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EL DEBATE GOLDHAGEN

Federico Finchelstein (ed.): Los alemanes, el holocausto y la culpa colectiva. El debate Goldhagen, con Prefacio de Dominick LaCapra, Buenos Aires, Eudeba, 1999, 235 pp.

Ruth Bettina Birn, Revising the Holocaust, The Historical Journal, vol. 40, 1997, pp. 195-215

En 1996 un joven profesor de ciencias políticas de la Universidad de Harvard publicó un estudio sobre el Holocausto titulado Hitler’s Willing Executioners: Ordinary Germans and the Holocaust (traducción española: Daniel J. Goldhagen, Los Verdugos voluntarios de Hitler: Los Alemanes corrientes y el Holocausto, Madrid, Taurus, 1998), volumen que inmediatamente desató una polémica en los Estados Unidos, la cual prosiguió en Alemania y en otros países.

Goldhagen sostiene que, hasta el presente, los estudios sobre el Holocausto no han desarrollado una explicación satisfactoria del mismo y que para hacerlo es necesario poner el énfasis en el antisemitismo acérrimo del pueblo alemán, a su juicio, condición necesaria y suficiente para la “Solución Final”. Para demostrar esta tesis, Goldhagen analiza tres aspectos de la ejecución del holocausto que no han sido estudiados en forma adecuada. El primero trata del rol de los Batallones de Policía en el Holocausto. En particular, Goldhagen estudia al Batallón de Policía 101, compuesto por reservistas de mediana edad, y cuyas tareas incluyeron fusilamientos masivos de judíos en Polonia y en zonas de la Unión Soviética ocupadas por el ejército alemán. Dada la edad de sus integrantes, ya maduros cuando Hitler llegó al poder, y su bajo nivel de compromiso ideológico con el régimen, se puede considerar a los miembros de este batallón como una muestra representativa de las actitudes de la población alemana en general. ¿Cuál fue la motivación que llevó a estos padres y jefes de familia corrientes a participar en asesinatos masivos de hombres, mujeres y niños totalmente indefensos? Más aún, ¿por qué en su gran mayoría no aprovecharon la oportunidad que se les acordó de no formar parte de los equipos de fusilamiento? Para Goldhagen la única explicación posible es que estos ciudadanos honorables estaban condicionados cultural y cognitivamente, desde mucho antes de la subida de Hitler al poder, a ver en los judíos un grupo al que debían eliminar de la faz de la tierra.

El segundo aspecto que Goldhagen resalta es la conducta salvaje e irracional de los guardias en los campos de trabajo, en los que se aniquilaba a los prisioneros judíos con tareas que no tenían justificación económica, en momentos en que Alemania se encontraba desesperadamente necesitada de mano de obra para continuar con el esfuerzo bélico. Esta conducta demostraría, según Goldhagen, que el Holocausto no es una consecuencia secundaria inmoral de las conductas racionales adoptadas por el régimen nacionalsocialista en el contexto de la ocupación de territorios del este de Europa (tesis defendida especialmente en esta colección por Hans Mommsem y otros partidarios de la

hipótesis funcionalista), sino que el objetivo, desde sus comienzos, fue lisa y llanamente el asesinato de la población judía de todos aquellos territorios controlados por los ejércitos alemanes.

Y, por fin, el tercer aspecto, son las marchas forzadas que en las últimas semanas de la guerra condujeron a la aniquilación de muchos de los contados sobrevivientes de los campos de concentración y trabajo forzado, en momentos en los cuales estaba claro que la guerra estaba perdida, y cuando ya Himmler mismo había ordenado que se pusiese fin

a estas prácticas. También en este caso, la irracionalidad de la conducta apunta según

Goldhagen a las profundas motivaciones eliminacionistas de grandes capas de la sociedad

alemana.

La hipótesis de Goldhagen, según la cual se puede y debe explicar la ejecución de la Solución Final por el antisemitismo eliminacionista de la mayoría sino de la totalidad de la población Alemana ha sido atacada vehementemente por la mayor parte de los historiadores especializados en el Holocausto. Federico Finchelstein, estudiante avanzado de la carrera de Historia de la Universidad de Buenos Aires reunió en este volumen una muestra de los artículos que generó este debate, a los que adicionó un interesante artículo interpretativo.

En su ensayo, Finchelstein nos presenta no sólo un resumen de la historia de este debate, sino también hipótesis acerca del contexto en el cual este se desarrolló. En primer lugar, el debate parece oponer, por un lado, a los historiadores profesionales del holocausto, y por otro lado, a intelectuales formadores de opinión pública y al público en general. Para Finchelstein, quizás el principal valor del libro de Goldhagen sea ‘volver a plantear preguntas que son básicas para entender nuestro presente’. Aunque el horror de la Shoah estuviera en el límite de la comprensión y de la representación historiográfica, parece existir una necesidad del público, y en particular, del público joven en Alemania, de recibir respuestas directas. El tumulto creado por Goldhagen parece haber tenido como resultado ‘que distintos historiadores han hecho un nuevo esfuerzo por explicar sus hipótesis mediante una narrativa que pretende ser accesible para el público no académico’ (Finchelstein, p. 32).

Finchelstein sostiene claramente que no es posible separar el debate del contexto cultural

y social en el cual se desarrolló. Así, en los Estados Unidos, el debate se inscribe en una

historia de la recepción y rememoración del Holocausto, que llegó a su momento culminante en 1993 con la inauguración del Museo del Holocausto en Washington. Con este acto, el Holocausto se convirtió oficialmente en un evento integrado a la cultura pública estadounidense. Este reconocimiento público de la Shoah tiene, sin embargo, como correlato, una pérdida de sus contenidos y valores específicamente judíos. A medida en que se convierte en cifra de la “inhumanidad de lo humano”, pierde su efectividad ética y política (p. 62). Así, algunos críticos de Goldhagen hacen referencia a su carácter de hijo de sobreviviente del Holocausto, explicando su libro como una reacción a la angustia supuestamente sentida por parte de la comunidad judía ante la pérdida del carácter propio del holocausto

El debate cobró verdaderamente cuerpo en Alemania, comenzando con un ataque cerrado

y frontal de los historiadores profesionales y de intelectuales identificados con la derecha,

el cual se moderó rápidamente ante el impacto de la visita de Goldhagen y el interés masivo del público no especialista en su libro. Por último, llega a su conclusión en forma de una tregua, marcada por el otorgamiento en 1997 a Goldhagen del premio “Democracia” por una prestigiosa publicación alemana. De esta forma, los historiadores se reservan el derecho a protestar las conclusiones de Goldhagen, mientras que aceptan los efectos positivos del libro en la renovación del debate público sobre la Segunda Guerra y el Holocausto. Esta es la posición que presenta Jürgen Habermas, uno de los intelectuales liberales más prestigiosos, en un artículo publicado en ocasión de la entrega de ese premio (reproducido en este volumen).

Los artículos aquí reunidos, pueden clasificarse básicamente en dos tipos. Por un lado, artículos que fueron redactados en el momento de la polémica y fueron de alguna manera protagonistas de la misma (particularmente los de Hans Mommsen y Christopher Browning) y los artículos que pertenecen a una segunda generación del debate (especialmente la contribución de Dominic LaCapra, I. Deák y Raul Hilberg), y que no sólo hacen referencia al libro de Goldhagen, sino a la polémica misma.

El artículo de Browing es el más importante para entender las reservas del historiador profesional del período del Holocausto sobre el texto de Goldhagen. Browning publicó un estudio sobre el Batallón 101 (Christopher Browning, Ordinary Men: Reserve Police Battalion 101 and the final solution in Poland, New York, HarperCollins, 1992) y puede verse al libro de Goldhagen como una respuesta a su libro.

Aquéllos que se interesen por el debate en sus aspectos más técnicos, sacarán provecho del artículo de Ruth Bettina Birn, quien critica el uso de las fuentes y los presupuestos metodológicos de Goldhagen. Birn afirma que ‘el autor usa sólo en forma mínima documentos históricos; salvo algunos documentos de Nuremberg y algunos legajos de los Archivos Federales Alemanes, se basa sobre todo en fuentes secundarias’ (p. 196). Estas fuentes secundarias son, en su mayor parte, los interrogatorios de criminales de guerra investigados por las autoridades de la República Federal Alemana. Birn defiende los

resultados del libro de Browning quien, señalando los mismos hechos que Goldhagen, prefirió una interpretación en términos de la brutalización progresiva, presión social, y el contexto de la ocupación militar. Es decir, ninguno de los hechos señalados requiere para su explicación la hipótesis de un antisemitismo asesino, puesto que, más o menos, cualquier grupo de hombres ordinarios, colocados en una situación similar, hubieran actuado de igual manera y acatado las órdenes que les fueron impartidas de masacrar a una población civil inerme. La posición de Birn ha perdido credibilidad al ser publicada posteriormente en un libro co-autorado con Norman Finkelstein (Norman G. Finkelstein

y Ruth Bettina Birn, A Nation on Trial: The Goldhagen Thesis and Historical Truth,

New York, Owl Books, 1998), quien desvirtúa la polémica histórica para inscribirla en su

critica revisionista de los usos políticos del holocausto por el Estado de Israel y sus partidarios (Finchelstein, p. 58-59; Goldhagen ha respondido a estas acusaciones en varios artículos que pueden ser consultados en su sitio Internet:

http://www.goldhagen.com).

Todos los artículos que hacen referencia al debate son de interés. Por razones de espacio meramente, queremos resaltar la contribución de Habermas, para quien la lección principal del debate es ‘más bien de saber cómo hay que valorar la inusitada atención que el libro de Goldhagen ha despertado entre tantos ciudadanos interesados en las cosas de la historia’ (p. 200). Mientras que los críticos atacan al público con diversos argumentos, Habermas nos confiesa que no se explica cómo éstos no perciben que, si el público se interesa por la obra de Goldhagen es porque sus investigaciones ‘se ajustan con exactitud a las cuestiones que polarizan desde hace medio siglo nuestras discusiones públicas y privadas’ (p.200). La discusión pública sobre el libro de Goldhagen es justamente una discusión sobre las formas de convivencia política y sobre los valores a los que debe darse prioridad en la organización política común. Es también una discusión sobre la relación entre la generación actual y las generaciones precedentes, y en particular sobre las tradiciones que las ligan, tradiciones que, en cierta medida, Goldhagen estigmatiza como casuales directos de la Shoah. De allí, para Habermas, la reacción de los sectores conservadores, que no se permiten poner en duda que para que un pueblo tenga futuro debe reposarse en tradiciones incuestionadas y en valores sólidos. Pero, las nuevas generaciones, o al menos parte de ellas, ‘desean poner en claro la matriz cultural de la herencia que pesa sobre ellos para saber de qué son responsables solidarios y qué parte de las tradiciones que entonces constituyeron un funesto fundamento de motivaciones sigue vigente hoy y requiere revisión’ (p. 210).

¿Por qué resucitar en 1999 en Argentina una polémica que sacudió a Estados Unidos y a Alemania en 1996? Quizás porque, como dice Finchelstein en su ensayo, ‘en las discusiones sobre la hipótesis de Goldhagen en Argentina parecen desconocerse (o negarse) aspectos centrales de la historiografía sobre el Holocausto’ (p. 48). Y, también, siguiendo a Habermas, porque ‘el reparto de culpa e inocencia que distinguimos al contemplar el pasado histórico refleja también las normas según las cuales estamos dispuestos a respetarnos mutuamente como ciudadanos de esta República’ (p. 216).

M.M.

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M. Maidan estudió filosofía en las universidades de Buenos Aires, Haifa y Paris, donde se doctoró bajo la dirección del Prof. Paul Ricoeur. Luego de algunos años de enseñar en el departamento de filosofía de la universidad de Haifa, se estableció en Miami. Publicó diversos artículos sobre la historia de la filosofía, ética, y el pensamiento político.

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