Sei sulla pagina 1di 50
Primera edz (Tetimonos del Fondo), 574 Segunda olicon (Centon, 2003 Now, Sahador Los paseos de a ciadad de México /Salvadie Novo, — 2 od. Meal FCF, 3005 vo3p. #7 in ~ (Cole. Canzone) Contiene: De paseo y asec, La Alameda, Paseos en la Plaza Mayor, E1Paseo Nuevo ode Beare EI Pasco de a igs, EL Paso de a Reforma y Chapultepec ISBN 968-6-73979 1. México (ciudad) — Historia 2. Mésleo (ciudad) — Vids seca y eostumbres 3, Mexico (ciudad) —Desrip- lon yvisjes 4 Literatura meticana I Ser Mt ¢:De paseo ‘ypastos IV. 1a Alameda V.¢Pascos en la lara Mayor VL El asco Nuevo o de Bucareli VIL t El Passo de a Viga Vil. "EEL Patco dela Reforma IX: ts Chapultepec IC Piso Noss DeweyarraNassp Comentarios ysugerenciae editor excommx srmefondodecitursconimia com “el ssn Fae (9) 57 4 Diseno de porta: Francisco Tbrte Viitas dela colecin: Mauricio Gmer Morin y Francisco Ibarra D.R ©2004, Fowno op Cunt Beawdicn ‘Camera Peacho-Ajsco, 22714200 Mexico, DF Se probe a reproduc total o pari de rts abea nla el dine ipogrdficoy de potas sea cual farree medi, elecdnico 0 mesic, Sin al consentimlento por escrito de esto. ISBN 968-16-7357-3 “espe en México» Printed in Mexico De los ses sitios por donde han paseado —vandar a ‘piee— cuando podian hacerlo para su solaz, y no s6lo ‘por necesidad 0 apremio, las habitantes de México- Tenochtittan, se cupa aqui Salvador Nove (1904-1974) Novo se deja guiar por la iconografia de Diego Rivera en ‘1 Hotel del Prado para detallar los rdnsivos de fa Ala- eda. Se sumergeen el tafago contempordineo dela Plaza ‘Mayor para describir el escenario que deleité la puntual memoria de Bernal Diaz del Castillo, Retrata la capi- tal novohispana en el Pasco de Bucarel, taurdfilo en eb siglo 0x, que un da da cabida al Reloj Chino en la cele- ‘bracin porfrsta del Centenario, De fas acalliy erajine- ras os leva al Paseo de fa Viga para dibujarnos ls fiestas _y diversiones de a adolescencia republicana. Mis ade~ ante, el romance imperial en el castillo da su primer fruto: llegar a lamarse Pasco de ta Reforma, qe lego exalta el Montimento a la Independencia, con mencién de otras obras debidas a innovadoresy benefaetares. En ef Basque, un domingo —tal vez el préximo pasado— el cronista ofrece, sirviéndase del didlogo entre los micm- bros de la ribo, fa visién det antiguo y noble arboledo sen donde se sucedieron muchisimas cosas importantes» desde ef aio 22 en que los tlteca descubrieron e erro ‘ylollamaron Chapulin. Cronica de ta ciudad heche por ella en sus paseos através de la historia, Uno de los ii- mos libros escritos por Salador Novo, quien pasa a figu- rar entre los més brillantes, asiduos y exactosrelatores de las peripecias alborozes y alborotos de la ciudad de México, Indice De paseo ypaseos + 9 LaAlameda % 12 Paseos en la Plaza Mayor 4 29 ELPaseo Nuevo o de Bucareli + 34 ELPaseo de la Vigan & 50 EL Paseo dela Reforma & 57 Chapultepec + 80 7 De paseo y paseos PASEO, PASEAR PASEAR EN COCHE ¢s ya un contrasentido:; porque pa- sear es dar pasos, caminar, «andar a pieo, como con redundancia decimos. Pasear a caballo, cabalgar, es expresion que con- serva el paso, aunque transferido a las herradas pemu- has del «noble bruto». asear en lancha, remar entrafia el ejercicio de los brazos, como en la natacién, para el objeto que nor- ‘malmente cumplen las piernas y los pies acompasada- mente —esto es: como un compis— desplazarnos, bacernos avanzar. 4H absurdo y la negacién del paseo: la abdicacién de sus placeres: la renuncia « embonar paso a paso nuestros ritmos internos —circulacién, respiracién— en los pausados ritmos tniversales que nos rodean, arrullan, mecen, uncen, sobreviene cuando a bordo de ‘un automévil nos Janzamos con velocidad insensata a simplemente anular distancias, mudar de sitio, «ragar leguasy; eaer como del cielo al aterizar los avio- rnes— en una ciudad o pais cuya extrafleza, y la tar- danza en avenirnos a los cuales, dimanan de nuestro stibito arribo, privado de la gradual asimilaci6n, con- ‘quista,incorporacion, entendimiento, acercamiento y final mutua entrega, que lo haria bioldgico y fecundo. Nuestros antepasados supieron pasear, disfrutar de tun paseo: no solo al eunirse en las plazas (como hasta Ia fecha ocurre en provincia) a toma el fresco en la tarde y saludar a los amigos: ni sélo ala salida de misa los domingos, 0 en el wflanco» tradicional de Plateros inmortalizado por el Duque Job; paseo que pperduré més allé de los veinte, hasta que los automé- viles acabaron por darle muerte y extinci6n; sino muc chisimo antes: desde que el buen virrey don Luis de Velasco el segundo consideré oportuno dotar a la encerrada-y-en-construccin ciudad de México Temis- titén, allé por 1590, del primer paseo de su historia, Dispuso el octavo vitrey, hijo del segundo, que se hiciese «una alameda adelante del tianguis de San ‘Hipélito, en donde estaba la casa y teneria de Morcill, para que se pusiese en ella una fuente y érboles, que vviesen de ornato a la ciudad, y de recreacién a sus vecinos», Como a todo seior todo honors como el pri- ‘ero en tiempo es primero en derecho, ala muy larga storia de la Alameda nos referiremos con brevedad antes que ala de los demas «paseos» —algunos defini- tivamente extintos sino en el recuerdo— de la ciudad. Los otros serén: el Paseo de la Viga; el Nuevo 0 de Bucarelis l de la Reforma, y el disperso, ceciente sitio de recreaci6n de los vecinos que es —constante 0 pe- +i6dicamente ampliado— el bosque de Chapultepec. Giertamente: al crever desmesuradamente la ciu- dad: al prolongarse en ella,o abritse, nuevas vas, se ha solide darles el nombre de paseo que ya no merecen, ‘en sentido estricto, ni la prolongaci6n nororiente del dela Reforma, ni la doblez del antiguo hacia las Lomas de Chapultepec y hasta su entrongue con la carretera a ‘Toluca; ni mucho menos el Pasco de las Palmas, por donde nunca pases nadie, sino que se lo recorre en automévil. Pero en esta monografia s6lo hablaremos de los verdaderos paseas dela ciudad, a La Alameda La ALAMEDA ¥ Dieco RIVERA Entre los murales pintados por Diego Rivera en la Se- cretaria de Educacién, hay uno: piso bajo, lado su, ex- tremo poniente, que reproduce com alegra la atmesfe- 1a de los puestos antiguos, tradicionales, que solian instalar su colorida algarabia al costado norte de la Alameda, en fechas como Semana Santa, Navidad, y ‘Todosantos, Silo recuerdo bien, cuelgan grandes cala- cas con guitarrs,ciculan catrines entre los puestos:y en primer término, unas gordas, orozquianas mujeres se instalan frente aollas de tamales, Como era su cos- tumbre, Diego Rivera honraba —o denostaba— a sus amigos con incluirlos, mas o menos reconocibles, en sus frescos, No es dificil descubrir, bajo su sombrerito de cloche, a Lupe Marin. ¥ al extremo izquierdo del fresco, soma su esbeltez yluce su sombrero de carrete un mono que se parece muchisimo al Salvador Novo de aquellos aftos. Poco tiempo después de concluidos los frescos de Educacion y de Chapingo, Diego Rivera accedié a decorar el gran comedor del Hotel —Del Prado— en que vino a parar un edificio originalmente planeado para la Direccién de Pensiones Giviles. La ciudad comenzaba a dar el estirén, a abundar el turismo. Ya ‘no bastaba con el envejecido Hotel Regis: y mientras el diligente don Alberto J. Pani construfa el Reforma, naci y ceci6 el Del Praclo —joh ironfal— donde ha- bia estado el Hospicio de Pobres: cerca de donde estu- vo la temida Acordada: frente, en fin, de la Alameda ue insistimos en llamar «centrale, acaso porque olvi- dada, decadente, degiutida por la vieja colonia de Santa Marfa la Ribera, ain persiste la que hered de aquélla el nombre, yun kiosko de desecho. Si el fresco arriba aludido le sirvi6 de boceto, en el ‘mural del Prado, Diego Rivera desarrollé con libertad y alegria el tema, ahi vecino y propio, de la Alameda y su vida dominical. Se pint6 a s{ mismo nifio, puso a Frida, lené el espacio con tipos locales, globos, vende- dores ambulantes de golosinas. Excuchamos, sin verla, 4 la banda municipal oa la Tipica instalada en el kios- ko para emitir «Poeta y campesino», lénguidos vases, ‘vigorosas marchas, Todo lo cual lo habria conciliado con una burguesia que tardabe en aceptarlo como pintor —si no hubiera, en cambio y de acuerdo con su 3 a robusta vocacién por el escindalo—, armadola gorda con plantar al hereje del Nigromante empusiando mis o menos como Moisés las tablas de la ley— el rollo en que se lei la famosa blasfemia con que ingre- s6 en la Academia de Letrin: Dias no exist. Recién desollado como estaba el catolicismo por Ja guerra cristera, las asdciaciones y las damas y la prensa honesta pusieron el grito en el cielo, Los admi- nistradores del hotel, que contaban con el freseo como atractivo turistico adicional, hubieron de resignarse a ‘cultarlo en espera de una solucién que llegé al acce- der el pintor a modificar un letrerito que frente a la importancia general del fresco, no tenia realmente ninguna, Los recuerdos personales de la Alameda que ‘Diego decanté en su mural, eran los mismos que de cla atesoraban los supervivientes dc la edad de oro porfiriana: eran (nmucho més aca de os «pascos: digo, de las Marianas de la Alameda de México paseadas por «don Carlos Maria de Bustamante de 1835 a 1836) el plé- ido domingo dia de fiesta y de guardar: de ofr misa tan cerca de la Alameda como en San Felipe o en San Francisco, 6 acaso hasta la aristocrética Profesa;o atin ‘és cerca: tan ahi enfrente de ella como en San Diego, 6 enla Santa Veracruz, 0 en San Juan de Dios, donde el ‘muy milagroso San Antonio el Cabezén ¢jercia sus 4 funciones de buscanovios: os consegufa a trucque de rosarios o milagritos de plata, y so pena mientras no lo hiciera, de verse en efigie colgado de eabeza por sus desconocidas cligntulas. Si oir allé misa era el primer acto de la comedia dominical, largo y deleitoso resultaba el segundo: el paseo porla Alameda, con descansos en sus bancas de piedra, compra paternal de banderines,o rehiletes, 0 pitos, o golosinas, previas ala visita ritual, ya camino a «asa, al Globo, en la esquina de Plateros y Coliseo —0 ‘mas hacia las Damas, en La Flor de México: para anti- cipar visualmente el deleite de mascullar aquellos pas- teles esponjosos de yemas, htimedos de ligera miel perfiumada, barnizados con reluciente jalea y emata- dos por caprichosos dibujosart-notieat de merengue a un caballero que alguna ver lo padeci, aunque haya de él sanado, y poses titulos mas dignos de mencidn que ese x6calo que una vez Ie salié en medio, Pero desde poco antes: en 1840, el presidente del Ayuntamiento se habia puesto bucélico,rstico y sil vestre, y mandado plantar unos fresnos a la olla dela bbangueta que rodeaba el atrio de la Catedral. ¥ como unas cadenas de ferro hacian decorativa guirnalda al colgar de una a otra de las pilastras colocadas tiempo atris por Revillagigedo, la gente empe26 a pasear bajo los fesnos, ya llamar Paseo de las Cadenas al que por ‘ese rumbo desencadenaba; paseo tan predilecto dela sociedad mexicana, cuanto perdurable y aludido en ‘memorias y libros de recuerdos, Este dicho Paseo se enriquecié cuando en 1847 el gobernador del Distrito ampli el atro,e hizo cixcun- dar os fresnos con arrates de madera, colocar ban cas de mamposteria para los paseantes sedentarios. Hacia 1860, sobre el trunco, famoso, nonato zécalo, se colocé tna caja acistica (2buela honorable de las bocinas estereofénicas de nuestros cacofSnicos dias) que permitia escuchar mejor las pieras atronadas por Ja banda militar a cuyo debido alojamiento se impor- 3 16 de Paris (come los nifios bien nacidos de la época) tn kiosko que ah¢ se instal6, Obvio es que durante cl Impetio, a Plaza se adornara con partertes estilo francés Don Antonio Escandén era muy dadivoso, como veremos al hablar del Paseo de la Reforma. Tambien al Zécalo lo favoreci6 com regalarle cuatro elegantes can- delabros que instalados en sendas esquinas del Plaza, Iailuminaron hasta 1902. En las postrimerias del siglo x1x, las bancas de hhierro situadas entre los pedestales de eantera con es- tatuas y macctones de zine, auspiciaron un paseo favo- rito del México elegante; mcho mas cuando en 1881 se construy6 en el atrio de Catedral todo un jardin con fuentes, macetones y bancas, se plantaron més érboles yyse instalaron kioskos muy parisinos con anuncios. ‘Uno mayor, que vino a quedar al costado poniente de Ja Plaza, para la venta de flores, que ahi permanccis ‘muchisimo tiempo, hasta su metastasis a la plazuela de la Santa Veracruz —donde subsist, ahora enclaus- trado en accesorias, el siniestro comercio de las coro- ‘nas finebres—. Otro kiosko daba oficina a la terminal dels tranvis en el Zocalo Ya on nuestro siglo, se retiraron z6caloy kiosko; se adorné el lugar con jardines, fuentes, bancas —y unas espantosas palmeras ahi plantadas por los afios vente, 2 y venturosamente desaparecidas, También en 1920, los cuatro Pepasos de Querol destinados a Bellas Artes, congelaron su vuelo por las esquinas del Zécalo du- zante 13 afos; mientras la Plaza era remodelada, uniformada en tezontle: afadido un piso al Palacio Nacional, y convertido el algunas veces y de varios mo- dos paseo, en la enorme plancha por la que el pueblo discurrea toda prise para hundirse en el hormiguero elmetoo roar do tora semdforoey los para cruzar a toda mecha hacia donde? 3 | El Paseo Nuevo o de Bucareli EL nvEN vinrey —§6? en la lista— fray Antonio de Bucareliy Ursda pudo en 1779 dejar con la concien- cia tranquila y limpia una vida comenzada en Sevilla G2 ais atris, Cuando en zr fue designado virrey en Nueva Espaita, habia sido ya teniente general de los reales ejérctos,y acababa de dejar el gobiemno de La Haba Son muchos los mértos de su administracion de ocho aftos: las aportaciones de su generosidad, previ- sign y talento al progreso dela ciudad y del seino, y famoses por su cordura yefiacia las ordenanzas que or suyas se conocen, La ruta Veracrur- Acapulco que re- gulaba el comercio internacional de Nueva Espafiay ‘merecis sus cuidados, pues concluyé la fortaleza de Perote y reparé la de Acapulco, Las casas de Moneda, de la Aduana y de la Acordada fueron en su tiempo objeto de reparaciones, asi como el Hospital de San 34 Hiplito,fundado por fray Bernardino Alvarez, yabrié el Hospicio de Pobres. Este inteligente virrey: antes de proceder a repar- tir la riqueza, procedié a crearla con dar gran impulso al comercio y hacer erecer las rentas piblics. Partida- rio del crédito como motor de progreso, su persona lo Ierecis y goz6 al extremo de que el comercio le hicie- +a préstamo de casi tres millones de pesos sin més garantia que su palabra, que cumplié al restituir tan crecida sume Y gastos extraondinarios y problemas graves, no le faltaron: dos sobre todo: la rebelién de los apaches, -seris y pimas, yuna terrible, biblica plaga de langosta pacaleveedt Weal Ol ttrey niginis Sune ctuadrilas de obreros que lograron cosechar (supongo que a garrotazo limpio) 6 000 arrobas de insectos. En su oportunidad: al hablar de la Alameda, diji- mos ya que el sucesor del marqués de Crois, Bucareli, llevé adelante y hasta su conclusién los planes que la regeneraban: las cinco fuentes con estatuas; y sobre todo, la novedad de la miisica que por disposicién del vierey, se empezé a tocar ahi los domingos y dias fes- tivos Pero ya la Alameda no bastaba como tinico pasco de una ciudad que al frecuentarla, impulsaba su creci- ‘lento hacia el poniente. Un poco lejos y fuera de la 35 ciudad, el campo podria ofrecer Freseos atractivos; yhhabia enormes terrenos, ya ms 0 menos desecados y aprovechables, para urbanizar y emprender obras con vistas al futuro. BL hermoso Plano de Garcia Conde, cientifica- ‘mente levantado por este activisimo corone! en 1793, y vilido muchos anos después, nos muestra a ojo de pijaro: partir de la Alameda hacia el poniente, el blo- ae del convento de San Diego: unas euantas cons- trucciones —San Hipélito, San Fernando— que pro- yectaban la prolongacién hacia el poniente de la vieja calzada de Tacuba; y al sur, la calle de Revillagigedo ue va del Calvario (avenida Juarer) ala calle (no al paseo) del Paseo Nuevo, 2 que se drige: con la Aconda- daal norte (Balderas-juérez de nuestra actual nomen- clatura); y bastante lejana de ella, hacia el sur, la Real Fabrica de Cigarros y Puros, o sea la geomeétrica, cua- drada figura en planta de la Ciudadela, Lo demés a poniente y sur es puro campo y des- poblado: pero en el Plano ya vemos Ia larga via bor- deada de érboles, perpendicular a la calzada del Cabvario: con la indicacién redonda de una fuente al centro, que como Paseo Nuevo lega al sur hasta la garita de Belén, cruzada en violenta diagonal por la scalzada caferia de ‘Chapultepec que sigue hacia el orient, El Paseo Nuevo se quiebra en éngulo abierto hacia el sur, més all de le 36 garita de Belén, con el nombre de Paseo Azanza o dela Piedad, que el virey de este nombre 54° en la lista don Miguel José de Azanza—adhirié en su tiempo al Paseo Nuevo, o de Bucareli, prolongéndolo asi hasta la Piedad: primer lejano paso urbanistico para la enorme avenida Cuauhtémoc de nuestros dias. Como estaba el rambo en la época en que el virrey Bucareli dot6 ala ciudad de un nuevo paseo, tres auto- ridades en historia de la misma tienen igual razon ‘cuando para definir el Paseo, lo hacen con referencias aparentemente distintas: «De la Plaza de’Toros ala ga- rita de Belén» (don Manuel Orozco y Berra); «Del edo de la Acordada a la garita de Belén» (don José Marfa Marroqui); y «Pasos mis allé dela Acordada... estin los dos Paseos: de Bucareli y de la Reforma» (don Ma- rnuel Rivera Camas). Delos tres, quien ms se solaza en recorrery des- cribie ( invitarnos a hacerlo con el recuerdo que él f6, de un paisaje ya devorado, exliado por la ciudad) los paseos que agrupa (Bucareliy Reforma) en un mismo capitulo, ¢s don Manuel Rivera Cambas. Suspiramos con nostalgia y envidia cuando nos confia que se resprs alli etmdsfera serena, la vista se recrea con ol vasto horizonte del valle de México, pablado de inna smerable cantidad de drboles de muy diversas figures y EZ ‘com variados matics en sus verdes fllajesEn el ltimo \éemino del Paseo de la Reforma aparece el Castillo de ‘Chapultepec, y siguiendo la recta del de Bucareli, se perciben las colinas quebradas del Ajusco y Tacubayas Ihaca el sureste levantan sus canosasfrentes hasta los se segregaba del marquesado y pertenecfa al Ayunta- miento de México Temisttin, y éste entrara en pose- sin y posibilidad de ocuparse en llevar el agua desde aqui: obra costosa, laboriosa, discutida por el Cabildo 3 segiin sus actas, de que aqui extractaré las pertinentes: els de mayo de 1542, Ruy Gonzalez pidi6 que se erigie- se en Chapultepec una fortaleza, y 15 dias desputs, aclaré y amplié su proposiciOn, El 4 de diciembre de as7isel Ayuntamiento impuso al vino una sisa destina- daa costearlatrafda a México de agua de Coaiimalpa, Santa Fe y Chapultepec; y se dieron para ello 8000 pesos al virrey Enriquer. El 24 de enero de 1578, el Ayuntamiento tuvo que ponerse abusado con «Cha pultepequer, porque a pesar de su voto de pobreza, y dela prohibicién de que las Grdenes poseyeran tierras, los dominicos las habian empezado a adquirir atrés del Bosque. E124 de octubre de 1580, el Ayuntamiento Didi6 a Felipe Iy al Real Consejo de Indias tres 0 eua- tuo ejidos de Chapultepec para propios de la ciudad; finalmente, el 20 de diciembre de 1591 (cuando se comenzaba a construir la Alameda que fue su idea), don Luis de Velasco segundo propuso que para las. ‘obras de agua de Chapultepec, un contratista solvent dispusiera de suficientes indios (que a todo los po- nian; y ademas, eran buenos pera todo), pero pagados Cortés habia alcanzedo, sin embargo, « edificar tuna fabrica de pélvora en la cumbre del cerro, Una cexplosi6n la destruyé en 1784: afio en el cual fallecié en México el 48° virtey, don Matfas de Galvez, Habfa le- ado, de la Capitania General de Guatemala, a virei- 4 rar en la Nueva Espaiia, donde fue el iltimo virrey que entrara a caballo, Trabajé aqui mucho: empedré calles, limpi6 la ciudad, levant6 el censo de los 637 coches entonces en circulacién, y de las eanoas y los ccomestibles que ellas transportaban a la ciudad por La Viga y San Lazaro, Y comenz6 la edificacién de un palacio en la cima del cerro de Chapultepec, que su ‘majestad aprobe primero, y luego dio reversa y prohi- bi6 que en ese palacio se recibiera a los vrreyes. Al rey le preocupé el aspecto de fortaleza que empezaba a 0s- tentar la construccién. En eso, fllecié don Matias, Su hijo Bernardo hered6 su cargo y prosiguié la obra, con el buen acuerdo de emplear en cla mano indigena para aliviar el hambre de esa temporada; pero Bernardo ‘muri6 en 1786, No tuvo tiempo casi para nada. Don Juan Vicente Gemes Pacheco y Padilla: 0 ‘mis brevemente dicho, el conde de Revillagigedo, fue el mejor virrey de la serie. Como goberné de 1789 a 1794, tuvo mas tiempo que los Galvez para seguir ade- lante con los faroles por cuanto al uso razonable del Castillo de Chapultepec. Conforme a planos encarga- dos al ingeniero militar y académico de San Carlos ddon Miguel Constans6 (autor de muchisimas cons- ‘rucciones, de que la mas aprovechada por los gobier- ‘nos revolucionarios és el convento de la Encarnacién, sede actual de la Secretaria de Educacién Pablica), 95 Revillagigedo proyectaba instalar en Chapultepec el Archivo General de a Nueva Espatia, 0 sea del «reyno», con los papeles y mamotretos que hallo caéticos @ su legada en Palacio, Del proyecto Revillagizedo nos quedan dos frutos indirectos: que el Castillo haya ve- nido a ser museo (esto es, superarchivo) y que se haya fundado el Archivo General de la Nacion. ‘Constumada la Independencia, el presidente Gua- dalupe Victoria inicié al oriente del vero de Chapulte- pec a formacion de un jardin botinico. ¥ a Victoria se debe (por su decreto de 11 de octubre de 1823) la transformacién en Colegio Militar de la Academia de Cadetes fundada en 1822 por el coronel Diego Garcfa Conde, autor del magnifico Plano de la Ciudad de que hemos hablado en otro capitulo. El Colegio Militar comenz6 a funcionar en a fortaleza de San Carlos de Perote en 1823, con apenas to alumnos; pero en 1843, después de algunas mudanzas, fue a instalarse al Cas- tillo de Chapultepec hasta que permaneci6 cerrado por balance, del 13 de septiembre de 1847, al mes de junio de 1848. rasta los afios veinte de nuestro siglo, Chapultepec ‘quedaba lejos, s6lo comunicado por los tranvia: por el rapido de Tacubaya, abuelo det Periferico y del metro. Y s6lo se vefa concurrido y pletdrico, fuera de las fiestas patria, los domingos en la mafiana. Entonces, 96 —— los inetes aristocraticos tipo marqués de Guadalupe, 0 Alfredo B. Cuellar, madrugaban a cabalgar,y a medio ie se instalaban por las calzadas adecuadas a ver el Aesfle de las bellezas de moda: a Conesa, por ejemplos fen sus grandes coches de ruidoso meteorismo, como parte de un paseo dominical imprescindible que ini-