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UNIVERSIDAD DE LAS ISLAS BALEARES GRADO DE PRIMARIA CURSO 2010-2011

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TRABAJO SOBRE LECTURA:

CELA.J (2204) “VA DE MESTRES.CARTA ALS MESTRES QUE COMENCEN”. BARCELONA. ASSOCIACIÓ DE MESTRES ROSA SENSAT

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AUTOR: MAUD THIRY

PALMA, 20 DE NOVIEMBRE 2010

A. PRESENTACIÓN

B. DESAROLLO

INDEX

I. Las cualidades de un maestro. Su aprendizaje en la escuela y su constante formación.

(preguntas 1,3,6)

II. Las funciones de un maestro. La asimetría maestro-alumno y su labor colectivo.

(preguntas 4,5,10)

III. Educar o instruir.

(pregunta 7)

IV. Los retos de la escuela.

(pregunta 2)

V. Las familias y el juego, imprescindibles educadores.

(preguntas 11, 12)

VI. Una educación flexible. Diversidad y nuevos medios de comunicación.!

(preguntas 8,9)

VII. Criticas, elogios y sugerencias.

(pregunta 13)

VIII. Ideas aprendidas después de la lectura.

(pregunta 14)

C. CONCLUSIÓN

D. BIBLIOGRAFÍA

PRESENTACIÓN

Este trabajo fue realizado para la asignatura de Didáctica y Diseño Curricular del primer año de Grado en primaria, impartido por Carme Pinya Medina en el primer semestre del año académico 2010. Siendo la lectura principal de la signatura pretende además de comentar las diferentes ideas expuestas en el libro de Cela.J. (2004).Va de mestres. Carta als mestres que comencen. Barcelona. Asociación de maestros Rosa Sensat, vincularlas con los conocimientos teóricos y prácticos aprendidos en los 2 primeros bloques del curso y con una actitud reflexiva sobre los temas abordados.

DESARROLLO

I. Las cualidades de un maestro. Su aprendizaje en la escuela y su constante formación.

Para ser un buen maestro, nuestros autores hablaron de cualidades que podríamos clasificar bajo 2 tipos:

Las primeras, de tipo conceptual, se vinculan con una relación maestro-alumno-sociedad, las segundas, cualidades más intrínsecas, son directamente ligadas al equilibrio y madurez de la persona Maestro.

En primer lugar, mencionan que el maestro tiene que sentirse responsable de cada alumno a su cargo y confiar en sus capacidades. También tiene que creer en la igualdad entre hombres y en la necesidad de un futuro más justo y decente actuando en consecuencia.

Gracias al responsabilizarse y confiar en las capacidades individuales, el maestro además de confortar en el niño una indispensable autoestima, podrá “educar” en su sentido más amplio, apoyando al niño de manera específica en su necesidad de pasar de su mundo al del adulto. Para ello, tiene que averiguar el potencial del alumno, lo que sólo puede lograr si crea con el un espacio de diálogo y intercambio donde el maestro escucha más que habla. De esta manera, será receptivo a las demandas del niño y responderá a ellas con acción reflexiva. A su vez, el espacio de diálogo sólo se consigue si el maestro puede conquistar la confianza del niño para que se sienta seguro y acogido. Los niños para ser sanos necesitan tener una seguridad emocional y racional que se apoya sobre el sentirse acogidos por la escuela, interesantes a los ojos de sus maestros, entendidos en sus deseos y necesidades, y queridos.

Vemos aquí reflejados conceptos claves claramente constructivistas, de los cuales se pueden destacar la importancia del escuchar más que el hablar, y el conocer el potencial de cada alumno como medio para otorgar el apoyo pedagógico que cada uno necesite según sus niveles de conceptualización y significación (Modesto, 2004, Pinya, 2010b).

Creer en la igualdad de los hombres, la necesidad de un futuro más justo y actuar en consecuencia es según mi entender esencial porque el maestro forma la escuela y la escuela es una miniatura de la sociedad. Si se quiere mejorar la sociedad del futuro, se empieza con la escuela (Rousseau, Dewey) y un maestro que muestre el ejemplo.

En cuanto a las cualidades intrínsecas, ante todo para ser un buen maestro, la humildad es esencial. Saber que uno no sabe nada (Socrates, citado en Cela, 2004) es imprescindible para generar una buena aptitud frente a las situaciones nuevas y imprevistas tan frecuentes en la educación, situaciones que nos imponen cada día construir sobre lo nuevo.

Este “ser humilde” tiene que vincularse con un juzgarse con destreza. Un maestro no viene con las manos vacías, tiene una formación universitaria como equipaje. Más adelante, este necesita formarse continuamente a lo largo de su carrera. Lo puede hacer apuntándose a formaciones colaterales y implicándose en grupos de renovación pedagógica; pero sobre todo tendrá que aprender de su práctica cotidiana.

Al estar diariamente expuesto a lo imprevisto donde nunca nada este recetado (“las recetas hechas del que ser o que hacer no existen”(Cela, 2004, p.14)), tiene que tener el valor de enfrentarse con sus propios errores y lagunas para extraer de ello observaciones constructivas que le permitan adaptar sus acciones a la luz de las nuevas conclusiones. Además sus errores, opiniones y conclusiones, las tiene que compartir con sus colegas, lo que implica que tenga aun más una mente con sentido crítico y abierta al diálogo.

Por ello, la carrera de maestría no solamente es vocacional por naturaleza, porque

responde a “como lo dice la etimología de vocación, vocationis o demanda, ser maestro

esmás una vocación que una profesión (

tiene necesidades”(Cela, 2004, p.17), sino que tiene que ser vocacional. Ser maestro es implicarse en su trabajo como individuo y como grupo con el coraje y la madurez para evaluarse con equilibrio distanciándose de sus actos. De este modo se puede abrir diariamente un nuevo camino lleno de posibilidades, como ejemplifican Cela y Palou (2004) con la película “todo comienza hoy”, “sin nunca saber si tendrán frutos nuestros actos ni cuando los tendrán” (p.29), y seguir en ello a diario lleno de buen humor, optimismo y ilusión para tener la fuerza de hacer del cada día y cada momento el mundo en el cual queremos vivir.

)

porque atiende a la presencia de un ser que

Como conclusión, podríamos responder a la pregunta de ¿Quien aprende a la escuela, o,

aprende el maestro más que el niño? Quizás. El maestro estará confrontado al desarrollar estas cualidades en cada momento de su carrera y ante cada niño. Si es diestro, estará tan compenetrado con su alumno y la situación vivenciada que nunca será el mismo después de haber apoyado a la criatura, y siempre cambiaran sus conclusiones a la luz de los nuevos hechos. “Acoger al niño sin condiciones y hasta el final, también es dejar

que esta presencia nos impregna y nos transforme (

ser par no ser nunca más el mismo” (p.26), como nos comenta Cela (2004) en relación con las películas “Confidencias” y “sostiene Pereira”.

)

dejar de ser lo que uno pensaba

Desarrollar cualidades personales es del más difícil aprendizaje para un adulto

II. Las funciones de un maestro. La asimetría maestro-alumno y su labor colectivo.

La relación maestro-alumno sí es asimétrica. Esta asimetría no se tiene que entender en el sentido clásico del considerar que el maestro enseña y el niño recibe. Tiene que crearse un intercambio mucho más fluido a este nivel donde no se sitúa en el centro del aprendizaje el interés y la persona del maestro sino la autonomía del niño. Los niños tampoco deben nada al maestro, en cambio este ultimo le debe su trabajo. Pero sigue asimétrica la relación, primero porque el maestro es responsable del niño y segundo porque los papeles de cada uno son diferentes.

El maestro tiene que apoyar al alumno en su necesidad de pasar de su mundo al del adulto y transformarse en lo que será de adulto, porque la escuela es su primer contacto con el mundo y porque es en estas primeras edades que se definen la mayoría de nuestras características adultas. En este sentido, el maestro tiene que ser el mediador que le da las herramientas para encontrar su sitio como ser en el mundo real.

Inspirándolo confianza y seguridad, el maestro puede convertir el miedo del niño ante lo desconocido en un deseo de descubrir. (ejemplo de los “viajes de Gulliver”, citado en Cela, 2004).

El maestro tiene que ayudar al alumno a aprender, incidiendo en sus esquemas cognitivos. No dar la solución sino crearle un problema para que sea el alumno quién busque una solución y darle la vía para que la encuentre, ofreciendo a cada niño la ayuda pedagógica especifica que necesite.

También tiene que ser coordinador sentando las bases de un ambiente sano donde todos pueden aprender, a su manera, y colaborando en la buena convivencia enseñando desde la diversidad y estableciendo el diálogo.

El maestro es aún el que define los contenidos y el porque de ellos, sentando de esta manera las bases inmutables de cultura, historia, y otros conceptos que el niño tenga que integrar para entender un mundo en permanente transformación; pero también sentando el juego, sano, libre y creador.

Podemos resumir en 3 ideas principales el papel social del maestro (Alcala, 2001, citado por Pinya, 2010a): acoger al niño, educarle en valores democráticos y transmitirle conocimientos validos.

El maestro tiene finalmente un rol que jugar en su claustro. ¿Porque? Porque un maestro no hace la escuela solo, la escuela esta formada por un conjunto de maestros, y para que avance la escuela, tienen los maestros que andar juntos. Como mencionan los autores, el Primer Congreso de Renovación Pedagógica lo expreso claramente: “ vale más un pequeño paso en equipo que un paso de gigante de uno de sus componentes” (Cela, 2004, p.52).

Para que se consiga, se tiene que establecer un diálogo sano entre los profesionales, que dependerá de las cualidades personales que cada profesor haya podido desarrollar como ya vimos. No es una tarea fácil. Cada uno tiene que saber escuchar y respetar a la persona considerándola inviolable, siendo las ideas las que se discuten y no el valor las personas. Además se tiene que conseguir confianza en el hecho de que sus colegas quieren llegar a conseguir un objetivo común, evitando rencores y enfrentamientos malos y en su lugar impulsar los desacuerdos con madurez para que se unan las individualidades hacia un proyecto común e innovador. Conseguir esto es conseguir el “oro educativo” (Cela, 2004, p.61). Lo ejemplifican los autores con la novela “ An Equal Music” e Vikram Seth, donde “el impulso de cada individuo sucumbe bajo la fuerza de una música que se eleva ante todo” (Cela, 2004, p.61). Paralelamente, para aclarar las constataciones y conclusiones de una reunión, es imprescindible tener un mediador que aclare los hechos y logros de cada sesión.

Acabaremos este apartado con una pregunta: ¿Tiene un maestro que ser especializado o no? Según Cela (2004), es peligrosa la especialización porque aísla el profesor y sus saber del resto de las áreas de conocimiento. Además, suele ser acompañada la especialización de una estructura dentro de la cual el maestro ya no tiene una sola clase, sino varias, por lo cual se enfrenta a muchos niños y se le imposibilita el crear contactos de intimidad con ellos. Los niños se convierten en números y el contacto alumno-maestro impersonal. Para contrarrestar esta opinión, podemos citar a la pedagogía experimental- cientifista de Dewey de fin del siglo XIX, principio siglo XX. Según este método, todo saber es sujeto a ser comprobado a través de la experiencia, lo que impone al maestro investigar en su materia constantemente, por lo cual tiene que ser un experto en una materia específica.

Todo esto, el maestro lo tiene que vincular en paralelo. Según el Informe Delors (1996, citado en Pinya, 2010a), podemos destacar 4 principios básicos a la educación: aprender a conocer (comprensión), aprender a hacer (intelectual y material), aprender a convivir y aprender a ser (ética y comportamiento); trabajo difícil que sólo se consigue si uno tiene siempre claro su meta laboral: a través de la enseñanza, lograr transformar el cada día y cada momento en el mundo en el cual queremos vivir.

Cabe mencionar que aquí no se acaban las funciones de un maestro, sino que se extienden en la puesta en práctica del conjunto de los 4 siguientes apartados que tratemos a continuación.

III. ¿ Educar o instruir?

Respondería a la pregunta educar o instruir aclarando lo que tendríamos que aprender a la escuela.

Cuando hablamos de lo que se aprende a la escuela, no sólo hablamos de contenidos, o el instruir, sino también y sobre todo del contexto dentro del cual se manejan estos contenidos, el educar.

Considerando que la escuela es el primer nudo social que experimenta el niño, donde además se juntan hombres sin distinciones entre ellos, su impacto en sus ideas morales no sólo va a ser tremendo sino que hace de la escuela el lugar ideal para ser ejemplo de convivencia.

Para que así sea, el aprendizaje escolar tiene que situarse en un marco de valores humanos bien reseñado para inducir en el niño vivencias que le acerquen a valores tan imprescindibles como el ser tolerante y el convivir en sociedad y democracia, estableciendo un ambiente sano para que todos puedan aprender, a su manera, colaborando en la buena convivencia. Y esto es educar. Es esencial que el niño entienda que lo importante en la vida es que todos encontremos nuestro lugar en el mundo, y que nuestra diversidad de culturas no tienen que ser fuente de desigualdades sino que son fuente de riqueza para la humanidad. Podemos añadir aquí el aporte de P. Meirieu (2006) en su carta a un joven profesor, donde comenta que a través de los debates escolares, los niños pueden experimentar que es justamente en el intercambio de opiniones que yace el encuentro de la verdad. Así podrán integrar que la tolerancia es una de las claves del desarrollo personal y común.

En cuanto a los contenidos, pues sencillamente se tiene que enseñar todo lo que hace

bueno y lo malo, la vida y la muerte, el miedo y el amor, el ”

odio y la compasión, la capacidad de esperar y la incertidumbre

parte de la humanidad, “

lo

(Cela, 2004, p.73).

Incluida en esta enseñanza, se consideran “todos los hitos de la historia que marcaron un antes y un después, que sean buenos o malos” (Cela, 2004, p.73) para que los alumnos conozcan los fundamentos de la sociedad, se puedan situar en este mundo y posean las herramientas para renovarlo. Gracias a la historia incluso podrán valorar que nuestro saber de hoy depende del coraje de los muchos que nos precedieron.

También se tiene que enseñar la Biblia, a no confundir con el catesequí que tiene que quedar fuera del ámbito escolar. Enseñarla es esencial porque sin este conocimiento no se puede entender nuestra sociedad ni en el marco de sus valores culturales o éticos, ni en su actitud reactiva al comportamiento histórico de la institución religiosa. Hasta las construcciones de nuestras ciudades no cobran sentido. Sin este conocimiento, los alumnos se convertirían en “analfabetos culturales” (Cela, 2004, p.113).

Podemos aclarar aquí que lo que se tiene que enseñar es lo culturalmente significativo, no sobrecargar los contenidos ni hacerlos irrelevantes (Dewey, citado en Pinya, 2010b).

IV. Los retos de la escuela

Como se puede ver, el enseñar contenidos y contexto de contenidos es todo un reto para la escuela. Se pueden ubicar en el ámbito del conocimiento, donde enseguida encontramos otros 3 retos mayores: los tres objetivos o tres pilares principales de la educación según los autores, que son el desarrollar “la inteligencia, la bondad y la felicidad” (Cela, 2004, p.90).

En cuanto al primer pilar, la inteligencia, hay que enseñar al niño a pensar sobre el saber y el ser. Enseñarle a analizar, sintetizar, reflexionar y comunicar sus reflexiones, pero también a ser curioso para cuestionarse sobre el mundo y sus cultos y actuar en función a ello, entendiendo que el mundo es la suma de nuestros actos. Del mismo modo, tiene que aprender a respetar la tierra y sobre todo a no separar corazón & mente contrariamente a lo que recomiendan modelos educativos separatistas.

El secundo pilar, la bondad, es el núcleo de las intenciones educativas. Según el informe de Jacques Delors (citado en Cela, 2004), de los 4 fundamentos de la educación, aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir, los 2 últimos son los principales y directamente ligados al desarrollo de la bondad. La bondad no es mostrable sino demostrable (Max Weber, citado en Cela, 2004). Se tiene que poner en práctica para ser enseñada, en los actos y en los hábitos diarios. Hay que enseñar que es gratuita y se halla en el entender que el problema del otro también es el mío. Bondad y inteligencia van de la mano y no se pueden separar. Tanto en matemáticas como en música, hay que subrayar al niño el lado bueno y inteligente de la materia.

El tercer pilar es la felicidad. No se puede anclar una definición universal de la felicidad porque su existencia depende de los estados de animo de cada uno, pero si se pueden proponer claves para acercarse a ella. Se trata de enseñar al niño que la felicidad real no se encuentra en los placeres inmediatos sino que se consigue a través del esfuerzo, la paciencia, el respeto y la renuncia.

Además del reto en el ámbito del conocimiento, la escuela se enfrenta con retos administrativos y políticos.

En cuanto a la administración, la escuela se confronta a 2 posibles administraciones. El primer tipo es la que quiere tomar el mando de la situación educativa liderando los cambios, cuando tendrían que ser los maestros quien definan que enseñar y como hacerlo desde sus observaciones de las necesidades de los niños. No hay nunca que caer en la tentación de dejar que te digan lo que tienes que hacer. El segundo tipo es la admnistración deseosa de dejar la palabra a los maestros pero que muchas veces avanza más lenta que las necesidades del momento. Aunque incomodo, forma parte de la responsabilidad del maestro comunicar a la administración su visión critica del presente.

La administración interna también es de gran importancia. Para que funcione una escuela tiene que funcionar el trabajo en equipo. Crear un buen equipo de trabajo entre maestros

es conseguir concertar reuniones provechosas y ordenadas donde con madurez se lleguen a dibujar conclusiones comunes para innovar y proyectar algo en común. Esto implica una capacidad personal de diálogo y espíritu critico de todos los miembros del claustro.

En cuanto a lo político, la escuela tiene que enfrentarse al conservatismo donde se consideran soluciones uniformadoras, discursos monolíticos y imposición. Frente a ello, hay que considerar que cada escuela es diferente, cada situación cultural es diferente y cada alumno es diferente. Por ello, las soluciones tienen que adaptarse a estos diversos puntos de vista y las observaciones se tienen que hacer bajo la “mirada del dios Janus” (Cela, 2004, p.122). Además tiene que impulsar la recuperación de la “agora” (Cela, 2004, p124); que las personas expresen sus razones y puntos de vista para mejorar el colectivo a través de un compromiso personal, creyendo en su poder de cambio y luchando por la justicia y la igualdad.

Finalmente, podemos destacar los retos sociales colosales a los cuales la escuela se encara, que ligaremos con unas bases téoricas:

Dos de las tres instituciones socializadoras de ayer, la iglesia y la familia ya no cumplen su función, dejando sola en el puesto la escuela, en estado de crisis. La sociedad responde responsabilizando la escuela de cada vez más cosas. Se considera como un santuario de Lourdes, hechicera de milagros (Cela, 2004,p.111). Pero somos “homo sapiens y homo demens” (Cela, 2004, p.112) por naturaleza. La escuela no es responsable de ello y no va a poder cambiar esta realidad. Como dicen los autores: “la

escuela amortiza la crueldad del mundo pero no la evita,(

aprender a cada uno a vivir con esta confrontación” (Cela, 2004, p.111-112).

).

Lo que si puede lograr es

Ahora sin duda la escuela se tiene que adaptar a los cambios y la dinámica del tiempo.

A nivel tecnológico, uno no se puede quedar atrasado. Los ordenadores, la televisión, y toda la tecnología nueva tiene que integrarse a la escuela porque hace parte de la vida cotidiana del niño. Pero hay que tener presente que la aceleración tecnológica y la avalancha de información pueden ser nocivos y crear seres de “ojos llenos y cabeza vacía” cuando “vale más entender una cosa que acceder a todas ellas” (Cela, 2004, p.81). Son aún la causa de una disminución de las capacidades de concentración del niño, la cual tiene que volver a regularse en la escuela fomentando “mensajes largos donde residen las preguntas reales“(Cela, 2004, p.104).

A

nivel de las demandas de la sociedad en el ámbito laboral, hay que matizar los hechos.

El

mercado laboral no es lo que era, hoy es habitual cambiar 3 a 4 veces de trabajo

cuando antes era para toda la vida. Además los intereses sociales cambian de manera tan acelerada que frente a esta frenesí, la escuela tiene que ordenar como puede lo esencial de lo pasajero. No hay que seguir ni siempre lo que se hizo ni únicamente lo que pide la sociedad, y las necesidades, tradiciones y tendencias sociales se tienen que equilibrar bajo la luz de valores humanos por desarrollar.

Incluidos en los hechos sociales principales generadores de cambio, encontramos la inmigración, causa de la gran diversidad y apertura cultural de la escuela que ya comentamos y los cambios intensos surgidos en la familia, 2 puntos que desarrollaremos más adelante.

Ante este reto de adaptación a los cambios, los autores proponen una serie de “tendríamos que”, una lista sin fin porque se adapta a la novedad diaria. Podemos destacar el no juntar los niños por edad, adaptarse a los ritmos de los niños y abrir espacios y puertas de la escuela a la imagen de un centro cultural, entre otros (Cela, 2004, p.45).

En conclusión, es imprescindible que la escuela y el maestro definan su función claramente y lo comuniquen, tanto a la sociedad como a la familia, y que la educación sea dirigida a una sociedad mejor, no a la sociedad real. De este modo, puede llegar a conseguir que sus alumnos aprendan lo que es ser feliz, y con esta dotación, quizás, integrándose como individuo sano y políticamente involucrado en la sociedad, ser el medio de su cambio.

V. Las familias y el juego, imprescindibles educadores.

Debido a la sobrecarga de los programas escolares y los agendas extra-escolares, se le robo al niño su espacio y su tiempo para jugar.

La sobrecarga se debe a que los contenidos responden a nuestra angustia del futuro del niño y no a sus necesidades reales. Las familias se enfrentan con muchas dificultades y malentendimientos frente a sus niños sin saber como contestar a ellas. Responden bailando entre 2 extremos de comportamiento. A través del abandono, le dan al niño todo lo que necesita menos la presencia de sus padres que trabajan para que el niño lo tenga todo, o a través de la sobreprotección, sin dejar espacio libre al niño ni para sus secretos ni para el desarrollo de sus instintos, cuando la libertad, instinto, ignorancia, aventura y riesgo tienen que ser experimentados por el de manera creativa para que crezca de manera saludable.

Aunque puedan responder de manera muy equivoca, lo hacen desde el querer. Por ello culparles no sirve, los objetivos de la escuela y de las familias son los mismos y el diálogo es preciso. El maestro tiene en común con los padres su amor por los niños y su sentimiento de responsabilidad hacia ellos, pero les diferencia su experiencia y la distancia que les puede tomar. Gracias a ello, puede apoyar a las familias a solventar problemas a través de un diálogo familia-maestro donde se les comenten actitudes de este tipo en seguida que se detectan o la importancia del conservar el espacio vital del niño aunque tengan los padres poco tiempo fuera de las horas de trabajo.

El juego se considera como una perdida de tiempo, cuando en realidad es una actividad esencial y muy seria para el niño. A través de ella, comprende los funcionamientos del mundo, los transforma y crea un mundo nuevo (Fröbel). La escuela tendrá que crear en sus aulas un tiempo y espacio para que lo regulen los niños, dejándoles jugar sin intervenir.

En cuanto a la pareja escuela-familia, ya vimos en el apartado anterior que la escuela como primera socializadora del niño se tiene que adaptar a los cambios familiares. Frente a los cambios intensos surgidos en el núcleo familiar, su destructuración, la inserción de mujer en el mundo laboral, los roles padre-madre difusos y las nuevas exigencias laborales, la escuela tiene que acoger a los niños un mayor numero de horas, promover hábitos de higiene y alimentación y encargarse de la educación emocional del alumno. Igualmente, la escuela tendrá que intentar desinflar las agendas de los niños, llenados por los padres necesitados de tiempo libre o/y ansiosos de que los niños tengan el máximo de conocimientos para enfrentarse con la vida social y profesional que les espera. Aquí también un diálogo muy abierto es necesario.

VI. Una educación flexible. Diversidad y nuevos medios de comunicación.

Hoy la diversidad de los alumnos es mayor que nunca. Niños de todos horizontes se juntan en las clases con un historial familiar y cultural increíblemente diverso, al cual se añaden sus diversidades cognitivas y emocionales clásicas.

Ante ello, la adecuación de la educación es vital. Hay que descubrir un nuevo camino donde todos puedan encontrar su propio camino hacia la educación. El profesor tiene que diseñar las actividades de su clase para permitir que todos puedan responder desde su nivel cognitivo y de significación, y como mencionamos con antelación, tiene que ofrecer a cada uno el apoyo pedagógico especifico que necesite. También tiene que exhibir el valor de la diversidad, y servirse de ella para inducir una clase rica en intercambios y descubrimientos. La misma diversidad, que sea cognitiva o cultural, puede ser una herramienta para fortalecer una clase que ande en conjunto, donde cada alumno pueda traer de su parte para el bien del grupo y del niño que tiene a su lado y necesita apoyo.

Es una labor difícil y empieza con el confiar. Confiar en nosotros, nuestros compañeros y el genero humano, confiar en la capacidad de aprender de cada alumno, en nuestra capacidad de observar, interpretar y transformar, de aprender de nuestros errores, y de ver la educación como un proyecto lleno de imprevistos.

La educación tiene que flexibilizarse, sí, y no por este único hecho. La evolución tecnológica transmuto para siempre el modelo de enseñar. El monopolio tradicional del saber se perdió y la instrucción lineal de horarios y sitios determinados, donde el señor maestro es detentor del saber, ya no es valido. Hoy se aprende de los medios informáticos, en el extra-escolar y a través de formaciones formales e informales de manera inmediata, desde cualquier sitio y con un horario fluido. Aquí también la educación tiene que dar un paso mayor y demostrar una ductilidad ejemplar.

Evidentemente somos todos diferentes, y siempre lo fuimos. Aunque hace unas décadas la diversidad cultural y familiar pudiera ser menor que hoy, cada alumno era una gran historia, todos atesoraban un carácter definido tanto a nivel emocional como cognitivo, con intereses y niveles de atención tan variados que extraña hoy la idea de que a esta diversidad se le enseño de una manera tan uniforme. Estoy convencida de que en mayoría depende del maestro si uno se acuerda de sus capacidades o dificultades de manera constructiva o destructiva. Personalmente tenia muchas facilidades en clase. Podía darle una ojeada a la pizarra de vez en cuando y charlar con mis amigos mientras la profesora explicaba el tema al resto de la clase. En realidad, si no me hubiera ocupado con esto, me hubiera aburrido constantemente. Era una escapada, y me encantaba pasarme la vida escolar descubriendo el carácter de cada niño. Pero esta facilidad me impidió aprender que existía algo más, llamado esfuerzo, esencial para el aprendizaje. Llegue sin este equipaje a las puertas de la universidad y ahí tuve que desarrollar esta preciosa herramienta a velocidad-luz.

Es lo que se llama un sistema clásico, donde el alumno anda frente al aprendizaje sin que nadie se preocupe por el ni cognitivamente ni emocionalmente a partir del momento en el cual saca buenas notas.

Aprender de la diversidad

lo que no habían entendido de la clase. Se creaba un intercambio muy rico entre nosotros.

me

acuerdo también que me encantaba explicar a los amigos

Siempre me encantaron los estudios, pero durante muchos años el interés mayor que encontraba en ellos no se hallaba en los contenidos enseñados sino en la riqueza del intercambio social y su puesta en aplicación en la mejora de uno mismo. Por ello, estoy también convencida de la fuerza transformadora de la escuela sobre lo social.

VII. Criticas, elogios y sugerencias

El libro “Va de Mestre” es cautivador. La perspectiva de los autores parte de experiencias propias y a menudo hace referencia a elementos culturales claros y actuales que le proporcionan un estilo ameno y una presentación muy clara de sus conceptos educativos. Proporcionándolas dentro de un marco de valores amplio y valorando la profesión con tanta énfasis, transmiten ganas de ponerse a la practica en el mañana mismo. El estilo elegido, bajo la forma de artículos sucesivos más que capítulos remarcados, le hacen entretenido, pero al mismo tiempo y esto seria mi crítica, el precio que pagan por ello es el carecer de una estructura clarificadora que hace difícil reencontrar la información leída. Por desgracia, debido a ello se pierde mucho del potencial educativo que contiene la obra. Si estuviera dirigida al gran publico no sería necesario, pero siendo expresamente enfocada al cuerpo profesional, veo como una carencia esta falta estructural. Sugeriría organizar los conceptos de tal forma que este diminuto volumen pueda ser una herramienta de referencia. Igualmente, podría ser de sumo interés comparar los mismos conceptos con ideas de pedagogos de los 2 últimos siglos y metodologias de escuelas alternativas vigentes en la actualidad.

En fin, un libro instructivo y educador, pero que deja el futuro profesional hambriento de una sistematización que pueda convertir la obra en una herramienta-recordatoria eficaz en su ámbito de trabajo.

VIII. Ideas aprendidas después de la lectura

Además de lo mencionado en los apartados anteriores, podría destacar una serie de puntos suplementarios que atrajeron mi atención.

Primero que los maestros se sienten todos solos y ignorantes. Un punto de vista que ayuda a situar saludablemente a uno mismo dentro de un marco general. Es normal sentirse de esta manera, y así será. Saberlo desde un principio ayudara sin duda a enfrentarse con la situación en el momento en que se presente.

Segundo que el cansancio y la perdida de interés que pueden comparecer los maestros se debe en mayor parte a la desorientación que pueden sufrir en el curso de su carrera. ¿Que desorienta un maestro? Todo lo que le tire en otras direcciones que la de Educar, como los objetivos a corto plazo donde no se consolidan ningún conocimiento o el empuje social hacia la especialización de la profesión. Para impedir este fenómeno, lo primero es comunicarse con otros maestros, compartir sus dudas y las situaciones vividas en el aula para no perder de vista el objetivo principal del educar, enfrentando a los objetivos vacíos de sentido un objetivo a largo plazo fijado por el alumno.

Tercero, como maestro, siempre hay que mantener el valor de pensar de manera diferente

y remover las ideas tradicionales preconcebidas o aceptadas por su entorno laboral o

social. Así lo hicieron todos los grandes pedagogos, y así hay que seguir encargándose de la mejoría de la educación y su adaptación al medio contemporáneo donde reside.

Cuarto, además del como enseñar, un maestro se enfrenta con el que enseñar y porque. Que enseñar y porque. Los niños tendrán que encontrar sentido en la materia enseñada así que ¿Cuales son los contenidos esenciales en un mundo en constante transformación de sus necesidades sociales, visiones socioculturales y incertidumbre económica? Además, una vez definidos los contenidos, habrá dilemas en la clase en cuanto a cuales tratar en que momento. ¿Que hacer ante una situación irrepetible donde se presente una posibilidad de enseñar algo esencial? ¿Aprovechar esta ocasión o seguir manteniendo el programa de contenidos previsto? Estas decisiones se tendrán que tomar en un ámbito de incertidumbre, por consecuencia los errores serán muchos. Pero hay que concebir el “error” de una manera constructiva, es decir como “una aproximación paulatina hacia la formación de un concepto”. Con este enfoque, los errores no sólo son normales sino que son un signo del aprender y por consecuencia necesarios y positivos.

Remarcaría como quinto punto 3 sutilezas en el diálogo por ser una fuerza mayor en la educación. La primera es que su versión informal es de suma importancia. Muchas veces, es ante un café que se arregla el mundo, y es en lo informal que germina y se ensaya un posible diálogo formal futuro. Las dos siguientes reposan en lo que dijo Rudolf Steiner cuando considera el silencio y el buen humor como esenciales para sobrevivir en nuestra sociedad.

El silencio en el diálogo es la pausa necesaria para recopilar los datos, pensar y preparar con cautela la propuesta que se va a compartir. El silencio es signo de un diálogo robusto

y vital, y su presencia le da al intercambio su carácter creador.

El humor y la risa son los últimos esenciales del diálogo. Porque la sociedad nos impone más de lo que podemos conseguir, consecuentemente nos auto-imponemos metas

individuales inalcanzables. Tenemos que tomar distancia con nuestros actos, y la clave para ello es reír. Reírnos de todo, de nosotros mismos y de los demás.

Acabare volviendo sobre la importancia de la escuela como institución socializadora. Siempre tuvo una gran responsabilidad a nivel social y político, pero debido a ser la casi ultima institución socializadora sobreviviente, se le carga de todos los deberes sociales antes manejados por las otras instituciones, lo que tiene como efecto el triplicar su responsabilidad. Debido a ello, la escuela se tiene que diseñar como tal y arduo es el conseguir el ambiente idóneo donde los niños puedan desarrollarse como individuos libres y partes irreemplazables de una sociedad que necesite su implicación. Arduo pero imprescindible.

Non obstante, no hay que caer en la utopia. La escuela por más perfecta que sea no podrá encargarse de todo lo que le pide la sociedad, y tampoco podrá cambiar la naturaleza humana. Lo que si puede enseñar es en que consiste la humanidad y como enfocarla de la manera la más armoniosa posible. Ya se dijo con anterioridad, es de suma importancia que la escuela defina su rol ante el mundo.

BREVE CONCLUSIÓN

La educación en definitiva se ubica en relación con absolutamente todos los contextos que forman nuestro mundo, económico, social y político, y nuestro ser humano, físico, emocional, mental y espiritual. Consecuentemente su impacto sobre ellos es de lo más determinante.

Si pudiéramos construir una gran escuela, perfecto ejemplo de la humanidad, teóricamente se abriría una puerta magistral hacía un mundo mejor. Este entender habrá sido el aliento de todos los grandes pedagogos que marcaron nuestro tiempo.

Algunos consiguieron dar unos pasos de los que hoy todavía seguimos la pista. Pero si queremos una respuesta contemporánea, tenemos que ubicarnos en nuestra esfera espacio-temporal. Para hallarse en ella, tendríamos que conseguir que todos los sistemas educativos se unifiquen bajo unas lineas madres que respeten ciertos “valores universales”, pero a su vez que sea cada uno de estos sistemas lo suficientemente dúctil para que su metodología se distinga en cada núcleo cultural humano, adaptandose a la perfección a la situación irrepetible donde se encuentre.

Además, ante todo una escuela depende de lo hombres que le dan vida. Para ser digno de hacer parte de ella, tendrían que ser los profesores modelos de sabiduría personal.

Tendríamos que volver a considerar la vida como un juego en el cual nos desenvolvemos. Lo importante es aprender de todo, convivir y interrogarnos, manteniendo invariablemente una mente optimista para considerar cada hecho que la vida nos presenta como perfecta oportunidad para la autoeducación.

La escuela ya lo dijimos es el lugar ideal para provocar un cambio, y como maestros tenemos esta carga sobre nuestra espalda. Venerable es esta profesión, y esperemos que al cabo de nuestros propicios estudios, podamos haber reforzado esta firme convicción y dar un primer paso hacia un mundo un poco mejor que el de ayer.

BIBLIOGRAFÍA

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