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APORTACION AL ESTUDIO DEL PLEITO DE LOS ALHORINES EL ANGULO noroeste de la provincia de Alicante se halla truncado por el entrante semicircular de Caudete, que pertenece a la provincia de Albacete a partir de la divisién administrativa de 1833. Los propios caudetanos han considerado siempre antinatural tal adscripcién, que no esté realmente abonada por razén geogréfica alguna. Apenas habjan transcurrido cinco lustros desde aquella divisién provincial, cuando en una magna asamblea de todas las fuerzas vivas de la poblacién, segin puede leerse en el Acta Capitular de 15 de diciembre de 1861, fue nombrada una comisién para gestionar del Gobierno la gracia de que la villa fuese segregada de la provincia de Albacete para trasladarla a la de Alicante, pues de ello surgirian grandes beneficios a sus habitantes, tanto por la posicién topogréfica del pueblo y su menor distancia a Villena, a cuyo juzgado deberia pertenecer, como por otras razones de no menor conveniencia, “y asi pulula en la poblacién, de cuya idea todos Ios vecinos abundan”. Nada hizo aquella Comisién, sin embargo, para dar cumplimiento a tan undnime deseo. Otra “oportunidad no aprovechada” se present6 en mayo de 1927, a raiz de Ja nueva demarcacién judicial. El Sindicato Catdlico Agrario, que contaba con mil seiscientos socios mayores de edad y cabezas de familia, suplicé al Ayunta- miento acudir a informacién abierta “para conseguir que Caudete fuese agtegado al partido judicial de Villena, por ser la undnime aspiracién del pueblo y con- yenir al interés general”. Puesto el asunto a votacién, sdlo tres concejales y el Alcalde dieron su conformidad a la propuesta. Los siete concejales restantes vo- taron en contra y Caudete siguié perteneciendo al partido judicial de Almansa, en contra del interés general y de la unénime aspiracién del pueblo, que no fue consultado. Las razones que movieron a aquellos siete ediles para forzar tan grave decisién son de tipo histérico, y hay que buscarlas en el apasionamiento producido por una deficiente informacién acerca del famoso y enconado pleito de los Alhorines, que ha enturbiado durante siglos Jas relaciones entre dos poblaciones hermanas, “ila- madas a marchar unidas y en buena armonfa dentro de la misma demarcacién administrativa”, para decirlo con las mismas palabras del historiador de Caudete Sénchez, Diaz,’ de cuya obra habremos de ocuparnos muchas veces a lo largo de este trabajo. Asi lo pensamos nosotros también desde el lado villenense, y no vemos otro modo de contribuir a ello que el de tomar el asunto desde sus origenes y estudiarlo 1 Jess sinchez Diaz, Historia de Caudete y su Virgen de Gracia, Alicante, 1956. 12 José M® Soler Garcia a fondo con toda la objetividad de que seamos capaces, a la luz de muchos datos que no vemos hayan sido aducidos hasta la fecha. SENORIO CASTELLANO DE CAUDETE, En el archivo de Villena existe un documento que Ileva el encabezamiento siguiente: Transilat de una data posada per micer Johan Mercader, ca en rere balle general del Regne de Valencia, en CCXXXXIII cartes del compte per aquell retut en lo ofici den Mestre Racional, la qual fonch feta per lo preu de la compra de la villa e castell de Capdet. Es el testimonio de la subasta que, en 23 de noviembre de 1422, se hizo de los bienes de Garcia Jofre de Lis6n por deuda que habia contraido con Bernat Despuig, habitante en Jativa. Entre los documentos que recibié el Maestre Ra- cional con motivo de dicha venta, se menciona uno del tenor siguiente: E més avant he cobrat del dit mossén Garcia Jofre de Lisén una carta bulla blumbea sagellada, feta davant Murcia, a XIT dies de maig, era millésima CC* LXXXIB, per Ja qual appar quel Illustre don Alfonso, fill del Rey don Ferrando, hereter de Castella, e de Toledo, de Leén e de Gallicia, de Cérdova ¢ de Marcia, per servey que Sancho Sancher de Macuelo li féu, ab plaer del dit Rey son pare ede la Reyna dona Berengela sa mare, dona e atorga al dit en Sancho Sanchee & a tots los seus lo dit castell ¢ vila de Capdet, prop de Bogarra, ¢ la torre de Pechin, que és entre Yecla ¢ Chinchella, los quals dos lochs li dom’ per heredat (lim. X, A). Documento de tal importancia es silenciado por los autores yalencianos que se han ocupado del pleito de Jos Alhorines, aunque no era desconocido de los histo- riadores murcianos. Cascales, por ejemplo, dice que “en aquella ocasién, un Cava- Hero que se habja sefialado mucho, llamado Sancho Sanchez de Mazuelo, a quien el Infante Don Alonso, por sus servicios, hizo merced de la villa y castillo de Cab- dete y de la torre de Regin, que esta entre Yecla y Chinchilla, tenfa gente de guerra en las fronteras del Reyno, y trafa su trato con el Arraez de Alcira...°? Merino Alvarez dice también que Alfonso X “entregé la villa y castillo de Cabdete y la torre de Regin (entre Yecla y Chinchilla) a Sancho Sanchez de Mazuelo”, y aduce 1a cita de Alfonso Sénchez en Rebus Hispaniae, tomo IV de la Corona Gotica de Saavedra Fajardo, que dice: “Santio Majuelo cujus egregia opera hoc bello enituit Alcaudete oppidam ab Alphonso principe dono datum inde comitum Aleaudete origo”. El documento citado expresa claramente que la donacién, aparte de Pechin, se referfa solamente a Caudete y su castillo, que estaban “préximos a Bogarra”, con lo cual results un sefiorio aislado entre los dominios del infante D. Manuel, hermano de Alfonso X y Adelantado de Murcia. 2 Francisco Cascales, Discursos histéricos de Murcia y su Reyno, 2.8 ed., Murcia, 1775, Disc. 1, cap. XIL 3 Abelardo Merino y Alvarez, Geografia histérica del territorio de la actual provincia de Murcia, desde la Reconquista por D. Jaime I de Aragén hasia la época presente, Madrid, 1915, pp. 65 y 132. Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 13 Durante doce afios, permanecié Candete en poder de Sancho Sénchez de Ma- zuelo, quien lo vendié en 1256. As{ lo acredita otro de los documentos recibidos por el Maestre Racional, que se describe del siguiente modo: Stem, una altra carta feta en Segovia, a XII dies de agost, en Era de MCCLXXXXIII anys, rebuda e serita per mA den Johan Pérez de Quenqua, notari, Tany quint que lo Rey don Alfonso regna, per la qual appar com lo dit en Sancho Sincheg de Macuelo vené a don Gregorio los dits castell e vila de Capdet ¢ Jo castell e vila de Pechin, ab ligtneia del dit Rey don Alfonso. (Lam. X, B). Nada hemos podido averiguar de este don Gregorio ni de lo ocurrido desde que compré la villa, salvo que ésta fue poblada con arreglo a los fueros, fran- quicias y libertades de Chinchilla otorgados por Sancho IV. Asi se dice en una carta de Martin I, fechada en Segorbe el 22 de noviembre de 1401, en la que ordena no se perturbe a Juan Garefa de Lisén en la posesién del lugar de Caudete, que sus predecesores poseyeron y poblaron con arreglo a aquellos fueros, los cuales no prohibian a los religiosos heredar bienes de realengo, El traslado de dicha carta se conserva también en el Archivo villenense. En lo religioso, Caudete quedé incorporada a la didcesis de Cartagena, segiin a delimitacién ordenada por Alfonso X en la Era 1304 (afio de 1266), hasta que pasé a la de Orihuela cuando la particién del Obispado por la Bula de Pio IV de 1564, CAUDETE BAJO EL SENORIO DE LOS LISON En poder de don Gregorio o de sus herederos debfa hallarse Ja villa cuando la invasién del reino de Murcia por Jaime I en 1296. Caudete, al igual que sus vecinas Villena y Sax, quedé incorporada a la Corona de Aragén en virtud de Ia sentencia de Torrellas, si bien, por lo que a Villena se refiere, respeté D. Jaime la propiedad de D. Juan Manuel, heredero de los estados de su padre, el infante D. Manuel. Asimismo se establecié en el pacto que “si otros castillos havia otro rico home o Ordenes 0 Eglesias o Cavalleros dentro los dichos términos, que sean € finquen de aquéllos quanto a la propiedad”, Por la mencionada sentencia, Ia villa de Axfjar, propiedad de un caballero aragonés Hamado Ato de Lisén, debfa quedar en los dominios de Castilla, y en recompensa de aquella pérdida, Ato de Lisdn recibié 1a villa de Caudete, que habia de quedar para Aragén. ‘ Se repetia asi la situacién creada por la donacién a Sanchez de Mazuelo: Caudete permanecia bajo un sefforio aislado del de los Manueles que le rodeaban, si bien ahora en la jurisdiccién del Rey de Aragén. La sentencia de Torrellas se firmé el 8 de agosto de 1304, y entonces debid comenzar el sefiorfo de Ato de Lisdn, Pero en el Archivo villenense se conserva copia de la Carta-puebla otorgada a los yecinos de Caudete por Juan Garcia de 4 Jerdnimo Zurita, Los cinco libros primeros de la primera parte de los Anales de ta Corona de Aragén, Zaragoza. MDLXXXY, Lib. V, cap. 66.— 2) Cascales, Ob. cit. en nota 2. . 431. —3) Merino, Ob. cit. en nota 3, p. 132. 14 José M.* Soler Garcia Lis6n, que est fechada en Villena el 6 de marzo de la Era 1343 (afio de 1305), © sea, a los sicte meses de dictada aquella sentencia,> No sabriamos decir si se trata del inmediato sucesor de aquel Ato de Lisén de que nos habla Zurita. Es importante sefialar que este Juan Garcia de Lisdn, seiior de Caudete, era al propio tiempo Alcaide del castillo de Villena, y que la Carta-puebla esté redac- tada en castellano, otorgada ante el notario de Villena y en presencia de testigos villenenses. ‘A Juan Garcia de Lisén le sucedié en el sefiorfo su hijo Pedro Eximeno de Caudete, a quien Alfonso IV de Aragén confirmé Jos privilegios de Ia villa por carta firmada en Manises el 10 de julio de 1329, cuya copia se conserva asimismo en el citado Archivo (Lam. XI, A). Se da también Ia circunstancia de que este “Pero Ximénez, senyor de Alcaudete”, fue uno de los mensajeros enviados por D. Juan Manuel al rey Pedro IV para recibir la carta en que el monarca aragonés concedia a D. Juan el Ducado de Villena. El anuncio de esta concesién esti fechado en Zaragoza el 17 de mayo de 1336.¢ E19 de diciembre de 1337, Pedro IV, desde Valencia, confirmé los privilegios de Caudete a Garcia Jofre de Lis6n, hermano del anterior y sucesor suyo en el seforio de la villa, Garcia Jofre era vecino de Villena en 1345, y por su condicién de hidalgo, estaba exento en ella de pechos y pedidos como lo estaban “los fijos- dalgo de Castilla”, segtin declaracién del propio D. Juan Manuel.’ Sin embargo, guedaba obligado ‘al pago de los pechos que echara el Concejo por razén de las heredades que hubiere comprado a pecheros desde 1339. Garcia Jofre figura tam- bién como testigo en el pleito homenaje prestado a D. Juan Manuel y a su hijo D. Fernando por todos los procuradores de las poblaciones que posefa en el reino de Murcia, reunidos en Villena el 1 de marzo de 1341 (Era 1379).* ‘Vemos, pues, que, tanto Juan Garcfa de Lisén como sus sucesores Pedro Exi- meno y Garcfa Jofre, se hallan en una especial situacién de vasallaje respecto adon Juan Manuel, pese a su condicién de sefiores de Caudete, durante el tiempo en que Villena permanecié nominalmente en la jurisdiccién de Aragén después de la sentencia de Torrellas. La situacién del “enclave” caudetano qued6 asi difumi nada, y no yolveria a surgir con toda claridad hasta que las “tierras de D. Juan’ volvieron de hecho a los dominios de Castilla. No cabe pensar, pues, en cues- tiones litigiosas entre Villena y Caudete por razén de sus términos durante ese periodo. La sucesién que hemos dado para el sefiorio de Caudete no concuerda con Ja que nos da Cascales en el capitulo dedicado al linaje de Lisén, pues afirma que a Ato de Lison Ie sucedié Jofre de Lisén, y a éste, Garcfa Jofre de Lisén, “que vendié la villa de Caudete —dice— y se vino a Murcia, donde fue Alcayde del castillo de Monteagudo, como consta de una carta del rey don Alonso el Onceno, dada en Ia ciudad de Sevilla, a 8 del mes de diciembre, Era de mil y trescientos sesenta y ocho”.? 5 José M.* . La Relacin de Villena de 1575, Alicante, 1969, Doc. IV. 6 Soler Gare fen nota 5, Doc. XI. T Soler Garcia, Ob. cit. en nota 5, p. 45. 8 Soler Garcia, Ob. cit. en nota 5, Do 9 Cascales, Ob. cit. en nota 2, p. 430. ‘XI. Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 15 Confunde probablemente Cascales a este Garcia Jofre de Lisén con otro del mismo nombre que, efectivamente, vendié Ja villa en 1422, Ya hemos visto que, en la Era 1368 (aio 1330), era sefior de Caudete Pedro Eximeno. De todas formas, la cita de Cascales es un testimonio mas de que los Lis6n, aunque aragoneses de origen, gravitaban hacia las tierras murcianas, y no seria ajeno a esta circunstancia el hecho de que se pensara en Ato de Lisén para sefior de la villa cuando hubo de quedar en Ja jurisdiccién de Aragén por Ja sentencia de Torrellas. En 1341, como hemos visto, era todavia sefior de Caudete Garcia Jofre de Lisén, primero de este nombre, y heredero suyo debié de ser otro Juan Garcia de Lisén, de la Orden de Santiago, a quien Martin el Humano ordend no se perturbase en la posesién de la villa a pesar de su condicién de religioso, El iiltimo poseedor del sefiorfo es Garcia Jofre de Lisdn, segundo de este nombre, que estuvo casado con Guiomar de Narv4ez. Por deudas contraidas con Bernat Despuig, en 23 de noviembre de 1422 Je fueron subastados la villa y castillo de Caudete, que Johan Rotlin compré para la Corona de Aragén por Ia suma de 41.200 sueldos. Volvemos a recordar que, en Ia donacién de Alfonso de Castilla a Sanchez de Mazuelo, se comprendian solamente Caudete y su castillo, ademas de Pechin, y que de Caudete se habla solamente cuando se compensa a Ato de Lisén por Ja pérdida de Axijar. En ambos casos, la villa y su castillo constituyeron un “en- clave” dentro de las tierras de los Manueles. Asi lo consigna Abraham Ortelio en su Theatro del Orbe: “Insula Valentiae in Castellae Regione”. La carta-puebla otorgada por Juan Garefa de Lisén nos suministra datos muy interesantes, Se dice en ella que, para que el lugar se pueble mejor, se da a cada uno de los cien pobladores ocho tahullas de riego y ocho yugadas de tierra albar. Suponiendo la tahulla de entonces como la actual de Caudete, de 11’67 areas, y calculando la yugada de secano en 8 reas y 31 centiéreas, que es la equivalencia que nos da Ros Biosca para Fuente la Higuera,! las 800 yugadas de secano suponen 2.393 hectéreas, que sumadas a las 93 de riego, hacen un total de 2.486 hectéreas de tierras de cultivo para los cien pobladores. La extensidn actual del término de Caudete es de 14.321 hectdreas, segiin Sanchez Diaz," en las que se hallan incluidas las 600 hectéreas correspondientes a Bogarra, como luego vere- mos. Quedan, pues, 11.235 integradas por montes, dehesas, prados y las tierras que el sefior se reservara —que, segin la escritura de compra por la Corona valenciana, eran “los bancals e terra que sén prop del castell de la dita vila, en los quals ha certes plantes de oliveres”— para completar la extensién de Caudete en 1305. Actualmente, quedan atin 3.354 Ha. de montes y de tierras impro- ductiva Pues bien: en dicha escritura de compra, fechada en 1422, se dice que “los quals dits vila e castell de Capdet afronten ab terme e terres de la vila de Eccla, e ab terme de les viles de Ontinyent e de Biar, e ab terme del loch de la Font de la Figuera”, todo lo cual supone una extensién de més de 20.000 Ha., por las 3 José M.* Ros Biosca, Fuente la Higuera. Apuntes histéricos, deseriptivos y estadisticos de esta villa del Reino de Valencia, Tétiva, 1922, p, 81. M1 Sanchez Diaz, Ob. cit. en nota 1, p. 200. 22 Sénchez Diaz, Ob. cit. en nota 1, p. 202. Fic. 1.4 Mapa topogrifico del témino de Villena, con Ja situacién de Ios antiguos despoblados. La zona rayada sefiala los territorios en litigio @ibujo SoueR Gancta) Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 17 cuales se pagaron solamente 41.200 sueldos. No nos extrafia que el comprador se expresara en los siguientes términos: E yo, considerant com los dits vila ¢ castell de Capdet eren ¢ sén situats en Ia frontera de aquest Regne e prop de les Viles de Ontinyent e de Biar, que sén clau de aquest Regne; e considerant encara lo gran e notable terme e territoris que la dita vila ba e té, apelli en Ja dita ciutat de Xativa notables gents, axf de cavallers com de gentils homens, juristes com ciutadans, demanant-los de consell, atteses les dites coses e Io preu ques trobava en los dits vila © castell de Capdet, co és, XXXXIMCC sous, si compraria aquells a ops del Senyor Rey e del seu Real patrimoni, per lo bé avenir de aquest Regne per moltes consideracions. Aceptaron, naturalmente, después de “molts ¢ diverses colloguis e parlaments en diverses dies, tots concorditer e nemine discrepante... car gran proffit sen segui- ria a tot lo dit Regne”, No nos cansaremos de repetir que, tanto durante el sefiorfo casteilano como bajo el dominio de los Lisén, no se trasluce Ja més ligera desavenencia entre Caudete y Villena por cuestién de téminos. Es ahora, en el momento en que el titimo de los Lisén vende su villa a la Corona, cuando nos sorprenden los valencianos con una delimitacién realmente extrafia y que se halla en contra- diccién incluso con el propio Fuero de Jaime I que fija los limites meridionales de sus estados. Si hemos de dar crédito a lo que en el documento que acaba- mos de citar se dice, Caudete ha dejado de ser un “enclave” valenciano en tierras de Castilla, y las antiguas “‘tierras de D. Juan”, micleo del futuro Marquesado de Villena, han quedado divididas en dos porciones separadas, sin el secular enlace entre Villena y Almansa. Trataremos de explicar el origen de esta sorprendente anomalia. BOGARRA Y BURRIHARON A unos 3 kilémetros al sudeste de Caudete, en una viiia propiedad de Joaquin Medina Garcia, situada junto al Camino del Balsazo, existen los restos de un despoblado medieval, que conserva un torreén de argamasa de planta hexagonal (Fig. 2* y Lams. I a IV). Altos ribazos de piedra en seco limitan las diversas parcelas de la finca, de las cuales la situada al norte del torreén contuvo muros de casas que las méquinas agricolas se encargaron de arrasar. Esta pieza ha venido suministrando gran cantidad de vasijas, tejas y esqueletos humanos. Los testimonios arqueoldgicos se esparcen también por el sur y el este del torreén, pero no Ilegan a sobrepasar el camino del oeste. La extensidn actual de la finca abarca unas 20 tahullas, equivalentes a unas dos hectéreas y media. En pros- pecciones superficiales, hemos podido recoger cerdmicas vulgares, algunas pintadas con trazos oscuros, otras surcadas de incisiones a peine, y muchas otras con el caracteristico vidriado verde que se da siempre en yacimientos de ascendencia morisca. Aunque hemos buscado con atencién, no hemos logrado encontrar ni un solo vestigio material romano. Los caudetanos conocen bien este lugar, al que denominan “Torre de Bogarra”. 2 TORRE DE BOGARRA ESCALA 1:100 PLANTA FACHADA SUR FACHADA NORTE Fic. 2\—Planta y alzados de la Torre de Bogarra, segtin el ingeniero agrénomo don Jerénimo Ferriz Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 19 Nos dice Lozano que, en 1488, era Bogarra lugar de ochenta a cien vecinos, © sea unas veinticinco familias, agrupadas en otras tantas viviendas alrededor del torredn. Suponiendo para cada una de ellas una propiedad de tierras de cultivo similar a la que Juan Garcia de Lisén concedié a los cien pobladores de Caudete, la extensién total de estas tierras alcanzarfa, como mucho, unas seiscientas hecté- reas. Es esto también lo que los restos hoy visibles permiten deducir. Bogarra es un topénimo que se repite en la geografia levantina. Podemos recor- dar el Bugarra de Villar del Arzobispo; el Bogarra albacetefio, del partido de Alcaraz; y este Bogarra proximo a Caudete, que ya habia desaparecido en 1611, cuando Escolano escribié sus Décadas. Meyer Liibque le supuso origen prerro- mano, pero Asin Palacios deriva su etimologia de “Abu Qurra”, nombre propio de persona. Tal multiplicidad ha dado origen a confusiones, agravadas con Ja existencia de una Bigerra romana sobre cuya localizacién no se han puesto de acuerdo los historiadores. Con Villena la identificaron Ocampo, Mariana, Flérez, Masdeu y algunos otros autores, y el gentilicio de “vigerrenses” se aplica todavia a los de Villena en algunos diccionarios actuales, todo ello basado en la existencia de estas ruinas cercanas a Caudete, cuyos vestigios arqueolégicos no puede decirse que abonen tal deduccién. Pero si la Bigerra romana esté todavia por descubrir, esta Bogarra préxima a Caudete fue ya perfectamente localizada por Lozano, aunque con el comen- tario de que debié Iamarse “Burjaharon” en el siglo xi, en lo cual fue seguido por Merino Alvarez y aun por nosotros mismos antes de estudiar mas de corca Ia cuestién. Se basa Lozano sin duda en Ia delimitacidn de Jaime I, que figura en la Rit- brica 1.* del Libro de los Fueros con estas palabras: © ax{ com hix a Xerelli ¢ a la Serra de la Rua e feneix a Cabriol ¢ al terme de Garamoxén ¢ a la Font de la Figuera, e com hix a Burriharon ¢ de alli Almizrra e al port de Biar, que parteix terme ab Billena. Como més adelante veremos, también esta confusién de Burriharon con Bo- garra ha contribuido al embrollo histérico que estamos estudiando. Un intento de localizar el Burriharon de Jaime I lo debemos a Ros Biosca, quien aduce Ja existencia en Fuente la Higuera de una antigua “Torre del Bosque”, de Ia que se habla en el deslinde practicado en 1308 entre Mogente y Enguera y ala que alli se denomina “Torre de Burjaharoy”, “palabra arabe —dice— que, segtin los inteligentes significa ‘Torre de la Fuente’. Afiade que, en documentos antiguos, se nombra también de “Borrihacen”. No deja de ofrecer reparos tal deduccién, pues si la “Torre del Bosque” estuvo, segiin Ros, en la parte més alta de Fuente la Higuera, junto a la iglesia parroquial y antiguo consistorio, no se compagina bien esta situacién con la linea que, par- 33 Juan Lozano, Bastitania y Contestania del Reyno de Murcia con los vestigios de las cindades subterréneas, Murcia, s.a., Disc. III, parr. 1. ¥ Soler Garcia, Ob. cit. en nota 5, p. 76. 35 Ros Biosca, Ob. cit. en nota 10, p. 25. 20 José M. Soler Garcia tiendo precisamente de Fuente la Higuera, “sale a Burriharon y de alli a Almizera y al puerto de Biar”, segin dice el Fuero y repiten Diago y Beuter, entre otros. Afiade Ros en otro lugar que “en los limites del término de Fuente la Higuera, confinando con los de Ja provincia de Alicante, sobre la mojonera de Villena y punto conocido por ‘Pla del Moro’, tambign es tradicién que existié otro pueblo, pues se han encontrado, al practicarse trabajos agricolas, restos de vasijas y mo- nedas de plata y de cobre, cuyos vestigios bien pudieran pertenecer a la antigua ciudad de Bigerra”. ° “El Pla” se llama ain, en efecto, la partida que est frente a La Zafta, al otro lado de la vereda-limite, y “Casa del Pla” se denomina una finca que hay al pie de la sierra. (Lam. VI, A) Interesados en este problema, hemos investigado sobre el terreno, y hoy po- demos asegurar que al pie de la montaiia de La Zafra, no lejos de la mencionada “Casa del Pla”, existen dos antiguos pozos, uno a cada lado de Ia vereda. (Lams Via VIL) Cerea del que se halla en la parte villenense, en unas viflas propiedad de D. José Solano, las tierras se hallan materialmente sembradas de ladrillos, tejas y fragmentos de vasijas, en una extensién de mas de ocho mil metros cuadrados. Las méquinas agricolas ponen continuamente al descubierto nuevos restos, y no puede dudarse de que alli existié un poblado medieval tan importante 0 més que La Zafra actual. As{ lo creen también todos Jos campesinos de los alrededores, que hablan de una antigua ciudad destruida por un cataclismo, aunque nadie recuerda el nombre que pudo tener en tiempos pasados. A la pieza en cuestién se la conoce actualmente por “La Gerrerfa”. (Lam. V.) A la cita de Ros, confirmada por estos restos, viene a unirse un documento existente en el Archivo villenense que copia el parrafo de Beuter referente a estos Iimites con unas notas aclaratorias, una de las cuales se refiere a Burriharon para decir que esta “junto al pozo que Ilaman de la Cafra”. (Lam. XI, B.) La situacién de este despoblado concuerda exactamente con la del que Jaime I situaba entre Fuente la Higuera y Almizra, como puede verse en el mapa que acompafiamos. (Fig. 1.) La misma vereda que hoy sirve de limite entre Fuente Ja Higuera, Fontanares y Villena, (Lam. VII) cruza la sierra por los Altos de la Zafira y desciende hacia el valle de Benejama para morir en la carretera de Villena a Onteniente, entre Cafiada y Campo de Mirra, que es la antigua Almizra del tratado. Més adelante veremos que, en el compromiso firmado entre Villena y Onteniente en 1490, se fija el “Pozo Ciscar” como limite de separacién de los Alhorines, y se establece que los ganados de ambas poblaciones puedan abrevar en Ja “Fuente de la Cafra” Scfialemos también que, en las laderas de la sierra, no lejos de uno de los antiguos pozos, existen otras importantes ruinas: las del “Tejar de la Zafra”, totalmente abandonado hoy, pero cuyos hornos estuvieron en uso hasta hace pocos afios. (Lam. IX.) Es sin duda por estos lugares por donde hay que localizar el antiguo Burriharon de Jaime I. La Bogarra cercana a Caudete, que por hallarse al oeste del puerto de Biar debia quedar para Castilla, segin el pacto de Cazorla, fue obtenida de los moros 16 Ros Biosca, Od. cit. en nota 10, p. 22. Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 21 por Jaime T, en unién de Caudete, cuando, en Ja disputa con su yerno Alfonso X, cada uno iba usurpando conquistas del otro. El famoso tratado de Almizra puso fin al conflicto, y tanto Bogarra como Caudete, Villena y Sax, le fueron devueltas al Rey de Castilla, quien, a su vez, devolvié a su suegro las plazas de Mogente y Enguera, Fue entonces cuando Alfonso X hizo donacién a su capitén Sancho Sanchez de Mazuelo del castillo y villa de Caudete, pero no de Bogarra, que quedé, con Villena, en el sefiorfo del infante D. Manuel. El texto latino del tratado, que se conserva en el Archivo de la Corona de Aragén, fue primeramente publicado y traducido por Carreres Zacarés," reim- preso por Chabés"® y reproducido, con Ja traduccién de Carreres, por Figueras Pacheco y por Carmen Sénchez Martinez.” Ultimamente ha sido traducido y estudiado de nuevo por Enrique A. Llobregat,” de cuya traduccién copiamos el siguiente parrafo, que es el que més directamente afecta a nuestro objeto: Que el Rey Jaime precitado, por si y por sus sucesores, lauda, concede y determina al citado infante D. Alfonso y a sus sucesores a perpetuidad el castillo y la villa de Alacant, con todos sus confines, y Aguas con todos sus confines, y Busot, con todos sus confines, segiin va el terreno y sale hasta el puerto de Biar, y el castillo y Ia villa de Millena con todos sus confines, y todo 10 otro que esté més alld del Imite de Biar, que va hacia el puerto de Biar entre el limite de ésta y el de Millena y hacia la parte de Murcia y de Castilla, excepcidn hecha de Jos términos completos de cada una de ambas, y todo lo otro que queda entre el confin de Almigran y el de Bogarra, excepcién hecha de los términos completos de cada una de ambas, y lo que va hacia el comienzo de la sierra de la Rua que est sobre Ayora segtin la divisoria de aguas de esta sierra desde la parte de Cas- tilla y cual esta sierra est4 donde confluye el Cabriel con el Jiicar. Si examinamos el mapa que hemos trazado, se observard sin gran esfuerzo que no puede identificarse Ia Bogarra préxima a Caudete con la del tratado, si han de enlazarse sus confines con los de Almizra, pero la dificultad desaparece si leemos en el texto Burriharon en lugar de Bogarra, de acuerdo con la Crénica Real y el Libro de los Fueros, y si este Burtiharon lo situamos en los alrededores de La Zafra como hemos propuesto. No seria éste el tinico error del texto, pues también Villena se confunde con Millena, pueblo de las cercanias de Alcoy. Ha de tenerse en cuenta que lo que se conserva en el Archivo de la Corona de Ara- g6n es una copia, y no el original del tratado. Por si todas estas confusiones no fueran suficientes, Blanch y Illa, en su Cré- nica de la provincia de Albacete, se encarga de embrollar mas la cuestién. Este autor ignora, en primer lugar, la existencia de la Bogarra de Caudete, pese a haber bebido en Ia fuente de Lozano, y hace a Ja villa caudetana poco menos que una Salvador Carreres Zacarés, Discurso leido en el ejercicio de Docior en Filosofia y Letras el dia 2 de junio de 1908 en la Universidad Central, Valencia, 1908, p. 45 Rogue Chabss, Episcopologio Valentino, Valencia, 1909, p. 318. ¥ Francisco Figueras Pacheco, Alicante bajo los Reyes de Castilla, Alicante, 1982, pp. 145-147. 1 Carmen Sénchez Martinez, Don Jaime el Conquistador en Alicante, Alicante, 1958, Doc. I, p. 105. i Enrique A. Llobregat, Castillos y fronteras medievales en la provincia de Alicante, en Castillos de Espana, 2° &poca, n.° 3 (10), Madrid, 1970, pp. 130-137 22 José M. Soler Garcia aldea de la Bogarra de Alcaraz, a la que identifica como 1a “Bigerra bastetana”. “Esta villa —dice al referirse a Caudete— hemos indicado ya que antiguamente, formando parte de la moderna Bogarra, se llamaba Bigerra”,® y, en esta creencia, todos los datos que maneja referentes a Caudete, los aplica indiscriminadamente a la Bogarra de Alcaraz. Para no omitir detalle, copiamos de su Crédnica la des- cripcién de esta ultima Bogarra, con las aldeas de Cataquerijos de Arriba, Cafiadas de Haches, Dehesa del Val, Fuente del Arenal, Mohedas, Poliche, Vega de San Andrés y Yegtierizas: ‘ocho caserfos y siete chozas diseminadas. Esta villa se denomind antiguamente “Bigerra bastitana”, Se cree con fundamento que estaba unida con la villa de Caudete, a juzgar por la multitud de cimientos y argamasas, hormigones y gruesas paredes que se han descubierto desde una poblacién a otra, formando en su conse- cuencia una gran ciudad, Aunque slo se encuentran en el término de dichas villas monedas imperiales, se supone a Bigerra fundada mucho antes de Ja invasién de Jas huestes del pueblo rey, o sea trescientos aijos antes de J. C. En el siglo xvit se hallaton un 050 de piedra disforme sobre un zécalo, urnas cinerarias, armas antiquisimas y algunas alhajas de oro, viniendo a comprobar la remota antigliedad que se da a dicha poblacién. Las memorias del tiempo de los godos nos presentan una poblacién con el nombre de “Bigastrum”, a cuya iglesia se trasladé cl obispo de Cartagena, y aunque es dudosa su situaci6n, se cree fundadamente ser la actual Bogarra. Después de conquistada ésta a los moros por D. Jaime de Aragon en 1240, la dio en posesién a los caballeros de Calatrava, quienes tres afios mis tarde a restituyeron a Castilla, siendo el infante D. Alfonso sefior de Villena y de Bogatra. En 1355, el concejo de Caudete compré la vega de Bogarra a dona Berenguela Gareja y a N. Lopez. En 1483, con motivo de cierto pleito, declararon Ios testigos ser propias de Caudete las alquerias de Bogarra y Oliva. En 1446, por decreto de las Cortes se vendié a Onteniente la torre y lugar de Bogarra, frontera de Castilla, designando por linderos a Villena, Yecla y Almansa. En 1483, Bogarra era ya poblacién de ochenta a cien vecinos, y se le daban por mojones, ademas de Almansa y Villena, Abiaz [sic], Fuente de la Higuera y Caudete. Para dejar bien sentado el valor de esta fuente, hemos de aclarar que, desde la Bogarra de Alcaraz hasta Caudete, hay mas de cien kilémetros en Ifnea recta; que los hallazgos arqueoldgicos que cita los refiere Escolano a una cueva de Caudete; * que lo que se entreg6, no en posesidn, sino en tenencia, a los caba- Heros de Calatrava en 1240 fue Villena, y no Bogarra; que tampoco fue Bogarra Ta que se vendié a Onteniente en 1446, sino Candete; que lo referente a limites y poblacién de Bogarra esté tomado de Lozano, quien lo refiere a 1488, y no a 1483, y que el Abiaz que cita quiere decir “a Biar”. Y con esta necesaria aclaracién, llegamos a uno de los puntos claves del con- flicto, gestado ya en la creacién del “enclave” caudetano por el principe D. Al- fonso, luego Alfonso el Sabio. En un escrito tardio, de 1696, que recoge las alegaciones de Caudete en el pleito con Villena, se aducen las escrituras presentadas por aquélla al incoarse 2 Narciso Blanch y Illa, Crdnica de la provincia de Albacete, Madrid, 1866, p. 13. % Blanch y Illa, Ob. cit. en nota 22, pp. 11-12. 2 Gaspar Escolano, Décadas de la’ Historia de la Insigne y Coronada Cludad y Reino de Valencia, Valencia-Madrid, 1879, t. UL, cap. 37, p. 554. B Lozano, Ob. cit. en nota 13 Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 23 el pleito en 1482, una de las cuales era “el diltimo testamento de Garcia Jofre, Sefior de la villa de Caudete, fecho a 13 de julio de 1376, donde dice que el concejo de Caudete compré con sus dineros a Bogarra”.® Este Garcia Jofre tuvo que ser el que, en 1422, vendié la villa y su castillo a la Corona de Aragén. Esta escueta cita, con el testimonio de Blanch y Illa a que acabamos de refe- rimos, son las tinicas fuentes utilizadas por Sinchez Diaz para asegurar que, “con tal adquisicién, el término de Caudete entré en posesién de los célebres Alhorines de la contencién, por donde lindaba con Onteniente y Fuente la Higuera, asi como con Biar, es decir, que Ja linea de contacto de Caudete con el resto del reino de Valencia fue ya muy amplia”,”’ dando asi a entender que ya existia este con- tacto antes de la compra de Bogarra. Tal alirmacién deberfa haberla probado con argumentos sdlidos, pues no es suficiente alegar el testamento de Garcia Jofre, que sdlo dice que “el concejo de Caudete compré con sus dineros a Bo- garra”, o copiar el parrafo de Blanch y Illa que habla de la unién de Caudete con la Bogarra de Alcaraz, con sélo afiadir por su cuenta que estén “distantes media legua”, cosa que no dice el autor copiado, pero que le sirve a Sinchez Diaz para salvar la dificultad de los cien kilémetros y poder aprovecharse de lo de la “gran ciudad”. * Por otra parte, ni dofia Berenguela Garcia ni N. Lépez, que el cronista de Albacete da como vendedores de “ia vega de Bogarra”, son nombres conocidos en la historia de Villena de aquellos afios. De 1345 es precisamente una relacién de los hidalgos villenenses declarados como tales por el propio D. Juan Manuel, asi como otra némina de los que habfan de probar su hidalguia para quedar exentos de pechos y pedidos, y ni en una ni en otra figuran aquellos vendedores. * Dada la confusién en que el cronista de Albacete se mueve, nada tiene de extraiio que involucrara en la venta de la Bogarra de Caudete la de alguna parcela en la vega de la Bogarra de Alcaraz. ‘Merino Alvarez afirma también que, en 1355, se Ilevé a cabo la incorporacién por compra de la decafda Bogarra al concejo de Caudete, “reconocida en firme —afiade— el 1483, con lo que se amplié algo este enclave valenciano dentro de Castilla”. No aduce tampoco_justificacién documental alguna, y bien pudo tomar el dato de la Crénica de Blanch. Lo del reconocimiento en firme en 1483 es, sin embargo, un dato interesante por lo que luego se dird. Pese a que Bogarra se hallaba en los dominios de Villena y a la abundante documentacién que se conserva referente al pleito, no hemos iogrado encontrar ni un solo documento que haga referencia a esta venta. Es més, en los capitulos firmados entre los representantes de Caudete y el Lugarteniente del Gobernador cuando Ia villa se yendié a la Corona en 1422, que més adelante reproducimos, se habla de Caudete y de la heredad “llamada Oliva”, y no aparece ni una sola vez la aldea de Bogarra, lo que hace mas dudosa su pertenencia a Caudete por aquellas fechas y mas verosimil la afirmacién de Merino Alvarez de que Ia incor- poracién fue reconocida en firme en 1483, es decir, después de iniciado el famoso pleito. 2% Sanchez Diaz, Ob. cit. en nota 1, p. 61. 2 Id, id. Id, fd. ® Soler Garcia, Ob. cit. en nota 5, pp. 46 y 154-160. 30 Merino, Ob. eit. en nota 3, p. 82, nota 1. 24 José M. Soler Garcia No podemos, pues, hablar de lo que Caudete compré mientras no aparezca el documento fehaciente que lo acredite, porque esta compra, como antes dijimos, se ha conyertido en una de las claves de la cuestién, segin puede verse en el pin- toresco parrafo de Sénchez Diaz que copiamos a continuacién: Esta villa nuestra —dice— necesitaba gran parte de dicho témino para no estar aislada del resto del territorio valenciano, y por lo mismo, comoquiera que Caudete debia tener u moma floreciente por aquel entonces y una no menos honrada administracién pblica, su Concejo tuvo tratos con Ia ciudad de Villena , Tlegados a comin acuerdo, nuestros representantes compraron el ao 1355 Ia villa y término de Bogarra. 3! Pensamos que mejor hubiera sido justificar documentalmente aquellos “tratos y el “acuerdo” que alegar para la compra la “economia floreciente de Caudete” y ia “honrada administracién publica” de que disfrutaba la villa por aquel entonces. De todos modos, dos cosas se desprenden de este curioso parrafo: primera, la situacién de “enclave” en que se hallaba Caudete y que el propio autor no puede por menos que reconocer, y segunda: que era precisa una floreciente economia para comprar Jos extensos terrenos —6.220 hectéreas— que se necesitaban para enlazar con el reino de Valencia. Sin base firme en que apoyarse, las contradicciones no pueden dejar de producirse, y el mismo autor nos dice poco después que, “habiéndose dado la propiedad de Villena a don Juan Manuel en la sentencia arbitral de 8 de agosto de 1304, reafirmada luego en 26 de febrero de 1305, el término de Caudete sdlo se relacion6 con el resto del reino de Valencia por Fuente la Higuera, a través de un angosto pasillo perteneciente a Bogarra, entre los téminos de Villena y Al- mansa, ambos del marquesado de don Juan Manuel”. * Prescindiendo del anacronismo de llamar “marquesado” a las entonees “tierras de D. Juan”, es evidente que, en 1305, es decir, cincuenta afios antes de la pre- tendida compra de Bogarra, no podia existir el pasilio de comunicacién, que el mismo autor reconoce pertenecer a esta ultima 1355 es la fecha que podriamos Hamar tradicional de la compra de Bogarra, ya que no tenemos documento seguro en que apoyarnos. Sin embargo, en Ia demanda presentada por Caudete al incoarse el pleito en 1481, se dice que “Jas dichas Bogarra y Oliva, partidas y tierras de aquéllas, eran tenidas y poseydas de ciento y dugientos y tregientos afios, y de tanto tiempo acd que no havia memoria de jentes en contrario”, frase convencional, pero que no deja de poner de mani fiesto la escasa informacién 0 poca memoria de las gentes consultadas. Puesto que los mismos villenenses no lo contradicen, debemos asentir a la compra de Bogacra por Caudete. Lo que no podemos admitir es que los Manueles, poderosos sefiores de un estado semifeudal que se extendia desde Chinchilla hasta el valle de Elda y aun més alld, y que se mostraron siempre muy celosos de su patrimonio, consintieran en cercenarlo sdlo para que el enclave de Caudete pu- diera enlazar sus tierras con las del reino de Valencia. Hay sobradas prueba: como hemos visto, de que las relaciones entre los Lisén y los Manueles eran més que cordiales, y nos parece evidente que si Villena se decidié a enajenar Bogarra 31 Sanchez Diaz, Ob. cit. en nota 1, p. 60. 2 Id, id, p. 87. Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 25 es porque no existfan problemas de términos en aquellos momentos. Estos pro- Dlemas surgieron cuando el tiltimo Lisén perdié el sefforio y la villa pasé a poder de la Corona de Aragén primero y de la villa de Onteniente después. En uno de los escritos presentados en el pleito por los procuradores de Onte- niente y Caudete se dice que “Bogarra era logar antigamente de més de ochenta © cient vezinos”, y que “tenfa e tiene grand término”. Segtin estos procuradores, alegar como hacian los de Villena que su témino Ilegaba “fasta a dos o tres tiros de ballesta de las paredes de Bogarra, era cosa radiculosa 0 desviada a verdad”, Afiaden luego que “la dicha villa de Cabdete, fecha sennora del dicho Jogar de Bogarra por compra que de aqueélla fizo, segund se muestra por actos, ha tenido ¢ tiene todos los términos del dicho logar de Bogarra, y que aunque Caudete y Bogarra hayan sido de la Corona de Castilla y Reino de Murcia, empero han seydo después, més ha de dozientos afios, e son de la Corona de Aragén ¢ encorporades e yenidos al reyno de Valencia, ¢ son pasados con todos sus tér- minos e afrontagiones”, Ya vimos que, para los “ochenta o cient vecinos” que los mismos caudetanos asignan a Bogarra, la exiensién total de esta aldea no podia exceder de las 600 hectéreas. A mayor abundamiento, el licenciado Chumazero de Sotomayor, Fiscal que fue de la Corona de Castilla, al intervenir en el pleito, sale al paso de las alegaciones caudetanas con estas razonables palabras: Y porque no se podia fundar la pretensién de la parte contraria en desir que Jos términos de Bogarra, que era su aldea, comprehendian los de la diferencia, porque la dicha Bogarra nunca havia tenido ni poseydo los dichos términos, y si algin tiempo habia gozado de ellos seria el tiempo que havia sido aldea de Ta dicha ciudad de Villena porque, como su aldea, gozava de los términos de In dicha ciudad. En resumen: con los datos que poseemos, s6lo podemos asegurar, con ciertas reservas, que Viliena vendié a Caudete una pequefia aldea enclavada a “dos o tres tiros de ballesta” de su casco de poblacién (Lam. II, A), y cuyo término no pasaba “del camino del pasillo do ay dlamos”, como especifican los villenenses ‘de entonces, paraje que en la actualidad se llama “el Angosto”, por donde discurre la carretera de Villena a Almansa; y que nunca los términos de Bogarra pudieron alcanzar las 6.220 hectéreas que separan a Caudete de la frontera valenciana. “Mirese sin prejuicios la situacién de Bogarra en el mapa que ilustra este trabajo. CAUDETE, VILLA REAL ARAGONESA Conviene repetir que, durante el medio siglo transcurrido desde la donacién a Sanchez de Mazuelo (1244) hasta el reinado de Sancho TV (1285-1291), Caudete estuvo poblada con arreglo a los fueros, franguicias y libertades de Chinchilla, y que la carta-puebla otorgada a sus moradores en 1305 por Juan Garcia de Lisén esté redactada en castellano, ante notario villenense y en presencia de testigos también villenenses. Hemos de afiadir ahora que el traslado de dicha carta se sacé el 27 de octubre de la Era 1416 (afio 1378), en virtud de requerimiento hecho a los Alcaldes de Caudete Pero Setilles y Domingo Dafién por los Jurados del Concejo Juan Portell y Juan Garcfa, y que en ella se habla de maravedis, tahu- 26 José M. Soler Garcia las, etc. Todo ello pone bien de manifiesto que, hasta 1378 cuando menos, las instituciones politicas y econémicas de Caudete eran plenamente castellanas, como castellano es el lenguaje que siempre han hablado los caudetanos, aunque los documentos oficiales se redacten en valenciano durante ciertas épocas. Este valencianismo oficial lo observamos por vez primera a raiz de la adqui- sicién de Caudete para la Corona valenciana en 1422, es decir, casi a los dos siglos de establecido el primer sefiorfo cristiano de la villa. Transcribimos a continuacién los capitulos que se otorgaron el 28 de noviem- bre de dicho aifo entre el Lugarteniente de Gobernador, Johan Rotlan, y los repre- sentantes del concejo de Caudete Miguel Darmelles, Sancho Martinez, Juan de Re- quena, Domingo Garcfa, Lazaro Garcia, Pedro Vaiién, Juan de Terol y Juan Martinez: Primerament, que fossen poblats ¢ jutiats segons forma de fur ¢ privilegis del Regne de Valincia, ¢ tenir e servar pes © mesura del dit Regne. Item, que puixen clegir justicia e dos jurats, mustacaf ¢ cequier e tots altres oficials annuals, segons les altres viles del dit Regne. ftem, oferiren donar al dit Senyor Rey Io dret morabati de la dita vila, segons és acostumat collir e pagar en Jo dit Regne, sup- plicants lo dit Senyor a’ mi en persona sua que encorpore e conprengua © ajuste Ia dita vila del Capdet, térmens e pertentneies de aquella a la Corona Real, € en lo privilegi de no poder ser alienals ni separats de la dita Real Corona, axi ‘com los de la vila e honor de Corbera havien obtengut del dit Senyor Rey, ¢ que acd sia tengut jurar lo dit Senyor e servar perpetualment. ftem, confessen al dit Senyor Rey e a mi en persona de aguell, que Ios bancals e terra que sén prop del castell de Ja dita vila, en los quals ha certes plantes de oliveres, s6n del dit Senyor Rey, e Ja heredat appellada Oliba, e lo morabati, molt, forn, carneceria, pes, ort de Senyor ¢ los deveniments de la dita vila, afer ne lo dit Senyor a ses voluntats.%5 (Lim. X, B.) Sigue a continuacién el reconocimiento de los censos, gabelas e impuestos que los caudetanos debian entregar a la Corona. Como puede verse, no se menciona en este documento 1a aldea de Bogarra, que ya debia ser de Caudete si la compra se realiz6, como viene diciéndose, en 1355. Que Caudete fue villa valenciana con yoto en Cortes no podemos ponerlo en duda, pero también es indudable que no pudo acudir como tal a las celebradas en Valencia en 1250, como insinua Sanchez Diaz citando a Matheu,* porque entonces estaba Ia villa bajo el sefiorfo castellano de Sanchez de Mazuclo. Fue el 18 de septiembre de 1427 cuando el Rey Alfonso V la agregé perpetuamente a la Corona, segtin Jeemos en el Memorial presentado por la villa en 1727 para que se la eximiera de la jurisdiccién de Villena, el cual se conserva en el Archivo Histérico Nacional. Quiso el destino que, al poco de entrar Caudete en los dominios de Alfonso V, estallase la guerra entre el Monarca aragonés y el rey Juan II de Castilla. Avan- zadas de uno y otro eran Villena y Caudete, que no pudicron evitar el verse envueltas en el conflicto. Hubo choques entre ambas, y no precisamente por la cuestién de los Alhorines. Recordemos que también Almansa sufri6 los rigores ® Archivo Municipal de Villena. % Sanchez Diaz, Ob. cit. en nota 1, p. 55. Aportacién al estudio del pleito de los Athorines 27 de Ia guerra, hasta el punto de ser arrasada por las gentes de D. Pedro Maza, sefior de Mogente y de Fuente la Higuera, Las tropas castellanas llegaron a apo- derarse de Caudete, que fue restituido al aragonés el 5 de noviembre de 1436, segiin nos dice Sanchez Diaz, basado en un escrito redactado en 1696 por el doctor don Francisco Escolano. Concuerda bien la fecha de esta restitucién con el final de Ia tregua por cinco afios firmada por los contendientes en 1430, segtin demuestran dos cartas del Rey castellano que se conservan en el Archivo de Vi- lena y que hemos publicado recientemente. * Alfonso V, que por cierto estuvo casado con la infanta castellana D.* Marfa, Duguesa de Villena, a quien se le conmmuté el Ducado por doscientas mil doblas castellanas cuando su esposo fue jurado heredero de la Corona de Aragén, pre- cisamente para que tan importante estado no fuese a parar a éste ultimo, vendi6 Ia villa de Caudete a mosén Jaime Ferrer, Camarero del Rey D. Juan, por la suma de tres mil florines. Nos dice Escolano que no senté bien esta nueva enajenacién a los tres esta- mentos, que en las Cortes celebradas en Valencia bajo la presidencia del rey de Navarra, D. Juan, hermano del Monarca ausente, se quejaron de que iba contra los fueros enajenar Ia villa de la Corona, pero que, “caso que la necesidad de dinero en que se hallaba el Rey fuera tanta que le apremiara a ello, le suplicaban se entregase a una villa poderosa como Onteniente, por ser real y bastante a guardar aquellas plazas, que estén en frontera de Castilla, de los acometimientos de su Rey y socorrerlas en las ordinarias correrfas que hacian los castellanos”. * Se refiere sin duda Escolano a las pasadas guerras con Juan II de Castilla, pero Sénchez Diaz, al copiar este parrafo, cambia “acometimientos de su Rey” por “acontecimientos”, y ello le permite puntualizar por su cuenta que los caste- anos que hacian aquellas correrfas eran “de Villena”.” La obsesién anti-villenense del autor no deja de acompafiarie a lo largo de toda su Historia. Sigue diciendo Escolano que “parecié justa la demanda, y asi, con universal aprobacién, tomé Onteniente los dichos pueblos por tres mil florines (que era el precio concertado y pagado por el Ferrer), reservandoles el rey carta de gracia a sus vecinos y el derecho de poderse rescatar por los tres mil florines y de reunirse con Ia corona real. Pero no fue menester, porque reinando ya cl Rey Catdlico don Fernando el quinto, los de Onteniente, haciendo muestra de su poder, Je sirvieron con testituirsela graciosamente, sin género de paga ni recompensa; que fue por él estimado y agradecido”. La venta se realiz6 el 1 de julio de 1446, y el 17 de agosto del mismo aio, Alfonso V otorgé poder a Jaime de Malferit para dar la posesién a Onte- niente. INICIOS DE LA DISPUTA Hemos dicho ya y volvemos a sepetir ahora que ninguna de las fuentes con- sultadas permiten deducir cuestién alguna litigiosa entre Villena y Caudete antes 35 Soler Garcia, Ob. cit. en nota 5, Docs. XLVIIL y XLIX. 38 Bscolano, Ob. cit. en nota 24, p. 554. 37 Sinchez Diaz, Ob. cit. en nota 1, p. 62. 28 José M.* Soler Garcia de la compra de esta villa por Onteniente en 1446, si se descartan los sucesos acaecidos durante la guerra entre Juan II y Alfonso V, que nada tiene que ver con la cuestién de los Alhorines Los autores valencianos tratan de achacar el origen del conflicto a las desor- bitadas ambiciones del poderoso Marqués de Villena, amparéndose en la mala fama de que, en este sentido, gozaba D. Juan Pacheco. Viciana, por ejemplo, que escribié su Crdnica en 1564, ya muy lejos de los sucesos, dice que Capdet dista de Valencia 17 leguas y jornado de Biar, Fuente la Higuera, Fontinent y Castilla, aunque Villena Je tiene usurpada una manga de ‘término y pone a Capdet e sui término dentro de Castilla: Jo que no se ha de creer que el Reyno de Valencia tenga una villa aisiada dent Castilla. Y esto que pretende Villena procede de cuando Capdet fue arruynado por las guerras y no havfa quien sus derechos defendiese. Villena se enseiored y apropid toda aquella manga de tierra. su término es co} ara sf de Que el reino de Valencia tuviera una villa aislada dentro de Castilla no debfa extrafiarle tanto al cronista valenciano. Le bastaba con recordar el caso de Ade- muz, por no citar sino un ejemplo valenciano entre los muchos “enclaves” aun subsistentes en la geografia espafiola: Treviiio, Petilla, Llivia, Anchuras, ete. Por otra parte, deberia haber precisado y justificado cuando Villena se ensefiored de aquella manga de tierra que no le pertenecia y qué guerras fueron las que arrui- naron a Caudete. Del pretendido desamparo en que se hallaba la villa hablaremos después. Sanchez. Diaz, novelesco y apasi onado como siempre, dice lo siguiente: Regia por entonces los destinos del marquesado de Villena Juan Pacheco, un hombre ambicioso y oportunista por demés... y viendo este inquieto noble una oportunidad magnifica para pescar en el rio revuelto nacional y unir Villena y Almansa sin solucién de continuidad, ocupé por Ja fuerza los Alhorines, es decir a parte de territorio caudetano que se interponfa entre ambas, convirtiendo de hecho a nuestra villa y su término en una “Isla del reino valenciano. Lo extraiio y asombroso —afade—, lo sorprendente de verdad, es que no se hiciese el pode- Toso seflor feudal con la villa y territorio de Caudete incorporéndolo a sus exten: sos estados. Tal hecho habla mucho en favor de la fortaleza, lealtad, gallardia y valor de aquellos antepasados nuestros que resisticron tan tesoneramente a la absorcién por parte de un vecino de tal naturaleza.® No precisa tampoco el autor cudndo y cémo se produjo el ataque de Pacheco a los Alhorines, y no puede precisarlo porque, en realidad, lo Unico que hizo e! Margués fue defenderse de los valencianos, que pretendian enlazar a Onte- niente con el “enclave” caudetano recién adquirido y tener asi paso franco para sus dominios en el valle de Elda y en la Gobernacién de Orihuela. Asi lo prueba una carta del propio D, Juan Pacheco al Concejo de Villena, conservada en su archivo y que, entre otras cosas, dice lo siguiente: Cerca de lo que dezides de las questiones ¢ novedades que agora levantan los del Regno de Aragén, & esto vos respondo devedes aver buena paz con ellos & Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 29 non aver qiiestiones nin que por vosotros se mueva ninguna cosa. Pero si sinrazén vos quisieren ellos fazer e otros males e dapnos, non gelo consyntades, e antes resgiban ellos el dapno que vosotros. * (Lam. XII, A.) El firmante de este documento es el hombre “ambicioso y oportunista” que, segtin Sanchez Diaz, pretendfa “pescar en el rio revuelto nacional y unir Villena y Almansa sin solucién de continuidad”, No necesitaba tal cosa D. Juan Pacheco porque Villena y Almansa nunca estuvieron separadas, y lo que recomienda es impedir que los valencianos las separen: “las qiiestiones que agora levantan los del Regno de Aragén”, dice el Marqués, lo que esti plenamente de acuerdo con Jos hechos, segin venimos probando. No tuvieron los caudetanos necesidad de resistir tan tesoneramente a la absorcién por parte de un vecino de tal naturaleza porque D. Juan Pacheco no pens6 nunca en atacatles Viciana dice que Villena se apoderé de los términos de Caudete porque “no hhavia quien sus derechos defendiese”, pero es lo cierto que detras de la villa recién adquirida estaba todo el reino de Valencia y hasta el propio principe D. Fernando, que Iuego reinaria en Castilla por su matrimonio con Isabel la Catdlica. Garcia Martinez ha demosteado recientemente, con documentacién ex- traida de los archivos valencianos, “el apoyo continuado del Reino de Valencia —-dentro y fuera de Cortes— a Caudete en su secular disputa con Villena”. ® ‘Ya dijimos que los de Onteniente restituyeron graciosamente a la Corona Ia villa de Caudete, sin dar lugar a que sus vecinos se rescatasen por dinero. Mal aconsejado el entonces Principe por los que, con tanto o mayor derecho que Sanchez Diaz, podemos llamar “pescadores en rio revuelto”, habia ordenado, a peticién de Caudete, suspender a los de Villena en el uso de las franquezas de que gozaban en el reino de Valencia ‘Se quejé Villena de este desafuero, y el propio Principe, por carta fechada en Valencia el 4 de noviembre de 1472, revocd aquel mandamiento y ordené man- tener a los villenenses en el uso de sus franquezas “per donar forma e repds entre los vehins e habitadors de la dita vila de Capdet ab los vehins ¢ moradors Ge la dita vila de Bilena”, en tanto se resolvian las diferencias entre ambas, cuya solucién encomendaba a Francisco Malferit, Lugarteniente de Gobernador en el reino de Valencia, a mosén Gaspar Fabra, baile de la villa de Caudete, y a mosén Pedro Pacheco, alcaide de la villa de Villena. (Lam. XII, B.) Nétese que la orden para el arreglo de las diferencias procede de Aragén, y que, de los tres designados por el Principe, solamente Pedro Pacheco puede con- siderarse defensor de la parte villenense, ya que Gaspar Fabra, baile de Caudete, era un capitén valenciano puesto por el rey Juan II de Aragén al servicio de los Reyes Catélicos. Cuatro afios después de esta carta, los villenenses se sublevaron contra el marqués D. Diego Lépez Pacheco, Gaspar Fabra era nombrado Capitan y Justicia Mayor de Villena y Pedro Pacheco quedé sitiado en el castillo hasta su definitiva rendicién en 1480, En estas circunstancias, mal puede hablarse del poderio de los sefiores de Villena y de la pretendida indefensidn en que se halla- ban los caudetanos. ® Soler Garcia, Ob. cit. en nota S, Doc. LVIIL. “© Sebastiin Garcia’ Martinez, “Intervencicn del Reino de Valencia en la disputa secular entre Vilna y Caudete por los Alhorines, Aporiacién documenta’, revisia Vilena, 2° 18, 30 José M. Soler Garcia No hay noticias de que, durante los cuatro aiios que duré la guerra en el Marquesado, resurgiese la cuestién litigiosa entre Villena y Caudete suspendida en 1472. Ni Fabra ni Pacheco estaban en situacién propicia para dedicarse a este asunto, secundario en aquellos momentos. Pero tan pronto como la guerra terminé y Villena entré en los dominios reales de Castilla, después de haberse sacudido el vasallaje de los Pachecos, fue pre- entada ante los Reyes Catdlicos una peticién firmada por los sindicos de la ciudad de Valencia y de las villas y lugares de Onteniente, Bocairente, Biar, Jijona y Caudete, en la que se deeia que, por fueros muy antiguos, la villa de Caudete estaba amojonada con Castilla y dentro de los términos de Valencia, pero que, por discurso del tiempo, se habfan cafdo los mojones, lo cual habia originado diferencias con los de Villena, que se esforzaban en servirse de los términos de aquélla contra Ia voluntad de sus habitantes. Se trata, como puede verse, de una verdadera coalicién encabezada por la capital del reino, y no dejaria de influir en el dnimo de los coligados para pre- sentar tal demanda la caida de los Pachecos, a los que maliciosamente se atribufa Ia usurpacién de los terrenos en litigio, y la presencia en el trono de Castilla de aquel Principe que, diez aiios antes, ya habfa tenido ocasién de intervenir en la disputa. ‘A la luz de los datos que hoy poseemos, resultan sumamente débiles los fundamentos de la demanda, Son precisamente los fueron antiguos, especialmente el de los limites fijados por Jaime I, los que demuestran que Caudete no estuvo nunca dentro de los términos de Valencia. Claramente lo expresa asi el obispo de Cartagena, D. Gémez Zapata, al terciar en el asunto por medio de su repre- sentante Cristébal Pérez: Los dichos Alforines —dice— sobre que se litigaba, de tiempo inmemorial a ‘esta parte avian sido siempre del Obispo de Cartagena como término de la dicha ciudad de Villena y dentro de los limites de Castilla, y ansf, los Obispos que havian sido de Cartajena havian usado y exergido en la dicha parte del término sobre que se litigava la jurisdicién episcopal y espiritual como en su Obispado, como se probarfa bastantisimamente, no solamente por testigos, pero aun por libros antigues y otras escripturas, y por Ia divisién destos reynos ‘con los de Aragén y por lo que referfan las crdnicas, no solamente de Castilla, pero aun de Aragén y Valencia, Los Monarcas castellanos, empero, no podian dejar de atender una peticién apoyada por tantos y tan altos valedores, y en 23 de diciembre de 1481, firmaron en Valencia una cédula por la que encargaban a Francisco de Malferit, que ya se habfa ocupado del asunto mueve afios antes, y a mosén Pero Vaca, Maestre- sala y Gobernador del Marquesado de Villena, que en el plazo de dos meses iniciasen gestiones para conocer los lugares en que habjan de colocarse los mo- jones y resolvieran “todas y quales quiera qiiestiones y pleytos en que hubiesse algunos procedimientos fechos de los unos a los otros que, por racén de los dichos términos heran entre los abitadores del dicho reyno de Valencia y reino- de Castilla”. Habfa tomado estado oficial un pleito que, desde el principio, se plantea claramente entre los dos reinos, segin revela la ultima frase citada, Caudete no habia sido sino el pretexto. Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 31 DESARROLLO DEL CONFLICTO Relatar detalladamente todas las incidencias del proceso requeritia mucho més espacio del que aqui podemos disponer. Nos limitaremos a un somero resumen cronolégico de los principales acontecimientos. El 26 de febrero de 1482, presentd Caudete una demanda en la que pretendia deslindar sus términos, afirmando que Bogarra “confina con Biar y con los Alho- tines, que son de Onteniente”. Villena, en su respuesta, no slo niega la delimita~ cién propuesta, sino que afirma que los Alhorines son suyos, y no de Onteniente. El 5 de marzo del mismo aiio, el notario Pero Romana escribe al Arcipreste de Villena, que se hallaba en la Corte, dandole cuenta de 1a legada a Candete de los Gobernadores del Marquesado y de Jativa con los sindicos de Valencia, On- teniente, Bocairente, Biar y Jijona, “con todos sus sitrapas y favores”, y que habjan comenzado a tomar declaraciones a los testigos antes del término fijado en la citacién a los de Villena. Le pide una inhibitoria en la que se anule todo lo hecho por dichos Gobernadores y se mande deshacer los mojones que hayan levantado, porque se teme “que querrén amojonar con pensamiento, pues que son tantas villas que con pleyto nos farén que nunca cobremos la posesién de los términos”. Alude al pacto de hermandad que se tuvo con los de Caudete y que “ya les dex4vamos por siempre pacer ¢ cortar e abrevar con nosotros en todos los términos de los dichos Alforines, e ahumar, e non quisieron, salvo que fuesen comunes en todo y en el labrar, ¢ que s6lo nos quedase la juredicién e que se evasen sus diezmos, e crehemos que los quisieran bien comunes por las dichas villas”, Termina diciendo que, “sy esto a pasar oviese, cimplenos yr a poblar a otra parte”. ‘Mucha luz arroja sobre las verdaderas causas del pleito esta carta del notario villenense. Es cierto que entre Villena y Caudete existié el acuerdo de que alli se habla. Lo recuerdan los mismos caudetanos en otro pacto que firmaron ambas villas el 14 de abril de 1512, en el que se dice que “antigament aquesta vila de Capdet tenia feta germandat ab la vila de Villena en pasturar les erbes e beure Tes aygties los vehins de la vila de Capdet en tots los térmens de Ja vila de Billena € los vehins de Ja vila de Villena en tots los térmens de la vila de Capdet", y que “durant la dita germandat, les dites viles tots temps estigueren en bona pau y concdrdia”, No s6lo durante el tiempo que duré aquella hermandad hubo paz y concordia, sino también en los doscientos cincuenta afios transcurridos desde 1a Reconquista hasta el reinado de Alfonso V de Aragén. Si las buenas relaciones se turbaron fue indudablemente por la incitacién de la coalicién valenciana. Después de muchas diligencias, sdplicas, apelaciones y agravios de los de Villena, el més importante de los cuales se referfa a la subrogacién de Guillén de Martorell por Francisco de Malferit, el 5 de marzo de 1482 dictaron los jueces un Auto de Interin cuya parte dispositiva dice asi: Por ende proven y declaran que los vesinos ¢ abitadores de Ia dicha villa de Villena estar, cerca de las tierras cultas e inqultas en respeto de la dicha parte del Alforin, en aque! derecho e possesién que hasta agora se dize an tenido, e puedan labrar, senbrar e cultivar como si fuese término de Ia dicha villa de Villena, e ans{ mesmo puedan pacer las bestias e ganados mayores y menores en 32 José M. Soler Garcia el dicho término de la contienda sin que ayan de pagar ningiin derecho a la dicha villa de Caudete ni a otro juez o comisario del Reyno de Valencia. E ansi- mismo los veginos, avitadores de la dicha villa de Caudete puedan en el dicho término anprivar sus bestias e ganados mayores e menores, ansi de dia como de noche, en el dicho término de Ia contenzién, ans{ con humo como sin humo, y puedan cortar madera y lefia y libremente anprivar el dicho término de la dicha contenzién sin que ayan de pagar almoxarifazgo, aleavala, diezmo, quinto ni otro derecho alguno, ynpuesto o ynponedor en la dicha villa de Villena o en su tér- mino o qual quier otro juez 0 comissario del Reyno de Castilla. Y esto sopena por cada parte de mill doblas, la mitad para a cémara de los sefiores Reyes, y la otra mitad para la parte obediente en esta forma: que la presente provision e de- claracién dure y balga hasta que en la dicha causa sea dada sentencia definitiva. ¥ proveen y digen mds questa declaracién sea sin perjuigio, lisién y detrimento de los derechos pertenegientes a qualquiera de las dichas unibersidades y a cada una de aquéllas e a los vezinos e moradores dellas, ans{ en el derecho de propiedad como de possesion, e que las costas que hasta agora an sido echas las ayan de pagar por mitad, Este auto, consentido por los de Villena como mal menor, puesto que no hacia sino confirmar los antiguos pactos bilaterales de hermandad entre Villena y Cau- dete, fue apelado por esta ultima, que ni con la ayuda de varias importantes poblaciones valencianas pudo ver reconocidos, en esta primera tentativa, sus pre- tendidos derechos a los términos de la contencién. Las quejas villenenses sobre el procedimiento habjan Ilegado a conocimiento de los Reyes, quienes, en 31 de julio de 1484, desde Cérdoba, remitieron una provisién al Gobernador del Marquesado, Pero Vaca, recordindole la comisién anterior de 23 de diciembre de 1481 y dandose por enterados de que, excediéndose en sus atribuciones, habia subdelegado en otros jueces, de lo cual apelé Villena y no se le quiso otorgar la apelacién. Y no s6lo eso, sino que, inclinados los jueces de la parte de Caudete, sin ofr ni lamar a Villena, hicieron ciertos autos © informaciones y tomaron ciertos testigos, y antes de que la causa se determinase, habia fallecido Francisco de Malferit, por lo que, a peticién de Caudete, nom- braron “pocos dias ha” para sustituirle a mosén Pero Boo, Gobernador de Jativa, sin que desde entonces se hubiera hecho cosa alguna, por lo que mandai junten ambos Gobernadores y determinen el asunto brevemente y con justicia. VIOLENCIAS ¥ CHOQUES ARMADOS En un memorial que se conserva en el archivo villenense, fechado después de 1560, y en el que se historia brevemente el proceso para informacién del Monarca, después de resefiar las diligencias que condujeron al Auto de interin de 1482, se dice que, “viendo los de Caudete que los de Villena no se contentavan con resistir su pretensin, pero que aun dezfan que los dichos Alforines eran de Villena, dieron notigia a los de Ontinyente de lo que decfan los de Villena, para que se juntasen las dos universidades y villas de Ontinyente y Caudete y tor- nasen a poner demanda a Villena de nuevo: Ontinyente de los dichos Alforines y Caudete de los dichos términos de Bogarra y Oliba”. Con esta alianza comienzan los actos de violencia, por cuanto, en 8 de marzo de 1486, nos sorprende una cédula de los Reyes Catélicos, firmada en Cérdoba, Lim. L—Bogarra (Caudete) Vista oriental y detalle de la torre, tomados en 1952 [Fotos Soues) Lam. I—Bogarra (Caudete) A—Angulo sud-occidental de la torre. Al fondo, Caudete B—El muro Este, desde el interior (Fots Sosa) Lm. III. —Bogarra (Caudete) Vista occidental y detalle de Ja torre en la actualidad (Wows Sona) Lam, IV. —Bogarra (Caudete) A—E1 muro sud-occidental, con Ja entrada B—Pozo 0 aljibe en el sngulo sud-occidental Fo Lim, Vila Zafra Dos aspectos de la pieva denominada “La Gerreria’, posible emplazamiento del antiguo Burriharon (Botor Sox) Li, Vi—La Zatra A-—Antiguo pozo en la parte occidental de la vereda limite entre Valencia y Castilla, junto fa la Gerreria, Al fondo, la casa del Pla B.—Detalle del pozo, al pie de la sierra Wowor Sone) Lax. VIL—Panoramica del valle de los Alhorines, con Ia vereda limite entre Valencia y Castilla. En primer término, pozo con abrevadero en las faldas de la sierra de la Zafra. En el valle, a Ia derecha, Ia Casa del Pla (Foto Souen) LAM, VIII.—Dos aspectos del abrevadero de la lémina anterior (fotos Fuom y Soren) Lim. IX—Tejar de la Zafra A-Ruinas B.—Aspecto actual de los hornos (Fotos Sones) 8 arp x WT at a v BAJeZ Pap ozo |e oyUNE yISe UOFeqUING anb wv[oe AL Osuosty 40d ouDwH| oupag e apne 9p sora] Ix HYT, BD A ~ FS Baad Kot TE Gice Pe eS Qe Nun gh DNS ee Fak Sap FEPE Neo Greg ore oH BT ete Srpawe ew Sra Li. XU Carta de D. Juan Pacheco al Coneejo de Vill agora Tevantan los del Re na en gue habla de las cuestiones “que no de Aragén™ ae heerats ath feel teeenlaynapnore Cvila cheers Cadae bles ebbire ee rooted ine a are ele tern Saher een or far letmoreny ee Base We barf ole rect pahag tale neeeery ah toleugelaneayy Fee AVON pepe EE Lam. XI B-—Carta del principe D. Fernando en la que ordena guardar sus franquezas a los vecinos de Villena mientras se resuelven sus diferencias con Caudete | f { Dh Banhop. Lid et ms Hea fr frome poaeeh : otk HP Rea ar Nf ADS SS a et a we ae Sey IS Se Lam. XU Concordia entre Villena y Onteniente para el reparte de los Alhorines Hermandad entre Villena y Caudete para el aprovechamiento comin de sus términos Li. XIV A—Cédula de los Reyes Catdlicos en la que ordenan derramar la gente de armas y estudiar el debate entre Villena, Biar, Onteniente y Caudete B.—Cédula de los Reyes Catdlicos por la que comisionan la solucién del conflicto al bachiller Pablo Vicente y al abogado Jaime Gallach Lim, XV A-—Cédula de los Reyes Catélicos en la que ordenan prender a los culpables y enviar el proceso al Consejo Real B—D. Fernando el Catélico, Regente de Castilla, ordena derramar la gente de armas y resolver el asunto entre Fuente Ia Higuera y Villena Aportacion al estudio del pleito de los Alhorines 33 redactada en valenciano y dirigida a Pero Vaca y a micer Juan Sanz, asesor ordinario de Ja Corte de la Gobernacién de Jétiva, en la que dicen que, segin exponen los de Onteniente, los términos entre esta villa valenciana y la de Villena hacfa mas de ciento diez afios que estaban delimitados en virtud de carta publica otorgada por ambas, y que los de Villena, con yoluntad de turbar a los de Onteniente en sus derechos y posesiGn, “en lo present any sén venguts la nit del Diumenje de Rams propasat ab gran insolend, ¢ han gastad, laurat ¢ defet certes forments que per alguns veins de la dita vila de Ontinent estavan sembrats dins térmens de la dita vila. Et non contents en cara de aver fet aquest insolend forca ¢ bioléncia, més avant, en lo mes de abril propasat, s6n tornats ab ma armada e han talat e gastat altres fermes senbrats per les abitadors de Ja dita vila de Ontinent dins los térmens de 1a mateixa vila”. Como en ocasiones anteriores, les ordenan efectuar toda clase de diligencias y remitir el proceso, “ben instruit e en punt de acord”, a los propios Reyes 0 a micer Felipe Pont, regente de la Cancillerfa, a quien habian encomendado el asunto. Sin una provocacién de los de Onteniente, previsible después de cuanto Ile- vamos dicho, no se explica este acto de fuerza de los villenenses contra una delimitacién fijada y mantenida sin incidentes desde ciento diez aitos atrés. La cédula real se conserva en simple copia y no en el documento original. Es significativo también que, pese a la denunciada incursién villenense, se firmara una concordia entre Villena y Onteniente, segtin nos dice el propio sindico de esta tiltima, Juan Segura, quien, el 6 de noviembre de 1487, desde Sigtienza, confiesa que la comisién que se evé despachada y acabada Garcia Zaplana estaba totalmente pagada, y que restaba “la cognicié segons Ja concorda a tenor de aquella feta entre les dites viles”. Esta concordia es indirectamente confirmada por Caudete en un escrito pre~ sentado a los jueces el 12 de junio de 1488, En dicho escrito, al fijar uno de los mojones en las Rubializas, dice que era limite entre Bogarra, Caudete, Fuente Ta Higuera y Onteniente, “que posteriormente habia dado parte de su término a Villena”. Partiendo de Caudete esta noticia nos hace sospechar que, més que de una donacién, se trate de una restitucién, lo que explicaria la agresién villense de 1486, sin represalia inmediata, que sepamos, por parte de Onteniente. ‘A una segunda demanda de Caudete en 1488 se unié también Onteniente, y fueron jueces comisarios en esta ocasién Sebastién de Balboa, licenciado en decretos, y el doncel Juan Sanz, doctor en leyes, nombrados en virtud de oédula firmada por la Reina en Murcia, a 27 de junio de 1488. El principal alegato en esta segunda demanda es que Ia villa de Onteniente “no afruenta en el llano de los Alforines con la dicha villa de Villena, mas solamente con la villa de Cabdete © con Bogarra, que es de la dicha villa de Cabdete”. Pero ningtin juez se estabilizaba en el proceso, y en 3 de enero de 1489, desde Valladolid, el Consejo de Castilla firmé una nueva comisidn, ® En el memorial de hacia 1560 a que mds arriba nos hemos referido, se dice que esta demanda “se fue siguiendo ante los dichos jueces por los sindicos de Ontinyente y Caudete y sustangidndose el proceso sobre ella hasta concluirla 4 Soler Garcia, Ob. cit. en nota 5, Doe, LXV. 2 Registro General del Sello, vol. VI. Valladolid, 1959, n 18. 34 José M.* Soler Garcia difinitivamente por los dichos dos sindicos contra Villena, sin que se hi alguno, sino con los sindicos de Ontinyente y Caudete hasta la conclusién ynclu- sive”, Villena habia pedido que se sobreseyera el pleito con Caudete y se pro- cediera en el de Villena con Onteniente, a lo que se opuso el sindico de aquélla. Este amafiado proceso parece ser una preparacién de otro acto de fuerza que se produjo en Ia primavera de aquel afi. Se conserva el testimonio notarial, fechado en Villena el dia 1 de junio de 1489, de la tasacién que se hizo para apreciar “todo el destrozo e mal que se fizo e fizieron en el término e partida de los Alforines, término e juredigién e lavor desta dicha villa e de vezinos e mora- dores della, asy en los panes e sembrados que avia commo en la quema e derribar de casas e barracas que se fizo e fizieron los vezinos e moradores de las villas de Onteniente ¢ Cabdete en este presente anno, con otros vezinos del reyno de Aragon e Valencia que con ellos troxieron para fazer el dicho mal e danno”. Esto nos trae de nuevo el recuerdo de la pretendida indefensién en que se hallaban los de Caudete contra los ataques de Villena, su “poderosa” vecina. ‘Una cédula de la reina Isabel, firmada en Jaén el 10 de junio de aquel mismo afio, anuncia a Villena el envio del licenciado Lope Sinchez del Castillo para poner remedio a lo sucedido. Parece que no fue infructuosa su visita, por cuanto, el 15 de marzo del afio siguiente, se firmé en Sevilla una “carta de yguala en convenengia” entre Juan Fer- ndndez de Palencia, jurado y vecino de Villena, y Jaime Lorenzo, vecino y jurado de Onteniente, por la que se estipula “que la dicha villa de Villena tenga e posea por suyos ¢ como suyos para syempre jams los términos de los Alhorines fasta el Pozo Ciscar, ¢ de alli adelante sean e queden por términos de Ja dicha villa de Onteniente, en tal manera que por ambas las dichas villas de Villena ¢ d’Onte- niente esté el dicho pozo Ciscar de por medio, et que los ganados de la dicha villa de Villena vayan e puedan yr a se abebrar a la Fuente de la Cafra e al término Onteniente, ¢ los ganados de la dicha villa d’Onteniente puedan yr a se abebrar en los dichos términos de la dicha villa de Villena”. ® (Lam. XIII, A). ‘Muy imprecisa es esta delimitacién, que solo fija un punto limite, el del Pozo Siscar, dificil hoy de identificar. Existen todavia un pozo y partida de este nombre entre Fuente la Higuera y Mogente, que no creemos pueda ser el que se fija en el pacto, ya que cae muy al Este de la vereda que separa actualmente los términos de Villena y Fuente la Higuera, pero se conserva, como ya dijimos, la Fuente de la Zafra, con su abrevadero, no lejos del despoblado que consideramos como el Burriharon de Jaime I. De todos modos, el documento, que se conserva también en el Archivo villenense, es importante, ya que se trata de un pacto bilateral entre Villena y Onteniente para repartirse los Alhorines, sin intervencién de Caudete, que pretendia limitar con el reino de Valencia. ‘Algtin pacto similar se estaba tratando de concertar entre Villena y Caudete, Por carta del Gobernador de Valencia, fechada el 5 de agosto de 1491, nos in- formamos de que el Gobernador y Alcalde Mayor del Marquesado habian reque- ido la presencia en Villena de ios representantes de Caudete para tratar de la concordia, los cuales no quisieron hacer nada sin consultar al Consejo Real de Valencia, que habfa determinado enviar a mosén Jaime Rosell para platicar acerca de las diferencias, pero que tuvo que suspender el viaje aquejado de enfermedad. El 16 de agosto, respondid el Concejo de Villena, por mediacién de Pero Romana, que suspendiera el viaje Jaime Rosell, porque el Gobernador del Mar- Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 35 quesado se encontraba en Hellin indispuesto de calenturas, y no podrfa despacharse el asunto aunque viniera el propio Gobernador de Valencia. De venir el asesor Rosell, habria de llamarse entonces al asesor del Marquesado, por lo que debfa excusarse la partida de uno u otro. Vemos aqui claramente una negativa de Villena a negociar directamente con el Consejo Real de Valencia sin el contrapeso del Consejo de Castilla. Don Juan Ruiz de Corella, conde de Cocentaina, quiso interponer su prestigio para evitar nuevos incidentes. El 24 de febrero de 1492 escribid sendas cartas a Villena y a Caudete, desde Cocentaina, lamentindose de las diferencias entre ambas. Les rogaba no innovasen nada, pues estarfa en Elda para la primera semana de Cuaresma, tanto por algunos negocios suyos como por entender en dichas diferencias. Durante un par de afios, hubo relativa calma, turbada de nuevo por los’de Onteniente a finales de 1494, y esta vez en un nuevo frente: el de Biar, poblacién que s6lo accidentalmente habia intervenido en el conflicto. E11 de enero de 1495, desde San Clemente, Ruy Gémez de Ayala, Gobernador y Justicia Mayor del Marquesado, dirige un enérgico escrito al Gobernador de Tativa exhorténdole a disolver la gente que habia reunido contra Villena, porque, Hegado el caso, él podria jumtar mucha gente “deste Marquesado ¢ sus comarcas para Ia registencia de qual quier adversidad que pudiese yenir 0 se intentase fazer ‘por los vezinos de la dicha villa de Hontinén e sus valedores a los yezinos de la dicha villa de Villena o de qual quier otro lugar deste Marquesado”. Sigue diciendo que, si el Gobernador de Valencia hubiese dado algin mandamiento para que se impidiese Ja pacificacién, seria por no estar bien informado de su voluntad, y afiade que ir4 a Villena y desde alli se lo hard saber para que se junten y “todo se remedie pacificamente, ansy en lo de los mojones commo en las otras cosas”. Termina diciendo que, “sy sobre esta causa muertes 0 escdndalos o dannos 0 otros ynconvenientes vinieren sobre la dicha raz6n, sea yo sin cargo ¢ culpa, e quel Rey e la Reyna, nuestros sefiores, manden esecutar en vuestra persona ¢ bienes la pena que cayéredes e incurriéredes”, ‘De lo sucedido nos enteramos por una provisién de los propios Reyes Catélicos, fechada en Madrid el 7 de marzo de 1495, en la que se dice que, “por cabsa que entre las villas de Villena e Viar, que es una legua la una de Ja otra, avia muchos Pleitos e debates sobre los términos de las dichas villas”, habfan encomendado la solucién a ciertos jueces, que no determinaron el asunto, por lo que ambas villas se concertaron para poner en manos de ciertas personas que levantasen los mo- jones por donde a ellas pareciese que se debian poner. Durante algtin tiempo se mantuvo aquella delimitacién, hasta que la villa de Onteniente tercié en el asunto y sus gentes derribaron tres de los mojones. Intervino el Gobernador de Jitiva y efectué ciertas diligencias que Villena y Biar dijeron ser hechas por juez incompe- tente, no obstante fo cual, en ejecucién de lo que dicho Gobernador habia dictado, el de Valencia hizo derribar los mojones, que los de Villena tornaron a levantar. Como se esperaban muertes y cuestiones, ordenaron los Reyes a Gémez de Ayala se juntara con Luis Boo, Gobernador de Jétiva, para que, ante todo, “fagéys derra- mar e derraméys toda e qualquier gente de cavallo e de pie que por las dichas villas e por cada una dellas esté ayuntada e asonada”, para luego estudiar el debate entre Villena, Onteniente, Biar y Caudete y sentenciarlo en justicia. (Lam. XIV, A). 36 José M2 Soler Garcia Hacia ya medio siglo que el marqués don Juan Pacheco hablé de las cuestiones que entonces “levantaban los de Aragén”, y tres cuartos de siglo desde que los tres estamentos del reino de Valencia pidieron al Monarca aragonés que entregara Caudete a una villa poderosa como Onteniente, que podria guardarla, La imagen de un Caudete indefenso que nos dan Viciana y sus seguidores se desvanece cuando vemos a Villena debatirse contra Jos ataques de los valencianos en diversos frentes Caudete, primero; Biar, ahora; Fuente la Higuera, después; Onteniente, siempre, y mas atras, los Gobenadores de Jétiva y de Valencia, Como en tantas otras ocasiones anteriores, Gémez de Ayala y Boo no pu- dicron tampoco dar fin al debate, y en & de junio de 1495, comisionan los Reyes ‘a dos muevos jueces: el bachiller Pablo Vicente, de Yecla, y el abogado Baltasar de Gallach, con la novedad de que les encargan resolver primero el pleito entre Villena y Onteniente y después el de Villena con Caudete (Lam. XIV, B), solucin propuesta por Villena en 1488 y I6gicamente rechazada por Caudete, que desde su primera demanda venfa asegurando que los Alhorines eran de Onteniente. Mas adelante, como veremos, tratardn los caudetanos de salvar esta dificultad alegando que los Alhorines de Onteniente eran distintos de los del pleito. Las gestiones de los nuevos jueces, técnicos en leyes, que no politicos, son més afortunadas que las anteriores, temporalmente al menos. El 10 de septiembre, Villena se muestra dispuesta a escuchar, en el dia, hora y lugar que se designe, a Baltasar de Gallach, a Jaime Jerénimo de Bonastre y a Nofre Cahera, cuya salida de Valencia le ha sido anunciada. Tres dias después, Luis Ferrer, Lugarteniente de Gobernador, en presencia de Rodrigo del Castillo, Alcalde Mayor en el Marque- sado, y de los representantes de las poblaciones en litigio, reunidos todos en el mojéa situado en el camino de Caudete a Villena, impuso treguas que fueron loadas y aceptadas por todos ellos, firmdndose un compromiso para que el propio Luis Ferrer, con Juan de Luxén, Comendador de Santiago y procurador de las villas de Elche y Crevillente, mosén Avifién de Rosell, Asesor Ordinario de la Corte de la Gobernacién General en el reino de Valencia, y el bachiller Rodrigo del Castillo, Alcalde Mayor en el Marquesado, pudiesen determinar, dentro de cierto tiempo, el debate, por via de justicia 0 de amigable composicién. LA VERDADERA CUESTION Los Reyes Catélicos, por cédula fechada en Zaragoza el 5 de octubre de 1495, confirmaron los nombramientos a que acabamos de referirnos, encomendando a Jos cuatro jueces la solucién de todas las diferencias, incluida la declaracién de “si por pasar los de Villena y Almansa et los de Ontinente y Caudete por los dichos téminos, avrin de pagar algiin derecho o non”. En esta frase de la cédula real sale de nuevo a la superficie la verdadera razén del conflicto, que es la incémoda situacién del “enclave” caudetano, rodeado de tierras castellanas por todas partes. Para remediarla, no cabia otra solucién que separar a Villena de Almansa, que es lo que Villena no quiso nunca consentir. Se conserva Ja escritura de poderes del Concejo de Villena en favor del alcalde Juan Estevan, de los regidores Pero Romana y Pedro Garcfa de Medina, y del mayordomo Gonzalo de Blaya, para requerir de los jueces el cumplimiento de lo ordenado en la cédula anterior. Esté fechada el 26 de octubre de 1495, y no Aportacién al estudio del pleito de los Athorines 37 acabamos de entender cémo Villena accedié a poner el asunto en manos de una comisién formada por tres jueces de Valencia y slo un representante de Castilla. De todos modos, nada se hizo tampoco en aquella ocasién. Que hubo posteriormente otros nombramientos lo prueba una provisién de Jos Reyes Catdlicos fechada en Madrid, a 21 de marzo de 1499, y dirigida al licenciado Alvaro de Santistevan, Gobernador que fue del Marquesado y que ya habia entendido en el asunto en unién de otros jueces de Valencia, comisionndole de nuevo para que substituyera al doctor Cornejo, que estaba ocupado en otros asuntos. Se le asignan 250 maravedis de salario durante los cuarenta dias que Je dan de término. La tregua impuesta por Luis Ferrer en 1499 se mantenfa en precario. Los de Candete se quejaron de que, a pesar del auto de intern de 1482 —del que hemos de recordar apelaron cuando se dicté—, no les dejaba Villena pacer con sus ganados ni coger fa grana sin pagar derechos, de que les tomaban la cafiada del Plano del Aljibe y de que les habfan hecho, con gente armada, carriles por sus términos. En vista de esta peticidn, los Reyes Catélicos, por cédula fechada “en la nombrada e grande ciudad de Granada” el 28 de julio de 1499, nombran nueva comisién, formada esta vez por el comendador Juan Pérez de Barradas, Gober- nador del Marquesado, y por Jacme Avifién de Rosell, para que estudien el proceso y hagan cumplir la sentencia de 1482 si Ja encuentran consentida y loada por ambas partes 0 pasada en cosa juzgada, y si la hallan tal que deba ser ejecutada. El 11 de noviembre de 1499, reunidos en “Ja Virgen Maria de las Virtudes” los dos jueces con los sindicos de Caudete, Onteniente y Villena, después de pregonar tregua real, ordenaron a Alonso de Pina, vecino de Almansa, y a Martin Vain, vecino de Caudete, sefialasen el antiguo camino, como asi lo hicieron. Pero Villena protesté, ya que uno de los testigos era vecino y jurado de Caudete y habfa sefia~ lado el camino més hacia el interior de Villena de lo que correspondfa. No admi- tieron los jueces 1a protesta y fue pregonado el auto de que nadie pasara sino por el camino asf sefialado. Juan Segura, sindico de Caudete y Onteniente, pidié que se dictase sentencia definitiva sin lamar ni ofr a las partes, cargando sobre os jueces la responsabilidad de las muertes, insultos 0 dafios que pudieran pro- ducirse a causa de la dilacién. Tampoco admitieron los jueces esta protesta. NUEVOS ACTOS DE FUERZA No eran vanas las amenazas de Juan Segura, ya que, a pesar de las treguas reales que se habjan pregonado, a principios de 1501, gentes del reino de Valencia, con banderas y artilleria, al mando del Gobernador de Jétiva, mosén Malferit, asentaron a un tiro de arcabuz de Villena y, en escaramuzas y encuentros con los villenenses, mataron, entre otros, a Pedro Martinez de Olivencia y a Juan de Eslava, personas notables en la poblacién. El 12 de junio de 1501, desde Granada, los Reyes Catélicos escriben de nuevo a Pérez de Barradas dindose por enterados de Jo sucedido. Ordenan que se prenda a los culpables y que se retina con el Gobernador de Valencia para hacer el proceso lo més répidamente y enviarlo para que el Consejo Real decida. En cuanto al asunto principal, escriben al licenciado Aguirre, corregidor de Alcaraz, para que se junte con el Gobernador y no parta de Villena hasta que se haya 38 José M.* Soler Garcia determinado, en unién de las personas del reino de Valencia nombradas para ello. (Lam. XV, A). Juan de Villafuerte, sustituto de Pérez de Barradas en la Gobernacién del Marquesado, condené a los de Onteniente al pago de 6.300 sueldos como indem- nizacién por los dafios, talas y quemas de casas, barracas y colmenares, y de otros 30.000 maravedis por las muertes de Eslava y de Martinez de Olivencia. Para el pago de estas indemnizaciones, se embargaron las cantidades que debian los vecinos de Yecla a los de Onteniente y los de Villena a los de Albaida, Solamente el mercader Juan Estevan, vecino de Villena, hubo de entregar 78,760 maravedis por este concepto. Eslava y Martinez de Olivencia dejaron hijos pequefios que, en unién de sus madres, otorgaron cartas de perdén a los de Onteniente en 7 de octubre de 1502. Después de estos sangrientos hechos, se sucedieron unos ailos de relativa calma, hasta el punto de que, en abril de 1512, se firmé el pacto de hermandad entre Villena y Caudete al que ya nos hemos referido, para el aprovechamiento comin de pastos, aguas y cogida de la grana, como antiguamente se tenia, y en el que se reconoce que, durante el tiempo que duré aquella hermandad, ambas villas estuvieron en buena paz y concordia. (Lam. XIII, B.) En 1515 se interrumpe de nuevo la calma, y esta vez en el frente de Fuente la Higuera. El Archivo Municipal de Yecla conserva dos cartas del gobernador del Marquesado, Antonio de Luz6n, al concejo de aquella ciudad, fechadas en Villena el 22 y 25 de abril de 1515. Dice en la primera que “algunas villas logares que estén en la frontera del Reino de Valencia estin apercibidos, e en algunas partes juntos, para venir a ofender a esta villa de Villena e sus términos”, por lo que les ordena que acudan al dia siguiente “con vuestras armas y cavallos y gente de pie, e vengan ciento e cingiienta peones e més si mas pudieren, lo mejor armados que pudiéredes, e si oviere ballestas e espingardas, que las traigéis...”. Mandé después suspender la marcha, pero, el dia 25, les reitera la orden primera y afiade que “traigdis provisién para cinco o seis dias, e estéis adregados para ser mafiana aqui en todo el dia, que seré de maiiana ay el Alguazil Mayor con la gente de Almansa, que os vengais juntos...”. ‘Obedecfa tal concentracién a que gentes de la baronfa de don Pedro Maza talaron y destruyeron los sembrados del término de Villena, y aun enviG Maza a dos caballeros, con cierto mimero de peones, hasta el camino de Almansa para matar a Alonso Rodriguez Navarro, hombre noble y principal, “al qual dieron muchas ¢ malas heridas, lancadas e guchilladas que lo dexaron por muerto”, segin se dice en la Relacién de Villena de 1575. En represalia, los del Marquesado marcharon contra Fuente la Higuera, que- maron gran parte de Ia poblacién y se apoderaron de su artillerfa, lo que originé que volvieran a Villena los valencianos y mataran, entre otros, a Juan Gazete y a Juan Gonzdlez. En respuesta, las fuerzas de Luzén atacaron “un Iugar del dicho don Pero Maca e Je quemaron una casa ¢ le mataron muchos vasalios”. Don Fernando el Catélico, ahora Regente de Castilla por fallecimiento de la reina D.* Isabel, hubo de intervenir de nuevo en un asunto que ya ocupé su 8 Juan Torres Fontes, Yecla en el reinado de los Reyes Catélicos, Murcia, 1954, Does. XI y XIV. Soler Gareta, Ob. cit. en nota 5, pp. 38 y 144 Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 39 atencién cuarenta y tres aiios atris, cuando era solamente Principe de Aragén. Por cédula fechada en Lerma el 9 de mayo de 1515, dirigida a Luz6n, le ordena que, en unién del Juez de Valencia, sentencie el debate entre Villena y Fuente la Higuera y, caso de no poder ponerse de acuerdo, envien el proceso para que lo resuelvan los Consejos de Castilla y de Aragén. Ordena asimismo que hagan derra- mar la gente de armas reunida por ambas partes y devolver las prendas que se hubieren hecho, con promesa de castigar a los culpables. (Lim. XV, B.) ESTABILIZACION DE LA FRONTERA CON EL REINO DE VALENCIA. En el memorial tantas veces citado se dice que, entendiendo los de Ontenyente quén mal les yba con Villena en la dicha preten- siéa de los Alforines y su poca justigia, y Ios dannos, escindalos y muertes que cada dfa recresian sobre el dicho término, trataron con Villena que, pues el ‘proseso estaba concluso, tnbiese por bien de comprometerse en juezes érbitros Ta determinacién dél sobre los dichos Alforines, que era la partida que Ontiniente pretendfa, y que para ello se sacasen facultades reales, una del Consejo de Castilla, para que Villena pudiese comprometerlo en el Gobernador del Marquesado por su parte, y otra del Consejo de Aragén para poder hazet lo mesmo de a suya en el conde de Albayda los de Onteniente. Y ans{ conzertadas las dos universi- dades, se sacaron las dichas facultades, en las quales se les dava poder a dichos juezes para determinar la dicha diferencia, citando primero y llamando a las partes y conzejos que entendiesen fuesen interesados en la dicha pretensién, lo qual fue en el afio de 1502, y requeridos los dichos Juezes con las dichas reales provisiones, en cunplimiento dellas, convocaron y Ilamaron a Onteniente y a Villena y al sefior de Mugente y de la Fuente de la Higuera para la determinagién de Ia pretensién de los dichos Alforines, como a partes que por el proceso constava ser ynteresadas quanto a a dicha pretensién, y no convocaron ni gitaron a Caudete, por quanto a los dichos Alforines no le yba interese, pues lanamente en ambas demandas avia confesado ser los dichos Alforines de Ontiniente y nunca dicho ni alegado ser suyos ni tener parte en ellos. Y hecha esta diligencia en los mesmos Alforines, los dichos Juezes, en presengia de las partes de Onti- niente y Villena, dieron su sentengia, por Ja qual adjudicaron y amojonaron los dichos Alforines para Villena, segin y como por ella consta y pareze, Ia qual Joaron, aprovaron y consintieron Ontiniente y Villena, y se executd y se sacaron provisiones reales, una del Consejo Real de Castilla y otra del de Aragén, res- pective para que los de Villena y Ontiniente guardasen y cumpliesen la dicha sentengia y se secutase en todo y por todo como en ella se contenfa. Y ansi, desde entonzes, nunca més se litigé sobre los dichos Alforines ni los de Ontiniente higieron més ynstangia, seguin todo Jo suso dicho consta y pareze por lo pro- gesado. Es por ello, sin duda, por lo que los redactores de la Relacién de 1575 terminan su comentario a este punto diciendo que, “finalmente, sobre la dicha diferencia de términos ovo muchas escaramucas ¢ batallas, esciindalos, robos, dafios e muertes de una parte a la otra e de la otra a Ja otra, daqui a en tanto que, por la bondad de Dios, se amojonaron dichos términos”. El deslinde entre Villena y Fuente la Higuera lo conocemos por Ia transcripcién de Ros Biosca. * Intervinieron, por parte de Villena el licenciado Diego Herndn- 45 Ros Biosca, Ob. cit. en nota 10. Apéndice 10. 40 José M.* Soler Garcia dez de Hinestrosa, Gobernador y Justicia Mayor del Marquesado, don Francisco Oliver y otros regidores de la Ciudad. Fuente la Higuera estuvo representada por los caballeros don Francisco Eixiarch y don Luis Cazorla, apoderados de don Pedro Maza (antes don Ramén Ladr6). El amojonamiento fue como sigue: Que desde el mojén de la Piedra, que partia términos de Onteniente y Villena, fuese otro a un pino pequeiio sito bajo de otro grande, junto al cual se cons- truyese uno de cal y canto, y desde éste, via recta continuase Ia divisién a otro pino pequeiio que estaba a Ja falda de un cabezo que blanqueaba al poniente, y en Io alto de dicho Cabezo se construyese otro de cal y canto, Que desde éste pasase a otro cabezo pequeiio en el que habla una mata roja requemada, y alli se construyese otro. Desde éste, via recta al sol saliente, continuase a un rojo donde habia un pino en la loma del cerro de Ia Danza, y enfrente del pino, donde quedaba quemada una mata roja, se construye otro; y en los intermedios, desde el primer mojén frente al pino pequefo hasta el de la Danza, se pusiesen algunos intermedios de piedra, para cuyo fin se sefialaron y quemaron para con ello evitar dudas en Jo venidero, El deslinde se realiz6 el 18 de mayo de 1551, pero no fue aprobado hasta el 22 de febrero de 1553, y era, como se ve, tan deficiente que “con dificultad podria por él reconstituirse la linea divisoria de ambos términos”, como el propio Ros Biosca sefiala. El cerro de la Danza debe corresponder a la actual “Loma Alta”, cuyas estribaciones occidentales son atravesadas por el tunel del ferrocarril a Valencia. Al pie de esta loma se halla la heredad de “El Cabezo”, A la estabilizacién de la frontera con Biar, Onteniente y Fuente la Higuera, contribuyé sin duda la guerra de las Germanias, en la que Villena desempefié un importante papel, acudiendo a sofocar la rebelién en Albaida, Jativa y Alcira, con sacrificio de vidas de muchos de sus hombres. En Villena hallaron acogida todos los nobles valencianos que hufan de los “agermanados CAUDETE RENUEVA EL PLEITO Pero el pleito con Caudete, envenenado por més de un siglo de incitaciones extrafias ¢ interesadas, seguia latente, y sale de nuevo a luz con un auto de 26 de septiembre de 1573, por el que los Jueces, en esta ocasién el licenciado Con- treras y Rodrigo Vazquez de Arce por el Consejo de Castilla, y los regentes Sentis y Sapena por el de Aragén, ordenan dar traslado a Caudete del Auto de fnterin de 1482 y también de la “pintura” presentada por Villena, para que alegue lo que le convenga. Se reservan los Jueces para la sentencia definitiva cl determinar si los Alhorines del pleito eran distintos de los de Onteniente, como alegaba Caudete en una nueva finta dialéctica. En el memorial tantas veces citado se pide al Rey “mandar poner perpetuo silencio a los de Caudete quanto a los dichos Alforines, y si alguna justigia pre- tenden tener en quanto a Bogarta y Oliba, que fue lo que ellos pidieron en la demanda, mandarles que aquélla sigan y dexen aparte lo que no les perteneze y tienen confesado no ser suyo, pues aquello se determiné con quien Io pretendié”. Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 41 Es ahora cuando intervienen el Fiscal de Castilla, en defensa de los intereses de 1a Corona, y el representante del Obispado, por los de Ia iglesia de Cartagena. Para ambos, no puede existir duda de que los términos de la contencién han per- tenecido siempre a la ciudad de Villena. Pasaron unos aiios en relativa calma, hasta que, en 11 de julio de 1596, Caudete eleva un nuevo memorial a Felipe II en el que dice que, habiendo fallecido el licenciado Contreras y los regentes Sentis y Sapena, el Rey habfa comisionado a Rodrigo Vazquez de Arce, del Consejo de Castilla, y al regente Pellicer, del de ‘Arag6n, pero que, por fallecimiento de este tiltimo, el pleito se hallaba paralizado, Felipe II ordené que el regente Covarrubias se juntara con el juez que designara Vazquez de Arce, ya que éste no podria intervenir por hallarse ocupado en otros asuntos. * Nombramientos imitiles, porque tampoco se hizo nada en aquella ocasién. Pero Caudete no cejaba, y aproveché las Cortes convocadas en Valencia por Felipe III en 1604 para que ios tres brazos del Reino de Valencia rogasen al Rey que, Puesto que la causa, que duraba ya 120 afios, no habia podido determinarse por las ocupaciones y la edad de los jueces anteriores, nombrase dos oidores de tribu- nales inferiores, uno de la Audiencia valenciana y otro de la Cancilleria de Gra- nada, o dos oidores de los tribunales superiores, uno del Consejo de Castilla y otro del de Aragén, pero siempre “de los mas jévenes y desocupados”, para que pudiesen visitar 1a zona en litigio y sentenciar en el piazo de cuatro meses. Fe- lipe III se incliné por los jueces superiores, pero el pleito tampoco fue sentenciado en el plazo fijado, ” EJECUTORIAS DE FELIPE Ill Y DE FELIPE IV En 24 de enero de 1609, de nuevo Felipe IIT ordené Ja conclusién del pleito, pero, hasta el 28 de enero de 1611, no se dicté la sentencia que confirmaba el Auto de {nterin de 1482, El 23 de agosto de aquel mismo afio, se despaché Ja Carta Ejecutoria por la que se amparaba a Villena en la posesién de los términos en litigio y se ordenaba poner los mojones por donde Villena sefialase, manteniendo a los de Caudete en el derecho de pastar y cortar lefia en 1a partida de la con- tencién. No cedié Caudete, sin embargo, y durante once aiios, amparada por los jueces valencianos traté de alargar més aiin el ya larguisimo proceso, discutiendo el amo- jonamiento sefialado por los de Villena. Por fin, en 13 de mayo de 1622, fue sentenciado pertenecer a Villena Ia juris- diccién de los Alhorines, pero que fuera comin con Caudete el aprovechamiento de la grana. El 2 de mayo de 1623, se despaché la Carta-Bjecutoria de Felipe IV en que se confirma la sentencia anterior, pero que deja todavia en el aire la cuestion de la propiedad. En el recurso interpuesto por Caudete contra estos autos, todavia se insiste en que, “desde que dicho rey don Jayme, primero de Aragén, conquisté de los motos dichas villas de Caudete, Bogarra y Oliba y sus términos con dichas confronta- 4 Garcia Martinez, Ob. cit. en nota 40, Doc. IIL. "Id, id., Doe. IV. 42 José M. Soler Garcia ciones, syempre fue dicho término y su jurisdiccién del Reyno de Valencia”. Sigue ignoréndose, como se ve, la etapa castellana de la villa, el sefiorfo de los Lis6n y todos los antecedentes del conflicto, y hasta se ha olvidado la tantas veces aducida compra de Bogarra en 1355, En este tardio recurso asoman con més cla- ridad las verdaderas causas del pleito, pues se dice que, con los mojones que se habjan puesto, “quedaba zerrada por todas partes la villa de Caudete y todo su término dentro de Castilla, sin poder pasar por parte alguna al Reyno de Valencia, ni los del dicho Reyno a la dicha villa, sin ollar tierras de Castilla o de la dicha contencién”, cosa que, efectivamente, venfa sucediendo desde la primitiva donacin a Sanchez. de Mazuelo. Habilidosamente, no alega ahora Caudete sus pretendidos derechos, sino el dafio del patrimonio y derechos reales y de la Generalidad de Valencia, porque el tercio diezmo de Caudete y su término eran del patrimonio real de Castilla y, por con- siguiente, toda la partida de los Alhorines, “cuyo tereio diezmo podria valer mas de trescientos ducados al afio de panes, ganados y herbajes, y con los albalaes de guia, los de Valencia, como que iban a Ja villa de Caudete, podrian entrar todo género de mercaderias en Ia partida de la contencién y de alli irse a Villena, Yecla © Almansa, defraudando los derechos reales y de la Generalidad, y aun los que no quisieran defraudar, sino Tlevar albalaes de gufa, tendrian inquietud con las guardas de Villena”, Sanchez Diaz comenta la Ejecutoria de 1622 diciendo que dafiaba los intereses de Caudete por dar satisfaccién a los de Villena, mucho mas influyentes, en su opinién, que los caudetanos de entonces. Si esto fuera cierto, es seguro que el pleito no hubiera durado cerca de siglo y medio, porque, si bien es verdad que desde el Auto de interin de 1482 se venia concediendo a los de Candete el derecho de pastar y cortar Iefia en los términos en litigio, esto se debié a la fuerte presién de sus aliados valencianos, verdaderos promotores de la cuestién. Harto hizo Villena con defender sus derechos a la posesién de unos términos por los que haba sufrido “muy grandes e graves dannos ¢ fatigas ¢ gastos ¢ costas”, gastando sobre ellos “mas que valen seys veces”, como escribia a los Reyes Catélicos el procurador villenense Juan Fernandez de Palencia, suplicdndoles mandasen determinar el pleito, “aunque algo pierda la villa de su justicia, tanto que tenga paz e sosiego e non gaste més de lo gastado nin por ello se le sigan més dannos ¢ males e escdndalos ¢ fatigas”, Con las concesiones que se hicieron a Caudete en 1482, perdié Villena, en efecto, algo de su justicia, pero no cesaron por ello los dafios, males, escindalos y fatigas, y nadie serfa capaz de calcular lo que siguié gastando hasta que se dicté la sentencia de 1622. Tan ruinosa era la empresa, que Ja reina D.* Juana dicté una provisin en 12 de junio de 1515 para que se aliviase a Villena en los repartimientos, “porque tiene pleitos y debates sobre Ja defensin de ciertos términos con ciertas villas y lugares del reino de Valencia, de lo que se le siguen muchos dafios y costas”. En 1545 escribia el Dr. Soriano, letrado del Concejo en la Corte, Iamenténdose del abandono en que se tenfan los pleitos y reclamando el salario de dos afios que se le debian. Escritos similares se recibieron de los procuradores Santos de Carrién, en 1549, y Antonio de Quintela, en 1555. Mucha hacienda y bastante sangre le ha costado a Villena defender unos pa- rajes que han tenido la desgracia de interponerse entre el reino de Valencia y sus Aportacién al estudio del pleito de los Athorines 43 extensiones por el “enclave” de Caudete y por las tierras de Elda y de Orihuela. ‘Ya em las cortes de Monzén de 1537, Carlos V accedié a que los del reino de Valencia pudieran cruzar libremente por la parte litigiosa al pasar “de una part del vostre regne de Valéncia en altra, go és, de Ontinyent, Moxent ¢ altres viles situades en aquella part, a la governacié de Oriola”, de acuerdo con la peti- cién hecha al Monarca por los tres brazos de aquel reino. # Que era ésta una constante aspiracién de los valencianos lo demuestra el que, en las Cortes de 1585, celebradas también en Monzén, concedié Felipe II que las mereaderias que hubieran de ir de una parte a otra del reino de Valencia, cru- zando los términos de Villena y Sax, pudieran hacerlo sin més certificatoria que el albaran de guia del General. También en las de Valencia de 1604 accedié Felipe III a que no se pagara derecho alguno de quema por las hortalizas, frutas y otras cosas de comer que se Hlevasen de Villena a Biar, y que las mercaderias en trénsito de una parte a otra del reino de Valencia, pudieran atravesar los puertos de Villena y Sax con sélo el albarén de guia de la “taula” de origen.° En las de Monzén de 1626, todavia confirms Felipe IV estas concesiones de 1585 y 1604.2 Tan razonables eran estas peticiones que los mismos villenenses abogan por elias. Copiamos aqui su respuesta al punto 5.° de la encuesta de 1575: Esta ciudad, Villena, est4 en frontera del reyno de Valencia, a media legua de fh raya dél. No solia aver en ella casa de aduana, y avré dezinueve aftos que se puso un factor por el recaudador de los puertos secos. ¥ ansi, de allf acd, los recaudadores que han sido an empleado la tal factoria daqui a agora que hazen manffiestos como en casa de aduana, con escrivano, sobre que se trata pleito € no esté determinado, No es pueblo de mucho pasage y son pocos los derechos ue en él se cobran, y étos Mevan sin los poder Hevar alguna parte dellos, por que por ser camino de carros € no aver otto por do se pueda yr de Origiiela ¢ Al cante a Valencia por ser las comarcas del reino de Valencia montuosas e no poderse caminar con carros si no es por esta giudad, pasando de trinsitu del dicho reyno de Valencia a su mesmo reyno, les piden e levan derechos sin comprar ni vender, solamente por pisar término de Villena, y los molestan en hazer registros y otras cosas que no son obligados a las hazer, y el que no las haze, le desca- minan e toman por perdido lo que llevan de trinsitu, aunque traigan’ albald de gufa de su mesmo reyno, de que reciben mucho agravio e daiio, y se entiende que yuesa magestad no es sabidor dello, por que siendo sabidor dello no lo permitir(a, ¥ esto lo haze el factor que esti en esta giudad por los dichos recaudadores. de Ios dichos puertos. = Por el comentario de Sanchez Diaz a la sentencia de 1622 vemos que atin sigue alegindose Ja influencia de Villena en [as altas esferas, cuando lo que sucedia era precisamente lo contrario, como venimos esforzéndonos en demostrar. Es por Jos numerosos valedores de Caudete en el reino de Aragén por lo que, ni en el auto de interin de 1482, ni en a sentencia de Felipe III en 1611, ni en la de Felipe IV en 1622, se declarase terminantemente que los Alhorines eran de Villena, pues al dejar en suspenso la cuestién de la propiedad —ya que el derecho de # 1d, fd, Doe. I. ® Id. id, Doe. II. 2 fd fd, Doc. IV. 5 Id. fd, Doe. IV. ® Soler Garcia, Ob. cit. en nota 5, p. 18, 44 José M2 Soler Garcia posesin y la jurisdiccién siempre le han sido reconocidos—, se daba opcién a Caudete a remover el viejo pleito siempre y cuando conviniera a los intereses valencianos para presionar en sus pretensiones al libre transito por los términos en litigio. La ocasién se present6 de nuevo en las Cortes de Monzén convocadas por Felipe IV en 1626, cuando los tres estamentos suplicaron al Rey decidir en un pleito que duraba ya 140 aiios. El Rey se limité a prometer que mandaria despa- char la causa con toda brevedad. * Se dejé pasar el resto del reinado de Felipe IV y casi todo el de Carlos II sin nuevas instancias, pero, en 21 de enero de 1693, el estamento real nombré dele- gados para que, juntamente con los elegidos por los otros dos brazos, eclesidstico y nobiliario, oyeran el informe oral del sindico de Caudete y apoyaran su pre ‘ensign. * Tres afios tardé atin Caudete en presentar un nuevo memorial en el que pide al reino de Valencia intervenga en el pleito con Villena, a la que acusa de haber ocupado Ia zona en litigio, “ussando del territorio como si fuese término venzido de dicha ciudad, impidiendo que los vezinos de dicha villa cultiven las tierras que tienen en dicho témino litigioso”. Peticién insélita, puesto que en ninguna de las sentencias anteriores se autoriza a los de Caudete a labrar en las tierras de la contencién, sino solamente a pastar, abrevar y recoger lefia y grana, Se acusa también a Villena de entorpecer el paso de los valencianos por los términos de la contienda. * La peticién tuvo eco en el reino de Valencia, y cada uno de los tres brazos nombré sus delegados, que acordaron constituir una Junta reducida de seis miem- bros: el Conde de Cardona y el canénigo Antonio Pontons por el brazo eclesiés- tico; don Antonio Pallds, conde de Carlet, y don Juan Bautista Sobregondi, por el nobiliario, y el racional Félix Cebrid y Tomas Boil, por el brazo real. * El 5 de octubre de 1696, escribe 1a Junta al Duque de Montalto, presidente del Consejo de Aragén, para que patrocine la causa de Caudete, y dirige otro escrito al rey Carlos II para que se concluya el pleito, que dura ya mds de 210 afios, “pues la pretensié de que se definixca y termine la causa, demas de ser per si tan justa, cedeix no sols en benefigi de la Vila, sind també en conveniéncia e interts de Ia ciutat de Villena, pues en tan dilatada causa és precfs hatja gastat moltes y considerables cantitats”. Esperan, no obstante, de la real clemencia se sirva consolar a la villa de Caudete. LA GUERRA DE SUCESION. CAUDETE PIERDE SU AUTONOMIA MUNICIPAL Malos tiempos se avecinaban, sin embargo, para la villa caudetana, que en la Guerra de Sucesién se incliné, con todo el reino de Valencia, del lado de los Austrias, mientras los Borbones contaron desde el primer momento con el apoyo de Villena, cuya intervencién fue casi decisiva para el triunfo de Felipe V. 3 Garefa Martinez, Ob. cit. en nota 40, Doc. V. 51d, fd., Doc. VI. 8 Jd, id, Doe. VIL 5 1d, fd., Docs. X y XI. 57 Id, fd, Doc. XUL Aportacién al estudio del pleito de los Alhorines 45 No entramos aqui en el juicio de lo que la derrota de los Austrias supuso para la pérdida de Jas seculares libertades valencianas. Nos interesa resaltar Unicamente que Caudete se encontré entre los yencidos, y que el precio de la derrota fue la pérdida de su autonomia municipal. En el memorial que Villena presenté para pedir la jurisdiccién sobre 1a villa vecina se habla de los graves perjuicios que recibié para someter a los caude- tanos rebeldes al servicio del nuevo monarca. Varias decenas de villenenses mu- rieron en el ataque a Caudete llevado a cabo bajo el mando de Mahoni. El pri vilegio en que se adscribe a Caudete como aldea de Villena estd fechado el 14 de septiembre de 1707. Que Ja obstinacién de los caudetanos en remover una y otra vez el famoso pleito influyera en el dnimo de Jos villenenses de entonces para solicitar la anexién de la villa es cosa que puede suponerse, pero no demostrarse. Como puede supo- nerse también lo que hnubiera sido de los Alhorines si el triunfo se hubiera inclinado del lado de los Austrias. La anexién se hizo realmente a titulo de reparacién de guerra, y fue el tributo que hubo de pagar Caudete por su situacién de “enclave” a consecuencia de la donacién de Alfonso X y por el valencianismo que le vino impuesto desde la compra por la Corona valenciana en 1422. Merino Alvarez explica el hecho con estas palabras: Caudete, que con Bogarra su. ancjo (ya desaparecido en Ia XVII centuria) vyenfa siendo un enclave aragonés metido entre Villena, Almansa y Yecla, 0 como decia en el Ortelio una ‘Insula Valentiae in Castellae Regione’, viose en castigo de su afeccién por el Archidugue incorporado a Murcia definitivamente en 1707, entrando en el Partido y Corregimiento de Villena. Sélo treinta afios permanecié Caudete en aquella humillante situacién, ya que, el 27 de septiembre de 1736, recobr6 su autonomia municipal, si bien qued6 desde entonces incorporada al reino de Murcia. Pero aquellos tristes aiios dejaron en los caudetanos un amargo sentimiento de rencor que en los dos largos siglos transcurridos desde entonces no ha podido enjugarse del todo, Buena prueba de ello es el libro de Sinchez Diaz, aparecido en 1956, Este resentimiento, que se manifiesta en actos verdaderamente pueriles, como es el de repudiar a los santos Abdén y Senén porque les habfan sido impuestos bajo la dominacién villenense,® es la causa de que, contra toda razén y propia conveniencia, Caudete pertenezca hoy a la provincia de Albacete, Creemos haber dejado en claro que los Alhorines munca fueron de Caudete, aunque otra cosa le hicieran creer sus aliados valencianos, y que entra en lo pura mente romdntico el considerar a La Encina nada menos que como el “Gibraltar caudetano”. ® Las reivindicaciones propuestas por Sanchez Diaz son inviables, no ya por su falta de raz6n histérica, sino porque se bacen en nombre de un valen- cianismo yoluntariamente perdido, Paradéjicamente, son hoy Villena, La Encina y los Alhorines los que han vuelto a la antigua “Coronilla”, separdndose de Castilla, 5 Merino, Ob. cit. en nota 3, p. 382. ® Sanchez Diaz, Ob. cit. en nota 1, p. 114. @ fd, fd, p. 87. 46 José M.* Soler Garcia a la que estaban adscritos “por costumbre y negligencia, que no por derecho”, al decir de una pluma valenciana, Hora es ya de olvidar rencillas histéricas que, por otra parte, ya no tienen raz6n de ser. La realidad innegable es que Caudete y Villena son poblaciones hermanas que nunca debieron marchar separadas, y que alguna vez tendrén que unirse, mds atin de Io que ya lo estén, pese a todo, si han de seguirse los dictados de la razén. No ha sido otro el motivo de este escrito que el de aportar datos inéditos para el mejor conocimiento de las verdaderas causas del conflicto, y echar con ello agua a una hoguera alimentada siempre con lefia aportada desde el mismo bosque. El pleito de los Alhorines, del que tratan casi todos los historiadores valencianos, nunca habia sido abordado, que sepamos, desde el lado opuesto, y este Primer Congreso de Historia del Pais Valenciano nos ha brindado la oportunidad de estu- diarlo por vez primera con la necesaria amplitud. José M.* Sotzr Garcia 4 Sélo de pasada aludimos a este pleito en Ja obra citada en la nota $ y en el articulo que, bajo cl titulo de “Villena y los Reyes Catélicos”, publicamos en el mimero 3 de la revista Villena, correspondiente @ 1963,