Sei sulla pagina 1di 3

Bárbara Schijman. Periodista

arma contra los musulmanes” Bárbara Schijman. Periodista Tortura. En una entrevista al diario Libération, Luz, el

Tortura. En una entrevista al diario Libération, Luz, el dibujante emblema de Charlie Hebdo, autor de la primera tapa luego del atentado a la revista el 7 de enero, anunció que dejará su cargo en septiembre próximo porque después de los ataques “cada núme.

Los ataques perpetrados a Charlie Hebdo e Hyper Cacher en enero pasado dejaron un saldo de diecisiete víctimas fatales, una gran conmoción mundial y una marcha sin precedentes en la capital parisina. El ensayista argentino Dardo Scavino, que vive en Bordeaux, Francia (es profesor de la Université de Pau et des Pays de l’Adour), desde hace más de dos décadas, ofrece un análisis de la coyuntura actual de Francia, que se debate entre las autocríticas y el retorno de políticas de mano dura. Desde una perspectiva social y cultural, y de fuerte repudio a lo sucedido, recorre la historia de vida de la revista satírica y sus ilustraciones más emblemáticas, reflexiona sobre los determinantes del ataque, y ubica a las políticas de integración y expulsión en el centro de la escena. ¿Qué es Charlie Hebdo? Era, y sigue siendo, un fósil viviente del ’68, que vehicula los valores renegados desde hace años por la izquierda socialista del presidente François Hollande y el primer ministro Manuel Valls y enérgicamente denunciados por la derecha de Nicolas Sarkozy y Marine Le Pen como culpables de la “decadencia” de Francia. Charlie es el heredero de una revista de culto, Hara-Kiri, y de toda una tradición de la caricatura política y religiosa francesas que posee hoy otros descendientes, no menos irreverentes, como el programa televisivo Made in Groland. A pocos meses de lo sucedido, ¿cuál es su lectura de los hechos? Desde un primer momento, gobierno y medios adictos presentaron el ataque como un atentado a la “libertad de la prensa” y, por extensión, a la libertad en general. Quieren presentar la situación como una guerra entre la libertad y sus enemigos. Pero los fundamentalistas dicen otra cosa. Para ellos, se trató de un ataque contra los “blasfemos”. Muchos diarios británicos o estadounidenses defendieron la “libertad de la prensa” pero censuraron las blasfemias. Unos y otros piensan a los humanos en relación con algo sagrado que debemos respetar. Es un signo de nuestros tiempos. Charlie denunciaba el racismo contra los inmigrantes magrebíes, las guerras occidentales contra los países árabes, y las violencias de Israel contra los palestinos. Pero a estos fundamentalistas les importaba solamente que hubiesen ofendido a los creyentes

caricaturizando al Profeta. No atentaron contra una publicación de extrema derecha como Valeurs actuelles, que no deja de hostigar a la comunidad musulmana de Francia, o contra Le Figaro, que no cesa de llamar a la guerra santa contra los países islámicos (entre otras cosas porque su dueño, Serge Dassault, es el principal fabricante de armas de Francia). ¿Cuáles fueron los determinantes del ataque? El ataque fue reivindicado por Al-Qaeda en Yemén, pero en el video de uno de los atacantes, Amedy Coulibaly, el asesino de los cuatro judíos parisinos, dice que se trató de una venganza por los ataques al “califato”, es decir, al Estado Islámico en Irak. En efecto, Francia está bombardeando este Estado desde hace algunos meses. Mejor dicho, bombardea a los habitantes de ese Estado, los mata, aunque los medios nunca hablen de las víctimas de estos bombardeos, como si sólo los atentados terroristas dejaran víctimas. Lo sorpresivo fue que el atentado ocurriera en París o que el blanco fuera una revista satírica. Me parece que no era una sorpresa que los ataques tuvieran lugar en París y contra esa revista satírica. Lo sorprendente es que los atacantes fueran franceses. Porque se suele olvidar esto. Tanto Mohamed Merah (el yihadista que en 2012 mató a tres militares y tres chicos judíos en la región de Toulouse) como los hermanos Kouachi y Coulibaly eran franceses. Para ellos, Francia era una enemiga. Hay que preguntarse entonces qué hace una sociedad para que una parte de ella sea enemiga. Se sostiene que la publicación exageró con las caricaturas de Mahoma, aunque sus tapas evidencian que lo hace, desde hace décadas, con todas las religiones y políticas. Las caricaturas de Mahoma en Charlie Hebdo se hicieron famosas a raíz del atentado de 2012 contra la redacción y de la masacre del 7 de enero. Ahora y entonces los medios reprodujeron sobre todo esas imágenes, como sucedió en varios periódicos argentinos. Pero Charlie se burla de todas las religiones. Y sobre todo de la iglesia católica. Los chistes sobre Dios, la Trinidad, el Papa o las relaciones entre curas y monaguillos son mucho más numerosos que los referidos al Islam. Y más insolentes. En todo caso, no hay que confundir los chistes sobre el islam con las posiciones antimusulmanas de otros medios de prensa. A muchos de esos chistes hay que ponerlos en contexto. Para que el lector argentino se dé una idea, tendría que imaginarse a la revista Barcelona haciendo una caricatura de un boliviano y repitiendo todos los prejuicios de algunos argentinos acerca de estos inmigrantes. A nadie que conozca esta publicación se le ocurriría pensar que está burlándose de los bolivianos: entendería enseguida que está cargando a los argentinos que tienen esos prejuicios. Charlie Hebdo suele trabajar con ese humor de segundo grado. La ultraderecha de Marine Le Pen manifestó su deseo de reabrir el debate sobre la pena de muerte. ¿Cuál fue la reacción de la sociedad frente a esta capitalización que cierto sector hizo de lo sucedido? Le Pen comprendió muy bien la receta de Hitler: busque una comunidad que sea detestada por los habitantes de un país y conviértala en la causa de todos los males que le ocurren. Una receta simplista hasta la idiotez, pero que funciona. Probaron con los gitanos pero no les dio el mismo resultado. Con los musulmanes les funciona mejor. Aunque todos saben que la pena de muerte no tiene ninguna eficacia en la lucha contra el crimen, los demagogos no cesan de invocarla porque saben que están acariciando así los órganos más agresivos de nuestros pacíficos conciudadanos. Los Le Pen vienen ocupándose desde hace años de esta próspera empresa de pornografía política. A pocos días de los ataques, una multitud marchó en París por la paz. Y se supo que los líderes mundiales que participaron no se mezclaron con la masa. ¿Qué repercusión tuvo esta decisión en la sociedad? Lo de no mezclarse con el pueblo se entendió como una medida de seguridad. Lo importante es que cada uno estaba ahí por razones diferentes, incluso opuestas: Mahmud Abás vino para que no identificaran a los palestinos con los terroristas; Benjamin Netanyahu, por el motivo inverso; Ángela Merkel, para mejorar su imagen ante los franceses; David Cameron, para legitimar las guerras imperialistas de su país; Ali Bongo, para comprarse un carnet de ingreso en el club occidental. ¿Es intocable la libertad de culto en Francia? La separación de la Iglesia y el Estado fue un gran principio de la Revolución. Sólo que ahora el laicismo se convirtió en un arma contra los musulmanes. Una ley prohíbe, por ejemplo, que los alumnos porten símbolos religiosos en la escuela. Pero todos la llaman ley “contra el velo islámico” porque se trata de eso. Marine Le Pen se presenta precisamente como la defensora del laicismo. Y hasta una feminista como Elisabeth Badinter declaró que el Frente Nacional (FN) es el único partido que actualmente defiende el laicismo en el país. Incluso muchos homosexuales están adhiriendo a este partido por las mismas razones. Así que mucha gente de izquierda, que tradicionalmente defiende las instituciones laicas, no sabe cómo diferenciarse en este terreno de las posiciones del Frente Nacional. –Diversos medios en el mundo se refirieron a un ataque de “bandera falsa”. ¿Qué tan fuerte es esta

idea en Francia? La masacre de Charlie Hebdo acababa de ocurrir cuando ya estaban apareciendo en la web versiones acerca de “quiénes estaban detrás”. Y, por supuesto, con el “quiénes” se apuntaba justamente a los enemigos de los que proponían esas interpretaciones. Para unos era la CIA, para otros los sionistas, para los terceros los servicios franceses, y así sucesivamente. No digo que un atentado no pueda cometerse bajo bandera falsa, pero me resulta más que sospechoso que alguien que no investigó lo ocurrido, ni esperó a que evolucionaran las investigaciones en curso (las oficiales y las otras), ya supiera “quiénes estaban detrás”. Es un clásico del género. Algo que un tipo como Rodolfo Walsh no hubiese hecho. Hay quienes piensan que basta con saber a quién beneficia un atentado para descubrir “quién está detrás”. Y no, no basta con tener un móvil para ser el autor. Cualquier lector de policiales lo sabe. Sin embargo, se discute mucho en Francia acerca de si la bandera era falsa o no. Casi al mismo tiempo en que sucedían los atentados a Charlie Hebdo y al Hyper Cacher, una nena de 10 años se inmolaba en un mercado de Maiduguri, en el noreste de Nigeria. Veinte personas perdieron la vida en ese hecho. Como tantos otros, estos actos no recibieron el mismo repudio ni conmovieron de igual modo. ¿Cuál es su reflexión a este respecto? –¿Se acuerda del final de “Deutsches réquiem”, de Jorge Luis Borges? El nazi decía que no le importaba la derrota militar del Reich porque había triunfado su visión del mundo. Y en cierto modo es así. Los nazis decían en voz alta lo que muchos occidentales siguen pensando en voz baja: que hay varias categorías de humanos, y que la muerte de un blanco no vale lo mismo que la muerte de un africano o un asiático. En 2000, los diarios occidentales hablaron mucho de los siete rehenes occidentales secuestrados por un grupo separatista en Filipinas. Para mi sorpresa, y mi horror, poco después descubrí que se trataba en realidad de un grupo de 21 personas, pero que los otros catorce eran asiáticos. Que secuestraran a siete occidentales, eso era una noticia. Que secuestraran a catorce asiáticos, no. Incluso el atentado contra la AMIA no produjo la misma conmoción mediática que las masacres de Charlie Hebdo y el Hyper Cacher. Acontecimientos como la inmolación de la nena nigeriana se vuelven importantes cuando un país occidental se dispone a hacerle la guerra a un Estado o una organización. Entonces suele armarse un storytelling con alguna víctima como ésa para conquistar el corazón sensible de los telespectadores. La situación de la inmigración en el mundo es dramática y tiene múltiples aristas. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en lo que va del año más de 1.700 migrantes perdieron la vida en el Mediterráneo, 30 veces más que en el mismo período de 2014. ¿Qué lugar ocupa en la agenda francesa la cuestión de la inmigración? Las medidas anunciadas apuntan sobre todo a mejorar la vigilancia del Mediterráneo para que los pobres de la villa de al lado no sigan metiéndoseles en su barrio. El debate en torno del multiculturalismo es un chiste: a nadie le importa si el jeque catarí que pasa una parte del año en la Place Vendôme tiene una o varias mujeres, come carne halal y educa a sus hijos con el Corán. Les preocupa que lo haga el barrendero tunesino. El tema es que el conflicto entre los ricos y los pobres se convirtió en una oposición entre los de adentro y los de afuera, una inclusión y una exclusión que ya no se limita a la diferencia entre primer y tercer mundo, ya que en el propio tercer mundo se reproduce. El problema de la extrema derecha en Francia es que los pobres de adentro no quieren que se les cuelen en el country de los patrones esos pobres de afuera que van a ocupar a menor costo sus puestos de trabajo. En Francia, los socialistas sufrieron una dura derrota en los comicios departamentales de marzo pasado. El primer ministro, el socialista Manuel Valls, reconoció un “franco retroceso” de las fuerzas de izquierda. ¿Cómo se vislumbra el escenario político francés de cara a las elecciones presidenciales de 2017? Todo pareciera indicar que la derecha conservadora va a ganar las próximas elecciones presidenciales aunque no se sabe todavía quién va a ser el candidato. Sarkozy cuenta con el apoyo de los militantes, pero el electorado no lo ve con buenos ojos y además está metido hasta el cuello en una serie de casos de corrupción. Probablemente sea remplazado por Alain Juppé, el antiguo primer ministro de Chirac y actual intendente de Burdeos. Como lo demuestran varios estudios, el Frente Nacional tiene un techo electoral que hasta ahora no pudo romper y cuyo principal factor es el diploma: nunca logró ganar terreno en los sectores con cierto nivel educativo. El elector tipo del FN es el empleado con un trabajo precario y un salario mínimo. La cajera de supermercado, por ejemplo. Pero esto no significa que no atraviese ese techo alguna vez. El socialismo perdió el electorado popular y cuenta con simpatizantes entre los profesionales progres. Pero tal como está la situación, sus chances de ganar se reducen a cero.