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EMEEQUIS | 17 de noviembre de 2014

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Por qué emplear

lenguaje incluyente,

no sexista

Entre las formas de discriminación, el sexismo es una de las más extendidas y frecuentes en el mundo. Consiste en el trato desigual y en la segregación de las personas de un sexo por considerarlas inferiores a las del otro. Con base en la diferencia sexual, las mujeres históricamente han sido y son discriminadas.

La peste del insomnio no era tan inofensiva como parecía y de pronto hizo que todas las personas empezaran

a olvidar. Primero fueron las cosas bá-

sicas, como los nombres de las cosas, y lo intentaron remediar poniendo letre- ros en cada cosa, pero después se les empezó a olvidar para qué servían esas

cosas, hasta que olvidaron quiénes eran

y sus responsabilidades”, escribió Ga-

briel García Márquez en Cien años de soledad.

La comunicación humana es, sin duda, reflejo de las realidades y rela- ciones sociales. Nombrar el mundo, las

“cosas”, las personas, lo tangible y lo intangible, es par- te de un proceso humano evolutivo. Es una necesidad humana. Entre las primarias relaciones sociales se en-

cuentran las de género, es decir, las que existen entre mujeres y hombres.

Toda relación social está permeada de manera asimétrica por relaciones de poder: de hombres a mu- jeres, de padres a hijos e hijas, de adultos a jóvenes, del

profesorado al alumnado, de hermanos mayores a her- manos y hermanas menores, de manera generalizada y éstos, entre los ejemplos más comunes.

Nombrar el mundo, las “cosas”, como José Ar- cadio Buendía (el personaje de García Márquez) hizo, no es un acto neutral, sino todo lo contrario: está in-

EMEEQUIS | 17 de noviembre de 2014

fluenciado de categorías que al ser colocadas, jerarqui- zan socialmente hablando. La masculinización del lenguaje, sin duda, tiene su origen en estas históricas relaciones desiguales entre mujeres y hombres.

Aun cuando son la mitad de la población mundial

y el 52 por ciento de la nacional, las mujeres siguen es-

tando invisibilizadas en diversos ámbitos sociocultura- les y el lenguaje no está exento: lo proyecta y en nume- rosas ocasionas lo reafirma.

Considerar que de manera implícita se incluye a las mujeres, al comunicar en el género gramatical mas- culino como universal, se reconoce hoy como un acto de discriminación de género e invi- sibilización de las mujeres. Ello se explica en principio porque las mujeres no tenían derecho al ha- bla, tanto en los espacios privados como en los públicos, lo cual no implicaba que las mujeres no ha- blaran, pero a estas mujeres se les etiquetaba como transgresoras y, muchas de ellas, conocieron la hoguera o la guillotina.

En la actualidad se requiere, en principio, reconocer a las mu- jeres como personas con dere- chos plenos y con personalidad ciudadana propia. El lenguaje tiene el desafío de transformarse y el reto con- siste en la reeducación de las y los hablantes. Para lo- grarlo, se precisa la referencia explícita de las mujeres en la comunicación humana. Por ende, su visibilidad y con ello su presencia existencial.

Existen recomendaciones básicas para iniciar la comunicación incluyente, no sexista.

La primera es sustituir las referencias a mujeres

y hombres, trasladándolas a la calidad de personas.

Ejemplo: “Las mujeres y hombres que asistan a la es-

cuela” puede sustituirse por “Las personas que asistan

a la escuela”.

Otra recomendación fundamental es sustituir el género gramatical masculino por el genérico univer- sal. Ejemplo: en lugar de decir “Los ciudadanos del mundo” puede utilizarse “La ciudadanía del mundo”.

En ocasiones, cuando se requiere mencionar expresa y visiblemente la participación de las mujeres es preciso hacerlo, especialmente cuando concierne a relaciones de poder y participación ciudadana: “Dipu- tados y diputadas de la LXII Legislatura”.

Es aceptable también el uso de artículos y pro- nombres para referirse a mujeres y hombres, y se ex- horta a que se feminicen los títulos académicos y cargos públicos cuando de una mujer se trate.

Ejemplos: “Los habitantes del municipio” puede ser sustituido por “Los y las habitantes del municipio”.

En lugar de “La síndico Guadalupe López”, debe emplearse “La síndica Guadalupe López”. La misma norma del lenguaje puede ser aplicada en el siguien- te caso: en lugar de “La ingeniero Maricarmen Her- nández”, debe ser “La ingeniera Maricarmen Her- nández”.

El Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) invita a usar un lenguaje incluyente no sexista, una práctica básica para lograr un trato igualitario entre mujeres y hombres.

De igual manera, se considera un acto sexista la referencia “señorita” o “señora” como una fórmula de cortesía al dirigirse a una mujer, a menos que ella lo solicite de manera expresa, ya que la condición civil de las mujeres se considera hoy una situación socialmente irrelevante que no debe influir en el trato respetuoso entre las personas.

Finalmente, las bromas, chistes, referencias, mensajes, códigos, imágenes, las narrativas y conside- raciones que menosprecien, subordinen, menosvalori- cen, denosten e incluso humillen a las mujeres, son consideradas prácticas sexistas, violentas y discrimina- torias, aun cuando sean enunciadas de manera diverti- da o incluso amorosa.

El Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) considera que contribuir a la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres puede empezar a partir de nuestra comunicación si así lo decidimos y nos pensamos como agentes de cambio y propiciamos la transformación de las relaciones desiguales entre los géneros.

Al referirnos y/o dirigirnos a las mujeres, podemos hacerlo en su calidad de personas, de ciudadanas con plenos derechos en Igualdad, ni más ni menos.

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