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—_— BIBLIOTECA: PSICOLOGIA DE HOY Serie Menor 16) 1-wypee baw eileen Ec aeeee sea fos is del enfe eed i BR Lindner Relotos hen Bide real 6—E- “eldlbers: Pstco- Tegia de fa eiolacton 7 —Re Spite: No y St So bre Ta génests do. la omunicncion uma BAR street: Téenice se- o's el ontizemitiomo. 4A Freud: Potcoandli. i dol nit. 15—T Relk Treinta afior on Freud. ne 16- 19 20— a. 22 Freud, Abraham, Fe- rene ‘Rei Erika, “Lindne Grandes can del pi ‘Soundlt. TT Reik: Como se Uo- 5. W. Baruch: Nue bor métodas de edu eee ey. a ‘Ames: €éno z prepae par una festa infant FL. Moreno! Pelco sic y sociodeama, Siieaaes! Aor de tn Eis coneioee ae 26. ar 28 0 fenton suiccas. — Rea Pecoandiste ‘plead, SERGE: eecoonive de rt So sSiaveom, Ja Alexandey Pasonia Kies Feat pt panalitice deta fbi do, Ni. Langer: ‘Apor fe" Heniano. (Continda on la pégina 227) ‘VOLUMEN 89 KARL ABRAHAM CONTRIBUCIONES A LA TEORIA DE LA LIBIDO ® EDICIONES HORME S. A. E, Dhstribuctin exclusioa EDITORIAL PATDOS r. ~ titulo del original inglés: Selected Papers of Karl Abraham, M.D. (Caps. XM, XXUT, XXIV, XXVy XXVI) Publicado por Mooanrir Pass, Lowons Versién castollana de Dania. R. Wacxen Copyright de todas las ediciones en castellano por EDICIONES HORME, 5. A.E. Juncal 4649 ‘Buenos Aires Queda hecho el depésito que previene ta ley 11.723 “Todas Tot derechos reservados INDICE 1. La primera etapa pregenital de la libidd (1916) % Contribuciones a la teoria del caréeter anal (set) 3. La influencia del erotismo oral sobre la formacién del caricter (1924) 4, La formacién del cardeter en el nivel ge- nital del desarrollo de la libido (1925) 5. Un breve estudio de la evolucién de la li Dido, considerada a la Iz de los trastornos ‘mentales (1924) Parte I. Los estados maniacos depresivos ¥ los niveles pregenitales de Ia libido Parte 1. Origenes y desarrollo del amor al objeto 52. 82. 100 us us 197 Cavirove 1 LA PRIMERA ETAPA PREGENITAL DE ‘LA LIBIDO (1916): I En sus Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, que se edité por primera vez en 1905, Freud hizo ‘una extensa exposicién de sus teorfas respecto a la semualidad infantil, En Ia teroera edicién del libro, publicada en 1915, amplié esas teorias, de modo ue ¢5 todavia la obra clisiea sobre el tema. ‘Los progresos que se han hecho en el conoci- miento psicoanalitico nos obligan a. suponer” la texistencia de ciertas etapas en la evoluciin de la libido infantil. Freud lama a esas etapas las “or- Eanizaciones pregenitales” de la libido, dado que Yodavia, no manifiestan Ia importancia predomi- nante de los rganos genitales. Las observaciones siguientes se refieren a la pri- mera de esas etapas evolutivas. Estin fundadas sobre mumerosas observaciones efectuadas antes de que fueran expuestos los is de vista teb- ricos sobre las etapas libidinales. Por lo tanto, la. 1 (Bibliogrfia de, Abwabau, N° 52, en Pacoandlisi ol ico, Boone Aes Hons, 180.) 10 KARL ADRAMAM leccién del material no puede haber sido influ da por una teoria preconcebida de la organizacién pregenital. Me patece necesario sefialar esto por- que probablemente toda extensién ulterior de la teoria sexual tropezard con objeciones similares a Jas que suscité la primera edicién de los Drei Ab- hrandlumgen. No obstante, antes de presentar ti material y las conclusiones que he extraido de él, debo pasar revista a los hechos fundamentales so- bre los que se basa Ia tooria de las tapas prege- nitales de la libido. En sus observaciones sobre los primeros fendme- nos de Ia sexualidad infantil, Freud pudo remitir- se a una autoridad que mucho tiempo antes que él habia, Iegado a conclusiones nuevas y osadas, pe- ro al mismo tiempo convincentes, en esta esfera Esta importante obra precursora fue realizada por Lindner en 1879, en sus estudios sobre los habitos de succién en los nifios. No dejé de notar el care: ter libidinal del proceso; subrayé que el hecho de suceionar, aun cuando no sirve al propésito de sa- tisfacer el apetito, es efectuado por los nifios con tuna intensidad que absorbe por Gompleto su aten- cién. Observé también que durante el acto de sue- ‘én se produce n el nifo una exctaciin que at: ‘menta hasta Tegar a una especie de orgasmo, ¥ Considerd que of hecho de «que el nito se ducrina después de eso es un efecto de la gratificacién que hha obtenido. Ademis, presté especial atencién. al instinto de asir que esti asociado con la succién, ¥ reconocié la gradual transicién desde la succién, hhasta la masturbacién, es decir, a una actividad de un carécter indudablemente’ sexual. Freud acepté las opiniones de Lindner, y est blecié caracteristicas definidas de la “sexualida CONTRIBUCIONES ALA TEORIA DE LA impo LL infantil, tales como se ven con la mayor claridad cen esa forma primitiva de Ia actividad instintiva, Ia succién. Estas caracteristicas son, en primer lugar, que ol instinto no se dirige hacia otro objeto, sino que, se manifesta autoeriticamente.En segundo Tugar, esta forma primitiva de expresin sexual no ts un fendmeno independiente, sino que depende de una funcién importante para la preservacion de la vida, a saber, Ia succién para alimentarse; de modo que es la reproduecién de un estimulo pla- entero que el nifio ha experimentado durante Ia nutricién, En tercer Iugar, la consecucién del pla- cer est ligada a una zona erdgena; la -membra- zna mucosa de los labios. La gratificacién de la ne- ccesidad de alimento y Ia gratificacién de la zona ferdgena no pueden ser separadas en su primer es: tadio, Ademis, la membrana mucosa de’ los labios debe poser una cualidad erégena que fluctia’ en intensidad en los diferentes nifos, pues ellos ex- hiben la tendencia a suecionar por placer en gra- dos muy diversos. Segin Freud la abertura anal del canal alimen- tario tiene también una doble funcién similar. El piensa que en la primera infancia esta abertura iio ie sélo funciones excretoras sino que en cust to zona erégena sirve también a la sexualidad in- fantil. El nifio trata de reexperimentar las sensa- clones locales asociadas necesariamente con la eva ‘euacién de los intestinos, y puede intensificar esas sensaciones reteniendo ei contenido intestinal. Del ‘mismo modo que en la zona oral, debe suponerse ‘que Ja capacidad erdgena de la ’zona anal varia segtin los individuos. La deliberada intensificacién de este placer accesorio obtenido al defecar, me- mite una estimulacién de la zona exdgena, es, c0- 12 KARL ABRAHAM mo la succién, de naturaleza semejanto a Ia mas- turbacién genital, que también se_prictin en la primera infancia, Ademas de los fendrienos autoeréticos de la primera infaneia Freud describe ciertos instintos Componentes que se dirigen desde un principio has cia otras personas consideradas como objetos se. xuales (placer de mirar y de exhibirse, componcn. tes activos y pasivos de la erueldad). Al principio estos instinéos componentes no forman un conjun to organizado, sino que operan independientemmen, te para la obtencién del placer. Es sdlo mas trrdo que las zonas erdgenas y los instintos componen. tes se unen bajo la priiacia de la zona genital, Cuando el instinto sexual se coloca al servicio de In procreaci6n, su desarrollo alcanza la consuma, cién normal. Como hemos dicho, Freud ha llamado pregeni- tales a esas etapas de la evolucién de la libido que preceden al establecimiento de Ia primacia dela Zona genital. Ellas son etapas antecedentes de Ia posterior ‘sexualidad “normal”, por las que pasa Keneralmente Ia libido del nifio' sin que nadie ‘se dé cuenta de las alteraciones que se estin prodw, clendo, Los mismos procesos, que bajo condiciones normales no son especialmente perceptibles, se convierten en “muy activos y perceptibles para tuna observacién superficial” (Freud) en los’ car 808 patolégicos. Hasta ahora el psicoandlisis de los casos neur6- tieos nos ha permitido inferir la existencia de dos de esas organizaciones pregenitales. Ia ‘primers es Ia etapa oral, a la que también puede denomi, arse etapa canibalistiea. Como ya se ha dicho, en ‘esta etapa Ia actividad sexual todavia no esti’ se" CONTRIBUCIONES A LA THORIA DE LA 1150 13 parada de la ingestién del alimento. Freud dice: EI objeto de una actividad es también el de la otra TE fin equal consiso en la incorporacién del objeto” (pig. 60); y afiade una observacion que es importante arn fa Comptenain Seri isn ie se realiza por moro placer: “La suceiém por pla cer puede ser considerada como remanente de esta etapa hipetética de organizacién que nuestro mate- rial patolégico, nos ha hecho suponer, Puede ser considerada como una actividad sexual quesse ha desligado de la actividad nutritiva, y que ha ‘com- diado ‘su objeto externo por otro que’ pertenece al propio cuerpo”. A partir de su psicoantlisis de Ia neurosis obse- siva Freud pudo inferir la existencia de otra orga: nizactén pregenital. Dice: “Una segunda fase pre genital es Ta organizacién anal-sddica. in ella ya se ha puesto de manifiesto la dualidad de Ia vida sexual. Pero no se trata en este periodo de caracte- isticas masculinas y femeninas; debe lamarse més Dien activas y pasivas. La actividad surge de Ia mugglatore conor en virtua dl neti do por sesién; Ja pasividad esté preeminentemente rela: cionada con la membrana mucosa erégena del cas tal intestinal, Ambos impulsos se dirigen a obje- tos que no son sin embargo los mismos. Al mo tlempo fancionan de una manera. autoerética ‘otros instintos componentes. Por lo tanto, en cs. ta fase. ya puede descubringe la polartdad sexeal y el objeto extemo. Pero todavia no hay una one nizacién de los instintos componentes ni una st bordinacién a Ta funcién de la. procreacién’ He indicado en sus rasgos generales la. posicin actual de a teorfa de la semualidad en cuanto ella se aplica a muestro tema. Si bien las observacio 4 KARL AMRAHAM nes que condujeron a Ia descripeién de Ia organi vacién anal-sidiea fueron especialmente. conside- Fadas en la literatura psicoanalitien me refiero particularmente a las “importantes comunieacio- nes de Jones— la. primera etapa, “oral, de la evo- Iucién de la libido, espera una’ investigacién mas rofunds. Como lo ha dicho Freud, es nuestro ma- terial patolégico lo que nos compele a suponer st cexistencia, Este hecho indica que nos encontramos frente a procesos de desarrolio que en los nifos son diffcilmente accesibles ala observacién diree- fa. En este temprano periodo el nifio no puede proporcionar ninguna informacién acerca de. los rocesos de su vida instintiva. Ademés, en condi- iones normales el desarrollo, en el primer afio de vida, se realiza tan silenciosamente que por lo. ge- neral no se observa ninguna manifestacion eviden- te de lo que esté ocurriendo; y més tarde, cuando la reptesién se ha establecido plenamente, el indi viduo es naturalmente menos eapaz que nunca de dar informacién acerca de los primeros sucesos de su vida. 1Los hechos del erotismo normal hacen elaro que Ja boca no ha perdido de ningin modo su signif cado como zona erdgena. ¥ el estudio de las per- versiones sexuales muestra con mayor claridad atin aque Ta boca puede asumir todo el significado de uun érgano sexual, esto es, puede desempefiar un papel genital. Ademés, el psicoandlisis de las neu. rosis muestra que con mucha frecuencia Ja. boca ha perdido su significacién eomo zona erdgena.s6- Jo en cuanto se refiere a la conciencia, pero que ella persiste en el inconsciente y se manifiesta en Ja conciencia a través de formaciones sustitutivas, @ las que conocemos como sintomas neuréticos, CONTRIBUCIONES ALA TEORIA DE LA Limbo 15 Pebemos al psicoanilisis el conocimiento de que estos fenémenos son equivalentes a infantilismos. Representan en parte la persistencia de instintos infantiles en el consciente, y en parte un regreso a etapas libidinales que so habian dejado atrés. Freud demostré en 1915, y precisamente a prop6- sito de los fenémenos relacionados con la zona oral, que tales infantilismos reprimidos pueden vol- verse irreconocibles por numerosas alteraciones, y convertidos inclusive en sus opuestos. Segiin ejemplos para mostrar de qué modo el carke Fe emples na “euits los edtvemos después’ do haber Hegado la etapa final del desarrollo, Tam- CONTRIBUCIONES 4 LA TEORIA DE LA LiBI0 113 Dién me gustaria Hamar la atencién aqui hacia 61 hecho ‘de que en tanto continda existiendo en el garictr dene peronn un confit aio et timientos ambivalentes, habrd siempre un peligro, tanto para ella como, para su contomo, Ge que -repentinamente pase de un extremo a otro. De modo que si tna persona va a desarvollar sa cariccr aprosimadamento hasta ee punt gue be lerado como el nivel mAs alto, debe te- tosos. Un desarrollo de este tipo va de la mano con tina superacin relativamente extosa de la ac titad nareisista y de le ambivalencia, Hemos visto que Ia opinign corriente sobre Ta formaciin del cardeter no. nos daba ninguna. lar vo real de las fuentes de ese proceso en conjun= %, Por otro Tad el psicoandliste, basindose. en Ta observacién empisieay ba demosirado la estrecha ‘elactn_ que hay entre Ta formacion dl cactr Yel desarollo pricoserual del no, en especial las diferentes fases ibidinales y las relacones sucest- vas dela libido con su objeto, ¥, ademas, nos Ina ensefiado que aun después de Ia infancia él car eter del individuo esta sometido a procesos do tvoluciSn e iavolucién, En el psicoandlisis, consideramos al carfcter anormal en estrecha y constante relaién con todas lag otras manifestaciones de. la. vida.psicosexal de Is porsona. Esto, y el hecho de que el eardeter zo es tinn cosa fij, At siquiera en los adultos, ha- cen posible ejercer una influencia correctiva sobre las formaciones del carécter patolégiens El. psico- anil no estf de ningin mado simplemente: com Frontado con la tarea de curar sintomas neur6ticos en el sentido estrcte de Ia palabra. A menudo tie: 4 KARL ABRAHAM ne que tratar al mismo tiempo deformidades pato- Igieas del catdctor, y stn ‘en primera instancia, Nuestra experiencia demuestra hasta abiors que al diss et cart nde los tase inde Sitleles que pueda emprender el peicoanalista, pe- zo es también en algunos ensos el mis remunera- dor, Sin embargo, en la actualidad no estamos en condiciones de-emitirningtin julio. general acer- ca de los resultados terapéuticos del andlsis del cardcter; 0 debemos defarlo a Ta experiencia Fu tua, Caviroro 5 UN BREVE ESTUDIO DE LA EVOLUCION DE LA LIBIDO, CONSIDERADA A LA LUZ DE LOS TRASTORNOS MENTALES (1924): Paxre I LOS ESTADOS MANIACO-DEPRESIVOS Y LOS NIVELES PREGENITALES DE LA LIBIDO Introduccién Han pasado més de diez afios desde que yo in- tentara por primera vez indagar la etiologia de los trastornos maniaco-depresivos utilizando concep- tos psicoanaliticos* Me di cuenta de los defectos de ese intento, y traté de poner eso en claro en el titulo de mi trabajo. Pero debemos recordar cudn poco habia sido escrito entonces sobre cualquier tema psicoanalitico. Y en especial, habla pocas obras anteriores. sobre las perturbaciones ciclicas. BAD 2 (Ne 1 = Véase el capitulo VI, en Psicoandlists clinico, Buenos Aires, Hormé, 1859, us KARL ABRAMAM 1a pricticn plcotraptin,privada_ofrce aca: sas oportunidades para cl andlisis de casos de esta, clase. de mnodo que no Te era posible a ningin ana- lista aislado reunir y comparar suficientes datos sobre el asunto. No obstante, pese a los defectos de ese primer intento, se demostr6 que sus resultados eran co- rectos en clertos aspectos importantes. El. traba- jo de Freud sobre EI pesar y la melancolia con- Fm mi opin’ de que Ta melanclla tenia con 1 pesar normal Ta misma relacién que la ansiedad ‘morbosa con el temor ordinario. Y podemos consi- Gorar ahora como definidamente establecida Ta afi- nnidad psicolégica entre Ia melancolia y las neuro~ Sis obsesivas, Ademés, estas dos afecciones exhiben semejanzas en cuanto al proceso de apartamiento de la libido del mundo exterior. Por otra parte, hhasta ahora no ha sido posible descubrir nada res: pesto al punto de dverzencia de a melancoin y fos estados obsesivos; ni tampoco se ha aclarado €l problema de la causa especifica de los trastor- nos cieliens. Después de que Freud estableciera la teoria de Jos niveles pregrenitales de la organizactén de la Mido, hice un intento de descubrir esta causa es- pecifica, Proud habia sido condueido, por el ané- fis de Tas neurosis obsesivas, a postular una fase ‘pregenital del desarrollo de Ta libido a Ia que de- Pomind fase anal-sidica. Un. poco después’ dio tuna descripeién detallada de una fase todavia an- terior, Ia oral 0 canibalistica, Fundando mis opi- prions en un amplio y variado conjunto de mate- 2 Bn Ta tercora edioiim de sus Drot Abhandlungen zur Sexualthcorie. ‘CONTRIBUCIONES A LA TEORIA DE LA Limo 117 rial emplrico, pude_demostrar* que. ciertas psico- neurosis conticnen Glaras huellas cle Ta primera fa 0 do le organizaciin de la Ubido; y aventaré Sugestién de que lo que vefamos en Ia melancoli tra cl resultado de ina rogresion de Ta libido del —paciente al mismo y primitive nivel oral. Pero mi Thaterial dinieo no era muy completo en este. as” pecto, de modo que no puede presentar prucbas Eonvincentes de mi hipdtesis. Casi al mismo tiempo, Freud enfocd ol proble- ma de la melancolfa desde otro Angulo. y'dio el primer paso real hacia el descubrimlento’ del me- Ganismo de Ta enfermedad. Demostré que el pa> lente, después de haber perdido a su objeto amo- reso i secuper, vanes mediante 20- cceso. de introyeccién (de modo que, por ejemplo, ios autorreproches de un’ melancélico se dirigen en realidad a su objeto perdido). La experiencia siguiente me parece haber con- firmado la importancia de ambos procesos, la Te- gresion de In libido a la etapa oral yal mecenis- mo. do introyeccisn, ¥ ademis de eso, ha demos- trado que hay’ una estrecha relactén entre los dos Los anilisis sobre los que esté basada Ia publicacign presente no dejan duda alguna aceren do este l= Eimo punto, Como espero poder establecer Son = ‘dads itroyeccion del objeto amorono er una incorporacién de él, en armenia con ln regresién de lar libido al nivel cansbalista, e Deben mencionarse otros dos descubrimientos on este campo de investigacion, una, vex mis Te- incionados oon el nombre de Freud. Ka primer Tu- + Vase canftuo 1, en Puicopatologia y sexualidad, Bue- Se Lee eee ee ee us KARL ABRAHAM. gar, 41 indiob que en la melancolin, el acon Fpleuigde layover eyaconte os pide Set objeto que precede a lr aparicon de este ‘medi 7 que esto tio vices on Tos “casos Obaesl. Soe ES verdad que eT neuroUcy observer tase one ctitud marcadamente ambivalente hacia si objes to, y que teme perderlo; pero en tltima instance, To" conserva. Bt escubrimiento de esta diferencia entre ambos éstados patolgicos es de gran impor, fancis, como espero que se pondré Je manificets en el curso de mi estudio, En sogundo lugar, Freud hha dado recientemente wna: diseceton tts’ define da a rests investigacion de los estados fe etal, tacién maniaca® Trego quedars clare jars al les tor qué progreso representan sus tear sobre sais Drimeros intentos inclertos de 191 En 1920 fui invitado a leer un trabajo sobre Tas psicosis maniaco-depresivas ‘en el Sexto. Congreso Poicoanaliieo, Mev obligado ‘a nosarmne, dado que no tenla'en mi poder muevos detos, A party de aquel momento, he tendo oportunidad de'efoe, tuar un anilisis cast completo Ge dos casos mares. dos de locurs eflica, y de obtener un escheto pas forama de la estructura de algumos otros casos que pertenecen a este grupo- Los resultados de cos anilisis confirman de tnt manera sorprendente Ia teoria de Freud sobre la estructura ie tos teston, ros melanedlicos y maniacosAparte de esto oft Gen una cantidad de nuevos puntos que’ camaple tentan sy teoria en uno\0 dos aspoctes inpories- ts Motivos de discrecién me imponen una conside- rable reserva en la publicaion fe mt material el + CE. Pocologia de grupo y andlsts det ego (1021). CONTRMUCIONES ALA TEORIA DE LA tits 119 coanalitics. Me impiden, especialmente, dar una historia completa de los dos casos que analieé con- cienzudamente, y de los quo puedo presentar s6- Jo breves extractos. Para evitar la posibilidad de un diagnéstico erréneo, debo decir de inmedial que ambos pacientes habian sido internados rei teradamente en asilos 0 sanatorios, donde estuvie~ ron bajo observaci6n de psiquiatras capaces, y que ellos habian sido examinados por eminentes espe~ cialistas en enfermedades mentales. El cuadro cli- nico era absolutamente tipico, y el curso circular de Ja afeccién muy caracterfstico, en los dos ca- 0s, de modo que no hubo ninguna duda en cuan- to al diagnéstico. En un aspecto mis datos son insuficientes; y sefialo este hecho desde un comienzo, aunque yo mismo no le atribuyo muy grande importancia, Todos los pacientes maniaco-depresivos que traté incluyendo los dos casos recientes que analicé com- pletamente, eran varones. Sélo he tenido oportu- nidad de hacer répidas observaciones psicoanali- ticas de pacientes mujeres de esta clase, excepto en Io que atafie a un caso muy reciente cuyo and- lisis me ocupa todavia, Pero no considero probable que el anilisis de pacientes mujeres _conduzca a conclusiones fun- damentalmente diferentes, especialmente si tene- mos en cuenta que los pacientes de ambos sexos exhiben en sus sintomas una bisesualidad extraor- dinariamente marcada, asf como indudablemente tienen muchos puntos de semejanza. En el momento en que Jef una parte de esta pu- blicacién ante el Séptimo Congreso Psicoanalitico,* © Realizado en Berlin en 1922. eel 120 KANE ABRAHAM s0 demostré claramente el interés que despertaba 1 tema por cl hecho de que muchos de los otros Eabajos Teldos alli se ocupaban de. las mismas fouestiones, y llegaban a conclusions notablemen~ fe similares’ las mias, aunque enfocaban el pro biema deste un punto de vista muy diferente. De- bo mencionar en" especial « la importante. contr bucién de Roheim, ix cual enriquecis. conside- Tablemente ruestro’conocimiento. de Ia. psicologia Gel canibalismo En la primera parte de esta obra examinaré bre vemente ciertos problemas relatives a. los estados Ianfaco-depresivos, en particular el problema de Jn'relacin’ del pcient con su objeto amoroso durante sus estados de depresion y manta, du ante sus “intervalos libres? En la’ segunda parte trataré 908 problemas de una manera més com: pleta, y consideraré el tema del desarrollo de la Tide &n‘su conjunto. 1. Melancolia y neurosis obsesiva: Dos etapas de Ta fase andl-sddica de ta libido Al iniciar el examen del trastorno mental lama~ do melancolia, haremos bien en compararlo con las neurosis obsesivas, dado que estas afecciones, es euanto @ su. psicologia, han sido en alguna medi- da despojadas de su misterio por el psicoandlisis. ‘Ya en 1911, al mencionar las semejanzas entre las dos enfermedades, tanto en lo que respecta a. su cuadro clinico como a su estructura, sefialé que los sintomas obsesivos se presentaban con frecuen- 1 Nach dem Tode des Ureaters (1923). CONFRIBUCIONES A LA TEORIA DE LA tito 121 cia en los-casos de melancolia, y que los neuréti ‘cos obsesivos -padecian estados de. depresién. Di- fe ademas que en ambas afecciones se descubsia en la vida instintiva del paciente un alto grado de ambivalencia; y que esto se comprobaba con Ta mayor claridad en Ia carencia de ajuste entre sus femociones de amor y odio, y entre sus tendencias homosexuales y heterosexuales. ‘Investigaciones mAs recientes me condujeron a la hipétesis de_que la neurosis obsesiva_y la me; danelte ae parotoe no Solaenie oo nus TNO nics ing tambien sue perines de ees, iO también en sus periodos de recest fen consceuencia, en mi presente estudio sobre Ia melancolia me propongo tomar como punto de partida, no, el euadro clinico completo, sino el de- hominado “intervalo libre” que se intercala entre dos. periodos de enfermedad. Desde el punto de vista del observador clinico, Jos estados ‘maniaco-depresivos siguen un curso intermitente, ‘mientras que los, estados obsesivos son, en conjunto, de caracter erénico. No obstante, los ltimos muestran una clara tendencia a tenet considerable. disminuciones. En realidad, en. al {Eunos casos obsesivos Ia enfermedad se presenta fen ataques agudos, que son muy parecidos a Jos estallidos periédicos do Ta afeceién en la me- Iancolfa, Una observacién culdadosa realizada du- ante un largo periodo nos demuestra aqui, como fn tantos otros easos, que tna. condioién. se funde on la otra, mientras que al principio s6lo vemos tuna hendedura absoluta entre las Esta opinién se ve confirmada a medida que progresamos en nuestra indagacién psicol6gica. Bues descubrimos que el paciento que esté expues- toa ataques periddicos de depreston y exaltacién, 122 KARL ABRAHAM _-no-se encuentra en realidad perfectamente bien durante su “inteivalo libre”. St interrogamos sim: plemente a tales pacientes con més datenimiento, hos enteramos de que durante largos interralos de esta clase pasan de cuando en cuando por esta: dos de anime. depresivos 0 hipomaniacos. Pero Io ‘que es particularmente interesante. pare el. analis- aes que en todas las afecciones clclicas se den cubre que el paciente tiene durante su “intervale I, bre” una formacién del cardcter anormal, us élla coincide de un ‘modo inconfundible con Ta del neurético obsesivo. En todo caso, en lo que abarce mi experiencia, no parece posible hacer una distin: cién clara y ripida entre'el cardeter melancélico y el llamado “carkcter obsesivo". Es su “intervalo, libre” flos-pacrentes que sutren de Tocura CIoMer or} ben las mismas caracteristicas con las quo el coanélisis nos ha familiarizado en las neurosis by sesivas, Jas mismas peculiaridades respocto a la limpieza y el orden; la misma tendencin. asumi| ina actitud obstinada y desafiante, alternando con funa docilidad exagerada y un exceso dle “bondad’s| las mismas anormalidades de conducta relativas al amplio- en Ta constitucién caracterolégica de las personas propensas a la melancolia y de las incli- nadas a la neurosis obsesiva, es muy comprensible por qué una enfermedad que parte de la misma formacién del cardcter deba ser ora de un tipo, ora del otro. Es verdad que hemos legado a la con. clusién de que en 1a melancolia el paciente aban- CONTRIBUGIONES A LA TEORIA DE LA 1xBIDO 123 | dona_1as_relaciones psicosemuales_con 0, | micntias-aue a | ra Pero entonces znos vemos frente al problema de por qué la rela- in con el objeto es mucho mis bil en una cla- se de pacientes que en la otra. Segiin Ia teorla psicoanalitica, los puntos de fi- . jacién que se han formado en el curso del desa- rollo do la libido, determinarén hasta qué ‘nivel de organizacién avanzara la libido individual, y hacia qué nivel retrogradaré en el caso. de una afeccién neurética. Y lo mismo vale para la re- lacién del individuo con el mundo exterior; las in- hibiciones del desarrollo y los procesos regresivos, resultan siempre estar determinados. por las prime ras fijciones en la esfera de Ia libido, Ahora bien) se a su comtin relacién con la organizacién anal Fidica deo 1a libido, In melancolia y la neurosis o sesiva exhiben ciertas diferencias fundamentaleg no slo respecto a Ia fase a la cual regresa la libido al surgir la afeccién, sino también en lo que_ata- fe ala acttud dl id hal SH, pa Rig “hacia Su objeto, pues- jue Ja melancolia To abandona, mientras que Ta aco absgeies To consren. Tor To tanto, po sis_Obsesiva To conserva. Por To tanto, si pro- esos patoldgicos fan ampliamente divergentes pueden partir de la etapa anal-sidica, se sigue que esta etapa contiene elementos heterogéneos, que hasta ahora no hemos podido separar. En otras pa- labras, nuestro conocimiento de esta fase de la evolucién de la libido, debe ser incompleto. ¥ ade- mas, hay otras consideraciones que justifican que pensemos que, en realidad, ése es el caso. Hasta ahora, nos hemos familiarizado con tres etapas del desarrollo libidinal, en cada una de las cuales pudimos observar que tenia importancia 124 KARL ABRAHAM CONTRIBUGIONES A LA TEONIA DE LA LINDO 125 | preponderante determinada zona erégena. Estas tismo genital combinado con tendencias que son zonas erdgenas son, en orden temporal, la oral, Ia benévolas hacia su objeto. anal, y la genital. Encontramos que las excitaciones Pero como he dicho, esta comparacién sélo sirve 1ibidinales que corresponden al erotisino anal tienen para acercarnos un poco més a nuestro proble- fen esa etapa conexiones estrechas y multiples con ‘ma, que continéa sin solucién en cuanto no sabe- los impulsos sidicos. Ya he indicado en un trabajo ‘mos por qué, en un cierto nivel del desarrollo, Ios anterior, que desde el descubrimiento de Freud, impulsos sddicos exhiben una especial afinidad nuestra ‘observacién clinica ha confirmado una y por el erotismo anal, procisamente, y no, por ejem- otra vex Ia estrecha relacién que existe entre estas plo, por el erotismo oral o genital. Aqui, nueva- mente, nos pueden resultar stiles los datos empiri- cos del psicoandlisis. Pues ellos muestran: 1. Que el erotismo anal contiene tenden ccenteras opuestas. 2. Que dos tendencias opuestas similares ten en el campo de los impulsos sédioos. dos esferas instintivas; y sin embargo, nunca hemos indagado el orgen doesn pene: mmeeshenes | ‘mos aprendido en el psicoanalisis de pacientes nee: rticos que los procesos exeretorios son empleados on fines sédieos, y hemos descubierto. qua la ob. servacion do la psicologia de los nifios confirma este hecho. También vimos que un rasgo de ca- ricter aislado ~Ia desconfianza, por ejemplo sue- La evacuacién del intestino provoca una excita- le proceder tanto de fuentes ‘sidicas como de cién agradable en la zona anal. A esta forma pri- fuentes anales. Pero estas observacionesy ottas | mitiva de experiencia placentera se le agrega luc. | | play parecidas no nos han hecho comprender la razén go otra, fundada en un proceso inverso, la reten- de esa combinacién de las actividades. sddieas lon de los exerements. anales. La experiencia psicoanalitica ha demostrado sin Podemos avanzar un paso mas hacia la solucién dejar lugar a dudas que, en la etapa media de su del problema si tomamos en cuenta otro conoci- desarrollo libidinal, el individuo considera a la rmiento psicoanalitico bien verificado, que he tra. persona que es el objeto de su deseo como algo ado en'mi ya citado trabajo" Este| oh que solo sobre lo que ejerce un derecho de propiedad, -y se consigue ana completa capacidad para el amor que en consecuencia trata a esa 1a del mismo cuando la libido ha legado « la etapa genital To. ‘modo como a su primera propiedad privada, es de~ rnemos asi, por un Indo, procesos erdticos anales ci, el contenido de su cuerpo, gus heoes:® Mien- combinados con una conducta sédica, en especial tas que en ef nivel genital el! “amor™ significa Ia coon emociones despiadadas y hostiles que son des- Siirecie dot sande potivos acts tmuetivas para su objeto; y Por otto lao, oe oan el objeto, ¢ involucra tna adaptacién psicosenual a ee ee ee tse objeto, en el nivel anterior significa que so tra- 5 Yéase capitulo 2, Capitulo 2. | 1 Cf, capitulo 2, ——— 126 KARE ABRAHAM. “ta al objets como si perteneciera al individuo. Y puesto que en este nivel inferior existe todavia con toda su fuerza la ambivalencia emocional, aquél cexpresa. su actitud positiva hacia su objeto en la forma de una retencién de su propiedad, y su ac- titud negativa en la forma de un rechazo de ella, De tal modo, cuando el neurético obsesivo se ve amenazado con In pérdida de su objeto, y cuando el melaneélico Io pierde en realidad, eso. significa para el inconsciente de ambos una expulsién de ese objeto, en sentido de una expusién fisiea do jos exerementos. Supongamos que todo psicoanalista podré con- rmar este paralelo con su propia observacién, En mi trabajo ya mencionado™ lo he tratado mas de- talladamente. En este lugar Hamaré la atencién so- Tamente sobre el hecho de que muchas personas neurtions rencclonan Je una ‘manga ‘anal ante pérdida, se trate de la muerte de una perso- nao de la pérdida de un objeto material. Reac- cionarén con constipacién o diarrea segiin como sea considerada esa pérdida por su inconsciente, cuya actitud, de acuerdo con la ambivalencia de sa vide emotiva, es naturalmente variable. El in- consciente niega o afirma la pérdida por medio del “lenguaje orgénico” que ya conocemos. Las noticias de la muerte de un pariente cereano pro- vocarén a menudo en la persona una violenta pre- sign en sus entrafias, como si fuera a expulsarse a todo el intestino, 0 como si algo se estuviera rom- piendo dentro de ella y fuera a salir a través del ano. Sin olvidar que una reaccién como ésta tie- ne miiltiples determinantes, sefialaré en este Iu. % Capitulo 2, COONTRIBUCIONES A LA THONIA DE LA Limo 127 dei difunto defecan sobre Ia tumba recién hecha. Vale la pena observar que ciertas formas del gar Ia finica causa que nos interesa. Debemos con- Sider esa reacoién como tna forma areien de ppesar_ que ha sido conservada en el inconsciente; ¥ podemos ubicarla al lado de un ritmo. primiti Yo, descripto por Réheim, en el cual los parientes enguaje conservan todavia claras hhuellas de este paralelo entre perder algo y evacuar el intestino. Por ejemplo, en alemén se llama Losung ™.al ex- eremento de los animales, y la conexién entre esta palabra y los y la palabra inglesa lose, es evi- dente. ‘Como ejemplo, relataré el siguiente curioso cere- monial-ejecutado por una mujer neurética. (He citado ya este ejemplo en el trabajo mencionado.) Esta mujer, que presentaba rasgos extremos de ca- récter anales, era por lo general incapaz de desha- cerse de objetos en desuso. No obstante, de cuando en cuando se sentia impelida a librarse de uno u otro de ellos. De modo que habia inventado una manera de engaiiarse a si misma, podriamos decir. Solia ir hasta un bosque cercano, y antes de de- jar la casa tomaba el objeto que tenia que ser ti- rado — por ejemplo una vieja prenda de vestir— y Ja sujetaba por un extremo bajo los cordones de su delantal, a su espalda. Entonces Io “perdia” en su ‘caminata hacia el bosque. Volvia por otro cami- nno para no tropezar de huevo con él. Asi, para po 38 Nach dom Todo des Ureaters (1924). 39 ("La que se ha soltedo”,) Cf. 1a palabra inglesn drop- ings (excrementoe). . (Como tulio. = “sin”. Binem loswerden =, “desem- Darazarse de alguien.) Tr s re, EE 128, KARL ABRAHAM der abandonar a posesién de un objeto, tenia que Gejarlo caer desde Ia parte posterior de su cuerpo. ‘Ademés, nada confirma nuestra hipdtesis con tanta elocuencia como las expresiones de los nifios. Un pequetio htingaro, cuya familia vivia en Buda- pest, amenazé una vez a su nodriza con estas pa Tabras: “Si me haces enojar te cagaré hasta Ofen’ (un distrito de la otra orilla del Danubio). Segin Ia opinién del nifio, el modo de desembarazarse de una persona a la que ya no se queria, era la de- fees Esta idea primitive de que‘ eliminar un objeto © perderlo es equivalente a la defecacién, nos re- sulta lejana a nosotros, las personas mayores; tan remota, en realidad, que s6lo a través de un Ia orioso proceso de investigacién psicoanalitiea he- tos podido recuperar esas huellas del pensamien- to primitive, y aun asf, Ia mayoria de’ las perso- nas reciben este descubrimiento con un incrédulo meneo de cabeza. No obstante, ciertos productos psicoldgicos, tales como los mitos, el folklore, y los tusos del idioma, nos permiten reconocer que este hébito mental es propiedad comin de Ia. psiquis inconsciente. Perm{taseme mencionar una ‘expre- sidn muy corriente quo usan Ios estudiantes en las universidades alemanas. Si por alguna mala con- ucta se ha excluido a un estudiante de todas las ocasiones oficiales de sus camaradas, esto es, si ha sido més o menos excomulgado, se dice comtinmen- te de al cue Er grt fo Vero Ac 0 com. ‘a muy abiertamente a la expulsién de una per- Sona eon Ta expulsion sica de los excrementos. 1 (Ta ead on ol desk” (encanta). Vortche, erates Mxeremanst eh higal Ge Voref decreas, toi) CONTRIBUCIONES A LA TEORIA DE LA LIBIDO 129 El componente instintivo del sadismo, tal como existe en la libido infantil, también manifiesta dos tendencias opuestas en accién. Una de estas ten: deneias es la de destruir al objeto (0 al mundo externo); Ia otra es Ia de controlarlo, Intentaré més adelante mostrar en detalle que la tendencia a Breservar al objeto se ha desarroliado, por medio le un proceso de represion, a partir de la ten. dleneia detructora, mis primitiva. Por et momen- to hablaré de este proceso muy en general; diré ahora mismo. que el psicoandlisis nos ha ‘pro. porcionado un claro conocimiento de estas eta pas y de las siguientes en el desarrollo del amor objeto. Por el momento limitaremos nuestro into- rés al instinto sddico que amenaza Ia existencia de su objeto. ¥ veremos que Ia eliminacién o pér- Gida de un objeto pueden ser consideradas ‘por el inconsciente, sea como un proceso shi truccién, 0 como uno anal de expulsion, Es digno de mencién, a este respecto, que idio- mas diferentes expresen la idea de perder algo de dos maneras, de acuerdo. con Ia hipétesis psicoa: nalitica expuesta. La palabra alemana verlieren, 1a inglesa to lose, y la latina amittere, corresponden a Ia idea anal de dejar que algo se vaya; mientras que axoMusay en griego, perdere en el latin tar- dio, y perdre en francés, significan arruinar 0 des- trait una cosa. Podemos recordar también la inter- pretacién analitica de Froud del perder cosas co mo una tendencia a apartar al objeto, motivada Inconscientemente. Su interpretacién es confirma- da por esas lenguas que identifican perder una cosa con desteuiela, ‘Una vez més, ciertas formas idiométicas mues- tran cudn estrechamente unidas en la psiquis in- 130 KARL ABRAHAM consciente estén las tendencias anal y sidica a abolir el objeto. Los idiomas mas diversos tienden 4 expresar sélo. por alusién indirecta 0 metafora a Ia conducta fundada en impulsos sidicos. Pero esas metiforas se derivan de. actividades que la experiencia psicoanalitica nos ha ensefiado a atti. buir a los instintos anal erético y. coprofilico. Un buen ejemplo de esto lo ofrecen los informes y despachos militares de ambos bandos que apare- gares eran gesdubert (limpiados) de enemigos, las trincheras eran aufgeraume (despejadas); en Jos informes franceses so utilizaba la palabra nett. yer (limpiar), y en los ingleses, cleaning up (lim- Piar) 0 mopping up (barrer, pasar el estropajo). E]_anilisis de los pacientes. neurdticos nos ha ensefiado que el segundo conjunto de tendencias, el consereador, que surgen de las fuentes anales y, sidicas —tendencias a retener y a controlar el ‘objeto— se combinan y refuerzan’ mutuamente, Y del mismo modo hay una estrecha alianza entre las tendencias destructioas que provienen de esas dos fuentes —tendencias a expeler y destruir el ob- jeto. El modo en que estas sltimas tendencias cooperan, se manifestaré con especial claridad en la psicologia de los estados de melancolia. Luego trataremos este punto con més detalles. Lo que me agradaria hacer en este lugar, es dis- cutir brevemente la accién convergente de los ins- tintos anal y sddico en el cardcter obsesivo. Hemos explicado’ hasta ahora el excesivo amor a la lim- picza que muestran tales caracteres, como una formacién reactiva contra tendencias coprofilicas, y su marcado amor al orden como un instinto anal erético reprimido 0 sublimado. Esta hipétesis, aun- CONTMBUCIONES A LA TEOMA DE TA LtBmDO ISL que correcta, y apoyada por usla gran masa de datos empirioos es, en algin aspecto, ‘unilates No toma en cuenia suflcentemente ia sadlegls determinacién de los fendmenos ‘polauicos Pues podemos percibir en el compulsive amor al orden y a la limpicza de nuestros pacionten te sepneaciin. de iutints ‘sides ‘sblimados. En inl ensayo ya mencionado he aducido ejemplos ¥a mostrar que el orden compulsive ss habe luna expresién del deseo de dominacién del per su poder sobre cosas. La fier. za dentro de un sistema rigido y pedante. ¥ auce de con no poca frecuencia que obliga's las mis. mas personas a entrar en un sistema de esta alas se. Sélo tenemos que recordar la compulsion de limpieza que padecen algunas amas do cn. menudo se comportan de tal modo que no dejen cen paz a nada ni a nadie. Vuelven toda la case de arriba. a abajo, y obligan a las demas persenea’ someterse a sus impulsos patolégicos, Ex los exe extremos de un caricter obsesivo, tales. como os encuentran en la neurosis de las amas de ease y en las exageraciones neurdticas de la mentalded buroerética, este anhelo de dominacion se bees we confundible. Una vez mis, s6lo mecesitames fe. cordar los elementos sédicos que integres of bica conocido rasgo de cardcter anal de la abstisagee: para darnos cuenta de cdmo operan de conn Jas fuezas instintivas anales y siticee = Para poder comprender més claramente lo qué sucede en ‘el momento en que aparece la neatas obsesiva 0 la melancolia, debemos divigir mens atencién una vez més: hacia esos. periodos de la Vida del paciente que estén relativamente. Home de sintomas. La “remisign” del paciente obsetee I a ; I 132 KARL ADRAMAM 1 “intervalo” del maniaca. depresivo, ser Jperfodos en. que los instintos anal y'sdico han sic Go sublimados exitosamente. Guando sucede algo que’ entrafie una amenaza de “perder” su objeto, fen el sentido expuesto, ambos tipos de neurdticos reaccionan con gran violencia. El paciente rete toda la energia de sus fijaciones libidinales positi vas para combatir e-peligro de que la corriente emocional hostil hacia’ su objeto Hegue a ser de- ‘masiado fuerte. Si las tendencias conservadoras — las de retencién y control del objeto son més ppoderosas, este conflito en torno del objeto amo- Toso provocard fendmenos de compulsién psiqui- a. Pero si triunfan las opuestas tendencias anal- sidicas —las que se proponen destruir y expulsar el objeto— entonces el puciente eac en un estado de depresién melancslien. ‘No nos sorprenderé descubrir que aparecen en Ja melancolia ‘sintomas obsesivos, y que en la new rosis obsesiva se dan estados de’ depresin. En es- tas ocasiones, la tendencia destructiva ola con- servadora, sein sea el caso, no ha consoguido imponerse completamente. Por lo. general, sin em- batgo, una de las dos Ia tendencia a exhibit sin- tomas manfaco-depresivos, 0 la tendencia a mos- tram conducts obsesiva~ ogupe el primer pla no del cuadro clinico. Pero todavia no estamos en condiciones de indagar ‘més. profundamente las causas de este juego de los dos conjuntos de sinto- a experiencia psicoanalitica y la observacién aurea de los nic han estabtecide ol hecho eo jue el conjunto de instintos que. se. propone Ia re camente el més antiguo. En el desarrollo normal CONTRIBUCIONES ALA TEORIA DE LA Lino 133. de su vida ‘psicosexual, el individuo termina ser capaz de amar a su objeto. Pero todavia ex Bor cesario estudiar con mayor precisin el camino dae atraviesa, comenzando por'el autoerotisie dere infancia, 'y eulminando ‘con ‘un amor-objeto cone pleto. Podemos decit con seguridad: al principio Ja libido infantil carece de objeto (es autoeroticn), Luego toma como objeto a st propio ego: y no x6 ditige hacia abjetos externos sino desputs deren, Pero aun entonces mantiene durante algtin tiempo Ja cualidad de ambivalencia; y es slo en un te, riodo relativamente tardio de su infancia que’ el individuo es capaz de tener hacia su objets sana actitud completamente cordial, Cuando comparamos el curso que toma la libi- do en la neurosis obsesiva yen la melancolia, po. demos ver de inmediato que en-el neurdtico disc, sivo, a pesar de la insoguridad de sus relacionce coh el objeto, aquélla no se ha desviado de la meta normal de su desarrollo, en un sentido regresivo tanto como en el caso del melancdlico. Pues caane do irrumpe su enfermedad el paciente depresive hg £000 por completo todas Tas relaciones on objeto. La experiencia psicoanalitica ya nos ha obliga- do a comprobar la existencia de una etapa prese. nital, anal-sidica, del desarrollo de la libido; y ra nos vemos conducidos a” suponer que esa ~ etapa incluye dos niveles distintos. En el superior predominan las tendencias conservadoras de re- tencién y control del objeto, mientras que en el més temprano ocupan el primer plano las hostiles hacia el objeto, que se proponen destruirlo y per. derlo, El neurético obsesivo regresa al ultimo de estos dos niveles, de modo que puede mantener 134 KARL ABRAHAM contacto con el objeto. Durante sus periodos de re-— misién puede sublimar sis impulsos analsdicos tuna gran medida, de modo que su relacién con el mundo externo puede aparecer como normal ante una observacién corriente. Lo mismo puede suce, der en Ia melancolfa. Aun la psiquiatria clinica ad. mite que el melancélico puede ponerse “bien”, esto es, recuperar su. salud mental Pues durante el perfodo en que sus sintomas estén ausentes, el paciente maniaco-depresivo puede transformar sus instintos de la misma manera que el neurético ob- sesivo. Pero tan pronto como su ego entra en un conflicto agudo con su objeto amoroso, abandons su relacién con ese objeto. Y entonces se hace evi, dente que la totalidad de sus sublimaciones y for maciones reactivas, que son tan parecidas @ las del carécter obsesivo, derivan del. nivel inferior de Ja etapa anal-sadica de la evolucién de su libido. Esta diferenciacién de la etapa anal-sidica en dos fases, una primitiva y otra posterior, parece ser de radical importanoia. Pues en la linea divi, soria entre ambas fases tiene Iugar un cambio de. ‘eisivo en Ia actitud del individuo hacia el mun. do externo. En realidad, podemos decir que es en esta, Iinea divisoria dondo comienza el “amor-ob- jeto” en el sentido estricto, pues es en este pun. to donde empieza a predominar la tendencla a conservar el objeto. ‘Tampoco es tal diferenciacién de interés mera: mente tedrico. No sélo sirve para proporcionamos un panorama claro de un periodo particular del desarrollo libidinal infantil; también nos ayuda a obtener una comprensién més profunda del movi uniento regresivo de la libido en las psiconeurosis. Veremos luego que el proceso de regresion de la CONTRMUCIONES 4 LA TEORIA bE LA t1BID0 135, melancolia no se detiene en el primer nivel de la etapa anal-sidica, sino que retrocede hacia orga. nizaciones libidinales aun més primitivas. Pareto. ¥a entonces que una vez que ha sido eruzada la Tinea divisoria entre las dos fases anal-sidicas em tuna direccién regresiva, los efectos son particular. mente desfavorables. Una vez que la libido ha renunciado a Jas relaciones con su objeto pareve deslizarse répidamente hacia abajo, desde un on vel hacia el préximo inferior. Al considerar de extrema importancia esta Tinea ivisoria estamos de acuerd dica comiin. Pues la divisién que hemos estableci. clinica. Pero por Supuesto, el psicoanilisis no intentaré establecer una separacién rigida entre afecciones neuréticas F,poicetieas. Por el contrario, reconoce que la Ii ido de cualquier individuo puede regresar ‘mas all de esta Tinea divisoria entre las das feces ants sidicas, dada cierta causa estimulante de la en. fermedad, y dados ciertos puntos de fijacién en el desarrollo libidinal que facilitan una regresién de. esta naturaleza, 2.La pérdida del objeto y la introyeccién en ot esar normal y en los estados mentales ‘anormales Habiendo adoptado como punto de partida de Huestras investigaciones el “intervalo libre” de los estados manfacos y depresivos periédicos, pode. ‘mos ahora estudiar el acontecimiento que intodu. ce la afeccién melancélica real, ese suceso que pene 136 KARL ABRAHAM Freud ha llamado “pérdida-del objeto”, y el pro- ceso,etrechamente asociado con él dela ito. yeecién del objeto amoroso perdido, En. su trabajo sobre El pesar y la melancolia, Freud deseribié en Iineas generales los procesos psicosexuales que tienen lugar en el melancélico A partir del tratamiento ocasional de pacientes de- presivos, pudo legar @ una idea intuitive de aqué- los; pero hasta entonces no se habia publicado mucho material clinico en apoyo de su teorfa. El material que yo presentaré a este respecto no tie- ne por fin, sin embargo, una mera ilustracién de esa ‘teoria, sino preparar el camino para una i vestigacin sistemitica de los procesos patolégi- 08 de la melancolia, y de los fettmenos del pesar. ‘Como veremos, todavia no se ha comprendido su ficientemente la psicologia de Ia melancolia y del pesar.!* Ocasionalmente nos encontrames con casos de marcada depresién melancélica donde pueden ser reconocidos los procesos de pérdida del objeto © introyeceién sin necesidad de un psicoanélisis. Pe- ro no debemos olvidar que esto no seria posible si Freud no hubiera llamado nuestra atencién sobre Tos rasgos generales de la situacién psicolégica. El doctor Elekes, de Klausenburg, me ha comu- nicado recientemente el siguiente caso, particular mente instructivo, de su prictica psiquidtrica en un asilo. Una paciente fue llevada al asilo debi- do a una depresién melancélica, Se acusaba repe- me impide,presentar en su to- fnalitieo"del que dispongo. Debo limi tame, en consceuencia, a la, reproduaalén de extractor fiat {ativos de diversos casos, Este método tiene la: ventaja. de fcltar la investigacion del material ‘CONTRIBUCIONES ALA TEORIA DE LA LimDO 187 tidaménte de ser una ladrona. En realidad, nun- ca habia robado nada. Pero su padre, con quien vivia, y'a quién se adheria con todo el afecto de tna hija sltera, habla sido arrestado, poco antes, robo. Este stices0, que no slo alejé a su padre . A ein io sentido tral de Ia palabra, sno ge rovocé una profunda reaccién psicolé re Buss epertarde do Gl fae el comfonso de sa ato jue de melancolia. La pérdida de la persona ama- de fue inmediatamente seguida por'un acto. de introyeccién; y ahora era la misma paciente quién habia cometido el robo. Este caso apoya la teo- xia de Freud de que los autorreproches de la me- Tancolia son en realidad reproches dirigidos con- tra el objeto amoroso. 7 ficil comprobar, en ciertos cans, gue han tenido Tugar la pérdida del objeto y la introyec- Sim. Pero’ dabetog evordar due meestro conoc miento de esos hechos es superficial, dado que no podemos ofrecer ninguna explicacién de ellos. Es s6lo por medio de un psicoandlisis regular que po- demos llegar a percibir que hay una relacién entre la pérdida del objeto y tendencias, basadas en la ra fase de la etapa anal-sidica, a perder y lestruir cosas; y que el proceso de introyeccién, tiene el cardcter de una incorporacién fisica por Ia boca. Ademés, una consideracién superficial de esta especie deja de lado el conflicto ambivalente inherente @ la melancolia. Espero que el material ‘que presentaré en estas paginas ayude en alguna medida a cubrir esta Taguna en nuestro conoci riento. Sin embargo, desearia indicar de inmediato jue es igualmente superficial nuestro conocimien- Sas" kque moede vn el peat? normal; pues el psicoanilisis no ha arrojado ninguna luz sobre ese