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La Psicología Comunitaria

Edward Páez H.

[Comportamiento Humano - Planeación y Desarrollo Social - IUCMA]

Mayo 28 de 2015

y Desarrollo Social - IUCMA] Mayo 28 de 2015 
 “Los hombres no han esperado el

“Los hombres no han esperado el advenimiento de la Ciencia Social para formarse ideas sobre el derecho, la familia, el Estado, la sociedad misma… porque no podían pasarse sin ellos para poder vivir…”

[E. Durkheim]

BASES EPISTEMOLÓGICAS

A través del tiempo, como todo campo de las Ciencias Sociales, la Psicologí a Comunitaria se ha

venido alimentando te ó ricamente de otras fuentes que le han dado la mano en disertaciones y explicaciones:

- Para empezar, tenemos las teorí as del Stress Social, complementadas con elementos

provenientes del interaccionismo simb ó lico.

- También, así mismo, se nutre de la tendencia de la Ecol ó gica Transaccional.

- Paso seguido, presenta la integraci ó n de postulados provenientes de diversos postulados de base neoconductista, tales como las nociones de externalidad e internalidad que

llevan a la creaci ó n del constructo del foco de control: el paradigma de la Desesperanza

Aprendida o indefensi ó n (Seligman).

- Los fundamentos teóricos acerca del Bienestar M á ximo (Foster).

- Así mismo, tambi é n las explicaciones de origen neopsicoanalista como la teor í a de la personalidad autoritaria (T. Adorno y otros).

En el fondo de estos paradigmas, hay una noci ó n com ún: la de esperar poder controlar nuestros actos y prever sus consecuencias.

En otro lugar, aparecen las teorías que orientan la explicación del accionar psicológico hacia la

alienaci ó n, usadas por algunos académicos en sus postulados marxistas, as í como las teor í as de

la dependencia, y que subyacen a toda otra interpretació n de la conducta y que dan integració n

y coherencia a las manifestaciones de esa conducta descrita por los paradigmas antes

mencionados, suministrando una explicaci ó n contextual in situ, de los mismos, coherente y global, basados en una comprensión dialéctica de los mismos.

CONCEPTOS CLAVES

Para no perdernos en el marasmo de la amplitud del objeto de studio de la Psicología, bástenos definir algunos conceptos claves para ello, como son: comunidad, realidad social y finalmente,

intervenci ó n comunitaria.

Se describen, dichas temáticas, atendiendo los siguientes conceptos:

1. Concepto de Comunidad:

Uno de los temas centrales de la discusi ó n es el concepto de comunidad: ¿Qué entendemos por

comunidad?. ¿Qué es? ¿Cómo se define? ¿Qué la conforma?

Este á mbito de an á lisis, tremendamente importante, podría considerarse la esencia de la

Psicolog í a Comunitaria.

Se conocen 3 grandes núcleos conceptuales al respecto:

A. El primer grupo hace referencia a las definiciones clá sicas las cuales destacan

entre otros aspectos el tema espacial, de la territorialidad o localizació n física,

geogr á fica de las comunidades.

B. El segundo grupo deja de lado el aspecto territorial, reemplazando otra variable como es el tema de los intereses comunes de los miembros que constituyen las comunidades.

C. Una tercera vía para entender la comunidad, es aquella en la cual lo que se destaca es el aspecto ontológicamente subjetivo, en el sentido de que son comunidad aquellos que se autodefinen como comunidad, es decir aquellos cuya autoreflexividad propia los hace definirse como tales.

D. Actualmente, podríamos hablar de un cuarto grupo teórico para definir

comunidad, el cual hace referencia a comunidades simb ó licas. Es un tipo

rizomático de comunidad, aunque bajo los procesos de la modernidad,

conformaci ó n bastante habitual. Son comunidades aquellas que se perciben

como tal, pero cuyos miembros tal vez nunca se hayan vistos o nunca se

conozcan e incluso principalmente no se comunican. Esto en tanto son má s bien grupos que son construidos externamente por los medios modernos de

comunicaci ó n.

2. Concepto de Realidad Social:

El concepto y el paradigma de que es la realidad social, es uno de los objetos de an á lisis que

recientemente ha sufrido los má s interesantes cambios. Estos cambios son producto por un

lado del fenó meno de la postmodernidad y por otro lado particularmente por la ola de

discusiones teó ricas, desde diferentes disciplinas, que ponen sobre el tapete la subjetividad en la

determinaci ó n de los fen ó menos sociales.

Los

problemas

sociales

o

las

problem á ticas

han

sido

fundamentalmente

fruto

de

una

concepci ó n que nace del positivismo. La ciencia que observa la realidad, dice que se encuentra

all á afuera. Entonces la ciencia se autoconcibe como un observador docto, dotado de recursos

depurados que le permiten observar esta realidad en té rminos neutros, con objetividad y sin contaminarla con la subjetividad del ser humano.

En esta lí nea, desde diversas instituciones, estatales y no gubernamentales, se ha desarrollado y

aplicado una mirada profesional. Esta perspectiva es la expresió n operativa de la ciencia. El

profesional es un aplicador de la ciencia, la cual funciona en los m á s altos niveles de

investigaci ó n, de modo que las profesiones construyen desde la ciencia un conjunto de

instrumentos de diagn ó stico y de intervenci ó n sobre la realidad social de modo t é cnico, operativo, orientado a las soluciones de los problemas sociales.

Las instituciones estatales y otras de corte comunitario, han sufrido un considerado proceso de

profesionalizació n. Esto es transitar por una labor que busca asir los problemas sociales

reduci é ndolos a una expresi ó n manejable, de modo que se puedan diagnosticar e intervenir,

colaborando

con

la

disminuci ó n

de

la

incertidumbre

y

logrando

de

alguna

forma

la

tranquilizadora apreciació n que se est á n solucionando.

As í mismo esta profesionalizació n ha implicado desarrollar instrumentos de medició n, de

evaluaci ó n, de diagn ó stico estad í stico, y de intervenci ó n lo suficientemente estructurados de

manera que sea incuestionable su proceder, y sea t é cnicamente irreprochable.

Este desarrollo t é cnico es propio de cualquier profesi ó n, pero no seamos inocentes, tambi é n se

encuentra incorporada en este proceso una estrategia de mantenci ó n en el poder. Es decir se

busca ganar merito social, apoyo ciudadano, en tanto la profesi ó n tal o cual es capaz de atacar y

resolver la problem á tica social.

Pero, la profesionalizació n tiene su punto de tope. A la larga lo té cnico fá cilmente se pierde en

la purificaci ó n instrumental, dejando desdibujada la realidad social y otros componentes de la

misma que la mirada quirúrgica de las profesiones no alcanza a observar.

Como dije m á s arriba, la sociedad se ha complejizado, tenemos encima la globalizaci ó n, la

inmigraci ó n, la postmodernidad, la multidireccionalidad de las comunicaciones. Entonces este

camino tradicional seguido por la ciencia y por las profesiones ha caí do en el reduccionismo, en

la parcialidad, en la concreció n extrema. De modo que lo que hace la ciencia y las profesiones en definitiva no es suficiente para dar cuenta lo que ocurre en la realidad social.

Esta constataci ó n, estos hechos, estas insatisfacciones han dado pie a un viraje, y se ha

producido una inflexi ó n, o dicho en t é rminos m á s rotundos ha comenzado una revoluci ó n en

el mundo de las ciencias sociales. Esto implica una nueva interpretaci ó n de que es lo social, de como funciona, de como surgen y como se resuelven los problemas sociales.

Siguiendo el enfoque constructivista, la realidad social no es algo que este allá afuera y que la

ciencia pueda observar. La propuesta es que la ciencia está en la realidad social, es parte de la

misma y no un ente separado. Tanto as í que cuando le interese estudiar la realidad social, puede observarse a si misma.

La ciencia, desde esta perspectiva, es fundamentalmente una comunidad, es decir una

comunidad de personas, cientí ficos, que en base a ciertos procedimientos consensuados entre

ellos construyen la realidad social. La ciencia es uno de los actores má s relevantes en la

construcci ó n de la realidad social. Pero allí está la diferencia, la ciencia no observa la realidad sino que la construye.

Una de las formas de construir la realidad social es la conversaci ó n de las personas, a trav é s del

lenguaje. Y este contiene elementos que definen la misma. La construcci ó n est á en las palabras

que configuran un problema social desde ciertos filtros. Las palabras tienen direcció n, puntos de partida, de llegada, intereses diversos.

Una vez que ciertos procesos de la realidad social han sido construidos estos se naturalizan

(Berger y Luckmann). Alguien por allí dir á que “siempre han sido así , las cosas son así ,

inmodificables”. Y de este modo un proceso sobre otro, recost á ndose cada uno encima del siguiente se va configurando la estructura social con todas sus dimensiones.

La construcció n de la realidad social en la conversació n no es una cuestió n de que un individuo dice como deben ser las cosas, sino que en el lenguaje se encuentran los colectivos sociales, los

intereses sociales, la sociedad misma lenguaje, valga el parafraseo.

De alguna forma la sociedad habla a travé s de

hablando.

Adem á s se encuentran otros elementos como es el significado. El significado está presente en

las palabras, en el lenguaje, en ese sentido las palabras serí an una expresió n muerta sino es por

el significado que les acompa ña. Y este es otro de los elementos claves para entender hoy en d í a

como se construye la realidad social. Lo que interesa es como se significan las cosas, allí está la

verdadera intenció n de la sociedad y de los grupos humanos.

Otro aspecto fundamental en esta construcci ó n es el contexto. Las palabras adquieren un

significado de acuerdo al contexto en el cual se ubican. Iguales expresiones tienen significados totalmente diferentes en contextos diversos.

A partir de estos nuevos elementos el constructivismo

forma de intervenir muy vinculada al aná lisis de discurso.

aporta una forma de diagnosticar y una

ENFOQUES TEÓRICOS IMPORTANTES

Tenemos como fuentes de dónde bebe, nuestro acervo teórico:

l. La noci ó n de tensi ó n social (Social Stress). Esta noci ó n se encuentra en la base de la

explicaci ó n teó rica que presenta Bá rbara Dohrenwend, en su modelo conceptual para la

Psicolog í a Comunitaria, y está presente tambié n en el movimiento ecoló gico transaccional

propuesto en el Centro Kennedy para la investigaci ó n en Educaci ó n y Desarrollo Humano (EE. UU.).

El concepto cenotral del modelo, obviamente, es el de tensi ó n, presentado en su versi ó n

concreta: vida que genera tensió n (Stresstul lite); definida como aquella que produce cambios y

exigencias mayores y m á s acuciantes, cuando no son deseados por el individuo. Ese cambio

puede provenir del ambiente o de caracter í sticas psicol ó gicas de la persona y puede producir

una gran diversidad de reacciones fisiol ó gicas que son transitorias y autolimitantes (Ej.:

respuestas ante situaciones de desastre), dependiendo nuevamente, de factores situacionales

(Ej.: problemas econó micos de la persona sometida a tensió n, falta de apoyo social) y

psicol ó gicos (Ej.: valores, capacidades).

La reacci ó n de stress o tensi ó n puede producir entonces los siguientes efectos:

a) Crecimiento psicoló gico, en el sentido de madurez: cambio en los valores y aspiraciones; desarrollo de nuevas habilidades;

b) Ning ún cambio psicol ó gico visible. Se retorna a la situaci ó n anterior, apenas desaparece

la tensi ó n.

c) Una reacci ó n disfuncional que contrasta con una reacci ó n de tensi ó n transitoria en que

es persistente y parece automantenerse. El punto cr í tico aqu í , es que se trata de un

reacci ó n patoló gica. Este último aspecto es clave para esta tendencia, que le otorga la

mayor importancia, considerando que la Psicolog í a Comunitaria debe consistir en la

planificaci ó n de estrategias para reducir la tasa de psicopatolog í a en la comunidad. Para

ello Dohrenwend, por ejemplo, propone varias á reas: intervenci ó n durante crisis;

entrena-

miento

en

habilidades

individuales;

socializació n

y

educació n

general;

desarrollo

de

agencias

de

ayuda

social;

acci ó n

pol í tica

con

grupos

de

status

desventajoso.

Como puede observarse, esta fuente te ó rica tiende a justificar una praxis orientada hacia lo que

antes hemos ubicado bajo el rubro de Salud Mental en la Comunidad; pr á ctica é sta que a su vez

se revierte sobre su teorí a de base, guiando hacia explicaciones que hacen hincapié en lo

psicopatol ó gico a nivel individual.

El interaccionismo simbó lico y la Psicologí a Ecoló gica Transaccioonal está n en la base del

enfoque que da a la Psicologí a Comunitaria un importante grupo de investigadores. De dicha

corriente teó rica se toma la noció n de rol, la de valores, la de actitud y la de ideologí a, como

procesos mediadores, así como el principio de explicar patrones de pensamiento, emoció n y conducta, de acuerdo con las interpretaciones subjetivas de los significados y motivos de

quienes est á n presentes en la situaci ó n.

La Psicologí a Ecoló gica Transaccional contempla dos á reas fundamentales: la Salud Mental en

la Comunidad, particularmente lo referente a la depresi ó n y el retardo mental y, el asesoramiento en materia ambiental para la comunidad. La idea fundamental es que la primera

ser á mejor servida reajustando el ambiente social, en lugar de la psiquis individual. Partiendo de

este principio, se da orientaci ó n a las instituciones lo- cales en la comunidad, se crean

programas educativos y se abren centros cl í nicos, procurando que sus usuarios se involucren en

los planes desarrollados, estableciendo objetivos y pol í ticas a seguir.

Se parte de la noci ó n lewiniana de que la experiencia de vida inmediata es la influencia m á s

importante para una persona y de que la personalidad es una funció n del espacio vital, por lo cual es necesario actuar sobre el medio ambiente.

Esta corriente teó rica ha producido una lí nea de acció n que Serrano Garda e Irizarry, han

denominado intervenci ó n en la investigaci ó n y que est á n aplicando con é xito en el logro de

comunidades autogestoras. Es necesario decir que en su versió n latinoamericana, la corriente

se enriquece con los aportes te ó ricos de base marxista, de Lucien Goldmann y sus conceptos de

conciencia real y conciencia posible; as í como del aporte te ó rico-metodoló gico de los postulados de Paulo Freire, referentes al logro de la conciencia posible en la comunidad

autogestora, y con el impulso proveniente de la teolog í a de liberaci ó n, nutrida del aporte

te ó rico de Berger y Luckman (La Construcci ó n social de la realidad).

De acuerdo con esta posició n teó rico- prá ctica, que coincide con algunas de las proposiciones

de nuestro Orlando Fals Borda, la intervenció n está destinada a producir un cambio, no só lo en

la comunidad sino tambié n en el interventor, quien se involucra en la situació n. Ese cambio es

entendido como la posible alteraci ó n en la funci ó n o en la forma, de un grupo significativo, o

del orden social. En el primer caso (cambio de funció n), se producen alteraciones en las

unidades estructurales de una situaci ó n sin alterar los valores del mismo. Ej.: Aumento en la

eficiencia de los servicios. En el segundo caso, cambio en la forma, se trata de una alteraci ó n o

modificaci ó n, má s o menos radical, en la ideologí a (valores, premisas y metas). El primero fortalece a la estructura, el segundo puede llevar a cambiarla.

En

sí ntesis,

esta

fuente

teó rica

es

plural,

por

una

parte

toma

de

teorí as

previamente

establecidas y fundamentales en una cierta concepci ó n de la sociedad, seg ún la cual basta

mejorar lo existente, )' por otra asume de otra concepci ó n social, el marxismo, elementos para

un cambio social m á s profundo.

Existe una segunda fuente, desarrollada por Luis Escovar, que parte de la noció n de control sobre los refuerzos ante contingencias de la vida cotidiana. Aquí, desarrollo significa control

sobre los resultados de esas. contingencias y el papel de la Psicologí a Comunitaria, será

desarrollarlo en los individuos, de tal manera que ellos sean autogestores de su transformaci ó n

y de .la de su ambiente.

Los fundamentos psicol ó gicos de este modelo, expuestos por Escovar en su art í culo "Hacia un

Modelo Psicol ó gico Social del. Desarrollo" (1980), son los siguientes:

a) La noci ó n propuesta por Kardiner y Spiegel, de que la formaci ó n de un Yo eficaz depende de

la "frecuencia con la que una persona haya tenido experiencias positivas de control sobre el medio ambiente durante el crecimiento".

b) La sistematizaci ó n que de la noci ó n de control, y tras ella la de poder, que ha postulado

como hecho Seligman. Según este autor, los individuos sometidos a situaciones en las cuales

no existe relaci ó n congruente entre su conducta y los resultados de ella, sean positivos o

negativos, desarrollan lo que ese autor llamó desesperanza aprendida o indefecció n;

s í ndrome

psicol ó gico

cuyas

manifestaciones

se

dan

en

tres

á reas:

motivacional

(disminuci ó n de la motivaci ó n, inercia, pasividad); cognitiva (orientaci ó n r í gida; negaci ó n a

aprender nuevas conductas; rechazo al cambio), y afectiva (desajustes emocionales que

pueden llevar a la depresi ó n; apat í a).

c) La noció n de foco de control, que supone la existencia de un continuum a lo largo del cual

se distribuye la personalidad de los individuos, en uno de cuyos polos est á la internalidad

yen el otro la externalidad. La primera se entiende como la orientació n según la cual la

persona percibe los acontecimientos que lo afectan como consecuencia de sus propias acciones, es decir, que considera que tiene el control de sus acciones y que lo bueno o lo malo que le ocurre es responsabilidad suya. La extemalidad, por el contrario, coloca el

control fuera del individuo. Los aconte- cimientos positivos o negativos, no tienen relaci ó n

con las acciones realizadas por é l.

Ante el panorama presentado por estos paradigmas: el individuo ap á tico, inerte, desmotivado,

incapaz de plantearse un proyecto o de llevarlo a cabo, la reacci ó n de la Psicolog í a Comunitaria

ha sido la de considerar correctamente, que tal descripci ó n suministra una colecci ó n de

s í ntomas y no de causas, como lo planteara en su momento la Sociolog í a de la Pobreza.

El siguiente paso, casi inevitable, fue acudir al concepto de alienació n como explicació n

integradora. Una posició n toma ese concepto como lo plantea el soció logo Seeman, lo cual

coincide en varios de sus significados con los conceptos antes expuestos. As í , alternaci ó n

definida desde una perspectiva fundamentalmente psicoló gica, por el citado autor, significa que

los

individuos

se

crean

expectativas

según

las

cuales

sus

propias

conductas

no

pueden

determinar los resultados deseados, pudiendo llegar a la creencia (alienació n "normativa"), de

que para alcanzar esos resultados la única v í a posible sea la ejecuci ó n de conductas reprobadas

socialmente (desviaci ó n), mediante la utilizaci ó n de medios il í citos.

Detr á s de esa concepci ó n est á la teor í a funcionalista mertoniana (R. Merton) de los medios y

fines como v í as de adaptaci ó n social. Otra acepci ó n de la alienaci ó n, as í entendida, se refiere

tambi é n a expectativas individuales, esta vez relativas a la incapacidad para los individuos de

producir satisfactoriamente las consecuencias de los propios actos. Esta es la explicació n que

incluye la teor í a de Escovar.

Este autor apela a teor í as neoconductistas, a explicaciones de car á cter funcionalista, que si bien

no

logran

dar

separadamente

una

visi ó n

total

del

fen ó meno,

al

ser

integradas

en

una

explicaci ó n general, de la cual cada una describe una parte, adquieren coherencia. Escovar,

considera entonces en su teorí a, que hay factores estructurales: Una estructura social con

posiciones de poder y posiciones de subordinaci ó n, m á s la carencia de control sobre el medio

ambiente fí sico y sociocultural. Ello produce alienació n, desesperanza aprendida y la formació n de un foco de control predominante- mente externo, todo lo cual tiene consecuencias

actitudinales y conductales: apat í a, inercia, rigidez cognoscitiva, ausencia de participaci ó n

pol í tica.

La ví a de ruptura ante este desolador producto es una Psicologí a Comunitaria que desarrolle la

autogest í ó n, al colocar el control en los sujetos. Escovar es así el primero en plantearse un intento globalizador de las causas de una conducta relacionada con eJ subdesarrollo. Su aporte

es tanto má s valioso, cuanto que no só lo suministra un claro insight sobre el problema, sino

que ademá s se ya construyendo, al mismo tiempo que desarrolla una prá ctica comunitaria en

grupos campesinos panameños, con ví as a la producció n del cambio en los individuos y en sus

relaciones con el ambiente. Sin embargo, es necesario se ñalar que esos mismos principios

pueden aplicarse a comunidades cuya apatí a o inercia, no involucren todos los elementos negativos descritos en ese modelo.

Con este sustento te ó rico, la Psicolog í a Comunitaria se presenta entonces como una v í a de

interacci ó n, generadora de tecnologí a social, cuyo objetivo es lograr la autogestió n para que los individuos produzcan y controlen los cambios en su ambiente inmediato. Actuando sobre los

individuos, como agente de cambio, el psic ó logo en la comunidad debe inducir la toma de

conciencia, la identificació n de problemas y necesidades, la elecció n de ví as de acció n, la toma

de decisiones y con ellos el cambio en la relació n individuo- ambiente, con la transformació n

de este último. Obteniendo la transformaci ó n de las expectativas en los individuos, as í como el logro de las formas de control sobre las consecuencias de sus actos, se puede provocar un estado

de alerta social, la conciencia de las propias potencialidades, as í como de los derechos y de las inadecuaciones sociales.

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA PSICOLOGíA COMUNITARIA

Se trata entonces de una psicologí a apoyada en tres principios b á sicos:

l. Autogestió n de los sujetos que constituyen su á rea de estudio. Lo cual significa que el objeto

estudiado es tambi é n sujeto estudiante y que toda transformaci ó n repercute sobre todos los

individuos involucrados en la relaci ó n, incluido el psicó logo agente de cambio.

2. Como corolario de lo anterior y pivote b á sico de la teorí a, el centro de poder cae en la

comunidad.

La

acció n

del

psicó logo

consistirá

en

lograr

que

esa

comunidad

adquiera

conciencia de su situaci ó n y sus necesidades y asuma el proyecto de su transformaci ó n,

asumiendo

paternalismo-autoritarismo-intervencionismo.

el

control

de

su

actividad.

Esto

significa

oposició n

a

cualquier

forma

de

3. La unió n imprescindible entre teorí a y praxis, única forma de lograr una explicació n

integradora y una comprensi ó n verdadera de la situació n.

ALGUNOS MODELOS, MÉTODOS Y TÉCNICAS DE INTERVENCIÓN EN PSICOLOGÍA COMUNITARIA

La Psicolog í a Comunitaria es una disciplina orientada, principalmente, a la soluci ó n de

problemas y a la optimizaci ó n de recursos. Debido a esto, los psic ó logos comunitarios cuentan

con

una

serie

de

modelos

te ó ricos,

m é todos

y

t é cnicas

eficientes

tanto

para

generar

conocimiento como para intervenir en la realidad social. Cabe se ñalar que muchas de estas

herramientas

son

compartidas

con

múltiples

disciplinas

sociales,

que

ya

en

el

contexto

contempor á neo vienen a ser un elemento multidisciplinar.

De entre todos los modelos que m á s se utilizan en Psicolog í a Comunitaria presento dos de ellos

a continuaci ó n.

Modelo ecológico:

Una de las piedras angulares de la perspectiva ecol ó gica es que pone el é nfasis en el contexto

local.

La

premisa

de

la

perspectiva

ecoló gica

es

que

los

servicios

comunitarios

como

intervenciones en una comunidad especí fica debieran contribuir al desarrollo de la comunidad.

La perspectiva ecoló gica es la evaluació n de un escenario natural a fin de rediseñar el contexto

que gira en torno a un problema social, de manera que un problema comunitario especí fico se

altere a medida que el medio ambiente que lo contiene tambié n se modifica. La perspectiva

ecol ó gica ofrece la posibilidad de no enfocarse únicamente en los efectos sino en las causas

sistem á ticas.

El observar a una comunidad ecol ó gicamente significativa es mirar como se interrelacionan las

personas, como se manejan sus roles, las organizaciones y los eventos. Si podemos ver la comunidad como una serie de sistemas interrelacionados, tenemos una mejor oportunidad de

dise ñar proyectos, sistemas y servicios que se aproximen a las necesidades de la comunidad.

Modelo de acción social:

Este modelo propone que la ideologí a, la conciencia, la comunicació n y el lenguaje son los

instrumentos a travé s de los cuales la definició n social se hace accesible a los seres humanos

incorpor á ndose subjetivamente como conciencia. Los procesos de control y desviació n social

determinan la activació n social, la cual llevará a un cambio social que implique una mejor

distribuci ó n del poder.

La intervenci ó n desde este modelo implica:

La implicaci ó n activa de los participantes.

La investigaci ó n tiene lugar en condiciones naturales y reales.

Se asienta sobre el marco teó rico expresado.

Contiene una visi ó n hist ó rica del fenó meno estudiado.

Debe ser responsable y socialmente útil en sus posibles aplicaciones.

Intenta corresponder a los sujetos participantes, mientras sea posible, con informaci ó n,

resultados e ideas útiles.

Independientemente del modelo que se escoja para intervenir en la problem á tica social hay que

iniciar la intervenci ó n con una evaluaci ó n de necesidades, donde debemos analizar, al menos, las siguientes cuestiones:

Cu á les son los problemas y necesidades m á s importantes de la comunidad.

C ó mo reacciona y se organiza la comunidad frente a ellos.

Recursos materiales y humanos de los que dispone la comunidad para organizarse.

Hacer frente a su problem á tica, ya sean formales o informales.

Accesibilidad y calidad de los servicios.

Qu é m á s ayuda o servicios son precisos.

IMPORTANCIA DE LA PSICOLOGÍA COMUNITARIA PARA LAS CIENCIAS SOCIALES

La perspectiva comunitaria genera una particular forma de posicionarse ante los procesos y fenómenos de la realidad. Esto permite identificar y analizar los aspectos subjetivos presentes en los procesos psicosociales, contar con herramientas propias de la disciplina y una metodología operativa, convirtiendo las resonancias individuales y particulares de los procesos relacionales, en material de análisis e instrumentos de trabajo

En atención a ello, la Psicologí a Comunitaria desde sus orí genes, se ha orientado hacia la

aplicaci ó n

del

conocimiento

en

la

solució n

de

los

problemas

sociales;

motivando

a

los

profesionales del á rea a salir de los espacios tradicionales de ejercicio disciplinar e insertarse en

los contextos en los que tales problemas se manifiestan.

La importancia de este apoyo para las Ciencias Sociales es que se evalúa profundamente la psiquis de la sociedad, el origen y génesis mismo de su distopía o filiación mental de los procesos, conflictos y cultura.

Son apoyos columnares para el trabajo que presento:

1. La sinergia existente entre las diversas rana de servicio al entendimiento de la comunidad: Antropología, Historia, Sociología, Economía… y Psicología! 2. Un profundo interés por ahondar en nuevas formas de interacción fenomenológica en la consecución del saber y explicación sobre el comportamiento del individuo.

De otro lado, como aporte a la Planeación y Desarrollo Social, habría que plantearse la imperiosa necesidad de retomar los análisis prospectivos, buscando con ello, que se interprete primero la realidad, se diagnostique e intervenga al individuo (o grupo) y puedan plantearse alternativas de interacción comunitaria y social, de acuerdo a la personalidad y diferenciación categórica que mentalmente presente cada individuo y cada grupo, cada comunidad.

LA PSICOLOGÍA COMUNITARIA Y LA VIOLENCIA EN COLOMBIA (Un posible Estudio)

¿Y en ese intercambio mutuamente beneficioso, cu á l ser í a la contribuci ó n del profesional de la

psicolog í a comunitaria a los procesos sociales?

Son muchas las formas en que los profesionales pueden colaborar con los grupos sociales:

analizando génesis de problemas, leyendo a la comunidad, estudiándola, avizorándola,

proporcionando asistencia t é cnica, sirviendo de puente con la comunidad, como consultor

ofreciendo informaci ó n acerca de recursos, procesos de grupo, liderazgo etc., pero quisiera

destacar, fundamentalmente, la contribuci ó n que la comunidad profesional y acad é mica de la

Psicología Comunitaria puede hacer a los procesos sociales en Colombia, en especial al del fenómeno de la violencia, de acuerdo a las características de nuestra patria:

Psicología del conflicto:

El conflicto forma parte constitutiva de la vida del hombre. Conflicto es percibido como tensión, cuando individuos o colectivos sociales son sometidos a fuerzas que se oponen o excluyen mutuamente. Los conflictos se construyen en el interjuego de diferentes estructuras (sistemas valorativos, representaciones sociales, sistemas de poder, etc.) y se expresan a través del lenguaje, en la interacción, en un contexto determinado.

Los conflictos son un llamado a realizar cambios, son expresión de situaciones de crisis que provocan la necesidad de redefinir relaciones. Estas son inevitables y suelen expresarse en tensión, aumento de la incertidumbre sobre el futuro, sufrimiento, confrontación, competencia, quejas, disputas, violencia.

La valoración que se hace del conflicto no depende sólo de sus componentes concretos sino también del significado que las personas le asignan a través de la construcción social del mismo.

No nos encontramos entonces frente a realidades tangibles sino frente a relatos que nos hacemos a nosotros mismos y le hacemos a los demás.

Vemos entonces que el problema no radica en la existencia del conflicto sino en la forma de percibirlo, transitarlo e intentar resolverlo. Está presente en una misma situación la perspectiva de amenaza y la posibilidad de crecimiento.

En Colombia, el conflicto ha mutado, lleva más de 50 años y aún continúa. La psicología comunitaria incorpora el conflicto, la afronta y lo transita con estrategias diferentes.

Un primer dilema local al que la Psicología Comunitaria se enfrentaría en nuestro país, sería a una redefinición psicológicamente social (si cabe) de lo que es el conflicto y como resolver el estado actual del mismo, reconociendo que se reinventa cada vez y que se complejaiza por ende.

El "conocimiento" que el profesional tiene de la problem á tica de la comunidad y el que ella

tiene acerca de sí misma pueden colocarse sobre la mesa, no para uniformar sino para aclarar las diferencias y reconocer los puntos de partida en aras de por fin superar el asunto.

CONCLUSIÓN

El análisis y reflexión sobre la lectura y la indagación del material bibliográfico me permitió encontrar enriquecedores convergencias entre las tradiciones científicas analizadas: la psicología tradicional, la psicología comunitaria, la sociología y la Planeación del Desarrollo.

Todos estos desarrollos teóricos tienen supuestos modelos paradigmáticos comunes referidos a cuestiones ontológicas, epistemológicas y metodológicas, por lo ue aunque tienen en ocasiones disparidad en cuanto a enfoques y modelos, es obvio que comparten un mismo objeto de estudio: la sociedad/el individuo y propenden todas éstas por darle un mejor nivel de vida.

Los distintos teóricos, la mayoría latinoamericanos estudiados en este tiempo, tienen diferentes matices en el alcance que realizan del objeto de estudio de la Psicología Social Comunitaria; lo que los une es la noción de complejidad sistémica, la dimensión ética e histórica de la tarea científica, el análisis de la construcción colectiva de significados, el énfasis en el análisis de procesos, el uso de metodologías que superan la dicotomía entre teoría y práctica, el compromiso por la construcción de una comunidad más justa y sobre todo por dotar de nuevas alternativas de convivencia al hombre en sociedad.

BIBLIOGRAFÍA

Aparte de los textos recomendados por el docente, fueron también consultados:

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