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Número 1 Febrero - Marzo de 1998 Portada: La esucela de Atenas, Rafael.

Número 1 Febrero - Marzo de 1998

Número 1 Febrero - Marzo de 1998 Portada: La esucela de Atenas, Rafael.

Portada: La esucela de Atenas, Rafael.

HACIENDO JUNTOS LA TAREA

Por: Dra. Teresita Castillo de Sáenz

El título de esta charla es muy sugerente. Pareciera referirse al hecho de que los padres debieran estar al pendiente de que sus hijos hagan la tarea escolar, o a los “deberes” como se les llama en algunos países. Pero siendo éste un seminario “Mejores Niños, mejores Hombres”, para padres con ideas constructivas, ciertamente sería muy pobre el ofrecerles ideas sólo para una labor que, siendo importante, es sólo complementaria a la formación del alumno.

En realidad, esta charla se refiere a la gran tarea que hemos aceptado, conscientemente, los padres y los maestros. Los padres la aceptamos implícitamente al aceptar la paternidad, o la maternidad, según el caso. Los maestros la aceptamos, explícitamente, como vocación profesional, y como vocación de vida. Y esta gran tarea, que además compartimos padres, madres y maestros, es la tarea de educar.

De la educación se han ofrecido innumerables definiciones. Pero para el propósito de las reflexiones que hemos de hacer hoy, sólo analizaremos dos. La primera es la de Platón, quien dijo que “Educar es dar al cuerpo y al alma toda la belleza y perfección de que son capaces”.

He seleccionado esta definición porque habla del hombre como un ser compuesto de alma y cuerpo, a pesar de que su autor no era miembro de ninguna religión. Esta creencia, en la existencia del alma, obliga al educador a dar a la educación un sentido trascendente. No es lo mismo educar niños y niñas que entrenar animales; digo más, no debería utilizarse el vocablo educar, sino cuando se habla de humanos. Quizá se deba a esta incoherencia a que también se ha demeritado el valor de la educación por una postura materialista, que al pretender que sólo es objeto de la educación lo que se puede medir y tocar, la han equiparado a un mero entrenamiento condicionante.

La segunda definición que quiero ofrecerles no es muy conocida. La seleccioné’ porque enfatiza la necesidad de que el educando participe en su propia educación. Esta definición sostiene que “la educación es una empresa de dos: es obra del niño al menos tanto como de los padres” (1) . Y lo mismo podemos decir de la acción educativa en la escuela. Estas afirmaciones podrán parecer a unos muy obvias y a otros pecar de extremismo, pero de su clara comprensión depende en despertar en el educando el deseo de desarrollarse, de educarse. Porque nada se puede hacer por educar a un niño o a un adolescente si éste no quiere hacerlo. Tenemos que tener en cuenta su voluntad.

no quiere hacerlo. Tenemos que tener en cuenta su voluntad. “Educar es dar al cuerpo y

“Educar es dar al cuerpo y al alma toda la belleza y perfección de que son capaces”.

Platón

Pero no se me malinterprete. No estoy aquí abogando por los métodos “activos” o “personalizados” en extremo, que sostienen que sólo lo que interesa al alumno debe ser objeto de su aprendizaje. Estoy sosteniendo, por el contrario, que somos nosotros, padres y maestros, los que debemos “hacer nuestra tarea”. Y esta tarea consiste, precisamente, en interesar al niño en lo que debe aprehender; mostrarle el bien, como bien; la verdad y el gozo que se experimenta al poseerla; la belleza como algo digno a lo que hay que aspirar. Los niños tienden a apropiarse de esos bienes (bondad, belleza, verdad) si los percibe claramente. Pero ése no es

el caso de nuestra sociedad. Nuestros niños viven permanentemente confundidos entre héroes que parecen

villanos, particularmente en las caricaturas, adultos que mienten para obtener algo, e imágenes cuya fealdad se ha hecho aparecer como ideal de belleza.

Recordemos, los que tenemos el deber de educar, que es responsabilidad nuestra el hacer que los ideales de bien, bondad, verdad y belleza, vuelvan a ser apetecibles a nuestros hijos y alumnos.

Educar, pues, es llevar el interés del niño a donde el educador sabe que está el bien. Es motivar su interés. Es guiar sus almas. Y una vez motivados, interesados los educandos, la educación se convierte en un trabajo conjunto de padres e hijos, de maestros y alumnos, para dar al niño “no sólo la posibilidad, sino la ”

(2) para lograr

facilidad de llegar a ser él mismo, de desarrollar todo lo que tiene en sí mismo, como potencia una vida digna y para que pueda luego lograr “el fin sublime para el que fue creado” (3) .

Vista de esta manera la educación, la gran tarea que nos ocupa, reviste una gran importancia. De ella, de que se haga bien, depende en gran parte la felicidad del niño en esta y en la otra vida.

Pero la educación también se ocupa no sólo de formar al hombre, o a la mujer en general. También debe buscar formar a “este hombre” o a “esta mujer” en particular.

Esto equivale a decir que no sólo tenemos los educadores el deber de desarrollar las habilidades genéricamente: tenemos que descender al plano personal. Desarrollar en cada uno aquellos conocimientos, aquellas actitudes, aquellos hábitos que lo distingan de sus compañeros, que lo hagan único, irrefutable.

Porque cada niño y niña, cada educando es un ser individual, con tendencias, instintos y pasiones, y

también con ideales, con virtudes en potencia y con todo un bagaje espiritual y físico por desarrollar. Atender

a estas necesidades es lograr la educación integral que toda escuela que se respete dice ofrecer. Y ¿qué incluye esa educación integral? y ¿qué parte tienen en ella padres y maestros?

En primer lugar el concepto de educación integral se ha sobre simplificado. Se entiende generalmente que hay educación integral si se atiende al aspecto cognoscitivo tanto como al afectivo y al físico. Es decir, si se da educación intelectual, educación artística y educación física.

Todo eso es cierto. Pero falta aún más.

En el aspecto cognoscitivo, es esencial que el niño aprenda a distinguir la ciencia de la pseudo ciencia. Que sepa que debe luchar hasta encontrar la Verdad. El aspecto afectivo no sólo son unas cuantas lecciones de música o pintura. Ni sólo apreciación artística. Debe tener como fin la formación del carácter. Y el aspecto físico no sólo es desarrollo del cuerpo y sus capacidades. Debe también comprender la higiene como prevención no sólo de sus males físicos, sino morales. Y debe llevar al dominio de las pasiones por una verdadera educación de los sentidos.

En resumen, la verdadera educación integral debe iniciarse en el hogar y en la escuela, con el dominio de sí mismo, y pasando por la educación de los sentidos y del espíritu, por el dominio de la voluntad y del corazón, debe fijarse como meta la formación del carácter.

Y también esta formación del carácter es parte de la tarea de padres y maestros. Y para realizarla es esencial que haya acuerdos básicos en los conceptos de disciplina, orden, necesidad de esfuerzo, autoridad, etc. Porque de cada uno de esos conceptos se derivan prácticas en el hogar y en la escuela, que deben, ambas, tener la misma dirección. Y porque la falta de acuerdo entre sus padres y maestros es fácilmente percibida y explotada por los niños. Veamos algunos de esos conceptos básicos.

Dominio de sí mismo.

El hombre, para llegar a serlo en plenitud, debe aprender a dominarse a sí mismo, es decir, dominar sus instintos, caprichos o pasiones.

Y la educación del dominio de

sí mismo se logra por la educación del sacri-ficio, de la renunciación y del esfuerzo.

del sacri-ficio, de la renunciación y del esfuerzo. Los padres y maestros, impresio-nados con las novísimas

Los padres y maestros, impresio-nados con las novísimas teorías pedagó-gicas, hemos olvidado que para que el niño se forme realmente debemos darle la oportunidad de que se ejercite, esfor-zándose. En el hogar hay que darle al niño oportunidades para hacer sacrificios --la Cuaresma es un buen pretexto para ini-ciarlos-- sacrificios que por supuesto deben estar al alcance del niño; también debe tener en casa tareas que le “cueste” hacer, que le requieran esfuerzo. Y con alguna frecuencia debe sugerírsele que renuncie a algo que le da placer. Esta educación por el esfuerzo en las cosas que hace, y por los sacrificios y renun-ciaciones, es esencial en la formación del carácter.

La contraparte en la escuela es la disciplina. Mucho se ha escrito sobre ella, y muy poco se logra, en general. Una verdadera disciplina debe venir de dentro del niño, de su conciencia. Hay que ilustrarla (4) , es decir, dar explicaciones e instrucciones claras y precisas. Y luego fortalecerla, fundamentalmente con la firme creencia en la omnipresencia de Dios.

El sistema de disciplina escolar debe, por lo tanto, ser claro y preciso, contener etapas de inducción en las

que el alumno comprenda lo que de él se espera, y luego dar espacio a que aplique el niño su voluntad, libremente, al cumplimiento de las reglas ya comprendidas, Por supuesto el sistema también debe incluir la vigilancia, pero ésta no debe ser percibida por el niño, sino cuando se convierte en transgresor.Y aún entonces, debe guiársele para que saque provecho de su falta, y vuelva a aplicarse al dominio de sí mismo.

Muy importantes en esta educación para el autocontrol son tres cualidades que padres y maestros debemos cultivar incansablemente: la firmeza, la amabilidad y la consistencia. La primera consiste en no ceder una vez que se ha dado una orden. Pero el no ceder no implica el uso de gritos, mucho menos de insultos o castigos físicos. Se puede y se debe ser firme, pero amable. Y esta amabilidad debe tener su fundamento en el respeto al niño y en el cariño que debemos tenerle por ser sujeto de educación. La consistencia, por otra parte, consiste en no permitir hoy lo que ayer se prohibió. Las reglas deben ser las mismas. Si alguna regla realmente requiere cambiarse, debe mediar antes una explicación, quizá el análisis que el niño haga de la situación, guiado por sus padres o maestros. Y si ayer fue prohibido y hoy se permite, no podrá volver a prohibirlo mañana. Esta consistencia en las reglas y en su aplicación da al niño seguridad y favorecen el desarrollo del carácter.

La educación de los sentidos

La primera infancia, de uno a cuatro años, aproximadamente, es quizá el periodo más rico en adquisiciones para el niño. Es entonces cuando aprende a conocer su cuerpo y su entorno. Adquiere conciencia de sí mismo, y a través del dolor y del placer, y de las resistencias que experimenta, aprende qué le pertenece y qué le es ajeno.

La riqueza de las adquisiciones, especialmente las sensoriales, de esta etapa, han motivado la aparición de la educación inicial escolarizada. Porque es claro que siempre ha habido educación inicial en el hogar. Pero ahora se nos ha incluido a los maestros en esta etapa tan especial para el desarrollo futuro del niño.

Y así se habla ahora de la importancia de la estimulación temprana, y se han desarrollado teorías diversas de esta etapa del desarrollo infantil.

La educación inicial es, por supuesto, necesaria. Y si la madre no puede estar en el hogar para darla, es importante que existan lugares en donde esa educación inicial pueda realizarse.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el ofrecer estímulos de manera indiscriminada en número, duración y calidad, puede conducir a una atrofia de la atención.

El niño de esta edad debe estar tranquilo para conseguir con sus experiencias, y más adelante con sus “contemplaciones”, es decir, dejarle que contemple y reflexiones en lo que tiene entre manos, desarrollando así el hábito de concentrarse en un objeto.

La vida moderna, que nos arrastra en un vértigo de imágenes a las que el niño está expuesto sin tiempo para pasar de la retina al cerebro (5) , no favorece esta concentración. Más bien se acostumbra el niño a mirar sin distinguir. De ahí el trabajo que luego enfrenta en la escuela para poner atención.

La estimulación por lo tanto, debe ser moderada. Planeada de manera que dé espacios a la meditación, con la que debe alternarse. Y todo el trabajo de la educación inicial deberá dirigirse a lograr un ambiente de calma, paz y silencio que permitan al niño hacer observaciones con comodidad, y al desarrollar sus sentidos, darle experiencias gratas que fundamenten el desarrollo futuro de todas sus facultades.

Los padres deben aquí estar atentos a favorecer el desarrollo de los sentidos, mediante materiales que permitan al niño conocer colores y texturas siempre cuidando de que la cantidad y la calidad de estímulos sea adecuada, y proporcionando tiempo y espacios para que el niño logre la madurez sensorial y perceptual.

El despertar del espíritu.

Apenas logra el infante desarrollar sus sentidos, aparece, entre los 4 y los 7 años, la idea de “causa”, que provoca los eternos ¿por qué?

Esto es ya el despertar de la inteligencia, y por ende, del espíritu. Aquí se requieren, fundamentalmente dos disposiciones del educador, padre o maestro: la paciencia y la veracidad.

No sólo la paciencia para enfrentar el número de ¿por qué?, sino para explicar incansablemente, una y otra vez, de uno y otro modo, hasta satisfacer la curiosidad del niño. Bien entendida, ésta es la etapa en que el niño se inicia como investigador. Y, dependiendo de la edad y circunstancias puede guiársele para que busque las respuestas en libros bien seleccionados. Cuando no se atiende a esta curiosidad infantil o el educador se muestra impaciente, se corre el riesgo de retrasar en varios años el desarrollo intelectual del educando.

La veracidad, por otra parte, es la base de la confianza que el niño pone en el adulto que lo educa. Sólo la verdad debe utilizarse para contestar al niño. Y debe guiársele para que nunca claudique en su búsqueda de la Verdad.

En esta etapa son muy útiles el contacto con la naturaleza y los relatos. Empezando por conocer su casa,

y por sentirla como un lugar seguro y sagrado. El orden que ahí impera está formado de hábitos de los mayores, que los menores deben adquirir.

El trabajo de papá - y de mamá - que requieren de espacios y orden especiales. De ahí al contacto con otras cosas y otros medios, el campo, los transportes, etc. que le hablan de orden y trabajo.

Y los relatos. El niño es amigo natural del que le relata algo. No sólo los cuentos clásicos, sino anécdotas

familiares que le enseñan la continuidad en la historia de su familia, vidas ejemplares, en fin, todo lo que nutre

su imaginación y su espíritu. Y es importante aquí hacer notar que debemos los educadores “racionar”, o mejor, racionalizar el uso de la televisión, en beneficio de esa educación intelectual a través de la imaginación.

El despertar de la voluntad.

A partir de los siete años el niño crece más visiblemente. Menos espectacular, pero no menos cierto, es

su crecimiento moral. Aparece la necesidad de asociarse y de actuar. Todo él es espontaneidad y actividad y aquí se inicia, con la formación de hábitos, la educación de la voluntad.

Los maestros hablamos usualmente de los “hábitos” un poco a la ligera. Con esa palabra queremos designar un cúmulo de disposiciones que son necesarias para el aprendizaje: orden, respeto, responsabilidad, puntualidad, etc.

Y sí, todos son necesarios. Pero hay que recordar: 1) que no se generan solos; hay que propiciar su

ejercicio continuo, y 2) que no lo son todo en educación.

La verdadera tarea” es la formación de la voluntad y del carácter moral.

Los hábitos que mencioné antes pueden clasificarse como técnicos, junto con todas las habilidades manuales e intelectuales que facilitarán las labores intelectuales, tales como dibujar o tomar notas. Pero los que de verdad importan son los hábitos “morales”. Estos se inician con el dominio de sí mismo, al que ya me referí antes, y tienen su culminación en un gran hábito: el hábito de “querer”.

Y ese “querer” hay que enseñarlo al niño y ejercitarlo en él mismo. “Querer es conducirse uno por la razón

y por la libertad” (6) . Es guiarse por principios religiosos y morales inamovibles y no por el propio capricho.

Quizá debamos todos los adultos revisar cuánto y cómo “queremos”.

Al niño hay que guiarlo para la adquisición de este “hábito de querer” ayudándole a fijarse metas concretas,

posibles de lograr, congruentes con sus principios. Y una vez fijadas las metas, a trabajar por alcanzarlas con

perseverancia y sin desviaciones.

Concepto de autoridad.

Otro de los conceptos esenciales en educación es el de la autoridad. Podríamos traducirla en el ¿quién manda aquí? Esta autoridad, que en casa deben ejercer los padres y en la escuela los maestros, tiene una condición para darse. El acuerdo entre quienes la ejercen.

En el hogar es esencial el acuerdo inquebrantable entre papá y mamá. Y en la escuela, no tiene el maestro autoridad si el alumno percibe el desacuerdo entre sus padres y el maestro.

Nos quejamos actualmente de una “crisis de autoridad” debido en gran parte a costumbres extranjeras

que promueven la independencia sin límites. La vida alrededor de los niños les está invitando constantemente

a rebelarse contra la autoridad. A diario tienen tratos con amigos a quienes sus padres dan toda libertad e

independencia. Todo ello nos lleva a padres y maestros, a la necesidad de fortalecer el concepto de autoridad en el hogar y en la escuela.

Y para lograrlo debemos volver al concepto de que la autoridad viene de Dios. Y de que los padres la

ejercen con todo derecho, como representantes de Dios, y en la escuela los maestros por la misma razón.

Pero esta autoridad tiene límites. En primer lugar, el que manda es el que primero está obligado a obedecer. Y muchas veces esa obediencia nos exige, a padres y maestros, el sacrificio de nuestros egoísmos. ¿Cuántas veces dejamos pasar algo, porque no nos conviene detenerlo? Programas de televisión que sabemos no deben ver los niños, los ven porque nosotros los estamos viendo.

La verdadera autoridad no debe, tampoco, ser autoritarismo que trunque el desarrollo del niño. Por el contrario, debe llevar al niño a bastarse a sí mismo. Así que la autoridad debe pasar de vigilancia preventiva a la influencia moral en la adolescencia y al pleno desarrollo de la propia conciencia moral en el joven. Y todo ello no es posible si la educación, en el hogar y en la escuela, están lejos de Dios. Las verdaderas prácticas de piedad y el sentido de pertenencia total a nuestro Creador, deben matizar todas las asignaturas y la vida misma del niño, para lograr así darle alas para volar en pos del ideal.

Educación positiva.

Y esto es, en resumen, la educación positiva. “La educación positiva consiste en no ahogar la personalidad

del niño, sino en dale suelta; no en disminuir su actividad, sino en dirigirla; no en paralizar sus energías, sino

en disciplinarlas; no en reprimir su impulso vital, sino en orientarlo hacia el bien” (7) .

La educación represiva, que sólo reduce a un código de prohibiciones, amenazas y castigos, no forma al niño: por el contrario, lo deforma. Si “se obliga” al niño a obedecer o a trabajar, tal vez se someta, pero no se educa.

¿Y cómo lograr la educación positiva? Cultivando las tendencias que cada niño tiene hacia el bien. Sería

muy largo enumerar grandes éxitos de educadores en este terreno. Quizá el que más se opuso a la educación represiva y tuvo éxito en el método positivo y preventivo fue San Juan Bosco.

El secreto está en que los educadores aprendamos a distinguir en el niño las buenas y malas tendencias,

para ayudarle a suprimir las primeras y desarrollar las segundas.

Desde muy pequeño, el niño quiere “hacerlo todo solo”. Hay que favorecer esas buenas disposiciones para que nazca su amor al trabajo. Los pequeños quehaceres caseros que provocan tantas quejas, generalmente se hace con gusto si es para demostrar que saben hacerlo.

El instinto de defensa, que casi siempre degenera en discusiones y pleitos, se canaliza si se hace que comprenda que el “vencedor” es el que se dominó a sí mismo. La escuela y el hogar deben fortalecer este principio.

Los niños iracundos son generalmente emotivos y por lo mismo atienden a los móviles que les hablan al corazón. Hay que hacerles comprender que la ira no es una fuerza, sino una debilidad.

A los niños desordenados hay que explicarles el valor del orden en las cosas pequeñas. A los mentirosos,

hacerles ver que las mentiras nunca ayudan a salir de apuros, sino complican más las situaciones.

La educación de las tendencias.

Pareciera que quiero presentar un panorama muy fácil de este tema. No es así. Cada una de estas tendencias requiere del educador: a) tiempo para distinguirlas, b) análisis para saber en qué tendencias buenas puede el niño apoyarse para corregirlas, c) situaciones en que el niño pueda ejercitarse, y d) la formación del hábito, o virtud, opuesta al vicio que se quiere desterrar.

Requieren, sin rodeos, padres, madres y maestros de tiempo completo.

Porque para que de verdad la educación dé buenos frutos, para que el niño se forme integralmente, él mismo, guiado por sus padres y maestros, para que el hogar y la escuela cumplan su altísima función, necesitamos reaprender a reflexionar sobre el acto educativo. Padres y maestros necesitamos hacer de la educación “la tarea” de nuestras vidas, no sólo una de las tareas que acometemos entre muchas otras.

Y necesitamos, más allá de la preparación remota o próxima, más allá de estudios avanzados o no, volver a poner a Dios en el centro de la educación y de nuestras vidas. Y, entonces sí, habremos hecho juntos la tarea.

El presente trabajo fue presentado por la autora como conferencia dentro del seminario "Mejores niños, mejores hombres".

*****

La autora es doctora en educación, directora de la escuela primaria Antonio Caso de la UAG.

Bibliografía:

* Caponnetto, Antonio. Lenguaje y educación: crítica a la psicogénesis de la lectoescritura. Buenos Aires, Scholástica, 1993.

* Caponnetto, Antonio. Pedagogía y Educación: la crisis de la contemplación en la escuela moderna. Colección Ensayos doctrinarios. Buenos Aires, Cruz y Fierro Editores, 1981.

* Duhr, José. El arte de las artes, educar a un niño. Madrid, Studium, 1966.

* Llorente, Daniel. Curso teórico-práctico de Pedagogía. Sl, s.ed., s.f.

* Redden y Ryan. Filosofía católica de la educación. Madrid, De. Morata, 1956.

Notas:

(1) Arte de Artes, p. 30. (2) Idem, p. 30. (3) Pío XI, Encíclica. (4) P 53 de Adea. (5) Adea. (6) Adea, 310-11 (7) 84, Adea

T OMÁS DE A QUINO , MODELO DE MAESTRO Por: Dr. Mario Caponnetto En el

TOMÁS DE AQUINO, MODELO DE MAESTRO

Por: Dr. Mario Caponnetto

En el mes de enero (exactamente el día 28) se celebra la festividad litúrgica de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, el Doctor Común, el Angel de las Escuelas, tal como se lo ha llamado y se lo sigue llamando a través de los siglos. Figura excepcional de relieves singulares, Tomás de Aquino se presenta ante nuestra mirada como un hombre de múltiples facetas.

En efecto, convergen en él el filósofo de poderosa inteligencia y elevado vuelo, el maestro de la sabiduría humana

y divina, el piadoso y humilde fraile, el renovador de la ciencia de su tiempo, el poeta de la Eucaristía, el santo

unido en una síntesis armoniosa y en la conjunción de una personalidad riquísima vaciada en la reciedumbre de los moldes clásicos embellecidos por la luz del Cristianismo.

todo ello

Sin embargo, si tuviéramos que privilegiar alguna de estas facetas y elegir, de entre ellas, una que resulte primordial

y distintiva -y, en cierto modo, resumen de todas las otras- esa faceta sería, sin lugar a dudas, la de Doctor cristiano. Es aquí, en esta alta misión de Doctor (y de Doctor que enseña en, por y desde la Fe) donde vamos a encontrar la médula misma de una vida y una obra que casi no admite parangón en la historia del pensamiento humano.

Pero, ¿qué es un Doctor? Obviamente es alguien que enseña. Doctor es el docto y bien sabemos que esta palabra procede de una única raíz: docere, esto es, enseñar. Por eso la Doctrina no es sino, a un mismo tiempo, tanto el acto mismo de la enseñanza como el contenido de esta enseñanza. Tomás de Aquino nunca se refirió a su obra de otra manera que como a una doctrina (la sacra doctrina) subrayando, de este modo, que su propósito fundamental no era otro que transmitir una enseñanza, ejercer el oficio nobilísimo del docente, oficio que -como el propio Santo Tomás afirma en su obra Contra errores graecorum- más tiene de cruz y de carga que de honor. Pues enseñar a otro es el más alto modo de la caridad. Se necesita, en efecto, una cuota enorme de amor y de libérrima generosidad para salir de la meditación y de la contemplación propias y volverse hacia los otros: contemplata aliis tradere, transmitir a los otros aquello que se contempla en la soledad del claustro o de la celda, en “el castillo interior” del alma, en la intimidad de esos silencios inefables que configuran la vida de todo auténtico contemplativo. Estamos aquí frente a una admirable economía:

de una parte, la contemplación es la más alta actividad a la que puede aspirar el hombre pues se trata de la obra propia de la vida contemplativa que es el más alto modo de vida humana. La enseñanza, por su parte, al igual que la predicación, es obra de la vida práctica o activa, vida desde luego noble pero, de hecho de grado y dignidad menores que la vida contemplativa. No obstante, ambas pueden conjugarse dando paso, de este modo, a un nuevo género de vida que participa de las perfecciones de las otras dos. Este es el modo de vida que Santo Domingo de Guzmán, el Fundador de la Orden de Predicadores, cuyo sayal humilde vistió desde sus tempranos años nuestro Doctor, supo crear e inspirar en su momento para la gloria de la Iglesia. Lo admirable consiste en que la contemplación que se vuelca en la enseñanza no sufre nada ni en su dignidad ni en su integridad sino, por el contrario, se enriquece y se multiplica. Y la enseñanza, a su vez, es elevada a las alturas de la contemplación. Así, por medio de esta inigualada síntesis, ambos géneros de vida se unen y reúnen en la unidad viviente del maestro. Santo Tomás es el modelo de esta forma particular de vida a la que perteneció de pleno y a la que prestigió con su incomparable actividad de sabio, de escritor y de maestro.

Este es, sin duda, el primero de los aspectos que nos interesa destacar si queremos

Este es, sin duda, el primero de los aspectos que nos interesa destacar si queremos que Tomás de Aquino sea para nosotros no algo lejano e inalcanzable, sino un modelo concreto y próximo de genuino magisterio. Pero el género de vida elegido y vivido por fray Tomás con absoluta fidelidad hasta el fin de su peregrinación terrena no es más que la expresión de otra unidad, también esta admirable, la unidad de razón y fe. Dijimos antes que la faceta distintiva de Tomás es su condición de Doctor cristiano. Pues bien, lo propio de un doctor cristiano es verlo y examinarlo todo a la luz de la Fe. Y esto no significa, como pueda pensarse, ningún desmedro para la razón humana ni el menor riesgo para su libertad ni para su autonomía. El cristiano ama a la razón; y la ama mucho. Obra predilecta de Dios, la razón del hombre es no sólo la cifra de su dignidad eminente de creatura, sino la llave que le permite abrirse a todo lo creado y ascender hasta el propio Creador. El sabio, dice el mismo Santo Tomás, ama a la razón que es entre las cosas humanas aquello que Dios más ama. Pero el cristiano sabe, también, que la razón tiene sus límites y está enferma. Esto quiere decir, sencillamente, que la razón necesita el auxilio de la Gracia. Y el auxilio no puede venir sino del propio Dios. El Verbo que nos ha creado y que nos ha redimido es, además, Verbo que se revela, Logos que habla y que nos invita, con gemidos inefables, a inclinar nuestros oídos a su voz. Así, por vía de la Fe, nos llega el auxilio del Verbo. Nuestro intelecto, movido por la voluntad, presta dócil acatamiento al dato revelado, no por su intrínseca evidencia, sino en obsequio al Testigo. A partir de este acto inicial de acatamiento nuestro intelecto prosigue su propio derrotero, inteligiendo el dato de la fe, desplegándolo y extendiéndolo; porque la fe de la que aquí hablamos es una fe para entender, es una fe que busca a la razón: fides quarens intellectum. De este modo se consuma, también ahora en la unidad viviente del Doctor cristiano, esta hipóstasis de la razón y la fe, estas nupcias de lo humano y lo divino.

Santo Tomás fue artífice del más formidable edificio intelectual levantado sobre la clave de bóveda de esta unidad entre la fe y la razón. En él ambas se dieron existencialmente juntas y no se entenderá adecua-damente el sentido y la originalidad del sistema tomista si no se tiene debidamente en cuenta este dato. Separar una filosofía tomista de una teología tomista podrá ser, en todo caso, una tarea crítica válida. Pero siempre será una inevitable manipula-ción del pensamiento del Aquinate y correrá el riesgo de hacernos perder la vista que en aquella fuente original y viva de la que él emana, esto es la mente de Santo Tomás, la fe y la razón se dieron indisolublemente unidas y permanecen indisolublemente unidas. De tal manera que todo el sistema tomista reposa sobre tan admirable unidad.

Pero ocurre aún algo más que debe ser puesto de relieve: en el seno de aquella unidad de razón y fe, de teología y de filosofía, sucedió que esta última alcanzó el más pleno y avanzado grado de su desarrollo histórico. En efecto, madura en la matriz nutricia de la revelación, la filosofía, fundamen-talmente la Metafísica, conoció el punto de su apogeo histórico. La humana vicisitud en pos del ser con sus momen-tos de profundo olvido (como tan certeramente lo advirtiera Heidegger) alcanza en Santo Tomás su puerto final. La poderosa visión del esse como acto y como participación en el Esse Ipsum Subsistens, original y propia de Santo Tomás, culmina la epopeya del ser, lleva a su acabamiento siglos de preparación , de lenta maduración, de visiones fragmentarias y de certezas parciales. No importa demasiado

que la suerte histórica haya sido adversa a la síntesis tomista. Es cierto que poco a poco de morir Santo Tomás, su doctrina cayó en un cierto olvido y las tesis centrales de su pensamiento sufrieron un lamentable proceso de oscureci- miento. Nada de esto aminora la grandeza del Doctor Común. Hoy, a partir, sobre todo, del gran impulso que significó la Aeterni Patris de León XIII, la renovación y el vigor del tomismo son una feliz realidad. Y en horas de tinieblas para el espíritu humano, son muchos los que en nuestro tiempo, vuelven a fray Tomás, como al faro seguro del seguro puerto. Esta es la clave de su perennidad. Esta es su gloria.

Quiera Dios que su ejemplo ilumine e inspire nuestra tarea cotidiana.

* El autor es doctor en medicina, médico cardiólogo, con estudios en filosofía en Cátedra Privada de Filosofía, miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, en Argentina, y profesor adjunto de Etica médica en la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador, Buenos Aires, Argentina.

Santo Tomás fue artífice del más formidable edificio intelectual levantado sobre la clave de bóveda de esta unidad entre la fe y la razón.

del más formidable edificio intelectual levantado sobre la clave de bóveda de esta unidad entre la

LA ÉTICA Y LOS “VALORES

Por: Manuel Vargas de la Torre.

Hay quienes definen el objeto formal de la Etica recurriendo al concepto de “valor”. El objeto formal de la Etica serían los “valores morales”. Pero esa termi-nología es confusa y peligrosa.

El valor es el concepto fundamental de la llamada Axiología o Filosofía de los valores. Los cultivadores de esa filosofía han sido generalmente subjetivistas y han acuñado un concepto de valor subjetivista. El valor es una estimación humana. La causa determinante del valor es subjetiva, es el grado de satisfacción que un objeto produce en su sujeto o el grado de utilidad y aprecio que un sujeto atribuye a un objeto.

Entendido el valor así, no podemos admitir que el “valor moral” sea el objetivo formal de la ética, porque ello significaría dar a la Etica una orientación nueva contraria, trasladándola del plano objetivo al plano subjetivo. En tal caso, la misión de la Ética sería estudiar las estimaciones humanas, las reacciones sentimentales del hombre.

La Ética debe tener una orientación objetiva.

El concepto central de la Ética es el bien moral, concepto objetivo que no se identifica con el

sentido objetivo del valor. El bien moral es la perfección

del ser humano.

En segundo lugar, la fuente de estimación en esa filosofía de los valores es un factor irracional: el sentimiento, la intuición sentimental. En cambio la Ética tradicional se atiende a la razón y a los principios universales de la razón para definir el bien, la introducción del concepto subjetivo de valor en la Ética entraña el riesgo de trasladarla del plano objetivo del bien al plano subjetivo de las estimaciones y sentimientos humanos.

No niego que el concepto “valor” pueda manejarse en el plano moral, pero habría que dar al concepto un sentido objetivo y racional que evite tales riesgos. La Ética trata de definir el bien moral objetivo no las estima-ciones y sentimientos humanos.

Si al valor se le da el sentido objetivo de perfección o de bien, entonces se podrían obviar sus inconvenientes. Pero aún es este caso, subsiste el riesgo de confusiones.

* El autor es pasante de la maestría en Filosofía por la UAG. Pertenece al Centro de Estudios Humanísticos.

L A IMPORTANCIA DE LA CAPACITACIÓN EN FILOSOFÍA Por: Lic. Mario Castañeda Rojas En nuestra

LA IMPORTANCIA DE LA CAPACITACIÓN EN FILOSOFÍA

Por: Lic. Mario Castañeda Rojas

En nuestra labor educativa como maestros que obramos y enseñamos la ciencia (scire) y conocimientos a nuestros discípulos, es muy importante adquirir una capacitación bien fundamentada para la impartición de nuestra asignatura, además de, por supuesto, conocerla a fondo.

Esa capacitación es importante para no ser de los que el Leonardo Castellani denominó como “maestro vomitador”, es decir el maestro que solo repite como perico lo que tal o cual autor nos dice en el libro leído previamente a la clase, sin siquiera haberle dado una somera analizada, mucho menos un análisis profundo a lo que se plantea en ese libro, y así solo lo trasmitimos tal y como está en ese libro.

Contrario al maestro vomitador, se requiere para la impartición de nuestra asignatura conocerla a fondo, hasta llegar a su fundamentación científica y filosófica, para poderla llevar a buen término y enseñarla como un verdadero y auténtico maestro.

El filósofo mexicano Antonio Caso expresó que “todo maestro es un auténtico filósofo”, ya que la actitud del maestro debe ser la misma actitud del filósofo. El mismo Santo Tomás de Aquino al comentar algunas de las obras de Aristóteles, cuando se refiere a él le llama “maestro”, y bien sabemos que Aristóteles es uno de los filósofos de la época de oro de Grecia.

El filósofo debe reunir todas las cualidades que reúne el maestro, verbigracia la humildad que mostró Pitágoras cuando el rey Leonte se expreso de él como de un sabio, a lo cual Pitágoras con humildad contestó que él no era un sabio, sino un amante de la sabiduría, es decir, un filósofo, contrario a los pseudofilósofos que inmediatamente resaltan su soberbia y que buscan la fama a costa, incluso, de estar contra la verdad misma.

Adquirir la Filosofía, o los conocimientos filosóficos, es profundizar en nuestro quehacer diario, ya que adquirimos los más altos principios los cuales están por encima de la ciencia que enseñamos.

La misión filosófica de cada maestro está en la actitud del que enseña y de lo que enseña. Decía el ilustre Platón la felicidad personal se vincula con la actitud filosófica", esa actitud filosófica es la misma búsqueda de la verdad, para después enseñarla ya que el hombre es "el único que está hecho para pensar y que en ello reside todo su deber y toda su grandeza, nos dice Pascal .

Quien se consagra a pensar es el escultor de la grandeza humana, por supuesto, sobre todo en la actualidad en que tenemos un mundo que se dedica más a las cosas secundarias, pero no a enseñar la verdad.

El amor a la sabiduría, nos dice el R. P. Luis Arroyo (q.e.p.d.), catedrático de la Universidad Autónoma de Guadalajara es:

"Para explicarme la realidad total de las cosas existentes y posibles, para orientarme en todas mis empresas y hallar solución a los problemas que el hombre se plantea, para adquirir el espíritu filosófico. Enriquecer mi inteligencia con ideas claras y precisas que me ayuden a distinguir lo falso de lo verdadero, lo substancial de lo accidental, lo aparente de lo real. Para saber vivir, saber morir y saber esperar, para conocer mejor la causa suprema de la realidad que es Dios".

En la Universidad Autónoma de Guadalajara, las autoridades se han preocupado también por facilitarnos la capacitación en materia filosófica, además de los otros programas de capacitación docente y del postgrado en el que se incluye la Maestría en Filosofía que próximamente tendrá un grupo de titulados, actualmente pasantes.

También se ha elaborado un programa especial de capacitación filosófica dirigida a todos los que laboramos en la Universidad; asesores, maestros de los programas formativos, maestros en general, administradores, etc. Este programa de capacitación filosófica está plasmado en el denominado Diplomado en Filosofía, que dio inició el verano del 97 con dos generaciones que terminarán sus estudios en abril y mayo del presente año.

Este esfuerzo de capacitación ya ha brindado algunos resultados como es el hecho de que a varios de los participantes se les haya invitado a apoyar al Departamento de Filosofía, para impartir alguna de las asignaturas filosóficas a los alumnos del nivel universitario.

Por supuesto, son participantes que llevan muy buen promedio, están muy motivados y quizás próximamente estarán cursando la Maestría en Filosofía.

El 9 de enero del presente año comenzó sus estudios una nueva generación de participantes en el Diplomado de Filosofía, con el curso Introducción a la Filosofía, es la tercera generación, y en su mayoría son jefes de departamento.

La cuarta generación del diplomado inició sus actividades el día 19 de enero , también con el curso de Introducción a la Filosofía. En este grupo participan directivos de la Universidad, adminis-trativos y coordinadores de área.

En el mes de febrero iniciará la quinta generación, la cual estará integrada principalmente por maestros de educación media.

El programa está hecho de manera gradual, y está muy bien sistematizado para que el participante que ingrese no tenga dificultades y para que lo asimile y comprenda de manera clara y fácil. Quizá por estas razones, los participantes del Diplomado en Filosofía, manifiesten una actitud tan positiva.

Es importante, para llevar a buen término el programa, hacerlo con entusiasmo, por supuesto, con muchas ganas y conforme están gradualmente señalados en la programación y en el caso de no poder asistir a determinado curso o módulo, por los motivos que sean, es recomendable establecer comunicación con el licenciado Bernardo Castillo Morán, coordinador del diplomado, a quien se puede localizar en el C.I.E., de la Universidad Autónoma de Guadalajara, en el teléfono 641 5051, ext. 322 02.

(*) El autor es pasante de la Maestría en Filosofía por la UAG y profesor del Departamento de Aprendizaje de la DAPA.

Antecedentes históricos

LA CAPACITACIÓN EN MÉXICO

Por: Dr. Mario Vázquez Villa

Estamos acostumbrados a encontrar trabajadores mexicanos que tienen la mejor disposición para trabajar “en lo que sea”, pero que difícilmente pueden ofrecer habilidades específicas o especiales en áreas concretas.

No es posible suponer un rápido desarrollo ni un alto crecimiento industrial de un país como el nuestro en tanto que se carezca de una mano de obra debidamente entrenada y capacitada en todos los niveles y, desde luego, y muy especialmente, en trabajos especializados.

Esto no es, sin embargo, un problema privativo de México, aún en países altamente desarrollados desde el punto de vista industrial, se ha visto la necesidad de implementar programas de capacitación y adiestramiento de trabajadores, tal como ocurre en Francia, en donde existen normas legales sobre la materia desde el día 16 de julio de 1971, así se denomine el tema de manera diversa (“formación permanente”), objeto además de reciente reforma del 17 de julio de 1978 con el propósito de ampliar sus miras y efectos.

No obstante las muy avanzadas ideas del constituyente de 1917 que señaló a nuestra carta magna como la primera en el mundo conteniendo las llamadas garantías sociales, no tocó siquiera el tema de la capacitación y el adiestramiento de los trabajadores, situación ésta que continuó prácticamente sin reglamentación de ninguna especie hasta la expedición de la Ley Federal del Trabajo, vigente a partir del 1 de mayo de 1970. Las empresas, sin embargo, tenían y tienen a la fecha, en buena proporción sus propios planes de entrenamiento y capacitación.

La Ley Federal del Trabajo de 1970, sin embargo, tal vez con buena intención, pero con una reglamentación inadecuada, se fue al otro extremo, pues no sólo señaló como obligación patronal en la fracción XV del artículo 132, la de organizar cursos de capacitación profesional o adiestramiento para sus trabajadores.

El entonces Presidente de la República, Lic. José López Portillo, en su Informe a la Nación del día 1 de septiembre de 1977, con la simpatía de los sectores tanto obrero como patronal, prometió el envío de una iniciativa de reformas al artículo 123 Constitucional para elevar a rango de garantía social el derecho de los trabajadores a la capacitación y el adies-tramiento en un abierto reconocimiento a la necesidad indudable que tiene el país y su desarrollo de trabajadores más ampliamente preparados.

En cumplimiento a la promesa Presidencial, se reformó la Fracción XIII, del apartado A del artículo 123 Constitucional, según decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el día 9 de enero de 1978, a efecto de establecer la obligación de las empresas, cualquiera que sea su actividad, de proporcionar capacitación o adiestramiento a sus trabajadores, de acuerdo con los sistemas, métodos y procedimientos que establezca la Ley reglamentaria.

En el Diario Oficial de la misma fecha se publicó diverso decreto estableciendo la competencia exclusiva de las disposiciones relativas a las obligaciones de los patrones en materia de capacitación y adiestramiento de sus trabajadores.

(*) El autor es profesor del Departamento de Capacitación Docente de la DAPA.

REFLEXIÓN

UNA GRAN RESPONSABILIDAD EN NUESTRAS MANOS

Por: Lic. José Santana Urenda

El hombre, para poder lograr su último fin, debe encaminar su forma de actuar siempre hacia el bien y cumpliendo con sus deberes con inteligencia, amor y voluntad.

Los deberes que tiene encomendados son para con Dios, para consigo mismo y para con sus semejantes. Al cumplirlos, irá adquiriendo, por el esfuerzo y la repetición, nuevas cualidades y virtudes, y podrá formarse juicios valorativos de las cosas.

La educación es el medio que el hombre tiene para poder adquirir virtudes, las que lo llevarán a lograr su fin último, pues, como dicen Reeden y Ryan "el fin de la educación es el desarrollo de todas las facultades del ser

humano

o sea que el fin está regulado y determinado

, por Dios, quien es el Bien Supremo y fin último del hombre.

dirigidas a la unión del educando con su Creador

",

Ahora bien, ¿a quién le corresponde la tarea de educar? Ciertamente que le corresponde en primera instancia a la familia, pero ésta confía, y en algunos casos delega plenamente, la responsa-bilidad a las instituciones educativas, específicamente al maestro; por lo tanto, los maestros tenemos la tarea de educar: una gran responsabilidad en nuestras manos.

Reflexionemos pues, qué tan importante y delicada es nuestra labor como docentes, labor que sin temor a equivocarnos, podemos decir que fue elegida, en forma libre y conciente, adquiriendo así, la obligación de capacitarnos y actualizarnos para utilizar y aplicar las estrategias de enseñanza y aprendizaje adecuadas, y llevar un proceso de auténtica evaluación, y de esta manera, cumplir con la responsabilidad de perfeccionar las potencialidades de los educandos, en todos los aspectos, físico, moral y espiritual, transmitiéndoles conoci-mientos, desarrollando sus habilidades, y formando sus valores.

Además, debemos estar al pendiente de que nuestros alumnos logren hacer un recto uso de sus facultades, adquiriendo hábitos que estén acordes a la escala de valores.

Es a los docentes a quienes nos corresponde identificar los auténticos valores trascendentales y la forma de cómo transmitirlos, haciendo que nuestros alumnos los acepten y los integren y puedan realizar los rectos juicios valorativos que los lleven a alcanzar su fin último, y así, se logra también el de la educación.

* El autor es profesor del Departamento de Evaluación y Seguimiento de la DAPA.

La educación es el medio que el hombre tiene para poder adquirir virtudes, las que lo llevarán a lograr su fin último.

Los Proverbios Enseñan Mucho Sobre Educación

DE LA INSTRUCCION

Por: Lic. Jorge Fernando Sánchez Cú (*)

"El principio de la sabiduría es un deseo

(Sab. 6, 18)

sincerísimo de instrucción".

Hemos expuesto algunas condiciones propedéuticas, por así llamarlas, para adquirir “sabiduría”. Evitar la pereza y propiciar el silencio, esa disposición a dejarse instruir (docilitas) tan necesaria el día de hoy. Más, ahora, hemos de reflexionar sobre la misma instrucción.

"¡Dichoso el hombre que halló sabiduría, el varón que ha adquirido la inteligencia!", así anuncian la preexcelencia de la sabiduría los proverbios del Rey Salomón (Prov. III, 13). Este solo versículo basta para enfrentar el crematístico mundo de hoy. Los políticos y mil charlatanes más se llenan la boca con halagos a la juventud, más de múltiples maneras les tienden la celada de la pura actividad.

Todos afirman sin cesar que el futuro de la humanidad se encuentra en la juventud, y en la niñez en especial. Mil y un nuevos organismos dicen defender los derechos inalienables del "semillero de la sociedad", pero ninguno se atreve a hablar de virtud y santidad. Aquí y acullá se ofrece o se exige habilidad para mercar y habilidad para engañar. Se pide que los jóvenes sepan hacer y sólo hacer, pues se requieren instrumentos de acción para la gran maquinaria de la globalización.

De esta manera, la instrucción se vuelve capacitación para la empresa, ejércitos de empleados llamados a su máximo galardón: un horario ofici-nesco como cetro y una corona de insensibilidad. Se piensa en el éxito cuyos dos grandes cuernos son el dinero y la sensibilidad. Por ello se afirma con las actitudes y la acción (¿y de qué otra manera podrían estos nuevos ilustrados?) que la teoría no sirve y menos la reflexión, desprecian todo aquello carente de inmediata aplicación.

Esta perspectiva la comparte más de un profesor, y es que en realidad son productos de una filosofía inculcada de tiempo atrás (unos dicen que a partir del positivismo del siglo pasado; más preciso, quizá, sería decir, desde el iluminismo, y tal vez más atrás). Olvidan todos ellos la importancia del saber puro

"Pues enseño buena doctrina, no abandonéis mis lecciones". Prov. IV, 2

"Quien absuelve a un reo, y quien condena a un justo, ambos son abominables ante Yahvé". Prov. XVII, 15.

Mejor poco con justicia, que grandes ganancias con Prov. XVI, 8.

injusticia.

Con la impiedad llega la ignominia, y con la ignominia la deshonra. Prov. XVIII, 3

y la contemplación, la theoría griega y latina, pues nada más práctico que una buena teoría, pues la técnica hace técnicos, pero no universitarios.

Los Proverbios nos aclaran lo que la experiencia cotidiana nos muestra. En nuestros días, hasta el peor arlequín con cierto renombre conoce, por lo menos, las locuras de más de un autor. ¿y qué es esto sino teoría? ¿Y no es precisamente por esa mezcla informe que logran los honores?

Dicen los proverbios sobre la sabiduría: "Mejor en su adquisición que la de la plata; y más preciosos que el oro son sus frutos.

Ella es más apreciable que las perlas; no hay cosa deseable que la iguale.

En su diestra (trae) larga vida, en su siniestra, riqueza y honores". (Prov. III,14-16).

Y ciertamente, quien sabe bien vivir, tiene larga vida, pues no la derrocha ni la pierde en la vacuidad.

No se trata tanto de vivir muchos años, sino de vivirlos con integridad, hacer lo que se debe sin demorar

y como se debe. Las riquezas y honores son la añadidura, y más que dinero es el valor de la propia

dignidad. Por ello dice más adelante: "Hijo mío, no se aparten ellos de tus ojos; guarda la sabiduría

y la prudencia, pues serán vida para tu alma y adorno para tu cuello. Así seguirás confiado tu "

(Prov.

camino, y no vacilará tu pie. Te acostarás sin temor; y si te acuestas, tu sueño será dulce 3, 21-24).

Y agrega también: "Más vale un bocado de pan seco en paz, que una casa llena de carne de víctimas con discordia" (Prov. XVII,.1).

Por todo lo anterior, si queremos adquirir sabiduría, hemos de buscar vivir las virtudes sin flaquear; enseñar virtudes sin desfallecer; propiciar un ambiente de virtud sin igualarnos a la abominación del malvado (Prov. XV, 8) y expresarnos con rectitud. La expresión de nuestra lengua difunda la sabiduría (prov. XV, 7) y no denigremos nuestra condición con lenguaje mal hablado, pues refleja nuestra condición; instrucción sensata y con elevación, pues es nuestra obligación elevar y no denigrar, pues dicen los Proverbios: "Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre, torrente caudaloso la fuente de la sabiduría" (Prov. XVIII, 4 ).

* El autor es pasante de la maestría en Filosofía por la UAG, y profesor del Departamento de Filosofía y Ciencia.

EDUCACIÓN Y JUSTICIA SOCIAL

Por: L.C.P. Miguel Angel Rolón Velázquez

Educar para que el hombre trate a los demás como quieran que lo traten, o no hagas a otro lo que no quieras para ti, en el plano moral, es un hombre que se comporta justamente con otro cuando le tratan tal y como él merece ser tratado, en razón de la dignidad de la persona humana.

La justicia social, en el concepto cristiano, es la que ordena las diversas actividades públicas y particulares para lograr el Bien Común.

Mira en especial los bienes materiales y espirituales que los individuos necesitan para cumplir debidamente los deberes que tiene para con su familia y la sociedad.

Antonio Millán señala que hay dos maneras de ser justo con todos los demás: primera, respetando el derecho que tiene cada uno de los otros a sus respectivo bien privado; segunda, respetar el derecho que todos tienen en general al bien común”.

Por su parte el Papa Pío XI dice que lo propio de la justicia social es exigir de los individuos todo lo que es necesario para el bien común. Pero así como en un organismo viviente no se atiende suficientemente a la totalidad del organismo si no se da a cada parte y a cada miembro todo lo que éstos necesitan para ejercer sus funciones propias, de la misma manera no se puede atender suficientemente a la constitución equilibrada y al bien de toda la sociedad si no se da a cada parte y a cada miembro, es decir, a los hombres dotados de la dignidad de persona, todos los medios que necesitan para cumplir su función social propia”.

Para lograr la justicia social es necesario, en primer lugar, conocerla, pues aunque es el fin de la política, por los hechos de algunos funcionarios públicos, tal parece que desconocen dicho término.

En segundo lugar, crear conciencia no sólo en la clase gobernante, sino también en la empresarial y en la trabajadora, de que es necesario lograr el bien general para que exista la justicia, y, por último, practicarla, que es lo más difícil, no porque en la teoría no se esté de acuerdo, sino porque de facto obliga al usurero a dejar de sacar provecho ilícito de aquella persona necesitada. Se requiere que aquel administrador deshonesto deje de robar a su patrón, etc.

Sólo con la práctica de la justicia social se lograría el bien común tan anhelado por todo hombre de buena fe.

* El autor es Jefe del Departamento de Filosofía y Ciencias de la UAG.

No

se puede atender suficientemente a la constitución equilibrada y al bien de toda

la sociedad si no se da a cada parte y a cada miembro, es decir, a los hombres dotados de la dignidad de persona, todos los medios que necesitan para cumplir su función social propia”. Pío XI

PRODUCCIÓN VIDEOEDUCATIVA

Por: María Guadalupe Herrera A. del C.

Para Televisión Universitaria dela Universidad Autónoma de Guadalajara una meta importante es ofrecer a los estudiantes, maestros e investigadores de la Institución, una mágnifica oportunidad de expresarse y tener una opción para realizar un proyecto didáctico de trascencencia, donde den a conocer aquellos logros que calladamente tienen en la tarea educativa de cada día.

Mientras en aras de la inmediatez de la televisión gran cantidad de guionistas, productores, camarógrafos, editores y demás gente del medio, han abusado de la facilidad que tienen en el manejo de imágenes de gran impacto psicológico, para vender, no sólo productos y servicios en muchas casos innecesarios, sino lo que es más peligroso; persuadir con ideologías enajenantes de nefastas consecuencias en la salud física y mental de la sociedad familiar mexicana.

Y entonces

valiosas generaciones de jóvenes en manos de esas mentes desequilibradas?.

¿qué esperamos los educadores; padres y maestros que seguimos entregando las más

La habilidad de traducir las ideas en imágenes

aprender

vídeo, música y gran cantidad de recursos para recrear

estudiantes,

no es difícil de

cuando se cuenta con distensión y reducción del tiempo audiovisual, colores, efectos de

la realidad, haciéndola más atractiva a los

para manejar el medio televisivo,

tan ansiosos de encontrar en este medio, ejemplos positivos.

T. V. U. puede convertirse en un centro de Tecnología Educativa que apoye a educadores que estén dispuestos a convertir en vídeo sus ideas educativas.

dispuestos a convertir en vídeo sus ideas educativas. Practiquemos a escribir un texto en dos partes,

Practiquemos a escribir un texto en dos partes, a dar énfasis en lo que se puede decir con imagen, y a reforzar las ideas

con una minuciosa selección de música, efectos de audio y palabras. Esto es pensar en imágenes, y marca el principio

de

trascender

VIDEOEDUCATIVAMENTE.

(*) La autora es directora de Televisión Universitaria, de la UAG.

UNA VISIÓN DE LA EDUCACIÓN Y DE LA SUPERVISIÓN

(Primera parte)

Por: Dr. Claudio Rafael Vásquez Martínez

Actualmente hay cinco mil 500 millones de personas que integran la población mudial con una perspectiva para el 2034 de nueve mil millones de personas.

A pesar de los esfuerzos para resarcir los rezagos en materia educativa en el mundo todavía existen más de 900 millones de adultos analfabetos, 130 millones de niños sin escolarizar y más de cien millones de estudiantes que

abandonan las aulas antes de concluir su preparación básica. Además, en algunos países las niñas son discriminadas

y enfrentan mayores dificultades para acceder a los centros de preparación básica, por lo que la tendencia es aún más preocupante en este sector de la población.

Los países en vías de desarrollo (entre ellos países que integran a América Latina, el Caribe, parte de Europa, Africa, parte de Norte América, parte de Oceanía, parte de Asia) deben atender problemas como la marginación,

la pobreza extrema, la corrupción, el desempleo, la subocupación, la exclusión, la desintegración familiar, entre otros

muchos factores que incidirán de manera determinante para que un país quede rezagado en un mundo revolucionado por nuevas tecnologías y adelantos científicos.

Todos estos retos sólo podrían ser confrontados con una educación de alta calidad, por ello, debemos pensar en una educación para el mañana, para estos millones de personas que nacen de la violencia y se nutren en la deses- peración.

También debe fortalecerse la educación secundaria, pues es una etapa crucial en la formación de las personas. Con mucha frecuencia este nivel educativo no recibe la atención que merece, tanto en el proceso de enseñanza- aprendizaje, como en su supervisión. En muchos países en vías de desarrollo, la educación secundaria no puede ser vista simplemente como un escalón de una progresiva lineal hacia la enseñanza universitaria. Por el contrario, debemos considerar que este nivel educativo nos abre sendas diversas que le darán al educando herramientas para saber elegir en su vida futura las mejores opciones de progreso.

OTRAS TENDENCIAS Y VISIONES DE LA EDUCACION.

Los cambios Tecnológicos y el diseño e innovaciones de nuevos materiales físico-químico obligan a remozar antiguas profesiones y al mismo tiempo a seguir aprendiendo toda la vida, en un aprendizaje vitalicio, como requisito indispensable para poder seguir el ritmo de la rápida introducción de las transformaciones. Además es importante complementar que el desarrollo educativo no sólo es la adquisición de instrumentos de análisis y de producción, sino la formación de ciudadanos integrales con una sólida base de principios ético-cívicos que posibiliten el progreso de

la región.

Es una realidad que las profesiones no van cambiando de generación en generación, sino dentro de un mismo

lapso de vida y el desafío es que hay que enfrentarlas para mantenerse como sujeto activo de la vida económica de

la región. Con el paso del tiempo hemos reducido nuestras observaciones sobre el desarrollo casi exclusivamente a

la economía. Y cuando intentamos pensar en otras direcciones terminamos irremediablemente por imprimir un sesgo economista a nuestras reflexiones. Esta visión de la realidad no debe limitar nuestras capacidades de prospectiva, donde los individuos, las familias, las comunidades, sean los verdaderos protagonistas de cada región.

Desarrollo es más que crecimiento económico. El desarrollo es más que mecanismo de regulación, instrumentos financieros, tasas de cambio y producto interno bruto. El desarrollo tiene que ver con la calidad de vida en nuestros espacios vitales (comunidades, vecindarios, centros de trabajo); tiene que ver con la movilidad social; con el desarrollo comunitario; con la libertad de decidir sobre nuestro futuro; con la dignidad y el respeto. La educación y la supervisión tiene entonces ante sí otro conjunto de desafíos que se derivan de nuestra visión del desarrollo futuro.

La educación y supervisión para el siglo XXI tendrá que fortalecer el concepto del desarrollo endógeno. Consolidar su papel promotor del humanismo, las artes y la cultura. Contribuir a la construcción del futuro irreversiblemente,las relaciones Tecno-económicas, políticas, sociales y epistemológicas, la expansión de los medios de comunicación y los efectos de la actividad humana en el medio tiene una dimensión global.

Una manera de insertarse en un sistema global es partir de dar respuesta a los problemas y necesidades internos.

Esta dinámica sugiere a las autoridades educativas el compromiso de conformar programas lectivos más ágiles, (flexibles y susceptibles de ser asimilados por los alumnos a partir del primer año del preescolar y hasta la obtención del documento que avale los estudios realizados, ya sean académicos o tecnológicos.

Cronológicamente vivimos una época que conlleva muchas expectativas como el próximo inicio del Tercer Milenio en que no sólo será recibido con sorprendentes espectá-culos, sino con la programación de una serie de cambios en los hábitos de vida y de perspectivas laborales. Y, aunque se asegura que esos cambios serán favorables para la población en general, lo cierto es que tanto el sector gubernamental como la ciudadanía tendrán que aprender a pensar y actuar de manera diferente y al ritmo acelerado que impondrán las innovaciones de las ciencia y la tecnología.

(*) El autor pertenece al Centro de Investigación Educativa de la UAG.

EL EDUCADOR PRÁCTICO

CONSEJOS PARA DESPUÉS DE LA PRIMERA CLASE

Por: Lic. Mario Castañeda Rojas

DE LA PRIMERA CLASE Por: Lic. Mario Castañeda Rojas La intención del educador es que se

La intención del educador es que se lleven a cabo los fines de la educación y más específicamente lo referente a la asignatura que tiene a su cargo. Por eso, para lograr dichos fines, es bueno y recomendable utilizar los medios que son de mucha utilidad en el proceso educativo.

¿Qué debemos hacer cuando el supervisor entra a nuestra clase?

En primer lugar es importante tomar en cuenta que la función del supervisor en nuestra institución -y en todo tipo de institución educativa (aunque en otras instituciones les llamen inspectores)-, su misión es ayudar a mejorar el proceso educativo.

Cuando se realiza la supervisión es con el propósito de ayudarnos a mejorar nuestra labor docente, para lo cual el supervisor debe estar familiarizado con el grupo y con todo lo referente a nuestra labor magisterial.

¿Qué debemos hacer cuando nos hacen una supervisión sin previo aviso?

A muchos nos sorprende, y en ocasiones, nos ponemos nerviosos y más si es la primera vez que nos sucede este tipo de acontecimientos, pero poco a poco nos vamos a ir acostumbrando, por lo cual es recomendable la siguiente regla: A menos que el supervisor desee hablar con usted, no altere la actividad del grupo, debe darse por enterado de la presencia del visitante con un movimiento de cabeza, pero debe continuar con su trabajo. El actuar con nerviosismo o el interrumpir la clase, ya sea para darle el pase al visitante o para alguna otra cosa, será advertido por los alumnos de manera inmediata y, en ocasiones, los alumnos pueden aprovechar dicha situación de distinta manera, lo que se va a manifestar quizás en el momento o posteriormente.

Este tipo de visitas inesperadas de los supervisores, deben tomarse como algo normal y no como un problema, sobre todo si se tienen buenas relaciones entre todos y, en particular, con el supervisor.

Coopere con el supervisor en todo momento, dentro y fuera del salón de clases con amabilidad y cortesía, como lo debe hacer toda persona educada.

La supervisión tiene el propósito de ayudarnos a mejorar nuestra labor docente.

Se deben evaluar todos los aspectos, y no solamente lo que los alumnos obtienen en

Se deben evaluar todos los aspectos, y no solamente lo que los alumnos obtienen en las pruebas escritas.

Cuando tenga alguna duda o algún problema académico, por mínino que sea, pida consejo al supervisor, acuérdese que dos cabezas piensan más que una, sobre todo si usted no tiene la experiencia suficiente en este tipo de cuestiones educativas.

Es recomendable acceder con responsabilidad pedagógica a todas las recomendaciones que el supervisor nos indique, aunque usted, en ocasiones, dude de los óptimos resultados que se puedan obtener. Debemos tomar en cuenta que el supervisor es también maestro o que fue maestro y es evidente que el supervisor es una persona con experiencia en este tipo de cuestiones.

Recuerde que hay retroalimentación después de cada visita que el supervisor nos haga y es evidente que él nos hará conocer las fortalezas y las áreas que debemos mejorar, según lo que observó, lo que nos va a servir de mucho para mejorar nuestra enseñanza.

LA IMPORTANCIA DE LA EVALUACIÓN

Respecto a los registros de calificaciones, conducta y otros rubros, el maestro debe evaluar todos los aspectos, y no solamente lo que los alumnos obtienen en las pruebas escritas.

Durante todo el curso, el maestro debe recordar una y otra vez las indicaciones más importantes que se dan desde la primera clase, y además que todos lleven sus trabajos al corriente, que las tareas las empiecen en el tiempo oportuno, con la finalidad de que no se acumulen en los últimos días de clases y para que eviten realizarlas a las carreras y a última hora.

El maestro debe recordar que los alumnos, en su gran mayoría, se olvidan o fingen no acordarse de las indicaciones, reglas o formas de trabajar que se les han dado en la primera clase.

También es conveniente anticipar los informes en tanto nos sea posible, así como ser puntual y, de preferencia, anticiparse en la entrega de registros y en todo lo que se tenga que entregar, para no esperar a que nos den un plazo, ya sea por parte del secretario académico, el secretario escolar o el mismo director de la escuela o facultad en la que laboramos.

Cada escuela tiene su propio sistema muy particular de evaluar y de reportar las notas de calificaciones, aunque se sujeten al sistema SEP o al sistema UNAM.

De ahí que sea muy importante que se esté bien informado en cuanto a las políticas y sistema de evaluación propios de la escuela, para después sujertarse a ellas.

Si no estamos concientes y tenemos conocimiento de lo anterior, el maestro puede cometer injusticias con los estudiantes y podría ser contradictorio con sus colegas. Si usted no sigue los lineamentos acostumbrados por la escuela para calificar, si usted aplica un sistema de evaluación diferente al empleado por los demás compañeros, puede desvirtuar el récord individual del buen estudiante y, en general, al de la escuela.

Califique y evalúe a sus estudiantes según el buen criterio, y traduzca sus calificaciones al sistema que se usa en

la escuela.

Si no está de acuerdo con el sistema de evaluación de la escuela, hágalo saber a quien corresponda, y proponga un sistema para calificar y evaluar que sea justo y racional, incluso para la materia que usted imparte; pero no castigue o se desquite con sus alumnos que son los más implicados en el sistema de evaluación.

La evaluación, es sin duda, un problema difícil, acuérdese que las calificaciones que usted reporta son la traducción de la evaluación que se hizo de nuestros alumnos desde el primer día de clase hasta que termina el curso, semestre

o año escolar. Se debe ser tan justo en cuanto sea posible con los alumnos, con los demás y consigo mismo, por lo que se recomienda:

1o Antes que nada, debe evaluar tomando como base el aprovechamiento del estudiante en todas los aspectos.

2o Debe tolerar la falta de habilidad de los estudiantes en algunas tareas específicas o en las materias que les cuesta más trabajo, lo cual debe ser compensado por los esfuerzos que hayan realizado hasta el final.

3o No permita que la actitud de los estudiantes se incline en su contra, es decir, debe cortar de forma sana y en el instante todo lo que dé pie, incluso a un desorden.

4o Evalúe la actitud de cada uno por separado y no de manera grupal.

Respecto a los incentivos y a la motivación en nuestras clases es recomendable darles un buen manejo. Para lograrlo se deben manejar estrategias elaboradas y aplicadas cuidadosamente.

Los incentivos son buenos auxiliares cuando se les da buen uso, por ejemplo en los primeros grados de primaria y en preescolar se usan las estrellitas; pero en los últimos años de la primaria y en la secundaria no nos sirven, pero; vea, analice, elabore y aplique los incentivos que se adecuen al nivel escolar y al grupo o grupos que tenga a su cargo. Quizás a algunos les sirva el exhibir de manera prominente, en un lugar especial, el mejor trabajo de la semana, al mejor alumno en todos los aspectos académicos o en caso que no se pueda hacer esa exhibición, se puede diseñar un diploma para el mejor trabajo o para los mejores alumnos de la semana o del mes, lo conveniente es que se otorguen menciones a tantos estudiantes como sea posible durante su curso, semestre o año escolar.

También es conveniente asegurarse de no disminuir el prestigio del incentivo, el cual debe propiciar en todos los estudiantes una competencia leal y positiva, tomando en cuenta que a los estudiantes, les agrada que se les considere y que se les reconozca en algo, en este caso en la cuestión escolar.

DOS REGLAS FUNDAMENTALES PARA BIEN EDUCAR

Por: Lic. Ma. del Carmen Ramos Ruiz Velasco

PARA BIEN EDUCAR Por: Lic. Ma. del Carmen Ramos Ruiz Velasco No te voy a dar,

No te voy a dar, maestro, las reglas de educar en forma regalada, ni de forma divertida. Sabes que no estás para esto.Educar no es tarea fácil, ni se logra con tan poco esfuerzo, sino que para formar integralmente al alumno se necesita dedicación. Educar bien requiere de preparación pedagógico-didáctica así como en el área específica de la ciencia que se imparte.

También sabes que educar es tu misión, no para que pases el rato o para que obtengas el pan de cada día, sino para colaborar con los padres de familia y con la Patria en la formación del ser más perfecto de este mundo y para que con ello logres cumplir con tu vocación.

Existen, pues, dos reglas para educar bien, es decir, para educar como se ha de educar:

Regla #1: Tanto debe usar el profesor de las cosas, cuanto le ayuden para su fin profesional. Es decir, tanto debe

usar de los conocimientos y procesos, cuanto éstos le sirvan para guiar y ayudar al desarrollo armónico del alumno

y nada más; si los educandos deben buscar su perfeccionamiento material y espiritual, es necesario que el docente utilice los conocimientos y medios tanto cuanto le ayuden para educar al alumno y, nada más.

Regla #2: Tanto debe abstenerse el maestro de los conocimientos y medios cuanto le impidan cumplir su misión. Es decir, tanto debe abstenerse de la ciencia y de la técnica, cuanto éstos le impidan formar rectamente al alumno. Es

también cierto, que si la ciencia y el método han sido descubiertos para que le ayuden al ser humano en su bienestar total y pleno, cuando su uso te impida guiar rectamente al alumno, debes dejarlos, luego debes privarte de la ciencia

y de la metodología tanto cuanto te impidan bien formar al educando.

* La autora es Jefa del Departamento de Capacitación Docente de la DAPA

LA PLANEACIÓN DE LAS EXPERIENCIAS DE APRENDIZAJE EXTRACLASE

Por: Lic. Herminia Ruvalcaba Flores

La planeación es la primera responsabilidad que tiene un profesor, dentro de la labor docente, porque es una exigencia que forma parte de su ética profesional.

El profesor debe dedicar tiempo, antes de efectuar el proceso enseñanza - aprendizaje, para determinar, organizar y establecer, de acuerdo con los objetivos y contenidos, la metodología de enseñanza, las actividades de aprendizaje, tanto dentro como fuera del salón de clases, los recursos didácticos, y, el sistema de evaluación.

La tarea extraclase es un procedimiento didáctico, planeado y organizado por el profesor, para consolidar y fijar el aprendizaje de los alumnos. Por lo tanto constituye un complemento indispensable en el proceso educativo. Una actividad extraclase bien planeada y estructurada, de acuerdo con los objetivos establecidos, y que incluya un porcentaje de la calificación parcial y final del alumno, además de contribuir al rendimiento escolar del estudiante, lo motivará para la realización de la misma.

Al planear una experiencia de aprendizaje extraclase debemos considerar los siguientes aspectos:

a) Objetivo y contenido: que la tarea sea una consecuencia natural del contenido que se esté manejando, y que

esté en correspondencia directa con el objetivo del tema o unidad.

b) Descripción de la actividad extraclase: debemos establecer, con anterioridad, el qué y el cómo de la tarea, así

evitaremos que el alumno se pierda a la hora de realizarla.

c) Conocimientos, habilidades, actitudes y valores: al planear una actividad extraclase, podemos determinar los

conocimientos que deseamos reafirmar o los nuevos que el alumno logrará; las habilidades específicas que queremos

los conocimientos que deseamos reafirmar o los nuevos que el alumno logrará; las habilidades específicas que

Las tareas extraclase constituyen un complemento indispensable en el proceso educativo.

desarrollar; el gusto, interés o disposición por aplicar lo aprendido teóricamente, o bien, para profundizar en los temas vistos en clase; además, poco a poco, adquirirán o desarrollan hábitos como el de la limpieza en los trabajos, orden, puntualidad en la entrega, responsabilidad en las actividades propias de su aprendizaje, etc.

d) Criterios de evaluación: este es uno de los aspectos más importantes que debemos considerar al planear una

tarea extraclase. El alumno debe saber exactamente cómo y qué se le va a evaluar. Es preciso clarificar con anterioridad qué puntos se tomarán en cuenta en el trabajo del estudiante, por ejemplo, si se le asignan cinco puntos a la presentación, se especificará en qué consiste esa presentación y el valor que tendrá cada aspecto. Esto es determinante para motivar al alumno a realizar la tarea, además evitamos que el estudiante, en ocasiones, se decepcione al evaluarle o corregirle lo que él no consideró importante.

e) Bibliografía: debemos buscar y seleccionar con anterioridad, las fuentes donde el alumno pueda encontrar

información. Si dentro de la actividad está que el alumno busque bibliografía, también se le debe especificar, así como el objetivo de que sea de esta manera.

En conclusión, el planear y estructurar las tareas extraclase de esta forma, realmente estimula al alumno para estudiar y repasar los contenidos vistos en clase; poco a poco, se forma en ellos el hábito de estudio; tenemos oportunidad de comprobar el avance del alumno, durante el proceso de enseñanza - aprendizaje, en fin, se garantiza el rendimiento escolar. Además el estudiante respeta y admira a su profesor, porque se da cuenta de que efectivamente, se preocupa por el aprendizaje de sus alumnos.

* La autora es pasante de la Maestría en Educación por la UAG, y profesora del Departamento de Diseño Curricular de la DAPA.

Una actividad extraclase bien planeada y estructurada motiva al alumno.

OLVIDADOS DE LA HISTORIA

EL MUSEO CRISTERO

Por: Lic. Arturo Ortega Ponce

E L M USEO C RISTERO Por: Lic. Arturo Ortega Ponce En el marco de la

En el marco de la “Semana Cul-tural” edición 1997 efectuada en la Preparatoria “Lomas del Valle” de la U.A.G., durante los días 2,3, y 4 de diciembre, se instaló en su edificio el Museo Cristero “Capitán 1o. Ezequiel Quezada Ibarra”, contando con la presencia de su director el Investigador Sr. Don. Alfredo Hernández Quezada.

La muestra contó con la presencia de autoridades universitarias que inauguraron los eventos y exposiciones y asistieron a la misma personal docente, administrativo y alumnos de diferentes escuelas y facultades, así como padres de familia e invitados.

En medio de las salas que expusie-ron los trabajos del alumno destacó la del Colegio de Historia con el Museo Cristero. Las autoridades de la Preparatoria establecieron que, los trabajos de los alumnos tuvieran como eje temático principal la Epopeya Cristera, en virtud de que es inminente la canonización de varios -entre miles- mártires cristeros. Fue así como todos los Colegios de la Prepa se avocaron con sus alumnos, guiados por los docentes, a investigar y mostrar el resultado de sus esfuerzos.

Trabajos literarios, poesía, canto, corridos, carteles, murales, biografías; fueron algunas de las asignaturas tomadas en cuenta.

El Museo Cristero es único en su género en México. Contiene documentos, fotografías, reliquias de mártires, más de mil periódicos de la época, así como ejemplares de periódicos de combate como “Gladium”, fundado y dirigido por el mártir católico Anacleto González Flores.

El Museo tiene su sede principal en la alteña

población cristera de Encarnación de Díaz, Jalisco. Además cuenta con secciones intinerantes que se

instalan en diferentes centros culturales.

Armas, banderas, estandartes, monturas, libros

“¿Cómo es posible que todo esto sucediera en México?”, “¿Por qué no se sabe casi nada de este período de la historia?”, fueron algunas de las preguntas de los alumnos e invitados al evento.

Anacleto González Flores y la gesta cristera ya no son desconocidos en el área de Educación Media de nuestra Universidad. El pánel realizado, las magistrales conferencias, los concursos de oratoria, poesía y canto recordaron transidos de emoción y de coraje esa gloriosa página de la historia, convenientemente olvidada.

México le debe mucho a los Cristeros. El coraje y audacia de los católicos mexicanos de la década de los veinte, pronto le dio la vuelta al mundo y es registrado como un acto sin precedente en la historia de la humanidad. La Epopeya Cristera atrae la atención de historiadores, teólogos y antropólogos de la talla de Alfredo Sáenz S.J., Don Antonio Caponnetto, Jean Meyer, León Degrelle, entre otros.

El buen pueblo de México, especialamente sus campesinos, en medio de grandes carencias materiales, pero con riqueza espiritual, resistió heróicamente la persecución religiosa desatada rabiosamente por los gobiernos jacobinos de la revolución, especialmente el de Plutarco Elías.

El lema de la “cristiada” -se recordó- fue: “¡Viva Cristo Rey!” y con él en sus labios los cristeros enfrentaron el paredón de fusilamiento, el encarcelamiento, el ultraje, la profanación de templos y lugares sagrados entre otros muchos e inenarrables agravios.

Durante el Homenaje a la Juventud a los Héroes y Mártires Cristeros en la Semana Cultural, se conocieron relatos y anécdotas conmovedoras en medio de la espectación y sorpresa de los alumnos.

Se concluyeron los eventos con un recital de Mariachi interpretando corridos de la época Cristera como el inolvidable “Valentín de la Sierra”.

En la clausura de este importante evento cultural, se afirmó la necesidad de no olvidar, que no sea en vano el sacrificio de tantos mártires católicos. Que a la generación actual le corresponde retribuir con estudio y trabajo a la memoria de los Cristeros. Se exhortó a ser auténticos católicos, buenos estudiantes e hijos de familia ejemplares.

(*) El autor es pasante en la Maestría en Filosofía de la U.A.G. y coordinador del Colegio de Historia de la Preparatoria “Lomas del Valle”.

de Historia de la Preparatoria “Lomas del Valle”. “Madre mía de Guadalupe, por tu ” religión

“Madre mía de Guadalupe, por tu ”

religión me van a matar