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Ciencias sociales

Artículos federalistas

y antifederalistas

El debate sobre la Constitución

americana

Selección de artículos e introducción de

Ignacio Sánchez-Cuenca y Pablo Lledó

Traducción de Pablo Lledó

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I

all -T

El [bro

de

bolsillo

(lis¡siapolítica

Alianza

^Editorial

Brutus, número I

A los CIUDADANOS delESTADO de NUEVA yORK.

Cuando se convoca al público para que estudie y decida una

cuestión que no sólo atañe profundamente a los actuales

rniembros cle la comunid:rd, sino de la clue en gran medida

clependen la felicidad o la desdicha de futuras generaciones, cl espíritu benévolo no puede evitar sentirse particularmen- te interesado en el resultado.

En esta situación, confio en qLre los débiles esfuerzos de un individuo para conducir a las mentes del pueblo a una deci-

sión sabia y pruclente resulten aceptables para el sector ho-

nesto y desapasionaclo de la comunidad. Alentado por esta consideración, me he visto indr.rcido a exponer rnis ideas

acerca <le Ia actual y grave crisis de nuestros asuntos públicos.

Thl vez nllestro país nunca haya presenciado un período tan crítico en nuestra vida política. Hemos experimentado

clebilidad de los vínculos que mantienen juntos a estos Es- tados Unidos, y, en ocasiones, la falta de energía suficiente cn nuestra actual confederación para ocuparse de los asun-

Ios generales. Se han propuesto diferentes remedios para solventar estos nrales, pero ninguno ha prosperado. Final-

ri

216

ARficlilos A\llFl|)l|1A¡.ts1i\s

rnente, se ha reunido una Convención de Estados que lra re_ dactado una Constitución que ahora, probablemente, se so- meta a la aprobación o rechazo del pueblo, fuente de todo

pclcler y a quien pertenece en exclusiva el derecho de hacer o

deshacer constituciones, o formas de gobierno, según le

piazca. Ante vclsotros se halla la más importante, cuestión ja-

rnás sclmetida a vuestra consideración, o a la consideración der pueblo alguno sobre ia f'az de la tierra, y os corresponde decidir mecliante hombres de vuestra elección, especial-

mente escogidos para este pr.opósito. Si la constitución que

se os propone es justa, y ha sitlo concebida para conservar

los preciados dones de Ia libertad, para garantizar los inesti-

mables derechos de la humanidad v fclnentar su dicha, en- tonces, clándole vuestra aprobación sentaréis las duraderas bases de la fblicidacl de rnillones de descendientes ylas gene- raciones futuras se alzarán para ber-rcleciros. podéis regoci- jaros ante la perspectiva de que este vasto continente se llene

de hombres libres clue proclamen la digniclacl de la naturale- za humana. Podéis solazaros corr la idea de clue la sociedad

de esta tierra fbvorecicla avance hasta el punt<iculnlinante de

la perfeccitin; clue el espíritu humano se expanda cn conoci-

lniento y virtud v la edad clorada, en cierta itreclida, se haga

realidad. Pero si, por el corrtrario, esta forma cle gobierno

contiene principios que llevarán al aplastamiento de la liber-

tad, si su tendencia es la cle establecer el clespotismo o, lo que

es peor, una aristocracia tiránica, entonces, si Ia aprobáis, este último refugio cle Ia libertad perecerá y Ia posteridad de- nigrará vuestra rnemoria.

Por tanto, la cuestión que debéis resolver es trascendental, y todas las razones que debieran influir a una mente noble y

virtuosa os instan a exalninarla con detenimiento y a tomar

una decisión sensata. Se insiste, de hecho, en qr"re ha cle aco-

gerse esta Constitución, aunque sea tan imperfecta. Si tiene

algr-rnos defectos, se dice, podrán renrecliarse mejor cuando

se experimenten. Pero recordad que cuando el pueblo se

ltl{UTLJST Nlilvllllto ,

217

clesprende del poder raravezo nunca puede recuperarlo de

nuevo sin recurrir alafttetza. Pueden mostrarse muchos

ejemplos en los que el pueblo ha aumentado voluntariamen-

te los poderes de sus gobernantes, pero pocos, si acaso algu-

no, en que los dirigentes hayan disminuido su autoridad de buen giado. Esta razón basta para impulsaros a ser pruden- tes a la hora de confiar los poderes del gobierno. Una vez realizadas estas observaciones introductorias,

procederé a examinar esta Constitución.

La primera cuestión que se plantea es si un gobierno con- federaclo es el más conveniente para los Estados Unidos o

no. O, en otras palabras, si los trece Estados deben reunirse

en una gran república, gobernada por un cuerpo legislativo

y bajo la dirección de un ejecutivo y una judicatura; o si de- Lerían seguir siendo trece repúblicas confederadas' bajo la dirección y el control de un mando federal supremo sólo en

relaciór'r con ciertos propósitos nacionales específicos'

Este asunto es importante' porque' aullque el gobierno

proyectado por la Convención no constituye una integra-

ción completa y perfecta, se acerca tanto a ella, no obstante, que si se úevara a la práctica desembocaría cierta e ineludi-

blemente en tal integración. Este gobierno tendrá unos poderes legislativo, ejecutivo y judicialabsolutos e incontrolables respecto a todos Ios obje- tos a los que se extienda, pues, conforme al último párrafb

de la sección 8 del artículo l, el Congreso estará f-acultado

para <elaborar todas las leyes necesarias y oportunas para

ilevar a efecto las competencias auteriores y todas las demás

que esta Constitución confiere al gobierno de los Estados

Unidos o a cualquiera de sus instituciones o funcionarios>'

Y, el artículo 6 dispone que (esta Constitución y las leyes de

los Estados Unidos que se adopten con arreglo a sus disposi- ciones, y toclos los'l'ratados celebrados, o que se celebren, bajo la autoridad de los Estados Unidos, serán la ley supre- rna del país, que vinculará a todos losjueces de cada Estado,

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ARl'ICTJ I,OS ANTJFEDERAI-ISTAS

con independencia de cualquier otra disposición en sentido contrario de las constituciones o leyes estatales). De estos

artículos se deduce que no es necesaria ninguna interven-

ción de los gobiernos estatales, entre el Congreso y el pue-

blo, para llevar a efecto ninguna competencia conferida al

gobierno general, y que la constitución y las leyes de cada

Estado quedan anuladas e invalidadas en Ia medida en que

resulten o puedan resultar incompatibles con esta Constitu- ción o con las leyes adoptadas conforme a sus disposiciones o con los tratados celebrados bajo la autoridad de los Esta- dos Unidos. Se trata, por tanto, teniendo en cuenta su alcan- ce, de un gobierno completo yno de una confederación. Tan

completo como el de Nueva York o Massachusetts, y cuenta con poderes tan absolutos y perfectos para elaborar y ejecu- tar las leyes, para nombrar cargos públicos, establecer tribu-

nales, declarar que se ha cometido un delito e imponer san- ciones, respecto a los ol:rjetos a los que se extiencle, como

cualquier otro gobierno en el mundo. Por tanto, en lo que

atañe al alcance de sus competencias, toda idea de confede-

ración se pierde y desaparece. Es verdad que este gobierno

está limitado a determinadas materias o, para ser más exac- tos, que aún se deja una pequeña porción de poder a los Es- tados, pero un breve examen cle las competencias conferidas

al gobierno general habrá de convencer a todo hombre ho- nesto de que, si los Estados llegaran a ejercer algún poder,

todo lo que se deja en sus manos quedaría enseguida aniqui-

lado, salvo en la medida en que resultara necesario para la organización del gobierno general. Las competencias del cuerpo Iegislativo general se extienden a todo objeto que pueda presentar el mínimo interés: no queda fuera de sus competencias nada valioso para la naturaleza humana, o preciado para el hombre libre. Tiene la autoridad de elabo- rar leyes que afectarán a la vida, a la libertad y a Ia propiedad

de todos los hombres de los Estados Unidos, y ni la constitu-

ción ni las leyes de un Estado pueden impedir o evitar en

I]R.U]'US. NT]MERO ]

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modo alguno la ejecución plena y completa de las compe- tencias conferidas. El poder legislativo está facultado Para

imponer tributos, aranceles e impuestos especiales' No exis-

te ninguna limitación a este facultad, a menos que se consi-

dere que la disposición que establece el uso que puede darse

a estos impuestos y aranceles es una limitación' Pero no se

trata de una restricción en absoluto, pues de acuerdo con la

mencionada disposición se aplicarán al pago de las deudas y

a proveer a ia defensa común y al bienestar general de los Es-

tados Unidos. Y resulta que el legislativo tiene la autoridad de contraer deudas haciendo uso de su discrecionalidad y es

el únicojuez de 1o que se entiende por necesario Para Proveer

a la defensa común, y sólo él decide qué ha de redundar en

el bienestar general. Por tanto, esta facultad equivale nada

más y nada menos que a la capacidad de imponer tributos, aranceles e impuestos especiales según [e plazca. No sólo una facultacl de establecer impuestos ilimitada en cuanto a la

cantidad que puede exigirse, sino perfecta y absoluta para

recaudarlos de cualc¡uier modo que se considere oPortuno' Ningún cuerpo Iegislativo estatal, ni poder alguno de los go-

biernos estatales, tiene la menor participación a la hora de llevar esto a efecto, del mismo modo que la autoridad de un

Estado no interviene en la de otro. Por consiguiente, en lo

que atañe al establecimiento y recaudacióu de tributos, la idea de confederación desaparece por completo y se adopta

en cambio la de una sola república global. Procede señalar en

este punto que la autoridad para establecer y recaudar tri- butoi es Ia más importante de cuantas facultacles pueden

conferirse: se relaciona prácticamente con tcldas las demás competencias o, al menos' con el paso del tiempcl acabará

arrastrando tras ella a todas las dernás; es el gran instrumen-

to para la protección, la seguridad y la defensa en malros de

unbuen gobierno, y el gran mecanismo de la opresión y la

tiranía en manos de uno malo. No puede ser de otro nlodo, si tenemos en cuenta los reducidos límites que esta Consti-

220

ARfrcrir.os,\NlrFrr)ElAr.rs'l'As

tución irnpone a los gobiernos estatales en materia de recau-

dación de fondos. Ningún Estado puecle emitir papel moneda,

establecer aranceles o derechos de importación o exporta-

ciírn, sin el consentimiento del Congreso, y aun así, el ingre- so neto irá en beneficio cle los Estados Unidos. Por tanto, el

único medio que les queda a Ios Estados para sostener sus gobiernos y pagar sus cleudas es establecer impuestos direc-

tos; y tarnbién los Estados Unidos tendrán la facultad de es- tablecer y recaudar estos impuestos del modo que estimen

oportuno. Cualquiera clue haya reflexionaclo al respecto, es- tará convencido de t1ue, en cualquier país, sólo es posible re-

caudar pec'¡ueñas sr"lmas de dinero por medio de impuestos

clirectos, cuando el gobierno federal ernpieza a ejercer su fa- cultacl de im¡.roner trilrutos en todas partes. l,os cuerpos le-

gislativos de los cliversos Estados hallarán imposible obtener

ingresos para sostener sus gobiernos. Sin dinero, no podrán mantenersc y se ir¿ín desvaneciendo al tiempo que sus com- petencias, cou.to se ha señalackl miis arriba, son absorbidas

por las del gobierno general. Pociría dernostrirrse que el poder del legislativo t'ederal para crc¿rr v lnantener ejércitos a voltrntad, tanto en tiempcls

de pirz como en guerr¿I, y sr,r control sobre las rnilicias tien-

den no srilo a prc'rclucir un reforzarniento clel gobicrncl, sino tarnbie<n a provocar la clestmccirin cle la libertad. No obstan-

so-

te, no insistire< en c.llo, pues Llnas cu¿lntas observirciones

bre el pocler juclici¿rl <lc este gobierno, junto con l¿rs conside-

rar:iones ¡rrecedentes, porrdriin plcnamente cle rnanit'iesto la

ft'rtt'zi¡ tlt' esla a ll rlnar'itin.

lil podel juclicial se conf-erir¿i a un 'Iiibunal Supremo y a los tribunalcs inferiorcs que el Cougreso establezca y clis-

ponga pcri<itlic¿nlernte. l,as cornpetencias cle estos tribuna- les sol'r lnuy anrplias. Su jurisclicción se extiende a toclos los

asuntos civiles, salvo los qlre se susciten cntrc ciudadanos

clc'l rnismo Estado; v cont¡rrende tocltts los asutltos cle Dere- cho y clc ecluiclad que surjan con arreglo ¿r la Constitución.

Bltul tls, \lUNIIlllo I

221

Supor-rgo que en cada Estado deber¿i establecerse al rnentls un tribunal inferior, con los necesarios cargos ejecutivos ad-

juntos. Es fácil ver que, según el curso ordinario de las cosas,

estos tribunales eclipsarán Ia dignidad cle los tribunales es- tatales, y socavarán su respetabilidad. Estos tritrunales se- rán, por sí rnisrnos, completarnente indepenclientes cle los

Estaclos, dado que su autoridad procederá cle lcls Estados

Unidos y de ellos recibirán salarios fijos; y cabe esperar, con-

forme al desarrollo habitual de lcls asuntos humanos, que

absorban todas las cornpetencias de los tribunalc's cle los res- pectivos Irstados.

Es imposible decir hasta qué ¡runto Ia clisposicitin cle la

sección 8 clel artículo I ¡ruecle tener por efecto elirrlinar tocla idea de una confederación de Estaclos, y llevar a cabo una tu-

sión clel conjunto en un gobierno general. Las compctencias

que este artículo concede son muy generales y amplias, y es posible encontrar una interpretación clue jr.rstifique la aclop- ción de casi cr.rirlquier lery. I-a thcultad cle elaborar todas las

leyes rrecesrrrios y oportunr7-s para llevar a ef-ectc¡ las colnPe- tencias que la Constituciirn col.tfiere al gobierno cle los Esla-

dos Unidos o a cualquiera de sus instituciotles o frtnciona-

rios, es una facultacl muv anrplia y clefinitiva y poclría, hasta

dolrdeyo sé, cjercerst: cle t¿rl m¿rnera qtle se stlpritltiL'l'itll p()r

completo los cuerpos legislativos estatales. Su¡ronier.rclo qtre

la asamblea legislativa de un Ilstaclo aprolrara urta ley ¡-.ara

obtener in¡lesos con el fin cle sostener sr-r gttbierno y pagar

las cleudirs clel Estado, ¿no poclría el Oon¡ireso revocrar est¿l

ley alcganclo que obstaculiza [a recaudacitin cle tt n itl¡rtte sto que se considera necesarit) y oporttlno para provcer al bie-

nestar general cle los lrstirdos [Jniclos? Y es t¡ue tod¿rs las le-

yes aprobatlas con arreglo a las disposiciones cle esta (lons-

titución sor.r la ley sLrprenla cle'l país, qr-re virtcrrlarii a toclos los jueces cle cacla Estaclo, con inclepenclertcia cle cualcltticr otrir dis¡rosición e.n senticlo contrari<l tlr: las c<lnstitrtciottcs tr

leyes estatales. Ilrr virtud de csta disposición, el gobierno clc:

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222

AR'TICI]f ,OS ANTIFEDERAI,IS'IAS

un Estado particular puede verse contrariado de golpe y ser privado de los medios para mantenerse.

Con estas afirmaciones no pretendo insinuar que la Cons- titución justificaría decisiones de este tipo; ni es mi intención

alarrnar al pueblo dando a entender que el cuerpo legislativo federal sería más propenso que los estatales a traspasar los

Iímites que la Constitución le asigna, aunque es cierto que

sería menos responsable ante el pueblcl. Lo que quiero decir es que el cuerpo legislativo de los Estados Unidos está inves- tido de las grandes e incontrolables facultades de establecer y recaudar tributos, aranceles e impuestos especiales; regu- lar el comercio, crear v mantener ejércitos, organizar, armar

y disciplinar a las milicias, establecer tribunales, y otras fa- cultades generales. Y mediante la referida disposición, se le confiere la facultad de elaborar todas la leyes necesarias y oportunas para llevar a efecto todo Io anterior, de manera

que puede ejercer su poder para eliminar por completo to-

dos los gobiernos estatales y reducir este país a un gobierno

único. Y si puede hacerlo, es seguro que lo hará, pues se ha-

llará que el poder que conservan los Estados, por pequeño que sea, constituye una traba en el mecanismo del gobierno de los Estados Unidos, de modo que se intentará quitarlo de

en medio. Además, es una verdad confirmada rror Ia infalible experiencia de los siglos, que toclo hombre y todo cuerpo de hombres al que se confiere un poder, siempre está dispuesto

a aumentarlo y a superar todo aquello que se interponga en su camino. Esta disposición, inscrita en la naturaleza huma- na, llevará al cuerpo legislativo federal a menoscabar

¡

en

último término, a anular la autoridad de los Estados, y sin

duda triunfará en tal enlpresa, dadas las ventajas con las que cuenta, si es que llega a prosperar el gobierno federal. Ha de

resultar evidente, por tanto, que lo que pueda faltarle a esta

Constitución para establecer una completa integración de

las diversas partes de la Unión en un gobierno cornpleto, con perfectos poderes legislativo, judicial y ejecutivo, a todos los

Iiltutu\, NLNIf'Rr) I

efectos, lo obtendrá sin duda por medio de su puesta en

práctica - y su funcionamiento.

Pasemos ahora a preguntarnos, como propuse inicial-

mente, si lo más conveniente es que los trece Estados se vean

reducidos a una sola gran república' Doy por supuesto que todo el mundo está de acuerdo en que' cualquiera que sea el

gobierno

debería

que se adopte, debería ser un gobierno libre; que

estar configurado de tal modo que se garantice Ia li-

bertad de los ciudadanos de América' y que debería acoger una representación del pueblo plena, justa e igual. La cues- tión, entonces, estriba en dilucidar si un gobierno así cons-

tituido y basado en estos principios es factible y puede ser

ejercido sobre la totalidad de los Estados Unidos reducidos

a un solo Estado. Si debemos resPetar la opinión de los mejores y más sa-

bios hombres que han reflexionado o escrito acerca de la

ciencia del gobierno, forzosatnente habremos de concluir

que una república libre no puede prosperar en un país de

proporciones tan inmensas, que contiene un número tan

elevado de habitantes en continuo aumento' corno la totali-

tlad de los Estados Unidos. Entre las ilustres autoridades a que puede acudirse en este punto, me contentaré con citar

sólo a dos. La primera es el Barón dc Montesquieu,ElEspíri- tu de las Leyes, cap. XVI, vol' 1: <Ils natural que una repúbli-

ca tenga sólo un pequeño territorio' pucs de otro modo no

puede subsistir rnucho tiempo. En una gran república hay hombres cie grandes fortunas y, por consiguiente, menos

moderados; existen intereses demasiado importantes para confiarlos a un solo indivicluo, que tiene intereses propios'

pues pronto empezaría a pensar que podría disfrutar de f-e-

ll

liciclacl, grandeza y gloria clprimiendo a sus conciudadanos,

y que pclclría elevarse esplendorosamente

sobre las ruinas de

su país. En una grar-r república, el bien público es sacrificado

bajo rnil intereses, se sonlete a excepciones y depende de ac-

cidentes. En una república pequeña, los intereses del público

224

ARr'Íctjr.os ANTTFEDtrr{Ar.rsrAS

se perciben con más facilidad, se entienden mejor y están

más al alcance de cualquier ciudadano; los abusos son me- nores y, por supuesto, están menos protegidos>. De la mis- ma opinión es el Marqués de Beccaria.

La historia no nos muestra ningún ejemplo de república

libre semejante en extensión a los Estados Unidos. Las repú- blicas griegas eran pequeñas, al igual que la de los romanos.

En ambos casos, ciertamente, con el paso del tiempo las

conquistas alcanzaron vastas extensiones, y la consecuencia

fue que sus gobiernos pasaron de ser libres a convertirse en los más tiránicos que jamás existieron en el mundo.

No sólo se oponen a la idea de una república extensa la opi-

nión de Ios más grandes hombres y la experiencia de la hu- rnanidad; también es posible formular argumentos en con- tra, derivados de la razón y de Ia naturaleza de las cosas. En toclo gobierno, la voluntad del soberano es la ley. En el caso

de un gobierno despótico, puesto que la suprema autoridad está en manos de un solo individuo, su voluntad es ley y pue-

de aplicarse tanto a un territorio amplio como a uno reduci-

do. En una democracia pura, el soberano es el pueblo y dicta

su voluntad por mismo; para ello, todos sus miembros han de reunirse para deliberarydecidir. Este tipo de gobierno no

puede ser ejercido, por tanto, sobre un país de extensión con- siderable, sino que debe reducirse a una sola ciudad, o al me-

nos contenerse dentro de los límites que permitan al pueblo

reunirse sin dificultad, debatir, entender la materia que se so- mete a su consideración y emitir su opinión al respecto. En una repúrblica libre, si bien todas las leyes se derivan del consentimiento del pueblo, éste no otorga dicho consen-

timiento por sí mismo, personalmente, sino a través de re-

presentantes que él elige, a los que se supone conocedores de

la opinión de sus eiectores, y con Ia integridad suficiente

para llevarla a efecto. En todo gobierno libre, el pueblo deber prestar su consen-

timiento a las leyes por las que se rige. Éste es el verdadero

I]RU'I US, NUN'IERO I

zzJ

criterio de distinción entre un gobierno libre y uno arbitra-

rio. El primero gobierna según la voluntad del pueblo, ex- presada conforme al modo que hayan acordado; el segundo

,. ,ige por la voluntad de uno solo o de unos pocos' Si el

pn"blo ñu de prestar su consentimiento a las leyes, a través á" p"rronu, eiegidas y designadas por él mismo, la forma de

elección y el número de representantes deben ser tales que éstos compartan el parecer del pueblo, y estén dispuestos y'

nil

tanto, capacitados para expresarlo. Pues si no conocen o

por

no están dispuestos a expresar el sentir del pueblo, no es el

pueblo quien gobierna, sino que unos pocos ejercen la sobe-

ianía. Ahora bien, en un país extenso es imposible tener una

representación que comparta la opinión del pueblo y posea

la integridad necesaria para expresarla, sin ser tan numerosa

c inmanejable como para verse exPuesla a los inconvenien-

tes de un gobierno democrático.

El terrñorio de los Estados Unidos es de una gran ampli-

tud: en la actualidacl cuenta con cerca de tres millones de almas y puede albergar hasta diez veces este número' ¿Es

.ttt país tan extenso y poblado como pronto Io

será éste elija representantes que expresen sus Puntos de vista, sin que su número sea tan elevado como para que re-

sultc imposible despachar los asuntos públicos? Cierta-

factible q.r.

mente no.

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En una república, Ios actos' el sentir y los intereses del

pueblo han de ser similares. Si éste no es el caso, se producirá

una constante confrontación de opiniones y los represen- tantes de una parte se hallarán en continua disputa con los de la otra. Esto supondrá un lastre para el funcionamientcl del gobierno e irnpedirá que se adopten las disposiciones

queiomenten el bien público. Si aplicamos esta observación

ilas circunstancias de los Estados Unidos, nos convencere- mos de que éstas no nos permiten que tengamos un gobier-

no único. Los Estatlos Unitlos comprenden una gran varie- dact cle climas. Las producciones de las diferentes partes de

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226

cR I tcL L()s,\\]-il-f

t)¡Rr\l_15 l,\5

la Unión son muy diversas, y sus intereses, por tanto, distin- tos. Sus usos y costumbres clifieren tanto como sus climas y

producciones, y sus opiniones no son en absoluto coinci-

dentes. Las leyes y costumbres de los difbrentes E,stados son

en bastantes aspectos muy diversas y en algunos casos

opuestas. Cada Estado estaría a favor de sus propios intere-

ses y costumbres

integrado por representantes de las respectivas partes, no

sólo sería demasiado numeroso para actuar con algún cui-

dado o determinación, sino que se compondría de princi-

pios tan heterogéneos y discordantes que constantemente

estarían enfrentados entre sí. Las leyes no pueden llevarse a efecto con prontitud en una república Ian extensa conro los Estados Unidos. Para la aplicación de las leyes, los diriger"rtes de todo go-

bierno han de contar con el apoyo de un brazo armado, sos- tenido a tal efbcto con cargo al erario público, o bien con el del pueblo, dispuesto a acudir en ayuda clel gobernante en

caso de resistencia.

En los gobiernos clespóticos, así como en todas las mo-

narquías de Europa, existen ejércitos pernranentes para eje- cutar las órdenes del príncipe o del gobernante, y se emplean con este propósito cuando la ocasión lo requiere. Pero siem-

pre han resultado destructivos para la liberttrd y detestatlles para el espíritu de una república libre. En Inglaterra, donde

dependen del Parlamento para su sostenimiento anual,

siemprc se los ha tachado de opresivos e inconstitucionales,

y rara vez se los utiliza para ejecutar las leyes; únicamente en

ocasiones extraordinarias y sien-rpre bajo la dirección de un

cargo civil.

¡

en consecuencia, un cuerpo legislativo

Una república libre nunca mantendrá un ejército perma-

nente para aplicar sus leves. Debe clepender clel apoyo de sus ciudaclanos. Pero cuanclo un gobierno ha de recibir sus apo- yos de la ayuda de los ciudaclanos, debe estar configuraclo de

tal manera que ¡rueda merecer la confianza, el respeto y la

BRL TU5, NUMhR() I

227

estima del pueblo.

bernante, se

cio al gobiern-o, o bien por miedo, Cuando hay un ejércittr

a mano para castigar a los transgresores' totl<t

hombre

permanente

Los hombres que, ante la llamada dcl go-

aprestan a ejecutar las leyes, lo hacen por lprc-

actúa movido por este último principio y' por tallto'

lo que el gobernante disponga, será clbedecido' Pero cuancl<r

éste no ei el caso, el gobierno debe obtener un respaldo ba-

sado en la confianza y en el resPeto que el pueblo le conceda

a é1y asus leyes. Si cuenta con la adhesión del grueso del

prr"úlo,

u .fe.to ,ri, l.y"t, y para actuar sobre los miedos de cual-

quier

errite la opoti.ió.t a la aplicación de las propias leyes, sino que se insté a la mayoría a prestar su apoyo al gobernante'

É"ro ,to es probable que, en una república tan amplia como

los Estados Unidos, el pueblo confíe tanto en sus dirigentes

como resulta necesario para estos fines' La confianza que el pueblo tiene en sus gobernantes, en una repírblica libre' bro- ia del hecho de conocerlos, de que respondan de su conducta

y de la capaciclad de expulsarlos cuando se comporten inco-

irectamente. Pero en una república de las dimensiones de

este continente, el pueblo en general conocerá a muy pocos

ignorará sus actos, y resultará extremada-

el gobierno siempre se bastará para sostener y llevar

facción que se le pueda oponer, de manera que no sólo

se

de sus dirigentes,

mente difícil

cambiarlos. Los pueblos de Georgia y de New

Hampshire

por tánto,

no conocerían las