Sei sulla pagina 1di 9
Universidad de Santiago de Chile Facultad de Humanidades Departamento de Historia Licenciatura en Estudios Internacionales

Universidad de Santiago de Chile Facultad de Humanidades Departamento de Historia Licenciatura en Estudios Internacionales Relaciones Internacionales II Profesor Sébastien Dubé

¿Qué política debería adoptar Chile

frente al problema del Narcotráfico?

Integrantes:

Antonia Álvarez Sandoval

Samanta Lobos Lastra

Catalina Román Allancán

En

la

actualidad,

existen

variados

temas

que

son

parte

de

la

coyuntura

internacional, conflictos étnicos y culturales, económicos, medioambientales están a

la cabeza de las problemáticas mundiales.

En Latinoamérica podemos evidenciar la presencia del narcotráfico, problema que

afecta de diversas formas y magnitudes dependiendo del país, en el caso específico

de Chile podemos constatar que la magnitud de éste problema no es tan grande a

diferencia de paises como Mexico o Colombia, pero no pasamos por alto su

existencia.

Para entender de mejor manera esta problemática y cómo

explicaremos en qué consiste.

afecta a nuestro país,

Entenderemos por narcotráfico al comercio ilegal de drogas tóxicas en grandes

cantidades, éste es realizado por grandes organizaciones ilícitas denominadas

carteles.

Sudamérica es una de las mayores regiones productoras de drogas en el mundo,

presenta grandes carteles, lo que trae consigo problemas como el soborno a las

autoridades dentro de las instituciones públicas, por ende la corrupción, el lavado de

activos

y

la

evidente

presencia

de

violencia

en

las

ciudades

provocando

segregación espacial y estigmatización de barrios críticos

por el control

del

comercio de drogas entre redes de distribución.

En Chile a pesar de no tener presencia de carteles esta problemática afecta a gran

parte la población, según CIPER en 2009, 83 poblaciones viven al margen de las

autoridades en Santiago de Chile por temas de narcotráfico.En la actualidad existen

3 macrozonas ocupadas por narcotraficantes, San Luis, en Quilicura; Santo Tomás,

en La Pintana; y Bajos de Mena, en Puente Alto, esto se traduce en 220 mil

personas afectadas por bandas de microtráfico.

Es necesario precisar que la presencia de estas bandas en las poblaciones tiene

una directa relación con el aumento de violencia e inseguridad en la vida de los

residentes, esto puede abordarse bajo la lógica de Strange, de las nuevas

categorías que afectan en el poder estructural, una de ellas la seguridad,

tópico

fuerte en la relaciones internacionales y que explica la autora, no son sólo factores

externos los que pueden hacer peligrar esta categoría primaria, las relaciones

internacionales han mutado y la seguridad ya no solo se ve afectada por relaciones

de Estado a Estado sino que la seguridad se ve afectada por factores internos y

privados o entendidos como no Estatales, en la temática del narcotráfico esto queda

claramente evidenciado en esta Guerra contra las drogas, que se debe según

Joaquín Villalobos a la debilidad del Estado y sus instituciones.

Otra forma de entender en el estudio de las relaciones internacionales esta

problemática es la teoría de los regímenes de Keohane, que explica como

regímenes internacionales, deben cobrar fuerza para mediar la relación entre

Estados y sus conflictos, un régimen internacional que toma esta problemática e

intenta buscar soluciones es la ONU y específicamente la UNODC (Oficina de las

Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito) organizaciones encargadas de

garantizar el equilibrio de las políticas nacionales sobre sustancias controladas,

manteniendo el límite entre el crimen organizado en temáticas de drogas y el uso de

estas como medicamentos.

Entonces podemos entender el Narcotráfico en Chile como la expresión de una de

las nuevas problemáticas mundiales en la temática de seguridad, los problemas ya

no

Estado-Estado

sino

Estado-Organización

no

estatal,

y

la

mayor de sus

repercusiones en la sociedad, la violencia y la inseguridad a la que es expuesta la

población que es rodeada por el tráfico de drogas.

Lo que viene ahora, es entender qué posición debe tomar el Estado Chileno frente a

esta problemática, ya que es muy complejo de solucionar, cuando se tiene un

evidente fracaso en la Guerra contra las drogas y una población altamente

vulnerada y violentada por esta misma Guerra sin término.

Ya expuesto el problema es posible evidenciar la existencia de dos posibles

opciones para abordar y dar solución al tema, la primera corresponde a la de

aumentar la cantidad y calidad de las

políticas de represión contra el crimen y el

narcotráfico, implicando así un aumento de los costos derivados a fortalecer las

instituciones y un aumento en el número de efectivos de policías, en definitiva

fortalecer el rol

del Estado, como señala Villalobos en el texto “La seguridad

ciudadana ante la debilidad del Estado”:

La seguridad de países como Chile, Costa Rica y Uruguay responde al patrón

normal de fortaleza institucional, convencimiento de los ciudadanos de la ley y

a un mínimo histórico de responsabilidad social compartida por sus corrientes

políticas. La regla general es que a Estados fuertes corresponde menor

violencia (Villalobos, 2016:82)

Hipotéticamente se espera que esta medida debido al trabajo del fortalecimiento de

las instituciones y organismos judiciales puedan derrotar de una vez el narcotráfico,

acabando de forma definitiva la lucha contra las drogas pero, la realidad es

completamente distinta, las instituciones no son tan fuertes como quisiéramos y el

aumento de las políticas de represión implicaría el aumento de actos de violencia y

un alza en el valor de la droga, por ende un mayor lucro y aumento de ganancias

por parte de los narcotraficantes, asumiendo la complejidad de su distribución como

valor agregado obteniendo claramente el resultado opuesto.

La segunda posición corresponde a la legalización para así terminar con la práctica

del narcotráfico, asumiendo la derrota frente a la guerra contra las drogas.

Esta posición implica el decaimiento de los precios de las drogas generando

grandes pérdidas económicas a los grupos distribuidores, aumentando los niveles

de acceso y con ello el aumento de problemas derivados de la dependencia de

éstas, evidenciamos también un mayor control por parte del Estado en el modo de

producción y la forma en que tomará parte la distribución de las drogas.

El Estado asumiría un mayor control en comparación con los grupos distribuidores

acabando con la venta ilegal, terminando con la violencia y segregación espacial, y

facilitando

el

acceso

a

drogas

necesarias

para

el

tratamiento

de

diversas

enfermedades, aumentando también los recursos económicos por parte del Estado,

a través del cobro de impuestos a los consumidores.

La legalización del mercado de drogas beneficiaría en buena medida a todas

aquellas personas que padecen de enfermedades como cáncer,

alzheimer,

enfermedades crónicas caracterizadas por los grandes dolores que las acompañan,

evitando así el riesgo de ser penalizados ante la ley por el uso de éstas en sus

tratamientos, la legalización supone un acercamiento de uso medicinal entre

consumidor y distribuidor que en éste caso vendría siendo el Estado, tal como lo

dice Carvalho (2016), Se trata de tomar la decisión entre dejar el control en manos

de los gobiernos o de los traficantes; no hay tercera opción para que los mercados

de drogas desaparezcan (p.77)

Concentrar el poder de producción y distribución de estas sustancias en manos del

Estado garantiza una producción con menos niveles de sustancias tóxicas, una de

las responsabilidades adquiridas por el Estado en este ámbito corresponde a la

necesidad de conservar y mejorar la salud de los ciudadanos, tomando las medidas

correspondientes para que los efectos a corto y largo plazo del consumo de estas

drogas no sea tan perjudicial para la salud.

Es importante considerar el análisis de los costos y beneficios de la legalización del

narcotráfico ante la complejidad del mismo, para obtener políticas públicas que se

adecuen al funcionamiento interno de éste y sean acorde a la realidad que se vive

en las diferentes esferas implicadas dentro del conflicto.

Basándonos en la Estructura de Seguridad de Susan Strange es correcto manifestar

que, las dinámicas de seguridad han evolucionado, en el cual la naturaleza de los

conflictos

ha

cambiado

dejando

atrás

el

protagonismo

que

mantenían

las

superpotencias hegemónicas sino que ahora surgen nuevas amenazas internas y

aparecen nuevos actores involucrados que no son estatales.

A sí mismo, el concepto de Seguridad Nacional ha sido redefinido desde una lógica

que apunta a la Seguridad de las Personas a un nivel mucho más micro de lo que

anteriormente estaba focalizado en la inversión de armas y poder militar ante

amenaza externas. El irrefutable gasto destinado a combatir “la Guerra contra las

Drogas” no ha generado algún resultado positivo dentro de los objetivos que se han

planteado, es más, podríamos decir que ha generado los efectos contrarios. Es una

guerra perdida que no vale la pena seguir manteniendo y ante la cual es necesario

plantearse métodos que sí se presentan como una alternativa factible y permitan un

real beneficio a la población chilena.

En este sentido, creemos que la legalización de las drogas es la mejor opción ante

el conflicto del narcotráfico.

Nos inclinamos primeramente por la creación de políticas públicas que estén

orientadas a la regulación de la producción, venta, distribución y consumo de drogas

en Chile.

Segundo creemos que paralelamente instituciones como el Servicio Nacional para la

Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) deben

gestionar una inversión en tratamientos contra el abuso de estas sustancias que

serían permitidas y que el Ministerio de Educación debe ser capaz brindar una

educación integral al respecto en la cual se deje de estigmatizar a los grupos

consumidores y entregue orientación preventiva.

Estas medidas responden a una necesidad que se ha prolongado durante muchos

años con políticas ineficaces que mediante el miedo y la represión sólo han

expuesto aún más a la población al crimen, la violencia, persecución, la segregación

y altos niveles de inseguridad.

Estos países son «vacíos de seguridad»: el Gobierno no tiene autoridad

efectiva, ni es capaz de garantizar la seguridad ciudadana [

]

; los grupos

armados, caudillos o «señores de la guerra» controlan parte del territorio;

existen guerras internas; la economía se ve minada por la corrupción, las redes

ilegales y la actuación de mafias. (Sanahuja. 2008;344)

A pesar de los beneficios que podrían otorgar los mecanismos de control y

regulación estatal de las drogas no se descartan los desafíos pendientes dentro de

los cuales la corrupción se posiciona como uno de los más problemáticos dentro de

lo que sería un control total y la supervisión por parte del Estado, con el fin de que

las instituciones públicas no terminen siendo un aliado en la mantención de redes de

narcotraficantes.

Es indispensable que la adopción de estas políticas sea reorientada, que termine de

perseguir y comience a regular, permita el ejercicio de las libertades individuales, y

tenga un importante papel educacional tal y como lo plantea Barra.

Si América Latina desea dejar de absorber la suma de los costos de la oferta

y la demanda de drogas ocasionados por la guerra contra las drogas, debe

avanzar hacia políticas basadas en la realidad y no en posiciones dogmáticas

o moralistas. Para ello, la regulación legal es un pequeño paso en la dirección

correcta. (Barra.2015; 93)

Aunque se intente romper la estigmatización que se tiene referente al consumo de

drogas sin bajar el perfil a los daños que estas producen en la salud, es preciso

reflexionar y cuestionarnos la eficacia que tienen las actuales políticas de drogas y

que concientizarnos sobre la urgencia que demanda adoptar políticas enfocadas en

el bienestar social que reduzcan al máximo los riesgos a los que son expuestos

miles de chilenos mediante el control y la regulación que permite la legalización de

las drogas.

En síntesis nuestra posición va direccionada a legislar el consumo de drogas, a

través de la intervención del ministerio de Hacienda debido a su mayor beneficio

tributario en la regulación de la venta de drogas y el destinar en parte estos mismos

recursos a programas de educación sobre estas mismas temáticas, para prevenir

problemas de adicción que pueden provocar la disponibilidad de drogas entonces

lícitas a la población.

Bibliografía

Barra, A. (2015). Política de drogas en América Latina: obstáculos y próximos

pasos. Nueva Sociedad: 255, Enero-Febrero, (pp. 81-94)

Guerra, T; Figueroa, J. (2012). El dominio del narco en las poblaciones más

vulnerables

de

Chile.

Ciper

Chile.

Recuperado

de

Pérez, J; Gardey, A. (2009). Definición de narcotráfico . Definicion.de. Recuperado

Sanahuja, A. (2008). ¿Un mundo unipolar, multipolar o apolar? El poder estructural y

las transformaciones de la sociedad internacional contemporánea. VV AA Cursos de

Derecho

Internacional

de

Vitoria-Gasteiz

.

Universidad del País Vasco, (pp. 299-383)

Bilbao

;

Servicio

Editorial

de

la

Szabó de Carvalho, I; Pellegrino, A. (2016). Política de drogas y salud pública en

Latinoamérica. Foreign Affairs Latinoamérica, Vol. 16: Núm. 2, (p.77)

Villalobos, J. (2016). La seguridad ciudadana ante la debilidad del Estado. Foreign

Affairs Latinoamérica, Vol. 16: Núm. 2, (pp. 78-85)