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ORIENTACIONES PARA PADRES

PAUTAS EDUCATIVAS PARA NIÑOS MOVIDOS E INATENTOS

Para gestionar la conducta de tu hijo es recomendable:

o Prestar atención positiva a la conducta de tu hijo. Para niños/as menores de nueve años elija unos 10 o 20 minutos cada día que serán su “tiempo especial” con usted. No puede haber otros/as niños/as. Pase ese tiempo exclusivamente con su hijo/a. Para niños/as mayores de 9 años simplemente busque un rato con su hijo/a. Juegue con él/ella y únase a él/ella interesándose por lo que hace. No intente dirigir ni controlar la actividad, simplemente relájese y páselo bien intentando entender lo que hace. Tras unos minutos observando describa en voz alta algunas de las cosas que hace para mostrar su interés: “así que estás jugando con los coches en el garaje, y los estás lavando porque va a ir a una carrera”, pero no haga preguntas, excepto si no entiende lo que hace. Diga a veces una frase de admiración o que lo anime: “pero qué bien lo haces, me gusta mucho cuando juegas así en silencio”. Si no puede decir nada, dele: un abrazo, una caricia en la espalda o la cabeza, una sonrisa, un guiño Si el/la niño/a empieza a portarse mal, intente ignorarlo/a mirando a otro lado, pero si sigue, dígale que no va a jugar más hoy con él/ella porque se está portando mal, levántese y salga de la habitación. Si se siente incómodo/a hablándole de esta manera a su hijo/a, practique. Para adolescentes, buscar períodos de tiempo para hacer algo a solas: no hagas preguntas, no des indicaciones, no hagas correcciones y no des instrucciones. Deja que tu adolescente elija algo agradable que hacer o simplemente acércate a él cuando esté haciendo algo que le guste y

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haz un comentario breve, positivo y objetivo (“esta película parece muy divertida”).

o

Ser explícito, concreto y claro en normas y consecuencias:

deja claro lo que quieres que tu hijo haga exactamente. Di:

“Llena el lavavajillas, ponlo en marcha, lava y seca las sartenes y limpia el fregadero antes de salir de la cocina” en vez de “lava los platos”. Usa el mismo principio a la hora de dejar claras las consecuencias.

o

Reaccionar inmediatamente: intenta aplicar las consecuencias (tanto positivas como negativas) justo en el momento en que aparece la conducta. La distancia temporal ideal entre conducta y consecuencia es entre 10 y 15 segundos, incluso menos. Esta reacción inmediata fortalece la relación conducta-consecuencia. Cuanto más tarde se aplique la consecuencia menor será el efecto. En algunas ocasiones, puede resultar difícil establecer una consecuencia negativa inmediata (por ejemplo, en lugares públicos). Establécela y di cuándo deberá cumplirla, dásela escrita en un trozo de papel (como una multa) y haz que la cumpla nada más llegar a casa.

o

Ser coherente: Sed constantes ante vuestras normas, haciendo que se cumplan a diario, sin que dependa de vuestro estado de humor. Tratad de ser coherentes llegando a un acuerdo sobre lo que vais a exigir y las consecuencias que vais a aplicar. Ser y actuar de forma sistemática y consecuente actuando siempre de la misma forma, es decir, ante una determinada conducta el niño/a debe recibir siempre unas consecuencias similares,

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manteniendo siempre las consecuencias negativas o positivas de sus actos.

o

Ser objetivo y realista, es decir, que debemos partir del nivel de autocontrol del niño/a e ir progresivamente pidiéndole un poco más.

o

Ante una determinada conducta del niño/a debemos reflexionar si se trata de una infracción intencional de las reglas o si tan solo ha sido una conducta de juego evolutivamente apropiada.

o

Evitar los gritos, recordatorios reiterados, amenazas, sermones moralizantes o discusiones, recibiendo atención fundamentalmente cuando realiza acciones adecuadas. En el caso de que tenga que reprenderle recuerde que las reprimendas suaves y personalizadas disminuyen la conducta perturbadora mientras que las públicas y en voz alta la incrementan.

o

Ejercitarnos en ignorar las conductas perturbadoras de poca importancia y, atender o insistir sobre conductas alternativas o cooperativas.

o

Identificar conductas contrarias (levantarse, permanecer sentado,…) a la que se desea modificar, alabándolas y reforzándolas.

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o

Intentar identificar antecedentes y consecuencias que hacen probable la aparición de ciertas conductas desadaptativas intentando minimizar su aparición.

o

Crear un clima positivo con actividades motivantes para el niño/a.

o

Para aumentar conductas deseadas utilizar recompensas sociales, materiales o de actividad, variándolas a lo largo del tiempo y asegurándonos de que son significativas para el niño.

o

No utilizar castigo físico, utilizar el tiempo fuera.

o

El

castigo debe ir acompañado de una advertencia verbal

o

aviso de que debe dejar de hacer lo que está haciendo y

de que si no lo hace será castigado.

Para definir órdenes de manera efectiva:

o Asegúrate de lo que realmente quieres. Antes de decirle a tu hijo que haga algo, detente y pregúntate a ti mismo si eso es realmente lo que quieres que haga. ¿Dispones del

tiempo y la energía necesarios para realizar un seguimiento

y comprobar que se cumple la orden? ¿Has planificado las

consecuencias del incumplimiento? ¿Estás preparado para reaccionar de forma positiva y sincera si tu hijo la cumple? ¿Merece realmente la importancia que le has dado o deberías ignorarla? Todas las respuestas deberán ser un sí,

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de lo contrario la orden carecerá de fundamento y de efectividad.

o

Expón la orden de forma simple, directa y en un tono formal, no como una pregunta o la petición de un favor. Puedes ofrecer opciones, pero debes diferenciar las legítimas de las ilegítimas. Es legítimo preguntar: ¿Quieres hacer los deberes ahora o después de cenar?, pero no lo es preguntar:

¿Quieres hacer los deberes?

o

Da las órdenes de una en una. Quieres fortalecer la conexión entre conducta y consecuencia. Si das toda una serie de órdenes, será difícil aplicar consecuencias inmediatas a cada una de ellas. Si tienes que dar una orden compleja o amplia, divídela en órdenes individuales más pequeñas.

o

Dile a tu hijo lo que tiene que hacer en lugar de lo que no tiene que hacer. Decirle a un adolescente rebelde lo que no debe hacer es invitarle a traspasar el límite y a desobedecerte sólo para demostrarte que puede hacerlo. Diciéndole “Pon tus zapatos en el armario” le dices exactamente lo que quieres que haga, mientras que si le dices “No dejes tus zapatos en medio de la sala”, no le indicas qué esperas de él.

o

Comprueba que cuentas con toda la atención de tu hijo cuando le das la orden. Evita dar órdenes cuando existe una distracción. Evita también hacerlo desde otra habitación, ponte frente a tu hijo, asegúrate de que te mira y escucha y pídele que repita lo que le acabas de decir.

o

Sé prudente con las órdenes que tengan un tiempo límite. Utilizar relojes o temporizadores.

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Para compensar el déficit en las funciones ejecutivas:

o

Emplear apoyos visuales claros y recordatorios. Podemos escribir notas o poner carteles por casa que recuerden aquellas tareas que suelen olvidar, normas y consecuencias.

o

Fomentar el uso de instrumentos que ayuden a controlar el tiempo: hacerlo visible con el uso de reloj, cronómetro, calendario, agenda…Relojes tipo “Time Timer” facilitan la externalización del paso del tiempo (el tiempo cronometrado se ve en color rojo en la esfera del reloj, a medida que pasan los minutos el color rojo va desapareciendo).

o

Secuenciar tareas complejas en pequeños pasos, con apoyos visuales cuando sea necesario, para que lo utilicen como guía durante su ejecución. Así facilitamos la automonitorización y reducimos el exceso de verbalizaciones.

o

En ocasiones, se observa poca capacidad para auto- motivarse, por lo que dependen más de la motivación externa. Por ello es recomendable la externalización de la motivación: recompensas tangibles. Se puede tratar de privilegios, puntos, fichas, dinero, alguna comida o merienda especial, una sorpresa, u otro tipo de refuerzo, que pueda ocurrir dentro de su entorno habitual de trabajo de forma periódica durante la realización de la tarea, para motivarle a sostener su acción en el tiempo y lograr su objetivo.

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BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES RECOMENDADOS PARA AMPLIAR:

- Barkley,

R. (2011). Adolescentes desafiantes y

rebeldes: 10 pasos para solucionar los conflictos y

mejorar la convivencia. Barcelona: Paidós.

- Barkley, R. (2000). Hijos desafiantes y rebeldes. Barcelona: Paidós.

- Orjales, I. (2010). Déficit de atención con hiperactividad. Manual para padres y educadores. Madrid: CEPE.

- Snel, E. (2013). Tranquilos y atentos como una rana. Kairos.

online:

- Escuela

de

padres

Web

- con

noticias

e

información:

- Juegos

para

entrenar

tu

cerebro:

http://www.app.unobrain.com/unobraining