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Diario de un Coach

PNL, Inteligencia Emocional, Hipnosis, MHRP Dr. Benigno Horna

2013

www.benignohorna.com

www.mhrp.net

© Benigno Horna de la Cruz Editorial MHRP Benigno Horna de la Cruz

Calle Mirador del Prado 6-1B 28400 Collado Villalba Madrid España

Tel: (34) 607525006 Email: benignohorna@benignohorna.com www.benignohorna.com www.mhrp.net Para Susan God Alberto Nasta Verón y Juandiego Nasta Morales

Agradecimiento

Un agradecimiento muy especial para Nilda Requena, que me ayudó a corregir el libro y ha quedado mucho mejor después de su trabajo. Para todas las personas que lean el libro.

Para mi hija Irene, es sin duda lo mejor que me está pasando en la vida- A mi familia, mi madre, a mis hermanos y cuñados. Mis sobrinos y mis difuntos que viven conmigo.

Para P.G.R, para IGSS, Concha B, MVBC, AEZ, TTVG, JHG, LDPJ, MIQG, MTPS.

Luis y Javier Clemente, Tomás Arenal, Rosario Tiertz. Carmen Carnero, Miguel Ángel Lobo. Ecocentro, María José Muñoz. Nazaret Romero. Soledad Ossuna, José Luis Wagener, Ross Galán. Isabel María Quesada González, que es la mejor terapeuta que conozco.

Ruth Zamora, Raúl Álvarez, Alejandro Ramos, Stephane Blay, Pablo Samper.

Miguel Gómez, Javier Pintor y Edu Fuentes. Adolfo Pérez Agustí. Yolanda Delgado Donoso y Kiara. Fernando, José y Birgit y Luis Cobo. Lorena Cano, Irene. Elsa y Willy

Martin Olsen, de la BIU. Edy Morales, Juan Enrique Cardiñanos, Antonio Calleja, María del Prado Moreno, Vera Frago. Noemí López. Graciela Anderson. Roberto Contreras. Juanjo y Magacha Juste O. Javier Bordona, Jaime Jiménez Burillo, Pocholo Gandía. Rosario Romero, Albert, Frederic y Ana Sala Dalmau. Antonio y Milva. Mar Asenjo Vilares, Sandra Ayoso y Coke.

Marta Torre, María LR. Jesús Fernández de Letra Clara. Miren Larrazabal, María Vara Santiago, Lourdes Sanz, Lucía Domínguez S., Sissy Rojas, Patricia Sancho I, Nancy Escalante. Rico Alcona. Borja Milans del Boch.

Padre Oscar. Jaime Javier Esquivel. Club Rotarios y 20 30 de David. Carlos Fajardo Arias, Mariangela Lemus, Mavi Sallé Y Ñoñe, Liz Tapiero de Saavedra, Luz Marisín González A, Carlos Saavedra. ADA. Pablo Herrera Reveco, Pamela Ledezma Jurado, Paola Kieswetter, Pirim, Manuel Ramón Guerra, Shantal Barría, Estampas de mi País. Elida Guerra y Roger Guerra, sin olvidarme de mi querido Don Ramón.

Erick Roy Minchola Renteria, Nancy Escalante, Lorena, Inés A., Elena Font, Josepe García, Concha Hidalgo, Arantxa Escot, Ana Garex, Ali Gon Ces, Betty Velarde.

Miguel A. Viñas. Carlos Alberto Cornejo y Raúl Herrera que QEPD. Fernando Flores Labra, Humberto Maturana, Rafael Echeverría.

Al Palacio de Fortuny en especial a Javier Merino, Javier Pintor, Tony Párraga “Tony Manero”, Javier Carrera Matesanz, Iñigo de Lorenzo, Bárbara Lozano, Miguel Fontes, Pablo de la Plaza, Pedro Espinosa, Antonio Villagomez, Víctor Manuel Martín, Carlos Mingues, Claudio Catinas y Miriam, Sorin Catinas, Antonio Silos, Aurelian Sariu, Cristian Simion, Bogdan Lungu, Cristian Simion, Florin Cosma, Dragos Garjan, Josechu Pérez d M, Cano de Santiago, Mónica de Tomás Villarín, Roxana Díaz, Iván Narváez, Jaime Villanueva, Ronnie Ghosh, Virginia González Veles, David de las Heras, Víctor Huerta Murillo, Christian Jönsson, Massimo Lazzaro, Alejandro Maritzia, Juan Salvador Martínez, Tommy Mun, Alberto Pérez Couceiro, Borja Pardo, Dragotron Pepinov, Arnaldo Alonso Pinto, Felipe Pinto y Familia, Luis Pires, Pedro Queipo de Llano, Rade Petrovic. Mercedes Raigada, Carlos Salord, Antonio Luis Santamaría, Borja Tamargo, Dani Tudose, Mirela Tudose, Alicia Valerio López, David Villanueva, Natasa Vujnovic.

Arturo Pérez Wong. Raúl Abad, Marta Adell, Adrian Cionca, Christina Aguado, Menna Andrade, Mónica Andrés, Juan Carlos Antequera, Ela Marlena A., Cristina Arrabal, Paul Asavei, Lourditas Barlop, Victor Nogueira Barrón, María Bello, Rómulo Betnaza, Chris Börjesson, Tatiana Calderón, Eva Cerezo, Lucía Cerezo, Sunil Chainani, Rosa Iglesias C., Esther Codina, Rebeca JR, Lourdes Crespo, Luis De La Portilla, Alberto de Miguel, Javier Villarroya de Soto, Carlos Herraiz, Mila Ferré.

Carlos de Santiago Ferrero, Javino García, Dragos Garjan, Beatriz Ruiz Gómez, Antonio Gómez Herrero, Rafael Hidalgo Crespo, Chema Infante, Ionela Ionela, África Jareño, José Luis Jota, Vasile Lucaciu, Alberto Moya, Rosa Blasco M. Dani Tuduse, Jonhy Mentero, Antonio Montesdeoca, Alfonso Mora, Catalin Vasile Movila, Alejandro Oltra, Alicia Ortal, Borja Pardo, Arnaldo Alonso Pinto, Luis Pires.

Mercedes Raigada. Tamara Ramos, Ritchy Ritch, Inés Riviero, Ana Belén Rodríguez Saíz, María Romero, Beita Ruiz, Leticia Sabater Alonso, Fernando Salvador, Curro Sanguino, Antonio Luis Santamaría, Tina Clarissa Sieger, Cristian Nicolae Simion, Carlos Torlonia, Ramón Torre, Meri Vaamonde Castro, Ella Valencia, Eva Sonse, Jackeline Suárez, Gabriela Monsalve, Carmen Chili Álvarez M, Sophia Villarroel, Ana Belén Rodríguez Saiz.

A mis primos: María Luisa, María Eugenia, Ceci, Lupe, Pancho, Rosaura, Roy, Chalito, Eduardo, Martín, José Manuel, José Ángel, Zara Mesa H. Lissy de Horna y a los que no están en Facebook y se me han pasado.

Prólogo

Diario de un Coach, es un libro que va mucho más allá de la pura teoría. Seduciendo y enamorando a la magia del amor. Al chamanismo y a la espiritualidad pragmática.

Narra cómo el protagonista Félix Gómez y otros personajes, son capaces de integrar la PNL, la IE, el Coaching a su vida diaria y como se pueden asimilar en cuestiones claves como la salud, la armonía, el éxito, la abundancia, el amor, el trabajo, el tiempo libre, las relaciones con los demás

Por otro lado, Susan God, es una mujer que ha sido vapuleada por la vida y decide vencer a la muerte y enfrentarse a ella, con la mejor arma que tiene: El saber lo que quiere, pagando su precio y disfrutándolo. “Quiero vivir este momento, como si hoy fuese mi último día en la tierra y al mirar desafiante a la muerte, confesarle que hoy he vivido intensamente y que mañana lo volveré a hacer”.

Hemingway pensaba, que un escritor, si sirve para algo, no describe la realidad. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o interpersonal y es eso lo que yo he realizado. Las historias de los clientes, están basadas en hechos reales y escritos con el permiso de los actores.

Es una historia de amor, de sexo, de aventuras; es un grito de vida y de . De cómo el destino nos pone los obstáculos y nosotros decidimos el camino. Muchas veces abandonamos nuestros sueños por miedo a fracasar o peor aún, por dudar de poder hacerlos realidad.

Aprenderemos como otras personas han dejando atrás sus traumas, sus fobias y superado

su pasado. Creemos el presente y también nuestro futuro, recordando que la vida no se elige; se vive.

8 de Mayo 2013, Playa de Vera, Almería, España

Capítulo I De un instinto mágico, a un regalo inesperado.

6 de Julio Santa Rosalía. Baja California Sur, México

Aquella tarde me encontraba en el oeste de México, en una parada de autobuses concretamente en Santa Rosalía, en Baja California Sur, esperando la salida del siguiente autobús que me llevaría a la Paz, Capital del Estado, para desde allí, continuar mi camino, concretamente hacia Cabo San Lucas, donde me esperarían unos amigos. Acababa de leer una frase de Pablo Neruda que me había impactado mucho y que recuerdo decía:

"Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar, indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y esa, solo esa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”

El atardecer era cálido, típico de aquella región de México y en el techo de la estación, una especie de abanico destartalado, movía el poco aire respirable, que habitaba, en aquel tórrido lugar. Por la megafonía se podían escuchar las canciones de Danza Invisible y aquello hacía un poco más soportable la larga espera.

Quería llegar a mi destino lo antes posible, para así poder bucear en esas profundas y frías aguas, -por lo menos para mí-, del Mar de Cortés, en busca de las ballenas grises, tiburones martillo, lobos de mar y delfines, que tanto atraen a los turistas de todo el mundo.

Sobre cualquier tipo de conjeturas, mi intención era la de empezar una nueva vida, ya que tenía todos los elementos en mi mano, para hacer de mi vida, una aventura arriesgada, cada vez que respiraba.

Mientras tarareaba, "Era lindo mi caballo, ligerito como el rayo", pude observar como una radiante mujer, se sentaba justo delante de mí, como a unos tres metros de distancia. Y fue cuando tuve un instinto mágico, de que ella sería la mujer de mi vida.

Solo nos separaban unas lozas de ónix, que hacían de suelo, en aquella "piquera de buses", lo más parecido a un tablero de ajedrez. Escuchando los corridos de caballos, observaba la figura de la mujer que me resultaba un tanto desconcertante. Su apariencia externa era normal, pero había algo en su interior, que no me dejaba respirar con tranquilidad. De reojo la analizaba, pensando que debía de medir alrededor de un metro sesenta y seis y pesar unos sesenta kilos.

Llevaba puesto un blue jean, una camisa vaquera de color azul claro de manga larga y un jersey blanco en la mano. Unas zapatillas de deporte a juego y tenía las piernas cruzadas, así que deduje que no sería probablemente nativa de aquel estado.

Debía de tener cerca de treinta años, en realidad tenía -cuarenta y cuatro- y su aspecto era mitad una pintura de Monet, lo cual le proporcionaba, un cierto aire de dulzura y de indómito a la vez, al más puro estilo salvaje de Gauguin. Sus ojos de color indefinible, algo achinados, eran salvajemente hechiceros y su aura resultaba magnífica. Por un momento pensé, en la dicha de poderme perder en aquellos ojos todos los días de mi vida y en ese cuerpo, a cualquier hora…

Sus labios naturales eran junto a su tímida sonrisa, la imagen que tenía en mis sueños de la mujer, de la que yo debería enamorarme. Llevaba media melena y lucía el pelo negro zaino liso, con raya en medio. Sus ojos me habían cautivado, desde el primer momento en que se habían cruzado con los míos y aquello me producía una sensación de escalofrío, que recorría todo mi cuerpo… y aún hoy, al recordarlo, sigo temblando y sintiendo vibraciones como si me encontrase totalmente desnudo en mitad de un glaciar y solo la tuviese a ella, para poderme abrigar.

Empecé a tararear “Labios de Fresa, sabor de amor” y tanto el olor como el sabor y la sensación que tenía, cambiaron de pronto. Mi sonrisa era tan grande como una autopista alemana, sin darle apenas importancia de lo que pudiesen pensar, las personas que nos rodeaban.

Se estaba protegiendo de mí y yo sin saberlo, lo que le había producido, era una cierta repulsión, por mi actitud tan provocativa y un tanto irrespetuosa.

Al darse cuenta de que continuaba observándola o mejor dicho, la acechaba con mi mirada, sacó de su bolso una cinta de color rojo y se recogió el pelo en señal de desafío, o por lo menos, esa fue la interpretación que tuve de aquello. Primero se enrolló la media melena con las dos manos, hizo un gesto de desplante hacia atrás y con una pericia pasmosa, se hizo en pocos segundos, una cola de caballo.

Yo tenía ya todo el valor para levantarme y sentarme a su lado, aunque al oír "Camino de Guanajuato" me acordé que "la vida no vale nada", si no hacemos que cuente todos los días. Pero en México uno debe tener mucho cuidado a la hora de comunicarse con las mujeres, sobre todo si estamos lejos de una ciudad turística, aunque sin saberlo, Santa Rosalía, sí que lo era.

Por mi cabeza pasaron cientos de preguntas, que me hubiese gustado hacerle y cuando me decidí a levantarme, apareció de pronto un hombre de aspecto rudo, que se sentó justo en el asiento, donde yo me había visualizado, segundos antes, a su lado.

Le traía la cena y unas cervezas. La comida estaba envuelta en un plato con servilletas y tal fue mi sorpresa que me eché a reír a carcajadas. El hombre en un principio se mosqueó un poco, pero al ver en mi cara, que mi sonrisa era incontrolable, se acercó y me dijo:

-¿Gusta? En lugar de preguntarme: ¿De qué se está riendo gilipollas?

Si hubiera sido del todo sincero, le hubiese dicho que sí, pero él, me hubiera entendido,

que mi respuesta era sobre la comida que me ofrecía y lo que realmente me provocaba, era aquel pedazo de mujer que estaba sentada a su lado.

Me preguntó para marcar su territorio, que si yo era gringo y le dije que no. Que era del Estado de Oaxaca, pero que en el fondo me consideraba gachupín.

En ese momento el señor gritó:

-Lupe, pon a Julio Iglesias que el Licenciado es español.

Por fin nos presentamos a la manera chicana y le dije que me llamaba Félix Gómez. Él me respondió con un "Toño González". Nos miramos desafiantes a los ojos y él entonces me preguntó sobre mi destino final. Al responderle hacia donde me dirigía, me comentó que ellos irían solo hasta La Paz, que era como la mitad del trayecto que me quedaba. Durante unos minutos hablamos de cuestiones sin importancia, siendo observados por la mujer, de los ojos negros felinos, que ya se había quitado las oscuras gafas de sol.

Ella me atraía de una manera hipnótica, ya que con su mirada me había hechizado y sentía en todo mi cuerpo un verdadero flechazo, lleno de electricidad como si Cupido me brindara la oportunidad de enamorarme, o quizá, ella se estuviese riendo de mí. Al despedirme del señor González y volverme a sentar, puse en mi Walkman la canción, “Honey”, de Bobby Goldsboro y cerré mis ojos y me la imaginé bailando rodeándola con mis besos por todo su cuerpo.

Minutos después, al oír a Ritchie Valens, cantar la Bamba, ya me la suponía desnuda,

haciéndole el amor. Durante algún tiempo indeterminado, estuve obsesionado poseyéndola

al ritmo de la música y al abrir mis ojos, ella se levantó de pronto y sin decir nada, dejó los

platos de comida sobre una silla y se ausentó sigilosamente, como si de una pantera negra se tratase.

A los pocos minutos regresó y pude comprobar que se había peinado y lavado la cara.

También pude observar, ese extraordinario cuerpo –por lo menos para mí- que tenía. Se me acercó y mirándome fijamente a los ojos me dijo:

-Me llamo Susan God

Me tendió la mano como si ella fuese en realidad un hombre. Le respondí diciéndole el mío y noté como hablaba con un acento extraño. Nos comentó a Toño y a mí, que el

autobús se retrasaría unas horas, así que sin decirnos nada, nos fuimos los tres a dar una vuelta por el pueblo, que estaba en fiestas que supuse, serían patronales.

Ya en la calle, lo primero que vimos, fue la salida de la luna, que estaba preciosa y lucía un

color amarillo naranja y se elevaba sobre una pequeña montaña. El sabor de mi boca, tenía

un ligero gustillo a chocolate con leche extrafino. Caminamos sin rumbo fijo y debí de

ganar muchos puntos, al llevarle su maleta que a Dios gracias, tenía ruedas y no pesaba demasiado, aunque no entendí que Toño no se hubiese opuesto. En una especie de puesto

de hot dog, nos compramos unos “raspados” hechos de hielo, leche condensada y

caramelo líquido.

aquel espectáculo me motivó una vez más. Recuerdo que Toño nos dejó solos a Susan y a mí, ya que se fue a saludar a unos conocidos que se encontraban tomando una cerveza en

una terraza, que daba a una estrecha calle, por la cual caminábamos. Siempre he sentido

un

profundo respeto por las personas y máxime si son mujeres. Sin querer podía ofenderle,

así

que con un ojo percibía a esa maravillosa mujer y con el otro disimulaba mirando hacia

el otro lado.

Durante unos minutos estuvimos esperando a que Toño regresara y para romper el hielo, le dije a Susan mirándola fijamente:

-Señora, usted no es de por aquí y no lo digo por el acento.

Ella no me contestó y durante algunos segundos se hizo la indiferente, hasta que se oyó a lo lejos, como en una atracción de la Feria, la canción "La Feria de las Flores” cantada por Don Pedro Vargas.

Estábamos en mitad de la vía, cuando un coche de doble tracción me trajo a la realidad. Tomé a Susan del brazo y la aparté violentamente, con el tiempo oportuno, que nos permitió no ser arrollados por aquel ruidoso vehículo, conducido por un chaval güero o rubio teñido, melenudo con pinta de Neanderthal.

Al pasar tan cerca de nosotros el carro, ella estuvo a punto de caerse y la tuve que sujetar

por la cintura y sin querer o queriendo, vaya usted a saber, rocé levemente sus pechos con

mi mano y al ponerla de pie, tomándola por su espalda, durante unas milésimas de

segundo, la abracé completamente, como envolviéndola en un abrazo profundo, por primera vez en mi vida.

Ella se dio la vuelta y de frente, el uno del otro, me dijo, sonriendo, que ese abrazo no

había sido muy cristiano y tan solo asentí con una sonrisa de satisfacción por lo que acaba

de hacer, mientras nos quitábamos la electricidad que al abrazarnos, habíamos provocado.

Me dio las gracias y fue cuando me preguntó de una manera un tanto satírica, que por qué

yo sabía que ella no era de ese Estado. Le contesté que la había visto, en la parada del

autobús, cuando Lola Beltrán cantaba "Qué lejos estoy del pueblo donde he nacido", la había observado salirse de su cuerpo y volar a otro lugar, pero no pude distinguir adónde. Me preguntó, a que sitio creía yo, que ella se había ido y no supe responderle.

Entonces me sonsacó que si yo era un corredor de carreras de carros, lo cual no entendí demasiado, ya que, muchos de los extranjeros que pululan por Baja California, estaban buscando constantemente aventuras arriesgadas.

Observé que delante de nosotros, había una especie de pizzería, que tenía aire acondicionado y la invité a cenar y fue cuando estando sentados frente a frente, con un par de platos de pasta en medio de nosotros, empecé a conocer a esa mujer que me resultaba tan apasionante. Sin perder de vista la llegada del autobús la escuchaba e intentaba interpretar todo lo que ella me decía. Para impresionarla y conocerla mejor, le leí la mano y dejé que ella poco a poco se fuese abriendo y dejara de lado su ironía inicial.

Ella al principio se negó a dejarme ver sus manos, aduciendo que hasta ese momento nadie se las había podido leer. Hacía muchos años, una señora mayor lo había intentado y le había dicho que tendría una vida difícil. Su mano izquierda, tan solo tenía dos líneas marcadas y le faltaba la tercera, así que al decirle lo que significaba, intrigada me dejó que siguiera.

Quien no ha amado con pasión, ignora la mitad más hermosa de la vida.

Dios mío, me estaba enamorando y a la vez, me sentía algo perturbado, por el miedo y placer que aquello me proporcionaba.

Entonces me explicó, que desde muy niña, había soñado con encontrar a un hombre, con el cual compartir su vida y que al conocer a su marido, lo había dejado todo por estar con él. El problema fue que él, nunca hizo lo mismo por ella. Tuvieron dos hijos y aunque creció mucho como madre, en los demás aspectos de la vida se consideraba una mujer bastante pequeña y en el fondo, fracasada.

Me preguntó, que si estaba casado y como es lógico, le contesté que no y que iba camino de Cabo San Lucas, para trabajar en un asunto que me traía entre manos y que me llevaría algunos días resolverlo.

Le comenté que luego buscaría un pueblo apartado del turismo, para alquilar una casa y poder pasar un buen tiempo poniendo mis ideas en orden.

Entre trozo y pedazo de pizza Hawaiana, mi situación no era del todo normal. Por un lado tenía tanta hambre que mi educación me impedía parecerme a “Alf”, el extraterrestre de la

televisión, que no podía resistirse a una buena pizza comiéndola sin pausa, ni tampoco a un buen gato, aunque en esto “Alf” y yo éramos bastante diferentes, ya que en lugar de comerme a los felinos, me encanta alimentarles.

Mirándola a los ojos, me la imaginaba, perdiéndose en mis brazos, a la vez que yo, hacía lo mismo, en cada parte de su cuerpo. solo el sabor agridulce de la piña, el jamón y el queso, paliaba un poco mi ansiedad carnal, aunque con cada palabra y gesto que intercambiábamos, mi deseo de compartir mi vida con ella, iba ganándole el terreno, al mero asunto sexual.

De pronto, mirándome fijamente y después de beberse un trago de cerveza Coronita de la botella, que contenía un limón dentro, me preguntó que si estaba escuchándola y yo le contesté:

-Claro que si lo hago. Ocurre que tengo mucha hambre, ya que yo no había cenado anteriormente.

Me explicó que tardaba tanto entre bocado y bocado, ya que tenía apenas apetito y me dio su indulgencia, para que me la comiera casi del todo en un santiamén. Con una sonrisa que yo entendí un tanto pícara me dijo:

-Espero que en otras cosas tan importantes de la vida, no sea usted tan rápido…

Me di cuenta que ella lo estaba pasando mal físicamente y le ofrecí mi ayuda desinteresada. Se levantó de pronto y se fue directo al baño y mientras la esperaba, intentaba imaginar lo que le podía estar pasando. A solas pensaba, en lo difícil que nos resulta a los hombres, entender algunos comportamientos de las mujeres.

Tardó varios minutos en regresar y me di cuenta de que se había soltado el pelo y puesto una especie de flequillo que me impedía verle los ojos con claridad. Me comentó señalándose su estómago, que algo le había sentado mal y fue cuando le pregunté que si sabía nadar. Ella modificó inmediatamente sus facciones, se echó a reír y desafiándome con sus gestos, para que cuando quisiese, iríamos los dos a bucear en el mar abierto con snorkel y aletas, rodeados por tiburones.

Su cara cambió de pronto y pude sentir que su cuerpo seguía “malito”, así que saqué unas pastillas de Sal de Frutas, que al dárselas, le ayudó bastante con su acidez estomacal. Aquella escena me recordó a la primera mujer a la que había amado años atrás…

Amor a primera vista. ¿Es posible?

De pronto se me quedó mirando, como retándome y modificando su estado de ánimo, me hizo la siguiente pregunta:

-¿Alguna vez se ha enamorado a primera vista; el día en que conoció a una mujer?

Dudé en contestarle y le dije que sí, que lo había hecho, en alguna ocasión en mi pasado y fue cuando me pidió que se lo contara. Así que le dije:

-Tendría unos quince años y medio, cuando me enamoré por primera vez.

En ese momento cerré mis ojos y estirando mi cuerpo me transporté al pasado. Me visualicé en un baile juvenil en España y nada más ver a Pilar, en un club deportivo llamado “Parayas”, le pregunté a mi hermana, que quién era esa chica tan interesante.

Me dijo que era una compañera suya del colegio y me pidió que me olvidara del tema, ya que era mayor que yo.

Después de rogarle que me la presentara y poder mirarla a sus ojos, se escuchó por los altavoces a Simón & Gardfunkerl interpretar “Puente sobre Aguas Turbulentas”. Para colmo, ella era más alta y llevaba gafas, así que tenía que hacer un esfuerzo para apreciar lo precioso que resultaban sus “achinados” ojos.

Yo me había emocionado visualizando aquello y se me había formado un nudo en la garganta y sobre todo, en el estómago y aquello me impedía continuar, hasta que al abrir los ojos, veía a Susan que me decía que continuara mi relato.

Cerré mis ojos y me visualicé otra vez, aquella tarde de verano bailando en medio de la pista, años atrás y recordé -como si volviese a vivirlo-, cuando le pedí mirándola profundamente a sus ojos que si quería ser mi novia.

Ella se quedó muy sorprendida y a continuación, se rió mucho de mí y haciéndome un pequeño desplante, me dejó en mitad de la pista, en medio de aquella gente, a la que yo no conocía.

Me quedé de piedra, ya que no entendía lo que le había pasado y tuvo que venir mi hermana mayor a rescatarme y al preguntarme por lo que le había propuesto a su amiga y después de contárselo, me explicó que en Santander a primeros de los años setenta, las personas que se hacían novios, era para casarse.

Entonces, le dije a mi hermana, tomándola del brazo y con una seguridad pasmosa:

-Yo me casaré con Pilar. Te lo aseguro, es la mujer de mi vida.

Vuelta a la realidad, durante algunos segundos, nos miramos a los ojos sin apenas decirnos nada, hasta que Susan, me tomó de la mano para darme ánimos y me pidió que continuara.

Así que le comenté que el nueve de Noviembre de aquel año, tres meses y medio después

de nuestro primer baile, salimos por primera vez solos a merendar, a una cafetería llamada Lealtad, y que dos meses después, nos hicimos novios. Con ella aprendí el significado de amar y de sentir que la vida era maravillosa. La he querido con toda mi alma y ella pasó a ser mi todo, mi mundo, y también mi asignatura pendiente. Me enseñó que el verdadero amor es Eviterno, que tiene principio y no final.

Luego la perdí por una estupidez y lo peor de todo fue que asistí a su boda un ocho de diciembre, nueve años después de aquello.

-¿Cómo fue que asististe a su boda? ¿Qué fue lo que sentiste?

-Me sentía, lleno de amargura, viendo cómo definitivamente perdía a mi novia de toda mi vida. La que siempre debió de ser mi mujer; aquella tarde perdía a la única mujer que había sido capaz de querer. La única que me había hecho vibrar de felicidad. La única que me había visto llorar por su amor.

Durante unos minutos estuve pensativo, ya que me sentía afectado por la emoción de haberla recordado. Hasta que tuve el valor de proseguir:

-Curiosamente fueron de viaje de novios a California, porque la hermana del marido vivía allí y recuerdo que habían estado también en Tijuana. Qué coincidencias Dios mío.

La magia de nuestro primer amor, es la absoluta ignorancia, de que alguna vez ha de terminar

Saliéndome de mi cuerpo, como si estuviese haciendo un viaje astral le expliqué:

-Desde el último banco de la iglesia, veía a cámara lenta, como si fuera una película de terror, lo que allí ocurría; me encontraba aturdido. Mi hermana pequeña quiso comulgar y yo la acompañé. Allí delante del altar la miré de reojo y un par de lágrimas cayeron de mis ojos. Fueron las últimas que me brotaron en muchos años. Al terminar la ceremonia, me encontraba inexplicablemente tranquilo. Ya no tenía nada que perder; lo había perdido todo. Sentía que una parte de mi cuerpo me faltaba y que volaba, estando de pie.

Lucía su traje blanco, de novia, pero no lo vestía para mí. Recuerdo sus últimas palabras como si hoy mismo las hubiese oído. Ella me dijo:

-Mírame a la cara y sonríe. Tú eres un gran hombre y yo me siento muy orgullosa de ti y de nuestra relación, y estoy segura de que algún día encontrarás el equilibrio que ahora te falta y a la mujer que tú te mereces.

¡Siempre te querré, Félix Gómez! Y me dio un beso rozándome los labios. Su último beso.

Hay momentos en la vida de una persona que siempre serán recordados y para mi aquel -

muchos años despuésseguía siendo una terrible pesadilla. Yo lloraba por dentro, sin lágrimas, ya no tenía; y supe que después de aquello, pasarían muchos años sin que esa sensación pudiera desaparecer, porque nunca podré secarme esas lágrimas que nadie vio

Delante de una persona casi desconocida, al igual que lo había hecho, años atrás con Cristina en el Parque del Retiro de Madrid, me confesaba a lágrima viva y seguía

ensimismado anclado en mi pasado, sin haberlo podido ni querido superar. En ese instante

di un paso muy importante en mi vida y empecé a expulsarlo vomitándolo, ya que si me lo

seguía conteniendo, no podría atraer el amor que deseaba. Joder, yo no quería recordar más mi pasado.

Quería encontrar el amor de verdad y Susan era tan magnética para mí, que si hubiese podido elegir, en ese mismo momento, me hubiese casado con ella, sin pensármelo, allí mismo.

Muchas veces nos enamoramos de un ideal, de lo que creemos que es la otra persona. Y qué coña, -yo no la conocía-, pero mi intuición me decía que era ella mi media naranja, aunque la acababa de conocer. Estuvimos unos minutos en silencio, hasta que me preguntó, que cuánto tiempo había tardado en superarlo.

Tuve que reconocerle que pasaron dieciséis años, hasta que otra mujer llamada Concha B., nacida ese mismo día, un seis de Julio, me robó el corazón.

Viajo tanto por el mundo huyendo de mí, que un día Pilar, me regaló una agenda donde ponía: “Cuando en Madrid sean las diez de la noche, donde Félix esté serán”…

He viajado tanto como para perdonarme el haberla dejado escapar y a todos los países que he visitado, la he llevado conmigo. Me convertí en un Quijote que recorría países para ofrecérselos a su amada y que así ella, nunca me olvidara…

Sin haberme dado apenas cuenta, durante muchos años de mi vida, viví sin perdonarme el haberla perdido y como aquello me había anclado en el pasado, -de lo que nunca volverá-, me imposibilitaba ser feliz con ninguna mujer en mi futuro. Era hora de modificar el anclaje. De qué me servía el haber estudiado tanta IE, PNL, MHRP, si luego yo no era capaz de asimilarlo y modelarlo en mí día a día.

Rápidamente tomé una gran decisión recordando una de las películas que más me han inspirado, sobre todo a la hora de hacer el Camino de Santiago, que es en realidad, el camino de la vida diaria, donde en “The Way”, el hijo le decía al padre:

-La vida no se elige. Se vive.

Vueltos a la realidad del presente, vi que Susan estaba muy decidida a decirme algo, ya que

se tapó su boca y después de haberse tomado un trago de cerveza, para coger fuerzas

tomó mi mano, la besó y me dijo muy tiernamente, mirándome a mis ojos fijamente:

-¿Se casaría conmigo? -Me casaré contigo Susana. Mi intuición me dice, que lo dé por hecho.

Entonces me levanté y por primera vez, rozamos nuestros labios. Durante unos segundos estuvimos mirándonos alucinados o por lo menos, yo sí que lo estaba. Entonces me preguntó:

-¿De qué vamos a vivir? -Yo tengo un buen trabajo, vivo muy bien y no nos faltará de nada. ¿Y usted de qué trabaja?

-Trabajo en un restaurante y gano muy buenas propinas. También pesco langostas y sé algo de mecánica. ¿Quiere que tengamos hijos?

-Mire Susan, estoy un poco loco, pero por esto no paso. Discúlpeme, hasta ahora le he dicho lo que pienso y le he entregado mi corazón sin apenas conocerla. Yo sé que usted es muy joven, pero para mí, el solo hecho de pensar en ser padre, me supone una gran responsabilidad y ya no me veo motivado por ahora para serlo. Así que si quiere ser madre, dejo de ser en este momento, su futuro marido.

Ella soltó una gran carcajada y muerta de risa me dijo:

-Tengo dos hijos. El mayor de 22 años y el pequeño tiene 20 y para que sepa, tengo 44 y todo lo que le he dicho, también ha salido de lo más profundo de mi corazón y pongo a mi abuela de testigo. “Quid Pro quo”, le recordé.

Así que le tocó a Susan confesarse y contarme como conoció a su primer amor. Me dijo que fue un treinta de Agosto y que ella tenía trece años y él, catorce. Que se conocieron en su Colegio de las Monjas, y que nada más verse, salieron a bailar “La Pollera Colorá” y que él, le dijo que tenía que hacer algo muy importante después de bailar la pieza.

Susan se quedó muda, supongo que sentiría, lo mismo que yo había experimentado anteriormente, cuando me dijo, que él se había ido corriendo, donde estaba la que hasta ese momento había sido su novia y le había dicho que en ese momento cortaban. Regresó donde estaba yo y me pidió ser su novia. Y nos dimos un beso. Mi primer beso de amor se lo di a un chico desconocido aquel sublime día, de Santa Rosa de Lima, en el Colegio Nuestra Señora de los Ángeles, de San José de David.

-Todo iba muy bien, hasta que sus padres y los míos se enteraron de nuestra relación y como él, era judío y yo católica, un viernes en que nos vieron juntos, nuestros padres decidieron separarnos y a él, lo mandaron a otro país y lo peor de todo, fue que no nos dieron tiempo de despedirnos.

Aquel día, me arrancaron el corazón sin ponerme anestesia. Todavía hoy me duele, pero cuánto mundo he conocido. Las cartas que nos mandábamos, nunca llegaron a su destino, ya que nuestros padres nos las censuraron. Tardé también dieciséis años en volverla a ver y fue cuando comprobé, que ninguno de los dos, éramos los mismos, que habíamos sido, siendo adolescentes llenos de amor, de antaño. Sí vivimos en el pasado, nunca seremos capaces de perdonarnos la pérdida y eso nos imposibilitará el ser capaces de darnos nuevamente, sin temor a perder, viviendo intensamente nuestro presente.

-Qué casualidad. Se ha dado cuenta que tardamos los mismos años en empezar a superarlo.

“El recuerdo que tiene el ser humano de los días pasados, es la balanza con la que se pesa nuestra vida. ¡Dichoso aquel que al mirar atrás, descubre que la desgracia inicial, se ha transformado en la dicha actual! Pero desgraciado es quien, al recordar su pasado, solo siente la tristeza de un solitario arrepentimiento” José Ortega y Gasset.

El silencio del recuerdo fue roto, por un camarero, que nos llenaba las bebidas, mejor dicho a mí, mientras que a ella, le traía otra cerveza. Nuestro estado de ánimo cambió, al oír a Leonardo Fabio, cantar “O quizás simplemente le regale una rosa”. Después de habernos pedido mutuamente en matrimonio, volvimos a juntar nuestras manos y fue cuando las feromonas de amor, empezaron a reproducirse, como si se tratase de una reacción en cadena.

Para cambiar el tema, hablamos de algunos viajes que ambos habíamos hecho por Sudamérica y la asombré con mi conocimiento sobre Martín Fierro. Se quedó bastante sorprendida por aquello y fue cuando me dijo que su padre, era un verdadero enamorado de la filosofía del poema. Entonces me la jugué y me puse a cantarle casi en su oído, “Mi viejo” de José Piero. Ella inmediatamente se puso triste y me dijo que esa era una de las canciones favoritas de su padre. Entonces al que le saltaron las lágrimas, fue a mí, ya que también lo había sido de mi difunto padre. Nos abrazamos, dándonos toda la ternura que podíamos y así estuvimos enlazados, unos minutos recordando a nuestros progenitores, sabiendo que el mío, estaba en espíritu, detrás de mi espalda, animándome.

¡Dios mío, como echaba de menos a mi padre!

Ella me dijo que cuando conociera al suyo, los dos nos haríamos muy buenos amigos y me pidió que le hablase sobre el mío y sobre todo de sus canciones favoritas. Recordé que le gustaba mucho la música de acordeón parisina y más mexicana, “Dos arbolitos”, “Las dos Puntas” de los cuatro hermanos Silva y de pasada le comenté, como conocí en San Miguel de Allende, a Don Pedro Vargas en noviembre de 1978 en un viaje por Guanajuato y que también me había hecho el Camino de Guanajuato, pero en carro y no a pie. Me preguntó pícaramente, acurrucándose en mis brazos, con cara de niña traviesa, que a qué lugar la

llevaría de viaje de novios y sin dudarlo le dije:

-Al Hotel “Foz do Iguazú” en Brasil y por la noche, te haría el amor a oscuras en la piscina, mientras veíamos el espectáculo musical, aunque pensándolo bien, mejor te llevaría a la Isla de Bali y luego a Flores Island en Indonesia, a Labuanbajo, concretamente.

Era increíble cómo me sentía de bien a su lado y eso, que nos acabábamos de conocer y ya estábamos hablando de nuestra futura luna de miel. ¿Sería amor a primera vista? Y esta vez por fin, con final feliz.

Capítulo II Hipnosis

Nuestra primera sesión de Hipnosis.

Entonces me pidió que le hiciese algo para calmarla. Le pedí que cerrase los ojos y que mantuviese una respiración lenta y profunda. Que eligiera un cine que le gustase mucho y que se imaginara, que estaba sola y que se iba a proyectar una película, para ella. Que se sentase donde quisiera y que podía llevar con ella, palomitas, agua o lo que le apeteciera. Luego le pedí que se imaginase un momento estupendo de su vida y que lo trajese a su memoria. Que lo sintiese, viese y que se asociara a él.

Susan seguía mis instrucciones al pie de la letra y yo lo comprobaba por sus cambios en su color de piel, sus facciones y datos externos que me indicaban que ya estaba entrando en el Trance Hipnótico. Al variar mi cadencia de la voz, ella respiraba de otra manera.

Le pedí que le pusiera música a su visión y me sorprendió al decirme que estaba oyendo su canción favorita. A Frank Sinatra interpretando “Strangers in the Night” y lo mejor de todo, era que yo también estaba escuchándola; pero era, por la megafonía del local.

Ella abrió los ojos de pronto y mi instinto animal me impulsó a sacarla a bailar y aunque al principio se resistió, después de decirle al oído, que la vida es una aventura arriesgada o no era nada, la tenía enfrente mío y bailando muy despacio, la sujetaba fuertemente con mi mano en su espalda.

Poco a poco, con cada movimiento que dábamos, la iba acercando a mi cuerpo y conforme dábamos vueltas, empezamos a sacarle brillo a la hebilla, danzando siempre encima del mismo azulejo

Nos miramos a los ojos y nos besamos intensamente, aunque ella, hacía ademanes para zafarse. Los dos estábamos interpretando una danza pre nupcial y como si estuviésemos debajo del Acueducto de Segovia, le pedí que se casara conmigo.

Y, de pronto, la canción se terminó y con ella nuestra pasión. Nos sentamos rápidamente,

como si no hubiésemos roto ningún plato, ante la atenta mirada y risas de algunos clientes

y continuamos otra vez con el ejercicio.

Ella me dijo, medio gritando al principio y casi en silencio al final:

-Estamos en México y no en Holanda. Aquí la gente no es tan liberal. Así que será mejor que nos comportemos un poco.

Más calmados, volvimos a repetir el ejercicio anterior en el cine. Le pedí que le pusiera un olor a lo que revivía o se imaginaba y también un sabor y cuando ella estaba del todo disfrutando, asociada con su visión, le hice un anclaje en uno de sus hombros, concretamente en el lado izquierdo.

Le pedí que hiciera una respiración lenta y profunda y que se imaginase que estaba sola en una isla, al amanecer y que escuchase el ruido de las olas del mar, rompiendo en la playa.

Utilizando técnicas de Hipnosis, le pedí que se acercara a la playa lentamente y que sintiese

el viento en su cuerpo y saborease el agua de mar en su boca. Que sintiera como la arena

de la playa, estaba aún húmeda y que sus pies se enterraban un poco en la arenilla.

Le pedí que entrase en el mar y que notase el frío de la temperatura del agua, que la envolvía por todo su cuerpo y que al llegar a la altura del pecho, se sumergiera y nadara paralelo a la playa.

Al mirar dándole la espalda a la playa, observó que se acercaban unos delfines y digo que eran delfines, ya que venían dando saltos por encima del agua; y resultó que uno de ellos, que era muy parecido a Flipper, el delfín de la televisión, se le acercó y se puso a jugar con ella. Entonces le pedí que abrazase al delfín y que en ese mismo momento, cerrara los dedos índice y pulgar de sus dos manos.

Aplicándole el anclaje anterior, le pedí que se convirtiese en delfín y que se sintiese muy bien, ahora en el cuerpo de su nuevo aliado. Que expulsara todos los dolores de su cuerpo

y que se imaginara cómo estos salían.

Siendo ella delfín, le expliqué lo mágico y maravilloso que son estos animales y las propiedades curativas, que estos mamíferos marinos tienen, para regenerarse, ayudando a otros congéneres y también a los humanos a regular y potenciar su energía.

Son como grandes Maestros de Reiki, que aplican sus conocimientos a todos aquellos que tengan la inmensa suerte de bañarse con ellos y sobre todo, de abrazarlos.

Durante unos minutos, llevé a Susan convertida en delfín a vivir situaciones un tanto insólitas. Le pedí que curase su cuerpo y que ayudase a los demás a hacerlo, como si estuviese dando y recibiendo La Energía Universal.

La expresión de su cara y la sonrisa que tenía, la hacía más bella todavía… Después de que se hubiese terminado el ejercicio, la traje de nuevo, a su condición de humana y al abrir los ojos, tan solo me miró, como nunca lo había hecho hasta ese momento y me dio las gracias, con un beso de cariño en la mejilla. Se levantó nuevamente de la mesa y a los cinco minutos regresó con una gran sonrisa y los labios pintados. Me comentó que se sentía mucho mejor y los dolores del vientre, le habían desaparecido. Hablamos de nuestras películas favoritas y coincidimos en “Don Juan de Marco”, como

una de las mejores películas románticas que ambos habíamos visto. Volvimos a la realidad del restaurante ya que se oía a Carlos Vives y su gota fría, canción de la Guajira Colombiana en Villanueva, donde hubo una lucha entre Zuleta Baquero y Lorenzo Morales en Urumita, para determinar quién era mejor músico. Ganó Zuleta y al que se recuerda fue

a Lorenzo Morales.

Sin pedírselo, salimos los dos a bailar ese vallenato, que sin duda es una de mis canciones preferidas. Me sentía como un colombiano de corazón consumados danzantes.

y bailábamos como

¿Un juego de locos embriagados? enamorados o

Entonces volvió a sorprenderme pidiéndose una caipiriña y eso que no estábamos en Brasil. Me beso muy tiernamente, comentándome que esos momentos, en los que nos habíamos dejado llevar, por una pasión desenfrenada, se había sentido querida y había podido ser ella misma por primera vez. Su bebida desapareció muy pronto y no fue por puro arte de magia, sino porque se la bebió muy rápidamente. Poco a poco, sus palabras fueron más lentas y su mirada me indicaba que se había trasladado a su pasado.

La dejé que meditase lo que quería decirme, mientras que yo deseaba besarla con todas mis fuerzas, hasta que me tomó de mis manos y las besó casi a cámara lenta, dándole pequeños mordiscos, mientras las observaba. Se detuvo por unos segundos, hasta que mirándome fijamente a mis ojos, rompió su silencio expresándome su sentir:

-Esta noche me has dado más besos que los que me dio mi ex marido, en toda nuestra relación de pareja. Tengo una felicidad inmensa, que me desborda y me produce pasión y miedo, de que esto, que estamos ahora viviendo, sea tan solo sea un sueño y al despertarme de pronto, se haya convertido en una terrible pesadilla. Tenemos mucha química entre los dos y me sabes besar, y también tocar, para que desee hacer el amor ahora mismo. Me entregaría a ti, como nunca quizá, lo hubiese hecho anteriormente, aunque no quiero que sea esta noche, de prisa y corriendo.

Por otro lado, quiero sentirme poseída por ti ahora mismo, fundiéndonos en un solo grito de locura y experimentar continuamente, orgasmo tras orgasmo, para que este éxtasis profundo e intenso que ahora percibo, no tenga fin. Siento muy dilatados mis pechos, mis labios y mi sexo está ya muy húmedo, por la electricidad que imprimes en todo mi cuerpo,

que me está pidiendo a gritos, que estés dentro de mí.

No solo aspiro a que me penetres por entero, sino que nos demos lo mejor que tenemos, sin restricciones ni pensamientos morbosos en otras personas del pasado. Quiero vivir este momento, como si hoy fuese mi último día en la tierra y al mirar desafiando a la muerte, confesarle que hoy he vivido intensamente y que mañana lo volveré a hacer.

Las luces del local empezaron poco a poco apagarse, mientras, ya sin apenas música, nos besábamos intensamente, como si en ello nos fuese la vida. Era tanta la pasión que le poníamos a los besos, como la música que acabábamos de bailar.

En ese momento se oía en los altavoces del restaurante la canción de Safri Duo “Bongo Song”. Era la manera que utilizaban los del local, para señalar que era la hora del cierre.

Susan quería pagar la cuenta, pero eso mi educación jamás me lo permitiría aceptar. Compramos dos botellas de agua y les dejamos una buena propina a los camareros, ya que era, lo menos que podíamos hacer. Al salir del restaurante, a los pocos minutos, estábamos totalmente empapados en sudor y comprobamos como teníamos los poros abiertos y después de volver a la triste realidad, de un calor húmedo y pegajoso, aunque la brisa marina empezaba a soplar.

Al ver a lo lejos, que Toño estaba algo preocupado en la piquera de los buses, le dije para fastidiarla, que su marido nos estaba esperando intranquilo.

Ella solo me contestó que Toño no era su marido, pero que eso, yo ya lo sabía de sobra; que ellos no eran matrimonio, ya que ningún mexicano que se precie, dejaría sola a su mujer con un desconocido, nada más conocerse y la mujer a su vez, no se dejaría besar ni manosear como ella se había dejado y me confesó que estaba divorciada y que era Americana, concretamente de San Diego.

Mientras me lo decía, la miraba de reojo, mostrándola una sonrisa pícara, ya que su acento era un algo extraño.

Toño un tanto alterado, nos informó que el autobús tardaría unas horas en llegar, ya que el que nos correspondía, se había estropeado y habían mandado otro desde la Paz. Así que el universo había conspirado a favor nuestro y tendríamos unas tres horas más para poder estar juntos.

Cerca de allí estaba la Feria de verano, un parque de atracciones en pequeño, que estaba llena de luces y a lo lejos se veía una noria dando vueltas y agarrados de la mano, nos acercamos hasta ella.

Vimos a un fotógrafo ambulante y le pedí que nos hiciera una foto. Ella se la quedó y dándole un beso, rápidamente la metió en su bolso, diciéndome que solo, si me portaba

bien, la volvería a ver y entonces quizás, me la daría…

Me preguntó sobre cual canción me gustaría bailar con ella en ese momento, o mejor dicho, que sí escribiese una novela sobre nosotros, que banda sonora le pondría y le respondí:

-Barcarolle, aunque para la novela, tenía a un biógrafo Panameño, que la escribirá, aunque seguro que tardaría más de doce años en redactarla y tendría que ser, después de haber visto Midnight in Paris, de Woody Allen, cuando la terminase. Evidente que habrá merecido la pena esperar y haber dejado que reposara, como el buen vino.

Susan me sorprendió gratamente al decirme:

-Barcarolle, “Belle Nuit”, de los Cuentos de Hoffmann de Jacques Offenbach. Vi un recital en La Ópera de Los Ángeles, de la Caballé y Marilyn Horne. Fue precioso, ya que me recordó la película La Vida es Bella, de Roberto Benigni, aunque mis favoritas, quitando obviamente a María Callas, es la interpretada por las Rumanas, Irina y Cristina Iordachescu. A propósito, sabías que el director general de la Opera de Los Ángeles, es Plácido Domingo. O sea Félix, ¿te gusta La Ópera?

-Me encanta. Conocí a María Lalanne, a finales de los setenta y era la que interpretaba “El Voi Che Sapete” de las Bodas de Fígaro, dirigido por Waldo de los Ríos en Mozartmanía.

Durante unos dos años, en los que tuve la inmensa suerte de ser su amigo, me enseñó a querer la música, además de que sus vinos eran de Matrícula de Honor.

-¿Debo de tener celos de ella? -No, aunque la querré toda la vida.

-Cásate conmigo ahora mismo. Te prometo que quiero ir de tu brazo a la Ópera de Sidney, es posiblemente uno de mis grandes sueños.

-¿Casarte conmigo o La Ópera de Sidney?

-La Ópera de Sidney, aunque cada segundo que te conozco, te quiero más y quiero que nos amemos como dices tú, Eviternamente.

-Y ¿Por qué Australia? -Otro día te lo contaré.

Susan me dio un beso casi en los labios y de una manera muy tímida, me abrazó muy tiernamente y me dio las gracias por lo bien que se lo estaba pasando, mientras poco a poco, estábamos rodeados de niños y de personas desconocidas. Nos subimos en unos coches de choque y al principio lo pasamos como críos, hasta que mi espalda empezó a

resentirse de tanto trajín. Nos turnábamos a la hora de llevar el carro y cuando ella conducía, demostraba una cierta agresividad que hasta ese momento había ocultado.

En la fila de la noria, la tenía delante, justo a la inversa de cuando habíamos bailado, así que poco a poco la fui abrazando, mientras ella rechistaba un poquito, por si alguien nos pudiese ver. Con la mano izquierda la tomaba de la cintura y apretujaba contra mi cuerpo y con la otra, le acariciaba la espalda, envueltos en un calor que se sentía bonito.

Allí los dos abrazados, mientras le daba pequeños mordiscos en la nuca y al hacerlo, ella sin darse cuenta, movía su cuerpo y mientras me acordaba del abrazo, no muy cristiano que le había dado, al protegerla de la caída y ahora se lo hacía a conciencia, mientras ella se resistía, solo un poquito.

Antes de subirnos, le hice una pregunta estúpida, ya que le pregunté que si ella tenía en ese momento una relación. Se dio la vuelta y mirándome fijamente a los ojos, me dijo:

-Sí, siento como ya la tengo contigo.

Como yo no quería subir con nadie más, en el mismo cajón de la noria, tuve que comprar cuatro billetes adicionales, para así poder estar solos. Nos sentamos uno al lado del otro y mientras se iban llenando los otros compartimientos, cada vez estábamos más altos. Cuando por fin la noria empezó a girar, nuestras feromonas sexuales, se habían multiplicado y quise, allí mismo hacerle el amor, aunque no nos fue posible, máxime cuando me dijo que después de haberla convertido en Delfín, le acababa de bajar el periodo. Debí de poner cara de asco aunque realmente fue de contrariedad. La palpé a placer y algo más también, aunque después de la advertencia, tuve que ser un poco comedido.

Al detenerse la rueda gigante, ella detuvo mi impulso sexual, ya que se dio cuenta que había perdido un pendiente y estuvimos buscándolo a la luz de las linternas que yo llevaba para emergencias y por más que buscamos, el arete no apareció y me quedé con bastante pena de lo ocurrido, aunque ella no quiso darle importancia y pasamos a darnos tiernos y - casi-, castos besos. En todo lo alto, de pie, nos abrazamos jurándonos amor eterno y pusimos a la luna, a mi mochila y a su maleta, como testigos de nuestro amor.

En lo alto de aquella atracción de feria, ella me dijo:

-Amar a alguien y ser amada es muy importante para mí y espero que tú, no seas un fantasma de circo y que sepas valorar lo mucho que te he estoy dando en este momento.

Cuando me has tocado, lo que he sentido no era tan solo sexo y en la fila de la noria, cuando me has abrazado por detrás y me has mordido la nuca, me he sentido querida por

ti y no solamente poseída. Te he entregado mí amor, porque desde que te vi por primera

vez, unas horas antes, he sentido un impulso de compartir, no de poseer, aunque tus besos

y abrazos me derriten y por eso me he dejado seducir. No quiero que pienses que soy una

mujer fácil, ya que cuando me conozcas lo sabrás.

Hemos compartido momentos maravillosos y a Dios le pido, que sigamos haciéndolo el resto de nuestra vida. Somos amigos y algo más. Además eres el primer hombre que he conocido que no me interrumpe cuando hablo y asiente con su cabeza, lo que yo digo. Así que quiero preguntarle:

-¿Tiene usted alguna relación? -Sí, contigo. -O sea, ¿qué ya somos novios? -Si mi amor, ya lo somos un siete de Julio…

Nos dimos un profundo beso envuelto en un abrazo y al bajarnos un poco mareados, por instinto regresamos rápidamente a la parada de buses y descubrimos que estaba a punto de partir el nuestro, así que entramos rápidamente a la estación con el tiempo justo de subirnos en el último momento. Se oía por megafonía a Selena cantar “Baila esa cumbia” y pasó algo maravilloso. Susan dejó que Toño subiera primero y ella con un pie en la escalera, movió su cuerpo dándome un total escalofrío en el mío. Me dio un beso muy especial, rozando mis labios.

Y en el último momento, nos abrazamos íntimamente, con mucha complicidad y al subirse me dio las gracias por haberla hecho tan feliz y me recordó que teníamos un viaje de bodas pendiente a Bali y también me agradeció, por esa sensación amorosa y cuasi erótica que le había producido, sin olvidarse de la experiencia con el delfín.

Todo mi ser se me había amplificado y me sentía como un águila libre volando y también como la viva estampa de un tapir, que no llegaba a materializar aún la faena…

Al subir comprobé que solo había un asiento libre, así que los dos le cedimos el lugar a Susan y Toño y yo nos sentamos en mitad del pasillo de aquel destartalado camión, parecido a los "matatus" de Kenia, o a los autobuses que van de Pedasí a Los Santos en Panamá, parando en todos los pueblos.

Me sentía totalmente turbado y recordaba que muchos años después de haber perdido a Cristina, una mujer había despertado en mí, tantos sentimientos contradictorios. No podía casi respirar de la emoción y también de la excitación, que por fin de una manera peculiar, en la oscuridad y ayudado por mi mochila y escondido en la falta de luz, con un rápido movimiento, me “vine” allí mismo. Explosioné de una manera continua y sobre todo, muy húmeda. Al volver a mi realidad y antes de escuchar a través de mis “Walkman” la única melodía que podía paliar en parte mi desdoblamiento, que era La Novena de Beethoven, aunque la que de verdad escuché, fue a los Rodríguez, interpretar “Hace calor” y me eché a reír sin parar por lo que acababa de hacer.

Joder, que calor tan maltrecho hacía en ese camión, sin aire acondicionado. Seguía sudando a todo trapo y jadeando, ya que me faltaba el aire.

Así que tuve que desconectarme de mi sofoco y qué mejor manera de hacerlo que pensar en Susan y después de extender mi corta fríos en el suelo, me tumbé como pude en el pasillo del camión, donde tanto a mi izquierda como a mi derecha, lo que veía y olía, eran los zapatos de los viajeros que iban cómodamente sentados.

Me estaba enamorado perdidamente de una mujer de la que solo conocía su nombre y que aunque iba en el mismo autobús que yo, no podía ni tan siquiera estar a su lado sentado. Tenía sus ojos incrustados en los míos. Su sonrisa, era la viva estampa de la mujer que todos los días se aparecía en mis sueños y su cuerpo era el más perfecto que jamás había visto, aunque ella me había confesado minutos antes, que se sentía un poco gordita y se veía bastante pequeña de estatura, pero para mí era perfecta.

Desconcertado y sin saber cómo, estaba escuchando el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía y no podía recordar cómo esos minutos se habían convertido en tan solo unos segundos. Mi cuerpo sudaba y era como si me acabase de dar un baño, además una parte de mis pantalones –la delantera- estaba “todavía” en un estado altamente lamentable. Tuve que tomarme casi un litro de agua para no sentirme deshidratado.

A esas horas de la noche, el desodorante nos había abandonado a todos, así que tuve que hacer un esfuerzo para poder respirar sin quejarme y como la luz no se manifestaba demasiado, mi vergüenza y excitación anterior era un secreto mío, que ahora comparto con usted.

Pronto la canción “Alice, who the fuck is Alice” de Gompie me trajo otra vez a la existencia. No podía permitirme el lujo de enamorarme y dejar que mis sentimientos me dominasen así tan de repente, pero recordé qué:

“El amor es como las enfermedades contagiosas; cuanto más se temen, más expuestos nos hallamos a contraerlas”

Todavía sentía la sensación del abrazo que nos habíamos dado y de los besos tan apasionados y eso que era nuestro primer encuentro. Delante de mí, recordé que tenía los pies calientes de algunas personas, así que me olvidé de todo y mi mente voló hacia las ballenas que pronto vería intentando apartar a Susan de mis pensamientos.

La megafonía del autobús emitía pura música caribeña y aquello me sorprendió un poco, pero resultaba que el chófer era "Jarocho" y parecía más bien que estábamos en la "Parroquia" en la plaza de Veracruz, que en algún lugar de Baja California.

Sin apenas darme cuenta, después de haber bebido tanta agua, me dieron tremendas ganas de orinar y tuve que hacer uso, de un viejo truco, que había aprendido en África del Este,

años atrás y sin derramar ni una sola gota, ni mojarme, pude orinar a placer poniéndome de lado, a unos cuantos centímetros de gente que roncaba a pierna suelta y como me da vergüenza de contarlo aquí, le dejaré con la intriga, ya que la botella de agua, donde en un principio había pensado hacerlo, había desaparecido con el bamboleo del bus y tuve que utilizar la misma técnica africana, que me había dado tan buen resultado en los largos viajes por las llanuras del continente, donde nos hicimos Homo sapiens.

Después de aquello, me dormí y debieron de pasar algunas horas hasta que llegamos a otro pueblo, donde se bajó bastante gente y deposité en el baño, mi fechoría. No tuve oportunidad de hablar con Susan, ya que todo fue muy rápido. Al subirnos por fin Toño y yo pudimos sentarnos. Él se sentó muy cerca de Susan y yo me cobijé en los asientos traseros durmiéndome otra vez.

Al despertarme era ya de madrugada y estábamos llegando a nuestro destino. Busqué desesperadamente a Susan, pero ya ella no estaba en el autobús. Se me cayó literalmente el mundo encima, porque no habíamos intercambiado los teléfonos, ni sabía adonde ella se dirigía. Me armé de valor y le pregunté al conductor sobre el nombre del pueblo donde se habían bajado mis amigos.

El se metió la mano en un bolsillo y me dio una tarjeta que Susan le había dado para mí. Era como una postal, donde no había muchos datos, pero sí la dirección de un restaurante. Le di una buena propina al conductor y este me explicó, cómo podía llegar a mi destino.

Era un restaurante llamado "Outback" y estaba en una isla a mitad de camino entre la península de Baja y el continente y no venía escrito teléfono alguno.

"Outback" me repetía constantemente. Había leído ese nombre en algún lugar, pero me era imposible acordarme. En un principio lo relacioné con Sudáfrica, pero no estaba seguro y fue cuando recordé la Ópera de Sidney y su intención de que fuéramos a Australia.

Tuve que tomar otro autobús, este con aire acondicionado, bar y televisión, con rumbo a Cabo San Lucas, pero antes en la estación de la Paz, lavé como pude mi pantalón, me cambié de ropa interior y también la camisa, después de haberme dado una ducha con una manguera. Como no llevaba otro pantalón conmigo de repuesto y mi calzoncillo parecía un bañador, me subí al vehículo con el pantalón mojado y lo estiré en un asiento vacío donde le daba el sol, para que se secara antes de llegar a mi destino.

Capítulo III Inteligencia Emocional

Inteligencia Emocional aplicada a la vida real.

Saqué de mi chistera, todo lo que había aprendido sobre la Inteligencia Emocional y recordé que es la capacidad que tenemos los humanos, para conocer nuestras emociones;

conocer las emociones de los demás y saberlas encauzar positivamente, para obtener unos resultados que nos permitan dirigirlas hacia un bien específico.

Recordé que son seis las emociones básicas: El miedo, la tristeza, el enfado, el asco, la sorpresa y la alegría. Realicé un análisis de lo que me había pasado esa noche y utilicé las seis emociones que nos brinda la Inteligencia Emocional (IE) para conocernos y modificar nuestra vida.

¿Cómo podemos superar el miedo?

Primero debemos buscar la causa que nos produce el miedo. El “miedo” que tuve, lo vencí enfrentándome a él y su máxima manifestación se produjo cuando me di cuenta de que Susan ya no estaba en el autobús. Me dirigí al conductor y obtuve la dirección aproximada. También sentí mucho miedo al compromiso, ya que por lo menos, lo que yo le había expresado a ella, salió desde lo más profundo de mi corazón y sabía que ella, también fue sincera.

Ese miedo al compromiso lo superaría cuando la volviese a ver y de esa manera me lo quitaba de encima, ya que hasta entonces, no podría solucionarlo, por tanto “ese” miedo desaparecía. Recordé entonces que: “La persona que de verdad es libre y domina los lances de su vida, día a día, en cada acción y decisión, construye sus propias venturas. El débil sufre y padece lo que él cree, que le impone su destino, aferrándose a no quererlo cambiar, por miedo a encontrarse con él mismo de frente”. MHRP

Recordé a su vez, como el miedo te puede llevar a un estado de pesimismo latente y también que los pesimistas siempre están preocupados por algo, aunque ni ellos mismo comprenden, porque están preocupados.

Las personas que siempre están preocupadas, no viven la vida; tienen tanto miedo a perder lo poco que tienen, que no saben arriesgar. Viven paralizados. Tienen tanto miedo a dejar de ser ellos mismos, a participar en la dicha de los demás, que se cierran en sí mismos y se conforman pensando en que ellos son incapaces de hacer algo positivo en la vida. Si el pesimista, está convencido de que empiece lo que empiece, va a fracasar, ¿para qué va a realizar un gran esfuerzo?

Como yo hasta ese momento no tenía ninguna relación con Susan, no podía perder lo que nunca había tenido. De esa manera tan especial, superé la primera emoción básica.

¿Cómo podemos superar la tristeza?

Tenemos que aceptarla y asumir el cambio que nos produce lo que hemos perdido.

Por tanto, en lugar de pensar que no volvería a verla, me la imaginé en el futuro a mi lado,

ya que estaba seguro que en unos días o semanas después, estaríamos otra vez frente a

frente, siempre y cuando yo estuviese dispuesto a pagar el precio de buscarla, ya que estaba en mi mano, el hacerlo.

“Si existe un infierno en la tierra, cabe encontrarlo en el corazón de un hombre triste” Burton.

¿Cómo podemos superar el enfado?

Marcando límites al enfado y qué mejor manera de hacerlo, que sonriendo, ya que cuando una persona sonríe, este cambio en los músculos faciales, produce una serie de cambios bioquímicos, que modifican nuestra emoción y favorece nuestra salud.

En lugar de “enfadarme” por no haberle pedido su teléfono, me comprometí a que en el

futuro, estaría más atento a lo que hacía. Además recordé que dependía exclusivamente de

mí el volver a verla, aunque fui tan egoísta en no haber pensado en ella y la incertidumbre

que ella pudiera tener.

Re enfoqué el enfado, encontrando lo positivo de todo aquello, ya que las situaciones

difíciles son una gran oportunidad para que podamos aprender, recordando como en el pasado salimos adelante, en circunstancias similares.

En torno al “asco”, no experimenté esa emoción; sin embargo la “sorpresa” fue mayúscula

al conocerla y luego al darme cuenta de que ella no estaba en el autobús, porque creía que

se bajaría en la misma estación, a la cual yo me dirigía. Al unirse al miedo, fue cuando mis emociones fueron máximas. Y, por último, la “alegría” la experimenté durante casi toda la noche, no dejando en ningún momento que se pudiese convertir en euforia, que es una de

las más peligrosa emoción que podemos sentir.

Me sentía poderoso, seguro de mí mismo, con un futuro prometedor junto a esa mujer fascinante, que me había cautivado por su forma de ser tan natural y espontánea.

Me puse música y escuché primero Lonely Looking Sky, para continuar con Be, de Neil

Diamond y volé junto a Juan Salvador Gaviota, -escrita por Richard Bach-, visualizando

mi futuro con ella. Juan Salvador me mostraba al espíritu de mi padre y de mis abuelos,

que al sonreírme me decían que mi amor por Susana ya era Eviterno.

Capítulo IV Terapia Un ex suicida que quería cambiar de vida y dejar de ser bulímico y de atiborrarse de pastillas.

7 de Julio, Viva y Gora San Fermín. Cabo San Lucas.

En el autobús, por un momento me acordé de mi querida Navarra y de mi tercer Camino de Santiago, donde tuve que atravesarla para llegar a la Rioja. Me fui mentalmente a Pamplona y comí en la Calle de la Estafeta y me deleité recordando los encierros de San Fermín, donde participé de una forma muy peculiar. Primero corren los mozos, luego van los toros, luego las mozas y detrás de ellas, corría yo con mi amigo Fernando C. a mediados de los 70.

En Cabo San Lucas me alojé en casa de un amigo llamado Emiliano Arxona, ya que él y su familia me habían pedido ayuda en relación a Víctor Manuel, su hermano pequeño que tenía una ligera adicción a la depresión y también a los reiterados intentos de quitarse la vida. Unas semanas atrás había intentado suicidarse y toda su familia, temía seriamente por su futuro.

A Emiliano lo había conocido en Madrid, a mediados de los 90, mientras estudiábamos el Doctorado en Antropología Social y después de haber vivido muchas aventuras en la Universidad Complutense, nos seguía uniendo una gran amistad, ya que al ser los dos mexicanos y tener un cierto interés por la cultura, Madrid nos había servido de base de lanzamiento, para habernos recorrido juntos una gran parte de esa España tan querida para los dos.

Al volver a vernos, después de varios años, hablamos de amigos comunes como Leopoldo LL., Ana E. y muchos otros compañeros, con los cuales habíamos creado un partido político universitario al que llamamos “Argonautas” y con el cual ganamos las elecciones estudiantiles.

Emiliano tenía alrededor de cuarenta y dos años, diez más que cuando nos habíamos conocido. Él había estudiado en un principio Ingeniería de Computación. Posteriormente finalizó sus estudios en Sociología y habíamos coincidido en la Universidad Complutense de Madrid, donde desde el primer momento en que nos conocimos, cultivamos una gran amistad.

Era de complexión fuerte y tenía un buen bigote al estilo Texano. Medía alrededor de un metro ochenta y era un verdadero apasionado del tenis y de las motos. Hablaba muy pausadamente y me resultaba una persona muy culta. Probablemente lo más interesante de realizar los estudios de Doctorado, sean los amigos y compañeros que se hacen, porque al final, la relación es tan estrecha, que es como si tú también hubieses realizado su tesis. Siempre en clase nos sentábamos uno enfrente del otro y nos divertíamos poniendo “en entredicho” a lo que decían los profesores. También me acuerdo de Ana, -mi brujita- la cual nunca me hizo el menor caso, pero a la que miraba toda la hora de la clase, a través de mi reloj, que me servía de espejo. Ella me inspiró alguno de mis mejores cuentos, además de bastantes sueños, pero fue una pena, de que solo me viera como a un amigo más…

Pero volvamos a la casa de Emiliano y déjenme que les explique a ustedes, la primera impresión que tuve, de cada uno de ellos. La familia Arxona estaba compuesta por tres hermanos y en medio de los dos varones estaba Candela. Ella tenía treinta y seis años y estaba casada. Era muy blanca de piel, pero tenía el pelo negro, muy parecida a algunas mujeres Laponas Finlandesas del Círculo Polar Ártico, aunque estas tienen los ojos azul celeste y Candela los tenía marrones miel. Tenía un cuerpo de impresión, donde su doble maternidad no había dejado huella de ello.

Medía un metro setenta con zapatos y quería pasar por desapercibida. Vivía para sus hijos y para su marido y este, al ser muy celoso, no me dejó que conociera mucho de su mujer. Él era notario y parecía que estaba por encima del bien y el mal. Así que mientras pude, pasé de ellos.

Víctor Manuel tenía 22 años y era el pequeño de la casa. Su madre le había tenido con 42 años. Semanas atrás había intentado suicidarse debido a un desengaño amoroso mezclado con una bulimia galopante. Su novia le había dejado –según él- por estar gordo y pesar mucho y aquello le llevó a un nuevo intento de suicidio.

La importancia de la familia, a la hora de apoyar al presunto débil

La madre de Emiliano se llamaba María Teresa y había nacido el 2 de Mayo y tenía sesenta y dos años, pero parecía por lo menos veinte años más joven. Era una mujer bastante atractiva y tenía unos ojos penetrantemente maravillosos y un cuerpo de impresión. Se acababa de cortar el pelo y sentía como ella, estaba muy preocupada por todo lo que estaba pasando a su hijo.

Además se acababa de quedar sin trabajo ya que su labor en el Ayuntamiento había finalizado. Según me comentó en un momento en que estuvimos a solas, se encontraba un tanto confusa e insegura de su situación actual. Me pidió que cuando pudiese la ayudase, ya que tenía serias dudas sobre su futuro y su hijo mayor le había contado que yo había sido un consumado experto en el arte de la transformación, para bien de las personas, aunque también le había advertido que no me lo pidiese. Su padre era muy parecido físicamente al antiguo Presidente Fox de México. Se llamaba Rubén y era un hombre muy alto y corpulento y lucía un mostacho bien mexicano. Había nacido el 28 de Enero y se consideraba un Acuario de pura cepa. Era un empresario de éxito y quería contratarme para que ayudase a su hijo a salir de una situación en la que él, se veía impotente de resolver. Rubén era un hombre extraordinariamente trabajador e incansable y después de darme un abrazo bastante sincero, me llevó a su despacho y me dijo:

-Emiliano me ha hablado muy bien de usted Dr. Gómez y me ha dicho que es la persona adecuada para ayudar a mi hijo pequeño a salir de esta situación tan angustiosa para toda la

familia. Él me ha contado muchas cosas sobre su vida y tanto María Teresa como yo, le estaremos siempre agradecidos, si nos ayuda a resolver esta situación agónica que tenemos. Le pagaremos todo el dinero que nos pida, ya que Emiliano nos garantiza su honradez. Sé que también lo hará por la amistad que le une con nuestro hijo mayor, pero esté seguro de que saldrá muy bien recompensado, pase lo que pase. Pero sé que usted le sacará adelante, me lo dice mi intuición y lo que de usted he leído en Internet. Él es un buen muchacho aunque nunca hemos tenido una buena relación de padre e hijo. Siempre he estado trabajando, para así poderles dar unas oportunidades, que si no lo hubiese hecho, jamás las tendrían, pero algunas veces pienso que los hijos necesitan más tiempo y

espacio para estar con ellos. Mire a mis dos hijos varones. Qué diferentes son y eso que a los dos les hemos educado de una manera parecida. Me siento culpable de lo que le sucede

y no veo la manera de ayudarle. He consultado con muchos Doctores, Psicólogos y

Psiquiatras sobre la manera de ayudarle y me asusta la idea de que mi hijo tenga una dependencia extrema de pastillas y tranquilizantes para poder vivir dignamente. Mi hijo Emiliano nos habló de usted y de su manera tan ortodoxa de enfrentarse a la vida y que usted podía ayudar a Víctor Manuel a cambiar la percepción que él tiene sobre sí mismo y sobre toda la familia. Sé que estando a su lado, él podrá aumentar sus habilidades y distinciones que ahora mismo posee. Aquí tiene dos tarjetas VISA Oro, con crédito

ilimitado. Haga todo aquello que crea conveniente y si se lo tiene que llevar a dar la vuelta

al mundo, se lo lleva, pero por favor le pido, sáquelo adelante. Emiliano me pidió que no le

dijera nada a usted, sobre lo que le ha pasado a Víctor Manuel, pero dígame, cómo tenemos que actuar nosotros.

El precio de dejar de etiquetar

Durante unos segundos estuve asimilando todo lo que Rubén me acababa de comentar sobre su hijo, cuando recordé que en una situación como esta, lo primero que había que hacer, era quitar las etiquetas que tenían sobre su hijo. Que era un irresponsable, suicida, drogadicto, mal educado, vago, etc. Al hacerlo, él también iría modificando la percepción del mundo que mantenía sobre sí mismo. También les pedí que en el futuro, no nos preguntaran nada, sobre lo que habíamos hecho ese día y cuando le viesen comer o reír, no deberían hacer ningún comentario al respecto. Todo lo que se hablara sobre Víctor Manuel debería de ser positivo y nunca más se le debería de comparar con nadie, ni hacer referencia de “yo a tu edad ya había hecho…”.

A partir de ese momento toda la familia debería de seguir haciendo su vida normal, sin

darle demasiada importancia a las futuras acciones de su hijo. No cabe duda que Rubén era un hombre que tenía un gran poder de convicción y también de seducción. Era un verdadero enamorado de los caballos y me prometió que nos iríamos a montar los dos juntos, en el momento que yo quisiera. Había viajado por todo el mundo y su deporte favorito era la pesca del pez espada. Me comentó que había pescado atún rojo en el Mar Mediterráneo y que había hecho pesca submarina en muchos lugares del mundo, incluido

el Mar Rojo.

Al salir de su despacho coincidimos cerca de la piscina con María Teresa y con Emiliano, pero ¿donde estaba Víctor Manuel?

Mientras tomábamos una Piña Colada, -la mía sin alcohol- le pregunté a María Teresa que cuándo podría conocer a su hijo. Ella me tomó del brazo y muy cariñosamente me condujo a la parte de arriba de la casa y me llevó directo a la habitación del pequeño, donde había una pequeña gatita maullando en la puerta. Al subir las escaleras, comprobé que era una lujosa villa en lo alto de una colina, donde se podía ver toda la bahía.

El aire que soplaba era bastante fresco y de esa manera, no se dependía tanto del aire acondicionado sobre todo durante la noche. La casa tendría unos setecientos metros cuadrados de superficie en tres plantas y unos diez mil metros de terreno. Tenían diversas terrazas para ser utilizadas dependiendo de la hora del día.

Llamó a la puerta y al entrar le vimos tumbado en su cama mirando al techo y entretanto su madre me presentaba, él se puso de pie, mientras el gatito entraba muy deprisa y se escondía debajo de un sofá. Era un chico muy alto y parecía extrañamente delgado. Medía casi un metro noventa y sinceramente no se cuanto pesaría, pero horas después en bañador, -o algo por el estilo-, pude comprobar como se le podían contar las costillas de lo delgado que estaba. Parecía mucho más anoréxico que bulímico por el aspecto y me acordé que tenía que dejar yo también de poner marcas a las personas.

Su madre nos dejó solos en la habitación que estaba totalmente a oscuras, únicamente una pequeña luz opaca nos alumbraba. Al ver un ordenador le pregunté que si estaba conectado a Internet y él no me contestó, así que me senté en su mesa y busqué mi correo. Sin hacerle el menor caso me puse a contestar durante una media hora mi correspondencia, amén de mirar unos cuantos valores de Bolsa. Esto hizo que el larguirucho muchacho se acercara a ver los gráficos que yo estaba estudiando. Se puso detrás de mí, mientras yo seguía sin hacerle el menor caso, pero cuando observó cómo yo me movía como pez en el agua, entre los “charts”, me preguntó mi opinión sobre un valor en concreto. Lo busqué a través de Bigcharts, y dándole la espalda le comenté mi opinión

al respecto. Mientras lo hacía, él subió las ventanas de la habitación y abrió una de ellas

dejando que el aire del mar invadiera la estancia.

En ese momento se escuchó la voz de su madre diciendo que nos estaban esperando con la comida puesta.

Víctor Manuel bajó las escaleras mientras yo seguía en el ordenador sin apenas inmutarme.

A los pocos segundos sentí su mano en mi espalda y me decía:

-Hola Dr. Gómez, soy Víctor Manuel.

Me volví hacia él muy despacio y al levantarme instintivamente nos dimos un abrazo.

Sentí como Víctor lo rechazaba al principio y luego lo respondía. Después de unos segundos que parecieron eternos, le pedí que se sentara y así le explicaría mi conclusión

sobre el valor de Bolsa. Me advirtió que nos estaban esperando para comer, pero yo insistí

en que primero le explicaría como veía la tendencia del valor a largo plazo. Le cedí el

asiento y cuando noté por su LNV (Lenguaje no Verbal), que estaba muy a gusto, le apliqué los primeros anclajes en sus hombros, mientras le llamaba campeón. Él se encontraba seguro de sí mismo en ese preciso momento y con la confianza de que ganaría dinero en esa operación.

Un ancla o anclaje, es cualquier estímulo que da paso a un estado emocional diferente al que teníamos antes de que el ancla fuese accionada. Existen diferentes tipos de anclas:

Visuales, Auditivas o Kinestésicas. Todos los anclajes son asociaciones que se crean entre

los pensamientos, las ideas, las sensaciones o lo estados en los que se encuentra el sujeto al

ser anclado y un estímulo determinado que es el que hace que se produzca el anclaje en cuestión. Así que al tocarle los hombros le hice un anclaje Kinestésico, mientras él veía cómo podía ganar dinero con el gráfico (Visual) y yo le llamaba campeón (Auditivo), tocándole nuevamente los hombros (Kinestésico). De esta manera en cuanto le hablase del gráfico, le pondría en la misma situación de confianza y tranquilidad que disfrutaba allí sentado en la silla.

Estuvimos unos minutos con el ordenador y mientras bajábamos las escaleras le pregunté que donde estaba su perro. Yo iba el primero así que al mirarle hacia arriba en las escaleras me pareció un ser un poco extraño.

No me dijo nada sobre su perro y al llegar a la mesa donde nos esperaba la familia, Víctor

no hizo comentarios. solo se sentó y bajó sus manos sin probar bocado.

Los demás le ignoramos y tanto María Teresa como Rubén no dejaron de interrogarme sobre mi familia y mi vida en Madrid. Al terminar de comer, Víctor no había probado ni el agua, así que me le acerqué y le dije haciéndole un anclaje en el hombro derecho:

-Campeón. Acompáñame a la ciudad que tengo que hacer unas compras.

Al

tocar sus hombros y llamarle campeón, inmediatamente dijo que sí y comprobé como

mi

manipulación había sido efectiva. Él se levantó rápidamente y sin pensarlo me dijo:

-Subo a mi habitación y regreso en un momento.

Sus padres rápidamente me preguntaron mi impresión y les pedí un poco de calma y que confiaran en mí. Emiliano les pidió también paciencia y que solo yo podía llamarle Campeón. Les comenté que al día siguiente sería un gran día, pero no les expliqué el porqué.

A los pocos minutos bajó Víctor Manuel y después de intercambiar algunas miradas con

Emiliano, les dije que me iría solo con “el larguirucho” a la ciudad a contratar una aventura. Supongo que no me entendieron bien pero confiaron en mi decisión. Creo que a Víctor Manuel la palabra aventura también le extrañó.

Así que lo primero que hice fue aplicarle un método resolutivo y bastante eficaz -debido sobre todo a la corta duración del proceso- que había aprendido años atrás en Indochina. Utilicé una técnica militar que siempre me había dado resultado y no era otra que la de apartar al afectado de su mundo angustioso y meterle de pronto en otro, donde todos los días tuviera que trabajar para poder comer y sobrevivir. Un mundo donde la incertidumbre

y el no saber lo que le iba a pasar al día siguiente, le libraría de la angustia de tomar las

pastillas tranquilizantes, que muchas veces resultan el inicio de una vida mediocre o quizá, algo peor.

Los dos nos pusimos las gorras de béisbol que teníamos. La mía era de Chiriquí, mi equipo favorito y nos dirigimos a la parada de autobús que nos llevaría al centro de la ciudad. Según Víctor me dijo, era la primera vez que tomaba la camioneta para trasladarse. Pagamos los pesos reglamentarios y dijimos que nada de teléfonos móviles o celulares. Los apagaríamos para que nadie pudiese molestarnos. Víctor hizo de guía y recorrimos el centro de la ciudad bastante rápido.

Me preguntó sobre mis viajes y le hablé de mi amor apasionado por Asia Pacífico. Le conté algunas anécdotas interesantes, que supuse, más adelante platicaríamos.

Me comentó que él, nunca había tenido grandes aventuras, ya que sus padres siempre le habían protegido en demasía, debido a que muchas veces había estado enfermo. Me comentó que su novia le había dejado por estar gordo y que por eso ya no comía como antes.

Me dijo que su mejor cura, había venido de un libro que le había “distraído” a su hermano

y cual fue mi sorpresa que se trataba de Pentimento.

Me detuve y le miré fijamente a los ojos y le pregunté:

-¿Pentimento o Pentimentos?

Pentimento me respondió. Él sabía que yo había escrito dos versiones y quería leerlas, aunque conocía el dato, que la primera estaba sin censurar.

Le pregunté entonces el porqué de ese hurto y muy orgulloso me respondió, que cuando Emiliano había regresado de Madrid, trajo consigo las dos novelas y le dejó a mi madre leer Pentimentos y a mi padre Pentimento.

Resulta que mis padres días después, le compraron un carro Jaguar como regalo de bienvenida y Emiliano siempre llevaba los dos libros en la guantera.

Si la chica era romántica y chapada a la antigua, le leía fragmentos de Pentimentos y si la chama era una salida, entonces sacaba la versión completa.

Víctor no dejaba de reírse, hasta que continuó con su relato, mientras yo le accionaba otro anclaje en su brazo izquierdo y le volvía a llamar Campeón.

Me comentó que un día su hermano, se había ligado a una sueca que estaba buenísima y al llevarla a cenar, se dejó las llaves puestas del “felino” y su carro desapareció. Una semana después, lo encontraron abandonado. Me tocó ir a recogerlo a la policía, ya que mi hermano estaba en el DF y lo primero que hice fue buscar los libros y allí estaban en la guantera. Bendito Dios, que los ladrones eran poco letrados y no se los llevaron, así que me los quedé prestados hasta haberlos terminado y como me gustaron mucho, me dio mucha pena, cuando él regresó y los buscó y al no encontrarlos, pensó que los ladrones se los habían quedado.

El muy cerdo, los tenía bien subrayados y aquellos días cuando yo estaba leyéndolos, le miraba a la cara y pensaba en los amigos tan “salidos” que habría hecho en España y para colmo, aquella chavala sueca, estaba para comérsela.

Recuerdo que en Madrid hace muchos años, también le pasó también a mi amigo Josechu, pero a este, los ladrones le llevaron los libros. Nos reímos mucho y le pedí que se los devolviese, lo antes posible, ya que en una carta me lo había comentado y le mandé solo el segundo, ya que el “mero mero”, estaba agotado. Algún día lo volveré a editar y seguro que los dos saldréis en el agradecimiento.

¿Cómo producir anclajes sobre anclajes, para hacerlos más efectivos?

Víctor me pidió que le contase lo que me había pasado años atrás con mi ex novia Cristina y sobre todo, que relatase lo del rapto. Así que no tuve más remedio que comentarle mi metedura de pata con Cristina y sobre todo, se rió mucho de mí, cuando le conté lo que me pasó en el avión.

Procuraba que sus ojos estuviesen por encima de los míos, ya que su mente entendería que él, tenía poder sobre mí y cuando le hacía comentarios jocosos sobre mi persona, equiparaba la posición de la mirada, para qué así me viese, sintiese y percibiese, de igual a igual. Segundos después le explicaba lo mucho que había aprendido y me llamaba a mi mismo campeón, mientras le tocaba el brazo, donde le había anclado anteriormente y con la otra mano le hacía la señal del gráfico de mi evolución positiva.

Mientras se lo relataba, caminamos rumbo a la playa y esta, estaba preciosa. El agua daba la sensación de estar de color verde y la brisa soplaba con fuerza. Los dos llevábamos unas

especies de sandalias y al llegar a la orilla del agua, metimos nuestros pies y nos recogimos los pantalones vaqueros todo lo que pudimos. Las sandalias las metimos en una bolsa que llevaba en mi chaleco y me la colgué al pantalón y así podría caminar con más libertad. Serían más o menos las 5 de la tarde y el sol empezaba a descender cuando se me ocurrió la idea de darme un baño.

La vida es una aventura arriesgada o no es nada. Helen keller.

En mitad de la playa, enfrente de un gran hotel, busqué un sitio, muy cerca de dos mujeres que parecían gringas. Me empecé a quitar la ropa ante el asombro de Víctor, que me increpaba diciéndome que aquello no era Ibiza.

Al quedarme en calzoncillos, le dije que parecía un traje de baño y cuando le pedí que me cuidase la ropa me dijo que no. Que él era ya un Campeón y también quería bañarse y me preguntaba lo que haríamos con el ropaje, ya que no era adecuado dejarlo en la arena sin que nadie lo vigilase.

Con una sonrisa de oreja a oreja, me dirigí a las dos señoras que tomaban el sol y les pedí si por favor podrían cuidarla, a lo cual con otra gran sonrisa accedieron.

Las mujeres deberían de tener cerca de cincuenta años y estaban de muy buen ver, pero tenía que seguir mi entrenamiento con Víctor, así que después de haberles dado sendos besos en sus manos me fui al agua con mi amigo, agarrándole del brazo una vez más. En ese momento no había casi nadie en el mar y a los pocos minutos se nos fueron acercando dos muchachas de muy buen ver y le hice el comentario a mi amigo, que si se parecían a la sueca de su hermano.

Víctor no me hizo ningún caso y cuando las observaba se rascaba la cabeza, señal inequívoca de que su mente no era capaz de procesar lo que por su cabeza pasaba. Él estaba como loco dando saltos en el agua, llamando a las chavas, para que se acercaran a nosotros.

Al tenerlas de frente, las chamas me interrogaban sobre nuestra estancia en los Cabos. Me preguntaron por el hotel y al decirles que me alojaba en casa de mi amigo, perdieron todo el interés por nosotros.

En ése momento me acordé de las playas de “Pataya” en Tailandia y la prostitución que se ejercía a la luz pública en sus mares y en seguida se me encendió la luz. Así que les pregunté que cuanto me cobrarían por un “masaje do pito acuático con final feliz” para mi amigo y después de un cierto regateo quedamos en que una de ellas se acercara a Víctor sin decirle su profesión y le diese uno algo rápido y efectivo.

Al principio Víctor estaba un poco reacio, al acercamiento tan cercano de la chica, pero en

cuanto me vio a mi muy acaramelado con la otra, su instinto le llevó a dar otro tipo de saltos. Mi nueva amiga me pidió rápidamente el dinero y mientras ella se quedaba en el agua, ayudando a su amiga, fui en busca de los dólares convenidos.

Las dos gringas, no perdían ojo de lo que pasaba y al acercarme se rieron bastante de mí. Tomé el dinero y esta vez les di un beso en la mejilla al despedirme.

De un salto me metí en el agua y después de ver a mi amigo gimiendo como un toro, les pagué lo convenido.

Minutos después, las chicas se fueron en busca de nuevos clientes y al acercarme nadando, observé lo colorado que estaba mi amigo. Las norteamericanas desde la playa se despedían, así que los dos salimos corriendo del agua en busca de nuestras pertenencias. Nos reíamos como niños de nuestra audacia y fue cuando después de habernos puesto la ropa, le dije a Víctor que tenía mucha hambre y me respondió que él también, así que sin más dilación acabamos en una pizzería guarra, dando cuenta de una hawaiana. Digo de una pizza hawaiana, no vaya usted querido lector a pensar que ahora tocaba otra alegría. Además, yo ya, solo tenía ojos para Susan.

Víctor me explicó que sufría de anorexia y bulimia compulsiva y que había intentado suicidarse, solo para llamar la atención y que quería que le ayudase a volver a sentirse normal, a poder vivir la vida que él quería vivir y realizar sus sueños, así que me decidí a aplicarle el Trance Hipnótico.

Capítulo V Hipnosis Trance Hipnótico

Toda hipnosis es siempre una auto hipnosis, porque nadie puede ser inducido a trance hipnótico si la persona no está dispuesta a ello.

Decía Milton Erickson que la mente consciente es el estado de percepción inmediata.

Desarrolla tu propia técnica y no intentes usar la técnica de otra persona. No intentes imitar

mi voz o la cadencia de ella.

Así que por primera vez le apliqué Trance Hipnótico, allí mismo en la Pizzería, sin que apenas la gente lo notase. Tan solo la mesera que nos atendía se dio cuenta de lo que hacíamos y no dejaba de mirarnos al principio de una manera sospechosa y de pronto su cara cambió y se convirtió en incredulidad.

El trance hipnótico es una de las herramientas más importantes en el desarrollo y expansión

de la Programación Neuro Lingüista (PNL), ya que es la herramienta de las herramientas,

basada en los estudios de Milton Erickson. El trance hipnótico consiste en desarrollar las

capacidades del hipnotizador hasta el punto de que pueda hacer entrar en trance a una persona a través de una simple conversación en la que no se menciona la palabra hipnosis.

El Trance Hipnótico funciona ya que el consciente utiliza un doce por ciento del volumen físico del cerebro y como controla todo aquello que realizamos conscientemente, como pensar, analizar, estudiar, comparar, decidir, etc.…

El inconsciente utiliza el ochenta y ocho por ciento restantes y controla todas aquellas funciones que no se realizan a nivel consciente, como por ejemplo el sistema nervioso, la respiración, los latidos del corazón, nuestro sistema de creencias y valores. La función del trance hipnótico es acceder a ese ochenta y ocho por ciento del inconsciente.

De esta manera se puede ser capaz de ampliar nuestro control y la utilización de capacidades que anteriormente teníamos dormidas.

Hice que Víctor Manuel visualizara su futuro, tal y como él quería que fuese y después de haberlo convertido mentalmente en delfín y de que estuviese terminando el Trance, cambiaron de pronto la música y pusieron a Selena y su “Toro Relajo”. La siguiente fue “Mambo número siete”, mientras que Víctor no reaccionaba a la música y terminamos el ejercicio de una manera óptima.

Él, al terminar se sentía lleno de vida y su mirada había cambiado notablemente y fue cuando se presentó la que debía de ser la responsable del restaurante para preguntarnos lo que estábamos haciendo. Víctor le contestó que se había transportado a su futuro y que lo había visualizado perfectamente. La señora le preguntó por la música y respondió: ¿Qué música?

Nos reímos un poco al salir de allí, ya que la dueña de la cafetería, me pidió que le diera precio, para que ella también hiciera un viaje raro de esos, sin tener que drogarse.

Caminamos riéndonos de lo ocurrido y observaba cómo mi trabajo seguía dando frutos. Era ya de noche cuando le pedí que me llevara a un lugar donde tenía que contratar una sorpresa, que le quería dar a su hermano Emiliano al día siguiente y también pasamos a recoger unas maletas con mi ropa, que había mandado desde Oaxaca días antes y no precisamente lo hice por fletes chavales.

Muy cerca de donde estábamos se encontraba la oficina de la agencia de viajes, donde yo tenía que recoger y pagar un vuelo en avioneta con salto de paracaidista incluido. Hay que reconocer que en cabo San Lucas, todo estaba muy cerca, ya que el lugar es una ensenada preciosa y casi todas las agencias de viaje estaban muy próximas.

Al explicarle a Víctor mi deseo de tirarme desde una avioneta con un paracaídas, le accioné el anclaje del hombro, comentándole que haría una carrera con su hermano, para ver quien llegaba antes al suelo, le noté como con ganas de decirme que él también quería participar

de la aventura. Le expliqué que pagaría mil $ y que podríamos ir tres, así que le dije mientras le volvía a manipular, accionándole el anclaje en su hombro:

-Víctor, haz que tu vida cuente todos los días y conviértete en un verdadero Campeón de

tu

vida.

Y

aquello fue tan fulminante, como lo había sido el encuentro con las chamacas de la

playa y el trance hipnótico en la pizzería.

Me dijo que él me pagaría su parte al llegar a su casa y que contratase un paracaídas también para él. Me pidió que no le contara a nadie lo que habíamos hecho esa tarde tan divertida y así muertos de risa y llenos de arena, cogimos la camioneta que nos llevaría de vuelta a su casa y al sentarse el primero, le accioné nuevamente el anclaje sobre los hombros, mientras señalando a las montañas, le recordaba el gráfico de bolsa, que habíamos visto por la mañana. Al bajarnos del autobús, la cara de Víctor Manuel cambió y volvió a ser el chico taciturno que había conocido anteriormente. Al entrar en la casa no había nadie y encima de una mesa nos habían dejado una nota donde me decían que estarían cenando y que si me apetecía ir con ellos, tomase un taxi o que les llamase al celular para confirmarlo.

Por primera vez no le apliqué anclaje alguno y le pregunté que si le apetecía ir a cenar y él rápidamente me dijo que no. Que estaba bastante cansado y que prefería guardar fuerzas para el salto en paracaídas de mañana. Me pidió por favor que le despertara al día siguiente y que no le contara a nadie lo que nos había pasado con las “profesionales” de la playa, y que posteriormente delante de la pizza, me había comentado que aquello, era lo más emocionante que había hecho en años.

Nos dimos un abrazo y me fui directo a la ducha, no sin antes quitarme la arena de los pies en la regadera y como no había nadie, me di un baño en la piscina en calzones antes de subir a ducharme. El agua estaba bastante caliente y me quedé unos minutos nadando, cuando al ir a dar la vuelta en una de las esquinas de la piscina, me encontré de bruces con Víctor. Se había puesto su traje de baño y al oírme nadar se animó a dar unas brazadas. solo me dijo:

-Si mis padres se enteraran de que se está bañando en la piscina en calzoncillos “ya usados” se enojarían mucho, pero no se preocupe que yo no se lo diré. Además, de verdad que sus calzones parecen un traje de baño.

Me extrañó que de pronto me tratara de usted y dejé que pasaran unos minutos en silencio, hasta que me preguntó que qué era eso del Coaching y empezamos hablando de la PNL, de la IE y de la MHRP y como yo no quería darle muchas explicaciones, terminamos hablando de mis viajes. Al preguntarme sobre cuáles habían sido los más emocionantes, le conté mi experiencia de náufrago en Indochina, concretamente entre Indonesia y Australia

a principios de dos mil. Con pelos y señales le dije el por qué de aquella aventura y él me interrumpió diciéndome que tenía otra vez hambre, así que continuaríamos con nuestra plática en la cocina.

Primero subí a mi habitación y me puse un pantalón corto y una camiseta, después de haberme dado una pequeña ducha, para así quitarme el cloro de la cara.

Nos preparamos dos hamburguesas con cebolla y mientras tostábamos el pan, continué contándole mi aventura. Nos fuimos a cenar a la piscina y me comentó que llevaba también mucho tiempo sin haberse dado un baño en la pileta.

Hablamos mucho y sobre todo me contó -sin que se lo preguntase- lo que le había llevado

a intentar quitarse su vida y después, a haberse refugiado en la droga. Los problemas de amor que me relató, me parecieron bastante afines a los míos y cuando me preguntó el cómo yo había superado aquello, le contesté que transformándome en un águila, mudando

mi pico, mis garras y mis plumas. Entonces me pidió que le hiciera lo mismo y que

también sacara de su cuerpo, la dependencia de los ansiolíticos, las drogas y las pastillas para dormir.

Utilicé la MHRP para ello y primero lo disocié llevándole otra vez a un cine, convirtiéndolo

en un delfín Campeón, para posteriormente, transformarlo mentalmente en un águila de

cuarenta años y fui poco a poco haciéndole un limpia o limpieza de su pasado, poniendo todo lo que quería superar en su pico. Posteriormente aprendió a enfrentarse a sus miedos,

a decirle basta a la tristeza, a controlar sus enfados y dejar de sentir asco por él y por su vida. A manejar las sorpresas y la alegría. Le mandé virtualmente a su futuro para que lo diseñase sin límites y fuese el único hacedor de su destino.

Víctor de verdad, se convirtió en un verdadero Campeón y al terminar la hipnosis, su vida había cambiado. Le produje muchos anclajes, para que su propio cuerpo los detonase, sin que él fuese consciente de ello. Le manipulé para que viviese la vida que quería vivir y no permitiese que otros, le dijesen lo que tenía que hacer con su destino.

Más distendido empezaba a contarle nuevamente mi odisea con mi antigua novia Cristina, cuando llegaron sus padres y Emiliano.

Este previendo las locuras que habíamos hecho juntos por Europa, les había pedido a sus padres que no hicieran ningún comentario, ni que nos preguntasen nada de lo que habíamos pasado esa tarde. Víctor y yo seguimos hablando como si tal cosa, no sin antes haber observado la cara de satisfacción de su madre, al ver vacíos los dos platos de lo que habían contenido las hamburguesas.

Ante una mirada de Emiliano, sus padres nos dejaron solos y fue cuando por fin Víctor muerto de risa, le contó a su hermano que al día siguiente los tres nos tiraríamos desde mil

doscientos metros de altura con un paracaídas. Emiliano me preguntó por las botas y se calmó cuando le comenté que venían incluidas en el precio y que cada uno de nosotros tendríamos las suyas. Emiliano muy en su papel, no le preguntaba nada a su hermano y a eso de las 11.30 PM, nos fuimos todos a dormir.

Yo ocuparía la habitación de soltera de su hermana y me hizo mucha gracia dormir en un lugar lleno de muñecos y que estaba pintado de un rosa intenso, donde seguro que Milton Erickson que había sido daltónico, me podría ver desde donde estuviese.

Cabo San Lucas, 8 de Julio La mente es la mayor herramienta con la que contamos los humanos.

Nos despertamos a las 6.30 horas de la mañana y bajamos los tres a la cocina a desayunar. El padre se había marchado a trabajar, mientras la madre nos hizo el desayuno. Al preguntarnos que adonde íbamos tan temprano, Víctor le comentó que a tirarnos en paracaídas desde mil doscientos metros de altura. Su madre poniendo cara de terror, miró a Emiliano y este le hizo una señal de que no se preocupara, ya que todo estaba controlado, sin embargo dijo que nos tiraríamos desde dos mi cuatrocientos metros.

Ella sudaba mucho, no se si por el calor que hacía en la cocina o por las ganas que tenía de proteger a su hijo de tan macabro experimento; pero por otro lado, por fin después de muchos meses de sufrimiento veía a su hijo feliz, haciendo algo positivo con su hermano. Nos quiso bajar a la playa donde nos recogerían para llevarnos al aeropuerto y así tomaríamos la avioneta, de la cual no recuerdo ni la marca ni el modelo.

Pero dije que mejor cogeríamos la camioneta y sin que su madre rechistara, nos despedimos de ella después de haber vaciado el frigorífico de chocolate y de algunos sándwiches para emergencias, que metimos en nuestras mochilas, junto con tres botellas de agua.

Quedamos en que regresaríamos a la hora de la comida y sin más dilación, tomamos el autobús. Al llegar al aeropuerto nos probamos las botas y en media hora nos dieron el curso teórico y práctico sobre como caer a tierra sin hacernos daño, no sin antes firmar un documento donde nos hacíamos del todo responsables de cualquier daño sufrido.

La camioneta estaba bastante destartalada y al subirnos nos echamos los tres a reír, al escuchar a Pepe Aguilar cantar la canción Chaparrita Consentida. “Tipical México” pensamos.

El conductor nos miró un poco enfadado de reojo y quitó rápidamente el CD y puso otro donde oímos el “Coro de Prisioneros de Nabuco”. Al llegar al aeródromo se despidió de

nosotros diciendo que él también era el conductor de la avioneta y nos preguntó sobre la música que deseábamos los señoritos escuchar antes de lanzarnos al vacío.

Primero fuimos a una especie de hangar donde nos probaríamos las botas y nos pondríamos el paracaídas. El guía nos sorprendió bastante al ponernos a los “Secretos” interpretando “Déjame” y nos atendió una señorita que se llamaba Milu, que nos cambio el estado de ánimo, al preguntarme si tenía algo escrito sobre brujería. También nos comentó que me había visto “embrujar” a mi amigo, ayer por la tarde en la cafetería del puerto y que le gustaría probarlo alguna vez.

No pude resistirme a preguntarle sobre su signo del zodiaco. Ella sonriendo me dijo:

-Nací el catorce de Marzo de un año que ya no me acuerdo y por tanto soy Piscis y vuelvo a decirle que a mí también me gustaría que me hiciese eso. Además mi nombre es Verónica Emilia, para lo que guste. Aunque si le digo la verdad, soy libra y estoy del todo libre.

Los tres pensamos lo mismo cuando ella se agachó y nos enseñó ese tremendo escote que parecía un verdadero paracaídas. Entonces insinuamos en plan machista lo bien que nos lo pasaríamos con ella en otro lugar…

El que más se reía era Víctor y también el que estaba más entusiasmado con el proyecto que nos traíamos entre manos. Al probarnos las gafas del paracaídas, por el miedo que teníamos, parecía que estábamos un poco borrachos y si hubiesen podido, nos habrían hecho la prueba del alcohol. Mientras nos subíamos a la avioneta y supongo por la ansiedad que los tres padecíamos, Víctor nos contó con pelos y señales el “masaje do pito con final feliz” que le habían hecho ayer por la tarde, sin embargo no dijo nada de lo del Trance Hipnótico.

Emiliano muy en su lugar, nos llamó de todo y nos dijo que éramos unos “cabrones” por no haber contado con él. Luego Víctor se rió de mí, ya que según él, a mi me habían gustado bastante más las americanas, que nos habían cuidado la ropa y no tanto las del masaje y sin darse cuenta, me hizo un anclaje en mi hombro llamándome Campeón.

Al despegar el piloto empezó con algunas acrobacias bastante arriesgadas para nosotros. Era su manera de vengarse de nuestras risas al recogernos en su oficina horas antes. Muy pronto estábamos a la altura indicada y el cachondo del piloto nos puso a Lola Beltrán cantando “Canción Mixteca” y cuando la canción decía:

“Que lejos estoy del suelo donde he nacido”, el piloto gritó:

-A tirarse y a tomar tierra.

Habíamos convenido que yo sería el primero en saltar y que luego lo haría Víctor y Emiliano cerraría el grupo.

Salté acordándome de lo que tenía que hacer y al soltar el seguro del paracaídas y este abrirse antes de tiempo, grité con toda mi alma: Susan God, voy a por ti.

Durante los pocos segundos que duró la caída, me acordé de los ojos de aquella mujer, que me había hechizado días atrás y quise abrazarla para que ella sintiese esa sensación de libertad cogidos de la mano. Todo ello por haberme perdido en sus ojos delante de un plato de pizza. Qué poco romántico resulta al contarlo, pero no al sentirlo, se lo aseguro.

La sensación que se tiene volando por el aire con los brazos y piernas extendidas es inenarrable, sobre todo cuando se acciona el paracaídas y sientes como te tira hacia arriba mientras este se abre. Es como si de repente todo tu mundo se parase por un instante y llegas a pensar que aquello no es real.

Por un lado quieres llegar a tierra cuanto antes y al acercarte, quisieras retornar y seguir volando. Aterrizamos los tres cerca de una milpa o campo de maíz, con tan mala fortuna de que el dueño de la plantación estaba armado con un rifle y un perro atado, invitándonos a que saliésemos lo antes posible de su cercado. El carro de la agencia nos estaba esperando justo al otro lado de donde estábamos, pero nos cortaba el paso el señor que con ese rifle nos indicaba justo hacia el otro camino.

No era cuestión de discutir y después de enrollar los paracaídas, nos encontramos con una camino de tierra que no iba a ninguna parte. Así que decidimos utilizar el “Plan B” que consistía en comernos los sándwiches y un poco de chocolate, mientras que con la brújula en mano decidimos caminar hacia donde creíamos que estaba la salida.

Llevábamos una hora de camino y al cruzar una curva nos encontramos de frente con tres chicas a las que le preguntamos hacia donde íbamos por esa carretera.

La mayor de ellas, nos indicó que íbamos por buen camino. Que a unas dos horas de allí encontraríamos una parada de autobús, mientras la más pequeña riéndose tapándose la boca nos dijo que no nos hiciéramos ilusiones, ya que por allí no pasaba ni una chiva.

Para colmo, con los monos que nos habíamos puesto encima de la ropa, sudábamos de lo lindo y por allí de verdad no pasaba ningún vehículo que nos pudiera recoger. Tampoco había ningún puesto de sodas o refrescos, así que después de recorrer bastante trecho, vimos aparecer al de la avioneta que venía en nuestro rescate.

Llevamos los paracaídas al aeropuerto y después de despedirnos de Vero-Milu y de que Víctor Manuel le hubiese pedido su celular, subimos otra vez en el coche que nos llevaría de vuelta. Al llegar a casa de mis amigos, sus padres nos estaban esperando bastante preocupados por la suerte que hubiéramos podido correr y sobre todo al ver que regresábamos en una camioneta tan destartalada conducida por un hombre algo mayor.

Después de darnos un baño en la piscina, comimos como cosacos hambrientos y ante el

regocijo de sus padres que veían por fin, como Víctor Manuel volvía a estar alegre y a comer inteligentemente, además hablando con su hermano, a todo trapo. Víctor me pidió que le acompañara un momento a la cocina y cuando me iba a levantar, le dijo a Emiliano que viniera también. Allí nos abrazó a los dos y nos pidió que durante unos diez días hiciéramos de náufragos, tal y como yo lo había hecho entre Asia Pacífico y Australia años atrás y también nos pidió que al día siguiente zarpáramos sin rumbo fijo.

Regresamos al salón donde sus padres nos esperaban y fue Víctor Manuel el que les explicó lo que haríamos en los siguientes días. Tendríamos que sobrevivir en plan náufrago navegando en un barco de vela durante una semana por el Mar de Cortés, con litro y medio de agua al día para cada uno de nosotros y sin comida. Llevaríamos arpones, cañas de pescar y abundante medicinas por si las moscas, además de la radio que solo sería utilizada en el caso de necesitar ayuda. Nada de alcohol, ni tabaco ni pastillas antidepresivas. Ni tampoco revistas porno, ni radios, ni aparatos que nos hicieran olvidarnos de nuestra condición de náufragos.

Víctor subió un momento a su habitación y nos dejó solos a los padres conmigo, mientras Emiliano hacía varias llamadas para cancelar sus citas de los siguientes días. La prioridad de ayudar a Víctor Manuel era mucho más importante que su trabajo, así que no tuvo problemas a la hora de cancelar sus citas.

Les pedí a los padres que confiaran en nosotros y que no nos buscasen ni interceptasen. Víctor debería de enfrentarse a sí mismo y era él, el que había elegido el momento y la forma de hacerlo.

Sus padres tuvieron que confiar en mí, ya que veían el cambio tan tremendo que su hijo había dado en un solo día y conocían mi amistad con Emiliano, que les había contado que mis procedimientos no eran muy normales, aunque sumamente efectivos.

9 de Julio Cabo San Lucas

Al día siguiente por la mañana, a la hora del desayuno hasta la hermana se encontraba en la cocina para despedirse de nosotros. solo llevaríamos lo puesto, además de un chubasquero y llenaríamos el depósito de combustible del barco. El velero con motor que utilizaríamos era el de la familia y estaba preparado para zarpar en cualquier momento. Tendríamos varios galones de agua potable, ya que no era cuestión de contraer ninguna enfermedad estomacal.

Esta vez dejamos que sus padres nos llevaran al embarcadero y tanto el talante de su madre como el de su padre habían cambiado por completo. Víctor ya no era el niño que había que proteger y todos los consejos de cómo cuidarnos estaban dirigidos hacia los tres

sin distinción.

Rumbo a la mar

Emiliano era un excelente lobo de mar y conocía muy bien las cartas de navegación de aquellos mares, así que en un principio Víctor haría de “pinche brunete” y yo sería el patrón. Le tendríamos de esclavo para todo y al principio le trataríamos de una manera un tanto inhumana, pero como entre los dos éramos más fuertes, no habría problemas de motín a bordo.

Zarpamos sin rumbo fijo en busca de las ballenas grises, tiburones martillo y lobos de mar que eran asiduos por aquellos profundidades. Horas después nos ceñimos a la costa y nos dirigimos hacia la Paz, Capital del Estado, recordando la promesa que hicimos de no entablar comunicación con otros humanos durante los días que durase nuestro disimulado naufragio.

Había amanecido un tanto nublado con veinte y uno grados de temperatura y la brisa del mar hacía mucho más soportable el calor del continente y a los pocos minutos estábamos alejándonos de la costa.

Me senté delante, en la proa del velero y saqué mis piernas, dejándolas colgando y sintiendo el agua de mar en un gran parte de mi cuerpo. Me relajé observando cómo un

grupo de delfines seguían nuestro camino y me dieron ganas de nadar con ellos en armonía

y libertad.

Como físicamente no podía hacerlo, me desdoblé y me imaginé, que me salía de mi cuerpo, convirtiéndome virtualmente en uno de ellos y durante un tiempo indeterminado, me recubrí de una energía sublime. Me sentía el amo de mi vida, nadando con esos mamíferos acuáticos en armonía, sintiendo que mi salud se convertía en realidad, que tenía todo el tiempo del mundo para vivir la vida que yo quería vivir, con éxito y una abundancia tanto material como espiritual, para poder devolver a el mundo, una parte de todo lo que a diario me brindaba.

Tan solo pensaba en mi futuro amoroso y quería que fuese Susan God, la mujer con la cual podría compartir una buena parte de mi futuro. Sin duda estaba viviendo uno de los mejores momentos de mi vida. Le daba gracias a Dios por poder disfrutar de cada segundo único de aquel día tan hermoso en mi interior. De pronto mis amigos cetáceos se despidieron y me devolvieron a mi condición de humano, y fue cuando escuché a Emiliano hablando muy amigablemente con su hermano.

Aquel primer día de navegación, el dios Neptuno se portó muy bien con nosotros, ya que

el viento siempre nos fue favorable, o mejor dicho, viajábamos a favor de él, además de

que pescamos varios peces con la caña. Todos echamos en falta un poco de arroz y pan,

pero las reglas que habíamos impuesto eran muy duras y Víctor Manuel, estaba decidido a que las cumpliésemos a rajatabla.

A primeras horas de la tarde cuando el sol estaba en su máximo apogeo, fondeamos en una playa solitaria y después de hacer fuego nos comimos nuestros primeros peces sin cebolla ni tomate. La playa estaba llena de cangrejos rojos, que al vernos corrían a resguardarse, en los huecos que habían construido en la arena para protegerse. Medía unos treinta metros de ancho, por unos doce o quince de largo y las olas eran muy pequeñas.

En medio de la playa, había unas palmeras, muy parecidas a las que ahora hay, en la Isla de Gámez, en el archipiélago de las Paridas, en Chiriquí, Panamá.

Emiliano y yo nos metimos en el agua y empezamos a hablar sobre filosofía cotidiana y a contar cuentos, o sea, pasando de un tema a otro, aunque el tema central, era a lo que me iba a dedicar en Cabo San Lucas profesionalmente durante el tiempo en que estuviese establecido por allí.

Fue entonces cuando me vino a la memoria mi amigo Albert N.H y lo bien que lo pasamos navegando con su hermano Frank, tiempo atrás por el golfo de Chiriquí. Estábamos tan ensimismados en nuestros temas, que no nos dimos cuenta de que Víctor se nos había unido al grupo y como casi no había olas, parecía que estábamos en un lago en lugar que en el Mar de Cortés.

Emiliano empezó a preguntarme por nuestros amigos de Madrid y su hermano aburrido al no conocerlos, nos dejó solos. No le dijimos nada, ni a que hora debería de regresar ya que sabía que al anochecer deberíamos de estar en el barco. Nos reímos mucho recordando nuestras noches mexicanas en Madrid y nos vinieron a la memoria todos los amigos de San Luis Potosí, que estudiaron con nosotros en el “Campus Somosaguas de Madrid”.

El plan para apoyar a Víctor Manuel.

Al quedarnos solos, le comenté a Emiliano, que deberíamos de discutir constantemente, delante de su hermano y que me pidiese hacer lo que no queríamos que Víctor hiciera, para que al llevarle la contraria, pudiese refrendarse en su propia estima. También le señalé que a él, le tocaría al principio jugar el papel de malo y dejarme a mí el de bueno.

Debería poner muchas trabas a todo lo que fuésemos a hacer esos días y comportarse caprichosamente como si fuese en realidad su hermano pequeño, para que este se diese cuenta de sus errores.

Unas horas después aparecía Víctor con dos anguilas de mar, algunos cangrejos rojos y una especie de centollo del cantábrico. Sin decirnos nada y con utensilios que había encontrado en la playa, nos hizo la cena. Yo había comido mucha “culebra naufragada”,

sobre todo cerca de la isla de Komodo en Indonesia, pero con arroz y algo de soja. Pero aquellas no tenían el mismo aspecto y no sabíamos muy bien como cocinarlas. Así que en una especie de comal u olla, metimos la centolla -y era centolla porque tenía huevas-.

Troceamos las culebras y echamos a los cangrejos a la cazuela con agua mineral, ya que a

la centolla había que cocerla con agua de mar. Los peces los comimos y estaban muy

buenos y como el aspecto de las culebras a ninguno nos atraía, se las dimos de comer a las gaviotas que por allí pululaban. Los cangrejos estaban bastante buenos y mejor aún la centolla, aunque algo sosa, ya que no teníamos sal y para la próxima vez, pondríamos agua de mar al sol, para así obtenerla.

Pero una centolla para tres era poco para unos náufragos, así que le dijimos a Víctor que al día siguiente se esmerara más y cogiera como mínimo tres o cuatro. Sin venir a cuento, nos pusimos a cantar “Yo soy puro mexicano” y nadando llegamos al velero huyendo de los mosquitos. La luna estaba en cuarto menguante, así que Emiliano y yo nos metimos en los camarotes dejando que Víctor se quedara a dormir a la intemperie. este me decía al darle las buenas noches:

-En menos de una hora saldrás del camarote.

Entonces pensé que sería porque Emiliano se echaría pedos o algo por el estilo, pero ya se sabe cuando uno está implicado en un naufragio, no puede escoger demasiado.

A la mañana siguiente, al despertarme pude oír a Emiliano decirle a su hermano: Félix es

un verdadero cabrón, ya que ronca “pala chingada” y había varios grillos dentro del barco, que no dejaban de cantar.

El que se había tenido que salir del camarote había sido él, ya que aunque yo se que ronco, me pongo siempre un antifaz para la luz, y tapones en los oídos para no oír el ruido del grillo que emite mi anti mosquitos y así tampoco oiría mis ronquidos.

10 de Julio

Bahía de California. Mar de Cortés.

Emiliano estaba enfadado conmigo por mis ronquidos pero lo estaba aún más, por el ruido infernal emitido por los antimosquitos. Así que nos turnaríamos. Un día dormiría yo en el camarote y el otro ellos y entonces yo lo haría en la cubierta. Víctor no dejaba de reírse de mis ronquidos, pero su hermano estaba bastante serio. Mi miró a los ojos y me preguntó:

- Y ahora, ¿qué vamos a desayunar? Esto es una verdadera “chingada”. No hay galletas, “Nesquick”, ni nada. ¿Vamos a desayunar, comer y cenar pescado? Tengo escondida una tarjeta de crédito. Hagamos otra vez el “plan B” y vayamos a un mercado y compremos por lo menos algo para desayunar y algo de tortillas de maíz. No se comer sin tortillas.

Mientras su hermano se reía constantemente, propuso entonces hacer una votación y si había mayoría se podrían comprar provisiones. Rápidamente Emiliano votó que sí y cual fue mi sorpresa al oír a Víctor decir:

-Si somos náufragos, vivamos como tal y sino volvamos a casa para que mamá nos dé de comer.

No tuve que emitir mi voto ya que la ponencia había sido rechazada, así como el primer conato de motín. Tomé del brazo a Emiliano y le dije: “cocos y pipas para desayunar”. Cerca de allí había varios cocoteros y no tardamos en dar cuenta de algunos de ellos.

Los abrimos utilizando una técnica que había aprendido en la Polinesia y que consistía en clavar un tronco con una punta afilada en la arena y dándole certeros golpes, íbamos desprendiendo el caparazón. Comimos su carne y bebimos su jugo, haciendo acopio de bastante de ellos, para emergencias. Emiliano ya estaba más tranquilo y fue cuando decidimos ir hacia el Este, atravesando el Mar de Cortés y teniendo cuidado de no toparnos con alguna ballena.

Como el viento ni la marea, nos eran favorables, tardamos mucho en llegar y mientras uno de nosotros llevaba el timón, los otros dos, nos dedicábamos a pescar. Mientras yo me hacía una especie de rancho pequeño en la proa, para protegerme del sol, Víctor me empezó a contar lo que quería hacer con su futuro. Emiliano llevaba con excelente maestría el barco, mientras yo escuchaba atentamente lo que su hermano me contaba sobre su vida. A media tarde después de que hubiésemos comido lo pescado, empezó el mar a ponerse duro y tuvimos que ponernos los chalecos salvavidas.

Como buenos previsores habíamos atado a cada chaleco una linterna, un silbato, bengalas, algo de comida sintética, dos botellas de agua de medio litro y en el mío llevaba además cacao para los labios, una cuchilla multiusos y unas gafas de sol, además de una pequeña gorra de béisbol para protegerme del sol. A Dios gracias nunca tuvimos que utilizarlo ya que no naufragamos de verdad ni estuvimos a punto de hacerlo. El viento cambió al noroeste así que pusimos viento en popa a toda vela y llegamos a tierra como a doscientos kilómetros de nuestro primer objetivo…y eso que yo había dicho que Emiliano era un buen capitán.

Atracamos en una especie de cala o bahía pequeña bastante resguardada y dormimos los tres en cubierta y como el agua de la lluvia nos había quitado la sal del cuerpo, nadie se acordó de los ronquidos de los demás mientras que mi anti mosquitos de ultrasonido nos protegió a los tres de los insectos malévolos.

Al despertarnos comprobamos que el paisaje era totalmente distinto al de Baja California Sur, que estaba lleno de cactus, desiertos y montañas muy altas. Allí en la costa sin habitar, había además de cocoteros, piñas, mangos, papayas y caza en abundante.

Entonces decidimos quedarnos durante unos días viviendo en esa especie de isla-tierra haciendo una vida lo más parecida a la de “Robinson Crusoe”. Mientras observaba como los hermanos hablaban y se comunicaban de otra manera bastante distinta a la pasada.

Allí estábamos para disfrutar de los pequeños placeres de la vida y dormir a la intemperie no resultaba divertido. Así que de común acuerdo nos hicimos un ranchito con palos y pusimos un tejado de hojas de plátanos para no mojarnos cuando lloviera. Uno de los tres debería estar siempre pendiente del barco y de que nadie pudiera robárnoslo. En caso de emergencia utilizaría las bengalas o el claxon del barco para pedir ayuda. Cerca de allí descubrimos un arroyo de agua, que utilizábamos para quitarnos la sal del mar y que nunca tuvimos que utilizar para beber, ya que con un pequeño procedimiento tomábamos el agua de la lluvia que solo utilizábamos a la hora de la comida. Podíamos elegir: pescado de mar o de río, crustáceos, conejo, fruta, y alguna que otra iguana, más parecida a un borreguero, que a los verdes dinosaurios que pululan por el Valle de la Luna.

Por la mañana no se oían demasiados ruidos y después de decidir dejar la comodidad de la pequeña ensenada donde habíamos detenido nuestra embarcación, a la altura de Los Mochis, según el GPS que Emiliano llevaba. Así que elevamos anclas rumbo al Mar de Cortés y lo atravesaríamos otra vez, para regresar a la parte de Baja.

Capítulo VICoaching en un paraíso

Aquello sí que era el paraíso que siempre había soñado para hacer un verdadero Coaching, apartado del mundanal ruido, de los celulares y de todo aquello que pudiese distraernos. Durante unos diez días, lo pasaríamos muy bien, apoyando a Víctor Manuel, para que él, recuperase las ganas de vivir y también hablando con Emiliano, de tiempos cargados de melancolía, que es donde pasamos casi el ochenta por ciento de nuestra vida.

Le apliqué a Víctor, una de las técnicas de la MHRP, para que pudiese recuperar sus ganas de vivir, superara a su ex, recobrara su estima y pudiese construir su destino. En nuestro naufragio, habíamos trabajado en diez puntos básicos que los tres teníamos que superar para incrementar nuestro poder innato, utilizando lo aprendido en Coaching para el éxito.

Empezamos haciendo una lista de todo aquello que nos restaba energía. Como por ejemplo:

Vivir constantemente en el pasado, Desorden mental y material, Asignaturas pendientes, de amores del pasado, Exceso de chocolate, Kilos de más, Sexo y porno por Internet desmedido, Limpieza del coche y del barco, Cobrar facturas pendientes,

Pagar tarjetas de crédito, Problemas familiares, Las peleas por malentendidos, Rencores, El miedo, la tristeza, en enfado, el asco, Las sorpresas desagradables, la euforia Vivir la vida de otros, El hacerse siempre la víctima.

Después de haber hecho la lista, tendríamos que buscar la solución y ponerle una fecha límite para haberla cumplido. Durante todo un día, trabajamos los tres, cada uno por su cuenta en este asunto y solo rompíamos la tarea para pescar y comer. Posteriormente al anochecer los tres hicimos de Coach y también de Coachee, que es la persona que recibe el Coaching.

Al día siguiente trabajamos en diseñar aquello que queríamos hacer con nuestro futuro, ahora que teníamos espacio, después de haber acotado lo que nos restaba energía.

El tercer punto que tratamos, fue hacer que el dinero trabajara para nosotros y les expliqué el cuadrante del flujo del dinero de Robert Kiyosaki, que Emiliano conocía bastante bien, ya que daba clases de ello. Analizamos el porqué era tan importante vivir por debajo de nuestras posibilidades, sin tener que mantener una fuerte presión financiera, eso sí, cuando no es posible.

El cuarto punto, consistía en encontrar la mejor forma de cómo tener tiempo para hacer todo aquello que nos propusiéramos, donde me consideraron bastante competente y disfruté mucho explicándoselos. La importancia de llevar una agenda al día y de tener proyectos a corto, medio y largo plazo. Analizamos detenidamente el Método Eisenhower, donde se tenía que valorar constantemente si un proyecto era importante, urgente, se delegaba o se echaba a la papelera.

El quinto punto consistía, en saber cómo elegir e incrementar nuestras relaciones, tanto personales como profesionales, ya que estas determinan nuestra calidad de vida. Si estamos rodeados de gente triunfadora, en eso nos convertiremos y al contrario también. El sexto punto, versaba sobre cómo hacer aquello que nos gusta, partiendo de uno de los principios de la MHRP, que nos dice, que la felicidad no consiste en hacer lo que te gusta, sino en disfrutar de todo aquello que realizas.

El séptimo paso, era en aprender a ser eficaz, productivo y eficiente. El octavo, aprender a escuchar y a comunicarte eficazmente. Así que primero Emiliano, luego yo y por último Víctor, tuvimos que confesarnos y explicar con pelos y señales, nuestros puntos débiles y como convertirlos en positivos. Hicimos también una especie de Constelaciones Familiares, donde los hermanos se quedaron muy sorprendidos de lo que allí se decía y eso les hizo unirse mucho más, a partir de ese preciso momento.

El noveno paso, era cuidar de uno mismo y de nuestra salud. La importancia de beber agua pura, ya que somos un ochenta por ciento agua en estado sólido y también hablamos sobre los beneficios del limón, del té verde y me acordé de mi amigo el Profesor Adolfo Pérez Agustí, que es uno de los mejores especialistas en la materia, ya que su método de rejuvenecimiento se lo aplica todos los días y a su lado, sigo aprendiendo a tener mejor calidad de vida. El décimo paso, era llegar a considerar y tener el éxito de una manera natural. Aprender a tener éxito sin perseguirlo. Les expliqué cómo en Madrid, mientras daba un curso de Motivación, a mis alumnos de diferentes UFIL, Unidades de Formación e Inserción Laboral, me preguntaron que cómo se podía tener éxito, abundancia y dinero, y a la vez, tener paz tranquilidad y armonía. Me dijeron que las personas que perseguían el dinero, normalmente tenían mala salud y de paz interior, nada de nada. Estuve cuatro años impartiéndoles motivación y les expliqué que leyendo el Tao Te King de Lao Tsé, aprendí que si un humano es capaz de tener paz y tranquilidad, esto le traerá el éxito. Y si tiene paz, tranquilidad, armonía y éxito, esto le brindaré en bandeja el dinero. Emiliano me dijo que eso era casi imposible de lograrlo y le contesté que para eso estábamos los tres allí.

“Cada persona debe de encontrar su paz interior y la paz para que sea verdadera, debe de ser ajena a las circunstancias” M. Gandhi.

Primero deberíamos tener paz interior. Para eso deberíamos tener tiempo, para decidir lo que queríamos hacer con nuestra vida, para posteriormente dejar de pensar y hacerlo. Ahora que teníamos paz interior, podíamos tener tranquilidad y armonía. Estábamos sin provisiones y nos imaginábamos que éramos náufragos por lo menos durante diez días, el tiempo suficiente para asimilarlo y que nuestra mente creyese que en realidad éramos náufragos y actuase de esa manera tan sorprendente.

Ahora que teníamos paz, tranquilidad y armonía, éramos personas de éxito, por tanto deberíamos actuar como tal y sentirnos los únicos dueños de nuestro destino, independientemente de si hiciese sol, lloviese o nevase, cosa que era bastante improbable, ya que por aquellos lares, la temperatura no bajaba en la madrugada de veinte grados centígrados.

Es el momento de atraer el dinero. Así que cada uno de nosotros, deberá de pensar cómo hacerlo y en cuanto teníamos una idea, la exponíamos. De esa manera tan relajante y distendida, trascurrieron los días, hasta que decidimos volver a la civilización.

Capítulo VII Los primeros resultados ¿Cómo superarse a uno mismo? El rito de pasaje. 20 de Julio. Cabo san Lucas

Cuando atracamos en barco en el Club de Yates, allí estaban sus padres esperándonos,

dando saltos de alegría al vernos llegar. La madre, después de llenar de besos a sus hijos y

de

haberme dado un fortísimo abrazo, le preguntó a Víctor Manuel que si se había tomado

los

antidepresivos y este le respondió:

-Mamá, ya no soy un niño. Déjame crecer y ser una persona independiente y deja de ser

mi

niñera. Sé solo mi madre y déjame que aprenda a equivocarme cometiendo errores, que

es

como de verdad se aprende. Tú queriendo protegerme, me has hecho mucho daño y me

has traspasado todos tus miedos y frustraciones, no dejándome tomar mis propias decisiones.

Yo ya no soy “ese” niño enfermizo en el que te refugias cada vez que discutías con papá.

Eso nunca lo hiciste con Emiliano y mira el resultado. Él ahora es independiente mientras

yo

he estado a punto de suicidarme, ya que la vida que he llevado hasta este momento, no

es

la vida que quería vivir.

Confía por primera vez en mí porque preferiría haberme ahogado en el mar, haciendo de náufrago, que seguir oyendo tus lamentaciones cada vez que quiero realizar un proyecto nuevo y tú te opones. Mi novia me dejó, no porque estuviese gordo, esa solo era una excusa. Ella no quería que te metieses tanto en nuestras vidas y que constantemente decidieras por nosotros.

De verdad que eres muy buena madre y yo te quiero mucho, pero ahora déjame que rompa el cordón umbilical y que viva mi propia vida.

Estoy seguro que sin tener que soportar el problema de tener a un hijo “como yo lo era antes”, tendrás esa libertad de volar y de decidir si sigues casada con papá, te vas a vivir a Europa o te pones a trabajar en lo que siempre has querido. Trátame como lo haces con mi hermano y verás que pronto la familia tomará un nuevo rumbo y encontraremos cada uno nuestro propio camino.

Víctor nos dejó a todos boquiabiertos y después de que su madre rompiese a llorar, le pidió que se calmase para darle un abrazo de reconciliación. Al regresar a casa de la familia Arxona, todo fue una fiesta, ya que después de comprobar los resultados obtenidos con Víctor Manuel y también lo que Emiliano les contó a sus padres, me habían buscado muchas personas para que les aplicara mi terapia y durante los tres días siguientes casi no dejé de hacerlo.

¿Qué nos pasa cuando tenemos la autoestima baja?

María Teresa conducía muy bien el todo terreno, aunque lo hacía un poco rápido para mi gusto y me dejó perplejo cuando me comentó que estaba tomando ansiolíticos, ya que su médico se los había recetado. También tenía problemas de salud debido a los estrógenos y

a la menopausia que la traía a mal traer ya que su apetito sexual se había difuminado y tenía miedo de que su marido se buscara a otra mujer más joven y atractiva.

Ella tenía su estima por los suelos y no se daba cuenta que su atractivo como persona, radicaba en su profundo sentido espiritual. Practicaba yoga todas las mañanas y hacía algo de deporte pero su situación con su marido era bastante peculiar.

Como era tarde, Rubén nos llamó por teléfono para quedar a cenar cerca del embarcadero, aunque al final nos recogió en la casa ya que teníamos que llevar la compra y meterla en la nevera. Cuando apareció traía un ramo de rosas para su mujer y después de darle un beso muy romántico, me dijo que esa noche me daría una sorpresa.

Con el dinero que me pagaron, tendría suficiente como para vivir por lo menos un año a cuerpo de rey. Pero mi pensamiento me decía que buscara a Susan y solo tenía de ella una dirección de un restaurante en una isla que estaba a casi medio día de camino. Rubén enterado por sus hijos de mi obstinación por aquella mujer se ofreció a llevarme a La Paz, donde debería de tomar un barco rumbo a la isla y comprobando que él de verdad tenía que ir a La Paz, accedí de mil agrados.

Quedamos en que regresaría a los pocos días y así seguiría con mi consulta de Hipnoterapeuta, que para colmo, estaba instalada en casa de los Arxona. Me pidió que le quitase de fumar y quería que entrenase a otros chicos de la misma manera que lo había hecho con Víctor Manuel. Así que ese mismo día empecé con mi Terapia, para que él dejase de fumar, acordándome que la primera persona que se graduó del Experto en Terapia Integral MHRP, en la Bircham International University (BIU), en 2010, María Teresa P. S. quién es capaz en una sola sesión de eliminar el hábito de fumar, a muchos de los clientes que ha tenido.

Si algo bueno tiene mi trabajo, es que puedo viajar por todo el mundo sin dinero y así de esa manera tan aventurera, ya me había recorrido más de ciento veinte países, pero no me gustaba echar raíces que me mantuviesen atado a un lugar determinado.

¿Sería Susan la que lo conseguiría? ¿Habría llegado ya el momento de cambiar?

27 de Julio. Cabo san Lucas

Veintiún días después de haber conocido a Susan, me despedía por el momento de mis amigos y durante unas horas compartiría el coche con el padre. Hablamos de muchas cosas y recuerdo que me propuso que me quedase un tiempo a vivir con ellos, para que así Víctor Manuel se sintiera más seguro. Que él me pondría un negocio o que yo lo pusiese y que con todo el turismo extranjero que había, me ganase la vida. Le expliqué la importancia de la independencia emocional que necesitaba su hijo y aparentemente lo entendió.

El camino no me resultó tan pesado como la ida, ya que cogimos una especie de autopista y digo especie, ya que había que pagar y en algunos tramos solo tenía un carril para cada lado. Habíamos salido muy temprano de Cabo San Lucas y cuando estábamos a mitad de camino, Rubén me preguntó sí tenía tiempo y sí me apetecía montar a caballo antes de encontrarme con Susan y así lo hicimos en una finca que tenían cerca de la carretera. En La Paz, me dejó en el embarcadero y a eso de la una de la tarde llegué a la isla donde creía que podría encontrar a Susan.

Capítulo VIII El amor es lo único que justifica todo. 27 de Julio Outback

Navegando en una panga, un barco parecido a las “Pedreñeras” de Santander, sentía como la suave brisa del mar, se fusionaba con mi rostro y a la vez, envolvía mi cuerpo, dándome una sensación de libertad profunda. Aquello me producía un sabor salado, mientras escuchaba el ruido producido por una banda de gaviotas, que volando bajo, nos exigían su ración diaria de pescado.

Me dirigía sin saberlo a ciencia cierta, hacia mi futuro, para vivir una de las experiencias más maravillosas que los humanos podemos experimentar.

Me interrogaba en lo más profundo de mi ser, sobre el porqué, esa mujer, me resultaba tan mágica y especial, si tan solo la había conocido durante unas horas, semanas atrás.

Toda mi vida me habían atraído mujeres muy inteligentes, independientes, sensibles y seguras de sí mismas y Susan cumplía a la perfección todas mis exigencias.

¿Se acordaría de mí? ¿Me había enamorado de un ser imaginario? ¿Era amor, ilusión o pasión? ¿Existiría el amor a primera vista?

Quería descubrir aquella mañana, ese manantial de hechizo de amor que ella tenía, sin esperar nada, ni querer modificar lo que la naturaleza tan sabiamente había creado. Llevaba puestos mis auriculares y escuchaba a Miguel Ríos cantar “Bienvenidos”. La travesía me resultó muy rápida y casi sin darme cuenta, estaba en la isla y por un momento me sentí ridículo, ya que en ese momento escuchaba el tema de la serie de televisión Bonanza y sentía como me acercaba a mi “Ponderosa” particular.

Riéndome de mí mismo y con bastante timidez oculta, encontré muy cerca del embarcadero, el restaurante de la tarjeta.

Al acercarme a la puerta con más miedo que vergüenza, mientras rezaba en silencio, y me aplicaba toda la Inteligencia Emocional que podía, pude percibir un fuerte olor a parrillada

de mariscos y empecé a segregar saliva. No sabía si lo hacía, por el hambre que tenía a esas horas, -pasadas del medio día-, o por el recuerdo que de ella tenía, mezclado con alguna fantasía amatoria, deseoso y sediento de poder vivir por fin amor compartido.

Me detuve por un momento y busqué la canción que más me recordaba a mi amada y no

era otra que “Mi Caballo, el Cantador” esta vez interpretada por Guadalupe Pineda,

sobrina de Antonio Aguilar. De mis ojos brotaron llantos de felicidad, porque intuía que pronto volvería a ver, al amor de mi vida.

Me llené de energía al cantar la canción y al terminar, la volví a escuchar. Menudo anclaje

tan profundo tenía con esa canción. Supuse que mi padre, mi abuelo y Antonio Aguilar

desde el cielo la cantaban conmigo.

El restaurante estaba situado en un lugar espléndido. Muy cerca del mar, encima de un montículo. Así que, ante una crecida no correría peligro. Su diseño era muy funcional.

Combinaba colores azules, blancos y un poco de rojo, que lo había acoplaba como si fuese

un barco de vela.

Me recordó mucho otra vez al norte de España y aquello me produjo una sensación de seguridad. Entré al restaurante y en seguida me di cuenta de que allí había instaurado mucho lujo, tanto o más, que en Cabo San Lucas, que posiblemente, sean de los más caros de todo México. Mis ropas no estaban del todo acordes al lugar pero aquello no me importó demasiado.

Las mesas estaban muy bien puestas y los comensales lucían sus mejores galas. Estaba diseñado con la forma de un velero y daba la sensación, de que estábamos navegando en alta mar, ya que se podía oír el ruido de las olas rompiendo en la costa y ver el mar por las amplias ventanas que daban a la playa.

Busqué a Susan con la mirada y en un principio no la vi y después de que un camarero,

me

hubiese sentado en una cómoda mesa y de haber leído la carta y quedarme atónito por

los

precios, por fin ella apareció delante de mí.

Mi

corazón latía muy deprisa y sentía la necesidad de fundirme en un abrazo profundo,

preñado de un creciente amor y barnizado a su vez, de un agudo respeto hacia su persona.

No quería perderla por mi precipitación y ansiedad, aunque pensándolo bien, era imposible

perder lo que nunca se había tenido.

Estaba muy guapa. Lucía un traje blanco bordado de flores que le llegaba casi hasta los pies y se movía con total naturalidad. Me recordaba a las Polleras blancas de Los Santos en Panamá, aunque más bien lucía un traje de China Poblana, parecido a su vez, al que visten las mujeres en las Fallas de Valencia, aunque era de San Gabriel Chilac, del Estado

de Puebla. Para colmo se oía la música ambiental de Granada y me sentí muy andaluz en ese momento.

Al darme cuenta de que se acercaba a mi mesa y al levantarme para saludarla, la servilleta que tenía en mis rodillas voló y la que estaba tomando se cayó encima de la mesa y también mojó mis pantalones, con una mancha similar a lo que me había pasado en el autobús en la noche en que la había visto por última vez.

Sin darle apenas importancia y tan solo mirándola a los ojos, tomé su mano y le di un beso con todo respeto y admiración. Mi corazón se quería salir de la velocidad con la que latía, mientras cubría con la servilleta mi pantalón cubierto de un frío refresco. Me sorprendió que se acordase de mi nombre, ya que me dijo:

-Bienvenido a mi restaurante, Félix Gómez. Sabía que iba a venir pero nunca imaginé que tardaría tanto tiempo en hacerlo. Me alegro mucho de que esté aquí y sobre todo volver a verle, aunque solo sea por un día.

Mientras nos mirábamos a los ojos, un mesero intentaba limpiar el desaguisado que yo sin querer, acababa de hacer.

Para variar, le dije que la música que se oía era de Jacques Loussier interpretando a Bach. Ella me respondió con una tímida sonrisa, moviendo ligeramente los ojos hacia abajo, señal inequívoca de que yo la había empezado a intranquilizar y que no quería decirme lo que pensaba en ese instante. Desde que la había conocido ese gesto lo había hecho varias veces y sin yo saberlo, era una señal de defensa en lugar de seducción. Pero qué aburridos seríamos los humanos, si tanto los hombres como las mujeres entendiéramos siempre lo mismo.

Le dije entonces:

- Un restaurante mexicano, en mitad del Pacífico con música clásica, con un olor y espero, un sabor tan especial.

- En Norteamérica cuando queremos somos muy cultos, tanto o más que los europeos y además, no estamos en mitad del Océano.

Susan me pidió servirme el plato del día. Yo había esperado encontrarme, -antes de conocer el restaurantecon una casa de comidas donde pudiese almorzar unos "frijolitos negros, platanitos fritos, arroz, carne, enchiladas y tortillas de maíz", que era parte del menú diario, que yo hubiese comido muy a gusto.

Mientras que ella iba camino de la cocina, observé con todo detalle, que en las mesas, los platos eran muy grandes y los cubiertos de plata de ley de 925 milésimas tallados en Tasco. Antes de que viniera Susan con la comida, un camarero muy bien plantado me trajo un aperitivo y un vino blanco alemán elaborado a partir de Riesling, de la bodega Weingut

Beurer.

El vino estaba delicioso y aunque yo no suelo beber, mi deleite fue supremo. Tengo que reconocer que mi bebida favorita sigue siendo el agua y luego la Coca Cola, pero aquel día podría por fin emborracharme de amor y pasión…

Por entonces se oía a través de distintos altavoces, la música de Elvis Presley, “In the Ghetto”, mientras yo me imaginaba con los ojos aún abiertos, haciéndole el amor a mi amada. Desde hacía casi un mes, Susan no había salido en ningún momento de mi mente y cada segundo tomaba más cuerpo en mi alma. Me sentía locamente enamorado de aquella mujer que para mí, no era de este mundo.

Al regresar otra vez a la realidad, escuchando al Mariachi Vargas interpretar “Canción

Mixteca”, comprobé que el canapé resultó ser un ceviche con galletas de soda, que deleité

a cámara lenta y en cuanto terminé, un camarero me sirvió una ensalada de langostinos

con lechuga, tomate y algo que no recuerdo con seguridad y por último plato me sirvieron una langosta estilo "Ayers Rock", servida por un exquisito cóctel de champagne y aquello era, el menú del día…

De postre me ofrecieron un helado cremoso estilo italiano que estaba delicioso y me transporté a mi futuro y me imaginaba que estaría con ella en Florencia de la mano, mientras le contaba mis andanzas años atrás por la Toscana. Disfruté mucho de los manjares, sobre todo observando las evoluciones de Susan, al ir de un lado a otro del restaurante, supervisando que todo estuviera en perfecto orden.

Sin embargo, sentía algo de vergüenza, ya que yo vestía una camisa de manga larga y un pantalón vaquero color claro y unos náuticos marrones, además de mi gorra de Jack Daniels, con la que había viajado bastante y que en este preciso momento mientras escribo, la tengo desteñida a mi lado. Cuando mi hermana mayor la veía, se enojaba

conmigo por lo fea y sucia que estaba e invariablemente la llevaba a la tintorería LavaFast

y de tanto tinte que le habían dado, se le había oscurecido hasta el nombre.

Siempre me la teñían de negro, mientras que mi hermana pequeña, me había regalado una, que me había traído de Tampa y que recuerdo haberla perdido mientras buceaba en las playas de Bora Bora en la Polinesia Francesa.

Al terminar de comer, ya casi no quedaban clientes en aquel romántico lugar y al pedir la cuenta, esperaba que Susan se sentara conmigo y pudiéramos hablar y conocernos, que era el motivo de mi viaje a aquella casi “fantasma” isla del Pacífico.

Estuve esperando, escribiendo en una libreta mis sensaciones, sin que mis nervios me traicionaran, hasta que hubieran recogido el restaurante y montado las mesas para la noche. Por fin se sentó a mi lado trayéndome un Cóctel de Champagne y para ella, un

Coñac Martell y sonriéndome con una cara de alucine, se encendió un habano; supongo que era un puro muy especial, por el olor tan penetrante que emitía. Nunca me la hubiese imaginado fumando tan extraño puro, que la hacía aparentar una cierta rudeza.

Me preguntó desafiante, sobre mi viaje a Los Cabos y después de que yo hubiese contado

por encima y sin darle muchos detalles, fue cuando ella mirándome fijamente a mis ojos y

sin venir a cuento, me dijo:

-Mira Félix. Yo soy una superviviente de un grupo humano que se está extinguiendo. Mi familia son aborígenes Australianos que fueron arrebatados de sus padres, cuando apenas eran unos niños. Les intentaron educar al igual que a los descendientes de los Europeos, pero en sus genes - y estoy seguro que el ADN de los aborígenes, al igual que el de los descendientes de los Indoamericanos - es diferente al resto de los humanos, por lo menos en uno. Ese gen lo tengo yo y por eso soy libre. Imagínate a cualquier humano, sea del

lugar que sea, sentado en su sofá con una copa de cerveza en la mano, viendo la televisión, esperando que pase el tiempo para poderse jubilar y será entonces cuando él crea que por

fin

podrá hacer todo aquello que le apetezca. Puedo asegurarte y te aseguro, como dirían

en

España, que jamás serán nada.

Tan solo serán uno de los engranajes del sistema. Para qué van a molestarse en hacer algo si saben de antemano que nunca lo van a conseguir.

Mírame a mí y mi vida. Tengo dos hijos que estudian y viven en California. Son ciudadanos Americanos al igual que yo y los tengo viviendo con mis padres en Irvine, muy cerca de New Port Beach. Allí están estudiando, pero todos los días mentalmente a una hora determinada, nos reunimos aquí, en esta isla perdida del mundo.

Mis padres aborígenes, se conocieron en California, ya que el Gobierno de Los Estados

Unidos había concedido unas becas y después de estudiar, se casaron y me tuvieron a mí.

Mi padre es un militar retirado de la Armada USA y viven a mitad de camino entre Los

Ángeles y San Diego. Tengo dos hijos de 22 y 20 años, que viven ahora con ellos. Les voy a ver todos los meses. Somos una familia muy unida, aunque estemos en este momento en distintos lugares. Los mandé a California para que no perdieran su cultura original y para que pudieran estudiar y luego decidir libremente sobre su destino.

Miraba a Susan, mientras ella me hablaba y por entonces ya había decidido pasar el resto de mis días creciendo con ella. Mientras la escuchaba, continuaba con su narración:

-Yo empecé la carrera de Derecho, pero un día conocí al que posteriormente fue el padre de mis hijos y entonces me enamoré perdidamente de él y lo dejé todo, incluido mis estudios. En cierta ocasión, creo recordar, la noche en que nos conocimos, te oí decir, que la libertad es la capacidad de decisión que tenemos los humanos sobre nuestras vidas y te aseguro que al igual que tú, yo soy libre. Soy libre para levantarme a las 6:30 a.m. todas las

mañanas. Tomo mi camioneta y me voy a pescar langostas a un lugar que me pertenece y

donde nadie puede capturarlas. Según el día y la temporada, cojo de tres a diez, pero soy

yo la que cuida el ecosistema.

Antes de regresar a casa, me paso por el mercado y compro el pescado. El "Guachinango" de la ensalada que te acabas de comer y la langosta, se pescaron esta madrugada.

Este restaurante es mío y no de mis hijos. Ellos tendrán que ganárselo trabajando. Yo trabajo en lo que quiero y vivo como quiero. No me complico la vida en gastos superfluos y aunque podía tener una mejor camioneta que la que tengo, prefiero seguir con ella, mientras me sirva, que deber dinero al banco.

Mi casa es pequeña pero muy confortable. Tengo los amigos que quiero y prefiero estar

sola que mal acompañada. Yo sola sin necesidad de nadie, controlo mi negocio. Podía tener otro más grande, pero eso sacrificaría mi tiempo y mi tiempo es mi libertad. Cuando regreso a casa del mercado, deposito las langostas en un vivero y organizo el menú del día. Casi todos mis clientes son navegantes, que tienen veleros y que vienen a la isla de vacaciones. Ellos duermen en sus barcos, pero les gusta comer muy bien y aquí lo consiguen. Les doy ensaladas, camarones y el mejor pescado, además de unas langostas que nada le tienen que envidiar a las españolas. También tengo una extensa legión de carnes y de quesos. Mi restaurante es bastante más caro que los que hay en Cabo San Lucas, pero la calidad del servicio y de la comida no tiene parangón en todo el Estado. Cuido mucho de los vinos y de su temperatura, ya que también recalan algunos europeos y se sorprenden de mis buenos caldos en pleno golfo de California.

Por la tarde después de dejar preparado el restaurante para la cena, o me voy a montar a caballo, a pescar, dependiendo de la temporada o a pintar. Leo bastante y tengo muchas horas al día para mí. Hablo con mis hijos a través de Internet y así ahora puedo vivir la vida que yo quiero vivir y no la que otros me han impuesto. Me acuerdo de comer cuando tengo hambre y de dormir cuando tengo sueño. solo perdí mi libertad, cuando yo quise perderla y luego me costó mucho esfuerzo volverla a recuperar.

Soy descendiente de unos hombres que luchan a diario por su libertad y mira ahora, qué porvenir tienen en Australia. Aunque pensándolo bien, es similar a los indoamericanos nacidos en USA.

Ninguno, a no ser que se aparten de las drogas, de las borracheras diarias e intenten adaptarse a su nueva realidad. Mi pueblo tiene como ya te he dicho antes, - al igual que los indoamericanos actuales -, un ADN diferente y ese ADN es el de la libertad.

Mientras me hablaba, escuchándola, recordaba mis tiempos de estudiante de Antropología

en Somosaguas y a uno de mis profesores, a Secundino Balladares, al que le debía, entre

otras cosas, el haberlo podido realizar. La música de Danza Invisible, interpretando a

Yolanda, nos cambió el estado de ánimo y la seriedad de la plática, dio paso a unos preciosos momentos de relax, aderezados por unos pequeños cambios de energía, que empezaban a ser amorosos. Todo ello, a través de los ligeros roces de las manos, de los cambios de mirada y también del juego de nuestras piernas, que se ocultaban debajo de la mesa.

Con cada latido de mi corazón, me perdía en sus ojos y también en su maravilloso cuerpo

y no dejaba que ninguna palabra suya, cayera a la mesa, como hojas arrancadas por el

viento de otoño y las absorbía una por una. En un momento determinado, se mantuvo callada, mientras oíamos esa maravillosa música, que me hacía sonreír y sobre todo, poder echar fuera los nervios contenidos en mi estómago.

Tomé aire y me relajé inmediatamente; me puse de pie, la tomé de las manos y la saqué a bailar. Era “La Pollera Colorá” interpretada por Tropical Panamá y como ya los camareros nos habían dejado solos, nos sentíamos por primera vez en nuestra inocente relación, libres de ser como en realidad éramos, como la tarde noche, en que bailamos Extraños en la Noche, nuestro primer baile recordé. Aquello fue para mí como una explosión nuclear. Sonreía y por primera vez, me sentía feliz de poder estar a su lado, moviéndonos al ritmo de la música, en una especie de baile prenupcial.

Mientras bailábamos esa cumbia, nos abrazamos y nos besamos mientras duró la música, hasta que Dire Straits, con Sultanes en el cielo, nos rompió de pronto la magia de aquel momento de sublime pasión.

Nos sentamos nuevamente y mirándonos a los ojos sin decirnos apenas nada. Al terminar la canción instintivamente nos tomamos de una mano y durante un pequeño tiempo, nos reímos al escuchar a Juan Manuel Serrat cantar Mediterráneo. Aquello era una señal.

Algún día la llevaría a ese mar tan diferente al que teníamos enfrente de nosotros e iríamos

a Portugal al Cabo San Vicente para ver el encuentro entre el Atlántico y el Mediterráneo,

para posteriormente comer en una playa salvaje

baja, cada uno para sí mismo mientras que nuestras piernas por primera vez se rozaban y aquello fue un intercambio de energía que presagiaba algo más que una vida extraordinaria.

cantamos

al unísono la canción en voz

Susan rompió el silencio y poniéndose otra vez seria me dijo:

-Hay un libro que tengo en mi mesa de noche. "Las voces del desierto" de la Dra. Marlo Morgan. El día en que me compré ese libro cambió mi vida. Por primera vez, desde que tengo uso de razón, me sentí orgullosa de mi raza y cuando leí la última frase escrita por Marlo Morgan, me levanté del suelo con mis manos y comprendí que yo soy en realidad una aborigen.

Tengo escrita dos frases del libro:

"Nací con las manos vacías, moriré con las manos vacías. He visto la vida en su máxima expresión, con las manos vacías".

La otra, si miras el cartel de mi restaurante leerás: Outback. Allí era donde mis antepasados vivían.

Durante algunos segundos me quedé mirándola fijamente a los ojos y fue entonces cuando me di cuenta del terrible calor que hacía en el restaurante.

Los empleados habían apagado los aires acondicionados y me habían traído mi mochila y la habían dejado a mi vista. Tenía la sensación de que me estaba embrujando y por primera vez en dos largos años, me sentía muy a gusto, al lado de una mujer que tenía unos ojos de pantera acechando, a punto de atacar.

Fue entonces cuando me explicó el discurso que me había soltado sobre sus orígenes Aborígenes. Me dijo que ella no quería nada conmigo y que sin embargo se alegraba de haberme vuelto a ver y me pedía por favor que me fuese de su vista y que no volviese a aparecer jamás delante de ella. Que no tenía tiempo para nada y que si hacíamos el amor, se engancharía conmigo y cuando lo hubiese hecho, yo desaparecería de su lado con mi mochila, ya que ella cuando se daba, no era tan solo su cuerpo el que de verdad entregaba. De una manera muy militar, me pidió que desapareciera de su vida. De su vida pensé, si todavía no había entrado y ya me estaba echando.

La música ambiental me salvó de la campana, ya que era Paul Moriat interpretando “Je táime moi non plus”. La tomé de la mano muy fuertemente y nos pusimos a bailar dejándonos llevar por nuestra pasión, aunque en el último momento, cuando intenté subirle el vestido para hacerle el amor en una mesa, ella lo controló, apoyada en Audrey Hepburn, interpretando Moon River.

Esta vez ya no me pidió, que me fuese de su lado y nos sentamos una vez más, mientras recordábamos “Desayuno con Diamantes”. Yo pedía en mi interior una señal y Celine Dion me la dio al oírla cantar el Tema de Titanic. Bailamos muy despacio, a cámara lenta, sintiendo cada latido que producíamos y escuchando nuestras respiraciones.

Sin mirarnos a los ojos y guardando que nuestros cuerpos apenas se tocasen danzábamos ensimismados en nuestros recuerdos.

Cuando se estaba acabando la música, de pronto se puso a llover de forma torrencial y al mirarnos a los ojos, nos levantamos agarrándonos de la mano y nos fuimos al jardín a mojarnos como niños, haciendo una travesura.

Ella me sorprendió al quitarse el traje y quedarse en bañador. Cómo era posible que debajo de ese hermoso ropaje, no llevase un tanguita negro, como me lo había imaginado, cuando se subía las faldas.

Mojarse bajo el aguacero y dejar que las gotas unas calientes y otras frías bañaran nuestros cuerpos, era un placer de humanos, y comportándonos como si de verdad fuésemos dos niños, hicimos una guerra utilizando el barro. Como es lógico terminamos abrazados y rozando nuestros labios frenéticamente bajo la lluvia, tanto fue la pasión que ella de un mordisco, me abrió una pequeña herida en el labio superior.

Nos besamos muchas veces, pero ninguno de los dos quería convertir aquello en un mero encuentro sexual, así que intentamos desesperadamente y luchando los dos contra nuestro instinto animal, el dejar que nuestra alegría juvenil, tomara cuerpo y rechazara nuestros impulsos carnales.

La verdad era bien distinta. Si volvía a intentar hacerle el amor, la perdería y fue por ese

motivo que me comporté como ella requería. No iba a tirar un futuro maravilloso por la borda y comerme el postre antes que la comida. Eso sí, nos revolcamos abrazados por la hierba y el barro, sin ser vistos por nadie, ya que el local estaba cerrado. Cuando la lluvia cesó, con una manguera nos lavamos un poco el barro, mientras nos seguíamos besando muy castamente, como temiendo que alguien nos pudiera desunir.

Fue entonces cuando le pedí permiso para entrar en el restaurante y rápidamente busqué

mi mochila y de ella saqué un calzoncillo limpio y una camiseta para protegerme del sol y

limpié la camisa, el pantalón y lo que me había servido como traje de baño. Un poco más calmados, nos secamos tumbados los dos y agarrados de la mano, estábamos sobre la hierba recibiendo los rayos del sol y yo lucía unos calzoncillos que parecían mi traje de baño.

A lo lejos se escuchaba a Joao Gilberto, interpretar “La Chica de Ipanema” Entonces no pude contenerme y me eché a reír. Ella no lo entendía y por muchas preguntas que me hacía al respecto, no soltaba prenda. Entonces me pidió por favor que le contase lo que me pasaba por mi cabeza y por primera vez desde que la conocía, yo tenía el poder. Así que me armé de valor y le dije:

-No puedo creer que tengas una manguera rota. Mientras me mojabas para quitarme el barro del cuerpo, pude observar cómo se salía una parte del agua por la manguera rota, mientras me mostraba emocionado por aquello.

Ella no entendía el chiste, pero me resultaba curioso que una mujer casi tan perfecta como ella, tuviese una manguera rota. Ví como ella no me entendía demasiado bien lo que le decía y yo sin embargo seguía riéndome. Durante algunos minutos no pronunciamos palabra hasta que me preguntó sobre mis planes y yo le dije, que no tenía planes. Ella estuvo pensativa durante algunos minutos, hasta que rompió su silencio y me dijo:

- Quiero que pases esta noche conmigo, pero no te creas que te resultará fácil, ya que

vamos a trabajar de lo lindo y te recuerdo que hasta que yo no lo quiera, no haremos el amor.

Ante aquella propuesta tan sugestiva, mirándola fijamente a sus ojos y sujetándola firmemente de su brazo derecho, le contesté que sí.

Que en ese momento tenía todo el tiempo del mundo para estar a su lado, mientras me imaginaba como mis ojos brillaban y se reflejaban en los suyos.

Ella sin darse apenas cuenta, puso su lengua tensa, algo erguida, mientras la apretaba contra sus dientes, y de una manera muy seductora, girando su cuerpo rápidamente y poniéndose de frente, me tapo mi boca con un pequeño mordisco diciéndome, cuan importante era para ella su libertad en todos los aspectos y que ni yo ni nadie, se la quitaría.

Estaba empezando a anochecer y al ponerse el sol, la luna pronto saldría y después de comernos unos mangos, un poco de jamón y una piña, me pidió que me cambiara de ropa y que me pusiese unos pantalones cortos, mi traje de baño y que la acompañara esa noche de pesca.

Le tuve que explicar que mi mochila era todo mi equipaje y al hacerlo, reaccionó bastante mal, ya que me dijo que había estado a punto de haber hecho el amor conmigo y yo solamente estaba de paso.

Le pedí que hiciera memoria del día en que nos habíamos conocido y que se acordara que yo no tenía equipaje.

Se quedó bastante perpleja y a continuación me dijo:

-Acaso has estado utilizando la misma ropa todos estos días. Es muy duro para mi creer lo que acaba de pasarnos.

Le expliqué entonces que todos los días, antes de acostarme limpiaba la ropa y al día siguiente estaba como nueva. Delante de ella abrí mi petate y le demostré que llevaba otra camisa de repuesto, que era, con la que ella me había conocido. Saqué tres calzoncillos, un jersey y un chubasquero, además de unas zapatillas y unas gafas para nadar. Varias cajas de preservativos y alguna que otra medicina. Le expliqué entonces que cuando necesitaba ropa nueva me la compraba y luego la regalaba. Que en varias ocasiones me había dado la vuelta al mundo y al no llevar equipaje, me resultaba todo más fácil.

Le enseñé mi reloj que era de plástico y sin embargo tenía, profundímetro, barómetro, altímetro y otras funciones que creí conveniente no decirle. No le pregunté por la papaya que ella llevaba en sus manos, ya que pensé que estaría verde todavía. Nos subimos en su camioneta y durante una media hora estuvimos sin pronunciar palabra. Yo admiraba el

paisaje desértico y las montañas lejanas, mientras pensaba en el futuro que podía esperarnos.

De pronto me acordé de mi abuelo Rafael, que me enseñó, que en situaciones límites -y para mí esta lo era,debía de pensar en cómo lo harían los otros. Así que me puse en su lugar y en lo que ella podía estar pensando en ese momento. Ella pensaría que yo era un tipo muy peculiar y se preguntaría lo que yo estaba haciendo aquel día junto a ella. Un hombre que viaja con mochila y sin embargo, aparentemente sabe lo que quiere. Me resultaba difícil ponerme en su situación y pensé que si ella no decía nada y se mantenía en silencio, debía de respetarla y dejarme llevar por mi instinto. Así que cambié de táctica y me imaginé mi futuro a su lado.

Tenía lo que buscaba en una mujer. Era inteligente, libre, madre y estaba muy buena. Cada minuto que habíamos estado juntos era mágico y me sentía cómodo a su lado, aunque tenía que reprimir mis impulsos de decirle lo que pensaba y quería vivir con ella, ya que no era cuestión de asustarla y alejarla de mi lado.

En un infinito silencio me preguntaba si Susana podría ser la mujer de mi vida… Mirando la brújula del reloj, supe que nos dirigiamos hacia el sureste, en un camino parecido al de la playa de San Lorenzo, lleno de baches y de pequeños charcos rompe amortiguadores. Su coche era un todo terreno verde que no tenía direccionales y allí saltábamos como si estuviésemos en una feria. Recorrimos varios kilómetros hasta llegar a un lugar cercano a la costa, donde nos detuvimos delante de un portón que tenía un enorme candado. Sin decirnos palabra, me dio las llaves y bajé para abrirlo. Con las luces del vehículo enfocándome no me hizo falta sacar una linterna que siempre llevo para casos de emergencia. Era la entrada de una finca que se había comprado hacía unos meses y donde tenía una especie de viveros de langostas. Al pasar ella con el coche, volví a cerrar el portón con llave y fue cuando pude sacar la linterna y enfocar el camino hasta el coche. Ella se rió bastante de mi ocurrencia de llevar siempre conmigo tantas cosas en mis bolsillos. Conducía rápido y segura, sin que los amortiguadores mitigaran los saltos que pegábamos en la cabina de la camioneta. Los cinturones de seguridad los llevábamos ajustados y eso me daba una cierta garantía. La marea estaba bajando y la luna subiendo y pronto estaría en toda su plenitud. No estaba llena pero para mi era como si lo estuviese. Me encontraba a gusto observándola mientras ella conducía. Cuando fue a poner un “CD” rápidamente mi mente voló hacia la música country pero cual fue mi asombro al oír esta vez a Joan Manuel Serrat interpretando Cantares, el poema de Antonio Machado sobre El Camino de Santiago. Ella me preguntó sin apenas mirarme a los ojos, que cómo era el mar Mediterráneo y después de explicarle lo que yo sabía sobre dicho mar, estábamos aparcando en una especie de cabaña donde según me explicó, guardaba la ropa de buceo. El aspecto exterior era bastante malo ya que parecía más una posada del siglo XVIII, en algún lugar de Nuevo México entre Old Madrid y Santa Fe, que la casa en el mar de mi

amiga. La posada no tenía luz eléctrica ni agua potable, pero al abrir la puerta y enfocar con mi linterna pude comprobar que toda ella estaba reconstruida y recién pintada solo por dentro. Estaba situada en lo alto de una loma a 20 metros de altura sobre el nivel del mar y

protegida de los crudos vientos que imaginé soplarían por esa parte de la isla. Al indicarle la altura me preguntó que donde tenía el metro y fue cuando muy orgulloso le enseñé mi reloj

de plástico, que tenía altímetro.

Parecía que aquella cabaña era obra de IKEA. El espacio estaba muy bien distribuido y cual fue mi sorpresa al enterarme que tenía paneles solares y con la luz obtenida, podía encender la nevera y algún enchufe para poner un ahuyentador de mosquitos. La casita mediría como 40 metros cuadrados y aún a la luz de unas tenues bombillas daba la sensación de ser un lugar muy acogedor. Lo único que no tenía era un baño. No podía creerlo y al preguntarle sobre ello, se fue detrás de la camioneta a cambiarse de ropa mientras me pedía que sacase las cervezas y las Coca Colas y las pusiera en la parte de arriba de la nevera. Pero ¿Cómo ella sabía que a mí no me gustaba la cerveza? Mientras pensaba en ello y después de que se hubiese vestido de buzo, me fui a poner mi traje de neopreno, pero era demasiado pequeño para mí o yo era demasiado grande para el traje, así que después de aguantarle sus risas por mi tripita, me tuve que conformar con

ponerme el traje de baño (mis calzoncillos de toda la vida) y unas zapatillas de agua para evitar el contacto con las rocas del fondo. Pero llevaba conmigo mi gorra de la suerte ya que aquella noche la necesitaría. Me preguntó que si alguna vez había pescado langostas por la noche y la contesté que en

mi pueblo, lo hacíamos por la madrugada, poniéndonos una lámpara de minero en la

cabeza y que utilizábamos unos guantes para protegernos las manos y en la mano izquierda llevábamos un chuzo o tridente para atrapar a las langostas. Entonces me llamó naco, que ella no llevaba ningún chuzo y riéndose me dijo que las langostas que cogiéramos las meteríamos vivas en un saco, ya que muertas de nada valdrían. Luego las echaríamos en una especie de barril de agua salada para así llevarlas vivas al acuario del restaurante. Me reí mucho aquella noche, sobre todo cuando los dos nos poníamos las lámparas en la cabeza, entre beso va, beso viene. Éramos unos adolescentes bailando la danza del amor y siguiendo mi instinto de macho,

quise algo más, pero ella con su razonamiento, me hizo volver a la realidad de pescador de langostas a sueldo. Me recordó que tendría que pagar la comida de la mañana y el alojamiento de esa noche, capturando por lo menos unas diez langostas de buen tamaño. Mi aspecto era lo más parecido a un turista sin gafas de sol, pero el de ella era la viva imagen de una mujer estupenda, aunque no entendí lo del traje de neopreno hasta que toqué el agua que estaba en un principio en plan Cantábrico aunque un poco templado. Aquello fue muy divertido. Con el agua hasta la cintura, un poco fría para mi gusto, teníamos que agacharnos y con una máscara de buceo y la linterna, localizar las antenas de

las langostas debajo de las piedras. El suelo rocoso era muy difícil de pisar, pero a Dios

gracias no había olas y el agua estaba tranquila. Con la mano izquierda debía de sujetar las antenas y con la derecha, en un sitio específico del tronco de la langosta, sujetarla con cuidado, para que con su cola, no me hiciera daño. Aquella noche me sentía inspirado, pero en el fondo tenía más miedo que vergüenza de hacer el ridículo. Tuve suerte y al coger el primer crustáceo me puse a gritar como un niño que ha pescado por primera vez un pez en un pantano. Pero al verla se rió de mí y me dijo que era muy pequeña y que la soltara ya que tenía que crecer todavía. Ella quería langostas como la que yo me había comido aquella tarde, o mejor dicho, había comido la mitad de una. Yo miraba a Susan y la admiraba. Tenía un cuerpo precioso, pero toda ella, era la envoltura de una mujer excepcional. Tenía sujeto su pelo con una coleta de color rojo y se movía con mucha naturalidad en el agua. Nos reímos, nos besamos, nos tocamos, pero nos respetamos. Bueno, yo a ella, ya que si ella me hubiese tocado algo más, para mí nunca hubiese sido una falta de respeto… Sobre las once de la noche, casi cuatro horas después de habernos puesto en marcha, regresábamos contentos a su casa. Habíamos cogido entre los dos, unas veinte langostas de unas dos libras y media de peso. Yo no entendía aquello, ya que ella al medio día, me había contado que todas las mañanas salía de pesca y que solo cogía lo que se iba a consumir ese día en el restaurante, pero no quise preguntarle el motivo. Antes de entrar en su casa, fuimos al restaurante que ya estaba cerrado y se encontraba justo al lado. Allí dejamos las langostas en el vivero y nos fuimos dentro, para darnos un baño. Decidimos darnos un baño los dos juntos y ella me pidió, que hasta que ella no estuviese preparada, no hiciéramos el amor, a no ser que yo fuese un idiota. La desvestí y aunque la luz del baño no estaba dada, pude observar un maravilloso cuerpo, de una madre de dos críos adolescentes. Entonces fue cuando pensé que aunque su exterior parecía de treinta años, debía de tener casi cuarenta, por la edad de sus hijos. Nos dimos mucho cariño y le lavé el pelo. Ella me pidió que saliese de la ducha y que la esperara en la habitación, con el calzoncillo puesto. Me sequé un poco el agua y me tumbé encima de la cama esperando pasar una noche maravillosa. Pero debía de elegir entre pasar una noche maravillosa y la posibilidad de poder pasar muchas noches de amor, lujuria y cariño. Me juré a mí mismo que la respetaría y cual fue mi sorpresa cuando la vi aparecer con un pequeño pantalón corto muy ajustado y una camiseta blanca de algodón sin mangas. El pantalón me recordó a las fajas de antaño que las madres españolas les ponían a sus hijas cuando estas iban al cine con sus novios y que siempre antes de la función se quitaban para luego al terminar la película, volvérselas a poner y así entre medias, poder disfrutar de los pequeños gozos y toques de las últimas filas del cine.

Ella se sentó a mi lado y acariciándome me dijo:

-Mira Félix, yo no soy una mujer fácil y tú me gustas, pero no quiero hacer hoy el amor contigo. Seamos amigos primero y luego ya veremos. No pensemos en el futuro y vivamos el presente pero esta noche no estoy todavía preparada para algo más.

Susan me pidió tiempo y se acurrucó entre mis brazos. Nos besamos, nos besamos y nos besamos. Sin darme cuenta en lugar de decirle que la quería, cambié la frase y le dije:

-Te deseo, te deseo.

Sin embargo, no solo la deseaba, ya que la estaba empezando a querer con toda mi alma. Aquella noche me sentí lleno de felicidad, de armonía, como hacía varios años no había experimentado. Casi no dormimos, ya que estuvimos hablando y riéndonos cuando ella me preguntó por las cajas de preservativos que llevaba y tuve que contarle la verdad.

Cuando yo tenía ya catorce años, un amigo mayor de mi vecindad, dejó embarazada a su novia y mi padre casi me mata a mí, que yo no tenía culpa de aquello. Recuerdo que una

tarde mi progenitor estaba muy serio y me llevó a una heladería (Kiosco Baby) y me dio

mi primera caja de preservativos y mirándome a los ojos, me dijo:

-Cómo dejes embarazada a una chica, te mataré a palos.

Y a continuación sacó de su bolsillo un paquete envuelto y después de tomar airé y de

dármelo, dijo:

-Hasta las pajas quiero que te las hagas con preservativo.

Y, yo que iba a hacer. Pues le hice caso y esa misma noche probé a ver como resultaba el

invento…

Y, que cree usted que pasó:

Pues que aquello me supo placer celestial y hasta que no terminé la caja no paré, pero por miedo, no me atreví a comentárselo a mi padre. Recuerdo que una tarde que estábamos juntos en un estadio de Beisbol, el Kenny Sarracín, aproveché un descuido suyo y le pedí otra caja y por la cara de asombro que me puso, le pedí entonces que me dijese, donde podría comprarlas.

El hombre encendía un cigarrillo detrás de otro, hasta que explotó:

-¿Con quién te has acostado?

-¿Cómo que con quién me he acostado? Con nadie. Hice lo que tú me dijiste y me gustó tanto la primera vez, que me acabé la caja y eso que los últimos, los tuve que limpiar, para poderlos reutilizar.

Mi

padre se echó a reír muchos años atrás, lo mismo que Susan en nuestra primera noche

de

amor y entre carcajada y carcajada, ella entendió mi afición por el contenido de aquellas

cajas.

Entonces me preguntó que cuantas veces los había utilizado, desde que nos habíamos conocido, para hacerme un final feliz. Debí de ponerme muy colorado, por la sorpresa de

su pregunta y me pidió que le contase lo que había hecho y lleno de vergüenza, le relaté la verdad. Mirándola a los ojos y posteriormente al suelo, le dije que la noche en que nos

habíamos conocido, había utilizado uno.

Ella se quedó perpleja y fue cuando le conté lo que de verdad había hecho, en la oscuridad de la noche, tumbado de lado, en el suelo del autobús. Lo había usado para orinar dentro y sin que nadie se diese cuenta, lo metí en una bolsa de plástico y al bajarme del autobús, lo deposité en una papelera…

Aquella confidencia, resultó como un bálsamo y cuando las risas cesaron, nos estuvimos besando y dando cariño durante lo que quedaba de noche sin que tuviese que hacer uso de aquello, ya que no pasamos del mero entrenamiento. Eso sí, practicamos todas las posturas inimaginables.

A eso de las 5 a.m. ella se levantó y se fue a la cocina. Menudo día acababa de vivir.

Había visto de nuevo a Susan, pescado langostas por la noche y me había dormido abrazando a la mujer a la que había amado desde el primer momento en que la había conocido. Al regresar a la habitación, noté como su cara había cambiado y al traerme un té verde con miel, a la cama me dijo:

- Ayer pescamos las langostas que mi restaurante va a necesitar, durante esta semana en que me ausentaré. En unas horas marcho hacia California. Voy a pasar una semana al lado de mis hijos y por eso te dije que solo una noche podrías quedarte en mi casa.

Aquello fue un palo para mí, pero le dije rápidamente que no importaba. Yo me recorrería

la isla, haría varias cosas que quería hacer y que nos veríamos cuando ella regresara de su

viaje. Estaba harto de huir y quería echar raíces y qué mejor sitio que aquel para empezar una nueva vida. Susan me dio un beso muy profundo, lleno de amor y recuerdo que a los dos, se nos mezclaban las lágrimas al oír a Amaral, cantar “Moriría por Vos” y sin decirnos apenas nada, ella levantó la cabeza y muy cerca de la mía me preguntó:

-¿Qué nos pasa cuando tenemos la autoestima baja?

Se acurrucó durante unos minutos en mis brazos, mientras yo la abrazaba, envolviéndola de una ternura imantada, en un inicial y profundo amor, que yo quería que fuese Eviterno. Sin embargo, ella lloraba de una manera desconsolada y cantándome:

-No tengo planes más allá de esta cena….Vivamos intensamente lo que nos queda de noche como si fuese ese, nuestro último día en la Tierra-.

Al terminar la canción, Susana se levantó corriendo a apagar la música y al meterse otra vez a la cama, me dijo:

-No quiero que sea ésta, nuestra primera y última noche de amor, pero será la última canción que oigamos antes de irnos.

The Bucket List

Susan o era una gran actriz, o de verdad que me estaba empezando a querer y me lo demostró una vez más cuando me preguntó:

-¿Has visto la película de Bucket List, Ahora o Nunca, donde dos hombres mayores a punto de morir, hacen una lista con todo aquello que quieren hacer mientras estén vivos?

-Sí claro; la acabo de ver hace unos meses y me impresionó mucho.

-Pues ya que de común acuerdo nos vamos a casar y para conocernos mejor, hagamos la nuestra. Pon tu la primera y yo la segunda y después, todo aquello que nos vaya surgiendo.

Saqué de mi mochila un cuaderno y ella me dijo que sería mejor hacerlo en dos hojas diferentes, ya que así, cada uno se quedaría con un original y como no creo que por aquí hubiese una fotocopiadora, si te parece vamos apuntándolas a la vez. Félix, empieza tú el primero:

-Ser felices todos los días de nuestra vida, independientemente de que nos volvamos a ver, nos casemos o tengamos familia.

-Qué mis hijos estén bien y sigan creciendo y que ustedes se lleven genial cuando se conozcan.

-Tener salud, armonía, éxito, abundancia tanto material como espiritual. Tener tiempo para compartir los pequeños momentos de nuestra vida. Amarnos eviternamente. Poder ayudar a las demás personas, sin esperar nada a cambio. Hacer que nuestra vida cuente todos los

días. -Venga Félix, que esto es una declaración de intenciones en toda regla: Que podamos querernos, amarnos respetarnos y crecer todos los días de nuestra vida.

-Pescar langostas por la noche y después hacer el amor dentro del mar, hasta que no podamos de lo cansados que estaremos.

-Ver amanecer o anochecer por lo menos varios días al mes y darnos muchos besos, durmiendo a la intemperie.

-Qué esto que estamos empezando a vivir se haga realidad. Bueno creo que sería, la primera que hubiese puesto al inicio, después de lo de mis hijos.

-Salir en barco de vela y acampar en la costa, en un lugar solitario y hacer el amor, toda la noche. -Poder confiar en nuestro amor, sin ningún tipo de dudas y no discutir por cosas banales. -Seguir emocionándonos, al tomarnos de la mano y al darnos un beso. -Tener mascotas, perros y gatos y vivir en varias casas a la vez.

-No endeudarnos ni con tarjetas de crédito y que el dinero trabaje para nosotros, teniendo un trabajo que nos guste y aporte satisfacción.

-Visitar los cinco continentes y atravesarnos juntos Australia e ir a Papúa Nueva Guinea. Hacernos el Camino de Santiago empezando en Francia, hasta llegar al océano Atlántico.

Susan se quedó ensimismada, sin palabras cuando quería pronunciar vocablo y no era capaz de hacerlo. A lágrima viva y después de que nos hubiésemos abrazado, me dio las gracias por ese momento que estábamos viviendo. Dos personas que acaban de conocerse y que lo vivido era tan real, que no podía ser un sueño. Parecíamos niños pequeños, en el momento en que nos acababan de encontrar, de haber estado perdidos en un bosque. Más calmados continué con la lista.

-Ir a diversos conciertos al año. Y entre ellos, al Festival del Acordeón en la Guajira, Colombia y a uno de Samy y Sandra Sandoval en Panamá y escuchar en directo a Ulpiano Vergara, aunque sea en una carpa en la Feria de San José de David…

-Navegar en un barco de vela, con toda mi familia y llevándote a ti de capitán, ya que me has dicho que navegas.

-Eso está hecho. Quiero que veamos juntos el Concierto en vídeo de 1986, en Londres de Paul Mc Cartney, Mark Knofler, Sting, Elton John, Eric Clapton, Tina Turner.

-Ya que me hablas tanto de hacer el amor, quiero que pasemos una noche de desenfreno amoroso en el verdadero Hotel California y que me hagas todo lo que te pida, incluido que

bebamos hasta emborracharnos. Está aquí en Baja y no en Los Ángeles, como mucha gente cree. Bueno como veo que eso de emborracharte no te va nada, me dejarás que yo si lo haga. Quiero ponerme pedo delante de ti y así descubrir si de verdad me quieres como soy. De vez en cuando me gusta dejarme ir un poco y espero que sepas estar a mi altura. Bueno como veo, que eso no te va mucho, tendrás que darme todo aquel placer que te pida.

-Quiero ver Memorias de África e ir al museo que hay cerca de Nairobi, en Kenia. -¿Qué es eso, una película?

-Out of África. Quiero verla a tu lado y que luego me cuentes un cuento.

-Y tú que me laves el pelo en un río cualquiera y luego hagamos el amor en el río y me sorprendas con algo que hayas aprendido en tus viajes por el mundo.

-Hablando de viajes, quiero que demos la vuelta al mundo y que escribas un libro sobre ello.

-O sea que quieres que sea escritora. Bueno, vale. Pero nada de llevar una mochila. Quiero llevar maletas y que cuando vayamos por Madrid, me lleves a comer un bocadillo de calamares a la Plaza Mayor y a remar a las barcas del Retiro. Quiero hacer el amor en Segovia, pero en un Hotel bueno. Ir a Ávila y perdernos en su Murallas, a que me canten los Tunos de Salamanca. En Toledo comer en un sitio pequeño y luego caminar por sus calles, dándonos besos a escondidas. Recorrernos toda la ciudad tomados de la mano y comernos un helado a la sombra de un cuadro del Greco.

-Ir a Santiago y recorrer su Camino, aunque sea una semana. Ir a La Toja, que me han dicho que es muy bonita y comer comida gallega.

-Bañarnos en el Mediterráneo escuchando a Joan Manuel Serrat y luego ir a Barcelona y recorrer esa ciudad viendo la obra de Gaudí. Conocer el País Vasco y que me lleves a San Sebastián a comer al barrio viejo. Luego ir a San Juan de Luz y luego a Biarritz y hospedarnos en un hotelito pequeño, donde den bien de desayunar y que me compres unos pendientes de Swarovski.

-Perdernos en París y luego Brujas, Heidelberg, Florencia, Roma, Atenas, volar a Londres

e ir a Notting Hill y a Covent Garden. Pasar a Asia e ir a Camboya y Vietnam. -Bueno y ¿Qué pasó con Australia?

-No sé si quiero ir.

Susan se puso muy triste, cuando dije la palabra Australia y después de dejar que se

calmara, me comentó que cuando se casó, quería ir de viaje de novios al país de su padre

y el marido prefirió hacer un viaje más cercano y con el dinero sobrante, se compró un

todo terreno. Para cambiarle el ánimo le prometí que nos iríamos a Australia de viaje de novios y subiríamos también a Papúa Nueva Guinea y de paso, iríamos a mi Isla de Bali.

-¿Harías eso por mi? Yo lo pago, no importa, me harías la mujer más feliz del mundo, acompañándome a conocer mis otros orígenes. Sigamos con la lista y ahora te toca a ti. Siempre he querido compartir mi vida con un hombre que le guste viajar y tú me vienes al dedo…

-Quiero que en cuanto podamos, hagamos una Fundación para ayudar a las personas que no han tenido las oportunidades que los dos nos hemos sabido buscar.

-Quiero pasar una Noche muy especial, el día que mi familia te conozca y antes ver un poco The Song of Music. -Quiero que me regales una gatita callejera y ponerle Luna de nombre.

-Quiero visitar contigo, la tumba de Ritchie Valens, en el Valle de San Fernando en CA y luego ver la Bamba y al final volver a ver el vídeo y a Lou Diamond con Los Lobos cantar la canción y acordarnos de brindar por RITCHIE, que con Dios esté. -Quiero que la primera vez que hagamos el amor, hacerlo tantas veces, que por la mañana, aunque no se me levante, yo pueda seguir haciéndote que te corras de placer, dándote todo el amor que tengo y que estoy esperando darte, el tiempo que necesites para que lo aceptes.

-Ver Mama Mía dos veces y bailar con ellos al final de la película.

-Subir a un punto, donde podamos ver salir el sol del Océano Pacífico y al darnos la vuelta minutos después, ver el Océano Atlántico.

-Venga Félix, eso no se puede hacer. Hagamos una lista real. Algo que podamos realmente realizar juntos. -Susana -No me llames así. -Ok, Su. -Tampoco me llames así. Llámame Susan, por favor.

-De acuerdo Susan, volvamos a lo que te decía sobre el ir a ver un amanecer, en un lugar donde pudiésemos contemplar el Océano Pacífico y el Atlántico a la vez y que creías que era imposible cumplir. Cuando lo logremos, te llevaré a pasar la noche a una cabaña y después de cenar y de ir a darnos una vuelta abrigados, cantarás para mí, la primera canción que bailamos, Extraños en la Noche y luego me comerás algo, lleno de miel y canela… Yo ya he subido una vez, a ver el amanecer y cuando llegamos a la cima, ya era de día y además hubo niebla. Conozco a muchas personas que lo han logrado y aunque me he tenido que conformar viéndolo en un vídeo, es algo realmente maravilloso.

-Bueno y donde está ese idílico lugar, que espero no sea un globo de aire.

-Primero iremos a un país precioso llamado Panamá, que aunque es pequeño, no me cabe en mi corazón. Pasaremos por el Terronal en Chiriquí, y de madrugada en un taxi, llamaremos a la puerta de una casa y saldrán dos mujeres. Una muy emocionada, dando saltitos diciendo “Doña Emy, salga que es el Señorito Félix”. Verás a la mujer más feliz del mundo, que al darse cuenta que no se ha peinado, -ya que la pillaremos durmiendo-, irá al baño a arreglarse un poco y antes me dará un beso. Regañándome y en broma me dirá, condenado hijo, me lo has vuelto a hacer.

-O sea que se lo has hecho varias veces. ¿Quiénes eran las otras mujeres que te acompañaron?

-Ninguna, he estado esperando para que seas tú. Te diré que la primera vez que se me ocurrió, llevaba puesto un lazo rojo en la cabeza, ya que era el cumpleaños de mi madre. La segunda no me puse el lazo.

-Pero dime Félix, ¿ella no está en Oaxaca?

-Susan, usa la imaginación. Mi madre está en todos los lugares donde yo estoy, ya que la llevo en mi corazón. Luego iremos a la Perla y después de que pienses, que visitamos a un concesionario de coches de lujo, saldrá una mujer muy parecida a ti físicamente y riéndose, como solo sabe hacerlo ella, nos abrirá la puerta de una casa, donde me siento muy a gusto. Visitaremos a mi amiga Vera, que es una mujer excepcional y que está llena de vida, además es una de las mejores personas que he conocido y físicamente está muy bien. Por la tarde subiríamos a Boquete y de allí cogeríamos un camino de cabras y llegaríamos antes de que anocheciese a la cima del volcán Barú.

Dormiríamos en una tienda de campaña, ya que la temperatura suele ser muy fresca. Y juntos antes del amanecer veremos un espectáculo único.

Ésto fue lo último que escribimos en la lista.

Los minutos que pasaron a continuación, fueron de los más intensos que he hasta ahora he vivido y lo que pasó aquella noche, no podré ni querré olvidarlos. Me sentía tan maravillosamente querido y estaba como flotando en una sensación de total entrega. Le estaba dando lo mejor que tenía dentro de mí, mientras ella me correspondía de igual forma.

La realidad del desayuno, nos hizo comportarnos de otra manera, que me cuesta mucho explicar y dudo mucho que supiera exponerlo. Era por un lado un sentimiento perfecto, teñido por la pena de nuestra inminente separación. Creía que quería a esa mujer como nunca lo había hecho antes y me negaba a que se marchara. Estuve a punto de pedirle que me dejara acompañarla en su viaje y pensé antes de que nos despidiésemos en nuestro

futuro reencuentro.

Desayunamos sin apenas poder saborear las tostadas con mermelada que inexplicablemente estaba en la mesa, nos dimos otro baño, ya que estábamos empapados en sudor, -esta vez caliente, con achuchones incluidos,- nos vestimos de prisa, ya que se le hacía tarde. Me pidió que la dejara partir sola, camino del barco y dándome las gracias, por todo aquello que habíamos vivido durante esas horas, -del todo inesperadas-, cogió su maleta y yo mi mochila.

Para despedirnos, nos dimos unos besos profundos y sostenidos, sabiendo que cuando nos volviésemos a ver sería diferente. Ella me recordó mi definición de la palabra libertad y dándome un beso en la mejilla, me dio las gracias por haberla respetado y me dijo algo que no entendí y le respondí “Sama Sama”, que en Indostano significa, lo mismo que para ti.

Al verla partir con un pañuelo en la cabeza, sentí como una parte de mi ser se iba con ella, pero estaba seguro de que a su vuelta, compartiríamos la más profunda de las pasiones, que es la del amor compartido. Sin darme cuenta estaba tarareando “Candilejas” pero rápidamente quise cambiar mi estado de ánimo. Desde hacía muchos años, no había experimentado tanto amor por una mujer, como el que sentía en ese momento por mi aborigen.

Capítulo IX PNL e IE Aplicando lo aprendido

Lo primero que hice esa mañana, después de haberme despedido de Susan, fue encontrar un hotel, lo más parecido a una posada, que estaba gentilmente adornada en los balcones con flores preciosas, que desprendían un olor especial a flor de lavanda y aquel magnífico espectáculo, me recordó a la calle del Pañuelo de Córdoba, en Andalucía por la cantidad de adornos florales que habitaban en las ventanas y terrazas de las casas. Rememoré también de Julio Romero de Torres, que tan fielmente pintó a la mujer morena.

Antes de irme a dormir, desayuné; mejor dicho almorcé, una especie de banquete, que me serviría de comida y con el sol ya en lo alto, al entrar a mi habitación, me di un pequeño baño en la ducha, recordando el de esa madrugada y esta vez a solas, di buena cuenta de uno de los preservativos y sí que hubo, por fin, final del todo feliz….

Después de lavar la ropa, bueno, para ser sinceros, la camisa, los calcetines y el calzoncillo, me llevé una gran sorpresa, al abrir la mochila. Había una pequeña nota de Susan, donde me pedía que escuchara con mucha atención la canción de ABBA, “The Winner Takes it All” el ganador se lo lleva todo en español y así lo hice. También que tuviera presente que la película Titanic, era muy bonita, pero que ahora se quedaba con la

de MAMA MÏA y era la única que estaba dispuesta a vivir.

Por un momento me sentía, como años atrás en el Metro de Madrid, el Día de San Isidro, con una sensación parecida, a cuando me había encontrado de pronto con Cristina y ese mismo día, le había pedido matrimonio a una gran mujer debajo del Acueducto de

Segovia…

Por segunda vez en mi vida, sufrí el “efecto lavadora”, que es como si te metiesen en una lavadora y sin darte tiempo a reaccionar, la ponían a mil revoluciones y yo estaba dentro, dando vueltas sin parar, con un pensamiento confuso entre Cris y Susan.

Mi

pasado contra mi presente y después de respirar profundamente, continué aplicándole a

mi

vida, toda la inteligencia emocional, que había aprendido y asimilado.

Ese día para mí era especial, ya que se celebraba la fiesta Nacional del Perú y llamé vía Skype a mis amigos peruanos para felicitarles y los encontré que estaban en el hotel las Dunas pasando las fiestas.

Antes de poder dormirme, recé todo lo que sabía y le di gracias a Dios, por permitirme recibir aquel regalo, por el cual lucharía hasta conseguirlo y posteriormente para conservarlo, haciéndolo crecer día a día.

29 de Julio. La Isla de Susan.

Al despertarme y comprobar la hora que era, me llevé una buena sorpresa, ya que descubrí que pronto amanecería y como tenía mucha hambre, busqué un lugar para desayunar. La brisa era fresca y mi sentimiento positivo, me llevó a contemplar una salida de sol, -que era más hermosa todavía-, con el recuerdo por todo mi cuerpo aún mantenía, de los besos de Susan. Tenía un sabor muy agradable en mi boca, escuchaba a las gaviotas volar hacia la costa y tenía seguridad de que dominaba mi vida, sin necesitar aspectos superfluos. Había aprendido a vivir mi presente, haciendo que mi pasado me sirviese de trampolín y no de sofá.

Fue cuando volví a aplicarme toda la Inteligencia Emocional que había aprendido para poder tener, salud, armonía, éxito, abundancia, tiempo, amor y también la fuerza imprescindible para ayudarme a mí mismo y así, poder apoyar a los demás.

Después de desayunar como un verdadero rey, me dejé caer por el puerto y permitir que la

curiosidad de los isleños se fuese incrementando, hasta que dos de ellos, se me acercaron y

me

preguntaron lo que estaba buscando por allí. Después de presentarme por mi nombre,

les

comenté que era pintor de cuadros y que quería pasarme una buena temporada en la

isla y para ello, necesitaría alquilarme una casa.

Rápidamente se ofrecieron voluntarios para que después de volver de pescar, si yo continuaba por allí, me llevarían a ver posibles alternativas.

Así que me apunté con ellos para irme de pesca y conocer cómo funcionaban las relaciones sociales de los isleños. Eran dos hermanos que componían la tercera generación de pescadores y se llamaban Pancho y Emiliano Romero. Representaban unos treinta y tantos años y ambos tenían tres hijos pequeños.

Utilizando técnicas de PNL, les hice un interrogatorio digno de cualquier agencia de información, ya que no se debieron de dar cuenta, de todo lo que me comentaron.

Fue cuando me enteré de la relación profesional que Susan mantenía con Toño González, ya que me dijeron que desde que la “Gringa loca”, había llegado a la isla, la había revolucionado. La familia González era de las más ricas de la región y tanto Toño como sus hermanos habían heredado una verdadera fortuna. Susan les había comprado el restaurante y bastantes tierras en el Estado, además de algunos otros inmuebles. Les había pagado mucha plata al contado por sus negocios y ahora Toño, trabajaba para ella. La isla tenía unos 32 kilómetros cuadrados y me recordaba a Bora Bora en Tahití, no por la belleza de la Polinesia, si no por el tamaño de esta y para mí, con Susan o sin ella, se convertiría en mí paraíso terrenal. Durante aquella semana salí de pesca con distintos lugareños y en ningún momento me quise olvidar de Susan y me di cuenta que me gustaba mucho estar a su lado y esta vez, no me precipitaría, ni dejaría pasar el tiempo, como cuando lo había hecho con Cristina años atrás.

Tenía mucho que ganar, así que debía esperar su vuelta con ilusión, eliminando el miedo, la tristeza, el enfado, el asco, la sorpresa y frenando mi alegría para que esta, no se transformara en euforia, lo que me provocaría, ansiedad y malestar. Cerca del mercado encontré una librería donde me compré “El Viejo y El Mar” y salvando las distancias, Hemingway me animó a salir adelante en esos días de incertidumbre, recordándome que:

Si un hombre hace frente con valor a su destino y lo acepta con entereza, luchando hasta el límite de sus fuerzas, nunca podrá sentirse derrotado; porque el hombre no está hecho para la derrota; un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.

Como entablé una muy buena relación con los pescadores del lugar y después de preguntar y buscar, encontré una casa de dos plantas que cumplía básicamente con lo yo quería en un principio. Le pedí a Emiliano que me mandase mis maletas a través de una agencia de fletes y al día siguiente, él se presentó en su barco de vela y me llamó desde el puerto. Allí me encontré también con los hermanos Romero, que nos ayudaron a desembarcar los bultos y nos proporcionaron un lugar seguro, donde pudimos dejar el barco a buen recaudo.

Esos días nos adentramos en el Mar de Cortés y pude por fin conocer sus corrientes, antes

de ir en busca del mío que tenía atracado en Huatulco Oaxaca, esperándome. Pudimos

observar a los tiburones martillo, aunque lo que más vimos fue lobos de mar y ballenas grises, que eran por esos días los dueños de aquellos lares, amén de los delfines que nos acompañaban por gran parte del recorrido.

Por la noche cenábamos cada día en un lugar diferente e incluso nos llevamos a los Romero a lugares del Mar de Cortés que no les eran habituales y ellos nos fueron presentando poco a poco a los demás insulares. 4 de Agosto. Cabo San Lucas

Al día siguiente de madrugada, nos despertamos muy pronto para poder disfrutar de la

ventaja adicional, que nos proporcionaría la corriente producida por la bajada de la marea, -que nos permitiría ir mucho más rápido-, y regresamos a Cabo San Lucas. Al llegar a casa

de los Arxona, María Teresa me presentó a una mujer llamada María del Carmen, para

que la atendiera en Hipnoterapia.

Capítulo X Chamanismo Chamanismo aplicado a la Hipnoterapia Flor de Cactus o Como agua para chocolate

Era la hermana pequeña de María Teresa y había nacido el 22 de Enero de hacía sesenta años. Su madre la había traído al mundo cuando tenía 44 años y el parto fue complicado. De milagro -según me contó-, las dos salieron adelante. Desde muy pequeña, siempre estuvo al servicio de todos los demás y por entonces se sentía muy feliz. Cuando creció, le gustaba salir con su novio, como a todas las chicas de la época, pero la estricta educación que recibió, la llevó a vivir en un mundo en que todo era pecado y que su vida se parecía a la película “Como agua para chocolate” donde la hija menor, debería quedarse soltera para cuidar a sus padres cuando estos fuesen mayores. Mirándome con cara de pena, me pidió que copiara textualmente lo que me explicó:

-En el fondo, yo era una reprimida y el entorno en que viví, me hizo crecer como una flor

de cactus. Me crié en un mundo, donde no me era permitido expresarme y el mantener

conversaciones interesantes con otras personas, me resultaba una quimera. Cuando tuve

mi primer y único novio, claro que me apetecía besarle, abrazarle, pero hasta ahí. Cuando

él quería algo más, yo le frenaba y le pedía a Dios, que no le deseara. Yo quería casarme virgen y lo conseguí. Aunque me enfermé de tanta represión y ya cuando me casé, no

podía darle cariño, ni le dejaba que me tocara. Solo oía la palabra pecado, pecado, pecado. Tanto que acabé traumatizada, ya que el amor y el sexo, iban en contra mía. Tenía que pedirle a Dios, que algo que me gustaba, no me gustase. Era una verdadera contradicción y

así

ha sido mi vida. Yo tenía que decirles:

¿A

vosotros que os importa?, en lugar de ello, me arañaba las manos y le pedía a Dios, que

me llevara con Él. Un beso en la boca era pecado mortal. Un día unos sobrinos míos me vieron bailar, y le dijeron a mi madre que estaba en una discoteca con mi novio. A partir de aquello todo mundo me vigilaba. Hubo hasta una reunión familiar donde todos quedaron en vigilarme. Para mí todo era pecado. Bailar también era pecado mortal, por tanto cuando veía a mi novio, le empecé a rechazar y me fui convirtiendo en una verdadera frígida. No tenía preparación para nada en lo referente al sexo. En lo demás, yo llevaba mi casa, sabía guisar y un poquito de todo, pero de lo más importante, era una verdadera neófita y eso me llevó a que mi autoestima, se convirtiera en fracaso tras fracaso. Llegó un momento en que me sentía una verdadera inútil.

Cuando me casé era una verdadera reprimida. Yo tenía muchas ganas de besarle y me tenía que contener. Esperaba que él se fuese a la cama y se durmiera, para que no me tocara y entonces muy sigilosamente me metía en la cama y rezaba para no tener que desearle. Desde que me casé, hasta que él pudo por fin, medio que penetrarme, pasaron ocho meses y en ese momento sentí que me quedaba embarazada. Cuando tuve que ir al ginecólogo, se quedó muy sorprendido, de que todavía estaba medio virgen.

Meses después tuve a las gemelas, entonces, al relajarme pude sentir algo de placer, sin tener mi cuerpo en tensión. Fue cuando mi marido empezó a beber y también se volvió muy agresivo. En lugar de defenderme, le decía que acabara ya con mi vida, porque por entonces no quería vivir. Si hubiese tenido unos hermanos que me hubiesen comprendido, arropado o algo, tal vez, otro gallo nos cantaría.

A mí me dio por la limpieza y cuando él llegaba a casa y me veía limpiando, me cogía del cuello. Como él tenía los ojos rojos muy grandes y abiertos, me daba miedo de verle con las venas dilatadas del cuello.

Cuando tuve a las gemelas, entonces como ya “el camino estaba abierto”, disfrutamos bastante del sexo, hasta que como él, seguía bebiendo y tomaba mucho café y fumaba tres paquetes de tabaco al día, la cosa se torció. Como yo no había recibido mucho cariño, creo que por esa razón no supe dárselo a mis hijas, a las que sé que usted conoce, ya que Blanca me lo dijo. La mayor tenía complejo de Edipo y era como su padre. Sin embargo Blanca, era como yo y salió bastante reprimida también, aunque después de haber estado con usted, -digo en terapia-, ha cambiado mucho y denota felicidad por cada poro de su cuerpo.

-¿Ha tenido relaciones sexuales con otros hombres?

-Cuando me leyeron las cartas y me dijeron que iba a estar con dos hombres, apareció Esteban, y con él sí fui feliz. Era muy lindo, muy espontáneo, y muy detallista aunque era muy peligroso, ya que le gustaban mucho todas las mujeres. Creo que estuvimos unas tres veces y eso fue cuando mis hijas hacían la comunión y llevaba unos años divorciada. ¡Madre mía, 23 años hace ya de esto! ¡Qué barbaridad!

Carmen se tapaba la boca en señal de pequeña represión y tan solo decía: JOSÜ.

-Yo creía que esas cosas no pasaban. A mí me gustaba todo de él. Era romántico, y

sensible y lo peor fue que cuando mi hija creció, también lo veía guapo, aunque ella nunca supo lo nuestro. Fue un romance corto, una pequeña historia de amor, aunque solo lo fuese para mí, ya que yo seguro para él, fui solamente otra aventura más. Alguna vez me

he

cruzado con él por la calle y no le he querido decir, lo importante que fue en mi pasado.

De

pronto se quedó callada y como yo la miraba sin decirle nada, tan solo dijo, como una

pequeña aventura, para luego continuar:

-Con lo reprimida que yo he sido, por fin fui un poquitito aventurera, pero de eso hace tantos años. Ahora que tengo 60, recuerdo que me decía que las mujeres estaban muy bien hasta los 45 y luego perdían. Sin embargo yo quiero volverme a sentir guapa y no estar de sobra en la vida. Me siento una inútil y llega un momento en que te callas, ya que la gente te quita siempre la razón y te callas y te callas, que aquí estoy para que me ayude a cambiar. Mi hermana confía plenamente en usted y mi hija también, así que me dirá lo que tengo que hacer para cambiar de vida.

-¿Qué quiere hacer con su vida?

-Quiero no tener Alzheimer. Y no quiero verlo así y ni que me dé. Las personas que lo

padecen, es porque no quieren ver lo que pasa y como no lo ven, ya no sufren y al final se quedan como vegetales. Así no sufren Y NO QUIERO LLEGAR A ELLO. Me doy cuenta

de todo y quiero SER FELIZ y reírme con la vida y el mundo. Que no me afecte nada y

que no me vuelvan loca. Hoy te dicen una cosa y al otro día te dicen otra.

-¿Qué quiere hacer con su vida?

-Ahora me doy cuenta, de lo que le he dicho a usted, es lo que no quiero hacer. Ahora le diré lo que quiero: Quiero ser feliz, tener un amor, llevarme bien con mi familia, que me

respeten y me quieran y que yo les quiera. Quiero bailar, quiero viajar mucho, no sé y todo lo bueno. Estoy abierta a todo lo bueno. Quiero que usted me haga, lo que le ha hecho a

mi sobrino, para cambiarle la vida y lo mismo que a mi hija pequeña, que ha vuelto a

sonreír y ahora somos amigas y espero serlo pronto de la mayor.

La convertí mentalmente en delfín y posteriormente en águila.

Lo primero que le apliqué fue la Hipnoterapia y la convertí en delfín, para atraer lo positivo

a su vida y que tuviese una mejor salud. Posteriormente utilizando el espíritu del águila, eliminamos de un plumazo una parte de su pasado: Sus miedos, tristezas, enfados, lo que le producía asco y las sorpresas desagradables de su vida. Posteriormente tratamos la euforia, para que no la volviera a llevar a tomar decisiones erróneas. A través de las plumas

del águila, eliminamos todos los viajes, aventuras, que nunca pudo hacer en el pasado y también expulsamos las limitaciones que pudiese haber tenido anteriormente. Posteriormente, la apoyé para que ella anclara lo que a partir de ese momento quería desarrollar en su vida.

Terminado el proceso de la transformación del ave, continuó en estado de Hipnosis Clínica, donde ella voló como nunca lo había imaginado, sin haber ingerido ningún tipo de droga exógena, a través de las endógenas que le llevé a producir utilizando la MHRP y pudo definir con pelos y señales en su mente, su futuro, mientras le producía anclajes visuales, auditivos y kinestésicos, para que fuesen accionados en diversos momentos de su futuro.

Posteriormente la devolví mentalmente a su cuerpo humano, en la playa donde se encontraba su delfín. Convertida otra vez en humana, accedimos utilizando su inconsciente, a la piscina de la película Cocoon, donde un grupo de ancianos recuperaba su vitalidad mental y física, al haber entrado en contacto con energías poderosas del universo. Se dio un buen baño y recargó su energía vital. Jugó con las rocas y después de haber

nadado un rato a braza, salió de la piscina y le apliqué la técnica del laboratorio, que había aprendido del Método Silva de Control Mental y que en PNL, llamamos Santuario mágico

y años atrás convertí en un “Sitio de Poder” experimentando las Enseñanzas de Don Juan, de Carlos Castaneda.

En el Santuario, había un ascensor donde la persona podía traer a través de su imaginación

a todos aquellos seres vivos o muertos, humanos o animales que quisiera, para reunirse con ellos.

Los primeros en aparecer fueron sus padres que habían fallecido hacía treinta años y tan solo utilizando un anclaje Kinestésico, la apoyé para que en lugar de sentirse triste,

disfrutase de su presencia y se pudieran decir lo que quisiesen. Cuando hubo traído a todos los invitados, la llevé a un estado más profundo de consciencia no habitual y pudo definir con más detalle que cuando era un águila, su futuro. Le apliqué un apilamiento de anclajes,

o sea anclajes sobre anclajes, para que estos fuesen más fuertes y la dejé en Trance

Hipnótico el tiempo que ella quiso, para que los anclajes se le pudieran fijar con mayor intensidad.

Cuando abrió los ojos se sentía nueva y reconfortada de saber y asumir que a partir de ese momento sería la única responsable del cien por cien del estado de sus sentimientos.

5 de Agosto. Cabo San Lucas Los cambios que da la vida

Me levanté un poco tarde, después del madrugón del día anterior y del viaje en barco y como últimamente no tenía la costumbre de madrugar, la familia entera se había bajado a

la ciudad y todavía no había visto ni a Rubén ni a Víctor desde mi regreso. Después de desayunar a cuerpo de rey, llamé un taxi para que me llevara a la nueva oficina, donde estaba esperándome Víctor Manuel. Nada más verme, nos dimos un abrazo, mientras él se destornillaba de la risa y me decía que la chica que estaba tan buena y que habíamos conocido el día, en que habíamos saltado en paracaídas, estaba ahora trabajando como

vendedora en su oficina. Al entrar lo primero que vi, fue la figura de tan espléndida mujer

y su sonrisa resultaba tan grande y envolvente como sus ojos.

Detrás de ella había una foto algo trucada, en plan “poster”, donde estábamos Víctor, Emiliano y yo en el barco que se había comprado para las expediciones.

Víctor me tomó del brazo y me quiso meter en una oficina donde se podía leer a la entrada un cartel: Dr. Félix Gómez, Consejero Comercial y al entrar comprobé que había muchas fotos de los tres juntos colgadas en la pared, que nos habíamos sacado en nuestra aventura de náufragos.

Fue entonces cuando me comentó que había comprado el local y que Emilia, se había quedado a trabajar con él. Mientras me explicaba los datos de la compra, me expuso a continuación, que quería que su hermano y yo fuésemos sus socios en la empresa. Me agradecía todo lo que había hecho por él y que no tendría que poner dinero en la empresa, ya que sería socio comercial.

Muy serio me comentó que los tranquilizantes y las pastillas, eran un recuerdo oscuro de su vida y que por el momento, no quería ni acordarse de aquello. En ese momento Milu, o sea Emilia, nos traía un café y mi Té verde con miel, acompañado de unas galletas que estaban deliciosas.

Víctor Manuel me confesó, que ella le gustaba mucho y que estaban de novios y que por favor no se lo dijera a nadie de su familia, aunque me comentó, que ya todos lo sabían. Me comentaba lo importante que para él, era su empresa y que se había matriculado en

una Universidad a distancia para estudiar una carrera, mientras sacaba a flote la compañía. Me enseñó los folletos que había hecho y me pidió ayuda, para que le hiciera las páginas WEB y se las posicionase en las primeras páginas de Google. Después de preguntarle sobre

el tiempo que teníamos para la sesión de Hipnoterapia, le pedí que apagase el móvil y que

no nos molestase nadie durante dos horas.

“Él, debe alejarse lo suficientemente de esta historia para echarle segundas miradas” Walt Disney.

Capítulo XI Terapia Integral Modelo Walt Disney

Le practiqué el Modelo Walt Disney, aplicado a la PNL y que en Terapia Integral, y sobre todo utilizando la MHRP, me da un excelente resultado. Para ello buscamos tres tipos de sillas. Una cómoda, otra normal y la otra incómoda. Así que las siguientes horas las invertimos en el desarrollo de su futura empresa. Primero a través del trance hipnótico le llevé a ser un soñador y lo senté en un sillón. Después al realista en una silla normal y por último en una banqueta incómoda, lo llevé al estado crítico. Lo tuvimos que hacer de una manera circular y no lineal.

Al terminar la sesión y después de grabarlo en una cámara de vídeo, salimos de la oficina y ya Milu se había ido. Víctor miró la hora y nos fuimos directos a su casa, donde nos estaban esperando para comer.

Sus padres me recibieron como si yo hubiese sido “el hijo pródigo” y después de los saludos, empezó la comida. Me habían preparado una de mis comidas favoritas: arroz blanco, frijolitos negros, plátano frito y pollo. Que mejor comida para un “naco” como Félix, dijo Emiliano, que en ese momento llegaba a la mesa y me daba un abrazo y sentándose a mi lado. Si algo me gusta de la cultura mexicana y también de los países Latinoamericanos, es la educación y los valores que se mantienen en el ámbito familiar.

Después de que me preguntaran por mi vida en la isla y los planes que tenía para esos días, la madre de mis amigos sacó una lista donde me había buscado cerca de 20 personas para que les aplicase coaching o hipnoterapia y que si me apetecía, podía utilizar un salón de su casa o un despacho en el trabajo de Rubén.

Víctor les comentó qué habíamos hecho esa mañana y cómo teníamos grabado el ejercicio en vídeo, al final de la comida, nos quedamos viéndolo por encima a cámara rápida y tanto Emiliano como su padre, me pidieron que se los aplicase, para los nuevos proyectos que tenían.

Rubén después de preguntarme por mis planes y yo responderle que no tenía, me pidió que atendiera a una socia suya, que esa misma tarde se marcharía al DF. María Teresa, me agradeció muy especialmente la atención que había tenido para su hermana pequeña, la tarde anterior. Después se quejó de que había muchas amigas suyas en la fila y que sería bueno que se hiciese una agenda para que todos supiésemos a qué atenernos. Todos los que estábamos en la mesa nos reímos del Lenguaje No Verbal (LNV), y les expliqué que necesitaba como mínimo entre hora y media a dos horas, por persona y que como mucho podría atender a tres personas en un día y que tal vez podríamos buscar un lugar y así dar algunas conferencias sobre mi terapia y atender solo a las personas que lo necesitasen.

De esa manera yo podría disfrutar de mi estancia en los Cabos y pasárnoslo muy bien esos días. Me sorprendió vivamente la integración de Víctor Manuel en la comida y su buen estado de ánimo y sobre todo que no se hubiese hecho ninguna referencia a su pasado. Por la noche nos fuimos a cenar a uno de los mejores clubes de golf, que hay en Los Cabos,

donde me presentaron a muchas personas, incluido al director que después de haberme

hablado durante una media hora, me pidió, que si yo podía dar una conferencia en el club

y al finalizar, hacer el número de la brasas de Tony Robbins y le contesté que al final yo siempre utilizaba Trance Hipnótico con chamanismo, a lo cual me preguntó si utilizaría drogas.

María Teresa me defendió diciendo, que yo había quitado, los ansiolíticos a su hijo y a muchas otras personas a las que había atendido. Que yo era un chico estupendo, -eso me hizo sonrojar- y que lo más fuerte que yo bebía, era un Té Verde, ya que mi cuerpo generaba lo demás.

Así que ella tomó nota, para que el sábado siguiente a las 6:30 PM, diera una conferencia y le comentó al director que ella era mi secretaria. Nos reímos mucho y disfrutamos de lo lindo, ya que esa noche estaba actuando, el Ballet Folclórico de la Universidad de Guadalajara y a los sones de Jalisco, me divertí bailando La Negra y cantando las canciones de José Alfredo Jiménez. Tanto fue mi pasión que acabé cantando en el escenario, como mariachi consagrado.

Me encontraba tan bien esa noche, que tuve que contener mi alegría para que no se

convirtiera en euforia, que es la más traicionera de las emociones que podemos tener. Volví

a la realidad, cuando vi a Víctor Manuel de la mano de Milu. La miré a los ojos y me fijé

en ese traje negro ajustado que llevaba puesto y pude sentir por primera vez, desde que había conocido a Víctor Manuel, una cierta hostilidad por su parte, que se diluyó con la sonrisa que debí de poner al ver su cara, cambiando de emoción. Fue cuando me di cuenta que ella era bastante mayor que él y que aquello no importaba.

Al oír la Bamba, canción de origen Jarocho, de Veracruz, que Ritchie Valens, nacido en el Valle de San Fernando en California, popularizó en los años 50, -antes de su estúpida muerte de avión, en la gélida madrugada del 3 de febrero de 1959-, nos pusimos a cantar y gritando “va por ti Ritchie”, me desmelené como hacía tiempo que no lo había hecho. Fue

la primera vez, en que la familia Arxona, me observó como mexicano. Entonces me acordé

de Susan y deseé con todas mis fuerzas besarla y amarla, dándole lo más profundo de mi amor, a esa aborigen que me había cautivado desde el primer momento en que cruzamos nuestras miradas.

Esa noche me sentía tan bien, que me fui con Víctor y su novia a recorrer los locales nocturnos de la ciudad. Como yo no había bebido alcohol, conduje el coche y cual fue mi sorpresa, que nada más salir del recinto del club de golf, la policía nos detuvo para hacerme la prueba de alcohol. Los oficiales se quedaron muy sorprendidos al comprobar que daba cero y no querían creérselo.

Fuimos de discoteca en discoteca y ya mi cuerpo no estaba para aquellos trotes y aunque mis amigos me presentaron a un montón de señoritas, yo solo tenía ojos para la mía. Así

que nos retiramos antes de lo debido y fuimos a llevar a Milu a su casa y mientras esperaba en el coche a Víctor Manuel, que terminara de despedirse de su novia, caí en un profundo sueño. Cuando fui despertado por él, ya era de madrugada y estaba amaneciendo. Me puse en su situación y no le dije nada, hasta que me preguntó si me encontraba bien y le respondí que la próxima vez, primero me dejaran en casa y siguieran ellos con la juerga, hasta que me recordó que esa noche yo hacía de chófer.

Al irme a dormir, por fin a mi cama, en casa de los Arxona, cerré los ojos y pensando que

la almohada era Susan, me quedé plácidamente abrazado a ella. Dándole besitos y algún

que otro “apapacho”.

Capítulo XII Problemas con la Terapia ¿Qué pasa cuando el sujeto no quiere ser ayudado y te convierte en su cliente? Cabo San Lucas. 6 de Agosto.

Vanessa.

A

la mañana siguiente, recibí una llamada de Rubén y después de preguntarme, que cómo

lo

había pasado la noche anterior, me pedía un favor, fuera de lo común. Quería que esa

tarde ayudase a una chica llamada Vanessa, que era, la única hija de un matrimonio muy amigo de ellos y que después de que ella se enteró de lo que le había hecho a Víctor

Manuel, me solicitaban ayuda, para que la tratase. Además él se había tomado la libertad

de cambiarme las dos citas que tenía para la tarde, para esa mañana, si es que no me

importaba demasiado.

Eran dos amigas de María Teresa y no tuve demasiados problemas con ellas. Tenían más curiosidad que otra cosa, por el Coaching y las despaché rápidamente, ya que no eran las personas a las cuales yo les hubiese dado una cita. Después de comer, Rubén me llevó a casa de sus amigos y allí debería de conocer a Vanessa. La sorpresa fue mayúscula, ya que ella no aparecía por ningún lado. solo estaban sus padres, que al verme me pidieron consejo. Víctor Manuel, que era amigo suyo, la había localizado en un restaurante Vegetariano, que me recordaba a Ecocentro de Madrid y allí fue donde la conocí.

Mi primera impresión sobre Vanessa, no fue en absoluto la niña tonta que esperaba

encontrarme. Van, como me pidió que la llamara, era básicamente normal y no le gustaba sobresalir. Su aspecto era de unos 24 años, en lugar de los 28, que en realidad tenía. Estaba acompañada de una amiga suya llamada María Asunción, que estudiaba cuarto de Psicología.

Había nacido el doce de Febrero y según me dijo, tenía su ascendente en Piscis, aunque para mí lo tenía en Leo, porque lucía una melena magnífica, lo que la hacía un poco más

enigmática, ya que la lucía con gran ostentación. Así que aunque tenía toda la tarde para estar con ella, debería darme prisa en evaluarla.

María nos dejó solos para que estuviésemos más tranquilos y la invité a un Té verde, que al final fue rojo y yo me tomé un Rooibos. Frente a frente, estábamos sentados en una mesa y tenía que hacerle un sinfín de preguntas para obtener pírricas respuestas, así que le apliqué el plan B, que consistía en hacerla escribir “También tenía un gato y una ganga” y le miré de pasada, las líneas de la mano, primero para desconcertarla y obtener un montón de información sobre ella. Su sexualidad estaba muy alterada, según su grafología me indicaba.

Mirándome de frente, a través de unos preciosos ojos mitad marrones, mitad verdosos, me dijo:

-Así que me vas a hipnotizar. Mira güerito, a mí, ni tú ni nadie, me puede hipnotizar, sino lo hago yo primero.

-¿Para qué quieres que lo haga? -No lo sé, ya que me han dicho que tú hacías eso con la gente. A Víctor Manuel se lo hiciste. -¿Qué le hice? -Hipnotizarle, para quitarle los problemas. -¿Problemas? -Sí, los problemas de autoestima.

-¿Autoestima? -Mira güerito. Yo no sé lo que quiero. No me gustó tal y como soy. Quiero cambiar, pero no sé ni el qué, ni mucho menos, el cómo hacerlo.

-¿Para qué quieres cambiar?

-Quiero tener ilusión por vivir. Quiero ser escritora, quitarme los problemas con el carro. He tenido cuatro accidentes en los últimos meses. Quiero quitarme la alergia al polvo y al mar.

-¿Al mar? -Sí al mar. Antes el mar me encantaba y ahora voy a la playa y me pongo a estornudar y no puedo parar. -¿Desde cuándo? -Hará unos cuatro años. Desde que tuve una pésima experiencia con un hombre mayor. -¿Un hombre mayor?

-Durante un mes más o menos salí con un chamo que tenía unos treinta años más que yo

y me destrozó moralmente. Me quedé sin salud, sin amor, sin ilusión, sin cariño.

-¿Sin cariño?

-Siii, sin cariño. Él me lo quitó; desde que le di sexo, se acabó todo.

-¿Todo?

-Sí todo. El me había prometido felicidad, amor, que yo a su lado sería del todo feliz y cuando me tuvo, se acabó. Me utilizó, me vejó, me maltrató y todo porque quería echarme un polvo y yo no quería eso.

Yo quería cariño, el cariño que nunca había tenido. Creo que mi problema es que soy tan estricta conmigo misma, no me permito ser feliz, además tengo graves problemas de malinterpretación.

-¿Malinterpretación?

-Sí, que la gente no me entienda lo que quiero decir. Quise mucho a un chico y él no me

hizo el menor caso. Estuvimos juntos unos seis meses y me fui a vivir con él, a casa de sus padres que eran muy permisivos y allí mismo nos acostábamos y el no me abrazaba, me ponía de espaldas y no me daba cariño, no me tocaba, solo era sexo. Se corría y ya estaba. No era capaz de besarme, de darme el menor cariño, el menor roce de amor. A los dos años me dejó por una vecina y a ella, por lo menos delante de mí, sí que se lo daba. Me echó de su casa y tuve que regresar a la de mis padres, con el rabo entre las piernas, como

si fuese una perra callejera. Cuando conocí al señor mayor, el me dijo que con él, mi vida

sería diferente y estando tan necesitada de afecto, se lo di y en qué me convertí. En una chama de quita y pon. Con todos los hombres que me he acostado, siempre se corrían en seguida y nunca había tenido un orgasmo con un hombre estando dentro de mí. Cuando yo empezaba a disfrutar, ellos ya habían terminado su acción.

¿Qué es lo que hago mal? ¿Por qué un hombre de verdad, no se enamora de mí?

Yo no pido tanto. Quiero compartir mi vida y poder crecer como persona. Al no poder conseguirlo, trabajo en lo que trabajo.

-¿En qué trabajas?

-Soy gogo en una discoteca, y bailo toda la noche sin que me molesten, ya que estando en una jaula, nadie puede tocarme.

Quiero que me deseen y que no puedan poseerme. Nadie podrá poseer lo que no quiero

dar. Sin embargo, me siento más sola que la una y para soportarlo, idealizo el amor. Cierro mis ojos y entonces, en mi mundo interior puedo ser feliz. El problema es cuando los abro

y me miro al espejo. Me siento vacía y eso me da un profundo miedo, relleno de una

tristeza galopante, que desemboca en un enfado profundo, que me produce asco de mí y de los hombres que me rodean. Ya no quiero dar nada.

-¿Dar nada? -No quiero dar mi corazón, mi amor, mi cariño, mi alma, ya que nada es lo único que me van a devolver.

Aquí estaba la cuestión, amén de la falta de cariño por su padre. Vanessa tuvo un amor, que no le supo dar cariño. Y, ella. ¿Supo darlo?

Después de intentarlo con un chamo de su edad, pasó a uno mayor, en busca de lo que ella creía, que en su casa no le habían dado de pequeña. Y qué fue lo que encontró. Todo lo contrario a lo que ella buscaba. Así que le pregunté que si ella en una relación se comprometía o se involucraba. Al no tenerlo muy claro me contestó:

-¿Comprometerme o involucrarme? No lo entiendo.

-Mira Van. En un desayuno de huevos fritos con chorizo, quién está involucrado. ¿El cerdo

o la gallina?

-Explícamelo tú.

-La gallina pone el huevo y está involucrada. El cerdo para obtener el chorizo, hay que matarlo primero, por eso, está comprometido.

-Ya lo entiendo Félix. ¿Pero qué es lo que me quieres decir con eso? -Cuando salgas con un hombre, primero le debes de conocer sin más y también deberás de enterarte de sus intenciones y si más adelante quieres involucrarte, poco a poco en la relación, lo haces, sí es que te apetece y te encuentras a gusto. Y posteriormente, cuando ya os hayáis relacionado de una manera más efectiva, es cuando viene el paso de comprometerse. Suele ocurrir que los hombres que salen contigo, se involucran, mientras tú te comprometes y así quedas a su merced y el desayuno, viene a ser el sexo y tú eres el

cerdo. Mientras tengas la creencia de que si les das sexo, ya estás comprometida, sin darte cuenta los puedes apartar, por no tener claro aquello que quieres. Tu problema es bastante habitual. Falta de comunicación, debido principalmente a que no sabes pedir, ni decir que no y muchas veces tampoco sabes decir lo que quieres y resultas un tanto apática. Esperas

a que los hombres actúen, como tú lo harías y te equivocas. Debes de aprender a

preguntar y a decir que no o que si dependiendo del caso y no por ello, tú vas a ser diferente o quedarte sola toda tu vida.

Cuando conozcas una persona que te guste, fíate de tu intuición y déjate llevar por ella y solo haz aquello que tú quieras. Por quedar bien y sentirte aceptada, estás dando aquello que no quieres. Sube tu estima y valórate, en la valía que tú quieras y verás como la próxima vez, saldrás con la persona adecuada.

- Félix, me has dejado de piedra, ya que yo no soy una cerda. Yo deseo salir con la persona adecuada y me cuesta mucho conseguirlo. En cuanto consiguen lo que quieren, me desprecian. Estoy harta de sentirme utilizada, además para pasármelo bien sexualmente, no necesito a ningún hombre, ya que me basto y me sobro.

-Analicemos dos puntos importantes de tu discurso. Me acabas de decir que cuando consiguen lo que quieren, te dejan y te desprecian.

-Más o menos. -Pues eso es lo que de verdad estás atrayendo a tu vida con tus pensamientos y los alimentas posteriormente con tus sentimientos negativos.

Me le quedé mirando fijamente a los ojos y le dije:

-Tu manera de hablar, la forma en que utilizas tus palabras, está directamente relacionada con la calidad de tu vida. Cuando dices: “yo deseo tener una relación con una persona”, estás haciendo una declaración de intenciones y no comprometiéndote contigo para lograrlo. No acotas lo que quieres, ya que esperas que la “suerte” te ayude y te lo brinde en bandeja.

De otra manera, si dices: “yo quiero tener una relación con una persona”, aquí puedes comprometerte a arriesgarte a ser feliz y también a sufrir y tienes que decidir primero, qué tipo de relación quieres y así saber, cuando la tengas, si la has encontrado. Si en lugar de decir deseo, dices quiero, entonces lo que aspiras es tener una relación estable con una persona y que esta sea positiva para los dos. Aquí te comprometes y te arriesgas a encontrar lo que buscas. Una relación positiva. Eso es lo que tu mente se encargará de atraer.

Por ejemplo, quiero tener una relación con una persona, en los quince días que estaré de vacaciones. Le estás dando más información a tu mente de lo que en realidad quieres. Casi cualquier persona te valdría, ya que lo que te apetece, es tener una relación durante quince días y eso es todo.

Más aún: quiero tener una relación con una persona soltera, divertida, que se vea muy bien, y que esté muy bueno.

Le vas poniendo límites y te acercas a tu objetivo, reduciendo a cero, aquella persona que solo busca un rollo de una noche.

Si buscas una aventura de una noche, que ya sé, no es tu caso, te vas a una discoteca y seguro que la encuentras. Hay una canción de “Ella Baila Sola”, llamada Amores de Barra, que me va a ayudar a explicártelo mejor.

La chica solo le da a la otra persona, lo que ella quería darle. “Te has llevado, solo lo que

yo quería” y ha recibido lo que buscaba “me has dejado bailando bajo la luz del día, solo ha sido una historia que se acaba cuando sale el sol y así es mejor…”

Ella lo tenía claro y lo consiguió. Haz tú lo mismo, en cualquier faceta de la vida. Define lo que quieres, lo que estás dispuesta a pagar por conseguirlo, visualízalo, disfrútalo y consíguelo. Para ello, primero concreta en los diferentes ámbitos de la vida: Emocional, físico-salud, Relaciones, Dinero-trabajo, Formación, Aventuras-viajes, Tiempo libre, etc.

Vanessa no dejaba de reírse de lo que yo le decía cuando me dijo:

-Mira güerito. Tú, de mujeres como yo, no tienes ni pinche idea, de cómo pensamos y mucho menos de lo que queremos. Antes las mujeres buscaban hombres protectores, ricos y que las mantuvieran, en un status superior al que habían nacido. Las relaciones duraban para toda la vida. Las mujeres eran fieles y buenas, mientras los maridos tenían amantes e hijos ilegítimos en cada esquina, pero eso sí, cara a la sociedad, eran buenos padres y a sus mujeres, las colmaban de regalos y joyas.

Sin embargo, en el siglo XXI, si un novio te dura un año, ya es un logro. Las mujeres como yo, lo que buscamos son hombres inferiores a nosotras, que estén por debajo nuestro, ya que así es más difícil de que se vayan con otras. Nosotras queremos tener fidelidad, durante el tiempo en que estemos juntos y además, que los chamos, nos satisfagan no solo sexualmente, sino que nos escuchen, aunque eso es casi imposible encontrarlo.

Aunque tú lo haces muy bien, digo el escucharme, porque mi padre te ha pagado y como eres un profesional, así lo haces. Me recuerdas a un cura que había en un pueblo de Almería. Era tan guapo como tú y se creía que él siempre tenía la razón, porque hablaba siempre con conocimiento. Me encantaba seducirle, para ponerle nervioso. “Era tan majo”

La miré a los ojos y forzando una sonrisa maliciosa le pregunté:

-¿Desde cuándo has estado en Almería? ¿Qué hay de lo de tu novio; ese que no te abrazaba ni te daba cariño? ¿Qué pasó de verdad con el señor Mayor?

-Mira Félix, sé que tú eres una buena persona y que estás muy preparado para hacer tu trabajo. Sin embargo te has tragado todo lo que te he comentado sobre mi pasado y lo has creído a pies puntillas, al igual que toda mi familia. Lo del novio, ese que tuve en España y que su familia nos permitía follar en mitad del salón, era mentira y lo decía para provocar a los míos. Así creyeron que cuando estuve estudiando fuera, me lié con un novio y casi, casi andábamos desnudos por su casa delante de sus padres. Lo del señor Mayor, fue para sacarle más dinero a mi padre. No te das cuenta que mi lenguaje no verbal, no encajaba con lo que te contaba, o es que de verdad, soy una buena actriz. Cuando repites una mentira tantas veces, al final tu mente se lo cree y resulta muy fácil engañar a los demás y

por eso y también por haberme valorado tan poco, no profundizaste en mi lenguaje no verbal.

Vanessa se quedó callada, esperando mi réplica y si lo que ella decía, era correcto, yo tendría que hacer un curso acelerado de introducción, a lo que piensan las jóvenes actuales. Me tomé todo lo que me había dicho en serio y recapitulé lo escuchado, aplicándomelo a mí mismo, en lo que yo había vivido en mi pasado con Cristina y en lo que ella podía haber visto en mí como inferior.

En aquel tiempo, yo era amigo de sus padres y bastante mayor que ella. Yo a ella nunca la hubiese dejado, ya que la quería y la necesitaba. Más aún, estaba profundamente enamorado de ella. Aunque viéndolo desde la perspectiva de Vanessa, cuando yo hubiese cumplido los cincuenta, ella estaría en la década de los treinta.

Sentí miedo al pensar, que lo que ella me había dicho minutos atrás, tenía mucho sentido y para colmo de males, Vanessa me pilló en un desliz, al interpretar mi lenguaje no verbal, donde yo denotaba inseguridad y que ella me había dado un golpe certero y que ahora yo tenía que asimilar. Ella había cambiado los papeles y parecía en

algunos momentos,que el cliente era yo.

Minutos antes, analicé mi propia vida, en lugar de haber permanecido disociado de sus comentarios hacia mi comportamiento y situación personal. Recordé entonces lo que un día mí gran amigo, Javier Pintor, me dijo sobre las personas. No hay dos personas iguales, ya que uno mismo, no es igual todos los días de su vida y hasta ese momento, no había podido entender lo que él me había querido decir entonces.

Aplicándolo a lo que Vanessa me había expuesto, posiblemente un grupo de chicas pensaban de esa forma, aunque no la totalidad. Y recordé a otro amigo de Madrid, a Tony P., que en un momento puntual de su vida, cuando se sintió con la necesidad de tener dinero, encontró a una rica y aparentemente maravillosa mujer, que estaba como un tren y que le pagaba todos sus caprichos. En aquella charla que habíamos mantenido los tres en una noche de discoteca, me dijo que ahora las mujeres buscaban a hombres inferiores a ellas, para así poderles dominar y así se sentían como hombres, ya que ahora con los papeles cambiados, ellas decidían lo que estaba bien o estaba mal.

Tony me había contado como él, estuvo viviendo algunos años con una mujer mayor que él, que le compraba todo lo que él necesitaba, pero ella era la que elegía las camisas y los pantalones que él se tenía que poner. Cuando decidían donde ir de vacaciones, él le decía, que solo tenía quinientos euros y ella se reía. Guárdalo para las propinas, que nos vamos a un hotel de cinco estrellas, que pago yo. Hasta le compró un deportivo y fue cuando él se hartó, ya que se sintió utilizado, no solo sexualmente.

Los papeles se han cambiado y ahora algunos hombres hacían de mujeres y algunas mujeres actuaban como los hombres de antaño, exigiendo fidelidad y exclusividad en la relación. Se han modificado las relaciones y actualmente muchas mujeres, ya no buscan la igualdad, sino la superioridad. No se detienen hasta que son ellas las que dominan la relación, pudiendo ellas en sus viajes de negocios tener otras relaciones sin sentirse infieles, mientras sus parejas las aguardaban en casita, como antaño lo hacían sus abuelas.

Años atrás no existía la aldea global y sin embargo a día de hoy, una mexicana, escuchaba, compraba y aplaudía lo mismo que una inglesa, ecuatoriana o finlandesa. Internet, había hecho que las fronteras saltaran por los aires y desaparecieran envueltas en un tsunami. Así que para ganarme otra vez su atención y después de que hubiésemos pasado unos minutos en silencio, al ir a preguntarle su opinión sobre los príncipes azules, ella volvió con su ataque al decirme:

-Estos siete minutos de silencio, ¿también se los vas a cobrar a mi padre?

Tomé aire y busqué un anclaje que tenía para casos comprometidos y que me había resultado del todo positivo, al aplicármelo años atrás. Al preguntarle el porqué, cuando una mujer encontraba el príncipe azul, no le hacía el menor caso, me contestó:

-Les dejamos, ya que desconfiamos de ellos. Nos preguntamos ¿Cómo pudiendo estar con otras mujeres mejores que nosotras, van a perder el tiempo con una chica como yo? Actualmente a las mujeres de menos de treinta años, nos atraen hombres inferiores, que resulten peores partidos que nosotras. La mujer al sentirse superior y ejercer esa liderazgo, sabe que al hombre, al darle lo que él necesita, no va a ser tan tonto de irse con otra, que le deje de mantener.

Te has dado cuenta como mujeres jóvenes que son hermosas y ricas, salen con hombres feos y con hombres que no tienen dos dedos de frente. Cuando se hagan mayores se buscarán hombres más jóvenes y vigorosos, siguiendo el mismo patrón que antaño los hombres seguían.

Observa a las actrices de cine mayores. Todas buscan hombres jóvenes y fuertes, lo que ocurre es que antes eran unas pocas mujeres, las que se lo podían permitir y ahora que la mujer, ha dado alcance al hombre, la mayoría lo hará. Vas a una conferencia interesante o a la Universidad y que ves; mujeres.

El hombre cada día se está quedando atrás y lo permiten porque no van a perder a la ubre que les alimenta y de esa manera saben que si le dan sexo a la mujer y fidelidad, las tienen en el bote. Esto algunos años atrás era impensable, al igual que también les resulta a los mayores, pongamos de 30 años, que fue cuando empezó la revolución tecnológica.

Mira, me considero más inteligente que mi padre y le saco todo lo que quiero, ya que él,

quiere verme casada y con hijos y piensa que si me da el dinero que le pido, haré lo que él me pida y no tendré que trabajar en una discoteca de bailarina.

Cuando Vanessa dejó de hablar, le pregunté sobre lo que quería de mí y fue cuando me contestó:

-He visto la magnitud del cambio que has logrado trabajando con Víctor Manuel y en tan corto espacio de tiempo. Quiero que me ayudes a bajarme de la nube y a poder ser normal. Dejar los ansiolíticos, las pastillas para dormir y todo aquello que me ayuda a evadirme y que me lleva a un descontrol total sobre mi persona. Mira yo vivo como un hombre, con dos vidas paralelas y ahora que voy a cumplir los treinta años, quiero encontrar un compañero que no me tenga miedo cuando hablo.

Hasta a ti Félix, te he dado mucho miedo y sé que lo admites y por eso no me he ido, dejándote como al gallo de Morón. Sabes asimilar tus errores e incluso admitirlos y corregirlos sobre la marcha. Quiero que me ayudes a planificar mi profesión como Fisioterapeuta y osteópata. Quiero ser la mejor de todo México y ya que conozco de primera mano, como te manejas en tu trabajo, te pido tu ayuda, ya que estoy segura que podrás apoyarme.

Aspiro lo primero de todo, a que después de haberme realizado profesionalmente, quiero ser madre y para ello, necesito encontrar al hombre adecuado y que le pueda tratar de tú a tú.

Te pagaré con mi propio dinero, aunque sé, que como cobras por resultados, me encantará pagarte lo que me pidas, con tal de que yo pueda conseguir mis objetivos. Y ya que nos conocemos, basta de presentaciones y empecemos a trabajar.

En ese momento regresó su amiga María, para traerle algunas cosas que se había dejado en su casa. Con la excusa de tener que ir un momento al baño, las dejé solas, para que ella decidiera si quería seguir con la terapia.

Al regresar del baño, María nos volvió a dejar solos otra vez y fue cuando le propuse, que caminásemos por un parque cercano, donde podíamos resguardarnos del sol y también había un micro clima, que haría más tolerable en calor. De esa manera, la apartaría de su centro de poder, que era el seguir en aquel lugar donde me había demostrado lo que ella sabía y lo quería hacer con su vida. Era como hacer una restauración del sistema operativo.

Me di cuenta que lucía una camiseta blanca y una falda pequeñas verde claro. Unas sandalias de piedras cocidas y llevaba un bolso precioso de dibujos con peras y manzanas. Antes de levantarnos, se pintó los labios de un color brillante y al ponerme las gafas de cerca, descubrí a una hermosa mujer, que llevaba colgando al cuello, un cuarzo blanco que

le transmitía protección. Caminamos hacia su coche y había una especie de Río con Rosas

y muy cerca se encontraba una Santa, llamada Engracia, que estaba cerca de una iglesia.

Me eché a reír y al preguntarme el porqué, le contesté que la descripción que yo acababa de hacer, de por donde caminábamos, me recordaba a la película Sospechosos habituales

y que para entenderlo, tendría que ver la película.

Vanessa puso cara de no querer entender lo que yo le acaba de decir y fue cuando me

comentó que en realidad ella había estudiado y terminado Fisioterapia y que trabajaba de gogo, para fastidiar a sus padres. Que como osteópata se sentía muy bien, aunque su cuerpo lo tenía bastante maltrecho, ya que poseía la capacidad de ayudar a los demás, pero, y a ella, quién le echaba una mano. De pie, daba el aspecto de una mujer mucho más baja de estatura, aunque no podía llevar tacones, porque el dedo gordo del pie derecho, sufría una complicación, que no le permitía calzarse tacones. Mientras caminábamos me

dijo:

-Tanta inteligencia en la cabeza y tan maltrecho cuerpo tengo.

Así que decidí hipnotizarla mientras caminábamos. Le pedí que con los ojos abiertos, -para que no se cayese mientras caminaba-, se imaginase que estaba en un cine. Que eligiese donde sentarse y que se pusiese cómoda.

En la pantalla se proyectaba una escena divertida de su vida pasada y le pedí que me dijese, a que olía lo que veía y me contestó que a mar.

En su visión, estaba recién levantada, percibiendo el aroma marino en toda su plenitud y la playa tenía pocas olas y al meterse, enseguida la temperatura se puso a tono. Le pedí que nadase y eligió hacerlo a braza. Cuando observó a lo lejos que se acercaban unos tiburones, salió precipitadamente del agua y los relacionó con sus miedos y amores pasados, amén de las anteriores decepciones amorosas.

Mientras caminábamos, la veía como sus facciones estaban cambiando y que pronto entraría en Trance, así que al llegar a un banco, que nos serviría de reposo, nos sentamos. Ella tenía bastante miedo observando a los tiburones que se acercaban a la orilla de la playa y cuando los escualos se pusieron nerviosos, empezaron a desaparecer, ya que a lo lejos, se divisaba a decenas de delfines acercarse rápidamente.

De tiburones acosando, pasamos en cuestión de minutos a delfines maravillosos. Le pedí que se metiese en el mar y que se abrazara a uno de los delfines. Al poner sus dedos en posición correcta, y al hacerle un anclaje, se transformó en un hermoso delfín.

Sintiéndose ya delfín, le comenté que esos mamíferos marinos, tenían la propiedad de poner sus chacras en posición correcta, siendo unos perfectos Maestros de Reiki y como ella lo había estudiado anteriormente, le resultó muy fácil llegar a un estado de total

equilibrio y control sobre su mente y cuerpo.

Le pedí entonces que se imaginara un cine para delfines al aire libre, donde se estaba proyectando una película sobre su vida próxima y totalmente disociada, le invité a que visualizase y se imaginase su futuro en los aspectos que antes habíamos descrito.

Mientras ella iba punto por punto, diseñando su futuro, le hacía distintos anclajes, auditivos, kinestésicos y visuales.

Cuando terminó de hacer lo que le pedía, salió del cine y subió a la superficie del mar y allí saliendo y entrando del agua, brincando como delfín, se lo pasó genial.

Regresando a la orilla, vio su cuerpo rodeado de delfines que la protegían. Al tocar su cuerpo con la nariz siendo aún delfín, se convirtió otra vez en Vane, que fue el nuevo nombre que le puse y como no le gustó, me pidió por favor que la volviera llamar Van o Vanessa.

También quería saber cómo poder actuar en situaciones conflictivas, como por ejemplo cuando se enfadara con su jefe por algo.

Le expliqué que lo primero que tenía que hacer era:

Informar Pedir Exigir Irse

-Primero infórmale de lo que te ha molestado o pedido. Posteriormente pídele explicaciones o aquello que quieras. El tercer paso es exigirle que te aclare o que te dé lo que le pides y si eso no resuelve el problema, búscate otro trabajo.

-Güerito lo que dices parece muy fácil. Ponme tú un ejemplo.

-Mira hace poco estaba en un Hotel y era un sábado por la mañana cuando empezaron a oírse ruidos de una obra en la habitación de enfrente. Me levanté, me puse una bata y les informé a los trabajadores, que no eran horas de hacer un trabajo como ese y los ruidos pararon. Como tres cuartos de hora después, reiniciaron las obras.

Pasé al segundo paso de pedir. Bajé a recepción y les pedí que pararan las obras y no me hicieron caso. Punto tres: Les exigí que me cambiaran de habitación y no me hicieron caso y tampoco reaccionaron. Punto cuarto. Busqué mis cosas y me fui otro hotel, menos ruidoso. -Lo intentaste y tuviste que ceder e irte con el rabo entre las piernas, como yo. Para que me des esas contestaciones tan simples, no te pago. Así que espabílate güerito.

-No Vanesita. Yo no lo intenté, ya que lo hice y me fui muy orgulloso de allí y no tuve que pagar el día siguiente.

-No me llame Vanessita y yo no volveré a llamarle güerito. Pero ¿qué hubiese pasado, si ya hubiese pagado el Hotel?

-Entonces hubiera exigido que me devolvieran el dinero. -Y, si no te lo devolviesen.

-Empezaría informándoles de mis derechos como cliente, a estar en un lugar sin ruidos. Luego les pediría hablar con el Gerente, -eso asusta mucho en recepción-, para que me devolvieran el dinero, por no cumplir su parte del trato, ya que todo hotel si va a realizar una obra en sus instalaciones, lo tiene que informar previamente a los clientes y a mí nadie me había informado de ello. Si aquello no funciona, exigiría las Hojas de Reclamaciones y haría responsable al gerente o a la persona que me hubiese atendido de aquello.

Y, si el tercer punto no funciona, el de exigir la devolución del dinero, saldría del Hotel después de haber puesto mi queja y la reclamación pertinente y escribiría el nombre del hotel en una servilleta y la tiraría en una papelera y me olvidaría del tema.

Contrataría otro Hotel y seguiría disfrutando del día a tope, ya que en lugar de intentarlo, lo había conseguido. solo habría perdido dinero y no salud y todos nosotros debemos de aprender a poner límites “stop loss” a todo lo que emprendamos.

Pero dime Vanessa: ¿Por qué algunas veces me tratas de tú y otras de usted? ¿donde conociste al cura de Almería?

-Estudié en Sevilla y allí además de aprender a bailar Sevillanas, me enamoré de Andalucía. Tuve un montón de amantes y hasta estuve con un chico Marroquí, que me era muy fiel y solo cuando hacía el Ramadán, le ponía los cuernos casi todos los días, ya que Mohamed, no podía hacer el amor si no estábamos casados y aprovechaba esas fechas para convertirme en una verdadera golfa y luego me confesaba con el pobre cura, al que seguro que le ponía cachondo. Aprovechaba que mi novio no podía viajar y me recorría España y Portugal y todos los días estaba con un hombre diferente.

Después de haber leído la Tesis de Nancy de Ramón J. Sender, pensé en buscarme un solo hombre, y en lugar de relacionarme con un gitano, me busqué un moro, para que me protegiera de tanto sexo dispar y como la tenía muy bien, pude centrarme en mis estudios, sin perder el tiempo buscando sexo.

Como se había hecho tarde, quedamos para la tercera semana del mes y le mandé una serie de ejercicios que tendría, ella que hacerme, si quería seguir con la terapia. Además le expliqué que el dinero se lo cobraría de su propio bolsillo. Nada de que papá siguiese siendo Padre Patricio.

Me dio las gracias y como adelanto, me extendió un cheque en dólares, por la mitad de la cantidad que le había pedido. De esa forma ella estaba segura de que seguiríamos trabajando en su proyecto.

Asimismo se seguiría sintiendo superior sobre mí y sabía que tendría la boca bien cerrada en torno a lo que habíamos tratado. Aunque me comentó que lo de callarme lo que sabía, no era por el dinero, sino por mi profesionalidad.

Por último comentó que ella en su éxtasis de libertinaje ibérico, no se hubiese fijado en un hippie intelectual como yo, ya que ella quería solo sexo y nada más.

El padre de Vanessa

Llamé a Rubén y a los pocos minutos me pasó a buscar con el padre de Vanessa y nos fuimos a platicar a uno de los muchos Clubes de Golf, que hay cerca de San Lucas. Estaban muy interesados en que les contase lo que habíamos hablado y después de informarle la importancia del secreto profesional, no tuve que pedirle ni exigirle, que yo tenía que ser absolutamente discreto con lo que su hija y yo habíamos tratado.

Tan solo le comenté, que para estar seguro de que ella quisiera continuar con la terapia, le había informado, pedido y exigido, una serie de trabajos escritos que me tendría que mandar por Email, para así poder continuar. Si ella no lo hacía, no perdería más el tiempo y usted tampoco su dinero.

Rubén estaba algo turbado por mis palabras y me preguntó, que porque yo no parecía tan seguro, esta vez del resultado obtenido, como en las otras ocasiones que en una sola sesión había solucionado los temas consultados y puso el ejemplo de su hijo Víctor Manuel.

Entendí que para Rubén, el tema de Vanessa, posiblemente por la relación, que él mantenía con su padre, era muy importante y con mucho respeto y aplomo, le recordé que con Víctor Manuel, había estado cerca de quince días, seguidos trabajando, apoyado además por su hermano.

Que en los diez días que hicimos de náufragos estuvimos trabajando las 24 horas del día y lo hice de tal forma, que ni Víctor Manuel, ni él, ni María Teresa lo hubiesen visto como un trabajo de terapia. También les comenté que cuando la persona pagaba de su bolsillo y se comprometía, si el trabajo estaba bien hecho, los resultados eran inmediatos.

De otra manera, cuando se obligaba a la persona a realizar la terapia o en su caso el Coaching y ésta no tenía que pagar nada, los resultado eran menos productivos.

El padre de Vanessa me preguntó, por lo que Víctor Manuel había tenido que pagar en la terapia, cuando Rubén rascándose la cabeza, le contestó, que tanto Emiliano como yo, en

el naufragio, le habíamos tratado los primeros días como a un sumiso sin derechos. Tenía que hacer los trabajos más bajos y rastreros y hasta que él mismo, no se dio cuenta de su situación y peleó para ganarse su estima, no pasaron a los otros ejercicios, que Emiliano le había comentado que habíamos hecho.

El padre de Vanessa dijo: Ahora entiendo bien, que no fue un milagro y que tampoco fue una sola sesión, en la que Víctor Manuel, pasó de ser un suicida depresivo y bulímico que solo tomaba tranquilizantes, a convertirse en un empresario emprendedor, sino que fue un proceso eficazmente diseñado, para producir unos resultados inmediatos y eficientes. Este muchacho ahora está lleno de vida y entiendo que no fue, porque se le hipnotizó y listo. Cuando hablé con él a solas, me recomendó que hablase con usted y también me explicó que a través de su trabajo, le había apoyado a que cambiase las referencias sobre su vida, teniendo que desaprenderse primero, de lo aprendido anteriormente.

Se me quedó mirando y metiéndose la mano derecha en el bolsillo de su pantalón y después de haber respirado profundamente, me dijo que me pagaría el doble de lo que Rubén, me había satisfecho por mi trabajo con Víctor Manuel, si yo era capaz de hacer que su hija cambiase de manera radical. Mirándole a los ojos le dije:

-¿De manera radical? -Si, que deje de perder el tiempo, se eche novio y se case. Que sea normal -¿Normal? -Bueno, que tenga un porqué en la vida.

-¿Un porqué? -Sí, que sepa lo que quiere. Bueno, usted me está poniendo nervioso con tanta pregunta. Yo quiero resultados inmediatos.

-¿Inmediatos? -Si hombre, que se cure rápidamente. -¿Rápidamente? -Carajo Rubén, este Naco de la chingada, me está poniendo nervioso. Rubén intervino, preguntándome:

-Félix, ¿Cómo actuaría si fuese Miguel Ángel, el padre de Vanessa?

-Que ella encontrara un para qué. ¿Pará que estoy en la vida? Mucho mejor que ¿Por qué estoy en la vida? El porqué es pasado, mientras que el para qué, es futuro, acción y realización.

-Ok, de acuerdo. ¿Cómo puedo ayudarla?

-Primero, ignorándome a mí. Y dejando que sea ella la que les saque el tema. Usted ni su mujer deberán de preguntarle por la terapia. Y si ella les llegase a preguntar, que si yo la

puedo ayudar, díganle que no lo creen y que además ustedes se sienten un poco estafados por mi parte y también por los consejos de Rubén, ya que no han visto todavía ningún resultado y que díganle también, que les parece una pérdida de tiempo y de dinero.

-¿Por qué debemos decirle eso? -Vanessa deberá de creer, que si ella sigue la terapia es cosa suya y que no es algo impuesto por sus padres.

Además, si ella les dice que la va a continuar, usted pregúntele qué cómo piensa pagarlo, ya que como ustedes no creen en que mi trabajo sea efectivo, no pagarán un Peso más. Dígale que si quiere continuar, que lo pague ella y como ella sabe lo que cobro, se dará cuenta del precio que tiene que pagar por conseguirlo. Ella entonces dudará y les aseguro que les pedirá ayuda y ustedes le darán apoyo moral y no material.

Que venda su carro, sus joyas y deje que su mujer haga de buena. Si Vanessa le pide ayuda a ella, que se la dé, diciendo que le dejaría o prestaría el dinero, no que le daría ni un Peso más.

-Entonces, ¿yo haré otra vez de malo?

-No, usted moralmente la apoyará en todo, aunque dejará de ser Padre Patricio, que son aquellos que solo apoyan a los hijos, dándoles dinero y sin embargo lo que ella quiere y necesita de de usted es cariño y respeto.

-Rubén, este chingado es un manipulador. Nos vendría bien tenerle de asesor en el partido.

Rubén se mantenía callado, sin decir nada, aunque su cara de preocupación, se había transformado en sonrisa un tanto imaginativa de aceptación, de lo que estaba oyendo y al tocarse la oreja de una manera determinada, me lo indicaba.

Mentalmente estaba recordando, el cómo yo le había indicado que actuase con su hijo pequeño, cuando nos conocimos meses atrás. Había pasado de Padre Patricio a Padre. A darle todo el apoyo moral y no dejarle el dinero para que él montase su negocio y cuando Víctor Manuel le había pedido dinero, él siguiendo mí indicación, no se lo dio, aunque si le apoyó en todo lo que pudo y le animó.

Ahora mantenían la mejor relación de su vida e incluso le pedía opinión y apoyo en sus negocios y respetaba de corazón sus decisiones. Escuchaba a su hijo, sin darle su opinión, si este no se la pedía. Nos comentó que la primera vez que su hijo pequeño, les había invitado a cenar a los dos, con los primeros beneficios de su propio negocio, su madre lloraba de emoción cuando él comentaba sus proyectos.

También nos contó, la envidia que le dimos Emiliano y yo, cuando nos fuimos de náufragos y también cómo, su relación con su mujer a partir de aquella cena, era otra vez

excitante y ya no se pensaban divorciar. Por ese motivo, María Teresa quería trabajar apoyándome, ya que había recuperado a su hijo y también a su marido.

El padre de Vanessa le preguntó a Rubén, que si ya no tenían miedo, de que su hijo

pudiera recaer e intentar suicidarse.

Rubén tocándose la barbilla contestó:

-No. Desde que le vi regresar del naufragio, ni su madre ni yo, hemos vuelo a pensar en ello. Ahora está sano y tiene una novia que aunque al principio creímos que no era del todo conveniente para él, se les ve muy feliz a los dos, ya que la hemos aceptado como un miembro de la familia. Y pensar que muchas veces somos los padres, los que intentamos decidir lo que es bueno o malo para los hijos.

-Oye Rubén, por qué no hacemos un trabajo de náufragos con Félix y llevamos a los directores de la compañía. ¿Félix, cuánto nos cobraría por siete días de trabajo? Háganos por favor un presupuesto.

Rubén se echó a reír a carcajada limpia, cuando nos recordó, que el negocio del chingado de su hijo, era el llevar de náufragos, a ejecutivos de grandes compañías.

Y

que esa mañana le había comentado, que como Félix era Vicepresidente de su compañía,

le

iba a pedir presupuesto, para hacerlo.

Fue cuando el padre de Vanessa, Miguel Ángel, nos pidió que volviéramos al tema de su hija y me preguntó que si no sería posible que en lugar de esperar tantos días para la siguiente sesión con su hija, al día siguiente pudiésemos hacer otra.

Le pedí que analizara su discurso, ya que había dicho: “si no sería posible” que el cerebro

lo entiende como una negación, a un “sería posible” que es una afirmación.

Le pregunté que si le gustaba la pesca del pez espada y me contestó que era uno de sus deportes favoritos.

Le pregunté entonces sobre su mejor trofeo y se remontó a 1978, cuando sacó uno de casi 400 libras. -¿Cuánto tardó en sacarlo del agua? -Unas doce horas de lucha tuve con él. -¿Qué sintió al lograrlo?

-Un placer inmenso y el dolor de mi cuerpo, las quemaduras del sol se convirtieron en una de las mejores experiencias de mi vida. ¿Para qué me lo pregunta Félix? ¿Quiere ir usted de pesca?

-No, no es el caso.

Me di cuenta de mi error, ya que al decir no, no es el caso, le estaba mintiendo y después de explicarles mi mentira, por tanto mi error, les dije que sí quería ir de pesca, después de haber resuelto el tema.

Volví a tomar las riendas del asunto, después de mi desliz y le comenté que él podía haberle dado un tiro al pez, con un rifle calibre 21 y a los pocos minutos, asunto finiquitado.

-Pero, eso no es deporte, es un crimen. Para eso no saldría a pescar. Me parece aberrante.

-Pues al igual que un bebé suele necesitar nueve meses para nacer, la pesca de un animal de 400 libras necesita su tiempo y determinación.

Vanessa necesita tiempo para trabajar sobre su futuro y así poder salir adelante por sus propios medios. Yo solo haré de guía y si al final me lo pide, le enseñaré mis técnicas, para que ella como fisioterapeuta, las pudiese aplicar.

Se hacía tarde y después de intercambiarnos las tarjetas y de dejarle claro a Miguel Ángel, que no le informaría de los avances con Vanessa, hasta el final, me fue a pagar por el trabajo realizado con su hija y tuve que decirle, que ella ya me lo había abonado esa tarde mediante un cheque. Se quedó muy pensativo y tocándose el mentón con la mano izquierda y rascándose la cabeza, se echó a llorar como un niño. Rubén y yo le dejamos que se calmara.

Miguel Ángel me dijo que él, al final, me pagaría lo mismo que lo que Van me hubiese pagado y que confiaba en que la ayudaría a salir adelante. Nos despedimos dándonos un abrazo, mientras Rubén, quedaba a través del teléfono, con María Teresa en un restaurante muy especial.

Durante esos dos días, atendí a varias personas, unas más interesantes que otras y me preparé para dar diversos talleres y conferencias. La que más me llamó la atención y que sirvió para que me hiciese muy conocido en los círculos de poder de los Cabos, fue la que di en el club de golf, donde Rubén y Miguel Ángel eran miembros de la Junta Directiva y Emiliano, fue el que hizo la presentación. El público era bastante heterogéneo y diferente al que en un principio me había imaginado que asistiría, así que como el tema de La Motivación era muy amplio, sobre la marcha modifiqué el contenido que iba a tratar. Empezamos a las 7 PM y tendría que terminar a eso de las 8, así que debía de darme mucha prisa, para acabar a la hora pactada. Al principio, solo estaba cubierto la mitad del aforo y este fue llenándose conforme los asistentes llegaban, ya que tengo por costumbre, empezar a la hora exacta.

Comencé hablando sobre los principios del éxito, para pasar a las claves y los factores que

influyen en la superación personal. El público estaba bastante entregado y en las primeras filas, pude distinguir a María Teresa y a un grupo numeroso de sus amigas, que tomaban nota como colegialas. Por otra parte, casi no había Gringos y en las filas posteriores estaban bastantes empresarios, los que supuse serían amigos de Rubén. También había bastante gente joven, a los cuales no había visto por las calles del Cabo. Eran en su mayoría jóvenes empresarios y también, estaba Vanessa con algunas amigas y Víctor Manuel, con los suyos, que apoyaban mis intervenciones.

Me divertí mucho, sobre todo, por las preguntas que me hicieron las amigas de María Teresa, que me pedían en su mayoría, recetas para incrementar su calidad de vida. A las 8:30 PM, media hora después de lo pactado en un principio, el presidente del club, me pidió que terminara o que regalase un “sobrero” y como si yo fuese un Torero, regalé un último toro, en forma de tiempo.

Fue cuando los llevé a un pequeño Trance Hipnótico y los convertí en Delfines, para que iniciaran una limpieza de su organismo y de su mente. Fue extraordinariamente divertido, ya que en el ejercicio, participaron hasta los camareros que atendían a las mesas. Al final de la actuación, les induje a que visualizasen su futuro y les proporcioné unos anclajes Kinestésicos, visuales y auditivos, para que posteriormente ellos los pudiesen activar sin estar yo presente.

Como durante los últimos años, había dado una media de unas 150 conferencias, a públicos distintos, me resultó muy sencillo el mantenerlos en una situación de extrema atención. Terminamos a eso de las 9:45 PM y tuve que contestar a innumerables preguntas y peticiones de talleres, que con la ayuda de María Teresa y de Emiliano, fui solventando.

En el cóctel cena que se sirvió posteriormente, Vanessa me comentó sus progresos y sobre la marcha, le puse otros ejercicios, que tendría que hacerme y mientras hablábamos, vino su padre y dándome un abrazo, me pidió una cita, para que le apoyase en una difícil decisión. Como mi agenda la tenía Emiliano y María Teresa, pudo hacerse un hueco para el día siguiente, que era festivo.

Emiliano estaba muy contento y me presentó a muchos de sus clientes, con los cuales tendríamos que reunirnos los próximos días por las tardes. María Teresa tendría las mañanas para sus compromisos y fue cuando me di cuenta, que me había ido a los Cabos para trabajar poco y la semana siguiente, mañana, tarde y noche, estaría haciendo lo que en un principio no pretendía, aunque la verdad sea dicha, me sirvió de lanzamiento de mis futuras actividades.

El sábado por la mañana me reuní con Miguel Ángel y después de agradecerme lo que estaba haciendo con su hija, me presentó a la plana mayor de su empresa y estuvimos trabajando todo el día, hasta la noche, ya que me había nombrado Consejero Asesor, de sus empresas por unos días.

El domingo, salimos con los Arxona, y con la familia de Miguel Ángel, en su yate a pasear y conocí diferentes calas. Ese día disfruté mucho navegando, sin tener que ocuparme de los vientos, ni de las corrientes marinas.

¡Cómo echaba en falta a Susan!, ya que durante todo el día, estuve pensando y sintiendo, que ella estaba a mi lado, disfrutando de aquellos paisajes costeros.

13 de Agosto. La isla de Susan.

De regreso a la isla, Víctor se apuntó y se vino a pasar unos días conmigo, ya que quería que trabajásemos algunos detalles de la nueva empresa y quería conocer mi opinión. En el camino llamé a mi sobrino Albert, para felicitarte y de paso saludé a mi familia. Le pedí disculpas a Frank, por haberme olvidado de su cumpleaños y después de hacer un comentario gracioso, “tota bien” nos deseamos mucha suerte.

Nada más llegar a la isla, y después de dejar las cosas en casa, nos fuimos a recorrerla y le presenté a mis amigos pescadores. Los hermanos Romero, estaban por la Paz, así que otro día sería cuando se conocerían. Estuvimos con Eufemiano y Emiliano Sánchez, que eran hermanos y que cuando los conocí, les pregunté que si eran de Morelia, el lugar donde nació Zapata, ya que tenían los mismos nombres. E incluso los invité un día a mi casa y les puse la película Zapata, donde Marlon Brando actuaba como el general. Ellos tenían una ferretería en la isla, donde compramos pintura acrílica, espátulas y tablas, para que yo volviera a sentirme otra vez pintor y también buscamos otra casa un poco mejor, para que yo viviese y tuviese más espacio, además de mejores vistas. Al igual que su hermano, Víctor se quedó sorprendido de los precios tan bajos que había y de la calidad de vida que podía yo tener en aquel apartado lugar, ya que la gente era muy humana, diferente a la que vivía en los Cabos.

Le enseñé la casa de los Romero, donde iba a guardar mi velero, cuando lo trajera de Oaxaca y rápidamente se puso a echar cuentas y descubrió que ellos pagaban más por el amarre del suyo, que lo que yo abonaba por el alquiler de mi casa. El único problema, que me comentó Víctor que yo tendría, era que no gozaría de la más mínima intimidad, ya que por lo que había comprobado, yo era muy conocido y también querido por los lugareños.

Le expliqué que eso para mí no era algo extraordinario, ya que como Antropólogo, cuando viajo a un país desconocido, para estudiar una cultura, la mejor manera de conocerles era vivir con ellos, comer su comida, bailar sus danzas y vivir como ellos de una manera empática. Por eso viajo en autobús y salgo a pescar con los nativos, haciendo también los trabajos más duros. Cuando regresamos a mi casa, le brindé un regalo maravilloso, ya que vimos juntos la película “Benjamín Button” y cuando le expliqué, que el autor del relato, F. Scott Fitzgerald, lo había escrito con tan solo 22 años, se quedó flipado. Le expliqué que a mí también me había pasado lo mismo y que en lugar de tomarlo como algo negativo, le di

la vuelta y aprendí mucho de aquello. Hablamos de mis viajes y se interesó mucho por las culturas humanas y lo que podíamos aprender, conviviendo con ellas, sin intérpretes, que muchas veces, distorsionan la comunicación.

Fue cuando me comentó, que su interés por el chamanismo, le vino de cuando leyó las “Enseñanzas de Don Juan” de Castaneda y que malinterpretó las enseñanzas, ya que buscó el conocimiento a través del peyote y de otras drogas alucinógenas. Me pidió que le tomase de alumno y que fuese “Su Don Juan Matus” particular.

Le expliqué los efectos negativos que tenían para nuestro cuerpo, la utilización de drogas exógenas y Víctor me comentó que tenían un libro en su casa, bueno, que Emiliano tenía un libro, del Museo Nacional de Antropología de España, donde él, había leído, sobre los peligros de la utilización de este tipo de drogas.

Creía recordar que era yo el que lo había escrito y que trataba sobre “Análisis antropológico de los aspectos sociales y culturales del uso de las plantas alucinógenas entre los Mazatecos de México: Realidad o Fantasía y estaba editado por la Valse de Osnera.

Le comenté algo que se me había quedado grabada en mi memoria y que Albert Einstein decía:

Hay dos tipos de personas, las que viven la vida sin creer en los milagros y los que vivimos la vida creyendo que todos los días son un milagro.

Capítulo XIII 21 de Agosto. La Isla de Susan

Pasaron los días pausadamente hasta que por fin Susan regresó de su viaje. La llamé por teléfono a su casa y quedamos en una cafetería conocida. Aquello me intranquilizó un poco, ya que para mí no había cambiado nada, desde que ella se había marchado a California.

¿Por qué no podíamos quedar en su casa, en la mía o en su restaurante?

Nada más verla quise darle un beso, pero ella se resistió. La noté algo distante y fue cuando me dijo, que se había traído a uno de sus hijos, y el otro vendría con sus padres, cuatro días después. También me comentó, que no entendía lo que le había pasado conmigo y que en su intención no estaba el liarse con el primer hombre que apareciese de repente por su vida. Su hermana -y fue cuando me enteré que Susan tenía una hermana,- le había dicho que yo no la estaría esperando a su vuelta y continuando con su relato me comentó:

-La vida no se elige. Se vive y desde que llegué por casualidad a esta isla, me encontré con

un lugar magnético, tan diferente a lo que había sido mi entorno vital. Respiraba paz y aunque las personas a mi paso, hablaban de mí, nadie sabía con certeza, ni quién era yo, ni el porqué estaba allí. Creo que yo tampoco lo sabía y por primera vez en mucho tiempo, no me importaba; quería disfrutar de cada segundo, de cada respiración, había detenido el tiempo, como si estuviese fuera de mi cuerpo, sintiendo que la muerte volaba conmigo y que me decía que a partir de ese momento, viviría los mejores años de mi vida y se despedía con un adiós un tanto cómplice.

Recuerdo que iba camino de Cabo San Lucas, donde quería montar un restaurante y al detenerme en La Paz, me pareció un lugar alucinante y al llegar al puerto, tomé aquella barca que me trajo aquí y me dejé llevar. Cuando lo hago, saco de dentro mí lo mejor y abro mi mente y pongo fuera mis pensamientos. Dejo de pensar y al poner la mente en blanco, me siento como un águila volando sin límites, libre sin lastre…

Empecé por fin a ordenar mis ideas. A tener tiempo para mí, para caminar y aceptar mi cuerpo y disfrutar hasta de mis tetas caídas, confesándome con mi diario, que es el único que de verdad me conoce. Escribía todo lo que se me ocurría, sin importarme el orden y me sentía libre de ataduras, por primera vez en mi vida. Tan solo echaba en falta a mi familia, aunque esa nueva sensación de libertad y de poder por fin, empezar a diseñar lo que quería hacer con mi destino, me daba alas para continuar.

Una mañana conocí el que ahora es mi restaurante y por un impulso, entré a comer, comida tradicional mexicana. Comí frijolitos negros, plátano frito, arroz blanco al más puro estilo ranchero. El lugar me gustaba mucho y fue cuando me encontré a Toño.

Si hombre, Toño González, al que tomaste como mi marido en la piquera de Santa Rosalía y me ofreció venderme el local. Me ofrecía un precio muy bueno, sobre todo, si lo traducía a dólares y si también me quedaba con los camareros trabajando. El padre de Toño había muerto recientemente y el restaurante era parte de su herencia, como también el rancho, donde te llevé a pescar langostas y el que me acababa de comprar el día en que te conocí.

Susan no paraba de hablar, mientras se tocaba su pelo y yo le analizaba su lenguaje gestual. De pronto se quedó muda, al oír la música de Grease. Quiso sacarme a bailar, aunque tuvimos que cubrir las apariencias, por el lugar donde estábamos y hasta que no terminó la canción, nos estuvimos observando, mientras que me hacía una pequeña confesión:

-Desde que vi la película, años atrás, quería ser como ellos. Me relató que estaba enamorada de la figura de John Travolta y su ilusión era vivir como Olivia Newton John en la película y poder enamorarse haciendo locuras y que de alguna manera, yo le hacía acordarse de ellos. Con mi lenguaje no verbal le decía que adelante, que yo la quería con toda mi alma,

mientras me tragaba mis ansias de abrazarla y besarla, fundiéndonos en un solo cuerpo…, en tanto ella, seguía ensimismada en su discurso, hasta que riéndose y tomándome una mano, me dijo:

-Félix yo no soy un helado y tú no eres un niño, que solo desea comérselo, y luego qué… Tomas tu mochila y desapareces con otro triunfo entre tus manos, dejándome descalabrada y apaleada, ya que yo no solo te habría dado mi cuerpo. Si algún día te llegaré a dar algo, será mi alma y eso si que no tendría precio.

Me quedé mudo, ya que no era capaz de procesar todo lo que veía, sentía y también olía. Así que dejé que ella prosiguiese:

-El otro día haciendo limpieza, encontré uno de mis diarios de hará unos diez años y al leerlo curiosamente descubrí que me preocupaban las mismas cosas y aquello me hizo reflexionar mucho sobre mi futuro. Estaba sin apenas darme cuenta, atrayendo lo mismo para mi futuro, que quería eliminar de mi presente.

Por entonces, yo debía de tener mis orejas un tanto coloradas, de tanto que me las frotaba, al escuchar música celestial en las palabras de Susana. Estaba de una manera solapada, declarándome sus intenciones y yo tenía que dejarla hablar sin interrumpirla. Ella sostenía su barbilla con su mano izquierda y miraba hacia la mesa, recordando algo de su pasado, hasta que me preguntó:

-¿Qué quieres de mí y por qué no te has ido ya de mi vida? Antes de contestarle, respiré profundamente y me rasqué mi pelo, para decirle:

-Susana, solo sé que te quiero y desde que bailamos la primera vez, escuchando a Frank Sinatra, te tomé en mis brazos y juntamos nuestros cuerpos, no he dejado de pensar, que quiero pasar contigo, a tu lado, el resto de mis días. Me pareces una mujer excepcional y llena de vida. Cocinas genial y estás llena de pequeños detalles, que son la salsa de la vida. Como madre no tienes parangón y sé, que por mucho que intente explicarte lo que siento por ti, se me quedan pequeñas las palabras. Cuando te veo o te imagino en mis sueños, siento una sensación de felicidad y también de deseo sexual. Eres la mejor persona que he conocido en esta vida y con la que quiero compartir cada día de mi vida. Nunca he conocido a nadie que sea tan buena con la gente, que lo que tú eres ahora. Susana, mi querida Su, yo no sé si merezco a alguien como tú. Si alguna vez me das la oportunidad de amarnos, te juro que te seguiré haciendo feliz el resto de mi vida, ya que conozco tan bien tu cara que podría pintarla con los ojos cerrados. Me haces sentirme orgulloso de ser un ser humano y aunque estoy convencido que contigo o sin ti, conseguiré lo que quiero, quiero compartirlo contigo y que muchos años después, pueda decirte, mirándote a los ojos, que mereció la pena el haber vivido a tu lado.

Durante unos segundos nos miramos a los ojos, mientras la tomaba de sus manos, hasta

que ella rompió el silencio diciéndome:

-¡O sea, que estás conmigo porque cocino muy bien! Hasta que llegué a esta isla, estaba acostumbrada a meditar mucho mis decisiones y posteriormente las cambiaba repetidamente, según el rumbo del viento o de lo que me recomendaban, a los que les consultaba al respecto.

Esta vez sin embargo, hice lo que tenía que hacer y me dejé llevar por lo que me indicaba

mi instinto y una semana después, me había convertido en la dueña de mi destino. Durante

toda esa semana, tuve tiempo para visualizar mi restaurante y lo decoré como si estuviese

en New Port Beach y no en una isla, donde casi no vienen turistas. Me costó relativamente

poco ponerlo, ya que tanto la cubertería, la mantelería, como las vajillas, las había comprado en Panamá, a un precio bastante económico y ahora ya puedes comprobar, lo buena que fue la decisión o mejor dicho, mi decisión. Yo sabía que este sitio cambiaría mi vida y fíjate, como lo ha hecho. Desde ese día, hasta que apareciste tú, no me había sentido en ningún momento vulnerable. No he tenido suerte con los hombres. Cuando al principio solo somos amigos, todo resulta genial, sin embargo cuando pasamos de la raya, la cosa se complica y al final se termina.

Entonces, me tomó de la mano y después de respirar profundamente, me comentó:

-El día en que te conocí, primero me reí bastante de ti, sobre todo por la manera en que me mirabas y me deseabas. Pensé que eras un salido mental y en que me querías echar un polvo allí mismo o por lo menos, eso fue lo que deduje de tu lenguaje corporal. Luego al hablar contigo y de conocerte un poco más, me sentí muy atraída por ti. Cuando me abrazaste la noche en que nos conocimos mientras bailábamos, sentí como todo mi cuerpo, me pedía, algo más. Me llevaste a una especie de lujuria voluptuosa, donde mi respiración y los latidos de mi corazón, se incrementaron, queriendo salir, como quemados por el fuego de tus ojos y seducidos por tu respiración. Te deseaba con toda mi alma y eso que te acababa de conocer. Cerraba y abría constantemente mis piernas y me acariciaba la cabeza, moviéndola a la vez que mis extremidades, para que no se notara que estaba tan húmedamente excitada.

Además, la intuición me decía que tú, Félix Gómez, eras mi hombre a caballo. Pero también tenía que superar una gran contradicción. Por una parte, no quiero que seas el dueño de mi vida, ya que no soy, ni nunca seré tuya. Por eso es que algunas veces te desprecio y al cerrar mis ojos, me doy cuenta, que lo que de verdad he querido, es demostrarte que no te quería, ya que no quiero sentirme vulnerable, ya que duele mucho el sentirme así. Quiero una relación positiva, incluso mágica, donde los dos sepamos a lo que atenernos, sin mentiras, peleas, celos, ni malos modos. Si después de haber escuchado esto, no te has ido, te diré de verdad lo que siento:

¡Te amo amor mío, con todo mi corazón y estoy profundamente enamorada de ti!

Estaba segura de que vendrías a buscarme a la isla. Alguien que ha viajado tanto como tú, se las ingeniaría para dar conmigo y cuando en nuestra primera noche, te vi dormido en el autobús, sentí mucha pena de no poderme despedir de ti. Le di la tarjeta al conductor, sabiendo que preguntarías por mí, por el lugar donde me había bajado y hacia donde me había dirigido. Pasaron los días y no aparecías. Me sentí engañada, traicionada por mí misma. No por ti. No parecías el típico hombre que solo buscaba una aventura y que cuando encuentra una mujer como yo y la utiliza, luego la puede abandonar, sabiendo que “esa tonta” siempre le perdonará, porque ya le pertenece y entonces, él se siente su legítimo dueño y la utiliza a su antojo.

Esa ya no era yo, y tú a Dios gracias, viniste a verme, así que cuando te vi llegar a mi restaurante, tuve que contenerme para no lanzarme a tus brazos. En mis sueños más profundos, te había deseado y al despertarme, te diluías como un espejismo. Pero aquella mañana cuando te apareciste en mi restaurante, estabas allí y tenía que luchar contra mi deseo de fundirme en tus brazos.

Por eso me puse tan nerviosa cuando aparecí en la mesa con un puro y una copa de coñac. Les pedí a los camareros que cuando terminaran de recoger, cerraran y se fuesen sigilosamente. Cuando me tomaste de la mano y nos abrazamos bailando, literalmente me corrí. Dejaba que abrazaras mi cuerpo, mientras intentaba apartarte de mí. Fue una sensación muy violenta; mi cuerpo te deseaba y mi cabeza me pedía que saliera corriendo de allí. Así que estuve poniéndote a prueba durante toda la tarde; aunque de verdad creo, que era realmente a mí, a quien me examinaba.

Allí estaba yo, una aborigen siendo seducida por un hombre que tenía los ojos verde oscuros. Me sentía indefensa mientras me abrazabas y estrujabas mi cuerpo contra el tuyo. Luego la música, que parecía que era el universo el que la ponía. Tu personalidad libre, me arrebataba y me prometí a mí misma, que ese día no haríamos el amor. O todo o nada. Estaba harta de tener amantes de quita y pon, que lo único que buscaban era abrirme la entrepierna y después de saciar sus viles impulsos, desaparecían, sintiéndose ganadores y yo tan solo era una perdedora. Así que años atrás, tomé la decisión de comprarme un montón de consoladores y satisfacerme sexualmente a mi antojo. No más noches en blanco, no más noches solitarias, no más, SUFRIMIENTO…

Susan no paraba de mover sus manos. Bastante intranquila tomo un bolígrafo e hizo unos garabatos en una servilleta. Dejé que pusiera su energía negativa fuera de su cuerpo y la acompasaba con mis gestos, escuchándole vivamente todo lo que me decía, sin cometer el error de interrumpirla.

-Después de aquel día en que pasamos toda la noche en mi casa abrazados y haciendo el amor, sin que me penetraras, tuve una pesadilla horrible. Me sentía sola y abandonada. Mis hijos habían crecido y ya no estaban a mi lado y yo me echaba en cara, el porqué te había despreciado, sin haberte dado una oportunidad.

Por primera vez la impedí que siguiese hablando, poniendo mi dedo índice en sus labios, matizándola:

-Sin habernos dado una oportunidad, a los dos.

Ella me observó de reojo, como si se estuviese pensando lo que me quería decirme, antes de hacerlo. Tomó aire y en voz grave me dijo:

-Había llegado a un momento de mi vida, en que quería tener el valor, de enfrentarme a la magia, de intentar comprender a un hombre, de amar a esa persona, por ella misma y no por lo que era o tenía, para poder compartir algo juntos y en el preciso momento, en que me di cuenta, de que lo estaba pensando, apareciste tú en aquella parada de autobús y sentí que el universo te enviaba a mi mundo.

Eras mi regalo. Lo que siempre había querido tener a mi lado, ya que en ese momento, sin saberlo, estábamos los dos preparados. No lo sé. Era una situación diferente, a todas las vividas hasta ese momento en mi vida. Sabía que, era casi imposible lograrlo y reconocí que sería maravilloso que tú fueses mi media naranja. Yo me enamoré primero de ti, sin saber quién eras y me dejé llevar por mi intuición, que me decía que todo iba a salir bien. Luego con lo de la Ópera de Sidney…

Aquello no tenía que habernos pasado. El conductor del autobús se emborrachó en la verbena y no había otro para reemplazarle. Por eso estuvimos esperando, a que enviasen a un chofer y pudimos conocernos de la manera en que lo hicimos. Yo no creo en la casualidad y aquella noche, nada más verte se me apareció el espíritu de mi abuela y me dijo que tú eras mi hombre. Por eso, cuando me dijiste que tu padre que había fallecido, estaba a tu lado en espíritu, pensé en decirte que mi abuela seguro que le habría visto. Pero como tú estabas tan emocionado contándome como había sido mi futuro suegro, no quise comentártelo.

Aquella noche, te había visualizado muchas veces, amándome tiernamente y luego poseyéndome como un animal, mucho antes que tú lo hicieras conmigo; pero, que importa eso.

No es cuestión de quién lo hizo primero, sino de lo que, a partir de ahora, podemos hacer juntos; sin perder nuestra preciada libertad.

Por esa razón, cuando bailamos por primera vez, Extraños en la Noche, mi cuerpo entero se derretía y no digamos, cuando me cogiste por detrás, en la fila de la noria. Allí mismo, me corrí de placer y aceptaba tus besos cruzados, mientras no dejaba de moverme, apretando mi espalda contra tu cuerpo, porque me había echado un grandísimo y sonoro pedo y con ello deshice el nudo en el estómago que tenía. Me eché un pedazo de pedo y me quedé tan tranquila, tan relajada…

Me dio mucha vergüenza que pudieras darte cuenta de aquello y a Dios gracias, no debió de oler demasiado. Además, había poca luz y se oía muchísimo ruido. Luego en todo lo alto de la noria, cuando nos besamos e intentaste bajarme los pantalones, para hacer el amor, en lugar de dejarte hacerlo, solo te pedí que te casaras conmigo y solo cuando la noria se pudo otra vez en marcha, detuviste tus intenciones y también, las mías.

Desde el primer momento, en que te había visto, en la piquera de los buses, sentí que tenías los ojos puestos en mí, acechándome, mientras yo tenía que hacerte creer, que eras tú el cazador. No sabes lo que aquella noche, supuso en mi vida ya que en aquel momento, aparentemente lo tenía todo, menos el amor, así que me dejé llevar y te di tanto, como pude darte. Eso sí, de la mejor calidad.

Cada minuto que pasamos juntos, fue tan penetrante y diferente en mi vida, que pienso egoístamente que tú debiste de sentir lo mismo, o algo parecido. Así que los dos, nos quedamos preñados de amor y ahora deberemos educar al hijo que tenemos en común, siendo padres e hijo a la vez. El estar a tu lado, me hacía sentirme como si fuese otra persona.

La que siempre había querido ser, así que me dejaba llevar y de huir de mi misma. En teoría aquella noche, no hicimos nada especial. Fuimos a una cafetería, bailamos donde no se debía y luego a la Feria del Pueblo. No eran los lugares adonde fuimos. Tan solo eran nuestros pensamientos, nuestras emociones y el sentimiento de amor profundo y de respeto que tuvimos. No habíamos bebido alcohol, fumado ninguna droga y me sentí tan feliz y emocionada a tu lado. Deseaba tanto besarte que no me importó, que personas que me conocían, nos estaban observando y murmurando sobre la gringa loca, que es así como me llaman aquí.

Nunca llegué a pensar que esa sería nuestra única noche. Confiaba en mi abuela y ella ya me lo había dicho. Ella no me traicionaría, aunque tengo que reconocerte, que pasada una semana y tú no habías aparecido, empecé a perder la Fe en mi misma y recordé que el que pierde la Fe en sí mismo, lo pierde todo. Recuerdo que nada más conocernos, al verte sentado enfrente mío, cuando cerraba mis ojos, haciéndome la dormida, sentada en aquella silla, era como si estuviese viviendo en un mundo de ensueños, -pero que había que hacerlo real-, como una creación nuestra, tuya y mía, y fue cuando recordé el final de la película Don Juan de Marco, donde don Octavio de Flores, en la Isla de Creta, salía a bailar con su amada y cogiendo su sombrero, mirándola fijamente y lanzándolo al mar, dijo:

¿Y Por qué no? Así que pensé: En el intento debe de estar la respuesta y tiré la piedra, para saber donde caería.

Susan atrapó el silencio una vez más y mirando hacia el suelo, hacia la mesa, tapándose el

ojo izquierdo en señal de vergüenza y a ver la hora que era, súbitamente se levantó de la mesa, ya que se le había hecho tarde.

Me dio las gracias, por la Catarsis que había hecho con ella y por dejar que aflorara su mundo interior, y que este hubiese tomado cuerpo, sin haber sido cortado. Al salir de la cafetería e ir hacia su coche, nos dimos un beso.

Ella me dijo que no estaba acostumbrada a ese tipo de gestos en la isla, donde la conocía mucha gente y fue cuando le propuse ir con ella de pesca por las mañanas. Ella me dijo con algo de rabia, que iría con su hijo y que sería mejor que me olvidara de ella, que tomase mi pequeña mochila y desapareciera como un Pentimento, o que la amara para toda la vida.

Nadie nos adiestra a amar y no hay escuelas donde te lo enseñen, por eso a algunas personas nos resulta tan complicado enamorarnos de la persona adecuada y sobre todo, ponernos en su lugar, para saber cómo piensan, sienten, escuchan y huelen. Susan se había abierto completamente, enseñándome lo más profundo de su corazón y ahora yo tenía que saber jugar bien mis cartas, para hacer que nuestros sueños se convirtieran en realidad.

Al llegar a mi casa y al ponerme delante del espejo y contar mi historia de una manera disociada, entendí que lo que ella necesitaba era tiempo y confianza en mí y en nuestra relación futura. Además, yo también quería marchar con paso firme.

23 de Agosto. Cabo San Lucas.

Habíamos quedamos en vernos dos días después, y en el último momento, me llamó para decirme que no podía y que hasta la semana siguiente no me vería, así que acepté la invitación de mis amigos y me fui otra vez a casa de los Arxona donde atendería a bastantes clientes, además de que le echaría una mano a Víctor en su nuevo negocio.

Capítulo XIV 28 de Agosto. Mi gatita Luna

Durante todo ese tiempo, no me acerqué por el restaurante y esperé pacientemente su llamada. Recuerdo que esa mañana Susan me llamó por teléfono de sorpresa, mientras me estaba dando un baño y sin casi dejarme decir nada, se invitó a comer y vino a mi casa, supongo para descubrir como la tenía de desordenada. Al abrirle la puerta y después de que yo hubiese rezado un Padre Nuestro, la pude volver a mirar a los ojos, aunque en sus manos me traía a una gatita preciosa que debería de tener unos meses. Se llamaba Luna y de verdad que era preciosa. La cogí en mis brazos y se dejó mimar, mientras observaba a Susan.

Ella tenía un aspecto excelente, ya que traía puesta una camiseta blanca donde en el centro, aparecía un gran gato dibujado, que se llamaba “Tin Tin” y lo sé a ciencia cierta, ya que se lo pregunté nada más verla.

Buscamos un lugar para ponerle la comida a la gatita y otro para que lo utilizase como baño. Además también le traía un lugar donde pudiese dormir, era como un cesto con una pequeña manta, aunque con el calor que hacía por esos lares, no lo entendí muy bien.

Esa mañana había refrescado y ella traía además un jersey a rayas blancas y azules abierto por el centro, donde se veía el gato y pantalones vaqueros. Su aspecto era deliciosamente juvenil y encantador. Los labios estaban al natural o por lo menos fue la impresión que yo tuve, ya que no llegué a tocarlos en esos momentos, donde parecíamos adolescentes en su primera cita, por lo nerviosos que los dos pasábamos o por lo menos, esa era mi sensación.

Para relajar la situación, ya en mi casa le pregunté sobre lo que quería tomar de aperitivo y me pidió un poleo menta y yo tomaría un té verde con canela y miel.

Mientras calentaba el agua, le enseñé mi habitación y como la casa tenía dos pisos y una gran terraza, le gustó bastante y también quedó sorprendida por el orden y lo limpio que todo estaba.

No le dije, que había contratado a una señora para que todo estuviera en perfecto estado. Se quedó de piedra al ver la cantidad de ropa que tenía en el armario y tuve que explicarle que la había mandado desde mi casa en Oaxaca a través de Mazatlán a la casa de los Arxona en los Cabos y que desde allí me la había traído a la isla.

Susan tenía unos ojos como soles, que le brillaban y una sonrisa preciosa y fue cuando me confesó que no le gustaban sus dientes y para mi eran perfectos. Yo le enseñé mi colmillo de Lobo y nos reímos bastante, siendo la viva estampa de dos chavales algo imberbes.

Me reveló, que lo que a ella le gustaba de verdad comer, amén de los platos de su

restaurante y era todo aquello relacionado la cuchara, le gustaban mucho: las lentejas, los frijoles negros, “el cocido madrileño” y de postre, el chocolate.

Me comentó que le gustaban los cuernos de chocolate industriales y mientras la escuchaba, su imagen era tan hermosa para mí que me hubiese levantado y le hubiese dado un beso.

Me quedé un poco perplejo por lo del cocido y me explicó que había tenido unos amigos “gachupines” españoles, que lo preparaban cuando la invitaban. Entonces le pregunté sobre lo del puro, del día en que nos volvimos a ver. Ella me ya me lo había comentado y me recordó que lo utilizó para quitarse un poco el miedo que tenía.

Se rió mucho y me dio una pequeña cachetada de cariño diciéndome:

-¡Ay mi gachupín lindo!. Cuando me fumé aquel puro, no me tragaba el humo. Lo hice porque estaba muy nerviosa. No te fijaste que en mi casa no había ceniceros.

Entonces me besó de una manera muy, xxx, como decir, poco casto el beso en sí. Me mordió la lengua y me dio una pequeña palmada donde la espalda, pierde el nombre.

De repente se fue al baño y aquello me sedujo, ya que cuando las mujeres de repente van al lavabo, algo se traen entre manos. Cerré mis ojos de placer y solo los abrí cuando la oí que regresaba al salón donde yo estaba sentado. Al abrir mis ojos, Susan se echó a reír a carcajadas y me preguntó lo que me estaba pasando, dado que al regresar del baño, me vio medio dormido y no quiso despertarme, ya que me observó tan tierno, que no quiso romper mi hechizo.

Se extrañó un poco de mi actitud y me preguntó por primera vez, que de qué vivía. Que cual era mi trabajo y le contesté que pescador de langostas, pero que estaba en paro, esperando a que la mujer de mi vida me volviese a contratar y que luego me pagara en especies. Luego le dije la verdad.

-Soy Hipnoterapeuta y escritor y tengo algo de dinero ahorrado y lo tengo trabajando para mí en los mercados financieros. Me había venido a Baja California a encontrarme a mí mismo y había conocido a una mujer especial como ella y que estaba harto de huir de mi destino.

Le expliqué que los padres de mis amigos me habían contratado para apoyar a su hijo pequeño y que me pagaron muy bien y además me estaban consiguiendo clientes y con lo que había cobrado a solo dos clientes, podría vivir un año entero en la isla. Así que como ella se había invitado a comer, preparé una ensalada de lechuga, tomate, espárragos, huevo cocido y como no tenía Bonito del norte, le puse atún en aceite de oliva que había comprado en San Lucas. La aliñé con aceite de oliva español y vinagre de Módena. Luego le preparé una buena carne a la plancha y le puse pimienta verde y algo de miel con un poquito de canela, además de un poco de queso fundido.

Disfrutamos mucho de la comida y se quedó algo impresionada, -bastante diría yo-, de lo bien que cocinaba y eso que no le había preparado una Paella, que posiblemente sea lo que mejor sepa hacer.

De repente se echó a reír, ya que me dijo que menudo mantel, le había puesto a la mesa. Era una toalla étnica que en el último momento puse como paño. También se rió de lo baja que era la mesa del comedor y le dije que estábamos comiendo encima del caballete que utilizaba para pintar.

Me dijo que yo era un ser muy especial y poco habitual y que se sorprendía de lo bien que sabía tratar con la gente desconocida, ya que se había enterado que me había hecho amigo de muchos de los pescadores que luego le vendían sus productos y fue cuando le comenté que en ratos libres era antropólogo y que me había recorrido los cinco continentes trabajando con tribus, con lo que se quedó tal vez mas impresionada.

Susan, estaba desconcertada y se tapaba uno de sus ojos, señal inequívoca de vergüenza. Yo sin embargo, sentía que dominaba la situación y para terminar mi explicación le dije:

-Solo tú sabrás quién será el perdedor o perdedora, si no nos das la oportunidad de conocernos y por tanto te pido mirándote a los ojos, que te cases conmigo.

-¿Cómo es posible que me pidas que me case contigo, si casi no sabes nada de mí y aún no hemos hecho ni el amor? Además, me has resultado un poco altanero e incluso vulgar. Las emociones son emociones y no se pueden controlar, aunque pensándolo bien, si que podemos dirigirlas para que no nos afecten tanto.

Me le quedé mirándola a sus ojos y guiñándole uno, le dije que lo de hacer el amor, ahora era el momento de resolverlo y cuando ella me respondió que todavía no lo sentía, le pedí que me contara algo de su vida y sobre todo, lo que esperaba de mi. Me miró a los ojos muy seria y me dijo:

-Yo jamás he olvidado a la persona con la que he hecho el amor. No quiero con ello decirte que he sido una santa, aunque tampoco es que haya habido muchas parejas en mi vida. He estado casada más de la mitad de mi vida y mientras lo estuve, me fui fiel a mí misma. Cada persona con la que lo hice tenía algo especial. No podemos retratar a las personas y cada vez que he terminado una relación, sufro muchísimo y es como si una parte de mí, se muriese y me voy empequeñeciendo cada vez más, porque duelen demasiado. Me importan muchos los pequeños detalles, como los que tuviste conmigo al ayudarme con la maleta el día en que nos conocimos y en la manera en la que me escuchaste y comprendiste.

Mira Félix. La diferencia entre los pequeños rollos y los amores verdaderos, como el que yo quiero contigo, es que en los royos, lo que se buscan los amantes son las cosas

extraordinarias, mientras que en los de verdad, lo que se busca es tiempo, para compartir

las pequeñas cosas, que son las que a la postre, se convierten en excepcionales. Así que ya

sabes lo que busco. O todo o nada, por eso lloré muchísimo la noche de las langostas

cuando te cantaba Moriría por Vos y te decía: “que no tengo planes más allá de esta cena”

y ahora ya me ves, llorando con mucho miedo, ya que ahora sí que tengo planes de compartir mi vida contigo.

Durante unos minutos nos estuvimos abrazando, dándonos mimitos y secando las lágrimas

que brotaban de miedo, amor y felicidad a la vez, hasta que un poco más tranquila ella

prosiguió:

-Los pequeños detalles son el reflejo de lo que cada uno de nosotros llevamos dentro y también, la manera en la que interpretamos nuestra vida y eso a la larga, con el tiempo, sale al descubierto. La noche en que fuimos a por las langostas, te convertiste en mi hombre a caballo, en el hombre con el que quiero pasar el resto de mi vida.

Eres divertido, sabes interpretar mis silencios y además resististe como él álamo, sin quejarte del frío que tenías en el mar aquella noche. Probablemente la primera noche que

pasamos juntos, -quitando lo relacionado con mis hijos-, ha sido sin lugar a dudas, la más maravillosa que he tenido. No te habías ido de mi lado y ya te echaba de menos y si te pedí que no me acompañases a la barca, no fue por si alguien nos pudiese ver, sino porque

no

quería que me vieras llorar, cómo lloré aquella mañana, cuando nos despedimos. Para

mi

familia es muy especial y aquel día también lo era, ya que mi cuñado es de origen

peruano y el 28 de Julio es el día grande en su país y me esperaban a comer, para celebrarlo. Estuve a punto de no ir, ya que tenía miedo a perderte.

Luego pensé. Si cuando regreso ya se ha ido, me habría equivocado y lo hubiese aceptado. De la manera en lo que conectamos aquella noche, no la había sentido nunca y no quería que tan solo fuese un sueño romántico. Te quiero tal como eres, aunque necesito un poco

de tiempo, para poder asimilar lo que estamos ahora viviendo. Cuando era más joven,

pensaba que no encontraría a muchos hombres que serían importantes en mi vida y me

casé siendo casi una niña, porque me quedé embarazada, no porque estaba enamorada de él.

Es la primera y única vez que te hablo del padre de mis hijos, ya que solo es el padre de

mis hijos y si le aguanté era porque él era militar y estaba destinado siempre fuera y casi no nos veíamos. De vez en cuando, él venía por casa y fingíamos que nos queríamos delante

de los niños, hasta que me confesó que desde hacía varios años, estaba viviendo con otra

mujer, a la cual yo conocía desde hacía tiempo. Así que hace casi dos años, nos

divorciamos y el resto de la historia, más o menos te la sabes. Si tú y yo nos hubiésemos conocido años atrás, esto no hubiese funcionado, ya que los dos tendríamos unos caracteres bien distintos, pero ahora, los dos sabemos lo que queremos. No vuelvas a pedirme que me case contigo, porque mi respuesta sería que SI, porque estoy empezando

a quererte y me da mucho miedo perderte.

Así que si no estás dispuesto a aceptarme tal y como soy, vete de mi vida ahora mismo y solo me quedaré con lo bueno de aquello que vivimos. No creo ni que tú ni que yo, estemos jugando al gato y al ratón, además, recuerda cuantos malentendidos hemos tenido hasta ahora, por no decirnos las cosas correctamente desde el principio. Por tanto, primero te estoy informando de mis intenciones. Luego te pido que crezcamos juntos y si te tengo que exigir algo, será mejor que te apartes de mi lado y no vuelvas nunca a ponerte en mi camino. Ya no podremos tener hijos, ni quiero que asumas el papel de padre de los míos, pero quien sabe, si podemos ayudar a muchos desconocidos a salir adelante.

Susan se quedaba pensativa, absorta en sus pensamientos, mirando a su derecha, con la cabeza baja, hasta que continuó:

-Y eso que yo, por lo menos tengo a mis hijos. Muchas de mis amigas piensan algo parecido y siempre me dicen que por lo menos, yo soy madre y ahora todavía estoy joven, para vivir los mejores años de mi vida. Yo no necesito un hombre que me alimente, ni que me mantenga, ni que proteja a mis hijos. Lo que quiero es que me ame y poderle amar sin restricciones. Así de sencillo y sobre todo, libre, sin sentirme acorralada, ni agobiada y mucho menos traicionada. El amor es algo más que un juramento, que un contrato entre dos partes. El amor es como decía Einstein:

El amor es como la luna; cuando no crece, disminuye.

Por eso pongo mucho cuidado antes de tener una relación y lo que busco, y sí es que busco algo, es a largo plazo o mejor dicho, en este momento de mi existencia, que sea para toda la vida. “La llaga del amor, el que la hace, la sana” Séneca

Después de tomarnos el Té y ella una copa de Curbasier, me pidió tiempo, ya que no estaba preparada para compartir su amor con ningún hombre y mirándome muy seriamente a mis ojos, como queriéndome dar miedo me dijo:

-No voy a permitir nunca más, que ningún hombre vuelva a decidir por mí, lo que me conviene o lo que tengo que hacer. Ahora que soy libre no dejaré que ni tú ni que nadie, me quiten mi libertad. No quiero sufrir, ni hacer sufrir y entiendo que tú vas muy rápido en la relación. Te quiero y te deseo con todo mi corazón y te abriría mi cuerpo de par en par, para que nos abrazásemos en un amor Eviterno

Susan empezó a suspirar mientras yo la observaba, sin hablarle, aunque la acompasaba con mis gestos. La comprendía mucho más lo que ella decía con sus palabras y durante algunos segundos, nos mantuvimos cogidos levemente de una mano, dejando que se rozaran suavemente. Ella también leía mi lenguaje no verbal, y percibía la sensación de incertidumbre que yo también tenía. No quería volver a sufrir, por un amor no

correspondido. Quería compartir mi vida con ella y se lo había confirmado ampliamente con mi actitud.

¡Pero qué coña!

Susan me había demostrado que merecía la pena y yo debía en ese momento de poner toda la leña en el fuego. Mientras meditaba lo que hacer, me di cuenta que podía oler su perfume envuelto en feromonas de defensa y de cariño. Tenía un sabor en mi boca algo agridulce, que se convirtió en amor cuando sin saber cómo, nos fundimos en un solo cuerpo y empezamos por primera vez a darnos todo nuestro amor sin restricciones ni miedos.

Lentamente, como si fuese la primera vez en nuestra vida que lo hacíamos, nos besábamos y apretujábamos queriendo detener el momento. Muy despacio, a cámara lenta iniciamos nuestro baile nupcial. El silencio daba paso al ruido de nuestras respiraciones que también armonizaban nuestro amor compartido.

Aquello para mí fue maravilloso. Por fin después de tantos años volvía a sentir amor por una mujer y estaba dispuesto a conocerla y darle todo el tiempo del mundo, para que ella se diera cuenta de mis intenciones. La casa no tenía aire acondicionado, así que sudamos como bestias, mientras nuevamente hacíamos el amor.

Estábamos en mi habitación y la luz apenas podía penetrar a través de alguna rendija de la ventana, cuando nos dimos un buen susto al oír el cacareo de un gallo y aquello fue muy significativo para ella, ya que me dijo:

-No serás tú como ese gallo, que después de haber “pisado” a la gallina de turno, se va en busca de otra.

Me levante de medio cuerpo y mirándola desde arriba, como queriéndome imponer, en el momento en que yo empezaba a hablar, ella me hizo una llave de judo y se me subió encima y ahora era ella la que quería imponerse diciéndome:

-Sabes el día que es hoy. Acabo de cobrarme mi regalo. Hace justo un mes, apareciste en el restaurante y aquella noche me prometí a mí misma, que si aguantabas un mes sin hacerme el amor, este sería mi regalo. Por eso también te he traído a Luna, para que no solo duermas con tu osito de peluche.

Los dos nos echamos a reír, sin importarnos demasiado que el perro del vecino llamado “Duque”, no dejaba de ladrar y parecía que estaba justo debajo de nuestra ventana, en lugar de andar corriendo por el campo.

Acompasados nos pusimos de lado, volviéndonos a abrazar muy suavemente. No decíamos palabra ya que nuestras mentes eran imanes y dejamos de movernos, hasta que

una palabra salió de lo más profundo de mi ser y le dije un tímido

-Te quiero.

Ella no me respondió y tan solo se dio la vuelta y pude abrazarla y así unidos en profundo silencio, nos quedamos dormidos, ignorando todo lo demás.

Pasado un tiempo, nos dimos un baño los dos juntos. Yo la limpiaba a ella y después fue recíproco. Su pelo largo encima de sus hombros, la hacía más sexy todavía. Mientras nos besábamos debajo de la ducha, me entró miedo de perderla y sin querer me puse a llorar y como las lágrimas no se veían a simple vista, ya que se confundían con el agua, dejé que mi cuerpo y mi espíritu se renovasen.

¿donde estaba mi Inteligencia Emocional, en ese momento?

Susan me sorprendió vivamente, cuando después de besarme y lamerme la cara me dijo, que mis lágrimas sabían a sal.

¿Cómo era posible que pudiese saborearlas?

Ella riéndose y mientras me secaba las mejillas me dijo:

,

-Venga Félix, no seas “naco” ni paleto, que a mí me pasaba lo mismo y en lugar de mirarme a los ojos como yo, no dejabas de comerme mis “tetas” y de tocarme las nalgas.

Pensándolo bien, le tocaba las nalgas, pero no los pechos y al decírselo ella me contestó:

-Me mirabas lo senos como comparándolos, para ver cual era más grande y luego con la mano me rozabas los pezones. Estos pechos han alimentado a mis hijos y aunque ahora están un poco caídos, si los hubiese visto por entonces, te hubiese dado un “faracho”.

Al ver la hora que era, Susan se terminó rápidamente de vestir y antes de despedirse, me dio las gracias y me dijo:

-No me llames, que ya lo haré yo y sobre todo, no te presentes en el restaurante, ni te tropieces conmigo por el pueblo y dando un portazo, se despidió.

Capítulo XV Los problemas de comunicación dentro de la pareja 5 de Septiembre en la Isla de Susan.

Había pasado una semana sin que hubiese sabido nada de Susan y tenía que seguir luchando contra la incertidumbre, que resulta mucho más complicada, cuando no eres

capaz de hacerle frente, así que tomé la mejor decisión sobre mi estancia en la isla y decidí que con Susan o sin Susan, merecía la pena que me quedase en ella. Busqué otra casa con mayor armonía y luminosidad, alejada del mundanal ruido, repleta de sinfonías animales, que me recordaban mi infancia en la finca de mis padres.

Además como estaba a 75 metros más alta que la calle principal, me ahorraría el gimnasio, subiendo las escaleras o serpenteando unas calles bastante estrechas que me recordaban las de Toledo en España.

Una casa con dos plantas, donde mi habitación y otra para invitados, además de mi estudio para trabajar y el baño, con una amplia bañera, -no muy usual por esas latitudes-, conformaban la parte superior. En la planta de abajo, tendría la cocina, el salón comedor y

una amplia terraza, que daba al oeste, así que podría ver anochecer, siempre que quisiese y

las nubes me lo permitiesen. Lo mejor que mi nueva casa tenía, era la vista al mar y

aunque este, estaba algo lejos, podía imaginarme el olor de las olas al romper en la costa.

En la terraza podría pintar utilizando acrílico sobre tabla y no tendría que preocuparme por

el suelo, ya que con una manguera, en pocos minutos lo tendría resuelto. Lo único que no

me gustó, fue el dueño de la casa, que era un borracho perdido y tenía muy malas pulgas.

Como mi casa, en términos puramente isleños, estaba lejos de la de Susan, ella no podría sentirse avasallada por el intruso que llamaba a la puerta de su vida y cuando esta, no se ha querido abrir durante mucho tiempo, no se debe de forzar.

Yo la había elegido a ella como pareja sin casi conocer sus intenciones y estaba seguro que

primero teníamos que ser amigos e ir muy despacio en la relación, para que ella no saliese corriendo y yo me convirtiese en el “Gallo de Morón” que se quedó sin plumas y cacareando.

Mi instinto me decía que Susan era la pareja adecuada para mí y aunque apenas sabía de

su vida, me sentía profundamente atraído por ella. Me la imaginaba mirándola a los ojos, tomándola de las manos, compartiendo esos pequeños momentos, que a la postre, como ella me había dicho anteriormente, se convierten en excepcionales. La isla en la que nos encontrábamos era relativamente pequeña, y en los últimos días no habíamos coincidido.

Yo había cumplido mi promesa de no llamarla.

7 de Septiembre entre la isla y Cabo San Lucas.

Después de haber terminado mi mudanza, tenía que bajar a trabajar a Cabo San Lucas, y ya que tenía que seguir con la terapia del padre para que dejase de fumar, aprovecharía para encontrar nuevos clientes. Por entonces desconocía que María Teresa, la madre de mis amigos, me tenía preparada una verdadera lista de clientes, deseosos de que les aplicara mi terapia.

Al ir a tomar el barco que me llevaría de la isla a la costa, yo estaba bastante ensimismado en mis asuntos, cuando a lo lejos veo a Susan con un hombre con una maleta, que se acercaban a la embarcación y me puse justo en el otro lado para que no pudiesen verme y me escondí encogiéndome todo lo que pude.

Sentí como el mundo se me venía encima y sobre todo un fuerte dolor en el lado izquierdo de mi pecho, justo debajo del corazón y notaba como la barriga se me inflamaba de gases.

Como no sabía que hacer, me hice el dormido, mientras me sentía profundamente aturdido

y tenía que secar mis lágrimas en una bolsa de la compra, para que nadie me viese la cara descolocada. Para colmo, el mar estaba bravo y las olas movían el barco como si fuese una hoja al caer y mi estómago por entonces, ya estaba muy revuelto.

Susan nunca me dijo que tenía pareja y yo tampoco se lo había preguntado, pero cómo era posible que nos hubiésemos entregado tanto los dos en un amor tan hermoso, como el del día del canto del gallo, cuando había otro hombre en su vida…

De pronto me entró mucho miedo, una profunda tristeza de sentirme engañado por una mujer a la que le había dado, en tan poco tiempo, lo mejor que yo podía y me sentía como me había rechazado. Estaba muy enfadado conmigo mismo, por lo idiota que había sido al confiar en una mujer, que a la primera de cambio, me había traicionado. Sentía mucho asco de mí y de la situación y fue tal la sorpresa que tenía, que empecé a vomitar, hasta lo que no tenía dentro de mí.

Debí de ponerme tan malo que un señor que estaba cerca de mí, pensó que me estaba dando un ataque al corazón y se puso a gritar pidiendo ayuda. Cual fue mi terrible sorpresa, que mientras yo me retorcía de dolor, sintiendo que me estaba muriendo, aparecen Susan y su amigo, que para colmo de males, era doctor….

Yo seguía tumbado en la parte delantera del barco, blanco como la nieve, cuando escuché

a Susan en inglés decirle al doctor, que yo era el amigo del que le había hablado y al que había conocido en la parada del autobús.

Aquello me hizo recapacitar y después de un gran esfuerzo, me puse de pie y por fin me sentí un poco mejor, sobre todo cuando Susan me dio un abrazo muy fuerte y después de aquello, ella me limpiaba la cara y sobre todo mis lágrimas, totalmente desenfrenadas, ya que sufría un ataque de histeria, donde tan pronto lloraba, como reía y no era precisamente porque me hubiese dado un ataque al corazón.

Todo pasaba muy deprisa, sin darme apenas tiempo para reaccionar y tan solo actuaba por impulsos. Me sentía estúpido, idiota y otra vez era el Rey de los CAPULLOS. Del miedo que había sentido, me había orinado y lo que era peor, también tenía algo de caca en los pantalones que gracias a Dios eran azules y no se notaría demasiado.

No paraba de llorar en los brazos de Susan, cuando de pronto me di cuenta que ella

también lo hacía, mientras me decía muy dulcemente al oído, que me quería. Yo no sabía

si

por entonces, me había muerto, ya que aquello no podía ser real. Tampoco era un sueño

o

mejor dicho, pesadilla, ya que en ellos, resulta muy difícil soñar que estás soñando.

Casi todos los pasajeros contemplaban la escena y de verdad que mi sentimiento era como

un péndulo que corría a toda velocidad. Mientras ella me besaba diciéndome que me quería y que su amigo era solo un amigo, me sentí mejor de repente.

Llegamos a la orilla y después que el doctor, me hubiese escuchado el corazón, decretó que no me tenían que llevar a un hospital. Ella me dio una caja de pañuelos para que me limpiara y no dejaba de besarme y de pedirme perdón por el malentendido.

Pronto surgió otro problema y era que los autobuses a los que nos dirigíamos, estaban al llegar y debido al fuerte oleaje, nos habíamos retrasado. Yo tenía que tomar el bus hacia Los Cabos, mientras Susan y su amigo un taxi hacía el aeropuerto de la Paz.

Sin tener tiempo a despedirnos, Susan mirándome a mis ojos me dijo:

-Confía en mí y cuando regreses a la isla, aclararemos el asunto. Ahora tengo que regresar

a resolver algunos asuntos en California, que no puedo posponer. Volveré a fin de mes, así

que por favor, ve a ver a tus amigos a los cabos y regresa cuando quieras, que te recibiré con los brazos abiertos.

Dejemos que las cosas pasen y si está en nuestro camino, ojalá que dentro de diez años nos miremos a los ojos y podamos pensar, que ha valido la pena y así podamos disfrutar nuestra vida en común y reírnos de lo que nos ha pasado esta mañana.

Nos despedimos, dándonos un abrazo muy fuerte y algunos besos, ante la atenta mirada

del

médico, que muy diplomáticamente miraba su reloj y después de darle el último beso a

mi

amada, pude coger el autobús por los pelos, ya que tuve que ir primero al lavabo a

limpiarme mi cuerpo y mis pantalones, quedándome otra vez en calzones que había sacado

de mi mochila y en lugar de limpiar los que me había puesto por la mañana, los tiré a la

basura tal y como estaban…

Ahora que lo escribo, de una manera disociada, me entra algo de risa, al recordar lo sucedido aquella mañana y me rio de lo estúpido que pude sentirme, y sobre todo, el darme cuenta que cuanto mayor es la metedura de pata y el ridículo que uno puede hacer, más gente se entera de ello.

El autobús se retardaba en salir y después de pedir permiso al conductor, me bajé a

comprar agua y continué con mi limpieza. Recuerdo que mi camisa estaba bastante mojada

y que con la prisa, no me había dado cuenta de aquello.

Tenía todavía las narices tapadas de mocos del sofoco anterior. Los oídos me zumbaban, las orejas las debía de tener rojas como un tomate, los ojos me dolían y sentía un dolor en todo mi cuerpo. El sabor de mi boca era agridulce y mi olor era algo apestoso por el devuelto, además de por lo otro, así que decidía cambiar mi fisiología acordándome de Tony Robbins cuando escribía:

“El secreto del éxito en esta vida, consiste en aprender a usar el sufrimiento y el placer, en lugar que permitir que estos, le utilicen a uno. Si se hace así, ejercerá el control sobre su propia vida. Si no, la vida le controlará a uno”.

Era el momento de poner en marcha mis conocimientos y aplicármelos a mí mismo, así que cambié mi fisiología, o sea la manera en la que respiraba, la posición de mi cuerpo, mi mirada y eso hizo que mi sentimiento modificase mi estado de ánimo.

Al terminar me sentía bastante mejor y después de haberme cambiado de camisa y de haber lavado la sucia en el baño de bus, me puse un chubasquero que me mitiga el frío del aire acondicionado. Comprobé que dos hombres de aspecto extranjero estaban delante de mí y hablaban en un inglés muy británico intercambiando frases muy mexicanas.

Como no estaba con ánimos de oír a nadie, en una recta de la carretera y cuando el autobús iba más derecho, me puse en la última fila y cual fue mi sorpresa que dos señoras al verme, se cambiaron a su vez de sitio. Qué aspecto más desangelado debía de tener en ese momento y al tomarme el pulso comprobé que tenía 122 latidos por minuto.

Más calmado y con los oídos totalmente cerrados, con un profundo dolor en mis ojos, los cerré poniendo mi mente en blanco. Sentía escalofríos ya que el aire acondicionado estaba a tope y aquello me recordaba a los del trayecto nocturno de Panamá-David, donde los pasajeros en plena Centroamérica, tiene que llevar manta para poder resistir tan bajas temperaturas. En cierta ocasión y como suelo llevar termómetro portátil conmigo, comprobé que la temperatura había bajado hasta los 18º Centígrados y afuera del vehículo hacía 30º, un contraste que aunque aparentemente no es tan fuerte, les puedo asegurar que para mi, en aquellas circunstancias, si que lo era

Me dormí profundamente y sin casi darme cuenta habíamos llegado a Cabo San Lucas. Al bajarme del bus, mejor dicho del “carruaje”, comprobé que estaba Víctor Manuel esperándome y el calor resultaba sofocante por la humedad.

Me traía la ropa limpia que le había pedido por teléfono y mientras me cambiaba y recuperaba mi estado de ánimo, Víctor me preguntó el porqué de mi cara medio desfigurada y no tuve más remedio que contarle la verdad de lo que me había sucedido esa mañana –sin advertirle lo que me había pasado con mis necesidades básicas- y él se reía de mí de una manera sarcástica diciéndome que estaba contento que en esta vida, hubiese gente más “capullo” que él, cuando se hablaba del amor.

Entre bromas y algo de burla me decía, que cómo era posible que yo fuese tan bueno, ayudando a los demás y en temas de amor, fuese un novato algo desastroso. Quise cambiar el tema de conversación, centrándolo en el clima tan diferente que había entre la

isla donde yo vivía y el Sur. Yo había quedado con su padre, para hacer un trabajito y allí estaba esperándome. Después de beberme un Té verde, me fui con Rubén a su oficina y fue cuando me presentó a Katia, que era Coach y asesora de varias empresas, como alta ejecutiva que era. Era una mujer rubia muy guapa, con una agradable sonrisa y me recordó

a mi tía Leonor, a la que siempre he tenido en gran estima. Katia era una mujer espléndida

y estaba en lo mejor de su vida y como hacía una tarde muy buena, me pidió que si podíamos irnos a una terraza cercana y allí hacerme la consulta.

Me pareció algo extraño el comportamiento de Katia, hasta que ella me explicó que lo que quería hablar conmigo era demasiado serio, como para que “alguien” pudiera escuchar la conversación y no quería que nadie pudiera grabar la sesión. Me gustó mucho su sinceridad y a los pocos minutos estábamos sentados en una mesa de una terraza, bastante parecida a la del Bar Manolo de la Calle Princesa de Madrid.

Pedí un “Tehuacán” para beber la mejor agua de México y ella una infusión. Katia había nacido el cuatro de marzo de 1961 y tenía tres hijos y estaba divorciada. Me pidió que como ella también había estudiado PNL y Coaching, le aplicase una técnica que ella no conociese y así no tendría que decirme nada y solo seguiría mis instrucciones, aplicándolas al pie de la letra.

Después de preguntarle si sabía nadar, la convertí primero disociada en delfín y luego la llevé al espíritu del águila, donde ella misma pudiera sanar su vida; luego la convertí en caballo para darle el poder necesario para llevar a cabos sus proyectos y le hice un puente al futuro, donde pudiera ella misma decidir lo que quería hacer con su destino.

Pasamos un rato muy agradable y al terminar, volvimos al despacho de Rubén donde nos despedimos dándonos un abrazo. Quiso pagarme e insistió cuando le dije que ya Rubén me lo había abonado. Se ofreció a buscarme conferencias en el DF y se brindó a hacer de Cicerón en mi visita a la Capital.

Me encontré con Emiliano, que se le notaba un poco preocupado por el trabajo que yo tenía que hacer esos días y nos fuimos charlando a su oficina, donde me pidió que le aplicara el Modelo Walt Disney, que tan buen resultado había obtenido con su hermano. Necesitaríamos más de dos horas para hacerlo y además lo grabamos en vídeo, para que posteriormente pudiese visualizarlo en caso de duda.

Después de haberle llevado a trance hipnótico, lo senté en un sofá donde estuviese muy cómodo y le hice que se comportara como un hombre soñador. Posteriormente le cambié de asiento y lo llevé a una silla cómoda, para que asumiera el papel de hombre realista y comentara en dicho estado, cómo veía el proyecto; lo sentía y escuchaba.

Minutos después modifiqué su percepción y tomó la postura en una silla bastante incómoda, para que obtuviera la percepción de un hombre crítico. Jugando con las tres personalidades diferentes, que Emiliano era capaz de interpretar, obtuvo el resultado óptimo.

Al terminar la Terapia Integral, le devolvió una llamada a Katia, que quería darle las gracias por mi trabajo y fue cuando Rubén, me pidió que a todas las personas que atendiese, les cobrase y a cambio, accedió a que cuando trabajara para él o con su familia, incluida Blanca, no les cobraría y él me lo pagaría posteriormente. 8 de Septiembre. Cabo San Lucas

Al día siguiente me levanté relativamente pronto y al bajar a desayunar me encontré una nota de la madre, donde me recordaba que a las tres de la tarde vendría una amiga suya para pasar consulta. Así que decidí antes de tomar el tentempié, darme un baño en la piscina y relajar un poco mi cuerpo. Estuve nadando casi una hora y al terminar solo tomé un zumo de naranja y veinte minutos después un desayuno digno de un rey, ya que quería tener una salud estupenda.

Por entonces, me daba un poco de vergüenza, vivir en casa de la familia de Emiliano y más aún, utilizarla como despacho, aunque como bien me dijo su padre, que ni se me ocurriera buscarme otro sitio en Los Cabos para vivir, se enfadarían mucho conmigo. Que ya bastante tenían con que pasase más tiempo en la isla donde Susan vivía, que con ellos.

Esa mañana comería solo ya que el resto de la familia, tenía compromisos externos, así que aprovecharía el tiempo libre para estar incomunicado durante algunas horas, que a la postre, me vendrían muy bien, para reconstruir mis pensamientos. ¿donde estaría mi Aborigen?

Al encender la Televisión me llené de una alegría inmensa, al ver a Carlos Vives, interpretar “Pedazo de Acordeón” y me puse a bailar al más puro estilo caribeño, concretamente de La Guajira. El vallenato es una de las músicas que más me atraen y aunque el creador de Pedazo de Acordeón es Alejo Durán, me encanta la energía que le impone Carlos Vives a la composición.

Al oír esa música, hizo que mi sentimiento se elevase muy alto y recuerdo que me pasé unas cuantas horas bailando cumbia y algo de salsa. La señora Lupita que era la cocinera, me preguntó sobre lo que se me ofrecía comer y la sorprendí pidiéndole arroz blanco, frijolitos negros y platanitos fritos, tortillas de trigo y un buen filete.

Ese día comí solo escuchando “La Parranda de Panamá” y aquello me trajo muy buenos recuerdos de mi adolescencia y de una ciudad llamada San José de David, que llevo en lo más profundo de mi corazón. Al ritmo de “Que Viva Panamá” caminé alrededor de la piscina, para bajar la comida siesta, justo con el tiempo suficiente para preparar el lugar

donde atendería a una mujer que se llamaba Ana Isabel.

Se llamaba Ana Isabel y había nacido el 24 de Mayo de 1976. Su aspecto no era de

Géminis; más bien parecía Piscis. Tenía 4 hijos y su problema era la primera vez que lo trataba, así que me quedé de piedra cuando ella me dijo que estaba poseída y que quería que le quitase el mal.

Mi alegría inicial se convirtió en sudor y calor, ya que incomprensiblemente empecé a tener

algún escalofrío. Llegué incluso a bloquearme, hasta que encontré la mejor estrategia para salir adelante y no fue otra, que la de utilizar mis conocimientos de chamanismo y aplicándole una Terapia Integral, para poder apoyar a aquella mujer para que pudiese resolver su problema. Utilicé la “Línea del Tiempo” y después de haberle cambiado su pasado, construimos su presente y desarrollamos su futuro.

Le recordé que nuestro pasado en teoría, no lo podemos cambiar pero si modificamos la

percepción que de él teníamos, alterábamos nuestro presente de una manera considerable.

Nuestro pasado nos ha de servir de trampolín y no de sofá. Así que a través de la Línea

del