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EL ASESINATO DE JAIME FACUNDO MENDOZA COLLÍO:

NI ACCIDENTE NI HECHO AISLADO.

MARTÍN CORREA CABRERA1

Producto de un balazo por la espalda, el día 12 de agosto de 2009, Jaime Facundo


Mendoza Collío, de 24 años, resultó muerto tras ser baleado por el efectivo de
Carabineros de Fuerzas Especiales de Santiago, Patricio Jara Muñoz, repeliendo la acción
de un grupo de familias pertenecientes a la comunidad Requen Pillán que ocuparon el
fundo San Sebastián. Quienes participaron de la acción declararon que no hubo ataque
alguno, que contaban solo con palos y boleadoras, y que estaban arrancando del ataque
policial.

Sin embargo, desde un primer momento el alto mando de carabineros señaló que el
actuar de Jara había sido en ‘legítima defensa’ al ser emboscado por mapuches, quienes lo
habrían cercado y disparado con escopetas ante lo cual se vio obligado a responder con su
pistola 9 milímetros. Igual situación ocurrió con las autoridades de gobierno, en palabras
del Subsecretario de Interior, Patricio Rosende, quien señaló que el actuar policial fue
“ajustado a derecho y cuenta con todo nuestro respaldo.” Más grave aún, ya en días
anteriores se había previsto un desenlace fatal, según se desprende de las propias
palabras del Ministro de Interior, Edmundo Pérez Yoma, quien ante las ocupaciones de
diversos predios en la comuna de Ercilla ordenó reforzar la dotación policial en la zona, en
particular de fuerzas especiales, y luego declaró a la prensa que “…lo que ha pasado en
estos 3 ó 4 días va a terminar de inmediato”.

Efectivamente, no pasaron más de 3 o 4 días y se terminó con la vida de un comunero


mapuche.

En días recientes se hizo pública la autopsia de Jaime Mendoza Collío, realizada en


el Servicio Médico Legal de Angol, el que concluyó en que su muerte se debió a un
impacto de proyectil que entró por la espalda y salió por el costado derecho del tórax, que
la bala le destrozó el corazón, que el disparo se efectuó a corta distancia y que el deceso
se produjo en forma instantánea. Por su parte, detectives de la Brigada de Homicidios de
Temuco no encontraron evidencias de un enfrentamiento en el sitio del suceso. Luego, el
hecho ocurrió a dos kilómetros de donde se realizó la toma, por lo cual se estima que el
policía persiguió a la víctima hasta darle muerte. Así se desvirtúa en forma contundente y
en todos sus puntos las declaraciones del gobierno y de la policía.

El ministro del Interior declaró que la muerte de Jaime Mendoza Collío fue un ‘lamentable
accidente’ y que constituye un ‘hecho aislado’. Ni lo uno ni lo otro.

No fue un accidente en la medida que se disponen todos los elementos para reprimir las
movilizaciones mapuche, que se militariza y se invade con retenes y presencia policial
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Historiador, investigador del Observatorio de los Derechos de los Pueblos Indígenas.

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todo el territorio mapuche, y se asume que aquella será la estrategia para salvaguardar el
‘estado de derecho’.

No fue un hecho aislado como tampoco lo son la muerte de Alex Lemún, asesinado por el
carabinero Marco Aurelio Treuer, de Matías Catrileo, asesinado por el cabo Walter
Ramírez Espinoza, de Zenén Díaz Necul, de Juan Domingo Collihuin, de Julio Alberto
Huentecura Llancaleo, de Luis Lican, de Jorge Antonio Suárez Marihuan, de Jhonny
Cariqueo Yáñez, todos casos que han quedado en la más absoluta impunidad.

No es un hecho aislado ni un accidente porque lo sucedido forma parte de la política


permanente del Estado chileno en su relación con el pueblo mapuche.

Tampoco es un hecho aislado en la medida que las comunidades que habitan las
inmediaciones del cerro Chiguaihue, donde fue asesinado Jaime Mendoza Collío, la lucha
por recuperar el territorio ancestral, así como la represión, la persecución y la muerte,
forman parte de su memoria histórica.

Efectivamente. A partir de año 1862 el Estado chileno decide ocupar militarmente el hasta
entonces territorio autónomo mapuche que se extendía entre el río Bio bio y el Toltén, y
lo hará formando líneas de fuertes a medida que el Ejército avanzaba hacia el sur.
Fundamental en ello fue el adelantamiento de la línea de frontera hacia el río Malleco, el
primer gran objetivo del Ejército de la Araucanía, para lo cual a partir del mes de Julio de
1867 se ordena la construcción de los fuertes de Curaco, Perasco, Collipulli, Mariluan,
Chiguaihue, Lolenco, Cancura y Huequen, cubriendo así todo el valle central de la frontera
norte del territorio mapuche, a la vez que confiscar para el Estado un gran espacio
territorial en el que se irán paulatinamente integrando colonos, chilenos y extranjeros. El
territorio mapuche comienza así su camino de usurpaciones, y la puerta de entrada será
Chiguaihue.
Previamente, en el año 1865, llegan a oídos de las autoridades militares asentadas en la
Araucanía y encabezadas en ese entonces por el coronel Basilio Urrutia rumores de que se
preparaba un gran levantamiento mapuche encabezado por Lonko Kilapan, razón por la
cual el jefe militar despachó una división de 800 hombres al interior, hacia Chiguaihue y
Collico, bajo el mando del teniente coronel don Pedro Lagos quien informará luego: “… me
puse en marcha hacia ultra Malleco con 800 hombres, que los componían 150 de
infantería de línea, 28 de granaderos a caballos, los escuadrones 3º y 4º del departamento
i 5º y 6º del de Laja. Esta fuerza se unió en los rincones de Chiguaihue con una de 200
hombres. Todo el tiempo de la campaña que termina hoy, se ocupó la división en castigar
a los indígenas que favorecen i apoyan a los cristianos malhechores, destruyendo sus
habitaciones i sementeras i tomando sus haciendas. Varias indias viejas tomadas en los
bosques, se pusieron en libertad comunicándoles el pensamiento de US. a fin de que fuera
trasmitido a las reducciones indíjenas i llegara así al conocimiento de todos, esto es, que la
autoridad se halla dispuesta a castigar i perseguir en todo sentido a los que cometen
depredaciones en las poblaciones i campos de cristianos”.

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Los hechos de sangre se multiplican en la zona, y el 5 de enero de 1869 se produce una
descomunal lucha a 2 kilómetros al norte de Chiguaihue, en la ribera derecha del Malleco,
luego de la cual las fuerzas de Kilapan se retiran maltrechas y con no pocas bajas. Las
armas de fuego del ejército chileno hacían la diferencia, al igual que en la actualidad.

Aunque algunos historiadores sostengan que no hubo tal guerra y que se trató de un
encuentro de civilizaciones, una empresa de Pacificación, el informe del Estado del Cuartel
General del Ejército de Ocupación, al 31 de Diciembre de 1870, señala que “el ejército
constaba de 2.455 hombres, de los batallones 2º, 3º y 7º línea, tercer escuadrón de
cazadores a caballo, regimiento de granaderos, escuadrones número 2 y 3 de Nacimiento i
partidas de observación de la 1ª y 2ª secciones. Guarecían estos cuerpos las plazas i
fuertes de Chiguaihue, Lolenco, Cancura, Collipulli, Mariluan, Perasco, Curaco, torre 5 de
Enero, Huequen, Tigueral Rucapillan, Angol, Colhue, torres de Maipú, de Alcázar i Las
Heras, puente del Malleco, Coronado, Esperanza i trabajos del canal”. Si aquellas no son
instalaciones de guerra ¿qué son?

Ahora bien, con la ocupación militar viene de la mano la hijuelación del territorio
mapuche, la fundación de pueblos donde antes hubieron fuertes, y comenzó a llegar al
área un número importante de colonos que -tal como lo hicieron los españoles 300 años
antes- venían en busca de riqueza y bienestar y a ocupar un territorio ajeno, el territorio
mapuche. Dicho proceso permanece vivo en la memoria de los descendientes de aquellos
que fueron despojados de sus dominios y reducidos en sus espacios, como es el caso de
don José Eugenio Curipan, actual viviente de Ranquilco, en las cercanías de Chiguaihue:

“Empezó a llegar gente cuando llegó Collipulli…Y ahí empezaron a arrinconar todo para
acá, cuando llego también ese caballero McKay, ahí fue cuando a nosotros nos empezaron
a arrinconar, ahí nos dejaron encerrados a nosotros acá, y anteriormente llegábamos
hasta el río Malleco por el Norte, eso decían los antiguos.”
En el mes de mayo de 1878 se rematan en la ciudad de Santiago, lejos de la Araucanía y de
sus legítimos dueños, 77.776 hectáreas ubicados al sur del Malleco, de Chiguaihue, Los
Sauces, Purén, Lumaco, Curaco. En forma paralela, en el año 1876 se parcelaban las tierras
que iban desde Chiguaihue hasta Huequen y Pidenco, por un total de 48.000 hectáreas.

En contraste con ello, en los faldeos del cerro Chiguaihue a mediados del siglo XIX existía
una importante población mapuche, un lof cuya máxima autoridad era Lonko Pillan, y que
se extendía entre el río Malleco y el Huequen. Sin embargo, luego de ser ocupado
militarmente el territorio las familias mapuche son perseguidas, y el antiguo territorio
mapuche es hijuelado y rematado a particulares, quienes dan origen al fundo Chiguaihue.
En contraste con ello, a las familias mapuche se les entrega Título de Merced, en los
cuales solo les es reconocido en dominio los lugares en que tenían la ruca y los huertos
familiares, despojándolo del resto, del gran territorio. No obstante lo anterior, en la
memoria de las familias mapuches el territorio antiguo continúa presente, así como
continúa presente como se perdió ese territorio antiguo. Don José Garrido Marileo,
comunero de Requen Pillan, habla con las palabras de su abuelo, José Marileo Huaiquimil,
de quien obtuvo la siguiente enseñanza:

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“El conocimiento de nosotros es el de los ancianos, y ellos conversaban de que todo este
territorio era de los mapuches anteriormente, era del río Malleco al río Huequen, y ahí
comenzaron a llegar los colonos, ahí acorralaron a las comunidades, y donde las dejaron
en un solo lugar le pusieron reducción, porque por no decirle que están reducidos le
pusieron reducción, eso era el territorio mapuche acá, porque nosotros estábamos
acorralados… Se ha encontrado harto resto de alfarería, cosas de donde hacían loza los
antiguos, piedras también, boleadoras, en toda esa parte que está dentro del fuerte
Chiguaihue hacia acá, del río Malleco hacia acá. Ahí quedan huellas de la primera
expedición que hizo el ejército, hay un puente colgante ahí, unas fosas, en que se nota que
ellos ahí hicieron su expedición, son lugares como para protegerse.”

Todo ello fue sustraído del dominio mapuche y es adjudicado a particulares en la década
de 1870. Lorenzo Curipan señala la intencionalidad que había detrás, y relata que “Según
contaba el finado de mi padre, antes de nuestra generación estaba Manuel Pillan, cuando
llegaron los colonos, él era el que mandaba en esta parte, después ya hicieron como
división de las familias, … el mismo Estado los reducía, para entregarle tierra de a
poquititos, engañarlos, como lo están haciendo ahora.” En definitiva, en la antigua
jurisdicción de Manuel Pillan comienzan a convivir, a partir del proceso de reducción
territorial, dos realidades: las familias mapuches en títulos de merced, reducidas, sin
posibilidad de acceso a los recursos que les permitían la supervivencia material y cultural,
los bosques, las aguas; y los colonos, quienes se adjudicaron en remate fiscal las tierras
que se sustrajeron a las familias mapuche, dando al fundo Chiguaihue, un fundo
emblemático en la historia mapuche de Malleco.
¿Cómo se origina el fundo Chiguaihue? El primeros propietario de las hijuelas que luego
darán forma al fundo Chiguaihue es Juan Mackay, quien adquirió las tierras citadas en
remate fiscal en el año 1897, bajo un manto de legalidad se formó la propiedad particular
no mapuche en Chiguaihue: se parceló el territorio, se remataron las hijuelas, adquirió
varias hijuelas colindantes (lo que estaba prohibido por ley), las inscribió ante el
Conservador de Bienes Raíces, y luego, sumando el conjunto de ellas, se dio forma al
fundo Chiguaihue. Un clásico en cuanto a la forma de constituir la gran propiedad
latifundaria en el territorio mapuche.

A ello se enfrentó, y se enfrenta hasta nuestros días, la legitimidad de origen del fundo
Chiguaihue. Las familias mapuche señalan que previo a la radicación ocupaban la totalidad
del espacio territorial donde se asentó dicho predio, no sólo donde se encontraban las
rukas, los huertos familiares, es decir, lo cercado, sino también los bosques, las aguas, los
cerros, todo lo que en conjunto conformaba al hábitat mapuche, aquello que se sustrajo
de su dominio. También señalan las familias mapuche del sector que nunca se
desprendieron de dichos espacios, que el Estado chileno, en un acto unilateral revestido
de legalidad lo declaró ‘sin ocupación’ y lo remató a los particulares, pero que los
mapuches nunca enajenaron sus derechos, y por el contrario, dichos derechos se han
mantenido como la base de sus demandas territoriales.

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Ya hijuelado el territorio el primer conflicto con particulares se producen en la década de
1930, ya no con Juan Mackay sino con la familia Anguita, sucesores del dominio del fundo
Chiguaihue, a cuyos miembros demandaron y denunciaron ante el Juzgado de Indios de
Victoria. Efectivamente, los comuneros de Requen Pillan, representados por Antonio
Curipan Curipan, Juan Paine Mellio y Juan Lican Curipan, demandan a Roberto Anguita, a
quien acusan de ocuparle “indebidamente sendos retazos de terreno en su parte Oriente y
Sur, sin que puedan precisar la extensión. El señor Mackay, hará como ocho años, al cerrar
propiedad en la parte colindante, les privaba como de 150 hectáreas de la mejor montaña
y piden la restitución.”
Vecinos de los anteriores son las familias de Chequenco, encabezadas por José Millacheo
Levio, quien el 2 de mayo de 1929 comparece ante el Juzgado de Indios de Victoria, en el
cual “viene en insistir en su reclamo contra don Roberto Anguita, agregando que este
caballero le está sacando, por medio de sus empleados, toda la leña y vendiéndola.
Expresa que en cambio a los comuneros de su reducción no se les permite sacar la leña
existente".
La relación de las comunidades mapuche vecinas y colindantes al fundo Chiguaihue con
los propietarios de dicho predio ha tenido una constante: la lucha por los bosques y la
leña. Poco tiempo después, el 24 de Octubre de 1930, las familias de Chequenco presenta
ante el Juzgado una orden de amparo , declarando que “hanse venido a quejar de que don
Roberto Anguita les ha impedido que sigan explotando la montaña que está dentro de su
propiedad, amenazándolos de balazos si persisten en ello”, prueba evidente de las
amenazas y de la violencia ejercida sobre las familias mapuche por la familia Anguita.

Treinta años después, a fines del año 1961 y antes de que se iniciara el proceso de
Reforma Agraria, las familias mapuche comienzan a reivindicar tierras usurpadas que se
encontraban dentro del fundo Chiguaihue, ocupando el predio una y otra vez, hasta lograr
su recuperación. La prensa de la época señalaba que la familia Silva Correa, ahora
propietaria del fundo Chiguaihue, “...se adueñó de 175 hectáreas de las tierras indígenas,
precisamente el sector de montaña, desde donde sacaban leña y producían carbón. Junto
a ello, los mapuches denuncian que en la parte usurpada, que se suma a las 4.000
hectáreas del fundo Chihuaihue, se encuentra el cementerio de la comunidad, prueba
irrefutable de la pertenencia indígena de dichas tierras”.
La ocupación de las tierras fue resistida por el propietario, resultando herido uno de los
mapuches, el que murió posteriormente a los sucesos, como lo consigna la prensa: “...en
dichos hechos fue baleado, por parte de Ignacio Silva Correa, quien estuvo 4 días detenido,
un mapuche de apellido Collío, el que falleció en el mes de octubre de 1961”, continuando
así con el historial de muerte de las comunidades del sector. Silva Correa, asesino de
Carlos Collío, estuvo detenido sólo 4 días.
Sin embargo, los comuneros mapuche volvieron a ingresar al predio una y otra vez, dando
así el puntapié inicial a lo que sería un largo y sostenido proceso de movilizaciones y
acciones mapuche dirigidas a la recuperación y ampliación de sus dominios.

La comunidad Requen Lemun, en Agosto de 1969 recuperó -por la vía de la ocupación- las
tierras del Fundo Chiguaihue, acción en la que participaron 200 familias exigiendo la

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aplicación de la Ley de Reforma Agraria. Don José Garrido Marileo recuerda que “Para la
recuperación de tierras en esos años, recuerdo yo que el 20 de Agosto del 69, como a las 9
de la noche ingresamos al territorio, en la parte de Loma Cuel y ahí nos dirigía en ese
tiempo los dirigentes de cada comunidad, y aquí en esta comunidad era Segundo Mendoza
Minañir. Yo recuerdo de ese día que fue un tiempo de mucho sufrimiento, fue un año tan
lluvioso cuando ingresamos al fundo Chiguaihue que nuestros viejitos casi se murieron…
las personas hacíamos fuego y se hacía también rogativa y todo para poder calentarse las
personas. Ahí después ya pasamos un tiempo, como 2 o 3 meses sería, cuando ya después
se organizó todo lo que era en ese tiempo el Sindicato Patronal, los patrones, ahí llegaron
todos después para el desalojo, para sacarnos”.

Se comenzaba a configurar un nuevo cuadro, en el que también participarían los


propietarios de los predios organizándose para defender sus intereses. El 30 de Agosto de
1969 llegaron hasta la entrada del predio Chiguaihue cientos de dueños de fundos,
provenientes de Traiguén, Victoria, Collipulli, Angol y Los Ángeles, hecho que dará paso
posterior a la formación de grupos de defensa y luego de retoma y amedrentamiento
sistemático hacia los mapuche. Su presencia organizada en Chiguaihue constituía una
señal de advertencia. Don Alejandro Riquelme Díaz, actuales viviente de Chiguaihue,
recuerda que “Llegaron como a las 2 de la tarde, estábamos reunidos, entonces llegaron
los ‘patronales’ a ver donde estaba la parte de la tierra tomada y cuanta gente había, y al
día siguiente fue el desalojo. Ahí llegaron todos los patronales, carabineros, venían todos
en vehículos, era una ‘melga’ harto larga, los dejaron ahí en la Escuela de Chequenco, de
ahí venía la melga, porque en ese tiempo estaba malo el camino así que llegaron de a pie
casi la mayoría, al campamento donde estábamos nosotros.” José Curipan relata que ese
día “llegaron hartos, camiones llegaron también, llegaron de a caballo, eran hartos, y aquí
estábamos. Así que peleamos con ellos al final, a palo no más… ellos eran más de 300,
nosotros éramos como 250, más o menos. Eso sí que la pelea no duró mucho, lo que pasó
es que se arrancaron ellos, éramos más valientes nosotros, los corrimos a palos no más,
ellos a caballo y nosotros a pie no más.”

Hacia el mes de Julio de 1970 otras comunidades se plegaban al movimiento y eran


tomados los predios Alaska y Pidenco, también emplazados en Ercilla. La acusación del
gobierno demócrata cristiano, ocupando un argumento siempre utilizado para desvirtuar
las acciones del movimiento mapuche, se hizo sentir de inmediato:
“La ocupación de Chiguaihue, Alaska y Pidenco fue realizada por elementos extraños, la
mayoría de los cuales pertenecen a reducciones indígenas de la comuna de Ercilla. Los
actores de esta ocupación ilegal son aproximadamente 250 personas”. Acto seguido, se
decretó vigilancia policial permanente del predio Chiguaihue y se declaró el Departamento
de Collipulli Zona de Emergencia, encargando su vigilancia al Regimiento ‘Húsares de
Angol’. Nada nuevo, incluso parece sacado de las políticas respecto de los mapuche de los
gobiernos de la Concertación.

Finalmente, el fundo Chiguaihue es expropiado y las comunidades dan forma al exitoso


Asentamiento Miguel Cayupan. Sin embargo, la presencia y trabajo mapuche en el predio

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no tuvo larga duración. Llegaba el 11 de septiembre de 1973 y con él el Golpe de Estado,
la represión y la muerte en la Araucanía. Don José Garrido Marileo recuerda que esos días
“fueron duros, muy duros, llevaron varia gente detenida ese tiempo. Fue algo terrible,
porque a los peñis los llevaban igual que verdaderos animales dentro de los vehículos, de
las tanquetas y vehículos grandes que tenían, y el Presidente de la Comunidad, Segundo
Mendoza Millañir, estuvo 2 meses desaparecido, estuvo por Traiguén, y por un milagro de
Dios se salvó.”

A la familia Silva Correa la sucedió en el dominio del fundo Chiguaihue la Forestal Mininco,
y con dicha empresa continuarán los conflictos, y si bien a partir del año 1998 el antiguo
predio, ahora parcelado en diferentes predios más pequeños, es demandado, ocupado y
desalojado en múltiples ocasiones, éstas acciones alcanzan su punto cúlmine el día 7 de
noviembre de 2002, momento en que alrededor de 40 personas (la mitad compuesta por
ancianos, mujeres y niños) de la comunidad Montitui Mapu, también emplazada en los
faldeos del cerro Chiguaihue ocupan el fundo Santa Alicia, parte del antiguo Chiguaihue.
No pasó mucho tiempo hasta que la Prefectura Carabineros recibió la denuncia y
comisionó al mayor de Carabineros Marco Aurelio Treuer Heysen para visitar el lugar y
verificar la efectividad de la denuncia, para lo cual se hizo acompañar por 3 carabineros
equipados con chalecos antibalas, casco y armamento de servicio. Carabineros
comenzaron a disparar y uno de esos disparos, percutado desde la escopeta Winchester
calibre 12 que portaba el mayor Treuer, terminó con la vida del joven mapuche Alex
Lemún Saavedra. Los mapuche llevaron a Lemún en una carreta de madera tirada por
bueyes hasta el cruce de la comunidad Requén Bajo, donde lo recogería la ambulancia del
Hospital de Angol. Los padres de Alex Lemun declararon que cuando se enteraron de los
hechos llamaron a carabineros, pero éstos cortaron la comunicación. Luego de agonizar
durante 5 días, Alex Lemun falleció. El 9 de septiembre de 2003 la Corte Marcial decidió
que se retiraran los cargos aceptando la versión ofrecida por Treuer en su defensa, o sea,
que él había oído un disparo de arma de fuego proveniente de los comuneros y una bala
había pasado cerca de él y sus hombres, por lo que decidió utilizar munición real para
protegerles. Sin embargo, aparte de la policía ningún otro testigo respaldó la versión de
los hechos presentada por Treuer, no se encontraron pruebas materiales que
demostraran que los mapuche habían disparado realmente un arma ni se halló ningún
casquillo de bala, aparte de los usados por la policía. Las pruebas periciales demostraron
que Alex Lemun no disparó arma de fuego alguna. El 17 de septiembre de 2004 se
sobresee la causa definitivamente, y el asesino de Alex Lemun goza de la más absoluta
impunidad.
Luego, el 10 de mayo de 2005 el joven mapuche de 17 años Zenén Díaz Necul,
perteneciente a la comunidad Lonko Mahuida, también de Chiguaihue, fue atropellado
por un camión en el marco de una movilización mapuche en la ruta 5 sur, en el sector del
viaducto del Malleco, en una manifestación que se realizaba en torno a las
reivindicaciones territoriales de la comunidad y en repudio a los abusos perpetrados por
guardias privados de Forestal Mininco contra lugares y símbolos sagrados como el rewe. El
conductor del camión no respetó el corte de carretera y pasó por encima de los
manifestantes dando muerte al joven mapuche, contando con la complicidad de

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carabineros que se encontraba en el lugar, quienes efectuaron disparos y reprimieron
violentamente la protesta, alegando que el camionero ‘se dio a la fuga’, en un trato clara y
groseramente discriminatorio.

En definitiva, el asesinato de Jaime Facundo Mendoza Collío no es ni un hecho aislado ni


un accidente: es parte una historia de conflictos entre las comunidades mapuche aledañas
al cerro Chiguaihue y el Estado chileno; de una historia en que la muerte ha ocupado un
lugar más de una vez; una historia en que los organismos del Estado han dedicado sus
esfuerzos a defender los intereses de los particulares, sean estos latifundistas o empresas
forestales. El asesinato de Jaime Facundo Mendoza Collío ocurre en el mismo lugar en
donde durante la Ocupación Militar de la Araucanía se levantó el fuerte Chiguaihue y fue
puerta de entrada para el Ejército de Ocupación, de cuyos hechos existe una memoria viva
en las comunidades mapuche del sector; en el mismo espacio territorial donde fue
asesinado en el año 1962 Carlos Collío, por el entonces propietario del fundo Chiguahue
Ignacio Silva Correa, en momentos en que las comunidades del sector levantaban una
ruka en sus tierras ancestrales; no es un hecho aislado porque ocurre en el mismo
territorio donde fue asesinado Alex Lemun, también por demandas territoriales.
Finalmente, tampoco es un hecho aislado porque forma parte de los resultados de una
política de Estado para enfrentar las movilizaciones de demandas territoriales mapuche
desde antaño: la represión.