Sei sulla pagina 1di 199

EL MUNDO DEL NUEVO TESTAMENTO

Breve Esquema de la Historia y las Condiciones que Constituyeron el Fondo del Nuevo Testamento

H. E. Dana

Traducido de la Tercera Edición por Ildefonso Villarello

Actualizado con el Apéndice B por Guy S. Williamson

CASA BAUTISTA DE PUBLICACIONES

Introducción

CONTENIDO

I. El Ambiente del Nuevo Testamento

PARTE I EL JUDAÍSMO

II. La Tierra del Judaísmo

III. Laliteratura del Judaísmo

IV. Origen y Desenvolvimiento del Judaísmo

V. El Judaísmo Bajo el Dominio Romano

VI. La religión del Judaísmo

VII. El Estado de la Sociedad Judía

PARTE II EL HELENISMO

VIII. El Gobierno Romano

IX. La Cultura Griega

X. La Sociedad Grecorromana

XI. La Religión Grecooriental

Apéndice A

Apéndice B

Bibliografía

2

INTRODUCCIÓN

El método histórico de estudiar el Nuevo Testamento inevitablemente levanta algunas insistentes cuestiones en la mente del estudiante cristiano de los evangelios. Antes de todo, puesto que el Nuevo Testamento es la verdad divina de la redención, desea saber por qué necesitamos relacionarnos con los factores comunes de la historia humana. Y ¿Cómo pueden las condiciones terrenales utilizarse en un esfuerzo para entender un mensaje celestial? ¿Qué razón y justificación tenemos para un acercamiento histórico a la revelación divina? Puesto que el propósito particular de esta obra es servir al estudiante fervoroso del evangelio, sentimos que nos incumbe dar respuesta a esas preguntas, como paso preliminar de la exposición. La razón del acercamiento histórico descansa en el innegable e inevitable elemento humano del Nuevo Testamento. Este elemento humano es tan esencial para su eficacia en la experiencia espiritual del hombre, como su elemento divino. Era imposible que Dios hablara al hombre y fuera entendido sin meter su mensaje en este elemento humano. Aun si el Nuevo Testamento fuese una colección de oráculos divinos, independientes de toda relación con la experiencia humana, estos oráculos necesariamente tendrían que expresarse en lenguaje humano. Pero, por lo contrario, el estudio objetivo de los libros del Nuevo Testamento demuestra que no fueron mensajes directos dados desde el cielo sin instrumento alguno terrenal, sino realmente surgidos de condiciones humanas reales y afectados por influencias humanas normales. El elemento humano es simplemente un hecho que se presenta inequívoco en las páginas del Nuevo Testamento, como se nos presentan a nosotros.

( 4 )

Pero también creemos que el elemento humano solo no es capaz de explicar este Libro. Creemos que el reconocimiento del elemento divino también es

necesario para darse cuenta de él en forma

tan serias dificultades cuando se pretende explicar el Nuevo Testamento por el elemento humano exclusivamente, como con las que se tropieza en el intento de entenderlo como divino solamente. Ambos elementos deben aceptarse si hemos de satisfacer las demandas de todos los hechos. Así, el Nuevo Testamento es objeto de una acercamiento histórico, pero esta aproximación histórica no impide el acercamiento de la fe religiosa. Necesitamos percibir tanto la justificación como las limitaciones del método histórico. El elemento humano en el Nuevo Testamento se manifiesta en ciertos caracteres claramente definidos. Por ejemplo, encontramos allí la inequívoca

 
 
 

racionalmente

racionalmente
racionalmente

satisfactoria. Se hallan

encontramos allí la inequívoca   racionalmente satisfactoria. Se hallan Comentado [um1]: Cuidado con esto. 3

Comentado [um1]: Cuidado con esto.

3

impresión de la individualidad humana. Los diferentes autores ofrecen diversos estilos, distintos rasgos psicológicos, variados grupos de concepciones características, y modos desiguales de expresión. Nadie puede estudiar atentamente los escritos de Pablo y de Juan sin sentirse impresionado por la diferencia entre los dos. El estilo de Pablo es en su mayor parte áspero y complicado, mientras, el de Juan es sencillo y delicado. Por supuesto, esto puede observarse más claramente en el texto griego, pero aun el texto inglés lo muestra hasta cierto punto. Pablo concibe la enseñanza cristiana como un sistema de principios lógicamente relacionados, al que llama “el evangelio”; mientras Juan ve en ella un grupo de ideas concretas y místicas al que denomina “la verdad”. Con Pablo el problema de la redención humana se halla en la antítesis de la ley y la gracia, las obras y la fe, el mérito y la justificación. Con Juan la antítesis está en la vida y la muerte, la luz y las tinieblas. En Marcos encontramos el lenguaje descuidado y rudo del vernáculo típico, mientras los escritos de Lucas

( 5 )

presentan un acabado literario que permite compararlos favorablemente con algo de lo mejor de la literatura griega de la época. Estas diferencias son fenómenos evidentes e innegables, que aparecen en el texto del Nuevo Testamento, y pueden explicarse solamente como el juego libre y normal de las aptitudes y facultades individuales. El Nuevo Testamento conserva claras huellas de la vida de la cual surgió. Fue escrito por judíoscon la probable excepción del tercer Evangelio y los Hechosy es inequívocamente un libro judío. Por muchos siglos se aseguró que el lenguaje del Nuevo Testamento era una manifestación especial del Espíritu Santo, provista divinamente como vehículo de revelación redentora. Apareció esta idea por el hecho de que la lengua del Nuevo Testamento no es como la del antiguo ático o griego clásico. Pero durante el siglo pasado se ha llegado a saber que el Nuevo Testamento fue escrito en el griego común de la conversación en el mundo de su tiempo. El Nuevo Testamento refleja algunas costumbres e ideas palestinas, sin cuyo conocimiento es imposible interpretarlo en algunos pasajes. Esto es sencillamente, un hecho presentado por el mismo Nuevo Testamento, de que se halla íntimamente conectado con la vida de la cual surgió. Cada libro o expresión del Nuevo Testamento tiene alguna especie de conexión con una determinada situación histórica. A excepción de algunos pocos ejemplos, podemos percibir con gran certeza cuáles fueron estas situaciones. Los hombres escribieron y proclamaron sus vehementes mensajes, en medio de las experiencias de su vida, en las cuales se vieron envueltos por su propio ambiente, para poder resolver sus problemas y exigencias. El conocimiento de estas

4

situaciones históricas aumenta inconmensurablemente el entendimiento y la estimación del libro o pasaje especiales que se consideren. El Nuevo Testamento no puede ser interpretado adecuadamente si se considera como una colección

( 6 )

de oráculos transmitidos desde el cielo, sin referencia alguna a la experiencia humana y al medio en que fue escrito. Ciertamente, es la revelación divina de la redención, pero esta revelación no apareció como producto independiente de relaciones históricas. Plugo a Dios revelar su redención en la historia y por medio de ella, y no podemos comprender correctamente tal revelación sino hasta que la consideremos desde el punto de vista histórico. El Nuevo Testamento es la verdad

redentora de Dios entregada al hombre por medio de la experiencia y la conciencia

 
 
 

humanas

humanas .
.
.

Cuando se considera bajo esta luz, es mejor entendido y rinde sus más

ricos tesoros. El punto importante es discernir el verdadero significado de las condiciones del ambiente sobre el pensamiento expresado en el Nuevo Testamento. El marco histórico no fue la fuente original del pensamiento y la doctrina. Las elevadas esperanzas, las exaltadas concepciones y los sanos ideales que constituyen el carácter distintivo de la vida apostólica procedió del trato con Jesús y las experiencias que brotaron de su resurrección y de la venida del Espíritu Santo. Si no hubiese sido por estos hechos fundamentales de la experiencia, las fuerzas del ambiente histórico nunca podrían haber producido resultados tan transcendentales. Por tanto, el ambiente histórico constituyó el marco exterior del evangelio: su interior era el resultado de una experiencia en Cristo. Aprovechamos el examen histórico para entender las formas de expresión, las condiciones que reflejan, y las causas de las direcciones del pensamiento y de la vida en el Nuevo Testamento. Esto es, los escritores utilizaron terminología, fraseología y figuras de expresión comunes en su tiempo; dieron por concedidas ideas y hechos que ya eran familiares a sus lectores; escribieron por las exigencias de ciertas circunstancias existentes; estaban obligados a aplicar el mensaje del evangelio a situaciones que se les presentaban. El estudiante debe tener algún conocimiento

Comentado [um2]: A veces es solo por la inspiración divina A veces es solo por la inspiración divina

Comentado [um2]: A veces es solo por la inspiración divina ( 7 ) de estas particularidades

( 7 )

de estas particularidades de la vida detrás del Nuevo Testamento, antes de que

pueda entender

consideración histórica.

 
 

correctamente

correctamente
correctamente

su mensaje.

Tal es el proceso comprendido en la

Comentado [um3]: mejor sería decir “completamente” mejor sería decir “completamente”

su mensaje. Tal es el proceso comprendido en la Comentado [um3]: mejor sería decir “completamente” 5

5

Sin embargo, esta consideración histórica no se halla sin limitaciones importantes. Exactamente tan importante como comprender lo que es el verdadero método histórico, es ser cauteloso en aquellos puntos en los que se puede abusar del método histórico. La falta de cuidado y el abuso animado por el prejuicio han producido serios daños en el empleo de la consideración histórica, y le han acarreado un injusto desprecio de los centros evangélicos. Hay limitaciones esenciales que el estudiante de la historia justamente debería respetar.

1. El método histórico no exige que reduzcamos el Nuevo Testamento a lo

que podemos considerar como natural, o científicamente explicable. Su verdadera razón es dilucidar los documentos del pasado, no desecharlos. La consideración histórica debe distinguirse claramente de la naturalista o racionalista. Es un abuso del método histórico emplearlo como medio de conformar el Nuevo Testamento a cierta clase de mentalidad, a una actitud de escepticismo hacia lo sobrenatural. Quien desee aprovecharse de esta clase de mentalidad tiene un inalienable derecho a hacerlo, pero no debe hacerlo en nombre del método histórico, y no admitir en el recinto de la investigación histórica a todo aquel que no apruebe esta actitud. No es necesario como requisito previo del método histórico que abandonemos nuestra creencia en el Nuevo Testamento como una intervención redentiva de Dios en la corriente de la historia humana. El método histórico estudia el fenómeno del desenvolvimiento de la humanidad en el período del Nuevo Testamento; la fe religiosa concede a esa historia una significación redentora. Esta fe religiosa no ha de reprobarse a menos que pretenda conformar la historia con sus propias presuposiciones. 2. El método histórico no nos exige considerar la

( 8 )

interpretación religiosa de los hechos como invención o perversión de la tradición. No los descalifica como historiadores dignos de confianza, el que los escritores del Nuevo Testamento hayan tenido un vivo interés religioso en los que relataban o exponían y que hayan cubierto sus relatos de los acontecimientos, con las impresiones de la reflexión y experiencia. Por el contrario, ello eleva el valor de sus documentos. Supóngase a los historiadores de la Edad apostólica dándonos un Nuevo Testamento que fuese solamente puros anales, o una desinteresada crónica de los acontecimientos, despojada de todo el maravilloso impacto sobre su propia

conciencia y

y su aspecto eterno como brota del crisol de sus almas

y y su aspecto eterno como brota del crisol de sus almas experiencia Comentado [um4]: Pero
y y su aspecto eterno como brota del crisol de sus almas experiencia Comentado [um4]: Pero

experiencia

eterno como brota del crisol de sus almas experiencia Comentado [um4]: Pero a veces sí escribieron

Comentado [um4]: Pero a veces sí escribieron así.

apasionadas, y luego imagínese si se puede, cuánto conmovería a una mentalidad religiosa de una generación alejada de aquellos hechos por diez y nueve siglos. Es que el interés religioso del Nuevo Testamento es el que le da su carácter siempre actual y su valor para las subsecuentes generaciones. No son los acontecimientos

6

del primer siglo de historia cristiana los que nos interesan fundamentalmente, sino los factores funcionales del primer siglo de experiencia cristiana. Por tanto, el

estudiante competente de historia halla valor substancial en la reacción que refleja

el primer siglo de conciencia cristiana sobre los acontecimientos de ese período, y

considera el interés e interpretación religiosos como parte esencial de la historia y no como una cubierta sin valor que ha de descubrirse y desecharse en el esfuerzo por llegar al “genuino residuo histórico”. El residuo histórico carecería de valor sin los “aumentos tradicionales” que se han reunido a su derredor como resultado del interés religioso y de las reacciones del cristianismo apostólico. 3. El método histórico no exige que rechacemos al Nuevo Testamento como

norma válida de la fe y experiencia cristianas. Aquí la consideración histórica debe distinguirse de cierta actitud filosófica. Hay una gran escuela de filosofía moderna que considera a la verdad como relativa y cambiante más bien

( 9 )

que como estable y absoluta, y de acuerdo con esta hipótesis no podría darse en la historia revelación alguna de verdad, que pudiese ser norma final para las generaciones subsecuentes. Pero es esta cuestión fundamentalmente de filosofía, no de historia. El propósito del método histórico es discernir los hechos e interpretar su función en la primera centuria de experiencia cristiana; no es de su incumbencia prescribir o que aquellos hechos y su significación han de indicar al punto de vista y la conciencia del individuo del siglo XX. Por tanto, no se descalifica a un estudiante de historia porque vea en el Nuevo Testamento una norma para su propia experiencia religiosa. Cuando estas limitaciones se reconocen y se respetan, el método histórico es valioso para el estudiante del evangelio, y no necesita ser rechazado como amenaza en sentido alguno, para más ferviente fe cristiana. El hecho de que el Nuevo Testamento está claramente envuelto en las

grandes corrientes de la historia humana, más que llegar a ser un estorbo para la fe

o la reverencia, debe ser ayuda para ambas. Debería ser profundamente inspirador

comprender que Dios es tan claramente inmanente en la historia como lo es en la Biblia. Sólo es diferente la clase de inmanencia. Su inmanencia en la historia es el proceder de la providencia ordinaria. Su inmanencia en la Biblia es por revelación especial. La historia es ciertamente “su historia”. Es la narración de cómo Dios ha dirigido el progreso humano. La historia es el vasto paisaje de la divina redención,

y el Nuevo Testamento es la gloria que corona la más alta cima de la montaña y

que cubre todo radiante gracia y hermosura. Todos los perfiles de la historia anterior y subsecuente convergen en la superioridad de sus trascendentes alturas. Cada elemento que contribuye para su contenido literario por la historia anterior o

7

contemporánea, muestra a la vida humana elevada e iluminada por el glorioso significado

( 10 )

del plan redentor de Dios. Considerado de esta manera, el Nuevo Testamento como producto y factor de la historia humana se ve todo él, como obra de la mano de Dios. El mismo Dios que, desde el punto de vista divino, inspiraba a los escritores, estaba también en obra, por el lado humano, proveyendo una adecuada situación histórica en la cual pudiera fundarse el reino. Al reflejo de esta santa luz el primer siglo cristiano ofrece una significación que no tiene paralelo en los anales de la humanidad, y está destinada a permanecer.

( 11 )

8

CAPITULO I

EL AMBIENTE DEL NUEVO TESTAMENTO

Comencemos este capítulo con la observación de R. H. Glover: de “que la Iglesia surgió a la vida en un mundo de grandes figuras y grandes necesidades y de una gran herencia, y que conquistó al mundo porque se dirigió a una gran raza en su más elevado nivel”. 1 Déjese a quienes así lo quieran, suponer que este maravilloso mundo al cual se adaptó tan fácilmente el cristianismo, fue un accidente que resultó de un desenvolvimiento fortuito; pero nosotros lo interpretamos a la luz de la fe cristiana como una provisión divina para el establecimiento efectivo del Reino de Cristo en la tierra.

El mundo en el cual el cristianismo primero plantó sus raíces, fue plástico y cosmopolita. Estaba formado por la herencia de tres grandes razas, la oriental, la griega y la romana. Las tres prácticamente se habían confundido en una, pero cada uno había hecho su distintiva contribución. La oriental había llevado un vasto legado de filosofía y religión. Su herencia fue hallada por el cristianismo, sepultada profundamente en el corazón tanto del mundo judaico como gentil, pero aún potente en la vida de la época. El mundo con el cual el cristianismo se encontró era muy claramente un mundo griego, porque la cultura griega lo había penetrado y la lengua griega era de uso casi universal, por lo que Pablo escribió la Epístola a los Romanos en griego, a una iglesia que estaba en el corazón de las naciones latinas, y los emperadores romanos utilizaron el griego como lengua de sus sellos oficiales. Era un mundo romano porque estaba bajo el dominio político de Roma. Este mundo grecorromano se extendía por las costas

( 12 )

del Mar Mediterráneo, desde la provincia de Africa hasta la Galia y abarcaba la más elevada civilización de esa época, una de las mayores de la historia humana. Para comprender y estimar completamente el progreso del cristianismo primitivo necesitamos percibir los factores y las relaciones de este mundo completamente grecorromano. Pero el fundamento se hallaba establecido en un mundo generalmente oriental y en particular, judaico.

EL SUBSTRATO ORIENTAL

Sin duda, el elemento oriental era un substrato en el mundo del primer siglo. Era básico y original. La cultura y las costumbres griegas habían inundado la mente asiática a través de las puertas abiertas por Alejandro, pero también se había mantenido el pensamiento asiático, con su intenso misticismo, su modo concreto de pensar, su enmohecido sistema y concepciones religiosos. Las religiones de misterio, que

1 The World of the New Testament, p. 231.

9

potencialmente influyeron sobre el fondo del Nuevo Testamento, eran en gran medida de origen e índole orientales. La filosofía del primer siglo muestra muchas huellas del pensamiento oriental. Esto es particularmente cierto de la filosofía del mundo oriental mediterráneo. Lo oriental estaba bien atrás, pero la observación puede indicar su presencia. Ofreció al primitivo cristianismo una triple contribución. 1. Un Punto de Contacto. En su carácter genético el cristianismo fue oriental. Hemos observado que los judíos eran una raza oriental, que poseía fundamentalmente una mentalidad oriental. Los dogmas originales y fundamentales de la doctrina cristiana históricamente fueron orientales. De aquí que cuando el cristianismo se dirigió al mundo gentil, encontró una sicología religiosa dispuesta a recibir su mensaje. Y el hecho de que la influencia oriental se hubiese difundido tanto por el mundo del primer siglo de modo que las religiones orientales fuesen

( 13 )

populares lo mismo en Alejandría que en Atenas y en Roma, extendió el espacio de contacto del cristianismo a través de la mayor parte del Imperio Romano. Este hecho es de significación no ligera en la interpretación de la historia apostólica. 2. Una Definición de Concepciones Religiosas. La contribución oriental al cristianismo se hizo principalmente a través del judaísmo. El contacto del judaísmo con el pensamiento oriental, durante los períodos de la cautividad y la restauración, indudablemente tuvo su efecto sobre el desarrollo y definición de las concepciones religiosas judaicas, y éstas constituyeron el mayor contenido del cristianismo. La extensión y naturaleza exacta de la contribución oriental al judaísmo no puede determinarse con certezasin duda nunca se podrá; la certeza de tal contribución se halla más allá de toda discusión. Esto, sin embargo, no justificaría en manera alguna, un elemento perturbador de nuestra fe evangélica. Si a Dios pareció bien utilizar contactos del pensamiento oriental para producir una visión más clara de algunos elementos de su revelación, la autoridad original no es de ninguna manera menos divina porque se hayan empleado tales instrumentos. Debemos aceptar los medios que Dios a dispuesto, más que pretender la prerrogativa de indicar los medios que debería haber aprovechado. La teología persa y babilónica tenían estrechos paralelos con la judaica. La inmortalidad del alma, la existencia del mundo de los espíritus, las recompensas eternas por la conducta humana, la resurrección de los muertos, fueron ideas que los judíos mantuvieron en común con sus vecinos orientales. (1) El judaísmo fue afectado por la influencia babilónica. La raza hebrea desde tiempos muy antiguos estuvo en estrecho contacto con la civilización babilónica. Esta relación fue especialmente intima en tiempo de la cautividad. Esta circunstancia está

10

convincentemente comprobada por los muchos nombres judíos que dan testimonio de su origen mesopotámico. 2

( 14 )

Seguramente la influencia babilónica tuvo sus efectos económicos y produjo entre los judíos gran riqueza y poder, y probablemente una vida comercial de muy elevada organización. También produjo sus efectos culturales, convirtiendo a muchos judíos en pensadores y maestros de la astrología y la filosofía de los babilonios. No podemos poner en duda que se haya ejercido también influencia religiosa, que afectase a la teología del judaísmo. Sin embargo, las huellas de tal influencia son poco precisas. (2) Las evidencias son más definidas y pronunciadas cuando consideramos la influencia persa. De fuentes persas procedía una más precisa definición de concepciones escatológicas: cielo e infierno, la resurrección y el triunfo de la justicia. Las fuerzas y funciones del mundo de los espíritus fueron más claramente determinadas en el pensamiento judaico, después de su relación con la mentalidad religiosa persa. 3 Es significativo que el interés y expresión apocalípticos se muestren más prominentes en el judaísmo después del período persa. El judaísmo halla contacto homogéneo con el pensamiento persa en su angelología, y la desarrolla más allá de la simple concepción del Antiguo Testamento. La palabra “Paraíso”, aplicada frecuentemente al cielo, era de origen persa, como también el vocable “Satán”. La demonología del judaísmo posterior se derivó principalmente de fuentes persas. La respuesta del judaísmo a la influencia babilónica y persa fue seguramente una reacción inconsciente. Casi en todo, los judíos mantuvieron su vida y doctrina características con inflexible tenacidad. Cuando vino la restauración, los fundamentos de la religión judaica salieron intactos del valle de Mesopotamia. Los resultados de la influencia babilonicopersa fueron principalmente en nuevos modos de comprensión y en terminología. 3. Una ocasión de conflicto. La contribución al Nuevo

( 15 )

Testamento hecha por este sustrato oriental, fue más antitética que sincrética. Descubrió ciertos elementos del pensamiento cristiano en marcado relieve por el conflicto que ofrecían. La contribución positiva vino por medio del judaísmo; la negativa, por la filosofía helenística y las religiones grecoorientles. La separación entre la religión y la moral, la concepción dualista del universo, y las falsas nociones de los poderes del mundo de los espíritus, crearon confusión y complicaciones que amenazaban al mensaje cristiano, a medida que avanzaba en el mundo gentil. De

2 Véase Daiches, Jews in Babylonia, pp. 11 -29.

3 Cf. Boot, The World of Jesús, p.24.

11

hecho, a partir del segundo siglo, estos elementos orientales fueron adulterando el mensaje cristiano, pero la relación del cristianismo apostólico con el orientalismo fue principalmente antagónica. Esta es la rezón por la cual el Deán Inge ha considerado al cristianismo como la menos oriental de las grandes religiones. 4

EL FONDO JUDAICO

El mundo en que el cristianismo tuvo su origen fue esencialmente oriental, pero particular y directamente judaico. Fue oriental, porque el judaísmo era racial y fundamentalmente oriental. Sin embargo, había una distinción que colocaba al judaísmo separado del mundo oriental en general, y que exige consideración como fase independiente de la vida antigua. Del judaísmo recibió el cristianismo su mayor contenido desde el punto de vista histórico. Jesús fue judío, como Pablo y todos los primeros cristianos. La doctrina, la práctica, loa psicología y la experiencia del cristianismo del primer siglo, era predominantemente judía, aunque avanzaba constantemente con dirección al helenismo. Por tanto, no se puede comenzar a estudiar el Nuevo Testamento sin tomar en consideración su fondo judaico. Hay repetidas referencias a las distintas sectas, instituciones y costumbres que aparecieron en los

( 16 )

siglos anteriores de la historia judaica, tales como los fariseos, los saduceos, el Sanedrín, la sinagoga, etc. Fueron empleados por Jesús, modos de expresión bien establecidos y familiares, como expresiones aforísticas, discursos didácticos, y parábolas. Las ideas religiosas del judaísmo regular se adoptan o presuponen en el Nuevo Testamento; así, Dios, revelación, inmortalidad, juicio, ángeles, Mesías, etc. Las condiciones prevalecientes en la vida de Palestina se hallan en el fondo de cada versículo de los evangelios. Estas y muchas otras características requieren el conocimiento de la vida y la historia judaicas, para su correcta interpretación.

EL FONDO GRECORROMANO

La historia judía basada en su substrato oriental, es la historia de la cual procede el Nuevo Testamento, como resultado. Hay también una historia en la cual el Nuevo Testamento interviene como factor. El mesianismo de Jesús y sus seguidores había sido rechazado por el judaísmo, y la nueva religión se vio obligada a dirigirse al gran mundo fuera del judaísmo regular. Este mundo estaba constituido por mentalidades liberales del judaísmo palestino, además por el judaísmo helenístico y, finalmente, por los gentiles. Así, el campo de operaciones del cristianismo apostólico era el vasto mundo

4 Cf. Glover, op. cit,. p. 29.

12

grecorromano. La fe cristiana evangélica ve en este desarrollo, el movimiento de la providencia redentora. Llamamos al mundo gentil de esa época, “grecorromano”, porque estaba constituido por dos elementos, griego y romano. A la forma de vida producida por la combinación de estos dos elementos, la denominamos helenismo. 1. Sobre las bases orientales del gran mundo oriental había fluido la civilización griega. Fue introducida por Alejandro el Grande. Sería difícil exagerar los efectos de la conquista de Alejandro sobre el mundo del Nuevo Testamento. Pero la gran contribución

( 17 )

directa que hizo, fue poner al servicio del cristianismo la mentalidad griega con su espíritu de investigación filosófica y su expresión literariaesto es, el pensamiento y la lengua griegos. Hasta donde puede percibirlo nuestro entendimiento humano, la religión de Jesucristo nunca podría haber recibido adecuada interpretación, si no hubiese llegado a poseer el pensamiento y la expresión griegos. El Hijo de Dios podía mejor establecer su relación con el mundo a través del corazón religioso de los judíos; pero esa relación puede ser mejor interpretada y expresada por la mentalidad griega. Esta mentalidad griega se descubrió en el mismo momento en que el cristianismo se puso en contacto con la vida gentil de la época: sí, aún antes, porque la influencia helenística había afectado al judaísmo mucho más de lo que éste comprendía o confesaba. Los romanos dieron al siglo primero sus principios políticos y la administración, pero los griegos fueron los modeladores de su vida intelectual. La influencia griega dominaba a la cultura de todo el mundo civilizado. Ese mundo fue políticamente romano, culturalmente griego, socialmente pagano, religiosamente grecooriental.

2. El mundo grecooriental creado por Alejandro, había sido conquistado y

reorganizado por Roma. Pero Roma sólo cambió el aspecto exterior. La contribución romana al mundo del Nuevo Testamento fue principalmente externa. Cualquier contribución hecha al contenido esencial del pensamiento y de la vida, fue indirecta. El pensamiento y la vida del mundo mediterráneo se mantuvieron esencialmente grecoorientales. Esto, por supuesto, fue original y especialmente cierto respecto de las regiones asiáticas, pero llegó a serlo cada vez más del mundo occidental, de modo particular en los tiempos post-apostólicos. Cuando Pompeyo hizo avanzar sus legiones hacia el oriente no destruyó los resultados de la conquista de Alejandro; únicamente logró llevar la paz y la reorganización a los caóticos dominios de Alejandro, de

( 18 )

modo que el gran programa de helenización pudiese proseguir más efectivamente. El helenismo volvió a Roma con su cultura e hizo del Imperio Romano un mundo grecorromano.

13

Continuando la metáfora que hemos estado usando, el elemento oriental persistió como el sustrato y el griego como la capa superficial del mundo oriental mediterráneo, y Roma modeló y modificó los contornos. Para hablar en términos más literales, Roma organizó y administró la vida, ya constituída cuando Alejandro mezcló la cultura y la lengua griegas con la vida social y religiosa de Asia. Pero puesto que el mundo en que tuvo su origen el cristianismo era gobernado por la Roma Imperial, es valiosa e indispensable ayuda en la interpretación del Nuevo Testamento, el conocimiento del carácter del gobierno romano. Por este examen podemos descubrir que el ambiente del Nuevo Testamento se componía de dos distintos aspectos de la vida del siglo primero, que estaban relacionados íntimamente, y sin embargo, eran muy diferentes en su carácter general. Estas dos fases primarias del mundo del Nuevo Testamento se conocen como judaísmo y helenismo. El judaísmo comprende la vida, el pensamiento y la producción literaria de los judíos. Tuvo su principal centro en Jerusalem y su principal campo de operación en Palestina. El helenismo incluye los factores y condiciones del mundo gentil con el cual llegó a tener contacto el Nuevo Testamento. Lo describimos como helenismo, porque la influencia griega era dominante en la vida intelectual, social y religiosa. El judaísmo tuvo que ver principalmente con los factores que produjeron el Nuevo Testamento, mientras el medio ambiente grecorromano o helenístico, lo hizo esencialmente con las funciones ejercidas por el Nuevo Testamento y sus efectos, sobre el mundo de la época. Sin embargo, cada uno de ellos afectó tanto a la producción como a la operación del mensaje del Nuevo Testamento. En el análisis de estos factores

( 19 )

hemos encontrado que lo judaico es básicamente oriental y lo helenístico está formado por elementos griegos y romanos. Entonces, las tres contribuciones del medio ambiente histórico al Nuevo Testamento fueron la oriental por el judaísmo, y la griega y romana a través del helenismo. Los tres más grandes movimientos históricos de los siglos pasados convergen en la vida del Nuevo Testamento. El más sublime espectáculo que ofrecen los anales humanos es la forma en que Dios reunió estas tres corrientes de la historia en el inmortal pesebre de Belén, donde una virgen judía, que cumplía las exigencias de una ley romana, dio nacimiento a un niño, cuya vida en maravilloso relata habría de ser expresada en la lengua griega. Antes de que aquellos magos del distante oriente hubiesen venido de muy lejos para rendir su homenaje a recién nacido rey, se había vislumbrado una escena mucho más emocionante, cuando los judíos, griegos y romanos estuvieron invisibles alrededor de ese pesebre de Belén, reunidos allí por el silencioso estímulo de una providencia irresistible, de modo que cada uno pudiese contribuir desde su propia resplandeciente condición, a la preparación del escenario histórico en que se desenvolvería el ministerio del Redentor del mundo. Ese grupo se reunió primero en el santo pesebre, no trajo dones de oro, incienso y mirra, pero puso a los pies del niño de Belén, ofrendas mucho más ricas y duraderas que las brillantes riquezas materiales que

14

el oriente pudiese tener la esperanza de producir. Los judíos le ofrecieron los dones de la riqueza de su historia y conciencia religiosa, los griegos le trajeron una lengua expresiva y una inteligencia preparada, y los romanos le entregaron en mundo organizado.

( 20 )

15

CAPITULO II

PARTE I

EL JUDAISMO

LA TIERRA DEL JUDAÍSMO

La designación geográfica “Palestina” se ha adoptado de la nomenclatura de la administración romana, y no de la terminología judaica original. Es una corrupción de la palabra “Philistia”, y primitivamente se refirió a la porción meridional de la costa, de lo que hoy se llama Palestina. Los judíos no tenían nombre distintivo de su país, simplemente lo llamaban “la Tierra”. Para el judío era la tierra por excelencia, el don especial de Jehová a su elegido Israel. Para la mentalidad gentil no es posible apreciar plenamente el sentimiento del judío hacia esta Tierra Santa. Para él, era el divino escenario en que habría de cumplirse el plan del pacto de Jehová para con su pueblo. La tierra del judaísmo era ciertamente parte de la religión de judaísmo, porque era en un sentido particular y distintivo, “Tierra de Jehová”. 5 Era tierra de promesa y bendición divinas, de muchas sagradas tradiciones y santas hazañas, de la Ciudad Santa y del templo. No es necesario indicar que en sólo un capítulo puede ofrecerse, apenas, un sencillo esquema de la geografía de Palestina. 6

( 21 )

CARÁCTER GENERAL

Hay ciertas cuestiones relativas al país como un todo, que exigen nuestra atención primeramente. 1. Superficie. La superficie de Palestina es aproximadamente de doce a catorce

mil millas cuadradas. Su anchura hacia el norte es de case ciento diez millas y al sur, de cerca de setenta y cinco. Su longitud puede señalarse en ciento setenta y cinco millas. El estudiante fácilmente puede observar la extensión de este pequeño país, trayendo a su imaginación algún territorio de su vecindad, que tenga dimensiones comparables.

2. Límites. El límite occidental de Palestina está formado por el Mar

Mediterráneo. Por el norte se hallan las elevadas cimas de las montañas del Líbano y el Antilíbano, comprendidas en los tiempos del Nuevo Testamento en la Provincia Romana de Siria. Al oriente y al sur se extendían los mudables parajes frecuentados por

5 Cf. Fairweather, Background of the Gospels, p. 60.

6 Para un estudio completo de la geografía de Palestina, el estudiante puede consultar G. A. Smith, Historical Geography of the Holy Land; para una exposición más concisa, un espléndido manual se presenta en W. W. Smith, Student’s Historical Geography of the Holy Land.

16

los beduinos árabes y el reino de los Nabateos. Estos vecinos habían sido completamente dominados por los romanos. Al estudiar la geografía de la antigua Palestina, se determinamos sus “fronteras”, debemos recordar que el término no denota definidos límites territoriales, como en los tiempos modernos. No hubo nada semejante a una línea divisora legalmente establecida, que limitase a Palestina, o separarse sus varios distritos. No podemos hablar propiamente de la línea entre Judea y Samaria. Los diferentes distritos estaban separados por una frontera indefinida de tierra, de una a varias millas de amplitud, y reconocida como una especie de territorio común. Las “partes de Tiro y de Sidón” (Mat. 15:12) eran la frontera entre Galilea y Fenicia, ocupada tanto por judíos como por gentiles, y las “partes de Cesarea de Filipo” (Mateo 16:13), lo fueron de los dominios de Filipo. Ciertamente, para los judíos significaban mucho más el carácter y la nacionalidad de los habitantes, que los mismos límites territoriales. Muchos territorios comprendidos

( 22 )

dentro de los límites geográficos de Palestina, estaban fuera de los linderos nacionales del judaísmo. Judea, con Jerusalem en su centro, era el verdadero corazón de “la Tierra”. Sin embargo, había un amplio territorio fronterizo alrededor de Palestina, que el judaísmo consideraba, potencial y legalmente, como tierra de Israel aunque no lo fuese en realidad. Esto ayuda a explicar la actitud de la iglesia de Jerusalem hacia el cristianismo en Antioquia, y el esfuerzo del Sanedrín, por la intervención de Saulo, para extirpar el cristianismo en Damasco.

3. Clima. Palestina está situada en la gran región desértica del sudoeste de Asia,

y consecuentemente, su clima considera como muy seco. Sin embargo, su proximidad al Mar Mediterráneo modera considerablemente estas condiciones. El año palestino puede dividirse en dos estaciones: la seca y la húmeda. La estación húmeda comienza en octubre; la seca, en abril. De aquí que la mayor parte de los trabajos agrícolas se hagan durante los meses del invierno, para aprovechar la precipitación pluvial, que es de veinte a treinta pulgadas por año. La humedad era ligeramente más favorable que en los tiempos del Nuevo Testamento. En cuanto a la temperatura, el clima de Palestina es templado. Jerusalem se halla a una latitud poco más al norte de la Nueva Orleáns, Luisiana y la de Houston, Texas. La nieve es rara, aún en Galilea, excepto en las partes más elevadas. Hay repentinos cambios de temperatura, pero sin grandes oscilaciones termométricas. La temperatura media de sesenta y cinco grados; raramente se eleva a los noventa en el verano, o desciende a más de cuarenta en el invierno. Tomando el país como un todo, desde Galilea por el norte, hasta Idumea por el sur, se observa una amplia diversidad de climas, debida a variaciones de altitud y topografía, tanto como a diferencias de latitud.

4. Ciudades. Hay varias de las más importantes ciudades de Palestina con la

situación y carácter de las cuales debe estar acostumbrado el estudiante del Nuevo Testamento.

17

( 23 )

Naturalmente, la que primero atrae nuestra atención es Jerusalén. Está situada a corta distancia hacia el oriente del centro latitudinal de Judea, y exactamente al occidente del extremo superior del Mar Muerto. Se eleva como a 2,400 pies sobre el nivel del mar y está a la distancia de treinta y cuatro millas de la costa del Mar Mediterráneo. El lugar de la ciudad está cercano a la cima de la cadena montañosa central, y por tanto, su topografía es muy irregular. La serranía central de la cadena montañosa pasa exactamente al occidente de la ciudad, mientras el Monte de los Olivos se extiende hacia el oriente. De este modo, la ciudad se envuelve en una depresión triangular, limitada en tres direcciones por cumbres montañosas. Por supuesto, entre estas montañas y la ciudad, hay valles que la cercan por tres lados, y la dejan fácilmente accesible sólo por el norte. Al oriente está el Valle de Cederrón, mientras por el poniente y el sur corre el Valle Hinnom o Gehenna. Desde tiempos muy antiguos Jerusalén estaba rodeada de murallas, cuyos restos aún existen. Se daba acceso a los muros por varias puertas, cuyo número y lugar exactos aún se discuten. Dentro de los muros se situaba la ciudad sobre dos colinas, la occidental, con el Monte Sión como cumbre, era la más elevada, la más larga y la de mayor volumen; por el lado oriental se encontraba la más baja, cuya cima era el Monte Moriah, donde estaba edificado el templo. 7 Cada una de estas cumbres estaba hendida por una profunda barranca; consecuentemente, la formación física de la ciudad consistía en cuatro principales elevaciones, siendo la mayor el Monte Sión, en el extremo sudoccidental; le seguía en altura el Monte Moriah, que se hallaba enfrente del Monte Olivet. Al extremo superior del valle triangular,

( 24 )

al norte de los muros de la ciudad, se confundían en una ascendente planicie. Seis millas al sur de Jerusalén se hallaba Belén, lugar de nacimiento de nuestro Señor. En tiempos del Nuevo Testamento era apenas una aldea. Como a dos millas al oriente de Jerusalem estaba el pueblo de Betania, hogar de Lázaro y sus hermanas, devotos amigos de nuestro Señor. Aproximadamente quince millas al noreste de Jerusalén, en el borde occidental del Valle del Jordán, se alzaba la antigua ciudad de Jericó. Pensamos en seguida en Nazaret, el hogar de niñez de Jesús. Se halla situado al pie de las colinas de la baja Galilea, exactamente sobre la Llanura de Esdraelón. Por ella atravesaba uno de los más frecuentados caminos romanos, de Capernaum a la costa. Sobre el mismo camino, a cinco millas al noreste de Nazaret, estaba Caná, escenario del primer milagro de Cristo (Juan 2:1 y sgs.).

7 Lo nombres de estas dos colinas son confusos en las fuentes de información. Es posible que el monte oriental o del templo se llamase tanto Moriah como Sión. La opinión tradicional es la aceptada aquí, pero para la contraria, véase, Int. St. Bíb. Ency. Art. “Temple”.

18

La mayor parte del ministerio activo de Jesús se desenvolvió alrededor de Capernaum. Era el puerto de entrada, cobre la Via Maris, a los dominios de Herodes Antipas. Por su puesto de peaje se efectuaba un vasto comercio de importación y exportación. El puesto de Mateo como recaudador del peaje en este lugar, era lucrativo e importantepero, precisamente por ser tan provechoso y prominente, el más despreciado por los fieles judíos. El lugar exacto de la ciudad aún se discute, pero en general podemos decir que se hallaba situado cerca del extremo norte del Mar de Galilea, al oeste del Jordán. Era, ciertamente, una ciudad de considerable tamaño e importancia. En la vecindad de Capernaum estaban Betsaida y Corazín. Betsaida era el suburbio meridional de Capernaum, situada exactamente debajo de la anterior, sobre el Mar de Galilea. Corazín probablemente se alojaba en las montañas al norte de Capernaum. No eran pueblos de gran tamaño, pero deben haber sido muy influyentes como lugares de comercio.

( 25 )

Hacia el extremo meridional del Mar de Galilea se hallaban Dalmanuta y Magdala. “Las casas y las calles de estos lugares debemos pintárnoslos semejantes a los del Oriente de nuestros días, y no según la analogía de la arquitectura grecorromana.” 8 Pero cuando llegamos a Tiberias, situada a la mitad del camino de la orilla occidental del Mar de Galilea, nos encontramos una ciudad edificada según los modelos griegos y romanos, y por tanto, detestable para los judíos. Herodes Antipas la había edificado como su capital, y le dio su nombre en honor del emperador entonces reinante. El pueblo de Tariquea, que se levantaba cerca de la costa del Mar de Galilea al sur de Tiberias, era el centro principal de comercio de pescado. En esta porción del lago, numerosos pescadores arrojaban constantemente sus redes, y se hacía de Tariquea un gran exportación de pescado. Son de interés para el estudiante del Nuevo Testamento, dos ciudades de la costa. Cesarea, aproximadamente a sesenta millas al noroeste de Jerusalem, edificada por Herodes y llamada por el nombre de su patrono romano. Era una ciudad completamente helenística, y consecuentemente, desdeñada por los judíos. Al noroeste de Jerusalem y como a cuarenta millas de distancia, estaba Joppe, dominada por la influencia judaica. Estas ciudades tuvieron importante papel en la historia del cristianismo primitivo.

5. Caminos. Palestina en los tiempos del Nuevo Testamento estaba atravesada

por numerosas carreteras. Algunas de estas fueron pavimentadas por los romanos, y restos de ese pavimento se conservan hasta nuestros días. Sin embargo, muy probablemente no hubo camino alguno pavimentado en tiempo de Cristo. Pero al menos los principales se mantuvieron bajo la vigilancia romana.

8 Hausrath, Time of Jesus. Vol. I, p.5.

19

Hubo cuatro caminos principales. extremo sudoccidental. Uno

Dos de ellos conectados con Gaza, en el

( 26 )

se dirigía al noreste de Gaza, pasando por Hebrón y Belén hasta Jerusalem, de allí por Betania y Jericó cruzaba el Jordán, por la planicie oriental hasta Damasco. De este camino se separaba un ramal en la región de Decápolis, cruzaba el Jordán al sur del Mar de Galilea y se dirigía a Capernaum. Fue este camino por el lado oriental del Jordán, el que seguían los judíos que iban de Jerusalem a Capernaum, para evitar el paso por la despreciable Samaria. El segundo camino de Gaza seguía directamente hacia el norte, a lo largo de la costa, por Jamnia, Joppe, Cesarea y Tolemaida hasta Tiro. Este era el principal camino por la Llanura Marítima. Dos ramales llevaban de Lydda a Jerusalem, uno por Bethlorón y el otro por Meaux. El tercer camino importante era la ruta directa de Jerusalem a Capernaum, pasando por la cima de la cadena montañosa central, camino de Sichem: que Jesús recorría cuando se atrajo a la mujer samaritana. La mayor de las carreteras de Palestina era la Via Maris, “Camino del Mar”. Indudablemente Jesús jugó a su vera cuando niño. Partía de Damasco, cruzaba el Jordán entre el Mar de Galilea y Huleh, pasaba por Capernaum y Nazaret hacia la Llanura de Esdraelón y bordeaba las colinas de Galilea hasta Tolemaida. Este fue el camino más grandemente utilizado para ir de Damasco al mar. Era conservado por el gobierno romano y se cobraba un impuesto por todas las mercaderías que por él se transportaban. En tal “receptoría del impuesto” estaba Mateo cuando Jesús lo llamó para ser su discípulo. Hubo, naturalmente, un gran número de caminos subsidarios que se desprendían de estos principales y conectaban a todos los lugares de Palestina. Estos ramales corresponden a lo que llamamos caminos vecinales o laterales. Además hubo una tercera clase de comunicación, transitable por aquellos que lo hacían caminando o cabalgando, pero que era accesible raramente al transporte por medio de vehículos. Estos pueden llamarse senderos. Así pues,

( 27 )

podemos clasificar los caminos de Palestina en el siglos primero, como carreteras, caminos vecinales o laterales, y senderos.

REGIONES FISICOGEOGRAFICAS

La topografía de Palestina está definida por cuatro caracteres físicos distintos. Estos caracteres son la Costa del Mar Mediterráneo, las Montañas del Líbano con sus prolongaciones hacia el sur, el Valle del Jordán y las Montañas del Antilíbano con sus prolongaciones hacia el sur.

20

La costa de Palestina es desconcertantemente regular. El único accidente de alguna consideración en toda su longitud, es la Bahía de Acre, y apenas ligeramente protegida del mar. Al sur del Carmelo, la línea de la costa es prácticamente recta y no ofrece sitio alguno de refugio natural. Pero al norte del Carmelo hay cierto número de pequeñas salientes de tierra, que en tiempos antiguos proveyeron suficiente abrigo para las pequeñas embarcaciones que se usaban, y así proporcionaban el equipo natural para las actividades marítimas de los Fenicios. Las Montañas del Líbano y el Antilíbano son secciones de una larga cordillera que se desprende de los Montes Cáucaso. Las alturas del Líbano descienden sin interrupción hasta la Península de Sinaí, con dos suspensiones, una en la Llanura de Esdraelón y la otra en el Desierto de Parán. El Antilíbano se hunde abruptamente desde el Monte Hermón hasta la Llanura de Basán, para elevarse a las mesetas de Galaad y de Moab, y desde ahí la serranía gradualmente desciende hasta perderse en escasas colinas de pequeña elevación, en el extremo sudoeste del Desierto de Arabia. Entre los Montes Líbano y el Antilíbano se extiende una gran depresión que forma el Valle del Jordán. Comienza donde el nudo montañoso se divide muy al norte de Palestina, desciende tres mil pies en una distancia de ciento treinta y cinco millas

( 28 )

hasta el Mar Muerto, mil trescientos pies abajo el nivel del mar en la superficie, luego se eleva aproximadamente mil seiscientos pies, a trescientos del nivel del mar, y entonces desciende gradualmente hasta el Golfo de Akabah. Estas grandes regiones físicas se dividen en más pequeñas secciones, por formaciones naturales. La cordillera del Líbano en su curso meridional se aparta constantemente del mar, abandonando la Llanura Marítima. Se quiebra en el centro de palestina por la Llanura de Esdraelón, que forma una región natural en sí misma y además, divide a la cordillera nartural en sí misma y además, divide a la cordillera del Líbano en Región Montañosa del Norte y Región Montañosa del Centro. El Valle del Jordán forma por sí mismo otra región natural, y después de él se extiende la Antiplanicie Oriental. De este modo Palestina física se divide en seis regiones naturales. 1. La Llanura Marítima. Está formada por el ensanchamiento de la costa desde el punto donde el Monte Carmelo penetra al mar. Las colinas se arrojan hacia el mar otra vez, exactamente al sur de Joppe y dividen a esta llanura en dos partes. La porción norte es la famosa Llanura de Sarón, y la del sur es la Llanura Filistea. Sarón mide un promedio de diez millas de anchura y como cuarenta y cuatro de longitud. El promedio de anchura de la Llanura Filistea es de doce y media millas y de casi cien de largo. En esta fértil Planicia vivieron las tribus filisteas, enemigos seculares de Israel.

2. Región Montañosa Central. En su punto más septentrional, la Región

Montañosa Central se eleva hasta la cima del Monte Carmelo, a mil setecientos cuarenta y dos pies sobre el nivel del mar en su punto más elevado. El Monte Carmelo no es un

21

pico, sino una larga y estrecha serranía, que se alza abruptamente desde la costa, en su parte occidental, y hacia el oriente desciende gradualmente a la Llanura de Dotan. En el desprendimiento noreste de la Región Montañosa Central se halla el Monte Gilboa, alta cima que se levanta a mil seiscientos noventa

( 29 )

y ocho pies sobre el nivel del mar. La Llanura de Dotan es una enorme cuenca, situada en el extremo norte de la Región Montañosa Central, a una altitud de casi mil pies sobre el nivel del mar. Al noroeste se levantan las pendientes inferiores de Monte Caramelo, al noreste las de Gilboa y hacia el sur las del Ebal. La siguiente interrupción de la cordillera central se extiende a diez millas al sur de la Llanura de Dotan. Es el Valle de Sichem, con el Monte Ebal de tres mil setenta y seis pies de altura, por un lado, y por el otro, el Monte Gerizim (lugar del templo samaritano) de dos mil ochocientos cincuenta pies de altitud. Al sur del Gerizim la cordillera es más regular, con muy escasas elevaciones. Su altitud alcanza una gran elevación en dos puntos: uno en Jerusalem, donde es de dos mil quinientos noventa y

tres pies, y el otro en Hebrón, en que llega a tres mil trescientos cincuenta pies sobre el nivel del mareste es el punto más elevado de la Región Montañosa Central. La porción meridional de esta región se inclina hacia el occidente en una serie de colinas, conocidas como Shefelah, y por el oriente se pierde en un áspero descenso hacia el Mar Muerto.

3. La Llanura de Esdraelón. La cordillera del Líbano se ve interrumpida en la

Galilea Meridional por una ancha depresión, cuya parte central y más importante es la Llanura de Esdraelón, como de nueve millas de ancho. En su extremo noroeste la Llanura de Esdraelón se cierra en un estrecho valle por estribaciones de las colinas de Galilea. Desde este valle la Planicie de Acre se abre hacia el mar como un abanico, y extiende un brazo como de cuarenta millas hacia el norte. Esta extensión septentrional de Acre forma una estrecha llanura costera de pocas millas de anchura, que se ha llamado algunas veces Llanura Fenicia. Por su lado oriental, Esdraelón se cierra al sur por el Monte Gilboa, y al norte, por el Pequeño Hermón, con el estrecho Valle de Jezreel entre ambos, abierto hacia el Valle del Jordán. Algunos

( 30 )

llaman a toda la depresión, desde la Planicie de Acre hasta el Jordán, Valle de Jezreel.

4. La Región Montañosa del Norte. Esta división está formada por las Montañas

del Líbano y el Antilíbano y las de Galilea. Las montañas de Galilea son en realidad, las faldas de la cordillera del Líbano. En tiempos de Jesús estaban cubiertas de frondosos bosques. 9 El punto de mayor elevación de la Cordillera del Líbano se halla a gran distancia en territorio de Siria, donde alcanza una altitud de más de diez mil pies.

9 Hausrath, op. cit. Vol. I, p.5.

22

El accidente geográfico más importante del Antilíbano es el Monte Hermón con sus tres cubres, la mayor con una altura de nueve mil doscientos pies sobre el nivel del mar. Debido a las grandes diferencias de temperatura entre la altura del Hermón y los bajos valles que lo rodean, se condensa gran cantidad de humedad de la atmósfera, dando

lugar a los “rocíos de Hermón”. Las montañas en la Galilea superior se levantan a una altura de cuatro mil pies, pero bajan el la Galilea inferior hasta una altura promedio de mil pies o menos.

5. El Valle del Jordán. Es este Valle la depresión que existe entre las

estribaciones meridionales del Líbano y del Antilíbano, por la cual corre el Río Jordán. Es de una anchura muy irregular, que varía desde una estrecha garganta entre el Lago

Huleh y el Mar de Galilea, hasta catorce millas de anchura en Jericó. La corriente principal del Río Jordán se forma con las aguas de cuatro grandes tributarios y de numerosos pequeños, y brota de sus manantiales al pie del Monte Hermón. Cerca de su nacimiento la corriente fluye a través de un espeso pantano, lleno de abundante vegetación. En su extremo inferior este pantano se abre en el Lago Huleh (las antiguas Aguas de Merom), de donde se precipita por una profunda garganta, en rápido descenso, salando seiscientos ochenta pies en nueve millas, y luego corre tranquilamente hacia el Mar de Galilea.

( 31 )

El Mar de Galilea es de aproximadamente doce millas de longitud por seis de anchura (ocho en lo más ancho) y se halla a seiscientos ochenta y dos pies bajo nivel del mar. En el norte hay un delta, formado por los aluviones del Jordán y hacia el norte de la mitad de su borde occidental existe una llanura costera, la Llanura de Genezaret, de ocho millas de largo por cuatro de ancho. En el extremo meridional del Mar de Galilea se halla la continuación del Valle del Jordán, que alcanza cuatro millas de ancho en este lugar. El lago se halla cercado por todas partes por las escarpadas laderas de las abruptas colinas. Especialmente en el lado oriental, son escarpadas las costas. Desde el Mar de Galilea el Río Jordán se mueve rápidamente en su curso hasta el Mar Muerto, descendiendo seiscientos diez pies en las setenta millas que hay entre los dos mares. Su anchura varía entre noventa y cien pies, y su profundidad entre tres y doce. La corriente es rápida y sinuosa, y sus aguas turbias. El Jordán se vacía en el Mar Muerto, que se halla como a mil trescientos pies bajo el nivel del mar, en su superficie, y alcanza una profundidad aproximada de mil trescientos pies en su parte más profunda. Es de cuarenta y seis millas de largo y de diez de ancho. Sus riberas al oriente, al sur y al occidente son las laderas de las montañas que lo rodean. Del lado oriental se proyecta un promontorio en forma de bota, como de cincuenta pies de altura y bordeado por una barra arenosa. Debido a que no tiene desagüe, las aguas del Mar Muerto están saturadas de minerales.

6. La Altiplanicie Oriental. La cordillera del Antilíbano no desciende por

colinas y más bajas serranías como el Líbano, sino que se vierte en una áspera planicie, cortada en tres principales divisiones por ríos que han surcado su superficie. La primera

23

división es la Llanura de Basán, con el río Yarmuk en su borde meridional. Sigue el Monte Galaad, cortado

( 32 )

en dos por el río Jaboc. El Monte Galaad es de cerca de dos mil pies de altura en su punto más elevado, y es excesivamente fértil y fructífero. Al oriente del Mar Muerto se halan las planicies de Moab, que son tan prominentes en la historia del Antiguo Testamento. Así se nos presentan las regiones naturales del más famoso solar de toda la tierra. Desde llanuras costeras de Filistia, Sarón y Acra, se eleva hasta la cresta de una cordillera, trozada por Esdraelón y el Valle de Sichem, luego se sumerge en la profunda hendedura del Valle del Jordán, asciende por el lado oriental a las abruptas mesetas de Basán, Galaad y Moab, y declina en las áridas extensiones del desierto de Arabia.

DIVISIONES POLÍTICAS

La historia política de Palestina se combina con sus accidentes físicos para formar ciertas divisiones que han influido grandemente en su vida civil, social y religiosa.

Designamos a estas divisiones con los nombres territoriales de Judea, Samaria, Galilea, Perea, y un grupo de pequeñas comarcas que señalaremos como Palestina Nororiental y Decápolis.

1. Judea. Esta fue siempre el corazón de la nación israelita. Fue el primer

territorio conquistado por Josué, el escenario de los principales acontecimientos de la

historia hebrea; comprendía el asiento de la Ciudad Santa, Jerusalem, y fue el centro de la Restauración. Así llegó a ser preminentemente la patria de los judíos, y el centro que radió la dominante influencia judaica. En tiempos del Nuevo Testamento Jerusalem fue la plaza fuerte del judaísmo. Era la principal fuente de la tradición aceptada y centro de la autoridad rabínica. El nombre Judea es una corrupción de Judá, y se aplicó al territorio, porque la tribu de ese nombre era la principal poseedora de esa región.

2. Samaria. Después de la caída del Reino Septentrional de Israel, de acuerdo

con las costumbres de

( 33 )

los conquistadores asirios, los pueblos vencidos fueron deportados, y en su lugar el país fue colonizado con tribus gentiles. Los colonos se mezclaron con el resto de los hebreos que los conquistadores habían dejado en la tierra, cuyo número sin duda era considerable, y las costumbres de los hebreos se corrompieron por influencias paganas. Los dispersos y derrotados israelitas habían perdido su dirección religiosapor pequeña que haya sidoy sus esperanzas e ideales raciales característicos parecían perdidos más allá de toda redención; consecuentemente, se unieron en matrimonio con los inmigrantes paganos y produjeron una raza híbrida. En tiempos de la restauración,

24

cuando estos israelitas apóstatas de Samaria y sus parientes híbridos quisieron unirse en la reconstrucción de la santa nación de Jehová, fueron terminantemente rechazados como indignos. La enemistad resultante persistía entre las dos razas en tiempo de Cristo y los apóstoles. La gran mayoría de los samaritanos eran descendientes de Abraham, y tenían una religión muy semejante a la de los judíos. Su pretensión era la de que eran verdaderos descendientes de los patriarcas hebreos, razón por la cual la samaritana en su conversación con Jesús se refirió a “nuestro padre Jacob” (Juan 4:12). Después de ser rechazados por los judíos en Jerusalem, edificaron su propio templo a Jehová en el Monte Gerizim, y allí mantuvieron su culto hasta que su santuario fue destruido por Juan Hircano en 128 A. C. En la actualidad sobreviven restos de esa raza. 3. Galilea. Después de la victoriosa campaña de Josué en el norte, en el extremo septentrional de Canaan estableció a la tribu de Nephtalí (Josué 20:7). Pero Nephtalí no tuvo éxito al sojuzgar y expulsar a los gentiles nativos (Jueces 1:33). De donde esta región llegó a conocerse como “el distrito de los gentiles”. La palabra hebrea que significa distrito es galilah, de donde surgió el nombre; primero galilah haggoyim, “Galilea de los gentiles”, después se suprimió

( 34 )

haggoyim, dejando solamente “Galilah” como un nombre propio, que llegó a ser Galilaia en griego y Galilea en español. Al principio el nombre sólo se aplicó a las posesiones de Neptalí, ahora la Galilea superior; pero más tarde se extendió hasta comprender a las posesiones Zabulón e Isacar, alcanzando hasta el borde meridional de Esdraelón. Este territorio siempre estuvo en disputa entre los israelitas y sus enemigos paganos. Durante la restauración no hubo sino pocos judíos que se establecieron en Galilea. Correspondió a uno de los príncipes Asmoneos, Juan Hircano (135-105 A.C.) establecer realmente el dominio de los judíos en esta sección de la tierra prometida. En tiempos de nuestro Salvador, bien podía describirse como territorio judío, pero estaba habitado aún por muchos más gentiles que por judíos, y la población judía era más liberal en sus actitud. “Separados de la estéril tierra de levitas y rabinos por los samaritanos intermedios, menos contaminados por el intenso sectarismo que allí prevalecía, menos endurecidos en la ortodoxia judaica, y en muchas formas influidos por sus abundantes relaciones extranjeras, los galileos no habían llegado a adquirir ese carácter estrechamente exclusivista que generalmente era el producto del judaísmo.” 10 Fue por esta razón por la que Jesús pudo proseguir su ministerio con más libertad en Galilea que en Judea. Por el judaísmo regular de Judea, Galilea era considerada corrompida por la ocupación gentil e indigna de los más altos privilegios de Israel. Esto nos ayuda a comprender la actitud de los fariseos hacia las pretensiones mesiánicas de Jesús.

10 Hausrarth, op. cit. Vol. I, p.11.

25

4. Perea. Pasamos ahora al lado oriente del Jordán. En los tiempos del Nuevo

testamento esto significa más que el cruzar simplemente una pequeña corriente de unos cuantos pies de anchura. Era la entrada a un círculo de vida y de historia diferentes. Israel nunca había tenido firme dominio, religioso o político, en las regiones

transjordánicas. Este territorio

( 35 )

siempre estuvo expuesto a las incursiones gentiles, y consecuentemente, nunca fue del todo judío, como Judea. Fue puesto bajo el dominio judaico por los Asmoneos, y tuvo una población predominantemente judía en el primer siglo de nuestra era. Así proveyó un camino por un territorio relativamente judío, que los judíos pudieron utilizar y evitarse el paso por la despreciada Samaria.

5. Palestina Nororiental. No tenemos nombre más definido que éste para

designar a esta región. Es la porción de Palestina que se extiende al oriente del Mar de Galilea y al norte de Perea. Incluye varios distritos de límites indefinidos. Estos distritos son Gaulonitis, Iturea, Suranitis, Trachonitis y Batanea. Sólo hubo algunos judíos dispersos por este territorio, y vivían principalmente en la porción occidental, cerca del Mar de Galilea. Los habitantes eran un grupo salvaje y merodeador, que dio mucho que hacer a sus gobernantes. Herodes los había sojuzgado por la fuerza en varias ocasiones, pero halló gran dificultad en mantenerlos sujetos, auque tenía la comarca cuidadosamente vigilada. En la época de Cristo la región era gobernada por Filipo, que había tenido mayor éxito que su padre en el dominio de estas salvajes tribus gentiles.

6. Decápolis. La región de Decápolis, las “diez ciudades”, comprendía una gran

porción de la Palestina Nororiental, pero se extendía entre Perea y Galilea. Decápolis era una especie de liga municipal, que consistió originalmente de diez ciudades griegas (de aquí el nombre: dekápolis, diez ciudades), unidas en una especie de confederación, que conservaban su carácter y costumbres paganas y recibían protección especial del gobierno romano. Pos supuesto, eran despreciadas por los judíos como intrusos sin ley. En el período del Nuevo Testamento hubo más de diez de estas ciudades, aun cuando siguieron refiriéndose a ellas como “Decápolis”. Nunca se ha acertado acerca del nombre y situación de las primeras diez ciudades, pero probablemente una lista correcta

( 36 )

incluiría Damasco, Filadelfia, Rafana, Escitópolis, Gadara, Hippos, Dios, Pella, Gerasay Canatha. 11

( 37 )

11 Esta es una antigua lista dada por el escritor latino Plinio, y se considera la mejor por Schuerer. Cf. The Jewish People in the Time of Jesus Christ, Div. II, Vol. I, p. 95. Véase una lista ligeramente diferente en Huribut, Bible Atlas, p. 102.

26

CAPITULO III

LA LITERATURA DEL JUDAÍSMO

Nos ocupamos en este capítulo de la actividad literaria del pueblo judío después de la época de Esdras hasta el siglo primero de la era cristiana, inclusive. La producción literaria de los judíos, que corresponde a este período, se conoce bajo la amplia y general denominación de “Literatura Judía”. Pero el empleo de este título incluye lógicamente al Nuevo Testamento, juntamente con los demás escritos judaicos. De aquí que denotar con ese nombre la literatura, excluido el Nuevo Testamento, exige una denominación más restringida. Conviene exactamente a este propósito el título Literatura del Judaísmo”, por dos razones: (1) Esta literatura es la expresión sobreviviente de ese tipo de vida del primero y segundo siglos antes y después de Cristo, universalmente reconocido bajo la denominación de “Judaísmo”. (2) Este vocablo necesariamente excluye al Nuevo Testamento, porque no obstante lo intima que se pueda considerar la relación entre el cristianismo del primer siglo y el judaísmo, realmente no se estimaría al Nuevo Testamento comprendido en el término “Literatura del Judaísmo”. Tenemos aquí frente a nosotros, a las principales fuentes documentales de las que hemos de deducir las noticias históricas que han de seguirse. Así, pues, es bueno que en este punto nuestra atención se vuelva hacia la literatura. Existe la impresión popular de que después de los escritos de Malaquías no se hizo esfuerzo literario alguno importante por el pueblo escogido de Jehová, sino hasta que los apóstoles de Jesús comenzaron a escribir los libros del Nuevo Testamento. Esta impresión se aleja de los hechos. Algunas de las más delicadas

( 38 )

producciones del celo religioso hebreo corresponden al período comprendido entre los dos Testamentos y contemporáneo al Nuevo. Hubo razones históricas e intrínsecas para no haber incluido esos escritos en el Antiguo Testamento; pero su carácter general como literatura religiosa es, en algunos, superlativo. Muchos de estos libros están comprendidos en el canon de la Vulgata Católica Romana, y constituyen lo que se conoce como Apocrypha (libros apócrifos, N.T.). El origen de este título no es claramente conocido. La palabrea es una transliteración del neutro plural del objetivo griego apokryphos, que significa “oculto, encubierto”. Su significación muy seguramente no es de origen hebreo. Había una frase hebrea aplicada al Antiguo Testamento, que podría traducirse “libros ocultos”, pero la expresión se empleaba para indicar los mejores de los libros canónicos y realmente quiere decir, los guardados como un tesoro, preciosos, extraordinariamente sagrados. La explicación más verosímil es que el término es de origen cristiano. Hubo libros utilizados por algunas de las sectas heréticas del primitivo cristianismo, esotéricas y escéticas en sus prácticas, y cuyos libros se mantenían secretos. De aquí que llegasen a ser conocidos

27

como Apokrypha, libros escondidos o secretos. Estas obras heréticas fueron enérgicamente condenadas por el cristianismo ortodoxo, y por tanto, la expresión apokrypha llegó a significar libros excluidos del canon. El término, primitivamente se aplicó a los escritos cristianos, y en el transcurso del tiempo llegó a denotar a los libros no reconocidos como comprendidos en el canon del Antiguo Testamento. Parece haber sido empleado con esta acepción desde los tiempos de Orígenes. En términos generales, podemos decir que los apócrifos son aquellos libros de la Vulgata Latina no contenidos en el canon hebreo del Antiguo Testamento. Es difícil establecer límites definidos, porque no se ha acordado una norma fija para determinación.

( 39 )

El número de libros de la Septuaginta (Antiguo Testamento Griego) difiere del canon de la actual Iglesia Romana. Pero como son generalmente conocidos, los apócrifos son diez libros separados, una adición al Libro de Esther y tres adiciones al de Danielcatorce en total. El mundo cristiano nunca se ha puesto de acuerdo sobre el valor y autoridad de los apócrifos. En el siglo primero los judíos cristianos de Palestina probablemente no los aceptaron como iguales a los otros libros del Antiguo Testamento. Fuera de Palestina se tuvieron en gran favor por los cristianos, especialmente después de iniciarse el siglo segundo pero el cristianismo nunca ha dado muy unánime reconocimiento al carácter canónico de estos libros. El concilio ecuménico de Cartago celebrado en 397, les dio carácter formal al declararlos canónicos, pero aún así no obtuvieron aceptación universal. Durante la Reforma se resucitó la cuestión y las confesiones de fe protestantes, aunque diferían en cuanto al valor de los libros apócrifos de acuerdo en rechazar su inspiración. Algunos de los representantes de la Reforma añadieron valor a los apócrifos como instrumentos de edificación, aunque no los consideraron como escritura autorizada y fuente válida de doctrina. 12 Ciertamente, es digno de consideración su valor edificador, pero en lo que principalmente son valiosos para nosotros, es en la luz que arrojan sobre la preparación del judaísmo para la venida de Cristo. El catolicismo romano aún los mantiene como canónicos, y por lo mismo, inspirados. Además de los apócrifos, se conoce como Pseudepigrapha a un extenso grupo de producciones literarias judías. Los días de la profecía atrevida y original, habían terminado con Malaquías. Ya no había suficiente valor de los dirigentes religiosos para que

( 40 )

12 Los Treinta y Nueve Artículos, Credo de la Reforma Anglicana, declaran que los Libros Apócrifos no pueden usarse “para establecer una doctrina”, pero “pueden ser leídos como ejemplo para la vida y como enseñanza de conducta” (Artículo VI).

28

con su propio nombre, alguno levantase su voz y hablase en nombre de Jehová. Consecuentemente, escribían con los nobres de famosos e influyentes caudillos del pasado, como Enoch, Noé, Elías, Bauch, Esdras y otros. Estos documentos constituyen los llamados Pseudepigrapha.

Nada mejor puede hacerse por un estudiante de Nuevo Testamento, que introducirlo a este amplio e importante campo de investigación. El breve esquema que hemos hecho no es sino una escueta introducción. 13 La discusión del asunto puede presentarse mejor bajo tres encabezados: los factores creadores en la experiencia del pueblo judío, que inspiraron la producción de esta literatura; los centros geográficos alrededor de los cuales se acumuló este esfuerzo literario; y una perspectiva general de

la literatura en sus diferentes tipos.

FACTORES CREADORES

No es posible apreciar la literatura de este período sin alguna comprensión de los propósitos que alentaba la mente de los escritores. Algunos de los más profundos impulsos del corazón humano buscan hallar expresión en estos escritos. Toda la pasión del fervor religioso y el sentimiento del martirio se escuchan en esta literatura. Se necesitaría una investigación en la historia de cada documento particular, para tratar este asunto en forma exhausta; pero es posible en forma breve hacer una revista general de los caracteres principales y comunes. 1. Intensa Devoción a la Ley y al Culto de Jehová. La cautividad había enseñado

a los judíos una gran lección. Fue el descuido del culto prescrito de Jehová, lo que produjo gran calamidad, y alejados en Babilonia, ausentes de Jerusalem y del templo, el mantenimiento de su culto llegó a ser excesivamente difícil.

( 41 )

El resto del pueblo que permaneció fiel a sus tradiciones, celebró con gran gozo el privilegio que les concedió Ciro de volver a su propio país. Así hubo un grupo

conforme que se entregó a la dirección e influencia de Zorobabel, Nehemías y Esdras en

la restauración. Esta población restaurada de Palestina, formada principalmente por la

tribu de Judá, era profundamente devota de la tradición y de la enseñanza de los padres. Para ellos la ley de Moisés y los ritos levíticos representaban los más altos intereses de

la vida.

Los judíos estrictos y leales creían que la única esperanza del mundo residía en el legalismo judaico. Uno de los hechos más característicos del esperado programa mesiánico era que el Mesías llamaría al mundo a ajustarse a la ley, según interpretaba esta Ley la escuela rabínica del judaísmo. Esto es, que el Mesías habría de ser una especie de segundo Moisés. Esta devoción al legalismo prácticamente coloreó todo el

13 Para un amplio pero más detallado estudio véase Grant, Between the Testaments, pp. 109-146; para una exposición abundante y completa, véase Schuerer, Jewish People in the Time Jesus Christ, Div. II, Vol III.

29

esfuerzo literario de este período. Por supuesto, algunos escritos fueron más intensamente legalistas que otros, pero en todos había un evidente respeto por la ley. Esto no era por sí mismo motivo de reprensión. El error de los judíos estaba no en tener una elevada consideración para la ley, sino en buscar una aplicación artificial y forzada de la ley. 14 La nota legalista en su literatura no es siempre un defecto; de hecho, con frecuencia constituye una virtud. 2. La Persecución por las Naciones Paganas. El exclusivismo racial y religioso de los judíos los había sujetado a intenso prejuicio y odio en toda su historia. En ningún período fue esta oposición más severa que en el período que consideramos. Mientras Palestina estuvo bajo el dominio de los Ptolomeos

( 42 )

de Egipto, disfrutaron de libertad religiosa en gran medida, pero los reyes sirios procuraron quebrantar esta obstinada lealtad a las tradiciones y prácticas de su raza, y obligarlos a adoptar la cultura y las costumbres de sus conquistadores griegos. Una gran parte de la nación se rehusó a ser helenizada, y como consecuencia sufrieron inconcebibles extremos de persecución. En medio de sus terrores tuvieron su origen algunos de los escritos mejores de la literatura del judaísmo. Hace eco al profundo dolor de un pueblo despreciado y burlado. Algunos de los tono más ricos del sentimiento religioso nunca antes producidos por los judíos, han de hallarse en los Salmos compuestos en estas horas de crisis nacional. 3. Tendencia de los Judíos Liberales de Contemporizar. Aquí se encuentra la causa del más intenso antagonismo que jamás haya experimentado la vida judía. Lealtad al judaísmo tradicional nunca fue muy unánime, aún entre los judíos de la restauración. Especialmente después de las campañas de Alejandro y de la agresiva propaganda de los gobernantes sirios, se desarrolló entre los judíos una enérgica corriente helenística, y los fervientes mantenedores de la religión nacional se levantaron en vigorosa protesta contra la amenazante apostasía. Entre los judíos el patriotismo y la religión eran una misma cosa. La nación era objeto del favor divino, y su historia nacional formada un elemento importante en sus escrituras. Sus tradiciones eran, en un sentido peculiar, el relato de la revelación que Dios les había hecho de sí mismo. Defender a Israel contra la penetración de las influencias paganas era servir a Jehová directamente, porque Israel era la obra de Jehová, especialmente favorecida. La Ciudad Santa era la capital de la nación, y el templo en que adoraban, el centro nacional. Por esto, sobre todo otra exigencia de la vida, el judío fiel sentía ser su obligación el conservar intactas las costumbres y tradiciones de su nación.

( 43 )

14 El Profesor E.F. Scott observa correctamente “Con demasiada frecuencia pensamos solamente en la protesta que el cristianismo presentó a la ley, pero también debemos recordar que el cristianismo brotó del suelo de la ley, y derivó de ell a algunos de los más preciosos elementos.” (First Age of Christianity, p. 39)

30

Aquellos se mantuvieron leales al judaísmo tradicional eran conocidos como los “justos”, mientras los que se entregaban a las tendencias helenísticas eran llamados “pecadores”. Muchos indicios de este conflicto se hallarán en la literatura de este período. Esto es al mismo tiempo patriótico y religioso, porque el patriotismo y la religión eran una misma cosa para los judíos. Sin embargo, la literatura del judaísmo por ningún concepto es exclusivista, sectaria y nacionalista totalmente. En mucho de ella se refleja un interés verdaderamente altruísta. Mientras en todas partes es evidente que deseaban ver a todas las naciones de la tierra unidas bajo la influencia del judaísmo, es claro, al mismo tiempo, que, en su concepto, esto sería para el inconmensurable provecho del mundo. Esta era la actitud de los mejores espíritus de la nación, mientras para unos, esta opinión no era de ninguna manera la de todo el judaísmo, para otros, era totalmente indiferente el destino del mundo gentil. El curso de la historia subsecuente ha demostrado que los judíos estaban en los justo, en cuanto a la esencia de esta doctrina, aún cuando estaban equivocados en su idea acerca de su aplicación. El singular y más grande beneficio que el mundo ha recibido se ha derivado de una religión que tuvo su origen con un judío y con sus seguidores judíos. Dios nunca dejó de trabajar en la conciencia nacional de Israel preparando la venida de su Hijo, y las huellas de sus manos pueden encontrarse en mucha de la literatura del judaísmo. Refleja elevadas concepciones de las manifestaciones de la vida humana, y un interés en esas manifestaciones, verdaderamente no egoísta.

CENTROS GEOGRAFICOS

Aunque el judaísmo regular siempre tuvo su gran fortaleza en Jerusalem, hubo mucho del judaísmo que se desarrolló fuera de Palestina. No nos interesa

( 44 )

aquí, el del Valle de Mesopotamia, porque sólo remotamente afectó al Nuevo Testamento, y no produjo literatura alguna notable. Los dos lugares que merecen considerarse aquí son Jerusalem y Alejandría. 1. Jerusalem. En Palestina y principalmente en Jerusalem, tuvo su origen esa literatura que más contribuyó a modelar el mundo al que vino Jesús. No representaba la parte más importante de la literatura del judaísmo considerada en conjunto, porque la inmensa mayoría se escribió por los judíos de Alejandría, pero fue la más distintivamente judaica y ejerció la mayor influencia en el desenvolvimiento del judaísmo como tal. Fue objeto mínimo de la influencia del pensamiento y la literatura griegos, y por ello representa muy bien la potencia de aquellos intereses que se expusieron en la precedente sección. Probablemente fue escrita toda en hebreo (o

31

arameo) 15 y estaba muy cerca del verdadero corazón del pueblo judío. Representa muy correctamente el verdadero contenido de pensamiento del judaísmo. En ella la vida y la conciencia judías encuentran su expresión libre, sin adulteraciones. Consecuentemente, para el estudiante del Nuevo Testamento, la literatura más importante de este período es

la que se escribió en Palestina.

2. Alejandría. Aunque la literatura palestina es de mayor importancia para el estudio del Nuevo Testamento, la gran producción literaria de Alejandría y sus

alrededores, sin embargo, de ninguna manera carece de importancia, y al mismo tiempo

es grandemente interesante. Esta literatura llegó a ser menos judía y más griega hasta

que, por la época de Filón, tenemos filosofía griega interpretada desde un punto de vista judío. Hay cuatro representativos de la literatura judío-alejandrina, que marcan períodos de desarrollo hacia el tipo helenístico literario y filosófico. El primero es la carta pseudepígrafa

( 45 )

de Aristeas escrita en Egipto por el año 100 A.C., que exhibe el deseo de los judíos de

Alejandría de alcanzar el respeto y reconocimiento de vecinos y gobernantes paganos. La Sabiduría de Salomón, escrita en Egipto por el 50 A.C. es un ejemplar de la literatura sabia judaica, profundamente coloreada por la especulación griega, y que marca un mayor avance del carácter helenístico. IV de Macabeos, escrito entre 25 A. de C. Y 25 D.C., representa el tercer paso en la aproximación con Filón, quien probablemente murió no mucho después del año 50 D.C. Filón fue más un filósofo griego que un religioso judío. Toda esta literatura judío-alejandrina ofrece mucho de interés para el estudiante del Nuevo Testamento. Fue le judaísmo alejandrino el que dio al mundo la primera gran traducción de la Biblia en una versión de los libros de la ley del Antiguo Testamento, en idioma griego. Se le llamó Septuaginta, debido a la tradición de los que hicieron esta traducción, setenta escriba judíos. 16 Antes del siglo tercero anterior a Jesucristo, nunca se había presentado ocasión para la traducción del Antiguo Testamento. Cuando los judíos fueron llevados cautivos

a Asiria y Babilonia llevaron consigo su lengua y, hasta cierto punto, sus costumbres; pero cuando Alejandro estableció una colonia de judíos en Egipto la situación fue diferente. La lengua griega rápidamente llegó a ser la prevaleciente en el mundo

mediterráneo oriental, y naturalmente fue el idioma de Alejandría. La colonia de judíos

de

esta ciudadanía, se le asignó una gran parte de la ciudad para su exclusiva ocupación,

y

se le concedió plena libertad de culto a su propia manera. Naturalmente, este

tratamiento los hizo sentirse favorables hacia el gobierno existente, y por tanto, dispuestos a adaptarse a su nuevo ambiente y a estar satisfechos allí. Los Ptolomeos continuaron las medidas liberales de Alejandro,

15 El arameo era una de las principales lenguas semíticas antiguas, de la cual fue el hebreo el brote literario, y era la lengua nacional de Palestina en el tiempo de Cristo.

16 La palabra latina que significa setenta es septuaginta.

32

( 46 )

y en consecuencia, los judíos alejandrinos pronto llegaron a naturalizarse completamente. Después de algunas generaciones, la gran mayoría era incapaz de hablar o entender la lengua hebrea. La forma de culto distintivamente judaica se cumplía con perfecta libertad. Surgieron varias sinagogas, 17 en las cuales los judíos alejandrinos estudiaban la ley sagrada de su pueblo. Esto creó la exigencia de que sus servicios fuesen dirigidos y las Escrituras leídas un una lengua que todos pudiesen entenderlasla Koiné griega. Los hechos precisos acerca del origen de la Septuaginta son desconocidos. La carta de Aristeas ofrece una relación muy milagrosa y altamente caprichosa de cómo se terminó la traducción. Separando la ficción de este relato, llegamos a los siguiente probables hechos. Durante el reinado de Filadelfo (285-247 A.C.) se reconoció la exigencia de tener las Escrituras judías en idioma griego. Probablemente esta demanda procedió de los judíos mismos, principalmente, por las razones insinuadas arriba, aunque es muy posible que el rey egipcio se haya complacido en prestar su patrocinio a un movimiento que aumentaría la unidad de su reino e incrementaría el acervo de la Biblioteca que estaba interesado en aumentar. Un grupo de escribas judío- alejandrinos 18 se reunióposiblemente el número tradicional

( 47 )

de setenta y dos, y se llevó a cabo, por ellos, la tarea de traducir los libros de la ley. Es probable que la primera traducción contuviese solamente el Pentateuco, pero se tradujeron otros libros en rápida sucesión, tan pronto como pudieron obtenerse rollos y traductores. Este Antiguo Testamento griego fue alegremente recibido y ampliamente utilizado por los judíos de Egipto y de todo el mundo helenizado, hasta después de los tiempos de Cristo. Naturalmente, fue muy poco usado en Palestina, como que los judíos de este país preferían el hebreo, que estaba más cerca de su lengua nativa (arameo) y era sagrado según la tradición nacional. Después de iniciarse el movimiento cristiano, la Septuaginta llegó a ser ten ampliamente utilizada por los cristianos y tan libremente ofrecida como autoridad en sus controversias con los judíos, que los judíos ortodoxos aumentaron su escepticismo acerca de la traducción y fueron hechas otras. Pero la Septuaginta se conservó como la Biblia de los cristianos hasta la Edad Media.

17 Por los años 170-160 A.C. los judíos egipcios, bajo la dirección de Onías, hijo del sumo sacerdote, construyó un templo cerca de la ciudad de Leontópolis, donde se rendía culto semejante al del Templo Santo. Para una amplia exposición de este templo egipcio, véase Ewald: History of Israel, Vol. V. pp 354 sgs.

18 La representación en la carta de Aristeo de que los escribas fueron conseguidos en Judea es difícilmente aceptada, por la muy obvia razón de que los escribas palestinos no estarían versados en ambas lenguas, como necesitaban estarlo los escribas alejandrinos. El griego de la Septuaginta ofrece ocasionalmente, buen lenguaje clásico, lo que es inconcebible en el caso de los escribas palestinos. Quienes hicieron la traducción estaban familiarizados con el griego de su tiempo, pero igualmente bien versados en el hebreo. Esta caracterización corresponde exactamente a lo que esperaríamos de un escriba judío de Alejandría.

33

Frecuentemente fue citada por los escritores del Nuevo Testamento, especialmente por el autor de la Epístola a los Hebreos. Fue utilizada con frecuencia por Pablo, quien demostró igualmente, habilidad en el manejo del texto hebreo. Hay apenas ligeras huellas de la Septuaginta en los Sinópticos, pero son considerables en el Evangelio de Juan. Los primeros padres de la iglesia la emplearon casi exclusivamente. Fue durante cien años, después del nacimiento de Cristo, la única Biblia del mundo cristiano.

PERSPECTIVA GENERAL

En esta clasificación no es posible trazar rígidas líneas de distinción. Ninguna obra literaria pertenece exclusivamente a uno o a otro tipo. Pero sin embargo, por muchos elementos que pueda contener, hallamos alguno preeminente, que nos permite clasificar el documento en un tipo particular. Utilizando

( 48 )

este método podemos dividir la literatura del judaísmo en cinto tipos. 1. Histórica. No hay literatura judaica que sea totalmente histórica. Como ya se ha observado, para el judío la historia de su pueblo era un caudal religioso y un asunto sagrado. Por tanto, no estaban interesados fundamentalmente en la historia por la historia misma, sino como importante elemento religioso. Esta actitud afectó más o menos a todas sus producciones históricas. (1) Indudablemente la más cercana aproximación a la literatura puramente histórica ha de hallarse en el Libro Primero de los Macabeos. Aunque hay un claro interés religioso y un evidente sentido de la relación de Dios con su pueblo escogido, sin embargo el autor es admirablemente fiel a su propósito histórico. Hay una sorprendente falta del usual énfasis hebraico en la especial intervención divina, como lo hallamos en el Antiguo Testamento, y en otra mucha literatura de escritores judíos. Es de inestimable valor como fuente documental para la historia judía. El autor ha procurado trazar un seguro relato de la lucha heroica y extraordinaria de los judíos por su independencia nacional, bajo la dirección de los hermanos Macabeos. El libro deriva su título de la historia que relata. (2) Muy diferente en calidad de este libro, es el conocido como Segundo de Macabeos. No se llama así porque sea segundo en la sucesión, sino porque contiene una narración adicional de la rebelión de los Macabeos. Pero aunque comprende una gran parte del mismo período que el Primero de Macabeos, su valor histórico no puede compararse con el de este libro. Sin embargo, en ningún sentido puede considerarse como históricamente sin valor. Ciertamente hay algunas bases de hecho que sostienen su narración sobre la lucha de los Macabeos. (3) Entre los dos extremos de mérito histórico representados por el Primero y el Segundo de los Macabeos, podemos colocar a las obras de Josefo. Es de

( 49 )

34

especial interés para el estudiante del Nuevo Testamento, tanto por su estrecha relación con la historia judía del primer siglo, como por el valor de sus escritos como fuentes históricas. Josefo nació en Jerusalem por los años 37 ó 38 D.C. Cuando Pablo estaba en Jerusalem con el propósito de ser informado por Pedro (Gálatas 1:18), Josefo era un infante en un hogar de Jerusalem. Era de linaje sacerdotal y fue preparado para el sacerdocio. Su nombre judío original fue Joseph, que latinizó añadiéndole la terminación us y tomando el sobrenombre de Flavius. Desde el principio de su carrera Josefo alcanzó prominencia en los asuntos judíos. Según su propio relato, visitó a Roma a la edad veintiséis años en su intento de obtener la libertad para algunos de sus compatriotas. Cuando tenía poco más de treinta años de edad estalló en Palestina la rebelión judía de 66-70 D.C. Josefo tomó parte activa en este levantamiento, pero con un espíritu no muy entusiasta, porque no tenía confianza en el éxito y quizás por simpatía hacia Roma desde el principio. Estuvo al frente de las fuerzas en Galilea, pero reconociendo su incapacidad para presentar efectiva resistencia, capituló al primer ataque de los romanos. Fue tomado cautivo y hecho prisionero de guerra, pero fue tratado con favor extraordinario, posiblemente por su manifiesta simpatía hacia la causa de Roma. Después de la caída de Jerusalem, Josefo se convirtió en residente y ciudadano de Roma, y dedicó el resto de su vida a la actividad literaria. Su obra fue de carácter histórico general pero Josefo fue esencialmente apologista más que historiador. Escribió en griego, en el que naturalmente desarrolló gran aptitud después de que se estableció en Roma. Su primera obra fue sobre la lucha de los judíos por su independencia de Roma, 66-70 D.C., y llevó el sencillo título de Guerras. Probablemente fue escrita por el año 80 D.C. La producción literaria más importante de Josefo fue su Antigüedades escrito

( 50 )

en Roma por 90-93. Es una narración de la historia judía desde el principio hasta su tiempo. Frecuentemente se ha objetado la validez histórica de esta obra, debido a la poca confianza que ofrecen algunas de sus fuentes y su peculiar disposición a exagerar, pero es, no obstante, una importante fuente de información histórica. Dos obras más de Josefo requieren sólo una ligera mención. Contra Apion es una defensa del judaísmo contra el ataque injusto y frecuentemente pérfido de un ciego antisemitismo que existía en el mundo de se época. Vida es un relato no del todo modesto de su propia carrera. Murió en Roma por 95-98 D.C., después de alcanzar más de sesenta años de

edad.

2. Histórico-Romántica. Este tipo ha sido llamado muy apropiadamente

“Romance Didáctico”. Schuerer lo describo como “*Narrativo Hortatoria”. 19

19 Jewish People in the Time of Jesus Christ, Div. II, Vol. III, p. 32.

35

Cualquiera de estas designaciones es apropiada. El carácter de la literatura es muy claramente preciso. Se utilizó la ficción como medio de imprimir lecciones éticas, patrióticas o religiosas. Es romance hortatorio, queriendo decir que está basado en acontecimientos históricos. La moderna novela histórica es un paralelo sugestivo, aunque muy diferente en su propósito. (1) La mayoría de este tipo de literatura parece haber sido producido en Egipto. Solo una obra de alguna importancia se produjo en Palestina. Fue el libro de Judith, documento hebreo escrito por el año 200 A.C. El título del libro es el nombre de la heroína de la historia y significa “judía”. El relato se propuse describir dramáticamente el verdadero patriotismo y devoción judíos. Es una narración imaginaria de cómo una joven viuda judía, por su hermosura, patriotismo e ingenio, salvó a su pueblo de la invasión extranjera. El libro manifiesta un ardiente judaísmo nacional, y probablemente procedió de los Hasidim, precursores de los fariseos.

( 51 )

(2) Los otros tres libros incluídos en esta clase fueron escritos en Egipto. Su idioma original fue el Koiné griego. El más antiguo fue el libro Tobías, escrito por el 225 A.C., si no antes. Es probablemente el ejemplar existente más antiguo de la literatura judía producida en Egipto. Presenta un elevado ejemplo de religión y ética judías. El título del libro es el nombre del héroe. Está escrito en forma de autobiografía. Es la narración de la maravillosa experiencia de un judío en Babilonia, quien va de viaje con el arcángel Rafael como su compañero, y como consecuencia de esto, es bendecido con hazañas y escapadas milagrosas. Es uno de los ejemplos más fascinantes de la literatura judía, y fue grandemente popular en los primeros siglos, entre los judíos como entre los cristianos, y se incluyó en el canon alejandrino de las Escrituras. (3) Otro libro de este grupo que es intensamente judío, aunque escrito fuera de Palestina, se conoce como Tercero de los Macabeos. El título se le ha aplicado superficialmente. El nombre carece en absoluto de razón, pues el libro no tiene conexión alguna con la lucha de los Macabeos. Muy probablemente surgió de la asociación de este libro con los otros de los Macabeos, en un manuscrito o rollo común. Su agrupamiento con estos libros quizás resultó del hecho de que todos ellos tienen que ver con los problemas de la persecución y la libertad. Este libro es una apología judaica en forma de un romance histórico. Es la narración de cómo Ptolomeo IV de Egipto, en su esfuerzo por profanar el templo, fue milagrosamente rechazado y volvió a Alejandría enfurecido. Su intento de ejercer su venganza sobre los judíos de Egipto se frustró por intervención directa de la providencia divina. Este relato probablemente tiene alguna base histórica, pero debe considerarse con cautela crítica. (4) La mayor aproximación al punto de vista griega que puede hallarse en esta clase es la llamada Carta de Aristeas escrita en Egipto por el año 100 A.C.,

( 52 )

36

que intenta dar cuenta del origen de la Septuaginta. El documento, estrictamente hablando, no es histórico. La Septuaginta es solamente el elemento histórico de un ejemplo caprichoso de imaginación, producido en un esfuerzo por ofrecer a la mente

griega, una mezcla de las enseñanzas religiosas y morales del judaísmo con la vida y filosofía del helenismo. Tiene algún valor, en cuanto arroja luz sobre la historia de la Septuaginta, aunque sus exposiciones deben ser críticamente examinadas para obtener un pequeño residuo de hechos auténticos.

3. Poética. Este período no se caracteriza especialmente por el salmo escrito,

pero, sin embargo, algunas de las mejores producciones de la poesía hebrea surgieron de

la lucha y la angustia de estos turbulentos años.

(1) Unos pocos salmos contenidos en el Salterio canónico, muy probablemente fueron escritos durante la rebelión macabea, y se llaman Salmos Macabeos. Los eruditos del Antiguo Testamento no están de acuerdo en este asunto, pero no se discute si hay o no Salmos Macabeos, sino cuántos y cuáles son. Hay una clara aceptación general de la opinión sobre cuatro: 44, 74, 79 y 83. No se puede ser dogmático porque es difícil señalar la fecha de un salmo. Puede haber muchos más que pertenecen al período macabeo, que los que comúnmente se han supuesto. 20 (2) No hay duda alguna acerca de un grupo de salmos que pertenecen a este período. Son estos los pseudónimos Salmos de Salomón. 21 En total hay diez

( 53 )

y ocho de estos salmos. El decimoséptimo es el de mayor interés para el estudiante del

Nuevo Testamento por su acentuado elemento mesiánico. El punto de vista de estos salmos es el del judaísmo farisaico estricto. Son intensamente nacionalistas, pero penetrados de un ferviente tono moral y de sincera piedad. Su propósito fue condenar y corregir el judaísmo liberal y político, y refrenar la creciente tendencia hacia el helenismo.

4. Apocalíptica. Aquí nos acercamos a la más característica literatura producida

por el judaísmo. El judaísmo estaba caracterizado por un intenso mesianismo, y se pensaba que la edad mesiánica anunciaría el fin del presente orden del mundo; de aquí la abundancia de escritos apocalípticos. El término “apocalíptico” es una transliteración de una palabra griega compuesta por otras dos palabras, una que significa “des” y la otra “cubrir”; de allí, quitar la cubierta de descubrir, revelar. Los judíos no tenían tal palabra en su lengua. Para esta clase de literatura utilizaban la palabra profesía. Lo apocalíptico representa el elemento de predicción en la profesiá. Esta obra de predicción de los judíos era producida, por el deseo de conocer el futuro. Querían

20 El hecho de que el salmo estuviese tan peculiarmente adaptado a los servicios de la sinagoga, y sin duda ampliamente utilizado en esa forma, ha sido considerado por algunos como poderosa razón para inferir que muchos de ellos fueron productos de la sinagoga. Cf. Fairweather The Background of the Gospels, pp. 36 sg.

21 Cierto grupo de salmos denominado “Odas de Salomón,” que apareció en 1909, y se fechan por Rendel Harris en los años 75 a 100 D.C., son de origen cristiano, y no pueden colocarse entre los productos del judaísmo.

37

conocer el futuro porque el presente les parecía del todo no satisfactorio, y algunas veces, aún intolerable, y creían que era el propósito de Dios remediar esas condiciones en alguna forma. En esta literatura apocalíptica se expresan el más elevado idealismo y esperanza del judaísmo. Representa un noble esfuerzo y demanda nuestra más profunda consideración. Este período estaba particularmente adaptado a lo apocalíptico porque era una literatura de persecución. Cuando los poderes políticos lo oprimían, y los que estaban dentro del judaísmo apostataban, cuando el objeto más amado de la posesión del judío devoto: su religión, era críticamente expuesta al peligro, entonces instintivamente volvíase a Dios y lo futuro en busca de esperanza. Cuando la soberbia fe del judaísmo era humillada por la tiranía y la persecusión,

( 54 )

renunciaba al orden presente y se libraba de los grillos de su servidumbre, remontándose a la altura en alas de la esperanza de otro orden del mundo, en el cual Dios y la justicia serían supremos gobernantes. La literatura apocalíptica era del todo futurista en su punto de vista; de aquí que su entilo peculiar fuese el de la visión. Pero debe recordarse siempre que lo futurístico era más bien general que especifico, y que la visión era una figura de ciertos grandes asuntos e ideas, relacionadas con la situación que era real y presente para el escritor apocalíptico. Por lo general, la predicción era del cumplimiento del plan de Dios para Israel, y el triunfo final de la justicia y de la Ley. La patética palpitación de la esperanza judía en medio de la prueba y la persecución, halló su más satisfactoria expresión en la forma de los escritos apocalípticos. Este apocalipticismo judaico tuvo sus más primitivos modelos en Ezequiel y Daniel, y su más noble y más duradera producción en el Libro de la Revelación, del Nuevo Testamento. (1) La literatura del judaísmo contenía varios de estos documentos apocalípticos, pero cuatro son de particular interés. El más grande, tanto en su longitud como en la amplitud de su horizonte profético, es el libro conocido ahora generalmente como I de Enoch. La obra probablemente está formada por la reunión de cinco apocalipsis más pequeños, y posee escasa unidad. Las fechas de estos cinco documentos están comprendidas entre 200 y 46 A.C. La obra claramente toma su título del patriarca del Antiguo Testamento que llevó ese nombre Hubo una considerable cantidad de esa literatura de Enoch. Tenemos aquí cinco de esos documentos, y en la obra compuesta conocida como II de Enoch hay otra colección. Se supuso que Enoch había tenido el privilegio del conocimiento especial de las categorías celestiales, por la descripción que de él se hace en Génesis 5:24. Fue la idea patriarca que había tenido

( 55 )

38

familiaridad con los secretos de Dios, lo que condujo a la producción de abundante literatura de Encoh. El I de Enoch se compuse en Palestina y su idioma original fue el hebreo o el arameo, o posiblemente ambas lenguas, como en el caso de Daniel. (2) La única producción apocalíptica de importancia fuera de Palestina fue la de II de Enoch, también conocido como “Enoch eslavo”, debido a la lengua en que encontramos la única copia existente, y el “Libro de los Secretos de Enoch”. Este documento es un descubrimiento relativamente reciente, pues fue hecho del conocimiento público en 1892. Corresponde el honor a R. H. Charles, el más grande erudito en este campo producido en los siglos XIX y XX, de haber sido el primero en investigar y en dar al público el carácter y valor reales de este apocalipsis. La segunda mitad es de estilo sentencioso o erudito, y probablemente originada en Palestina. La porción apocalíptica, que forma la primera mitad del libro, aparentemente no fue escrita bajo a presión de la persecución, como era usualmente el caso en los escritos apocalípticos, pero es una tranquila exposición de los ideales apocalípticos comunes entre los judíos. Probablemente fue compuesto por algún judío alejandrino por el año 50 D.C., con el propósito de familiarizar a sus parientes de Egipto con las ideas apocalípticas del judaísmo típico. (3) El tercer apocalipsis que reclama atención aquí fue escrito (o compilado) en Palestina, por un ardiente fariseo. Se conoce como II de Baruch, y se le presenta como un escrito de Baruch el amigo de Jeremías, que refiere lo que hizo antes y después de la destrucción de Jerusalem. El contenido del libro consta de tres divisiones, una introducción, una porción central, y una conclusión. La introducción (capítulos 1-12) parece que pretende ser histórica al señalar la relación de Baruch con la destrucción de Jerusalem. La porción Central (Capítulos 13-76) es la parte apocalíptica, que consiste casi toda de visiones y revelaciones. La conclusión (Capítulos 77-87) registra

( 56 )

admoniciones y epístolas de Baruch al pueblo de Israel. El punto de vista religioso es el del judaísmo regular del primer siglo D.C. La obra se escribió contemporáneamente al surgimiento del movimiento cristiano. (4) El apocalipsis conocido como IV de Esdras fue escrito en Palestina por el año 90 D.C. El libro lleva este título porque se quiso significar que había sido escrito por el anciano escriba hebreo de este nombre. Sin embargo, no se hace gran énfasis sobre este carácter pseudoepigráfico del libro, y a que el nombre sólo aparece tres veces. El libro se forma de siete visiones, todas ellas dedicadas a un esfuerzo por explicar la caída de Jerualem. Se refiera al mismo tema general de que se ocupa II de Baruch, pero ataca el problema con muy diferente actitud. En II de Baruch hallamos el punto de vista del judaísmo regular satisfecho; pero este libro es en cierto sentido una crítica del judaísmo regular, especialmente en cuanto a la doctrina de que solamente unos pocos son salvos, y que Dios está complacido de que sean sólo unos pocos. Esto último era la opinión del judaísmo oficial, pero para el autor de este libro no es satisfactoria. El ardientemente busca una idea diferente y mejor, y cae al fin en la explicación de la escatología judaica

39

común de su tiempo. Adopta el criterio de que las pruebas de Israel son disciplinarias y preparatorias en su propósito. Acude también al argumento de que los caminos de Dios están más allá del entendimiento humano.

5. Gnómica. Esta clase es llamada también “literatura de sabiduría”. Es del tipo

general representado por el libro canónico de los Proverbios. Mientras lo apocalíptico trataba con lo teórico y los escatológico, la sabiduría se refiere a lo práctico y lo ético. Esta literatura gnómica representa a la filosofía moral judaica en su mejor expresión. Fue escrita como guía del pueblo en su vida diaria. Consiste en conclusiones que han sido obtenidas por la reflexión sobre la experiencia de la vida humana. Esta

( 57 )

actividad sabia no solamente fue literaria sino también desarrollada en la instrucción personal. Lo que tenemos conservado en los escritos son las mejores ideas producidas por este aspecto de la actividad judaica. Era una de las más importantes fases de la vida judía, y produjo la más vasta literatura. Puede considerarse que se extiende desde los tiempos de Salomón en la antigüedad, y en el Nuevo Testamento está representada por la enseñanza de Jesús y por la Epístola de Santiago. 22 Pueden examinarse aquí cinco representantes de esta clase. (1) El libro más antiguo de este grupo se conoce como Sirach (griego Sirach). No podemos estar seguros de cuál fue su título original, porque existe en hebreo sólo en fragmentos, todos los cuales son defectuosos en los primeros versículos. En los manuscritos griegos se le llama “La Sabiduría de Jesús. Hijo de Sirach”. El título “Eclesiástico” ha sido utilizado por la Iglesia Latina desde la mitad del tercer siglo. Esta denominación fue mal escogida. Significa libro de la iglesia, y este libro no lo es en algún sentido particular. No obstante, éste es el título que lleva este libro Vulgata, y ha subsistido hasta los tiempos modernos. Parece ser preferible el simple nombre Sirach. Como es cierto de todos los libros de esta clase, el contenido es misceláneo, y carece de arreglo sistemático. La ausencia de secuencia lógica en estos libros no debe considerarse como desorden, sino que ese fue el método de la sabiduría. La mentalidad judía típica no era analítica y lógica, sino práctica y concreta. Tal es el carácter de este libro. Presenta un manual de conducta, por medio del cual el autor se propuso incrementar una vida más elevada. Estudió la experiencia humana y procuró señalar el camino para una vida mejor. El libro se escribió por 190-170 A.C., en hebreo, probablemente en Jersalem. Sus enseñanzas están de acuerdo con el judaísmo ortodoxo. (2) A este grupo corresponde el libro conocido como

22 Cf. Fairweather: op. cit., p. 79.

( 58 )

40

el Testamento de los Doce Patriarcas. El título se deriva del fondo histórico del relato. El libro pretende ser el testamento de los doce hijos de Jacob, dado a sus hijos en sus lechos de muerte. Hay doce secciones, dedicadas cada una a un patriarca. El carácter pseudoepigráfico del libro probablemente no se pretendió como un engaño, sino como forma literaria. El relato no se hace por motivos históricos, sino como un medio de enseñanza. Corresponde a la forma literaria conocida entre los judíos como Haggadha. El idioma original fue el hebreo. Probablemente se escribió en época de Juan Hircano, entre 109 y 106 A.C. El autor era un fariseo leal y ardiente admirador de la familia Macabea. Cada testamento ofrece tres partes distintas. (a) El patriarca da un resumen de su biografía, confesando los errores que ha cometido y haciendo notar sus virtudes. (b) En seguida ofrece a sus hijos una ferviente exhortación. (c) Cada testamento termina con una especie de mensaje apocalíptico que afirma la redención de Israel por medio de las tribus de Leví y de Judá. Devido a este elemento apocalíptico, algunas veces el libro se clasifica entre los de apocalipsis, pero la porción considerablemente mayor de la obra es del tipo de sabiduría. El principal interés del libro se halla en sus enseñanzas éticas y en su semejanza al tono moral del Nuevo Testamento. (3) Esta sabia actividad también se extendió a Egipto. La obra más antigua del tipo gnómico en esta región fue la Sabiduría de Salomón, conocida también como “Libro de Sabiduría,” o solamente “Sabiduría”. Es incuestionablemente pseudoepigráfico, aunque muchos investigadores católicos han tratado de defender su origen salomónico. Fue escrito en Alejandría entre los años 100 y 50 A.C. El idioma original fue, naturalmente, el griego. Su teología muestra claramente las huellas de la filosofía griega. (4) Otra producción alejandrina de esta clase es IV de Macabeos. El libro lleva este título, porque se

( 59 )

formó sobre la leyenda de los mártires Macabeos. Es sabia enseñanza presentada en forma de un discurso público altamente retórico, a la manera de los oradores griegos filosóficos. Es un sermón de la sinagoga o un discurso de alguna especie de aniversario. El lenguaje es de un griego correcto, de estilo literario. Se escribió en Alejandría entre los años 1 a 25 D.C., por un autor desconocido. (5) A esta clase de literatura pertenece la obra de Filón, el individuo más notable producido auténticamente por el judaísmo. Fue el más enérgico y fecundo escritor de toda la historia de los judíos. Representa la cima del judaísmo helenizado. Su estilo, terminología y modo de pensar, son griegos. Sin embargo, fue leal a Moisés y las tradiciones de Israel. Su esfuerzo supremo fue interpretar el judaísmo oficial en los términos y formas de pensamiento de la filosofía griega corriente en sus días. En posteriores referencias se dirá más acerca de su vida y su obra. Hay otros cuatro documentos de la literatura del judaísmo que reclaman breve mención. Uno de ellos de tipo apocalíptico es el Libro de Jubileos, obra voluminosa escrita por un fariseo hacia el último cuarto del siglo segundo antes de Cristo, con el

41

propósito de restringir las tendencias helenizantes en el judaísmo y de exaltar la Ley. Se presenta en la forma del tratamiento midhráshico del Antiguo Testamento. Otro representativo de la clase apocalíptica aparece en los Oráculos Sibilinos, que son restos fragmentarios de antiguas referencias de proverbios supuestamente divinos, a cuya composición se le atribuyen fechas dentro de un período de 300 A.C. a puesta, de carácter apocalíptico, producida en el primer cuarto del siglo primero D.C., con el propósito de salvaguardar los intereses del farisaísmo estricto. Del tipo de literatura de sabiduría tenemos, además de las obras consideradas antes, el I de Baruch, documento compuesto que apareció en su forma actual por los años 70-80 D.C., y había sido escrito

( 60 )

para lamentar el trágico destino de Jerusalén. Hay gran número de otros fragmentos o porciones de documentos, pero sin importancia suficiente para justificar su consideración en esta obra. En el resumen anterior se ha presentado al estudiante la literatura del judaísmo en su carácter distintivo y su principal contenido. La gran cantidad de literatura rabínica, que ahora se encuentra en las bibliotecas teológicas en muchos volúmenes impresos, no estuvo en forma escrita sino hasta varios siglos después de los tiempos del Nuevo Testamento. Existió durante este período en forma de tradición oral, encomendada a la memoria, palabra por palabra, en las escuelas rabínicas. La ley oral, o elaboración de la Torah, se organizó en forma sistemática por Rabbí Judá por el año 200 D.C., pero ninguna de estas obras se escribió sino hasta más tarde.

( 61 )

42

CAPITULO IV

ORIGEN Y DESAROLLO DEL JUDAISMO

Cuando uno se coloca en medio del mundo del Nuevo Testamento y contempla sus alrededores, el primero y más prominente objeto que atrae su atención es el judío. El requisito más imperativo para la interpretación del Nuevo Testamento es llegar a estar completamente familiarizado con este judío. La investigación de su carácter y medioambiente pronto revela que es producto de más de una singular generación. Presenta una combinación de elementos proporcionados por muchos siglos del pasado. En realidad, toda la historia de Israel está representada en él. Pero especialmente es afectado por los cinco siglos inmediatamente anteriores a la edad en que vive. La tarea inicial en el estudio del mundo del Nuevo Testamento es investigar este período de la historia y lograr un conocimiento acerca del origen y naturaleza del judío. Debemos de reconocer primero que el judío es un personaje estrictamente distintivo. El israelita del Antiguo Testamento no puede considerarse correctamente como judío. Este era israelita, pero el israelita anterior al destierro no era judío. El judío es propiamente una creación del exilio, y aparece en la historia en tiempo de la restauración. Josefo dice del término judío: “Este es el nombre con que fueron llamados desde el día que subieron de Babilonia” (Antig. 11:5). Ocupó su antigua tierra prometida pero “el judaísmo creció como una cosa nueva en el viejo suelo.” 23 El nombre judío es una modificación del antiguo nombre tribal de “Judá”, transliterado a través del griego al español. Se aplicaba a aquellos

( 62 )

que regresaron de Babilonia en la restauración, porque eran principalmente de la tribu de Judá. Pero el término judío y judaísmo tienen algo más que su significación tribal. Denotan un tipo distintivo de vida. Los hebreos de la tribu de Judá que fueron llevados en cautividad habían experimentado un verdadero cambio. Vieron en sus privaciones en el exilio, la mano castigadora de Jehová extendida sobre ellos por su desobediencia de la Ley, y se arrepintieron sinceramente. Y además, solamente los más devotos regresaron, bajo el patrocino benevolente de Ciro, y emprendieron el restablecimiento de la nación santa. De este modo, los descendientes de Israel que regresaron de Babilonia tuvieron una nueva devoción a la Ley y a las tradiciones de sus padres. Estuvieron poseídos por una aguda aversión hacia la idolatría y todas las cosas gentiles, y por tanto, fueron más acendrados y exclusivos en su lealtad racial que sus padres antes del destierro. Este pueblo renovado llegó a ser conocido en la historia como los judíos, y sus dogmas y forma de vida constituyeron el judaísmo. Procuramos ahora seguir el

23 Fairweather, The Background of the Gospels, p. 61.

43

desenvolvimiento de las influencias y procesos que produjeron este importantísimo aspecto del fondo del Nuevo Testamento.

FACTORES FORMATIVOS

No estudiamos aquí la historia por la historia misma. No nos interesan los períodos cronológicos sino las fuerzas operantes. Nuestro propósito es encontrar la relación de los cinco siglos precedentes con los judíos con quienes nos encontramos al abrir el Nuevo Testamento. La investigación interpretativa de esta historia descubre un interés fundamental en la vida judaica, que se manifiesta en tres líneas esenciales de expresión. El interés fundamental era la relación entre Jehová y su pueblo, y esta relación se consideraba como nacional, legal y ritual. Esto es, la concepción básica del judaísmo era el pacto, que comprendía tres elementos esenciales, la nación,

( 63 )

la ley, y el sacerdocio. La Nación era objeto del favor divino y el fin principal procurado por el pacto; la ley era la condición requerida para el cumplimiento del pacto; y el ritual administrado por el sacerdocio era la manifestación ceremonial del pacto. Vemos, pues, que hubo tres factores que contribuyeron al desarrollo del judaísmo: la nación, la ley y el sacerdocio. Estos tres interese pueden descubrirse inequívocamente al establecerse en los comienzos de la historia judaica.

I. La Nación

Fue este interés fundamental el que generó el enardecimiento de la esperanza y el avivamiento de la devoción y entusiasmo patrióticos en los desterrados en la lejana Babilonia. Sólo por medio del restablecimiento de la nación podría renovarse la operación de la ley y reanudarse el culto de Jehová en los sagrados atrios del templo. Sin la reunión de Israel como nación no había esperanza de que pudiese restaurarse el pacto.

1. Consecuentemente, el primer paso en el restablecimiento del pacto debe ser la

restauración de la integridad nacional. En virtud del generoso patrocinio de Ciro, por lo menos cincuenta mil personas regresaron de Babilonia entre 537 y 444 A.C., y reanudaron su residencia en Judea. Volvieron en tres grupos. El primero regresó bajo las órdenes de Zorobabel, príncipe de la casa de David, en 537 A.C. Su número, según las más segura fuentes, fue de 42,360. 24 El segundo grupo vino con Esdras en 458 A.C., y probablemente, el tercero cuando Nehemías regresó en 444. Además de estos, podemos suponer con razón, que otros inmigraron hacia allí de tiempo en tiempo, pero sin relación con algún acontecimiento que los llevase a recibir mención en las crónicas de su tiempo. La gran mayoría de los que regresaron era

24 Josefo, Antg., 11:1, hace ascender el número a 42,462.

44

( 64 )

de las tribus de Judá y de Leví, pero hubo también representantes de otras tribus. 25 Los desterrados que volvían se propusieron la rehabilitación de la antigua vida nacional. Consideraban al pueblo de Israel como una nación santa y su territorio nativo como una tierra santa. Reclamar estas santas posesiones para Jehová y la Ley, era el noble y ferviente propósito de los peregrinos que regresaban. Comparados con el número de los que fueron al destierro, sólo unos pocos volvieron en la restauración. Fueron éstos los espíritus más devotos y patrióticos que se hallaron entre los desterrados, los que no podían hallar satisfacción en la vida fuera del servicio de Dios y de la observancia de la ley. La cautividad había enseñado al pueblo una nueva veneración por la ley, y aquellos ideales nacionales y religiosos tan noblemente invocados por los profetas. En los sufrimientos y privaciones religiosos por los primeros siglos habían terminado ahora; y toda la estaban en el destierro en medio del paganismo, mucho de impureza había sido arrojado a la raza. Edwald describe este hecho con vívidas y conmovedoras palabras. “Los ruinosos errores y perversidades de los primeros siglos se presentaban ahora; y toda la tormenta estaba cubierta de esa salvaje pasión en la cual aún los esfuerzos esencialmente nobles de Israel, tan frecuentemente degeneraron en tiempo de la vida independiente de la nación. Solamente lo inmortal y eterno de Israel pudo mantenerse, y el único método por el cual fue capaz de sostenerse frente a las pruebas de esa época, fue apartarse más rigurosamente de todo lo extraño a ellos, y volver más tranquila y firmemente hacia sí mismos.” Describe la transformación como un “doble movimiento, que condujo, por un lado, decididamente a apartarse de toda forma de paganismo, y, por el otro, a

( 65 )

acercarse con semejante fervor y determinación al antiguo Dios de Israel.” 26 Se había perdido todo sostén y protección exterior; la fe de Israel debía mantenerse por sus propias fuerzas intrínsecas. La cautividad destruyó todas las formas y símbolos materiales de la religión de Israel. Fue la política de Nabucodonosor destruir totalmente a los conquistados. De esta prueba surgió ese remante fiel, previsto por la visión profética, poseído de una lealtad inmortal a las tradiciones y esperanzas de Israel. Fue un pueblo purificado y patriota el que reanudó de nuevo y con el nombre de judíos, comenzaron la santa empresa de restaurar las relaciones del pacto de Israel en la Tierra Santa de la Alianza. Los miembros egoístas e indiferentes de la raza, permanecieron donde estaban. Jesofo nos dice: “Sin embargo, muchos de ellos permanecieron en Babilonia, porque no quisieron abandonar sus posesiones.” 27 No obstante, hubo muchos judíos de los que se

25 Para una discusión segura e instructiva del destino de las Diez Tribus, véase Ewald, op. cit. Vol. V., pp. 90 sgs.

26 Op. Cit.,Vol. V. pp. 19, 25.

45

quedaron en Babilonia, que aún eran leales a la ley y mantenían el pacto, como por ejemplo, Daniel y Esther. Muchos de los hebreos ricos contribuyeron liberalmente, de sus riuezas, para el programa de rehabilitación. Pero podemos concluir que la crema del patriotismo y la piedad judaicos repoblaron la tierra de Judea. En su posición con respecto a la interpretación del Nuevo Testamento esto fue con mucho la más significativa manifestación del período. El judaísmo así establecido hizo posible, históricamente hablando, la carrera de Jesús. Halló su extremo desarrollo en los fariseos, caracterizado por un agudo legalismo y exclusivismo nacional. El desarrollo más noble y más rígido de la raza estaba representado en las multitudes que se volvían a Jesús con favorable atención y llegaron a ser sus discípulos.

( 66 )

2. Era determinación del pueblo judío preservar su integridad nacional y esto dio

fundamento a su desavenencia con los samaritanos. Es un hecho familiar en la historia del Nuevo Testamento la intensa animosidad existente entre los judíos y los samaritanos. Esta importante manifestación tuvo su origen principalmente durante el período persa (537-332 A.C.). Es un hecho bien conocido por el estudiante de la Biblia, que los samaritanos fueron rechazados cuando ofrecieron participar en la edificación del templo. Los samaritanos que así aparecen al final de la historia del Antiguo Testamento no son las razas gentiles que inmigraron a Samaria después de la conquista del reino del norte de Israel, sino principalmente descendientes de los mismos israelitas, que fueron abandonados cuando la gran masa de la nación fue transportada a la esclavitud asiria. Aunque eran del más puro linaje hebreo, habían estado en íntima relación con los emigrantes gentiles que se habían establecido en Canaán después de la Cautividad, y se habían mezclado con ellos en considerable proporción. Además, habían olvidado el templo e ignorado la desolación de Jerusalem, menospreciado la ley y olvidado el pacto, durante todos los años en que Judá estuvo desterrada en Babilonia. Entonces, sin duda, no se olvidaba que eran descendientes de las Diez Tribus que, bajo Jeroboam, se habían rebelando contra la real casa de David. Estas razones combinadas persuadían a los judíos de que los samaritanos no eran dignos de participar en la restauración de la nación. El asunto alcanzó su clímax cuando Manasés, pariente cercano del sumo sacerdote, se casó con la hija de Samballat, el caudillo samaritano. Cuando se rehusó a repudiar y abandonar esta ilícita unión fue desterrado de la tierra de Judá. Con otros varios que se asociaron con él por estar en la misma condición, restauró a Samaria y solicitó de Samballat el privilegio de erigir un templo samaritano propio. Este

( 67 )

27 Antq., 11:1.

46

templo rival se construyó en el Monte Gerizim, donde permaneció hasta que fue destruido por Juan Hircano. A este lugar sagrado hizo referencia la mujer samaritana cuando dijo a nuestro Señor: “Nuestros padres adoraron en este monte” (Juan 4:20). La hostilidad originada por esta manifestación ha persistido hasta este día, y contribuye a la animosidad de los samaritanos hacia los judíos, especialmente cundo los últimos iban hacia Jesuralem.

II. La Ley

Una distinta y vitalmente importante línea de desarrollo se originó en la

influencia de Esdras. Este poderoso escriba y fundador del judaísmo oficial que encontramos en el Nuevo Testamento, trajo a la vida judaica su excesivo énfasis en la ley. Fue él quien inspiró la restauración de los sacrificios matutinos y vespertinos sobre el altar del templo, descuidado por mucho tiempo (Esdras 3:1-3). Dirigió la campaña entre los desterrados que habían vuelto, para borrar de la vida de la nación la peste de los matrimonios mixtos (Esdras 9:1 y sgs). Inauguró el primer estudio sistemático de la ley, por el pueblo en masa, de que se tiene noticia en la historia judía (Nehemías 8:1 y sgs.). Fue un ardiente defensor de la ley y del exclusivismo racial del judaísmo. Aunque su influencia produjo indudablemente resultados extremos, mucho más d el o que se había propuesto, no podemos, sin embargo, dejar de reconocerlo como el primero y más grande promotor de la servidumbre legal en el judaísmo. Por Esdras la ley se entronizó de nuevo en la conciencia del pueblo. Como resultado del ímpetu dado así a la ley, aparecieron otras dos formas de desarrollo.

1. El gran énfasis de Esdras sobre la observancia de la ley exigió el más grande

conocimiento posible de ella de parte del pueblo. Para su instrucción, y para el estudio y promoción de la ley en general, surgió en el judaísmo una clase conocida como de los escribas o rabíes. Estos escribas no eran “clérigos”

( 68 )

en el sentido común del término, sino laicos que se entregaban al estudio y enseñanza de la ley. Como corolario lógico de esta función principal, se dieron a defender y preservar las tradiciones de Israel, y a deducir de la ley, reglas más detalladas para la dirección de la conducta personal. Estas tradiciones y reglas se transmitían en forma oral, y se consideraban como una interpretación autorizada de la ley, y denominadas por las subsecuentes generaciones el “cerco de la ley”. Esta tradición oral se extendía a los asuntos más triviales, y llegó a ser absurda e insufriblemente rígida. A esto se refirió Jesús cuando censuró a los fariseos como los que “atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres” (Mateo 23:4). El ministro regular de la religión entre los judíos teóricamente era el sacerdote, pero en realidad el escriba era el ipso modelador dela vida religiosa. Por los escribas la sinagoga pronto alcanzó un lugar de pode e influencia, y desde ella la ley ejerció su autoridad suprema sobre la vida judía.

47

2. El advenimiento del escribismo produjo la cesación de la profecía. Esto era

inevitable. La profecía es esencialmente originalproceso creador; el escribismo fue deliberadamente hostil al originalidad. Su misma existencia dependía del designio de reprimir toda innovación; de “construir un cerco alrededor de la ley.” Tal política creó

una atmósfera que obviamente era desfavorable al ejercicio de la función profética, y en consecuencia, la voz de la profecía fue acallada en Israel, desde Malaquías hasta Juan el Bautista. Las exigencias de la restauración produjeron los ardientes mensajes de Haggeo y Zacarías, y las corrompidas prácticas del sumo sacerdote y sus asociados, acompañadas pro una declinación del respeto a la ley y el abandono del culto del templo, exigieron el ministerio profético de Malaquías, el último de esa larga línea de profetas del Antiguo Testamento, que como vocero especial de Jehová, valientemente denunció las apostasías

( 69 )

de Israel y expuso los grandes principios de esa redención que veladamente habían vislumbrado como la fruición de la esperanza mesiánica de la nación. Con Malaquías cae el telón de la profecía.

III. El Sacerdocio

El pacto con Jehová implicaba un elemento ritual, porque era un pacto de adoración tanto como de obediencia. Jehová debía estar presente en Israel como su Dios por todas las edades. El Templo era el símbolo visible de este aspecto del pacto, y

el sacerdote era el funcionario. Consecuentemente, parte esencial de la restauración era la reinstalación del sacerdocio y la renovación del ritual.

1. Naturalmente, el primer paso en la restauración del culto de Jehová era la

reedificación del Templo. Fue en ocasión de la Fiesta de los Tabernáculos cuando llegaron a Jerusalem, finalmente, los desterrados que volvían para edificar otra vez el altar de Jehová y ofrecer sacrificios como lo requería la ley. Más tarde se pusieron los

cimientos del templo en medio de lágrimas y regocijo mezclados; pero debido a seria oposición y dificultades, la construcción no se terminó durante varios años. Tan pronto como inició el programa de reconstrucción, los samaritanos les propusieron unirse a la empresa y llegar a ser miembros de la nación restaurada. Habiendo sido rechazados y desechados por los judíos, les llenaron de odio y desconfianza y presentaron oposición perjudicial y embarazosa. Es probable que la campaña de Egipto hecha por Cambises también sirviese para retardar gravemente la obra de la reconstrucción. 28 Pero a pesar de la sdificultades. La obra se terminó finalmente, el templo fue dedicado en medio de gran regocijo y se reanudaron las fiestas sagradas.

2. La historia del judaísmo presenta un nuevo régimen para el sacerdocio, porque

testificó primero

28 Cf., Ewald, op. cit., Vol. V, pp.105 sgs.

48

( 70 )

la elevación del sumo sacerdote. En el periodo del Antiguo Testamento, el supremo funcionario del ritual del Templo había sido designado, por lo general, simplemente como jefe de los sacerdotes, pero después de la restauración aparece en una nueva luz, como sumo sacerdote y con prerrogativas grandemente aumentadas. El gobierno de la nación restaurada se puso primero en manos de Zorobabel, el último príncipe de Judá. NO le fue permitido por su dominador persa establecer una monarquía independiente, sino solamente gobernar a Judea como provincia del Imperio Persa. Debido a fricciones y críticas, Zorobabel fue obligado a retirarse antes del fin de su vida, y el sumo sacerdote llegó a ser la cabeza del gobierno. Esto pareció al soberano persa la política natural y justa que debería seguirse, porque el ignorante dominador pagano nada podía saber del genio o protectores de la verdadera religión. NO se sabe con certeza hasta cuándo permaneció en el poder el sumo sacerdote. Cuando Nehemías llegó a Jerusalem en 444 A.C., consiguió de Artajerjes la designación de gobernador, 29 y logró pleno dominio de los asuntos, al parecer sin oposición del sumo sacerdote. Pero después de que se retiró el sumo sacerdote, otra vez aseguró para sí la dirección. Judea se convirtió en parte de la satrapía de Celesiria y estuvo sujeta a su gobernador. La administración local de los asunto s se dejó al sumo sacerdote, que era responsable ante el sátrapa persa. Así el gobierno de la nación, su administración y destino políticos, cayeron en manos del sacerdocio. Este es un hecho de notable significación en el desarrollo del judaísmo. Significó que el templo que estaba señalado como el lugar del culto de Jehová y de la purificación de su pueblo escogido, en vez de eso se convertía en el centro de los planes políticos y de la promoción de la ambición egoísta. El sacerdocio,

( 71 )

ordenado para la orientación espiritual del pueblo, se transformaba en una mera pandilla de secuaces, que sería manejada como instrumento de aspiraciones políticas profanas. La posición del sumo sacerdote fue abatida de su exaltado sitio como custodio de la vida religiosa del pueblo hebreo, y llegó a ser recompensa de los deseo carnales y objeto del más vergonzoso engaño y oposición. Poco hacía que la función pontificia había obtenido el gobierno de la nación, cuando se manchó de sangre y sacrilegio. Jonatán, hijo de Joiada, obtuvo el puesto de sumo sacerdote por sucesión legal de su padre. A causa de esto, su hermano Josué se irritó con la furia de la envidia, y envalentonado por la parcialidad del general persa Bagoses, procuró derrocar a su hermano. Fracasó en su intento y fue muerto por su

29 Parece posible que antes de esto, Esdras haya ejercido las prerrogativas de gobernador. Cf., Ewald, op. cit., Vol. V, p.

139.

49

propio hermano en el atrio del templo. Esta contienda vergonzosa fue un augurio de la subsecuente historia del sacerdocio.

LA INVASIÓN DEL HELENISMO

Se ha observado que bajo la influencia de Esdras la ley llegó a ser el factor supremo en la vida judaica. Pero el reinado de la ley no estuvo exento de vicisitudes y fluctuaciones. Pasó por períodos de gran desarrollo, pero también enfrentó serios reveses, que algunas veces parecían pronosticar su total extinción. Desde muy al principio el yugo de la esclavitud pagana pesó sobre los judíos. Regresaron de la cautividad bajo el dominio de los persas y sometidos a él permanecieron durante dos siglos, 537 a 332 A.C. 30 Sin embargo, el gobierno persa no se oponía seriamente a la supremacía de la ley porque los persas

( 72 )

generalmente eran bondadosos y considerados en su trato con los judíos, y les permitían el libre ejercicio de sus privilegios religiosos y práctica autonomía nacional.

I. La Conquista Macedonia

En 332 A.C. una oscura nube apareció en el horizonte de la historia judaica. Su siniestra naturaleza no se comprendió al principio, pero cuando la historia judía es vista en plena perspectiva, el aspecto amenazante de esta manifestación aparece vívidamente. Alejandro el Grande, el conquistador macedonio, sometió al Oriente y puso a Palestina bajo su dominio. El aparecimiento de estos acontecimiento arrojó sobre el judaísmo el abrasador impacto del helenismo, el mayor riesgo jamás experimentado por la ley.

II. El Gobierno Egipcio

Después de la muerte de Alejandro, su vasto imperio se dividió entre sus varios lugartenientes, y después de considerable oposición entre pretendientes rivales, Judea cayó en manos de los gobernantes egipcios, conocidos en la historia como los Ptolomeos. Como provincia egipcia, los judíos siguieron siendo tratados con gran lenidad, y disfrutaron de prosperidad material, pero al mismo tiempo fue una era de decadencia religiosa. El favor demostrado al pueblo por sus conquistadores griegos los hizo muy susceptibles a la influencia de la cultura y costumbre griegas, y produjo un grave influjo de costumbres e ideas gentiles, y una correspondiente laxitud en su actitud

30 Los eruditos no están completamente de acuerdo en estas fechas. Por ejemplo, Ewald (Hist. Of Israel,Vol. VI) sitúa los límites del período de 536 a 333, Graetz (Hist. Of the Jews, Vol. I) divide en 537 y 300, Stanley (Hist of the Jewish Church, Vol. III) da 538 a 333, y Doubnew (Outline of the Jewish History, Vol. I, p. 287) emplea los límites utilizados aquí, 537 a

332.

50

hacia la ley. Muchos judíos abiertamente repudiaron sus normas religiosas y ritos ceremoniales, y adoptaron el modo griego de vivir. Dos ejemplos de este período son ilustrativos de su carácter general:

1. En general, los gobernantes egipcios fueron notablemente considerados y

tolerantes en su trato

( 73 )

con los judíos, pero, como sería natural esperarlo, las diferencias en el carácter individual de los soberanos, produjeron diferencias en la política. La monarquía oriental era en el fondo tiránica, y ocasionalmente habría de mostrarse su naturaleza esencial. El caso extremo en la relación del trato de los Ptolomeos con los judíos, fue un intento de asesinato total de los judíos de Alejandría, por Ptolomeo Filopater, sucesor de Euergetes. En una lucha contra el rey sírio Antíoco (“el Grande”) obtuvo una brillante victoria en Rafia y avanzó en triunfo a Jerusalem, donde ofreció dones y sacrificios en el templo. En un paroxismo de mórbida curiosidad, procuró entrar al lugar Santísimo, pero en alguna forma fue sumariamente arrojado, quizás por el pánico de su propio temor supersticioso. Profundamente enfadado volvió a Egipto lleno de rabia y sació su venganza en los judíos de ese país, privándolos de muchas libertades políticas e intentando asesinar a un gran número de ellos, pero fracasó en su empeño. 31 2. La propaganda helenizante halló sus fervientes abogados entre los jefes judíos. Así fue José el hijo de Tobías. Era un perdido astuto y ambiciosos, que mediante hábil diplomacia consiguió el favor de la corte egipcia y fue hecho custodio del tributo, lo que le daba el dominio virtual de Judea. Trajo paz y prosperidad a la tierra, pero con ellos, todos sus frecuentes concomitantes, la lujuria y el vicio. Las corrompidas indulgencias a las que llevó a la nación, mal la prepararon para el desastre que habría de seguir. Una vez el sumo sacerdote Onías II estuvo a punto de provocar una dificultad, al rehusarse a enviar el dinero del tributo a la corte egipcia, pero la crisis fue evitada y salvada la nación por el ingenio y la afabilidad de José. Esto lo congració muy profundamente

( 74 )

con los gobernantes y el pueblo, y fortaleció la causa de los helenistas. Sin embargo, en el corazón religioso de la nación aún se conservó un resto de fe que rechazaba todas las cosas de los gentiles, y continuó exigiendo la absoluta supremacía del código mosaico y trabajó ardientemente para perpetuar la raza de Israel. Este partido de patriotas leales fue llamado Hasidim; esto es, “los justos”. Estaban destinados a ejercer una vasta influencia en la historia subsecuente de los judíos. Se desarrollaron en la casta religiosa conocida en el Nuevo Testamento como los fariseos.

31 Al colocar este incidente en el reinado de Filopater seguimos a III de Macabeos, al que consideramos basado en la historia verdadera, aunque, sin duda, contiene una considerable mezcla de ficción. Otros rechazan a III de Macabeos completamente y sitúan esta persecución en el reinado de Fiscón, casi cien años más tarde. Cf. Graetz, History of the Jews, Vol. I, p. 519

51

En el extremo opuesto se hallaban los helenistas, quienes fueron agresivamente activos en la promoción de la propaganda griega, y predecesores históricos de los saduceos.

LA REACCIÓN NACIONALISTA

El prolongado conflicto del judaísmo entre la tendencia helenista y la lealtad a la Ley, se inició con la política de Alejandro que quería no solamente conquistar al mundo sino helenizarlo. Durante todo el reinado de los Ptolomeos no fue sino una controversia entre políticas rivales, y no produjo lucha alguna abierta de considerable significación. En realidad de haber continuado la forma de gobierno egipcia, pudieron haberse mantenido a la expectativa indefinidamente, las hostilidades abiertas. Y esto probablemente habría sido en tácito detrimento del judaísmo distintivo; porque habría significado la gradual helenización de toda la nación. Pero en 198 A.C. Judea les fue arrebatada a los Ptolomeos por el reino greco-sirio de los Seléucidas, y pronto hubo el intento gubernamental de imponer el helenismo. Esto llevó, al poco tiempo, a la rebelión abierta, y casualmente produjo la independencia de la nación judía.

I. Las Causas de la Rebelión

Durante las tres décadas de dominación siria los judíos padecieron más que en todos los ciento veintidós

( 75 )

años en que habían estado bajo el dominio de los Ptolomeos. Antíoco el Grande respetó sus costumbres y procuro su simpatía, pero sus sucesores los trataron con desvergonzada crueldad. Este período representa la media noche de la historia interbíblica. Insultos y persecuciones se infligieron a los judíos en todas las formas concebibles. Seleuco IV, hijo y sucesor de Antíoco el Grande, procuró por medio de uno de sus generales, robar del templo ciertos tesoros que se habían depositado allí para salvaguardarlos, y el santuario de Jehová escapó solamente por la intervención especial de la providencia protectora. Pero el colmo de la tiranía y la persecución se alcanzó por el siguiente usufructuario del trono, Antíoco Epifanes. 32 Tres causas contribuyeron a este período de calamidad:

1. La nación había sido reducida a trágica impotencia por los efectos desintegrantes de la influencia helenística. Los judíos habían estado bajo la dominación griega durante cerca de dos siglos y medio. Este prolongado contacto continuo con la vida y costumbres griegas no podía dejar de tener su efecto. Miles de judíos se habían ido de Palestina a Alejandría, ciudad que rápidamente se convertía en el centro mundial de la vida y el pensamiento griegossituación que tenía en los tiempos del Nuevo

32 Epifanes significa en griego “el ilustre”, pero Antíoco mereció mucho más al apodo que le aplicaron sus súbditos, Epimanes “el loco”.

52

Testamento. Estos judíos alejandrinos visitaban frecuentemente su país de origen, y su influencia actuó inevitablemente sobre la vida de Judea. Luego hubo judíos de otras partes del mundo griego que volvían a su patria y traían consigo su cultura griega. 33 El empleo de la lengua griega llegó a ser amplio en Palestina, como resultado de la inmigración de muchas personas de habla griega. Se establecieron en

( 76 )

palestino varias ciudades casi exclusivamente griegas. La presencia de estas ciudades griegas es una de las más notables evidencias de la extensión y fuerza de la influencia griega. Algunas de las principales ciudades palestinas que descubren su carácter griega por sus nombres, fueron Gerasa, Filoteria, Pella, Dios, Gadara, Escitópolias y Ptolomaida. Otras poblaciones perdieron sus antiguos nombres y sólo fueron conocidas por sus nuevas denominaciones helenísticas. La antigua Dan se llamó Paneas, Rabat-Ammon se reedificó como Filadelfia, y Ar- Moab como Areópolis. Lo atractivo de la cultura y prácticas griegas, en contraste con la vida mucho más sobria y restringida bajo la Ley, ganaron a muchos judíos, apartándolos de su pacto con las tradiciones de Israel. A muchos niños judíos se les dieron nombres griegos o que parecían griegos. Se levantó un anfiteatro griego en Jerusalem y se estableció un academia para la instrucción en la literatura y la filosofía griegas. Se ejercitó a los jóvenes judíos para participar en los juegos helénicos y los jefes judíos solicitaron su admisión como ciudadanos empadronados del reino de Siria. Se publicó un edicto que exigía a los judíos que adorasen a los dioses helénicos; el templo se dedicó formalmente

a Zeus, dios supremo del Olimpo; y se sacrificó carne de cerdo en los altares del templo. Estos acontecimientos no podían dejar de levantar el violento resentimiento de la conciencia del judaísmo.

2. La tirantez de la situación se acentuó por la deslealtad y la disensión internas.

Hubo muchos judíos que preferían el régimen sirio. Recibían con agrado toda oportunidad de adelanto de los intereses del rey sirio. De esta índole fue Josué, o Jasón

(su nombre griego), que logró por medio del cohecho la deposición de su hermano Onías como sumo sacerdote, y arrebató el puesto para sí. Se dedicó con entusiasmo a la política helenizante de Antíoco y a la promoción

( 77 )

de la cultura y diversiones griegas. Pero no le fue permitido permanecer mucho tiempo sin disputa, en posesión de su mal ganada recompensa. Menéalo, helenista mucho menos escrupuloso, sobornó a Antíoco y suplantó a Jasón. En momento aparentemente oportuno, Jasón levantó tropas y procuró recuperar su lugar, pero fue estorbado por la inesperada intervención de Antíoco. Menéalo se mantuvo en posesión de las vestiduras

33 Cf. Gilbert, Greek Thought in the New Testament, pp. 35 y sgs.

53

pontificas y por medio de falsas representaciones al rey, incrementó la opresión de los judíos.

3. El inevitable clímax se precipitó por la extrema crueldad de Antíoco. Este

caprichoso y cruel gobernante impuso a los judíos una intolerable carga de tributos y empapó en sangre a Jerusalem. Al castigar la rebelión de Jasón asesinó a cuarenta mil de los habitantes de la ciudad, y saqueó el templo. Dos años más tarde, aún sin pretexto sustancial, pero en un acceso de caprichosa rabia, otra vez atacó a Jerusalem, mató a sus indefensos habitantes por millares, esclavizó a las mujeres y a los niños, y abandonó a la ciudad en un trágico estado en angustia y desolación. La explosión final llegó cuando publicó un decreto ordenado a todos los judíos que ofreciesen sacrificios a los dioses de los griegos.

II. Progreso de la Rebelión

Parecía que la última esperanza de los judíos se había hundido en las tinieblas de la opresión del tirano, que la gloria de Israel había declinado para siempre, y la interminable noche del olvido histórico había caído sobre la desventurada nación. Pero exactamente en esta espantosa crisis apareció una constelación de estrellas matutinas sobre el horizonte nacional, anunciando la aurora de un día mejor. Los héroes macabeos saltaron a la arena y mediante poco diestros y enérgicos golpes, cambiaron toda la faz de la historia judaica. La mano de la defensa patriótica al fin se había levantado en implacable protesta contra la opresión de la cruel tiranía. El judaísmo

( 78 )

postrado y sangrante tomó alientos otra vez, y los judíos leales, en todas partes lanzaron el penetrante grito de combate: “¡A los montes, a los montes, por Jehová y por Judá!”

1. El primero y más espectacular de los héroes macabeos en desenvainar la

espada de la rebelión, fue Judas. Su anciano padre había comenzado la insurrección,

pero había sucumbido ante las inevitables privaciones y riesgos. Encomendó la causa de la libertad a las capaces manos de su tercero y nobilísimo hijo, Judas. Ningún personaje más impresionante ha adornado jamás el escenario de la acción

humana, que Judas

ninguno estuvo jamás inspirado por más nobles designios, o dominado por más desinteresados motivos que él. Desde David hasta Juan el Bautista, fue él el más grande de los que incitaron a Israel a sumarse a su ejemplo. Bravura, ardor, patriotismo y piedad, combinados para hacer un carácter digno de admiración de los mejores hombres. Cualquiera que pueda ser la particular interpretación de la historia interbíblica, debe admitirse seguramente que Judas Macabeo fue un don de la providencia misericordiosa. Si acaso algún hombre ha aparecido en la hora de crisis para la cual estaba preparado exactamente, tal fue ciertamente la suerte de este héroe judío. Era precisamente el caudillo que el judaísmo necesitaba en esta trágica hora de

Macabeo

Macabeo .
.
.

Otros pudieron haber sido más espectaculares, pero

hora de Macabeo . Otros pudieron haber sido más espectaculares, pero Comentado [um5]: ¿Ni Jesucristo? 54

Comentado [um5]: ¿Ni Jesucristo?

54

su historia, y su pueblo pronto reconoció en él al defensor de la fe y la fortuna nacionales, enviado por Dios. Cuando el rey Sirio intentó suprimir a este pequeño enemigo rebelde, el despótico desdén dio lugar a la rabia ofendida, que a su vez fue dominada por una desazonada sorpresa, y finalmente cedió a una actitud de terror literal real, aunque no confesado. Cómo pudo Judas, con sólo un puñado de seguidores pobremente equipados, infundir tan opresivo terror en la orgullosa corte del tirano seléucida, puede comprenderse mejor por quien cree en la mano

( 79 )

omnipotente de la providencia. Bien apodó su pueblo a este héroe “Macabeo” – esto es, “el martillador” – porque el despotismo nunca recibió el impacto de la explosión más

grave y más rápida que la que él infligió a los ejércitos sirios.

independientemente de su significación religiosa, la historia humana debe otorgar un elevado reconocimiento al nombre y hazañas de Judas Macabeo. Los hasidim vieron en los héroes macabeos la salvación de su causa. Se unieron

a Judas y ofrecieron voluntariamente sus vidas para la defensa de la nación. Por una

serie de brillantes golpes militares de combinadas valentía y estrategia, Judas estuvo en posibilidad de lograr independencia práctica. Su primer acto fue restaurar el culto de Jehová tan exactamente como fue posible, de acuerdo con la ley. Naturalmente, esto deleitó grandemente al partido patriótico, pero indudablemente no lo fue tanto, cuando Judas volvió las energías de la recién restaurada nación en dirección de la conquista territorial. Esto mostró claramente a los hasidim que los hermanos Macabeos no eran indiferentes al engrandecimiento político. Sin duda, este paso de Judas sembró en los corazones de los fervientes patriotas, las primeras semillas de la desconfianza, que casualmente fructificaría en una brecha abierta entre los hasidim y los descendientes de Matatías. Judas, sin embargo, conservó su apoyo leal hasta la época de su muerte, que encontró en el campo de batalla, peleando desesperadamente para defender la libertad que a pesar de todas las contrariedades, había ganado. 2. Después de la muerte de Judas la secreta sospecha de los Hasidim comenzó a expresarse en abierta oposición, y por ese tiempo, el país cayó en un estado de virtual caos. La nación se dividió en tres facciones: los helenistas, los hasidim y los macabeos. Celos y prejuicios fueron exuberantes, y como resultado natural, surgieron la desconfianza y el desorden. En estos extremos, la nación se volvió a Jonotán,

A su tiempo,

( 80 )

el más joven de los hermanos de Judas, en busca de dirección.

Poco antes los hasidim se habían reconciliado con la dirección de Jonatán. En realidad, su aceptación de él fue más asunto de aquiescencia en una política necesaria, que el refrenado de una administración; parecía ser el único caudillo con el cual podían estar de acuerdos todas las facciones. Pero al fin se unieron fielmente a Jonatán, y éste

55

tuvo éxito al ganar su apoyo sincero y cordial, y con ello, la violencia oposición de los helenistas. Jonatán era un diplomático, y su diplomacia fue el instrumento principal de su triunfo. Mientras Judas prevaleció por la invencible fuerza de su gran valor y decisión,

Jonatán consumó sus fines deseados por medio de la estrategia. Su oportunidad se presentó en forma de lucha interna en el reino de Siria. Los conflictos perpetuamente se precipitaban entre los pretendientes rivales al trono de Siria, y el prudente Macabeo los mantuvo en competencia por excederse uno al otro, en la liberalidad de sus promesas. Así encontramos “al fugitivo de hace pocos años, convertido ahora en uno de los árbitros del torno de Siria, cortejado igualmente por el hombre en el poder y por el que quería llegar a tenerlo!” 34 Por medio de esta política Jonatán aseguró el dominio de toda Judea y el de ser reconocido como Sumo Sacerdote, combinando de este modo, otra vez, la dirección política y la eclesiástica de la nación. Como resultado de este paso, la confianza y lealtad de los hasidim volvieron a ser muy forzadas. Cuando procuraba por medio de tretas, ganar el favor de Tryfón, usurpador del trono de Siria, fue capturado Jonatán, aprisionado con cadenas y más tarde asesinado.

3. Era natural que después de la pérdida de Jonatán el pueblo se volviese hacia

Simón, el último superviviente de los cinco hermanos Macabeos. Aún por los hasidim

fue saludado con júbilo. Fue un gobernante

( 81 )

tranquilo y amante de la paz, más interesado en el fortalecimiento interno de la nación que en extender sus fronteras. La paz y la prosperidad prevalecieron durante la mayor

parte de su reinado. Su administración así se ha caracterizado por un ferviente patriota judío: “El país tuvo descanso todos los días de Simón, y él procuró el bien de su

nación; y su autoridad y su gloria complacían a ellos todos sus días

campos en paz, y la tierra les dio su cosecha, y los árboles de las llanuras sus frutos Proveyó vituallas para las ciudades y suministróles toda clase de bastimentos, hasta que la fama de su gloria se difundió hasta el término de la tierra” (1 Macabeos 14:4 y sgs.).

Sin embargo, aún subsistía la sola objeción de los cargos combinados de sumo sacerdote y gobernante político. Los hasidim creían firmemente en la separación de la iglesia y el estado. Pero Simón los dejó grandemente complacidos cuando declinó el ser coronado rey de Judea, ya que nadie, salvo la casa de David podría, según la ley, sentarse en el trono de Israel. Simón prefirió ser conocido solamente como “príncipe del reino.” Durante todo el reinado de Simón, el partido patriótico fue altamente favorecido, y los helenistas estuvieron en gran desventaja.

Y cultivaron con

DECLINACIÓN DE LA LEY

34 Grant, Between the Testaments, p. 49.

56

No obstante, la influencia de los paganos no había sido totalmente erradicada de la vida de la nación. Tan profundamente había penetrado la influencia griega, y se había mostrado tan atractiva para algunos, que aún subsistía un poderoso partido helenista que favorecía una liberalidad mayor que las sostenida por los hasidim, y eran indiferentes a la aplicación tradicional de la ley. Este factor de la vida nacional había sido suprimido sólo por un tiempo. Los hasidim habían sido los sostenedores originales de la rebelión contra la opresión siria, y eran en general, leales amigos de los Macabeos. Pero estaban destinados

( 82 )

a pasarla mal durante un largo período, en manos de la dinastía que fue establecida por Simón.

I. El Rompimiento con los Hasidim

Juan Hircano, hijo y sucesor de Simón, fue justamente el caudillo que habría de concitar la intensa mala voluntad de los legalistas extremos. Aunque nominalmente sumo sacerdote, y cumpliendo formalmente su sagrada función, fue en realidad un guerrero aventurado y una monarca ambicioso. Fue suficientemente hábil para no engendrar demasiada oposición por pretender el título de rey, aunque libremente ejerció las prerrogativas de un monarca. Fue bajo su administración cuando las líneas sectarias del judaísmo llegaron a estar tensas y claramente definidas. Un incidente singular llevó esta manifestación al clímax. Un representante del partido patriótico objetó el que Juan Hircano fuese sumo sacerdote sobre la base, falsa sin duda, de que su madre había sido prisionera de los sirios. Según la ley judaica, aquel cuya madre había estado cautiva no podría ocupar el cargo de sumo sacerdote. Enfurecido por este insulto, Hircano pidió a los hasidim proponer un castigo por la ofensa. El castigo sugerido fue muy ligero. Hircano tomó esto como una afrenta personal y se declaró simpatizador del partido helenista. 35 En relación con este incidente, Josefo habla primero de estos partidos como de fariseos y saduceos, de modo que probablemente estas denominaciones tuvieron su origen durante el reinado de Juan Hircano.

II. La Influencia de los Helenistas

Cuando Juan Hircano rompió con los fariseos y se sumó a los saduceos, desapareció el último vestigio

( 83 )

35 Josefo y el Talmud dan semejantes referencias de las provocaciones concretas del rompimiento entre Juan y los fariseos. Sin embargo, no se acepta el relato como auténtico, por algunas importantes autoridades. Cf. Schuerer, Jewish People in the Time of Christ, I, i, p.289.

57

de verdadero patriotismo religioso de la familia Macabea. Sus sucesores fueron potentados políticos, interesados solamente en extender sus dominios y llenar sus arcas de oro. Aristóbulo, hijo y sucesor de Juan Hircano, fue conocido como Filheleno, que significa “Amante de Grecia”. Su reinado se señaló por la crueldad y el egoísmo, y debió haber sido intolerablemente repulsivo para los fariseos. Parece haber sido el primero en pretender abiertamente el título de rey. 36 Era un flagrante violación de las tradiciones sagradas de Israel, que exigían que ninguno, excepto un descendiente de David y de Judá debería ocupar el trono, y Aristóbulo are levita. A la muerte de Aristóbulo, su hermano Alejandro Janneo lo sucedió en el trono. El carácter manifestamente griego de su nombre fue una señal de la dirección de sus simpatías. Desdeñó a los fariseos, y de tal modo excitó su odio, que lo atacaron en cierta ocasión en que estaba ministrando en el templo. Para vengar este insulto, Alejandro asesinó a seis mil patriotas en las calles de Jerusalem. Pero esta política hizo tan difícil el resto de su reinado que aconsejó a su viuda y sucesora que uniese su suerte a la de los fariseos. 37

EL RESURGIMIENTO FARISEO

La reina Alejandra aceptó el consejo de su esposo e inmediatamente elevó a los fariseos al poder. Hizo a su hermano Simón ben-Shetach, primer ministro del reino y llamó de Alejandría a otro capaz judío llamado

( 84 )

Judá ben-Tabbai. Ambos personajes eran fervientes fariseos. La dirección del Sanedrín fue confiada a los fariseos, y se hicieron por ellos violentas reformas. Bajo el régimen de Alejandra lograron un lugar de supremacía que no han perdido hasta ahora. En la época de Jesús y de Pablo constituían el partido en el poder entre el pueblo. Después de la destrucción del templo, 70 D. De C., los saduceos perdieron su último reducto, y desde entonces los fariseos conservaron el poder sin disputa. La sinagoga judía ortodoxa de hoy es la progenie histórica de los antiguos fariseos. La fluctuante fortuna de la ley desde la restauración hasta el tiempo de Cristo, puede representarse gráficamente como sigue:

36 Las Excavaciones de Harvard en Samaria, 1908-1910, descubrieron una moneda acuñada por Alejandro Janneo, que lleva en una de sus caras las palabras griegas Basileos Alexandrou (“del rey Alejandro”), y por otra en hebreo “Juan el Rey”, testimonio que deja fuera de toda disputa que este gobernante asmoneo exigió el título de rey. Se sostiene por algunos que, antes de él, Aristóbulo había reclamado ese título. Cf. Ewald, op. cit., Vol. V, p.385.

37 Según Josefo, pero su testimonio en este punto ha sido objetado. Cf. Fairweather, op. cit., p. 160.

58

GRAPH GOES HERE

En esta intermitente elevación y decadencia de la ley tenemos los principales hechos determinantes de la historia judía en los tiempos interbíblicos.

( 85 )

59

CAPITULO V

EL JUDAÍSMO BAJO EL DOMINIO ROMANO

Para entender los evangelios y apreciar el ambiente en que actuó Jesús, nada hay más importante que la comprensión de la situación política. Esta situación política estaba determinada por la reacción del judaísmo hacia el gobierno romano y por la política de la administración romana frente a esa reacción. Hállase aquí un importante paso en la preparación del estudiante del Nuevo Testamento, porque su estudio es la revisión del progreso de la dominación romana en Palestina. 38

ANTECEDENTES

Durante el reinado de Alejandra el sumo sacerdocio estuvo a cargo de su hijo mayor, Hircano II, y a su muerte lo designó como su sucesor. Como primogénito, era justa su pretensión al trono. Pero su hermano menor, Aristóbulo, aventurero agresivo, ambicioso, solapado y sin principios, comenzó inmediatamente a hacer planes para asegurar el trono para sí. Buscó y obtuvo el apoyo de los saduceos, quienes estaban descontentos en extremo porque el favor real se había pasado a los fariseos, y con la ayuda de los saduceos desató una rebelión contra su hermano. Hircano, indolente alfeñique, no tuvo la disposición ni la habilidad de presentar resistencia eficaz. En una batalla en Jericó, fue derrotado y la mayor parte de sus propios seguidores defeccionaron y se pasaron con Aristóbulo. Hircano fue obligado a rendirse y aceptar condiciones en virtud de las

( 86 )

cuales su hermano debería ocupar el trono y él contentarse con el cargo de sumo sacerdote. 39 Pero la causa de Hircano halló defensa de una fuente inesperada. Antípater, idumeo astuto y capaz, emprendió la lucha y adoptó la causa del sumo sacerdote. Sin gran dificultad, Hircano fue persuadido para que cancelase el pacto con su hermano, y otra vez reclamase el trono. Consiguieron la ayuda de Aretas, rey de Arabía, quien marchó contra Artistóbulo con un gran ejército, lo derrotó y lo redujo a la fortaleza del templo en Jerusalem. Exactamente en esta crisis se supo que las legiones romanas estaban en Siria, y se acercaban a Palestina en expedición de conquista. Esto dio nueva dirección al curso de los acontecimientos. Ambos partidos en conflicto sabían que no era ésta una prueba de

38 Para una breve pero muy instructiva discusión de este elemento vital en el fondo de los evangelios, puede citarse a Simkhovitch, Toward the Understanding of Jesús (Macmillan)

39 Seguimos aquí la interpretación del arreglo como se da por Graetz, op. cit., Vol. II, p. 58. Algunas autoridades consideran que Aristóbulo obtuvo tanto el trono como el sacerdocio, y que Hircano se conformó con ser un ciudadano particular. Tal parece ser el sentido del lenguaje de Josefo (Antq., 14:2), pero tiene contra sí extrema improbabilidad.

60

su respectiva fuerza militar, sino de cuál primero lograría obtener el favor de los ya cercanos romanos. Aristóbulo y Antípater tenían juicio suficiente para comprender que el ofrecer resistencia al ejército romano sería cabal locura. Así pues, ambos comenzaron al mismo tiempo a mendigar favor, Aristóbulo por su propia cuenta, y Antípater en nombre de Hircano, su frágil instrumento. Aristóbulo demostró ser el afortunado contendiente. El general romano Escuaro ordenó a Aretas que levantase el sitio de Jerusalem y se retirase. Aristóbulo cayó sobre el ejército de Arabia en retirada y le infligió una gran matanza. Por este tiempo llegaron noticias a Judea de que el incomparable Pompeyo se hallaba en Damasco. Una vez más ambos hermanos precipitaron encontrar al romano y procurar su favor, y esta vez fue con ellos una delegación del pueblo judío para

( 87 )

rogar a Pompeyo que depusiese a los Asmoneos y restaurase la pura jerarquía de los tiempos primitivos. El conquistador romano estaba empeñado en otra expedición, y por tanto les declaró a todos ellos que no decidiría nada entonces, pero que más tarde visitaría Jerusalem personalmente y allí daría fin a la disputa. Aristóbulo, impaciente en la inquietud de la espera, y sin duda temiendo que el resultado fuese contrario a su ambición, volvió a sus dominios y se preparó para una desesperada resistencia cuando se acercase a Pompeyo. Pompeyo inmediatamente abandonó su proyectada campaña contra otro enemigo y dirigió su atención al judío provocador. Cuando lo atacó en su primera posición cerca de Jericó, Aristóbulo rindió la fortaleza, pero él se escapó a Jerusalem. Cuando Pompeyo lo sitió allí, salió muy aterrorizado para encontrar al conquistador romano, y aceptó entregar a Jerusalem en manos de Pompeyo, pero una tropa de sus seguidores se refugió en la fortaleza del templo y se negó a rendirse. Durante tres meses se sostuvieron contra el temible impacto de las armas de sitio de los romanos, pero finalmente los muros fueron horadados por los romanos y casi todos los sitiados fueron muertos. Aristóbulo fue llevado cautivo a Roma y con él muchos de sus compatriotas. Estos prisioneros de guerra constituyeron el núcleo de la colonia judía de Roma, que proveyó el elemento original de la iglesia cristiana de ese lugar, a la que Pablo escribió su notabilísima epístola. Hircano fue confirmado como sumo sacerdote y Antípater fue hecho gobernador de Judea. Así, los judíos que en frecuentes ocasiones anteriores habían buscado la amistad y la protección de Roma, 40 sentían ahora la invencible opresión de su

( 88 )

mano vencedora, de la que estaban destinados a no escapar como nación independiente.

40 Judas Macabeo, hacia el fin de su carrera, envió una embajada al Senado Romano, solicitando ayuda contra sus opresores sirios. Sus embajadores fueron favorablemente recibidos y se les prometió ayuda, pero los términos del tratado fueron tan indefinidos, que nada de valor resultó para los judíos.

61

LA POLÍTICA ROMANA EN JUDEA

Como era característico del gobierno romano en el trato con sus provincias, los

judíos fueron tratados con generosa consideración mientras fueron sumisos al dominio romano. Su religión llegó a ser una de las reconocidas legalmente entre las del Imperio,

lo que significaba que estaba protegida por la autoridad romana. Se les permitió atender

sus asuntos nacionales y privados en tanto que mantuviesen la paz y se mantuvieran leales a Roma. Tenían su propio cuerpo judicial y legislativo, el Sanedrín, que tenía jurisdicción en todos los asuntos civiles y criminales menores. La carga del tributo no era intolerable, aunque era asunto de gran enfado para los judíos estrictos, que sentían como una desgracia nacional el ser obligados a hacer cualquier contribución, aunque fuese pequeña, a un gobernante gentil. Realmente los judíos vivieron mejor bajo el régimen romano que en cualquier otro tiempo desde la dominación persa. Pero el fanatismo de un exagerado el religioso exclusivismo llamados Zelotes, mantuvieron al pueblo judío en perpetua agitación, y echaron leña al fuego al odio hasta que estalló la rebelión abierta, que finalmente resultó en el aniquilamiento de la nación. Si los judíos hubiesen cultivado el

( 89 )

favor de Roma, su historia subsecuente podría haber sido diferente. 41 Poco después de su llegada como cautivo a Roma, Aristóbulo escapó y sublevó

a Judea en una ominosa rebelión, pero al fin fue derrotado, capturado y otra vez,

enviado como prisionero a Roma. Más tarde fue libertado por Julio César, y enviado en una expedición contra Siria. Su hijo, Alejandro, que eludió a Pompeyo y escapó de la cautividad, ya había hecho esfuerzos desafortunados por reconquistar el trono de Judea. Si Aristóbulo hubiese podido dominar a los soldados de Pompeyo, habría esperanza de que él y sus hijos pudieran derrocar a Hircano y Antípater. Pero estas alentadoras perspectivas fueron destrozadas totalmente por el asiento de Aristóbulo y la ejecución

de Alejandro. Solamente Antígono, el otro hijo de Aristóbulo, quedó como rival de Hircano, y él, también, estaba destinado a sufrir muerte violenta no muchos años más

tarde. La causa de la independencia nacional para el judaísmo se perdió para siempre:

la nación no podría hacer más que quedar como súbdito de Roma por la fuerza.

LA DINASTÍA IDUMEA

De hecho, Jerusalem había estado todo este tiempo bajo el dominio de Antípater, quien puede considerarse propiamente como el primer gobernante de la dinastía idumea.

41 Tan intenso era el odio engendrado en los judíos contra Roma, que nunca se extinguió completamente, y todavía pu ede verse en la actitud de algunos modernos historiadores judíos.

62

Esta línea real produjo a Herodes, 42 quien tan frecuentemente aparece en la historia del Nuevo Testamento.

I. Antipater

Los idumeos eran sucesores de los edomitas, descendientes tradicionales de Esaú. En las campañas

( 90 )

de Juan Hircano, Idumea fue anexada a Judea y su pueblo obligado a someterse al rito de la circuncisión, convirtiéndose así nominalmente en judíos (compárese página 71). Antipas, padre de Antípater, fue designado gobernador de Idumea por Alejandro Janeo. Fue sucedido por Antípater, quien demostró ser un caudillo astuto, ambicioso y de grandes recursos. Dos hechos mostraron la astucia del hombre. Por una parte, adoptó la causa de la parte más débil de la familia Asmonea, porque sabía que el obstinado y agresivo Aristóbulo nunca le permitiría sujetar las riendas del poder; mientras, por el otro lado, cortejó a los sucesivos conquistadores romanos y obtuvo su favor, sabiendo que con su apoyo podría vencer toda clase de oposición. Tuvo éxito en hacerse “indispensable tanto al débil sacerdote Hicano como a los poderosos jefes de la República Romana.” 43 Ya hemos visto cómo, utilizando a Hircano como instrumento, se apoderó del gobierno de Judea. Hircano era sumo sacerdote y gobernante nominal; Antípater realmente administraba los negocios. Bajo Julio César logró el protectorado de toda Palestina. Cuando se aseguró en la soberanía, procedió a conferir altos honores a sus hijos, Fasel y Herodes, designando al primero gobernador militar de Judea y al último, Tetrarca de Galilea. Pero en medio de sus bienes forjados planes de progreso, fue envenado por un fanático judío.

II. Herodes

La mención de este nombre levanta ante nuestra visión mental otro nombre que está sobre cualquier otro, JESUCRISTO, el Salvador del mundo, porque fue mientras aún estaba en el trono Herodes, cuando Jesús nació en Belén de Judea. El sanguinario reinado de este dramático gobernante puede dividirse en tres períodos: Lucha por la supremacía, administración progresista y caos interno.

( 91 )

1. El principio de su carrera se caracterizó por una tensa, y algunas veces muy

dudosa, lucha por la supremacía. La política fija e infavorable de Herodes hasta el fin

42 Para una lista de los Herodes en sus relaciones lineales, véase el Apéndice.

43 Staley: History of the Jewish Church, Vol. III, p. 361.

63

de su vida, fue destruir toda oposición sin considerar precio o relaciones. Aún los más cercanos y más queridos para él fueron derribados por su ambición irreprimible. Como su padre, logró mantenerse al lado de la mano triunfadora de Roma. Después de la muerte de Antípater, Judea se abandonó en manos de Fasel, y Galilea quedó bajo el dominio de Herodes. Pero días difíciles aparecían ante los dos hermanos. Julio César había sido asesinado y la causa de la República se había perdido en Filipos. Así, los idumeos fueron arrojados al lado de los vencidos en rivalidad de Roma. Eran odiados por sus súbditos como gobernantes extranjeros e impostores. Antígono, hijo de Aristóbulo II, pidió la ayuda de los partos y tomó Jerusalem. Fasel fue capturado, y desesperado de la causa, se suicidó. Pero Herodes no pudo ser sometido tan fácilmente. Evadió a sus enemigos y después de muchas dificultades y privaciones llegó a Roma, donde pidió a Antonio que diese el trono de Judea al joven Aristóbulo, hijo de Alejandro. 44 No podemos juzgar de su sinceridad al hacer su petición, pero en alguna forma Antonio se negó a entregar el trono de Judea al joven Asmoneo, y lo concedió al mismio Herodes, otorgándole el título de “Rey de los Judíos.” Volvió a Palestina con un pequeño ejército romano, reunió otras fuerzas que simpatizaban con su causa, y logró la captura de Jerusalem en el año 37 A.C. Herodes procedió inmediatamente a desembarazarse de sus oponentes. Antígono

y la mayoría del Sanedrín fueron ejecutados. Más tarde el confiado joven Aristóbulo, a quien se había visto obligado a nombrar sumo sacerdote, fue ahogado accidentalmente

( 92 )

por alguno de sus agentes. Cayó en seguida el viejo Hircano, antes fiel instrumento de la ambición de su padre, bajo la desenfrenada crueldad del tirano. Después de que Octavio (Augusto César) alcanzó la supremacía del Imperio por su victoria en Accio, Herodes obtuvo de él la promesa de su amistad y su protección. Era ahora el amo absoluto de toda la situación, y se preparó para reinar en paz. Pero un acto más de consumada barbarie debía completar su sangrienta marcha al poder. Mariana, su hermosa y amadísima esposa, fue acusada de infidelidad por su hermana Salomé y

condenada a muerte. Su trágico destino pronto se repitió en la ejecución de su orgullosa

y sagaz madre.

2. La primitiva sanguinaria carrera de Herodes dio lugar, entonces, a un

verdadero esfuerzo por una administración progresista, aunque aún esta época no estuvo libre de crueldad. Después que hubo dispuesto de todos aquellos que habían desafiado su derecho al trono, Herodes volvió su atención hacia el mejoramiento de sus

dominios. Llegó a ser ostensible (y quizás realmente) protector entusiasta de la cultura

y el arte, e indujo a varios eruditos a establecer su residencia en su reino. No provocó guerra alguna no necesaria, dando así, al país, oportunidad de desenvolverse.

44 Según una quizás dudosa afirmación de Josefo, que dice en Antg.,14:14, “Porque no vino con la intención de pedir el

reino para sí mismo,

pero proyectaba pedirlo para el hermano de su esposa.”

64

En su programa de reconstrucción, Herodes demostró cierta verdadera habilidad de estadista. Decidió la fundación de varias ciudades nuevas, la principal de las cuales fue Cesarea, denominada así por su patrono, Octavio. La ciudad de Samaria fue mejorada y engrandecida, se edificó en ella un hermoso templo, después de lo cual se cambió el nombre de la ciudad por el Sebaste (nombre griego correspondiente a “Augusto”), en honor del emperador romano. Construyó nuevos fuertes para la defensa de sus dominios, y los edificó tan bien, que las ruinas de algunos permanecen hasta ahora. Reconstruyó el templo de Jerusalem aún con mayor magnificencia que el de Salomón, y erigió para sí mismo

( 93 )

un espléndido palacio. Muchas otras mejoras se hicieron en la ciudad, como edificar un gran anfiteatro precisamente fuera de las murallas, y un teatro adentro. En estas empresas, Herodes dio verdadera evidencia de habilidad administrativa y de gusto arquitectónico. Probó que en diferente situación y con diverso temperamento, podría haber sido un gobernante verdaderamente grande.

3. Sin embargo, Herodes no habría de morir en paz, sino que cerró su despótico

reinado en un estado de caos interno. Nunca se recobró de la ejecución de Mariana. El remordimiento se apoderó de su conciencia hasta que llegó a ser casi locamente taciturno. Era natural, así, que tal estado de ánimo engendrase sospechas de todo lo que le rodeaba. Sus hijos de Mariana, Alejandro y Aristóbulo, fueron designados por él como sus sucesores. Fueron educados en Roma y preparados cuidadosamente para sus regios cargos; pero a su regreso a la corte de Herodes, por las envidiosas maquinaciones de Antípater, su hijo mayor, y de Salomé, se le hicieron sospechosos y fueron ejecutados. Poco más tarde supo que Antípater preparaba una conspiración contra su vida, por lo que lo encarceló y ejecutó después. Uno de los últimos actos de crueldad perpetrados por Herodes, fue el asesinato de los inocentes de Belén. 45 Murió en atormentadora agonía por el año 4 A.C., después de un reinado de treinta y cuatro años.

45 Algunos historiadores, especialmente los judíos y los liberales cristianos, rechazan el relato de Mateo acerca de la matanza de niños en Belén. Hay dos objeciones que se le oponen. (1) No halla corroboración en Josefo o en algún otro relato del reinado de Herodes; y (2) está tan íntimamente ligado con la narración del nacimiento de la Virgen, que su aceptación podría aparecer como táctica ratificación de lo sobrenatural. La primera objeción sola ofrecería poca dificultad, porque hay una considerable cantidad de historia judía referida en el Nuevo Testamento, que se acepta sin corroboración extra bíblica, pero se toma ardientemente como apoyo objetivo de la segunda objeción. No aparece consideración alguna de la crítica literaria contra la narración misma. Es una sincera, sencilla narración. “Herodes entonces, como se vio burlado de los magos, se enojó mucho, y envió, y mató a todos los niños que había en Bethlehem y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que había entendido de los magos” (Mateo 2:16). No hay huella de exageración o adorno en este breve relato. No puede haber duda alguna razonable de que el autor se consideraba escribiendo una simple declaración de hecho. Y esto está de acuerdo con los hábitos y disposición conocidos de Herodes. Esta es la forma exactamente, en que Herodes habría naturalmente actuado bajo las circunstancias dadas. Difícilmente puede considerarse como política sana desde el punto de vista histórico, descartar todo el asunto por la simple dogmática declaración: “Pero Herodes, criminal como fue, era inocente de este crimen” (Graetz: op. cit., II, 116), y ni aún pretender el apoyo de un argumento por el repudio de la sencilla narración del Nuevo Testamento. En realidad, quien no tiene dificultad alguna con la sobrenatural, no encuentra buenas razones para rechazar este relato. Por tanto, se incluye en el texto principal de esta revista histórica.

65

De acuerdo con un testamento hecho por Herodes poco antes de su muerte, sus tres hijos entraron en posesión de sus reinos. Arquelao se hizo rey 46 de Judea

( 94 )

(incluyendo Samaria e Idumea), Herodes Antipas llegó a ser tetrarca de Galilea y Perea, y Herodes Filipe, tetrarca de Traconite y regiones adyacentes.

III. Arquélao

Arquélao fue un insigne fracaso como gobernante. Prevalecieron los disturbios desde el principio. Entre sus primeros actos oficiales se halla la represión de un motín en Jerusalem. Mientras esperaba que Augusto confirmase la voluntad de Herodes, estalló la rebelión de Judea, y requirió la intervención del gobernador de Siria para calmarla. Así comenzó su administración frente a dificultades que sólo los verdaderos estadistas pueden resolver y Arquelao estaba

( 95 )

totalmente desprovisto de esta cualidad. Todo su reinado fue de confusión y de matanza. La oposición se le enfrentaba por todos lados. Su derecho como sucesor de Herodes fue disputado por sus parientes, especialmente por Antípas. Su matrimonio con una divorciada ofendió profundamente a los judíos, y aumentó su odio hacia él. El único hecho que redime a su reinado fue que se empeñó en considerable número de construcciones. Después de diez años de administración trágicamente incompetente fue desterrado yt sus dominios pasaron a poder del emperador romano.

IV. Herodes Antipas

Un reinado más lago y mucho más próspero se presenta aquí. Herodes Antipas fue diplomático y conservador, y fue capaz de mantener una paz relativa. Cuidadosamente fortificó sus fronteras, y dirigió extensas empresas constructivas. Las manchas más oscuras de su historia fue su matrimonio ilegal con Herodías y el degüello de Juan el Bautista, a quien, como sabemos por Josefo, había encarcelado en Maquero. A él fue a quien Pilato le envió a Jesús para examinarlo (Lucas 23:7-12). Sus mayores dificultades procedieron de sus desgraciadas relaciones domésticas, que finalmente produjeron su caída. Herodías, en un ataque de celos hacia su hermano Agripa, persuadió a Antipas a ir con ella a Roma y pedir a Calígula, quien recientemente había llegado al trono, que le concediese el título de rey. Pero en vez de conseguir lo que buscaba, fue depuesto y desterrado.

46 Mientras Arquéalo fue llamado, probablemente “rey” enla acepción popular del término, su verdadero título oficial por designación de Augusto, fue Etnarca. Las monedas de su reinado que han sido descubiertas, indican que se apegó fielmente al empleo de este título. Cf. Report of Harvard Excavations at Samaria, p. 267.

66

V. Filipo

Filipo tiene sólo escasa relación con la historia del Nuevo Testamento, y por tanto puede bastar sólo una breve referencia. Fue hacia su territorio a donde Jesús se retiró cuando el odio de los fariseos fue tan intenso que puso en peligro su vida. Sus dominios

( 96 )

se mantuvieron en relativa paz y orden.

los Herodes.

Fue él, por todas sus diferencias, el mejor de

Schuerer resume toda su carrera diciendo que “su reinado fue dulce, y

justo y pacífico” (Op. Cit., I, ii, p. 14).

LOS PRIMEROS PROCURADORES

Después del derrocamiento de Arquelao, los judíos solicitaron ser relevados del gobierno de los Herodes. Prefirieron un gobernador nombrado directamente por Roma; sin embargo, no como política realmente deseable, sino como el menor de los males necesarios de la dominación pagana. De este modo Judea se colocó bajo la vigilancia del gobernador de Siria, y recibió un procurador. La residencia del procurador estaba en Cesarea, 47 aunque en ocasiones especiales, particularmente durante las grandes fiestas, establecía sus oficinas temporalmente en Jerusalem, quizás porque la gran aglomeración de gente allí en ese tiempo, exigía su atención personal. En tales ocasiones vivía en el palacio de Herodes, en la parte occidental de la ciudad. Las prerrogativas de estos procuradores eran tres: Recaudar los impuestos exigidos por el Gobierno Romano; comandar las fuerzas militares de la provincia; y actuar como jueces en los más importantes casos judiciales. Las contribuciones recaudadas iban directamente al César, porque Judea era una provincia imperial y no senatorial (Compárese Mateo 22:17 sgs.). Muchos judíos hallaron empleo en la recaudación de estas contribuciones. Un individuo podría asegurarse el derecho de recaudar los tributos en determinado distrito, derecho por el cual pagaría al Gobierno Romano una cantidad estipulada por año, y cualquier renta superior a dicha suma que pudiese colectar, sería su propia ganancia.

( 97 )

Se suponía que habría un máximo fijado por la ley; pero era tan irregular, que se dejaba gran oportunidad a la extorsión. Estos recaudadores eran llamados en latín, la lengua oficial, publicani, los “publicanos” de nuestro Nuevo Testamento, tan odiados por los

47 Esto probablemente agravó los prejuicios contra el gobernante romano, de parte de los más estrictos judíos, puesto que el origen y relaciones paganas de Cesarea la habían hecho en extremo odiosa a ellos. Cf. Edersheim, Jewish Social Life, p. 72.

67

judíos leales, tanto por ser extorsionadores, como por agentes de una potencia extranjera. El procurador era comandante militar. Se ponía bajo su mando una fuerza de tropas provinciales, con la cual conservaba el orden y mantenía a sus dominios en sujeción. Estas tropas estaban acuarteladas en numerosos puntos, de modo que un soldado romano no era algo familiar en Judea (Cf. Lucas 3:14). La función judicial del procurador estuvo confinada casi totalmente a los casos de delitos capitales, dejándose todos los menores a la jurisdicción de los tribunales locales. Así el Sanedrín pudo interrogar a Jesús y ostensiblemente determinar su culpabilidad, pero para su ejecución debía obtenerse la sanción de Pilato. Asimismo, los judíos fueron completamente libres en todo lo concerniente a la religión, y les fue concedida gran libertad en los negocios civiles, y sin embargo, ninguno de los procuradores pudo dar general satisfacción. Tan pronto como Judea fue hecha provincia romana, el gobernador sirio, Quirino, ordenó un nuevo aumento de contribuciones, que precipitó una rebelión. En realidad, la actitud de la mayoría de los judíos de Palestina hacia el gobierno romano hacía prácticamente imposible para el representante de esa autoridad el dejarlos satisfechos, sin importar cuán sabía y rectamente procurase administrar los negocios. Sin embargo, ninguno de los procuradores demostró ser un gobernante capaz y atinado. El único de los primeros procuradores en quien especialmente nos interesamos es Poncio Pilato, quien estaba al frente de la administración de Judea cuando Jesús fue crucificado. Mantuvo su puesto durante diez años, no por la justicia o lo satisfactorio de

( 98 )

su administración, sino debido a la política seguida en las provincias por Tiberio, que entonces gobernaba el Imperio. El tratamiento extremadamente cruel para sus súbditos ocasionó que finalmente fuese llamado a Roma.

HERODES AGRIPA I

Agripa era nieto de Herodes el Grande. La narración de su carrera parece un romance. Se educó en Roma y pasó allí los primeros años de su vida. Y cuando se acercaba a la media edad fue desterrado por Tiberio y se refugió en una antigua torre al sur de Palestina. Cuando estaba allí procuró dar fin a su vida miserable por medio del suicidio. Este imprudente acto fue impedido por su fiel esposa. Continuó padeciendo mala fortuna hasta que volvió a Roma, y halló acceso al favor de Calígula. Pero por observación mal pensada, otra vez ofendió a Tiberio, quien lo arrojó encadenado en la prisión. Esta fue la última hora oscura antes de la aurora de su día mejor. Cuando, al poco tiempo, Calígula llegó a ser emperador, designó rey a Agripa, confiriéndole la Tetrarquía (39 D.C.). Sin embargo, no entró en verdadera posesión de sus dominios, sino que continuó, durante un largo tiempo, residiendo en Roma. Fue “Rey” durante un período, antes de poseer realmente un reino.

68

Cuando Claudio llegó al trono imperial, Agripa otra vez obtuvo el favor real, y logró, además de sus dominios anteriores, Judea, Idumea y Samaria. Entonces volvió a Palestian, hizo su residencia en Jerusalem, y gobernó con notable éxito durante cuatro años. Exhibió el tacto y la astucia de su famoso abuelo, pero sin el celo y el espíritu sediento de sangre de Herodes. Buscó fervientemente el favor de los judíos, en particular el de los fariseos, como se demostró en la persecución referida en Hechos 12. Pero mientras manifestaba ostensiblemente gran deferencia por el judaísmo, Agripa se mostraba, en

( 99 )

realidad, imbuído completamente por el helenismo. Dio a sus dominios muchas de las diversiones comunes al mundo griego que lo rodeaba. Y precisamente cuando sus proyectos parecían más brillantes fue atacado por una asquerosa enfermedad, y tuvo una horrible muerte (44 D.C.).

LOS ULTIMOS PROCURADORES

Se esperaba que Agripa fuese sucedido por su hijo de diez y siete años de edad, Agripa II, pero Claudio, por recomendación de sus consejeros, que consideraban a Agripa demasiado joven, decidió de otra manera. Palestina se puso bajo el gobierno de un procurador, 48 mientras Agripa II se le daba el pequeño principado de Chalchis, situado en la llanura de Marsyas, entre el Hermón y el Líbano, aunque más tarde se le concedió la anterior tetrarquía de Filipo, que comprendía Traconitis. Reinó con bastante éxito, aunque con prerrogativas grandemente restringidas, hasta su muerte, que ocurrió por el año 100 D.C. Entre los años 44 y 66 D.C. Palestina tuvo siete procuradores, Fado, Alejandro, Cumano, Félix, Festo, Albino, y Floro. Este período fue de gran violencia e inquietud en toda la provincia. Los zelotes y los sicarios 49 adoptaron extremas medidas de violencia

( 100 )

contra el gobierno romano, hasta el asesinato de funcionarios romanos y sus simpatizadores. Las administraciones de los dos primeros fueron relativamente tranquilas y pacíficas, aunque se vieron perturbadas por alborotos ocasionales, y la

48 Durante el período comprendido entre 6 y 41 D.C. solamente Judea fue provincia romana, puesto que el resto de Palestina estaba bajo Antípas y Filipo, pero en 41 D.C. los antiguos dominios de Antípas y Filipo se incluyeron en Judea, de modo que prácticamente toda Palestina estaba comprendida en la provincia romana.

49 Así llamados porque armaban con dagas cortas (sicae), y, mezclándose entre las multitudes de las grandes fiestas, encubiertamente herían de muerte a sus enemigos. Se considera a aquellos que conspiraban para matar a Pablo (Hechos 23:12 sgs.) como miembros de este partido (History of New Testament Times in Palestine, p. 211). Es muy claro que a ellos se refiere Hechos 21:38.

69

violencia política se agravó por los horrores del hambre. Pero la rebelión abierta surgió durante el gobierno de Cumano 48-52 D.C.). En tres choques con el populacho judío los sometió con extrema crueldad y exigió un pesado tributo de vidas. La administración de Félix (52-60 D.C.) excedió en crueldad y severidad a cualquiera de sus predecesores. Las condiciones fueron considerablemente mejores durante el tiempo de Festo, sólo para arrojarse en un estado de mayor caos en el período de su sucesor, Albino, y para alcanzar su clímax bajo Floro. El odio de los judíos, y la crueldad y avaricia de los romanos, contribuyeron a crear una situación, cuyos horrores difícilmente pueden exagerarse. De los procuradores de este período, Félix y Festo son los de mayor interés para

el estudiante del Nuevo Testamento. Fue Félix quien puso a Pablo en prisión en

Cesarea, durante dos años, por su esperanza de que “de parte de Pablo le serían dados

y ganar la gracia de los judíos” (Hechos 24:26,27). Esta breve nota

descriptiva en los Hechos, es un epítome notablemente exacto del carácter del hombre.

Y ante Festo apeló Pablo a Roma, y más tarde fue oído por Festo, a quien acompañaba

dineros;

Agripa II. La expresión del carácter de estos dos funcionarios en la narración de los Hechos, está en impresionante concordancia con lo que sabemos de ellos por otras fuentes. Durante todo este período, desde 44 hasta 66 D.C., los judíos estuvieron en perpetuo estado de rabia y frenesí, preparándose para el sangriento drama que sería el período inmediato de su historia nacional. Fue cuando las condiciones se hacían más angustiosas cuando Pablo levantaba la colecta entre sus iglesias

( 101 )

para los judíos cristianos desesperados en Jerusalem y alrededores. Su desamparo se debió probablemente, en parte, a los inciertos acontecimientos políticos.

LA REBELION JUDIA

Los zelotes habían estado promoviendo fervientemente su propaganda por casi un siglo. La agitación había logrado los efectos que se pretendían. Había creado en el corazón del judaísmo patriótico un irreprimible odio hacia Roma y todo lo que en alguna forma representara a Roma. Fue durante este período de confusión cuando Santiago el hermano de Jesús halló su martirio por el año 62 D.C. 50 Muchas otras almas fieles descendieron a la muerte, sin que realmente tuviesen especial simpatía por Roma, sino porque se habían negado a participar en la insensata protesta de los zelotes. La verdadera revolución estalló mientras era procurador Floro (66 D.C.). Este funcionario, avaro y sin escrúpulos, procuró despojar al templo de algunos de sus tesoros. Para vengar el insulto perpetrado así contra Jerusalem y todo Israel, Judea, tras

50 Schuerer es incapaz de aceptar ésta como la fecha correcta, y presenta evidencias contra ella que la hacen dudosa. Cf. Op. Cit. I, ii, pp. 186 sgs.

70

breve intervalo de inútiles esfuerzos de arbitraje, se levantó en un poderoso, sangriento y desesperado esfuerzo para librarse del yugo romano. Mortandad y destrucción dominaron por todos lados. Fe en vano que el Rey Agripa procurase apaciguar la rabia de las furiosas multitudes. Cestio Gallo, Gobernador de Siria, pretendió apaciguar la rebelión, pero no tuvo éxito. Fue rechazado con gran mortandad y llegó a Antioquia con sólo el resto del ejército con que había salido. En la marejada de esta victoria los revolucionarios arrasaron todas las cosas consigo. Los partidarios de la paz fueron obligados a aceptar y a participar

( 102 )

en la rebelión. Los caudillos de los judíos empezaron entoncesaunque sin duda con pequeña esperanza de éxito 51 --a organizar la nación para la guerra. Josefa se puso al frente de Galilea, y emprendió elaborados preparativos, auque de hecho no tenía esperanza alguna de éxito en la guerra. En los otros distritos de Palestina los caudillos militares se dedicaron a organizar el país para la guerra. El Sanedrín se mantuvo al frente de los negocios en Judea y Jerusalem. Vespasiano, uno do los más grandes entre los generales romanos y más tarde emperador, fue enviado para dominar la rebelión. En rápida sucesión capturó las fortalezas que se habían preparado para la defensa. En Galilea, Josefo capituló tan pronto como los romanos lo atacaron. Al final del primer año de la guerra, Vespasiano estaba frente a Jerusalem. En esta coyuntura tuvo lugar un acontecimiento que se consideró habría de dar alguna ventaja a los revolucionarios. La muerte de Nerón produjo la confusión en la Ciudad Imperial, lo que ocasionó una cesación de hostilidades durante una temporada. Esto dio a los judíos una oportunidad para reorganizar sus fuerzas, pero en lugar de tomar ventaja de esta oportunidad, gastaron el tiempo en pequeñas guerras civiles. Las tropas que se hallaban dentro de la ciudad se dividieron en varias facciones contendientes, que buscaban la sangre unas de otras tan ferozmente como habían combatido con las avanzadas romanas. Los zelotes fueron reforzados por un ejército de idumeos, que introdujeron a la ciudad durante la noche, pero que muy pronto salieron, probablemente disgustados por la lucha civil entre los judíos. Gran número

( 103 )

de las tropas de la defensa fue asesinado, y valiosos pertrechos se destruyeron, de aquí que cuando Tito, hijo de Vespasiano y su sucesor en el mando, 52 renovó el sitio con un ejército de cuatro legiones de soldados regulares y muchas tropas auxiliares, los

51 Era la opinion de Ewald que toda la nación judía, embriagada por la Victoria sobre Cristo, se había engañado con la creencia de que podrían victoriosamente rebelarse contra Roma (Cf. op. cit., VII, pp. 511 sgs.). Sin embargo, parece grandemente improbable que los más jiciosos y previsores caudillos hubiesen permitido que una oleada simple entusiasmo los llevase a tan gran engaño, que no tenía en su favor ni el más pequeño vestigio de razón sustancial.

52 Vespasiano mientras tanto, había sido puesto en el trono imperial por las legiones romanas del oriente.

71

defensores de la ciudad no estaban preparados para resistir con éxito. Después de cinco meses de horrible sufrimiento, cayó Jerusalem y fue destruida por el conquistador romano. Número considerable de los habitantes pereció por la espada, mientras muchos fueron tomados prisioneros para emplearse en los combates gladiatorios o para adornar la procesión triunfal del conquistador, que más tarde fue presentada en Roma. Así terminó una revolución que desde sus comienzos inevitablemente estaba condenada al fracaso. Con esta calamidad, la identidad nacional del judaísmo se perdió completamente y para siempre. Las dos instituciones de su vida distintivamente nacional, el Sanedrín y el sacrificio, fueron abolidas para nunca más reaparecer. Desde esta época los rabíes que representan a los fariseos, dominaron a la nación, porque con la destrucción del templo y la abolición del Sanedrín, los saduceos pasaron a la historia. El centro de la influencia rabínica se situó en Jamnia, en la Judea occidental, donde los principales rabíes de los judíos se habían refugiado antes de la caída de Jerusalem. Se hicieron otros dos vanos esfuerzos por los judíos para mantenerse y obtener mayores libertades. El primero por los judíos de Cirene, Egipto, Chipre, y Mesopotamia, entre 115 y 117 D.C. El primero fue sometido por Trajano con gran matanza y resultó que fue también el último, se redujo a Palestina. Ocurrió durante el reinado de Adriano en 132 a 135 D.C. Un caudillo fanático conocido como Barchochba adoptó el papel de Mesías y dirigió una terrible

( 104 )

insurrección, probablemente ocasionada por los conocidos designios de Adriano de edificar un santuario pagano en lugar del templo. Para aniquilar la rebelión, los romanos prácticamente acabaron a los escasos restos de la nación y sujetaron a severa persecución a los judíos de otras partes del Imperio. Palestina desde entonces fue propiedad sin disputa de los paganos, y el judaísmo de Palestina llegó a su fin.

( 105 )

72

CAPÍTULO VI

LA RELIGION DEL JUDAISMO

El título de este capítulo en su más pleno sentido comprende todo lo del judaísmo, porque para los judíos cada detalle de su experiencia y cada elemento de su medio tuvo una significación religiosa. Su historia, su país, su pueblo, fueron todos parte de su religión. Es nuestro propósito aquí, sin embargo, tratar acerca de aquellos elementos de vida judaica palestina que estuvieron distintamente conectados con aquellos que debemos considerar como esencial y puramente religiosos. Hubo ciertas instituciones implicadas en la vida religiosa y el culto de los judíos; el progreso de su historia religiosa había producido distintas sectas; la religión como ellos la conocían se expresaba esencialmente por la ley y el corazón religioso del judaísmo consideró que en el futuro se contenía la plena realización de sus esperanzas e ideales nacionales. A estos asuntos distintamente religiosos dedicamos el presente capítulo.

LAS INSTITUCIONES DEL JUDAISMO

Hubo cuatro factores institucionales en la vida religiosa de la Palestina del Primer siglo: la sinagoga, el templo, las fiestas anuales y el Sanedrín.

I. La Sinagoga

Hasta cuando cae el telón sobre la historia del Antiguo Testamento no hemos oído de otro lugar de culto que el templo, excepto cuando los directores apostatas procuraban falsear la religión de Israel, estableciendo “lugares altos” a imitación del ritual pagano. Cuando abrimos el Nuevo Testamento nos

( 106 )

enfrentamos inmediatamente a una nueva institución, muy prominente en la religión judaica, conocida como la sinagoga. La palabra es de derivación griega y significa “reunidos justamente”; esto es, una asamblea.

1. En cuanto al origen de la sinagoga, no podemos estar ciertos. Había una

tradición entre los judíos de que había sido establecida por Moisés, pero por supuesto era incorrecta. La teoría en que ahora prácticamente están de acuerdo los estudiosos de la Biblia es la de que se originó en Babilonia durante el exilio, y logró un lugar permanente y definido en la vida de la nación después de la restauración. Después de que las tribus hubieron sido llevadas en cautividad, ya que estaban separadas sin esperanza del templo con su culto, los más devotos se reunieron en algún lugar conveniente para leer y discutir pasajes de la ley. Esta costumbre de reunirse llegó a ser más regular y extendida, hasta que se agotaron lugares y ocasiones de reunión

73

determinados. Bajo la reforma instituida por Esdras, que puso gran énfasis en el estudio de la ley, se dio gran ímpetu al estudio sistemático de la ley.

2. La función primaria de la sinagoga fue proveer un lugar para el estudio de la

ley. El templo era el lugar del culto, mientras la sinagoga lo era de la instrucción. Era

la institución educativa del judaísmo. “Nuestras casas de oración en los diversos pueblos no son otra cosa que instituciones para enseñar prudencia y valor, templanza y justicia, piedad y santidad,” dijo Filón. 53 La enseñanza se hacía por los escribas, o

rabíes, que estaban especialmente preparados para este propósito y separados para este servicio por ceremonias especiales de ordenación.

3. Es probable que los servicios en la sinagoga se tuviesen al principio solamente

en el sábado, pero mucho antes de los tiempos del Nuevo Testamento llegó a ser costumbre tener servicios de la sinagoga

( 107 )

durante los días de las grandes fiestas para beneficio de aquellos que no pudiesen subir a Jerusalem. En la época de nuestro Señor prevalecía la costumbre de tener servicios de la sinagoga los lunes y los jueves, además de los del sábado, por conveniencia de la gente del campo, que, como dice Hausrath, “traían sus frutos al mercado y sus querellas a los jueces” 54 en aquellos días. Los servicios de la sinagoga eran según una forma más o menos establecida. Después de los ejercicios preliminares, que consistían en “bendiciones” de apertura y en la recitación de un ritual de confesión conocido como “Shema”, y oración, se leía una porción prescrita de la ley, luego generalmente, alguno de los profetas, después de lo cual se llamaba a alguno o voluntariamente alguien, para añadir comentarios expositivos u hortatorios. Una bendición final, pronunciada por un sacerdote, daba fin al servicio.

4. Estaba conectado con la sinagoga un grupo de funcionarios. Los más

importantes eran los ancianos, que eran elegidos por la congregación para tener supervisión general de la vida de la comunidad. 55 Dentro de Palestina, en las ciudades dominadas por la población judaica, los ancianos tenían la dirección de los asuntos tanto civiles como religiosos, pero en la dispersión sus prerrogativas fueron, por supuesto, exclusivamente religiosas. Los servicios regulares de la sinagoga estaban a cargo de un funcionario conocido como el “Príncipe”. Este funcionario cuidaba de la conservación del edificio, se encargaba de los pergaminos de las Escrituras, que poseía la sinagoga, y dirigía los servicios, o señalaba quien los dirigiera. Otros funcionarios, conocidos como “receptores”, eran responsables de la colecta y distribución de las limosnas. Un subordinado conocido como

53 Cf. Hausrath, op. cit. Div. I, Vol. I, p. 85.

54 Op. cit., p. 36.

55 Cf. Edersheim, Life and Times of Jesús the Messiah. Vol. I, p. 438.

74

( 108 )

el “ministro” (en griego diácono) actuaba como ayudante del príncipe de la sinagoga, y otro, que era funcionario “recitador de oraciones”, servía como secretario de la sinagoga en sus transacciones con el mundo exterior. En los días de Jesús y de Pablo no había en el judaísmo una institución más influyente que la sinagoga.

II. El Templo

Para el judío el templo era lugar en el cual Jehová podría ser adorado en forma verdadera y adecuada. Es cierto que había oración y alabanza en el hogar y en la

sinagoga, y sin duda, muchas almas devotas de temperamento místico tenían comunión con Dios en devociones secretas; pero la adoración en el sentido estricto, como el judío la concebía, estaba confinada al templo. De aquí que el templo ocupase un lugar exceso vital en la religión del judaísmo.

1. El templo, en cuyos atrios nuestro Salvador anduvo y enseñó, era una muy

hermosa construcción, una de las más imponentes estructuras jamás producidas por la habilidad humana. El Imperio Romano no tenía edificio mayor fuera de la ciudad imperial. Había sido comenzado por Herodes en el año 20 A.C., y aún estaba en proceso de construcción durante 46 años, luego se le agregaron aquí y allá mejoras y toques de acabado hasta su terminación final: año 64 D.C., exactamente 6 años antes de que fuese destruido por Tito para no volver a ser reedificado. El templo de Herodes era un oblongo irregular, más ancho por el norte que por el sur. Estaba situado en el Monte Moria, eminencia en el extremo inferior u oriental de la ciudad de Jerusalem. Toda

( 109 )

su área 56 estaba encerrada por una muralla almenada, abierta por varias puertas cuyo número exacto no conocemos. Había por lo menos cinco, cuatro hacia el poniente y una hacia el sur, y posiblemente otras tres, una más en el sur, otra en el norte y otra al oriente. 57 La entrada principal y más elaboradamente construida era la puerta del sur, en el lado poniente. Por esta puerta uno entraba primero al atrio de los gentiles, llamado así porque a los gentiles se les permitía estar allí. Estaba ricamente adornada con vastos pórticos y columnatas, el pórtico real al sur y el pórtico de Salomón al oriente. Pórticos semejantes limitaban los lados norte y poniente, todos con pesadas columnas. En una elevación ligeramente arriba del atrio de los gentiles y rodeado por una división de

56 Las fuentes varían en cuanto a la forma y tamaño de la comprensión del Templo. Probablemente era como de 750 pies de ancho por 1000 de largo. Para un esquema del plano del Templo, véase cualquier Diccionario Bíblico.

57 Sobre los detalles, véase Edersheim, The Temple, pp. 36, 37.

75

mármol de 4 ó 5 pies de altura, estaba el santuario. Dentro de sus sagrados recinto un gentil no osaba pasar, 58 aunque los gentiles podían ofrecer, por medio de los ministros del templo, sus dones y ofrendas a Jehová. A este atrio interior se penetraba por nueve puertas, cuatro al sur, cuatro al norte y al oriente la Puerta Hermosa (Hechos 3:2), la entrada de mayor magnificencia del templo y aquella por la cual entraba la mayoría de los adoradores. La longitud del santuario se extendía de oriente a poniente. Comenzando en la Puerta Hermosa al oriente y moviéndose hacia el poniente se encontraba primero el atrio de las mujeres, llamado así

( 110 )

porque se permitía entrar allí a las mujeres judías, pero no podían seguir adelante. En seguida estaba el atrio de Israel, al cual podía penetrar todo varón israelita, una vez que había alcanzado la edad apropiada y se había sujetado a las elaboradas reglas de la purificación. Estaba separado por una baja balaustrada de como 18 pulgadas de altura, del atrio de los sacerdotes que estaba antes y alrededor del templo propiamente dicho. Al frente del atrio de los sacerdotes se hallaba el altar de los holocaustos, en el cual diariamente ministraban los sacerdotes. El templo propiamente dicho, se elevaba sobre todo lo que lo rodeaba, construido de mármol blanco, elaboradamente ornamentado y provisto de los sagrados instrumentos del culto. En el lugar santo estaba el altar del incienso, una mesa para el pan de las proposiciones y el candelero de oro de siete brazos. Delante del lugar santísimo colgaba la cortina ricamente bordada, llamada en el Nuevo Testamento el “velo del templo” (Mateo 27:51). No había muebles de ninguna clase en él, excepto una gran piedra sobre la cual el Sumo Sacerdote colocaba el incensario de oro, cuando entraba una vez al año, en el Día de la Expiación. Ningún otro ser humano podía jamás hollar su suelo sagrado.

2. El culto en el templo de los judíos se celebraba cada día del año. En esta

diaria adoración el hecho más prominente, y sin duda el más importante, era el holocausto hecho por el pueblo como un todo. Se hacía cada mañana y cada tarde, y

consistía en un cordero macho de un año y libre de mancha de cualquier clase, y acompañado de una “ofrenda en comida” y una “ofrenda en bebida”, quema de incienso, música vocal e instrumental por los sacerdotes y levitas, y las oraciones del pueblo. Durante todo el día los sacerdotes estaban ocupados, oficiando en gran número de sacrificios por individuos que procuraban cumplir los varios requisitos de la ley.

3. Los servicios del templo estaban bajo la exclusiva dirección de los sacerdotes.

Eran considerados

( 111 )

58 En 1871 Clermont-Ganneau descubrió una tablilla de piedra que había sido usada como dartel colocado a la entrada de este recinto del santuario. Llevaba en griego las palabras: “Ningún extranjero puede entrar dentro de la balaustrada que rodea al templo y lo que comprende. Cualquiera que sea capturado sera él mismo responsible de su muerte, que seguirá.” Cf. Cober, New Archeological Discoveries, p. 355.

76

universalmente en Israel como una orden distinta que servían por designación divina en la solemne aptitud de ofrecer sacrificios a Jehová. Los límites de la orden estaban determinados por el linaje, pues solamente a los hijos de Aarón estaba permitida la función del sacerdocio. Las genealogías sacerdotales estaban guardadas con el mayor cuidado; semejantemente en tiempo de Cristo, habían llegado a ser asuntos de pública información. 59 El orden lineal del sacerdocio era considerado así tan grandemente sagrado, que se imponían estrictas reglas sobre el matrimonio, y la persona del sacerdote individual era tan sagrada que se le aplicaban leyes especiales de pureza ceremonial. Se le instalaba en su cargo mediante una ceremonia especial de

consagración. Se dividían en veinticuatro grupos o “cursos”, que servían en rotación, y el sacerdote para una función especial era elegido por suerte.

4. Como clase subordinada de los funcionarios del templo encontramos los

levitas. Frecuente error del estudiante casual es suponer que sacerdotes y levitas eran

una y la misma clase, designándose por “sacerdote” el oficio y por “levita” la tribu. Solamente a los descendientes directos de Aarón, o “hijos de Zadok” como algunas veces eran llamados, se les permitía efectivamente oficiar en los sacrificios del templo. Los levitas servían como ayudantes de los sacerdotes, atendiendo los más bajos servicios de los sacrificios, cuidando los utensilios del templo, etcétera. Teóricamente sólo los descendientes de Leví podían cumplir estas funciones, pero es de otras tribus, en tiempos anteriores, a las obligaciones inferiores del templo, y sus descendientes llegaran a ser considerados entre los levitas.

5. El sostenimiento del templo era provisto por un elaborado sistema de

contribuciones y rentas. Su fuente principal era el diezmo, que se pagaba a los levitas, quienes a su vez diezmaban para los sacerdotes.

( 112 )

Además, había el rescate por el primogénito varón, el primogénito del rebaño y del ganado, los primeros frutos del campo y la viña, las ofrendas espontáneas, el tributo del templo en los días de Jesús era una institución grandemente enriquecida.

III. Las Fiestas

Jesús, en cumplimiento de sus relaciones humanas, fue un leal judío, y conscientemente observó las costumbres religiosas del judaísmo. De acuerdo con esta bien probada política de su vida, fue regular en su asistencia a las fiestas de Jerusalem. El Evangelio de Juan se distingue por su atención a este aspecto del ministerio del Señor. Las principales ocasiones sagradas eran en número de seis. Las tres principales, o fiestas mosaicas, eran la Pascua, la de Pentecostés y la de los Tabernáculos. Todos los varones israelitas, después de haber llegado a los trece años de edad, debían asistir a

59 Cf. Josefo, Life I.

77

estas tres fiestas, y se esperaba que sus padres los trajeses aún desde dos años antes de cumplir esa edad, de modo que pudiesen familiarizarse con la rutina de las ceremonias. Las fiestas postmosaicas eran la de Purim y la Dedicación. El Día de la Expiación era más bien un ayuno que una fiesta. La de Purim y el Dia de la Expiación no se mencionan en el Nuevo Testamento.

1. La de Purim era la primera fiesta del año, según nuestro calendario. Los

judíos computaban el tiempo por el mes lunar y contaban el principio del año civil aproximadamente el primero de nuestro octubre, mientras el año eclesiástico comenzaba por el primero de abril. La fiesta de Purim se observaba cerca del primero de marzo. Conmemoraba la libertad de los judíos de la tradición de Hamán, según se narra en el Libro de Esther. Esta fiesta se caracterizaba por las diversiones e intercambio de regalos. Se guardaba con el típico espíritu festivo con que celebramos la Navidad. El acontecimiento principal de la ceremonia era la lectura del Libro de Esther.

( 113 )

2. La Pascua se festejaba el día 14 del mes judaico de Nisán o por el primero de

nuestro abril. Era la más antigua de las fiestas judaicas y se le tenía en gran estimación. Se observaba para celebrar la preservación de los israelitas de los efectos de la décima plaga, y su huída de la esclavitud. Su importancia era reconocida aún por el Gobierno Romano de Judea, y era libertado un preso en ese día, según la elección del pueblo. Asociada con la Pascua y generalmente considerada como continuación de ella, estaba la Fiesta de los Panes sin Levadura, que comenzaba el día 15 de Nisán, siguiente de la Pascua, y continuaba durante siete días. En el segundo día de esta fiesta (16 de Nisán) se observaba la ceremonia de ondear las gavillas del grano nuevo delante del Señor en el templo, para indicar que la fiesta era de agradecimiento por la siega temprana, al mismo tiempo que una celebración de la libertad de Egipto.

3. El Pentecostés venía cincuenta días después de la Pascua, lo que generalmente

lo situaba dentro de las dos últimas semanas de mayo. Se celebraba en conmemoración de la siega del grano, que para ese tiempo estaba por terminarse. La ceremonia especial

de la celebración era la presentación en el templo de los dos “panes de agua” hechos de harina de trigo nuevo; esto es, trigo cosechado en esa estación. El Pentecostés se consideraba también como una celebración de la entrega de la ley a Moisés, pues ese gran acontecimiento ocurrió, aproximadamente, en la época del año cuando se observaba el Pentecostés. Esta fiesta se hizo famosa en la historia cristiana por el advenimiento del Espíritu Santo (Hechos 2:1 y siguientes).

4. El Día de la Expiación se guardaba el último de septiembre. Como se indicó

anteriormente era un ayuno más que una fiesta. Durante este día el sumo sacerdote penetraba al lugar santísimo para ofrecer incienso y rociar la sangre de los sacrificios, después de lo cual echaba al desierto al macho cabrío, que llevaba la culpa de la nación, y sacaba fuera de la

( 114 )

78

ciudad los restos de los animales sacrificados en holocausto. Era éste una ocasión en extremo solemne para los judíos, y dedicaban todo el día al ayuno y a la oración.

5. La Fiesta de los Tabernáculos se celebraba cinco días después del Día de la

Expiación, generalmente alrededor del primero de octubre. Se hacía en conmemoración de la protección divina a Israel durante la peregrinación por el desierto y era ocasión de acción de gracias por las bendiciones del año. Mientras esta fiesta desarrollaba, quienes participaban vivían en cabañas improvisadas, que se construían sobre los terrados de las casas, en los patios, y en las plazas y aún a lo largo de las calles y los caminos, aunque nunca alejadas de Jerusalem más de una jornada del día del Sabath. Las dos ceremonias principales eran el derramamiento de una libación de agua, efectuada por un sacerdote en una jarra de oro del Estanque Siloé, y la “iluminación del templo”, hecha por cuatro enormes lámparas colocadas con ese propósito en el atrio de las mujeres. Era ocasión de alegres festividades, elaborados ritos y abundantes ofrendas. 6. La Fiesta de la Dedicación, se guardaba a mediados de diciembre. Conmemoraba la restauración y la rededicación del templo hecha por Judas Macabeo. En esta fiesta se leían públicamente los libros Primero y Segundo de Macabeos.

IV. El Sanedrín

Era este un grupo de setenta y un ancianos judíos, presididos por el sumo sacerdote (con lo que llegaban en total a setenta y dos). En este cuerpo radicaban tanto la autoridad legislativa como la judicial. Cuando toda Palestina estuvo comprendida en una Provincia, el Sanedrín tenía jurisdicción sobre toda la región, pero durante el tiempo de Cristo tenía dominio solamente sobre Judea. Sin embargo, sus opiniones eran siempre respetadas por los judíos de toda

( 115 )

Palestina y aún por los de la dispersión. De hecho parece que el gobierno Romano reconocía su Jurisdicción en materia de religión, sobre todo el judaísmo. En el judaísmo palestiniano su autoridad era civil y religiosa, mientras en el helenístico lo era solamente religiosa. De aquí Pablo pudiese ir a Damasco con la autoridad del Sanedrín para aprehender a los judíos cristianos acusados de herejía. Las funciones civiles del Sanedrín eran principalmente judiciales. Todos los casos civiles dentro de su jurisdicción podrían ser resueltos por el Sanedrín, y los casos criminales que no alcanzasen la pena capital. La única excepción en asuntos de pena de muerte, era que podían condenar a cualquiera que profanase el templo. 60 El nombre era de origen griego (Sunedrion), y significaba “sentados juntamente”. Se menciona por primera vez en relación con los acontecimientos que sucedieron por el

60 Schuerer cree que aún en estos casos era necesaria la ratificación de la sentencia de muerte, por el gobernador romano, Cf. op. cit., II, i. p. 188.

79

año 55 A.C. Sus prerrogativas, según las ejercían en el período del Nuevo Testamento las habían recibido poco después del año 63 A.C. El período en que floreció fue desde el establecimiento de la dominación romana hasta la destrucción de Jerusalem, 70 D.C. Sin embargo, parece que no le había sido permitida una gran libertad de acción durante el reinado de Herodes. Después de la destrucción de Jerusalem fue abolido el Sanedrín. Así, la historia distintiva del Sanedrín abarca poco más de 100 años. Pero durante ese breve período ejerció una poderosa influencia en los asuntos judíos. 61

LAS SECTAS JUDAICAS

Se ha observado antes que hubo tres elementos fundamentales en la vida del judaísmo: la nación, la

( 116 )

ley y le sacerdocio. La devoción a la nación había producido la restauración. Conforme progresaba la nación, la vida del judaísmo naturalmente giraba alrededor de los otros elementos básicos, la Ley y el sacerdocio y desarrollaba dos distintas corrientes de interés religioso. Una que se acercaba al sacerdocio, tenía que ver con la perpetuación del ritual representado por la ceremonia del culto del templo. En esta esfera el sumo Sacerdote dominaba y reunía sobre sí mismo los intereses políticos de la nación. Esto fue cierto especialmente después del período Macabeo, cuando el sumo sacerdote y el rey tan frecuentemente eran una misma persona. La otra línea de interés surgía de la enseñanza de la ley, tarea cumplida pos los escribas y centrada en al sinagoga. Al principio de la historia judaica las dos líneas de interés eran prácticamente indistintas, pero pronto apareció una hendidura y cuanto más avanzaba su historia fue cada vez más amplia, hasta que produjo el rompimiento. Casualmente el grupo sacerdotal fue absorbido por los asuntos políticos; el grupo de los escribas, inquieto por la política, se dedicó con total abandono a la aplicación individual de la ley. Conforme las diversas y opuestas corrientes de lucha racial surgían por todos lados en Palestina, ese “puente del mundo antiguo”, los sacerdotes como caudillos políticos luchaban perpetuamente por conservar el judaísmo tan adaptado y conformado con los poderes gobernantes, que se asegurase así una existencia nacional provechosa y satisfactoria. Para los fervientes devotos de la ley tal adaptación parecía ser un compromiso imperdonable y, por tanto, era aborrecible para ellos. No era sino la prolongada oposición de los elementos conservadores y liberales que parece en toda la historia del progreso humano. Los escribas se hallaban principalmente del lado conservador, mientras los sacerdotes del liberal. Así, la ley y el templo que normalmente se consideran mutuos participantes en una santa tarea común,

61 Para una discusión sobre su origen e historia, véase Graetz, op. cit., Vol. I, pp. 894 sgs.; Ewald, op. cit., Vol. V pp. 167 sgs.

80

( 117 )

llegaron a estar separados uno frente al otro, en perpetuo cisma. No debe entenderse, sin embargo, que todos los sacerdotes estaban relacionados sólo con intereses políticos, ni que todos los escribas fuesen indiferentes a la política. Muchos sacerdotes eran devotos estudiantes de la ley, y muchos escribas estaban intensamente interesados en los acontecimientos políticos. Esto es, si hemos de anticipar distinciones que se explican más tarde en nuestra exposición, hubo fariseos entre los sacerdotes, y escribas entre los saduceos. Pero, por lo general, el elemento sacerdotal de la nación dirigió sus intereses en una dirección, mientras el elemento de los escribas siguió un curso diferente. De estas dos corrientes divergentes de la vida judaica con su interacción, procedieron las sectas judaicas del período del Nuevo Testamento.

I. Los Fariseos

Los fariseos aparecen en el Nuevo Testamento como la más prominente secta de los judíos, y la preeminencia que se les concede no es sino correspondiente a su indudable lugar en el primer siglo del judaísmo. Todas nuestras fuentes dan testimonio de que ninguna otra secta se aproximaba a ellos en influencia o número. Probablemente sería más propio describirlos como una orden fraternal, más que como una secta, porque tenían una membresía definidamente calificada y ciertas obligaciones prescritas. Su énfasis principal estaba en el diezmo y la pureza ceremonial. Eran los maestros del pueblo, sin rival y ejemplares, porque eran reconocidos como los verdaderos y leales sostenedores de las normas de la tradición de Israel. El nombre fariseo significa “separatista”. Fueron llamados así en atención a su lealtad para el exclusivismo tradicional del judaísmo, que llevaron al extremo de aplicarlo aún a los miembros de su propia casa que no eran consecuentes con su interpretación

( 118 )

de la Ley: de aquí sus profundos prejuicios contra los “publicanos y pecadores” (véase Lucas 15:1,2). Comparando a Josefo con el Nuevo Testamento podemos discernir muy distintamente las principales características de los Fariseos.

1. La característica fundamental de la secta era su extremo legalismo. Los

fariseos muestran la cima del desarrollo de esa tendencia legalista que es originó con la restauración y llegó a ser la fuerza más potente en la vida religiosa del judaísmo. Por tanto, pueden considerarse como el corazón de la vida judaica. Esto es, el judaísmo farisaico y el judaísmo oficial eran concepciones idénticas. 2. Pusieron gran énfasis en la providencia divina especial, aunque también

reconocían el libre albedrío del hombre. No negaban la responsabilidad moral. Josefo

81

afirma que los fariseos atribuían todo al “destino” (Guerra, 2:8), pero probablemente encontramos aquí una ida judaica en una vestidura griega. En lo que realmente creían

ellos era una providencia especial que obraba sobre todas las cosas de la vida humana.

3. Los fariseos aceptaban la realidad del mundo espiritual. Creían en una vida

futura yen la resurrección de los justos de Israel. Aceptaban la existencia literal de los ángeles y los espíritus.

4. Vivían modestamente y despreciaban las comodidades.

5. La antigüedad y la tradición eran tenidas en alta estima por ellos. Josefo

explica que “los fariseos han entregado al pueblo muchas grande observancias por sucesión de sus padres, las cuales no están escritas en la ley de Moisés” (Antig.

13:10:6). Eran los principales conservadores y ejemplos de la tradición oral, “la valla alrededor de la ley.”

6. Se caracterizaban por un poderoso compañerismo de grupo y por su lealtad y

bondad de una para con el otro. 7. Tenían poco interés en la política, en tanto que el gobierno existente no

estorbase en forma alguna

( 119 )

sus tareas religiosas. Fue esta característica la que muy frecuentemente les acarreó la profunda aversión de la clase gobernante. Sin embargo, las exigencias del desenvolvimiento histórico los obligó ocasionalmente a participar en asuntos políticos. No es justo concluir que todos los fariseos eran extremistas ostentosos. Ciertamente, hubo algunos de ellos, y con toda probabilidad un número considerable, que procuraban diligente y sinceramente fomentar la piedad, y que tenían sincero deleite en su esfuerzo por mantenerse en favor y comunión con Jehová. Lo que Jesús condenó fue la ostentación y la teología moral de los fariseos, y no a éstos como secta. Aparecen en los evangelios evidencias de una especia de fariseo mejor y realmente piadoso. Esta clase seguramente está representada por Saulo de Tarso. El tipo extremo de farisaísmo se introdujo en el cristianismo en la forma de la controversia judaizante. 62

II. Los Saduceos

Esta era la segunda en importancia de las sectas judaicas, tanto por la atención que recibieron en los cuatro evangelios, cuanto por su posición histórica en el judaísmo. En cuanto al nombre saduceo, según su forma en la literatura rabínica, parece derivarse del nombre Zadok. Consecuentemente, una explicación popular de su origen es que surgió por el hecho de que la orden sacerdotal, cuya mayoría era de saduceos, pretendía ser descendiente de un antiguo sumo sacerdote llamado Zadok. Los sacerdotes eran “hijos de Zadok”, y la secta que ellos sostenían era la de los

62 Para una completa y autorizada discusión sobre los fariseos, en cuanto a su character y su historia, véase Edersheim, In the Days of Christ, pp. 227-238.

82

“Zadokitas”, terminó corrompido en “saduceos”. El hehco de que una secta llevase precisamente este nombre apareciese exactamente antes del despuntar

( 120 )

de la Era cristiana (véase p. 132), arroja alguna duda sobre esta explicación, porque no es probable que dos sectas diferentes hubiesen comenzado con el mismo nombre, aunque no es imposible. Es más probable que el nombre venga de zaddikim, palabra hebrea que significa “el justo”, adoptada por ellos debido a su decantada fidelidad a la letra de la ley del Antiguo Testamento, en contraposición con la tradición oral del rabinismo, tan fervientemente sostenida por los fariseos. 63 El problema debe mantenerse vigente hasta que posterior evidencia documental pueda presentarse a la luz. Nuestras fuentes indican varias características de los saduceos claramente definidas.

1. Era el partido aristocrático. Shuerer dice que, “el rasgo característico de los

fariseos surge de su tendencia legalista, mientras la de los saduceos de posición social.” 64 Esto es, su situación aristocrática era su característica fundamental. Así tal

secta comprendía a todos los políticos y funcionarios de la nación. La política era asunto de gran importancia para ellos, en virtud de su posición en la vida de la nación. Como se dice arriba, la secta incluía a la gran mayoría de los sacerdotes. De este modo

los saduceos hallaron su principal fortaleza en el templo, mientras los fariseos operaban principalmente en las sinagogas.

2. Los saduceos tenían una muy baja concepción de Dios y la religión, y

negaban que Dios dedicase un solo minuto de atención a los acontecimientos y actividades humanos.

3. Rechazaban la doctrina de la inmortalidad y la resurrección, y niegan la

existencia de los ángeles y los espíritus.

4. Aceptaban solamente como autoridad el Antiguo Testamento escrito, y se

oponían a la tradición

( 121 )

rabínica tenida en tan elevada consideración por los fariseos. Pero mientras teóricamente rechazaban la tradición, en la misma práctica los saduceos se veían compelidos a conformarse a muchas de sus provisiones rituales, porque era tan grande la influencia de los escribas y los fariseos, que muchas de sus interpretaciones de la ley habían llegado a ser instituidas como normas que aún los mismos saduceos no osaban ignorar.

5. Formaban un grupo desconfiado: no sólo cauteloso para los otros, sino

desconfiados entre sí, y sin lealtad alguna de grupo.

63 Df. Edesheim, op. cit., p. 243, y per contra Ewald, op. cit., Vol. V, pp 275 sgs.

64 Op. Cit., II, ii, p. 10.

83

6. Su creencia en la aplicación rígidamente literal de la ley, sin interpretación o

modificación, resultaba en una extrema severidad judicial en su trato con el pueblo, lo

que aumentaba su impopularidad. Nada que admirar se encuentra en los saduceos, y ninguna falta muy positiva que condenar. Eran principalmente negativos en sus puntos de vista, y parecen haber sido grandemente inofensivos en su modo de vida.

III. Los Esenios

Era ésta el desarrollo hacia la extrema derecha del farisaísmo. Los fariseos hacían énfasis en la escrupulosa observancia de la ley. Los esenios eran tan rabiosamente inclinados al exacto cumplimiento de todos los requisitos de la ley, que se retiraban a comunidades aisladas y se entregaban a una vida rígidamente ascética. Eran especialmente partidarios de la región desértica de alrededor del Mar Muerto, donde parecen haber establecido varias colonias. Cuando consideramos a los esenios nos encontramos en un plano de vida sectaria completamente diferente a las otras sectas judaicas. Tenemos en ellos realmente no una secta dentro de la sociedad judía, sino un distinto orden social separado de la sociedad judía, muy semejante a los órdenes monásticas de la historia cristiana. Formaban una comunidad ascética, surgida de un avivamiento de los más

( 122 )

estrictos hasidim de la época de los Macabeos, que perpetuaba un ala de esa secta original, más extremista que los fariseos, y modificada por influencia de la filosofía griega, la escatología judaico-périsca y el misticismo oriental. 65 Esta secta no se menciona claramente en el Nuevo Testamento aunque hay algunos pocos posibles reflejos de sus enseñanzas y costumbres. Podemos estar seguros de que afectaron profundamente muchas corrientes de la vida que fluía alrededor de Jesús y sus discípulos.

IV. Los Zelotes

Esta secta representa la rama de la extrema izquierda de los fariseos. Los fariseos se interesaban en la política solamente en cuanto afectara la libertad de la nación para adorar a Jehová y observar la ley. Los zelotes estaban interesados en la independencia y autonomía de la nación, olvidándose de cualquier otro asunto. Según Josefo (Antig. 18:1), su fundador fue Judas de Gamala, quien incitó a los judíos a rebelarse con motivo del censo de contribuciones del año 6 D.C. Esto es, la mayoría de los intérpretes de Josefo así entienden su expresión en el pasaje citado, aunque algunos no consideran

65 Cf. Edersheim, op. cit., pp. 244 sgs.; Fairweather, op. cit., pp. 203 sgs.; Graetz, op. cit., Vol. II, pp. 24 sgs.; Schuerer, op. cit., II, ii, pp. 190 sgs.

84

correcta esta conclusión. 66 Si no lo es, entonces no podemos considerar existentes a los zelotes en tiempos de Cristo. Sin embargo, se deja el capítulo de Josefo sobre la cuestión, con la clara impresión de que el historiador judío pretende seguir el movimiento zelote de los sesenta anteriores a Judas de Galama, y el movimiento al fin encuentra su precursor en el caudillo de la rebelión de censo. Desde entonces los zelotes aumentaron en número e influencia, y asimismo en feroz hostilidad hacia Roma, hasta que

( 123 )

Precipitaron la guerra civil del año 66 D.C. Su única mira era liberarse del yugo romano y comenzar un reino mesiánico de carácter temporal y político, y para lograr este propósito acudieron a los extremos másacres del fanatismo. Su rama extrema estaba representada por los sicarios.

V. Los Zadoquitas

Como los esenios se hallaban a la extrema derecha de los fariseos, así los saduceos tuvieron su rama de extrema derecha. Más de un siglo antes de la Era cristiana comenzó en los círculos del sacerdocio judaico, un movimiento reformista con vistas a un avivamiento religioso y a la corrección de las irregularidades en el culto del templo. Estos reformadores se complacían en caracterizarse a sí mismos como “hijos de Zadok”—a menos que sea cierto que ese nombre fuese escarnio del ridículo arrojado sobre ellos por sus resentidos colegas. Habiendo fracasado en sus esfuerzos reformistas, estos reaccionarios abandonaron el templo y la Tierra Santa y se retiraron a Damasco, donde establecieron una comunidad bajo nuevas normas; o, como ellos mismos las llamaron, un “Nuevo Pacto”. Más tarde regresaron a su patria como misioneros y en ella se encontraron con la amarga oposición tanto de los fariseos como de los saduceos. Eran ardientes mesianistas, que suspiraban por la pronta venida de un “Maestro de Justicia”, quien haría volver a Israel sus antiguos ideales y anunciaría la venida del Mesías. Aceptaban toda la Palabra escritala ley, los profetas y los Hagiógrafos (en arameo, kethubin)pero rechazan, principalmente, la tradición oral de los rabíes. En su vida privada eran rígidamente abnegados y leales a las reglas de la pureza levítica. En asuntos como la vida futura, los seres espirituales y la divina providencia, estaban de acuerdo con los fariseos. Concedían gran importancia a la necesidad del arrepentimiento.

( 124 )

66 Cf. Grant, Economic Background of the Gospels, p. 128.

85

Es claro que los adeptos de este partido serían especialmente susceptibles al llamamiento del cristianismo, y por tanto, es probable que muchos fueron ganados para le movimiento cristiano. Constituyeron un factor, del cual desconocemos la extensión de sus efectos, en la preparación de la sociedad judaica para la aceptación del mensaje de Jesús. La “gran multitud de los sacerdotes obedecía a la fe” (Hechos 6:7) durante los primeros años de la iglesia de Jerusalem, pudo haber procedido de la influencia zadokita. Acerca de los detalles de su historia no se conoce gran cosa, y su destino final se pierde en la oscuridad. 67

VI. Los Herodianos

A la extrema izquierda de los saduceos se desarrolló un partido que era casi puramente político. Sólo porque son una secta de la sociedad judaica del primer siglo, pueden incluirse en una exposición acerca de la religión del judaísmo, porque la religión para ellos era un interés muy secundario. Después del derrocamiento de Arquelao, año 6 D.C., Augusto, en cumplimiento de una petición de caudillos influyentes de Judea, designó un gobernador para esa parte de Palestina. Algunos de los judíos objetaron esta determinación y favorecieron la

( 125 )

Perpetuación de la dinastía herodiana. 68 Cuando el ministerio de Jesús aumentaba su popularidad entre el pueblo, estos herodianos temieron que pudiese precipitar un movimiento nacionalista que contrariaría sus propósitos respecto de sus favoritos, y de aquí que se uniesen a los fariseos en su oposición a Cristo. (Cf. Mateo 26:16; Marcos 3:6; 12:13). Así vemos que los fariseos desarrollaron un extremo en los esenios y el opuesto en los zelotes, mientras los saduceos produjeron, por un lado a los zadokitas y por el otro a los herodianos. Estas ramas se desarrollaron de la Ley, por un lado, y por el otro, del templo.

LA LEY

67 La fuente documental para la información relative a este partido judío es fragmentario “Libro de Zadok”, dado por Charles en su Apocrypha and Pseudepigrapha. Sus reflexiones históricas son notablemente claras y completas, de modo que se ha derivado de ellas un esquema histórico muy complete, pero después de la fecha de este documento (18 a 8 A.C.) nada definido puede conocerse de su historia, hasta en tanto no se descubra alguna otra evidencia. Para una completa exposición acerca de este partido y el documento que prove la información relative a ellos, véase Charles, Apocypha and Pseudepigrapha, Vol. II, pp. 789-834. Se tartan como un partido distinto en el judaísmo por Eakin, Getting Acquainted with the New Testament, p. 191, y Purdy-Macgregor, Jew and Greek: Tutor Unto Christ, pp. 109-113. 68 Es muy plausible la opinión de que los herodianos consideraban a la dinastía idumea como el cumplimiento de la esperanza mesiánica, y enasta ese punto eran religiosos en su interés. Cf. Fairweather, op. cit., p. 185.

86

Ya se ha visto muy claramente, en nuestro bosquejo de la historia del judaísmo, que la vida judaica, como una manifestación distinta en la restauración, se fundó sobre un elevado concepto y una estricta observancia de la ley. Vista en su perspectiva histórica, la observancia de la ley era prácticamente, sinónimo del judaísmo. Un grave movimiento retrógrado se desarrollaba en el período griego, particularmente al final de la supremacía egipcia y siria, pero la ley fue restablecida en su elevado sitio de influencia por la rebelión macabea. Sin embargo, los sucesores de los Macabeos mostraron lo que era, para los devotos entre el pueblo, una indiferencia conmovedora hacia la observancia de la Ley. Pero el último de los asmoneos, la Reina Alejandra, restauró la ley a su prístino poder y dio a sus ardientes protagonistas, los fariseos, las posiciones supremas en la autoridad civil y religiosa, bajo su reinado. Con su protección el dominio de la ley llegó a estar tan completamente establecido, que su rígido imperio

( 126 )

sobre la vida y conciencia judías, no se suavizó sino hasta que fue roto ruda y sumariamente por el férreo puño de la opresión romana. Y aún entonces su poder persistió en la dispersión. La adecuada comprensión de la vida del Nuevo Testamento está condicionada por completo al correcto entendimiento de esta suprema posición de la Ley.

I. La Esclavitud de la Ley

Las condiciones de la vida judaica en relación con la ley son vívidamente descritas en el lenguaje de nuestro Salvador: “Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres” (Mateo 23:4). Tal había llegado a ser la interpretación rabínica de la ley para la vida moral y religiosa del pueblo. Había una reglamentación legal para cada ocasión, de tal modo que ni los más mínimos detalles de la vida podían vivirse sin el temor de olvidar o violar algún precepto de la Ley. La descripción del legalismo judaico que se presenta en los evangelios es indudablemente exacta. Las reglas legales minuciosas de los fariseos “se convirtieron para la mayoría en el sustituto de la piedad y moralidad verdaderas; y para las conciencias delicadas eran una carga intolerable, porque apenas era posible dar un paso o alzar un dedo sin peligro de pecar contra una u otra de aquellas”. 69 Sin embargo, estas reglas pueden clasificarse en cinco aspectos de su aplicaciónesto es, la observancia del Sabath, las leyes acerca de la alimentación, las correspondientes al diezmo y las ofrendas, leyes reguladoras de las obligaciones y relaciones entre los sexos, y las relativas a la limpieza y a la inmundicia. Este hecho ha llevado a algunos estudiosos a preguntar si en realidad esta reglamentación legalista era la carga intolerable que se ha supuesto sobre los devotos judíos, pero cuando consideramos

69 Stalker, Life of Christ, p. 95.

87

( 127 )

el gran número de detalles en los cuales se aplicaban estos cinco grupos de reglas, y la circunstancia de que comprendieran prácticamente toda la rutina ordinaria de la vida, se sostiene la conclusión inevitable de que los judíos en el período del Nuevo Testamento hallaban frente a sí, en casi cada actividad de la vida, una restricción legal. 70 Para el alma ferviente y devota, que deseaba vivir agradablemente ante Jehová, la vida bajo la ley debe haber ofrecido un sufrimiento insoportable. Ciertamente, cuando la ley llega, con el laberinto de la interpretación farisaica, uno muere: porque la vida no puede tener mucho tiempo gran atractivo o inspiración (véase Romanos 7:9). La observancia de las reglas legalistas miraba solamente hacia la esperanza de recompensa personal o nacional; la violación de la más pequeña restricción se creía estar ligada a un castigo divino. La justicia, como principio vital y como instrumento de felicidad y progreso en la vida, era desconocida. La retribución era la única sanción de la ley. En tales condiciones, no es extraño que las masas del pueblo se desesperasen de ajustarse a la escrupulosidad farisaica. Los fariseos a su vez, menospreciaban a estas masas, designándolas desdeñosamente como am-ha-aretz, “gente rústica”.

II. La Dominación Rabínica

La tiranía de la letra de la ley, y su interpretación tradicional, dio a los Rabíes, maestros oficiales de la ley, un supremo lugar de consideración. La veneración en la cual era tenida esta clase no halló rival en toda la vida de Israel. No les fue negada comodidad alguna, ni se permitió que pasase desapercibida ninguna solicitud. En el más elevado sentido, el Rabí estaba considerado como el representante elegido de Jehová y de su voluntad. El sacerdote en el templo de Jerusalem era visto con respecto, pero este correspondía

( 128 )

más a su oficio que a su persona; y además, los sacerdotes sólo raramente tenían comunicación religiosa con el pueblo. “La institución más cercana y viva no era el templo, sino la sinagoga, al mismo tiempo casa de oración y de estudio; los funcionarios inmediatos e importantes no eran los sacerdotes sino los escribas, los rabíes, maestros de la ley”. 71 El rabí estaba presente en todas las ocasiones, era guía en los más pequeños detalles de la vida, fuente de luz en cada problema, el último recurso en toda discusión. Por tanto, su situación en el interés y la reverencia del pueblo era sin igual. Aún en el templo, donde los sacerdotes formalmente tenían la dirección, los métodos de la observancia ritual estaban determinados por la interpretación de los

70 Cf. Montefiore, Peake´s Commentary on the Bible, p. 621.

71 Montefiore, op. cit., p. 620.

88

escribas sobre las leyes relativas al culto del templo. Por supuesto, este estado de cosas no era del todo agradable o satisfactorio para los sacerdotes, pero el elevado sitio en la estimación popular, mantenido por los escribas fariseos como intérpretes competentes y autorizados de la ley, hizo conveniente para los funcionarios del templo conformarse con el punto de vista de aquéllos acerca de la rutina propia del templo. 72 Esta esclavitud legalista no debe considerarse como completamente mala en sus resultados. El motivo generalmente era egoísta y la ejecución mecánica, no obstante lo cual resultó en estado de rectitud moral que elevó la vida judaica del nivel medio de la gentil contemporánea. Y estas condiciones prevalecieron principalmente en Palestina. No es probable que el judaísmo helenístico fuese tan casuista y mecánico en la observancia de la ley, por lo menos en considerable extensión.

LA ESPERANZA MESIANICA

Hemos considerado el templo y la ley en el primer siglo del judaísmo; ahora volvámonos a la nación.

( 129 )

El ideal nacionalista del judaísmo era esencialmente teocrático; esto es, creían que Jehová directamente debería gobernar la tierra que les había dado. Cuando regresaron de la cautividad, fue con esta esperanza en sus corazones. Su parte en el Pacto que era la base de su vida religiosa y nacional era reforzar la ley y promover el ritual de tal modo que Jehová fuese supremo en absoluto, en la nación. Una vez tras otra, la marcha hacia este ideal se frustraba y la esperanza de su realización por los medios ordinarios, progresivamente decaía. Como el cumplimiento terrenal de esa esperanza era cada vez menos evidente, crecía la anticipación de que Jehová intervendría en una gran crisis de liberación y en un régimen divino directo comenzaría la edad mesiánica. Los judíos sabían que ellos mismos eran la raza escogida de Dios, objeto especial de su cuidado y su favor; y sin embargo, su historia da evidencia severa e innegable de que los ideales de esta relación nunca se habían realizado. Como resultado, los ojos de Israel se dirigían siempre más y más hacia el futuro. Esta extensión de la fe hacia el futuro halla su más antigua manifestación de los profetas del Antiguo Testamento, pero su expresión más detenida se da por la literatura del judaísmo, en donde podemos seguir esta esperanza siempre brillante.

I. Desarrollo de la Esperanza

Jesús de Nazaret fue la culminación y la más elevada expresión de una noble esperanza que fue enteramente universal en el antiguo pensamiento religioso. La esperanza mesiánica no era en ninguna forma, peculiar del judaísmo. La historia de la

72 Hausrath, op. cit., Vol. I, p. 80.

89

religión descubre que, en diversas formas, aparece en la mayoría de las antiguas religiones. Algunas veces es la expectación de una Edad de Oro, de paz y abundancia,

otras es la esperanza de un libertador divino; en ocasiones es el entusiasmo por seguir a

un

( 130 )

gran profeta o maestro religioso, pero siempre ve hacia la revelación del mejor plan de Dios para la humanidad. Interpretemos esto como la ministración providencial de una susceptibilidad inherente de la mentalidad religiosa, a la provisión divina de la redención. No puede haber objeción alguna sobre que Jesús ofrece lo que está más allá de toda comparación y que constituye la respuesta más elevada y plena de esta búsqueda natural del alma. Lo que claramente se denomina la esperanza mesiánica del judaísmo fue original

y esencialmente la espera de una futura Edad de Oro para Israel, más que la concepción definida de un libertador individual que habría de venir. Las más antiguas referencias que tenemos de la conciencia religiosa hebrea revelan convicción de que el pueblo de Israel estaba señalado para un gran destino que pondría a todas las naciones bajo su imperio y lo haría el supremo poder sobre toda la tierra. Esta concepción ha de verse

claramente tan remota como en Génesis 12:1-

toda la literatura más antigua. En el desarrollo de la concepción profética llega a incluir la soberanía de Jehová sobre todas las naciones y la salvación de los justos entre los gentiles. En un período muy primitivo de la vida de Israel esta esperanza nacional llega

a personificarse, si no en una persona, en un gran representativo individual de Jehová,

que ha de aparecer como caudillo y maestro de Israel. En algunos de los últimos profetas y en los Salmos, esta concepción personal aparece distinta e incuestionable. 73 Un Mesías personal, sin embargo, raramente

 
 
 

3

3

y aparece a intervalos frecuentes por

raramente   3 y aparece a intervalos frecuentes por Comentado [um6]: Esta referencia no habla de

Comentado [um6]: Esta referencia no habla de un reino político sobre la tierra, sino de la bendición del perdón de los pecados que sería para todas las naciones por medio de la obra del Mesías.

( 131 )

se halla y aún algunos de los últimos profetas presentan la Edad mesiánica y sus glorias, sin concepción definida de la personalidad mediadora que ha de ser su figura central. Que esta esperanza persistió en la restauración y después, podemos ciertamente concluirlo con seguridad, y es enteramente posible que muchos aún pensasen en la era mesiánica como en la hazaña de un Mesías personal. Tal esperanza es muy clara en los

evidencia que nos queda

primeros ocho capítulos de Zacarías. 74 “Pero de la pequeña

parecería que en el período entre la cautividad y el levantamiento de los Macabeos la esperanza mesiánica se resolvió en una baja anticipación de un futuro glorioso y feliz,

73 La convicción de que la esperanza mesiánica halló su cumplimiento en la persona de Cristo hace a la fuerza personal de las profecías del Antiguo Testamento, muy clara para los cristianos, pero debemos cuidarnos de aceptar como conciencia profética que observa hacia el distante futuro, la definida claridad de opinión que tenemos en la reflexión histórica. Sin embargo, hay ciertamente, significación personal en pasajes como Génesis 49:10; Números 24:17-19; Deuteronomio 18:15. Cf. Huffman, The Progressive Unfolding of the Messianic Hope, pp. 26-37.

74 Zacarías 3:8; 6:12, 13; 8:23. Cf. Adeney, The Hebrew Utopia, p. 303.

90

en el cual la presencia de Dios sería más manifiesta, pero en ese futuro el Mesías no sería un rasgo esencial.” 75 Otra vez reaparece en el judaísmo posterior, más clara y definidamente concebida que antes, la idea de un mesías personal, como un gran caudillo, señalado divinamente, que llegaría a ser el campeón nacional contra los enemigos de Israel. Pero sus opiniones aún difieren grandemente en cuanto a la naturaleza y política de este campeón nacional, y en la mente de algunos, la liberación de Israel y su triunfo siguen siendo considerados como acción directa de Jehová mismo. Pero el judaísmo interbíblico estaba de acuerdo en un punto esencial. Dios finalmente libertaría a su pueblo de la esclavitud pagana y lo elevaría a un

( 132 )

lugar de supremo poder e influencia entre las naciones. El método por la cual alcanzaría este triunfo era el punto en que difería la opinión.

II. Formas de la Esperanza Mesiánica

En Israel la idea de la dirección religiosa reunía cuatro concepciones cardinales. Toda autoridad estaba basada fundamentalmente en la voluntad de Jehová, pero la voluntad de Jehová podía cumplirse mediante ciertos instrumentos personales aprobados por él. Este representante personal podía ser un profeta, que hablase directamente en nombre de Jehová; un sacerdote, que se acercase a Jehová a favor de su pueblo; un ángel, enviado en misión especial de amonestación, promesa o instrucción; o como un rey, electo bajo la dirección de Jehová para guiar los negocios de Israel. El

carácter personal de la esperanza mesiánica tomaba forma en estas cuatro concepciones.

1. La predicción de Malaquías de que Elías el Profeta sería enviado para preparar

el camino del Mesías (Malaquías 3:1; 4:5) se tomó por algunos como referencia, no al precursor, sino al Mesías mismo. Es probable que la idea de un mesías profético se alentase también por Deuteronomio 18:15, “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios”. 76 Esto condujo a la esperanza de que Dios introduciría la Edad de Oro de Israel con la persona de un gran profeta que llenaría la parte del Mesías. Tal esperanza aparece sin duda en I de Macabeos (4:46; 5:16), y sobrevive hasta los tiempos del Nuevo Testamento, como es evidente en las opiniones corrientes acerca de Jesús, descritas en Mateo 16:14 y en las preguntas que la delegación de Jerusalem hizo a Juan el Bautista (Juan 1:21). En realidad, es obvio que

el ministerio del Bautista se dirigió con singular energía a tal

 
 
 

esperanza

.

dirigió con singular energía a tal   esperanza . Comentado [um7]: Pero no a la esperanza

Comentado [um7]: Pero no a la esperanza de un Mesías

político

75 Drummond, The Jewish Messiah, p. 199. Cf. también pp. 185-195. También debe observarse que Drummond (pp. 195 sgs) niega la significación mesiánica de los pasajes citados de Zacarías, pero estamos de acuerdo con Adeney (op. cit., p. 303), y otros, de que la esperanza mesiánica se halla en el fondo de estas referencias. Sin embargo, la gran cautela de Drummond no es procedimiento necio en este campo de investigación, porque es fácil aquí describir a un profeta, como viendo las cosas a la luz de las manifestaciones subsiguientes.

76 Williams, Evolution of the New Testament Christology, p. 37.

91

( 133 )

Generalmente se acepta ahora un hecho histórico, que muchos discípulos de Juan el Bautista rehusaron abandonar su creencia en él como el verdadero Mesías, y perpetuaron hasta el siglo segundo, una secta en la que se predicaba a Juan como Mesías, en oposición a Jesús. Esta concepción debió haber estado basada en la esperanza de un profeta mesiánico, porque difícilmente podía asignársele a Juan otra categoría. Este aspecto de la esperanza mesiánica muy probablemente era sostenido y perpetuado por el ferviente anhelo, en los corazones de los más espirituales, de una vuelta del espíritu de profecía. Esta esperanza profética, sin embargo, no era muy

predominante en el judaísmo. Los samaritanos esperaban un Mesías profético, pero los judíos tenían como principales otras esperanzas.

2. En la historia interbíblica más reciente, aparece la idea de un sacerdote

mesiánico. El avivamiento de la esperanza en el corazón de Israel, engendrado por los héroes Macabeos, dirigió las esperanzas del pueblo hacia la tribu de Leví. Cuando las funciones de príncipe y sumo sacerdote se combinaron en Simón, se dio excepcional ímpetu al desarrollo de tal esperanza. El Testamento de los Doce Patriarcas, en las porciones más antiguas, que fueron compuestas durante el período macabeo, se espera un mesías sacerdotal de la tribu de Judá. Probables vestigios de tal opinión se hallaron en otra literatura de origen precristiano, pero, fuera del período macabeo, parece haber hallado muy limitada aceptación. 77 3. Muchos del judaísmo esperaban un mesías sobrenatural. Como los poderes terrenales continuaban su opresión y el descontento del judaísmo con el presente orden del mundo crecía en su intensidad, era inevitable que la concepción del Mesías llegase a ser

( 134 )

más y más trascendente. Israel nunca había encontrado permanente alivio de fuentes humanas, pero por lo contrario, siempre repetidos chascos en los caudillos humanos, cuando se levantaban y brillaban como resplandecientes promesas durante un tiempo, pero para degenerar y declinar, y dejar a la nación en peor condición que antes. De aquí que muchos de los mejores espíritus desesperasen de la liberación humana, aún bajo el mandato y dirección divinos. La intervención debería venir seguramente del cielo y no de la tierra. De aquí que el Mesías fuese concebido como un ser angelical, preexistente y de carácter supramundano, que sería enviado de los cielos por Jehová para libertar a su pueblo de su opresión. 78

77 Cf. Jones, The New Testament in the Twentieth Century, pp. 96 sgs.

78 La negación de Drummond de la idea de un mesías sobrenatural en el judaísmo precristiano no es apoyada por ningún argumento válido. Se decide por una fecha irracionalmente posterior para las “Similitudes de Enoch”, y entonces se propone demostrar que es posible por las referencias en otra literatura, interpretarla significando algo diferente de un

92

4. Con mucho, la opinión más popular del Mesías era la de un rey guerrero, que

aparecería como un campeón político y héroe militar, para reunir bajo su ley a los judíos de todas las naciones y conducirlos en victorioso ataque contra sus enemigos. Los opresores paganos serían aniquilados y la raza escogida de Dios sería conquistadora del

mundo. En este concepto se esperaba que el Mesías fuese descendiente de David. “Que el futuro gobernante se considerase como descendiente de David, era algo natural. David había sido el gran héroe-rey de las tribus unidas, y su descendencia había demostrado mucho más estable que la de Jeroboam.” 79 Este concepto de un Mesías real davídico, logró ascendencia en el sentimiento popular del judaísmo,

( 135 )

especialmente en ocasiones cuando la dominación pagana llegó a ser más detestable y tiránica, como en el período de la persecución siria y durante los dos siglos de dominación romana. Durante esos tiempos, la esperanza de la nación muy naturalmente se volvió hacia un jefe guerrero. En los relatos del Nuevo Testamento (Mateo 21:9, 15; 22:42; Marcos 13:35; Lucas 20:41 y siguientes) aparece que ésta era la opinión general en los tiempos de Cristo, y hay numerosos testimonios de otras fuentes, que corroboran este punto de vista de los evangelios. Tuvo su génesis en los profetas del Antiguo Testamento, donde la restauración de la línea davídica se predijo explícitamente (véase Isaías 9:7; 11:1; Jeremías 23:5,6). Aparece en Primero de Macabeos (2:57), y muy específicamente se expresa en los Salmos de Salomón (véase especialmente 17:5, 23). Señales indudables de este concepto aparecen por dondequiera en la literatura del judaísmo (por ejemplo IV de Esdras 12:32). Las versiones rabínicas de Isaías 11:1; 14:29, y siguientes, dan testimonio de esta idea. Es cierto que la opinión común en tiempos de Cristo era que el Mesías sería una figura real y del linaje de David. Después de Cristo la esperanza en un príncipe guerrero se mantuvo por varias generaciones del judaísmo, y ocasionó la destrucción final de su vida nacional. Así, la opinión acerca del libertador de Israel varió desde la anticipación de un potentado puramente político que, por la fuerza militar, lograría la independencia nacional y sometería a los enemigos de Israel, hasta la de un gran ser apocalíptico que vendría desde el cielo, acompañado de manifestaciones sobrenaturales, y que destruiría a sus enemigos por medios también sobrenaturales. Esta última opinión fue sostenida solamente por los espíritus más místicos, pero es por esa misma razón la más ampliamente expresada en la literatura del judaísmo. La

Mesías sobrenatural, y acepta que porque la lengua puede significar algo diferente que no quiere decir lo que su simple significado aparenta. Su opinión ha encontrado reducido apoyo entre los demás estudiosos de esta rama. Cf. op. cit., pp.

290-295.

79 Rose, Antecedents of Christianity, p. 61.

93

( 136 )

primera era la concepción popular, la opinión favorita de las masas. Sin embargo, aún

el juicio popular parecía haber esperado que el origen del mesías estuviese envuelto en

misterio (véase Juan 7:21 y siguientes) y que su misión fuese confirmada por demostraciones sobrenaturales (compárese Mateo 12:38; Juan 7:31). 80

III. Características Básicas de la Esperanza Mesiánica

No obstante la variedad y confusión en la forma de su concepción, había por lo menos tres elementos básicos que correspondían al carácter esencial de la idea mesiánica eran, por tanto, prácticamente posesión común de todo el judaísmo. Es aquí

donde descubrimos el corazón del asunto, y en estos elementos esenciales de la doctrina el estudiante puede obtener un entendimiento inteligente y comprensivo del carácter fundamental de la esperanza mesiánica.

1. La esperanza mesiánica consideraba una intervención especial del poder

divino. Esta esperanza de los judíos encontró su fundamento principal en su fe de que Jehová los había apartado como una posesión peculiar y escogida, y había hecho con ellos su Pacto de que nunca repudiaría sus relaciones especiales con ellos. De aquí, que creyesen que a su tiempo Dios intervendría y se manifestaría en alguna forma espectacular como libertador de Israel. La opinión común era que esta intervención divina se cumpliría a través de un agente intermediario, el Mesías, a quien Dios había escogido. Pero otro criterio,

( 137 )

especialmente característico de los Oráculos Sibilinos, del Libro de Jubileo, y de la Ascensión de Moisés, era que Dios mismo, sin ningún intermediario, daría el triunfo a Israel. Según esta opinión, el Reino de Israel glorificado no sería una monarquía mesiánico sino una teocracia. Este era el ideal del movimiento de los zelotes. 81

2. Un elemento esencial de la esperanza mesiánica, común a todo el judaísmo,

era la espera de la suprema ascensión de la nación de Israel. La divina elección de

Israel iba hasta el extremo de que Jehová pudiese tener un pueblo que establecería su nombre en la tierra y haría suprema su ley. Por tanto, los intereses nacionales de Israel

y la causa de Jehová eran lo mismo. Oponerse u oprimir al pueblo escogido significaba

desafiar a Jehová y desdeñar sus justas demandas. Esta situación de la raza hebrea los

80 La mejor fuente documental de la cual se puede obtener testimonio acerca de las ideas mesiánicas populares del pueblo judío en los días de Jesús, debe hallarse en los Cuatro Evangelios. La reacción de las masas al ministerio de Jesús, refleja indudablemente, las concepciones de la Era Mesiánica. Una autorizada exposición de la esperanza mesiánica, basada principalmente en Muirhead, The Times of Christ, pp. 112-150.

81 Cf. I Enoch 5:56; 6:6; 51:3; 61:8; Salmos de Salomón 17:3; Oráculos Sibilinos 5:114 cf. 3:702-709; Asunción de Moisés 10:3,7. Los Oráculos Sibilinos no ofrecen una completa y consistente opinión, como habría de esperarse, porque están compuestos como una compilación de fragmentos de varias fechas. Todas las referencias dadas aquí se basan en el texto de estos escritos como está contenido en Apocrypha and Pseudepigrapha of the Old Testament de Charles.

94

constituía en objeto legítimo del respeto especial de las naciones que los rodeaban. Eran representantes de Dios, especialmente escogidos entre las naciones, y consideraban que debían ser tratados con tal carácter. Pero, por el contrario, eran despreciados por los gentiles, cruelmente dominados y sometidos a la esclavitud por conquistadores despóticos, uno tras otro, para ser abofeteados y maltratados en la más humillante forma. Para el religioso judío devoto, esto solamente podría significar que Jehová era acremente exasperado por las naciones paganas y las consideraba como sus particulares desafiantes enemigos. El advenimiento de la Edad mesiánica debía, por la misma naturaleza del caso, traer la destrucción completa de los incorregibles y la humilde sumisión de aquellos que se sometiesen y se arrepintiesen.

( 138 )

Aún aquellos que nunca había conocido a Israel, y que consecuentemente no podrían ser culpables de una provocación consciente de Jehová, deberían, sin embargo, someterse a la nación escogida (Véase 2º. de Baruch 72:5). Se esperaba que las potencias hostiles hiciesen un esfuerzo final desesperado y concertado para resistir al poder de Jehová y sus elegidos, solamente para ser vencidas y destruidas. Israel habría de llegar a ser victorioso sobre todos sus enemigos, con todas las otras potencias paganas, habría de volver Diáspora, y la nación reunida y renovada reinará en triunfo y bendición. 82 En sus primeros pasos la esperanza mesiánica parecía haber sido puramente nacional, con escaso interés en el destino final del mundo gentil. El destino de Israel era considerado como incumbencia sólo de Jehová. Pero a medida que la concepción de Dios se extendió y se percibió más claramente la unidad de la raza humana, y las relaciones de Israel con las naciones de la tierra se multiplicaron, esa opinión se hizo más y más universal. 83 La doctrina adquirió también en sus últimas manifestaciones, una aplicación individual. Muchos de aquellos que pertenecían por la raza de Israel, se habían mostrado como traidores de los sagrados intereses de la nación. Estos no podrían esperar tener participación en las glorias de la Edad mesiánica. De aquí que debiese haber un reinante elegido que participaría en el triunfo final de Jehová y de la justicia. Con base en las enseñanzas germinales del Nuevo Testamento, influídas por relaciones que se han observado antes, surgieron con esta concepción individualista, las ideas de la

resurrección y el juicio

.

.

individualista, las ideas de la resurrección y el juicio . Comentado [um8]: Estas “ideas” no surgieron,

Comentado [um8]: Estas “ideas” no surgieron, sino siempre fueron la verdad enseñada por Dios.

( 139 )

82 Aún Filón participa con sus compatriotas de esta opinión. Algunos eruditos se muestran escépticos acerca de la aceptación por Filón de la esperanza mesiánica, pero razonablemente no puede negarse en vista de la evidencia de sus propios escritos, según la encontramos citada por Hausrath, op. cit., Vol. II, pp. 196 sgs.

83 Cf. Schuerer, op. cit., II, ii pp. 130 sgs.

95

Alrededor de estas opiniones ondulaba una elaborada escatología, cuyos fundamentos eran la doctrina oficial judaica en los tiempos del Nuevo Testamento y dieron base a las doctrinas y esperanzas de la religión cristiana. Pero no obstante este desarrollo de la aplicación universal e individual de la esperanza mesiánica, Israel como nación reinó supremo en las anticipaciones del futuro. Las naciones de la tierra no serían sino recipientes subordinados de las bendiciones de la nueva edad. La influencia de esta opinión se refleja en los escritos de Pablo (por

ejemplo, Romanos 11:1

representante de Jehová para su pueblo escogido y en interés de ese mismo pueblo. 84

3. Otra concepción básica sobre la cual judaísmo como un todo estaba de

acuerdo, era que la Edad Mesiánica traería la sujeción del mundo al gobierno de Jehová y de su Ungido. Esta esperanza de la supremacía de Israel no debe considerarse como puramente egoísta. El judío devoto creía que sería infinitamente mejor para los pueblos de la tierra el estar sujetos al absoluto dominio de Israel, porque esto significaría la completa soberanía del Dios de Israel. Por supuesto, la pena de la destrucción total, o el eterno castigo de Gehenna, se aplicaría e un gran número de impenitentes, pero para aquellos que fuesen preservados, el cambio de condiciones sería graciosa bendición. El Mesías reinaría en gloria y beneficencia, y la paz y la abundancia prevalecerían en toda la tierra. Los judíos creían y con razón, que la absoluta soberanía de la voluntad de Dios produciría el estado más alto posible de felicidad humana. Esto habría de ser el principal complemento de la Edad Mesiánica. Los deseos carnales de la naturaleza humana opacarían hasta cierto punto, este

 
 
 

sgs

.).

La concepción básica del Mesías era que sería

.). La concepción básica del Mesías era que sería Comentado [um9]: Pablo no escribió esto por

Comentado [um9]: Pablo no escribió esto por la influencia de ideas mesiánicas del día, sino por la inspiración de Dios.

( 140 )

ideal; pero es sorprendente observar cuán poco los deseos carnales influirían en las esperanzas que los judíos tenían de su Edad de Oro. Se esperaba que fuese una era de justicia trascendente, cuando la voluntad y la ley de Jehová mantendrían indisputado dominio, y el Mesías promovería y estimularía los más elevados principios de vida recta. 85 Al comienzo de la Era cristiana ningún otro elemento tuvo mayor lugar en la vida judía en general, que esta esperanza mesiánica. Es cierto que en este período “ningún movimiento importante podía tener lugar en el campo de la historia del pueblo y la religión judíos, sin ser introducido por la idea mesiánica, o estar implicado en ella en una etapa posterior.” 86 Cualquier cosa de la esperanza del futuro se incluyese, estaría asociada con esa idea mesiánica. Era el centro vital de la religión judaica, y producía un tipo de experiencia religiosa mucho más espiritual que la que de toda manera podría haber sido posible en medio del formalismo farisaico. Era la sal conservadora de la

84 I Enoch 48:8,9; II Baruch 72:2-5; Oráculos Sibilinos 3:657, 658; 5:120-133, Asunción de Moisés 10:8-10; Tobías 13:12- 8; 17:7; II Macabeos 2:18; Salmos de Salomón 11. Cf. especialmente I Enoch 56:5; 57:3.

85 Cf. Tobías 13:11; 16:6; Judith 16:17; I Enoch 38:2; 48:4,5; 52:4; 62:6-16; Salmos de Salomón 17:3, 23-26; Rev. 11:15.

86 Baur, Church History in the Frist Three Centuries, p. 39

96

vida religiosa judía, e hizo mucho más que cualquiera otra causa histórica en la preparación del recibimiento de Jesús. Sin embargo, es también cierto que la vida del judaísmo del primer siglo no contenía estímulo alguno más violento para las inflamables pasiones de odio racial y de prejuicio religioso, que esta misma esperanza mesiánica. Llegó a ser la causa de una sería de disturbios, y estaba siempre lista para explotar con violencia. Uno de los grandes espectáculos de la historia fue la forma en que Jesús utilizó los mejores elementos de este factor de la vida judía, y aún restringió sus demostraciones extremas. Críticos poco benévolos han puesto énfasis en este aspecto excitable de la esperanza mesiánica, para olvidar sus rasgos valiosos, y así hacerla aparecer como una pasión

( 141 )

reprobable y como una ilusión insensata. Pero mientras francamente se admite la rabia fanática de los seudomesías autoengañados y sus cómplices zelotes, hay, sin embargo, otros dos productos de la esperanza mesiánica que compensan con creces, pos sus demostraciones extremas. Primero, se halla la rica y noble experiencia religiosa que estaba constantemente asociada a la esperanza mesiánica y dependía de ella en las vidas

de los conscientemente

acción de aquél que era el verdadero cumplimiento de la esperanza mesiánica, si habría de admitirse que tal cumplimiento había ocurrido alguna vez, o habría de acontecer en alguna ocasión. 87

 
 
 

devotos

devotos
devotos

; y, segundo, e infinitamente superior, el ministerio y

; y, segundo, e infinitamente superior, el ministerio y Comentado [um10]: No podemos clasificar como positiva

Comentado [um10]: No podemos clasificar como positiva la experiencia religiosa que estaba asociada a la esperanza mesiánica si la esperanza estaba mal basada (por ejemplo en un mesías político). Era simplemente parte de su incredulidad con respecto a las verdaderas promesas de Dios con respecto al Mesías. Lo importante no es el fervor religioso, sino creer la verdad de Dios con respecto a la salvación.

( 142 )

87 Una exposición clara, amplia de esperanza mesiánica consideraba desde el punto de vista judaico, puede hallarse en la Jewish Enciclopedia, Vol. VIII, pp. 505 sgs.

97

CAPÍTULO VII

EL ESTADO DE LA SOCIEDAD JUDÍA

Es obviamente imposible distinguir con precisión, este asunto, de los ya tratados, porque las sectas y las instituciones del judaísmo eran elementos y factores de su sociedad. Pero nos parece conveniente seleccionarlo para su discusión por separado, y ofrecer bajo su título, aquellos asuntos que tienen que ver con la conducta común, las costumbres y tráfico del pueblo como un todo. Esto es, hemos considerado en el capítulo anterior, al judaísmo en sus carácteres religiosos distintivos; ahora volvemos nuestra atención hacia los judíos como grupo social, que vivió en Palestina durante el primer siglo.

LA INFLUENCIA HELENÍSTICA

A pesar de los persistentes esfuerzos de los fariseos y sus simpatizadores, la levadura del helenismo había realizado su obra en Palestina, y había introducido muchos elementos de la vida y cultura grecorromanas. Desde el tiempo de Alejandro, la influencia griega había ido penetrando en el judaísmo, aunque había hallado considerable resistencia en los progresos del período macabeo. Especialmente se crearon severas restricciones por el gobierno de Alejandra. Pero la dominación romana nuevamente abrió la puerta a la invasión del helenismo, de tal modo que sus efectos se extendían por Palestina en el siglo primero. Herodes era especialmente agresivo en la promoción de la cultura y prácticas griegas. La lengua griega se utilizaba con variable extensión por la mayoría del pueblo, aunque la lengua nacional era aún el arameo. El latín se utilizaba por los funcionarios que tenían relación con el gobierno romano, 88

( 143 )

y el primitivo hebreo se empleaba en las escuelas rabínicas y algunas partes de los servicios de la sinagoga. Los caminos romanos atravesaban el país en muchas direcciones, y el pueblo cubría impuestos o pagaba derechos para conservarlos en buenas condiciones. Mucho de la cultura helenística prevalecía entre las clases elevadas. Herodes abiertamente había procurado rodearse de la cultura griega. 89 Se empleaban nombres griegos aún por los judíos fieles, como puede verse en los nombres de Felipe y Andrés, entre los apóstoles de Cristo. El devoto judío los conocía solamente como nombres familiares, y los daba a sus hijos, ignorante de su origen griego; pero esto solamente manifiesta la penetración de la influencia helenística en la vida judíaera tan familiar que no eran conscientes de su presencia en muchos casos. Las diversiones y comodidades griegas se utilizaban libremente. La obra arquitectónica de

88 En la literatura rabínica de este período se hallan transliterados al hebreo, muchos términos latinos correspondientes a los asuntos civiles y militares.

89 Cf. Schuerer, op. cit., I, i, pp. 442 sgs.

98

Herodes lleva un sello helenístico inconfundible. Los asuntos económicos se habían afectado considerablemente por el uso grecorromano. La moneda empleada era prevalentemente grecorromana. En realidad, no había aspecto de la vida de Palestina en el primer siglo, que hubiese escapado a los efectos de la influencia helenística. Sus resultados pueden seguirse en todas las cosas, desde la cultura intelectual, hasta hechos de la vida, tales como la comida y el vestido. Muchos gentiles vivían en Palestina en el período del Nuevo Testamento, especialmente en las ciudades griegas de Decápolis y las que se hallaban a lo largo de la costa del Mediterráneo. El judaísmo penetraba hacia el mar solamente en dos puntos, Joppe y Jamnia y aún en estas ciudades había una numerosa población gentil. Como un todo, la llanura marítima estaba dominada por el helenismo y grandemente

( 144 )

griegas y orientales. 90 En Galilea y Perea, los

residentes gentiles eran numerosos, y aún Judea misma no se hallaba libre de ellos. Donde la vida gentil dominaba a una comunidad, la influencia griega mantenía un dominio supremo. En el lugar de Gerasa, una de las ciudades de Decápolis, se han descubierto los restos de un arco triunfal, de magníficos baños y templos, de un vasto teatro con capacidad para 6,000 personas, y de una playa artificial para simulacro de batallas navales, todos los cuales son de características distintivamente grecorromanas. 91 La Judea central era casi totalmente judía y era el centro de influencia de la vida judaica. Galilea y Perea tenían población judía principalmente, aunque en ambas regiones había comunidades grecorromanas y la influencia helenística era poderosa. Los judíos de estas dos secciones de Palestina, debido a la gran supremacía griega y a su distancia del centro de influencia y vida judías, no eran tan rígidos en sus restricciones legalistas y en su exclusivismo nacional. En vista de esto puede entenderse más fácilmente en Galilea y Perea, que en Judea. Los dominios de Herodes Filipo, en la Palestina Nororiental, estaban habitados tanto por judíos como por gentiles, con predominio de los últimos. Su principal ciudad, Cesarea de Filipo, había sido centro de

entregada al culto de las deidades

cultura helenística por muchas generaciones, como se da a entender por su nombre primitivo, Panias, derivado del nombre del dios griego Pan. Así, el helenismo era un poderoso factor en el mundo en que Jesús y sus discípulos se movieron. Sin embargo, Palestina presentaba algunas notables diferencias con el mundo gentil que la rodeaba. A pesar de las invasiones del enemigo, el judaísmo aún poseía su carácter distintivo en lo esencial de su

90 Schuerer, op. cit., II, i, pp. 11 sgs.

( 145 )

91 Cf. Cobren, New Archeological Discoveries, p. 372.

99

religión y en lo central de su sociedad. Los fariseos todavía mantenían su rígida adhesión a la ley y a sus tradiciones, mientras la fe y la esperanza del Israel histórico vivían aún en el corazón de la gran mayoría de las masas judías. Las mujeres eran tratadas con mucha mayor consideración que en el mundo romano, y la santidad del hogar cosa casi desconocida entre sus contemporáneos paganos se mantenía en elevada consideración entre los judíos. Las uniones ilegales y la poligamia eran muy infrecuentes aunque el divorcio era muy común. El judaísmo palestiniano totalmente había resultado triunfante en forma notable en su resistencia a las tendencias desmoralizantes de la vida pagana de su época.

ORGANIZACIÓN CIVIL

Las condiciones y cambios de los asuntos civiles ya se han presentado en nuestra investigación acerca de la historia del judaísmo. En el siglo I el gobierno estaba en manos de un procurador o rey vasallo, que administraba como representante de Roma y del cual se esperaba que utilizase, hasta donde fuera posible, las formas existentes de administración civil. Estas formas vigentes de gobierno son las que ahora vamos a considerar. 1. El Gobierno de Palestina en General. Desde muy antiguo, en los tiempos del Antiguo Testamento, el gobierno de Palestina era especialmente municipal. Esto es, la administración civil del País se encomendaba a los pueblos y ciudades más grandes La municipalidad mayor de un distrito, tenía un Consejo de Ancianos que administraba todos los ramos del gobierno civil, legislativo, judicial o ejecutivo. Esta forma de supervisión se continuó, en general, durante el período romano. Naturalmente todo el sistema estaba bajo el dominio general de la Ley romana y de funcionarios romanos, pero Roma daba a la administración local muy amplia libertad en la dirección de los negocios civiles. Bajo la vigilancia del

( 146 )

Concejo de ancianos, y sin duda seleccionados de entre ellos mismos, se hallaban los “jueces”, que presidían los juicios, y “funcionarios” que vigilaban el aspecto ejecutivo de los asuntos civiles. Aparecen en el Nuevo Testamento frecuentes reflexiones acerca de estas características del gobierno.

2. El Gobierno de Judea. La organización civil de Judea seguía las mismas

líneas generales halladas en otras partes de Palestina, pero algunos rasgos particulares eran suficientemente diferentes para garantizar un trato separado. Jerusalem era la municipalidad dominante, o capital provincial, que funcionaba como el centro general de dirección, expedía leyes, resolvía algunos casos y recaudaba las contribuciones. Pero para mayor conveniencia y eficacia de la administración, la Provincia de Judea estaba

100

dividida en diez distritos o toparquías. 92 En una municipalidad prominente de cada

Toparquía, había un Concejo o Sanedrín local, que servía como centro de dirección, y representaba y actuaba subordinado al Sanedrín de Jerusalem.

3. Municipalidades independientes. Distribuidos por toda Palestina hubo un

considerable número de pueblos, que se denomindaban “ciudades libres”, tales como Ascalón, Cesarea, Tolemaida, Samaria (Sebaste), Escitópolis. Estas ciudades, con los distritos rurales que la rodeaban inmediatamente, formaban comunidades municipales independientes. La mayoría de ellas habían conseguido las más extensas prerrogativas

de gobierno propio, durante los años de decadencia de la dominación siria. Parece que

todas aquellas que se hallaban en la costa, excepto Ascalón y Tolemaida, habían sido obligadas a someterse al gobierno de Judea por Alejandro Janneo, en el año 63 A.C. En sus relaciones con estas ciudades libres los

( 147 )

romanos habían seguido su sabia política de adaptar su propio gobierno al ya existente,

o al que prefiriesen los pueblos conquistados. La forma de gobierno en estas

municipalidades independientes y la extensión de sus libertades, variaban en forma

considerable, pero en general puede decirse que estaban extensas en gran parte, aunque

no enteramente, de impuestos imperiales; tenían su propia administración desempeñada

por representantes de los ciudadanos libres de la comunidad municipal, y poseían privilegios especiales y distinciones concedidas por Roma. Sin embargo, habían de reconocer la supervisión general del gobernador de la provincia y en algunos casos, el Jefe del Gobierno provincial señalaba un representante residente en la ciudad libre, quien tenía la supervisión final de los asuntos. La palabra “libre”, según se aplicaba a aquellas ciudades, debe tomarse con considerable reserva. Eran, sin embargo, independientes del sistema de gobierno prevaleciente en Palestina.

VIDA ECONOMICA

Sin embargo de lo intenso y penetrante que pueda ser el interés religioso de un pueblo, las necesidades materiales y las relaciones de la vida no pueden olvidarse. Este inevitable aspecto de la existencia tuvo su lugar significativo y distintivo en la sociedad palestina del primer siglo. Nada es más importante en la apropiada comprensión de los evangelios, que en entender el fondo económico. 93

I. Abandono económico

92 Aquí difieren las Fuentes, pues algunas dan once toparquías pero este número incluye a Jerusalem, que propiamente debería ser considerada como el centro general, o capital de la provincia.

93 Una excelente discusión acerca de este muy importante aspecto del ambiente del evangelio, puede hallarse en Grant, The Economic Background of the Gospels (Oxford).

101

El estado económico de Palestina en el siglo I estaba lejos de ser lo ideal. pueblo como un todo, se hallaba en una deplorable situación de privación material.

( 148 )

El

1. Observamos primero las causas de este abandono económico.

(1). Como uno de sus principales estorbos, el país tenía una excesiva población. Aún los habitantes judíos permanentes eran más que los que la tierra podía adecuadamente sostener, y cuando añadimos a éstos los inmigrantes gentiles, los funcionarios y tropas militares romanos, y los miles de peregrinos que se reunían en Jerusalem durante las fiestas tres veces cada año, si o más a menudo, es obvio que existía allí un grave problema económico en el sostenimiento equilibrado entre la producción y el consumo. (2). Acentuaba esta dificultad de superpoblación, la aversión de los judíos a realizar cualquier clase de comercio con los paganos del mundo exterior, o permutar y cambiar bajo cualesquiera condiciones. Todo israelita tenía su herencia individual en forma de una porción de “la Tierra”, y se suponía que con esto subsistiría en humilde gratitud y lealtad a Jehová, que la había dado. Buscar cualquiera otra fuente de sostén era deshonrar a su divina herencia. Tal concepción de la necesidad ofrecía un grave impedimento para el progreso económico. La tierra, por lo general, era de fertilidad solamente ordinaria y las sequías eran muy frecuentes. (3). Las grandes empresas de construcción realizadas por Herodes, habían dejado una carga financiera enorme sobre el gobierno civil, lo que necesariamente produjo una exorbitante imposición. Este problema económico presentó un obstáculo inmediato al gobierno de Arquelao, y aumentó la oposición a él. Después de que Arquelao fue depuesto, el pueblo esperaba que el gobierno directo de Roma les daría el muy deseado alivio de las contribuciones, pero en esto se engañaron, porque con la venida de un procurador se les exigió pagar derechos a Roma. Y además del impuesto ordinario, hubo otros varios tributos peajes, tarifas, etc. que les fueron exigidos. Eran demasiadas las contribuciones civiles; sin embargo, había más sobre todas ellas, las demandadas de

derechos

( 149 )

religiosos, las enormes contribuciones exigidas por la ley para la administración del templo y el sostén de sus complicados servicios. Y aún ha de añadirse la contribución necesaria para sostener la sinagoga local. Esta asombrosa acumulación de impuestos

hacía intolerable la carga de las contribuciones y planteaba un problema intensamente agudo.

2. Observamos en seguida los efectos del abandono económico en la Palestina

del Siglo I. A la luz tales condiciones podemos fácilmente contemplar el estado de desastre económico. Pobreza hasta el punto de que la privación y el hambre prevalecían

102

en toda Palestina y para una gran multitud, la vida no era sino un problema de existencia física. En consecuencia, el descontento y la inquietud crecían rápidamente. Los sucesivos brotes de robo e insurrección que caracterizan a este período fueron, en gran medida, resultado de esta tensión en los asuntos económicos. Estas condiciones también cuentan en la facilidad con que las multitudes de Jerusalem podían ser llevadas a la furia incontenible y a la violencia tumultuosa, como cuando procuraban, sin dilación, apedrear a Jesús (Juan 8:59; 10:31), o se amotinaron pidiendo a Pilato la ejecución de Jesús (Mateo 27:20) o echaron mano de Pablo cuando fue acusado falsamente de llevar gentiles al santuario del templo (Hechos 21:27 y siguientes). En realidad, la situación general de inquietud y agitación que prevalecía en todo el judaísmo en Palestina en el siglo I y que culminó en la rebelión del año 66 D.C., probablemente se debió mucho más al abandono material que lo que se ha reconocido. La dificultad para obtener medios de vida llevó a muchos a la desesperación. Muchas mujeres acudieron al papel de la Magdalena por escapar de la necesidad física. En atención a este estado económico, uno no se maravilla de la actitud misericordiosa de nuestro Señor hacia tales infortunadas (Lucas 7:36 y siguientes; Juan 8:1 y siguientes. Los hombres

( 150 )

abandonaban el respeto de sus vecinos y desafiaban la execración de la ley rabínica al colectar los tributos para los odiosos romanos; o, pero aún, acudían al hurto y al pillaje, de modo que aún a lo largo del muy frecuentado camino de Jerusalem a Jericó, uno podía caer entre los ladrones (Lucas 10:20). Es notable cómo Jesús evitó que estas tirantes condiciones económicas afectasen en forma apreciable a determinadas manifestaciones de su ministerio. Deliberadamente declinó acceder a las demandas mesiánicas populares, que indudablemente eran instigadas en grado considerable por aquellos problemas. Se esperaba definidamente del Mesías, cuando viniese, que “a los hambrientos los llena de bienes” (Lucas 1:53). Pero Jesús se dirigió principalmente a la necesidad espiritual más que a la física. Alimentó a los corazones hambrientos mejor que a los estómagos hambrientos. Su evangelio en ninguna forma era un evangelio económico; ni puede caracterizarse, en general, como un evangelio social; primaria y esencialmente, el evangelio que Jesús proclamó era un evangelio ético y religioso. 94 Sin embargo, sería un grave error suponer que las condiciones económicas no tuvieron relación alguna con la vida y enseñanzas de Jesús. Estuvo en medio de estas condiciones cada día de su vida, y el pueblo a quien él servía, era víctima de este desastroso estado de cosas; consecuentemente mucho de lo que dijo e hizo no pude entenderse apropiadamente, sin plena consideración de estos hechos económicos. 95 A la luz de esta situación podemos sentir más fuertemente el tierno tono de simpatía de aquel compasivo llamamiento:

94 Puede encontrarse abundante apoyo para esta posición en Scout, The Ethical Teaching of Jesus.

95 Esta cuestión, excelente tratada puede hallarse en G. A. Smith, Jerusalem, Vol. I, pp. 275-376.

103

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar

(Mateo 11:

y cargados, que yo os haré descansar ” ( Mateo 11: 28 ). Comentado [um11]: Note.
y cargados, que yo os haré descansar ” ( Mateo 11: 28 ). Comentado [um11]: Note.

28

y cargados, que yo os haré descansar ” ( Mateo 11: 28 ). Comentado [um11]: Note.
y cargados, que yo os haré descansar ” ( Mateo 11: 28 ). Comentado [um11]: Note.

).

y cargados, que yo os haré descansar ” ( Mateo 11: 28 ). Comentado [um11]: Note.
y cargados, que yo os haré descansar ” ( Mateo 11: 28 ). Comentado [um11]: Note.

Comentado [um11]: Note. Jesús no dijo esto pensando en la situación económica, sino en la situación espiritual

( 151 )

II. Ocupaciones Económicas

Los palestinos del siglo I continuaban muy generalmente en sus ocupaciones de los viejos tiempos, la agricultura, el cultivo de la vid, la cría de ovejas y la pesca. Esto parecería indicar que la mayoría de la población era rural. Pero diversas autoridades difieren en este punto. Josefo presenta sin discusión como urbana, a la masa de la población, pero se hallan muchas evidencias que parecen probar que se está equivocado. Puede considerarse como muy cierto que la gran mayoría era rural en sus intereses, pero que muchos de los que obtenían del campo su manutención, tenían sus casas en las villas o pueblos. Esto podría imaginariamente inclinar la balanza en favor de la población urbana, y, hasta cierto punto, haber justificado la situación como se presenta por Josefo. De todos modos, la mayoría del pueblo obtenía su sustento de pequeñas extensiones de tierra que poseían y cultivaban por sí mismos. Había poca necesidad de trabajo asalariado, aunque podía obtenerse fácilmente, por lo general a razón de un denario romano (como veinte centavos de dólar) por día. También se utilizaba el trabajo de esclavos, pero generalmente por quienes tenían grandes posesiones. Los esclavos eran mucho mejor tratados por los judíos que por los romanos. Estaban colocados bajo la vigilancia de un “administrador de la casa” (en griego, oikónomos), comúnmente llamado mayordomo. Los productos de su trabajo podían venderse muy baratos, lo que producía una desfavorable competencia para el pequeño agricultor. Hemos observado con anterioridad que el progreso comercial en Palestina se veía seriamente retardado por la tradicional maldición sobre el tráfico y el cambio y la usura, que aún se mantenía por los más devotos y fieles judíos. Los rabíes habían elaborado leyes para regular el comercio, que eran extremadamente rígidas y meticulosas. Pero el desarrollo de los pueblos y las ciudades hizo inevitable el crecimiento

( 152 )

de las empresas comerciales. Hubo, por necesidad, que importar algunas mercancías, pero las importaciones se limitaron en su mayoría a los aristócratas liberales y a los extranjeros, porque el ideal del judío era vivir estrictamente de los productos de su propia tierra. las importaciones se reducían a productos de madera y de metal, y artículos de lujo para quienes vivían holgadamente. Para artículos manufacturados y de lujo, los residentes de Palestina dependían casi totalmente de las importaciones, porque muy pocos de esa clase de objetos se producían por los judíos. En esta clase de importaciones hubo ciento diez y ocho artículos, según Edersheim. El comercio de exportación era mucho más extenso, pero consistía, casi en su totalidad, en productos

104

naturales. El pescado se embarcaba para Antioquia, Alejandría y Roma. También se exportaban aceite, lana, trigo, bálsamo, miel, e higos. Entre los judíos, la vida profesional era limitada. La única profesión ampliamente extendida era la de rabí, si ésta puede llamarse profesión, porque la mayoría de los rabíes seguían alguna industria u ocupación secular para su sostenimiento, mientras dedicaban todo el tiempo posible al estudio y enseñanza de la ley. Las profesiones de derecho y medicina, que eran muy ejercidas en el mundo grecorromano, tenían reducido lugar en la vida de los judíos de Palestina. Tenían en gran estima el trabajo manual, y se esperaba que todo niño judío aprendiese alguna industria. La tradición rabínica declaraba que “cualquier que no enseña a su hijo un oficio es como si llevase a ser ladrón”.

EL HOGAR Y LA EDUCACIÓN

I. Condiciones de Vida

Ya hemos visto que en verdad, una gran parte de la población de Palestina vivía en pueblos y villas. Los pueblos se distinguían de las villas porque estaban

( 153 )

amurallados, y en la mayoría de los casos, tenían una sinagoga. 96