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Jurisprudencia anotada

Derecho a la integridad personal. Prohibición de la tortura

rodrigo roBles tristán

Derecho a la integridad personal

Prohibición de la tortura. Solución amistosa

COrTe IdH, “CASO GArCíA Cruz y SáNCHez SIlveSTre vs. eSTAdOS uNIdOS MexICANOS” (FONdO, rePArACIONeS y COSTAS), SeNTeNCIA de 26 de NOvIeMBre de 2013, SerIe C N° 273

por rodrigo roBles tristán (1)

1 | Antecedentes y hechos del caso

En noviembre de 2013 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante, Corte IDH), dictó sentencia en el caso García Cruz y Sánchez Silvestre, (2) homologando un acuerdo amistoso al que arribaron las partes, por el cual los Estados Unidos Mexicanos reconocieron la responsabilidad estatal por las violaciones a los derechos a la libertad personal, integridad personal, garantías judiciales y protección judicial —todos consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH)—, y va- rios artículos de la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura (CIPST).

(1) Integrante del Proyecto de Investigación de la Secretaría de Investigación de la Facultad de Derecho (UBA) sobre “Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos. Re- formas para lograr una mayor protección de los derechos humanos en el siglo XXI”.

(2) corte idh, “Caso García Cruz y Sánchez Silvestre vs. Estados Unidos Mexicanos” (Fondo, Reparaciones y Costas), sentencia de 26/11/2013.

Cruz y Sánchez Silvestre vs. Estados Unidos Mexicanos” (Fondo, Reparaciones y Costas), sentencia de 26/11/2013. 291

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La Corte IDH decidió homologar sin mayor trámite el acuerdo, felicitando que las partes, novedosamente, hubieron llegado al mismo de forma tem- prana, es decir, antes de que el Estado contestara demanda y se sustancie el aletargado proceso oral y escrito normado por la Convención.

Según el relato de hechos, los señores García Cruz y Sánchez Silvestre,

albañiles de 27 y 30 años respectivamente, fueron ilegalmente detenidos

y sometidos a tortura con el objetivo de obtener de ellos declaraciones

auto incriminatorias en sucesivas oportunidades, en las que además no contaron con asistencia letrada, a excepción de los momentos en fueron asistidos por un estudiante de Derecho, supuestamente persona de su confianza. Cabe referir que en varias ocasiones las víctimas denunciaron los actos de tortura a que fueron sometidos, sin que ello motivara una investigación al respecto.

Finalmente, ambos fueron condenados por los delitos que se les imputa- ron, a la vez que los tribunales convalidaron sus deposiciones incrimina- torias y rechazaron los planteos de exclusión entendiendo que, si bien se habían probado lesiones, no existían elementos que acreditaran que las mismas habían sido producidas por funcionarios policiales.

En 2013, los peticionarios fueron liberados tras obtener una resolución favorable de amparo directo penal promovido contra la sentencia con- denatoria. En el razonamiento del Tribunal, dicha sentencia resultaba objetable en tanto se había fundado en declaraciones obtenidas bajo tortura.

2 | Procedimiento ante la Corte IDH y solución amistosa

Como se dijo, en el “Acuerdo de solución amistosa”, México reconoció la violación de los arts. 5°.1 y 5°.2 CADH (derecho a la integridad personal

y prohibición de la tortura), y los arts. 1°, 6°, 8° y 10 CIPST. Ello a partir de que, efectivamente, los señores García Cruz y Sánchez Silvestre fueron so- metidos a ese tipo de vejámenes. Por otro lado, no existió la debida inves- tigación de las alegaciones de tortura, pese a la verosimilitud de las mis- mas. La Corte IDH destacó especialmente este punto por entender que la

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tortura, pese a la verosimilitud de las mis- mas. La Corte IDH destacó especialmente este punto

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mencionada falta provino del hecho de que las autoridades no cursaron, ante las denuncias de tortura, una investigación autónoma respecto de la causa seguida contra las víctimas. En efecto, según la visión de la Corte IDH, las autoridades debieron iniciar un trámite distinto para el tratamien- to de estos hechos, inspirado según los principios y reglas específicas que rigen para esa materia. En la inteligencia de la Corte IDH no correspondía que el juez de una causa por portación de arma de fuego de uso privativo del Ejército despachara también, dentro del mismo trámite, una preten- sión de objeto substancialmente distinto.

Por otro lado, la Corte IDH valoró los procedimientos domésticos que si- guieron a la adopción del Informe de Fondo de la Comisión Interameri- cana (entre ellos, el citado amparo directo penal), en tanto los mismos aplicaron un test de convencionalidad tal como fuera normado a partir de la constante jurisprudencia de la Corte IDH.

México también reconoció su responsabilidad por la violación del art. 7° CADH por cuanto no se hubo investigado efectivamente la lega- lidad de la detención —la misma se produjo sin orden judicial—, ni se aseguró el debido control jurisdiccional de dicha situación de privación de libertad.

El reconocimiento de responsabilidad estatal se extendió también a los arts. 8° y 25 CADH, toda vez que, como se expresó supra, las alegaciones de tortura no fueron debidamente investigadas. Además, muchos actos procesales acontecieron sin asistencia de letrado para las víctimas, que tampoco obtuvieron una adecuada defensa cuando dicho servicio fue asu- mido por el Estado.

Máxime, se dio pleno valor a las deposiciones obtenidas bajo tortura cuando su exclusión se imponía, y se obligó a las víctimas a probar que sus lesiones, evidentemente demostrativas de tortura, habían sido provo- cadas por las injurias que les propinó la fuerza policial.

Finalmente, la Corte IDH destacó que, en el “Acuerdo

postura de la Comisión, que en su informe de fondo sostuvo que se hubie- ron violado los arts. 2° CADH y 6° CIPST por cuanto la legislación mexicana no resultaba compatible con los estándares interamericanos.

se adhirió a la

”,

por cuanto la legislación mexicana no resultaba compatible con los estándares interamericanos. se adhirió a la

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3 | La prohibición de la tortura en la jurisprudencia interamericana

En el “Caso Bueno Alves vs. Argentina”, la Corte IDH adoptó una defini- ción propia de tortura construyéndola a partir de una interpretación sisté- mica y evolutiva de los instrumentos internacionales que a ella refieren. En aquel precedente, la Corte sostuvo que los elementos configurativos del crimen de tortura son: a) la intencionalidad, b) la generación de severos sufrimientos físicos o mentales, y c) determinado fin o propósito. (3)

En punto al elemento objetivo de la tortura, es decir, la generación de se- veros sufrimientos físicos o mentales, la Corte ha desarrollado un criterio de corte casuístico pues, según tiene dicho

… debe tomar en cuenta las circunstancias específicas de cada caso, teniendo en cuenta factores endógenos y exógenos. Los primeros se refieren a las características del trato, tales como la duración, el método utilizado o el modo en que fueron infligi- dos los padecimientos, así como los efectos físicos y mentales que éstos tienden a causar. Los segundos remiten a las con- diciones de la persona que padece dichos sufrimientos, entre ellos la edad, el sexo, el estado de salud, así como toda otra circunstancia personal… (4)

En cuanto al elemento motivacional, conviene destacar que el concep- to de tortura proporcionado por la CIPST es de una gran amplitud a ese respecto. En efecto, si bien enuncia diversas motivaciones posibles (in- vestigación criminal, medio intimidatorio, castigo personal), deja abierta la inclusión de cualquier otra conducta, mediante el uso de la frase “o cualquier otro fin”. El caso de los Hermanos Gómez Paquiyauri es testigo de dicha amplitud, por cuanto allí la Corte IDH determinó que el fin de intimidar a la población, pese a no estar inscripto dentro del texto de la CIPST, bastaba para configurar el elemento final del crimen de tortura.

(3) corte idh, “Caso Bueno Alves vs. Argentina” (Fondo, Reparaciones y Costas), sentencia de 11/05/2007, párr. 79.

(4) corte idh, “Caso de los ‘Niños de la Calle’ (Villagrán Morales y otros) vs. Guatemala” (Fondo), sentencia de 19/11/1999, Serie C N° 63, párr. 74.

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la Calle’ (Villagrán Morales y otros) vs. Guatemala” (Fondo), sentencia de 19/11/1999, Serie C N° 63,

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Con el tiempo, además, la Corte IDH ha ido detallando las obligaciones que se desprenden de la prohibición de la Tortura, además de los tradi- cionales deberes que dimanan de los arts. 1° y 2° CADH. Resulta intere- sante recalcar que el deber de investigar la veracidad de las denuncias

de tortura, según la jurisprudencia de la Corte IDH, debe cumplirse con

la debida diligencia desde el momento en que una persona alega que su

confesión o declaración ha sido obtenida bajo tortura. (5) Dicha investiga- ción debe ser seria, imparcial y efectiva, iniciada de oficio y sin dilación,

y ha de orientarse a la determinación de la verdad y a la persecución, captura, enjuiciamiento y castigo de los responsables. (6)

Además, debe considerar las normas internacionales de documentación

e interpretación de los elementos de prueba forense, particularmente

las definidas en el Protocolo de Estambul. (7) Ha de recordarse que la pro- hibición de la Tortura es considerada por la Corte como una norma de ius cogens, es decir, que no requiere de la signatura de tratado alguno para su vigencia. (8)

Finalmente, otro tema digno de mención —dada su filiación con el caso estudiado—, es la total prohibición de la utilización de las confesiones ob- tenidas bajo tortura. Ello se traduce, naturalmente, en el deber de excluir de todo trámite judicial aquellas confesiones o declaraciones que tienen origen en la aplicación de ese tipo de vejámenes (ver el art. 10 CIPST). La Corte IDH, por su parte, ha sostenido que la admisión de una confesión obtenida bajo tortura constituye una infracción al derecho al juicio justo, (9)

(5) Ibid., “Caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México” (Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas), sentencia de 26/11/2010, párrs. 134 y 136; y ”Caso Mendoza y otros vs. Argentina” (Excepciones Preliminares, Fondo y Reparaciones), sentencia de 14/05/2013, Serie C N° 260, párr. 203.

(6) corte idh, “Caso Vargas Areco vs. Paraguay”, sentencia de 26/09/2006, párrs. 81, 157; ”Caso Gutiérrez Soler vs. Colombia”, sentencia de 12/09/2005, párr. 54.

(7) corte idh, “Caso Vargas Areco vs. Paraguay”, fallo cit., párr. 93, con cita de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Ver [en línea]

(8) corte idh, ”Caso Goiburú y otros vs. Paraguay” (Fondo, Reparaciones y Costas), senten- cia de 22/09/2006, parrs. 93, 128; ”Caso Maritza Urrutia vs. Guatemala” (Fondo, Reparaciones y Costas), sentencia de 27/11/2003, párr. 92.

(9) corte idh, “Caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México”, fallo cit., párr. 167.

párr. 92. (9) c orte idh , “Caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México” ,

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incluso cuando la declaración/confesión fue otorgada con posterioridad

al cometimiento de las ofensas. (10)

4 | Consideraciones finales

En el caso estudiado resulta notable, tal como resaltara la Corte, el arribo

a un oportuno acuerdo amistoso en el que el Estado se allanó incondi-

cionalmente a las pretensiones de las víctimas y sus representantes. Ello se tradujo en una adecuada concesión de reparaciones, y en la evitación del trámite ordinario del caso, lo cual en cierto modo tiende a evitar que los dilatados tiempos procesales generen una mayor privación de justicia para las víctimas.

Por otra parte, aunque el análisis de derecho de la Corte fue escueto en el marco de este caso, conviene recordar, como se ha hecho en la sección previa, los trazos más genéricos de la valiosa jurisprudencia inte- ramericana alusiva al tema convocante. Principalmente, es propicio des- tacar con firmeza dos puntos centrales: la obligación estatal de promo- ver investigaciones efectivas y serias, sustanciadas en causas autónomas —según expresó la Corte IDH en este caso—, y la necesidad de excluir toda prueba testimonial o confesional que resulte de la aplicación de tormentos. Ello tiende a desalentar el uso de una práctica que, como dijéramos, se encuentra reprimida fuertemente por el derecho interna- cional, de forma absoluta e inderogable.

(10) corte idh, “Caso Cantoral Benavides vs. Perú” (Fondo), sentencia de 18/08/2000, Serie C N° 69, párr. 104; y “Caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México”, fallo cit., párrs. 173/175.

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Serie C N° 69, párr. 104; y “Caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México” ,