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CAPÍTULO 24

Cómo debemos vestirnos

.Q ! ué¡ ¡No irás a decirme que la santidad tiene que ver con la ropa que nos ponemos! ¡De eso, ni hablar! Es 10 interior 10 que cuenta. Dios se interesa sólo en 10 que somos, no en nuestro vestido. Este argumento suena convincente, pero la realidad es que Dios se interesa en ambas cosas, porque sabe que lo exterior es a menudo un indicador de lo que somos por dentro. Atiende, por ejemplo, a la manera en que reprendió a las hijas de Sion:

Aquel día quitará el Señor elatavío del calzado, las redeci- llas, las lunetas, los collares, los pendientes y los brazaletes, las cofias, los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor y los zarcillos, los anillos, y los joyeles de las narices, las ropas de gala, los mantoncillos, los velos, las bolsas, los espejos, cllino fino, las gasas y los tocados. Y en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y cuer- da en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de la com- postura del cabello; en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, y quemadura en vez de hermosura (Is. 3:18-24).

¿Por qué se interesaba Dios en todo eso? La respuesta aparece en el versículo 16:

Por cuanto las hijas de Sion se ensoberbecen, y andan con cuello erguido y con ojos desvergonzados; cuando andan van danzando, y haciendo son con los pies.

Sus vestidos caros y ostentosos eran una indicación de su orgullo y vanidad.

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Cómo debemos vestirnos

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Consejos para el ropero

De modo que miremos algunos de los principios que establece la Palabra para que Cristo sea el Señor de ~uestro En primer lugar, nuestras ropas debenan ser modestas y dl~cretas. «Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa» (1 Ti. 2:9a). «Decorosa» aquí puede tener diferentes matices de significado, pero desde luego incluye la idea de decencia. La ropa decorosa no expone grandes áreas de la anatomía humana con intención sugestiva. No le hace difícil a otro creyente vivir como cristiano. Tampoco debería ser nuestra ropa un medio de atraer la atención

o para la propia promoción. No estam,o~aquí para.atraer la a.tención

hacia nosotros mismos; nuestro proposito es glorificar a Cnsto (jn, 3:30; Col. 1:18b). Como observaba). Russell Howden: «El propósi- to del cristiano en la vida es engrandecer a Cristo, no su bolsa, a su sastre o a sí mismo.» De modo que deberíamos evitar dos extremos. Por una parte, no deberíamos precipitarnos a imitar al mundo en sus últimas y extrava- gantes modas. Pero tampoco deberíamos hacernos conspicuos lle- vando ropas pasadas de moda o inelegantes. Citando otra vez a Howden: «Dios ni manda ni encomia la inelegancia o el desaliño. El descuido en la persona o en el vestir no es una señal de espiritualidad. Si nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, entonces todo 10 que es hermoso, encantador y armonioso les pertenece como tal ~em­

plo.» Sigue siendo de aplicación la a~ti~a:egla: «No. seas el p~lme­ ro en quien se prueba 10 nuevo, III el último en dejar 10 VIeJO de lado.» Desde luego, deberíamos tener sólo una moderada reserva de ropa. En un mundo con unas necesidades tan enormes como el nuestro, parece inhumano de parte de los cristianos mantener unos roperos que parecen unos grandes almacenes en y por la misma razón deberíamos rehusar. compr~rropa a I?reCl~s exorbitantes. «No con peinado ostentoso, III oro, III perlas, III veSTI- dos costosos» (1 Ti. 2:9b). «Vuestro atavío no sea el externo de pei- nados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos» (1 P. 3:3). Sin embargo, eso no quiere decir que estemos siempre obligados a comprar el producto más barato. Eso podría ser una falsa economía. Debemos ponderar el precio y la calidad. Por ejemplo, si compra- mos los zapatos más baratos, es posible que tengamos que pagar más

a un podólogo que si gastamos algo más en calzado y conseguimos

un mejor ajuste y mejor calidad.

. Nuestras ropas deberían ser a la medida y limpias. Las ropas sucias

.

y desaliñadas no son una buena.publicidad para.el Salvad,o:. Como 10 dijo Oswald Chambers: «La dejadez es un desaire al Espíritu Santo.»

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El mandamiento olvidado: Sedsantos

El vestido cristiano debería indicar el sexo de la persona. El texto de prueba ~suales Deuter~n?mio22:5: «!'Jo vestirá la mujer traje de hombre~m el ~ombreve~tIraropa de mujer; porque abominación es a Jehova tu DlOS cualqU1~ra que esto hace.» En primer lugar este texto se enfrenta al travestido, el que adopta el vestido ya menudo la co.nducta del sexo opuesto. Pero también es de aplicación al moví- nuento unisexo, a la eliminación de la distinción sexual mediante los estilos de peinado y de vestido. No cabe duda alguna de que Dios aborrece la confusión de los sexos. ~or10 general, ~uestravestimenta debería ser representativa del Señor, cuyos embajadores somos. y esto puede variar sobre la base de nuestra cultura y del período histórico en que vivimos. Debemos ~eco~darque es posible que nuestra apariencia anule nuestro mensa- Je.Kie~~egaardhabl~de un ~ayasode un circo que fue enviado a una población, tal como l?a vestido de payaso, para advertir de un fuego

que se estaba

p.u eblo oyeron sus gritos de alarma y se rieron a carcajadas.

exten~endo desde la carpa del circo. «La gente del

Era pre-

cisarnente l~,clase de,desatino q~e uno podía esperar de los payasos. y la población quedo hecha cenizas porque las asociaciones del pa- yaso anularon su mensaje.»

Es lo que hay dentro

El énfasis de la Biblia recae en nuestro carácter interior no en

nuestra apariencia exterior. Observemos

3:12-14.

"

por ejemplo

Colosenses

Vestía:, pues, .co~o es~ogidosde Dios, santos y amados, de entranable miserícordía, de benignidad, de humildad, de mansed~bre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonandoos unos a o~os si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor que es el '

vínculo perfecto.

y volviendo a Primera de Timoteo 2:9-10: «Asimismo que las

mujeres se atavíen

con buenas obras.»

¡Oh adorad al Señor en la hermosura de la santidad! Inclinaos ~nteEl, Su gloria proclamad; Con ropajes de obediencia e incienso de humildad' Su nombre es Jehová: Arrodillaos y adorad. '

CAPÍTULO 25

Decir la verdad

• Nunca es correcto mentir? Hay sólo una respuesta. Dios no C. puede mentir, y no puede delegar tal autoridad a ninguna

otra persona. El noveno mandamiento prohibe dar falso testimo- nio. Los cristianos deben desechar la mentira, y hablar verdad cada uno con su prójimo (Ef. 4:25). Satanás es el padre de mentira (jn. 8:44) y no debemos imitar su conducta. DermisJ. DeHaan nos recuerda que «la insinceridad lleva muchas máscaras. Hace promesas sin pretender cumplirlas. No dice nada si se le cobra de menos en una caja de un supermercado. Guarda un artículo recibido por error (un caso de falta de honradez que da ori- gen al latrocinio). Desfigura la verdad para conseguir ventajas perso- nales. Miente para cubrir males». Es cierto que la Biblia registra mentiras, pero nunca las aprueba. Abraham mintió acerca de Sara (Gn. 12:10-20; 20:2). Isaac mintió acerca de Rebeca (Gn. 26:7). Ananíasy Safira mintieron a Dios acer- ca de la amplitud de su dedicación (Hch. 5:1-11). Hay otras ocasiones en las que el pueblo de Dios no mintió, pero donde no dijo toda la verdad. Las comadronas dijeron que las muje- res hebreas daban a luz a sus niños antes que las comadronas pudie- sen atenderlas (Ex. 1:19). El hecho de que Dios lo aprobase (v. 20) muestra que no estaban mintiendo. Moisés pidió permiso para que los israelitas fuesen a tres días de distancia en el desierto para ofrecer sacrificio (Éx. 5:3); sabía que si Faraón rechazaba la petición menor, rechazaría también la mayor, esto es, la salida permanente. Aod dijo que tenía un mensaje secreto de parte del Señor para el rey Eglón; no le manifestó que era un mensaje de muerte (Jue. 3:12-30). Cuan- do Dios le dijo a Samuel que ungiese a David como rey, le dijo que si

el rey Saúlle preguntaba, debía decir sencillamente que había acudi- do para hacer sacrificio al Señor (1 S. 16:1-3). Y era cierto. Sacrificó. Pero esa no era toda la razón para el viaje. No estaba obligado a decir todo lo que sabía. A veces las personas excusan las mentiras sobre la base de que el

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