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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA FACULTAD DE LENGUAS SECRETARÍA DE ASUNTOS ESTUDIANTILES EN LOS UMBRALES DE
UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA FACULTAD DE LENGUAS SECRETARÍA DE ASUNTOS ESTUDIANTILES EN LOS UMBRALES DE

UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA

FACULTAD DE LENGUAS

SECRETARÍA DE ASUNTOS ESTUDIANTILES

EN LOS UMBRALES DE LA SEMIOSIS UNA INTRODUCCIÓN A LA SEMIÓTICA

ASUNTOS ESTUDIANTILES EN LOS UMBRALES DE LA SEMIOSIS UNA INTRODUCCIÓN A LA SEMIÓTICA Prof. Ariel Gómez

Prof. Ariel Gómez Ponce

Año 2015

En los umbrales de la semiosis. Una introducción a la semios Prof. Ariel Gómez Ponce

Secretaría de Asuntos Estudiantiles. Facultad de Lenguas, UNC.

ÍNDICE

de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. ÍNDICE PROGRAMA 03 01. LA SEMIÓTICA 05 Julia

PROGRAMA

03

01.

LA SEMIÓTICA

05

Julia Kristeva

02.

THOMAS A. SEBEOK Y LA CIENCIA DE LOS SIGNOS

08

Marcel Danesi

03.

LA TEORÍA SEMIOLÓGICA DE SAUSSURE

11

Victorino Zechetto

04.

LA SEMIÓTICA DE PEIRCE

21

Alejandra Vitale

05.

EL ESTUDIO DE LAS IDEOLOGÍAS Y LA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE

32

Valentín N. Volóshinov

06.

EL PROBLEMA DEL TEXTO EN LA LINGÜÍSTICA, LA FILOLOGÍA Y

37

OTRAS CIENCIAS HUMANAS Mijaíl Bajtín

07.

LA LECTURA KRISTEVIANA DE BAJTÍN

55

Beatriz Sarlo

08.

LA PALABRA, EL DIÁLOGO Y LA NOVELA

59

Julia Kristeva

09.

EL ARTE COMO LENGUAJE

61

Iuri Lotman

10.

ACERCA DE LA SEMIOSFERA

65

Iuri Lotman

11.

APROXIMACIÓN BIOLÓGICA AL ESTUDIO DE LOS SIGNOS

78

Thomas A. Sebeok

12.

UMWELT

81

Giorgio Agamben

13.

ECOSEMIÓTICA

85

Winfried Nöth

PROGRAMA

En los umbrales de la semiosis. Una introducción a la semios Prof. Ariel Gómez Ponce

Secretaría de Asuntos Estudiantiles. Facultad de Lenguas, UNC.

Una introducción a la semios Prof. Ariel Gómez Ponce Secretaría de Asuntos Estudiantiles . Facultad de

Secretaría de Asuntos Estudiantiles Facultad de Lenguas Universidad Nacional de Córdoba

En los umbrales de la semiosis. Una introducción a la semiótica

Prof. Ariel Gómez Ponce ariel.gomezponce@fl.unc.edu.ar

FUNDAMENTACIÓN Las continuidades y las rupturas de las tradiciones semióticas instauradas a lo largo del siglo XX determinan diversos espacios de discusión sobre problemas vinculados a la producción de sentido, su circulación y su recepción cultural, como así también la construcción del sujeto, el problema del conocimiento y la dimensión ideológica en los objetos culturales y naturales. Al considerar la relevancia contemporánea en el estudio de las significaciones sociales, la semiótica como ciencia de la interpretación del sentido se nos presenta como un espacio cuyos aportes y alcances brindan lineamientos para reflexionar sobre la formación de discursividades constructoras de realidades y organizadoras de prácticas. A caballo de los dominios de la filosofía, la lingüística y la lógica y derivado hacia nuevos saberes interdisciplinares que incorporan anclajes antropológicos y biológicos, este fructífero campo ofrece instrumentos epistemológicos que permiten analizar el funcionamiento y la conformación de discursos en relación a la significación, el lenguaje y los comportamientos sociales. En este sentido, el presente curso pretende ser un aporte que indague sobre el panorama general del estatuto teórico de la semiótica, a partir de sus más antiguos y recientes interrogantes.

OBJETIVOS

Introducir en algunas de las categorías del campo de la semiótica con el objetivo de reflexionar sobre modos de significación cultural.

Presentar un panorama general de la semiótica en relación a sus orígenes, su continuidad y sus más recientes investigaciones.

Ofrecer herramientas de análisis que permitan el abordaje crítico de diversos objetos culturales en su conformación ideológica.

METODOLOGÍA La actividad se propone con modalidad de taller presencial (100% presencial) cuya orientación teórico-práctica se desarrollará en 5 encuentros (cuatro teórico-prácticos, uno evaluatorio), una vez por semana y de 4 horas reloj. El curso presentará una instancia evaluatoria final de carácter a través de la presentación oral de un análisis, aplicando algunas de las categorías teóricas revisadas. La emisión de certificados se contemplará con la asistencia al 80% de las clases desarrolladas y la aprobación de la evaluación final. El curso no presentará instancia evaluatoria. La emisión de certificados se contemplará con la asistencia al 80% de las clases desarrolladas.

CONTENIDOS

1. Signo. Definiciones e historia de la disciplina. Semiótica general, semióticas particulares: rupturas y continuidades en la tradición semiótica. El signo:

Ferdinand de Saussure, Charles S. Peirce y Thomas Sebeok.

- El signo en práctica: signos de la vida cotidiana y su carácter ideológico.

2. Texto/Comunicación. La Teoría de la Información y el modelo dinámico de la comunicación. Roland Barthes y el texto posestructural. Las propuestas

teóricas de Mijaíl Bajtín y Julia Kristeva: dialogismo, polifonía e intertextualidad. El texto y el arte como sistemas modelizantes.

- El texto en práctica: acerca de la fotografía y el videoclip como mecanismos intertextuales.

3. Mundo cultural. Modelos teóricos para el estudio de la complejidad cultural. La semiótica de la cultura: Iuri Lotman y el poliglotismo cultural. Acerca de la semiosfera: frontera, memoria e irregularidad semiótica.

- La cultura en práctica: traducciones y trasposiciones entre el cine y la literatura.

4. Mundo natural. Los umbrales de la semiótica: el paradigma biosemiótico, interrogantes y perspectivas. De la zoosemiótica a la antroposemiótica: la comunicación animal y la vida como acción de los signos. Acerca de la umwelt.

- La naturaleza en práctica: las series televisivas y la pregunta por lo animal.

BIBLIOGRAFÍA GENERAL ARÁN, Pampa y BAREI, Silvia (2009). Género, texto, discurso. Encrucijadas y caminos. Córdoba, Comunicarte. BAJTÍN, Mijaíl (1984). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Madrid, Alianza. BAJTÍN, Mijaíl (2008[1979]). Estética de la creación verbal. Buenos Aires, Siglo XXI. BAREI, Silvia [comp.] (2013). Semiótica de la cultura / Ecosemiótica / Biorretórica. Grupo de Estudios de Retórica. Ferreyra Editor, Córdoba. DALMASSO, María Teresa y ARÁN, Pampa [ed.] (2008). La semiótica de los 60/70. Sus proyecciones a la actualidad. Ferreyra Editor, Córdoba. ECO, Umberto (1994). Signo. Barcelona, Editorial Labor. ECO, Umberto (2013[1968]). La estructura ausente. Buenos Aires, Sudamericana. KULL, Kalevi et al (2011). The Space of Culture – the Place of Nature. Tartu, University of Tartu Press. KRISTEVA, Julia (1988). El lenguaje, ese desconocido. Introducción a la lingüística. Madrid, Editorial Fundamentos. KRISTEVA, Julia (2001[1969]). Semiótica I. Madrid, Editorial Fundamentos. LOTMAN, Iuri (1996). La Semiosfera I. Valencia, Frónesis Cátedra. SEBEOK, Thomas (1996). Signos. Una introducción a la semiótica. Barcelona, Paidós. SEBEOK, Thomas (2001). Global semiotics. Bloomington, Indiana University Press. VITALE, Alejandra (2004). El estudio de los signos: Saussure y Peirce. Buenos Aires, Eudeba. VOLÓSHINOV, Valentín (2009). El marxismo y la filosofía del lenguaje. Buenos Aires, Ediciones Godot. WARLEY, Jorge (2013). Entre semióticas. Bosques de signos, animales simbólicos. Buenos Aires, Biblos. ZECCHETTO, Victorino [coord.] (2012). Seis semiólogos en busca del lector. Buenos Aires, La Crujía.

LA SEMIÓTICA 1 Julia Kristeva

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. A lo largo de la presente exposición, y

A lo largo de la presente exposición, y sobre todo en los dos últimos capítulos, hemos tenido la ocasión de tratar algunos sistemas significantes (el sueño, el lenguaje poético) en tanto que tipos particulares de «lenguaje». Es obvio que el término de lenguaje está aquí empleado en un sentido que no corresponde al de lengua tal como lo describe la gramática, y con ésta no tiene en común sino el ser un sistema de signos. ¿Cuáles son esos signos? ¿Cuáles son sus relaciones? ¿Cuál es su diferencia con respecto a la lengua- objeto de la gramática? No se ha dejado de plantear tales problemas, con más o menos insistencia, desde los estoicos, luego la Edad Media con sus modi significando, a través de los Solitarios y su teoría lógica del signo, hasta los primeros «semiólogos» del siglo XVIII que se han ido encaminando hacia una teoría general del lenguaje y de la significación: Locke, Leibniz, Condillac, Diderot, etc. Pero los modi significandi de la Edad Media reflejaban y demostraban una teología transcendental que se había de adecuar a la lengua. Luego, los ideólogos del siglo XVIII, por el contrario, veían en el signo el lugar neurálgico del idealismo que quisieron recuperar para demostrar su arraigo a lo real y su realización en los sentidos de los sujetos libres de una sociedad organizada. La semiótica retoma, hoy por hoy, este proceder interrumpido después de la Revolución burguesa y ahogada por el historicismo hegeliano y el empirismo lógico-positivista. Al agregarle una interrogación de la matriz misma del signo, de los tipos de signos, de sus límites y de su tambaleamiento, la semiótica se convierte en el lugar en que la ciencia se cuestiona la concepción fundamental del lenguaje, del signo, de los sistemas significantes, su organización y su mutación. Al abordar estas cuestiones, la ciencia lingüística está inducida actualmente a revisar en profundidad su concepción del lenguaje. Pues, si varios sistemas significantes son posibles en la lengua, ésta ya no se presenta como un sistema sino como una pluralidad de sistemas significantes en que cada cual es un estrato de un vasto conjunto. Dicho de otro modo, el lenguaje de la comunicación directa descrito por la lingüística aparece cada vez más como uno de los sistemas significantes que se producen y se practican en tanto que lenguaje -palabra que deberíamos escribir, de ahora en adelante, en plural. Por otra parte, varios sistemas significantes parecen poder existir sin construirse necesariamente con la ayuda de la lengua o a partir de su modelo. Así, por ejemplo, la gestualidad, las diversas señales visuales, y hasta la imagen, la fotografía, el cine y la pintura, son tantos otros lenguajes en la medida en que transmiten un mensaje entre un sujeto y un destinatario, sirviéndose de un código específico sin que por ello obedezcan a las reglas de construcción del lenguaje verbal codificado por la gramática. Estudiar todos estos sistemas verbales o no verbales en tanto que lenguajes, es decir, en tanto que sistemas en que unos signos se articulan según una sintaxis de diferencias, tal es el objeto de una ciencia

vasta que a penas está empezando a formarse, la semiótica (de la palabra griega

Dos científicos, casi simultánea aunque independientemente uno del otro, han fijado la necesidad y los amplios marcos de esta ciencia: Pierce (1839-1914), en América y Saussure en Europa. Pierce, lógico y axiomático, edificó la teoría de los signos para asentar en ella la lógica. Escribía (1897) que la lógica, en un sentido general, es el otro nombre de la semiótica: una doctrina casi necesaria o formal de los signos, fundada sobre la observación abstracta y que debería acercarse, en sus realizaciones, al rigor del razonamiento matemático. La semiótica debería, pues, abarcar en un cálculo lógico al conjunto

σημεῖον
σημεῖον

, signo).

1 en Kristeva, Julia (1988). El lenguaje, ese desconocido. Una introducción a la lingüística. Madrid: Fundamentos.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. de los sistemas significantes y convertirse en ese

de los sistemas significantes y convertirse en ese «calculus ratiocinator» con el que soñaba Leibniz. Tendría tres partes: la pragmática, que implica al sujeto parlante; la semántica, que estudia la relación entre el signo y la cosa significada (designatum); y la sintaxis, descripción de las relaciones formales entre los signos.

En Saussure, el proyecto semiótico está más orientado hacia las lenguas naturales. «Se puede, pues, concebir una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social. Tal ciencia sería parte de la psicología social, y por consiguiente de la psicología general. Nosotros la llamaremos semiología (del griego semeion, signo). Ella nos enseñará en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los gobiernan. Puesto que todavía no existe, no se puede decir qué es lo que será aquélla; pero tiene derecho a la existencia, y su lugar está determinado de antemano. La lingüística no es más que una parte de esta ciencia general. Las leyes que la semiología descubra serán aplicables a la lingüística, y así es cómo la lingüística se encontrará ligada a un dominio bien definido en el conjunto de los hechos humanos. Al psicólogo toca determinar el puesto exacto de la semiología.» Por tanto, en la medida en que la lingüística adopta el concepto de signo «arbitrario» y piensa la lengua como un sistema de diferencias, hace que la semiología sea posible: en efecto, en función de la posibilidad para el sistema verbal de reducirse a unas marcas autónomas, Saussure prevé la lingüística como «modelo

general de toda semiología»; «

procedimiento semiológico; por eso la lengua, el más complejo y el más extendido de los sistemas de expresión, es también el más característico de todos; en este sentido la lingüística puede erigirse en el modelo general de toda semiología, aunque la lengua no sea más que un sistema particular». No obstante, Saussure señala que la semiología no podría ser aquella ciencia neutral, meramente

formal e incluso matematizada de manera abstracta como lo es la lógica y hasta la lingüística ya que el universo semiótico es el vasto dominio de lo social y explorarlo sería unirse a la investigación sociológica, antropológica, psicológica, etc. Por lo que la semiótica habrá de recurrir a todas aquellas ciencias y de conformarse en primer lugar una teoría de la significación antes de formalizar sus sistemas estudiados. La ciencia del signo resulta entonces inseparable de una teoría de la significación y del conocimiento, de una gnoseología. Hacia la década de los 20, el desarrollo de la lógica suscitó una corriente semiótica claramente formalizadora: hemos visto el ejemplo con la teoría semiológica de Hjelmslev (cf. página 237 sq.), pero halló su apogeo en los trabajos del Círculo de Viena, y más especialmente en la obra de R. Carnap, Construction logique. Si, hoy en día, la semiótica parece emprender otra dirección, aquella tendencia sigue estando activa. Citaremos entre los trabajos que proponen una teoría formal de la semiótica los de Ch. Morris. Para él, igual que para Cassirer, el hombre es menos un «animal racional» que «un animal simbólico», cogido en un proceso general de simbolización, o semiosis que Morris (Signification and Significance, 1964) define como sigue: «Semiosis (o el proceso de signo) es una relación de cinco tiempos —v, w, x, y, z — en que v provoca en w la disposición para reaccionar de una determinada manera x a

determinado objeto y (que no actúa entonces como estímulo) bajo determinadas condiciones z

v es

signo, w interpretador, x interpretante, y significación, z contexto». La semiótica, atenta a la enseñanza de Saussure, toma una orientación sensiblemente distinta. Primero, para construir los sistemas de las lenguas que aborda, coge como modelo a la lingüística y las diferentes maneras en que ésta ordena, estructura o explica el sistema del lenguaje. Advertimos ahora que, de la misma forma que lo indicó Saussure por lo demás, la lengua no es más que un sistema particular del universo complejo de la semiótica y las investigaciones prosiguen con vistas a sistematizar los lenguajes que no sean la lengua de la comunicación directa (el gesto, el lenguaje poético, la pintura, etc.), sin imitar forzosamente las categorías válidas para las lenguas de la comunicación ordinaria. Por otra

los signos enteramente arbitrarios son los que mejor realizan el ideal del

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. parte, como ya lo expresó Saussure, está claro

parte, como ya lo expresó Saussure, está claro que tal formalización de los sistemas significantes no puede constituirse como una mera matematización ya que el formalismo precisa una teoría para asegurar el valor semántico de sus marcas y de su combinación. Tocamos aquí el problema fundamental de las ciencias humanas tal y como se elaboran hoy. Si bien la reflexión en los distintos campos de la actividad humana tiende hacia una exactitud y un rigor sin precedente, intenta apoyarse sobre el más racionalizado de aquellos. Resulta que, entre las ciencias que tratan de la praxis humana, la lingüística se construyó la primera en tanto que ciencia exacta, limitando al máximo, como ya lo vimos, el objeto que se había propuesto estudiar. Sólo les queda, entonces, a las ciencias humanas transponer aquel método en los demás dominios de la actividad humana, empezando por considerarlos como unos lenguajes. Vemos que toda ciencia humana está vinculada, de modo implícito al menos, a la semiótica; o sea que la semiótica, en cuanto que ciencia general de los signos y de los sistemas significantes, impregna todas las ciencias humanas: la sociología, la antropología, el psicoanálisis, la teoría del arte, etc. (cf. Roland Barthes, Eléments de sémiologie. 1966). Pero, por otro lado, si bien, en un primer momento, se creyó que se podía prescindir de una teoría, proponiendo únicamente un esquema formal de las unidades, de los niveles y de las relaciones dentro del sistema estudiado —y ello ateniéndose lo más posible a tal o cual esquema tomado de la lingüística— resulta cada vez más evidente que la semiótica que no esté acompañada de una teoría sociológica, antropológica, psicoanalítica, se queda en una candida descripción sin gran fuerza explicativa. Las ciencias humanas no son unas ciencias en el sentido en que lo son la física o la química. En este caso, más valdría poner la palabra entre comillas (si nos referimos aquí a la operación teórica que funda las formalizaciones y pone las comillas). Efectivamente, una reflexión crítica acerca de los métodos de formalización tomados de la lingüística y de sus principios básicos (signo, sistema, etc.) puede llevarnos a una revisión de aquellas mismas categorías y a una reformulación de la teoría de los sistemas significantes, susceptibles de cambiar la orientación de la ciencia del lenguaje en general. Pues se ha adquirido por lo menos una cosa gracias al advenimiento de la semiótica: la reducción del objeto lenguaje que la lingüística moderna se ha confeccionado, aparece con toda su estrechez y sus insuficiencias. Y, una vez más —como si volviéramos a la época en que el lenguaje significaba una cosmogonía ordenada— el pensamiento aprehende a través de un lenguaje compacto una realidad compleja. Aunque esta vez la ciencia está presente en la exploración

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. THOMAS A. SEBEOK Y LA CIENCIA DE LOS

THOMAS A. SEBEOK Y LA CIENCIA DE LOS SIGNOS 2 Marcel Danesi

Los signos —cualquier marca, movimiento corporal, símbolo, signo, etc., utilizados para transmitir pensamientos, información, órdenes, etc.— son la base del pensamiento humano y de la comunicación. No es muy conocido que la ciencia de los signos, la semiótica, surgió a partir de los intentos de los primeros médicos del mundo occidental de comprender cómo funciona la interacción entre el cuerpo y la mente en dominios culturales específicos. En realidad, en su uso más antiguo, el término semiótica se aplicaba al estudio del modelo observable de síntomas psicológicos inducidos por enfermedades particulares. Hipócrates (4607-377? a.C.) —fundador de la ciencia médica— vislumbró las formas en las que un individuo de una cultura específica manifestaría y relacionaría la sintomatologia asociada a una enfermedad como la base sobre la que se emitiría una diagnosis apropiada y después se formularía una prognosis adecuada. El médico Galeno de Pergamo (1307-200? d.C.) también se refería a la diagnosis

como un proceso de semiosis. En Italia el término semeiotica sigue, de hecho, utilizándose para referirse al estudio de los síntomas. Poco después la utilización de Hipócrates del término semeiosis para referirse a la representación cultural de los signos sintomáticos que en la época de Aristóteles (384-322 a.C.) venía a significar la «acción» de un signo en sí misma, o el acto correlativo de la interpretación del signo. Así, desde los albores de la civilización hasta nuestros días, siempre se ha reconocido en la cultura occidental —al menos implícitamente— que existe una conexión intrínseca entre el cuerpo, la mente y la cultura, y que el proceso que une estas tres dimensiones de la existencia humana es la semiosis, la producción y la interpretación de los signos. La raison d'étre de la semiótica es, argüiblemente, investigar

si la realid ad puede existir o no independientemente de "r los códigos significativos que los seres humanos

crean para representarla y pensarla. ¿Es el universo físico una gran máquina que opera según leyes naturales que pueden ser descubiertas por la razón humana? ¿O, al contrario, es todo «allí fuera» solamente una construcción de la mente humana que se proyecta a sí misma sobre el mundo de las sensaciones y percepciones? Aunque dar respuesta a esta pregunta fundamental nunca será del todo posible, una de las ramas importantes de la investigación en busca de una respuesta ha sido indagar de

forma sistemática cómo se interrelacionan los productos de la mente y los procesos naturales del cuerpo.

Y nadie ha investigado esta cuestión más productiva e intensamente que el autor del presente volumen,

Thomas A. Sebeok, uno de los más grandes estudiosos de la semiótica de este siglo. La semiótica es el término comúnmente utilizado para referirnos al estudio de la capacidad innata de los seres humanos para producir y comprender signos de todas clases (desde los que pertenecen a simples sistemas de signos psicológicos hasta aquellos que revelan una estructura simbólica altamente compleja).

La etimología del término se rastrea en la palabra griega sema «signo marca», que es también la raíz del término afín semántica, «el estudio del significado». En todas las conceptualizaciones más importantes de

la semiosis, los componentes primarios de este proceso mental son el signo (una imagen representativa o

icono, una palabra, etc.) el objeto referido (que puede ser concreto o abstracto) y el significado que resulta cuando el signo y el objeto se unen por asociación. Parece que el sistema cognitivo humano opera en la base de este nexo triádico. En efecto, actualmente muchos semióticos afirmarían que sirve de base a la estructura misma de la mente. Así, por ejemplo, la palabra gato es un signo verbal que sirve para relacionar el animal (su objeto) con el significado «gato» (el mamífero carnívoro doméstico con uñas

2 en Sebeok, Thomas (1996). Signos. Una introducción a la semiótica. Barcelona: Paidós.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. retráctiles que mata ratones, ratas, etc.). De forma

retráctiles que mata ratones, ratas, etc.). De forma similar, el uso del dedo índice para señalar un objeto en una habitación produce una relación existencial concreta de significación entre el llamado signo indexical (el dedo que señala) y el objeto. Siguiendo al matemático Charles Sanders Peirce, la mayor parte de los semióticos añaden ahora la noción de interpretante al proceso de semiosis. Éste es el término de Peirce para la interpretación particular del individuo sobre la interpretación de la relación triádica que es inherente a la semiosis. Una de las contribuciones más significativas a la teoría de la semiosis ha sido el sostener de forma convincente que este proceso es inherente a la habilidad innata de la mente para transformar las impresiones de los sentidos en modelos experienciales recordables. Aunque todas las especies participan por instinto en el universo experimental, los humanos están particularmente bien dotados de la capacidad de modelar cognoscitivamente sus impresiones sensoriales. Cuando estas transformaciones de nuestras experiencias corporales se codifican en signos y en sistemas de signos, se transforman permanentemente en forma de unidades cognoscitivas, fenomenológicamente libres de sus unidades psicológicas de aparición. En efecto, el trabajo de Sebeok sobre semiosis lo ha hecho posible, más que nunca, al relacionar el mundo de la experiencia corporal con el mundo de la abstracción y el pensamiento, al haber demostrado que este último es una forma de «expansión» evolutiva del primero. Si tuviera que resumir en una frase lo que Thomas A. Sebeok ha enseñado a toda una generación de semióticos, escogería la siguiente: nos ha demostrado que la vida es semiosis. Su tetralogía de libros publicados en aproximadamente una década —Contribu-tions to the Doctrine of Signs (1976), The Sign and Its Masters (1979), The Play of Musement (1981), y I Think I Am a Verb (1986)— nos ha demostrado cómo trabaja la semiosis en la especie humana. También se han convertido en clásicos contemporáneos en este campo. La preocupación de Sebeok se centra en todos los seres vivos; y, por esta razón, incluso las cuestiones filosóficas más complejas son para él dignas de la atención de todos los seres humanos. Es, en primer lugar, por su extraordinario dominio de la lengua por lo que consigue una gran audiencia. Su lenguaje convierte siempre los temas complicados en comprensibles. Su sentido del humor imbuye su prosa de entusiasmo y vivacidad. Sus libros son al mismo tiempo entretenidos y reflexivos; útiles para los estudiantes y para los eruditos al mismo tiempo; y para los semióticos profesionales se han convertido en las coordenadas que delimitan todo el terreno de la semiótica teórica y metodológica. En una palabra, él ha desmitificado la semiótica y la ha convertido en el método de investigación científica más ampliamente conocido y aceptado dentro de las ciencias behavioristas, cognitivas y sociales.

El tratamiento de Sebeok documenta las manifestaciones de semiosis en especies muy diferentes (desde las termitas hasta los humanos) y nos lleva a la conclusión de que la habilidad del cerebro para manufacturar signos es una estrategia de supervivencia básica en todas las formas de vida. En los seres humanos la persistencia del modo de pensamiento ¡cónico sugiere que ese concepto surge como representación mimética u osmótica del entorno físico. Este, al principio, está ligado a las operaciones de nuestro aparato sensorial. Es únicamente después de haberse convertido en rutinarias a través de la difusión cultural, cuando éstas se liberan del control sensorial y adquieren una cualidad abstracta. Para Sebeok, la iconicidad se centra en la respuesta del organismo humano al mundo. De la misma forma que el gran biólogo Jakob von Uexküll—cuyo «descubrimiento» por parte de los científicos norteamericanos es debido en buena parte a los esfuerzos de Sebeok—, Sebeok encuentra un punto de contacto entre una aproximación primordialmente científica al estudio de los organismos —la biología— y la de la tradición estrictamente semiótica. Para Von Uexküll cada organismo tiene diferentes «vidas» interiores y exteriores. La clave para la comprensión de esta dualidad se encuentra en la estructura anatómica del propio organismo. Animales dé anatomías divergentes no viven el mismo tipo de mundo. No existe, por tanto, un mundo de objetos comunes compartidos por los animales y los seres humanos de igual manera. El trabajo

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. de Von Uexküll y de Sebeok ha demostrado

de Von Uexküll y de Sebeok ha demostrado que un organismo no percibe un objeto en si mismo, sino de acuerdo con su particular tipo de Bauplan, el sistema de modelización mental preexistente que le permite interpretar el mundo de los seres, objetos y acontecimientos de forma biológicamente programada. Para Sebeok, este sistema forma parte del cuerpo del organismo, que, de forma rutinaria, convierte el mundo exterior de la experiencia en uno interior de representación en términos de hechos particulares del Bauplan con el que una especie específica está dotado. Sebeok ha transformado la semiótica en una ciencia de la vida, al Haberla devuelto a sus raíces de la biología médica. En otras palabras, ha arrancado la semiótica del terreno filosófico, lingüístico y hermenéutico en el que ha sido cultivada durante siglos y la ha trasladado al dominio de la biología, de donde procedía originalmente. La aproximación biológica de Sebeok es inherente a una perspectiva que pretende investigar cómo todos los animales están dotados genéticamente de la capacidad de utilizar las señales básicas y los signos para sobrevivir, y cómo la semiosis humana es al mismo tiempo similar y diferente de esta capacidad. Sebeok destila elementos rudimentarios de la semiosis de la realidad viva para así establecer una taxonomía de nociones; principios y procedimientos para comprender la unidad de la semiosis humana. El resultado es un programa para el estudio de la semiosis humana como capacidad biológica que transforma las respuestas sensoriales básicas y las motivadas afectivamente en un mundo de modelos mentales. Los signos se fraguan en el interior del organismo humano como extensiones del sistema de respuesta del cuerpo. No importa cuan extraña o inverosímil sea la forma de las criaturas que pudieran habitar planetas extraños, las reconoceríamos igualmente como animales. La base fundamental para este reconocimiento es que se sabe que van a dar «señales de vida». No existe la menor duda de que el lector encontrará la obra de Sebeok; comparada con la dé otras grandes figuras de la semiótica, divertida y de fácil lectura. En la base de su gran habilidad para transmitir este sentimiento de alegría se encuentra un profundo conocimiento de la semiosis. Al haber transformado el estudio de la semiosis en una ciencia de la vida, Sebeok ha desplegado la naturaleza de la investigación semiótica y ha suscitado cada vez más el interés de las ciencias behavioristas, del conocimiento y sociales. La aproximación de Sebeok ha hecho posible buscar respuestas a preguntas tales corrió: ¿está la mente construida sobre la base de la semiosis? ¿Es el cerebro un órgano semiósico? ¿Hasta qué punto están interconectadas las especies específicas, o Bauplansl Como afirma a lo largo de todo el libro, una semiótica basada en la biología nos permitirá entrever de qué manera se une el cuerpo con la mente para producir signos, mensajes, pensamientos y, por último, la conducta cultural.

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LA TEORÍA SEMIOLÓGICA DE SAUSSURE 3 Victorino Zechetto

LA TEORÍA SEMIOLÓGICA DE SAUSSURE 3 Victorino Zechetto 1. La lingüística y su evolución histórica Para

1. La lingüística y su evolución histórica

Para comprender el pensamiento de F. de Saussure, es preciso recordar que el campo específico de su trabajo fue la lingüística; en consecuencia, hay que juzgar su obra dentro de ese ámbito. Conviene, además, recordar a grandes rasgos la historia evolutiva de la ciencia lingüística. Esta se desarrolló a través de cuatro etapas que aquí vamos a enumerar muy sintéticamente. En sus comienzos, la lingüística era una disciplina normativa, y se la llamaba gramática, porque se ocupaba únicamente de dar reglas para distinguir las formas correctas e incorrectas del lenguaje. Ya los griegos habían sentado las bases de esos estudios y. en los tiempos modernos, fue sobre todo la escuela francesa la que más desarrolló los temas gramaticales. Después apareció la filología, preocupada por estudiar la estructura y evolución del lenguaje y sus aspectos estilísticos y formales. Este movimiento científico fue creado por Friedrich August Wolf a partir de 1777. La filología fue ampliando sus intereses: no sólo se ocupó de interpretar y comentar los textos, sino que estudió la historia literaria, las costumbres y las instituciones de las lenguas. Su método peculiar fue la crítica, especialmente de las obras antiguas griegas y romanas. El tercer período empezó cuando se descubrió que se podían comparar las lenguas entre sí. Surgió entonces la filología o gramática comparada. En 1816, Franz Bopp, en una obra impresionante, estudió las relaciones que unían lenguas como el sánscrito, el griego, el latín y el alemán. Junto a Bopp, otros estudiosos tuvieron el mérito de inaugurar ese nuevo campo de investigación. Pero hacia 1870, algunos comenzaron a preguntarse acerca de las condiciones de vida de las lenguas. Iba naciendo así la lingüística propiamente dicha, cuyo especial interés fueron las lenguas romances y germánicas. Un primer impulso lo dio el estadoudinense Whitney con su libro Life and Grown of Language (1875). Casi a continuación se creó la escuela alemana Junggrammatiker. Su mérito consistió en ubicar en una perspectiva histórica todos los resultados comparativos y dar razones de los errores e insuficiencias de la filología clásica. En este contexto histórico aparecen las reflexiones de Saussure, que problematizaron el conjunto de la lingüística de su tiempo y, a la vez, arrojaron luz para dar origen a la moderna ciencia del lenguaje. A Saussure se lo puede considerar, entonces, como el iniciador de la moderna lingüística.

2. Lingüística y semiología

Saussure manifestó interés en profundizar el estudio del lenguaje para que éste pudiera aparecer coherente, y clara su comprensión como sistema. Asumió una actitud científica que, en esa época, era la que había propuesto Darwin: "Cada tesis, aún la más acreditada, debe ser revista como hipótesis, y cada hipótesis como una posible tesis". En su libro Mémoire sur les voyelles, Saussure demostró claramente la solidez científica de sus análisis.

3 en Zechetto, Victorino [coord.] (2012). Seis semiólogos en buscar del lector. Buenos Aires: La Crujía.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Con ese peculiar espíritu de investigación elaboró, pues,

Con ese peculiar espíritu de investigación elaboró, pues, algunos importantes principios que debían sustentar sus estudios del lenguaje. Abordó los diferentes problemas semiológicos en la medida en que estaban relacionados con la ciencia lingüística. Tanto su método de análisis como sus reflexiones las planteó como parte de esa disciplina que consideraba el lenguaje como un sistema en sí, como objeto científico ya establecido. Uno de las primeras cuestiones que Saussure analiza es de orden "epistemológico", o sea, en relación con el modo de concebir el fundamento del estudio lingüístico. Era común en su tiempo pensar que las lenguas son nomenclaturas, esto es, un catálogo de nombres y palabras que simplemente designan a las cosas o estados del mundo. Esta postura científica no tomaba suficientemente en cuenta el hecho de que una lengua es un sistema y, por lo tanto, un conjunto interrelacionado de partes donde cada elemento está distribuido y organizado para accionar en forma unificada. Saussure postula pensar el sistema de la lengua como parte de la ciencia general que estudia los signos, y que él llamó "semiología". Afirmó al respecto:

"La lengua es un sistema de signos que expresan ideas, y por tanto, comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, a los ritos simbólicos, a las formas de urbanidad, a las señales militares, etc. Sólo que es el más importante de esos sistemas. Puede por tanto concebirse una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la sociedad; formaría una parte de la psicología social y, por consiguiente, de la psicología general; la denominaremos semiología (del griego semeion, 'signo'. Ella nos enseñaría en qué consisten los signos, qué leyes los rigen. Puesto que todavía no existe, no puede decirse lo que será; pero tiene derecho a la existencia, su lugar está determinado de antemano."

Cabe destacar esta novedad, pues abrió el camino a posteriores intuiciones de otros lingüistas. Al considerar la lengua dentro del sistema más vasto y general de los signos, Saussure la instala todo semiológico, y todos nuestros análisis deben su significación a ese importante hecho. Si se quiere

descubrir la verdadera naturaleza de la lengua, hay que captarla primero en lo que tiene de común con

Con ello, no solamente se esclarecerá el problema

lingüístico, sino que pensamos que considerando los ritos, las costumbres, etc. como signos, tales hechos aparecerán bajo otra luz, y se sentirá la necesidad de agruparlos en la semiología y de explicarlos por las leyes de esta ciencia." Otro aspecto de importancia semiológica estudiado por Saussure lo constituye la elaboración de una serie de antinomias metodológicas aptas para investigar la estructura del lenguaje. Se trata de "distinciones" a modo de dualidades en relación dialéctica, cuya función consiste en dar razón de la realidad compleja del objeto lingüístico. Esas clasificaciones dicotómicas" son:

todos los demás sistemas del mismo orden. (

)

Lengua - Habla Significante - Significado Arbitrario (inmotivado) - Racional (motivado) Sintagma - Paradigma Sincronía - Diacronía

Estas antinomias u oposiciones van siempre unidas y combinadas; ellas permiten concebir los fenómenos lingüísticos desde una perspectiva dinámica y relacional, y le otorgan, además, "unidad evolutiva" a la organización y funcionamiento de las lenguas.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Con estos postulados, Saussure se coloca entre los

Con estos postulados, Saussure se coloca entre los pioneros fundadores de la moderna ciencia de la semiología. A pesar de las escasas horas que le concedieron en Ginebra a su cátedra de lingüística general al asumirla en 1906, sus alumnos pudieron percibir de inmediato la gran novedad que constituía su pensamiento, lo que motivó que algunos de ellos, después de la muerte del maestro, decidieran recoger sus ideas y publicarlas. En efecto, Saussure no había dejado ninguna exposición escrita leñada y regular de sus lecciones impartidas en la Universidad.

A continuación presentaremos en forma resumida los conceptos semiológicos más importantes del

sistema saussureano, para que sirvan a los estudiantes a introducirse en su pensamiento.

3. La lengua y el habla

Una de las primeras distinciones que hace Saussure es entre lengua y habla. Partiendo de la constatación de que el lenguaje es "una institución humana", pero sin ninguna relación natural con su objeto (es un puro consenso social y esto lo demuestra la variedad de lenguas existentes), concluye que su estudio sólo es posible mediante la observación directa de las lenguas que hablan las personas, esto es, del habla. El habla es el lenguaje en acción, es la ejecución individual de cada hablante. Otra cosa distinta es la lengua, es decir, la estructura, el mecanismo, los códigos referenciales que usan los individuos para hablar, sin los cuales no sería posible el habla. Dice Saussure:

"Al separar la lengua del habla se separa al mismo tiempo: 1) lo que es social de lo que es individual; 2) lo que es esencial de lo que es accesorio y más o menos accidental."

En ese mismo apartado, un poco más adelante, Saussure especifica algunos caracteres de la lengua. Vale la pena señalar tres:

1. La lengua es un objeto bien definido en el conjunto heterogéneo de los hechos de lenguaje. Es la parte social del lenguaje, exterior al individuo, que por sí solo no puede ni crearla ni modificarla; sólo existe en virtud de una especie de contrato establecido entre los miembros de la comunidad. 2. La lengua, distinta del habla, es un objeto que se puede estudiar separadamente Ya no hablamos las lenguas muertas, pero podemos asimilarnos perfectamente su organismo lingüístico. La lengua es no menos que el habla, un objeto de naturaleza concreta, y ello constituye una gran ventaja para su estudio."

La constatación de esta primera dualidad -habla y lengua- tiene subyacente la perspectiva histórica. En

efecto, una vez fijadas las reglas de la lengua, los cambios constantes que se verifican en el habla de los

pueblos -por ejemplo- en la fonación de ciertas palabras, se producen aparentemente sin explicación. Observa Saussure al respecto: "No se ve por qué una generación se pone de acuerdo para quedarse con unas inexactitudes excluyendo otras, siendo todas igualmente naturales".

que explicarían por

qué "las lenguas atraviesan épocas más movidas que otras", pero se muestra escéptico en atribuirle un rol activo a la historia en esas vicisitudes:

Y a continuación se detiene en analizar algunos fenómenos (políticos, sociales

)

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. "Nada autoriza a admitir que las épocas agitadas

"Nada autoriza a admitir que las épocas agitadas de la historia de una nación correspondan evoluciones precipitadas de los sonidos de un idioma." Pero entonces, ¿por qué se producen los cambios? Y responde: "Ese es, tanto para los cambios fonéticos como para los de la moda."

Al introducir la noción de lengua y habla, Saussure pretende eliminar también la ambigüedad que provoca el uso de la palabra lengua, cada vez que ésta debe concretizarse en los actos del habla. Todos los que hablan cierto idioma (español, inglés, ruso o árabe) tienen en común una "lengua" (un sistema), pero ella se manifiesta de diferentes modos en los actos del "habla". La relación entre las lenguas y las palabras es muy compleja; todos los enunciados producidos al hablar un idioma, dejando de lado las variaciones individuales, pueden ser descritos según un conjunto (te reglas y de relaciones con características estructurales comunes. En síntesis, la lengua es la estructura y la armazón del sistema de un idioma, mientras que la práctica de los hablantes es efectivamente el habla.

4. El signo es un compuesto de significante y significado

El signo es una "díada", es decir, un compuesto de dos elementos íntimamente conexos entre sí: la

representación sensorial de algo (el significante) y su concepto (el significado), ambas cosas asociadas en

nuestra mente: "un signo lingüístico entidad psíquica de dos caras".

es por tanto una

une un concepto con la imagen acústica (

),

"La lengua es comparable todavía a una hoja de papel: el pensamiento es el recto y el sonido el verso: no se puede cortar el recto sin cortar al mismo tiempo el verso, asimismo, en la lengua no se podría aislar ni el sonido del pensamiento, ni el pensamiento del sonido."

sonido del pensamiento, ni el pensamiento del sonido." Saussure cita el ejemplo de la palabra "árbol"

Saussure cita el ejemplo de la palabra "árbol" para enseñar que "llamamos signo a la combinación del concepto y de la imagen acústica", o sea, a la unión de la idea de árbol con el término árbol, pero reconoce en seguida que corrientemente se llama signo sólo a la parte sensorial, para abarcar la totalidad, o sea, también el concepto. Luego, con el propósito de aclarar mejor la comprensión del signo, agrega lo siguiente:

"Nosotros proponemos conservar la palabra signo para designar la totalidad, y reemplazar concepto e imagen acústica respectivamente por significado y significante; estos últimos términos tienen la ventaja de señalar la oposición que les separa, bien entre s/ bien de la totalidad de que forman parte."

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. En síntesis, el signo lingüístico toma consistencia al

En síntesis, el signo lingüístico toma consistencia al vincular entre sí dos aspectos de un mismo fenómeno: el elemento fónico-acústico y el concepto asociado con él.

5. La arbitrariedad del signo y su valor

¿En base a qué principio se unen los significantes con sus respectivos significados? Sencillamente, por una operación arbitraria:

"El lazo que une el significante y el significado es arbitrario, o también, ya que por signo entendemos la totalidad resultante de la asociación de un significante a un significado, podemos decir más sencillamente que el signo lingüístico es arbitrario."

Tomemos como ejemplo el sustantivo español "perro": el significado que le asignamos es una convención arbitraria, ya que no existe relación fónica ni gráfica que enlace la idea de perro con esa palabra. Se trata de un enlace no natural, sino arbitrario, diría Saussure. Podemos cambiar de significante y usar otros códigos lingüísticos (en inglés "dog", en alemán "hund", en italiano "cañe", en francés "chien") y nos encontraremos siempre con el mismo principio de enlace arbitrario, carente de toda relación natural entre la idea de "perro" y su expresión idiomática. La constatación de la arbitrariedad del signo le permite a Saussure afirmar que "la lengua no puede ser más que un sistema de valores puros" donde cada signo toma consistencia por su relación de oposición a otro. El valor es "un sistema de equivalencias entre cosas de órdenes diferentes". Si digo "mar", en el sistema de la lengua española, opongo esa palabra a cualquier otro signo de valor distinto. Bastaría que en lugar de la r final pusiéramos una / ( = "mal"), para indicar una realidad totalmente distinta. Es esa diferenciación establecida arbitrariamente la que sustenta los valores lingüísticos dentro del sistema general de la lengua. No hay que pensar, sin embargo, que la noción de valor lingüístico es sinónimo de significado:

"El valor considerado en su aspecto conceptual, es sin duda un elemento de la significación Sin embargo, es menester poner en claro esta cuestión, so pena de reducir la lengua a una

simple nomenclatura, (

1. Por una cosa desemejante susceptible de ser cambiada por otra cuyo valor está por determinar. 2. Por cosas similares que se pueden comparar con aquella cuyo valor está en cuestión. Se

necesitan estos dos factores para la existencia de un valor (

por alguna cosa desemejante: una idea; además, puede ser comparada con algo de igual

naturaleza: otra palabra. (

sólo de una significación, sino también y sobre todo de un valor, lo cual es muy distinto."

Dado que forma parte de un sistema la palabra está revestida no

Una palabra puede ser cambiada

) Todos los valores

están siempre constituidos:

)

)

Saussure concluye diciendo que los valores lingüísticos desbordan la simple significación asignada de antemano a los términos, porque ellos "emanan del sistema". Sin embargo, percibe también que lo arbitrario del lenguaje tiene límites "racionales", es decir, contiene elementos convencionales establecidos por alguna motivación. La relación entre esos dos polos (lo arbitrario y lo ordenado con cierto grado de motivación), permite comprender mejor el sistema lingüístico, ya que es "un mecanismo complejo que sólo se puede captar mediante la reflexión".' 6 Ese fenómeno -opina Saussure- tiene una naturaleza relacional (hoy diríamos "dialéctica"), porque el lenguaje es una mezcla y tensión de elementos arbitrarios y racionales:

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. "Todo lo que se refiere a la lengua

"Todo lo que se refiere a la lengua como sistema exige, en nuestra opinión, ser abordado desde este punto de vista, que apenas llama la atención de los lingüistas: la limitación de lo arbitrario. Es la mejor base posible. En efecto, todo el sistema de la lengua se apoya en el principio irracional de lo arbitrario del signo que, aplicado sin restricción, desembocaría en la complicación suprema; pero el espíritu consigue introducir un principio de orden y de regularidad en ciertas partes de la masa de los signos, y ése es el papel de lo relativamente motivado. Si el mecanismo de la lengua fuera completamente racional, podría ser estudiado en sí mismo; pero como no es más que una corrección parcial de un sistema naturalmente caótico, se adopta el punto de vista impuesto por la naturaleza misma de la lengua, estudiando ese mecanismo como una limitación de lo arbitrario."

6. El signo: fenómeno inmutable y cambiante

Debe quedar claro que, a pesar del carácter arbitrario de los signos lingüísticos, no es lícito concluir que ellos dependan de caprichos personales o que puedan ser cambiados a gusto individual. Toda lengua es un bagaje cultural perteneciente a la sociedad que se transmite de generación en generación. Cada ser humano que nace aprende a hablar y asume un idioma ya presente A Institucionalizado en el grupo social. La lengua tiene, pues, un carácter dado y fijado de antemano; en ella, a cada signo se le ha dado un significado que es preciso mantener para poder entenderse en la sociedad. Además, un idioma es un sistema complejo Cuya variación es muy difícil de lograr, y no depende del deseo de Individuos aislados. La necesidad de comunicación excluye los cambios repentinos de la lengua y la gente se resiste a las modificaciones bruscas de su idioma. Saussure observa que "cada pueblo está generalmente satisfecho de la lengua que ha recibido" y esto explica también por qué los signos lingüísticos tienden a mantenerse

fijos. Por lo tanto, es el factor histórico de transmisión lo que "explica por qué es inmutable el signo, es

decir, por qué resiste a toda substitución arbitraria". (

porque está unida al peso de la colectividad, lo es también porque está situada en el tiempo. Estos dos hechos son inseparables. En todo momento la solidaridad con el pasado pone en jaque la libertad de elegir." Saussure constata, sin embargo, que el carácter social de la lengua la hace un fenómeno histórico y con la historia mantiene relaciones recíprocas, hasta tal punto que, por ejemplo: "las costumbres de una nación tienen repercusión en su lengua y, por otro lado, en gran medida es la lengua la que hace la nación". Lo mismo sucede con el devenir político: "Grandes hechos históricos como la conquista romana, tuvieron un alcance incalculable para una multitud de hechos lingüísticos". Por consiguiente, vista desde el exterior, la lengua aparece con carácter cambiante, vinculada a los fenómenos sociales que la afectan constantemente. Cada lengua se desenvuelve dentro de una corriente social, histórica y geográfica que le imprime un carácter absolutamente dinámico. Son esas vicisitudes históricas y la evolución cultural las que van modificando las palabras, los sentidos y las expresiones, y convierten la lengua en un fenómeno móvil

"Si la lengua tiene un carácter de fijeza, no es sólo

)

y cambiante. Saussure observa:

"El tiempo, que asegura la continuidad de la lengua, posee otro efecto, contradictorio en apariencia con el primero: el de alterar más o menos rápidamente los signos lingüísticos. En cierto sentido, puede hablarse a la vez de la inmutabifdad y de la mutabilidad del signo."

El caso más espectacular de este fenómeno se ha dado con el latín, que sufrió profundas modificaciones a lo largo de los siglos, hasta dar origen a numerosas "lenguas romances" que se hablan hasta nuestros días.

7. La sincronía y la diacronía

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Una de las más importantes distinciones conceptuales

Una de las más importantes distinciones conceptuales introducidas por Saussure tiene que ver con la que se establece en relación con el tiempo, y que él llamó el estudio diactrónuo y sincrónico de la lengua. El análisis diacrónico describe la evolución histórica de un idioma a lo largo del tiempo, mientras que el estudio sincrónico se detiene en analizar el estadio particular de ese idioma en un determinado período. Durante el siglo XIX abundaban los estudios diacrónicos. Por eso, Saussure llamó la atención sobre la importancia de tomar en consideración la lengua en su concreción temporal, o sea, en su dimensión sincrónica. Esta terminología resultó útil y fecunda para la lingüística. El carácter histórico y social de la lengua, su inmutabilidad y su mutabilidad, se comprenden aún mejor desde el punto de vista de la ley de la sincronía y diacronía. Saussure dice que para comprender el funcionamiento de las leyes de una lengua primero hay que "separar las esferas de lo sincrónico de lo diacrónico". ¿En qué consisten esas esferas? En considerar el sistema de la lengua situado sobre dos ejes:

“1. el eje de la simultaneidad, que se refiere a las relaciones entre cosas coexistentes, donde toda intervención del tiempo queda excluida; 2. el eje de las sucesiones, en el que nunca se puede considerar más que una cosa por vez, pero en el que están situadas todas las cosas del primer eje con sus cambios."

Tomar en cuenta y distinguir estos dos ejes lingüísticos resulta esencial para estudiar la lengua, ya que el valor de los signos debe ser considerado en función del tiempo, es decir, deben apreciarse simultáneamente su organización y uso en el sistema actual, o sea, lo que constituyen los hablantes en un momento dado, y también la evolución de su estructura a lo largo de los años y de las épocas históricas.

"Para señalar mejor esta oposición y este cruzamiento de dos órdenes de fenómenos relativos al mismo tiempo, preferimos hablar de lingüística sincrónica y de lingüística diacrónica. Es sincrónico todo lo que se refiere al aspecto estático de nuestra ciencia, y diacrónico todo lo que tiene que ver con las evoluciones. Asimismo sincronía y diacronía designarán respectivamente un estado de lengua y una fase de evolución."

un estado de lengua y una fase de evolución." En síntesis, para Saussure, la sincronía y

En síntesis, para Saussure, la sincronía y la diacronía son categorías que permiten abarcar el estudio de la lengua, primero en su aspecto más concreto, como hecho social dinámico en el que los sujetos hablantes son los protagonistas (sincronía), y luego en la perspectiva diacrónica, es decir, como un sistema en el cual se hallan los esquemas estructurados, formales, teóricos y estables que dicha lengua fue

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. asumiendo a lo largo del tiempo es fácil

asumiendo a lo largo del tiempo es fácil percibir cuan cercanas y relacionadas están estas ideas con sus anteriores distinciones sobre la lengua y el habla. Saussure compara el sistema de la lengua al juego de ajedrez, donde cada movida dispone las piezas de forma nueva en el tablero, dando lugar a una red de relaciones cada vez diferente. La sincronía corresponde a la disposición de las piezas en una determinada partida, mientras que la sincronía es la teoría del juego que da unidad a las unidades sincrónicas.

teoría del juego que da unidad a las unidades sincrónicas. Conclusión: el aporte de Saussure La

Conclusión: el aporte de Saussure

La figura de Saussure resalta, en primer lugar, porque se lo suele reconocer como "el padre" de lo que hoy llamamos "semiología", aquella disciplina que él describió como "la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la sociedad". De él arrancan, pues, los estudios e investigaciones del siglo XX sobre los signos y la semiótica en general. La presencia de su pensamiento se dejó sentir en el campo de la semiología bajo diversos aspectos. Estos son, a nuestro juicio, los principales aportes de su investigación:

a. Su análisis del signo Si hubiera que señalar la diferencia fundamental que existe entre Saussure y Peirce, habría que decir que el semiólogo suizo pone atención en simplificar los principios de la producción del signo, mientras que Peirce siempre multiplica sus categorías. La teoría del signo elaborada por Saussure no es tan sólida y completa como la de Peirce, que la trabajó con mayor profundidad. Saussure dedicó poco tiempo al tema y su interés por reflexionarlo estuvo determinado por su afán de ponerlo al servicio de sus investigaciones sobre el lenguaje: nunca pensó hacer un estudio sobre el signo con el objeto de construir una específica teoría del mismo. Es a partir de esta premisa que debemos entender todo lo que él dice al respecto. Pero debemos reconocer que su descripción del signo es la más conocida y divulgada, al menos hasta el presente. El concepto saussureano de "signo" como entidad de doble faz (significante - significado) ahondó sin duda una polémica que, entre los lingüistas, se había iniciado muchos años antes. Recordemos que, en el ambiente científico en que se movía Saussure, Peirce era desconocido. En consecuencia, las ideas del teórico norteamericano no influyeron en la polémica lingüística europea de esa época, marcada además por la naciente ciencia psicológica y por la sociología de Emile Durkheim (1858-1917). Saussure tuvo que ver, entonces, con la discusión acerca de lo que, en definitiva, debía llamarse "signo". Para él no era sólo una cuestión terminológica, sino que tocaba la naturaleza y los componentes mismos del fenómeno. Destacó el papel del significante como aquel objeto que nuestra mente percibe ocupando el lugar de "otra cosa" para significarla. Esta visión del signo resultó importante y capital para el esclarecimiento del concepto, aunque hay quienes le critican que su idea de signo está impregnada de "psicologismo", o sea, de aparecer más como una pura entidad de la mente que un fenómeno con un sostén objetivo.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. La discusión en torno a este argumento confluye

La discusión en torno a este argumento confluye sobre las va-das apreciaciones acerca de los componentes que integran el ente "que está en lugar de otra cosa". En efecto, la posibilidad de asignar a un único significante varias imágenes mentales o conceptos nos está diciendo que el signo es una realidad ambigua. De ahí la dificultad de darle un nombre adecuado al signo mismo y la imposibilidad de que todos coincidan en el modo de entender los elementos que lo integran. Hemos visto, por ejemplo, cómo Peirce utilizó indistintamente los términos signo o representamen y con ellos tendía, hasta cierto punto, lo mismo que Saussure cuando se feria al significante. El lingüista ruso Hjelmslev denomina expresión al significante; en cambio, el semiólogo norteamericano Charles Morris (1938) lo llama vehículo sígnico. Pero hay quienes hallan dificultad para establecer una distinción esencial entre significante y significado (J. Derrida) y consideran que la posición de Saussure, supuestamente de equilibrio simétrico, no hace sino darle preeminencia al significante, ya que en definitiva la semiótica "da realce al concepto generador de significante". Poca atención prestó Saussure al referente, casi ninguna si lo comparamos con las complejas elucubraciones de Peirce en torno al objeto del signo. Saussure se preocupó más por aclarar los vaivenes y las vicisitudes que sufren los significantes lingüísticos y que determinan la naturaleza de los signos. Por otra parte, fueron valiosas sus reflexiones acerca de "los valores de los signos". Afirmó que esos valores se construyen a partir de contenidos que los colocan en relación de oposición respecto de las demás unidades sígnicas. Este carácter diferencial hace posible distinguir y transmitir los valores que tienen los signos en el sistema de la lengua. Investigadores posteriores como Hjelmslev, Barthes, Martinet o Prieto, entre otros, tendrán en este modelo saussureano una pista de inspiración para indagar la estructura lingüística. Agregúese, además, que es a partir de las oposiciones que el estructuralismo elaborará nuevos conceptos y abrirá, por esa pista, uno de los puntos más sólidos de sus indagaciones semióticas.

b. La lengua y el habla como entidades sociales Parece seguro, pues, que Saussure se dio cuenta de lo débil que resultaba considerar el signo como una mera "entidad psicológica" y, en consecuencia, buscó ahondar su naturaleza con el aporte de la sociología. Es un dato irrefutable que cada ser humano utiliza una lengua como entidad ya existente en la sociedad: es precisamente en el seno de esa sociedad en la que la persona aprende a hablar mediante la interacción social; por lo tanto, el significado de las palabras no deriva de una esencia previa, sino que representa conceptos establecidos en el lenguaje social, los cuales van configurando el mundo a partir de las experiencias sociales. Saussure afirmó la necesidad de un enfoque sociológico de la lengua y el habla. Al concebirlas como un fruto social, como una norma surgida de la comunidad y como una práctica colectiva, el lingüista ginebrino abrió un vasto espacio conceptual para los estudios posteriores de la lingüística. Ciertamente, no llegó a indagar en profundidad la organización del habla, ni analizó con visión histórica los discursos

sociales, pero dio pie para mirar esos fenómenos desde el punto de vista de la conciencia colectiva, o sea,

como sistemas dependientes de factores históricos y de las contingencias del tiempo: "

evolucionan", decía Saussure. Así, abrió las puertas a las ricas perspectivas culturales que ahondará más

las lenguas

tarde, por ejemplo, Roland Barthes. En efecto, Saussure enseñó que la antropología de la lengua está intrínsecamente relacionada con los grupos sociales: él llamó "etnismo" a ese lazo social, a esa unidad esencial de comunidades lingüísticas que se forjan en el seno de las etnias y de la vida comunitaria. Así describió el etnismo: "Entendemos por eso una unidad que se apoya a en las relaciones múltiples de religión, de civilización, de defensa común, etc. que pueden establecerse incluso entre pueblos de razas diferentes y en ausencia de todo lazo político". Es una clara alusión a lo que suele entenderse en la

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. actualidad por conntexto cultural. En los años en

actualidad por conntexto cultural. En los años en que Saussure desarrollaba su actividad, la lingüística estaba volcada al análisis histórico de los orígenes de las lenguas. Pero era un estudio estéril, porque se detenía en investigar las unidades atomizadas del lenguaje, el significado de las palabras o los cambios de pronunciación en una época u otra. Eso aportaba poco a la comprensión más profunda y estructural del lenguaje presente. Saussure introdujo, entonces, las categorías de la sincronía y diacronía y asumió un punto de vista capaz de englobar mayor cantidad de fenómenos. Ducrot y Todorov reconocen que "los términos sincronía y diacronía entraron en la ter minología lingüística corriente sólo a partir de F. de Saussure". Él sugirió que el lenguaje debe ser estudiado como un sistema que, teniendo un determinado sentido en el estado actual o en una época precisa (sincronía), también cambia y evoluciona a medida que transcurren los años, de manera que los sistemas de sentido de las lenguas adquieren nuevas configuraciones a lo largo del tiempo (diacronía). Esta perspectiva permitiría, por consiguiente, obtener una visión más completa y coherente de los sistemas de las lenguas, es decir, conocer mejor su estructura. Algunas décadas después de la desaparición del maestro de Ginebra, tanto la "teoría crítica" de los medios de comunicación (originada en la Escuela de Frankfurt hacia la mitad del siglo XX), como el enfoque estructuralista posterior en la década del 60, se inspiraron en la semiología saussureana y pusieron de relieve el rol de los signos que se generan en los procesos histórico-sociales. Esas teorías no dejaron de citar la lingüística de Saussure para explicar la construcción arbitraria de los signos que usan las estructuras sociales y las fuerzas del poder en la formación y propagación de la ideología dominante a través de los medios masivos. El aporte del estructuralismo fue, sin duda, el haberle dado un marco teórico al binomio "lenguaje- discurso ideológico". De ahí brotó su preocupación por estudiar las lenguas como un sistema de relaciones, cuyos elementos no tienen ningún valor aparte de las relaciones de equivalencia y de oposición que existen entre ellos. Los planteamientos teóricos y la metodología estructuralista se convirtieron en un modelo asumido también por otras ciencias humanas, al menos durante dos décadas, y recién en los años 80 los estudios teóricos mostraron los límites del enfoque estructuralista. El interés fundamental que hoy todavía tiene y despierta la semiología en la construcción de nuevos modelos culturales va mostrando también el dinamismo "diacrónico" de numerosas observaciones hechas por Saussure, lo cual evidencia que, en esta revolución científica, sin duda influyó el conjunto de su pensamiento teórico.

LA SEMIÓTICA DE PEIRCE 4 Alejandra Vitale

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Charles Sanders Peirce elaboró una extensa obra de

Charles Sanders Peirce elaboró una extensa obra de carácter fragmentario (reunida en los Collected Papers en la que siempre buscó construir y fundamentar una teoría de los signos como el marco para una teoría del conocimiento. La semiótica de Peirce tiene una perspectiva filosófica pues constituye una teoría de la realidad y del conocimiento que podemos tener de ella por el medio exclusivo del que disponemos:

los signos. El único pensamiento que puede conocerse —sostiene Peirce- es pensamiento en los signos, y como un pensamiento que no pueda conocerse no existe, todo pensamiento debe existir necesariamente en los signos. Dicho de otro modo, no podemos pensar sin signos. Para Peirce la semiótica es equiparable a la lógica; por ello afirma:

"La lógica, en su sentido general, es, como creo haberlo demostrado, otro nombre de la semiótica, la doctrina cuasi-necesaria, o formal, de los signos".

La semiótica entendida como otro nombre de la lógica tiene por objeto de estudio a la semiosis, palabra que Peirce toma del filósofo epicúreo Filodemo, para el que ella es una inferencia a partir de signos. La semiosis, el instrumento de conocimiento de la realidad, es siempre para Peirce un proceso triádico de inferencia mediante el cual a un signo (llamado representamen) se le atribuye un objeto a partir de otro signo (llamado interpretante) que remite al mismo objeto. Si alguien ve en la puerta de un negocio la imagen de una cruz color verde (representamen), por ejemplo, comprende que allí hay una farmacia (objeto) a partir de un proceso semiótico de inferencia que consiste en que el primer signo (representamen) despierta en su mente otro signo, como la palabra "farmacia" (interpretante), que lo lleva a conectar el primer signo (representamen) con el objeto farmacia. Como se desprende de este ejemplo, la semiosis es una experiencia que hace cada uno en todo momento de la vida, mientras que la semiótica constituye la teoría de esa experiencia, cuyos componentes formales son el representamen, el objeto y el interpretante.

1. El signo

El signo en Peirce recibe el nombre técnico de representamen. El representamen es una "cualidad material" (una secuencia de letras o de sonidos, una forma, un color, un olor, etc.) que está en equivalente o más desarrollado al que se denomina interpretante, que aclara lo que significa el representamen y que a su vez representa al mismo objeto. En un diccionario, por ejemplo, la secuencia de letras "perro" (la palabra cuyo significado se busca) constituye un representamen que está en el lugar de un objeto al que representa (provisoriamente pensemos en los perros de la realidad), y la definición que la acompaña, constituida a su vez por signos -otras secuencias de letras-, funciona como el interpretante que establece el significado del representamen. La señal caminera conformada por un círculo rojo con una línea blanca horizontal colocada en la esquina de una calle es otro representamen que representa un objeto, en este

4 en Vitale, Alejandra (2002). El estudio de los signos. Peirce y Saussure. Buenos Aires: Eudeba.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. caso el hecho de que allí cambia la

caso el hecho de que allí cambia la dirección de los vehículos, cuyo interpretante es otro signo, como el de

la lengua española "dirección prohibida". Peirce mismo define al signo del siguiente modo:

"Un signo o representamen, es algo que, para alguien, representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o, tal vez, un signo más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el interpretante del primer signo. El signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de ese objeto, no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del representamen. 'Idea' debe entenderse aquí en cierto sentido platónico, muy familiar en el habla cotidiana; quiero decir, en el mismo sentido en que decimos que un hombre capta la idea de otro hombre, en que decimos que cuando un hombre recuerda lo que estaba pensando anteriormente, recuerda la misma idea, y en que, cuando el hombre continúa pensando en algo, aun cuando sea por un décimo de segundo, en la medida en que el pensamiento concuerda consigo mismo durante ese lapso, o sea, continúa teniendo un contenido similar, nueva".

Esta definición implica que existen tres condiciones para que algo sea un signo:

1. Condición necesaria pero no suficiente: el signo debe tener cualidades que sirvan para distinguirlo, por ejemplo una palabra debe tener un sonido particular diferente del sonido de otra palabra. Pero no basta percibir un sonido para reconocerlo como signo.

2. Segunda condición necesaria pero no suficiente: el signo debe tener un objeto, aunque la relación del representamen con el objeto no basta para hacer de uno el signo de otro. Para ello es necesario un interpretante.

3. Tercera condición necesaria y suficiente: la relación semiótica debe ser triádica, comportar un representamen que debe ser reconocido como el signo de un objeto a través de un interpretante.

REPRESENTAMEN

OBJETO INTERPRETANTE
OBJETO
INTERPRETANTE

A continuación, comentaremos la definición del signo dada por Peirce precisando las nociones de

interpretante, objeto y fundamento.

1.1 El interpretante

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Sobre el interpretante , Eco (1986: 85; 2000:116)

Sobre el interpretante, Eco (1986: 85; 2000:116) aclara que es otro signo, o sea otra representación, que se refiere al mismo objeto que el representamen y que puede asumir diversas formas:

- Un signo equivalente de otro sistema semiótico. Por ejemplo, el interpretante de la palabra "perro" puede ser el dibujo de un perro, es decir un signo de otro sistema semiótico respecto del lenguaje verbal al que pertenece dicha palabra.

- El dedo índice que apunta a un objeto, aunque se sobreentiende que se trata de "todos los objetos como éste". En el caso de la palabra "perro" en tanto representamen, el interpretante puede ser entonces el dedo índice que apunta hacia un perro.

- Una definición ingenua o científica formulada en el mismo sistema de comunicación, en la misma lengua que en la que es construido el representamen. Por ejemplo, para el representamen "sal" el interpretante puede ser "cloruro de sodio".

- La traducción del término a otra lengua. Por ejemplo, el interpretante de la palabra del español "perro" puede ser la palabra del inglés "dog". Peirce mismo se refiere a esta posibilidad cuando sostiene que "si buscamos la palabra 'homme' en un diccionario francés-inglés, veremos frente a la palabra 'homme' la palabra 'man' que representa 'homme' como representando la misma criatura bípeda que 'man' mismo representa". En este caso, la palabra del inglés "man" funciona como el interpretante de la palabra del francés "homme".

- La traducción del término a otro de la misma lengua mediante un sinónimo. Por ejemplo, "remedio" para "medicamento". Una asociación emotiva con un valor fijo. Por ejemplo, el interpretante de la palabra "peno" puede ser "fidelidad".

En verdad, en todos los ejemplos anteriores podemos pensar la interpretación de un signo como la entiende Peirce: la traducción de un signo en otro signo, el interpretante, que se corresponde con el significado del primer signo. De allí que conciba al significado de un signo como "el signo al que éste debe traducirse" y afirme que el significado "es, en su acepción primaria, la traducción de un signo a otro sistema de signos". Hasta aquí hemos tratado al interpretante sin considerar en él diversos tipos, pero siguiendo a Peirce se pueden distinguir tres interpretantes de un signo: el interpretante inmediato, el interpretante dinámico y el interpretante final.

a. El interpretante inmediato

El interpretante inmediato es el interpretante pensado como el concepto o significado que comporta todo signo independientemente de su contexto y de las circunstancias de su enunciación. De allí que Peirce sostenga:

mi

Interpretación Inmediata como parte del efecto del Signo que basta para que una persona

pueda decir si el Signo es o no es aplicable a algo que esa persona conozca suficientemente ( )

"Mi Interpretante Inmediato es,

en

mi

opinión,

un

concepto

(

)

Podría

describir

Mi Interpretante Inmediato está implícito en el hecho de que cada Signo debe tener su

El Interpretante Inmediato es

una abstracción: consiste en una Posibilidad".

Interpretabilidad peculiar antes de obtener un Intérprete (

)

El interpretante inmediato en tanto concepto permite relacionar un signo con un objeto sin considerar una situación comunicativa concreta en la que dicho signo aparezca, por ello Peirce afirma que se trata de

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. una abstracción y de una posibilidad. El interpretante

una abstracción y de una posibilidad. El interpretante inmediato de la palabra "fuego", por ejemplo, es la parte del significado que se mantiene más allá de que sea dicha en un grito ante un incendio o en un pedido para encender un cigarrillo.

b. El interpretante dinámico

Se trata del efecto particular que un signo provoca en la mente de un intérprete en una situación concreta de enunciación, en un contexto determinado de utilización. Por ello Peirce sostiene:

"Mi Interpretante Dinámico consiste en el efecto directo realmente producido por un Signo en

su Intérprete (

interpretación, y en cada uno de éstos es diferente de cualquier otro ( Dinámico es un evento singular y real".

Mi Interpretante Dinámico es aquel que es experimentado en cada acto de

El Interpretante

)

)

El interpretante dinámico es un efecto particular producido por el signo en un "aquí y ahora" que lo vuelve un acontecimiento singular y real, frente a la abstracción y la posibilidad que atañen al interpretante inmediato. Este efecto singular provocado por el signo en un acto de comunicación específico puede ser de naturaleza diversa: un sentimiento o una emoción, una acción, una idea o un pensamiento, incluso un razonamiento, etc. De esta manera, el interpretante dinámico de la palabra "fuego" gritada ante un incendio, por ejemplo, puede ser tanto sentir terror, salir corriendo o pensar en llamar a los bomberos.

c. El interpretante final

Como afirma Deladalle (1996), este interpretante presupone a los otros dos tipos de interpretantes (inmediato y dinámico). El interpretante final (también llamado "normal") es el interpretante pensado como un hábito que hace posible la interpretación recurrente y estable de un signo. Por un lado, se trata del hábito que consiste en atribuir a un representamen un objeto y, por otra parte, del interpretante que despierta la unanimidad de los eruditos en un campo del conocimiento. El interpretante "ser humano adulto femenino" para el representamen "mujer", por ejemplo, es final porque es un interpretante habitual y recurrente que atribuye de modo estable a dicho representamen un objeto. El interpretante "H 2 0" para el representamen "agua" es asimismo un interpretante final, pues concita el consenso entre los expertos. La siguiente definición dada por Peirce del interpretante final destaca las consideraciones anteriores, es decir, que el interpretante final permite que ante un signo "cualquier mente" llegue a un "único resultado interpretativo":

el efecto que él Signo produciría sobre cualquier mente

sobre la cual las circunstancias permitirían que pudiera ejercer su efecto pleno. Es el único resultado interpretativo al que cada intérprete está destinado a llegar si el signo es suficientemente considerado".

"Mi Interpretante Final sería (

)

Citando a Peirce, Eco (1981:63) especifica que un hábito es "una tendencia a actuar de manera similar en circunstancias futuras similares" y que "el interpretante final de un signo es este hábito como resultado". Por ello, el interpretante final es también la regularidad en la disposición a actuar en el mundo

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. y a intervenir en las cosas que un

y a intervenir en las cosas que un signo despierta en su intérprete. El interpretante final del signo conformado por la luz roja del semáforo, entonces, será el hábito de detenerse. El interpretante inmediato (el interpretante pensado como concepto), el interpretante dinámico (el interpretante pensado como efecto real en el intérprete) y el interpretante final (el interpretante pensado como hábito) son distinguidos por Peirce desde un punto de vista teórico, pero son tres instancias de la interpretación de un signo que funcionan simultáneamente en un acto de semiosis.

REPRESENTAMEN

OBJETO INTERPRETANTE
OBJETO
INTERPRETANTE

1.1.1. El principio del pragmatismo

OBJETO INTERPRETANTE 1.1.1. El principio del pragmatismo INMEDIATO DINÁMICO FINAL En un primer momento, Peirce

INMEDIATO

DINÁMICO

FINAL

En un primer momento, Peirce utilizó el término "pragmatismo" para referirse a su principio según el cual la creencia en la verdad de un concepto determina hábitos de conducta. La adopción de esta palabra por parte del filósofo William James para calificar una propuesta filosófica con elementos opuestos a "la sana lógica" según Peirce, hizo que la sustituyera por "pragmaticismo". Sobre el principio del pragmatismo o pragmaticismo, sostiene:

"Dado que empleé la palabra Pragmaticismo, y como tendré una vez más la ocasión de emplearla, tal vez sería bueno que la explique. Hace alrededor de cuarenta años, mis estudios sobre Berkeley, Kant y algunos otros -después de haberme convencido de que todo pensamiento se hace mediante Signos y que la meditación adopta la forma de un diálogo, de modo que conviene hablar de la significación de un concepto- me condujeron a la conclusión de que para adquirir el dominio completo de esta significación es necesario, en primer lugar, aprender a reconocer este concepto bajo toda suerte de disfraces, familiarizándose lo más posible con el mayor número de casos de ese concepto. Pero esto, después de todo, no implica que se lo comprenda verdaderamente; de modo que es necesario, además, que hagamos de él un análisis tan completo como sea posible. Pero incluso así es aún posible que no tengamos una comprensión viva; y el único modo de completar nuestro conocimiento de su naturaleza es descubrir y reconocer cuáles son exactamente los hábitos generales de conducta que una creencia en la verdad del concepto (de cualquier tema y en cualquier circunstancia concebibles) desarrollaría razonablemente; es decir, qué hábitos resultarían en última instancia de una consideración suficiente de esta verdad".

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. La creencia en la verdad del concepto de

La creencia en la verdad del concepto de estufa como objeto que calienta un ambiente, por ejemplo, desarrolla el hábito de conducta que consiste en prender una estufa cuando hace frío. Se entiende así que Peirce afirme que para el pragmatismo "el Interpretante Inmediato de todo pensamiento propio es la Conducta" y que "el pragmatismo hace que la esencia de cada concepto sea presentada dentro de una influencia sobre posibles conductas". El espíritu genuino del pragmatismo, entonces, consiste para Peirce en considerar que el significado lógico de los conceptos se encarna en hábitos generales de conducta. Desde este punto de vista, el pragmatismo sostiene que lo que nosotros pensamos debe ser entendido en términos de aquello que estamos dispuestos a hacer, por lo que Peirce plantea que la lógica, doctrina de lo que debemos pensar, debe ser una aplicación de la doctrina de lo que decidimos deliberadamente hacer, y, por consiguiente, una aplicación de la ética (la que, a su vez, adquiere el verdadero sentido de sus operaciones gracias a la lógica).

1.1.2. El objeto

Peirce hace hincapié en que para que algo sea un signo "debe 'representar', como solemos decir, a otra cosa, llamada su Objeto". Sobre el sentido que le otorga a la noción de representar, afirma:

"Estar en lugar de otro, es decir, estar en tal relación con otro que, para ciertos propósitos, sea tratado por ciertas mentes como si se fuera ese otro. Consecuentemente, un vocero, un diputado, un apoderado, un agente, un vicario, un diagrama, un síntoma, un tablero, una descripción, un concepto, una premisa, un testimonio, todos representan alguna otra cosa,

de diversas maneras, para mentes que así los consideran. (

Cuando se desea distinguir

entre aquello que representa y el acto o relación de representar, lo primero puede ser llamado el 'representamen' y lo segundo la 'representación'".

)

Peirce sostiene que para atenuar las dificultades de su estudio, se referirá a los signos como si tuvieran un único objeto, pero aclara que un signo (como una oración o un texto) puede tener más de un objeto. En estos casos, se referirá a un "objeto complejo":

"Un Signo puede tener más de un Objeto. Así, la oración 'Caín mató a Abel', que es un Signo, se refiere tanto a Caín como a Abel, si no se considera -como se debería- que se tiene un 'matar' como tercer Objeto. Pero puede considerarse que el conjunto de Objetos constituye un único Objeto complejo. En lo sucesivo, y a menudo en otros futuros textos, los Signos serán tratados como si cada uno tuviera únicamente un solo Objeto, a fin de disminuir las dificultades del estudio".

A su vez, Peirce distingue en el objeto dos tipos: el objeto inmediato (interior a la semiosis) y el objeto dinámico (exterior a la semiosis):

"Esto es, debemos distinguir el Objeto Inmediato, que es el Objeto tal como es representado por el Signo mismo, y cuyo Ser es, entonces, dependiente de la Representación de él en el Signo; y, por otra parte, el Objeto Dinámico, que es la Realidad que, por algún medio, arbitra la forma de determinar el Signo a su Representación".

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REPRESENTAMEN

OBJETO INTERPRETANTE
OBJETO
INTERPRETANTE
INMEDIATO DINÁMICO
INMEDIATO
DINÁMICO
REPRESENTAMEN OBJETO INTERPRETANTE INMEDIATO DINÁMICO Pensemos en el planeta Venus como objeto dinámico en el

Pensemos en el planeta Venus como objeto dinámico en el sentido que le da Peirce en la cita anterior, un objeto de la realidad considerado fuera de la relación semiótica, independiente del modo en que un signo lo representa. Dicho planeta suele ser designado, según la época del año, mediante dos expresiones:

"el lucero matutino" o el "lucero vespertino". Estas dos expresiones representan a un mismo objeto dinámico (el planeta Venus) de distinto modo: se trata de la construcción semiótica de dos objetos inme- diatos diferentes. Expresiones referenciales como las nombradas son de gran utilidad para ilustrar las nociones de objeto inmediato y objeto dinámico porque manifiestan cómo los signos (en el ejemplo dado, las palabras) construyen semióticamente los objetos de la realidad a los que representan, en muchos casos (si no en todos) guiados por consideraciones ideológicas. De esta manera, un mismo objeto dinámico, como el ex presidente argentino Juan Domingo Perón, fue en la Argentina construido en tanto objeto inmediato de modo negativo por la expresión "el tirano prófugo" en los círculos antiperonistas luego de 1955, mientras que entre sus adeptos fue representado antes de su caída con la expresión "el primer trabajador". Según Peirce, el objeto dinámico tiene una existencia independiente respecto del signo que lo representa pero para que el signo pueda representarlo, este objeto debe ser algo conocido para el intérprete, es decir, debe tener de él un conocimiento colateral que es el resultado de semiosis anteriores:

"Objeto es aquello acerca de lo cual el Signo presupone un conocimiento para que sea posible proveer alguna información adicional sobre el mismo. No dudamos que habrá lectores que digan que no pueden aprehender esto. Ellos pensarán que un Signo no necesita estar relacionado con algo ya conocido de otra manera y creerán que no tiene ni pies ni cabeza afirmar que todo Signo debe relacionarse con un Objeto conocido. Pero si existiera 'algo' que transmitiera información y, sin embargo, no tuviera ninguna relación ni referencia respecto de alguna otra cosa acerca de la cual la persona a quien llega esa información careciera del menor conocimiento, directo o indirecto -y por cierto que sería esa una muy extraña clase de información-, el vehículo de esa clase de información no sería llamado, en este trabajo, un Signo".

La exigencia de que el objeto debe ser algo conocido, ya pensado, para que el signo pueda representarlo y dar informaciones suplementarias de él, lleva a Peirce a afirmar que el objeto tiene también la naturaleza de un signo, dado que pensamiento y signo son en Peirce equivalentes:

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. "Todo signo está puesto para un objeto independiente

"Todo signo está puesto para un objeto independiente de él mismo, pero no puede ser un signo de ese objeto sino en la medida en que éste tiene él mismo la naturaleza de un signo, del pensamiento".

En síntesis, el objeto dinámico es el objeto de una realidad que tiene una existencia independiente de la semiosis, pero para que el signo pueda decir algo de él es necesario que ya haya sido objeto de semiosis anteriores a partir de las que el intérprete tiene un conocimiento de dicho objeto, que es, por ello, concebido también como un signo. De esta manera, en un último análisis lógico los tres componentes formales de la semiosis (representamen-objeto-interpretante) son signos.

1.1.3. El fundamento

Peirce afirma que el signo representa a su objeto "no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea", que ha llamado el fundamento del representamen. Dicho fundamento es uno o varios rasgos o atributos de un objeto que permiten identificarlo, es decir, los rasgos distintivos que lo diferencian de otros objetos. Las expresiones antes mencionadas "el lucero matutino" y "el lucero vespertino", en tanto representámenes, representan al planeta Venus sobre la base de fundamentos diferentes (según la época del año): el primer representamen selecciona del objeto (Venus) el rasgo distintivo "matutino" y el segundo representamen selecciona del mismo objeto (Venus) el rasgo distintivo "vespertino". Estas mismas expresiones fueron usadas para ejemplificar cómo un mismo objeto dinámico (en este caso el planeta Venus) es representado con dos representámenes que construyen objetos inmediatos diferentes, lo que ahora podemos comprender mejor al advertir que es el fundamento del representamen lo que construye al objeto inmediato, es decir que el signo instituye al objeto inmediato por medio del fundamento. De allí que Eco (1980:82) afirme que el fundamento es "un atributo del objeto en la medida en que dicho objeto se ha seleccionado de determinada manera y sólo algunos de sus atributos se han elegido como pertinentes para la construcción del objeto inmediato del signo". Por otra parte, Eco (1981:51) ha planteado la hipótesis de que el fundamento es un componente del significado del signo, entendido como la suma de rasgos semánticos que caracterizan su contenido. Esto es así porque estos rasgos semánticos, como 'humano', 'femenino', 'adulto' para el significado del signo "mujer", son a su vez los rasgos distintivos, atributos que diferencian al objeto mujer de otros objetos, es decir, el fundamento de dicho signo. Para Eco, entonces, más allá de su distinción formal, el fundamento, el significado y el interpretante de un signo "son, de hecho, una misma cosa", pues sería imposible definir al fundamento si no es en cuanto significado, y definir algún significado como no sea en forma de una serie de interpretantes.

1.1.4. La semiosis infinita

Los componentes formales de la semiosis, dijimos, son el representamen, el objeto y el interpretante. Dado que el interpretante es también un signo, está en lugar de un objeto y remite a su vez a un interpretante. Este interpretante es, asimismo, un signo, que está en el lugar de un objeto y está ligado a un interpretante, que es un signo, y así de modo ilimitado. Por esto Peirce afirma que un signo es:

“Cualquier cosa que determina a otra cosa (su interpretante) a referirse a un objeto al cual ella también se refiere (su objeto) de la misma manera, deviniendo el interpretante a su vez en signo, y así sucesivamente ad infinitum”.

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REPRESENTAMEN

OBJETO INTERPRETANTE
OBJETO
INTERPRETANTE

(REPRESENTAMEN)

OBJETO INTERPRETANTE
OBJETO
INTERPRETANTE

(REPRESENTAMEN)

OBJETO INTERPRETANTE
OBJETO
INTERPRETANTE

(REPRESENTAMEN)

( REPRESENTAMEN ) OBJETO INTERPRETANTE ( REPRESENTAMEN ) Un signo, por lo tanto, no está aislado,

Un signo, por lo tanto, no está aislado, sino que integra una cadena de semiosis: cada signo es a la vez interpretante del que lo antecede e interpretado por el que le sigue. Como todos los pensamientos son signos, también se remiten unos a otros:

"Todos los pensamientos deben dirigirse ellos mismos a otros pensamientos, puesto que tal es la esencia del signo".

A su vez, como todo conocimiento es una relación entre signos, Peirce postula que todo conocimiento está determinado por otros conocimientos:

"No se puede poseer ningún conocimiento que no esté detenni-nado por un conocimiento anterior".

Magariños de Morentín (1983: 86) destaca el aporte que la teoría de Peirce hace a la epistemología contemporánea:

"El conocimiento tiene siempre por objeto a otro conocimiento y nunca a la realidad en su pretendida pureza de no modificada todavía por el pensamiento. Si, por tanto, el objeto de todo signo debe ser algo ya conocido, es que también es signo. El sentido recurrente del concepto de signo es uno de los aportes más fructíferos de Peirce a la epistemología contemporánea".

Puesto que un interpretante es en general un signo más desarrollado que el representamen, la cadena de la semiosis infinita determina un paulatino aumento del conocimiento sobre un objeto. ¿Pero toda semiosis es infinita? En verdad, la semiosis es virtualmente infinita, por eso hay que distinguir entre la semiosis infinita y la denominada "semiosis en acto", que le pone un término provisional a la cadena cuando un interpretante final designa el objeto de un representamen en un acto semiótico particular.

2. Peirce y el post-estructuralismo

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. La teoría de los signos de Peirce, en

La teoría de los signos de Peirce, en particular su noción de semiosis infinita, ha sido retomada por el post-estructuralismo. El crítico norteamericano Jonathan Culler ha caracterizado a este movimiento oponiéndolo al estructuralismo:

"El estructuralismo se convierte en una serie de proyectos sistemáticos y científicos -se define a la semiótica, en este sentido la sucesora del estructuralismo, como la 'ciencia' de los signos- y los oponentes al estructuralismo son diversos disidentes post-estructuralistas que afirman la imposibilidad final de sus proyectos y exploraciones. En términos más simples: los estructuralistas toman a la lingüística como modelo y tratan de desarrollar 'gramáticas' - inventarios sistemáticos de elementos y de sus posibilidades combinatorias- que explicarían la forma y el significado de las obras literarias: los post-estructuralistas investigan la forma en que se subvierte este proyecto a causa de los funcionamientos propios de los textos. Los estructuralistas están convencidos de que el conocimiento sistemático es posible; los post- estructuralistas afirman la imposibilidad de este conocimiento".

Uno de los mayores representantes del post-estructuralismo es el filósofo francés Jacques Derrida, quien en su libro De la gramatología apela a la teoría de los signos de Peirce para fundamentar su propuesta filosófica, denominada deconstrucción, y su consiguiente posición sobre la interpretación.

Derrida se opone a un concepto de interpretación que se basa en la idea de un significado definitivo atribuible a un texto, vinculado con la intención de un sujeto o con el referente que representa. Por el contrario, un texto es concebido como una máquina significante que produce un infinito diferimiento del significado, que nunca logra fijarse: cada significante del texto está en correlación con otro significante, de tal manera que nada queda fuera de la cadena significante, que procede ad infinitum. Un texto produce así una deriva infinita de interpretaciones, ninguna de las cuales es concluyente. Derrida denomina "logocentrismo" y "metafísica de la presencia" a la postura filosófica que postula la existencia de un significado (denominado "trascendental") que pondría un término tranquilizante a la deriva del significante y al diferimiento del significado. Apelando a Peirce, a su noción de semiosis infinita

y a sus reflexiones sobre el carácter de signo del objeto representado, Derrida sostiene que la "cosa

misma" (el llamado "referente") es siempre un representamen inserto en la cadena de semiosis ilimitada,

lo que lo lleva a afirmaciones extremas del tipo "No existe nada fuera del texto":

"Peirce va más lejos en dirección a lo que hemos denominado anteriormente la des- construcción del significado trascendenal, el cual, en uno u otro momento, pondría un término tranquilizante a la remisión de signo a signo. Hemos identificado el logocentrismo y la metafísica de la presencia como el deseo exigente, poderoso, sistemático e irreprimible de dicho significado trascendental. Ahora bien, Peirce considera lo indefinido de esta remisión como el criterio que permitiría reconocer que se trata de un sistema de signos. Lo que inaugura el movimiento de la significación es lo que hace imposible su interrupción. La cosa misma es un signo".

Para Eco (1998), Derrida realiza una lectura idealista e insatisfactoria de Peirce, por lo que no se pueden considerar equivalentes la deriva deconstructivista y la semiosis infinita, ni tampoco plantear, como hacen algunos deconstructivistas, que ante la ausencia de la intención del autor y del referente, la lectura es un proceso de libre asociación "donde la voluntad de los intérpretes sacude los textos hasta darles la forma que sirva a sus propósitos". Para fundamentar su crítica a Derrida, Eco esgrime, entre otros, los siguientes argumentos:

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. 1. No es válido basarse en la teoría

1. No es válido basarse en la teoría de Peirce para afirmar que no existe nada fuera del texto, puesto que Peirce mismo sostiene que toda semiosis está determinada por un objeto dinámico que es "la Realidad que de alguna manera contribuye a determinar al signo".

2. El interpretante final detiene, aunque sea provisoriamente, el proceso sin fin de la interpretación.

3. Cualquier comunidad de intérpretes de un texto determinado, para poder ser la comunidad de intérpretes de ese texto, debe alcanzar un acuerdo, aunque no definitivo y de manera falible, sobre el tipo de objeto del que se está ocupando.

4. Desde que una comunidad concuerda sobre una interpretación determinada se crea un significado que, si no objetivo, es por lo menos intersubjetivo y está privilegiado respecto de cualquier otra interpretación obtenida sin consenso de la comunidad.

5. La semiosis es virtualmente ilimitada, pero nuestras finalidades cognitivas organizan, encuadran y reducen esta serie indeterminada e infinita de posibilidades. En el curso de un proceso semiótico nos interesa saber sólo lo que es relevante en función de un determinado universo de discurso y acto de comunicación.

Las remisiones a Peirce en los debates actuales en torno de la interpretación y de sus límites son una prueba de la vigencia y fecundidad de su teoría de los signos. También lo es el hecho de que semiólogos y analistas del discurso interesados en las relaciones entre la ideología, la producción social del sentido y la construcción de la realidad, como Elíseo Verón, se remonten a Peirce para fundamentar muchas de sus propuestas sobre esta problemática.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. EL ESTUDIO DE LAS IDEOLOGÍAS Y LA FILOSOFÍA

EL ESTUDIO DE LAS IDEOLOGÍAS Y LA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE 5 Valentín N. Volóshinov

El problema del signo ideológico. El signo ideológico y la conciencia. La palabra como signo ideológico por excelencia. La neutralidad Ideológica de la palabra. La capacidad de la palabra de ser un signo interno. Resumen.

Los problemas de la filosofía del lenguaje han adquirido en los últimos tiempos excepcional pertinencia e importancia para el marxismo. Más allá del amplio campo de los sectores más vitales abarcados en su avance científico, el método marxista se dirige directamente a estos problemas y no puede seguir avanzando productivamente sin una disposición especial para investigarlos y resolverlos. Ante todo, los verdaderos cimientos de una teoría marxista de las ideologías —las bases para los estudios del conocimiento científico, de la literatura, la religión, la ética, etcétera— están estrechamente ligados a los problemas de la filosofía del lenguaje. Un producto ideológico no solo constituye una parte de una realidad (natural o social) como cualquier cuerpo físico, cualquier instrumento de producción o producto para consumo, sino que también, en contraste con estos otros fenómenos, refleja y refracta otra realidad exterior a él. Todo lo ideológico posee significado: representa, figura o simboliza algo que está fuera de él. En otras palabras, es un signo. Sin signos, no hay ideología. Un cuerpo físico es igual a sí mismo por así decir; no significa nada sino que coincide totalmente con su particular naturaleza dada. En este caso no hay problema de ideología. Sin embargo, un cuerpo físico puede percibirse como imagen; por ejemplo, la imagen de inercia natural y de necesidad encarnada en ese objeto particular. Cualquier imagen artístico-simbólica originada por un objeto físico particular ya es un producto ideológico. El objeto físico se convierte en un signo. Sin dejar de ser una parte de la realidad material, ese objeto, hasta cierto punto, refleja y refracta otra realidad. Ocurre lo mismo con cualquier instrumento de producción. Una herramienta por sí misma está desprovista de significado especial; domina solo una función determinada: servir para este o aquel propósito. La herramienta sirve para ese propósito como el particular objeto dado que es, sin reflejar o representar ninguna otra cosa. Pero una herramienta puede convertirse en un signo ideológico, como ocurre, por ejemplo, con la hoz y el martillo que constituyen la insignia de la Unión Soviética. En este caso, la hoz y el martillo poseen un significado puramente ideológico. Además, un instrumento de producción puede ser decorado ideológicamente. Las herramientas usadas por el hombre prehistórico están cubiertas con pinturas o dibujos, es decir, con signos. Por supuesto que este tratamiento no convierte en signo a una herramienta. También es posible realzar estéticamente una herramienta, de tal manera que su diseño artístico armonice con el propósito para el que está destinada a servir en la producción. En este caso, se efectúa algo así como una máxima aproximación, casi una fusión de signo y herramienta. Pero incluso aquí detectamos una clara línea conceptual divisoria: la herramienta, como tal, no se convierte en signo; el signo, como tal, no se convierte en instrumento de producción. Cualquier bien de consumo puede convertirse en signo ideológico. Por ejemplo, el pan y el vino son símbolos religiosos en el sacramento cristiano de la comunión. Los bienes de consumo, lo mismo que las herramientas, pueden combinarse con signos ideológicos, pero la combinación no borra la clara línea

5 en Volóshinov, Valentín N. (1970). El marxismo y la filosofía del lenguaje. Buenos Aires: Ediciones Godot.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. conceptual divisoria entre ellos. El pan se hace

conceptual divisoria entre ellos. El pan se hace con una forma particular; esta forma no está garantizada únicamente por la función del pan como bien de consumo; también tiene un valor determinado, aunque primitivo, como signo ideológico (por ejemplo, el pan con forma de un número ocho [/crencfe/] o de roseta). Así, paralelamente a los fenómenos naturales, al equipamiento técnico y a los artículos de consumo, existe un mundo especial: el mundo de los signos. Los signos son también objetos materiales particulares; y, como hemos visto, cualquier objeto de la naturaleza, de la tecnología o el consumo puede llegar a ser un signo, adquiriendo en el proceso un significado que va más allá de su particularidad específica. Un signo no existe simplemente como una parte de la realidad, sino que refleja y refracta otra realidad. Por lo tanto, puede distorsionar esa realidad o serle fiel, o percibirla desde un punto de vista especial, etcétera. Cada signo está sujeto a los criterios de evaluación ideológica (si es verdadero o falso, correcto, honrado, bueno, etcétera). El dominio de la ideología coincide con el dominio de los signos. Son equivalentes entre sí. Dondequiera que está presente un signo también lo está la ideología. Todo lo ideológico posee valor semiótico. En el dominio de los signos —en la esfera ideológica— existen profundas diferencias: es, al fin y al cabo, el dominio de la imagen artística, del símbolo religioso, de la fórmula científica, de los fallos judiciales, etcétera. Cada campo de la creatividad ideológica tiene su propia manera de orientarse hacia la realidad y cada uno refracta la realidad a su modo. Cada campo domina su propia función especial dentro de la unidad de la vida social. Pero lo que coloca todos los fenómenos ideológicos bajo la misma definición es su carácter semiótico. Todo signo ideológico es no solo un reflejo, una sombra, de la realidad, sino también un segmento material de esa misma realidad. Todo fenómeno que funciona como un signo ideológico tiene algún tipo de corporización material, ya sea en sonido, masa física, color, movimientos del cuerpo, o algo semejante. En este sentido, la realidad del signo es totalmente objetiva y se presta a un método de estudio objetivo, monístico, unitario. Un signo es un fenómeno del mundo exterior. Tanto el signo mismo como todos sus efectos (todas esas acciones, reacciones y nuevos signos que produce en el medio social circundante) ocurren en la experiencia exterior. Este es un punto de extrema importancia, y sin embargo, por elemental y evidente que parezca, el estudio de las ideologías no ha obtenido aún todas las conclusiones que se derivan de allí. La filosofía idealista de la cultura y los estudios culturales psicologistas colocan la ideología en la conciencia. Afirman que la ideología es un hecho de conciencia; el cuerpo externo del signo no es más que un revestimiento, un medio técnico para la realización del efecto interior, que es la comprensión. Tanto el idealismo como el psicologismo pasan igualmente por alto el hecho de que la comprensión solo puede producirse en un material semiótico (por ejemplo, habla interna), que el signo se dirige al signo, que la conciencia misma puede surgir y llegar a constituir un hecho posible solo en la concreción material de los signos. La comprensión de un signo es, al cabo, un acto de referencia entre el signo aprehendido y otros signos ya conocidos; en otras palabras, la comprensión es una respuesta a un signo con signos. Y esta cadena de creatividad y comprensión ideológicas, que pasa de un signo a otro y luego a un nuevo signo, es perfectamente consistente y continua: de un eslabón de naturaleza semiótica (y por tanto, también de naturaleza material) avanzamos ininterrumpidamente a otro eslabón exactamente de la misma naturaleza. Y no existe ruptura en la cadena, en ningún momento se hunde en el ser interior, de naturaleza no material y no corporizado en signos. Esta cadena ideológica se extiende de conciencia individual a conciencia individual, conectándolas entre sí. Los signos surgen solamente en el proceso de interacción entre una conciencia individual y otra. Y la misma conciencia individual está llena de signos. La conciencia es conciencia solo cuando se ha llenado

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. de contenido ideológico (semiótico), y por lo tanto,

de contenido ideológico (semiótico), y por lo tanto, solo en el proceso de interacción social. A pesar de las profundas diferencias metodológicas que existen entre ellos, la filosofía idealista de la cultura y los estudios culturales psicologistas cometen el mismo error fundamental. Al localizar la ideología en la conciencia, transforman el estudio de las ideologías en un estudio de la conciencia y de sus leyes; no importa si lo hacen en términos trascendentales o empírico-psicológicos. Este error es responsable no solo de la confusión metodológica con respecto a la interrelación de distintos campos de conocimiento, sino también de una radical distorsión de la realidad que se estudia. La creatividad ideológica —hecho social y material— queda restringida a los alcances de ¡a conciencia individual y esta, a su vez, privada de todo apoyo en la realidad. Se convierte en todo o en nada. Para el idealismo se ha convertido en todo: está ubicada por encima de la existencia y la determina. Sin embargo, en realidad, esta soberana del universo no es más que la hipostatización en el idealismo de un vínculo abstracto entre las formas y categorías más generales de la creatividad ideológica. Para el positivismo psicológico, por el contrario, la conciencia no vale nada: no es más que un conglomerado de reacciones psicofisiológicas fortuitas que, por obra de algún milagro, da por resultado creatividad ideológica unificada y significativa. La regularidad social objetiva de la creatividad ideológica, por haber sido interpretada erróneamente como una adecuación a las leyes de la conciencia individual, pierde el derecho a su verdadero lugar en la existencia, y entonces o se eleva al empíreo supraexistencial del trascendentalismo o desciende a las honduras presociales del organismo biológico, psicofísico. Sin embargo, lo ideológico como tal quizá no pueda ser explicado en función de estas raíces super o subhumanas. Su verdadero lugar en la existencia está en la materia social específica de los signos creados por el hombre. Su especificidad consiste precisamente en su ubicación entre individuos organizados, para los cuales constituye el medio de comunicación. Los signos solo pueden aparecer en territorio interindividual. Es un territorio que no puede llamarse "natural" en la acepción directa del término: los signos no aparecen entre dos miembros cualesquiera de la especie Homo sapiens. Es esencial que los dos individuos estén organizados socialmente, que compongan un grupo (una unidad social); solo entonces puede tomar forma entre ellos el medio de los signos. La conciencia individual no solo no puede usarse para explicar nada, sino que, por el contrarío, ella misma necesita ser explicada desde el medio ideológico y social. La conciencia individual es un hecho ideológico-social. Hasta que esto no se admita con todas sus consecuencias, no será posible construir ni una psicología objetiva ni un estudio objetivo de las ideologías. El problema de la conciencia, precisamente, ha creado las mayores dificultades y provocado la tremenda confusión que existe en todos los temas asociados tanto con la psicología como con el estudio de las ideologías. En general, la conciencia se ha convertido en el asylum ignorantiae para todas las elucubraciones filosóficas. Está condenada a ser el receptáculo de todos los problemas no resueltos, de todos los restos objetivamente irreducibles. En vez de tratar de hallar una definición objetiva de la conciencia, los pensadores comenzaron por usarla como medio de dar un carácter subjetivo y fluido a todas las definiciones que eran objetivas y rigurosas. La única definición objetiva posible de la conciencia es sociológica. La conciencia no puede derivarse directamente de la naturaleza, de acuerdo con los intentos del ingenuo materialismo mecanicista y de la psicología objetiva contemporánea (en sus variedades biológica, conductista y reflexológica). La ideología no puede derivarse de la conciencia, según lo entienden el idealismo y el positivismo psicologista. La conciencia toma forma y vida en la materia de los signos creados por un grupo organizado en el proceso de su intercambio social. La conciencia individual se alimenta de signos; de ellos obtiene su crecimiento; refleja su lógica y sus leyes. La lógica de la conciencia es la lógica de la comunicación ideológica, de la

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. interacción semiótica de un grupo social. Si privamos

interacción semiótica de un grupo social. Si privamos a la conciencia de su contenido semiótico, ideológico, no quedaría absolutamente nada. La conciencia solo puede hospedarse en la imagen, en la palabra, en el gesto significativo, etcétera. Fuera de este material, queda el puro acto fisiológico no iluminado por la conciencia, sin que los signos le hayan dado luz, sin que le hayan dado significado. Todo lo dicho conduce a la siguiente conclusión metodológica: el estudio de las ideologías no depende en absoluto de la psicología y no necesita fundarse en ella. Como veremos con mayor detalle en un capítulo posterior, sucede casi a la inversa: la psicología objetiva debe fundarse en el estudio de las ideologías. La realidad de los fenómenos ideológicos es la realidad objetiva de los signos sociales. Las leyes de esta realidad son las leyes de la comunicación semiótica y están directamente determinadas por el conjunto total de las leyes económicas y sociales. La realidad ideológica es la superestructura inmediata de las bases económicas. La conciencia individual no es el arquitecto de la superestructura ideológica, sino solo un inquilino que se aloja en el edificio social de los signos ideológicos. Nuestra argumentación inicial, que liberó los fenómenos ideológicos y su regularidad de la conciencia individual, los enlaza de modo muy firme con las condiciones y las formas de la comunicación social. La realidad del signo está totalmente determinada por esa comunicación. Después de todo, la existencia del signo no es otra cosa que la materialización de esa comunicación, y de esta naturaleza son todos los signos ideológicos. Pero esta cualidad semiótica y el rol continuo y amplio de la comunicación social como factor condicionante en ninguna parte aparecen expresados con tanta claridad y de modo tan completo como en el lenguaje. La palabra es el fenómeno ideológico por excelencia. La realidad de la palabra es totalmente absorbida por su función de signo. Una palabra no contiene nada que sea indiferente a esta función, nada que no haya sido engendrado por ella. Una palabra es el medio más puro y sensible de la comunicación social. Este poder indicador y representativo de la palabra como fenómeno ideológico, así como la excepcional especificidad de su estructura semiótica, constituirían ya razones suficientes para colocar la palabra en una posición de privilegio en el estudio de las ideologías. Precisamente la palabra presenta la materia más reveladora de las formas ideológicas generales básicas de la comunicación semiótica. Pero esto no es todo. La palabra no es solamente el signo más puro y de mayor poder indicador, sino que además es un signo neutral. Cualquier otra clase de material semiótico se especializa en algún campo particular de la creatividad ideológica. Cada campo posee su propio material ideológico y formula signos y símbolos que le son específicos y no son aplicables en otros campos. En estos casos, el signo es creado por alguna función ideológica específica y permanece inseparable de esta. Por el contrario, la palabra es neutral con respecto a cualquier función ideológica específica. Puede desempeñar funciones ideológicas de cualquier tipo: científicas, estéticas, éticas, religiosas. Existe además esa inmensa área de comunicación ideológica que no puede restringirse a ninguna esfera ideológica en particular: el área de la comunicación en la vida humana, la conducta humana. Este tipo de comunicación es extraordinariamente rico e importante. Por una parte, se vincula directamente con el proceso de producción; por la otra, se relaciona de modo tangencial con las esferas de las diversas ideologías especializadas y totalmente desarrolladas. En el próximo capítulo hablaremos con más detalle de esta área especial de la ideología de la conducta o de la vida. Por ahora, señalaremos que la materia comunicativa de la conducta es fundamentalmente la palabra. El llamado lenguaje conversacional y sus formas se ubican precisamente aquí, en el área ideológica de la conducta. Otra propiedad de la palabra que es de la mayor importancia es la que hace de la palabra el medio primordial de la conciencia individual. Aunque la realidad de la palabra, como la de cualquier signo, se da entre los individuos, al mismo tiempo la palabra es producida por los medios propios del organismo

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. individual sin: recurrir a ningún otro elemento o

individual sin: recurrir a ningún otro elemento o material extracorpóreo. Esto determina el rol de la palabra como material semiótico de la vida interior, de la conciencia (lenguaje interno). Por cierto que la conciencia solo puede desarrollarse gracias a que dispuso de material dócil, expresable por medios corpóreos. Y la palabra es exactamente este tipo de material. La palabra puede utilizarse como el signo para uso interno, por así decir: puede funcionar como signo en un estado que no llega a la expresión externa. Por esta razón, el problema de la conciencia individual como palabra interior (como signo interior en general) resulta uno de los más vitales en la filosofía del lenguaje. Es claro, desde todo punto de vista, que este problema no puede abordarse recurriendo al concepto usual de palabra y lenguaje ya agotado en la lingüística no sociológica y en la filosofía del lenguaje. Lo que se necesita es un profundo y agudo análisis de la palabra como signo social antes de que pueda comprenderse su función como medio de conciencia. A este papel exclusivo de la palabra como medio de conciencia se debe el hecho de que la palabra funcione como ingrediente esencial que acompaña toda clase de creatividad ideológica. La palabra acompaña y comenta todos y cada uno de los actos ideológicos. El proceso de comprender cualquier fenómeno ideológico (sea un cuadro, una pieza de música, un ritual o un acto de conducta humana) no puede operarse sin la participación del lenguaje interno. Todas las manifestaciones de la creatividad ideológica —todos los otros signos no verbales— están inmersos, suspendidos en los elementos del lenguaje, y no pueden ser totalmente segregados o divorciados de ellos. Esto no quiere decir, por supuesto, que la palabra pueda reemplazar cualquier otro signo ideológico. Ninguno de los signos ideológicos específicos fundamentales es reemplazable en forma total por palabras. Es esencialmente imposible traducir con exactitud en palabras una composición musical o una imagen pictórica. Las palabras no pueden sustituir totalmente un ritual religioso, y no hay sustituto verbal adecuado ni para el más simple gesto del comportamiento humano. Negarlo conduciría al racionalismo más simplista y trivial, pero no obstante, al mismo tiempo, cada uno de estos signos ideológicos, aunque no sea sustituible por palabras, se apoya en palabras y es acompañado por ellas, como en el caso del canto y su acompañamiento musical. Ningún signo cultural, una vez que ha recibido significado y se lo ha incluido en él, permanece aislado:

se hace parte de la unidad de la conciencia verbalmente constituida. Esta tiene capacidad para hallar el acceso verbal al signo. Es como si se formaran ondas radiantes de respuestas y resonancias verbales alrededor de cada signo ideológico. Cada refracción ideológica de una existencia en proceso de generación, cualquiera que sea la naturaleza de su material significante, es acompañada por una re- fracción ideológica en la palabra como fenómeno concomitante obligatorio. La palabra está presente en cada uno de los actos de comprensión y en cada uno de los actos de interpretación. Todas las propiedades de la palabra que hemos examinado —su pureza semiótica, su neutralidad ideológica, su participación en la conducta comunicativa, su habilidad para convertirse en palabra interna y, en fin, su presencia obligatoria, como fenómeno concomitante, en todo acto consciente—, todas estas propiedades hacen de la palabra el objeto fundamental del estudio de las ideologías. Las leyes de la refracción ideológica de la existencia en los signos y en la conciencia, sus formas y mecanismos, deben estudiarse ante todo en la materia de la palabra. La única manera posible de aplicar el método sociológico marxista a las profundidades y sutilezas de las estructuras ideológicas "inmanentes" es operar desde la base de la filosofía del lenguaje como filosofía del signo ideológico. Y esa base debe ser proyectada y elaborada por el propio marxismo.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. EL PROBLEMA DEL TEXTO EN LA LINGÜÍSTICA, LA

EL PROBLEMA DEL TEXTO EN LA LINGÜÍSTICA, LA FILOLOGÍA Y OTRAS CIENCIAS HUMANAS 6 Mijaíl Bajtín

Hemos de definir nuestro análisis como filosófico gracias a consideraciones de carácter negativo: no se trata aquí de un análisis lingüístico, o filosófico, o histórico-literario, o de algún otro tipo especializado. Las consideraciones positivas son las siguientes: nuestra investigación se desenvuelve en zonas fronterizas, es decir, sobre los límites entre todas las disciplinas mencionadas, en sus empalmes y cruces. El texto (escrito y oral) como dato primario de todas las disciplinas mencionadas y de todo pensamiento humanístico y filológico en general (incluso del pensamiento teológico y filosófico en sus orígenes). El texto es la única realidad inmediata (realidad del pensamiento y de la vivencia) que viene a ser punto de partida para todas estas disciplinas y este tipo de pensamiento. Donde no hay texto, no hay objeto para la investigación y el pensamiento. El texto "sobreentendido". Si interpretamos la noción del texto ampliamente, como cualquier conjunto de signos coherente, entonces también la crítica de arte (crítica de música, teoría e historia de artes figurativas) tiene que ver con textos (obras de arte). Se trata del pensamiento acerca del pensamiento, del discurso acerca del discurso, del texto acerca de los textos. En esto consiste la diferencia radical de nuestras disciplinas (ciencias humanas) frente a las ciencias naturales, aunque aquí no existen fronteras absolutas e impenetrables. El pensamiento humanístico se origina como pensamiento acerca de las ideas, voluntades, manifestaciones, expresiones, signos ajenos, detrás de los cuales están las revelaciones divinas o humanas (leyes de los soberanos, mandamientos de los antepasados, sentencias y adivinanzas anónimas, etc.). La definición científica y la crítica de los textos son fenómenos más tardíos (significan toda una revolución en el pensamiento humanístico, la aparición de la desconfianza). Inicialmente existía la fe, que tan sólo exigía comprensión e interpretación. Luego se recurre a los textos profanos. No tenemos la intención de profundizar en la historia de las ciencias humanas, particularmente de la filosofía y la lingüística, porque nos interesa la especificidad del pensamiento humanístico dirigido hacia los pensamientos, sentidos, significados ajenos que se realizan y se le presentan al investigador únicamente en forma de texto. Las finalidades de la investigación pueden ser muy variadas, pero su punto de partida sólo puede ser el texto. Nos interesa aquí únicamente el problema de los textos verbales que son la realidad primaria de las disciplinas humanas correspondientes, en primer lugar de la lingüística, la filología, los estudios literarios, etc. Todo texto posee un sujeto que es el autor (hablante o escritor). Las formas, especies y tipos posibles de la autoría. El análisis lingüístico dentro de unos límites determinados puede abstraerse totalmente de la autoría. La interpretación del texto como ejemplo (juicios ejemplares, silogismos en la lógica, oraciones en la gramática, "conmutaciones" lingüísticas, etc.). Textos imaginarios (ejemplos y otros). Textos construidos (para un experimento lingüístico o estilístico). En todos estos casos se trata de tipos especiales de autores, inventores de ejemplos, experimentadores con su responsabilidad específica de autor (allí también existe un otro sujeto: el que podría expresarse así).

6 en Bajtín, Mijaíl (2008[1979]). Estética de la creación verbal. Buenos Aires: Editorial Siglo XII.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. El problema de los límites textuales. El texto

El problema de los límites textuales. El texto como enunciado. El problema de funciones del texto y de los géneros textuales. Hay dos momentos que determinan un texto como enunciado: su proyecto (intención) y la realización de éste. Las interrelaciones dinámicas entre estos momentos, la lucha entre ellos, que determina el carácter del texto. La divergencia entre ellos puede significar muchas cosas. El ejemplo de Tolstoi. Los lapsus del habla y de la escritura según Freud (expresión del inconsciente). La transformación del proyecto en el proceso de su realización. El incumplimiento de la intención fonética.

El problema del segundo sujeto que reproduce (con uno u otro fin, incluso para una investigación) el texto ajeno y que crea otro texto como marco (comentario, evaluación, objeción, etc.). La especificidad del pensamiento humanístico: el doble plano y el doble sujeto. La textología como teoría y práctica de la reproducción científica de los textos literarios. El sujeto textológico (textólogo) y sus particularidades. El problema del punto de vista (de la posición espaciotemporal) del observador en la astronomía y en la física. El texto como enunciado incluido en la comunicación discursiva (cadena textual) de una esfera dada. El texto como una especie de mónada que refleja en sí todos los textos posibles de una esfera determinada de sentido. La relación mutua entre todos estos sentidos (puesto que todos se realizan en los enunciados). Las relaciones dialógicas entre los textos y dentro de los textos. Su carácter específico (no lingüístico). El diálogo y la dialéctica. Dos polos en los textos. Cada texto presupone un sistema comprensible para todos (es decir, acordado por una colectividad dada) de signos, esto es, la lengua (aunque se trate de la lengua del arte). Si detrás de un texto no está una lengua, ya no se trata del texto sino de un fenómeno natural (no sígnico), por ejemplo, un complejo de gritos y gemidos naturales que carecen de sistematicidad lingüística (sígnica). Desde luego, todo texto, tanto oral como escrito, comprende una gran cantidad de aspectos heterogéneos naturales carentes de carácter sígnico que salen fuera de la esfera de una investigación humanística (lingüística, filológica, etc.), pero que también se toman en cuenta por la última (manuscrito deteriorado, mala dicción, etc.). No existen ni pueden existir textos puros. En cada texto, además, existe una serie de momentos que pueden llamarse técnicos (la técnica de la presentación gráfica, de la pronunciación, etcétera). Así, pues, detrás de cada texto está el sistema de la lengua. En el texto, le corresponde todo lo repetido

y reproducido y todo lo repetible y reproducible, todo lo que existe también fuera de un texto dado (su carácter determinado). Pero al mismo tiempo cada texto (visto como enunciado) es algo individual, único

e irrepetible, en lo cual consiste todo su sentido (su proyecto, aquello para que se había creado el texto).

Es aquello que se refiere a la verdad, al bien, a la belleza, a la historia. En relación con este aspecto, todo lo repetible y reproducible viene a ser únicamente material y medio. En cierta medida, este aspecto se encuentra fuera de la esfera de la lingüística y la filología. Este segundo momento o polo pertenece al

texto mismo pero se manifiesta únicamente en la situación y en la cadena de los textos (dentro de la comunicación discursiva de una esfera dada). Este polo no está relacionado con los elementos repetibles del sistema de la lengua (de los signos), sino con otros textos (irrepetibles) mediante los específicos vínculos dialógicos (o dialécticos, cuando se abstrae del autor). Este segundo polo está indisolublemente ligado al aspecto de la autoría y no tiene nada que ver con la unicidad casual y natural, porque se realiza totalmente gracias a los medios del sistema de la lengua. Se realiza gracias al contexto puro, aunque se completa con momentos naturales. La relatividad de todos los límites (por ejemplo, cómo se cataloga el timbre de la voz de un lector o hablante, etc.). El cambio de funciones determina el cambio de delimitaciones. La distinción entre la fonología y la fonética.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. El problema de la interrelación dialéctica (de sentido)

El problema de la interrelación dialéctica (de sentido) y dialógica de los textos de una esfera dada. El problema específico de la interrelación histórica entre los textos. Todo esto, a la luz del segundo polo. El problema del alcance de la explicación causal. Lo más importante es no alejarse del texto (aunque se trate de un texto posible, imaginario, construido). La ciencia del espíritu. El espíritu (propio y ajeno) no puede ser dado como cosa (que es el objeto inmediato de las ciencias naturales) , sino únicamente en la expresión sígnica, en la realización de textos para uno mismo y para el otro. La crítica de la auto-observación. Pero hace falta una comprensión profunda, rica y fina del texto. Teoría del texto. El gesto natural en la representación efectuada por un actor adquiere una importancia sígnica (por su carácter arbitrario, convencional y .sometido a la intención del papel). El carácter único de lo natural (p. ej., de una huella digital) y el carácter irrepetible, significante y sígnico, del texto. Sólo es posible una reproducción mecánica de una huella digital (en cualquier cantidad de copias); por supuesto, también es posible una reproducción igualmente mecánica del texto (reimpresión), pero la reproducción del texto por un sujeto (regreso al texto, una lectura repetida, una nueva representación, la cita) es un acontecimiento nuevo e irrepetible en la vida del texto, es un nuevo eslabón en la cadena histórica de la comunicación discursiva. Todo sistema de signos (es decir, toda lengua), por más pequeña que sea la colectividad que sustenta su carácter convencional, en un principio siempre puede ser descifrado, es decir, traducido a otros sistemas de signos (otras lenguas); por consiguiente, existe una lógica común de los sistemas sígnicos, una potencial y única lengua de las lenguas (que, desde luego, jamás puede ser una lengua concreta, una de las lenguas). Pero el texto (a diferencia de la lengua como sistema de recursos) nunca puede ser traducido hasta el final, porque no hay un texto de los textos, potencial y único. El acontecimiento en la vida de un texto, es decir, su esencia verdadera, siempre se desarrolla sobre la frontera entre dos conciencias, dos sujetos. El estenograma del pensamiento humanístico es una transcripción del diálogo específico que comprende una compleja interrelación entre el texto, como objeto de estudio y reflexión, y el contexto como su marco creado (pregunta, objeción, etc.) en que se realiza el pensamiento cognoscitivo y evaluador del sabio. El encuentro de los dos textos, del que ya está dado y del que se está creando como una reacción al primero, es, por consiguiente, un encuentro de dos sujetos, dos autores. El texto no es una cosa, por lo tanto la otra conciencia, la del que lo recibe, no puede ser eliminada ni neutralizada. Se puede ir hacia el primer polo, que es la lengua —la lengua del autor, la lengua del género, de una corriente literaria, de una época, la lengua nacional (la lingüística)—, y finalmente a la potencial lengua de lenguas (el estructuralismo, la glosemática). También es posible ir hacia el otro polo, que es el acontecimiento irrepetible del texto. Entre estos dos polos se colocan todas las ciencias humanas posibles que parten de la realidad primaria del texto. Los dos polos aparecen como algo absoluto e incondicional: tan incondicional es la potencial lengua de lenguas como el texto único e irrepetible. Todo texto verdaderamente creativo es en cierta medida una revelación de la personalidad, libre y no predeterminada por la necesidad empírica. Por eso el texto (en su núcleo libre) no permite ni una explicación causal ni una previsión científica. Lo cual, desde luego, no excluye la necesidad interna, la lógica interna del núcleo libre del texto (sin ellas, el texto no podría ser comprendido, reconocido, ni ser eficaz).

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. El problema del texto para las ciencias humanas.

El problema del texto para las ciencias humanas. Las ciencias humanas son ciencias que estudian al hombre en su especificidad, y no como cosa sin voz o fenómeno natural. El hombre en su especificidad humana siempre se está expresando (hablando), es decir, está creando texto (aunque sea éste un texto en potencia). Allí donde el hombre se estudia fuera del texto e independientemente de él, ya no se trata de las ciencias humanas (anatomía y fisiología del hombre, etcétera). El problema del texto para la textología. El aspecto filosófico de este problema. El intento de estudiar el texto como una "reacción verbal" (behavorismo)? La cibernética, la teoría de la información, la estadística y el problema del texto. El problema de la cosificación del texto. Los límites de esta cosificación. Un acto humano es un texto en potencia y puede ser comprendido (como acto humano, no como acción física) tan sólo dentro del contexto dialógico de su tiempo (como réplica, como postura llena de sentido, como sistema de motivos). El enunciado "todo lo sublime y lo bello” no es una unidad fraseológica en sentido general, sino que es una combinación de palabras muy especial, llena de entonaciones y de expresividad. Representa un estilo, una visión del mundo, un tipo humano, huele a contextos, en él se perciben dos voces, dos sujetos (uno, alguien que podría supuestamente expresarse en esta forma seriamente, y otro que está parodiando al primero). Las palabras sublime y bello tomadas aisladamente, fuera de la combinación, carecen de bivocalismo; la segunda voz llega a la combinación de las palabras cuando ésta se convierte en enunciado (es decir, cuando adquiere un sujeto discursivo, sin el cual no existe la segunda voz). Una sola palabra también puede llegar a ser bivocal si representa una abreviatura del enunciado (o sea si tiene un autor). La unidad fraseológica no se crea por la primera voz sino por la segunda. La lengua y el discurso, la oración y el enunciado. El sujeto discursivo (un individuo genérico y "natural") y el autor del enunciado. El cambio de los sujetos discursivos y el cambio de los hablantes (autores de enunciados). La lengua y el discurso pueden ser tomados por un mismo fenómeno puesto que en el discurso se borran los límites dialógicos entre los enunciados. Pero la lengua y la comunicación discursiva (como un intercambio dialógico de enunciados) nunca han de ser confundidos. Es posible una identidad absoluta de dos o más oraciones (si se sobreponen como dos figuras geométricas, coincidirán), es más, hemos de aceptar que cualquier oración, incluso una compleja, dentro de un flujo discursivo ilimitado puede repetirse infinitamente de un modo totalmente idéntico, pero en tanto que enunciado (o su parte), ni una sola oración, aunque esté compuesta de una sola palabra, puede ser jamás repetida: en este caso, siempre se trata de un enunciado nuevo (por ejemplo, una cita). Puede surgir el interrogante acerca de si puede la ciencia analizar fenómenos tan irrepetiblemente individuales como los enunciados, porque tal vez éstos se colocarían fuera de los límites del conocimiento científico generalizador. Por supuesto que la ciencia puede ocuparse de tales fenómenos. En primer lugar, el punto de partida de cualquier ciencia son las individualidades irrepetibles, y en toda su trayectoria la ciencia tiene que ver con ellas. En segundo lugar, la ciencia, y ante todo la filosofía, puede y debe estudiar la forma específica y la función de esta individualidad. Se postula la necesidad de que constantemente se corrija la pretensión de agotar, mediante un análisis abstracto (p. ej. un análisis lingüístico), un enunciado concreto. El estudio de aspectos y formas de las relaciones dialógicas entre los enunciados y de sus formas tipológicas (factores de enunciados). El estudio de los momentos extralingüísticos (artísticos, científicos, etc.) del enunciado. Existe todo un campo entre el análisis lingüístico y el análisis de sentidos que nunca ha sido tocado por la ciencia hasta ahora. Dentro de los límites de un mismo enunciado, una oración puede ser repetida (reiteración, autocitación, algo involuntario), pero siempre es una nueva parte del enunciado, porque ha cambiado de lugar y de función dentro de la totalidad del enunciado.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. El enunciado en su totalidad se conforma como

El enunciado en su totalidad se conforma como tal gracias a elementos extralingüísticos (dialógicos) y también está vinculado con otros enunciados. Los elementos extralingüísticos (dialógicos) también penetran dentro del enunciado. Las expresiones generalizantes del hablante en la lengua (pronombres personales, formas personales de los verbos, formas gramaticales y léxicas de modalidad y marcas de la actitud del hablante hacia su discurso) y el sujeto discursivo. El autor del enunciado. Desde el punto de vista de los fines extralingüísticos del enunciado, todo lo concerniente a la lengua es tan sólo un recurso. El problema del autor y de cómo se manifiesta en una obra. ¿En qué medida se puede hablar de la "imagen" del autor? Encontramos a un autor (lo percibimos, entendemos, sentimos) en cualquier obra de arte. Por ejemplo, en una obra pictórica siempre percibimos a su autor (el pintor), pero nunca lo vemos de la misma manera como vemos las imágenes representadas por él. Lo percibimos como un principio representante abstracto (el sujeto representador), y no como una imagen representada (visible). También en un autorretrato no vemos, desde luego, al autor que lo ejecuta, sino apenas una representación del artista. Estrictamente hablando, la imagen del autor es contradictio in adjecto. La supuesta imagen del autor, a pesar de ser ima- gen especial, diferente de las demás imágenes de una obra, es siempre una imagen que tiene un autor que la había creado. La imagen del narrador en primera persona, la imagen del protagonista en las obras de carácter autobiográfico (autobiografías, memorias, confesiones, diarios, etc.), personaje autobiográfico, héroe lírico, etc. Todos ellos se miden y se determinan por su actitud frente al autor como persona real (siendo este objeto específico de representación), pero todas ellas son imágenes representadas que tienen un autor como portador de un principio puramente representativo. Podemos hablar del autor puro, a diferencia de un autor parcialmente representado, mostrado, que forma parte de una obra. El problema del autor de un enunciado común y corriente, tipo estándar, cotidiano. Podemos constituir la imagen de cualquier hablante, percibir cualquier enunciado como objeto, pero esta imagen objetivada no forma parte de la intención del hablante mismo y no se crea por él en tanto que autor de su enunciado. Esto no significa que el autor intrínseco del enunciado no tenga que ver con el autor como persona real:

desde luego, ellos se relacionan, y de una manera muy directa, echando una luz en lo más profundo del autor, persona real, pero esta profundidad nunca puede llegar a ser una de las imágenes de la obra misma. El autor-persona real está presente en la obra como una totalidad, pero nunca puede formar parte de la obra. No es natura creata ni natura naturata et creans, sino una pura natura creans et non creata. ¿En qué medida son posibles en la literatura los enunciados puros, no objetivados, univocales? La palabra en la cual el autor no percibe una voz ajena, en la cual se refleja únicamente el autor y todo el autor, ¿puede funcionar como material de construcción para una obra literaria? ¿No será que un determinado grado de objetivación sea una condición necesaria de todo estilo? ¿No será que el autor siempre se ubique fuera de la lengua en tanto que material para una obra literaria? ¿Tal vez cada escritor (incluso un lírico puro) sea siempre "dramaturgo" en el sentido de que cualquier discurso aparece en su obra distribuido entre las voces ajenas, incluyendo ahí la imagen del autor (y otras máscaras de tutor)? Tal vez toda palabra no objetivada y univocal sea ingenua e inservible para la creación verdadera. Toda voz auténticamente creadora puede ser solamente la segunda voz dentro del discurso. Únicamente la segunda voz, que es la actitud pura, puede ser no objetivada hasta el final, puede existir sin hacer la som- bra de la imagen, la sombra sustancial. El escritor es alguien que es capaz de trabajar con la lengua situándose fuera de ella, alguien que posee el don del habla indirecta.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. El saber expresarse a sí mismo implica hacer

El saber expresarse a sí mismo implica hacer de uno mismo el objeto para el otro y para uno mismo (la "realidad de la conciencia"). Es la primera fase de la objetivación. Pero también es posible expresar la actitud de uno mismo hacia su persona como objeto (segunda fase de la objetivación). Así, la palabra propia resulta ser objetivada y recibe una segunda voz, que también es propia. Pero esta segunda voz ya no echa su propia sombra, porque expresa la actitud pura, mientras que toda su sustancia objetivadora y materializante se entrega a la primera voz. Pongamos por caso que tenemos que expresar nuestra actitud hacia determinada manera de hablar. En el habla cotidiana, tal actitud se realiza en una cierta entonación burlona o irónica (Karenina en L. Tolstoi), una entonación que expresa admiración, falta de comprensión, pregunta, duda, afirmación, rechazo, indignación, sorpresa, etc. Es un fenómeno muy primario y muy común de bivocalizacíón en la comunicación discursiva cotidiana, en los diálogos y discusiones acerca de temas científicos y otros debates ideológicos. Es un bivocalismo bastante burdo y de un carácter poco generalizante, a veces directamente personal: esto sucede cuando se reproducen las palabras del interlocutor con determinada reacentuación. Las diferentes formas de estilización paródica representan también un modo de bivocalizar la palabra burdamente y sin generalización. En estos casos, la voz ajena aparece como limitante, pasiva, carente de profundidad y de carácter productivo (creativo, enriquecedor) en su relación con la otra voz. En la literatura este fenómeno aparece en forma de personajes positivos y negativos. En todas estas formas aparece un bivocalismo directo y podría decirse inclusive que físico. En el drama, la situación resulta ser más compleja, porque allí, por lo visto, la voz del autor no se realiza en la palabra.

El ver y el comprender al autor de una obra literaria significa ver y comprender la otra conciencia, la conciencia ajena con todo su mundo, es decir, comprender al otro sujeto (Du). Dentro de una explicación actúa una sola conciencia y un solo sujeto; dentro de una comprensión actúan dos conciencias y dos sujetos. No puede haber una actitud dialógica hacia un objeto, por lo tanto la explicación carece de momentos dialógicos (aparte del momento retórico-formal). La comprensión siempre es dialógica, en cierta medida. Los diferentes tipos y formas de comprensión. La comprensión de la lengua de los signos, es decir, la comprensión (dominio) de un determinado sistema de signos (p. ej. de una lengua). La comprensión de una obra escrita en una lengua conocida, o sea comprendida ya. La ausencia de fronteras marcadas y la transición de un tipo de comprensión a otro en la práctica. ¿Se puede decir que la comprensión de la lengua como sistema no implique la presencia del sujeto y carezca absolutamente de momentos dialógicos? ¿En qué medida es posible hablar del sujeto de la lengua como sistema? La descodificación de una lengua desconocida: la sustitución de posibles hablantes indefinidos, la construcción de enunciados posibles en esta lengua. La comprensión de cualquier obra escrita en una lengua bien conocida (incluso materna) siempre enriquece también nuestra comprensión de la lengua determinada en tanto que sistema. El sujeto de la lengua y el sujeto (o sujetos) de una obra literaria. Distintos grados de transición. Sujetos de los estilos de la lengua (funcionario, comerciante, científico, etc.). Las máscaras del autor (imágenes del autor) y el autor propiamente dicho. La imagen social y estilística de un funcionario pobre (p. ej. Dévushkin en La pobre gente de Dostoïevski). Una imagen semejante, a pesar de que se representa mediante autoanálisis, se da como él (en tercera persona), y no como tú. Es una imagen objetivada y ejemplificada. En relación con ella, no existe aún una actitud auténticamente dialógica.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. El acercamiento de los medios de representación al

El acercamiento de los medios de representación al objeto de la misma en tanto que característica del realismo literario (las caracterizaciones propias, las voces, los estilos, no la representación, sino la cita de la palabra de los personajes como hablantes). Los elementos objetivantes y puramente funcionales de cada estilo. El problema de la comprensión del enunciado. Lo que es necesario para la comprensión es precisamente el establecimiento de los límites claros y fundamentales del enunciado. El cambio de los sujetos discursivos. La capacidad de determinar la respuesta. En principio, toda comprensión implica una respuesta. Kannitverstan. Cuando existe una consciente voluntad de representar una variedad de estilos, entre estos últimos siempre se establecen relaciones dialógicas. Estas relaciones recíprocas no pueden ser comprendidas en el plano del sistema de la lengua (ni mecánicamente). Una descripción puramente lingüística y una definición de varios estilos dentro de los límites de una obra literaria no pueden revelar su interrelación de sentidos ni sus relaciones artísticas. Es importante que se comprenda el sentido total de este diálogo de estilos desde el punto de vista del autor (no en tanto que imagen, sino en tanto que función). Pero cuando se habla del acercamiento de los recursos de representación hacia lo representado, a este último se le ve como objeto y no como el otro sujeto (el tú). La representación de una cosa y la representación de un hombre (de un hablante, en realidad). El realismo literario a menudo cosifica al hombre, pero éste no es un acercamiento hacia el hombre. El naturalismo, con su tendencia hacia una explicación causal de las acciones e ideas del hombre (de su postura de sentido dentro del mundo) lo cosifica aún más. El enfoque "inductivo" que supuestamente es propio del realismo es, en realidad, una explicación del hombre en forma causal y cosificante. Las voces (en el sentido de estilos sociales cosificados) en este caso se convierten sencillamente en indicios de las cosas (o síntomas de los procesos) y no pueden ser contestadas ni discutidas, y la actitud dialógica hacia esta clase de voces se apaga. Los grados de la objetivación y de la subjetivación de los hombres representados (con respecto a la actitud del autor hacia ellos) son muy diferentes. La imagen de Dévushkin en este sentido es fundamentalmente diferente de las imágenes objetivadas de los funcionarios pobres que aparecen en las obras de otros escritores. La imagen de Dévushkin aparece como polémicamente dirigida en contra de las últimas, que carecen de un tú auténticamente dialógico. En las novelas suelen aparecer las discusiones terminadas y evaluadas desde el punto de vista del autor (en el caso de que aparezcan esas discusiones). En Dostoievski encontramos la transcripción de un debate que no está ni puede ser concluido. Pero en general cualquier novela está llena de voces dialógicas (éstas, desde luego, no siempre van dirigidas a los personajes de la novela). Después de Dostoievski, la polifonía irrumpe violentamente en toda la literatura universal En relación con el hombre, el amor, el odio, la compasión, la ternura y toda clase de emociones en general siempre son dialógicas. En lo dialógico (en relación con el hecho de que sus héroes aparecen como sujetos) Dostoievski traspasa determinado límite, y el carácter dialógico de su obra adquiere una cualidad nueva y superior. Cuando la imagen del hombre tiene carácter de objeto, esto no quiere decir que éste posea cualidad de cosa. A esta imagen se puede tener afecto y compasión, etc., pero lo más importante es que esta imagen puede y debe ser comprendida. En la literatura (y en el arte en general), hasta las cosas muertas (relacionadas con el hombre) poseen un reflejo de lo subjetivo. Un discurso comprendido como objeto (y un discurso objetivo forzosamente demanda comprensión, en caso contrario no se trataría de un discurso; sin embargo, en esta comprensión se debilita el momento dialógico) puede ser incluido en la cadena causal de una explicación. Un discurso que no se ve como

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. objeto (que funciona como una serie de sentidos)

objeto (que funciona como una serie de sentidos) permanece dentro de un diálogo no concluido acerca de un tema determinado. La correlación de enunciados que atestiguan hechos objetivos en la física. El texto como el reflejo subjetivo de un mundo objetivo, el texto como expresión de una conciencia que refleja algo. Cuando el texto llega a ser objeto de conocimiento para nosotros, podemos hablar del reflejo de un reflejo. La comprensión del texto es precisamente un reflejo adecuado del otro reflejo. A través del reflejo ajeno, hacia el objeto reflejado. Ni un solo fenómeno de la naturaleza puede tener un significado; los signos (incluidas las palabras) son los únicos que poseen un significado. Por lo tanto todo estudio de los signos, sin importar el camino que vaya a adoptar, se inicia necesariamente con una comprensión. El texto es la realidad primaria y el punto de partida para cualquier disciplina del campo de las ciencias humanas. Conglomerado de conocimientos heterogéneos y de métodos distintos, llamado filología, lingüística, estudios literarios, epistemología, etc. Partiendo de un texto, todos ellos adoptan direcciones varias, recortan trozos heterogéneos de la naturaleza, de la vida social, de la psiquis, de la historia, uniéndolos mediante relaciones de sentido o causales, mezclando evaluaciones con constancia de los hechos. Es necesario pasar del señalamiento del objeto real a una nítida delimitación de los objetos de una investigación científica. El objeto real es el hombre social que habla y se expresa también con otros medios. No hay posibilidad de llegar a él y a su vida (su trabajo, su lucha, etc.) sino a través de los textos sígnicos creados o por crear. Hay que cuestionar si se puede estudiar al hombre como un fenómeno de la naturaleza, como cosa. La acción física del hombre ha de ser comprendida como acto, pero el acto no puede ser comprendido fuera de su expresión sígnica (motivos, objetivos, estímulos, grado de conciencia) que nosotros recreamos. Es como si obligáramos al hombre a hablar (construimos sus testimonios, explicaciones, confesiones, desarrollamos su discurso interior posible o real, etc.). En todas partes encontramos un texto real o posible y su comprensión. La investigación se convierte en interrogación y plática, o sea en diálogo. No preguntamos a la naturaleza, y la naturaleza no nos contesta. Nos preguntamos a nosotros mismos y organizamos de una manera determinada la observación o el experimento para obtener la respuesta. Estudiando al hombre, en todas partes buscamos y encontramos signos y tratamos de comprender su significado. Nos interesan ante todo las formas concretas de los textos y las condiciones concretas de la vida de los textos, sus interrelaciones e interacciones. Las relaciones dialógicas entre los enunciados que atraviesan también por dentro los enunciados aislados, competen a la metalingüística. Estas relaciones difieren radicalmente de las posibles relaciones lingüísticas entre los elementos tanto dentro del sistema de la lengua como dentro de un enunciado aislado. Carácter metalingüístico del enunciado (de una producción discursiva). Las relaciones de sentido dentro de un enunciado (aunque fuese un enunciado potencialmente infinito, como por ejemplo en el sistema de la ciencia) tienen un carácter lógico-objetual (en un sentido amplio), pero las relaciones de sentido entre diversos enunciados adquieren un carácter dialógico (o, en todo caso, un matiz dialógico). Los sentidos se distribuyen entre las diferentes voces. Papel excepcional de la voz, de la personalidad. Los elementos de la lengua son neutros con respecto a la separación en enunciados, porque se mueven libremente sin reconocer las fronteras del enunciado, sin reconocer ni respetar la soberanía de las voces. ¿Con qué se determinan, pues, las fronteras firmes entre los enunciados? Se determinan por las fuerzas metalingüísticas.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Los enunciados extraliterarios y sus límites (réplicas,

Los enunciados extraliterarios y sus límites (réplicas, cartas, diarios, discurso interior, etc.) traspuestos a una obra literaria (p. ej, a una novela). Allí cambia su sentido total. Sobre ellos recaen los reflejos de otras voces, los compenetra la voz del mismo autor. Dos enunciados confrontados que pertenecen a dos sujetos que se desconocen, si apenas lejanamente tratan un mismo tema o idea, establecen inevitablemente relaciones dialógicas entre ellos. Estos enunciados se rozan entre sí en el territorio de un tema o una idea común. La epigráfica. El problema del género de las inscripciones más antiguas. El autor y el destinatario de las inscripciones. Los clichés necesarios. Las inscripciones en los sepulcros ("alégrate"). La invocación que el muerto dirige a un transeúnte vivo. El carácter necesariamente estandarizado de invocaciones, conjuros, oraciones, etc. Formas de loas y exaltaciones. Formas de injurias y escarnios (rituales). Problema de la relación que se establece entre el pensamiento y la palabra, por una parte, y el deseo, la voluntad, la exigencia, por otro. Nociones mágicas acerca de la palabra. La palabra como acto. Hubo toda una revolución en la historia de la palabra, cuando ésta se ha vuelto expresión y testimonio puro (inactivo), o comunicación. La aparición tardía de la conciencia autoral. El autor de una obra literaria (una novela) crea una obra discursiva única y total, es decir, el enunciado. Pero lo conforma de toda clase de enunciados heterogéneos, ajenos. Incluso el discurso directo del autor está repleto de los discursos ajenos concebidos como tales. Habla indirecta, actitud hacia su propia lengua como a una de las lenguas posibles (y no como si la lengua propia fuese la única e incondicionalmente posible). Las caras concluidas (o "cerradas") en la pintura (incluyendo el retrato). Representan un personaje concluido, que ya está allí y no puede ser otro. Las caras de las personas que ya dijeron todo, que ya murieron, o como si hubieran muerto. El artista concentra su atención en los rasgos conclusivos, determinantes, que encierran. Vemos a todo el personaje y ya no esperamos nada más ni otra cosa. El personaje no puede regenerarse, renovarse, vivir una metamorfosis, porque se encuentra en su fase conclusiva, última y definitiva. La actitud del autor hacia lo representado siempre es una componente de la imagen. La actitud del autor es el momento constitutivo de la imagen. Se trata de una actitud sumamente compleja, que no puede ser reducida a una evaluación unívoca. Las evaluaciones de este último tipo destruyen la imagen literaria. No están presentes en una buena sátira (en Gógol, en Shchedrín). El ver algo por primera vez, el entenderlo, ya implica el entablar una relación con este algo, que ya no tan sólo existe en sí y para sí, sino también para el otro (ya están presentes dos conciencias confrontadas). La comprensión en sí ya es una actitud muy importante (la comprensión nunca resulta ser tautología o doblete, porque implica a dos sujetos y a un tercero potencial). Lo que se siente cuando a uno no se le oye ni se le comprende (cf. Th. Mann). Un "no sé", un "así sucedió, aunque a mí no me importa" se revelan como actitudes importantes. La destrucción de apreciaciones unilaterales y de actitudes en general crea una actitud nueva. Un tipo especial de relaciones emocionales y evaluativas. Su heterogeneidad y su complejidad. El autor no puede ser separado de las imágenes y los personajes por él creados, puesto que forma parte de ellos como algo inalienable (las imágenes tienen naturaleza doble y a veces bivocal). Pero la imagen del autor puede ser separada de las de los personajes, puesto que esta imagen también está creada por el autor y por lo tanto también posee una naturaleza doble. A menudo se habla de los personajes como de las personas vivas. Diferentes planos de sentido en los que se ubican los discursos de los personajes y el discurso del autor. Los personajes hablan como participantes de la vida representada; hablan, por decirlo así, desde su posición particular, y sus puntos de vista están limitados de una u otra manera (ellos saben menos que el autor). El autor se ubica fuera del mundo representado (y en cierto sentido creado) por él. Él da un sentido

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. a este mundo desde una postura más elevada

a este mundo desde una postura más elevada y cualitativamente distinta. Finalmente, todos los

personajes con sus discursos aparecen como objetos de la actitud del autor y de su discurso). Pero los planos discursivos de los personajes y del autor pueden entrecruzarse, es decir, entre ellos son posibles relaciones dialógicas. En las obras de Dostoievski, donde los personajes son ideólogos, tanto el autor como

los héroes ideólogos se encuentran en un mismo plano. Son básicamente distintos los contextos dialógicos y las situaciones discursivas de los personajes y del autor. Los discursos de los personajes participan en los diálogos representados dentro de la obra y no comparten de una manera inmediata el diálogo ideológico real de la actualidad, es decir, la comunicación discursiva real en la que participa y en la que cobra sentido

la obra en su totalidad (participan de ella tan sólo como elementos de la mencionada totalidad). Mientras

tanto, el autor ocupa una posición en este diálogo real y es determinado por la situación real de la actualidad. A diferencia del autor real, la imagen del autor creada por él mismo carece de participación inmediata en el diálogo real (en que él participa sólo a través de la obra entera), pero sí puede formar parte del argumento de la obra y llevar un diálogo representado con los personajes (la plática del "autor" con Oneguin). El discurso del autor que representa (autor real), en el caso de que exista, es discurso de un tipo fundamentalmente especial que no puede tener un mismo estatuto que el discurso de los personajes. Precisamente es este discurso el que determina la última unidad de la obra y su última instancia de sentido, su última palabra, por así decirlo. Las imágenes del autor y las de los personajes se determinan, según V.V. Vinográdov, por los lenguajes- estilo, las diferencias entre ellas se reducen a las diferencias entre lenguajes y estilos, o sea a las diferencias puramente lingüísticas. Las relaciones extralingüísticas entre los discursos o estilos no las analiza Vinográdov. Pero estas imágenes, esto es, lenguajes o estilos, en una obra no aparecen como solamente realidades lingüísticas, sino que entablan entre sí relaciones dinámicas de sentido con estatuto específico. Este tipo de relaciones puede ser definido como relaciones dialógicas. Las relaciones dialógicas tienen un carácter específico: no pueden ser reducidas a relaciones lógicas (aunque éstas sean relaciones dialécticas), ni a las relaciones puramente lingüísticas (sintáctico-composicionales). Sólo son posibles entre los enunciados enteros, entre diversos sujetos discursivos (el diálogo con uno mismo tiene un carácter secundario y en la mayoría de los casos representado a propósito). No tocamos aquí el problema del origen del término "diálogo" (cf. Hirzel). Allí donde no hay palabra, donde no hay lenguaje, no puede haber tampoco relaciones dialógicas, las que no pueden establecerse entre objetos o entre categorías lógicas (nociones, juicios, etc.). Las relaciones dialógicas presuponen la presencia de una lengua, pero no existen en el sistema de la lengua. No pueden establecerse entre los elementos de la lengua. La especificidad de las relaciones dialógicas precisa de un estudio especial. Una estrecha comprensión del diálogo como una de las formas de composición del discurso (discurso dialógico y monológico). Se puede decir que cada réplica es por sí misma monológica (representa un monólogo de máxima brevedad), y que todo monólogo viene a ser la réplica de un gran diálogo (de la comunicación discursiva en determinada esfera). El monólogo como discurso que no está dirigido a nadie y que no presupone una respuesta. Los diferentes grados posibles del monologismo. Las relaciones dialógicas sen relaciones (de sentido) entre toda clase de enunciados en la comunicación discursiva. Cualesquiera dos enunciados confrontados en el plano del sentido (y no como cosas o como ejemplos lingüísticos) entablan una relación dialógica. Pero ésta es una forma específica del dialogismo no intencionado (por ejemplo, la confrontación de enunciados pertenecientes a diferentes científicos o a distintos sabios de varias épocas acerca de una misma cuestión). "¡Hambre, frío!", como un solo enunciado de un sujeto discursivo. "¡Hambre!" — "¡Frío!" como dos enunciados dialógicamente confrontados que pertenecen a dos sujetos diferentes; en este último caso aparecen relaciones dialógicas

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. que no existían en el primer caso. Lo

que no existían en el primer caso. Lo mismo, en el ejemplo de dos oraciones grandes (buscar un ejemplo convincente). Cuando un enunciado se toma para los fines de un análisis lingüístico, su naturaleza dialógica se queda aparte, el enunciado se toma dentro del sistema de la lengua como una realización de la última, y no dentro de un gran diálogo de la comunicación discursiva. La enorme y hasta ahora no estudiada heterogeneidad de los géneros discursivos: desde las esferas no publicadas del discurso interior hasta las obras literarias y tratados científicos. La heterogeneidad de los géneros nacidos en la plaza pública (cf. Rabelais), de los géneros íntimos, etc. En diferentes épocas y dentro de los géneros distintos es donde tiene lugar el proceso de formación de la lengua. La lengua, la palabra, son casi todo en la vida humana. Pero no hay que pensar que esta realidad que lo abarca todo y que tiene tantas facetas tan sólo pueda ser objeto de una ciencia que es la lingüística, y que pueda ser comprendida únicamente a través de la metodología de la lingüística. El objeto de la lingüística es tan sólo el material, los recursos de la comunicación discursiva, y no la comunicación discursiva en sí, no los enunciados mismos, no las relaciones dialógicas entre ellos, no los géneros discursivos. La lingüística estudia tan sólo las relaciones entre los elementos dentro del sistema de la lengua, pero no las relaciones entre los enunciados y la realidad y entre los enunciados y el sujeto hablante (el autor). El sistema de la lengua tiene un carácter netamente potencial con respecto a los enunciados reales y a los hablantes reales. El significado de la palabra, puesto que éste se estudia en el plano de la lengua (semasiología lingüística), se determina tan sólo a través de otras palabras de una misma lengua (o de otra) y en su relación con estas palabras; la palabra entabla una relación con una noción o con una imagen literaria, o con la realidad únicamente dentro del enunciado y a través del enunciado. Así es la palabra como objeto de la lingüística (y no la palabra real como enunciado concreto o una parte de éste; parte, no medio).

Comenzar desde el problema de una obra discursiva como realidad primaria de la vida discursiva. Desde la réplica del diálogo cotidiano hasta una novela de muchos tomos o un tratado científico. La interacción de las obras discursivas en diversas esferas del proceso discursivo. El "proceso literario", la lucha de opiniones en la ciencia, la lucha ideológica, etc. Dos obras discursivas, dos enunciados confrontados establecen relaciones específicas de sentido, las que llamamos relaciones dialógicas. Su naturaleza específica. Elementos lingüísticos dentro del sistema de la lengua o dentro del "texto" (en un sentido estrictamente lingüístico) no pueden entablar relaciones dialógicas. Las lenguas, los dialectos (territoriales y sociales), las jergas, los estilos lingüísticos (funcionales), p. ej. el discurso cotidiano familiar y el lenguaje

, "conversación" puede ser registrada únicamente mediante un enfoque translingüístíco, sólo cuando se los vea como "visiones del mundo" (o como un cierto sentimiento del mundo realizado a través de la lengua o más bien a través del discurso), "puntos de vista", "voces sociales", etcétera. Un escritor realiza una transformación semejante al crear los enunciados típicos o característicos de sus personajes (aunque éstos no se plasmen definitivamente ni se nombren); una transformación semejante (aunque en un plano algo distinto) realiza la lingüística estética (la escuela de Vossler, y sobre todo, por lo visto, el último trabajo de Spitzer). En semejantes transformaciones, la lengua adquiere una especie de "autor", un sujeto discursivo, un portador colectivo (pueblo, nación, profesión, grupo social, etc.). Una transformación semejante siempre marca una salida fuera los límites de la lingüística (en el sentido más estricto y exacto). ¿Tendrán su razón de ser semejantes transformaciones? Sí la tienen, pero únicamente en condiciones estrictamente determinadas (p. ej., en la literatura, donde encontramos a menudo diálogos entre "lenguajes" y "estilos lingüísticos") y mediante una concientización metodológica precisa y

¿pueden todos ellos trabar relaciones de este tipo, esto es, pueden conversar entre sí? Su

de la ciencia

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. clara. Tales transformaciones que no son permisibles cuando

clara. Tales transformaciones que no son permisibles cuando por una parte se plantea la lengua en tanto que sistema cerno algo carente de ideología (así como su despersonalización), y por otra parte cuando se introduce subrepticiamente la característica social e ideológica de lenguajes y estilos (en parte, en V.V.Vinográdov). Este problema es muy complejo e interesante (p. ej., en qué medida se puede, hablar del sujeto de la lengua o el sujeto discursivo de un estilo lingüístico, o de la imagen del científico representado por la lengua de la ciencia, o de la imagen de un empresario que se oculta detrás del lenguaje comercial, de la imagen del burócrata que refleja el lenguaje oficial, etcétera). La naturaleza sui generis de las relaciones dialógicas. El problema del dialogismo interno. Huellas de los cortes entre los enunciados. El problema de la palabra bivocal. Comprensión como diálogo. Llegamos aquí al límite de la filosofía del lenguaje y del pensamiento humanístico en general, a la tierra virgen. El replanteamiento del problema del autor (de la personalidad creadora). Lo dado y lo creado en un enunciado. Un enunciado nunca es sólo reflejo o expresión de algo ya existente, dado y concluido. Un enunciado siempre crea algo que nunca había existido, algo absolutamente nuevo e irrepetible, algo que siempre tiene que ver con los valores (con la verdad, con el bien, con la belleza, etc.). Pero lo creado siempre se crea de le dado (la lengua, un fenómeno observado, un sentimiento vivido, el sujeto hablante mismo, lo concluido en su visión del mundo, etc.). Todo lo dado se transforma en lo creado. Análisis de un diálogo cotidiano más senci llo. (—¿Qué hora es? —Son las siete.) La situación más o menos compleja de la pregunta. Es necesario ver el reloj. La respuesta puede ser correcta o incorrecta, puede tener importancia, etc. La contestación en relación con escalas del tiempo; la misma pregunta hecha en el espacio, etcétera. Las palabras y las formas como abreviaturas o como representantes del enunciado, de la visión del mundo, del punto de vista, etc., reales o posibles. Posibilidades y perspectivas latentes en la palabra; en realidad, estas posibilidades son infinitas. Los límites dialógicos atraviesan todo el campo del pensamiento humano. El monologismo del pensamiento humanístico. Un lingüista está acostumbrado a percibir todo dentro de un contexto único y cerrado (en relación con el sistema de la lengua o con un texto comprendido desde el punto de vista del último, sin confrontarlo dialógicamente con un otro texto como respuesta), y como lingüista tiene por supuesto la razón. El dialogismo de nuestras ideas acerca de las obras, teorías, enunciados, de nuestro pensamiento en general acerca de la gente. El por qué del hecho de que el discurso indirecto libre esté comúnmente aceptado, pero no está aceptado su enfoque como de una palabra bivocal. Es mucho más fácil estudiar en lo creado lo dado (p. ej. la lengua, los elementos dados y generales de una visión del mundo, los fenómenos reflejados de la realidad, etc.), que lo creado en sí. A menudo todo el análisis científico se reduce al descubrimiento de todo lo dado, existente y preparado antes de la creación de una obra (todo aquello que un escritor aprovecha, pero no crea). Todo lo dado se recrea de nuevo dentro de lo creado, se transforma en él. La reducción a lo dado. El objeto está dado, están dados los recursos lingüísticos de la representación, también ya está el artista con su visión del mundo ya dada. Y he aquí que mediante los recursos dados un poeta refleja el objeto ya dado. En realidad, tanto el objeto de la creación como el poeta mismo y su visión del mundo, así como sus medios de expresión, se están creando en el proceso de la producción de la obra. La palabra usada entre comillas, esto es, la palabra sentida y aprovechada como ajena, y la misma palabra (o alguna otra) sin comillas. Las gradaciones infinitas en el concepto de la palabra ajena, la distancia que la palabra ajena (o apropiada) establece en relación con el hablante. Los discursos se ubican en diferentes planos en diferente distancia de la palabra del autor.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. No sólo el discurso indirecto libre, sino también

No sólo el discurso indirecto libre, sino también diferentes formas del discurso ajeno oculto, semioculto, disperso, etc. Todos estos recursos jamás se han analizado. Cuando en los lenguajes, jergas y estilos comienzan a percibirse voces, aquéllos dejan de ser un medio de expresión potencial y llegan a ser expresión actual y realizada; la voz entró en ellos y se apoderó de ellos Están predestinados a jugar un papel único e irrepetible en la comunicación discursiva (creadora). La interrelación de lenguajes y estilos. La actitud hacia la cosa y la actitud hacia el sentido oculto en la palabra o en algún otro material sígnico. La actitud hacia la cosa (en su cualidad neta de cosa) no puede ser dialógica (esto es. no puede ser coloquio, debate, consentimiento, etc.). La actitud hacia el sentido siempre es dialógica. La comprensión misma ya es dialógica. La cosificación del sentido, para incluirlo en la serie causal. La estrecha comprensión del dialogismo como debate, polémica, parodia. Son las formas de dialogismo más evidentes, pero también las más burdas. La confianza hacia la palabra ajena, la aceptación piadosa (la palabra de la autoridad), el aprendizaje, la búsqueda y el encuentro forzado del sentido profundo, el consentimiento con sus gradaciones y matices infinitos (pero no las limitaciones lógicas ni las correcciones puramente objetuales), las estratificaciones de los sentidos, de las voces, el reforzamiento mediante fusión (pero no mediante identificación), el conjunto de muchas voces (corredor de voces) que completa la comprensión, la salida fuera de lo comprensible, etc. Estas relaciones específicas no pueden reducirse ni a las relaciones puramente lógicas, ni a las objetuales. Aquí se presentan posiciones totales, las personalidades totales (una personalidad no requiere una revelación extensiva, porque puede manifestarse en un solo sonido, en una sola palabra); se trata precisamente de voces. La palabra (como todo signo en general) es interindividual. Todo lo dicho, todo lo expreso se encuentra fuera del "alma" del hablante, porque no sólo le pertenece a él. La palabra no puede atribuirse al hablante únicamente. El autor (hablante) tiene sus derechos inalienables con respecto a la palabra, pero los mismos derechos tiene el oyente, y también los tienen aquellos cuyas voces suenan en la palabra que el autor encuentra como lo dado (porque no hay palabra que no pertenezca a alguien). La palabra es un drama en que participan tres personajes (no es un dúo, sino un trío). El drama se representa independientemente del autor, y no es permisible proyectarlo hacia el interior del autor. Si no esperamos nada de la palabra, si desde antes ya sabemos todo lo que ella puede decirnos, esta palabra sale del diálogo y se cosifica. La autoobjetivación (en la lírica, en la confesión, etc.) como enajenación propia y en cierta medida como superación. Al objetivarme a mí mismo (o sea, al hacer salir mi yo al exterior), yo adquiero la posibilidad de una actitud auténticamente dialógica hacia mi propia persona. Sólo el enunciado es el que posee una actitud inmediata hacia la realidad y hacia el hablante real (sujeto). En la lengua existen tan sólo las posibilidades potenciales (esquemas) de estas actitudes (las formas pronominales, temporales y modales, los recursos léxicos, etc.). Pero el enunciado se determina no tan sólo por su actitud hacia el objeto y hacia el sujeto hablante o autor (y por su actitud hacia la lengua como sistema de posibilidades, como dación), sino también directamente hacia otros enunciados en los límites de una esfera de comunicación dada (y esto nos importa más que cualquier otro aspecto). El enunciado no existe realmente fuera de esta actitud (sólo existe en tanto que texto). Tan sólo un enunciado puede ser correcto o incorrecto, verdadero, auténtico, falso, bello, justo, etcétera. La comprensión de la lengua y la comprensión del enunciado (que incluye la respuesta y, por consiguiente, una valoración). Nos interesa no el aspecto psicológico de la actitud hacia los enunciados ajenos (y hacia la comprensión), sino su reflejo en la estructura del enunciado mismo).

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¿En qué medida las definiciones lingüísticas (puras) de la lengua y sus elementos pueden ser aprovechadas para un análisis literario y estilístico? Estas definiciones sólo pueden servir de términos iniciales para la descripción. Pero lo más importante no puede ser descrito mediante estas definiciones, no cabe en ellas. Es que en este caso no se trata de elementos (unidades) del sistema de la lengua que llegaron a ser elementos del texto, sino de los momentos del enunciado. El enunciado como totalidad de sentido. Una actitud hacia los enunciados de otros no puede ser separada de la actitud hacia el objeto (porque con respecto al objeto se discute, se pone de acuerdo, se entra en contacto) y de la actitud hacia el hablante mismo. Es una totalidad de naturaleza triple. Pero el tercer momento hasta ahora no se ha tomado en cuenta. Más aún, allí donde de alguna manera se ha tocado (en un análisis de un proceso literario, de la publicística, de una polémica, de una lucha de opiniones científicas), la naturaleza específica de las actitudes hacia los enunciados ajenos ha permanecido sin revelar y sin estudiar (estas actitudes han sido comprendidas de una manera abstracta, lógico-objetual o psicologista, o incluso en un plano mecánicamente causal) No se ha comprendido la naturaleza específica de las interrelaciones que se establecen entre las totalidades de sentido, entre las posturas llenas de sentido, es decir, entre los enunciados. En la microfísica, el experimentador forma parte del sistema experimental. Se puede decir que también el que comprende forma parte del enunciado comprendido, del texto (o, más bien, de los enunciados, de su diálogo como un participante nuevo). El encuentro dialógico de dos conciencias en las ciencias humanas. El contexto dialogizador enmarca al enunciado ajeno. Es que incluso al dar una explicación causal al enunciado ajeno lo refutamos con la misma. La cosificación de los enunciados ajenos es un modo especial y falso de su refutación. Si el enunciado se entiende como una reacción mecánica y el diálogo como una cadena de reacciones (en la lingüística descriptiva y en la conductista), luego a este tipo de comprensión están igualmente sujetos tanto los enunciados verdaderos como falsos, tanto las obras geniales como las mediocres (la diferencia sólo consistiría en los efectos entendidos de una manera mecanicista, en la utilidad, etc.). Este punto de vista, relativamente legítimo, igual que el punto de vista puramente lingüístico (a pesar de toda la diferencia entre ellos), no atiende a la esencia del enunciado como totalidad del sentido, como punto de vista del sentido, como postura llena de sentido, etc. Todo enunciado pretende ser justo, verdadero, bello y auténtico (el enunciado metafórico), etc. Y este valor de los enunciados no se determina por su actitud frente a la lengua (en tanto que sistema puramente lingüístico), sino por diversas formas de la relación con respecto a la realidad, al sujeto hablante y a otros enunciados (ajenos), particularmente a aquellos enunciados ajenos que evalúan a los primeros como verdaderos, bellos, etcétera. La lingüística se enfrenta al texto, no a la obra. Aquello que la lingüística enuncia sobre la obra se aporta ilícitamente y no es consecuencia de un análisis estrictamente lingüístico. Por supuesto, ya desde un principio esta lingüística tiene carácter de conglomerado y está saturada de elementos extralingüísticos. Si simplificamos un poco, se podría decir que las relaciones exclusivamente lingüísticas (o sea, el objeto de la lingüística) representan relaciones entre los signos en los límites del sistema de la lengua o de un texto (esto es, se trata de relaciones sistémicas o lineales entre los signos). Los nexos que se establecen entre los enunciados y la realidad, entre el enunciado y el sujeto hablante real y entre el enunciado y otros enunciados reales, es decir, nexos que por primera vez atribuyen a los enunciados el carácter de verdaderos o falsos, bellos, etc., nunca pueden llegar a ser objeto de la lingüística. Los signos separados, los sistemas lingüísticos o el texto en tanto que unidad sígnica nunca pueden ser verdaderos ni falsos ni bellos, etcétera.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Toda totalidad verbal extensa y creativa representa un

Toda totalidad verbal extensa y creativa representa un sistema de relaciones muy complejo y polifacético. Cuando existe una actitud creativa hacia la lengua, no hay discurso que no tenga voz, que no pertenezca a nadie. En todo discurso se perciben voces, a veces infinitamente lejanas, anónimas, casi impersonales (voces que acompañan los matices léxicos, los estilos, etc.), casi imperceptibles, así como voces cercanas que suenan simultáneamente al momento del habla. Toda observación viva, competente y desapasionada conserva, desde cualquier punto de vista, su valor

y su significado. La unilateralidad y las limitaciones del punto de vista (de la posición del observador)

siempre pueden ser corregidas, completadas y transformadas (recalculadas) mediante observaciones desde otros puntos de vista. Los puntos de vista desnudos (sin observaciones vivas y nuevas) son estériles. El conocido aforismo de Pushkin acerca del lexicón y los libros. Acerca del problema de las relaciones dialógicas. Estas relaciones son muy particulares y no pueden ser reducidas ni a las relaciones lógicas, ni a las del sistema de la lengua, ni a las psicológicas, ni a las

mecánicas, ni a cualquier otro tipo de relaciones naturales. Es una clase específica de relaciones entre sentidos, cuyos participantes pueden ser únicamente enunciados completos (o enunciados vistos como completos, o enunciados potencialmente completos), detrás de los cuales están (y en algunos casos se expresan) los sujetos discursivos reales o potenciales, autores de estos enunciados. El diálogo real (una plática, una discusión científica, un debate político, etc.). Las relaciones entre las réplicas de un diálogo semejante son un ejemplo exteriormente más evidente y simple de relaciones dialógicas. Pero las relaciones dialógicas, por supuesto, no coinciden en absoluto con las relaciones que se establecen entre las réplicas de un diálogo real, por ser mucho más abarcaduras, heterogéneas y complejas. Dos enunciados alejados uno del otro en el tiempo y en el espacio y que no saben nada uno del otro, si los confrontamos en cuanto a su sentido y si manifiestan en esta confrontación alguna convergencia de sentidos (aunque sea un tema parcialmente común, un punto de vista, etc.), revelan una relación dialógica. Cualquiera revisión de la historia de algún problema científico (independiente o incluida en un trabajo científico acerca de este problema) realiza confrontaciones dialógicas de enunciados (opiniones, puntos de vista) de científicos que nunca se habían conocido ni hubiesen podido conocerse. El problema común genera en este caso las relaciones dialógicas. El ejemplo literario son los "diálogos de los muertos" (de Luciano, o los del siglo XVII), y debido a la especificidad del género literario se da allí la situación imaginaria del encuentro en el más allá. Un ejemplo opuesto es la situación cómica ampliamente aprovechada del diálogo entre dos sordos, donde se entiende que existe el contacto dialógico real, pero que no hay ningún contacto de sentido entre las réplicas (o sólo existe un contacto imaginario). Cero relaciones dialógicas. Aquí se revela el punto de vista del tercero en un diálogo (que no participa en él, pero lo entiende). La comprensión de un enunciado completo siempre es dialógica. Por otra parte, las relaciones dialógicas no deben enfocarse unilateralmente y de una manera simplista, al reducirlas a una controversia, lucha, discusión, desacuerdo. El estar de acuerdo es una de las formas más importantes de relaciones dialógicas. El acuerdo, el consentimiento es muy rico en cuanto a aspectos

y matices. Dos enunciados idénticos ("¡Hace buen tiempo!" — "¡Hace buen tiempo!"), si realmente son

dos enunciados que pertenecen a voces diferentes están en la relación dialógica de asentimiento. Es un determinado acontecimiento dialógico en la relación mutua de dos, y no un eco. Porque hubiese podido existir un desacuerdo ("No, no hace tan buen tiempo", etcétera). Así, pues, las relaciones dialógicas son mucho más amplias que el discurso dialogado en sentido estricto. Inclusive entre dos obras discursivas profundamente monológicas siempre existen relaciones dialógicas. Entre las unidades de la lengua, por más comprendidas que fuesen, sin importar el nivel de la estructura lingüística, no pueden existir relaciones dialógicas (entre fonemas, morfemas, lexemas, oraciones, etc.). El enunciado como una totalidad discursiva no puede ser considerado como unidad de un último y superior

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. nivel del sistema lingüístico (por encima de la

nivel del sistema lingüístico (por encima de la sintaxis) porque forma parte de un mundo totalmente diferente de relaciones dialógicas que no pueden ser equiparadas a las relaciones lingüísticas de otros niveles. (En determinada dimensión, sólo es posible una confrontación de un enunciado total con la palabra.) Un enunciado completo ya no representa una unidad del sistema de la lengua (ni una unidad del "flujo discursivo" o de la "cadena discursiva"), sino que es unidad de la comunicación discursiva que no posee significado sino sentido (es decir, es una totalidad de sentido que tiene que ver con los valores:

verdad, belleza, etc., y que exige una comprensión como respuesta que incluya la valoración). La comprensión como respuesta de una totalidad discursiva siempre tiene un carácter dialógico. La comprensión de enunciados completos y de las relaciones dialógicas que se establecen entre ellos ineludiblemente tiene un carácter dialógico (incluyendo allí la comprensión del investigador del campo de las ciencias humanas); el que comprende (el investigador inclusive) llega a ser participante del diálogo, aunque a un nivel específico (según el enfoque de la comprensión o la investigación). La analogía con la inclusión del experimentador al sistema experimental (como parte del último) o del observador al mundo observable en la microfísica (teoría cuántica). El observador no tiene posición fuera del mundo observado, y su observación forma parte del objeto observado. Todo esto tiene que ver directamente con los enunciados completos y las relaciones entre los mismos. Los enunciados no pueden ser comprendidos desde afuera. La comprensión misma forma parte, en tanto que momento dialógico, del sistema dialógico y de alguna manera cambia su sentido total. El que com- prende se vuelve inevitablemente el tercero del diálogo (desde luego, no en sentido literal, aritmético, porque además del tercero puede presentarse un número infinito de participantes de un diálogo comprendido), pero la posición dialógica de este tercero es tina posición muy específica. Todo enunciado siempre tiene un destinatario (de diferentes tipos, de diversos grados de cercanía, de concretización, de reconocimiento, etc.), cuya comprensión de respuesta es buscada por el autor de la obra y es anticipada por el mismo. El destinatario es el segundo del diálogo (otra vez, no en un sentido aritmético). Pero además del destinatario (del segundo) , el autor del enunciado supone la existencia de un destinatario superior (el tercero), cuya comprensión de respuesta absolutamente justa se prevé o bien en un espacio metafísico, o bien en un tiempo históricamente lejano. (El destinatario para una escapatoria.) En diferentes épocas y en varias cosmovisiones, este destinatario superior y su comprensión de respuesta idealmente certera adquieren diversas expresiones ideológicas (Dios, verdad absoluta, juicio de la conciencia humana desapasionada, pueblo, juicio de la historia, ciencia, etcétera). El autor nunca puede entregarse totalmente y entregar toda su obra discursiva para que la sojuzgue la voluntad libre y definitiva de los destinatarios existentes y próximos (porque incluso los descendientes inmediatos pueden equivocar su juicio) y siempre presupone (con un mayor o menor grado de conciencia) una cierta instancia superior en la comprensión-respuesta, instancia que puede ubicarse en diversas direcciones. Cada diálogo se efectúa de modo que si existiera un fondo de comprensión-respuesta de un tercero que presencie el diálogo en forma invisible y que esté por encima de todos los participantes del diálogo. (Cf. la equiparación de una cárcel fascista o del infierno a una situación en que uno no es escuchado por nadie, a una ausencia absoluta del tercero, en Thomas Mann). El tercero señalado no es en absoluto algo místico o metafísico (aunque dentro de una cosmovisión determinada puede tener tal expresión), sino que se trata de un momento constitutivo del enunciado completo que se pone de manifiesto en un análisis más profundo del enunciado mencionado. Esta conclusión sale de la naturaleza de la palabra, que siempre quiere ser oída, que siempre busca comprensión como respuesta y que no se detiene en una comprensión más próxima sino que sigue siempre adelante de una manera ilimitada.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Para la palabra (y, por consiguiente, para el

Para la palabra (y, por consiguiente, para el hombre) no existe nada peor que la ausencia de respuesta. Incluso una palabra notoriamente falsa no posee una falsedad absoluta y siempre presupone una instancia que podrá comprenderla y justificarla, aunque sea en la forma de "cualquiera en mi lugar hubiese mentido como yo". K. Marx decía que tan sólo un pensamiento expresado en la palabra llega a ser pensamiento real para el otro y sólo con lo mismo se vuelve real para mí. Pero el otro no es únicamente el prójimo (el destinatario, el segundo), sino que la palabra, en su búsqueda de la comprensión-respuesta, sigue siempre adelante. El hecho de ser oído ya de por sí representa una relación dialógica. La palabra quiere ser oída, comprendida, contestada, y contestar a su vez a la respuesta, y así ad infinitum. La palabra establece el diálogo que no posee un fin de sentido (aunque sí puede ser interrumpido para cualquier participante físicamente). Lo cual, desde luego, de ninguna manera debilita las intenciones objetuales y explorativas de la palabra, su concentración en el objeto. Ambos momentos representan los dos lados de un mismo fenómeno y están indisolublemente vinculados entre sí. La ruptura entre ellos sucede únicamente en la palabra notoriamente falsa, es decir, en la palabra que quiere engañar (es ruptura entre la intención objetual y la intención hacia el hecho de ser oído y comprendido). El criterio de profundidad como uno de los criterios supremos en el conocimiento dentro de las ciencias humanas. La palabra que no es premeditadamente falsa no posee fondo. Profundizar (no ampliar ni tomar altura). El micromundo de la palabra. El enunciado (la obra discursiva) como una totalidad irrepetible, históricamente individual. Lo cual no excluye, por supuesto, las tipologías estructurales y estilísticas de las obras discursivas. Existen los géneros discursivos (cotidianos, retóricos, científicos, literarios, etc.). Los géneros discursivos son modelos estándar para la construcción de la totalidad discursiva. Pero estos modelos genéricos se distinguen por principio de los modelos lingüísticos de oraciones. Las unidades de la lengua estudiadas por la lingüística son en un principio reproducibles un sinnúmero de veces en una cantidad ilimitada de enunciados (come asimismo son reproducibles los modelos de oraciones). Ciertamente, la frecuencia de reproducción es distinta para diferentes unidades (es máxima para los fonemas y mínima para las frases). Tan sólo gracias a esta capacidad de ser reproducidas llegan a ser unidades del sistema de la lengua y cumplir con su función. Independientemente de la manera de determinar las relaciones entre estas unidades reproducibles (oposición, contraste, distribución, etc.), estas relaciones nunca pueden ser dialógicas, lo cual destruiría sus funciones lingüísticas. Las unidades de la comunicación discursiva, esto es, los enunciados completos, son irreproducibles (aunque pueden ser citados) y están vinculados mutuamente mediante relaciones dialógicas.

NOTAS ACLARATORIAS

Apuntes de 1959-1961; publicados por primera vez en Voprosy literaiury (1976, núm. 10; publicación de V.V.Kózhinov) con el título de "El problema del texto".

"El problema del texto" representa los avances característicos de la época tardía de Bajtín para las grandes investigaciones planeadas que no fueron realizadas. En éste y en otros materiales semejantes se pone sobre todo al descubierto la relación orgánica interna de los temas principales que interesaron al autor durante decenios y que tendían a una síntesis filosófica y filológica ideada por el autor como una nueva disciplina dentro de las ciencias humanas, que se formaría en las "zonas limítrofes" entre la lingüística, la antropología filosófica y los estudios literarios. Los contornos del contexto específico total de las ideas bajtinianas se manifiestan con una claridad particular precisamente en estas notas de laboratorio. Al mismo tiempo, parece ser que no es casual el hecho de que Bajtín no haya dejado una exposición sistemática de su concepción filosófico-filológica; la "inconclusión interna" que

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le es propia y de la que el autor habló como de una característica de su pensamiento (cf. la p. 379 de la presente edición) corresponde a su concepto de la investigación como de una totalidad abierta que no ha de ser sujeta a una sistematización externa. El tema más general de sus notas fue definido por el autor como fundamentos filosóficos y metodología del pensamiento de las ciencias humanas. El "texto" se analiza en las notas como la "realidad primaria" de todo pensamiento humanístico. Al mismo tiempo, es notable en el autor una actitud ambigua con respecto a la categoría del texto. El objeto de su atención es el "texto como enunciado", pero ya en estos apuntes el autor delimita su

] no existe

únicamente como texto". En los materiales posteriores se vuelve más evidente la actitud crítica hacia el término "texto" como hacia algo que no corresponde a la "esencia de la totalidad del enunciado", algo que no es igual a "la obra en su totalidad" (o al "objeto estético"). Dentro del sistema estético bajtiniano, para el cual es fundamental la delimitación entre el "objeto estético" y la "obra material", la noción del "texto" corresponde, evidentemente, a la última. Uno de los estímulos para la composición de las presentes notas fue, sin duda, el libro de V.V.Vinográdov O iazyke judozhestvennoi literatury, Moscú, 1939; reacciones a varios postulados de este libro están dispersas por las notas (la crítica del concepto de la "imagen del autor" propuesto por Vinográdov, de la tesis sobre el acercamiento de medios de representación al objeto de la misma como rasgo del realismo literario); la observación acerca de aportar "ilícitamente" al curso del análisis lingüístico de una obra literaria conclusiones que no se deducen del análisis puramente lingüístico también se refiere a Vinográdov y corresponde a la crítica de su poética lingüística en un

artículo de V.N.Volóshinov, "Acerca de frontera entre la poética y la lingüística", en el libro: V borbeza marksizm v literatumoi nauke, Leningrado, 1930, 212-214. El carácter extralingüístico del concepto de la palabra que Bajtín introdujo desde sus primeros trabajos, y en el que insistió hasta sus últimas obras, se fija en los apuntes presentes mediante el término metalingüística. El término pronto obtendría una fundamentación en las nuevas partes del reelaborado libro Problemy poetiki Dostoievskogo 309-316. En esta relación, es importante la negación de reconocer el enunciado en tanto que unidad discursiva como unidad del último y superior nivel de la estructura de la lengua (por encima de la sintaxis) y la identificación del enunciado con la "palabra" en el sentido metalingüísiico en que la categoría de palabra hanía sido utilizada ya en el libro sobre Dostoievski (1929).

enfoque del texto que se usa en la lingüística, manifestando que el enunciado "en la realidad [

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LA LECTURA KRISTEVIANA DE BAJTÍN 7 Beatriz Sarlo

UNC. LA LECTURA KRISTEVIANA DE BAJTÍN 7 Beatriz Sarlo Si hay un texto fundador de la

Si hay un texto fundador de la sociocrítica, un texto que pone a Bachtin en circulación dentro de la teoría literaria francesa, una verdadera lectura de las tesis bachtinianas y su recolocación en un nuevo marco ideológico, es "La palabra, el diálogo y la novela" de Julia Kristeva (1969). Pensado como introducción a dos libros de Bachtin, sobre Dostoievski y Rabelais, en el que se incluyen consideraciones sobre los ensayos de Bachtin-Medevedev Voloshinov, este artículo recoloca al posformalismo en el espacio de la problemática semiótica. Lo que en este ensayo de Kristeva se presenta como la exposición de las tesis bachtinianas, no puede ser leído lisa y llanamente así. Kristeva construye, a partir de la tesis de Bachtin, un modelo teórico de la literatura que debe ser inscripto, si se lo quiere comprender del todo, en el marxismo estructuralista. La semiologización del mundo social, en primer lugar, y la afirmación de la intertextualidad como definición de la práctica propiamente literaria, en segundo, son las líneas maestras del planteo de Kristeva. Como presupuesto de ambas hipótesis, hay un conjunto de proposiciones sobre el sujeto productor de literatura (en adelante el "autor", entre comillas), reintroducido como significante del discurso literario y purificado de su existencia material social. Toda la realidad social se purifica en este fuego semiológico: "Marx sustituye el concepto de un 'poder sobrenatural de creación' por el de 'producción' considerado en su doble aspecto: proceso de trabajo y relaciones sociales de producción, cuyos elementos participan en una combinatoria dotada de una lógica particular. Podría decirse que las variaciones de esta combinatoria son los diferentes tipos de sistemas semióticos" (1969) 8 . Parece casi innecesario observar que esta lectura semiológica de Marx es indemostrable en los textos mándanos que se invocan. La operación llevada a cabo por Kristeva, desmaterializando el concepto de producción, le permite considerar toda producción como producción de significación. En el modelo kristeviano, la producción económica misma es pensada semiológicamente y, en una típica inversión, el modelo de la producción de significados se propone como espejo de todas las producciones sociales. La paráfrasis es la forma de pasaje de un concepto a otro o, más bien, su transformación en otro que conserva la denominación anterior pero ha cambiado de significado. Esto sucede con "trabajo" y "producción". De "trabajo productivo" Kristeva se desliza a "trabajo" en el sentido freudiano de trabajo del inconsciente y lo que en Freud aparece como "constitutivo de la producción significante" se proyecta, por un efecto retórico, a todas las prácticas sociales. Este efecto de deslizamiento, cuyo resultado es la asimilación conceptual, opera sobre "trabajo" y "práctica" afirmando:

1) que toda práctica está estructurada como un lenguaje (paráfrasis de Lacan); 2) que el proceso de trabajo es un sistema semiótico particular (paráfrasis de Lévi-Strauss); 3) que la distinción marxista entre producción e intercambio (distinción que habría sido, en opinión de Kristeva, tristemente pasada por alto

7 en Altamirano, Carlos y Sarlo, Beatriz (1977). Literatura / Sociedad. Buenos Aires: Edicial.

8 Kristeva parafrasea a Althusser, que escribe en Para leer El Capital: "Llegamos a definir los diferentes modos de producción que han existido y que pueden existir en la historia humana intercambiando, poniendo en relación estos elementos diferentes: fuerza de trabajo, trabajadores

inmediatos, patrones no trabajadores inmediatos, objeto de producción, etc. Esta operación de puesta en relación de elementos determinados preexistentes podría hacer pensar en una pura y simple operación de combinación, si la particular naturaleza específica de las relaciones en juego en las diferentes combinaciones no definiera y limitara estrechamente el campo. Para obtener los diversos modos de producción es necesario combinar estos elementos diferentes sirviéndose de modos de combinación, de Verbindungen específicas, que tienen su sentido sólo en la

naturaleza propia del resultado de la combinación Feltrinelli, Milán, 1968, pág. 185).

y que son: la propiedad, la posesión, la disposición, el disfrute, etc." (Leggere il Capitule,

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. en la economía clásica) se encuentra también en

en la economía clásica) se encuentra también en la noción freudiana de trabajo del sueño: "Todo el problema de la semiótica actual, escribe Kristeva, está aquí: continuar formalizando los sistemas semióticos desde el punto de vista de la comunicación (arriesgamos una comparación brutal: como Ricardo consideraba a la plusvalía desde el punto de vista de la distribución y el consumo) o bien abrir en el interior de la problemática de la comunicación (que es inevitablemente toda problemática social) esta otra escena que es la producción de sentido anterior al sentido" (1969, 38). Y finalmente: "Dicho de otro modo, en el segundo caso se trataría de construir una nueva 'ciencia', después de haber definido un nuevo objeto: el trabajo como práctica semiótica diferente del intercambio" (1969, 39). Por efecto de este pansemiologismo, todas las prácticas sociales (y no sólo la ideología) son pensadas como discursos. Es preciso reconocer que la semiologización del mundo social, como mundo puramente discursivo, es una interpretación posible de los textos de Bachtin sobre el anillo ideológico y su ingreso como contenido de la literatura. Para Bachtin no existe instancia material que no esté reflejada en los discursos de la ideología, como forma significativa en la que los hombres viven sus relaciones materiales. Pero en Bachtin subsiste una instancia material que es, precisamente, aquello que los discursos ideológicos reflejan y que es irreductible a estos discursos: las relaciones sociales son relaciones materiales entre los hombres, que éstos viven como relaciones ideológicas (religiosas, políticas, míticas, etc.). Esas relaciones no pueden convertirse en contenido de la literatura sino por la intermediación de las ideologías. Pero que la ideología sea la forma en que los hombres discurren sobre su realidad material y social, no supone, por lo menos para Bachtin, la existencia meramente ideológica (semiológica) de esas relaciones. Toda esta zona de la teoría bachtiniana de la ideología tiene momentos de ambigüedad, puntos indecisos que Kristeva resuelve por medio de un giro idealista radical. Está, además, la confluencia con la descripción de Lotman de la cultura como texto. La siguiente afirmación de Kristeva, por ejemplo, corresponde más al sistema de Lotman que, en sentido estricto, al de Bachtin: "Introduciendo la noción de estatuto de la palabra como unidad mínima de la estructura, Bachtin coloca el texto en la historia y la sociedad, consideradas ellas mismas como textos que el escritor lee y en los cuales se inserta rescribiéndolos". Pero ni Lotman ni Bachtin tienen responsabilidad teórica sobre las consecuencias que Kristeva extrae del "estatuto de la palabra". En efecto, las tres dimensiones del es pació textual son "el sujeto de la escritura, el destinatario y los textos exteriores". Ya en la misma fórmula, puede señalarse la interiorización del autor que, de sujeto social externo al texto pasa a ser únicamente sujeto de la escritura (o sujeto de la enunciación). Este movimiento expulsa la instancia subjetiva, biográfica, sociopsicológica, como fantasma de un proceso que queda definitivamente anclado en la productividad de significaciones textuales y que conoce sólo sujetos gramaticales: el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación. El texto literario se independiza de su proceso social de producción, interiorizándose bajo la forma de productividad textual; por el mismo camino, la ideología del texto se libera del peso individual y social de la ideología del autor, para fundirse, prescindiendo de la mediación del autor como categoría externainterna del texto, en el flujo discursivo de las ideologías sociales. El texto literario es para Kristeva un creador increado. Autor y destinatario son pensados como meras funciones discursivas, como efectos de esa producción de significados protagonizada por el Texto. Claro está que autor y destinatario son también funciones discursivas: sería imposible describirlos negando la evidencia de su existencia implícita en el texto literario. Pero, al mismo tiempo, no son sólo funciones discursivas: los destinatarios, como sujetos sociales, constituyen condiciones indispensables de la producción literaria y penetran en el texto desde afuera, desde ese conjunto de relaciones ideológicas y materiales que son la institución literaria, el campo intelectual, las formas prácticas de la producción y la lectura de literatura. Podemos, y Bachtin lo señala en

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. El método formal, leer en los textos las

El método formal, leer en los textos las huellas de su lectura social, pero esas huellas son precisamente eso: la presencia discursiva de una instancia que no es meramente discurso. Al definir el "estatuto de la palabra", Kristeva lee a Bachtin según una clave futura: su propio concepto de intertextualidad. Para Kristeva el descubrimiento más importante de Bachtin sería que: "Todo texto se construye como mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto. En el lugar de la noción de intersubjetividad se establece la intertextualidad, y el lenguaje poético se lee, por lo menos, como doble" (1969, 146). Esta descripción, que se reclama bachtiniana, plantea algunas dificultades. Primero: ¿qué se entiende por citas? 9 La respuesta que se dé a esta pregunta acercará o alejará el foco de la posición de Bachtin. Para Bachtin, la actividad literaria se ejerce " efectivamente como trabajo sobre otros discursos, pero estos discursos son los de las ideologías sociales en general y no sólo el de la literatura en particular. Los discursos de la ideología (Bachtin enumera: filosofía, religión, leyes) conforman ese anillo que, rodeando a los hombres como un "medio ambiente", pone al escritor frente al contenido de la literatura. La literatura es también parte de ese anillo ideológico y, en consecuencia, puede suceder que sea un discurso literario el que ingrese en un nuevo texto como su contenido, pero esto no sucede como regla o definición de la actividad literaria. El dialoguisnio propio de la novela resulta, para Bachtin, como hemos tratado de demostrarlo, de una nueva conciencia sobre la pluralidad dé lenguajes sociales, conciencia propia de un medio histórico-

ideológico en el que las "verdades" aparecen descentradas y han ido perdiendo su carácter de absoluto religioso o político. Conciencia galileana del lenguaje, escribió Bachtin, la novela convierte al enunciado en una superficie de entrecruzamiento de discursos diferentes, que no son necesariamente diferentes discursos literarios. Si se puede afirmar, con Kristeva, que "el texto literario es un doble: escritura-lectura; el texto literario es una red de conexiones" (1969, 175), resulta más problemático compartir la siguiente descripción de la literatura, porque la intertextualidad es definida solamente como intertextualidad literaria: "El texto literario se inserta en el conjunto de los textos: es una escritura-réplica (función o negación) de otro (de otros) texto(s). Por su manera de escribir leyendo el corpus literario anterior o sincrónico el autor vive en la historia y la sociedad se escribe en el texto" (1969, 181). Una lectura atenta del conjunto de ensayos agrupados en Semeiotiké permite captar la transformación del concepto de intertextualidad y, en consecuencia, del modelo de relaciones entre la literatura y lo social que la intertextualidad comporta. Kristeva describe las operaciones de la "práctica textual" como

productividad de significancia: "

no se limita a representar, significarlo real. Allí donde significa, en ese efecto desfasado presente cuando

representa, participa de la movilidad [mouvance], de la transformación de lo real que capta en el

momento de su no-clausura

y transformando allí la relación de las fuerzas sociales de la escena histórica

el texto se liga —se lee—

, doblemente en relación con lo real: con la lengua (desfasada y transformada), con la sociedad (con cuya transformación se acuerda)" (1969, 9-10). El texto, en este estadio de la teoría kristeviana, figura, por medio de la lengua, a la historia. Esta figuración no puede ser definida como "expresión" de nada ni de nadie. El texto no expresa sino que traslada a su propia superficie lingüística las marcas de los procesos históricos. No se limita a representar lo real, dice Kristeva, pero todavía lo representa. Luego, estos rastros de un concepto de literatura como representación figurada en la lengua de lo real social, se atenúan hasta desaparecer. Entonces, el texto ya no representa sino que trabaja, como el sueño, con materiales que se limita a transformar (paráfrasis de Freud: "El trabajo del sueño no piensa ni calcula; de manera más general, no juzga; se limita a transformar"). Y estos materiales ya no son los de los

el texto, al no ser ese lenguaje comunicativo que la gramática codifica,

Transformando la materia de la lengua (su organización lógica y gramatical)

9 Bachtin, por lo demás, no privilegia la palabra cita, sino que la usa en enumeraciones junto con "géneros intercalados". La reiteración de "cita" en los textos de Kristeva contribuye a la fuerza retórica de su argumento, pero tiene un aire más tinianoviano que bachtiniano.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. discursos sociales en su diversidad sino, en particular,

discursos sociales en su diversidad sino, en particular, los de la literatura. Hay, sin duda, dos nociones de intertextualidad que corresponden a cada una de estas dos perspectivas. En la primera versión, el intertexto sería la trama de los discursos sociales, de diferentes grupos o clases y sobre objetos diferentes:

el medio ideológico de Bachtin. En la segunda versión, el intertexto es trabajo exclusivamente sobre los discursos literarios y las ideologías estéticas: lo que la literatura lee al escribirse es sólo literatura; la literatura se apropia, roba, saquea el cuerpo de la literatura anterior o contemporánea. Entre estas dos versiones oscila Kristeva en Semeiotiké. La indecisión tiene su peso cuando nos interrogamos sobre los materiales de la literatura y las formas de su relación con la historia y la sociedad. Es fundamental saber de qué naturaleza es aquel otro texto, respecto del cual la literatura se produciría como "afirmación y negación simultáneas" (1969, 257). En otras palabras: ¿qué cita el texto literario cuando cita? ¿qué absorbe: textos, en la acepción formalizada de discursos, o sentidos? Si la respuesta a estos interrogantes se encuentra en la lectura kristeviana de Bachtin, el problema de la relación de la literatura con las ideologías sociales queda liquidado o sumergido en la relación (de apropiación productiva, de "trabajo") de la literatura con la literatura y, lo que hubiera podido ser la pregunta básica de una perspectiva sociocrítica, se limita a definir su objeto dentro del espacio literario. Así, la práctica de la literatura es negada en tanto representación de algo que le sea externo (representación "expresiva" de la subjetividad del autor o de la subjetividad social; representación de una sociedad o una historia que no sea la historia de su propia productividad). La literatura, que la operación de Kristeva había querido descentrar, queda finalmente abstraída en la productividad autoalimentada de los discursos literarios. Una vez más ha encontrado su centro: la literatura misma. Sin embargo, este recorrido no ha carecido de idas y vueltas de la literatura hacia la historia; la definición misma de ideologema procesada por Kristeva a partir de Bachtin lo demuestra: "El ideologema es esta función intertextual que se puede leer 'materializada' en los diferentes niveles de la estructura de

cada texto, y que se extiende a lo largo de su trayecto, dándole sus coordenadas históricas y sociales

La

aceptación de un texto como un ideologema determina las operaciones mismas de una semiótica que, estudiando el texto como una intertextualidad, lo piensa de este modo en (el texto de) la sociedad y la historia. El ideologema de un texto es la matriz donde la racionalidad cognoscente capta la transformación de los enunciados (a los que el texto es irreductible) en un todo (el texto), así como las inserciones de esta totalidad en el texto histórico y social" (1969, 114). Lotman, Bachtin como focos de los que se parte y a los que, en medio del camino, se vuelve (si nos atenemos a los ensayos de Semeiotiké), pero de quienes el discurso crítico de Kristeva en definitiva se aleja, transformando la lectura de Bachtin en una teoría donde se disuelven los discursos sociales hasta que desaparecen casi del todo, canibalizados por la literatura. En Kristeva están, al mismo tiempo, las preocupaciones teóricas del posformalismo ruso, de la semiótica soviética, de la lingüística (de Chomsky al Saussure de los Anagramas), procesados a través de una ideología filosófica estructuralista. De este conjunto de incitaciones, la sociocrítica francesa conservará las marcas, las vacilaciones y, en especial, la oposición radical a la idea de la literatura como mera representación, punto desde donde la sociocrítica se desliza, con demasiada autocomplacencia teórica, a la afirmación lisa y llana de que la literatura no representa.

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LA PALABRA, EL DIÁLOGO Y LA NOVELA 10 Julia Kristeva

LA PALABRA, EL DIÁLOGO Y LA NOVELA 1 0 Julia Kristeva Si la eficacia de la

Si la eficacia de la actividad científica en el terreno de las ciencias "humanas" ha sido siempre puesta en duda, llama la atención en cambio que por primera vez esta impugnación tenga lugar al nivel mismo de las estructuras estudiadas que dependerían de una lógica diferente de la lógica científica. Se trataría de esa lógica del lenguaje (y a fortiori del lenguaje poético) que "la escritura" (tengo presenté esa literatura que hace palpable la elaboración del sentido poético como gramma dinámico) tiene el mérito de haber puesto-

en evidencia. Dos posibilidades se le ofrecen entonces a la semiótica literaria: el silencio y la abstención, o

la

continuación del esfuerzo para elaborar un modelo isomórfico con respecto a esa otra lógica, es decir a

la

construcción del sentido poético que en la actualidad se sitúa en el centro del interés de la semiótica. El formalismo ruso del que hoy en día se reclama el análisis estructural se encontraba frente a una

alternativa idéntica cuando razones extraliterarias y extracientíficas pusieron fin a sus estudios. Las investigaciones, empero, prosiguieron y han salido a la luz muy recientemente en los análisis de MIJAÍL BAJTÍN, que representan uno de los acontecimientos sobresalientes y uno de los más importantes intentos de superación de esa escuela. Lejos del rigor técnico de los lingüistas, manejando una escritura impulsiva,

e incluso en momentos profética, Bajtín aborda problemas fundamentales a los que se enfrenta hoy el

estudio estructural del relato, y que hacen actual la lectura de textos que esbozó hace cuarenta años. Escritor tanto como "erudito", Bajtín es uno de los primeros en reemplazar el tratamiento estadístico de los textos por un modelo en que la estructura literaria no está, sino que se elabora con relación a otra estructura. Esta dinamización del estructuralismo no resulta posible más que a partir de una concepción según la cual la "palabra literaria" no es un punto (un sentido fijo), sino un cruce de superficies textuales, un diálogo de varias escrituras: del escritor, del destinatario (o del personaje), del contexto cultural anterior o actual. Introduciendo la noción de estatuto de la palabra como unidad mínima de la estructura, Bajtín sitúa el texto en la historia y en la sociedad, encaradas a su vez como textos que lee el escritor y en los que se inserta reescribiéndolos. La diacronía se transforma en sincronía, y a la luz de esa transformación la historia lineal aparece como una abstracción; la única forma que tiene el escritor de participar en la historia se convierte entonces en la transgresión de esa abstracción mediante una escritura-lectura, es decir mediante una práctica de una estructura significativa en función de o en oposición con otra estructura. La historia y la moral se escriben y se leen en la infraestructura de los textos. Así, polivalente y plurideterminada, la palabra poética sigue una lógica que supera la lógica del discurso codificado, y que no se realiza plenamente más que al margen de la cultura oficial. Es, por consiguiente, en el carnaval donde Bajtín irá a buscar las raíces de esa lógica cuyo estudio es así el primero en abordar. El discurso carnavalesco rompe las leyes del lenguaje censurado por la gramática y la semántica, y con ese mismo movimiento es una impugnación social y política: no se trata de equivalencia sino de identidad entre la impugnación del código lingüístico oficial y la impugnación de la ley oficial.

La palabra en el espacio de textos

10 en Kristeva, Julia (2001[1969]). Semiótica I. Madrid: Fundamentos.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. El establecimiento del estatuto específico de la palabra

El establecimiento del estatuto específico de la palabra en los diferentes géneros (o textos) como significante de los diferentes modos de intelección (literaria) coloca hoy en día el análisis poético en el punto neurálgico de las ciencias "humanas": en el cruce del lenguaje (práctica real del pensamiento) y del espacio (volumen en el que se articula la significación mediante una junción de diferencias). Estudiar el estatuto de la palabra significa estudiar las articulaciones de esa palabra (como complejo sémico) con las otras palabras de la frase, y descubrir las mismas funciones (relaciones) al nivel de las articulaciones de secuencias mayores. Frente a esta concepción espacial del funcionamiento poético del lenguaje, es necesario definir primero las tres dimensiones del espacio textual en que van a realizarse las diferentes operaciones de los conjuntos sémicos y de las secuencias poéticas. Esas tres dimensiones son: el sujeto de la escritura, el destinatario y los textos exteriores (tres elementos en diálogo). El estatuto de la palabra se define entonces a) horizontalmente: la palabra en el texto pertenece a la vez al sujeto de la escritura y al destinatario, y b) verticalmente: la palabra en el texto está orientada hacia el corpus literario anterior o sincrónico. Pero en el universo discursivo del libro, el destinatario está incluido únicamente en tanto que propio discurso. Se fusiona, pues, con ese otro discurso (ese otro libro) con respecto al cual escribe el escritor su propio texto; de suerte que el eje horizontal (sujeto-destinatario) y el eje vertical (texto-contexto) coinciden para desvelar un hecho capital: la palabra (el texto) es un cruce de palabras (de textos) en que se lee al menos otra palabra (texto). En Bajtín, además, esos dos ejes, que denomina respectivamente diálogo y ambivalencia, no aparecen claramente diferenciados. Pero esta falta de rigor es más bien un descubrimiento que es Bajtín el primero en introducir en la teoría literaria: todo texto se construye como mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto. En lugar de la noción de intersubjetividad se instala la de intertextualidad, y el lenguaje poético se lee, al menos, como doble. Así, el estatuto de la palabra como unidad mínima del texto resulta ser el mediador que vincula el modelo estructural al entorno cultural (histórico), así como el regulador de la mutación de la diacronía en sincronía (en estructura literaria). Mediante la noción misma de estatuto, la palabra es situada en el espacio: funciona en tres dimensiones (sujeto-destinatario-contexto) como un conjunto de elementos sémicos en diálogo o como un conjunto de elementos ambivalentes. En principio, la tarea de la semiótica consistirá en hallar los formalismos correspondientes a los diferentes modos de junción de las palabras (de las secuencias) en el espacio dialógico de los textos. La descripción del funcionamiento específico de las palabras en los diferentes géneros (o textos) literarios exige pues una actividad translingüistica: 1. concepción del género literario como sistema semiológico impuro que "significa bajo el lenguaje pero nunca sin él"; 2. operación llevada a cabo con grandes unidades de discursos-frases, réplicas, diálogos, etc., —sin seguir forzosamente el modelo lingüístico— que se justifica por el principio de la expansión semántica. Se podría plantear y demostrar así la hipótesis de que toda evolución de los géneros literarios es una exteriorización inconsciente de las estructuras lingüísticas a sus diferentes niveles. La novela, en particular, exterioriza el diálogo lingüístico 11 .

11 En efecto, la semántica estructural, designando el fundamento lingüístico del discurso, señala que una "secuencia en expansión es reconocida como equivalente de una unidad de comunicación sintácticamente más simple que ella" y define la expansión como "uno de los aspectos más importantes del funcionamiento de las lenguas naturales" (A. J. Greimas, Sémantique structurale, p. 72). Es pues en la expansión donde vemos el principio teórico que nos autoriza a estudiar en la estructura de los géneros una exteriorización (una expansión) de las estructuras inherentes al lenguaje.

EL ARTE COMO LENGUAJE 12 Iuri Lotman

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. El arte es uno de los medios de

El arte es uno de los medios de comunicación. Evidentemente, realiza una conexión entre el emisor y el receptor (el hecho de que en determinados casos ambos puedan coincidir en una misma persona no cambia nada, del mismo modo que un hombre que habla solo une en sí al locutor y al auditor. ¿Nos autoriza esto a definir el arte como un lenguaje organizado de un modo particular? Todo sistema que sirve a los fines de comunicación entre dos o numerosos individuos puede definirse como lenguaje (como ya hemos señalado, en el caso de la autocomunicación se sobreentiende que un individuo se presenta como dos). La frecuente indicación de que el lenguaje presupone una comunicación en una sociedad humana no es, en rigor, obligatoria, puesto que, por un lado, la comunicación lingüística entre el hombre y la máquina y la de las máquinas entre sí no es en la actualidad un problema teórico, sino una realidad técnica. Por otro lado, la existencia de determinadas comunicaciones lingüísticas en el mundo animal está fuera de dudas. Por el contrario, los sistemas de comunicación en el interior del individuo (por ejemplo, los mecanismos de regulación bioquímica o de señales transmitidas por la red de nervios del organismo) no representan lenguajes. En este sentido, podemos hablar de lenguas no sólo al referirnos al ruso, al francés, al hindi o a otros, no sólo a los sistemas artificialmente creados por diversas ciencias, sistemas creados para la descripción de determinados grupos de fenómenos (los denominan lenguajes "artificiales" o metalenguajes de las ciencias dadas), sino también al referirnos a las costumbres, rituales, comercio, ideas religiosas. En este mismo sentido, puede hablarse del "lenguaje" del teatro, del cine, de la pintura, de la música, del arte en general como de un lenguaje organizado de modo particular. Sin embargo, al definir el arte como lenguaje, expresamos con ello unos juicios determinados acerca de su organización. Todo lenguaje utiliza unos signos que constituyen su "vocabulario" (a veces se le denomina "alfabeto"; para una teoría general de los sistemas de signos estos conceptos son equivalentes), todo lenguaje posee unas reglas determinadas de combinación de estos signos, todo lenguaje representa una estructura determinada, y esta estructura posee su propia jerarquización. Este planteamiento del problema permite abordar el arte desde dos puntos de vista diferentes:

Primero, destacar en el arte aquello que lo emparenta con otro lenguaje e intentar describir estos aspectos en los términos generales de la teoría de los sistemas de signos. Segundo, y basándose en la primera descripción, destacar en el arte aquello que le es propio como lenguaje particular y le distingue de otros sistemas de este tipo.

Puesto que en adelante utilizaremos el concepto de "lenguaje" en ese significado específico que se le da en los trabajos de semiología y que difiere sustancialmente del empleo habitual, definiremos el contenido de este término. Entenderemos por lenguaje cualquier sistema de comunicación que emplea signos ordenados de un modo particular. Vistos de esta manera los lenguajes se distinguirán:

Primero, de los sistemas que no sirven como medios de comunicación; Segundo, de los sistemas que sirven como medios de comunicación, pero que no utilizan signos;

12 en Lotman, Iuri (1970). Estructura del texto artístico. Madrid: Itsmo.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Tercero, de los sistemas que sirven como medios

Tercero, de los sistemas que sirven como medios de comunicación, pero que no emplean en absoluto o casi no emplean signos ordenados.

La primera oposición permite separar los lenguajes de aquellas formas de la actividad humana que no están relacionadas de un modo directo y por su finalidad con el almacenamiento y transmisión de información. La segunda permite introducir la siguiente distinción: la comunicación semiológica tiene lugar principalmente entre individuos; la no semiológica, entre sistemas en el interior del organismo. Sin embargo, sería, al parecer, más correcto interpretar esta oposición como antítesis de las comunicaciones al nivel del primero y del segundo sistemas de señales, dado que, por un lado, son posibles relaciones extrasemiológicas entre organismos (particularmente considerables en los animales inferiores, pero se conservan en el hombre en forma de los fenómenos que estudia la telepatía), y por otro, es posible la comunicación semiológica en el interior del organismo. Nos referimos no sólo a la autoorganización por parte del hombre de su mente mediante determinados sistemas semiológicos, sino también a aquellos casos en que los signos irrumpen en la esfera de la señalización primaria (el hombre que "conjura" con palabras un dolor de muelas; que actúa sobre sí mismo con palabras para soportar un sufrimiento o una tortura física). Si aceptamos con estas restricciones la tesis de que el lenguaje es una forma de comunicación entre dos individuos, deberemos hacer algunas precisiones. Será más cómodo sustituir el concepto de "individuo" por los de "transmisor del mensaje" (remitente) y "receptor del mensaje" (destinatario). Esto nos permitirá introducir en el esquema aquellos casos en que el lenguaje no une a dos individuos, sino a dos mecanismos transmisores (receptores), por ejemplo, un aparato telegráfico y el dispositivo de

grabación automática conectado a aquél. Pero hay algo más importante: no son raros los casos en que un mismo individuo se presenta como remitente y como destinatario de un mensaje (notas "para no olvidar", diarios, agendas). En este caso la información no se transmite en el espacio, sino en el tiempo, y sirve como medio de autoorganización de la persona. Podría considerarse este caso como un detalle poco importante dentro de la masa general de comunicaciones sociales, de no ser por una objeción: se puede considerar como individuo a una sola persona, en tal caso, el esquema de mensaje A ® B (del remitente al destinatario) prevalecerá evidentemente sobre el esquema A ® A (el propio remitente es destinatario, pero en otra unidad de tiempo). Sin embargo, basta con sustituir A por el concepto, por ejemplo, de "cultura nacional" para que el esquema de comunicación A ® A adquiera por lo menos el valor equivalente de A ® B (en una serie de tipos culturales será dominante). Pero demos el siguiente paso: sustituyamos A por la humanidad en su totalidad. En este caso la auto-comunicación se convertirá (al menos dentro de los límites de la experiencia histórica real) en el único esquema de comunicación. La tercera oposición separará los lenguajes de aquellos sistemas intermedios de los que se ocupa esencialmente la paralingüística (mímica, gestos, etc.). Si entendemos por lenguaje lo indicado anteriormente, este concepto incluirá:

a) las lenguas naturales (por ejemplo, el ruso, el francés, el estonio, el checo);

b) los lenguajes artificiales: los lenguajes de la ciencia (metalenguajes de las descripciones científicas), los lenguajes de las señales convencionales (por ejemplo, de las señales de carretera), etc.

c) los lenguajes secundarios de la comunicación (sistemas de modelización secundaria), es decir,

estructuras de comunicación que se superponen sobre el nivel lingüístico natural (mito, religión). El arte es un sistema de modelización secundario. No se debe entender "secundario con respecto a la lengua" únicamente, sino "que se sirve de la lengua natural como material". Si el término tuviese este

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. contenido sería ilegítima la inclusión en él de

contenido sería ilegítima la inclusión en él de las artes no verbales (pintura, música y otras). Sin embargo, la relación es aquí más compleja: la lengua natural es no sólo uno de los más antiguos, sino también el más poderoso sistema de comunicaciones en la colectividad humana. Por su propia estructura influye vigorosamente en la mente de los hombres y en muchos aspectos de la vida social. Los sistemas modelizadores secundarios (al igual que todos los sistemas semiológicos) se construyen a modo de lengua. Esto no significa que reproduzcan todos los aspectos de las lenguas naturales. Así, por ejemplo, la música difiere radicalmente de las lenguas naturales por la ausencia de conexiones semánticas obligatorias, aunque en la actualidad sea evidente la total regularidad de la descripción de un texto musical como una cierta estructura sintagmática (trabajos de M. M. Langleben y B. M. Gasparov). La puesta de manifiesto de las relaciones sintagmáticas y paradigmáticas en la pintura (trabajos L. F. Zheguin, B. A. Uspenski), en el cine (artículos de S. Eisenstein, Yu. N. Tinianov, B. M. Eiejnbaum, Ch. Metz) permite ver en estas artes objetos semiológicos: sistemas construidos a modo de lenguas. Puesto que la conciencia del hombre es una conciencia lingüística, todos los tipos de modelos superpuestos sobre la conciencia, incluido el arte, pueden definirse como sistemas modelizadores secundarios. Así, el arte puede describirse como un lenguaje secundario, y la obra de arte como un texto en este lenguaje. Ahora nos limitaremos a traer unas citas que destacan el carácter indivisible de la idea poética respecto a la estructura peculiar del texto que le corresponde, respecto al lenguaje peculiar del arte. He aquí una anotación de A. Blok (julio de 1917): "Es falso que las ideas se repitan. Toda idea es nueva, puesto que lo nuevo la rodea y le da forma. Para que, resucitado, no pueda levantarse. Que no pueda levantarse del ataúd. (Lermontov, lo he recordado ahora) son ideas totalmente distintas. Lo común en ellas es el 'contenido', lo cual prueba una vez más que un contenido informe no existe por sí mismo, no posee peso propio". Al examinar la estructura de las naturalezas semiológicas, se puede hacer la siguiente observación: la complejidad de la estructura es directamente proporcional a la complejidad de la información transmitida. La complicación del carácter de la información conduce inevitablemente a una complicación del sistema semiológico empleado para su transmisión. Además, en un sistema semiológico correctamente construido (es decir, que alcance el objetivo para el cual ha sido creado) no puede haber una complejidad superflua, injustificada. Si existen dos sistemas, A y B, y ambos transmiten íntegramente un cierto volumen único de información efectuando un gasto idéntico para superar el ruido en el canal de conexión, pero el sistema A es considerablemente más sencillo que el sistema B, no cabe la menor duda de que este último será desechado y olvidado. El discurso poético representa una estructura de gran complejidad. Aparece como considerablemente más complicado respecto a la lengua natural. Y si el volumen de información contenido en el discurso poético (en verso o en prosa, en este caso no tiene importancia) y en el discurso usual fuese idéntico, el discurso poético perdería el derecho a existir y, sin lugar a dudas, desaparecería. Pero la cuestión se plantea de un modo muy diferente: la complicada estructura artística, creada con los materiales de la lengua, permite transmitir un volumen de información completamente inaccesible para su transmisión mediante una estructura elemental propiamente lingüística. De aquí se infiere que una información dada (un contenido) no puede existir ni transmitirse al margen de una estructura dada. Si repetimos una poesía en términos del habla habitual, destruiremos su estructura y, por consiguiente, no llevaremos al receptor todo el volumen de información que contenía. Así, pues, el método de estudio por separado del "contenido" y de las "particularidades artísticas" tan arraigado en la práctica escolar, se basa en una incomprensión de los fundamentos del arte, y es perjudicial, al inculcar al lector popular una idea falsa de

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. la literatura como un procedimiento de exponer de

la literatura como un procedimiento de exponer de un modo prolijo y embellecido lo mismo que se puede expresar de una manera sencilla y breve. Si se pudiera resumir en dos páginas el contenido de Guerra y Paz o de Eugenio Oneguin, la conclusión lógica sería: no hay que leer obras largas, sino breves manuales. A esta conclusión empujan no los maestros malos a sus alumnos indolentes, sino todo el sistema de enseñanza escolar de la literatura, sistema que, a su vez, no hace sino reflejar de un modo simplificado y, por tanto, más neto, las tendencias que se hacen sentir en la ciencia de la literatura. El pensamiento del escritor se realiza en una estructura artística determinada de la cual es inseparable. Decía L. N. Tolstoi acerca de la idea fundamental de Ana Karenina: "Si quisiera expresar en palabras todo

lo que he querido decir con la novela, tendría que escribir desde un principio la novela que he escrito. Y si

los críticos ya lo entienden y pueden expresar todo lo que he querido decir, les felicito [

miopes creen que yo pretendía describir únicamente lo que me gusta: de qué modo come Oblonski y cómo son los hombros de Karenina, se equivocan. En todo, en casi todo lo que yo he escrito, me ha guiado

la necesidad de recoger las ideas encadenadas entre sí para expresarme; pero todo pensamiento expresado en palabras de un modo particular pierde su sentido, se degrada terriblemente si se lo toma aislado, fuera de la concatenación en que se encuentra". Tolstoi expresó de una manera extraordinariamente gráfica la idea de que el pensamiento artístico se realiza a través de la "concatenación" -la estructura- y no existe sin ésta, que la idea del artista se realiza en su modelo de la

hacen falta personas que demuestren lo absurdo que es buscar ideas

aisladas en una obra de arte y dirijan constantemente a los lectores en el infinito laberinto de concatenaciones que constituyen la esencia del arte y en las leyes que forman la base de estas concatenaciones". La definición "la forma corresponde al contenido", justa en el sentido filosófico, no refleja, sin embargo, de un modo suficiente la relación entre estructura e idea. Ya Yuri N. Tinianov señaló la incomodidad que (en su aplicación al arte) suponía su carácter metafórico: "Forma + contenido = vaso + vino". Pero todas las analogías espaciales que se aplican al concepto de forma son importantes únicamente porque se fingen analogías: en realidad, en el concepto de forma se desliza invariablemente un rasgo estático estrechamente relacionado con la espacialidad. Para tener una noción más gráfica de la relación entre idea y estructura lo más cómodo es imaginarse los vínculos existentes entre la vida y el complejo mecanismo biológico del tejido vivo. La vida, que constituye la propiedad más importante del organismo vivo, es inconcebible al margen de su estructura física, es una función de este sistema operante. El investigador de la literatura, que espera captar la idea desgajada del sistema modelizador del mundo del autor, de la estructura de la obra, recuerda al sabio idealista que se esfuerza por separar la vida de la estructura biológica concreta de la cual es función. La idea no está contenida en unas citas, incluso bien elegidas, sino que se expresa en toda la estructura artística. El investigador que ignora esto y que busca la idea en unas citas aisladas recuerda al hombre que, al enterarse que la casa obedece a un plano, empezará a derribar los muros para encontrar el lugar donde está escondido. El plano no está oculto en la pared, sino realizado en las proporciones del edificio. El plano es la idea del arquitecto; la estructura del edificio, su realización. El contenido conceptual de la obra es su estructura. La idea en el arte es siempre un modelo, pues recrea una imagen de la realidad. Por consiguiente, la idea es inconcebible al margen de la estructura artística. El dualismo de forma y contenido debe sustituirse por el concepto de la idea que se realiza en una estructura adecuada y que no existe al margen de esta estructura. Una estructura modificada llevará al lector o al espectador una idea distinta. De aquí se deduce que un poema carece de "elementos formales" en el sentido que se confiere habitualmente a este concepto. Un texto artístico es un significado de compleja estructura. Todos sus elementos son elementos del significado.

realidad. Continúa Tolstoi: "

] Y si los críticos

ACERCA DE LA SEMIOSFERA 13 Iuri Lotman

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. La semiótica actual está viviendo un proceso de

La semiótica actual está viviendo un proceso de revisión de algunos conceptos básicos. Es de todos sabido que en los orígenes de la semiótica se hallan dos tradiciones científicas. Una de ellas se remonta a Peirce y Morriis y parte del concepto del signo como elemento primario de todo sistema semiótico. La segunda se basa en las tesis de Saussure y de la Escuela de Praga y toma como fundamento la antinomia entre la lengua y el habla (el texto). Sin embargo, con toda la diferencia existente entre estos enfoques, tienen algo esencial en común: se toma como base el elemento más simple, con carácter de átomo, y todo lo que sigue es considerado desde el punto de vista de la semejanza con él. Así, en el primer caso, se toma como base del análisis el signo aislado, y todos los fenómenos semióticos siguientes son considerados como secuencias de signos. El segundo punto de vista, en particular, se expresó en la tendencia a considerar el acto comunicacional aislado — el intercambio de un mensaje entre un destinador y un destinatario — como el elemento primario y el modelo de todo acto semiótico. Como resultado, el acto individual del intercambio sígnico comenzó a ser considerado como el modelo de la lengua natural, y los modelos de las lenguas naturales, como modelos semióticos universales, y se tendió a interpretar la propia semiótica como la extensión de los métodos lingüísticos a objetos que no se incluían en la lingüística tradicional. Este punto de vista, que se remonta a Saussure, lo expresó con extrema precisión el difunto I. I. Revzin, quien, en los debates de la Segunda Escuela de Verano en Káariku (1966), propuso esta definición: «El objeto de estudio [predmet] de la semiótica es cualquier objeto [ob'ekt] que ceda ante los recursos de la descripción lingüística». Tal enfoque respondía a una conocida regla del pensamiento científico ascender de lo simple a lo complejo; y en la primera etapa, sin duda, se justificó. Sin embargo, en él se esconde también un peligro:

la conveniencia heurística (la comodidad del análisis) empieza a ser percibida como una propiedad ontológica del objeto, al que se le atribuye una estructura que asciende de los elementos con carácter de átomo, simples y claramente perfilados, a la gradual complicación de los mismos. El objeto complejo se reduce a una suma de objetos simples. El camino recorrido por las investigaciones semióticas durante los últimos veinte años permite tomar muchas cosas de otro modo. Como ahora podemos suponer, no existen por sí solos en forma aislada sistemas precisos y funcionalmente unívocos que funcionan realmente. La separación de éstos está condicionada únicamente por una necesidad heurística. Tomado por separado, ninguno de ellos tiene, en realidad, capacidad de trabajar. Sólo funcionan estando sumergidos en un continuum semiótico, completamente ocupado por formaciones semióticas de diversos tipos y que se hallan en diversos niveles de organización. A ese continuum, por analogía con el concepto de biosfera introducido por V. I. Vernadski, lo llamamos semiosfera. Debemos prevenir contra la confusión del término de noosfera empleado por V. I. Vernadski y el concepto de semiosfera introducido por nosotros. La noosfera es una determinada etapa en el desarrollo de la biosfera una etapa vinculada a la actividad racional del hombre. La biosfera de Vernadski es un mecanismo cósmico que ocupa un determinado lugar estructural en la unidad planetaria. Dispuesta sobre la superficie de nuestro planeta y abarcadora de todo el conjunto de la

13 en Lotman, Iuri (1996). La Semiosfera I. Madrid: Frónesis Cátedra.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. materia viva, la biosfera transforma la energía radiante

materia viva, la biosfera transforma la energía radiante del sol en energía química y física, dirigida a su vez

a la transformación de la «conservadora» materia inerte de nuestro planeta. La noosfera se forma cuando

en este proceso adquiere un papel dominante la razón del hombre. Mientras que la noosfera tiene una existencia material y espacial y abarca una parte de nuestro planeta, el espacio de la semiosfera tiene un

carácter abstracto. Esto, sin embargo, en modo alguno significa que el concepto de espacio se emplee aquí en un sentido metafórico. Estamos tratando con una determinada esfera que posee los rasgos distintivos que se atribuyen a un espacio cerrado en sí mismo. Sólo dentro de tal espacio resultan posibles la realización de los procesos comunicativos y la producción de nueva información. La concepción que de la naturaleza de la biosfera tiene V. I. Vernadski puede ser útil para definir el concepto que estamos introduciendo; por eso debemos detenemos en ella y examinarla más detalladamente. V. I. Vernadski definía la biosfera como un espacio completamente ocupado por la materia viva. «La materia viva —escribió— es un conjunto de organismos vivos». Tal definición, al parecer, da razones para pensar que se toma como base el hecho con carácter de átomo del organismo vivo aislado, cuya suma forma la biosfera. Sin embargo, en realidad no es así. Ya el hecho de que la materia viva sea considerada como una unidad orgánica —una película sobre la superficie del planeta— y de que la diversidad de su organización interna retroceda a un segundo plano ante la unidad de la función cósmica —ser un mecanismo de transformación de la energía irradiada por el sol en energía química y física de la tierra—, habla del carácter primario que, en la conciencia de Vernadski, tiene la biosfera con respecto al organismo aislado. «Todas esas condensaciones de la vida están ligadas entre sí de la manera más estrecha. Una no puede existir sin la otra. Este vínculo entre las diversas películas y condensaciones vivas, y el carácter invariable de las mismas, son un rasgo inmemorial del mecanismo de la corteza terrestre, que se manifiesta en ella en el curso de todo el tiempo geológico». De manera particularmente definida se halla expresada esa idea en la siguiente fórmula: «La biosfera tiene una estructura

completamente definida, que determina todo lo que ocurre en ella, sin excepción alguna [

como se observa en la naturaleza, así como todos los organismos vivos, como todo ser vivo, es una función de la biosfera, en un determinado espacio-tiempo de ésta». También en las cuestiones de la semiótica es posible un enfoque análogo. Se puede considerar el universo semiótico como un conjunto de distintos textos y de lenguajes cerrados unos con respecto a los otros. Entonces todo el edificio tendrá el aspecto de estar constituido de distintos ladrillitos. Sin embargo, parece más fructífero el acercamiento contrario: todo el espacio semiótico puede ser considerado como un mecanismo único (si no como un organismo). Entonces resulta primario no uno u otro ladrillito, sino el «gran sistema», denominado semiosfera. La semiosfera es el espacio semiótico fiera del cual es imposible

la existencia misma de la semiosis. Así como pegando distintos bistecs no obtendremos un ternero, pero cortando un ternero podemos obtener bistecs, sumando los actos semióticos particulares, no obtendremos un universo semiótico. Por el contrario, sólo la existencia de tal universo —de la semiosfera— hace realidad el acto sígnico particular. La semiosfera se caracteriza por una serie de rasgos distintivos.

]

El hombre,

1. Carácter delimitado. El concepto de semiosfera está ligado a determinada homogeneidad e individualidad semióticas. Estos dos conceptos (homogeneidad e individualidad), como veremos, son

difícilmente definibles desde el punto de vista formal y dependen del sistema de descripción, pero eso no anula el carácter real de los mismos ni la facilidad con que se los puede distinguir en el nivel intuitivo. Ambos conceptos presuponen el carácter delimitado de la semiosfera respecto del espacio extrasemiótico

o alosemiótico que la rodea.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Uno de los conceptos fundamentales del carácter

Uno de los conceptos fundamentales del carácter semióticamente delimitado es el de frontera. Puesto que el espacio de la semiosfera tiene carácter abstracto, no debemos imaginamos la frontera de ésta mediante los recursos de la imaginación concreta. Así como en la matemática se llama frontera a un conjunto de puntos perteneciente simultáneamente al espacio interior y al espacio exterior, la frontera semiótica es la suma de los traductores-«filtros» bilingües pasando a través de los cuales un texto se traduce a otro lenguaje (o lenguajes) que se halla fuera de la semiosfera dada. El «carácter cerrado» de la semiosfera se manifiesta en que ésta no puede estar en contacto con los textos alosemióticos o con los no-textos. Para que éstos adquieran realidad para ella, le es indispensable traducirlos a uno de los lenguajes de su espacio interno o semiotizar los hechos no-semióticos. Así pues, los puntos de la frontera de la semiosfera pueden ser equiparados a los receptores sensoriales que traducen los irritantes externos al lenguaje de nuestro sistema nervioso, o a los bloques de traducción que adaptan a una determinada esfera semiótica el mundo exterior respecto a ella. De lo dicho resulta evidente que el concepto de frontera es correlativo al de individualidad semiótica. En este sentido se puede decir que la semiosfera es una «persona semiótica» y comparte una propiedad de la persona como es la unión del carácter empíricamente indiscutible e intuitivamente evidente de este concepto con la extraordinaria dificultad para definirlo formalmente. Es sabido que la frontera de la persona como fenómeno de la semiótica histórico-cultural depende del modo de codificación. Así, por ejemplo, en unos sistemas la mujer, los niños, los criados no libres y los vasallos pueden ser incluidos en la persona del marido, del amo y del patrón, careciendo de una individualidad independiente; y en otros, son considerados como personas aisladas. Esto se deja ver claramente en la relatividad de la semiótica jurídica. Cuando Iván el Terrible ejecutaba, junto con el infortunado boyardo, no sólo a la familia, sino también a todos sus criados, eso no estaba dictado por un imaginario temor de la venganza (como si un siervo de una heredad provincial pudiera ser peligroso para un zar!), sino por la idea de que, jurídicamente, todos ellos constituían una sola persona con el cabeza de la familia, y, por lo tanto, el castigo, naturalmente, se extendía a ellos. Los rusos veían el «terror» —la crueldad del zar— en que éste empleaba ampliamente las ejecuciones entre sus hombres, pero la inclusión de todos los representantes del linaje en la composición de la infortunada unidad era natural para ellos. En cambio, los extranjeros se escandalizaban de que por la culpa de un ser humano sufriera otro. Todavía en el año 1732 la esposa del embajador inglés, Lady Rondeau (que en modo alguno era hostil a la corte rusa y que describió en sus epístolas la bondad y la sensibilidad de Anna Ioannovna y la nobleza de Biron), al informarle a una corresponsal europea suya sobre el destierro de la familia de los Dolgorúkov, escribió: «A usted, tal vez, le asombrará el destierro de mujeres y niños; pero aquí, cuando el cabeza de familia cae en desgracia, toda la familia sufre persecución»6. Ese mismo concepto de persona colectiva (en este caso: de linaje), y no individual, se halla, por ejemplo, en la base de la venganza de la sangre, cuando todo el linaje de un homicida es percibido como una persona jurídicamente responsable. S. M. Soloviov vinculaba de manera convincente el mestnichestvo a la idea de la persona de linaje colectiva:

Es comprensible que, siendo tan sólida la unión del linaje, siendo tan responsables, unos por los otros, todos los miembros del linaje, la importancia de la persona aislada desapareciera necesariamente ante la importancia del linaje; una persona era inconcebible sin linaje: cierto Iván Petrov no era concebible como Iván Petrov solo, sino únicamente como Iván Petrov con sus hermanos y sobrinos. Con tal fusión de la persona con el linaje, si ascendía en el cargo una persona, ascendía todo el linaje, y con el descenso de un miembro del linaje, descendía todo el linaje.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. La frontera del espacio semiótico no es un

La frontera del espacio semiótico no es un concepto artificial, sino una importantísima posición funcional y estructural que determina la esencia del mecanismo semiótico de la misma. La frontera es un mecanismo bilingüe que traduce los mensajes externos al lenguaje interno de la semiosfera y a la inversa. Así pues, sólo con su ayuda puede la semiosfera realizar los contactos con los espacios no-semiótico y alosemiótico. Tan pronto pasamos al dominio de la semántica, nos vemos en la necesidad de apelar a la realidad extrasemiótica. Sin embargo, no se debe olvidar que, para una determinada semiosfera, esta realidad sólo deviene «realidad para sí» en la medida en que sea traducible al lenguaje de la misma (así como las materias químicas externas sólo pueden ser asimiladas por la célula si son traducidas a las estructuras bioquímicas propias de ésta —ambos casos son manifestaciones particulares de una misma ley).

La función de toda frontera y película (desde la membrana de la célula viva hasta la biosfera como — según Vernadski— película que cubre nuestro planeta, y hasta la frontera de la semiosfera) se reduce a limitar la penetración de lo externo en lo interno, a filtrarlo y elaborarlo adaptativamente. En los diversos niveles, esta función invariante se realiza de diferente manera. En el nivel de la semiosfera, significa la separación de lo propio respecto de lo ajeno, el filtrado de los mensajes externos y la traducción de éstos al lenguaje propio, así como la conversión de los no-mensajes externos en mensajes, es decir, la semiotización de lo que entra de afuera y su conversión en información. Desde este punto de vista, todos los mecanismos de traducción que están al servicio de los contactos externos pertenecen a la estructura de la frontera de la semiosfera. La frontera general de la semiosfera se interseca con las fronteras de los espacios culturales particulares. En los casos en que el espacio cultural tiene un carácter territorial, la frontera adquiere un sentido espacial en el significado elemental. Sin embargo, también cuando eso ocurre, ella conserva el sentido de un mecanismo buffer que transforma la información, de un peculiar bloque de traducción. Así, por ejemplo, cuando la semiosfera se identifica con el espacio «cultural» dominado, y el mundo exterior respecto a ella, con el reino de los elementos caóticos, desordenados, la distribución espacial de las formaciones semióticas adquiere, en una serie de casos, el siguiente aspecto: las personas que en virtud de un don especial (los brujos) o del tipo de ocupación (herrero, molinero, verdugo) pertenecen a dos mundos y son como traductores, se establecen en la periferia territorial, en la frontera del espacio cultural y mitológico, mientras que el santuario de las divinidades «culturales» que organizan el mundo se dispone en el centro. Cfr., en la cultura del siglo XIX, la estructura social del elemento «destructivo» del cinturón de los suburbios; además, el suburbio interviene, por ejemplo, en el poema de Tsvetáeva («Poema de la entrada de la ciudad»), tanto como parte de la ciudad, como en calidad de espacio perteneciente al mundo que destruye a la ciudad. Su naturaleza es bilingüe. Todos los grandes imperios que lindaban con nómadas, «estepa» o «bárbaros», asentaban en sus fronteras tribus de esos mismos nómadas o «bárbaros», contratados para el servicio de la defensa de la frontera. Esas colonias formaban una zona de bilingüismo cultural que garantizaba los contactos semióticos entre los dos mundos. Esa misma función de frontera de la semiosfera es desempeñada por las regiones con diversas mezclas culturales: ciudades, vías comerciales y otros dominios de formaciones de koiné y de estructuras semióticas creolizadas. Un mecanismo típico de la frontera es la situación de la «novela de frontera» del tipo del epos bizantino sobre Diguenis o aquella a la que se alude en El Cantar de las Huestes de Igor. En general, el sujet del tipo de Romeo y Julieta sobre una unión amorosa que une dos espacios culturales enemigos, revela claramente la esencia del «mecanismo de la frontera». Hay que tener en cuenta, sin embargo, que, si desde el punto de vista de su mecanismo inmanente, la frontera une dos esferas de la semiosis, desde la posición de la autoconciencia semiótica (la

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. autodescripción en un metanivel) de la semiosfera dada,

autodescripción en un metanivel) de la semiosfera dada, las separa. Tomar conciencia de sí mismo en el sentido semiótico-cultural, significa tomar conciencia de la propia especificidad, de la propia contraposición a otras esferas. Esto hace acentuar el carácter absoluto de la línea con que la esfera dada está contorneada. En diferentes momentos históricos del desarrollo de la semiosfera, uno u otro aspecto de las funciones de la frontera puede dominar, amortiguando o aplastando enteramente al otro. La frontera tiene también otra función en la semiosfera: es un dominio de procesos semióticos acelerados que siempre transcurren más activamente en la periferia de la oikumena cultural, para de ahí dirigirse a las estructuras nucleares y desalojarlas. Con el ejemplo de la historia de la antigua Roma queda bien ilustrada una regularidad más general: un determinado espacio cultural, al ensancharse impetuosamente, introduce en su órbita colectividades (estructuras) externas y las convierte en su periferia. Esto estimula un impetuoso auge semiótico-cultural y económico de la periferia, que traslada al centro sus estructuras semióticas, suministra líderes culturales y, en resumidas cuentas, conquista literalmente la esfera del centro cultural. Esto, a su vez, estimula (por regla general, bajo la consigna del regreso «a los fundamentos») el desarrollo semiótico del núcleo cultural, que de hecho es ya una nueva estructura surgida en el curso del desarrollo histórico, pero que se entiende a sí misma en metacategorías de las viejas estructuras. La oposición centro/periferia es sustituida por la oposición ayer/hoy. Puesto que la frontera es una parte indispensable de la semiosfera, esta última necesita de un entorno exterior «no organizado» y se lo construye en caso de ausencia de éste. La cultura crea no sólo su propia organización interna, sino también su propio tipo de desorganización externa. La Antigüedad se construye «los bárbaros»; y la «conciencia», la «subconsciencia». En esto, daba lo mismo que esos «bárbaros», en primer lugar, pudieran poseer una cultura mucho más antigua y, en segundo lugar, desde luego, no representaran un único todo, y formaran una gama cultural que abarcaba desde altísimas civilizaciones de la Antigüedad hasta tribus que se hallaban en un estadio muy primitivo del desarrollo. No obstante, la civilización antigua sólo pudo tomar conciencia de sí misma como un todo cultural después de construir ese, por así decir, mundo «bárbaro» único, cuyo rasgo distintivo fundamental era la ausencia de un lenguaje común con la cultura antigua. Las estructuras externas, dispuestas al otro lado de la frontera semiótica, son declaradas no-estructuras. La valoración de los espacios interior y exterior no es significativa. Significativo es el hecho mismo de la presencia de una frontera. Así, en las robinsonadas del siglo XVIII, el mundo de los «salvajes» que se halla fuera de la semiótica de la sociedad civilizada (pueden equipararse a él los mundos de animales o de niños, construidos de manera igualmente artificial —con arreglo al rasgo distintivo del estar situado fuera de las «convenciones» de la cultura, es decir, de los mecanismos semióticos de ésta), es valorado positivamente.

2. Irregularidad semiótica. De lo dicho en el primer punto se ve que el espacio «no-semiótico», de hecho, puede resultar el espacio de otra semiótica. Lo que desde el punto de vista interno de una cultura dada tiene el aspecto de un mundo no-semiótico externo, desde la posición de un observador externo puede presentarse como periferia semiótica de la misma. Así pues, de la posición del observador depende por donde pasa la frontera de una cultura dada. Esta cuestión se ve complicada por la obligatoria irregularidad interna como ley de la organización de la semiosfera. El espacio semiótico se caracteriza por la presencia de estructuras nucleares (con más frecuencia varias) con una organización manifiesta y de un mundo semiótico más amorfo que tiende hacia la periferia, en el cual están sumergidas las estructuras nucleares. Si una de las estructuras nucleares no

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. sólo ocupa la posición dominante, sino que también

sólo ocupa la posición dominante, sino que también se eleva al estadio de la autodescripción y, por consiguiente, segrega un sistema de metalenguajes con ayuda de los cuales se describe no sólo a sí misma, sino también al espacio periférico de la semiosfera dada, entonces encima de la irregularidad del mapa semiótico real se construye el nivel de la unidad ideal de éste. La interacción activa entre esos niveles

deviene una de las fuentes de los procesos dinámicos dentro de la semiosfera. La irregularidad en un nivel estructural es complementada por la mezcla de los niveles. En la realidad de la semiosfera, por regla general se viola la jerarquía de los lenguajes y de los textos: éstos chocan como lenguajes y textos que se hallan en un mismo nivel. Los textos se ven sumergidos en lenguajes que no corresponden a ellos, y los códigos que los descifran pueden estar ausentes del todo. Imaginémonos la sala de un museo en la que en las diferentes vitrinas estén expuestos objetos de diferentes siglos, inscripciones en lenguas conocidas y desconocidas, instrucciones para el desciframiento, un texto aclaratorio para la exposición redactado por metodólogos, esquemas de las rutas de las excursiones y las reglas de conducta de los visitantes. Si colocamos allí, además, a los propios visitantes con su mundo semiótico, obtendremos algo que recordará un cuadro de la semiosfera. La no homogeneidad estructural del espacio semiótico forma reservas de procesos dinámicos y es uno de los mecanismos de producción de nueva información dentro de la esfera. En los sectores periféricos, organizados de manera menos rígida y poseedores de construcciones flexibles, «deslizantes», los procesos dinámicos encuentran menos resistencia y, por consiguiente, se desarrollan más rápidamente. La creación de autodescripciones metaestructurales (gramáticas) es un factor que aumenta bruscamente la rigidez de

la estructura y hace más lento el desarrollo de ésta. Entretanto, los sectores que no han sido objeto de

una descripción o que han sido descritos en categorías de una gramática «ajena» obviamente inadecuada

a ellos, se desarrollan con más rapidez. Eso prepara en el futuro el traslado de la función de núcleo

estructural a la periferia de la etapa precedente y la conversión del antiguo centro en periferia. Podemos seguir con claridad este proceso en el traslado geográfico de los centros y las «regiones fronterizas» de las civilizaciones mundiales. La división en núcleo y periferia es una ley de la organización interna de la semiosfera. En el núcleo se disponen los sistemas semióticos dominantes. Sin embargo, mientras que el hecho de esa división es absoluto, las formas que reviste son relativas desde el punto de vista semiótico y dependen en considerable medida del metalenguaje de descripción escogido —o sea, de si estamos ante una autodescripción descripción desde un punto de vista interno y en términos producido en el proceso de autodesarrollo de la semiosfera dada) o si la descripción es llevada a cabo por un observador externo en categorías de otro sistema.

Las formaciones semióticas periféricas pueden estar representadas no por estructuras cerradas (lenguajes), sino por fragmentos de las mismas o incluso por textos aislados. Al intervenir como «ajenos» para el sistema dado, esos textos cumplen en el mecanismo total de la semiosfera la función de catalizadores. Por una parte, la frontera con un texto ajeno siempre es un dominio de una intensiva formación de sentido. Por otra, todo pedazo de una estructura semiótica o todo texto aislado conserva los mecanismos de reconstrucción de todo el sistema. Precisamente la destrucción de esa totalidad provoca un proceso acelerado de «recordación» —de reconstrucción del todo semiótico por una parte de él. Esta reconstrucción de un lenguaje ya perdido, en cuyo sistema el texto dado adquiriría la condición de estar dotado de sentido [osmyslennost], siempre resulta prácticamente la creación de un nuevo lenguaje, y no la recreación del viejo, como parece desde el punto de vista de la autoconciencia de la cultura. La presencia constante en la cultura de una determinada reserva de textos con códigos perdidos conduce a que el proceso de creación de nuevos códigos a menudo sea percibido subjetivamente como una reconstrucción («rememoración») de códigos viejos.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. La irregularidad estructural de la organización interna de

La irregularidad estructural de la organización interna de la semiosfera es determinada, en particular, por el hecho de que, siendo heterogénea por naturaleza, ella se desarrolla con diferente velocidad en sus diferentes sectores. Los diversos lenguajes tienen diferente tiempo y diferente magnitud de ciclos: las lenguas naturales se desarrollan mucho más lentamente que las estructuras ideológico-mentales. Por eso, ni hablar se puede de una sincronicidad de los procesos que transcurren en ellos. Así pues, la semiosfera es atravesada muchas veces por fronteras internas que especializan los sectores de la misma desde el punto de vista semiótico. La transmisión de información a través de esas fronteras, el juego entre diferentes estructuras y subestructuras, las ininterrumpidas «irrupciones» semióticas orientadas de tal o cual estructura en un «territorio» «ajeno», determinan generaciones de sentido, el surgimiento de nueva información. La diversidad interna de la semiosfera presupone la integralidad de esta. Las partes no entran en el todo como detalles mecánicos, sino como órganos en un organismo. Una particularidad esencial de la construcción estructural de los mecanismos nucleares de la semiosfera es que cada parte de ésta representa, ella misma, un todo cerrado en su independencia estructural. Los vínculos de ella con otras partes son complejos y se distinguen por un alto grado de desautomatización. Es más: en los niveles superiores adquieren carácter de conducta, es decir, obtienen la capacidad de elegir independientemente un programa de actividad. Con respecto al todo, hallándose en otros niveles de la jerarquía estructural, muestran la propiedad del isomorfismo. Así pues, son al mismo tiempo parte del todo y algo semejante a él. Para aclarar esta relación, podemos recurrir a la imagen empleada en relación con otra cosa a fines del siglo XIV por el escritor checo Tomás Stíny. Del mismo modo que un rostro, al tiempo que se refleja enteramente en un espejo, se refleja también en cada uno de sus pedazos, que, de esa manera, resultan tanto parte del espejo entero como algo semejante a éste, en el mecanismo semiótico total el texto aislado es isomorfo desde determinados puntos de vista a todo el mundo textual, y existe un claro paralelismo entre la conciencia individual, el texto y la cultura en su conjunto. El isomorfismo vertical, existente entre estructuras dispuestas en diferentes niveles jerárquicos, genera un aumento cuantitativo de los mensajes. Del mismo modo que el objeto reflejado en el espejo genera cientos de reflejos en sus pedazos, el mensaje introducido en la estructura semiótica total se multiplica en niveles más bajos. El sistema es capaz de convertir el texto en una avalancha de textos. Sin embargo, la producción de textos esencialmente nuevos requiere otro mecanismo. En este caso se necesitan contactos de un tipo esencialmente distinto. El mecanismo del isomorfismo se construye aquí de otro modo. Puesto que se está pensando no en un simple acto de transmisión, sino en un intercambio, entre los participantes de éste debe haber no sólo relaciones de semejanza, sino también determinada diferencia. La condición más simple de esta especie de semiosis se podría formular de la siguiente manera:

las subestructuras que participan en ella no tienen que ser isomorfas una respecto a la otra, sino que deben ser, cada una por separado, isomorfas a un tercer elemento de un nivel más alto, de cuyo sistema ellas forman parte. Así, por ejemplo, el lenguaje verbal y el icónico de las representaciones dibujadas no son isomorfos uno respecto al otro. Pero cada uno de ellos, desde diversos puntos de vista, es isomorfo respecto al mundo extrasemiótico de la realidad, del cual son un reflejo en cierto lenguaje. Esto hace posible, por una parte, el intercambio de mensajes entre esos sistemas, y, por otra, la nada trivial transformación de los mensajes en el proceso de su traslado. La presencia de dos partenaires de la comunicación parecidos y al mismo tiempo diferentes es importantísima, pero no es la única condición para el surgimiento de un sistema dialógico. El diálogo entraña la reciprocidad y la mutualidad en el intercambio de información. Pero para eso es necesario que el tiempo de transmisión sea relevado por el tiempo de recepción. Y eso supone un carácter discreto: la posibilidad de hacer interrupciones en la transmisión informacional. Esta capacidad de entregar

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. información en porciones es una ley universal de

información en porciones es una ley universal de los sistemas dialógicos —desde la secreción de sustancias odoríferas en la orina por los perros hasta el intercambio de textos en la comunicación humana. Se ha de tener en cuenta que el carácter discreto puede surgir en el nivel de la estructura allí donde en la realización material de la misma existe un relevo cíclico de periodos de gran actividad y periodos de máxima disminución de ésta. De hecho, podemos decir que el carácter discreto en los sistemas semióticos surge cuando se describen procesos cíclicos con el lenguaje de una estructura discreta. Así, por ejemplo, en la historia de la cultura se pueden distinguir períodos en los que tal o cual arte, hallándose en el punto más alto de su actividad, transmite [transliruet] sus textos a otros sistemas semióticos. Sin embargo, esos períodos son relevados por otros en los que ocurre como si la rama [rod] dada del arte pasara «a la recepción». Esto no significa que cuando describamos la historia aislada de un arte dado nos toparemos aquí con una interrupción: éste, al ser estudiado inmanentemente, parecerá ininterrumpido. Pero basta con que nos planteemos el objetivo de describir el conjunto de las artes en los marcos de tal o cual época, para que descubramos claramente la expansión de unas y «como interrupciones» en la historia de otras. Este mismo fenómeno puede explicar otro, bien conocido por los historiadores de la cultura, pero que no ha sido objeto de una interpretación teórica: según la mayoría de las teorías culturológicas, fenómenos como el Renacimiento, el Barroco, el clasicismo o el romanticismo, al haber sido generados por factores universales para una determinada cultura deben diagnosticarse sincrónicamente en el dominio de diversas manifestaciones artísticas y —más ampliamente— intelectuales. Sin embargo, la historia real de la cultura da un cuadro totalmente distinto: los distintos momentos de llegada de semejantes fenómenos epocales en las diferentes ramas del arte se nivelan solamente en el metanivel de la autoconciencia cultural, que se convierte después en concepciones investigativas. Pero en el tejido real de la cultura la no sincronicidad no interviene como una desviación casual, sino como una ley regular. El arte transmisor que se halla en el apogeo de su actividad, al mismo manifiesta tiempo rasgos de espíritu innovador y de dinamismo. Los destinatarios, por regla general, todavía están viviendo la etapa cultural precedente. Suele haber también otras relaciones, más complejas, pero la irregularidad tiene un carácter de regularidad universal. Precisamente gracias a ella los procesos de desarrollo que, desde el punto de vista inmanente, son ininterrumpidos, desde una posición cultural general se presentan como discretos. Lo mismo se puede observar con respecto a los grandes contactos culturales entre áreas: el proceso de influencia del Oriente cultural sobre el Occidente y del Occidente sobre el Oriente está ligado a la no sincronicidad de las sinusoides del desarrollo inmanente de los mismos y para el observador externo se presenta como un relevo discreto de actividades de diversa orientación. Ese mismo sistema de relaciones se observa también en otros diversos diálogos, por ejemplo: el del centro y la periferia de la cultura, el de su parte de arriba y su parte de abajo. El hecho de que la pulsación de la actividad en un nivel estructural más alto aparezca como carácter discreto, no nos asombrará si recordamos que las fronteras entre los fonemas sólo existen en el nivel fonológico, pero en modo alguno en el fonético y no existen en el oscilograma sonoro del habla. Lo mismo se puede decir también respecto a otras fronteras estructurales —por ejemplo, entre palabras. Por último, el diálogo debe poseer una propiedad más: puesto que el texto que ha sido transmitido y la respuesta a él que ha sido recibida deben formar, desde cierto tercer punto de vista, un texto único, y, además, cada uno de ellos, desde su propio punto de vista, no sólo representa un texto aparte, sino que también tiende a ser un texto en otra lengua, el texto transmitido debe, adelantándose a la respuesta, contener elementos de transición a la lengua ajena. De lo contrario, el diálogo es imposible. John Newson, en el artículo antes citado, mostró cómo en el diálogo entre la madre lactante y el niño de pecho tiene lugar una transición recíproca al lenguaje de la mímica ajena y de las señales del habla. A propósito, en esto radica la diferencia entre el diálogo y el amaestramiento unilateral.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. A esto está vinculado, por ejemplo, el hecho

A esto está vinculado, por ejemplo, el hecho de que la literatura del siglo XIX, para ejercer fuerte

influencia en la pintura, debió incluir en su lenguaje elementos de pictoricidad. Fenómenos análogos ocurren también cuando se producen contactos culturales entre áreas. El intercambio dialógico (en sentido amplio) de textos no es un fenómeno facultativo del proceso semiótico. La utopía de un Robinson aislado, creada por el pensamiento del siglo XVIII, está en contradicción con la idea actual de que la conciencia es un intercambio de mensajes —desde el intercambio entre los hemisferios cerebrales hasta el intercambio entre culturas. La conciencia sin comunicación es imposible. En este sentido se puede decir que el diálogo precede al lenguaje y lo genera. Precisamente eso es lo que se halla en la base de la idea de la semiosfera: el conjunto de las formaciones semióticas precede (no heurísticamente, sino funcionalmente) al lenguaje aislado particular y es una condición de la existencia de este último. Sin semiosfera el lenguaje no sólo no funciona, sino que tampoco existe. Las diferentes subestructuras de la semiosfera están vinculadas en una interacción y no

pueden funcionar sin apoyarse unas en las otras. En este sentido, la semiosfera del mundo contemporáneo, que, ensanchándose constantemente en el espacio a lo largo de siglos, ha adquirido en la actualidad un carácter global, incluye dentro de sí tanto las señales de los satélites como los versos de los poetas y los gritos de los animales. La interconexión de todos los elementos del espacio semiótico no es una metáfora, sino una realidad. La semiosfera tiene una profundidad diacrónica, puesto que está dotada de un complejo sistema de memoria y sin esa memoria no puede funcionar. Mecanismos de memoria hay no sólo en algunas subestructuras semióticas, sino también en la semiosfera como un todo. A pesar de que a nosotros, sumergidos en la semiosfera, ésta puede parecemos un objeto caóticamente carente de regulación, un conjunto de elementos autónomos, es preciso suponer la presencia en ella de una regulación interna y de una vinculación funcional de las partes, cuya correlación dinámica forma la conducta de la semiosfera. Esta suposición responde al principio de economía, puesto que sin ella el hecho evidente de que se efectúan las distintas comunicaciones se hace difícilmente explicable.

El desarrollo dinámico de los elementos de la semiosfera (las subestructuras) está orientado hacia la

especificación de éstos y, por consiguiente, hacia el aumento de la variedad interna de la misma. Sin embargo, con ese aumento la integridad de la semiosfera no se destruye, puesto que en la base de todos los procesos comunicativos se halla un principio invariante que los hace semejantes entre sí. Este principio se basa en una combinación de simetría-asimetría (en el nivel del lenguaje este rasgo estructural fue caracterizado por Saussure como «mecanismo de semejanzas y diferencias») con un relevo periódico de apogeos y extinciones en el transcurso de todos los procesos vitales en todas sus formas. En realidad,

también estos dos principios pueden ser reducidos a una unidad más general: la simetría-asimetría puede ser considerada como la división de cierta, unidad por un plano de simetría, como resultado de lo cual surgen estructuras reflejadas especularmente —base del ulterior aumento de la variedad y de la especificación funcional. Y la ciclicidad, en cambio, está basada en un movimiento giratorio en torno al eje de la simetría.

La combinación de estos dos principios se observa en los niveles más diversos: desde la contraposición

de la ciclicidad (simetría axial) en el mundo del cosmos y del núcleo atómico al movimiento unidireccional,

que domina en el mundo animal y es el resultado de la simetría planar, hasta la antítesis del tiempo mitológico (cíclico) y el tiempo histórico (orientado en una dirección). Puesto que la combinación de esos principios tiene un carácter estructural que rebasa no sólo los marcos de la sociedad humana, sino también los del mundo vivo, y permite establecer la semejanza de las estructuras más generales, por ejemplo, con la obra poética, surge, naturalmente, la pregunta: ¿no será todo el universo un mensaje que entra en una semiosfera todavía más general? ¿No habrá que someter a

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. una lectura el universo? Dudo que alguna vez

una lectura el universo? Dudo que alguna vez seamos capaces de responder a esa pregunta. La posibilidad de un diálogo presupone, a la vez, tanto la heterogeneidad como la homogeneidad de los elementos. La heterogeneidad semiótica presupone la heterogeneidad estructural. Desde este punto de vista, la diversidad estructural de la semiosfera constituye la base de su mecanismo. Probablemente, así hay que interpretar, con respecto a la problemática que nos interesa, el principio que V. I. Vernadski llamó «principio de P. Curie-Pasteur» y consideró uno «de los principios fundamentales de la lógica de la ciencia — de la comprensión de la naturaleza»: «La disimetría sólo puede ser provocada por una causa que ya posea, ella misma, esa disimetría». El caso más simple, y a la vez el más extendido, de unión de la identidad y la diferencia estructurales es el enantiomorfismo, es decir, la simetría especular, en la cual ambas partes son especularmente iguales, pero son desiguales cuando se pone una sobre otra, o sea, se relacionan entre sí como derecho e izquierdo. Tal relación crea esa diferencia correlacionable que se distingue tanto de la identidad que hace el diálogo, como de la diferencia no correlacionable que lo hace imposible. Si las comunicaciones dialógicas son la base de la formación del sentido, las divisiones enantiomórficas de lo uno y los acercamientos de lo diferente son la base de la correlación estructural de las partes en el dispositivo generador del sentido. La simetría especular crea las necesarias relaciones de diversidad estructural y semejanza estructural que permiten construir relaciones dialógicas. Por una parte, los sistemas no son idénticos y emiten textos diferentes, y, por otra, se transforman fácilmente uno en otro, lo cual les garantiza a los textos una traducibilidad mutua. Si podemos decir que, para que sea posible el diálogo, sus participantes deben ser diferentes y, a la vez, tener en su estructura la imagen semiótica de su contraparte [kontragent], entonces el enantiomorfismo es una ideal «máquina» elemental de diálogo. Una demostración de que la simple simetría especular cambia radicalmente el funcionamiento del mecanismo semiótico, es el palíndromo. Este fenómeno se ha estudiado poco, ya que ha sido considerado como un entretenimiento poético, fruto del «arte verbal lúdicro», y a veces, de manera abiertamente peyorativa, como «malabarismo verbal»16. Entretanto, hasta un superficial examen de este fenómeno permite poner de manifiesto problemas muy serios. A nosotros, aquí, no nos interesa la propiedad que tiene el palíndromo de conservar el sentido de la palabra o grupo de palabras cuando son leídas tanto en una dirección como en la contraria, sino cómo cambian en ese caso los mecanismos de formación del texto y, por consiguiente, de la conciencia. Recordemos el análisis del palíndromo chino efectuado por el académico V. M. Alekséev. Habiendo señalado que el jeroglífico chino, tomado aisladamente, da una idea sólo del núcleo matriz [gnezdo] de sentido, pero, concretamente, sus características semánticas y gramaticales sólo se revelan en la correlación con la cadena textual, y que sin el orden de las palabras-signos no se pueden determinar ni las categorías gramaticales de las mismas ni el relleno real de sentido que concretiza la semántica abstracta muy general del jeroglífico aislado, V. M. Alekséev muestra los sorprendentes cambios gramaticales y de sentido que tienen lugar en el palíndromo chino en dependencia de cuál sea la dirección en que se lea. En este «palíndromo (o sea, el orden invertido de las palabras del verso normal) todas las sílabo-palabras chinas, permaneciendo exactamente en sus puestos, están llamadas a desempeñar ya otros papeles, tanto sintácticos como semánticos». De esto V. M. Alekséev sacó una interesante conclusión de carácter metódico: la de que precisamente el palíndromo es un material inapreciable para el estudio de la gramática de la lengua china.

Las conclusiones son claras: 1) El palíndromo es el mejor de los medios posibles para ilustrar la interconexión de las sílabo-palabras chinas, sin recurrir a la experiencia artificiosa, sí, pero no hábil, realizada sin talento, burdamente ilustrativa, de las permutaciones para ejercicio de los alumnos en

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. materia de sintaxis china. 2) El palíndromo es

materia de sintaxis china. 2) El palíndromo es [

teoría de la palabra y de la oración simple chinas (y tal vez no sólo de las chinas).

]

el mejor material chino para la construcción de una

Las observaciones sobre el palíndromo ruso conducen a otras conclusiones. En una breve nota, S. Kirsánov aduce auto-observaciones extraordinariamente interesantes sobre el problema de la psicología del autor de palíndromos rusos. Da a conocer cómo, «siendo todavía un estudiante de bachillerato», «involuntariamente dije para mí, y de repente noté que esa frase se lee también en el orden inverso. Desde ese momento a menudo me sorprendí a mí mismo leyendo palabras al revés». «Con el tiempo empecé a ver las palabras "en bloque", y esas palabras que rimaban consigo mismas y las combinaciones de ellas surgían involuntariamente». Así pues, el mecanismo del palíndromo ruso consiste en ver la palabra. Esto permite leerla después en el orden inverso. Ocurre una cosa muy curiosa: en la lengua china, en la que la palabra-jeroglífico se comporta como si ocultara su estructura morfo-gramatical, la lectura en el orden contrario contribuye a la aparición de esa construcción oculta, presentando lo integral y visible como un conjunto consecutivo oculto de elementos estructurales. En la lengua rusa, en cambio, el palíndromo demanda la capacidad de «ver en bloque las palabras», es decir, percibirlas como un dibujo integral, una especie de jeroglífico. El palíndromo chino traduce lo visible e integral a lo discreto y analíticamente diferenciado; el ruso, activa lo diametralmente opuesto: la visibilidad y la integralidad. O sea, la lectura en la dirección opuesta activa el mecanismo de la otra conciencia hemisférica. El hecho elemental de la transformación enantiomórfica del texto cambia el tipo de conciencia correlacionada con él. Así pues, la percepción del palíndromo como «malabarismo» inútil, ingeniosidad sin sentido, recuerda la opinión del gallo de la fábula de Krylov sobre la perla. Conviene recordar también la moraleja de esa fábula:

Los incultos juzgan exactamente así: Todo aquello que no entienden, para ellos es fruslería.

El palíndromo activa las capas ocultas de la conciencia lingüística y es un material extraordinariamente valioso para los experimentos sobre los problemas de la asimetría funcional del cerebro. El palíndromo no carece de sentido, sino que tiene muchos sentidos. En niveles más altos, a la lectura contraria se le atribuye una significación mágica, sacra, secreta. En la lectura «normal» el texto es identificado con la esfera «abierta» de la cultura, y en la inversa, con la esotérica. Es indicativa la utilización de los palíndromos en los conjuros, las fórmulas mágicas, las inscripciones en puertas y tumbas, o sea, en los lugares fronterizos y mágicamente activos del espacio cultural: regiones del choque de las fuerzas terrenales (normales) y las infernales (inversas). Y el obispo y poeta Sidonio Apolinario le atribuyó al diablo mismo la autoría del conocido palíndromo latino:

Sigua te sigua, temere me tangís et angis. Roma tibi subito motibus ibit amor. (Persígnate, persígnate; sin saberlo, con eso me ofendes y afliges. Roma, con esos signos-gestos de repente llamas hacia ti el amor.)

El mecanismo especular que forma las parejas simétrico-asimétricas está tan ampliamente difundido en todos los mecanismos generadores de sentido, que podemos decir que es universal, abarcador del nivel molecular y de las estructuras generales del universo, por una parte, y de las creaciones globales del espíritu humano, por otra. Para los fenómenos definibles mediante el concepto «texto», es, indiscutiblemente, universal. El paralelo a la antítesis de la construcción sacra (directa) e infernal (inversa)

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. se caracteriza por la especularidad espacial del Purgatorio

se caracteriza por la especularidad espacial del Purgatorio convexo y el Infierno cóncavo, que, en Dante, repiten cada uno, como la forma y su relleno, la configuración del otro. Podemos considerar como una construcción palindrómica del sujet la composición de Evgueni Oneguin, obra en la que, al moverse en una dirección, «ella» lo ama a «él», expresa su amor en una carta, pero encuentra una fría respuesta de rechazo, mas en el reflejo contrario «él» la ama a «ella», expresa su amor en una carta y encuentra, a su vez, una respuesta de rechazo. Semejante construcción del sujet es característica de Pushkin. Así, en La hija del capitán el sujet se compone de dos viajes: el de Griniov adonde el zar de los mujilcs para salvar a Masha que ha caído en desgracia, y, después, el de Masha adonde la reina de la nobleza para salvar a Griniov. Mecanismos análogos en el nivel de los personajes son los dobles que inundaron la literatura romántica y posromántica de la Europa del siglo XIX, a menudo directamente vinculados al tema del espejo y el reflejo. Desde luego, todas estas simetrías-asimetrías no son más que mecanismos de generación de sentido, y, del mismo modo que la asimetría bilateral del cerebro humano, al caracterizar el mecanismo del pensamiento, no predetermina el contenido de éste, ellas determinan la situación semiótica, pero no el contenido de tal o cual mensaje. Daremos un ejemplo más de cómo la simetría especular cambia la naturaleza del texto. N. Tarabukin descubrió una ley de la composición pictórica según la cual el eje de la diagonal que va del ángulo inferior derecho del cuadro al ángulo superior izquierdo crea un efecto de pasividad; y el eje contrario —del ángulo inferior izquierdo al superior derecho—, un efecto de actividad y tensión.

Interesante desde el punto de vista que estamos examinando es el cuadro, por todos conocido, La balsa de la Medusa de Géricault. Su composición está construida sobre dos diagonales alternas: pasiva y activa. La línea del movimiento de la balsa, empujada por el viento, está trazada de derecha a izquierda hacia la profundidad. Personifica las fuerzas elementales de la naturaleza, que arrastran a un puñado de personas impotentes que han sufrido un naufragio. Por la línea opuesta, la activa, el artista coloca varias figuras humanas que reúnen sus últimas fuerzas para salir de la trágica situación. No han cesado de luchar. Habiendo alzado por encima de ellos a una persona, le hacen agitar un pañuelo para atraer la atención del barco que pasa a lo lejos en el horizonte.

De lo dicho se deriva un hecho confirmable experimentalmente: un mismo cuadro, trasladado, al imprimir un grabado, a una simetría especular, cambia su acento emocional y de sentido por el acento contrario. La causa de los fenómenos señalados consiste en que los objetos que se reflejan tienen en su estructura interna planos de simetría y de asimetría. En la transformación enantiomórfica los planos de simetría se neutralizan y no se manifiestan en nada, y los de asimetría devienen el rasgo distintivo estructural fundamental. Por eso la condición de pareja simétrico-especular es la base estructural elemental de la relación dialógica. La ley de la simetría especular es uno de los principios estructurales básicos de la organización interna del dispositivo generador de sentido. Con ella están relacionados en el nivel del sujet fenómenos como el paralelismo de los personajes «elevado» y cómico, la aparición de dobles, los cursos de sujet paralelos y otros fenómenos bien estudiados de duplicación de las estructuras intratextuales. También a ella están ligados la función mágica del espejo y el papel del motivo de la especularidad en la literatura y la pintura. Esta misma naturaleza es la del fenómeno del «texto en el texto». También con esto podemos comparar un fenómeno observable en el nivel de las culturas nacionales enteras y que hemos examinado en otra parte: el proceso de conocimiento mutuo y de inserción en cierto mundo cultural común provoca no sólo un acercamiento de las distintas culturas, sino también la especialización de las mismas: al entrar en cierta

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. comunidad cultural, la cultura empieza a cultivar con

comunidad cultural, la cultura empieza a cultivar con más fuerza su propia peculiaridad. A su vez, también otras culturas la codifican como «peculiar», «insólita». «Para sí», la cultura aislada siempre es «natural» y «común». Sólo habiéndose hecho parte de un todo más vasto, asimila ella el punto de vista externo sobre sí misma y se percibe a sí misma como específica. Así, las comunidades culturales del tipo «Occidente» y «Oriente» se constituyen en parejas enantiomórficas con una asimetría funcional «que funciona». Puesto que todos los niveles de la semiosfera —desde la persona del hombre o del texto aislado hasta las unidades semióticas globales— representan semiosferas como si puestas una dentro de la otra, cada una de ellas es, a la vez, tanto un participante del diálogo (una parte de la semiosfera) como el espacio del diálogo (el todo de la semiosfera), cada una manifiesta la propiedad de ser derecha o ser izquierda y encierra en un nivel más bajo estructuras derechas e izquierdas. Anteriormente hemos definido la base de la construcción estructural de la semiosfera como la intersección de la simetría—asimetría espacial y el relevo sinusoidal de intensidad y extinción de los procesos temporales, lo que genera el carácter discreto. Después de todo lo dicho podemos reducir esos dos ejes a uno: a la manifestación de la cualidad de ser derecho—izquierdo, lo cual, desde el nivel molecular—genético hasta los más complejos procesos informacionales, es la base del diálogo — fundamento de todos los procesos generadores de sentido.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. APROXIMACIÓN BIOLÓGICA AL ESTUDIO DE LOS SIGNOS 1

APROXIMACIÓN BIOLÓGICA AL ESTUDIO DE LOS SIGNOS 14 Thomas A. Sebeok

De acuerdo con el incomparable filósofo y polimatemático Charles Sanders Peirce (1839-1914), quien acaba de ser llamado «el intelecto más original y más versátil que han producido los americanos» (Fisch 1980, pág. 1) y quien únicamente infundió nuevo rigor a la semiótica, la antigua doctrina de los signos, la semiosis implica de forma irreductible una relación triádica entre un signo, su objeto y su intérprete. Este trío de términos y sus asociados tienen armónicas resonancias filosóficas. Antes de enumerarlas, permítaseme dar una definición general de semiótica y considerar sus componentes y algunas de sus consecuencias. La materia sobre la que versa la semiótica, de forma más extendida, es el intercambio de cualquier mensaje, sea cual fuere —en una palabra, la comunicación. A esto hay que añadir que la semiótica está íntimamente relacionada con el estudio de la significación. La semiótica está clasificada, por otra parte, como disciplina impulsora de una ciencia integrada de la comunicación a la que su carácter de investigación metódica de la naturaleza y de la constitución de códigos otorga un contrapunto indispensable. Un mensaje es un signo o una sucesión ensamblada de signos transmitidos desde un productor de signos, o una fuente, hasta un receptor o destino. Cualquier origen o cualquier destino es una entidad viviente o el producto de una entidad viviente, tales como un ordenador, un robot, un autómata en general o un ser sobrenatural postulado, como cuando un chico (fuente) de rodillas (mensaje no verbal) suplica a su deidad (destino): «Pido al Señor que acoja mi alma» (mensaje verbal). Es importante observar que solamente las cosas vivientes y sus extensiones inanimadas experimentan la se-miosis, que de ese modo se convierte en inspiradora necesaria, si no suficiente, de atributos discernibles de la vida. Por «cosas vivientes» entendemos no solamente los organismos pertenecientes a uno de los cinco reinos, a saber el de Monera, Protoctisa, Animalia, Plantae y Fungi, sino también los componentes de sus partes jerárquicamente desarrolladas, empezando con una célula, unidad semiótica mínima, correspondiente a cincuenta genes aproximadamente, o a miles de miles de millones (10 u ) de átomos intrincada-mente organizados. (Se omiten los virus porque no son ni células ni agregaciones de las mismas.) Nuestros cuerpos son ensamblajes de células, aproximadamente cien mil miles de millones (10 14 ), unidas armoniosamente unas a otras a través de un incesante flujo vital de mensajes. El origen de las células nucleadas es un relato vagamente comprendido de colaboración simbiótica y semiótica entre simples células, poblaciones de algas azules y de bacterias en apariencia sin componentes internos, que evolucionaron menos de mil millones de años después de la formación de la Tierra (amplios vestigios de los mismos fueron recogidos en Groenlandia). Se cree que las células simples se fusionaron para formar confederaciones complejas de células que componían cada ser vivo. Ellas, a cambio, se integran en órganos, los órganos en organismos que forman sistemas sociales de creciente complejidad. De esta forma, la física, la biología, la psicología y la sociología incorporan su propio nivel peculiar de semiosis. El código genético gobierna el intercambio de mensajes en el nivel celular: las hormonas y los neurotransmisores actúan como mediadores entre los órganos y entre ellos mismos (el sistema inmunológico de defensa y el sistema nervioso central están íntimamente entrelazados mediante un denso flujo de doble vertiente); también una variedad de mensajes verbales y no verbales conectan entre sí organismos en una red de relaciones así como con el resto de su entorno. Como Francois Jacob

14 en Sebeok, Thomas (1996). Signos. Una introducción a la semiótica. Barcelona: Paidós.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. describió de forma pintoresca (1974, pág. 320), la

describió de forma pintoresca (1974, pág. 320), la progresión «de la organización familiar al estado moderno, del grupo étnico hasta la coalición de naciones, toda esta serie de integraciones está basada en una variedad de códigos culturales, morales, sociales, políticos, económicos, militares y religiosos. La historia de la humanidad es más o menos la historia de estas integraciones y el modo en que se configuran y cambian». La semiosis en un nivel superior en la jerarquía de integraciones es irreductible a ese nivel inferior que denominamos física (Popper y Eccles, 1977). El comportamiento semiótico incluso de las agrupaciones orgánicas más importantes, con diferentes estilos de vida, ha sido estudiado de forma desigual. En la trama de la naturaleza, las plantas son fundamentalmente los productores. Un estudio de su conducta comunicativa, bajo la denominación phytosemiotics, comenzó en 1981, cuando el semiótico alemán Martin Krampen publicó un perspicaz artículo programático bajo ese título. El polo opuesto de las plantas son los hongos, que actúan como agentes de descomposición; nuestro conocimiento de su comportamiento peculiar de semiosis es incluso más rudimentario. Hasta ahora el interés primario se ha centrado en los animales (zoosemiótica), los que ingieren, que están a medio camino entre ambos. Según lo que consuman, pueden ser catalogados como herbívoros o como predadores; su conducta nutricional puede marcar el carácter de su dependencia respectiva sobre la utilización del signo. Es digno de destacar que el tráfico de mensajes en cuatro de los cinco reinos es exclusivamente no verbal. Únicamente se han encontrado mensajes verbales en los animales y en relación a ellos únicamente en una sola de las subespecies existentes, el Homo sapiens sapiens. El rasgo más distintivo de los humanos es que solamente ellos, por lo que a su vida terrestre respecta, tienen dos repertorios de signos a su disposición: el no verbal derivado, como se puede demostrar, de sus ancestros los mamíferos (en especial los primates) y otro de carácter verbal, fruto exclusivo de su condición humana. Este último constituye el tema fundamental de análisis de una de las ramas más avanzadas de la semiótica, la lingüística general, es decir, el estudio del intercambio verbal y de sus fundamentos gramaticales subyacentes. Una definición avanzada presupone, en este caso, un productor de mensajes, una fuente y un receptor del mensaje, un destino. En los ejemplos anteriores, tanto las fuentes como los destinos, sean actuales o no, adoptan los mismos papeles que entre un físico y su paciente; entre un etnógrafo y quien le informa; entre un profesor y un alumno; entre un historiador y una figura pública posterior; entre un alce y su cazador; entre un perro y su víctima potencial; entre un pavo y una pava. El barómetro leído por un hombre del tiempo es un instrumento de observación confeccionado por el hombre, perteneciente a ese tipo de inventos cautivadores, como, por ejemplo, una cámara de burbujas, construidos para convertir los mensajes inefables en lo contrario. De esta forma ningún físico puede «ver» realmente partículas subatómicas, ni siquiera ayudado incluso del más poderoso microscopio electrónico (o del más complejo acelerador-detector), sino únicamente (en el caso más sencillo) las burbujas más insignificantes dé hidrógeno producidas por ellas —las gotas de vapor en la caldera «representan» o, lo que es lo mismo, modelan sus interacciones. Por lo que respecta al modelo dermatoglifo presentado al tribunal, funciona como un mensaje sinecdótico por contigüidad, por lo que a la presunción de inocencia de un criminal se refiere. En cualquier tipo de transacción, es necesario asociar la fuente a un destinatario mediante un canal: la variedad de las citadas vías está supeditada a la forma de actuación sensorial y específica de cada uno de ellas. Esta situación fue claramente resumida por George Dalgarno (el autor escocés de Ars signoriim, un fascinante tratado de semiótica de mediados del siglo xvti): «Es cierto», escribió en 1680, «que todos los sentidos son Inteligencias para el alma en mayor o menor grado, por esto tienen límites distintos, y Objetos de carácter propio asignados por la naturaleza y lo que es más, ella es capaz de utilizarlos incluso en las Nociones más abstractas y en instituciones Arbitrarias». Dalgarno añade que «la naturaleza parece

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. haberse ajustado, pensando en su propio beneficio, a

haberse ajustado, pensando en su propio beneficio, a dos de ellas: La Vista y el Oído». Esta visión es superficial. La mayoría de los mensajes más antiguos son de tipo molecular, y es el canal químico el que prevalece. Tres de los niveles jerárquicos de control endosemiótico básico están regulados respectivamente por los códigos genético y humoral, así como por reacciones inmunocelulares, y (desde la aparición de las esponjas) por un extenso número de péptidos presentes en el sistema nervioso central que funcionan como neurotransmisores. Los sentidos del gusto y del olfato son, del mismo modo, semioquímicos. Incluso, por lo que a la visión se refiere, el impacto de los fotones en la retina afecta diferencial-mente a la capacidad del pigmento rodopsin, que llena los filamentos para asi poder absorber la luz de las diferentes longitudes de onda, condición indispensable para el principio de invariabilidad. Las vibraciones acústicas y táctiles, así como los impulsos distribuidos vía sentidos térmicos, acaban siendo transformados en mensajes electroquímicos. Los humanos y también muchos otros animales están unidos rutinariamente mediante un número de canales de forma simultánea o en sucesión. El proceso paralelo de los mensajes introduce un grado de redundancia, en virtud de la cual se convierten, más que en errores, en un tipo de recepción minimizada; sin embargo es también posible que mensajes colaterales se contradigan unos a otros; así una figura retórica como la ironía actúa en un discurso hablado o escrito, como la astuta entrada principal de un refugio de gatos se proyecta en zoosemiótica.

UMWELT 15 Giorgio Agamben

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. Ningún animal puede entrar en relación con un

Ningún animal puede entrar en relación con un objeto en cuanto tal. Jakob von Uexküll

Es una suerte que el barón Jakob von Uexküll, hoy considerado uno de los máximos zoólogos del siglo XX y uno de los fundadores de la ecología, haya sido arruinado por la Primera Guerra Mundial. Ciertamente ya antes, primero como investigador libre en Heidelberg y luego en la Reserva zoológica de Nápoles, había conquistado una discreta reputación científica por sus investigaciones sobre la fisiología y el sistema nervioso de los invertebrados. Pero, una vez privado de su patrimonio familiar, se vio obligado a abandonar el sol meridional (aunque mantuvo una gran casa en Capri, donde murió en 1944 y donde, en 1926, Walter Benjamín se alojó durante algunos meses) y a integrarse a la Universidad de Hamburgo, fundando allí aquel Instituí für Umweltforschung que lo hizo célebre. Las investigaciones de Uexküll sobre el ambiente animal son contemporáneas tanto de la física cuántica como de las vanguardias artísticas. Como éstas, sus investigaciones expresan el abandono sin reservas de toda perspectiva antropocéntrica en las ciencias de la vida y la radical deshumanización de la imagen, de la naturaleza (no tiene que sorprender, por lo tanto, que ejercieran una fuerte influencia tanto sobre Heidegger- el filósofo del siglo XX que más se esforzó por separar al hombre del viviente- como sobre aquel otro, Gilles Deleuze, que trató de pensar al animal de modo absolutamente no antropomórfico). Donde la ciencia clásica veía un único mundo, que comprendía dentro de sí a todas las especies vivientes jerárquicamente ordenadas, desde las formas más elementales hasta los organismos superiores, Uexküll propone, en cambio, una infinita variedad de mundos perceptivos, todos igualmente perfectos y conectados entre sí como en una gigantesca partitura musical y, a pesar de ello, incomunicados y recíprocamente excluyentes, en cuyo centro están pequeños seres familiares y, al mismo tiempo, remotos, que se llaman Ecbinus esculentus, Amoeba terrícola, Rhizostoma pulmo, Sipunculus, Anemonia sulcata, Ixodes ricinus, etcétera. Por ello, Uexküll define como "paseos por mundos incognoscibles" sus reconstrucciones del ambiente del erizo de mar, de la ameba, de la medusa, del gusano de mar, de la anémona marina, de la garrapata -estos son sus nombres comunes- y de los otros minúsculos organismos que él prefiere, porque su unidad funcional con el ambiente parece aparentemente tan alejada de la del hombre y los animales denominados superiores. Demasiado frecuentemente -afirma- nos imaginamos que las relaciones que un determinado sujeto animal mantiene con las cosas de su ambiente ocurren en el mismo espacio y al mismo tiempo de las que nos vinculan con los objetos de nuestro mundo humano. Esta ilusión se apoya en la creencia en un mundo único en el que se situarían todos los seres vivientes. Uexküll muestra que este mundo unitario no existe, así como no existen un tiempo y un espacio iguales para todos los vivientes. La abeja, la libélula o la mosca que observamos volar cerca de nosotros en un día de sol, no se mueven en el mismo mundo en que los observamos ni comparten con nosotros -o entre ellos- el mismo tiempo y el mismo espacio. Uexküll comienza distinguiendo con cuidado la Umgebung, el espacio objetivo en el que nosotros vemos moverse a un ser viviente, de la Umwelt, el mundo-ambiente que está constituido por una serie más o menos amplia de elementos que él llama "portadores de significado" (Bedeutungstrdger) o "marcas"

15 en Agamben, Giorgio (2007). Lo abierto: entre el hombre y el animal. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. (Merkmaltrager), que son las únicas que interesan a

(Merkmaltrager), que son las únicas que interesan a los animales. La Umgebung es, en realidad, nuestra propia Umwelt, a la que Uexküll no atribuye ningún privilegio particular y que, como tal, puede también variar según el punto de vista desde el cual la observamos. No existe un bosque en cuanto ambiente objetivamente determinado; existe un bosque-para-la-guardia-forestal, un bosque-para-el-cazador, un bosque-para-el-botánico, un bosque-para-el-caminante, un bosque-para-el-amigo- de-la-naturaleza, un bosque-para-el-leñador y, en fin, un bosque de fábula en el que se pierde Caperucita Roja. Aun un mínimo detalle -por ejemplo el tallo de una flor del campo-considerado en cuanto portador de significado, constituye siempre un elemento diferente de un ambiente diferente, según uno lo observe, por ejemplo, en el ambiente de una muchacha que recoge flores para hacer un ramillete que prenderá en su corsé, en el de la hormiga que se sirve de él como de un trayecto ideal para alcanzar su alimento en el cáliz de la flor, en el de la larva de la cigarra que agujerea el canal medular y lo utiliza luego como una bomba para construir las partes fluidas de su capullo aéreo y, en fin, en el de la vaca que simplemente lo mastica y lo traga para alimentarse. Todo ambiente es una unidad cerrada en sí misma que resulta de la extracción selectiva de una serie de elementos o de "marcas" en la Umgebung, que no es, a su vez, sino el ambiente del hombre. La primera tarea del investigador que observa un animal es la de reconocer los portadores de significado que constituyen el ambiente. Pero estos no son aislados de manera objetiva y fáctica, sino que constituyen una fuerte unidad funcional —o, como Uexküll prefiere decir, musical- con los órganos receptores del animal que deben percibir la marca {Merkorgan) y deben reaccionar a ella (Wirkorgati). Todo sucede como si el portador de significado exterior y su receptor en el cuerpo del animal constituyeran dos elementos de una misma partitura musical, como dos notas en el "teclado sobre el cual la naturaleza ejecuta la sinfonía supra-temporal y extra-espacial de la significación", sin que sea posible decir de qué modo esos dos elementos tan heterogéneos han podido estar tan íntimamente conectados. Consideremos desde esta perspectiva una telaraña. La araña no sabe nada de la mosca, ni puede tomarle las medidas como lo hace un sastre antes de confeccionar un traje para su cliente. Sin embargo, ella determina la amplitud de las mallas de su tela según las dimensiones del cuerpo de la mosca y adapta la resistencia de los hilos en proporción exacta a la fuerza de choque del cuerpo de la mosca en vuelo. Los hilos radiales son, además, más sólidos que los circulares, porque estos últimos —que, a diferencia de los primeros, están recubiertos de un líquido viscoso— tienen que ser bastante elásticos para poder apresar a la mosca e impedirle volar. En cuanto a los hilos radiales, son lisos y secos, porque la araña se sirve de ellos como de un atajo para caer sobre su presa y envolverla definitivamente en su invisible prisión. El hecho más sorprendente es, en efecto, que los hilos de la tela están exactamente proporcionados a la capacidad visual del ojo de la mosca, que no puede verlos y vuela entonces hacia la muerte sin darse cuenta. Los mundos perceptivos de la mosca y de la araña están absolutamente incomunicados y, sin embargo, tan perfectamente coordinados que se dice que la partitura original de la mosca, que también se puede llamar su imagen originaria o su arquetipo, actúa sobre aquella de la araña de modo tal que la tela que ésta teje puede ser calificada como "moscaria". Aunque la araña no puede ver de ningún modo la Umwelt de la mosca (Uexküll afirma, formulando un principio que luego fue retomado, que "ningún animal puede entrar en relación con un objeto en cuanto tal", sino sólo con sus propios de portadores de significado), la tela expresa la paradójica coincidencia de esta ceguera recíproca. Las investigaciones del fundador de la ecología aparecen pocos años después que las de Paul Vidal de La Blache sobre las relaciones entre la población y su ambiente (el Tablean de la géographie de la France es de 1903) y las de Friedrich Ratzel sobre el Lebensraum, el "espacio vital" de los pueblos (la Politische Géographie es de 1897), que iban a revolucionar profundamente la geografía humana del siglo XX. Y no está excluido que la tesis central de Sein und Zeit sobre el ser-en-el-mundo {in-der-Welt-sein) como

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. estructura humana fundamental, pueda ser leída de alguna

estructura humana fundamental, pueda ser leída de alguna manera como una respuesta a todo este ámbito problemático, que, a comienzos del siglo, modifica esencialmente la relación tradicional entre el viviente y su mundo-ambiente. Como sabemos, las tesis de Ratzel según las cuales todo pueblo está íntimamente unido a su espacio vital como dimensión esencial ejercieron una notable influencia sobre la geopolítica del nazismo. Esta proximidad se evidencia, en la biografía intelectual de Uexküll, en un episodio curioso. En 1928, cinco años antes del advenimiento del nazismo, este científico tan sobrio escribe un prefacio al Grundlagen des neunzehnten Jahrhunderts de Houston Chamberlain, hoy considerado uno de los precursores del nazismo.

La garrapata

El animal tiene memoria, pero ningún recuerdo. Heymann Steinthal

Los libros de Uexküll condenen a veces ilustraciones que buscan sugerir cómo aparecería un segmento del mundo humano visto desde la perspectiva del erizo, de la abeja, de la mosca o del perro. El experimento es útil por el efecto de extrañamiento que produce en el lector, obligado de golpe a mirar con ojos no humanos los lugares que le son más familiares. Pero nunca ese extrañamiento alcanzó la fuerza icástica que Uexküll supo imprimir a su descripción del ambiente del Ixodes ricinus, conocido más comúnmente como garrapata, que constituye ciertamente un vértice del antihumanismo de lo moderno, que debe leerse junto con Ubú Rey y Monsieur Teste. El exordio tiene los tonos del idilio:

El habitante del campo que recorre a menudo los bosques y los montes acompañado de su

perro no puede dejar de advertir una minúscula bestia que, suspendida de una ramita, espera

su presa, hombre o animal, para dejarse caer sobre su víctima y abrevar de su sangre [

momento de salir del huevo, ella no está todavía completamente formada: le faltan un par de piernas y los órganos genitales. Pero ya es capaz, en este estadio, de atacar a los animales de

sangre fría, como la lagartija, apostándose sobre la punta de un hilo de hierba. Después de algunos cambios sucesivos, adquiere los órganos que le faltan y puede dedicarse así a la caza de los animales de sangre caliente. Cuando la hembra es fecundada, se encarama con sus ocho patas hasta el extremo de una ramita, para poder dejarse caer desde la altura justa sobre los pequeños mamíferos que pasan o para dejarse chocar por animales de talla más grande. (Uexküll, 85-86)

].

En el

Intentemos imaginar, siguiendo las indicaciones de Uexküll, la garrapata suspendida de su matorral en un bonito día de verano, inmersa en la luz del sol y rodeada por todas partes de los colores y los perfumes de las flores de campo, del zumbido de las abejas y otros insectos, del canto de los pájaros. Pero, llegados aquí, el idilio ya ha terminado, porque de todo esto la garrapata no percibe absolutamente nada.

Este animal está privado de ojos y sólo encuentra su lugar de acecho gracias a la sensibilidad de su piel a la luz. Este bandido es completamente ciego y sordo, y sólo percibe que su presa se acerca por el olfato. El olor del ácido butírico, que emana de los folículos sebáceos de todos los mamíferos, actúa sobre él como una señal que lo empuja a abandonar su sitio y a dejarse caer a ciegas en dirección de la presa. Si la buena suerte lo hace caer sobre algo que emana calor (cosa que percibe gracias a un órgano sensible a una determinada temperatura), eso significa que ha alcanzado su objetivo, el animal de sangre caliente, y entonces ya no necesita más que

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. de su sentido del tacto para encontrar un

de su sentido del tacto para encontrar un sitio lo más falto de pelos posible y hundirse hasta la cabeza en el tejido cutáneo del animal. Ahora sí puede sorber lentamente un borbotón de sangre caliente, (ibid., 86-87)

Sería lícito esperar, llegados a este punto, que la garrapata ame el gusto de la sangre, o que posea al menos un sentido para percibir su sabor. Pero no es así. Uexküll nos informa que los experimentos realizados en laboratorio con membranas artificiales llenas de líquidos de diversos tipos enseñan que la garrapata está absolutamente desprovista del sentido del gusto: ella absorbe ávidamente cualquier líquido que tenga la temperatura justa, es decir, los treinta y siete grados correspondientes a la temperatura de la sangre de los mamíferos. Como quiera que sea, el banquete de sangre de la garrapata también es su festín fúnebre, porque no le queda ahora nada más que hacer, excepto dejarse caer al suelo, desovar y morir. El ejemplo de la garrapata muestra con claridad la estructura general del ambiente propio de todos los animales. En este caso particular, la Umwelt se reduce a tres portadores de significado o Merkmaltráger. 1) el olor del ácido butírico contenido en el sudor de todos los mamíferos; 2) la temperatura de treinta y siete grados que corresponde a la de la sangre de los mamíferos; 3) la tipología de la piel propia de los mamíferos, generalmente provista de pelos e irrigada por vasos sanguíneos. Pero ella está inmediatamente unida a estos tres elementos en una relación tan intensa y apasionada como quizá nunca nos es dado encontrar en las relaciones que ligan al hombre con su mundo, en apariencia mucho más rico. La garrapata es esta relación y no vive más que en ella y por ella. Sólo cuando llegamos aquí, sin embargo, Uexküll nos informa que en el laboratorio de Rostock una garrapata fue mantenida con vida por dieciocho años sin alimento, es decir, en condiciones de absoluto aislamiento de su entorno. De este hecho singular él no da explicación alguna, limitándose a suponer que en ese "período de espera" la garrapata se encontraba en "una especie de sueño similar a aquel que nosotros experimentamos cada noche". Excepto que luego extrae de ello la consecuencia de que "sin un sujeto viviente el tiempo no puede existir" (Uexküll, 98). Pero, ¿qué hay de la garrapata y su mundo en este estado de suspensión que dura dieciocho años? ¿Cómo es posible que un ser viviente, que consiste enteramente en su relación con el ambiente, pueda sobrevivir en absoluta privación de él? ¿Y qué sentido tiene hablar de "espera" sin tiempo y sin mundo?

sobrevivir en absoluta privación de él? ¿Y qué sentido tiene hablar de "espera" sin tiempo y

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ECOSEMIÓTICA 16 Winfried Nöth

En los umbrales de la semiosis. Una introducción a la semios Prof. Ariel Gómez Ponce

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. 1. Ecología y ecosemiótica De acuerdo con Ernst

1. Ecología y ecosemiótica

De acuerdo con Ernst Haeckel (1866: 286), quien acuñó el término en 1866, la ecología es la “ciencia de la relación entre el organismo y el mundo exterior” y, más recientemente, ha sido definida de un modo similar como el “estudio de las interrelaciones entre organismos y su medio ambiente (Umwelt)” (Vogel & Angermann, 1977: 199). ¿Cómo podemos definir este medio ambiente con el cual el organismo está ecológicamente interrelacionado? Algunos ecologistas han adoptado la visión de Haeckel de un “mundo exterior”. Según este punto de vista, el medio ambiente es “la suma de las condiciones e influencias externas (bióticas y abióticas) vinculadas a la vida y al desarrollo de los organismos” (Platt, 1980: 265). Otros han rechazado la oposición entre un mundo exterior y uno interior. Desde su punto de vista, los organismos tienen tanto un medio exterior como uno interior (Geist, 1978: 18). Esta visión más amplia del medio ambiente es también adoptada dentro del marco de los estudios biosemióticos, cuestión que retomaremos más adelante. La ecología, una rama originalmente de la biología, ha tenido una enorme influencia transdisciplinaria sobre otros campos de estudio desde que los académicos han tomado conciencia de la crisis ecológica mundial. En consecuencia, ahora contamos con una ecología filosófica (Sachsse, 1984; Schönherr, 1985 & Attfield, 1994), una ecología humana antropológica (Cf. Eisenbart, 1979 & Hutterer et al. 1985), una ecología de la mente (Bateson, 1972), una filosofía natural del pensamiento ecológico (Trepl, 1987 & Mayer-Tasch, 1991), estudios de ecología literaria (Kroeber, 1995) y etología ecológica (Krebes & Davies, 1978), una historia ecológica (Herrmann, 1986), una historia cultural (Großklaus & Oldemeyer, 1983) y sociología (Gärtner & Leisewitz, 1984), una estética ecológica (Sturm, 1979; Schöner, 1985: 133-145; Böhme, 1992 & Krampen, 1993), una ecopsicología (Mogel, 1984) o psicología del medio ambiente (Mehrabian, 1976), una teoría ecológica de la cognición (Gibson, 1979) y de la ecolingüística (Nöth, 1996:

13-15). A pesar de estas primeras alusiones (Enninger & Wand, 1984; Haila, 1986; Bouissac, 1989 & 1993; Koch, 1992; Krampen, 1992 & Lang, 1993), el concepto de ecosemiótica no ha sido aún mencionado explícitamente en el contexto de estos estudios interdisciplinarios de ecología 17 . Sin embargo, hay muchas líneas de investigación sobre los procesos sígnicos que pueden ser consideradas como ecológicas ya que se han investigado distintos tipos de vínculos semióticos entre los organismos y su medio ambiente. El objetivo de este trabajo es discutir dichos abordajes y tratar de hacer un esquema de los límites de una ecosemiótica futura. De acuerdo con estas premisas, la ecosemiótica es el estudio de las interrelaciones semióticas entre los organismos y su medio ambiente. Esta definición presupone que el centro del interés de una semiótica ecológica no es un homo semiotucus sino, más ampliamente, un organismus semioticus. Aún más fundamental es la pregunta que concierne a las relaciones entre el organismo y su medio. ¿Es siempre de

16 en Barei, Silvia [comp.] (2013). Semiótica de la cultura / Ecosemitóica / Biorretórica . Grupo de Estudios de Retórica. Córdoba:

Ferreyra Editor.

Francoeur (1994) constituye una excepción; en la fuente, el término aparece de un modo simplemente metafórico, referido a varias dimensiones contextuales del signo en el teatro. Después de terminar este trabajo, me llamaron la atención Hornborg (1996), con su aporte sobre “Ecología como Semiótica”, y Tembrock (1997), con “Ecosemiosis”. La base del escrito de Hornborg es la ecología humana. Tembrock examina aspectos biológicos y evolutivos de la semiosis.

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. naturaleza semiótica? ¿O hay siempre al menos un

naturaleza semiótica? ¿O hay siempre al menos un aspecto semiótico en estas relaciones? ¿Tenemos que distinguir entre relaciones ambientales semióticas y no semióticas? ¿Debería la ecosemiótica restringirse a los estudios de interrelaciones entre organismos? ¿O hay también aspectos semióticos en las interrelaciones entre organismos y su medio ambiente no orgánico? Cualquiera sea la respuesta, la ecosemiótica será un estudio de los procesos sígnicos que no está restringido a los signos arbitrarios y artificiales. Además se verá primordialmente afectada por signos naturales que median entre el organismo y su medio ambiente. La ecosemiótica abordará una semiosis con un “umbral semiótico” muy bajo entre signos y no-signos, si es que tal umbral llegara a admitirse. Los elementos de una futura ecosemiótica sobre estas premisas pueden ser discernidos en la semiótica teórica, la biosemiótica, la semiótica cultural evolutiva (Cf. Koch, 1986 & 1992 & Coletta, 1993 y el número especial sobre Naturaleza, medio ambiente y signos de Zeitschrift für Semiotik 18.1 [1996]), en estéticas semióticas (Cf. Sturm, 1979 & Krampen, 1979 & 1993), en el dominio de la lingüística semiótica (Nöth, 1996) y en otras áreas de semiótica aplicada. No todos estos dominios pueden ser discutidos a continuación. En particular, los abordajes semióticos más interesantes sobre restos y desechos medioambientales no pueden discutirse aquí. En este contexto una referencia de interés se encuentra en los capítulos de Culler sobre “Teoría de la Basura” (1988), el número de Posner sobre la semiótica de los desperdicios nucleares (Posner, 1990), y el especial sobre desechos del American Journal of Semiotics

(1994).

2. Modelos históricos del vínculo entre humanos y su medio ambiente

En la historia de la cultura, la omnipresencia de los signos en las relaciones entre humanos y su medio ambiente tiene una larga tradición. La idea más radical en esta tradición es el pansemiotismo, el que sostiene que todos los fenómenos ambientales son semióticos en su esencia. Históricamente, se pueden distinguir tres modelos importantes que establecen una relación semiótica entre los humanos y su medio 1) el modelo pansemiótico, 2) el mágico y 3) el mitológico (Cf. Nöth, 1990: 382, 188, 374). De acuerdo con el modelo pansemiótico de las relaciones entre humanos y sus medio ambientes no humanos, la naturaleza es completamente semiótica, y los signos que percibimos en nuestro medio ambiente natural son mensajes emitidos por Dios o algún otro poder sobrenatural. Según el modelo mágico de semiótica del medio ambiente, los fenómenos naturales son igualmente mensajes, pero su emisor y manipulador (el mago) es un humano; su receptor, al menos a primera vista, está en nuestro medio ambiente natural, físico o biológico. Finalmente, los modelos mitológicos de ecología humana han sido culturalmente transmitidos en la forma de narrativas que instruyen a los humanos sobre su lugar en la naturaleza, y les dicen qué pueden, deberían o están obligados a hacer con su medio ambiente natural. En la tradición judeocristiana, aparecen aspectos vinculados con el abordaje pansemiótico de la ecología humana en el Antiguo Testamento. Así, en los Salmos, la naturaleza se describe como un mensaje de Dios, o una enviada de Dios. Podemos escuchar que “Los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmo 19: 2), “El Dios de gloria truena”, “Los montes y las colinas, todos los cedros y los árboles frutales, animales domésticos y salvajes […] alaben el nombre del Señor” (Salmo 148: 9-13). En la teología medieval, la visión pansemiótica de la ecología humana es una parte de la doctrina de los sentidos espirituales. Siguiendo a Tomás de Aquino (1224 – 1227), este sentido espiritual consiste en la convicción de que “las cosas [res] tienen sus significados en otras cosas”. En esta tradición, el significado de las cosas vinculadas a nuestro medio ambiente natural fue codificado por medio de libros, más precisamente, de tratados teológicos. La última llave para la interpretación del medio ambiente fue el Libro de los Libros: la Biblia; pero hubo tratados más específicos que sirvieron de complementos. Hubo

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. bestiarios, por ejemplo, que informaban sobre el significado

bestiarios, por ejemplo, que informaban sobre el significado de los animales, y lapidarios que versaban sobre los significados de las piedras. Mientras que, por una parte, los libros solían codificar y decodificar los significados de los objetos del medio ambiente, la naturaleza semiótica del medio ambiente humano natural se describía a sí misma a través de metáforas del medio ambiente como un libro (Cf. Curtius, 1948:

323-329 & Böhme, 1986). Ya que tanto la naturaleza como los textos bíblicos tenían que ser descifrados, no es de extrañar que el mismo código hermenéutico que sirvió para la exégesis de la Biblia fuera usado para interpretar los fenómenos del medio ambiente natural. De acuerdo con los principios de la exégesis bíblica, el sentido espiritual de los fenómenos del medio ambiente se subdividía igualmente en un sentido tropológico, uno alegórico y otro anagógico. A modo de ejemplo de este tipo de decodificación múltiple de la naturaleza, encontramos los tres sentidos espirituales adjudicados a las rocas de nuestro medio ambiente natural (Cf. Dunbar, 1961: 19). En un sentido tropológico, una roca era eso que cada alma debía para su prójimo, alegóricamente, una roca significaba “Cristo”, y anagógicamente, era “la fundación del reino de los cielos”. Durante el renacimiento, se alcanzó el clímax de la idea pansemiótica del medio ambiente con la doctrina de las signaturas (Cf. Böhme, 1986 & Nate, 1993). Paracelso (1493 – 1541) es un claro ejemplo de estudioso renacentisa que desarrolló un sistema elaborado de códigos para descifrar los signos naturales. No únicamente Dios, sino también otros tres grandes emisores de signos (signatores) eran la fuente de los mensajes de la naturaleza, según Paracelso (1591: 101). El primero era archeus, un principio inherente de transformación, el segundo era astra (su fuente estaba en las estrellas y los planetas) y el tercer tipo de emisor sígnico, distinto de Dios, era el signator humano. Los signos naturales, las así llamadas signaturas que estos signatores dejan como trazos indiciales en nuestro medio ambiente natural, pueden ser descubiertos en el rostro humano (codificado por la fisonomía), en las líneas del cuerpo humano, en aquéllas de las plantas y minerales (quiromancia), y finalmente en la tierra, el fuego, el agua y las estrellas (geomancia, piromancia, hidromancia y astrología). Además, los signos del medio ambiente codificado de este modo, siguiendo la doctrina de las signaturas, evidencian una relación sígnica esencialmente icónica entre ellos, ya que las similitudes no evidentes, las analogías, las afinidades y las correspondencias se asumían como existentes entre los objetos del mundo (ver Foucault, 1966: 56-61). Estas correspondencias se interpretaban también a modo de signaturas. En consecuencia, por ejemplo, la forma de la semilla de la planta de aconite (concretamente un globo oscuro recubierto de una especie de piel blanca) fue interpretada como signo del efecto curativo que se creía que esta planta ejercía en el ojo humano, debido a que la apariencia de sus semillas es muy similar al párpado que cubre el ojo (Foucault, 1966: 27). Estos ejemplos de ideas pansemióticas de relaciones entre humanos y su medio ambiente durante la edad media y el renacimiento ¿nos comunican algo más, aparte del interés histórico que revisten? Por supuesto, estas perspectivas del mundo no pueden considerarse modelos de pensamiento ecológico en un sentido moderno. Sin embargo, tienen un aspecto en común con la filosofía ecológica de nuestros tiempos; me refiero a basarse en una visión holística del universo, que enfatiza la unidad del ser humano y su medio ambiente natural. A esta visión del mundo se opone el modelo dualístico de interrelación entre los humanos y su medio ambiente, tal como se originó con el racionalismo cartesiano. Es una visión del mundo que ha conducido a una escisión entre naturaleza y mente, que prioriza la naturaleza humana sobre la naturaleza y culmina con una visión del ser humano en términos de única medida de todas las cosas. Esta visión antropocéntrica de la relación entre humanos y medio ambiente pertenece a la tradición judeocristiana; desde el Génesis 1: 28, Dios nos dice: “Sean fructíferos y multiplíquense, llenen la tierra y sojúzguenla. Dominen sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo y sobre cada ser vivo que se mueva sobre la tierra”. Malinterpretado, este mandato bíblico puede ser utilizado como un modelo mitológico de un comportamiento anti-ecológico hacia el medio ambiente (Cf. Bouissac, 1989: 509-513).

3. Semiósis teórica y semiósis ecológica

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de Asuntos Estudiantiles . Facultad de Lenguas, UNC. No todas las teorías de la semiótica permiten

No todas las teorías de la semiótica permiten o están dispuestas a reconocer aspectos semióticos en interacciones entre organismos y medio ambiente. Por ejemplo, la antroposemiótica de Henri de Saussure (1857 – 1973) es una semiótica sin ninguna perspectiva ecosemiótica. De acuerdo con Ferdinand de Saussure, “nada” en el medio cognitivo de los humanos “es distinguible antes de la aparición del lenguaje” (1916: 111-112) e incluso el pensamiento humano, sin la característica formadora del lenguaje, es una “masa indistinta” y “una nebulosa difusa y sin coordenadas”, adonde nada se halla necesariamente definido. Dado su carácter de programa de semiosis linguo-céntrica, la propuesta saussureana impide cualquier posibilidad de estudio de factores ecológicos determinantes en el proceso de interacción semiótica de los organismos y su medio ambiente (Nöth, 1994a). Una semiótica teórica de implicaciones ecológicas de amplio alcance por contraste es la de Charles Peirce (1839 – 1914). Su interpretación de las interacciones entre los organismos y su medio ambiente parece ser a menudo una interpretación pansemiótica; por ejemplo, cuando Peirce escribe: “El universo entero está inundado de signos, si no compuesto exclusivamente de signos”. Sin embargo, Peirce distingue dos tipos de relaciones entre los objetos y los organismos en el medio ambiente de los humanos. Unas son sólo de naturaleza diádica y otras, de naturaleza triádica, y especifica que únicamente estas últimas pueden ser de tipo semiótico. Una interacción organismo-medio ambiente meramente diádica y en consecuencia no-semiótica surge cuando el organismo se enfrenta a algo que se presenta en sí mismo como un “hecho concreto” o un efecto de mera casualidad. El medio ambiente en tal relación diádica se experimenta “eminentemente duro y tangible, […] ejerce fuerza sobre nosotros diariamente. Es la lección principal de la vida”. Únicamente cuando tales relaciones diádicas devienen en relaciones triádicas, la relación organismo-medio ambiente se transforma en una relación semiótica. En una interacción semiótica, el organismo experimenta su medio ambiente no ya en su inmediatez de hecho concreto, sino en referencia a una terceridad, un “significado”, propósito, objetivo, o ley que trasciende la situación del medio ambiente inmediato (Nöth, 1994c). Tales relaciones de semiosis triádicas son características de los procesos cognitivos (Nöth, 1994b), del comportamiento dirigido a un objetivo y, en general, de cualquier actividad mental. En este sentido, la semiosis de ninguna manera se restringe a procesos en organismos superiores, a la cultura y a la convención social. Cualquier organismo biológico primitivo ya interactúa semióticamente con su medio ambiente cuando elige o evita objetos energéticos o materiales de su medio ambiente con el propósito de asegurarse su propia supervivencia. Tales interacciones triádicas del organismo con su medio ambiente constituyen un umbral semiótico desde el mundo no-semiótico al semiótico. Peirce ve incluso la presencia de la mente en la naturaleza de los organismos cuando escribe: “El microscopista muestra algún propósito aunque observe para mirar los movimientos de una criatura pequeña. Si es así, hay mente ahí” (ver también Santaella Braga, 1994). Antes de que tales pautas ecosemióticas comiencen a ser más desarrolladas en la historia reciente de la semiótica (ver abajo), Charles Morris (1901 – 1979) desarrolló otro paradigma para la extensión de la semiótica hacia los usuarios y el medio ambiente de los signos. En su semiótica del comportamiento, el horizonte de los estudios semióticos se extiende de igual manera desde la semiosis humana hacia los procesos de producción y recepción sígnica de “organismos vivos en general”. Morris también enfatizó la necesidad de ir más allá de la dimensión sintáctica y semántica de los signos para estudiar, en la dimensión paradigmática de la semiosis, el “origen, uso y efecto” de signos en el medio ambiente de los

En los umbrales de la semiosis. Una introducc