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Prehistoria y Arte Prehistórico. Programa Senior. Curso 2012-13

Módulo 1: El conocimiento científico de la Prehistoria

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• Tema 1.1: Una Historia de la investigación prehistórica

• Tema 1.2: Los yacimientos arqueológicos

• Tema 1.3: Los climas y paisajes del pasado

• Tema 1.4: Midiendo el tiempo

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Tema 1.1: Una Historia de la investigación prehistórica

Los tendencias historiográficas en Prehistoria Creacionismo / Evolucionismo / Historicismo / Funcionalismo / Posprocesualismo

El origen de las explicaciones sobre la prehistoria: prehistoria sin arqueología

Explicación cristiana-medieval Historia bíblica Fabulaciones Visión regresiva: Apocalipsis y Juicio Final

Crisis de la explicación cristiana. Los precedentes y el ambiente:

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arraigo de las concepciones ilustradas (unidad psíquica, progreso, evolución) desarrollo de la crítica histórica (rechazo de las explicaciones fabulosas); desarrollo del método científico labor de los anticuarios: la multiplicación de evidencias. referencias etnográficas

La ruptura:

el actualismo en la geología el evolucionismo en biología la organización cronológica de las tres edades

El evolucionismo, nuevo paradigma. antigüedad del hombre / evolución lineal, progreso continuo y necesario / reconstrucción del pasado gracias a la etnografía comparada Morgan y los tres estadios: salvajismo / barbarie / civilización Marx y los modos de producción Lubbock y el darwinismo social. Aportes del evolucionismo: Arqueología / Estratigrafía /Referencias etnográficas

Corrientes historicistas Nuevas condiciones sociales y políticas: Crisis económica /pesimismo, pérdida de la fe en el progreso como necesidad / nacionalismo Contradicciones empíricas: “batalla” del auriñaciense / el arte paleolítico Explicaciones historicistas Concepto: cultura arqueológica Método: tipología Cambio histórico: difusión y migración

Nueva Arqueología (arqueología funcionalista o procesual) Insatisfacción con las explicaciones historicistas Influencia de los desarrollos en Antropología y Geografía Ambiente intelectual en EE. UU.

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Funcionalismo: Relación con el medio natural /Conocimiento sistémico / Importancia de la tecnología y de la economía Neoevolucionismo: Evolución general vs. particular /Leyes generales y secuencia evolutiva de las sociedades (banda -> tribu -> jefatura -> estado) Explicación procesual y método científico

Las arqueologías críticas, posprocesuales o posmodernas (Marxismo y neomarxismo, Estructuralismo, Arqueología contextual). Nueva agenda: simbolismo, relaciones internas de poder, conflictos sociales y desigualdades Marxismo Pocas aplicaciones en prehistoria antigua: tipología analítica. Neomarxismo no hay una relación unívoca entre infraestructura y superestructura

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sistemas simbólicos actúan como formas de control y dominación temas: conflicto, el desequilibrio, la hegemonía, la explotación o las relaciones centro-periferia Arqueología contextual papel de la arqueología en la sociedad contemporánea cultura activa y transformable / individuo como agente del cambio histórico relativismo hermenéutica como método La última arqueología posprocesual Lo importante no es la interpretación del pasado sino las emociones que despierta el pasado entre nosotros mismos Arqueología como género difuso, situado cerca de las artes escénicas como el teatro.

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Tema 1.2: Los yacimientos arqueológicos

A, Las fuentes: excavación y prospección. La información está en los yacimientos, donde se concentran los restos de actividades humanas. Hay problemas de conservación (de los restos y de los contextos). Prospección, a diferencia de la excavación, es una actividad no destructiva, destinada a localizar los yacimientos Superficial sistemática, observación directa de la superficie del terreno, en las zonas apropiadas donde se presuma la conservación de depósitos sedimentarios de la época que nos interesa Foto aérea o satélite, permite detectar estructuras de gran tamaño a partir del reflejo que tienen en superficie las estructuras subyacentes, por ejemplo, en la distribución de la vegetación. Y también hallazgos casuales, vinculados con la remoción de sedimentos, sobre todo en obras públicas y en la construcción de edificios.

Valoración de yacimientos

Métodos geofísicos, también empleados para la prospección acústico, resistividad eléctrica; georradar; prospección magnética Aprovechan la respuesta diferencial en distintas propiedades –magnetismo, -

resistividad,

de las estructuras subyacentes.

Excavación

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Importancia de la excavación y de los sistemas de control y registro empleados en ellas. Lo que convierte al material arqueológico en documento que permite la interpretación histórica es su contexto. El contexto estratigráfico y espacial solo se consigue con métodos de excavación arqueológica controlada.

1. Formación de yacimientos (natural + antrópico). Las acumulaciones de sedimentos que forman los yacimientos proceden de las actividades humanas y, también, de los aportes de otros agentes naturales. Son precisos estudios específicos para diferenciar el tipo de aporte de cada material. La disciplina que lo estudia se llama tafonomía.

2. Conservación de yacimientos (primarios vs. secundarios). Los yacimientos

pueden conservarse en el lugar donde se produjo el depósito inicial (yac. primarios) o haber sido desplazados por otros agentes como flujos de ladera –

solifluxiones- o corrientes de agua. Suele ser una cuestión de grado, casi todos los yacimientos han sufrido algún tipo de desplazamiento, horizontal o vertical.

3. Conservación de materiales. La mayor parte de los materiales se degradan

con el paso del tiempo, la antigüedad del depósito es un factor importante en la

conservación de los materiales. Otro factor importante es la naturaleza de la materia; los materiales inorgánicos –minerales- se conservan mejor que los orgánicos –animales y vegetales. Algunos materiales de origen orgánico pero con fuerte mineralización – huesos, fitolitos, carbones- se conservan mejor. También influye las condiciones del sedimento: los pH extremos, ácidos o básicos, la presencia/ausencia de oxígeno (efecto turbera), las variaciones de temperatura y humedad. 4. Las dos dimensiones: tiempo y espacio, cortes y planos. El registro de los comportamientos que son más o menos contemporáneos se registran en planos con las distribuciones en el espacio. Los cambios en el tiempo se aprecian en las sucesiones estratigráficas, que quedan expresadas en los cortes verticales de los yacimientos.

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Técnicas de excavación, adaptadas a condiciones particulares, en función del tipo de yacimiento: cuevas, estructuras, poblados, etc.

Arqueología del paisaje Estudio de la distribución de yacimientos en el territorio, combinado con la reconstrucción de las condiciones ambientales contemporáneas del periodo estudiado.

B, La reconstrucción de los comportamientos humanos. Evidencias culturales

Los propios restos humanos

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Especie, sexo, edad. Abordable a partir de los métodos antropológicos convencionales y por análisis genéticos, de ADN. Los métodos clásicos se basan en criterios anatómicos morfológicos. El ADN se basa en la recuperación del ADN fósil y en la comparación de las secuencias. Desde 2010, los análisis permiten recuperar secuencias muy largas que en ocasiones llevan a reconstruir funciones orgánicas en especies fósiles. Dieta, patologías y actividades. Se estudia tanto en rasgos anatómicos (desgaste dentario, líneas de Harris, solicitadores músculoesqueléticos) como en composiciones isotópicas (c13/n15; estroncio).

Los objetos fabricados

Aprovisionamientos, tecnologías, tipologías y funciones En el caso de las rocas que se emplean como utillaje, el aprovisionamiento se estudia mediante el examen de las características y el conocimiento de los afloramientos geológicos. Las tecnologías de fabricación se reconocen reconstruyendo las diferentes etapas y secuencias de procesado; en el utillaje de piedra son importantes los remontados. Las clasificaciones tipológicas ordenan los útiles finales por sus parecidos formales. La función se aborda gracias a las huellas microscópicas de uso.

Las estructuras construidas

Restos constructivos: muros agujeros de poste, e instalaciones, las más frecuentes los hogares. También, estructuras latentes reconocidas por distribuciones espaciales particulares. En estos análisis espaciales se emplean métodos cuantitativos y estadísticos (GIS, k-means, vecino más cercano)

Los recursos vegetales y animales aprovechados

Zooarqueología y tafonomía. Los zooarqueólogos estudian los restos de los animales recuperados en los yacimientos arqueológicos. La tafonomía es la disciplina que ayuda a determinar los procesos que han llevado al depósito de los restos, por agentes naturales o antrópicos, y el tipo de aprovechamiento de que han sido objeto, como las marcas de carnicería o las de carnívoros. Los estudios arqueozoológicos aplican técnicas en parte similares a las que se aplican sobre los restos humanos. Determinan las especies animales presentes en el yacimiento, las partes anatómicas presentes/ausentes, los patrones de mortalidad (catastrófica vs. atricional), etc Paleobotánica: carpología, antracología, palinología. La paleobotánica estudia los restos vegetales presentes en los yacimientos. La mayor parte de los restos vegetales se conservan cuando han sufrido procesos de mineralización, como la carbonización. También se conservan pequeñas partes de los vegetales muy mineralizadas como los pólenes o los fitolitos. La carpología estudia las semillas –generalmente relacionadas con el consumo alimenticio-, la antracología estudia los carbones –generalmente relacionados con el consumo de combustible- y la palinología estudia los pólenes –que suele servir para

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reconstruir las condiciones ambientales, de la flora, contemporáneas de las ocupaciones de los yacimientos prehistóricos. Los análisis espaciales y microespaciales, desarrollados a partir de la posición de los restos en el espacio. Permiten reconstruir en ocasiones las estructuras latentes, como comentábamos arriba, o la distribución de actividades en el espacio.

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Tema 1.3: Los climas y paisajes del pasado

Introducción La secuencia geológica del planeta Las condiciones ambientales de la Tierra al final del Terciario.

Características generales y cronología del Cuaternario. Enfriamiento severo, brusco, cíclico y diferencial. Los límites y los periodos del Cuaternario. Pleistoceno y Holoceno. ¿Cómo conocemos las características generales del clima cuaternario? Los indicadores globales: registros polares en las capas de hielo de la Antártida y de Groenlandia y registros oceánicos en las acumulaciones de foraminíferos de los fondos marinos

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Los ciclos glaciares y las curvas isotópicas. Las causas de las glaciaciones.

Los cambios geográficos durante el Pleistoceno. Los fenómenos glaciares, las oscilaciones del nivel del mar y la formación de terrazas. La influencia de los cambios geográficos sobre las condiciones de vida prehistórica y sobre el análisis del registro arqueológico.

Los cambios en el paisaje y en los recursos: flora y fauna en el Cuaternario. La adaptación de la flora a los cambios climáticos y la lectura de los análisis polínicos. Introducción a la fitosociología. La aparición y evolución de las especies de grandes mamíferos: de la fauna villafranquiense a la fauna fría del Pleistoceno. Las apetencias climáticas y adaptación de la fauna a la vegetación. Las asociaciones faunísticas. Síntesis: el aumento de la biodiversidad y de la variación evolutiva.

El Holoceno: los ecosistemas posglaciares y la actuación antrópica.

El marco ambiental de la prehistoria peninsular La Península Ibérica y sus condicionantes biogeográficos. *Situación: posición excéntrica y aislamiento. *Composición interior: variedad morfológica, climática y litológica. *Influencia sobre la vida prehistórica y sobre el registro arqueológico.

El Cuaternario en la Península Ibérica. *Reconstrucción paleoambiental *El clima peninsular *El paisaje vegetal *La evolución de la fauna *La geografía cuaternaria: costas, glaciares y terrazas Características diferenciales del Cuaternario peninsular. El gradiente latitudinal.

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Tema 1.4: Midiendo el tiempo

Datación absoluta y relativa.

El tiempo en Prehistoria

Los métodos de datación. ¿Para qué fechar? La cronología es fundamental en las explicaciones históricas. En primer lugar, desde un punto de vista causal: los acontecimientos más recientes no pueden ser causa de los más antiguos por lo que ordenar los procesos en el tiempo ayuda a argumentar las causas de los cambios históricos. En segundo lugar, para comprender estos mismos procesos históricos es importante conocer la extensión temporal en que se producen; no se explica de la misma forma un proceso rápido –“revolucionario”- que uno lento. La datación relativa: estratigrafía, tipologías, depósitos cerrados. Son métodos que sitúan los materiales arqueológicos en un tiempo relativo: (1) más antiguos, (2) más recientes o (3) contemporáneos en relación con otros. La datación relativa calibrada: zonaciones polínicas y asociaciones faunísticas, paleomagnetismo. Son métodos que permiten situar los materiales con los que se relacionan en etapas concretas de una secuencia o sucesión que conocemos. Estas etapas están fechadas generalmente con otros métodos de datación absoluta o numérica. La datación absoluta o numérica: la dendrocronología; los relojes radioactivos (el carbono 14, el potasio-argón y el argón-argón, la termoluminiscencia, la resonancia del espín, las huellas de fisión y las series del uranio) Síntesis: ¿por qué tantos métodos? El ámbito cronológico y los límites de aplicación de los diferentes métodos de datación. El difícil concepto del tiempo: tiempo geológico, tiempo histórico y tiempo a escala humana. El tiempo como elemento central de la causalidad en las interpretaciones históricas.

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Módulo 1. Anexo 1

Concepto y límites de la Prehistoria.

¿Qué es la Prehistoria?

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La Prehistoria como época es, por definición convencional, el periodo más antiguo de la historia, caracterizado por la ausencia de escritura. Para la mayor parte del gran público, la prehistoria evoca rápidamente una imagen bien concreta, polarizada en torno a lo arcaico y salvaje, o lo exótico, remoto y natural. Como hemos comprobado cuando os hemos pedido que os situarais en una mañana de la prehistoria, el relato se ha nutrido de ideas muy parecidas: cueva, frío, fuego, brujo, caza, pieles. Para muchos, la prehistoria es una época remota, estable, homogénea, sin apenas cambios y con unas formas de vida penosas, en el límite de la supervivencia, en la que los rasgos de humanidad de nuestros ancestros apenas ocultan nuestra animalidad radical. Es posible que esta imagen esté especialmente focalizada en la Prehistoria más antigua en un lugar como Cantabria, donde Altamira y su tiempo forman parte del imaginario colectivo desde hace muchas décadas, pero en otros lugares encontraríamos resultados similares (cf. Almansa, 2006).

Esta imagen de homogeneidad y ahistoricidad contrasta fuertemente con la percepción del periodo que tenemos los prehistoriadores, en el que reconocemos importantes dinámicas de cambio y una gran disparidad de situaciones históricas o culturales. Quizá esta discordancia esté causada por nuestras carencias narrativas (Pluciennik, 1999) o por los déficits en las vías de divulgación, en las que no se pueden modular estos matices importantes. La Prehistoria es el periodo en el que se conoce el origen de fenómenos de gran calado: el origen de la desigualdad social, del conflicto o de la solidaridad; el origen del estado, del comercio y de las colonizaciones; el origen del pensamiento simbólico, de las representaciones abstractas y figurativas, del lenguaje hablado y de la religión; el origen de buen número de tecnologías e, incluso, el origen de nosotros mismos, los seres humanos. Cada uno de estos cambios, ya solo por el contraste entre el antes y el después, marca una dinámica de cambio complejo que provoca en la aparición de etapas con condiciones muy diferentes a lo largo de la Prehistoria.

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La prehistoria es la disciplina que estudia los periodos más antiguos de las sociedades humanas. Hasta la aparición del evolucionismo, este estudio se abordaba en Occidente a partir de las referencias bíblicas o míticas. Desde 1870, las cuestiones de la Prehistoria se abordaron a través de la Arqueología, básicamente mediante la excavación de los yacimientos y el estudio de los restos materiales en sus contextos arqueológicos. Esta vinculación entre Prehistoria y Arqueología, más allá de los avatares de los cambios en las tendencias historiográficas, ha dotado a la disciplina de una identidad que se ha conservado nítida a lo largo de más de un siglo.

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Desde finales del siglo pasado, sin embargo, las alternativas posmodernas han traído una discusión que afecta a la propia definición y a la axiología de la disciplina. El concepto de Prehistoria o Arqueología prehistórica como disciplina no es ahora tan obvio y algunos de los productos que derivan de los nuevos enfoques pueden tener un aspecto en el que algunos practicantes nos reconocemos con dificultad (cf. Pearsons y Shanks, 2001; o Tilley en la página web de Leskernick). J. Vicent (1982) entendía hace ya casi 30 años que el bloqueo de comprensión entre la arqueología moderna y la posmoderna era un fenómeno a corto plazo –lo que quizá es cierto respecto a la primera ola posprocesual, que aún no era propiamente posmoderna (Lull y Micó, 2001)- pero la perspectiva de la última década sugiere más bien que las diferencias no hacen sino ahondarse y que algunas de las contradicciones son irresolubles. Los pleas por una cierta unidad en torno a la definición de la Arqueología como el “’estudio de las cosas antiguas’ por los contemporáneos” (Webmoor, 2007) nos trae, de la mano de los posmodernos, el viejo olor a los anticuarios dieciochescos 1 . En cualquier caso, la multiplicidad de enfoques, prácticas e intereses debemos verla más como una riqueza que como un problema.

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Los límites de la prehistoria: la frontera con las otras disciplinas

La explicación de los diferentes periodos de la Prehistoria requiere de los investigadores que los abordan aptitudes y formaciones igual de variadas. Según el objeto de estudio concreto y las perspectivas manejadas, los prehistoriadores acudirán a conceptos, técnicas o modelos procedentes de disciplinas como la Antropología física o cultural, la Sociología, la Economía, los Estudios Clásicos, las Ciencias Políticas,…

La variedad y complejidad de los objetos de estudio, las diferencias en las perspectivas teóricas y las peculiaridades de las tradiciones historiográficas introducen una gran variabilidad interna en la disciplina que complica el establecimiento de criterios de corte netos respecto a otras disciplinas cercanas. Baste señalar que la prehistoria se ha considerado una rama bien de la Historia, bien de la Antropología cultural, bien de la Geología del Cuaternario según los momentos y lugares. Para el caso español, se ha descrito cómo el entronque de la investigación y docencia de la prehistoria en las Facultades de Historia (o Filosofía y Letras) en lugar de en las de Ciencias fue debido a circunstancias bastante casuales (Moure, 1996: 31-32). En cualquier caso, hay que reconocer con M. Johnson (2006) que las disciplinas se crean a menudo siguiendo procesos discursivos que dependen de aspectos bastante contingentes de la historia cultural o intelectual, y que buena parte de las diferencias entre disciplinas son solo superficiales.

De esta manera, y en consonancia con la "tradición" en la que quedamos inmersos, la Prehistoria se ocupa del estudio de las formaciones sociales del periodo de la Historia caracterizado -de manera casi incidental- por la ausencia de documentación escrita. Así pues, si la Prehistoria es una parte de la Historia y tendrá sus mismos objetivos cognoscitivos y los mismos principios generales de la teoría de la realidad –o su misma gama de problemas para definir principios y objetivos.

Las diferencias entre la Prehistoria y las demás subdisciplinas de la Historia sin embargo, resultan notables. Una parte de estas diferencias es teórico-metodológica. La Prehistoria tiene un mayor grado de contacto con otras disciplinas -la antropología y muchas de las

1 Véase Johnson, 2006 para una relación entre la arqueología posprocesual y el Romanticismo inglés.

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ciencias naturales- de las que importa modelos y métodos que no circulan entre la mayor parte de los historiadores. El otro ámbito de diferencias es más evidente y tiene que ver con las técnicas de análisis y la naturaleza de la información que manejamos los prehistoriadores. Estas informaciones son principalmente las que proceden de la Arqueología. La Antropología física y la social, la Etología primate, la Lingüística, la Geografía, la Geología, la Física, la Biología y otras muchas disciplinas nutren de informaciones a la explicación de los fenómenos prehistóricos. Cualquier parcela de la Historia se beneficia con los aportes de estas disciplinas, pero su peso en Prehistoria -y quizá también en Historia antigua (Alvar, 1995)- destaca debido, precisamente, a la ausencia de los documentos escritos que constituyen la fuente de información y análisis que tradicionalmente ha sido objeto de una atención más privilegiada por el resto de los historiadores.

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Sin embargo, no todos estamos de acuerdo con esta definición de la Prehistoria, ni tampoco sobre el modo de entender la Arqueología como una metodología específica para resolver los problemas de la Historia (Laming-Emperaire, 1963). Alcina Franch define la Arqueología como la ciencia que estudia las sociedades y culturas del pasado, ya sea desde una perspectiva diacrónica, ya sea desde un punto de vista estructural-funcional, utilizando para ese estudio exclusivamente evidencias de carácter material (1991: 18). Desde su punto de vista “hay una sola ciencia autónoma, la Arqueología, con teorías, métodos y técnicas que le son propias, que investiga las sociedades y culturas del ‘pasado’ en cualquier época - prehistórica o histórica - y utilizando recursos complementarios tan variados que van de la paleobotánica a la historia de la ciencia” (Alcina Franch, 1991: 20). Esas mismas ideas sobre la existencia de una teoría y metodología propias aplicables a cualquier época se encuentran también en Ruiz Zapatero (2005: 260)

Debido a esta razón es útil intentar esclarecer la distinción epistemológica entre Prehistoria

y Arqueología Prehistórica. J. Vicent (1985) aclara que ambas comparten un mismo objeto

formal, que son los restos materiales de los grupos humanos del pasado, pero tienen diferente objeto teorético, entendido éste como el objetivo cognoscitivo que constituye la finalidad última de las actividades que las determinan. Así, la Prehistoria es una disciplina totalista -u holística, si se prefiere el término-, que busca una imagen globalizadora del objeto de estudio, inscribiéndose por tanto en el seno de las disciplinas explicativas orientadas hacia la generalización. La Arqueología Prehistórica, por su parte, tiene un sentido más taxonómico y se refiere exclusivamente al repertorio material. Martínez Navarrete recuerda que Rouse propone unas definiciones bastante similares, donde la Arqueología significa el estudio sistemático de los restos del pasado, subdividiéndolos en categorías y estudiando las relaciones que se establecen entre ellas, comportando por tanto un enfoque analítico. Mientras, la Prehistoria es una disciplina que se interesa por la totalidad de los rasgos humanos, combinando los resultados del análisis arqueológico con los obtenidos en otras disciplinas analíticas, siendo su enfoque más sintético que analítico (Rouse, 1973 en Martínez Navarrete, 1989).

Esparza piensa que debe hacerse una diferenciación todavía más matizada, y esboza las siguientes definiciones. "La Arqueología tiene por objeto material el Registro Arqueológico,

y por objeto formal la Sistemática del mismo. Se interesa, pues, por todo tipo de Restos,

aislados, pero sobre todo estructurados en contextos arqueológicos, y pretende, mediante su recuperación, análisis, clasificación y estudio, establecer los procesos de todo tipo (genéticos, postdeposicionales, etc.) que se hallan implicados, para alcanzar en última instancia la conducta social que los produjo o con la que se hallaban relacionados. La Prehistoria, por su parte, difiere de la Arqueología ya desde el objeto material: el suyo

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propio son los restos prehistóricos una vez sometidos a elaboración arqueológica previa, más la correspondiente Tradición, así como los hechos que, establecidos por otras ciencias, sean históricamente relevantes. En cuanto a su objetivo formal, sería, parafraseando a P. Vilar, la dinámica de las sociedades prehistóricas" (Esparza, 1996: 19-20).

Lo cierto es que Arqueología Prehistórica y Prehistoria están intrínsecamente ligadas, y muchos no encontramos verdaderas distinciones entre ambas, lo que hace difícil comprender –y explicar- las diferencias que aparecen a nivel académico entre Arqueología y

Prehistoria (cf. Ruiz Zapatero, 2005). La Prehistoria es una subdisciplina de la Historia que utiliza fundamentalmente los métodos arqueológicos para abordar su objeto de conocimiento, que es la dinámica de las sociedades, en su caso, en los periodos sin escritura.

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Los límites de la Prehistoria: ¿de qué periodo nos ocupamos?

La Prehistoria como época se define convencionalmente como el periodo que abarca desde la aparición de los primeros seres humanos hasta la aparición de la escritura. Sin embargo, ambos límites son problemáticos en la práctica.

El establecimiento del hito en el que comienza la Prehistoria se encuentra con problemas referidos a la misma definición de ser humano y con la elección de un momento concreto, en un proceso evolutivo complejo. El concepto de “humano” diferenciado en el marco de los grandes primates -o de los homínidos a partir de 1970- ha ido variando desde los criterios convencionales basados en la capacidad craneal de Sir A. Keith hasta los criterios más sistémicos de la Cladística actuales. Esta variabilidad en los criterios hace que se mantenga aún viva la discusión sobre el estatus humano o australopitecino de algunas de las especies clave como habilis o rudolfensis. Por otra parte, algunos rasgos que se consideran típicos del comportamiento humano, como la fabricación de utillaje o la carnicería con instrumentos de piedra, aparecen registrados en fechas claramente más tempranas que los fósiles de aspecto humano. Con una buena dosis de generosidad por tanto, estas referencias sitúan el comienzo de la Prehistoria en un abanico temporal entre hace 2,5 y 2 millones de años.

La escritura proporciona otro límite poco nítido ya que aparece en diferentes momentos según las regiones; así, la Prehistoria acabaría en el IV Milenio a.C. en algunas zonas de Próximo Oriente pero se prolongaría hasta el siglo XVIII d. C. en buena parte de Oceanía. Además, algunas de las sociedades que no conocen la escritura se ven reflejadas en los relatos o documentos elaborados en el seno de las sociedades letradas. En principio, el uso de la escritura como bisagra de separación entre Prehistoria e Historia se sustenta en su significación cultural como elemento indicador del inicio de un proceso acelerado de aumento del volumen de información y de las posibilidades de su transmisión. No obstante, hay que ser consciente de las fuertes diferencias existentes entre las sociedades y en los contextos históricos en los que se desarrolló este sistema de codificación. En muchas de las sociedades prehistóricas, a menudo la introducción de la escritura tuvo una repercusión estructural más bien baja porque quedó confinada a aspectos de registro muy especializados. Por lo tanto, la escritura es también un límite con un valor más bien convencional porque no separa realidades radicalmente distintas a un lado y otro del momento de la adopción, y se incluye más bien en el seno de procesos a más largo plazo. En este sentido, en la literatura anglosajona sobre el norte de Europa (cf. Wells, 1988; Cunliffe, ed., 1998) no es

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extraño que la Edad del Hierro se una sin solución de continuidad con la Alta Edad Media, salvando gentilmente el breve paréntesis romano.

Por otro lado, en la práctica historiográfica, asumir la escritura como límite final de la Prehistoria implica un punto de vista metodológico bastante restrictivo, al considerar los textos escritos como fuentes propias de las Ciencias Históricas, con problemática y metodología peculiares y exclusivas, y por tanto desligadas de la Prehistoria. La renovación

metodológica de la Historia, tanto desde Annales como desde los presupuestos materialistas, ha puesto en tela de juicio esta noción, pues no hay fuentes exclusivas de uno

u otro período.

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Con distintos matices, otros autores (Plácido, Alvar y González Wagner, 1991; Chapa, 1993; Santos Velasco, 1998) han señalado que la escritura no es un rasgo tan relevante como para establecer un límite coherente y han propuesto hitos más sustantivos. La mejor alternativa para establecer una separación entre tiempos prehistóricos e históricos sería la aparición del estado. Pero aquí, como ocurre con todos los procesos complejos, lo difícil resulta tanto fijar el mismo concepto de estado (Yoffee, 2005) como reconocerlo en el registro arqueológico. Por otra parte, introduce un prejuicio evolucionista en esta separación disciplinar dado que se asume que la aparición del estado supone una transformación irreversible, que marca una separación cualitativa entre las distintas sociedades humanas del pasado.

Los límites de la Prehistoria: ¿qué podemos conocer?

Muchas de las limitaciones de la Prehistoria, compartida con las otras disciplinas históricas

y con el conjunto de las ciencias sociales, derivan de su objeto de estudio.

Un primer elemento de dificultad se encuentra en el hecho de que las sociedades humanas son sistemas o estructuras complejos, compuestos por muchos elementos, las personas, que a su vez muestran en sus acciones una gran complejidad, la típicamente humana. Estos elementos se articulan en subconjuntos muy variables, según los roles sociales, que establecen relaciones de muchos tipos y a muchos niveles.

Un segundo elemento es que, además, estudiamos generalmente estos sistemas o estructuras en procesos a largo plazo, en los que los factores y motores van variando y articulándose de formas distintas a lo largo del tiempo, o a lo largo de los tiempos: factores que son dinamizadores a corto plazo pueden ser ralentizadores en ciclos más largos.

Un tercer elemento, ya tópico, es la circunstancia de que nos estudiamos en cierta manera a nosotros mismos, lo que afecta a la objetividad, o más simplemente independencia y asepsia de nuestros juicios. Un ejemplo clásico de esta influencia ha sido el efecto devastador que ha tenido la mejora del conocimiento sobre la etología de los chimpancés. Éstos fueron objeto de atención esperanzada en la década de los (19)70 y (19)80 para formular modelos con los que comprender a los primeros homínidos. Pero la observación de comportamientos políticamente incorrectos entre ellos –infanticidios, violaciones,…- les ha desterrado como modelos a campos menos problemáticos como la talla de la piedra o la planificación de actividades.

Y un último elemento es la propia naturaleza de la información, el registro arqueológico, “la ‘miseria’ de nuestra ciencia” (I. Barandiarán, 1967). El registro arqueológico se crea - con

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las cuestiones que se plantean, los conceptos que se generan o las innovaciones en las técnicas de análisis- y hay pérdidas por subjetividad o por no saber definir con precisión donde están las referencias que nos remiten a los hechos. Pero, casi por esencia, el registro arqueológico es discontinuo, sesgado, ambiguo, indirecto o sencillamente mudo respecto a muchas cuestiones relevantes. Una pregunta habitual en las visitas de nuestros conciudadanos a las excavaciones es ¿y cuanta gente vivía en la cueva?, una cuestión para la que no damos respuesta adecuada según deduzco por la expresión de insatisfacción que veo en nuestros visitantes. Supongo que pensarán “pues si no sabéis ni siquiera eso…”.

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Estos límites no serían tales si sólo aspirásemos a una recogida y clasificación ordenada de la información disponible, la vieja idea acumulativa del positivismo. Pero la mayor parte de los prehistoriadores pretende explicaciones sobre los procesos históricos, y es en el paso entre los datos y las interpretaciones donde se encuentra el efecto de estas limitaciones, y de otras nuevas.

Entramos con ello en una cuestión ya de orden epistemológico o gnoseológico como es la posibilidad de un conocimiento objetivo, o su reverso, la subjetividad inherente a la interpretación humana. Aquí las respuestas varían netamente según la perspectiva teórica de los investigadores. En mi opinión, está claro que en el diseño de las cuestiones relevantes, en la selección de los datos o en la construcción de las explicaciones nos manejamos con pre-juicios sobre la realidad. En este punto, la reflexión y la discusión metateórica, sin caer en el ensimismamiento, puede ayudarnos a minimizar algunos de los efectos perversos y a consolidar nuestra coherencia lógica y teórica. Porque, por otra parte, también me parece evidente que una parte de esos pre-juicios sobre el pasado prehistórico se han construido con evidencias empíricas, que estas evidencias empíricas han servido para refutar explicaciones anteriores y que, en la actualidad, esas mismas evidencias empíricas impiden admitir como aceptable cualquier tipo de explicación sobre el pasado.

Con esto quiero decir que la realidad es elusiva y que son posibles diferentes planos de lectura según los intereses del investigador, pero que al mismo tiempo hay una realidad cognoscible ahí fuera, abordable con criterios de racionalidad y con el recurso a evidencias empíricas sobre las que cabe plantear una discusión intersubjetiva. Esta realidad a menudo es tozuda y acaba por desvelar la inexactitud o las inconsistencias de las explicaciones equivocadas. Es decir, que la prehistoria no está limitada a la elaboración de narraciones originales y emocionantes sino que tiene capacidad para construir discursos explicativos significativos que nos ayudan a comprender el mundo -tanto el pasado como el presente.

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Introducción a la historiografía de la Prehistoria

La prehistoria como disciplina es el resultado de las condiciones de su génesis y de las circunstancias de su desarrollo. La historia de la disciplina ha ido conformando la práctica o agenda (los métodos y las cuestiones) y también su uso, es decir su aplicación a otros ámbitos de la sociedad.

Por razones muy variadas, que abarcan desde el objeto de estudio hasta la sociología de la investigación, la prehistoria es una disciplina comparativamente débil en términos epistemológicos. Entre las causas de esta debilidad podríamos precisar, sin intención de agotar la lista:

1. la dispersión de las comunidades de investigadores y su escasa masa crítica.

2. la ausencia de escuelas de pensamiento entre los prehistoriadores, con algunas salvedades

(Leningrado en los años 30, Chicago en los 60, Cambridge en los 80 y casi siempre París)

3. el aislamiento entre las tradiciones de investigación, en un primer nivel entre las

continentales frente a las anglosajonas, y a otro nivel, entre los grupos nacionales.

4. la variedad del objeto de estudio, desde los grupos de homínidos hasta las sociedades

estatales.

5. la influencia variable de otras disciplinas –con paradigmas a veces contradictorios- en

diferentes áreas de la disciplina (por ejemplo, la influencia o el dominio de la biología y de sus modelos en la prehistoria más antigua o de la lingüística y la sociología en la prehistoria más reciente pasando por la influencia de la antropología y de la geografía para las sociedades de cazadores-recolectores más recientes).

6. el uso de fuentes de información de procedencia muy variada que a menudo son el

resultado de la aplicación de técnicas propias de disciplinas científicas mal conocidas por

parte de los prehistoriadores. Los puntos 1., 2. y 3. provocan heterogeneidad y ralentizan la adopción de las nuevas tendencias historiográficas. Los puntos 4., 5. y 6. llevan a la acumulación de una gran cantidad de modelos de procedencias variopintas.

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La consecuencia es que en prehistoria se produce una acumulación de paradigmas o programas de investigación. Una parte de la acumulación es diacrónica, se va produciendo a lo largo del tiempo en la

medida que se conocen y asumen nuevas perspectivas teóricas. En este eje, casi ninguno de los paradigmas anteriores ha sido completamente eliminado: o bien se subsumen en los posteriores o se mantienen en áreas particulares de la disciplina. En el otro eje, se mantienen tradiciones disciplinares en parte diferentes según las temáticas abordadas. Así, las interpretaciones materialistas prevalecen en la prehistoria antigua, dado que está más extendida la idea de que las sociedades de cazadores-recolectores están más determinadas por las condiciones medioambientales. Como ironizaba R. Bradley (1984):

successful

farmers have social relations with one another, while hunter-gatherers have ecological relations

with hazelnuts2 . Por último, los propios investigadores introducen otro factor de variabilidad debido a las lecturas particulares que realizan de las distintas corrientes teóricas en virtud de su personalidad, su formación, sus intereses investigadores, etc

Con todo, si no etapas, al menos si pueden establecerse cuatro grandes ciclos sucesivos en relación con la corriente teórica que en cada momento aparece como tendencia emergente (evolucionismo, historicismo, funcionalismo y posprocesualismo). Esta sucesión

2 Los exitosos campesinos [neolíticos] mantienen relaciones sociales entre ellos mientras los cazadores- recolectores [mesolíticos] tienen relaciones ecológicas con las avellanas.

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cuatripartita aún puede simplificarse más si la presentamos como una alternancia entre visiones materialistas e idealistas que se suceden, rebaten y complementan.

Las tendencias historiográficas de la prehistoria española encajan en estas líneas generales, con dos matices: (1) la debilidad epistemológica es especialmente marcada a lo largo de la historia de la disciplina, salvo momentos y autores puntuales y (2) se aprecia una gran influencia, a menudo negativa, de los cambios sociopolíticos producidos en el interior del país.

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La formación de la disciplina

Aunque probablemente no es una visión muy ortodoxa de la historia de la ciencia, hemos mantenido en la presentación que la disciplina se ha formado en buena medida por acumulación y yuxtaposición.

Cada una de las corrientes, en sus formulaciones más prístinas, es profundamente incompatible y contradictoria con las otras hasta el punto que sus practicantes, cuando se encuentran, hablan lenguajes muy diferentes, mutuamente incomprensibles. Cada una de las tendencias aporta una agenda (un conjunto nuevo de intereses y una forma particular de abordarlos) y para ello genera nuevos conceptos (formulaciones teóricas abstractas que permiten ordenar de forma significativa la realidad que se examina) y técnicas de análisis (que producen los datos con los que se analizan los conceptos en el material empírico)

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Vamos a hacer un recorrido por la historia de la disciplina para intentar mostrar en qué momento, en qué marco y con qué objetivos han ido apareciendo los conceptos y técnicas de análisis que manejamos hoy en día

El origen de las explicaciones sobre la prehistoria: prehistoria sin arqueología

¿Cómo se trataban los momentos más antiguos de la historia o el origen del hombre? El recurso a la arqueología para conseguir los documentos que nos permiten interpretar el pasado prehistórico nos parece casi natural hoy día, pero esta unión entre prehistoria y

arqueología no es necesaria y muchas de las cuestiones de las que se ocupa la Prehistoria se han abordado durante mucho tiempo sin necesidad de información arqueológica. El uso de

la arqueología para estudiar el pasado prehistórico no se normalizó hasta finales del siglo

XIX. Sin arqueología, los objetivos de los que se ocupa la Prehistoria quedaban también atendidos; de hecho, y esta es una regla transcultural Todos los grupos humanos tienen una algún tipo de explicación, más o menos elaborada, sobre su origen como grupo, el origen

del mundo, etc… 3 En Occidente, las explicaciones más antiguas conocidas se encuentran en Grecia y Roma. En el siglo VIII a.C., Hesiodo sugiere la sucesión del bronce y el hierro,

a partir de las narraciones homéricas que describen a Aquiles con su lanza de bronce.

Conviven las narraciones basadas en mitos con las interpretaciones de los primeros historiadores. En ellos se encuentran visiones regresivas y progresivas, como en Ovidio o en Lucrecio (De rerum natura, donde recoge una secuencia uñas, dientes, madera / piedra / cobre/ hierro en los instrumentos utilizados a lo largo de la historia de la humanidad 4 , Daniel, 1971). Más tarde, la extensión del cristianismo aporta una explicación completa de buena parte del objeto de la prehistoria, con algunas variantes según las épocas y los autores, por ejemplo entre los historiadores y los naturalistas.

3

El

origen

del

mundo

en

varias

culturas:

http://www.cervantesvirtual.com/historia/TH/

origen_mundo.shtml. 4 Arma antiqua manus, ungens dentesque fuerunt. Et lapides et item sylvarum fragmina ramei Et flammae atque ignes postquam sunt cognita primum Posterius ferri vis et aerisque reperta Et prior aeris erat quam ferri cognita usus.

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Entre los historiadores eruditos, el comienzo de la historia -de la humanidad- no es problemático y no merece demasiada atención: está explicado con toda claridad en la Biblia. Para una historia a menudo basada en la autoridad, con escasa consulta de fuentes directas, no cabe mejor explicación ya que está basada en una fuente revelada:

-creación divina del mundo y de la humanidad, que además puede ser situado en el tiempo con gran precisión. -desarrollo de diferentes pueblos y naciones a partir de la descendencia de personajes bíblicos. -origen de las lenguas en la torre de Babel. Así hasta la aparición de las civilizaciones conocidas y de los autores clásicos, cubriendo los lapsos temporales intermedios con narraciones míticas o leyendas. La amplitud histórica de la vida en el planeta se pensaba muy corta. A principios del siglo XVII, James Ussher, el arzobispo de Armagh en Irlanda calculó, estudiando las genealogías bíblicas (Adán, 980 años de edad; Matusalén, 982, Noé; 400, etc…) que la Creación se había producido en el año 4004 a.C. John Lightfoot, vicerrector de Cambridge, pudo precisar en 1642 aún más este calculo y estableció el origen del mundo en el 23 de octubre del 4004 a.C. a las nueve de la mañana.

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La concepción general del mundo y de su historia en este esquema cristiano-medieval es regresiva, la mayor parte de los cambios son castigos divinos. Cada uno de los grandes cambios históricos –la expulsión del paraíso, el arca de Noé y la repoblación del mundo, la torre de Babel y la aparición de las lenguas- son el resultado de una acción divina que sanciona una desviación del comportamiento humano. De hecho, se partía de una especie de Edad de Oro (el Paraíso Terrenal) y se acababa en el Apocalipsis y el Juicio Final. En este marco, en la historia de cada pueblo o nación se pretende acreditar la mayor antigüedad posible ya que ello garantizaba una mayor “pureza” –dada la mayor cercanía al momento de la Creación. El mecanismo habitual era entroncar con algún personaje citado en la Biblia, casi siempre hijos o nietos de Noé.

P. Gregorio Argaiz (1668-69) Población Eclesiástica de España y Noticias de sus Primeras Honras Tubal, nieto de Noé, habiendo venido con sus descendientes, en el año 2163 antes del nacimiento de Cristo, a poblar la península española, hizo su primer asiento en el país que después se denominó Cantabria, y hoy Montaña,

provincia de Santander. Acompañole hasta allí su madre la Sybila Eritrea, hija de Noé y esposa de Japhet (…) Sibyla Eritrea, hija de Noé, mujer y hermana de

Jafet y madre de nuestro Patriarca Tubal (

vivió los últimos tercios de su

vida en España con su hijo Thubal y la tenemos enterrada en la villa de Reynosa, dentro de los cántabros, que era lo primero y más poblado que había entonces.

)

Manuel de Assas (1867) Crónica de la Provincia de Santander Túbal, nieto de Noé, habiendo venido con sus descendientes, en el año 2163 antes del nacimiento de Cristo, a poblar la Península española, hizo su primer asiento en el país que después se denominó Cantabria, y hoy Montaña, o provincia de Santander. Acompañóle hasta allí su madre la Sybila Erithréa, hija de Noé y esposa de Japhet, hermano por consiguiente, de ella misma.

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Tubal enseñó a sus descendientes la Ley natural. Desde entonces los habitantes de la Montaña guardaron siempre la Ley de Dios sin caer jamás en la idolatría, y adoraron la Cruz desde más de 1.500 años antes de la venida del Mesías, a consecuencia de la predicación y enseñanza de la Sybila Erithréa, y pusieron el signo de la Redención en sus banderas, estandartes y sepulcros. Noé vino a visitar y reconocer a su nieto Tubal y a su prole: atravesó la comarca que ahora es país vascongado, y fundó en nuestra provincia el pueblo, hoy ciudad, de Santander. (…) Tubal murió en el año 1850 de la creación del mundo. Algunos dicen ser verosímil se le enterrase a legua y media de Santander, entre unas peñas blancas muy enriscadas, dentro del término de Maoño, en un hoyo que los habitantes de la comarca apellidaron Tubalin.

Explicaciones creacionistas actuales. Los dieciseis nietos de Noé, según Harold Hunt El primer nieto de Noé que se menciona es Gomer. Ezequiel ubica los primeros descendientes de Gomer, junto con Togarma (un hijo de Gomer) en los confines del norte (Ezequiel 38:6). En la Turquía moderna hay un área que en tiempos del Nuevo Testamento era llamada Galacia. El historiador judío Flavio Josefo anotó que la gente que en sus días eran llamados Gálatas o Galos (aprox. 93 d. C.) fueron antes llamados Gomeritas. Ellos emigraron al occidente, hacia lo que ahora son Francia y España. Por muchos siglos Francia fue llamada Galia, a causa de los descendientes de Gomer. El noroeste de España se llama Galicia hasta hoy. Algunos Gomeritas emigraron más lejos, hacia lo que ahora se llama Gales. El historiador galés, Davis, anota una creencia tradicional de Gales según la cual los descendientes de Gomer "arrivaron a la Isla de Bretaña desde Francia, aproximadamente trescientos años después del diluvio". Asímismo anota que la lengua galesa también se llama Gomeraeg (tras su ancestro Gomer). http://www.answersingenesis.org/espanol/docs/nietos.asp

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Otra vía distinta de explicación es la que desarrollan los naturalistas o biólogos. En el siglo

XVIII se ha instalado una visión aristotélica del mundo. El ser humano y sus fenómenos (la

economía, la sociedad) se explicaban en el seno de la naturaleza. En el esquema de

explicación de lo natural era necesario incluir lo humano, situado en la parte más alta de la pirámide. El s. XVIII es el siglo de las exploraciones naturalistas. Los naturalistas (ej. Humboldt) describen tanto las condiciones naturales de las regiones extraeuropeas (con el propósito de explotarlas con mayor eficacia) como las costumbres de los pueblos que van conociendo.

Entre los españoles destacan Jorge Juan y Antonio de Ulloa. Describen los aspectos

naturales (geología, biología) y también las poblaciones, señalando rasgos de las técnicas, de los instrumentos, de las instituciones,… que no encajan demasiado bien con las descripciones bíblicas. Sin embargo, algunos de estos materiales son similares a los que encuentran los anticuarios europeos. La Biblia tiene demasiada fuerza como para

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deslegitimarla con evidencias tan indirectas (por otra parte, Ulloa encuentra abundantes pruebas del Diluvio Universal, en forma de fósiles marinos en zonas de montaña) 5 .

En este contexto, la arqueología no juega un papel relevante en las explicaciones del pasado. Los restos arqueológicos se estudian o contemplan desde la perspectiva de la historia del arte, del coleccionismo o del mero diletantismo. La arqueología no se concibe como un instrumento de interpretación del pasado. Muchos de los materiales arqueológicos sencillamente no se comprenden, faltos de una buena situación contextual. Las hachas pulidas neolíticas o calcolíticas se interpretan como piedras producidas por rayos salidos de nubes negras, Stonehenge se interpreta como un templo toscano, muchos de los restos encontrados en las cuevas se atribuyen a un tiempo mítico o genérico –de moros o paganos.

5

Cf.

Noticias

americanas”

en

01148963170578619321213/index.htm.

http://cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/

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El nacimiento de la prehistoria: la crisis evolucionista

Desde principios del siglo XIX se van sentando las bases que llevan a un cambio de paradigma 6 . Los cambios de paradigma son fenómenos complejos (y explicados de manera diversa: Popper, 1965 [1934]; Kuhn, 1978 [1962]; Feyerabend, 1989 [1974]; Lakatos, 1989 [1978]; Stegmüller, 1981. Ver Calvo, 2003) que incluyen en su génesis al menos un cambio general de ambiente intelectual y además una acumulación de hechos sustanciales que no pueden ser bien explicados en el marco del conocimiento antiguo y sí encuentran cabida en un marco nuevo.

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Modelo de Kuhn

de

a. Fase de ciencia normal, con su paradigma.

b. Fase de “revolución”, acumulación de contradicciones y pérdida

confianza (influencia de condicionantes externos).

c. Cambio de paradigma.

Las teorías son inconmensurables, no se pueden comparar entre sí.

Modelo de Lakatos (en respuesta al modelo kuhniano) El núcleo del modelo es el llamado “Programa de investigación” en el que participan un núcleo firme, formado por conjeturas (por ejemplo, en el programa newtoniano, las tres leyes de la mecánica y la ley de la gravitación) y un cinturón protector de hipótesis auxiliares, en otros campos. Cada programa de investigación tiene una heurística, una maquinaria para la solución de problemas (en el caso newtoniano, con unas técnicas matemáticas sofisticadas) que asimila las anomalías y las convierte en evidencia positiva. Los programas de investigación no serían refutados y desaparecerían (como en el modelo kuhniano) si no que se irían abandonando cuando se agota su capacidad heurística positiva. Los científicos harían evaluaciones racionales –y no conversiones místicas- entre programas de investigación alternativos para elegir el que tengan mejor rendimiento para explicar y predecir nuevos hechos.

Modelo de Stegmuller Maneja la idea de la “red teórica”, un par ordenado con dos subconjuntos relacionados. El primero comprende los modelos posibles de teoría, más un conjunto de restricciones, y el segundo, las aplicaciones propuestas de dichos modelos (ejemplos paradigmáticos).

A lo largo del siglo XVIII y primera mitad del XIX, en el marco del desarrollo industrial europeo, se van acumulando cambios en el ambiente intelectual y se van sentando algunos precedentes que proporcionarán el apoyo ideológico y empírico para la ruptura con las explicaciones cristianas (Trigger, 1992) como el (1) arraigo de las concepciones ilustradas y

6 Utilizaremos el término paradigma en su versión más suave, como conjunto de creencias, valores y técnicas compartidos por una comunidad científica

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liberales, con los conceptos de progreso, evolución o unicidad de la condición humana, el (2) desarrollo de la crítica histórica, contra las explicaciones fabulosas; el (3) desarrollo de la metodología científica, que incluye el rechazo de los argumentos de autoridad y la exigencia de demostraciones empíricas; la (4) labor de los anticuarios, que van acumulando evidencias de materiales situados en contextos estratigráficos y empiezan a organizar algunos de los materiales arqueológicos para elaborar explicaciones de corte histórico y (5) los descubrimientos de la etnografía, que proporciona las referencias contextuales para comprender algunos de los objetos arqueológicos que se conocen en Europa.

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La crisis de la explicación cristiano-medieval para la prehistoria afecta a todas las disciplinas encorsetadas por las explicaciones bíblicas (geología, biología o historia) y se construye con tres elementos. 1. La disciplina más dinámica en este momento es la geología. Las tesis fluvialistas y actualistas que recoge Charles Lyell en sus “Principios de Geología” proporcionan a la vez la necesidad y los medios para construir una alternativa al esquema geológico y explicativo creacionista, de tipo catastrofista. En este esquema catastrofista se intenta adaptar las observaciones geológicas al Génesis. La existencia de sucesiones de estratos diferentes, con tipos de faunas desaparecidas, se explica como evidencias de catástrofes de tipo diluvial sucedidas en los últimos 6.000 años. Sin embargo, el razonamiento actualista aplicado a los fenómenos geológicos (los fenómenos antiguos tienen la misma mecánica y características que los actuales) exige que el mundo sea más antiguo que lo que recoge la Biblia para formar los valles fluviales y acumular las grandes capas de sedimentos. En las capas de sedimentos, a veces a grandes profundidades, aparecen instrumentos de piedra que han tenido que ser fabricados por humanos; aparecen a veces en los mismos estratos que animales ya extinguidos. La geología va a ser la disciplina motora en este momento de cambio, como muy bien percibe Tubino ya en 1868: Demos gracias a la geología que es la que nos ha puesto en el camino de tan grandes y significativos descubrimientos. La Geología es la que ha descubierto el hombre fósil.

Declaración de Buffon a requerimiento de la Facultad de Teología de la Sorbona (1751) Declaro que no tuve intención de contradecir el texto de las Sagradas Escrituras; que creo con la mayor firmeza en todo lo relacionado con la creación, tanto en su cronología como en su veracidad y renuncio a todo lo dicho en mi libro sobre la formación de la tierra o a todo aquello que pueda ser contrario a la narración de Moisés. Comentarios de Lyell a la declaración de Buffon The grand principle which Buffon was called upon to renounce was simply this, "that the present mountains and valleys of the earth are due to secondary causes, and that the same causes will in time destroy all the continents, hills and valleys, and reproduce others like them." Now, whatever may be the defects of many of his views, it is no longer controverted, that the present continents are of secondary origin. The doctrine is as firmly established as the earth's rotation on its axis; and that the land now elevated above the level of the sea will not endure for ever, is an opinion which gains ground daily, in proportion as we enlarge our experience of the changes now in progress (Lyell, Principles of Geology, 1830-33). http://www.fordham.edu/halsall/mod/lyel-

geology3-4.html

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2. Los desarrollos en la biología aportan dos elementos importantes. El primero es la discusión del origen del hombre, para el que proporciona otro mecanismo explicativo; el segundo es un concepto crucial en la siguiente etapa, el de evolución, que rápidamente va a ser traspuesto a los fenómenos históricos y sociales 3. Los aportes de la etnografía, quizá más modestos desde un punto de vista teórico, ya que su uso va a ser instrumental, pero importantes porque van a ser más específicos para la Prehistoria: los instrumentos hallados en los estratos antiguos se interpretan en función del parecido con otros instrumentos que los exploradores están encontrando en pueblos remotos, en sociedades con un desarrollo tecnológico muy distinto e inferior al europeo.

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A la par, hay un desarrollo original, propiamente arqueológico, entre los anticuarios daneses que lleva a la proposición y al refinamiento del sistema de las tres edades por Thomsen y Worsaae, que aparece más o menos explícito en la guía del Museo nacional de Copenhague en 1836. Este sistema permite empezar a ordenar la nueva profundidad cronológica que ha empezado a desvelar la geología.

Todos estos elementos participan claramente en la génesis del evolucionismo en Prehistoria, en la década de 1860. Los hallazgos arqueológicos se interpretan por analogía con los restos etnográficos y se fechan o sitúan cronológicamente con argumentos geológicos o con la clasificación tecnológica de las tres edades y los cambios históricos se interpretan en un marco evolutivo. El evolucionismo va a aportar un marco explicativo radicalmente nuevo respecto al creacionismo. La concepción histórica es progresiva y no regresiva; se entiende que las sociedades humanas progresan de manera continua y necesaria, y que las etapas de ese progreso están ordenadas y son de tránsito obligado.

En España, en general, retraso en la manifestación de casi todos los cambios de tendencia; aquí continúan practicándose las formas de investigación que ya se están refutando en otras partes. En el caso español, este es uno de esos momentos, en una favorable situación sociopolítica, en los que encontramos una excepción a la norma que sugeríamos en la introducción. Entre 1860 y 1875 los pioneros españoles siguen de cerca las principales innovaciones de la disciplina. En 1862, Casiano del Prado, trabajando con Lartet, descubre

bifaces en el cerro de San Isidro en posición estratigráfica, en una de las primicias europeas (Maier y Martínez Peñarroya, 2001) y en 1871 Vilanova publica los primeros resultados de una excavación arqueológica en Argecilla (valle de Henares, Guadalajara): reconoce un taller de fabricación de útiles de piedra por los restos de piedras talladas que encuentra; reconoce un hogar por la presencia de piedras alteradas por fuego. Con ciertos matices - Vilanova rechaza el actualismo de Lyell y mantiene la idea del diluvio- lo cierto es que un paradigma nuevo y revolucionario se introduce en los círculos de investigadores españoles con bastante rapidez En 1867 se celebra en París el Congreso Internacional de Antropología y Arqueología, donde Mortillet explicita los principios de lo que será el programa evolucionista:

1. Gran antigüedad del origen del hombre (frente a la explicación bíblica).

2. Evolución lineal, con un progreso continuo y de carácter necesario –obligatorio.

3. Desarrollo paralelo de la humanidad.

El evolucionismo se nutre de una percepción materialista en la que se entiende que la que determina el estadio de desarrollo histórico de una sociedad es el nivel de capacidad tecnológica que ha alcanzado. A pesar de que en los esquemas evolucionistas del siglo XIX se utilizan etiquetas de carácter casi moral para estos estadios –como los salvajismo, barbarie y civilización, de L.H. Morgan, 1877- la base explicativa es férreamente materialista

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y sistémica: las condiciones materiales son las que determinan el resto de los aspectos de la sociedad. El esquema marxista de los modos de producción sucesivos es inequívocamente evolucionista y de hecho se inspira en los postulados de Morgan (cf. Engels, 1988). En este esquema, el paleolítico, las formas de vida de los cazadores-recolectores son interpretadas como un sistema “comunista primitivo”.

El carácter fundacional del evolucionismo respecto a la Prehistoria moderna hace que buena parte de sus presupuestos tengan tenido una influencia duradera. La concepción progresiva de la historia se incardina casi como un programa oculto de la disciplina de manera que los cambios que implican éxito adaptativo y mejora se aceptan como naturales mientras que crisis necesitan de argumentaciones adicionales y se perciben como pasajeras

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Además de la revisión del marco teórico y conceptual, el evolucionismo va a proporcionar otros aportes importantes en los que me gustaría insistir. El primero y más evidente es la vinculación entre Prehistoria y Arqueología, que lleva al núcleo duro de la disciplina el recurso a la documentación arqueológica para resolver las cuestiones históricas del pasado prehistórico. El segundo, es un préstamo tomado de la Geología: la estratigrafía se emplea como instrumento para situar estos restos en su contexto y cronología y se vincula a la Arqueología. El tercero, muy potente en términos narrativos y heurísticos, es el uso de las referencias etnográficas para comprender –y explicar a los otros- los restos arqueológicos.

A partir de los presupuestos evolucionistas se van a elaborar varios esquemas explicativos globales para el recorrido histórico de las sociedades humanas. Uno de los que más éxito tuvo fue el modelo de Lewis H. Morgan publicado en Ancient Society (1877) en el que se establecían tres estadios evolutivos: salvajismo, barbarie y civilización, con subdivisiones más finas que le permitían establecer hasta siete estadios sucesivos. El esquema marxista de los modos de producción sucesivos es inequívocamente evolucionista y de hecho se inspira en los postulados de Morgan. En este esquema, el paleolítico, las formas de vida de los cazadores-recolectores son interpretadas como un sistema “comunista primitivo” Ch. Spencer y J. Lubbock introducen una aplicación directa de los principios del evolucionismo de Darwin a la interpretación de la Historia. Lubbock explica el retraso de los grupos de cazadores-recolectores contemporáneos como un fallo adaptativo que será inevitablemente castigado por el mecanismo de la selección natural. Justifica de esta manera las prácticas colonialistas que no serían otra cosa que el resultado de un desarrollo histórico “natural”. Es el comienzo de las aplicaciones de lo que se conoce como darwinismo social.

E. Prat de la Riba, La nacionalidad catalana (1906) Els pobles bárbars, o els quevant en sentit contrari a la civilizació, han d’esser sotmesos de grat o per fosa a la direcció i al poder de les nacions civilitzades. Les potencies cultes tenen el deure d’expansionar-se sobre les poblacions

Patriotisme y expansio han de menester en la societat

internacional d’avui l’ajuda de la guerra.

endarreides

Prefacio a L'órigine des especes, de Clemence Royer que el abandono y la muerte consiguiente de los débiles y enfermos en el orden corporal o moral, constituyen un derecho y hasta un deber social; que las naciones europeas deben poner en ejecución las leyes y costumbres de Esparta

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y de Roma acerca de los esclavos y de los niños; que los asilos de beneficencia, instituciones de caridad, y especialmente los hospitales, deben desaparecer o convertirse en cementerios permanentes. La tendencia a realizar entre los hombres una igualdad imposible, dañosa y contra naturaleza, es una tendencia, generosa acaso, pero evidentemente falsa e incompatible con la teoría de Darwin acerca de nuestro verdadero origen.

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En España, las novedades evolucionistas se difunden inmediatamente ya que Tubino publica el Manifiesto de Mortillet en la revista de Bellas Artes. Ese mismo año se funda el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid. El año siguiente, Tubino y Vilanova comienzan la excavación de Cerro Muriano, una de las primeras excavaciones que se plantean con el objetivo de explicar el pasado a través de los retos materiales. En 1870 Tubino pronuncia una conferencia titulada “La cultura y el arte prehistóricos”, cuando el término acaba de acuñarse. En 1871 Vilanova publica los primeros resultados de una excavación en Argecilla (valle de Henares, Guadalajara): reconoce un taller de fabricación de útiles de piedra por los restos de piedras talladas que encuentra; reconoce un hogar por la presencia de piedras alteradas por fuego. También en 1871 Vilanova publica “Origen, naturaleza y antigüedad del hombre”. A pesar de la aceptación implícita de los principios evolucionistas para la historia humana, rechaza el actualismo de Lyell y mantiene la idea del diluvio. Con ciertos matices, lo cierto es que un paradigma nuevo y revolucionario se introduce en los círculos de investigadores españoles con bastante rapidez.

La prehistoria española durante la Restauración de Alfonso XII Esta evolución rápida y precoz se ve cortada a partir de 1875, por la influencia de los acontecimientos políticos: la Restauración borbónica. La Restauración aporta un fuerte componente ideológico conservador. El reconocimiento de la antigüedad del origen del hombre –y el resto de las investigaciones en biología, geología, prehistoria, etc…- chocaba con los dogmas vigentes de la iglesia católica, que en ese momento pasa a tener mayor fuerza política. -Los profesores que han enseñado las teorías evolucionistas son expulsados de la Universidad y se prohíbe la difusión de las tesis darwinistas. -En el Congreso Nacional Católico de 1889, varios obispos intentan prohibir la investigación en prehistoria (ref. fray Zeferino González). La condena se salva por la intervención de Vilanova, quien era ya un prestigioso pensador católico. -En cualquier caso, la investigación se desarrolla en un ambiente ideológico hostil durante las últimas décadas del siglo XIX, aislada de los desarrollos metodológicos y teóricos producidos en el extranjero (con la prohibición de importar libros que no cuentan con la aprobación de la censura eclesiástica), en manos de aficionados –a menudo miembros de la nobleza- y sobre todo de religiosos, embarcados en la empresa de encontrar elementos que permitan bien rebatir los principios evolucionistas bien conciliar las evidencias arqueológicas con los principios cristianos 7 .

Fray Zeferino González, La causa principal originaria ya que no única, del malestar que esteriliza y detiene la marcha de la sociedad

7 Intentos de conciliar el creacionismo y el evolucionismo: España Lledó “La Pre-historia en sus relaciones con la Revelación” (1881) http://www.filosofia.org/aut/001/1881esp.htm

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por los caminos del bien, es esa gran negación oculta y encarnada en el principio racionalista, es la negación de Dios, principio generador del mal en todas sus formas. Discurso de recepción en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (1873-1883)

Después de lo que llevamos expuesto, creemos innecesario demostrar que el darwinismo encierra doctrinas y tendencias esencialmente anticristianas. Haciendo caso omiso de otras, la teoría darwiniana sobre el origen del hombre es incompatible con el dogma católico que nos enseña, que nuestros primeros padres Adán y Eva, fueron producidos por Dios inmediatamente. Los que pretenden conciliar el darwinismo con el cristianismo, dan fundamento para sospechar que no conocen a fondo, ni al primero ni al segundo.

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La Pre-historia en sus relaciones con la Revelación, por José España Lledó,

http://www.filosofia.org/aut/001/1881esp.htm

Graves son las dificultades del tema que me ha cabido en suerte; gravísimas, por cuanto la Pre-historia es hoy, por desdicha, uno de los principales reductos de nuestros [7] adversarios, su esfera va siendo extensa en demasía, copiosa su literatura, y para la resolución de los múltiples problemas que contiene, se necesita reunir a la profundidad y seguridad de juicio y raciocinio del filósofo, la perspicaz y minuciosa observación del naturalista, y a la severidad y sobriedad del sabio la imaginación creadora del poeta. (…) Por desdicha, la mayor parte de los escritores que dejamos citados, tanto en el extranjero como en nuestra patria, han prescindido por completo de la Biblia, cuando no han querido destruir, permítasenos la frase, [11] con sus martillos de geólogos y con los sílex de sus colecciones, el edificio de la revelación. La pre-historia, orgullosa con sus descubrimientos, entusiasmada con sus rápidos progresos, ha inducido atrevidamente, atropellando las leyes de la lógica. (…) La rápida e imperfecta exposición que acabamos de hacer de la ciencia prehistórica nos demuestra que sus resultados y deducciones son por regla general indiferentes bajo el punto de vista religioso. Por desdicha sus cultivadores, sacando de los hechos observados conclusiones que ciertamente no están en ellos contenidas, han pretendido que la Pre-historia refuta al Génesis en lo relativo al origen y antigüedad del hombre y al estado de felicidad e inocencia de nuestros primeros padres. Voy, pues, a ocuparme por su orden de cada una de estas cuestiones, advirtiendo de antemano que, desde luego, someto humildemente mi juicio al de la Iglesia en cuanto esponga, y me apresuraré a retirar lo que parezca erróneo o aventurado. (…) Aun cuando la Pre-historia exagera la antigüedad del hombre, no es menos cierto que los descubrimientos que de cincuenta años a esta parte se han hecho demuestran que la antigüedad de nuestra especie es mayor que la que se le

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había asignado, partiendo de una estrecha y torcida interpretación del Génesis. La Iglesia sobre este punto no ha hecho declaración alguna, y con razón dice Silvestre de Lacy que no hay cronología bíblica, opinión que corrobora el sabio exegeta y piadoso sacerdote M. Le Hir, quien afirma: que la cronología bíblica flota indecisa, y a las ciencias humanas toca averiguar la fecha de la creación de nuestra especie. De lo expuesto se deduce que si en el estado actual de la ciencia la antigüedad del hombre no puede computarse, como quiera que las Sagradas Escrituras no tienen cronología cierta, los descubrimientos científicos, si alguna vez llegan a fijar al hombre mayor antigüedad de la que hoy se la reconoce, no podrán nunca ponerse en contradicción con el sagrado texto. (…) El hombre, señores, y termino ya porque mi fatiga me da la medida de la vuestra, pecó y cayó de la gracia, aquí tenemos el punto de [32] partida del Progreso; la regeneración es su término final; la evolución progresiva la constituyen, como he dicho en otra ocasión, la serie de operaciones que la humanidad lleva a cabo desde la caída a la regeneración para alcanzar mediante esta la felicidad Suprema que en la otra vida y en el seno amantísimo de su creador se encuentra. Así, pues, en lo que se refiere a la perfección esencial de la humanidad no puede decirse que el progreso es indefinido. No sucede otro tanto en lo relativo a su perfección accidental, pues en este punto la humanidad se perfecciona indefinidamente. Desde el estado de miseria y decadencia que demuestran los sílex tallados, vemos al hombre elevarse, y de etapa en etapa y de siglo en siglo logra mayor suma de bienes. Las tribus se convierten en naciones, las grutas, los palafitos y aduares en ciudades ricas y florecientes, el tosco dólmen en el elegante sarcófago, el menhir en ostentoso monolito…

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En este contexto, M. Sanz de Sautuola descubre las pinturas de Altamira. Sautuola excavaba desde años antes en yacimientos prehistóricos –como El Pendo o el mismo de Altamira, desde 1875- y estaba relativamente al tanto de las novedades en prehistoria. Cuando descubre las pinturas las pone inmediatamente en relación con los materiales paleolíticos que estaba encontrando en el yacimiento situado en la boca de la cueva. Sin embargo el descubrimiento es objeto de controversia y finalmente no es aceptado en la mayor parte de Europa. Además de las dificultades metodológicas para evaluar la autenticidad de las pinturas, con este tipo de representaciones se viene a contradecir el modelo evolucionista dominante: muestra una humanidad elevada, capaz de crear expresiones artísticas complejas, en un momento extremadamente antiguo. Los prehistoriadores europeos piensan que se trata de una falsificación, que achacan a jesuitas españoles –creacionistas- destinada a invalidar las propuestas evolucionistas. La aceptación de Altamira deberá esperar a los hallazgos de La Mouthe, Pair-non-Pair, Combarelles y Font-de-Gaume, éstos últimos en 1901.

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Las corrientes histórico-culturales

Hacia finales del siglo XIX se van a sentar las bases para la incorporación de otras perspectivas teóricas a la disciplina, las típicas del historicismo. Este cambio se produce como resultado de la combinación habitual entre las novedades en el ambiente político e intelectual, por un lado, y la acumulación de evidencias que contradicen las propuestas de la perspectiva dominante, en este caso el evolucionismo, por el otro. A partir de 1880, la situación económica en Europa se hace más difícil. La saturación de los mercados lleva a la primera gran crisis después de la Revolución Industrial. La consecuencia es la extensión del pesimismo, la pérdida de la fe en el progreso como necesidad. Es un ambiente de expansión de las ideologías nacionalistas, o imperialistas según los casos, en el que la visión universalista y uniformitarista del evolucionismo parece inadecuada. Por el contrario, se va a primar un examen de la diversidad, de lo particular, acorde con el objetivo que ahora se extiende, el de trazar el origen histórico (prehistórico) que legitima la existencia de cada nación (Trigger, 1992).

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El ambiente ideológico también ha cambiado en la prehistoria europea a principios del siglo XX. El evolucionismo unilineal que ha primado en la segunda mitad del XIX entra en crisis fruto de -la constatación de nuevos hechos que contradicen las propuestas evolucionistas (evidencias de fases de decadencia y retroceso, por ejemplo, la polémica sobre la posición estratigráfica del auriñaciense y el solutrense o la autentificación del arte paleolítico) y de -nuevas ideas menos optimistas sobre la evolución histórica de las sociedades, pérdida de fe en el progreso como necesidad a raíz de las primeras crisis expansivas de las sociedades capitalistas: auge de los nacionalismos.

El historicismo, las corrientes histórico-culturales, van a primar una perspectiva anti- materialista, particularista e idealista, acorde con una visión normativa de la cultura. Lo que determina la organización de una sociedad y su cultura son los rasgos relacionados con las creencias, costumbres y tradiciones, aquello que crea la personalidad particular de un pueblo, su idiosincrasia. Desaparece el interés por las explicaciones universales que es característica del evolucionismo. Los enfoques histórico-culturales van a ser más particularistas en sus objetivos –explicar historias regionales o nacionales- y en su concepción del funcionamiento de las sociedades. Esta perspectiva crea algunos problemas epistemológicos ya que en último término las sociedades humanas no obedecen reglas generales por lo que la casuística histórica es infinita y particular en cada caso.

El historicismo va a crear nuevos conceptos y técnicas de análisis adaptados a su objetivo, cómo reconocer un pueblo o nación en la prehistoria. Para atender este interés resulta básico el concepto de “cultura arqueológica

El concepto de “cultura arqueológica” y la etnicidad. ¿Cómo reconocer un pueblo o nación en la prehistoria? Para atender este interés resulta básico el concepto de “cultura arqueológica”. Una “cultura arqueológica” es un conjunto de restos materiales (recipientes, instrumentos, decoraciones, tipos arquitectónicos, formas de enterramiento) que aparecen de una forma recurrente en una época y en una región concretas. Estos conjuntos de restos -o “culturas arqueológicas” representarían grupos étnicos concretos, pueblos del pasado. Los restos recogidos en los distintos yacimientos son parecidos porque son el resultado de poner en práctica los mismos conceptos, adquiridos por el aprendizaje en el seno de una misma tradición. Cada tradición no sería otra cosa que el reflejo de la esencia propia de cada uno de los pueblos.

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Este es un enfoque idealista ya que considera que es la identidad colectiva de las gentes la que les lleva a comportarse del mismo modo, independientemente de las circunstancias o de las condiciones materiales en las que vivan. En sus formulaciones más drásticas, los enfoques histórico-culturales nacionalistas entienden que el comportamiento está condicionado biológicamente: aquellos que pertenecen a la misma etnia tienen un patrimonio biológico común y esta comunidad biológica es la que les lleva a comportarse de la misma forma, en lo esencial. Este concepto de cultura es normativo. La cultura es un conjunto de normas o valores compartidos implícitamente por individuos; estas normas o valores determinan la conducta apropiada y se adquieren por la tradición histórica de cada grupo. En un área cultural encontraremos la misma lengua, el mismo patrón de subsistencia y la misma cultura material o arqueológica. Las continuidades en el tiempo se consideran “tradiciones culturales” y los parecidos en el espacio, en regiones amplias, se denominan “horizontes culturales”.

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Las tipologías Para establecer las culturas arqueológicas son precisos estudios sistemáticos de los restos materiales; esto permite apreciar cuáles son las diferencias cronológicas y espaciales entre los conjuntos. Los estudios de los restos materiales son tipologías, catálogos muy detallados de los diferentes objetos o construcciones producidas. Las clasificaciones tipológicas permiten comparaciones entre los distintos estratos de un yacimiento o entre estratos de yacimientos diferentes para poder evaluar el grado de afinidad o distancia. Resulta muy útil el concepto de fósil-director, prestado por la geología, y que define a un tipo de artefacto - en la geología se trata de una especie- que resulta específico de una sola época o región por lo que permite caracterizar un estrato arqueológico con facilidad y confianza. El método aplicado es estrictamente positivista e inductivo, con la esperanza de que la acumulación de datos, de hechos objetivos, constituye en si misma una explicación.

El cambio histórico: migración y difusión. La confianza en el progreso y en la capacidad humana están en entredicho. La creación e innovación se consideran accidentes excepcionales por lo que el esquema más aceptado es el de una invención única y una posterior difusión de las novedades hacia otros lugares. Se consideran relativamente pocos lugares como capaces de producir innovaciones, limitados a los que presentan tradiciones más elevadas; es el modelo del “ex oriente lux”, que tiende a situar en Oriente Próximo, cuna de las grandes civilizaciones históricas, el origen de casi todas las novedades prehistóricas. El otro tipo de mecanismo considerado son las migraciones, resultado del contacto entre pueblos superiores, naturalmente expansivos, y los inferiores, que acaban sojuzgados al menos culturalmente. Difusión y migración son reconocibles en el registro arqueológico las variaciones en la cultura material descrita en las tipologías. Un cambio modesto es el resultado de la difusión desde otra cultura vecina. Un cambio importante sugiere la migración y la sustitución de unas poblaciones por otras.

Los aportes del historicismo del historicismo son el interés por las historias particulares, el uso del concepto de “cultura arqueológica” como articulador de las explicaciones históricas, el recurso a la migración y la difusión como principales agentes de cambio, el desarrollo de la tipología como técnica de análisis y la confianza en el positivismo más ingenuo como herramienta epistemológica. Pero el historicismo no viene a sustituir completamente al evolucionismo, hay aspectos que encuentran continuidad. Entre ellos muchas de las técnicas desarrolladas en el

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periodo anterior –la arqueología o la estratigrafía- pero también algunos de los conceptos. De hecho, la estructura de explicación evolucionista se mantiene para el tiempo largo y para los periodos antiguos; el historicismo más episódico modula en los tiempos más cortos, sobre todo en los últimos milenios de la Prehistoria reciente.

Las corrientes histórico-culturales en España En la agenda de intereses de los prehistoriadores aparece ahora con fuerza el interés por el arte y el interés por las clasificaciones cronológico-culturales, que son las que permiten

rastrear en el pasado las evidencias más antiguas de cada pueblo o cultura. La Península Ibérica, sobre todo la región cantábrica, se convierte en uno de los lugares de mayor interés para los prehistoriadores europeos.

A partir de 1902 (Mea culpa d'un sceptique, de Cartailhac) se desarrolla una intensa labor de

prospección de yacimientos a la búsqueda yacimientos con largas secuencias estratigráficas –como la excavada en la Cueva del Castillo- y de arte mueble y rupestre, protagonizada

sobre todo por investigadores franceses o integrados en instituciones francesas (Cartailhac, Breuil, Obermaier, Wernert) y más tarde por equipos mixtos de españoles y franceses, que

incluyen a Alcalde del Río, Sierra, etc

En este momento se descubren las representaciones

de la Cueva del Castillo, Hornos de la Peña, Covalanas,

Este hecho, y el espíritu regeneracionista del 98 extendido a la ciencia y al conocimiento 8 va

a propiciar un nuevo impulso de la investigación arqueológica prehistórica, prácticamente

desaparecida durante la Restauración. Aparece un elemento nuevo, a mi juicio muy importante, y es que la investigación se institucionaliza 9 aunque fuera a una escala mínima,

lo que permite la aparición de las primeras infraestructuras y de los primeros equipos de

investigadores.

A partir de 1910 comienzan a formarse los primeros grupos de investigación y a formarse

las primeras instituciones que los acogen. Esta situación coincide con un cambio general en

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el

mundo intelectual español, muy influido por las tesis regeneracionistas. En 1912 se funda

la

Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, en la que trabajaran Hugo

Obermaier y Paul Wernert, el Centro de Estudios Históricos con su sección de Prehistoria

y el Servicio de Investigaciones Prehistóricas, en el que investiga Pericot, en Valencia. Entre 1915 y 1936 se forman varios grupos de investigadores en otros lugares: la llamada ‘Escuela de Barcelona’ con Bosch Gimpera y su discípulo Pericot; en Asturias el Conde de la Vega del Sella y Hernández Pacheco; en el País Vasco, Barandiarán, Aranzadi y Eguren. Todos ellos mantienen una perspectiva histórico-cultural. La perspectiva histórico-cultural de estos grupos es muy acusada y se va a extremar con el aumento de la influencia de la etnología y prehistoria germánicas en las que se han desarrollado las ideas de los “círculos culturales”, como consecuencia de las estancias de formación de prehistoriadores como Bosch Gimpera, Martínez Santaolalla o Almagro Basch. La peculiar situación política española en el primer tercio del siglo XX va a generar, en el marco de la misma perspectiva teórica- aplicaciones que son de hecho muy diferentes. Las distintas escuelas de prehistoriadores van a desarrollar contribuciones a (pre)historias nacionales, pero de naciones diferentes. Así, Bosch Gimpera va a explorar las raíces de la

8 El conocido exabrupto de Unamuno, ¡que inventen ellos!

9 En 1912 se funda la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, en la que trabajaran Hugo Obermaier y Paul Wernert, el Centro de Estudios Históricos con su sección de Prehistoria y el Servicio de Investigaciones Prehistóricas, en el que investiga Pericot, en Valencia. Entre 1915 y 1936 se forman varios grupos de investigadores en otros lugares: la llamada ‘Escuela de Barcelona’ con Bosch Gimpera y su discípulo Pericot; en Asturias el Conde de la Vega del Sella y Hernández Pacheco; en el País Vasco, Barandiarán, Aranzadi y Eguren.

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nación catalana, Martínez Santaolalla y Gómez Moreno las de la española o Barandiarán las de la vasca, con modelos que son extraordinariamente parecidos, a veces con los mismos datos, pero con conclusiones distintas (cf. Ruiz et al., 2002). La Guerra Civil destruye el entramado institucional y desintegra los equipos de investigación que estaban formándose, especialmente los periféricos. Hasta 1955 no hay prácticamente investigación en arqueología y prehistoria en un cuadro de marcada penuria económica y en condiciones socioeconómicas extremas. El modelo explicativo que se mantiene es estrictamente histórico-cultural y la figura de loas primeras décadas de la posguerra será Martínez Santaolalla, con sus propuestas sobre el Imperio Hispánico del vaso campaniforme y su existencia en la raigambre céltica de la cultura española.

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Críticas a los enfoques historicistas

1. Las “culturas arqueológicas” son términos clasificatorios, no es fácil ni evidente la

demostración de que existe una relación precisa entre un conjunto de objetos y una identidad nacional dada.

2. El uso de la migración y de la difusión como mecanismos de explicación del cambio

histórico se torna exagerado. Casi nunca se explica por qué se producen las migraciones y las difusiones, por qué en ese momento concreto y no antes ni después, cuáles son los factores locales que hacen aceptable o no una innovación, etc… A menudo faltan los razonamientos causales. 3. Las explicaciones van cayendo en el particularismo histórico y en el subjetivismo. Dado que los cambios en cada pueblo dependen de su manera de ser y ésta es contingente – puede haber sido así o de otra manera-, entonces cada caso es particular, no hay ninguna regla general y no se puede alcanzare ninguna explicación, tan solo una descripción de lo que ha sucedido. Este rasgo se ve acentuado por el carácter inductivo del método que se aplica.

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La Nueva arqueología

Funcionalismo, neoevolucionismo y explicación procesual.

A partir de finales de los años 1950 comienzan a extenderse las críticas a los enfoques

historicistas, sobre todo en los medios anglosajones. Como es habitual, la crítica se nutre de

elementos muy variados Una parte de las críticas es interna y nace de la insatisfacción que produce la narrativa historicista, que mantienen un nivel explicativo muy bajo. Las culturas aparecen como entes inertes, algo fantasmagóricos, compuestos de objetos con vida propia cuya relación con las personas, las sociedades, los comportamientos humanos o los sucesos históricos apenas se percibe. Además, las observaciones etnográficas permiten criticar el concepto de “cultura arqueológica”, básico en el esquema de explicación historicista. Se documenta que los mismos grupos humanos, con la misma cultura, pueden producir conjuntos de restos materiales diferentes en situaciones distintas, por ejemplo en asentamientos ocupados en regiones, estaciones o para funciones distintas.

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Por otra parte, se observa una influencia de los cambios que se producen en disciplinas cercanas como la Geografía y la Antropología. Estos cambios van a enfatizar el interés por las explicaciones de tipo materialista, como el funcionalismo. También van a introducir cambios en la epistemología, llevando a la aplicación de estrategias de investigación parecidas a las de las ciencias “duras”: sistémicas, con modelos hipotético-deductivos, análisis cuantitativos, etc… A ello se suma un nuevo ambiente intelectual en el mundo anglosajón que coincide con la expansión económica y política que se produce tras la II Guerra Mundial. Es un ambiente de nuevo optimista donde cunde la confianza en la noción de progreso.

El

nuevo paradigma se va a construir con la suma de conceptos propios del funcionalismo

y

del neoevolucionismo a los que se va a añadir un tercer elemento, más bien

epistemológico, que es el razonamiento procesual. Uno de los cambios más notables es el que tiene que ver con el concepto de cultura, que pasa de ser normativa a adaptativa.

Elementos de la perspectiva funcionalista En la perspectiva funcionalista, todos los rasgos culturales de un grupo humano (sus técnicas pero también las costumbres, las instituciones, el arte, las ceremonias o los tipos de relaciones personales) se deben explicar a través de la función que cumplen para el grupo. La aparición de un rasgo cultural dado no es gratuita sino que cumple una función bien para permitirle sobrevivir en un medio hostil bien para promocionar la cohesión y evitar el conflicto interno. En sus formulaciones más extremas la cultura “sensu lato” se define como un mecanismo extrasomático de adaptación al medio ambiente (Straus, 1983). Relación con el medio natural. En consecuencia se deduce que todos los aspectos de la cultura están influidos en mayor o menor grado por los condicionantes ecológicos. La economía, la organización política y social o el sistema de creencias son explicados como elementos que garantizan y como partes que se explican en el funcionamiento del sistema. Es preciso por tanto plantearse un conocimiento sistémico del comportamiento humano, abarcando los aspectos económicos, sociales, políticos y su interrelación. Las culturas son sistemas integrados que deben ser explicados en su conjunto. En ese marco se concede una especial importancia a la tecnología y a la economía porque (1) es la parte del sistema más cercana a las tareas relacionadas con la supervivencia física del grupo, que se considera un factor central de la organización grupal y (2) porque se piensa que es más fácil de reconstruir a partir de las evidencias arqueológicas –la famosa

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escala de inferencia de Hawkes-, que a menudo son instrumentos de trabajo o restos derivados de labores técnicas y económicas. Esta perspectiva funcionalista tiene una fuerte raíz antropológica y, en ocasiones, proporciona buenas herramientas para interpretar modos de vida en sentido paleoetnográfico pero resulta más limitada para articular explicaciones de cambios históricos. La cultura es una respuesta adaptativa por lo que los cambios son respuestas adaptativas a las modificaciones del medio ambiente o en sistemas culturas adyacentes y competidores. Si no hay modificaciones externas el sistema permanece indefinidamente estable.

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Elementos del neoevolucionismo El mecanismo explicativo anterior resulta insuficiente para muchos arqueólogos funcionalistas. La línea filosófica en la que se apoya la Nueva Arqueología para dar cuenta del cambio histórico va a ser el neoevolucionismo, basado en el desarrollo que hacen Leslie White (1945, 1947) y Elman Service (1962). Retoman las ideas de Morgan pero añadiendo una variación sutil. Frente al modelo de evolución unilineal, continua y necesaria, una idea abiertamente refutada, proponen una diferencia entre evolución general y evolución específica. La evolución general es la que caracteriza a la humanidad y está marcada por el progreso. La evolución específica se refiere a la adaptación puntual de una sociedad al medio en el que vive. Algunas adaptaciones específicas o particulares pueden ser exitosas y otras no, pero estas últimas obviamente no perviven. La línea principal de desarrollo cultural se sigue a través de la cultura más avanzada de cada época. Service reelaboró los estadios evolutivos de Morgan y propuso una nueva serie evolutiva. Service entiende que “tras la infinita variedad de hechos culturales y de situaciones históricas específicas existe un número limitado de procesos históricos generales y de organizaciones sociales posibles”. Ordenadas desde las sociedades más sencillas a las más complejas éstas serían la organización en banda, la tribu, el sistema de jefatura y el estado. Debe notarse que aunque la etiqueta para cada fase evolutiva es ahora el tipo de organización política (en la clasificación de Morgan era una suerte de cualidad moral:

salvajismo, barbarie, civilización) la base de la sociedad se entiende que está determinada por las condiciones materiales y en concreto por el nivel de desarrollo tecnológico. La causalidad de la evolución se encuentra en las innovaciones técnicas, de hecho se entra de lleno en un determinismo tecnológico. En la conocida ecuación de White (C=E*T, cultura es igual a energía multiplicada por trabajo), la cultura de un grupo humano equivale a su capacidad para extraer energía del medio. Una cultura avanzada, desarrollada, es aquella con una gran capacidad para obtener recursos (cuantificables en términos de energía) gracias a sus medios técnicos. Otra formulación paralela es la llamada ley básica de la evolución que postula que, siendo los demás factores estables, la cultura evoluciona en la medida en la que se incrementa la cantidad de energía per capita o en la que se incrementa la eficacia para transformar energía en trabajo. El neoevolucionismo va a proporcionar de nuevo la confianza en la posibilidad de establecer leyes generales que pueden aplicarse a todas las sociedades humanas. La premisa de la que se parte es que, si todas las demás condiciones son iguales, puede esperarse que dos grupos humanos independientes se comporten de forma parecida, dentro de un rango de variación pequeño. Esto recupera de nuevo las analogías etnográficas e incluso estudios precisos llamados etnoarqueológicos que resultan útiles para establecer leyes trasculturales, elaborar modelos o generar hipótesis.

Explicación procesual y método científico La Nueva Arqueología entiende que los cambios culturales son procesos adaptativos al medio que se producen en el marco de un esquema que es comprensible y también

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predecible en la medida en que se definan las variables que participan en él. La mayor parte de los cambios se ven por lo tanto como procesos internos, en el seno de los grupos que sufren el cambio. El recurso a la migración y a la difusión como posibilidades de cambio queda minimizado o anulado. Con una base materialista, universalista y confiada en la existencia y en la posibilidad de conocer leyes generales, los nuevos arqueólogos se vuelcan en la aplicación del método científico en la práctica de la investigación arqueológica. El método científico adoptado es el dominante a finales de los años 50, de tipo popperiano (cf. K.Popper, 1934, The Logic of Scientific Discovery) con una estructura de tipo neopositivista lógica. Frente al positivismo inductivo, el nuevo método científico parte de la construcción de modelos que son sometidos a verificación a partir de la contrastación de las hipótesis que derivan de ellos (hipotético-deductivo). En teoría supone el paso desde las descripciones o generalizaciones empíricas que proporciona un enfoque positivista clásico hacia las explicaciones articuladas en forma de leyes. En cualquier caso se equipara la capacidad predictiva de un modelo con su capacidad explicativa. Esta estrategia de investigación centrada en la creación de modelos viene a solaparse con la aplicación del concepto de sistema (la suma del conjunto de elementos, el conjunto de relaciones entre los elementos y el conjunto de relaciones con el medio) que es paralelo al conocido en biología, por ejemplo en la idea de ecosistema.

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El desarrollo de la Nueva Arqueología Las primeras aplicaciones de estos postulados aparecen desde finales de los años 50 en la arqueología norteamericana a partir de la publicación Method and Theory in American Archaeology de Willey y Phillips (1958). La prehistoria es concebida como una parte de la antropología, por lo tanto tiene los mismos objetivos que los generales de la antropología. L.W. Binford lo detalla en 1962: el objetivo de la arqueología es explicar la gama de similitudes y diferencias del comportamiento cultural, en un artículo que se titula de manera significativa “Archaeology as anthropology” y cuya primera línea incorpora una cita de Wiley y Phillips que convierte en famosa “(American) archaeology is anthropology or is nothing”.

Como es lógico, para atender este novedoso repertorio de cuestiones que crea la concepción del mundo que mantienen, los arqueólogos funcionalistas van a promover o adaptar algunos métodos y técnicas de análisis. La perspectiva materialista lleva al auge de los estudios que permiten reconstruir el medio ambiente (análisis palinológicos, sedimentológicos, arqueozoológicos) y los relacionados con las actividades de subsistencia o tecnológicas (aprovechamiento animal o vegetal, técnicas de trabajo, organización del espacio y del territorio, etc…). La perspectiva procesual y cientifista explica que casi todas las argumentaciones estén basadas en datos cuantificados y a veces tratados de manera estadística para evaluar su significatividad. La perspectiva neoevolucionista y funcionalista provoca el aumento de las referencias etnográficas y etnoarqueológicas, a menudo construidas en forma de leyes, y utilizadas en la creación de modelos.

Regularidades transculturales sobre la ocupación del espacio entre cazadores-recolectores señaladas por Whitelaw (1991: “Some dimensions of variability in the social organization of community space among foragers”) -las habitaciones se ordenan según los lazos de parentesco. -cuando aumenta la población aumenta también el espaciamiento entre las habitaciones para limitar las situaciones de estrés que provoca el contacto con extraños.

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-en estos casos, las habitaciones se abren hacia las zonas donde se encuentran otros grupos familiares. -el aumento de la complejidad social se refleja en un incremento de la ordenación espacial. Las unidades sociales dentro de un poblado se agrupan entre sí y se separan de las otras

Críticas a la Nueva Arqueología

Una buena parte de las críticas a la Nueva Arqueología tiene relación con los presupuestos teóricos que impulsa y, sobre todo, con la incorporación de la agenda de cuestiones de la antropología. Esto lleva a:

- la falta de interés por las particularidades de cada momento histórico que se toma como un caso más en una tendencia general.

- el funcionalismo enfatiza el orden interno y la cohesión de los grupos humanos –la analogía orgánica- y no se preocupa o minimiza las contradicciones internas.

- de la misma manera se tiende a exagerar las condiciones estables. Los fenómenos de

cambio se estudian casi siempre como un salto evolutivo entre dos estadios de desarrollo diferentes.

- el principal mecanismo de explicación del cambio sigue siendo el inducido por la influencia ambiental externa, con poca consideración de los procesos sociales o ideológicos, y desarrollado como un proceso interno.

- esta insistencia en el carácter interno de los procesos de cambio apenas concede

importancia a las relaciones de colaboración o conflicto entre grupos diferentes.

- se recurre a modelos mecanicistas basados en asunciones irreales, como la del homo

oeconomicus racional -la idea de que todos los grupos humanos, en todas las situaciones, están esencialmente preocupados de maximizar su beneficios y reducir los costes.

- se culmina con el establecimiento de leyes de comportamiento humano (a partir de las

regularidades descubiertas) que son poco generalizadoras –alejadas de la idea de “ley” inicial- o que son triviales, con un nivel explicativo muy bajo: leyes de Mickey Mouse o leyes de la abuelita.

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Nueva Arqueología

 

Historicismo cultural

 

Mecanismos

del

Proceso interno

 

Difusión, migración

 

cambio

 

Esfera

de

la

Tecnología,

economía,

base

Cultura

(tradiciones,

costumbres,

sociedad

ambiental

identidades)

determinante

   

Concepción

de

los

Universal. Formulación de leyes generales.

Particular

comportamientos

humanos

 

Método

Positivismo

lógico

(hipotético-

Positivista (empírico, inductivo)

deductivo)

Verificación

 

Contrastación

Autoridad

Tipo de datos

 

Cuantitativos

(búsqueda

de

Cualitativos

 
 

significatividad estadística)

 

Resultado

de

la

Explicación

Descripción, generalización empírica

investigación

Posibilidad

de

Optimismo

Pesimismo /escepticismo

 

conocimiento

Concepto de cultura

Adaptativa

Normativa

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La situación en España: la renovación metodológica de los años 60

En la prehistoria española, a partir de 1960 se mantiene un enfoque fundamentalmente histórico-cultural pero se van incorporando poco a poco los conceptos y las técnicas de la Nueva Arqueología por la influencia de la literatura científica anglosajona y por la presencia de equipos de investigadores americanos y franceses. En las excavaciones de El Pendo, desde 1955 es el primer lugar donde se lleva cabo un estudio que ya no es solo estratigráfico y tipológico –para reconocer y fechar las "culturas" sino que se trata de un estudio multidisciplinar que incluye reconstrucciones medioambientales a través de los estudios polínicos y fechaciones por C14. En las excavaciones en Torralba y Ambrona (1960, Clark, Butzer y Freeman) se pretende estudiar el espacio ocupado por los paleolíticos, los sistemas de subsistencia, las técnicas de caza, el medio sedimentario, etc

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En la historiografía del Cantábrico, la influencia va a ser aún más perceptible a partir de los trabajos de excavación y con la publicación de Cueva Morín. La publicación de Cueva Morín es uno de los primeros ensayos de estudio multidisciplinar y de explicación sistémica y materialista conocidas en el ámbito peninsular; y se convirtió en modelo de estudio -y de publicación- en las décadas siguientes para los prehistoriadores del Cantábrico. Tomando como ejemplo el trabajo de I. Barandiarán, podemos apreciar en su tesis y en sus trabajos inmediatamente posteriores una muestra de estas novedades. Respecto

a los objetivos de la tipología, que es el instrumento básico de los enfoques

historicistas anteriores, sostiene que es útil para la reconstrucción crono- cultural y de la distribución geográfica de las culturas (Barandiarán, 1967: 214). Pero introduce un aspecto novedoso al enfrentar la mera clasificación y la tipología. La clasificación sería útil para un enfoque comparativo pero la tipología tiene otro objetivo: se destina a la “observación de las asociaciones o afinidades con los demás objetos pertenecientes a la propia unidad cultural” (1967: 213). Ésta es la idea del enfoque “conjuntivo” –frente al “comparativo”- de W.W. Taylor (1948) 10 , quien es uno de los precursores de los enfoques sistémicos de la Nueva Arqueología. Aquí podemos leer tranquilamente “sistémico” donde dice “conjuntivo”. Poco más tarde, en 1971 I. Barandiarán analiza de forma explícita y globalmente positiva algunos de los aportes de la Nueva Arqueología –por ejemplo, la hipótesis de la variabilidad funcional en el musteriense de los Binford (Binford y Binford, 1966)-, acepta el interés de una parte del programa procesual, como la importancia de los factores ambientales

o materiales, y asume una definición de “cultura” funcionalista y sistémica (I. Barandiarán, 1971: 355, tomada de Sackett, 1968). Como consecuencia, I. Barandiarán se muestra mucho más favorable a la inclusión de las técnicas de análisis típicas de la Nueva Arqueología ya que “la observación simplemente tipológica de la sola cultura material no resulta suficiente” (1971: 349). Propone la inversión en “cronología absoluta, climatología o geología aplicada” y el desarrollo de análisis complementarios “que permiten precisiones climáticas e informaciones ecológicas” (1971: 353).

10 Citado expresamente por I. Barandiarán, 1967: 213.

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Con todo, en el conjunto de los prehistoriadores españoles, la aceptación de la arqueología procesual es limitada, y se centra más en las técnicas de análisis que en el concepto general de la historia. Las técnicas que permiten la reconstrucción medioambiental proporcionan una apariencia de cientifismo que va bien con la moda pero el fondo de las interpretaciones funcionalistas es difícil de asimilar o inaceptable para la mayor parte de los prehistoriadores españoles. Por ejemplo, entre los dos conceptos diferentes de cultura del historicismo – normativa, reflejo de la tradición- y del funcionalismo –adaptativa-, la mayor parte de los prehistoriadotes españoles del momento están más cómodos en la primera.

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En este periodo, sobre todo a lo largo de los años 80 se generalizan los estudios de excavaciones que incluyen múltiples estudios, aplicando técnicas analíticas cada vez más complejas y especializadas, como pide la Nueva Arqueología. Sin embargo, la síntesis de estas informaciones, que debería ser la explicación de los comportamientos de los grupos humanos en el marco de sus condiciones ambientales, generalmente no se intenta. La mayor parte de los investigadores siguen interesados en la sucesión cronológica de las diferentes culturas prehistóricas, identificadas en sus tipos de instrumentos.

Un factor añadido que resta influencia a la Nueva Arqueología en España es que su conocimiento por parte de los prehistoriadores españoles coincide con la decadencia de la corriente, que ha comenzada a ser criticada por algunos de sus errores o excesos. A los que citábamos más arriba cabría añadir otro elemento añadido y es que la Nueva Arqueología tiende a exagerar el contenido científico-naturalista de la disciplina, lo que contrasta con la escasa formación en estos aspectos de los prehistoriadores españoles.

El resultado es una superposición parcial de dos tendencias, a pesar de que resultan en buena parte contradictorias. De la perspectiva histórico-cultural se mantiene el estudio de los restos materiales como evidencias de las tradiciones mantenidas por pueblos prehistóricos, se ensaya con ello un explicación diacrónica, historicista. De la perspectiva funcionalista se incorpora el interés por la reconstrucción medioambiental, la idea de que la naturaleza es un espacio social, y, sobre todo, se aceptan algunas de las innovaciones metodológicas (nuevas técnicas de análisis y formas más rigurosas en el tratamiento y presentación de los datos).

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La arqueología posprocesual, posmoderna o crítica

Bajo este encabezamiento podemos acoger a un conjunto de tendencias teóricas heterogéneas que aparecen entre finales de los (19)70 y principios de los (19)80 para hacer frente a algunas de las insatisfacciones que provoca la ex-Nueva Arqueología. Estas

insatisfacciones se articulan en torno a las críticas hacia la arqueología funcionalista que señalábamos más arriba. Podemos agruparlas en tres grandes categorías:

1. Los arqueólogos críticos están disconformes con la búsqueda de explicaciones científico-

naturalistas y con el excesivo peso que se da a la idea de adaptación ambiental para

interpretar los cambios históricos. Rechazan el método científico y las explicaciones por medio de leyes generales. En los enfoques positivistas hay más interés en la contrastabilidad que en la cuestión de si la teoría es interesante o valiosa.

2. En consecuencia, están menos interesados en las cuestiones tecnológicas, económicas y

ambientales. Sus centros de interés se van a desplazar hacia temas como el simbolismo, los sistemas de creencias o tradiciones de los grupos, las relaciones internas de poder, los

conflictos sociales y las desigualdades. Abren nuevos campos de investigación relacionados con las minorías o los sectores marginales., entre ellos, la llamada arqueología de género.

3. Van a señalar un interés nuevo por el papel que juega el conocimiento aportado por las

ciencias sociales en su conjunto, y la prehistoria en particular, en la sociedad actual: a qué

intereses sirve, cómo se transmite, cómo se instrumentaliza. La ciencia no es amoral y desideologizada sino que está plenamente comprometida con desarrollo del modelo capitalista Estas reflexiones procede tanto del marxismo original –cf. la 11ª tesis sobre Feuerbach de Marx (Domínguez Berenjeno, 1997)-, como de la escuela crítica de Viena (Santana y Pérez, 1999). Estas preocupaciones están en la línea del posmodernismo que se origina en las obras de Horkheimer o Habermas. El horizonte epistemológico esta basado en la 11ª tesis sobre Feuerbach de Marx: “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversas formas el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, puesta de moda en el marco de la teoría crítica en filosofía (Berenjeno, 1997). En este sentido Habermas (1982) señala el carácter de producto social del conocimiento científico: su sentido depende de la vinculación con intereses no cognoscitivos, sino pertenecientes a la praxis social. Entre estas nuevas orientaciones encontramos las nuevas aplicaciones del materialismo histórico, el neomarxismo, y distintas fórmulas posprocesuales como la arqueología contextual o el estructuralismo. Todas tienen en común los rasgos que se deducen de estas insatisfacciones (la exploración de nuevos métodos menos positivistas, el interés por la organización social e ideológica, la crítica al uniformismo social que impulsa el funcionalismo, la percepción sobre le papel de la investigación) pero organizan sus aportes desde presupuestos independientes y que en ocasiones son abiertamente contradictorios entre sí.

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Desde comienzos de los 80, en España nuevos factores van a introducir modificaciones en el tipo de opciones teóricas que toman los prehistoriadores españoles. aparición de nuevas corrientes teóricas en prehistoria con un fuerte componente crítico hacia la Nueva Arqueología. aumento del número de investigadores y del contacto con investigadores extranjeros. apertura política, que hace admisible, incluso prestigiosa, la adopción de otras posturas teóricas.

Las principales tendencias entre la arqueología crítica son el (neo)marxismo, el estructuralismo y la arqueología contextual.

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Corrientes marxistas El materialismo histórico o marxismo ha tenido una influencia desigual a lo largo de la disciplina. Durante mucho tiempo, hasta 1980, sus principales aplicaciones estuvieron

confinadas en los países socialistas europeos aunque una influencia vaga se puede encontrar en muchos prehistoriadores occidentales anteriores. Los elementos que definen una concepción materialista histórica “ortodoxa” son:

1. Materialista: son los medios de producción y las relaciones de las fuerzas productivas las que definen cada estadio evolutivo, cada modo de producción.

2. Evolucionista en cuanto a los principios generales del cambio histórico. El cambio surge de las contradicciones entre las fuerzas de producción (tecnología) y las relaciones de producción (organización social). La evolución es predecible y necesaria a través de unas fases conocidas a priori hasta el alcanzar el estadio comunista.

3. Sistémica: todos los aspectos de la sociedad están interrelacionados aunque debe

entenderse que la infraestructura –la base material de una sociedad- determina la superestructura. Sin embargo, en una perspectiva neomarxista se subvierten algunos de estos elementos. Se entiende que no hay una relación unívoca y necesaria entre infraestructura y superestructura sino que ambas se influyen mutuamente según las condiciones históricas particulares. De hecho, los neomarxistas toman de Marx la idea básica de que los sistemas simbólicos actúan como formas de control y dominación, no solo de integración social (la religión como opio del pueblo). Por ello se enfatizan los temas que tienen que ver con el conflicto, el desequilibrio, la hegemonía, la explotación o las relaciones centro-periferia. Lo importante es que las sociedades son internamente desiguales, con unos grupos dominando a otros empleando para ello instrumentos con los símbolos o las creencias.

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Entre los prehistoriadores españoles influyen sobre todo las ideas neomarxistas en especial para la prehistoria reciente. Tienen menos influencia en los estudios de prehistoria más antigua ya que, como decimos, su interés se centra en los conflictos internos, en las situaciones de hegemonía, explotación y desequilibrio dentro de las sociedades prehistóricas. Por ello es un enfoque más limitado para su aplicación a las sociedades de

cazadores-recolectores paleolíticas entre las cuales, siguiendo el esquema de Marx, se daría un comunismo primitivo, con ausencia de explotación del hombre por el hombre. El reconocimiento de desigualdades y conflictos en las evidencias etnoarqueológicas sobre cazadores-recolectores (Mercader, 1993) ha revitalizado un tanto esta perspectiva, sobre todo desde el punto de vista de los conflictos de género (Vila y Ruiz, 2002; Grup Devara,

2006 11 )

Para el paleolítico se han ensayado aplicaciones marxistas más ortodoxas, vinculadas a la llamada "arqueología social americana" (Argelés et al., 1995; Bate, 1998). Estas aplicaciones desarrollan un principio de Marx que permite interpretar los restos materiales en términos de organización social: "lo que distingue a las épocas económicas unas de otras no es lo que se hace sino cómo se hace, con qué instrumentos de trabajo se hace. Los instrumentos de trabajo no son solamente el barómetro indicador de la fuerza de trabajo del hombre sino el exponente de las condiciones sociales en las que se trabaja" una cita de Marx recuperada por M. Godelier (1971) que podemos encontrar en muchas publicaciones, tesis y tesinas. La aplicación de este principio lleva a un enfoque particular para el paleolítico en el que se retoma el interés por los tipos de utillaje con una nueva técnica de análisis –la tipología

11 El título de la comunicación en el Congreso era quizá más explícito en este sentido: “Formas de explotación en una sociedad sin clases. Un análisis etnoarqueológico de la sociedad Yámana de Tierra del Fuego”

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analítica: los cambios en los utillajes reflejan cambios más profundos en las sociedades que los usan.

Sin embargo, en periodos más modernos como el calcolítico o la Edad del Bronce los esquemas marxistas han sido más eficaces para comprender la aparición de desigualdades sociales, la formación de sistemas de jefaturas y protoestados (cf. Lull, 2005). Así encontramos los trabajos sobre el Calcolítico (Ramos Millán, 1981; Nocete, 1989), la Edad del Bronce (Lull, 1983) o la Edad del Hierro (Ruiz y Molinos, 1993) Para el paleolítico se han ensayado aplicaciones marxistas más ortodoxas, vinculadas a la llamada "arqueología social americana". Estas aplicaciones desarrollan un principio de Marx que permite interpretar los restos materiales en términos de organización social: "lo que distingue a las épocas económicas unas de otras no es lo que se hace sino cómo se hace, con qué instrumentos de trabajo se hace. Los instrumentos de trabajo no son solamente el barómetro indicador de la fuerza de trabajo del hombre sino el exponente de las condiciones sociales en las que se trabaja". La aplicación de este principio lleva a un enfoque particular para el paleolítico: interés por

los tipos de utillaje (tipología analítica) ya que los cambios en los utillajes reflejan cambios más profundos en las sociedades que los usan. La tipología analítica ha tenido cierto éxito por la apariencia más objetiva que tiene respecto

a las tipologías empíricas de los historicistas (Bordes) aunque muchos de los que la emplean no asumen las implicaciones que tiene su uso. En prehistoria reciente se ha aplicado por investigadores de la Universitat Autònoma de

Barcelona (V. Lull, J. Estévez), de las Universidades de Granada o Jaén (A. Ruiz) o del C.S.I.C. (J.M. Vicent) a cuestiones relacionadas con la aparición de sociedades complejas o

a formaciones estatales o paraestatales (El Argar o el mundo ibero).

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El estructuralismo En los enfoques estructuralistas, las acciones humanas son dirigidas por conceptos simbólicos muy generales que sirven para estructurar la comprensión del mundo en el marco de cada cultura. Para los arqueólogos estructuralistas, el objeto de análisis debería ser la estructura de pensamiento existente en la mente de quienes dejaron las evidencias arqueológicas. Esa estructura básica de comprensión del mundo, a partir de conceptos opuestos, se debería manifestar en todas las esferas de comportamiento humano. Por ello se buscan patrones de comprensión generales desarrollados por cada grupo en áreas distintas de la cultura humana (los mitos, las formas de organización social,…hasta el uso de los instrumentos) intentando vincular estas regularidades con estructuras culturales profundas. El estructuralismo influye en la prehistoria a través de los desarrollos antropológicos de C. Lévi-Strauss. Su aplicación en prehistoria ha resultado más compleja por la dificultad de acceder en la información arqueológica a los códigos simbólicos de las sociedades prehistóricas. La influencia del estructuralismo en la arqueología española es mucho más limitada. El principal ejemplo es quizá la investigación de A. Leroi-Gourhan sobre el arte paleolítico. Leroi-Gourhan encuentra regularidades en la disposición de los motivos pintados y grabados en las cuevas y asociaciones entre distintos tipos de animales. En su opinión, los dos tipos de animales más representados, bisontes y caballos, que aparecen en las zonas centrales del recorrido de las cuevas, son los dos polos opuestos de una dualidad estructural básica, que él interpreta como la masculina-femenina. La caverna misma podría ser entendida como el interior de un cuerpo humano que jugara un papel simbólico femenino en el que los pasos (entre galerías o a la luz exterior) fueran metáforas del nacimiento.

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Bases epistemológicas de las propuestas estructuralistas (Alcina, 1991)

- Unidad básica de la estructura mental humana.

- Cálculo de probabilidades como forma de aproximación a la realidad (constituida por los rasgos comunes de los sujetos individuales)

- Objetos como morfemas y sus interrelaciones como partes de un discurso. El todo es más que la suma de las partes.

A. Hernando (2002) también propone una perspectiva general de tipo estructuralista, con el objetivo de superar las limitaciones que perciben en el funcionalismo y, también, en otras perspectivas posprocesuales. Sobre estas últimas rechaza que el objetivo deba ser “interpretar subjetivamente las narrativas” elaboradas en el pasado sino que se trataría de “descifrar cuál es el tipo de categorías en el que basan su comprensión de la realidad, la construcción social del mundo en el que viven”. Acudiendo directamente a Levi-Strauss, recupera la idea del carácter sistémico de la cultura (conjunto de elecciones significativas, compatibles o incompatibles con otras elecciones), con una cohesión interna pero sujeto a cambio (la estructura se encuentra en el devenir… se forma y se descompone sin cesar). La cultura está estructurada y hay una cierta coherencia entre todos los niveles en que se expresa (social económico, etc…).

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La realidad –por lo tanto lo que se estudia- está formada por caracteres objetivos –hechos sociales- pero también por la conciencia subjetiva con la que estos hechos son vividos por los actores humanos.

El método debe combinar la explicación causal –de raíz positivista- y la comprensión –de raíz hermenéutica: la búsqueda de las causas termina en la asimilación de una experiencia. “El descubrimiento de la estructura es el resultado de la capacidad del investigador de encontrar la coherencia entre todas las partes, de captar el significado de lo que no es evidente, de comprender cómo un determinado orden racional… se expresa a través de signos de toda índole” (Hernando, 2002: 44).

Arqueología contextual La arqueología contextual es quizá la propuesta más característica de los enfoques posprocesuales. Entre sus rasgos más destacados está sin duda la reflexión metateórica sobre el papel de la arqueología en la sociedad contemporánea y las posibilidades de instrumentalización del pasado prehistórico 12 que han llevado a una especie de segunda pérdida de la inocencia, creo que bien interiorizada por la mayor parte de los practicantes de la disciplina. El examen de las propuestas y realizaciones de la primera etapa de la arqueología contextual –a través del prolífico Hodder, 1982; 1986; 1987; 1990; Shanks y Tilley, 1987; Miller y Tilley, 1984; Whittle, 1996) nos muestra un panorama claramente contrapuesto a la arqueología procesual en casi todos los aspectos. Una de las claves de esta diferencia es que cambia la concepción que se mantiene sobre cómo funciona el mundo y también la idea sobre cuáles son los objetivos de la disciplina. En este último sentido, se recupera la distinción de Dilthey sobre la finalidad de las ciencias naturales, que sería explicar, frente a la de las “ciencias del espíritu”, que deberían

comprender.

12 “Gran parte de la arqueología…sostiene y justifica un presente capitalista” (Shanks y Tilley, 1987:

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Las diferencias se extienden a otros muchos aspectos. La cultura no se entiende como adaptativa sino como un código de comunicación con una función transformadora, activa. El motor de cambio no es el cambio ambiental ni la respuesta tecnológica sino que deriva de la motivación individual vinculada básicamente a la cuestión del poder, bien sea por la dominación o la resistencia. No caben las generalizaciones sino que el enfoque es particularista ya que cada cultura del pasado debe ser explicada en sus propios términos. La conducta humana solo es comprensible dentro de cada contexto cultural específico; en cada sociedad se produce una estructuración de la realidad peculiar que explica las conductas y motivaciones de cada miembro de esa sociedad. Los significados simbólicos cambian de una cultura a otra, no están determinados por elementos económicos, biológicos o físicos 13 . En este punto es donde la arqueología contextual está más cercana al estructuralismo. I. Hodder insiste en que el objetivo ineludible es el estudio de los significados mentales: “Querámoslo o no, estamos interpretando constantemente lo que estaba en sus mentes. Quizá no el pensamiento consciente pero sí los significados -aún no reconocidos o no pretendidos”. Los esquemas conceptuales producen efectos en el mundo visible materialmente, contribuyen a la formación de un patrón.

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En cualquier caso, el interés por la dinámica histórica cede paso a otros objetivos, como las reconstrucciones espaciales por la vía de la Arqueología del Paisaje. De hecho, cambia el conjunto de la axiología de la disciplina, que ahora se orienta a promover emociones –más que interpretaciones- y a desvelar las relaciones de dominación social que condicionan el acceso al conocimiento sobre el pasado.

La epistemología abandona el positivismo lógico y se vuelve hacia la hermenéutica como estrategia, la dialéctica como apoyo y la empatía como recurso, en la convicción de que la comprensión deriva de la “lectura” de los datos, no de la observación, siguiendo a Gadamer (1977 [1960])o Derrida (1989 [1967]) 14 . No hay un método de investigación fijo sino que cada investigador tiene que intentar “leer” las ideas del grupo estudiado, de una manera tentativa y progresivamente más elaborada, como un niño aprende un idioma. El “texto” se percibe como condicionado por la situación histórica del intérprete en un marco subjetivo del que no es posible liberarse y en el que no hay patrones universalmente válidos de certeza (cf. Vicent, 1982). La idea de certeza absoluta es un derivado, ahora ya prescindible, de la epistemología newtoniana, que entra en crisis con la física cuántica (Domínguez Berenjeno, 1997). No hay posibilidad de verificación, cualquier teoría con coherencia interna es igualmente válida El resultado que se espera de la investigación no debe estar avalado por la contrastabilidad – según el énfasis típico del método científico- sino por el interés y la originalidad (cf. Criado, 1993 para una traducción de estas ideas al castellano 15 ).

13 “No puede haber relaciones predictivas directas entre la cultura material y la conducta social porque, en cada contexto particular, los principios simbólicos generales y las tendencias generales de integración entre creencia y acción son reordenadas de forma particular como partes de las estrategias de los individuos y los grupos” (Hodder, 1982).

14 La cultura material debe estudiarse contextualizadamente -ya que los significados son parcialmente arbitrarios. El contexto es toda aquella asociación que resulta relevante para su significado. La relación objeto-contexto es dialéctica, relativa (según la perspectiva, el interés y el conocimiento del examinador); el contexto da y gana significado en su relación con el objeto (Hodder, 1990).

15 Sobre el interés de la Arqueología del Paisaje: “Se trata de insistir en que tal vez sea imposible e inútil buscar órdenes temporales… Precisamente por ello, podríamos aceptar que generar

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La aplicación de las propuestas de la arqueología contextual ha tenido poco eco fuera del mundo anglosajón, incluso fuera del británico (cf. Coudart, 1999 para el caso francés). Las primeras revisiones hechas en España (Ruiz et al., 1988; Cerrillo, 1988) y las más recientes (Lull y Micó, 2001) ya mostraban la desconfianza de los arqueólogos españoles ante los fundamentos teóricos y metodológicos de la arqueología contextual por una parte, pero también, por otra, por el efecto que podía tener en una prehistoria española en la que aún se debatía sobre los excesos idealistas del historicismo y las deficiencias del registro arqueológico abordado con el enfoque positivista ingenua anterior. Las escasas aplicaciones han venido de la mano de F. Criado y un grupo de arqueólogos compostelanos (Criado, 1993; Criado y Villoch, 1998, i.a.) centrados en torno a la Arqueología del Paisaje. Sin embargo, su influencia ha sido mucho más notable, como decíamos, en la toma de conciencia sobre el papel de la Arqueología en la sociedad actual (Querol, 2005 16 ; Fernández, 2006).

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I. Hodder En las Islas Orcadas, en el norte de Gran Bretaña, durante el neolítico se encuentran tres tipos de asentamientos: residenciales, funerarios y ceremoniales. En los residenciales y funerarios se repiten muchos rasgos

estructurales: plano celular, con entradas bajas, angostas y largas, hogar central, entrada desviada a la derecha, separación izquierda/derecha y delantera/trasera,… Sin embargo, en los ceremoniales, algo más tardíos, se revierte está ordenación,

el espacio queda abierto, sin células.

Los dos primeros reproducen la estructura mientras el tercero supone la

antiestructura. Se trataría de un reflejo de la tendencia a la centralización frente

a la sociedad igualitaria anterior, una tendencia a la comunidad previa a la

aparición de las élites; las élites emergentes aprovecharían el vuelco del ritual (de celular a central).

Últimas tendencias posprocesuales

Los últimos enfoques posprocesuales quizá pueden ya calificarse directamente de posmodernos. Lo importante no es la interpretación del pasado sino las emociones que despierta el pasado entre nosotros mismos como sociedad contemporánea –y entre los arqueólogos en particular. Las publicaciones de los trabajos arqueológicos comienzan a

abstracciones de orden espacial de los datos arqueológicos (sería) igualmente válida, pues ellas, aunque sean tan equívocas como las reconstrucciones cronológicas, tendrán al menos el interés de ser originales, abrir nuevas perspectivas y cuestionar la voluntad de saber-poder dominante” (Criado, 1993: 18) 16 Sobre las explicaciones del origen del género Homo: “ante la escasa posibilidad de que cualquiera de estos modelos llegue algún día a contrastarse científicamente, lo que sí hemos visto y vemos en la actualidad, es la enorme importancia de su presentación como vehiculadores de justificaciones sociales. En definitiva, si tan científico resulta hablar de agresión, sangre y pelea como de cooperación, altruismo y sacrificio, como motores de la evolución humana o humanización, es mucho más positivo socialmente –por lo que tiene de esperanzador para el incierto futuro- que nos centremos en esto último”.

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incluir las experiencias y las sensaciones personales de los arqueólogos. La apuesta por la comprensión es ahora mucho más empática y sensorial. M. Pearson y M. Shanks (2001) señalan el papel de las performances escenificadas en los propios yacimientos como instrumentos de adquisición y transmisión del conocimiento. El teatro y la arqueología formarían un “género difuso” unido para “movilizar el pasado, haciendo un uso creativo de fragmentos dispersos para crear una memoria cultural a partir de intereses y restos variados”. Otros arqueólogos se asocian a artistas plásticos modernos para crear grandes piezas en las que los yacimientos participan como material expresivo. En otros casos, se trata de comprender cómo el cuerpo interacciona con los paisajes y los monumentos 17 De hecho no se busca exactamente una explicación, M. Shanks titulaba un reciente artículo suyo como “Conexión y evocación: más allá de la explicación en arqueología” 18 . Entre las propiedades que destaca para un proyecto de investigación señala las siguientes:

colaboración, transformación, amplificación, articulación, improvisación, superficial, surreal, híbrido e intersticial. Y un discípulo suyo O. Erdur (2003) propone como métodos el riesgo, el peligro, la locura…la danza. Este tipo de acercamientos han encontrado poca respuesta en la arqueología española aunque empezamos a apreciar las primeras aproximaciones por la vía de la arqueología simétrica (González-Ruibal, 2007).

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Ian Hodder (1998) Trazando el mapa del pasado postmoderno. Trabajos de prehistoria, 55

Una amplia gama de grupos distintos [que] tiene, frecuentemente, intereses que entran en conflicto y quieren involucrarse en el proceso arqueológico de diferentes maneras. Hay que proporcionar mecanismos para que cada discurso pueda expresarse. Por ejemplo, en Çatalhöyük distintos equipos excavaron distintas zonas del yacimiento y propusieron sus propias visiones. Mientras que el sitio Web permite la comunicación con otras redes de grupos internacionales de cierto nivel intelectual, la comunidad local rural puede contactar mejor a través de las exposiciones del museo y las visitas al propio yacimiento. En el futuro puede que haya grupos como el de la Diosa Madre que quieran rezar en el yacimiento.

Dorian Llywelyn (2000) Outside Inside, the first of three essays. Three Landscapes Project. Stanford University

http://traumwerk.stanford.edu/~mshanks/threelandscapes/Llywelyn01.pdf

Desde el punto de vista del opresor, su propia opresión sobre los otros puede ser invisible o imperceptible: uno no ve lo que no ve, incluso no se da cuenta de que no lo ve. Tienes que ser conducido para ver lo que hay allí. Yo aprendí gradualmente a percibir mi propia relación con la cámara de fotos y con lo que yo quería retratar a través del conocimiento del lenguaje, no de las imágenes,

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Véase

el

proyecto

Leskernick,

dirigido

por

C.

Tilley.

http://www.ucl.ac.uk/leskernick/articles.html

18 Era el título del esquema de su artículo para el TAG de Manchester, que ahora aparece con el encabezamiento “Metamedia - a discussion document” en su página web de Stanford . http://traumwerk.stanford.edu/archaeology-performance/Arch_HomeFS.html

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gracias a la lucha por hablar y comprender la lengua árabe. El lenguaje, después

de todo es el útil interpretativo hermenéutico básico.

Como trabajador voluntario en Egipto, procedente de un país desarrollado, de

ninguna manera podía sentirme satisfecho de ser considerado un turista. Conscientemente yo evitaba a los turistas como una plaga, me daba la vuelta en

las

calles para evitarlos y hablaba árabe en voz alta en un intento por expresar

mi

distancia respecto a ellos. Me sentía igual de incómodo entre los británicos

residentes en El Cairo a quienes su experiencia en Egipto no les había impactado de la misma manera que a mí. Mi identidad como galés, como miembro de una nación que tiene su propia experiencia de opresión, pobreza y colonización, hacía más fácil mi identificación con los egipcios, o así lo pensaba yo al menos. Pensé que podía aprender a ver a los egipcios con los ojos de un propio y que los egipcios podrían darse cuenta de que yo estaba interesado en algo más que tomar fotos bonitas de ellos. Pero soy un sujeto poscolonial que lleva consigo un ADN de percepción híbrido, por lo que, hasta cierto punto, yo no puedo más que mirar con los ojos de un colonizador –tanto mi propia realidad como la de otros.

Oguz Erdur (2003) “Nietzsche and the body of knowledge” Stanford Journal of Archaeology, 2.

http://archaeology.stanford.edu/journal/newdraft/2003_Journal/erdur/paper

.html What I mean to get at with the above parody of the transition from the modern to the post/modern–a transition delivered through the transformation of our very own doubtful doubts of our own beliefs (Descartes) into our very own and very believable beliefs in the reality of our own doubts (Nietzsche)–is that, after the death of God, the quest for knowledge can no longer justify itself on the basis of a self-legitimizing idea of "truth" either. Truth, whenever one can pin it down, is "the weakest form of knowledge" (1974:169), Nietzsche argues. It is a form of error that we just cannot refute (1974:219). Or "in moral terms: the obligation to lie according to a fixed convention" (1954:47). But what is even worse, illusion and not truth is the necessary condition of life, Nietzsche declares. Not only is it true (!) that "truth [does not] remain truth when the veils are withdrawn" (1974:38). But furthermore, "Truth kills," he writes into his early notebooks, "–it even kills itself" (1999:92)! … And this in fact is a crucial point–that we esteem. Nietzsche considers the species called "the man" a "dreadful accident" that has erred in a hundred ways (1954:189). Yet that species is still a great promise, because s/he can esteem. To translate this deliberately archaic language into a cooler-headed contemporary one: The quest for meaning cannot be separated from the duty of evaluation. Science, in this sense is an utterly irresponsible enterprise, to the extent that it remains outside of the matrices of evaluation and revaluation. What kind of bodies of knowledge, then? What kind of bodies to produce the voices that shall speak "I"? Very swiftly: Paradoxical bodies. Not least because it simply is a paradox to hope for a body to produce a voice, which can speak in order to betray the very disciplinary relation it has to the body of knowledge that produces it. … The bodies that experiment with knowledge. The bodies that risk destroying themselves in trying to overcome themselves. The bodies that attempt to

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cleanse themselves through destruction–like gods destroy: in order to create anew! How to destroy in order to create? Through risk. Through danger. Through foolishness. Through laugher. Through lightness. Through dance.

Víctor M. Fernández Martínez (2006) “Arqueologías críticas: El conflicto entre verdad y valor” (…) el problema epistemológico fundamental que afecta las arqueologías críticas o radicales (marxista, feminista, postcolonial, etc.): ¿Es su orientación práctica, política, un obstáculo para alcanzar la objetividad? ¿Deben sentirse sus practicantes relegados como científicos por el rechazo ejercido desde la corriente principal, positivista, de la disciplina? En este artículo se defiende la necesidad de deconstruir el falso apoliticismo de esta última y de revelar su clara contribución al campo ideológico conservador. También se hace una revisión del proceso relativista habido en las arqueologías críticas por la influencia anti-esencialista del movimiento postmoderno. La “pérdida de la inocencia” provocada al descubrir las condiciones sociales de todo conocimiento apareció relativamente tarde, y fue uno de los elementos definitorios de la arqueología post-procesual en los ochenta (Kohl 1985) (…) Luego lo tienen difícil las arqueologías críticas. Si entran en el terreno de la política, recibirán todos los ataques de los seguidores del paradigma positivista conservador, todavía dominante. Pero además, si una vez dentro se atreven a plantear problemas “post-positivistas”, los palos les vendrán además de marxistas y estructuralistas clásicos, que les tacharán de ineficaces abstencionistas o delirantes hiper-relativistas. Cada uno de esos reproches utiliza una lógica contradictoria con la del otro, pero sus efectos parecen sumarse en una invectiva como ésta: “los científicos críticos ni son científicos ni son críticos”. Por un lado, no son científicos porque no creen en la objetividad, no aceptan la premisa fundamental de la ciencia, la posibilidad de encontrar la verdad. Por otro, como no creen en la objetividad tampoco pueden ser críticos, pues para criticar algo hay que estar seguro de por qué está mal y de que existen alternativas seguras

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Balance de la arqueología crítica Una nueva conexión entre teoría y práctica social (Foucault): los intelectuales no trabajan ya en la modalidad de lo universal, lo válido y verdadero para todo sino en sectores específicos en puntos precisos en los que sus condiciones de vida y trabajo les han situado. Asuntos en los que se ve inmerso un arqueólogo: reinhumaciones, reclamaciones territoriales, gestión del patrimonio, planificación del territorio. En su crítica a la Nueva Arqueología se encuentra algo más que una discrepancia teórica, ahora nos encontramos con una adhesión a modelos de racionalidad alternativos, o incluso la negación de una la posibilidad de racionalidad. Algunos autores entienden que a corto plazo bloquea el desarrollo normal de la disciplina ya que los resultados no pueden ser integrados en un solo cuerpo de conocimientos al no existir patrones universalmente válidos de certeza.

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Síntesis de la situación actual en la Prehistoria española

La situación de la investigación en cada país es el resultado, en buena medida, de la tradición disciplinar acumulada en cada caso. En la influyente tradición norteamericana, por ejemplo, casi todos los arqueólogos prehistoriadores tienen una formación básica en antropología/etnografía, una disciplina en la que ha tenido mucha fuerza la visión funcionalista de la sociedad. Ello provoca interpretaciones más estáticas, más naturalistas y genera problemas para explicar los cambios sociales y culturales más allá de los determinismos ambientales; esta formación antropológica también genera problemas de comprensión de los ritmos del tiempo histórico y sus relaciones con el tiempo geológico. A cambio, los prehistoriadores americanos están más familiarizados con el manejo de modelos teóricos, la exigencia de demostraciones rigurosas y tienen por otra parte un fuerte bagaje de informaciones sobre la variedad de comportamientos sociales que recoge la antropología.

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En España, la mayor parte de los prehistoriadores obtienen su formación básica en historia. Ello implica una serie de ventajas y de carencias. Entre los límites destacan la débil formación en los procedimientos y conceptos de otras ciencias, lo que supone una dificultad para comprender y aplicar técnicas de análisis que requieren de conocimientos o instrumentos especializados. También se observa el desconocimiento de la etnografía comparada, del repertorio de comportamientos técnicos, económicos, sociales y culturales de sociedades similares a las que estudiamos; ello conlleva en ocasiones la aceptación y aplicación acrítica de esta información, elaborada en otros lugares. Y quizá hay también un rasgo de escuela en la dificultad para construir y emplear modelos teóricos explícitos y para articular las formas de demostrarlos y rebatirlos; la argumentación tiene un formato más narrativo-literario. Entre las ventajas creo que se encuentra una mejor comprensión del tiempo y de la historicidad, en lo que insistiré más adelante, adquirida siquiera por la acumulación de procesos históricos que conocemos y estudiamos durante nuestra formación.

Otra línea de separación, en la que no insistiré demasiado porque ya ha sido tratada en el recorrido historiográfico, es la que separa a las arqueologías modernas de las posmodernas. En España esta separación no es casi apreciable por el escaso número de investigadores posmodernos peninsulares. Ello hace que los rasgos de la arqueología moderna sean los de casi todos los prehistoriadores españoles. Entre ellos hay dos que creo que merece la pena remarcar. El primero, es la continuidad latente, como ruido de fondo, de la estructura evolucionista que dio origen a la disciplina, que ha sobrevivido al historicismo dominante buena parte del siglo XX. La segunda venía a recordárnosla Anick Coudart (1992), desde la antropología cultural francesa, impactada como espectadora un tanto ajena respecto al positivismo aplastante y la desconfianza sobre la reflexión especulativa que caracteriza a los prehistoriadores. Un positivismo que, en el marco de las arqueologías modernas, es de hecho un elemento común para el funcionalismo, el historicismo y el materialismo dialéctico. Aunque el comentario de A. Coudart pueda considerarse añejo por la evolución de la disciplina creo que los debates que conocemos estos años son mucho más de corte epistemológico o metateórico –sobre las virtudes o defectos de las estructuras téoricas- que teorizaciones en/dentro del contenido de la disciplina.

Si encontraremos diferencias sustanciales si examinamos los trabajos de los prehistoriadores por temáticas o por campos de estudio.

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A lo largo de esta exposición hemos hecho referencia en varias ocasiones a la dispersión de ámbitos de investigación que es típica de la Prehistoria. Esta dispersión tiene una frontera más o menos difusa entre la Prehistoria antigua, o paleolítica (o paleomesolítica) y la Prehistoria reciente. Hay razones objetivas que provocan estas tensiones centrífugas.

Permitidme que trate de las diferencias entre ambas partes de la Prehistoria y que discuta con un poco de detalle mi percepción sobre la situación de la investigación en la Prehistoria antigua. Lo que separa a ambas Prehistorias, en primer lugar, es una parte del objeto de estudio. En los periodos antiguos encontramos diferentes especies humanas, una diferencia que a menudo se convierte en el factor dominante para las explicaciones sobre las dinámicas históricas del periodo; como es obvio, en la Prehistoria reciente ese factor es irrelevante. Las sociedades que se estudian son también muy diferentes en su estructura, en sus relaciones y en sus ritmos de cambio. Las sociedades antiguas son más sencillas que las recientes, lo que facilita su estudio, pero en cambio acudimos a ellas, en especial a las formadas por humanos de otras especies, cada vez más ayunos de las referencias que nos proporcionan los ejemplos actualistas por la creciente lejanía de los términos que se comparan. Ya hemos aludido a las dificultades que los prehistoriadores encontramos para conceptualizar los cambios históricos en el paleolítico, una tarea para la que aún no han proporcionado herramientas satisfactorias –en mi opinión- ni el historicismo, ni el neoevolucionismo, ni el materialismo dialéctico y a la que no se han enfrentado verdaderamente ni el estructuralismo 19 ni las arqueologías posprocesuales o posmodernas 20 .

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Uno de los problemas centrales se encuentra en nuestras dificultades para localizar los elementos de desequilibrio y conflicto interno en estas sociedades poco complejas. En éstas, las posibilidades de acumulación de productos son casi inexistentes. También parecen muy limitadas las condiciones (cf. Testart, 1982, 1986) que permiten el acopio y codificación de recompensas socialmente valoradas, como el poder, el prestigio o la información, incluso desde la aparición de manifestaciones simbólicas. En apariencia faltan los elementos sobre los que se articula la dinámica social e histórica aunque algunas reflexiones (el propio A. Testart, 1988; la corriente “revisionista” sensu Mercader, 1993; o trabajos etnoarqueológicos como los de A. Vila y G. Ruiz, 2001) pueden abrir nuevas perspectivas. A mi entender, esta ausencia ha llevado a un énfasis excesivo en aspectos extrasociales a la hora de buscar elementos dinámicos para la Prehistoria, que se han encontrado en los cambios antropológicos o en los cambios ambientales. Aquí encontramos otro elemento importante de diferencia entre los periodos de los que se ocupa la disciplina.

La Prehistoria antigua ha sido más permeable, en diferentes oleadas, a los conceptos y razonamientos procedentes de otras disciplinas. La Geología ha sido una de las influyentes, primero de forma atenuada en la fase evolucionista y más tarde de una manera más acusada, en la fase del Programa Cuaternarista (Vega Toscano, 2001). Después, la influencia dominante ha sido neoevolucionista, primero desde el punto de vista de la antropología cultural -incluso para los periodos más antiguos (Isaac, 1983; Binford, 1985)- pero cada vez más desde los presupuestos de la Paleontología humana (véase Domínguez- Rodrigo, 2008).

19 La propuesta de Hernando (1999) es en realidad un esquema neoevolucionista con una retórica alternativa; el trabajo temprano de Criado y Penedo (1989) adolece de los mismos problemas, que en realidad pueden encontrarse también en C. Lévi-Strauss. 20 En este marco, los aportes más reseñables son las obras de S. Mithen (1999; Kohn y Mithen, 1999), que son demasiado parciales como para proporcionar modelos de cambio generales.

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El desplazamiento temático al que aludía Vega Toscano (2001) 21 creo que marca una nueva agenda que no ha sido diseñada exactamente por los prehistoriadores sino por los paleoantropólogos. Nos introduce en un nuevo paradigma en el que los procesos históricos se tratan como análogos a los procesos biológicos, en el que los mecanismos de cambio son las presiones selectivas y en el que las etapas históricas se describen casi en términos cladísticos con sus plesiomorfías y apomorfías; el debate sobre la naturaleza, cronología u origen de los comportamientos humanos modernos –que podría haber estado perfectamente en la lista de G. Vega- creo que es un ejemplo particularmente expresivo (cf. Mellars, 1989; Klein, 1995; Davidson y Noble, 1997). Entiendo que estos elementos y conceptos son apropiados para estudiar el marco y las posibilidades en las que se desarrollan las sociedades humanas pero son inadecuados para explicar el discurrir histórico y están desenfocando muchas de las cuestiones de la Prehistoria.

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Características generales de la investigación española en la última década 1. Desarrollo metodológico, depuración de las técnicas de análisis empleadas -en la prospección, valoración y excavación de los yacimientos (control espacial, criba, registro, etc ) -en la clasificación de los materiales: descripciones rigurosas con técnicas cuantitativas y tratamientos estadísticos. -en la aplicación de técnicas cada vez más potentes para las dataciones,

reconstrucciones ambientales, estudios de comportamientos, etc 2. Eclecticismo teórico, a veces fructífero, a veces acrítico. En general se conjuga una visión historicista con su concepto particular de cultura pero añadiendo algunos de los intereses de otras corrientes: relación con el medio, organización del territorio,

Poca influencia de las corrientes posprocesuales,

excepto las marxistas. La mayor parte de la prehistoria y de los prehistoriadores son eclécticos. La disciplina se ha ido formando con la acumulación de paradigmas, conceptos y técnicas, reuniendo a veces, uno al lado del otro, elementos que parecen contradictorios. El pesimismo historicista no arrumbó el esquema evolucionista de progreso en el más largo plazo. La tipología histórico- cultural fue reaprovechada desde el materialismo dialéctico. Las reconstrucciones ambientales más ortodoxas, creadas para una interpretación adaptativa funcionalista, están siendo disfrutadas por los posmodernos en la línea fenomenológica. Los datos que se generan en el marco de un paradigma son reciclados y reutilizados con toda confianza en el marco de otro distinto. El caso de la crítica de L. Binford a las facies musterienses, basada en los mismos análisis tipológicos que habían servido para construirlas es un ejemplo bien clarificador.

reconstrucción económica y social,

En cuanto a la epistemología, encuentro muy acertada la expresión de A. Enstein (citado por G. Vega, 2001) en el sentido de que un científico de campo tiene que ser visto por un epistemólogo purista como un oportunista sin escrúpulos. Con todo, encuentro muy útil la distinción que introduce J.M. Vicent acerca del contexto del descubrimiento y el contexto de la demostración. Ello nos permite solucionar la contradicción entre la contrastabilidad de hechos irrelevantes y la originalidad y el interés de proposiciones indemostrables.

originalidad y el interés de proposiciones indemostrables. 2 1 Hacia temas como la evolución de los

21 Hacia temas como la evolución de los homínidos africanos, la aparición de las primeras industrias, el debate caza-carroñeo, el triunfo de las tecnologías sobre las tipologías, el origen del poblamiento humano de Europa o la neandertalmanía (Vega Toscano, 2001: 207)

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El papel asignado a las mujeres en los relatos sobre los orígenes

(2005)

http://www.ucm.es/info/arqueoweb/numero7_1/ conjunto7_1.htm

humanos.

M.

A.

Querol

Ninguno de los modelos o explicaciones presentadas deja de ser criticable en cuanto a su oportunidad teórica; todos ellos intentan colocar en el origen –para imprimirle el sello de lo auténtico- actitudes y comportamientos que hoy nos parecen buenos, o que hoy defendemos por unas razones o por otras, casi siempre individuales. Y ninguno de ellos puede ser demostrado científicamente, ya que, al menos hasta hoy, el alcance del registro arqueológico de los yacimientos más antiguos, como indiqué al principio, es muy limitado.

No obstante, considero de gran interés subrayar la importancia de todos estos intentos teóricos de explicar la humanización sobre todo por dos cuestiones:

en primer lugar porque para que avance la ciencia de la Prehistoria a través de los análisis arqueológicos en los yacimientos más antiguos, es totalmente necesaria la existencia de modelos a modo de hipótesis que nos guíen en el camino de su contrastación, con el fin de obtener alguna dosis, aunque sea mínima, de conocimiento científico.

La segunda razón es más de incidencia social: ante la escasa posibilidad de que cualquiera de estos modelos llegue algún día a contrastarse científicamente, lo que sí hemos visto y vemos en la actualidad, es la enorme importancia de su presentación como vehiculadores de justificaciones sociales. En definitiva, si tan científico resulta hablar de agresión, sangre y pelea como de cooperación, altruismo y sacrificio, como motores de la evolución humana o humanización, es mucho más positivo socialmente –por lo que tiene de esperanzador para el incierto futuro- que nos centremos en esto último.

(

)

En muchos de esos nuevos medios se habla de las razones por las que algunos grupos de primates prehumanos pasaron a convertirse en humanos, es decir, a desarrollar un comportamiento que se caracteriza por dejar restos arqueológicos. Y como en esos grupos humanos a la fuerza tiene que haber alguna mujer –aunque a veces nos sorprenda su escaso número o incluso su ausencia-, esta riqueza de representaciones nos ofrece un mundo casi inabarcable de pruebas a favor de nuestras hipótesis de partida: la infravaloración de los papeles sociales de las mujeres y el continuado uso sexista de la lengua y de las imágenes.

Y esta es la principal conclusión a la que hemos de llegar para finalizar este artículo: los mitos y los relatos sobre los orígenes humanos, tanto creacionistas como evolucionistas, así como los repetidos y supuestos comportamientos sociales durante los primeros tiempos de nuestra historia, han servido y aún sirven, tanto en su fondo como en su forma, para mantener en la sociedad occidental la certeza profunda de que los caracteres físicos y psíquicos de las mujeres, así como sus aptitudes, su inteligencia y su valor, son menores y menos valiosos que los de los hombres.

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En estos momentos estoy iniciando otro proyecto, continuación del anterior, titulado “Imágenes de mujer en las representaciones de la Prehistoria”, en el que analizo las representaciones de escenas sociales incluidas en publicaciones y exposiciones sobre la Prehistoria, en los últimos 15 años, con el fin de poner en evidencia el trato dado a las mujeres. En el escaso trabajo realizado hasta ahora he podido ya comprobar hasta qué punto llega la “inocencia” en este tema por parte de las personas responsables de la confección de tales dibujos y representaciones, que en la mayoría de los casos alegan “no haberse dado cuenta” de que, por ejemplo, sólo haya dos mujeres de entre las 12 figuras humanas representadas, y las dos estén de rodillas.

Arqueología y práctica política. Reflexión y acción en un mundo cambiante. Álvaro FALQUINA APARICIO, Carlos MARÍN SUÁREZ, Jorge ROLLAND CALVO. Grupo arqueológico TIERRA DE NADIE. Arqueoweb, 8 (1)

http://www.ucm.es/info/arqueoweb/numero8_1/conjunto8_1.htm

La formación de los arqueólogos en sus contextos sociopolíticos e históricos

Entendemos que los arqueólogos son seres construidos, en gran parte, por las realidades sociopolíticas e históricas que viven. Los arqueólogos proceden de universidades en que no poseen la posibilidad de informarse sobre, y determinar el rumbo de, la ordenación académica de su formación. Como estudiantes, heredan una perspectiva jerárquica de la realidad, que les lleva a someterse a quienes ocupan posiciones de (relativo) poder, reproducen la costumbre de asumir como verdadero cualquier tipo de documento, se escudan en la responsabilidad ajena y renuncian a entenderse, a comunicarse, a negociar directamente con sus allegados, invirtiendo en carreras individuales al grito de “sálvese quien pueda”. Todo ello ha creado en los estudiantes un fondo de apatía y desánimo que es el terreno mejor abonado para que se nos imponga desde arriba destinos que no elegimos deliberada y conscientemente.

Además, los arqueólogos se han convertido, en el mejor de los casos, en especialistas o técnicos para solventar una supuesta demanda natural de la sociedad a conocer y conservar los restos de su pasado y, sobre todo, para validar la centralidad de un sector económico fundamental como es el de la construcción, determinado por criterios puramente capitalistas basados en la corrupción y en la pasividad de las poblaciones urbanas y rurales. Esta dinámica reduce la actividad arqueológica a intervenciones cuyo núcleo significativo es fundamentalmente la resolución de un trámite en el avance de la pala excavadora o la tuneladora. En el peor de los casos, esta realidad conduce a la proletarización de numerosos estudiantes, licenciados y doctores, contratados mayoritariamente como auxiliares, recibiendo por tanto salarios más bajos de los que corresponderían a su nivel de cualificación y formación. En otros casos, no menos habituales, los estudiantes son sometidos al sistema del voluntariado, mediante el cual profesores, científicos y directores de empresas arqueológicas obtienen gratuitamente un trabajo con el que realizan, en gran medida, sus carreras académicas o con el que ingresan las asignaciones

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económicas procedentes de las constructoras, ayuntamientos y demás administraciones. Estas realidades son resultado del divorcio entre la actividad intelectual o investigadora, limitada a unos pocos, y el trabajo manual o gestor. La retroalimentación del proceso viene de la mano de una falsa alianza entre los representantes de ambos sectores, en soterrada búsqueda de beneficios, en el caso de unos en la forma de prestigio social y académico (capital científico), en el caso de otros en forma de plusvalías (capital económico). Esta alianza es la que se inaugura con la inminente creación de títulos de posgrado o másters en arqueología para la manufactura de técnicos y obreros cualificados en una de las más contundentes extensiones del sistema asalariado capitalista como el que representa la creación del Espacio Europeo de Educación Superior. Veáse por ejemplo las materias, competencias y objetivos que se propone impartir el recientemente creado Máster en Arqueología de la Universidad Complutense de Madrid.

Definición del objeto sustantivo de investigación Somos partidarios de orientar las investigaciones arqueológicas hacia problemas históricos que nos ayuden a resolver problemas actuales, sin ceder a los principios de jerarquización ajenos a nuestra disciplina (ver punto 2.3). Creemos que existe una dialéctica entre las problemáticas actuales y las pretéritas, que debe orientar nuestra investigación y, en definitiva, nuestra actividad política. Sólo podemos captar la lógica más profunda del mundo social a condición de sumergirnos en la particularidad de una realidad empírica, históricamente situada y fechada, pero para elaborarla como “caso particular de lo posible, como caso de figura en un universo infinito de configuraciones posibles” (Bourdieu 1994:

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