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HISTORIA DE LAS IDEAS POLÍTICAS (PEC) ALUMNO: JAVIER MANUEL MARTÍN BARRENA DNI: 44.410.041 P

“Ciertamente, muchas cosas parecen proceder del Derecho de gentes, el cual, por derivarse en buena parte del Derecho Natural, tiene fuerza suficiente para dar derecho y para obligar. Y, en el supuesto de que no siempre se derive del Derecho natural, parece ser suficiente el consenso de la mayor parte de todo el orbe, sobre todo si se trata del bien común de todos.

En efecto, si desde los primeros tiempos de la creación del mundo, o de su reparación tras el diluvio, la mayoría de los hombres establecieron que los embajadores fueran inviolables en todos los países, o que el mar fuese común, o que los prisioneros de guerra fuesen esclavos, y que convenía asimismo que los extranjeros no fuesen expulsados, esto tendría, ciertamente, fuerza de ley, aun con la oposición de los demás.” (FRANCISCO DE VITORIA: De indis, tercera parte)

COMENTARIO

Este texto corresponde a un fragmento de una de las “relectiones” (conferencias especiales con motivo de algún hecho académico) del religioso dominico, educado en París y catedrático de la Universidad de Salamanca, Francisco de Vitoria, titulada “De Indis”, fechada en 1539, y considerado uno de los primeros documentos sobre Derecho Internacional, entonces conocido como derecho de gentes.

Por el año en que fue dictada, debemos tener en consideración que nos encontramos en la fase de

conquista y colonización de América. Ante este hecho, surgen dos posturas opuestas, por una lado,

la del religioso Fray Bartolomé de las Casas, firme defensor de los derechos de los nativos

américanos y opuesto a la conquista por la fuerza, y la de Ginés de Sepúlveda, que justifica la conquista considerando a los nativos seres primitivos, paganos, que deben ser civilizados y evangelizados por su propio bien, dado que ellos no son capaces de gobernarse a sí mismos, empleando en ello todos los recursos necesarios, incluyendo la violencia.

Francisco de Vitoria hace un enfoque distinto de esta cuestión y lo hace invocando el principio de la Ley Natural, por el cual el Derecho se puede aplicar indistintamente en ambas direcciones.

La ley natural, cuyos principios fundamentales se enuncian en el texto a comentar “que los embajadores fueran inviolables en todos los países, o que el mar fuese común, o que los prisioneros de guerra fuesen esclavos”, se habían ido afianzando a lo largo de los siglos, no estaban escritos, pero en mayor o menor medida, los pueblos que se tenía como iguales, los respetaban. Y estos son los principios que Francisco de Vitoria dice que deben aplicarse en esta cuestión, en la que se encuentran por un lado un pueblo europeo y los distintos pueblos indígenas américanos.

Enumerará una serie de títulos inválidos para dirimir este conflicto, que son los que se ponen en práctica, rechaza que el Papa tenga algún tipo de autoridad sobre los infieles, o que se pueda invocar el principio de “res nulius” del antiguo Derecho Romano por el cual se podía reclamar la propiedad de una tierra que no era de nadie, para justificar el expolio de tierras. Del mismo modo que dice qué modos de actual no están sujetos a legitimidad, también da forma una serie de títulos válidos, legítimos, basados en la ley natural.

A grandes rasgos, estos se recogen en el derecho de comunicación, basado en los principios de

amistad y concordia, que permiten la libertad de paso, de comercio, del uso de elementos básicos comunes, a obtener la ciudadanía. También enumera los principios que permiten declarar legítimamente una guerra, los acuerdos mínimos que han de respetarse durante el conflicto y tras el conflicto.

Esta perspectiva de Francisco de Vitoria es innovadora y visionaria. Innovadora porque contradecía

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el sentir imperante de la sociedad de su tiempo de estar en una posición de superioridad moral e intelectual sobre los indígenas y que al no conocer estos la verdadera fe, debían someterse a todo aquello que otros pueblos, en posesión de la verdad, quisieran hacer de ellos. Es visionaria porque “De Indis” pone de relieve que la sociedad ya mira al mundo entero, al orbe, y la intención del escrito ya se va atisbando una primigenia comunidad internacional y las principales leyes que deben regir las relaciones que tendrán lugar en ella.

El Papa, si no se empeña en tiranizar a sus súbditos y quiere, como está obligado, gobernar con suavidad y justicia a los mismos, no debe molestarse sino alegrarse de que los estudiosos se esfuercen en investigar la naturaleza de su poder. Si una investigación de este tipo le llegara a preocupar, cabría sospechar que no está satisfecho dentro de los fines legítimos de su propio poder. Porque si es súbdito que rehuye el juicio y se muestra sospechoso de su justicia, de la misma manera el superior que se entristece o se ofende está demostrando que no quiere caminar dentro de los límites de la justicia cuando sus súbditos tratan de saber qué clase de poder tiene sobre ellos.

El Papa, por tanto, se ha de considerar como sospechoso de querer tiranizar si se irrita ante tal investigación” (GUILLERMO DE OCCAM: Del gobierno tiránico del Papa)

COMENTARIO

Este texto pertenece al libro “Del Gobierno tiránico del Papa”, del franciscano inglés, Guillermo de Occam, que vivió entre los años 1295 y 1350. y estudió en la Universidad de Oxford, en la que después fue profesor y fue un filósofo muy destacado dentro de la escuela nominalista.

La Europa del siglo XIV, en el que fue escrito este texto que se comenta, es muy convulsa. Tienen lugar diversos conflictos entre las naciones que ya empiezan a definirse y fortalecerse. Mejora la seguridad de las comunicaciones tanto terrestres como marítimas y se incrementan las actividades comerciales. En estos viajes comerciales, o de exploración, se contacta con otras culturas donde la Iglesia no tiene influencia alguna. Por este motivo, muchos pensadores empiezan a cuestionar ese poder omnímodo, para too el orbe, que se le atribuye al Papa, ya que bajo esas otras jurisdicciones y territorios, la autoridad papal o la ley de Cristo carecen de validez.

Durante este periodo sucede la “Guerra de los cien años”, entre Francia e Inglaterra, una serie de enfrentamientos civiles en Castilla y Portugal, revueltas en ciudades italianas separadas por bandos y la población europea es severamente diezmada por la epidemia de peste bubónica. Todos estos hechos que he enumerado, influyen directamente sobre el arte sacro y también sobre el arte popular. Se vuelven macabros y quieren dejar patente la brevedad de la vida. Tienen un aire oscuro, a veces truculento y muy crítico especialmente con la Iglesia y sus ministros.

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Un hecho conflictivo importantísimo durante este siglo es la designación papal del futuro Emperador entre los candidatos Luis de Baviera o Federico de Habsburgo y las intenciones del Papa Juan XXII en gobernar los territorios de Italia directamente mientras esta cuestión se dirimía; para lo que nombra regente de esos territorios a Roberto de Anjou, con quien Luis de Baviera estaba enemistado. Esta decisión provocó la ira de Luis de Baviera, y el Papa Juan XXII lo excomulgó. Luis responde a la excomunión del Papa apelando a un concilio que destituyó a Juan XXII, que nombra un nuevo Papa, Nicolás V, y Luis de Baviera es proclamado Emperador por aclamación del pueblo.

Este conflicto entre la Iglesia y el Estado es probablemente el motivo que lleva a Guillermo de Occam a escribir este texto, donde quiere discernir la fuente de poder del Papado, investigación que le llevará a enfrentarse con él, sufrir su persecución y tener que buscar el auxilio del Emperador en Munich.

Occam analiza en “Del gobierno tiránico del Papa” el origen y las auténticas obligaciones del poder papal. Indagando sobre esta cuestión, Guillermo de Occam encuentra férreos opositores que consideran que está cuestionando, nada más y nada menos, que la autoridad papal. Sin embargo, Occam, pese a ser perseguido, no ceja en su empeño de intentar llevar luz a esta cuestión, no comprendiendo la oposición de la Iglesia a realizar estas averiguaciones ya que a lo largo de su historia se han debatido y estudiado multitud de temas teológicos de toda índole desde distintas perspectivas. Es más, considera que es incluso un deber, una obligación, conocer y delimitar bien las competencias del Papa; y es un deber para la cristiandad y también para el mismo Papa.

En otro de los párrafos comenta “Si una investigación de este tipo le llegara a preocupar, cabría sospechar que no está satisfecho dentro de los fines legítimos de su propio poder”. Esa preocupación es lo que hace sospechar a Occam. Si al propio Papa le irrita que se indague sobre la naturaleza de su poder tal vez es que él mismo no esté muy seguro de su legitimidad. Y una persona que ostenta un poder de forma ilegítima, o se extralimita en las funciones encomendadas sin importar las consecuencias o los principios del bien común, es sin duda un tirano.

Occam diferencia dos fuentes de poder papal, por un lado está el poder divino, que viene otorgado por Dios y por otro lado está el poder que le otorgan los hombres. El poder divino es de índole espiritual y consiste en definir y enseñar la doctrina. Este poder estará limitado por los teólogos guiados por las Sagradas Escrituras. La otra fuente de poder es la humana, la que le otorgan los hombres. Este poder estará limitado por lo que estipule el Derecho y las obras que pudiera efectuar en virtud de este poder han de ser juzgadas bajo el Derecho de los hombres.

Así mismo, en este mismo escrito, apuntará que tanto el poder del Papa como el del Emperador, o de los reyes, es legítimo y de origen divino, que no se contradicen, ni tampoco se solapan, porque la labor de reyes y emperadores es administrar los reinos con justicia terrena. Y la labor del Papa y de la Iglesia es aconsejar, propagar el mensaje, edificar, instruir, preparar la paz, y nunca dominar o imponer. La labor del Papa es casi la de ser un guía, un referente, buscando la justicia y el bien de los fieles. Pero en ningún caso tendrá autoridad el Papa para otorgar poder al emperador. No puede someterlo, ni puede juzgarlo. Porque su labor es espiritual y todo lo que se extralimite de ese cometido sería convertir su figura en la de un tirano.

Probablemente, el segundo motivo que lleva a Occam a investigar este asunto lo encontramos en el sentir cristiano del propio filósofo. Imaginemos a Guillermo de Occam, profesor en la universidad

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de Oxford, alejado de los círculos de poder; fraile franciscano, que es sinónimo de voto de pobreza

y sencillez (y también de obediencia), siguiendo el ejemplo de san Francisco de Asís.

Y en el otro extremo, desde una suntuosa corte, ese poder omnímodo que entonces ejercía el Papa,

involucrándose en cuestiones políticas de toda clase, arrogándose la autoridad de dispensar la comunión o no, según sus intereses particulares, comportándose como un déspota que abusa de su

poder en lugar de atraerse a los fieles con el mensaje de paz y amor, alejado de la que debiera ser su

todo esto chocaba frontalmente con los votos y principios de la orden religiosa

a la que pertenecía Guillermo de Occam. Si la hipocresía de la vida de gran parte del clero era

fuente de sátiras, la parte que vivía la religiosidad de un modo más próximo a las Sagradas Escrituras viviría esta dicotomía con mucho desagrado. Un espíritu libre y crítico como del Guillermo de Occam no podía callar, lo menos que podía hacer era indagar en las fuentes de poder, sentiría casi una obligación moral intentar poner orden y límites en una institución que consideraría se había desviado tanto del que se supone debía ser su camino y preservar la pureza del mensaje evangélico. Pese a que el poder de la jerarquía eclesiástica había venido resquebrajándose desde el siglo anterior, todavía era mucho el poder que tenía el papado y el arrojo de fray Guillermo de Occam al atreverse a plantear estas cuestiones seguramente le costaría muchos pesares en vida.

función religiosa,

ARISTÓTELES

«Pero el legislador debe siempre en su régimen hacer un lugar a la clase media; si establece leyes oligárquicas debe poner las miras en la clase media; y si las establece democráticas, debe atraérsela con las leyes. Donde el número de los ciudadanos de clase media es superior a ambos extremos o a uno solo de ellos, allí el régimen puede ser duradero.»

ARISTÓTELES: Política (IV, 12, 1296b)

Por ubicarnos en el contexto histórico, comentar que el autor nació en Estágira (pequeña ciudad griega, cercana a Macedonia) en el año 384 y que falleció en un lugar próximo en el 322 a.C. Es en este tiempo cuando se produce la transición del Periodo Clásico al Período Helenístico. Siendo Aristóteles muy joven, marchó a Atenas a estudiar en la Academia de Platón, del que fue discípulo hasta su muerte en 347 a.C. En ese momento parte junto a otros filósofos a Assos, a instruir al gobernante Hermías (que más tarde serían familia) en los principios del filósofo gobernante que aprendió junto a su maestro. Dos años más tarde, parte para Macedonia porque es llamado por el rey Filipo, que lo contrata como instructor de su hijo Alejandro (Alejandro Magno). Desempeña esta labor hasta que Alejandro es coronado rey. Tras esta etapa, regresa a Atenas y funda su propia academia, El Liceo, lugar para el debate y la enseñanza, donde permanece hasta su huida a la zona de Calcis, donde fallece en el año 322 a.C.

Este texto pertenece a una de las obras más importantes de la antigua Grecia, “La Política”, escrita seguramente en su período ateniense en el Liceo. Sobre la obra en sí, decir que está compuesto de ocho libros y que desgraciadamente no se conserva en su totalidad. Dentro de su bibliografía, pertenece al grupo de tratados que se denominan “tratados esotéricos”, escritos, algo oscuros, que no son fáciles de entender.

En “La Política” se presentan los distintos regímenes políticos que pueden encontrarse en las polis, así como los distintos agentes que operan dentro de ellas, las personas que la componen, las

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relaciones que entre sí establecen, cómo debe ser la Justicia o cuál de los regímenes es el mejor para cada circunstancia o tipo de sociedad.

El Libro IV, al que pertenece el texto analizado, estudia los distintos regímenes posibles, las ventajas e inconvenientes que ofrecen y las diferencias existentes entre ellos. Este libro no tiene como fin encontrar qué sistema es el más perfecto, sino analizar los que existen y darles soluciones a sus problemas. En concreto, el párrafo que debemos analizar, versa sobre el tipo de población idónea para la ciudad. “Donde el número de los ciudadanos de clase media es superior a ambos extremos, el régimen puede ser duradero”.

El “termino medio” viene a ser una constante en la filosofía de Aristóteles, que huye de absolutos y de extremos. En el término medio es donde la filosofía de Aristóteles encuentra la Virtud (la

templanza, la generosidad abstracción.

)

Y la composición de la población de la ciudad no es ajena a esta

El filósofo considera que si abunda la clase media en la ciudad y esta supera a la suma de ricos y pobres, la estabilidad en la ciudad será duradera. Esto lo explica argumentando que la clase media no tiene ambiciones, es razonable y no suele dejarse llevar por sus pasiones, está más cerca de la justicia y no está en disputa con ninguna de las otras dos clases, ni quiere ocupar el lugar de ninguna de ellas, no generan envidias. Al estar en el medio, cuando surjan las disputas entre ricos y pobres, ellos harán de juez y darán la razón a uno de los dos bandos.

Qué problema ve Aristóteles cuando una ciudad carece de clase media; que esa sociedad tenderá a caer en una Oligarquía o en una Democracia, donde uno de los dos bandos, o el de los ricos, o el de los pobres, que al ostentar uno de estos bandos el poder sólo en su propio beneficio obviando el del resto, derivarán en el peor de los regímenes posibles: la tiranía.

Otra de las ventajas de la abundancia de clase media es que permite dar estabilidad a la mayoría de los tipos de ciudades y regímenes, ya que esta clase media abundante, donde una gran masa de la población se encuentra lo suficientemente bien, no desean los cambios. Por este motivo recomienda Aristóteles fomentar el bien y el número de esta clase media. Lo vemos en el fragmento de texto que estamos comentando, porque Aristóteles habla de “democracia” y de “oligarquía”. Analiza ambos casos. Si estamos en una Democracia (es decir, manda el pueblo, donde los pobres suelen ser la mayoría) y los gobernantes de esa ciudad quieren estabilidad y que el régimen sea duradero, las leyes de la ciudad han de fomentar la creación o el aumento de esa clase media. Si por el contrario, estamos en una oligarquía, donde mandan grupos ricos poderosos, se debe legislar pensando en proteger a esa clase media que ya existe.

Uno de los hechos relevantes de la filosofía aristotélica es el abandono de los conceptos ideales platónicos, en pos de un mayor pragmatismo que diera solución a los acuciantes problemas que se vivían el Peloponeso.

Esta obra magna de Aristóteles constituye un manual político de primer orden y ha sido retomada, comentada y estudiada por distintos filósofos a lo largo de toda la historia de la humanidad. La capacidad del filósofo estagirita era tan variada y abarcaba tantos ámbitos, que es también uno de los padres de las ciencias naturales, de la lógica o de la ética. Toda su obra, la que sobrevive, porque gran parte de su obra se perdió en los siglos, le otorga por derecho propio ser uno de los grandes filósofos de la historia de la humanidad.