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Antropología y política en Aristóteles

Para comprender la concepción del hombre que tenían los antiguos griegos hay que tomar distancia de algunos supuestos determinantes de la imagen moderna. La época moderna parte del supuesto de la igualdad de todos los hombres y del individuo como elemento constitutivo de la sociedad. Los antiguos griegos partían de los supuestos contrarios. Los hombres son una parte de la gran cadena del ser, dentro de la cual existen grados y jerarquías. Dentro del conjunto de seres existentes, hay que diferenciar a los seres vivos; y dentro de estos últimos se encuentra una escala jerárquica de acuerdo con los distintos tipos de vida y de lo que da vida o alma (psique). Aristóteles, a quien se tomará como guía en este apartado, distingue tres tipos de seres vivientes, de acuerdo con los distintos tipos de alma y sus funciones: el alma vegetativa que cumple una función nutritiva; el alma sensitiva que cumple una función sensitiva y motriz y el alma intelectiva que cumple la función pensante.

En esta jerarquía, cada grado es superior al anterior, lo presupone e incluye. Así el alma sensitiva además de su función propia, incluye la función del alma vegetativa, y el alma intelectiva la de las dos anteriores. Pero esta inclusión no debe ser entendida como una sumatoria, las funciones que se incorporan lo hacen a una nueva unidad. Esto quiere decir que en el alma intelectiva las funciones vegetativas y sensitivas son propias de ella, además de la función específica de la intelección; y no que conviven tres almas distintas o que el alma tiene tres partes.

Aquello que caracteriza a todos los seres vivos es la existencia de un principio vital, es decir, un alma. Aristóteles la define como “la forma de un cuerpo organizado (materia) que tiene la vida en potencia”. El hombre, como ser viviente, es un ser compuesto de cuerpo y alma. El cuerpo es la “materia” y el alma es la “forma” del compuesto humano. No se trata de dos realidades unidas, sino de una realidad única, compuesta de elementos diversos, distinguibles sólo por el pensamiento, pero no en la realidad. Con esta concepción, Aristóteles se está oponiendo a la tradición pitagórico-platónica, según la cual el alma era algo separable y transmigraba de cuerpo en cuerpo. Para Aristóteles no existe dualismo, pues cuerpo y alma son dos elementos de una sola substancia, es decir, de un solo ser.

El primer grado de la vida es el más elemental e inferior, en él los vivientes cumplen la función vegetativa que consiste en alimentarse, crecer y reproducirse. Los vegetales son los entes que pertenecen a este tipo de alma. El segundo grado está compuesto por los brutos (seres animados que no están dotados de razón). Lo propio de estos seres es el conocimiento sensible y el deseo (o apetito sensible). El tercer grado (alma intelectiva) es el que corresponde a los hombres, en ellos además de las funciones anteriores se encuentra la razón (lógos) y el apetito racional (o voluntad).

Lo propio de los seres humanos es el alma que tiene la capacidad del lógos, que puede traducirse por razóny palabra. Lo que distingue a los hombres de los otros seres vivos es esta capacidad de hablar y de resolver las cuestiones a través de la palabra, de razonar y argumentar. Por eso es que las distintas definiciones de “hombre” de Aristóteles, utilizan algunos de éstos términos: El hombre es un ser vivo que vive en polis” (zoon politikón); el hombre es un ser vivo racional; el hombre es un ser vivo que habla. Pero los distintos tipos humanos participan de la razón en grados diferentes. Según Aristóteles, hay tres formas diferentes de participar de la razón o de ser racionales, porque la razón tiene tres niveles y no todos los hombres alcanzan los tres niveles:

1. Están los hombres que sólo tienen la capacidad de comprender lo racional, lo que les permite obedecer y ejecutar las órdenes que se les dan. Así, los esclavos son humanos de una condición inferior, ya que sólo pueden comprender lo que se les manda pero, como diría Nietzsche, no son capaces de mandarse a sí mismos. 2. Están los seres humanos que tienen una participación mayor que aquellos que sólo entienden lo que se les ordena, que son los que además de comprender y obedecer, son capaces de tomar decisiones. En este nivel están, por ejemplo, las mujeres.

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3. Están, finalmente, los hombres que alcanzan el nivel superior, que es la capacidad de deliberar. No se trata solamente de plantear respuestas a las cuestiones (respuestas mejores o más racionales), sino que además pueden evaluar las condiciones de los problemas, lo que es propiamente deliberar.

Desde el comienzo de la época moderna se ha extendido la creencia de que los hombres son naturalmente iguales. Por compartir este supuesto, en los últimos siglos se cree estar en una posición más evolucionada y superior a la de los griegos, sin embargo, esta jerarquización sigue utilizándose, por ejemplo, en las empresas actuales. En éstas existe un directorio que tiene la capacidad de deliberar, tomar decisiones, dar órdenes y dirigir al conjunto, hay un estamento ejecutivo o gerencial que toma decisiones a partir de las orientaciones que da el directorio y después está la gran masa de los trabajadores que son los que obedecen a sus jefes (los que también, en los distintos niveles, obedecen órdenes). La diferencia que existe entre la concepción de los griegos y la moderna, desde esta perspectiva, es que los modernos consideran estas diferencias como algo meramente funcional mientras que los griegos creían que eran naturales.

Aristóteles define al hombre como un zoon politikón, es decir, como un ser dotado de vida cuya naturaleza se realiza en la polis (lo cual es un modo particular de decir que el hombre es un ser comunitario o social, es un ser en relación). Desde un punto de vista negativo, esto implica que el hombre escindido de la polis no es hombre 1 , porque no tiene garantizadas las condiciones necesarias para bastarse a sí mismo como humano plenamente. Según Aristóteles, sólo la polis es capaz, por la variedad de sus recursos y la extensión de su territorio, de garantizar la seguridad de sus componentes mediante la defensa común y de satisfacer sus necesidades por la diversidad de tareas que en ella se realizan. Sin embargo, estos aspectos de la autarquía no son los esenciales. Lo esencial es que en ese medio el hombre realiza su naturaleza, allí la vida humana encuentra su manifestación más plena. Por eso es que si bien la polis es la última organización social que se genera en el curso del tiempo, es la primera por naturaleza. Así como en los organismos existe una prioridad del todo sobre las partes, en el orden social hay una prioridad de la polis sobre las anteriores organizaciones y sobre los individuos.

El fin humano que sólo puede realizarse en la polis (aquel en que el hombre realiza su naturaleza) es la eudaimonía o felicidad. La polis brinda los medios necesarios e impone las normas convenientes para que los hombres realicen su esencia, por ello es que su finalidad no es exclusivamente biológica, sino más bien moral (su origen se produce por una finalidad biológica, pero su esencia se encuentra en un fin moral).

La autoridad común de la polis habrá de ocuparse de la defensa común y de la organización del intercambio, pero más importante será que establezca relaciones de justicia entre sus miembros y que fomente en ellos una voluntad justa. Como se ve, la vida en la polis no sólo aporta las condiciones materiales que el hombre requiere, también le proporciona el medio adecuado (orden justo) para que se realice como ser racional. Por ello es que las caracterizaciones del hombre como animal político y como animal racional están íntimamente ligadas.

Ahora bien, los sujetos de toda esta reflexión son los ciudadanos, es decir, los hombres libres. Y Aristóteles afirma que no todos los hombres son iguales por naturaleza. Hay hombres que son libres por naturaleza y hay otros que no tienen esta esencia, que son los esclavos por naturaleza. Los primeros son capaces de conducirse a sí mismos de un modo racional 2 , los segundos tienen inteligencia suficiente como para comprender y obedecer, pero no de conducirse a sí mismos. Así el esclavo realiza su esencia al mismo tiempo que cumple con una función

1 El que no necesita de la polis es un dios o una bestia, dice Aristóteles.

2 No hay que confundir “racional” con “racionalista”. De un modo racional significa cumpliendo con las leyes que se da a sí mismo para vivir mejor y de manera más humana.

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necesaria en la polis. Para Aristóteles la esclavitud no es el resultado de una necesidad social, sino la manifestación de un modo de ser, pueden superarse las necesidades pero no las esencias 3 .

Por estas diferencias “naturales” es que la justicia sólo puede aplicarse adecuadamente entre iguales, entre ciudadanos: la justicia es el principio que rige en la comunidad política (polis). En cambio, el principio que deberá aplicarse entre el padre de familia con su mujer, hijos o esclavos es de naturaleza despótica: su propio interés.

Es por todo ello, como puede apreciarse, que las caracterizaciones (y definiciones) aristotélicas del hombre como ser vivo político y como ser vivo racional están íntima y esencialmente ligadas. Como consecuencia, Aristóteles concluye que un hombre separado o escindido de la polis, ni siquiera es hombre, ya que no tendría garantizadas las condiciones necesarias para su realización plena. En la polis, el hombre puede realizar su naturaleza, alcanzar su manifestación más acabada y plena. Y, por cierto, según señala Aristóteles en la Ética, el fin humano que sólo puede realizarse verdaderamente en la polis, aquel en el cual el hombre -ser vivo político y racional- puede realizar su naturaleza, es la felicidad (eudaimonia). Aquí se puede advertir la relación clave entre ética y política: la polis brinda los medios para que el hombre realice su esencia y, por tanto, no simplemente su subsistencia sino el despliegue de su esencia en el fin moral más alto que es, precisamente, la felicidad.

3 El esclavo seguiría siendo esclavo aunque tuviera todas las necesidades satisfechas porque no es capaz de deliberar, es decir, de vivir de acuerdo con las leyes que se da a sí mismo.