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Comentario Crítico 1 – Teoría, Filosofía y Ciencia Política

Teoría y Filosofía Política Contemporánea

Cuando pensamos en la producción científica, en la producción de conocimiento cierto y demostrable, pensamos en una institución robusta, sin grietas, monolítica y, ante todo, holística. El objetivo último es, al fin y al cabo, el conocimiento absoluto y, por más que su aplicación a la condición humana reificada en las Ciencias Sociales pueda acarrear ciertos problemas de objetividad y reciprocidad al establecer como objeto de conocimiento al ser humano, el estudio científico de la política –que no Ciencia Política– no puede ser menos. Sin embargo, como si de pequeños reinos de taifas se tratase, la producción de conocimiento en torno a la política se halla fragmentado, tal y como establece texto, en tres nomenclaturas: La Filosofía, la Teoría y la Ciencia Política. Si entendemos la política de forma general como la gestión y organización del conflicto que necesariamente se da al vivir en sociedad, la primera se dedica al estudio deontogico de la misma, la segunda se centra en la regularidades inducibles de los múltiples ejemplos y la última las describe tal cual es en un momento y tiempo concreto. “Deber ser”, “Soler Ser” y “Ser”. A pesar de resultarme evidente a la razón que son necesariamente complementarias en un principio si de algo parece pecar toda institución es de querer mantener un férreo control sobre sus miembros, decidiendo quién puede dedicarse a que, manteniéndolos a veces en cámaras estancas que impiden que fluya el conocimiento.

Definir al ser humano de un forma rápida y sencilla no sólo es caer con total seguridad en una simplificación evidente sino promover un autoengaño obvio. Existen tantas descripciones de lo que es inherente a la condición humana como humanos se han planteado esa empresa. Así, diferentes Weltanschauungen coexisten en una amalgama, en un imaginario tapiz, en el que no se sobrescribe sino que se trenza el conocimiento sobre el ser humano. Ideas como la felicidad, la libertad o lo trascendente son respuestas a las preguntas de ¿Quiénes somos? y ¿Para qué estamos aquí? Que como la música de las esferas tañen de forma recurrente en el imaginario colectivo. Una de las respuestas es que el ser humano, como dijo Aristóteles, es un Zoon Politikon, es decir, un animal político. Con esto, el Estagirita no quiere decir que el ser humano es un halcón político al estilo del “pragmático” Frank Underwood que interpreta Kevin Spacey en la serie

americana House of Cards o que, como dice Hobbes, que el ser humano sea un peligro, un “lobo” para sus congéneres. Lo que muy acertadamente señala es que, necesariamente, el ser humano ha de vivir en la polis, en sociedad, y participar activamente de los asuntos de la misma. Por todo esto, parece que la político debería de ser, principalmente, objeto de estudio de la filosofía, de la metafísica, porque, al fin y al cabo, la condición humana, como hemos dicho al inicio, es irreductible a una serie de leyes o “hechos sociales” empíricamente observables.

Sin embargo, por más que nos planteemos como debería ser la sociedad, lo que resulta ineludible es que la sociedad y la política, de hecho, existe y son percibidos y observados tanto sus estructuras como sus efectos. Nos es posible, por lo tanto, describir mo se organiza una sociedad –Democrática, oligárquica, tiránicamente…–, cuál es el sistema de reparto de la riqueza material –Estatal, libre mercado, comunal…– o como se canalizan dentro del sistema las demandas de cambio –Elecciones, manifestaciones, golpe de estado…– Incluso podemos ir un poco más allá y descubrir capas menos evidentes de realidad como puede ser la desigualdad –económica, racial, religiosa…– o incluso los valores que imbrican un sociedad, a través por ejemplo de la World Value Survey. La Ciencia Política se encarga de preguntarle a la realidad como es y esta responde auque la entandamos como podamos o, incluso, de forma interesada. Por ello, habrá quien defienda que la Ciencia Política es la única útil pues se centra en lo que realmente es y no en construcciones mentales que no tienen un anclaje en la realidad.

Aún y todo, la realidad no es una serie de eventos aislados que no tienen relación entre . Aunque esto podría ser un postura –filosófica– que estableciera la aleatoriedad y la anarquía como el único orden, lo cierto es que la ciencia nace para llevar a cabo esa procedimiento inductivo que permite pasar de lo particular a lo universal. Si el mismo hecho ocurre de la misma forma varias veces, puedo pensar que ese hecho concreto se producirá siempre de esa forma. Esto, que es una teoría, es aceptado como verdad siempre y cuando no exista un contraejemplo –en Ciencias Sociales se puede ser un poco más flexible porque es más difícil identificar la causalidad– que la demuestre falsa. Por lo tanto, la teoría política se encarga de enunciar hipótesis falsables basadas en hechos que funcionan mientras no se demuestre lo contrario. De este modo, la Teoría Política transciende a la Ciencia Política en tanto en cuanto permite el ideal científico de savoir pour pouvoir afin de prévoir.

De todos modos, lo que nos empeñamos en diferenciar –otro rasgo muy humano–, son distintas aristas de un mismo problema de estudio: Cómo debe vivir el ser humano ya que debe vivir en sociedad. Aunque en su formulación parece que me decanto por ese deber ser, lo cierto es que es imposible llevar a la práctica –con éxito al menos– cualquier idea de bien absoluto sin ser consciente de las regularidades que impregnan las relaciones políticas. Más aún, podemos pensar que vivimos en la utopía política que nos venga a bien siempre y cuando no recurramos a la Ciencia Política para constatarlo, aunque, en estos casos, a veces “es la realidad la que se equivoca” y no la filosofía o la teoría política. Por todo ello, pienso que este artículo hace bien al describir como está dividido el estudio de la política pero peca al reforzar la idea de que son no sólo cosas distintas sino que deben permanecer alejadas. Toda institución que se precie tiende a las oligarquía que se defienden mejor si delimitan claramente sus fronteras y la academia no puede, lo que impide un análisis holístico, el único que debería ser posible si se tiene en cuenta la complejidad de la condición humana. Lo primero, por cierto es un Teoría Política, de Michels, que, en este caso, se apoya en las divisiones en cátedras y en corrientes metodológicas y científicas, y lo segundo es claramente, un deseo de cómo deberían ser y hacerse la investigación en materia política.

Óscar Villagrán Buraglia