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ACADEMIA ALFONSO X EL SABIO

DON JUAN MANUEL

VII CENTENARIO

DON JUAN MANUEL

VII CENTENARIO

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m UNIVERSIDAD DE MURCIA ACADEMIA ALFONSO X EL SABIO

En la realización'y coordinación de este libro han participado, junto a la Academia Alfonso X el Sabio, el Vicerrectorado de Investigación, los Departamentos de Literatura Española y de Historia Medieval y el Secretariado de Publicaciones e Intercambio Científico de la Universidad de Murcia,

Edición conjunta de la Universidad de Murcia y la Academia Alfonso X el Sabio Imprenta : Tipografía San Francisco - Murcia Dep . Legal: MU-610-1982 ISBN : 84-86031-19-2 Murcia, 1982

¿Pensaba en sí mismo don Juan Manuel, y que no quedaría olvidado, cuando cambió el sentido del refrán «murió el onbre et murió el nonbre» por «murió el omne, mas non murió el su nonbre» en el exemplo XVI del Conde Lucanor?

No podía quedar en el olvido el VII Centenario del nacimiento de don Juan Manuel para la Universidad de Murcia y para la Academia Alfonso X el Sabio, ya que en múltiples aspectos la relación Murcia-Don Juan Manuel fue estrecha y continuada .- Lo sería en el orden políticq, pues desde 1284, cuando sólo contaba dos años de edad, iba a ser nombrado adelantarlo ma- yor del reino, oficio que desempeñaría con alternativas muy dispares hasta 1339, en que deja paso a su hijo Fernando, que le sucede en el cargo . De su actuación controvertida, especialmente en su permanente enfrentamiento con los ciudadanos murcianos, iba a provocar cuestiones y choques que dejarían profunda huella y que motivarían el tener que prestar atención permanente a una situación de difícil arreglo.

Unido a ella está el aspecto que pudiéramos denominar señorial, pues no fue sólo su extenso señoríó de Villena, integrado por entero unas veces o par- cialmente otras en el ámbito territorial del reino murciano, sino la posesión de gran número de comarcas y poblaciones cuyo señorío mantuvo por causas muy diversas, ya que si unas lo eran en propiedad, tenencia o fianza de pres- tamos, otras fue su simple ocupación, justificada por razones peculiares al tanto de las circunstancias, lo que le permitiría escribir al rey de Granada que con excepción de Mula y la capital todo el reino estaba bajo su dominio . Y relación personal qué se suma a las del político y señorial por sus largas es- tancias en el adelantamiento y señoríos, así como por su incansable andadu- ra por las tierras murcianos . El Libro de la Caza es el mejor exponente de su conocimiento personal de un territorio que recorrió en todas direcciones, de- jando amplia memoria de las posibilidades cinegeticas que ofrecía.

A estas razones históricas; «murcianasn, que entendemos coma de obli- gada iniciativa de la Universidad y de la Academia, se unen otras aún más poderosas por cuanto supuso su obra literaria, tanto en la aportación perso nal o transmisiva de otras foráneas, como las de iniciativa o apertura a nuevas formulaciones literarias . Y a todas ellas dedican sus variados estudios la larga lista que ofrecemos de quienes han querido celebrar con nosotros es- te Centenario : hispanistas y españoles, que con entusiasmo acudieron a nuestro llamamiento y con admirable exactitud cumplieron compromisos y plazos.

La Universidad de Murcia, a través de sus Departamentos de Historia Medieval y de Literatura Española, y la Academia Alfonso X el Sabio, al ofrecer este libro homenaje, agradecen a todos los que han colaborado en el, su generosa aportación y al mismo tiempo-manifiestan su esperanza de ha- ber cumplido su propósito de un mejor conocimiento de la vida y obra de don Juan Manuel .

Francisco Abad

LUGAR DE DON JUAN MANUEL EN LA HISTORIA DE LA LENGUA

Don Juan Manuel no es sólo nuestro primer cuentista en el tiempo, sino también nuestro primer conceptista.

J. M . BLECCTA (1)

I. Don Juan Manuel era un hombre de recelo hacia los demás y pru- dente (esto es, avisado) ante las cosas del mundo ; le importaba estar atento a guardar su estado, y asi es un representante doctrinal de la concepción orga nicista de la Edad Media, según la cual la sociedad es un todo orgánico en el que a cada miembro cabe un papel y por ello un puesto en esa totalidad so- cial (2) . Con razón decia Menéndez Pidal que ni don Juan Manuel ni Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, alardeaban de más ciencia que la ciencia de la vida (3), y cómo asi don Juan se preocupa en sus escritos por declarar la eter- na verdad objetiva de las cosas (4).

(1)

(2)

JosE MANUEL BLECUA : La vida como discurso, Zaragoza, 1981, pág. 119.

Cfr. A . D . DEYERMOND : Historia de la

literatura española . La Edad Media, Barcelona,

1973, págs . 241-245, y j . A . MASAVALL : «La sociedad estamental castellana y la obra de don Juan

Manuel», Estudios de historia del pensamiento español, Madrid, 19732, págs . 483-503, referen cias tenidas en cuenta en el texto . El artículo de Maravall, a su vez, toma como punto de partida un libro importante que ha de considerarse : Luciana de Stéfano : La sociedad estamental de la baja Edad Media española a la luz de la literatura de la época, Caracas, 1966 .

(3)

R .MENENDEZ PIDAL : «De Alfonso a los dos Juanes. Auge y culminación del didactismo»,

Studia

Lapesa, I, Madrid, 1972, págs . 63-83 ; pág . 76 .

(4)

Ibíd ., pág . 79 .

Además de su lucidez y sabiduría mundanas, don Juan Manuel se halla- ba preocupado de veras por la fama literaria ; ese afán de reputación litera- ria le lleva a mostrar su propia conciencia de estilo, de modo que en el Libro de los estados incluye estas palabras referidas a otra obra suya, el Libro del cavallero et del escudero : «Sabet -dice- que ., . todas las rrazones que en el se contienen son dichas por muy buenas palabras et por los más fermosos la- tines que yo nunca oí dezir en libro que fuese fecho en romançe» (5) . Igual- mente procede -nos parece- de tal anhelo de logro artístico el empeño (que notó María Rosa Lida) en borrar al escribir las huellas «de taller», es decir, en omitir las referencias a fuentes para que el discurso aparezca como obra madura y original (6) .

A la vez creemos coherente con la ambición humana y literaria de

nuestro autor su vocación didáctica, pues quien se siente seguro en el domi- nio de las cosas y deseoso de una obra artistica lograda por su individualidad

y perdurabilidad es lógico que tienda a exponer su saber . La

tica de don Juan Manuel -interpreta Maravall, matizando nosotros la letra del aserto- es concomitante con su afán de dominio (7) .

vocación didac-

II .

¿Qué caracteriza a don Juan Manuel en la historia de la lengua lite-

raria? Por una parte, la crítica ha subrayado su afán de una prosa didáctica,

sin equívocos (8), atenta por ello

insiste -en efecto- en el encadenamiento lógico del discurrir del pensa-

a acumular en el periodo trabazón

lógíca ;

(5)

D . JUAN MANUEL : Libro de los Estados, ed . de R . B . Tate - I.R. Macpherson,

Oxford, 1974, pág . 185 . Y en El Conde Lucanor, como es muy sabido, ruega a los lectores vean el manuscrito de sus textos corregido por él «de su letra» si encuentran algún pasaje de sentido poco nítido . Vid . El conde Lucanor, ed . de J .M . Blecua, Madrid, 1969, págs . 47-48 y n . 14, en la que Blecua reproduce la declaración concordante del «Prólogo generab> de sus obras .

Cfr . M . R . LIDA : «Tres notas sobre don Juan Manuel», Estudios de literatura española y

comparada, Buenos Aires, 19692, págs . 92-133; págs . 128-129 .

(6)

(7)

MARAVALL ; loe . cit ., pág . 491 .

(8)

«En contraste con la prosa del siglo XV (escribe María Rosa Lida), prendada del adorno

latino, la de don Juan Manuel, prolija a puro deseo de resultar absolutamente inequívoca -didáctica, en suma, y no estética- parece haber tomado como modelo el latín escolástico, todo claridad y sin pretensión de belleza, de la Summ¢ Theológica, por ejemplo» (Loc . cit ., pág . 126 n .)

10

completo, con

diafanidad y nitidez, sin necesidad de descender al dato complementario o el detalle ; asi lo expresa en varios pasajes concordantes del Libro de los esta-

dos (caps . LXI y ss ., XC, XCVIII), en los que en esencia se

expresarse declarada y cumplidamente, y a la vez sólo con las palabras justas

para ello (10) .

miento (9) . Nuestro autor aspira a dar su razonamiento por

pronuncia por

Pero no aspiró a escribir solamente asi don Juan Manuel, pues mantuvo

también otro ideal estilistico de oscuridad, según se ve en El conde Lucanor . Oponiéndose con buen sentido a Menéndez Pelayo, cuando afirmaba que el

todo amaneramiento retórico, la propia

Maria Rosa Lida supo percibir muy bien -aunque no ción concreta- cuál es el lugar en la historia del estilo

riacastellana de nuestro autor; don Juan Manuel, decia, fiel a la pauta de Alfonso el Sabio, muestra aun más clara conciencia de la autonomia

cuentista castellano se halla libre de

llegó a la ejemplifica- y de la lengua litera-

lingüistica del castellano, y asi intenta reproducir en el romance el orna-

parte) procede

en el léxico con riguroso purismo (11) . Podemos interpretar esto asi : don Juan Manuel escribe según un ideal de oscuridad que ha de entenderse como dificultad vencible por el entendimiento, dificultad creada a partir del uso

del castellano mismo (esto es,sin necesidad de acudir a la latinización lexi-

ca, etcétera) .

En convergencia con Maria Rosa Lida, Fernando Lázaro ha expresado por su parte con notoria claridad la significación lingüistica de don Juan Manuel en estos párrafos :

mento preconizado por las artes dictaminas, aunque (por otra

Se preocupa -e insiste en ello- por ser completo y breve,

escueto . De todas estas cualidades, prefiere la claridad,

claro y

lo cual le obliga a no dejar ningún cabo suelto, aunque tenga

(9)

R .

MENÉNDEZ PIDAL : Antología de prosistas españoles,

Madrid, 1969 9, págs . 29-30, y

Poesía árabe y Poesía europea,

española, Madrid, 1981 9, pág . 249 .

Madrid, 19635, págs . 150-157; R . LAPESA : Historia de la lengua

(10)

(11)

«En tal que lo dixieSedes declaradamente

-escribe en un momento-, que fuese en las

menos palabras que vós pudiesedes» (Libro

M . R . LIRA : loe . cit .,

mano del latín como auxiliar léxico,

mento estilistico latino» (¡bid ., pág . 133) .

., pág . 118 ; semejantemente, vid . pág . 185) .

págs . 130-131 . O dicho a modo de fórmula : «En lugar de echar

supresión de latinismos aunque, a la vez, imitación del orna-

que repetirse una y otra vez . Con ello, resulta no pocas veces prolijo. Comparte con Alfonso X una misma tendencia casticis-

ta : evita en lo posible el latinismo

cia de don Juan Manuel en la historia de nuestra lengua reside

en su acusado interés por proporcionarle una total independen-

En gran parte, la importan-

cia respecto del latín

dialéctica y la abstracción

estilísticos tendentes a crear una expresión difícil, que dieran al castellano categoría artística comparable a la del latín.:. Para ello, no recurre al procedimiento de latinizar la prosa -como se hará en el siglo siguiente-, sino que crea la dificultad dentro del castellano mismo .

., en hacerla apta para el raciocinio, la

Realizó, además, experimentos

Fuera de esas experiencias -concluye Lázaro- la claridad fue su nor- ma, y -siempre que le pareció posible- la concisión (12) .

111. Las partes segunda, tercera y cuarta de El conde Lucanor ofrecen

el deseo manuelino de hablar «oscuro», cae tal manera que en algunas cosas «converná de aguzar el entendimiento para las entender» (13) . Los artificios mediante los que construye el discurso son distintos; en primer lugar, la pro- sa se presenta con ritmos marcados . He aquí ejemplos respectivos de los tipos

-/-, --¡-1- , --¡_¡--/-, -/_/ /-/-, --/-/-/ 1- y -/--1-1-1 1- c

- Los que non creen verdaderamente en Dios, razón es que

non

sean por el defendidos .

- . Quanto es el orrine mayor, si es verdadero omildoso, fallará más gracia ante Dios .

(12)

F . LAzARo CARRETER : Lengua Española : Historia, Teoría y Práctica, Madrid, 1975, 1,

alguna cosa quería fazer, porque po-

págs . 112-113 . He aquí un caso de esas repeticiones prolijas que se dan en nuestro autor:

«-Señor, assí contesçió que un omne bueno avía un fijo, commo quier que era maga segundsus

días, era asaz de sutil entendirniento . Et cada que el padre

cas son las cosas en que algún contrallo non puede acaesçer, dizíal el fijo que en aquello que él

quería fazer, que vega él que podría acaesçer el contraria» (El cande,, ., págs . 62-63),

(13)

El conde ., pág. 280 .

12

- Todos los omnes se engañan en sus fijos et en su apostura et en sus vondades et en su canto .

- Qui cuyda aprender de los omnes todo lo que saben, yerra ; qui aprende lo aprovechoso, açierta .

- Usar la verdat, seer fiel, et non fablar en lo que non apro- vecha, faz llegar a omne a grand estado.

- Largueza en mengua, astinenvia en abondamiento, castidat en mançebia, omildat en grand onra, fazen al omne mártir sin escarnimiento de sangre (14) .

Y aún hay ritmos marcados más complejamente (15) .

Otras veces aparecen lo que podemos llamar anacrusis sintácticas más dos cláusulas rimadas o paralelas, a saber:

- Non es de buen seso el que cuyda entender por su entendi- miento lo que es sobre todo entendimiento .

- Paresçe la vondat del señor en quáles obras faze, quáles le- yes pone.

Don Juan Manuel hace uso también de antítesis;

- El mejor pedaço que ha en l'omne es el corapon ; esse mismo es el peor .

- Todo omne es bueno, mas non para todas las cosas,

e igualmente de juegos de palabras :

- El seso da seso al que non ha seso .

- Vida sin vida, non es vida .

Otras figuras presentes en su estilo son estas:

(14)

(15)

Todos los ejemplo en El conde

Vid, las sentencias cuarta de la pág . 271 y segunda de la pág. 272 ; la cuarta de la pág .

., págs . 263-283 .

276 ; la séptima de la pág . 282; etc.

a) paradojas :

- El que sabe, sabe que non sabe ; el que non sabe, cuyda que sabe.

- Lo caro es rehez, lo rehez es caro .

b) derivaciones:

- Qui ama más de quanto deve, por amor será desamado .

- El rey rey, reyna ; el rey non rey, non reyna, mas es rey- nado .

c)

gradaciones:

- Espantosa cosa es enseñar el mudo, guiar el ciego, saltar el contrecho ; más lo es deçir buenas palabras et fazer malas obras.

d) paralelismos :

- Todas las cosas nasçn pequeñas et _creçen ; el pesar nasçe grande et cada día mengua .

- Qui non a vida non da vida ; qui es vida da vida .

e) amplificaciones :

- El yerro es yerro ; del yerro nasçe yerro ; del pequeño yerro nasçe grand yerro ; por un yerro viene otro yerro ; si bien biene del yerro, siempre torna en yerro ; nunca del yerro puede venir non yerro.

f) recurrencias :

- Si el poder es grand poder, el grand poder ha grand saber .

Bien se ve que algunos de estos proverbios (o los restantes que podríamos haber citado) sirven para ejemplificar a la vez más de un artificio. Por ulti- mo haremos notar cómo don Juan Manuel altera a veces por completo el orden de palabras, dando así oscuridad a la sentencia :

14

- De mengua seso es muy grande por los agenos grandes tener los yerros pequeños por los suyos.

La consideración de la bibliografia disponible, así

como la lectura y análisis concreto de los textos del príncipe don Juan Ma-

nuel, nos llevan a establecer estas conclusiones acerca de su lengua :

la posible concisión .

El suyo es un discurso deseoso de resultar inequívoco y persuasivo ; de ahí

que pueda

exigida

cias analfabetas .

por la probable transmisión oral de sus obras en lectura ante audien-

IV .

Conclusiones.

1. Don Juan Manuel opta por la claridad

y toda

desprenderse del mismo una cierta prolijidad, prolijidad también

2. Ensaya asimismo un ornamento estilístico valiéndose para ello de so-

lo el castellano, por lo que su léxico es de un riguroso purismo y con apenas

latinismos.

3. Esa ornamentación dota al discurso de «oscuridad» que resulta ser una dificultad superable .

4. En definitiva don Juan Manuel_se preocupa por construir una len-

gua estilísticamente valiosa por ella misma y apta para el raciocinio y la

dialéctica (*) .

(')

Estando ultimando este articulo me llega la noticia del fallecimiento

de Ignacio Prat .

Permítaseme dedicarlo a la memoria del amigo José Manuel Blecua.

querido y crítico excepcional, como io llamó don

Reinaldo Ayerbe-Chaux

DON JUAN MANUEL Y LA CORONA DE ARAGON, LA REALIDAD POLITICA Y EL IDEAL DE LOS TRATADOS

El cuadro social y político que del sistema estamental presenta don Juan Manuel constituye un todo armónico con la armonía propia de las creaciones de Dios . Tres estados: los oradores, encargados del bien espiri

tual; los defensores, encargados de gobernar; y los proveedores : mercaderes, campesinos y artesanos (1) . Como regalo de Dios, el hombre nace en deter- minado estado y su honor social se deriva en parte de la estirpe pero más que

cumplimiento de los deberes de su estado . Existen jerarquias en

cada uno de ellos y en el de los defensores, que es el que más preocupa a don Juan Manuel para la salvación de su alma (2), están el rey a la cabeza y la nobleza. Entre la nobleza ocupan un puesto singular y difícil los hijos de in- fante ya que por su estirpe pertenecen a la realeza . Ello les da privilegios y responsabilidades especiales. El sistema no es fortuito sino establecido direc- tamente por Dios para el bien de la sociedad y permanece en sí inmutable y bueno .

Los tratados de don Juan Manuel y en especial El libro de tos estados contienen la exposición doctrinal más completa sobre la organización de la

nada del

(1)

JUAN MANUEL : Libro de los estados, ed . R . Brian Tate y Ian R . Macpherson, Oxford at

the Clarendon Press, 1974, pág. 192. RUTH MOHL : The Three Estates in Medieval and Renais-

sance Literature, New York, 1933 .

(2)

R . BRIAN TATE : «The Infante don Juan de Aragón and Don Juan Manuel», en Juan Ma-

nuel Studies, ed. Ian R . Macpherson, London, Tamesis, 1977, págs. 169-179.

sociedad y el papel del noble en ese sistema de los estamentos (3) . Pero dicha doctrina puede representar más un ideal, una abstracción que una realidad . Comenzamos a descender del ideal a la realidad cuando ese orden se rompe por la falta del rey o del noble en el cumplimiento de sus deberes, cuando «deber» y «privilegio» dejan de diferenciarse y se vuelven uno, por ejemplo, al insistir don Juan Manuel en «la guarda de la fazienda, de la anca et del es- tado» .

En este homenaje con ocasión del septimo centenario de su nacimiento, he creído importante hacer un examen de la correspondencia o colección diplomática publicada por Andrés Gimenez Soler (4) para buscar en ella cuál fue la realidad política que vivió don Juan Manuel . Ello nos dará un as- pecto de su vida no suficientemente señalado por los biógrafos, aspecto que puede considerarse clave para entender no sólo ciertas acciones de su vida si- no su misma producción literaria.

Al leer la correspondencia de don Juan Manuel, lo primero que salta a la vista es que no existia la unidad armónica presupuesta por la organización estamental . La España del siglo XIV no era un reino sino básicamente dos reinos cristianos, dos reyes unidos par alianzas familiares y «posturas» cuyo poder y protección podía contraponerse en juego en momentos de crisis. Nada más contrario al cuadro de armonía básica que brindaba el ideal de los tratados.

Don Juan Manuel a ciencia y conciencia rindió vasallaje a )aime II de Aragón más bien que fidelidad a su rey natural . Los Infantes de la Cerda hablan donado el territorio de Murcia a la corona de Aragón y en un docu mento fechado el 26 de junio de 1289 (doy nuestra nomenclatura) renovaron dicha donacïóñ en favor de Jaime II (5) . Ante esta violación de sus derechos, don Juan Manuel, joven e inexperto, aprobó la declaración de hostilidades

(3)

LUCIANA DE STEFANO: La

sociedad estamental de la baja edad media española ala luz de

la literatura de la época, Caracas, Universidad Central, 1966, pág. 9 .

(4)

(5)

ANDRÉS GIMENEZ SOLER: Don Juan Manuel . Biografía y estudio crítico, Zaragoza, 1932 .

A . GIMENEZ SOLER :

op . cit., pág. 221 . De aquí en adelante las citas de las doe~scnentos

irán

romanas y la página .

en paréntesis incluidas en el texto, con las iniciales GS, el número del documento en cifras

18

por mar con una galera armada contra la corona de Aragón, bajo el pretexto de que Jaime 11 había roto la promesa de matrimonio con la hija de Sancho IV :

«Ya sabedes de como el Rey daragon ovo de casar con la fija de nuestro sennor el Rey Don Sancho et teniendola en Aragon et en su po- der sabet que es ydo casar con la fija del princep (así se refiere a Blanca de Anjou) e desempara la fija de nuestro sennor el Rey» . (10 de nov . 1295 . GS 111, 223) .

Al dar este paso- no había medido el poder de su adversario y con impo- tencia vio venir sobre Alicante las fuerzas aragonesas . Caida Alicante, fue atacada Elche en 1296, que era lo mejor de su patrimonio en Murcia ya que se hallaba en tierra que no dependia jurídicamente ni de Castilla ni de Ara- gón y por lo tanto no requeria juramento de fidelidad a ninguno de los dos soberanos . Al capitular, don Juan Manuel perdió la jurisdicción en Elche, pero le fue posible conservar la propiedad . El documento de capitulación prometia la ayuda a don Juan Manuel de veinte caballeros encabezados por don Jaime de Xerica y entre los que se encontraba don Pedro señor de Ayer- be, si el rey no guardaba los términos del tratado :

t<E prometemos e convenimos que si el dicho seynor Rey creban- taua las cosas sobredichas o alguna daquellas que nos ayudaremos al dicho Don Johan segunt que dicho es contra el dicho seynor Rey, con nuestros cuerpos e con nuestros vassallos e con nuestras villas e con nuestros castillos» (GS VI, 230) .

Sin embargo, el joven noble comprendió ya entonces que el centro del poder, la mayor fuerza política de la Peninsula residía en la corona de Ara- gón y no en la de su propio reino castellano . Midió la simple complejidad del juego político y se lanzó a el con singular destreza . Coma era obvio que un rey tan poderoso como Jaime II no tendría interés en alianzas con los débi- les, don Juan Manuel le dio muy pronto repetidas muestras de que no transigiría en la guarda de sus derechos . Cuando en febrero de 1298 el rey le pidió que restituyera las heredades que había quitado en Villena a Martín Ximenez,de Alcalá, don Juan Manuel accedió, pero con estas palabras

«Et pues vos esto fallades por derecho ruego uos que tengades por bien de mandarlo guardar así a los vuestros vassallos que algo an en el

reyno de Murcia» . (Marzo de 1298 . GS XVI, 239) .

Es sólo un ejemplo (6) pero revela en qué forma don Juan Manuel prepa- raba con destreza su pacto de Jativa con el rey de Aragón, dándole pruebas de su poder y llevándole a la convicción de que era mejor tenerle por aliado que por enemigo . Murcia estaba en poder de Aragón y aunque la reina doña María de Molina organizó una campaña para desalojar a los aragoneses de ese territorio castellano, ésta fracasó (enero de 130(3). Creo que ello conven- ció definitivamente a don Juan Manuel de la necesidad de aliarse con el más poderoso .

En los primeros años del siglo XIV las relaciones entre Castilla y Aragón se hallaban en peligrosa tensión . Un grupo de nobles castellanos disidentes escogió a don Juan Manuel para iniciar conversaciones con Jaime II y se entrevistaron en Játiva . Don Juan Manuel aprovechó la oportunidad para negociar lo suyo y obtuvo del rey un pacto por el cual : 1 . Obtenia la mano de Constanza su hija; 2, Elche y demás territorios le eran devueltos ; 3 . Jaime II, su futuro suegro, se comprometía a defender a don Juan Manuel contra cualquier enemigo, especialmente contra el rey de Castilla . No es

difícil medir la trascendencia de este pacto de vasallaje por el cual don Juan Manuel se pasaba literalmente al reine contrario, Reconocía a Jaime II como su señor natural y como rey del territorio de Murcia . A esto se si-

guieron

castellanos levantiscos como el Infante don Enrique (el del cuento del león de Túnez del exemplo IX del Libro del conde Lucanor) y don Diego López de Haro, señor de Vizcaya (G$ LXVIII, 280) . Los intereses privados del noble se anteponian a los intereses del rey y del reino de Castillla; y todo, cuidadosamente manipulado por la corona de Aragón . No vale la pena juz- gar a don Juan Manuel . Lo que importa es reconocer la realidad de un

las vistas de Ariza en las cuales tomaron parte también otros nobles

Véase, por ejemplo, la carta de Bernardo de Sarria a Jaime II, en la cual expresa su te-

mor ante las hostilidades de don Juan Manuel en Murcia (GS

be a don Juan Manuel quejándose de que ha quebrantado los térrnin" del tratado :

gente de cauallo e de pie entrastes en el reyno nuestro de Murcia e aqui

muytos daynos e males e matastes homnes partida e leuastes ende muytos homnes catiuvs»

(GS XXX, 247) .

(6)

XXVI, 245) . El mismo rey le escri

con gran

talando logares fegiestes

20

mundo político complejo y conflictivo que no podemos percibir claramente

en la abstracción de sus tratados ni en los bocetos biográficos que se dan sobre su vida . Fernando IV de Castilla, enfurecido, intentó hacerle asesinar

pero

emisario del rey de Aragón, octubre de 1303 (GS LXXXIV, 292) . Consideremos ahora otro aspecto importante en estos cambios de va- sallaje . Los vínculos de parentesco político establecidos por el matrimonio eran más serios y más fuertes que el vinculo natural entre noble y rey . En carta del 2 de julio de 1304 informa don Juan Manuel a Jaime II que acaba de acceder a los planes del rey de Castilla pero con el fin de ayudar los inte- reses de Aragón : «E esto guise entendiendo que uos podría seruir alla en al- gunas cosas» . Y el 12 de septiembre : «et sennor lo que es uuestra uoluntad que yo faga enuiatmelo mandar e faserlo e muy de grado» (GS CIII, 306) . La correspondencia de don Juan Manuel con Jaime II está llena de expre- siones semejantes que, a pesar de su carácter formulario, revelan claramente el puesto primordial que tenían para él los intereses de la corona de Aragón .

Por su parte, Jaime II se mostraba generoso y leal para con su yerno . Al hacerle favores le agradecía no sólo el beneficiado sino el rey de Castilla por haber ayudado a calmar las exigencias de un súbdito tan poderoso. Por ejemplo, debido a la intervención de su suegro, don Juan Manuel había to- mado posesión de Alarcón en marzo de 1305 . Vale la pena citar las reac- ciones favorables en cartas al rey don Jaime . De don Juan Manuel, 30 de abril de 1305 :

«Et enbio uos lo desir por que se que uos plasera e ueredes uos sennor que por quanto fisiestes en este pleyto que desto e de lo que he de todo uos uerna seruiçio» . (GS CXVIII, 314) .

don Juan Manuel fue avisado afortunadamente por Gonzalo García,

Del sacristán de Tarazona, mayo de 1305 :

«Con don Johan Manuel faule e tiene que uos lo acedes heredado de Alarcón e diçe que así vos sera mandado siempre como faria a su padre» . (GS CXX, 316) .

Del Infante don Juan a nombre de Fernando IV, 29 de mayo de 1305 :

«Sabed que uos gradesce mucho el Rey porque mandastes librar fecho de Cartagena ca tien que fesiestes mucho en esto por el en

guisardes [sic] vos como fincasse don Johan Manuel asosegadamiente en el su seruipio . Et otros¡ uos lo tiene don Johan Manuel en merced ca tiene que por vos es el heredado de Alarcon. Et sed vierto que por esto sennaladamiente finca asosegado don Johan Manuel para ser siempre a seruiç¡o del Rey de Castiella e uuestro, e de seer siempre otros¡ mío

amigo e en la mi ayuda» . (GS

CXXIII, 317) .

Las relaciones de don Juan Manuel con Jaime 11 no carecieron de ten-

siones pero nunca

recrudecerse las hostilidades contra el'reino de Granada, la infanta doña

estaba en Villena . A petición

llegaron al rompimiento como con el rey de Castilla . Al

Constanza, prometida de don Juan Manuel,

del rey, don Juan Manuel hizo abastecer el castillo, pero en carta del 7 de mayo de 1310 se queja de que sus repetidos ruegos para trasladarla a lugar más seguro no hayan sido escuchados (7) . Aún más, su carta a Guillén Palacin el 18 de julio (GS CCX, 381), negándose a recibirle como enviado del rey de Aragón, culpa al soberano de favorecer a sus enemigos y de ha- cerle mal deliberadamente . Ello motiva una de las cartas más duras de la co- lección en la que dice Jaime II :

«no conviene que nos alonguemos la respuesta e assi a lo primero que desides que fasta aquí manáfiestament entendiades en como nos obrauamos contra uos que agora muy a oía lo veyedes . Maravellamos nos mucho que obras son aquellas que uos entendedes que nos contra uos au¡amos fecho que no son buenas. Ca nos por tal nos tenemos que nuncha fisiemos sino buena cebra a qui la ociemos de faner . E s¡ vos conosiessedes o vos acordassedes quales cebras avemos fechas contra vos non diriades tal rasan ni auriades acido sospecha de nos sino de

(7)

«Et uos sennor dixiestes me que nona oía porque auer ningun recelo en V ¡llena et que te-

niedes por bien que fincase así el pleito et como quier que me peso ende mucho pues que vi que uos as¡ lo quisiedes ouelo a pasar pesó (síé por pero] que finque depues aca con grand rreçelo ende et segund los fechos se yo que se can parando ueo que cada día es mas mester et non se deue tar- dar et quando los fechos estan en tal estado non deue omne fablar encubierta mente . Et porque yo non fallo otra carrera porque la infanta sea bien segura et uos et yo estemos sin ningun recelo uos pido por merced que tengades por bien que uenga la infanta a algun lagar de los m ¡os que sea bien alongado de la guerra . Et todas las cosas que uos quisieredes que yo faga por que Dos seades seguro que la vuestra onrra et de la infanta et quanto yo he puesto conuusco sera todo guardado faserlo he muy de grado». (CS CCVI, 375) .

22

todo bien que si en sospechas quisiesemos entender mas con razon nos

podriemos auer de

uos» . (GS CCXII, 382) (8) .

Una de las razones de disgusto era el matrimonio de la infanta aragone-

Castilla . Esa

alianza matrimonial entre los dos reinos despertaba los celos de don Juan Manuel, quien en Castilla queria ser el único aliado matrimonial de la coro- na de Aragón . El rey en la antedicha carta sólo dice al respecto : «a cada que nos conoscamos que se pueda faser en guisa que cumpla, no avemos por que lexarlo» . La sagacidad politica de Jaime II al arreglar dicho matrimonio iba a dar sus frutos en los años siguientes ya que la influencia de don Pedro en los asuntos de Castilla fue notable hasta su muerte . La animosidad entre los dos yernos tuvo sólo breves treguas, casi todas ellas forzadas (9) . Muerto don Pedro, Jaime II exhorta a don Juan Manuel a que se cuide del reino :

sa, doña Juana, con el infante don Pedro, hermano del rey de

«Lunes XVI dias andados del mes de julio sopiemos este desauentu- rado caso que es acaescido de la muerte del infante don Pedro e del in- fante don Johan . E touiemos que complia de'escriuir uos rogando uos as¡ carament como podemos que agora parecca la uuestra bondat e de- des a entender qui sodes e de qual lugar venides. Porquefase menester don Johan que uos prendades en tal guisado los afferes del Rey don Al- fonso uuestro sobrino que es muy moco» . (GS CCCXLVII, 478) .

La carta está fechada el 17 de julio de 1316, un día después de haber re- cibido la noticia de la muerte de los dos regentes . Asi como don Jaime había podido mantener una influencia innegable en la corte castellana por medio de don Pedro, su intención era conservarla ahora por medio de don Juan Manuel .

(8)

Otra carta fuerte del reyes motivada por el hecho duque don Juan Manuel había arres-

tado al Maestre de Calatrava cuando éste había ido a verle a nombre de Jaime II. (GS

CCLXXXIX, 443) .

(9)

En febrero de 1314 se hace un pacto de concordia por el cual don Juan Manuel reconoce

como tutores del rey Alfonso a doña María de Molina y a don Pedro . En cambio, se le reconoce a

el como adelantado de Murcia y Mayordomo del rey . «Otrosi que don Johan e don Pedro sean amigos de amigos et enemigos de enemigos» . (GS CCLXXXVI, 440) . Sin embargo, en no- viembre del mismo año don Jaime tiene que escribir sendas cartas a sus yernos tratando de impe- dir el rompimiento (GS CCCXIV, 460) . En febrero de 1316, el infante don Juan le escribe al rey de Aragón acerca de sus esfuerzos para hacer avenir a los dos yernos : «Pero que tengo que esta carga que fuera vuestra de tomar. Et de uos enxetar en ello pues que amos son nuestros yernos e an tan buen debdo convusco» . (GS CCCXXVIII, 468) .

Sólo en este cuadro de influencias politicas y de la importancia que en ellas adquirian las alianzas matrimoniales se comprende lo que significó para don Juan Manuel la propuesta de matrimonio de Alfonso XI can su hija . Se podria pensar que su ambición le cegó y le hizo tomar por definitiva una simple conversación o propuesta del rey. Sin embargo, la corresponden- cia de estos meses revela que se trataba de unos esponsales en forma . Don Juan Manuel los anunció a las autoridades de Murcia (10) ; y a su suegro en

carta del 13 de octubre de 1325 : «E este pleito es ya firmado por cartas e por arrehenes» . (GS CCCC, 517) . Constanza le escribe a su abuelo especifican- do el lugar y la fecha : «Facemos uos saber que loado sea Dios somos ya casa- da con (el Rey de Castiella) e casamos en las Cortes de Valladolit jueves veynte et ocho dias de nouiembre era 1363» . (GS CCCCV1, 523) . En julio de 1326 le escribe nuevamente dándose el titulo de reina de Castilla y de León : «De mi donna Constanza por essa misma gracia Reyna de Castiella et de Leon salut como a Rey et a abuelo para quien querria mucha vida con sa- lut et mucha onrra» . El mismo rey Alfonso en un documento fechado el mes anterior dice : «Et nos el sobredicho Rey don Alfonso regnant en uno con la Reyna donna Constanza mi muger» (GS CCCCXVII, 531) . Las «posturas»,

pactos, negociaciones y

una serie de represiones y golpes audaces, quiso no sólo quebrantar el poder de don Juan Manuel, sino, en mi opinión, romper sobre todo la cadena de

influencia aragonesa en los asuntos de Castilla. Es muy significativo que fuera doña Juana, la viuda del infante don Pedro, quien anunció a su padre que don Juan, hijo del infante don Juan, había sido asesinado por el rey en Toro . Cuando era claro que Alfonso rompía los esponsales, el rey don Jaime- no lo pudo creer:

concesiones

fueron dejadas de lado . Alfonso XI, en

«E nos non creemos en ninguna manera quel Rey de Castiella fi- ziesse lo de que vos dubtades de lexar la reyna vuestra filla e nieta nuestra . Porque en esto faria desonrra muyt grant a vos qui sodes de la su casa de Castiella e a nos e.sso mismo e ahun que seria obra muy mala», (GS CCCCXXXIV, 541) .

El año de 1327 termina para don Juan Manuel con el repudio humillante

24

(10)

GS GCGGI, 51&.

de su hija y las muertes de su esposa y de su suegro . El andamiaje de alianza política se había derrumbado . Don Juan Manuel, de acuerdo a las leyes de Castilla, podía declararse en rebeldía contra su señor natural y así lo hizo

(11) . Ya que no había lugar para las negociaciones el camino lógico era el de

Manuel entró

en negociaciones con los moros de Granada . El rey interceptó a los mensaje- ros y los hizo castigar con increíble crueldad sacándoles los ojos. La tensión política llegó a tal punto que hubo de intervenir el Papa y, llegados por fin a un acuerdo, nunca se pudo borrar la mutua desconfianza entre señor y

súbdito.

Lo que he expuesto intenta resaltar la importancia de la división de la Península entre Aragón y Castilla para poder interpretar el juego politico del siglo XIV español . Este dependía en gran parte de si el fiel de la balanza se inclinaba hacia Aragón o hacia Castilla y de la agresividad y audacia de cada uno de los dos soberanos . Los nobles, y en especial don Juan Manuel, comprendieron las alternativas y que las obligaciones del súbdito natural podían fácilmente suplantarse por la libre elección del vasallaje (12) .

Pero hay un aspecto más que vale la pena subrayar y es el problema tan .- tas veces debatido acerca de la relación entre la vida del escritor y su obra li- teraria . Nada más ajeno a mis convicciones que el autobiografismo simplis ta: tratar de ver detalles de la vida de don Juan Manuel como puntos de par- tida, por ejemplo, de algunos de los cuentos de Patronio en el Libro del con- de Lucanor . El exemplo 5-de la zorra y el cuervo como representación del engaño de Alfonso XI en los esponsales de Constanza ; la alianza de los pode- rosos del exemplo 22 entre el león y el otro para referirse a las tensiones de la alianza entre el autor y Jaime II de Aragón . Lo gratuito de tales teorías per- mite fantasear y fantasear indefinidamente . La verdad es que don Juan Ma- nuel, cuando se refiere en sus escritos a experiencias de su vida, lo declara así específicamente como lo hace (sólo un ejemplo) en el capitulo LXX de

la violencia . Las hostilidades se rompieron cuando don Juan

Escribe don Juan Manuel en El libro de los estados, pág . 178: «Et, sennor infante, se-

gund la costunbre de Espanna, si el sennor faze cada una destas tres cosas contra el su natural et

omnes de su casa, [et] nol faze aquella emienda que fallare por de-

recho quel deve fazer, dende adelante puedese desnaturar déb .

gelo afruenta ante los mayores

(ll)

(12)

Estados, pág. 175 .

El libro de los estados (13) . El problema al cual me refiero aqui es muy dis- tinto . Hablo de la disparidad que inicialmente indiqué entre el ideal politico social que trazan los tratados y el caos que en realidad vivió el autor . En tiempos de crisis personal o social la elite intelectual se escapa al nivel ideológico bien para desarrollar una filosofía de la vida que explique la con- fusión viviente, bien para resucitar un ideal ya pasado, ya ido y, como ido, inobtenible . El breve cuadro politico que he trazádo basándome unicamen- te en la correspondencia de don Juan Manuel lleva a comprender la génesis de sus tratados, en especial de El libro de los estados, en el cual hace vivir un ideal de vida no sólo en lo referente a la doctrina del origen y objetivo del ser humano sino de la divina organización social en que deberá funcionar en es- ta vida . La gran producción literaria de don Juan Manuel tiene lugar preci- samente en los años tormentosos que siguen al derrumbamiento de su anda- miaje político. Su famosa sintesis doctrinal revela esa penosa antinomia: or- den divino estático y realidad.humana cambiable y contradictoria.

(13)

Estados, pág. 132.

Syracuse University, New York, USA Febrero de 1982

Mariano Baquero Goyanes

PERSPECTIVISMO EN «EL CONDE LUCANOR»

1. El

engaño visual .

La presencia, en El conde Lucanor, de no pocos efectos perspectivisticos confiere a la colección de dan Juan Manuel una coherencia y compacidad posiblemente superiores a las de otros fabularios de la época e, incluso, pos- teriores.

De esos efectos, los más están referidos a conductas, moralidades e inten- ciones, escaseando, en cambio, los basados en el tan manejado recurso dei error óptico, del deficiente o equivocado punto de vista .

En una colección como el Calila, abundan los cuentos de engaños vi- suales como el del perro que pierde la tajada que lleva en la boca por coger la reflejada en el rio, o el del león a quien una liebre hace combatir contra el supuesto rival oculto en el pozo, que no es otro que su reflejo en el agua, o el del ánade que confunde el brillo de la luna en el agua con la palpitación de un pez, etc.

En El conde Lucanor no aparece ningún relato de este tipo, y tan sólo el

ejemplo XXXII, De lo que contespio a un rey con unos burladores que fi-

zieron el paño, guarda relación con una modalidad de autoengaño visual, que lo es, sobre todo, de cara a la opinión pública, pero que, en realidad, no implica confusión alguna, allegable a las del perro, el león o el ánade del

Calila. El rey y sus cortesanos saben sobradamente que no hay paño alguno que ver ni admirar, aunque otra cosa finjan para quedar a salvo de la san- cion moral anunciada por los «burladores» .

Distinto es, en un plano asimismo dominado por lo visual, el caso de doña Vascuñana, la esposa de Alvar Háñez, tal y como se nos cuenta en la segunda historia incluida en el ejemplo XXVII, De lo que contesçió a un em perador et a don Alvar Háñez Minaya con sus mugeres. Lo que aqui fun- ciona es una suerte de autoengaño visual muy diferente al fingido del cuento de los burladores que fizieron el paño . Casi cabria hablar, en el caso de doña Vascuñana, de una perspectiva del afecto, de la confianza, de la fe; tan ciega ésta, que lleva a la esposa a entender que «todo lo que don Alvar Há- ñez dizía et fazia, que todo ello tenia ella verdaderamente que era lo mejor» (1), y esto no por -halagar al marido, sino por no admitir doña Vascuñana posibilidad alguna de error en el . Como es sabido, Alvar Háñez prueba, ante su sobrino, esta fe de la esposa, al insistir en que unas vacas son yeguas, y unas yeguas, vacas, o al asegurar que un rio que da en un molino fluye contra corriente . Doña Vascuñana acepta siempre la palabra de su marido, viendo realmente lo que éste dice ver, sin fingimiento alguno :

«Et quando doña Vascuñana esto vio, commo quier que ella tenía que aquéllas eran vacas, pero pues su cuñado le dixo que dizía don Al- var Háñez que eran yeguas, tovo verdaderamente ella, con todo su en tendimiento, que ellos erravan, que las non conosçían, mas que don Alver Háñez non erraría en ninguna manera en las conosper; et pues dizía que eran yeguas, que en toda guisa del mundo, que yeguas eran et non vacas» (2) .

No se contenta doña Vascuñana con ver lo que su marido afirma, sino que, con la mayor habilidad y elocuencia, trata de demostrar a los demás que la verdad está de parte de don Álvar Háñez y que son los otros los que se engañan .

Obviamente, el cuento guarda una clara relación con el tan famoso ejemplo XXXV, De lo que contesçió a un mancebo que casó con una mujer

(1)

DON JUAN MANUEL : El conde Lucanor, ed . de J . M . Blecua, Castalia, Madrid, 1969,

pág. 162 . Todas las citas se referirán a esta edición .

(2)

Id ., pág . 164 .

28

muy fuerte et muy brava, según lo explica la lección moral que Patronio

extrae del relato : «cumple mucho que para el primer día que el omne casa,

de a entender a su muger que el

vida que an de pasar en uno» (3) .

es el señor de todo, et quel faga entender la

Y otro tanto proclaman los versos finales:

«En el pri[mer]o día que omne casare deve mostrar qué vida a de fazer o commo a de pasar» (4) .

Con lo cual, los engaños visuales que pueda padecer doña Vascuñana, se dirían el resultado de un hábito, aprendizaje o doma, no demasiado distante de la que el mancebo del otro cuento ensaya, recién casado, con su brava mujer .

Distinto -pero allegable- es el caso de aquel religioso que, en un cuen- to del Calila, compra un ciervo «para facer sacrificio», y es engañado por tres astutos individuos; los cuales, apostándose en diferentes lugares del ca mino por donde el religioso ha de pasar con el ciervo, le preguntan, uno tras otro, por el can que lleva tras sí . Después del tercer encuentro, el religioso acepta que es can y no ciervo, el animal que lleva, poniéndolo en libertad ; circunstancia que aprovechan los engañadores para tomarlo, degollarlo y repartírselo (5) .

El religioso ha ido perdiendo la fe en la información que sus ojos le

pro-

porcionaban, para ir aceptando, encuentro tras encuentro, la suministrada

por las ajenas miradas, que acaban por merecer más crédito

pia . A doña Vascuñana le es suficiente el punto de vista proclamado por don

Alvar Háñez, para renunciar al suyo . El ritmo ternario, tan característico

que la suya pro

(3)

Id ., pág . 168 .

(4)

Ibid.

(5)

Puede verse el cuento en la ed . del

Calila y Dimna, de A . G . Solalinde, Calleja,

a ponérsele un pre-

Riose del primero, y porfió con el segundo .

vendía, metiose

Madrid, 1917, pág. 166,-Luis Galindo recogió en sus Sentencias filosóficas y verdades

(1660-1668) un cuentecillo semejante, el del

lechoncillo, se juntaron cuatro estudiantes, y llegó cada uno separadamente

cio, diciéndole que cuánto quería por aquel ganso .

Mas cuando oyó que el tercero y cuarto le decían cada uno que era ganso el que

morales

labrador que «estando en un mercado vendiendo un

debajo del capote y llegóse a otros compañeros, casi persuadido y ya dudoso, y preguntóles :

-Amigos ¿éste es ganso o lechoncillo?» .

del cuento tradicional, de los sucesivos encuentros con los tres engañadores, fue necesario para que el religioso viese un can donde venia viendo un cier- vo . Un solo encuentro no habria bastado, a diferencia de lo que le ocurre a doña Vascuñana, capaz de ver, al momento, yeguas donde había visto va- cas, tan pronto como así lo proclama su marido .

Una situación, en cierto modo, relacionable con la del religioso del Cali- la, es la que encontramos en el último cuento -el Ll- de la primera parte

del Conde Lucanor, el ejemplo de Lo que contespío a un rey christiano que era muy poderoso et muy soberbioso .

Sabido es que este rey, tan soberbio como para suprimir del Magnificat

el verso Deposuit potentes de sede et exaltavit humiles, es castigado por Dios

en ocasión de estar en unos baños, haciendo que un ángel tome sus ropas y le suplante. El desposeído monarca ha de vestirse con unos «pañizuelos muy biles et muy rotos» que el ángel dejó, intentando recuperar su trono, sin con- seguirlo nunca, escarnecido y tomado por loco por todas las gentes de su reino -incluso la reina- que han aceptado al ángel como monarca . Tal vez, el momento más patético del relato es aquel en que el rey despojado em- pieza a aceptar, ante el ángel, que él, efectivamente, es un loco, ya que tan- tas gentes así lo proclaman :

«Digovos, señor, que yo veo que so loco, et todas las gentes me tienen por tal et tales obras me fazen que yo por tal manera ando gran- de tiempo a en esta tierra. Et commo quier que alguno errase, non podría seer, si yo loco non fuese, que todas las gentes, buenos et malos, et grandes et pequeños, et de grand entendimiento et de pequeño, to- dos me toviessen por loco» (6) .

Los estudiantes que hicieron dudar al labrador de si pretendía vender un ganso o un lechoncillo, o los engañadores que convencieron al religioso de que portaba un can y no un ciervo, tienen aqui su equivalente en todas esas gentes que han tomado por loco al rey despojado, hasta convencer a éste de que tal es, realmente, su condición . Con todo, aquí fue necesaria una mi- lagrosa suplantación para que un ángel con la apariencia del rey, redujese a éste a esa condición, tan patéticamente asumida.

(6)

30

Ed . cit ., pág . 260 .

Lo de menos, en definitiva, es el engaño visual colectivo . Lo importante es el desengaño experimentado por el monarca, capaz, con tal suceso, de cu- rarse para siempre de su soberbia. Y fuera de estos casos, pienso que no cabria hablar ya de engaños ópti- cos,vinculables a los antes recordados del Calila . Lo que si hay son errores de interpretación, como el padecido, en el ejemplo XIII, por aquellas perdi- ces que han caido en una red y son apresadas por el cazador :

«Et asst como las yva tomando, matávalas et maavalas de la red, et en matando las perdizes, dával él viento en los ojos tan regio que/ faría llorar. Et una de las perdizes que estava bina en la red començó a dezir a las otras:

-¡Vet, amigas, lo que faze este omnel ¡Commo quiera que nos mata, sabet que a gran duelo de nos, et por ende está llorando/» (7) .

Obsérvese bien que la perdiz no se equivoca respecto a lo .que ve -llanto de un hombre- y si tan sólo en la interpretación de su origen o causa . No es un error óptico tan grosero como el del perro del Calila que confunde la ta- jada reflejada con la real, o el del ánade que identifica el centelleo de la luna en el agua con el movimiento de un pez . Ni tan siquiera es un error óptico, puesto que no hay sustitución o deformación alguna de lo visto .

Sin embargo, la errónea interpretación de un gesto puede acarrear con- secuencias tan fatales como las que se nos presentan en el ejemplo XLII, De lo que contesció a una falsa veguina . Recuérdese cómo opera ésta para enci zañar y destruir un matrimonio . Aconseja a la mujer que para recuperar el amor de su marido, se haga con unos pelos de la barba con los que, después, realizar un encantamiento . Al marido le descubre que su mujer ha pensado matarle mientras duerme, degollándole con una navaja . Asi queda prepara- da la terrible escena siguiente:

«Quando el marido esto oyó, tuvo por cierto lo quel dixiera la falsa beguina, et por provar lo que su muger faría, echose a dormir en su regaço et començó de dar a entender que dormía . Et de que su muger tovo que era adormido bien, sacó la navaja para le cortar los cabellos,

(7)

Ed, cit ., págs . 103-104 .

segund la falsa beguina le avía dicho . Quando el marido le vio la na- vaja en la mano cerca de la su garganta, teniendo que era verdat lo que la falsa beguina le dixiera, sacol la navaja de las manos et degolló- la con ella» (8) .

Ocurre, pues, que esa especie de femenino Yago que es la hipócrita be-

guina, ha operado con la distinta interpretación asignable a un gesto, que igualmente puede considerarse como pacifico e inofensivo -cortar la

barba- o rotundamente mortal -cortar el cuello- . El error interpretativo

que el marido comete, engañado por la beguina, desencadena el trágico crescendo de muertes que da fin al relato .

Asi las cosas, se ve claro que, aunque este cuento no tenga nada que ver, temáticamente considerado, con el de las perdices, si presenta, como curiosa coincidencia, la del error interpretativo en que puede incurrir una mirada al buscar el origen de un gesto o de una actitud . Y esto es todo lo que da de si -me parece- el motivo de lo visual -como fuente de engaño- en El conde Lucanor : fingir ver lo obviamente invisible -tejedores del paño mágico- ; ver de verdad y sin simulación al guna, unas vacas como yeguas o viceversa, por razón de fe ciega en lo que otra persona dice ver, verse a si mismo como lo ven los demás, según le ocurre al rey tomado por loco ; o ver, simplemente, algo que es real en cuan- to estricta información visual, equivocando, sin embargo, su lectura, su in-

terpretación .

Pero lo que, en definitiva, nos presenta don Juan Manuel en El conde Lucanor, no es un laberinto óptico, sino moral, y siempre descifrado como tal laberinto. El repertorio de errores visuales de que hemos hecho mención es sólo un indicio, un aviso que nos prepara para situarnos, adecuadamente, frente a una problemática que, en lo esencial, transcurre almas adentro .

II .

Perspectivismo de la opinión .

Obviamente El conde Lucanor está presidido por el signo del dualismo,

y

a ello alude ya la doble mención o titulación con que la obra suele conocer-

se: Libro de Patronio o del Conde Lucanor.

32

(8)

Ed . cit., págs . 210-211 .

Resulta, pues, que los dos personajes que dan titulo a la ficción están presentes, siempre, en el marco de los cuentos, señalando una dualidad, un

sostenido juego de puntos de vista ; de los cuales uno se caracteriza por lo du bitativo -el de Lucanor-, en tanto que el otro, el de Patronio, se configu- ra como rotundo y decisorio a la hora de dar consejos frente a tal o cual

problema de moral

Si el más conocido biógrafo de don Juan Manuel, A . Gimenez Soler, pudo ver en el escritor a un hombre contradictorio y hasta antagónico (9), no puede sorprender demasiado la configuración literaria que este modo de ser alcanza en la dualidad y aun oposición Patronio-Lucanor . Con todo, esa posible oposición no llega a funcionar como tal, ya que la fe del conde en su ayo es tan grande como para no permitirle nunca dudar de los consejos que Patronio le da, aceptándolos y poniéndolos en obra con excelentes resul- tados.

El conde casi siempre se muestra, en sus consultas á Patronio, como hombre desconcertado, indeciso, agobiado por la incertidumbre, mal acon- sejado por gentes indeterminadas . Frente a tales indecisiones, Patronio ac- túa, en sus consejos, con claridad y decisión . Cabria hablar, entonces, de un cierto perspectivismo de la opinión, de un constante fluctuar y cambiar -de puntos de vista, correspondientes a las

estimativas y actitudes de unas gentes, de una confusa colectividad; frente a la cual el unipersonalismo de Patronio supone toda una lección de coheren-

cia moral, de

Obsérvese que, muy frecuentemente, el conde Lucanor se siente descon- certado por la confusa multiplicidad de consejos que recibe de gentes inde- terminadas, que le hacen dudar de sus propios y posibles puntos de vista . Es lo que sucede en el arranque o marco del ejemplo XXXIII, De lo que

contesçió a un falcón sacre del Infante don Manuel con una águila et con una garca :

o de conducta .

bien mantenido, nitido y responsable punto

de vista .

(9)

«Don Juan Manuel es uno

de los hombres contradictorios de si mismos : entre su vida y

su obra hay una oposición enorme, antagonismo completo . Donde mejor se observa este hecho, por ser el más constante y más visible, y aun el más aparatoso, es en el aspecto guerrero que ofre

ce su biografía» (A . GtMENEZ SOLER : Don Juan Manuel, biografía y estudio crítico, Zaragoza,

1932, pág. 119) .

«Fablava otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consegero, en esta manera,

-Patronio, a mí contenció de aver muchas vezes contienda con muchos omnes; et después que la contienda es pasada, algunos con- seianme que tome otra contienda con otros . Et algunos conséianme que fuelgue et esté en paz, et algunos conséianme que comience guerra et contienda con los moros . Et porque yo sé que ninguno otro non me podría conseiar meior que vos, por ende vos ruego que me conseiedes lo que faga en estas cosas» (10),

En estas introducciones suele aludirse, con frecuencia, a muchos omnes, muchas gentes, etc .; es decir, una amorfa e indeterminada masa o colectivi- dad, caracterizada por el juicio inseguro, por la pluralidad y aun oposición de opiniones ; o bien, por la pluralidad de interpretaciones, de soluciones, de matices . Recuérdese, en el ejemplo XLII, De lo que contesció a una falsa veguina, cómo el conde formula a Patronio la consulta que dará lugar al re- lata:

«Patronio, yo et otras muchas gentes estávamos fablando et pre-

guntávamos que quál era la manera que un omne malo podría aver para fazer a todas las otras gentes cosa porque más mal les veniesse . Et

reboltoso, et los otros dizían que por

seer omne muy peleador, et los otros dizían que por seer muy mal fechor en la tierra, et los otros dizían que la cosa porque el omne malo podría fazer más mal a todas las otras gentes que era por seer de mala lengua et assacador . Et por el buen entendimiento que vos avedes, ruégovos que me digades de quál mal destos podría venir más mal a to- das las gentes» (11) .

los unos dizían que por seer omne

En este caso, Patronio, tras narrar el exemplo, se inclinará por la última de las propuestas citadas por el conde : la de quienes juzgaban que el peor hombre era aquel «de mala lengua et assacador» . En tal categoría parece quedar incluida la «falsa veguina», de acuerdo con la conclusión de Pa- tronio:

(10)

Ed . cit ., pág . 183 .

(11)

Ed . cit., pág . 207 .

34

«el pior om, ne del mundo et de que más mal puede venir a las gen- tes, sabet que es el que se muestra por buen christiano, et por omne bueno et leal, et la su entenpión es falsa, et anda asacando falsedades et mentiras por meter mal entre las gentes» (12) .

Muy significativo es, asimismo, el ejemplo XV, De lo que contespió a don

Lorenpo Suárez sobre la perca de Sevilla. También aqui la introducción

refleja el desconcierto de Lucanor ante la conveniencia de mantener o de

romper la paz con un «rey muy poderoso», al que tuvo por

enemigo : «Et al-

gunos, también de los suyos commo de los mios, metenme muchos miedos, et

dizenme que quiere buscar achaque para ser contra mi» (13) .

Patronio, antes de contar la historia de don Lorenço Suárez, se hace car- go de la gravedad de la cuestión y pasa revista a los diferentes consejos que el conde puede recibir, y a las distintas intenciones e interpretaciones que cabe asignar a los mismos:

«-Señor conde Lucanor -dixo Patronio-, éste es muy grave conseio de dar por muchas razones: lo primero, que todo omne que vos quiera meter en contienda ha muy grant aparejamiento para lo fazer, ca dando a entender que quiere vuestro servicio et vos desengañe, et vos apercibe, et se duele de vuestro daño, vos dirá siempre cosas para vos meter en sospecha; et por la sospecha, abredes a fazer tales aperpibimientos que serán comienpo de contienda, et omne del mundo non podrá dezir contra ellos; ca el que dixiere que non guardedes vuestro cuerpo, davos a entender que non quiere vuestra vida ; et el que dixiere que non labrades et guardedes et bastescades vuestras for- talezas, da a entender que non quiere guardar vuestra heredat; et el que dixiere que non ayades muchos amigos et vasallos et les dedes mucho por los ayer et los guardar, da a entender que non quiere vuestra onra ; nin vuestro .defendimiento ; et todas estas cosas non se fa- ziendo, seriades en grand periglo» (14) .

(12)

Ed

. cit ., pág . 211 .

(13)

Ed

. cit ., pág

. 107 .

(14)

Ed

. cit ., pág

. 108 .

Este es, posiblemente, uno de los pasajes más significativos con referen- cia a la dificultad que supone el tener que orientar la conducta y el adoptar decisiones, tras escuchar los variados consejos que emanan de la opinión pública . Reiteradamente Patronio habla de sospechas, de dar a entender, consiguiendo así una adecuada imagen del desconcierto humano ante la plu-

ralidad de .opiniones, y la rectitud o doblez de las intenciones que tras ellas

puedan subyacer .

Ocurre, además, que el exemplo narrado por Patronio, en que tres ca- balleros cristianos participan en un arriesgado hecho de armas contra los moros de Sevilla, funciona también perspectivísticamente; por cuanto las diferentes actitudes de los tres caballeros suscitan una especie de juicio, pre- sidido por el rey Fernando . Perseguidos los tres caballeros por una muche- dumbre de moros, uno de ellos -cuyo nombre no es capaz de recordar Patronio-, en vez de huir, los acomete, en tanto que los otros dos, don Garcia Pérez de Vargas y don Lorengo Suárez Gallinato se «estudieron quedos» . Al acercarse más los moros, Pérez de Vargas «fuelos ferir; et don Lorengo Xuárez estudo quedo, et nunca fue a ellos fasta que los moros le fueron ferir ; et desque comengaron a ferir, metióse entrellos et comengó a fazer cosas marabillosas d'armas» (15) .

De manera semejante a cómo en un cuento del Sendebar los sabios del rey discuten acerca de quién es responsable del fallecimiento de unas gentes que tomaron leche envenenada, por haber caído en ella unas gotas de la ponzoña contenida en la culebra que llevaba un milano : si éste, la culebra, la moza que llevaba la vasija de leche descubierta sobre la cabeza, etc .; de forma parecida, en este relato del Conde Lucanor, el rey Fernando,

«mandó llamar quantos buenos omnes eran con el, para judgar quál dellos [es decir, de las tres combatientes] lo fiziera mejor, Et desque fueron ayuntados, ovo entre ellos grand contienda: ca los unos dizían que fuera mayor esfuerco el que primero los fuera ferir, et los otros

que el segundo, et los otros que el tercero . Et cada unos dizían tantas

36

(15)

buenas razones [que] parescían que dizían razón

dad, tan bueno era el fecha en sí, que qualquier podría ayer muchas

derecha : et, en ver-

Ed, cit pág. 11Q .

buenas razones para lo alabar, pero, a la fin del pleito, el acuerdo fue éste . que si los moros que bintan a ellos fueran tantos que se pudiessen vençer por esfuerpo o por vondad que en aquellos cavalleros oviesse, que el primero que los fuesse a ferir, era el meior cavallero, pues comenpava cosa que se non podría acabar ; mas, pues los moros eran tantos que por ninguna guisa non los podrían venper, que el que yva a

ellos non

yesse; et pues non avía de foyr, la quexa del corapón, porque non podía soffrír el miedo, le fizo que le(s) fuesse ferir . Et el segundo que

lo fazía por venperlos, mas la vergüenpa le fazía que non fu-

les fue ferir et esperó más que el primero, tovieron por meior, porque pudo sofrir más el miedo . Mas don Lorenzo Xuarez que sufrió todo el miedo, et esperó fasta que los moros le ferieron, aquél iudgaron que fuera meior cavallero» (16) .

Obsérvese que, desde la pluralidad de opiniones, se llega a la convergen- cia de las mismas y a la conclusión de considerar a Lorenzo Suárez como el «meior cavallero» . Ello, tras una serie de razonamientos lógicos que han ser- vido para ir unificando los, inicialmente, dispares puntas de vista .

Como quiera que sea, en los dos planos del relato -introducción y exemplo- cabe advertir la presencia del que venimos presentando como perspectivismo de la opinión pública; inspirador asimismo del más significa tivo de todos los cuentos de este tipo, contenidos en El conde Lucanor, el

ejemplo II, De lo que contespió a un omne bueno con su filo.

Sabido es que el padre y el hijo que van al mercado de la villa, llevan consigo una «vestia sin ninguna carga», y yendo ambos a pie, van teniendo sucesivos encuentros con gentes que opinan de forma distinta sobre la conve niencia o inconveniencia de su caminar así; procediendo, pues, a montar el hijo en la cabalgadura, luego el padre, seguidamente ambos, para volver a

la disposición inicial . El resumen -y subsiguiente moraleja- de do es puesto en boca del padre :

lo ocurri-

«-Filo, bien sabes que guando salimos de nuestra casa, que amos veníamos de pie et tragamos la vestia sin carga ninguna et tú dizías

(16)

Ed . cit ., págs . 110-111 .

que te semejava que era bien . Et después, fallamos omnes en el cami- no que nos dixieron que non era bien, el mandé[te] yo subir en la vestía et finqué de pie; et tu dixiste que era bien . Et después fallamos otros omnes que dixieron que aquello non era bien, et por ende despendiste tú et subí yo en la vestía, et tú dixiste que era aquello lo mejor . Et por- que los otros que fallamos dixieron que non era bien, mandete subir en la vestía comigo ; et tú dixiste que era mejor que non fincar tú de pie et yr yo en la vestía. Et agora estos que fallamos dizen que fazemos yerro en yr entre amos en la vestía; et tú tienes que dizen verdat. Et pues que asst es, ruegote que me digas qué es lo que podemos fazer en que las gentes non puedan travar; ea ya fuemos entramos de pie, et dixieron que non fazíamos bien ; et fu yo de pie et tú en la vestia, jet] dixieron que errávamos, et fu yo en la vestía et tú de pie, et dixieron que era yerro ; et agora ymos amos en la vestía, et dizen quefazemos mal . Pues en ninguna guisa nos puede ser que alguna destas cosas non fagamos, et ya todas las fiziemos, et todos dizen que son yerro, et esto fiz yo por- que tomasses exiemplo de las cosas que te aeaesViessen en tu fazienda; ca Vierto sey que nunca faras cosas de que todos digan bien» (17) .

La recapitulación peca, posiblemente, de reiterativa y prolija, pero se diría que, en la mecánica del cuento, tenía que funcionar así, para que, a través de tan machacón repaso a lo ocurrido, quedara patente el riesgo que supone una aceptación demasiado ingenua de la opinión pública, dado lo cambiante y aun contradictorio de ésta. Baltasar Gracián, tan buen lector de don Juan Manuel (18), pudo inspirarse en este relato para transportar la situación, nada menos que al comportamiento de la Muerte, en sus primeros años de actuación entre los hombres ; cuando, cualquiera que sea la víctima

elegida -el mozo o el viejo, la mujer bella o la fea, el sabio o el necio, el rico

o el pobre, etc .-, nunca creerá acertar, tales son las reproches que sus ac- tuaciones merecen a la opinión publica (19) .

(17)

(18)

Ed . cit ., págs . 65-66 .

Vid . ERASMo BUCETA : «La admiración de Gracián por el infante don Juan Manuel», en

Revista de filología española, X, 1924, págs, 63-66 .

(19)

Sobre este punto, vid. mi estudio «PErspectivismo y

sátira en El Criticón», incluido en

el libro Temas, formas y tonos literarios, Prensa Española,

39-41 .

Madrid, 1972, especialmente páginas

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Obsérvese que, en el cuento del Conde Lucanor, don Juan Manuel, a di-

ferencia de otros relatos en los que maneja igualmente la pluralidad de opi- niones, no se inclina por una u otra, ni tan siquiera llega a una convergencia

y unificación de estimativas -según ocurre en el cuento de don Lorenzo Suárez Gallinato-, limitándose a presentar como plausibles y aceptables -desde la perspectiva del mozo que viaja con su padre- todas las sucesivas opiniones que las gentes van formulando,, a lo largo del viaje . El mismo no desemboca en ninguna conclusión escéptica, como tal vez cabría sospechar, sino en la recomendación de que el mozo ajuste su conducta a su conciencia,

sin sentirse trabado o condicionado por

Claro es que, entonces, el problema se conecta con el tan sustancial de

poseer

con algún educador, orientador o consejero como el propio Patronio resulta

serlo con relación a su amo, el conde . Justamente porque éste es un ser fre-

cuentemente indeciso y hasta desconcertado, necesita de ese constante apo-

yo y

do, los propios protagonístas del ejemplo 11, el padre y el hijo, funcionan co-

mo (i