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La música en los mitos cosmogónicos y de origen

Cristian Hidalgo Coronado

Desde que en tiempos antiguos despertara en el hombre la conciencia de sí mismo y su entorno, permitiéndole percibir el mundo como una realidad en la que existían fuerzas superiores que le infundían temor, un mundo para el cual no estaba enteramente preparado, sea por sus limitantes físicas o por su desconocimiento del mismo, surgió la necesidad de explicarse aquello que le rodeaba y de averiguar el origen del cosmos y de sí.

En estos intentos por comprender su medio y el origen del mundo, diversas culturas han llegado a formular distintas explicaciones que tratan de describir los comienzos del tiempo y del hombre. Estas ideas han constituido las cosmogonías de las distintas culturas, su forma particular de explicar el mundo. La formulación de estas ideas sobre la explicación de los orígenes del cosmos se ha hecho a través de los mitos, tomando dichos mitos sobre los comienzos la denominación de mitos cosmogónicos.

De acuerdo con Mircea Eliade “el mito relata una historia sagrada, es decir, un ”

Partiendo de esta definición se puede decir que el mito cosmogónico no sólo ocurre

en el tiempo primordial, sino que además intenta explicar cómo fue ese primer

acontecimiento primordial que tuvo lugar en el comienzo del Tiempo, ab initio

1 .
































































Compositor,
arreglista
y
diseñador
sonoro.
Licenciado
en
Composición
por
la
Escuela
Superior
de
Música


de
Bellas
Artes,
con
estudios
de
Maestría
en
Música
con
especialidad
en
Composición
en
la
Escuela
Nacional
 de
Música
de
la
UNAM.
Actualmente
prepara
la 
tesis
“Lilit:
obra
músico ‐ teatral
para
voz,
ensamble,
video
y
 electrónica”
 para
 obtener
 el
 grado
 de
 Maestro
 en
 Música,
 trabajo
 que
 versa
 sobre
 el
 teatro
 musical
 contemporáneo,
el
mito
hebreo
de
Lilit,
la
interdisciplina,
las
técnicas
contemporáneas
de
la
 interpretación
 vocal
y
el
empleo
de
herramientas
tecnológicas
multimedia.
Contacto:
cristian.hidalgo.c@gmail.com

1 
 Eliade,
Mircea,
 Lo
sagrado
y
lo
profano ,
Guadarrama/Punto
Omega,
Barcelona,
1981,
pp.
30.


instante del tiempo y cómo el mundo fue creado a partir de ese momento: cuenta la historia de los comienzos.

Junto con los mitos cosmogónicos existen otro grupo de mitos que nos hablan de los comienzos, se trata de los llamados mitos de origen. Si bien los mitos cosmogónicos nos remontan al inicio del universo desde la visión propia de cada cultura, por su parte los “…mitos de los orígenes…versan sobre la creación, aparición o restauración de…los seres humanos, los animales, las plantas y aquello que en particular constituye el sustento de hombres y mujeres.” 2 Dicho de otra manera, estos “…mitos relatan no sólo el origen del Mundo, de los animales, de las plantas y del hombre, sino también todos los acontecimientos primordiales a consecuencia de los cuales el hombre ha llegado a ser lo que es hoy…” 3 Si el hombre es de una determinada manera o posee tal o cual cualidad es porque en los comienzos del tiempo hubo un acontecimiento que definió tal estado. Por ejemplo “…el mito del origen de la muerte cuenta lo que sucedió in illo tempore, y al relatar este incidente explica por qué el hombre es mortal.” 4

Dentro de los mitos cosmogónicos generados en las distintas culturas se ha dado una gran diversidad de explicaciones sobre aquello que originó el cosmos. En algunas culturas tales como la cultura tibetana se relatan mitos en los que el cosmos surge de un huevo; por su parte los hopi entienden la creación como el resultado del ascenso progresivo desde los mundos inferiores donde la eclosión de éstos constituye el avance final hacia el mundo humano.
































































2 León ‐ Portilla,
 
Miguel,
 
 “Mitos
 de
 los
 orígenes
 e n
Mesoamérica”,
 Revista
 Arqueología
Mexicana ,
 Vol.
 X,
 número
56,
pp.
21

3 Eliade,
Mircea,
 Mito
y
realidad ,
Editorial
Labor,
Barcelona,
España,
1991,
pp.
8
(Versión
electrónica).

4 Citado
 por
Montoya,
 Pablo,
 en 
 “Los
 Pasos
 Perdidos
 y
 las
 teorías
 sobre
 el
 ori gen
 de
 la
 música”,
 Revista
 Universidad
EAFIT ,
Vol.
41,
No.
139,
Medellín,
Colombia,
2005,
pp.
62

Algunos pueblos imaginaron el origen del universo a través del sonido o la música. Lo anterior no debería sorprender, ya que en la mayoría de las culturas la música se encuentra fuertemente ligada al mundo sagrado, a la vida ritual, así como a los mitos. Marius Schneider da interesantes ejemplos del papel de la música en los mitos cosmogónicos en los cuales el universo o los dioses mismos son generados a partir de la música o el sonido:

“El término Brahma significa fuerza mágica, palabra sagrada; y es de la boca de Brahma que salen los dioses en la mitología hindú. Prajapati, el dios creador védico, surge a su vez de un soplo sonoro. Los Yakutes, los antiguos egipcios y algunas tribus primitivas de África, consideran al dios creador como un gran gritador. Los Miwok, los Huitoto, los Massa atribuyen el origen del mundo al sonido de una palabra divina. Los mayas quichés del Popol Vuh saben que el universo se crea por la palabra pronunciada. Y si estos dioses no gritan, se acompañan de instrumentos musicales…” 5

A lo anterior se podría añadir que entre los sufis, los místicos del Islam, se cuenta que Alá creó el mundo a partir del sonido; por su parte, la cosmogonía judeo- cristiana atribuye la creación del universo a la palabra hablada de Dios. Asimismo, cabe señalar que en la India, de Prajapati, dios creador, se dice que es él mismo himno y canción, de donde se entiende que toda la creación surge del canto. Dentro de la cultura occidental, sobresale lo que Platón menciona en su diálogo el Timeo, a saber, que el creador del mundo compuso el alma universal –concepto que en Platón representa la idea del cosmos- de acuerdo a proporciones y series numéricas musicales.

En efecto, puede verse por los ejemplos anteriores que dentro de los mitos cosmogónicos de tales culturas la música y el sonido, la palabra en específico, representan el medio creador por medio del cual se genera todo lo existente.
































































5 Berendt, Joachim,
 Nada
Brahma.
Dios
es
Sonido , 
Ed.
Abril,
1986,
pp.174

Uno de los mitos cosmogónicos que sobresale particularmente por su belleza es el siguiente, perteneciente a la cultura japonesa:

¨En un principio reinaban las tinieblas. Amaterasu, la diosa del sol, no reinaba todavía en el cielo. Vivía en una caverna. El mundo era frío, inhospitalario y estaba sin vida. Entonces la diosa tomó seis arcos enormes, los reunió y creó así la primera arpa. En ella tocaba hermosas melodías. Atraida por esa música, apareció la encantadora ninfa Ameno-Uzume. Entusiasmada con sus melodías, comenzó a danzar y, finalmente, también a cantar. La diosa solar Amaterasu quiso escuchar mejor la música que venía desde la lejanía. Por eso se asomó a la entrada de su caverna y, en ese mismo instante, la luz alumbró el mundo. El sol se hizo visible y sensible. Flores, plantas y árboles comenzaron a desarrollarse. Los peces y pájaros, los animales y los hombres pisaron la Tierra llena de luz. Pero los dioses acordaron desde entonces cultivar el canto y la danza, para que la diosa del Sol no retornara jamás a su caverna. Ellos sabían que si bien la vida se había iniciado gracias al Sol, sin embargo, sin la música de los seis grandes arcos en forma de arpa y sin el canto de la ninfa Ameno-Uzume jamás habría abandonado la diosa del Sol, Amaterasu, su trono celestial. Se habría quedado eternamente en su cueva. Y, por esta razón, fue que el sonido, que era música y danza, dio inicio al mundo.” 6

Hasta aquí se ha visto que en distintas culturas se han creado mitos cosmogónicos en los que el elemento generador de lo creado es la música. De la misma manera, junto con los mitos cosmogónicos, algunos pueblos tienen sus propios mitos sobre el origen de la música en particular. Al hablar de los mitos de origen en realidad se habla de una prolongación o complemento del mito cosmogónico, puesto que “toda historia mítica que relata el origen de algo presupone y prolonga la cosmogonía.” 7
































































6 Berendt, Joachim,
 Op.
cit.
 pp.
176

7 Eliade,
Mircea,
 Op.
cit. 
pp.
13

Entre los mitos de origen en los que la música tiene un papel de suma importancia se encuentra el siguiente, perteneciente a la cultura persa:

“Dios hizo una estatua de barro. Moldeó el barro a su semejanza. Quería insuflar alma a esta estatua. Pero el alma no se dejaba atrapar. Pues reside en su naturaleza el deseo de ser volátil y libre. No quiere estar limitada ni atada. El cuerpo es una prisión, y el alma no quiere entrar en esa prisión. Entonces Dios pidió a sus ángeles que tocaran música. Y al tocar los ángeles, el alma se sintió extasiada. Quería experimentar la música de un modo más directo y claro, y por eso entró al cuerpo… […] La gente dice que el alma, al escuchar esta canción, entró al cuerpo. Pero en realidad el alma misma es la canción ". 8

Si bien el mito anterior habla acerca del origen del hombre, se puede notar de inmediato la enorme importancia que tiene la música en él; en primer lugar, se le da a la música el papel de servir de puente para la unión del alma con el cuerpo y, en segundo lugar, se hace una identificación de la música con el alma, que son la misma esencia.

Un mito que habla directamente del origen de la música se puede encontrar en la cultura hindú, en este mito se narra que el dios Brahma ¨…meditó cien mil años, y el resultado de su meditación fue la creación del sonido y la música.¨ 9 Si se tiene en cuenta la capital importancia que los practicantes del Brahamanismo dan a la meditación, se puede ver la trascendencia que tiene este mito de origen con respecto a la música; en él queda claro que ésta sólo es creada después de un largo proceso de preparación espiritual por parte del dios Brahma, siendo de esta manera la música un resultado de un proceso de perfeccionamiento que culmina en la trascendencia espiritual.
































































8 Berendt, Joac him,
 Op.
cit.
 pp.
177

9 Berendt, Joachim,
 Op.
cit.
 pp.
177

Pero el mito de origen no sólo nos remonta a cómo fue creada la música, sino que también es quien la fundamenta y quien la hace tal y como es hoy; esto puede verse muy claramente en el siguiente mito sobre el origen de la música en Balí:

De pronto escuchó en la

lejanía dulces tonos como jamás antes había escuchado. Llamó a su lado al sabio Narada para enviarlo a las ermitas del Himalaya con la misión de investigar de dónde procedían esos tonos. Narada se puso en camino y, finalmente, llegó a la ermita del sabio Dereda. Allí sonaban los tonos con más fuerza. Entró. El ermitaño le explicó que, de hecho, esos tonos maravillosos tenían su origen en el terreno donde se hallaban. La ermita estaba rodeada por un bosque de bambú. Él había perforado y ligado las cañas de bambú. Cuando el viento pasaba por los agujeros, resonaban los tonos más disimiles. Había quedado tan maravillado de su descubrimiento, que afirmó a un árbol toda una serie de cañas de bambú, como si fuera un sunari -un instrumento semejante a un arpa eólica-, con el único fin de producir constantemente un hermoso sonido… […] Narada retornó al lado del dios Shiva y le informó lo que había visto. Shiva decidió, entonces, que ese instrumento de bambú sería la base de la música en Bali. Con ella se daría a los hombres la posibilidad de honrar a los dioses y de regocijarlos de un nuevo modo. Y eso lo saben los sacerdotes balineses. Y mientras antes

la música era caótica, ahora era regida por un sistema de orden gracias al dios Shiva.¨ 10

“Una vez estaba sentado el dios Shiva en la montaña Mahameru

Lo anterior también permite ver la importancia que el mito de origen tiene en la práctica actual de la música; en primer lugar porque, como se vio anteriormente, dicha práctica se define por él; en segundo lugar, porque una creencia generalizada entre los pueblos con tradiciones míticas es que “conocer el origen de un objeto, de un animal, de una planta, etc., equivale a adquirir sobre ellos un poder mágico, gracias al cual se logra dominarlos, multiplicarlos o reproducirlos a voluntad” 11 ; y en tercer lugar porque al conocer y repetir el mito de origen se fuerza a la música a retornar a sus comienzos, es decir, se le recrea, se le renueva. 12
































































10 Berendt, Joachim,
 Op.
cit.
 pp.
179

11 Eliade,
Mircea,
 Op.
cit. 
pp.
9 ‐ 10 
 


12 Un
ejemplo
literario
de
la
 recreación
del
mito
de
origen
y
por
 tanto
de
la
“renovación”
de
la
música
se
 puede
ver
en
“Los 
pasos
perdidos”,
novela
de
Alejo
Carpentier,
en
la
cual
el
personaje
principal
asiste
a
la
 recreación
del
mito,
tras
lo
cual
afirma
haber
presenciado
el
momento
del
nacimiento
de
la
música.


La renovación de la música a través del mito lleva a una renovación del tiempo y del mundo. Así, el mito cosmogónico y el mito de origen adquieren una vital importancia en la reinstauración del tiempo sagrado. La música junto con el mito se constituyen de esta manera en articuladores del mundo.

Si “…la cosmogonía constituye el modelo ejemplar de toda situación creadora…” 13 , el mito cosmogónico y el mito de origen de la música instauran un modelo para la práctica musical de las culturas a las que pertenecen, puesto que toda actividad de creación musical actual en dichas culturas repetirá en cierta manera el hecho de la creación “por excelencia” que es narrada en el mito.

El mito cosmogónico y de origen tienen una importancia primordial en el pensamiento mítico de los pueblos porque permiten “…la recuperación del Tiempo primordial, que es lo único capaz de asegurar la renovación total del Cosmos, de la vida y de la sociedad…” 14 . La música, por tanto, se convierte en la renovadora del mundo, del hombre y de su medio.
































































« Y en la gran selva que se llena de espantos nocturnos, surge la Palabra. Una palabra que es ya más que palabra.Una palabra que imita la voz de quien dice, y también la que se atribuye al espíritu que posee el cadáver. Una sale de la garganta del ensalmador; la otra, de su vientre. Una es grave y confusa como un subterráneo hervor de lava; la otra, de timbre mediano, es colérica y destemplada. Se alternan. Se responden… […] Hay como portamentos guturales, prolongados en aullidos; sílabas que, de pronto, se repiten mucho, llegando a crear un ritmo; hay trinos de súbito cortados por cuatro notas que son el embrión

de una melodía. Pero luego es el vibrar de la lengua entre los labios, el ronquido hacia adentro, el jadeo a contratiempo sobre la maraca. Es algo situado mucho más allá del lenguaje, y que, sin embargo, está muy lejos aún del canto. Algo que ignora la vocalización, pero es ya algo más que palabra. A poco de prolongarse, resulta horrible, pavorosa,

[…] Trato de mantenerme fuera de esto, de guardar

distancias. Y, sin embargo, no puedo sustraerme a la horrenda fascinación que esta ceremonia ejerce sobre mí Ante la terquedad de la Muerte, que se niega a soltar su presa, la Palabra, de pronto, se ablanda y descorazona. En boca del Hechicero, del órfico ensalmador, estertora y cae, convulsivamente, el Treno —pues esto y no otra cosa es un treno—, dejándome deslumhrado por la revelación de que acabo de asistir al Nacimiento de la Música. »

esa grita sobre el cadáver rodeado de perros mudos

Carpentier,
Alejo,
 Los
Pasos
Perdidos ,
Ediciones
Penguin,
Reino
Unido,
 1953,
pp.
98
(versión
electrónica) 


13 Eliade,
Mircea,
 Op.
cit. 
pp.
16

14 Eliade,
Mircea,
 Op.
cit. 
pp.
17

Bibliografía

Eliade, Mircea, Lo sagrado y lo profano, Guadarrama/Punto Omega, Barcelona, 1981

León-Portilla, Miguel, “Mitos de los orígenes en Mesoamérica”, Revista

Arqueología Mexicana, Vol. X, número 56

Eliade, Mircea, Mito y realidad, Editorial Labor, Barcelona, España, 1991 (versión

electrónica)

Montoya, Pablo, “Los Pasos Perdidos y las teorías sobre el origen de la música”,

Revista Universidad EAFIT, Vol. 41, No. 139, Medellín, Colombia, 2005

Berendt, Joachim, Nada Brahma. Dios es Sonido, Ed. Abril, 1986

Carpentier, Alejo, Los Pasos Perdidos, Ediciones Penguin, Reino Unido, 1953 (versión electrónica)




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