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ASESORAMIENTO CLINICO EN LA RELACION DE PAREJA

Juan José Moles Álvarez

Siendo catalogado el ser humano como bio-psico-social, sería una contracción el describirlo como totalmente aislado y autosuficiente, donador y receptor absoluto de sus propios reforzamientos y sin ninguna necesidad de comunicarse con sus semejantes. Contrariamente a lo anterior, el ser humano está dotado de una infraestructura afectiva que sobrepasa la respuesta emocional presente en los organismos superiores y que le lleva al desarrollo de sentimientos mucho más elaborados y racionales. Así pues, psicológicamente hablando, es una necesidad del ser humano la comunicación con sus semejantes y de ella surgen los diferentes tipos de interactuación así como el establecimiento de distintas formas de relaciones en los ámbitos de desenvolvimiento de distintas formas de relaciones en los ámbitos de desenvolvimiento tanto afectivos como sociales. Sin duda alguna no hay relación más profunda que aquella en que dos personas integran su propio proyecto de vida en un proyecto común a las partes; en este tipo de compromiso se hace más que necesario, indispensable, una empatía afectiva, una compatibilidad de metas y una atracción suficiente, para la responsabilidad que implica el hecho de integrarse con otra persona, sin lazos sanguíneos por lo demás, a una proyección vivencial de largo plazo que en teoría se supone será por el resto de la existencia. Que lleva a una buena parte de la población a entablar con otra una relación de pareja, es decir, una relación estable de convivencia basada en un proyecto común y en donde uno de los fines prioritarios sea el de concebir descendientes, a objeto de encargarse de su crianza y educación, es precisamente el tema que ocupa este capítulo, unido por contraparte, a aquellos casos donde no solamente no se logra mantener el vínculo contraído, sino que se deriva a lo opuesto, vale decir, discordias, aparición de sentimientos negativos hacia el otro (a) agresividad y violencia, separación y/o divorcio. Aarón Beck, importante clínico de estas últimas décadas, en su obra con el amor no basta (1990) nos comenta: Uno de los misterios en nuestra sociedad es por amor, que puede remontarse a las alturas, puede también arrastrarse dejando atrás una estela de decepción, frustración y resentimiento. Una pareja, que se prometió de antemano, una convivencia plena de entusiasmo, se hunde en la indiferencia y el hastío. Otra, que compartió antes todas sus alegrías, sólo comparte descontento y malestar. Otra más, que estaba antes de acuerdo casi en todo, ahora no lo está en nada. ¿Cómo pasa una pareja de la ilusión a la desilusión, del encantamiento al desencanto, de la satisfacción suprema a la insatisfacción?

Las respuestas a los planteamientos hechos por Beck son complejas, posiblemente debiésemos comenzar por preguntarnos los motivos por los que más allá del deseo de estar juntos, llevan a dos personas a la institucionalización de los mismos. Al respecto, Busfield y Paddon (citados por Domian, 1996) refieren:

Gran parte de la presión para contraer matrimonio proviene del simple hecho de que estar casado y formar una familia se considera lo normal y adecuado. El argumento parece que se muerde la cola si afirmamos que las personas se casan porque eso es lo que se espera de ellas La gente no se casa por ese motivo, sino porque al casarse pasan a ocupar un papel en la sociedad que es socialmente aceptable y legítimo. El matrimonio coloca socialmente a la gente en una posición correcta como adulto . Una postura como la expuesta, coloca la relación de pareja en perspectiva a la presión social que conduce prácticamente a la obligatoriedad de establecer este tipo de compromiso, sin embargo, se pudiese apuntar que difícilmente se tendría éxito en la presión señalada si la misma no estuviese acompañada de poderosos reforzadores para su mantenimiento.

CONFORMACION DE LA PAREJA

A lo largo de nuestra vida son numerosos los contactos comunicacionales que tenemos con otras personas, una gran mayoría de ellos son circunstanciales y no tienen mayor significación, en otros se obtienen diferentes reforzamientos y muy probablemente pueden derivar en algo más duradero e incluso afectivo, son las amistades en sus diferentes gradientes; puede ocurrir que adicionalmente a la fluidez comunicacional típicamente social, exista cierto grado de atracción sexual y se establezca un para qué creativo , es decir, una sexualidad sin compromiso. Más allá de todo lo expuesto, el deslumbramiento hacia otro (a) pudiese ser el punto de partida de lo que comúnmente se denomina enamoramiento . Cuando una persona se enamora, su foco de atención vivencial es precisamente el objeto de su estado emocional, o sea el otro(a), sus pensamientos y fantasías se centran precisamente en él (ella), una intensa necesidad de tener y estar juntos se hace presente, y en términos generales se experimenta un bienestar, un estado de excitación fisiológica, una exclusividad en cuanto no se desea estar con más nadie, en definitiva, un estado de éxtasis y un anhelo a seguir viviendo esas situaciones de enamoramiento. Independientemente de lo escrito, diferentes mitos y creencias sociales refuerzan e idealizan lo que se siente, tal es el caso de:

- El amor lo puede todo

- Si la relación no es inicialmente buena, el tiempo la mejorará

- El matrimonio (la convivencia) alivia la soledad

- El matrimonio (la convivencia) es una salvaguarda para la vejez.

- El matrimonio permite saber intuitivamente lo que la otra parte siente y quiere

- La vida sexual resuelve todo lo demás

- La vida en pareja es un signo de madurez

- Debe sacrificarse los desacuerdos en aras del amor

- La pareja ideal llenará todos los aspectos de su vida

Estor y otros mensajes sociales acreditan las emociones que se están sintiendo durante el proceso de enamoramiento y que fisiológicamente implican cambios neuroquímicos importantes. El sistema límbico y particularmente el hipotálamo y regiones preópticas son asiento neurológico de nuestras emociones. Siendo el ser humano fundamentalmente hedonista, sus comportamientos están moldeados por la búsqueda del placer y la evitación al dolor. Las endorfinas son neurotransmisores cerebrales que causan euforia y alivian el dolor, así pues, en la medida en que realizamos acciones placenteras, hay una liberación de endorfinas. Complementariamente, otro químico cerebral denominado feniletilamina, siendo en su composición similar a las anfetaminas, provee al sujeto de una

sensación de euforia intensa, caracterizada por la dotación de energía vital que caracteriza

a la persona enamorada. Recordemos no obstante que las anfetaminas generan

determinada adicción con la manifestación del llamado síndrome de abstinencia cuando por alguna circunstancia se priva al sujeto de su consumo; se entiende entonces la necesidad de cercanía y su contraparte la ansiedad de separación, presentes ambos en los enamorados. Jack Dominian en su libro Matrimonio (1996) nos refiere al respecto: Cuando se está enamorado, la libido es muy activa. Cada contacto está cargado de sensualidad. Los pensamientos se vuelven hacia Eros y los reflejos sexuales funcionan rápido y bien. La presencia de la persona amada actúa como un afrodisiaco. El olor, la visión, la voz y el

contacto del amante, especialmente cuando está excitado, son estímulos poderosos del deseo sexual. En términos fisiológicos, estos pueden ejercer un efecto directo sobre el sistema neurofisiológico del cerebro que regula la sexualidad Pero de nuevo no hay ningún estímulo sexual tan poderoso, ni siquiera el amor, que no pueda ser inhibido por el miedo al dolor

El psicólogo social Stanton Peele (citado por Beck, 1990) comparó el enamoramiento con

una adicción. Las similitudes arrojan una luz adicional sobre la naturaleza del amor. Los

sentimientos elevados de exaltación, embriaguez, de placer intenso muestran un parecido asombroso tanto en el amor con la adicción. Y son similares los sentimientos

tristes, vacíos, que se originan cuando se retira el embriagante (droga u objeto amado). Además, en ambas situaciones se observa la necesidad compulsiva de conseguir una dosis para mantener el estado anímico alto. Este estado de excitación emocional placentero y además idealizado socialmente, lleva a los enamorados al desarrollo de un endiosamiento mutuo que algunos autores lo han denominado limeranza Todo lo que la otra parte dice y hace es perfecto. Sus características físicas y comportamentales no tienen comparación, por ende, sería absolutamente terrible la pérdida de un ser tan especial. El estar enamorado es sin duda una de las experiencias más placenteras e incluso enriquecedoras que cualquier ser humano puede experimentar, lamentable y paradójicamente puede convertirse en un momento dado en el principal obstáculo para una adecuada conformación de pareja, pues no sólo las variables emocionales de atracción son suficientes para el equilibrio y éxito en este proceso, por el contrario, son indispensable las variables racionales de compatibilidad. Hemos dicho anteriormente que una relación de pareja implica un proyecto de vida común, es decir, la unión de lo que cada parte por separado espera de la vida, debe ser compatible en el conjunto. Por supuesto cada persona, por el hecho en sí de estar dotada de una capacidad intelectual y afectiva individual, producto de su propia disposición constitucional, de su carga genética, y de las condiciones de aprendizaje a que ha estado expuesto, percibe la vida de acuerdo a su propio punto de vista muy exclusivo, por consiguiente elabora un proyecto de actuación en donde entran en juego todo un cúmulo de variables, tanto biológicas como cognoscitivas y comportamentales. En consecuencia a lo expuesto, si no todos somos iguales, no todos somos compatibles. Más allá de la atracción, necesaria pero no suficiente, un adecuado período de conformación, también denominado noviazgo, no puede descuidar el conocimiento honesto y operativo de cada parte con respecto a la otra. Por supuesto esto no es posible si de entrada se genera ansiedad ante la posible pérdida, no obstante y en definitiva no necesariamente esta debe ocurrir, en cualquier caso puede ser un mecanismo preventivo de consideración para hacer los ajustes correspondientes, al menos cuando es posible. Sin ánimo de convertir el proceso de conformación de pareja en algo frío y cerebral, vale la pena considerar algunos elementos que pueden ser cruciales para el éxito o fracaso posterior. Algunos de los más relevantes pudiesen ser:

1. Características socio-económicas En líneas generales, buena parte del estilo de vida de una persona tienen que ver con el status socio económico a que pertenezca, por tanto el proyecto a futuro está condicionado por su historia de reforzamiento. Así pues, cuando los niveles de

este orden son muy dispares en la posible pareja, es conveniente evaluar cuanta capacidad de ajuste podrán efectivamente implementar.

2. Formación ideológica En la elaboración de un proyecto entran en juego las creencias que se tenga sobre el mismo. De la conjugación de creencias y valores surgen la actitudes, y estas implican disposiciones permanentes ante determinados eventos, situaciones o circunstancias. La formación ideológica familiar, religiosa, moral e incluso política, pueden influir marcadamente en las expectativas que una persona lleve a la relación de pareja.

3. Nivel intelectual y de instrucción Cuando hablamos de comunicación nos referimos a la acción de transmitir una idea, razonamiento o afecto a otra persona(s). Estas ideas y razonamientos obviamente han sido aprendidos, y en determinados niveles de aprendizaje superior entran en juego los niveles de comprensión necesarios

4. Acuerdo en las metas individuales y de pareja. Se hace muy difícil poder establecer un proyecto común si previamente cada quien no tiene clarificado que es lo que busca. Es fundamental en el proceso de conformación, expresar de una manera honesta y funcional, o si se prefiere asertiva, que es lo que se espera de la relación de pareja en cuanto a la satisfacción del proyecto de vida individual, y es crucial llegar a acuerdos en aquellos puntos dispares. Resulta extremadamente perjudicial, acatar sin estar de acuerdo y sin haber llegado a un entendimiento. La experiencia clínica nos indica que de ser así, se generan frustraciones y resentimientos que darán lugar a futuro a los llamados pases de factura

5. Disparidad cronológica Probablemente este punto es controversial pero debemos insistir que al igual que los señalados anteriormente, son tan sólo indicativos a ser evaluados con el fin de clarificar la viabilidad o no de la conformación de pareja, nunca son elementos individuamente concluyentes, rígidos y decisivos per se. Obviamente la vida es un continuum dinámico en donde a medida que avanzamos nos replanteamos metas y estilos de funcionamiento. En función de esto, es importante tener presente que una diferencia marcada de edad entre ambos miembros de la posible pareja, pudiese, pasado los momentos iniciales de pasión,

devolver a cada uno a su estilo de vida habitual con sus correspondientes proyectos a futuro.

6. Implementación de un prototipo No todas las personas somos afines a convivir juntas. Diferentes rasgos de personalidad, así como preferencias en cuando a edad, sexo raza, rasgos físicos, presencia o no de hijos previos, son tan solo algunas de las características que nos hacen sentir mayormente cómodos en la convivencia con otro. Evaluar las características generales de la potencial pareja. Permite determinar en que medida, se tiene posibilidad de armonizar con las características propias. Contrariamente a la creencia popular, el amor no es ciego, y si calificamos a algo de ceguera, debe ser a la pasión, pero esta no es tan duradera y difícilmente una vez suavizada, se estabilizará un sentimiento más profundo si entramos en disonancia cognoscitiva con la pareja. En conclusión, asumiendo que el proceso de conformación se haya realizado adecuadamente, con el equilibrio entre las variables emocionales que tienen que ver con la atracción y las variables racionales que se refieren a la compatibilidad, los supuestos en que toda relación de pareja debiese basarse serían los siguientes:

- Disfrute de la relación.

- Respeto por las características individuales.

- Clarificación del proyecto de vida individual.

- Discriminación de los sentimientos.

MANTENIMIENTO DE PAREJA

La adecuada conformación o si se quiere selección de una pareja, no garantiza totalmente la permanencia de ella. El ser humano es muy complejo y vive permanentemente en la recepción de múltiples estímulos sociales que a veces lo llevan a modificar parte de su proyecto inicial de vida, generándole nuevas necesidades, que de no satisfacerse pudiesen ser fuentes de conflicto para sí mismo y para sus relaciones con otros, particularmente con los que se convive más íntimamente. Se hace por tanto necesario la implementación de otros elementos que permitan más allá de una adecuada conformación de pareja, el mantenimiento de ella. Obviamente se debe estar claro en el hecho de que si la conformación de pareja adoleció del equilibrio entre variables emocionales y racionales explicadas en las páginas precedentes, la posibilidad de éxito a futuro, en cuanto a mantenimiento se refiere, se proyectará como altamente limitado.

La teoría triangular del amor sostiene que éste puede ser entendido en términos de los tres componentes que lo forman, y que son intimidad, pasión y compromiso Una relación de pareja que trascienda en el tiempo, que se mantenga más allá de la euforia inicial del enamoramiento, necesita crear una estructura afectiva que facilite los repertorios conductuales de interacción positiva. Las tres variables señaladas conforman el triángulo que debe ser equilátero en cuanto a la importancia de cualquiera de ellas sobre las otras dos.

1. Intimidad Toda pareja que efectivamente funcione, necesita de ambas partes un verdadero sentido de pertenencia a la relación, expresada esta por la calidez que se imprime y por la necesidad de compartir determinado espacio exclusivo de ambos, más allá de las interacciones familiares y sociales que se detengan, y que por lo demás son necesarias y convenientes. Una pareja realmente efectiva tiene actividades, afinidades y momentos para ellos dos, fuera de otras personas de cualquier importancia afectiva (incluyendo a los hijos).

2. Pasión El componente de la pasión implica la integración de los repertorios conductuales de gratificación de pareja que tienen que ver tanto con lo estrictamente afectivos, los eróticos y los sexuales. De ellos profundizaremos posteriormente.

3. Compromiso El hecho de asumir una pareja que efectivamente se ama, que ese sentimiento les lleva a estar juntos más allá de las dificultades, implica la decisión de comprometerse a la implementación de compromisos viables que efectivamente permitan darle salida a un proyecto común, más allá de los proyectos individuales. No siendo las relaciones interpersonales rígidas, cual juego de todo o nada, tampoco lo pueden ser los sentimientos que afloramos hacia otras personas, no amamos de igual manera cualitativa y cuantitativamente a otros, es por tanto muy importante no confundir sentimientos que puedan derivar lo que sería otro tipo de relación personal a lo que estamos denominando relación de pareja. Al respecto, Dominian (1996) comenta, Uniendo los tres componentes referidos a la intimidad, la pasión y el compromiso, se constató que podían definirse ocho tipos diferentes de amor:

Amor Ausente. No está presente ninguno de los tres componentes. Simpatía. Existe intimidad, pero no hay pasión ni compromiso. Atracción. Pasión, sin intimidad ni compromiso. Amor vacío. Compromiso, pero no hay intimidad ni pasión. Amor romántico. Intimidad y pasión, sin compromiso. Amor entre compañeros. Intimidad y compromiso, pero no pasión. Amor fatuo. Pasión y compromiso, sin intimidad. Amor consumado. Están presentes los tres componentes

Se avanza hacia el amor consumado, en el que estén presentes los tres componentes, y más adelante, cuando la relación se extiende a lo largo de décadas, se entra en el amor entre compañeros, donde hay intimidad y compromiso pero no sexualidad. En los últimos años de un matrimonio, el amor entre compañeros es lo común, aunque la actividad sexual dura varias décadas Más allá del grado de acuerdo que se mantenga con o expresado por Dominiam, en cuanto a la transformación del amor consumado al amor entre compañeros, lo cierto es que no necesariamente todas nuestras relaciones con otros implican un amor de pareja , lamentablemente y debido a variables tanto psicológicas como sociales se confunde el tipo de amor, es así que excelentes amigos fracasan estrepitosamente al convertirse en parejas, lo mismo pudiésemos decir de amantes pasionales que llegan a creer que esa fuerte atracción erótica es algo mucho más profundo, para descubrir una vez que tienen poco tiempo de convivencia, que efectivamente no era así. Retomando el tema que nos ocupa, el mantenimiento de pareja supone la disposición de un repertorio de comportamientos que por su efecto reforzante, garanticen la permanencia en el tiempo más allá de los posibles desavenencias y conflictos que pudiesen surgir. Para garantizar la implementación de los repertorios a que hacemos alusión, debe disponerse de un sistema verdaderamente efectivo de creencias que enmarquen al individuo en la realidad de lo que es la dinámica de pareja. Este sistema de creencias estaría fundamentado, entre otros, en los siguientes principios:

La pareja debe entender el criterio de realidad como algo individual y subjetivo, por lo que no necesariamente debe ser coincidente. La realidad se estructura de acuerdo a un patrón de condicionamiento y aprendizaje, tanto de estructuras cognitivas como conductuales. Cuando el comportamiento de cualquiera de la pareja no coincida con el propio, pudiese llegar a generar molestia, pero esto no implica generalizar la conducta a la persona.

Siendo la percepción de realidad algo subjetivo, no pueden establecerse en las diferencias entre la pareja, verdades absolutas. Es necesario empatizar con la visión del otro, para ello se debe abandonar todo enfoque rígido e inflexible. La negociación es la vía adecuada para establecer compromisos viables en los desacuerdos presentados. Una negociación operativa se fundamenta en el principio ganar ganar . El sistema de creencias mencionado facilitará el desarrollo y fortalecimiento de un repertorio verdaderamente funcional de mantenimiento de gratificación conductual entre la pareja, siendo los principales hábitos a establecer:

Manifestaciones de mutua admiración. Las parejas debiesen encontrar permanentemente algo, por simple que sea, que decir al otro y que corresponda a alguna acción efectuada y tomada en cuenta favorablemente.

Expresiones relativas al sentido de pertenencia a la relación. Es común en las parejas en conflicto, que cada parte una defensa a lo individualmente quiere o considera es su derecho, independientemente del aporte que en sí mismo sea para el proyecto común. La idea es todo lo contrario, es decir, llevar el beneficio de la relación de pareja al beneficio individual.

Habilidad en cuando a la prudencia operativa. Definamos el termino prudencia como la habilidad para expresar lo estrictamente necesario, en base al fin perseguido, en el momento indicado y ante la presencia de las personas que efectivamente corresponde. En contraposición a este concepto muchas parejas se manifiestan muy imprudentes, bien sea por no saber escoger los términos precisos, por adelantarse al momento oportuno o por exagerar en la información dada, incurriendo en lo que algunos denominamos sincericidio . Lamentablemente, algunas concepciones pseudomorales, propugnan la obligatoriedad que tienen las parejas de contarlo todo , así pues debe existir un completo conocimiento del pasado, del presente, y si es posible, del futuro. La famosa frase apasionada Quiero saber todo de ti o esta otra No me importa tu pasado, dímelo todo , pueden ser traicioneras y revertirse con el tiempo al conocimiento de algo que no se puede manejar y que resulta en un arma de ataque a la otra parte.

Alternabilidad en el comando de roles. Desde el período victoriano a finales del siglo XIX y hasta hace algunas décadas el matrimonio estaba institucionalizado de acuerdo a una conveniencia social que pudiésemos sociológicamente catalogar como instrumental. El paradigma en que se fundamentaba tenía que ver con el binomio macho productor-

hembra doméstica . De tal manera, el marido era el cabeza de familia, el que salía a trabajar y el responsable de la fuente de ingresos económicos, por consiguiente fungía como autoridad suprema en cuanto a las decisiones y los destinos tanto de la pareja como de la familia. La esposa por su parte se encargaba de las labores del hogar, del cuidado de los niños y en sí de la representatividad social del esposo. Las reglas de juego del matrimonio estaban socialmente claramente establecidas de acuerdo a los roles intersexuales. Este esquema de matrimonio denominado tradicional ha perdido vigencia en nuestros días, por el contrario, más allá de la conveniencia social, el matrimonio (la relación de pareja) moderno se centra en la satisfacción emocional, en la satisfacción equilibrada del compartir igualitariamente, por ende, difícilmente puede pensarse en una relación jerárquica donde una de las partes manda y la otra obedece, la calidad de la relación sobre la base comunicacional de la alternabilidad y la complementariedad mutua de las funciones, responsabilidades y derechos de cada parte por igual es la piedra angular del mantenimiento de la relación.

Gratificación sexual. A medida que se ido avanzando en conocimientos objetivos y científicos, se ha venido desplazando muchos mitos, supersticiones, errores de conceptos y actitudes pseudomorales represivas de la sexualidad, dando lugar a una visión de la sexualidad en los seres humanos orientada hacia el placer y la recreación, sin perder de vista la responsabilidad en cuanto a su ejecución. Los dobles mensajes sexuales dependiendo del sexo del receptor han ido perdiendo vigencia. La vieja concepción victoriana de circunscribir la sexualidad de la mujer específicamente a lo que reproducción se refiere no tiene cabida en la sociedad actual, por ende, la responsabilización absoluta del hombre en asumir el éxito de la realización sexual en función a que es él quien debe tener la experiencia, es un total absurdo. La pareja moderna se gratifica sexualmente por igual y de esto se hablará a continuación. Más allá del hecho, posiblemente real, de la transformación del amor a medida que los años de convivencia avanzan, pasando del apasionamiento inicial, a una relación sostenida por otros valores más propios de compañeros, de ninguna manera esto se traduce como una pérdida de la sexualidad entre ambos; sí se puede traducir en una sexualidad más tranquila, quizás menos eufórica, pero sin duda de mayor expresión sentimental, en cualquier caso igualmente gratificante. La pareja moderna necesita disponer de un conjunto de conocimientos, realmente objetivos, hacia lo que implica el derecho de gratificación y disfrute sexual. Una sexualidad realmente gratificante es algo más que una compulsión por alcanzar, o que la pareja alcance un orgasmo; es algo más que un conjunto de acciones y roles estereotipados. Nos permitimos sugerir algunas reglas básicas que por supuesto cada pareja adapta, de acuerdo a sus características y necesidades:

- Entienda que la genitalidad es parte de la sexualidad y no a la inversa. Por consiguiente no necesariamente la única forma de gratificación sexual es el coito.

- Dar y recibir. Independientemente del sexo, a todos nos gusta estimular y ser estimulado, buscar y ser buscados, tomar iniciativas y sentir que la otra parte también.

- Alternabilidad en el tiempo. La sexualidad programada en el tiempo puede llegar a convertirse en un hábito poco gratificante. En la medida de sus posibilidades, la pareja debe encontrar nuevas alternativas de días y horas.

- Alternabilidad de espacio. De acuerdo a su comodidad, algún lugar se condiciona a ser el preferido para la actividad sexual, por lo general este es la cama en el cuarto de la pareja . Sin embargo no es bueno confundir preferencia con exclusividad. Es importante entonces inventar otros lugares diferentes al mencionado, ya sea dentro o fuera de la casa.

- Alternabilidad de técnicas. La actividad sexual no es un conjunto de acciones encadenadas, así sean de dar y recibir. La sexualidad tiene en su expresión que ver mucho con el estado emocional de la persona; así a veces nos sentimos más apasionados, agresivos, románticos, tiernos, juguetones o de cualquier otra forma. Es importante entonces concordar en nuestra acción de acuerdo a nuestra emoción, adecuando el juego sexual y dándonos el permiso de proyectar en él nuestras fantasías. Siempre y cuando, bajo el supuesto, desde luego, de que no impliquen un peligro para la persona, la pareja o un tercero. Uso de aditivos sexuales. Una pareja sexualmente gratificante no tiene objeciones en introducir de manera esporádica, estímulos adicionales a ellos mismos para el mayor disfrute. El uso de cremas, aceites, consoladores, vibradores, películas pornográficas, de ninguna manera son nocivos en sí mismo, siendo más bien fuente de búsqueda de nuevas alternativas.

Las estrategias mencionadas son sin lugar a duda la base cognitiva-comportamental para que más allá de una adecuada conformación de pareja, se garantice la continuidad operativa de la relación. Por diferentes motivos, que pretendemos analizar, buena parte de las parejas pasan por conflictos, discordias, agresiones e incluso violencia, que en el mejor de los casos, conduce a separaciones y divorcios, mientras que en otros, la relación como tal se convierte en un cúmulo de frustraciones, rencores, pases de factura, indiferencia y odios encontrados.

DESÓRDENES DE PAREJA

La base de todo desorden de pareja es el conflicto. Peterson, citado por Dominian, lo define como Un proceso interpersonal que se produce siempre que las acciones de una persona interfiere con las de otra . Por supuesto sería utópico pensar que en una relación de pareja no existan conflictos ocasionales, esto es prácticamente inevitable, pues son dos personas adultas con diferentes intereses, características biológicas y psicosociales en convivencia. Sin embargo, los conflictos y peleas frecuentes y persistentes son un síntoma de insatisfacción, de que la relación no está marchando bien y de que hay que buscar soluciones de riesgo de que no obtenerla, se ponga realmente en peligro la relación. En la práctica clínica encontramos en líneas generales, tres grandes causales de desorden de pareja, estos son:

Desórdenes a consecuencias de inadecuada conformación.

Desórdenes producto de discrepancias profundas de personalidad.

Desórdenes debidos a contingencias de mantenimiento

Independientemente de cuál o cuáles sean las causales del desorden, lo cierto es que conductualmente hablando, la pareja en conflicto asume una postura altamente rígida, e incluso tiránica con la otra parte. Al respecto Aarón Beck (1990) refiere, En cierto modo, las reglas son tan obligatorias para el cónyuge como lo es el pago de un impuesto. Cuando esa obligación no se cumple, se considera al cónyuge como un transgresor y de esa manera parece justificado el castigo. Esas reglas pasas a ser consideradas como derechos, y luego se convierten con facilidad en exigencias. La naturaleza absoluta de los debe plantea problemas en el matrimonio porque, en realidad, satisfacer en su totalidad los mandatos de otras personas significa anular la personalidad, metas y necesidades propias. Un conjunto exagerado o rígido de los debe tiranizaría a los demás como a nosotros mismos Una pareja en conflicto se maneja entonces con una serie de controles impositivos, usados supuestamente, para garantizar la permanencia de la otra parte en la relación, aunque el efecto es todo lo contrario. Dicho en otras palabras, hay la existencias de emociones adversas tales como el miedo y la rabia dirigidas hacia la funcionalidad de la relación, pero al mismo tiempo hay miedo a que la relación concluya y se pierda como fuente de gratificación para la persona, aún en casos en donde la magia del enamoramiento se ha desvanecido. Por supuesto, este manejo emocional es altamente destructivo pues se trata de solucionar el conflicto idealizando la capacidad de funcionamiento de la relación, cuando es

precisamente la idealización que sobre ella se fantaseó en sus comienzos lo que puede estar incidiendo en el conflicto. Karen Horney en su obra referida a La Personalidad Neurótica de Nuestro Tiempo, se refiere a la persona neurótica como alguien que hace reclamos y exigencias irrazonables basándose en un pretendido los demás el solucionar aquellos conflictos que la atañen. De cualquier forma, mencionábamos anteriormente como los desórdenes de pareja siguen tres grandes líneas causales, por lo que la manera específica como se desarrolla el desorden tendrá mucho que ver con la dominancia de alguna de ellas. Evidentemente no es lo mismo una pareja que estructuralmente no funciona porque si constitución estuvo fundamentada en una pasión inicial, más allá de los factores relativos a la intimidad y al compromiso, con aquella otra que las conductas de mantenimiento se han visto alterada por un hecho puntual, por ejemplo, por una situación de infidelidad de algunos de ellos. De igual manera es importante acotar que así como hay relaciones que enferman (desestabilizan) a personas, existen personas que enferman las relaciones, o lo que es lo mismo, hay personalidades lo suficientemente alteradas que no pueden funcionar en parejas. En la práctica clínica, es relativamente frecuente observar parejas donde una de las partes, o ambas, presentan ciertos desajustes caracteriales que imposibilitan la buena marcha de la relación. Veamos algunos casos

- Esposa pasiva-marido rígido Ella insiste que él no le da importancia a lo que ella desea o siente. Se describe con una alta necesidad de afecto y dependencia, de ser tomada en cuenta por él, percibiéndolo frío y distante, responsable de sus dificultades sexuales y en general de crecimiento personal. Por su partes, él se considera una persona extremadamente organizado, independiente e incapaz de salirse de determinados hábitos comportamentales. Centrado en sí mismo, la percibe a ella como una persona fastidiosa. Inconforme a todo lo que él le ofrece. Considera que su vida sexual no es más satisfactoria debido al acoso de ella y le atribuye en general una gran inestabilidad e inmadurez emocional.

- Esposa rígida marido dependiente Suele ser el hombre el que solicita ayuda, en muchos casos se siente confuso y angustiado por no saber manejar una relación extrapareja, y en general, que decisiones debe adoptar con su mujer. Es un tipo de persona que tiende a buscar en la relación una especie de figura materna que cuide de él. Se describe como un individuo con una gran necesidad de amor y protección, pero por otro lado, son hombres impulsivos e irresponsables con cierta tendencia al alcoholismo.

- Esposa dependiente marido independiente Tienen marcada dificultad para funcionar solos y tratan de aferrarse uno al otro de forma simbólica con malos resultados. La relación está cargada de altos componentes de ansiedad, depresiones e incluso consumo de alcohol u otras drogas. En caso de la existencia de hijos, presentan una marcada dificultad para desempeñarse adecuadamente en sus roles de padres. Pudiese decirse que cada uno, espera ser cuidado, atendido y protegido por el otro, y ninguno es capaz de crecimiento y desarrollo personal, así como de estabilidad emocional.

La psicopatía es un tipo de personalidad que en oportunidades tienen una de las partes (las estadísticas reportan más frecuencia en el hombre) que es factor básico en el desorden de pareja, con muy mal pronóstico, por los demás. Las personas aquejadas de este tipo de trastorno, cuya base etiológica tiene mucho que ver, de acuerdo a las investigaciones, con factores biológicos, posiblemente genéticos, presentan una estructura de personalidad caracterizada por:

- Dificultad de respuesta emocional que le impide desarrollar sentimientos estables hacia otras personas.

- Personas carentes de responsabilidad, desacatan y en general no toman en cuenta cualquier normativa social que incide en contra de sus intereses por pasajeros que ellos sean.

- Poca tolerancia a la frustración, se violenta con facilidad, no midiendo sus conductas de agresión hacia otros.

- No presenta autocrítica, por lo que tienen una marcada tendencia a culpar a los demás de todo fallo, aunque la evidencia demuestre lo contrario.

- Suelen ser personas inteligentes que utilizan sus capacidades para manipular a los demás.

- Las relaciones, de cualquier orden, con otras personas no son duraderas.

Como se comprenderá, es extremadamente difícil para una persona con estas características el poder mantener una relación funcional de pareja, y adicional a esto los conflictos de relación son manejados de manera violenta y traumática para la otra parte.