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Tema 5

LA BAJA EDAD MEDIA: LA CRISIS DE LOS SIGLOS XIV Y XV

5.1. Organización política e instituciones en el reino de Castilla y la Corona de Aragón.

5.2. Crisis demográfica, económica y política.

5.3. La expansión de la Corona de Aragón en el Mediterráneo.

5.4. Las rutas atlánticas (castellanos y portugueses). Las Islas Canarias.

5.1. La organización política e instituciones en el reino de Castilla y la Corona de Aragón.

Durante la Baja Edad Media los reinos peninsulares presentan una estructura política parecida basada en tres instituciones: la monarquía, las Cortes y los municipios, aunque cada reino posee sus propias características. Uno de los rasgos políticos más acusados de la Baja Edad Media en Castilla es el fortalecimiento de la Monarquía. Desde el reinado de Alfonso X (1252-1284) la Corona fue ampliando su autoridad, lo que le permitió configurar un Estado moderno. A este reforzamiento de la autoridad real contribuyeron:

1. la extensión en Europa de la teoría que defiende que el poder de los reyes viene a ellos directamente de Dios, por lo tanto, entre el rey y Dios no debe haber ningún intermediario, incluido el papa. Es la tesis de los gibelinos y del propio Alfonso X. 2. la reintroducción del derecho romano, a mediados del siglo XIII, como base de las leyes. El derecho romano defendía que toda la autoridad debía concentrarse en manos del soberano, único que tenía la capacidad de aprobar o derogar leyes. Primero las Partidas de Alfonso X, y un siglo después el Ordenamiento de Alcalá (1348), contribuyeron a asentar tales principios. Esta extensión de la autoridad real no satisfizo a los nobles, que en algunos momentos de los siglos XIII y XIV intentaron rebelarse contra la Monarquía, sobre todo cuando los momentos de minorías de edad debilitaban a la institución. Pero, a partir de la entronización de los Trastámaras, la nobleza comprobó cómo la extensión del poder del Estado no sólo no limitaba su propio poder territorial sino al contrario: la Corona, a través del ejercicio de su autoridad, podía aplicar la justicia en beneficio de los nobles, protegiendo sus derechos señoriales. Aun así, durante buena parte del siglo XV las luchas nobiliarias y los intentos de controlar a los reyes castellanos continuaron marcando la vida pública.

Para gobernar, el rey se sirve de diversas instituciones que cambian y evolucionan a lo largo del tiempo. Éstas inician su desarrollo con Alfonso X y continúan sobre todo con los primeros Trastámaras. Dentro de la administración central tenemos:

LA CURIA REGIA Estaba integrada por los familiares del rey, los magnates (laicos y eclesiásticos), los oficiales del palacio real y en algunas ocasiones los jueces. Sus competencias eran muy amplias y abarcaban tanto los asuntos internos de la

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y confirmación de fueros, nombramientos de cargos

sentido, era el tribunal encargado de juzgar los llamados “casos de Corte”, es decir, aquellos que por su importancia quedaban reservados al rey. Sus reuniones podían ser de dos tipos:

y los asuntos judiciales. En este

)

- ordinarias. Las curias ordinarias eran muy frecuentes y en ellas participaban los

acompañantes habituales del rey. Fueron el antecedente del CONSEJO REAL.

gran

importancia; en virtud del “consilium” que todos los vasallos debían al rey. Su asistencia a ellas era obligatoria. Acabaron dando lugar a las CORTES.

EL CONSEJO REAL Podría ser comparado con los gobiernos centrales actuales. Fue instituido por Fernando I. Aunque su número varió en el tiempo, estaba formado en principio por 4 prelados, 4 caballeros y 4 ciudadanos (debían ser letrados o expertos en leyes). Es el órgano permanente de consulta de los reyes y de él dependía la administración del reino, salvo en asuntos judiciales. En el siglo XIV es el principal instrumento de gobierno.

LAS CORTES Las primeras Cortes de las que se tiene certeza se reunieron con Alfonso IX en León en 1188. El motivo fue la protesta de los representantes de las ciudades por la manipulación de la moneda. Su función inicial fue el control de la acuñación de la moneda. Tras la unificación definitiva de Castilla y León se reunían conjuntamente las cortes de ambos reinos. Sus competencias y la periodicidad de las reuniones no estuvieron bien definidas. Su máxima competencia era la concesión de subsidios o impuestos extraordinarios pedidos por el rey. A cambio, los representantes de las ciudades exigían del rey la promulgación de determinadas leyes, la atención de peticiones y quejas y el compromiso de mantener el valor de la moneda.

A lo largo del siglo XIV cobran un papel político importante pese a que siempre tuvieron un carácter consultivo. Por el contrario, en el siglo XV su protagonismo disminuyó y se redujo a 15 el número de ciudades con representación.

LA AUDIENCIA O CHANCILLERÍA En 1371 se reguló la función de la justicia al crearse la Audiencia. Era un cuerpo colegiado (sus miembros debían actuar conjuntamente), formado por 7 oidores (jueces): 3 prelados y 4 letrados, aunque llegó a tener 10 oidores. En 1442 se fijó su sede en Valladolid y pasó a llamarse Chancillería.

LA HACIENDA En Castilla nunca hubo una clara división entre los dineros del rey y los del reino. Inicialmente la administración era el cometido del Mayordomo Mayor, cargo que existía en el siglo XIII, pero que hasta Alfonso X no se institucionaliza. A medida que las cuentas públicas se van complicando se crearon nuevos cargos e instituciones como:

Contador, que llevaba las cuentas de la Hacienda Real, aunque no manejase realmente el dinero, cometido del Mayordomo. Contaduría, formada por:

- extraordinarias.

Estas

curias

se

convocaban

únicamente

en

casos

de

- dos Contadores Mayores de Hacienda, encargados de ordenar pagos y cobros.

- dos Contadores Mayores de Cuentas, con funciones de control de ingresos y pagos, inspección fiscal y tribunal en lo relativo a la Hacienda Real.

LA CORTE Incluía una serie de cargos y de oficiales al servicio de los reyes:

Mayordomo, a cargo del patrimonio real. Chanciller, encargado de la burocracia. Condestable, responsable de la fuerza militar.

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Almirante, al frente de la armada. Prácticamente todos estaban en manos de la nobleza. La Corte se desplazaba allí donde la presencia del rey era necesaria. En el siglo XV tendió a permanecer en la Meseta Norte, sobre todo en Valladolid. En cuanto a la administración territorial, ésta se consolida en época de Alfonso X mediante la división del reino en:

Merindades. Hubo tres merindades mayores (Castilla, Galicia y León), que se dividían en merindades menores. En ellas la máxima autoridad era un delegado regio, el Merino, que recaudaba los tributos, movilizaba las tropas y era la máxima autoridad judicial del territorio. Los merinos podían ser miembros de la nobleza o letrados. Adelantamientos. Con Alfonso X en los territorios recién incorporados al reino se crearon adelantamientos, muy similares a las merindades. Al frente de ellas estaba un Adelantado, que solía ser miembro de la alta nobleza. Este cargo, lucrativo y de gran poder acabó quedando en manos de determinados linajes. Con el tiempo, los merinos mayores de Castilla, León y Galicia fueron sustituidos por adelantados. Por lo que respecta a la administración local, la Corona tendió a extender su control sobre los Concejos. El Concejo era la asamblea de todos los vecinos para tratar sus asuntos. Inicialmente se celebraban al aire libre y podían participar todos ellos (Concejos abiertos). A partir del siglo XII cuando el número de vecinos fue tan alto que la participación de todos fue imposible, el Concejo se transformó en una asamblea restringida, que se convocaba mediante citación personal (Concejos cerrados). Estos Concejos cerrados eran presididos por un juez asistido por alcaldes elegidos por el concejo, el señor o ambos. Con el tiempo a los alcaldes se unieron los jurados, que representaban a los vecinos y eran elegidos por éstos. Al final de la Edad Media, los alcaldes pasaron a ser hereditarios y se llamaron Regidores. Los Reyes Católicos introdujeron la figura del Corregidor, delegado regio que acabó controlando el Concejo.

Por su parte, la Corona de Aragón no era un Estado único, sino una unión de reinos. Aragón, Valencia, Mallorca y Cataluña tenían distintas instituciones y leyes, y aunque algunas fueran semejantes, los reyes debían someterse a las diferentes particularidades de cada uno de ellos. A ello se unen las dificultades de comunicación y una jurisdicción regia bastante reducida. Todo esto explica la debilidad política de los reyes aragoneses, en comparación con Castilla. A esas dificultades se sumaron las que trajo consigo la activa pero costosa política exterior de la monarquía. Las conquistas en el Mediterráneo obligaron a la Corona a pedir ayuda económica a los estamentos privilegiados de sus reinos. Éstos aprovecharon la situación: en 1283, las Cortes aragonesas primero y las catalanas después, impusieron al rey Pedro III el Grande el juramento del PRIVILEGIO GENERAL y de los fueros de sus respectivos territorios. Eran, en realidad, privilegios para nobles y eclesiásticos, entre ellos los “MALOS USOS” 1 y una absoluta libertad y autonomía en sus señoríos.

1 MALOS USOS: eran prestaciones obligatorias para los siervos, como:

Intestia: Si un payés moría sin testar, el señor tenía derecho a quedarse con una buena parte de su patrimonio. Firma de spolii: Es el pago por los derechos de boda que paga el padre de la novia (probablemente sea una versión suavizada del derecho de pernada). Remensa o Remença: Es el pago que debe hacer un siervo por recuperar su libertad de movimientos y dejar de estar adscrito a la tierra que trabaja.

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Además, la Corona se comprometía a convocar Cortes, a consultarles un amplio repertorio de cuestiones si quería obtener subsidios y, en Aragón, a aceptar la jurisdicción del Justicia Mayor, un cargo asignado a un noble que en la práctica se encargaba de defender los privilegios estamentales frente al rey. A partir de entonces se configuró un modelo de funcionamiento político llamado PACTISMO, por la necesidad que tuvo la monarquía de llegar a acuerdos con los magnates de forma permanente. En cuanto a las instituciones, en el marco de la administración central tenemos:

EL CONSEJO REAL Formado por el Canciller, los jefes militares, el Mayordomo de cada reino y el Camarero. En 1344, Pedro IV dictó las “Ordenanzas de la Casa Real”, en las que se regulaba el funcionamiento de este órgano y de la Audiencia.

LAS CORTES En Aragón estaban formadas por cuatro brazos: ricoshombres (alta nobleza), infanzones (baja nobleza), clero, ciudades. Las catalanas y valencianas estaban formadas por tres brazos. Eran organismos de control sobre la Corona y actuaron como un instrumento de defensa de los intereses feudales frente a los intentos de la Corona por extender su autoridad. Para controlar en el intervalo entre una sesión de Cortes y otra los ingresos aprobados y los gastos correspondientes y en general los acuerdos, surgieron nuevas instituciones:

- la Diputación General de Cataluña o Generalitat

- La Diputación General de Aragón.

En la práctica, acabaron siendo algo muy parecido a un gobierno del territorio.

LA HACIENDA REAL. En los reinos de la Corona de Aragón hubo una clara separación entre el dinero del rey y el dinero del reino. El dinero del rey era administrado por un Bayle General en cada reino, y el dinero del reino era administrado por la Diputación General (Generalitat en Cataluña y Valencia).

LA AUDIENCIA Ya existía en el siglo XIII. Se instituye formalmente en el siglo XIV durante el reinado de Pedro IV, Junto al Presidente, el rey incorporó cuatro oidores (jueces), dos caballeros y dos letrados. En Cataluña también estaba presidida por un canciller y data del siglo XIV.

LA CORTE. El rey estaba rodeado de un conjunto de altos oficiales que desempeñaban funciones en parte domésticas y en parte públicas. Pedro IV estableció cuatro grandes oficios: mayordomo, camarero, canciller y maestre racional. Los dos primeros tenían un carácter privado. El mayordomo, funcionario de mayor rango, cuidaba las dependencias palatinas. El camarero se encargaba de la cámara real. Con el tiempo se decidió que hubiera tres mayordomos (Aragón, Cataluña, Valencia) y dos camarlengos, nombre que sustituyó al de camarero. Los otros dos oficios eran de carácter público. El cargo de canciller, ocupado habitualmente por un prelado, fue teniendo un carácter honorífico. El maestre racional dirigía la Hacienda.

Por lo que respecta a la administración territorial, en cada reino el rey tenía un lugarteniente o gobernador (virrey en Mallorca) que la dirigía. Las diferencias entre los diversos territorios son importantes. En Aragón, los territorios se dividían en honores, en Cataluña en veguerías.

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En Cataluña, en el siglo XIV se procedió a la reorganización del territorio: quedó dividido en 12 veguerías y 6 subveguerías, dirigida por el veguer con funciones judiciales y de gobierno.

En cuanto a la administración local, como en Castilla, los Concejos o municipios se fueron convirtieron en instituciones u organismos cerrados, controlados por las oligarquías ciudadanas. En la Baja Edad Media la estructura de los concejos presentaba los siguientes elementos:

Un delegado real, el zalmedina en Aragón y el Batlle en Cataluña Unos magistrados, designados con carácter temporal y con funciones ejecutivas. Una asamblea o consejo más amplio de carácter asesor, formado por un número variable de miembros.

La ciudad de Barcelona es el mejor ejemplo de los problemas de las instituciones urbanas. Desde la segunda mitad del siglo XIII funcionaba un consejo, de carácter asesor, integrado por cien prohombres, el CONSELL DE CENT y un cuerpo de cinco magistrados o consellers con atribuciones ejecutivas. Todos eran miembros de la alta burguesía, los ciudadans honrats. Esta situación provocaba el descontento de los restantes sectores sociales (mercaderes y menestrales) lo que se manifiesta en forma de conflictos a lo largo de la Baja Edad Media y obligó a diversas reformas, pero que no acabaron con la preeminencia de la alta burguesía.

5.2. Crisis demográfica, económica y política.

La península, como el resto de Europa, había conocido desde el siglo XI un proceso de crecimiento de la población continuado, pese a que esporádicamente hubiese estancamientos e incluso ligeros retrocesos provocados por las hambrunas derivadas de la guerra o por malas cosechas. El aumento de población había permitido a los reinos cristianos la repoblación y explotación de las tierras conquistadas a los musulmanes y había impulsado al mismo tiempo las guerras de conquista. Pero desde mediados del siglo XIII, y sobre todo en los inicios del siglo XIV, aparecen los primeros síntomas de estancamiento: los documentos hablan en los años 1331- 32 y 1343-46 de malas cosechas, de abandono de tierras y de carestía de alimentos. El resultado de la escasez fue dejar a la población campesina en un estado de debilidad. En esta situación sobreviene la epidemia de 1348-51, conocida como la PESTE NEGRA, que procedente de Asia penetró en la Península por la costa mediterránea y asoló el territorio. El número de muertos se desconoce, pero se puede calcular entre un 20% y un 40%, según los datos dispersos existentes. Además la peste se convirtió en una enfermedad endémica, que reapareció en adelante cada 10 ó 12 años. Las consecuencias fueron graves:

­ Campos sin cultivar y aldeas abandonadas porque los campesinos prefirieron dejar sus tierras y dirigirse a las ciudades, donde los salarios habían subido al faltar mano de obra por los efectos de la peste. Disminuyen de este modo las rentas señoriales y la nobleza intentó recuperar sus ingresos mediante la exigencia de nuevos impuestos a los campesinos y el aumento de los “malos usos” ­ Desarrollo de la ganadería, que requería menos mano de obra y permitía a los propietarios mantener sus ingresos.

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­ Elevación de los precios de los alimentos debido a la escasez.

­ Falta de personas para cubrir gran número de empleos. La falta de mano de obra

se quiso compensar con el comercio de esclavos, sobre todo en Portugal y Cataluña.

­ Disminución de ingresos en las arcas reales por falta de contribuyentes.

Durante el resto del siglo la regresión demográfica se mantuvo, no sólo por las epidemias, sino también por las guerras y el hambre. En el siglo XV la población se fue recuperando, sobre todo en Castilla y en el reino de Valencia. En Cataluña, la crisis se mantuvo. Desde el punto de vista económico, la gran mayoría de la población está constituida por campesinos. La agricultura apenas había evolucionado desde la época romana. Se seguía usando el arado romano, el buey como animal de tiro y el sistema de año y vez. Las cosechas eran escasas: en un año normal se obtenía un rendimiento de 5 granos por cada uno sembrado. En consecuencia, casi toda la producción se consumía, y apenas quedaba trigo en reserva. Cuando sobrevenía una mala cosecha por razones climáticas o por una plaga, los precios se disparaban y el hambre causaba grandes mortandades en una población subalimentada. El cereal era el cultivo más generalizado, básico para la subsistencia. En regiones propicias aparecía la vid. En zonas asiladas había cultivos especializados, como el olivar o las huertas en los valles fluviales. Sólo el aceite era objeto de exportación en años de buena cosecha. Desde el siglo XIII, la ganadería ovina experimentó un crecimiento espectacular sobre todo en Castilla y Aragón. Los grandes rebaños eran propiedad de los señores, que con Alfonso X consiguieron que reconociese y otorgase numerosos privilegios al Honrado Concejo de la Mesta. Así, se le reservaron zonas de pasto y caminos (cañadas) para poder mantener al ganado y practicar la trashumancia. Sus intereses chocaban con los de los campesinos porque las ovejas invadían los cultivos y acaparaban demasiada tierra. Pero los sucesivos reyes protegieron los intereses ganaderos porque, además de poseer ellos mismos importantes rebaños, cobraban un impuesto elevado sobre la producción. De todas formas el auge ganadero se debió sobre todo al aumento de la demanda de lana por parte de los talleres de Flandes, a partir del momento en que la Guerra de los Cien Años dificultó la llegada de lana inglesa a Flandes. El abandono de tierras provocado por la crisis demográfica también facilitó el aumento de la cabaña. Se calcula que en 1300 había en Castilla 1,5 millones de ovejas, cifra que pasó a 3 millones en 1400 y cerca de 5 a finales del siglo XV. En Burgos y en los puertos del norte surgió así un gran negocio en torno al esquilado, transporte y venta de la lana merina castellana. La producción artesanal era dispersa, orientada al autoconsumo, en general, y tenía un peso reducido en la economía. Los productos de primera necesidad eran fabricados por los propios campesinos. Sólo en algunas ciudades se produjo una cierta concentración artesanal. La fabricación de paños era el sector que más se desarrolló y el que empleaba a más trabajadores. La producción estaba organizada y controlada por los gremios, que agrupaban a los artesanos y a los talleres de cada oficio en las diferentes ciudades. Sus estatutos regulaban los precios y la calidad de los productos y limitaban la competencia. La crisis demográfica golpeó con fuerza a la producción artesanal. En Cataluña la producción textil entró en un proceso de decadencia. En Valencia ésta se recuperó a lo largo del siglo XV, lo mismo que en Castilla. En cuanto al comercio, en Castilla, la mayor parte de la producción iba destinada al autoconsumo o a los mercados locales. No obstante y superados los efectos adversos de la

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crisis del siglo XIV, se produjo un constante crecimiento de las actividades mercantiles, como lo demuestra el aumento de la recaudación de la alcabala 2 . Los reyes protegieron y promovieron el comercio. Un ejemplo fueron las ferias concedidas a determinadas ciudades, como Medina del Campo. En Aragón, el comercio se desarrolló a partir de Barcelona y su proyección por el Mediterráneo, donde se llega a establecer factorías comerciales y cónsules (representantes políticos y comerciales). El comercio mediterráneo permitió el crecimiento de la ciudad: construcción de atarazanas y de la lonja, fortalecimiento de la moneda (el croat), la aparición de bancos y el desarrollo del crédito. Otras ciudades participaron también de este auge comercial como Valencia o Mallorca, protegido por la Corona. No obstante, a partir de 1340 se aprecian los síntomas de la crisis: la recesión demográfica causada por la peste, la rivalidad con Génova en el Mediterráneo, el desplazamiento de los comerciantes catalanes del norte de África por Castilla, la elevación de los impuestos para costear la política exterior de la Corona, la devaluación de la moneda, etc.

A lo largo del siglo XV la crisis barcelonesa se ahonda, complicándose por las rivalidades internas entre la oligarquía comerciante (biga) y los fabricantes y artesanos (busca), el enfrentamiento de las autoridades de la ciudad con la Corona, etc. Todo ello contribuye a hundir la economía mercantil de Barcelona. Hacia finales de siglo Valencia había tomada el relevo como capital financiera y comercial de la Corona aragonesa.

También desde el punto de vista político la Edad Media se cierra en la Península en un contexto de crisis. En Castilla, tras el reinado de Alfonso X el sabio (1252-1284) se abre una larga

etapa de crisis marcada por las minorías de edad de los reyes, que van a ser aprovechadas por la nobleza para protagonizar sucesivas rebeliones. La corona se vio obligada a apoyarse en los Concejos. Fue Alfonso XI (1312-1350) quien consiguió restablecer la autoridad real. De su reinado destacan dos hechos:

­ El Ordenamiento de Alcalá (1348). En virtud del cual el Código de las Partidas se

convirtió en la fuente principal del derecho del Reino hasta el siglo XIX.

­ La Batalla del Salado (1340) y la conquista de Algeciras (1344), que permitieron el

control y apertura del Estrecho a los marinos castellanos, y abrieron las rutas del Atlántico. Bajo Pedro I (1350-1369) continúa la línea autoritaria que impuso su padre. Pedro se rodeó de la baja nobleza, la clase media urbana y de mercaderes y prestamistas para

gobernar. Esto le costó el trono. Durante su reinado se desencadena una feroz lucha por el poder. Primero se

produjo la guerra contra Aragón, por cuestiones fronterizas y por el control del comercio norteafricano. Después, en 1366 estalló la guerra civil (1366-1369). Parte de los nobles y del episcopado se aglutinaron en torno a su hermanastro, Enrique de Trastámara. Pedro fue derrotado y asesinado. Las notas características del reinado de Enrique II (1369-79) fueron:

­ La influencia de la nobleza. A cambio del trono, Enrique tuvo que conceder favores y privilegios (las “mercedes enriqueñas”) a los que lo habían apoyado frente a Pedro I. Se

), que

forma así una nueva nobleza de segundones (los Mendoza, Ayala, Álvarez de Toledo recibió extensos señoríos y debilitó la autoridad de la Corona.

2 Alcabala: impuesto que gravaba los intercambios comerciales y que se convirtió en la principal fuente de ingresos de la Corona.

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­ El afianzamiento del comercio castellano en el Atlántico norte. Durante la Guerra de los

Cien Años los ingleses prohibieron el tráfico de mercancías castellanas por el canal de La Mancha. Como consecuencia, se refuerza la alianza entre Castilla y Francia.

­ La cuestión judía. En los reinados anteriores había ido naciendo una animadversión hacia los judíos, ese odio irá creciendo y se manifestará en los reinados siguientes. Juan I (1379-1390) continúa la política de alianza con Francia. Casado con Beatriz

de Portugal, intenta convertirse en rey a la muerte de su suegro, pero será derrotado por

el grupo de opositores que se forma allí en la de Aljubarrota (1385).

Durante la minoría de edad de Enrique III (1390-1406) estallaron revueltas. El monarca hubo de enfrentarse a las ambiciones de sus parientes, impulsó la conquista de Canarias por Juan de Betancourt y asistió a la extensión de los movimientos antijudíos por Castilla. Con Juan II (1406-1454) también será necesaria una regencia dada su minoría de edad. Ésta fue ejercida por su madre y su tío, el infante Fernando de Antequera. Al acceder a su mayoría de edad, el rey tendrá un reinado complicado, marcado por la pugna entre la monarquía y la nobleza. Contará con don Álvaro de Luna para hacerles frente, aunque caerá en desgracia y se desatarán revueltas antinobiliarias Al morir dejaba tres hijos: Enrique, de su primer matrimonio, e Isabel y Alfonso fruto del segundo. El reinado de Enrique IV (1454-1474) gozó de cierto prestigio por tener ideas claras y acertadas sobre el gobierno del reino, pero le faltó energía para aplicarlas hasta sus últimas consecuencias. Como su gobierno no beneficiaba a la nobleza, una parte importante de ésta se sublevó contra el rey apoyando a su hermano Alfonso. Comienza de este modo un período caótico. Los nobles protagonizan la farsa de Ávila (1465). Las ciudades se organizan para apoyar al rey. Éste derrota a sus oponentes en Olmedo (1467) pero no supo explotar su éxito. Al año siguiente muere Alfonso y sus partidarios deben cambiar sus planes. De forma que eligen a Isabel como futura reina. Enrique firma el Pacto de los Toros de Guisando (1468), por el que reconocía a su hermana como heredera del reino, en perjuicio de su hija Juana (conocida como la Beltraneja). Isabel se casa en secreto con el heredero al trono aragonés, Fernando, esto disgusta al rey, pero también a la nobleza que la apoyaba (que pasan a apoyar a Enrique y a su hija Juana). En 1474 muere el rey e Isabel es proclamada reina de Castilla en un ambiente de guerra civil.

En Aragón, Jaime I, al morir, divide sus reinos:

- Pedro III: Aragón, Cataluña y Valencia. - Jaime II: Mallorca y la Cataluña francesa: Montpellier, Rosellón, Cerdaña Los territorios estarán separados durante 66 años. Durante sus 9 años de reinado Pedro III (1276-1285) intentó afianzar la autoridad real frente a la nobleza y las ciudades. Cuando se plantea el problema de Sicilia ha de recurrir a la ayuda de la nobleza y tendrá que aceptar el Privilegio General para Aragón, lo mismo tendrá que hacer con los valencianos y catalanes. Su sucesor Alfonso III (1285-1291) confirmará el Privilegio General. Muere sin hijos y le sucede su hermano Jaime II (1291-1327), quien como Alfonso IV (1327-1336) se centrará en la política mediterránea. Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387) se enfrentó a Pedro I el Cruel de Castilla y

a la nobleza. Ambos enfrentamientos se saldaron con una derrota del rey. La crisis de la Corona se hizo plenamente manifiesta con Juan I (1387-1396): problemas en el

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Mediterráneo, invasión francesa del Rosellón, apuros financieros de la Hacienda, agitación social de los payeses, violencia antisemita También Martín I el Humano (1395-1410) tuvo que enfrentarse a un cúmulo de problemas. Muere sin descendencia y durante dos años los reinos estuvieron buscando rey. Había tres aspirantes con sus correspondientes partidarios. Aunque serán dos los que cuenten con más apoyos: Jaime de Urgel y Fernando de Antequera. Para llegar a un consenso se llega al COMPROMISO DE CASPE (1412). Allí se elige

a Fernando de Antequera. Fernando I (1412-1416) tuvo que vencer la oposición armada de Jaime de Urgel. La oligarquía catalana a cambio de su apoyo le arranca concesiones. Alfonso V (1416-1458) centra su reinado en la conquista de Nápoles y los asuntos mediterráneos. Intenta contrarrestar el poder de la nobleza suprimiendo todas las servidumbres pero esto no se llevó a efecto. Su hermano Juan II (1458-1479), rey consorte de Navarra, tiene que hacer frente

a una guerra civil (1462-1472): el conflicto que le enfrentó durante 10 años a su hijo y heredero, Carlos de Viana, apoyado por las Cortes catalanas. Los catalanes llegan a destituir al rey y a buscar un nuevo rey para Cataluña. En 1479 muere Juan II y le sucede su hijo Fernando, que era consorte de Castilla.

el

Mediterráneo.

La expansión se basó en un próspero comercio con Italia, el norte de África y Oriente desde el siglo XIII. Los mercaderes barceloneses fueron los primeros en introducir en la Península el uso de la letra de cambio 3 y las compañías mercantiles. Crearon, además un tribunal (Consulado del Mar) con jurisdicción sobre causas marítimas y pleitos comerciales y una banca pública municipal (Taula de Canvi, 1401) y situaron consulados en las principales plazas comerciales del Mediterráneo. Con estas iniciativas seguían las pautas de los mercaderes genoveses y venecianos, y sus pasos no tardaron en ser imitados por otras ciudades catalanas y valencianas. Como consecuencia, en los principales núcleos urbanos de la Corona de Aragón se crearon importantes lonjas de contratación 4 . Los comerciantes catalanes importaban productos de Oriente (sedas, especias – canela, pimienta- y tejidos de lujo) que luego distribuían en el resto de la península para financiar la compra de alimentos y materias primas. También, exportaban productos propios, como telas, paños y otros artículos artesanales, además de coral, azafrán, etc. Las áreas de mayor interés comercial para la Corona de Aragón eran el sur de Italia, el norte de África y los puertos de Siria y Egipto. Pero, a pesar del interés comercial y económico de la ruta mediterránea, las expediciones militares emprendidas por los monarcas aragoneses estuvieron motivadas en muchos casos por cuestiones dinásticas y políticas. Los principales pasos en la expansión aragonesa en el Mediterráneo durante los siglos XIV y XV fueron los siguientes:

5.3.

La

expansión

de

la

Corona

de

Aragón

en

3 Letra de cambio: orden de pago de un importe que se cobra en una fecha determinada y en un lugar concreto, que puede ser muy lejano.

4 Lonja de contratación: local donde se realizaban negocios mercantiles y financieros.

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1. La conquista de Sicilia por Pedro III (1282). Pedro, movido por pretensiones dinásticas 5 y en el marco de la rebelión de los sicilianos (Vísperas Sicilianas), aprovechó la situación para desembarcar en la isla y coronarse rey. Como consecuencia, fue excomulgado por el papa y la corona de Aragón entró en guerra con Francia y con la casa de Anjou, ayudados por Jaime II de Mallorca, hermano de Pedro. Sicilia se convierte en un problema sin resolver para los sucesores de Pedro III, pero se llega a una solución con la Paz de Caltabellota (1302).

2. La influencia sobre el norte de África. Los reinos musulmanes de Tremecén, Bugía (ambos en la actual Argelia) y Túnez fueron tributarios de la Corona de Aragón durante largos períodos de tiempo. Pero la presencia castellana en el actual Marruecos, obligó a Aragón a llegar a acuerdos con Castilla.

3. La expedición de los almogávares 6 en Oriente. Tras la Paz de Caltabellota, estos mercenarios quedaron inactivos y fueron contratados por el emperador bizantino para luchar contra los turcos en Asia Menor con éxito. Su capitán es después asesinado, por orden del emperador. La reacción de los almogávares (“venganza

catalana”) fue violenta y pusieron bajo soberanía aragonesa los ducados de Atenas y Noeopatria.

4. La conquista de Cerdeña por Jaime II .

5. La conquista de Nápoles por Alfonso V.

5.4. Las rutas atlánticas (castellanos y portugueses). Las Islas Canarias.

El interés de Castilla por el Atlántico se debía en gran medida a razones de índole económica. Por un lado, la ruta hacia el Atlántico norte era la vía principal de exportación de productos: la lana castellana (procedente de Burgos) y el hierro vizcaíno salían en grandes cantidades por el puerto de Bilbao (el más importante del Cantábrico en el siglo XV) hacia los mercados europeos, especialmente Nantes, Londres y Brujas, donde se

5 El emperador Federico II de Alemania (1212-1250), además del territorio imperial (al que pertenecían también

algunas ciudades italianas) era también rey de Sicilia; por eso los territorios pontificios quedaban en medio de los territorios del emperador. Pero las relaciones entre el emperador y el papa no eran buenas. Cuando Federico muere, la isla de Sicilia pasó a su hijo Manfredo, pero el papa, que se había autoproclamado jefe de la cristiandad tanto en lo religioso como en lo político, excomulgó a Manfredo y le ofreció la corona de Sicilia a Carlos de Anjou (conde de Provenza y hermano del rey de Francia). Manfredo fue vencido y muerto (1266); dos años después, Carlos de Anjou decapitó a Conradino, hijo de Manfredo.

Los Angevinos (los Anjou) habían desplazado del sur de Francia a los catalanes: ahora, con la posesión de Sicilia,

ponían en peligro el comercio catalán en el norte de África. Pedro de Aragón (futuro Pedro III), primogénito de Jaime I el conquistador, casado con Constanza, hija de Manfredo, acogió a los sicilianos vencidos y se dispuso a

enfrentarse con los angevinos pretextando la defensa de los derechos de su esposa. El gobierno de Carlos de Anjou en Sicilia no pudo ser más despótico; los sicilianos requirieron la ayuda de Pedro

III y en 1282, tras una conspiración bien preparada, las vísperas sicilianas, Pedro fue proclamado rey de la isla. El

papa sacó toda su batería de excomuniones. 6 Almogávares: tropas de choque de la Corona de Aragón formadas por infantería ligera, activos en el

Mediterráneo entre los siglos XIII y XIV. actuaron como mercenarios al servicio del rey de Aragón. Se caracterizaban por ser tropas de choque de infantería que combatían a pie, con armas y bagajes ligeros, generalmente con un par de lanzas cortas (azconas), un cuchillo largo (llamado coltell) y a veces un pequeño escudo redondo como única defensa. Llevaban la barba crecida y vestían pobremente, únicamente un camisón corto (tanto en verano como en invierno), llevaban un grueso cinturón de cuero y calzaban abarcas de cuero. Además siempre llevaban consigo una buena piedra de fuego, con la que antes de entrar en batalla solían golpear sus armas, por los

que estos echaban unas enormes chispas, que unidos a sus terribles gritos, aterrorizaban a sus enemigos. De gran

valor y fiereza, entraban en combate al grito de «Desperta Ferro! Matem, matem», «Sant Jordi!» o «Aragón!»

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establecieron comerciantes vascos y castellanos. Por la ruta atlántica, Castilla importaba manufacturas de lujo, preferentemente de Flandes, o productos del Báltico. Por otro lado, la ruta sur, en torno al eje Sevilla-Cádiz, controlada por los genoveses, facilitaba el acceso a productos africanos, incluidos el oro, el marfil y los esclavos, y los paños y telas italianas y productos y especias de Oriente. La unión entre ambas rutas se producía a través de una densa red de ferias que animaban todo el comercio peninsular y entre las cuales destacaba en Castilla, la de Medina del Campo. Por otra parte, en los puertos atlánticos se desarrollaba una intensa actividad pesquera y naval, por lo que se potenciaron a lo largo de los siglos XIV y XV la marina cantábrica y andaluza. Con el fin de proteger la ruta atlántica del sur, Castilla colaboró con Portugal y Aragón para hostigar al reino nazarí de Granada y a los benimerines 7 del Norte de África y controlar el estrecho de Gibraltar. Los tres reinos compartían el mismo interés económico por abrir el estrecho y por ello colaboraron hasta mediados del siglo XIV. Castilla logró importantes avances, como la toma de Tarifa (1292), Algeciras (1344) y Gibraltar (1262) y, sobre todo, la victoria del Salado sobre los Benimerines (1340), que neutralizó el control norteafricano del estrecho. Sin embargo, los problemas internos en Castilla impidieron una política exterior más activa, y Portugal se convirtió en un poderoso rival en la expansión atlántica hacia el sur. Portugal ocupó Ceuta (1415) y Tánger (1471). Los portugueses colonizaron también Madeira (1418) y las Azores (1432), donde instalaron cultivos de trigo y caña de azúcar, financiados por genoveses y flamencos, respectivamente. Más tarde exploraron la costa occidental africana, primero en busca de oro y luego con el fin de abrir una ruta atlántica hacia las Indias y las especias orientales: en 1434, los portugueses llegaron al cabo Bojador (Sahara Occidental) A mediados del siglo XV, Lisboa recibía con regularidad oro, marfil y esclavos procedentes del golfo de Guinea. Entre 1487 y 1488 Bartolomeu Dias llegó al cabo de Buena Esperanza, en el sur de África. Siguiendo esta fecunda expansión, las islas Canarias tendrían que haber sido un objetivo portugués. Las islas, habitadas por aborígenes guanches, constituían una excelente base marítima de operaciones y aprovisionamiento. Entre 1402 y 1428 se enviaron varias expediciones a las islas. La primera fue encabezada por Jean de Béthencourt, que se apoderó de Lanzarote y, más tarde de Fuerteventura, La Gomera y el Hierro. Las restantes islas no serían conquistadas hasta finales del siglo XV. Muy pronto se instalaron en ellas andaluces y genoveses con el ánimo de cultivar la caña de azúcar, así como misioneros y traficantes de esclavos. La colonización fue prácticamente privada hasta la época de los Reyes Católicos y Castilla y Portugal rivalizaron por el control de Canarias hasta 1479 (Tratados de Alcaçovas-Toledo).

7 Benimerines (1258-1465) es el nombre castellanizado que reciben los Banu Marin, miembros de la dinastía bereber norteafricana más importante que surgió tras la caída y destrucción del Imperio Almohade y gobernó buena parte del Magreb a partir de 1268. Trataron de extender su control al tráfico comercial del Estrecho de Gibraltar. Para ello declararon la guerra santa a los cristianos y ocuparon sucesivamente las ciudades de Rota, Algeciras y Gibraltar, sitiando Tarifa por primera vez en 1294. Tras una serie de choques con la Corona de Castilla, su derrota estrepitosa en la Batalla del Salado (1340) a manos de una coalición castellano-portuguesa, marcó su fin en la Península Ibérica.