásicos latinos.

A estos ritos agrarios pertenecían ciertamente esas fiestas romanas, de

las cuales ninguna característica llamó más la atención de los mismos anti- guos que la libertad transitoria de que gozaban los esclavos para burlarse de los amos, embriagarse, comer con aquellos, etcétera. Según Horacio, Ma- crobio, Justino, Plutarco, Luciano y Porfirio, los esclavos durante las satur- nales realizaban impunemente actos por los que en época normal serían

castigados con azotes, prisión o muerte.

Entre ciertos negros de la Costa de Guineasucede análogamente. Duran-

te la fiesta anual celebrada para expulsar los espíritus malos, las invectivas

de los esclavos y clases humildes de la población contra sus reyes y supe-

riores,

nías de susjefes sinque nadie pueda interrumpirlos ni castigarlos. Su libertad

es completa.84 Lo mismo pasa entre negros bastante alejados de Guinea, como los zulúes. Estos celebran su año nuevo con una fiesta que "semeja una

son perfectamenteautorizadas; hablan sin freno de las faltas y villa-

saturnal, se hace mucho ruido, se baila mucho; los que toman parte en la fiesta no son tenidos por responsables de lo que dicen ni de lo que hacen. Hasta el propio rey, vestido con hierbas, ejecuta varias danzas." más radicales aún son los las fiestas anuales de los negros pondos. Durante éstas todos los habitantes dé la tribu se entregan a la orgía, se embriagan y no cesan de escandalizar; el rey renuncia temporalmente a su autoridad, y cada cual hace lo que le place, hasta el delito contra las personas, la propiedad o el sexo, sin que nadie pueda poner orden. Hasta eljefe lo insultan impunemen- te, cuando normalmente ello sería castigo con la muerte inmediata.

Entre los ashanti tiene lugar la fiesta anual de los nuevos ñames. "Es como una saturnal, ni el robo, ni el engaño, ni la agresión son punibles; durante esa solemnidad la más grosera libertad prevalece y todos se abandonan a las licencias sexuales."8 Otro explorador cuenta: "Todas las leyes se suspenden

y cada hombre puede hacer lo que a sus ojos sea conveniente; puede hasta

El festival carnavalesco termina en una gran

orgia. En las fiestas anuales que losnegros ibo llaman día de Ekuensu,y celebran con el propósito de amedrentar al diablo, el pueblo satisface todos los posibles excesos sin restricción alguna. Antiguamente solían acabar en choques sangrientos, pero hoy la obra colonizadora ha puesto fin a esos delitos, aunque no ha podido borrar las escenas de libertinaje propias de

esos días.89 Esas danzas guerreras o combates que he citado anteriormente

y que se veían en nuestro Día de Reyes, bien pueden referirse a los llamados

combates agrarios del invierno y el verano, propios

de los pueblos primitivos.90 (Véase Figura 9.) También entre los negros de las Antillas inglesas hallamos esos combates ceremoniales o danzas guerreras. En St. Kitts todavía se estila, en ocasión de las fiestas de mokajumbic, cierta danza de "Goliath y David", armados ambos de cimitarras.91 E iguales luchas y pantomimas bélicas encuéntranse en ios cucitmbis africanos del norte de Brasil.92 En Jamaica recorrían las calles en Año Nuevo unos personajes negros, rivales, llamados John Canoe y John Grayfish. Eran unos mamarrachos que llevaban en su cabeza una figura de buque hecho de cartón, lleno de muñecos que representaban marineros, o soldados, o esclavos de las plantaciones, etcétera. A los negros se les daban tres días de fiesta por Nochebuena y el día de Año Nuevo, que era para ellos la festividad más importante. Ese día la presencia de John Canoe era indispensable, y aparecía acompañado de una larga procesión con sus bandas de' música y banderas rojas.93 La pobla- ción se dividía en dos bandos, azul y punzó, como aún se viene estilando en las fiestas guajiras de Cuba, con su rey y su reina lujosamente ataviados, y

del ritual carnavalesco

mirar a las esposas del rey

'

»88

Figura 9. Diahlitos en el Dfa de Reyes.

con carrozas de carnavalescas representaciones que recuerdan las que aún

se exhiben por Navidad en competencia artística, y con gran derroche de

cohetes y petardos por los antiguos barrios del Salvador y del Carmen en la muy cubana villa de Remedios.*4 No en vano aquella villa del Cayo fue una vez presa de cientos de miles de demonios y sus cívicos alcaldes tuvieron que demostrar todo el valor de su verija colora para triunfar sobre la "cosa mala".95 Aún hoy espantan los diablos. Hasta la elección del rey por los cabildos parece tener un equivalente entre los blancos, ya que a estas mismas festividades refiere Frazer96 la costumbre muy difundida en Europa de elegir un rey de bobos el día de Epifanía. En Francia, Bélgica, Alemania e Inglaterra aún subsiste esa cos- tumbre popular. Los propios reyes de Francia contribuían a esa añeja práctica en burla de la realeza. En Inglaterra, el TwelflitDay era ocasión de mascaradas, aun en Londres

y en el siglo xviil, y en algunos distritos rurales aún se conservan los

banquetes del rey y de la reina; así como sucede en el norte de Francia y en Alemania. La costumbre de hacer reyes por Epifanía fue cosa bien conocida en España, en los primeros siglos del poblamiento de estas Indias por los castellanos. Tirso, en La elección por la virtud, recogió este cantar de Reyes:

Viva Félix felices de los mozos rey, que la pascua de Reyes. ya de flores es.

Su rey los serranos le acaban de ver, Dios le haga de veras lo que juego es.

Denle la obediencia

con el parabién

los que haciendo fiestas

'

- le vienen a ver,

97

Un escritor del siglo XVIII opinaba que la añeja costumbre de elegir un

rey y una reina en la comida de la noche de la Epifanía, se debía a una de los romanos, quienesla recibieron de los griegos, de echar dados para designar

al rex convivii, o, como Horacio decía el arbiter bibendi.

El (maquillé era el nombre que recibían los muñecos paseados en La Habana el Día de Reyes. Era un ídolo o figura propia de los ritos africanos, que al extremo de un palo llevaban los negros bailadores en algunas de las danzas ceremoniales o religiosas.9* (Véase Figura 10.) Parece posible encontrar el origen del anaquillé allá en África, en las efigies que los negros del Viejo Calabar llevan a la fiesta bienal de la expulsión de los diablos, cuyos muñecos se llaman nabikem. En el Dahomey son llevados a festividad análoga los fetiches, como los santos de las proce- siones católicas, con gran pompa y ruidosos cánticos. Multitudde horribles figuras son llevadas por la noche en canoas al centro del lago, donde son sumergidas. Estas imágenes representan, según unos, a los muertos, que así son por siempre despedidos, del territorio de Porto Novo; y, según otros, a los demonios y duendes del mal, que así son desterrados del suelo dahome- yano. Aún hoy en Cuba, los fieles del rito lucumí, para algunas de sus danzas rituales, usan pequeños ídolos que llevan en la mano y que bien pueden ser supervivencias del antiguo anaquillé. Y, en fin, otra escena típica del Día de Reyes fue la de matar la culebra. Éste fue un baile de la gentualla, según dice Pichardo; más bien puede decirse que fue un baile de pantomima o simbolismo ritual. Una porción de negros saltando, bailando y cantando, llevaba a cuestas por las calles de La Habana un enorme culebrón artificial de varios metros de largo, parándose frente a las casas que les daban aguinaldo.La escena representaba la muerte de la culebra y la celebración de sus características.

Y mírale los ojos, parecen candela.

Y mírale los dientes,parecen filé (alfileres).

Tendida la culebra en el suelo, le bailaban alrededor cantándole así:

Que la culebra se murió Calabazón, son, son

Según Bachiller y Morales" solían terminar así.

La culebra se murió sángala, muleque.

Del baile de la culebra otro son era el siguiente, cantado por una negrita y el diablito:

LA NEGRITA

Mamita, mamita?

yen, yen, yen.

Que me traga la serpiente, yen,yen, yen.

EL DIABLITO

Mentira, mi negrita, yen, yen, yen. Son juego e mi tierra, yen, yen, yen.

Tal pantomima fue muy popular, y el Día de Reyes, después de pasear por toda La Habana, se ejecutaban en el patio del palacio de los Capitanes Generales ante la suprema autoridad. Y también esta escena de carácter ofiolátrico es característica de muchos carnavales africanos, indostánicos y de otros continentes. Pueden relacionarse con esta danza los bailes de los ya referidos ranchos de Reís, que se veían en Bahía, y consistían esencialmente en una pantomima de lucha entre el animal u objeto tótem del rancho, y los danzantes. Este animal está representado por una figura de grandes proporciones con las formas del animal escogido.1 Limitándonos a los antecedentes africanos más precisos, recordaremos que ceremonia análoga se celebra anualmente entre los negros de la isla española de Fernando Poo, donde todos los años, después de matarla, cuelgan la piel de una enorme serpiente de! árbol mayor del parque público con grandes ceremonias. Frazer, después de referir muchos ejemplos de muertes rituales de animales, concluye resumiéndolos así: "El animal sagra- do es muerto una vez al año, con gran solemnidad. Antes, o inmediatamente después de su muerte, se le pasea de puerta en puerta, a fin de que todos los adoradores puedan recoger ¡a parte de potencia divina que, se dice, emana del cuerpo del dios muerto o agonizante."103 Esas muertes zooláíricas son frecuentes entre los primitivos, y Frazer afirma que en la época prehistórica estas procesiones debieron de ser muy practicadas en Europa, a juzgar por sus numerosassupervivencias. También puede ser considerado el "matar la culebra" como un rito de purificación colectiva de los clasificados como "expulsión de los diablos", que ya han sido relacionados aquí con el Día de Reyes.104 La serpiente, dragón monstruosoo tarasca, aún figura en las procesiones del Corpus Christi en muchos pueblos católicos de Europa, como figuró en las viejas ciudades de Cuba y de todas estas Indias occidentales.105 La muerte de la culebra o dragón, el animal sagrado, en fin, es rito que sobrevive en los carnavales de muchos pueblos blancos, según Reinach. Según Doutté,106

fíi

•¡¡yirü 10. Negra curra bailando el anaquillc. Dibujo de Gustavino.

siguiendo a Frazer, en esas tan difundidas pantomimas, antiquísimas y primitivas, de la muerte del animal sagrado o del dios agrario, puede hallarse el origen del arte dramático. No es pueril afirmar, pues, que los afrocubanos, al matar la culebra, realizan inconscientemente un rito ancestral, arraigadísimo en casi todos los pueblos y continentes. Únase a todos estos caracteres el de ser extremadamente ruidoso, como lo son ritualmente los carnavales primitivos para espantar los espíritus de las cosas muertas, y véase cómo e! Día de Reyes afrocubano no fue sino una amalgama y refundición en Cuba de multitud de escenas y ritos africanos, universales pudiéramos decir, de significación casi desconocida y olvidada, que hoy trata de explicar la sociología contemporánea. Fue, en fin, el carnaval de los negros, en el sentido místico que a esa expresión puede darle una serena y autorizadainterpretación científica.

Notas

Los cabildos afrocub.anos

1 La voz cabildo tanto quiere decir como "capítulo", del latín capitulum.

Ramón Meza: "El Día de Reyes", Artículo publicado en el Diario de la Marina, La Habana, 8 de enero de 1903.

3 Un bastón idéntico es símbolo real en varias regiones africanas. Véase, por ejemplo, Ratzel: Las razas humanas, 1888,1.1, p. 356. Y lo vemos usados por losjefes negros en las Américas. Véase, por ejemplo, en las Guayanas,Harry H. Johnston: The Negro in the New World, Nueva York, 1910, p. 126.

Véase una interesante fotografía del rey congo Mbembe, don Pedro VI, con todos esos atributos de la realeza en John H. Weeks:Amongtheprímitive Bakongo, Filadelfia, 1914.

1908-1913, t. II,

Emilio Bacard: Crónicas de Santiago de Cuba, Barcelona, p. 369.

"5

_

- Véase un ejemplo en el siguiente suelto de La Discusión (La Habana, 11 de febrero de 1913) procedente de una población interior:

EL REY DE LOS CONGOS HA MUERTO Febrero 9.-En estos momentos se verifica el entierro del rey de los Congos, su majestad Canuto Montalvo, al cual se le atributan los honores de su alta jerarquía al estilo de su nación. Numerosos subditos acompañan el cadáver entonando cantos lúgubres, con acompañamiento del indispensable tambor y de los bailes de ordenanza. Al pasar por la iglesia católica las campanas doblaban en honor del desapa-

recido, al que deseamos un eterno descanso, enviando al propio tiempo a

su numerosa

I Éste es el santo patrono de Portugal, cuya hegemonía en el Congo fue intensa y era bien conocido. Los congos, al catolizar externamente sus creencias, se hicieron adoradores del santo de sus amos.

8 M. Pérez Beato: El

9 Revista General de Legislación y Jurisprudencia, abril de 1920, p. 345.

Los horros io tuvieron mucho tiempo antes. Ricardo Palma dice que en 1650 organizaron en Lima los libertos un gremio de aguadores. (Apéndice a Mis últimas tradiciones peruanas, Barcelona, p. 116.)

I I R. Palma: Tradiciones peruanas;

12 Ortiz de Zúñiga:Anales eclesiásticosy seculares de Sevilla, 1474.Libro XII,

capítulo 10. Esta voz mayoral equivale en Cuba todavía -y es muy usada- a capataz de trabajadores agrícolas, en los ingenios.Dice el cronista sevillano:

"Eran en Sevilla tratados los negros con

de don Henrique Tercero, permitiéndoles juntarse a sus bailes y fiestas en los días feriados, con que acudían gustosos al trabajo y toleraban mejor el cautiverio."

Negros y gitanos llamados morenos, y ambos se decía que tenían sangre negra. F. M. Paban: Historia y costumbres de los ¿taños, Barcelona, 1915, pp. 5, 74,137 y otras.

Una maldición gitana dice: "En cabirdo de jurones [hurones] te-veas y te pelen." Paban: ob. cit., p. 95.

.Francisco Sales Mayo: Noticia sobre la historia, costumbres y dialecto de los gitanos.

familia nuestro más sentido pésame.-£/ Corresponsal.

Curioso Americano, noviembre de 1899, p. 73.

Barcelona, 1893-1896, t. II, p. 152.

gran benignidad desde los tiempos ,

16 Paban: ob. cit.

Aún decimos: cabildeos, cabildo catedral, sala capitular, etcétera.

18 Véase Justino Matute y Gaviria: Noticias relativas a la historia de Sevilla, Sevilla, 1886, p. 76. En 1584 se dio sitio a la Hermandad de Nuestra Señora de la Iniesta para que "los cofrades hagan su cabildo". (Parte II, folio III, capítulo 1.) En el Guzmán de Alforache de Mateo Alemán se dice, refirién- dose a los miembrosde cierta fantástica hermandad ojunta: "Siendo tenidos por hermanos, no gocen de los privilegios de ellos, no los admitan en sus cabildos, ni se les dé cera el día de su fiesta."

Ibídem, p. 95. La cofradía de ios negros tuvo diferencias ya en 1601 con el cardenal De Guevara, quien les prohibió que saliera su cofradía en las fiestas a pesar de que tenían bula del nuncio del Sumo Pontífice a su favor. (Licenciado Juan de Robles: Tardes del Alcázar, folio 10 v. M. S. de la Colombina.) En 1656 hubo un fervoroso negro que, descando tuviese efecto la festividad que los de su color habían dispuesto en la capilla de San Roque en desagravio de la Santísima Virgen, inspirados desde Madrid, y no tenien- do caudal suficiente para ello, se puso en venta a sí mismo en la calle de Catalanes, junto a una cruz, que llaman por eso del Negro, para por su precio suplir lo que faltase. (Matute: ob. cií., p. 133.)

20 Matute: ob. cií.,. p. 33.

Oríiz de Zúñiga: ob. cit., 1.1, folio 192.

En 1565 había cerca de 15 000 esclavos en todo el Arzobispado, según Argote de Molina: Apáralo de la historia de Sevilla (cita de Matute).

Además de los datos concretos ya citados, ios hay de otra cofradía de negros, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, la cua¡ celebraba anualmente,durante todo el siglo xvm, su fiesta el 2 de agosto. Véase Matute: Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, Sevilla, 1887,1.1, p. 229.

En el Perú las hubo desde el siglo XVIy duraron hasta el xvm, al menos. Ricardo Palma: Mis últimas tradicionesperuanas, pp. 48 y 327.

Es muy interesante leer ¡a ley XII del título XIII del libro XII de la Novísima Recopilación, dada en 1462 por don Enrique IV en Toledo. Dice así:

"Porque muchas personas de malos deseos, deseando hacer daño á sus vecinos, ó por executar la malquerencia que contra algunos tienen, juntan cofradías, y para colorar su mal propósito, toman advocación y apellido de algún Santo ó Santa, y llegan así otras muchaspersonas conformes á ellos en los deseos, y hacen sus ligas y juramentos para se ayudar; y algunas veces hacen sus estatutos honestos para mostrar en público, diciendo, que para ia execución de aquellos hacen las tales cofradías, pero en sus hablas secretas y conciertos tiran á otras cosas que tienden en mal de sus próximos, y escándalos de sus pueblos; y como quier que los ayuntamientosilícitos son reprobados y prohibidos por Derecho y por leyes de nuestros Reynos, pero los inventores de estas novedades buscan tales colores y causas fingidas, juntándolas con santo apellido, y con algunas ordenanzas honestas que ponen en el comienzo de sus estatutos, por donde quieren mostrar que su dañado propósito se pueda disculpar y llevar adelante, y para esto reparten

y echan entre si cuantías de dineros para gastar en la prosecución de sus malos deseos; de lo qual suelen resultar grandes escándalos y bullicios, y otros males y daños en los pueblos y comarcas donde esto se hace: por lo qual, queriendo remediar y proveer sobre ello, revocamos todas y quales- quier cofradías y cabildos que desde el año de 64 acá se han hecho en qualesquier ciudades, y villasy lugares de nuestros Reynos salvo las que han sido hechas, y después acá se hubieren hecho solamente para causas pías y espirituales, y precediendo nuestra licencia y autoridad del Prelado; y que de aquí adelante no se hagan otras cosas salvo en la manera susodicha, so grandes penas3. Y otrosí defendemos y mandamos, que en las cofradías hechas hasta el año de 64, no se habiendo hecho, como dicho es, por las dichas causas pias y espirituales, y con las dichas licencias, que no se junten ni alleguen los que se dicen cofrades de ellas, antes expresamente las deshagan y revoquen por ante el Escribano públicamente, cada y quando por la Justicia ordinaria de la tal ciudad, villa ó lugar les fuere mandado, ó fueren sobre ellos requeridos por cualquier vecino dende; so pena que, qualquier que lo contrario hiciere, muera por ello, y haya perdido por el mismo hecho sus bienes, y sean confiscados para nuestra Cámara y Fisco; y que sobre esto las Justicias puedan hacer pesquisa, cada y quando vieren que cumple, sin que preceda denunciación ni delación, ni otro mandamiento para ello." a "Por el capítulo 25 de ¡a Instrucciónde Corregidores, inserta en célula de 15 de mayo de 88, se les encarga el cuidado de que no se hagan excesos en gastos de cofradías ágenos del verdadero culto, y de que no se erijan nuevas sin el permiso correspondiente".

Por el citado capítulo 25 de la Instrucción de Corregidores se les previene que, si en contravenciónde esta ley hubiere algunas cofradías de gremios, lo avisen al Consejo, para que se tome la providencia correspondiente.

" J. M. de la Torre: Lo quefuimos y lo que somos o La Habana antigua y

moderna, Edición de Fernando Ortiz, La Habana, 1914, p. 162. Una dispo- sición igual, donde se expresa que en la fiesta del Corpus en Sevilla asistieran todos los negros de la ciudad (1497), puede verse en José Gestoso: Curiosi- dades antiguas sevillanas, Sevilla, 1917, p. 101.

•JQ

" Véase este carácter de las cofradías sevillanas, reflejado por Matute:

Anales eclesiásticosy seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla,

t. III, p.

163.

Pedro Antonio Alfonso: Memorias de un matancero, 1854, nota 39.

Véanse los siguientes anuncios de ventas de esclavas tomados del Papel Periódico de la Havana de 3 y 17 de enero de 1799. "Una negra carabalí, en 330 pesos libres para el comprador. En el solar que es cabildo de congos frente al quartel de Pardos, darán razón." "Una negra mandinga de edad como de 22 años, con principios de lavandera y cocinera, sana y sin tachas en 400 pesos libres. Frente al Cabildo de los araraes, primera esquina de las casas de Navarrete, darán razón."

"La procedencia de los negros de Cuba. Carta al señor Fernando Ortiz", en£/ CuriosoAmericano, marzo-abril de 1910.

J. J. de Arboleya: Manual de la Isla de Cuba, La Habana, p. 362.

33 Este tema de las cofradías negras se tratará mucho más in extenso en la próxima edición de dicha obra.

34 Este curioso fenómeno de endósmosis religiosa ha sido estudiado en Cuba por primera vez en mi libro Los negros brujos, cuya segunda edición, gran- demente aumentada, será continuación de la presente.

Yoniba speakingpeoples ofíhe Slave Coast o¡ West África,

Londres, 1894, p. 162.

36 El permiso se pedía el sábado al Capitán General yse pagaba por él cuatro pesos.

Se trata de no decir tambores, por razones que en otro lugar explicaré.

A. B. Ellis: T)ie

Los colores de Santa Bárbara, o Changó, dios lucumí del trueno.

39 Resolución hipotecaria del Tribunal Supremo de Cuba, de 23 de junio de

1911.

Alfonso: Memorias de un matancero, ed. cit.

41 Varias de ellas cuentan con más de 50 000 asociados, que pagan un peso y medio o dos,mensualmente.

Phillips: American Negro Slavery, Nueva York, 1918, pp. 451 y ss.

43 He aquí algunos de estos últimos años: según el diario Cuba, de 29 de febrero de 1912. "Estos que ahora desfilan son 'Los Chinos de Arnán'. He aquí lo que cantan:

Chin lian, chin lian los seliputá alió, alió, alió

mira colim 'tronica, alió, alió.

"Luego vienen unos disfraces modernistas. Es la comparsa 'Chantecler', que canta:

Mi

china ven,

mi

china ven.

Me siento 'Chantecler'

colombiana agozar.

"Coro:

Mira cómo vengo caminando

a lo chantecler,

a lo chantecler.

"¡Perdonen las musas de Rostand!"

"' Véase también el artículo de Israel Castellanos: "El carnaval como

revelador de la inferioridad psíquica de una raza", en la Gaceta Médica del

Sur de España, 1914, p. 580. José María Collantes le ha dedicado "Atavismo", 1900.

** A. Berenger-Feraud: Les peuplades de la Sénégambie, París, 1879, p. 24.

Este detalle nos recuerda las paradas de las comparsas cubanas en las bodegas de los barrios pobres.

Se tratará de ello en Los negros brujos. [En la segunda edición anunciada por Ortiz y que nunca vio la luz. (/V. del E.)]

Í Q Igual indecisión se ha mostrado en cuanto a la prohibición o licitud de tirar harina o huevos en los carnavales habaneros. A veces las autoridades se creen competentes para castigar esas bromas pesadas; otros años se estiman, lo cual sin duda es más sorprendente, también competentes para permitirlas. Esta costumbre carnavalesca,que aún en Cuba se defiende por fuero de tradición,nos vino también de la tierra española, donde fueantigua diversión de carnestolendas. Así puede verse del texto de un interesante libro de Enrique Cock, notario apostólico y arquero holandés al servicio de

España a fines del siglo XVi,a quien escribe: "

van en máscaras por las calles diciendo coplas y cosas para reir, echando huevos llenos de agua de olores donde ven doncellas en las ventanas, porque ésta es la mayor inclinación de los desta tierra, que son muy deseosos de luxuria, y aun quitándose el freno van estos tres días así caballeros como

unos versos:

en

España la costumbre que

ciudadanos a caballo y a pie diciendo las coplas que saben, donde piensan remediar sus corazones del amor y aguardan el galardón de sus trabajos. La gente baxa, criados y mozas de servicios, echan manojos de harina unos a otros en la cara cuando pasan, o masas de nieve, si ha caído, o naranjas en

Andalucía mayormente donde

aún hoy día, a hurtadillas por caballerosy gente baxa a la par, se prodigan los

huevos con harina.

a Enrique Cock: Jomada de Zaragoza hecha por Felipe II en 1592, Madrid,

hay cantidad dellas." En Cuba años atrás, y

1879.

(Cita de J. García Mercadal: España vista por ¡os extranjeros, Madrid,

1917,

t. II.)

,

La Antigua fiesta afrocubana del Día de Reyes

Este dibujo es del Álbum pintoresco de la Isla de Cuba, editado sin fecha en Berlín, allá por 1850. La edición iluminada de ese álbum difiere de la edición económica en negro, y en ambas el fondo dado a este cuadro (la plaza de San Francisco) es distinto;no se alteran, empero, las figuras.

2 Publicado por la Editorial Letras Cubana en 1981 (N. del E).

3 Artículo "El Día de Reyes", en La Habana Elegante, La Habana, año V, no. 2; y en El Hogar, La Habana. 11 de enero de 1891.

De un artículo de Ontiano Lorcas: "Los diablitos o el día infernal en la Habana", en Prensa de la Habana, 6 de enero de 1859.

5 Del artículo de P. Riesgo: "Día de los Santos Reyes", en La Prensa, La Habana, 6 de enero de 1843.

Aurelio Pérez Zamora: "El Día de los Reyes en la Habana", en El Abolicionista Español, Madrid, año II, no. 7,15 de enero de 1866.

7 Beauvallet: Rachelin the New World, p. 363. (Cita de Hubert. H. S. Aimes:

A History ofSlavery in Cuba, Nueva York York, 1907).

6

o

 

Vicente: El Faro Industrial de la Habana, 6 de enero de 1842.

9

El nombre de la reina de España, en aquel entonces Isabel II.

10

Wurdiman: Notes on Cuba, p. 83. (Cita de Aimes.)

11

Dolores Ma. Ximeno y Cruz: "Aquellos tiempos

Memorias de Lola

María", en Revista Bimestre Cubana, La Habana, vols. XIX-XXIV, 1924-

1929.

12

C. Texier: Au pays des généraux, París, 1898.

13 Fernando Ortiz: "Los cabildos afrocubanos". Así como las comparsas del carnaval habanero son supervivencias del Día de Reyes, lo son también de los cumbis y de los ranchos de Reís de los afrobrasileños, las que aparecen en Río de Janeiro por canestolendas, según Nina Rodrigues.

1 Véase William S. Walsh: Curiosities of popular ciistons and of rites,

ccremonies, observa/ices and miscellaneous antiquities, Filadelfia, 1897,

p. 396.

A. Bachiller y Morales: Los negros, Barcelona [1887] p. 114.

16 Ibídem, p. 113.

A Bachiller yMorales: En tipos y costumbres de laIsla de Cuba, La Habana, 1881, p. 31.

18 En La Habana, ocupaban, desde 1765, un barracón junto a San Isidro; se

le

En Pascua de Navidad celebraban su fiesta anual los congos, en Sagua la Grande (Cuba), según se me informa por los sucesores de su cabildo.

" Torquemada: Monarquía indiana, 1.1, libro 5, cap. 76.

Alfred M. Williams: "A miracle-play in the West Indies", en Journal of

llamaba el palenque de los negros del rey.

American Folklore, vol. IX,

pp. 117 y ss.

Vocablo semejante, fonéticamente, al afrohispano cumbé, "cierto baile antiguo". Véase en Fernando Orti?,: Glosario de afronegiismos, La Habana, 1924. (Publicado por nuestra Editorial en 1992 [N. del E.]}

'H. C. Bailón: "Gombay, a festal rite of Bermudian Negroes", en Journal

of American Folklore, vol. III, p. 225.

"

"

p.

Phillippo: Jamaica: istpast andpresent, p. 242. (Cita de Aimes.)

L. Peytraud:L'Esclavage aitx Antillesfrangaises avant 1789, París, 1897,

182.

W. W. Newell: Journal of American Folklore, vol. X, p. 81.

Fowler: History ofDurham, p. 161. (Cita de Aimes.)

28 Hubert H. S. Aimes: ob. cit., p. 18.

Mello Morales: Festas e tradigoes populares no Brasil, Río de Janeiro.

Nina Rodrigues: "A raga negra na America Portuguesa", en Revista do Brasil, julio de 1922, pp. 203 y ss.

Ricardo Palma: Mis últimas tradiciones peruanas, Barcelona, pp. 48 y 327.

" Huber H. S. Aimes: "African institutions in America", en Journal of American Folklore, vol. XVIII, p. 16.

Binger: Du Niger au Golfe de Guiñee par lepays de Kong et le Mossi, París, 1.1,1892, p. 378. Estos negros son los que en Cuba llamáranse -gangas.

34 Ibídem, p. 106.

35 A. B. Ellis: The and offctish, Londres, 1883, p. 168.

' Expedi^aoporíiigucza á Muatianwa, p. 235.

37 Abad Jos Henri: Les bambaras, Münster, 1910, pp. 122-123.

38 A. J. N. Tremcarne: The Irated headlntnters of Nigeria, Londres, 1912.

Véanse los numerosos diablitos o negros enmascarados que figuran en las festividades y ritos de los lucumís o yorubas, según registra Louis Despla- gues: Le platean nigcrien, París, 1907, p. 304 y ss.

Narrative of Cap. James Fawckner's trovéis on the Coast of Benin, West África, Londres, 1837, p. 102.

Estas plumas de cotorra las hallamos aún en Cuba, con significado simbólico, entre los ornamentos usuales de los brujos afrocubanos. Véase F. Ortiz: Los negros brujos, Madrid, 1906, p. 182. Véanse las.citas de Guiral, Monnier. Rat/el, donde se demuestraque igual costumbre hállase en países negros muy diversos.

" Phillips: American Negro Slavery, Nueva York, 1918, pp. 102 y ss.

James G. Frazer: Tlie scapegoat, Londres, 1920, pp. 128-131.

"'4 W. Bosman: Description of the Coast of Guinea. Voyages and trovéis, Londres, 1814, XVI, p. 402. Fierre Bouche: La Cote des Esclaves, París, 1885, p. 325.

45 J. L. Wilson: Western África, Londres, 1856, p. 217.

46 T. J. Hutchinson:Impressions of West África, Londres, 1858, p. 162.

H. Goldie: Calabarand its missions, Londres, 1901, pp. 49 y ss.

A. G. Scward: Tlie Lower Niger and iís Iribes, Londres, 1906, pp. 449 y 451.

Mary H. Hingsley: Trovéis in West África, Londres, 1897, p. 495.

47

F. Terrien:Anuales de lapropagation de lafoi, 1881, p. 375.

48 Esta idea mística del ser que redime con su propio sacrificio los pecados del prójimo está muy extendida entre pueblos primitivos y aún subsiste en alguna gran religión contemporánea.

49 S. Rattray:^í/ía/Jíi, Oxford, 1923, p. 153.

50 Noirot: A travers le Fouta-Diaññon et le Bambouc, París, p. 51.

R.

E.

1 Frobennius: Die Masken una GeheimbündeAfrikas, Halle, 1898.

L.

José M. de la Torre: Lo quefuimos y lo que somos, La Habana, ed. de

1913,

p. 162.

E. Cotarelo: Colección de entremeses, loas, bailes,jácaras y mojigangas

Madrid, 1911,1, p. CCCI.

Los versos siguen:

Luego

van los sastres con pendones,

y la danza va tras ellos

bailando de aquesta suerte.

Ayúdenme y bailaremos. Luego la música viene cantando aqueste soneto

Sale Satán, con la vistaborrascosa, disparando así un cohete,

con que la plebe alborota.

Mas

,

lo mejor se me olvidaba.

¿Yqué es? Son losgigantes que éstos esfuerza que salgan. No faltaron, pues, modelos que imitar a los negros africanos. De esas fiestas católicas pudieron los negros creer que no tenían otra significación social que la primitiva de las suyas propias, y como si fuesen cosas de África traducidas al español.

A. Malaret: Diccionario deprovincialismos de Puerto Rico, San Juan, 1917,

p. 147.

56

Alejandro Tapia. (Citado por Malaret.)

M. de Cervantes: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Parte II,

cap. XI.

ro Francisco Rodríguez Marín: Edición crítica de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Madrid, 1916, t. IV, p. 236.

59

E.

Cotarelo: ob. cit., 1.1, p. CCXXX.

60

Ibídem, p. CCCI.

Emilio Roig de Leuchsering: La fiesta del Día de Reyes o de diablitos. Social, La Habana, enero de 1923, p. 45.

62

F.

Ortiz: Los negros brujos, Madrid, 1906, p. 184.

63

Ibídem.

E. Hopkinson: A vocabulary of the Mandinga language, Londres, p. 46.

"Un missionnarie de congrégation du saint-espriU', enDictionnairefran^ais- malinke etmaünké-franqais, Conakry, 1906, p. 138.

Véase Fernando Ortiz: "Personajes del folklore afrocubano", en Archivos del Folklore Cubano, vol. I, no. 1, p. 70; y Glosario de afronegrísinos, p. 152.

66 Henry Chatelain:Folk tales of Angola, Nueva York, 1894.

H. Johnston: George Grenfell and the Congo, Londres, 1908, vol. II, p. 669.

f& Véase en nuestro Glosario de afronegrísinos.

69 RafaelA Félix Pérez y Luna: Historia de Sancti Spírítus, Sancti Spíritus, 1888, p. 411.

Pérez Luna habla del costo de los gigantes, la tarasca y los moctezumas y diablitos que salían en procesión, hasta 1786. "Hasta para la iglesia católica fue día de jolgorio y libertinaje ritual el Día de Reyes. En muchas festividades de católico regocijo y desde luego, en la Epifanía, se cantaban en los templos diversas letras en romance vulgar que

de modo que se

Asimismo se cantan jácaras y el

escaramán y cuantas seguidillas lascivas se cantan en la comedia, etc." (Papeles de la Inquisición, tomo 41, legajo 11,citados por el señor Pazy Mella en la Introducción a las Sales Españolas.) El autor de este escrito a fines del siglo pasado oyóvarios años tocar durante la festividad que al Día de Reyes se consagraba en la catedral católica de Ciudadela de Menorca y durante el ofertorio de la misa solemne, la "Jota de

ha cantado el zarambeque y e\yo soy solo

se han cantado en teatros de la farsa, trovador a lo divino

los tres ratas" de La Gran Vía, con acompañamiento de castañuelas y panderetas.

70 Prado Ribeiro: "Os congos", en Revista do Brasil, Sao Paolo, 1924, p. 88.

Véanse las disquisiciones que acerca de la voz mojiganga y su origen etimológico congoleño damos en nuestro Glosario de afronegrísmos.

2 Frazer: Tlie scapegoat, Tlie golden bough (ob. cit.). Todo este tomo de la famosa obra de Frazer está dedicado a esta teoría interesantísima y asom- brosamente documentada. Véase, además, la obra de Manhardt: Wald und Feldkuktur.

La dogmática Resurrección cristiana, la ritual Cuaresma, etc., son ideas religiosas ancestrales que íntimamente reflejan esa teoría. Son el carnaval de las religiones cristianas, así como el hoy llamado carnaval es la supervi- vencia de los carnavales paganos, precristianos, conservados folklóricamen- te.

74 J. Frazer: ob. cit., p. 224.

De Grott: The religious system of China, t. VI, p. 944 y ss. The religión of China, Nueva York, 1910, p. 38. J. H. Gray: China, Londres, 1878,1.1, p. 251. W. W. Rockhill: Tlie American Anthropologist, vol. IV, p. 185.

76 W. Carew Hazlitt: Faiths and folklore, Londres, 1905, t. II, p. 396.

Véanse, además, W. S. Walsh: Curíosities of popular customs

, p.

814.

Adolfo Bonilla y San 1921, p. 37.

Martín: Las bacantes o Del origen del teatro, Madrid,

yo Alcaldel del Río: Las pinturas y grabados de las cavernas prehistóricas de la provincia de Santander, Santander, 1906, p. 22.

Como los diablitos ñañigos de Cuba.

8fl Alfredo García Ramos: Arqueología jurídico-consuetudinaria económica de la región gallega, Madrid, 1912, p. 17.

81 M. Milá: "Orígenes del teatro catalán", Obras completas, t. VI, p. 205.

R2 Frazer: ob. cit., pp. 165 y 166.

Q-3 En La Habana algo queda de esta costumbre, que fue muy extendida en el mundo latino; tal es el llamado "domingo de la vieja". Véase en F. Ortiz:

Un catauro de cubanismos, La Habana, 1923. (Publicado por nuestra Edito- rial en 1974 y 1985 [N. del E.].)

Bosman, citado por Frazer: ob. cit., t. II, p. 318

85 J. Mac Donald: Light in África, Londres, p. 216.

86 J. Mac Donald: Religión and myth, p. 136.

R7 '

T. E. Bowdich: Missionfrom Cañe Coast Castle toAshantee, Londres, 1833,

pp. 226 y ss.

88

H. Ling Roth: Great Betún, Halifax, 1903, p. 76.

O Q G. T. Basden: Among the Ibos of Nigeria, Londres, 1921, p. 220.

Frazer: ob. cit. Nuestros combates carnavalescos de serpentinas, confetis y huevos rellenos de harina son las últimas supervivencias de esos primitivos combates rituales.

A. M. Williams: ob. cit. Hsto parece un curioso caso de cristianización de

ritos y prácticas religiosas africanas. Pueden verse otros casos interesantes en F. Ortiz: Los negros brujos, ed. cit.

Nina Rodrigues: ob. cit., p. 205.

Es ocioso decir que esas banderas rojas no simbolizan ningúnradicalismo; probablemente eran remembranzas africanas. Ignoramos cuáles eran los emblemas de las naciones de África en aquel entonces. Sólo recordamos que la bandera de los cabildos congos era roja y gualda en Cuba, como la de S. M. el Rey de las Españas.

M. G. Lewis: Journal ofa residence amongthe Negroes in the West Indies,

Londres, 1845, pp. 24 y 26.

Véase F. Ortiz: Historia de una pelea cubana contra los demonios, La Habana, 1959. (Publicada por nuestra Editorial en 1975 [N. del E.].)

Frazer: Tlie scapegoat, p. 317.

97 Julio Cejador: La verdadera poesía castellana, Madrid, 1921, t. III, p. 319.

p. 25. También el vocablo

anaquillé fue dado a un baile afrocubano, hoy en desuso.

Fernando Ortiz: Glosario de afroncgrismos,

99

A. Bachiller y Morales: Los negros, p. 117.

Estas dos voces de los negros (sángala, muleqiie), o significaban en la

muchacho!"

(songa ¡amulé tiene un significado ñañigo); o, lo que es más probable: "¡Baila,

muchacho!" Una variante que recoge E. Roig de Leuchsenring: es como sigue:

jerga de la costa de los tratantes de esclavos: "¡Aguardiente,

La culebra se murió, Calabazún, zum, zum, yo minuto la maté. los ojos que parecen candela;

mírale los dientes que parecen alfiler.

Mírale

(Revista

la culebra se murió, sángala muleque. semanal Carteles, La Habana, 11 de enero de 1925.)

101

Nina Rodrigues: ob. cit., p, 206.

102 T. J. Hutchinson: ob. cit., p. 196.

Frazer: ob. cit. Y, también: Spirits of the com and of the wild, Londres, 1920, vol. II, p. 174.

En nada se relaciona esta muerte anual de la culebra con la superstición andaluza que prohibe decir "culebra", y que lleva a sustituir este vocablo por "bicha". Esta costumbre andaluza está muy generalizada entre los pueblos primitivos, en relación con toda clase de animales, especialmente los dañi- nos. En cuanto a la serpiente, su nombre es tabú en el norte de la India y acaso haya sido introducidala práctica por los gitanos.3 Allá en la India suele llamársele la "bestia", como en Sevilla la "bicha", vocablo éste tomado acaso por las chusmas de las galeras de los siglos xvi y xvil de Italia, donde aún se usa la biccia, con análoga superstición, como puede verse en la tragedia Lafiaccola sotto it moggio de Gabriel D'Annunzio.

a W. Crook: Popular religión and folklore of Northern India, Westminster, 1896, t. II, p. 142. Frazer: Taboo and thewperils ofthe soul, Londres, 1922, pp. 402 y ss.

Cuenta Ricardo Palma, refiriéndose al Perú, que era un monstruo de •

Véase a Edward Doutté en su notable libro Magie et religión dans l'Afríque

cartón, símbolo deldemonio Leviatán.

du Nord, Argel, 1908, pp. 498

y 533.

I