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6. Celebramos - Nos comprometemos

Compromiso personal: Vivir como María la humildad y ternura de Dios en todas nuestras acciones.

Compromiso comunitario: como comunidad descubrir a través de María la ternura de Dios y vivirla en nuestras relaciones.

Celebramos

A. Se realiza un canto (Arcilla entre tus manos u otro)

B. Frente a una imagen de María, ambientada con velas. Se reza

el

cuarto misterio gozoso, orando por todos los hermanos que sufren

enfermedad, u otra situación grave en la familia.

C. De forma espontanea comparten lo que han vivido, cómo se han sentido.

D. Recitamos tomados de la mano el Padre Nuestro.

E. Todos hacemos la oración.

F. Terminamos con el abrazo de paz.

7. ORACIÓN

Madre amada. Tú eres la fuente de donde emana, la bondad, la ternura y la misericordia. Nos llamas a vivir y caminar en tu presencia, desde nues- tra debilidad y pequeñez humana. Da- nos fuerza para buscar sendas de li- bertad. Ayúdanos a acercarnos más a tu amado Hijo. Nosotros que necesi- tamos de su palabra, Ayúdanos María al pie de nuestra cruz en este mundo, arriesgados y comprometidos para renacer a una vida nueva. Tú que eres misericordia, ternura y amor, cuí- danos en nuestro caminar. AMÉN

para renacer a una vida nueva. Tú que eres misericordia, ternura y amor, cuí- danos en
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ternura y amor, cuí- danos en nuestro caminar. AMÉN 28 María: Ternura de Dios Con María
ternura y amor, cuí- danos en nuestro caminar. AMÉN 28 María: Ternura de Dios Con María

María: Ternura de Dios

Con María Inmaculada, Redescubrimos la ternura de Dios

1. Bienvenida.

La ternura es propia de aquellas personas que aman con-

Dios es ternura y María participa de esa cara de Dios, Ella

es la ternura virgen, la ternura limpia y llena de bondad. Hace falta ter-

nura para sonreír y en este mundo ¡hacen falta muchas sonrisas! Hace falta ternura para comprender, para alabar, para consolar, para orar. En ti Virgen de la Ternura, Dios se ha hecho Buena Noticia para el hombre. Eres la mujer creyente que acoge y guarda la Pala- bra; la Mujer joven que entra en el plan de Dios libre y gozo- sa. Jesús descansó muchas veces en la ternura de María. Sólo quien recibe ternura podrá dársela a los demás, la ternura es sólo una de las caras del amor.

sencillez

JUNTO A TI MARÍA Junto a ti María. como un niño quiero estar, tómame en tus brazos guíame en mi caminar.

Quiero que me edu-

ques, que me ense- ñes a rezar, hazme

transparen-

te, lléname de paz.

Gracias Madre mía por llevarnos a Jesús, haznos más humildes tan senci- llos como Tú.

Gracias Madre mía por abrir tu corazón, porque nos congre- gas y nos das tu amor.

 

Madre, Madre

Madre, Madre

Madre, Madre,

Madre, Madre,

(Bis)

nos congre- gas y nos das tu amor.   Madre, Madre Madre, Madre Madre, Madre, Madre,

(Bis)

nos congre- gas y nos das tu amor.   Madre, Madre Madre, Madre Madre, Madre, Madre,
nos congre- gas y nos das tu amor.   Madre, Madre Madre, Madre Madre, Madre, Madre,
nos congre- gas y nos das tu amor.   Madre, Madre Madre, Madre Madre, Madre, Madre,

3. Evocamos la realidad

Soy Juan, perdí a mi madre desde muy niño, siempre me sentí triste y distinto a los demás porque no tenia una madre, pero nunca me sentí tan desamparado como el primer día de colegio, cuando todas las ma- dres abrazaban y besaban a sus pequeños, mientras yo estaba allí de pie solo, mirando y anhelando la ternura del abrazo de una madre. Re- cuerdo que pensé que no era justo que yo, un niño de apenas seis años, estuviera tan solo y abandonado. ¡ah, cuanto deseaba la ternura de una madre por aquellos días! Más adelante cuando tenía trece años, recuerdo que me escape al cam- po de mi tío cerca a la montaña ¿podría suceder que yo muriera allí solo y nadie me extrañara? ¿No habría una madre que llorara sobre mi tum- ba? si, supongo que estaba siendo un poco dramático, pero ¿qué ado- lescente no lo es? Así que pasé solo la noche en ese lugar, sin saber realmente por qué estaba allí. Cuando escuche el primer ruido afuera empecé a orar. En verdad nunca antes lo había hecho y aunque estaba muy molesto con Dios, por haberme robado a mi madre, así que me dirigí a María. Debo haber re- citado unas doscientas Ave Marías esa noche y le prometí que si so- breviviría esa noche sería su devoto y sobreviví.

(Reflexionamos y compartimos)

4. Nos dejamos Iluminar por la Palabra

Leemos:

Lucas 2, 15-20

Nos dejamos Iluminar por la Palabra Leemos: Lucas 2, 15-20  ¿Qué nos dicen el texto?

¿Qué nos dicen el texto?

¿Qué imagen de Dios nos presenta?

¿A que nos invita el texto?

¿Qué llamadas a la conversión nos hace?

Como comunidad disponemos de unos minutos de reflexión personal en torno a estas preguntas. Hacemos eco de alguna frase o reflexión que nos haya llamado la atención.

5. Reflexionamos

El rostro de María: Destaca la dulzura, la ternura y la intimidad que ca- racterizan el encuentro personal de la Virgen María y de Jesús y el mo- do en que María “conservaba todas esas cosas meditándolas en su co- razón” (cfr. Lc. 2,19)

El rostro de María refleja el peso del sufrimiento que lleva dentro: “Una espada te atravesará el alma” (Lc 2,34-35) y adopta una actitud de abandono, dejando que su Hijo la abrace, abarcándola por completo. Jesús, con un rostro que irradia humanidad y ternura, la protege y la consuela con su mirada compasiva y con el contacto de su mejilla con la de María. La belleza del rostro de María no deslumbra exteriormente; se trata de una belleza interior, propia de quien está impregnada del Espíritu Santo, de cuya gloria es transparencia.

María mira con ternura y tristeza a los que sufren en su peregrinación terrena y a la humanidad pecadora que ofende a Su Hijo. Al mismo tiempo nos está diciendo que no tenemos de qué preocuparnos, pues el Corazón de Jesús nos mira con compasión como lo hace con Ella: Dios es rico en misericordia, es consuelo para el que sufre y es luz para su pueblo que camina en tinieblas: “Aunque camines por cañadas oscuras, nada temas, porque el Señor va contigo”. (Salmo 22, 4).

El Papa Francisco, en cada una de sus homilías acerca de nuestra siempre Madre virginal, nos asegura que María mira a todos y a cada uno de nosotros, como madre y con una gran ternura, misericordia y con amor, siempre nos anima a sentir su mirada amable. en una oportu- nidad, nos indicó que "está huérfano el cristiano que no tiene a María como madre".

Y es que el Santo Padre ya casi no termina ninguno de sus discursos sin invocar el poderoso auxilio de nuestra Señora y Reina de todos los cristianos. Ella es modelo de toda vocación, no tuvo miedo a decir su «Si» a la llamada del Señor, al encuentro divino de Dios con la humani- dad. Y Ella nos acompaña y nos guía, nos enseña el significado de vi- vir en el Espíritu Santo y a saber acoger la novedad de Dios en nuestra vida.