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Bella caminaba de un extremo al otro del bar. Era


viernes por la noche, el día más abrumador para
la nueva camarera del elegante club situado en
una de las tantas esquinas de la ciudad de New
York.

Estaba orgullosa de al fin haber podido encontrar


un trabajo donde sus estudios universitarios no
molestaban. En cada empleo que había solicitado
ponían una mueca al escuchar sus horarios de
clases, salvo, claro, en un club. ¿A quién le
importa lo que hagas de día mientras puedas
acarrar una bandeja lo suficientemente alto de un
lado al otro?

Bueno, lo de la bandeja había sido un problema


para Bella. En realidad, para su equilibrio. Era una
de esas personas que, con mucha mala suerte,
nacían con dos pies izquierdos... y sus manos
tampoco ayudaban mucho. Y bueno, mantener la
bandeja derecha fue todo un desafío y más aun
cargada de relucientes copas de tragos de todos
colores. Si su padre la hubiera visto ella sabría
exactamente cual seria la expresión de su rostro.

Bella estaba segura de que hubiera soltado un


bufido y nunca hubiera creído que su hija, ahora,
llevaba elegantemente una bandeja cargada de
dos martinis secos y un cosmopolitan (N\A:
Estamos en New York chicas, ¿Cómo no va a
aparecer un cosmopolitan?). Bella suspiro al
recordar a su padre.

Charlie Swan había fallecido hacia un par de años


en un violento asalto a un banco. Era un policía de
civil que iba a recoger su paga cuando un par de
maleantes entraron al banco reclamando dinero. Y
claro, policía o no, el hombre tenia su genio y con
un arma en el cinturón no vaciló al defender la
vida de todos los demás presentes. Aunque el
hubiera caído en el medio.

Y Bella lo extrañaba demasiado.

Había vivido con él los últimos años del instituto,


ya que su madre, la alocada Reneé se había vuelto
a casar y Bella no quería incomodarla. Pero Charlie
nunca había llegado a ver a su hija entrando a la
universidad ni la vio cargando orgullosamente la
bandeja de moza en su primer trabajo.

"Y nunca lo hará" se dijo a sí misma mientras


dejaba las bebidas sobre una de las mesas. La
mujer rubia fingió desinterés mientras colocaba el
cosmopolitan en su lugar y los dos hombres
sonrieron a Bella.

Eran guapos y Bella no pudo negarlo. ¿Cuál de los


dos estaría con la mujer? ¿O serian los dos? Bella
negó con la cabeza y disperso esas ideas de su
mente. Trabajar en clubes tan movidos le llenaban
la cesera de lo que ella consideraba estupideces.

Volvió a su trabajo, llevar la bandeja y recordar


los pedidos de cada cliente resultaba algo difícil si
ibas pensando en otra cosa. Y más con lo
despistada que era Bella.

Los primeros días tuvo que concentrarse en cada


paso que daba. En ese momento estaba mas
confiada, ahora conocía los peligros del club... los
lugares donde era mejor no pasar y donde solía
resbalarse. Sabia que debía cuidarse de las
corridas y las personas que no pensaban en ella a
la hora de caminar por el pasillo o levantarse de
sus lugares.

Si, había adquirido experiencia después de


haberse bañado varias veces en.. whisky,
cosmopolitan, champangue, hasta en ron... un
loco que solo bebía eso. Puaj. En varias ocasiones
el alcohol se había adherido a su ropa y mientras
viajaba en tren hacia su casa olía como un
borracho.

Pero ahora lo controlaba. O eso creía.

Camino lentamente por uno de los pasillos


peligrosos. Casualmente tenia mala memoria para
los pedidos pero no para las situaciones
embarazosas. Casi podía recordar cada una de las
veces que la bandeja y su contenido no habían
terminado donde debían. Bueno y ese pasillo era
un lugar con altas probabilidades de accidentes,
también era buena en matemáticas.

Apretó un poco el paso y volvió a la barra. La


cruzó y ingresó al sector de empleados.
Necesitaba un momento para tomar aire. Las
piernas le dolían y sus pies adoloridos gritaban
desde dentro de sus zapatos de tacones altos.
Otra cosa mala para el equilibrio.

Emmett, el dueño del bar, había insistido en que


los tacones altos no debían suponer un gran
desafío para alguien como Bella. Claro, claro que
no la conocía. Bella maldijo entre dientes y
entorno los ojos. ¡Hasta había llegado a suplicarle
a Emmet que la dejara usar sus zapatos bajos! Y
con eso solo se había ganado una cuota gratis y
de por vida de las bromas de su jefe.

Emmet era un caso particular. La primera vez que


Bella lo vio, en su entrevista y después de recorrer
varios bares y clubes que estaban publicados en la
zona de empleos del diario local, casi se cae del
susto. Pensó por un momento salir pitando de allí
pero luego lo vio sonreír.

Era extraño. Emmett era gigante, todo músculos,


altísimo. Pero cuando sonreía se le formaban dos
simpáticos hoyuelos en la comisura de sus labios y
eso lo hacia lucir como un niño encerrado en un
cuerpo de adulto. Y sus bromas, confirmaban esa
teoría.

"Definitivamente suplicar no fue una buena idea"


repitió Bella en su mente mientras se preparaba
para una hora mas de aquel infierno de tacones
altos.

Recordó la cara de Emmet cuando


inconcientemente y apelando a la piedad, Bella
dibujo un puchero en sus labios para intentar
convencer a Emmet. No lo logró. Lo único que
consiguió fue su risa estruendorosa y su nuevo
apodo. Pucheritos. Bien. Y Emmett había
asegurado que le conseguiría una nueva camiseta
para su uniforme de trabajo, donde dejara bien en
claro su apodo.

Bella se llevo las manos la cara, respiro


profundamente y después de unos segundos y con
firme determinación, levanto la bandeja y ella
misma se irguió sobre sus pies para volver a la
carga.

"Solo es una hora"

Le gustaba su trabajo. Y estaba orgullosa de poder


llevarlo también, teniendo en cuenta de que
estudiaba Literatura en la universidad. Pero había
logrado equilibrar las horas de sueño, de trabajo y
de estudio muy eficientemente. Hasta podía llegar
agregar algunas de ocio. Y no era por que a Bella
no le gustara divertirse, sino por que era muy
responsable.

Ja, justo como a su madre le gustaba llamarle.


Siempre repetía una y otra vez que Bella había
nacido con treinta y cinco años y cada año se
volvía más adulta.

Un par de pedidos mas tarde, Bella se concibió un


minuto para pasar por el servicio de mujeres.
Abrió la pesada puerta con una mano y se adentró
en el pequeño cubicuelo. Había dos mujeres mas
allá, enfrascadas en una conversación. Una lloraba
desconsoladamente. Decidió que no era un buen
momento para meterse, además no las conocía.
Se miro al espejo un segundo.

La camiseta apretada con el logo del bar no le


quedaba tan mal. Acentuaba sus escasas curvas y
le daba un toque de sensualidad que nunca se
hubiera animado a llevar. Seguramente, si Bella se
hubiera probado una remera así en una tienda
nunca la hubiera comprado y menos, se la hubiera
puesto.

Se observó al espejo y se ruborizó. Sino fuera por


Emmett y su maldito uniforme no le dolerían los
pies y tampoco se sonrojaría así. Movió la cabeza
hacia los lados varias veces. Sus ojos cafés
relucían todavía, aunque estaba agotada por una
semana interminable y empezaba a dolerle la
cabeza.

Otro punto en contra para su trabajo. La música


no era buena cuando tenias una jaqueca.

Bella decidió no pensar en eso, y si en su cheque


próximo a llegar con su paga del mes, y tomó la
bandeja.

Recorrió las primeras mesas con una sonrisa


medio fingida. Así le gustaba llamarla a ella. No
era del todo fingida por que se esforzaba... solo un
poco. Pero tampoco lo suficiente como para que
fuera una sonrisa sincera. Pero para ella era
suficiente. Y punto.

Un hombre levanto la mano desde una de las


mesas mas alejadas. Esas que son mas privadas y
donde es mas difícil distinguir las copas por la
iluminación mas tenue. Caminó con paso decidido
hasta la mesa donde la solicitaban.

Una voz profunda le pidió la cuenta. Volvió a la


barra y le pidió a Mike el ticket para la mesa 11.

-Ey, Bella.. ¿Qué es lo que haces al salir de aquí? -


dijo levantando una ceja, tratando de sonar
provocativo. A Bella casi le dan arcadas.

-Pienso tener un hermoso encuentro con mi cama

-No seas aburrida

-Estoy molida..

-Como tu digas - dijo algo decepcionado. Sus ojos


celestes se volvieron a concentrar en la pantalla
del computador, solo para que Bella no
distinguiera la decepción es sus ojos. Pero ella no
era tonta y sabía perfectamente lo que hombre
rubio y ojos claros que estaba a su lado sentía.
Solo que ella prefería mantenerse alejada de él.
Ella solo se preguntaba por que los hombres no
pueden entender las indirectas. Ella solo deseaba
ser su amiga. Mike no la atraía ni pizca. Y eso era
ser muy generoso.

-Cuenta para la mesa 11... - dijo extendiendo el


ticket. Cuando Bella alargó el brazo para tomarlo,
Mike tomó su mano y la miró con sus ojos celestes
- solo piénsalo, Bella.

-OKOK. - No tenía nada que pensar. Mike se


estaba volviendo una mosca pesada y ahora ni
como amigo lo quería Bella.
Suspiro y volvió a la mesa 11. Donde, gracias
alguna luz que ahora estaba encendida, podía ver
la cara del hombre. Era apuesto, elegante y
parecía desencajar con su caro traje negro. Su
brazo rodeaba codamente la cintura de una mujer
vestida con un apretado conjunto rojo. Bella la
observo un momento. Era rubia y su larga nariz le
daba un toque de... rareza. No era bonita pero
tampoco era fea.

Cuando Bella llego hasta la mesa, el hombre


separó por un momento su brazo de la cintura de
la mujer, tomó el ticket y luego, revolvió en la
billetera. Le tendió a la camarera un poderoso
billete de cien dólares.

-Quédate con el vuelto

Bella no podía creerlo. Gracias que habían gastado


la mitad de ese dinero en el club esa noche. Bella
se atrevía a decir que menos de la mitad. Se le
desencajó la mandíbula pero tomó el dinero y
volvió a la caja agradeciéndole al hombre.

-De nada... espero volver a encontrarte aquí, .. -


entornó los ojos para descifrar las pequeñas letras
que Bella llevaba en un costado de la camiseta -
¿Bella?

-Oh, si claro - dijo. Volviendo a observar la


camiseta que llevaba impreso su nombre. A Bella
le resultaba extraño que la gente ya no preguntara
su nombre, sino que directamente leyera la
camiseta.
"Solo intentan demostrar que no son analfabetos"
Bella bufó en su interior.

Con los cincuenta dólares en un bolsillo y la


bandeja en la mano Bella comenzó otra ronda. La
mesa ocho rápidamente la solicito y volvió con dos
martinis listos.

Pero cuando solo le faltaban dos pasos para llegar


y ya podía imaginarse dejando las delicadas copas
sobre la mesa, el hombre de la mesa siete corrió
su silla hacia atrás sin mirar.

Y precisamente la mesa siete se encontraba


enfrente a la ocho. Y precisamente Bella se
encontraba parada con la bandeja en su mano
derecha y dos maritinis sobre esta, parada en el
medio del pasillo que separaba las dos mesas.

"Mierda" Pensó Bella en cuanto sintió el golpe de


la silla en su muslo y trastabilló. Por un momento
pensó que tenia todo controlado, pero estaba
equivocada.. Muy equivocada. Cerró los ojos y
esperó el golpe contra el piso. Pero nunca llegó.

Lo que si llego fue un frío baño de Maritinis.

"Justo lo que me faltaba"

Bella abrió los ojos para encontrarse con unos


color esmeralda surcando su rostro. El hombre
que había corrido, irresponsablemente agregaría
Bella, la silla desde la mesa siete hacia la mesa
ocho la había agarrado de la cintura y la sostenía
para que no golpeara el piso.
Bella de repente se sintió volver a la realidad.
Percibió el fuerte agarre del brazo del hombre en
su cintura y un extraño cosquilleo que le causaba
el contacto de su piel fría contra la suya.

Bella se irguió y miró con mala cara al hombre.

-Lo siento.. Yo. - su voz aterciopelada


acompañaba perfectamente su rostro que parecía
cincelado en piedra.

Bella recorrió con la mirada sus líneas


perfectamente rectas y varoniles. Su nariz
alargada, su mentón duro, sus largas pestañas, el
color níveo de su piel y por ultimo, se permitió
echarle una mirada a sus ojos esmeraldas. Soltó
todo el aire de una vez.

-No importa, señor. Todo esta arreglado

-¿Señor? - dijo levantando una ceja.

-Señor - repitió Bella, preguntándose


interiormente que le pasaba a ese tipo.

-¿No sabes quien soy?

-Yo.. no. - ¿Quién mierda era?

Se rió. Con su risa melodiosa.

-Escucharte, este..Tanya? Tina? - movió la mano


como haciendo que no importaba. Bella cayó en la
cuenta de que se refería a su acompañante -.. no
sabe quien soy
Por primera vez, Bella se fijo en la mujer que
estaba en la mesa. Era.. Como explicarlo. Bella
pensó que era una modelo cuando la vio bajo las
tenues luces del club. Tenia facciones de modelo,
por supuesto. Su cuerpo era escultural y su
rostro... perfecto. Enmarcado por un brilloso
cabello pelirrojo digno de cualquier propaganda de
shampoo. Y ese cretino ni siquiera sabia su
nombre. Y en cima, era tan arrogante como para
pavonearse que Bella no lo conocía.

Ella se desvenia los sesos pensando quien era


hasta que lo escuchó y soltó lo primero que se le
vino a la mente. Obvio, sin tener en cuenta de que
era su cliente.

-Pero, ¿Qué pasa contigo? - dijo levantando una


ceja..

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Ella se desvenia los sesos pensando quien era


hasta que lo escuchó y soltó lo primero que se le
vino a la mente. Obvio, sin tener el cuenta que era
su cliente.

-Pero, ¿Qué pasa contigo? - dijo levantando una


ceja.

El hombre, que antes le había parecido tan


apuesto con sus ojos esmeraldas deslumbrantes y
su rostro cincelado en piedra, con el fervor que
sintió al presenciar la escena se convirtió, a sus
ojos, en lo mas desagradable que había visto..
Hacia mucho tiempo.

Bella arrugo el ceño. Y largo la frase sin detenerse


a pensarlo. No había tenido en cuenta que ese
hombre, primero que todo, era un completo
extraño para ella y que además, estaba en el club
donde trabajaba, de donde podía ser despedida
por maltratar a un cliente.

"Mierda" pensó Bella "Mierda, mierda, mierda"

Pero era demasiado tarde, las palabras ya habían


escapado de su boca. Y Bella se arrepintió por ello.

Ahora era el hombre quien la observaba con una


ceja levantada. Pero su expresión no era de furia
sino de.. Asombro y desconcierto.

La mujer que era su acompañante, que aunque el


hombre no recordara su nombre era Tanya, se
levantó de la silla y se paro a su lado... frente a
Bella que chorreaba de martinis.

La mujer estiro uno de sus largos en dirección a la


camera, apuntándola acusadoramente.

-¿Cómo te has atrevido, idiota camarera? - casi


grito la mujer con su desafinada y tremendamente
aguda voz.

Bella abrió mucho los ojos, sorprendida.. Nunca


había pasado por una situación así. La ira le
inundo las venas y le llego hasta el cerebro.
Inmediatamente, dejo de sentir pena por la rubia.
Estuvo a punto de contestarle a la mujer. Bella era
la dichosa dueña de un fuerte carácter. Nadie la
llamaba idiota y vivía para contarlo.

Pero en ese caso era distinto. La mujer era su


cliente. Y ella pensó que seguramente no tenía
idea de que había sido su apuesto acompañante
quien había causado el accidente.

Aunque eso no justificaba que Bella lo hubiera


tratado de esa forma. Y ella lo sabia. Así que por
un momento dejo la rabia de lado (la rabia que le
causaba el petulante hombre de ojos esmeraldas
sumada a la que creaba la acusadora rubia
oxigenada) y intentó controlar su genio para
disculparse.

-Lo siento, señor..?

-Cullen. Edward Cullen

-Muy bien, señor Cullen.. Si lo desea puedo


ofrecerle pagar su cuenta por las molestias
ocasionadas.

-Creo que seria lo mas correcto - apunto la rubia.

Bella, en realidad, lo que mas deseaba era que se


negara. ¿Pero que mas podía hacer? Si debía
perder su paga de un mes en una noche para no
perder su trabajo.. Lo haría. además, ese tema no
dañaría su honor ni un minuto mas

Pero el hombre relajó el ceño y soltó una


carcajada profunda y aterciopelada como su voz.
-Claro que no voy a dejarte hacer eso.. mm.. -
Entorno los ojos y como todos los demás, leyó el
nombre en la remera - Bella.

-Pero..

-No te preocupes fue mi culpa.

Por primera vez, Bella miro alrededor. Y también,


por primera vez, agradeció que el ambiente donde
se encontraban fuera tan oscuro. Solo la pareja de
la mesa numero ocho se había enterado del
percance. Y gracias a la música atormentadora
solo ella había escuchado los gritos de la rubia.

Edward miraba el accidente con otros ojos. Solo


había alejado la silla de la mesa para salir pitando
de allí en cuanto descubrió que su compañía no
era del todo grata. No recordaba su nombre pero
su voz aguda y su constante cotilleo habían
logrado que en solo diez minutos de conversación,
(o de monologo, ya que solo hablaba ella y gracias
que le daba tiempo a Edward de pronunciar un par
de monosílabos) sentía un zumbido molesto en la
cabeza.

Pero no se arrepentía de haber corrido la silla


justo en ese momento. Cuando pensaba que su
noche estaba arruinada por haber elegido tan mal
su compañía. Ahora agradecía al destino que su
silla justo hubiera golpeado a la hermosa
camarera que ahora tenia enfrente.

Había logrado sostenerla justo un segundo antes


de que su cabeza diera con el piso pero no había
podido evitar que terminara toda bañada de
Marintinis

"Aunque eso lo hace todavía más sexy" pensó


Edward con deseos puramente físicos.

La extraña camarera, con sus ondas cafés cayendo


suavemente sobre sus hombros y sus ojos a tono
entornados en unos aparatosos anteojos, le
resultaba hipnotizante.

Y cuando reacciono de ese modo, tan molesta


cuando él le preguntó si no lo conocía, encendió la
chispa de la curiosidad en Edward. Una chispa que
llevaba varios años apagada.

Bella con solo un par de palabras había logrado


intrigar al hombre que estaba enfrente.

Pero entre la furia de Bella.. Que pronto se


convirtió en arrepentimiento y la intriga de Edward
hubo algo más. La insospechada y molesta voz
acusadora.

Edward se repitió mentalmente cuan mal había


hecho invitando a esa mujer a tomar unos tragos.
La había conocido en otro bar pero la había
encaminado hasta este por que el ambiente mas
relajado y la luz más tenue, le daban algo mas de
privacidad al encuentro. (N/A: Nuestro Edward ha
desparecido por un par de capítulos... veamos un
poco a esta egocéntrica versión.

Pero en ese momento pudo descubrir que su


noche, capaz no estaba del todo arruinado. Bella
había disparado la chispa de la curiosidad
instaurando en Edward un nuevo objetivo.
Conquistarla.

Con tan solo esas palabras, Edward quien tenia


una extraña capacidad de deducir características
de una persona con un par de miradas, supo por
su postura, su expresión y su reacción que Bella
seguramente era una mujer de esas... "aburridas".
Que era sumamente introvertida, tímida y
seguramente se pasaba el día con la nariz pegada
algún libro.

Nunca le habían atraído ese tipo de chicas. Desde


había años prefería las.. Fáciles. Si, lo admitía sin
pudor. Edward era todo un casanova. Y las
mujeres solo le duraban un par de citas. Nada
mas. Nunca había tenido el suficiente interés en
ninguna como para pasar de eso.. Claro que en
esas dos citas se aseguraba un algo mas que un
par de copas y un buen momento. La mayoría de
las chicas con las que salía terminaban en su cama
y no precisamente durmiendo.

Bueno, el sabia exactamente a quien quería en su


cama esa noche y a quien no.

La rubia quedaba totalmente descartada. Desde el


primer momento en que se sentaron en el bar y la
mujer tuvo la suficiente confianza para soltar la
lengua. Edward pensaba que tenia un cuerpo
digno de ser observado pero... había que
amordazarla para que pudiera soportarla. Y aun
así dudaba mucho que quisiera su compañía.

En cambio, Bella..
Cuando le ofreció pagarle la consumicion.. Edward
solo atino a carcajearse. Aun estaba atónito por
que no supiera quien era.

Y el que creía que era conocido en todo el país.


Por un lado fue un alivio saber que había gente,
en la misma New York, que no sabia quien era...
pero por el otro lado fue totalmente imprevisto.
Estaba acostumbrado a que la gente que pasara
por la calle lo reconociera y saltara sobre él en pos
de un autógrafo o una foto.. Especialmente las
mujeres. Y especialmente las mujeres de la edad
de Bella.

Edward Cullen se había transformado, de un día


para el otro, en el cantante con mas éxito en
todos los Estados Unidos.. Y en buena parte de
Europa. Y su inesperable y sorpresiva fama
hicieron que su ego subiera hasta las nubes en
menos de dos segundos.

De un día para el otro había pasado de ser un


acomodado chico de Inglaterra al nuevo cantante
sensación del mundo.

Premios, discos y fama todo junto en un solo


paquete. Y estaba cegado.

Aunque claro, para el la fama era algo que le


facilitaba la tarea a la hora de la conquista. Pero
tuvo muy claro que eso con Bella no iba a servir.

Bella 1, Edward 0.

Pero Edward no iba a darse por vencido tan fácil.


Las mujeres eran un reto para él. Nada mas que
un reto. Eso era lo que él permitía. Nunca dejaba
que las cosas llegaran a más. Sabia que una mujer
no le convenía. Y nunca había encontrado alguna
con la que quisiera pasar mas de una noche.. O
dos.

Con un nuevo objetivo en mente, Edward comenzó


a trazar un plan. Una red de miradas, engaños y
coqueteo que solo esperaba que le permitieran
enterar sus manos en esos cabellos color
chocolate, presionar su cintura entre sus brazos y
saborear los suaves y dulces labios de la
inesperada camarera. Su nuevo objetivo.

Entrecerró los ojos un momento para aclarar sus


ideas.

Bella seguía inmóvil, paralizada ante la risa poco


realista del hombre. Y la rubia, también.

-No te preocupes fue mi culpa

-Pero yo.. No debí decir lo que dije

-Lo sé - dijo descargando todo el poder sus ojos


esmeraldas sobre Bella. Conocía sus armas
perfectamente y sabia como usarlas.. Sobre todo
contra las mujeres.

Pero Bella pareció no inmutarse. No parecía ni


estar deslumbrada por su mirada ni miedosa por
su situación. Al revez, parecía enojada y
totalmente encaprichada.

Eso hizo creer aun más la llama de la curiosidad


en Edward.
-Este.. - se giró mirando a la mujer a su lado. El
hombre evaluó una vez mas a la mujer. Y
concluyo, a pesar de su buena figura, que no valía
la pena. No podía recordar su nombre aun. La
señalo.

Y la mujer, no tan tonta como él creía, le sonrió y


le contesto con un susurro su nombre

-Tanya. Creo que ya me voy.

-Espera.. No tienes mi numero.

-No hace falta - dijo sonriendo de lado.

La mujer hizo una mueca, captando la indirecta


muy rápidamente. Tomo su bolso y antes de que
Edward siquiera se hubiera movido hacia la salida,
ella salía contoneando sus caderas y moviendo su
cabellera hacia los costados por la puerta de
entrada dejando el estruendoso bar para
internarse en la oscuridad de la noche.

Bella seguía en su lugar. Chorreando martinis. Y


Edward también.

-Creo que necesitas un baño.. - dijo mirándola -


Hasta luego, Bella - calvo sus obres sobre las de
ella y noto por primera vez la profundidad de esos
ojos chocolates que le devolvían la mirada y
parecían ni enterarse de la presencia de Edward.
Él supo que esos eran ojos peligrosos. Llameando
incansablemente.. Llamándolo.

"Como si quisiera volverte a ver" pensó Bella. Y


sintió una nueva ola de furia contra ese hombre
desconocido y que no quería volver a ver en su
vida. Lo odiaba y ni siquiera recordaba cual era su
nombre.

Edward enfilo por el pasillo y paso delante de


Bella. Pero antes de que esta se diera cuenta,
Edward volvió sobre sus dos últimos pasos y la
tomó del brazo con determinación. Bella se asusto
y contuvo un gritito histérico que amenazo por
escapar entre sus labios.

-No he dejado que pagues.. Pero tampoco he


olvidado lo que has dicho - dijo con un susurro tan
cerca del oído de Bella que esta pudo sentir su
aliento mentolado contra su piel. Que
inmediatamente se tenso y miles de pequeñas
corrientes eléctricas le recorrieron el cuerpo.
Todas partiendo del pequeño espacio de su cuello
donde había sentido su aliento hasta la planta de
sus pies, hasta la punta de sus dedos, hasta la
comisura de sus labios finos...

Pero no permitió que esa sensación llegara a su


cerebro. Bella era practica e inteligente. No iba a
dejar que una cara bonita la molestara. Ella era
fuerte. Y realmente lo era.

Con la cabeza fresca, aunque eso denotara toda


su atención y tuviera que esforzarse fuertemente
por ello, Bella entendió perfectamente las palabras
de aquel hombre arrogante y altanero. Iba a
cobrarse el favor.

Ja. A Bella le hirvió la sangre, literalmente. Tenía


ganas de agarrar a ese hombre del cuello de la
camisa y darle una buena cachetada. Edward solo
pensaba en que Bella se inclinara sobre él y lo
tomara el cuello de la camisa, no para mostrarle
su furia, sino para besarlo desenfrenadamente.
Justo como él quería besarla.

Pero Bella no se movió y Edward salió con su paso


ligero por la puerta del club.

Bella lo observo desvanecerse y perderse entre la


oscuridad de esa noche.

Una mujer pasó a su lado y la sacudió levemente.


Eso hizo volver a la realidad a la camarera. Que
por un momento se había dejado perder entre sus
pensamientos y su ira aparentemente controlada.

volvió a su trabajo pero antes tuvo que hacer una


visita al baño para ver cuanto podía sacarse de la
ropa el olor a alcohol. Y de la piel. Se lavo la cara
y volvió al salón. Ya lidiaría con eso mas tarde..
Cuando el sol comenzara a salir por el horizonte,
camino a casa.

Tomo la bandeja y volvió cargarla con los dos


martinis secos que había perdido en el camino.

Y así continuo la noche. Copas, clientes, pagos y


propinas.

El sol se asomaba entre las nubes lentamente,


como reticente a que esa noche preciosa, colmada
de estrellas, terminara. Como si quisiera alargar la
pena de la mujer que ahora, con algo de olor a
alcohol, esperaba sentada en el subterráneo
esperando la llegada de la siguiente estación para
finalmente lograr entrar a su departamento.

Bella en ese momento no deseaba otra cosa mas


que su mullida y calentintita cama que la esperaba
a no más de diez minutos de viaje y un par, de
caminata. Era bueno tener la estación de
subterráneo tan cerca de su casa, se dijo.

La estación que le correspondía llegó más rápido


de lo esperado y se levanto de su asiento con una
mezcla de cansancio y excitación.. No podía
esperar a estar en su departamento para darse
una buena ducha y luego, descansar de una
semana terriblemente larga para ella.

Bajo del subte y camino las cuadras que la


separaban de su hogar. No tardo mucho en
encontrar las llaves en su atestado bolso, por
suerte. Las luces de la calle se habían apagado
pero el sol todavía no alumbraba lo suficiente. A
Bella le aterraba llegar a esas horas y caminar por
esas calles sola.

Bella vivía en uno de los barrios de clase media


donde muchas mujeres solteras se habían
encontrado con un delincuente en su camino, a
veces solo perdían su cartera y otras, mucho más
que eso. Bella calmo un temblor que le recorrió el
cuerpo al pensarlo.

Empujo la pesada puerta de su departamento,


puso un pie a dentro, luego el otro y la cerro. Una
vez a dentro se sintió más segura.
Subió las escaleras hasta el tercer piso. El
corredor y las escaleras no estaban sucios, pero la
capa de pintura celeste desvaído que traían había
perdido casi todo su color y en algunas partes el
papel caía deprimente hacia el piso atraído por la
gravedad. Una fea y desagradable capa de hollín
oscuro cubría todo. Por más que Selia, la mujer
del portero, dedicara todo su tiempo a limpiar los
pasillos.. Nunca conseguiría que la pintura volviera
a la vida.

Bella subió, con pesar y cansancio los últimos


escalones del tercer piso y abrió la puerta de su
departamento.

Adentro no era muy diferente del corredor. Bella


no era pobre.. pero tampoco rica. Muchas veces la
plata le había faltado pero siempre sabia como
manejarse. Su madre la ayudaba, le pagaba la
renta.. pero no la dejaba hacer más. Bella era
orgullosa y aunque Reneé fuera su madre, ella se
consideraba mayor y estaba segura que un día u
otro conseguiría algo mejor.

De todas formas, ese departamento era su hogar.


El lugar donde se pasaba horas estudiando, donde
dormía, comía y se bañaba.

"Baño" pensó Bella.

Camino los pasos que la separaban de su objetivo,


dejando caer su cartera en el camino. Se saco los
zapatos y después la chaqueta. Cuando abrió la
puerta del baño solo conservaba la remera
ajustada y sus pantalones negros que formaban su
uniforme de trabajo.

Gruño y se saco la camiseta apretada. Y el resto


de la ropa para saltar dentro de la bañera llena de
confortable agua caliente.

Bella se perdió entre el vapor del baño y el agua


tibia que recorría cada centímetro de su anatomía.
Cerro los ojos y casi se queda dormida... el agua
comenzó a enfriarse y, con mucho pesar, Bella
salió del baño. Se puso su pijama y se metió
dentro de la cama. Se tapo hasta la nariz con la
sabana. Pero no fue suficiente. Aun tenia frío.
Camino hasta el armario y saco una frazada.

El verano había abandonado New York y el otoño


se acercaba amenazador. Era hora de
acostumbrarse a los pesados edredones.. A las
hojas en el suelo esperando la llegada de la nieve
blanca y fría para cerrar el ciclo.

Bella se estremeció bajo la frazada y froto sus pies


para entrar en calor. No se había dado cuenta de
ese frío camino a su casa.

El sol iluminaba plenamente la ciudad dando fin a


la estrellada noche para comenzar una mañana
hermosa y luminosa pero Bella no se enteró por
que sus cortinas interceptaban cada rayo de sol
que intentaba colarse en su habitación.

Cerro los ojos y se acurruco en su cama. Llevo sus


rodillas hasta su pecho y soltó el aire todo de una
vez. Por suerte, tenia todo el sábado para dormir.
Todo el sábado. Pero recordó que tendría que
estudiar por la tarde. Y soltó un gruñido y un par
de palabrotas.

Cerro finalmente los ojos y se dejo ir. Dejo que los


pensamientos y las imágenes de esos días pasaran
por su mente sin retenerlas, como el subte que
había tomado esa madrugada, como los cócteles
que había dejado en las mesas y que más tarde, a
la hora de cerrar, había levantado, vacíos, de las
mesas del club. Abrió los ojos un momento para
volver a la realidad pero sus párpados pesaban
como varios miles de elefantes y termino
rindiéndose.

Cuando volvió a cerrar sus profundos ojos


marrones solo pudo ver la intensidad de otros..
Esmeraldas.

-Maldito, engreido.

Del otro lado de la ciudad, en un gran


apartamento de sobre Park Avenue, Edward se
revolvía entre las sabanas. Enrosco sus brazos
alrededor de la mujer con quien compartía la
cama. Encontró su piel tersa y suave al tacto y su
color perfectamente tostado le recordó a uno muy
diferente.. Pálido. Cerro los ojos y se concentro en
olvidarse de todo. Especialmente de › 

Sabia el nombre de la mujer que lo acompañaba


esa noche por que era una de esas chicas que
llamaba cada tanto, una de las chicas que
calentaba su cama cuando tenia una mala noche.
Jessica susurro algo en sueños y se alejo de los
brazos de Edward para terminar en la otra punta
de la espaciosa cama.

Edward vivía en un amplio piso ubicado en el


centro de New York, muy cercano al Central Park y
en la zona más costosa de toda la ciudad, y
posiblemente, de todos los Estados Unidos.

El lugar, a pesar de la intrigante y moderna


decoración que parecía haber sido colocada con
gran esfuerzo y dedicación, no daba la sensación
de un hogar.. Era muy impersonal. Era obvio que
su dueño no lo había amueblado a su gusto.

Edward gruño levemente al recordar a su madre,


un par de meses atrás, encerrada en su nuevo
departamento tratando de conseguir el diseño
perfecto para su hijo. Esta vez, Esme Cullen no lo
había conseguido. No por que le faltara talento.
No, era claro que lo tenia, eso era indiscutible..
Pero la falta de atención de su hijo le había jugado
varios puntos en contra.

Esme no podía creer, y tampoco podía ver, que su


hijo se empeñaba en mantenerse duro, frío e
indiferente como el mismo exclusivo granito que
tan laboriosamente había conseguido para la
solemne cocina de la casa de su hijo menor.

Pero eso había sido hacia dos meses. En ese


momento, todo seguía igual.. Capaz un poco más
sucio y desordenado, varios calcetines tirados y un
par de libros amontonados sobre un escritorio.
Edward concentro su mirada en el techo de su
departamento. Tan blanco y reflexiono sobre esa
noche.

Cuando salió del bar no se le había pasado por la


cabeza llamar a Jessica, pero en cuanto se acostó
y recordó los profundos ojos chocolates que había
visto esa noche decidió que necesitaba compañía.
Bella tenia que esperar a otra noche. No entendía
por que no podía alejarla de su mente.. Ni siquiera
la conocía.

En la cama, fría y con una compañía que lo hacia


sentir tan solo como si realmente lo estuviera,
volvió a pensar en esos ojos. Y se repitió
mentalmente que Bella solo era su nuevo objetivo.
Solo eso.

c 



   

El teléfono sonaba y vibraba incesante sobre la


mesa de luz de caoba bastante maltratada. Era
una bella pieza, antigua.. Una reliquia. Y Bella,
que tenia un don especial para ello, había sabido
ver su valor entre un montón de chatarra en una
venta de garaje. La había conseguido por un par
de dólares, las puertas estaban algo caídas y la
madera maltratada, pero valía mucho mas y ella
se disponía a arreglarla, en cuento tuviera tiempo.

Era uno de los tantos pasatiempos que tenia Bella


pero que no podía llevar adelante. Sabia como
restaurarla. Hasta había pensado que materiales y
que herramientas necesitaría.. Y había soñado
como quedaría terminada. Hermosa. Solemne.

Todavía no había descubierto que estilo era por


que no tenía mucha idea sobre ello. Pero ella
quería creer que había pertenecido algún
ciudadano francés hacia varios siglos. Y estaba
feliz, que después de haber cruzado un océano y
haber sobrevivido tantos años de maltrato y
deterioro, la elegante mesa de luz ahora
compartiera su hogar.

Bella saco la cabeza de entre las sabanas y


nuevamente, y como tantas veces lo había hecho,
se perdió en el suave diseño de la pieza. Pero la
razón por la que se había levantado continuaba
repiqueteando sobre la desvaída madera.

Con un gruñido y varias palabrotas, la mujer, con


los cabellos castaños bastante enredados y los
ojos aun entrecerrados por el sueño, atendió el
poseído celular sin prestar atención al
identificador.

-¿Bella? - pregunto una voz de soprano del otro


lado de la línea.

Bella se sentó sobre la cama, acomodo las


sabanas que eran un revoltijo de ropa blanca que
se le enredaba en las piernas y se froto los ojos
para intentar pensar con mas claridad.

-Bella! - repitió la voz algo más aclamante - Te


escucho respirar. Contenta
-Alice?

-¿Estabas durmiendo? - contesto con algo de


lastima

-Si - contesto con un suspiro la bella durmiente.

-Oh, lo siento Bella.. lo siento

-No te preocupes, Alice. ¿Qué hora es?

-Las tres

-¡Las tres! Menos mal que llamaste, enana.. Sino


me hubiera pasado la tarde durmiendo.

-Siempre supe que estaba destinada a ser la


heroína.

-Si, muy gracioso Alice - contraatacó Bella.

Del otro lado del teléfono, la mujer que se


encontraba a pocos kilómetros de su casa, daba
saltitos de alegría. Bella podía escuchar el sonido
que producían los finos tacones que Alice solía
usar contra el piso de madera de su apartamento.
Pero no se asusto ni se sorprendió de ello. Era tan
común en Alice. Esa mujer intrépida y
desvergonzada, llena de energía que había
conocido de casualidad en un centro comercial.
Cuando la había ayudado con el mar de bolsas que
cargaba.

Había sido una hermosa casualidad, pensó Bella al


recordar el momento. En cuanto varias bolsas
habían caído al suelo, Bella que pasaba por la
vereda se detuvo a ayudarla. Y cuando los
elegantes envoltorios de ropa que colgaban de sus
manos le dejaron ver su rostro, Alice le había
dedicado una sonrisa.. Una de esas que la
caracterizaban, que al conocerla lo suficiente,
descubrías que esa cara era la que ponía cada vez
que sabia algo.

Recordó sus ojos casi dorados que había visto


correr líquidos como el caramelo de la alegría y
refulgir de la rabia. Su pelo oscuro como el
azabache curiosamente ordenado para parecer
desordenado contrastando con su piel clara como
la tiza. Y su ropa, aunque Bella no le interesaba
mucho la moda y odiaba comprar, sabia apreciar
un buen conjunto.

Sonrió al recordar todas las tardes de tortura que


Alice la había casi obligado a asistir por culpa de
esa amistad.

-¿Cómo esta Jasper?

Jasper Whitlock era una de las personas mas


amables que Bella había conocido en su vida. Y
también, mas pacificas. Era extraño y hasta veces
intimidante como podía controlar las emociones de
las personas y las situaciones que se podían
desarrollar en una sala. A Bella le gustaba pensar
que tenia un don. Como el que ella tenia para
soñar, para volar en el éter como decía una de sus
profesoras de literatura en el instituto.

Y la apariencia física del novio de Alice iba en


sintonía con su don. Sus ojos claros y del color del
mar sereno, transmitían exactamente eso...
serenidad. Acompañado de facciones finas y
dulces pero muy masculinas. Una nariz
prominente pero equilibrada y su espesa cabellera
rubia. Bella pensaba en Jasper como la playa. El
agua de sus ojos, la arena de su cabello.

Bella era precisamente un amante de la playa. Y


Jasper era su mejor amigo.

-Genial, genial. Pero no llame para hablar de mi..


¿Cómo pasaste la noche en el club?

-Genial, genial - le dijo con un dejo de ironía


repitiendo las mismas palabras que su amiga
había usado unos segundos antes.

-¿Qué sucedió? - Alice, con un nuevo y


espontáneo entusiasmo por lo que su amiga tenia
por contarle.. - ¿Alguien famoso? ¿Algún chico
guapo?

-Curiosamente las dos cosas.. - dijo Bella con voz


roca por su siestesita.

La mujer de ojos cafés no podía dejar de resaltar


la ironía del asunto. Curiosamente, el hombre que
había visitado el club donde ella trabajaba, la
noche anterior, era aparentemente famoso y Bella
no podía negar que también era guapo.

Bella recordó su rostro de facciones finas y duras..


y sintió un leve escalofrió al recordar que clase de
persona era.

-Oh! - dejó escapar su amiga del otro lado de la


línea.
-Pero no te ilusiones, Alice.. es un engreído

-¿Así?

Bella le contó acerca de lo que le había sucedido


esa noche. Esa horrible noche de trabajo en el bar.
Alice escuchaba atentamente del otro lado del
teléfono la historia acompañada de varios
improperios contra el hombre de ojos verdes.

Cuando Bella termino no pudo evitar preguntar su


nombre, aunque ello conllevara una hora mas de
improperios en su contra.

-Bella.. pero nunca me has dicho su nombre

-Es.. es que no lo recuerdo del todo

-Puf! Puedes recordar como insultarlo pero no su


nombre.. ¿Por qué no me suena raro de ti, Bella?

-Era algo así como.. Edwin o Ed... E..

-Bella ¿No estarás hablando de Edward Cullen, no?

-Eh. Si, creo que si. Edward Cullen, creo que así
dijo que se llamaba

Alice soltó un gritito del otro lado de la línea.

-Edward Cullen!! Edward Cullen! ¿Cómo es posible


que no recordaras su nombre? EDWARD CULLEN!

-Ali ¿Que sucede, cariño? - Bella escucho la


inconfundible voz de Jasper de tras de los gritos
de Alice.

-Nada.. Nada.. Después te cuento


Bella lanzo un suspiro al aire por Jasper... no
quisiera ser el esta noche.

Pero ella tenia algo mas por lo que enojarse. ¿Por


qué todo el mundo parecía conocer al arrogante
tipo del club y ella no? ¿Por qué Alice reaccionaba
así? ¿QUIÉN ERA ESE TIPO?

-Alice, ¿Puedes calmarte? Es solo un hombre. ¡Por


favor!

-Esta bien, esta bien.. Es que no puedo creer que


no lo reconocieras.

-Nunca lo había visto en mi vida, Alice

-¿QUÉ? ¿En que planeta vives Bella?

-Creo que en la Tierra

-¡Por Dios, ese hombre sale en la televisión todos


los días.. Por la mayoría de los cien canales que
tienes en tu televisión!

-No veo mucha televisión

-Su rostro debe estar en cada revista del puesto


de la vuelta de tu casa!

-Bueno, bueno.. Ya basta. -Bella comenzaba a


molestarse. En parte por que Alice dijera todas
esas cosas y en parte, por darse cuenta de que su
despiste iba cada vez en aumento. Además,
estaba harta de que su amiga lo nombrara y no le
dijera de una buena vez, quien era Edward Cullen
- ¿Puedes decirme quien rayos es Edward Cullen?
(N\A: Para las argentinas.. remplacen rayos por
mierda ok? )

Las pupilas de Bella estaban dilatadas y tenia las


manos contraídas en dos fuertes puños, toda esa
conversación la habían logrado poner tensa. En
realidad, todo lo que se refería a Edward Cullen la
hacia poner tensa.

Y darse cuenta de eso, solo la enfureció mas.

Alice se dio cuenta del tono de su amiga y le


contesto algo mas calmada.

-Aun no puedo creerlo, pero bueno - decidió que


no era buen momento para jugar con su amiga -
Edward Cullen es.. cantante pero además, es el
nuevo soltero mas codiciado de los Estados
Unidos.. Y aunque estuviera casado, seguiría
siéndolo. - Bella escucho un par de risitas del otro
lado del teléfono.

-¿Así?

-Claro

-Ahora puedo entender por que es tan


egocéntrico... Es un estúpido playboy

-Bella!

-Vamos, Alice!. No puedes decirme que te gusta

-Bueno.. no es mi tipo

-Bien
-Además, no tengo tanta suerte como para
encontrármelo en un club como tu

-Tu tienes a Jasper. Yo conocí a un idiota,


egocéntrico, tarado.. ¿Quieres que siga? Tu ganas

-Si, tienes razón. Tengo mucha mas suerte que ti,


Bella

-Lo que mas rabia me dio, fue lo que dijo antes de


irse!. Se que lo volveré a ver.. Va a cobrarse el
favor! Y ¿Yo que voy a hacer? ¿Decirle que si?..
¡Ni loca!

-Ya lo se, es un idiota. Escucha. ¿Hace mucho que


no nos vemos, eh? - el tono de su amiga había
cambiado de pronto. Era demasiado dulce, y su
voz de soprano había adquirido un tono mas
relajado. Bella conocía perfectamente ese tono y
el repentino cambio de tema tampoco era una
buena señal.

-¿Qué quieres, Alice?

- Esta tarde - Alice se corto para tomar aire,


estaba muy excitada - Esta noche vamos a salir.

-¿Qué?

-Si. Tu, Jasper, Angela, Ben y yo. Y vamos a


divertirnos.

-Alice, no.. Sabes que estoy cansada de los bares


y esas cosas. ¡Trabajo en uno y sabes que no soy
muy.. fiestera! No me obligues a ir.. con un par de
parejitas.
Su amiga pareció considerar un segundo lo que
Bella le decía.

-Esta bien

Bella casi salta de alegría, por primera vez había


logrado convencer a Alice de que cambiara sus
planes.

-Entonces te recojo en una hora para ir al centro


comercial

-NO!

Alice carcajeó del otro lado del teléfono y Bella


tuvo ganas de estrellar el aparato contra una de
las paredes de su departamento.

-Alice ¿Por qué quieres torturarme? ¿Por qué?


¿Acaso no me quieres? - dijo dramática

-Vamos, Bella.. no seas melodramática. Nadie se


muere por una tarde de compras

-Yo, si

-Vas a sobrevivir

-Maldición.

Bella sabia que de esta no se iba a librar. Alice


siempre ganaba y estaba segura de que había
tenido suficiente suerte como para convencer a su
amiga de evitar una noche de baile, alcohol y
supuesta diversión al estilo Alice. Pero sabia
perfectamente que no iba a conseguir que
cambiara de opinión otra vez. Alice era Alice.
Testadura y capaz de conseguir lo que quiere
cuando lo quiere.

-Maldita enana.

-Vamos Bella.. paso a buscarte en una hora

-No. Tengo que estudiar.

-No te vas a escabullir. En una hora estoy allí

-Que sean dos! - grito antes de que Alice cortara


la comunicación. Y antes de ella dejar el teléfono
sobre la mesita de madera oscura, susurro un
adiós contra el auricular del aparato sabiendo que
su amiga, hacia varios minutos ya no la
escuchaba.

Se levanto de la cama y se lavo la cara para


despertarse. Comió algo rápido y se sentó en el
amplio escritorio que casi cubría toda la extensión
de su dormitorio. Era aun mas grande que su
cama y definitivamente, el lugar que mas usaba.
Tenia una amplia ventana desde donde podía ver
todo New York extendiéndose hacia el oeste y a lo
lejos un par de árboles del Central Park. Era un
lugar inspirador. Donde Bella estudiaba, muchas
veces comía y dormía, y escribía, su gran pasión.

Por suerte, esa semana había logrado terminar


con la mayoría de su trabajo y entonces, solo
tenia que revisar un par de informes y todo estaba
terminado. Bella soltó un suspiro y termino en
menos de una hora con todo.
"Ojalá estuviera cubierta de papeles, de esa forma
me libraría de Alice"

Se percato de que la luz del viejo contestador


titilaba en color rojo, indicándole que tenia un
mensaje por escuchar. Bella se levanto de su
asiento y se dispuso a escuchar los tres mensajes
que la esperaban. Uno era de Alice y solo quería
saber cuando volvía a casa -era bastante viejo,
por cierto -; otro era de la lavanderia donde le
informaban que su ropa estaba lista -
lamentablemente la lavadora de Bella había
decidido espirar justo esa semana -; y el ultimo
era su madre, de esa misma mañana, en la que
Bella había estado durmiendo y seguramente no
había escuchado el repiqueteo del teléfono. Reneé
le preguntaba sobre su trabajo en el club y sus
notas en la universidad. Además de que casi
exigirle que la llamara pronto. "Voy a volverme
loca si me haces esperar otro día, Bella.. ¿Cómo te
has olvidado de tu madre tan pronto?" Le
reclamaba a la contestadora.

Bella recordó a la perfección el rostro de su


madre, tan parecido a ella. De piel blanca, a pesar
del intenso sol de Phoenix donde vivía, sus ojos
chocolates idénticos a los de su hija y su pelo
cobrizo que en uno de sus ultimas ideas de locura
había teñido de rubio oscuro. Bella frunció el ceño
al recordarlo y sonrió para si misma.

Reneé nunca iba a cambiar. Era tan diferente a su


hija, en todos los aspectos menos en el físico.
Reneé era impulsiva, cambiante y irresponsable en
cierta forma. Bella era exactamente lo contrario y
había intentado, desde que tenia uso de la razón,
hacer cambiar a su madre.. pero antes de partir a
la casa de Charlie se dio cuenta de que nunca lo
lograría. Reneé era un caballo indomable y ni
siquiera su propia hija podía lograr algo. La dejo
en manos de Phil, su nuevo joven esposo, para
que la cuidara de esas locuras que se le ocurrían
cada tanto. Bella suspiro preguntándose que
nuevo hobbie tendría su madre por esos días. Se
hizo prometer que esa noche le mandaría un mail
a su madre para tenerla informada. Capaz
también le devolviera un mail lleno de
exclamaciones al contarle sobre Edward Cullen.

Pero el fin del mensaje y el sonido del celular, que


se estaba quedando sin batería, le hizo recordar la
conversación que había tenido con su amiga,
varios minutos antes y el bichito de la curiosidad
pico sus entrañas. Primero intento pensar en otra
cosa. Y después, se puso a limpiar su
departamento para alejar la curiosidad de su
mente... y de su estomago. Pero finalmente, sin
otra opción y con unos nervios y una curiosidad
que estaba ansiosa por saciar prendió su viejo
ordenador.

El aparato chillo un rato antes de prenderse


lentamente. Cuando finalmente la pantalla se
encendió y Bella pudo conectarlo a Internet,
después de cerrar varias ventanas de publicidad,
entro en el buscador. Y hizo lo que hace todo el
mundo cuando tiene curiosidad sobre algo.

Tecleo claramente las palabras Edward Cullen y se


sorprendió al ver la cantidad de resultados que
tenia su búsqueda al ver el numero de varias
cifras al costado de las sugerencias. (N\A: No
quiero hacer publicidad pero, sino se dieron
cuenta, en la parte izquierda cuando se despliega
el menu de sugerencias cuando escribes en el
google, aparece un numero en color verde.. son la
cantidad de webs donde aparece tu búsqueda!)

"Mierda"

Se seguía preguntando como había hecho para


evitar una noticia así. Pensaba que después de
todo, era mejor así. Si lo habría conocido esa
noche en el bar, seguramente no sabría
disimularlo, y no le iba a gustar mucho cuando
reaccionara como Alice. Aunque se repitió
mentalmente que ella no era como su amiga,
nunca se había sentido tentada de gritar por algún
hombre famoso... por mas guapo y famoso que
fuera. Y esta no iba a ser una excepción. Por mas
que Edward Cullen fuera el mas guapo y famoso
de todos.

Presionó enter y se adentro en las miles de


opciones que la web le ofrecía para averiguar
sobre esa nueva proeza de la música romántica.

Si, romántica.

A Bella casi le da un paro al leer la primera


descripción de la persona que se lamentaba haber
conocido esa noche.

Resultaba que Edward Cullen era tan conocido que


seguramente toda persona sobre la tierra,
exceptuando Bella por supuesto, sabia de su
existencia y varios detalles de su vida personal.

Bella supo que Edward era ingles, de un pueblo


pequeño ubicado a pocos kilómetros de Londres.
Que no tenía hermanos pero si miles de
propiedades alrededor del mundo para compensar
su falta. No solo era famoso y apuesto.. sino que
también era rico.

Una bocina aguda resonó contra el silencio de la


tranquila calle donde el apartamento de Bella
estaba ubicado. Bella se asomo por la ventana que
tenia frente al escritorio y descubrió que un
descapotable amarillo relucía bajo el precioso sol
que alumbraba New York esa tarde.

El parque de enfrente estaba colmado de vida.


Niños con sus padres, hermanos pequeños y
perros jugando tranquilamente.. como otra tarde
de sábado. Bella abrió la ventana pensando que
quizás, por la cercanía del invierno, no volvería a
abrirla en un largo tiempo. Una brisa ligera le
revoloteo los cabellos cafés. Ella se paso la mano
por el pelo y se acomodo los mechones que habían
escapado de su coleta.

La bocina volvió a resonar en la tranquila calle


plagada de risas de niños y los padres que, por
primera vez, se dieron cuenta de donde salía
semejante ruido. Todos los adultos a medio
kilómetro a la redonda se habían percatado del
auto que estaba aparcado en la acera frente al
departamento de la mujer de ojos cafés.
Era un ultimo modelo, uno de esos autos que se
ven en las autopistas de las ciudades grandes y
todo el mundo saca la cabeza por la ventanilla
para apreciarlos mejor. Uno de esos autos por los
que los hombres babean.. y algunas mujeres
también.

Bella observo como una cabellera oscura se movía


a un lado y al otro desde el interior del auto.

-Te vi, Bella. ¡BAJA AHORA MISMO!

Bella tuvo el impulso de contestarle pero después


de soltar unas risitas metió la cabeza dentro del
departamento y cerro la ventana. Apago el
ordenador, alejando que esa noche tendría tiempo
para averiguar algo mas del engreído, tomo su
cartera y salió del departamento. Bajo los
escalones de dos en dos, y no por que estuviera
apurada por encontrarse con su amiga, y llego al
lado del flamante descapotable en pocos
segundos.

Dentro, y bastante ansiosa por cierto, la esperaba


Alice. Como siempre, perfectamente peinada y
vestida como solo ella sabia hacerlo. Su soberbia
camiseta amarillo claro combinaba con su auto.
Bella se pregunto por que la vida era tan injusta.

Alice no solo era hermosa y tenia al hombre que


ama.. sino que también era rica. Bueno,
técnicamente lo era su novio. Pero Jasper, un
afortunado heredero proveniente de una adinerada
familia sureña que conducía el ultimo modelo de
Mercedes, no podía dejar que su novia condujera
un trasto.. y Alice no iba a negarse. Bella negó con
la cabeza al recordar el viejo auto que su amiga
conducía antes de conocer a Jasper.

-Bella! Ahora vamos a tener que apurarnos para


volver a la hora de la cena!

-¿Qué? - A Bella se le escapo todo el aire de los


pulmones. ¿Es que Alice pensaba matarla?
¿Tendría que soportar, esta vez, la mas larga de
las largas maratones de compras de su amiga? Lo
único que podía preguntarse era.. ¿Por qué a mi?!

Pero antes de que Bella se pudiera quejar ya


habían llegado al centro comercial y Alice
aparcaba para salir corriendo hacia la primera
tienda. Bella había dejado el cuerpo todavía en la
calle de Alice y se agarraba fuertemente al asiento
clavándole las uñas.. Detestaba la velocidad con la
que conducía Alice.. aunque nunca hubiera tenido
ningún accidente ni multa alguna.

-Bella, mira esto! Te va a quedar genial

-Oh, Dios.

Bella se obligo a si misma a bajar del descapotable


y aguantar esa maratón de compras por su amiga.
Respiro profundamente varias veces, recupero su
cuerpo y su corazón, y salió del auto.
No tenia idea de lo que le esperaba.

Cinco horas después cargaba bolsas de todos los


colores.. de todas las tiendas del centro comercial
donde, en cada una de ellas, Alice se había
encargado de comprarle una prenda a su amiga y
una a ella misma... y a veces mas de una.

Bella se rindió en un banco y dejo las bolsas sobre


el suelo amozaicado del centro comercial. Ya no la
sostenían las piernas y le dolía cada músculo del
cuerpo. Cerro los ojos deseando estar tomando un
relajante baño de espuma en su casa..

-¿Saturando la tarjeta de tu marido, eh? - una voz


dulce y masculina le interrogo desde la izquierda.
Con los ojos cerrados y agotada como estaba, no
se había dado cuanta de que alguien se había
sentado a su lado.

Bella soltó una risotada y abrió los ojos.

A su lado, un hombre que a Bella le pareció


altísimo y definitivamente, musculoso le devolvía
la sonrisa que relucía junto con su piel cobriza con
los faroles de luz amarilla del centro. Bella intento
compararlo con Emmett .. y concluyo que ese
hombre, seguramente era mucho mas grande que
su jefe.

-Yo no me hago cargo de ninguna bolsa - dijo


señalando desaprovatoriamente el mar de bolsas
de colores que se extendía a sus pies.

-¿No son tuyas?

-De mi amiga - dijo señalando el interior de un


local, donde Alice seguía recogiendo prendas y
mas prendas para que su amiga se probara.

-Así que tu marido esta a salvo, eh?


-No tengo marido - Y dejo escapar una sonrisa.
Sus mejillas se sonrojaron al instante. -¿Debería?

-Bueno, no es algo normal que una mujer como tu


siga sola..

Bella se sonrojo aun mas.

-No me has dicho tu nombre

-Bella.. Isabella Swan pero dime Bella

-Ok, Bella

-¿Y el tuyo?

-BELLA!

Alice caminaba directamente hacia su amiga, con


una expresión de enfado que surcaba su perfecto
rostro color marfil.

-¿Por qué desapareciste así? ¿Quieres darme un


ataque? - casi grito mientras se acercaba al banco
de madera donde Bella se había despatarrado y
había dejado sobre el piso sus preciosas bolsas.
Frunció el ceño y se percato de la presencia del
hombre de piel morena.

-¿Jacob? ¿Jacob Black?

-Alice Masen!?

-La misma

-Waw - dejo escapar el hombre moreno y Alice


formo una graciosa "o" con sus finos labios.
-¿Se conocen? - Bella se sentía algo incomoda
ante semejante suceso. ¿O era que estaba
pintada?

-Si, claro.. claro. Fuimos compañeros de la


preparatoria. - explico Jacob

-¡Hace años que no te veía, Jacob! ¿Cómo has


estado?

-Bien.. como siempre. Algunas cosas nunca


cambian. Pero llámame Jake, Alice.. por favor

-Bien, Jake. -dijo Alice curvando sus labios en una


sonrisa tímida. Se podía palpar la incomodidad en
el aire. Era obvio, para cualquiera que viese la
situación, que esos dos casi desconocidos ya no
tenían de que hablar. Así que Bella, sabedora de
esa situación, intervino.

-Bueno, por lo menos ahora se tu nombre, Jake.

-Claro, Bella.. Tengo que irme. Espero volverte a


ver - Jacob se despidió de Alice con un beso en la
mejilla y sin titubear, hizo lo mismo con Bella.
Esta, sorprendida y algo complacida por que el
hombre se hubiera detenido algo mas de tiempo
del necesario para darle ese beso intrépido en la
mejilla, solo atino a saludarlo con la mano cuando
se alejaba por la vereda del centro comercial para
desaparecer a la vuelta de la esquina.

-Te gusta - acuso Alice

-¿QUÉ?
-Te gusta, lo se.. La verdad, Bella, no entiendo tu
gusto por los hombres

-¡ES QUE APENAS LO CONOZCO!

-Vamos Bella, te conozco.. pero ¿Jacob Black?


¿Jacob Black? Perdona que te lo diga, pero creo
que te mereces algo mejor que él.

-¿Qué estas insinuando? A mi me pareció un buen


hombre

-¿Ves? Ya lo estas defendiendo

-Yo no.. ¿Y que prefieres que termine con Edward


Cullen?

c   



 
 

La noche estaba todo su esplendor ese domingo


por la madrugada. Las primeras horas ese día
eran combulsionaddas pero pacíficas al mismo
tiempo. Un viento imprevisto golpeaba las copas
de los árboles haciendolos balancear de un lado al
otro contra el oscuro cielo de New York.

El silencio reinaba en el Central Park. La ciudad, al


fin, parecía dormida. En el aire podía olerse la
lluvia que se avecinaba. Ese aroma característico y
familiar a césped mojado que llevaba el viento era
inconfundible. Las estrellas cubiertas de nubes,
recelosas por no poder mostrar su belleza. Los
cenderos del parque estaban vacios y las calles
aledañas estaban desiertas.

A pocos metros un hombre se removía entre las


sabanas de su cama. Estaba claro que esa noche
no iba a poder dormir. Y era algo extraño en él,
estaba acostumbrado a dormirse solo al sentir una
comoda almohada bajo su rostro. Pero esa noche
era diferente.

Había algo que lo inquietaba y el silencio total que


reinaba, insólito para la ciudad llena de vida que
era New York, lo inquietaba aun más. Y en
realidad, no tenía idea de cual era la causa de su
malestar.

Había pasado un domingo como tantos otros.


Había decidido quedarse en casa y posponer la
cita con su representante por que repentinamente
se sentía inspirado para componer. Estaba
preparando su nuevo disco, que teníia que estar
preparado en muy poco tiempo, y todavía no
habia podido escribir más de dos o tres ideas..
nada con forma. Pero esa mañana, después de
desalojar a Jessica, se había convencido de que
estaba inspirado.

Era evidente que ese instinto le había fallado.


Después de asearse y ordenar el desastre en el
que su apartamento se había convertido, se sentó
en el elegante piano de cola que conformaba parte
de la decoración del excéntrico living.

Tocó un rato viejas canciones y varios clásicos que


sabía de memoria, esperando que las nuevas
melodías salieran por impulso, como siempre.
Nuevamente su naturaleza le falló por completo.
Ni esa mañana ni esa tarde pudo escribir nada.
Simplemente parecia que tenía un gran vacio en el
cerebro. Como si algo se hubiera llevado parte de
su materia gris algun lado.. bien lejos de allí.

Se pasó todo el día frente al piano, repitiendo una


y otra vez las melodías que sabía. Hasta que le
dolieron los dedos y decidió que era hora de
acostarse, que ese día no habia sido nada de lo
que esperaba, que el siguiente seria mejor.

Pero tampoco había nada interesante que hacer en


la cama.. y sobretodo cuando no pudo conciliar el
sueño. Contempló el techo de su departamento un
largo rato luego de darse cuenta de que cerrar los
ojos no cambiaba nada.

Se giró en la cama y tomó el reloj de mano que


descansaba sobre la mesa de luz. Entornó los ojos
para descubrir la posición de las manecillas entre
la oscuridad y descubrió que el domingo ya habia
termido hacia tres largas horas pero nada habia
cambiado con la llegada del lunes.

En esos momentos, sentía que su vida estaba sin


rumbo claro, vacia. Cuando no corria de un lado a
otro escapando de los paparazzi y otras veces de
los fans, cuando no estaba de gira o no tenía que
estar grabando o componiendo. En esos
momentos sentia que no tenía nada que hacer. Se
sentia solo a pesar de que su familia lo esperaba...
del otro lado del océano Atlántico. En esos
momentos salia de su departamento, disfrutaba de
la noche y se encargaba de volver acompañado..
siempre.

Él no lo sabia, pero con cada relación por más


esfimera y superficial que fuere, Edward Cullen
intentaba llenar su soledad de este lado del
oceano. Una soledad que era palpable y que habia
sentido desde que habia abandonado Londres.

No era un hombre de muchos amigos... habia


personas con las se reunia cada tanto pero casi
todos eran negocios. La mayoria de la gente que
queria se econtraba a miles de kilómetros de New
York. Sus compañeros del instituto, sus padres,
sus verdaderos amigos. Hacia un año entero que
no veia a sus padres, entre sus giras estos dos
últimos años de locura y el trabajo de sus
progenitores, las coincidencias no eran algo al
azar.

Tenia "amigos" en New York, dos compañeros de


la noche y la bebida... James y Mike. Era ese tipo
de amistad frágil y para nada confiable lo que los
unía. Eran personas para estar en las buenas pero
desaparecian en las malas.

A James lo había conocido una noche que su


presiado Volvo decidio dejarlo estancado en el
centro de la ciudad y esta, misteriosamente,
estaba vacia. Edward lo intento empujar hasta su
departamento, que quedaba a pocas cuadras, pero
un grupo de chicos surgió de la nada a los pocos
minutos. Por un segundo, Edward dudo entre
meterse dentro del auto y trabar todas las puertas
o pedir ayuda. Antes de que pudiera resolver algo
James ya cruzaba la calle en dirección al Volvo.
Por suerte, James traia "bandera blanca" y lo
ayudó a remolcar su auto hasta Central Park.

Y Mike habia trabajado un tiempo en la empresa


de su representante, era algo asi como el chico de
los recados, aunque el puesto le duro poco por
que intento ligar con una secretaria.

Asi eran las cosas, Mike no era muy inteligente y


James era un mecánico con mucha suerte y
mucha adversión por la bebida. Los tres armaban
un equipo explosivo... como la dinamita, la mecha
y el fuego. Eran apuestos. Edward, el inteligente;
James, el musculoso intimidante y Mike, el de los
contactos. Iban los tres por las calles de New York,
cada vez que tenían tiempo, de fiesta en fiesta.

A pesar de sus amigos de fiesta, Edward se sentia


solo la mayor parte del tiempo. No le importaba
mucho pero en momentos como ese, en el que se
retorcia en su cama de su departamento desierto,
lo hacia reconsiderar algunas cosas. Y recordar
otras.

Edward se adentró en su mente y se zambulló en


los recuerdos que guardaba. Recordó a aquella
persona con quien había tenido una amistad que
había valido la pena. Uno de esos lazos que
parecen infinitos e imposibles de cortar pero que
de tanto tirar, finalmente se rompen. Era una
relación que Edward se encargo de arruinar, sin
querer pero sin disculpas tampoco
Emmett McCarthy había sido como su hermano
desde que Edward recordaba, durante toda la
infancia de Edward y gran parte de su
adolescencia. Pero cometió un error, un error por
el que nunca pidió perdón pero tampoco estaba
seguro de que Emmett se lo hubiera dado.

Recordó esa mañana en la que se despertó en su


departamento ubicado en su ciudad natal, en
Inglaterra y del otro lado del océano. En un
edificio muy distinto en el que en ese momento
vivía.

La luz del día se colaba por la ventana entre


abierta, era verano en Londres y hacia un calor
insoportable. Esa noche los ingleses, atrapados en
sus casas y con falta de energía característica de
la época, se resguardaban y con esperanza, abrían
sus ventanas a la caldeada noche esperando que
les regalara una pequeña brisa.. Un arribo de
frescura.

Ya había amanecido pero la frescura matinal no se


había presentado al encuentro. Edward se
encontró pegajoso entre las sabanas y en cuanto
se sentó sobre la cama, la cabeza le dio vueltas.
Estaba viendo la resaca de los tragos de esa
noche.

Como tantas otras noches, en las que Edward


todavía no era reconocido por la calle, se había
encerrado con un grupo de amigos en el club de
Emmett. Gracias al apoyo de sus padres y un
dinero ahorrado, su amigo había podido abrir un
pequeño club en el centro de Londres. Y a Edward
le encantaba pavonearse por ahí.

Esa noche, su amigo había estado demasiado


ocupado con su trabajo y la gente colmaba el local
como nunca antes. Había abierto hacia varios
meses, pero nunca había recibido tanta gente en
una noche. Emmett atribuía su éxito a un pequeño
articulo, de no más de ciento cincuenta palabras
que había salido en un periódico local esa semana.

Emmett estaba loco de la alegría al ver que su


pequeño emprendimiento iba tomando forma.
Pero no tenía idea de lo que pasaba unos metros
mas allá de la barra. Donde su mejor amigo y su
novia conversaban tranquilamente. Dos tequilas,
un martinis, un whisky y Edward perdió la cuenta.

No podía recordar el nombre de la chica. Ni su


rostro. Pero seguramente era bonita.

Un segundo después de la segunda cerveza habían


desaparecido. Edward había ganado. Lo que no
sabía era que en realidad, estaba perdiendo lo
más importante que tenia.

Emmett descubrió su falta una hora antes de


cerrar el bar. Llamo a su novia pero ella no
contesto el celular. Decidió que seguramente se
había ido a su departamento, ella le había
comentado que no se sentía bien ese día. Pero a
los pocos segundos descubrió que tampoco
Edward estaba en el bar.
Se acerco a una mujer morena que estaba en la
mesa contigua donde había recordado verlos por
ultima vez y la mujer le contesto

-Si, los he visto.. se han ido a su departamento -


miró a Emmett sin interés tal ve la cara del
hombre con quien hablaba, ahora preocupado, lo
pensó mejor y agrego - en realidad, no lo sé,
estaba tan borracha que no entendía lo que decía

Emmett intento creer que Edward la había


acompañado a su departamento por que estaba
pasada de copas. Así que condujo algo
desesperado hasta su departamento pero nadie le
contesto el timbre.

Completamente seguro de lo que había sido capaz


Edward condujo hasta su departamento cuando la
luz del sol se asomaba por el horizonte.

Edward casi se desmaya cuando reconoció a la


chica que descansaba a su lado con su pelo oscuro
sobre las sabanas blancas. Y solo para
confirmarlo, levanto solo un poco las sabanas y
confirmo lo que sospechaba. Estaba desnudo y no
dudaba que ella también.

Pero no podía recordar nada, nada de nada. Solo


se recordaba en el club pero no tenía idea como
había llegado a su departamento.

Se levanto de la cama, se puso algo de ropa y


camino hasta su cocina en busca de un café bien
fuerte y una aspirina. No podía creer lo que había
hecho. Era la novia de su mejor amigo! Se
preguntaba si hasta borracho era tan idiota.
Evidentemente, sí. Nunca le había gustado la chica
para su mejor amigo, pero eso no justificaba para
nada lo que había hecho. ¿Que le había ocurrido?

Descubrió que solo tenia dos posibilidades:


contarle a Emmett lo sucedido y apelar a su
bondad, o simplemente, borrar ese capitulo de su
mente y la de la chica y hacer como si nada
hubiese pasado. Decidió que si no quería terminar
con todos los huesos rotos en alguna zanja de la
ciudad, era mejor la opción dos.

Se dijo a sí mismo que en cuanto la chica abriera


los ojos le diría que eso no saldría de esa
habitación. A ella no le convenía y a él tampoco.
"Y a Emmett, tampoco" pensó para su mismo.

Pero era tarde.

-EDWARD!

El vozarrón de Emmett se escucho hasta el


séptimo piso y también el ruido de la puerta al
caer sobre el piso de madera.

-EDWARD! ESTABA BORRACHA, ESTABA


BORRACHA! ¿CÓMO PUDISTE?

-Emmett? ¿Qué? ¿Qué?

-NO TE HAGAS EL SANTO, CULLEN. SÉ QUE ESTA


AQUÍ

Emmett entro por el espacio vacío que había


dejado la puerta al salirse de las bisagras y caer al
suelo, hecho una furia y cruzo la cocina para
adentrarse en el departamento. Abrió la puerta del
cuarto y encontró todas las pruebas que
necesitaba. La chica finalmente se había
despertado y miraba con cara de asombro a
Emmett y a Edward, que silenciosamente, se
había colocado en el alfeizar de la puerta
dispuesto a correr por su vida.

-Emmett, escucha.

-ESTABA BORRACHA! CÓMO PUDISTE? MALDITO


INFELIZ

-YO TAMBIEN LO ESTABA.

-PENSE QUE ERAS DESENTE. CONFIE EN TI.


ERES.. ERES UN MALNACIDO

-NO SABES LO QUE DICES

-CLARO QUE SÍ. NO QUIERO VOLVERTE A VER


CULLEN. NO VUELVAS A APARECER ANTE MIS
OJOS SI VALORAS TU VIDA. Y TU - dijo señalando
a la chica - Tampoco quiero verte otra vez.

Salió de la habitación y antes de cruzar el umbral


de la puerta hasta el ascensor, se enfrento a
Edward

-Ganaste, Cullen. Ganaste

Y salió de la habitación. Dejando a Edward en


shock y a la chica llorando desconsoladamente
sobre las sabanas de la cama.

Emmett le había concedido su victoria. Ese chiste


machista y estúpido que usaban cada tanto para
referirse a las chicas con las que salían.. Esa
competencia sin sentido que Emmett había
abandonado hace tiempo, cuando había conocido
a la chica con la que su mejor amigo había
engañado.

Cuando Edward se dio cuenta del mal que había


hecho y que en vez de suplicar el perdón como
debía haber hecho, había peleado con su amigo y
había defendido lo indefendible, era tarde
nuevamente.

Edward llamo a casa de su amigo y la amorosa


madre de Emmett atendió el teléfono. Solo le dijo
que su hijo se había ido de Londres, que estaba en
New York para abrir un nuevo bar que le habían
ofrecido.

La segunda vez que llamo, nadie contesto sus


llamadas. Y nunca mas fueron contestadas.

Lo que más rabia le daba era que ni siquiera


recordaba el rostro de la chica. Ni su nombre.
Podría habérsela cruzado por la calle o el subte
pero nunca la habría reconocido. Lo único que
recordaba era el dolor, la rabia y la profunda culpa
que le había causado ese episodio. Solo eso.

Habiendo recordado ese episodio, Edward había


convertido sus manos en puños y era oficial que
ya no podría dormir. Así que se levantó de la
cama, se puso algo de ropa y salió del
departamento rumbo a algún lugar.

Termino en la puerta del club al que había ido el


viernes por la noche o el sábado por la
madrugada. Aparco el Volvo que conducía y bajo
del auto rumbo a la entrada.

Cuando se sentó en la mesa, supo lo que esperaba


ver. Esperaba encontrarse con la camarera de ojos
intrigantes. Y esa sensación le molesto un
momento pero luego le pareció cómica. ¿Cómo
podía ser que la mujer que parecía ignorarlo lo
atraía de esa manera?

Edward estaba acostumbrado a tener todo lo que


deseaba y Bella no iba a ser la excepción. Así que
se sentó en esa mesa, la misma en la que se había
sentado el viernes con Tanya a esperar que Bella
apareciera.

Se entusiasmo cuando una camarera se acerco a


su mesa pero al ver que no era la indicada se
desilusionó un poco. Se quedo en esa mesa hasta
la hora en la que el bar cerro. Era evidente que
Bella no trabajaba allí los domingos por la noche.
Y Edward se contento con saberlo.

Volvió a su departamento algo decepcionado de


que esa noche ni ese día habían sido algo
productivo. Se sentó en el piano una vez mas y
disfrutando de que las paredes estaban
preparadas para que nadie escuchara nada mas
allá de su departamento, toco una pieza.

Varias notas seguidas que conformaban una


melodía llena de ansiedad pero cargada de algo
mas que no supo reconocer. Después de un rato
de repetir las notas en el piano y de perfeccionar
un poco el ritmo, Edward se dio cuenta de que no
conocía la melodía. Que nunca la había escuchado
ni tocado y cuando tomo conciencia de ello largo
una risotada.

Eran las once de la mañana y Edward continuaba


en vilo sentado en el piano tratando de componer
alguna letra que encajara con la perfecta melodía
que había creado esa madrugada.

Sus canciones se caracterizaban por ser cortas,


profundas y de pocas palabras, como el mismo se
consideraba. Era extraño que escribiera canciones
de amor cuando el mismo pensaba que nunca se
enamoraría. En realidad, nadie que se jactara de
conocer a Edward Cullen diría que era un
compositor melódico. Pero lo era.

En realidad, lo que al hombre de ojos verdes le


apasionaba era la música clásica. Nunca le habían
interesado las fans ruidosas ni las revistas del
corazón que cada semana parecían encontrarle
una nueva relación. Cada revista se encargaba de
emparejarlo con cada mujer que existía en la
ciudad. Y eso comenzaba a consumirlo por dentro.

-La música clásica no es lucrativa. Además,


cuando consigas fama y dinero podrás tocar lo que
quieras.. Y la gente lo amara de todas formas. -
había dicho Rosalie Hale, su representante, el día
que lo había escuchado cantar en el bar donde
solía reunirse con sus amigos a tocar la guitarra y
a pasar el rato - Tu tienes que concentrarte en lo
que el mundo quiere. Quieren un romántico, les
daremos un romántico.
Y ese había sido el comienzo de su carrera. Nunca
había buscado la fama ni necesitaba el dinero pero
acepto el trato. Lo hizo, en realidad, por que se
sentía atrapado en Londres y sabia que si su
carrera como músico no funcionaba como debía
iba a terminar trabajando en la empresa familiar.
Y eso le parecía repulsivo. Había perdido a su
mejor amigo y sus padres seguían pensando que
el mejor futuro para su único hijo estaba en la
empresa familiar, creía que nada lo ataba a
Londres y dicen que el tren de las oportunidades
solo pasa una vez ante tus ojos y Edward no era
de los que lo dejan pasar.

Y ahora se encontraba en la ciudad más famosa


del mundo, cargado de fama y colmado de dinero
pero en soledad. Había tomado con manos
abiertas lo que el mundo le había ofrecido a
cambio de su talento que el mismo se encargaba
de encausar en contra de sus voluntades.

Al principio de todo, cuando recibía las primeras


ofertas y tocaba en sus iniciales conciertos,
Edward sabia que lo que estaba haciendo no era
realmente lo que quería. Sabia que se estaba
engañando a sí mismo y también, a toda esa
gente con esa persona que creían que era.. Pero
que en realidad nunca fue.

Pero luego, la fama y las oportunidades cegaron


sus sentimientos y ya no supo distinguir lo que
quería en verdad y lo que estaba haciendo. Dejo
su curso en el conservatorio, se alejo de Londres y
se propuso componer para vender.
El teléfono sonó contra el extraño silencio que se
había formado en la sala del departamento.
Edward se levanto reticente del banquillo del piano
y tomo el aparato.

-¿Edward?

-Rosalie, ¿qué es lo que sucede?

-¿Cómo que que es lo que sucede? Hace una hora


que te estoy esperando!

-¿qué?

-Así que te has olvidado

Rosalie Hale era su representante desde que se


había decidido por dejar su sueño de lado y
abrazar la fama. Era una mujer de armas tomar y
de todas formas posibles siempre desearías ser su
amigo a que su enemigo. Nadie nunca se negaba a
Rosalie, que conseguía con su deslumbrante
belleza o su imbatible inteligencia todo lo que
quería. Salvo dominar a Edward Cullen.

-Yo.. Estuve componiendo

-Esta bien, estoy allí en quince minutos - y corto el


teléfono.

Edward miro a su alrededor y encontró que,


aunque la mañana anterior se había encargado del
orden de su departamento, la cosa no había
funcionado del todo. Pero no se preocupo mucho,
Rosalie había estado en su casa cuando esta
estaba en peores condiciones.. Así que saco
algunos platos que estaban sobre la mesa del
comedor, los puso en la pileta e hizo un poco de
espacio para apoyar dos tazas de café. El de él
amargo y oscuro, el de ella dulce y con leche. Por
suerte todavía le quedaba café, azúcar y algo de
leche. No acostumbraba ir mucho al
supermercado. Bufo al recordar la primera vez que
decidió ir de compras al supermercado que
quedaba a varias cuadras de su departamento... a
plena luz del día.

Recorría las estanterías metiendo algunas cosas


en el canasto. Había tenido la precaución de llevar
una gorra de béisbol y un par de anteojos de sol
bien oscuros por las dudas. No sabia mucho
acerca del impacto que su trabajo tenia en
Estados Unidos pero le encantaba eso de
esconderse detrás de una gorra y jugar a los
detectives.

Pero la gorra y los antojos no sirvieron de mucho


cuando le sonrió a una señora mayor que ayudó a
abrir la puerta de un refrigerador. Solo hizo falta
una mirada, un gritito y boom. Todo New York
sobre su espalda pidiéndole un autógrafo, una foto
o un beso.

Escapo de suerte y ya no le gusto jugar a los


detectives. Ahora a todos lados donde salía, a la
luz del DIA, terminaba firmando miles de
autógrafos o finalmente tenia que recurrir a los
guardaespaldas, cosa que le resultaba totalmente
repulsiva.

Edward empezaba a ver que en ese mundo no


todo era color de rosa.
A las pocas semanas de haberse instalado en New
York, la prensa ya se había enterado donde residía
la nueva estrella de la música contemporánea.
Edward se levanto ese día, como todos los demás,
y bajo a buscar su correo, esperaba un paquete de
su madre con algunas cosas que no había podido
encontrar en los Estados Unidos. Pero al abrir la
puerta un mar de fans, flashs y micrófonos lo
atacaron. Con un movimiento rápido, volvió a
cerrar la puerta y corrió escaleras arriba con el
corazón latiéndole a toda velocidad en el pecho.

Durante dos semanas completas la puerta de su


edificio estuvo colmada de paparazzi y cada vez
que tenia que salir debía ingeniar alguna forma
nueva de escape o conseguirse un buen disfraz. La
mitad de las veces, lo agarraban. La otra, lograba
escapar.

El decimoquinto día, Edward estaba cansado del


acoso y solo quería sacar la cabeza por la ventana
de su decimo piso y decirles a todos esos
periodistas lo que pensaba de sus lindas madres.
No solo tenia que lidiar con los fans y las
periodistas sino que también con los vecinos que,
con mucha razón, estaban artos de los gritos y la
falta de privacidad.. Aparte de la obstaculización
de su vivienda.

Una mañana, cuando Edward se encaminaba a la


puerta de entrada para recoger su correo y su
periódico se encontró con una anciana que
caminaba lentamente por el pasillo ayudada por
un costoso bastón. Según lo que Edward sabia, la
mujer vivía en el quinto piso y era una de las que
no era bueno tener de enemiga. Participaba del
consorcio y siempre estaba al tanto de todo lo que
pasaba en el edificio y en varios otros..

Y seguramente, Edward tuvo que haber sabido


que la expresión de la señora Norris esa mañana
no era precisamente algo que le a todos nos gusta
esperar al ser un nuevo inquilino. La ceja poblada
de arrugas estaba fruncida hasta parecer
diminuta, al igual que su boca que era un fina
línea color rojo oscuro y sus profundos ojos
celestes entrecerrados, debieron ser una mala
señal.

Pueden imaginarlo, Edward logro salvarse por


poco de un bastonazo en la pierna. Cuando pudo
componer dos o tres palabras de disculpa a la
furiosa señora que revoleaba su bastón, salió
corriendo hasta su departamento. Y no sabia
como, la prensa se había enterado. Y junto con el
comentario había aparecido una foto nueva. En la
foto no estaba la señora del bastón acompañando
a Edward, ni nada menos. El hombre de ojos
verdes rodeaba la cintura de una de las tantas
modelos que residían en New York y se notaba a
una legua que ambos estaban pasados de copas.
El articulo se titulaba "Las aventuras de Edward
Cullen".

Rosalie se había encargado de llevarle la revista a


Edward la misma mañana que se había empezado
a vender al publico. El protagonista de la noticia
del día hirvió literalmente al ver el articulo... ¡Es
que nunca voy a tener paz en New York! Pensaba
furioso.
Por suerte, Rosalie llego justo a tiempo para evitar
un potencial torbellino de ira. Había logrado, con
uno de sus anónimos e importantes contactos, que
toda la calle quedara libre de periodistas y fans.
Todo el mundo sabia que allí vivía Edward Cullen,
en alguno de los veinte apartamentos de la torre
frente al Central Park pero nadie podía acercarse.
Lo que mas lamento fueron los guardaespaldas
que siguieron su sombra hasta dos semanas
después de que todo fuera despejado. Justo en
ese momento logro convencer a Rosalie que el
sabia como manejar todo eso y no necesitaba dos
gorilas a su lado para defenderse de un par de
fans alocadas.

A pesar de las medidas tomadas por su


representante la gente seguía acosándolo cada vez
que salía de su departamento y no podía evitar
preguntarse por que la gente de New York tenia
tanto tiempo libre, por que el no lo tenia.

Pero todavía le quedaba un momento en el que


solo la gente que el quería lo reconocía. La noche
le proponía un juego mucho mas divertido que la
gorra y los anteojos de sol. Solo hacían falta las
palabras adecuadas y el dinero suficientes y nadie
que no quisiera se enteraba de su presencia.
Edward había aprendido eso en solo un mes que
llevaba en New York. Aunque cada semana salía
una nueva edición de cada revista de chismes del
país, informando un nuevo amorío o una nueva
aventura del que titulaban el mas codiciado de la
ciudad.
Edward escucho el timbre y el sonido lo hizo
volver a la realidad en pocos segundos. Cruzo el
departamento y camino hasta la puerta principal.
Cuando abrió la puerta se encontró con un
torbellino de pelo rubio que entraba sin pedir
permiso a su propiedad.

-Edward no puedo creerlo! ¡Me has dejado


plantada otra vez! ¿Es que nunca piensas
consultar la agenda que tienes en el celular? Paso
horas armándola! Mierda

Rosalie ya estaba ubicada en su departamento,


sentada en uno de las altas sillas que decoraban la
cocina tomando su café y el seguía sosteniendo la
puerta.

Negó moviendo la cabeza, cerro la puerta y


acompaño a su representante con su café amargo.

Edward consideraba que Rosalie era una mujer de


belleza deslumbrante. Era rubia, alta y muy
elegante. Una de esas chicas que perfectamente
podría salir en una de las revistas de moda que
ahora publicaban los amoríos de su representado.
Su larga cabellera rubia se meceó a su lado
cuando dejo la taza de café sobre la mesada, abrió
su cartera y saco varias revistas de adentro.

Cuando Edward las vio solo frunció el cejo

-¿Qué mierda dicen ahora?

-Edward estuve leyendo esto

-¿Lees esa basura?


-Soy tu representante, tengo que hacerlo. Edward
creo que esto no esta bien

-¿Qué cosa?

-Mira, nuestra intención es presentarte como un


hombre apuesto, elegante y decente que busca el
amor y compone para una mujer... estable

-¿Qué quieres decir? - ¿Adónde iba Rosalie con


toda esa cháchara?

-Edward, necesitas una prometida

-¿QUÉ?

c 



 
 
 

 


-Edward, necesitas una prometida -

-¿QUÉ?

Edward, inconcientemente, abrió los ojos como


platos y su rubia acompañante pudo apreciar en
detalle el mar esmeralda que se hallaba congelado
en sus pupilas.

-Vamos, Edward.. No puede ser tan difícil. Sales


con.. ¿Qué? ¿Dos? ¿Tres? ¿Siete por semana?
Dime que alguna vale la pena

-No, no..
-Vamos, un poco de imaginación - La rubia se
removía en su asiento y no porque se encontrara
incomoda por la situación precisamente, solo que
su diminuta pollera que apenas cubría sus largas y
esplendorosas piernas de piel nueve era algo...
diminuta.

Rosalie nunca tenia miedo de nadie y siempre, por


mas duro que fuera, entregaba su mordaz opinión
a quien fuera. Estaba segura de que cada cosa
que hacia era correcta y que sus decisiones nunca
eran erróneas. Esa era una de sus mayores
desventajas al buscar novio, era incapaz de
reconocer un error. Su ego era tan.. Despreciable
según Edward.

-No estoy hablando de chicas, Rosalie! ¿Estas loca


o que? ¿Tomaste algo extraño con el desayuno?
¿Había algo en el café? - Olisqueo su taza y la
devolvió a la mesada - Quizás el azúcar estaba
algo rancia - abrió la alacena y bajo con un
movimiento rápido la lata del azúcar. Parecía
realmente convencido de que Rosalie no disponía
de todas sus funciones cerebrales.

-Ya, Cullen, muy gracioso.. Deja de hacerte el


idiota - dijo clavando su mirada de intenso
turquesa sobre la de Edward. Era una lucha que
iba mas allá de sostener la mirada más tiempo del
que la gente considera normal. Y como era de
esperarse, Edward termino en una de las sillas
altas de su departamento, frente a Rosalie,
escuchando todo lo que su representante creía
mejor para él. Después de todo Rosalie era la
responsable de que Edward tuviera tanto éxito y
además, los unía algo mas que el trabajo, eran
amigos, compañeros...

-Necesitamos alguien normal, una chica común..


Como cualquiera de tus fans. Educada, sencilla y
estadounidense. Dos o tres citas, un anillo, y la
prensa se olvida de tu prontuario y luego, has lo
que quieras.

-Es una locura.

-Necesitamos que la gente piense que lo que dices


en tus canciones es verdad! No quieren un
mujeriego que hable de amor cuando nunca lo
siente.

-¿Quién dijo eso?

-Vamos, Edward... los dos sabemos que lo nuestro


no es el amor

-No pienso comprometerme.. Es una locura.


¿Imagínate la cara de mi madre cuando escuche
sobre ello? ¿Crees que Esme me perdonaría que
después la deje así por que sí?

-Bueno.. - Edward casi podía escuchar el ruido de


los engranajes moviéndose a toda maquina en el
cerebro de Rose. El sonido de las ideas siendo
encajada perfectamente una con la otra como una
cadena de pequeños eslabones o un puzzle de
diminutas y infinitas piezas.

-¿Qué sucede? Dispara Después de todo esto ¿qué


puede asustarme?
A diferencia de Rosalie, Edward experimentaba un
momento de "vacío cerebral". Estaba entre el
shock del momento y las ideas de su
representante repitiéndose en su mente una y otra
vez. La cabeza le latía del dolor y el café no había
cambiado ni revertido la noche en vela que
Edward había vivido. Y por cada latido escuchaba
una palabra en su cabeza. Compromiso,
compromiso, compromiso.

Nunca dejo de imaginarse un futuro lejano en


donde estuviera casado y tuviera varios hijos. Pero
no ahora, en un futuro bien lejano. Y menos con
alguien que no conocía y tampoco quería conocer.

Pensó en su madre, la alegría que experimentaría


al enterarse que su único hijo iba a casarse. Y
después de unas semanas, pudo imaginar
también, el llamado de su madre gritándole que
por que había roto el compromiso.

-Bueno, si no crees poder hacerlo en serio...


podemos simularlo

-¿Qué?

-Solo un par de cita, nada extraño .. En cuanto


empiecen los rumores de casamiento todo se va a
la basura y no te hará daño invertir unos dólares
en conseguir una chica decente.

-¿Decente? ¿Qué chica decente va a hacer una


cosa así?

-Yo creo que conozco..


-NO, NO, NO.. Espera - contraataco Edward antes
de que Rosalie armara una nueva idea esa cabeza
suya. Y mientras le señalaba colocando su dedo
sobre sus labios. - Todo esto es una locura

-Pero

-No, no... necesito tiempo para pensarlo. Y eso no


cambia lo de Esme

-Yo iré buscando alguien

-No! Primero, déjame pensarlo. Luego, veremos -


NO iba a dejar que Rosalie controlada su vida
supuestamente amorosa, ya era suficiente que
controlara su vida laboral. Había cosas que nunca
permitiría que Rosalie manejara

-Esta bien - asintió algo molesta por el rechazo de


su cliente - ¿Qué estuviste haciendo que te
olvidaste de nuestra cita? ¿Algo nuevo?

La conversación giro demasiado y Rosalie se


intereso definitivamente por el nuevo trabajo de
Edward. Seguía trabajando en la letra... algo que
generalmente le costaba mucho más que la
melodía, por que el tema que trataban no era su
fuerte precisamente. Siempre había otra opción,
como Rosalie se encargaba de comentarle cada
vez que sucedía, podía pedirle a alguien que
compusiera la letra. Pero estaba seguro de que
ese no era su estilo y nunca se sentiría cómodo
cantando algo que no fuera de su autoría. Había
dejado de lado su pasión por la música clásica
pero no iba a quebrantar todos sus valores. Era
algo de honor.
Varias manzanas al sur, Bella Swan cerraba la
puerta de su departamento cargada de bolsas de
papel marrón. Aprovechaba la mañana del lunes,
el único momento libre en su ajetreada vida, para
ir al super, hacer la colada y limpiar su
departamento para toda la semana siguiente.

Ese lunes comenzaba otra semana que presentía


tan rutinaria y aburrida como siempre.

Saco la poca ropa que había en el fondo del


canasto que usaba para poner la ropa sucia y la
llevo hasta la lavadora. La metió dentro, agregó
todo lo necesario para que su ropa - escasa pero
suficiente - tuviera ese perfume a fresias que
tanto le gustaba, cerro la puerta de la lavadora y
en cuanto el lavado empezó, el teléfono comenzó
a sonar en su diminuto living.

Corrió atender, llevándose por delante varios


muebles, provocándose varios moretones y
apostándose a sí misma varios dólares que era
Alice quien estaba llamando.

-¿Bella? - la voz del otro lado de la línea sonaba


cansada y áspera, como si la persona que hablara
se hubiera pasado toda la tarde llorando
desconsoladamente. Al escuchar esa voz era
imposible no imaginarse un mar de lagrimas
saladas. Pero bajo esa tristeza había una voz que
Bella podía reconocer claramente.

-¿Bella, estas ahí?

-¿Mama?
Bella pudo imaginarse a su madre, con sus rizos
chocolates y su piel nívea, exactamente igual a la
suya, del otro lado del teléfono.. En Phoenix.

-¿Qué sucede? ¿Por qué estas llorando?

-Bella, tengo una mala noticia

-¿Qué paso? ¿Phil esta bien?

-Sí, sí.. No es eso. Bella, me despidieron

-¿Qué?

-Me despidieron de mi trabajo. Ese maldito Smith..


Idiota.

-Pero ¿Por qué? Hacia años que estas en la


compañía, - Reneé trabajaba en una compañía de
seguros, la misma en la que su padre había
trabajado toda su vida. Siempre habían aguantado
los cambios de Reneé. Bella contuvo una sonrisa
al recordar los miles de efímeros pasatiempos que
su madre había tenido en solo diez años. ¿Por qué
ahora, después de casi veinte años, la despedían?
- ¿Por qué lo hicieron?

-Hubo un problema con un cliente, me equivoque


con unos papeles.. Pero nada grave. Bella, la
verdadera razón es que ya estoy vieja para ellos. -
Reneé se sorbió la nariz y sollozo un segundo

-¿Qué? Si tienes cincuenta.. ¿Qué locura es esa?

-Quieren chicas nuevas, atractivas.. ya sabes

-Están locos
-Lo sé.. Pero eso no importa. No tengo trabajo
Bella. Y sabes que no me será fácil volver a
encontrar uno con la edad que tengo... y también,
sabes que Phil es un aficionado, el salario que
tiene no alcanza ni para mantener esta casa.
Bella.. Ya no voy a poder ayudarte.

-OH

-Lo siento, corazón... no puedo hacer nada, te


prometo que en cuanto tenga algo de dinero te lo
mando. Te quiero, Bells. Pero no hay nada que
pueda hacer..

-No te preocupes, mama... yo voy a arreglarme.


No te preocupes

-Te quiero, Bells. Y lo siento

-Yo también te quiero..

-Tengo que irme, tengo una entrevista de trabajo


en diez minutos

-Espera, ¿Hace cuanto te despidieron?

-Mmm una semana, no te llame antes por que...

-No importa, mamá

-Lo siento

-Ya, esta bien.. voy a encontrar una solución,


después de todo solo es dinero

-Bella

-Chau, Reneé
Bella estaba en estado de shock, corto el teléfono
y se sentó en la silla de su escritorio. El dinero que
sui madre le enviaba cada mes servia para pagar
el alquiler del departamento y la cuota que debía
pagar para la universidad. Sin ese dinero Bella no
tenía casa ni carrera.

-OH , Dios

Lo que ganaba en el bar apenas le alcanzaba para


pagar las cuentas de su departamento, la comida,
la ropa y los libros que necesitaba para la
universidad.

Bella recostó su cabeza entre sus piernas, el


mundo había empezado a dar vueltas ante sus
ojos y el dolor de cabeza estaba matándola. Lo
único que supo hacer fue llamar a Alice.

-Bella! ¿Qué sucede?

-Alice. Estoy en problemas

-¿Qué paso?

Se levanto de la silla y corrió hasta el baño para


buscar en el pequeño estante bajo el espejo
redondo de la habitación, un par de aspirinas.
Removió las cosas, tiró un par al suelo hasta que
encontró el blister de las aspirinas totalmente
vacío..

-Mierda

-¿Bella que rayos esta pasando? Me estas


preocupando - Alice del otro lado de la línea
sonaba justamente preocupada.
-No pasa nada grave, ¿Puedes pasarte por casa?
¿Y traerme varias aspirinas?

-En diez minutos estoy allí

-Alice, no sé que voy a hacer.. no tengo forma de


pagar el departamento ni la universidad

-Tu madre

-No, no puedo pedirle mas cosas

-Bella, no te preocupes.. todo va a salir bien

-¿Cómo quieres que me tranquilice? Voy a perder


todo.. No voy a poder estudiar, RESIVIRME..
NADA

-Bella , ya tranquila - Alice se puso de pie y tomo


entre sus pequeñas manos los brazos de su
amiga, quien no paraba de dar vueltas en su
pequeño departamento, compadeciéndose de sí
misma - yo voy a ayudarte

-¿Cómo?

-Hablare con Jasper, te conseguiré un trabajo


mejor.. Él puede hacerlo, te lo prometo

Las mejillas de Bella se tiñeron de un color rojo


intenso

-No puedo hacer eso

-Vamos, Bella.. ¿Qué mas quieres que haga?

-Yo
-No vengas con eso de que te da vergüenza y no
puedes aceptarlo.. Déjame hacer algo por ti.

Alice calvo sus ojos dorados sobre los de Bella,


ella conocía demasiado bien esa mirada..

-Esta bien

-¿Qué tienes hoy en la tarde?

-Tengo que ir al bar, por la noche.. y pensaba


estudiar algo antes

-Nada de eso.. vamos a divertirnos un poco

-Pero Alice

-Nada, Bella.. Ahora me debes una y pienso


cobrármela muy cara- dijo mientras dejaba
escapar una sonrisa traviesa entre sus labios finos
y perfectamente pintados de rojo. Su rostro suave
la delataba, parecía un niño pequeño a punto de
hacer alguna travesura

-Alice!

Su compañera soltó una risita suave y desapareció


por el pasillo camino al cuarto de Bella, mas
precisamente, al ropero.

-¿Alice que vamos a hacer a las once de la


mañana? Tengo cosas que..

-Nada de eso, mi querida amiga. Primero que todo


vamos a ir a mi casa.. Por que la ropa que tienes
ahí - dijo señalando el ropero de su amiga con
cara de disgusto - no merece ser llamada ropa.
-Alice!

-Vamos, Bella, lo único que tienes en este horroso


ropero son pantalones de chándal y remeras de
hombre

-Mentira, tengo ropa cómoda

-No me importa. Hoy, yo decido.. así que vamos,


Bella

-Prométeme que no pasaras de setenta por hora

-No prometo nada! - concluyo mientras salía de la


habitación de Bella en busca de su porsche
amarillo que estaba aparcado en la acera. -
Vamos, Bells!

-OH, Dios

Bella tenia razón al pedir una salvación divina,


lastima que no la recibió. Alice no solo la uso de
Barbie esa mañana sino que también, esa tarde la
hizo acompañarla en su fatal rutina de compras.
Otra vez, amabas terminaron con los brazos llenos
de bolsas de colores y los pies adoloridos, o por lo
menos Bella.

-Esta noche

-Ah, no Alice! Tengo que trabajar en el club.. - al


ver que su amiga abría la boca para decir algo ella
la intercepto justo a tiempo - Todavía no hablaste
con Jasper, no sé en que me puede ayudar y no
puedo permitirme que me despidan de la única
fuente de dinero que tengo.. Así que esta noche
no. Cualquier otra, pero esta no
-Ok. Voy a tomar tu palabra.. De esta no te
salvas. Y en cuanto hable con Jazz.. vas a tener
que conseguirte un ropero mas espacioso.

-Mierda - mascullo Bella mientras su amiga


entraba al auto amarillo y se preparaba para dejar
a su amiga en su departamento.

Bella, como todos los lunes a la noche, fue a


trabajar al bar. Nunca había mucha gente los
lunes, pero ¿Qué clase de persona salía un lunes
cuando tenia toda la semana por delante?

Bueno, había un par de locos y gracias a ellos,


Bella trabajaba también los lunes por la noche. Por
lo menos, era un día mas de paga. así que la chica
de ojos cafés se calzo las botas de taco alto, los
pantalones apretados y la remera aun mas
apretada y con bandeja en mano, tomo el primer
pedido.

-Un martini seco para el señor. ¿Usted quiere algo,


señorita? - Bella levanto la mirada de la mesa y
mas allá del señor Linderman, un hombre de pelo
entrecano y su acompañante, una poco agraciada
mujer de ojos oscuros y piel color mate, vio a un
hombre quien definitivamente no quería volver a
ver en su vida.

Del otro lado del club, en la misma mesa que


siempre, un hombre de ojos esmeraldas esperaba
a la mesera.. esperaba a Bella.

-Señorita.. señorita- la mujer de ojos oscuros


intentaba llamar la atención de Bella
-OH, si lo siento.. ¿Qué es lo que desea?

-Un cosmopolitan - respondió la mujer con voz


aguda y tono enojado.

-Bien, ya vuelvo

Pero Bella, en vez de anotar el pedido y caminar


hasta la barra en busca de los tragos, volvió la
mirada hacia Edward y camino derechito hacia su
mesa. Había algo que tenia en mente desde el
momento en que había conocido la real
personalidad de ese hombre.

-Buenos días - dijo clavando sus ojos oscuros


sobre los claros de él -¿Qué desea ordenar?

-A ti

Bella bajo la mirada y, aunque sentía una furia


incontenible, soltó una risita y disimulo muy bien
su enojo.

-Eso no esta a la venta.. así que por favor dígame


que va a tomar

-Bien, voy a ordenar y luego, tu te vas a sentar


justo aquí - dijo señalando el lugar a su derecha
sin dejar de mirar a Bella a los ojos - y vamos a
encontrar una solución para nuestros problemas

Bella mantuvo su mirada contra la de Edward


deseando que con solo eso pudiera traspasar hacia
el otro lado. Casi estaba por explotar de la furia
que sentía. ¿Quién se creía este hombre? Nadie le
daba ordenes y menos un hombre como el. Justo
a tiempo recordó que mientras estuviera dentro de
ese club, el era su cliente y ella la empleada que
se suponía que debía servirle. Pero sus
obligaciones llegaban hasta tomarle su pedido y
traerle su trago.. nada mas y Bella sabia eso. No
iba a dejar que ese hombre, arrogante y egoísta,
tuviera ningún poder sobre ella.

Pero, como no creía que fuera a tener la


oportunidad de encontrarlo fuera de ese club -no
por que quisiera tampoco -, decidió que era un
buen momento para hacerle pasar un mal
momento y que esta vez, sea el la persona que
vuelva a casa con olor a alcohol.

-¿Qué va a ordenar? - le pregunto Bella con voz


suave, controlando su furia y regalándole una
sonrisa para convenserlo que todo estaba bien.

-Tráeme algo de agua

-¿QUÉ?

-¿No sirven agua, Bella? - dijo clavando sus ojos


esmeraldas y dibujando en su rostro una sonrisa
torcida que a Bella le pareció tan.. despreciable.

-a  
  a 
  ›

› 

No creí que usted fuera de esos

-¿De esos?

-Ya sabe, de los alcohólicos que vienen aquí a


probar si pueden superarlo.. piden agua y miran
como los demás beben. Después, terminan
ordenado vodka.
-¿Yo alcohólico?

a›

›  ›
›

-Yo solo..

-Tráeme algo tu

-Bien - Bella escondió una sonrisa ante la


expresión de furia de Edward y camino a la barra
decidió que le serviría un martini, era la copa que
menos estabilidad tenia, la más fácil de pretender
su caída.

Tomo las copas, la de Edward y las del hombre de


pelo entrecano -que milagrosamente había
recordado el pedido exactamente - y las cargo en
la bandeja. Dejo el pedido en la mesa del señor
Linderman y continuo su camino, solo con una
copa hacia la mesa del hombre de los ojos
esmeraldas.

Cuando llego a la mesa, fue demasiado fácil


pretender que perdía el equilibrio con el pequeño
desnivel del piso y aun más, hacer caer todo el
contenido de la copa (y la copa en si) sobre su
perfecta camisa Armani que combinaba con sus
ojos.

Bella contuvo la risa ante la cara de sorpresa de


Edward y simulo estar muy apenada

-Lo siento.. Yo..

Pero Bella no era tan buena actriz. Y Edward pudo


verlo y la sorpresa se volvió furia.
Por suerte, en el club solo quedaban un par de
personas que estaban muy ocupadas como para
interesarse en una camarera demasiado torpe.

-¿Qué hiciste, Bella? - Edward la acuso y Bella por


primera vez, tuvo miedo de su expresión.

-Ë›

-Siéntate ahí. Ahora. Y no quiero volver a


repetirlo.

Bella supo que no había sido una buena idea.


Temiendo que ese hombre pudiera hacerle daño
de alguna forma, ya que ni siquiera lo conocía, se
sentó lentamente en la mesa.. Frente a sus ojos
esmeraldas que refulgían de furia y en la
oscuridad del club, brillaban.

-Bella.. ¿Sabes que por algo así pueden


despedirte, no?

-Fue.. Fue un accidente - respondió Bella con voz


débil e intentando no hacer contacto con Edward.
Quería demostrarle que no le tenia miedo pero...
realmente lo tenia.

-Claro que no fue un accidente. ¿Y a quien crees


que le creerían si yo dijera que dos veces
intentaste tirarme una copa encima y
precisamente, una termino en mi camisa favorita?

Bella se contuvo de felicitarse a así misma por


manchar justo su camisa favorita y se dio cuenta
de que seguramente le creerían mas a él, un
hombre rico y famoso, que a ella una torpe
camarera.

-¿Vas a delatarme?

-Depende - dijo clavando sus ojos esmeraldas en


los de Bella. Ella rápidamente bajo su mirada. Lo
único que deseaba era poder volver el tiempo
atrás y faltar ese día al trabajo, estar con Alice a
varios kilómetros de este hombre, donde no
podría hacer estupideces por un hombre que tanto
despreciaba.

Recordar cuanto lo odiaba y cuanto odiaba que en


ese momento, él tuviera el poder para despedirla
y arruinar lo poco que le quedaba, le dio fuerzas
para levantar la vista y clavar sus ojos en los de
Edward.. Intentando demostrar que no tenía
miedo de lo que él pudiera decir.

-¿Depende de que? -

-Necesito un favor, Bella

-¿Un favor?

-Te pagare por él

-¡¿Qué?!

-Necesito que te hagas pasar por mi prometida,


Bella

-¿Lo dice en serio? - Al ver que Edward no lo


negaba Bella casi se desmaya - ¿Esta loco? Yo creí
que era un engreído pero esto.. ¡También es
estúpido!
Edward se apretó el puente de la nariz con sus
pulgares claramente furioso

-Puedes tomar el dinero y recuperarlo todo - dijo


clavando su mirada en la de Bella. Y ella no pudo
evitar preguntarse si sabia lo de su madre - O
puedo hacer que te despidan.

A Bella, inconscientemente, se le desencajó la


mandíbula. Definitivamente el hombre estaba loco.
¿Cómo podía pedirle aquello? ¿Y como pensaba
que ella iba a aceptar semejante cosa pro dinero?

-¿Es una amenaza?

-Puede ser lo que quieras.. yo lo veo mas como un


trato

-Usted esta loco

-No eres la primera que me lo dice

-¿Y por que cree que yo voy a aceptar semejante


cosa?

-Por que no sólo vas a peder tu trabajo, Bella,


también tu departamento y tus estudios

-¿Cómo sabes eso?

-¿Sí o no?

c 





  c

-Por que no solo vas a perder tu trabajo, Bella.
También tu departamento y tus estudios

-¿Cómo sabes eso?

-¿Sí o no?

Bella estaba en estado de shock. En parte por la


sorpresa, eso de que hombre famoso y rico
aparezca en tu vida de repente y encima, te
proponga actuar como su prometida a cambio de
dinero... no era algo que a Bella le sucediera a
menudo. A nadie en realidad. Y la otra parte por el
miedo que le producía que ese hombre, del que
poco y nada conocía, supiera semejantes cosas
sobre su vida privada. Es mas, cosas que habían
sucedido tan recientemente que solo Alice sabia.
¿Alice? Bella no pudo evitar preguntarse si su
amiga estaba involucrada en esto. Pero descarto
ese pensamiento, Alice no conocía a Edward y
además, Bella estaba convencida de que su amiga
nunca tomaría una proposición así como algo
bueno. Ella no lo hacia.

Pero volviendo a lo que importaba, ¿Cómo sabia


este hombre tantas cosas sobre su vida? ¿La
estaba espiando? La respuesta era demasiado
obvia.

Edward continuaba esperando una respuesta de


Bella y esta, luego de varios minutos, seguía
muda.

-Bella.. No es tan complicado. ¿Sí o no?

-No
-¿No? ¿Esta segura, Bella?

-No

-Bueno, es un buen comienzo

-Estoy shokeada

-Lo entiendo

-¿Seguro que esta bien? ¿Su bebida tiene algún


sabor extraño? - dijo Bella levantando una de sus
cejas e intentando sonar segura y seria a pesar
del shock que estaba viviendo.

-Bella, estoy perfectamente. Tu pareces un zombi.


Y por favor, soy Edward y puedes tutearme.

-Yo..

-Piénsalo, Bella.. Todavía hay tiempo.

-¿Qué quiere...?

-Tengo que irme

-Pero - Bella tenia miles de preguntas. Aunque


sabia la respuesta a la del hombre, estaba segura.
Quería responder que no. Obviamente. Todos sus
instintos la llamaban a alejarse de ese hombre que
no solo odiaba sino que también le parecía
peligroso. Quería preguntarle como sabia lo de su
departamento, cual era su intención proponiéndole
semejante cosa, y de vuelta, si se sentía bien..
Entre otras cosas.

-Volveré el jueves, ¿Estarás aquí?


-Trabajo aquí los jueves por la noche

-Lo sé

Bella sintió como un escalofrio le recorría el


cuerpo. Este hombre parecía saberlo todo. Salvo la
respuesta que ella quiera darle.

-Pero..

-Adiós, Bella.. Piénsalo - remarco mientras dejaba


un par de billetes en la mesa, se levantaba de su
asiento con un movimiento fluido y se alejaba
hacia la puerta con elegancia.

-Esta loco - murmuró Bella para sí misma.

Se quedo en la mesa varios minutos. Solo estaba


tratando de entender lo que había sucedido. No
era fácil. Desde que se había levantado esa
mañana, no para de recibir noticias sorprendentes
y shokenates. Definitivamente, cuando esa
mañana de lunes se había despertado en su
cómoda cama con planes de lavandería y limpieza
no esperaba que ese día se convirtiera en una
pesadilla que parecía no acabar nunca.

¿Qué mas puede suceder? Se pregunto a sí


misma. Preguntándose que más tendría que
soportar ese día. Pero cuando miro el reloj de
soslayo, vio que el día ya había terminado.. Solo
por un par de minutos.

Entonces, se dio cuenta de que había estado


sentada en esa mesa por mas de media hora y
que, seguramente, nadie estaba atendiendo a los
clientes que le correspondían. Se levanto de un
salto de la silla y decidió que sus reflexiones
debían ser postergadas un rato. Su turno
terminaba a la una, después había tiempo para
pensar.

Era la peor noche de su vida. Contó ovejas,


escucho música, leyó un rato su libro favorito pero
nada parecía alejarla de la realidad. No quería
pensar ni revivir su desastroso día ni un segundo
más. Pero cuando cerraba los ojos sus
pensamientos no se detenían ni un momento. Su
cerebro estaba en un estado de completa actividad
y parecía que nada podía detenerlo.

A las tres y media de la mañana, Bella desistió,


después de haber pasado casi una hora mirando el
techo de su cuarto -que por cierto necesitaba
urgentemente una capa de pintura- y se levanto
de la cama.

Atravesó el departamento, busco algo de jugo en


la heladera y camino con su vaso lleno hasta la
ventana de su escritorio. Mientras sorbía
lentamente del vaso, se dio cuenta que no podía
evitar esa charla con sí misma mucho tiempo más.
Necesitaba dormir y estudiar y concentrarse en
algún momento.

Para ella era mas que obvio que no iba a aceptar


su oferta. ¿Qué chica decente, en manejo de sus
facultades, podía acceder a semejante cosa? El
dinero, después de todo, era dinero y siempre
había conseguido algo.
Si tenia que abandonar sus sueños en el camino,
lo haría. Además, Alice dijo que conseguiría un
puesto para ella. Y estaba segura de que si su
amiga se lo proponía, siempre lo lograría. Siempre
había una salida. Y Bella ni siquiera le cabía la
posibilidad de que algún día tomara una oferta
semejante. Eso no estaba en discusión.

Lo que la atormentaba, en verdad, era sentirse


espiada. Observada. Camino a casa, de regreso
del bar, se paso todo el viaje mas que paranoica.
Buscaba entre la gente de la calle alguna con ropa
oscura y anteojos de sol siguiéndole a donde
fuera. Miraba demasiado seguido sobre su hombro
y mucho más por las ventanas de su
departamento.

Sentía que había alguien ahí afuera y que cada


vez que ella miraba se escondía en algún lugar
donde no podía verlo. Y eso la asustaba y la ponía
algo paranoica. Mañana llamaría sin dudas a Alice,
ella siempre lograba calmarla.

El sol se filtraba por el ventanal del escritorio y las


pequeñas ventanas del departamento, calentando
el lugar. Bella se removió en su lugar. No podía
haber elegido un mejor lugar para finalmente
haberse entregado a los brazos de Morfeo. Dormía
sentada en una de las incómodas sillas de madera
del diminuto comedor, su cabeza estaba sobre la
vieja mesa de pino en una extraña posición. Casi
temblaba del frío que sufría pero a pesar de eso
un perlado sudor bañaba completamente su
frente.
Finalmente, cuando el sol termino de subir en el
cielo dándole de lleno en los ojos, en el mismo
momento en que la ciudad comenzaba a revivir
para otro día de otoño y los sonidos llegaban a sus
oídos, se despertó. Con el cuello duro y la cabeza
quejándose de la jaqueca que sufría.

Lo único que pudo decir, al descubrir su extraña


posición, fue un leve y suplicante "Aunch".
Lentamente y ahogando un grito de dolor, se
sentó erguida en la silla y descubrió que su cuello
parecía compuesto de roca junto con su espalda y
su trasero. Y la cabeza, la cabeza. Menos mal que
el día anterior Alice le había alcanzado aspirinas.
Camino despacio hasta el baño, minimizando sus
movimientos. Tomo dos pastillas y casi se
desmaya al ver la hora que mostraba el reloj
sobre la repisa de la entrada.

Eran mas de las diez y llegaba taradísimo a su


primera clase de la semana. Dejo de lado el dolor
de cuello y los pensamientos de la noche pasada y
a toda velocidad se lavo la cara, se vistió, se peino
como pudo y en quince minutos estuvo fuera.
Cuando llego al imponente edificio de la
universidad se dio cuenta que se había olvidado de
desayunar. El estomago le crujía pero ya no había
tiempo.

Abrió la puerta suavemente y con disimulo se coló


en el aula que le correspondía, pensó que lograría
llegar a su asiento sin llamar la atención pero era
demasiado pedir, dio dos pasos y se olvido de
subir el escalón hacia los escritorios. Fue la burla
de ese día.
-Alice?

-Bella!! ¿Cómo estas?

-No lo se.

-Vamos. Hable con Jasper

-¿Y? - pidió Bella algo sorprendida por la rapidez y


bastante ansiosa por su respuesta.

-Dice que hay una secretaria que esta embarazada


y que toma licencia en dos meses

-¿Dos meses? - El sueldo de camarera no le iba a


permitir costear su vida de ese mes, que
lamentablemente recién empezaba, y el siguiente.

-Lo siento, Bella.. Se lo pedí de mil formas pero se


enojo y me dijo que no era su culpa. Lo siento..

-No te preocupes, Alice.. Gracias y agradece de mi


parte a Jasper. - Conocía muy bien el poder de
disuasión de su amiga y si eso dejaba claro que
Jasper había hecho todo lo que podía.

-Te ayudare.. saldremos de esta

-No importa Alice

-Sabes que tengo dinero

-No

-No vengas con eso de que te da vergüenza

-No, Alice

-¿Hay algo que no me estés contando?


-No

-Mentira, Bella. Te conozco. En diez minutos estoy


en tu casa.

-NO, TENGO QUE ESTUDIAR

-Solo son unos minutos. Chao, Bella

-Alice!

Pero ya era demasiado tarde, su amiga ya había


cortado el teléfono y seguramente ya se
encontraba sobre el posche amarillo camino a la
casa de Bella.

-Genial - murmuro para si misma y intentó lidiar


un rato mas con la enorme pila de papeles que
esperaba sobre su escritorio. Faltaban pocas
semanas para los exámenes antes de las
vacaciones de invierno y necesitaba aprobarlos
todos. No era el mejor momento para tener una
amiga sobre tu hombro espiándolo todo ni para
tener problemas económicos.

A los diez minutos, Alice tocaba insistentemente el


timbre. Solo ella podía tocar el timbre tantas
veces y pasar descaradamente frente al dueño del
departamento sin mostrar estribo de
arrepentimiento.

-Alice, con tocar una vez el timbre es suficiente

-Pero Bella, no sabrías que soy yo

-Alice, no espero a nadie. Sabia que eras tu


-Bueno, Bueno - Alice lucia hermosa como siempre
con su cabello caoba y su peinado naturalmente
despeinado - ¿Y Bien? ¿Qué es lo que no me has
contado?

-Yo

-Vamos, Bells. Lo adivinaré si no me lo dices.

-Como quieras - dijo obstinada

-Bien. A ver.. Tiene que haber sido en el bar. En


esa universidad a la que vas nunca pasa nada
interesante

-Alice!

-Estoy bien entonces. - Alice clavo la mirada en la


de Bella. Miel contra chocolate - ¡No me digas que
Edward Cullen volvió al BAR! - dijo elevando la
voz. Su amiga supo que no podía mentirle

-Si, si - dijo como restándole importancia

-¿Qué te dijo? Hay, Bella.. cuéntamelo ya

La rabia afloro en Bella y se encontró gritado


sobre la extraña proposición que Edward Cullen le
había hecho la noche anterior. Alice tenia cara de
sorprendida y admitió que nunca lo hubiera
imaginado. Pero cuando Bella se calmo y reino un
silencio total, tuvo suficiente tiempo para idear
algo dentro de esa extraña cabecita suya.

-¿Qué estas pensando, Alice? - le pregunto Bella


con un tono acusador. -No pienses que voy a
aceptarlo
-Claro que sí

-¿QUÉ? ¿TE VOLVISTE LOCA? ¿TODOS ESTAN


LOCOS?

-Bella tranquila.. creo que deberías tomar la


oportunidad

-¿QUÉ?

-Escúchame un momento. Si aceptas, tienes el


dinero, un futuro asegurado, te diviertes y en
cima, le puedes dar una buena lección a Edward.
Si no aceptas, pierdes tu casa, tu trabajo y tus
estudios... y ganas un enemigo, un enemigo
bastante poderoso.

-Alice! No es correcto. Espera, ¿Dijiste darle una


lección?

-La cazas al vuelo, Bells.

-Suficiente con las bromas

-Bueno, bueno.. - Era mejor no jugar con fuego y


Alice lo sabia. - Creo que podías darle una buena
lección de modales al chico.

-¡LO ODIO, ALICE!

-Bueno, tendrás que aprender a mentir

-No quiero estar cerca de él

-Vamos, todos los beneficios valen la pena

-No es algo bueno


-¿Tienes una idea mejor?

-Puedo buscar algún trabajo..

-¿Aparte del bar? ¿En que tiempo, cuando


duermes o cuando estudias?

-No lo sé

-Vamos, Bella. El mismo te lo dijo. Solo dos o tres


citas, te ven. - Abrió como platos sus ojos color
ámbar - ¡BELLA VAS A SALIR EN LAS REVISTAS!
¡VAS A SER FAMOSA!

-NOOOOO! No pienso hacerlo, Alice - Bella se


cruzo de brazos y se dio media vuelta. Pero sabía
que Alice no se iba a resignar tan fácilmente

-Bella, mira esto! - dijo señalado su casa

-¿Qué tiene mi casa?

-Bella, tu te mereces algo mucho mejor. Con ese


dinero, quizás puedas dejar tu trabajo en el bar y
mudarte a un departamento más amplio...

-Alice, es dinero

-quizás podrás viajar a Roma

-Estas jugando sucio, Alice. ¡TU TAMBIEN, NO!


PENSE QUE ESTARIAS DE MI LADO, NO DEL SUYO

-Estoy de tu lado Bella. Precisamente estoy aquí


para aconsejarte.

-¿Y si es un sátrapa? ¿Un malintencionado?


-Nadie dijo que tienes que estar con él en privado.
No dijo que solo serian un par de citas. Y van a ser
precisamente en publico. Él quiere que los vean.

-Pero - A Bella se le acababan las replicas pero se


sentía igual que esa mañana. Aceptar una
propuesta como esa, no la haría mejor persona.

-Piénsalo, Bella

-No quiero pensarlo!

-Acepta

-No!

-Eres tan cabezota. Llámame antes de decirle que


aceptas, tengo que irme - Tomo su bolso y se
volvió hacia la puerta.

-¡NUNCA LO HARE! - le contesto su amiga


mientras Alice cerraba la puerta.

Antes de que Bella escuchara el sonido de la


puerta del viejo ascensor abrirse, creyó escuchar
un característico "sí, claro" de su amiga.. Y un par
de risas agudas.

-No pienso aceptar. MALDITO CULLEN

c 




c 
! 

-No pienso hacerlo, MALDITO CULLEN.


La rabia se había apoderado de Bella y la sangre le
hervía en las venas, su corazón latía de forma
frenética y el color en sus mejillas estaba
totalmente fuera de control. Pero eso no era lo
que más le molestaba sino las lagrimas
traicioneras que escapaban de sus ojos como cada
vez que se enojaba. ¿Por qué no podía ser normal
y llorar por tristeza y no por rabia?.

La rabia no le permitía pensar claramente y era


algo que necesitaba hacer con urgencia,
necesitaba todo su tiempo conciente posible. Le
quedaban menos de 48 hs para decidir que iba a
hacer con Edward Cullen.

Al principio todo parecía tan claro. Para ella había


sido obvio que iba a negar esa propuesta. Edward
no era mas que un niño rico que siempre obtenía
lo que quería. Era solo un hombre.

Pero Alice se había encargado de sembrar la duda


en su cabeza. ¿Es que simplemente no podía
apoyarla y listo?

Se preguntaba si era algo normal todo lo que le


estaba pasando. Miro por la ventana de su cuarto
y se pregunto, cuantas chicas del edificio de
enfrente, por ejemplo, podrían haber vivido algo
semejante. Por un segundo estuvo segura de que
era la única en varios kilómetros a la redonda.

¿Quién era lo suficientemente extraño y demente


para proponerle a una mujer, que casi no conoce,
que finja ser su novia? Corrección, su prometida.
Y Bella, sola en su departamento y luego de la
conversación con Alice, se sentía en un callejón sin
salida.

Sabia que no tenía opción. Tenia que decidir que


iba a hacer. Ahora o más tarde. Pero seguro antes
del jueves por la noche. Bella deseaba que el día
no llegara nunca. Que el reloj se detuviera y no
tuviera que decidir nada. Las decisiones no eran
su fuerte. Pasaba horas de dudas y preocupación
antes de tomar una. Era precavida, tomaba los
pros y los contras, los analizaba. Pero una vez que
desidia algo, no había nadie capaz de hacerla
cambiar de opinión... salvo, Alice.

Pensó en ponerse en el lugar de otra persona. Se


pregunto que haría su madre en su lugar. Y no
supo bien la respuesta, su madre era tan
aventurera que seguramente aceptaría la
propuesta solo cambiar de aire y tener la
posibilidad de cambiar de pasatiempos.

Se pregunto que haría su padre. Pero lo descarto.


Seguramente, y sin pensarlo un segundo, se
hubiera negado rotundamente. Como ella lo había
hecho. Pero al igual que Charlie caía en las redes
de Alice demasiado fácil.

Se pregunto que haría Alice. Pero ya lo sabia. No


era difícil de adivinar. Y finalmente se pregunto,
que haría Jasper.

Jasper, el novio de Alice, siempre le había


parecido un hombre centrado y seguro. Siempre
estaba decidido y tomaba sus decisiones a tiempo.
Llevaba una empresa exitosa y una vida llena.
Además, transmitía tanta paz y seguridad que era
imposible de evitar. Así que se pregunto que haría
el de estar en su lugar. Evaluó los beneficios y las
desventajas.. Y antes de irse a la cama, con la
mente fresca después de días, ya tenia una
respuesta para Edward.

Cuando Bella hubo tomado una decisión el tiempo


pareció volver a la normalidad. Las horas tenían
exactamente sesenta minutos y los minutos
sesenta segundos. Su rutina volvió a ser la misma,
salvo quizás por las llamadas elocuentes de Alice y
su propia ansiedad por encarar de una vez el
problema.

El jueves llegó al fin y antes de salir de su casa,


esa noche, Bella decidió que lo mejor era simular
que nada sucedía. Todavía guardaba la esperaza
de que si lo hacia quizás se hiciera realidad y
Edward Cullen nunca apareciera en el bar.

Tomo su bolso y las llaves y partió hacia el centro


de New York en busca de su paga mensual.

El subterráneo no se demoró demasiado y las


calles conservaban su vida característica cuando
Bella llegó al club. No se demoro demasiado, se
coloco el apretado uniforme, tomo la bandeja y se
concentro en sus pedidos.

Logro concentrarse totalmente en lo que hacia y


se perdió la entrada altanera de Edward, justo a
medianoche. El hombre de ojos esmeraldas se
sentó en la mesa de siempre y espero a que su
camarera llegara.

Bella seguía muy ocupada del otro lado del bar.


Los tragos iban y venían y la gente, a pesar de
que era jueves o mejor dicho viernes a la
madrugada, estaba en todas partes.

Dos matinis, tres cosmopolitan para la mesa dos,


cinco cervezas para los chicos morenos. Bella iba y
venia de la barra con la bandeja en alto. Y no se
entero de la presencia de Edward hasta pasada la
una. Cuando, Sophie, una de las camareras que
trabajaba con Bella esa noche, pasó a su lado y le
susurró que un caballero de ojos verdes la
esperaba en la mesa siete.

-Genial - murmuró Bella para sí misma. Lo de


simular que nada pasaba no había dado frutos.
Aunque nunca había tenido esperanzas de que
funcionara.

Camino hasta la barra después de retrasar tanto el


momento que casi terminaba su turno. Dejo la
bandeja y se preparo para encarar lo que seria su
futuro después de esa noche. Camino segura
hasta la mesa aunque en cuanto esos ojos
esmeraldas se clavaron en ella no pudo evitar
sonrojarse y perder su confianza.

-Bella.- la saludo con una de sus sonrisas de lado.

-Edward- respondió Bella de forma monótona.


Quería aclararle que esto no era algo que él
pudiera manejar. Que ella no era su sirvienta.
-Siéntate por favor - La invito mientras señalaba
la silla de enfrente.

-Estoy trabajando

-No preocupes por eso

-Bien - Bella se sentó enfrente del hombre de ojos


verdes. Después de todo, cualquiera de sus
respuestas terminaría sacándola de ese bar. Tanto
si aceptaba como si se negaba a la elocuente
oferta de Edward, ya no trabajaría en ese club.
Bella se dio cuenta de ello en cuanto se sentó en
la cómoda silla blanca y ella misma se volvió tan
pálida como la silla. Iba a extrañar su primer
trabajo, sus compañeros, Emmett y aunque no
pudiera creerlo, al extravagante uniforme.

-¿Estas bien, Bella? Estas pálida

Bella parpadeo un par de veces y se recordó que


debía mantener la compostura.

-Perfectamente.

-¿Lo has pensado?

-Claro que si - dijo intentando sonar segura y


dura. Edward lo supo y se dijo para sus adentros
que el que creyera que Bella era dura y violenta
estaba seguramente mal de la cabeza. Bella era a
sus ojos, una dulce y frágil muñeca. Nunca podría
hacerle daño a nadie.

-¿Y bien? - decidió que si ella iba a actuar algo que


no era, él podía ponerse a su nivel.
Bella entorno los ojos ante el cambio de tono de
Edward pero continuo.

-Quiero unas respuestas antes que nada.

-No creo que..

-No, Edward - Ya no intentaba sonar segura..


Estaba segura. Ahora que, gracias al enfado y la
extraña situación que vivía, la adrenalina había
comenzado a circular por sus venas y eso la hacia
sentir.. Poderosa - No pienses que voy a aceptar
algo si no me das respuestas. ¿Qué piensas que
soy? ¿Un juguete? No, Cullen.. Tengo preguntas y
tu - dijo señalando acusadoramente - vas a
responderlas.

-Como quieras - Ahora estaba enfadado. ¿Quién


se creía esta mujer para tratarlo de esa forma?

-¿Por qué?

-¿Por qué, que?

-No te hagas el idiota

-Y tu, no te pases

-Bien, bien.. ¿Por qué quieres que me haga pasar


por tu prometida? - dijo lentamente como si
quisiera hacérselo entender a un niño muy
pequeño o aun tonto.

Edward se tomo el punte de la nariz e intento


calmarse antes de que su temperamento se saliera
de control.
-Para vender mas

-¿Para vender más? Explícate

-¿Me estas ordenando, Bella? - dijo con tono


amenazador.

-Yoo.. - Bella dudo un minuto - ¿Puedes


explicármelo.. - Edward seguía molesto - por
favor? - dijo con la mejor cara de ángel que pudo
sacar de la manga. Y pareció que después de todo,
tantos años con Alice servían de algo.

-Mi representante

-¿Representante? -Bella se había olvidado que


ahora trataba con una estrella de New York y todo
lo que eso implicaba..

-R-e-p-r-e-s-e-n-t-a-n-t-e. - Ahora el deletreaba


para un niño pequeño.

-No seas.. - se guardo el insulto que pensaba


decirle, había aprendido que con Edward no era la
mejor opción - Puedes seguir, por favor.

-Mi representante cree que mi imagen de


casanova no es buena para el negocio

Bella formo, inconscientemente, una "o" con su


boca de labios finos. Ahora comenzaban a encajar
las piezas, después de todo la propuesta no
parecía tan descabellada.

-Y para ello necesitabas una novia.

-Una novia, al principio.. Después, una prometida.


-Un par de citas

-Un par de fotos

-Y las ventas crecen.

Bella tardo solo un segundo en asimilar toda la


información para seguir su larga lista de
preguntas.

-¿Por qué yo? Dijo, seguramente tienes miles de


fans que matarían por un lugar así..

-Necesitaba alguien inteligente.. Una americana


común.

-
 - Una cosa era que ella misma se creyera
común y otra cosa es que un prepotente
desconocido se lo dijera. Bueno, por lo menos, le
había dicho que era inteligente. La rabia dejo paso
a la vergüenza.

-Tu ganas un aumento en las ventas, ¿Y yo? - dijo


Bella con un intenso rubor en sus mejillas.

-Pagare tu carrera. - Bella abrió mucho los ojos - y


tendrás un departamento en New York.. Lo
compre hace mucho tiempo como una inversión,
mi primer CD. No es una gran cosa pero..

Bella estaba totalmente sorprendida. Nunca había


esperado algo así.

-¿Qué es lo que tendría que hacer?

-Cinco citas. Y.. Unos días en mi departamento.

-¿Qué? Eso no lo dijiste nunca.


-¿Te parecería creíble que mi futura prometida no
pasara alguna noche en mi departamento?

-Yo..

-¿No te parece justo el trato, Bella?

-No es eso, solo que - Bella sintió vergüenza

-¿Qué?

-No te conozco..

-¿Y?

-No me gustaría quedarme en tu departamento.

Edward lo entendió y le sonrió.

-¿Crees que intentare lastimarte?

-Yo... - las mejillas de Bella estaban a punto de


explotar, su corazón latía frenético y seguramente,
si se hubiera parado sobre sus piernas estas
fallarían.

-¿Crees que me arriesgare a que todo esto salga a


la luz? ¿A que me involucres en un escándalo
mediático solo por ti?

Ese solo por ti fue el colmo. ¿Qué intentaba decir?


¿Qué ella no merecía la pena? La adrenalina volvió
a sus venas. Respiro profundo e intento controlar
sus nervios.

-Lo entiendo

-Muy bien.
Pasaron unos segundos en silencio. Solo se oía el
sonido de la música electrónica saliendo
febrilmente de los parlantes. El turno de Bella
estaba por acabar en diez minutos. En el club ya
no quedaba mucha gente. La mayoría había
dejado su paga en la mesa y se había ido. Solo
quedaban los mas trasnochados, los que habían
llegado tarde o los que simplemente, ni siquiera
podían levantarse de la mesa por su exceso de
alcohol en sangre. Bella y Edward parecían
encerrados en una burbuja. Pero Bella no prestaba
atención alguna a la gente de alrededor. Su
cerebro seguía trabajando. El la había llamado
inteligente, y ahora el debía enfrentarse a las
consecuencias de que lo fuera.

-¿Y que me garantiza a mi que tu cumplas con tu


parte?

-Lo mismo que me garantiza a mi que tu lo


cumplas

-¿Qué?

-Un contrato

-¿Un contrato?, no es algo...

-¿Qué?

-No lo se, ¿no es demasiado?

-Claro que no, Bella. Si no firmas un contrato nada


de esto sucedió en realidad.. Para nadie. Solo en
nuestras memorias, que porciento no son muy
fiables.
-¿Voy a necesitar abogado?

-Solo si así lo quieres

-Bien.

-Aun no has respondido

-Esto cambia un poco las cosas. Pudes..

-El tiempo no es infinito, Bella

-Lo se. Sabes, cuando hablas así.. Pareces


mafioso.

-No soy mafioso

-No lo se

Edward la observo un minuto, con sus ojos llenos


de rabia para entender que realmente Bella no lo
sabia.

-Te daré hasta el mañana por la noche

-Eso no es mucho..

-Necesito tiempo para encontrar a alguien mas si


tu te niegas. - Se levanto de su lugar con un
movimiento rápido y dejo varios billetes sobre la
mesa aunque no había ordenado nada - Me estas
costando mas tiempo de lo que pensaba Bella.
Hasta mañana

Bella no le contesto. Cada palabra que salía de los


labios de Edward Cullen incrementaban el odio que
sentía hacia el. Cada frase que pronunciaba
lograba herirla y hacerla salir de sus casillas. Ese
hombre era increíble. Increíblemente
desagradable.

El turno de Bella había terminado hacia varios


minutos, así que en cuanto logro controlar todo lo
que sentía en ese momento, se levanto de la mesa
y volvió a la parte trasera del bar. Se saco el
apretado uniforme y reconoció que quizás el día
siguiente seria la ultima vez que lo llevara puesto.
Tomo su cartera y salió del bar sin antes saludar a
todos sus compañeros del bar.

Ahora sentía un odio mas profundo hacia Edward


quien no solo llegaba a su vida para complicarlo
todo sino que también buscaba cambiarla. Y para
Bella los cambios significaban más trabajo y
menos horas de sueño. Ella prefería que las cosas
se mantuvieran iguales siempre. La tranquilidad
en su vida le daba equilibrio. No le gustaban las
sorpresas y esta en particular. Deseaba rebobinar
su vida, volver al lunes desastroso para
modificarlo de alguna manera. Pero,
lamentablemente, aun no había aprendido a viajar
en el tiempo, era una asignatura pendiente.

En cuanto abrió la puerta del departamento, el


teléfono comenzó a sonar y supo inmediatamente
quien era. ¿Quién mas llamaría a las dos de la
mañana a su departamento, solo para escuchar
las noticias? ¿Quién podría ser tan impaciente
como para no soportar esperar hasta el siguiente
día?

-Alice. ¿Qué pasa?


-Bella!! Dime que le has dicho - ordeno con su voz
de soprano del otro lado del auricular.

-Alice, son las dos de la madrugada. ¿No puede


esperar a mañana?

-No, no puede.. ¡Cuéntame todo!

Alice se había tomado la molestia de llamar todos


los días para saciar su curiosidad y saber si Bella
había tomado una decisión. Cada vez que llamaba
Bella se encargaba de negar su pregunta y cada
vez que llamaba su ansiedad iba creciendo. Así
que Bella supo que, sino quería tenerla a Alice en
diez minutos en su departamento, tendría que
soltar la lengua.

-¿Entonces voy a tener que esperar hasta


mañana?

-Alice!

-¡Es peor que una telenovela! Me estoy volviendo


loca de la ansiedad.. Soy tu mejor amiga, debo
saberlo!

-Alice, se lo que tu opinas y se que si te lo dijo me


vas a volver loca, comprando cosas si acepto -con
la excusa de que ser la prometida de un músico de
moda necesita un cambio de guardarropas- y si no
lo hago, vas a llamarme cada dos minutos con
nuevas excusas para que no me niegue.

Alice no supo que contestar.

-Niégalo, Alice, y te diré la respuesta.


-Yo.. yo.

-¡Lo sabia! Mañana te lo diré.

-No vas a salvarte de las compras, de todos


modos

Bella dibujo un puchero.

-Claro que si

-Que no

-Que si

-Me voy a dormir

-Bien

-Bien

Bella corto el teléfono. No le gustaba tener esas


conversaciones con Alice pero a veces era la única
forma con la que podía lidiar con su amiga. La
quiera muchísimo pero a Alice no le agradaba
respetar los limites que su amiga ponía por su
propia salud mental y, muchas veces, Bella debía
imponerlos. La siguiente noche volvería a llamar y
todo esto quedaría en el olvido.

Pero no hizo falta esperar hasta la noche, Alice


llamo a primera hora de la mañana para volver a
preguntar por su decisión y no se dio por vencida
hasta que Bella dejo de atender el teléfono a eso
de las siete.

Bella había tomado su decisión y estaba tan


segura como la noche anterior.. Solo que esta vez
había tomado todos los recaudos necesarios para
encararlo de una vez por todas.

El horario de trabajo llego demasiado rápido y


después de calzarse las botas altas, para Bella,
fueron las horas mas fugases de su experiencia
laboral. Y a las doce se detuvo el tiempo cuando
levanto la mirada de una de las mesas que servia
y encontró unos ojos esmeraldas devolviéndole la
mirada.

-Bella

Ella no espero la invitación para sentarse y


simplemente, tomo el lugar frente a Edward.

-¿Y bien?

-Yo.. lo he pensado y

Edward no pronuncio palabra y espero su


respuesta. Si estaba impaciente era imposible
saberlo detrás de su mascara inexpresiva. Su boca
distendía, su mirada clavada en Bella de forma
desinteresada y su rostro anguloso inesctrutible no
lograban delatar ningún sentimiento.

Bella estaba bastante nerviosa. Y en realidad no


deseaba dar ninguna respuesta pero después de
varios segundos de expectativa se dio cuenta de
que no podía dilatarlo mas, después de todo ni ese
plazo de un día que Edward le había dado la noche
anterior ni sus respuestas habían logrado cambiar
su decisión.

-Lo haré.
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-Lo haré.

Edward esbozo una de sus características sonrisas


torcidas y Bella, con algo de reticencia, se la
devolvió. Tenía la leve impresión de que no estaba
tomando una buena decisión. Hacer cosas como la
que acababa de aceptar no era algo que hiciera
muy seguido. Su vida era rutinaria y aunque a
veces se sintiera falta de adrenalina, eso le daba
cierta tranquilidad que la hacía sentirse cómoda y
medianamente feliz. Tenía su trabajo, su casa, su
estudio y sus amigos y para ella eso era suficiente.
Y ahora un loco le venia con amenazas. O tomaba
todo o perdía todo. Así que sin muchas opciones,
arriesgo todas sus fichas en una sola jugada.

-Tomaste la decisión correcta. Ahora, necesito tu


teléfono

-¿Qué?

-Tu teléfono, Bella

-Dime algo, ¿Te molestaste en espiarme y saber


todo acerca de mi vida más reciente y no tienes
mi número telefónico? - pregunto Bella algo
desconcertada. También, sin evitarlo, se pregunto,
nuevamente, como era que ese hombre sabia,
aparentemente, todo sobre ella. Y tampoco pudo
evitar sentirse totalmente rabiosa. Aunque esta
vez pudo controlarlo perfectamente. Sus mejillas
coloradas la delataron pero la escasa luz del bar,
esta vez estuvo de su lado.

-Solo intentaba normalizar las cosas

-Edward, esto nunca va a ser normal

-Bien. Te llamare para hablar con tu abogado.

-Bien - Bella ya se había encargado de llamar a un


viejo amigo de su padre, Marcus Volturi, para
pedirle su asesoramiento... A cambio de una
buena ración de pollo frito casero.

Bella se levanto y tomo su bandeja. Y observo que


Edward no daba muestras de irse pronto, lo que le
molesto en cierta forma

-¿Desea tomar algo?

Edward la miro extrañado.

-Estoy trabajando - respondió ella

-Con respecto a eso...

-No, no, no... Esto - dijo señalándolo a él y luego


a ella - No ha comenzado aun. Yo conservo mi
trabajo, tú me llamas cuando tu abogado me
espere.

-Un whisky doble - contesto serio.

A Edward le gustaba que las cosas se hicieran a su


manera pero Bella se le resistía demasiado. Pero,
a pesar de que esa chica no era santa de su
devoción, se había convencido de que era la chica
que necesitaba. Lo suficientemente inteligente
para tomar su oferta y lo suficientemente fría para
no involucrarse demasiado. Era justo lo que
necesitaba.

Aunque Rosalie se había encargado de presentarle


suficientes chicas para llenar un concierto con
localidades agotadas, él las había pospuesto y
dejado como segunda opción. Y no le agradaba
mucho la chica que debía entrevistar si Bella se
hubiera negado. Era una suerte que ella no lo
hubiera hecho.

El whisky doble llego y también, el fin del turno de


Bella.

Bella regreso a casa pensando para cuando debía


esperar la llamada del abogado de Edward. Nunca
había tenido que recibir una llamada semejante
por lo que no tenía idea de cual era el plazo
normal. Sonó el teléfono en cuanto abrió la puerta
y dudo un instante. Dejo que el contestador
atendiera por ella y escucho una voz cantarina del
otro lado.

-Bella, sé que estas ahí. ¡Atendé! Tengo derecho a


saber que le dijiste y que te dijo, y que le
contestaste..

Pensando que era mejor terminar de una sola vez


con el asunto, levanto el teléfono.

-Alice

-Bella! Sabia que estabas ahí, ¿Por qué no


atendiste?
-Yo.. Acabo de abrir la puerta, cuando escuche tu
voz y corrí a atender

-Me estas mintiendo, pero bueno eso no importa


ahora. Dime, ¿Qué le dijiste?

-Mmm... - Bella dudo un segundo. No tenía idea


de lo que se venia.- Acepté

-SIIIIIIIIIIIII, LO SABIA, LO SABIA -


Acompañando los gritos agudos de su amiga, pudo
reconocer el ruido de sus tacones golpeándose
repetidamente contra el piso y pudo suponer que
su amiga estaba dando pequeños saltos.

-Alice, tranquila.. No es para tanto

-Hay, Bella.. Lo sabía. Sabes lo que opino al


respecto.

-Si, si

-Es hora de darle una buena lección a ese idiota.


¿Y el que te dijo?

-Que su abogado me va a llamar

-¿Abogado?

-Si, quiere un contrato o algo así.. No sabía que


existieran contratos para este tipo de cosas.

-¿Un contrato? Como no se me ocurrió a mí..

-Alice!

-¿Qué? Es un idiota pero sabe lo que hace. Bien.


Mañana a las diez estoy en tu casa
-¿Qué?

-Vamos de compras

-NO - Contesto instintivamente Bella.

-Vamos, Bella. Tu misma lo dijiste. No puedes ir


así de la mano con un famoso y vestir un pantalón
de chándal

-¿De la mano?

-De la mano, besándose y eso.. Ya sabes

-No había pensado en eso

-Dios, Bella.. A veces eres tan ingenua que me


pregunto cuantos años tienes en verdad.

-Hoy no estoy para bromas

-Bueno, creo que deberías pensar lo de los besos.

-Lo se.

-Nos vemos, mañana, a las diez

-Tengo que ir a la universidad

-¿Mañana?

-Mañana

-Oh. Bueno, vamos a perder unas horas pero no


importa. Estoy por ahí tipo tres..

-¿No podemos suspenderlo?

-Claro que no.


-Peroo..

-Chao, Bellita

Al día siguiente, Alice supo muy bien como


compensar las horas perdidas. Visitaron miles de
tiendas en la ciudad y Bella esperaba ver la última
de ellas con desesperación. Alice no se conformo
con un solo centro comercial, recorrieron varios«
solo para no perderse nada. Bella, como siempre,
termino con dos empanadas en vez de pies y Alice
seguía tan enérgica como de costumbre.

Cuando Bella cerró la puerta de su departamento


y miro el piso del comedor encontró miles de
bolsas de todos los colores, formas y tamaños
esperándola para acomodar. Alice no se había
conformado con un vestido. Le había comprado
mínimo cinco. Ni con un jean, ni con una remera..
Alice compraba en cantidad.

Bella levanto un par para poder pasar hasta su


dormitorio, decidió que las bolsas podían esperar a
por la mañana, y descubrió, al llegar a la puerta
de su habitación, que tenia en las manos una
sofisticada bolsa de Victoria Secret. Con tan solo
recordar lo que había dentro se sonrojo.

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Bella dejo caer la bolsa del otro lado de la puerta y


la cerro con fuerza dejando todos los paquetes
fuera de su vista. No quería pensar en los poco
recatados conjuntos de lencería que Alice le había
obligado a probarse ni en los pares de zapatos que
la esperaban del otro lado de la puerta. Se tiro en
la cama y perdió la noción del tiempo.

Pero al otro día fue inevitable desarmar las bolsas,


sobretodo por el espacio que ocupaban en el
diminuto departamento de Bella. Así que, con algo
de impaciencia y pocas ganas, Bella desarmo cada
paquete.

Cuando termino, su armario le quedaba chico y


seguramente, su mejor amiga se iba a encargar
pronto de que su problemita de espacio continuara
agravándose. Antes de cerrar las puertas
corredizas de madera hecho una ultima ojeada a
todas sus compras. Se dio cuenta de que la
mayoría de las prendas eran de color azul. En
realidad, mas que la mayoría. Salvo por una
remera blanca y un par de zapatos plateados, el
resto« era azul. Y estaba segura de que no era
algo casual.

El teléfono comenzó a sonar en el comedor y el


sonido detuvo el hilo de sus pensamientos. Corrió
a atender el teléfono pero antes de que hubiera
levantado el aparato, el contestador había
atendido por ella. Por suerte, era una propaganda.
Pero eso le hizo acordar revisar los mensajes.
Tenia uno bastante largo de su madre, que por
cierto estaba enojada por la falta de comunicación
con su única hija y uno más viejo de Alice, de
cuando llamaba varias veces al día para saber que
había decidido Bella.

Borro los dos y llamo a su madre que la mantuvo


pegada al auricular del teléfono como una hora, lo
que era genial para la compañía de teléfonos. Le
corto con la excusa de que tenia que trabajar y en
cuanto pudo dejar el aparato se concentro en un
trabajo sobre literatura inglesa de medidos del
siglo XVIII que debía entregar en pocos días.
Eran alrededor de las doce cuando el sonido de su
teléfono la desconcentro del apasionada época de
las revoluciones y casi la hace caer al suelo. Esta
vez, llego a tiempo para atender el teléfono.

-Buenos días, ¿Es usted la señorita Swan?

-Si.. ¿Quién habla? ± Bella encontraba


desconocida la voz y su gramática tan formal.

-Soy el doctor Ashwood, hablo de parte del señor


Cullen ± Bella se sorprendió al escuchar al tal
Ashwood, gracias a Alice y a la literatura de cuatro
siglos atrás, había logrado olvidar la extraña
relación que mantenía con el tal señor Cullen.

-O si, si. Claro. Ella habla

-Muy bien. Quería confirmar que usted puede


presentarse con su abogado, si es que lo tiene, en
mi oficina el día viernes por la mañana.

El viernes tenía la mañana libre, por suerte. Pero


aun tenia que hablar con Marcus. Aunque
estuviera retirado seguramente tenía otras cosas
que hacer más importantes que hacer caridad.

-Mmm... ¿Puedo confirmarle mas tarde? Tengo


que hablar con mi abogado.

-Si, claro. Avíseme cuanto antes.

-Su teléfono?

El hombre le dicto con voz profesional el teléfono


de su estudio y le corto inmediatamente. Bella
imagino que debía estar bastante ocupado y que
seguramente cuando volviera a llamar una
secretaria estirada la dejaría esperando el línea
media hora.

Y no se equivocaba. Después de hablar con


Marcus, un viejo amigo de su padre y prometerle
varias raciones de pollo frito casero, Bella marco el
teléfono de la oficina del tal Ashwood. La atendió
una mujer de voz extremadamente aguda y a
Bella le pareció tan pedante que casi le daban
arcadas. Podía imaginársela con su larga cabellera
rubia limándose las uñas. Y como Bella esperaba,
le dijo que esperara unos momentos, y pasó mas
de quince minutos escuchando una cancioncita
desagradable para que finalmente el abogado la
atendiera y le contestara que la esperaba el
viernes.

Cortó el teléfono bastante molesta gracias a la


espera y volvió a sumergirse en la literatura
inglesa. Volvió a la realidad varias horas mas tarde
cuando su turno en el bar estaba por comenzar.
Saco lo primero que vio apetecible de la heladera,
tomo su cartera y salio del edificio para
encaminarse al subterráneo que la dejaba a unas
pocas cuadras de su trabajo.

Llego justo a tiempo y inesperadamente, encontró


a Alice y a Jasper en una de las mesas. Les sonrío
y camino detrás de la barra para ponerse el
apretado uniforme del club. Esa noche, Alice se
encargo de que Bella atendiera la mitad de los
pedidos que recibía la mayoría de las noches. Pero
Bella estaba feliz de que su amiga estuviera por
allí, de esa forma le era mas fácil aguantar la
música estridente y los molestos clientes.

El viernes no tardo en llegar y se sintió en una


película en cuanto entro la espaciosa sala de
conferencias de la agencia del señor Ashwood. De
un lado de la mesa, el elegante señor Cullen
vestido con un traje negro impecable concordando
con el resto de los hombres en la sala pero
curiosamente solo a el le destacaba perfectamente
el negro del traje contra el color blanco níveo de
su piel. Su rostro anguloso sin emoción visible y
su cabello cobrizo, como siempre, descontrolado.
Estaba acompañado por el tal Ashwood que
término siendo un hombre de edad bastante
avanzada con una insipiente calvicie y una
prominente barriga.

Del otro lado de la mesa de color oscuro estaba


Bella, vestida por Alice.. Con un conjunto que ella
solo había visto en las películas o en los bares
atestados de empresarios apurados. Llevaba una
falda de tubo de color oscuro y una camisa blanca
con algunos detalles simples. Y, aunque lo intento,
no pudo convencer a Alice de que unos zapatos sin
tacos quedaban igual de elegantes. Así que
termino vistiendo unos tacos básicos de color
negro, no eran extremadamente peligrosos pero
tuvo cuidado al caminar, una caída arruinaba toda
elegancia.

Marcus, su abogado, revisaba los papeles que se


extendían sobre la mesa de caoba y se pasaba la
mano una y otra vez por el abundante cabello
blanco de su cabeza. Repitió tantas veces ese
movimiento que Bella comenzaba a desesperarse.
El silencio en la sala era profundo. Bella intentaba
adivinar que era lo que Edward sentía y Edward
parecía muy interesado en el color de las paredes.

Por fin Marcus termino y le susurro a Bella que no


encontraba nada fuera de lugar. Nada que Bella
hubiera prohibido.

-Bien, creo que ha hecho un muy buen trabajo,


señor Ashwood

-¿Su cliente esta de acuerdo?

-Me haría el favor de explicarle los puntos mas


importantes?

Ashwood puso mala cara pero se dirigió a Bella,


que se sentía como un pez fuera del agua. Todo
parecía referirse a su persona pero ella no
entendía ni jota de lo que decían, la mayoría del
tiempo.

-Señorita Swan, en el caso de que usted firme


este contrato se vera implicada en una relación
estrictamente laboral con el señor Cullen. Usted
prestara un servicio y el le pagara a cambio ±
Bella se sintió una ramera por un minuto. Abrió la
boca para replicar pero al ver la cara de Edward,
la cerro ± Usted tendrá que asistir a la cantidad de
encuentros que el señor Cullen encuentre
necesario.

-¿Ilimitadamente?
Ashwood acentuó su mala cara y comenzó a
hablar como si lo hiciera para un niño de dos años.

-Señorita Swan, un contrato tiene una fecha de


caducidad.

-¿Y cual seria? ± Bella se sentía increíblemente


tonta.

-Exactamente el treinta y uno de marzo de este


año

-¿Qué? ¿Cuatro meses?

-Exactamente ± contesto Ashwood, como


preguntándole a Bella si sabia contar.

-Es mucho tiempo ± Bella se mordió el labio y


espero a que alguien dijera algo. Pero nadie lo
hizo. Volvió a reinar el silencio. ± Puede continuar
± Bella se sonrojo pero intento continuar como si
nada pasara.

¿Tenia que estar a disposición de ese idiota por


cuatro meses? Cuatro meses en el infierno. Un
infierno de cuatro meses. Aunque sea tenía fecha
límite, pensó sarcásticamente Bella. ¿Cómo iba a
sobrevivir?

Extrañado de que Bella realmente pensara,


Ashwood continuo con su monologo. Edward
continuaba interesado en la pared y Marcus
removía los papeles nuevamente para no pasar
nada por alto.

-A cambio, como usted debe saber, recibirá un


departamento ubicado en la quinta avenida y el
señor Cullen abonara su matricula y cuota en la
Universidad que concurre. Se le avisa en el mismo
± dijo señalando el contrato ± que recibirá una
proposición de casamiento, para la cual no podrá
negarse. Y terminado el plazo del contrato
devolverá el anillo de compromiso. Se vera
obligada a no mostrarse en publico con hombres
que no sean sus familiares.

Bella no encontró nada significativo en su ultima


cláusula. Después de todo, hacia varios años que
no tenia novio pero tampoco lo buscaba.

-El trato es más que justo Bella.. Solo es un poco


de tu tiempo y estarás libre de deudas por un
largo tiempo ± Le susurro Marcus al oído.

Bella no estaba en desacuerdo con Marcus pero le


irritaba la sola idea de que pronto tendría que
cumplir los deseos de ese.

-Ah, claro me olvidaba ± dijo Ashwood observando


a Bella atentametente ± Deberá actuar como la
verdadera prometida de Edward ante quien este
decida y no podrá divulgarlo. A nadie.

Bueno, Bela considero que Alice quedaba excluida


de ese alguien.

-Acepta, Bella ± Le susurro Marcus con su sonrisa


amplia dándole apoyo.

Cerró los ojos y con la adrenalina en su cuerpo,


considero un segundo más lo que iba a hacer. No
podía creer lo que iba a decir. Tan solo una
semana antes, nunca hubiera llegado a imaginarse
en ese lugar ni con esa compañía y nunca en toda
su vida, se le hubiera ocurrido que semejante
proposición fuera real.

Volvió a considerar todo. Ya se sabía los puntos en


contra y a favor de memoria. Y sobre todo los que
Alice se había acordado de recordárselos la noche
anterior con su voz aguda y alarmante.

Ya no había tiempo. Además, no podía volverse


atrás. No podía arrepentirse por el mismo orgullo
que sentía cuando pensaba en los próximos cuatro
meses.

-¿Cuatro meses?

A Bella le parecía una eternidad. En cuatro meses,


la nieve seria historia, la primavera estaría en su
esplendor y estaría preparada para cursar el
último año antes de recibirse. Cada vez parecía
más lejano.

Volvió a abrir los ojos y se encontró con tres pares


de ojos observándola atentamente. Un par, verde,
dejo de mirarla al instante y volvió a la pared. Los
oscuros de Ashwood mostraban ansiedad y
sobretodo, malestar. Y los de Marcus, cristalinos
como el agua, buscaban una respuesta para saciar
su propia curiosidad.

Ya se había acabado el tiempo.

-Bien, acepto ± dijo cerrando con fuerza los ojos


esperando las consecuencias de sus palabras.

c 




# 

-Bien, acepto ± dijo cerrando con fuerza los ojos,


esperando las consecuencias de sus palabras.

Ashwood resoplo en respuesta, Marcus esbozó una


de sus sonrisas y la cara de Edward se mantuvo
estática« como tallada en piedra. Bella, entonces
se atrevió a abrir los ojos.

-Firme aquí, y aquí y aquí ± Le dijo Ashwood a


Bella esperanzado de que, al fin, todo el tramite
terminara.

Bella no volvió a dudar mientras firmaba los


papeles. Ya no había vuelta atrás. Cuando
terminó, el abogado de Edward tomo los papeles,
le informo a Bella que una copia del contrato le
llegaría en unos días a su departamento y salió de
la oficina. Edward no tardo en seguirlo. Aunque
Bella tenia varias cosas que hablar con él. Ella lo
vio desaparecer por la puerta pero primero tuvo
que despedirse de Marcus. Con una sonrisa tan
cristalina como sus mirada Marcus le aseguro que
había hecho lo correcto y le dijo a Bella,
guiñándole un ojo, que ansiaba su encuentro con
su pollo frito. Bella le sonrió y le prometió llevarle
a domicilio una ración en cuanto pudiera. Se
despidió a toda velocidad y salió de la oficina en
busca de una cabellera cobriza.

Corrió por el pasillo buscándolo, hasta que se dio


cuenta de que la gente la miraba y entonces
reemplazo su carrera por una caminata rápida..
Sin poder evitar sonrojarse. Finalmente, decidió
que lo mas probable era que Edward hubiera
tomado el elevador para irse del edificio. Ansiosa
apretó el botón del ascensor. Una vez, dos veces,
miles de veces hasta que las puertas de metal se
abrieron ante sus ojos.

Tardó unos segundos en llegar hasta la planta


baja pero, durante todo el camino, Bella, ansiosa,
golpeaba rítmicamente el suelo hasta que en el
tercer piso una mujer de ojos oscuros y lentes
enormes la miró con mala cara. Avergonzada Bella
dejo el pie en el suelo.

Y cuando las puertas se abrieron en la planta baja,


Bella fue la primera en salir del elevador. Camino
a paso rápido hasta el corredor principal llegó a
ver una cabellera cobriza que se escabullía por la
puerta principal. Apretó el paso y cuando Edward
puso un pie en la concurrida vereda, Bella lo tomo
por un brazo.

Al contacto Bella sintió una extraña descarga


eléctrica que partió de su mano y recorrió su
cuerpo. Un ligero temblor agradable. Bella no
pudo evitar preguntarse que era lo que estaba
pasando. Pero Edward se dio vuelta en ese
segundo y Bella pudo ver su rostro crispado.

-¿Qué sucede?

Bella sacudió la cabeza y se concentro en lo que


tenia que decir.

-No tan rápido, Cullen. Tengo dudas que aclarar.


-Todo estaba en el contrato. No tengo mas nada
que decirte

-Pero.. ¿Cuándo piensas.. ± Bella se puso


colorada, como si en verdad ese hombre
significara algo para ella ± Ya sabes, llamarme?

-No lo se

-¿Qué?

-Lo decidiré en el momento

-¿Y mientras que? Debo estar disponible siempre


que llames o tengo que pasarme el día al lado del
teléfono ±Bella comenzaba a desesperarse. Ella
también tenia una vida. Tan importante como la
de Cullen.

-Es una buena idea. Adiós, Bella.

Edward se volvió al auto plateado que estaba


estacionado en la puerta del edificio y se metió a
dentro para, a los pocos segundos, salir a toda
velocidad en dirección al centro de la ciudad,
dejando a Bella con varias palabras en la boca.

-¡Lo odio! Juro que voy a matarlo algún día ± Casi


grito Bella sin darse cuenta que la gente aun
pasaba por la vereda, estaba a dos cuadras del
centro de la ciudad mas importante del mundo!.
Una señora que pasaba, con su abrigo de piel, la
miro extrañada y apuro el paso, pensando quizás
que era una asesina en serie. Bella se sonrojo,
como siempre, dio media vuelta y camino hasta
media cuadra donde un hombre de traje se bajaba
de un taxi. Aprovecho la situación, por que
consideraba que sus probabilidades de llegar sana
a su departamento con esos tacos eran nulas.

Llego a su departamento y esta vez, fue ella la


que llamo a Alice.

-¿Bella? ¿Qué sucede?

-Maldito Cullen. Juro que voy a matarlo

-¿Qué paso?

-Ugg.. Firmamos pero

-Espera, espera, espera. Tengo visitas en casa, te


acuerdas de la hermana de Jasper..

-¿La hermana de Japer? ¿No es hijo único? ± Bella


había supuesto que el novio de su amiga era el
único hijo de Robert Whitlock por que nunca se
había hablado de una herencia ni nada, cuando
este murió. Y por lo que sabia, Jasper siempre
había tenido la mayoría de las acciones.

-Técnicamente, si

-¿Cómo que técnicamente?

-Su padre, Robert ¿Lo recuerdas?

-Si, si ± Bella solo lo había visto una vez, en una


de las revistas que hojeaban cuando Bella y Alice
aun estaban en la preparatoria y Robert uno de los
empresarios mas conocidos de New York. Bella
todavía recordaba que el articulo se refería a la
gran compra que la empresa Whitlock había hecho
ese año.

-Bueno, resulta que tuvo otra esposa antes de


casarse con la madre de Jasper. ± La madre del
novio de su amiga, de la cual desconocía el
nombre, había fallecido hacia muchos años. ± Y
una hija

-Oh ± Así que la vida de los millonarios era toda


una telenovela.

-No tenía idea que Jasper tenia una hermana, yo


tampoco. Me entere hace pocos meses.

-¿Meses? ¿Y yo que? ¿No pensabas decírmelo?

-No se como pude olvidarme, pensé que lo había


hecho.. Mierda

-Bueno, bueno.. No importa. ¿No puedes hablar


ahora?

-No es eso. No quiero hablar por teléfono. ¿Por


qué no te pasas?

-¿No dijiste que tenias visitas?

-¿Y que? La hermana de Jasper es« genial! Tienes


que conocerla.

-¿Es genial y nunca la mencionaste?

-En realidad, no la veo muy seguido. Pero esta


semana se ha tomado vacaciones y Jasper la
invito a su casa« a nuestra casa. No te lo dije por
todo eso de Cullen.
-¿Y no la arrastraste a tu día de compras? Podría
haberla conocido allí

-Estaba ocupada ese día. Tuvo un llamado de uno


de sus clientes y no pudo retrazarlo.

-¿Aunque estaba de vacaciones?

-Esta loca por su trabajo

-¿Es abogada?

-No, representante

-¿Representante? ¿Esos que buscan estrellas y


eso?

-Si, algo así. Pero ella lo hace realmente bien.

-Oh

-¿Y que dices?

-Tengo que hacer unas cosas, ahora. ± Bella


pensaba darse un buen baño para olvidarse de
Cullen hasta que se dignara a llamarla por teléfono
para su "primera cita". Y después, tenia que ir a la
universidad. Aunque la verdad, la atraía mucho
mas la cama que salir de su casa calientita para ir
hasta su universidad, del otro lado de la ciudad.
Había empezado a nevar la noche anterior y las
calles estaban cubiertas de nieve, las aceras
resbaladizas y todo estaba mojado. Bella, aunque
amaba el clima festivo de diciembre, odiaba la
nieve por que significaba que hacia tanto frío que
hasta la lluvia se congelaba. Y aunque, había
vivido un año entero en Forks, el pueblo con mas
precipitaciones de Estados Unidos, la lluvia no era
realmente de su agrado. ±Dijiste que se queda en
tu casa

-Si, solo hasta mañana por la mañana

-¿Vive en New York? ± La casa de Alice, aunque


técnicamente era de Jasper, quedaba en las
afueras de la ciudad, en un hermoso barrio donde
las casas eran mansiones y los autos eran
limusinas.. o porches.

-Si, si. Aunque Jasper la invito a quedarse..


técnicamente, nada de lo que heredo es de ella
pero sabes como es Jazz.

-¿Se siente culpable?

-No se si culpable.. solo molesto

Jasper era muy diferente a su padre. No era el


típico empresario totalmente concentrado en
ganar mas y mas dinero para invertirlo y ganar
aun mas dinero. Era una persona simple, aunque
siempre había dispuesto de todo lo que alguna vez
había soñado ±materialmente hablando ± y eso no
había sido muy bueno para su compañía. Aunque
su empresa continuaba creciendo, lo hacia a un
ritmo mas desacelerado que cuando su padre
vivía.

-Puedo imaginármelo

-¿Vienes?

-¿Esta bien que pase por la noche? ± Bella no era


de las personas que se invitaban a la casa de otros
pero considero que por la cantidad de veces que
Alice lo había hecho eso ni siquiera contaba.

-Claro, no hay problema. Estaba pensando en


cocinar algo..

-NO!

-¿Por qué?

-¿No recuerdas la ultima vez que lo intentaste? ±


se hizo un silencio absoluto detrás de la línea ±
Los fideos terminaron hechos una pasta y se los
diste al pobre gato de la señora Mary ± la cocinera
que ese día tomaba su día franco ± y el animalito
apareció muerto al otro día

-¡No fue mi culpa! ¡El veterinario dijo que fue un


paro cardiaco!

-¿Segura, Alice? ± dijo Bella a punto de soltar una


risita

-Llamare al delivery

-Buena elección.

-Nos vemos esta noche ± Alice intento enfadarse


con Bella, pero finalmente no lo logro.

-Bien, nos vemos.

Bella corto el teléfono y se sumergió, literalmente,


en sus planes. Tomo un baño bien largo y aunque
deseaba quedarse en casa, tomo un costoso taxi
hasta el edificio de la universidad para tomar su
clase de Literatura inglesa. Cuando entro al salón
recordó que solo le quedaba una semana para
terminar su informe sobre la retórica del siglo XVII
y recién comenzaba a trabajar en ello. Se propuso
intentar cancelar lo de Alice, aunque estaba
segura que no lo conseguiría, para esa noche
intentar avanzar con el trabajo. Aunque podía
verse, en una semana, pasando la noche en vela
para terminar su trabajo.

Las pocas horas que paso en la universidad se


pasaron volando, ya que ese día tenia las materias
que mas le gustaban de su carrera, aunque las
paso pensando en el trabajo que tenia atrasado y
en como convencer a su amiga que no era un
buen momento para reunirse.

En cuanto llegó a casa, con la nariz congelada y


los dientes castañeándole dolorosamente, intento
convencer a Alice. Totalmente en vano. Así que
hasta que le reloj de su celular dio las nueve se
concentro en la pila de artículos que tenia que leer
antes de poder comenzar a redactar su informe.
No iba a ser nada fácil.

A las nueve, decidió que podía tomarse le lujo de


llamar nuevamente a un taxi y se embarcó en
camino a la casa de Alice.

El barrio en que vivía, no muy alejado de New


York, era para Bella demasiado pomposo. Con sus
mansiones de cinco pisos, autos de todos colores y
estilos, céspedes perfectamente verdes y
perfectamente cortados, perros dedicados mas al
show que a la defensa de su hogar y un
complicado sistema de seguridad para poder
ingresar. Menos mal que el hombre de la puerta,
del que Bella nunca podía recodar el nombre, la
reconocía y la dejaba pasar sin preguntar a nadie,
aunque el taxi tuvo que quedarse afuera.

Bella camino las dos cuadras desde la entrada del


barrio hasta la casa de Alice por la calle que,
gracias al perfecto servicio de limpieza, estaban
libres de todo tipo de nieve.

A los pocos minutos, tenia las extremidades


congeladas pero ya divisaba la hermosa casa de la
familia APELLIDO DE JASPER. La casa tenia un
tamaño medianamente normal, teniendo en
cuenta el barrio donde se encontraba ± mas
propicio de Hollywood que de New York ± y la
fachada estaba compuesta por un armonioso
diseño de madera y piedra gris. Todas las
ventanas y puertas eran de estilo antiguo, de
madera y con importantes rejas en color negro.
Bella consideraba que era la mas hermosa de la
zona, aunque no conocía todas las casas del
barrio. Y le encantaba recordar las tardes que
había pasado en el jardín del fondo de la casa,
donde una majestuosa pileta representaba solo
una pequeña porción del terreno libre.

Toco el timbre por que gracias al clima, no era un


buen momento para observar detenidamente la
casa.

Alice todavía no había empezado a decorar la casa


para las fiestas pero seguramente no se tardaría.
Siempre se encargaba de que su casa fuera la mas
armoniosa y bella de la cuadra para el veinticinco
de diciembre.

Toco el primer botón del sofisticado timbre de la


entrada y antes de que pudiera anunciarse, la
puerta ya estaba abierta y Alice se abalanzaba
sobre su amiga.

-Bella! ± dijo entusiasmada, para luego bajar la


voz ± Menos mal que viniste.

Bella solo asistió.

-¿Por qué no entramos?, me estoy congelando

-¡No me olvido que todavía no me has contado por


que estas tan enojada con Cullen!

Bella recordó el episodio de esa mañana, que tan


eficientemente había logrado olvidar y quiso matar
a Alice.

-No quiero hablar de ello ahora mismo

-Como quieras, ya vas a contarme

-Lo se

-Vamos, vamos.. que ya no siento los pies ± se


quejo Alice

-Si eras tu.. No importa

Entraron a la casa, que como siempre estaba


reluciente. La majestuosidad de esa casa le hacia
imposible no compararla con su diminuto y poco
cuidado departamento de alquiler.
-Dame tu abrigo.

-¿Dónde están? ± Alice había logrado contagiarle


algo de su entusiasmo. La hermana de Japer debía
ser realmente una persona interesante.

-En el comedor, pero espera un segundo que meto


esto en el armario ± pidió su amiga mientras
señalaba su abrigo. Alice como siempre lucia
perfectamente despeinada y vestía una de las
únicas prendas que repetía cada tanto. Una blusa
amarilla que le quedaba hermosa y que era,
precisamente, su favorita.

metió el abrigo en el armario, después de pelear


un rato con la percha y aunque Bella no se dio
cuenta, termino dejándolo a medio colgar, por lo
que en cuanto cerro la puerta, el abrigo se cayo al
suelo.

-Supongo que no intentaste cocinar

-Llame al delivery de comida china hace unos


quince minutos, ¿Por qué preguntas?

-Es que no veo la nube de humo negro y solo


huelo el perfume que usas.

--Bella! Se cocinar, solo esa vez«

-Vamos, Ali, te conozco hace años, a mi no me


mientes.

Alice transformo su sonrisa en un puchero y la


acompaño hasta el comedor.
En la cabecera de la mesa estaba sentado Jasper,
vestido de forma casual y hablando animadamente
con su acompañante. En cuanto, Alice entro a la
sala se acerco a su novio y se sentó a su lado.

-Bella!

-Hola, Jasper ± le contesto Bella con una sonrisa.

-Te presento a mi hermana. ± Bella observo por


primera vez a la mujer que lo acompañaba. Una
versión femenina del mismo Jasper que en cuanto
advirtió su autoestima quedo al nivel del suelo.

Su cabellera rubia caía mas allá de sus hombros y


brillaba a la luz de la araña del comedor
encuadrando un rostro femenino de rasgos suaves
y ojos tan cristalinos como los de su hermano. Y
su cuerpo, aunque Bella no podía verla
completamente, pudo imaginar, correctamente,
sus piernas largas y rectilíneas y su cintura
pequeña.

-Rosalie«

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-Rosalie Hale. ± dijo levantándose con un


movimiento grácil de su lugar para extender su
mano hacia Bella que intentaba recordar donde
había oído ese nombre antes.
La mujer dio unos pasos hacia Bella, viendo que
esta no se acercaba a saludarla.

-Estoy encantada de conocerte, Isabella.. He


escuchado muchas cosas sobre ti estos días. ± Lo
que finalmente llamo la atención de Bella.

-Bella, solo Bella ± dijo y trato de suavizarlo con


una sonrisa. Rosalie la devolvió mostrando una
hilera su perfecta dentadura.

Cuando la hermana de Jasper se dio la vuelta para


volver a su lugar, Bella fulmino con la mirada a su
mejor amiga. Estaba segura que las cosas que
Alice le había contado a la media hermana de
Jasper no eran cosas que ella misma deseara
contar a un desconocido. Alice sonrió
angelicalmente y se sentó al lado de su novio.

Bella opto por sentarse al lado de Alice, de esa


forma tendría mas acceso a sus pies si llegaba a
decir algo inoportuno.

La comida, china y traída especialmente del mejor


restaurante de la ciudad, paso demasiado lenta
para Bella, que no veía la hora de llegar a su
departamento y comenzar a trabajar en su
informe. En el postre perdió el hilo de la
conversación y se encontró pensando, cuando
Alice le informo que ya tenia permiso para ir a su
departamento, en las aventuras que había leído
esa tarde.

Cuando, después de pasar una aventura


intentando conseguir un taxi, Bella entró a su
departamento corrió hasta el baño para ducharse
con agua bien caliente. Afuera hacia varios grados
bajo cero y le castañeaban los dientes
dolorosamente. ¡Había tardado diez largos
minutos hasta que pudo meter la llave en la
cerradura, tenia los dedos tan congelados que
temía que se le pusieran color morado y se le
cayeran! Solo Alice podía conseguir que Bella
saliera de su casa para hacer solamente sociales.

Cuando sintió que la temperatura de su cuerpo


volvía a la normalidad, Bella salió del baño y
finalmente, pudo concentrarse en su informe.

Eran las dos de la mañana y no podía encontrar un


buen comienzo para su trabajo. Cada oración que
escribía cuando la releía no le parecía lo
suficientemente buena y la borraba
apresuradamente. La hoja del Word seguía en
blanco, igual que cuando estaba en lo de Alice.

Cuando se aburrió de mirar la pantalla blanca de


la computadora, decidió que abrir su correo
electrónico no le iba a quitar mucho tiempo. Entre
bostezo y bostezo, el viejo computador se conecto
a Internet. Cerro un par de propagandas pero se
detuvo en la ultima.

Era un aviso publicitario de una de las revistas


mas conocidas de New York y para dar justo en el
clavo, en la portada estaba el omnipresente
Edward Cullen. ¿Es que estaba destinada a verlo
hasta en figuritas?. En la portada anunciaba, que
Edward estaba nominado para los premios
Grammy y se preparaba para el lanzamiento de su
nuevo disco. Como siempre, y aunque Bella no
quisiera admitirlo, Edward lucia deslumbrante con
un esmoquin negro algo desaliñado, el pelo
cobrizo revuelto y el moño del traje desajustado.

Le subió la sangre a la cabeza y se puso furiosa de


repente. Cerro apresuradamente la ventana. Pero
en un ataque de locura, abrió una nueva ventana
y tecleo el nombre de la revista en la web. El
nuevo ejemplar, con Edward incluido, estaba a la
venta pero, gracias a Dios ya que no era muy
posible que Bella encontrara abierto un negocio a
esas horas, se podía hojear la revista sin pagarla.

Así que Bella espero que el lento ordenador


cargara la pagina«

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-Idiota

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-¿Miedo al compromiso?

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-ROSALIE HALE. Tiene que ser una broma! ¿No


puede ser? ± Se levanto de su silla y siguiendo un
impulso conocido, tomo el teléfono y marco a Alice
antes de darse cuenta de que eran mas de las dos
de la madrugada y su amiga seguramente estaría
en el quinto sueño.

-Alice!

-B..e..l«l..a ± Dijo con voz somnolienta - ¿QUÉ


PASA? ± Puedo imaginar como Alice saltaba de la
cama. Aunque era realmente una sorpresa
bastante desagradable que te llamen a esas horas
de la noche, seguramente había pensado que era
una emergencia.

-No pasa nada, estoy bien.

-¿QUE MIEDA, BELLA? Me hiciste pegar un susto


que casi me caigo de la cama, espera un minuto
que salgo del cuarto, Jasper va a matarme.

-Lo siento

-¿Qué es tan importante como para llamar a estas


horas? ¡Las dos de la mañana! Mañana trabajo,
Bella

-Escucha, ¿Cuánto le constaste de mí a Rosalie?

-¿Rosalie? ¿Qué tiene que ver en todo esto?

-Dime que le has contado..


-Yo..

-Alice

-Bueno, le conté sobre tu madre y tu carrera! Pero


lo juro yo no quise.. ± Dijo rápidamente como si
eso fuera a cambiar la relación con su amiga.

-¡TE VOY A MATAR!

-Bella! ¿Por qué es tan importante, yo sé que te


da vergüenza y ..

-Alice, ROSALIE ES LA REPRESENTANTE DE


EDWARD

-¡¿Qué?!

-Lo que escuchaste

-¿Rosalie es la representante de Cullen? ± se cayo


un segundo ± CERDO IDIOTA, MAL NACIDO,
ESTUPIDO

-Alice, tranquila« vas a despertar a medio barrio

-¡Oh, que casualidad, la media hermana de Jasper


que nunca había visto aparece de repente y esta
dispuesta a ser mi mejor amiga! MALDITA
LADRONA.. Voy a matarlo, lo juro. Voy a matarlos.

-Alice, tranquila. Esto no cambia nada

-¿CÓMO QUE NO CAMBIA NADA, BELLA? ME


MINTIO!

-Creo que seria buena idea que no digas nada.


-¿Estas loca? Voy a encararla ahora mismo.

-¡Alice, no! Mira si.. Si no es ella.

-Vamos, Bella. ¿Qué otra Rosalie Hale podría ser?

-Por que no lo hablas con Jasper primero.

-No lo se

-Creo que seria la mejor opción.

-¿Crees...

-Ve a dormir y mañana resolveremos todo

-No voy a poder dormir ahora

-Lo siento. Espera, necesito tu ayuda.

-¿Qué?

-Siempre en Literatura te iba de diez

-Por que me sentaba contigo Bella.

-No importa. Tengo que escribir el informe que te


conté y no tengo un buen principio.

-¿Informe? A ver, déjame pensar en algo..


Literatura del siglo XVIII, eh?. Es pan comido.

Gracias a Alice, la mañana siguiente Bella tenia


casi terminado su informe y a Rosalie le esperaba
un gran sermón de su amiga en el desayuno. Bella
se había negado rotundamente a ir y esperaba
que todo se solucionara mágicamente.
Esa semana, todo parecía ir bien. Bella seguía
siendo la de siempre y había logrado olvidar el
pesado contrato que había firmado la semana
anterior. Todo parecía perfecto hasta que la
mañana del viernes, Bella bajo a recoger su correo
como hacia siempre.

Encontró en su pequeño cubículo varios sobres.


Los saco de un tirón y corrió escaleras arriba para
descubrir la causa de que ese día su buzón
estuviera tan lleno.

Impuestos, Impuestos, Impuestos..

Cuando abrió la de luz para ver cuanto debía


pagar ese mes, un sobre pesado de color madera
se resbaló y se le coló entre las piernas para
terminar dando en el piso. Bella dejo la cuenta de
luz y se tomo el paquete del piso. Sin mirar
siquiera el remitente rompió la parte superior del
sobre y saco un fajo de hojas impresas. Solo le
hizo falta leer el encabezado para acordarse de
Edward Cullen. Era el contrato que exactamente
una semana antes había firmado junto con
Marcus, el odioso señor Ashwoood y el arrogante,
Cullen. Hojeo las primeras paginas pero lo termino
dejando para concentrase en cosas más
importantes como las cuentas de esa semana.

Cuando termino, coloco las facturas con un imán


en la puerta del refrigerador y tomo los sobres de
la mesa para hacerlos un bollo. Pero cuando tomo
el sobre color madera descubrió que había algo
mas dentro. Un papel de anotador amarillo se
cayo al suelo cuando Bella dio vuelta el sobre.
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¿MAÑANA A LAS NUEVE? ¿ALGO ELEGANTE POR


FAVOR? ¿QUIÉN MIERDA SE CREIA ESTE TIPO?

-Alice

-Bella. Waw, hace años que no me llamas tan


seguido, ¿Qué sucede? ¿Enojada?

-Furiosa. Es un idiota.

-No te preocupes por Rosalie, ya le puse todos los


puntos.

-No es Rosalie, me envió una nota con el contrato

-Dime, dime, dime. ¡!!

Bella volvió a leer la nota amarilla con la elegante


caligrafía de Edward Cullen. Y cerro el puño luego,
dejando el papel echo un pequeñísimo bollito
insignificante.

-Voy a ponerme un par de tenis y mi remera para


dormir, esa llena de agujeros. Es un idiota. No lo
soporto. ¿Cómo se supone que voy a salir con el
durante cuatro meses? ¡Cuatro meses!

-Tranquila, Bella.. Todo controlado. Vas a vestirte


elegante

-Ni loca

-Bella, tienes que demostrarle que tu eres


demasiado para él. ¡Ya se, ya se.. ¡Tengo el
vestido perfecto!
-¡¡¡No, Alice!!!

-¿A que hora dijo?

-A las nueve ± la sangre de Bella volvió a subir de


temperatura.

-Mas te vale estar bañada para las cinco.

-¿PARA LAS CINCO?

-Cinco y un minuto estoy en tu departamento,


Bella. Mas te vale, haberte bañado

-Estas loca

-Gracias. ¡Nos vemos, Bella!

Bella corto el teléfono aun mas enojada. Le


irritaba tanto que Alice siempre se pusiera en
contra de sus planes. Aunque en verdad, nunca se
hubiera animado a salir a la calle con su remera
agujereada y su pantalón desgastado que usaba la
mayoría de las noches para dormir. Pero su amiga
era demasiado exagerada y a Bella no le gustaban
nada las horas de salón de belleza ni los vestidos
elegantes y pomposos. No iban con ella. La
pesadilla recién había empezado. Además, ¿A
dónde pensaba llevarla? ¿Tanto trabajo era
escribir un par de líneas mas? O mínimo podría
dignarse a llamarla por teléfono y tener una
conversación como dos personas adultas que eran.
Pero por cada acción de Edward, Bella se daba
cuenta cuan inmaduro era.

-Bien, voy a ir. Y voy a mantener la calma.


Eran las primeras horas de la mañana pero las
cinco de la tarde llegaron demasiado rápido y
cuando el timbre sonó, Bella estaba demasiado
concentrada en el final de su informe.

-¡Bella! Espera, NO TE BAÑASTE

-Alice, tengo cosas que hacer.. Estudio y trabajo.


¡Trabajo! Hoy tengo que ir al club, ¿Cómo se
supone que salga con Edward?

-Llámalo a Emmett, va entender.

-¿Qué seria mejor, decirle que voy a salir con un


famoso por un extraño acuerdo o que estoy en
cama todo el fin de semana?

-Bueno, no creo que lo del contrato se lo trague.


Pero eres malísima mintiendo. ± Reflexiono un
segundo y se llevo un dedo a los labios. - ¡Yo
llamo!

-¿Qué? Es mi jefe y casi no te conoce

-Vamos, Bella.. ¿Estas cuestionando mi poder de


disuasión?

-Yo..

-Vamos, déjame intentarlo. Y ¡TU! ± dijo


señalándola con uno de sus dedos y simulando
estar verdaderamente enfadada ± AL BAÑO,
AHORA MISMO.

Bella retraso lo mas que pudo la salida del baño.


Se lavo el cabello dos veces, se enjabono
cuidadosamente y se seco con lentitud teniendo
en cuenta todos los lugares de su cuerpo. Cuando
prendió el secador, Alice le grito desde el otro lado
de la puerta.

-Ya basta, Bella.. Estuviste ahí dentro desde las


cinco. Afuera y déjame el secador a mi.

Bella refunfuñó un rato pero al final Alice consiguió


que se sentara en la silla de su escritorio, donde
su amiga había desprendido todos sus artilugios,
para las largas horas que tenían por delante.

En algún momento, Bella se quedo dormida.

-¡Bella, arriba!

-¿Qué, que, que?

-Vamos, falta solo el vestido. Va estar aquí en


menos de quince minutos

-Oh

-Vamos, arriba.

Bella se levanto, trastabillo pero llego sana y salva


su cuarto donde Alice había dejado un hermoso
vestido azul sobre la cama. Bella recordó de
pronto su ultima salida de compras con su amiga.

-¿Alice, por que azul?

-¿No te gusta?

-No es eso.. Es hermoso. Solo que la ultima vez


que fuimos de compras
-Que fue hace demasiado tiempo ± la interrumpió
pero Bella siguió como si nada hubiese pasado.

-La mayoría de las cosas son de color azul.

-Ah, si. Lo notaste

-Claro, que lo note. No soy daltónica. ¿Hay alguna


razón para ello?

-Bueno, cuando me contaste lo de Edward ± a


Bella se le erizaron los pelos de la nuca ± decidí
que era mi deber averiguar cosas.

-¿Cosas?

-¿Crees que te hubiera hecho aceptar sin antes


averiguar algo sobre el tipo?

-¿Qué hiciste, Alice?

-Bueno, digamos que fui hasta el puesto de la


esquina y le pedí al señor, por cierto era muy
amable, que me mandara a casa todos los
ejemplares que recibiera que nombraran a ya
sabes.

-Debió costarte una fortuna

-Bueno, el chico sale en todos lados. Pero no


importa

-¿Qué tiene que ver con la ropa?

Alice se puso repentinamente colorada, como si la


hubieran pescado en algo importante.

-Leí por ahí, que el azul es su color favorito.


-¿Qué? Alice yo no voy a seducirlo.

-Vamos, Bella.. es guapo, rico y famoso

-¿Qué quieres decir?

-Se que el hombre no es de tu agrado.

-¿No es de mi agrado? Lo odio

-Bella, si lo odiaras no hubieras aceptado el trato

-Lo acepte.. Lo acepte por que.

-¿Por el dinero? Te conozco, Bells y lo hubieras


conseguido sin todo esto. ¿Por el departamento?
¿Por tu trabajo?

-¿Qué quieres decir, Alice? Suficiente con los


rodeos.

-Te gusta, Bella.

-¿QUE? DEFINITIVAMENTE TE VOLVISTE LOCA

-Te gusta, Bella« y tu inconsciente solo espera ver


como Edward Cullen cambia y se convierte en tu
príncipe azul. Por eso aceptaste el trato. Cuando
te dije que podías hacer que el tipo cambiara se
iluminaron tus ojos.

-Basta de idioteces, por favor.

-Por ahora. Metete en ese vestido.

El vestido azul termino calzando perfectamente en


el cuerpo de Bella y su color oscuro, hacia que el
blanco perlado de su piel resaltara sin hacerla lucir
pálida. Además, Alice se había encargado de que
lo único que Bella viera al espejo fueran sus
ventajas. Había descubierto la forma de resaltar
los rasgos mas importantes de Bella. Su cabello
caoba ligeramente ondulado, sus ojos rasgados y
su cintura pequeña. Bella se miro al espejo y le
costo reconocerse al lado de su amiga.

-Wao

-No hay tiempo para eso. déjame ponerte esto.. ±


Alice saco una caja de terciopelo de su cartera y la
abrió para mostrarle a Bella un exquisito collar de
perlas y oro blanco.

-No, Alice, no puedes prestármelo. Es un regalo de


Jasper.

-A Jazz no le importaría. Además, yo tengo varios.


Siempre que prometas devolverlo, puedo
prestártelo

-Esto no es una cartera, Alice..

-Lo se. Por eso te traje esta. Combina perfecto. ±


dijo entregándole un pequeñísimo bolso donde
solo entraría su teléfono celular. El timbre sonó y
Bella comenzó a sentirse nerviosa. ±Bien ponte los
zapatos.

Alice saco un par de tacones altos de dentro de


una caja oscura que había traído junto con los
miles de cosméticos que había instalado en el
escritorio de Bella. Su amiga abrió los ojos y..
-Nada de quejas. No hay tiempo. Póntelos y
cuando vuelvas, llámame. No importa la hora.

-Pero.

-Me llamas. Que suerte que tengo una copia de las


llaves. ± Observo mientras comenzaba a recoger
el millar de cosas que le pertenecían.

Bella se calzo los zapatos y en menos de dos


minutos estaba bajando las escaleras con mucho
cuidado.

Abrió la puerta del edificio de departamentos y se


encontró con la viva imagen del hombre de la
portada de la revista en la que había descubierto
el secreto de Rosalie.. Solo que esta vez, el moño
estaba perfectamente armado y el traje en su
lugar. El cabello, estaba igual que siempre.
Desordenado y condenadamente sexy. Aunque
Bella solo reparo en sus ojos verdes recorriendo su
cuerpo.

-Hola, Bella.

Bella inclino la cabeza hacia abajo y no le dirigió la


palabra. Cada vez que lo veía, le hervía la sangre.
¿Cómo podía creer Alice que ese hombre podría
llegar a gustarle alguna vez?

-Llegamos tarde, vamos.

Edward dio media vuelta y le abrió la puerta del


copiloto para señalarle a Bella donde tenía que ir.
Bella no pudo evitar pensar que ese hombre creía
que era tan idiota que ni siquiera sabia por donde
tenia que subir a su flamante Volvo plateado.

Camino hasta el auto y antes de que pudiera


acercarse lo suficiente, Edward había dado la
vuelta y estaba dentro del coche.

(N/A: Ya volverá nuestro caballero, señoritas.


Paciencia).

Bella entro al Volvo y cerro de un portazo la


puerta. No le importo la cara de enfado de Edward
por que estaba segura de que ella estaba aun mas
molesta que el.

Edward arranco el Volvo y el silencio reino dentro


del auto. Un silencio incomodo..

-¿No piensas hablarme en toda la noche?

Bella simulo estar muy entretenida mirando el


paisaje urbano de New York, que era casi un
borrón gracias a la velocidad con la que conducía
Edward.

-Bien. Hablare yo entonces.

Pero Edward mantuvo el silencio hasta que aparco


con una sola maniobra.

-Bella no me importa lo que pienses ahora.


Firmaste un contrato y tienes que cumplirlo.

Bella volvió la mirada y se encontró con los ojos


de Edward. Café contra esmeralda.
-Lo se ± dijo demasiado orgullosa como para
quedarse callada.

-Nos conocimos en el hipódromo hace unas


semanas y

-¿En el hipódromo? ¿No tienes una mejor idea?

-No soy escritor y tu no eres buena mentirosa.

-Bien, entonces no mintamos

-¿Qué?

-Seamos fieles a la historia, aunque sea en una


parte. Diremos que nos conocimos en el bar, yo
soy la camarera torpe que tira un trajo sobre el
cliente« y comienza todo. No es tan difícil. Ahora,
¿Dónde estamos? Y ¿Por qué estoy vestida así?

-Vamos a escuchar un concierto

-¿Un concierto?

Bella se bajo del auto y se encontró en la séptima


avenida y la calle cincuenta y siente donde el
imponente edificio del Carnegie Hall, famoso por
su historia y su acústica, estaba ubicado. A tan
solo dos manzanas del Central Park.

No era un lugar cotidiano. Conseguir una entrada


era casi imposible para un ciudadano normal y
Bella nunca había tenido la posibilidad de entrar,
aunque sabia todo sobre el lugar.

-¿Te gusta la música clásica, Bella? ±susurro una


voz aterciopelada a su oído y Bella soltó un
respigo al encontrarse con Edward a tan solo uno
centímetros de su piel.

-Si

-Adelante ± dijo tomándola por la cintura y


conduciéndola hasta la puerta del edificio.








La quinta sinfonía de Beethoven sonaba


majestuosa en el salón principal del Carnegie Hall.
Bella se sentía incomoda sentada en uno de los
palcos más cercanos al escenario con Edward a su
lado, rodeándole la cintura con un brazo de forma
despreocupada.

Estaba bastante aburrida. Le encantaba la música


clásica, pero la versión que la orquesta tocaba esa
noche no era de su agrado. Carecía de esa energía
que el autor podía darle a su obra y que los
músicos no habían captado, según Bella. Edward
observaba atentamente el escenario y de vez en
cuando, comentaba algo con el hombre a su lado,
que había presentado a Bella como Cayo Vulturi.

Aburrida y sin más que hacer, Bella recorrió el


hermoso salón donde se encontraban. Las paredes
altas y inmaculadamente blancas. Su techo
abovedado y sus grandes ventanales de colores la
remontaban a la edad Media aunque la
arquitectura en si no era de esa época.
Pero demasiado pronto se olvido de la estructura
de la sala y reparo, por primera vez, en las
distintivas fracciones de su compañero. Su mentón
anguloso y tan varonil, sus labios llenos y sus
largas pestañas. Todo este tiempo había estado
tan concentrada en odiarlo que nunca se había
fijado en las características de Edward.

Se concentró en su pelo cobrizo rebelde, en su piel


blanca como la nieve que contrastaba con el negro
de su esmoquin. Hasta quedarse paralizada en sus
ojos esmeraldas que le devolvían la mirada
atentamente. Edward enmarco una ceja y sonrió
de lado. Bella se ruborizo y con el corazón
latiéndole frenéticamente en el pecho y la
respiración acelerada, giró bruscamente la cabeza
e hizo el intento de concentrarse en el escenario.
Descubrió, entonces, que no era tan interesante
como Edward.

El interregno llego dolorosamente lento, pero lo


hizo. Edward se levanto de su asiento y condujo a
Bella hacia el salón donde la gente charlaba de
forma educada manteniendo sus copas siempre
llenas en sus manos.

Las mujeres vestían trajes sumamente costos, con


grandes collares de piedras y tacones altos a más
no poder. Y aunque un segundo antes Bella se
había sentido demasiado pomposa con el vestido y
la joyeria de Alice, al entrar en el salón se sintió
disminuida. No creía estar a la altura de esas
señoras que parecían tan elegantes con su
perfume francés.
Del brazo de Edward, quien la introducía como su
novia a cada uno de los presentes, Bella
comenzaba a conocer el verdadero mundo de su
acompañante. Y se sentía totalmente fuera de
lugar. Se movía entre la gente con cada vez mas
torpeza, y cada conversación armada la ponía mas
histérica. Creía que en cualquier momento la
situación escaparía de sus manos y no creía que a
Edward le fuera a gustar.

Antes de que la gente se volviera a acomodarse en


sus lugares, Edward le presento a Marcus Vulturi.
El hermano de Cayo, su acompañante de palco.
Bella casi se desmaya cuando, con la cara roja de
vergüenza, tuvo que contarle a su nuevo grupo de
oyentes como se habían conocido, por enésima
vez en la noche. El hombre de pelo blanco,
idéntico a su hermano, escucho atentamente la
historia mientras que observaba atentamente a
Bella con sus ojos oscuros.

Su corazón atino a detenerse cuando Marcus paso


a su lado y unos pocos segundos antes de que la
orquesta comenzara a tocar, les susurro
suavemente.

-Si no te conociera Edward diría que la chica es tu


hermana - dijo antes de volver por el pasillo
adelantarse a la pareja para sentarse bastante
lejos de su hermano.

Edward no pareció preocupado ante el comentario


de Marcus, es más, sonrió de lado cuando este lo
observo a lo lejos. Bella, incomoda y aburrida, se
puso nerviosa. ¿Y si Edward consideraba que
estaba haciendo mal el papel y cancelaba todo?
Después de todo, era una pésima actriz y lo
reconocía.

Pero Edward, la condujo de regreso a su asiento y


se sentó a su lado despreocupadamente. Bella
trago saliva y se concentro en el baile de los
cisnes que sonaba hacia pocos segundos. Cuando
la pieza termino, algunas luces se encendieron y
los músicos se acomodaron para comenzar una
nueva canción. Y antes de que Bella pudiera
reaccionar, los labios de Edward recorrían
fervientemente los suyos.

Bella intento concentrarse, no dejarse llevar por la


calidez de sus labios y el perfume varonil que la
piel nivea de Edward desprendía. Debía mantener
la cordura. Pero Edward, efectivamente, era muy
bueno en lo que hacia. A los pocos segundos, se
vio arrastrada hacia un beso lento y apasionado
que lucia tan real como lo que sentían. Bella dejo
de respirar y Edward se encontró explorando su
boca, disfrutando de la dulce esencia de Bella.
Cuando las luces se apagaron, se separaron
bruscamente.

Sus respiraciones agitadas quedaron silenciadas


por el suave sonido de un violín y Bella ya no
intento concentrarse en la música. Era
definitivamente, una actividad imposible cuando
sentía las piernas como gelatina y el corazón
estaba a punto de salir de su pecho.

Al poco rato, Edward volvió a hablar entre


susurros con su compañero. Bella, mientras tanto,
repetía una y otra vez en su mente la sensación
de los labios de Edward sobre los suyos. Nunca
había sentido tantas cosas en un simple beso.
Todavía le temblaban las piernas y sentía la
energía que la recorría cada vez que él la tocaba
en su cuerpo.

Edward no entendía aun por que deseaba


inconscientemente volver a besarla. Volver a
sentir su respiración tan cerca.

Mientras ella miraba el escenario, él sentía el


instinto desconcertante de estirar la mano y
recorrer con la yema de sus dedos su mejilla
sonrosada, de acariciar suavemente la curva de su
cuello. Pero en cuanto los ojos cafés de Bella se
clavaron en los suyos, corrió la mirada
rápidamente y se envolvió en una conversación
vacía con Cayo. Era una suerte que tuviera alguien
conocido tan cerca.

Después del beso que compartieron la noche paso


fugas para ambos. Bella bajo del Volvo todavía
confundida y con la sensación de la piel de Edward
sobre la suya. Y en cuanto el auto desapareció,
Bella se quito los zapatos, todavía en la vereda y
camino rápido hasta la puerta del edificio de
departamentos. Cuando entro a su departamento,
cansada y con los pies abarrotados, fue dejando
caer cada una de las prendas que llevaba camino
a la cama y se metió entre las sabanas. Cerro los
ojos y intento repasar todo lo que le había
sucedido en el día. Todo la conducía a esa noche,
nada era tan importante como ese beso.
Varias horas después, el teléfono sonaba
intensamente contra los ronquidos sordos de
Bella. Se removió en las sabanas, dejo escapar un
leve gruñido y ni siquiera entreabrió los ojos
esperando que el sonido pasara. Después escucho
una voz, intensa y demandante pero la confundió
con una de esos autos con grandes parlantes que
pasan por las calles haciendo propaganda. Cerró
más fuerte los ojos, se dio vuelta en la cama y
enrollo su almohada alrededor de su cara para
tapar el sonido.

En pocos segundos, estaba nuevamente inmersa


en un sueño de pomposas nubes y un revoltijo de
caras conocidas.

Pasaron un par de horas más hasta que su


organismo decidió que era suficiente por ese día.
Bella entreabrió los ojos y de forma inconsciente,
se le volvieron a cerrar cuando descubrió que la
persiana había quedado abierta y la luz del sol
entraba por la gran ventana. Con los ojos aun
cerrados, recostada en la cama, Bella no
recordaba haberse levantado nunca con el sol
dando tan directamente a su cuarto. El sol llegaba
a esa posición precisamente... ¡a la tarde!

Se levanto de un salto, y después de haberse


tropezado con uno de los zapatos altos que había
usado en la noche, tomo el reloj entre las manos y
casi se desmaya al descubrir que, nada mas y
nada menos, eran mas de la cuatro de la tarde.
¡Había dormido doce horas... durante el día!
Alice se había encargado de dejarle varios
mensajes en el contestador, varios de ellos eran
amenazas de muerte por no atender, junto con su
madre que hablaba preocupada por la economía
de su hija desde Phoenix. (Por suerte Renee no se
había enterado del nuevo compromiso que su hija
había asumido).

Después de llamar a su madre y prometerle a


Alice devolverle todo lo que le había prestado, más
un plus de los más jugosos detalles, Bella volvió a
la vida terrenal y se dedico a estudiar para sus
finales. Este avo iba retrasadísima. Las vacaciones
de navidad, y por lo tanto sus exámenes, estaban
peligrosamente cerca y Bella debía memorizar
miles de fechas y datos antes del veinticinco.

Y Edward contribuía a que el tiempo de Bella se


agotara. El siguiente día de su primer cita, el se
encargo de hacerle llegar una tarjeta donde decía
que ya nadie la esperaba en el bar y que a partir
del lunes la caja de ahorros a su nombre tendría
verdaderos fondos. Bella se enfureció y tuvo una
nueva excusa para despotricar contra Edward.
¿Qué nadie la esperaba en el bar? Solo el idiota de
Edward Cullen podía ponerla tan histeria. Ese
mismo día, se prometió Bella, pasaría por el bar y
aunque Emmett se pusiera en el medio cumpliría
su horario. Pero luego lo pensó mejor, y sentada
frente a todos los papeles que tenia que estudiar
encontró que el desempleo le llegaba en un
momento clave. Se prometió que en cuanto la
pesadilla terminara pasaría por el bar para
recuperar su único y preciado trabajo.
A los pocos días, Bella encontró en el buzón una
nueva tarjeta que solo pudo asociar con Edward
por su estilizada caligrafía, ya que no llevaba
firma. Y además, ¿Quién mas la iba a "invitar" a
una cena la noche del viernes? Bella refunfuñó de
camino hacia su departamento. Había pospuesto
todos sus compromisos de ese viernes para poder
estudiar, y ahora tenia toda la noche (y por lo
tanto parte de la mañana) ocupados por Edward
Cullen. Su estrafalario trato iba dándole más
dolores de cabeza que beneficios.

Seriamente, se estaba planteando la posibilidad


que de que Edward tuviera algún problema en el
habla. ¿Por qué nunca llamaba? ¿Ni casi le hablaba
cuando están juntos? ¿No se supone que una
pareja comparte cosas, vivencias?

Bella intentaba ver más objetivamente la pareja


que formaban y decidió que siendo ella una
espectadora de semejante historia nunca les
creería. Pero quizás la gente no era tan brillante
con las mentiras o simplemente en el mundo del
espectáculo las parejas por conveniencia eran algo
común ante los ojos de sus personajes.

De todas formas, Bella empezaba a desesperarse.


No sabia nada sobre Edward, salvo los pequeños
datos que Alice se había encargado de recopilar de
las revistas de chimentos de todo el país. ¿Si
alguien le preguntaba algo sobre él? ¿Si alguno de
sus conocidos le preguntaba alguna cosa que Bella
no sabia? ¡Ni siquiera sabia en que lugar había
nacido! ¡Ni el nombre de sus padres!
El viernes llego demasiado pronto para Bella,
como siempre que se busca detener el tiempo y
esperar que una fecha nunca llegue... el tiempo
pasa aun más veloz. Cuando el timbre de su
departamento sonó, Bella cambiada con un par de
jeans y ropa bien abrigada, dejo el libro sobre
literatura que estaba leyendo y de un salto se
levanto de la silla. Tomo las llaves y en medio
minuto estaba abajo bastante estresada y súper
nerviosa por que ahora estaba segura de que no
llegaría a estudiar todo para el definitorio final,
solo le quedaba una semana para prepararse. El
jueves por la tarde debía dar el examen que la
capacitaba para cursar la última materia de su
carrera. EL último pasó para recibirse, finalmente.

Con mal humor y miles de datos en la cabeza,


Bella se subió al volvió y suspiro un saludo que
Edward ni se molesto en devolver. Pero cuando
bajaron del auto, la fantasía volvió a comenzar y,
tomados de la mano y con sonrisas falsas pintadas
en sus labios, entraron un restaurante donde sin
dejar de ser informal, podrías encontrarte con
cualquier estrella de Hollywood pasando un buen
momento.

En cuanto pusieron un pie fuera del auto, miles de


falsees deslumbraron a Bella y solo por instinto
cerro los ojos y se dejo guiar por Edward. Se
escucharon un par de gritos agudos y luego, el
cambio repentino de la música electro.

Dentro del bar, el clima era muy diferente al de


afuera. Estaba lleno de gente que esperaba su
mesa en la barra. El ambiente era calido y Bella
comenzó a sentir calor por el exceso de ropa que
llevaba encima. Los camareros iban y venían
llevando bandejas a varios metros de la barra
donde la gente suertuda ya tenia mesa.

Pero a pesar de la larga lista de espera, en cuanto


Edward y Bella llegaron tomados de la mano a la
recepción, los hicieron pasar inmediatamente a
una mesa.

Bella observo todo lo que tenia al alcance. La


gente bien parecida, la ropa carísima, las cortinas
largas y el estilo moderno del bar. Definitivamente
no era el suyo. Ella prefería algo más íntimo y
personal. Mas calido y no tan frío como el blanco
de las paredes de ese lugar. Se sentaron en una
mesa mas apartada del tumulto y esperaron. En
silencio. Bella repasaba mentalmente lo que acaba
de leer en el libro hasta que no soporto más la
indiferencia de Edward, que la miraba sin mirar y
en realidad tenía la vista clavada en la pared del
fondo.

-Edward

Ni siquiera respondió. Bajo la mirada y finalmente


observo a su compañera de mesa.

-Di algo.

-Algo - dijo con su expresión seria marcada


definitivamente en el granito de su rostro.

-No seas idiota - Bella susurro y por fin, encontró


un cambio en su rostro, un fuego en sus ojos. -
¡No se nada de ti! ¡Ni siquiera se el nombre de tus
padres! ¡O...! No lo se. No me parece que lo
estemos haciendo bien.

-¿Ah, no? ¿Y como lo harías entonces? - dijo


manteniendo el tono de su voz pero totalmente
fuera de sus cabales. No podía creer que Bella
cuestionara sus métodos.

-No me parece normal que dos personas que


supuestamente se aman ni siquiera hablan entre
si!.. Creo que,

-Mis padres viven en Inglaterra, en las afueras de


Londres. Esme y Carlisle Cullen

Bella se quedo callada de la sorpresa. No esperaba


que sus palabras hicieran efecto alguno en
Edward.

-¿Tu?

-¿Qué?

-Tus padres, Bella

-Oh, bien.. Bien. Mi madre vive en Phoenix, esta


casada con un jugador de béisbol.

-¿Lo conozco?

-No lo creo.

-¿Y tu padre?

Bella hizo una mueca de disgusto. Sus ojos se


apagaron y sus labios formaron una mueca
extravagante hacia un lado. Comenzó a morderse
el labio antes de contestar
-Mi padre..

-No tienes por que hablar de ello si no quieres

-No, no. Tienes que saberlo, después de todo.


Era.. Era policía. Charlie. - Bella bajo la mirada y
se concentró en el dibujo de flores bordadas del
mantel. Contuvo las lagrimas con toda la fuerza
que tenia - Murió hace dos años. En un tiroteo.

-Lo siento. -Bella levanto la mirada y vio, por


primera vez, algo mas que rabia en la expresión
de Edward. El realmente lo sentía.

-¿Tienes hermanos?

-No, ¿Tu?

-Tampoco.

-Bien.

Bella ya no sabia que decir. Pero Edward todavía


tenía un par de ases en la manga.

-¿Tu color favorito?

-Verde - Bella soltó sin pensar mientras jugaba


con el tenedor que estaba sobre la mesa. ¿Desde
cuando el verde era su color favorito? Siempre
había preferido el azul pero había encontrado un
color más interesante... en los ojos de Edward. Se
ruborizo suavemente y no levanto la mirada del
mantel.

-¿No vas a preguntarme el mío?

-Ya lo se.
-¿Qué?

-Salio en una de las revistas.

-¿Lees las revistas? - Edward levanto levemente


una ceja formando una expresión graciosa pero
Bella no la vio, seguía concentrada en el mantel.
Negó con la cabeza mientras trazaba con la yema
de los dedos el diseño de flores finamente
bordadas. No entendía como un mantel así
encajaba con semejante decorado.

-Alice.. Alice me lo dijo.

-¿Alice?

-Mi mejor amiga.

Silencio otra vez.

-Azul.. El azul es tu color favorito.

El mesero llego entonces y les entrego la carta.


Bella la abrió y se escondió detrás del pedazo de
cartón bien decorado. Se le salieron los ojos de las
orbitas mientras pasaba la mirada por los precios.

-¡Dios mío!- susurro

-¿Qué pasa?

-Me niego rotundamente a gastar un salario


completo en comer un pedazo de carne en este
lugar!

-Bella.

-¡Es una locura!


-Puedes salir detrás de esa cosa, por favor. Me
pone nervioso no verte.

Bella se sonrojo violentamente y bajo la carta para


encontrarse con sus ojos verdes.

-¿Y bien, que vas a pedir? - pregunto él cuando el


silencio se volvió demasiado evidente.

-No tengo hambre, la lista de precios me ha


cerrado el apetito.

-No seas tonta, quieres. Tienes que ordenar algo.


- dijo mientras levantaba el brazo solo un poco
llamando al mozo. Un hombre alto, de tez tan
blanca como Edward pero con una mirada mucho
más oscura. Se acerco a la mesa con un sonrisa
picara,

-Pero..

-Buenos días, señor, señorita. - dijo inclinando


levemente la cabeza y posando la mirada
demasiado tiempo en el escote de Bella. Edward
carraspeo sonoramente -¿Qué van a ordenar?

-Tráigame dos especiales de champiñones. Y un


buen vino.

-Bien, en seguida. - Tomo la carta de Edward que


descansaba a un lado de la servilleta y Bella le
alcanzo el suyo, rozando levemente su piel suave
sobre su mano.

Edward volvió a carraspear.

-Algo de agua antes del vino, señor?


-No, esta bien.

El mozo volvió a inclinar la cabeza y camino entre


las mesas hasta lo que parecía la puerta de la
cocina. Bella estaba molesta por que Edward ni
siquiera le había preguntado si le gustaban las
setas.

-¿Qué sucede?

-No me gustan las setas.- Bella mintió.

Edward ni si inmuto.

-Puedo llamar al mozo y cambiar la orden si


quieres.

-No esta bien.

Otra vez volvió a reinar el silencio.

-Cuéntame que estas estudiando.

-Ya lo debes saber

-Haz como que no lo se. Solo habla.

-Estudio Literatura. - recordó la pila de libros que


la esperaban en casa - Si tu me dejas - susurro.

-¿Qué?

-Que solo me falta dar un final y cursar una


materia.

-Oh. ¿Cuándo..

-El jueves antes de navidad.


-Bien.

-¿Bien?

-Pasaremos navidad en lo de mi madre.

-¿QUÉ?

-Mi madre estuvo leyendo revistas también y nos


espera.

-¡Y CUANDO PENSABAS DECÍRMELO?!


?